White Red Monogatari
White Red Monogatari
Por
Maki Yamato (MakotoH21)
Maki es una mujer que, antaño, fue una niña herida por la mano
sádica de su padre, y, ahora, ya adulta, consumida por un miedo arraigado
a los lazos, vive su vida. Sin escasez en lo material, pero un profundo vacío
emocional que la consume, Maki está profundamente herida… aunque su
largo historial de amantes dice lo contrario.
Con un incidente, aparece Nikolai, pero vuelve su miedo. La sombra
del pasado parece regresar solo para atormentarla, y entonces, ella se
hace la pregunta: ¿ser feliz es pedir demasiado? ¿Es algo demasiado
egoísta para una culpable como ella?
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A todos aquellos que siempre me apoyaron en las buenas y las
malas, y estuvieron para mí mientras narraba esta novela.
Y para ti, el Niko de verdad, espero algún día entiendas el peso que
cargas siendo quien eres en esta singular historia.
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Glosario:
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Prólogo
Eran como las tres de la mañana, hora donde todos dormían, o, más
bien, casi todos. Una niña de cabellos blancos cual nieve, ojos azules
como zafiros y piel igual de nívea estaba impacientemente despierta y
sentada sobre su cama. Estaba feliz y emocionada por su quinto
cumpleaños, lista para salir corriendo a toda carrera para despertar a sus
padres.
Su cola canina se movía nerviosamente, exponiendo aún más su
estado eufórico. Imaginaba los regalos que le darían, tal vez su padre le
obsequiaría algo este año. Tal vez este sería su año.
La pequeña sonrió solo de pensarlo, y, decidida a armar escándalo a
las tres de la mañana, salió disparada al pasillo, dejando la puerta de su
habitación abierta de par en par. Se detuvo frente a la puerta entreabierta
de sus padres, de donde emanaba el olor dulzón y preocupante de la
sangre, que hizo que sus alarmas se dispararan. Lentamente, y de puntillas,
abrió poco a poco la puerta de madera, y asomó su pequeña cabecita,
dejando solo la frente y sus ojos brillantes a la vista.
Dentro de la habitación un par de ojos dorados le devolvieron la
mirada, vívidos y feroces. La lobita bajó sus orejas caninas al ver a la
bestia yendo hacia ella, lenta y cautelosamente, hasta quedar iluminado
por la débil luz que entraba por la abertura de la portilla. La niña abrió los
ojos con horror, notando el pelaje dorado y blanquecino del lobo adulto y
de orbes dorados cual oro, manchado con el rojo de una sangre que bien
conocía: la de su madre, arrastrando algo entre sus colmillos. El lobo
mordía el cuello de la mujer, y la soltó para dedicarle una tétrica sonrisa.
Asustada, retrocedió un paso, y el animal abrió al completo la puerta con
un golpe leve de su cabeza, dejando que la infante viese el cuerpo inerte de
su progenitora en el suelo, frío y ausente de vida.
La pequeña niña gruñó presa del pánico, y tomó su forma animal,
siendo enana, peludita y para nada amenazante al compararla con la
bestia que tenía delante. Le mostró los dientes, no obstante, tratando de
luchar contra los propios temblores que le recorrían el cuerpo por el miedo.
El lobo dorado rio con voz ronca, burlón, mientras enseñaba los dientes
manchados del espeso líquido rojo. En sus ojos titilaba el sadismo que lo
caracterizaba.
La niña ladró, casi llorando, mas detrás del canino apareció otro
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lobo, esta vez blanco, e inmaculado, con unos ojos azules que podrían
romper el cristal o a quien fuese receptor de su penetrante filo lapislázuli.
La cachorrita movió la cola por un corto instante.
—Papá… ¡hirió a mamá! ¡Keyal hirió a mamá! —chilló, desconsolada,
pero sin llorar. El lobo mayor ni se inmutó ante la declaración.
—¿Qué haces aquí, Maki? —respondió, serio, parándose justo al lado
de Keyal, el asesino, quien no había dejado de sonreír.
—Es… es mi cumpleaños. Quería pasarlo contigo y con… contigo y
con… con… —Con la voz apagada, Maki intentaba decir algo coherente,
pero ninguna palabra podía describir su tristeza.
—No está muerta —dijo Keyal, sin borrar su expresión—. Todavía está
caliente.
Al oír tal cosa la pequeña no pensó, solo corrió hacia el cuerpo de
su madre, y se acurrucó al lado de su corazón, tratando de oírlo latir.
Estuvo así por un par de segundos, pero no oyó nada. Miró a su padre
buscando ayuda, pero él solo la observaba, sin expresar más que
estoicismo. El lobo dorado se echó a reír con ganas.
—¿En serio te crees que esa vieja sigue viva? —Se carcajeó,
divirtiéndose— Sí que los niños son estúpidos… ¡Muy estúpidos!
Se acercó a ella a paso rápido, y la agarró de la nuca, a lo que Maki
protestó, moviéndose de un lado a otro para volver con su madre, pero le
fue imposible. Entre risas, Keyal la lanzó al pasillo y le siguió sonriendo
desde dentro de la habitación.
—Está muerta, pequeña tonta —sentenció, con filo en cada palabra—.
Los muertos no respiran, no sienten…
—¿Papá…? —Lo miró ella con un último rayo de esperanza surcando
sus ojos azules. Él le devolvió la mirada, y esta vez habló:
—Ya no era útil.
Tras esa declaración, salió corriendo Maki, aterrada. Surcó la casa
hasta adentrarse en el lecho de su hermano mayor, Arthur, y, aún en su
forma de animal, lo despertó de su letargo. Él la miró enojado, pero al ver el
llanto en sus ojos grandes, casi siempre alegres, y la sangre ajena que
manchaba su nuca, rápidamente se preocupó poniéndole una mano en la
mejilla de forma cariñosa.
—¿Maki? ¿Estás bien?
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—Mamá… Keyal… papá… ¡Mamá no está! Keyal la… la…
Arthur se levantó y cerró la puerta desde dentro, y se arrodilló frente
a la cama, quedando a la altura de su pequeña y dulce hermanita. La
abrazó tan fuerte como pudo, asimilando para sí mismo la noticia, y abrió
la ventana, que, por suerte, daba al cerezo de los vecinos. Tomó su forma
de lobo, marrón y con sus ojos color miel y vivarachos, opacados por la
preocupación y el dolor, y se volteó a ver a su hermanita, quien lo miró sin
comprender.
—Vamos —susurró él, oyendo los pasos apresurados de Keyal en
dirección a la habitación—. Tenemos que buscar ayuda.
Desde la cama dio un salto hacia el marco de la ventana, seguido
por Maki, quien casi se cae al suelo de vuelta. La puerta fue azotada por un
golpe del animal, quien trataba de derribarla por medio de golpes. Arthur
lanzó a su hermanita hacia el tronco del árbol, y, al ver que cayó bien le
ordenó bajar silenciosamente.
—Ahora te sigo, adelántate —Le dijo.
La puerta volvió a sonar, esta vez junto al crujir violento de las
bisagras. Pero, justo cuando creía que oiría el tercer golpe, oyó las llaves y
los pasos de los zapatos de su padre. La puerta fue abierta revelando al
hombre lobo albino, y al can dorado y con dientes manchados de sangre.
Arthur gruñó en su dirección, aunque su pequeño tamaño no era rival para
nadie.
—¿Y tu hermana? —preguntó su padre, tras aclararse la garganta.
—No te importa, asesino —habló el niño en un gruñido—. Si la quieres,
tendrás que matarme a mí también.
El padre entornó los ojos y se pellizcó el puente de la nariz, irritado.
Tras él, un león color negro mostró sus orbes violetas, y Keyal lo volteó a
ver. El hombre volteó a ver al lobo y le ordenó:
—Ve tras ella, Kobaru se quedará aquí.
Keyal salió corriendo en dirección a la ventana, Arthur trató de
interponerse, pero el lobo más grande le dio un buen zarpazo que lo
mandó al suelo. Saltó al cerezo y corrió siguiendo el olor de la niña.
En el suelo, el chiquillo abrió los ojos débilmente, tratando de
levantarse con dificultad, siseando por el dolor. El león vio desaparecer por
la puerta al hombre lobo blanco y se acercó lentamente al infante de pelo
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castaño, quien lo miró, con miedo. Kobaru sintió lástima por él antes de
abrir las fauces, y mancharlas con la sangre infantil, aunque llevándolo a la
muerte de una forma rápida y lo más indolora que le fue posible.
Arthur no gritó, porque aún podía sentir el olor de su triste
hermanita, que lo esperaba en alguna parte. Su última visión en vida fue la
foto familiar de cuando Maki nació, con todos felices, y su madre, aún viva,
sonriendo mientras cargaba con júbilo a la nueva integrante de la familia.
Sufrió en silencio, hasta que el gélido abrazo de la muerte se llevó su alma,
cerrando los ojos.
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dejar abandonada a la niña. Sus ojos se detuvieron en una mansión roída
por los años, de madera de abeto precioso con un jardín delantero
descuidado y con un viejo abeto apenas con una hoja verduzca.
Miró hacia atrás, y vio los ojos dorados de Keyal, quien no se acercó
a él. Solo le gruñó mostrando los colmillos, amenazante, y el desconocido
dio un paso en su dirección, dándole miedo y haciéndolo retroceder un
paso. Keyal se vio obligado a huir cuando el pequeño ser metió la mano en
uno de los bolsillos de su bata de laboratorio, hurgando para encontrar
algo. Una vez con la amenaza lejos, el tipo cruzó la calle sin tránsito y, tras
percatarse que el timbre no funcionaba, tocó la puerta de la gran casa
repetidas veces. Casi la llevó abajo, cuando oyó unos pasos acercarse
rápidamente, junto a repetidas palabras venidas de una voz masculina y
grave:
—¡Espera, malnacido! ¡Déjame llegar a la puerta! —Se oyó el
estruendo de un arma y el desconocido se retiró rápidamente al oscuro
rincón oculto al otro lado de la calle, desde donde veía lo ocurrido.
La puerta de la mansión se abrió con un crujir molesto, y un hombre
lobo de pelo azulado y ojos color ámbar, armado con una escopeta listo
para matar a cualquier imbécil que tocara la puerta para alguna broma de
mal gusto. Confundido, miró hacia el suelo, notando a la pequeña lobita
durmiendo entre harapos que apestaban a drogas y lobo. El hombre peinó
la zona con la mirada, buscando intrusos, pero no vio ni olió a nadie, así
que puso la escopeta a un lado, y repasó con sus grandes manos el cuerpo
durmiente de la pequeña inocente.
La miró con curiosidad y a la vez lástima, notando la sangre pegada
en su cuello, y decidió entrarla a la casa, donde se encargaría de
interrogarla cuando despertara, porque no sabía quién era, ni de dónde
había salido.
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albina, otorgándole un poco de confianza.
—Primero debemos saber tu nombre. Así tal vez podamos
devolverte con tu familia —La señora sonó amable, pero sus palabras
hicieron que las peludas y pequeñas orejas bajaran súbitamente y la cara
de la menor se llenara de tristeza y temor.
—Mi mamá… mi mami… —susurró, y los mayores se miraron entre
ellos, dudando sobre qué decir.
—¿Le ocurrió algo malo a tu mami?
—Ella… no está —dijo Maki, con pesar.
—Oh… —susurró el hombre— ¿Unos animales le hicieron daño? ¿O
fueron otras personas?
—Fue el nanatsu de papá. Ke… Keyal la… —Sin poder decir más, se
sumió en el llanto, y la mujer se acercó a abrazarla. El calor le hizo bien, y
dejó de llorar unos minutos después. Decidida, empezó a hablar—: M-me
llamo Maki…
—Entiendo… soy Alfred —Se presentó el lobo, sonriente. Luego
acarició los hombros de la mujer—, y ella es mi esposa Cynthia. Somos los
Taylor, y estamos encantados de conocerte, pequeña Maki.
La albina se alegró un poco, moviendo su colita con entusiasmo,
mientras sonreía débilmente. Los adultos se tomaron fuertemente de la
mano mientras acariciaban con sus manos libres cada uno una mejilla de
la pequeña. Tenía una linda sonrisa, pensaban los dos al unísono, mientras
la mimaban como si se tratase de su propia hija.
Un sonido de golpeteo en la puerta rompió el momento y Alfred se
irguió y abrió levemente la misma, asomando solo su cabeza. Maki miró
con curiosidad su espalda grande, sus piernas largas y su cola poblada,
moviéndose un poco a la izquierda, y luego a la derecha, mientras trataba
de oír la conversación distante que mantenía con alguien a quien
desconocía.
El olor a almendra se regó por la habitación junto a un niño lobo de
pelo azul oscuro y ojos tan rojos que helaban el alma, pero que lo
contrastaba con una enorme sonrisa. No dudó en acercarse gateando
hacia la niña, admirando sus rasgos, diferentes a los propios.
—Hola —dijo eufórico—. ¡Me llamo Wolfine y soy el hijo de esos dos!
¡Tengo siete! ¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes? ¿Tienes un color
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favorito?
Tímida, Maki se encogió y Cynthia cargó al pequeño remolino, pero
él solamente se dedicó a resistirse, y cayó encima de la cama de nuevo.
Alfred negó con la cabeza.
—Soy Maki… —susurró ella— Tengo cinco y… me gusta mucho el color
azul.
—¡Qué increíble! ¡Eres menor que yo! ¡Les diré a todos y así dejarán de
llamarme el enano de la casa!
Carcajeándose, Wolfine se bajó rápidamente de la cama y salió
disparado hacia la puerta, pero antes de cruzar el umbral se detuvo, y
volvió a correr, trepándose de nueva cuenta al cómodo colchón.
Una vez encima de las sábanas nuevamente, el niño extendió su
mano hacia la desconocida, y, con una sonrisa deslumbrante, le propuso
algo:
—¿Quieres venir conmigo y conocer la casa, a mis hermanos y a mi
cuarto?
Aunque todavía insegura, Maki miró a Alfred y a Cynthia, quienes,
sonriendo, aceptaron la propuesta de su alocado hijo. Wolfine y Maki
bajaron las escaleras corriendo, y riendo, como los niños que eran.
La albina conoció a Wolfie y Madeline: los dos hermanos mayores
de Wolfine. Él era una versión más grande y con el cabello un poco más
gris que el de su padre, y ella era la viva imagen de su madre, pero con los
ojos de su progenitor. Ambos preadolescentes, de doce y once años
respectivamente, la recibieron, al principio extrañados por la nueva
adquisición de la familia. Wolfie miró hacia arriba, y vio los semblantes de
sus padres, serios y preocupados, mientras repasaban a la niña con la
mirada.
Aunque sin entender del todo decidieron con una silenciosa mirada
darle la bienvenida que posiblemente mereciera.
—¿Quieres jugar algún videojuego? Tengo Call of Duty Modern
Warfare… y God of War Ragnarok… —El mayor sonrió incómodo, pero
Madeline le dedicó una mueca y tomó suavemente la mano de la niña.
Ganó su atención de inmediato, y le dijo:
—¿Qué te apetece hacer?
—Mmm… —susurró Maki, pensantiva— ¿Dibujar está bien?
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—Claro. Los tres dibujaremos contigo.
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genuina tras casi un mes. Los Taylor terminaron los trámites legales esa
precisa semana, y presentaron a la pequeña e inocente Maki como miembro
oficial de su familia poco después.
Feliz y enérgica, la niña creció siendo diferente a su familia. Conocía
su pasado, y no volvió a celebrar su cumpleaños tras la séptima fiesta. En
la escuela iba siempre con Wolfine, su mejor amigo, y a veces veía a lo
lejos a sus otros hermanos adoptivos. Cuando surcó los diez años dejó de
sonreír mucho, y se volvió una muchacha seria, pero muy hermosa. Tuvo
muchas oportunidades de tener un novio, pero ninguna fue aceptada.
Creció sola, rodeada únicamente de su familia, y, en algún punto de su vida,
nadie más quería acercarse a la rarita de la secundaria.
No era muy destacada estudiando, pero siempre salía regular en
todo lo que podía. No tenía esperanzas y sueños de ser una prodigiosa
universitaria, dígase ingeniera o abogada, pues se dedicaría al negocio
familiar: agente inmobiliaria. Estudiaría lo concerniente a ello y envejecería
junto al negocio. Ese era su plan de vida.
Pronto su historial violento salió a flote: donde casi le rompió la
mandíbula al pobre bastardo que osó llamarla “adoptada” frente a toda la
escuela. Casi logró su expulsión.
En preparatoria, con quince años, y en primer año escolar, tuvo su
primera pareja, conoció el mundo del sexo y se adentró en él para no salir
nunca. Cerca de sus dieciséis aniversarios, fue atacada por Keyal, más
delgado y escuálido de lo que recordaba, pero igual de fuerte y sádico. Le
hizo una horrible herida en el ojo, dejándole una cicatriz permanente en el
párpado. Los Taylor, preocupados, decidieron pagarle un profesor
particular para que estudiase en casa.
Sintiéndose una carga, Maki huyó de casa una noche, colándose en
un autobús con destino a Los Ángeles, California.
Allí le fue complicado conseguir trabajo, con su nula experiencia y
su apariencia joven. Quisieron meterla en un prostíbulo, mas ella renunció
al enterarse de su trabajo. Cumplió veinte años, y trabajó en un club
nocturno, donde conoció a Hikky, el que creyó durante años que era el
amor de su vida. Convencida de su incierta seguridad, Maki se permitió ser
feliz, sin embargo, las intenciones de su padre biológico siguieron un
macabro rumbo. Una noche, Maki se preocupó de que su novio no hubiera
vuelto a casa, y abrió la ventana. Allí la sorprendió la cabeza sin cuerpo de
su amigo Arkai, un joven tigre. Hikky llegó poco después, herido, pero de su
trabajo.
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Se tiró en la cama y el siguiente día llegó con miedo en la casa. Con
Arkai muerto, Hikky se armó hasta los dientes, pero su jefe, un temerario
enano asesino, llamaba por él, y desobedecerlo implicaba muerte seguro, y
de la peor forma. Maki fue atacada esa tarde, estando sola. La mordieron,
arañaron e hirieron. Hikky llegó y corrió para salvarle la vida, pero el sádico
de su padre le arrebató la suya arrancándole la cabeza de un golpe. Maki
sobrevivió de no ser porque un lobo albino disparó con su francotirador y
luego llegó a escena. Hizo huir a su padre, pero la muerte de Hikky le hizo
un hoyo en su corazón.
Sumida en la tristeza todo cambió para ella. Maki se pasó unos
cuantos cientos de años hundida en el alcohol, el sexo sin compromiso y
las drogas.
No volvió a enamorarse en ese tiempo, pero conoció a su tercer
hermano: un hombre oso llamado Ghunter. Y tenía todo lo que Maki
buscaba en un hombre: era bueno en la cama, guapo, musculoso y no le
importaba un carajo su vida personal.
Los años siguieron pasando y Maki había llegado a los mil, y su
cuerpo, lejos de envejecer, se mantuvo bello y joven, llenando de dudas
ltuyoiabeza de la joven, quien, cada día, se hundía más en su miseria,
rodeada de dinero inútil y sexo vacío. En la soledad, perdió el filo de sus
garras, y decidió dejar de sentir, para no fragmentar los restos de su
corazón.
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"Niños encontrados muertos en la costa de Playa Malibú,
California"
Eso decía el titular que primero apareció. Cambió de canal y se
entretuvo mirando dibujos animados. Tras unos quince minutos, Ghunter
salió vestido con su ropa interior de la habitación, y la vio cómoda en el
sofá.
—¿Maki, estás dormida?
—No, estoy viendo dibujos animados. ¿No ves?
—¿Te encuentras bien? —Se sentó a su lado. Ella asintió con
indiferencia.
—Solo estoy cansada. El sexo exige mucho ejercicio físico.
—Oh, bueno. No me preocupes, je, je —Le pasó la mano por el pelo,
despeinándolo—. Oye, quería decirte... mañana es mi cumpleaños. ¡Y voy a
hacer una gran fiesta! Quiero que vayas.
—No voy a ir.
—¿¡Qué!? ¡Habrá comida, bebida y mucha cocaína! ¡Será súper
divertido!
—Dejé de meterme cosas hace años, Ghunter.
—No te metas cosas entonces. Es simple, ¿no?
—No me fío de una bebida en un sitio donde hay drogas, Ghunter.
Solo... solo quiero quedarme en casa. Estoy cansada de salir, beber y follar,
¿sabes? Dame un descanso, no soy una jodida muñeca inflable.
—Pero eres el alma de la fiesta —La tomó de las manos— y mi mejor
amiga. ¿No crees que me sentiré solo?
—Ghunter, si me quisieras tanto me dejarías en paz. Estás
pensando en cómo presumirle a tus amigos que te vas a tirar a la más
guapa de la fiesta de los cojones. No voy a seguirte el juego. Van a ir putas,
diviértete con ellas.
Pero Maki...
—Déjame en paz. Solo vete a casa.
—Mmm... —Bajó sus orejas. Sus dos metros no parecían nada
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intimidantes de momento— Supongo que en serio te sientes fatal. Siempre
vas a mis fiestas.
—Tienes doscientos veinte años, y yo mil y tantos. ¿No crees que yo
sea algo vieja para ti?
—¡Ja, ja, ja, ja! —Rio estrepitosamente— No seas ridícula...
Se levantó y se estiró, bostezando. Se fue poco después, y Maki,
ocultando una sonrisa, se permitió cerrar los ojos y finalmente descansar.
Aunque no duró mucho. El molesto ruido de su teléfono unos diez minutos
después la hizo abrir los ojos y cogerlo con molestia y una muy notoria
desgana. Ni siquiera miró quién era.
—Hola y muy buenos días a la hermanita del año —La irritante voz de su
hermano la hizo respirar muy hondo—. Vi que tu boytoy salió hace un ratito,
supongo que estás sola ahí dentro, ¿verdad...?
—¿Qué quieres?
—Pasar, obviamente. Vine a celebrar tu cumpleaños, porque si es por
ti pasan igual de desapercibidos que otro día cualquiera. ¿Me abres el
portón del garaje? Vine en auto, claramente.
—¿Y por qué mejor no das media vuelta y te vas al carajo de aquí?
—Uy, que ruda... pero deja de bromear. Claramente me vas a abrir el
portón.
Maki gruñó y se obligó a levantarse. Bajó al primer piso y abrió la
puerta, mientras presionaba el botón que permitía abrir la reja electrificada
que mantenía alejado el ferrari de su hermanastro. Hayato entró, con una
sonrisa, y subió las escaleras del garaje hasta llegar a la sala de estar,
donde su hermanastra estaba, sentada en el sofá, mirándolo fijamente con
el ceño fruncido con una cara de ningún amigo. Maki era encantadora
cuando estaba enojada.
Feliz cumpleaños a la hermana más sexy del mundo. Te regalaría
algo nuevo pero como mi tarjeta tiene hermanas, y una de ellas está en tu
bolsillo, pues no puedo darte más... ¡Más que otro auto de lujo!
—Otro... ¿no crees que siete es mucho? —Alzó una ceja.
—Tengo veintiséis si te doy otro, Maki. Quiero librarme de alguno
más...
—Qué sé yo, véndelos... o algo así, no sé. ¿No te serán más útiles así?
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¿Cómo fajos de billetes?
—¿Y dejarte sin medio de transporte? Estás loca, mujer...
—Repito: tengo siete. No necesito más.
—Pues véndelos tú, ¿por qué peleas por todo? Dios mío con las
mujeres... —Hizo una pausa mientras se pellizcaba el puente de la nariz— En
fin, ¿cómo la está pasando la más buena de las hermanitas mayores...?
Puedo darte lo que quieras para tu cumpleaños.
—¿Pero no acabas de decir que...?
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estoy aquí para recordarte que un día como hoy, hace mil ciento diez años,
murió tu madre en aquel trágico incidente... —Le tomó las mejillas y le
sonrió con una calidez impropia de él— Estoy aquí para recordarte que
celebro la vida. Fue triste que ella muriera, sí, pero tú sigues aquí. Y yo
quiero que seas feliz.
Ella no supo qué decir. Se le formó un nudo en la garganta y se vio
incapaz de hablar. El silencio fue la respuesta que él asimiló como “correcta”
y le dio pequeñas palmaditas en las mejillas, captando su atención (aunque
estaba irritada igualmente).
—Bueno, ¿vamos a un bar? Ya que no quieres nada exótico iremos los
dos hermanos Yamato a un bar, listos para emborracharnos como dos
alcohólicos y despertar en el suelo, ¿qué dices?
—Eso es mejor que la idea de Ghunter, al menos..
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Maki lo miró con deseo y hambre, y él se arrodilló frente a ella. Le
abrió la boca de golpe y metió una linternita entre sus fauces, iluminando los
colmillos. Ella se movió, incómoda, tratando de quitárselo de encima, pero el
chico no cedió y la hizo estarse quieta con su fuerza. No era mucha en
comparación a la suya si Maki hubiera estado buena y sana, pero sí lo
suficiente como para retenerla estando tan inestable. La albina se alteró, y
empezó a sentir violentos golpes de calor azotándola desde el estómago
hasta el resto de su cuerpo.
Sentir la mano del extraño en su boca la hizo empezar a babear
inconscientemente, y el castaño retiró rápidamente su mano, con una
mueca de asco.
—Lunars… —suspiró, como irritado. Se inclinó sobre Maki otra vez y
tocó con un dedo la punta afilada de uno de sus caninos inferiores— Están
en un buen estado a pesar de que realmente pareces muy hambrienta…
Relájate, ¿sí?
Maki sintió que el calor de su cuerpo era excesivo, y, en un golpe de
desesperación y furia instintiva se transformó, lanzándose sobre el sujeto y
mordiéndole el brazo atorado en su boca. El chico, claramente irritado, hizo
fuerzas para quedar encima de ella. Era bastante grande y sus colmillos,
aunque aplicaban una fuerza débil, penetraron bastante bien su ropa,
rozando ansiosamente la carne. Agobiado y algo nervioso, el de pelo
castaño miró a su alrededor, buscando, cualquier cosa que pudiera servirle
para quitarse de encima a esa chica con grandes colmillos.
No sabía cómo diablos había parado un palo al trastero de un bar,
pero también había visto una motosierra en una esquina mientras recorría la
habitación buscando una fuente de luz alternativa. Agarró el trozo de
madera y pateó el estómago de la bestia, para luego quitar su brazo y meter
el palo entre las fauces de ella, que lo masticaba salivando de forma
abundante y desagradable. Asqueado, el chico se miró el brazo, viendo las
marcas de los colmillos, junto a un rastro de poca sangre. Estaba
desesperada, era muy obvio, pero él se levantó y le dio una patada muy
fuerte en la cara, haciéndola soltar el palo.
Se volvió a encuclillar frente a ella con una mirada seria.
—¿Tienes hambre? —Maki siguió respirando agitada y con la boca
llena de saliva y rastros de sangre— No puedes matarme. Te… — Buscó la
mirada la motosierra— cortaré en trozos si no puedes controlar tus instintos.
¿Eres mujer, no es así? Debería serte mucho más fácil contener las ganas
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de morder que a un hombre, ¿o no?
Maki bajó la cabeza, mirando al suelo, como con pena.
—¿Cuál es tu nombre? Soy Nikolai… mis padres son una rusa y un
escocés —Bajó sus orejas achinando los ojos—. Vivo en la ciudad desde
hace años…
Maki no dijo nada, aún quería morder algo desesperadamente. Él
tenía razón, las mujeres podían aguantar los instintos lunars mucho mejor
que los hombres, pero ella, estéril y especial, soportaba la misma maldición
que cualquier hombre joven de diecisiete años: un dolor insoportable
llamado apetito, que amenazaba con comérsela a ella si no lo soportaba lo
suficiente.
«Qué asco… no dejo de babearme como un gordo a dieta mirando
una jodida hamburguesa… »
La cicatriz en su ojo le dolía mucho, tanto, que no estaba segura de
cómo podía seguir viendo con su ojo derecho. No quería morder nada, pero
su cuerpo lo necesitaba despiadadamente. Odiaba ese impulso, pero la
venció el hambre y volvió a lanzarse sobre él, mordiendo su otro brazo esta
vez. Nikolai apretó los dientes mientras soportaba los dientes lobunos sobre
su carne otra vez.
—Esto duele, ¿sabes? —masculló, furioso— ¿Por qué diablos estás al
borde de la locura? ¿Hace cuánto no comes? Los lunars deben comer
cuando están hambrientos, o sino se ponen así, ¿no? —Presionó, tratando de
levantarla para luego moverse— ¿Código moral? Eres lunar, no puedes tener
eso. Matar está mal, pero debes hacerlo… Debe ser horrible, pero si me
intentarás comer vivo… —Con su mano libre apretó el cuello junto a la
melena blanca que lo cubría. Maki se removió al sentir esa presión, pero era
incapaz de dejar ir al joven— te mataré antes de que empieces a masticar.
Presionó más la garganta lupina, causándole dolor y asfixia a la loba,
quien, desesperada, mordía con desenfreno la carne, sintiendo consuelo.
—¡Niko! ¿Qué haces aquí? —dijo un joven hombre perro raza pitbull de
pelo negro muy corto. Al ver a su amigo en el suelo, con un peligro encima,
se quedó sin habla.
Maki rápidamente recobró el raciocinio, agradeció al desconocido en
silencio y al fin sacó sus colmillos del brazo del lobo castaño. Salió
corriendo escaleras arriba, dejando a los amigos solos.
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—Gracias, Roger… —dijo Nikolai mirando la escalera. El rastro fresco
de la loba había calado en su nariz.
—¡Dios mío, Niko! ¡Casi te mata esa loba! Deberíamos llevarte a
urgencias… —Roger le tocó el brazo, preocupado.
—Oh… vale. Para estar seguros de que no me contagió la rabia…
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—Un placer, Roger —Maki se obligó a sonreír. Estaba nerviosa, y
movía la cola de un lado a otro demostrándolo—, mi nombre es Maki y… ah…
juro que no tengo rabia ni ninguna enfermedad transmisible.
—Niko me ha dicho que lo de anoche fue un accidente, no te sientas
culpable —Le dedicó una sonrisa tranquilizadora, llena de compasión—. He
oído que los lunars deben lidiar con su hambre todo el tiempo, ¿no?
Ella asintió en silencio.
—¿Te apetece que te invite a una copa? —Maki miró a Nikolai a los
ojos— Es lo menos que puedo hacer para… tratar de compensar los gastos
médicos.
—Me gustan los jugos, ¿qué les parece si vamos a un sitio menos
para buscar compañero de cama?
Roger fue el primero en salir casi corriendo, y Nikolai sostuvo la cola
de Maki cuando ella intentó pasarle de largo. Ella volteó, confundida. —Soy
educado por Roger, él insistió en esto, pero… —Su mirada se oscureció— no
voy a olvidar que trataste de matarme. Haces algo como eso de nuevo y te
romperé el cuello a patadas, salvaje… Los ojos azules de ella tuvieron un
brillo depredador.
—¿Eres un común, cierto? —replicó ella, haciendo una mueca.
—¿Y qué si lo soy? Por más legal que sea que mates y comas gente,
no me voy a dejar matar fácil. Y tampoco dejaría que te comas a Roger.
—No voy a comerme a nadie.
—¿Eres moralista acaso? —Gruñó ya un poco más molesto— ¿A
cuántos te comiste para hoy estar tan calmada? Ayer estabas que
atravesabas metal con tal de morder algo, tu baba era asquerosa.
—¿Y eso qué te importa? Eres solo una presa para mí, niñato.
—Oh… ¿vas a comerme?
Roger los miró fijamente desde una distancia de más o menos tres
metros.
—¿De qué discuten?
—Nada —Nikolai sonrió soltando a Maki y caminando hacia
adelante—, vayamos a comer algo que los tres podamos digerir
27
tranquilamente, ja, ja…
El comentario lleno de acidez hizo rabiar a la albina, pero siguió a los
chicos, por tal de dar una buena impresión. Fueron a un restaurante italiano,
donde Roger era el único con sonrisa sincera. Maki estaba incómoda, y
Nikolai se sentía observado. Había interactuado con lunars anteriormente, y
la mayoría eran similares en un punto: cuando eran educados, era porque
tenían hambre y estaban detrás de una presa. Mientras más amables y
dulces fueran, más deseos de devorar tenían.
Eran comida a los ojos de esas bestias, él lo sabía, y quería proteger
a Roger de esa mirada dulcemente peligrosa. El pelinegro rompió el hielo.
Oye, Maki, ¿por qué mordiste a Niko?
Nikolai la miró a los ojos entornando los suyos.
«Este tipo no se da cuenta de nada…»
—Yo, ah… no quería comérmelo.
—¿Ah no? —El de pelo castaño se apoyó la mejilla en su puño— A mí
me pareció que sí.
—NO intentaba comerte. Fue un accidente —replicó ella, mostrando el
lateral de los dientes.
—¿En serio? —Roger interrumpió— ¿Estás muy hambrienta?
—Estaba.
—Oh, entonces pudiste comer algo. ¡Bien por ti! ¿Era KFC? «Roger es
del Caribe… allá son poco frecuentes los incidentes por lunars… su
población es pequeña»
Es de mal gusto decirle eso a los caninos, por educación, pero Maki,
movió la cola de manera inconsciente. Y no fue un leve zarandeo, sino que
empezó a moverse con marcada efusividad. Nikolai la miró en silencio, y,
cuando ella notó su mirada penetrante, se sonrojó furiosamente, y salió
corriendo de ahí. Se perdió al doblar una esquina y dejó su celular en manos
de Roger. Miró a Nikolai y luego sonrió inocentemente.
—Ahora tenemos una excusa para volver a verla…
Su colita también se movía. No había notado la gran vergüenza que le
había causado su frase. Su amigo solo pudo aguantar la risa sin mucho
éxito.
30
3
Llegar a casa fue un alivio tremendo para ella, quien se sentía más
avergonzada que niño de secundaria tomado de la mano con su madre en
público. Su corazón latía fuerte, y casi sintió un infarto mortal cuando al
voltearse Ghunter la recibía con un emparedado de jamón en la boca.
