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Obesidad

El trabajo explora la obesidad desde la psicología psicoanalítica, considerándola como un síntoma de malestar psíquico y un esfuerzo adaptativo a la realidad. Se argumenta que la obesidad no solo es un problema de salud, sino que también refleja complejas interacciones entre factores biológicos, psicológicos y sociales, y debe ser entendida en el contexto de la historia personal de cada individuo. Los tratamientos deben ser personalizados, atendiendo a las particularidades de cada caso, dado que la obesidad puede manifestar conflictos inconscientes y necesidades no satisfechas.

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Obesidad

El trabajo explora la obesidad desde la psicología psicoanalítica, considerándola como un síntoma de malestar psíquico y un esfuerzo adaptativo a la realidad. Se argumenta que la obesidad no solo es un problema de salud, sino que también refleja complejas interacciones entre factores biológicos, psicológicos y sociales, y debe ser entendida en el contexto de la historia personal de cada individuo. Los tratamientos deben ser personalizados, atendiendo a las particularidades de cada caso, dado que la obesidad puede manifestar conflictos inconscientes y necesidades no satisfechas.

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Obesidad: Una aproximación desde la psicología psicoanalítica- Publicado en la revista nº037

Autor: Meza Peña, Cecilia, y Moral de la Rubia, José

Resumen

El propósito del presente trabajo fue explorar la postura de la psicología psicoanalítica en torno al
tema de la obesidad. La literatura analizada brinda soporte a un modelo psicoanalítico, el cual
posibilita una comprensión de las manifestaciones de la obesidad exógena; en particular de la
obesidad del desarrollo y la de tipo reactivo, ubicándola como la manifestación de una dolencia
psíquica y en algunos casos como una alternativa para la adaptación a la realidad en que se
desenvuelven los individuos, imprimiendo en el cuerpo un mensaje cuyo significado ha de
develarse en el análisis de cada historia, en donde el cruce de variables biológicas, psicológicas y
sociales se hacen presentes, configurando este malestar de una forma peculiar. La obesidad
resulta así en un problema complejo de salud, al cual se añaden componentes caracterológicos,
sociales y culturales. La persona obesa se ve atravesada por las construcciones culturales de la
comida, del cuerpo, del deseo y de sí, buscando expresar con su cuerpo su propia definición de sí
mismo, la cual debe ser construida dentro de un complejo multifactorial. Como resultado de este
análisis, se establece que si bien existen características comunes a las personas obesas, los
tratamientos deben atender a las particularidades de la vida de cada persona.

Lo que se presenta en el cuerpo

como un aumento del tejido adiposo,

es decir, una alteración somática,

es, en el alma, un drama inconsciente.

(Chiozza, 1995)

Introducción

La obesidad como problema de salud ocupa a la comunidad científica, y el campo de la psicología


no ha quedado ajeno a este interés de conocer por conocer sus causas, por lo que se han
estudiado sus factores en diferentes dimensiones que rebasan la esfera biológica, considerando
las dimensiones sociales y psicológicas de la misma. En el presente trabajo se plantea la obesidad
como un problema de salud que requiere de una mayor comprensión, presentando la propuesta
de diversos teóricos de la psicología psicoanalítica en torno al tema. Expondremos la obesidad
como un síntoma de malestar psíquico y como un esfuerzo adaptativo, reflexionando finalmente
en los significados inconscientes asociados con este problema, así como en la necesidad de
comprender el desarrollo de este problema dentro de una historia particular de vida.
Obesidad: ¿Un problema de salud?

Actualmente se define la obesidad como un exceso de grasa corporal en el organismo. Este exceso
de grasa se determina en base a diferentes tipos de estándares y por tanto de diferentes tipos de
medidas de los mismos, los cuales varían en cada época y con cada cultura, correspondiéndose
más o menos con las variaciones de la definición de lo que es el tamaño del cuerpo ideal.

La obesidad no siempre ha tenido esta connotación de enfermedad tal como se le atribuye


actualmente, ya que históricamente ha desempeñado también la labor de protección ante
inclemencias climáticas, otras veces de protección ante la hambruna y las carencias, incluso
algunas veces como una forma de demostrar el poderío económico y social ante el grupo en
donde se encontrase la persona obesa; en otras ocasiones ha representado una forma de atractivo
sexual, de fertilidad, fidelidad, etc. (Montero, 2001; Odgen, 2005).

