0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas8 páginas

Sermón 2 - El Principio de La Multiplicacion 2

El sermón se centra en el principio de la multiplicación a través de la historia de la alimentación de los cinco mil en Lucas 9:12-17. Se destacan tres principios clave: primero, algo debe ser bendecido antes de poder multiplicarse; segundo, solo lo que se da puede multiplicarse; y tercero, participar en la multiplicación del Señor garantiza una recompensa. La conclusión enfatiza que Dios desea bendecir y multiplicar nuestras finanzas, pero es esencial dar lo primero al Señor y compartir más allá del diezmo.

Cargado por

juanelo82003
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
29 vistas8 páginas

Sermón 2 - El Principio de La Multiplicacion 2

El sermón se centra en el principio de la multiplicación a través de la historia de la alimentación de los cinco mil en Lucas 9:12-17. Se destacan tres principios clave: primero, algo debe ser bendecido antes de poder multiplicarse; segundo, solo lo que se da puede multiplicarse; y tercero, participar en la multiplicación del Señor garantiza una recompensa. La conclusión enfatiza que Dios desea bendecir y multiplicar nuestras finanzas, pero es esencial dar lo primero al Señor y compartir más allá del diezmo.

Cargado por

juanelo82003
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CATHEDRAL INTERNATIONAL

UNA VIDA DE BENDICIÓN

SÉRIE: UNA VIDA DE BENDICIÓN


SERMON: 02
TEXTO: Lucas 9:12-17
TEMA:

EL PRINCIPIO DE LA MULTIPLICACIÓN

“Pero el día comenzaba a declinar. Acercándose los doce, le dijeron: —Despide a la


gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor y se alojen y encuentren
alimentos, porque aquí estamos en lugar desierto. 13 Él les dijo: —Dadles vosotros
de comer. Dijeron ellos: —No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser
que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. 14 Eran como
cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: —Hacedlos sentar en grupos de
cincuenta. 15 Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. 16 Y tomando los cinco
panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y dio a sus
discípulos para que los pusieran delante de la gente. 17 Comieron todos y se
saciaron; y recogieron lo que les sobró: doce cestas de pedazos”. Lucas 9:12-17

¿Alguna vez ha deseado poder multiplicar sus pertenencias? Bueno, le tengo noticias
maravillosas: Dios puede hacerlo.

Por supuesto, esto no debería sorprendernos. El multiplicó el aceite y la comida


para una pobre viuda y su hijo. Multiplicó la fuerza de los soldados israelitas batalla
tras batalla. Y multiplicó el pan y los peces en un par de colinas de Galilea. Sin lugar
a dudas, Dios es el Maestro de la multiplicación.

En el capítulo 9 de Lucas encontramos la narración de una de esas multiplicaciones


milagrosas; la alimentación de los cinco mil hombres. Esta historia probablemente le es
muy familiar, pero vamos a modernizarla y personalizarla un poco. Tal vez podrá escuchar
algunas cosas que antes no había notado.

1
Póngase en el lugar de los discípulos. Imagínese que usted es uno de los doce,
básicamente es un miembro del "comité oficial de búsqueda del Mesías". Eso quiere decir
que está tratando de determinar si Jesús es o no es el Mesías. Ha dejado su barca de
pesca y ha comenzado a viajar con Jesús en una campaña a través de la nación.

Un día se reúne una multitud enorme. Usted está muy emocionado porque, desde que
comenzaron la campaña, este es el seminario al que ha asistido más gente. Al contar a
los padres de familia, usted calcula que se han reunido alrededor de 5000 hombres, sin
contar a las mujeres y los niños. Eso significa que probablemente hay entre quince y
veinte mil personas reunidas y todas están escuchando a Jesús. (Usted está sorprendido
de lo lejos que se puede oír una voz desde las cimas de estas colinas.)