—Hola, desaparecida. Llevas un par de días sin llamarme… te estuve
llamando y no contestaste, ¿qué hacías? —El enorme hombre oso se inclinó
sobre la chica, quien bajó las orejas, sintiéndose intimidada. Recordó lo de la
fiesta.
—Con… un grupo de chicos.
—Así que teniendo sexo… claramente ocupada. Y a mí que me jodan,
¿no?
—Ah… —«No quisiera que se hiciera malas ideas pero conociendo a
Ghunter quizás se ponga hasta celoso»— Sí… tuve un emocionante… dúo
de… principiantes en la cama. Lo... Lo siento Ghunter.
—¿Vírgenes?
—La verdad, no sé. No pregunté.
—Bueno, te he traído un regalito, ¿quieres saber qué es? —Ella levantó
las orejas, claramente interesada— Jo, jo… ven acá.
No parecía tan molesto. Tal vez alguna droga de su fiesta le había
provocado pérdida de memoria a corto plazo. La guio hacia su cocina,
donde registró en su alacena y luego en unas bolsas de papel. Sonriente,
sacó dos cosas: un bote (enorme) de helado de yogurt; y un filete
sorprendentemente grande.
—Mañana no es ningún día en especial, pero igualmente hay que
celebrarlo a lo grande, ¿o no, ninfomanita? —Sus colmillos se veían más
grandes a los ojos caninos.
—¡Helado de yogurt! ¿Me lo das ya…? —Empezaba a babear solo por
pensar en su cremosa superficie. Ghunter amplió su sonrisa.
—Oh, no, no, bonita. Primero tienes que comer algo nutritivo. Esas
lindas curvas no van a mantenerse solas —Le extendió el filete y Maki le hizo
una mueca a su amigo/amante. Ghunter era un lunar poderoso, sin
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nanatsus, que comía carne relativamente seguido. Su cuerpo estaba muy
sano gracias a que consumía bastantes nutrientes de su dieta, y quería que
Maki no bajara de peso, por motivos… egoístas.
—Ghunter…
—Maki, sé que hace poco comiste algo, pero nunca está de más algo
de nutritiva carne. Anda, déjame cocinártelo. Es mi primer regalo, antes del
yogurt y el sexo salvaje de toda la noche.
Maki se sentó en la mesa del comedor principal, siempre vacío a
menos que tuviera una cena especial por eventos únicos como año nuevo,
Navidad o sus cumpleaños. No le gustaba celebrarlos, pero Hayato hacía
que fueran especialmente divertidos, aunque ella se esforzara mucho en
negarlo con muecas de desagrado. Era uno de los pocos días donde se
sentía completamente a gusto, porque siempre estaba calmada… gracias a
Hayato (y a Tesla, aunque dijera que no).
Ghunter sabía cocinar: el filete parecía carne normal, marinado con
salsa deliciosa y adornado con elegante orégano. Olía de maravilla, y la
albina olvidó que se trataba de una persona muerta cuando se lo llevó a la
boca. El sinfín de sabores deliciosos inundó su boca y ella se relamió los
labios, emocionada. Movió la cola, sintiéndose satisfecha.
Esa noche bebieron mientras veían un partido de baloncesto en la
tele. Reían mientras disfrutaban del licor y el calor que les otorgaba por
encima del aire acondicionado. Ghunter era un hombre generoso con
quienes consideraba sus amigos, y Maki se alegraba de entrar en su
reducido círculo de compañía íntima.
Ella se recostó sobre el hombro de su amigo y miró por accidente su
erección. Sintiendo algo de lástima por él, le preguntó si quería tener sexo
con ella. Ghunter asintió casi de inmediato mientras se inclinaba para
besarla sobre el sofá. Ella cerró los ojos sintiendo la lengua del hombre oso
sobre su cuello. Su peso era igual, como unos veinte kilos más que ella. Su
olor seguía siendo el mismo: sándalo y alcohol, era un aroma embriagante.
Cuando empezó a sentir los dedos masculinos sobre su intimidad, arañó
levemente la espalda de su amante, gruñendo.
Una vez empezaron a tener sexo, Maki luchó para no hacer heridas
nuevas con sus garras en la gruesa piel de su amigo. Con cada movimiento,
ella se sumía más en la inconsciencia. Deseaba empezar a sentir el placer
pronto, pero nada llegaba. Solo la sensación de tener algo dentro suyo no
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era suficiente. Quería más. Su cuerpo necesitaba más que eso.
El orgasmo la despertó de su ensoñación. No sabía cuánto tiempo
había pasado, pero sus piernas temblaban, y de su intimidad escurría el
semen de su amante. Él cayó rendido y Maki se mantuvo mirando el techo.
Se había quedado lela durante el sexo, y lo peor es que se hacía cada vez
más frecuente. Estaba confundida, pero tenía miedo de comentarlo con
Hayato (por su encantadora personalidad) o con Tesla, porque sería capaz
de decirle algo que no venía al caso. Se levantó del sofá con dificultad, y se
sentó en el balcón con su forma de lobo tras limpiar su cuerpo con una
corta pero eficiente ducha caliente.
Mirando al vacío se quedó toda la noche, hasta que sintió un picor
molesto en su espalda. Luego vino un dolor intenso que le sacó un grito
ahogado, y más tarde sintió una extraña sensación de estar botando algo,
pero no había sangre en el suelo. Maki se preguntó si se trataba de alguna
alucinación, y cayó rendida por unos eternos minutos.
Cuando abrió los ojos de nuevo vio unos brillantes orbes azules, que
la admiraban, expectantes, con el orbe ocular negro que enaltecía el
resplandor lapislázuli en su centro. Eran preciosos. Maki tuvo por instinto,
más que sacar los dientes, de tocar la mejilla del ser que acababa de
aparecer de la nada. Cuando enfocó la vista vio que se trataba de un hombre
desnudo (sin órganos genitales) de pelo rubio, orejas como élficas y una piel
grisácea. También tenía una cola escamosa como de la un dragón de
cuentos, adornada con púas filosas y una punta afilada al final.
Era uno de esos nanatsus dragonoides raros, pero Maki obvió ese
punto y se concentró en admirar sus facciones, tan familiares pero adultas a
la vez… Acarició su piel lisa y fría con una sonrisa cálida, y pareció
reconocerlo.
—¿Luci…?
—¿Sí? —La cola canina se movió levemente con emoción reprimida
por el cansancio. El nanatsu la abrazó ofreciéndole su calor corporal y la
cargó de vuelta al interior de la casa. Pasó frente al sofá y Maki se sonrojó
cuando vio a Ghunter rendido, bocarriba y desnudo. El chico rubio de cola
escamosa, “Luci”, se rio.
—Perdón… había olvidado que estaba allí. Lo siento por… esa visión
tan… rara.
—No te preocupes, Maki. Está todo bien.
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—Conmigo, nunca tendrás por qué sentirte mal —dijo con una sonrisa
encantadora.
—Claro, Luci. Tranquilo —Le sonrió y luego sintió los brazos gordos y
musculosos de su amigo rodearla en un abrazo. Ghunter nunca hacía eso,
no sin una buena razón.
—No lo sabía —dijo con un tono serio que hizo tensar a la chica.
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—¿Qué?
—Que no sentías nada. ¿No he sido generoso? ¿He sido un amante
muy egoísta? ¿Te ha llegado a doler?
—¿De qué estás hablando? Ghunter, ¿qué cosa te has fumado? —Se
deshizo de su abrazo y lo miró con unos ojos feroces— Sigo siendo yo.
Estoy normal.
—No lo estás. Te quedaste dormida.
—¿Quién no lo hace?
—En medio del sexo, ¿sueles dormirte justo antes de llegar a un
maldito orgasmo, Maki?
Ella quedó muda. Se había dado cuenta.
—Eso…
—No intentes mentirme, que no te vas a salvar de esta. Si estás
pasando por malos ratos debes decírmelo, ¿entiendes? —Agarró sus
hombros, encajando levemente sus uñas recortadas— Somos amigos, más
que solo amantes, y más que cualquier pareja de mierda que puedas tener
—Suspiró—. Ahora cuéntame, ¿por qué te dormiste?
—Estaba cansada…
—No sentías una mierda, esa es la respuesta —regañó él, y la loba
bajó sus orejas en un signo de sumisión—. Tampoco pareces apreciar
mucho la comida, ¿siquiera recuerdas a que sabe tu preciado helado de
yogurt?
—Ghunter, no quiero hablar de eso…
—No, me vas a decir o tendré que obligarte.
—¿Por qué demonios quieres que te diga algo tan horrible? Solo
arruinará nuestra relación. —Me preocupo por ti… ¿es malo para ti sentir que
alguien te quiere? —Bajó sus negras orejas— Te quiero, y eres mi mejor
amiga por algo… y hay muchas cosas que no sé de ti porque no vas a
decírmelo, pero quiero que sepas que incluso un maldito fuckboy como yo
te aprecia… de verdad lo hago.
Ella no dijo nada. Ghunter bajó las orejas, y viendo que ella no
mencionaría nada al respecto, la miró a los ojos y le dio otro abrazo.
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Maki siempre mostraba la misma cara para todos, pero él quería que
le enseñara su lado sensible, pero, tristemente, al parecer no era digno de
ella. Ni siquiera correspondió el abrazo.
—¿Algún día me contarás todo?
—No es algo que pueda prometerte, Ghunter. Es algo que debe nacer
de mí… y no pienso hablar del tema nunca. Con nadie fuera de mi sangre.
—Algún día te vas a enamorar y contarás todo…
—Ya lo he hecho, y… realmente no es algo de lo que quiera hablar.
—Vas a explotar.
—¿Quieres helado de yogurt? —Cambió de tema bruscamente y dio la
espalda. El hombre oso dejó caer sus hombros y se llenó de frustración. La
única vez que había visto a Maki como una mujer emocional y con
sentimientos fue aquella vez en la que peleó con Kyle. La cosa empezó
siendo fea de por sí, pero él y un grupo de hombres perro que pasaban
tuvieron que separarlos porque se estaban mordiendo mutuamente. Fue la
primera y última vez que vio a Maki llorando por algo. Estaba lastimada ese
día, con una herida horrenda en su flanco izquierdo, donde los doctores
suturaron con sumo cuidado debido a que Tesla estaba ahí vigilando.
«Algún día yo podré… ¿ser tu amigo?»
Lucifer le dio unas palmaditas en el hombro negando con la cabeza,
para luego susurrarle al oído:
—Ve a casa, déjala en paz… ya ha tenido bastante.
—¿Estará bien?
—Me tiene a mí ahora, estará de maravilla.
Lucifer sabía que mentía, pero Maki nunca quiso contar nada a nadie.
Si Ghunter se quedaba ella haría de todo para hacerle olvidar todo mediante
el sexo vacío. Lo mejor para la albina en ese momento era la soledad del
silencio y la única compañía de su leal nanatsu. Una vez solos, Lucifer se
sentó a su lado en el sofá, mirando un partido de béisbol y preguntó:
—¿Estás mejor ahora? Le pedí que se fuera…
—No estoy bien, nunca lo estuve —Escondió la cabeza entre sus
rodillas—. Lo único que me da valor se está deteriorando, ¿qué se supone
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que haga?
—Tal vez… tomar algo de aire fresco. Sé que conoces a otras
personas, ¿por qué no vas con esos nuevos amigos? ¿Recuerdas cuando
jugábamos en la azotea de los Taylor? Con aquellas espadas de juguete que
mordías siempre... deberías jugar así otra vez.
—Sí... lo recuerdo —Rio he hizo una pausa— No me acuesto con
ninguno de los dos, ¿y cómo voy a jugar a las espaditas con la edad que
tengo?
Lucifer sonrió acariciándole el pelo y las orejas mullidas caninas.
—Eso sería lo mejor para ti, ¿no crees, princesita muffin? —Maki rio.
—No me llames así… ya no tengo cuatro años.
—Para mí siempre los tendrás —Apoyó su cabeza sobre la espalda
femenina y la sintió mover la cola levemente. Maki estaba feliz de haberse
librado de la soledad.
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4
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filosas garras hizo presión, para que no pudiera moverse su cabeza. Un
pañuelo con olor a perfume de mujer le cubrió los ojos, y fue atado al
reverso de su cabeza. La enorme mano peluda le agarró de las muñecas
con una fuerza enorme, y luego lo presionaron de frente contra la pared fría
y desnuda. Nikolai sentía presión en la herida de su cabeza. No podía
concebir su sangre saliendo. El que le estuviera haciendo eso era muy listo.
Sintió un hocico canino cerca de su peluda oreja.
—¿Por qué tienes tú su teléfono? ¿Durmió contigo y se le olvidó? —
preguntó el desconocido, y Nikolai se quedó en blanco.
—No sé… de qué hablas… suéltame…
Su cabeza fue presionada con más fuerza contra la pared, y Nikolai
sintió ganas de gritar porque le raspaba la herida. No podía contraatacar
porque las garras le herían los brazos, se sentía acorralado. Hayato lo
miraba con odio desde arriba, con su cara y sus manos transformadas
únicamente, se veía como una especie de híbrido entre bestia y lunar.
Apretó con fuerza las muñecas de su víctima.
—Maki… ¿por qué diablos un común racista como tú quiere estar a su
lado? ¿Tienes algún problema en el cerebro o… —Gruñó demasiado cerca de
su oreja— planeas hacerle algo? De ser así me temo que hasta aquí
llegaste…
Abrió la boca, salivando de hambre y rabia, y Nikolai sintió como la
carne de su hombro fue penetrada por enormes caninos que mordieron una
y otra vez, profanando su carne y llenándola de futuras cicatrices. Hayato lo
soltó poco tiempo después, llevándose entre los dientes un trozo de piel
rojiza y con sangre. Nikolai se asustó cuando fue liberado. Miraba al vacío,
aterrado y sin entender nada. Con sus manos, ahora libres, se quitó la venda
de los ojos, pero Hayato no se había ido.
Se había sentado en el sofá a piernas abiertas, con un puño apoyado
en su mejilla. Daba una sensación de autoridad bastante grande.
—Pensé que…
—No me importa si me ves o no, también puedes llamar a la policía —
dijo. Estaba de vuelta a la normalidad. Su camiseta entre abierta asomaba
parte del tatuaje de su pecho.
—¿Qué diablos? Yo no quiero tener que ver con ella, lo juro. Mi…
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amigo quiere que ella sea su amiga… nada más.
—¿Ah? ¿Y qué hace su móvil aquí? —Mordía el trozo de piel con una
cara de pocos amigos. Nikolai se sentía intimidado.
—Ella lo olvidó una vez. No sabemos dónde vive así que —Bajó las
orejas como un niño pequeño— no sabíamos a dónde llevarlo…
—Vale, tu historia es real. Sin huecos argumentales —Hayato pasó la
lengua por el piercing de su labio inferior—, ¿pero de dónde vas a explicar tu
racismo, amigo?
Los ojos azules del lobo brillaban tanto que parecían dos lámparas.
—Hay muchos ideales de los comunes en el mundo, y muchos de
ellos quieren exterminar a los lunars por… ya sabes, depredación y esas
cosas —Nikolai habló, nervioso—. Pero yo… ya no pienso eso.
—No vengo a decirte que idolatres a los lunars, porque son un
asesinos sin remedio… yo me incluyo —Hayato se levantó y levantó la
cabeza de Nikolai jalándolo por una oreja—. Pero a mi hermana no le vas a
poner un puto bozal en la boca, ella es… algo así como una niña especial.
—Si por mí fuera, jamás quisiera tener que ver con Maki…
—No puedo decirte que te alejes de ella sin más, porque sería extraño,
pero… —Lo miró directo a los ojos— como le pongas un dedo encima con
esas asquerosas ideas de comunes… juro que te arrancaré la cara con una
cortadora de pizzas.
Dicho esto, Hayato se fue, sin decir más. Nikolai se lamentó mientras
veía su hombro lastimado. Tomó algo de vendaje del botiquín de primeros
auxilios del baño, y dolorosamente se cubrió la herida, horrible, por cierto.
Más tarde, limpió la escena del crimen, para que Roger no se preocupara
viendo y oliendo su sangre.
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a amenazarme sin motivo.
—Dalo por hecho.
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—No te recomiendo ir en su contra…
—Lo mataré directamente —dijo el perro, ahora furioso—. A ese enano
le van a faltar ganas de morir cuando lo encuentre…
Soltó al felino, quien cayó al suelo, lastimándose una pierna. El resto
lo auxilió de inmediato.
—Si ven a ese demonio, díganle que Otto lo está buscando —
sentenció el canino, y los leopardos se fueron, aliviados de que les
perdonara la vida a todos.
El lobo dorado había devorado al niño mientras estaba distraído, y
Otto gruñó cuando lo notó. Tomó la cabeza del de ojos dorados y descargó
su ira mientras estrellaba su cabeza contra una pared, haciéndolo perder el
conocimiento.
Desde una esquina, a unos seguros veinte metros de distancia,
mirando desde la mirilla de un francotirador, Tesla observaba, más nervioso
que nunca. Su viejo amigo estaba de vuelta en su vida, y parecía muy
enojado. En su cabeza no podía entender qué tenía que ver él con todo lo
que Raphel estaba haciendo. Otto vivo, aquel nanatsu tan extraño… se
preguntaba muchas cosas a la vez estando tan confundido. Ah y Un lo
miraban, preocupados, pues nunca lo habían visto tan nervioso.
A Un se le ocurrió pasar su mano por la cabeza mullida de su amo, en
un gesto de silente empatía. Lo hizo, y cerró los ojos, esperando un regaño o
un golpe. Nunca había tocado a Tesla de forma tan calmada, y era suave,
muy suave, aunque nunca lo había visto darse un baño con algo que no
fuera jabón. Temblaba de manera inconsciente, y bajó sus grandes orejas
blancas. Se dejó tocar, sintiéndose amado, muy en el fondo. Su fachada de
asesino gruñón flaqueó por un día, y permitió a los osos hasta tomarse el
día libre.
Sorprendidos por su primer día libre en la vida, Ah y Un decidieron
quedarse a su lado, porque, por muy malvado que fuera, Tesla tenía algo de
piedad en su ser. Que estuvieran a su lado y vivos era la mejor prueba de
ello. Esa noche, Tesla se fue de su estudio y bajó al sótano debajo de su
“casa” (el burdel Flowers), donde se encerró a solas. Hayato se preocupó
por si comería algo, y encargó a Rianna, una de sus chicas de confianza, a
llevarle un refrigerio al malhumorado jefe.
La joven chica perro de raza labrador bajó con miedo las grandes
escaleras de mármol blanco del segundo piso. La pequeña puerta que
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llevaba al elevador que daba a su vez al sótano le pareció lo más aterrador
del mundo. Absolutamente todo el mundo que tuviera una noción del
Mercado Negro conocía y temía al “demonio auténtico”. Tesla era un enano
de pocas palabras, que sabía matar de muchas maneras. Unas rápidas,
otras tortuosamente lentas. Cuando se enojaba no dudaba en disparar y a
pesar de que su apariencia diera la impresión de ser un pequeño y frágil
cachorrito, era de todo menos eso.
Tesla había matado a tanta gente que a veces solía contarlas como
si se tratara de una historia de vacaciones. La gente común como Rianna,
que es mercancía en el Mercado Negro, lo conocían por las historias
terroríficas que contaban sus viejos amos. Había acabado con
organizaciones enteras por su cuenta, o con una minúscula ayuda, y, según
varias leyendas urbanas, era tan viejo como el Mercado mismo, o quizá más.
Nadie sabe a ciencia cierta cuándo apareció, o qué hizo para tener su
buena posición, lo que sí saben todos es que nadie en su sano juicio quiere
(o debe) meterse con él. Los que lo hacen no viven para contarlo.
Rianna vio las frías celdas que decoraban el sótano. Dentro había
personas vivas, en estados horribles. Incluso un hombre gato tenía un
parásito extraño que le comía la parte izquierda de la cara. La chica se
obligó a mantener la compostura hasta llegar a la puerta de acero blindado
al final del escalofriante pasillo. Un niño ciervo había escapado y se
tambaleaba por fuera de su celda, con la boca llena de saliva y espuma.
Rianna se mantuvo quieta, mientras el infante la miraba desesperado
pidiendo ayuda. No tenía dientes, y le faltaba una oreja. La puerta blindada
se abrió y Tesla no dudó ni un instante en dispararle al niño en su pierna,
haciéndolo caer.
Lo empujó de vuelta a la celda y disparó a sus manos. Lo miró
fríamente y luego se dirigió a Rianna. Al menos había bajado el arma.
—¿Qué haces aquí abajo? ¿Qué no sabes que es una zona restringida?
—S-señor, yo solo bajé aquí por-porque el señor Hayato quería saber
si está co-comiendo bi-bien… —balbuceó ella, muerta de miedo.
—¿Y por qué no bajó él?
—Bueno… ya lo conoce, señor. Le gusta dar órdenes…
Bajó sus orejas, mientras su cola expandía el polvo de la vieja
habitación. Trataba de mirar únicamente a los penetrantes ojos rojos cual
sangre de su pequeño interlocutor. No podía despertar su sentido de la
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justicia por la atrocidad que le hizo al niño. Tesla era cruel, no había más
que decir. Si trataba de convencerlo con moral, solo terminaría muerta, o
incluso peor.
—¿Va a aceptar el gesto, señor? —Le ofreció la bandeja. Tenía sus
comidas preferidas: jugo de frutas y una ensalada de tomates con pepino
que olía a vinagre y aceite de oliva virgen. Despertaba el apetito de cualquier
amante de las verduras.
Tesla miró la ensalada y sus ojos brillaron. Incluso su cola lo
traicionó, moviéndose en contra de su voluntad. Avergonzado, tomó el tazón
con verduras y se fue dando la espalda. Rianna sonrió mirándolo y también
se retiró. Una vez dentro de su estudio, Tesla se quitó su característica
máscara antigás, exponiendo su hocico, lleno de cicatrices que le surcaban
desde la barbilla hasta la nariz. Se relamió y se llevó un trozo de tomate a la
boca. Encima de la mesa que daba centro a la habitación había un enorme
plano del Mercado Negro. Habían dibujadas unas marcas en cada entrada
principal y encima de ciertos puntos había colocado semillas de girasol.
—Ese cabrón no va a entrar aquí. Y si lo logra, no va a ser ileso.
5
Sin embargo, una vez, en una cafetería, Roger tuvo que ir al baño,
dejando al castaño y Maki solos, mirándose fijamente con una muy notoria
incomodidad (mutua). Él decidió romper el silencio.
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—¡Anoche vi un documental —La interrumpió, de golpe, haciéndola
bajar las orejas— sobre lunars! Hace unos días... te vi nerviosa porque
estábamos cerca de un tipo que se comía a... alguien en un sándwich y...
alejaste a Roger lo más rápido que pudiste. Gracias.
—Cállate...
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—¿Y eso me debería importar? —Lo agarró del cuello de su traje y lo
miró a los ojos— Soy un lunar, mi familia es lunar y Tesla es una cosa
superior. No me importa un carajo lo que pase en la sociedad si eso no me
afecta, ¿sí?
—Por favor… solo quiero hablar con Tesla… prometo no volver a
molestarte, Hayato...
—Para ti soy “joven Yamato”, ¿sí? Mi familia tiene raíces asiáticas, me
gustaría que las respetes. Puedo ser un chico caucásico perfecto pero este
apellido me lo puso Tesla, si quieres hablar con él, mucha suerte.
Lo lanzó al suelo y luego pisoteó su rostro mientras se reía,
mordiendo la manzana a la vez. Se fue, tras ordenar a un hombre caballo
que sacara a aquel payaso de ahí y fue tirado en unos botes de basura. El
felino tosió y luego dio un brinco cuando notó que a su lado, en unas bolsas,
había alguien descuartizado. Asqueado, se bajó de ahí y caminó
limpiándose. Para su suerte, Tesla estaba caminando hacia un sitio
aleatorio en ese momento. El agente sonrió y se le acercó con las manos
arriba. Si lo veía con intenciones de dispararle, quizá fuera lo último que
viese, y nadie lo encontraría.
—Señor Tesla, le ruego que no dispare —pidió, con las orejas
gachas—. Solo quiero hacerle una pregunta.
—Solo una, no tengo tiempo.
—¿Por qué puso tanta seguridad en el Mercado? —Fue al grano,
porque Tesla era un ser de pocas palabras. Lo miró esperando una
respuesta, pero no le dijo nada.
—No te importa.
—Señor, en la civilización normal los lunars se están vueltos locos.
¡Su trato era mantener a la gente promedio a salvo a cambio de un distrito
que pudiera cambiar a los lunars!
—No, mi trato era que me dejaran un distrito para hacer lo que me
saliera de las nalgas a cambio de que no provocara otro genocidio como el
de cierto señor de bigote chistoso que provocó la segunda guerra mundial.
—Pero señor…
—¿Quieres que te dispare? —El agente cerró la boca de golpe—
Entonces cállate y lárgate de aquí.
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—Solo quiero paz…
—La habrá en cuanto acabe con lo que quiero. No quiero a la policía,
el FBI o cualquier organización aquí. Este es mí territorio, y no toleraré que
se metan en mis asuntos, ¿quedó claro?
—…sí, señor.
—Bien. Ahora vuelve a tu trabajo. No creo que rogarme por paz sea
algo que quieras poner en tu currículum.
El guepardo se enfureció y rastrilló su arma. Apuntó a la cabeza del
pequeño lobo albino, quien oyó el sonido y volteó lentamente.
—Con todo respeto, la paz es más importante que sus caprichos.
—No me digas… —habló Tesla con sarcasmo— ¿Crees que no lo sé?
—¿Entonces por qué ese egoísmo? Debería pensar en los civiles.
—Debería… pero no quiero —Se volteó hacia él y lo encaró, dándole miedo
aún con su baja estatura—. Vamos, dispara, no te voy a detener.
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En uno de los edificios del FBI, una mujer guepardo lloraba
desconsolada. No veía a su esposo desde la mañana, y no estaba de
servicio. Los oficiales trataron de explicarle lo que ocurría, pero ellos
tampoco sabían a dónde pudo haber ido.
—Señora Willys, ya se lo hemos dicho, no podemos saber dónde está
sin ninguna pista. ¿Usted no sabe alguna afición de su esposo como el
juego, o incluso si tiene una amante?
—Mi Franklin no tiene nada de eso —sollozó la mujer—. Deben
encontrarlo, ¡podría estar en peligro! Todos esos lunars se han vuelto locos
estos días, podrían haberle hecho daño y ustedes están aquí haciendo
preguntas inútiles.
Salió, desconsolada. Al doblar una esquina, chocó contra una chica
de pelo blanco, quien se apartó tras pedirle disculpas. Maki la miró, estaba
llorando y bajó las orejas. Siguió su camino tranquilamente y miró a su
alrededor. La ciudad era un caos silencioso. La gente iba y venía con más
rapidez que de costumbre, y se notaba cierto nerviosismo en el aire.
Los pocos nanatsus que pasaban cerca eran observados
atentamente por todos. Los lunars estaban incómodos. Había demasiada
tensión en todos. Se colocó unos audífonos y puso su canción favorita:
Another Love, de Tom Odell. Esperó pacientemente a que el semáforo
cambiara su luz, y cruzó la calle. De un momento a otro, un enorme peso le
cayó encima, provocándole un calor descomunal. Abrió los ojos más que
nunca, viendo unos colmillos enormes que pronto se cerrarían sobre su
cabeza.
Hábil, se escabulló debajo de las piernas de su asaltante y tomó su
forma de lobo rápidamente. El tráfico se había detenido de golpe y Maki
salió corriendo, con un miedo enorme recorriéndole todo el cuerpo. Estaba
aterrada, pues no acostumbraba a sentirse como la presa en una
persecución. Miró hacia atrás en un acto reflejo, y la bestia era un perro
gigantesco de ojos brillantes y pequeños. Más asustada que antes, siguió
corriendo. El FBI y la policía local empezaron a seguir al monstruo de
inmediato, gritando que se detuviera, mas éste hizo caso omiso y siguió su
carrera.
«¿¡Qué diablos es eso y de dónde ha salido!?»
Maki dobló una y otra vez, esperando perder a esa cosa, pero no lo
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logró. Otto ladró emocionado y se lanzó a por ella cuando estuvo a un
escaso metro. La albina tropezó y sintió los colmillos, enormes y filosos,
sobre su oreja izquierda. Dolía y sangraba mucho, pero ella tenía una
mínima oportunidad de irse si reaccionaba lo suficientemente rápido. Hizo
toda la fuerza que pudo, sintiendo su cartílago desgarrado por las cuchillas
en la boca de ese perro.
Sacrificando su sensible oreja, logró huir, sin abandonar su forma
lupina. Otto gruñó, escupiendo el trozo de oreja ensangrentado. Volvió a
correr detrás de ella, con emoción depredadora. La adrenalina empezaba a
apoderarse de su cuerpo, pero recordó algo.
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—Déjate atrapar, chiquilla —dijo—, ¿quieres seguir sufriendo?
—Aléjate de mí… bestia.
—Tu papi te envía saludos también… dice que te extraña, por eso he
venido a buscarte.
—Qué pésima bienvenida.
—Es lo que hay.
Se le acercó lentamente, saboreando el miedo. La cola blanca estaba
entre las torneadas piernas femeninas. Se relamió los labios recordando el
sabor de su sangre, y de no ser porque una bala de francotirador dio justo en
el medio metro entre él y Maki, ella hubiera perdido toda esperanza.
A la distancia, Tesla miraba por la mirilla del arma de enorme calibre.
No había dado en el blanco, pero si fue suficiente para espantar a Otto.
—Mierda, ¿de dónde vino eso?
Otto miró a todos lados, tratando de ver de dónde había salido la bala.
Alzó la cabeza hacia arriba y una bala le impactó en el mismo ojo derecho,
reventando el nervio óptico, y dándole una ceguera instantánea. Gritó de
dolor, cayendo de rodillas en el suelo, mientras Maki escapaba. La sangre se
le escurría entre los dedos y el dolor era insoportable. Apretó los dientes
mientras que cientos de balas impactaron contra su cuerpo, y, huyendo,
salió corriendo y asesinó a cuánto oficial se interponía en su camino. Sus
garras y colmillos se mancharon en carmesí. Guiado por su ahora débil
olfato, huyó lo más rápido que pudo, chocando contra coches en
movimiento, y seguido por un puñado de agentes especiales de la CIA.
Maki había llegado a casa, y, tras tocar el timbre con las fuerzas que
le quedaban, se desmayó, adolorida, mientras su oreja seguía sangrando, y
la cicatriz de su ojo ardía como nunca.
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—Ella lo tiene. Las transformaciones le duelen porque consumen
proteína, colesterol, azúcares importantes y hasta grasas saturadas que
ingiere con la comida chatarra. Su cuerpo se queda sin recursos con cada
transformación. Aunque empiece a comer carne ahora, las cantidades son
ínfimas, así que no hace mucha diferencia.
—¿Quiere decir que su cuerpo aprovecha mucho menos de lo que
procesa en las trasformaciones?
—Así es —dijo el doctor—, le recomiendo que cace más. Al menos un
cuerpo entero le dará fuerzas para poder estar mejor.
—Pero no le gusta cazar…
—Deberá hacerlo, si quiere vivir más tiempo.
Lucifer salió del hospital poco después, agobiado. Sintiéndose mal,
se rascó la cabellera rubia limpia y con olor a fresa. Pensó por unos
momentos, y luego se fue. Terminó con el coche aparcado frente a una
carnicería del Mercado Negro y entró, sin temerle a nada. Oía los murmullos
a su alrededor.
“Es un nanatsu dragonoide, ¡y de ojos azules! Nos darán muchísimo
dinero por él…”
“Su cola tiene escamas cuidadas y filosas, será un buen bolso”
“Quiero sus ojos para una subasta de ojos de nanatsu mañana,
¿pueden obsequiarme los ojos de ese nanatsu, por favor?”
Frunció el ceño y dio un puñetazo a la mesa, llamando la atención del
carnicero. Era un hombre gigantesco, un oso grizzly en toda regla. Pelo
desteñido y un canino inferior que le llegaba a un poco más debajo de la
nariz. Sus ojos eran penetrantes y de un azul pálido muy feo.
—¿Qué quieres? —habló, mostrando su voz ronca y llena de ira
contenida.
Lucifer respiró hondo.
—Me gustaría un cuerpo entero, troceado y en bolsas.
—Esto no es un restaurante, mocoso, si quieres que esté troceado,
córtalo tú mismo después de pagar.
El nanatsu sacó la tarjeta negra de su bolsillo y cuando se la mostró
al oso, este frunció el ceño.
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—Solo acepto efectivo —señaló, rechazando la tarjeta tan valiosa.
—No tengo.
—Es una pena. No hay cuerpo para ti.
Los otros clientes se rieron sin disimular. Lucifer sentía una vena
palpitando en su frente, de la rabia.
—Es una tarjeta de Tesla, ¿no ve?
—¿Sabes cuántos imbéciles han venido aquí con esa misma excusa
con una tarjeta falsa? —Se irguió en sus dos metros de altura. Estaba en
forma a pesar de que parecía obeso— No voy a caer en ese truco, no soy
tonto.
—Es una tarjeta verídica.
—Claro, y yo conozco al mocoso rubio. Somos amigos hace años y
me compra mujeres en mis cumpleaños —Lo agarró del cuello de su
camisa—, no me hagas reír, nanatsu. ¿Tu lunar tiene miedo de venir o qué?
—Tiene sus motivos para no venir.
—¿Ah sí? ¿Cómo cuál?
—El pésimo servicio de mentecatos como tú —Agarró el brazo del
gran hombre oso y lo apuñaló con sus garras, haciéndolo sangrar. Lo
soltaron de inmediato y Lucifer usó su cola como impulso para saltar sobre
su contrincante. Le desgarró la cara con sus colmillos y garras, y con la cola
lo hizo caer al suelo, al arañarlo en las piernas y las rodillas. Una vez en el
suelo, y con la cara desfigurada, el gran carnívoro rogó piedad. Lucifer, que
no era un desalmado, solo pidió indicaciones de un cuchillo carnicero y la
localización de los cuerpos. Los clientes quedaron perplejos ante la
amabilidad de tan grande luchador, y se retiraron tras robar algún que otro
filete de muestra.