Montero (2001) señala la existencia de una interpretación de la sociedad en donde se atribuye al


obeso elegir el placer y no la salud. Además, advierte que el hecho de que actualmente no haya
claridad entre los límites de la obesidad como problema estético y la obesidad como factor de
riesgo conlleva una postergación en las formas de paliar este problema, lo cual se reflejará en las
consecuencias del mismo, que quizá sean más graves y costosas que la obesidad en sí misma.

Además, cuando se habla de una referencia personal de “sentirse gordo” se suele observar una
falta de correspondencia con la realidad, lo que implica una percepción que no es real, implicando
en la referencia de lo que es ser obeso, un componente psicológico. En este sentido, Bruch (1973)
advierte sobre la existencia de personas delgadas con pensamientos de un obeso.

En respuesta a las interrogantes que suscita el tema de la obesidad se han estudiado tanto sus
aspectos biológicos, antropológicos como psicológicos. La psicología ha abordado a la obesidad,
tratando de caracterizar a la persona obesa desde diferentes posturas y el objeto del presente
trabajo será explorar la postura de la psicología psicoanalítica.

La obesidad como síntoma

Desde el punto de vista psicoanalítico, la obesidad es un síntoma, el cual se forma como una
reacción de compromiso ante un afecto que no es tolerado por el yo consciente de la persona.
Esto nos llevaría a formular que la obesidad de tipo exógeno constituye la parte manifiesta de un
problema o conflicto psíquico, el cual no pudo ser resuelto ante fallas de los mecanismos de
defensa (Van der Merve, 2007). Estas fallas se deberán al desarrollo de un yo débil, carente de
recursos adaptativos que resuelva el conflicto. Dado que la configuración de la estructura yoica se
desarrolla durante los primeros años de vida de la persona, es importante analizar a la par sus
relaciones con el desarrollo psicosexual.

Desde el psicoanálisis clásico, el desarrollo de la obesidad podría estar articulado con experiencias
de la etapa oral del desarrollo psicosexual, en donde las actividades de amamantamiento del
infante, desde su nacimiento, tienen una función que rebasa lo nutricio, ya que apuntala a la boca
como una zona de placer, erógena.

De alguna forma, las sobre gratificaciones y las frustraciones dadas en esta primera etapa tienen
un impacto en procesos internos de la persona. Estas frustraciones o sobre gratificaciones se
asocian con las figuras de los padres y con la alimentación. Es por ello que se suele plantear que
los adultos con fijaciones orales pueden volcarse hacia la comida de forma compulsiva, en un
intento por recuperar el confort y seguridad que experimentaban en la infancia, cuando el pecho
de la madre proveía un medio seguro. Esta explicación apunta a la fijación dentro de la etapa oral
del desarrollo psicosexual, como el elemento de análisis de esta problemática, cuando tiene un
inicio en la temprana infancia; mientras que la obesidad de inicio en la segunda infancia está
asociada con problemas serios de personalidad.

Veamos otro ejemplo inverso a la sobreingesta de síntoma con una función primaria. Chiozza
(1995) propone, dentro de sus formulaciones, que “el peso puede dejar de ser un signo para
convertirse en un síntoma, desplazando y ocultando al síntoma inicial, que ha motivado y sostiene
el deseo de adelgazar”. Este deseo de adelgazar lo ubica como un deseo que se inicia frente al
espejo, no ante la báscula, cuyo significado es desconocido para la persona que lo manifiesta.

Caparrós y Sanfeliú (1997) advierten que el obeso no sufre de un exceso de apetito, sino de un
“ansia” de comer, está aquejado de una forma particular de control sobre sí mismo. Las
reflexiones de estos autores en torno al aspecto libidinal, invita a cuestionar si la libido en el caso
del obeso se deposita en la grasa (depósitos de grasa acumulada = libido almacenada), porque de
ser así sería difícil querer deshacerse de esa grasa, ya que inconscientemente tendría otra
significación. Sería como la forma de integrar la sociedad, de integrar al otro, de establecer su
identificación.

