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White Red Monogatari

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White-Red Monogatari

Por
Maki Yamato (MakotoH21)

Maki es una mujer que, antaño, fue una niña herida por la mano
sádica de su padre, y, ahora, ya adulta, consumida por un miedo arraigado
a los lazos, vive su vida. Sin escasez en lo material, pero un profundo vacío
emocional que la consume, Maki está profundamente herida… aunque su
largo historial de amantes dice lo contrario.
Con un incidente, aparece Nikolai, pero vuelve su miedo. La sombra
del pasado parece regresar solo para atormentarla, y entonces, ella se
hace la pregunta: ¿ser feliz es pedir demasiado? ¿Es algo demasiado
egoísta para una culpable como ella?

3
A todos aquellos que siempre me apoyaron en las buenas y las
malas, y estuvieron para mí mientras narraba esta novela.
Y para ti, el Niko de verdad, espero algún día entiendas el peso que
cargas siendo quien eres en esta singular historia.

4
Glosario:

Antes de dar inicio a la historia es necesario hacer aclaraciones


vitales para la completa compresión del mundo y su construcción.
Los hombres bestia son personas con características humanas con
orejas y colas de determinado animal. No existen los cruces entre
especies lejanas genéticamente como reptiles y mamíferos.
Existen cuatro razas fundamentales:
1 . Comunes, siendo simplemente hombres bestia sin
capacidades extra más que características de su especie animal (dígase
olfato en caninos o vista en felinos).
2 . Bestia Pura. Su habilidad es la de tomar la forma de su
animal antropomorfo (furry o furro), tratándose de un animal con cuerpo
peludo pero con comportamientos abiertamente humanizados (caminar a
dos piernas, manos adaptadas). Aumenta su fuerza bruta y se agudizan
los sentidos.
3 . Villed. Al ser asesinados, toman la forma de su especie
animal de una forma mutada y más salvaje, acelerando la
descomposición, pero otorgándoles un corto lapso de vida post mortem,
sin capacidad de conciencia (como un zombie) donde atacan lo que vean
en movimiento. Ese estado puede revertirse exponiendo al individuo a
temperaturas bajo cero en corto tiempo. Una vez la descomposición es
irreversible, el cuerpo muere.
Estas tres razas forman las presas, siendo alimento de la raza
dominante:
4 . Lunar. Pueden tomar la forma de animal puro (cuatro patas)
con su plena conciencia y memoria, pero de un tamaño superior al de su
homólogo ulgram (más adelante explicado). Necesitan comer carne de
otros hombres bestia para sobrevivir. No se limitan a especies de
animales carnívoros, sino que se extiende a todas las especies,
ofreciéndoles colmillos sin distinción, aunque cambian de tipo omnívoro
(en animales herbívoros) a carnívoros especializados en los depredadores.
A su vez, tienen una subraza: los nanatsus, clones de sus amos los
lunars que nacen a partir de los niveles de transcoproteína (la sustancia que
les permite las transformaciones) que maneje su amo. Pueden ser tanto
ferales (a cuatro patas) como humanoides (cola y orejas), pero depende de
5
su potencial genético, determinado por los ojos.
Siendo el rojo oscuro el escalón más bajo, mientras más claros los
ojos mayor potencial genético cargan, siendo estos:
7- Rojo oscuro
6- Rojo claro
5- Violeta claro
4- Azul oscuro
3- Dorados
2- Azul claro
1- Color blanco/plateado
Existen los casos raros donde los nanatsus no se adecúan a la
especie animal de su amo y nacen siendo “dragonoides” con
características reptilianas en un cuerpo humanoide, de por sí más fuertes
que los de especies animales ordinarias, pero con margen mayor a la
desobediencia y más cercanos a la independencia.
Al no reproducirse de forma convencional, no poseen órganos
genitales. Se les reconoce porque el globo ocular que rodea al iris es color
negro, en lugar de blanco.
Los animales llamados “ulgram” son los animales convencionales,
aunque en este universo no existen Las mascotas.

6
Prólogo

Eran como las tres de la mañana, hora donde todos dormían, o, más
bien, casi todos. Una niña de cabellos blancos cual nieve, ojos azules
como zafiros y piel igual de nívea estaba impacientemente despierta y
sentada sobre su cama. Estaba feliz y emocionada por su quinto
cumpleaños, lista para salir corriendo a toda carrera para despertar a sus
padres.
Su cola canina se movía nerviosamente, exponiendo aún más su
estado eufórico. Imaginaba los regalos que le darían, tal vez su padre le
obsequiaría algo este año. Tal vez este sería su año.
La pequeña sonrió solo de pensarlo, y, decidida a armar escándalo a
las tres de la mañana, salió disparada al pasillo, dejando la puerta de su
habitación abierta de par en par. Se detuvo frente a la puerta entreabierta
de sus padres, de donde emanaba el olor dulzón y preocupante de la
sangre, que hizo que sus alarmas se dispararan. Lentamente, y de puntillas,
abrió poco a poco la puerta de madera, y asomó su pequeña cabecita,
dejando solo la frente y sus ojos brillantes a la vista.
Dentro de la habitación un par de ojos dorados le devolvieron la
mirada, vívidos y feroces. La lobita bajó sus orejas caninas al ver a la
bestia yendo hacia ella, lenta y cautelosamente, hasta quedar iluminado
por la débil luz que entraba por la abertura de la portilla. La niña abrió los
ojos con horror, notando el pelaje dorado y blanquecino del lobo adulto y
de orbes dorados cual oro, manchado con el rojo de una sangre que bien
conocía: la de su madre, arrastrando algo entre sus colmillos. El lobo
mordía el cuello de la mujer, y la soltó para dedicarle una tétrica sonrisa.
Asustada, retrocedió un paso, y el animal abrió al completo la puerta con
un golpe leve de su cabeza, dejando que la infante viese el cuerpo inerte de
su progenitora en el suelo, frío y ausente de vida.
La pequeña niña gruñó presa del pánico, y tomó su forma animal,
siendo enana, peludita y para nada amenazante al compararla con la
bestia que tenía delante. Le mostró los dientes, no obstante, tratando de
luchar contra los propios temblores que le recorrían el cuerpo por el miedo.
El lobo dorado rio con voz ronca, burlón, mientras enseñaba los dientes
manchados del espeso líquido rojo. En sus ojos titilaba el sadismo que lo
caracterizaba.
La niña ladró, casi llorando, mas detrás del canino apareció otro

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lobo, esta vez blanco, e inmaculado, con unos ojos azules que podrían
romper el cristal o a quien fuese receptor de su penetrante filo lapislázuli.
La cachorrita movió la cola por un corto instante.
—Papá… ¡hirió a mamá! ¡Keyal hirió a mamá! —chilló, desconsolada,
pero sin llorar. El lobo mayor ni se inmutó ante la declaración.
—¿Qué haces aquí, Maki? —respondió, serio, parándose justo al lado
de Keyal, el asesino, quien no había dejado de sonreír.
—Es… es mi cumpleaños. Quería pasarlo contigo y con… contigo y
con… con… —Con la voz apagada, Maki intentaba decir algo coherente,
pero ninguna palabra podía describir su tristeza.
—No está muerta —dijo Keyal, sin borrar su expresión—. Todavía está
caliente.
Al oír tal cosa la pequeña no pensó, solo corrió hacia el cuerpo de
su madre, y se acurrucó al lado de su corazón, tratando de oírlo latir.
Estuvo así por un par de segundos, pero no oyó nada. Miró a su padre
buscando ayuda, pero él solo la observaba, sin expresar más que
estoicismo. El lobo dorado se echó a reír con ganas.
—¿En serio te crees que esa vieja sigue viva? —Se carcajeó,
divirtiéndose— Sí que los niños son estúpidos… ¡Muy estúpidos!
Se acercó a ella a paso rápido, y la agarró de la nuca, a lo que Maki
protestó, moviéndose de un lado a otro para volver con su madre, pero le
fue imposible. Entre risas, Keyal la lanzó al pasillo y le siguió sonriendo
desde dentro de la habitación.
—Está muerta, pequeña tonta —sentenció, con filo en cada palabra—.
Los muertos no respiran, no sienten…
—¿Papá…? —Lo miró ella con un último rayo de esperanza surcando
sus ojos azules. Él le devolvió la mirada, y esta vez habló:
—Ya no era útil.
Tras esa declaración, salió corriendo Maki, aterrada. Surcó la casa
hasta adentrarse en el lecho de su hermano mayor, Arthur, y, aún en su
forma de animal, lo despertó de su letargo. Él la miró enojado, pero al ver el
llanto en sus ojos grandes, casi siempre alegres, y la sangre ajena que
manchaba su nuca, rápidamente se preocupó poniéndole una mano en la
mejilla de forma cariñosa.
—¿Maki? ¿Estás bien?

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—Mamá… Keyal… papá… ¡Mamá no está! Keyal la… la…
Arthur se levantó y cerró la puerta desde dentro, y se arrodilló frente
a la cama, quedando a la altura de su pequeña y dulce hermanita. La
abrazó tan fuerte como pudo, asimilando para sí mismo la noticia, y abrió
la ventana, que, por suerte, daba al cerezo de los vecinos. Tomó su forma
de lobo, marrón y con sus ojos color miel y vivarachos, opacados por la
preocupación y el dolor, y se volteó a ver a su hermanita, quien lo miró sin
comprender.
—Vamos —susurró él, oyendo los pasos apresurados de Keyal en
dirección a la habitación—. Tenemos que buscar ayuda.
Desde la cama dio un salto hacia el marco de la ventana, seguido
por Maki, quien casi se cae al suelo de vuelta. La puerta fue azotada por un
golpe del animal, quien trataba de derribarla por medio de golpes. Arthur
lanzó a su hermanita hacia el tronco del árbol, y, al ver que cayó bien le
ordenó bajar silenciosamente.
—Ahora te sigo, adelántate —Le dijo.
La puerta volvió a sonar, esta vez junto al crujir violento de las
bisagras. Pero, justo cuando creía que oiría el tercer golpe, oyó las llaves y
los pasos de los zapatos de su padre. La puerta fue abierta revelando al
hombre lobo albino, y al can dorado y con dientes manchados de sangre.
Arthur gruñó en su dirección, aunque su pequeño tamaño no era rival para
nadie.
—¿Y tu hermana? —preguntó su padre, tras aclararse la garganta.
—No te importa, asesino —habló el niño en un gruñido—. Si la quieres,
tendrás que matarme a mí también.
El padre entornó los ojos y se pellizcó el puente de la nariz, irritado.
Tras él, un león color negro mostró sus orbes violetas, y Keyal lo volteó a
ver. El hombre volteó a ver al lobo y le ordenó:
—Ve tras ella, Kobaru se quedará aquí.
Keyal salió corriendo en dirección a la ventana, Arthur trató de
interponerse, pero el lobo más grande le dio un buen zarpazo que lo
mandó al suelo. Saltó al cerezo y corrió siguiendo el olor de la niña.
En el suelo, el chiquillo abrió los ojos débilmente, tratando de
levantarse con dificultad, siseando por el dolor. El león vio desaparecer por
la puerta al hombre lobo blanco y se acercó lentamente al infante de pelo

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castaño, quien lo miró, con miedo. Kobaru sintió lástima por él antes de
abrir las fauces, y mancharlas con la sangre infantil, aunque llevándolo a la
muerte de una forma rápida y lo más indolora que le fue posible.
Arthur no gritó, porque aún podía sentir el olor de su triste
hermanita, que lo esperaba en alguna parte. Su última visión en vida fue la
foto familiar de cuando Maki nació, con todos felices, y su madre, aún viva,
sonriendo mientras cargaba con júbilo a la nueva integrante de la familia.
Sufrió en silencio, hasta que el gélido abrazo de la muerte se llevó su alma,
cerrando los ojos.

Maki seguía corriendo a todo lo que daban sus patitas diminutas.


Con la lengua fuera, estaba cansada, y miraba hacia atrás repetidas veces,
buscando a su hermano, pero nunca apareció. Escondida tras una casa
que hacía esquina, vio de reojo a Keyal, el asesino, oliendo y buscándola a
unos escasos cinco metros. Maki se esforzó por no chillar de miedo, y,
sigilosamente, trató de volver a huir corriendo sin hacer demasiado ruido.
El olfato de Keyal no era el mejor, debido a múltiples heridas del
pasado sobre su nariz, así que Maki tenía una oportunidad para escapar y
pasar desapercibida. Trotando, se escabulló por un solitario callejón con
olor a sangre, muerte y lunars. Para la pequeña fue la mejor opción, pues
las calles desiertas de la ciudad por las altas horas de la madrugada harían
de ella un blanco fácil para su perseguidor. Se vio en un distrito que jamás
había visto antes: estaba iluminado con farolas que le daban un toque
cálido, lleno de personas, en su mayoría lunars, según pudo oler. No había
niños a la redonda, y siguió caminando a trote por las calles adoquinadas y
viejas, cargadas de puestos que olían a carne deliciosa, y que exhibían
cosas extrañas.
Caminó hasta que no sintió las patas, y cayó agotada y triste frente
a una casona maltrecha, de donde salió un ser que la observó con
detenimiento, con ojos de depredador, y que luego la cargó entre sus
peludos brazos. Repasó con sus dedos las facciones de la niña, notando
su cansancio y el temblor en sus músculos. La arropó con unos harapos
que había en el suelo, tratando de brindarle calor a su torpe manera. Los
ojos carmesí del desconocido brillaron cuando oyó los ruidos de los
depredadores acercándose, y huyó con Maki en brazos como si de una
madre preocupada se tratase.
Salió del raro distrito caminando con algo de prisa, llegando a las
frías calles de Filadelfia, y miró a todos lados, buscando algún lugar donde

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dejar abandonada a la niña. Sus ojos se detuvieron en una mansión roída
por los años, de madera de abeto precioso con un jardín delantero
descuidado y con un viejo abeto apenas con una hoja verduzca.
Miró hacia atrás, y vio los ojos dorados de Keyal, quien no se acercó
a él. Solo le gruñó mostrando los colmillos, amenazante, y el desconocido
dio un paso en su dirección, dándole miedo y haciéndolo retroceder un
paso. Keyal se vio obligado a huir cuando el pequeño ser metió la mano en
uno de los bolsillos de su bata de laboratorio, hurgando para encontrar
algo. Una vez con la amenaza lejos, el tipo cruzó la calle sin tránsito y, tras
percatarse que el timbre no funcionaba, tocó la puerta de la gran casa
repetidas veces. Casi la llevó abajo, cuando oyó unos pasos acercarse
rápidamente, junto a repetidas palabras venidas de una voz masculina y
grave:
—¡Espera, malnacido! ¡Déjame llegar a la puerta! —Se oyó el
estruendo de un arma y el desconocido se retiró rápidamente al oscuro
rincón oculto al otro lado de la calle, desde donde veía lo ocurrido.
La puerta de la mansión se abrió con un crujir molesto, y un hombre
lobo de pelo azulado y ojos color ámbar, armado con una escopeta listo
para matar a cualquier imbécil que tocara la puerta para alguna broma de
mal gusto. Confundido, miró hacia el suelo, notando a la pequeña lobita
durmiendo entre harapos que apestaban a drogas y lobo. El hombre peinó
la zona con la mirada, buscando intrusos, pero no vio ni olió a nadie, así
que puso la escopeta a un lado, y repasó con sus grandes manos el cuerpo
durmiente de la pequeña inocente.
La miró con curiosidad y a la vez lástima, notando la sangre pegada
en su cuello, y decidió entrarla a la casa, donde se encargaría de
interrogarla cuando despertara, porque no sabía quién era, ni de dónde
había salido.

—¿Cuál es tu nombre, dulce pequeña? —preguntó el señor, con una


sonrisa amable, cuando ella despertó de su sueño, a eso de las once de la
mañana. Maki miró a todos lados, desconociéndolo todo, y, asustada, se
cubrió aún más con la cobija.
—¿Dónde estoy? Quiero ver a mi mami… —Al lado del hombre
estaba una mujer lobo de cabellos grises y ojos rojos y preciosos, que le
dedicó una mirada cálida y maternal. Ambos adultos, sabiendo que la niña
no hablaría sin sentirse segura, se sentaron a una distancia segura de la

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albina, otorgándole un poco de confianza.
—Primero debemos saber tu nombre. Así tal vez podamos
devolverte con tu familia —La señora sonó amable, pero sus palabras
hicieron que las peludas y pequeñas orejas bajaran súbitamente y la cara
de la menor se llenara de tristeza y temor.
—Mi mamá… mi mami… —susurró, y los mayores se miraron entre
ellos, dudando sobre qué decir.
—¿Le ocurrió algo malo a tu mami?
—Ella… no está —dijo Maki, con pesar.
—Oh… —susurró el hombre— ¿Unos animales le hicieron daño? ¿O
fueron otras personas?
—Fue el nanatsu de papá. Ke… Keyal la… —Sin poder decir más, se
sumió en el llanto, y la mujer se acercó a abrazarla. El calor le hizo bien, y
dejó de llorar unos minutos después. Decidida, empezó a hablar—: M-me
llamo Maki…
—Entiendo… soy Alfred —Se presentó el lobo, sonriente. Luego
acarició los hombros de la mujer—, y ella es mi esposa Cynthia. Somos los
Taylor, y estamos encantados de conocerte, pequeña Maki.
La albina se alegró un poco, moviendo su colita con entusiasmo,
mientras sonreía débilmente. Los adultos se tomaron fuertemente de la
mano mientras acariciaban con sus manos libres cada uno una mejilla de
la pequeña. Tenía una linda sonrisa, pensaban los dos al unísono, mientras
la mimaban como si se tratase de su propia hija.
Un sonido de golpeteo en la puerta rompió el momento y Alfred se
irguió y abrió levemente la misma, asomando solo su cabeza. Maki miró
con curiosidad su espalda grande, sus piernas largas y su cola poblada,
moviéndose un poco a la izquierda, y luego a la derecha, mientras trataba
de oír la conversación distante que mantenía con alguien a quien
desconocía.
El olor a almendra se regó por la habitación junto a un niño lobo de
pelo azul oscuro y ojos tan rojos que helaban el alma, pero que lo
contrastaba con una enorme sonrisa. No dudó en acercarse gateando
hacia la niña, admirando sus rasgos, diferentes a los propios.
—Hola —dijo eufórico—. ¡Me llamo Wolfine y soy el hijo de esos dos!
¡Tengo siete! ¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes? ¿Tienes un color

12
favorito?
Tímida, Maki se encogió y Cynthia cargó al pequeño remolino, pero
él solamente se dedicó a resistirse, y cayó encima de la cama de nuevo.
Alfred negó con la cabeza.
—Soy Maki… —susurró ella— Tengo cinco y… me gusta mucho el color
azul.
—¡Qué increíble! ¡Eres menor que yo! ¡Les diré a todos y así dejarán de
llamarme el enano de la casa!
Carcajeándose, Wolfine se bajó rápidamente de la cama y salió
disparado hacia la puerta, pero antes de cruzar el umbral se detuvo, y
volvió a correr, trepándose de nueva cuenta al cómodo colchón.
Una vez encima de las sábanas nuevamente, el niño extendió su
mano hacia la desconocida, y, con una sonrisa deslumbrante, le propuso
algo:
—¿Quieres venir conmigo y conocer la casa, a mis hermanos y a mi
cuarto?
Aunque todavía insegura, Maki miró a Alfred y a Cynthia, quienes,
sonriendo, aceptaron la propuesta de su alocado hijo. Wolfine y Maki
bajaron las escaleras corriendo, y riendo, como los niños que eran.
La albina conoció a Wolfie y Madeline: los dos hermanos mayores
de Wolfine. Él era una versión más grande y con el cabello un poco más
gris que el de su padre, y ella era la viva imagen de su madre, pero con los
ojos de su progenitor. Ambos preadolescentes, de doce y once años
respectivamente, la recibieron, al principio extrañados por la nueva
adquisición de la familia. Wolfie miró hacia arriba, y vio los semblantes de
sus padres, serios y preocupados, mientras repasaban a la niña con la
mirada.
Aunque sin entender del todo decidieron con una silenciosa mirada
darle la bienvenida que posiblemente mereciera.
—¿Quieres jugar algún videojuego? Tengo Call of Duty Modern
Warfare… y God of War Ragnarok… —El mayor sonrió incómodo, pero
Madeline le dedicó una mueca y tomó suavemente la mano de la niña.
Ganó su atención de inmediato, y le dijo:
—¿Qué te apetece hacer?
—Mmm… —susurró Maki, pensantiva— ¿Dibujar está bien?

13
—Claro. Los tres dibujaremos contigo.

Semanas después Alfred volvió a casa agotado tras un día largo y


pesado, en la corte, discutiendo con el juez, la corte misma y un monstruo
de pelo blanco sobre la custodia de la peliblanca que en un par de horas se
había ganado su corazón y el de su familia.
Habló con Cynthia del tema esa noche, aterrado.
—Lo vi. Era alto, de 1.90, con porte de empresario. Se le veía
salvajemente joven, pero demasiado serio para tratarse de uno. Su mirada
era gélida como el hielo, y, al verme, el nanatsu a su lado, un lobo dorado
enorme y con pinta de psicópata, me dedicó una mirada llena de odio.
Cojeaba de una pata trasera y tenía marcas de mordidas y zarpazos por
todo su lomo. Una vez en la corte, expuse los dibujos de Maki, sus
testimonios grabados en cintas de audio. Les mostré a todos que era un
monstruo ese hombre frente a mí, y él tuvo la desfachatez de mantener su
rostro serio sin afirmar ni negar nada mientras yo hablaba. Objetó una
única vez.
—¿Por qué lo hizo?
—Cuando lo llamé asesino. Le hablé al jurado de la muerte de su
esposa, señalé con dedo firme a la bestia de ojos dorados a su lado, que
me gruñó, dije la verdad. Y él objetó diciendo que su esposa fue víctima de
otro lunar que se coló en la casa. Un lobo dorado parecido a su nanatsu,
mostró fotos, borrosas, de una silueta canina con pelaje brilloso, casi
amarillo, al lado del cuerpo de una mujer que no se veía del todo bien por la
calidad de la imagen.
—¿Crees que ocultaba algo?
—No sé, pero cedió a dejarme a la niña sin problemas. Estaba casi
feliz de haberse deshecho de ella, y me la dio en adopción casi de inmediato.
—Muy extraño, si lo piensas…
—Lo importante es que…

—¡Maki es de la familia! —gritó Wolfine abrazando a su hermanita el


día de su cumpleaños, sonriente y alegre, con un ataque epiléptico en la cola,
que se movía furiosa de un lado a otra. La peliblanca no pudo evitar lanzarse
a los brazos de su nueva mamá mientras movía su colita con alegría

14
genuina tras casi un mes. Los Taylor terminaron los trámites legales esa
precisa semana, y presentaron a la pequeña e inocente Maki como miembro
oficial de su familia poco después.
Feliz y enérgica, la niña creció siendo diferente a su familia. Conocía
su pasado, y no volvió a celebrar su cumpleaños tras la séptima fiesta. En
la escuela iba siempre con Wolfine, su mejor amigo, y a veces veía a lo
lejos a sus otros hermanos adoptivos. Cuando surcó los diez años dejó de
sonreír mucho, y se volvió una muchacha seria, pero muy hermosa. Tuvo
muchas oportunidades de tener un novio, pero ninguna fue aceptada.
Creció sola, rodeada únicamente de su familia, y, en algún punto de su vida,
nadie más quería acercarse a la rarita de la secundaria.
No era muy destacada estudiando, pero siempre salía regular en
todo lo que podía. No tenía esperanzas y sueños de ser una prodigiosa
universitaria, dígase ingeniera o abogada, pues se dedicaría al negocio
familiar: agente inmobiliaria. Estudiaría lo concerniente a ello y envejecería
junto al negocio. Ese era su plan de vida.
Pronto su historial violento salió a flote: donde casi le rompió la
mandíbula al pobre bastardo que osó llamarla “adoptada” frente a toda la
escuela. Casi logró su expulsión.
En preparatoria, con quince años, y en primer año escolar, tuvo su
primera pareja, conoció el mundo del sexo y se adentró en él para no salir
nunca. Cerca de sus dieciséis aniversarios, fue atacada por Keyal, más
delgado y escuálido de lo que recordaba, pero igual de fuerte y sádico. Le
hizo una horrible herida en el ojo, dejándole una cicatriz permanente en el
párpado. Los Taylor, preocupados, decidieron pagarle un profesor
particular para que estudiase en casa.
Sintiéndose una carga, Maki huyó de casa una noche, colándose en
un autobús con destino a Los Ángeles, California.
Allí le fue complicado conseguir trabajo, con su nula experiencia y
su apariencia joven. Quisieron meterla en un prostíbulo, mas ella renunció
al enterarse de su trabajo. Cumplió veinte años, y trabajó en un club
nocturno, donde conoció a Hikky, el que creyó durante años que era el
amor de su vida. Convencida de su incierta seguridad, Maki se permitió ser
feliz, sin embargo, las intenciones de su padre biológico siguieron un
macabro rumbo. Una noche, Maki se preocupó de que su novio no hubiera
vuelto a casa, y abrió la ventana. Allí la sorprendió la cabeza sin cuerpo de
su amigo Arkai, un joven tigre. Hikky llegó poco después, herido, pero de su
trabajo.

15
Se tiró en la cama y el siguiente día llegó con miedo en la casa. Con
Arkai muerto, Hikky se armó hasta los dientes, pero su jefe, un temerario
enano asesino, llamaba por él, y desobedecerlo implicaba muerte seguro, y
de la peor forma. Maki fue atacada esa tarde, estando sola. La mordieron,
arañaron e hirieron. Hikky llegó y corrió para salvarle la vida, pero el sádico
de su padre le arrebató la suya arrancándole la cabeza de un golpe. Maki
sobrevivió de no ser porque un lobo albino disparó con su francotirador y
luego llegó a escena. Hizo huir a su padre, pero la muerte de Hikky le hizo
un hoyo en su corazón.
Sumida en la tristeza todo cambió para ella. Maki se pasó unos
cuantos cientos de años hundida en el alcohol, el sexo sin compromiso y
las drogas.
No volvió a enamorarse en ese tiempo, pero conoció a su tercer
hermano: un hombre oso llamado Ghunter. Y tenía todo lo que Maki
buscaba en un hombre: era bueno en la cama, guapo, musculoso y no le
importaba un carajo su vida personal.
Los años siguieron pasando y Maki había llegado a los mil, y su
cuerpo, lejos de envejecer, se mantuvo bello y joven, llenando de dudas
ltuyoiabeza de la joven, quien, cada día, se hundía más en su miseria,
rodeada de dinero inútil y sexo vacío. En la soledad, perdió el filo de sus
garras, y decidió dejar de sentir, para no fragmentar los restos de su
corazón.

16
1

Ella se movía frenéticamente sobre las caderas masculinas.


—Dios... ¡Dios santo de mi vida, sigue así! —gruñó el hombre,
agarrando con sus uñas la carne femenina— ¡Ya... ya casi... Ah!
Se mordía el labio inferior mientras embestía con fuerza. Ella estaba
perdida en sus pensamientos, con la mirada desorientada, que simulaba
estar nadando entre placer carnal. Solo esperaba, con una cuenta
regresiva, a que acabase al fin lo que estaba haciendo.
El pelinegro la hizo voltear, quedando él arriba, y empujó con mucha
fuerza dentro de ella, quien se golpeó la cabeza y emitió un gemido de
dolor.
—Ghunter... eso me dolió. Para de una vez... —gruñó la chica,
acariciándose la cabeza con una mueca de dolor. El hombre, un oso
musculoso y con un mechón blanco en la frente, la miró con algo de miedo.
—Lo... lo siento, Maki... eso ha sido...
—Solo bájate, ¿quieres?
Él obedeció, tirándose bocarriba y desnudo sobre la cama. Del
susto había perdido la erección. Ella se levantó, sobándose la zona del
golpe, y se puso un pantalón de pijama sin molestarse siquiera en llevar
ropa interior. Acompañado a eso, se puso una camisa de su amante, que
estaba en el suelo.
—¿Al menos llegaste? —preguntó Ghunter, cubriéndose del frío del
aire acondicionado con una manta.
—¿Qué?
—Si tuviste un orgasmo, quiero decir.
—Oh... ah... —dudó un momento— sí, claro.
Mintió, pero el hombre pareció estar muy aliviado de escucharla.
Ella salió del cuarto con cansancio. El sexo era agotador, y solo quería su
preciado helado de yogurt y tirarse en el sofá a ver una película.
Estaba cansada, y no sabía cómo decirle a Ghunter que lo quería
fuera de su casa. Se tiró en el sofá, y prendió la tele. Las noticias no eran
muy bonitas.

17
"Niños encontrados muertos en la costa de Playa Malibú,
California"
Eso decía el titular que primero apareció. Cambió de canal y se
entretuvo mirando dibujos animados. Tras unos quince minutos, Ghunter
salió vestido con su ropa interior de la habitación, y la vio cómoda en el
sofá.
—¿Maki, estás dormida?
—No, estoy viendo dibujos animados. ¿No ves?
—¿Te encuentras bien? —Se sentó a su lado. Ella asintió con
indiferencia.
—Solo estoy cansada. El sexo exige mucho ejercicio físico.
—Oh, bueno. No me preocupes, je, je —Le pasó la mano por el pelo,
despeinándolo—. Oye, quería decirte... mañana es mi cumpleaños. ¡Y voy a
hacer una gran fiesta! Quiero que vayas.
—No voy a ir.
—¿¡Qué!? ¡Habrá comida, bebida y mucha cocaína! ¡Será súper
divertido!
—Dejé de meterme cosas hace años, Ghunter.
—No te metas cosas entonces. Es simple, ¿no?
—No me fío de una bebida en un sitio donde hay drogas, Ghunter.
Solo... solo quiero quedarme en casa. Estoy cansada de salir, beber y follar,
¿sabes? Dame un descanso, no soy una jodida muñeca inflable.
—Pero eres el alma de la fiesta —La tomó de las manos— y mi mejor
amiga. ¿No crees que me sentiré solo?
—Ghunter, si me quisieras tanto me dejarías en paz. Estás
pensando en cómo presumirle a tus amigos que te vas a tirar a la más
guapa de la fiesta de los cojones. No voy a seguirte el juego. Van a ir putas,
diviértete con ellas.

Pero Maki...
—Déjame en paz. Solo vete a casa.
—Mmm... —Bajó sus orejas. Sus dos metros no parecían nada

18
intimidantes de momento— Supongo que en serio te sientes fatal. Siempre
vas a mis fiestas.
—Tienes doscientos veinte años, y yo mil y tantos. ¿No crees que yo
sea algo vieja para ti?
—¡Ja, ja, ja, ja! —Rio estrepitosamente— No seas ridícula...
Se levantó y se estiró, bostezando. Se fue poco después, y Maki,
ocultando una sonrisa, se permitió cerrar los ojos y finalmente descansar.
Aunque no duró mucho. El molesto ruido de su teléfono unos diez minutos
después la hizo abrir los ojos y cogerlo con molestia y una muy notoria
desgana. Ni siquiera miró quién era.
—Hola y muy buenos días a la hermanita del año —La irritante voz de su
hermano la hizo respirar muy hondo—. Vi que tu boytoy salió hace un ratito,
supongo que estás sola ahí dentro, ¿verdad...?
—¿Qué quieres?
—Pasar, obviamente. Vine a celebrar tu cumpleaños, porque si es por
ti pasan igual de desapercibidos que otro día cualquiera. ¿Me abres el
portón del garaje? Vine en auto, claramente.
—¿Y por qué mejor no das media vuelta y te vas al carajo de aquí?
—Uy, que ruda... pero deja de bromear. Claramente me vas a abrir el
portón.
Maki gruñó y se obligó a levantarse. Bajó al primer piso y abrió la
puerta, mientras presionaba el botón que permitía abrir la reja electrificada
que mantenía alejado el ferrari de su hermanastro. Hayato entró, con una
sonrisa, y subió las escaleras del garaje hasta llegar a la sala de estar,
donde su hermanastra estaba, sentada en el sofá, mirándolo fijamente con
el ceño fruncido con una cara de ningún amigo. Maki era encantadora
cuando estaba enojada.
Feliz cumpleaños a la hermana más sexy del mundo. Te regalaría
algo nuevo pero como mi tarjeta tiene hermanas, y una de ellas está en tu
bolsillo, pues no puedo darte más... ¡Más que otro auto de lujo!
—Otro... ¿no crees que siete es mucho? —Alzó una ceja.
—Tengo veintiséis si te doy otro, Maki. Quiero librarme de alguno
más...
—Qué sé yo, véndelos... o algo así, no sé. ¿No te serán más útiles así?

19
¿Cómo fajos de billetes?
—¿Y dejarte sin medio de transporte? Estás loca, mujer...
—Repito: tengo siete. No necesito más.
—Pues véndelos tú, ¿por qué peleas por todo? Dios mío con las
mujeres... —Hizo una pausa mientras se pellizcaba el puente de la nariz— En
fin, ¿cómo la está pasando la más buena de las hermanitas mayores...?
Puedo darte lo que quieras para tu cumpleaños.
—¿Pero no acabas de decir que...?

—¿Quieres ir a un Boys? ¿Qué te hagan un baile sensual? ¿O vas


directo al sexo? Porque de ser así hasta yo puedo dártelo... y lo sé hacer
realmente muy bien...
La voz le sonó tan suave que pasó como un ronroneo. Maki no cayó
en el truco y lo apartó de sí cuando él intentó acercarle la boca al cuello.
Atrevido o no, era insoportable. Hayato peinó su pelo hacia atrás. Era
realmente atractivo, con aquella piel impecable y blanca, acompañada de su
pelo rubio brillante, coronado en dos orejas, una normal y otra adornada por
dos aretes que cubrían unas cicatrices muy antiguas. Lo mismo pasaba con
su labio inferior, adornado por un piercing que le quedaba bien.
Pero era su hermanastro, y ahí acababa el asunto.
—No quiero que me pongas un dedo encima —dijo ella, con una
frialdad digna del Polo Norte. Él tembló, haciendo drama.
—Ay, Maki, qué aburrida eres. Solo tenemos el mismo padre, no es
que hayamos compartido saco uterino. Ni que nos uniera tanta sangre.
No es no, Hayato. ¿A eso habías venido? ¿A librarte de otro auto y
tratar de convencerme de acostarme contigo? —Se le veía molesta en serio.
Él bajó las orejas y suspiró, rindiéndose.
—Claro que no. Realmente quería venir a ver cómo estabas. Siempre
te pones pesada en esta época del año, ¿sabes?
—Mi madre murió. Solo que a ti no te importa, solo te importa tu polla
y el culo donde la vas a meter, además de Tesla. ¿Qué vas a saber tú de
duelo?
—Maki, Maki, Maki... —El blondo se ajustó el cuello de la camisa— No

20
estoy aquí para recordarte que un día como hoy, hace mil ciento diez años,
murió tu madre en aquel trágico incidente... —Le tomó las mejillas y le
sonrió con una calidez impropia de él— Estoy aquí para recordarte que
celebro la vida. Fue triste que ella muriera, sí, pero tú sigues aquí. Y yo
quiero que seas feliz.
Ella no supo qué decir. Se le formó un nudo en la garganta y se vio
incapaz de hablar. El silencio fue la respuesta que él asimiló como “correcta”
y le dio pequeñas palmaditas en las mejillas, captando su atención (aunque
estaba irritada igualmente).
—Bueno, ¿vamos a un bar? Ya que no quieres nada exótico iremos los
dos hermanos Yamato a un bar, listos para emborracharnos como dos
alcohólicos y despertar en el suelo, ¿qué dices?
—Eso es mejor que la idea de Ghunter, al menos..

21
2

Cierta albina bebía y bebía sin parar. Buscaba reprimir su instinto


natural de depredación con alcohol. Odiaba comer lo que su lado demoníaco
le pedía. Odiaba tener que matar o comer gente muerta. Prefería mil veces
comerse a cien cerdos ulgram antes que a una persona. Odiaba ser lunar, y
planeaba ahogar a su hígado y estómago hambriento en ardiente whisky
bourbon. Si moría hoy, que fuera mejor de cirrosis hepática. Cuando su
garganta le exigió un respiro (literalmente) lanzó la botella al suelo del bar,
dejando que lo que quedaba de la cara bebida se esparciera por el suelo.
Respiraba con la boca abierta y se sujetaba el estómago con la mano libre.
Estaba sobria porque el hambre eliminaba lo poco de ebriedad que
podría tener. Maldijo su resistencia al alcohol en ese momento. Gruñó
cuando el hambre se volvió una necesidad ahora urgente, y se levantó
pisando fuerte la losa azul oscura del bar. Agarrándose la cabeza, su cuerpo
se transformó solo en su forma de loba blanca y caminó gimiendo, obviando
al resto de gente. El apetito lunar era asqueroso, una asquerosa maldición.
Buscó a su hermanastro con la mirada y el olfato, solo para darse
cuenta de que estaba coqueteando muy descaradamente con un grupo de
mujeres ebrias, dándole la espalda a ella y a sus problemas. Lo maldijo en
silencio mientras el malestar se extendía.
Se volvió a transformar en su forma humanoide y se apoyó casi
recostada sobre la baranda del balcón. No supo exactamente cómo llegó
ahí, pero se quedó medio dormida.
«Tal vez si me emborraché y no lo había notado…»
Cerró los ojos, pretendiendo descansar, pero se resbalaba poco a
poco, y casi cayó al suelo. Unas manos robustas pero delgadas la
sostuvieron, y Maki sintió su cuerpo siendo abrasado por un calor agradable.
Cuando abrió los ojos se encontró con una cola masculina pegada a un
trasero jugoso. Estaba vestido impecablemente con un pantalón de
mezclilla que marcaba su cuerpo. Maki se relamió los labios, más por
avaricia que por humedecerse sus labios secos.
Intentó moverse pero su cuerpo apenas respondía. Gruñó y el joven
se volteó a mirarla. Era lindo, y de rasgos finos.

22
Maki lo miró con deseo y hambre, y él se arrodilló frente a ella. Le
abrió la boca de golpe y metió una linternita entre sus fauces, iluminando los
colmillos. Ella se movió, incómoda, tratando de quitárselo de encima, pero el
chico no cedió y la hizo estarse quieta con su fuerza. No era mucha en
comparación a la suya si Maki hubiera estado buena y sana, pero sí lo
suficiente como para retenerla estando tan inestable. La albina se alteró, y
empezó a sentir violentos golpes de calor azotándola desde el estómago
hasta el resto de su cuerpo.
Sentir la mano del extraño en su boca la hizo empezar a babear
inconscientemente, y el castaño retiró rápidamente su mano, con una
mueca de asco.
—Lunars… —suspiró, como irritado. Se inclinó sobre Maki otra vez y
tocó con un dedo la punta afilada de uno de sus caninos inferiores— Están
en un buen estado a pesar de que realmente pareces muy hambrienta…
Relájate, ¿sí?
Maki sintió que el calor de su cuerpo era excesivo, y, en un golpe de
desesperación y furia instintiva se transformó, lanzándose sobre el sujeto y
mordiéndole el brazo atorado en su boca. El chico, claramente irritado, hizo
fuerzas para quedar encima de ella. Era bastante grande y sus colmillos,
aunque aplicaban una fuerza débil, penetraron bastante bien su ropa,
rozando ansiosamente la carne. Agobiado y algo nervioso, el de pelo
castaño miró a su alrededor, buscando, cualquier cosa que pudiera servirle
para quitarse de encima a esa chica con grandes colmillos.
No sabía cómo diablos había parado un palo al trastero de un bar,
pero también había visto una motosierra en una esquina mientras recorría la
habitación buscando una fuente de luz alternativa. Agarró el trozo de
madera y pateó el estómago de la bestia, para luego quitar su brazo y meter
el palo entre las fauces de ella, que lo masticaba salivando de forma
abundante y desagradable. Asqueado, el chico se miró el brazo, viendo las
marcas de los colmillos, junto a un rastro de poca sangre. Estaba
desesperada, era muy obvio, pero él se levantó y le dio una patada muy
fuerte en la cara, haciéndola soltar el palo.
Se volvió a encuclillar frente a ella con una mirada seria.
—¿Tienes hambre? —Maki siguió respirando agitada y con la boca
llena de saliva y rastros de sangre— No puedes matarme. Te… — Buscó la
mirada la motosierra— cortaré en trozos si no puedes controlar tus instintos.
¿Eres mujer, no es así? Debería serte mucho más fácil contener las ganas

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de morder que a un hombre, ¿o no?
Maki bajó la cabeza, mirando al suelo, como con pena.
—¿Cuál es tu nombre? Soy Nikolai… mis padres son una rusa y un
escocés —Bajó sus orejas achinando los ojos—. Vivo en la ciudad desde
hace años…
Maki no dijo nada, aún quería morder algo desesperadamente. Él
tenía razón, las mujeres podían aguantar los instintos lunars mucho mejor
que los hombres, pero ella, estéril y especial, soportaba la misma maldición
que cualquier hombre joven de diecisiete años: un dolor insoportable
llamado apetito, que amenazaba con comérsela a ella si no lo soportaba lo
suficiente.
«Qué asco… no dejo de babearme como un gordo a dieta mirando
una jodida hamburguesa… »
La cicatriz en su ojo le dolía mucho, tanto, que no estaba segura de
cómo podía seguir viendo con su ojo derecho. No quería morder nada, pero
su cuerpo lo necesitaba despiadadamente. Odiaba ese impulso, pero la
venció el hambre y volvió a lanzarse sobre él, mordiendo su otro brazo esta
vez. Nikolai apretó los dientes mientras soportaba los dientes lobunos sobre
su carne otra vez.
—Esto duele, ¿sabes? —masculló, furioso— ¿Por qué diablos estás al
borde de la locura? ¿Hace cuánto no comes? Los lunars deben comer
cuando están hambrientos, o sino se ponen así, ¿no? —Presionó, tratando de
levantarla para luego moverse— ¿Código moral? Eres lunar, no puedes tener
eso. Matar está mal, pero debes hacerlo… Debe ser horrible, pero si me
intentarás comer vivo… —Con su mano libre apretó el cuello junto a la
melena blanca que lo cubría. Maki se removió al sentir esa presión, pero era
incapaz de dejar ir al joven— te mataré antes de que empieces a masticar.
Presionó más la garganta lupina, causándole dolor y asfixia a la loba,
quien, desesperada, mordía con desenfreno la carne, sintiendo consuelo.
—¡Niko! ¿Qué haces aquí? —dijo un joven hombre perro raza pitbull de
pelo negro muy corto. Al ver a su amigo en el suelo, con un peligro encima,
se quedó sin habla.
Maki rápidamente recobró el raciocinio, agradeció al desconocido en
silencio y al fin sacó sus colmillos del brazo del lobo castaño. Salió
corriendo escaleras arriba, dejando a los amigos solos.

24
—Gracias, Roger… —dijo Nikolai mirando la escalera. El rastro fresco
de la loba había calado en su nariz.
—¡Dios mío, Niko! ¡Casi te mata esa loba! Deberíamos llevarte a
urgencias… —Roger le tocó el brazo, preocupado.
—Oh… vale. Para estar seguros de que no me contagió la rabia…

«Carne, carne, carne… ¡Necesito carne!»


Maki mordía y despedazaba el cuerpo muerto del niño, desesperada.
Su pelaje blanco estaba manchado de sangre y vísceras, y su boca estaba
completamente roja. Tesla la miraba con marcada desaprobación.
—Eres una lunar. ¿Por qué no comiste nada durante dos meses? Te
hace falta, no lo veas como un lujo… ¿Prefieres estar así? ¿Muriendo de
ganas de despedazar a alguien? Matar a una persona puede aliviarte unas
dos semanas… y puede salvar muchas. Mujer caprichosa…
Hayato, quien bebía un zumito de piña sentado en su silla de cuero
negro, negó con la cabeza.
—Maki… tus instintos son raros, todos lo sabemos… pero matar es
divertido… Los instintos deberían hacernos verlo así. Somos depredadores
después de todo.
Ella hacía oídos sordos de todo eso. No le importaba cuánto trataran
de hacerla una lunar normal, no le gustaba matar, y era plenamente
consciente de que se estaba haciendo daño a sí misma si no comía un
cuerpo por dos meses. El hambre apretaba y le nublaba la cordura,
haciéndola perder el control de sus actos y sus pensamientos se
difuminaban. Se comportaba como un animal rabioso sediento de sangre.
Había herido a aquel joven en un arranque de apetito voraz, y se sentía
altamente culpable por ello. Si algún día volvía a verlo, se disculparía
adecuadamente.
Cuando al fin sintió su estómago lleno, tomó su forma humanoide y
se pasó las manos, rojas de sangre, por la cara. No hubiera querido ver su
aspecto en ese momento. Su hermano, sonriendo, le extendió la mano, que
sostenía una pequeña pastilla.
—Je, je… toma —dijo, y Maki tomó la píldora y se la tragó.
Esa noche, había vuelto al mismo bar, ya con el estómago lleno, pero
25
no estaba bebiendo ni disfrutando de compañía masculina, tan solo miraba
el horizonte en el balcón, mientras bebía. Estaba sintiendo el aire en sus
pálidas mejillas cuando una mano grande se apoyó en su hombro. Miró
hacia atrás y vio a un bonito hombre tigre.
—Hola, linda —La saludó con una sonrisa encantadora—. Llevas un
tiempo por aquí tú sola… ¿corazón roto?
—Quisieras —dijo, estoica y con los ojos azules clavados en la ciudad
más allá del balcón.
—¿No estás de humor? —Ella negó— Lamento molestarte… señorita.
Se fue, dejándola completamente sola. El tipo se quejó de su rechazo
a sus amigos, y Maki siguió perdida en sus pensamientos hasta que otra
voz masculina la interrumpió.
—Ah… disculpe… —La albina gruñó y lo miró con media dentadura
fuera.
—¿Qué quieren? No voy a acostarme con nadie, joder, qué molestos
son todos… —Alzó la vista, viendo fijamente al hombre pelinegro de ojos
marrones. Lo reconoció al instante, y bajó las orejas como signo de
sumisión.

—Hola… mi amigo y yo… querríamos hablar contigo, si no te molesta


—Sonrió cordialmente y Maki asintió, con la cola entre las piernas. Pocas
veces había temido a las interacciones con hombres, pero este caso era
especial, porque se trataba del tipo al que casi devoraba la noche anterior.
Cuando estuvo frente a Nikolai se le puso la piel de gallina y hasta la
inundó un sonrojo por toda la cara. Tenía un vendaje en su brazo herido, y
olía a hospital y saliva carnívora.
—No tengo rabia —Sonrió él, acercándose a Maki, quien retrocedió un
paso—. Eso es una buena señal, aunque también me puse vacunas por si
acaso…
—Estoy… sana.
—Oh, los doctores dijeron eso. Cuando describí tu anatomía creyeron
que se trataba de un hombre, ja, ja… Eres enorme —Se pasó la mano por la
venda, y luego miró a su amigo—. Él es mi amigo, Roger.

26
—Un placer, Roger —Maki se obligó a sonreír. Estaba nerviosa, y
movía la cola de un lado a otro demostrándolo—, mi nombre es Maki y… ah…
juro que no tengo rabia ni ninguna enfermedad transmisible.
—Niko me ha dicho que lo de anoche fue un accidente, no te sientas
culpable —Le dedicó una sonrisa tranquilizadora, llena de compasión—. He
oído que los lunars deben lidiar con su hambre todo el tiempo, ¿no?
Ella asintió en silencio.
—¿Te apetece que te invite a una copa? —Maki miró a Nikolai a los
ojos— Es lo menos que puedo hacer para… tratar de compensar los gastos
médicos.
—Me gustan los jugos, ¿qué les parece si vamos a un sitio menos
para buscar compañero de cama?
Roger fue el primero en salir casi corriendo, y Nikolai sostuvo la cola
de Maki cuando ella intentó pasarle de largo. Ella volteó, confundida. —Soy
educado por Roger, él insistió en esto, pero… —Su mirada se oscureció— no
voy a olvidar que trataste de matarme. Haces algo como eso de nuevo y te
romperé el cuello a patadas, salvaje… Los ojos azules de ella tuvieron un
brillo depredador.
—¿Eres un común, cierto? —replicó ella, haciendo una mueca.
—¿Y qué si lo soy? Por más legal que sea que mates y comas gente,
no me voy a dejar matar fácil. Y tampoco dejaría que te comas a Roger.
—No voy a comerme a nadie.
—¿Eres moralista acaso? —Gruñó ya un poco más molesto— ¿A
cuántos te comiste para hoy estar tan calmada? Ayer estabas que
atravesabas metal con tal de morder algo, tu baba era asquerosa.
—¿Y eso qué te importa? Eres solo una presa para mí, niñato.
—Oh… ¿vas a comerme?
Roger los miró fijamente desde una distancia de más o menos tres
metros.
—¿De qué discuten?
—Nada —Nikolai sonrió soltando a Maki y caminando hacia
adelante—, vayamos a comer algo que los tres podamos digerir
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tranquilamente, ja, ja…
El comentario lleno de acidez hizo rabiar a la albina, pero siguió a los
chicos, por tal de dar una buena impresión. Fueron a un restaurante italiano,
donde Roger era el único con sonrisa sincera. Maki estaba incómoda, y
Nikolai se sentía observado. Había interactuado con lunars anteriormente, y
la mayoría eran similares en un punto: cuando eran educados, era porque
tenían hambre y estaban detrás de una presa. Mientras más amables y
dulces fueran, más deseos de devorar tenían.
Eran comida a los ojos de esas bestias, él lo sabía, y quería proteger
a Roger de esa mirada dulcemente peligrosa. El pelinegro rompió el hielo.
Oye, Maki, ¿por qué mordiste a Niko?
Nikolai la miró a los ojos entornando los suyos.
«Este tipo no se da cuenta de nada…»
—Yo, ah… no quería comérmelo.
—¿Ah no? —El de pelo castaño se apoyó la mejilla en su puño— A mí
me pareció que sí.
—NO intentaba comerte. Fue un accidente —replicó ella, mostrando el
lateral de los dientes.
—¿En serio? —Roger interrumpió— ¿Estás muy hambrienta?
—Estaba.
—Oh, entonces pudiste comer algo. ¡Bien por ti! ¿Era KFC? «Roger es
del Caribe… allá son poco frecuentes los incidentes por lunars… su
población es pequeña»

—Ah… ¿podemos hablar de otra cosa? —Ella ya empezaba a


impacientarse. Sentía que Nikolai se la comía a ella con los ojos.
—¿Hablar de comida te incomoda, Maki? —Roger volvió a apuñarla sin
saberlo, ella cerró los ojos.
—Díganme, caballeros, señorita, ¿qué van a pedir? —Para salvar la
noche, el camarero llegó justo a tiempo— Puedo ofrecerles la pasta especial
del lugar: un elegante napolitano adornado con brillante queso gouda, salsa
Vita Nuova y coronada con elegantes hojas de laurel oloroso y fresco
cultivado por el mismísimo dueño…
28
—¿Dónde me trajiste, Roger? —susurró Nikolai al ver la “excelencia”
del lugar. No se había fijado al entrar, pero estaban en un lugar de gente rica.
—Solo seguía a Maki, ella parecía conocer el camino —susurró de
vuelta el perro.
El castaño miró a la albina, quien pedía con una sonrisa amable y
transparente. El camarero se sonrojó cuando ella lo elogió sobre algo que
no escuchó porque estaba más pendiente a una cicatriz en su ojo derecho.
Cuando el mesero se fue, Roger movió la cola porque Maki le enseñó su
pulgar arriba y le guiñó un ojo mientras mantenía esa sonrisa de la que
cierto hombre lobo sospechaba tanto…
—¿Comeremos comida italiana de lujo? —preguntó el castaño
alzando una ceja.
—Me ofrezco a cubrir los gastos, coman lo que quieran.
—Pero…
—Pero nada, quiero compensar ese desafortunado incidente. Me
gustaría que me perdonase… —Miró a Nikolai a los ojos, pero él no mostró
signos de ablandarse.
La comida fue tranquila y en silencio. La cuenta, por su lado, fue
escandalosa, aunque al final Nikolai pagó la mitad por decisión propia. Una
vez en la calle, Roger se excusó para atender una llamada telefónica,
dejando a los otros dos solos. Maki volvió a sentirse nerviosa.
—¿Qué te pasó en el ojo derecho? —preguntó el chico, haciendo que
ella se tensara— Parece haber sido feo. ¿Perdiste mucha sangre? —…no es
algo de lo que me gustaría hablar —dijo ella, mostrándose esquiva.

—Los lunars se pelean mucho.


—No fue porque fuera lunar, bastardo racista. ¿Por qué me
discriminas tanto? —Sus orejas estaban bajas y tenía una mueca de
incomodidad.
—Los de tu raza son asesinos por herencia. Como descendientes de
los ghouls, es normal que un común como yo les tema. No quiero que
toques a Roger con tus cínicas intenciones de comértelo, porque te romperé
el cuello en el intento —amenazó, con el ceño fruncido.
—No voy a comerlo. Es un chico muy tierno.
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—Ni a mí tampoco te dejaré morderme otra vez.
—No lo planeaba, de todas formas. Tu sangre es grasosa y
asquerosa.
¡Niko! ¿Vamos a casa? —Roger movía su pequeña cola— Mañana te
llamaré, Maki, ¿me dejas tu número?
—Oh… claro —Ella extendió su móvil hacia el pelinegro, y luego él le
habló nuevamente. —Eres una buena chica.

Es de mal gusto decirle eso a los caninos, por educación, pero Maki,
movió la cola de manera inconsciente. Y no fue un leve zarandeo, sino que
empezó a moverse con marcada efusividad. Nikolai la miró en silencio, y,
cuando ella notó su mirada penetrante, se sonrojó furiosamente, y salió
corriendo de ahí. Se perdió al doblar una esquina y dejó su celular en manos
de Roger. Miró a Nikolai y luego sonrió inocentemente.
—Ahora tenemos una excusa para volver a verla…
Su colita también se movía. No había notado la gran vergüenza que le
había causado su frase. Su amigo solo pudo aguantar la risa sin mucho
éxito.

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3

Llegar a casa fue un alivio tremendo para ella, quien se sentía más
avergonzada que niño de secundaria tomado de la mano con su madre en
público. Su corazón latía fuerte, y casi sintió un infarto mortal cuando al
voltearse Ghunter la recibía con un emparedado de jamón en la boca.
—Hola, desaparecida. Llevas un par de días sin llamarme… te estuve
llamando y no contestaste, ¿qué hacías? —El enorme hombre oso se inclinó
sobre la chica, quien bajó las orejas, sintiéndose intimidada. Recordó lo de la
fiesta.
—Con… un grupo de chicos.
—Así que teniendo sexo… claramente ocupada. Y a mí que me jodan,
¿no?
—Ah… —«No quisiera que se hiciera malas ideas pero conociendo a
Ghunter quizás se ponga hasta celoso»— Sí… tuve un emocionante… dúo
de… principiantes en la cama. Lo... Lo siento Ghunter.
—¿Vírgenes?
—La verdad, no sé. No pregunté.
—Bueno, te he traído un regalito, ¿quieres saber qué es? —Ella levantó
las orejas, claramente interesada— Jo, jo… ven acá.
No parecía tan molesto. Tal vez alguna droga de su fiesta le había
provocado pérdida de memoria a corto plazo. La guio hacia su cocina,
donde registró en su alacena y luego en unas bolsas de papel. Sonriente,
sacó dos cosas: un bote (enorme) de helado de yogurt; y un filete
sorprendentemente grande.
—Mañana no es ningún día en especial, pero igualmente hay que
celebrarlo a lo grande, ¿o no, ninfomanita? —Sus colmillos se veían más
grandes a los ojos caninos.
—¡Helado de yogurt! ¿Me lo das ya…? —Empezaba a babear solo por
pensar en su cremosa superficie. Ghunter amplió su sonrisa.
—Oh, no, no, bonita. Primero tienes que comer algo nutritivo. Esas
lindas curvas no van a mantenerse solas —Le extendió el filete y Maki le hizo
una mueca a su amigo/amante. Ghunter era un lunar poderoso, sin

31
nanatsus, que comía carne relativamente seguido. Su cuerpo estaba muy
sano gracias a que consumía bastantes nutrientes de su dieta, y quería que
Maki no bajara de peso, por motivos… egoístas.
—Ghunter…
—Maki, sé que hace poco comiste algo, pero nunca está de más algo
de nutritiva carne. Anda, déjame cocinártelo. Es mi primer regalo, antes del
yogurt y el sexo salvaje de toda la noche.
Maki se sentó en la mesa del comedor principal, siempre vacío a
menos que tuviera una cena especial por eventos únicos como año nuevo,
Navidad o sus cumpleaños. No le gustaba celebrarlos, pero Hayato hacía
que fueran especialmente divertidos, aunque ella se esforzara mucho en
negarlo con muecas de desagrado. Era uno de los pocos días donde se
sentía completamente a gusto, porque siempre estaba calmada… gracias a
Hayato (y a Tesla, aunque dijera que no).
Ghunter sabía cocinar: el filete parecía carne normal, marinado con
salsa deliciosa y adornado con elegante orégano. Olía de maravilla, y la
albina olvidó que se trataba de una persona muerta cuando se lo llevó a la
boca. El sinfín de sabores deliciosos inundó su boca y ella se relamió los
labios, emocionada. Movió la cola, sintiéndose satisfecha.
Esa noche bebieron mientras veían un partido de baloncesto en la
tele. Reían mientras disfrutaban del licor y el calor que les otorgaba por
encima del aire acondicionado. Ghunter era un hombre generoso con
quienes consideraba sus amigos, y Maki se alegraba de entrar en su
reducido círculo de compañía íntima.
Ella se recostó sobre el hombro de su amigo y miró por accidente su
erección. Sintiendo algo de lástima por él, le preguntó si quería tener sexo
con ella. Ghunter asintió casi de inmediato mientras se inclinaba para
besarla sobre el sofá. Ella cerró los ojos sintiendo la lengua del hombre oso
sobre su cuello. Su peso era igual, como unos veinte kilos más que ella. Su
olor seguía siendo el mismo: sándalo y alcohol, era un aroma embriagante.
Cuando empezó a sentir los dedos masculinos sobre su intimidad, arañó
levemente la espalda de su amante, gruñendo.
Una vez empezaron a tener sexo, Maki luchó para no hacer heridas
nuevas con sus garras en la gruesa piel de su amigo. Con cada movimiento,
ella se sumía más en la inconsciencia. Deseaba empezar a sentir el placer
pronto, pero nada llegaba. Solo la sensación de tener algo dentro suyo no
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era suficiente. Quería más. Su cuerpo necesitaba más que eso.
El orgasmo la despertó de su ensoñación. No sabía cuánto tiempo
había pasado, pero sus piernas temblaban, y de su intimidad escurría el
semen de su amante. Él cayó rendido y Maki se mantuvo mirando el techo.
Se había quedado lela durante el sexo, y lo peor es que se hacía cada vez
más frecuente. Estaba confundida, pero tenía miedo de comentarlo con
Hayato (por su encantadora personalidad) o con Tesla, porque sería capaz
de decirle algo que no venía al caso. Se levantó del sofá con dificultad, y se
sentó en el balcón con su forma de lobo tras limpiar su cuerpo con una
corta pero eficiente ducha caliente.
Mirando al vacío se quedó toda la noche, hasta que sintió un picor
molesto en su espalda. Luego vino un dolor intenso que le sacó un grito
ahogado, y más tarde sintió una extraña sensación de estar botando algo,
pero no había sangre en el suelo. Maki se preguntó si se trataba de alguna
alucinación, y cayó rendida por unos eternos minutos.
Cuando abrió los ojos de nuevo vio unos brillantes orbes azules, que
la admiraban, expectantes, con el orbe ocular negro que enaltecía el
resplandor lapislázuli en su centro. Eran preciosos. Maki tuvo por instinto,
más que sacar los dientes, de tocar la mejilla del ser que acababa de
aparecer de la nada. Cuando enfocó la vista vio que se trataba de un hombre
desnudo (sin órganos genitales) de pelo rubio, orejas como élficas y una piel
grisácea. También tenía una cola escamosa como de la un dragón de
cuentos, adornada con púas filosas y una punta afilada al final.
Era uno de esos nanatsus dragonoides raros, pero Maki obvió ese
punto y se concentró en admirar sus facciones, tan familiares pero adultas a
la vez… Acarició su piel lisa y fría con una sonrisa cálida, y pareció
reconocerlo.
—¿Luci…?
—¿Sí? —La cola canina se movió levemente con emoción reprimida
por el cansancio. El nanatsu la abrazó ofreciéndole su calor corporal y la
cargó de vuelta al interior de la casa. Pasó frente al sofá y Maki se sonrojó
cuando vio a Ghunter rendido, bocarriba y desnudo. El chico rubio de cola
escamosa, “Luci”, se rio.
—Perdón… había olvidado que estaba allí. Lo siento por… esa visión
tan… rara.
—No te preocupes, Maki. Está todo bien.
33
—Conmigo, nunca tendrás por qué sentirte mal —dijo con una sonrisa
encantadora.

La albina cerró los ojos y se durmió, algo cansada. Cuando despertó,


el olor a tostadas con mantequilla hizo que le gruñera el estómago. Con
flojera, se levantó, rascándose el cuello adormilado y algo adolorido. Caminó
silenciosamente por el pasillo hasta que llegó a la cocina. Lucifer movía la
cola y bailaba mientras sonaba la peculiar canción “Rosa Pastel”, de Bela
Nova y a su lado estaba el machote de Ghunter, quien movía las caderas
con gracia. No movía la cola porque no era un canino.
Maki se recostó en el umbral, viéndolos bailar y cantar alegremente
mientras esperaban a que las tostadas estuvieran hechas.
—“…¿Y dónde quedó ese botón que lleva a la felicidad? Luna de miel,
rosa paste…”
Ghunter soltó su yogurt/micrófono y miró a Maki paralizado. Ella
estaba estoica, hasta que se agarró la panza y empezó a reírse como pocas
veces. Lucifer movió su cola de reptil de un lado a otro, y les sonrió a ambos.
—N-no te imaginas el susto que me llevé cuando lo vi en el baño
poniéndose unos pantalones… —El oso trató de cambiar de tema, pero era
algo inútil porque la albina no paraba de reírse— Tu nanatsu es de ojos
azules, por Dios… me dio un susto de muerte ver esos puntos celestes en
medio de la oscuridad…
—Sí, sí… Incluso me lanzó un bote de champú directo a la cabeza. El
tipo tiene puntería —Lucifer intervino, con un plato hasta arriba de tostadas
con mantequilla. Maki tomó una y la probó, para luego relamerse los labios.
Parecía una niña pequeña probando el helado— Maki, ¿has dormido bien?
—Oh… ah… ¿cuándo me quedé dormida? No logro recordarlo… —Los
dejo a solas… tengo que ir a buscar algo. ¿Estarás bien sin mí un minuto?

—Claro, Luci. Tranquilo —Le sonrió y luego sintió los brazos gordos y
musculosos de su amigo rodearla en un abrazo. Ghunter nunca hacía eso,
no sin una buena razón.
—No lo sabía —dijo con un tono serio que hizo tensar a la chica.

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—¿Qué?
—Que no sentías nada. ¿No he sido generoso? ¿He sido un amante
muy egoísta? ¿Te ha llegado a doler?
—¿De qué estás hablando? Ghunter, ¿qué cosa te has fumado? —Se
deshizo de su abrazo y lo miró con unos ojos feroces— Sigo siendo yo.
Estoy normal.
—No lo estás. Te quedaste dormida.
—¿Quién no lo hace?
—En medio del sexo, ¿sueles dormirte justo antes de llegar a un
maldito orgasmo, Maki?
Ella quedó muda. Se había dado cuenta.
—Eso…
—No intentes mentirme, que no te vas a salvar de esta. Si estás
pasando por malos ratos debes decírmelo, ¿entiendes? —Agarró sus
hombros, encajando levemente sus uñas recortadas— Somos amigos, más
que solo amantes, y más que cualquier pareja de mierda que puedas tener
—Suspiró—. Ahora cuéntame, ¿por qué te dormiste?
—Estaba cansada…
—No sentías una mierda, esa es la respuesta —regañó él, y la loba
bajó sus orejas en un signo de sumisión—. Tampoco pareces apreciar
mucho la comida, ¿siquiera recuerdas a que sabe tu preciado helado de
yogurt?
—Ghunter, no quiero hablar de eso…
—No, me vas a decir o tendré que obligarte.
—¿Por qué demonios quieres que te diga algo tan horrible? Solo
arruinará nuestra relación. —Me preocupo por ti… ¿es malo para ti sentir que
alguien te quiere? —Bajó sus negras orejas— Te quiero, y eres mi mejor
amiga por algo… y hay muchas cosas que no sé de ti porque no vas a
decírmelo, pero quiero que sepas que incluso un maldito fuckboy como yo
te aprecia… de verdad lo hago.
Ella no dijo nada. Ghunter bajó las orejas, y viendo que ella no
mencionaría nada al respecto, la miró a los ojos y le dio otro abrazo.
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Maki siempre mostraba la misma cara para todos, pero él quería que
le enseñara su lado sensible, pero, tristemente, al parecer no era digno de
ella. Ni siquiera correspondió el abrazo.
—¿Algún día me contarás todo?
—No es algo que pueda prometerte, Ghunter. Es algo que debe nacer
de mí… y no pienso hablar del tema nunca. Con nadie fuera de mi sangre.
—Algún día te vas a enamorar y contarás todo…
—Ya lo he hecho, y… realmente no es algo de lo que quiera hablar.
—Vas a explotar.
—¿Quieres helado de yogurt? —Cambió de tema bruscamente y dio la
espalda. El hombre oso dejó caer sus hombros y se llenó de frustración. La
única vez que había visto a Maki como una mujer emocional y con
sentimientos fue aquella vez en la que peleó con Kyle. La cosa empezó
siendo fea de por sí, pero él y un grupo de hombres perro que pasaban
tuvieron que separarlos porque se estaban mordiendo mutuamente. Fue la
primera y última vez que vio a Maki llorando por algo. Estaba lastimada ese
día, con una herida horrenda en su flanco izquierdo, donde los doctores
suturaron con sumo cuidado debido a que Tesla estaba ahí vigilando.
«Algún día yo podré… ¿ser tu amigo?»
Lucifer le dio unas palmaditas en el hombro negando con la cabeza,
para luego susurrarle al oído:
—Ve a casa, déjala en paz… ya ha tenido bastante.
—¿Estará bien?
—Me tiene a mí ahora, estará de maravilla.
Lucifer sabía que mentía, pero Maki nunca quiso contar nada a nadie.
Si Ghunter se quedaba ella haría de todo para hacerle olvidar todo mediante
el sexo vacío. Lo mejor para la albina en ese momento era la soledad del
silencio y la única compañía de su leal nanatsu. Una vez solos, Lucifer se
sentó a su lado en el sofá, mirando un partido de béisbol y preguntó:
—¿Estás mejor ahora? Le pedí que se fuera…
—No estoy bien, nunca lo estuve —Escondió la cabeza entre sus
rodillas—. Lo único que me da valor se está deteriorando, ¿qué se supone
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que haga?
—Tal vez… tomar algo de aire fresco. Sé que conoces a otras
personas, ¿por qué no vas con esos nuevos amigos? ¿Recuerdas cuando
jugábamos en la azotea de los Taylor? Con aquellas espadas de juguete que
mordías siempre... deberías jugar así otra vez.
—Sí... lo recuerdo —Rio he hizo una pausa— No me acuesto con
ninguno de los dos, ¿y cómo voy a jugar a las espaditas con la edad que
tengo?
Lucifer sonrió acariciándole el pelo y las orejas mullidas caninas.
—Eso sería lo mejor para ti, ¿no crees, princesita muffin? —Maki rio.
—No me llames así… ya no tengo cuatro años.
—Para mí siempre los tendrás —Apoyó su cabeza sobre la espalda
femenina y la sintió mover la cola levemente. Maki estaba feliz de haberse
librado de la soledad.

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4

Hayato es un chico peculiar. Un niño que perdió a su madre hace


cientos de años y fue criado por un demonio asesino, racista, clasista y
malvado como lo es Tesla, era un niño que creció pasando casi ningún
inconveniente en la vida. Él era rubio, hermoso y un auténtico fuckboy que
era dueño del ochenta por ciento de los negocios relacionados a la
prostitución en los bajos terrenos del Mercado. Si bien Tesla era un
aterrador demonio con cualquiera, con su pequeño era especialmente
atento (MUY a su manera). Pero, por muy bien alimentado y malcriado que
estuviera, el joven blondo nunca destacó por ser precisamente obediente.
Era un chico sin remedio que fue criado para ser un asesino, Tesla
jamás quiso que torciera su vida entre faldas, pero no se quejó al respecto
cuando finalmente sucedió. Sin embargo, cuando era necesario, era un
auténtico Tesla junior.
Llamó a Maki repetidas veces durante días enteros, hasta que se dio
cuenta que ella no estaba cargando con su teléfono. Decidió rastrearlo
entonces.
Cuando descubrió la ubicación del móvil de su hermanastra mayor no
le preocupó, pero cuando investigó al propietario de la casa donde estaba se
puso algo furioso. Salió en medio de la lluvia, sin compañía, mientras su
mentor dormía plácidamente. Ah y Un lo miraron confundidos, y tuvieron la
intención de acompañarlo. Él se negó rotundamente y les dio la tarea de ir a
revisar algo de trata de gente en el extremo sur del Mercado.
En su Ferrari, salió a la luz nocturna de Los Ángeles y derrapó justo
frente a la casa de Nikolai, quien estaba solo, porque Roger había salido a
hacer la compra. Le preocupaba dejarlo solo en la ciudad, pero él era un
adulto también, así que podría encargarse de algo sencillo. Cuando estaba
por dormirse, oyó un ruido muy extraño proveniente de la puerta principal.
Sigilosamente, tomó una botella que fue de coca cola de la noche anterior y
caminó armado hacia la fuente del sonido. Movía las orejas hacia todos
lados, sintiéndose como una presa acorralada. Su cola se mantenía erguida
en alerta, y sudaba a montones.
Olía a lavanda y peste de hombre con alto libido. Nikolai arrugó la
nariz, y luego una mano peluda le sostuvo la cabeza, empujándola hacia una
pared. Sangró, manchando la pintura blanca, y luego la mano armada de

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filosas garras hizo presión, para que no pudiera moverse su cabeza. Un
pañuelo con olor a perfume de mujer le cubrió los ojos, y fue atado al
reverso de su cabeza. La enorme mano peluda le agarró de las muñecas
con una fuerza enorme, y luego lo presionaron de frente contra la pared fría
y desnuda. Nikolai sentía presión en la herida de su cabeza. No podía
concebir su sangre saliendo. El que le estuviera haciendo eso era muy listo.
Sintió un hocico canino cerca de su peluda oreja.
—¿Por qué tienes tú su teléfono? ¿Durmió contigo y se le olvidó? —
preguntó el desconocido, y Nikolai se quedó en blanco.
—No sé… de qué hablas… suéltame…
Su cabeza fue presionada con más fuerza contra la pared, y Nikolai
sintió ganas de gritar porque le raspaba la herida. No podía contraatacar
porque las garras le herían los brazos, se sentía acorralado. Hayato lo
miraba con odio desde arriba, con su cara y sus manos transformadas
únicamente, se veía como una especie de híbrido entre bestia y lunar.
Apretó con fuerza las muñecas de su víctima.
—Maki… ¿por qué diablos un común racista como tú quiere estar a su
lado? ¿Tienes algún problema en el cerebro o… —Gruñó demasiado cerca de
su oreja— planeas hacerle algo? De ser así me temo que hasta aquí
llegaste…
Abrió la boca, salivando de hambre y rabia, y Nikolai sintió como la
carne de su hombro fue penetrada por enormes caninos que mordieron una
y otra vez, profanando su carne y llenándola de futuras cicatrices. Hayato lo
soltó poco tiempo después, llevándose entre los dientes un trozo de piel
rojiza y con sangre. Nikolai se asustó cuando fue liberado. Miraba al vacío,
aterrado y sin entender nada. Con sus manos, ahora libres, se quitó la venda
de los ojos, pero Hayato no se había ido.
Se había sentado en el sofá a piernas abiertas, con un puño apoyado
en su mejilla. Daba una sensación de autoridad bastante grande.
—Pensé que…
—No me importa si me ves o no, también puedes llamar a la policía —
dijo. Estaba de vuelta a la normalidad. Su camiseta entre abierta asomaba
parte del tatuaje de su pecho.
—¿Qué diablos? Yo no quiero tener que ver con ella, lo juro. Mi…

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amigo quiere que ella sea su amiga… nada más.
—¿Ah? ¿Y qué hace su móvil aquí? —Mordía el trozo de piel con una
cara de pocos amigos. Nikolai se sentía intimidado.
—Ella lo olvidó una vez. No sabemos dónde vive así que —Bajó las
orejas como un niño pequeño— no sabíamos a dónde llevarlo…
—Vale, tu historia es real. Sin huecos argumentales —Hayato pasó la
lengua por el piercing de su labio inferior—, ¿pero de dónde vas a explicar tu
racismo, amigo?
Los ojos azules del lobo brillaban tanto que parecían dos lámparas.
—Hay muchos ideales de los comunes en el mundo, y muchos de
ellos quieren exterminar a los lunars por… ya sabes, depredación y esas
cosas —Nikolai habló, nervioso—. Pero yo… ya no pienso eso.
—No vengo a decirte que idolatres a los lunars, porque son un
asesinos sin remedio… yo me incluyo —Hayato se levantó y levantó la
cabeza de Nikolai jalándolo por una oreja—. Pero a mi hermana no le vas a
poner un puto bozal en la boca, ella es… algo así como una niña especial.
—Si por mí fuera, jamás quisiera tener que ver con Maki…
—No puedo decirte que te alejes de ella sin más, porque sería extraño,
pero… —Lo miró directo a los ojos— como le pongas un dedo encima con
esas asquerosas ideas de comunes… juro que te arrancaré la cara con una
cortadora de pizzas.
Dicho esto, Hayato se fue, sin decir más. Nikolai se lamentó mientras
veía su hombro lastimado. Tomó algo de vendaje del botiquín de primeros
auxilios del baño, y dolorosamente se cubrió la herida, horrible, por cierto.
Más tarde, limpió la escena del crimen, para que Roger no se preocupara
viendo y oliendo su sangre.

—¿Hola? —Maki contestó, con un cheto en la boca.


—¡Maki! Te encontramos… hemos llamado a un montón de hombres
aterradoramente seductores al teléfono buscándote… —Roger estaba feliz.
—Oh… ¡Cierto, mi teléfono lo he dejado allá! Vaya, sí que estoy algo
distraída…
—¿Cómo no notas que has perdido el móvil?
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—Pues no suelo usarlo mucho. Normalmente solo lo uso para ligar,
pero estos días he… estado distraída.
—¿Estás bien? Que tú no ligues por más de veinticuatro horas podría
ser mortal —Nikolai usó un tono sarcástico al hablar. Maki entornó los ojos.
—Gracioso… —Maki rio para sus adentros— Gracias por el gesto,
muchachos. ¿Qué puedo hacer para que estemos a mano?
—De hecho… —Nikolai se tocó el hombro que había sido lastimado—
quisiera hablar contigo, a solas en un rato, si no te molesta.
Fueron un rato después.
La albina alzó una ceja sin entender, pero el chico simplemente se
mezcló en la conversación que inició Roger, y al final ella les siguió la
corriente. Fueron unos cuarenta y siete minutos divertidos para los tres.
Lucifer se ofreció a servirles la cena, pero Roger prefirió comer en casa.
Nikolai se quedó con el pretexto del favor, y el chico perro lo aceptó
tranquilamente.
Una vez solos, Lucifer se sentó al lado de su ama, tras haber servido
platos de pasta italiana que él mismo había preparado con un amor casi
paternal. Maki se llevó la primera albóndiga a la boca, y Nikolai empezó a
cuestionarla.
—¿Conoces a un lobo rubio? —La peliblanca solo lo miró mientras
masticaba.
—A varios, ¿por qué? —Intrigada, Maki tragó el trozo de carne y lo
miró a los ojos. Temiendo lo peor, movió su cola con nerviosismo.
—Piercings, creí ver un tatuaje en su camiseta entreabierta… y los ojos
iguales a los tuyos —describió el castaño. Maki dejó de zarandear su cola,
calmada.
—Oh… Hayato —dijo ella, alzando sus orejas. Se le veía aliviada.
Nikolai bajó las suyas, y frunció el ceño.
—O sea, que sí lo conoces.
—Es mi hermanastro menor, ¿por qué? ¿De dónde lo conoces tú?
—Fue a mi casa —Maki abrió los ojos con sorpresa—, y me amenazó
con que me alejara de ti.
Eso último fue mentira pero no fue algo tan exagerado. La cicatriz le
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dolía de recordarlo, pero no se lo diría. Desconfiaba más de ella, y sus ojos
lo delataban.
—Hayato no hace esas cosas —negó ella, frunciendo el ceño—, al
menos no sin un buen motivo. ¿Hiciste algo cuestionable?
—Claro que no. El hijo de perra se metió en mi casa y me amenazó, ¡él
hizo algo cuestionable! —gruñó Nikolai— Quisiera saber si tus padres los
criaron así de raro.
Lucifer le dio una buena patada debajo de la mesa y el castaño lo
miró sin comprender. El nanatsu señaló a Maki con la vista, sin molestarse
en disimular. Ella había oscurecido sus ojos, y lo miraba con un odio
descomunal. Sin entender, Nikolai volvió a abrir la boca.
—¿Qué? Si no te gusta que critique tu crianza, compórtate. Tu
hermano es un celoso, o eso parece… ¡intentó matarme! ¿Qué clase de
lección de vida es esa? Niños mimados ricos…
—Fue suficiente —dijo Lucifer, con una vena resaltando en su frente— .
Si vas a seguir faltando el respeto, te pido de favor que te largues de aquí.
—¿Ahora qué dije?
—No hace falta —Maki intervino, hablando con los colmillos muy
notorios—. Hayato es un matón. No te aconsejo meterte con él.
—Pero estaba tratando de alejarme de ti.
—¿Y no te gustaría? —La cicatriz en su ojo resaltó por algún motivo—
Estar cerca de mí va a traerte problemas tarde o temprano. Verás… —
Cruzó las piernas y apoyó los codos sobre la mesa. Se veía sexy— tengo
conexiones directas con el Mercado Negro, y conozco a gente peligrosa… te
harías un favor alejándote de mí.
—Es Roger quien insiste.
—Los perros son muy sociales —Se encogió de hombros—, se le
pasará.
—¿Quién diablos eres? Sé que algo tienes que ver con Tesla, pero...
—La hija de un demonio —Maki sonrió—. Ahora, ¿quieres que gaste
dinero en ti? Me dejarías en paz.
—Solo quiero que hables con… tu hermano, ¿sí? No quiero que vuelva

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a amenazarme sin motivo.
—Dalo por hecho.

Nikolai se quedó mirando la gran casa desde el pórtico enrejado.


Maki lo observaba desde la ventana del comedor en el segundo piso. Sus
orejas estaban gachas y su cola recogida entre sus piernas. Lucifer le pasó
una mano por los hombros, cariñosamente.
—¿Qué pasó?
—Me pregunto por qué Hayato lo intimidó así. Nunca lo había hecho
con alguno de mis amantes del pasado.
—Él no es tu amante. Quizá sabe algo que nosotros no —Frunció el
ceño—. Fue un insensible al tocar el tema de tu familia sin saber del tema.
Llamándote niña mimada…
—Tengo la pinta de serlo, Luci —Ella sonrió—. Soy una niña mimada…
pero de Tesla.
—Ese demonio es un buen padre aunque lo niegue, ¿no? —Maki
sonrió asintiendo— Es un gran padre… pero un pésimo ejemplo a seguir, la
verdad.
Los dos rieron y luego disfrutaron unas cervezas. La albina se sentía
un poco mejor.

En el Mercado Negro, un niño perro huía. Aterrado, sujetaba lo que


quedaba de su brazo, mientras corría. Detrás suyo, un lobo delgado, con
ojos dorados vívidos y asesinos, y cuyo pelaje resplandecía con las luces
altas de la zona, lo perseguía con la lengua fuera destilando saliva. Sus
patas armadas de garras resonaban en el suelo adoquinado, y jadeaba de
forma bastante audible. Estaba muy hambriento. De sus colmillos aún
chorreaba la sangre de su víctima, quien seguía corriendo por su vida,
aferrado a la esperanza.
Sin embargo, de una esquina, una macabra figura salió, con tres
metros de alto y ojos verdes, casi blancos de su brillo. Era un perro
gigantesco que andaba sobre sus dos patas traseras, con una forma
puramente animalesca. Estaba babeando, e hizo que tanto presa como
depredador detuvieran su carrera. El niño no sabía que pensar cuando su
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anterior enemigo retrocedía lentamente y bajaba sus orejas. Miró hacia su
nueva pesadilla, quien se acuclilló para quedar a su altura.
—Pequeñito, ¿él te hizo eso? —preguntó el mayor, con una voz ronca y
aterradora, señalando lo que le quedaba de brazo. El niño asintió,
tímidamente, mientras sufría por su hemorragia. El gran can miró al lobo a
las espaldas del infante y sonrió. Con sus enormes garras despedazó el
cuerpo del niño en un instante, para luego empezar a comérselo
tranquilamente. El lobo dorado se mantuvo lejos, pero el grito desesperado
de su estómago llegó a oídos del depredador— ¿Tienes hambre?
Silencio.
—Puedes acercarte, no te voy a hacer nada —No pasó nada—. Los
ghouls sabemos compartir también. Ven, pequeño perrito, no muerdo.
Sonrió con un cinismo gigante, mientras el lobo se acercaba con
pasos tambaleantes. Una vez frente al cadáver, mordió el brazo restante,
inundado en sangre, bajo el escrutinio de los ojos de jade plateado. Un
grupo de hombres leopardo los observaban desde una esquina, armados y
listos para disparar. Su jefe fue el primero en disparar, con silenciador. La
bala atravesó parte de la gruesa piel del perro enorme, quien miró hacia
atrás.
Su rostro daba miedo, con los dientes manchados de sangre, que
corría a su vez por el pelaje ahora pegajoso de su barbilla. Se irguió en sus
tres metros, aunque encorvado, y se acercó a los felinos, guiado por su buen
olfato. Todos le dispararon a la cara y el pecho en conjunto, pero no lograron
hacer mucho. El perro tomó al jefe por el cuello fuertemente y lo alzó hasta
que sus ojos se cruzaron a una altura uniforme.
Con su voz con tono macabro, habló:
—¿Son del mercado, no? —El leopardo asintió— ¿Conocen a un tal
Tesla, no es así?
Los demás hombres seguían apuntándole con sus armas, pero el jefe
se mantuvo quieto. Podía respirar, pues la presión de las enormes manos no
era suficiente para causarle asfixia.
—¿Qué tienes que ver con él? Si quisiera verte, ya te hubiera
encontrado.
—Él no sabe que existo… y yo he venido a hacerle una visita sorpresa.

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—No te recomiendo ir en su contra…
—Lo mataré directamente —dijo el perro, ahora furioso—. A ese enano
le van a faltar ganas de morir cuando lo encuentre…
Soltó al felino, quien cayó al suelo, lastimándose una pierna. El resto
lo auxilió de inmediato.
—Si ven a ese demonio, díganle que Otto lo está buscando —
sentenció el canino, y los leopardos se fueron, aliviados de que les
perdonara la vida a todos.
El lobo dorado había devorado al niño mientras estaba distraído, y
Otto gruñó cuando lo notó. Tomó la cabeza del de ojos dorados y descargó
su ira mientras estrellaba su cabeza contra una pared, haciéndolo perder el
conocimiento.
Desde una esquina, a unos seguros veinte metros de distancia,
mirando desde la mirilla de un francotirador, Tesla observaba, más nervioso
que nunca. Su viejo amigo estaba de vuelta en su vida, y parecía muy
enojado. En su cabeza no podía entender qué tenía que ver él con todo lo
que Raphel estaba haciendo. Otto vivo, aquel nanatsu tan extraño… se
preguntaba muchas cosas a la vez estando tan confundido. Ah y Un lo
miraban, preocupados, pues nunca lo habían visto tan nervioso.
A Un se le ocurrió pasar su mano por la cabeza mullida de su amo, en
un gesto de silente empatía. Lo hizo, y cerró los ojos, esperando un regaño o
un golpe. Nunca había tocado a Tesla de forma tan calmada, y era suave,
muy suave, aunque nunca lo había visto darse un baño con algo que no
fuera jabón. Temblaba de manera inconsciente, y bajó sus grandes orejas
blancas. Se dejó tocar, sintiéndose amado, muy en el fondo. Su fachada de
asesino gruñón flaqueó por un día, y permitió a los osos hasta tomarse el
día libre.
Sorprendidos por su primer día libre en la vida, Ah y Un decidieron
quedarse a su lado, porque, por muy malvado que fuera, Tesla tenía algo de
piedad en su ser. Que estuvieran a su lado y vivos era la mejor prueba de
ello. Esa noche, Tesla se fue de su estudio y bajó al sótano debajo de su
“casa” (el burdel Flowers), donde se encerró a solas. Hayato se preocupó
por si comería algo, y encargó a Rianna, una de sus chicas de confianza, a
llevarle un refrigerio al malhumorado jefe.
La joven chica perro de raza labrador bajó con miedo las grandes
escaleras de mármol blanco del segundo piso. La pequeña puerta que
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llevaba al elevador que daba a su vez al sótano le pareció lo más aterrador
del mundo. Absolutamente todo el mundo que tuviera una noción del
Mercado Negro conocía y temía al “demonio auténtico”. Tesla era un enano
de pocas palabras, que sabía matar de muchas maneras. Unas rápidas,
otras tortuosamente lentas. Cuando se enojaba no dudaba en disparar y a
pesar de que su apariencia diera la impresión de ser un pequeño y frágil
cachorrito, era de todo menos eso.
Tesla había matado a tanta gente que a veces solía contarlas como
si se tratara de una historia de vacaciones. La gente común como Rianna,
que es mercancía en el Mercado Negro, lo conocían por las historias
terroríficas que contaban sus viejos amos. Había acabado con
organizaciones enteras por su cuenta, o con una minúscula ayuda, y, según
varias leyendas urbanas, era tan viejo como el Mercado mismo, o quizá más.
Nadie sabe a ciencia cierta cuándo apareció, o qué hizo para tener su
buena posición, lo que sí saben todos es que nadie en su sano juicio quiere
(o debe) meterse con él. Los que lo hacen no viven para contarlo.
Rianna vio las frías celdas que decoraban el sótano. Dentro había
personas vivas, en estados horribles. Incluso un hombre gato tenía un
parásito extraño que le comía la parte izquierda de la cara. La chica se
obligó a mantener la compostura hasta llegar a la puerta de acero blindado
al final del escalofriante pasillo. Un niño ciervo había escapado y se
tambaleaba por fuera de su celda, con la boca llena de saliva y espuma.
Rianna se mantuvo quieta, mientras el infante la miraba desesperado
pidiendo ayuda. No tenía dientes, y le faltaba una oreja. La puerta blindada
se abrió y Tesla no dudó ni un instante en dispararle al niño en su pierna,
haciéndolo caer.
Lo empujó de vuelta a la celda y disparó a sus manos. Lo miró
fríamente y luego se dirigió a Rianna. Al menos había bajado el arma.
—¿Qué haces aquí abajo? ¿Qué no sabes que es una zona restringida?
—S-señor, yo solo bajé aquí por-porque el señor Hayato quería saber
si está co-comiendo bi-bien… —balbuceó ella, muerta de miedo.
—¿Y por qué no bajó él?
—Bueno… ya lo conoce, señor. Le gusta dar órdenes…
Bajó sus orejas, mientras su cola expandía el polvo de la vieja
habitación. Trataba de mirar únicamente a los penetrantes ojos rojos cual
sangre de su pequeño interlocutor. No podía despertar su sentido de la
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justicia por la atrocidad que le hizo al niño. Tesla era cruel, no había más
que decir. Si trataba de convencerlo con moral, solo terminaría muerta, o
incluso peor.
—¿Va a aceptar el gesto, señor? —Le ofreció la bandeja. Tenía sus
comidas preferidas: jugo de frutas y una ensalada de tomates con pepino
que olía a vinagre y aceite de oliva virgen. Despertaba el apetito de cualquier
amante de las verduras.
Tesla miró la ensalada y sus ojos brillaron. Incluso su cola lo
traicionó, moviéndose en contra de su voluntad. Avergonzado, tomó el tazón
con verduras y se fue dando la espalda. Rianna sonrió mirándolo y también
se retiró. Una vez dentro de su estudio, Tesla se quitó su característica
máscara antigás, exponiendo su hocico, lleno de cicatrices que le surcaban
desde la barbilla hasta la nariz. Se relamió y se llevó un trozo de tomate a la
boca. Encima de la mesa que daba centro a la habitación había un enorme
plano del Mercado Negro. Habían dibujadas unas marcas en cada entrada
principal y encima de ciertos puntos había colocado semillas de girasol.
—Ese cabrón no va a entrar aquí. Y si lo logra, no va a ser ileso.
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Al principio, la idea de convivir abiertamente con una lunar fue... difícil


cuanto menos. Nikolai estaba tenso todo el rato, preguntándose por qué
Roger parecía no entender nada. La tensión, lejos de romántica, se tornó en
sólo eso: tensión. Ver a Maki morder carne de un plato o una hamburguesa
cada vez que salían lo hacían sudar frío. Por suerte, ella no parecía darse
cuenta de ese efecto que tenía en él.