Lucifer se encontró con el cuerpo de una mujer, congelada en un
freezer, y, con una mirada frívola, hundió el cuchillo primero en su cuello,
luego en sus rodillas, luego brazos, luego muñecas…
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un delincuente juvenil, cosa que en parte si era…
Se fue tranquilamente y, a pie, salió del Mercado. No lo hacía mucho,
pero era divertido. Miraba tranquilo las calles de Los Ángeles, por donde
mucha gente transitaba cada día, a pie, o en auto. Sonrió parando frente un
puesto de tacos mexicanos y disfrutó de la comida mientras andaba,
tratando de ubicarse en una zona que le permitiera parar un taxi.
—Hola, señor, ¿una muestra gratis de nuestro café? —Le dijo un joven
perro, raza husky, sonriente y con su cola en movimiento.
—¿Café?
—Los granos son traídos desde Centroamérica, específicamente para
nosotros. Es de muy alta calidad. Cada grano es escogido minuciosamente
por un grupo de agricultores de buena formación.
—Suena genial, ¿dónde es?
El joven lo agarró de la mano y lo guio por las calles con gran
seguridad. Hayato, lejos de desconfiar, solo le siguió la corriente,
sintiéndose seguro por el olor a común que desprendía su acompañante.
«No creo que Maki espere mi visita, de todos modos»
Frente a una parada de autobús, el chico se detuvo y miró la cara del
rubio, quien le devolvió la mirada junto a una sonrisa.
—¿Es un delincuente juvenil?
—Mmm… lo era. ¿Por qué? ¿Los piercings?
—Sí.
—Pero me quedan bien, ¿no? —Sonrió altanero y juguetón. El perro
asintió.
—Así es.
En menos de un segundo, un proyectil penetró en su piel, en la baja
espalda, y de la nada, el blondo cayó rendido sobre el husky, quien hizo su
mayor esfuerzo por intentar levantarlo.
—¿Lo tenemos? —dijo una voz desconocida.
—Sí… pero pesa muchísimo, échame una mano, anda…
Ayudado por un hombre más grande y corpulento, metieron a Hayato
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en una furgoneta y arrancaron en alguna dirección…
Cuando el rubio al fin despertó, eran como las nueve de la noche. Se
sentía mareado y desorientado, y, confuso, miró a todas partes, buscando
respuestas con sus ojos. Vio cara a cara al perro que lo había engañado, y
frunció el ceño.
—¿Qué mier…?
—Buenas noches, caballero de pobre armadura —dijo el joven,
sonriendo de forma cínica—. ¿Has dormido bien? El sedante puede llegar a
matar a un bestia pura en la misma dosis que a ti… los lunars siempre son
tan poderosos… y asquerosamente difíciles de matar…
—¿Ah? ¿A qué viene esto? ¿Me has drogado y metido aquí? Estás
algo loco, creo yo…
—Él no está del todo solo, monstruo —Un hombre pantera negra le
mostró los colmillos mientras tomaba asiento frente a él. Hayato solamente
se quedó quieto, dándose cuenta de que tenía un bozal y estaba atado de
pies y manos. Ni su cola podía mover con libertad—, dicen que perro que
ladra no muerde, pero no confiamos en ti.
—Especialmente porque no soy un perro. Soy un lobo.
—No estamos de humor para burlas, niñato —gruñó el perro,
arrugando la cara—. Has de responder unas preguntitas… —Soy todo oídos.
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—Responde a la pregunta inicial, imbécil. No le des vueltas.
—Mm… es un lobo. Enano, de ojos rojos y brillantes… que son un par
de lámparas en la oscuridad. Dan mucho miedo en Halloween.
—¿Sabes por qué es inmortal…?
—No. Nadie lo sabe. ¿Creyeron que secuestrándome a mí iban a
lograr saber algo de él? Solo puedo decir que… es un gruñón asesino
—Sonrió—, pero eso ya lo saben.
—¡Hijo de perra! —rugió la pantera— ¡Vas a responder aunque sea lo
último que masculle tu asquerosa boca!
—Ryan, cálmate —Le pidió el husky, sosteniéndole el brazo con
fuerza—. Solo harás que se siga divirtiendo…
—¡Tesla mató a mis padres, y a mis hermanos! ¡Es un asesino de
mierda, y yo voy a enterrarlo bajo quince metros de tierra! ¡Voy a hundir a
ese enano aunque sea lo último que haga!
—Oye, no te la tomes conmigo… yo solo soy su hijo. No su compinche
de crímenes fatales. Lo que él haya hecho en su tiempo libre no es mi
problema.
—Permites que masacre lo que se le antoja.
—Si el gobierno no ha hecho nada, ¿qué vas a lograr tú? Tesla
monitorea los negocios fuertes que hacen que nuestra economía sea tan
poderosa… y otros sectores que nadie quiere tocar. Es un mal necesario
—Se encogió de hombros.
—Y una mierda. Nadie lo ha matado porque nadie sabe qué es, pero
en cuanto lo descubra, ese cabrón va a morir después de sus propias
torturas sobre su cuerpecito diminuto…
—Qué rencor…
—Otra cosa… —dijo el perro, con los ojos cerrados—, no creas que
estás aquí de adorno. Atraerás a Tesla, sí, pero en cuánto lo capturemos, tú
vas al hoyo de tierra. A una linda fosa común…
—¿Van a matarme? Qué miedo…
—¿Por qué no hacerlo? ¿Cuántas mujeres no sufren por tu culpa?
¿Cuántos niños sin hogar quedan cuando te llevas a sus madres?
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—Amigo, haz silencio si no sabes de lo que hablas. El Mercado es
más que muerte, esclavos, dinero sucio y prostitución. Es un hogar para
personas como yo, y para gente que ya no puede ver la luz del sol.
—Por eso vamos a matar a los lunars, como en aquel genocidio
humano de hace miles de años… —El felino sonrió de manera macabra—
Todos esos depredadores de mierda irán al infierno, porque allí pertenecen.
Allí se van a pudrir todos. Y los delincuentes también.
—Ya veo, bonito plan —Miró al suelo un momento—, ¿cómo lo van a
llevar a cabo?
—Primero acabaremos contigo, el resto… —Apuntó con un arma a la
cabeza del rubio, quien no se mostraba asustado— no te importa. Porque
estarás muerto.
—Ya veo…
La pantera iba a apretar el gatillo de su pistola sin cargar, solo para
asustar a su víctima, pero para su sorpresa, una bala de verdad terminó con
la vida de su compañero, quien cayó al suelo con un hoyo en la cabeza. El
felino volteó hacia atrás, aterrado, y apuntó con nerviosismo a la mujer
leopardo que sostenía el revólver con una decisión muy… aterradora.
—¡Lucy! ¿Pero qué…?
—¡Calla y suelta el arma si quieres vivir!
—¡Pero…!
—¡Suelta el arma! —gritó la mujer, y su interlocutor se obligó a
obedecer, haciendo caer la pistola al suelo, provocando un ruido. Hayato se
rio tranquilamente, aún sin poderse mover— Lo lamento, Ryan, pero sino, él
va a matarme a mí…
—¡Maldito infeliz! —Miró a Hayato, quien hizo una mueca de
incomprensión— ¡Tú…!
—Yo no hice nada. Te dije que Tesla me buscaría.
—¿Ella es Tesla?
—No, pero…
—Yo sí —La grave voz del enano resonó en la sala oscura. Lucy se
apartó y lo dejó caminando hacia Ryan, quien respiró hondo, y sacó un
cuchillo del interior de su chaqueta. Temblando, se abalanzó corriendo y
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gritando.
Cualquiera pensaría que un hombre de un metro y ochenta de altura
podría fácilmente con un lobo enano de metro cincuenta, pero Tesla era un
ser misterioso que afirmaba haber sobrevivido a guerras antiguas. Por ello,
esquivó con una asombrosa facilidad la puñalada y se volteó rápido,
agarrando la espalda de su enemigo. Inmóvil, Ryan sintió las garras afiladas
del canino, quien atacó a las costillas y luego, sin pizca de decoro, aplastó
sus pelotas de un potente apretón.
El felino gritó, y Tesla lo soltó enseguida.
—¿Alguien más está dispuesto a intentar matarme? —dijo con burla,
mientras caminaba, limpiándose las manos peludas desnudas sobre la losa
fría. Miró a Lucy, y le sonrió bajo su típica máscara.
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—Bien hecho, chiquita —El blondo le lanzó un fajo de billetes mientras
se iba dando la espalda, con su pequeño mentor a su lado.
—¡No vuelvas a lanzarme dinero como a una de tus putas baratas! —
Hayato le sonrió de lado.
—Son más caras que tu apartamento, querida…
—No me importa. Gracias a mí, Tesla pudo llegar pasando
desapercibido. De no ser por eso ahora mismo estuvieras muerto, rubio
asqueroso.
Frunció el ceño, y Tesla la miró sin mostrar ninguna expresión visible
a través de su máscara. Simplemente dio la espalda y siguió su camino. Una
vez fuera, bañados por la luz de la luna, Hayato miró a su “padre” a los ojos.
—¿Qué?
—¿Por qué no vamos a ver a Maki? Está muy mal ella solita en el
hospital… quizá la presencia de un viejo gruñón como tú le alegre el día.
—Muy gracioso… pero descubrí algo dentro de esa base secreta de
comunes racistas.
—¿El noviecito de mi hermana no está metido en eso?
—No, hace años no se mete en esas cosas.
—No me gusta mucho su relación…
—¿Hermano menor celoso? —Tesla se burló, y el blondo hizo una
mueca molesta. Antes de que pudiera contestarle, el enano tomó otra
dirección y se desapareció entre la gente. Nadie pensaría que se trataba de
un terrorista armado con drogas y armas de fuego…
Hayato suspiró y por fin le hizo seña a un taxi, que lo llevó al hospital
donde su hermana estaba descansando. Se bajó y deambuló por el jardín
antes de entrar. Al ingresar en el edificio, el olor de las medicinas y el yodo
inundó su nariz, haciéndole retraer su cara en una mueca. Miró el ascensor
antes de dirigirse al mostrador donde una enfermera muy linda lo atendió
con una sonrisa dulce.
—¿En qué puedo ayudarlo, señor?
—Me gustaría encargar un ramo de flores para adornar esta bella
sonrisa que me dedica… —Sonrió coqueto, moviendo la oreja de sus
piercings de arriba abajo—, y saber dónde se encuentra una paciente que
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llegó aquí ayer en la tarde y se está recuperando del misterioso ataque del
monstruo que todos vieron en la televisión.
—Por supuesto —Sacó de un cajón diferentes archivos, al parecer
recientemente actualizados—, ¿cuál es el nombre de la paciente?
—Maki. Maki Yamato, nombre asiático, cuerpo de diosa griega y
carita de ángel. Tiene pelo blanco y una cicatriz en el ojo.
—Oh, sí. Su estado no parecía muy grave a simple vista, pero lo que la
mandó a cuidados intensivos fueron las hemorragias internas y los huesos
rotos. También creí ver algo en su oreja… —Meditó un poco— Su doctor,
Leonard Harrys, está con ella. Me temo que no puede atenderla de
momento…
—¿Por qué hemorragias y huesos rotos?
—Las transformaciones forzosas hicieron que su cuerpo quedara en
muy mal estado…
—¿Está en operación ahora?
—No… no creo. Permítame —Cogió un teléfono a su izquierda y marcó
un número. Tras un par de segundos, y un corto intercambio de palabras
con alguien, lo colgó y le entregó un papel a Hayato, quien lo miró curioso—.
Firme aquí, y ponga sus datos en las líneas marcadas. Podrá ir a visitarla
cuando termine.
—Gracias, linda —Sin avisar, se inclinó hacia ella y le robó un beso.
Sonriendo, se alejó tras dejar el papel. La jovencita se sonrojó furiosamente.
El rubio subió al ascensor y marcó el cuarto piso. Iba acompañado de
un gran hombre hipopótamo junto a un caballo. Nunca le había gustado la
compañía de comunes herbívoros. Para él, todos eran unos victimistas.
Mantuvo la boca cerrada durante los pocos segundos que duró su trayecto
conjunto, y los vio bajarse en la tercera planta. Aliviado, se permitió relajarse
el resto de su corto viaje.
Vio el letrero que decía “Salón 12” sobre la puerta de cuyo interior
emanaba el olor de la medicina, desinfectante, sábanas limpias y su
hermanastra. No estaba seguro en qué estado la encontraría, pero tenía un
ínfimo miedo de verla en estado crítico. Aunque si el hospital le permitía la
visita, significaba que estaba estable. O eso quería pensar. El hecho de que
Tesla intervino de (muy) lejos para enfrentar a aquel monstruoso perro, le
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helaba la sangre. Maki no era débil físicamente, pero su cuerpo, sin
nutrientes apropiados, no podía funcionar muy bien…
El hecho de poder perder a su hermana no le gustaba.
Abrió la puerta con temor a encontrar lo peor postrado sobre la cama,
pero solo vio un montón de cables conectados a la albina, quien, aunque
despierta parcialmente, veía el techo con tedio. La televisión no estaba
encendida.
—Hola, Maki, ¿cómo has estado aquí? —preguntó suavemente
mientras se sentaba en una silla frente a la cama. Ella no contestó, pero sí lo
miró de reojo— Supongo que no te ha atendido ningún enfermero realmente
guapo si estás así de aburrida… supongo. Ella siguió en silencio, pero
mirándolo.
—Bueno, vine a verte, pero no te traje nada porque supuse que no
querrías un chocolate en tu estado —Hizo una pausa mirándola a los ojos,
tan apagados—. Tienes que comer, y recuperarte. Llegaré a negociaciones
con el hospital para que te den la mejor carne especial para que te cures
pronto. Y me contarás qué diablos te atacó… porque Tesla no me piensa
decir una mierda.
—¿Señor Yamato? —La voz grave de un hombre interrumpió el
agradable silencio de la sala. Hayato se volteó a ver a un hombre mapache
que sostenía unos documentos.
—¿Quién…?
—Soy el doctor Leonard Harrys. Un placer conocerlo —Extendió su
mano y Hayato se levantó y se la estrechó con respeto—, ¿es familiar de
Maki?
—Ah… sí. Somos medio hermanos. Soy Hayato, aunque ya debió de
verlo en un papel que firmé en la recepción.
—Sí. ¿Le preocupa la salud de su hermana?
—¿Debería?
—La verdad sí. Su oreja fue desgarrada, y por poco también el
tímpano. Se salvó por poco, y la herida de su ojo solo fue superficial, así que
no corrió peligro su visión de forma permanente.
—¿Podrá oír sin problemas, no?
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—Sí… pero el problema principal radica en el “síndrome de Leonorr”,
aunque supongo que ya lo sabe.
—No come bien, sí.
—Su cuerpo se trasformó rápido y de forma abrupta al huir de esa
cosa. Además, corrió mucho y se regeneró un poco. Su cuerpo usó mucha
transcoproteína de reserva. Ya no le queda mucha.
—Comer más…
—No, comer más no hará mucha diferencia ahora. Su hermana está
grave, podría decir que muriendo lentamente, como si se tratara de cáncer
—Hayato normalmente mantenía un porte calmado y relajado, pero bajó las
orejas y expresó miedo en su rostro.
—¿Qué se puede hacer?
—Comer es algo que la ayudará un poco, pero realmente no hará
mucha diferencia. Su nanatsu es sano y poderoso, y según me había estado
diciendo, le daba carne casi a diario sin que lo notara. Eso le había dado una
mayor fortaleza.
—¿Y entonces?
—Pues algunos suplementos deberían de ayudarla. Y, por supuesto,
transformaciones más que moderadas. Restringidas, de ser posible. Aunque
hay una solución simple, pero no creo que ella acceda. —¿Cuál?
—Cacerías. Por muy absurdo que suene, la adrenalina hace a los
lunars más fuertes, reduce el dolor de las transformaciones y fortalece el
vínculo amo-nanatsu. Realmente es muy útil.
—¿ Pero qué pasa con su estado físico…?
—Al comer algo estando lleno de adrenalina, el cuerpo lunar absorbe
transcoproteínas con mejor eficiencia. Mejoraría más rápido porque la carne
cocinada o que lleva días en un congelador reduce mucho la cantidad de
transcoproteína que puede sacar quien se lo come.
—Cazar, eh… realmente no creo que acceda.
—Es eso o morir lentamente, cada vez más débil y pasando de
depredador a presa —Le puso una mano en el hombro al blondo—. De lunar
a otro, los comunes están enloqueciendo. A todo aquel lunar que vean
vulnerable lo atacarán, o lo matarán.
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—No sé qué hacer… Maki no va a cazar…
—¿Al menos carne de recién cazado no le pueden llevar? Cruda y
fresca, algo le podrá sacar.
—Supongo… —Miró a su durmiente hermana, observando su pecho
subir y bajar al ritmo de su calmada respiración—, ¿cuándo le darán de alta?
—En unas dos semanas debería mejorar por completo.
—¿Su nanatsu sabe?
—Aún no, estoy esperando a que pasen dos días más, a ver si su
estado se mantiene estable o si tiene una recaída como anoche.
—Gracias, doctor.
—A su servicio, hijos de Tesla.
Con una sonrisa educada, Hayato se despidió y salió del cuarto de
hospital. Estaba algo asustado por la situación de Maki, porque sabía que
ella no era muy sensata por creerse moralista. Ella no iba a aceptar de
buenas a primeras matar a una persona inocente, aunque si se tratase de un
asesino en serie…
Eso podría funcionar.
Sonriendo por su reciente nueva idea, Hayato se montó en un taxi al
salir del hospital.
Una vez en el Mercado, de nuevo, sabía que antes de comentarle su
reciente plan a Tesla, tenía algunas cosas que hacer. Primero, se dirigió al
prostíbulo Flowers, su hogar, y de ahí agarró su Ferrari y salió de su zona del
Mercado, yendo a la parte de Tesla, una zona que era rica en grupos de
mafiosos.
Había grupos por especies o razas. Era una gran diversidad. Ahí, el
tráfico de armas y drogas era la principal razón de estar de todos ahí. Por
esos motivos su economía se movía. Había ido ahí por una sola razón, y era
reunirse con el jefe de la “Mafia Reptiliana”, un grupo de hombres reptil que
controlaban la mayoría de las armas que circulaban por ahí. El jefe, el viejo
Sam, era un aliado de Tesla desde que llegó.
Al ver el deportivo rojo, los reptiles afilaron sus miradas verdosas. El
viejo Sam, que estaba en el porche de su guarida, sonrió de lado al ver el
pelo rubio de la cola de Hayato saliendo de su característico coche de lujo.
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—Pero si miren quién es, el niño estrella del enano gruñón… —saludó
el gran hombre caimán, mientras mordía parcialmente su cigarrillo. Abrazó
al lobo con entusiasmo, quien movió un poco la cola, algo feliz de ver a su
viejo “tío”.
—Hola para ti también, Sam —Saludó con su típica sonrisa ladina—.
La sangre fría sigue intacta en tus venas. ¿Es que no piensas morir nunca?
—No, amiguito. Los reptiles somos eternos, no como tu ridícula
especie de sangre caliente y pelo en el culo que llaman cola.
—Ya veo… ¿has visto a Tesla por aquí?
—Tesla no viene por aquí, Hayato. ¿Por qué de repente esa pregunta
estúpida?
—De hecho, si vino hoy, señor —dijo un joven, que no podía tener más
de quince años. Sam alzó una ceja—. Hace dos horas.
—¿Y por qué nadie dijo nada?
Hubo silencio.
—Está actuando raro ese enano —murmuró el caimán—. ¿Tiene que
ver con ese ataque del que todos hablan?
—¿Qué comentan por acá?
—Un informante dijo que era un monstruo. Un perro gigantesco de
tres metros que atacaba a una niñita. Era horrendo y feroz. Rápido y… no sé
qué más.
—Oh, vaya… ¿tú no lo viste?
—Estaba en Texas para ese momento. Volví anoche. ¿A qué viniste,
star boy?
—Tesla está bastante nervioso… no sé bien por qué, pero el ataque
algo tuvo que ver. ¿Crees que le tema al monstruo?
—Si Tesla le temiera a algo… ¿eso no lo haría igual de mortal que
nosotros? —bromeó Sam, y Hayato sonrió igual de divertido. El hombre
mayor miró al suelo— Solo pensarlo me da escalofríos. Nunca creí que ese
enano pudiera temerle a algo, o a alguien. ¿Qué tan fuerte tiene que ser esa
cosa?
—No sé, por eso venía a preguntarte otra cosita…
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—¿Qué? —Encendió otro cigarrillo y se lo llevó a la boca. Exhaló humo.
—¿Tenías dos nanatsus dragonoides para vender, no? —El caimán
sonrió ampliamente, borrando todo rastro de preocupación.
—De hecho, descubrí otro más. Anoche, por las carnicerías vi a un
hermoso nanatsu dragonoide. Rubio y con púas en la cola, tan sano y
varonil… parecía pertenecer a un lunar poderoso. Lo capturaré esta noche,
¿lo quieres?
—Ese del que hablas… ¿es de ojos azules? —Asintió, sin comprender.
Hayato oscureció la mirada y le dedicó unos ojos homicidas que no usaba
mucho— Te agradecería que no lo toques. —¿Por qué esa cara… eh? ¿Es de
Tesla acaso? —El rubio se le acercó hasta que ambos pechos se tocaron. La
diferencia de altura era mucha, pero el menor seguía siendo intimidante,
sabiendo imitar los ojos vacíos y carentes de alma de su padre adoptivo.
—Solo no lo toques. Es de una… preciada amiga mía.
Sam enseguida lo tomó del cuello de la camisa, enojado
notoriamente.
—Oye, si es por una de tus putas, no pienso ceder. Mi negocio
principal es la compra venta de órganos y gente, y no voy a dejar ir peces
gordos porque al niño mimado se le ocurre ser sensible con una mujer que
le da el culo por dinero. Así que o lo compras, o no es tuyo —El blondo hizo
una mueca de desagrado.
—Es de la hija de Tesla, ¿sí? No te aconsejo que lo toques, o te van a
cortar las manos como mínimo.
—¿Ahora resulta que Tesla adoptó a una de tus mujeres? ¡JA, JA, JA,
JA, JA! Sí que cayó bajo ese enano, ahora solo es un anciano blandengue al
que algún día matarán.
Unos disparos hicieron que Sam, aun agarrando al rubio por el cuello
de su camisa, volteara a ver el origen de tal escándalo. Sus hombres
estaban en el suelo, unos pocos muertos, la mayoría con heridas menores.
Lo primero que vio el gran caimán fueron los enormes caninos inferiores
que sobresalían de la boca de Ah, mientras que Un apuntaba con una pistola
silenciada hacia su cabeza. De haber sido mamífero, Sam hubiera bajado
las orejas.
—Ah… Un… —Automáticamente soltó a Hayato, quien se ubicó de
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espaldas a los hombres oso. Aunque los matara a los tres en ese instante,
porque podía, sabía que las consecuencias serían horrendas. Tesla, por más
vejestorio que fuera, era un depredador experto en atrapar escoria que no
consideraba buena para el negocio. Era muy conocido en todo el mercado
que tocarle un pelo a Hayato o a sus guardaespaldas era una sentencia de
muerte asegurada, y no una precisamente rápida.
Por tal razón, detuvo con un gesto de su cola a los francotiradores a
pocos metros de distancia sobre ellos. Conocía las consecuencias de hacer
enojar a Tesla, su pierna derecha latía recordándolo. Cerró los ojos, y
suspiró.
—¿Por qué diablos una mujer te preocupa tanto? ¿Tienes tu etapa de
rebeldía adolescente con seiscientos años? —dijo, tratando de calmar el
asunto.
—No es solo una mujer, realmente es importante para Tesla, así
como lo soy yo.
—¿Otra niña mimada? ¿Para qué otro pará… —Un gruñó— para qué
otra “tú”?
—Pregúntale a él. Tienes suerte de que realmente no llegaste a
hacerlo, sino él mismo hubiera venido a hacerte una visita —Se encogió de
hombros—. Y ya que estás tan grosero, haz que tus hombres investiguen a
esa cosa que atacó a aquella chica. Quiero resultados dentro de una
semana.
Gruñendo, Sam no tuvo de otra que aceptar.
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—Qué bueno… —Apretó su mano con un cariño que ella no sabía que
tenía— me alegra saber que no moriste. Ese monstruo no parecía tener
intenciones de dejarte viva.
—Espero que muera en algún rincón… Tesla le disparó y lo cegó. Si
tuvo suerte, lo persiguió y lo mató.
—¿En serio?
—No, si estuviera muerto sería noticia. Veo el programa cada noche.
—Oh… ¿por qué crees que no lo mató?
—No sé. Tesla es misterioso —Hizo una pausa y luego volteó a verlo—.
¿Cómo está Roger?
—Preocupado por ti. Lo dejé en casa, y le pedí que ordenara pizza
para cenar. Si saliera con esa cosa suelta…
—Mejor así. Ningún común está seguro… ni siquiera los lunars lo
están en las calles. Deberías haberte quedado, ¿por qué viniste tú solo?
Podrían comerte por ahí.
—No vine solo. Tu amigo el oso me trajo.
—¿Ghunter?
—Sí. Ambos hablamos con Tesla y nos guio hasta acá. Los medios
no revelaron nunca tu paradero.
—A los pocos periodistas que me encontraron Tesla les hizo un hoyo
en el cráneo, porque teme que esa cosa me encuentre viendo noticias u
oyendo radio en su caso…
—Tiene sentido. Aunque el método…
—Es así, déjale… —Apretó su mano, haciéndolo reaccionar. Ambos se
miraron. Hubiera sido una escena mucho más linda si Maki no tuviera una
mascarilla para poder respirar.
—¿Cuándo podrás irte?
—Cuando mejore dentro de una semana. Tuve una recaída hace unos
días y los doctores me vigilan mucho desde entonces.
—¿Recaída cómo?
—Pues uno de los medicamentos casi me mata. Tuvieron que
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estabilizarme. Se me había parado el corazón, ¿no es genial? — Nikolai la
miró, horrorizado.
—¿Se te paró… el corazón…? ¡Pudiste haber muerto! ¿¡Qué doctor de
mierda hace que un medicamento casi mate a un paciente!?
—Cálmate… estoy viva. No soy un fantasma.
—Pero pudiste…
—No lo estoy. No fue culpa del doctor, la medicina fue implementada
por Tesla, quería ayudarme con un suplemento que Hayato consume.
—¿Cuántos años no lleva drogado tu hermano? No sabes, no sé. Si
vive con ese enano loco, lo normal es que sea resistente a todo tipo de…
cosas.
—La medicina me iba a ayudar a controlar el hambre. Hayato apenas
y necesita comer carne, y está mejor que yo.
—¿Y por qué esa reacción tuya?
—No lo sé. No sé por qué mi cuerpo rechazó eso… pero bueno, al
menos ya estoy bien. Pronto me harán una prueba con un medicamento
diferente…
—No lo harás —afirmó Nikolai, bastante seguro de sí mismo mientras
hablaba—, no te vas a volver drogadicta aparte de ninfómana y alcohólica.
Además, podría ser más peligroso…
—Eh… no tengo relaciones hace como tres meses y no me masturbo.
—Pero sigues bebiendo.
¿Y quién no lo hace cuando está estresado por los problemas de la
vida? —Ella alzó levemente su oreja sana, e hizo una mueca— Tú y Roger no
cuentan, hablo de ciudadanos normales.
—No todos tienen una dependencia de una botella, Maki. No hablo de
mí, hablo de millones de personas sin problemas de alcoholismo. Quizá la
persona que escribe tu vida no lo haga, tú no lo sabes.
—Ni tú tampoco. Quizá sea un cocainómano, o un mafioso en
potencia —Le sonrió con burla.
—El punto es… que las drogas no son la solución a los problemas,
Maki… puedes apoyarte en mí, o en Roger, o en tu amigo. ¿No somos
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buenos?
—No digo que sean la solución. Son un alivio para mi hambre… es un
instinto horrible. ¿Siquiera sabes lo que se siente ese sentimiento? ¿Sabes
lo que se siente… matar a alguien y no querer hacerlo?
Ghunter entró entonces, y le dedicó una enorme sonrisa. Estaba feliz
de verla bien, y ella se obligó a calmarse. Nikolai guardó silencio, dejando
que el gran hombre oso la abrazara. Tras eso, él tuvo que retirarse, porque
tenía trabajo. Nuevamente estuvo sola con el lobo de pelo castaño.
Su ritmo cardíaco aumentó, y unos pitidos avisaron al instante a un
par de enfermeras, que rápidamente entraron a estabilizarla. La cara de la
albina había mutado a medias a su forma lobuna, y las enfermeras
aumentaron algo en su sistema que la puso a dormir. Nikolai salió
sintiéndose algo culpable por haberla alterado en un instante. Se preguntó
qué pasaría si Tesla de alguna bizarra manera se enteraba. ¿Lo mataría? Y
de ser así, ¿de qué forma?
Negando con la cabeza, trató de no pensar en que Maki moría por su
culpa, y se fue a casa caminando bajo el cielo nublado. Mientras iba por las
calles, observaba a sus alrededores, curioso. Era cierto que los comunes,
bestias puras y villed (las presas) se veían agitados y nerviosos, esquivando
las miradas de los desconocidos. Los lunars, aunque siempre habían
destacado por tener gran seguridad al ir por la vida, se veían igual,
temerosos de algo, quizá por aquel monstruo que doblegó a Maki y la llenó
de terror. Nikolai no quiso imaginarse siendo atosigado por aquella cosa
que todos desconocían, pues el miedo que pasó Maki fue tanto que la hizo
salir corriendo mucho antes de siquiera plantearse la idea de enfrentarlo.
“Los lunars con miedo aumentan el pánico de los más débiles”, había
oído en un viejo programa cuando iba a la universidad. Y ahora que lo
estaba viviendo, se daba cuenta de cuánta razón tuvo esa señora. Estaba
asustado por saber que había algo que podía doblegar a sus depredadores
naturales. Tesla parecía asustado también, al parecer. Era una situación
anormal y desquiciante para cualquier presa.
Al llegar a casa, Roger lo recibió moviendo su colita canina y
mirándolo con aquellos profundos e inocentes ojos negros… —Hola, Niko.
¿Cómo está Maki? ¿Mejoró algo? ¿La darán de alta pronto…?
—Quizá. Estaba bien, hablamos un poco antes de… —Se planteó decir
lo último que provocó, y se abstuvo de decirlo— que unas enfermeras me
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echaran para hacerle unos chequeos de rutina. Me dijo que pronto estará
bien.
—¿Se veía realmente bien? —El perro lo miró como si no le creyera.
Nikolai sonrió.
—Dijo que un ataque cardíaco era genial, sigue siendo igual de idiota.
—Oh… entonces está mejor de lo que dicen en las noticias. Hace dos
horas, cuando saliste, en la TV habían dicho que quizá no tuviera
esperanzas de vida esta semana… ¿mintieron los medios?
—Bueno, tengo entendido que su padre adoptivo es poderoso. Quizá
quieren hacerle creer al enemigo que se murió para que no la vuelva a
perseguir por las calles sembrando pánico, ¿no?
—Tiene sentido —Le puso una mano en el hombro—, ¿comemos pizza?
Ordené tu favorita: de atún.
—¿Mi favorita? Es tu favorita, Roger… —Rio, moviendo la cola— Pero
igual es disfrutable. Me gusta el pescado… a veces.
—Está en una pizza. Todo lo que está en la pizza sabe bien.
Menos la piña. —Menos
la piña.
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—¿Segura? He oído que la carne del hospital no es muy buena…
—Es buena porque Tesla hace su trabajo de ser un auténtico
explotador de gente. Estaré bien.
—¿Cuándo sales? —preguntó Roger, alegre.
—Pues… quizá en dos días, quien sabe.
—¿No era una semana? —Nikolai bajó las orejas.
—No… uno de los medicamentos de Tesla me hizo bien y ya estoy
prácticamente en forma. Solo debo unos días más de rehabilitación…
—Pero…
—Estoy bien, pero ya debo irme, hasta pronto, chicos.
Colgó y Roger suspiró aliviado. Se fue a dormir tras despedirse,
dejando a Nikolai sentado en su cama, con el portátil apagado sobre sus
piernas, mirando al vacío. Estaba algo (muy) preocupado por ella, ya que lo
que había contado antes no era precisamente alentador… «Ella cree
(estúpidamente) que un paro cardíaco es genial…»
Durmió con la incertidumbre de que realmente hubiera una mejoría,
pero nada podía hacer.
Pasaron los dos días más rápido de lo que creyeron, y Maki, en efecto,
llamó a ambos para avisarles que ahora estaría en su casa, de nuevo,
perfectamente bien, y bajo un plan de medicamentos de Tesla que la
mantenían sana y tranquila. Amablemente les pidió que se pasaran a verla, y
Roger aceptó de inmediato. Nikolai titubeó pero al final accedió.
Una vez en la gran casa, ambos chicos se encontraron en el porche
con Ghunter, quien los saludó sin muchas ganas.
—Los hombres oso son muy grandes —comentó Roger, fascinado
con los dos metros del pelinegro—, ¿comen mucho para ser así?
—La miel es suficiente —dijo Ghunter, sarcástico.
—¿En serio?
—Hola, chicos —Maki sonrió bajando las escaleras. Su cola se movía
expresando alegría. Mucha alegría—, que bueno que pudieron venir.
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—Pensaba que éramos solo tú y yo —El oso no dudó en expresar su
descontento.
—Acabo de salir del hospital. No pienso tener sexo en unos meses
más.
—No pensaba eso… maldita ninfómana.
—Chistoso —Miró a los otros dos y volvió a sonreír—. Chicos, gracias
por venir a verme… aunque a ti, Niko, te había visto hace dos días en el
hospital.
—Supongo —Él se encogió de hombros—, me alegro que te hayas
recuperado. ¿Las medicinas hacen su trabajo correctamente?