La propuesta de Chiozza consiste en que la fijación adiposa se daría en el momento de nacer,


momento en el cual se debe producir la capacidad energética autónoma como preparativa para el
crecimiento de la persona. De este modo, el individuo quedaría atrapado, presa de su cuerpo, ante
una realidad que no le corresponde, como una manifestación de su temor a crecer, de la falta de
preparativos para diferenciarse del mundo y de la carencia de recursos para afrontarlo.

En este punto, los trabajos de Bruch (2002) la han llevado a proponer que en el caso de la anorexia
ésta representa un temor a la adolescencia y no a la adultez. La pregunta que surge entonces es
pensar si la obesidad podría representar también este temor a la adolescencia o bien refiere a ese
temor a la vida adulta. La diferenciación entre ambos periodos de vida es importante, pero de
igual forma, la adolescencia constituye una forma de prepararse para la vida adulta, por lo que
quizá estos temores de enfrentar una vida diferente nos hablan de esa imposibilidad de moverse
fuera de las fronteras de un cuerpo infantil, un cuerpo en donde hay marcas importantes que no
quieren ser abandonadas.

En nuestra vida, la ganancia de peso es algo normal durante el desarrollo, mientras crecemos
tendemos a incrementar de peso, lo que posibilita seguir creciendo. ¿En qué punto esta ganancia
de peso pasa a ser algo patológico? Es aquí en donde la psicología psicoanalítica no sólo hablaría
de un determinado número dado por valores entre talla y peso, sino por las relaciones que se
establecen con el propio cuerpo y con la comida, en donde se expresan afectos que no encuentran
otra vía para ser manifestados.

Es así que dentro de personas con el problema de obesidad resulta interesante analizar la
representación simbólica que tiene la comida. Los estudios sobre los significados simbólicos
profundos de la comida ubican a ésta como una forma de dar amor, de completar una falta, de
estar en comunión con la madre, asimismo como una forma de afirmación del yo, una cuestión de
poder (en el sentido fálico), una vía para manifestar negación, una forma de interacción social o
una forma de identidad social y/o religiosa, entre otras (Stroe, 1995; Roth, 1999; Odgen, 2005).
Para Freud la presencia de un síntoma delata la existencia de una laguna del recuerdo, siendo
precisamente el síntoma la expresión de eso reprimido. El síntoma constituye el retorno de lo
reprimido, es la forma de expresión de un conflicto psíquico de forma desfigurada e irreconocible,
de modo que no angustia al yo, al menos no al punto de lograr la escisión psíquica, siendo inmune
a sus ataques defensivos (Freud, 1965).

Para Freud la base del síntoma se halla en las vivencias de la infancia, las cuales tienen la fuerza
para generar un conflicto. Las vivencias tempranas traumáticas, desde esta postura, serían
explicadas por la teoría del desarrollo psicosexual, haciendo referencia a la configuración y
estructuración psíquica de la persona. Es en razón de ello que el síntoma surge como una
consecuencia de defectos en los procesos adaptativos a la realidad externa, la cual deniega la
satisfacción de necesidades internas eróticas (Freud, 1965).

La obesidad como un esfuerzo adaptativo

En la psicología del yo, se parte del supuesto de que las personas nacen con una capacidad innata
para funcionar en forma adaptativa. La persona se ve involucrada en un proceso de desarrollo
biopsicosocial a lo largo de su vida, en donde el yo funciona como una fuerza activa y dinámica
para manejar, adaptarse y modelar el ambiente externo.

El yo es considerado como la estructura de la personalidad que es responsable de negociar entre


las necesidades internas del individuo y el mundo externo, teniendo la capacidad para funcionar
de manera autónoma, pero es sólo una parte de la personalidad, por lo que debe ser entendida en
relación con factores internos y externos. Para Hartmann (1964), el proceso de adaptación
realizado por el yo es continuo, reflejándose en los intentos que éste hace para equilibrar las
tensiones intra e intersistémicas en las conductas.

El yo contiene las funciones básicas necesarias para que el individuo se adapte de forma exitosa a
su ambiente. Estas funciones son innatas y se desarrollan a lo largo de la maduración de la
persona y en la interacción con factores biopsicosociales.