Jesús predica toda la mañana y usted espera que el sermón termine alrededor del
mediodía (la hora en que todo el mundo acostumbra a salir de la iglesia para llegar a la
cafetería antes de que lleguen los escribas y los saduceos). Pero no termina, sino que
continúa enseñando. Usted piensa: Bueno, el sermón está muy bueno y parece que todo
el mundo lo está disfrutando. Vamos a dejarlo que se extienda un poco más. Llegan y
pasan las 12:30 de la tarde y El continúa predicando. La una, las dos, las tres, las cuatro
¡y el profeta continúa exponiendo las escrituras!

A las cinco ya empieza a escuchar a sus compañeros diciendo: "La gente tiene hambre
y todos los restaurantes van a cerrar pronto!". El hecho es que usted no está seguro si
quien verdaderamente tiene hambre es la gente o sus compañeros.

Pero como también usted está hambriento, se acerca a Jesús. Señor, disculpa la
interrupción pero, bueno... los otros discípulos y yo comenzamos a... bueno...tú sabes...a
preocuparnos por la gente.. tú sabes cómo es la gente. Quiero decir.. este… ellos no han
comido en todo el día y la mayoría de los restaurantes van a cerrar y pensamos que tú
querías... bueno... tú sabes... terminar el sermón y decirles que se vayan".
Y entonces el Señor con seguridad le dice: "Dales algo de comer", y continúa con sus
enseñanzas.

Usted comienza a digerir lo que estas palabras implican. Hay entre quince a veinte mil
personas hambrientas en ese campo y el Señor dice que usted le dé algo de comer a las
personas.

2
Así es que usted regresa con los miembros del comité y le preguntan: "¿Le dijo que la
gente tiene hambre?" y usted confirma con un movimiento de la cabeza. "¿Le dijo que
ya es hora de que termine la predicación? De nuevo usted confirma con un movimiento
de la cabeza.

"Bueno, ¿y ya va a terminar?". "No exactamente", usted le contesta indecisamente.


"¿No exactamente? ¿Qué quiere decir? ¿No le dijo que la gente necesita comer!?
"Sí". "¿Y qué le dijo?". "Él dijo que nosotros les diéramos algo de comer".

"¿Cómo? Por un momentito creí que usted dijo que nosotros debíamos darles de
comer". "Eso fue lo que dijo el Maestro". Entonces ustedes se ponen a ver cuanta
comida pueden conseguir. Treinta minutos más tarde se vuelven a reunir y hacen un
inventario de la comida que tienen.

"Vamos a ver." dice el comité, "entre todos tenemos… dos pescados, cinco panes.
Perfecto!". Por supuesto, a usted le toca la mala suerte de reportarle a Jesús los
resultados de la recolecta, "Discúlpeme, Señor. Perdone que le interrumpa de
nuevo..." y usted le da las estupendas noticias sobre los esfuerzos para juntar la comida.
"Ahora si que va a terminar la predicación", se dice a si mismo (mirando
nerviosamente su reloj, intenta calcular lo rápido que tendrá que caminar a la pizzería
mas cercana, para llegar antes de que la cierren.) Entonces Jesús los mira, se sonríe y
dice: “Excelente! Haz que la gente se siente en grupos de cincuenta".

Sorprendido, usted regresa con los miembros del comité. "¿Va a terminar la
predicación?", le preguntan al verle venir. Se oyen un poco enojados. "Tienen baja el
azúcar", piensa usted. "No" "¿No?!". "Quiere que sentemos a la gente en grupos de
cincuenta".

"¿No le dijo que lo único que tenemos para alimentar a 20000 personas son
solamente dos pescados, cinco panes? "Sí, grupos de 50".

Lo que sigue sería cómico si no estuviera tan hambriento y exasperado. ¿Alguna vez ha
visto a 12 personas intentar organizar a 20000 hombres, mujeres y niños para que se
sienten en grupos de 50? Trasladar una manada de gatos a través del desierto sería más
fácil en comparación.