—Pues claro. Tesla las probó con un par de desafortunados antes
que yo, normal que funcione. De todos modos, ¿no quieren pasar? Luci les
tiene un almuerzo fenomenal.
¿Qué clase de almuerzo? —Roger la miró interesado.
—Filete del bueno. Marinado y delicioso.
—¿Filete normal? —Ghunter preguntó, aunque Maki sabía que era
para incomodar a Niko. Tenía un fuerte sentido de autoridad sobre ella.
—¿Qué clase especial de filete hay? —preguntó el perro, claramente
dudando. La albina miró al oso con una expresión claramente molesta.
—Uno que él se prepara. Queda muy bueno —respondió ella, dando la
espalda—. Pero la cocina de Lucifer rivaliza con fuerza…
—Hablando de eso, ¿quién es Lucifer? —preguntó, muy dudoso, Roger.
El mencionado salió con un chistoso conjunto de una camiseta abierta, unos
pantalones rojos moteados con patitos de goma, un gorro de chef y la tapa
de una sartén en la mano a modo de escudo.
—Soy yo, ¿por? —dijo el nanatsu, quitándose el gorro de chef, y
dejándolo sobre una mesa. Su pelo plateado y dorado brillaba por grasa y
sudor.
—Wow… ¿qué animal eres? —preguntó Roger.
—Soy un… ah… ¿nanatsu dragonoide?
—¿Drago- qué?
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—Solo soy un lagarto, déjalo —Le extendió su gran mano paliducha.
—Oh, un lagarto, sí —Con una sonrisa correspondió el apretón de
manos—. Bonito rubio, ¿es natural?
—Ah… sí —Sonrió incómodo Lucifer, y Maki solo tomó asiento en una
silla. Ghunter y Nikolai la siguieron, sentándose uno a la izquierda y otro a la
derecha. Roger ni se enteró, porque pidió direcciones para no perderse
encontrando el baño.
Desapareció por un pasillo que le indicó Lucifer, y Nikolai aprovechó
para hablar con un poco más de libertad, aunque intimidado por la presencia
del enorme hombre oso frente a él.
—Maki, ¿qué diablos estás tomando ahora? —cuestionó, algo
disgustado— ¿Productos probados en “pobres desafortunados”?
—Tesla es cuidadoso con sus drogas, aunque sean experimentales.
Esas pastillas hacen que mi hambre ceda mucho más que antes, no tengo
que comer muy seguido, y me siento más revitalizada que nunca.
—Pero Maki, son drogas experimentales…
—¿Y? No voy a morir ahora si no lo he hecho en no sé cuántos años…
—Pero…
—Pero nada, no te preocupes, no voy a morir por una tontería así…
80
fuera en el exterior, compartía tanto con ella que, para Nikolai, era como
estar viendo una versión nueva, mejorada y exitosa, de su antiguo amor.
Había estado luchando por no equivocarse de nombre cuando hablaba por
teléfono con ella, ni de pedirle un beso de buenas noches, o de decirle que la
echaba de menos, o llorar en su hombro cuando accedía a aceptarle el
abrazo.
Nikolai se sentía confundido cuando Maki actuaba como ella, y
quería obligarse a olvidarlo. Había pasado por mucho para superar aquella
tragedia que no se perdonaría revivir un bonito recuerdo en una ninfómana
que amaba a los hombres más que cualquiera. El beso le había sabido a un
par de cosas: miel dulce, saliva ajena y confusión latente. No había sido algo
familiar, pero tampoco desagradable. Quería más inconscientemente, pero
sabía que corresponder haría que Ghunter saltara de su silla y lo degollara
con un tenedor o un cuchillo de mesa.
Él y el pelinegro se miraron a los ojos por un momento, y al parecer el
oso estaba entre furioso y atontado. Vio como Maki se encogía de hombros,
como una niña pretendiendo salir impune de una travesura.
—¿Pero qué acabas de hacer? ¿Vas por la vida besando tipos al azar?
—Ghunter, no ha sido un tipo, ha sido él —Señaló a Nikolai con una
obviedad muy rara.
—¿Yo? —Se auto-señaló con el dedo el castaño, dudando de cada
sílaba que salía de la boca femenina— ¿Pero qué hice yo?
—Nada —señaló Ghunter—, ¿por qué has hecho eso?
—Me ha salido de donde me dio la gana. He querido hacerlo y pues…
lo he hecho. Además, ¿quién crees que eres para creer que puedes
prohibirme cosas?
—Ya… ¿esperas que me creas que besas tipos al azar por la calle? —
El del mechón blanco se cruzó de brazos con una mueca y Nikolai lo miró
confundido.
—¿No lo hace? —Ghunter negó— ¿Entonces qué…?
—Hola chicos —Apareció Roger, y reparó en la cara con complejo de
tomate de su amigo. Frunció el ceño—. Niko, ¿qué te pasó? ¿Te sientes bien?
—Eh… sí, claro. Solamente estoy algo… acalorado por… una pequeña
discusión.
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—¿Por qué? —Tomó asiento, junto a él, y lo miró con aquellos ojos
grandes y negros llenos de inocencia… no era justo— ¿Pasó algo malo?
—Ya terminé la cena —Lucifer sonrió mientras caminaba hacia la
mesa. Dejó un gran plato de porcelana blanca a rebosar de aromática carne,
que además, olía a romero y despertaba el apetito de todos—, espero que
les guste. Y aunque no, se la van a tragar, porque tardé como siete horas en
lograr que todo estuviera en su punto a fuego lento.
—No te preocupes Luci, tu cocina siempre es la mejor —Sonrió Maki
tomando el primer trozo—, y supongo que ellos también la apreciarán.
Ghunter tomó un trozo con fiereza y le dio un gran mordisco,
haciendo gala de sus grandes colmillos de oso, intimidando a Nikolai, quien
tomó un mísero trocito que dividió en otro micro-trozo y se lo llevó a la boca,
incómodo. Roger saboreó la textura suave y crujiente a la vez de la deliciosa
carne cocida con amor y lentitud, y se deleitó por la mezcla de ricos sabores.
—¡Esto está increíble! Merece totalmente la pena esperar siete horas
por esta maravilla.
—¿Tú crees? —Lucifer sonrió orgulloso de su labor— Maki no le tenía
mucha fe al principio… —afirmó con recelo. Ella solamente se relamió los
labios, manchados de salsa.
—Solo decía que no todos tienen el mismo paladar que yo.
—Ni un poquito…
—¿Por qué le has besado, Maki? —Ghunter no aguantó y soltó la
pregunta al aire. Ella siguió comiendo, pero Lucifer la miró por un momento.
—¿Besar a quién? —preguntó el rubio, con una mueca.
—A ese —Ghunter señaló a Nikolai con un gesto de su cabeza y Roger
tosió un ramo pequeño de romero.
—¿¡Qué!? ¿¡Cuándo!?
—Hace cinco minutos —dijo el oso, con un deje ácido en su tono de
voz.
—¿Qué? —Lucifer miró a Maki, estupefacto— ¿Por qué lo has hecho?
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—Que por qué… —La albina mordió su trozo de carne— Solo lo quise
hacer, ¿está prohibido o algo? Ya dejen el drama, por el amor de Dios…
—No… pero no puedes ir por la vida simplemente besando a gente
porque sí —El castaño trataba de controlar el calor de su cara.
Maki se levantó, apoyada sobre la mesa y puso los brazos como una
cadena alrededor del cuello de Nikolai, quien se sonrojó aún más. Ella lo
miraba con los ojos achinados, mientras movía su cola. Ghunter estaba al
borde de un ataque de rabia, ya fuera por celos o por simple incomodidad,
no quería ver eso. Se obligó a cambiar de tema, ganando de inmediato la
atención de todos. No tenía un tono sarcástico.
—Los ataques de lunars están aumentando mucho. Mucha gente
muere en las calles, y los comunes extremistas están desapareciendo a
lunars, inocentes o no. ¿Qué harás cuando Tesla esté ocupado, Maki? —Ella
dejó de lado su actitud juguetona y se limitó a mirarlo seriamente. Roger se
acomodó en su asiento lentamente, sin querer preguntar mucho. Nikolai al
fin había disminuido por completo el calor de su cara, debido a lo chocante
de la noticia.
Las calles no eran seguras para nada, ni para el depredador, ni para la
presa. Estados Unidos era un caos.
—¿Por qué hablas de eso en plena cena de recibimiento a Maki? —
Lucifer se mostró mosqueado— Hablemos de otra cosa.
—¿Cómo el beso descarado que le acaba de plantar a ese palillo
chino con patas? —El mencionado se ofendió.
—¡Hey!
—No se peleen, por el amor de Dios —La albina miró a Ghunter con
ojos asesinos, y él solo gruñó en respuesta—. Ghun, celoso o no, no hay
motivos para que te pongas así. Si no quieres saber de él, te invito a largarte
de mi casa y volver mañana.
—No te veía tan arpía desde la peleíta con Kyle. ¿Te has enamorado
de este también? ¿O es que también pretendes joderle la relación medio gay
con su compañero de cuarto?
El comentario fue ponzoñoso. Lucifer sintió la sangre correrle por el
cuerpo, y la albina se levantó de la mesa, con la cara a medio transformar.
Furiosa, le gritó al oso que se fuera, y él obedeció, pisando fuerte el mármol
del suelo, ahora cubierto de polvo. Maki se levantó y se retiró también.
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Roger miró a Nikolai preocupado, y éste solamente se levantó y fue tras ella.
Lucifer lo siguió de inmediato.
Maki estaba en el living, mirando la puerta cerrada. Ghunter, en su
ataque de celos ridículos, le había recordado uno de los peores momentos
de su vida: el accidente con Kyle y su novia, Bella. Queriendo borrar el
recuerdo de su cabeza, intentó volver lo más serena posible a la mesa, pero
Nikolai se interpuso en el marco de la puerta, apoyado completamente.
—Vuelve a la mesa, no ha pasado nada… solo estaba… celoso, creo.
—No tienes que fingir estar bien cuando se te nota que no lo estás
realmente. ¿Qué ha pasado con Ghunter? Siempre han sido amigotes…
—Está celoso, enojado, o quién sabe. No entiendo qué pasa por su
cabeza hueca… pero eso que ha dicho ha estado completamente fuera de
lugar. Hice bien en echarle.
—¿Quién es ese amigo tuyo… Kyle?
—Era mi amigo, ya no quiere saber de mí.
—¿Puedo saber qué ha pasado?
—Ahora no, Roger ha de estar esperándonos en la mesa…
Intentó pasar, pero Nikolai simplemente se quedó quieto. Se miraron
a los ojos, y, lejos de un cliché de película romántica, solamente suspiraron.
La albina miró al suelo y se miró los pies, descalzos sobre el frío material.
—No voy a hablar de eso a plena tarde.
—¿Y en la noche?
—¿Qué? —Ella lo miró, genuinamente confundida. Lo conocía hacía
unos meses, y él no era de los que se quedaban en las noches por asuntos
sin importancia, o para hacer bromas o molestar. Lo había besado porque le
gustaba, pero no le tenía mucha fe a la cosa.
—Puedo quedarme contigo esta noche. Solo sí aceptas mis términos
y condiciones, claramente…
—¿Cuáles? —Alzó las orejas con curiosidad.
—Nada de sexo, eso es primordial. No me interesa dormir contigo, y
lo sabes, y… —La cortó poniéndole un dedo en la boca antes de que ella
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exhalara un sonido— antes de que hagas el chiste, es solo que no quiero, no
porque sea gay.
—¿Ni en secreto?
—No. Deja ese chiste ya… —Suspiró— y lo otro es que me digas la
verdad. Aparte de ninfómana sin sentido y adicta a los hombres, sé que eres
una gran mentirosa, así que te agradecería algo de sinceridad. Seremos tú y
yo, nadie más. Lo que sea que me cuentes, quedará conmigo y no pasará de
ahí.
Maki guardó silencio, mirándolo a los ojos, buscando algo extraño en
él. Era un chico mitad bueno de corazón, y mitad malo de cojones. Tenían
una relación agridulce donde se insultaban y compartían pajita en un jugo.
Roger era como su hijo de diez años que apenas y descubría el podrido
mundo que los rodeaba. Ella buscó algún motivo para desconfiar, pero sus
ojos, castaños y oscuros, no mentían, ni buscaban nada malo.
Nikolai le gustaba por eso, y por otros motivos. No sabía bien cuáles,
pero su compañía llegaba a ser hasta relajante en algunas ocasiones. Lo
apreciaba, era cierto, pero confiar en alguien era algo que todavía no había
recordado.
—Vale… —Miró a Lucifer, que estaba parado y en silencio a unos dos
metros, en un pasillo— Se queda a dormir, prepárale alguna habitación de
invitados.
—Vale, ¿al menos puede ser después de cenar?
—Ah, sí, Roger, la cena —murmuró Maki, yendo al comedor.
En la mesa pretendieron que no pasó nada, y solamente hablaron de
cosas banales. Roger se reía para sí mismo, como un niño después de hacer
una travesura, pero nadie dijo nada. Incómodo, Nikolai solamente quiso que
la tierra se lo tragara en ese momento.
¿Por qué le pasaban estas cosas…?
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Para nadie era un secreto que Tesla era un ser pequeño de estatura,
pero con un temperamento horrible y furibundo que desencadenaba
muertes sin sentido a cada rato. Pasaba habitualmente horas encerrado
haciendo quién sabe qué en su laboratorio en el sótano, maquinando cosas
turbias de las que nadie tenía idea. De vez en cuando, Rianna tenía que bajar
a llevarle algo de comer, porque Hayato se preocupaba por él, pero no lo
suficiente como para bajar él mismo.
Ella siempre que tenía esa labor estaba obligada a transitar por unos
pasillos pestilentes, apestosos de muerte y con celdas, donde estaban
encerrados niños mayormente. Niños deformes o con alguna condición
extraña y repulsiva. Según el rubio, eran experimentos de Tesla, a los que
nadie debería de tocar, o siquiera ver. Con ellos probaba drogas que
desarrollaba o incluso los maltrataba por entretenimiento. Rianna le temía
más ahora que conocía ese dato.
Sin embargo, ese día estaba analizando algo diferente, tratando de
distraerse de aquel lúgubre sitio. Miraba con interés la bandeja donde iba la
comida de su pequeño jefe. Se puso a pensar al respecto. Era lo mismo de
siempre: un melón, manzanas rojas (y una amarilla), un plátano y dos
sandías, todo troceado. En un bol, había una ensalada de pepino, lechuga y
tomates frescos untada con vinagre y sal, que olía muy bien. Nunca había
visto a Tesla consumir carne, ¿cómo mantenía su cuerpo sin esos
nutrientes? Siempre comía frutas o vegetales, acompañados de su habitual
jugo de manzana con pajita.
Parecía la comida de un niño pequeño que adoraba las verduras.
Al entrar a la gran recámara (cuya puerta estaba, increíblemente,
abierta), Rianna vio a su jefe trabajando en una especie de arma, parecida a
una ballesta, pero con una flecha… peculiar. Carraspeó, ganando su atención.
—Señor… he traído su comida de hoy.
—Oh, gracias, déjala por ahí sobre una de las mesas.
La pelinegra obedeció, y dejó la bandeja de metal sobre un espacio
vacío. Dispuesta a irse, la sorprendió el tono de voz, grave pero suave a la
vez, del lobo albino.
—Puedes quedarte, si quieres algo de fruta te puedes comer parte de
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un melón. Sé que ahora vas a trabajar durante toda la noche. No debe de ser
sencillo aguantar sin comer, ¿no?
Ella lo miró, buscando el truco, la broma de mal gusto escondida bajo
aquel tono de voz tan… relajado y hasta gentil. Una mueca adornó su cara y
oyó a Tesla riendo, para aumentar su escepticismo.
—No es ninguna broma rara, te estoy hablando en serio. ¿No puedo
ser bueno por un día?
—Eh… —Sin palabras, Rianna bajó sus orejas perrunas y se sonrojó
avergonzada. No podía dar crédito a que Tesla (¡TESLA!) estuviera siendo
amable con ella. Y, ¿por qué con ella? ¿Era una especie de compromiso
social por llevarle la comida todos los días? ¿Era una despedida antes de
reducirla a una mancha de sesos en la pared? No entendía nada… y eso la
aterraba. Conociéndolo, Tesla era capaz de mentir con una fluidez excelente,
para luego simplemente sacar un arma cargada y dispararle sin sentir
absolutamente nada de culpa o dudas. Tesla era un asesino profesional,
más viejo que el Mercado mismo y más malvado que el diablo, seguramente.
Leerlo no era algo posible en ningún plano terrenal o espiritual. Su
risa había sido ronca y extraña. No era una risa malévola cargada de
sadismo, burla o algo similar, era… solo una risa divertida. ¿Rianna era
graciosa?
Ella se puso a maquinar cientos de pensamientos en ese instante.
Para su sorpresa, el albino dejó su trabajo a un lado y se acercó a su
comida. Antes de tocarla, se desabrochó la máscara y luego la puso al lado
de su arma en desarrollo, mostrando su rostro a la loba pelinegra, quien lo
miraba asombrada.
«Tiene… cicatrices por toda la cara. La nariz está repleta de marcas…
de arañazos. Hay una en su nariz críticamente grande que baja hasta su
barbilla…»
Ella seguía sintiendo el hedor putrefacto de los prisioneros al otro
lado de la puerta, y no se sentía capaz de comer en presencia de tan
nauseabundos olores. Ahora entendía por qué él sí podía hacer lo que fuera
sin importar si estaba frente a un millar de cadáveres en una habitación
cerrada.
«Tesla… ¡no tiene olfato!»
—Oiga, señor… —Él la miró mientras pinchaba un trozo de melón con
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un tenedor— ¿no puede oler nada?
Tesla negó, mordiendo la fruta con ansias, como si llevara
esperándolo todo el día. Rianna siguió sorprendida ante su actitud relajada y
tranquila. Normalmente hubiese esquivado la pregunta con su típica
agresividad, pero ahora solo asintió. Ella se preguntó si Tesla también tenía
sus días.
—¿Por qué fue? Si puedo saber, digo…
—Una flecha me atravesó la nariz —Rianna parpadeó dos veces—.
¿Qué?
—¿Una… flecha?
—Una flecha.
«¿Cuántos años tiene realmente…? Mejor no pregunto, esa pregunta
está prohibida…»
—Oh… debió doler.
—Muchísimo en su momento. Sangré durante horas.
—¿Y cuándo se recuperó no podía oler?
—En absoluto. Fue difícil al principio, pero luego me terminé por
adaptar.
La mujer asintió, sorprendida de estar llevando una conversación
bastante normal con su sádico gobernador. Nunca imaginó que algo así
fuera posible con nadie, ni siquiera con Hayato o su hermanastra, sus más
allegados. Mientras él comía su melón, Rianna no pudo evitar bajar los ojos
hacia la fuente de un leve ruido que llenaba el silencio total. La cola, grande
y peluda, de él, se movía armoniosamente, chocando con las patas de la
silla donde reposaba sentado. En su rostro no había ninguna expresión
interesante, pero podía leerse claramente su estado de ánimo gracias a su
cola.
Era… tierno.
«¿Tesla puede ser tierno? Lo está siendo…»
Confundida, Rianna bajó la mirada hacia el suelo, el único lugar donde
su sonrojo (quizá) no sería observado.
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Claramente, se equivocó.
—¿De qué te avergüenzas ahora, Rianna? Tu trabajo debería de haber
forjado a una descarada.
Ella rio sin gracia.
—No juegue con mi trabajo, usted sabe muy bien que ninguna de
nosotras es muy feliz que digamos haciendo lo que hacemos… Pero usted
no tiene sentimientos por nosotras, así que le da exactamente igual lo que
hagamos.
—Supongo que tienes algo de razón, no me importan en absoluto.
Pero eso no explica lo rojo de tu cara.
Era un enano muy listo que no iba a dejar ir el tema.
—Pues… pensé en una vez en las que Hayato fue… tierno conmigo.
Una noche de extraña monogamia —Sonrió apenada, aunque mintió—
. Fue muy lindo.
Tesla dio otro mordisco al melón, sin parar de mover la cola.
—Vaya, ¿Hayato se acuesta contigo a solas?
—A veces. Son casos raros donde está sobrio.
—Muy extraño de su parte. ¿Se habrá enamorado de ti?
—Eso es imposible, señor… Hayato no se enamora de sus chicas,
solo las desea y punto.
—Ya… claramente es inmune a sentirse atraído por una mujer en
especial, ¿no?
—No dije eso… pero sí. Es Hayato, después de todo.
—Ya veo.
El silencio inundó todo y ella se fue unos minutos después. Mientras
caminaba por el pasillo inundado del lobby de Flowers, vio a la distancia la
mano de Hayato elevada, llamando su atención. Fue hacia su amo, sonriente,
y lo admiró mientras bebía una copa de whisky rodeado de mujeres, como
casi siempre. No estaba ebrio, aunque lo parecía.
—¿Cómo está el gruñón ese allá abajo?
—Bien… supongo.
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—Te tardaste en volver, ¿acaso hablaron de algo? ¿Te interrogó sobre
algo que no hiciste? —Parecía genuinamente preocupado.
—No, solo… le pregunté sobre su dieta.
—¿Y te respondió?
—Sí. Puede ser gentil a veces. Yo también me sorprendí.
Estupefacto, Hayato volvió a lo suyo. Tras besar a una chica hiena,
estuvo coqueteando abiertamente con un cúmulo de mujeres. Se llevó a dos
específicamente, y en el camino, arrastró a Rianna a su alcoba. Riendo
cómplice, ella lo siguió engatusada por el aroma a perfume masculino
mezclado con el ardiente olor del alcohol. Él era su amo en la cama, y
ambos lo sabían. A Rianna no le importaba compartir a Hayato con más
mujeres, después de todo, ni siquiera Tesla podía ponerle freno a su libido
inexplicablemente alto, pero lo compensaba siendo su amiga más allá de un
mero acto carnal lleno de placer.
Pensó que era la única que llenaba ese vacío en él, al tener el
privilegio de tener (varias veces a la semana) encuentros completamente
monógamos con él, cosa que rara vez hacía con alguna de las chicas que
había probado antes. Era un hombre que disfrutaba las mujeres de dos en
dos, tres en tres, y diez en diez.
Cuando todas las demás mujeres se habían ido a trabajar con otros
clientes, ella se quedó con él, disfrutándolo para ella sola.
A nada de llegar al éxtasis, la puerta se abrió. Rianna gruñó cuando
su amante se detuvo, y abrió los ojos. Pensó que se trataba de Maki
interrumpiendo en un mal momento, como siempre hacía, pero vio una
figura completamente diferente. Era otra mujer, esbelta y curvilínea. Una
gatita muy coqueta a la que Hayato observaba completamente quieto,
sudado, cansado, pero boquiabierto.
—Hola, primor. He vuelto —dijo la chica, sonriendo con altanería y
moviendo su cola peluda y color miel—. ¿Sabrías decirme donde se esconde
Maki ahora?
El rubio se levantó, sin importarle su desnudez ante esta fémina que
Rianna desconocía. La canina se cubrió el cuerpo con la sábana y los miró
interactuar, en silencio total.
—¿Cuándo volviste? —dijo él, sorprendido, mientras se sentaba sobre
la cama.
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—Hoy en la mañana. Estaba durmiendo y decidí pasar a decir “hola”.
Aunque no vi al viejo gruñón.
—Wow… esto es grande. ¿Qué pasó con tu secta rara? ¿Se disolvió
tan pronto?
—Tenemos una nueva sede aquí en Los Ángeles, o más bien,
recuperamos la que ya antes teníamos…
La felina se sentó al lado del chico, quien no negó su contacto. Ella se
frotó como una gata (qué ironía) contra él, y lo miró con una expresión
coqueta. Hayato la tomó de la barbilla y la miró con unos ojos que Rianna
desconocía. No sabía si escondían algún truco o amor… ¿Hayato estaría
enamorado de esa gata?
Eso la hizo enojar y tener miedo al mismo tiempo.
—Te extrañaba, bombón —murmuró ella contra sus labios, mientras
lo besaba, acariciándole el miembro erecto con sus dedos finos—, en Rusia
no hay rubios tan egocéntricos como tú, ¿sabes? Solo hay grandes osos
fuertotes, pero tras algunos de ellos, llega a cansar de alguna manera… —¿Y
las rusas?
Son una maravilla, querido. Pero un buen macho siempre es bueno
para la salud, ¿no? —Lo besó dejándolo mudo, y se tiró sobre él. Cuando él le
agarró las caderas, la felina se arqueó y le susurró al oído—: Necesito que
me digas dónde está Maki… la extraño, sabes que soy su única amiga…
—Mmm… —La jaló para besarle el cuello de forma seductora y lenta—
solo si accedes a un trío conmigo y mi chiquilla especial.
Sintiendo la dureza masculina contra su entrepierna, la felina miró a
Rianna con ojos depredadores. La chica solamente le devolvió una mirada
neutra y accedió a besarla solo con el pretexto se seguir al lado de su amor
platónico.
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—¿Por qué quieres saberlo?
—Actuaste muy extremista cuando Ghunter lo mencionó. No parece
ser algo muy cómodo.
—Kyle fue mi amigo —dijo ella, y Nikolai guardó silencio—, un gran
amigo. Lo conocí cuando era muy joven, y fue mi mejor amigo y compañero
durante siglos.
«¿Cuántos años tiene Maki…?»
—Vivimos juntos un tiempo en su país en la Parte Independiente, y
luego decidí volver a Estados Unidos porque tuvo algún que otro problema
con sus hermanas… Estuvimos varios siglos sin saber del otro, hasta que de
la nada nos encontramos en un bar. Tuvimos sexo apasionado y sin
compromiso —Hizo una pausa al sonreír, recordándolo—, y luego Ghunter
nos pilló y tuve que decirle de nuestra amistad. Después de eso, estuvimos
saliendo como amigos con beneficios durante algunos años… y luego
conoció a Bella.
—¿Bella?
—Su novia. Me la presentó, y nos hicimos amigas de alguna forma.
No me gusta la compañía de las mujeres, pero ella era carismática y
bastante amigable. Me caía muy bien.
—Oh… ¿luego qué pasó?
—Tuvieron una discusión, y cortaron. Kyle volvió a acostarse conmigo
estando borracho unas semanas después de su ruptura, y yo no dije que no.
Era mi amigo, y nuestra amistad se reforzó con esa noche. No fue
precisamente romántico, pero se sintió más conexión después… Fue raro,
pero nos gustaba a ambos —Hizo otra pausa—. Hasta que volvió con ella. Yo
estaba feliz por ambos, y él en ningún momento me mencionó que ella no
sabía que nos acostábamos… se lo dije en un accidente, estando ebria, y
tuvieron una discusión. Luego Kyle discutió conmigo. Fue horrible —Miró al
suelo—, nos golpeamos en un callejón del Mercado Negro. Tesla y Ghunter
nos separamos, y él me dio la espalda llamándome traidora y mentirosa. No
hablamos desde entonces.
Nikolai se sintió mal por Maki.
—La verdad es que lo echo de menos…
Sin saber qué más hacer, él la abrazó, sorprendiéndola, pero no se
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negó. Sintiéndose valiente de repente, el castaño bajó la cara hasta quedar a
la altura de la de ella.
Y la besó.
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especialmente vulnerable—. A pesar de todo, nadie es perfecto, ni nada.
—Qué poético… —¡Pero ella sí se podía burlar! La vida era injusta—
¿Roger te enseñó o tú fuiste su maestro del drama?
—Cállate, arruinas el momento —Se quejó él, arrugando la cara en una
mueca molesta.
—¿Cuál momento? No somos los protagonistas de una novela de
romance ni mucho menos.
—Conociéndote, eres más bien la camarera de un bar de mala muerte
donde duermes hasta con los niños que van ahí por accidente… —Se ganó
un golpe en el estómago— ¡Ah! Dije la verdad, no sé por qué protestas. A
menudo te enorgulleces de dormir con muchos tipos…
—Cállate, arruinas el momento —protestó Maki esta vez. Se le veía
irritada, pero Nikolai no paró su sarta de verdades, no hasta quedar
satisfecho.
—Eres una ninfómana, drogadicta, medio alcohólica, promiscua a
más no poder, y millonaria porque eres una mimada de cierto mafioso
enano al que todo el país le teme… ¿me equivoco?
Ella guardó silencio, mirándolo con ojos asesinos. Nunca había
tenido tantas ganas de callar a golpes a alguien, después que a su padre,
claramente… le gustaba y todo, pero era un patán en ocasiones. Uno muy
“golpeable”, en su opinión.
—¿Eres un idiota siempre, o solo conmigo?
—Solo dije la verdad… no me puedes decir que es mentira.
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cuando se acercó, para su suerte.
—Hola, chiquita, ¿cuánto cobras por una noche llena de pasión
conmigo? —Se acomodó el flequillo mientras hablaba, sintiéndose todo un
galán.
Maki dio un trago más a su fuerte alcohol, y lo miró con un tinte
divertido.
—¿Eres un niño inexperto, no? —preguntó. Alex se sonrojó y casi se
cae del asiento.
—¡¿Có-como lo sabes?! —La albina rio.
—Porque lo acabas de decir… ¿cuántos años tienes?
—Tengo diecinueve… y es mi cumpleaños.
—¿Y has decidido venir aquí a festejar? Es interesante la ruta en la
vida de los jóvenes de hoy…
—Mis amigos ahorraron todo el año para esto. Querían hacerme
sentir cool después de… el engaño de mi ex novia.
—Lo siento por eso.
—No tiene importancia… ¿me equivoqué al… venir?
—Te equivocaste de mujer —Sonrió ella, mirándolo—. Yo no soy una
prostituta. Soy la hermana del dueño, solo quiero beber en paz.
—Oh… lo-lo siento entonces, por molestarte…
—No voy a cobrarte por tener sexo. Me vendría bien algo de carne
joven para variar —Bromeó Maki, mientras se daba un trago más—, ¿estás
de acuerdo?
—¡Sí! —chilló, rígido. La loba se divirtió mirándolo. Los niños siempre
eran divertidos, especialmente los tímidos sin mucho contacto femenino.
Maki se levantó, se estiró y bostezó mostrando una amplia gama de
colmillos afilados que no intimidaron a Alex, no cuando lo hizo el simétricos
(y grande, pero no exagerado) par de pechos que cargaba ella. La hiena
admiró su oreja rasgada mientras subían unas escaleras.
—¡Wow! ¿Qué te pasó en la oreja? Parece haber sido feo…
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—Un ataque de hace un tiempo, nada importante.
—¿Y en el ojo?
—Lo mismo. Ser lunar es difícil —afirmó ella, y Alex asintió. La
habitación donde entraron estaba ordenada y vacía. Había una cama doble
en el centro, con dos lámparas y un candelabro elegante en el techo. Maki
respiró el aire fresco del aire acondicionado, que dejaba atrás el calor
(mínimo) de la madrugada.
Lo primero que hizo la chica fue cerrar la puerta de una patada, y
luego se desnudó de forma tranquila. Alex se sonrojó mucho y miró al suelo
más que apenado. Maki volvió a reír.
—¿Nunca habías visto a una mujer desnuda antes? —La hiena no
respondió— ¿Frente a ti?
—¡No! Quiero decir… las mujeres del porno, pero… yo realmente nunca
llegué a hacer nada con mi novia, así que… soy… ah…
—Oh, vaya, un virgen —Ella abrió un poco los ojos, asombrada. Pero
eso no la detuvo. Lo tumbó en la cama y se acostó sobre él, y no tenían
mucha diferencia de altura. Maki lo miró con unos ojos apagados, pero al
mismo tiempo, encendidos, mientras acariciaba su entrepierna cubierta por
el pantalón.
—No tienes que preocuparte por satisfacerme o no, no busco nada
salvajemente duradero —dijo—, un orgasmo estará bien. Un niño como tú
estará bien…
—Seré torpe…
—Tampoco es que me vayas a lastimar.
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además, no mucha gente conocía esa bajada sin que algún propietario lo
llevara. Sospechando sobre un enemigo de Tesla, lo siguieron con las
manos en las pistolas de sus cinturones, listos para hacerlo un colador si
pretendía emboscar a su jefe. El perro caminó, guiado por el olfato, y se
dirigió más abajo aún, al sótano. Ahí solo entraba Tesla y Rianna con su
comida.
El canino miró las celdas con asco, y se quedó de pie frente a la
puerta de acero blindado, cerrada, pero no con seguro. Tesla estaba dentro.
—El demonio auténtico se esconde detrás de esta puerta, ¿no,
caballeros? —dijo, volteándose hacia Ah y Un, quienes gruñeron apuntándole
a la cabeza con sus armas— Y tiene unos fortachones muy leales, ¿quién
cuida allá arriba?
Los osos bajaron el seguro de las armas, mostrando las encías.
—Adelante, disparen. Maten a este pobre ángel —No dudaron y
dispararon, pero no esperaron que un par de alas con plumas de acero
hiciera que las balas simplemente se detuvieran al abollarse. Los osos
sacaron de sus sacos unos cuchillos, hechos de un acero muy bien pulido, y
se lanzaron hacia el intruso. Las alas se extendieron, y un par de plumas de
acero fueron lanzadas en su dirección.
Un la esquivó agachándose, pero Ah la recibió en un brazo, y cayó al
suelo. Su compañero no titubeó y siguió acercándose al enemigo. No tenía
idea de a qué se enfrentaba, pero no podía llegar al jefe con vida, incluso si
eso costaba la de su buen hermano. El perro alado lanzó tres plumas
metálicas en su dirección. Un se movió a la derecha, luego a la izquierda, y
luego de nuevo a la derecha.
Rodó una vez en el suelo y volvió a disparar. Las balas volvieron a
abollarse en el escudo de plumas, del que luego cinco proyectiles salieron
disparados. Uno rozó su mejilla, otro estuvo cerca de rebanar su ojo derecho,
y los otros tres atravesaron una de sus piernas. El perro soltó una risita
nasal y dio la espalda, dejando a los nanatsus oso adoloridos e inmóviles.