El desarrollo del yo se da de forma secuencial como resultado de factores constitucionales, el


cubrir las necesidades básicas, la identificación con otros, las relaciones interpersonales, el
aprendizaje, el desarrollo y dominio de tareas del desarrollo, la efectiva resolución de problemas
y la adaptación. El interés por el análisis de este constructo está en que se considera al yo como la
unidad fundamental organizativa y reguladora de las conductas de la persona (Anna Freud, 1965;
González-Rivera y De las Cuevas, 1992; Stroe, 2005;).

Desde esta postura, la obesidad sería vista como expresión del desarrollo defectuoso del yo
(Mushatt, 1982). El yo como unidad fundamental organizativa y reguladora de las conductas
realiza un conjunto de funciones específicas y cuando se presenta un desarrollo defectuoso de
esta instancia, las diferentes funciones realizan esfuerzos insuficientes para liberar la carga
tensional generada por los deseos internos y la necesidad de adaptarse a la realidad externa, por
lo cual se produce el síntoma.

Discusión

Desde el psicoanálisis, uno desea (inconscientemente)


todo lo que le pasa (todo lo que sufre).

¿De dónde viene la obesidad? Obesidad deriva del latín obēsus, que significa "corpulento, gordo o
regordete". Ēsus es el participio pasado de edere (comer), con ob (enfrentamiento u oposición),
agregado a éste con lo que interpretaríamos obēsus como “que en su comer se añade una
oposición o lucha”. La referencia a obēsus aparece sólo en el latín clásico en la forma de participio
pasado. Esto lleva a plantear que obēsus refiere al acto de haber comido, sin la precisión del
tiempo y sin la precisión de especificidad de la acción, es un tiempo pasivo. Con el participio
pasado se expresa un estado adquirido y una acción pasada, anterior a la del verbo principal en
una oración, por lo que advierte un aspecto perfectivo. De este modo, la obesidad podríamos
traducirla como un estado corporal adquirido en un pasado, como una forma de mejorar la
situación de la persona. El tiempo en que se desarrolla no tendría sentido, ya que la presencia del
síntoma no necesariamente se corresponde al tiempo en que se desarrolla la acción adaptativa, y
se desconoce el porqué de esta forma de adaptación.

Debemos comprender que asumir que los adultos pueden volcarse hacia la comida de forma
compulsiva dadas sus fijaciones orales, equivaldría a asumir un intento por recuperar el confort y
seguridad que experimentaban en la infancia, cuando el pecho de la madre proveía un medio
seguro. Esto lleva a cuestionarse sobre si esta necesidad de recuperar ese confort tendría que ver
con una forma de narcisismo primario. Un narcisismo en donde no cabe el mundo externo y
entonces no hay una adecuación de las funciones yoicas. En este punto en particular proponemos
reflexionar en cuanto a la propuesta de Bellack sobre ciertas funciones del yo aterrizadas a la
obesidad, ya que podrían ser indicadores de algún tipo de deterioro en relación con este
problema.

Aunado a contemplar a la obesidad como un problema de adaptación y falta de regulación de las


conductas dados los influjos del conflicto psíquico, el modelo psicoanalítico apunta a que la
obesidad suele entrañar un significado inconsciente.

Hemos advertido que la obesidad como síntoma puede ser comprendida como la forma de
resolución de un conflicto psíquico en donde el aumento de la grasa corporal representaría la
forma menos angustiante de resolverlo, o simplemente de manifestar a un nivel consciente ese
deseo reprimido, deseo que, no obstante, sigue imprimiéndose en el cuerpo y causando
reacciones ante él. Entonces, ¿qué escribe el obeso en su cuerpo? No habría forma de saberlo en
lo general, pero a observar por el kilaje, podemos ver que el obeso imprime un mensaje enérgico
(kilocalorías = energía almacenada); el cual de poderlo expresar, lo gritaría.

Por otro lado, el obeso es una persona con un hambre insaciable, que no llena. Al tratar de saciar
el hambre fisiológica, pareciera que lo que quiere saciar es ese deseo insatisfecho ahora
corporizado. Podríamos preguntarnos sobre la función del deseo en el obeso y cómo este articula
a la obesidad como síntoma de ese malestar psíquico. Las observaciones de la conducta de comer
en el obeso nos llevan a ver que éste no satisface el deseo, no con la comida, sino que lo equivoca,
lo confunde, lo retaca, lo re-toca, lo ataca.