La albina, por su lado, se sentía incómoda. Roger, en su inocencia,


siempre quería que estuvieran los tres juntos y se hicieran amigos. Sonaba
muy descabellado.

Sin embargo, una vez, en una cafetería, Roger tuvo que ir al baño,
dejando al castaño y Maki solos, mirándose fijamente con una muy notoria
incomodidad (mutua). Él decidió romper el silencio.

—Ah... ¿hola otra vez? —Tosió un poco.

—¿Por qué me hablas si no quieres?

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—¡Anoche vi un documental —La interrumpió, de golpe, haciéndola
bajar las orejas— sobre lunars! Hace unos días... te vi nerviosa porque
estábamos cerca de un tipo que se comía a... alguien en un sándwich y...
alejaste a Roger lo más rápido que pudiste. Gracias.

Sorprendida por tal acontecimiento, la albina se quedó sin palabras,


pero Nikolai, nervioso, continuó.

—También noto como siempre quieres que Roger se divierta más, y


nos alejemos de zonas donde hay lunars o nanatsus... así que... según aquel
documental... La doctora decía que no debemos juzgarlos a ustedes
—Entornó los ojos, mirando su café—. Tienen sus problemas, y ser la raza
dominante trae más problemas que beneficios... así que...

—¿Vas a dejar de mirarme raro al fin? —Maki sonrió moviendo la cola.


Los ojos le brillaban muchísimo. Nikolai se avergonzó furiosamente.
—Yo... ah...

—¡Había una pequeña fila de hombres para el baño! —Roger volvió,


feliz como siempre— Nikolai, estás rojo.

—Cállate...

Nikolai y Roger bebían zumos de naranja mientras Maki disfrutaba de


un delicioso y refrescante ron-cola. Fue idea de ella ir a la playa ese día.
Podía vacilar a los chicos guapos, especialmente al salvavidas, y disfrutar
de la sana compañía de sus amigos. Los consideraba como tal después de
unos dos meses a su lado. Hayato no había vuelto a acosar a Nikolai
después de una charla que tuvo Maki con él.
Ella se sentía cómoda. Ghunter seguía reuniéndose con ella, pero no
mantenían relaciones. En su lugar, pasaban tiempo de calidad como amigos.
Veían películas, se hablaban de su día a día e incluso dormían juntos en una
perfecta castidad. Ella también comía carne más seguido. Había entrado en
razón y prefería no pasar hambre y volverse una bestia loca si podía evitarlo
comiendo algo de chuletones al mes. Estaba feliz.
Nikolai y ella ahora estaban en buenos términos, y desde afuera
parecían unos padres que cuidaban a Roger, puesto que su inocencia le
impedía darse cuenta de muchas cosas. Sin embargo, la sociedad estaba
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pasando por un difícil momento. Muchos lunars habían estado
desapareciendo por días, y si regresaban mataban con más descontrol que
antes. La policía trataba de parar esa oleada de peligro, pero no podían
hacer mucho. Muchos altos mandos habían empezado a ir en secreto al
Mercado Negro, porque sabían que solo una persona podía volcar su
sociedad abajo por un capricho: Tesla.
Un agente especial de FBI había ido a las dos de la madrugada a la
zona norte, pero estaba altamente vigilada, y a los militares de bajo rango
que iban con él los asesinaron unos francotiradores. El Mercado estaba
agitado, los vendedores gritaban y se peleaban, los clientes casi corrían por
las anchas calles. Había un revuelo total, y los de “seguridad” mataban a
cualquier listillo que osara faltar el respeto.
El agente especial mostró su identificación y un hombre león le dijo
que siguiera hasta el burdel Flowers. Allí estaría Tesla, haciendo sus cosas.
El agente, un joven hombre guepardo, cruzó el umbral del peligroso distrito,
y se confundió con un cliente apresurado más. Cruzando por varios puntos,
se halló en la zona de prostitución del Mercado y pronto llegó al burdel más
famoso: el Flowers. Entró detrás de una chica perro y caminó tratando de
ignorar a las preciosas mujeres que trataban de seducirlo, y a los lujuriosos
clientes que disfrutaban de sus encantos. Buscó con la mirada a su objetivo,
pero no encontró la silueta del canino enano por ningún lado. A quien
localizó enseguida fue a su pupilo, el rubio dueño del edificio y de las
mujeres. Hábilmente se ubicó a su lado y mostró su placa con disimulo.
—¿FBI? Esto es legal… —Se burló Hayato, mordiendo una manzana.
—He venido buscando a Tesla —dijo el felino—. ¿Tienes alguna idea
de dónde pueda estar?
—En su estudio. Lleva encerrado ahí desde hace meses. Sale una vez
a la semana para supervisar algunas cositas. ¿Qué quiere la ley con él? Creo
que tiene una especie de contrato con el gobierno… ¿o no? —El Mercado es
un caos… claramente tiene que ver con él —señaló el guepardo—. ¿Por qué
hay tanta seguridad? ¿Vendrá Godzilla, o qué?
—No sé, amigo. Él no me dice esas cosas.
—Pero algo tienes que saber. Los lunars se están volviéndose locos,
¡matan mucho más que de costumbre! Ha habido aproximadamente más de
ocho arrestos a lunars esta semana. Solo esta semana. Los ciudadanos no-
lunars están en un mayor peligro.

49
—¿Y eso me debería importar? —Lo agarró del cuello de su traje y lo
miró a los ojos— Soy un lunar, mi familia es lunar y Tesla es una cosa
superior. No me importa un carajo lo que pase en la sociedad si eso no me
afecta, ¿sí?
—Por favor… solo quiero hablar con Tesla… prometo no volver a
molestarte, Hayato...
—Para ti soy “joven Yamato”, ¿sí? Mi familia tiene raíces asiáticas, me
gustaría que las respetes. Puedo ser un chico caucásico perfecto pero este
apellido me lo puso Tesla, si quieres hablar con él, mucha suerte.
Lo lanzó al suelo y luego pisoteó su rostro mientras se reía,
mordiendo la manzana a la vez. Se fue, tras ordenar a un hombre caballo
que sacara a aquel payaso de ahí y fue tirado en unos botes de basura. El
felino tosió y luego dio un brinco cuando notó que a su lado, en unas bolsas,
había alguien descuartizado. Asqueado, se bajó de ahí y caminó
limpiándose. Para su suerte, Tesla estaba caminando hacia un sitio
aleatorio en ese momento. El agente sonrió y se le acercó con las manos
arriba. Si lo veía con intenciones de dispararle, quizá fuera lo último que
viese, y nadie lo encontraría.
—Señor Tesla, le ruego que no dispare —pidió, con las orejas
gachas—. Solo quiero hacerle una pregunta.
—Solo una, no tengo tiempo.
—¿Por qué puso tanta seguridad en el Mercado? —Fue al grano,
porque Tesla era un ser de pocas palabras. Lo miró esperando una
respuesta, pero no le dijo nada.
—No te importa.
—Señor, en la civilización normal los lunars se están vueltos locos.
¡Su trato era mantener a la gente promedio a salvo a cambio de un distrito
que pudiera cambiar a los lunars!
—No, mi trato era que me dejaran un distrito para hacer lo que me
saliera de las nalgas a cambio de que no provocara otro genocidio como el
de cierto señor de bigote chistoso que provocó la segunda guerra mundial.
—Pero señor…
—¿Quieres que te dispare? —El agente cerró la boca de golpe—
Entonces cállate y lárgate de aquí.

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—Solo quiero paz…
—La habrá en cuanto acabe con lo que quiero. No quiero a la policía,
el FBI o cualquier organización aquí. Este es mí territorio, y no toleraré que
se metan en mis asuntos, ¿quedó claro?
—…sí, señor.
—Bien. Ahora vuelve a tu trabajo. No creo que rogarme por paz sea
algo que quieras poner en tu currículum.
El guepardo se enfureció y rastrilló su arma. Apuntó a la cabeza del
pequeño lobo albino, quien oyó el sonido y volteó lentamente.
—Con todo respeto, la paz es más importante que sus caprichos.
—No me digas… —habló Tesla con sarcasmo— ¿Crees que no lo sé?
—¿Entonces por qué ese egoísmo? Debería pensar en los civiles.
—Debería… pero no quiero —Se volteó hacia él y lo encaró, dándole miedo
aún con su baja estatura—. Vamos, dispara, no te voy a detener.

El felino apuntó directo al centro de la cabeza del pequeño lobo


blanco. El peso de esos ojos de sangre le infringía terror, mas fue fuerte y
apretó el gatillo. El proyectil impactó fuertemente contra la frente del animal.
Tesla sangró y se llevó la mano a la herida. Una bala de una 9 mm no era
muy grande, pero a esa distancia hubiera derribado a su víctima.
Tesla era un asunto de urgencia casi nuclear de los grandes órganos
militares alrededor del mundo, pero nadie quería darle caza a un demonio
como él. Según el agente había leído en un informe, nadie sabe a ciencia
cierta qué es, ni cuáles son las propiedades de su cuerpo. El guepardo se
aterró cuando el canino se quitó la bala (aunque con el ceño fruncido). Tesla
sonrió bajo su máscara y se la enseñó entre sus peludos dedos.
—¿Quieres matarme con esto? —Alzó una ceja— Deberías intentar
dispararme con un mejor calibre, quizá una escopeta me logre tumbar, ja,
ja…
El felino salió corriendo, y Tesla no se interesó por seguirlo. En su
lugar llamó por teléfono a uno de los de seguridad en la entrada sur, y le
pidió que disparase al agente. El hombre toro obedeció sin dudarlo. Arrojó el
cuerpo muerto a las calles y un grupo de nanatsus hiena se lo comieron en
menos de diez minutos.

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En uno de los edificios del FBI, una mujer guepardo lloraba
desconsolada. No veía a su esposo desde la mañana, y no estaba de
servicio. Los oficiales trataron de explicarle lo que ocurría, pero ellos
tampoco sabían a dónde pudo haber ido.
—Señora Willys, ya se lo hemos dicho, no podemos saber dónde está
sin ninguna pista. ¿Usted no sabe alguna afición de su esposo como el
juego, o incluso si tiene una amante?
—Mi Franklin no tiene nada de eso —sollozó la mujer—. Deben
encontrarlo, ¡podría estar en peligro! Todos esos lunars se han vuelto locos
estos días, podrían haberle hecho daño y ustedes están aquí haciendo
preguntas inútiles.
Salió, desconsolada. Al doblar una esquina, chocó contra una chica
de pelo blanco, quien se apartó tras pedirle disculpas. Maki la miró, estaba
llorando y bajó las orejas. Siguió su camino tranquilamente y miró a su
alrededor. La ciudad era un caos silencioso. La gente iba y venía con más
rapidez que de costumbre, y se notaba cierto nerviosismo en el aire.
Los pocos nanatsus que pasaban cerca eran observados
atentamente por todos. Los lunars estaban incómodos. Había demasiada
tensión en todos. Se colocó unos audífonos y puso su canción favorita:
Another Love, de Tom Odell. Esperó pacientemente a que el semáforo
cambiara su luz, y cruzó la calle. De un momento a otro, un enorme peso le
cayó encima, provocándole un calor descomunal. Abrió los ojos más que
nunca, viendo unos colmillos enormes que pronto se cerrarían sobre su
cabeza.
Hábil, se escabulló debajo de las piernas de su asaltante y tomó su
forma de lobo rápidamente. El tráfico se había detenido de golpe y Maki
salió corriendo, con un miedo enorme recorriéndole todo el cuerpo. Estaba
aterrada, pues no acostumbraba a sentirse como la presa en una
persecución. Miró hacia atrás en un acto reflejo, y la bestia era un perro
gigantesco de ojos brillantes y pequeños. Más asustada que antes, siguió
corriendo. El FBI y la policía local empezaron a seguir al monstruo de
inmediato, gritando que se detuviera, mas éste hizo caso omiso y siguió su
carrera.
«¿¡Qué diablos es eso y de dónde ha salido!?»
Maki dobló una y otra vez, esperando perder a esa cosa, pero no lo
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logró. Otto ladró emocionado y se lanzó a por ella cuando estuvo a un
escaso metro. La albina tropezó y sintió los colmillos, enormes y filosos,
sobre su oreja izquierda. Dolía y sangraba mucho, pero ella tenía una
mínima oportunidad de irse si reaccionaba lo suficientemente rápido. Hizo
toda la fuerza que pudo, sintiendo su cartílago desgarrado por las cuchillas
en la boca de ese perro.
Sacrificando su sensible oreja, logró huir, sin abandonar su forma
lupina. Otto gruñó, escupiendo el trozo de oreja ensangrentado. Volvió a
correr detrás de ella, con emoción depredadora. La adrenalina empezaba a
apoderarse de su cuerpo, pero recordó algo.

Comía mientras veía a los ojos de su jefe. Philip estaba siendo un


buen anfitrión, ofreciéndole niños vivos, su comida favorita, antes de pedirle
un importante favor.
—¿Podrías darle caza a una mujer, Otto? —Lo miró curioso.
—Depende. No soy un mujeriego, pero si puedo hacer lo que quiera
con ella, me voy a divertir sin lugar a dudas antes de matarla.
—No puedes matarla. Necesito su corazón vivo.
—Le quitas lo divertido a la vida… ¿tiene que estar ilesa?
—No necesariamente. Puedes herirla, pero nada mortal, ¿sí?
—No prometo nada…

Saltó sobre un coche blindado, sintiendo el picor de muchas balas


impactando contra su cuerpo. La perdió por un momento, pero la localizó a
punto de huir montándose en el coche de policía. Ladró furioso, y corrió
hacia ella. Maki volvió a salir corriendo, en su forma humanoide. Le dolían
las piernas y la oreja. Se escabulló de las garras caninas agachándose bajo
un coche que, para su gran suerte, tenía la suspensión lo suficientemente
alta, pero la cicatriz en su ojo fue reabierta y dolió muchísimo. Llorando del
dolor y la impotencia, Maki paró en un callejón sin salida. Apenas podía ver
bien, y sentía a Otto a pocos metros de ella.
El perro sonrió mostrando su dentadura ensangrentada. Había
matado a dos oficiales para llegar más rápido.

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—Déjate atrapar, chiquilla —dijo—, ¿quieres seguir sufriendo?
—Aléjate de mí… bestia.
—Tu papi te envía saludos también… dice que te extraña, por eso he
venido a buscarte.
—Qué pésima bienvenida.
—Es lo que hay.
Se le acercó lentamente, saboreando el miedo. La cola blanca estaba
entre las torneadas piernas femeninas. Se relamió los labios recordando el
sabor de su sangre, y de no ser porque una bala de francotirador dio justo en
el medio metro entre él y Maki, ella hubiera perdido toda esperanza.
A la distancia, Tesla miraba por la mirilla del arma de enorme calibre.
No había dado en el blanco, pero si fue suficiente para espantar a Otto.
—Mierda, ¿de dónde vino eso?
Otto miró a todos lados, tratando de ver de dónde había salido la bala.
Alzó la cabeza hacia arriba y una bala le impactó en el mismo ojo derecho,
reventando el nervio óptico, y dándole una ceguera instantánea. Gritó de
dolor, cayendo de rodillas en el suelo, mientras Maki escapaba. La sangre se
le escurría entre los dedos y el dolor era insoportable. Apretó los dientes
mientras que cientos de balas impactaron contra su cuerpo, y, huyendo,
salió corriendo y asesinó a cuánto oficial se interponía en su camino. Sus
garras y colmillos se mancharon en carmesí. Guiado por su ahora débil
olfato, huyó lo más rápido que pudo, chocando contra coches en
movimiento, y seguido por un puñado de agentes especiales de la CIA.
Maki había llegado a casa, y, tras tocar el timbre con las fuerzas que
le quedaban, se desmayó, adolorida, mientras su oreja seguía sangrando, y
la cicatriz de su ojo ardía como nunca.

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6

—¡Maki! —chilló Lucifer, mirándola con los ojos llorosos mientras su


ama despertaba cansada— ¡Estás viva! ¡Y tu ojo está mejor! ¡Ni pareciera
que te hubieran lastimado!
La albina sonrió débilmente. Estaba algo boba por los sedantes, pero
reconoció a su nanatsu. Su ojo aún ardía un poco, mas se encontraba mejor.
La oreja estaba vendada y no dolía en absoluto, al menos por el momento.
Acarició la mejilla masculina, y le sonrió un poco más amplio. Su cola se
movió levemente. Una doctora entró y quedó sorprendida al verla despierta.
—Oh, vaya. Creímos que despertaría mañana, o en unas horas con
suerte. Los lunars son muy fuertes…
—La conexión entre lunar y nanatsu aún es un misterio para la ciencia
—dijo otro doctor, entrando por la gran puerta. Lucifer lo miró seriamente,
porque su semblante no era muy alegre— ¿Es su nanatsu, no?
—Así es, señor.
—¿Le importaría salir un momento?
Preocupado, Lucifer siguió al doctor hasta el pasillo, donde, mirando
al suelo, le dio el veredicto.
—Su lunar no está bien —dijo con franqueza—. Ella tiene múltiples
heridas internas, ¿no suele transformarse muy seguido?
—La verdad no. No le agrada.
—¿Tampoco ha comido mucha carne?
—Ha estado consumiendo regularmente, ¿hay algún problema en su
sistema digestivo?
—Ella tiene “síndrome de Leonorr”, ¿lo conoce?
—Más o menos…
—Los niveles de transcoprotenía, que se adquiere comiendo carne
especial, bajan tanto que las transformaciones usan las proteínas normales
para ejecutarse… puede resultar mortal si el lunar no se alimenta bien.
Lucifer no supo qué decir.

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—Ella lo tiene. Las transformaciones le duelen porque consumen
proteína, colesterol, azúcares importantes y hasta grasas saturadas que
ingiere con la comida chatarra. Su cuerpo se queda sin recursos con cada
transformación. Aunque empiece a comer carne ahora, las cantidades son
ínfimas, así que no hace mucha diferencia.
—¿Quiere decir que su cuerpo aprovecha mucho menos de lo que
procesa en las trasformaciones?
—Así es —dijo el doctor—, le recomiendo que cace más. Al menos un
cuerpo entero le dará fuerzas para poder estar mejor.
—Pero no le gusta cazar…
—Deberá hacerlo, si quiere vivir más tiempo.
Lucifer salió del hospital poco después, agobiado. Sintiéndose mal,
se rascó la cabellera rubia limpia y con olor a fresa. Pensó por unos
momentos, y luego se fue. Terminó con el coche aparcado frente a una
carnicería del Mercado Negro y entró, sin temerle a nada. Oía los murmullos
a su alrededor.
“Es un nanatsu dragonoide, ¡y de ojos azules! Nos darán muchísimo
dinero por él…”
“Su cola tiene escamas cuidadas y filosas, será un buen bolso”
“Quiero sus ojos para una subasta de ojos de nanatsu mañana,
¿pueden obsequiarme los ojos de ese nanatsu, por favor?”
Frunció el ceño y dio un puñetazo a la mesa, llamando la atención del
carnicero. Era un hombre gigantesco, un oso grizzly en toda regla. Pelo
desteñido y un canino inferior que le llegaba a un poco más debajo de la
nariz. Sus ojos eran penetrantes y de un azul pálido muy feo.
—¿Qué quieres? —habló, mostrando su voz ronca y llena de ira
contenida.
Lucifer respiró hondo.
—Me gustaría un cuerpo entero, troceado y en bolsas.
—Esto no es un restaurante, mocoso, si quieres que esté troceado,
córtalo tú mismo después de pagar.
El nanatsu sacó la tarjeta negra de su bolsillo y cuando se la mostró
al oso, este frunció el ceño.
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—Solo acepto efectivo —señaló, rechazando la tarjeta tan valiosa.
—No tengo.
—Es una pena. No hay cuerpo para ti.
Los otros clientes se rieron sin disimular. Lucifer sentía una vena
palpitando en su frente, de la rabia.
—Es una tarjeta de Tesla, ¿no ve?
—¿Sabes cuántos imbéciles han venido aquí con esa misma excusa
con una tarjeta falsa? —Se irguió en sus dos metros de altura. Estaba en
forma a pesar de que parecía obeso— No voy a caer en ese truco, no soy
tonto.
—Es una tarjeta verídica.
—Claro, y yo conozco al mocoso rubio. Somos amigos hace años y
me compra mujeres en mis cumpleaños —Lo agarró del cuello de su
camisa—, no me hagas reír, nanatsu. ¿Tu lunar tiene miedo de venir o qué?
—Tiene sus motivos para no venir.
—¿Ah sí? ¿Cómo cuál?
—El pésimo servicio de mentecatos como tú —Agarró el brazo del
gran hombre oso y lo apuñaló con sus garras, haciéndolo sangrar. Lo
soltaron de inmediato y Lucifer usó su cola como impulso para saltar sobre
su contrincante. Le desgarró la cara con sus colmillos y garras, y con la cola
lo hizo caer al suelo, al arañarlo en las piernas y las rodillas. Una vez en el
suelo, y con la cara desfigurada, el gran carnívoro rogó piedad. Lucifer, que
no era un desalmado, solo pidió indicaciones de un cuchillo carnicero y la
localización de los cuerpos. Los clientes quedaron perplejos ante la
amabilidad de tan grande luchador, y se retiraron tras robar algún que otro
filete de muestra.
Lucifer se encontró con el cuerpo de una mujer, congelada en un
freezer, y, con una mirada frívola, hundió el cuchillo primero en su cuello,
luego en sus rodillas, luego brazos, luego muñecas…

Hayato se había enterado de la catástrofe de Maki, y, algo decaído,


fumaba mientras pensaba, sentado en un gran sofá del lobby de su burdel.
Rianna fue la primera en acudir a él, con una gran bolsa de frutas frescas.
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—¿Pasa algo, señor? —cuestionó, preocupada por la inusual
tranquilidad de su amo. Él, en circunstancias normales, estaría merodeando
por el edificio, midiendo la limpieza y coqueteando descaradamente con el
personal. Cuando se la pasaba fumando o comiendo en el sofá, sin
compañía y con la mirada perdida en la gran puerta decorada con mármol,
era que algo le ocurría.
—Mi hermana mayor… casi la mata un monstruo.
—¿Un monstruo?
—Sí, no pudo tratarse de un lunar. Tesla —Se volvió hacia ella— me
contó que no fue un lunar. Que era más grande y despiadado que uno.
Además, la transformación de Maki puede hacerle frente a los lunars porque
es muy grande para su sexo, y es muy rápida y poderosa. Realmente fue
terrible.
—¿Al menos ella está bien?
—Sí… está en el hospital ahora, reposando y descansando. Tiene una
oreja hecha mierda, y casi perdió el ojo izquierdo.
—¿Mejorará?
Eso espero —Se estiró y tiró la colilla del cigarrillo en el cenicero a su
lado—. Iré a verla, ¿estará bien esto a cargo del enano cascarrabias?
—De hecho, el señor Tesla no está aquí. Se ha pasado todos estos
días en el sótano, investigando algo. No puedo saber qué… —Oh… ¿a quién le
dejaría el burdel…? —Se llevó una mano al mentón. El rubio alzó la mirada
hacia la chica perro, quien bajó sus orejas y se avergonzó— ¿Estará bien
este sitio si lo dejo solo por unas horas? Volveré en la noche.
—Bueno… al menos deje seguridad, ¿no? Podrían robarle o matar a
alguien si ven que todo está suelto sin más.
—Claro, los fortachones estarán dentro, cuidando de ustedes… ven
aquí —Sonrió coqueto mientras acariciaba la mejilla de la mujer, quien se
sonrojó ligeramente. Hayato entornó los ojos y la besó con suavidad que
solo se reservaba para ella. Rianna correspondió, sintiendo el tacto tan
gentil de su dueño, mientras disfrutaba del contacto.
Al cabo de unos segundos se separaron y el rubio se fue a su
habitación para vestirse con ropa formal para salir. Salió de ahí con una
playera gris y unos pantalones color negro. Sus piercings lo hacían ver como

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un delincuente juvenil, cosa que en parte si era…
Se fue tranquilamente y, a pie, salió del Mercado. No lo hacía mucho,
pero era divertido. Miraba tranquilo las calles de Los Ángeles, por donde
mucha gente transitaba cada día, a pie, o en auto. Sonrió parando frente un
puesto de tacos mexicanos y disfrutó de la comida mientras andaba,
tratando de ubicarse en una zona que le permitiera parar un taxi.
—Hola, señor, ¿una muestra gratis de nuestro café? —Le dijo un joven
perro, raza husky, sonriente y con su cola en movimiento.
—¿Café?
—Los granos son traídos desde Centroamérica, específicamente para
nosotros. Es de muy alta calidad. Cada grano es escogido minuciosamente
por un grupo de agricultores de buena formación.
—Suena genial, ¿dónde es?
El joven lo agarró de la mano y lo guio por las calles con gran
seguridad. Hayato, lejos de desconfiar, solo le siguió la corriente,
sintiéndose seguro por el olor a común que desprendía su acompañante.
«No creo que Maki espere mi visita, de todos modos»
Frente a una parada de autobús, el chico se detuvo y miró la cara del
rubio, quien le devolvió la mirada junto a una sonrisa.
—¿Es un delincuente juvenil?
—Mmm… lo era. ¿Por qué? ¿Los piercings?
—Sí.
—Pero me quedan bien, ¿no? —Sonrió altanero y juguetón. El perro
asintió.
—Así es.
En menos de un segundo, un proyectil penetró en su piel, en la baja
espalda, y de la nada, el blondo cayó rendido sobre el husky, quien hizo su
mayor esfuerzo por intentar levantarlo.
—¿Lo tenemos? —dijo una voz desconocida.
—Sí… pero pesa muchísimo, échame una mano, anda…
Ayudado por un hombre más grande y corpulento, metieron a Hayato
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en una furgoneta y arrancaron en alguna dirección…
Cuando el rubio al fin despertó, eran como las nueve de la noche. Se
sentía mareado y desorientado, y, confuso, miró a todas partes, buscando
respuestas con sus ojos. Vio cara a cara al perro que lo había engañado, y
frunció el ceño.
—¿Qué mier…?
—Buenas noches, caballero de pobre armadura —dijo el joven,
sonriendo de forma cínica—. ¿Has dormido bien? El sedante puede llegar a
matar a un bestia pura en la misma dosis que a ti… los lunars siempre son
tan poderosos… y asquerosamente difíciles de matar…
—¿Ah? ¿A qué viene esto? ¿Me has drogado y metido aquí? Estás
algo loco, creo yo…
—Él no está del todo solo, monstruo —Un hombre pantera negra le
mostró los colmillos mientras tomaba asiento frente a él. Hayato solamente
se quedó quieto, dándose cuenta de que tenía un bozal y estaba atado de
pies y manos. Ni su cola podía mover con libertad—, dicen que perro que
ladra no muerde, pero no confiamos en ti.
—Especialmente porque no soy un perro. Soy un lobo.
—No estamos de humor para burlas, niñato —gruñó el perro,
arrugando la cara—. Has de responder unas preguntitas… —Soy todo oídos.

—¿Qué diablos es Tesla?


—¿No será “quién”?
—Escuchaste bien, maldito infeliz —dijo el felino—. Todos saben que
es imposible de matar.
—¿Por qué no bajan la cabeza y lo obedecen como todo el mundo
con cerebro? —Se le veía profundamente relajado— Por hacerme esto, ya
saben que están muertos… ¿no?
—No puede saber dónde estás.
—Claro que no… —Se mofó con sarcasmo— Como si no habláramos
de él… a pesar de todo, es un padre genial, vendrá a buscarme. Quizá ya está
en ello, ¿cuánto tiempo llevo aquí?

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—Responde a la pregunta inicial, imbécil. No le des vueltas.
—Mm… es un lobo. Enano, de ojos rojos y brillantes… que son un par
de lámparas en la oscuridad. Dan mucho miedo en Halloween.
—¿Sabes por qué es inmortal…?
—No. Nadie lo sabe. ¿Creyeron que secuestrándome a mí iban a
lograr saber algo de él? Solo puedo decir que… es un gruñón asesino
—Sonrió—, pero eso ya lo saben.
—¡Hijo de perra! —rugió la pantera— ¡Vas a responder aunque sea lo
último que masculle tu asquerosa boca!
—Ryan, cálmate —Le pidió el husky, sosteniéndole el brazo con
fuerza—. Solo harás que se siga divirtiendo…
—¡Tesla mató a mis padres, y a mis hermanos! ¡Es un asesino de
mierda, y yo voy a enterrarlo bajo quince metros de tierra! ¡Voy a hundir a
ese enano aunque sea lo último que haga!
—Oye, no te la tomes conmigo… yo solo soy su hijo. No su compinche
de crímenes fatales. Lo que él haya hecho en su tiempo libre no es mi
problema.
—Permites que masacre lo que se le antoja.
—Si el gobierno no ha hecho nada, ¿qué vas a lograr tú? Tesla
monitorea los negocios fuertes que hacen que nuestra economía sea tan
poderosa… y otros sectores que nadie quiere tocar. Es un mal necesario
—Se encogió de hombros.
—Y una mierda. Nadie lo ha matado porque nadie sabe qué es, pero
en cuanto lo descubra, ese cabrón va a morir después de sus propias
torturas sobre su cuerpecito diminuto…
—Qué rencor…
—Otra cosa… —dijo el perro, con los ojos cerrados—, no creas que
estás aquí de adorno. Atraerás a Tesla, sí, pero en cuánto lo capturemos, tú
vas al hoyo de tierra. A una linda fosa común…
—¿Van a matarme? Qué miedo…
—¿Por qué no hacerlo? ¿Cuántas mujeres no sufren por tu culpa?
¿Cuántos niños sin hogar quedan cuando te llevas a sus madres?

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—Amigo, haz silencio si no sabes de lo que hablas. El Mercado es
más que muerte, esclavos, dinero sucio y prostitución. Es un hogar para
personas como yo, y para gente que ya no puede ver la luz del sol.
—Por eso vamos a matar a los lunars, como en aquel genocidio
humano de hace miles de años… —El felino sonrió de manera macabra—
Todos esos depredadores de mierda irán al infierno, porque allí pertenecen.
Allí se van a pudrir todos. Y los delincuentes también.
—Ya veo, bonito plan —Miró al suelo un momento—, ¿cómo lo van a
llevar a cabo?
—Primero acabaremos contigo, el resto… —Apuntó con un arma a la
cabeza del rubio, quien no se mostraba asustado— no te importa. Porque
estarás muerto.
—Ya veo…
La pantera iba a apretar el gatillo de su pistola sin cargar, solo para
asustar a su víctima, pero para su sorpresa, una bala de verdad terminó con
la vida de su compañero, quien cayó al suelo con un hoyo en la cabeza. El
felino volteó hacia atrás, aterrado, y apuntó con nerviosismo a la mujer
leopardo que sostenía el revólver con una decisión muy… aterradora.
—¡Lucy! ¿Pero qué…?
—¡Calla y suelta el arma si quieres vivir!
—¡Pero…!
—¡Suelta el arma! —gritó la mujer, y su interlocutor se obligó a
obedecer, haciendo caer la pistola al suelo, provocando un ruido. Hayato se
rio tranquilamente, aún sin poderse mover— Lo lamento, Ryan, pero sino, él
va a matarme a mí…
—¡Maldito infeliz! —Miró a Hayato, quien hizo una mueca de
incomprensión— ¡Tú…!
—Yo no hice nada. Te dije que Tesla me buscaría.
—¿Ella es Tesla?
—No, pero…
—Yo sí —La grave voz del enano resonó en la sala oscura. Lucy se
apartó y lo dejó caminando hacia Ryan, quien respiró hondo, y sacó un
cuchillo del interior de su chaqueta. Temblando, se abalanzó corriendo y
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gritando.
Cualquiera pensaría que un hombre de un metro y ochenta de altura
podría fácilmente con un lobo enano de metro cincuenta, pero Tesla era un
ser misterioso que afirmaba haber sobrevivido a guerras antiguas. Por ello,
esquivó con una asombrosa facilidad la puñalada y se volteó rápido,
agarrando la espalda de su enemigo. Inmóvil, Ryan sintió las garras afiladas
del canino, quien atacó a las costillas y luego, sin pizca de decoro, aplastó
sus pelotas de un potente apretón.
El felino gritó, y Tesla lo soltó enseguida.
—¿Alguien más está dispuesto a intentar matarme? —dijo con burla,
mientras caminaba, limpiándose las manos peludas desnudas sobre la losa
fría. Miró a Lucy, y le sonrió bajo su típica máscara.

—Hola, Tesla. Demoraste bastante —dijo Hayato, sonriendo.

—Eso quisieras. ¿Por qué te dejaste secuestrar? —preguntó el de


menor estatura, mientras desataba al rubio. Él se encogió de hombros.
—No sé, parecía divertido. Oye —Miró a la felina con ojos hambrientos
de deseo—, ¿no te gustaría unirte a mi lindo club? Puedo darte un trato
especial…
—Lo siento, pero el trato era solo permitir la entrada de Tesla aquí…
—dijo ella, asqueada—, no perder mi vida y mi dignidad.
—¿Por qué apoyas esta causa estúpida? —Esta vez fue Tesla quien
cuestionó, curioso— Los comunes son los únicos imbéciles que creen poder
vencer a los lunars. Los villed y bestias puras se atienen a su papel de
presas y viven la vida.
—No voy a contestar a eso.
—¿Y por qué no? ¿Hay algo que estén ocultando? —Hayato sonrió
más ampliamente— Porque me parece que algo traman para tener los
huevos de tratar de matar a Tesla…

—Sí… —Tesla entornó los ojos.

—Eh… soy solo una traidora de bajo mando. No sé absolutamente


nada, si quieren algo más de información, sobornen a los de arriba, ¿sí? Yo
me iré y no volverán a saber de mí…

63
—Bien hecho, chiquita —El blondo le lanzó un fajo de billetes mientras
se iba dando la espalda, con su pequeño mentor a su lado.
—¡No vuelvas a lanzarme dinero como a una de tus putas baratas! —
Hayato le sonrió de lado.
—Son más caras que tu apartamento, querida…
—No me importa. Gracias a mí, Tesla pudo llegar pasando
desapercibido. De no ser por eso ahora mismo estuvieras muerto, rubio
asqueroso.
Frunció el ceño, y Tesla la miró sin mostrar ninguna expresión visible
a través de su máscara. Simplemente dio la espalda y siguió su camino. Una
vez fuera, bañados por la luz de la luna, Hayato miró a su “padre” a los ojos.
—¿Qué?
—¿Por qué no vamos a ver a Maki? Está muy mal ella solita en el
hospital… quizá la presencia de un viejo gruñón como tú le alegre el día.
—Muy gracioso… pero descubrí algo dentro de esa base secreta de
comunes racistas.
—¿El noviecito de mi hermana no está metido en eso?
—No, hace años no se mete en esas cosas.
—No me gusta mucho su relación…
—¿Hermano menor celoso? —Tesla se burló, y el blondo hizo una
mueca molesta. Antes de que pudiera contestarle, el enano tomó otra
dirección y se desapareció entre la gente. Nadie pensaría que se trataba de
un terrorista armado con drogas y armas de fuego…
Hayato suspiró y por fin le hizo seña a un taxi, que lo llevó al hospital
donde su hermana estaba descansando. Se bajó y deambuló por el jardín
antes de entrar. Al ingresar en el edificio, el olor de las medicinas y el yodo
inundó su nariz, haciéndole retraer su cara en una mueca. Miró el ascensor
antes de dirigirse al mostrador donde una enfermera muy linda lo atendió
con una sonrisa dulce.
—¿En qué puedo ayudarlo, señor?
—Me gustaría encargar un ramo de flores para adornar esta bella
sonrisa que me dedica… —Sonrió coqueto, moviendo la oreja de sus
piercings de arriba abajo—, y saber dónde se encuentra una paciente que
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llegó aquí ayer en la tarde y se está recuperando del misterioso ataque del
monstruo que todos vieron en la televisión.
—Por supuesto —Sacó de un cajón diferentes archivos, al parecer
recientemente actualizados—, ¿cuál es el nombre de la paciente?
—Maki. Maki Yamato, nombre asiático, cuerpo de diosa griega y
carita de ángel. Tiene pelo blanco y una cicatriz en el ojo.
—Oh, sí. Su estado no parecía muy grave a simple vista, pero lo que la
mandó a cuidados intensivos fueron las hemorragias internas y los huesos
rotos. También creí ver algo en su oreja… —Meditó un poco— Su doctor,
Leonard Harrys, está con ella. Me temo que no puede atenderla de
momento…
—¿Por qué hemorragias y huesos rotos?
—Las transformaciones forzosas hicieron que su cuerpo quedara en
muy mal estado…
—¿Está en operación ahora?
—No… no creo. Permítame —Cogió un teléfono a su izquierda y marcó
un número. Tras un par de segundos, y un corto intercambio de palabras
con alguien, lo colgó y le entregó un papel a Hayato, quien lo miró curioso—.
Firme aquí, y ponga sus datos en las líneas marcadas. Podrá ir a visitarla
cuando termine.
—Gracias, linda —Sin avisar, se inclinó hacia ella y le robó un beso.
Sonriendo, se alejó tras dejar el papel. La jovencita se sonrojó furiosamente.
El rubio subió al ascensor y marcó el cuarto piso. Iba acompañado de
un gran hombre hipopótamo junto a un caballo. Nunca le había gustado la
compañía de comunes herbívoros. Para él, todos eran unos victimistas.
Mantuvo la boca cerrada durante los pocos segundos que duró su trayecto
conjunto, y los vio bajarse en la tercera planta. Aliviado, se permitió relajarse
el resto de su corto viaje.
Vio el letrero que decía “Salón 12” sobre la puerta de cuyo interior
emanaba el olor de la medicina, desinfectante, sábanas limpias y su
hermanastra. No estaba seguro en qué estado la encontraría, pero tenía un
ínfimo miedo de verla en estado crítico. Aunque si el hospital le permitía la
visita, significaba que estaba estable. O eso quería pensar. El hecho de que
Tesla intervino de (muy) lejos para enfrentar a aquel monstruoso perro, le

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helaba la sangre. Maki no era débil físicamente, pero su cuerpo, sin
nutrientes apropiados, no podía funcionar muy bien…
El hecho de poder perder a su hermana no le gustaba.
Abrió la puerta con temor a encontrar lo peor postrado sobre la cama,
pero solo vio un montón de cables conectados a la albina, quien, aunque
despierta parcialmente, veía el techo con tedio. La televisión no estaba
encendida.
—Hola, Maki, ¿cómo has estado aquí? —preguntó suavemente
mientras se sentaba en una silla frente a la cama. Ella no contestó, pero sí lo
miró de reojo— Supongo que no te ha atendido ningún enfermero realmente
guapo si estás así de aburrida… supongo. Ella siguió en silencio, pero
mirándolo.
—Bueno, vine a verte, pero no te traje nada porque supuse que no
querrías un chocolate en tu estado —Hizo una pausa mirándola a los ojos,
tan apagados—. Tienes que comer, y recuperarte. Llegaré a negociaciones
con el hospital para que te den la mejor carne especial para que te cures
pronto. Y me contarás qué diablos te atacó… porque Tesla no me piensa
decir una mierda.
—¿Señor Yamato? —La voz grave de un hombre interrumpió el
agradable silencio de la sala. Hayato se volteó a ver a un hombre mapache
que sostenía unos documentos.
—¿Quién…?
—Soy el doctor Leonard Harrys. Un placer conocerlo —Extendió su
mano y Hayato se levantó y se la estrechó con respeto—, ¿es familiar de
Maki?
—Ah… sí. Somos medio hermanos. Soy Hayato, aunque ya debió de
verlo en un papel que firmé en la recepción.
—Sí. ¿Le preocupa la salud de su hermana?
—¿Debería?
—La verdad sí. Su oreja fue desgarrada, y por poco también el
tímpano. Se salvó por poco, y la herida de su ojo solo fue superficial, así que
no corrió peligro su visión de forma permanente.
—¿Podrá oír sin problemas, no?

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—Sí… pero el problema principal radica en el “síndrome de Leonorr”,
aunque supongo que ya lo sabe.
—No come bien, sí.
—Su cuerpo se trasformó rápido y de forma abrupta al huir de esa
cosa. Además, corrió mucho y se regeneró un poco. Su cuerpo usó mucha
transcoproteína de reserva. Ya no le queda mucha.
—Comer más…
—No, comer más no hará mucha diferencia ahora. Su hermana está
grave, podría decir que muriendo lentamente, como si se tratara de cáncer
—Hayato normalmente mantenía un porte calmado y relajado, pero bajó las
orejas y expresó miedo en su rostro.
—¿Qué se puede hacer?
—Comer es algo que la ayudará un poco, pero realmente no hará
mucha diferencia. Su nanatsu es sano y poderoso, y según me había estado
diciendo, le daba carne casi a diario sin que lo notara. Eso le había dado una
mayor fortaleza.
—¿Y entonces?
—Pues algunos suplementos deberían de ayudarla. Y, por supuesto,
transformaciones más que moderadas. Restringidas, de ser posible. Aunque
hay una solución simple, pero no creo que ella acceda. —¿Cuál?
—Cacerías. Por muy absurdo que suene, la adrenalina hace a los
lunars más fuertes, reduce el dolor de las transformaciones y fortalece el
vínculo amo-nanatsu. Realmente es muy útil.
—¿ Pero qué pasa con su estado físico…?
—Al comer algo estando lleno de adrenalina, el cuerpo lunar absorbe
transcoproteínas con mejor eficiencia. Mejoraría más rápido porque la carne
cocinada o que lleva días en un congelador reduce mucho la cantidad de
transcoproteína que puede sacar quien se lo come.
—Cazar, eh… realmente no creo que acceda.
—Es eso o morir lentamente, cada vez más débil y pasando de
depredador a presa —Le puso una mano en el hombro al blondo—. De lunar
a otro, los comunes están enloqueciendo. A todo aquel lunar que vean
vulnerable lo atacarán, o lo matarán.
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—No sé qué hacer… Maki no va a cazar…
—¿Al menos carne de recién cazado no le pueden llevar? Cruda y
fresca, algo le podrá sacar.
—Supongo… —Miró a su durmiente hermana, observando su pecho
subir y bajar al ritmo de su calmada respiración—, ¿cuándo le darán de alta?
—En unas dos semanas debería mejorar por completo.
—¿Su nanatsu sabe?
—Aún no, estoy esperando a que pasen dos días más, a ver si su
estado se mantiene estable o si tiene una recaída como anoche.
—Gracias, doctor.
—A su servicio, hijos de Tesla.
Con una sonrisa educada, Hayato se despidió y salió del cuarto de
hospital. Estaba algo asustado por la situación de Maki, porque sabía que
ella no era muy sensata por creerse moralista. Ella no iba a aceptar de
buenas a primeras matar a una persona inocente, aunque si se tratase de un
asesino en serie…
Eso podría funcionar.
Sonriendo por su reciente nueva idea, Hayato se montó en un taxi al
salir del hospital.
Una vez en el Mercado, de nuevo, sabía que antes de comentarle su
reciente plan a Tesla, tenía algunas cosas que hacer. Primero, se dirigió al
prostíbulo Flowers, su hogar, y de ahí agarró su Ferrari y salió de su zona del
Mercado, yendo a la parte de Tesla, una zona que era rica en grupos de
mafiosos.
Había grupos por especies o razas. Era una gran diversidad. Ahí, el
tráfico de armas y drogas era la principal razón de estar de todos ahí. Por
esos motivos su economía se movía. Había ido ahí por una sola razón, y era
reunirse con el jefe de la “Mafia Reptiliana”, un grupo de hombres reptil que
controlaban la mayoría de las armas que circulaban por ahí. El jefe, el viejo
Sam, era un aliado de Tesla desde que llegó.
Al ver el deportivo rojo, los reptiles afilaron sus miradas verdosas. El
viejo Sam, que estaba en el porche de su guarida, sonrió de lado al ver el
pelo rubio de la cola de Hayato saliendo de su característico coche de lujo.
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—Pero si miren quién es, el niño estrella del enano gruñón… —saludó
el gran hombre caimán, mientras mordía parcialmente su cigarrillo. Abrazó
al lobo con entusiasmo, quien movió un poco la cola, algo feliz de ver a su
viejo “tío”.
—Hola para ti también, Sam —Saludó con su típica sonrisa ladina—.
La sangre fría sigue intacta en tus venas. ¿Es que no piensas morir nunca?
—No, amiguito. Los reptiles somos eternos, no como tu ridícula
especie de sangre caliente y pelo en el culo que llaman cola.
—Ya veo… ¿has visto a Tesla por aquí?
—Tesla no viene por aquí, Hayato. ¿Por qué de repente esa pregunta
estúpida?
—De hecho, si vino hoy, señor —dijo un joven, que no podía tener más
de quince años. Sam alzó una ceja—. Hace dos horas.
—¿Y por qué nadie dijo nada?
Hubo silencio.
—Está actuando raro ese enano —murmuró el caimán—. ¿Tiene que
ver con ese ataque del que todos hablan?
—¿Qué comentan por acá?
—Un informante dijo que era un monstruo. Un perro gigantesco de
tres metros que atacaba a una niñita. Era horrendo y feroz. Rápido y… no sé
qué más.
—Oh, vaya… ¿tú no lo viste?
—Estaba en Texas para ese momento. Volví anoche. ¿A qué viniste,
star boy?
—Tesla está bastante nervioso… no sé bien por qué, pero el ataque
algo tuvo que ver. ¿Crees que le tema al monstruo?
—Si Tesla le temiera a algo… ¿eso no lo haría igual de mortal que
nosotros? —bromeó Sam, y Hayato sonrió igual de divertido. El hombre
mayor miró al suelo— Solo pensarlo me da escalofríos. Nunca creí que ese
enano pudiera temerle a algo, o a alguien. ¿Qué tan fuerte tiene que ser esa
cosa?
—No sé, por eso venía a preguntarte otra cosita…
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—¿Qué? —Encendió otro cigarrillo y se lo llevó a la boca. Exhaló humo.
—¿Tenías dos nanatsus dragonoides para vender, no? —El caimán
sonrió ampliamente, borrando todo rastro de preocupación.
—De hecho, descubrí otro más. Anoche, por las carnicerías vi a un
hermoso nanatsu dragonoide. Rubio y con púas en la cola, tan sano y
varonil… parecía pertenecer a un lunar poderoso. Lo capturaré esta noche,
¿lo quieres?
—Ese del que hablas… ¿es de ojos azules? —Asintió, sin comprender.
Hayato oscureció la mirada y le dedicó unos ojos homicidas que no usaba
mucho— Te agradecería que no lo toques. —¿Por qué esa cara… eh? ¿Es de
Tesla acaso? —El rubio se le acercó hasta que ambos pechos se tocaron. La
diferencia de altura era mucha, pero el menor seguía siendo intimidante,
sabiendo imitar los ojos vacíos y carentes de alma de su padre adoptivo.
—Solo no lo toques. Es de una… preciada amiga mía.
Sam enseguida lo tomó del cuello de la camisa, enojado
notoriamente.
—Oye, si es por una de tus putas, no pienso ceder. Mi negocio
principal es la compra venta de órganos y gente, y no voy a dejar ir peces
gordos porque al niño mimado se le ocurre ser sensible con una mujer que
le da el culo por dinero. Así que o lo compras, o no es tuyo —El blondo hizo
una mueca de desagrado.
—Es de la hija de Tesla, ¿sí? No te aconsejo que lo toques, o te van a
cortar las manos como mínimo.
—¿Ahora resulta que Tesla adoptó a una de tus mujeres? ¡JA, JA, JA,
JA, JA! Sí que cayó bajo ese enano, ahora solo es un anciano blandengue al
que algún día matarán.
Unos disparos hicieron que Sam, aun agarrando al rubio por el cuello
de su camisa, volteara a ver el origen de tal escándalo. Sus hombres
estaban en el suelo, unos pocos muertos, la mayoría con heridas menores.
Lo primero que vio el gran caimán fueron los enormes caninos inferiores
que sobresalían de la boca de Ah, mientras que Un apuntaba con una pistola
silenciada hacia su cabeza. De haber sido mamífero, Sam hubiera bajado
las orejas.
—Ah… Un… —Automáticamente soltó a Hayato, quien se ubicó de

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espaldas a los hombres oso. Aunque los matara a los tres en ese instante,
porque podía, sabía que las consecuencias serían horrendas. Tesla, por más
vejestorio que fuera, era un depredador experto en atrapar escoria que no
consideraba buena para el negocio. Era muy conocido en todo el mercado
que tocarle un pelo a Hayato o a sus guardaespaldas era una sentencia de
muerte asegurada, y no una precisamente rápida.
Por tal razón, detuvo con un gesto de su cola a los francotiradores a
pocos metros de distancia sobre ellos. Conocía las consecuencias de hacer
enojar a Tesla, su pierna derecha latía recordándolo. Cerró los ojos, y
suspiró.
—¿Por qué diablos una mujer te preocupa tanto? ¿Tienes tu etapa de
rebeldía adolescente con seiscientos años? —dijo, tratando de calmar el
asunto.
—No es solo una mujer, realmente es importante para Tesla, así
como lo soy yo.
—¿Otra niña mimada? ¿Para qué otro pará… —Un gruñó— para qué
otra “tú”?
—Pregúntale a él. Tienes suerte de que realmente no llegaste a
hacerlo, sino él mismo hubiera venido a hacerte una visita —Se encogió de
hombros—. Y ya que estás tan grosero, haz que tus hombres investiguen a
esa cosa que atacó a aquella chica. Quiero resultados dentro de una
semana.
Gruñendo, Sam no tuvo de otra que aceptar.

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7

Nikolai miraba a Maki postrada en la cama de hospital. Con los ojos


débilmente abiertos. Había estado muy preocupado por ella, averiguando en
las noticias sobre el estado de su amiga. Poco había podido ver más allá
que noticias vacías sobre “bien”, “mejorando” o “mal”, así que se vio
obligado a ver a Ghunter, aunque le tenía algo de miedo.
Él tampoco la había visto en ese entonces, y entre ambos unieron
fuerzas y dieron con Tesla directamente, quien, muy irritado, les dio la
dirección del hospital y las indicaciones adecuadas para que la seguridad no
los confundiera con prensa disfrazada. Al estar arriba, al oso le había
llegado una llamada de su madre, y tuvo que irse. Completamente solo,
Nikolai había recorrido el pasillo y había llegado al fin a la habitación número
doce.
Cuando entró el olor de las medicinas le atiborró la nariz. Cerró los
ojos, adaptándose al mismo, y, al abrirlos, vio de lleno a Maki, tumbada.
Estaba más frágil de lo que podía ver en las noticias. Abrió los ojos, azules
pero apagados, y lo miró con una expresión que a él le rompió el corazón.
—Hey… sigues viva, eh… —bromeó Nikolai, mientras le acariciaba la
mano, conectada a una infinidad de tubos de plástico que se perdían en una
esquina de la habitación.
Ella no contestó, pero si sonrió un poco. Nikolai sabía que quería reír,
pero le era imposible. Reparó en la cicatriz de su ojo, y luego en su oreja.
Estaba desgarrada, y era un milagro que aún la tuviera todavía. Bajó las
suyas, y su cola se removió en el suelo.
—Dios mío, pero qué te han hecho… ¿no sabes por qué razón te atacó?
—Ella solo lo miraba, en silencio. Tenía una ligera idea, pero volteó la
cabeza y miró al techo, incapaz de decir algo, o al menos eso pensaba él.
—La policía sigue buscando qué diablos fue esa cosa… —murmuró la
albina, arrastrando las letras— Tesla parece saber pero no quiere decir…
—¿Puedes hablar…? ¿No te duele o algo?
—¿Por qué debería? Realmente solo es incómodo —Sonrió, soltando
un sonido ronco, que luego él reconoció como una risa—, todas estas
drogas solamente me alivian el dolor y me duermen.

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—Qué bueno… —Apretó su mano con un cariño que ella no sabía que
tenía— me alegra saber que no moriste. Ese monstruo no parecía tener
intenciones de dejarte viva.
—Espero que muera en algún rincón… Tesla le disparó y lo cegó. Si
tuvo suerte, lo persiguió y lo mató.
—¿En serio?
—No, si estuviera muerto sería noticia. Veo el programa cada noche.
—Oh… ¿por qué crees que no lo mató?
—No sé. Tesla es misterioso —Hizo una pausa y luego volteó a verlo—.
¿Cómo está Roger?
—Preocupado por ti. Lo dejé en casa, y le pedí que ordenara pizza
para cenar. Si saliera con esa cosa suelta…
—Mejor así. Ningún común está seguro… ni siquiera los lunars lo
están en las calles. Deberías haberte quedado, ¿por qué viniste tú solo?
Podrían comerte por ahí.
—No vine solo. Tu amigo el oso me trajo.
—¿Ghunter?
—Sí. Ambos hablamos con Tesla y nos guio hasta acá. Los medios
no revelaron nunca tu paradero.
—A los pocos periodistas que me encontraron Tesla les hizo un hoyo
en el cráneo, porque teme que esa cosa me encuentre viendo noticias u
oyendo radio en su caso…
—Tiene sentido. Aunque el método…
—Es así, déjale… —Apretó su mano, haciéndolo reaccionar. Ambos se
miraron. Hubiera sido una escena mucho más linda si Maki no tuviera una
mascarilla para poder respirar.
—¿Cuándo podrás irte?
—Cuando mejore dentro de una semana. Tuve una recaída hace unos
días y los doctores me vigilan mucho desde entonces.
—¿Recaída cómo?
—Pues uno de los medicamentos casi me mata. Tuvieron que
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estabilizarme. Se me había parado el corazón, ¿no es genial? — Nikolai la
miró, horrorizado.
—¿Se te paró… el corazón…? ¡Pudiste haber muerto! ¿¡Qué doctor de
mierda hace que un medicamento casi mate a un paciente!?
—Cálmate… estoy viva. No soy un fantasma.
—Pero pudiste…
—No lo estoy. No fue culpa del doctor, la medicina fue implementada
por Tesla, quería ayudarme con un suplemento que Hayato consume.
—¿Cuántos años no lleva drogado tu hermano? No sabes, no sé. Si
vive con ese enano loco, lo normal es que sea resistente a todo tipo de…
cosas.
—La medicina me iba a ayudar a controlar el hambre. Hayato apenas
y necesita comer carne, y está mejor que yo.
—¿Y por qué esa reacción tuya?
—No lo sé. No sé por qué mi cuerpo rechazó eso… pero bueno, al
menos ya estoy bien. Pronto me harán una prueba con un medicamento
diferente…
—No lo harás —afirmó Nikolai, bastante seguro de sí mismo mientras
hablaba—, no te vas a volver drogadicta aparte de ninfómana y alcohólica.
Además, podría ser más peligroso…
—Eh… no tengo relaciones hace como tres meses y no me masturbo.
—Pero sigues bebiendo.
¿Y quién no lo hace cuando está estresado por los problemas de la
vida? —Ella alzó levemente su oreja sana, e hizo una mueca— Tú y Roger no
cuentan, hablo de ciudadanos normales.
—No todos tienen una dependencia de una botella, Maki. No hablo de
mí, hablo de millones de personas sin problemas de alcoholismo. Quizá la
persona que escribe tu vida no lo haga, tú no lo sabes.
—Ni tú tampoco. Quizá sea un cocainómano, o un mafioso en
potencia —Le sonrió con burla.
—El punto es… que las drogas no son la solución a los problemas,
Maki… puedes apoyarte en mí, o en Roger, o en tu amigo. ¿No somos
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buenos?
—No digo que sean la solución. Son un alivio para mi hambre… es un
instinto horrible. ¿Siquiera sabes lo que se siente ese sentimiento? ¿Sabes
lo que se siente… matar a alguien y no querer hacerlo?
Ghunter entró entonces, y le dedicó una enorme sonrisa. Estaba feliz
de verla bien, y ella se obligó a calmarse. Nikolai guardó silencio, dejando
que el gran hombre oso la abrazara. Tras eso, él tuvo que retirarse, porque
tenía trabajo. Nuevamente estuvo sola con el lobo de pelo castaño.
Su ritmo cardíaco aumentó, y unos pitidos avisaron al instante a un
par de enfermeras, que rápidamente entraron a estabilizarla. La cara de la
albina había mutado a medias a su forma lobuna, y las enfermeras
aumentaron algo en su sistema que la puso a dormir. Nikolai salió
sintiéndose algo culpable por haberla alterado en un instante. Se preguntó
qué pasaría si Tesla de alguna bizarra manera se enteraba. ¿Lo mataría? Y
de ser así, ¿de qué forma?
Negando con la cabeza, trató de no pensar en que Maki moría por su
culpa, y se fue a casa caminando bajo el cielo nublado. Mientras iba por las
calles, observaba a sus alrededores, curioso. Era cierto que los comunes,
bestias puras y villed (las presas) se veían agitados y nerviosos, esquivando
las miradas de los desconocidos. Los lunars, aunque siempre habían
destacado por tener gran seguridad al ir por la vida, se veían igual,
temerosos de algo, quizá por aquel monstruo que doblegó a Maki y la llenó
de terror. Nikolai no quiso imaginarse siendo atosigado por aquella cosa
que todos desconocían, pues el miedo que pasó Maki fue tanto que la hizo
salir corriendo mucho antes de siquiera plantearse la idea de enfrentarlo.
“Los lunars con miedo aumentan el pánico de los más débiles”, había
oído en un viejo programa cuando iba a la universidad. Y ahora que lo
estaba viviendo, se daba cuenta de cuánta razón tuvo esa señora. Estaba
asustado por saber que había algo que podía doblegar a sus depredadores
naturales. Tesla parecía asustado también, al parecer. Era una situación
anormal y desquiciante para cualquier presa.
Al llegar a casa, Roger lo recibió moviendo su colita canina y
mirándolo con aquellos profundos e inocentes ojos negros… —Hola, Niko.
¿Cómo está Maki? ¿Mejoró algo? ¿La darán de alta pronto…?

—Quizá. Estaba bien, hablamos un poco antes de… —Se planteó decir
lo último que provocó, y se abstuvo de decirlo— que unas enfermeras me
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echaran para hacerle unos chequeos de rutina. Me dijo que pronto estará
bien.
—¿Se veía realmente bien? —El perro lo miró como si no le creyera.
Nikolai sonrió.
—Dijo que un ataque cardíaco era genial, sigue siendo igual de idiota.
—Oh… entonces está mejor de lo que dicen en las noticias. Hace dos
horas, cuando saliste, en la TV habían dicho que quizá no tuviera
esperanzas de vida esta semana… ¿mintieron los medios?
—Bueno, tengo entendido que su padre adoptivo es poderoso. Quizá
quieren hacerle creer al enemigo que se murió para que no la vuelva a
perseguir por las calles sembrando pánico, ¿no?
—Tiene sentido —Le puso una mano en el hombro—, ¿comemos pizza?
Ordené tu favorita: de atún.
—¿Mi favorita? Es tu favorita, Roger… —Rio, moviendo la cola— Pero
igual es disfrutable. Me gusta el pescado… a veces.
—Está en una pizza. Todo lo que está en la pizza sabe bien.
Menos la piña. —Menos
la piña.

Chocaron los puños mientras sonreían como niños. Para Nikolai,


Roger era mucho más que su amigo, era su hermano y de a ratos su hijo
pequeño e inocente que no conocía nada del mundo exterior.
En la noche, hicieron una video llamada con su amiga encamada.
—¡Hola, Maki! ¡Soy yo, Roger! ¿Me recuerdas? —Sonrió él al portátil,
mientras que la albina se reía.
—Claro que los recuerdo a los dos… No tengo ninguna enfermedad
rara o algo. ¿Cómo han estado ahí en casa?
—Bien, estamos comiendo pizza de atún a todas horas —Nikolai hizo
una extraña mueca—. ¿La comida del hospital es decente?
—El otro día me comí un pudín, y Ghunter me trajo una barra de
chocolate de la tienda de regalos. La comida pesada me la trae
personalmente Lucifer o Tesla… estoy comiendo bien, no te preocupes.

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—¿Segura? He oído que la carne del hospital no es muy buena…
—Es buena porque Tesla hace su trabajo de ser un auténtico
explotador de gente. Estaré bien.
—¿Cuándo sales? —preguntó Roger, alegre.
—Pues… quizá en dos días, quien sabe.
—¿No era una semana? —Nikolai bajó las orejas.
—No… uno de los medicamentos de Tesla me hizo bien y ya estoy
prácticamente en forma. Solo debo unos días más de rehabilitación…
—Pero…
—Estoy bien, pero ya debo irme, hasta pronto, chicos.
Colgó y Roger suspiró aliviado. Se fue a dormir tras despedirse,
dejando a Nikolai sentado en su cama, con el portátil apagado sobre sus
piernas, mirando al vacío. Estaba algo (muy) preocupado por ella, ya que lo
que había contado antes no era precisamente alentador… «Ella cree
(estúpidamente) que un paro cardíaco es genial…»
Durmió con la incertidumbre de que realmente hubiera una mejoría,
pero nada podía hacer.

Pasaron los dos días más rápido de lo que creyeron, y Maki, en efecto,
llamó a ambos para avisarles que ahora estaría en su casa, de nuevo,
perfectamente bien, y bajo un plan de medicamentos de Tesla que la
mantenían sana y tranquila. Amablemente les pidió que se pasaran a verla, y
Roger aceptó de inmediato. Nikolai titubeó pero al final accedió.
Una vez en la gran casa, ambos chicos se encontraron en el porche
con Ghunter, quien los saludó sin muchas ganas.
—Los hombres oso son muy grandes —comentó Roger, fascinado
con los dos metros del pelinegro—, ¿comen mucho para ser así?
—La miel es suficiente —dijo Ghunter, sarcástico.
—¿En serio?
—Hola, chicos —Maki sonrió bajando las escaleras. Su cola se movía
expresando alegría. Mucha alegría—, que bueno que pudieron venir.
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—Pensaba que éramos solo tú y yo —El oso no dudó en expresar su
descontento.
—Acabo de salir del hospital. No pienso tener sexo en unos meses
más.
—No pensaba eso… maldita ninfómana.
—Chistoso —Miró a los otros dos y volvió a sonreír—. Chicos, gracias
por venir a verme… aunque a ti, Niko, te había visto hace dos días en el
hospital.
—Supongo —Él se encogió de hombros—, me alegro que te hayas
recuperado. ¿Las medicinas hacen su trabajo correctamente?
—Pues claro. Tesla las probó con un par de desafortunados antes
que yo, normal que funcione. De todos modos, ¿no quieren pasar? Luci les
tiene un almuerzo fenomenal.
¿Qué clase de almuerzo? —Roger la miró interesado.
—Filete del bueno. Marinado y delicioso.
—¿Filete normal? —Ghunter preguntó, aunque Maki sabía que era
para incomodar a Niko. Tenía un fuerte sentido de autoridad sobre ella.
—¿Qué clase especial de filete hay? —preguntó el perro, claramente
dudando. La albina miró al oso con una expresión claramente molesta.
—Uno que él se prepara. Queda muy bueno —respondió ella, dando la
espalda—. Pero la cocina de Lucifer rivaliza con fuerza…
—Hablando de eso, ¿quién es Lucifer? —preguntó, muy dudoso, Roger.
El mencionado salió con un chistoso conjunto de una camiseta abierta, unos
pantalones rojos moteados con patitos de goma, un gorro de chef y la tapa
de una sartén en la mano a modo de escudo.
—Soy yo, ¿por? —dijo el nanatsu, quitándose el gorro de chef, y
dejándolo sobre una mesa. Su pelo plateado y dorado brillaba por grasa y
sudor.
—Wow… ¿qué animal eres? —preguntó Roger.
—Soy un… ah… ¿nanatsu dragonoide?
—¿Drago- qué?

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—Solo soy un lagarto, déjalo —Le extendió su gran mano paliducha.
—Oh, un lagarto, sí —Con una sonrisa correspondió el apretón de
manos—. Bonito rubio, ¿es natural?
—Ah… sí —Sonrió incómodo Lucifer, y Maki solo tomó asiento en una
silla. Ghunter y Nikolai la siguieron, sentándose uno a la izquierda y otro a la
derecha. Roger ni se enteró, porque pidió direcciones para no perderse
encontrando el baño.
Desapareció por un pasillo que le indicó Lucifer, y Nikolai aprovechó
para hablar con un poco más de libertad, aunque intimidado por la presencia
del enorme hombre oso frente a él.
—Maki, ¿qué diablos estás tomando ahora? —cuestionó, algo
disgustado— ¿Productos probados en “pobres desafortunados”?
—Tesla es cuidadoso con sus drogas, aunque sean experimentales.
Esas pastillas hacen que mi hambre ceda mucho más que antes, no tengo
que comer muy seguido, y me siento más revitalizada que nunca.
—Pero Maki, son drogas experimentales…
—¿Y? No voy a morir ahora si no lo he hecho en no sé cuántos años…
—Pero…
—Pero nada, no te preocupes, no voy a morir por una tontería así…

—Maki, yo realmente estoy preocupado por ti.

Ella, en un arranque de… algo (locura se queda corto), se extendió


hacia él, lo jaló del cuello de su camisa y lo besó inesperadamente. Ghunter
abrió la boca, sorprendido notablemente.
—Para que dejes de preocuparte por tonterías.
Nikolai se puso rojo como un tomate y la apartó violentamente,
cayendo estrepitosamente sobre la silla, que se tambaleó un poco. El
pelinegro miró a Maki con una mueca de clara incomprensión y ella se
relamió los labios, encogiéndose de hombros. El gran oso simplemente la
miraba sin poder decir nada, tratando de entender el comportamiento de su
amiga.
Por su lado, Nikolai maquinaba los mil y un motivos por los que Maki
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quisiera besarlo, y ninguno tenía sentido. Ella era el tipo de mujer que solo
anda con gente de su clase, es decir: altos, guapos, con dinero y más
músculo que cerebro. Y estaba cien por cien seguro de que no encajaba ni
de lejos en esa descripción, aunque ella estuviera muy, muy, realmente MUY
borracha. Bajó una oreja cuando ella le guiñó un ojo. Sus casi nulas
experiencias con mujeres no habían sido muy bonitas, porque todas (o la
mayoría) eran demasiado… cómo explicarlo.
«¿Demasiado “mujeres…”? Dios, no, eso suena muy gay…»
Nikolai se había enamorado en la preparatoria de una chica, muy
alegre y particular. De femenina tenía muy poco, y lo reservaba para
momentos muy raros, o para las experiencias que implicaran placer sexual.
Aun así había sabido ser una novia excelente, a pesar de cientos de fallos
que cometió por la inexperiencia de la juventud. Él se había considerado
dependiente de aquella linda sonrisa que, de un momento a otro, se apagó.
Ella había estado pasando por un millón de problemas en aquel
entonces, y eso terminó por causar su muerte. En un ataque de ansiedad, su
corazón se detuvo una noche, y no volvió a despertar. Nikolai había estado
destrozado por meses, incluso llevó todo un año entero llorando la partida
de aquella chica tan especial para él. Luego conoció a Roger, quien lo ayudó
a salir del abismo donde se encontraba, y vio en él lo que más necesitaba en
aquel momento: un gran amigo, aunque ausente en temas como los lunars y
todo eso, por su tierra natal.
Tras un par de años de soledad masculina, conoció a Marla, una
graciosa universitaria de su clase, que, si bien al principio había sido una
chica que consideró atractiva (tanto física como internamente), pronto se
dio cuenta de que no la quería. Él quería a su antiguo amor de instituto, y se
dio cuenta la vez que durmió con ella. No había sido apasionado ni fogoso
como la primera vez, y terminó más frustrado que a la hora de empezar.
Tras Marla hubo dos chicas más, con las que ocurrió lo mismo, o al
menos, algo bastante similar. Nikolai, desde entonces, había dejado atrás
todo lo referente a las relaciones y se había enfocado primero en estudiar y
graduarse de la universidad, y luego en trabajar para ayudar a Roger, su gran
hermano de otra madre, a salir adelante en un mundo sangriento y lleno de
predadores.
Maki le recordaba a aquella chica, por mucho. Si bien ella no había
sido promiscua, millonaria, y mucho menos tan hermosa como lo era la
albina de ojos azules, tenían un parecido increíble. Por muy bella que Maki

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fuera en el exterior, compartía tanto con ella que, para Nikolai, era como
estar viendo una versión nueva, mejorada y exitosa, de su antiguo amor.
Había estado luchando por no equivocarse de nombre cuando hablaba por
teléfono con ella, ni de pedirle un beso de buenas noches, o de decirle que la
echaba de menos, o llorar en su hombro cuando accedía a aceptarle el
abrazo.
Nikolai se sentía confundido cuando Maki actuaba como ella, y
quería obligarse a olvidarlo. Había pasado por mucho para superar aquella
tragedia que no se perdonaría revivir un bonito recuerdo en una ninfómana
que amaba a los hombres más que cualquiera. El beso le había sabido a un
par de cosas: miel dulce, saliva ajena y confusión latente. No había sido algo
familiar, pero tampoco desagradable. Quería más inconscientemente, pero
sabía que corresponder haría que Ghunter saltara de su silla y lo degollara
con un tenedor o un cuchillo de mesa.
Él y el pelinegro se miraron a los ojos por un momento, y al parecer el
oso estaba entre furioso y atontado. Vio como Maki se encogía de hombros,
como una niña pretendiendo salir impune de una travesura.
—¿Pero qué acabas de hacer? ¿Vas por la vida besando tipos al azar?
—Ghunter, no ha sido un tipo, ha sido él —Señaló a Nikolai con una
obviedad muy rara.
—¿Yo? —Se auto-señaló con el dedo el castaño, dudando de cada
sílaba que salía de la boca femenina— ¿Pero qué hice yo?
—Nada —señaló Ghunter—, ¿por qué has hecho eso?
—Me ha salido de donde me dio la gana. He querido hacerlo y pues…
lo he hecho. Además, ¿quién crees que eres para creer que puedes
prohibirme cosas?
—Ya… ¿esperas que me creas que besas tipos al azar por la calle? —
El del mechón blanco se cruzó de brazos con una mueca y Nikolai lo miró
confundido.
—¿No lo hace? —Ghunter negó— ¿Entonces qué…?
—Hola chicos —Apareció Roger, y reparó en la cara con complejo de
tomate de su amigo. Frunció el ceño—. Niko, ¿qué te pasó? ¿Te sientes bien?
—Eh… sí, claro. Solamente estoy algo… acalorado por… una pequeña
discusión.

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—¿Por qué? —Tomó asiento, junto a él, y lo miró con aquellos ojos
grandes y negros llenos de inocencia… no era justo— ¿Pasó algo malo?
—Ya terminé la cena —Lucifer sonrió mientras caminaba hacia la
mesa. Dejó un gran plato de porcelana blanca a rebosar de aromática carne,
que además, olía a romero y despertaba el apetito de todos—, espero que
les guste. Y aunque no, se la van a tragar, porque tardé como siete horas en
lograr que todo estuviera en su punto a fuego lento.
—No te preocupes Luci, tu cocina siempre es la mejor —Sonrió Maki
tomando el primer trozo—, y supongo que ellos también la apreciarán.
Ghunter tomó un trozo con fiereza y le dio un gran mordisco,
haciendo gala de sus grandes colmillos de oso, intimidando a Nikolai, quien
tomó un mísero trocito que dividió en otro micro-trozo y se lo llevó a la boca,
incómodo. Roger saboreó la textura suave y crujiente a la vez de la deliciosa
carne cocida con amor y lentitud, y se deleitó por la mezcla de ricos sabores.
—¡Esto está increíble! Merece totalmente la pena esperar siete horas
por esta maravilla.
—¿Tú crees? —Lucifer sonrió orgulloso de su labor— Maki no le tenía
mucha fe al principio… —afirmó con recelo. Ella solamente se relamió los
labios, manchados de salsa.
—Solo decía que no todos tienen el mismo paladar que yo.
—Ni un poquito…
—¿Por qué le has besado, Maki? —Ghunter no aguantó y soltó la
pregunta al aire. Ella siguió comiendo, pero Lucifer la miró por un momento.
—¿Besar a quién? —preguntó el rubio, con una mueca.
—A ese —Ghunter señaló a Nikolai con un gesto de su cabeza y Roger
tosió un ramo pequeño de romero.
—¿¡Qué!? ¿¡Cuándo!?
—Hace cinco minutos —dijo el oso, con un deje ácido en su tono de
voz.
—¿Qué? —Lucifer miró a Maki, estupefacto— ¿Por qué lo has hecho?

—Sí, ¿por qué? —Nikolai se sonrojó mientras hacía la pregunta.

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—Que por qué… —La albina mordió su trozo de carne— Solo lo quise
hacer, ¿está prohibido o algo? Ya dejen el drama, por el amor de Dios…
—No… pero no puedes ir por la vida simplemente besando a gente
porque sí —El castaño trataba de controlar el calor de su cara.
Maki se levantó, apoyada sobre la mesa y puso los brazos como una
cadena alrededor del cuello de Nikolai, quien se sonrojó aún más. Ella lo
miraba con los ojos achinados, mientras movía su cola. Ghunter estaba al
borde de un ataque de rabia, ya fuera por celos o por simple incomodidad,
no quería ver eso. Se obligó a cambiar de tema, ganando de inmediato la
atención de todos. No tenía un tono sarcástico.
—Los ataques de lunars están aumentando mucho. Mucha gente
muere en las calles, y los comunes extremistas están desapareciendo a
lunars, inocentes o no. ¿Qué harás cuando Tesla esté ocupado, Maki? —Ella
dejó de lado su actitud juguetona y se limitó a mirarlo seriamente. Roger se
acomodó en su asiento lentamente, sin querer preguntar mucho. Nikolai al
fin había disminuido por completo el calor de su cara, debido a lo chocante
de la noticia.
Las calles no eran seguras para nada, ni para el depredador, ni para la
presa. Estados Unidos era un caos.
—¿Por qué hablas de eso en plena cena de recibimiento a Maki? —
Lucifer se mostró mosqueado— Hablemos de otra cosa.
—¿Cómo el beso descarado que le acaba de plantar a ese palillo
chino con patas? —El mencionado se ofendió.
—¡Hey!
—No se peleen, por el amor de Dios —La albina miró a Ghunter con
ojos asesinos, y él solo gruñó en respuesta—. Ghun, celoso o no, no hay
motivos para que te pongas así. Si no quieres saber de él, te invito a largarte
de mi casa y volver mañana.
—No te veía tan arpía desde la peleíta con Kyle. ¿Te has enamorado
de este también? ¿O es que también pretendes joderle la relación medio gay
con su compañero de cuarto?
El comentario fue ponzoñoso. Lucifer sintió la sangre correrle por el
cuerpo, y la albina se levantó de la mesa, con la cara a medio transformar.
Furiosa, le gritó al oso que se fuera, y él obedeció, pisando fuerte el mármol
del suelo, ahora cubierto de polvo. Maki se levantó y se retiró también.
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Roger miró a Nikolai preocupado, y éste solamente se levantó y fue tras ella.
Lucifer lo siguió de inmediato.
Maki estaba en el living, mirando la puerta cerrada. Ghunter, en su
ataque de celos ridículos, le había recordado uno de los peores momentos
de su vida: el accidente con Kyle y su novia, Bella. Queriendo borrar el
recuerdo de su cabeza, intentó volver lo más serena posible a la mesa, pero
Nikolai se interpuso en el marco de la puerta, apoyado completamente.
—Vuelve a la mesa, no ha pasado nada… solo estaba… celoso, creo.
—No tienes que fingir estar bien cuando se te nota que no lo estás
realmente. ¿Qué ha pasado con Ghunter? Siempre han sido amigotes…
—Está celoso, enojado, o quién sabe. No entiendo qué pasa por su
cabeza hueca… pero eso que ha dicho ha estado completamente fuera de
lugar. Hice bien en echarle.
—¿Quién es ese amigo tuyo… Kyle?
—Era mi amigo, ya no quiere saber de mí.
—¿Puedo saber qué ha pasado?
—Ahora no, Roger ha de estar esperándonos en la mesa…
Intentó pasar, pero Nikolai simplemente se quedó quieto. Se miraron
a los ojos, y, lejos de un cliché de película romántica, solamente suspiraron.
La albina miró al suelo y se miró los pies, descalzos sobre el frío material.
—No voy a hablar de eso a plena tarde.
—¿Y en la noche?
—¿Qué? —Ella lo miró, genuinamente confundida. Lo conocía hacía
unos meses, y él no era de los que se quedaban en las noches por asuntos
sin importancia, o para hacer bromas o molestar. Lo había besado porque le
gustaba, pero no le tenía mucha fe a la cosa.
—Puedo quedarme contigo esta noche. Solo sí aceptas mis términos
y condiciones, claramente…
—¿Cuáles? —Alzó las orejas con curiosidad.
—Nada de sexo, eso es primordial. No me interesa dormir contigo, y
lo sabes, y… —La cortó poniéndole un dedo en la boca antes de que ella

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exhalara un sonido— antes de que hagas el chiste, es solo que no quiero, no
porque sea gay.
—¿Ni en secreto?
—No. Deja ese chiste ya… —Suspiró— y lo otro es que me digas la
verdad. Aparte de ninfómana sin sentido y adicta a los hombres, sé que eres
una gran mentirosa, así que te agradecería algo de sinceridad. Seremos tú y
yo, nadie más. Lo que sea que me cuentes, quedará conmigo y no pasará de
ahí.
Maki guardó silencio, mirándolo a los ojos, buscando algo extraño en
él. Era un chico mitad bueno de corazón, y mitad malo de cojones. Tenían
una relación agridulce donde se insultaban y compartían pajita en un jugo.
Roger era como su hijo de diez años que apenas y descubría el podrido
mundo que los rodeaba. Ella buscó algún motivo para desconfiar, pero sus
ojos, castaños y oscuros, no mentían, ni buscaban nada malo.
Nikolai le gustaba por eso, y por otros motivos. No sabía bien cuáles,
pero su compañía llegaba a ser hasta relajante en algunas ocasiones. Lo
apreciaba, era cierto, pero confiar en alguien era algo que todavía no había
recordado.
—Vale… —Miró a Lucifer, que estaba parado y en silencio a unos dos
metros, en un pasillo— Se queda a dormir, prepárale alguna habitación de
invitados.
—Vale, ¿al menos puede ser después de cenar?
—Ah, sí, Roger, la cena —murmuró Maki, yendo al comedor.
En la mesa pretendieron que no pasó nada, y solamente hablaron de
cosas banales. Roger se reía para sí mismo, como un niño después de hacer
una travesura, pero nadie dijo nada. Incómodo, Nikolai solamente quiso que
la tierra se lo tragara en ese momento.
¿Por qué le pasaban estas cosas…?

85
8

Para nadie era un secreto que Tesla era un ser pequeño de estatura,
pero con un temperamento horrible y furibundo que desencadenaba
muertes sin sentido a cada rato. Pasaba habitualmente horas encerrado
haciendo quién sabe qué en su laboratorio en el sótano, maquinando cosas
turbias de las que nadie tenía idea. De vez en cuando, Rianna tenía que bajar
a llevarle algo de comer, porque Hayato se preocupaba por él, pero no lo
suficiente como para bajar él mismo.
Ella siempre que tenía esa labor estaba obligada a transitar por unos
pasillos pestilentes, apestosos de muerte y con celdas, donde estaban
encerrados niños mayormente. Niños deformes o con alguna condición
extraña y repulsiva. Según el rubio, eran experimentos de Tesla, a los que
nadie debería de tocar, o siquiera ver. Con ellos probaba drogas que
desarrollaba o incluso los maltrataba por entretenimiento. Rianna le temía
más ahora que conocía ese dato.
Sin embargo, ese día estaba analizando algo diferente, tratando de
distraerse de aquel lúgubre sitio. Miraba con interés la bandeja donde iba la
comida de su pequeño jefe. Se puso a pensar al respecto. Era lo mismo de
siempre: un melón, manzanas rojas (y una amarilla), un plátano y dos
sandías, todo troceado. En un bol, había una ensalada de pepino, lechuga y
tomates frescos untada con vinagre y sal, que olía muy bien. Nunca había
visto a Tesla consumir carne, ¿cómo mantenía su cuerpo sin esos
nutrientes? Siempre comía frutas o vegetales, acompañados de su habitual
jugo de manzana con pajita.
Parecía la comida de un niño pequeño que adoraba las verduras.
Al entrar a la gran recámara (cuya puerta estaba, increíblemente,
abierta), Rianna vio a su jefe trabajando en una especie de arma, parecida a
una ballesta, pero con una flecha… peculiar. Carraspeó, ganando su atención.
—Señor… he traído su comida de hoy.
—Oh, gracias, déjala por ahí sobre una de las mesas.
La pelinegra obedeció, y dejó la bandeja de metal sobre un espacio
vacío. Dispuesta a irse, la sorprendió el tono de voz, grave pero suave a la
vez, del lobo albino.
—Puedes quedarte, si quieres algo de fruta te puedes comer parte de
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un melón. Sé que ahora vas a trabajar durante toda la noche. No debe de ser
sencillo aguantar sin comer, ¿no?
Ella lo miró, buscando el truco, la broma de mal gusto escondida bajo
aquel tono de voz tan… relajado y hasta gentil. Una mueca adornó su cara y
oyó a Tesla riendo, para aumentar su escepticismo.
—No es ninguna broma rara, te estoy hablando en serio. ¿No puedo
ser bueno por un día?
—Eh… —Sin palabras, Rianna bajó sus orejas perrunas y se sonrojó
avergonzada. No podía dar crédito a que Tesla (¡TESLA!) estuviera siendo
amable con ella. Y, ¿por qué con ella? ¿Era una especie de compromiso
social por llevarle la comida todos los días? ¿Era una despedida antes de
reducirla a una mancha de sesos en la pared? No entendía nada… y eso la
aterraba. Conociéndolo, Tesla era capaz de mentir con una fluidez excelente,
para luego simplemente sacar un arma cargada y dispararle sin sentir
absolutamente nada de culpa o dudas. Tesla era un asesino profesional,
más viejo que el Mercado mismo y más malvado que el diablo, seguramente.
Leerlo no era algo posible en ningún plano terrenal o espiritual. Su
risa había sido ronca y extraña. No era una risa malévola cargada de
sadismo, burla o algo similar, era… solo una risa divertida. ¿Rianna era
graciosa?
Ella se puso a maquinar cientos de pensamientos en ese instante.
Para su sorpresa, el albino dejó su trabajo a un lado y se acercó a su
comida. Antes de tocarla, se desabrochó la máscara y luego la puso al lado
de su arma en desarrollo, mostrando su rostro a la loba pelinegra, quien lo
miraba asombrada.
«Tiene… cicatrices por toda la cara. La nariz está repleta de marcas…
de arañazos. Hay una en su nariz críticamente grande que baja hasta su
barbilla…»
Ella seguía sintiendo el hedor putrefacto de los prisioneros al otro
lado de la puerta, y no se sentía capaz de comer en presencia de tan
nauseabundos olores. Ahora entendía por qué él sí podía hacer lo que fuera
sin importar si estaba frente a un millar de cadáveres en una habitación
cerrada.
«Tesla… ¡no tiene olfato!»
—Oiga, señor… —Él la miró mientras pinchaba un trozo de melón con
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un tenedor— ¿no puede oler nada?
Tesla negó, mordiendo la fruta con ansias, como si llevara
esperándolo todo el día. Rianna siguió sorprendida ante su actitud relajada y
tranquila. Normalmente hubiese esquivado la pregunta con su típica
agresividad, pero ahora solo asintió. Ella se preguntó si Tesla también tenía
sus días.
—¿Por qué fue? Si puedo saber, digo…
—Una flecha me atravesó la nariz —Rianna parpadeó dos veces—.
¿Qué?
—¿Una… flecha?
—Una flecha.
«¿Cuántos años tiene realmente…? Mejor no pregunto, esa pregunta
está prohibida…»
—Oh… debió doler.
—Muchísimo en su momento. Sangré durante horas.
—¿Y cuándo se recuperó no podía oler?
—En absoluto. Fue difícil al principio, pero luego me terminé por
adaptar.
La mujer asintió, sorprendida de estar llevando una conversación
bastante normal con su sádico gobernador. Nunca imaginó que algo así
fuera posible con nadie, ni siquiera con Hayato o su hermanastra, sus más
allegados. Mientras él comía su melón, Rianna no pudo evitar bajar los ojos
hacia la fuente de un leve ruido que llenaba el silencio total. La cola, grande
y peluda, de él, se movía armoniosamente, chocando con las patas de la
silla donde reposaba sentado. En su rostro no había ninguna expresión
interesante, pero podía leerse claramente su estado de ánimo gracias a su
cola.
Era… tierno.
«¿Tesla puede ser tierno? Lo está siendo…»
Confundida, Rianna bajó la mirada hacia el suelo, el único lugar donde
su sonrojo (quizá) no sería observado.

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Claramente, se equivocó.
—¿De qué te avergüenzas ahora, Rianna? Tu trabajo debería de haber
forjado a una descarada.
Ella rio sin gracia.
—No juegue con mi trabajo, usted sabe muy bien que ninguna de
nosotras es muy feliz que digamos haciendo lo que hacemos… Pero usted
no tiene sentimientos por nosotras, así que le da exactamente igual lo que
hagamos.
—Supongo que tienes algo de razón, no me importan en absoluto.
Pero eso no explica lo rojo de tu cara.
Era un enano muy listo que no iba a dejar ir el tema.
—Pues… pensé en una vez en las que Hayato fue… tierno conmigo.
Una noche de extraña monogamia —Sonrió apenada, aunque mintió—
. Fue muy lindo.
Tesla dio otro mordisco al melón, sin parar de mover la cola.
—Vaya, ¿Hayato se acuesta contigo a solas?
—A veces. Son casos raros donde está sobrio.
—Muy extraño de su parte. ¿Se habrá enamorado de ti?
—Eso es imposible, señor… Hayato no se enamora de sus chicas,
solo las desea y punto.
—Ya… claramente es inmune a sentirse atraído por una mujer en
especial, ¿no?
—No dije eso… pero sí. Es Hayato, después de todo.
—Ya veo.
El silencio inundó todo y ella se fue unos minutos después. Mientras
caminaba por el pasillo inundado del lobby de Flowers, vio a la distancia la
mano de Hayato elevada, llamando su atención. Fue hacia su amo, sonriente,
y lo admiró mientras bebía una copa de whisky rodeado de mujeres, como
casi siempre. No estaba ebrio, aunque lo parecía.
—¿Cómo está el gruñón ese allá abajo?
—Bien… supongo.
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—Te tardaste en volver, ¿acaso hablaron de algo? ¿Te interrogó sobre
algo que no hiciste? —Parecía genuinamente preocupado.
—No, solo… le pregunté sobre su dieta.
—¿Y te respondió?
—Sí. Puede ser gentil a veces. Yo también me sorprendí.
Estupefacto, Hayato volvió a lo suyo. Tras besar a una chica hiena,
estuvo coqueteando abiertamente con un cúmulo de mujeres. Se llevó a dos
específicamente, y en el camino, arrastró a Rianna a su alcoba. Riendo
cómplice, ella lo siguió engatusada por el aroma a perfume masculino
mezclado con el ardiente olor del alcohol. Él era su amo en la cama, y
ambos lo sabían. A Rianna no le importaba compartir a Hayato con más
mujeres, después de todo, ni siquiera Tesla podía ponerle freno a su libido
inexplicablemente alto, pero lo compensaba siendo su amiga más allá de un
mero acto carnal lleno de placer.
Pensó que era la única que llenaba ese vacío en él, al tener el
privilegio de tener (varias veces a la semana) encuentros completamente
monógamos con él, cosa que rara vez hacía con alguna de las chicas que
había probado antes. Era un hombre que disfrutaba las mujeres de dos en
dos, tres en tres, y diez en diez.
Cuando todas las demás mujeres se habían ido a trabajar con otros
clientes, ella se quedó con él, disfrutándolo para ella sola.
A nada de llegar al éxtasis, la puerta se abrió. Rianna gruñó cuando
su amante se detuvo, y abrió los ojos. Pensó que se trataba de Maki
interrumpiendo en un mal momento, como siempre hacía, pero vio una
figura completamente diferente. Era otra mujer, esbelta y curvilínea. Una
gatita muy coqueta a la que Hayato observaba completamente quieto,
sudado, cansado, pero boquiabierto.
—Hola, primor. He vuelto —dijo la chica, sonriendo con altanería y
moviendo su cola peluda y color miel—. ¿Sabrías decirme donde se esconde
Maki ahora?
El rubio se levantó, sin importarle su desnudez ante esta fémina que
Rianna desconocía. La canina se cubrió el cuerpo con la sábana y los miró
interactuar, en silencio total.
—¿Cuándo volviste? —dijo él, sorprendido, mientras se sentaba sobre
la cama.
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—Hoy en la mañana. Estaba durmiendo y decidí pasar a decir “hola”.
Aunque no vi al viejo gruñón.