Con una patada bastante fuerte, abrió la puerta pesada, y vio a Tesla
a los ojos, quien le dedicó una mirada seria y carente de emoción alguna. El
“ángel” sonrió extendiendo sus alas.
—Oh, vaya, sigues sin crecer, ¿eh? ¿Es que los demonios no renuevan
su cuerpo cada tanto?
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—¿Quién diablos eres tú? —preguntó el albino, tomando su ballesta
recién terminada, cargada con una flecha especial. Vio a Un arrastrándose
detrás de su enemigo, pidiéndole con la mirada que se fuera, porque este
adversario era extraño y fuerte, pero Tesla, claramente, no obedeció— ¿Y
qué le has hecho a mis nanatsus?
—Oh, vaya, al grano… creí que querrías hablar un poquito… ¿no,
pequeño Klaus? —Tesla frunció el ceño.
—¿De dónde sacaste ese nombre?
—Lo sé y punto.
—¿Quién eres y qué quieres? No eres un demonio —dijo, mirando sus
alas metálicas.
—Jamás sería uno. Soy un ángel, ¿sabes? Y he venido aquí a cazar
ratas.
—¿Ratas?
—Sí… el ghoul, sus espíritus, Raphel… tú —Lo miró a los ojos con una
sonrisa altanera—. Se supone que Raphel es la prioridad, pero, ¿por qué no
cortar la vena principal de la maldad en esta ciudad podrida? Tú eres una
rata que sin duda debe ser aniquilada… ¿sabes? Y seamos sinceros… —Lo
apuntó con todas sus plumas— Te he estado buscando por mucho tiempo…
—Suena como un acosador —Le apuntó con su ballesta.
—Llámame como quieras, pero esa confianza que tienes la voy a
aniquilar —Sonrió y lanzó las plumas. Tesla, al ser más pequeño y ágil que
Ah y Un, esquivó una docena de ellas con un puñado de saltos hacia una
mesa con papeles y planos. Corrió por ellas esquivándolas, y apuntando a
su estático enemigo.
Cuando su flecha se disparó, el hombre perro alzó el vuelo y se subió
a una mesa, viendo como el líquido corrosivo contaminaba y pudría la
superficie donde se enterró. Miró a Tesla, quien lanzó la ballesta al suelo y
corría hacia él, con su máscara antigás cubriéndole el rostro. Era pequeño
de estatura, pero con muchos siglos de experiencia.
—Mmm… esa máscara no te queda bien. ¿El cuero de gliffin no te da
mucho calor…? —murmuró el perro, viendo a su enemigo acercarse— ¿O es
que lo usas porque es único? ¿No, ¡Klaus!?
—Cállate —Saltó hacia él con sus garras en alto. Una decena de
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plumas se encajó en su cuerpo, pero no traspasó la piel. Tesla sonrió con
poderío mientras encajaba sus garras en la cara de su contrincante,
creyéndose ganador—. Vas a morir a manos mías, como muchos hijos de
puta que pretenden matarme.
—No lo pretendo, lo voy a hacer —Le sujetó los brazos con los
propios, e hizo fuerzas para mover las alas aun estando de espaldas sobre
el suelo. La onda de aire lo impulsó hacia adelante, y lo agarró de las
muñecas. Echó a volar por todo el sótano, y subió por una escalera rocosa y
vieja hasta el último piso. Tesla encajó las uñas en la piel del hombre, quien
gritó de dolor y lo soltó con impulso, mandándolo hacia la ventana abierta
de la habitación donde estaban. Tesla se sujetó del borde del marco del
ventanal y subió con dificultad. Buscó con la vista al supuesto ángel, pero no
dio con él.
Ingenuamente dio la espalda y miró hacia abajo, de donde salió
disparado hacia arriba el perro alado, que lo agarró ferozmente de su
máscara y lo lanzó al interior de la habitación. En el aire, el ángel agarró
nuevamente a Tesla y lo soltó, haciendo una poderosa onda de aire
empujada junto a las plumas que lanzó a Tesla por la ventana, dejando al
lobo enano confundido y con los ojos perdidos en las plumas plateadas que
brillaban como vidrio roto a su alrededor y que estaban incrustadas en su
dura piel. Con los oídos pitando del aturdimiento, Tesla sintió su cara
expuesta, y vio cómo su máscara se había roto por el filo de aquellas
plumas del demonio.
Enojado, gritó, viéndolo acercarse a toda velocidad por el aire, y,
nuevamente, una lluvia de plumas de acero lo mandó a volar, chocando
contra las tejas de un edificio cercano. Llamó la atención una vez cayó al
suelo, cansado y herido. Tesla miró a su oponente, parado al lado de una
veleta de aspecto antiguo, sonriendo mientras la gente se apartaba,
asombrada, viendo a su demonio caído ante un ángel, de más poder al
parecer. Tesla gruñó, mostrando los colmillos.
—¡Baja aquí!
—¡Con gusto! —El ángel bajó a toda velocidad, lo agarró del cuero de
la nuca sin piedad, y lo elevó a unos cien metros del suelo, donde lo admiró
así, atado a su mano por el grosor de su pelaje— Klaus, Klaus… nunca
imaginé que serías tan debilucho… pobrecito, el niño humano quiere volver
al cielo, ¿verdad que sí…? —Se mofó, sujetándolo ahora del cuello de su bata.
El albino le sujetaba la muñeca con una expresión de fiera enfurecida— ¿Ves
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toda esa gente allá abajo…? Nadie va a salvarte si te suelto, todos esperan
tu caída, y así pelearse por quién será el nuevo rey de este agujero
diabólico… ¿no es lindo el destino que creaste? ¿Plagado de salvajes
hombres bestia que se matan siempre por un trozo de carne y sed de poder?
—Es mejor que estar rodeado de humanos.
—Cuidado con lo dices, Klaus… —Lo soltó un poco más— Porque yo
soy uno, que tenga este cuerpo es cuestión de recursos, en el alma soy
uno… —Lo miró entornando sus ojos dorados cual oro— igual que tú.
—¡Silencio! —El ángel, ahora más que furioso lo agarró del cuello,
cortándole el aire. Se acercó a su oreja y, lentamente, susurró:
—Tú no eres invencible.
Lo soltó y, mientras él caía, posicionaba sus alas para lanzarle más
plumas directo a la cara, convencido de que así lo mataría al fin. No contó
con que una bala de francotirador le volara la cabeza, haciéndolo caer
muerto sobre el tejado. Tesla se dio se espalda contra el suelo, donde
perdió el conocimiento casi al instante. De no ser por Maki y un dúo de
gorilas, lo hubieran matado ahí mismo.
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por donde se viera.
“Si matamos a Tesla seremos libres”
“Seremos los dueños del Mercado Negro”
“Nada ni nadie podrá pararnos”
“Ese enano debe estar muerto”
“Matarlo ahora es la mejor opción para todos. Luego se decidirá
quién manda”
El rubio bajó las orejas, aterrado por lo que oía de la gente que
normalmente lo trataba con miedo o respeto, incluso amabilidad. Maki le dio
un pellizco en su costilla, llamando su atención. Ella se veía más calmada y
más feroz, y, con una mirada, le indicó que se guardara el miedo para luego,
porque si flaqueaba, lo matarían.
—Muéstrate sereno, idiota, o vas a hacer que te maten —susurró ella,
mirando fijamente al grupo que más ganas tenía de lanzarse hacia ellos.
Hayato respiró hondo, tratante de calmarse. Miró nuevamente al
grupo de matones, un grupo de leopardos, que se acercaban con unos bates
con clavos. Reían, creyendo que acabarían con ellos. Hayato sonrió
(nervioso) y se deshizo en una carcajada enfermiza que sorprendió a Maki
de sobremanera. Los felinos se detuvieron, y lo miraron con duda. La albina
lo miró con la boca abierta, preguntándose qué diablos se le pasaba por la
cabeza.
—¿Piensan que podrán matar a Tesla ahora que está inconsciente?
¿Se olvidan de mí, tarados? ¿¡Ah!? ¡Soy el auténtico heredero de todo lo que
Tesla posee! ¡Y no voy a dejar que unos cabrones de segunda mano toquen
su patrimonio! ¡Inferiores de mierda!
—¡¿Nos llamas inferiores, perro faldero?! ¡Pelea como él y te
respetaremos!
—¡Sí! ¡Vamos, gente! ¡Si vencemos a este niñato no tendremos que
volver a bajar la cabeza ante la familia de ese demonio!
Maki gruñó, admirando la estupidez de su hermano. Huir no era una
opción, y pelear solo los conduciría a la muerte. Sin sus guardaespaldas, se
veía reducida a un abrigo de piel de lunar.
Un grito alertó al resto del Mercado, y muchos hombres bestia se
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lanzaron sobre los Yamato. Maki bajó las orejas al volver a transformarse,
esquivando un cuchillazo que le hubiera rebanado lo que quedaba de su
oreja rasgada. Hayato sostuvo a mano limpia una embestida de un hombre
perro raza bestia. Sonrió mientras su cuerpo mutaba, convirtiéndose en un
enorme lobo dorado de tres metros y espeso pelaje, como el monstruoso
perro que atacó a Maki. Sin medidas, mordió la cabeza de su rival y se paró
como un animal, protegiendo el cuerpo de su padre adoptivo.
Gruñendo, ahuyentó a un grupo grande de “valientes”, e hizo que
otros (la mayoría lunars) se transformaran. Dos tigres se lanzaron a por
Maki, quien esquivó las garras de uno, pero recibió una mordida del otro en
el pecho. Gracias a su espeso pelaje en la zona, no le perforó ninguna vena
importante, pero sí alcanzó a rasgarle piel y músculo, causando dolor a la
chica, quien, enojada, lo hizo dar vueltas en el suelo, quedando sobre el
felino, con los dientes bien expuestos, a la vez que gruñía.
—Si lo que quieres es algo de contacto masculino, solo debes abrirte
de piernas y estar acostada, putita —dijo el tigre, sonriendo. Hizo rabiar a la
albina, y ella le mordió la nariz sin escrúpulos. El felino rugió de dolor, y el
otro volvió a atacar, mordiendo a Maki en la nuca. Ella soltó al otro y se
volteó, tratando de alcanzarlo con un zarpazo o una mordida. Hayato agarró
al gato, y lo lanzó junto a un grupo de tejones de la miel a los que había
mordido hasta atravesarlos. Entre ambos, los hermanos lograron resistir
hasta que un dúo de hombres gorila llegó y apalearon a puño limpio a los
que aún se resistían a los lobos.
—Llévense el cuerpo de Tesla donde David, él sabrá qué hacer —
ordenó el rubio, y los hombres salieron, cargando al lobo enano.
Hayato volvió a su forma humanoide y sonrió, con la ropa, los brazos
y la cara manchados de sangre, propia y ajena. Miró a su hermanastra, quien
también había vuelto a la forma hermosa y habitual, y le dio una palmada en
la espalda.
—Ah… ¡Tesla sobrevivirá! No creo que pueda morir, de todos modos…
¿Eh? ¿Maki? —Ella tosió algo de sangre y luego se cayó de cara al suelo—
¡MAKI!
Vio la sangre saliendo de su nuca, y temió lo peor. Aún herido, salió
corriendo con su hermana sobre su espalda. Salió a la luz, o mundo normal,
y se dirigió al hospital más cercano. Si nada fallaba, Tesla estaría bien en la
mañana, y los rumores de su supuesta muerte serían desmentidos por
alguna masacre desmedida en el Mercado. Preocupado por Maki, Hayato
106
entró de lleno a la sala de urgencias y llamó a gritos al primer doctor que vio.
Dejó a la albina sobre una camilla, y se sentó a esperar.
Eran solo las cuatro de la mañana, y creía que se quedaría solo, sin
su padre y sin su hermanastra.
Sacó el teléfono de su bolsillo, pero estaba roto. Algún golpe debió de
hacerlo inútil, y lo tiró a un cesto de basura que había cerca. Optó por sacar
una moneda que guardaba en su billetera, y llamó por un teléfono público a
una calle del hospital a la única persona en que podría confiar en un
momento como ese, tan crítico.
Dos tonos tardó en contestar.
—Hola, Val, soy Hayato —dijo, sin dar tiempo a que ella preguntara
quién le hablaba.
—¿Hayato? ¿Qué haces llamando de un teléfono público?
—Maki está herida de gravedad. La acabo de dejar en el hospital, y
Tesla está igual o peor. Algo lo atacó en el Mercado, y luego nos atacaron a
nosotros. Necesito que vengas.
—Dios mío… ¿al menos sabes si estarán bien mañana?
—No. Por favor, ven conmigo. Solo puedo contar contigo ahora, Val.
Maki también estará feliz de verte, estoy seguro.
—Dime en qué hospital estás y voy enseguida.
—Gracias, Val.
Como en veinte minutos, Hayato miró como la gata entraba por la
puerta de urgencias. La recibió con una sonrisa cansada y un movimiento de
su cola sucia de sangre ajena. Valentine lo miró por un par de segundos y
luego se sentó a su lado, mirando al quirófano frente a ellos.
—¿Ahí está Maki?
—Sí. Hace como una hora. El doctor dijo que hay una probabilidad
alta de que se salve, porque no se le dañó nada importante, pero las
hemorragias internas son cosa seria, de todos modos…
—¿Y Tesla?
—Lo dejé con un viejo de confianza. Es la única persona en el mundo
que puede tratar con su cuerpo especial, y que, claramente, no intentará
107
matarlo.
—Mmm… espero que se pongan bien. Los tres.
—Yo estoy bien.
—Estás alterado, ven —Le mostró sus muslos—, duérmete un rato.
Hayato la miró como si estuviera loca por un momento, pero estaba
cansado y decidió tomar la oportunidad sin darle muchas vueltas. Despertó
oyendo a Valentine hablando con una enfermera. Tras bostezar, afinó el
oído, sin abrir los ojos.
—…estará bien dentro de unos días. Por ahora se le recomienda
descansar, porque tuvo un par de hemorragias internas que el doctor pasó
tiempo en detener oportunamente. Unos minutos extra la hubieran dejado
en peor estado, me alegra que hayan podido traerla a tiempo al hospital.
—¿Pero está despierta?
—Tal vez. Los sedantes hicieron que su cuerpo perdiera algo de
movilidad temporalmente, pero creo que sí despertó algo cansada.
Valentine sonrió y agradeció. Luego le pellizcó una mejilla al blondo
que reposaba en sus muslos. Al abrir los ojos, él sonrió también.
—Maki está bien, iré a verla.
—Claro —Se sentó correctamente y luego se estiró. La sala de
urgencias estaba milagrosamente vacía—, seguro se alegra de verte tras
unos diez años.
—Aunque diez años no es mucho para ella, que digamos…
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La felina odiaba a los perros y sus parientes. Eran ruidosos,
apestaban a… bueno, perro, y eran excesivamente sociables en muchas
ocasiones. Valentine no quería malgastar su tiempo con sacos de pulgas
malolientes.
Sin embargo, en una noche lluviosa de junio, mientras comía un filete
de villed en un restaurante del Mercado Negro, vio a un pequeño lobo, muy
singular, abriéndose paso hacia ella. Al alzar la vista dio con un enano de
ojos rojos y una rara máscara que le pasó por al lado con total desinterés. Al
contrario de muchos caninos, no olía a nada que hubiera olfateado antes. Su
fuerte no era ese, claramente, pero sí que podía distinguir un mínimo
extracto de canino en aquel pequeño cuerpecito peludo. Y tampoco
apestaba.
Investigó un poco, durmiendo con el dueño (un hombre toro raza
lunar) y recabando información, supo que aquel lobo extraño era el dueño
del noventa por ciento del Mercado Negro, y su nombre era Tesla. Valentine
tuvo la brillante idea de hacerse su amiga (le aclararon encarecidamente
que los intentos de índole sexual iban a ser pagados con muerte segura) y
así tener algún local para su culto satánico recién iniciado con un grupo de
fieles algo reducido.
Trató de hablar con él par de ocasiones, pero terminaba siempre con
Tesla mandándola lejos. Un día incluso se atrevió a apuntarle con una
pistola, y la felina hizo una mueca, dando por imposible su tarea de
acercársele. En una madrugada donde bebía mientras se besaba con una
tierna niña de casa que se había escapado, y que planeaba comerse (de
todas las formas posibles, incluida la literal), vio nuevamente a Tesla.
Estaba en un burdel nuevo de nombre “Flowers”, y le extrañó verlo por ahí,
merodeando como un león en busca de su presa.
Tras un par de segundos observándolo, vio a una chica albina muy
guapa, con una cicatriz muy… interesante, en su ojo derecho, y de ojos
azules, al lado del enano malhumorado. Hablaba con él sin temblar o verse
nerviosa, parecía natural. Incluso le acarició la cabeza par de veces, ¡y él no
se quejó o le apartó bruscamente la mano! Solo se mantuvo quieto,
recibiendo aquella caricia. Valentine soltó a su “niñita” por un momento y se
acercó al cantinero, para preguntarle sobre lo que estaba viendo no solo ella,
sino todo el mundo.
“Dicen los rumores que es su hija… o algo así”
Valentine sonrió ampliamente, trazando sus planes en su cabeza
110
mientras se imaginaba alguna noche loca con la albina, para poder
acercarse más a Tesla. Sin embargo, sus objetivos cambiaron al hablar con
ella. Primero que nada, le dijo sin escrúpulos que era heterosexual sin
oportunidad para nada, cosa que si bien no le dolió a Valentine, porque
había muchas más chicas a las que corromper en el mundo, no le dio igual,
porque parte de sus planes se derrumbaron. Sin embargo, empezaron a
hablar y de alguna manera se llevaron bien.
Se hicieron amigas, y terminaron siendo como hermanas de alguna
bizarra forma. Unos cientos de años después, más concretamente
doscientos, Maki descubrió (por medios poco ortodoxos) que tenía un
medio hermano: Hayato, quien vivía en el Mercado Negro como el hijo
adoptivo de Tesla.
Valentine valoraba algo muy interesante de los hermanos Yamato:
que, por muy lobos que fueran, no irradiaban ese olor y actitudes propias de
su especie. Eran como Legoshi de Beastars, calmados y pasivos (aunque a
veces se ponían agresivos y era cosa seria), pero con dinero y estatus
gracias al enano, que era un asesino bastante temido incluso entre las
bandas criminales que se ocultaban en el Mercado.
Valentine pronto comprendió que Maki era más que una cara bonita
con un cuerpo lleno de buenas curvas, ya que se trataba de una niña herida
que se culpaba por nacer. Se convirtió en su pilar emocional, que velaba por
ella a su manera. Y es “a su manera” porque… la metió en su culto de locos.
Parecía muy divertido hacer orgías e invocar cosas ficticias.
Al final Maki se salió, a los diez años como miembro, pero a Valentine
eso no le molestó, simplemente la respetó y punto.
Tuvo un viaje a Rusia que no desaprovechó y se perdió por una
década entera. Y volvió, más “ella” que nunca, para visitar a su amiga que
estaba en cama por una pelea medianamente callejera.
—Maki, Maki… querida, cariño, tesoro… —Sonrió tomándola de las
mejillas— ¿Cuándo he respetado las reglas?
—Me duele todo, ¿qué no me has oído? —dijo la canina, sintiendo sus
mejillas aplastadas— No quiero moverme, Val. ¿Por qué no hablamos aquí?
—La soltaron— Cuéntame de Rusia, algo bueno tuvo que tener para ti…
espero.
—Ah… ¡fue increíble! Hace mucho frío, y es lo mejor… y la comida
local… no es que sea buena, pero tampoco me quejo.
111
—¿Viviste en un motel?
—No, cielo, viví en un hotel de lujo. Tesla me prestó dinero. O más
bien fue Hayato… así que no hay deuda —Sonrió.
—Wow… qué genial.
—Y ahora, lo que nos interesa… —Se sentó en la cama, y pasó su
mano izquierda por la cabeza de Maki— ¿Cómo van las cosas contigo?
—¿Conmigo? Si sigo igual.
—¿No has avanzado nada? ¿Ghunter y tú no eran… novios o algo así?
—¿Qué? No… solo amigos.
—Con derechos.
—Pero amigos…
—¿Has conocido a alguien? —La miró esperando algún tranquilo “no”,
pero el asentimiento la tomó por sorpresa— Oh, vaya, esto es interesante.
¿Cómo se llama?
—Nikolai y Roger.
—¿¡Estás saliendo con dos tipos!?
—Son mis amigos —Valentine iba a preguntar—, solo amigos.
—¿Sin sexo?
—Ajá.
—Oh… esto es diferente. Cuéntame más. ¿Cómo son?
—Bueno, Roger es un perro raza pitbull muy simpático, y viene del
Caribe, así que no conoce muy bien el lío de los lunars y tal. Es muy alto y
creo que lo vi usando gafas una vez…
—¿Y el otro? ¿Niko… qué?
—Nikolai es un lobo, como yo —dijo a secas y su amiga levantó una
ceja—. ¿Qué?
Philip podía ver a Otto todo el día, quejándose cada dos malditos
segundos sobre su ceguera por culpa de Tesla. Recientemente habían oído
de un par de hombres que él estaba en una situación delicada, peleando por
su vida tras la pelea contra lo que llamaron un misterioso ángel. El albino de
ojos muy azules había decidido ocultarse mejor, puesto que podría haber
más ángeles de esos, que lo más probable es que lo estuviesen buscando, y,
de casualidad, hubieran dado con el lobo enano odiado por todos.
Keyal estaba mirando la luna llena por una ventana, junto al perro
ghoul ahora ciego, quien, como siempre, se quejaba. Maldecía entre dientes
mientras encajaba las uñas en la madera del suelo, haciendo rayones y
marcas feas en la misma. Philip bebía su café al tiempo que examinaba
algo en su celular. Estaba chateando con un tal Joshua que afirmaba tener a
la muchacha que tanto buscaba: Nara.
Joshua dice:
–Sí, señor. Tengo hasta una fotografía que la involucran con el
suceso del ángel en el Mercado Negro. Si me transfiere unos dos mil
dólares al número de tarjeta que le di, puedo enviársela…–
Sin otra pista sobre el paradero de su hija, el hombre lobo decidió
dárselo. La imagen no estaba muy distorsionada, y se podía apreciar a una
mujer loba de cabello blanco en una forma de lobo muy grande para su
género, que defendía junto a un lobo ghoul rubio, el cuerpo maltratado de
Tesla en medio del Mercado. Pero esa loba tenía un error, o más bien, dos
errores.
El primero era una cicatriz en el ojo izquierdo, y el segundo una oreja
rasgada por dientes enormes.
Philip frunció el ceño furioso, al haber sido timado por un estafador
cualquiera del hoyo negro que formaba el Mercado. Con una venganza en
mente, llamó a su “informante” y le indicó que quería verlo en una hora en un
parque, para “discutir unas cosas”. El tipo asintió, tras cobrarle una
importante suma de 3 000 dólares más por verle la cara. No era tan listo
como parecía, y Philip le indicó a Keyal dónde y qué debía de hacer cuando
llegara al parque.
A la hora, Keyal estaba llegando, recorriendo por las sombras de los
114
edificios, al lugar donde un sospechoso hombre (al parecer un tejón de la
miel) estaba sentado con una ropa muy negra. El lobo sonrió como el
maniático que era, y saludó al tipo con una sonrisa enfermiza.
—Hola… ¿Tú enviaste la foto de Maki…? —dijo, en un tono burlón. El
sujeto no pareció muy feliz de verlo.
—Los nanatsus como tú no tienen manos para tener un móvil…
¿dónde está tu amo?
—Oh… en casa. Quizá durmiendo tras una larga noche de decepción…
quién sabe. Yo vengo a… ajustar cuentas. Hubo algo mal con lo que enviaste.
—Era la imagen de una chica idéntica a la descripción que me dio…
¿qué más podría pedir?
—Verás, aquella chica no es exactamente la que te pedimos.
—¿Qué? ¡Eso no es posible! A menos que tenga alguna hermana
gemela yo dudo mucho que…
—Exacto… buscamos a la gemela. La información que nos diste no
fue del todo inútil pero… —Se acercó muchísimo a su pierna— igual no sirve.
Saltó sobre su extremidad rápido, mordiéndola. Los tejones de la miel
tienen la piel muy gruesa, y por eso los dientes de Keyal tardaron en penetrar,
pero al tratarse de un mero común devorarlo mientras gritaba de dolor fue
tarea sencilla desde el punto de vista del nanatsu, muy experimentado en las
cacerías.
Mientras recorría el camino de vuelta a la guarida de su jefe, el olor
de su objetivo lo distrajo y lo hizo desviarse. Alerta, persiguió el rastro como
si su vida dependiese de eso, y terminó justo frente a un viejo almacén
aparentemente vacío. Tenía una pequeña puerta de metal que estaba
firmemente cerrada, y una puerta de garaje con un gato hidráulico que lo
hacía tener una pequeña abertura. Keyal era de complexión delgada pero
tenía un pelaje espeso que quizás estorbaría. Guiado por su miedo a Philip, y
su hambre por resultados, se escabulló como un pandillero por debajo de la
pequeña abertura de menos de medio metro, y entró a la zona. Era,
claramente, un garaje, con herramientas de mecánica y un viejo coche
Chevrolet del año ‘93. Keyal siguió olfateando y el olor de Nara seguía
regado por ahí. El rastro subía por una pequeña escalera que culminaba en
una puerta de metal que estaba medianamente abierta.
115
Unos pasos se acercaron y el nanatsu se escondió bajo el coche,
rezando porque no fuera ningún canino con el olfato entrenado que pudiera
encontrarlo. Una voz femenina llamó su atención de inmediato.
—…pero no creo que Maki realmente sepa que existo… mi padre la
busca por mi culpa, pero ella no lo sabe…
—Señorita Nara —dijo una voz medianamente afeminada—, su
hermana, en cuanto la vea, puede estar segura que creerá todo. Su problema
es porque apenas y recuerda algo de su infancia.
—Quiero protegerla, pero no sé cómo…
—Ya encontraremos una manera, señorita Nara. Pronto.
El ruido de pasos acompañó a Keyal a escabullirse nuevamente por la
abertura. Logró salir victorioso, pero al voltear, boqueando por aire, sus
orejas bajaron de inmediato cuando un enorme lobo (nanatsu, como él), de
pelo plateado y con una franja dorada que le surcaba toda la espalda, y con
ojos tan blancos que parecían lámparas; estaba frente a él, con una mirada
tan fría que era similar al hielo.
—¿Cómo encontraste este lugar? —preguntó el gran can. Su voz era la
afeminada que había hablado con Nara.
—¿Qué diablos…? Solo pasaba por aquí…
—Te he oído ahí dentro. Te habías colado en el garaje.
—Pensaba que era la casa de algún común, tengo hambre —mintió
Keyal sintiendo el escrutinio de los orbes blancos en todo su cuerpo,
dándole escalofríos.
—Largo de aquí.
El de ojos dorados, atontado, solo pudo quedarse quieto. Ante la
repetición de la frase, salió disparado. El lobo plateado lo observaba correr
desde su posición, sin siquiera moverse. Movió la cola cuando su ama le
pasó la mano por la cabeza, como un perrito.
Nara era la fotocopia de Maki. Idéntica a nuestra protagonista, pero
sin aquellas cicatrices tan características. Keyal, mientras corría, alejándose
de aquel peligro con patas, solo podía sonreír pensando en lo tonto que era
aquel vigilante. Lo que no sabía, era que aquel lobo lo había estudiado y
olfateado bien, dispuesto a seguir su rastro, por más leve que fuera.
116
Roger se quedó quieto. Muy quieto. No tenía mucha experiencia
tratando con mujeres guapas, y las felinas en específico eran mucho más
coquetas y presumidas que las caninas, con su atención especial en el
atractivo físico y el cuidado del cabello. Valentine se le quedó mirando con
una sonrisa depredadora, imaginando mil y una maneras de corromper a
semejante pedacito de cielo, sonrojado y nervioso, al lado de un tipo lobo de
pelo castaño y cara sorprendida.
—¿Dices que buscas a Maki? —preguntó la gata, alzando la cola y
volviéndola a bajar, repetidas veces. Roger no quería hablar.
—Sí, ¿quién eres tú? —Nikolai hizo una mueca y la chica también, pero
de asco.
—Tú has de ser Nikolai supongo.
—¿Quién me nombra?
—Soy Valentine, una gran amiga de Maki.
—No sabía que Maki tenía amigas mujeres. Creía que era una eterna
“fiesta de la salchicha” para ella —El castaño sonrió burlón y
Valentine se obligó a mantener la paciencia.
—¿Qué quieren?
—Ma-Maki estuvo en el hospital de nuevo y… —Ella lo miró y estalló
de nervios— que-queríamos… verla…
—Oh, claro, tesorito, tú pasa —Lo dejó entrar y le dio una ojeada nada
disimulada mientras le daba la espalda. A Nikolai lo frenó en seco cuando
intentó pasar por el portón a medio abrir—. Tú, por otro lado, lo siento, no
vas a entrar.
—¿Qué es esto? ¿Una reunión de chicas y Roger? —preguntó
molesto— Solo quiero ver si está bien. Oí algo de una pelea en el Mercado.
—¿Desde cuándo Maki te importa? ¿Siquiera se han acostado?
—La verdad no. Y no planeo hacerlo.
—Su dinero es algo que no podrás tocar a menos que Tesla te lo dé,
así que ir de caza fortunas tampoco es una opción viable, chiquitín — Le
puso un dedo en la nariz, haciéndolo rabiar—. Pareces de esa clase de
hombres que solo finge la amistad para algo nada bueno. No
117
necesariamente sexo, también puedes buscar amor que al final
contaminarás y volverás de la relación un lago radioactivo. Y no quiero eso
para ella.
—¿Qué? Maki es mi… amiga, creo… y solo quiero ver si está bien de
salud.
—Ni un chocolate has traído.
—Roger los lleva en el bolsillo —gruñó y Valentine medio transformó
su cara y la acercó con un ronroneo peligroso a la cara del canino, quien
claramente retrocedió.
—Podría matarte aquí mismo si quisiera.
—Hazlo si te atreves —La retó él. Para su fortuna, Lucifer los
interrumpió con un llamado de atención leve.
—Maki se pregunta por qué están hablando mucho aquí. Hay una
corriente… —Se encogió de hombros, temblando por un momento—, así que
dejen de pelearse y entren de una vez.
Roger abrazó a Maki apenas la vio, moviendo su diminuta cola, lleno
de alegría. Ella correspondió con una sonrisa incómoda, aunque estaba feliz
por dentro. Su cola también se movía, esparciendo pelos por el suelo.
Valentine se quedó perpleja viéndolo, y Nikolai también. Se sonrojó
pensando que quizá quisiera uno suyo también, pero la presencia de cierta
felina era lo suficientemente repelente como para mantenerlo a unos sana
distancia.
—Cuando me enteré, ¡estaba muy asustado! ¡Creí que podrías haber
muerto! —chilló el perro, apretando fuerte el cuerpo tieso de la chica.
—Sí… yo también lo pensaba. ¿Lo dieron en las noticias?
—Nikolai me lo contó… —La soltó y miró a su amigo, quien bajó las
orejas, y miró al castaño— ¿dónde viste la información?
—Ah… el hermano de Maki me lo dijo por teléfono esa noche. No lo
pasaron por las noticias. ¿Por qué lo pasarían en la tele?
—Supongo que no quieren exponer al bueno de Tesla estando medio
muerto. Ahora que nadie lo encuentra, armar una cacería volvería loco al
país… —murmuró Valentine, y Maki la interrumpió prácticamente de
inmediato.
118
—¡Bueno! Olvidemos que casi muero de nuevo… y hablemos… Roger,
Niko, ella es mi vieja amiga Valentine…
—Ya hablamos en la entrada, linda —dijo la felina.
—No me importa, alguna tontería les dijiste. Nikolai está todo tenso…
¿Roger, quieres papitas?
—¡Sí! ¡Siempre quiero papitas!
Maki se sentó en el sofá. Roger fue a su izquierda y Valentine se
acomodó a la derecha. Nikolai se quedó de pie, junto a Lucifer, quien lo miró
desde su imponente altura de metro noventa. El castaño miró a los ojos del
nanatsu. Siempre daban miedo esos orbes negros con puntos luminosos
normalmente de color rojo sangre. El azul de los ojos del rubio era frío y
sólido, muy… “hielo”. Lucifer no destacaba por ser excesivamente amable,
pero tampoco era malvado. Siempre se comportó muy cordial con todos los
invitados.
A Nikolai le caía bien.
—Oye, Lucifer… ¿por qué Maki solo tiene un nanatsu? —preguntó, en
un susurro. Miraba a los demás de reojo.
—Oh… tiene más. Pero aún no sale. Aunque sinceramente es lo mejor
para ella.
—¿Eh? ¿No sería mejor?
—No pude protegerla… y además, el nanatsu no es un capricho del
lunar. Representa cosas.
—¿Tú que representas de ella?
—Lo que ves.
Cerró la conversación yéndose a la cocina. Nikolai quiso preguntar,
pero no le pareció muy sensato enfadar a un nanatsu de ojos azul claro.
Simplemente suspiró, jugando con su cola y una mota de polvo denso del
suelo. Valentine siguió coqueteando a Roger mientras Maki lo arrastró,
jalándolo de la camisa, al interior del pasillo, donde no podían verlos.
—Hola —saludó él, con una actitud pedante y sarcástica. Maki le
sonrió.
—Hola, Niko. Lamento lo de Val… suele ser agresiva con los que no
conoce. Pero al parecer le echó el ojo a Roger… —Rio— ¿Por qué has venido?
119
—¿Bromeas? Casi te matan. Roger estaba muy preocupado… y,
honestamente, yo lo estaba un poco también.
—Fuiste un idiota la otra noche.
—Lamento eso. Fueron malos comentarios. Estaba nervioso, hace
años que no me besaba una chica.
—¿Los chicos no cuentan para ti? —preguntó ella de forma burlona y
Nikolai simplemente suspiró fastidiado.
—No soy gay, ni lo fui. No hagas esos chistes, son de mal gusto.
—Tú bromeaste sobre mi raza, y eso también es de mal gusto.