3
Finalmente, usted y el comité han agrupado a todos tal como lo pidió el Señor (ese es el
primer milagro de la tarde.)

Cuando usted regresa a donde estaba Jesús, está pensando cómo va Él a hacer
para alimentar a toda la gente. (Todos tendemos a pensar así. Queremos imaginar
por adelantado qué es lo que va a hacer Dios para cubrir nuestras necesidades. Y
casi siempre nos equivocamos).

En ese momento. Jesús toma los pescados y los panes levanta la vista hacia el cielo y los
bendice.

Existen tres claves importantes aquí para la multiplicación:

1. ALGO DEBE SER BENDECIDO ANTES QUE SE


PUEDA MULTIPLICAR
Lucas 9:16: “Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo,
los bendijo, los partió y dio a sus discípulos para que los pusieran delante de la
gente.

Me he tomado algunas libertades creativas con este pasaje de la Biblia con la esperanza
de motivarlo a que realmente se ponga en el lugar de los discípulos. Quiero que usted
"vea" con los ojos de su mente lo que sucedió en ese monte.

Después que bendijo la comida, Jesús la partió por la mitad y se la entregó a sus
discípulos. ¿Se puede imaginar lo que alguien como Pedro pensó al ver la mitad de
un pan en sus manos? El le había dado a Jesús un pan completo y sólo le había
devuelto la mitad!

Me pregunto si Pedro, mirando ese fragmento, le habrá dicho al Señor: "Seguro que ya
terminó de orar? ¿No quisiera orar un poco más?". Posiblemente el Señor le hubiera
dicho: "No, ya lo bendije. Ahora repártelo".

Pedro se alejó con esa pequeña pieza de pan en sus manos obedientemente, lo partió
por la mitad en la misma manera en que había visto a Jesús hacerlo. Repartiendo los

4
pedazos de pan, lo partía por la mitad y lo hacia otra vez y otra vez. Esto es lo que nos
hemos perdido en esta sorprendente historia.

El milagro no sucedió en las manos del Maestro, sucedió en las manos de los
discípulos. Usted ya sabe el resultado. Con cada uno de los discípulos duplicando
este patrón, el resultado fue 12 canastas grandes que sobraron.

Lo que muchos cristianos no entienden es que antes que su dinero o sus pertenencias se
pueda multiplicar, debe ser bendecido. En otras palabras el primero debe ser entregado al
Señor.

Recuerde las palabras de Romanos 11:16: “Si las primicias son santas, también lo es
la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas”.

Conocemos muchos cristianos que nunca han visto que sus finanzas se
multipliquen. Y muchas veces, la razón es que el dinero no ha sido bendecido.
Cuando se da primero al Señor y el Señor pone su bendición sobre él, entonces y
sólo entonces, tiene la habilidad de multiplicarse.

Jesús, quien recibe nuestros diezmos, es el único que tiene el poder de bendecirlos para
que se multipliquen. Este es el primer principio de la multiplicación.

Hay un segundo principio de la multiplicación:

2. SÓLO LO QUE SE DA SE PUEDE MULTIPLICAR


“Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, los bendijo,
los partió y dio a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente. 17
Comieron todos y se saciaron; y recogieron lo que les sobró: doce cestas de
pedazos”. Lucas 9:16-17

En el ejemplo que estamos explorando, los discípulos tenían el pan y los pescados. La
comida había sido bendecida, así que tenía el potencial de multiplicarse. Pero si ellos se
la hubieran comido, habrían permanecido como cinco panes y dos pescados. Nunca se
hubieran multiplicado.

5
En lugar de tener el estómago lleno y doce canastas que sobraron, sólo hubieran
podido darle unas pequeñas mordidas a los panes y peces. Tenían que darlo para
que se multiplicara.

Esta es otra cosa que he observado en los que me han dicho: "Nunca he visto mis
finanzas multiplicarse". A veces, las personas que dan el diezmo, dan muy poco o nada
en adición al mismo. No se dan cuenta que sólo lo que se da se multiplica. Usted podrá
preguntar: "Pero no es el diezmo una forma de dar?".