—Wow… esto es grande. ¿Qué pasó con tu secta rara? ¿Se disolvió
tan pronto?
—Tenemos una nueva sede aquí en Los Ángeles, o más bien,
recuperamos la que ya antes teníamos…
La felina se sentó al lado del chico, quien no negó su contacto. Ella se
frotó como una gata (qué ironía) contra él, y lo miró con una expresión
coqueta. Hayato la tomó de la barbilla y la miró con unos ojos que Rianna
desconocía. No sabía si escondían algún truco o amor… ¿Hayato estaría
enamorado de esa gata?
Eso la hizo enojar y tener miedo al mismo tiempo.
—Te extrañaba, bombón —murmuró ella contra sus labios, mientras
lo besaba, acariciándole el miembro erecto con sus dedos finos—, en Rusia
no hay rubios tan egocéntricos como tú, ¿sabes? Solo hay grandes osos
fuertotes, pero tras algunos de ellos, llega a cansar de alguna manera… —¿Y
las rusas?
Son una maravilla, querido. Pero un buen macho siempre es bueno
para la salud, ¿no? —Lo besó dejándolo mudo, y se tiró sobre él. Cuando él le
agarró las caderas, la felina se arqueó y le susurró al oído—: Necesito que
me digas dónde está Maki… la extraño, sabes que soy su única amiga…
—Mmm… —La jaló para besarle el cuello de forma seductora y lenta—
solo si accedes a un trío conmigo y mi chiquilla especial.
Sintiendo la dureza masculina contra su entrepierna, la felina miró a
Rianna con ojos depredadores. La chica solamente le devolvió una mirada
neutra y accedió a besarla solo con el pretexto se seguir al lado de su amor
platónico.

Noche. Nikolai y Maki conversaban en el balcón, sentados en unas


butacas impermeables muy cómodas. Las estrellas eran hermosas y las
luces de la ciudad daban preciosas vistas a cualquiera que pudieras verlas
desde arriba. Desde ese segundo piso, la ciudad de Los Ángeles era
perfectamente un paraíso nocturno. El castaño sonreía y Maki parecía
incómoda con su presencia, a la vez que feliz. No lidiaba con sentimientos
anormales como amor, o esas tonterías, pero si con confusión y
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nerviosismo sobre cuándo comenzaría la conversación “real”.
—Oye Nikolai… —Él la miró a los ojos con una inocencia casi igual a la
de Roger— ¿No íbamos a hablar sobre algo…?
El castaño se acomodó y se pasó una mano por el pelo y las orejas
sobre el mismo, para mirarla nuevamente a los ojos. Eran preciosos, y nunca
lo había notado. Maki tenía unos ojos azules muy bonitos, que brillaban con
la luz de la ciudad y las estrellas. Daban ganas de mirarlos todo el día,
aunque seguramente su dueña no estaría conforme con eso. Para hacerla
sentir menos nerviosa, optó por halagarla.
—Tus ojos son preciosos. ¿Legado de tu madre? —Sonrió gentilmente,
pero su expresión se apagó al notar el desánimo que la invadió tras la frase.
No supo qué había hecho mal, pero no la conocía lo suficiente porque Maki
no hablaba mucho de su pasado, mucho menos su infancia o adolescencia.
—Son iguales que los de mi padre —escupió ella, con desdén y hasta
asco—, no me gusta parecerme a él.
—¿Tu pelo blanco también lo heredaste de él? —Sin saberlo, Nikolai
escarbó de nuevo en una zona espinosa.
—Sí.
—¿No heredaste nada de tu madre? —Ella gruñó al oír la pregunta. Lo
miró, como si estuviera furiosa, y el chico bajó las orejas. Intimidado, y
actuando sumiso, trató de disculparse, pero era tarde.
Maki estalló.
—¡No heredé nada de mi madre, y si lo hice no tengo ni idea porque
no la conozco de nada!
El joven se sintió mal por haberla interrogado. Maki no conocía a su
madre, y mencionaba a su padre con odio… algo andaba mal. Pero, antes
que hacerle caso a su curiosidad, decidió bajar la cabeza y acariciar la de
ella con amabilidad. Culpable, la miró incómodo.
—Siento haberte hecho esa pregunta. No me meteré en ese terreno —
dijo, tranquilo y sonriente. Maki pareció calmarse y sus músculos dejaron de
estar tensos— Ahora, ¿por qué no me hablas de ti? Sé que ocultas muchas
cosas, y no tienes que hablar precisamente de tu familia, pero… sí puedes
contarme el incidente con ese ex amigo tuyo, Kyle, ¿no?

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—¿Por qué quieres saberlo?
—Actuaste muy extremista cuando Ghunter lo mencionó. No parece
ser algo muy cómodo.
—Kyle fue mi amigo —dijo ella, y Nikolai guardó silencio—, un gran
amigo. Lo conocí cuando era muy joven, y fue mi mejor amigo y compañero
durante siglos.
«¿Cuántos años tiene Maki…?»
—Vivimos juntos un tiempo en su país en la Parte Independiente, y
luego decidí volver a Estados Unidos porque tuvo algún que otro problema
con sus hermanas… Estuvimos varios siglos sin saber del otro, hasta que de
la nada nos encontramos en un bar. Tuvimos sexo apasionado y sin
compromiso —Hizo una pausa al sonreír, recordándolo—, y luego Ghunter
nos pilló y tuve que decirle de nuestra amistad. Después de eso, estuvimos
saliendo como amigos con beneficios durante algunos años… y luego
conoció a Bella.
—¿Bella?
—Su novia. Me la presentó, y nos hicimos amigas de alguna forma.
No me gusta la compañía de las mujeres, pero ella era carismática y
bastante amigable. Me caía muy bien.
—Oh… ¿luego qué pasó?
—Tuvieron una discusión, y cortaron. Kyle volvió a acostarse conmigo
estando borracho unas semanas después de su ruptura, y yo no dije que no.
Era mi amigo, y nuestra amistad se reforzó con esa noche. No fue
precisamente romántico, pero se sintió más conexión después… Fue raro,
pero nos gustaba a ambos —Hizo otra pausa—. Hasta que volvió con ella. Yo
estaba feliz por ambos, y él en ningún momento me mencionó que ella no
sabía que nos acostábamos… se lo dije en un accidente, estando ebria, y
tuvieron una discusión. Luego Kyle discutió conmigo. Fue horrible —Miró al
suelo—, nos golpeamos en un callejón del Mercado Negro. Tesla y Ghunter
nos separamos, y él me dio la espalda llamándome traidora y mentirosa. No
hablamos desde entonces.
Nikolai se sintió mal por Maki.
—La verdad es que lo echo de menos…
Sin saber qué más hacer, él la abrazó, sorprendiéndola, pero no se

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negó. Sintiéndose valiente de repente, el castaño bajó la cara hasta quedar a
la altura de la de ella.
Y la besó.

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9

—Quería devolverte el favor… o no sé —admitió sonrojado él, mientras


se alejaba. Maki solo lo miraba con curiosidad, era como un adolescente en
el amor. Quería burlarse, llamarlo virgen y poner la cara dura de siempre,
pero le fue imposible.
Nikolai le gustaba como le había gustado Hikky en el pasado. Era un
gusto más allá de lo superficial, y ella lo sabía perfectamente. Pero, al ser
igual (o más) de inexperta en temas de amor genuino, más allá de la carne,
no quería darle mucha importancia. Sintiéndose algo rara, solo lo dejó pasar.
Nikolai lo agradeció en silencio.
—Las estrellas son hermosas hoy —Cambió de tema radicalmente,
sin estar roja ni nerviosa. Él secundó con un asentimiento de cabeza.
—Sí. El cielo desde aquí se ve bien. Los ricos siempre tienen las
mejores vistas.
—Desde el pent-house de mi hermano se ven todavía mejor. Algún día
deberías ir.
Obviando la parte donde Maki le decía abiertamente que visitara un
burdel de la zona más peligrosa de la ciudad, donde miles de hombres y
mujeres se dedicaban a cosas más que cuestionables, Nikolai quiso ver que
la declaración femenina era… ¿tierna? No, imposible, Maki no era tierna… ¿o
sí?
Bueno, sus ojos estaban llenos de luz, al contrario que hacía unos
segundos. Se le veía animada, y él, aunque la había soltado y se mantenía a
un seguro metro de distancia, no quería que volviera a deprimirse. Él asintió,
confuso, pero no se negó de lleno, porque no quería enojarla ni mucho
menos… se sentía bien que ella hablara abiertamente, sin tomarse
restricciones.
—Tus ojos, sin importar su origen, son hermosos —declaró el castaño,
mirándola con una torpe sonrisa—. No tienes que avergonzarte de ellos,
¿sabes?
—Mi padre es un asesino…
—Pero eso no quita que su hija sea una excelente mujer —Aunque
quería quejarse de su ninfomanía, no lo hizo porque Maki parecía

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especialmente vulnerable—. A pesar de todo, nadie es perfecto, ni nada.
—Qué poético… —¡Pero ella sí se podía burlar! La vida era injusta—
¿Roger te enseñó o tú fuiste su maestro del drama?
—Cállate, arruinas el momento —Se quejó él, arrugando la cara en una
mueca molesta.
—¿Cuál momento? No somos los protagonistas de una novela de
romance ni mucho menos.
—Conociéndote, eres más bien la camarera de un bar de mala muerte
donde duermes hasta con los niños que van ahí por accidente… —Se ganó
un golpe en el estómago— ¡Ah! Dije la verdad, no sé por qué protestas. A
menudo te enorgulleces de dormir con muchos tipos…
—Cállate, arruinas el momento —protestó Maki esta vez. Se le veía
irritada, pero Nikolai no paró su sarta de verdades, no hasta quedar
satisfecho.
—Eres una ninfómana, drogadicta, medio alcohólica, promiscua a
más no poder, y millonaria porque eres una mimada de cierto mafioso
enano al que todo el país le teme… ¿me equivoco?
Ella guardó silencio, mirándolo con ojos asesinos. Nunca había
tenido tantas ganas de callar a golpes a alguien, después que a su padre,
claramente… le gustaba y todo, pero era un patán en ocasiones. Uno muy
“golpeable”, en su opinión.
—¿Eres un idiota siempre, o solo conmigo?
—Solo dije la verdad… no me puedes decir que es mentira.

—No lo es, pero no es algo que quiera oír de ti.

—Solo me besaste, ni que eso te convirtiera en mi esposa.


—No quieres hacerme enojar, en serio.
—¿O qué? —La retó— ¿Vas a saltar y comerme?
Ella le gruñó y lo echó a gritos, más que molesta. Luego de eso, se
vistió y salió al Mercado Negro, a beber en el Flowers, oculta de todo y todos.
El local en la noche era ruidoso y saturado de gente. Hayato estaba
muy ocupado coqueteando con una de sus chicas como para preocuparse
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del por qué su hermanastra había ido a mitad de la noche. Ella podía apostar
que el rubio se encontraba borrachísimo, con apenas capacidad intelectual.
Maki bebía un fuerte tequila con… ¿limón? que le había servido el camarero
con una sonrisa forzada. Gracias a Dios, ninguno de los clientes del burdel la
había notado colada ahí. Todos estaban de pie o lejos, detrás de las
trabajadoras.
En la entrada, un trío de jovencitos temblaba, pero de la emoción.
Eran dos carneros y una hiena manchada, que miraban el cartel luminoso de
“Flowers” justo encima de la puerta de ébano tallado adornada con mármol
portugués.
—Finalmente estamos aquí… —murmuró uno de los carneros, uno de
ojos verdes— Pasamos mucho trabajo tratando de llegar aquí.
—Todo sea por nuestro amigo Alex, el cumpleañero del día —dijo el
otro herbívoro, alegre, mientras pasaba el brazo por el hombro de la hiena,
quien sonreía hecho un manojo de nervios—. Britney no es nada comparada
a las bellezas que están aquí. ¡La pasarás genial ahí! ¡Es el mejor burdel del
país!
—Gracias, amigos… —dijo el celebrado, sonriendo nerviosamente—
¡Juro tirarme a la más hermosa de todas las mujeres de aquí!
Dicho esto, entró pisando fuerte y rebosando confianza. Sus amigos
lo respaldaban, y Alex se sentía seguro. Miró a todos lados, buscando
alguna presa para su banquete nocturno, y se acercó a una tigresa que
bebía algo en un sofá de… piel (no ulgram).
—Hola, linda… —Iba muy bien encaminado, pero un enorme hombre
león le gruñó agresivamente, apartándolo bruscamente de la fémina.
—¿Qué miras, niño? Fuera de aquí.
Humillado, Alex siguió caminando, ahora con la cabeza gacha,
sintiéndose observado amenazadoramente por los hombres del lugar.
Todos le gruñían cuando se acercaba a alguna chica, y la hiena se deprimió.
—Alex, tranquilo, ah… —El otro carnero miró hacia la barra, donde una
cola canina y albina se movía al son de la música— ¡Ahí está ella, sola y
bebiendo algo! ¡Ve a por ella, campeón!
Alex la vio y sonrió. Fue hacia ella sin dudarlo, más que optimista,
dispuesto a lograr su cometido de la velada. Ningún hombre le gruñó

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cuando se acercó, para su suerte.
—Hola, chiquita, ¿cuánto cobras por una noche llena de pasión
conmigo? —Se acomodó el flequillo mientras hablaba, sintiéndose todo un
galán.
Maki dio un trago más a su fuerte alcohol, y lo miró con un tinte
divertido.
—¿Eres un niño inexperto, no? —preguntó. Alex se sonrojó y casi se
cae del asiento.
—¡¿Có-como lo sabes?! —La albina rio.
—Porque lo acabas de decir… ¿cuántos años tienes?
—Tengo diecinueve… y es mi cumpleaños.
—¿Y has decidido venir aquí a festejar? Es interesante la ruta en la
vida de los jóvenes de hoy…
—Mis amigos ahorraron todo el año para esto. Querían hacerme
sentir cool después de… el engaño de mi ex novia.
—Lo siento por eso.
—No tiene importancia… ¿me equivoqué al… venir?
—Te equivocaste de mujer —Sonrió ella, mirándolo—. Yo no soy una
prostituta. Soy la hermana del dueño, solo quiero beber en paz.
—Oh… lo-lo siento entonces, por molestarte…
—No voy a cobrarte por tener sexo. Me vendría bien algo de carne
joven para variar —Bromeó Maki, mientras se daba un trago más—, ¿estás
de acuerdo?
—¡Sí! —chilló, rígido. La loba se divirtió mirándolo. Los niños siempre
eran divertidos, especialmente los tímidos sin mucho contacto femenino.
Maki se levantó, se estiró y bostezó mostrando una amplia gama de
colmillos afilados que no intimidaron a Alex, no cuando lo hizo el simétricos
(y grande, pero no exagerado) par de pechos que cargaba ella. La hiena
admiró su oreja rasgada mientras subían unas escaleras.
—¡Wow! ¿Qué te pasó en la oreja? Parece haber sido feo…

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—Un ataque de hace un tiempo, nada importante.

—¿Y en el ojo?
—Lo mismo. Ser lunar es difícil —afirmó ella, y Alex asintió. La
habitación donde entraron estaba ordenada y vacía. Había una cama doble
en el centro, con dos lámparas y un candelabro elegante en el techo. Maki
respiró el aire fresco del aire acondicionado, que dejaba atrás el calor
(mínimo) de la madrugada.
Lo primero que hizo la chica fue cerrar la puerta de una patada, y
luego se desnudó de forma tranquila. Alex se sonrojó mucho y miró al suelo
más que apenado. Maki volvió a reír.
—¿Nunca habías visto a una mujer desnuda antes? —La hiena no
respondió— ¿Frente a ti?
—¡No! Quiero decir… las mujeres del porno, pero… yo realmente nunca
llegué a hacer nada con mi novia, así que… soy… ah…
—Oh, vaya, un virgen —Ella abrió un poco los ojos, asombrada. Pero
eso no la detuvo. Lo tumbó en la cama y se acostó sobre él, y no tenían
mucha diferencia de altura. Maki lo miró con unos ojos apagados, pero al
mismo tiempo, encendidos, mientras acariciaba su entrepierna cubierta por
el pantalón.
—No tienes que preocuparte por satisfacerme o no, no busco nada
salvajemente duradero —dijo—, un orgasmo estará bien. Un niño como tú
estará bien…
—Seré torpe…
—Tampoco es que me vayas a lastimar.

En el lobby de Flowers, Un miraba atentamente a ese sujeto. Un


hombre perro raza Golden Retriever olfateaba algo en el ambiente, sin
interesarse por ninguna mujer, y sin buscar a Hayato. Eso era raro si no
provenía de algún conocido. Parecía que buscaba algo, por su andar
apresurado y su nariz en movimiento. Llamó a Ah y entre ambos lo vigilaron
a unos discretos cinco metros, mezclados con la multitud.
El extraño bajó las escaleras que llevaban a la zona bajo el local.
Nadie iba ahí, porque lo interesante se supone que se encontraba arriba, y

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además, no mucha gente conocía esa bajada sin que algún propietario lo
llevara. Sospechando sobre un enemigo de Tesla, lo siguieron con las
manos en las pistolas de sus cinturones, listos para hacerlo un colador si
pretendía emboscar a su jefe. El perro caminó, guiado por el olfato, y se
dirigió más abajo aún, al sótano. Ahí solo entraba Tesla y Rianna con su
comida.
El canino miró las celdas con asco, y se quedó de pie frente a la
puerta de acero blindado, cerrada, pero no con seguro. Tesla estaba dentro.
—El demonio auténtico se esconde detrás de esta puerta, ¿no,
caballeros? —dijo, volteándose hacia Ah y Un, quienes gruñeron apuntándole
a la cabeza con sus armas— Y tiene unos fortachones muy leales, ¿quién
cuida allá arriba?
Los osos bajaron el seguro de las armas, mostrando las encías.
—Adelante, disparen. Maten a este pobre ángel —No dudaron y
dispararon, pero no esperaron que un par de alas con plumas de acero
hiciera que las balas simplemente se detuvieran al abollarse. Los osos
sacaron de sus sacos unos cuchillos, hechos de un acero muy bien pulido, y
se lanzaron hacia el intruso. Las alas se extendieron, y un par de plumas de
acero fueron lanzadas en su dirección.
Un la esquivó agachándose, pero Ah la recibió en un brazo, y cayó al
suelo. Su compañero no titubeó y siguió acercándose al enemigo. No tenía
idea de a qué se enfrentaba, pero no podía llegar al jefe con vida, incluso si
eso costaba la de su buen hermano. El perro alado lanzó tres plumas
metálicas en su dirección. Un se movió a la derecha, luego a la izquierda, y
luego de nuevo a la derecha.
Rodó una vez en el suelo y volvió a disparar. Las balas volvieron a
abollarse en el escudo de plumas, del que luego cinco proyectiles salieron
disparados. Uno rozó su mejilla, otro estuvo cerca de rebanar su ojo derecho,
y los otros tres atravesaron una de sus piernas. El perro soltó una risita
nasal y dio la espalda, dejando a los nanatsus oso adoloridos e inmóviles.
Con una patada bastante fuerte, abrió la puerta pesada, y vio a Tesla
a los ojos, quien le dedicó una mirada seria y carente de emoción alguna. El
“ángel” sonrió extendiendo sus alas.
—Oh, vaya, sigues sin crecer, ¿eh? ¿Es que los demonios no renuevan
su cuerpo cada tanto?

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—¿Quién diablos eres tú? —preguntó el albino, tomando su ballesta
recién terminada, cargada con una flecha especial. Vio a Un arrastrándose
detrás de su enemigo, pidiéndole con la mirada que se fuera, porque este
adversario era extraño y fuerte, pero Tesla, claramente, no obedeció— ¿Y
qué le has hecho a mis nanatsus?
—Oh, vaya, al grano… creí que querrías hablar un poquito… ¿no,
pequeño Klaus? —Tesla frunció el ceño.
—¿De dónde sacaste ese nombre?
—Lo sé y punto.
—¿Quién eres y qué quieres? No eres un demonio —dijo, mirando sus
alas metálicas.
—Jamás sería uno. Soy un ángel, ¿sabes? Y he venido aquí a cazar
ratas.
—¿Ratas?
—Sí… el ghoul, sus espíritus, Raphel… tú —Lo miró a los ojos con una
sonrisa altanera—. Se supone que Raphel es la prioridad, pero, ¿por qué no
cortar la vena principal de la maldad en esta ciudad podrida? Tú eres una
rata que sin duda debe ser aniquilada… ¿sabes? Y seamos sinceros… —Lo
apuntó con todas sus plumas— Te he estado buscando por mucho tiempo…
—Suena como un acosador —Le apuntó con su ballesta.
—Llámame como quieras, pero esa confianza que tienes la voy a
aniquilar —Sonrió y lanzó las plumas. Tesla, al ser más pequeño y ágil que
Ah y Un, esquivó una docena de ellas con un puñado de saltos hacia una
mesa con papeles y planos. Corrió por ellas esquivándolas, y apuntando a
su estático enemigo.
Cuando su flecha se disparó, el hombre perro alzó el vuelo y se subió
a una mesa, viendo como el líquido corrosivo contaminaba y pudría la
superficie donde se enterró. Miró a Tesla, quien lanzó la ballesta al suelo y
corría hacia él, con su máscara antigás cubriéndole el rostro. Era pequeño
de estatura, pero con muchos siglos de experiencia.
—Mmm… esa máscara no te queda bien. ¿El cuero de gliffin no te da
mucho calor…? —murmuró el perro, viendo a su enemigo acercarse— ¿O es
que lo usas porque es único? ¿No, ¡Klaus!?
—Cállate —Saltó hacia él con sus garras en alto. Una decena de
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plumas se encajó en su cuerpo, pero no traspasó la piel. Tesla sonrió con
poderío mientras encajaba sus garras en la cara de su contrincante,
creyéndose ganador—. Vas a morir a manos mías, como muchos hijos de
puta que pretenden matarme.
—No lo pretendo, lo voy a hacer —Le sujetó los brazos con los
propios, e hizo fuerzas para mover las alas aun estando de espaldas sobre
el suelo. La onda de aire lo impulsó hacia adelante, y lo agarró de las
muñecas. Echó a volar por todo el sótano, y subió por una escalera rocosa y
vieja hasta el último piso. Tesla encajó las uñas en la piel del hombre, quien
gritó de dolor y lo soltó con impulso, mandándolo hacia la ventana abierta
de la habitación donde estaban. Tesla se sujetó del borde del marco del
ventanal y subió con dificultad. Buscó con la vista al supuesto ángel, pero no
dio con él.
Ingenuamente dio la espalda y miró hacia abajo, de donde salió
disparado hacia arriba el perro alado, que lo agarró ferozmente de su
máscara y lo lanzó al interior de la habitación. En el aire, el ángel agarró
nuevamente a Tesla y lo soltó, haciendo una poderosa onda de aire
empujada junto a las plumas que lanzó a Tesla por la ventana, dejando al
lobo enano confundido y con los ojos perdidos en las plumas plateadas que
brillaban como vidrio roto a su alrededor y que estaban incrustadas en su
dura piel. Con los oídos pitando del aturdimiento, Tesla sintió su cara
expuesta, y vio cómo su máscara se había roto por el filo de aquellas
plumas del demonio.
Enojado, gritó, viéndolo acercarse a toda velocidad por el aire, y,
nuevamente, una lluvia de plumas de acero lo mandó a volar, chocando
contra las tejas de un edificio cercano. Llamó la atención una vez cayó al
suelo, cansado y herido. Tesla miró a su oponente, parado al lado de una
veleta de aspecto antiguo, sonriendo mientras la gente se apartaba,
asombrada, viendo a su demonio caído ante un ángel, de más poder al
parecer. Tesla gruñó, mostrando los colmillos.
—¡Baja aquí!
—¡Con gusto! —El ángel bajó a toda velocidad, lo agarró del cuero de
la nuca sin piedad, y lo elevó a unos cien metros del suelo, donde lo admiró
así, atado a su mano por el grosor de su pelaje— Klaus, Klaus… nunca
imaginé que serías tan debilucho… pobrecito, el niño humano quiere volver
al cielo, ¿verdad que sí…? —Se mofó, sujetándolo ahora del cuello de su bata.
El albino le sujetaba la muñeca con una expresión de fiera enfurecida— ¿Ves

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toda esa gente allá abajo…? Nadie va a salvarte si te suelto, todos esperan
tu caída, y así pelearse por quién será el nuevo rey de este agujero
diabólico… ¿no es lindo el destino que creaste? ¿Plagado de salvajes
hombres bestia que se matan siempre por un trozo de carne y sed de poder?
—Es mejor que estar rodeado de humanos.
—Cuidado con lo dices, Klaus… —Lo soltó un poco más— Porque yo
soy uno, que tenga este cuerpo es cuestión de recursos, en el alma soy
uno… —Lo miró entornando sus ojos dorados cual oro— igual que tú.
—¡Silencio! —El ángel, ahora más que furioso lo agarró del cuello,
cortándole el aire. Se acercó a su oreja y, lentamente, susurró:
—Tú no eres invencible.
Lo soltó y, mientras él caía, posicionaba sus alas para lanzarle más
plumas directo a la cara, convencido de que así lo mataría al fin. No contó
con que una bala de francotirador le volara la cabeza, haciéndolo caer
muerto sobre el tejado. Tesla se dio se espalda contra el suelo, donde
perdió el conocimiento casi al instante. De no ser por Maki y un dúo de
gorilas, lo hubieran matado ahí mismo.

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La habitación estaba llena de gemidos guturales y placenteros. Maki


se movía sobre Alex lentamente, sintiéndose bien y relajada. Sus músculos
estaban relajados, pero tensos a la vez, provocándole escalofríos de gozo
por toda la espina vertebral. La albina gemía al ritmo de cada embestida del
joven en su cuerpo, y él la igualaba en movimiento.
Sin embargo, un ruido fuerte la distrajo, alzando sus orejas caninas y
volteándolas hacia la ventana abierta y que dejaba pasar la brisa nocturna.
—¿Qué fue eso…? —preguntó Alex, tratando de ver por encima de la
cabellera nívea de su amante.
Maki volteó hacia la fuente del ruido, el exterior, y abrió muchísimo
los ojos al ver a Tesla, sí, ¡Tesla! siendo estrellado contra un tejado del
edificio de al lado. Rápidamente se llenó de miedo, y más aún cuando un
cúmulo de proyectiles impactó donde mismo estaba su cuerpo. Sin dudar,
dejó la pasión de lado, se vistió rápido y salió corriendo escaleras abajo.
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Tropezó con un escalón y cayó de cara al suelo. Su simetría facial se salvó
porque se transformó a pocos segundos de tocar el suelo, por mero instinto.
Sangró por la nariz mientras seguía bajando a la carrera, y gruñó al llegar a
lobby, oliendo a Ah y Un en el sótano, junto a su sangre.
Miró a todos lados, obviando a la gente, que estaba curioseando por
la puerta y las ventanas. Subió las escaleras e irrumpió en la habitación
donde su hermano estaba muy cómodo con un par de mujeres, o al menos,
eso creía. Cuando entró vio a Hayato vestido con un pantalón desgastado, y
que la miró con la misma preocupación que ella. Ambos salieron corriendo
hacia el primer piso, y luego fueron hacia la puerta. Desde ahí solo tuvieron
que mirar hacia arriba, de donde cayó fuertemente el enano albino al que
todos temían, y que perdió el conocimiento del golpe contra el suelo
pavimentado.
Había grupos de gente que murmuraba, con armas en mano, sobre
aprovechar y matarlo ahora que estaba vulnerable. Otros tenían miedo de
acercarse, pensando en que sería una trampa del de ojos rojos para probar
la lealtad de sus siervos en el Mercado, como en otras ocasiones. Todos
miraron a Hayato y su hermana llegar alarmados, y el miedo se disipó en un
instante al darse cuenta de que era una situación real y no un montaje.
Comenzaron a acercarse, sabiendo que los hermanos Yamato no eran tan
agresivos, fuertes o violentos como su padre adoptivo. Hayato notó todas
las auras asesinas que cargaban los ojos de los hombres bestia que cada
vez dejaban menos espacio.
—¡Largo! ¡No tienen nada que ver! —gruñó a la multitud, pero solo oyó
risas y murmullos.
Nunca había temido por su vida desde que vivía con Tesla, porque
siempre le había dejado claro que nadie podía meterse con él bajo ninguna
circunstancia. Pero ahora experimentaba dos miedos a la vez, bastante
grandes: miedo a morir y miedo a perderlo todo. Con Tesla no solo se iba su
protección y lujos, sino también el prestigio y vida misma. Apenas el lobo
estuviera muerto, él sería el siguiente en la lista. Estaba aterrado, y sus
manos y piernas temblaban sin control de imaginarse desprotegido en un
agujero de muerte como lo era el Mercado.
Incluso si salía a la luz, el gobierno tendría carta blanca para cazarlo,
encarcelarlo de por vida y ejecutarlo de la peor manera posible. Depender de
Maki tampoco era una opción, porque Tesla la protegía a ella de su padre,
un demonio asesino sin titubeos. Estaba jodido por todas partes, se viera

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por donde se viera.
“Si matamos a Tesla seremos libres”
“Seremos los dueños del Mercado Negro”
“Nada ni nadie podrá pararnos”
“Ese enano debe estar muerto”
“Matarlo ahora es la mejor opción para todos. Luego se decidirá
quién manda”
El rubio bajó las orejas, aterrado por lo que oía de la gente que
normalmente lo trataba con miedo o respeto, incluso amabilidad. Maki le dio
un pellizco en su costilla, llamando su atención. Ella se veía más calmada y
más feroz, y, con una mirada, le indicó que se guardara el miedo para luego,
porque si flaqueaba, lo matarían.
—Muéstrate sereno, idiota, o vas a hacer que te maten —susurró ella,
mirando fijamente al grupo que más ganas tenía de lanzarse hacia ellos.
Hayato respiró hondo, tratante de calmarse. Miró nuevamente al
grupo de matones, un grupo de leopardos, que se acercaban con unos bates
con clavos. Reían, creyendo que acabarían con ellos. Hayato sonrió
(nervioso) y se deshizo en una carcajada enfermiza que sorprendió a Maki
de sobremanera. Los felinos se detuvieron, y lo miraron con duda. La albina
lo miró con la boca abierta, preguntándose qué diablos se le pasaba por la
cabeza.
—¿Piensan que podrán matar a Tesla ahora que está inconsciente?
¿Se olvidan de mí, tarados? ¿¡Ah!? ¡Soy el auténtico heredero de todo lo que
Tesla posee! ¡Y no voy a dejar que unos cabrones de segunda mano toquen
su patrimonio! ¡Inferiores de mierda!
—¡¿Nos llamas inferiores, perro faldero?! ¡Pelea como él y te
respetaremos!
—¡Sí! ¡Vamos, gente! ¡Si vencemos a este niñato no tendremos que
volver a bajar la cabeza ante la familia de ese demonio!
Maki gruñó, admirando la estupidez de su hermano. Huir no era una
opción, y pelear solo los conduciría a la muerte. Sin sus guardaespaldas, se
veía reducida a un abrigo de piel de lunar.
Un grito alertó al resto del Mercado, y muchos hombres bestia se
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lanzaron sobre los Yamato. Maki bajó las orejas al volver a transformarse,
esquivando un cuchillazo que le hubiera rebanado lo que quedaba de su
oreja rasgada. Hayato sostuvo a mano limpia una embestida de un hombre
perro raza bestia. Sonrió mientras su cuerpo mutaba, convirtiéndose en un
enorme lobo dorado de tres metros y espeso pelaje, como el monstruoso
perro que atacó a Maki. Sin medidas, mordió la cabeza de su rival y se paró
como un animal, protegiendo el cuerpo de su padre adoptivo.
Gruñendo, ahuyentó a un grupo grande de “valientes”, e hizo que
otros (la mayoría lunars) se transformaran. Dos tigres se lanzaron a por
Maki, quien esquivó las garras de uno, pero recibió una mordida del otro en
el pecho. Gracias a su espeso pelaje en la zona, no le perforó ninguna vena
importante, pero sí alcanzó a rasgarle piel y músculo, causando dolor a la
chica, quien, enojada, lo hizo dar vueltas en el suelo, quedando sobre el
felino, con los dientes bien expuestos, a la vez que gruñía.
—Si lo que quieres es algo de contacto masculino, solo debes abrirte
de piernas y estar acostada, putita —dijo el tigre, sonriendo. Hizo rabiar a la
albina, y ella le mordió la nariz sin escrúpulos. El felino rugió de dolor, y el
otro volvió a atacar, mordiendo a Maki en la nuca. Ella soltó al otro y se
volteó, tratando de alcanzarlo con un zarpazo o una mordida. Hayato agarró
al gato, y lo lanzó junto a un grupo de tejones de la miel a los que había
mordido hasta atravesarlos. Entre ambos, los hermanos lograron resistir
hasta que un dúo de hombres gorila llegó y apalearon a puño limpio a los
que aún se resistían a los lobos.
—Llévense el cuerpo de Tesla donde David, él sabrá qué hacer —
ordenó el rubio, y los hombres salieron, cargando al lobo enano.
Hayato volvió a su forma humanoide y sonrió, con la ropa, los brazos
y la cara manchados de sangre, propia y ajena. Miró a su hermanastra, quien
también había vuelto a la forma hermosa y habitual, y le dio una palmada en
la espalda.
—Ah… ¡Tesla sobrevivirá! No creo que pueda morir, de todos modos…
¿Eh? ¿Maki? —Ella tosió algo de sangre y luego se cayó de cara al suelo—
¡MAKI!
Vio la sangre saliendo de su nuca, y temió lo peor. Aún herido, salió
corriendo con su hermana sobre su espalda. Salió a la luz, o mundo normal,
y se dirigió al hospital más cercano. Si nada fallaba, Tesla estaría bien en la
mañana, y los rumores de su supuesta muerte serían desmentidos por
alguna masacre desmedida en el Mercado. Preocupado por Maki, Hayato
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entró de lleno a la sala de urgencias y llamó a gritos al primer doctor que vio.
Dejó a la albina sobre una camilla, y se sentó a esperar.
Eran solo las cuatro de la mañana, y creía que se quedaría solo, sin
su padre y sin su hermanastra.
Sacó el teléfono de su bolsillo, pero estaba roto. Algún golpe debió de
hacerlo inútil, y lo tiró a un cesto de basura que había cerca. Optó por sacar
una moneda que guardaba en su billetera, y llamó por un teléfono público a
una calle del hospital a la única persona en que podría confiar en un
momento como ese, tan crítico.
Dos tonos tardó en contestar.
—Hola, Val, soy Hayato —dijo, sin dar tiempo a que ella preguntara
quién le hablaba.
—¿Hayato? ¿Qué haces llamando de un teléfono público?
—Maki está herida de gravedad. La acabo de dejar en el hospital, y
Tesla está igual o peor. Algo lo atacó en el Mercado, y luego nos atacaron a
nosotros. Necesito que vengas.
—Dios mío… ¿al menos sabes si estarán bien mañana?
—No. Por favor, ven conmigo. Solo puedo contar contigo ahora, Val.
Maki también estará feliz de verte, estoy seguro.
—Dime en qué hospital estás y voy enseguida.
—Gracias, Val.
Como en veinte minutos, Hayato miró como la gata entraba por la
puerta de urgencias. La recibió con una sonrisa cansada y un movimiento de
su cola sucia de sangre ajena. Valentine lo miró por un par de segundos y
luego se sentó a su lado, mirando al quirófano frente a ellos.
—¿Ahí está Maki?
—Sí. Hace como una hora. El doctor dijo que hay una probabilidad
alta de que se salve, porque no se le dañó nada importante, pero las
hemorragias internas son cosa seria, de todos modos…
—¿Y Tesla?
—Lo dejé con un viejo de confianza. Es la única persona en el mundo
que puede tratar con su cuerpo especial, y que, claramente, no intentará
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matarlo.
—Mmm… espero que se pongan bien. Los tres.
—Yo estoy bien.
—Estás alterado, ven —Le mostró sus muslos—, duérmete un rato.
Hayato la miró como si estuviera loca por un momento, pero estaba
cansado y decidió tomar la oportunidad sin darle muchas vueltas. Despertó
oyendo a Valentine hablando con una enfermera. Tras bostezar, afinó el
oído, sin abrir los ojos.
—…estará bien dentro de unos días. Por ahora se le recomienda
descansar, porque tuvo un par de hemorragias internas que el doctor pasó
tiempo en detener oportunamente. Unos minutos extra la hubieran dejado
en peor estado, me alegra que hayan podido traerla a tiempo al hospital.
—¿Pero está despierta?
—Tal vez. Los sedantes hicieron que su cuerpo perdiera algo de
movilidad temporalmente, pero creo que sí despertó algo cansada.
Valentine sonrió y agradeció. Luego le pellizcó una mejilla al blondo
que reposaba en sus muslos. Al abrir los ojos, él sonrió también.
—Maki está bien, iré a verla.
—Claro —Se sentó correctamente y luego se estiró. La sala de
urgencias estaba milagrosamente vacía—, seguro se alegra de verte tras
unos diez años.
—Aunque diez años no es mucho para ella, que digamos…

—No importa, ve.

La felina respiró hondo antes de entrar a la sala donde su amiga


reposaba en cama. No quería toparse con una cara desfigurada o un cuerpo
mutilado, así que las imágenes mentales solamente la tranquilizaron,
mostrándole a una chica albina con una vendita en la mejilla y una sonrisa
cansada por los sedantes. Tomó el pomo de la puerta y empujó hacia
adentro. Maki estaba leyendo una revista. Se veía tranquila, con una
novedad que la gata no había visto antes: una oreja, más concretamente la
izquierda, rasgada con una marca horripilante de mordisco que agregaba
fealdad a la cabeza nívea de su amiga.
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Valentine carraspeó, llamando la atención de Maki, quien cerró la
revista de inmediato.
—¿Doc? ¿Pasó algo malo? — Alzó la cabeza para ver lo que creía que
era el doctor, pero, para su sorpresa, se trataba una gata con pelo color miel.
Los ojos eran color jade, de un verde intenso que brillaba de felicidad. La
albina abrió la boca, estupefacta, y la felina sonrió ampliamente.
—Mm… quizá pueda decir algo sobre tu oreja… está horrible. No
combina con tu belleza, querida —afirmó ella, sonriente, acercándose a la
chica loba—. Un piercing como los de tu querido hermano haría mejor
trabajo que ese rasguño.
—Val… volviste.
—Claro que sí, cariño… no puedo pasarme la vida por Rusia, hogar del
fuego congelado más famoso del mundo. En algún momento volvería a mi
natal Los Ángeles… a verte.
—¡Volviste! —Maki sonrió ampliamente y su cola intentó moverse
frenéticamente. Estaba abiertamente feliz de ver a su vieja amiga, y no dudó
en demostrárselo— Wow… ¿cuándo… desde cuándo?
—Ayer en la mañana llegué. Fui a ver a tu hermano, para saber dónde
te escondías tú… pero luego pasó esto. Fue horrible enterarme de que mi
tierna Maki fue atacada casi a muerte por una jauría de salvajes… y que
Tesla también estaba al borde de la muerte por una serie de impactos
severos.
—Sobre eso…
—No —Le puso el dedo índice sobre los labios entreabiertos—, no
vamos a abrir un caso policial sobre qué y por qué atacaron a Tesla. Vamos
a ir de compras, que es mucho mejor que deprimirse hablando de tonterías.
—Val… —Hizo una mueca y suspiró, rindiéndose— tú ganas. Pero no
puedo salir. Me duele todo y aún no me han dado de alta.
La felina sacó un labial de su bolsito Channel y se retocó los labios
con un gesto coqueto. A diferencia de Maki, Valentine era un estándar de
belleza femenina, siendo refinada y muy preocupada por su aspecto. No era
un cuerpo bonito solo porque sí. Maki fue bendecida por la genética,
Valentine por una personalidad de gatita mala. Aunque era algo que todas
las felinas compartían…

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La felina odiaba a los perros y sus parientes. Eran ruidosos,
apestaban a… bueno, perro, y eran excesivamente sociables en muchas
ocasiones. Valentine no quería malgastar su tiempo con sacos de pulgas
malolientes.
Sin embargo, en una noche lluviosa de junio, mientras comía un filete
de villed en un restaurante del Mercado Negro, vio a un pequeño lobo, muy
singular, abriéndose paso hacia ella. Al alzar la vista dio con un enano de
ojos rojos y una rara máscara que le pasó por al lado con total desinterés. Al
contrario de muchos caninos, no olía a nada que hubiera olfateado antes. Su
fuerte no era ese, claramente, pero sí que podía distinguir un mínimo
extracto de canino en aquel pequeño cuerpecito peludo. Y tampoco
apestaba.
Investigó un poco, durmiendo con el dueño (un hombre toro raza
lunar) y recabando información, supo que aquel lobo extraño era el dueño
del noventa por ciento del Mercado Negro, y su nombre era Tesla. Valentine
tuvo la brillante idea de hacerse su amiga (le aclararon encarecidamente
que los intentos de índole sexual iban a ser pagados con muerte segura) y
así tener algún local para su culto satánico recién iniciado con un grupo de
fieles algo reducido.
Trató de hablar con él par de ocasiones, pero terminaba siempre con
Tesla mandándola lejos. Un día incluso se atrevió a apuntarle con una
pistola, y la felina hizo una mueca, dando por imposible su tarea de
acercársele. En una madrugada donde bebía mientras se besaba con una
tierna niña de casa que se había escapado, y que planeaba comerse (de
todas las formas posibles, incluida la literal), vio nuevamente a Tesla.
Estaba en un burdel nuevo de nombre “Flowers”, y le extrañó verlo por ahí,
merodeando como un león en busca de su presa.
Tras un par de segundos observándolo, vio a una chica albina muy
guapa, con una cicatriz muy… interesante, en su ojo derecho, y de ojos
azules, al lado del enano malhumorado. Hablaba con él sin temblar o verse
nerviosa, parecía natural. Incluso le acarició la cabeza par de veces, ¡y él no
se quejó o le apartó bruscamente la mano! Solo se mantuvo quieto,
recibiendo aquella caricia. Valentine soltó a su “niñita” por un momento y se
acercó al cantinero, para preguntarle sobre lo que estaba viendo no solo ella,
sino todo el mundo.
“Dicen los rumores que es su hija… o algo así”
Valentine sonrió ampliamente, trazando sus planes en su cabeza
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mientras se imaginaba alguna noche loca con la albina, para poder
acercarse más a Tesla. Sin embargo, sus objetivos cambiaron al hablar con
ella. Primero que nada, le dijo sin escrúpulos que era heterosexual sin
oportunidad para nada, cosa que si bien no le dolió a Valentine, porque
había muchas más chicas a las que corromper en el mundo, no le dio igual,
porque parte de sus planes se derrumbaron. Sin embargo, empezaron a
hablar y de alguna manera se llevaron bien.
Se hicieron amigas, y terminaron siendo como hermanas de alguna
bizarra forma. Unos cientos de años después, más concretamente
doscientos, Maki descubrió (por medios poco ortodoxos) que tenía un
medio hermano: Hayato, quien vivía en el Mercado Negro como el hijo
adoptivo de Tesla.
Valentine valoraba algo muy interesante de los hermanos Yamato:
que, por muy lobos que fueran, no irradiaban ese olor y actitudes propias de
su especie. Eran como Legoshi de Beastars, calmados y pasivos (aunque a
veces se ponían agresivos y era cosa seria), pero con dinero y estatus
gracias al enano, que era un asesino bastante temido incluso entre las
bandas criminales que se ocultaban en el Mercado.
Valentine pronto comprendió que Maki era más que una cara bonita
con un cuerpo lleno de buenas curvas, ya que se trataba de una niña herida
que se culpaba por nacer. Se convirtió en su pilar emocional, que velaba por
ella a su manera. Y es “a su manera” porque… la metió en su culto de locos.
Parecía muy divertido hacer orgías e invocar cosas ficticias.
Al final Maki se salió, a los diez años como miembro, pero a Valentine
eso no le molestó, simplemente la respetó y punto.
Tuvo un viaje a Rusia que no desaprovechó y se perdió por una
década entera. Y volvió, más “ella” que nunca, para visitar a su amiga que
estaba en cama por una pelea medianamente callejera.
—Maki, Maki… querida, cariño, tesoro… —Sonrió tomándola de las
mejillas— ¿Cuándo he respetado las reglas?
—Me duele todo, ¿qué no me has oído? —dijo la canina, sintiendo sus
mejillas aplastadas— No quiero moverme, Val. ¿Por qué no hablamos aquí?
—La soltaron— Cuéntame de Rusia, algo bueno tuvo que tener para ti…
espero.
—Ah… ¡fue increíble! Hace mucho frío, y es lo mejor… y la comida
local… no es que sea buena, pero tampoco me quejo.
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—¿Viviste en un motel?
—No, cielo, viví en un hotel de lujo. Tesla me prestó dinero. O más
bien fue Hayato… así que no hay deuda —Sonrió.
—Wow… qué genial.
—Y ahora, lo que nos interesa… —Se sentó en la cama, y pasó su
mano izquierda por la cabeza de Maki— ¿Cómo van las cosas contigo?
—¿Conmigo? Si sigo igual.
—¿No has avanzado nada? ¿Ghunter y tú no eran… novios o algo así?
—¿Qué? No… solo amigos.
—Con derechos.
—Pero amigos…
—¿Has conocido a alguien? —La miró esperando algún tranquilo “no”,
pero el asentimiento la tomó por sorpresa— Oh, vaya, esto es interesante.
¿Cómo se llama?
—Nikolai y Roger.
—¿¡Estás saliendo con dos tipos!?
—Son mis amigos —Valentine iba a preguntar—, solo amigos.
—¿Sin sexo?
—Ajá.
—Oh… esto es diferente. Cuéntame más. ¿Cómo son?
—Bueno, Roger es un perro raza pitbull muy simpático, y viene del
Caribe, así que no conoce muy bien el lío de los lunars y tal. Es muy alto y
creo que lo vi usando gafas una vez…
—¿Y el otro? ¿Niko… qué?
—Nikolai es un lobo, como yo —dijo a secas y su amiga levantó una
ceja—. ¿Qué?

—¿Y ya? ¿Eso es todo?

—Sí, no hay mucho que contar —Se encogió de hombros y se tiró en


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la cama bocarriba—. Es un flacucho gruñón que protesta por todo.
—¿Al menos es guapo? De cara como mínimo…
—No sabría decirte…
Valentine guardó silencio y solo estuvo acariciándole el cabello a
Maki como la buena amiga que era, contándole de cuánto vodka bebió y a
cuántos hombres (y mujeres) se tiró estando en el frío clima ruso. La albina
escuchaba atentamente, queriendo mover la cola de alegría por, finalmente,
haberse encontrado con su amiga.
Pero todo tiene un límite.
—Maki, ¿por qué no me contaste nunca sobre tu padre? —Maki sintió
su corazón removerse por el tema incómodo— Tesla me lo contó en el
tiempo que estuve allá… ¡es horrible! ¡Deberías matarlo si sigue
persiguiéndote a estas alturas!
—Val… no es algo de lo que quiera hablar. Mi padre es un tema tabú.
Incluso para ti —La felina le repasó la cicatriz de la oreja con cuidado. No
quería ni imaginar los horrores que su amiga le había estado ocultando. Una
chica sin familia, con tres amigos, y ahora un nanatsu, sola en aquella
mansión…
—¿No te sientes sola ahí?
—¿Ahí dónde?
—En tu casa. Tan grande, y tan… increíblemente vacía. Solo viven ahí
tú y tu nuevo nanatsu. Ni un criado tienes.
—No me molesta vivir así. Y además, suelo llevar chicos ahí.
—Hablé con Ghunter mientras viajaba en el avión —Maki la miró sin
entender—. Me dijo que llevas tiempo sin llevar a nadie, no seas mentirosa.
Estás detrás de ese tal Nikolai, que según cómo me lo describió Ghun-Ghun,
tiene pinta de ser un virgen idiota…
—No es un idiota… aunque lo de virgen no tengo idea. Puede que sí…

—No me cambies de tema, Maki Yamato… quiero que seas franca,


¿estás bien?

La albina no contestó, y solo se recostó en la cama. Valentine suspiró.


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11

Philip podía ver a Otto todo el día, quejándose cada dos malditos
segundos sobre su ceguera por culpa de Tesla. Recientemente habían oído
de un par de hombres que él estaba en una situación delicada, peleando por
su vida tras la pelea contra lo que llamaron un misterioso ángel. El albino de
ojos muy azules había decidido ocultarse mejor, puesto que podría haber
más ángeles de esos, que lo más probable es que lo estuviesen buscando, y,
de casualidad, hubieran dado con el lobo enano odiado por todos.
Keyal estaba mirando la luna llena por una ventana, junto al perro
ghoul ahora ciego, quien, como siempre, se quejaba. Maldecía entre dientes
mientras encajaba las uñas en la madera del suelo, haciendo rayones y
marcas feas en la misma. Philip bebía su café al tiempo que examinaba
algo en su celular. Estaba chateando con un tal Joshua que afirmaba tener a
la muchacha que tanto buscaba: Nara.
Joshua dice:
–Sí, señor. Tengo hasta una fotografía que la involucran con el
suceso del ángel en el Mercado Negro. Si me transfiere unos dos mil
dólares al número de tarjeta que le di, puedo enviársela…–
Sin otra pista sobre el paradero de su hija, el hombre lobo decidió
dárselo. La imagen no estaba muy distorsionada, y se podía apreciar a una
mujer loba de cabello blanco en una forma de lobo muy grande para su
género, que defendía junto a un lobo ghoul rubio, el cuerpo maltratado de
Tesla en medio del Mercado. Pero esa loba tenía un error, o más bien, dos
errores.
El primero era una cicatriz en el ojo izquierdo, y el segundo una oreja
rasgada por dientes enormes.
Philip frunció el ceño furioso, al haber sido timado por un estafador
cualquiera del hoyo negro que formaba el Mercado. Con una venganza en
mente, llamó a su “informante” y le indicó que quería verlo en una hora en un
parque, para “discutir unas cosas”. El tipo asintió, tras cobrarle una
importante suma de 3 000 dólares más por verle la cara. No era tan listo
como parecía, y Philip le indicó a Keyal dónde y qué debía de hacer cuando
llegara al parque.
A la hora, Keyal estaba llegando, recorriendo por las sombras de los
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edificios, al lugar donde un sospechoso hombre (al parecer un tejón de la
miel) estaba sentado con una ropa muy negra. El lobo sonrió como el
maniático que era, y saludó al tipo con una sonrisa enfermiza.
—Hola… ¿Tú enviaste la foto de Maki…? —dijo, en un tono burlón. El
sujeto no pareció muy feliz de verlo.
—Los nanatsus como tú no tienen manos para tener un móvil…
¿dónde está tu amo?
—Oh… en casa. Quizá durmiendo tras una larga noche de decepción…
quién sabe. Yo vengo a… ajustar cuentas. Hubo algo mal con lo que enviaste.
—Era la imagen de una chica idéntica a la descripción que me dio…
¿qué más podría pedir?
—Verás, aquella chica no es exactamente la que te pedimos.
—¿Qué? ¡Eso no es posible! A menos que tenga alguna hermana
gemela yo dudo mucho que…
—Exacto… buscamos a la gemela. La información que nos diste no
fue del todo inútil pero… —Se acercó muchísimo a su pierna— igual no sirve.
Saltó sobre su extremidad rápido, mordiéndola. Los tejones de la miel
tienen la piel muy gruesa, y por eso los dientes de Keyal tardaron en penetrar,
pero al tratarse de un mero común devorarlo mientras gritaba de dolor fue
tarea sencilla desde el punto de vista del nanatsu, muy experimentado en las
cacerías.
Mientras recorría el camino de vuelta a la guarida de su jefe, el olor
de su objetivo lo distrajo y lo hizo desviarse. Alerta, persiguió el rastro como
si su vida dependiese de eso, y terminó justo frente a un viejo almacén
aparentemente vacío. Tenía una pequeña puerta de metal que estaba
firmemente cerrada, y una puerta de garaje con un gato hidráulico que lo
hacía tener una pequeña abertura. Keyal era de complexión delgada pero
tenía un pelaje espeso que quizás estorbaría. Guiado por su miedo a Philip, y
su hambre por resultados, se escabulló como un pandillero por debajo de la
pequeña abertura de menos de medio metro, y entró a la zona. Era,
claramente, un garaje, con herramientas de mecánica y un viejo coche
Chevrolet del año ‘93. Keyal siguió olfateando y el olor de Nara seguía
regado por ahí. El rastro subía por una pequeña escalera que culminaba en
una puerta de metal que estaba medianamente abierta.

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Unos pasos se acercaron y el nanatsu se escondió bajo el coche,
rezando porque no fuera ningún canino con el olfato entrenado que pudiera
encontrarlo. Una voz femenina llamó su atención de inmediato.
—…pero no creo que Maki realmente sepa que existo… mi padre la
busca por mi culpa, pero ella no lo sabe…
—Señorita Nara —dijo una voz medianamente afeminada—, su
hermana, en cuanto la vea, puede estar segura que creerá todo. Su problema
es porque apenas y recuerda algo de su infancia.
—Quiero protegerla, pero no sé cómo…
—Ya encontraremos una manera, señorita Nara. Pronto.
El ruido de pasos acompañó a Keyal a escabullirse nuevamente por la
abertura. Logró salir victorioso, pero al voltear, boqueando por aire, sus
orejas bajaron de inmediato cuando un enorme lobo (nanatsu, como él), de
pelo plateado y con una franja dorada que le surcaba toda la espalda, y con
ojos tan blancos que parecían lámparas; estaba frente a él, con una mirada
tan fría que era similar al hielo.
—¿Cómo encontraste este lugar? —preguntó el gran can. Su voz era la
afeminada que había hablado con Nara.
—¿Qué diablos…? Solo pasaba por aquí…
—Te he oído ahí dentro. Te habías colado en el garaje.
—Pensaba que era la casa de algún común, tengo hambre —mintió
Keyal sintiendo el escrutinio de los orbes blancos en todo su cuerpo,
dándole escalofríos.
—Largo de aquí.
El de ojos dorados, atontado, solo pudo quedarse quieto. Ante la
repetición de la frase, salió disparado. El lobo plateado lo observaba correr
desde su posición, sin siquiera moverse. Movió la cola cuando su ama le
pasó la mano por la cabeza, como un perrito.
Nara era la fotocopia de Maki. Idéntica a nuestra protagonista, pero
sin aquellas cicatrices tan características. Keyal, mientras corría, alejándose
de aquel peligro con patas, solo podía sonreír pensando en lo tonto que era
aquel vigilante. Lo que no sabía, era que aquel lobo lo había estudiado y
olfateado bien, dispuesto a seguir su rastro, por más leve que fuera.

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Roger se quedó quieto. Muy quieto. No tenía mucha experiencia
tratando con mujeres guapas, y las felinas en específico eran mucho más
coquetas y presumidas que las caninas, con su atención especial en el
atractivo físico y el cuidado del cabello. Valentine se le quedó mirando con
una sonrisa depredadora, imaginando mil y una maneras de corromper a
semejante pedacito de cielo, sonrojado y nervioso, al lado de un tipo lobo de
pelo castaño y cara sorprendida.
—¿Dices que buscas a Maki? —preguntó la gata, alzando la cola y
volviéndola a bajar, repetidas veces. Roger no quería hablar.
—Sí, ¿quién eres tú? —Nikolai hizo una mueca y la chica también, pero
de asco.
—Tú has de ser Nikolai supongo.
—¿Quién me nombra?
—Soy Valentine, una gran amiga de Maki.
—No sabía que Maki tenía amigas mujeres. Creía que era una eterna
“fiesta de la salchicha” para ella —El castaño sonrió burlón y
Valentine se obligó a mantener la paciencia.
—¿Qué quieren?
—Ma-Maki estuvo en el hospital de nuevo y… —Ella lo miró y estalló
de nervios— que-queríamos… verla…
—Oh, claro, tesorito, tú pasa —Lo dejó entrar y le dio una ojeada nada
disimulada mientras le daba la espalda. A Nikolai lo frenó en seco cuando
intentó pasar por el portón a medio abrir—. Tú, por otro lado, lo siento, no
vas a entrar.
—¿Qué es esto? ¿Una reunión de chicas y Roger? —preguntó
molesto— Solo quiero ver si está bien. Oí algo de una pelea en el Mercado.
—¿Desde cuándo Maki te importa? ¿Siquiera se han acostado?
—La verdad no. Y no planeo hacerlo.
—Su dinero es algo que no podrás tocar a menos que Tesla te lo dé,
así que ir de caza fortunas tampoco es una opción viable, chiquitín — Le
puso un dedo en la nariz, haciéndolo rabiar—. Pareces de esa clase de
hombres que solo finge la amistad para algo nada bueno. No
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necesariamente sexo, también puedes buscar amor que al final
contaminarás y volverás de la relación un lago radioactivo. Y no quiero eso
para ella.
—¿Qué? Maki es mi… amiga, creo… y solo quiero ver si está bien de
salud.
—Ni un chocolate has traído.
—Roger los lleva en el bolsillo —gruñó y Valentine medio transformó
su cara y la acercó con un ronroneo peligroso a la cara del canino, quien
claramente retrocedió.
—Podría matarte aquí mismo si quisiera.
—Hazlo si te atreves —La retó él. Para su fortuna, Lucifer los
interrumpió con un llamado de atención leve.
—Maki se pregunta por qué están hablando mucho aquí. Hay una
corriente… —Se encogió de hombros, temblando por un momento—, así que
dejen de pelearse y entren de una vez.
Roger abrazó a Maki apenas la vio, moviendo su diminuta cola, lleno
de alegría. Ella correspondió con una sonrisa incómoda, aunque estaba feliz
por dentro. Su cola también se movía, esparciendo pelos por el suelo.
Valentine se quedó perpleja viéndolo, y Nikolai también. Se sonrojó
pensando que quizá quisiera uno suyo también, pero la presencia de cierta
felina era lo suficientemente repelente como para mantenerlo a unos sana
distancia.
—Cuando me enteré, ¡estaba muy asustado! ¡Creí que podrías haber
muerto! —chilló el perro, apretando fuerte el cuerpo tieso de la chica.
—Sí… yo también lo pensaba. ¿Lo dieron en las noticias?
—Nikolai me lo contó… —La soltó y miró a su amigo, quien bajó las
orejas, y miró al castaño— ¿dónde viste la información?
—Ah… el hermano de Maki me lo dijo por teléfono esa noche. No lo
pasaron por las noticias. ¿Por qué lo pasarían en la tele?
—Supongo que no quieren exponer al bueno de Tesla estando medio
muerto. Ahora que nadie lo encuentra, armar una cacería volvería loco al
país… —murmuró Valentine, y Maki la interrumpió prácticamente de
inmediato.

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—¡Bueno! Olvidemos que casi muero de nuevo… y hablemos… Roger,
Niko, ella es mi vieja amiga Valentine…
—Ya hablamos en la entrada, linda —dijo la felina.
—No me importa, alguna tontería les dijiste. Nikolai está todo tenso…
¿Roger, quieres papitas?
—¡Sí! ¡Siempre quiero papitas!
Maki se sentó en el sofá. Roger fue a su izquierda y Valentine se
acomodó a la derecha. Nikolai se quedó de pie, junto a Lucifer, quien lo miró
desde su imponente altura de metro noventa. El castaño miró a los ojos del
nanatsu. Siempre daban miedo esos orbes negros con puntos luminosos
normalmente de color rojo sangre. El azul de los ojos del rubio era frío y
sólido, muy… “hielo”. Lucifer no destacaba por ser excesivamente amable,
pero tampoco era malvado. Siempre se comportó muy cordial con todos los
invitados.
A Nikolai le caía bien.
—Oye, Lucifer… ¿por qué Maki solo tiene un nanatsu? —preguntó, en
un susurro. Miraba a los demás de reojo.
—Oh… tiene más. Pero aún no sale. Aunque sinceramente es lo mejor
para ella.
—¿Eh? ¿No sería mejor?
—No pude protegerla… y además, el nanatsu no es un capricho del
lunar. Representa cosas.
—¿Tú que representas de ella?
—Lo que ves.
Cerró la conversación yéndose a la cocina. Nikolai quiso preguntar,
pero no le pareció muy sensato enfadar a un nanatsu de ojos azul claro.
Simplemente suspiró, jugando con su cola y una mota de polvo denso del
suelo. Valentine siguió coqueteando a Roger mientras Maki lo arrastró,
jalándolo de la camisa, al interior del pasillo, donde no podían verlos.
—Hola —saludó él, con una actitud pedante y sarcástica. Maki le
sonrió.
—Hola, Niko. Lamento lo de Val… suele ser agresiva con los que no
conoce. Pero al parecer le echó el ojo a Roger… —Rio— ¿Por qué has venido?
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—¿Bromeas? Casi te matan. Roger estaba muy preocupado… y,
honestamente, yo lo estaba un poco también.
—Fuiste un idiota la otra noche.
—Lamento eso. Fueron malos comentarios. Estaba nervioso, hace
años que no me besaba una chica.
—¿Los chicos no cuentan para ti? —preguntó ella de forma burlona y
Nikolai simplemente suspiró fastidiado.
—No soy gay, ni lo fui. No hagas esos chistes, son de mal gusto.
—Tú bromeaste sobre mi raza, y eso también es de mal gusto.
—Y yo dije que lo siento —frunció el ceño, algo enojado. Volteó la cara,
mirando al suelo. Maki carraspeó, rompiendo el incómodo silencio—. No
trato con lunars, son muy peligrosos.
—Yo no soy peligrosa.
—¿Olvidas cómo nos conocimos? —Ella bajó las orejas, derrotada.
—Yo… sigo una dieta estricta ahora. El doctor y mi… padre adoptivo
me obligan a comer, y Ghunter… me la prepara a veces. No volveré a
enloquecer…
—¿De verdad? Qué bueno que… cuides tu salud. Incluso podría decir
que te ves más rellenita, pero eso sería ofensivo.
—Mejor guárdate esos comentarios, por tu bien —Se le acercó, hasta
lograr que la espalda masculina tocara la pared. Se sintió más fría de lo que
quiso—, o podría devorarte, tal como temes.
—No eres más alta que yo, te estoy mirando un poco hacia abajo,
esto no tiene sentido —Trató de corregir él, marcando su diferencia de altura,
pero ella le puso una mano en el medio del pecho y acercó sus caras a
pocos centímetros. Nikolai se sonrojó furiosamente de la vergüenza de
sentir su corazón latiendo como loco debajo de los dedos femeninos.
—O-oye…
—Shhh… no lo arruines —susurró Maki, acercándose lentamente.
—¿Yo sí lo puedo arruinar? —La voz de Valentine hizo que Nikolai
diera un brinco, y que Maki la mirara con una línea roja muy notoria
surcándole la cara.
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—Hola, Val…
—¿Dónde dejaste a Roger? —El chico sonrió incómodo.
—Oh, sigue sentado en el sofá, más rojo que tú. Le di un besito y le
dije que era lindo —La gata sonrió orgullosa. Maki hizo una mueca bajando
las orejas.
Val, no te acuestes con él. Él es tierno y lindo, no la clase de chico
con los que duermes… —pidió la albina, alzando las cejas en una carita
medianamente adorable.
—¿Y esta es la clase de hombres con las que tú duermes, chérie? —
La felina contraatacó, yendo hacia Nikolai. Le levantó la camisa y tocó su
estómago, blando— ¿Un chico sin abdominales, sin tanto dinero y con carita
de niño malvado? ¿Ese es el tipo de hombres que tú te llevas a la cama?
Maki no respondió, sintiéndose avergonzada.
—No. Maki se tira a grandullones adinerados como Ghun-Ghun, que
pueden doblegar su espíritu dominante… pero tú… —Miró a Nikolai a los
ojos— no tienes nada de eso.
—¿Saben qué? Mejor me voy… —Se apartó rápidamente de ambas
mujeres y se dirigió a paso veloz hacia la sala de estar, donde Roger (igual
de rojo) conversaba con Lucifer— ¡Roger, nos vamos! Maki está bien y…
bueno, volveremos a verla otro día, ¿sí? Cuando no… esté la gatita.
—Bien…
—Una chica te besó, es un buen inicio de semana —Le dijo,
acariciando su cabeza bruscamente—, cuéntamelo todo en el coche.
Cuando sintió el sonido de la puerta, Maki miró a Valentine, y esta
última alzó y bajó las cejas repetidas veces, con una sonrisa socarrona.
—Realmente te gusta ese tipo, ¿eh? No es la clase de chico con los
que la gran y bella Maki Yamato suele acostarse…
—¿Gustarme? Nah… —Valentine alzó una ceja sin creerle nada—
Solamente… eh… quiero llevármelo a cama. No tiene ciencia.
—¿Y por qué te das tantos rodeos entonces? La Maki que conozco ya
estuviera cabalgando sobre él, ¿o me equivoco?
—Val, deja el tema. Solamente es que… quiero cambiar mi forma de
hacer las cosas. Quiero decir… algo que no sea siempre beber y… tratarse de
121
forma ruda. Algo de…
—¿Cariño? Querida, ¿quieres enamorarte a estas alturas? —Maki no le
respondió, pero el que calla otorga— Es algo muy… “non-Maki”, ¿sabes? No
voy a decirte que no lo hagas, pero… hay mejores opciones.
—¿Mejores opciones?
—Ese chico no parece muy espabilado. Ni siquiera te ha besado, y
parece de la clase de hombre que podría pegar a una mujer. No sé, no me
fío de él…
—He dormido con hombres que sí que me han pegado —rebatió la de
ojos azules, sin entender el punto.
—No en ese sentido… —Valentine suspiró— ¿Sabes qué? Vamos a
dejar el tema…
—Gracias…
—…y vayamos a ver a Hayato. Tengo ganas de una cena familiar.
Maki negó con la cabeza con sorna, pero no se negó del todo. Pidió a
Lucifer que no saliera, aunque el nanatsu se rehusó e igual decidió
acompañarla. No estaba dispuesto a estar ausente de nuevo si a su ama le
pasaba algo. ¿Qué clase de nanatsu sería sino? En el coche de Maki se
ubicaron los tres, y mientras la dueña conducía, su amiga se encargó de
poner la música. “Big Juicy”, de Ayesha Erotica, era muy… cuestionable, pero
ambas féminas cantaban alegres mientras que el auto de lujo se colaba por
calles estrechas que pronto las hicieron llegar a la oscuridad mal iluminada
propia del Mercado Negro.
Había mucha más gente que de costumbre merodeando por ahí, y los
negocios estaban atestados de gente que compraba o miraba como locos.
El tráfico automovilístico también era denso. Valentine se exasperó a mitad
de camino y aplastó el claxon esperando que las tortugas de adelante se
movieran a una velocidad mayor a diez kilómetros por hora.
—Sí que hay tráfico aquí abajo —comentó Lucifer, mirando por la
ventanilla—, ¿normalmente no está como más apagado esto?
—Eso es porque Tesla no está por aquí. Muchos caza recompensas
están por aquí buscándolo para matarlo. El precio por su cabeza es
altísimo… —Maki se oía algo asustada— Tanta gente me marea.
—¿Quieres regresar a casa?

122
—No, no… Hayato debe de estar manejando el burdel y… parte de
algunos negocios. Además, él puede tener noticias sobre Tesla. Quiero que
ese enano vuelva ya… esto se siente raro sin él.
—Hay mucha clientela rara en el Flowers… —Lucifer bajó el cristal y
asomó la cabeza, viendo la aglomeración de gente alrededores del popular
club.
Valentine se bajó junto a Lucifer, y caminaron hasta encontrarse cara
a cara con un enorme hombre. El mismo, un oso panda vestido de negro, y
que fumaba un tabaco caro, miró a la felina y a su acompañante con
seriedad.
—¿No está abierto hoy? La gente está afuera… —mencionó Valentine.
—El rubio huyó. Debe estar escondido junto al enano. Estamos
buscando pistas para encontrarlos. Quien mate a Tesla será el líder del
Mercado. ¿Trabajas aquí?
—No, soy una clienta regular, pero no venía desde el revuelo de la
pelea. Es una lástima que hayan cerrado…
—No te preocupes, primor. Cuando mate a ese enano podrás ir todas
las veces que quieras, y te será gratis si yo dirijo el club. Por ahora todos los
locales de ese rubio pedante estarán cerrados.
—Oh… vaya. Qué decepción… —Se volteó hacia Lucifer, quien vigilaba
el auto donde estaba Maki con la mirada— Volveremos en unas semanas,
supongo.
—Hay alguien vigilando el coche —señaló el nanatsu, sin dejar de
mirarlo.
—¿Quién?
Un tipo grande. Al fondo de aquella multitud —Señaló con su dedo lo
más discretamente que pudo, y en efecto, había un hombre
sospechosamente cerca del Audi de la albina. No podía distinguirse muy
bien desde la distancia, pero al parecer se trataba de un lobo con una gorra
que cubría su cabellera.
Lucifer caminó hacia la misma multitud y se perdió entre la gente.
Valentine simplemente fue directamente hacia el coche, y entró en él, donde
se sentó en el asiento del copiloto. Pretendió hablar con Maki, pero ella no
estaba.

123
«¡¿Está loca?!»
Salió lo más rápido que pudo, y empezó a buscar a su amiga con la
mirada. No iba a gritar su nombre, porque quizá mucha gente presente
(esos asesinos) podría reconocerla como la hija de Tesla, igual que harían si
se tratara de Hayato. Caminó pisando fuerte, y con la frente sudada de
ansiedad. ¿Alguien la secuestró? ¿Salió persiguiendo a un chico guapo?
¿Alguna llamada telefónica sospechosa? Chocó con Lucifer de tanto
hundirse en sus pensamientos, y él sostuvo su brazo calmándola.
Maki solo miraba las estrellas mientras miraba un cigarrillo entre sus
dedos. Nunca le había gustado fumar, pero pretendía hacerlo algún día… o al
menos eso había dicho. Valentine suspiró, más relajada, y simplemente la
miró desde su posición. Había olvidado lo sensible que era para su amiga el
tema de la familia, y que su padre adoptivo estuviera algo grave por… alguna
pelea rara, claramente le dejaría algo confundida cuando menos.
Maki tenía muchas ganas de volver a los viejos vicios, pero estaba de
alguna manera pausada en la indecisión. Frustrada por no poder siquiera
elegir qué quería hacer, ella exhaló. Miró hacia el frente, esperando ver a
algún nanatsu hambriento típico del Mercado, pero su sorpresa fue grande
cuando le devolvieron la mirada unos orbes blancos inmaculados, y que
brillaban.
—¿Eh…? —Maki tragó saliva cuando vio esos ojos luminosos
acercándosele, y retrocedió un paso. Los nanatsus de ojos blancos eran
muy raros, era casi un milagro dar con uno, y solían ser seres malvados y
bestiales con un gran intelecto que rivalizaba con el de cualquier asesino en
serie.
—No se asuste —pidió una voz afeminada—, no quiero que corra. Por
favor, acérquese…
—Lárgate —gruñó ella de vuelta—, o… te morderé.
Transformó parte de su cara y mostró los colmillos, sintiéndose
amenazante. Sin embargo, bajó sus orejas asustada cuando un enorme
hombre de más de dos metros apareció de entre las sombras cual fantasma.
Lo miró con la cola entre las piernas y temblando. Nunca un nanatsu le
había dado tanto miedo, a excepción de Keyal.
—¡Aléjate de mi ama! —gritó Lucifer, corriendo. Rápidamente gruñó
interponiendo su cuerpo entre Maki y el gigante de pelo gris. Físicamente el
nanatsu tenía una apariencia atractiva, con un pelo plateado y rubio parecido
124
al de Lucifer y una tez paliducha, pero no tanto como para confundirlo con
un vampiro de “Crepúsculo”.
Lucifer tenía su cola erizada, con las escamas en punta listas para
salir disparadas. No era un nanatsu muy agresivo, pero si era grande y
corpulento. Gruñía con sus orejas élficas alzadas y sus ojos azules brillando
muchísimo. Maki no recordaba cuándo fue la última vez que su querido
nanatsu se mostró tan enfurecido.
—Solo quiero darle esto —Sacó con algo de temor una cartita de
papel de su bolsillo y se la extendió a Lucifer, con una sonrisa tímida y
amable. Valentine se sorprendió ante su serenidad.
«Claro… si ni siquiera puede considerar a Lucifer como una amenaza»
—¿Qué…? —balbuceó la albina, tomando el trozo de papel con miedo.
Lucifer gruñía sin despegar la vista de aquella carita de ángel tan
terriblemente tierna.
—Se la envía mi ama. La señorita Nara solo quiere lo mejor para
usted, señorita Maki —Sonrió el nanatsu. Valentine alzó sus orejas.
—¿Cómo sabes…?
—Adiós, ya debo irme —Tomó inesperadamente la forma de un lobo
enorme, similar a un lunar y se perdió en la misma oscuridad de donde
apareció. Maki, escéptica, parpadeó par de veces antes de reparar en la
carta extraña que tenía en la mano. Lucifer suspiró dejando ir un respingo.
La felina le acarició la espalda con cariño.
—Ese tipo es raro —dijo el de ojos azules, con un tono extrañado en
su voz.
—Y me conoce… —murmuró su ama, abriendo con cuidado la carta.
Tenía una tipografía muy… extrañamente conocida.
“Maki:
Sé que no confías un pelo de mí, y eso es bueno… pero realmente
quiero ayudarte. Reúnete conmigo… hablemos como hermanas. Padre no
trama nada bueno, quizá fue su idea lo que le ocurrió a Tesla pero…
realmente quiero ayudarte. No quiero que padre te mate, déjame salvarte de
él. Por favor.
Con amor,
125
Nara”
Maki arrugó la frente al terminar de leer la dirección en el reverso de
la hoja y suspiró. No sabía quién demonios era Nara, pero era curioso que la
conociera, enviara a un nanatsu (DE OJOS BLANCOS) a llevarle una cartita
en lugar de mostrarse ella misma… pero la había llamado “hermana”. Solo
podía recordar a su hermano mayor, a quien abandonó siendo muy niña, a
sus hermanos adoptivos de la familia Taylor, a quienes también dejó atrás
en la adolescencia, y a su medio hermano Hayato, que… es un caso perdido.
Nunca había tenido una hermana de forma tan… cercana. Bajó las
orejas, dudando más. Cada vez todo se tornaba más confuso.
Su estómago rugió de hambre. Valentine le puso una mano en el
hombro, y, cuando la miró, le sonrió y dijo:
—¿Vamos a por unos filetes?

126
12

Era una casa de madera en medio de Sherman Oaks. Limpia, pero


con un aura extrañamente especial, que le daba escalofríos a Maki. Lucifer
fue quien cruzó el porche y tocó el timbre antiguo. Oyó pasos acercándose y
una mujer abrió la puerta.
—¿Eh? —El nanatsu quedó anonado mirando a la copia exacta de su
ama frente a la puerta. Miró ora a Maki, ora a la desconocida que la clonó de
alguna manera. Pero… no tenía cicatrices en el ojo ni en la oreja. Era… como
una gemela, pero con ojos violetas.
—Hola… —saludó tímidamente la chica, moviendo la mano en un
amigable movimiento— Luci, Maki, pueden… pasar.
Ambos obedecieron confusos, Maki estaba estupefacta. La casa no
era muy grande, pero estaba muy limpia y muy bien cuidada, con pocos
muebles, pero los que habían eran refinados y de terciopelo fino. Vivían bien,
aunque no de lujo. Sentado en un sofá Lucifer vio de nuevo al gigante de
ojos blancos leyendo un libro, quien al reparar en su presencia, alzó las
orejas y lo saludó con una amabilidad infantil.
La gemela de Maki tomó asiento frente a una mesilla de cristal y
luego pidió a su hermana que la imitara. Lucifer se quedó a una silla de
distancia de ambas, observándolo todo como un halcón.
—Bueno… al fin te veo la cara —Sonrió la de ojos violetas. Maki asintió
incómoda—, aunque bueno, la veo todos los días en un espejo, pero ya
sabes, sin… cicatrices.
—¿Quién diablos eres? —No pudo aguantar más y lo soltó.
—Soy Nara, tu hermana gemela. Nacimos juntas, pero tú no te diste
cuenta nunca.

—¿Padre te desechó?

—¡No! Solo… pasaron muchas cosas y… nunca me conociste. El punto


es… que él me busca a mí, ¿sí? Pero no sabe que estoy fuera, y entonces por
eso te trata de capturar a ti…
—¿Salir de dónde? ¿Qué sabes…?

127
—Maki, calma, ¿sí? Te explicaré todo… lo prometo. Pero debes
mantener la calma, ¿okey? Estoy de tu lado, y padre jamás va a tocarme… no
sin un plan de antemano.
—¿Plan para qué? ¿Y por qué…?
—Padre es… más de lo que tú crees. Es peligroso, muy peligroso. Me
tuvo a mí porque… quería heredar su poder y así poder tener un cómplice
para matar ángeles, pero… naciste tú en mi lugar, y… por eso trata de
matarte de alguna manera.
—Si tratara de matarme, ya lo habría hecho.
—Antes sí lo trató. Ese ghoul que te atacó… quería hacerlo. Por eso
te… di a Luci, quien es muy útil y lindo y…
—Espera —Maki la interrumpió—, ¿me… “diste” a Lucifer? ¿Qué
significa eso exactamente?
—Es una larga historia…
—Dila —Dio un golpe a la mesa y el nanatsu de ojos blancos se
levantó gruñendo. Lucifer gruñó poniéndose de pie también, pero en
protección de la albina de la oreja rasgada.
—Juzzo, siéntate —ordenó Nara y el de ojos blancos bajó las orejas y
acató—. Maki, no es algo que cualquiera pueda digerir… algún día podrás
entenderlo, por ahora confía en mí —Tomó su mano—, porque quiero que
vivas. Porque te lo mereces. ¿Crees que es justo que hayas sufrido tanto por
mi culpa?
—¿Tu culpa?
—Padre me busca en ti… por eso no te ha matado. Pero si de alguna
manera descubre que existo sí que te matará. Solo quiero ayudarte, estoy
elaborando un plan… y quiero que tú seas consciente de él.

Maki respiró hondo y cerró los ojos con las orejas en alto.

—Te escucho.
—Encararé a padre, y le obligaré a dejarte ir. Por eso, voy a suicidarme
—Juzzo y Maki abrieron los ojos con horror.

128
¡Pero señorita Nara, usted no había dicho nada sobre suicidarse!
—¿Por qué diablos necesitas matarte?
—Una vez yo no exista, padre se verá obligado a crear otro sucesor.
Dejará en paz a Maki, y así todos ganan —Miró a Juzzo con una sonrisa—.
Sabes que yo no pertenezco aquí. Soy como él, pero con buenos
sentimientos.
—¿Realmente quieres hacerlo? He vivido escondida toda mi vida,
puedo…
—En cuanto descubra que tú no me tienes en tu interior, te dará de
comer a sus nanatsus, así que morirás igual. Puedo asegurarte que sabe
dónde estás, pero no actúa porque tiene otras prioridades, como
esconderse de esos ángeles de carne… Estamos contra el tiempo, hermana
mayor —Sonrió sosteniendo su mano con las suyas—. Quiero irme dejándote
en paz. No tengo mucho futuro aquí, los ángeles me cazarán algún día…
—Pero señorita Nara… —murmuró su gran nanatsu, temblando—
realmente no tiene que morir… ¿no?
—Juzzo, lo hago por ser una buena mujer. Mi hermana mayor vive
bajo la sombra mía por las egoístas y erradas acciones de mi padre. Quiero
ponerle fin a todo esto, aunque deba dar mi vida.
—¿Por qué?
—Me rehúso a seguir sus órdenes. No seré como él, ni tomaré el
camino fácil. Es un ser malvado, lleno de ira y con objetivos incompletos. No
quiero que dé rienda suelta a los demonios que esconde.
—Pero Nara… —Maki trató de frenarla, pero la mirada tranquila de ella
le transmitió seguridad y paz. Eran idénticas, pero a la vez diferentes…
—Verás… lo que pasa con nosotras es un fenómeno extraño que hizo
que dos almas coexistieran en un mismo cuerpo —explicó la de ojos violetas,
sonriente—. Normalmente en los lunars una de las dos se come a la otra,
pero no fue el caso. Yo “nací” primero que tú, por así decirlo, pero siempre
fui muy vulnerable —se encogió de hombros—, y al final casi mato a tu
cuerpo varias veces. Luego llegaste tú, que conociste el mundo
adecuadamente… con el paso del tiempo, a medida que te fui dando
nanatsus, me fui desarrollando.
—¿Y cuándo saliste de mi cuerpo, o como se diga? —Maki entornó los
129
ojos.
—Oh, estabas ebria. Rodeada de dos tipos enormes aquella vez, je,
je... —Se sonrojó—. Ni siquiera notaste algo —Le sonrió—. ¿Satisfecha?
—Más o menos…
—Ahora… ¿quieres una taza de té de manzanilla? Es mi favorito…

La velada con Nara fue rara. Maki nunca esperó en ninguna de sus
vidas el tener a una hermana gemela desconocida. Se sentía como un giro
de guion ridículo y cliché de alguna película mediocre. Rio al darse cuenta de
que su vida en sí era solo un chiste mediocre y sin sentido: una niña cobarde
que se escondió de su padre toda la vida… Maki rio sin ganas, haciendo que
Lucifer la mirara de reojo mientras conducía. Él estaba profundamente
preocupado por su ama. No se tomó a mal el deseo de Nara por suicidarse y
ponerle fin a todo el asunto, ya que al fin Maki sería libre y no tendría que
vivir con miedo nunca más, pero… en parte estaba muy confundido.
¿Por qué ella no simplemente se mató y dejó fluir todo como si nada?
¿Planeaba algo con Philip que ellos no supieran? ¿Era acaso una trampa?
Sacudió su cabeza par de veces en una luz roja, y vio de reojo a la albina,
quien tranquilamente miraba por la ventanilla, con una sonrisa vacía en la
cara.
Al llegar a la casa se toparon con Nikolai y Roger esperándolos en el
jardín, con la puerta del pórtico abierta (quién sabe cómo diablos lograron
entrar ahí sin salir… oh, cierto, Maki ya no electrificaba las verjas). Ambos
comunes sonrieron al ver a la dueña del sitio y ella se les quedó mirando
con curiosidad.
—Hola Roger, ¿qué los trae a mi humilde morada? —saludó ella,
alzando las cejas y las orejas sobre su cabeza.
—Hola a mí también —murmuró Nikolai algo cohibido—, y lo siento.
—¿Por qué lo sientes? —Ella lo fulminó con los ojos.
—Me escapé el otro día… le tengo miedo a tu amiga, la gatita…
—¿No está aquí, cierto? —preguntó Roger preocupado, y mirando en
todas direcciones. Maki rio mientras negaba con tranquilidad. —No está
aquí ahora… pero pueden pasar si eso quieren. Acabo de regresar de un
viajecito curioso —dijo mientras abría la puerta principal. Nikolai esperó a
130
que los demás pasaran para luego agarrar la cola de Maki.
Teniendo en cuenta que agarrar la cola de alguien es algo bastante
(demasiado) irrespetuoso y sumamente íntimo, ella lo miró con clara
sorpresa. El chico, lejos de mostrarse inseguro y avergonzado, sonrió como
si en serio se viera sensual (la verdad es que era gracioso) y la miró
directamente a los ojos.
—La verdad es que… quería invitarte a una cita.

Maki abrió los ojos bastante sorprendida.

—¿En serio?
—Sí. Muy en serio, pero si aceptas tengo una pequeña condición —La
chica alzó las cejas esperando sus palabras, aunque en el fondo sabía de
qué se trataba—, nada de sexo. No quiero que creas que solo quiero dormir
contigo. Me gustas y eres guapa, pero quiero… que pruebes algo nuevo.
Ella se quedó en silencio sin dejar de mirarlo. Por su mente habían
pasado muchas ideas sobre salir con Nikolai, pero todas acababan en sexo,
ya sea romántico o no. Nunca había salido con alguien que no la quisiera en
su cama, así que era casi terapéutico. Lo pensó detenidamente.
Una cita sin sexo implicaba comida, quizá algo de beber, alguna
actividad entretenida y una despedida que cortaría su contacto por esa
jornada. Maki no recordaba cuándo fue la última vez que, después de haber
salido con algún chico (que le gustara), había vuelto tranquilamente a casa a
ver Game of Thrones y luego dormir con calma. Se remontaba a la
adolescencia… al principio de conocer a su primer novio. Algo en esa idea la
emocionó.
—Vale. Una cita, sin sexo al final. No suena mal —concedió, sonriente
y él tomó su mano y la invitó a pasar. Maki dejó ir una risilla mientras
recorría su pasillo— ¿Y a dónde iríamos, si puedo saber?
—Estaba pensando en comer algo en un restaurante italiano cerca del
instituto de mi hermana. Ella quería conocerte… es muy extraña con mis
parejas.
—Sabe que no hay muchas —bromeó la albina, yendo hacia Roger,
quien empezó a contarle sobre lo difícil que era Dark Souls a las dos de la
madrugada con una latita de Red Bull y dos de la bebida Monster.

131
—¿El jueves te parece bien? —preguntó Nikolai mientras Roger y la
loba lo observaban.
—El jueves es mañana. ¿Qué hay mañana? —preguntó esta vez
Lucifer, curioso.
—Una cita —contestó su ama mirando a Nikolai con las cejas
alzadas—, y me parece bien… ya que no tengo nada mejor que hacer.
—El jueves entonces.
Roger siguió contando, ahora cambiando de videojuego a Hollow
Knight.

