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Marsellesa

Marsella ha evolucionado desde su papel en la Revolución Francesa, donde 'La Marsellesa' se convirtió en el himno nacional, hasta convertirse en un importante puerto durante la colonización francesa en el siglo XIX. A pesar de los desafíos del siglo XX, incluyendo la ocupación nazi y la reconstrucción post-guerra, la ciudad ha mantenido su carácter multicultural y ha experimentado una transformación moderna en el siglo XXI con proyectos de renovación urbana. Hoy, Marsella es un centro económico vibrante que enfrenta problemas sociales, pero sigue siendo un símbolo de resiliencia y diversidad cultural.

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Marsellesa

Marsella ha evolucionado desde su papel en la Revolución Francesa, donde 'La Marsellesa' se convirtió en el himno nacional, hasta convertirse en un importante puerto durante la colonización francesa en el siglo XIX. A pesar de los desafíos del siglo XX, incluyendo la ocupación nazi y la reconstrucción post-guerra, la ciudad ha mantenido su carácter multicultural y ha experimentado una transformación moderna en el siglo XXI con proyectos de renovación urbana. Hoy, Marsella es un centro económico vibrante que enfrenta problemas sociales, pero sigue siendo un símbolo de resiliencia y diversidad cultural.

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Continuación de la historia de Marsella...

...el Canto de Guerra para el Ejército del Rin". Esta marcha fue tan popular entre
los voluntarios de Marsella que fue rebautizada como "La Marsellesa", y se
convirtió en el himno nacional de Francia.

El siglo XIX fue una época de gran expansión para Marsella. La ciudad se benefició
de la colonización francesa del norte de África, especialmente de la conquista de
Argelia en 1830. Su puerto se convirtió en el principal punto de conexión entre la
metrópolis y el imperio colonial, experimentando un crecimiento sin precedentes. Se
construyeron los grandes muelles y el puerto del Joliette, y la ciudad se modernizó
con la creación de grandes avenidas, el Palacio Longchamp, la Basílica de Notre-
Dame de la Garde (la "Buena Madre" que vigila la ciudad) y la estación de tren de
Saint-Charles.

Marsella se convirtió en un imán para inmigrantes de toda la cuenca mediterránea,


especialmente italianos, españoles y griegos, que buscaban trabajo en el puerto y
las fábricas. Esta afluencia de culturas y gentes contribuyó a su carácter
cosmopolita y multicultural.

La Ciudad en el Siglo XX y su Resistencia

El siglo XX trajo consigo nuevos desafíos. Durante la Segunda Guerra Mundial,


Marsella fue ocupada por la Alemania nazi. En 1943, la Gestapo y la Kriegsmarine
llevaron a cabo una operación masiva para limpiar el Vieux Port (Puerto Viejo) de
supuestos miembros de la Resistencia. Se dinamitó y arrasó una gran parte del
barrio histórico de Saint-Jean y Panier, dejando una cicatriz permanente en el
corazón de la ciudad. A pesar de esto, la Resistencia marsellesa siguió activa, y
la ciudad fue finalmente liberada en agosto de 1944.

En la posguerra, Marsella fue reconstruida y se convirtió en el principal puerto


petrolero de Francia. Continuó recibiendo oleadas de inmigrantes, incluyendo a los
repatriados de Argelia tras su independencia en 1962, así como a nuevos flujos de
población del Magreb, África Occidental y las Comoras. Esta diversidad, sin
embargo, también ha generado tensiones sociales y económicas.

Marsella Hoy: Entre la Tradición y la Modernidad

En el siglo XXI, Marsella ha experimentado una profunda transformación. A


principios de la década de 2000, la ciudad emprendió un ambicioso programa de
renovación urbana llamado Euroméditerranée, centrado en la revitalización de los
antiguos muelles y barrios portuarios. La construcción de edificios modernos como
el MuCEM (Museo de las Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo) ha cambiado el
horizonte de la ciudad y ha atraído a un nuevo tipo de turismo.

Hoy, Marsella es una ciudad de contrastes. Sigue siendo un importante centro


económico y un puerto vital, pero también lucha contra el desempleo y la pobreza en
algunos de sus barrios periféricos. Su identidad, sin embargo, permanece
inalterable: una ciudad mediterránea, bulliciosa y un tanto caótica, con una fuerte
personalidad. Los marselleses, con su acento inconfundible y su amor por la
bouillabaisse (sopa de pescado local), son famosos por su franqueza y su pasión.

La historia de Marsella es la historia de su puerto y su gente. Es un testimonio de


resiliencia, de cómo una ciudad ha sabido reinventarse a lo largo de milenios, sin
perder nunca su alma de rebelde y su espíritu de puerta al mar. Es un lugar donde
la historia antigua se mezcla con la vida moderna, donde las huellas de los griegos
y los romanos conviven con la vibrante energía de sus calles actuales.

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