—Y yo dije que lo siento —frunció el ceño, algo enojado. Volteó la cara,
mirando al suelo. Maki carraspeó, rompiendo el incómodo silencio—. No
trato con lunars, son muy peligrosos.
—Yo no soy peligrosa.
—¿Olvidas cómo nos conocimos? —Ella bajó las orejas, derrotada.
—Yo… sigo una dieta estricta ahora. El doctor y mi… padre adoptivo
me obligan a comer, y Ghunter… me la prepara a veces. No volveré a
enloquecer…
—¿De verdad? Qué bueno que… cuides tu salud. Incluso podría decir
que te ves más rellenita, pero eso sería ofensivo.
—Mejor guárdate esos comentarios, por tu bien —Se le acercó, hasta
lograr que la espalda masculina tocara la pared. Se sintió más fría de lo que
quiso—, o podría devorarte, tal como temes.
—No eres más alta que yo, te estoy mirando un poco hacia abajo,
esto no tiene sentido —Trató de corregir él, marcando su diferencia de altura,
pero ella le puso una mano en el medio del pecho y acercó sus caras a
pocos centímetros. Nikolai se sonrojó furiosamente de la vergüenza de
sentir su corazón latiendo como loco debajo de los dedos femeninos.
—O-oye…
—Shhh… no lo arruines —susurró Maki, acercándose lentamente.
—¿Yo sí lo puedo arruinar? —La voz de Valentine hizo que Nikolai
diera un brinco, y que Maki la mirara con una línea roja muy notoria
surcándole la cara.
120
—Hola, Val…
—¿Dónde dejaste a Roger? —El chico sonrió incómodo.
—Oh, sigue sentado en el sofá, más rojo que tú. Le di un besito y le
dije que era lindo —La gata sonrió orgullosa. Maki hizo una mueca bajando
las orejas.
Val, no te acuestes con él. Él es tierno y lindo, no la clase de chico
con los que duermes… —pidió la albina, alzando las cejas en una carita
medianamente adorable.
—¿Y esta es la clase de hombres con las que tú duermes, chérie? —
La felina contraatacó, yendo hacia Nikolai. Le levantó la camisa y tocó su
estómago, blando— ¿Un chico sin abdominales, sin tanto dinero y con carita
de niño malvado? ¿Ese es el tipo de hombres que tú te llevas a la cama?
Maki no respondió, sintiéndose avergonzada.
—No. Maki se tira a grandullones adinerados como Ghun-Ghun, que
pueden doblegar su espíritu dominante… pero tú… —Miró a Nikolai a los
ojos— no tienes nada de eso.
—¿Saben qué? Mejor me voy… —Se apartó rápidamente de ambas
mujeres y se dirigió a paso veloz hacia la sala de estar, donde Roger (igual
de rojo) conversaba con Lucifer— ¡Roger, nos vamos! Maki está bien y…
bueno, volveremos a verla otro día, ¿sí? Cuando no… esté la gatita.
—Bien…
—Una chica te besó, es un buen inicio de semana —Le dijo,
acariciando su cabeza bruscamente—, cuéntamelo todo en el coche.
Cuando sintió el sonido de la puerta, Maki miró a Valentine, y esta
última alzó y bajó las cejas repetidas veces, con una sonrisa socarrona.
—Realmente te gusta ese tipo, ¿eh? No es la clase de chico con los
que la gran y bella Maki Yamato suele acostarse…
—¿Gustarme? Nah… —Valentine alzó una ceja sin creerle nada—
Solamente… eh… quiero llevármelo a cama. No tiene ciencia.
—¿Y por qué te das tantos rodeos entonces? La Maki que conozco ya
estuviera cabalgando sobre él, ¿o me equivoco?
—Val, deja el tema. Solamente es que… quiero cambiar mi forma de
hacer las cosas. Quiero decir… algo que no sea siempre beber y… tratarse de
121
forma ruda. Algo de…
—¿Cariño? Querida, ¿quieres enamorarte a estas alturas? —Maki no le
respondió, pero el que calla otorga— Es algo muy… “non-Maki”, ¿sabes? No
voy a decirte que no lo hagas, pero… hay mejores opciones.
—¿Mejores opciones?
—Ese chico no parece muy espabilado. Ni siquiera te ha besado, y
parece de la clase de hombre que podría pegar a una mujer. No sé, no me
fío de él…
—He dormido con hombres que sí que me han pegado —rebatió la de
ojos azules, sin entender el punto.
—No en ese sentido… —Valentine suspiró— ¿Sabes qué? Vamos a
dejar el tema…
—Gracias…
—…y vayamos a ver a Hayato. Tengo ganas de una cena familiar.
Maki negó con la cabeza con sorna, pero no se negó del todo. Pidió a
Lucifer que no saliera, aunque el nanatsu se rehusó e igual decidió
acompañarla. No estaba dispuesto a estar ausente de nuevo si a su ama le
pasaba algo. ¿Qué clase de nanatsu sería sino? En el coche de Maki se
ubicaron los tres, y mientras la dueña conducía, su amiga se encargó de
poner la música. “Big Juicy”, de Ayesha Erotica, era muy… cuestionable, pero
ambas féminas cantaban alegres mientras que el auto de lujo se colaba por
calles estrechas que pronto las hicieron llegar a la oscuridad mal iluminada
propia del Mercado Negro.
Había mucha más gente que de costumbre merodeando por ahí, y los
negocios estaban atestados de gente que compraba o miraba como locos.
El tráfico automovilístico también era denso. Valentine se exasperó a mitad
de camino y aplastó el claxon esperando que las tortugas de adelante se
movieran a una velocidad mayor a diez kilómetros por hora.
—Sí que hay tráfico aquí abajo —comentó Lucifer, mirando por la
ventanilla—, ¿normalmente no está como más apagado esto?
—Eso es porque Tesla no está por aquí. Muchos caza recompensas
están por aquí buscándolo para matarlo. El precio por su cabeza es
altísimo… —Maki se oía algo asustada— Tanta gente me marea.
—¿Quieres regresar a casa?
122
—No, no… Hayato debe de estar manejando el burdel y… parte de
algunos negocios. Además, él puede tener noticias sobre Tesla. Quiero que
ese enano vuelva ya… esto se siente raro sin él.
—Hay mucha clientela rara en el Flowers… —Lucifer bajó el cristal y
asomó la cabeza, viendo la aglomeración de gente alrededores del popular
club.
Valentine se bajó junto a Lucifer, y caminaron hasta encontrarse cara
a cara con un enorme hombre. El mismo, un oso panda vestido de negro, y
que fumaba un tabaco caro, miró a la felina y a su acompañante con
seriedad.
—¿No está abierto hoy? La gente está afuera… —mencionó Valentine.
—El rubio huyó. Debe estar escondido junto al enano. Estamos
buscando pistas para encontrarlos. Quien mate a Tesla será el líder del
Mercado. ¿Trabajas aquí?
—No, soy una clienta regular, pero no venía desde el revuelo de la
pelea. Es una lástima que hayan cerrado…
—No te preocupes, primor. Cuando mate a ese enano podrás ir todas
las veces que quieras, y te será gratis si yo dirijo el club. Por ahora todos los
locales de ese rubio pedante estarán cerrados.
—Oh… vaya. Qué decepción… —Se volteó hacia Lucifer, quien vigilaba
el auto donde estaba Maki con la mirada— Volveremos en unas semanas,
supongo.
—Hay alguien vigilando el coche —señaló el nanatsu, sin dejar de
mirarlo.
—¿Quién?
Un tipo grande. Al fondo de aquella multitud —Señaló con su dedo lo
más discretamente que pudo, y en efecto, había un hombre
sospechosamente cerca del Audi de la albina. No podía distinguirse muy
bien desde la distancia, pero al parecer se trataba de un lobo con una gorra
que cubría su cabellera.
Lucifer caminó hacia la misma multitud y se perdió entre la gente.
Valentine simplemente fue directamente hacia el coche, y entró en él, donde
se sentó en el asiento del copiloto. Pretendió hablar con Maki, pero ella no
estaba.
123
«¡¿Está loca?!»
Salió lo más rápido que pudo, y empezó a buscar a su amiga con la
mirada. No iba a gritar su nombre, porque quizá mucha gente presente
(esos asesinos) podría reconocerla como la hija de Tesla, igual que harían si
se tratara de Hayato. Caminó pisando fuerte, y con la frente sudada de
ansiedad. ¿Alguien la secuestró? ¿Salió persiguiendo a un chico guapo?
¿Alguna llamada telefónica sospechosa? Chocó con Lucifer de tanto
hundirse en sus pensamientos, y él sostuvo su brazo calmándola.
Maki solo miraba las estrellas mientras miraba un cigarrillo entre sus
dedos. Nunca le había gustado fumar, pero pretendía hacerlo algún día… o al
menos eso había dicho. Valentine suspiró, más relajada, y simplemente la
miró desde su posición. Había olvidado lo sensible que era para su amiga el
tema de la familia, y que su padre adoptivo estuviera algo grave por… alguna
pelea rara, claramente le dejaría algo confundida cuando menos.
Maki tenía muchas ganas de volver a los viejos vicios, pero estaba de
alguna manera pausada en la indecisión. Frustrada por no poder siquiera
elegir qué quería hacer, ella exhaló. Miró hacia el frente, esperando ver a
algún nanatsu hambriento típico del Mercado, pero su sorpresa fue grande
cuando le devolvieron la mirada unos orbes blancos inmaculados, y que
brillaban.
—¿Eh…? —Maki tragó saliva cuando vio esos ojos luminosos
acercándosele, y retrocedió un paso. Los nanatsus de ojos blancos eran
muy raros, era casi un milagro dar con uno, y solían ser seres malvados y
bestiales con un gran intelecto que rivalizaba con el de cualquier asesino en
serie.
—No se asuste —pidió una voz afeminada—, no quiero que corra. Por
favor, acérquese…
—Lárgate —gruñó ella de vuelta—, o… te morderé.
Transformó parte de su cara y mostró los colmillos, sintiéndose
amenazante. Sin embargo, bajó sus orejas asustada cuando un enorme
hombre de más de dos metros apareció de entre las sombras cual fantasma.
Lo miró con la cola entre las piernas y temblando. Nunca un nanatsu le
había dado tanto miedo, a excepción de Keyal.
—¡Aléjate de mi ama! —gritó Lucifer, corriendo. Rápidamente gruñó
interponiendo su cuerpo entre Maki y el gigante de pelo gris. Físicamente el
nanatsu tenía una apariencia atractiva, con un pelo plateado y rubio parecido
124
al de Lucifer y una tez paliducha, pero no tanto como para confundirlo con
un vampiro de “Crepúsculo”.
Lucifer tenía su cola erizada, con las escamas en punta listas para
salir disparadas. No era un nanatsu muy agresivo, pero si era grande y
corpulento. Gruñía con sus orejas élficas alzadas y sus ojos azules brillando
muchísimo. Maki no recordaba cuándo fue la última vez que su querido
nanatsu se mostró tan enfurecido.
—Solo quiero darle esto —Sacó con algo de temor una cartita de
papel de su bolsillo y se la extendió a Lucifer, con una sonrisa tímida y
amable. Valentine se sorprendió ante su serenidad.
«Claro… si ni siquiera puede considerar a Lucifer como una amenaza»
—¿Qué…? —balbuceó la albina, tomando el trozo de papel con miedo.
Lucifer gruñía sin despegar la vista de aquella carita de ángel tan
terriblemente tierna.
—Se la envía mi ama. La señorita Nara solo quiere lo mejor para
usted, señorita Maki —Sonrió el nanatsu. Valentine alzó sus orejas.
—¿Cómo sabes…?
—Adiós, ya debo irme —Tomó inesperadamente la forma de un lobo
enorme, similar a un lunar y se perdió en la misma oscuridad de donde
apareció. Maki, escéptica, parpadeó par de veces antes de reparar en la
carta extraña que tenía en la mano. Lucifer suspiró dejando ir un respingo.
La felina le acarició la espalda con cariño.
—Ese tipo es raro —dijo el de ojos azules, con un tono extrañado en
su voz.
—Y me conoce… —murmuró su ama, abriendo con cuidado la carta.
Tenía una tipografía muy… extrañamente conocida.
“Maki:
Sé que no confías un pelo de mí, y eso es bueno… pero realmente
quiero ayudarte. Reúnete conmigo… hablemos como hermanas. Padre no
trama nada bueno, quizá fue su idea lo que le ocurrió a Tesla pero…
realmente quiero ayudarte. No quiero que padre te mate, déjame salvarte de
él. Por favor.
Con amor,
125
Nara”
Maki arrugó la frente al terminar de leer la dirección en el reverso de
la hoja y suspiró. No sabía quién demonios era Nara, pero era curioso que la
conociera, enviara a un nanatsu (DE OJOS BLANCOS) a llevarle una cartita
en lugar de mostrarse ella misma… pero la había llamado “hermana”. Solo
podía recordar a su hermano mayor, a quien abandonó siendo muy niña, a
sus hermanos adoptivos de la familia Taylor, a quienes también dejó atrás
en la adolescencia, y a su medio hermano Hayato, que… es un caso perdido.
Nunca había tenido una hermana de forma tan… cercana. Bajó las
orejas, dudando más. Cada vez todo se tornaba más confuso.
Su estómago rugió de hambre. Valentine le puso una mano en el
hombro, y, cuando la miró, le sonrió y dijo:
—¿Vamos a por unos filetes?
126
12
—¿Padre te desechó?
127
—Maki, calma, ¿sí? Te explicaré todo… lo prometo. Pero debes
mantener la calma, ¿okey? Estoy de tu lado, y padre jamás va a tocarme… no
sin un plan de antemano.
—¿Plan para qué? ¿Y por qué…?
—Padre es… más de lo que tú crees. Es peligroso, muy peligroso. Me
tuvo a mí porque… quería heredar su poder y así poder tener un cómplice
para matar ángeles, pero… naciste tú en mi lugar, y… por eso trata de
matarte de alguna manera.
—Si tratara de matarme, ya lo habría hecho.
—Antes sí lo trató. Ese ghoul que te atacó… quería hacerlo. Por eso
te… di a Luci, quien es muy útil y lindo y…
—Espera —Maki la interrumpió—, ¿me… “diste” a Lucifer? ¿Qué
significa eso exactamente?
—Es una larga historia…
—Dila —Dio un golpe a la mesa y el nanatsu de ojos blancos se
levantó gruñendo. Lucifer gruñó poniéndose de pie también, pero en
protección de la albina de la oreja rasgada.
—Juzzo, siéntate —ordenó Nara y el de ojos blancos bajó las orejas y
acató—. Maki, no es algo que cualquiera pueda digerir… algún día podrás
entenderlo, por ahora confía en mí —Tomó su mano—, porque quiero que
vivas. Porque te lo mereces. ¿Crees que es justo que hayas sufrido tanto por
mi culpa?
—¿Tu culpa?
—Padre me busca en ti… por eso no te ha matado. Pero si de alguna
manera descubre que existo sí que te matará. Solo quiero ayudarte, estoy
elaborando un plan… y quiero que tú seas consciente de él.
Maki respiró hondo y cerró los ojos con las orejas en alto.
—Te escucho.
—Encararé a padre, y le obligaré a dejarte ir. Por eso, voy a suicidarme
—Juzzo y Maki abrieron los ojos con horror.
128
¡Pero señorita Nara, usted no había dicho nada sobre suicidarse!
—¿Por qué diablos necesitas matarte?
—Una vez yo no exista, padre se verá obligado a crear otro sucesor.
Dejará en paz a Maki, y así todos ganan —Miró a Juzzo con una sonrisa—.
Sabes que yo no pertenezco aquí. Soy como él, pero con buenos
sentimientos.
—¿Realmente quieres hacerlo? He vivido escondida toda mi vida,
puedo…
—En cuanto descubra que tú no me tienes en tu interior, te dará de
comer a sus nanatsus, así que morirás igual. Puedo asegurarte que sabe
dónde estás, pero no actúa porque tiene otras prioridades, como
esconderse de esos ángeles de carne… Estamos contra el tiempo, hermana
mayor —Sonrió sosteniendo su mano con las suyas—. Quiero irme dejándote
en paz. No tengo mucho futuro aquí, los ángeles me cazarán algún día…
—Pero señorita Nara… —murmuró su gran nanatsu, temblando—
realmente no tiene que morir… ¿no?
—Juzzo, lo hago por ser una buena mujer. Mi hermana mayor vive
bajo la sombra mía por las egoístas y erradas acciones de mi padre. Quiero
ponerle fin a todo esto, aunque deba dar mi vida.
—¿Por qué?
—Me rehúso a seguir sus órdenes. No seré como él, ni tomaré el
camino fácil. Es un ser malvado, lleno de ira y con objetivos incompletos. No
quiero que dé rienda suelta a los demonios que esconde.
—Pero Nara… —Maki trató de frenarla, pero la mirada tranquila de ella
le transmitió seguridad y paz. Eran idénticas, pero a la vez diferentes…
—Verás… lo que pasa con nosotras es un fenómeno extraño que hizo
que dos almas coexistieran en un mismo cuerpo —explicó la de ojos violetas,
sonriente—. Normalmente en los lunars una de las dos se come a la otra,
pero no fue el caso. Yo “nací” primero que tú, por así decirlo, pero siempre
fui muy vulnerable —se encogió de hombros—, y al final casi mato a tu
cuerpo varias veces. Luego llegaste tú, que conociste el mundo
adecuadamente… con el paso del tiempo, a medida que te fui dando
nanatsus, me fui desarrollando.
—¿Y cuándo saliste de mi cuerpo, o como se diga? —Maki entornó los
129
ojos.
—Oh, estabas ebria. Rodeada de dos tipos enormes aquella vez, je,
je... —Se sonrojó—. Ni siquiera notaste algo —Le sonrió—. ¿Satisfecha?
—Más o menos…
—Ahora… ¿quieres una taza de té de manzanilla? Es mi favorito…
La velada con Nara fue rara. Maki nunca esperó en ninguna de sus
vidas el tener a una hermana gemela desconocida. Se sentía como un giro
de guion ridículo y cliché de alguna película mediocre. Rio al darse cuenta de
que su vida en sí era solo un chiste mediocre y sin sentido: una niña cobarde
que se escondió de su padre toda la vida… Maki rio sin ganas, haciendo que
Lucifer la mirara de reojo mientras conducía. Él estaba profundamente
preocupado por su ama. No se tomó a mal el deseo de Nara por suicidarse y
ponerle fin a todo el asunto, ya que al fin Maki sería libre y no tendría que
vivir con miedo nunca más, pero… en parte estaba muy confundido.
¿Por qué ella no simplemente se mató y dejó fluir todo como si nada?
¿Planeaba algo con Philip que ellos no supieran? ¿Era acaso una trampa?
Sacudió su cabeza par de veces en una luz roja, y vio de reojo a la albina,
quien tranquilamente miraba por la ventanilla, con una sonrisa vacía en la
cara.
Al llegar a la casa se toparon con Nikolai y Roger esperándolos en el
jardín, con la puerta del pórtico abierta (quién sabe cómo diablos lograron
entrar ahí sin salir… oh, cierto, Maki ya no electrificaba las verjas). Ambos
comunes sonrieron al ver a la dueña del sitio y ella se les quedó mirando
con curiosidad.
—Hola Roger, ¿qué los trae a mi humilde morada? —saludó ella,
alzando las cejas y las orejas sobre su cabeza.
—Hola a mí también —murmuró Nikolai algo cohibido—, y lo siento.
—¿Por qué lo sientes? —Ella lo fulminó con los ojos.
—Me escapé el otro día… le tengo miedo a tu amiga, la gatita…
—¿No está aquí, cierto? —preguntó Roger preocupado, y mirando en
todas direcciones. Maki rio mientras negaba con tranquilidad. —No está
aquí ahora… pero pueden pasar si eso quieren. Acabo de regresar de un
viajecito curioso —dijo mientras abría la puerta principal. Nikolai esperó a
130
que los demás pasaran para luego agarrar la cola de Maki.
Teniendo en cuenta que agarrar la cola de alguien es algo bastante
(demasiado) irrespetuoso y sumamente íntimo, ella lo miró con clara
sorpresa. El chico, lejos de mostrarse inseguro y avergonzado, sonrió como
si en serio se viera sensual (la verdad es que era gracioso) y la miró
directamente a los ojos.
—La verdad es que… quería invitarte a una cita.
—¿En serio?
—Sí. Muy en serio, pero si aceptas tengo una pequeña condición —La
chica alzó las cejas esperando sus palabras, aunque en el fondo sabía de
qué se trataba—, nada de sexo. No quiero que creas que solo quiero dormir
contigo. Me gustas y eres guapa, pero quiero… que pruebes algo nuevo.
Ella se quedó en silencio sin dejar de mirarlo. Por su mente habían
pasado muchas ideas sobre salir con Nikolai, pero todas acababan en sexo,
ya sea romántico o no. Nunca había salido con alguien que no la quisiera en
su cama, así que era casi terapéutico. Lo pensó detenidamente.
Una cita sin sexo implicaba comida, quizá algo de beber, alguna
actividad entretenida y una despedida que cortaría su contacto por esa
jornada. Maki no recordaba cuándo fue la última vez que, después de haber
salido con algún chico (que le gustara), había vuelto tranquilamente a casa a
ver Game of Thrones y luego dormir con calma. Se remontaba a la
adolescencia… al principio de conocer a su primer novio. Algo en esa idea la
emocionó.
—Vale. Una cita, sin sexo al final. No suena mal —concedió, sonriente
y él tomó su mano y la invitó a pasar. Maki dejó ir una risilla mientras
recorría su pasillo— ¿Y a dónde iríamos, si puedo saber?
—Estaba pensando en comer algo en un restaurante italiano cerca del
instituto de mi hermana. Ella quería conocerte… es muy extraña con mis
parejas.
—Sabe que no hay muchas —bromeó la albina, yendo hacia Roger,
quien empezó a contarle sobre lo difícil que era Dark Souls a las dos de la
madrugada con una latita de Red Bull y dos de la bebida Monster.
131
—¿El jueves te parece bien? —preguntó Nikolai mientras Roger y la
loba lo observaban.
—El jueves es mañana. ¿Qué hay mañana? —preguntó esta vez
Lucifer, curioso.
—Una cita —contestó su ama mirando a Nikolai con las cejas
alzadas—, y me parece bien… ya que no tengo nada mejor que hacer.
—El jueves entonces.
Roger siguió contando, ahora cambiando de videojuego a Hollow
Knight.
Cocaína. La vieja “azúcar” que ella solía inhalar como una condenada
aspiradora en sus años mozos. Tesla miraba el paquetito con una mezcla
de sentimientos. El asco no era uno de ellos, tampoco el desagrado.
Simplemente se contrastaban la seriedad y una nostalgia casi melancólica.
Lo abrió y tomó un poco. Hayato entró, y al verlo finalmente despierto, le
puso una mano en la cabeza, con cariño y cuidado.
—¿Qué haces con mis cosas? —preguntó el rubio, mirándolo con
curiosidad— ¿Eres de la campaña anti drogas del gobierno? ¿Vienes a
entregarme a un reformatorio o a Narcóticos Anónimos? —bromeó,
quitándole la pequeña bolsita plástica de las peludas manos a su padre
adoptivo.
—Solo recordaba cuánto esa mierda estuvo rompiéndole la cabeza a
tu hermana.
—Han pasado más de cincuenta años desde que Maki dejó de
consumirla, creo. ¿Por qué lo recuerdas ahora?
—Era un caso difícil. Salió de la droga por su cuenta, pero nunca
solucionó su dilema con el alcohol. Morirá de alguna cirrosis hepática algún
día, y quiero estar ahí para reírme.
—Tesla…
—Ella realmente pudo dejarla. Me pregunto por qué lo hizo, si su
cuerpo podía resistir siglos sin romperse.
—Bueno, gracias a ese polvito mágico sí que le rompieron el culo
varias veces, ja, ja… —Tesla no sonrió— Y nunca, ¡nunca! tuvo la suerte de
acostarse con una mujer por error. Es una suertuda esa mujer… incluso
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drogada tenía alto juicio a la hora de escoger calentador de cama.
—De un momento a otro, ella dejó de drogarse y de acostarse con lo
que se movía. Cambió para bien, creo.
—Tesla… —repitió Hayato, mirándolo.
—Me pregunto si ha tenido recaídas alguna vez.
—Papá… —Él lo miró molesto.
—No me llames así. No soy tu padre, tu padre está merodeando por
ahí, escondiéndose de los ángeles que terminaron dándome una paliza a mí.
—Mi padre anda suelto por ahí, pero tú eres mi papá. Siempre lo
serás para mí.
—Solo soy un monstruo al que le tienes aprecio. Cuando te mate
algún día no te quejes.
—Sé que no lo harás —Acarició su cabeza peluda—. Y estoy seguro de
que Maki te considera así también. Ella dejó la cocaína porque tenía
alucinaciones horribles.
—¿Qué clase de alucinaciones?
—No sé, solo sé que despertaba sudada y aterrorizada. Gritando por
ayuda, y yo tenía que abrazarla y consolarla como a una niñita pequeña.
Afirmaba vivir pesadillas y esas cosas. Sabes que no está muy bien de la
cabeza que digamos…
—Me sorprende que nunca haya enloquecido del todo.
—Nunca la dejamos sola del todo —Sonrió y el lobo enano le dio la
razón—. ¿Cuándo vas a salir de nuevo?
—Cuando me recupere bien. La caída me fracturó varios huesos.
—¿Ninguno roto como tal?
—Hubiera muerto si se hubieran roto. La fuerza con la que me
lanzaron era muy superior a lo que tú crees.
—Nunca había visto a esa raza de demonio. ¿Cómo se llamaban?
—Ángeles…
133
—Así que… Maki, ¿verdad? —bromeó Nikolai y ella asintió mirando el
menú— Me alegra saber que vas a pagar esta elegante cena.
—No voy a dejar que te quedes en bancarrota solo por pagarme pasta
fina, Nikolai…
—Qué amable de tu parte. Creí que solo gastabas en videojuegos y
televisión por cable.
—También consumo mucha comida rápida y bebo mucho alcohol.
—¿Eso debería preocuparme?
—¿Me ves gorda o borracha? —Él negó— Pues entonces no tienes
nada de qué inquietarte.
—Cuéntame algo sobre ti —dijo el lobo castaño, bajando las orejas—.
No sé casi nada.
—¿Qué quieres saber?
—Para empezar… tu nombre completo.
—Maki Yamato.
—¿Ascendencia asiática? —Alzó una ceja.
—Apellido de mi padre adoptivo. Creo que se lo inventó… pero
realmente no importa. Hubo un tiempo donde me llamé Maki Taylor… o eso
creo.
—¿Estuviste casada?
—No, fui adoptada por esa familia cuando era una niña pequeña.
—O sea, que no tienes idea de tu verdadera familia —Maki sonrió
antes de mentir.
—Así es… ni una idea. Esa familia adoptiva fue realmente de lo mejor
que me ha pasado alguna vez. Conocí el amor con ellos.
—¿Tu madre y padre adoptivos murieron?
—Ah… a estas alturas sí. Tengo más de mil años, no pueden estar
vivos —Antes de que Nikolai siquiera se sorprendiera, el camarero llegó a
tomar su orden. Ella ordenó por los dos con una amplia sonrisa coqueta. El
mozo se sonrojó cuando se le insinuó descaradamente al decirle algo sobre
hacer cochinadas en uno de los almacenes de la cocina mientras el chef
134
principal cocinaba su plato más elaborado.
—Que chico tan agradable —susurró la albina sonriendo, mientras
miraba la espalda del camarero alejarse. Volvió su atención a su cita.
—¿Tienes… qué edad dijiste? —preguntó el castaño en shock. —No
sé… quizá mil cincuenta y tantos. ¿Me veo joven, eh? —Bebió de su agua—
Pero no le des importancia. El ciclo de envejecimiento no me ha afectado
nunca, quizá no pueda envejecer y ya.
—Te ves más joven que yo… ¿No es… un poco triste? Vivir tanto… sin
nadie que pueda ayudarte a recorrer todo el camino…
—La inmortalidad no es mala. La pintan muy fea. Realmente es bonita
si la ves desde mi punto de vista —explicó—. Mi hermanastro y mi padre
adoptivo actual tienen la misma situación, y hay rumores de que Tesla ha
vivido más de cinco mil años… pero nunca hemos podido confirmarlo.
—¿No tienes miedo a estar sola?
—Caliento mi cama cada noche con un chico distinto, Nikolai. ¿Cómo
podría sentirme sola? Además, no está tan mal. Tengo dinero, y amigos. Y
una familia que está ahí cuando lo necesito.
—¿Nunca has pensando en el qué pasaría cuando tus amigos mueran
de vejez?
—No es un tema que me ocupe por el momento —Recibió su plato
con una sonrisa de oreja a oreja y comenzó a comer—. Basta de mí,
hablemos de ti. ¿De dónde eres?
—Nací en Nueva Jersey, pero mis padres se mudaron aquí cuando
tenía tres años.
—¿Fuiste a la universidad?
—A la de Princeton, curiosamente.
—¿Fue divertido? ¿O eras un memo amante de los libros?
—Realmente fue algo neutro. Recuerdo… varias cosas.
—¿Cómo qué? —Parecía muy interesada— ¿Alguna chica…?
—Salí con una, pero no resultó.
—Ah… —Bajó sus orejas blancas— ¿Por qué?
135
—No es algo que quiera discutir en una primera cita —cortó él,
incómodo—. En general tenía unos pocos amigos hasta que… mataron a uno.
Una depredación de lunars, nada importante.
—Lamento oír eso.
—No, no lo haces —Hizo una mueca y Maki se encogió de hombros— ,
pero no importa. Tu vida es más larga que la mía, háblame de ti. Yo soy un
aburrido universitario que trabaja a tiempo parcial mantenido por la herencia
de mi abuelo… que no es mucha que digamos. Me da para vivir
honestamente sin darme demasiados lujos, pero también trabajo como
diseñador web de la empresa de Roger.
—¿Roger trabaja? —preguntó sorprendida— Creía que era un gamer
ermitaño.
—Lo es, pero es un gran informático. Trabaja desde casa para la
empresa de su hermana mayor, y vive con la mitad de su sueldo.
—¿Y a dónde va la otra mitad?
—A hardware, videojuegos, pagar la wifi… esas cosas. Mayormente
cosas técnicas y algún que otro ahorro.
—¿Y por qué viven juntos?
—Un común del Caribe ajeno a todo el crimen desorganizado y
violento de una gran ciudad como Los Ángeles… se lo comerían apenas
saliera solo por ahí. Muchas veces tengo miedo de que descubra lo que
realmente son los lunars. Podría asustarse muchísimo.
—Es lindo ver cómo te preocupas por él.
—Dije que habláramos de ti, no de mi compañero de piso.
—Bueno, yo no fui a la universidad. Dejé la escuela a los diecisiete.
—¿Por qué?
—Bueno… tenía problemas para mantenerla a ella y a mi trabajo.
—Pero si vivías con tu familia adoptiva, ¿por qué necesitabas un
trabajo para pagarte la escuela?
—Abandoné a esa familia cuando tenía quince. Tenía mis motivos así
que te agradecería si no preguntas —Sonrió bebiendo agua de nuevo—.
Encontré trabajo al mudarme a la otra mitad de la ciudad, y traté de seguir
136
en una escuela donde me inscribió mi actual padre adoptivo: Tesla. Pero… él
no pagaba más que la matrícula anual, así que los libros, la comida, y el
tiempo empleado en estudiar debían de ser por mi cuenta. Después de
matar a un bastardo que me acosaba, fui expulsada y no volví a pisar ahí.
—Suena duro.
—Lo fue… un tiempo. Luego conocí a Hikky y todo mejoró de alguna
manera. Fui feliz un par de años.
La velada en sí no fue mala. Nikolai no preguntó las cosas que la
enojarían, y obvió que Maki temía a su padre biológico. Luego de la cena
fueron a jugar a los bolos, donde ella demostró sus grandes habilidades con
la gran bola en sus manos. Él sonreía mucho a su lado, viendo ese lado suyo
tan… normal. Parecía una chica cualquiera de unos pocos cientos de añitos.
Quería verla así… tranquila, sonriente y sobria. Maki era más hermosa
cuando no estaba intentando hacerse la dura o acostarse con hombres
apuestos.
A la hora de volver, mientras iban hacia el coche de Nikolai aparcado
al sur de la bolera, la albina recibió un mensaje de texto. Tras mirarlo un par
de segundos, ella de inmediato deshizo su sonrisa y tragó saliva.
—¿Qué pasa? —preguntó Nikolai, y ella suspiró mirándolo.
—Tengo que irme. Mi hermanastro está buscándome. Tenemos un
asunto pendiente.
—¿Es urgente?
—Sí. Lo siento, Niko. Ten un viaje seguro a casa. Dale saludos a Roger
de mi parte.
Se marchó por la dirección opuesta, rápido. El castaño la vio alejarse
hasta que se perdió entre la multitud de gente de una cebra. Se le escapó un
suspiro cansado, y notó el humo saliendo de su boca. Hacía frío y no se
había dado cuenta. Se preguntó si Maki también lo sintió ahora que
caminaba contra el viento.
—He venido tan rápido como he podido —afirmó ella, hablando con
un fino acento británico que Hayato no escuchaba desde hacía años—, ¿qué
pasa?
—De hecho, Maki, yo fui quien escribió el texto —dijo Tesla, mirándola
137
a los ojos. No tenía la máscara de siempre, que reposaba (rota) sobre la
mesa. Los cristales de los lentes estaban resquebrajados y el cuero
ligeramente estirado. Maki vio por primera vez a detalle la cara del enano
peludo: era un lobo, sí, de pelaje blanco como el resto de su cuerpo y sin una
mancha. Pero sí tenía unas cuantas cicatrices en la nariz, una gigantesca
que se extendía como una raíz desde el puente hasta casi la boca.
Era una marca horrible que le daba a Tesla un porte más amenazador
que su cuerpecito de niño de diez años.
—¿Por qué? ¿Dónde está Hayato?