Cocaína. La vieja “azúcar” que ella solía inhalar como una condenada
aspiradora en sus años mozos. Tesla miraba el paquetito con una mezcla
de sentimientos. El asco no era uno de ellos, tampoco el desagrado.
Simplemente se contrastaban la seriedad y una nostalgia casi melancólica.
Lo abrió y tomó un poco. Hayato entró, y al verlo finalmente despierto, le
puso una mano en la cabeza, con cariño y cuidado.
—¿Qué haces con mis cosas? —preguntó el rubio, mirándolo con
curiosidad— ¿Eres de la campaña anti drogas del gobierno? ¿Vienes a
entregarme a un reformatorio o a Narcóticos Anónimos? —bromeó,
quitándole la pequeña bolsita plástica de las peludas manos a su padre
adoptivo.
—Solo recordaba cuánto esa mierda estuvo rompiéndole la cabeza a
tu hermana.
—Han pasado más de cincuenta años desde que Maki dejó de
consumirla, creo. ¿Por qué lo recuerdas ahora?
—Era un caso difícil. Salió de la droga por su cuenta, pero nunca
solucionó su dilema con el alcohol. Morirá de alguna cirrosis hepática algún
día, y quiero estar ahí para reírme.
—Tesla…
—Ella realmente pudo dejarla. Me pregunto por qué lo hizo, si su
cuerpo podía resistir siglos sin romperse.
—Bueno, gracias a ese polvito mágico sí que le rompieron el culo
varias veces, ja, ja… —Tesla no sonrió— Y nunca, ¡nunca! tuvo la suerte de
acostarse con una mujer por error. Es una suertuda esa mujer… incluso
132
drogada tenía alto juicio a la hora de escoger calentador de cama.
—De un momento a otro, ella dejó de drogarse y de acostarse con lo
que se movía. Cambió para bien, creo.
—Tesla… —repitió Hayato, mirándolo.
—Me pregunto si ha tenido recaídas alguna vez.
—Papá… —Él lo miró molesto.
—No me llames así. No soy tu padre, tu padre está merodeando por
ahí, escondiéndose de los ángeles que terminaron dándome una paliza a mí.
—Mi padre anda suelto por ahí, pero tú eres mi papá. Siempre lo
serás para mí.
—Solo soy un monstruo al que le tienes aprecio. Cuando te mate
algún día no te quejes.
—Sé que no lo harás —Acarició su cabeza peluda—. Y estoy seguro de
que Maki te considera así también. Ella dejó la cocaína porque tenía
alucinaciones horribles.
—¿Qué clase de alucinaciones?
—No sé, solo sé que despertaba sudada y aterrorizada. Gritando por
ayuda, y yo tenía que abrazarla y consolarla como a una niñita pequeña.
Afirmaba vivir pesadillas y esas cosas. Sabes que no está muy bien de la
cabeza que digamos…
—Me sorprende que nunca haya enloquecido del todo.
—Nunca la dejamos sola del todo —Sonrió y el lobo enano le dio la
razón—. ¿Cuándo vas a salir de nuevo?
—Cuando me recupere bien. La caída me fracturó varios huesos.
—¿Ninguno roto como tal?
—Hubiera muerto si se hubieran roto. La fuerza con la que me
lanzaron era muy superior a lo que tú crees.
—Nunca había visto a esa raza de demonio. ¿Cómo se llamaban?
—Ángeles…

133
—Así que… Maki, ¿verdad? —bromeó Nikolai y ella asintió mirando el
menú— Me alegra saber que vas a pagar esta elegante cena.
—No voy a dejar que te quedes en bancarrota solo por pagarme pasta
fina, Nikolai…
—Qué amable de tu parte. Creí que solo gastabas en videojuegos y
televisión por cable.
—También consumo mucha comida rápida y bebo mucho alcohol.
—¿Eso debería preocuparme?
—¿Me ves gorda o borracha? —Él negó— Pues entonces no tienes
nada de qué inquietarte.
—Cuéntame algo sobre ti —dijo el lobo castaño, bajando las orejas—.
No sé casi nada.
—¿Qué quieres saber?
—Para empezar… tu nombre completo.
—Maki Yamato.
—¿Ascendencia asiática? —Alzó una ceja.
—Apellido de mi padre adoptivo. Creo que se lo inventó… pero
realmente no importa. Hubo un tiempo donde me llamé Maki Taylor… o eso
creo.
—¿Estuviste casada?
—No, fui adoptada por esa familia cuando era una niña pequeña.
—O sea, que no tienes idea de tu verdadera familia —Maki sonrió
antes de mentir.
—Así es… ni una idea. Esa familia adoptiva fue realmente de lo mejor
que me ha pasado alguna vez. Conocí el amor con ellos.
—¿Tu madre y padre adoptivos murieron?
—Ah… a estas alturas sí. Tengo más de mil años, no pueden estar
vivos —Antes de que Nikolai siquiera se sorprendiera, el camarero llegó a
tomar su orden. Ella ordenó por los dos con una amplia sonrisa coqueta. El
mozo se sonrojó cuando se le insinuó descaradamente al decirle algo sobre
hacer cochinadas en uno de los almacenes de la cocina mientras el chef
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principal cocinaba su plato más elaborado.
—Que chico tan agradable —susurró la albina sonriendo, mientras
miraba la espalda del camarero alejarse. Volvió su atención a su cita.
—¿Tienes… qué edad dijiste? —preguntó el castaño en shock. —No
sé… quizá mil cincuenta y tantos. ¿Me veo joven, eh? —Bebió de su agua—
Pero no le des importancia. El ciclo de envejecimiento no me ha afectado
nunca, quizá no pueda envejecer y ya.
—Te ves más joven que yo… ¿No es… un poco triste? Vivir tanto… sin
nadie que pueda ayudarte a recorrer todo el camino…
—La inmortalidad no es mala. La pintan muy fea. Realmente es bonita
si la ves desde mi punto de vista —explicó—. Mi hermanastro y mi padre
adoptivo actual tienen la misma situación, y hay rumores de que Tesla ha
vivido más de cinco mil años… pero nunca hemos podido confirmarlo.
—¿No tienes miedo a estar sola?
—Caliento mi cama cada noche con un chico distinto, Nikolai. ¿Cómo
podría sentirme sola? Además, no está tan mal. Tengo dinero, y amigos. Y
una familia que está ahí cuando lo necesito.
—¿Nunca has pensando en el qué pasaría cuando tus amigos mueran
de vejez?
—No es un tema que me ocupe por el momento —Recibió su plato
con una sonrisa de oreja a oreja y comenzó a comer—. Basta de mí,
hablemos de ti. ¿De dónde eres?
—Nací en Nueva Jersey, pero mis padres se mudaron aquí cuando
tenía tres años.
—¿Fuiste a la universidad?
—A la de Princeton, curiosamente.
—¿Fue divertido? ¿O eras un memo amante de los libros?
—Realmente fue algo neutro. Recuerdo… varias cosas.
—¿Cómo qué? —Parecía muy interesada— ¿Alguna chica…?
—Salí con una, pero no resultó.
—Ah… —Bajó sus orejas blancas— ¿Por qué?
135
—No es algo que quiera discutir en una primera cita —cortó él,
incómodo—. En general tenía unos pocos amigos hasta que… mataron a uno.
Una depredación de lunars, nada importante.
—Lamento oír eso.
—No, no lo haces —Hizo una mueca y Maki se encogió de hombros— ,
pero no importa. Tu vida es más larga que la mía, háblame de ti. Yo soy un
aburrido universitario que trabaja a tiempo parcial mantenido por la herencia
de mi abuelo… que no es mucha que digamos. Me da para vivir
honestamente sin darme demasiados lujos, pero también trabajo como
diseñador web de la empresa de Roger.
—¿Roger trabaja? —preguntó sorprendida— Creía que era un gamer
ermitaño.
—Lo es, pero es un gran informático. Trabaja desde casa para la
empresa de su hermana mayor, y vive con la mitad de su sueldo.
—¿Y a dónde va la otra mitad?
—A hardware, videojuegos, pagar la wifi… esas cosas. Mayormente
cosas técnicas y algún que otro ahorro.
—¿Y por qué viven juntos?
—Un común del Caribe ajeno a todo el crimen desorganizado y
violento de una gran ciudad como Los Ángeles… se lo comerían apenas
saliera solo por ahí. Muchas veces tengo miedo de que descubra lo que
realmente son los lunars. Podría asustarse muchísimo.
—Es lindo ver cómo te preocupas por él.
—Dije que habláramos de ti, no de mi compañero de piso.
—Bueno, yo no fui a la universidad. Dejé la escuela a los diecisiete.
—¿Por qué?
—Bueno… tenía problemas para mantenerla a ella y a mi trabajo.
—Pero si vivías con tu familia adoptiva, ¿por qué necesitabas un
trabajo para pagarte la escuela?
—Abandoné a esa familia cuando tenía quince. Tenía mis motivos así
que te agradecería si no preguntas —Sonrió bebiendo agua de nuevo—.
Encontré trabajo al mudarme a la otra mitad de la ciudad, y traté de seguir
136
en una escuela donde me inscribió mi actual padre adoptivo: Tesla. Pero… él
no pagaba más que la matrícula anual, así que los libros, la comida, y el
tiempo empleado en estudiar debían de ser por mi cuenta. Después de
matar a un bastardo que me acosaba, fui expulsada y no volví a pisar ahí.
—Suena duro.
—Lo fue… un tiempo. Luego conocí a Hikky y todo mejoró de alguna
manera. Fui feliz un par de años.
La velada en sí no fue mala. Nikolai no preguntó las cosas que la
enojarían, y obvió que Maki temía a su padre biológico. Luego de la cena
fueron a jugar a los bolos, donde ella demostró sus grandes habilidades con
la gran bola en sus manos. Él sonreía mucho a su lado, viendo ese lado suyo
tan… normal. Parecía una chica cualquiera de unos pocos cientos de añitos.
Quería verla así… tranquila, sonriente y sobria. Maki era más hermosa
cuando no estaba intentando hacerse la dura o acostarse con hombres
apuestos.
A la hora de volver, mientras iban hacia el coche de Nikolai aparcado
al sur de la bolera, la albina recibió un mensaje de texto. Tras mirarlo un par
de segundos, ella de inmediato deshizo su sonrisa y tragó saliva.
—¿Qué pasa? —preguntó Nikolai, y ella suspiró mirándolo.
—Tengo que irme. Mi hermanastro está buscándome. Tenemos un
asunto pendiente.
—¿Es urgente?
—Sí. Lo siento, Niko. Ten un viaje seguro a casa. Dale saludos a Roger
de mi parte.
Se marchó por la dirección opuesta, rápido. El castaño la vio alejarse
hasta que se perdió entre la multitud de gente de una cebra. Se le escapó un
suspiro cansado, y notó el humo saliendo de su boca. Hacía frío y no se
había dado cuenta. Se preguntó si Maki también lo sintió ahora que
caminaba contra el viento.

—He venido tan rápido como he podido —afirmó ella, hablando con
un fino acento británico que Hayato no escuchaba desde hacía años—, ¿qué
pasa?
—De hecho, Maki, yo fui quien escribió el texto —dijo Tesla, mirándola

137
a los ojos. No tenía la máscara de siempre, que reposaba (rota) sobre la
mesa. Los cristales de los lentes estaban resquebrajados y el cuero
ligeramente estirado. Maki vio por primera vez a detalle la cara del enano
peludo: era un lobo, sí, de pelaje blanco como el resto de su cuerpo y sin una
mancha. Pero sí tenía unas cuantas cicatrices en la nariz, una gigantesca
que se extendía como una raíz desde el puente hasta casi la boca.
Era una marca horrible que le daba a Tesla un porte más amenazador
que su cuerpecito de niño de diez años.
—¿Por qué? ¿Dónde está Hayato?
—Salió a buscar a Valentine. Ella es parte de la familia también, yo
solo espero que no estén aullando mientras follan como animales en celo
—Cerró los ojos con paciencia—. Pero quiero hablar contigo a solas un
momento. Por eso lo mandé a él y no a Ah o Un.
—¿Y qué es? —Tomó asiento frente a él, cruzando las piernas.
—Me cazan ángeles —dijo el albino, seriamente. Maki parpadeó varias
veces.
—¿Ángeles…?
—Ángeles de carne, ángeles, como sea… me están cazando porque
no encuentran a tu padre y les exigen resultados. Tengo que exponer a tu
padre, que está escondido como una rata en algún sitio huyendo de ellos.
—¿Y por qué me dices eso?
—Porque solo tú puedes sacar a tu padre de su escondite —Ella abrió
mucho los ojos, indignada—. No sabe de Nara, y me conviene. Serás mi
carnada, pero —La interrumpió antes de que pudiera protestar— voy a
protegerte. Ahora mismo no puedo, pero en unos tres días volveré al
Mercado. Hay una guerra esperándome ahí, quieren matarme porque creen
que pueden. Pero si haces que tu padre salga, y cumples el plan de tu
hermana…
—¿Cómo sabes de ese plan? —Lo cortó ansiosa. La cola se movía
nerviosamente hacia arriba y abajo.
—Nara habló conmigo mucho antes de lo que tú crees. Eso no
importa, ¡solo quiero —gruñó—…! que obedezcas. No vas a morir, ni Hayato,
ni yo, ni ninguno de nosotros. He sabido sobrevivir solo desde que desperté
en una cueva sin noción de mi identidad hace años… creo que puedes
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confiar en mí.
—¿Y si matan a mi hermano? O peor… ¿y si te matan a ti? ¡Esos
“ángeles” que dices casi logran que mueras, Tesla! —gritó ella, furiosa y
asustada— Ya demostraron que no eres invencible, ahora va a buscarte
también la gente del Mercado.
—Soy más poderoso de lo que un puñado de ratas de alcantarilla lo
serán alguna vez.
—¡Eres uno contra miles! ¡No puedes ganar una guerra así!
—¡Soy Tesla! —gritó él de vuelta, sacando los dientes. Dientes
afilados que Maki jamás había visto— ¡Soy el demonio auténtico de Los
Ángeles, de Estados Unidos, del maldito mundo! Nada ha podido matarme
en siglos… nada lo hará ahora.
—Me preocupa nuestra familia. También TU familia.
—A mí no, porque no hay nada de qué preocuparse —arrugó la nariz,
resaltando la cicatriz—. Soy un ser casi omnipotente. Un dios en el Mercado,
y los dioses no pueden morir.
—Que seas bueno peleando no te hace un dios, Tesla.
—No, no lo hace —admitió—. Tampoco lo hace el ser temido y
respetado, lo hacen mis capacidades. Yo jamás voy a morir, fueron palabras
de un demonio que maté con mis pulgares. Soy tu salvación, Maki, y la de
Hayato, Ah, Un, las putas de Hayato y Valentine. Si me matan porque alguno
de ustedes no cumplió su parte del plan, ten por seguro —La jaló del cuello
de su cazadora negra— que tu muerte será lenta y desesperada.
—Pero…
—Pero nada. Vas a obedecer lo que te diga, quieras o no —ordenó con
ferocidad.
Nunca había creído genuinamente en la supuesta fuerza de Tesla,
porque nunca la había visto de primera mano. Sabía de su temperamento
feroz y sus malos hábitos de matar a los insolentes que se atrevían a
contestarle, pero nunca le había hablado con aquel tono tan amenazante a
alguno de sus “hijos”. Los ojos, rojos como un rubí en llamas, brillaban
muchísimo en rabia. Nunca se había sentido verdaderamente intimidada por
ese lobo de pequeña estatura.
Tragó saliva y se sentó correctamente en la silla, apoyando la
139
espalda. Tesla pareció entender su ansiedad y le dedicó una mirada algo
compasiva.
—Maki… tú no tienes idea de quién es tu padre. Yo no conocí nunca a
tu madre, pero a él sí, y es peligroso. Muy peligroso. Incluso lo fue para mí
por siglos —Le dijo, con la empatía de un padre—. Solo intento quitármelo de
encima sin tener que meterme directamente con él.
—¿No lograrías matarlo si lo tuvieras de frente?
—Sí lo haría, pero no quiero salir malherido yo. Tengo un Mercado que
mandar y a dos hijos que mantener mimados —Maki sonrió un poco—. Solo
trato de proteger lo que me importa.
—No sabía que tuvieras corazón —bromeó ella y Tesla miró al suelo,
con los ojos vacíos.
—No tengo. Solo me preocupo por ustedes dos con la cabeza. Si me
guiara por mi inexistente corazón estarían pudriéndose en medio de una
carretera transitada —Exhaló aire—. Maki… lo que me atacó es un ángel real,
y hay una forma de matar a tu padre utilizándolos. ¿No te interesa?
—Claro que sí.
—Los ángeles lo están buscando a él. Es su prioridad, pero como no
lo encuentran están tratando de llevarse a algún demonio, que en este caso
soy yo. Si logro que lo capturen, me dejarán en paz a mí. Y si él está muerto,
tú finalmente serás libre.
La albina movió la cola de forma inconsciente, internamente feliz de
al fin tener una forma de deshacerse de aquel asesino que la engendró
utilizando el vientre de una mujer tan inocente como lo fue su madre. Oír a
Tesla hablando tan seriamente, sumado a su personalidad de por sí seria y
decidida, la llenó de esperanza, aunque tenía algo de miedo. Miedo por su
padre adoptivo, quien había sido casi asesinado por un supuesto ángel y
una multitud de gentuza enojada del Mercado donde mandaba.
—Volveré al Mercado mañana, lo pensé mejor —afirmó el de menor
estatura—. Tengo que imponer orden y un par de muertos para que Hayato
pueda volver a estar en paz. No dudo que ese ángel regrese, pero esta vez
estaré listo para atravesarle el culo con una bala.
—¿Y cómo irás detrás de mi padre? Si estás ocupado imponiendo
orden…

140
—Lo harás tú. Si yo actúo directamente romperé nuestra tregua —
Hizo una corta pausa—, y sí la voy a romper cuando mande a los ángeles a
él, pero por ahora no me conviene meterme en su camino. Tengo mucho
que hacer por ahora.
—¿¡Yo!? —chilló la de ojos azules— ¡Sabes que intenta matarme! ¡Lo
logrará si solo me pongo delante de él y ya!
—Él no intenta matarte —La persuadió el enano.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque te estoy viendo viva delante de mí. Si te quisiera muerta de
verdad, lo estarías desde hace siglos. Te necesita viva, y no te ha tocado
porque piensa que Nara aún tiene oportunidad de salir de forma natural.
—¿Qué? Explícame lo de Nara… hablé con ella personalmente, pero no
entendí un carajo… y tampoco me dio muchas explicaciones.
—Nara es algo que él quiere, y cree que reside dentro de ti. Por eso
estás viva. El plan de ella es suicidarse para así conseguir que engendre a
otro ser que quizá tenga la misma esencia y te deje en paz —explicó—. Mi
plan es usar su muerte para exponerlo, y que los ángeles lo cacen. Una vez
lo maten, todos contentos. Ambos planes te necesitan a ti, y si desobedeces,
morirás.
Maki tragó saliva asustada. Nunca había sido necesario que
arriesgara su vida por algo que no entendía del todo. Hasta ahora su vida se
resumía a esconderse junto a su harén de hombres dispuestos a partirle el
culo en cientos de formas distintas. Estaba muy asustada.
Quería a Lucifer para abrazarlo y oír un “está bien” de su parte.
Temblaba y su cola mullida se escondía entre sus piernas. Tesla la miraba
impasible. Sabía en qué la metía pero no había otra opción.
A este paso, él también moriría en la cacería de los ángeles de carne,
desesperados por matar al demonio que se ocultaba en una gran ciudad.
Alzó el pecho al inspirar hondo y se sentó en el borde de la mesa. Puso una
mano en el hombro de Maki y la obligó a mirarla a los ojos. Estaba llorando
por el pánico, y él en el fondo odiaba verla llorar.
—Tu padre sabe mucho de lo que haces. Sabía dónde estabas, a
dónde ibas y con quién. Estaba presente, en las sombras, cuando tenías
sexo, cuando bebías, cuando te drogabas… siempre supo dónde estabas. Y
estás viva porque le convienes. Si lo matamos, ya no deberás tener miedo.
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—¿Prometes que este plan funcionará?
—No. Pero haré lo que esté en mi mano.
No sonrió dándole esperanza, ni le acarició el pelo con cariño
paternal. Tesla no era así en absoluto. Solo se mantuvo mirándola en
silencio mientras lloraba, maquinando formas de ejecutar su plan. Nara iba
a cumplir su parte de todos modos, así que era una carrera contra el tiempo.
Hayato entró minutos después de que Maki se hubo marchado.
Valentine estaba junto a él, y ambos miraban a Tesla sentado sobre la mesa,
quien les devolvía una mirada fría y seria, como él.
—¿Ella estará bien viviendo afuera?
—Mañana volveré al Mercado —dijo el lobo blanco, sorprendiéndolos
a ambos—. Hay que dejar en claro quién manda, y esos payasos creen que
pueden matarme. Yo les demostraré por qué me dicen demonio auténtico.
Lamentarán haberme intentado matar.

142
13

Como una nube enfermiza, el hedor del Mercado llegaba hasta las
calles iluminadas por el Sol de Los Ángeles. La gente corría en pánico por
los cruces y los coches aceleraban lo más que podían. La policía se
mantenía muy ocupada, con una mitad de los oficiales dentro de la
oscuridad, y la otra evitando que más periodistas fotografiaran y grabaran
las grotescas muestras de poder que manchaban las calles ya de por sí
ensangrentadas del Mercado, y que se extendían hasta ciertas zonas de la
luz.
Las noticias eran todas con el mismo titular: “Horrenda Masacre
Ocurrida Hoy en la Zona Este del Mercado Negro”, inundando cada medio
de comunicación existente no solo de Estados Unidos, sino de varios
cientos de países de la Parte Tierra e incluso en la Parte Independiente del
mundo. El gobierno enfrentaba demandas judiciales de gente preocupada
por sus vidas, los civiles temían por perder la existencia en las calles.
Los Ángeles, California era un desastre.

—¡Oficial Park! ¡Oficial Park! ¡Tenemos una pregunta más para usted!
—gritó un periodista al jefe del departamento de policía de Los Ángeles—
¿Por qué aún el gobierno no organiza una búsqueda organizada a ese
demonio?
—¡Contamina nuestras calles con hedor a muerte! ¡Vuelve inseguros
los caminos! ¿Vivimos en la Europa medieval donde debemos temer a
caminar por grandes avenidas? —¡Hagan algo, pretenciosos inútiles!
—¡Maten a esa bestia! ¡El FBI o la CIA pueden fácilmente perseguir y
matar a un enano como él!

—Dios… esa masacre alteró a todos en la ciudad —opinó Roger


mientras miraba las noticias. Nikolai estaba muy preocupado porque sabía
que Maki tenía que ver con ese asesino al que todos, sin excepción, querían
ver muerto— ¿Por qué no van tras aquel asesino?
—Quizá hay alguna laguna legal.

143
—¿Cómo cuál? Según esto hubo más de mil muertos…
—Los muertos estaban en el Mercado Negro. Se lo merecían por algo.
Hay muchas cosas raras escondidas ahí. Los oficiales mismos saben que
es un mal necesario.
—¿Por qué? ¿Eran criminales?
—Podría decirse —afirmó Nikolai, mirando la pantalla de la televisión.
Estaba pensando en Maki, y la cita casta que tuvieron. Ni siquiera se dieron
un beso, y lo lamentaba un poco más por cada hora que pasaba—. Pero
quién los mató es un criminal todavía peor.
—¿Fue una única persona? —Abrió muchos los ojos— Es… wow.
—No es una persona, es una bestia. Una que podría matar a la ciudad
entera si lo enfadamos lo suficiente, mejor dejar el tema ya. Me da
escalofríos.
Roger comió su cereal en silencio por un máximo de diez minutos.
Luego miró a su compañero de casa, quien hacía lo mismo mientras sus
ojos se perdían en los titulares de la televisión. No era muy bueno en
situaciones sociales, pero sabía cuándo su amigo estaba pensando en algo
muy detenidamente. Nikolai el día anterior había salido, y estaba muy
seguro de que fue con cierta loba albina de ojos azules con un adorable
acento imitador del americano.
No sabía a ciencia cierta si él se había enamorado, pero lo que sí era
notable era su preocupación.
—¿Crees que Maki esté bien? —preguntó, haciendo que el castaño lo
mirara de inmediato.
—Tiene mucho dinero y una casa grande. ¿Por qué saldría a meterse
en esa masacre?
—He leído que en el Mercado hay drogas y burdeles —Miró a Nikolai a
los ojos—, y ella, según tú, era una ninfómana drogadicta.
—Pero no una loca —La defendió su amigo—. Espero que se haya
mantenido en casa este tiempo. Ella sabe lo peligroso que es ese sitio,
incluso para ella.
—¿“Incluso para ella”? —Roger alzó una ceja y Nikolai tragó saliva.

—Ella es una lunar, Roger. Puede sobrevivir mejor ahí… —dijo a modo
144
de excusa.

—¡Dijiste que era un par de muertes para mantener orden! —gritó


Maki al teléfono. Su interlocutor suspiró hastiado.
—Lo fueron.
—Tesla, más de cien cadáveres no es “un par”.
—¿Por qué te importan tanto un puñado de criminales? Había
proxenetas, drogadictos, camellos, esclavistas, asesinos, ladrones,
violadores y la lista puede seguir hasta Texas…
—La policía está vuelta loca. ¿Qué pasará si me investigan? ¿Si saben
quién soy?
—Estás paranoica, Maki, cálmate —susurró el lobo albino bebiendo un
trago de su zumo de manzana—. ¿Por qué irían detrás de ti si a quien
quieren es a mí? Como mucho tratarían de agarrar a tu hermano, cosa que,
honestamente, no va a pasar.
—Pero…
—Pero nada. Quédate en la luz. Vive, sal, come algo normal, fóllate a
tu amigote el oso y duerme tranquila. Cuando te necesite te llamaré o daré
contigo personalmente.
Maki lanzó el teléfono al suelo, rompiéndolo. Ella no se veía muy bien
mentalmente a los ojos de Lucifer. Estaba profundamente estresada y
preocupada por los planes donde se veía involucrada. Seguía sin sentir bien
su cuerpo, y comía lo poco que él podía prepararle. La albina se deterioraba
cada día más.
—Maki… deberías dormir. No has descansado desde anoche… —
sugirió el nanatsu, pero ella lo empujó bruscamente.
—No puedo ni quiero dormir, Lucifer…
—¿Alguna bebida? ¿Té? ¿Leche caliente…?
—Tráeme whisky —ordenó y él dudó, pero al ver su indecisión, Maki
se transformó y le gritó—: ¡tráeme whisky, dije!
Intimidado, el rubio se internó en la cocina, buscando casi
desesperado una botella con algo de lo que su ama quería. Tenía su
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problemita con el alcohol, pero era mejor eso a que recayera en sus viejos y
malos hábitos. Rebuscó y rebuscó pero no encontró absolutamente ninguna
bebida alcohólica. Ella había olvidado reabastecer su nevera tras tantos días
ocupados en cenas con compañía, luego el hospital y finalmente una cita…
Lucifer alzó su cuerpo con una idea en mente. Fue hasta el teléfono
inalámbrico de la sala de estar, y marcó al número de Ghunter.
Nadie contestó.
Derrotado y con las manos vacías, Lucifer volvió al cuarto de Maki,
quien estaba tumbada en la cama mirando una película en su Smart TV. Al
ver a su nanatsu sin la bebida que había pedido, frunció el cejo molesta.
—¿Dónde está el whisky que te pedí? —preguntó gruñendo desde lo
más hondo de su garganta.
—No tienes alcohol. Deberías salir a comprarlo. O a ver si con suerte
algún pobre niñato al que te folles esta noche te compra un galón entero de
cerveza.
Maki, ahora furiosa, se lanzó sobre Lucifer, quien la seguía mirando
seriamente. Estaba preocupado, pero no por ello iba a dejar que ella se
metiera (otra vez) en aquel círculo vicioso de las drogas, el sexo sin sentido
y la vida “libre”, como le llamaba Valentine.
—Soy tu dueña, y vas a obedecerme en cada cosa que quiera — gruñó,
sacándole los dientes y con una mirada profundamente amenazante. Él, al
contrario que cualquier otro nanatsu, no se mostró asustado. Sabía
perfectamente que cuando ella se mostraba así de agresiva era porque
tenía miedo de algo, y en este caso, estaba aterrada.
Morir nunca había sido precisamente su deseo más fuerte. Estaba
por debajo de formar una familia tradicional y sentar cabeza como una
mujer decente. Maki era un alma libre, o al menos eso hacía creer a todo el
mundo. Después de todo, era tentador oír rumores sobre una chica preciosa
que se dedicaba a… bueno, ya sabemos qué.
Pero con un orgullo más grande que ella, cabe destacar, y sin cobrar
un mínimo centavo.
Lucifer la agarró de las mejillas con fuerza, la suficiente para que ella
chillara y se mostrara dócil, y la volteó, quedando sobre ella. La miraba con
enojo, como un padre reprendiendo a su hija malcriada, y la obligó a mirarla
a los ojos.

146
—Eres mi ama, no mi dueña —dijo—, y mi trabajo es protegerte, así
como educarte. No eres precisamente una niña buena, pero tampoco has
sido nunca una pretenciosa asquerosa que se aprovecha de sus aliados. Sé
que estás asustada, sé que no quieres morir, yo tampoco quiero que mueras
—Sus ojos brillaban más que nunca. Azul con azul contrastaba—, pero el
tener miedo no te da derecho a ser una auténtica imbécil prepotente. Quiero
que te olvides de beber, de follar y sobre todo, de volver a meterte cosas.
¿Entendiste?
—…sí, lo siento.
Como una niña, Maki cuando estuvo libre se acomodó en una
esquina de la cama en su forma de lobo a cuatro patas, con la cola
escondida entre las patas. Lucifer se irguió, y negó con la cabeza mientras
suspiraba de fastidio. En el fondo, no le gustaba comportarse así, pero
alguien tenía que guiar a su ama por el camino no tan malo, porque si no,
acabaría como cuando empezó: acostada en una cama, con la nariz
rociando cocaína, la mente nublada y los muslos llenos de mordidas y
marcas.
Estuvo “castigada” por dos horas y media, solamente acostada en la
gran cama mirando “Interestellar” y dibujos animados en el canal de Cartoon
Network. Aburrida, tomó el mando de su PS5 y cuando quiso empezar a
jugar Little Nightmares, Lucifer abrió la puerta de la habitación. Detrás de él
iba Nikolai, quien la veía con una sonrisa esperanzadora.
—Hola, Maki… —dijo en un murmullo apenas audible— me alegra ver
que estés bien. Lucifer me dijo que estabas un poco malita, ¿quieres que
venga luego?
Ella negó y su nanatsu se fue, dejándolos solos. El de pelo castaño
bajó las orejas sentándose al lado de la albina, quien lo miraba con ojos
atormentados.
—¿Qué tal?
—Bueno… no he bebido nada. Estoy sobria —bromeó ella, pero sin
ganas—. ¿Y Roger?
—En casa. No le he dicho que venía, las calles están algo revueltas.
¿Estás bien? ¿No te has hecho daño?
—Estoy asustada —confesó la albina, mirando al suelo—, y no puedo
hacer nada para evitarlo. Ni siquiera he considerado la idea de dormir con
alguien. ¡Es muy jodido!
147
—Eso está bien… —La abrazó, pegando el mentón a la nívea cabeza—
no tienes que acostarte con hombres para mitigar el dolor, o el miedo,
¿sabes? No dejas de ser menos mujer por esa estupidez. Tampoco hace
falta beber, por si te lo preguntas.
—Niko… no tienes idea de la magnitud de lo que me pasa.
—Tienes razón, no la tengo —admitió él acariciándole la cabeza
suavemente—. Pero sí quiero ayudarte. No necesitas que entienda, si solo
quieres que te apoye, ¿no?
Maki quedó en silencio, sin llorar ni chillar. Tampoco le devolvió el
abrazo, manteniéndose quieta bajo el peso masculino. Lucifer cerró la
puerta otorgándoles privacidad, y, a diferencia de muchos hombres en su
situación, Nikolai no intentó nada más. Se quedó a su lado, sin saber lo que
ella temía tanto, pero dándole el apoyo que necesitaba. Sabía que ella
estaba rota por dentro, sufriendo por alguna fuerza horrible de quién sabe
dónde. Los lunars siempre le habían causado miedo a él, pero nunca pensó
ver a uno de ellos sintiéndose así de aterrado.
—¿Quieres que me quede contigo esta noche? —Maki lo miró
buscando maldad en sus ojos. No había— Sin sexo, lo prometo.
—No tienes por qué.
—Eres mi amiga, ¿no? Puedo llamar a Roger si te hago sentir
incómoda.
—Mejor si lo llamas… ¿crees que le guste la comida tailandesa?
—Le encantará, igual que a mí.
Le acarició la mejilla y sacó el teléfono. Mientras él hablaba con su
amigo, Maki lo miraba con curiosidad. De los cientos, miles de hombres que
alguna vez había conocido, no muchos harían lo mismo en su posición. Las
mujeres como ella eran imanes de hombres como Ghunter, hombres que
solo querían una simple cosa: sexo.
Ella nunca se sentía usada, porque le era normal. No era usada, ella
se aprovechaba de los hombres que la deseaban y jugaba con ellos hasta
cansarse o despedirse. Hayato y Maki tenían esa similitud tan peculiar, solo
que el rubio no tenía el remordimiento que ella cargaba en ese momento.
Sentía su cuerpo picando, pero no en el típico deseo carnal, sino en ganas
de un calor más agradable. Quizá la pasión la había estado quemando sin
darse cuenta.
148
Tal vez algo de cariño era lo que su maltratada conciencia necesitaba
para poder descansar. Negó con la cabeza, ahuyentando el sonrojo que
amenazaba con apoderarse de sus mejillas cuando Nikolai se volteó y se
sentó en la cama.
—Dice que viene en veinte minutos. Tomará mi auto y vendrá directo.
No se perderá, espero… —Sonreía con una calma muy hermosa.
—¿Dormirás en la habitación de invitados? —preguntó ella,
levantándose de la cama.
—¿Dónde más dormiría? No voy a dormir contigo y Roger en la misma
cama… sería muy raro.
Maki rio con ganas. Hacía mucho no se reía así.
—Bueno, supongo que tienes razón. Ven conmigo, Lucifer te ayudará
a acomodarla. Hay dos camas, tú y Roger podrán estar cómodos sin
preocuparse. ¿Hay algo en especial que quieras hacer esta noche? Piénsalo
como una pijamada entre amigos… ¿alguna película decente?
—Quisiera algún filme violento y de calidad.
—¿Te gustan las películas de acción y violencia? —Ella alzó una ceja—
Pensé que preferías las comedias románticas.
—¿Quieres dejar de insinuar que soy gay un día de tu vida?
—Siempre es divertido —afirmó la loba.

Por otro lado, Tesla estaba ocupado. Dentro de la boca del lobo, para
ser más precisos. Quince ángeles de carne los observaban desde lo alto de
un muro, y en el suelo, rodeándolo, había unos veinte más. Frente a él
estaba el hombre perro con alas que le había dado una paliza días antes,
con una mirada rígida y fría.
—Tienes agallas para venir aquí. ¿Por qué quiere un demonio como tú
hablar conmigo? ¿Pedir piedad?
—Vengo por una tregua —Muchos de los ángeles se rieron
descaradamente—, ¿les parece graciosa la paz? Vaya ángeles
descarriados…
—Llevo conociéndote los siglos suficientes como para saber que no
eres un ser de paz. Te gusta la guerra, te agrada matar. ¿Por qué un
149
desalmado como tú quiere paz?
—No lo hago por mí. Sinceramente me da igual lo que hagan. —¿El
demonio puede ser solidario? —Se burló una de las “gárgolas” sobre el muro.

—Solo quiero dos meses tranquilo, no es tanto, la verdad —Tesla


frunció el ceño, sintiéndose desnudo sin su máscara—. Les conviene.
—¿De qué forma, enano? —preguntó curioso el perro.
—Hay dos demonios. Uno se va a suicidar tranquilamente, y Raphel lo
busca. Cuando salga será su oportunidad de cazarlo y volver volando al
cielo, ¿o me equivoco? No le intereso mucho a su dios allá arriba, porque si
no, los hubiera enviado a por mí. Maten a Raphel, ayudarán a una niña
traumatizada de paso.
—¿Y te quitaremos un inconveniente? —cuestionó una hiena, jugando
con sus plumas de plata— Nunca harías nada por ser buen samaritano.
—Ella es especial. Se merece algo de paz, y mientras Raphel viva no
la tendrá por ningún lado. Les estoy ofreciendo en bandeja de plata lo que
buscan, que es experto escondiéndose de ustedes. Más les vale tomar lo
que les ofrezco.
—¿Eso fue una amenaza?
—No. No estoy aquí para amenazar a nadie —Tesla los miraba con
ojos brillantes—. Solo les estoy pidiendo piedad por una niña, ¿qué clase de
ángeles no quieren matar a un demonio y proteger débiles?
Hubo silencio y el lobo albino asintió, dando la espalda.
—Lo tomo. Gracias por compartir la información —dijo al fin el líder,
con las alas de acero a su espalda—. Nos veremos en dos meses, entonces.
Estaré esperándote.

—Yo siempre cumplo mi palabra.

Y se fue, dándoles la espalda a sus enemigos temporales con


naturalidad. No era muy propio de él interceder por alguien más, ni siquiera
por Hayato, pero se repitió mentalmente varias veces que Maki estaría
agradecida con él de por vida. Raphel no convenía, porque era un ser
impredecible. Matarlo no era algo que pudiera, porque, tristemente, no
estaba en sus mejores días, pero si los ángeles lo quitaban del camino, al fin

150
su hija adoptiva viviría la paz mental que añoraba desde que nació. Tesla
miró al cielo azul cuando salió. La vida fuera del Mercado era lo mejor para
ella, sin sangre extra, sin violencia extra, sin necesidad de temer por su vida
todos los días.
Sonrió sintiendo un cálido sentimiento en el pecho que no apreciaba
desde hacía años. Quizá unos cuantos siglos, o más… Añoró su máscara.
«Al fin voy a saldar nuestra deuda, Rekko»
Se internó en las oscuras calles que lo llamaban con un llanto
silencioso y una brisa fría. Era como una réplica del infierno mismo en un
sitio oculto de la ciudad de Los Ángeles. Pero, lejos de intimidarlo, Tesla se
sentía feliz de pisar las calles ensangrentadas. Para un demonio cuya guerra
jamás termina, es el sitio perfecto. Siempre hay alguien contra quién pelear,
siempre hay alguien a quien matar. Había interiorizado hacía muchos años
que su sitio era en donde la sangre corriera.
La crueldad era algo pegado a los corazones de todos, que se
desplegaba en los momentos y lugares correctos. Tesla no tenía ya un
corazón, en su lugar quedaba la vena densa y desgastada que bombeaba su
alma pútrida. No había cabida para la compasión ahí, y aun así, seguía
queriendo saldar aquellas deudas que hizo con aquellos que alguna vez lo
acompañaron. Seguía comportándose como el padre recio que se
preocupaba por sus niños.
Nunca pensó poder volver a amar a alguien después de lo que le hizo
a Jeffrey.
Y tampoco pensó ser apreciado por algo llamado familia una vez
más. La vida daba muchas más vueltas mientras más larga se tornaba. Y la
suya era una que había recorrido muchos caminos escabrosos, llenos de
sangre, espinas y muerte. Nunca estaría en paz, pero al menos, la guerra
eterna era más llevadera con compañía.
—¿En qué piensas? —preguntó Hayato, viéndolo tan perdido en sus
pensamientos. Tesla lo miró con un tono cálido en sus ojos.
—En muchas deudas que tengo y que no he pagado —respondió él,
yéndose—, y en que mi nueva máscara debe de estar aquí.
—Dijo el señor que la trajo que pudo repararla usando escamas de
dragón… o algo así.
—Que bien…
151
14

No podía dormir. Se levantó y miró el teléfono. Eran las tres y media


de la mañana. Todos dormían a esa hora, incluido Lucifer. Se estiró sin
bostezar y abandonó la cama con fastidio. Bajó las escaleras
pausadamente, y se detuvo frente al frigorífico, de donde tomó un cartón de
leche y se lo llevó a la boca sin delicadeza. Con la bebida en la mano, volvió
a subir las escaleras y se quedó sentada en el suelo limpio del balcón
central, mirando la ciudad mientras bebía.
Un ruido a su espalda la hizo voltear, y vio a un somnoliento Roger
rascándose un ojo como un niño pequeño. Roger siempre había sido tierno.
—¿Por qué estás despierto a esta hora, cariño? —La voz le salió más
maternal de lo que hubiera querido.
—Te oí merodeando por la casa… ¿interrumpo algo?
—No, solo me levanté a tomar aire. ¿La ciudad es preciosa, verdad?
—preguntó, señalando con la vista las luces urbanas a unos kilómetros. Las
zonas residenciales eran muy especiales.
—Mucho. Desde casa no se puede ver tan bien. Debe ser bonito verla
todos los días.
—No suelo verla mucho, la verdad —dijo Maki, bebiendo más leche—.
Normalmente estoy ocupada a esta hora.
—¿En qué estarías ocupada a las tres de la mañana? —La inocencia
de ese hombre era increíble. Maki sonrió para sus adentros, y luego se le
escapó una risita. Roger alzó las orejas y frunció el ceño sin comprender.
—¿Qué es gracioso?
—Nada, nada… a veces me sorprende que los chicos sean así de
inocentes. A esta hora normalmente estoy teniendo sexo salvaje con algún
tarado borracho. No es algo muy bonito, la verdad.
—¿Y por qué lo hacías si no te gustaba?
La pregunta la esperaba, pero aun así la tomó por sorpresa. La
ninfomanía era algo que debería de atenderse con un psicólogo
(preferentemente del sexo femenino para evitar tentaciones) algún día, pero
ahora, como una persona desintoxicada, se daba cuenta de los errores que
cometía, acostándose con hombres a los que usaba para conseguir un
152
puñado de orgasmos. Era una puta, con todas las letras. Una muy tonta,
creyendo que un hombre nuevo cada nuevo día era motivo de orgullo.
—Estoy enferma, Roger. Soy adicta al sexo, por eso hago cosas que
luego no quiero que pasen. Pero se vuelven a repetir.
—No todo gira en torno al sexo, Maki —Le puso una mano en el
hombro—. ¿No has considerado ir a un psicólogo para tratarte? No creo que
sea normal ser adicto al sexo, ¿o sí?
—No… no lo es.
—¿Sabes…? —Ella lo miró— Mi hermano estudió psicología. ¿Quieres
una cita con él? ¿O… prefieres a una mujer para poder soltarte más?
Maki se lo pensó. Una psicóloga mujer le supondría una mejor terapia,
mucho más profesional, y no porque los hombres no fueran altamente
capacitados, sino porque lo mejor para dejar una droga en la etapa inicial es
no tener contacto con ella, y así evitar recaer en la tentación. La intención de
Roger era buena, pero se negó.
—Una mujer sería lo mejor para mí —Sonrió con calidez. Se
mantuvieron callados unos minutos, admirando la ciudad.

—Maki, ¿por qué te volviste adicta al sexo? No se nace así.

La curiosidad de Roger era mucha, y a veces parecía un niño, incapaz


de leer ciertas situaciones sociales, o decir lo adecuado en ellas. Otra
persona hubiera esquivado el tema, pero la albina sabía que no preguntó
con intención ponzoñosa, así que le contestó con la verdad.
—No sé bien cuándo pasó. Un día desperté con dos hombres, y tenía
resaca. No fue muy agradable, pero al otro día volví a hacerlo, y al siguiente,
y al siguiente… cuando me vine a dar cuenta, era una vieja loba codiciosa
adoradora del pene. Y aunque lo sabía, no hice nada por detenerme. Nunca
había tenido porqué.
—Pero te estás haciendo daño.
—Busco felicidad, Roger. Y cuando no la tengo, busco placer. Por un
momento parecen la misma cosa —Lo miró a los ojos, con tristeza—, pero
cuando el momento acaba, busqué siempre otro momento que me llevara a
la cima, solo para… volverme a caer.

153
No lo diría, pero la fase de desintoxicación inicial era la más difícil,
por experiencia. Había abandonado la cocaína porque empezaba a tener
alucinaciones a pleno día, y pesadillas terribles de madrugada. Dormía
pocas horas, y despertaba siempre con resaca y compañía masculina.
Había estado a un paso de caer en la locura, porque su mente drogada
repetía cientos y miles de veces la escena de su madre muerta sobre el piso
de su habitación. La llenaba de horror, y gritaba y corría por su vida, con
apenas comida en su estómago. Chocaba, peleaba y huía sin control.
Habían sido días horribles. Pronto, la cocaína dejó de ser un placer, y
se convirtió en una necesidad horrenda, que calaba en su subconsciente,
como un gusano, y la arrastraba al peor de los caminos. Ella misma decidió
dejarla, pero la terapia normal e ir a Narcóticos Anónimos no ayudaron.
Pronto hubo una recaída, y resultó ser peor que el original derrumbe al
abismo. Maki recordaba la cara de Tesla, tan asqueado de verla sucia de su
propio vómito, tirada en una esquina del burdel de Hayato, como una
prostituta más, y la nariz rociando polvo blanco.
Tesla había sido cruel aquella vez, pero con la mejor de las
intenciones. Gracias a él y a sus terapias extremas, Maki podía ver el mundo
claramente una vez más. Pensar en volver a meterse ahí le daba escalofríos.
Pero ahora, más desesperada que nunca, se lo replanteaba. Las adicciones
eran algo que la ayudaba a huir de pensar en su futuro, en si estaría viva
cuando su padre al fin la encontrara. En si siquiera ese futuro existía. La
cocaína fue reemplazada por el alcohol tiempo después, que, si bien no era
un problema tan grave, porque el cuerpo de los lunars estaba hecho
principalmente para resistir venenos ingeridos, alimentó la ninfomanía que
venía desarrollando.
Se volvió una adicta al sexo después de años de practicarlo,
buscando lo que la cocaína no podía darle a esas alturas: la falsa sensación
de felicidad. Ahora, su cuerpo pedía ayuda, sin sentir apenas placer y
haciendo que el alcohol supiera a lo que era. El poder de la adicción era
cada vez menor, porque el mismo cuerpo le pedía control sobre su vida de
mierda.
Roger la miraba con lástima, queriendo ayudarla de alguna manera,
mas no podía hacer mucho. Maki ni siquiera iba a llorar para que le
permitiera abrazarla. Era fuerte, y eso era malo en momentos como este.
Necesitaba un amigo, o más.
—Creo que me gusta Nikolai —admitió ella, sorprendiendo al joven

154
pitbull—, y no de forma sexual. Me… gusta un poco más que eso. Ha
demostrado ser más que un pene erecto que me quiere atravesar. No sé
lidiar con estas cosas.
—¿Nunca te has enamorado antes? —preguntó su acompañante, con
una expresión lo más neutra posible.
—Una vez, y fue cuando tenía veinte años. Era joven y estúpida, no
recuerdo mucho…
—No te llames estúpida a ti misma —Roger le pasó una mano por la
cabeza, repasando las cicatrices de la oreja—, todos fuimos jóvenes alguna
vez. Cometimos errores, sí, pero eso nos hace quienes somos ahora. Maki,
si dejas atrás la adicción al sexo, podrías abrirte a algo tan bonito como el
amor. No te pido que te mantengas casta el resto de tu vida, pero
demuéstrate a ti misma que no todo es placer. Que hay otra felicidad. Una
mucho mejor, y más duradera.
—Gracias, Roger.
—Soy amigo de Nikolai, pero también quiero ser tu amigo. Podemos
serlo, ¿cierto? —Sonrió como un niño— Sin cosas raras. Solo Maki, Niko y
Roger... Sobre Nikolai… No te preocupes, a él quizá le gustes igual. Eres muy
bonita y muy buena con nosotros. No hay forma de que te rechace. Solo
debes mostrar lo que hay dentro de tu corazón…
Ella rio un poco, pensando en lo cursi que era todo. Roger era un
hombre muy curioso, hablando con el dialecto de una película animada era
más sabio que cientos de charlatanes que se hacían llamar psicólogos. Lo
apreciaba mucho, y sabía que tenía razón de una forma u otra. Sonrió,
recostando su cabeza sobre el hombro del perro, quien terminó con la leche
del cartón derramada sobre su pantalón de pijama.
—¡Lo siento! —chilló Maki al darse cuenta.
—Iré a cambiarme… menos mal que traje dos… ¡no te preocupes! Ve a
dormir, seguro que debes de tener mucho sueño ahora.
—Ah… —mintió— claro.
Se sentía mejor, pero nada había cambiado en su cabeza. Su
conciencia estaba medianamente limpia ahora que había hablado de parte
de sus problemas con Roger, pero el poder de su fuerza de voluntad sobre
su deseo insalubre de meterse en malos caminos seguía siendo pequeño.

155
Necesitaba un poco más de terapia, pero no de Roger, ni Valentine, ni nadie
conocido.
Al día siguiente, a eso de la una de la tarde, cuando Nikolai, Roger y
Lucifer charlaban animadamente en el living, viendo una película de ciencia
ficción, Maki aprovechó para hacer la llamada discreta que quería. Le era
algo vergonzoso confesar que iría a terapia, así que se mantuvo oculta en la
cocina.
A los dos timbres, alguien contestó.
—¿Hola?
—Soy yo, Maki Yamato —dijo la albina, sonriendo algo incómoda—, la
hija de…
—Tesla, sí… hablé con él en persona hace un par de horas. Me dijo
que querías una cita conmigo en mi consulta… ¿no?
—Sí… no sé si te dijo algo de mi situación… aunque el dinero no es un
problema. Cobre lo que quiera…
—No se preocupe, señorita. ¿Cuándo tiene tiempo?
—Ah… —Miró su reloj de pared: el de un gato que movía la cola y los
ojos cada que las manecillas se movían— ¿En dos horas? Quizá un poco
más…
—Necesito exactitud, señorita. Mi agenda está algo llena.
—En dos horas estaré ahí. Tesla me ha enviado la ubicación por
mensaje, seré puntual…
Colgó y movía la cola contenta. Según le había contado su amargado
protector (a las cinco de la mañana), la doctora Scott era la psicóloga que
Hayato se tiraba cuando empezó el año. La había invitado a cenar par de
veces a restaurantes del Mercado, como broma, y terminó sabiendo que era
una mujer muy reconocida en su campo laboral. Había hablado con ella
sobre su situación y, conociéndolo, Maki sabía que lo más probable es que
la negociación hubiera sido con un cuchillo en la garganta.
Pero Tesla tenía buenas intenciones, y eso era lo que importaba. Se
volteó feliz, con la cola aún en movimiento, y tarareando la música del menú
de Undertale, y fue hasta donde estaban los chicos, que seguían hablando
sobre por qué SpiderMan era el mejor de los superhéroes. Todos la miraron.
Ella no estaba moviendo la cola pero tenía las mejillas rosas y las orejas en
156
alto.
—¿Te ha pasado algo bueno? —preguntó Roger, mirándola con
curiosidad.
—Seguramente tiene planeado el sexo de esta noche —bromeó
Nikolai. Maki bajó las orejas.
—Y tu buen humor debe significar que te manoseaste con algún buen
modelo de ropa interior anoche —repuso ella.
Los dos se miraron desafiantes. Roger sabía que se gustaban, pero
parecían querer comerse a insultos cada vez que se veían. El castaño
suspiró, dándose por vencido.
—¿Qué te trae tan feliz?
—No es de su interés —Lucifer alzó una ceja—, de ninguno de los tres.
Es… personal.
Los tres hombres se miraron entre sí, dudando. Maki se regodeaba
de su promiscuidad muy seguido, y a veces daba detalles (no deseados)
solo por molestar. Nunca había censurado algo de carácter “personal”.
Incluso Lucifer, que la conocía muy bien, estaba extrañado. La loba se sentó
al lado del perro y se puso a ver la película con tranquilidad. Nadie comentó
nada al respecto de su cola peluda moviéndose impacientemente sobre el
sofá. Parecía una niñita con un dulce, con las mejillas muy rosas y las orejas
en alto.
Sería más adorable sin aquella horrenda cicatriz en una de ellas, o en
su ojo. Nikolai pensó que Maki, cuando estaba así, genuinamente feliz, era
más linda que cuando le coqueteaba descaradamente. Incluso se veía más
hermosa que el día que lo besó, cuando tenía los labios más carnosos y los
pómulos rojos de la vergüenza. Se sonrojó un poco imaginándola así de feliz
estando solos, viendo una película o hablado de cosas triviales y sin
importancia.
Incluso tuvo una ligera fantasía de verla así después del sexo. Bajó la
vista y se obligó a pensar en camiones cargados de troncos que recorrían
un terreno sin fin. Se calmó rápidamente. Roger lo había notado todo, pero
no hizo ningún comentario. Movía su pequeña colita donde nadie podía verla,
y era feliz con eso.
Al rato ellos dos se fueron. Nikolai tenía cosas que hacer, como
trabajar, para variar, y Roger… quería estar en casa. Lucifer se quedó con
Maki en aquel pórtico pintado de blanco, y tan bien cuidado. La miró con
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aquellos ojos azules luminosos.
—¿No vas a decir por qué estabas feliz? —Ella negó con lentitud—
¿Algún día lo sabré?
Maki asintió con una sonrisa nada malvada, o pícara. Para su
nanatsu, era complicado pensar que ella estuviera enamorada de alguien
que ocultaba. Maki estaba cambiando, quizá para bien, y era algo que no se
creía de buenas a primeras. Después de tanto sufrir… ¿había decidido al fin
ser feliz?
Su extrañeza se agrandó cuando ella se montó en el auto poco
después, y se fue a algún lugar desconocido después de haberle insistido
que estaría bien. Aparcó frente a un edificio muy pintoresco en un vecindario
igual de bonito. Con una sonrisa incómoda entró, y suspiró antes de hablar
con la joven recepcionista.
—Quisiera ver a la Doctora Mandy Scott… ¿trabaja en estas oficinas?
La mujer perro le sonrió amablemente y le dio un par de indicaciones
para llegar a la sala de espera. Frente a la puerta de madera con un letrero
elegante con un grabado sencillo “Dra. Scott”, Maki se obligó a mantener la
calma. Tocó unas dos veces, y bajó sus orejas con temor a recibir alguna
grosería como respuesta.
Una voz femenina la invitó a pasar.
La albina entró, muy nerviosa, y la recibió una golden retriever de ojos
verdes, vestida con una blusa con flores y unos jeans que se ajustaban a las
curvas de sus caderas. Parecía informal y relajada, para ser una terapeuta.
Maki se sintió un poco intimidada por aquella mirada tan tranquila y se
mantuvo de pie con la puerta detrás, agarrando el picaporte por si la
echaban. Parecía una adolescente en el despacho del director.
—¿Maki Yamato?
Ella asintió.
—Siéntate, no tengas vergüenza. Este despacho es como tu casa.
Relájate y túmbate en el sofá.
La albina dudó sobre lo último, pero tomó asiento frente a la doctora,
que seguía mirándola con una paciencia maternal. Esperó a que ella subiera
las orejas para empezar a hablar.
—Como ya sabes, soy la doctora Mandy Scott, especialista en
158
psicología. La verdad, me sorprendió y asustó muchísimo ver a un demonio
como Tesla frente a mi puerta… pensé que iba a morir — Maki mostró una
sonrisa incómoda—, pero luego me contó de una de sus “hijas” que
necesitaba terapia. Me pagó muy bien… y dijo que se encargaría de todos
los demás gastos.
La loba estaba sorprendida oyendo sobre las acciones de su egoísta
padre adoptivo. Nunca creyó que Tesla se preocupase tanto por ella.
Se preguntó si haría lo mismo por Hayato…
—Yo… ah… me dijo que viniera. No me especificó nada…
—No te preocupes. Lo único que me contó de ti es tu problema con el
sexo y tu pasado con las drogas. Me dijo encarecidamente que evitara el
tema familiar, y estoy dispuesta a cumplir mi palabra.
—Oh… gracias. Supongo que no se ha de sentir bien con una
ninfómana ex drogadicta en su despacho… —Sus orejas bajaron. La doctora
Scott sonrió.
—Lo que importa es que quien salga de aquí en unas sesiones no sea
la misma ninfómana ex drogadicta… ¿no crees? —Maki movió la cola con
alegría.
—Supongo… quiero cambiar. Solo…
—Necesitas algo de ayuda, lo entiendo. Cuéntame de tu tiempo en las
drogas. ¿Alguien estuvo ahí contigo? ¿Alguien te ayudó a salir?
—Pues… mi hermanastro, aunque no es el mejor ejemplo.
—Hayato nunca ha sido un buen ejemplo. ¿Empezaste a drogarte
porque él te convenció?
—No, yo lo hice porque quería olvidar cosas… familiares. Por unos
años estuve bien, pero luego empecé a tener alucinaciones, pesadillas y
malestares horribles gracias a la cocaína.
—¿Qué tan malas eran esas pesadillas y alucinaciones?
—Mucho. Creía que moría cada vez que cerraba los ojos. A veces
rozaba la esquizofrenia, viendo figuras a pleno día y corriendo gritando por
ayuda. Fueron tiempos negros.
—¿Y cómo saliste?

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—Me di cuenta de lo mal que estaba resultando todo e intenté
dejarlas de golpe… pero no funcionó. Hablé con Tesla sobre ello y fue él
quien… me ayudó a su manera.
—¿A su manera…? —preguntó mientras tomaba notas en su libretita
amarilla.
—Me golpeaba cada vez que me acercaba a la droga. Me golpeaba
tan fuerte que lloraba y gritaba mientras sentía la sangre escurriendo de las
heridas. A veces dolía tanto que no podía moverme durante horas… y
cuando dejaba de comer o beber me obligaba a tragar. A veces vomitaba o
convulsionaba, pero a él no le importaba.
» También me solía insultar, diciéndome inútil y drogadicta asquerosa.
Una vez lo golpeé… y le grité que dejara de tratarme de esa forma — Sonrió
con nostalgia—, y él me dijo que ya no hacía falta, porque había dejado de
necesitar la cocaína, al menos.
La doctora Scott se le quedó mirando con los ojos muy abiertos,
llenos de sorpresa. Tesla era conocido en todo el mundo por ser un ser cruel
y desalmado, con cualquiera. Pocos lo habían visto mostrando piedad o
siquiera algo de lástima. Lo que acababa de escuchar de Maki la había
impactado. Pensó que cuando le había dicho sobre su ayuda se refería a
algo… más convencional, como llevarla a sesiones de terapia y centros de
desintoxicación.
Los golpes y los insultos habrían sido demasiado para cualquiera,
capaces de arrastrar a la persona intoxicada a la desesperación o la
depresión. Para sobrevivir a esa “terapia” (si es que se le puede llamar así)
había que ser estúpidamente fuerte, lo suficiente como para permitirse salir
a flote tras una situación como esa. La doctora Scott lo supo en ese
momento.
El peor problema de Maki no serían sus adicciones ni la violencia,
sino algo peor. La sombra de las sombras, oculta bajo la confidencialidad
que pidió el demonio auténtico: la familia.

160
15

Tras dos horas y media de sesión, Maki salió de terapia sintiéndose


extrañamente limpia. Como después de un largo baño de espuma, ella
respiraba tan libre como un lobo salvaje en plena montaña. Una parte de su
peso se sentía ligero como pluma, y quería disfrutarlo.
Sintiéndose algo culpable, buscó su teléfono móvil y hurgó en sus
contactos. Finalmente dio con “Oso Meloso” y marcó, esperando impaciente
una respuesta.
—¿Hola? —La grave voz de Ghunter la hizo sonreír.
—Hola, Ghunter… ¿qué tal? —preguntó, lo más calmada que pudo,
sintiéndose cohibida. El oso suspiró del otro lado de la línea, para luego
contestar.
—Maki… yo… ah… ¿podemos vernos en mi casa ahora? Quiero hablar
contigo.

—Vale, enseguida iré.

Colgó, notando un calor incómodo en el pecho. No habían hablado en


todo un mes, y era raro para ella. Ghunter era su mejor amigo, no concebía
la idea de una pelea que los separara como pasó en el pasado con Kyle y
Bella. Tenía miedo, y un escalofrío recorrió su columna vertebral. Se montó
en su auto nuevamente y manejó por las concurridas calles de Los Ángeles
sin prisa.
La casa de Ghunter no era en sí una casa. Se trataba de un
apartamento en un sencillo edificio cerca del centro de la ciudad. Entró al
ascensor y tras marcar el número cinco, cerró los ojos, meditando lo que le
diría a su viejo amigo/amante. Su ataque de celos había estado fuera de
lugar, pero no por ello debían dejar de hablarse por el resto de su vida, ¿o sí?
Nerviosa, vio como las puertas de metal del elevador se abrían, exponiendo
el sencillo pasillo que separaba dos apartamentos.
Estaba desierto, y fue hacia el piso 5B, y tocó la puerta con toda la
calma que pudo. Al poco rato le abrió un enorme hombre oso de pelo negro
y ojos marrones, pero no se trataba de Ghunter. No tenía el clásico mechón
blanco en el cabello, ni sus mejillas redonditas y adorables que se llenaban
de sedoso pelaje cuando se transformaba. El tipo abrió mucho los ojos.
161
—Oh, hola. Soy Patrick, ¿tú eres…? —dijo el desconocido, apoyado en
el umbral. Llevaba un chándal y una sudadera gris.
—Maki. Amiga de Ghunter…
—Oh… Pasa, anda.
Le abrió el paso y ella se quedó muy quieta viendo a una mujer oso
de piel morena sentada sobre el sofá. Tenía el cabello marrón y los ojos azul
oscuro. El que la había recibido entró a la habitación del dueño del
apartamento y llamó al mencionado.
—¡Hey, Ghun! ¡Una chica loba te está buscando!
Ghunter abrió la puerta casi al instante. No llevaba camisa, y tenía
puesto un chándal amarillo que quizá alguna vez fue blanco. Miró a Maki
con indecisión por un momento, pero luego sonrió.
—Hola, Maki. Lamento que Patrick te haya abierto la puerta pero
estaba duchándome. Han venido de improviso, lo siento —Bajó las orejas y
ella negó con una sonrisa incómoda.
—No importa… yo solo quería disculparme por haberte echado de mi
casa la otra vez.
—No te preocupes, me puse algo… —Dudó, mirando a la morena—
celoso y estaba como loco. Yo me disculpo por eso. Tú deberías olvidarlo.
Se sentó a su lado y le pasó una mano por la cabeza y luego miró a la
fémina a su lado.
—Patrick es mi hermano, y ella es mi cuñada Allison. Están aquí
porque me estaban contando sobre su bebé.
—Oh… ¿está…? —Maki miró con sorpresa a la chica, que asintió con
una suave sonrisa— Felicidades…
—Tranquila, cariño. Lamentamos interrumpir a ti y a Ghun, siempre
habla de ti y dice que eres su mejor amiga —El de mechón blanco se
ruborizó, y Allison lo notó—. Aunque era mejor que no dijera eso…
—Allison, vayamos a la otra habitación… dejémoslos solos —pidió
Patrick, y tanto la albina como su hermano sintieron un gran alivio—. Gusto
en conocerte, Maki.
—Igualmente… —respondió ella en un breve susurro.

162
Una vez el matrimonio cerró su puerta, ambos amigos se miraron a
los ojos y hubo un silencio algo tenso. Ella lo rompió con un suspiro.
—Y bueno… eso es todo. ¿Debería irme o…?
—¿Empezaste una relación con ese tipo? —Al grano, como siempre.
Ghunter no era muy bueno dando rodeos a los temas de su interés. Maki se
sonrojó un poco, pero negó con seguridad.
—La verdad es que no. He decidido empezar a ir a terapia.
—Oh, wow… eso es un gran paso. Bien por ti.
—Tesla me consiguió una buena doctora que me ayudará a superar
varias cositas… hoy fue mi primera sesión y me siento mucho mejor ahora
que he vaciado un poco mi cabeza.
—¿Puedo saber algo de lo que hablaste? ¿O es demasiado personal?
—Solo conté mi experiencia pasada con las drogas. Nada que no
sepas.
—Sí… yo estuve ahí cuando lo estabas intentando dejar. Me alegro
que hayas decidido verte con un profesional. ¿No te ha dolido nada
últimamente?
—Mm… no. Me he sentido bien estos días. Ninguna novedad por mi
parte, la verdad —Sonrió con inocencia.
—¿Y… tus sentidos? ¿Los recuperaste? —Se oía preocupado, pero el
hambre de sus ojos no podía negarse a la vista. Maki sabía que él la
deseaba ferozmente, pero no había pensado en eso.
Sí, había recuperado el sentido del gusto completamente, que fallaba
antes en algunas ocasiones, pero lo otro… no estaba segura. No había
tenido sexo desde la última vez.
—Ya siento el sabor completo de mi preciado helado de yogurt —
mencionó, jugueteando con sus dedos. Ghunter esperaba la segunda parte.
—Ajá… ¿y… lo otro?
—No lo sé, no he tenido sexo.
El oso se mantuvo callado, mirando la tela del sofá que los separaba.
—¿Crees que tu cuerpo te haya pedido un descanso? Si no has tenido

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sexo significa que no soy yo… ni ese chico. —No estoy segura. Me siento
mejor, sí, pero… no he probado nada. Tengo miedo a intentarlo y volver a
estar lela.

—¿Ni siquiera has probado masturbarte? Serías tú misma.


—No me gusta mucho hacerlo. Prefiero el sexo, pero… realmente me
asusta la idea de que mi cuerpo simplemente no reaccione. Todo esto es
muy extraño para mí, Ghunter. Yo… —Él la miró con lástima— realmente no
sé qué hacer. Ella bajó las orejas, decaída.
—Agh… Maki, Dios, deja ese lado inseguro y temeroso. Tú no eres así
—La agarró de las mejillas, acariciándoselas con el pulgar—. La Maki que
conozco es la mujer más segura de sí misma y sexy del mundo, ¿queda
claro? Es la Maki de… —Hizo una pausa— olvídalo.
Antes de que ella pudiera responder, Ghunter la besó con ansias, pero
aguantando las ganas de soltarse. Al principio estaba muy sorprendida, pero
las manos masculinas agarraron sus pechos con cuidado, como si temiera
lastimarla. Separó sus labios por un instante.
—¿Te gusta o no sientes nada?
Ella se mantuvo en silencio, mirándolo a los ojos. La verdad es que sí
le sentaba bien el tacto. Su cuerpo empezó a calentarse de abajo hacia
arriba, levemente.
—Ghunter…
—Shh… —Le besó el cuello con calma, sin dejar de acariciarla. La
escuchó jadear y lamió. Maki dio un respingo— Si no te gusta, solo hazme
parar.
Maki tenía los ojos entreabiertos, hundida entre sensaciones
placenteras. No supo si era la abstinencia o si simplemente ya estaba
curada, pero esta vez se sentían más intensas que otras veces. Quería más,
su cuerpo lo exigía. Tocó los firmes pectorales de su amigo, y se le acercó,
demandando un beso húmedo y excitante. Ghunter sonrió mientras bajaba
sus manos a las caderas de la albina, quien jadeaba quedamente. La tumbó
sobre el sofá y la siguió besando, mientras acomodaba su propia cadera
sobre la de ella.
Maki juntó sus entrepiernas cubiertas con la ropa, en un roce picante,
y la erección masculina le envió impulsos eléctricos al pelinegro. La echaba

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de menos. Por dentro estaba dándole un mensaje a Nikolai.
“Ella es mía, no la vas a tocar en tu puñetera vida”
Reía internamente mientras las manos femeninas le recorrían el
cuerpo. Pasaron de los pectorales a los abdominales, y luego se detuvieron
en la pelvis, justo antes de bajar a su erección. Ghunter se separó y le
acarició la mejilla con un cariño y una suavidad dignos de una luna de miel.
La besó e hizo tocarse ambas caderas. Cuando le dio una leve mordida en el
cuello, la notó completamente ida dentro de la excitación sexual.
Sonrió de alegría.
Pero la sonrisa se le desvaneció de la cara cuando oyó el nombre
equivocado saliendo de la boca que tanto había estado besando.
—Niko…
Maki no pareció notarlo, fue de forma inconsciente. Ghunter
entonces tomó una decisión. Mientras su dureza se hacía flácida, suspiró,
derrotado por un idiota virginal. Maki abrió sus ojos, azules y cristalizados
por el calor del momento.
Vio con ellos como las mejillas de su amigo se llenaban de pelaje
negro y su cuerpo se agrandaba un poco más. Un oso negro con un mechón
blanco la miró y segundos después empezó a lamerle la cara, juguetón.
—¿Ghun… Ghunter qué haces?
—Transfórmate antes de que te lama todo el cuerpo y te deje echa
una babosa repugnante.
Sonrió con picardía y siguió lamiéndola. Ella se rio y tomó su forma
de lobo y empezó a jugar con él, como si fueran niños.
En el fondo, aquel momento dolió demasiado para Ghunter. Maki ni
siquiera lo había notado. El oso, después de despedir a su amiga, se vio
obligado a admitir la derrota, apretando los dientes y los puños. Patrick salió
poco después a preguntarle cómo estaba. Lo había descubierto triste,
mirando a la puerta entreabierta, desde el sofá del salón, como esperando a
que Maki cambiara de opinión y lo eligiera a él.

Hayato fue el primero sorprendido de ver a su medio hermana en


pleno Flowers a las tres de la tarde. Ella había entrado como si nada,

165
haciendo que muchos clientes la observaran con notable lujuria. La albina,
por su lado, los evitó a todos olímpicamente. Fue directamente hacia Tesla,
que estaba sentado en una butaca de piel de caimán (quien sabe si ulgram o
no…), y que la miró con lo que parecía ser una sonrisa.
La máscara nueva le sentaba bien.
—Vaya, ¿cómo te ha ido con la doctora Scott? —preguntó el enano,
con interés. Maki sonrió moviéndole la cola.
—Fue genial. Esta primera sesión me la dedicó enteramente a mí,
dejándome simplemente hablar y hablar… sin hacer muchos comentarios.
Me dijo que a la próxima si empezaría a darme consejos profesionales.
Hizo una pausa, carcomida por la emoción. Chillaba levemente y
saltaba en el lugar como una niña pequeña en su cumpleaños.
—Entonces he hecho una buena inversión. Tenía pensado que si era
incompetente la mataría por engañarme con un bonito doctorado —La voz
era la misma, tranquila y ronca. Maki sudó frío, protegiendo una vida sin
saberlo.
—No hablas en serio… ¿verdad? —Bajó las orejas, con algo de temor.
Tesla suspiró.
—Estás mejor, por lo que veo.
—Bueno sí… ¿no es lo que querías?
—Claro que sí. ¿Crees que pago quinientos dólares la hora a una
mentecata para que te haga sentir peor?
—¿Quinientos… —Abrió mucho la boca y los ojos, con sorpresa— por
hora?
—Solo es dinero, déjalo ser.
La peliblanca se obligó a desistir. Tesla era una criaturita complicada,
muy complicada. Respiró muy hondo y luego susurró:
—¿Lo de… tu plan? ¿Cómo va? —Tesla la miró con sus penetrantes
ojos rojos. Centelleaban de forma extraña.
—Bueno, no he tenido inconvenientes serios recuperando mi Mercado.
En cuanto a tu padre y tu hermana… pues no tengo nada que comentar.
—¿Cómo que nada que comentar?
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—No han pasado dos meses, Maki. ¿Quieres que haya novedades
antes de la fecha de las novedades? —Quizá estaba sonriendo con ironía.
—No, pero…
—Cálmate, ¿sí? Todo estará bien. Jamás dejo de cumplir un acuerdo…
—Hizo una pausa— o al menos casi nunca. ¿Por qué no vas a beber con tu
hermano y se olvidan de la vida como unos adolescentes necios?
—Porque no soy una adolescente necia —respondió Maki, frunciendo
el ceño.
—Tu hermano sí.
—Hayato es un maldito niño al que malcriaste. ¡Yo pude haber muerto
muchas veces! —La exclamación hizo que todos los miraran con interés, y
con ello se hizo un silencio raro.
—Y mírate, eres una adulta funcional que va a terapia —La miró con
una calma espeluznante—, con vida.
—Tampoco es que hayas hecho mucho —gruñó ella. Tesla frunció su
peluda frente. Hayato bajó las orejas, temiendo por la seguridad de su
hermanastra.
—¿Ah no? —Se puso de pie. Era más bajo que Maki, pero eso no
limitaba su aura terrorífica— ¿Crees que fue casualidad que alguien
disparara a los ojos de ese monstruo que casi te mató?
Ella no pudo contraatacar a eso.
—¿Crees que tu tarjeta de crédito es un regalo de los Reyes Magos?
¿O que tu inmunidad a que te maten y hagan trocitos en mi jodido Mercado
es un acto del presidente porque le caes bien? —La jaló de un botón de su
chaqueta, obligándola a bajar su cabeza hasta él— Deberías darme las
gracias. Te salvé el culo muchas veces cuando eras una niña, y lo seguí
haciendo desde que te volviste adulta. Puedo dejar de hacerlo si gustas.
Petrificada, Maki se mantuvo muda. Tesla era influyente en todos
lados por algún motivo que nadie conocía, y era muy beneficioso tenerlo de
aliado. Ella se había criado con un privilegio gigante, al ser tratada como su
hija, prácticamente, con todas las libertades que ello conllevaba. Estaba feliz
de tener dinero ilimitado, una bonita casa, videojuegos de estreno y
consolas carísimas, y también de estar viva a pesar de su pasión por jugar
Póker en los clubes y casinos del Mercado. El pequeño arranque de ira se

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disipó con la misma espontaneidad con la que apareció.
Si Tesla decidía dejar de ampararla, no tardaría en ser violada,
asesinada o vendida por cualquier loco que la viera. Era hermosa, y albina,
cualidad rara. ¿Qué más necesitaba un demente misógino para ser feliz en
ese mundo? Los hombres lobo eran cada año la especie de hombre bestia
que sobresalía en cuanto a belleza física, por sus rasgos toscos pero a la
vez finos.
Y tenían de competencia a los felinos, que eran un muro enorme.
—Si quieres ser una mujer libre e independiente, hazlo. Tienes mi
jodida bendición —habló el lobo enano, seriamente—. Adelante, vete.
Maki dio la espalda, llena de terror hasta las puntas de los pelos más
altos de su oreja buena. Un hombre, una mangosta delgada y con dientes
muy amarillos, consecuencia del tabaquismo, quizá, se le acercó, poniendo
su brazo por encima de sus hombros. Le sonrió de forma completamente
desagradable.
—Tesla te liberó, ¿no? Eres muy linda… ¿no te interesaría ser una
stripper de mi club? Bueno, no es mi club, es de mi jefe, pero aun así…
—Maki intentó apartarse, asqueada, pero el tipo insistió, encajando las uñas
en la tela de la chaqueta— Puedo pagarte muy bien, ahora que estás
quebrada.
—No estoy quebrada —forcejeó ella, intentando sacárselo de encima.
—Te acaban de quitar la tarjeta de crédito, ¿no, Tesla? —Se volteó y
miró al lobo, quien le apuntaba con un arma.
—No, imbécil. Aprende a leer fanfarronerías —Le disparó justo en el
centro de la frente. Cuando cayó al suelo, Tesla miró al resto de los
presentes— ¿Alguien más quiere unirse?
Hubo silencio.
—Bien… ¡Rianna! —Llamó, y la mujer dejó de lado a su cliente, y corrió
hacia su autoritario jefe mayor.
—¿En qué puedo ayudarle, señor?
—Sirve dos whiskys escoceses. ¿Algún aditivo especial? —Alzó una
ceja mirando a Maki, que le devolvía una mirada arrepentida.
—No…
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—Sin aditivos, entonces. Hayato estará encantado de que seas lady
de las bebidas.
La chica corrió al bar y preparó los licores con rapidez y mucha
precisión. Maki se sentó en una silla de la barra y el burdel siguió en su ruido
habitual casi de inmediato. Al lado de la albina se sentó el rubio, que aceptó
con una encantadora sonrisa la bebida ofrecida por su prostituta favorita.
—Gracias, cariño —dijo en un murmullo seductor, guiñándole un ojo.
Maki tenía las orejas a ras de su cabeza, y la cara roja de vergüenza. Hayato
la miró y le pasó una mano por el pelo— ¿Por qué discutes con Tesla? Es un
buen tipo con nosotros.
—Me compara contigo… y tú y yo no somos la misma persona. Tú
eres… Hayato y yo…
—Déjame adivinar… ¿Maki? —Sonrió dando un trago. Ella puso los
ojos en blanco.

—Déjalo, estás borracho.

—No estoy ebrio —corrigió él—, estoy lo suficientemente cuerdo como


para llevar esta conversación. Ahora, dime: ¿qué te pasa? Estabas tan feliz…
—Tesla es un controlador hijo de puta.
—Eso todos lo sabemos, hermanita —Le acarició la oreja mutilada,
con cariño—. Pero ese controlador hijo de puta es nuestro padre. Tuyo y mío.
—Mi padre está tratando de matarme de maneras extrañas.

—Bueno, no digamos padre. Digamos… —Lo pensó— nuestro


protector. Sin él, estaríamos muertos, en cualquier sitio. Debemos estarle
agradecidos como mínimo. Nadie es perfecto.

—Un defecto es ser enojón, pero él lo lleva a extremos para nada


éticos. ¿Cómo puede simplemente ser tan malo y ya?
—No sé. Desde que lo conozco ha sido así —admitió el rubio—. Pero
puede ser piadoso.
—Dame un ejemplo.
—Tú y yo. Somos sus hijos, sus debilidades. Cualquier cabrón puede
tomarnos de rehenes y matarnos solo para enojarlo. Y él lo sabe. ¿Pero qué
169
hace? Nos protege de esos cabrones. Nos da dinero, estatus y poder en la
sociedad. Quizá no demuestre amor de forma normal pero… —Le tomó la
mano— así nos quiere.
—Tú te criaste con él. Lo ves como un padre por eso.
—La infancia con él fue complicada. Me hacía trabajar todo el rato en
mi etapa de los cinco a los quince. No tenía idea de cómo tratar con un niño,
y solo me usaba en algunas cosas. Me vino a tratar como su hijo cuando
tuve diecisiete, y desde entonces lo hace. Te aseguro que te quiere mucho,
pero jamás te lo dirá.
—Estoy preocupada. Mi padre quiere matarme, mi hermana y Tesla
están aliados de alguna manera… ¡mierda! No sé cómo tragarme todo, y ya.
El sexo no es la solución, solo… —Buscó la palabra adecuada por un par de
segundos— pospone el problema.
—Maki, entiendo que estés así. En tu lugar, yo hubiera cedido a viejos
vicios hace tiempo —Ella lo miró, con curiosidad—. Eres una mujer fuerte,
bonita y lista. No tienes nada que envidiar a nadie. Te aseguro que la
crueldad de Tesla es infinita, pero también lo es su afecto por nosotros.
Quizá, no sé…
La peliblanca miró su bebida sin entusiasmo, repasando los adornos
de relieve del vaso de cristal. Hayato no era el mejor consolando, pero hacía
su mejor intento.
—Vas a sobrevivir a todo este lío. Tesla se asegurará de eso —La
abrazó de forma fraternal, envolviéndola en su calor y su perfume suave—.
Él y yo te queremos, en serio.
—Gracias, hermano —Le correspondió el abrazo, cosa que jamás
había hecho. Tampoco lo había llamado “hermano” alguna vez. La bebida
estaba casi intacta.
Desde la distancia, Tesla los observaba, algo orgulloso de la actitud
del rubio. Por una vez en su vida había sido considerado y buena persona.
Valentine se paró a su lado y miró la tierna escenita con la boca abierta.
—¿De qué me perdí? —preguntó. El lobo de baja estatura la miró
indiferente.
—Es su momento. No interrumpas.

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16

Como cualquier otro día normal, Tesla fue a revisar su correo.


Normalmente pedía armas, munición o cosas raras para conocer y
experimentar. A veces se colaba algún juguete sexual entre los paquetes, y
era muy divertido juzgar con la mirada a las chicas del lugar para determinar
de quién eran aquellos dildos grandes con vibrador interno.
Ese día no sería distinto. Entre dos modelos de revólveres antiguos
había una caja de madera, en lugar del típico cartón. No tenía nada escrito
más que la palabra “Naomi” con un plumón permanente en una esquina. Ah
y Un, sus guardaespaldas, miraron con curiosidad la caja del tamaño de un
microondas, y olisquearon por encima. Los osos tienen buen olfato (al
menos cuando quieren…) y miraron a su jefe alarmados, emitiendo gruñidos
que lo sacaron de los otros paquetes.
—¿Qué hay dentro? ¿Veneno? —preguntó acercándose a sus hombres,
con curiosidad. A veces maldecía no tener olfato. Tomó una sierra de mano
y empezó a cortar con fuerza la unión sellada de la tapa de la caja. Ah la
sostuvo fuertemente.
Cuando abrieron la caja los tres quedaron quietos y con los ojos
clavados en la mercancía. La sierra se desprendió de la mano del albino,
quien tenía la boca semiabierta bajo el cuero de su máscara.
«Déjà vu»
Una bebé, con un pañuelo torpe en lugar de un pañal, de pelo rubio
(muy sucio) y ojos azules. Recordaba a alguien…
—La historia se repite… —dijo Tesla antes de tomar a la niña como a
un desecho radioactivo y examinarla con la mirada. Las orejitas y la cola
canina daban por sentado a quién pertenecía. Sin mucho tacto, la dejó en las
torpes manos de Ah, quien gruñó cuando tocó algo húmedo en el pañuelo
que alguna vez fue blanco.
Para su mala suerte, la niña parecía contenta y le trataba de acariciar
la barbilla con su pequeña manita. A esa hora de la mañana el burdel estaba
cerrado, y por lo tanto, vacío. Tesla se limpió las manos y subió las
escaleras hacia el segundo piso. Respiró hondo antes de entrar a la
habitación de su revoltoso hijo adoptivo, quien estaba jugando a una fiesta
de pijamas nudista con Valentine. Los dos lo miraron con sorpresa.
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—Oh, mira. Ya tiene curiosidad sobre cómo se hacen los niños —
bromeó el rubio, y la felina dejó ir una risita.
—Hablando de niños… —dijo Tesla lo más calmado que pudo— Tengo
un regalo para ti.
—Oh no… —Hayato hizo una mueca de fastidio— ¿Otra vez es mi
cumpleaños?
—Mejor —respondió su mentor—, quizá es el cumpleaños de alguien
más.
Valentine y Hayato se miraron con duda.
—¿Hoy es quince de enero? —preguntó Valentine, extrañada— ¿O tres
de septiembre?
—No es mi cumpleaños o el de Ah o Un. Estamos en abril, relájense.
Ah pasó con la mocosa en brazos, que chillaba de alegría lamiéndose
un pie. Era adorable. Valentine miró a la niña con horror, pero el rubio se
mantuvo estático, con los ojos clavados en la pequeña criatura de pelo rubio
y actitud encantadora. Abrió mucho la boca y la agarró con seguridad.
—¡Ah! —chilló— ¡Es tan increíblemente LINDA!
Como adolescente loca empezó a corretear desnudo y alegre por el
cuarto, cuidando de no tropezarse con los bordes de su enorme cama o
alguna mesita. Valentine se quedó bastante cuajada en su sitio, sin haber
visto venir esa reacción. Al ser hermano de Maki lo más lógico es que le
tuviera miedo, asco u odio a los niños, no era muy factible en su lista de
adjetivos la palabra “encantado”.
—¿Podemos quedárnosla, cierto? —Le hizo ojitos a Tesla, quien solo
se encogió de hombros— ¿Es mía?
—Bueno, Ah y Un la olieron. Ellos no me mienten a mí —afirmó el lobo
restándole importancia—. Supongo que su madre no la quería y la mandó
aquí junto al correo habitual. Quizá querría que la matara o algo.
—Eso no va a pasar —La alzó, haciéndola reír—. ¿Tenía algún nombre
cuando la encontraste? ¿En una nota o algo?
—Decía Naomi en la caja.
—¡¿Una caja?! —Tesla asintió. Hayato miró a la pequeña con
detenimiento y luego reparó en su suciedad— Qué horror… ven, Naomi. Papi
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va a darte un baño.
Atravesó la puerta de su baño privado con paso triunfante mientras
tarareaba. Valentine seguía de piedra, y sin procesar lo que estaba viendo.
—Es gracioso, Tesla —dijo el blondo, saliendo un momento y
cogiendo unas toallas limpias de su clóset—, ella apareció del correo. Como
esa broma tuya de que me encontraste ahí. ¡Ja, ja!
—Claro, fue una broma —contestó el albino cuando lo vio entrar al
baño, moviendo la cola con una euforia inocente.
—¿Desde cuándo tú bromeas? —preguntó Valentine, dignándose a
hablar.
—Nunca.

—Dime, Niko, ¿querías verme? —Dos semanas de terapia le habían


hecho bien a la albina, quien sonreía más y movía la cola de forma regular.
—Sí, no te veo desde hace un tiempo. ¿Cómo has estado?
—¡Genial! —contestó Maki con entusiasmo— Realmente creo que
estoy mejorando.
—¿Perdona? —Nikolai parpadeó sin entender mucho.
—Oh, no te lo he dicho… estoy yendo a terapia. Por eso he estado tan
feliz. Realmente me siento mejor.
—Terapia, eh… —La miró a los ojos. Brillaban mucho— Parece que
estás más feliz.
—Es una nueva experiencia para mí, pero muy positiva.
—Ya puedo verlo. Me alegro por ti —Sonrió de manera genuina y le
acarició la cabeza como a una niña pequeña—. Quería verte porque me
había preguntado si querrías salir. No es que no me guste estar en tu casa,
es solo que…
El rojo de sus mejillas era adorable.
—Vale. Lucifer estará bien sin mí un par de horas.
Lo cogió de la mano y se lo llevó al auto deportivo guardado en el
garaje. Comieron en un restaurante de comida china y luego fueron a un
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edificio muy lujoso donde Maki tenía un pent-house (técnicamente era de
Hayato, pero él casi nunca iba). Pidió a varios empleados que les llevaran
frutas (como si se tratara de un hotel) y una botella de champaña cara. El
lugar tenía un asombroso balcón de cristal que dejaba ver la ciudad y su
brillo de atardecer, casi llegando la hermosa noche.
Nikolai quedó embelesado mientras admiraba las vistas, apoyado en
una pared, a unos dos metros del balcón. Maki recibió la bebida con una
sonrisa y cerró la puerta de una leve patadita. Se sirvió un poco en una copa
y tomó una fresa con su mano libre, llevándosela a la boca y saboreándola
con placer. Tras relamerse los labios miró de reojo a su acompañante.
Su espalda no estaba muy definida y la cola se balanceaba de un lado
a otro en un vaivén lento. Todavía no estaba segura de por qué le gustaba
tanto un hombre como él.
—¿Te gusta la champaña? —preguntó, tras tragar su fresa. Él volteó y
la miró con una expresión rara en los ojos. Asintió y se sirvió un poco en la
otra copa. La bebió con esmero y delicia.
—Wow, es buena.
—Es mi favorita. Hayato siempre encarga que la tengan en los
lugares a donde suelo ir.
Nikolai miró la cama King Sice a poca distancia y bajó las orejas.
—¿Sueles traer a muchos hombres a este lugar? Las vistas son
impresionantes. Debes de sentirte genial teniendo sexo aquí.
—Lo hacía, hace unos meses. Prefiero mi casa ahora —dijo ella,
mirando el horizonte—. Aunque debo admitir que no hay nada mejor que
tener sexo con las luces nocturnas de Los Ángeles de fondo.
—Tienes buenos gustos. A primera vista no pareces muy femenina —
No tuvo la intención de insultarla, pero Maki frunció el ceño de todos modos.

—¿Qué pinta doy?

—Creía que eras solo una mujer simple cuando te conocí. Jamás
muestras escote, ni tacones. Pero siempre hueles a flores y dejas entrever
tus piernas… que son tentadoras a la vista de cualquier hombre.
Ella se ruborizó un poco.
—O sea, creías que yo era lesbiana —afirmó con una sonrisa divertida.
174
—Claro que no. No tienes una chaqueta roja a cuadros ni fanatismo
por las mujeres en general. Solo te he visto hablar con tu amiga, jamás he
visto a otra chica en tu casa.
—Soy una mujer con gustos sucios escondidos bajo una fachada
simple.
—¿“Sucios”?
—No tienes idea de las locuras que suelo hacer en mi cama —Miró la
del pent-house—, o las que hice en esta.
—¿Con cuántos hombres a la vez?
—¿Te excita la idea de un par de penes alrededor mío? —Se burló,
subiendo y bajando las cejas repetidamente. Nikolai le acarició el mentón,
limpiando un mínimo de espuma de champaña en él.
—Me excita el hecho de que quiero que hagas esas locuras. Conmigo.
Maki se obligó a tragar saliva, en completo shock. Nunca esperó oír
un vocabulario así de la boca de Nikolai, un chico con aura tan…
malditamente virginal. El corazón le dio un retumbo tan fuerte que lo sintió
en todo el cuerpo. En otros momentos, hubiera tumbado al hombre sobre la
cama y lo hubiera devorado en el mejor sentido de la palabra.
Las palabras de Mandy Scott resonaban en su cabeza, como una
canción pegajosa.
“Lo mejor para tu adicción al sexo es dejar de acostarte con cualquier
hombre por el hecho de ser guapo. Deberías tener una relación basada en el
afecto, haz que el sexo sea algo más, no todo el grueso”
El castaño se le acercó, con la intención de besarla, pero ella le puso
una mano en el pecho. Contó hasta diez mentalmente.
—¿Me has estado dedicando algo que no son canciones? —Le dijo, lo
más calmada que pudo.
Nikolai la miró, quieto.
—Claro que no. ¿Qué pasa? —La miró preocupado, y con algo de
miedo.
«Genial, ahora que me lanzo, me para de lleno. ¡No entiendo a las
mujeres!»