Usted no puede dar lo que verdaderamente no es suyo. Los primeros frutos son del
Señor. El resto es suyo para que lo conserve o lo dé como desee. Es de esta
"cuenta" de donde usted da lo que en la Biblia se conoce como ofrendas.

Realmente, dar el diezmo no es dar, es devolver. Es devolverle al Señor lo que ya es de


Él. Por lo tanto, el segundo principio de la multiplicación es que las finanzas excepto el
diezmo se deben compartir si quiere verlas multiplicar.

En Mateo 25, Jesús nos cuenta una historia de tres administradores. A un administrador
se le confiaron cinco talentos. Cuando llegó la hora de hacer las cuentas, él le devolvió al
Señor los cinco talentos, con unos cinco adicionales. Y el Señor le dijo: "Bien hecho,
siervo bueno y fiel" (v. 21).

Había otro administrador al que se le encomendó dos talentos e igualmente, él le devolvió


al Señor más de lo que se le había dado. Pero entonces tenemos al tercer administrador,
al que se le había encomendado un talento. Ése le dijo al Señor: "Aquí está lo suyo". El
sólo le devolvió al Señor lo que ya era de Él.

Y el Señor lo llamó sirviente malo y flojo. Por favor, no me malinterprete. No estoy


sugiriendo que alguien que sólo da el diezmo es malo y flojo. Lo que estoy diciendo
es que hay un principio de administración fiel que nos enseña que le debemos dar a
Dios más que el diezmo, porque dar el diezmo es solamente devolverle a Dios lo
que ya es de Él.

Si actualmente usted no está dando el diezmo, ciertamente ahí es donde debe comenzar.
Dar el diezmo es lo que trae una bendición sobre el resto de nuestras finanzas. Dar el

6
diezmo es lo que causa que Dios reprenda al devorador y que abra las ventanas del cielo.
Es el fundamento principal sobre el cual se construye nuestro dar.

Pero si lee cuidadosamente Malaquías 3, verá que allí Dios menciona dar ofrendas en
adición al diezmo. Menciona "diezmos y ofrendas" (v. 8). Son el diezmo y las ofrendas
lo que trae las bendiciones. Son el diezmo y también las ofrendas lo que reprende al
devorador.

Hay un tercero principio de la multiplicación:

3. CUANDO PARTICIPE EN UNA MULTIPLICACIÓN DEL


SEÑOR LA RECOMPENSA SERÁ INEVITABLE
“Comieron todos y se saciaron; y recogieron lo que les sobró: doce cestas de
pedazos”. Lucas 9:17

Dios siempre recompensa aquellos que sirven al reino.


Dios siempre sorprende a aquellos que no tienen miedo de dar.
La multiplicación fue para la gente y para los que cargaban los cestos y servían.
Hubo dos multiplicaciones: la gente saciada y doce cestos llenos.

Estoy convencido que Dios quiere bendecir y multiplicar nuestras finanzas, tal
como bendijo y multiplicó los dos peces y los cinco panes.

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los
hombres, 24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia,
porque a Cristo el Señor servís.” Colosenses 3.23-24

CONCLUSIÓN
La verdad es que Dios puede hacer que nuestras finanzas alcancen más de lo que
podríamos lograr a través de nuestra propia astucia o diligencia.

7
Dios quiere que sus finanzas estén bendecidas y quiere que sus finanzas se multipliquen.
Pero es vital que comprenda que nunca verá la multiplicación de sus finanzas hasta que
comprenda estos dos principios:

1. LE DAMOS AL SEÑOR LO PRIMERO PARA QUE BENDIGA TODA NUESTRAS


FINANZAS.
2. DAMOS MÁS ALLÁ DEL DIEZMO PORQUE SOLO LO QUE SE COMPARTE
PUEDE SER MULTIPLICADO.
3. CUANDO PARTICIPE EN UNA MULTIPLICACIÓN DEL SEÑOR LA
RECOMPENSA SERÁ INEVITABLE

También podría gustarte