—Salió a buscar a Valentine. Ella es parte de la familia también, yo
solo espero que no estén aullando mientras follan como animales en celo
—Cerró los ojos con paciencia—. Pero quiero hablar contigo a solas un
momento. Por eso lo mandé a él y no a Ah o Un.
—¿Y qué es? —Tomó asiento frente a él, cruzando las piernas.
—Me cazan ángeles —dijo el albino, seriamente. Maki parpadeó varias
veces.
—¿Ángeles…?
—Ángeles de carne, ángeles, como sea… me están cazando porque
no encuentran a tu padre y les exigen resultados. Tengo que exponer a tu
padre, que está escondido como una rata en algún sitio huyendo de ellos.
—¿Y por qué me dices eso?
—Porque solo tú puedes sacar a tu padre de su escondite —Ella abrió
mucho los ojos, indignada—. No sabe de Nara, y me conviene. Serás mi
carnada, pero —La interrumpió antes de que pudiera protestar— voy a
protegerte. Ahora mismo no puedo, pero en unos tres días volveré al
Mercado. Hay una guerra esperándome ahí, quieren matarme porque creen
que pueden. Pero si haces que tu padre salga, y cumples el plan de tu
hermana…
—¿Cómo sabes de ese plan? —Lo cortó ansiosa. La cola se movía
nerviosamente hacia arriba y abajo.
—Nara habló conmigo mucho antes de lo que tú crees. Eso no
importa, ¡solo quiero —gruñó—…! que obedezcas. No vas a morir, ni Hayato,
ni yo, ni ninguno de nosotros. He sabido sobrevivir solo desde que desperté
en una cueva sin noción de mi identidad hace años… creo que puedes
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confiar en mí.
—¿Y si matan a mi hermano? O peor… ¿y si te matan a ti? ¡Esos
“ángeles” que dices casi logran que mueras, Tesla! —gritó ella, furiosa y
asustada— Ya demostraron que no eres invencible, ahora va a buscarte
también la gente del Mercado.
—Soy más poderoso de lo que un puñado de ratas de alcantarilla lo
serán alguna vez.
—¡Eres uno contra miles! ¡No puedes ganar una guerra así!
—¡Soy Tesla! —gritó él de vuelta, sacando los dientes. Dientes
afilados que Maki jamás había visto— ¡Soy el demonio auténtico de Los
Ángeles, de Estados Unidos, del maldito mundo! Nada ha podido matarme
en siglos… nada lo hará ahora.
—Me preocupa nuestra familia. También TU familia.
—A mí no, porque no hay nada de qué preocuparse —arrugó la nariz,
resaltando la cicatriz—. Soy un ser casi omnipotente. Un dios en el Mercado,
y los dioses no pueden morir.
—Que seas bueno peleando no te hace un dios, Tesla.
—No, no lo hace —admitió—. Tampoco lo hace el ser temido y
respetado, lo hacen mis capacidades. Yo jamás voy a morir, fueron palabras
de un demonio que maté con mis pulgares. Soy tu salvación, Maki, y la de
Hayato, Ah, Un, las putas de Hayato y Valentine. Si me matan porque alguno
de ustedes no cumplió su parte del plan, ten por seguro —La jaló del cuello
de su cazadora negra— que tu muerte será lenta y desesperada.
—Pero…
—Pero nada. Vas a obedecer lo que te diga, quieras o no —ordenó con
ferocidad.
Nunca había creído genuinamente en la supuesta fuerza de Tesla,
porque nunca la había visto de primera mano. Sabía de su temperamento
feroz y sus malos hábitos de matar a los insolentes que se atrevían a
contestarle, pero nunca le había hablado con aquel tono tan amenazante a
alguno de sus “hijos”. Los ojos, rojos como un rubí en llamas, brillaban
muchísimo en rabia. Nunca se había sentido verdaderamente intimidada por
ese lobo de pequeña estatura.
Tragó saliva y se sentó correctamente en la silla, apoyando la
139
espalda. Tesla pareció entender su ansiedad y le dedicó una mirada algo
compasiva.
—Maki… tú no tienes idea de quién es tu padre. Yo no conocí nunca a
tu madre, pero a él sí, y es peligroso. Muy peligroso. Incluso lo fue para mí
por siglos —Le dijo, con la empatía de un padre—. Solo intento quitármelo de
encima sin tener que meterme directamente con él.
—¿No lograrías matarlo si lo tuvieras de frente?
—Sí lo haría, pero no quiero salir malherido yo. Tengo un Mercado que
mandar y a dos hijos que mantener mimados —Maki sonrió un poco—. Solo
trato de proteger lo que me importa.
—No sabía que tuvieras corazón —bromeó ella y Tesla miró al suelo,
con los ojos vacíos.
—No tengo. Solo me preocupo por ustedes dos con la cabeza. Si me
guiara por mi inexistente corazón estarían pudriéndose en medio de una
carretera transitada —Exhaló aire—. Maki… lo que me atacó es un ángel real,
y hay una forma de matar a tu padre utilizándolos. ¿No te interesa?
—Claro que sí.
—Los ángeles lo están buscando a él. Es su prioridad, pero como no
lo encuentran están tratando de llevarse a algún demonio, que en este caso
soy yo. Si logro que lo capturen, me dejarán en paz a mí. Y si él está muerto,
tú finalmente serás libre.
La albina movió la cola de forma inconsciente, internamente feliz de
al fin tener una forma de deshacerse de aquel asesino que la engendró
utilizando el vientre de una mujer tan inocente como lo fue su madre. Oír a
Tesla hablando tan seriamente, sumado a su personalidad de por sí seria y
decidida, la llenó de esperanza, aunque tenía algo de miedo. Miedo por su
padre adoptivo, quien había sido casi asesinado por un supuesto ángel y
una multitud de gentuza enojada del Mercado donde mandaba.
—Volveré al Mercado mañana, lo pensé mejor —afirmó el de menor
estatura—. Tengo que imponer orden y un par de muertos para que Hayato
pueda volver a estar en paz. No dudo que ese ángel regrese, pero esta vez
estaré listo para atravesarle el culo con una bala.
—¿Y cómo irás detrás de mi padre? Si estás ocupado imponiendo
orden…
140
—Lo harás tú. Si yo actúo directamente romperé nuestra tregua —
Hizo una corta pausa—, y sí la voy a romper cuando mande a los ángeles a
él, pero por ahora no me conviene meterme en su camino. Tengo mucho
que hacer por ahora.
—¿¡Yo!? —chilló la de ojos azules— ¡Sabes que intenta matarme! ¡Lo
logrará si solo me pongo delante de él y ya!
—Él no intenta matarte —La persuadió el enano.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque te estoy viendo viva delante de mí. Si te quisiera muerta de
verdad, lo estarías desde hace siglos. Te necesita viva, y no te ha tocado
porque piensa que Nara aún tiene oportunidad de salir de forma natural.
—¿Qué? Explícame lo de Nara… hablé con ella personalmente, pero no
entendí un carajo… y tampoco me dio muchas explicaciones.
—Nara es algo que él quiere, y cree que reside dentro de ti. Por eso
estás viva. El plan de ella es suicidarse para así conseguir que engendre a
otro ser que quizá tenga la misma esencia y te deje en paz —explicó—. Mi
plan es usar su muerte para exponerlo, y que los ángeles lo cacen. Una vez
lo maten, todos contentos. Ambos planes te necesitan a ti, y si desobedeces,
morirás.
Maki tragó saliva asustada. Nunca había sido necesario que
arriesgara su vida por algo que no entendía del todo. Hasta ahora su vida se
resumía a esconderse junto a su harén de hombres dispuestos a partirle el
culo en cientos de formas distintas. Estaba muy asustada.
Quería a Lucifer para abrazarlo y oír un “está bien” de su parte.
Temblaba y su cola mullida se escondía entre sus piernas. Tesla la miraba
impasible. Sabía en qué la metía pero no había otra opción.
A este paso, él también moriría en la cacería de los ángeles de carne,
desesperados por matar al demonio que se ocultaba en una gran ciudad.
Alzó el pecho al inspirar hondo y se sentó en el borde de la mesa. Puso una
mano en el hombro de Maki y la obligó a mirarla a los ojos. Estaba llorando
por el pánico, y él en el fondo odiaba verla llorar.
—Tu padre sabe mucho de lo que haces. Sabía dónde estabas, a
dónde ibas y con quién. Estaba presente, en las sombras, cuando tenías
sexo, cuando bebías, cuando te drogabas… siempre supo dónde estabas. Y
estás viva porque le convienes. Si lo matamos, ya no deberás tener miedo.
141
—¿Prometes que este plan funcionará?
—No. Pero haré lo que esté en mi mano.
No sonrió dándole esperanza, ni le acarició el pelo con cariño
paternal. Tesla no era así en absoluto. Solo se mantuvo mirándola en
silencio mientras lloraba, maquinando formas de ejecutar su plan. Nara iba
a cumplir su parte de todos modos, así que era una carrera contra el tiempo.
Hayato entró minutos después de que Maki se hubo marchado.
Valentine estaba junto a él, y ambos miraban a Tesla sentado sobre la mesa,
quien les devolvía una mirada fría y seria, como él.
—¿Ella estará bien viviendo afuera?
—Mañana volveré al Mercado —dijo el lobo blanco, sorprendiéndolos
a ambos—. Hay que dejar en claro quién manda, y esos payasos creen que
pueden matarme. Yo les demostraré por qué me dicen demonio auténtico.
Lamentarán haberme intentado matar.
142
13
Como una nube enfermiza, el hedor del Mercado llegaba hasta las
calles iluminadas por el Sol de Los Ángeles. La gente corría en pánico por
los cruces y los coches aceleraban lo más que podían. La policía se
mantenía muy ocupada, con una mitad de los oficiales dentro de la
oscuridad, y la otra evitando que más periodistas fotografiaran y grabaran
las grotescas muestras de poder que manchaban las calles ya de por sí
ensangrentadas del Mercado, y que se extendían hasta ciertas zonas de la
luz.
Las noticias eran todas con el mismo titular: “Horrenda Masacre
Ocurrida Hoy en la Zona Este del Mercado Negro”, inundando cada medio
de comunicación existente no solo de Estados Unidos, sino de varios
cientos de países de la Parte Tierra e incluso en la Parte Independiente del
mundo. El gobierno enfrentaba demandas judiciales de gente preocupada
por sus vidas, los civiles temían por perder la existencia en las calles.
Los Ángeles, California era un desastre.
—¡Oficial Park! ¡Oficial Park! ¡Tenemos una pregunta más para usted!
—gritó un periodista al jefe del departamento de policía de Los Ángeles—
¿Por qué aún el gobierno no organiza una búsqueda organizada a ese
demonio?
—¡Contamina nuestras calles con hedor a muerte! ¡Vuelve inseguros
los caminos! ¿Vivimos en la Europa medieval donde debemos temer a
caminar por grandes avenidas? —¡Hagan algo, pretenciosos inútiles!
—¡Maten a esa bestia! ¡El FBI o la CIA pueden fácilmente perseguir y
matar a un enano como él!
143
—¿Cómo cuál? Según esto hubo más de mil muertos…
—Los muertos estaban en el Mercado Negro. Se lo merecían por algo.
Hay muchas cosas raras escondidas ahí. Los oficiales mismos saben que
es un mal necesario.
—¿Por qué? ¿Eran criminales?
—Podría decirse —afirmó Nikolai, mirando la pantalla de la televisión.
Estaba pensando en Maki, y la cita casta que tuvieron. Ni siquiera se dieron
un beso, y lo lamentaba un poco más por cada hora que pasaba—. Pero
quién los mató es un criminal todavía peor.
—¿Fue una única persona? —Abrió muchos los ojos— Es… wow.
—No es una persona, es una bestia. Una que podría matar a la ciudad
entera si lo enfadamos lo suficiente, mejor dejar el tema ya. Me da
escalofríos.
Roger comió su cereal en silencio por un máximo de diez minutos.
Luego miró a su compañero de casa, quien hacía lo mismo mientras sus
ojos se perdían en los titulares de la televisión. No era muy bueno en
situaciones sociales, pero sabía cuándo su amigo estaba pensando en algo
muy detenidamente. Nikolai el día anterior había salido, y estaba muy
seguro de que fue con cierta loba albina de ojos azules con un adorable
acento imitador del americano.
No sabía a ciencia cierta si él se había enamorado, pero lo que sí era
notable era su preocupación.
—¿Crees que Maki esté bien? —preguntó, haciendo que el castaño lo
mirara de inmediato.
—Tiene mucho dinero y una casa grande. ¿Por qué saldría a meterse
en esa masacre?
—He leído que en el Mercado hay drogas y burdeles —Miró a Nikolai a
los ojos—, y ella, según tú, era una ninfómana drogadicta.
—Pero no una loca —La defendió su amigo—. Espero que se haya
mantenido en casa este tiempo. Ella sabe lo peligroso que es ese sitio,
incluso para ella.
—¿“Incluso para ella”? —Roger alzó una ceja y Nikolai tragó saliva.
—Ella es una lunar, Roger. Puede sobrevivir mejor ahí… —dijo a modo
144
de excusa.
146
—Eres mi ama, no mi dueña —dijo—, y mi trabajo es protegerte, así
como educarte. No eres precisamente una niña buena, pero tampoco has
sido nunca una pretenciosa asquerosa que se aprovecha de sus aliados. Sé
que estás asustada, sé que no quieres morir, yo tampoco quiero que mueras
—Sus ojos brillaban más que nunca. Azul con azul contrastaba—, pero el
tener miedo no te da derecho a ser una auténtica imbécil prepotente. Quiero
que te olvides de beber, de follar y sobre todo, de volver a meterte cosas.
¿Entendiste?
—…sí, lo siento.
Como una niña, Maki cuando estuvo libre se acomodó en una
esquina de la cama en su forma de lobo a cuatro patas, con la cola
escondida entre las patas. Lucifer se irguió, y negó con la cabeza mientras
suspiraba de fastidio. En el fondo, no le gustaba comportarse así, pero
alguien tenía que guiar a su ama por el camino no tan malo, porque si no,
acabaría como cuando empezó: acostada en una cama, con la nariz
rociando cocaína, la mente nublada y los muslos llenos de mordidas y
marcas.
Estuvo “castigada” por dos horas y media, solamente acostada en la
gran cama mirando “Interestellar” y dibujos animados en el canal de Cartoon
Network. Aburrida, tomó el mando de su PS5 y cuando quiso empezar a
jugar Little Nightmares, Lucifer abrió la puerta de la habitación. Detrás de él
iba Nikolai, quien la veía con una sonrisa esperanzadora.
—Hola, Maki… —dijo en un murmullo apenas audible— me alegra ver
que estés bien. Lucifer me dijo que estabas un poco malita, ¿quieres que
venga luego?
Ella negó y su nanatsu se fue, dejándolos solos. El de pelo castaño
bajó las orejas sentándose al lado de la albina, quien lo miraba con ojos
atormentados.
—¿Qué tal?
—Bueno… no he bebido nada. Estoy sobria —bromeó ella, pero sin
ganas—. ¿Y Roger?
—En casa. No le he dicho que venía, las calles están algo revueltas.
¿Estás bien? ¿No te has hecho daño?
—Estoy asustada —confesó la albina, mirando al suelo—, y no puedo
hacer nada para evitarlo. Ni siquiera he considerado la idea de dormir con
alguien. ¡Es muy jodido!
147
—Eso está bien… —La abrazó, pegando el mentón a la nívea cabeza—
no tienes que acostarte con hombres para mitigar el dolor, o el miedo,
¿sabes? No dejas de ser menos mujer por esa estupidez. Tampoco hace
falta beber, por si te lo preguntas.
—Niko… no tienes idea de la magnitud de lo que me pasa.
—Tienes razón, no la tengo —admitió él acariciándole la cabeza
suavemente—. Pero sí quiero ayudarte. No necesitas que entienda, si solo
quieres que te apoye, ¿no?
Maki quedó en silencio, sin llorar ni chillar. Tampoco le devolvió el
abrazo, manteniéndose quieta bajo el peso masculino. Lucifer cerró la
puerta otorgándoles privacidad, y, a diferencia de muchos hombres en su
situación, Nikolai no intentó nada más. Se quedó a su lado, sin saber lo que
ella temía tanto, pero dándole el apoyo que necesitaba. Sabía que ella
estaba rota por dentro, sufriendo por alguna fuerza horrible de quién sabe
dónde. Los lunars siempre le habían causado miedo a él, pero nunca pensó
ver a uno de ellos sintiéndose así de aterrado.
—¿Quieres que me quede contigo esta noche? —Maki lo miró
buscando maldad en sus ojos. No había— Sin sexo, lo prometo.
—No tienes por qué.
—Eres mi amiga, ¿no? Puedo llamar a Roger si te hago sentir
incómoda.
—Mejor si lo llamas… ¿crees que le guste la comida tailandesa?
—Le encantará, igual que a mí.
Le acarició la mejilla y sacó el teléfono. Mientras él hablaba con su
amigo, Maki lo miraba con curiosidad. De los cientos, miles de hombres que
alguna vez había conocido, no muchos harían lo mismo en su posición. Las
mujeres como ella eran imanes de hombres como Ghunter, hombres que
solo querían una simple cosa: sexo.
Ella nunca se sentía usada, porque le era normal. No era usada, ella
se aprovechaba de los hombres que la deseaban y jugaba con ellos hasta
cansarse o despedirse. Hayato y Maki tenían esa similitud tan peculiar, solo
que el rubio no tenía el remordimiento que ella cargaba en ese momento.
Sentía su cuerpo picando, pero no en el típico deseo carnal, sino en ganas
de un calor más agradable. Quizá la pasión la había estado quemando sin
darse cuenta.
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Tal vez algo de cariño era lo que su maltratada conciencia necesitaba
para poder descansar. Negó con la cabeza, ahuyentando el sonrojo que
amenazaba con apoderarse de sus mejillas cuando Nikolai se volteó y se
sentó en la cama.
—Dice que viene en veinte minutos. Tomará mi auto y vendrá directo.
No se perderá, espero… —Sonreía con una calma muy hermosa.
—¿Dormirás en la habitación de invitados? —preguntó ella,
levantándose de la cama.
—¿Dónde más dormiría? No voy a dormir contigo y Roger en la misma
cama… sería muy raro.
Maki rio con ganas. Hacía mucho no se reía así.
—Bueno, supongo que tienes razón. Ven conmigo, Lucifer te ayudará
a acomodarla. Hay dos camas, tú y Roger podrán estar cómodos sin
preocuparse. ¿Hay algo en especial que quieras hacer esta noche? Piénsalo
como una pijamada entre amigos… ¿alguna película decente?
—Quisiera algún filme violento y de calidad.
—¿Te gustan las películas de acción y violencia? —Ella alzó una ceja—
Pensé que preferías las comedias románticas.
—¿Quieres dejar de insinuar que soy gay un día de tu vida?
—Siempre es divertido —afirmó la loba.
Por otro lado, Tesla estaba ocupado. Dentro de la boca del lobo, para
ser más precisos. Quince ángeles de carne los observaban desde lo alto de
un muro, y en el suelo, rodeándolo, había unos veinte más. Frente a él
estaba el hombre perro con alas que le había dado una paliza días antes,
con una mirada rígida y fría.
—Tienes agallas para venir aquí. ¿Por qué quiere un demonio como tú
hablar conmigo? ¿Pedir piedad?
—Vengo por una tregua —Muchos de los ángeles se rieron
descaradamente—, ¿les parece graciosa la paz? Vaya ángeles
descarriados…
—Llevo conociéndote los siglos suficientes como para saber que no
eres un ser de paz. Te gusta la guerra, te agrada matar. ¿Por qué un
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desalmado como tú quiere paz?
—No lo hago por mí. Sinceramente me da igual lo que hagan. —¿El
demonio puede ser solidario? —Se burló una de las “gárgolas” sobre el muro.
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su hija adoptiva viviría la paz mental que añoraba desde que nació. Tesla
miró al cielo azul cuando salió. La vida fuera del Mercado era lo mejor para
ella, sin sangre extra, sin violencia extra, sin necesidad de temer por su vida
todos los días.
Sonrió sintiendo un cálido sentimiento en el pecho que no apreciaba
desde hacía años. Quizá unos cuantos siglos, o más… Añoró su máscara.
«Al fin voy a saldar nuestra deuda, Rekko»
Se internó en las oscuras calles que lo llamaban con un llanto
silencioso y una brisa fría. Era como una réplica del infierno mismo en un
sitio oculto de la ciudad de Los Ángeles. Pero, lejos de intimidarlo, Tesla se
sentía feliz de pisar las calles ensangrentadas. Para un demonio cuya guerra
jamás termina, es el sitio perfecto. Siempre hay alguien contra quién pelear,
siempre hay alguien a quien matar. Había interiorizado hacía muchos años
que su sitio era en donde la sangre corriera.
La crueldad era algo pegado a los corazones de todos, que se
desplegaba en los momentos y lugares correctos. Tesla no tenía ya un
corazón, en su lugar quedaba la vena densa y desgastada que bombeaba su
alma pútrida. No había cabida para la compasión ahí, y aun así, seguía
queriendo saldar aquellas deudas que hizo con aquellos que alguna vez lo
acompañaron. Seguía comportándose como el padre recio que se
preocupaba por sus niños.
Nunca pensó poder volver a amar a alguien después de lo que le hizo
a Jeffrey.
Y tampoco pensó ser apreciado por algo llamado familia una vez
más. La vida daba muchas más vueltas mientras más larga se tornaba. Y la
suya era una que había recorrido muchos caminos escabrosos, llenos de
sangre, espinas y muerte. Nunca estaría en paz, pero al menos, la guerra
eterna era más llevadera con compañía.
—¿En qué piensas? —preguntó Hayato, viéndolo tan perdido en sus
pensamientos. Tesla lo miró con un tono cálido en sus ojos.
—En muchas deudas que tengo y que no he pagado —respondió él,
yéndose—, y en que mi nueva máscara debe de estar aquí.
—Dijo el señor que la trajo que pudo repararla usando escamas de
dragón… o algo así.
—Que bien…
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No lo diría, pero la fase de desintoxicación inicial era la más difícil,
por experiencia. Había abandonado la cocaína porque empezaba a tener
alucinaciones a pleno día, y pesadillas terribles de madrugada. Dormía
pocas horas, y despertaba siempre con resaca y compañía masculina.
Había estado a un paso de caer en la locura, porque su mente drogada
repetía cientos y miles de veces la escena de su madre muerta sobre el piso
de su habitación. La llenaba de horror, y gritaba y corría por su vida, con
apenas comida en su estómago. Chocaba, peleaba y huía sin control.
Habían sido días horribles. Pronto, la cocaína dejó de ser un placer, y
se convirtió en una necesidad horrenda, que calaba en su subconsciente,
como un gusano, y la arrastraba al peor de los caminos. Ella misma decidió
dejarla, pero la terapia normal e ir a Narcóticos Anónimos no ayudaron.
Pronto hubo una recaída, y resultó ser peor que el original derrumbe al
abismo. Maki recordaba la cara de Tesla, tan asqueado de verla sucia de su
propio vómito, tirada en una esquina del burdel de Hayato, como una
prostituta más, y la nariz rociando polvo blanco.
Tesla había sido cruel aquella vez, pero con la mejor de las
intenciones. Gracias a él y a sus terapias extremas, Maki podía ver el mundo
claramente una vez más. Pensar en volver a meterse ahí le daba escalofríos.
Pero ahora, más desesperada que nunca, se lo replanteaba. Las adicciones
eran algo que la ayudaba a huir de pensar en su futuro, en si estaría viva
cuando su padre al fin la encontrara. En si siquiera ese futuro existía. La
cocaína fue reemplazada por el alcohol tiempo después, que, si bien no era
un problema tan grave, porque el cuerpo de los lunars estaba hecho
principalmente para resistir venenos ingeridos, alimentó la ninfomanía que
venía desarrollando.
Se volvió una adicta al sexo después de años de practicarlo,
buscando lo que la cocaína no podía darle a esas alturas: la falsa sensación
de felicidad. Ahora, su cuerpo pedía ayuda, sin sentir apenas placer y
haciendo que el alcohol supiera a lo que era. El poder de la adicción era
cada vez menor, porque el mismo cuerpo le pedía control sobre su vida de
mierda.
Roger la miraba con lástima, queriendo ayudarla de alguna manera,
mas no podía hacer mucho. Maki ni siquiera iba a llorar para que le
permitiera abrazarla. Era fuerte, y eso era malo en momentos como este.
Necesitaba un amigo, o más.
—Creo que me gusta Nikolai —admitió ella, sorprendiendo al joven
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pitbull—, y no de forma sexual. Me… gusta un poco más que eso. Ha
demostrado ser más que un pene erecto que me quiere atravesar. No sé
lidiar con estas cosas.
—¿Nunca te has enamorado antes? —preguntó su acompañante, con
una expresión lo más neutra posible.
—Una vez, y fue cuando tenía veinte años. Era joven y estúpida, no
recuerdo mucho…
—No te llames estúpida a ti misma —Roger le pasó una mano por la
cabeza, repasando las cicatrices de la oreja—, todos fuimos jóvenes alguna
vez. Cometimos errores, sí, pero eso nos hace quienes somos ahora. Maki,
si dejas atrás la adicción al sexo, podrías abrirte a algo tan bonito como el
amor. No te pido que te mantengas casta el resto de tu vida, pero
demuéstrate a ti misma que no todo es placer. Que hay otra felicidad. Una
mucho mejor, y más duradera.
—Gracias, Roger.
—Soy amigo de Nikolai, pero también quiero ser tu amigo. Podemos
serlo, ¿cierto? —Sonrió como un niño— Sin cosas raras. Solo Maki, Niko y
Roger... Sobre Nikolai… No te preocupes, a él quizá le gustes igual. Eres muy
bonita y muy buena con nosotros. No hay forma de que te rechace. Solo
debes mostrar lo que hay dentro de tu corazón…
Ella rio un poco, pensando en lo cursi que era todo. Roger era un
hombre muy curioso, hablando con el dialecto de una película animada era
más sabio que cientos de charlatanes que se hacían llamar psicólogos. Lo
apreciaba mucho, y sabía que tenía razón de una forma u otra. Sonrió,
recostando su cabeza sobre el hombro del perro, quien terminó con la leche
del cartón derramada sobre su pantalón de pijama.
—¡Lo siento! —chilló Maki al darse cuenta.
—Iré a cambiarme… menos mal que traje dos… ¡no te preocupes! Ve a
dormir, seguro que debes de tener mucho sueño ahora.
—Ah… —mintió— claro.
Se sentía mejor, pero nada había cambiado en su cabeza. Su
conciencia estaba medianamente limpia ahora que había hablado de parte
de sus problemas con Roger, pero el poder de su fuerza de voluntad sobre
su deseo insalubre de meterse en malos caminos seguía siendo pequeño.
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Necesitaba un poco más de terapia, pero no de Roger, ni Valentine, ni nadie
conocido.
Al día siguiente, a eso de la una de la tarde, cuando Nikolai, Roger y
Lucifer charlaban animadamente en el living, viendo una película de ciencia
ficción, Maki aprovechó para hacer la llamada discreta que quería. Le era
algo vergonzoso confesar que iría a terapia, así que se mantuvo oculta en la
cocina.
A los dos timbres, alguien contestó.
—¿Hola?
—Soy yo, Maki Yamato —dijo la albina, sonriendo algo incómoda—, la
hija de…
—Tesla, sí… hablé con él en persona hace un par de horas. Me dijo
que querías una cita conmigo en mi consulta… ¿no?
—Sí… no sé si te dijo algo de mi situación… aunque el dinero no es un
problema. Cobre lo que quiera…
—No se preocupe, señorita. ¿Cuándo tiene tiempo?
—Ah… —Miró su reloj de pared: el de un gato que movía la cola y los
ojos cada que las manecillas se movían— ¿En dos horas? Quizá un poco
más…
—Necesito exactitud, señorita. Mi agenda está algo llena.
—En dos horas estaré ahí. Tesla me ha enviado la ubicación por
mensaje, seré puntual…
Colgó y movía la cola contenta. Según le había contado su amargado
protector (a las cinco de la mañana), la doctora Scott era la psicóloga que
Hayato se tiraba cuando empezó el año. La había invitado a cenar par de
veces a restaurantes del Mercado, como broma, y terminó sabiendo que era
una mujer muy reconocida en su campo laboral. Había hablado con ella
sobre su situación y, conociéndolo, Maki sabía que lo más probable es que
la negociación hubiera sido con un cuchillo en la garganta.
Pero Tesla tenía buenas intenciones, y eso era lo que importaba. Se
volteó feliz, con la cola aún en movimiento, y tarareando la música del menú
de Undertale, y fue hasta donde estaban los chicos, que seguían hablando
sobre por qué SpiderMan era el mejor de los superhéroes. Todos la miraron.
Ella no estaba moviendo la cola pero tenía las mejillas rosas y las orejas en
156
alto.
—¿Te ha pasado algo bueno? —preguntó Roger, mirándola con
curiosidad.
—Seguramente tiene planeado el sexo de esta noche —bromeó
Nikolai. Maki bajó las orejas.
—Y tu buen humor debe significar que te manoseaste con algún buen
modelo de ropa interior anoche —repuso ella.
Los dos se miraron desafiantes. Roger sabía que se gustaban, pero
parecían querer comerse a insultos cada vez que se veían. El castaño
suspiró, dándose por vencido.
—¿Qué te trae tan feliz?
—No es de su interés —Lucifer alzó una ceja—, de ninguno de los tres.
Es… personal.
Los tres hombres se miraron entre sí, dudando. Maki se regodeaba
de su promiscuidad muy seguido, y a veces daba detalles (no deseados)
solo por molestar. Nunca había censurado algo de carácter “personal”.
Incluso Lucifer, que la conocía muy bien, estaba extrañado. La loba se sentó
al lado del perro y se puso a ver la película con tranquilidad. Nadie comentó
nada al respecto de su cola peluda moviéndose impacientemente sobre el
sofá. Parecía una niñita con un dulce, con las mejillas muy rosas y las orejas
en alto.
Sería más adorable sin aquella horrenda cicatriz en una de ellas, o en
su ojo. Nikolai pensó que Maki, cuando estaba así, genuinamente feliz, era
más linda que cuando le coqueteaba descaradamente. Incluso se veía más
hermosa que el día que lo besó, cuando tenía los labios más carnosos y los
pómulos rojos de la vergüenza. Se sonrojó un poco imaginándola así de feliz
estando solos, viendo una película o hablado de cosas triviales y sin
importancia.
Incluso tuvo una ligera fantasía de verla así después del sexo. Bajó la
vista y se obligó a pensar en camiones cargados de troncos que recorrían
un terreno sin fin. Se calmó rápidamente. Roger lo había notado todo, pero
no hizo ningún comentario. Movía su pequeña colita donde nadie podía verla,
y era feliz con eso.
Al rato ellos dos se fueron. Nikolai tenía cosas que hacer, como
trabajar, para variar, y Roger… quería estar en casa. Lucifer se quedó con
Maki en aquel pórtico pintado de blanco, y tan bien cuidado. La miró con
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aquellos ojos azules luminosos.
—¿No vas a decir por qué estabas feliz? —Ella negó con lentitud—
¿Algún día lo sabré?
Maki asintió con una sonrisa nada malvada, o pícara. Para su
nanatsu, era complicado pensar que ella estuviera enamorada de alguien
que ocultaba. Maki estaba cambiando, quizá para bien, y era algo que no se
creía de buenas a primeras. Después de tanto sufrir… ¿había decidido al fin
ser feliz?
Su extrañeza se agrandó cuando ella se montó en el auto poco
después, y se fue a algún lugar desconocido después de haberle insistido
que estaría bien. Aparcó frente a un edificio muy pintoresco en un vecindario
igual de bonito. Con una sonrisa incómoda entró, y suspiró antes de hablar
con la joven recepcionista.
—Quisiera ver a la Doctora Mandy Scott… ¿trabaja en estas oficinas?
La mujer perro le sonrió amablemente y le dio un par de indicaciones
para llegar a la sala de espera. Frente a la puerta de madera con un letrero
elegante con un grabado sencillo “Dra. Scott”, Maki se obligó a mantener la
calma. Tocó unas dos veces, y bajó sus orejas con temor a recibir alguna
grosería como respuesta.
Una voz femenina la invitó a pasar.
La albina entró, muy nerviosa, y la recibió una golden retriever de ojos
verdes, vestida con una blusa con flores y unos jeans que se ajustaban a las
curvas de sus caderas. Parecía informal y relajada, para ser una terapeuta.
Maki se sintió un poco intimidada por aquella mirada tan tranquila y se
mantuvo de pie con la puerta detrás, agarrando el picaporte por si la
echaban. Parecía una adolescente en el despacho del director.
—¿Maki Yamato?
Ella asintió.
—Siéntate, no tengas vergüenza. Este despacho es como tu casa.
Relájate y túmbate en el sofá.
La albina dudó sobre lo último, pero tomó asiento frente a la doctora,
que seguía mirándola con una paciencia maternal. Esperó a que ella subiera
las orejas para empezar a hablar.
—Como ya sabes, soy la doctora Mandy Scott, especialista en
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psicología. La verdad, me sorprendió y asustó muchísimo ver a un demonio
como Tesla frente a mi puerta… pensé que iba a morir — Maki mostró una
sonrisa incómoda—, pero luego me contó de una de sus “hijas” que
necesitaba terapia. Me pagó muy bien… y dijo que se encargaría de todos
los demás gastos.
La loba estaba sorprendida oyendo sobre las acciones de su egoísta
padre adoptivo. Nunca creyó que Tesla se preocupase tanto por ella.
Se preguntó si haría lo mismo por Hayato…
—Yo… ah… me dijo que viniera. No me especificó nada…
—No te preocupes. Lo único que me contó de ti es tu problema con el
sexo y tu pasado con las drogas. Me dijo encarecidamente que evitara el
tema familiar, y estoy dispuesta a cumplir mi palabra.
—Oh… gracias. Supongo que no se ha de sentir bien con una
ninfómana ex drogadicta en su despacho… —Sus orejas bajaron. La doctora
Scott sonrió.