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—Yo… ah… —Buscó las palabras— no voy a hacerlo.
—¿Qué?
—No puedo tener sexo contigo.
—¿Por qué? —Bajó las orejas, pero se veía molesto— ¿Es porque no
tengo un cuerpo de modelo?
—No… eso no me importa.
—Dame un argumento válido —gruñó él, mirándola a los ojos.
—Mi terapeuta está tratando de ayudarme con mi ninfomanía —dijo—
y me recomendó que lo mejor fuera… “non-coitus”, ¿entiendes?
Nikolai dejó ir un suspiro de alivio. No era lo peor, y al menos era por
una buena razón y no por gustos superficiales o chistes de gays. Él se le
acercó y le dio un abrazo, poniendo su cadera un poco de lado, para que la
albina no notase su erección, y se pusiera más nerviosa. Aunque estaba
algo desilusionado, una parte de él se sentía orgullosa de Maki, que al final
estaba tratando sus problemas de la forma correcta.
La miró a los ojos segundos después, con una sonrisa de alivio. Maki
bajó las orejas y ocultó la cara en su pecho.
—Lo siento.
—No tienes por qué —Le alzó el mentón y acarició su nariz—. Es por
un buen motivo, no estoy molesto.
La peliblanca inspiró y expiró aire. Luego, de improviso, se puso de
puntillas, y besó al hombre lobo de pelo castaño. Fue un beso lento, pero
tranquilo. Sin manoseo extra ni intenciones picantes. Nikolai no tardó en
corresponder, y cerró los ojos cuando se recuperó de la sorpresa. La
erección le dolía, pero se aguantó, sujetando con delicadeza la cabeza
femenina.
Con los dedos repasó el contorno de la oreja rasgada, contorneando
lentamente las cicatrices que la adornaban. No eran precisamente bonitas,
pero hacían a su dueña una persona única.
A Nikolai le gustaba Maki, y a ella él. Ese beso les transmitió lo que
necesitaban saber a ambos. Tras separarse, se miraron en silencio por un
par de segundos, pensando qué decir.
—Oye… —Rompió Nikolai— ¿por qué has hecho eso?
176
—¿Eso qué? ¿Traerte aquí? Hay una bonita vista.
—Besarme, Maki. Me acabas de besar.
—Quería comprobar que no eras gay —Él endureció la mirada. No se
iba a cansar de ese chiste nunca, al parecer—. Y ya vi que no.
Señaló con una mirada rápida a su entrepierna, poniéndolo rojo.
—No quería hacerte sentir mal.
—Es normal que si un hombre me besa sufra del mal de la polla dura.
Soy un foco de la enfermedad.
—¿Te importaría provocármela a mí en una especie de relación
privilegiada? —Maki lo miró abiertamente sorprendida— Me gustas bastante,
obviando tu actitud de grano en el culo de vez en cuando, pero puedo
acostumbrarme. ¿Qué dices?
—No he tenido una relación monógama desde 2005.
—Joder, ya van… —Contó mentalmente— ¡ni sé cuántos años!
—Si meto la pata, dímelo antes de que vuelva a hacerlo. No soy muy
buena leyendo situaciones.
—Créeme, lo he notado —Tomó su mano y la besó con cariño—.
¿Entonces…?
—Que sí, que sí… acepto. Pero sin matrimonio.
—No quiero casarme contigo.
—Gracias —Lo besó de nuevo, con una sonrisa alegre, mientras movía
la cola. El chico la imitó y correspondió de nuevo, abrazándola con felicidad.

177
17

—Así que… cuéntame —dijo Maki, dando un sorbo de su Enate 234


Chardonnay, con gracia muy femenina. Estaba sentada en su sofá mirando
a Nikolai, con curiosidad— ¿has tenido alguna relación antes?
Él tuvo sus dudas.
—Bueno… varias. Se remontan a mis tiempos de estudiante. He
estado viviendo con Roger desde los veintitantos. Realmente no he tenido
mucho interés en ver mujeres en este tiempo. Ninguna me llamaba
especialmente la atención.
Maki bebió otro sorbo, sin dejar de observarlo. Su oreja sana estaba
muy atenta y alzada. La otra lo intentaba.
—¿Y cómo resultaron? ¿Estabas enamorado y te echaron? —No tenía
la intención de herirlo, pero al notar que su expresión cambió a una más
oscurecida no supo cómo reaccionar. Miró su bebida y le hizo una mueca,
con irritación.
—No me echaron a ningún lado… yo abandoné.
—¿Por qué? —Al ver que le respondía el silencio se sintió mal— Lo
siento, no tienes por qué indagar ahí si no quieres…
—¿Por qué no me cuentas tú de tu relación duradera del 2005? Quizá
después saque fuerzas para hablar de las mías —Sonrió con gentileza, pero
se le notaba triste.
—Bueno… vale —Se tomó todo el contenido de su copa, rápidamente y
lo tragó con entusiasmo. Suspiró antes de empezar a hablar, obteniendo la
atención del chico, completamente—. Tenía veinte años… era jodidamente
joven.
—Ya veo…
—Hikky tenía creo que veintiséis o algo así. Quizá más, no recuerdo.
El punto es que era un trabajador para Tesla, y pues, era bastante riesgoso.
—Imagino que sí. Ese enano no conoce la palabra misericordia
seguramente.
—Terminó muriendo por culpa de mi padre, y…. bueno eso es todo —
Se encogió de hombros, restándole importancia—. Fueron cuatro años.
178
—Wow, ¿sobreviviste a la monogamia por cuatro años? —Nikolai
sabía que había sido grosero, pero ella le regaló una sonrisa burlona junto a
un asentimiento de cabeza— Fue… solo una broma, lo juro.
—Todos sabemos cómo soy… no dijiste nada que no sepa. Después
de Hikky solo tuve más relaciones pasajeras y… bueno, llenas de sexo
casual. Nada del otro mundo.
—¿Y qué tal Ghunter? ¿Ghunter solo ha sido tu amigo con derechos
o…?
—Bueno, fuimos algo durante unos meses.
—¿Y…?
—No funcionó. Solo era sexo con etiqueta, nada más. Me terminé
cansando y lo dejamos. Luego seguimos acostándonos como si nada.
Siempre ha sido de mis mejores amigos pero… no funcionamos como
pareja. Además… —susurró— es un oso.
—¿Qué tiene que ver la especie?
—Me gustan más los lobos. Mucho, mucho más… —Lo miró a los ojos
con una sonrisa coqueta, pero sin acercársele mucho— son mucho más…
pequeños y lindos.
—¿No que te gustan los hombres grandes? ¿Esos que puedan
doblegarte a ti a base de fuerza? —Alzó las orejas, curioso.
—No soy Valentine, Nikolai… —dijo con sorna— no me gusta el BDSM
como a ella o a mi hermano… sí, me gustan los tipos grandes, pero no
siempre. Es cosa temporal. Para algo más duradero me gustaría a alguien
como tú.
—¿Pequeño y flacucho?
—Sí, es un buen perfil —Sonrió ella—. ¿Vas a contarme de… tus
relaciones pasadas? Yo lamento no tener mucho que decir, pero me pasé
gran parte de mi vida follándome desconocidos.
—Tuve unas dos relaciones significativas. Una en la preparatoria y
otra en la universidad. Las otras tres no fueron más que “sexo con etiqueta”
como dices tú.
—¿Con… mujeres, cierto? —Nikolai bajó las orejas mirándola
fastidiado. Ese chiste empezaba a sacarlo de quicio.
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—Sí, fueron TODAS mujeres, para que no preguntes lo obvio. Una de
ellas marcó el estándar, las demás fueron experiencias más normales.
—¿La de la universidad?
—La de la preparatoria.
—Ay, qué lindo, un amor adolescente. ¿Por qué rompieron? —Maki vio
como el brillo en los ojos masculinos disminuía.
—Murió —La albina bajó las orejas, apenada—, pero no fue por un
ataque de lunars, o un accidente. La mató el estrés. Sus… padres eran
abusivos, demasiado exigentes, y ella vivía bajo expectativas y peso moral.
Un día simplemente no despertó y… ahí acabó todo.
—Lo siento… —Pero él no había terminado.
—Me culpé por no haberla podido salvar, porque sabía por lo que
pasaba… y llevé ese sentimiento muchos años. Desde los dieciséis hasta los
veintidós. Mi relación con esa chica me marcó, y me cuesta querer algo
distinto de una mujer.
—¿Qué veías en ella que la hizo tan especial?
—Nada. No tenía nada que la hiciera resaltar, ni belleza antinatural
como tú, ni era muy sociable o popular en la clase. Se parecía a ti, mala,
egoísta, pervertida y… bonita a mis ojos. No sé, solo se ganó mi corazón. Tú
te pareces a ella, quizá sea por eso que me gustes, pero…
—No importa —Maki lo interrumpió acariciándole una mano—, yo
también tengo mis secretos. Y sí, no tengo estándares definidos para lo que
quiero en un chico, pero lo realmente relevante es: ¿me confundes con ella?
—Él negó, con tranquilidad— Entonces simplemente soy lo que buscas, al
parecer. Ella no volverá de los muertos, pero yo puedo darte una linda
experiencia ahora que sigues vivo.
—¿Estás segura de eso?
—Cien por cien, Niko. Me gustas, y quisiera que me vieras con unos
ojos iluminados. Quiero que te enamores de esta perra egoísta, y quiero que
tú logres ganarte mi corazón.
—Wow —Hasta se había sonrojado del impacto—, ¿podías ser cursi?
—Ni se te ocurra contarle a alguien. Lo que ha pasado aquí, se queda
entre los dos.
180
—Oh, vaya, un secreto… —Bajó las orejas con una sonrisa socarrona—
Quiero sobornarte.
—No irás a contarle esto a mi hermano, ¿verdad? —En la tez albina se
pintó una mueca horrorizada.
—No había pensado en él, pero te agradezco la sugerencia —Maki
alzó las orejas con la cara roja y se le pegó como pulga a un perro,
agarrándolo del cuello de la camisa.
—Por favor, te lo suplico, déjalo entre nosotros.
—¿Qué te podría pedir…? —Alzó el mentón, pensativo, mientras por
dentro estaba descojonándose de risa.
—¡Niko!
—Oh, ya sé.
La tomó de las muñecas, juntas sobre su ropa, y se inclinó para darle
un beso. No quería ponerla en una situación incómoda que pudiera
confundir con que quería tener sexo, pero su amiguito bajo el pantalón lo
traicionó al toparse con la pelvis femenina. Maldijo a su pene en ese
momento. Maki fingió no darse cuenta y se separó, nerviosa como una
adolescente dando su primer beso a su novio.
Los dos se rieron como niños, y se quedaron mirándose a los ojos
por unos segundos, en silencio. Maki sonrió avergonzada tras sonrojarse un
poco y luego bajó la mirada. Nikolai la abrazó con fuerza, sintiendo como la
cola femenina se movía de un lado a otro, con felicidad.

Mientras Valentine desayunaba, oía la conversación con sus orejas


en alto, meneando la cola en todas direcciones. Hayato era increíble,
siempre tenía una novedad nueva. Ahora, al parecer, era padre, y encima uno
atento y dedicado a su papel. Limpiaba pañales como si tocara la calva del
Papa.
—Je, je... ¿Quién es una buena niña...? —Naomi rio— Así es, tú lo eres...
—Esto es... inesperado —comentó Rianna, cepillándose el cabello.
Valentine asintió, sin dejar de mirarlo.
—Y que lo digas. Nunca creí que Hayato sería bueno con los niños.
Especialmente después de conocer a Maki.

181
—Se parecen tanto en algunas cosas...
Tesla entró haciendo ruido, mientras Ah y Un cargaban algo muy
grande detrás de su pequeño jefe. Atravesó la estancia con paso firme, sin
detenerse ni a saludar ni a mirar nada. Simplemente pasó de largo sin más.
—¡Tesa! —balbuceó la niña, señalando al lobo enano que pronto se
desapareció tras una puerta.
—Sí, Tesla. ¿No es linda? —preguntó todo emocionado a Valentine,
quien le sonrió con la boca llena de cereal con leche. Rianna tomó la
bandeja con frutas, y fue hacia el sótano, siguiendo la ruta de los gemelos
osos. Tenía curiosidad últimamente en lo que trabajaba su pequeño jefe, ya
que tenía la oportunidad de oro si quería ver o incluso ¡hablar! sobre sus
investigaciones y proyectos. Tesla se mostraba muy comunicativo a veces.
Una vez en el sótano, fue despacio, con el miedo recorriéndole la
espina dorsal, viendo las plumas de acero enterradas en el suelo y las
paredes. Al parecer en un mes y medio Tesla no había limpiado esa zona,
aunque sí que varios de los experimentos vivos habían desaparecido como
por arte de magia. El aura del sitio seguía siendo igual de tétrica. Estática,
vio salir a los gemelos, sacudiéndose las manos empolvadas y respirando
hondo. La vieron y le pasaron las manos gruesas por la cabeza,
despeinándole el trabajo que le había tomado quince minutos lograr.
Aunque ni siquiera se enojó por eso. Entró al despacho y se sorprendió de
verlo hecho un desastre. Tesla habitualmente era muy estricto con el orden
y la limpieza. Al parecer había estado ocupado en algo, pero no había armas
por ningún lado. En una pared habían cientos de fotografías de gente que
ella desconocía: con alas, un bicho borroso que al parecer contaba con tres
ojos... parecía un conspiranoico de los locos.
—Deja la bandeja y vete —ordenó el jefe tajante, cortante a la
amabilidad que siempre le mostraba.
—¿Le preocupa algo señor? —Se atrevió a preguntar. Sabía que
quizás eso le costaría la vida, pero su curiosidad le pudo. Para su suerte,
Tesla se dignó a contestarle.
—El festival se acerca. Quedan sólo tres meses, y la revuelta de los
comunes se efectuará mañana en la tarde. Justo en el Mercado. En la zona
de mis carnicerías, por supuesto...
—¿Revuelta de comunes...?

182
—Esa facción racista de mierda. Se creen que por protestar
conseguirán lo que buscan... lo que no saben es que yo los aplastaré uno
por uno a sus líderes de mierda, hasta que no quede ninguno.
—Oh... ¿y es realmente necesario matarlos? Siempre se puede llegar
a una solución pacífica mediante el diálogo...
—Esa gente quiere ver muertos a los lunars. Pasé mucho trabajo para
traer al mundo a esos cabrones como para que ahora una banda de tarados
me haga la guerra.
No se le oía nada contento, pero mantenía esa calma aterradora que
lo caracterizaba. Tesla era un ser misterioso y espeluznante por donde se le
viera. Rianna tragó saliva antes de levantarse. Iba a retirarse cuando oyó la
última frase de su jefe, más emocional de lo que alguna vez imaginó.
—Cuida de Hayato... él también es un lunar, aunque no lo parezca.
Ella, sorprendida, abandonó la estancia lentamente. Analizando lo
que acababa de pasar llegó al piso de arriba, donde los ojos azules de
Hayato le transmitieron seguridad. Estaba bien, como siempre, y a su lado,
como una discípula, Naomi le dedicaba una gran sonrisa.
—Hola, Liana —Saludó, con euforia infantil. Hayato rio.
—Es "Rianna" —corrigió, cargándola sobre sus hombros. La chica
frente a él sonrió inconscientemente. Con lo misógino que era Hayato
habitualmente, era difícil de creer que fuera un padre tan atento, y sin
embargo ahí estaba, sonriente y tranquilo, como un joven normal debería
estar. En lugar de estar dirigiendo un negocio elaborado y complejo de
prostitución...
Valentine apareció y abrazó al blondo por detrás, dándole un beso
cariñoso en el cuello. Él se volteó y le dio un beso apasionado, para luego
seguir en los cuidados de Naomi, quien reía y se divertía, ajena a todo lo que
pasaba a su alrededor.

183
18

—¿Y luego que pasó? —preguntó Maki, recostada al lado de Nikolai, a


quien le acariciaba el pelo. Él suspiró.
—Me llevé todo el crédito... ¿fue feo?
—Fue horrible —contestó ella entre risas, subiendo sobre él y dándole
un beso lento y fogoso. Cada vez le costaba mantenerse quieta, puesto que
el deseo pronto empezó a consumirla como llamas en un incendio. Él
trataba de mantener el control, pero le era muy difícil. Sin embargo, la
doctora Scott seguía viendo en Maki un problema serio con el sexo. Ella se
controlaba lo mejor que podía.
—Creo que... —La albina iba a hablar, pero el teléfono de Nikolai la
interrumpió. Apartándose, le permitió contestar, y se quedó quieta, oyéndolo
hablar.
—¿Hola? —preguntó extrañado— ¿Quién habla?
—Oh... no sabía que habías venido a la ciudad... ¿verdad?
—¡Eso suena genial! ¿Cuándo podemos vernos? Ahora mismo estoy...
—Miró a Maki, quien se encogió de hombros— ocupado. Después te cuento,
tengo una novia increíble, deberías conocerla.
La albina sintió algo similar a un paro cardíaco. Tragó en seco y
siguió esperando a que él acabara su llamada. Parecía contento por algo.
Cuando finalmente colgó, Nikolai se rascó la nuca y la miró, sonriéndole.
—Mi amigo Ryder ha venido a la ciudad. ¡Y quiere salir conmigo! Ah...
es como volver a estar en la universidad, ja, ja...
Maki lo miraba sin entender mucho, pero le sonreía igualmente. No
había oído nunca de ningún Ryder. Tampoco quería discutirlo porque no le
importaba lo suficiente. Se recostó nuevamente y siguieron hablando como
adolescentes drogados. En algún momento, ella se quedó dormida, y Nikolai
salió a la cocina, dejándola tirada en la cama, respirando uniformemente.
Era muy linda cuando dormía.
Lucifer lo vio registrando la nevera y fue a su encuentro, con una lata
de cerveza.
—Llevan mucho tiempo saliendo, al menos en términos de ella. Hace

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mucho no estaba tanto tiempo con un mismo tipo y sin sexo. Has logrado
muchas cosas en ella, estoy orgulloso de ella...
Le extendió una cerveza, que Nikolai tomó con una sonrisa. Ambos
se sentaron a pierna suelta en el sofá frente a la gran televisión.
—¿Estás enamorado? Porque ella de ti sí —preguntó el nanatsu. El
lobo dio un sorbo a su bebida.
—Sí... creo que sí. Ella es más interesante de lo que quiere hacer ver...
tiene tanto material interesante... ¿por qué se esconde tanto en el sexo?
Lucifer se encogió de hombros, sin despejar los ojos de la pantalla.
—Deberías preguntarle eso a su psicóloga, no a mí.
—Pero eres su nanatsu, deberías conocerla bien, ¿o no?
—Maki es una niña triste y enojada. A veces recurre a cosas malas
para mitigar el dolor. Aunque sepa que en algún momento le harán mal...
como lo fueron las drogas en su momento.
—¿A qué le teme exactamente? Tesla es su padre adoptivo, puede
protegerla de cualquier cosa. ¿Qué hay peor que Tesla?
—Su sangre. Maki le teme al pasado, igual que tú evitas el tuyo ahora
que estás con ella —El castaño tosió, sonoramente. Miró al nanatsu,
asustado, pero Lucifer seguía enfrascado en la televisión.
—¿Ella sabe...?
—Todavía no. Hayato me lo mencionó una vez, pero prometió que no
hablaría. Confía en que Maki lo sabrá de tu boca... —Lo miró de reojo, con
aquel ojo azul rodeado de negro que lo hacía resaltar—, ¿verdad? —Solo
dame tiempo... ella es una lunar. Se ofenderá.

—Créeme que no quieres que Hayato se lo diga —señaló Lucifer—, te


aseguro que hará algunos inesperados giros de guión.
Nikolai se bebió toda la cerveza. Estaba pensativo.
Cuando Maki se levantó, aproximadamente unas cuatro horas
después, notó que su novio se había ido. Lucifer estaba dormido en el sofá,
con unas pringles en las manos, y la televisión seguía encendida. Ella se
sentó al lado de su nanatsu y suspiró. Antes de que un pensamiento
coherente pasara por su cabeza, el teléfono sonó.
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—¿Hola? —contestó, alzando una ceja.
—Hola —Le respondió una voz animada y femenina correspondiente a
su terapeuta—, quería hablar contigo.
—¿Por teléfono?
—Estoy en un taxi camino al aeropuerto. Tengo un vuelo a Kansas por
temas familiares y había pensado en dar un pequeño repaso antes de
desaparecer de tu radar por una semana... y también quería pedirte que se
lo dijeras a Tesla. Que no me mate o mutile a alguien de mi familia estaría
bien...
—Oh, está bien... le diré, no se preocupe. ¿De qué me quería consultar?
—Bueno, he estado echando un vistazo a las notas de anteriores
sesiones contigo y... has mejorado algo.
Maki movió la cola.
—Al principio ciertamente fuiste difícil... y sé que es algo anticuado
limitarte que tengas relaciones sexuales por tu problema de adicción... pero,
a diferencia de otras adicciones, el sexo es algo con lo que eliges convivir,
¿o no?
—Pues sí... a la mayoría nos gusta.
—También me dijiste de que tenías una relación romántica...
—Ajá.
—...con un común.
Hubo una pausa algo incómoda. Maki carraspeó.
—He estado comiendo bien últimamente. No enloqueceré ni nada por
el estilo.
La doctora suspiró.
—Maki... este tema es complicado de hablar por teléfono, así que
seré breve. Ya puedes volver a acostarte con quien quieras, porque en ese
aspecto, la abstinencia y el amor... romántico te han ayudado a cambiar algo
esta parte de ti. Pero los instintos de lunar son otra cosa. No puedes
controlar lo que eres, por mucho autocontrol que tengas. ¿Sabes cuántos
casos hay solo en Estados Unidos sobre homicidios familiares de parejas
multirraciales?
186
—...lo sé...
—Deberías tener cuidado —Volvió a suspirar—. Solo quería decirte
eso, y “levantarte el castigo”, ja, ja... ¡además de que lo estás haciendo
genial! Haz el amor con ese chico al que quieres, verás que es infinitamente
mejor que solo sexo. ¿Comprendes?
—Sí, doctora...
—No te desanimes. Solo... ten cuidado.
Colgó y la albina se quedó mirando la pantalla apagada del móvil.
Lucifer estaba despierto, mirándola en silencio. Ladeaba la cabeza con una
expresión entre infantil, preocupada y tierna. Ella bajó las orejas al verlo a
los ojos.
—¿Quién era? —cuestionó él.
—Mi terapeuta.
—¿Y qué ha dicho?
—Que se iba a Kansas y que ya podía tener sexo. ¡Terminó el celibato!
Movía la cola y tenía los brazos alzados, pero en su cara no había
gran cambio. La cola no se movía tanto como para ser un movimiento
orgánico. El nanatsu lo notó, mas no dijo nada. Simplemente se tiró de
espaldas en el sofá y se hundió entre su tela mullida. A veces molestar a
Maki no era buena idea. Pronto la encararía.

Lunes por la mañana. Apenas las siete.


El Mercado estaba apagado en la zona oeste, la zona de las
carnicerías de Tesla. Un grupo de gente llegó, armados con bates con púas
y clavos, pistolas malamente cargadas y en esencia, solo gente corriente
con aires de grandeza.
—¿Por qué no hay nadie? —preguntó un chico ratón, temblando y con
el ceño fruncido.
—Él sabe que veníamos, obviamente —Le contestó el hombre zorro
que iba al frente. Tenía el pelo marrón claro y los ojos del mismo color. Iba
con una pistola cargada y una camiseta que decía: "SIEMPRE ELLOS,
NUNCA NOSOTROS". Era el líder, claramente.

187
Tesla se divertía observándolos a unos metros de distancias. No
había ningún perro ni canino “superior” con ellos, por lo que detectarlo con el
olor quedaba descartado. Se movía en silencio, sabiendo que el fuerte de
sus supuestos enemigos era el buen oído. Era experto pasando inadvertido,
así que no le fue un problema.
Observó con mayor curiosidad al supuesto líder de los...
—Veintidós tarados... —susurró, riendo. Ni siquiera cargaba un arma.
Con sus manos sería suficiente para espantarlos.
—¡Tesla! —gritó el zorro, el líder— ¡Sal, cobarde! ¡Aquí estamos para
combatirte!
—Qué miedo... veintidós comunes han venido a por mí. Creo que voy
a mearme encima ahora mismo... —La voz ronca les cayó en los tímpanos
como un rayo a todos.
El lobo enano los miraba divertido desde un techo, y el zorro de pelo
castaño lo señaló con un dedo, en un gesto acusador.
—¡Así que has aparecido! ¡Ven! ¡Planeo matarte!
—Me pregunto cómo harás eso...
—¡Deja de vacilarnos! ¡Los comunes aquí tenemos derecho a
protestar por todos nuestros semejantes asesinados por lunars!
—¡Sí!
—¡Asesino!
—Yo no voy por la calle matando gente. No sin un buen motivo —
protestó el can de baja estatura.
—¡Pero lo permites! ¡Deberías ser nuestro héroe!
—¡Tienes demasiado poder y lo usas para el mal! —gritó una chica
coneja.
—¿Aparte de idiotas racistas también comunistas? ¡JA, JA, JA! —Rio
estrepitosamente, como nunca nadie lo había oído antes— Me han hecho el
día... ahora...
Bajó del techo de un salto, posicionándose justo frente al chico ratón.
Le tomó la cabeza entre las manos y apretó hasta que resumió al cráneo a
una cáscara de huevo rota. Los demás perdieron la valentía de inmediato, y
188
huyeron despavoridos. Tesla se divirtió cazándolos.
Primero atravesó los ojos de uno, luego le arañó la yugular a otro. Se
lanzó sobre una chica ardilla y le dislocó un brazo, para luego lanzarse sobre
un joven demonio de Tasmania y romperle las piernas. Siguió divirtiéndose
entre risas hasta que llegó al zorro, quien tropezó y cayó aterrado,
apuntando el arma directo a donde iría el corazón del lobo. Tesla le
dedicaba una mirada juguetona, invitándolo a apretar el gatillo.
Para su suerte (ya sea buena o mala), Hayato apareció en su auto a
solo un metro de distancia. Abrió la ventanilla y miró a su mentor,
despeinado y preocupado.
—¡Tesla! ¡Deja eso y ven conmigo! ¡Ha pasado algo terrible!
—¿No ves que estoy ocupado?
El rubio miró el resto de cadáveres y negó con la cabeza.
—¡Sube de una vez! ¡Por uno que se vaya no hará diferencia!
El canino albino miró con odio al blondo, pero obedeció. El zorro soltó
el arma, con las manos temblando y la mirada perdida, mientras respiraba
agitado, aterrado. Al oír un leve ruido, moviendo su oreja un escaso
milímetro, siendo ese el incentivo necesario para levantarse y echar a correr
como desesperado, buscando la luz.
Al doblar una esquina se vio nuevamente en la tranquilidad de Los
Ángeles... cruzó la calle corriendo, y dobló tantas esquinas como le permitía
su sentido mareado de la orientación. La gente lo evitaba, viéndole la sangre
en la ropa y el ligero aroma a pólvora.
Chocó entonces contra otro chico, que iba distraído mirando su
celular. Cuando cayó sentado en el suelo, miró al hombre, quien abrió
rápidamente los ojos y le movió la cola con alegría.
—¡Ryder!
—¡Nik! —chilló con la voz apagada.

189
19

—¡Wow! ¡Ha pasado tanto tiempo! —chilló el lobo, moviendo la cola


con una alegría casi infantil, sonriéndole al zorro con inocencia.

—Sí… y no has cambiado nada —contestó Ryder, irguiéndose y


tomando una postura adecuada para su altura.

—Pues, obviamente no —Se rascó la nuca—. ¿Cuándo volviste a la


ciudad?
—Hace un mes. Pero estuve ocupado con algunos asuntos… ¿te
apetecería hablar en otro sitio? Yo… quisiera descansar.
Nikolai reparó entonces en la sangre pegada a su ropa. Se le veía
alterado, y algo asustado, así que asintió y caminaron juntos hacia un
Starbucks, donde pidieron un café y luego se sentaron a charlar.
—Y… ¿sigues en ello? —preguntó el lobo castaño, dudando.
—Sí. Lidero una rama. Intento hacer algo relevante al fin —Dio un
sorbo a su bebida, y lo miró, con algo parecido a la melancolía—. Sigo
lamentando que te fueras.
—Han pasado treinta años, Ryder…
—¿Y qué? Siempre estaremos en peligro con ellos rondando como les
dé la gana por ahí… lucho por una causa justa, y lo sabes. Hubo una pausa
donde Nikolai pensaba qué decir.

—También son personas, ¿sabes? Tienen problemas, sufren… incluso


lo que les da ventaja sobre nosotros se convierte en su maldición. No digo
que no haya lunars que abusen de ello pero… no deberías meterlos a todos
en el mismo saco.
El zorro se le quedó mirando, callado, mientras lo oía hablar. Era muy
distinto a lo que alguna vez había salido de él en el pasado. Bajó las orejas,
con una mueca.
—Has empatizado con alguno, seguramente.
—Solo ya no pienso como antes. Por mucho miedo que den… no los
veo como monstruos. Al menos no a todos.
190
Ryder terminó su café y suspiró fastidiado. Sin embargo, olvidando su
decepción, le dedicó una sonrisa a su amigo.
—Olvidemos eso por ahora. ¿Cómo has estado? ¿Conociste a una
chica y al fin dejaste esa relación gay con ese perro?
—¿Hablas de Roger? Pues… sigo viviendo con él, y he conocido a una
mujer maravillosa… aunque un poco rara.
—Oh… eso es un cambio positivo. ¿Es guapa?
—Fuera de mi alcance, pero es agradable cuando quiere.
En ningún momento de la conversación Nikolai mencionó nada sobre
la raza lunar de Maki. Sabía cómo era Ryder, y seguía opinando igual. Como
un nazi empedernido de que los judíos eran horribles y ladrones. Le dolía
comparar a su ex compañero con un nazi, pero no tenía otra similitud a la
mano. Conversaron de muchas cosas.
Sobre los viejos tiempos, la familia y sus vidas. Ryder había vivido en
Oregon gran parte de la última década, huyendo de grupos opositores de su
natal Princeton. Los grupos racistas contra lunars cada vez eran más
comunes en Los Ángeles, porque era el centro del Mercado Negro del país, y
no era muy normal encontrar policías persiguiendo grupos debido a la
negativa influencia casi satánica de Tesla.
Sin embargo, en el ojo del tifón, los grupos racistas corrían aún más
peligro que siendo perseguidos por policías. Tesla los cazaba en persona, y
Nikolai lo olió levemente en su amigo el zorro. No quiso preguntar qué vio o
por qué. Alguien más había muerto, sin duda.
La tarde cayó y ellos habían ido a un parque, esta vez bebiendo par de
cervezas para pasar más ameno su reencuentro (a petición de Ryder).
Parecía decaído por algo.
—Oye, Nik… ¿nunca has pensado en que tu pelea no te lleva a ningún
lado? —preguntó de repente el zorro, con la mirada perdida en la carretera.
—¿A qué te refieres?
—Aquella vez… mataron a Marlon. Tú estabas ahí, yo también, y Rosie,
y Abella. Todos habíamos estado en el mismo cuarto, charlando, comiendo
y bebiendo con Gregor. Y luego… mató a Marlon. Porque tenía hambre.
Nikolai no contestó.

191
—Era nuestro amigo. Y luego lo mató.
—Lo recuerdo. Por eso nos volvimos el movimiento racista “anti
lunars” de la universidad.
—Luchamos contra ellos, les pusimos cientos de sanciones que
nunca fueron escuchadas. El profesorado actuaba solo contra los que
dejaban cuerpos. Como la ley.
—Sí…
—No tiene sentido. Permiten que maten, pero solo sin pruebas. Hay
ya tantos muertos… y quiero ayudar a los nuestros. Pero…
—No puedes —Le pasó una mano por la cabeza, a modo de consuelo.
—Es injusto.
—Pero no puedes poner en pausa tu vida por eso, Ryder… debes
seguir. Olvida la causa. Sé feliz.
Lo dijo con una sinceridad horrible. Con una sonrisa igual de honesta
y desgarradora. El zorro estuvo paralizado par de segundos, pero luego
reaccionó, frunciendo el ceño.
—Mi hermana murió —soltó de la nada. Nikolai bajó las orejas de
inmediato.
—Ryder, yo...
—Fue uno de ellos. ¡Yo lo vi comiéndosela! —gritó.
—Ryder, baja la voz...
—¿Esperas que “sonría y sea feliz” después de eso? ¡El muy maldito
se salió con la suya porque la devoró completa! ¡Y mi familia está
destrozada! ¡Millie lo era todo para nosotros! ¡Pronto iba a morir de cáncer
igualmente, ¿cuál era el sentido de comérsela?!
Si bien no estaba llorando, la voz salía quebrada y apagada de su
garganta. Le dolía decir esas cosas, pero no se detuvo.
—Tú odiaste el crimen de Marlon, y odiaste a los lunars como alguien
normal, pero pronto dejó de afectarte porque no te llegó lo suficiente —Hizo
una pequeña pausa—. No me malinterpretes, no quiero que pases por lo
mismo que yo. Nadie debería... pero eres mi amigo. Entiendes mis
sentimientos, ¿y quieres que “olvide la causa y sea feliz”? ¿Eres idiota?
192
—Solo quería ayudar... —Bajó la cabeza, arrepentido de lo que había
dicho. No debió tocar el tema. Ryder tomó un último trago a su bebida y tiró
la lata medio llena a un bote de basura.
—Lo sé, Nik —Le puso una mano en el hombro—, pero no lo hagas.
Solo empeoras las cosas.
Le dio la espalda y pretendió irse. Decepcionado y melancólico, pero
la voz de su amigo lupino lo hizo voltear. Él siempre hallaba la forma de
verse tierno con las mejillas sonrojadas por el alcohol.
—¡Ve mañana a mi casa! Ya sabes dónde es. Pasaremos un buen rato
entre amigos, verás a Roger y jugaremos Mario Party, como en los viejos
tiempos.
—Como en los viejos tiempos... —Le sonrió de vuelta.

Llegando a la casa de Maki, Nikolai miró algo mareado al gran cuerpo


de Lucifer, quien bajó personalmente a abrirle la puerta ya que Maki perdió
el control remoto.
—¿Estás borracho? —preguntó el nanatsu, alzando una ceja.
—Tal vez —Fue sincero el lobo, mirando al suelo.
—Maki salió.
—¿A dónde? Ella me había llamado… creo.
—...sí estás borracho.
Lo cargó como un saco de papas y lo tiró sobre el sofá. En efecto,
Maki no estaba en casa, pero eso no era impedimento para que su
novio se quedara a esperarla. Lucifer lo cuidaría de todos modos. Lo obligó
a desnudarse y meterse en la bañera con agua caliente llena de espuma que
olía a mil maravillas, y se metió con él para evitar que se ahogara en un
fracasado intento de salir del agua.
Podría parecer una escena muy gay, pero Lucifer, y los nanatsus en
general, no tienen genitales ni mucho menos interés sexual en algo o
alguien. Simplemente, y como un padre cariñoso, frotó una esponja en el
cuerpo lupino y lo manejó con una paciencia casi divina.
—¿Sabes, Luci...? —dijo Nikolai mientras le frotaban la espalda,
193
sintiéndose relajado— Es poco creíble que seas el nanatsu de Maki. Eres
tan... lindo y fraternal. Y ella tan...
—¿Fría y ausente en muchas cosas? —completó el reptil, entre risas.
Nikolai asintió.
—¿No se supone que los nanatsus se parecen a sus dueños?
—Hay algunos que nacemos para cuidar de nuestros amos. Nos toca
tener una personalidad propia entonces.
—¿Y por qué dijiste que representabas algo de Maki? Si no lo haces
realmente...
—También lo hago. Tengo varias funciones con ella.
—¿Ah sí? —Alzó las orejas, curioso.
—Sí. Ella es más profunda de lo que tú crees. Pero no me incumbe
contar eso a mí. Son cosas que ella decidirá decirte algún día. Mientras
tanto, solo quédate con lo que ya sabes, ¿sí?
Siguió bañándolo con esmero. Tratar con borrachos no era nada
nuevo para Lucifer, pues estuvo presente cuando Maki era una veinteañera
aventurera y alocada. Tratar con resacas era su deporte favorito. Sonrió
mientras le secaba el pelo al chico. Viendo su cuerpo se preguntaba por qué
Maki se habría fijado en él. Lo conocía, pero igualmente no entendía del
todo. Era un buen hombre, sí, pero no tenía un poder superior a ningún otro
de su edad o mayor. Pero tampoco cuestionaría las decisiones (finalmente
acertadas) de su ama.
Tras bañarlo y secarlo, Lucifer le prestó ropa limpia y lo dejó
durmiendo en la habitación de Maki, y se tiró en el sofá como si nada.
Esperando que Maki finalmente regresara.

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20

La carnicería estaba destrozada. Tesla caminó entre el reguero de


sangre y tripas observándolo todo con una cautela que rozaba el miedo. Las
huellas caninas, enormes, en la sangre del suelo, junto a las marcas de
manos gigantes en las paredes daban aires de una película de terror.
Colgado y con el rostro deformado a la fuerza, sumado a una rajadura en el
abdomen que botaba como una sopa grotesca los intestinos, el antiguo
dueño reposaba tambaleándose levemente por su propio peso. Hayato miró
a Tesla preocupado.
—Ha burlado la seguridad —dijo, tragando saliva—. Ha matado a los
guardias de la entrada de esta zona.
—Me lo dijiste en el camino.
—¿Qué haremos? Obviamente eso es un mensaje... para ti —Bajó las
orejas. Sabía que Tesla tenía enemigos, pero no de ese porte. Si se tratara
de un grupo lo entendería, pero se trataba de un único individuo quien había
provocado tal masacre.
—Haré que refuercen la seguridad —gruñó casi molesto el lobo
blanco de poca estatura—. Y ya.
—¿Y ya? Morirá gente por gusto, Tesla —protestó el rubio.
—¿Cuándo te ha importado la gente? Son delincuentes todos, no
importará si viven o mueren.
—Nos quedaremos sin recursos si perdemos negocios y clientes.
—Siempre hay más.
Fue su única respuesta. Hayato no quiso discutirle más, viéndolo
nervioso. Pocas veces, si no era esta la única, en la que lo había visto
genuinamente preocupado por algo. La amenaza era más que seria, al
parecer.
Se dirigieron al Flowers en el Ferrari. Completo silencio mientras el
chico conducía. Una vez llegaron el día siguió como siempre.
Los siguientes días fueron tétricamente similares. Carnicerías
destrozadas, burdeles con personal despedazado, tiendas reducidas a polvo
y sangre. Nada alegre, y, mientras más reforzaba la seguridad, más inseguro

195
se sentía Tesla. Se la pasaba encerrado en el sótano, trabajando en armas,
sin apenas comer o ver a alguien. Hayato estaba ya alarmado con su
situación. Hasta que la situación explotó un día.
Tesla había terminado su ballesta especial, y su flecha cargada de un
potente narcótico que sin duda tumbaría de una a su adversario. Abrió las
puertas de metal blindado de su laboratorio, dispuesto a salir y tomarse al
fin un corto descanso, pero una visión horrorosa lo hizo quedarse quieto
como un maniquí.
—Ya no puedo verte, pero apuesto a que has bajado esas orejas de
conejo que tienes —La temible voz ronca de Otto hizo eco. Detrás suyo, Ah y
Un reposaban en el suelo, manchados de su sangre, esparcida como un
charco. Tesla, en efecto, bajó las orejas.
—¿Cómo entraste aquí? —preguntó con una voz serena y hasta
tranquila.
—Por la puerta principal, ¿por dónde más? —Sonrió el perro. Sus dos
patas traseras se presionaron contra el suelo, y las garras rasparon la losa.
—¿A qué has venido?
— A vengarme por aquel asunto... ¿creíste que se me iba a olvidar el
hecho de que me mataste y luego me cegaste de un disparo? ¿Eh, pequeño
zoquete?
Gruñó mostrando un juego de dientes filosos muy, pero muy juntos,
como si se tratase de una piraña. Luego sonrió “mirando” hacia atrás.
—No tienes que preocuparte por ellos —dijo, refiriéndose a los
guardaespaldas caídos—. No los maté. Quiero que presencien la humillación
de su tan preciado jefecito.
Se lanzó sobre Tesla de un salto veloz, agarrándose de los bordes de
la puerta tomó impulso y se adentró al gran laboratorio casi desierto del
interior. Tesla esquivó no una, sino tres mordidas a su cuello, y un zarpazo
que podría haberle llevado un ojo con facilidad de haber estado un par de
milímetros más cerca. Otto ladró, y se aferró a la madera preciosa de la
mesa, encajando las uñas y dejando unas marcas horrendas, escalando
torpemente para acercarse a su hábil oponente, quien buscaba con
desespero un arma.
En un uno contra uno no podría contra aquella mole de tres metros y

196
casi una tonelada. Al menos no en su condición actual. Las palabras de
aquel ángel prepotente le resonaron en la cabeza.
«Tú no eres invencible»
Apoyó la mano al fin sobre una escopeta, y sonrió. Apuntó con ella
hacia la cara de su enemigo, quien tenía el rostro sin ojos a nada de la
boquilla del arma. Tesla apretó el gatillo, pero no pasó nada.
—Qué lástima, ¿no? Te quedaste sin vidas.
Lo agarró de la cabeza con una mano, y lo alzó, apretándole el cuello
para que no intentara resistirse. Le dedicó una sonrisa cargada de
resentimiento y odio acumulado.
—Suél... tame... —gruñó el lobo blanco, sintiendo como una mano le
aplastaba la cabeza.

—¿O qué? ¿Vas a lanzarme a la boca de un dragón otra vez? —Se


mofó el perro, riéndose. Apretó más— Esperé tanto para esto... Raphel me
hizo un verdadero favor al revivirme.
—Sabes que no puedes matarme...
—Puedo intentarlo.
Dejó su cuello libre y usó ambas manos para presionar la cabeza
más pequeña, tratando de explotarla. Si bien no podría siquiera romper
levemente el hueso debajo de la carne, si provocaba un dolor locamente
insufrible. Tesla quería gritar y retorcerse como un gusano adolorido. Otto
no se lo permitió, volteándolo bocabajo con ambas cabezas al mismo nivel,
sujetándolo esta vez de un tobillo.
—El infierno es más adecuado para gente como tú —Lo zarandeó con
fuerza, haciéndolo darse de lleno con una pared. Y así una y otra vez, hasta
que la sangre formó una salpicadura enorme en el gris de la pintura.
—Siempre creí que tu sangre sería negra —comentó, riendo
sonoramente—, pero huele a la misma bazofia que eres. Un imbécil humano
que se cree la gran cosa. Otro golpe hizo que Tesla se mareara.

—También estás más liviano. ¿Te debilitaste? Vaya, la paz te atrofia


hasta a ti. Una lástima que no vayas a morir pronto, al menos para ti. Puedo
descubrir qué sonidos haces cuando te corto cosas. Apuesto a que nos
divertiremos mucho, ciertamente.
197
Un golpe más. Tesla puso débilmente las manos para apaciguar su
próximo impacto, pero resultó ser peor. Los huesos no se rompieron o
fracturaron, pero sí se acomodaron en la posición equivocada, causando un
dolor increíble. Quiso gritar de nuevo, pero no lo hizo. Miraba, mareado,
hacia su agresor, buscando una forma de herirlo de algún modo, o lograr
que lo soltase. Ubicó una tubería, que, si jalaba con la suficiente fuerza,
lograría desprenderla de la pared y levantarla. Otro golpe.
Un pitido agudo resonaba en sus sensibles oídos, volviéndolo loco.
Se tapó las orejas con las manos, sintiendo la sangre saliendo a chorros de
ellas.
—Vamos a dejarte sordo, además de sin olfato —Se mofó el ghoul,
divertido.
Un golpe en la cara hizo caer al perro enorme, logrando que soltara a
Tesla, quien cayó y, débilmente, miró hacia la sombra dorada que le había
salvado. La versión ghoul de Hayato reposaba, sobándose la mano con una
mueca de dolor y el ceño fruncido.
—Ouch... eso dolió... ¿le gané? —Miró a su padre moviéndole la cola, y
una sonrisa inocente en su cara, ahora peluda y enorme.
—No, carajo... —gruñó entre dientes el pequeño lobo blanco. Detrás
del blondo el enorme perro le susurró en la oreja.
—Claro que no... ¡Carajo! —Con una mano tomó la cabeza del menor y,
con una fuerza extraordinaria, lo estrelló contra la pared más cercana.
Hayato era alrededor de medio metro más bajo que Otto, y menos pesado.
Se le hizo difícil despegar la cabeza del muro, y barrió el piso con una de sus
patas traseras, haciendo que su enemigo se desequilibrara. Con Otto en el
suelo, Hayato vio una oportunidad.
Se le subió encima y empezó a golpearle la cara y a tratar de perforar
el pecho con las uñas. Fue inútil, pues el perro lo agarró del poblado cuello y
apretó, de tal forma que, más que asfixiarlo, intentaba romperle la garganta.
Tesla lo notó y tomó la flecha de su ballesta, tirada en el suelo. Se levantó y
la encajó en el cuello del monstruo atacante, logrando que soltara a Hayato.
Pero con su otra mano, tumbó a Tesla, y se tiró sobre el ghoul más
joven, aplastando su cuello con una potencia que hizo a Tesla preocuparse,
al oír el crujido. Hayato dejó de moverse entonces, y el lobo blanco se
levantó, tomó la flecha de nuevo y la encajó, ahora furioso en el rostro sin
ojos de Otto.
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El perro emitió un grito adolorido y se levantó, irguiéndose a sus
intimidantes tres metros. Tesla retrocedió, con la flecha en sus manos,
apuntándole con el ceño fruncido bajo su máscara sucia y ensangrentada.
—Eso ha dolido, enano de los cojones —gruñó, con la cara toda roja y
fruncida. La sangre le caía en los colmillos descubiertos en una mueca.
Un proyectil de metal lo atravesó. Surcó el cuello y le salió por las
fauces a la bestia. Otto olfateó por última vez, antes de derrumbarse de
rodillas y retorcerse de dolor. No murió al instante, y trató de gritar. Arañó el
suelo, a todo lo que alcanzaban sus garras, mientras se removió como una
cola de lagartija cortada. Tesla tomó su flecha y la encajó lo más fuerte que
pudo en el corazón. El metal atravesó diversas capas de carne y grasa, pero
logró llegar. Finalmente se detuvo.
Tesla miró a Un, quien le sonrió débilmente, y, soltando la ballesta
con la que disparó, se acercó a su jefe. Reparó a medio camino en el estado
de Hayato, y entre él y su gemelo, lo cargaron, seguidos de un herido y
deteriorado Tesla.

199
21

—¡David! —brama la voz ronca de Tesla en la habitación oscura. El


grito úrsido de Un y Ah resuena tras el de su jefe. De la penumbra sale un
hombre, un delgado y alto okapi con dos agujeros en una de sus orejas. Alza
las cejas, viendo el cuerpo dorado de Hayato reposando inmóvil sobre los
hombros de los nanatsus gemelos.
—Oh... Tesla, ¿qué le pasó a tu cara? —Señaló piel raspada y sin pelo
que estaba cubierta de una capa de sangre goteando.
—Eso no importa ahora, muévete y trae la medicina para mí.
—¿Se... murió el niño? —preguntó el herbívoro yendo hacia un armario
lleno de frascos de contenidos dudosos. Ah le gruñó mostrándole sus
colmillos y dejó el cuerpo tirado en la mesa más cercana. David dejó un
frasco con un líquido rojizo y brillante al lado de Hayato, y volvió de otro
cuarto con un desfibrilador, el que conectó al enchufe más cercano que
tenía.
—No está respirando —dijo Tesla, como desesperado—. Tampoco
late su corazón. ¡Muévete, inútil!
—Tesla... este es el único frasco que me queda. Si lo trato a él no
puedo hacer nada por ti —El okapi apretó los dientes.
—Yo no voy a morir igualmente, solo haz tu maldito trabajo.
—Mi trabajo se limita a curarte a ti...
—Si lo dejas morir, me las pagarás muy caro, David... ¡dame eso!
Destapó bruscamente el frasco y vertió su contenido sobre el pecho
peludo del rubio. No pasó nada, aunque la droga fue rápidamente absorbida.
Tesla le arrancó el desfibrilador de la mano y trató de reanimar al blondo
con una violenta sacudida cargada de energía.
No pasó nada.
Volvió una y otra vez, hasta, con los restos de la droga en el fondo del
frasco, humedeció la superficie metálica del aparato y, así, intentó reanimar.
Funcionó.
Con una inspiración de aire pesada y los ojos casi fuera de sus
200
órbitas, Hayato despertó. Cayó de espaldas a la mesa, y miró con los ojos
entornados y medio ciegos la cara conocida de David, quien tenía una
expresión sorprendida, y luego repasó las facciones de Tesla. Aún con su
máscara, podía verle las cejas juntas sobre los ojos, que gritaban
preocupación de forma muda.
—Yo... ¿le gané a esa cosa? —balbuceó, medio atontado. Tesla lo
abrazó en un arranque de ternura. Todos estaban sorprendidos, incluso él,
quien temblaba de emoción sabiendo al blondo con vida. Frunció el ceño,
moviendo la cola como un padre feliz.

—Te recomiendo no moverte mucho, o podría gastar alcohol que no


me traes.
David aplicaba ungüentos y alcohol casi puro en las heridas abiertas
de la cara del lobo enano. Él se quejaba del dolor, y sujetaba la máscara,
apretándola cada que el ardor era potente.
—Tendrás cicatrices por un largo tiempo, ¿sabes? Tu cuerpo está
priorizando regenerar otras cosas. Esa cosa que te atacó logró fracturarte el
cráneo. ¿Dices que te dio contra una pared, no? Eso debió ser...
—Ya sé... ¿quieres acabar ya?
—Estás débil, Tesla —mencionó David—. Hoy fue ese ghoul, mañana
podría ser cualquiera.
Ah y Un se miraron preocupados. Gruñeron buscando respuestas.
David alzó las orejas.
—Deja esa dieta vegana inútil, te estás condenando tú solo. Ahora,
¿cómo se supone que me consigas más sangre de dragón y gliffin para
hacerte tu droga especial? Te despedazarán sin duda...
—Eso no te importa.
—¿Cómo qué no? —Pegó fuertemente una gasa con alcohol en una
de las heridas, haciendo al lobo blanco arrugar la cara y mirarlo molesto—
Tú y yo tenemos un trato, y yo no puedo esperar cuarenta años a que te
regeneres.
—Técnicamente sí puedes, solo no quieres —gruñó de vuelta,
arrugando más la cara ante el toque irritante del alcohol.

201
—Como sea, no lo haré, así que te repito la propuesta: deja esa
comida vegana de mierda. Mientras no comas carne viva está bien, ¿no?
Hayato reposaba en un sofá destartalado y sucio, oyendo la
conversación. Había vuelto a su forma humanoide habitual, y reposaba
vendado y adolorido.
—Si como carne normal me volverá a pasar lo de 1898. ¿Tienes idea
de lo jodido que es que un hueso te esté intentando atravesar la carne? —Ni
lo dejó pensar su respuesta— No, por supuesto que no.
—O sea que prefieres debilitarte —analizó David—. Es un desenlace
interesante para tu vida. ¿Tanto quieres morir?

—Nadie ha dicho que quiero morir —contestó Tesla.

—Pues lo parece, y lo entiendo. Has tenido una vida excesivamente


larga. No te culpo, pero si no vas a morir, entonces cumple tu parte del trato.
Come carne, no todos los días, pero sí de vez en cuando. Vas a sentirte
revitalizado. Y no dependerás tanto de mis drogas.
Hubo silencio y el lobo blanco se mantuvo pensativo. Ah y Un
emitieron sonidos extraños, llamando su atención, y Tesla los miró alzando
una ceja. Ellos dos parecían consternados sobre su situación, aunque no
terminaran de comprenderla. Antes de que pudiera contestar algo, alzó las
orejas y miró a Hayato, quien cojeaba sujetado a la pared.
—¿Puedes explicarme qué diablos pasa? Oí qué estabas débil y... no
pude evitar preocuparme.
—No es algo que puedas comprender, niño —David se mostró reacio y
seco. Hayato frunció el ceño.
—¿Qué edad crees que tengo? ¿Cinco?
—Realmente no te importa —dijo Tesla esta vez—. Mejor no saber
nada.
—¿Pero por qué? ¿Es un secreto de Estado?
—Tómalo como uno —Le dijo el lobo blanco, como molesto. Hayato
se obligó a no indagar más.
Estuvieron allí unas cuatro horas, mientras trataban las heridas de
Tesla.

202
—¿Niko...? —Maki llamó extrañada al “bello durmiente” que estaba en
su cama. Lo miraba extrañada, preguntándose cómo había llegado ahí. Tras
una tarde con Valentine, había vuelto más revitalizada. Lucifer estaba
durmiendo.
Él torpemente abrió los ojos, mirándola. Le sonrió con ternura y
cansancio.
—Vaya... un ángel ha venido a despertarme.
Ella se sonrojó ante el comentario.
—Ah... ¿Cómo llegaste a mi cama? —preguntó, cambiando de tema. Él
se tocó la cabeza, tratando de recordar. No tuvo nada más que el recuerdo
vago de haber estado en el baño.
—Creo que me... ¿bañé?
La albina se sentó a su lado y examinó la ropa. Era de Lucifer, y ató
cabos rápido. Se rio.
—Ah... Lucifer te dio un baño y te puso su ropa. Seguramente se
metió contigo y todo, ¡ja ja!
El castaño parecía avergonzado.
—¡Eso quiere decir que me vio desnudo! ¡Qué vergüenza!
Maki no pudo parar de reír por unos minutos. A Nikolai le gustó oírla
así, y le miró la cola, que se movía locamente. Cuando ella se detuvo, con un
leve rubor en las mejillas, se miraron a los ojos y él le dedicó una sonrisa,
pasándole una mano por la mejilla.
—¿Te he dicho alguna vez que te ves muy linda cuando sonríes? —Le
dijo, algo orgulloso de finalmente decirle algo de las muchas cosas que
pensaba.
—No... no lo creo... —Miró hacia un costado, notando la cara caliente.
—Pues ya lo sabes. Yo... ¿crees que...?
Se trabó al hablar, sintiéndose inseguro. Ardía en deseos, pero tenía
sus dudas. Sabía que Maki también pero no quería presionarla, así que optó
por quedarse en silencio. Ella tomó la iniciativa y lo besó.

203
Al principio, ciertamente fue algo normal y tranquilo, pero pronto
escaló a algo más fogoso, más pasional. Maki se acomodó en la cama,
dejándose llevar finalmente por el placer que comenzaba a llenarla como
antes. Los ojos le adquirieron una bruma de excitación que pronto empezó a
guiarla. Nikolai le trataba de seguir el ritmo, tomándole primero los pechos
con ambas manos, y luego acariciando su cintura y caderas.
En ningún momento le guió las manos a su propio problema, ya que
temía incomodarla de algún modo. Maki se tumbó sobre él y le besó el
cuello, sacándole un jadeo que le endulzó el oído. Con las caderas
rozándose, la ropa comenzaba a estorbar.
Cuando Maki iba a quitar la camisa puesta a Nikolai, él la detuvo.
—Lo... lo haré con ella —Se excusó, sonriendo nervioso. Maki frunció
el ceño.
—No seas ridículo, quítate eso.
—Yo... ¡mejor no!
Trató de apartarse, pero Maki fue más rápida, y logró bajarla en un
hombro, descubriendo la cicatriz de una mordida que había llevado piel en el
pasado. Era bastante grande y fea.
—Oh, Dios... ¿Cuándo te hiciste esto? —preguntó preocupada. Nikolai
dudó entre decir la verdad o mentirle para no preocuparla.
La verdad era la mejor opción, por si Hayato hablaba alguna vez.
—Ah... tu... hermano la hizo una vez. Me lo merecía, lo prometo —
Bajó las orejas y Maki gruñó, mostrando el lateral de los dientes.
—Ese cabrón... ¿por...?
Él la interrumpió con un beso, deteniendo todo rastro de
interrogatorio inminente. Rápidamente ella cayó de nuevo en la espiral del
placer. Quería que disfrutara, no que se la pasara discutiendo con su
hermanastro sospechosamente pegado a ella.
En un nudo de caricias pasionales llenas de calor, la tela terminó en el
suelo, y ambos amantes se miraron a los ojos antes de dar el paso
determinante. Maki se volvió insegura por un momento, sintiendo las manos
temblando junto a sus brazos. La indecisión estaba en sus ojos, y Nikolai lo
notó.

204
—¿Qué pasa? —preguntó.
—Yo... estoy repitiendo lo de siempre.
—¿A qué te refieres?
—Yo... siempre es lo mismo. Vienen, la meten y se van tras
acabar...—Una oleada violenta de recuerdos azotaron la mente femenina.
Tantos cuerpos masculinos, fuertes y torneados. Blancos y morenos, pelo
negro, rubio o castaño. Gemidos, apretones bruscos y arañazos a la cama.
Todo se veía tan extraño y rudo ahora que le resultaba confuso y hasta
repulsivo.
Desde arriba, ella miró de reojo a Nikolai. Un chico delgado, sin
músculo de fitness, ni una cara realmente encantadora. Solo era un chico al
que conoció cuando casi lo devoró aquella noche extraña, y del que se había
enamorado.
«Mierda... doy asco»
Se abrazó a sí misma de manera inconsciente. Nunca su atractivo
cuerpo se había visto tan asqueroso. Lleno de las marcas invisibles de las
manos de cientos, miles de amantes del pasado.
Arrugó la cara, y, incapaz de mirarlo a los ojos, le pidió:
—¿Quieres... estar arriba?
Petrificado, Nikolai parpadeó par de veces. Había fantaseado varias
veces, pero, conociendo a Maki, estaba contento de ir abajo. Eso lo tomó
completamente por sorpresa.
—¿Qué? —Finalmente reaccionó— Pero tú...
—Por favor... —Casi suplicó. La voz fue ronca, baja y excitante. Nikolai
sintió mayor el problema que, si antes le molestaba, ahora le pedía a gritos
algo de acción. La mano femenina lo atendió casi al instante.
«Se ve hermosa... cuando está excitada»
Obedeció a su petición. Dio la vuelta a la situación, quedando él
encima. Admiró el cuerpo desnudo de la mujer con deseo. Repasando desde
la cara impecable hasta las puntas de los pies que se perdían a su vista.
Entre los muslos la peluda cola blanca se mantenía quieta, resaltando el
color rojizo de la piel. Tenía ganas de tanto...
La besó primero en el cuello, luego en los labios, a la par que le
205
acariciaba el pecho, el abdomen, la cintura y más allá. Bajó el rastro de
besos hacia donde sus manos tocaban, hasta que hundió la lengua,
oyéndola disfrutar.
Nunca la había oído gemir claramente, y le sonó como música. Las
manos se hundieron en el pelo castaño hasta que el temblor la recorrió
como un rayo. Se miraron a los ojos antes de volver a besarse.
Nikolai se olvidó de su disfrute, porque le era suficiente verla y oírla.
Creyó estar en el cielo, mientras se besaban y ella lo tocaba a él. Jadeó, al
borde del éxtasis. A Maki igualmente le gustaba verlo y oírlo a su merced, y,
regalándole un beso en la mejilla, se tumbó de espaldas a la cama. En un
abrazo, Nikolai se detuvo justo antes de empezar.
Ella lo miró confundida.
—¿Qué pasó?
—Yo... —Hizo un silencio que se sintió infinitamente largo— te quiero.
Y finalmente entró, con un gemido gutural.
Fue un sentimiento enorme de gozo y éxtasis. Nikolai cerró los ojos,
hundido en el placer. Sonrió con las mejillas rosadas, sintiendo el calor
envolverlo en su agradable interior. Hasta dejó ir un pequeño jadeo cargado
de deseo mientras se acomodaba, listo para moverse.
Hasta que abrió los ojos, percatándose de otra cosa.
Miró a Maki a los ojos, buscando placer, pero encontró la bruma del
gozo cayendo en unas lágrimas que lo asustaron. Estuvo muy quieto,
aterrado. Tuvo el impulso de darle un beso, pero se abstuvo. Acarició la
mejilla femenina, apartando pelo blanco de ellas, que caía con las mismas
lágrimas que brotaban de esos ojos azules que tanto disfrutaba mirar.
—¡¿Maki?! —preguntó, deteniendo su movimiento de inmediato.
Aterrado de haber hecho algo malo.
—...no importa, puedes seguir. Se siente bien...
Decía ella mientras se limpiaba la cara con las manos. Nikolai seguía
dudando, hasta que ella le tomó la cara entre las manos y lo miró, roja de la
vergüenza pero con una sonrisa torpe.
—Nunca me habían dicho eso en la cama alguna vez... así que me
puse algo emotiva... —Se lo pensó unos segundos— Yo también creo que te
206
quiero, Niko...
Movió las caderas hacia arriba, dando a ambos una oleada de placer,
reanudando el movimiento. Pronto los gemidos y quejidos cargados de
gozo, de ambos, llenaron la habitación.
Los movimientos fueron lentos, llenos de paciencia, buscando
extender el placer, más que perseguirlo desesperadamente. Nikolai besó a
la albina con algo parecido al amor, mientras marcaba el ritmo pausado y
tranquilo. Ella jadeaba y se aferraba a la espalda masculina, cerrando los
ojos, mientras sentía las sábanas siendo estiradas bajo su peso. Ninguno de
los dos quería que el momento acabara nunca, dejándose llevar por el placer
que compartían.
Maki sonrió abrazándose al cuerpo de su amante, con aquella bruma
extasiada llenándole los ojos, junto a la felicidad. Hacía tanto no sentía un
gozo así de abrumador, que le llenaba todo el vacío que todo el sexo que
acostumbraba a tener dejaba en ella. La completaba a un nivel superior,
jugando con su cordura de una manera casi inocente, y genuina. Un gemido
largo los consumió a ambos cuando el orgasmo los azotó, y, cansado,
Nikolai se dejó acariciar la cabeza, reposando sobre el pecho femenino.
—¿Lo disfrutaste? —preguntó Nikolai, aún con los ojos cerrados— Sé
que acostumbras a otro estilo...
—Sí —Maki le siguió acariciando el pelo y las orejas con un cariño
inmenso—. Fue el mejor sexo que he tenido hasta ahora, y tengo muchas
referencias como para no dudar.
—Yo... realmente espero que siga siendo así —Se irguió y alcanzó a
besarla lentamente, sin deseo—. Tan... bonito.
—Yo también...
Al poco rato, cayeron rendidos.

207
22

Lucifer estaba feliz, bailando al ritmo de la música que ponían en la


radio ese día. Hacía el desayuno favorito de Maki: panqueques con jarabe de
arce, y mantequilla. Sonreía ampliamente mientras sus caderas se movían.
Cuando acabó la canción, tomó un plato cargado de panqueques y se dirigió
a la habitación de su ama. Abrió la puerta sin tocar y se quedó estático,
viendo a Nikolai a los ojos, mientras él se acomodaba una toalla en las
caderas, saliendo de la ducha.
—Ah... debí suponerlo —Se regañó a sí mismo Lucifer, negando con la
cabeza. Oyó la ducha y puso una expresión pícara en el rostro, dejando el
plato de comida sobre la cama—. Perdón por... interrumpir.
—No interrumpes nada, Luci —dijo Maki, saliendo igualmente de la
ducha, con una toalla que le cubría todo el torso, incluyendo el centro entre
sus piernas—. Veo que hiciste un rico desayuno para mí.
—Sí... imaginé que estarías sin fuerzas por... lo de anoche.
Nikolai se puso rojísimo.
—¿Tú lo...? —El nanatsu se rio un poco.
—¿Qué si lo escuché? Maki chilló, ¿sabes? Realmente parecía
disfrutarlo —Le guiñó un ojo a su ama, que negó con la cabeza. Nikolai tenía
una expresión adolescente—. Buen trabajo, amiguito.
—Por favor, no digas esas cosas... —pidió el castaño, provocando la
risa de nanatsu y ama a la vez. Maki se desnudó y cambió con suma calma,
y luego le lanzó un juego de calzones a Nikolai.
—¿Has comprado ropa interior masculina de mi talla? —preguntó,
evaluando con la vista de Lucifer si él tenía las mismas proporciones en
caderas.
—Es para ti, tonto —Maki jugueteaba, arreglando su pelo—. Lucifer es
más ancho que tú muchas veces.
El castaño dudó, mirando al nanatsu sin disimular, quien tomó un
panqueque y lo saboreó. La mañana se esfumó en un abrir y cerrar de ojos,
con ellos tres como únicos protagonistas de la nueva paz que se respiraba
en la casa, sumado al olor embriagante del sexo de las sábanas que Lucifer

208
tendría que lavar pronto...

Un hilillo de sangre resbaló de la nariz del hombre, quien se pasó la


mano, manchándosela.
—Así que... Otto está muerto —La voz de Keyal resonó en el silencio.
Con un tono alegre y esperanzado.
—Eso quiere decir que Tesla ha roto la tregua —mencionó Kobaru, el
león negro de ojos púrpura.
—Puedo usar eso como excusa, ciertamente —Analizó el hombre de
pelo blanco recostado en el sofá, que se limpió las manos en el mueble
mismo—, pero los ángeles de los cojones siguen revoloteando por ahí. Si
salgo sin más me van a matar.
—Puedo buscar a Maki por mi cuenta —dijo el felino. Su amo negó.
—No son nanatsus normales. Son... cosas vivas que no pertenecen
aquí. Tenemos que mantenernos al margen unos meses... ¡mierda!
—Yo descubrí algo curioso... hace un tiempo —Keyal ganó la atención
del lunar—. Creo que te puede interesar.
—¿Qué es?
—Vi un nanatsu. De ojos blancos, enorme y poderoso... no creo que
pertenezca a Maki. Tendría que ir a hacerle una visita... seré discreto, lo juro.
—No me fío de ti —Le dijo Kobaru—. Otto ha muerto, tú estás muy
suelto.
—Yo tampoco... pero eres una opción más factible. Saluda a Maki de
mi parte si la ves. Asegúrate de solo asustarla... no quiero que piense que
planeo matarla. Que crea que solo se trata de ti. Y si te “mata”, solo iré a
buscarte luego, ¿te parece? Solo no llames la atención de los ángeles yendo
a por Tesla.
—Como si tuviera otra opción... —gruñó el lobo dorado.
Caminando, empezó a llover. Keyal maldijo cuando las gotas frías
mojaron su pelaje dorado. El agua empezó a aumentar su intensidad y
pronto un pequeño diluvio consumió la ciudad. El nanatsú volvió a maldecir.
Olfateó desesperado buscando el rastro, pero lo había perdido.

209
Sin embargo, no podía volver sin resultados.
Siguió caminando, trotando y corriendo, buscando algo que pudiera
llevarlo a quien quería. Se detuvo frente a una de las entradas laterales del
Mercado, admirando la oscuridad y las luces rojizas que lo caracterizaban.

—¡Hay tanta comida aquí que nunca jamás pasaremos hambre!


¡Todos los adultos vienen aquí!

—Yo... —Un olor conocido le inundó la nariz, y volteó la cabeza


rápidamente. Sonrió ampliamente viendo una silueta de pelo blanco,
coronado por una oreja cortada, y se le acercó lo más sigilosamente que
podían sus patas armadas de garras, que resonaban en el pavimento.
Se plantó frente al Audi R8 color negro al que Maki se dirigía con una
bolsa de compra del supermercado. Se quedó muy quieta, mirándolo con
terror.
—Hola —Saludó el nanatsu, con una sonrisa enfermiza—. Tiempo sin
verte... ¿Cómo has estado?
—...Ke... Keyal... —susurró ella, soltando la compra en shock. Bajó las
orejas casi automáticamente.
—El mismo —dijo con calma—. ¿Me extrañabas?
Maki sintió un dolor punzante en la espalda, y, en una milésima de
segundo miró hacia atrás por el rabillo del ojo, con un miedo palpable.
«¡¿Ahora?!»
Tratando de resistirse, tomó su forma de bestia, gruñéndole al
nanatsu con un odio inmenso, mostrando unos caninos enormes y un
cuerpo menos adolorido. Keyal bajó lentamente del capó del coche,
acercándose lentamente a ella, quien cayó al suelo, respirando por la boca
presa de un dolor increíble. La vista se le nubló y pensó que estaba perdida.
Keyal la miró con curiosidad.
—¿Vas a morir...? ¿Dónde está ese nanatsu de ojos blancos tuyo? —
preguntó el lobo dorado, con aquella sonrisa tétrica tan suya. Sin embargo,
una sombra lo cubrió, y Keyal se vio a los ojos, en un corto duelo de miradas,
con un ente humanoide con los cuernos rodeándole las orejas, como élficas,
210
tal cual una cabra. La criatura estaba desnuda y con hilos de sangre ajena
por su cuerpo, mojando su cabellera corta y rubia.
Se arrastraba hacia el exterior como un recién nacido, pero eso no le
impidió agarrar al lobo por el cuello con fuerza y hacerlo ver sus ojos rojos,
rodeados de negro, brillantes y feroces. La boca era extraña, alargada y
desagradable, cargada de dientes que eran puro colmillo afilado. Daba
miedo con aquella musculatura monstruosa, que le permitía apretar el
cuello canino con facilidad.
Keyal sentía que se moría.
—No he venido aquí a hacer daño... —susurró, tratando de
escabullirse del nanatsu.
—Claro que no —Se burló el ser, apretando los dientes, a la par que su
mano. Presionó tan fuerte que mató al lobo dorado.
Dejando el cuerpo en el suelo, corrió hacia Maki, quien lo miraba con
los ojos nublados.
—¡Ama! ¿La llevo a casa? —preguntó la bestia, sosteniendo a la loba
albina, quien trataba de moverse, sintiendo un punzante dolor escocerla en
la espalda.
—Conduce hasta... —Hizo una pausa— llamaré a Lucifer... toma mi
teléfono.
Tras minutos de espera, Lucifer apareció, sudado y abrigado con un
impermeable que lo protegía de la lluvia. Maki y el nuevo nanatsu estaban
en el auto, reposando ella de su molestia. El de ojos azules rápido entró y se
mostró preocupado.
—Maki... ¿Qué ha pasado? —preguntó, y el otro nanatsu, desnudo y
enojado, lo agarró del cuello del abrigo bajo el impermeable. Se mostraba
furioso.
—¿¡Qué clase de nanatsu deja sólo a su amo cuando pasa peligro!?
—regañó, con el ceño más que fruncido— ¡Inútil!
—Él solo seguía órdenes. Me ayudaba en casa —Intervino Maki,
irguiéndose y sentándose—. No tienes que mostrarte como un brabucón...
¿Sabes?
—Me indigna que la haya dejado a su merced. ¡Ese nanatsu pudo
211
haberle hecho daño!
—Pero has nacido tú... déjalo ahí —Gruñó ella, haciéndolo callar.
Lucifer, indignado, bajó sus orejas élficas con una cara triste mientras
conducía. Al llegar a casa, fue obvia su sorpresa al ver a Valentine
esperando en el pórtico del garaje.
—Hola Maki y... Lucifer y... —Ladeó la cabeza, sin reconocer al nuevo
inquilino. Era similar a Lucifer, pero más fornido y de aspecto más feroz y
peligroso. Tenía pintas de ser agresivo.
—Kirk —dijo la albina, estirándose, al fin libre de su dolor—. El agresivo
y para nada amistoso Kirk.
El mencionado se mantuvo igual, erguido, con su cara de pocos
amigos y... su desnudez sin genitales. A Valentine poco le importó,
admirando su abdomen marcado.
—Maki... tenemos que hablar —La miró a los ojos—, seriamente.
—Entremos a casa.
Una vez dentro, Lucifer le llevó algo de su ropa a Kirk, pero este, lejos
de agradecerle y ponérsela, la lanzó al suelo y le gruñó como un perro
rabioso. Tras el regaño de Maki, se puso la ropa y se comportó como un
niño obediente. A la felina le parecía muy gracioso.

212
23

—¿Qué pasa, Val? —Maki se sentó, frente a su amiga, en el amplio


sofá. La mirada de ella se mantenía preocupada.
—Tesla mató al monstruo que casi te arranca la oreja —dijo, sin más,
y la albina sonrió.
—¿Eso es genial, o no?
—Pero a qué costo... —Miró al suelo— Hayato casi muere, y Tesla no
puede pelear. ¿Sabes qué tan malo es eso para nosotros?
Maki bajó las orejas, sintiendo pánico y un dolor fantasma en su oreja
cortada y la cicatriz de su ojo. Miró también al suelo, reflexionando.
Estuvieron ambas en silencio por un par de minutos.
—Creo que deberías mantener un perfil bajo. El lunes empieza el
festival, si sabes a lo que me refiero... ¿no?
—Oh... eso... había olvidado que existía. La última vez que estuve en
uno fue... hace ya tantos años... pensé que no los hacían más.
—Con Tesla así... es muy arriesgado hacer algo. ¿Por qué mejor no
nos vamos a tu casa en Malibú? Tesla tardará algo en recuperarse...
—Claro que no. ¿Estás loca? ¿Qué crees que intentaría hacerme
Hayato si estamos solos en una casa en la playa?
—Yo me lo follo por ti, le cumplo sus fantasías como siempre he
hecho, ¿qué tiene de malo? —protestó Valentine, ladeando la cabeza con
duda.
—Su fetiche conmigo... ¿tal vez? No tengo nada en contra que te
guste complacerlo, pero no quiero oír mi nombre o su apodo de hermanita
cada que te lo meta. Antes prefiero tener sexo lésbico con una feminista.
Valentine dejó ir una risa desprevenida.
—¿Sabes una mejor idea que huir a Malibú? —La gata alzó una ceja—
Ir al festival. Llevaré a los nanatsus, y nos divertiremos como en los viejos
tiempos, ¿no suena bien?
—¿Y qué pasa con tu tradicional “me cojo al mejor stripper”? En serio
tú no le temes a nada…
213
—Supongo que lo dejaré de lado... probaremos otras cosas. Y sí,
mejor estar ahí, que huyendo, ¿no?

—Sí que hay ajetreo aquí, eh... —comentó Valentine, admirando el


tráfico de gente en el Mercado. Todos los vendedores estaban eufóricos, los
clientes deseosos de gastar. Se oían muchos idiomas juntos: ruso, irlandés,
chino, catalán, coreano, y hasta francés. Las calles ensangrentadas estaban
plagadas de gente.
Maki se quedó sorprendida. Ciertamente hacía mucho que no iba en
esas fechas. Normalmente agarraba algún tipo guapo y se lo llevaba a casa
a... bueno. Como niñas ricas en un centro comercial, se adentraron entre la
multitud, mezclándose con los olores de la muerte y las drogas.
Los puestos de comida para lunar estaban llenos de una clientela
disparada. Había gente conversando, comiendo, o viendo qué comprar. Y, en
cuanto a oferta, era todo tentador. Podías incluso entrar a los recintos de
cebo vivo y disfrutar una comida llena de adrenalina. Los precios eran altos,
pero la calidad sobresalía. Era la semana paraíso para lunars. Cualquier
común, villed o bestia que entrará no tendría alguna posibilidad de salir.
La vigilancia era discreta. Los matones estaban casi siempre cerca
de algún lugar extremadamente concurrido, vigilando mercancías de valor o
de cantidades grandes, o detrás de alguien potencialmente peligroso. Aún
con todo el ambiente festivo, se respiraba algo más tenebroso en el aire,
más allá del típico ciclo macabro de muerte, esclavitud y violencia que
rondaba al lugar.
Terminando su comida, Tesla masticó el último trozo de carne del
plato y se relamió los colmillos. Hayato no pudo evitar hacer una pequeña
observación, mientras lo veía acomodarse la máscara de nuevo en el hocico
adornado de cicatrices.
—Tú... tienes los dientes más grandes.
Recibió un gruñido como respuesta.
Como una especie de Batman albino, se acuclilló en un techo y
observó el festival. En total silencio, hacía un corto escrutinio en todo ser
que fuera medianamente “curioso”. Uno en especial, un caballo borracho, le
llamó rápidamente la atención.
Maki se había separado del hombre con rapidez, mirándolo con asco.
214
—Anda, bonita —Le dijo el equino, dándole otro trago a su cerveza—,
tengo amigotes que podrían pagarte muy bien. Tienen un cuerpo muy...
¡wow! tú y tu amiga, ¿saben?
—Ya he dicho que no... gracias —Sonrió la felina, con una
incomodidad transparente.
—Las mujeres todas son putas por naturaleza, ¡les estoy ofreciendo
dinero por eso, maldición!
—Y yo decliné la puñetera oferta... —gruñó Maki, bajando las orejas. El
hombre caballo lanzó su lata de cerveza al cesto que vio más cercano, y se
paró frente a Maki, hablando con unos colmillos de lunar desde su altura de
metro ochenta.
—Ya no voy a preguntar.
Sujetó a Maki del hombro, pero antes de que ella pudiera
transformarse, la sombra blanca de Tesla estaba ya en el suelo, y, como un
rayo, atravesó el estómago del hombre caballo con su mano derecha,
haciéndolo caer arrodillado al suelo. Con su otra mano, Tesla atravesó la
boca del tipo hasta salir por la parte posterior de su cráneo, y lo dejó caer
muerto segundos después.
Tanto Maki, como Valentine, como la gente que estaba alrededor se
le quedó mirando. La loba albina y la gata rubia notaron ciertas cosas
distintas en el demonio auténtico del Mercado: como que sus músculos
estaban más grandes, dándole un aspecto fornido a su pequeño cuerpecito
peludo, las pupilas, con las que intercambiaron un breve instante, habían
adquirido un tamaño muy menor al habitual punto grande y dilatado entre el
mar rojo del iris.
Ahora era un ínfimo puntito oscuro en un carmín más vívido que
nunca. Se veía más agresivo, y el ataque lo confirmó. Esa forma de matar no
era tan común en él, normalmente disparaba con estoicismo. Ahora parecía
furioso. Miró de reojo a la albina por un segundo, con aquella pupila enana y
que inspiraba terror. Ella trató de mantenerse fuerte.
La voz de Tesla era incluso más ronca que antes.
—Tengan cuidado.
Se fue, desapareciendo entre una multitud. Valentine miró al cadáver
destrozado en el suelo, asqueada, y simplemente agarró a Maki de la mano
y se fue. Tras poco tiempo, unos nanatsus llegaron a devorar el cuerpo, y
215
pronto no quedó rastro alguno. Maki sintió un escalofrío, y miró a los techos.
Esperaba los ojos rojos y brillantes de Tesla, pero sintió terror cuando un
cuerpo alado le devolvió la mirada con frialdad. Valentine miró y ya no
estaba.
—¿Estás bien, Maki? Estás pálida —Le dijo, preocupada. Ella negó con
la cabeza, y exhaló.
—Nada, solo me asusté un poco de Tesla... ¿siempre fue así de bruto?
—Parece diferente ahora...
—Como más agresivo... deberíamos tener cuidado antes de
reprocharle algo ahora, ¿no crees?
—Sería lo más sensato. Ojalá tu hermano piense igual y salga vivo de
eso.
Lucifer y Kirk llegaron muy tarde. El aparcamiento estaba repleto y
tuvieron que dejar el auto en la acera, y vigilar que nadie osara acercarse al
lujoso deportivo. Kirk tuvo que dar de puñetazos para hacer entrar en razón
a los pandilleros. Estaba irritado de la actitud tranquila de Lucifer, y se le
notaba a kilómetros.
—Deberíamos haber estado con la señorita hace horas, inútil —
protestó el de ojos rojos, pisando fuerte.
—Culpa al gentío. De haber menos gente, hubiéramos aparcado hace
tiempo —Le respondió Lucifer, restándole importancia.

—¿Y si la señorita se hizo daño? ¿O si alguien intentó dañarla?

—Está con Valentine, y estoy seguro que Tesla la anda vigilando muy
bien. Sabe que el Mercado está alterado por el festival, no la va a dejar
desprotegida.
—Pareciera que no te preocupa su seguridad.
—Solo la dejo ser. Claro que sí me preocupa, pero si la hacemos
enojar con sobreprotección solo nos obligará a mantenernos alejados. Tú
tranquilo, si le pasa algo verdaderamente malo nos daremos cuenta.
—Yo prefiero evitar que se meta en problemas, inútil —Kirk arrugó el
entrecejo.
—Deja de llamarme así, me llamo Lucifer, y soy tu superior —Hizo una
216
mueca—. Deberías respetarme más, jodido matón.
—Si fueras más serio me lo pensaría dos veces antes de faltarte el
respeto.
Entraron al terreno del Mercado. Llamaron la atención de inmediato,
mientras caminaban hablando y discutiendo. Un grupo de reptiles codearon
a su jefe para que los mirara.
—¡Jefe, observe esos! ¡Son hermosos! —susurró uno de ellos,
haciendo que un caimán levantara la vista de su comida y viera a Lucifer y
Kirk. Se quedó estático y asombrado.
—Y que lo digas... rápido, Daniel, ¡tráeme el arma con los dardos
tranquilizantes!
Un hombre iguana le dio al líder una escopeta cargada con unos
dardos, y este apuntó hacia la espalda de Lucifer. Apretó el gatillo y el
proyectil dio justo en su objetivo. El nanatsu se detuvo y trató de verse la
espalda. Kirk le quitó el dardo y lo miró con detenimiento.
—¿Qué es esto? —preguntó, y el de ojos azules entrecerró los ojos.
—Un dardo tranquilizante para nanatsus. Parece que la dosis no fue
suficiente para tumbarme, sólo sigamos andando. Maki no está lejos.
Siguieron en lo suyo y Sam apretó los dientes, levantándose.
—Atrapen a esas cosas, ¡nos va a quitar problemas financieros de por
vida! ¡Muévanse!
Los reptiles comenzaron a dispersarse, con sus armas cargadas de
calmantes potentes. Chocaban, tumbaban, empujaban y herían a los
desafortunados que se imponían en su camino. Kirk y Lucifer habían llegado
ya donde Maki, y, bajo el radar de Tesla, éste bajó de la comodidad del
tejado, y los empezó a perseguir. Sam paró en seco viendo los ojos rojos
devolverle una mirada frívola y que inspiraba terror. Tras él, sus hombres se
detuvieron.
—Hayato les había dicho que no tocaran a esos nanatsus —habló
Tesla, en su habitual tranquilidad.
—¿Qué tiene de malo? Mintió diciendo que pertenecen a tu “protegida”
—Hizo comillas con sus dedos—, ¿tenemos que hacer su santa voluntad
también?

217
—Pocos aquí son más viejos que él. Seiscientos años es ya un
número excesivo para las cortas vidas de los hombres bestia, normal que a
ella no la conozcan —Se irguió en su corta altura—. Pero Hayato tiene razón,
ella es mi hija y no pienso dejar que le hagan algo a sus nanatsus.
—Oh... —Sam se mostró sorprendido— Bueno, es... bueno saberlo —
Sonrió incómodo—. Dejaremos de perseguirlos y nos iremos y ya...
—Normalmente no perdono estas cosas —Tesla dio la espalda,
haciendo erizar el vello incipiente de los reptiles—, pero Hayato te tiene un
aprecio extraño. Vete del Mercado, si quieres seguir vivo. Sam apretó los
dientes, y, haciendo uso de toda su valentía, lo encaró.

—¡¿Y de qué se supone que voy vivir?! ¡No puedes simplemente


imponer tu santa voluntad y encima hacer cumplir la de tu maldito mocoso!
Temblaba, como si fuera expuesto al toque helado del hielo. Tesla le
dedicó una mirada que, si bien no expresaba nada, daba miedo igualmente,
con aquellas pupilas diminutas y cargadas de un odio anormal.
—Le diré a Hayato que lo siento.
En un parpadeo se le plantó enfrente, y lo escaló encajando las uñas
en su piel. Le dio un cabezazo, recibiendo en la espalda los disparos de los
otros hombres reptil, y con las mismas garras le arrancó la yugular, hecha
pedazos, del cuello, y dejó caer el cuerpo sin vida.
Cayó al suelo, encorvado, y se irguió moviendo sus omóplatos para
luego voltear y mirar al resto de hombres, que retrocedieron, apuntándole
con sus armas.
Detrás de ellos, Ah y Un agarraron ambos dos cabezas con sus dos
manos, y las hicieron golpearse mutuamente con gran fuerza. Los tres que
quedaron huyeron, solo para que Tesla tomara una pistola y les disparara a
las piernas, logrando llamar la atención de los nanatsus que estaban por ahí.
Se los comieron en un espectáculo grotesco.
Tesla suspiró limpiándose las manos en su ropa y pelaje blancos. Ah
y Un lo miraron, con preocupación y hasta miedo. Tesla se veía... diferente a
lo habitual, aún si estaban adaptados a verlo en sus peores facetas. De
todos modos, tenía un aura distinta, algo que lo hacía ver más peligroso y
feroz. Como si una sed de sangre inminente lo consumiera a cada segundo.
Bajaron sus orejas de oso.

218
El lobo enano se retiró, subiendo por los techos para volver a su
posición de vigía, mas un enorme lobo lo mordió suavemente en la nuca y lo
hizo caer en un techo de tejas viejas. Tesla no lo vio venir por ningún lado y
gruñó, aunque su máscara impidiera ver los dientes. Bajó las orejas, y la
guardia, al notar el pelaje plateado culminado en color oro sobre aquellos
ojos blancos tan extraños y brillantes.
—Juzzo —dijo Tesla, respirando más tranquilo—, ¿qué pasó?
—Perdone la brusquedad, señor Tesla —El nanatsu bajó las orejas,
sentándose sobre sus cuartos traseros—, pero asumí que no me oiría.
—No importa, ¿a qué has venido?
—Mañana la señorita Nara hará su parte. Encontrará a Raphel y
pondrá... —Hizo una pausa— fin a su vida. ¿Usted cumplirá su parte, señor
Tesla?
—Iré a buscar los ángeles hoy. Nara me dirá dónde será todo, y
cuándo, ¿no es así?
—Personalmente se lo diré yo, señor.
—Bien... espero que todo salga bien. Y Raphel acabe de morirse de
una vez.
—Así es, señor Tesla.

219
24

—Padre —dijo la peliblanca. Copia exacta a Maki, pero sin cicatrices, y


unos ojos violetas. El hombre albino cayó de rodillas, con unas lágrimas
cayendo de sus ojos, y una sonrisa alegre que complementaba el
movimiento leve, pero constante, de su cola canina. Tras él, el lobo dorado y
el león color oscuro aguardaban en silencio.
—Nara... hija mía —balbuceó el hombre, poniéndose de pie. Corrió
hacia ella y la abrazó con fuerzas, moviendo su cola con más brío. Estaba
feliz. Ella le sonrió.
—Padre, al fin te encuentro —Le tomó una mano entre las suyas,
acariciándolas—. Los ángeles dándote caza han logrado que sepas
esconderte adecuadamente de todos...
—Te he estado buscando tanto... ¿saliste del cuerpo de tu hermana?
¿Cuándo?
—Olvida a Maki —dijo con un tono anhelante—, déjala en paz de una
vez. La pobre ha sufrido tanto... por mi culpa...
—Solo te quería a ti. Eres mi hija, mi preciosa y poderosa hija —La
abrazó nuevamente, acariciándole el pelo—. Juntos nos desharemos de los
ángeles... y de esa cosa.
—¿Esa cosa...?
—Tesla. Ese monstruo ya no es más que un estorbo. Si lo matamos,
no correremos más peligro que los ángeles, y una vez nos deshagamos de
ellos, tendremos el mundo para nosotros.
—¿Y qué planeas hacer luego? —Bajó las orejas.
—Eso lo pensaré luego, ven conmigo, hija mía...

—¡Whoa! —gritó Maki, abriendo la puerta de su casa de una patada.