De esta forma, la obesidad puede ser un signo de un deseo no satisfecho nunca, que nunca da la
talla, ya que es un deseo incestuoso. El castigo por desear es esa constante insatisfacción que
luego trata de llenar. Sin embrago, el obeso no tiene hambre fisiológica, por ello la comida no llena
la falta ni cubre el deseo, por eso no se satisface ni siente su estómago lleno. Su hambre es carnal,
es sexual, es incestuosa. Su deseo no se logra reprimir, se corporiza. Con todas las cosas que se
come el obeso ante la falta de expresión de sus afectos, debemos preguntarnos si será que con un
gran tamaño evita ser devorado por el otro.

Lo que le falta es su aceptación. Su asumirse castrado o asumir la angustia de castración, y que en


el caso de las mujeres la obesidad se podría entender desde el complejo de castración. Cualquiera
de estas versiones no asumidas conllevaría el no aceptar la ley de la prohibición del incesto. Es
aquí que la obesidad sería la forma de evadir dicha ley, corporizando aquello que le genera placer.
Sin embargo, las apreciaciones sociales de la persona obesa, no logran más que perpetuar su
calidad de la persona sufriente. Hilde Bruch señala que a las mujeres obesas se les devalúa al lugar
de las mujeres promiscuas, al referirse a ambas de formas bastante semejantes, considerándolas
como personas que no tienen autocontrol ni respeto, son estúpidas, depresivas, están
desesperadas, son unas fracasadas.

En su correlato con el deseo, pareciera que el obeso aspira a que el deseo subsista corporizado,
por eso la renuncia a dejar de comer, por eso la dificultad para bajar de peso. Si se baja de peso se
pierde el deseo. He aquí que el cuerpo es el punto de partida y el punto final de la pulsión, plena
dimensión del autoerotismo en juego.

El obeso, al querer ser más, quiere ser él siendo en el otro. Tiene hambre, hambre de deseo, de ser
deseado (por la madre o por el padre). Éste es su malentendido con el otro. ¿Por qué no se
satisface? Será porque el deseo del otro está insatisfecho y lo descubre incompleto, porque la
boca no se satisface con la comida, sino con el placer de la boca. Quizá, como señalan Heiker y
Miller (1996), lo conveniente para muchos casos de obesidad exógena sería el buscar descargar a
la persona de “cierto peso” mediante la acción de la palabra.

Otro aspecto a destacar de la obesidad es esa necesidad de identificación de la que se hace objeto.
El obeso no se reconoce en el espejo, se oculta tras esos cúmulos de grasa, sin embargo, cuando
logra desaparecer alguna cuantiosa cantidad de grasa, muchas veces no se reconoce en ese nuevo
cuerpo. De este modo, la grasa corporal puede ser vista como una barrera, no es sólo una
protección, sino una máscara, un disfraz para expresar ese deseo, de ser un sujeto deseante,
deseable, de esa búsqueda de ser reconocido por el otro, para reconocerse a sí mismo. No
profundizaremos en lo referente a los problemas que la imagen corporal puede desencadenar
ante la obesidad, ya que consideramos que este aspecto se tendría que desarrollar de una forma
más amplia para aclarar nuestra postura, quizá perdiendo el objeto de nuestra exposición.

Hemos de considerar además el cómo estas personas se posicionan en relación con los
significados culturales de la obesidad, ya que mientras en grupos sociales con un bajo nivel
socioeconómico puede ser vista como un signo de salud y bienestar (Rand y Stunkard, 1978), en
personas con mayor nivel socioeconómico suele tener una connotación negativa, siendo vista
como un mal no deseado, como una enfermedad a combatir. Esto nos pone de manifiesto que
ante una persona obesa deben hacerse consideraciones sobre las causas particulares de su
obesidad, desde que ésta se empieza a gestar, aunado a la exploración de factores culturales,
sociales y biológicos, los cuales no pueden ser apartados de la evaluación psicológica de este
problema.

La obesidad no puede ser considerada como un tipo especial de trastorno mental que deba
incluirse en el capítulo de trastornos mentales y del comportamiento de la Clasificación
Internacional de Enfermedades (CIE-10; OMS, 1992), dado que en su desarrollo inciden diferentes
factores como hemos venido advirtiendo. La presencia de factores biológicos y una estabilidad
emocional en personas obesas dificultan establecer un parámetro de lo que es característico de la
obesidad.

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