Lucifer sonrió viéndola mover la cola, contenta. Valentine le sonrió maliciosa
a Kirk, quien bajó sus orejitas de elfo y le gruñó mostrando parte de los
dientes. Entraron y Maki fue directa al sofá, donde se dejó caer en su forma
lobuna sin gracia alguna. Valentine la acompañó, cayendo sentada en una
esquina del acolchado mueble.
220
—El alcohol no les hizo bien —comentó divertido Lucifer, mientras
dejaba las cosas sobre una mesa de cristal—, alguien mañana va a tener una
muy buena resaca.
—¿Y qué? —Su dueña arrastró cada letra, acompañando la frase con
un extenso bostezo—, ¿no puedo beber?
—Claro que si —habló Valentine, estirando su cuerpo,
transformándose en una enorme gata dorada—. La resaca no importa. ¡Hoy
fue noche de chicas!
—Ajá... —Kirk las miró entrecerrando los ojos—, ¿qué hacemos con
todos los souvenirs que trajeron del Mercado? ¿Los tiro?
—¡No! —chilló Maki, alzándose y mirándolo— ¿Estás loco?
—Simplemente tengo dudas... disculpe, ama...
—Luci, ¿puedes dejarlos en mi habitación? Yo no quiero hacerlo... —
gimió, volviendo a recostarse sobre el cómodo terciopelo caro.
El nanatsu asintió y, con una sonrisa, llevó las bolsas llenas de
comida para lunars y cosas raras que habían comprado las mujeres. Desde
la puerta de la habitación admiró el paisaje citadino que podía verse a través
de la ventana abierta. El atardecer era precioso.
—Hoy vi algo curioso entre la gentuza del Mercado —Le dijo Kirk,
apareciendo detrás del de ojos azules.
—¿Qué cosa?
—Ojos blancos. Había un nanatsu de ojos blancos entre la gente,
escondido...
—Es... ciertamente extraño. Pensé que ya no quedaban lunars con
potencial genético tan grande. ¿Hayato tiene nanatsus...?
—Y había también una figura en el cielo —continuó el de ojos rojos—,
como una persona, con alas.
—Eso suena realmente extraño. ¿Dónde estaba?
—Deambulando. Aparecía y desaparecía cuando se le daba la gana.
Parecía vigilar a algo, o alguien.
—¿Maki?

221
—Lo dudo. Creo que estaba más pendiente de Tesla... o tal vez de ese
nanatsu de ojos blancos que merodeaba entre la gente.
Lucifer miró por la ventana una vez más, estaba vez con el ceño
fruncido en preocupación y extrañeza.

En el Mercado, el gran lobo plateado miró a Tesla a los ojos, y luego


fijó su mirada color luna en el dueto de ángeles que iban tras él. No tuvo
miedo de nada, y, con tranquilidad, dijo:
—Ya es hora... mi ama morirá. Y yo pasaré a otras manos. Por favor,
maten a Raphel, es el último deseo de mi ama.
—Solo llévanos —dijo el ángel que parecía estar a cargo. Empuñaba
una lanza de plata y sus alas doradas se extendieron. Tenía una expresión
feroz en su rostro.
El nanatsu corrió hacia su objetivo, frunciendo el ceño, como
disgustado. Tesla le seguía el paso, y los ángeles igualmente, desde el cielo.
El rastro de Nara se hacía evidente a la nariz del canino plateado, quien
obedecía su orden al pie de la letra, pisando fuerte, casi con furia,
escabulléndose de todas las vistas que pudieran divisarlo en la ciudad.
Como relámpagos, pasaron a toda velocidad.
Pronto llegaron a una zona industrial abandonada, donde el olor de
Raphel se hacía cada vez más fuerte.

—¡Señor! —Kobaru parecía alarmado, y el albino lo miró, furioso,


obligándose a soltar las manos de su hija. Nara miró al león con
curiosidad— ¡Ángeles, señor! ¡Hay ángeles cerca!
Los ojos violetas de la albina centellearon.
—¿¡Qué!? —El hombre mostró clara alarma en el rostro, y Nara se
aferró a su brazo en un abrazo fuerte— ¡Nos vamos de aquí! ¡Muévanse,
inútiles!
Kobaru y Keyal, que se había quedado escuchando, salieron corriendo
hacia una puerta, buscando cosas. Se palpaba la tensión en el aire, y,
cuando el hombre lobo pretendió moverse, el agarre de su hija se lo impidió.
La miró como si estuviera loca.

222
—¿¡Qué crees que haces!? ¡Tenemos que irnos ya! ¡Los ángeles van a
matarnos!
—Padre... —murmuró ella, mirándolo a los ojos, aferrándose a él con
más fuerza— por favor... solo deja a mi hermana. Ella no tiene la culpa de
nada...
—¡Nara, suéltame!
—¿No crees que has pasado ya demasiado tiempo en la Tierra?
¿Causando problemas...? ¿Torturando a mi hermana... haciéndola sufrir...?
Renuncia a todo, padre... —Sus ojos brillaron aún más— hazlo por Maki, y
porque te lo pido.
—¡Nara...!
Keyal saltó sobre ella, mordiéndole el cuello, aunque no llegó a
perforar ninguna zona mortal. Nara cayó al suelo, incapaz de moverse, y el
lobo dorado miró a su amo.
—Ya casi están aquí, ¿qué hacemos, jefe? ¡Olvide a su hija, está
condenada!
Raphel estaba procesando la información, viendo a su preciada hija
en el suelo, cubriéndose las heridas sangrantes. Keyal lo hizo entrar en
razón.
—¡Jefe! ¡Aún si escapamos nos van a seguir el rastro! ¿¡Qué
hacemos!?
—Ah... Nara... —balbuceó, confundido.
—¡Olvídela! ¿¡Qué hacemos nosotros!? ¡Deberíamos dejar una
distracción!
—¡Ah, mierda! —frunció mucho el ceño— ¡¡Kobaru!! ¡Te quedas!
El león, incapaz de refutar, bajó la cabeza con miedo ante su cruel
destino. Miró a Keyal, quien le dedicó una de sus sonrisas enfermizas antes
de irse corriendo tras su amo. Raphel mantenía una mirada perdida,
buscando respuestas. Antes de irse, miró una última vez a Nara, quien le
devolvía una mirada agonizante y pidiendo por lástima, pero no para ella.
—Deja en paz a Maki... por favor, padre... —La oyó susurrar, antes de
cerrar la puerta.
Pronto Tesla destrozó la puerta. El nanatsu de ojos blancos ya no
223
estaba con él y los dos ángeles. Buscó con la vista y el oído algún rastro de
vida. Una lanza lo rozó en el hombro e impactó directo en el pecho de Nara,
quien vomitó sangre, inmóvil y herida de muerte ahora. Tesla la miró,
buscando respuestas en silencio. No hubo contestación.
—¿Dónde está Raphel? —preguntó el segundo ángel, un hombre gato
con alas de acero.
—Por aquí veo su rastro —señaló el primer ángel, el hombre perro con
alas de oro, siguiendo un hilo invisible de humo violeta. Lo siguió,
arrancando vigas de metal viejas y obstáculos del camino. Pateó una puerta
y encontró a un solitario Kobaru, destilando el humo violeta de la esencia de
quien buscaban. Habían caído en la treta.
—¿Y tu amo? —preguntó furioso el perro. El león nanatsu se estaba
muy quieto.
—Huyó.
—¿A dónde?
—No lo dijo. ¿Por qué se lo diría a una simple distracción? —Cruzó
miradas con el ángel, envuelto en ira.
Una lluvia de plumas de acero atravesó el cuerpo felino, haciéndolo
caer muerto en pocos segundos. El primer ángel miró hacia el cuerpo de
Nara, y luego hacia Tesla.
—Ha huido el hijo de puta. Volverá a esconderse...
—Al menos tienen a la hija, la de verdad —mencionó el lobo de baja
estatura. El segundo ángel asintió.
—Ocúpate de la otra, y mira a ver si encuentras a Raphel por ahí... —
Lo miró de reojo—. Y si lo encuentras, mátalo de una puta vez. Toma esto
—Le lanzó un silbato extraño—: solo lo puedes usar una vez. Llámanos
cuando tengas a Raphel. Terminaremos el trabajo.
—...está bien.
—Si haces bien tu trabajo, te perdonaremos.
—Están en aprietos, eh...
—Ha pasado ya demasiado tiempo con ese monstruo suelto. Tú eres
un monstruo que realmente no es tan importante, y supongo que podemos
confiar en ti.
224
—No vuelvas a atacarme y seré mucho más benevolente con ustedes.
—Cuento con tu ayuda entonces. De momento debemos ocuparnos
de ella —Señaló a Nara—. Estaremos unos años ocupados en el Cielo.
—Como digas.
Los cuerpos de los ángeles cayeron al suelo, como cadáveres sin
vida, frente a Tesla. Él vio por última vez a Nara, envuelta en un humo violeta
y blanco, mirándolo con súplica. Ella pareció decirle algo, pero sus oídos no
fueron capaces de escucharlo.
Sin embargo, las instrucciones igualmente llegaron a
su entendimiento.
“Cuida de ella”
Tesla dio la espalda y se fue.

—Esa perra... —murmuró Raphel, limpiándose la sangre que le caía de


la nariz de nuevo— Maki... ella lo planeó todo... mató a mi hija... ya verá...
—gruñó, respirando pesado— Solo espera... me ocuparé de ti en unos años
más...

225
25

Nikolai se tiró al lado de Maki. Estaba agotado, y su respirar costoso


lo delataba. Maki parecía feliz, con una expresión relajada. Lo abrazó,
sintiendo el calor corporal masculino abrasarla.
—¿Prefieres que yo sea la de arriba siempre...? —dijo ella, pasándole
una mano por el pecho, sintiendo los latidos de su corazón, aún desbocado.
—Ah... —Él suspiró— mucho pastel, ¿no crees?
—¿”Pastel”? —preguntó ella alzando una ceja con una media sonrisa.
—Sí... es mucho pastel para mi pequeña velita, ¿no crees? —Se le oía
avergonzado. Maki rio con ganas, para luego subirse sobre él, pasando los
dedos sobre unas cicatrices recientes de mordidas sobre su cuello y
clavícula.
—¿Cuál velita? Yo solo veo un apetecible candelabro con el que me
encanta quemarme... —Lo besó.
Cuando se separaron, Nikolai le acarició las mejillas antes de
preguntar:
—Oye... ¿Quién es mejor en la cama, Ghunter o yo?
Maki cerró los ojos mientras suspiraba con fastidio.
—No... no otra vez este debate estúpido...
—¡Vamos, quiero saber!
—¿Por qué te interesa tanto? —gruñó ella— Ya te dije que el tamaño
no importa, me importa que uses tu polla bien, ¡y ya!
—¿Pero no puedes contestar esa pregunta? ¡Tengo dudas, Maki!
—¿Sabes qué? Mejor vamos al médico, tengo mi jodida revisión.
Se levantó, poniéndose la ropa adecuada para salir. Mientras ella se
ponía los zapatos, lo vio acomodándose su chaqueta. Suspiró, seguía
riéndose internamente. Le gustaba como era Nikolai en la cama, mucho
más que cualquier sexo casual que hubiese tenido en el pasado, pero no era
algo que le fuera a decir en ese momento, ni en unos pocos años... quizá en
más tiempo...
226
Subieron al auto de Maki y fueron rumbo al hospital más cercano a la
casa. Tras un suplicio a la hora de aparcar, finalmente llegaron al edificio,
donde los recibió un leopardo que, una vez dentro de su consulta, abrazó
muy fuerte a Maki.
—¡Tiempo sin verte, grandota! —Saludó con alegría, y ella le movió la
cola, alegre igual.
—¡Gideon! Tiempo sin verte, eh... ¿Qué pasó con Harrys...?
—Lo mataron hace tres días —dijo el felino con una sombra sobre los
ojos—. Fue triste... pero bueno, los racistas no tienen mucho freno fuera del
Mercado.
—Oh... vaya... —Nikolai carraspeó— ¿De dónde se conocen ustedes
dos...?
—Pues nos acostamos par de veces hace unos... ¿trescientos años,
no? —Ella asintió dudosa— Pero nos dejamos de ver cuando conocí a mi
actual esposo, así que no hay rencores.
—Oh... bueno.
—He leído tu historial clínico, Maki y... el síndrome de Leonorr ha
estado cediendo, ¡es una gran noticia!
—¿De verdad? —Ella sonrió moviendo la cola de nuevo, esta vez con
más ganas.
—Sí, al menos eso dice tu último examen hace tres meses... hoy
vamos a corroborar la información. Ya sabes qué hacer —El leopardo miró a
Nikolai—. Tengo que pedirle que se vaya. Los procedimientos a razas
específicas no pueden ser vistos por otras, ¿lo sabe?
—Oh, sí, ya salgo...
Nikolai salió y se sentó en una silla de metal. Estuvo ahí mirando
cosas en Internet como por media hora, hasta que Gideon abrió la puerta y
le informó que podía entrar, que les daría a ambos los resultados.
—Bueno, Maki, te tengo dos grandes noticias —dijo el leopardo,
mientras Nikolai tomaba asiento al lado de su novia—: el síndrome de
Leonorr ha cedido mucho más. Todavía sigues enferma, pero pronto
empezarán las mejoras muy positivas.
—¿Podré transformarme con regularidad? —Los ojos de ella brillaron
en alegría, y más cuando Gideon asintió— ¡Eso es genial!
227
—Ahora que estás mejorando no le debes bajar al consumo de carne,
es crucial que te mantengas así, y mejorando. Pronto tus huesos terminarán
de repararse, ¡y la transcoproteína se restaurará en un par de años más! Tu
cuerpo especial te está ayudando mucho, ciertamente…
—Todas son excelentes noticias —Sonrió Nikolai, abrazando por los
hombros a su novia.
Gideon suspiró y sonrió ampliamente.
—Y... ¡la mejor noticia! —Hizo una pausa— ¡Felicidades!
Maki parpadeó sin comprender, extrañada.
—¿Por... estar superando el síndrome...? —Entornó los ojos.
—No, tonta, ¡por el bebé!
Hubo silencio absoluto, y el doctor bajó sus orejas manchadas.
—¿Cuál bebé? —preguntó Maki, con las orejas gachas— Gideon, no
bromees con estas cosas.
—¡No estoy bromeando! Cuando te hice el ultrasonido lo noté, y no te
lo dije porque les iba a dar los resultados a ambos...
—¿Yo... estoy embarazada? —En su rostro se plasmó una mueca de
horror y miró a Nikolai, palpándose el vientre, preocupada.
—Pues... sí. Vas a ser madre... —El felino miró al suelo, incómodo—
Yo... ¿los dejo a solas?
—Oiga, doctor —Nikolai lo miró a los ojos, con un deje de esperanza
en ellos—, ¿qué probabilidades hay de que nazcan híbridos de lunar y común?
—No es muy baja, ciertamente... pasa más seguido de lo que parece.
—¿Y por qué no hay casi gente híbrida? —preguntó Maki esta vez.
—Se los comen. A los lunars les encantan, en el Mercado son
manjares de gourmets... y, Maki, te recuerdo que los lunars no pueden
abortar.
—¿Qué? ¿Por qué no? —Nikolai estaba asustado.
—Mueren —Le contestó la albina—. El aborto es mortal para
nosotros... al igual que la cesárea u otras cirugías invasivas durante el
embarazo...
228
Se tomó la cabeza entre las manos y respiró lo más calmada que
pudo. Nikolai le pasó una mano por la espalda, a modo de consuelo.
—...seré madre. No puedo abortar, si lo doy en adopción lo matarán...
¡voy a ser una jodida madre!
—Los dejaré a solas, si así quieres —dijo Gideon a Nikolai, quien
asintió. Una vez el felino estuvo fuera, él abrazó a Maki con fuerza,
sintiéndola temblar. Ella tenía la mirada perdida en el suelo.
—Yo...
—No tengo idea de ser madre, Nikolai... ¡ni puta idea!
—Realmente nadie sabe cómo ser padre o madre... solo...
—¡No tuve ningún ejemplo! Mi madre murió cuando tenía cinco años
y... mi madre adoptiva... ¡ni siquiera la recuerdo del todo! No sé nada de
niños y...
—Tranquila —La hizo apoyar la cara en su pecho—, nos ocuparemos
del bebé. Seremos padres geniales, tú serás una mamá increíble.
Maki seguía estando aterrada.
—...no creo, realmente.
—Yo estaré contigo, lo prometo... tengo una hermana menor. No es
igual, pero... se le acerca un poco.
—¿Y si cometo un error que lo arruine de por vida?
No lo harás, yo estaré contigo. Te ayudaré en lo que no sepas.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo, Maki.

229
26

Hayato estaba bebiendo esa noche, mirando las estrellas. Valentine


entró, completamente desnuda, a su campo de visión. Él se relamió los
labios, quitándose los restos de champaña.
—¿Es cierto lo que rumorea Tesla? —preguntó la felina, sentándose
sobre las piernas masculinas, acariciándole el cuello a su amante.
—¿Qué rumorea?
—Que vas a ser tío. No he podido ver a Maki... últimamente no está en
casa ni coge el teléfono.
—Ah... eso... quizás. Tesla no es muy mentiroso que digamos... —Le
dio un beso en el cuello, al que acompañó con una mordida juguetona— ¿Te
imaginas? ¿A Maki siendo madre?
—Sería interesante, como mínimo... aunque seguramente fue un
accidente. ¿No se acuerda que los lunars y comunes pueden cruzarse?
—Toda la vida durmió con lunars u otras especies, normal que nunca
haya pensado en eso... ahora paga las consecuencias de ser una
irresponsable.
—¿Cómo tú? —Sonrió Valentine.
—Yo amo a mi hija. Naomi es mi pequeña y dulce princesita... pero no
me gusta hablar de ella mientras estoy cachondo, es de muy mal gusto,
primor...
La gata tocó su dura entrepierna mientras lo escuchaba gruñir, a la
par que bebía el contenido de su vaso de cristal.
—Aun así hablar de Maki parece tener el efecto contrario —Ella lo
miró mientras seguía estimulándolo, arrodillándose entre sus piernas
abiertas.
Pronto le bajó el pantalón y la ropa interior, lo miró antes de meterse
el miembro en la boca. Él sintió un escalofrío cargado de placer.
—Sé que eres muy linda y todo. Te amo Val, pero... cada que me follo
a una chica pienso que es mi hermana. Y es tan excitante... que para mí
todos los culos son suyos. ¿Me dejas decirte “hermanita” antes de
venirme...? —dijo en un susurro. Ella ascendió hasta quedar sentada sobre él,
230
y lo besó en los labios con deseo. Hayato correspondió, deseoso,
agarrándola de las nalgas y presionando las garras en la piel femenina.
Valentine le mordió el labio inferior, saboreando su piercing y le
dedicó una sonrisa llena de adrenalina y gozo.
—Claro que sí, hermanito.
El rubio le mordió el cuello, fuerte y hambriento, mientras la
excitación le nublaba el raciocinio.

—Niko, no quiero hablar ahora.


Maki se encerró en su habitación. Lucifer y el castaño miraban la
puerta cerrada. Detrás de ellos, Kirk le dirigía al pobre común una mirada
furibunda. Sin embargo, Nikolai ni siquiera le prestaba atención a su miedo
instintivo a los nanatsus. Una preocupación más fuerte lo invadía, sintiendo
miedo por lo que pudiera hacer ahora la albina. Le temblaba la cola entre las
piernas de pensar en que ella pudiera hacer alguna locura.
—Pero... tenemos que pensarlo. Sé que no puedes abortar pero...
¿podrías... darlo en adopción?
—Se lo van a comer a los dos días —susurró ella—. ¡Los híbridos son
comida! No... no soy tan bestia como para condenar a un niño a la muerte...
¡Mierda! ¡No tengo idea de qué hacer!
Se oyó un grito ahogado contra una almohada. Lucifer hizo una
mueca triste, y Kirk refunfuñó. Nikolai seguía ahí de pie, esperando que Maki
abriera la puerta, pero pasaron dos horas y nada. Lucifer finalmente se fue, y,
sentado en el sofá, miró al techo, consternado.
—¿Y ahora qué? Un niño... no es poca cosa —dijo, mirando de reojo al
castaño, quien se había sentado en un extremo. Frente a ellos, Kirk miraba
de reojo a Nikolai, ya no molesto, sino preocupado.
—Fue... fue un accidente, Luci —dijo el chico, llevándose las manos al
pelo—. P-pero podemos...
—¿Ser padres? —Le dijo Kirk, alzando una ceja.
—Sí. No es el fin del mundo.
—Maki en serio no sabe nada de niños. Pero no lo va a dejar
simplemente morirse —añadió Lucifer—. Aun así, creo que es demasiado
231
para ella el hecho de tener que ser madre ahora. No es esa clase de mujer...
—¿Entonces qué? ¿Va a elegir poner su vida en riesgo para abortarlo?
—Por supuesto que no. Solo... debe pensarlo bien. Quizás sea buena
idea dárselo a Tesla.
—¿A Tesla? —preguntó Kirk, confundido.
—Sí. El niño crecería como Hayato, un mimado sin límites. Y al ser -
técnicamente- hijo de Tesla, nadie lo lastimaría. ¿No es mejor que darlo en
adopción por ahí?
La idea se quedó en el aire unos minutos, hasta que los tres
desviaron la atención hacia el leve chirrido de la puerta abriéndose. Maki
salió, descalza y sin pantalones, cubierta solo por una camisa de Lucifer que
le llegaba hasta las rodillas. La mirada estaba en el suelo, cubierta por la
cabellera blanca que le tapaba la mitad de la cara. Se sentó entre Nikolai y
Lucifer. Hubo silencio.
—¿Cómo estás...? —Nikolai se atrevió a hablar tras cinco minutos.
—Oí su conversación —Maki habló, bastante bajito—. Mandarlo con
Tesla es convertirlo en otro Hayato. No quiero eso.
—¿Entonces?
Si lo dejo por ahí mi padre va a encontrarlo. Y no quiero que se
convierta en una versión más joven del misógino de mi hermano... — Hizo
una larga pausa— Así que tomé la decisión de quedármelo.
—Un niño no es una mascota —Kirk la miró con sus ojos muy rojos y
entornados—. No es algo que puedas decidir por tu cuenta y luego
abandonar sin más. Es más que eso.
—Lo sé... pero no hay otra opción. No quiero... no quiero matarlo, es...
es solo un niño y yo... bueno...
—No vas a estar sola, Maki —Sonrió Lucifer, pasándole su gran mano
por los hombros—. Me tienes a mí, a Kirk, a Tesla, a Val... —Miró a Nikolai
borrando la sonrisa—, y a Nikolai, ¿no?
—Claro que sí —Le dio un beso en la mejilla—. Serás una gran mamá.
Y yo seré el mejor padre que pueda ser.
—Si él fracasa, yo lo mato —afirmó con una seriedad aterradora Kirk,
mirando a su ama a los ojos. Lucifer le tomó la mano y Maki, lejos de
232
parecer mejor, sólo abrazó sus rodillas como una niña y se quedó ahí, bajo
el calor compartido de Lucifer y su novio. Nikolai miró al nanatsu, quien le
guiñó un ojo a modo de consuelo. No quiso saber qué le diría (sin palabras)
el ser de ojos escarlata.
Abrazó a la albina por un costado y solo la dejó ser. Estaba
impactado. Le daba miedo la idea de ser padre, y más aun siendo esto fruto
de un descuido. Ella nunca le dijo nada sobre protección, y de hecho, insistía
en hacerlo sin ella, ya que “era estéril e inmune a las ETS”. Solo la mitad de
esa frase parecía ser verídica.
No sabía si tenía lo correcto para convertirse en padre de un niño,
encima híbrido, que pronto vendría al mundo. Se puso a imaginar, mirando el
techo, cómo sería, como distracción.
Podía salir físicamente a Maki, quizás el pelo blanco, o incluso una
mezcla de marrón y plata. Los ojos podrían ser los de ella, azules, o los
suyos, verdes. Quizá fuera rebelde como su madre, o tranquilo como él.
Quizá se trataría de una niña linda y sonriente, o quizá un niño feroz. Su cola
se movió, feliz de estar fantaseando con el aspecto de su hijo, o hija tal vez.
Internamente, quería que sacara la belleza de su madre: con rasgos finos y
pelo blanco precioso y liso.
El carácter... prefería que fuera menos terco.
Un murmullo hizo que los nanatsus se retiraran, y el castaño miró a
Maki, esperando que dijera algo para él. Ella lo miró a los ojos,
acomodándose sobre los costosos cojines.
—Esto... es aterrador —dijo ella. Nikolai asintió.
—Lo es. Sin duda. Nunca creí que me volvería padre de familia...
—Yo jamás pensé que terminaría siendo madre de un niño. No sé
nada de esto.
—Realmente no hay un libro que diga cómo ser un buen padre, Maki,
pero... haz tu mejor esfuerzo, y evita la violencia. Criar a los niños en el
miedo nunca termina bien, ¿sabes?
—¿Te criaron así?
—¿A mí? No, mi familia es maravillosa —Hizo una pausa—. Conocí a
alguien que vivía en una familia abusiva y bueno... ya no está..

233
—Oh... entiendo tu punto.
—Sé que no debería preguntarlo pero... ¿Cómo te criaron a ti?
—Bueno... mi madre murió cuando era pequeña. Luego fui adoptada y
luego Tesla me acogió. No recuerdo demasiado de mi infancia.
—¿Y tu padre? Creo que lo odias...
—No voy a hablar de eso contigo.
—Vale.
Hubo silencio, hasta que Maki le tomó la mano a Nikolai, quien, al
mirarla, le dio un beso de consuelo en la frente. Ella sonrió tímidamente.
—Múdate aquí —dijo la albina con seriedad. Nikolai la miró
sorprendido, aunque, a la vez, estaba bastante nervioso.
—¿Qué...?
—¿Vas a dejarme sola con un embarazo? —Frunció el ceño.
—No es eso... temo por Roger. Quiero estar contigo, de verdad... pero
me preocupa mucho cómo quede Roger...
Maki bajó las orejas y suspiró.
—No puedo con esto yo sola, y lo sabes. Roger es adulto, seguro que
lo entenderá —Le dedicó una sonrisa apagada—. ¿Quieres que hable con
Tesla para que lo proteja discretamente? Como a mí.
—A ti te atacó ese monstruo hace un tiempo...
—Ese monstruo no es precisamente alguien normal —Arrugó la
nariz—. Te necesito, Niko... por favor, quédate conmigo.
El castaño la abrazó, mirando a la nada. Ella tenía razón: el bebé era
más importante. Crear una vida juntos era más importante que su instinto
protector con Roger, un adulto funcional. Aún así, no podía evitar sentir
miedo. Maki movió un poco la cola.
—¿Vas a darme unos días? Al menos dos...
—Claro. Organiza tus ideas y... habla con él. No creo que te recrimine
nada.
—No lo hará... —Le alzó el mentón, dedicándole una sonrisa
adorable— Perdóname por ser tan idiota.

234
—No puedo perdonar toda tu forma de ser —Maki sonrió picaresca, y
el lobo le dio un beso suave, trasmitiendo cariño.
—Estaré aquí en unos días entonces. Espera paciente, ¿sí?
—Sí.
Tras eso, Nikolai se despidió de la albina para salir, y dirigirse rumbo
a su casa mientras seguía pensando en aquella petición.

Como todos los días desde que el noviazgo se oficializó, Roger veía
como Nikolai saltaba del desayuno al teléfono móvil y se ponía a textear a
Maki. Como no era un entrometido, no le preguntaba mucho, y menos de
sus temas de conversación. Aunque, más que la felicidad de siempre,
estaba preocupado desde hacía unos días. El perro bajó las orejas cuando lo
vio dejar el teléfono sobre la mesa y se fue a dar una ducha.
La pantalla seguía encendida, y Roger pudo ver lo último que le había
escrito Maki: "Te quiero aquí MAÑANA, ¿entiendes? No hoy, hoy tengo que
ordenarlo todo. Y decirle a Lucifer que limpie de nuevo. No te quiero
trabajando cuando llegues".
Confundido, el pelinegro se dirigió al baño, y, afuera, con la puerta
entre ambos, esperó a que el agua de la ducha dejara de caer para hacer su
pregunta.
—Nikolai... ¿pasa algo entre tú y Maki? —No hubo respuesta
inmediata, sino tras una pausa.
—Yo... de hecho, iba a hablarlo ahora contigo. ¿Puedes esperar a que
termine de ducharme?
Paciente, esperó en el sofá, viendo, aunque sin prestarle atención, a
los dibujos animados que pasaban por la televisión. Miró la cara
consternada de su amigo, quien, ya limpio, se terminaba de secar el pelo con
una toalla pequeña mientras tomaba asiento a su lado.
—Yo... es una noticia chocante, ¿sabes? —dijo el lobo castaño, casi
dolido— Pero... voy a ser padre.
Roger no esperó en absoluto esa afirmación.
—¡Wow! ¿Fue accidental, verdad? —Nikolai asintió, rascándose la
nuca— Y supongo que Maki no piensa abortar.
—Su raza no puede. Moriría en el proceso... así que ha decidido
235
tenerlo, y yo estaré ahí para apoyarla. También es mi hijo... —«Y apuesto mi
riñón a que Tesla me mataría antes que permitirme abandonarlo, de todos
modos»
—Oh... entonces... supongo que de eso estaban hablando.
—Me mudaré con ella mañana —Sonrió, triste—. Los nanatsus no
saben lidiar con un niño. Yo tampoco, pero mi prioridad no es siempre Maki,
como ellos... yo... no quisiera dejarte pero...
—Niko, hablas como si fuera un adolescente —Hizo una mueca—. Soy
un adulto funcional, igual que tú. Así que no te preocupes, estaré bien. ¡Y
seguramente tú y Maki lo harán genial!
—¿No te sientes mal o algo...?
—¿Por qué debería? Mi amigo va a ser papá, ¡eso quiere decir que yo
seré un tío postizo! —Movió su corta colita— Estoy orgulloso de ti, me
hubiera enojado mucho contigo si hubieras decidido huir.
—Nunca haría eso... además, su hermano me mataría...
Lo miró con una media sonrisa.
—Roger... te quiero —Lo abrazó, con ganas de llorar—. Eres el
hermano que nunca tuve.
—Tranquilo, Niko. Siempre voy a estar aquí, tampoco es que me vaya
a morir si tú no estás. Puedo pagarlo todo con ayuda de mi familia, y tú
debes enfocarte en crecer. Vas a ser padre, es un gran logro.
—Estaré muy ausente, aunque quisiera poder hablar contigo de vez
en cuando... ¿al menos una vez al mes? Si tengo tiempo...
—Ya te dije, no me iré de aquí —Lo abrazó más fuerte, riendo—. Dile a
Maki que está gorda de mi parte... y te ayudaré con la mudanza mañana. Ya
que es nuestro último día juntos... ¿nos pasamos el día jugando Mortal
Kombat?
—¡Soy Subzero! —Sonrió ampliamente.
—¡Hombre, siempre tú!

La mudanza fue sencilla. Con ayuda de Roger y un camión conducido


por Kirk, Nikolai logró irse a casa de Maki de forma rápida y sin dejarse nada
en la casa que ya no compartía con Roger. El perro fue con él y, muy
236
animado, le ayudó a acomodar sus cosas en su nueva habitación.

—El cuarto de Maki es más grande que mi sala de estar —opinó,


mientras guardaban ropa en el amplio armario.
—Cosas de ricos, supongo —Nikolai se encogió de hombros.
Ella les llevó unas limonadas. Charlaron un poco sobre el bebé y esas
cosas, y, al final del día, Roger se quedó a cenar la ensalada de Lucifer.
Aunque llamarle ensalada a ese enorme trozo de carne de cerdo ulgram con
infinidad de vegetales era un insulto. Maki, sin embargo, seguía llamándolo
así porque, según ella, era demasiada verdura para poca carne. Aún así, lo
disfrutó sin quejarse del sabor.
—Supongo que ya es tarde. Volveré a casa —Sonrió Roger en la
entrada al garaje, donde lo esperaba Lucifer. Lo llevaría para que no le
ocurriera nada, a petición de Maki.
—Puedes llamarme si tienes algún problema. Te prometo que haré lo
posible por estar siempre disponible —dijo Nikolai, nervioso. Su amigo le
puso una mano en el hombro.
—Niko, no voy a morir. Estaré bien —Miró a Maki a los ojos—. Cuídalo
mucho. Es muy dramático cuando tiene problemas en el estómago.
—¡Roger! —chilló el castaño, avergonzado. El pitbull salió trotando y
se subió al auto. Se despidió por última vez antes de subir el cristal de la
ventanilla.
Nikolai bajó las orejas y la cola cuando se fue. Maki le pasó una
mano por el hombro, y se dejó abrazar.
—¿Quieres que me dé un baño contigo? —Él entornó los ojos— No
hablo de sexo, degenerado.
—Entonces sí... ¿me dejas meter al patito de goma esta vez...?

—Agh... —suspiró— qué remedio...

237
27

Valentine sonrió muy ampliamente, y con clara picardía, cuando vio


que quien le abrió fue Nikolai, vestido únicamente con un pantalón de
pijama. Éste se sonrojó muchísimo y echó a correr escaleras arriba, aunque
la felina pasó y se sentó en la cama, mirando a Maki con una calidez
maternal.
—Conque Tesla no mentía. Primor, debes tener más cuidado.
Recordemos que él es un común —Señaló a Nikolai con la mirada. Maki no
dijo nada.
—¿Por qué la tuvo que llamar justo hoy...? —gruñó el castaño,
internándose en el baño.
—Y bien, cari, ¿cómo ha estado todo?
—Fenomenal, excepto que ahora voy a tener un hijo. Esas noticias te
quitan el sueño.
—Por lo que veo ese insomnio no te dura mucho ya que lo
aprovechas pasando un rato divertido —Miró sin disimular las sábanas
revueltas, y notando el olor a sexo campante en el cuarto. Maki suspiró,
llevándose una mano a la cicatriz de su oreja cortada.
—No quiero pensar a veces. Pero solo vemos algo de televisión antes
de dormir. Hoy fue que tuvimos sexo otra vez. Ahora vive aquí.
—¿Y él lo sabe? —bromeó la rubia. Maki se rio un poco.
—Parece ser que no... —Nikolai salió del baño, oliendo a jabón y
vistiendo una camisa a cuadros que le quedaba muy graciosa a los ojos de
las mujeres. Frunció el ceño extrañado.
—¿Qué?
—Nada —respondió Valentine—. Solo te felicito porque le mueves los
sesos a mi amiga. No sabía que eras bueno en la cama.
—Maki, ¿qué le has dicho...?
—Nada, te delatas sólo —Ella se encogió de hombros. El chico hizo
una mueca y luego le pasó una mano por el pelo.
—Vístete, iremos a ver a mi hermana.
Valentine parpadeó dos veces.

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—¿Tu... qué?
—Mi hermana. Quería conocer a Maki desde hace mucho, pero hubo
inconvenientes.

—¿Le contarán del bebé?

—No —Maki se levantó, estirándose—. No le diremos a nadie hasta


que... sea obvio, supongo.
—Haces bien, pero antes de que entres al baño y te vayas, tengo que
hablar contigo —La felina la miró con seriedad.
—¿Sobre qué?
—Tesla, y tu hermano. Descubrí cosas... curiosas.
Maki miró a su novio, quien bajó las orejas y salió, no sin antes
susurrarle un “no tardes mucho”. Una vez solas, Valentine se relajó un poco.
—¿De quién quieres saber primero?
—Tesla, por supuesto. Siempre es mejor saber de él antes.
—Bueno, su última adquisición viva es... peligrosa.
—¿Qué de él no lo es? —Alzó una ceja.
—No peligrosa normal, sino peligrosa a un nivel... imposible. ¡Tiene un
jodido nanatsu de ojos blancos! —Maki bajó las orejas, aterrada— Sí, ni yo, ni
Hayato, ni nadie se explica de dónde lo sacó... pero es real. Yo lo vi. Es
enorme, mide creo que dos metros esa cosa y... es fuerte. Tesla parece
incluso respetarlo un poco.
—¿Cómo se supone que va a controlarlo? Si lo tiene él quiere decir
que es un nanatsu libre y...
—Es cuestión de tiempo a que se vuelva loco, lo sé —Apretó los
dientes—. No sé si Tesla ha fabricado drogas tan potentes pero... solo... no
vayas demasiado allá. Últimamente está más violento de lo usual, y se le ve
más agresivo y fornido. Es como si fuera distinto, ¿sabes? No es el mismo
Tesla de siempre al que le podía gastar bromitas...
—Hombre... son noticias agridulces. No creo poder mirarlo a los ojos
ahora sin tenerle miedo... —Suspiró— ¿Qué tienes del imbécil, entonces?
—Hayato fue quien me mencionó del bebé. Asumo que Tesla fue
quien se lo dijo... —La miró de reojo— porque asumo que tú a él no le dijiste

239
nada.
—No sé de dónde Tesla saca la información, pero siempre tiene.
—Bueno, creo que tu doctor y su sola presencia son suficientes —
Maki le dio la razón—. Nadie en su sano juicio quiere pelearse con él.
—Razón no te falta...
—Y... —continuó la gata— Ya sabes que tu hermano tiene un gusto...
peculiar...
—Enfermizo —Interrumpió la albina.
—...hacia ti... y últimamente lo está manifestando más de lo normal.
Asumí que debía decírtelo... —Vio su mueca de asco e incomodidad— pero
supongo que estaba equivocada.
—Sé de su interés en mí hace bastante tiempo, y me enferma. Pero
hasta ahora rara vez intenta algo directamente. Se preocupa más por esa
niña que parece ser su hija que por mí, y eso es genial.
—Tesla lo tiene nervioso. Camina apurado, apenas tiene sexo con
alguien que no es Rianna o yo y... está ansioso. Por si lo ves y... intenta
algo... algo directo.
—Su nerviosismo no va a impedir que le rompa la nariz.
Ambas rieron, y un pequeño golpecito en la puerta las hizo mirar. La
tímida voz de Lucifer le pedía a Maki que se apresurara o llegarían tarde.
Valentine miró a su amiga y luego le dio la espalda, mirando al suelo
preocupada.
—Yo... no quisiera verte haciendo algo que no quieres —dijo, con un
tono suave en la voz— En caso de no querer al niño... me lo puedes dar. Me
encargaré de él con todo gusto.
Se fue, sin que la albina quitara la mueca confundida de la cara. Se
estiró y se levantó, finalmente decidida a vestirse para salir. Estaba nerviosa.
Su único contacto con familias de amigos, conocidos y amigos con
beneficios (Ghunter) fue toparse con su madre, su cuñada y su hermano en
una cena familiar a la que asistió porque Ghunter le dijo que planeaba algo
interesante.
Aquello fue MUY incómodo, pensando que era la novia todo el
tiempo... pero ahora sí era la novia. Ahora tenía que comportarse y NO salir
huyendo con la cola entre las piernas. Bajó las orejas mirándose al espejo.
Tenía esa cicatriz en el ojo, la oreja cortada por la mitad... ¿Qué impresión le
daría a la hermana de Nikolai? ¿Una matona? ¿Cómo explicaría su dinero?
240
No trabaja, tampoco estudia, y decirle a un común (o a cualquiera) que eres
familiar de Tesla no es una buena idea. Eso solo es un repelente de futuras
relaciones sociales, saludables, cabe destacar.
Consideró incluso ponerse maquillaje.
Salió minutos después, moviendo la cola ansiosa e impaciente
porque todo pasara rápido. Nikolai le regaló un beso en la frente, otro en la
mejilla y otro en los labios que se extendió un poco... al punto que los
chóferes empezaron a pitar sus cláxones para avisarles que el semáforo
estaba en verde.
Una pequeña cafetería en una esquina de la ciudad. Nikolai aparcó el
Audi frente a la zona exterior del local, donde una mujer, que bebía un latte
estuvo mirando atentamente el deportivo. Casi se atragantó cuando vio a su
hermano salir de él, junto a una mujer loba, de pelo blanco y aspecto
vagabundo.
«¿Él ganó la lotería...? ¡Entonces su novia es... una interesada! Mm...»
—¡Lily! —Saludó alegre Nikolai, moviendo la cola— Qué bueno que
aquí estés. ¿Has esperado mucho?
Tomó asiento frente a ella y a su lado se sentó la loba albina, quien
no tardó en mirar el tablón a dos metros para ver qué pedía. No decía ni una
palabra. Ahora que la veía de cerca, era preciosa. Aunque se dio cuenta de
que una cicatriz le surcaba el ojo izquierdo, además de que...
«¡Dios mío! ¡Tiene una oreja a la mitad!»
Maki la miró y cruzaron miradas accidentalmente. La albina bajó la
mirada.
—No... tranquilo Niko... ¿y ella es...?
—Claro —Abrazó parcialmente a Maki, quien lo miró, incómoda—. ¡Ella
es Maki! Mi novia hace... ¿unos seis meses?
—Siete, Nikolai... —susurró ella. Él sonrió.
—Un placer, Maki —Le extendió la mano en un cordial apretón—. Me
llamo Lily Campbell, y soy la hermana de Nikolai, como ya debes saber...
—Sí, él... me ha dicho algo —Sonrió, sintiéndose acorralada.
—Roger y Niko me han hablado de ti, dicen que eres una buena chica.
—Bueno... ¿supongo? —Hizo una pausa— ¿Quieres algo de beber?
—Un batido de Booba de esos. ¡He oído que son geniales! ¿Realmente
241
estás de acuerdo en comprarme todo? —El castaño estaba avergonzado.
Lily abrió los ojos, siguiendo en su café.
—Sí, es lo menos que puedo hacer. Me has... —Se cortó— ayudado
mucho.
—Niko, ¿podemos hablar un momento? —preguntó la chica de pelo
castaño.
—Claro.
Ambos se levantaron y Maki entró un momento para pedir sus
bebidas. En una esquina, Lily le agarró una oreja fuertemente a su hermano.
—¡Has venido en un jodido Audi y no me podías mencionar que tu
novia era tu sugar mommy!
—No lo es, Lily. ¿Por qué debería importarte si es rica o no? Tienes tu
parte de la herencia del abuelo...
—No quiero su dinero, pero si es rica, debe ser algo importante. ¿En
qué trabaja? —Entornó los ojos— Porque me fijé muy abiertamente en su
naturaleza... ¡y es una lunar! ¿¡Te volviste loco!? ¿¡Una lunar!? ¿¡Rica!?
—No es violenta, te lo aseguro. Es una mujer encantadora.
—¡Te puede comer, cabeza de insecto! —gruñó— ¡Los lunars comen
comunes! ¿O se te olvidó?
—Realmente no tienes que preocuparte. Maki es inofensiva, te lo
aseguro.
—¿En qué trabaja? Muchos lunars ganan bien en el Mercado... sí ella
es rica, entonces...
Fueron yendo de vuelta a la mesa.
—No puedes prejuzgar siempre a la gente, Lily —Vio a Maki volver y
se dio la vuelta—. Pregúntale tú misma, te contestará.
—¿Preguntarme qué? —La albina alzó una ceja, mirando a Nikolai con
duda. A su lado, Lily parecía desconfiar. Bajó las orejas, sintiéndose
intimidada.
—Es que quiero saber en qué trabajas —habló la castaña sin tapujos—.
El auto es... lindo y... caro.
Maki miró al suelo.
—Mi... padre trabaja en... ah... un complejo de negocios. Gana bien y...

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me mantiene. Yo no trabajo —Sus orejas permanecían gachas y la voz le
temblaba un poco. Miraba nerviosa su bebida y la de Nikolai sobre la mesa.
—Oh, entiendo. No quiero sonar atacante, solo tenía curiosidad —Lily
bajó la guardia, pero entonces reparó nuevamente en un punto importante—.
Eres una lunar —Nikolai la miró con el ceño muy fruncido.
—¡Lily!
—Lo siento, Niko, pero que estés vivo en la máxima prioridad ahora.
Ella puede comerte si un día tiene hambre —La albina frunció el ceño.
—No me comería a Nikolai. Yo... yo... —Sintiéndose impotente, se
levantó— los dejaré solos. Supongo que tienen algo importante que discutir
—Miró a su novio, molesta—. No sabía que fueras alguien racista.
—¡Maki, yo...!
—¡Quédate ahí!
Se fue caminando rápido y se perdió doblando una esquina. Nikolai
quiso ir volando tras ella, pero la para nada tranquilizadora presencia de su
hermana lo obligaba a permanecer ahí.
—Lily, eso ha sido peor que grosero —gruñó, mostrando el lateral de
los dientes.
—Mírate, mostrando los dientes. ¿Ahora tú también vas a comerme?
—¡Lily!
—Lo siento, Niko, pero te quiero vivo. Es una horrible decisión
quedarte por tu cuenta con uno... de ellos. ¿No recuerdas lo que le pasó a la
hermana de Ryder?
—Maki no es así.
—¿Por qué? ¿Se come sus vegetales? —dijo, con sarcasmo.
—Ella... te aseguro que no es así. Te dije que dejaras de prejuzgar a la
gente —Frunció más el ceño—. No sé para qué me insististe tanto con
conocerla si ahora simplemente la espantaste.
—Al menos parece ser de los que son fáciles de domar. Muchos
tienen un carácter fuerte y feroz —El comentario hizo explotar a Nikolai.
—¡Basta de decir esas cosas! ¡Es racismo!

243
—Nos protege de ellos a diario —Ella le gruñó.

Por otro lado, Maki estaba en un parque cercano, sentada en un


banco bajo la sombra de un árbol que opacaba el sol asfixiante de las dos
de la tarde. Definitivamente había sido una terrible idea presentarse siendo
lunar, a una familia de comunes. ¿Nikolai también era racista? Cuando lo
conoció había dicho par de cosas, pero teniendo en cuenta las
circunstancias... era válido.
Suspirando, cerró los ojos por un momento. Acarició su estómago
con el ceño fruncido, pensando en que tal vez el niño la estaba haciendo
actuar un poco extraño. El parque era tranquilo, no había un alma, y se
respiraba paz y naturaleza. Todo iba de maravilla... hasta que algún payaso
con olor a frutas y zorro le puso a la fuerza una bolsa en la cabeza. Maki
forcejeó, pero cuando iba a transformarse, una munición de tranquilizante
en su pierna la hizo desmayarse. Despertó poco después, en el mismo
parque, pero en una zona muy oscura donde no llegaba casi luz o ruido
exterior, tupida por muchos árboles gruesos y frondosos.
—No creí que pudiéramos hacer estas cosas —dijo una voz masculina,
pero no tan grave como la de un adulto.
—Todo en nombre de la seguridad —añadió otra voz masculina.
—¿Nos matará si despierta? —Una mujer se atrevió a preguntar.
—Lo dudo. Le pusimos el bozal.
Le quitaron la bolsa de la cabeza. En efecto, tenía un bozal y una
cuerda a modo de esposas en las muñecas. Maki miró furibunda al pequeño
grupo de tres adolescentes y un adulto. El mayor era un zorro, que sostenía
un llavero, quizás el del bozal. Tenía una mirada que se creía poderosa y
omnipotente, haciéndola rabiar aún más.
—¿Qué creen que están haciendo secuestrando gente al azar? — Maki
gruñó, mostrando gran parte de sus colmillos.
—¿Gente al azar? ¡No! –contestó una adolescente, señalando a la
albina con un dedo— Secuestramos lunars, solo lunars. En realidad, somos
los héroes que el mundo necesita ahora.
A la loba se le fue una carcajada.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó el zorro, el mayor. Los
adolescentes eran dos chicos perro y una tigresa.
—¿Héroes? Los héroes no secuestran gente.
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—Es para el bien de más del sesenta por ciento de la sociedad.
Ustedes son una minoría, ¡y aun así hay que tenerles miedo! Aunque tenga
que mancharme las manos, haré de este mundo un lugar mejor.
—Oye... —Maki lo miró a los ojos, con seriedad—, puedes hacer lo que
quieras, nadie te juzga, pero... ¿tienes alguna idea de qué te va a pasar si mi
padre se entera de lo que has hecho?
—¿Un empresario va a tomar represalias? —Se mofó la tigresa— ¿O
hablamos de la hija perdida del presidente?
—Peor. Tesla.
Una sensación tensa se expandió como fuego sobre pólvora en un
instante. El zorro no se dejó intimidar.
—¿Cuántos no nos han dicho que son “parientes” —Hizo comillas con
sus dedos— de Tesla? Obviamente es un truco de intimidación. Esa... cosa
no se preocupa por todos los lunars. Es más: ni siquiera por otro que no sea
su rubio mimado. Todo el mundo lo sabe, dentro y fuera de Estados Unidos...
—Ese mimado rubio tiene hermana, y soy yo —Ella mantuvo la calma,
viendo de reojo como los más jóvenes parecían caer en la amenaza—.
¿Alguno de ustedes lo ha tenido de frente alguna vez? ¿Ver a ese demonio
observándote... listo para matarte o incluso peor?
—Perra mentirosa —Uno de los perros le dio una patada en la cara,
haciéndola caer al suelo—. Tesla nunca te buscaría. No le importa nada más
que sí mismo y ese proxeneta.
—Sí, y aunque seas su supuesta hija, no puede saber que fuimos
nosotros —El zorro la jaló por la oreja cortada—. Aunque ahora que te miro
bien, eres esa lunar que salió corriendo cuando ese monstruo apareció.
—Tesla mató a esa cosa. Si tan valiente eres, ¿vas a enfrentarlo tú
también? —El zorro gruñó, mutando su cara y transformándose en un zorro
antropomorfo. Era un bestia pura, así que iba a tener más fuerza que un
simple común. El puñetazo que le dio en el estómago (aunque se cubrió con
las manos) lo demostró. Escupió algo de saliva y se tumbó en el suelo, en
posición fetal.
—Los lunars no son merecedores de nada. Solo son asesinos, y
merecen ser tratados de la misma forma en que tratan a otras razas.
Cuando les pones un bozal y unas esposas, transformarse es inútil.
De una bolsa de papel color negro que estaba en el suelo a su lado,
sacó unas pinzas. Tenían sangre seca pegada y Maki rápidamente bajo las
orejas, mirando con miedo al hombre, quien ordenó quedamente que la
245
levantaran. La tigresa la sujetó con fuerza y uno de los perros le retiró el
bozal, mientras, con una banda elástica, la obligaron a abrir y mantener su
boca en una incómoda posición. Los ojos del zorro brillaron en un
resplandor sádico.
—Un lunar sin colmillos no puede matar. Un lunar que no puede matar,
es solo comida para nanatsus.
Respirando fuerte, Maki alzó una oreja, captando unos pasos
acercándose a una velocidad media. Olió a un nanatsu y a... algo que
vagamente reconocía. La pinza se afianzó sobre uno de sus caninos
inferiores, y ella cerró los ojos, sintiéndose inútil. Los adolescentes, tras de
ella, se apartaron rápido y salieron corriendo. La albina abrió los ojos,
notando que no le estaba pasando nada doloroso. Perpleja, admiró a un
enorme hombre, un lobo, que agarraba con su antebrazo el cuello del zorro,
quien luchaba por liberarse y le era imposible.
Reparó en los ojos del canino de mayor tamaño: blancos, en el mar
negro de los globos oculares de un nanatsu. Un nanatsu enorme, de dos
metros, de ojos blancos... recordó las palabras de Valentine y se sintió
aliviada. Era ese nuevo nanatsu de Tesla.
Él la vio, con seriedad, y, con una voz algo aguda y afeminada,
preguntó:
—¿Debería matarlo?
Unos pasos apresurados desde el exterior se oyeron y el nanatsu
apretó el cuello de su rehén, mirando con fiereza a lo que tapaban los
troncos de los árboles. Nikolai, cansado, y sin aire, se abrió paso torpemente,
y, tras ver a Maki, palideció observando la otra escena.
—¿Ryder...? —susurró, llamando la atención del zorro, quien, de vuelta
a su forma humanoide, lo miraba con dolor— Tú... nanatsu... —Se percató de
los ojos blancos y tembló— ¿podrías... soltarlo...?
—¿Conoces a este tipo? —Maki fue quien preguntó, escéptica. Nikolai
se quedó en silencio— ¡Dime!
—Él... ah... ¡por favor, haz que el nanatsu lo suelte! ¡Él...!
—¡Casi me arranca un diente! ¡Lo mejor que le puede pasar a un
bastardo racista como él es morirse!
El nanatsu reparó en la bolsa negra, y, con un pie, destapó lo que no
alcanzaba a ver. Había quizás una docena de colmillos, grandes y menos
grandes, con sangre seca pegada, y, asqueado, miró con el ceño fruncido a
Nikolai, quien, incapaz de hacer nada, solo lo miró en silencio. Pidiéndole
246
con los ojos que lo soltara.
Hubo silencio incómodo, sólo interrumpido por los quejidos de Ryder,
sintiéndose atrapado, con aquellos bíceps demasiado fuertes
aprisionándolo como una boa. Finalmente, Maki cedió, dejando al zorro
suelto, mas el nanatsu lo sujetó de un brazo, sin intención de soltarlo, para
que diera explicaciones. Maki finalmente fue libre de aquellas cuerdas.
Ryder dedicó una mirada aterrada a Nikolai, quien miró al suelo,
avergonzado.
—Nik, yo...
—Casi le haces daño a mi novia —gruñó el lobo castaño—. ¿Si no llega
a aparecer ese nanatsu la hubieras dejado sin dientes? ¿¡Eh!?
—¡Es una lunar! —El nanatsu le arañó visiblemente el brazo, sacándole
sangre. Ryder gritó.
—¿Y qué? ¡Es una jodida persona, Ryder! —Estaba enojado. Muy
enojado— Lo que haces es terrorismo. ¿Has matado a alguien? Y si lo has
hecho, no me sorprendería.
—Nik, tú entiendes por qué hago estas cosas, ¿verdad? ¡Tú...!
—Cállate. Ni siquiera te reconozco. Entiendo que odies a los lunars
por lo de Millie pero... ¿esto? ¡Estás loco, Ryder!
Maki nunca creyó ver a Nikolai verdaderamente enojado. Aunque no
se acercaba al zorro por miedo inherente al enorme nanatsu que lo sujetaba,
estaba rojo de la ira. Ella se levantó, mirando la escena, en silencio.
—¡Haría hasta explotar un país si es por justicia! ¡No soy el único que
piensa así! ¡Hay cientos, miles de personas que sufren a causa de los lunars
todos los días! Hay gente que los mata por montones... yo solo les quito sus
dientes. Nada del otro mundo. ¡Tú deberías apoyarme! ¿Por qué estás de su
lado? ¡Tú también eres una presa!
—Eso no me da derecho a hacer lo que haces tú. Los lunars matan
por necesidad, no por sadismo. Como tú y los demás grupos racistas.
—Un culo bonito supongo que hace milagros de verdad... —Maki hizo
una mueca de asco— Incluso tú caíste en eso.
—Ya fue suficiente —El nanatsu agarró nuevamente por el cuello a
Ryder, con una intención muy obvia de matarlo. Maki lo detuvo.
—Tú... ¿sirves a Tesla? —preguntó al nanatsu. Él negó.
—No. Soy suyo, señorita Maki —Ella parpadeó sin entender.
247
—¿Mío...? Pero no recuerdo nada de tener otro nanatsu después de
Kirk...
—Soy un nanatsu que originalmente fue de... La señorita Nara —
Sonrió con un deje dolido—. Pero ella me ordenó que cuando muriese, le
sirviera a usted.
Como piedra, Maki se le quedó mirando, sorprendida. Sin embargo,
espabiló bastante rápido.
—Tú... suéltalo... por favor...
Sorprendido, Ryder miró de reojo a la albina, quien le devolvió una
mirada asqueada. El nanatsu no titubeó y obedeció casi al instante. El zorro
tomó varias caladas de aire con sonora necesidad. Nikolai en otros tiempos
lo hubiera auxiliado, ahora, estaba abrazando a su novia por la cintura, más
preocupado por ella que por el bastardo racista que batallaba por oxígeno
tirado en el suelo. El nanatsu lo miró, y luego a su ama, quien no apartó la
vista de su agresor, quien, patético, no fue capaz de mirarla de vuelta.
—Una lunar te acaba de salvar el culo —dijo ella, frunciendo el ceño y
arrugando la nariz—. ¿Cómo te sienta eso?
Ryder no respondió.
—Ryder... —Nikolai se agachó, quedando a su altura— Esto solo va a
lograr que te maten. Tesla es el padre de ella, ¿qué crees que te haga si se
entera de esto?

Silencio nuevamente.

—Yo espero no verte otra vez cerca de mi ama —El gran nanatsu lucía
aún más aterrador mirándolo desde abajo. Los ojos le titilaban como
estrellas tétricas—, o sino me veré obligado a matarte.
—Yo... lo siento —Ryder bajó la cabeza, disculpándose como un
asiático—. No sabía que eras... amiga de Nik. Yo...
—Es mi novia, Ryder. Y aunque no lo fuera... está mal hacer estas
cosas, ¿sabes?
—Hago lo que creo correcto.
—Yo también —Maki sacó su teléfono y marcó a la policía. Pronto el
escenario cambió, viéndose a un corpulento oso pardo llevándose esposado
al zorro, quien, atormentado por quién sabe qué pensamientos, dio una
última mirada a Nikolai, el cual desvió la suya hacia el abdomen de Maki.
Susurrando, le preguntó si estaba bien.
248
Ella asintió.
—Sí... creo que los bebés lunars son resistentes a más cosas que los
comunes.
—¿Y los híbridos?
—No hay demasiados registros médicos... aunque creo que se
desarrollan parecidos a los lunars normales. Y sobre ti... —Miró al nanatsu,
más detalladamente: ojos blancos y aterradores, sí, sumado a un paliducho
(pero musculoso) cuerpo de dos metros de alto, con el pelo plateado con
una enorme franja color dorado que lo atravesaba. Era... hermoso
físicamente, con unas orejas caninas grandes y una cola esponjosa y
poblada— Dices que eres mío.
—Así es. Mi nombre es Juzzo, señorita Maki —Sonrió con la inocencia
de un niño. Nikolai dejó de sentirse intimidado (del todo) por su presencia.
—Juzzo... es un bonito nombre —opinó el castaño.
—Ese hombre zorro... ¿era su amigo, señor?
—Sí...
—¿Se siente mal mandándolo a prisión? —Nikolai lo pensó un poco.
Maki le pasó una mano por la espalda, a modo de consuelo mudo.
—Se lo merece. Solo Dios sabe cuántas cosas ha hecho en nombre
de su justicia.
Sin muchas ganas, Nikolai llamó a Lily. No explicó nada y sólo le dijo
que él y Maki se iban a casa porque ella estaba con dolores estomacales. La
albina le dio un codazo, reprochándole la excusa, con un sonrojo de evidente
vergüenza cruzando su rostro. Juzzo reía para sus adentros, mirando a su
nueva ama con la alegría de un perro cualquiera. A fin de cuentas: nanatsu.
Siempre leales, y si Nara había querido usarlo como escudo de su gemela, él
lo haría. Sin quejarse, sin rechistar. Las órdenes de Nara eran absolutas, y
por lo tanto, las de Maki también.

249
28

Harto, como todas las mañanas, Tesla mordía su desayuno. Esta vez
era radicalmente distinto: antes se trataba de alguna fruta, ya sea un
durazno, un bol de cerezas o unas dos jugosas manzanas doradas, junto a
un apetecible zumo de naranja o sandía. Ahora era un pan con un enorme
trozo de chuleta de cerdo ulgram grasosa, junto a un plato donde había un
huevo frito y unas olorosas tiras de tocino.
Desde una segura distancia, Rianna admiraba el cambio de dieta de
su amo mayor. Anteriormente siempre tenía que llevarle comida vegetariana,
con algún que otro insumo de origen ulgram como leche, o su favorito:
mantequilla. La nueva apariencia de Tesla daba miedo, y verlo devorar la
carne con el apetito de un muerto de hambre era peor. Cuando aquellas
pupilas diminutas y brillosas la enfocaron, Rianna dio un pequeño brinco del
susto.
—¿Señor? —murmuró, esperando silencio.
—¿Qué te pasa? Llevas tiempo mirándome en silencio como una
acosadora.
La voz era más áspera, rasposa y dura que de costumbre.
—Ah... realmente no es nada...
—Te preguntas por qué no había comido carne todo este tiempo —
Ella bajó sus orejas caninas—, pero no te preocupes, no te voy a responder.
Aunque no fue por “salvar animales”, por si te lo sigues preguntando. Tenía
mis razones.
Ella bajó la mirada. Ahora era estricto como un militar, y se quedaba
sin paciencia mucho más rápido que antes. Siempre le tuvo miedo, ahora,
terror. Al menos estaba comiendo en la terraza de la habitación (ahora vacía)
de Hayato, en lugar de en aquel tétrico sótano lleno de muerte y cosas a
medio pudrir. Ya no había vuelto allá abajo, desde aquel incidente. Rianna lo
había visto como una esperanza: si Tesla moría, ella y las chicas finalmente
serían libres... hasta que la inyección de la droga lenta acabara con ellas al
cabo de unos meses... pero al menos tendrían esperanza de buscar una
cura. Sin embargo,

250
Tesla sobrevivió, y se volvió más duro, más violento, y más feroz.
Siquiera pensar en escaparse ahora sería una sentencia mortal a su
dolorosa existencia.
Por su lado, el albino estaba sumido en sus pensamientos, con la
mirada perdida en el plato de tocino y huevos, que ya empezaba a comerse
con la gracia de un gordo de cien kilos. Le dolía un poco la cabeza.
Últimamente había estado patrullando mucho, estando solo, ya que no
quería la compañía de Ah y Un. La tregua con los ángeles estaba
tambaleante, ya que Raphel había logrado huir, como siempre. Varios
ángeles lo habían mirado mal, a pesar de haberse hecho con la otra alma
maldita: Nara, que se entregó por las buenas.
«Esos cabrones nunca están satisfechos»
Mordió con suma fuerza el último trozo de tocino y se levantó,
dejándole el plato sucio y lleno de grasa a Rianna, quien, apenas lo vio
alejarse rápido, corrió a recogerlo con una devoción esclava. Tenía miedo de
qué pasaría si demoraba más de lo debido, no quería acabar en el sótano.
Por su lado, Tesla llegó al lobby del Flowers y se topó con alguien a
quien no quería ver en absoluto: David. Rara vez salía de su cueva, pero no
quería saber nada de él de momento.
—Hola a ti también —Le dijo el herbívoro, abriéndose paso y tomando
asiento en el sofá central. Tesla arrugó el entrecejo en una mueca de
disgusto—. Yo tampoco estoy feliz de haber venido hasta acá. ¿Sabes lo
difícil que fue sobrevivir el trayecto siendo un villed?
—¿Qué quieres?
—Verte. No has ido a que te haga el diagnóstico, y estás comiendo
carne. Hasta yo huelo el aroma a cerdo viniendo de ti. ¿No sabes lavarte los
dientes?
—Ya me viste, te puedes ir —Molesto, gruñó entre las palabras.
—Necesito hacerte la revisión. Si te descontrolas va a ser un dolor de
cabeza traerte de vuelta. Irvin no está aquí para darte una paliza como
aquella vez. Así que deja de quejarte como un niño pequeño y déjame verte
a fondo. ¿Me llevas a tu despacho?
De mala gana, Tesla guió al okapi a su oficina de trabajo en el mismo
piso. Ahí dentro nadie podía entrar, excepto el dueño y sus invitados. Sin
embargo, siempre estaba impecablemente limpio. Se sentó entonces el lobo
blanco en su sillón de terciopelo caro, y dejó que David lo mirara muy de
cerca, una vez se quitó la máscara.
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—Tus cicatrices de la nariz nunca sanarán, ¿cierto? —preguntó David,
mientras le revisaba con la luz de hendidura, repasando el iris rojo intenso.
—Son un recuerdo que no me puedo permitir olvidar.
—¿Los efectos de flechas para el olfato canino? —Alzó una ceja.
Tesla no dijo nada— Tu sangre concentrada detrás de los ojos es más
brillante, ¿te sientes diferente?
—Me siento como debería sentirme: fuerte. Mis ojos siempre fueron
rojo intenso. Se habían apagado bastante por culpa de la comida.
—Como eres albino, no tienes un color real en el iris, así que el rojo es
simplemente la sangre detrás de ellos. Debería dolerte ver luces intensas
como estas. —Pues no me duelen.

Ahora, David le abrió la boca, revisando los colmillos con olor a grasa
y carne frita. Tesla se sentía incómodo, no era fan de las revisiones. Gruñó
cuando el hombre le tocó uno de los molares.
—Si sangro, voy a activar la maldición esa que te impuso Irvin —habló
el okapi—. No voy a pincharte un canino, son muy afilados.
Sacó la mano, llegando a la conclusión de que su dentadura estaba
bien, incluso más dura y filosa que antes. Luego pasó a examinarle los
músculos, el pelaje, los reflejos, y logró extraerle un poco de sangre con
dificultad para hacerle un examen más adelante. Se veía satisfecho.
—Es una lástima —Tesla se acomodó bien la máscara de nuevo, y lo
miró con duda—. ¿Por qué no tienes un sistema digestivo normal? Sería muy
gracioso que nos agarraran mientras te hago un tacto rectal, ¡ja, ja, ja!
El albino sólo gruñó en respuesta, dándolo por incorregible. David era
muy difícil de tratar cuando no estaba actuando como profesional, al menos
para él. Y no lo podía matar porque se quedaría sin doctor. Maldijo para sus
adentros mientras se acomodaba en su asiento, permitiéndose un poco de
necesaria relajación. David se le quedó mirando, seriamente.
Luego, examinó un bolsillo, donde guardaba sus llaves, y sacó una
paleta de caramelo color roja. Miró de reojo al lobo.
—Ejem, ya terminé —Le extendió el dulce. Tesla lo miró con los ojos
demasiado brillantes, aunque su expresión era la misma—. Es de sandía, tu
favorita.
El albino pretendió tomarla de inmediato, quitándose parcialmente la
máscara, pero David la alejó con una sonrisa picarona.
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—Na-ah-ah —Negó varias veces con el dedo—. Solo si me permites...
—Sí, haz lo que te dé la gana —Tomó la paleta con la euforia de un
niño y se la llevó a la boca, sintiendo la mano herbívoro sobre su cabeza. El
okapi, feliz, sonrió abiertamente acariciando el mullido pelaje antes de pasar
a un semblante más serio, pensando.
«Ahora tengo que ver qué tal está en eso otro...»
—Oye, Tesla —Llamó su atención—, ¿cómo llevas... eso de que tu hija
va a tener un bebé?
—¿Quién te lo contó?
—Me pareció oírlo de Hayato, y quería comprobar que fuera cierto. Lo
es, ¿no es así?
—Sí. No se acordó que los comunes pueden cruzarse con lunars de
forma natural, maldita irresponsable...
—Entonces será híbrido. ¿Crees que ella lo mate cuando nazca? Los
híbridos no viven mucho...
—Los híbridos no viven mucho, tampoco los padres muchas veces
por intentar protegerlos. Pero los demás híbridos no tienen mi apellido. Si
ella decide protegerlo, yo haré lo que haga falta —A pesar de la seriedad y el
estoicismo de la cara de Tesla, habló con una sinceridad cálida y familiar.
David sonrió sin pensarlo y el albino le dedicó una mirada furiosa.
—No me mires así. Pienso que me quieres matar —Sonrió, ahora
nervioso, mirando a otro lado. Tocar la fibra sensible de Tesla no era buena
idea, incluso para él.
—Maki no va a matar a ese niño. Ni nadie —dijo, antes de ponerse de
pie—. Ahora, fuera de mi edificio, voy a abrirlo, son las diez de la mañana.
—Creí que los burdeles abrían de noche...
—Este abre en todos los horarios, hay mujeres para todo.
David, una vez fuera, con el Flowers a su espalda, examinó la jeringa
donde había una pequeña concentración de la sangre del albino. Con
precisión cirujana la internó en un frasco diminuto, y la guardó celosamente
en su bolsillo trasero. Con la cabeza en alto, y un pequeño trozo de metal
tallado sujeto fuertemente a su abrigo, se dirigió a su lugar en el Mercado,
lejos de las zonas peligrosas, lejos de la prostitución, la muerte y el tráfico
vivo.
253
Gracias a aquel pedacito de metal del tamaño de una tarjeta de
crédito, de color plateado y con letras talladas, nadie se le acercaba
demasiado. La palabra “HIJO” escrita por el demonio auténtico eran
suficiente repelente. Se quedó quieto mirando su pequeña casita mientras
buscaba las llaves en sus bolsillos. Sin embargo, un movimiento inesperado,
lo hizo llevar su atención a un callejón cercano, donde una cola dorada
desapareció. Normalmente no había nanatsus o lunars ahí, porque en esta
zona, deshabitada, se supone que no hay presas.
Preocupado, fue a su pequeño cobertizo, siempre abierto y sin
candado, de donde sacó un bate de béisbol coronado con clavos. Había
sangre seca pegada a él, de los pocos intrusos que se habían atrevido a
pisar propiedad de Tesla. Lo más silencioso posible, fue hacia la fuente un
pequeño ruido de pisadas en el pavimento.
—¡Ajá! —Salió, con el bate al hombro, listo para atacar al animal
dorado que estaba ahí. Un lobo dorado, con unos ojos brillantes iguales a
los de Ah y Un, lo miró, a una distancia segura, sin intenciones de hacerle
daño, al parecer.
—Eres el doctor de Tesla —Le dijo, pausadamente. David se mantuvo
con la guardia alta—, ¿no?
—Si quieres matarme, te advierto que Tesla no estará muy feliz.
—No busco matarte, tranquilo, doctor. Solo quiero hacerle una
pregunta —Entornó los ojos, haciéndolos brillar—: ese ángel que atacó a
Tesla... ¿ya está muerto, verdad?
—Yo no sé de esas cosas. Solo aparezco cuando hay que curarle. No
tengo nada de información de esos ángeles que dices.
—Mi amo parece conocerte. Dice que eres de antes, y que, por lo
tanto, sabes más que un simple doctor. Además —Le sonrió mostrando
todos sus dientes—: Tesla no confía en cualquiera. ¿Estás mintiendo acaso?
—¿Por qué iba a mentir? ¿Y quién diablos es tu amo? —«Tesla, valía la
pena decirme algo de que tenías más enemigos que los propios ángeles. Es
un nanatsu de ojos dorados... se ve pequeño, pero la calma es más
aterradora... si decidiera atacarme estoy muy muerto...»— Raphel. Estoy
seguro de que has oído ese nombre antes.
«Conque seguía vivo...»
—Ah... no lo sé. Lo... lo siento, nanatsu.
Sus órdenes le impedían atacar, y hacer enojar a Raphel no era lo
mejor en momentos como esos. Por tanto, Keyal, se limitó a bajar la cabeza
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y a irse. David, perplejo, bajó el arma y se quedó mirando cómo el lobo
emprendía su retirada. No le dijo nada, porque no quería buscarme algún
otro problema.

255
29

Cinco meses de paz.


El período de gestación lunar no depende de la especie, así que son
sólo seis meses locos antes de la tragedia del parto. Maki se sentía fatal:
gorda, fea y preocupada porque su figura podría perderse tras el nacimiento
de su hijo. Y a pesar de que llevaba todo ese tiempo de embarazo, en
realidad sabía pocas cosas del bebé. O bueno...
LOS bebés.
Nikolai se había quedado frío cuando descubrió que, habitualmente,
los lunars (e incluso los mitad lunar, en este caso) no venían de uno en uno,
sino de dos en dos o tres en tres. Pero, como si se tratara de tiburones, un
mes antes de su nacimiento, se devoraban entre sí, y sólo sobrevivía el más
fuerte de los hermanos. Por tanto, tener trillizos nunca fue real, solo una
ilusión creada por la cruel naturaleza de la raza lunar.
Esa tarde habían ido al hospital, al examen que determinaría al
“ganador”, y por tanto, el niño que sí tendrían, y su sexo. Todo el camino,
atestado de tráfico, se la habían pasado discutiendo nombres, y los
nanatsus, sentados atrás, solo podían mirar en silencio.
—Si es niña, le pondremos Alice —dijo Nikolai. Maki arrugó el
entrecejo—, y si es niño le pondremos Félix.
—¿Por qué Alice? Es un nombre feo para una niña.
—¿Por qué?
—Noah está mejor. Si sale varón, podremos llamarle igual —Sonrió,
mientras que el castaño bajaba las orejas con una mueca decepcionada.
—¿En serio? ¿Un nombre unisex? ¿Es tu mejor carta?
—Sí, así nos quitamos de encima tener que elegir uno específico para
cada variante.
—Son solo DOS variantes —gruñó Nikolai—. No es tan difícil tener dos
nombres: uno para niño, y otro para niña.
—¿Por qué no hacen una apuesta? —Intervino Lucifer, ganándose la
atención de todo el mundo— Si resulta ser niño, Nikolai escogerá su nombre,
si es niña, lo hará Maki —Antes de que el chico se quejara, agregó—. No
importa que ella escoja uno unisex.

256
—...suena justo, si me lo preguntas —Juzzo se rascó la barbilla,
nervioso—. Aunque si la señorita Maki prefiere mandar de todos modos
aunque el señor Nikolai proteste seguiremos en las mismas...
Maki cedió, rindiéndose a la propuesta.
—No es mala idea. Si es niña, es mía, sino, toda tuyo —Volvió a
prestar atención al camino, recostada sobre la ventanilla. Nikolai sonrió para
sus adentros, agradeciéndole telepáticamente a Lucifer por su idea tan
peculiar, pero efectiva.
«Los nanatsus conocen mejor a sus lunars que ellos mismos, ya
entiendo eso»
Y, tras tres largas horas de avance, tráfico y avance, finalmente los
tres nanatsus y los futuros padres lograron pisar el suelo del aparcamiento
del hospital. Sosteniendo su panza, la albina gruñó en disgusto. Juzzo se
ofreció a llevarla cargada como una princesa, pero ella se negó
rotundamente. Eligió ir adelante, dejando a los hombres en la retaguardia,
preocupados.
—¿Está bien que vaya adelante? —Kirk se veía nervioso— ¿Y si alguien
intenta hacerle daño? ¿Cómo se supone que vamos a defenderla?
—Juzzo hará el trabajo —señaló Nikolai, sonriéndole ampliamente al
nanatsu de ojos blancos. Confiaba en él. Juzzo era un ser amable y
talentoso en las tareas del hogar, pero cuando se trataba de proteger a Maki
era feroz, más agresivo que Kirk en sus peores momentos, y mucho más
fuerte que Lucifer.
Era como Cerbero, confiable, lindo y guardián.
El mencionado movió su gran cola con entusiasmo optimista, y no
fue capaz de esconder su sonrisa orgullosa. Era como un niño cada vez que
alguien lo elogiaba por cualquier cosa. Por su lado, Maki iba de mal humor,
adolorida por las patadas (o competencias de artes marciales) que se
desarrollaban en su vientre. El embarazo era una mierda, según ella. Y eso
que habían mejorado, porque una semana atrás, en el apogeo de los duelos
a muerte con cuchillos entre los cachorros, los dolores habían ido en
aumento día tras día, hasta que, finalmente, un día se detuvieron de una vez.
El ganador, aquel con el pase dorado para conocer y ver el mundo, el
híbrido más fuerte, nacería en poco más de un mes. Escondido detrás de su
enojo constante y quejas cargadas de irritación, el sentimiento cálido innato
de la maternidad la hacía pensar con ilusión sobre la idea de tenerlo en
brazos tras esa espera. Una parte de Maki, una racional y preocupada, sabía
257
lo difícil que sería criar un niño para ella, quien nunca tuvo un verdadero
modelo materno más allá del débil recuerdo de Cynthia.
Y, por sobre todas esas futuras adversidades (donde por suerte podía
asistirle Nikolai con su experiencia en una familia funcional), se vería
enfrentando a la sociedad, con su vista tan tétrica de las vidas de los
híbridos de lunar. Un sentimiento protector fuerte era necesario, con la
misma devoción que un nanatsu...
«Esto va a ser complicado...»
Gideon los recibió con una alegría muy poco profesional.
—¿Listos para conocer el sexo de su bebé? —Nikolai sonrió
asintiendo. Maki sólo asintió— ¡Ahí vamos!
Mientras la pantalla del ultrasonido revelaba cosas indescifrables a
ojos inexpertos, Maki sostenía la mano de su novio. Su cara no mostraba
nada fuera de una seriedad muy desanimada, pero el gesto hizo sonreír al
castaño, quien le devolvió el apretón. Sabía que era su rancia y estúpida
forma de decirle que estaba emocionada también, aunque su cara no lo
dijese.
«Dice que no, pero se parece a Tesla en algunas cosas», pensó.
—¡Bien...! —Gideon se volteó, limpiándole el líquido frío a la chica.
Ambos lobos lo miraban, esperando su veredicto— El bebé, primero que
nada, está muy saludable después de comerse a sus dos hermanos de saco
uterino —Nikolai hizo una mueca, sin borrar la sonrisa—. ¡Eso demuestra que
es muy fuerte! Como su madre... el punto es... ¡que se trata de un niño! Un
varón.
Con una sonrisa llena de alegría, el felino dejó que los padres se
emocionaran a su forma. Nikolai celebró gritando “¡Oh, sí!”, haciendo que a
la albina se le escapara una risa nasal.
—El nombre es mío, ¡hicimos una apuesta! —Maki asintió con
seriedad, mientras lo miraba sonreír ampliamente.
—Sí, Nikolai, ya perdí. ¿Cómo se va a llamar el niño? —Alzó sus orejas.
Pensativo, el chico se llevó una mano al mentón, arrugando la cara como si
tuviera algún problema estomacal.
—Félix o Andrew... ¿cuál le gusta más, doctor?
—¿Yo...? —Miró a Maki de reojo— Pero es una gran decisión para
ustedes... es personal.
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Sonrió, incómodo. No creía verdaderamente sus palabras, pero sí le
tenía miedo al juicio penetrante de la de ojos azules. Conocía a Maki lo
suficiente como para ser consciente de las consecuencias de enojarla.
—Félix me parece bien —sentenció ella, seriamente—. Andrew parece
nombre de adolescente tóxico y de malos hábitos. No queremos que se
vuelva así, ¿no?
Derrotado, Nikolai cedió. Seguía valiendo la pena haber ganado la
apuesta. Con sonrisa triunfal cruzó la puerta, donde los tres nanatsus los
esperaban pacientes.
—Por lo que veo, parece que Nikolai ganó. ¿Será niño? —preguntó
alegre Lucifer, y su ama asintió con fingido desinterés. El nombre de Félix le
había gustado genuinamente, pero no se lo admitiría cara a cara, su orgullo
estaba en juego... según ella. En el auto, nuevamente, se armó debate en el
camino de regreso.
—Entonces decoraremos una habitación de azul, ¿de qué ponemos
los adornos? ¿Dibujos animados sencillos, tipo Winnie Pooh? — preguntó
Juzzo.
—¿Por qué hay decorar la habitación de un bicho que ni siquiera va a
reconocernos los primeros dos años de su vida? —Ella respondió, como
irritada— Es un tiempo inútil que hay que emplear en eso, me niego.
—Pero Maki, es una tradición adornar la habitación del bebé con
cosas de... bueno, de bebé —rebatió Lucifer—. Si las familias normales lo
hacen, ¿por qué tu no?
—No sabemos si le gustará Winnie Pooh —Nikolai suspiró.
—Es un bebé, no sabrá qué le gusta hasta que le pongamos episodios
de algún programa para niños.
—¿Qué tal Bluey? Ella es azul —La mirada era... inocente. Algo raro
viniendo de una ninfómana—, combinaría con el color, ¿no?
«Ella solo quiere la decoración de su caricatura favorita...», pensaron
todos al unísono.
—Bluey estará bien, cariño —Nikolai le sonrió y le dio un beso en la
mejilla cuando pararon en un semáforo en rojo. Kirk tosió sin disimular su
hastío.
—Yo puedo conducir —Se ofreció Juzzo—, para que ustedes tengan
un momento bonito.

259
—No necesitamos que se pongan más cariñosos —gruñó el de ojos
rojos. Lucifer rio.
—Bueno, tiene razón. Conociendo a Maki podría calentar demasiado
las cosas...
—No queremos ver nada sexual de ustedes, par de degenerados —
Kirk entornó los ojos mientras miraba a su ama, quien puso los ojos en
blanco y miró por la ventanilla el paisaje urbano. Era más entretenido que oír
a sus nanatsus hablando de tipos de salsa de soja. Una vez en casa, se
sorprendieron de ver, tocando el timbre del pórtico, a Ghunter, y Maki bajó
las orejas con horror plasmado en la cara.
«Oh, no, no, no...»
—No lo veía hace mucho —dijo Nikolai—, ¿estaba en la ciudad?
—No sabe nada del niño. ¿¡Qué haré cuando me vea gorda!? —Juzzo
la miró sin comprender.
—¿Qué tal decirle de su embarazo, señorita?
—¿¡Estás loco!? Va a querer matar a Nikolai... y luego a mí.
—Dudo que los nanatsus dejen que pase, ¿sabes...? —El castaño
terminó de aparcar el auto en el garaje, y salieron al exterior él y Lucifer
solamente, a recibir al hombre oso de piel morena.
—¿Y Maki? —preguntó sin rodeos.
—Dijo que te esperaría adentro. ¿Cómo has estado, Ghunter? —
Lucifer abrió el enrejado con una llave brillante— Fueron unos cuantos
meses sin verte, ¿pasó algo entre ustedes dos?
—...nada —Esquivó abiertamente la mirada del castaño, quien bajó las
orejas, sintiéndose intimidado. Mientras atravesaban el pequeño jardín que
llevaba a la puerta principal, el oso se percató de varias cosas que antes no
eran así—. ¿Maki contrató un jardinero? Este sitio siempre estaba hecho un
desastre sin podar y lleno de flores silvestres. Ahora sí parece la casa de un
rico.
—El nuevo nanatsu disfruta haciendo estas cosas —respondió Lucifer,
con una media sonrisa—. Yo cocino, Kirk se encarga de... mantener los
videojuegos en uso, supongo, y Jucchan hace las tareas restantes por su
cuenta. Es un chico muy amable —Abrió la puerta—, así que no busques
problemas con Maki o te va a romper algo.
En el living inferior, Ghunter se quedó muy quieto, mirando con los
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ojos de un pescado muerto al enorme nanatsu de ojos blancos que sostenía
una escoba y le sonreía con amabilidad. Ghunter era alto, porque los osos
normalmente lo eran. Ghunter tenía sus kilos en músculo, en lugar de grasa,
porque los osos eran pesados; y aun así, Ghunter temblaba bajo la mirada
plateada que lo analizaba confundida.
—¿Se encuentra bien, señor? —preguntó Juzzo, dejando la escoba de
lado y pretendiendo acercarse a ver qué le pasaba. El oso se alejó un paso,
intimidado, y negó con la cabeza.
Su sorpresa fue mayor cuando vio bajar a Maki con su prominente
panza y su cara de pocos amigos, y se quedaron mirándose mutuamente en
silencio.
—Tú... ¿desde cuándo...? —cuestionó, atónito.
—Fue un accidente —Le dijo ella, tomando asiento en el gran sofá—.
Yo tampoco lo vi venir.
—Pero si tu... —Miró a Nikolai— novio es un común, ¿cómo no saber
que...?
—Fue un accidente, punto. ¿Qué haces tú aquí?
—Quería verte. No lo había hecho desde... aquello —Hizo una mueca
incómoda—. No me esperaba que estuvieras embarazada, pero entiendo de
accidentes.
—Estoy bien, ¿quieres sentarte de una vez? —Le gruñó. El oso tomó
asiento a su lado y Nikolai decidió subir para darse un baño. Ghunter se
sentía apuñalado por los ojos brillantes y blancos del nanatsu que limpiaba
cerca suyo.
—Ese nanatsu... es fuerte, ¿no?
—Sí. Lo he visto romper frascos de cristal por accidente solo de
apretarlos de más. Deberían hacer competencia —Sonrió de lado la albina—.
Aunque mejor no, me gusta como limpia, y es muy lindo acomodando mi
habitación y cuidándome.
—Y sobre tu... condición —Le miró el abdomen—, ¿cuánto tiempo
tienes ya?
—Cinco meses y poco más. En poco tiempo llegará el mocoso.
—¿Ya tienes ideas de nombres?
—Se va a llamar Félix.
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—Oh, es un bonito nombre. Seguro será un niño precioso —Hizo
amago de querer tocarla, pero no se atrevió. Maki lo notó y le acomodó la
mano sobre su vientre.
—No eres un extraño, puedes tocarme sin problema.
En un movimiento arriesgado, Ghunter se inclinó suavemente sobre
ella y le dio un beso en los labios, sorprendiéndola tanto a ella, como a
Lucifer y Juzzo. Terminó rápido y no era pasional. Maki lo miró confundida.
—¿Qué crees que haces?
—Lo siento —Miró al suelo—. Yo... La verdad siempre te quise para mí.
Me gustas, más allá de la relación que solíamos tener...
—Ghunter, no voy a...
—Lo sé, lo sé... solo quería decírtelo. Nunca fui... verdaderamente
valiente, y me conformaba con sexo. Pensé que siempre sería así... y... aquel
día en el que casi nos acostamos... dijiste el nombre de él.
—¿Nikolai...?
—Sí... y me di cuenta que perdí —Le sonrió—. Pero bueno, me lo
merezco, soy un cobarde y aquel día intenté abusar de ti. Me alegra que...
ahora formes una familia con un buen hombre.
Se apartó de Maki, recostando su trabajada espalda en el sofá. Se le
veía abatido, y la albina le pasó una mano por el muslo, sin decir nada. Los
nanatsus se fueron en silencio, dándoles privacidad.
—Yo... debo admitir que lo sospechaba —confesó ella—. Pero no
quería darle muchas vueltas.
—Nunca sentiste lo mismo.
—No... y lo siento.
—Está bien, no puedo obligarte a que te enamores de mí, ja, ja... —Le
acarició el pelo bruscamente, despeinándolo—. Pero podemos ser amigos
siempre que quieras.
—No creo que funcione —dijo Maki, seriamente. Ghunter la miró,
alarmado—. Si... si sientes esas cosas una amistad lo haría todo más difícil,
¿no crees?
—Pero...
—Lo siento, Ghunter —Se apartó de él—, pero hasta aquí llegamos. No
262
puedo obligarte a que yo deje de gustarte, ¿verdad?
—Eso no tiene que ver...
—Las amistades así no funcionan, Ghunter —Su mirada se
oscureció—. No quiero repetir lo de Kyle.
Sin argumentos en contra, el oso miró al suelo, vencido y con los
ánimos en el suelo. Tenía una pequeña esperanza en tal vez recuperarla,
pero, por lo que escuchaba, así acababa su historia. No más sexo, no más
momentos íntimos, no más tardes de cita sin ser cita... todo se había ido en
un momento. Comprendía sus motivos, entendía sus actos, pero no dejaba
de dolerle el corazón saber que su amiga de más de trescientos años se iba
de su vida quizás para siempre.
—Yo... te quiero, Maki —Le dijo, roto y triste. Ella lo notó en sus ojos a
medio cristalizar—. No pienso cambiar eso. Ojalá algún día podamos volver
a hablar como antes.
—Ghunter, no.
—Ya... lo intenté.
Se levantó, estiró y miró por última vez a su ex amiga con derechos.
Maki le sonrió cálidamente mientras, con ayuda de Juzzo, se levantaba y
caminaba hacia la cocina. Cruzando el umbral, Ghunter se despidió de la
casa donde fue tantas veces, y se fue, con ganas de llorar.

263
30

—Lo diré una última vez —Puso la boca del arma sobre la frente del
pobre bastardo tirado en el suelo—, ¿dónde mierda está Sam?
—¡Ya juré que no sé nada, señor! —El hombre lagarto temblaba en
pánico.
—Eso es todo, acaben con lo que queda de él.
Ah y Un agarraron al tipo con fuerza y lo ataron con unas cadenas
que conectaban con una moto donde ambos se montaron. El hombre
trataba de correr, desnudo, magullado y adolorido, al ritmo del vehículo,
aunque se le hacía casi imposible y terminó en el suelo, arrastrado por el
camino adoquinado y gritando por ayuda. Claramente nadie le dio una mano,
especialmente al ver a Ah y Un conduciendo.
La moto se detuvo en la costa, más concretamente en un acantilado
alto que se elevaba sobre unas rocas picudas en su base, y, más abajo,
estaba el mar rugiendo y arremetiendo con sus olas. Ah desató al tipo y lo
llevó, agarrado del cuello, hacia el borde. El lagarto sudaba frío mientras
lloraba de lo asustado que estaba. Un miraba alejado.
—¡O-oye! ¡Eres un oso, ¿verdad?! —Balbuceó el reptil, aferrado a la
vida— ¡Tengo un amigo que es un oso! ¡Lunar! ¿Quizás sea su verdadero
amo? ¡Quién sabe! ¡Puedo llevarte a él, y... y quizás si sea su amo de verdad!
Normalmente, Ah ya lo hubiera lanzado, pero se le veía abatido. Con
el ceño arrugado, gruñía en duda, intercalando recuerdos casi borrados con
las palabras del extraño condenado que tenía sostenido. Con un gruñido,
apretó más el cuello de la víctima, quien arañó torpemente la mano morena,
buscando aire para respirar. Pero, incapaz de soltarlo, solo estuvo mirándolo
con una expresión dolida e indecisa.
Una cara familiar: la de un niño moreno sin colmillos, con una gran
sonrisa, parpadeó en la mente del nanatsu por un instante, pero fue
suficiente para marcar su indecisión. Atormentado, Ah rugió y gruñó, sin
soltar al hombre, hasta que la mano de su hermano sobre su hombro lo hizo
espabilar. Mirar a Un con sus ojos opacos fue suficiente alivio, y, como si
supiera lo que pasaba por su mente, este último tomó por el cuello al reptil y
lo lanzó sin titubeos. Tras mirar el cuerpo chocar, sangrar y hundirse entre
gritos desesperados, Un miró nuevamente a Ah, preocupado.
Le pasó una mano por el hombro a modo de consuelo y lo dejó estar
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quieto y con la mirada perdida en el suelo durante unos minutos de paz. No
era la primera vez que Ah titubeaba antes de acabar un trabajo.
Últimamente se estaba repitiendo más de lo esperado, y si Tesla se
enteraba solo iban a sumarse otro problema. Por tanto, Un trataba de
buscar soluciones.
Con un pequeño gruñido cariñoso, Un invitó a su hermano a subirse a
la moto otra vez, y partieron rumbo al exterior del Mercado. Se detuvieron en
un lugar amplio, habitado solo por césped húmedo y, en el centro del terreno,
había una pequeña ramita decorada con una corona de flores secas
enterrada sobre la tierra.
Ah rompió a llorar inconscientemente, arrodillado frente a la ramita.
Un buscó a su alrededor un puñado de flores silvestres que crecían
naturalmente, y las acomodó en los trozos de raíz que conformaban la
corona con flores secas, ahora desechadas. Así estuvieron media hora, en
silencio, y con Un haciendo la nueva corona con paciencia infinita. Una vez
acabó, se la mostró con una sonrisa, y Ah correspondió débilmente. Miraron
a la ramita decorada entonces con las nuevas flores silvestres, pero,
tristemente, el momento se rompió cuando el celular de Un empezó a vibrar
en su pantalón.
El nombre “JEFE” estaba en la pantalla, y contestó, poniéndolo en
altavoz.
—Espero estén aquí en treinta minutos, tengo que ir a un lugar y
necesito que se queden en el Flowers —colgó.
Ah se levantó, sintiéndose un poco mejor, y ambos volvieron a la
moto, en dirección de nuevo a su hogar: el Mercado.
Una vez llegaron, fueron casi corriendo hasta el despacho de Tesla,
mas no estaba. Salieron nuevamente, confundidos, y lo vieron acercárseles
con parsimoniosa calma.
—Genial, gracias por venir. En unas horas se acaba el descanso,
abran el local y hagan de seguridad, Hayato está muy ocupado haciendo
estupideces como para pensar en cuidar su jodida casa.
Y simplemente se fue. Los nanatsus se sentaron en el gran sofá, y
prendieron la gran televisión al fondo, donde habitualmente se reproducía
porno, pero se entretuvieron viendo dibujos animados en silencio. Al poco
rato, bajó Lumi, una chica recientemente comprada por Hayato, quien,
temblando, trató de acercarse al sofá sin que los nanatsus se diesen cuenta.
Obviamente la notaron y la miraron con duda.

265
—¿Eso es... “Miraculous: Las Aventuras de Ladybug”...? —preguntó
ella tímidamente. Era muy joven: a lo sumo unos catorce o quince años,
rubia, de ojos marrones y blanca como nieve. Tenía unas marcas rojizas en
el cuello que desaparecían bajo su ropa. Ah y Un asintieron sin darle mucha
importancia— ¿Puedo... sentarme con ustedes?
Confundidos, los osos se echaron a un lado, dejándole un generoso
espacio a la chiquilla. Lumi, feliz, miraba la pantalla con la alegría de una
pequeña niña.
—Me... me dijeron unas mujeres ahí arriba que dentro de unas horas
abrirían las puertas... y me parece muy divertido ver dibujos animados antes
de... —Se sonrojó— ya saben.
No hubo respuesta.
—Extraño ver... mis dibujos animados. Yo vivía en Canadá... y quería
ser animadora. Algún día venir a Estados Unidos y trabajar haciendo más
dibujos... pero... un grupo de hombres con armas me secuestró y luego me
vendieron junto a otras chicas —contó—. El señor rubio me compró y...
—Hizo una larga pausa— y luego me... me hizo cosas... luego me dio una
semanas y... ayer me dijeron que hoy... iba a empezar a trabajar.
Formalmente.
Un le pasó una mano por el pelo con un tosco cariño, mientras le
sonreía con lástima. Ellos sabían mejor que nadie el horror individual de
cada víctima del Mercado: habían niños que eran destinados a ser comida
viva, tanto de bufés para lunars, como para caníbales. Muchos otros eran
víctimas de pedófilos, otros eran obligados a trabajar como matones o
asesinos. A otros más les extirpaban órganos o extremidades, estuvieran
vivos o no; unos eran experimentos vivos en la prueba de drogas y
medicamentos.
Y las mujeres eran las que peor salían, porque aparte de todo eso,
siempre eran violadas, sin importar la edad, vendidas como muñecas
sexuales o a burdeles como el propio Flowers, y, al menos en otros tenían la
posibilidad de escapar, pero ahí, en el de Tesla, se les inyectaba una droga
contra el tiempo, que, de no renovarse cada tres meses, detendría su
corazón, propia de la invención del dueño. Y Hayato, un demonio sin juicio,
se ocupaba de opacar toda ansia de libertad o esperanza que pudiese
quedar, a través de manipulación, sexo y afiladas palabras.
Sin dudas, el Mercado era una extensión del infierno donde sólo
lograban sobrevivir los demonios. Sin poder decir nada (literalmente) los
gemelos la dejaron estar hasta las once de la mañana, hora en la que,
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bruscamente cambiaron los dibujos animados a pornografía y la hicieron
volver arriba. Con una sonrisa lastimada, ella les agradeció su gesto y subió
las escaleras, mientras otras mujeres, más maduras, empezaban a bajar. Ah
abrió las puertas, encendió los neones y junto a su hermano, se acomodaron
en una esquina, viendo a los clientes ir empezando a entrar poco a poco.

267
31

El día. Eran las dos de la mañana. Un quince de septiembre, Maki se


despertó con un dolor insoportable en el vientre, mientras volvía del baño a
plena madrugada. De un grito despertó a Nikolai, afirmando que la fuente se
había roto y que necesitaba ir al hospital de inmediato. Alarmado y asustado
a la vez, el castaño corrió por todo el segundo piso, despertando a gritos y
alaridos desesperados a los nanatsus, quienes corrieron a por el auto y las
cosas necesarias.
Al menos, en la madrugada, no había un tráfico tan molesto, y Kirk
ignoró la seguridad vial e hizo que el deportivo fuese a toda velocidad.
Incluso la policía empezó a seguirlos de lejos, pero al nanatsu poco le
importó. Una vez en el hospital, Juzzo y Nikolai entraron junto a Maki, quien,
quejándose de dolor, le dio algo de dinero a Kirk y Lucifer para que pagaran
la multa a la policía.
Una vez en la sala, Nikolai, hecho un manojo de nervios, explicó la
situación a una enfermera, quien llamó al doctor Gideon, quien sonrió alegre
cuando se enteró de que, finalmente, Maki iba a dar a luz. Aunque después
de ver su cara, hizo una mueca adolorida siendo empático con ella. La
internaron en una sala para partos, donde Gideon dijo que le dejaría el
trabajo a un especialista: la doctora Mónica, y unas enfermeras. Preocupado,
Nikolai se tuvo que quedar fuera junto a Juzzo.
—Todo estará bien. Pero le recomendamos que entre en unos
minutos, ahora vamos a inyectarle un anti-transformación, si dejamos que
se transforme por el dolor podría perder al bebé. Pero pueden ponerse
agresivas, así que quédese aquí hasta que le avise —Le dijo una de las
enfermeras.
Juzzo movía la pierna, igualmente preocupado. No se oía nada,
porque la sala estaba insonorizada, y no se atrevía a asomarse a ver por la
ventana de cristal. Tenía miedo de ver algo que no le gustara, o incluso algo
que pudiera preocuparlo aún más. Debía aprender a confiar también en el
sistema de salud estadounidense, aunque se le hacía muy difícil.
Minutos que parecieron eternos después, una enfermera les permitió
el ingreso. Ahí dentro, la pantera se encargaba de ayudar a Maki con la
dilatación, proceso estresante y doloroso para Maki, quien, al ver a Nikolai,
bajó las orejas, sintiéndose vulnerable.
Él le tomó la mano, y se aguantó las ganas de gritar, pues sentía sus
dedos siendo aplastados por una presión horrible y dolorosa. Si lo hacía, ella
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lo mataría. Juzzo, por su parte, luchaba contra su instinto natural de matar a
quien le provocaba dolor a su ama, en una esquina, mirando con
detenimiento las manos de la doctora, se mantenía quieto como un maniquí.
Maki dio un grito cuando una contracción la atacó, apretando los
dientes y poniendo azules los dedos de Nikolai, quien se mordió la lengua
intentando no soltar un grito también. Viendo de reojo a su novia, nunca la
había visto poner esas caras de dolor, y tampoco había experimentado ese
nivel de fuerza antes. Ni cuando lo atacó la noche en que se conocieron.
Otra contracción, y otras más. Fueron tantas las veces que Maki
apretó la mano del castaño que se le terminó durmiendo el brazo. Cansado,
miraba a Juzzo, quien, de forma aterradora, estaba muy quieto,
mordiéndose la mano haciendo que goteara sangre al suelo, con los ojos
muy brillantes. Era difícil para él estar presenciando eso, pero su deber era
prestarle apoyo emocional a su ama en lugar de matar a la doctora que
intentaba aliviar su dolor.
Otro grito femenino, cargado en dolor, sudor y lágrimas de
sufrimiento inundó la sala. Nikolai le acarició torpemente la frente,
aportándole el cabello de los ojos, notando lo sudada y fría que estaba, con
las mejillas encendidas y los iris opacos. Parecía un fantasma.
Una hora después, larga y tediosa, el sufrimiento finalmente se acabó,
Maki cayó inconsciente justo cuando el llanto de un bebé rompió el silencio
que se había armado de repente. Nikolai abrió mucho los ojos, junto a Juzzo,
viendo como la doctora cortaba el cordón umbilical y limpiaba una bola
carnosa blanca y cubierta de sangre. Sonrió al joven, ahora padre, y se lo
mostró, envuelto en mantas calientes. —Es... es bonito —Sonrió,
acariciándole la frente. Tenía una pequeña mata de pelo gris en el centro,
junto a unas pequeñas orejitas finas y que se movían junto a la cara del
nuevo ser. No abría los ojos. Miró a Maki, preocupado.
—¿Ella estará bien?
—Sí, es natural que pierdan el conocimiento. Su cuerpo se enfoca en
recuperar fuerzas, y estará bien en unas horas. El bebé está en óptimas
condiciones —Le dijo una enfermera, quitándose los guantes de látex—. ¿Ya
escogieron un nombre?
—Ah... ¡sí! Félix... ese es —Embobado, siguió acariciándole la cabeza,
oyéndolo gemir y emitir sonidos propios de un bebé recién nacido.
—Es un nombre lindo para un niño lindo. Seguramente será muy
guapo en el futuro.
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—Sus padres son modelos —La doctora le guiñó el ojo mientras se
retiraba—. En un momento vendrá el doctor Gideon a hacerle los chequeos
necesarios, luego firmará la documentación necesaria y podrá volver a casa
si todo está en orden.
—¿Y qué hay de Maki?
—Los demás nanatsus y yo nos quedaremos aquí —Juzzo le puso
una mano en el hombro, mirando con curiosidad al diminuto Félix—. Usted
puede ir a casa con el joven amo a descansar. Aunque... le recomiendo que
vaya con Lucifer.
Y así, triunfante, Nikolai cruzó las puertas del hospital junto al
nanatsu de ojos azules. Sin embargo, justo cuando puso un pie fuera, una
figura conocida se hizo presente de la nada. Tesla estaba ahí, solo, de pie,
mirando a Nikolai hacia arriba y su típica expresión seria. La gente del
hospital, pacientes y personal, se quedaron quietos y sin casi respirar,
viendo al demonio del Mercado parado frente al nuevo padre.
—Maki está inconsciente —dijo, sintiéndose intimidado.
—Lo sé. Es lunar —respondió el albino—. ¿Puedo ver al mocoso?
—Claro...
Se agachó con cuidado, y le mostró a su hijo con orgullo. Era
pequeño para ser un cachorro de lunar, y movía la colita y las manos sin
abrir los ojos. Tesla no lo tocó, solo se limitaba a observar, o al menos eso
pretendía, hasta que, tratando de acomodarle una manta sobre la cabeza,
Félix le agarró el dedo peludo. Estuvo en silencio unos segundos antes de
soltarse, y, dando la espalda, se sacó del bolsillo de su bata maltrecha una
especie de tarjeta de metal.
—Toma esto. Cada vez que salgas, con o sin el bebé, llévala —Se la
extendió—. Muéstrale a cada payaso que estás bajo mi protección. Si no,
querrán llevarse al niño, y te van a matar a ti.
—Es... es un gran honor Tesla —Tomó la placa y la enganchó al cuello
de su camisa—. Yo... no tengo como pagártelo.
—Eres parte de la familia Yamato ahora. ¿Has visto a Hayato o a Maki
pagándome un favor?
Y simplemente se fue sin más. Dobló una esquina y se perdió. El
castaño miró a Lucifer con una sonrisa que le fue correspondida, y
caminaron juntos al auto. Mientras conducía el nanatsu, Nikolai pensaba en
lo feliz que estaba. Tenía un hijo, suyo y de Maki. Le acariciaba la pequeña
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cabellera gris una y otra vez, notando que Félix reía torpemente con su
aguda voz. En su flujo de pensamiento, algo que le dijo la albina meses atrás
repercutía con fuerza.

—Oye, Nikolai... —dijo ella, recostada sobre su hombro mientras


miraban la noche desde el balcón.
—¿Qué?
—Eres un común, y los comunes viven poco, ¿no?
—Sí, en comparación a otras razas vivimos mucho menos. ¿Por qué?
—Pienso que... cuando se termine tu ciclo de juventud y empieces a
envejecer... deberíamos casarnos —Él la miró sorprendido — ¿Qué?
—No creí que te apasionara la idea de matrimonio. Das otros aires.
—No lo hace. Nunca creí que me casaría. Pero... tú te pondrás viejo y...
es más cómodo hacer trámites legales y bancarios siendo matrimonio, así
que no veo inconveniente —Hizo una pausa—. Además... tendremos un hijo.
Los hijos son de gente casada, ¿no?

«Casarnos, eh... Suena tan real ahora»


En casa, Lucifer abrió la puerta y Nikolai entró por quinta vez a
aquella habitación decorada con Bluey por todos lados, y se mantuvo
pensativo antes de dejar al pequeño Félix en su cuna de madera preciosa. El
nanatsu entró y lo miró atentamente, con curiosidad.
—Es interesante desde el punto de vista de nuestra especie que
nuestra lunar tenga un bebé —dijo—. Es una extensión de ella que debemos
proteger también. Es algo confuso.
—¿Deben proteger a los hijos de sus amos? Pensé que sólo se
limitaban a ellos.
—Eso lo hacen casi siempre nanatsus menos desarrollados. Ojos
rojos, cuatro patas... cuando eres más... inteligente las responsabilidades
aumentan. Ahora tenemos dos prioridades, porque también se nos activa el
instinto maternal.
—Wow... debe ser complicado.
—Un poco. Pero lo superaremos con el tiempo. Maki se adaptará,
271
nosotros también —Le pasó una mano por el pelo—, y tanto tú como ella
serán unos padres geniales.
—...gracias —Se sonrojó.
A eso de las dos de la tarde, el teléfono de la casa sonó. Lucifer fue a
atenderlo, dejando a Nikolai dormir un poco más. Maki fue quien le habló, en
un tono más enérgico de lo esperado.

—Buenas tardes, ¿cuánto llevan dormidos ustedes dos?

—Bueno, me acabas de despertar... —Bostezó el nanatsu— Félix está


bien. Sigue durmiendo. Los lunars duermen mucho...
—Ni siquiera lo he visto. Ven a buscarme, Juzzo y yo no tenemos
transporte aquí.
—Ya voy...
Colgó, sintiéndose más dormido que despierto, y primero chequeó a
Félix, quien seguía rendido. Una vez Maki llegara seguramente armaría
escándalo; luego miró a Nikolai, rendido igual, en el suelo al lado de la cuna,
protegiendo a su manera a su hijo. Le tomó una foto silenciosa y se fue,
tratando de hacer el menor ruido posible. Condujo en silencio hasta llegar al
hospital, donde vio a su ama y a su compañero de ojos blancos con energía.
Ella estaba vestida, de pie y sonriente, olfateándolo, buscando rastros de un
olor nuevo que pudiera reconocer.
—Hola, Lucifer —Saludó Juzzo con entusiasmo. Maki movía la cola—.
¿El joven amo estaba bien?
—Sí, tanto él como su padre están durmiendo justo ahora.
Despertarán cuando lleguemos, asumo —Se encogió de hombros y miró a
su ama—. Veo que te recuperaste rápido.
—Solo me dieron anti-transformación, y el desmayo fue natural. Estoy
perfectamente bien para irme a casa. ¿Nos vamos ya?
Una vez el auto se detuvo en el garaje, la albina salió volando
escaleras arriba. Juzzo iba a ir de inmediato tras ella, pero Lucifer le puso
una mano en el pecho, deteniéndolo bajo la atenta mirada de Kirk.
—Déjala. Cree que no sabemos que quiere conocer a su hijo.
Maki entró a la habitación dando un portazo, despertando tanto al
padre como al bebé, quien, lejos de chillar, sonrió y rio sonoramente
abriendo los ojos que se le veían enormes. Tenía heterocromía: con su ojo
izquierdo siendo verde y el derecho azul. Era precioso.
272
Maki se arrodilló frente a él y le acarició la cara con una sonrisa
maternal que no sabía que tenía. La cola se movía como loca, y Nikolai no
podía sentirse más feliz. La abrazó por sorpresa y tomó con cuidado al
pequeño Félix, y dejó que el cariño simplemente creciera entre los tres.
Maki estuvo algo lela por unos instantes, sintiendo su dedo índice
agarrado por la pequeña mano del cachorro de pelo gris en brazos de su
novio. Se puso a llorar sin darse cuenta.
«Yo... tengo una familia ahora. Una de verdad... una familia de
verdad...»

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32

Unos cinco meses después del nacimiento del pequeño Félix,


empezó un calvario peculiarmente molesto para todos (TODOS) en la casa.
Sin poder dormir, comer, bañarse, tener sexo, ver la televisión, o
simplemente existir, una plaga de ruidosos aullidos lo contaminaba todo.
Resulta que los bebés lunars, e híbridos también, no hablaban sino
hasta los ocho meses de edad. Mientras tanto, a partir de los cuatro o cinco
meses de edad sus cuerdas vocales se empezaban a desarrollar y al no
poder hablar claramente empezaban a vocalizar los sonidos propios de su
especie.
Félix con ocho meses y medio no quería hablar, y entonces quedaba
la segunda alternativa de vocalización.
Los lobos... aúllan.
—¡Awuuuu! —chilló otra vez el pequeño de pelo gris, mientras Maki le
cambiaba el pañal con una obvia molestia punzándole la paciencia. Ella bajó
las orejas de inmediato. Nikolai ni Kirk estaban, y tanto Lucifer como Juzzo
se encargaban de cena y limpieza respectivamente. Estaba sola con el
demonio enano que solo sabía chillar.
«¿Por qué no simplemente cierra el pico...?»
Era un infierno estar conviviendo en la misma casa que ese lobezno
desquiciante. La paciencia se le iba junto con el cabello que perdía debido al
estrés y la falta de sueño. Con razón Tesla entró una vez, oyó el escándalo y
no volvió más.
Maki quería desertar de su maternidad cada vez que ese sonido
infernal resonaba en sus sensibles orejas.
Félix la miró cuando ella le terminó de cambiar el pañal, con sus
enormes ojos bicolor. Se veía inocente imitando el rostro serio de su madre,
frunciendo sus cejas pequeñas en un gesto que, lejos de ser intimidante,
daba risa.
Maki alzó una ceja mientras lo levantaba con los ojos entornados.
Félix gruñó, tomando la forma animal. En cuatro patas se movía mucho
mejor que con dos piernas regordetas, y salió corriendo y aullando por todo
el cuarto hasta darse un buen golpe en el centro de la cabeza contra la
puerta que se cerró en su cara con un estruendo.
El aullido se agudizó, transformado en llanto, y Maki, poniendo los

274
ojos en blanco, tomó su forma de lobo y lo consoló pasándole la lengua por
la zona adolorida. Juzzo abrió la puerta, apareciendo con un plato lleno de
pollo frito, y miró a su ama y a su hijo sobre la cama, viendo una película,
estando Félix transformado y Maki tirada a medio dormir.
—El señor Nikolai ha vuelto —dijo el nanatsu, llamando la atención de
la albina—. Ha venido con su amigo el pitbull terrier, señorita.
—¿Roger? —Maki miró a Félix, y lo agarró antes de que pudiera
saborear su nugget de pollo. Aulló en disgusto, tratando de soltarse del duro
agarre de su madre, mientras llenaba el espacio con su sonido irritante.

En la sala de estar del segundo piso, Roger alzó las orejas, sintiendo
acercarse un chillido molesto. Miró a Nikolai, y lo vio con una mueca sufrida
que no supo cómo describir. Maki apareció, despeinada y sonriente
mientras le movía la cola, con una masa peluda y gris en sus brazos, que
emitía ese ruido mientras le mordía un mechón de pelo que le llegaba hasta
el pecho.
Roger se quedó estático mientras Maki le extendía a su hijo como si
se tratara de una clase de objeto extraño. Inseguro, Félix le gruñó,
llevándose un golpecito en la cabeza, y luego le sacó los (diminutos) dientes
a Maki. Ella entornó los ojos, transformando mayormente su cara, y Félix
bajó las orejas, dócil, dejándose agarrar por Roger, quien lo miró, moviendo
su pequeña colita con júbilo.
En la vida había sostenido a un bebé. Nunca había tenido oportunidad
de cargar a su sobrino porque su hermana vivía lejos, en Inglaterra. Se sintió
embobado, viendo al cachorro que le gruñía un poco y se removía, inquieto.
—¡Es adorable, Niko! —Le sonrió a su amigo, llamando su atención—
¡Félix es muy lindo! Se parece un poco a Maki, aunque solo por el pelo... pero
tu cara y la suya también se parecen mucho. ¡Se nota que es tu hijo!
Maki se sonrojó un poco en vergüenza, pero enseguida sacó los
dientes y gruñó cuando Félix le dio un buen mordisco a un dedo de Roger,
haciendo que lo soltara. Cayó al suelo de panzaso, y aulló en dolor,
mientras Roger se lamentaba. Maki agarró al pequeño de la nuca y le
mostró una fila de colmillos bien desarrollados y feroces.
Félix no cayó en la amenaza y empezó a aullar, causándole irritación
a todos, absolutamente todos, en la casa.
—¡Me quedaré con él! —dijo el perro de repente— Ustedes dos vayan a
descansar.
Maki y Nikolai se miraron entre sí, y luego a él, al unísono, como si
275
estuviera loco.
—Roger, te mordió —Señaló el castaño. Le corría un hilillo de sangre
(muy fino) por el dedo lastimado.
—Es un niño, los niños son traviesos —Sonrió ampliamente. Maki bajó
las orejas y susurró algo de comer pizza hawaiana. Nikolai murmuró algo de
un buen baño. Le dieron la espalda a Roger, aunque con las orejas bien
orientadas hacia él. Félix fue cargado por el perro de pelo negro. Le
entrecerró los ojos muy bien, mientras el pequeño le gruñía mostrándose
abiertamente agresivo.
«Al parecer no le caigo muy bien por algún motivo...»
Roger lo cargó apropiadamente, viéndolo tomar su forma humanoide.
Era gordito, con mucho pelo gris en la cabeza y una cola poblada pero corta.
Muy corta. Los ojos bicolor lo miraban en silencio.
Empezó a aullar de repente. Muy fuerte, tanto que hizo que Roger lo
bajara y lo dejara sobre el sofá. Hubo silencio. El pelinegro se cruzó de
brazos, mirándolo fijamente. A lo lejos se oía el eco de la ducha del cuarto
de sus padres.
—No entiendo por qué no te caigo bien del todo pero... ¡intentaré
presentarme! —Félix ladeó la cabeza, sin entender nada— Me llamo Roger, y
soy un gran amigo de tu papá.
El niño no entendía una palabra a juzgar por su expresión facial, llena
de confusión.
—¡Así que técnicamente soy tu tío! ¡T-Í-O! —deletreó— Parte de tu
familia también. ¿Amas a tu familia también, no?
La palabra familia tuvo impacto en él. Félix bajó las orejas, mirándolo
extrañado. Miró de pies a cabeza a Roger, examinando sus rasgos con sus
infantiles estándares.
—Sí, familia —Como si hubiera preguntado, Roger sonrió y contestó— .
Yo soy como tu mamá y papá.
Félix no se movió y emitió algo parecido a un ladrido.
—Sí, como mamá y papá. Yo también te quiero mucho, aunque no te
conozco mucho —Le pasó una mano por la cabeza, y se sorprendió que no
lo intentara morder de nuevo.
En su lugar, se mostró sereno. Aulló mientras le extendía la mano, y
Roger se sacó un caramelo del bolsillo. Los ojos del niño se iluminaron
enormemente y lo comió con alegría mientras movía la cola. Incluso le
sonrió mostrando sus dientecitos de leche a medio salir.
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Ladró torpemente otra vez y se dejó acariciar la cabeza. Roger le dio
otro caramelo, y lo vio aullar de felicidad.
—Así es, pequeño Félix —Maki se acercaba con un vaso lleno de jugo
de piña—, soy como mamá y papá. ¿Muy amable, no?
—apá di má —Maki se quedó muy quieta y Nikolai, quien iba detrás de
ella con un sándwich de mermelada, lo dejó caer al suelo de la impresión.
Roger abrió mucho los ojos y tragó saliva.
—¿Acaba de...? —Maki balbuceó, estupefacta.
—¡Apá di má! —chilló Félix, moviendo su colita, luego señaló a Roger
con su dedito, mirando a sus padres— ¡Oyer!
Nikolai estalló en carcajadas. Maki quería pegarse un tiro.
—¡No hablaste durante un mes y medio más de lo normal, ¿y ahora
me sales con que sí quieres porque está Roger aquí?!
—Oyer —Lo señaló con inocencia, mordiéndose un dedo. Maki gruñó
en rabia y le revolvió el pelo, con una mueca disgustada. Félix se reía. Nikolai
abrazó parcialmente a su amigo y le sonrió ampliamente, viendo cómo Maki
discutía (inútilmente) con su hijo, mientras lo intentaba matar a cosquillas.
—Lograste que hablara. ¡Al fin se acabaron esos aullidos infernales!
Maki sintió sonar su celular y se fue por un momento. Viendo el
sándwich de mermelada fuera de su alcance, Félix aulló fuertemente.
Nikolai bajó las orejas, derrotado por el hambre de su hijo.

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33

—Mamá —Se oyó en el silencio frío del cuarto—, mamá, ¡mamá!


¡Mamá, levántate!
—Cinco minutos más... —Maki se hundió entre las sábanas,
huyéndole a la vocecita aguda e irritante que rompía su bien trabajado ciclo
de sueño de dormirse a las cuatro y despertar a las dos de la tarde.
—Pero mamá, ¡es tu cumpleaños!
Ella finalmente se dignó a abrir los ojos. Bostezó sonoramente
estirándose en su forma de lobo, peluda y enorme. Miró al niño con fastidio
y cansancio. —¿Qué hora es, Félix?

—Las nueve. ¡Ya es tarde! Incluso papá te ha horneado un pastel y


Jucchan hizo panqueques con crema batida.
Ella parpadeó antes de volver a bostezar. Agotada, se volvió a tirar en
la cama, pero un peso infantil le cayó encima, impidiéndole volver a caer en
la inconsciencia. Ya molesta, gruñó, sintiéndose impotente. Se irguió,
sacudiéndose de encima al niño de pelo gris, y se bajó, tomando su forma
humanoide. Se echó agua en la cara mirándose en el espejo. Tenía el pelo
revuelto, olía a sexo de la noche anterior y la cara de pocos amigos de una
persona levantada por la fuerza. Las nueve de la mañana eran demasiado
tempranas para Maki.
Salió, tallándose los ojos mientras caminaba hacia las escaleras,
arrastraba la cola en el suelo, encorvada, mientras veía a su hijo corretear
como una maldita mariposa con cafeína por todos lados. Los niños de cinco
años deberían extinguirse, en su opinión, o al menos dormir más. Félix se
levantaba todos los días a las seis de la mañana, porque dormía temprano, y,
de no ser por Juzzo, ella y Nikolai fueran las víctimas de toda su
hiperactividad.
Llegando a la cocina, su novio la recibió bastante alegre, con un
delantal de ositos de gomita, y una mano ocupada comiendo un panqueque
con crema batida. Félix llegó y fue directo a robar, aunque Kirk lo detuvo
antes de agarrar algo.
—Feliz cumpleaños, amor —Le sonrió Nikolai yendo a darle un beso
de buenos días que Maki aceptó de mala gana—. ¿Cuántos van ya?
—Muy gracioso.
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Tomó un panqueque y se puso a comerlo con antipatía y con la
mirada perdida en un punto del refrigerador. Juzzo le dio un vaso de jugo de
naranja con una sonrisa de lástima. Luego miró a Félix, tratando (inútilmente)
de agarrar un panqueque bajo la seguridad de Kirk. Lucifer apareció,
acariciando la cabeza albina y le deseó un feliz cumpleaños. Juzzo también.
—¡Mamá, ¿iremos a algún sitio hoy?! —preguntó el niño con la boca
llena de panqueques que tomó sin previo aviso en un descuido del nanatsu.
—Yo iré a mi habitación con tu padre, los nanatsus y tú van a ver
cosas geniales en DisneyLand —Le dio la tarjeta de crédito a Juzzo, quien
sonrió bajando las orejas. Félix no parecía muy feliz.
—¡Pero yo también quiero pasar este cumpleaños contigo! ¿¡Por qué
siempre los pasas con papá!?
—Porque tú me levantas temprano y él no, así que... —Una fuerte
vibración sobre la mesa la interrumpió. Lucifer se rio un poco mientras
contestaba por su ama.
—¿Hola? Sí, estamos todos aquí. Sería genial que tú y Val vinieran,
ella está muy amargada... —Maki lo apuñaló con los ojos— Oh… Vale, ya les
abro.
Colgó con una sonrisa pícara mientras su ama se esforzaba por no
seguir el impulso asesino que la estaba consumiendo como fuego a ramas
secas. Tuvo ganas de lanzarse por el balcón cuando su hermano pisó la
cocina junto a Valentine, quienes primero la felicitaron y luego chocaron los
cinco con Félix, quien les trataba de guiñar el ojo como vio en una película,
cosa que no le funcionaba muy bien.
—¡Sin mí no se te ocurriría nada realmente bueno para tu cumpleaños,
hermanita! —Hayato le pasó una mano por el pelo, desenredándolo todavía
más. Nikolai solo se reía— ¡Vayamos a una playa privada!
—¡Sí, playa! —Félix movía su colita de un lado a otro, mirando a sus
padres con los ojos muy brillantes. El resplandor verde y azul que emanaba
de ellos era muy angelical y le fue difícil a Maki decirle que no.
Tan difícil que no lo logró. Valentine se la pasó contándole de su
último ligue con una jaguar, ecuatoriana, que había conocido en una
discoteca.
—Tu vida ha cambiado mucho, ¿no? —Le dijo, mientras le escogía el
traje de baño— Tienes un novio, un hijo y una vida tranquila. ¿Eres feliz?
«Llevo sin dormir cinco años...»
279
—Sí. Me gusta esto —Maki sonrió, mirando a Juzzo correr tras Félix
con un flotador de patito de goma—. Félix es... divertido.
—¿Logró que te gustaran los niños? —Rio la felina.
—No me gustan los niños. Solo quiero a mi hijo. No generalices —
gruñó la loba, pero su amiga, lejos de enojarse, solo sonrió antes de darle un
beso en la mejilla que hizo que Maki la mirase como si estuviera loca.
—Estoy segura de que él también te quiere mucho. Félix es un niño
muy gentil. Físicamente tú y él se parecen mucho, pero por dentro es
igualito a su padre.
—Espero que cuando crezca no salga igual de idiota.
Félix volvió a correr por el pasillo gritando “Hoy es el fin de la
República” con un sable de luz de juguete que de alguna manera iba a
terminar en la playa. Maki negó con la cabeza.
—Sí, es hijo de Nikolai.
—¿Verdad que sí?

—¡Playa! ¡Playa! ¡Playa! —Félix y Nikolai cantaban al unísono, estando


este último cargando al de pelo gris, sentados en el lado de la ventanilla de
uno de los autos, el que era conducido por Maki y que llevaba a los nanatsus.
En un BMW negro al lado iba Hayato con Valentine. Maki no conducía, iba
medio dormida en el asiento del copiloto mientras Juzzo se ocupaba del
volante, aunque el ruido le era algo molesto, no podía simplemente callar a
sus dos tontos.
Abrió los ojos, admirando el camino. La última vez que había ido a
Malibú fue para visitar a Kyle. Esperaba no verlo ni de casualidad en ese
viaje, y sonrió imaginando que clase de estupideces se le ocurrirían a Félix
por hacer en la playa. Hayato sabía surfear y seguramente rentaría o
compraría una tabla, mientras ella podía escabullirse con Nikolai en algún
momento a celebrar como Dios manda. Valentine la cubriría sin darle
muchas vueltas.
Una vez en la casa veraniega de Hayato, todos bajaron, y tanto el niño
como los nanatsus quedaron fascinados por el lugar. Era una casa amplia,
muy limpia, y con una vista hermosa al océano desde la terraza. Félix corrió
al segundo piso.
—¡Me pido la habitación más grande de todas! —Juzzo iba tras él,

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como siempre— ¡Jucchan, ven! ¡Saltemos en la cama juntos, vamos!
Maki suspiró y Hayato se echó a reír.
—Una lástima que mi Naomi se encuentre enferma. Tesla me dijo que
cuidaría de ella... me hubiera encantado traerla aquí —Sonrió de lado—. Pero
bueno, ¡a celebrar!
Lucifer sacó las cosas de los maleteros con la ayuda de Kirk,
mientras el rubio y Valentine organizaban la cocina, sacando comida y
alcohol que estaban frescos en el refrigerador, justo para ese día. Él lo había
planificado todo y, mientras le ofrecía una botella de cerveza a Maki, le
sonrió con altanería.
—¿Qué pasa por tu cabeza, hermanita? ¿No te gusta la idea de
celebrarte un año más? —Dio un trago a su bebida.
—Solo pienso que querías una excusa para verme en bikini —Se burló
ella y el rubio le agarró el culo a Valentine sin vergüenza.

—Hoy quiero carne felina... porque respeto que Félix esté aquí.

Agradeciendo en silencio, Nikolai llevó sus cosas a una habitación


vacía en ese mismo piso. Maki lo siguió mientras disfrutaba su bebida, pero
una vez entró en la habitación, el castaño se la quitó de las manos.
—Hey, es mi cumpleaños —protestó ella.
—No bebas demasiado —Bajó las orejas, dejando la botella sobre una
mesita de noche—. Dijiste que lo harías.
—¿Dije que haría qué?
—Dejar de beber. Eres madre ahora, no necesitas tanto alcohol.
—Solo es una cerveza —Sonrió, intentando agarrarla, pero él se
Interponía—. No me puedo emborrachar con una cerveza, tardo mucho en
caer, Niko.
—Mm... —Él tomó la bebida y le dio un sorbo, y luego la besó mientras
le agarraba la espalda baja. Parte de la cerveza le cayó por el mentón—
¿Crees que puedas terminártela si yo te la doy?
—Alguien está caliente —Maki le sonrió—, me pregunto si estás
disponible para un masaje.
Le pasó las manos por las mejillas y luego enredó sus brazos
alrededor del cuello masculino, y él se pegó a Maki dejándola notar su
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creciente erección por debajo de sus pantalones. A nada de lograr besarse,
tocaron a la puerta.
—¡Mamá, papá, me dieron una langosta! ¡Vengan a ver! —Maki y
Nikolai miraron de reojo la puerta cerrada y la albina suspiró.
—Tener un hijo no es fácil. Tú ve a cambiarte, yo me ocupo de la
langosta de Félix.
Maki salió, levantando una ceja mirando como su hijo sostenía a la
langosta recientemente descongelada sin ningún miedo en las manos. Le
sonreía con orgullo mientras le movía la cola alegremente con una enorme y
tonta sonrisa en la toda la cara. Maki pensó que era adorable.
—¿Quién te dio eso? —Cerró la puerta tras de sí y fueron hacia la
cocina.
—El tío Hayato. Me dijo que te la mostrara mientras Juzzo organiza el
cuarto gigante donde voy a dormir —dijo Félix—. Tengo una cama muy, muy
grande, y una televisión que graba todo lo que hago ahí. Busqué videos
graciosos pero no había ninguno guardado...
«Hayato es cuidadoso con los niños al menos»

—¿Y qué grabarías tú ahí en la cama?

—Mi pelea de almohadas con Juzzo —Sonrió altanero—. Donde


obviamente yo voy a ganar de forma increíble.
Los niños con sangre de lunar crecían rápido, mucho más rápido que
los niños de otras razas. Por eso sus momentos de inocencia acababan
más pronto que otros, siendo los once años el inicio de su larga
adolescencia, en lugar de los trece. Con sus cinco aniversarios, Félix era un
niño muy dulce, amable y divertido. Desde que nació había demostrado un
crecimiento eficaz y rápido, y Maki había aprendido a ir disfrutando sus
momentos con él y Nikolai.
La infancia acabaría pronto, así que sonreiría con él el tiempo que
tuviera disponible. Al final cocinaron la langosta y tuvieron un almuerzo
“familiar” bastante bueno. Comieron, bebieron, hicieron un brindis por la
cumpleañera donde Félix participó con su zumo de manzana que parecía
whisky y rieron juntos. Maki movía la cola detrás de la silla, junto a Nikolai y
Félix. Los nanatsus sonreían igualmente mientras, a la vez, se cercioraban
de que no ocurriera nada en los alrededores.

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Por la tarde, salieron a la playa finalmente. Hayato, Nikolai, Félix y los
nanatsus de Maki iban con unos pantalones cortos directos al agua,
mientras que Maki y Valentine se quedaron en la arena, admirando su
espacio privado.
—Creí que irías con ellos —dijo la gata—. Yo puedo quedarme con las
cosas, ve a disfrutar.
—Estoy despierta desde las nueve de la mañana —respondió Maki
con una sonrisa incómoda—. Solo quiero dormir un poco.
—Ah... ¿por qué no vas a la casa? Puedes dormir ahí.
—Félix querrá que vaya pronto con ellos... solo descanso mientras
puedo.
Y, como una profecía, el pequeño de pelo gris llamó a su madre a
gritos desde una tabla de surf a pocos metros de la orilla. Juzzo y Kirk la
sujetaban. Maki se estiró y fue al océano, dejándose llevar por la diversión.
Armaron castillos de arena, enterraron a Hayato, y Lucifer y Juzzo hicieron
competencia de buceo donde ganó el de ojos blancos, que incluso atrapó a
un cangrejo enorme que se intentaba escapar. Kirk se peleó a los puños con
una morena y ganó, aunque con una herida muy fea en el brazo que hubo
que vendar, mientras que Hayato surfeaba un poco más alejado de la arena.
Nikolai, Maki y Juzzo se mantenían al lado de Félix, viéndolo jugar
con sus flotadores y haciendo intentos infantiles de natación. La pareja se
besó tranquilamente un momento antes de que Nikolai la tomara de la
mano y la sacara del agua. Aprovechando la distracción de Félix, lograron
entrar a la casa (que no estaba muy lejos) y cerraron con seguro la puerta de
la habitación.
Y ahí empezaron a jugar.
En un torrente de besos apasionados, Nikolai subió la playera de
Maki, acariciándole el pecho mientras lamía el cuello femenino. Ella lo
abrazó, apresando sus caderas con sus piernas mientras la dureza
masculina se afianzaba sobre el centro de ellas.
La ropa sobró y terminó en el suelo, mientras ambos amantes
disfrutaban de caricias mutuas que ya extrañaban un poco, y, con una
mordida en el cuello, Nikolai empezó a marcar un ritmo algo apresurado.
Maki gimió en respuesta, aferrándose a él, y al mismo tiempo arañando las
sábanas y estrujándolas mientras arqueaba la espalda con cada golpe en su
interior lleno de placer.
El castaño la besó mientras se movía, deprisa y exhausto, afianzando
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las uñas a la cama casi para romper la tela. Con el orgasmo, gimió las
palabras prohibidas:
—Te amo, Maki...
Ella no correspondió, solo dejó que ganara el sueño.

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—¡No, mamá! ¡No vas a cortarle las bolitas a papá! —gritó Félix. Con
siete años ya era el escudo de Nikolai, y de verdad creía que lo iba a salvar
de la vasectomía.
Maki parpadeó muchas veces sin moverse.
—¿Quién te dijo que voy a hacer eso? El doctor sólo va a impedir que
tengas hermanitos, Félix. Tu padre estará perfectamente en unos días
—Entornó los ojos mirando furiosa a Nikolai—. ¡Estabas de acuerdo!
—Lo sé, pero puedo usar protección toda la vida, amorcito. Igual que
tú...
—¡No quiero! —protestó ella— Tampoco quiero más riesgos, con Félix
tuve suficiente.
—¿Suficiente con qué? —Dudó Félix, alzando las orejas.
—Parir duele, querido —dijo su madre con una sonrisa sarcástica—.
Así que o tu padre es el próximo embarazado, o se hace la vasectomía.
—¿Los hombres no se pueden embarazar, no papá? —Nikolai negó—
Oh... qué triste. Entonces tendrás que cortar tus bolitas...
—No voy a cortar las bolitas de nadie, Félix. La vasectomía es un
proceso médico donde a papá le van a cortar unos tubos dentro del cuerpo.
Félix estuvo pensativo.
—Pero no voy a poderme mover en unos dos o tres días —Lloriqueó el
castaño.
—No me importa —respondió su novia.

—¡Luci! —gritó Nikolai desde su cama— ¿Puedes traerme algo de


comer?
Inválido y adolorido, el día de la vasectomía fue horrible para el joven
lobo. Tenía hambre, tenía que esperar a que alguno de los nanatsus le
llevara algo, o que Félix se ofreciera, porque Maki estaba a su lado
haciéndole compañía, pero solo era una excusa para no hacer nada y ver
televisión todo el día. Con ella no podía contar y quería hacerle pagar, pero a
duras penas podía cambiar de posición.
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Lucifer apareció con una bandeja que contenía un plato con galletas
y un vaso de leche. El vaso de leche se lo robó la albina junto a dos galletas,
y Lucifer se encogió de hombros cuando Nikolai le entornó los ojos
buscando defensa.
—Ella manda —dijo el nanatsu antes de irse—. Ya te traigo uno a ti.
Yéndose él, Félix entró con su Nintendo Swich con una sonrisa que
sólo significaba que quería jugar.
—Papá, ¿jugamos Mario Kart?
—Cariño... ¿no ves que me duele todo?
—Pero no estás haciendo nada. Ibas a comer y luego verías en la TV
esa película aburrida que ve mamá.
—No es una película, Félix. Es un documental muy interesante sobre
el imperio Bizantino que no oigo porque no te callas —gruñó ella mordiendo
la galleta robada.
—Es aburrido igual —Se quejó el niño—. Por eso, vamos a jugar Mario
Kart, papá.
—Lo siento, campeón, no puedo hacerlo. Realmente me duele mucho.
—Le pasó la mano por el pelo, pero luego tuvo una idea—. Pero tu madre
puede jugar contigo.
Maki lo miró sin entender.
—¿No me ves ocupada?
—No, todavía me debes el favor de borrar todo el historial raro de tu
hermano de la laptop que le regaló a Félix hace tres meses —Alzó las cejas,
triunfador. La albina chasqueó la lengua y tomó uno de los pequeños
mandos que le ofreció su hijo. Recibió una paliza que Nikolai le recordó
varias cientas de veces esa noche. El problema fue cuando le tocó bañarse.
Juzzo lo cargó y dejó en el baño, y comenzó a desnudarlo. Primero la
camisa del pijama que llevaba puesto todo el día, y luego fue el problema
con el pantalón. Juzzo era muy brusco por su exceso de fuerza, y las bolas
las tenía increíblemente sensibles... pero Lucifer se estaba haciendo cargo
de Félix, Maki no haría nada, y Kirk lo mataría por accidente apretando
donde no era. Confiar en el nanatsu de ojos de plata era su única opción.
—Juzzo, tengo... un paquete de guisantes congelados en mi...
entrepierna —habló, sintiéndose muy avergonzado—. Por el dolor y la
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hinchazón...
—Entonces retiraré su pantalón con cuidado, señor Nikolai —Con
decisión, Juzzo le transmitió confianza. Sin embargo, quitarse el frío de la
zona le hizo sufrir y terminó llorando mientras el enorme nanatsu frotaba su
cuerpo con jabón y agua de champú mientras le lavaba cuerpo y cabello. El
agua caliente le relajó los músculos, pero extrañaba su hielo.
A la hora de vestirse fue otro dilema. No podía ponerse ropa interior,
pero acomodarse el pantalón limpio de pijama le producía pánico. Desde la
puerta del baño, Maki se comía un chocolate mirándolo todo y aguantando
la risa. Nikolai lloraba (no irónicamente) cuando la tela o las manos de
Juzzo pasaban cerca de la ingle inflamada, y la albina no podía evitar
atragantarse mientras se aguantaba las ganas de reírse a carcajadas.
Él la miraba lagrimeando y furioso a la vez.
—¡Deberías sentir empatía por mí! Hice esto porque querías —Se
quejó. Maki no dejó de reírse.
—Estarás bien pronto, no te molestes tanto.
—Duele... ¡Ah! —Juzzo colocó con cuidado otro paquete de guisantes
congelados que tenía a la mano gracias a su ama que se lo llevó— ¡Gracias
a Dios...! Ahora llévame a la cama, por favor.
Con consideración y respeto, el nanatsu dejó nuevamente a Nikolai
sobre la comodidad de su colchón, mientras que Maki se entró a dar un
baño que duró una hora entera. Cuando volvió, limpia y secándose el pelo de
la cola con una toalla, la recibió una cara enojada.
—¿Qué?
—Ni siquiera me has dado un beso desde que estoy así —Se quejó el
castaño—. Malagradecida.
—¿En serio por eso estás enojado conmigo?
—Sí.
Ella bajó su cuerpo y le dio par de besos en la mejilla y luego en la
boca, suaves, cariñosos y observados con asco por Félix desde el marco de
la puerta.
—Ya veo por qué insisten tanto en que toque antes de entrar —
Interrumpió el pequeño, haciendo que Maki lo mirara con seriedad y Nikolai
se acomodara sobre la cama—. Quería dormir con ustedes hoy.

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—Siempre duermes con Juzzo —señaló la albina.
—Hoy dice que dormirá en el sofá porque tiene que vigilar que se
congelen unos paquetes de guisantes... y me dijo que no me los coma. No
sé bien por qué, pero no importa —Se encogió de hombros—. Ya saben,
ahora vengo.
«Me persigue la desgracia...», pensó Nikolai. Maki solía moverse en la
cama mientras dormía, dándole golpes accidentales como ese mismo
mediodía donde sintió un dolor inimaginable, y ahora se sumaba el otro
remolino insensible que se movía quince veces más que su madre. Se
preguntó qué pecados pagaba.
Cuando despertó por la mañana notó dos cosas: la ausencia de Maki
(A LAS DIEZ Y CUARTO DE LA MAÑANA) y una pata peluda y gris en su cara.
Porque sí, como híbrido que era, Félix podía transformarse en un lobo a
cuatro patas como su madre, la única diferencia es que ella lo hacía tantas
veces quisiera y Félix solo lograba hacerlo una vez al día porque su cuerpo
no comía carne de persona que le aportara los nutrientes específicos para
lograr transformaciones frecuentes. A diferencia de su madre, Félix olía a
perro. Y, para su edad, la forma de lobo era de su mismo tamaño que siendo
humanoide, así que pequeño no era en esa condición.
Condenado a aguantar así una semana entera, cerró los ojos,
apartándose de la cara la pata de su hijo.

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35

Frente a ellos, el gran parque se extendía. Enrejado y aislado, aquel


lugar se veía increíblemente grande para Félix, quien, agarrado a la mano de
su madre, movía locamente la cola. Maki saludó alegre al guardia que
custodiaba la gran puerta de metal, abierta, que llevaba al entorno natural en
medio de la gran ciudad de Los Ángeles. El pequeño estaba muy
entusiasmado.
—Hey, George —Maki le estrechó la mano—, ya te pagué esta mañana.
—Siempre eres generosa en las propinas. ¿Este es tu pequeño
campeón que va a conocer nuestras maravillas por primera vez? —Miró a
Félix con una gran sonrisa.
—Sí. Ya le expliqué las reglas.
—¡Solo puedo tener mi forma de animal! ¡Sí vuelvo a la forma regular
van a tener que sacarme! ¡Nada de violencia contra otros lunars y nanatsus
y que no dañe gravemente a los árboles y el agua limpia! —Alegre, Félix dijo
cada palabra con aires de orgullo. Maki le acarició la cabeza en respuesta.
—Tiene razón, ¿no?
—Claro. Adelante.
Maki le pasó por el lado y lo miró de reojo, el guardia asintió,
confirmándole una información que solo ellos sabían, y que se ocultaba
cerca de ellos, escondido en la maleza mientras observaba con ojo crítico a
Félix, quien, ya en su forma peluda, y delante de su madre, caminaba y
saltaba sintiendo la tierra húmeda bajo las almohadillas de las patas.
La albina se recostó en el suelo, mirándolo corretear y divertirse.
Sonrió mientras pensaba en las palabras de Nikolai.
“Pero él no es un lunar completo, seguro no lo sentirá igual que tú...”
«Chúpate esa, cabrón»
En las sombras, como un espectro, los ojos blancos de Juzzo
vigilaban que ningún lunar o nanatsu indiscreto se acercara demasiado a su
joven amo, quien, inocentemente, jugueteaba y le movía la cola alegremente
a la gran loba que iba a su lado. Ella le lanzaba miradas fugaces tanto a él
como a Félix, sonriéndole a ambos con dulzura.
El cachorro corría, saltaba, chillaba y ladraba con entusiasmo,
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dejando que un instinto desconocido se apoderase de su cuerpo y mente
por un buen rato. Maki había hecho reservación para una hora completa que
sonaría en una alarma en algún sitio, tiempo más que suficiente para
divertirse viendo a Félix revolcarse en la hierba.
Un sonido lo hizo levantarse de un salto: un conejo ulgram a la
distancia comía algo parecido a una baya.
—¡Mamá, un conejo! —Alzó mucho las orejas, mirándolo y luego a
Maki— ¡Es un conejo!
—Sí...
—¡Quiero cazarlo! ¡Porque soy un cazador! —Sonrió orgulloso. Maki
entonces se agachó, lo más cerca del suelo que pudo, bajando sus orejas y
tratando de no hacer ruido. Félix la imitó, alzando sus cuartos traseros, que
Maki bajó con una pata.
—Sh... no hagas ruido. Acércate muy lentamente —Se iban acercando
poco a poco a su objetivo que no los notaba por un árbol enorme que se
interponía—. Huele, escucha, tienes sentidos agudos, úsalos y trata de verlo
sin tener que usar los ojos.
«Ver sin usar los ojos...»
—Y cuando estés lo suficientemente cerca... ¡corre!
Félix salió disparado hacia el conejo, pero fue atrapado a plena
carrera por otro cachorro, un león un poco más grande que cayó encima de
Félix, cuya primera reacción fue gruñirle. El felino correspondió. Un león más
grande, adulto y de espesa melena Intervino casi de inmediato, aunque
retrocedió por instinto cuando el nanatsu de ojos blancos, en una forma
animal y enorme apareció de entre las sombras como un guardaespaldas.
Maki cedió a favor del felino, interponiéndose entre Juzzo y él.
El gruñido del nanatsu era grave, y el pelaje espeso del cuello estaba
muy encrespado. Sin embargo, su ama lo calmó.
—Juzzo, tranquilo, fue un accidente —Bajó las orejas de inmediato y
se mostró sumiso. El león lo miró asombrado—. Estamos bien.
—Lo siento —Se apartó el cachorro de felino de encima del pequeño
lobo blanco—. Me llamo Mike, nunca te había visto por acá.
—Es la primera vez que lo traigo —dijo Maki—. Pueden ir a jugar, y a
ver si encuentran a aquel conejito y lo cazan juntos.

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—¡Sí! —Salieron corriendo. Maki le ordenó a Juzzo cuidar de ellos, y el
nanatsu sonrió y corrió tras ellos. Sin moverse, el león sonrió observando a
los niños jugar, y miró de reojo a la albina, que hacía lo mismo.
—Te conozco —Señaló el gran felino, llamando la atención de ella—.
Te vi en el Mercado varias veces, junto a Tesla y su hijo.
—Supongo que no puedo negarte eso. Voy de vez en cuando.
—¿Eres su hija? —Maki asintió— Pensé que serías más feroz.
—No es que tenga que serlo ahora —Rio—. Solo quise pasar un día
con Félix a mi manera. Es un buen niño, y no tiene por qué saber nada de lo
que pasa en ese lugar. De ser posible, mejor que nunca vaya allí.
—Los híbridos corren mucho riesgo, es cierto —Concedió el hombre—
. Pero al ser nieto de Tesla, ¿no es seguro?
—¿Un niño de nueve años que no es lunar tiene que saber lo que pasa
en el Mercado? —El león le dio la razón con un asentimiento de cabeza.
—Tienes razón. Perdón mi ignorancia. Nadie sabe mucho de los
híbridos. Pensaba que comían carne como nosotros.
—El doctor dijo que puede darse que sí, y puede darse que no. Yo tuve
la suerte de que no pasó.
—Comprendo. Estás haciendo un gran trabajo como madre, sigue así.
—Nos quedan cinco minutos —Félix se veía desanimado mientras
caminaba con Juzzo y Maki hacia la salida—. ¿Hay algo super especial que
aún quieras enseñarme antes de irnos? Hoy cacé un conejo, aunque se
escapó... conocí a un león y vi peces en un lago. También corrí mucho. Me
duele todo.
—Mmm... bueno, sí. Hay algo que podemos hacer por cinco minutos.
Maki se sentó, y tanto el nanatsu como el niño la imitaron. La albina
miró el cielo despejado y respiró hondo.
—Los lobos aúllan por muchas cosas —explicó a Félix—: para
comunicarse con el resto de la manada, para celebrar algo o como una
especie de ritual.
—¿Ritual?
—Sí. Puede ser para celebrar la caída de una presa, o para llorar la
muerte de un ser querido. Todos los lobos, lunars, híbridos, comunes,
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bestias y nanatsus deben saber aullar. Porque todos somos de la misma
especie, al fin y al cabo.
—Oh... ¡ser lobo es genial!
—Puedo enseñarte a aullar —«Aunque me recordaría a esa oscura
etapa donde no se callaba cuando era un bebé de cinco meses» —¡Sí, mamá!
¡Por favor!

Ella carraspeó. Estuvo unos segundos en silencio, recordando


cuando fue la última vez que se atrevió a hacerlo. Sí, fue cuando era muy
pequeña, en el patio de la casa de los Taylor, llorando y aullando a la vez,
presa de un miedo arraigado y fuerte, como una raíz, que la arrastraba a
sentirse como un lobo acorralado. Cerró los ojos y dejó que el sonido
ancestral de su especie recorriera desde el corazón hasta la garganta y
saliera a mezclarse con la brisa suave.
Félix se le quedó mirando, y luego miró a Juzzo, quien la imitó de
inmediato, guiado por un sentimiento de seguimiento de su raza y especie.
Félix se sintió eufórico, queriendo ser parte de aquel ritual ancestral en el
que tenía la dicha de ser partícipe.
Un sonido agudo salió de su joven garganta y acompañó lo mejor que
podía a los dos adultos que iniciaron el cántico canino que logró que
muchos, cerca y lejos, alzaran las orejas, reconociendo que el canto de los
lobos era una bella música natural que no siempre se oía en un entorno tan
lejos de los orígenes como lo era la vida de la ciudad.
Juzzo recordó a Nara con su aullido, y Maki con ello rememoró el
dolor de la pérdida que marcó su infancia. Pero Félix, lo más importante,
recordaría este primer aullido como parte de su familia, parte de su especie,
parte de la mitad de su sangre. Y eso era todo lo que Maki necesitaba saber:
que su hijo, el ser más importante de su vida ahora, creaba los recuerdos
familiares que ella no pudo tener.
Sonrió cuando terminó de aullar y, juntos, fueron a la salida, oyendo a
Félix repetir lo genial que le pareció.

—¡Y luego mamá me enseñó a aullar como un lobo de verdad! ¡Y era


genial! ¡Yo hacía “awoo-“ y “awuu-“ como si fuera un lunar de verdad! Y luego
Jucchan me compró esto —Le mostró su peluche de Ralsei de Deltarune.
Lucifer lo tomó y lo examinó con mucho detenimiento.

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—¡Pero huele a caramelo también!
—Es que mamá me compró una paleta, y le di a Ralsei —Se sacó uno
del bolsillo de su pantalón— Traje uno para ti y para Kirk... aunque se me
cayó el de Kirk cuando iba de camino al auto... lo siento, Kirk.
Nikolai estaba junto a su novia en el balcón, sonriendo mirando cómo
su hijo les contaba a los nanatsus de su gran día en el lugar natural. Él le
pasó una mano por la cintura a la albina, y le dio un beso en la frente.
—Por lo que veo, la pasaron bien.
—Se divirtió, que es lo importante. Quería que estuviera cansado para
mañana. Quiero pasar el Día de San Valentín tranquila contigo, con sexo, esa
cena misteriosa que dices tenerme lista y más sexo.
Nikolai se sentó en el suelo, y dejó que Maki se recostara sobre su
hombro. Miraban la ciudad nocturna como tanto les gustaba hacer.
—¿Cuándo vas a dignarte a decirme que me amas? —Nikolai soltó, de
la nada. Maki gruñó de fastidio.
—Ya te dije que cuando estuviera lista para decirlo. Planeo que sea en
una situación especial.
—¿Y qué mejor día que San Valentín...? —Hizo un puchero tierno,
haciéndose el dolido.
—Cuando nos casemos —Él la miró, viendo que hablaba en serio—. Lo
prometo, Niko.
—¿De verdad de veritas...?
Ella le apartó la cara, que se pegaba mucho a la propia. Él rio
sonoramente.
—Mi novia no me ama... ¡pero qué horror!
—Te quiero. Confórmate con eso. Te diré lo que quieres de una forma
tan, pero tan especial, que no serás capaz de olvidarlo nunca.
—Piensas mucho las cosas, ¿no? Es solo una frase. Dos palabras.
—“Te quiero” también son dos palabras. ¿Por qué no te gusta?
—No lo entenderías.
La abrazó y empezó a darle mordidas en el cuello, provocándole
cosquillas.

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36

Era un día nublado. Probablemente llovería y las temperaturas habían


bajado un poco. Diciembre era un mes hermoso, y, mientras las primeras
gotas del día caían, Hayato entraba por su cuenta en la casa de su
hermanastra. Abrió la puerta con su llave, que rara vez usaba, y, por el olor,
localizó que Félix seguía sin bajar al primer piso a nada. Sin embargo,
cuando se disponía a subir, unos ruidos curiosos que venían de una de las
habitaciones para huéspedes le hicieron parar y alzar las orejas.
Afinó el oído, prestando atención, y aprovechando el silencio. Ahora
que escuchaba bien, se sonrojó mucho, siendo que resultaban ser gemidos
de Maki, dulces y amortiguados por las paredes de la casa silenciosa.
Estaba rojo no de vergüenza o rabia, sino que, debajo de su pantalón, había
despertado cierta cosa que tenía ganas de tocar. Sonrió, con las mejillas
encendidas, mientras se sentaba en el sofá central del living principal y
cerraba los ojos, con una sonrisa maliciosa.

Maki se dio una corta ducha y se puso como ropa la camisa de


Nikolai y su bóxer para ir a picar algo para desayunar. Casi le dio un infarto
cuando notó a Hayato viendo la televisión, impasible, sobre su sofá.
—¿¡Qué haces tú aquí!? —chilló, apretando los dientes— ¿¡Y cómo
entraste?
—Vine a buscar a Félix —Le sonrió—, y escuché que estaban
ocupados ahí atrás. ¿Se metieron aquí para que Félix no los oyera como yo
lo hice? Qué considerados.
—Félix está arriba... iré a despertarlo entonces —Avergonzada, Maki
subió las escaleras. Cuando desapareció de la vista del rubio, él volteó a ver
a Nikolai, quien lo había oído y se tallaba los ojos, vestido solamente con su
ropa interior. Se le veía la cicatriz del hombro y Hayato movió un poco la
cola.
—Follártela todos los días debe ser encantador —dijo, sonriendo de
lado, lamiendo el piercing de su labio inferior—. ¿O no valores a la mujer que
tienes?
—Bueno... es muy hermosa. Y como a cualquier hombre, claro que
me gusta hacerle el amor.

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—¿“Hacerle el amor”? ¿Qué edad tienes? ¿Doce?
—Yo le digo como yo quiero, ¿no? Tú dices follar y nadie te dice nada
—Abrió la pequeña nevera del primer piso, buscando comida. Cuando se
volteó con su trozo de pizza fría, bajó las orejas viendo el metro noventa del
hermanastro de su novia frente a él.
Con el tiempo, había olvidado que se trataba del mismo matón que le
provocó tener esa cicatriz tan fea en el hombro. Ardió un poco en respuesta,
sintiendo miedo como todo común por un lunar, viendo un brillo depredador
en los ojos de su cuñado. Se le metió la cola entre las piernas de forma
natural y guiado por el instinto, se atrevió a sacarle los dientes un poco.
—¿Amenazándome, común?
Maki los vio, y Félix también. La cara de Hayato cambió radicalmente
a una sonrisa luminosa y saludó a su sobrino chocando los cinco.
—¿Listo para irnos?
—¡Sí! ¡Nos vemos mamá, adiós papá!
Corriendo, salió directo al garaje, y, antes de que el rubio pudiera ir
detrás de él, Maki le habló, con aire autoritario.
—No te atrevas a amenazar a Nikolai de nuevo, Hayato. No voy a
tolerar eso.
—Lo siento, Dios aún no me da fuerzas para soportar la envidia de
saber lo que estaba haciendo —Cínico, se fue. Nikolai sintió escalofríos
cuando el rubio estuvo fuera de su vista. Maki negó con la cabeza.
—¿Por qué habla como si quisiera genuinamente acostarse contigo?
Son hermanos, por el amor de Dios.
—Bueno... sí lo hizo una vez —Nikolai la miró con los ojos como
platos—. En mi defensa, no nos conocíamos, tampoco teníamos idea de que
compartíamos padre. Al otro día fue que Tesla me lo dijo.
—Él parece no superarlo.
—Es que no lo hizo. Lo ha intentado mucho, pero siempre le he dicho
que no. No pienso acostarme con mi hermanastro.
—Otra vez —Corrigió su novio. Ella hizo una mueca.
—Otra vez...

295
Hayato, por muy mala persona que fuera, era bueno con los niños. El
Mercado no era algo que Félix tuviera que conocer tan pronto, así que los
vidrios del auto eran tintados y no se veía bien el exterior. También había
una valla de seguridad que le impedía ver hacia el frente. Félix no se quejó
porque Maki le había dicho que era en caso de que los malos atacaran, que
no pudieran verlo, de igual forma que él no podía ver el exterior.
Obviamente se trataba de una mentira, pero como niño de diez años
que era, el de pelo gris ni se lo pensó antes de creerlo. Su tío, mientras tanto,
conducía tranquilamente.
—¿Naomi jugará conmigo?
—¿Por qué no iría a hacerlo? No se ven hace una semana.
—Es que hace unos días, mientras jugábamos Pinturillo la hice enojar
porque dibujé un murciélago, y ella les tiene miedo.
—Jugaremos los tres juntos, ¿no es mejor? Tú puedes escoger qué
quieres jugar.
—¡Oh! ¡Entonces podemos jugar Minecraft! ¡O Mario Kart!
—Te encanta Mario Kart.
—Es muy divertido —Sacó su Nintendo Swich de la mochila—, ¡y
cargué mi consola!
—¿Completa? Vamos a pasar rato jugando, eh...
Aparcó, e ingresaron al burdel vacío. Mientras Hayato cerraba la
puerta del garaje de espaldas al salón principal, Félix se detuvo y se le quedó
mirando al hombre de pie. Tenía pelo blanco y ojos azules como los de su
madre, y a su lado había un nanatsu lobo dorado y con ojos iguales a los de
Ah y Un. No había más nadie en todo el lugar.
—Te busca un señor —Llamó a Hayato, quien, extrañado, salió
enseguida, y dejó caer la llave mientras se quedaba quieto como una
estatua. Gruñó audiblemente, mutando la mitad de su cara en una versión
peluda y más alargada.
—¿Qué mierda haces tú aquí?
—He venido a hacerle una visita a mi hijo, ¿no puedo? —habló el
extraño, lentamente, sin moverse. El nanatsu olfateaba sin disimulo a Félix,
mientras se dibujaba una sonrisa enferma en su cara.
—No tienes permitido venir aquí. Mucho menos intentar hacerme
296
daño, a mí y a cualquiera que tiene que ver conmigo y Maki.
—Tesla puso esas reglas, y Tesla no está aquí —explicó—. Y tampoco
voy a hacer daño a nadie. Puedes estar tranquilo.
—¿Entonces a qué vienes?
—Solo quería verte, eso es todo —Si bien al inicio miraba al rubio a los
ojos, ahora, los orbes azules, casi sin vida, estaban intimidando a los
distintos colores de los ojos de Félix, quien se ocultaba parcialmente con la
cola de su tío. Un aura siniestra emanaba del desconocido, que le daba
miedo al más joven, que no despegaba su vista de los orbes brillantes y
terroríficos de Keyal.
—No vas a ponerle un dedo encima a mi familia.
—No te haré nada, lo prometo —Sonrió, y Hayato sintió tras de sí un
pecho masculino muy grande. Volteó en un movimiento rápido y se dio
cuenta de la presencia de un hombre perro, gigantesco, con una cicatriz
cerca del ojo derecho que se le hacía conocida.
El tipo le pasó de largo y se reunió al lado del albino, quien, ahora que
Hayato se fijaba un poco mejor, estaba más pálido, más delgado que como
solía recordar. Se veía más frágil que antes, pero Tesla no había logrado
matarlo en mucho tiempo, así que se replanteó la idea de intentar
enfrentarlo. En primer lugar, Félix era vulnerable, en segundo, Keyal y ese
gran tipo con cara de pocos amigos, parecían peligrosos.
—Ya vi lo que quería —dijo el hombre—. ¿Me dejas irme?
«¿Gano algo de tiempo o...?»
Sin darle tiempo a pensar, su padre se fue, abriendo y cerrando la
puerta principal, con la cerradura rota de un golpe muy fuerte. Hayato bajó
las orejas, sintiendo miedo, y corrió a agarrar su celular. Al primero que
marcó fue a Ah.
Cuando contestó, pidió a gritos que le pusiera a Tesla.
—¡Mi padre estuvo aquí! ¡Delante de mí, hace nada! Andaba con ese
nanatsu de ojos dorados que atacó a Maki en el ojo y un enorme hombre
perro con una cicatriz extraña en los ojos. No está muerto, Tesla, nunca lo
estuvo.
Colgó, nervioso, y miró a Félix con preocupación. Si ya lo habían visto,
él era el eslabón débil.

297
Por otro lado, Tesla vio la pantalla apagada del teléfono de su
nanatsu con seriedad. Luego alzó su mirada, vacía y serena, al mar de tripas
colgadas al techo, junto a un reguero de plumas ensangrentadas esparcidas
por el suelo y las paredes. Frente a él, de pie, con un brazo y un ala cortados,
y una herida fatal en el pecho, el ángel de carne lo miraba, aterrado e inmóvil.
Tesla se le acercó, sin su máscara, y con unas manos manchadas de sangre,
le tomó de las mejillas con una delicadeza sádica.
—Tus amigos están muertos. Tú viniste, me provocaste, me
intentaste enfrentar en contra de tus órdenes y ahora perdiste —Le dijo el
lobo, arrastrando cada palabra—. Ahora me llamaron diciéndome que Raphel
no ha muerto. Que fue y vio a mi nieto, ¿qué dice eso de ustedes, ángeles
incompetentes?
El ángel, un perro sin raza, no era capaz de hablar, del miedo que le
mantenía paralizado el cuerpo. Respirar era demasiado complicado con las
enormes dosis de dolor. Un cuerpo colgado cayó a su espalda, haciendo un
ruido horripilante. Tesla no despegó los ojos de los del que osó atacarlo.
—Cuando abandones este cuerpo, piensas que serás libre. Que
buscarás otro y volverás a tu labor, sin que yo te note —Le dijo—. Pero yo
seguiré viéndote. Tengas cuerpo o no, ángel. Puedo verte, puedo buscarte y
puedo matarte tantas veces quiera —Le apretó la cara con tanta fuerza que
lo hizo sangrar y llorar—. Así que, si vuelvo a verte intentando hacerme algo,
tu cuerpo temporal no será el único que sufra.
Y, de un apretón, le arrancó el rostro sin meditarlo, llenándose aún
más la mano de sangre, y parte de la cara. Ah y Un, muy quietos, se
mantuvieron a distancia, sonriéndole de forma incómoda a su terrorífico jefe
que acababa de matar a tres ángeles de carne a sangre fría. Sin embargo,
cuando lo vieron acercarse, su mirada dura y cargada de resentimiento
seguía ahí. Un le extendió la máscara antigás, limpia y ausente de sangre,
que se puso mientras gruñía. Frunció el ceño notoriamente.
«Ese bastardo me siguió los pasos... y se dio cuenta cuando salí. La
seguridad del Mercado mermó, al parecer»
Lo más rápido posible, entraron al auto, y condujeron a toda
velocidad hasta el Flowers, donde, autoritario, entró haciendo ruido. Vio a
Hayato, Naomi y Félix jugando en la gran televisión de la sala al Mario Kart.
Un suspiro de alivio salió discretamente de su garganta cansada.
—Tesla, tú... —Sonrió el rubio, en un principio. Luego de ver su
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aspecto retrocedió un poco— Tú deberías darte un baño antes de hablar.
Asustarás a los niños con toda esa sangre.
—¿Cómo entró Raphel? —Pasándose las palabras de Hayato por las
patas, Tesla hizo su pregunta.
—Ah... rompió la cerradura principal...
—¿Cómo?
—Venía con un hombre perro enorme, supongo que la forzó —Ah
gruñó, llamando la atención de ambos lobos. Mostró un enorme golpe y una
abolladura en la cerradura de metal. Tesla lo tomó y arrugó el entrecejo.
«Esto es...»
Félix llegó a su encuentro, mirándolo con miedo. Olía la sangre desde
hacía un rato, y estaba preocupado por su abuelo adoptivo.
—Tesla, ¿qué te pasó?
—¿Tú estás bien? —preguntó el albino directamente— ¿Ese hombre te
miró extraño?
—Bueno... ese señor solo me miraba serio. El lobo que estaba con él
sí que daba miedo...
—¿Era dorado con ojos iguales? —Félix asintió— Ese maldito infeliz...
—Miró a Hayato— Llama a Maki, que venga. No está segura ahí fuera.
—¿Cuánto tiempo se quedará aquí?
—El que haga falta hasta que mate a Raphel.
Y simplemente se fue dirección al sótano. Ah y Un lo siguieron, y
Hayato estuvo mirando a la nada por un minuto completo. El niño veía
contradicción entre su mirada perdida y la cola dorada moviéndose alocada.
Era como si estuviera en shock, pero también feliz. El rubio, entonces, sacó
su celular y estuvo una media hora hablando con su hermanastra, con una
sonrisa que, para los ojos de Félix, era horripilante.

299
37

Se habían mudado al peor lugar posible. Nikolai estaba incluso


temblando frente al Flowers, y Maki estaba deprimida. Fueron casi once
años de paz, y entonces él volvía a aparecer. Y ahora, como si fuera poco, se
había fijado en Félix. Mientras Juzzo, con ayuda de Kirk, entraba las cosas,
su ama parecía perdida en sus pensamientos.
—De todos los sitios donde podría haber vivido en el mundo, nunca
esperé un burdel —dijo el castaño, mientras entraba—. Aunque es más
bonito, no como el ambiente del lugar...
—Es bonito porque ahora está vacío. No quieres estar aquí cuando
abra —Maki entró, molesta, y dejó que Un la guiara hasta el tercer piso,
donde había un hermoso pent-house que nadie usaba.
Reluciente, se dejó tirar en la gran cama de la habitación más grande,
y estuvo mirando al techo todo el rato, hasta que su novio entró. Maki se
veía estresada y molesta a partes iguales.
—Yo... La vista es linda. ¿Segura que tu hermano te dijo que es
nuestra?
—Sí, Tesla duerme en su propio nido de almohadas en el sótano y
Hayato duerme con sus putas en cualquier habitación de abajo. Félix estará
en la habitación al lado del baño principal, y Juzzo dormirá con él como
siempre.
—¿Qué hay de Lucifer y Kirk?
—Estarán bien compartiendo la otra habitación. Al lado de esta.
—Nos pueden oír teniendo sexo.
—Como buenos vecinos, pueden aprender a amar el sonido —Se rio
ella, sentándose correctamente—. Me gustaría inaugurar la cama, pero iré
con Félix.
—Yo me quedaré organizando aquí, entonces.
Maki asintió y salió. Miró la puerta entreabierta del nuevo cuarto de
su hijo, y entró. Juzzo aún no llegaba, y vio a Félix haciendo algo con su PC.
Alzó la vista, algo triste, y le sonrió a su madre.
—Hola, mamá.
—¿Cómo estás? ¿Te sientes bien aquí? Es un cuarto grande...
300
—¿Por qué vinimos aquí? La vista es horrible, ¿pasó algo en casa?
¿Van a remodelarla?
—Félix, surgió un problema —Se sentó a su lado—. Un problema muy
grave que Tesla tratará de resolver lo antes posible. Mientras tanto...
deberás quedarte.
—¿Y qué hay de la escuela? ¿No volveré a ver a Sully, o a Trebor? ¿Y
ahora cómo le voy a escribir mi carta de San Valentín a Julia...?
La albina bajó las orejas y le pasó una mano cariñosa por el pelo gris.
No tenía una respuesta real sobre cuándo volverían a casa. Dependía de que
Tesla cazara a Raphel, pero, si se había sabido esconder muy bien durante
diez, casi once años, dudaba que hubiera pronta resolución a su dilema.
Mientras tanto, hizo algo que normalmente no hacía, apartó la PC del regazo
del menor, y lo abrazó contra su pecho. Félix aprovechó y correspondió.
Maki sólo se dejaba abrazar por Nikolai o los nanatsus en una situación
especial.
Ni siquiera Valentine lo hacía, y eso que disfrutaba sacarla de quicio.
—¿Quieres que duerma contigo hoy? —La pregunta lo hizo mover
mucho la cola, y asintió sin pensarlo— ¿Papá puede dormir también?
—...claro, por qué no.
Esa noche Juzzo se quedó en el cuarto de Maki y Nikolai, mientras
que ellos dos estuvieron con su hijo, haciéndole la compañía que necesitaba.
Abrazado a una versión peluda de Maki, fue el primero en dormirse,
mientras sus padres se miraban, preocupados. Nikolai, por mucho que le
dijeran que estaba seguro siempre y cuando llevara su placa de plata,
siempre se sentía expuesto. Después de todo, estaba en el corazón del
Mercado, desde el gran ventanal de la habitación donde estaban se veía a lo
lejos la normalidad de la ciudad, pero, cubriendo gran parte del trayecto
cercano, los edificios y las luces cálidas, que hacían resaltar la sangre
pegada a las paredes, estaban ahí, presentes para recordarle dónde estaba
en todo momento.
—Tesla cazará a mi padre —dijo Maki, en un susurro quedo para no
despertar al de cabello gris—. Me lo prometió, y él no suele romper sus
promesas.
—Aclamemos a Tesla el honesto para presidente —Se rio, y Maki
correspondió. Se recostó, enroscada alrededor de su hijo, y trató de conciliar
el sueño.

301
Al otro día, a primera hora de la mañana, Naomi se apareció con un
juego de damas y se pasó el día hablando con Félix y jugando con él. Maki,
aliviada, se bebió una lata de cerveza bajo la mirada atenta de Nikolai, quien
se la quitó de inmediato cuando vio que iba por la mitad.
—Al menos Naomi juega con él —Hayato sonrió—. Es bueno que se
entretengan aquí.
—A todo esto, ¿dónde duerme ella? Tú duermes con putas, así que...
—Oh, ella suele dormir con Tesla porque le gusta lo mullido que es.
—¿Y él la deja? —preguntó Nikolai, sorprendido.
—Le gustan los niños, aunque parezca que no. Tesla también es
adorable cuando quiere.
Y así empezaron a pasar los días, las noches, las semanas...
Todo era tan monótono que se volvió predecible. Los días Félix tenía
que pasarlos, en la mañana, libre por todo el lugar. Conocía lentamente a las
chicas que trabajaban ahí sirviéndoles bebidas a los clientes y las
consideraba sus amigas, aunque, muy de vez en cuando, Hayato lo
interrumpía y le decía que volviera en otro momento.
Después de las once de la mañana, lo mantenían recluido en el tercer
piso, sin posibilidad de bajar a nada. Naomi estaba ahí con él, aunque, tras
par de días, era aburrido. Nikolai y los nanatsus solían quedarse ahí, igual de
aburridos, pero Maki si elegía bajar y estar hablando con Tesla de pistas
acerca de la búsqueda de su padre.

—¿Por qué no podemos bajar hasta mañana? —Se quejó Félix por
enésima vez.
—Ya te dije que está prohibido para los niños —Le contestó su padre,
enfrascado en Call of Duty sobre la cama.
—¿Por qué?
—No es algo que tengas que saber. Solo quédate aquí.
—Si teníamos que mudarnos obligatoriamente, ¿por qué no fuimos a
la casa de Malibú?
—Porque allá el abuelo Tesla no puede protegernos de los malos que
nos buscan. Aquí estamos seguros, es mejor para todos.

302
—Pero ni siquiera puedo ir a clases. Estar dando historia aburrida es
más entretenido que pasar tiempo aquí —Estaba molesto, y Nikolai se
estaba empezando a irritar. Él estaba igual de frustrado, pero no podía hacer
nada.
—Félix, ya fue suficiente —gruñó.
—¡Pero papá! ¡Esto es aburrido! —Nikolai perdió la paciencia y le gritó.
—¡Lo sé, Félix! ¡Pero tenemos que quedarnos aquí, ¿entiendes?! ¡Es
por tu bien, el de tu madre y el mío! ¡Estamos vivos, es todo lo que importa!
¡Ahora, agarra tu consola y pásate Omori otra vez, pero déjame en paz!
Nunca le había gritado, y vio como las orejitas le bajaron hasta
quedar a ras de la cabellera gris. Tomó su consola y se fue lentamente a su
habitación, donde se pasó jugando en silencio hasta las tres de la tarde,
cuando se quedó sin batería, y, para su suerte (ya sea buena o mala) Maki
subió. Lo vio recluido y con unos ojos muy cristalizados y decidió entrar a
ver qué le pasaba.
—¿Por qué parece que quieres llorar?
—Papá me gritó —Sollozó, secándose las lágrimas que le empezaban
a caer de sus ojos bicolor—. Estaba muy molesto. Lo hice enojar...
—¿Por qué? ¿Te comiste su desayuno otra vez...?
Le dije que estar aquí es aburrido. De día no puedo salir de aquí arriba,
ni de noche. Solo un rato por las mañanas. Se siente como estar preso...
¿por qué estamos aquí?
—Unos malos quieren hacernos daño. No podemos dejar que te pase
nada, Félix —Le pasó la mano por el pelo—. Debemos mantenernos a salvo.
Sé que te aburres siempre aquí, pero, ¿no te gusta jugar con tu prima?
—Naomi es divertida, pero no entiendo como nunca se aburre aquí
dentro.
—Mm... iré a hablar con papá, ¿sí? Mañana comeremos panqueques
juntos y trataré de quedarme aquí para ustedes dos. ¿Está bien? —El
pequeño asintió— Lamento que tengas que quedarte aquí todo el día, pero el
abuelo Tesla y yo hacemos todo lo posible por resolver este lío lo más
pronto posible.
Juzzo entró entonces, y trataba de animarlo en su forma peluda,
lamiéndole la cara y hundiéndolo en su espeso pelaje gris y rubio. Mientras,
Maki fue directo a la ducha. Salió poco tiempo después, vestida

303
parcialmente con la toalla, y dejó que Nikolai le vacilara toda la piel que
quedaba expuesta. Quitó el juego de inmediato y sonrió de lado.
—Oh, vaya, vaya... alguien tiene ideas. ¿Hoy sí quieres tener sexo? —
Le preguntó, relamiéndose los labios. Maki le puso un dedo en los suyos, y
le guiñó un ojo.
—Primero vamos a hablar.
—¿Sobre qué? —Bajó las orejas. La vio desenredarse el pelo dándole
la espalda desnuda. —Le gritaste a Félix hoy.

—Perdón... pero me sacó de quicio. Sé que está aburrido, pero no es


para que me venga a molestar. No es que Juzzo o Lucifer sean invisibles.
—Eres su padre, normal que confíe en ti.
—¿Desde cuándo tú das charlas de paternidad responsable?
Al fin siento empatía por mi hijo, ¿y me criticas? —Alzó una ceja,
dejando caer la toalla y gateando encima de él sobre la cama,
completamente desnuda.
—No es una crítica, amor. Solo... me sacó de quicio. Los niños son
difíciles, y estoy estresado.
—¿Por qué crees que vine desnuda hasta aquí? —Le besó el cuello,
mientras le acariciaba el relieve del pantalón. Él jadeó un poco.
—No sé, en serio...
—Quiero quitarte el estrés, y el mío también. Extrañaba el sexo —Lo
besó en los labios por un corto momento—. Ahora, dejemos de pensar en
Félix, o la situación de mierda en la que estamos. Solo somos tú, yo, el pent-
house y la cama donde vas a gritar mi jodido nombre las veces que yo
quiera.
Lo tumbó, quedando sentada sobre sus caderas. Él le agarró las
nalgas con deseo mientras rozó su miembro, aún cubierto por la ropa, por la
intimidad femenina. Maki se tumbó sobre él y lo besó, más profundamente,
sin dejar hueco para la razón. Necesitaban relajarse, y ya que no podían ir a
ningún lado, al menos se divertirían un poco en la cama.

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38

Eran las dos de la mañana. Los ruidos molestos de sus padres


seguían llegándole a los oídos de lejos. Félix no se podía dormir tranquilo.
Se levantó, en su forma de lobo, y miró fijamente a Juzzo, profundamente
dormido. Luego salió de su mullido nanatsu, y se escabulló por la puerta
abierta. Había mucho ruido abajo una vez pisó las escaleras. Empezó a
bajar, tranquilamente, hasta llegar al segundo piso, donde vio a dos hombres
perro, un labrador y un caniche, borrachos, saliendo a medio vestir de una de
las habitaciones. Se asomó y vio a dos de las mujeres, desnudas y cubiertas
con sábanas, recostadas sobre la cama, hablando algo que no lograba oír ni
ladeando la cabeza.
Pasó de largo aquello, buscando a Hayato. Había mucha más gente
en el lobby, obviando los ruidos similares a los de sus padres en las
distintas habitaciones cerradas del segundo piso. Se quedó estático en la
base de las escaleras. Si bajaba al sótano encontraría a Tesla, quizás
dormido, y a Ah y Un, según entendía.
Había muchos hombres y mujeres haciendo cosas extrañas en el
lobby. En la gran televisión había un video de una mujer desnuda posando
de formas raras y enseñando cosas que Félix nunca había visto y se oía
música que venía de algún altavoz. Nadie reparó en él, todos (y todas)
estaban hablando con las chicas que trabajaban ahí. Sorprendido, encontró
que la puerta estaba abierta de par en par. Nunca había visto el Mercado, y
movió la cola, muy contento. Salió y se dio un encontronazo con un enorme
jaguar, vestido de esmoquin negro que lo miró con asco y le dio una patada
fuera del local.
—Niño estúpido, ¿qué no sabes qué lugar es este?
Una vez fuera, Félix admiró el sitio. Había mucha gente yendo de aquí
para allá, hombres y mujeres de muchas apariencias distintas. Entraban y
salían de edificios, borrachos, alegres o molestos incluso. Vio como un
hombre lobo golpeaba a un dragón de Komodo antes de besarlo
apasionadamente y subirse encima de él en plena calle. Nadie decía nada.
«Creía que sólo los hombres y las mujeres hacían esas cosas, como
mamá y papá»
Siguió su camino, explorando el lugar tétrico. Para su suerte, nadie lo
notó, porque a nadie le importaba lo suficiente mirar hacia abajo. Lo primero
que descubrió fue a unos adolescentes que se estaban inyectando unas
cosas. Tal vez medicinas, aunque se les veía riendo. Félix no entendía,
porque a él las inyecciones le resultaban muy dolorosas. Pero siempre había
305
gustos para todo.
Luego vio una cosa diferente: un hombre troceando a una persona
muerta. El carnicero, un enorme caimán, que sostenía un cuchillo enorme,
traía puesto un delantal cubierto de salpicaduras de sangre por todos lados.
El cadáver, ensangrentado y maltrecho, le recordó a un zombi. Quizás se
trataba de uno. Había oído que los nanatsus comen cualquier cosa si están
lo suficientemente hambrientos.
Sonrió pensando que unos nanatsus pobres podrían comer comida
zombi y siguió andando. Había más carniceros, puestos con una carne que
olía extraño, gente rara con jeringas y sal empaquetada, y hasta vio a alguien
aspirar la sal por la nariz, a modo de juego. Había gente que fumaba, otros
que golpeaban a otras personas, e incluso algunos se besaban como mamá
y papá en las esquinas. Movió la cola cuando se topó con unas luces menos
cálidas que las habituales, y, al seguirlas, se dio cuenta que había salido a un
lugar completamente diferente.
Era como la zona donde vivía antes, con carreteras normales, y autos
normales, y gente normal caminando. Recorrió con entusiasmo cada lugar
que se le ocurrió, pasando desde zonas comerciales llenas de personas, a
una parte residencial donde había únicamente silencio y luces tenues de los
postes y algunos interiores de las casas. Era como volver a casa, un barrio
de ricos donde podía estar perfectamente tranquilo. En un jardín vio a un
joven niño lobo, aproximadamente de su edad, que cuidaba a un pequeño
pajarito que al parecer había sido atacado por una bicicleta.
—Hola —saludó Félix, alegre y sin dejar de sacudir la cola. El niño le
sonrió. Tenía unos ojos verdes muy brillantes que contrastaban con su pelo
marrón oscuro.
—Yo soy Mark. ¿Vives por aquí?
—No, vivo lejos... en otro lugar. Me llamo Félix. ¿Qué le pasó al
pajarito?
—Una bicicleta le dio un golpe y terminó aquí. Chocó contra la
ventana de mi cuarto antes de caerse aquí. Mi madre no sabe que estoy
aquí, mañana tengo escuela. Me mataría, je, je. —Oh... ¿y qué pasará con el
pajarito mañana?

—Trataré de meterlo en casa ahora para poder meterlo en una jaula


para que descanse —Se levantó con el pajarito herido en las manos, y le
sonrió antes de retirarse—. Adiós.
—Adiós... —Y siguió su camino sin nada más que hacer. Sin embargo,

306
tras varias horas de caminata, notó algo alarmante: estaba empezando a
amanecer. Guiado por el rastro de sangre que se le había pegado a las patas,
volvió a la carrera al Mercado. Si tenía suerte, llegaría antes de que cerraran
el Flowers, y se colaría en su habitación, como si nada hubiera pasado.
Sin embargo, con los primeros rayos del sol, el Mercado lucía distinto.
Ahora otras personas sí se fijaban en él, y en cómo iba a corriendo a toda
velocidad. Por mala fortuna, se le cruzó un grupo de ciervos, todos nanatsus,
y su lunar, uno más grande, de grandes astas con puntas peligrosamente
afiladas.
—Huele a híbrido, huele delicioso —opinó un nanatsu.
—Y es enorme. Debería haber muerto de bebé.
—Eso significa más carne —dijo el lunar, sacando unos colmillos
impropios de su especie.
Sin embargo, alzaron la cabeza y retrocedieron cuando vieron algo
más. De un movimiento veloz, la nuca de Félix fue alzada en un mordisco
suave. Él se quedó estático, notando el aroma de su madre, que antes no
había sabido detectar. Maki gruñía, mostrando la raíz de los dientes con los
que agarraba a su hijo, con su tamaño anormal y su porte de gran peligro.
Los ciervos, sin embargo, volvieron a la carga.
—Es solo un lobo, sí... —afirmó el lunar, apuntando con sus astas al
cuerpo femenino— si lo matamos, el híbrido es nuestro de todos modos.
Sin embargo, antes de siquiera acercárseles un poco, una presencia
oscura y terrorífica, con ojos en resplandor rojo, se paró justo detrás de Maki.
Pequeño de estatura, pero con una sombra gigantesca, que parecía cubrirlo
todo. Los nanatsus se tambalearon mirando a su lunar, quien de inmediato
retrocedió y se fue corriendo, muerto de miedo. Tesla miró de reojo a Félix,
quien no fue capaz de dejar de mirar el suelo. Avergonzado, no dijo nada.
Maki se lo llevó, tomado de la mano, de vuelta al Flowers, con el ceño
fruncido en enojo.
Una vez entraron, el burdel, ya vacío, estaba siendo limpiado por una
vieja mujer panda que miró a Félix con algo de lástima. Él se limitó a subir
las escaleras en silencio. Una vez en el pent-house, Nikolai lo abrazó y
comprobó que estaba bien.
—¿Nadie te llegó a hacer daño, verdad? ¿Ningún extraño te tocó en
algún lugar raro?
—No, papá yo... —Maki cerró la puerta de una patada. El impacto sonó
y hasta los nanatsus se vieron intimidados por la cara de tan poco amigos

307
que puso ella.
—Estabas aburrido, así que decidiste ir a dar un paseo —dijo, ella,
lentamente. El chiquillo metió la cola entre las piernas—. ¿Verdad?
—Yo...
—Pudiste haber muerto, Félix.
—Mamá, yo...
—¡Pudiste haber muerto ahí fuera! ¡Pudiste haber sido secuestrado,
violado y mutilado, antes que muerto! —explotó— ¿¡Entiendes lo que
significa eso!?
—Pero...
—Estás castigado. A partir de hoy no sales de tu jodida habitación a
menos que sea a darte un baño —Sentenció—. Juzzo estará contigo, y
agradece que dejaré que sigas teniendo Internet.
Y simplemente se fue. Félix lloró ahí de pie, pero una mirada de Maki
fue más que suficiente para que entrara corriendo a su nueva prisión,
todavía más pequeña, con aire acondicionado y Juzzo como compañía. Se
echó a llorar, arrepentido, mientras los gritos de sus padres resonaban en
las paredes.
—Te pasaste con eso, es un niño —Se oyó a Nikolai.
—No me importa, se lo merece. ¿Tienes alguna idea de lo peligroso
que fue que saliera al Mercado? Te digo lo mismo: pudo haber muerto, o
algo peor. ¡Es un híbrido solo, por el amor de Dios!
—No debiste gritarle así, ¡podría odiarte!
—¡Qué lo haga si quiere! Al menos está vivo gracias a que fui a por él
y no me quedé haciendo nada como tú.
—¿¡Y ahora yo soy el inútil aquí!? ¡Estaba agotado! ¡No soy una jodida
ninfómana que no se cansa después de tener sexo! —Estaba escalando la
discusión, cada vez se oía más fuerte. Félix cubrió su cabeza con su manta
de El Rey León.

—¿¡Y ahora fue mi culpa!? ¡Tú le gritaste ayer y yo solo trataba de


relajarte!
—¡Igual es tu culpa también! ¡De no haber tenido sexo anoche quizás
no hubiera pasado nada! —Ya era demasiado. Se oían pasos por todos
lados— ¡Pero siempre quieres arreglarlo todo con sexo! ¡Me largo de aquí
308
ahora mismo!
—¿¡Y a dónde mierda vas a ir!?
—¡Con Roger! ¡Él no va a intentar arreglar las cosas con sexo!
Y, con el chasquido fuerte de una puerta, Nikolai se fue. Le pasó por
al lado a Hayato, furioso, y el rubio solo le dedicó una mirada curiosa. Luego
vio a Maki, roja de ira, que respiraba agitada y tenía la cola y las orejas muy
erectas y el pelo erizado. Caminó hacia ella, y le pasó una mano por el pelo.
No le dijo nada durante toda una media hora.
Finalmente, en el lobby, mientras ella esperaba con paciencia limitada,
Hayato preparó un tequila con limón y se lo ofreció con una sonrisa. —Vas a
ir a disculparte con él, ¿verdad? —Ella bebió, cerrando los ojos. Asintió tras el
primer sorbo.
—Entiendo que estabas muy enojada, pero no hacía falta que te
pusieras así.
Se ganó una mirada de odio puro.
—Tú no te metas donde no te llaman. Lo voy a buscar porque quiero
saber que estará bien, y aquí es donde único puedo garantizar eso — Se
terminó el vaso lo más rápido posible—. Así que no pienses que quiero
disculparme en serio, solo quiero que esté bien.
—Ay, el amor... dale un lindo besito cuando se reconcilien, ¿sí?
Ella le dio la espalda y salió. Sonrió cuando se dio cuenta de que
agarró la placa de plata, así que nadie le intentaría hacer daño en todo el
camino.

A la salida del Mercado, pocas cuadras después de haber salido de


ese hoyo putrefacto de muerte y negocios poco legales, Nikolai se
preparaba para doblar en un callejón que lo llevaría a la calle que llevaba a
su vez a la casa de Roger. Nunca había pensado en lo cerca de la muerte
que antes vivía.
Una vez pisó el callejón, medianamente iluminado por la luz del sol,
dio con unos ojos dorados aterradores al fondo.
—¿Quién anda ahí? Aquí no hay nanatsus —gruñó, tratando de sonar
intimidante. Luego recordó su placa—. Soy parte de los Yamato, ¿ves?
La mostró, y el lobo, dorado y blanco, sonrió ampliamente mientras

309
se le acercaba con tranquilidad. Nikolai tragó saliva al verlo bien de cerca,
jamás en la vida había sentido tanto miedo. El nanatsu se quedó quieto
admirándolo, olfateándolo. «El niño olía a común... Este es el común» Sonrió.
—Esa placa... ¿Conoces a Tesla en persona, eh? Qué honor... —
Modificó su postura a una depredadora—. Puede salvarte de todos...
incluso de mí... pero la tregua se rompió.

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Tesla tiró el teléfono de inmediato con los ojos muy abiertos. Unos
segundos después, reaccionó. Salió disparado de su despacho, y gritó:
—¡Ah, Un, al auto! ¡YA!

Maki seguía el rastro de Nikolai. Finalmente había salido del Mercado,


y caminaba por la luz buscando a su novio. Sin embargo, un olor conocido y
aterrador se entremezcló levemente en su nariz. Una alerta le recorrió todo
el cuerpo. Salió corriendo, y encontró un callejón no transitado, del que
emanaba el olor a Nikolai, a Keyal y a la sangre de quien no debía morir.
«Así que... ya está aquí»
Maki entró en shock viendo lo que tenía enfrente. Sus orejas bajaron,
la cola también, respiraba muy agitada y sus patas no respondían. Keyal la
miró, a su distancia, sentado al lado del cuerpo sangrante de Nikolai. El
cuello estaba destrozado, y la boca del lobo dorado, llena de sangre sobre
aquella herida gigantesca y fea. Con parsimonia, el nanatsu soltó sus
dientes de la carne de común, se limpió parcialmente el hocico con la lengua
igual de sucia y le sonrió a ella descaradamente.
—¿Qué pasa, Maki? ¿Te recuerda a algo? ¿Esta vista? ¿Un cuerpo
muerto en el suelo, y yo sentado al lado?
Ella se encontraba en completa parálisis. No era capaz de moverse,
ni siquiera de parpadear, aunque su cabeza resonaba innumerables veces la
palabra “muévete”. Era incapaz. Simple y llanamente, aparte de esa palabra,
su mente recordaba.
Aquel día.
Aquel cadáver.
Aquella cara alegre de Keyal que seguía intacta, recordando su dolor.
Aquella vez donde lo perdió todo, y ahora, volvía a perder un pilar, por
su propia culpa.
Aquel día se repetía infinitas veces, mientras ella hiperventilaba,
sintiéndose acorralada. Nikolai no se movía, y ella tampoco.
Empezó a llorar, fruto del dolor, y el nanatsu sonrió, pisándole la cara
al cuerpo en el suelo, mientras se acercaba a ella.

311
—Estoy muy seguro que quieres morir ahora mismo —susurró, a poco
menos de un metro de ella—. Déjame cumplir tu deseo, entonces.
Saltó, y Maki seguía en trance, pero una decena de balas impactó en
el cuerpo canino en el aire y lo lanzó ferozmente al suelo. Había muerto, o
eso parecía. Tesla corrió hacia Nikolai, lo examinó brevemente mientras
daba órdenes precisas a sus dos nanatsus.
—¡Ah, encárgate de Maki! ¡Un, llévate al bastardo y enciérralo en mi
sótano! ¡Ya!
La albina salió corriendo, y se quedó muy quieta abrazando el cuerpo
de Nikolai, tratando de brindarle algo de calor. Se manchó toda la ropa, la
cara y las manos de sangre, pero se pegó a él a la fuerza, gimiendo.
—¡Niko, por favor despierta! —pidió, más a ella que al cuerpo inmóvil—
¡Te amo, así que por favor, despierta! ¡Por favor...! ¡Juro que te amo, lo
prometo…! ¡Niko…!
Ah la apartó bruscamente, y separándola lo más que podía de él,
quien cayó de forma horrenda sobre Tesla, quien lo atrapó antes de que
llegara a tocar el suelo. El albino gruñó, levantándolo.
Cargó como pudo al castaño, sintiendo el tacto frío y la sangre
caliente resbalándole por la cara y la nuca.
«Ya está muerto... pero no puedo decírselo sin más»
Montó a Nikolai al auto, y Ah acomodó a la fuerza a la albina en el
asiento del copiloto. Ella lloraba sin poder siquiera reaccionar. Tesla se
montó en la parte trasera y ordenó conducir a toda velocidad. Violaron como
tres leyes de tránsito para parquear frente a urgencias y correr llevando el
cuerpo malherido del común de ojos verdes. Maki, en la sala de espera, era
incapaz de hablar, debido al llanto.
Dentro del quirófano, los médicos, aunque aterrados por Tesla,
reconocieron lo obvio.
—Él... él ha muerto. Hace como diez minutos, señor... —Explicó el
doctor.
—Lo sé. Finjan hacer algo aquí durante una hora. Ella necesita creerse
que no lo mataron antes.
Y salió. Maki lo miró, esperanzada, y Tesla se sentó a su lado.
—¿Podrá salvarse...? —preguntó, con la voz rota.
—No lo sé. Tendremos que esperar.
312
Y así, una hora entera. Maki miraba con impaciencia la puerta, y,
nerviosa, tragó saliva cuando salieron los doctores. Esperó el veredicto final.
Mientras, los doctores y enfermeros miraron con pavor al lobo blanco, quien
sólo asintió en respuesta. Una cirujana, entonces, se atrevió a dar el paso.
—Yo... nosotros lo sentimos —Miró al suelo. La sonrisa esperanzada
de Maki se desvaneció—. El paciente no lo ha logrado. Su... sangrado, ah...
era demasiado y nosotros...
Maki tenía los ojos abiertos como platos, buscando una forma de
procesarlo. Todo había pasado tan de prisa que le costaba atar cabos
rápido.
—Lamentamos de sobremanera su pérdida, señorita, nosotros... —
Tesla, sin palabra alguna, les pidió que se marcharan.
Una vez solos, la albina se lanzó a abrazar a su padre adoptivo,
llorando como una niña, sintiendo inmenso dolor.
—Fue mi culpa —balbuceaba—. ¡Sí no hubiéramos discutido...!
—No fue tu culpa —Le pasó una mano por el pelo, intentando
tranquilizarla—. Todo es culpa del malnacido de tu padre. Él envió a Keyal, él
le hizo eso a Nikolai.
El llanto se hizo más fuerte.
—Aun así...
—Raphel es el culpable, deja de pensar que eres tú. Tu madre murió
por su culpa, y ahora Nikolai. A quien único debes odiar es a él, no a ti
misma —La miró a los ojos, secándole las lágrimas con una sonrisa dolida
bajo la máscara.
Maki se mantuvo largo tiempo pegada a él, abrazándolo sin ser capaz
de dejar de llorar, y Tesla lo entendía. No la iba a culpar por no moverse de
todos modos, según había visto, la herida que le había causado Keyal había
sido fatal, así que no iba a sobrevivir de todos modos. Lleno de rabia, se
puso a imaginar de qué forma lo castigaría una vez estuviera en su sótano
otra vez, mas un apretón fuerte a su abdomen le hizo percatarse
nuevamente de su prioridad: el estado de Maki. Con instinto paternal, le dio
un fuerte abrazo, dejando que el pelo mullido acariciara cada rincón que
podía de ella.
—¿Soy peludito, verdad? —preguntó, hablando con una voz suave que
ella jamás escuchó. Asintió entre su pelaje— Eso es... abrázame. Llora todo
lo que te haga falta.

313
Le acarició nuevamente la cabeza.
—Y te juro que mataré a ese bastardo. Y a Raphel, y a todo lo que
tenga que ver con él —La determinación en su voz era inquebrantable. Maki
seguía llorando, sintiéndose culpable e inútil. Estuvo quince minutos más
así, incapaz de razonar, y Tesla, lejos de enojarse, estuvo ahí para ella,
acariciándole la cabeza, una y otra vez, consolándola y haciendo el rol de
padre que tanto necesitaba en ese momento.
Mientras tanto, él maquinaba, una y otra vez, planeando lo que se
merecían Keyal y Raphel. Estaba furioso, tanto como para apretar los
dientes y gruñir desde lo profundo de la garganta. La tregua se rompió, sin
duda, y, por tanto, ya no tenía que escatimar buscando su rastro. Daría con
él, le haría sufrir como nunca y después, si aún recordaba, lo entregaría a los
ángeles que tanto lo llevaban buscando.
Se lo merecía, y, con respuesta a su ira, sus ojos se pusieron de un
rojo tan brillante que parecía artificial. Ni siquiera Ah y Un quisieron
acercársele en ese momento, viendo a su alrededor como su sombra
parecía ser la de un monstruo aún más aterrador, incluso para ellos,
acostumbrados a Tesla. Sin embargo, el albino se limitó a abrazar a su hija,
dándole su calor paternal, y tratando de secar sus lágrimas. Maki, tras eso,
solo se rompió.
Volver a casa fue triste. Los del hospital debían encargarse de
preparar el cuerpo para su entierro, y debían de tener al menos hasta el día
siguiente, según le dijeron. Tesla iba en el asiento trasero acariciándole la
mano a Maki, quien iba perdida en sus pensamientos mirando el camino por
la ventanilla. Tenía la mirada perdida, hundida en pensamientos destructivos
que terminaban en echarle la culpa. Se sentía como la que realmente
provocó todo, y, sin poder siquiera hablar, volvió a llorar, esta vez en
completo silencio. Ah y Un iban conduciendo, alicaídos. Tesla, aparte de
maquinar su sesión de torturas, estaba preocupado por cómo irían las
cosas de ahora en adelante. Félix sin su padre, Maki sin su pilar emocional y
con una gran responsabilidad sobre sus hombros.
Bajó las orejas, pensativo, y cerró los ojos, maldiciendo a Raphel una
y otra vez.
Lo siguiente fue más difícil. Maki, toda manchada de la sangre de su
ex novio, subió las escaleras. Hayato se le quedó mirando en el segundo
piso, y, al darse cuenta de que el olor era de Nikolai, bajó las orejas y se
abstuvo de preguntar algo. Tesla bajó directamente al sótano, donde, en una
celda, Keyal recién estaba despertando.
Tambaleándose y con dolor de las balas aun dentro de su cuerpo,
314
miró a Tesla a los ojos, de un rojo que nunca había visto en él. Incluso para
un sádico como él, esa mirada infundía un miedo terrible que le erizó cada
pelo del cuerpo. Sonrió, nervioso, y retrocediendo mientras la sangre le
brotaba de las heridas aún abiertas. Tesla entró, cerrando con llave la única
vía de escape al exterior. Reinaba el silencio.
—S-sólo seguía órdenes, y tú lo sabes —Se excusó cobardemente,
retrocediendo hasta que sus cuartos traseros tocaron la pared con sangre
seca. Tesla se le iba acercando con lentitud, armado con unas pinzas.
—No te escudes en tu amo. Eso no te exime de la culpa —La voz
grave, muy grave, que salió del albino lo hizo temblar. De haber tenido
genitales se hubiera meado encima.
Se arrodilló frente al nanatsu, y le abrió la boca bruscamente,
metiendo la pinza en ella y afianzándola en uno de los dientes rojos de la
sangre que habían derramado.
—Estos dientes, que tanto daño han causado no merecen estar aquí
—Y sacó el primer canino, haciendo que resonara el grito de la garganta del
lobo dorado, quien, sin poder moverse, solo miraba con terror a su pesadilla:
el demonio auténtico—. Ahora, muéstralos, con todo tu orgullo. Muéstrame
los dientes.
Afianzó la pinza sobre uno de los incisivos y tiró con fuerza. Keyal
gritó de dolor mientras le corría sangre de la boca. Lloró incluso, sin poder
retroceder, y gimiendo de miedo y dolor. Tesla le abrió la boca a la fuerza, y
arrancó uno de los caninos, enorme, haciendo saltar un chorro de sangre
acompañando de otro grito.
Golpes, uno tras otro, y los quejidos y llanto de Keyal, tratando de huir,
sin la fuerza o los recursos para hacerle frente al demonio que lo
atormentaba. Tesla, manchado de sangre, le metió los dedos en la cuenca
de uno de los ojos, y lo arrancó ferozmente. A diferencia de otras sesiones
de tortura, no se rio en ningún momento. El sadismo era demasiado como
para disfrutarlo, así que se limitó a dejar fluir la ira que le llenaba el cuerpo.
Lanzó el ojo, ahora apagado de su luz habitual, y, con un aura siniestra, le
dijo a su víctima:
—Tu cuerpo se va a reconstruir con el tiempo. Recuperarás los
dientes y el ojo, y yo estaré aquí para volvértelos a arrancar.
—¡Do zodo cedía órdedes...! —jadeó el nanatsu, torpemente. El dolor y
la falta de dientes le impedían pronunciar bien. Tesla le dio un puñetazo que
le rompió la mandíbula, dejándola a medio colgar. Y así estuvo, durante
horas, haciendo imposible un momento de paz en esa pequeña celda del
sótano.
315
Daba un paso, y el otro se volvía muchísimo más difícil. Destrozada,
Maki se quedó de pie frente a la habitación que había compartido. Los
nanatsus no decían nada, y Juzzo se mantenía con Félix en el interior de su
habitación. Tenía dos preguntas fundamentales: ¿cómo continuaría ahora?,
y ¿cómo le diría a Félix que su padre había muerto?
Desgraciadamente, el pequeño se asomó en el peor momento, con
una alegría dolorosa.
—¡Papá, has vuelto! ¿Me ayudas con...? —Bajó las orejas, quedándose
muy quieto. Maki, con la ropa y tanto las manos como la cara, cubiertas en
sangre de Nikolai, lo miró con una expresión extraña— Pensé que volverías
con papá... ¿él está bien?
«Él está muerto, Félix», quiso decir. Pero un nudo en la garganta le
impidió hablar. En su lugar, permaneció en silencio, incapaz de decir una
verdad que ni ella misma buscaba creerse. Quería pensar que en el
quirófano todo había sido diferente. Que los médicos habían logrado
salvarle la vida, y que sólo se estaba recuperando en el hospital. Que la
sangre pegada a su cuerpo era un símbolo de vida, y no de lo contrario. Sin
embargo, no podía fantasear con algo que no existía.
El amor que sintió se fue de un momento a otro con los dientes de un
monstruo. Por la voluntad de uno todavía peor, que, oculto en las sombras,
seguía arruinándole la vida. Miró al suelo, sin decir una palabra, y dio la
espalda, yendo hacia la cocina. Titubeó un poco cuando vio la lata de
cerveza que le había quitado Nikolai antes. Ahí, fría y a la mitad en el
refrigerador. Tuvo el impulso de agarrarla y bebérsela de golpe, pero se
abstuvo y sólo la tiró a la basura.
En silencio, entró a la habitación y tomó las cosas de Nikolai, las
guardó en una bolsa de basura y, posteriormente, Lucifer las bajó para
tirarlas. Félix no comprendía nada, y, esa noche, entró sin avisar a la
habitación de sus padres. A diferencia de antes, estaba prácticamente vacía,
sin la consola, con el televisor apagado, la cómoda vacía y la cama sin
tender. En una esquina, en el suelo, abrazando sus rodillas, estaba Maki, sin
siquiera haberse bañado, a medio dormir, con la mirada perdida, y una
botella de agua en la mano.
—Mamá... —dijo, con miedo— ¿Papá y tú se... separaron?
—No, Félix —La oyó decir, quedamente, y desganada.
—¿Entonces por qué tiraste sus cosas?
—Porque Nikolai está muerto ahora.
316
La noticia le llegó fría, horrible. Sus infantiles ojos se llenaron de
lágrimas, y gimió cuando el llanto lo inundó por completo. Maki no
reaccionó, y solo siguió en su tristeza, hundida y sintiéndose perdida. Félix
salió corriendo, y saltó sobre Juzzo, buscando consuelo. El nanatsu, al
corriente de la situación, solo pudo corresponder el abrazo y esperar a que
se calmara.
—¡Fue mi culpa! ¡Fue mi culpa! —lloró Félix— ¡Sí yo no hubiera salido...!
—No, joven amo. No fue su culpa —Lo intentó calmar el de ojos
blancos, mirándolo a los ojos con una sonrisa triste—. El auténtico
responsable está pagando por sus actos. Jamás lo culparía a usted, nadie lo
haría. Aunque ahora le recomiendo dejar a la señorita Maki en paz, porque
ella está pasando por un profundo dolor. Similar al suyo.

317
40

—Cuando nos casemos, te diré lo que quieres oír.


—Ay, pero para eso faltan unos años... como cincuenta todavía... ¡qué
mala eres!
—Solo sé paciente. ¿No que yo era la apresurada en todo?

Eran las cuatro de la mañana cuando Maki despertó. Mirando al


techo, dejó que el dolor de cabeza le diera ganas de vomitar y fue al baño de
su habitación. Sobre el inodoro trató de vomitar, pero solo salió saliva y una
minúscula parte de su bilis, ácido estomacal y poco más. El dolor de cabeza
solo aumentó. Se dio una ducha fría y cuando salió, se tiró desnuda en su
cama, sintiendo el aire acondicionado en la piel. No tenía frío, y arrastró la
mano hasta alcanzar la botella que estaba en el suelo. Tuvo que vestirse.
Estaba completamente vacía, así que decidió bajar las escaleras a
paso lento. Antes de llegar a ellas, abrió brevemente la puerta del cuarto de
Félix. Estaba dormido usando a Juzzo de almohada, tal como lo imaginó, y
sólo siguió su camino. A esa hora el Flowers seguía abierto, así que hizo una
mueca. Caminó con indiferencia entre la gente hasta llegar al lobby, donde
estuvo diez minutos esperando a que dejaran de follarse a una jodida niña
de quince años contra la puerta del refrigerador de donde pretendía sacar su
bebida.
Una vez el tipo se apartó, internó la cabeza y buscó con la mirada.
Sonrió un poco cuando dio con una botella llena de whisky bourbon, y la
tomó. Mientras caminaba hacia arriba de nuevo, quitando la tapa, la
interceptó un gran hombre oso de pelo grisáceo. Uno polar encima.
—Guapa, no te he visto por ahí. ¿Empezó tu turno ahora? —Sonrió.
—No trabajo, vivo aquí. Soy hermana del dueño —Lo miró sin ganas.
—Eres guapísima. ¿No quieres pasar un buen rato conmigo, de todos
modos?
—No.
Le pasó de largo, y el tipo, obstinado le agarró el brazo. Un error grave,
porque de inmediato ella se transformó y le saltó directo a la cara,
arrancándosela de un mordisco sanguinario. Fue un espectáculo que todos
vieron, y enseguida empezaron a murmurar. Los de seguridad eran Ah y Un
esta vez, así que solo tiraron el cadáver y la dejaron irse, para su suerte, pero
318
Maki, toda enfadada, simplemente subió envuelta en su furia. Chocó contra
Hayato, quien la auxilió de inmediato, tendiéndole una mano.
—Me alegra ver que volviste al alcoholismo —Le dijo, sonriente—.
¿Félix se lo tomó bien?
—¿Y yo qué sé? Está con Juzzo, es mejor que conmigo.
—Ay... ¿brindamos en tu casa?
Subieron, siendo el rubio quien auxiliaba a Maki, que caminaba de
una forma muy torpe. Con su resistencia al alcohol, había bebido realmente
muchísimo para llegar a ese grado de ebriedad, y él movía la cola, contento,
de verla así. Tesla nunca estaba en el local porque se pasaba día y noche, en
solitario, o con Ah y Un, buscando a Raphel hasta debajo de las piedras.
Valentine había tenido que ir a Chicago a por sus hijas, y no habían vuelto a
saber de Ghunter desde mucho antes de la mudanza al Mercado.
Con la muerte de Nikolai, Maki cayó en una depresión que se había
extendido hasta unos tres meses. Al principio ella estaba mucho peor,
llorando todo el día, sin apenas comer algo, y recluida en su habitación,
donde dos de los nanatsus (Lucifer y Kirk) cuidaban de ella todo el tiempo.
Entonces Hayato tuvo una gran idea: alcohol. Maki, desde que empezó a
salir con Nikolai, no bebía mucho. A lo sumo una o dos cervezas, o quizás
una copa de vino o champán. Nada como antes. Así que, aprovechando que,
prácticamente, estaba solo con ella empezó a darle algo de alcohol a diario
en sus comidas. Ya fuera una cerveza fría, o un vino tinto de los que tanto
disfrutaba ella, o champaña, hasta terminar en su favorita: whisky bourbon.
Fuerte, caliente y pesado le fluía por la garganta hasta hacerla quedar así: a
su merced.
Una vez que subieron, fueron directos a la terraza. Era de madrugada
así que había un gran aire fresco y una vista bonita de luces nocturnas.
Hayato alzó su lata de cerveza importada.
—¡Ah... es tan bueno venir a beber al pent-house!
—Supongo —Maki se pegó a su botella y miró con desinterés el
paisaje.
—Oye, hermanita, ¿te sientes bien hoy? ¿O hay algo de lo que quieras
hablar?
Hubo silencio.
—Lo que pasó hace unos meses ha acabado contigo. Aunque gracias
al alcohol te has animado un poco, ¡ja, ja!

319
Maki miró la botella antes de darse otro sorbo. Nunca era suficiente
la neblina de estar borracha para borrar esas fantasías borrosas que
suponían recuerdos dolorosos. Quería olvidarlo todo, fingir que siempre
fueron ella, los nanatsus y Félix. Huirle a la presencia de alguien que ya no
está... pero nunca funcionaba. Cada vez que volvía a esa habitación, vacía
de tantas cosas, siempre lo veía ahí: jugando, haciendo una posición ridícula
pretendiendo verse sensual, riendo o contándole algo que vio por Internet.
Y lo mismo le ocurría cada vez que reunía el valor para ver a Félix a
los ojos. Si bien el pelo gris era un alivio, Félix era la copia exacta de su
padre: un niño gentil, tranquilo y sonriente, que no parecía tenerle miedo a
nada, aunque todo le suponía una amenaza fuera de esa casa donde debían
de mantenerse. Era el recuerdo vivo y punzante, así que ni siquiera quería
verlo. Lo había relegado al cuidado de Juzzo, olvidando sus
responsabilidades como madre, y haciendo oídos sordos de lo que su
pequeño hijo necesitaba.
El dolor se la estaba comiendo con vida, día tras día, utilizando cada
gota de alcohol como un paso más al abismo. Y ella, débil y dolida, no podía
soltarlo. Era dependiente. Un minuto sobria era material para mil pesadillas,
así que debía evitar estar sana lo más posible, destruyéndose, cada vez más,
con el peso de su propio dolor.
Y Hayato, quien pudiera sacarla del infierno generado por la ira, el
miedo, el dolor y la impotencia, solo se dedicaba a alimentar su vicio maldito,
sonriente, con la empatía de un demonio que espera pacientemente a que el
alma de su víctima se marchite lo suficiente. Maki empezó a llorar de forma
inconsciente, alertando a su hermano, quien sacó un pañuelo de su bolsillo y
le secó la cara.
—Maki, no llores... todo estará bien —dijo él, con un tono tranquilo y
pacificador.
—¿En serio? —Fue un murmullo tan bajo que a Hayato le costó
escucharlo.
—Sí, claro que sí. Pronto Tesla te dejará volver a casa y luego... todo
volverá a la normalidad.
—¿Normalidad...? No... Félix estará solo y... yo... también.
—¿Qué dices, Maki? Tienes a Kirk, a Juzzo, a Lucifer, a mí, a Tesla, a
Valentine...
—Mm... —Bebió otra vez— igual lo voy a seguir viendo en todos lados.
Es como un fantasma en mi vida.

320
—¿Y no crees poder olvidarlo? —Frunció el ceño. Maki no dijo nada y
sólo negó con la cabeza. Entonces, Hayato hizo un movimiento arriesgado.
Se le acercó lo suficiente y la besó. Ella no opuso resistencia, pero tampoco
correspondió. Solo se quedó ahí, quieta y mirando con los ojos entornados a
su hermano, quien, tras cortos segundos, se separó de ella y le acarició la
mejilla, sin cariño, sin sonrisa.
—No vas a reemplazarlo, Hayato —Fue lo único que dijo ella, y el rubio,
decaído, se retiró, con la cola barriendo el suelo.

321
41

—¡No, carajo, busquen más! ¡Indaguen más! ¡Ese bastardo fue visto
cerca, rastreen mejor! —Tesla no estaba de buen humor desde hacía meses.
Los ángeles que el líder dejó a su cargo estaban aterrados de sus órdenes
cargadas de furia. El albino se veía más malhumorado que de costumbre,
gruñendo entre las palabras y caminando apresurado entre pista y pista.
Parecía desesperado por encontrar a Raphel de una vez.
—No hay nadie ni nada aquí —protestó uno de los ángeles, ya
cansado—. Déjenos un descanso al menos. ¡Por favor!
—El día que me importen mendigos como tú, habrá paz mundial —
Tesla sacó los dientes, incluso debajo de su máscara—. Mientras eso no
pase: ¡trabaja!
Entre quejas y regaños, siguieron buscando olores, rastros, o siquiera
algo mínimo que pudiera darles un paradero. Raphel era muy bueno en eso,
esconderse. Por lo tanto, y sin que Keyal diera ninguna pista razonable, cada
día llegaba el lobo a su burdel, entraba, bajaba al sótano sin mirar nada, y se
recluía en la celda donde tenía encerrado a Keyal, donde lo torturaba durante
horas sin risas sádicas, tratando de sacar información de cualquier palabra.
Sin embargo, la regeneración crónica del lobo dorado parecía enlentecerse
cada día más, y, cuando pisó el frío cemento, lo vio en la misma posición
que el día anterior.
Tirado en el suelo, con un ojo salido completamente de la cuenca,
moscas posadas alrededor de su cuerpo, antes dorado, ahora manchado de
sangre, y con la mitad de la mandíbula desencajada. Al parecer, lo único que
parecía haberse regenerado un poco fueron las heridas de bala que recibió
antes de llegar, siendo estas en la espalda baja y el abdomen, impidiéndole
caminar, y, por tanto, huir. Keyal era simplemente inútil en ese estado: vivo y
muerto a la vez.
El ojo dorado y apagado se abrió lentamente, viendo a su torturador
sin miedo, solo cansancio y dolor reflejado en aquel iris dorado que perdió
casi todo su brillo. Como sabiendo que le tocaría ahora, intentó mover su
mandíbula, y no pudo. Así que, resignado, solo se tiró en el suelo, sufriendo,
mientras esperaba más dosis de dolor insoportable.
Cualquier otro tirano quizás lo hubiera dejado en paz por ese día, y
esperaría a que se regenerase más, para conseguir mejor información de un
cuerpo más recuperado. Tesla no era el caso. Así como estaba, jaló a Keyal
de la cola, arrastrándolo por el suelo, y lo volteó bocarriba, con la boca
322
abierta mostrando los huecos en las encías, medio putrefactas, y llenas de
sangre seca, pus y moscas, donde el albino, sin una mínima dosis de piedad,
metió las garras, sacándole un grito ahogado a su víctima.
—Se me acaba el tiempo, mierda —Gruñó Tesla, afianzando sus uñas
entre los pliegues de carne herida—. Y tú eres solo un inútil.
Lo soltó y dejó caer, sangrando más por la boca. Los dientes
tardarían muchísimo en salir de esa boca podrida, pero Tesla ahí lo dejó,
casi muerto, y deseando estarlo.
Mientras tanto, subió a su despacho, donde Un le entregó un informe
de sus guardias de seguridad de todas las fronteras del Mercado. Nada era
realmente útil, y, frustrado, se rascó la frente, sediento de respuestas.
Hayato se apareció, como nunca lo hacía.
—Apestas a la sangre de esa cosa —Se quejó. Tesla ni siquiera lo
miró—. ¿Por qué no te das un baño?
—No me importa, necesito buscar a ese imbécil y matarlo lo antes
posible —Le dedicó una mirada frívola—. Confío en que Maki esté bien ahí
arriba.
Hayato movió la cola, nervioso.
—Ella está bien, ¿por qué no lo estaría...?
—Su novio murió a manos de un sirviente de su padre, ¿Crees que no
es motivo para estar algo triste? Encima de eso tiene un hijo.
—Ella está mejor de lo que pensé. Ya ha pasado por esto, seguro
pronto se va a recuperar —Sonrió, dándole esperanzas ciegas a su padre
adoptivo, quien volvió a bajar la mirada a su papeleo interminable de
información irrelevante. Eso, en el lenguaje corporal de Tesla, significaba un
visto bueno. El rubio relajó los hombros, aunque Un lo miró, sospechando
abiertamente.
—¿Y tu hija?
—Naomi a duras penas conocía a Nikolai. Le sirve de alivio a Félix
para que no esté tan solito allí arriba. Juzzo no puede hacerlo todo, supongo.
—Genial.
Y ahí murió la conversación, o eso pensaba el peliblanco. El rubio
hizo una última petición.
—Yo estoy muy estresado también... estos días han sido muy difíciles.
¿Puedo ir a buscar la marihuana donde Arthur? Extraño mi vieja receta de
323
los brownies con hierba.
—Haz lo que quieras, Hayato.
Él, juguetón, asintió sonriendo feliz.

—¡Ta-dah! —Sacó del horno unos dulces que olían fenomenal. Rianna
aplaudió con una sonrisa inocente. —No sabía que podías hornear
pastelitos.

—Son mi receta final de brownies a la Hayato. Tienen un ingrediente


secreto muy costoso y especial —Le ofreció un trozo, y luego se lo retiró
rápido—. Aunque ahora vas a trabajar, no creo que debas comerlo.
—¿No puedo comer azúcar antes de ir a trabajar? —Bajó las orejas sin
entender.
—No puedes consumir marihuana antes de trabajar —Sonrió,
achicando mucho sus ojos tan azules.
—...me pregunto por qué no lo pensé antes —Hizo una pausa—. ¿Y
vas a comerte todo eso tú solo? Sí que tienes ganas de un viaje raro, eh...
—No, Maki me pidió un poco. En realidad los hice para ella.
—¿Y es bueno que se los des? La pobre no está muy sana como
para...
—No te pago por dar opinión —La voz fue fría, seca, y cortante. No
muchas veces él hablaba así. Omitía información, información importante,
pero a ella, una simple prostituta esclavizada por la ley del dinero, no le diría
nada.
—...entiendo, señor. Que tenga buen día.
Se retiró, pensativa. Maki era una buena chica, que merecía una
segunda oportunidad y se estaba destruyendo poco a poco con ayuda del
monstruo que tenía como hermano. Tuvo el pensamiento de decirle a Tesla,
ausente a todo por sus constantes salidas en busca de su objetivo, pero lo
descartó de inmediato porque, al fin y al cabo, su dueño auténtico era
Hayato. Ayudar a Maki, por mucho que quisiera, no le era posible.
Mientras, el rubio entró sin avisar a la habitación de Maki, quien
miraba al techo desde la cama, cubierta con una toalla, y mojada tras darse
una buena ducha. El rubio se relamió los labios, excitado con la vista que
tenía. Le mostró la bandeja de brownies de chocolate y sonrió.

324
—¡Mira lo que te he preparado! ¿No huelen bien? El chocolate es de
importación... ¡de Centroamérica!
—Sí, huele bien —Fue su respuesta. Hayato lo interpretó
positivamente.
—Siéntate, comamos un poco —Se sentó en el borde de la cama y
tomó uno con una mano—. O aún mejor, ¡yo te daré de comer!
—Prefiero no hacerlo.
—Por favor... hazlo por mí. Me preocupa que no estés mejorando. El
alcohol alivia pero no llena ese estómago. Solo comes carne últimamente.
—Necesito mantenerme serena o atacaré a Félix.
—Juzzo lo defenderá.
—Tampoco quiero morir.
Silencio, uno incómodo. Pero Hayato, lleno de determinación, le llevó
un trozo de dulce a la boca. Sonrió, sexy, mientras alzaba y bajaba las cejas.
El estómago femenino gruñó, cayendo en la tentación, aunque la cara de
Maki no expresaba nada.
—Sé que te mueres por probarlo.
Finalmente, ella cedió. Comió de lo que su hermano le brindó
sonriente, y al final, tras cinco de ellos, se recostó nuevamente en la cama,
mirando al techo. Hayato volvió a hacer ese movimiento arriesgado,
besándola otra vez, está vez estando sobre ella, aunque no pudo llevar lo
que quería más lejos, porque Maki lo apartó un poco, y lo miró con
indiferencia. Tomó eso como una negativa y se fue sin más.
Poco tiempo después la droga empezó a hacer su trabajo. Maki se
empezó a sentir mareada, y, cuando se levantó y fue al baño a lavarse la
cara, en su reflejo del espejo, o más bien, detrás, vio la silueta de Nikolai
dedicándole una de sus sonrisas llenas de deseo, admirándole el trasero.
—¿Niko...? —Volteó, más asustada que esperanzada. De las fantasías
creadas por el alcohol, ninguna se sentía tan vívida.
—Oye, no te voltees —dijo él, lastimado—. No puedo verte el trasero
así... aunque —Sonrió de lado— tu pecho no está nada mal. ¿Me dejas
acariciarlo?
—N-no... ¡Claro que no! —Retrocedió dándose en la espalda con el
lavamanos— Se supone que deberías estar muerto.
—Y sí, ¿no puedo venir a atormentarte un poco? Es divertida tu cara
325
asustada...
—Lárgate, estás jodido. Estás muerto. Por favor... déjame en paz.
—¿Por qué? —La acorraló. Mirándola hacia abajo, a Maki le
asustaba— de todos modos estoy así por culpa tuya. De no haber estado de
calientes, no hubiera pasado nada en primer lugar —Le acarició el pelo,
enroscando un pequeño mechón en su dedo—. Pero tú como siempre,
anteponiendo el sexo a lo demás, como la puta ninfómana que eres.
Le dedicó una mirada de reproche, y Maki empezó a llorar mientras
se sentía cada vez más pequeña. Luego tomó conciencia de que se había
transformado sin darse cuenta, y corrió hacia la habitación, respirando
agitada y tomando la forma humanoide otra vez.
Nikolai volvió a aparecer, esta vez medio desnudo y frente a ella,
tapando su entrepierna con una toalla. La miraba, decepcionado.
—Eres muy hermosa, pero de no ser porque tenemos un hijo en
común, dudo que hubiera seguido contigo. Eres una mujer indecisa y
caprichosa, ¿sabes?
—Solo vete de aquí —Estaba aterrada.
—Solo déjame hacer mi trabajo. Tengo que estar aquí para recordarte
una cosita... —Apareció detrás de ella, de la nada, y, con una sonrisa cerca
de su oreja rasgada, susurró—: recuerda que todo esto, desde que naciste,
todas las pérdidas, todo el dolor... ha sido culpa tuya.
La albina se hartó, aunque muerta de miedo, y dio un zarpazo al aire
hacia donde su vista, engañada por la droga, le había dicho que estaba
Nikolai. Un grito agudo la hizo espabilar por un segundo, y la sangre en el
suelo llamó de inmediato a Juzzo, quien, guiado por el olfato y su orden
estricta de cuidar de Felix, miró con horror la mano de su madre, manchada
la uña de un poco de sangre, mientras el pequeño lloraba, sujetándose el ojo,
filtrando gotas rojas entre sus dedos.
—¿No fue nada serio, joven amo? —preguntó el gran nanatsu,
examinando al niño. Tenía un arañazo único sobre el ojo derecho, rojo, pero
que, por suerte, no supuso ningún problema para el ojo, que, sano, estaba
entrecerrado y ardía un poco.
—Solo vete de aquí —Maki, ensimismada en su fantasía, seguía
viendo a Nikolai, en lugar de la realidad.
Y así, duró hasta el amanecer.

326
42

Algo mucho peor que una resaca ordinaria la hizo abrir los ojos de
golpe a las dos de la tarde. Se había pasado el santo día durmiendo, y,
según se fijó un poco (aunque con un cruel dolor de cabeza) estaban en la
habitación más grande del segundo piso, donde Hayato normalmente
dormía con una (o dos, o diez) de sus chicas. Asqueada, hizo una mueca y
miró por la ventana al exterior. La luz le hizo cerrar los ojos.
—Pensé que habías muerto —La voz del rubio hizo que Maki volteara
a verle. Estaba sonriendo y con su hija agarrada a su mano. No tenía camisa,
y se le veía medio mojado. Venía de la ducha, seguramente.
—¿Dormí mucho...? —preguntó ella en una voz muy baja, que ya se
estaba adaptando a utilizar.
—Pues... sí. Son las dos. Naomi quería despertarte con cosquillas —
La niña sonrió. Para tener doce años era bastante más inocente de lo que se
esperaría de alguien que vive en un burdel. Pero bueno, “al tigre no le gusta
que le rayen”, supuso la albina.
—Félix estaba preocupado por ti, tía —dijo la jovencita—. Aunque
ahora tiene una herida en el ojo. Parecida a la tuya.
Maki bajó las orejas, sin apenas recordar algo de lo ocurrido la noche
anterior. El dolor de cabeza, lejos de disminuir, aumentó. Frunció el ceño,
arrugando la cara.
—¿Cómo se la hizo? —preguntó ella, y en ese momento, Hayato
desvió la mirada. Naomi fue llamada por Érica, una de las prostitutas, y salió
casi de inmediato. El rubio soltó un suspiro, y, tranquilo, le dijo a su
hermanastra: —Mírate la mano izquierda.
Confundida, ella obedeció, y en su rostro se dibujó una mueca de
horror: notando la sangre pegada a su dedo índice, acumulada bajo su uña, y
con el olor ya tan conocido de su hijo. Bajó las orejas de inmediato, y miró a
su hermanastro buscando confirmación a lo obvio. Él sólo asintió, incómodo.
—¿Cómo...? ¿¡Por qué!?
—No lo sé, Maki. El alcohol seguro tuvo algo que ver. ¿Vas a dejarlo?
Hubo un corto y tenso silencio. Ella negó, rotundamente.

—¿Sin alcohol cómo se supone que voy a llevar esto? —Bajó la


cabeza, como derrotada— No puedo yo sola, Hayato. Al menos beber me
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ayuda a olvidarlo todo un rato. Ahora tengo un dolor de cabeza infernal y
pensar en que le hice eso a Félix es...
—Ya, ya, tranquila —Su hermanastro se sentó a su lado y le dio un
abrazo que parecía fraternal, lleno de un afecto saludable—. Tesla se
encargará del bastardo de padre y... bueno, luego ya podrás volver a la luz y
ser plenamente feliz con Félix, ¿o no?
Ella no contestó y se limitó a guardar silencio. Hayato la intentó besar,
pero Maki eligió pegar sus labios a la boca de una botella que tenía a la
mano. Apestaba a alcohol, a un punto casi preocupante para su
hermanastro, quien se vendó los ojos a voluntad y se hizo el indiferente con
la situación. Tenía otros planes que no implicaban a Maki en sus cabales.
Ella no merecía la triste realidad que cada día parecía aplastarla más.
Por tanto, siguió su cometido. Horneó muchos brownies, y tras
probar uno, decidió aumentarle la dosis de hierba.
Y los días pasaban. Maki comía, y comía, y las pesadillas vívidas
empezaron a pasar factura. Como un animal salvaje, la albina vivía ahora
recluida en su habitación. Los nanatsus estaban en una especie de trance,
deteriorados por el estado mental tan deplorable de su ama, a excepción de
Juzzo, quien, aferrado a su deber, mantenía seguro a Félix del monstruo
rabioso que era ahora su madre.
Ella tenía la cama hecha un desastre: con zarpazos por todos lados,
mordidas cargadas de baba y hasta sangre pegada a las almohadas y el
armario. Maki también estaba en un estado físico horrendo: estando sucia,
sin apenas bañarse, con el pelo demasiado crecido y descuidado, los
colmillos inusualmente sobresalientes y las uñas manchadas de su propia
sangre, gritando cada noche fruto de alucinaciones cada vez más reales, y
haciendo que su mente cayera lentamente en un abismo que, seguramente,
acabaría con su vida. Hayato, completamente consciente del estado de su
hermanastra, entraba a diario con comida contaminada con drogas. La
alimentaba felizmente, siendo la única cara que una afectada Maki
reconocía, y le sonreía como si no supiera qué estaba pasando.
Un día, llegó sin comida, viendo a la albina tirada en el suelo, con las
uñas rotas y el dedo manchado de su propia sangre, agarrándose la cabeza
y gruñendo como una bárbara. Le pasó una mano por la cabeza y se la llevó
al baño, donde la desnudó, deleitándose en el proceso, y la metió a la bañera.
Con él, ella se comportaba dócil, y parecía apagada: como si estuviera
muerta en vida. Destruida mentalmente, y muy quieta en el plano físico, dejó
que las manos del rubio pasaran, maquilladas con espuma y agua de jabón,
por cada rincón de su cuerpo, deteniéndose en puntos como las mejillas, los

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pechos, el abdomen y la base de la cola, donde frotó repetidas veces más
que en otros lugares.
Mientras le lavaba el pelo maltrecho y enredado, le iba regalando
besos en las mejillas y las orejas a modo de premio para cuando obedecía
sus indicaciones, disfrazados de cariño y teñido en asqueroso deseo que
ocultaba magistralmente tras una sonrisa que simulaba ser amistosa.
Finalmente, secándole el pelo, Hayato la agarró de las caderas fuertemente,
pegándosele y besándole el cuello con lascivas intenciones, disfrutando
cada segundo, esperando que un rayo de cordura de ella lo detuviera. La
miró, de reojo, y ella le devolvía la mirada, pero apagada, inmóvil, casi
muerta.
Hayato sonrió.

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Lo primero que hice fue poner esa canción: “One More Night” de
Chris Grey.
La cargué, como una princesa, y la dejé sentada sobre el retrete
tapado. Fui a la habitación y la recogí, incluso limpié la pelusa y la sangre
pegada al suelo y al armario. Apagué el televisor, que solo reproducía
deportes de Europa, y luego la volví a buscar. Me miró con esos ojos tan
lindos de siempre y, contento, la cargué otra vez y le di un beso en los labios.
Al principio creía que podía contenerme un poco hasta llegar a la cama, pero
no aguanté y me dejé llevar como un francés.
Se me levantó el pene bajo el pantalón, y sentí un escalofrío de los
buenos.
La dejé caer sobre las sábanas ya cambiadas, y me detuve un minuto
para mirarla. Estaba desnuda, con la piel tersa y que olía a jabón y el pelo a
champú de calidad. Sonreí, embobado, antes de meterme un pezón a la
boca. Me excité más. Hacía tanto que quería hacer esto que perdí la cuenta.
Podría venirme solo de hacer esto, pero mantener la calma es lo mejor en
situaciones así. Solo cerré los ojos y pasé la lengua, mientras que agarraba
el otro con los dedos.
Pellizqué, jalé y mordí. Todo sabe bien. Todo sabe a Maki.
Ese imbécil muerto no sabe de lo que se perdió.
«¿Qué está pasando...? ¿Por qué Hayato está...? No me puedo ni
mover. Estoy cansada, estoy agotada. No puedo hacer esto sin alcohol. No
puedo quitármelo de encima estando sobria. Por favor, apártate, Hayato»
Tras un par de segundos que parecieron eternos sobre el lindo pecho
de Maki, seguí en ello, sí, pero bajé la otra mano hacia la parte importante. Si
ese coño no está mojado, no sería diferente a una violación. Así que empecé
a tocarla ahí abajo, sobre, y dentro de ella, y oí que emitió gemidos. De esos
que tanto deseaba oír y me pusieron más duro que una piedra de solo oír
una pequeña parte.
Incluso pensar en sólo lamerla me hace querer venirme. ¿Soy tan
sucio?
Como sea, solo seguí tocándola. Oírla gemir, sentir su piel... es como
un sueño. Una de esas fantasías donde me follaba a una cualquiera
imaginando que era Maki. Y ahora, tras esfuerzo y dedicación a su estado,

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finalmente me lo agradece, dándome lo único que deseo de ella.
«Por favor, basta»
Le metí primero un dedo, luego otro. Ya me aprieta el pantalón lo
suficiente. La besé mientras me bajaba la ropa, y frote mi ropa interior, toda
dura y mojada de mi deseo por ella. No tantas mujeres pueden tenerme de
esta forma, y sólo Maki lo provoca tan rápido. Estoy, creo, enamorado de
todo lo que ella representa para mí. Le di otro beso francés, probando su
saliva, hasta entonces intocable. Me froté contra ella, oyéndola exhalar esos
sonidos de placer que tanto persigo. Sin embargo, lamento que no podré ser
romántico.
Así que, con pesar y emoción, le di la vuelta, dejando que ese jugoso
culo estuviera a mi disposición.
Me relamí los labios, aún más caliente, si es posible. Tenía la
impresión que apenas la metiera iba a venirme inmediatamente. Tantos
años en espera y deseo que nunca se apagó harían efecto, ¿no? Pero tenía
que hacerlo durar, por nuestro disfrute, como dos amantes. Si nos une la
sangre, qué importa. Aquí solo vale el placer, lo delicioso que es acabar
dentro de una mujer, el solo hecho de replicarlo con Maki me hace estar
todavía más ansioso, nervioso y excitado.
Me ubiqué detrás de ella, quitándome el bóxer y dejando que la carne
rozara a la carne. Se sintió infinitamente mejor de lo que recordaba,
conmigo desbordando líquido pre seminal y ella estando tan cerca y tan
mojada. Seguramente igual de emocionada que yo.
Le di una nalgada, y le agarré una de las nalgas con fuerza, hundiendo
un poco las uñas en lo suaves que son. ¿Qué clase de idiota rechaza algo
como esto? Digna de ser Barbie, y rechazada.
Tal vez por eso ese odioso patán ahora está muerto.
«Por favor, ya basta. Duele, mi cuerpo no reacciona y si lo haces me
dolerá. Quítate de encima»
Como todo buen caballero que complace a su amante, tuve que
posponer por un momento mis deseos. Una bella mujer que no recibe sexo
oral es como un ángel sin alas antes del sexo. Así que, sin presumir
demasiado de mi piercing en el centro de la lengua, que a las chicas con las
que he estado les ha encantado, opté por lamer esa fuente de agua de los
dioses, o al menos así quiero verlo yo.
Ella gimió, de placer, claramente, mientras yo hundía la lengua dentro
de su delicioso coño, jugando con su cordura y haciéndola desear más.
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«Quítate... no estoy excitada, por favor, detente»
Estaba roja cuando la miré, y sonreí, finalmente poniéndome como
quería: detrás de ella lista para darle lo que tanto esperábamos. Tragué
saliva, respirando fuerte.
Se haría realidad.
Después de más de trescientos años.
«No... no, por favor... no lo hagas»
Y, de una, entré. Se me dilataron las pupilas, y quise soltar un grito.
Arañé las nalgas de ella con fuerza, sacándole un grito de inmediato. Eso
me puso aún más duro estando dentro, y gruñí como un animal. Incluso mi
cara y pecho se empezaron a llenar de pelo rubio en respuesta. Tanta
estimulación debería ser ilegal.
Empecé a moverme tras calmarme un poco. Al principio lo hice lo
más despacio que pude, sujetado a las caderas, pero luego no pude
aguantarme y la sujeté del cuello, haciendo que su torso estuviera sobre la
cama, sumiso. Nunca creí que ella pudiera ser sumisa, pero me gustó. Me
gustó tanto que me hizo gemir muy alto. Casi un grito, junto a uno de ella,
quien lloraba de felicidad sobre la cama.
—¿Ves que no era tan malo follar conmigo, hermanita? —Le dije,
contento y entre jadeos, sin parar de moverme. Era adictivo lo delicioso que
me parecía su coño, conmigo entrando y saliendo, dándome la vista divina
para alcanzar la cima del placer sexual. Seguía derramando esas lágrimas
de alegría.
«Me duele... para»
Me siento en el cielo, cumpliendo esa fantasía morbosa que sonaba
tan lejana cada vez que la manifestaba.
Pero ahora... ahora está aquí. Al alcance de mi mano.
«Para»
Hermanita... qué caliente me pones, de verdad.
—Déjame hacer esto para siempre... —susurré en su oreja sana,
agarrándole las tetas con las dos manos. Me las llenaban y aún sobraba un
poco.
«Para»
—Sé que no lo he dicho nunca... al menos no a ti, pero... —Me
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quedaba poco. No iba a aguantar demasiado hasta venirme con estas
condiciones tan aplastantes.
«Para de una vez... por favor»
—...ya he tardado demasiado... así que puedo finalmente admitirlo,
Maki. Ya que esta es nuestra última noche...
«Ya basta... duele. Duele»
—Te amo, hermanita mía —Me corrí dentro. Ella jadeó, apretando los
dientes, y retorciéndose de placer. La hice delirar, eso seguro. Le apreté los
pezones un poco, moviéndome un poco más, sintiendo toda mi leche
llenándola por completo y dándome una sensación de calidez más allá del
orgasmo—. Estoy seguro que tú me amas después de este momento. No
duré mucho, pero fue con amor.
Le di un beso en la mejilla antes de apartarme y tirarme de espaldas
al techo, sintiéndose plenamente satisfecho. Como cuando dejé de ser
virgen hace muchos años.
«Solo... detente... por favor... vete de aquí y no regreses. Nunca»
Monstruo.

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44

Quieta. Adolorida tanto por el ardor entre sus piernas, como por una
serie de moretones en el cuello, la espalda, los brazos y las muñecas. La
mirada estaba fija en un punto muerto, y borrosa por las lágrimas que se
habían agolpado en esos ojos ya tan apagados. Incapaz de moverse, Maki
esperaba a que su cuerpo sacara las fuerzas para, al menos, quejarse.
Hayato se había ido después de la atrocidad que hizo, y no había vuelto en
horas ni siquiera para darle algo de comer. Su estómago rogaba por algo,
pero ella no podría satisfacerlo.
Incluso respirar se le hacía costoso.
Pasaron las horas, y un ruido hizo que la albina volteara la oreja
rasgada en dirección a la puerta. Valentine bajó sus orejas felinas con
notorio horror, y corrió hacia Maki, preocupadísima.
—¡Dios mío! ¡Maki, ¿te sientes bien?! —La cubrió con una manta, y la
volteó de frente. La de ojos azules, tan muertos, solo podía respirar con
dolor, mirando a su amiga, quien la abrazó, casi llorando, fuertemente, como
si temiera perderla. Olió el alcohol en ella y la miró, con desaprobación— Vas
a dejar de beber pero YA, ¿entiendes?
Maki no contestó.
Tras darle un buen baño, de pies a cabeza, la felina vistió a su amiga
del alma con un pijama y se pasó primero el día, luego una semana, y
finalmente un mes entero. Aguantar a Maki en abstinencia fue duro, pero
Valentine no olvidó ninguna de las cosas que le dijo.
Una vez fue capaz de hablar con claridad, tras una semana entera de
líos: sin apenas comer y dependiente de unos dulces sospechosos que
después descubrió que tenían marihuana, y de una botella de vodka;
finalmente fue capaz de revelar la tragedia. Hayato, el culpable, el ahora
monstruo, no parecía arrepentido en lo absoluto, actuando igual que
siempre, moviendo la cola y sonriendo. Una noche, Valentine irrumpió en su
habitación, donde, a diferencia de otras ocasiones, estaba leyéndole un libro
de cuentos a Naomi, en lugar de estar jugando a la fiesta nudista con siete
putas.
—Tenemos que hablar —Naomi la miró ora a ella, ora a su padre,
quien cerró el libro—. A solas.
—Ay, Val, no enfrente de Naomi —Hizo una mueca incómoda.
—No te preocupes, no vamos a hacer nada.
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La seriedad en su voz hubiera alterado a un hombre que teme a sus
consecuencias. Hayato no era de esa clase de hombre, él solo la miró
calmado, y le pidió a su hija que lo esperara afuera, aprovechando que el
Flowers no abría ese día. La felina esperó a que el rubio tomara asiento
frente a ella para levantarse y darle una sonora cachetada, con el cuerpo a
medio transformar. Él abrió mucho los ojos, sintiendo el escozor del
pequeño moretón en su mejilla.
La miró, sobándose el lugar, como si estuviera loca.
—¿Val, qué demo...?
—¿¡Qué clase de pervertido enfermo eres para violar a tu hermana!?
—Le gritó ella, roja de la ira. Hayato volteó las orejas hacia atrás.
—¿Violar? ¿Qué dices? Si ella me dio permiso para...
—¡Claro que no! ¡Tenía moretones, estabas forzándola a quedarse
quieta mientras tú hacías lo que te daba la puta gana!
—En el sexo cualquiera tiene moretones.
—Menos tú, parece ser —respondió la felina.
—Maki estaba muy sumisa. Fue tan bueno... ¿sabes, Val? Yo
realmente creo que fue mi mejor experiencia sex...
Otra cachetada muy sonora, en su otra mejilla, lo hizo callar y
sujetarse al borde de la cama. La miró sin comprender, con algo muy
parecido a la inocencia: el desinterés era total en las consecuencias fatales
de su horroroso acto. Con una paciencia psicópata, se sobó la otra mejilla y
siseó.
—Eso ha dolido.
—Qué bueno, es solo una mínima parte de lo que te mereces.
¡Violaste a Maki! ¡Y no solo eso: también la drogaste!
—Yo solo hice lo que ella quería.
—¿Lo que quería ella o lo que querías tú? —No le dio tiempo a
contestar— Aléjate de ella, y de mí, y de Félix y de los nanatsus, por tu bien.
Se levantó, irritada y furiosa. Hayato le tomó la mano, a lo que ella se
apartó bruscamente. Mirándolo a los ojos, abiertos y ausentes de culpa,
sintió la repulsión más grande, y se apartó bruscamente de él. Ya no iba a
volver a mirarlo como el guapo hermano de su amiga con fetiches raros,
sino como lo que era, un monstruo egoísta que, por consumar sus deseos,
incluso los más enfermos, haría hasta lo más cuestionable.
335
Hayato siempre había sido una mala persona, pero nunca creyó que
cruzara esa línea. Se había imaginado que él era muy distinto a la realidad, y
ahora, golpeada por los sucesos, le dolía en el pecho el trato tan
despreciable de semejante demonio con alguien como Maki, de por sí ya tan
lastimada. Con la rabia a flor de piel, bajó las escaleras, buscando a Tesla.
Tal vez si se lo decía, dedicaría a la albina el tiempo y la protegería...
Pero no estaba ahí. Ya era el quinto día que no volvía, ni él, ni Ah ni Un.
Maldiciendo, volvió arriba, al tercer piso. Maki estaba rascándose el
brazo, como método para combatir los deseos de lanzarse a la alacena a
buscar bebidas alcohólicas. Ya había empezado a lastimarse, pero cuando
vio a Valentine, paró y movió la cola.
Poco a poco se fue recuperando.
Y, cuando menos se lo esperaban, volvió a recaer. Valentine,
frustrada, estaba buscando soluciones mientras tiraba a la basura toda
botella al alcance de la albina, la enorme sombra de Ah la cubrió. Sonriente,
lo abrazó con fuerza, dejando al nanatsu confundido, pero no la rechazó. Un
se asomó, curioseando, y, al ver a Valentine tan... vulnerable, bajó las orejas
y gruñó, llamando la atención de su jefe de corta estatura. Tesla se acercó, y,
viendo la escena, se quedó en silencio.
La felina le pasó una mano por la cabeza, mirándolo con un deje
esperanzado en sus ojos color jade. Las pupilas, normalmente afiladas,
estaban muy dilatadas, como si estuviera a punto de llorar. Tesla no dijo ni
una palabra.
—Tesla... —pidió— Tú ayudaste a Maki a salir de las drogas antes, ¿no?
—Así es. ¿Qué pasa con eso?
—Necesito que lo vuelvas a hacer. Haz que deje de recaer. Yo no
encuentro la forma...
Los ojos del albino se oscurecieron y asintió, lentamente. Luego,
tajante, dio la orden.
—Ah, Un, no abran el burdel en un mes entero. Maki tiene que estar
sana antes.
Los osos asintieron, y, con una sonrisa altanera bastante poco usual
en él, Tesla le puso una mano en la mejilla a Valentine, prometiéndole que
pronto todo estaría bien. Le dio su tarjeta de crédito y le dijo (obligó) a ir a
algún hotel lindo y quedarse por un mes. Ella no alcanzó a decirle nada de lo
que el rubio había hecho, porque él prácticamente la echó a patadas.

336
—Vuelve en un mes. Maki estará mejor, te lo prometo.
Y así empezó el segundo infierno para la albina. Tesla entró y la vio
buscando alcohol en la cocina, sin encontrar nada realmente útil. Parecía
una vagabunda, con ropa de dormir y ojeras marcadas. Al menos, no había
un alma en todo el lugar, ni en el lobby.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó con su voz ronca.
—Busco algo...
—¿Ese algo se come o se bebe? —Ella no respondió, y Tesla se le
acercó lo suficiente como para tener acceso garantizado a agarrarle la cola.
—Contéstame.
—¿Desde cuándo te interesas en mi vida? Pensé que estabas
ocupado...
Raspando las palabras, trataba de evadir la atención al problema real.
Para su desgracia, Tesla era inteligente. Aunque para no evadir la
conversación, era necesario solamente NO ser tonto.
—Desde que volviste a tu problema con el alcohol —Maki lo miró,
alarmada—. Valentine me pidió que te sacara de ahí. Asumo que tú también,
pero no tienes fuerza de voluntad.
—Yo...
—Estés de acuerdo o no, deja eso. La abstinencia es dura, pero,
¿sabes que es peor? —Ella bajó las orejas y la cola se le metió entre las
piernas— Un puñetazo mío. Si antes dolían, imagínate como deberán ser
ahora que tengo la fuerza restaurada... —Parecían depredador y presa— Así
que si te agarro bebiendo o buscando alcohol me aseguraré de que te
arrepientas.
Recordando con dificultad aquellos días donde estaba intentando
dejar la cocaína, los golpes crudos del lobo blanco volvieron a escocer cual
dolor fantasma. Cada vez que intentaba volver a esnifar una línea blanca, o
siquiera tocar una bolsa con la sustancia, ganaba uno o más golpes brutales
que amenazaban con daño permanente si no tenía la suficiente fuerza de
voluntad para desistir.
Los gritos no se hicieron esperar con el paso de los días.
Entre los dolores de cabeza, las consecuencias mentales de
abstenerse tanto a beber como a consumir la marihuana, y una campaña de
golpizas a mano limpia que terminaban con ella hecha polvo en el suelo y
con ganas de morirse, fue un combo brutal pero efectivo.
337
Fue más el miedo a la violencia, que el poder de la dependencia a las
sustancias, y, en ese mes horrible, Maki dejó sus inicios de nuevo
alcoholismo. Más rápido que cualquier campaña antidrogas: los puños
brutales (y un 70% más duros) de Tesla hacían mejor el trabajo de veinte
psicólogos.
Tras la última tanda de violencia, y con Maki tirada en pleno lobby,
bocarriba, con las extremidades extendidas a modo de estrella, y la nariz
sangrando, Félix apareció, tímido. Tras el suceso donde le habían provocado
esa cicatriz en el ojo, casi idéntica a la de su madre, Juzzo le había dicho
que era mejor no acercarse a Maki. Hizo bien, pues estuvo un tiempo como
si tuviera rabia...
La albina volteó los ojos, viéndolo. Tenía las mejillas inflamadas, y la
sangre le llegaba hasta la boca, donde tenía el labio inferior medio partido y
sangrando.
—Mamá... ¿Estás bien...? Ahí en el suelo... ¿¡es eso sangre saliendo
de tu nariz!?
Se agachó junto a ella, examinándola. Maki lo miró, detenidamente.
Seguía siendo la viva imagen de Nikolai, con ese ojo verde, ahora
contaminado con esa herida que ella misma causó dejándose arrastrar por
la influencia de su hermanastro. Estaba limpio, olía a lavanda, y una suave
colonia que la hacía querer abrazarlo. Su hijo era precioso, y verlo
preocupado le encogía el corazón.
—¿Por qué te sangra la nariz? ¿Te lastimaste?
—Está rota, creo —respondió ella, indiferente—. ¿Ya comiste algo?
—Tienes la nariz rota —Félix no soltó el tema—. ¿Y el labio también?
Tengo que traer algo para curarte. Va a doler, pero leí que el zumo de limón
ayuda a cicatrizar heridas por lo ácido que es.
Se levantó y desapareció de la vista de su madre, quien, a solas, se
puso a reflexionar en silencio. Con su padre por ahí fuera, escondido
pacientemente y esperando a que apareciera, Félix nunca podría tener una
vida feliz. Tesla no traía noticias ni aunque desapareciera por días enteros,
porque el bastardo que buscaban era demasiado bueno escondiéndose.
Solo había una solución.
Simple, pero decisiva: mostrarse. Contar con una operación
complicada haría que su padre quizás no se mostrase. Después de todo, el
olfato de Keyal era decente, y no dudaría en que daría con algún rastro,
aunque sea mínimo, de Tesla o Ah o Un. Por tanto, solo tenía una opción
viable.
338
Félix volvió, la ayudó a sentarse y untó el zumo directo de un limón
sobre su labio roto. También tenía algo de alcohol puro que aplicó sobre los
moretones y las heridas superficiales. Maki siseó del ardor, pero sonrió,
acariciándole el pelo gris a su pequeño, orgullosa por dentro, de que no
hubiera seguido con su tanda de pésimas decisiones. Desde que murió
Nikolai solo se había centrado en su propio dolor, ignorando que tal vez Félix
estaba en una situación como ella la tuvo cuando tenía cinco años. Perder a
un padre, al menos uno tan dedicado como lo fue Nikolai, debía de doler
demasiado.
—Después que tu padre murió... —susurró, haciendo que Félix la
mirara— apuesto que te sentiste muy solo.
—Juzzo estuvo ahí... y yo...
—Lo siento —Maki lo interrumpió, poniéndose de pie—. Lo siento...
sólo iré a descansar, no te preocupes.

339
45

Siendo las nueve de la mañana, Maki salió con decisión. Sus heridas
habían curado casi por completo, había dejado a Félix durmiendo y había
partido acompañada de Kirk y Lucifer, cruzando el Mercado sin que Tesla
tuviera idea. Estaba decidida a ganarle en una pelea real a su padre: terminar
ese ciclo violento de miedo y vacío. Vengar a su madre, en parte a Nara y
también a Nikolai, buscando al fin la justicia que merecían. Sabía que él la
tenía localizada, pero en el Mercado Tesla tenía demasiados aliados, así que
esperarían a que saliera.
Ante la gran puerta, Hayato la esperaba, sin entender. Ahora
mantenían una distancia mayor, sin ella dejarlo tocarle un mísero pelo de la
cola, aunque él no parecía darle importancia, respetando los límites como si
se tratase de algo natural. Era incorregible, pero a un punto infernal. Aun así,
sólo podía contar con él para esto. —Maki —saludó él, alegre—, ¿vas a salir
del Mercado? ¿A qué?
—Voy a enfrentarme a padre —dijo sin más. Hayato parpadeó dos
veces, sin entender.
—¿Qué...? ¿Te has vuelto loca? ¡Vas a morir!
—Claro que no, los tengo a ellos de mi lado —Señaló a sus nanatsus,
aunque él seguía reacio.
—¡Padre es fuerte! ¡Y Keyal se estará ocupando de uno de tus
nanatsus! ¡Sólo será un dos contra uno! ¿¡No entiendes!? —Se acercó un
paso. Kirk le gruñó— Puede enfrentar a Tesla, hará que tus nanatsus
parezcan gomitas.
—Yo solo vine a pedirte ayuda. Si ves que Juzzo se altera es que me
pasó algo, y yo...
—No lo hagas —Se acercó dos pasos. Kirk gruñó mostrando más
dientes—. ¿Después de esa noche que pasamos juntos quieres suicidarte?
—Corrió hacia ella, con la intención de sujetarle los hombros, pero Lucifer le
agarró la cabeza, frenándolo en seco, mirándolo con un aura amenazante.
—No toques —dijo, mostrando casi todos sus colmillos. Hayato, aun
así, dirigió su atención a Maki, y le dijo: —¡Igualmente no vas a hacerlo! ¡Tú y
yo...!

—No existe ningún “tú y yo”. Te lo inventaste para romantizar lo que


me hiciste: violarme. No te amo, Hayato, ni tú a mí, solo tienes un deseo
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enfermizo de someterme a tu asquerosa voluntad. Cerdo.
Kirk le escupió uno de los zapatos, haciendo rabiar al rubio.
—¡Pues bien! ¡Ve y muérete si tanto lo quieres! —Sé apartó
bruscamente de la mano del nanatsu, pasándole de largo a la de pelo
blanco— ¡Y ni pienses que iré detrás de ti a salvarte el culo!
Se fue. Lucifer miró preocupado a Maki, quien se limitó a suspirar y
seguir caminando. Una vez fuera del Mercado el aire cambió. Habitualmente,
se sentía más tranquilo y apacible, pero ahora había una sensación
constante de que alguien la estaba observando. Y no se equivocaba, pues el
ojo dorado de Keyal casi que la adoraba desde la distancia.
Salió corriendo, yendo hacia su amo, quien estaba sentado en un
parque al aire libre no demasiado lejos. Tras enviar a Tesla y a sus aliados
los ángeles a la otra punta de la ciudad, podía darse finalmente un respiro.
Detrás de él estaba una figura conocida: un hombre perro enorme, y con
gran musculatura, que miró a Keyal con desdén.
El lobo dorado murió repentinamente de un infarto en la prisión de
Tesla, lejos de la resurrección forzada de Raphel, su amo, por unas dos
semanas. Logró engañar al enano, haciendo que lo tirara a la basura, para
luego devolverle su alma y esperar pacientemente una semana más a que
su cuerpo se recuperara por completo. Aunque había una lesión que no se
curó plenamente, siendo la de un ojo perdido, que, si bien lo recuperó en una
ocasión, aun estando bajo el régimen de Tesla, le fue quemado con ácido
fluorhídrico, dejándole el flanco ciego y la mitad de la cara con una horrenda
cicatriz que ya no podía recuperar.
Jadeando, llegó con una sonrisa enfermiza a donde su amo, quien lo
miró con curiosidad.
—¡Es ella! ¡Realmente está aquí! ¡Sola, sola con sus nanatsus! ¡Ni
Tesla, ni el rubio, solo ella y sus dos enclenques! ¡Dejó al de ojos blancos la
muy estúpida!
Abriendo los ojos, Raphel sonrió y se levantó de inmediato. Su cuerpo
estaba delgado, casi escuálido. Se le veía debilitado en comparación a antes,
pero eso no le impidió mover la cola de alegría en un sádico júbilo.
«Vengaré a Nara; me las va a pagar por todos los problemas a lo
largo de los siglos. Esa perra no va a salir viva»
Detrás de él iba el enorme hombre, quien tomó la forma de un
gigantesco perro de tres metros, con su enorme cicatriz en el centro de los
ojos, demasiado cerca del ojo izquierdo. Y en los iris, más blanquecinos que

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antes, brillaba una impaciente llama con deseos homicidas. Seguía con la
mirada y los pasos a su jefe, quien, tras traerlo de vuelta a la vida, una vez
más, le había prometido una pelea contra Tesla. Ahora, estaba más cerca,
sólo debiendo acabar con un puñado de nanatsus debiluchos y su ama, y
esperar a que apareciera su objetivo de algún lado.
Keyal no tardó en encontrarla, pacientemente sentada en medio de
una zona boscosa, dentro de una propiedad privada de algún rico de la zona.
No había casas cerca, ni tráfico, ni gente. Solo ellos, y la oscuridad que
ofrecían los árboles. Kirk gruñó junto a Lucifer una vez se mostró el hombre
con sus monstruosos acompañantes. Maki disimuló su miedo, y bajó las
orejas.
—No te había visto hace muchos años —dijo el albino, sonriendo—. La
usurpadora alma que robó el cuerpo de mi hija y luego la forzó a suicidarse...
tú.
—No tengo idea de qué hablas. Tampoco sé nada del trasfondo de
Nara, pero si ella eligió matarse es para no juntarse con mierdas como tú
—Otto rugió, sacando los dientes. Keyal lo imitó. Maki se transformó,
mientras Kirk y Lucifer se preparaban para el enfrentamiento inminente.
Philip tomó su forma de lobo, y Otto se lanzó hacia Kirk directamente. Le
mordió el brazo izquierdo, que interpuso para no llevarse de lleno el impacto,
y Kirk luchó por quitárselo de encima una vez cayeron al suelo.
Keyal fue directamente a por Lucifer, saltando con la intención de
morderle la cara, pero el de ojos azules lo agarró de las mandíbulas abiertas,
enterrándose con dolor los colmillos en las manos, pero soltándose lo más
rápido posible para mandarlo a volar. Maki había logrado morder a Otto en
una de las orejas, pero el enorme ghoul de tres metros la empujó, donde
Philip aprovechó para atacarla directamente. Kirk se interpuso, golpeando
en la cara al gran lobo blanco, delgado, aunque fuerte. Keyal se le lanzó
encima, intentando morderle el cuello al nanatsu de ojos rojos, que tuvo que
lanzarse de espaldas al suelo, aplastando al lobo dorado con su peso,
sacándole un chillido.
Lucifer la tenía más difícil, sintiendo la fuerza enorme de Otto sobre
su brazo, atravesado por colmillos enormes y filosos. Maki volteó
rápidamente la cabeza al sentir su grito de dolor cuando el monstruo de tres
metros le arrancó la extremidad. La sangre le salpicó en un chorro, y Kirk,
quien había desfigurado a golpes la cara de Keyal, corrió a ayudar a su
compañero.
Philip aprovechó y mordió a Maki en el estómago fuertemente,
haciéndola chillar. Lucifer dio un rodillazo, y Kirk un puñetazo a la cabeza de

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Otto, quien se apartó a la fuerza, dejando que los nanatsus se le lanzaran,
mientras Maki se lanzaba de vuelta, apuntando a la yugular de su padre,
quien tomó la forma humanoide y se sacó del bolsillo de su saco una jeringa
que pretendió encajar en el cuello de la loba, quien, en un movimiento muy
arriesgado, lo atacó directamente, alcanzando el cuello, pero Otto logró
darle el miedo suficiente como para que lo soltara y se apartara muy rápido.
Kirk y Lucifer le atacaron por los flancos, encajando garras y puños,
logrando inmovilizar a Otto, pero no podían entonces ocuparse de Maki. Su
padre sangró por la nariz, de forma más abundante, y Keyal despertó de
golpe, yendo, desesperado, a por Lucifer, quien le dio un golpe con su rodilla,
a falta de su brazo.
Kirk logró aplicarle un mata leones a Otto, quien se revolvió inquieto,
tratando de quitárselo de encima, mientras Lucifer aprovechaba en tratar de
lidiar con Keyal y la hemorragia masiva. Ya la vista se le estaba empezando
a nublar.
Maki, al notar el estado tan endeble de su nanatsu, fue a tratar de
rescatarlo, pero lidiar con Keyal fue un golpe traumático que no soportó al
instante, y ganó una mordida por parte de su padre transformado, esta vez
en una de sus patas traseras, haciéndola caer al suelo. Keyal corrió a auxiliar
a su amo, de inmediato, pero Kirk le lanzó uno de sus propios colmillos, con
precisión, justo al ojo sano, sacándole un grito y haciéndolo caer al suelo.
Ciego, Keyal era inútil ahora.
Otto se quitó a Kirk, agarrándolo de un brazo y arrancándolo de una
mordida poderosa. Lucifer lo golpeó repetidamente en el abdomen, pero fue
apartado bruscamente y pisoteado por la mole de carne, pelo y rabia que
suponía su adversario, todo mientras Maki huía torpemente de su padre,
quien, algo debilitado, se le arrimaba sin rendirse. Guiado por una
determinación repulsiva.
Maki sintió un pinchazo en su espalda baja, y se lanzó sobre su padre,
aprovechando que éste estaba más deteriorado, sangrando por la nariz por
alguna razón y por la boca, pero, por donde ella lo viera, era todo ventajas.
De un certero mordisco, desgarró y atravesó hasta donde pudo el cuello del
albino, haciendo que Keyal y Otto simplemente cayeran al suelo como
marionetas sin titiritero. Lucifer y Kirk cayeron al suelo, perdiendo sangre a
montones, mientras Maki sentía una calidez dolorosa atravesándole el
vientre, y, cuando bajó la vista, vio la mano de su padre enterrada
fuertemente en sus entrañas. La tiró a un lado, donde perdió la forma de
loba, agarrándose la herida mientras un ardor la consumía, llevándose poco
a poco sus sentidos, primero limitándole el olfato.
Vio de reojo como su padre se iba, levantándose y chorreando sangre
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de lo que debió ser una yugular destrozada. Él caminó, lentamente,
alejándose.
A cada paso que daba, el cuerpo se deterioraba un poco más.

«Este cuerpo ya no da abasto... debería buscar uno nuevo... Yo...»


—Hasta que la rata sale —La voz grave y terrorífica de Tesla a su
espalda lo hizo detenerse y temblar de manera inconsciente. Se agarró más
fuerte la herida del cuello—. ¿Dónde está mi hija? Me gustaría saber qué le
has hecho.
Claramente, no podía responder. Tampoco podía huir. Estaba
condenado.
Tesla le puso una mano en la espalda baja y luego le soltó un certero
puñetazo, haciéndolo caer de inmediato. Lo volteó, ubicándose sobre él, y,
sin máscara, mostrando unos colmillos que Raphel juraba que habían
perdido su filo, le propinó tantos golpes como se le ocurrieron en la cara y la
herida abierta.
Eran brutales. Duros como piedras, y rápidos y pesados. Tesla estaba
furioso en toda regla.
—¡Mataste a mi hija! —Le gritó, en medio de ese sitio solitario— ¡La
hiciste mierda después de destruir su vida!
Otro golpe, y otro más.
—¡Te perseguí durante años y sólo saliste cuando la viste sola!
¡Cobarde! —Le aplastó la nariz, rompiendo directamente el hueso, y lo agarró
del cuello de su saco manchado de sangre, viéndolo sufrir tratando de gritar
con las cuerdas vocales malheridas— ¡Asqueroso! ¡Bastardo! ¡Hijo de la gran
puta!
Le dio un golpe con su propia cabeza, causándole a su enemigo un
dolor inmenso en la sien, y siguió en su maratón de golpes, cada uno más
poderoso y sediento de sangre que el anterior. La cara de Raphel fue
desfigurada, mientras, incapaz de moverse, trataba de buscar una forma de
huir. Los ojos rojos estaban brillantes, cristalinos, pero no en llanto, sino en
rabia, y, hundido en su frenesí violento, alzó ambas manos, rojas y viscosas
de sangre.
Juntando ambos puños le reventó la cara, y entonces, lo vio. Esa
cosa parecida a la mezcla horrenda de un humanoide y un lobo, tratando de
huir del cuerpo medio muerto que por algún motivo, todavía respiraba. La

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masa amorfa cruzó miradas con los espectros rojos y diabólicos de Tesla y
trató de huir, muerta de miedo.
El lobo de corta estatura sopló un silbato extraño que la masa oyó
con terror, y, cuando logró escapar al fin de ese cuerpo maltrecho, una
avalancha de plumas de oro, plata y acero se enterraron en ella como
cuchillas. La masa gritó de forma extraña, siendo un sonido agudo y horrible,
pero los ángeles de carne, que obedecieron al llamado del ensangrentado
líder del Mercado, fueron a encargarse del remanente de Raphel.
Uno de los cuerpos alados se desvaneció muerto, y Tesla observó
con paciencia como un alma humana, alada, encadenaba con unas cadenas
de plata a la masa deforme. Esa alma tan corrupta ya no podía existir. El
ángel principal, en un cuerpo de hombre tigre, miró al albino, quien pateaba
con desdén el cadáver bajo sus pies.
—Estabas cerca, menos mal que llamaste rápido —Le dijo, en un tono
conciliador—. ¿Sabes dónde está tu hija?
—No tengo ni puta idea —Se levantó—. Pero confío en que Juzzo ya la
encontró.

Félix corrió, dejando a Juzzo atrás, quien se detuvo a unos metros de


distancia, viendo la tragedia. Lucifer y Kirk estaban muertos junto a otras
bestias que no reconoció del todo al principio. El pequeño, llegó hasta donde
estaba su madre, bocarriba en el suelo, sujetándose la herida del estómago
mientras perdía sangre. No oía nada, apenas veía, y ya el tacto era
prácticamente nulo. Lo que sea que le hubiera inyectado el malnacido de su
padre ya había acabado con ella. De reojo le pareció oír algo, aunque
levemente, más bien una vibración en el aire y volteó sus ojos, casi opacos
del todo. La silueta de un niño la hizo primero preguntarse quién era, luego
reparó en que se trataba de Félix. Su hijo. El suyo y el de Nikolai, ahí,
contemplando sus últimos momentos, hecho un mar de lágrimas.
Ella le acarició la mejilla, con una sonrisa torpe. Él lloraba, llamándola
y pidiéndole que se quedara con él, pero Juzzo ni siquiera llamó a una
ambulancia, porque sabía que, en unos pocos minutos, su ama se iría. Maki
repasó las facciones finas y lindas de Félix, manchando con su sangre
desde las orejas hasta su nariz, sonriéndole como idiota, y dejando salir
unas lágrimas de alegría materna que siempre estuvieron ahí.
—Lo... siento... —susurró, y Félix vio, con horror, como la forma de su
madre cambiaba a la de un lobo blanco de enorme tamaño.
Porque, cuando un lunar muere, su cuerpo vuelve al estado natural: el
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de una bestia.
—Debí haberte apoyado más... —Maki cerró los ojos, y luego los abrió
un poco, luchando contra la sangre que ya no podía mantenerse en su
cuerpo.
No los volvió a cerrar, y el cuerpo se mantuvo quieto, sin respiración,
sin pulso. Félix estalló en llanto, tomando su forma de animal y
acurrucándose al lado de su madre. Juzzo llamó a Tesla de inmediato,
sintiendo esa conexión extraña romperse.
Corriendo, Tesla fue directo hacia donde los ángeles le indicaron que
venía el rastro podrido de Raphel. Encontraría a Maki, si tenía suerte, aún
con una posibilidad de salvación.
Cuando estuvo frente a ella, la escena era sencillamente desoladora.
Bajó las enormes orejas peludas, y contempló el cuerpo sin vida de la albina,
en el suelo, con su forma de lobo, y una hemorragia masiva que le cubría el
estómago. Tesla bajó la mirada, viendo a Félix estando pegado a ella, y a
Juzzo sentado a pocos metros de él, abrazando sus rodillas, y con la mirada
brillante, perdida en la nada.
El lobo de ojos rojos apretó los puños y arrugó el entrecejo,
maldiciendo, mientras la sangre del asesino se escurría entre sus dedos. El
llanto de Félix, fuerte y roto, le impidió mirarlo.
Incluso para Tesla, era demasiado.

Ella despertó, en algún sitio. Parecía una cama de hospital, y apenas


veía algo. Unas voces estaban muy animadas cerca suya.
—...y luego, lamió el jabón antes de morderlo —Una voz femenina que
le pareció vagamente familiar estaba hablando—. Lucifer se lo quitó para
comérselo él y luego tuvo que estar una semana encamado por el dolor de
panza.
—¡Ja, ja, ja! —Otra voz. Masculina— ¿Tiene más anécdotas?
—Claro... pero creo que ya se despertó.
Una mano ya muy conocida la hizo espabilar de golpe, y le cayó una
lágrima mirando a las dos caras que la recibieron.
—Oye amor, ¿puedo pedirle a tu madre que me cuente más historias
de cuando eras niña? —preguntó Nikolai, feliz.

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Epílogo

—Así que... se fue —Valentine seguía sin creerlo. Tesla asintió,


mirando al suelo—. Realmente murió, eh...
—Sí. Fue horrible. Cuando llegué, Félix no se quería apartar de ella,
estaba devastado, seguro de haberla visto morir.
—Eso es... Dios...
—Ahora le tocará empezar de cero en la antigua casa —Juzzo estaba
armando maletas y cajas para llevarse. El pequeño de pelo gris miraba
dibujos en la gran pantalla, sin ánimos.
—Me pregunto cómo será para volver a levantarle el ánimo... —Hizo
una pausa Valentine—. ¿Mañana será el funeral?
—Sí. La enterrarán. Le dije a Juzzo que ni se le ocurriera conservar las
cenizas.
—Comprendo...
Se fueron a mediodía. Juzzo y Félix se instalaron en la casa de nuevo
sin ayuda. Se sentía vacía, aunque pronto el olor a panqueques haría el
ambiente un poco más feliz. El nanatsu de ojos blancos tenía fe de ello.

—Así que... guapetón, ¿das o recibes? —El hombre hiena se sonrojó


un poco antes de decir muy bajito la palabra "recibo" entre tartamudeos—
Qué lindo, ¿qué te parece venir a mi cama esta noche y...?
—Hayato —Llamó Tesla desde la puerta del vestíbulo. El rubio pidió
permiso guiñando un ojo y fue a donde su padre adoptivo—. Necesito que
me ayudes moviendo unas cajas con carne a la carnicería de Jimmy.
—¿Qué hay de Ah y Un?
—Están haciendo lo mismo con otras cajas.
El camino fue en silencio en la ida, solo interrumpido por las quejas
de Hayato en su forma de bestia ghoul, quejándose de que la cola estaba
manchada de la sangre pegada en el suelo. A la vuelta, Tesla seguía sin
hablar, y el blondo rompió el silencio, rascándose la nariz.
—Maki murió... se siente raro sin ella —dijo, tranquilo. Tesla asintió—.
Nos acostamos antes de que... pasara eso. Fue genial.

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—¿Y ella estaba despierta para saber que se sintió genial? —Alzó una
ceja.
—Obviamente. Gimió cómo toda mujer a la que le doy un poco de mí
—Sonrió orgulloso y luego volvió a estar serio—. Creía que era mentira.
—¿Qué cosa?
—Antes de irse, Maki me vio. Me dijo todo, pero luego se puso a
ofenderme, y a insultar mi inteligencia. Le di una patada filosófica en el culo
y se fue sin más. Al parecer esperaba mi ayuda —Chasqueó la lengua—.
¿Puedes creerlo? ¡Me insultó!
Cuando miró a su lado, Tesla no estaba. Tardó unos segundos en
percatarse de que se había quedado atrás. Lo miraba, muy quieto, con esa
aura aterradora que le ponía a sus víctimas.
—¿Qué hiciste qué?

348
FIN

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