—Lo que importa es que quien salga de aquí en unas sesiones no sea
la misma ninfómana ex drogadicta… ¿no crees? —Maki movió la cola con
alegría.
—Supongo… quiero cambiar. Solo…
—Necesitas algo de ayuda, lo entiendo. Cuéntame de tu tiempo en las
drogas. ¿Alguien estuvo ahí contigo? ¿Alguien te ayudó a salir?
—Pues… mi hermanastro, aunque no es el mejor ejemplo.
—Hayato nunca ha sido un buen ejemplo. ¿Empezaste a drogarte
porque él te convenció?
—No, yo lo hice porque quería olvidar cosas… familiares. Por unos
años estuve bien, pero luego empecé a tener alucinaciones, pesadillas y
malestares horribles gracias a la cocaína.
—¿Qué tan malas eran esas pesadillas y alucinaciones?
—Mucho. Creía que moría cada vez que cerraba los ojos. A veces
rozaba la esquizofrenia, viendo figuras a pleno día y corriendo gritando por
ayuda. Fueron tiempos negros.
—¿Y cómo saliste?
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—Me di cuenta de lo mal que estaba resultando todo e intenté
dejarlas de golpe… pero no funcionó. Hablé con Tesla sobre ello y fue él
quien… me ayudó a su manera.
—¿A su manera…? —preguntó mientras tomaba notas en su libretita
amarilla.
—Me golpeaba cada vez que me acercaba a la droga. Me golpeaba
tan fuerte que lloraba y gritaba mientras sentía la sangre escurriendo de las
heridas. A veces dolía tanto que no podía moverme durante horas… y
cuando dejaba de comer o beber me obligaba a tragar. A veces vomitaba o
convulsionaba, pero a él no le importaba.
» También me solía insultar, diciéndome inútil y drogadicta asquerosa.
Una vez lo golpeé… y le grité que dejara de tratarme de esa forma — Sonrió
con nostalgia—, y él me dijo que ya no hacía falta, porque había dejado de
necesitar la cocaína, al menos.
La doctora Scott se le quedó mirando con los ojos muy abiertos,
llenos de sorpresa. Tesla era conocido en todo el mundo por ser un ser cruel
y desalmado, con cualquiera. Pocos lo habían visto mostrando piedad o
siquiera algo de lástima. Lo que acababa de escuchar de Maki la había
impactado. Pensó que cuando le había dicho sobre su ayuda se refería a
algo… más convencional, como llevarla a sesiones de terapia y centros de
desintoxicación.
Los golpes y los insultos habrían sido demasiado para cualquiera,
capaces de arrastrar a la persona intoxicada a la desesperación o la
depresión. Para sobrevivir a esa “terapia” (si es que se le puede llamar así)
había que ser estúpidamente fuerte, lo suficiente como para permitirse salir
a flote tras una situación como esa. La doctora Scott lo supo en ese
momento.
El peor problema de Maki no serían sus adicciones ni la violencia,
sino algo peor. La sombra de las sombras, oculta bajo la confidencialidad
que pidió el demonio auténtico: la familia.
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Una vez el matrimonio cerró su puerta, ambos amigos se miraron a
los ojos y hubo un silencio algo tenso. Ella lo rompió con un suspiro.
—Y bueno… eso es todo. ¿Debería irme o…?
—¿Empezaste una relación con ese tipo? —Al grano, como siempre.
Ghunter no era muy bueno dando rodeos a los temas de su interés. Maki se
sonrojó un poco, pero negó con seguridad.
—La verdad es que no. He decidido empezar a ir a terapia.
—Oh, wow… eso es un gran paso. Bien por ti.
—Tesla me consiguió una buena doctora que me ayudará a superar
varias cositas… hoy fue mi primera sesión y me siento mucho mejor ahora
que he vaciado un poco mi cabeza.
—¿Puedo saber algo de lo que hablaste? ¿O es demasiado personal?
—Solo conté mi experiencia pasada con las drogas. Nada que no
sepas.
—Sí… yo estuve ahí cuando lo estabas intentando dejar. Me alegro
que hayas decidido verte con un profesional. ¿No te ha dolido nada
últimamente?
—Mm… no. Me he sentido bien estos días. Ninguna novedad por mi
parte, la verdad —Sonrió con inocencia.
—¿Y… tus sentidos? ¿Los recuperaste? —Se oía preocupado, pero el
hambre de sus ojos no podía negarse a la vista. Maki sabía que él la
deseaba ferozmente, pero no había pensado en eso.
Sí, había recuperado el sentido del gusto completamente, que fallaba
antes en algunas ocasiones, pero lo otro… no estaba segura. No había
tenido sexo desde la última vez.
—Ya siento el sabor completo de mi preciado helado de yogurt —
mencionó, jugueteando con sus dedos. Ghunter esperaba la segunda parte.
—Ajá… ¿y… lo otro?
—No lo sé, no he tenido sexo.
El oso se mantuvo callado, mirando la tela del sofá que los separaba.
—¿Crees que tu cuerpo te haya pedido un descanso? Si no has tenido
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sexo significa que no soy yo… ni ese chico. —No estoy segura. Me siento
mejor, sí, pero… no he probado nada. Tengo miedo a intentarlo y volver a
estar lela.
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de menos. Por dentro estaba dándole un mensaje a Nikolai.
“Ella es mía, no la vas a tocar en tu puñetera vida”
Reía internamente mientras las manos femeninas le recorrían el
cuerpo. Pasaron de los pectorales a los abdominales, y luego se detuvieron
en la pelvis, justo antes de bajar a su erección. Ghunter se separó y le
acarició la mejilla con un cariño y una suavidad dignos de una luna de miel.
La besó e hizo tocarse ambas caderas. Cuando le dio una leve mordida en el
cuello, la notó completamente ida dentro de la excitación sexual.
Sonrió de alegría.
Pero la sonrisa se le desvaneció de la cara cuando oyó el nombre
equivocado saliendo de la boca que tanto había estado besando.
—Niko…
Maki no pareció notarlo, fue de forma inconsciente. Ghunter
entonces tomó una decisión. Mientras su dureza se hacía flácida, suspiró,
derrotado por un idiota virginal. Maki abrió sus ojos, azules y cristalizados
por el calor del momento.
Vio con ellos como las mejillas de su amigo se llenaban de pelaje
negro y su cuerpo se agrandaba un poco más. Un oso negro con un mechón
blanco la miró y segundos después empezó a lamerle la cara, juguetón.
—¿Ghun… Ghunter qué haces?
—Transfórmate antes de que te lama todo el cuerpo y te deje echa
una babosa repugnante.
Sonrió con picardía y siguió lamiéndola. Ella se rio y tomó su forma
de lobo y empezó a jugar con él, como si fueran niños.
En el fondo, aquel momento dolió demasiado para Ghunter. Maki ni
siquiera lo había notado. El oso, después de despedir a su amiga, se vio
obligado a admitir la derrota, apretando los dientes y los puños. Patrick salió
poco después a preguntarle cómo estaba. Lo había descubierto triste,
mirando a la puerta entreabierta, desde el sofá del salón, como esperando a
que Maki cambiara de opinión y lo eligiera a él.
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haciendo que muchos clientes la observaran con notable lujuria. La albina,
por su lado, los evitó a todos olímpicamente. Fue directamente hacia Tesla,
que estaba sentado en una butaca de piel de caimán (quien sabe si ulgram o
no…), y que la miró con lo que parecía ser una sonrisa.
La máscara nueva le sentaba bien.
—Vaya, ¿cómo te ha ido con la doctora Scott? —preguntó el enano,
con interés. Maki sonrió moviéndole la cola.
—Fue genial. Esta primera sesión me la dedicó enteramente a mí,
dejándome simplemente hablar y hablar… sin hacer muchos comentarios.
Me dijo que a la próxima si empezaría a darme consejos profesionales.
Hizo una pausa, carcomida por la emoción. Chillaba levemente y
saltaba en el lugar como una niña pequeña en su cumpleaños.
—Entonces he hecho una buena inversión. Tenía pensado que si era
incompetente la mataría por engañarme con un bonito doctorado —La voz
era la misma, tranquila y ronca. Maki sudó frío, protegiendo una vida sin
saberlo.
—No hablas en serio… ¿verdad? —Bajó las orejas, con algo de temor.
Tesla suspiró.
—Estás mejor, por lo que veo.
—Bueno sí… ¿no es lo que querías?
—Claro que sí. ¿Crees que pago quinientos dólares la hora a una
mentecata para que te haga sentir peor?
—¿Quinientos… —Abrió mucho la boca y los ojos, con sorpresa— por
hora?
—Solo es dinero, déjalo ser.
La peliblanca se obligó a desistir. Tesla era una criaturita complicada,
muy complicada. Respiró muy hondo y luego susurró:
—¿Lo de… tu plan? ¿Cómo va? —Tesla la miró con sus penetrantes
ojos rojos. Centelleaban de forma extraña.
—Bueno, no he tenido inconvenientes serios recuperando mi Mercado.
En cuanto a tu padre y tu hermana… pues no tengo nada que comentar.
—¿Cómo que nada que comentar?
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—No han pasado dos meses, Maki. ¿Quieres que haya novedades
antes de la fecha de las novedades? —Quizá estaba sonriendo con ironía.
—No, pero…
—Cálmate, ¿sí? Todo estará bien. Jamás dejo de cumplir un acuerdo…
—Hizo una pausa— o al menos casi nunca. ¿Por qué no vas a beber con tu
hermano y se olvidan de la vida como unos adolescentes necios?
—Porque no soy una adolescente necia —respondió Maki, frunciendo
el ceño.
—Tu hermano sí.
—Hayato es un maldito niño al que malcriaste. ¡Yo pude haber muerto
muchas veces! —La exclamación hizo que todos los miraran con interés, y
con ello se hizo un silencio raro.
—Y mírate, eres una adulta funcional que va a terapia —La miró con
una calma espeluznante—, con vida.
—Tampoco es que hayas hecho mucho —gruñó ella. Tesla frunció su
peluda frente. Hayato bajó las orejas, temiendo por la seguridad de su
hermanastra.
—¿Ah no? —Se puso de pie. Era más bajo que Maki, pero eso no
limitaba su aura terrorífica— ¿Crees que fue casualidad que alguien
disparara a los ojos de ese monstruo que casi te mató?
Ella no pudo contraatacar a eso.
—¿Crees que tu tarjeta de crédito es un regalo de los Reyes Magos?
¿O que tu inmunidad a que te maten y hagan trocitos en mi jodido Mercado
es un acto del presidente porque le caes bien? —La jaló de un botón de su
chaqueta, obligándola a bajar su cabeza hasta él— Deberías darme las
gracias. Te salvé el culo muchas veces cuando eras una niña, y lo seguí
haciendo desde que te volviste adulta. Puedo dejar de hacerlo si gustas.
Petrificada, Maki se mantuvo muda. Tesla era influyente en todos
lados por algún motivo que nadie conocía, y era muy beneficioso tenerlo de
aliado. Ella se había criado con un privilegio gigante, al ser tratada como su
hija, prácticamente, con todas las libertades que ello conllevaba. Estaba feliz
de tener dinero ilimitado, una bonita casa, videojuegos de estreno y
consolas carísimas, y también de estar viva a pesar de su pasión por jugar
Póker en los clubes y casinos del Mercado. El pequeño arranque de ira se
167
disipó con la misma espontaneidad con la que apareció.
Si Tesla decidía dejar de ampararla, no tardaría en ser violada,
asesinada o vendida por cualquier loco que la viera. Era hermosa, y albina,
cualidad rara. ¿Qué más necesitaba un demente misógino para ser feliz en
ese mundo? Los hombres lobo eran cada año la especie de hombre bestia
que sobresalía en cuanto a belleza física, por sus rasgos toscos pero a la
vez finos.
Y tenían de competencia a los felinos, que eran un muro enorme.
—Si quieres ser una mujer libre e independiente, hazlo. Tienes mi
jodida bendición —habló el lobo enano, seriamente—. Adelante, vete.
Maki dio la espalda, llena de terror hasta las puntas de los pelos más
altos de su oreja buena. Un hombre, una mangosta delgada y con dientes
muy amarillos, consecuencia del tabaquismo, quizá, se le acercó, poniendo
su brazo por encima de sus hombros. Le sonrió de forma completamente
desagradable.
—Tesla te liberó, ¿no? Eres muy linda… ¿no te interesaría ser una
stripper de mi club? Bueno, no es mi club, es de mi jefe, pero aun así…
—Maki intentó apartarse, asqueada, pero el tipo insistió, encajando las uñas
en la tela de la chaqueta— Puedo pagarte muy bien, ahora que estás
quebrada.
—No estoy quebrada —forcejeó ella, intentando sacárselo de encima.
—Te acaban de quitar la tarjeta de crédito, ¿no, Tesla? —Se volteó y
miró al lobo, quien le apuntaba con un arma.
—No, imbécil. Aprende a leer fanfarronerías —Le disparó justo en el
centro de la frente. Cuando cayó al suelo, Tesla miró al resto de los
presentes— ¿Alguien más quiere unirse?
Hubo silencio.
—Bien… ¡Rianna! —Llamó, y la mujer dejó de lado a su cliente, y corrió
hacia su autoritario jefe mayor.
—¿En qué puedo ayudarle, señor?
—Sirve dos whiskys escoceses. ¿Algún aditivo especial? —Alzó una
ceja mirando a Maki, que le devolvía una mirada arrepentida.
—No…
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—Sin aditivos, entonces. Hayato estará encantado de que seas lady
de las bebidas.
La chica corrió al bar y preparó los licores con rapidez y mucha
precisión. Maki se sentó en una silla de la barra y el burdel siguió en su ruido
habitual casi de inmediato. Al lado de la albina se sentó el rubio, que aceptó
con una encantadora sonrisa la bebida ofrecida por su prostituta favorita.
—Gracias, cariño —dijo en un murmullo seductor, guiñándole un ojo.
Maki tenía las orejas a ras de su cabeza, y la cara roja de vergüenza. Hayato
la miró y le pasó una mano por el pelo— ¿Por qué discutes con Tesla? Es un
buen tipo con nosotros.
—Me compara contigo… y tú y yo no somos la misma persona. Tú
eres… Hayato y yo…
—Déjame adivinar… ¿Maki? —Sonrió dando un trago. Ella puso los
ojos en blanco.
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—Creía que eras solo una mujer simple cuando te conocí. Jamás
muestras escote, ni tacones. Pero siempre hueles a flores y dejas entrever
tus piernas… que son tentadoras a la vista de cualquier hombre.
Ella se ruborizó un poco.
—O sea, creías que yo era lesbiana —afirmó con una sonrisa divertida.
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—Claro que no. No tienes una chaqueta roja a cuadros ni fanatismo
por las mujeres en general. Solo te he visto hablar con tu amiga, jamás he
visto a otra chica en tu casa.
—Soy una mujer con gustos sucios escondidos bajo una fachada
simple.
—¿“Sucios”?
—No tienes idea de las locuras que suelo hacer en mi cama —Miró la
del pent-house—, o las que hice en esta.
—¿Con cuántos hombres a la vez?
—¿Te excita la idea de un par de penes alrededor mío? —Se burló,
subiendo y bajando las cejas repetidamente. Nikolai le acarició el mentón,
limpiando un mínimo de espuma de champaña en él.
—Me excita el hecho de que quiero que hagas esas locuras. Conmigo.
Maki se obligó a tragar saliva, en completo shock. Nunca esperó oír
un vocabulario así de la boca de Nikolai, un chico con aura tan…
malditamente virginal. El corazón le dio un retumbo tan fuerte que lo sintió
en todo el cuerpo. En otros momentos, hubiera tumbado al hombre sobre la
cama y lo hubiera devorado en el mejor sentido de la palabra.
Las palabras de Mandy Scott resonaban en su cabeza, como una
canción pegajosa.
“Lo mejor para tu adicción al sexo es dejar de acostarte con cualquier
hombre por el hecho de ser guapo. Deberías tener una relación basada en el
afecto, haz que el sexo sea algo más, no todo el grueso”
El castaño se le acercó, con la intención de besarla, pero ella le puso
una mano en el pecho. Contó hasta diez mentalmente.
—¿Me has estado dedicando algo que no son canciones? —Le dijo, lo
más calmada que pudo.
Nikolai la miró, quieto.
—Claro que no. ¿Qué pasa? —La miró preocupado, y con algo de
miedo.
«Genial, ahora que me lanzo, me para de lleno. ¡No entiendo a las
mujeres!»
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—Yo… ah… —Buscó las palabras— no voy a hacerlo.
—¿Qué?
—No puedo tener sexo contigo.
—¿Por qué? —Bajó las orejas, pero se veía molesto— ¿Es porque no
tengo un cuerpo de modelo?
—No… eso no me importa.
—Dame un argumento válido —gruñó él, mirándola a los ojos.
—Mi terapeuta está tratando de ayudarme con mi ninfomanía —dijo—
y me recomendó que lo mejor fuera… “non-coitus”, ¿entiendes?
Nikolai dejó ir un suspiro de alivio. No era lo peor, y al menos era por
una buena razón y no por gustos superficiales o chistes de gays. Él se le
acercó y le dio un abrazo, poniendo su cadera un poco de lado, para que la
albina no notase su erección, y se pusiera más nerviosa. Aunque estaba
algo desilusionado, una parte de él se sentía orgullosa de Maki, que al final
estaba tratando sus problemas de la forma correcta.
La miró a los ojos segundos después, con una sonrisa de alivio. Maki
bajó las orejas y ocultó la cara en su pecho.
—Lo siento.
—No tienes por qué —Le alzó el mentón y acarició su nariz—. Es por
un buen motivo, no estoy molesto.
La peliblanca inspiró y expiró aire. Luego, de improviso, se puso de
puntillas, y besó al hombre lobo de pelo castaño. Fue un beso lento, pero
tranquilo. Sin manoseo extra ni intenciones picantes. Nikolai no tardó en
corresponder, y cerró los ojos cuando se recuperó de la sorpresa. La
erección le dolía, pero se aguantó, sujetando con delicadeza la cabeza
femenina.
Con los dedos repasó el contorno de la oreja rasgada, contorneando
lentamente las cicatrices que la adornaban. No eran precisamente bonitas,
pero hacían a su dueña una persona única.
A Nikolai le gustaba Maki, y a ella él. Ese beso les transmitió lo que
necesitaban saber a ambos. Tras separarse, se miraron en silencio por un
par de segundos, pensando qué decir.
—Oye… —Rompió Nikolai— ¿por qué has hecho eso?
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—¿Eso qué? ¿Traerte aquí? Hay una bonita vista.
—Besarme, Maki. Me acabas de besar.
—Quería comprobar que no eras gay —Él endureció la mirada. No se
iba a cansar de ese chiste nunca, al parecer—. Y ya vi que no.
Señaló con una mirada rápida a su entrepierna, poniéndolo rojo.
—No quería hacerte sentir mal.
—Es normal que si un hombre me besa sufra del mal de la polla dura.
Soy un foco de la enfermedad.
—¿Te importaría provocármela a mí en una especie de relación
privilegiada? —Maki lo miró abiertamente sorprendida— Me gustas bastante,
obviando tu actitud de grano en el culo de vez en cuando, pero puedo
acostumbrarme. ¿Qué dices?
—No he tenido una relación monógama desde 2005.
—Joder, ya van… —Contó mentalmente— ¡ni sé cuántos años!
—Si meto la pata, dímelo antes de que vuelva a hacerlo. No soy muy
buena leyendo situaciones.
—Créeme, lo he notado —Tomó su mano y la besó con cariño—.
¿Entonces…?
—Que sí, que sí… acepto. Pero sin matrimonio.
—No quiero casarme contigo.
—Gracias —Lo besó de nuevo, con una sonrisa alegre, mientras movía
la cola. El chico la imitó y correspondió de nuevo, abrazándola con felicidad.
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—Se parecen tanto en algunas cosas...
Tesla entró haciendo ruido, mientras Ah y Un cargaban algo muy
grande detrás de su pequeño jefe. Atravesó la estancia con paso firme, sin
detenerse ni a saludar ni a mirar nada. Simplemente pasó de largo sin más.
—¡Tesa! —balbuceó la niña, señalando al lobo enano que pronto se
desapareció tras una puerta.
—Sí, Tesla. ¿No es linda? —preguntó todo emocionado a Valentine,
quien le sonrió con la boca llena de cereal con leche. Rianna tomó la
bandeja con frutas, y fue hacia el sótano, siguiendo la ruta de los gemelos
osos. Tenía curiosidad últimamente en lo que trabajaba su pequeño jefe, ya
que tenía la oportunidad de oro si quería ver o incluso ¡hablar! sobre sus
investigaciones y proyectos. Tesla se mostraba muy comunicativo a veces.
Una vez en el sótano, fue despacio, con el miedo recorriéndole la
espina dorsal, viendo las plumas de acero enterradas en el suelo y las
paredes. Al parecer en un mes y medio Tesla no había limpiado esa zona,
aunque sí que varios de los experimentos vivos habían desaparecido como
por arte de magia. El aura del sitio seguía siendo igual de tétrica. Estática,
vio salir a los gemelos, sacudiéndose las manos empolvadas y respirando
hondo. La vieron y le pasaron las manos gruesas por la cabeza,
despeinándole el trabajo que le había tomado quince minutos lograr.
Aunque ni siquiera se enojó por eso. Entró al despacho y se sorprendió de
verlo hecho un desastre. Tesla habitualmente era muy estricto con el orden
y la limpieza. Al parecer había estado ocupado en algo, pero no había armas
por ningún lado. En una pared habían cientos de fotografías de gente que
ella desconocía: con alas, un bicho borroso que al parecer contaba con tres
ojos... parecía un conspiranoico de los locos.
—Deja la bandeja y vete —ordenó el jefe tajante, cortante a la
amabilidad que siempre le mostraba.
—¿Le preocupa algo señor? —Se atrevió a preguntar. Sabía que
quizás eso le costaría la vida, pero su curiosidad le pudo. Para su suerte,
Tesla se dignó a contestarle.
—El festival se acerca. Quedan sólo tres meses, y la revuelta de los
comunes se efectuará mañana en la tarde. Justo en el Mercado. En la zona
de mis carnicerías, por supuesto...
—¿Revuelta de comunes...?
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—Esa facción racista de mierda. Se creen que por protestar
conseguirán lo que buscan... lo que no saben es que yo los aplastaré uno
por uno a sus líderes de mierda, hasta que no quede ninguno.
—Oh... ¿y es realmente necesario matarlos? Siempre se puede llegar
a una solución pacífica mediante el diálogo...
—Esa gente quiere ver muertos a los lunars. Pasé mucho trabajo para
traer al mundo a esos cabrones como para que ahora una banda de tarados
me haga la guerra.
No se le oía nada contento, pero mantenía esa calma aterradora que
lo caracterizaba. Tesla era un ser misterioso y espeluznante por donde se le
viera. Rianna tragó saliva antes de levantarse. Iba a retirarse cuando oyó la
última frase de su jefe, más emocional de lo que alguna vez imaginó.
—Cuida de Hayato... él también es un lunar, aunque no lo parezca.
Ella, sorprendida, abandonó la estancia lentamente. Analizando lo
que acababa de pasar llegó al piso de arriba, donde los ojos azules de
Hayato le transmitieron seguridad. Estaba bien, como siempre, y a su lado,
como una discípula, Naomi le dedicaba una gran sonrisa.
—Hola, Liana —Saludó, con euforia infantil. Hayato rio.
—Es "Rianna" —corrigió, cargándola sobre sus hombros. La chica
frente a él sonrió inconscientemente. Con lo misógino que era Hayato
habitualmente, era difícil de creer que fuera un padre tan atento, y sin
embargo ahí estaba, sonriente y tranquilo, como un joven normal debería
estar. En lugar de estar dirigiendo un negocio elaborado y complejo de
prostitución...
Valentine apareció y abrazó al blondo por detrás, dándole un beso
cariñoso en el cuello. Él se volteó y le dio un beso apasionado, para luego
seguir en los cuidados de Naomi, quien reía y se divertía, ajena a todo lo que
pasaba a su alrededor.
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mucho no estaba tanto tiempo con un mismo tipo y sin sexo. Has logrado
muchas cosas en ella, estoy orgulloso de ella...
Le extendió una cerveza, que Nikolai tomó con una sonrisa. Ambos
se sentaron a pierna suelta en el sofá frente a la gran televisión.
—¿Estás enamorado? Porque ella de ti sí —preguntó el nanatsu. El
lobo dio un sorbo a su bebida.
—Sí... creo que sí. Ella es más interesante de lo que quiere hacer ver...
tiene tanto material interesante... ¿por qué se esconde tanto en el sexo?
Lucifer se encogió de hombros, sin despejar los ojos de la pantalla.
—Deberías preguntarle eso a su psicóloga, no a mí.
—Pero eres su nanatsu, deberías conocerla bien, ¿o no?
—Maki es una niña triste y enojada. A veces recurre a cosas malas
para mitigar el dolor. Aunque sepa que en algún momento le harán mal...
como lo fueron las drogas en su momento.
—¿A qué le teme exactamente? Tesla es su padre adoptivo, puede
protegerla de cualquier cosa. ¿Qué hay peor que Tesla?
—Su sangre. Maki le teme al pasado, igual que tú evitas el tuyo ahora
que estás con ella —El castaño tosió, sonoramente. Miró al nanatsu,
asustado, pero Lucifer seguía enfrascado en la televisión.
—¿Ella sabe...?
—Todavía no. Hayato me lo mencionó una vez, pero prometió que no
hablaría. Confía en que Maki lo sabrá de tu boca... —Lo miró de reojo, con
aquel ojo azul rodeado de negro que lo hacía resaltar—, ¿verdad? —Solo
dame tiempo... ella es una lunar. Se ofenderá.
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Tesla se divertía observándolos a unos metros de distancias. No
había ningún perro ni canino “superior” con ellos, por lo que detectarlo con el
olor quedaba descartado. Se movía en silencio, sabiendo que el fuerte de
sus supuestos enemigos era el buen oído. Era experto pasando inadvertido,
así que no le fue un problema.
Observó con mayor curiosidad al supuesto líder de los...
—Veintidós tarados... —susurró, riendo. Ni siquiera cargaba un arma.
Con sus manos sería suficiente para espantarlos.
—¡Tesla! —gritó el zorro, el líder— ¡Sal, cobarde! ¡Aquí estamos para
combatirte!
—Qué miedo... veintidós comunes han venido a por mí. Creo que voy
a mearme encima ahora mismo... —La voz ronca les cayó en los tímpanos
como un rayo a todos.
El lobo enano los miraba divertido desde un techo, y el zorro de pelo
castaño lo señaló con un dedo, en un gesto acusador.
—¡Así que has aparecido! ¡Ven! ¡Planeo matarte!
—Me pregunto cómo harás eso...
—¡Deja de vacilarnos! ¡Los comunes aquí tenemos derecho a
protestar por todos nuestros semejantes asesinados por lunars!
—¡Sí!
—¡Asesino!
—Yo no voy por la calle matando gente. No sin un buen motivo —
protestó el can de baja estatura.
—¡Pero lo permites! ¡Deberías ser nuestro héroe!
—¡Tienes demasiado poder y lo usas para el mal! —gritó una chica
coneja.
—¿Aparte de idiotas racistas también comunistas? ¡JA, JA, JA! —Rio
estrepitosamente, como nunca nadie lo había oído antes— Me han hecho el
día... ahora...
Bajó del techo de un salto, posicionándose justo frente al chico ratón.
Le tomó la cabeza entre las manos y apretó hasta que resumió al cráneo a
una cáscara de huevo rota. Los demás perdieron la valentía de inmediato, y
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huyeron despavoridos. Tesla se divirtió cazándolos.
Primero atravesó los ojos de uno, luego le arañó la yugular a otro. Se
lanzó sobre una chica ardilla y le dislocó un brazo, para luego lanzarse sobre
un joven demonio de Tasmania y romperle las piernas. Siguió divirtiéndose
entre risas hasta que llegó al zorro, quien tropezó y cayó aterrado,
apuntando el arma directo a donde iría el corazón del lobo. Tesla le
dedicaba una mirada juguetona, invitándolo a apretar el gatillo.
Para su suerte (ya sea buena o mala), Hayato apareció en su auto a
solo un metro de distancia. Abrió la ventanilla y miró a su mentor,
despeinado y preocupado.
—¡Tesla! ¡Deja eso y ven conmigo! ¡Ha pasado algo terrible!
—¿No ves que estoy ocupado?
El rubio miró el resto de cadáveres y negó con la cabeza.
—¡Sube de una vez! ¡Por uno que se vaya no hará diferencia!
El canino albino miró con odio al blondo, pero obedeció. El zorro soltó
el arma, con las manos temblando y la mirada perdida, mientras respiraba
agitado, aterrado. Al oír un leve ruido, moviendo su oreja un escaso
milímetro, siendo ese el incentivo necesario para levantarse y echar a correr
como desesperado, buscando la luz.
Al doblar una esquina se vio nuevamente en la tranquilidad de Los
Ángeles... cruzó la calle corriendo, y dobló tantas esquinas como le permitía
su sentido mareado de la orientación. La gente lo evitaba, viéndole la sangre
en la ropa y el ligero aroma a pólvora.
Chocó entonces contra otro chico, que iba distraído mirando su
celular. Cuando cayó sentado en el suelo, miró al hombre, quien abrió
rápidamente los ojos y le movió la cola con alegría.
—¡Ryder!
—¡Nik! —chilló con la voz apagada.
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—Era nuestro amigo. Y luego lo mató.
—Lo recuerdo. Por eso nos volvimos el movimiento racista “anti
lunars” de la universidad.
—Luchamos contra ellos, les pusimos cientos de sanciones que
nunca fueron escuchadas. El profesorado actuaba solo contra los que
dejaban cuerpos. Como la ley.
—Sí…
—No tiene sentido. Permiten que maten, pero solo sin pruebas. Hay
ya tantos muertos… y quiero ayudar a los nuestros. Pero…
—No puedes —Le pasó una mano por la cabeza, a modo de consuelo.
—Es injusto.
—Pero no puedes poner en pausa tu vida por eso, Ryder… debes
seguir. Olvida la causa. Sé feliz.
Lo dijo con una sinceridad horrible. Con una sonrisa igual de honesta
y desgarradora. El zorro estuvo paralizado par de segundos, pero luego
reaccionó, frunciendo el ceño.
—Mi hermana murió —soltó de la nada. Nikolai bajó las orejas de
inmediato.
—Ryder, yo...
—Fue uno de ellos. ¡Yo lo vi comiéndosela! —gritó.
—Ryder, baja la voz...
—¿Esperas que “sonría y sea feliz” después de eso? ¡El muy maldito
se salió con la suya porque la devoró completa! ¡Y mi familia está
destrozada! ¡Millie lo era todo para nosotros! ¡Pronto iba a morir de cáncer
igualmente, ¿cuál era el sentido de comérsela?!
Si bien no estaba llorando, la voz salía quebrada y apagada de su
garganta. Le dolía decir esas cosas, pero no se detuvo.
—Tú odiaste el crimen de Marlon, y odiaste a los lunars como alguien
normal, pero pronto dejó de afectarte porque no te llegó lo suficiente —Hizo
una pequeña pausa—. No me malinterpretes, no quiero que pases por lo
mismo que yo. Nadie debería... pero eres mi amigo. Entiendes mis
sentimientos, ¿y quieres que “olvide la causa y sea feliz”? ¿Eres idiota?
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—Solo quería ayudar... —Bajó la cabeza, arrepentido de lo que había
dicho. No debió tocar el tema. Ryder tomó un último trago a su bebida y tiró
la lata medio llena a un bote de basura.
—Lo sé, Nik —Le puso una mano en el hombro—, pero no lo hagas.
Solo empeoras las cosas.
Le dio la espalda y pretendió irse. Decepcionado y melancólico, pero
la voz de su amigo lupino lo hizo voltear. Él siempre hallaba la forma de
verse tierno con las mejillas sonrojadas por el alcohol.
—¡Ve mañana a mi casa! Ya sabes dónde es. Pasaremos un buen rato
entre amigos, verás a Roger y jugaremos Mario Party, como en los viejos
tiempos.
—Como en los viejos tiempos... —Le sonrió de vuelta.
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se sentía Tesla. Se la pasaba encerrado en el sótano, trabajando en armas,
sin apenas comer o ver a alguien. Hayato estaba ya alarmado con su
situación. Hasta que la situación explotó un día.
Tesla había terminado su ballesta especial, y su flecha cargada de un
potente narcótico que sin duda tumbaría de una a su adversario. Abrió las
puertas de metal blindado de su laboratorio, dispuesto a salir y tomarse al
fin un corto descanso, pero una visión horrorosa lo hizo quedarse quieto
como un maniquí.
—Ya no puedo verte, pero apuesto a que has bajado esas orejas de
conejo que tienes —La temible voz ronca de Otto hizo eco. Detrás suyo, Ah y
Un reposaban en el suelo, manchados de su sangre, esparcida como un
charco. Tesla, en efecto, bajó las orejas.
—¿Cómo entraste aquí? —preguntó con una voz serena y hasta
tranquila.
—Por la puerta principal, ¿por dónde más? —Sonrió el perro. Sus dos
patas traseras se presionaron contra el suelo, y las garras rasparon la losa.
—¿A qué has venido?
— A vengarme por aquel asunto... ¿creíste que se me iba a olvidar el
hecho de que me mataste y luego me cegaste de un disparo? ¿Eh, pequeño
zoquete?
Gruñó mostrando un juego de dientes filosos muy, pero muy juntos,
como si se tratase de una piraña. Luego sonrió “mirando” hacia atrás.
—No tienes que preocuparte por ellos —dijo, refiriéndose a los
guardaespaldas caídos—. No los maté. Quiero que presencien la humillación
de su tan preciado jefecito.
Se lanzó sobre Tesla de un salto veloz, agarrándose de los bordes de
la puerta tomó impulso y se adentró al gran laboratorio casi desierto del
interior. Tesla esquivó no una, sino tres mordidas a su cuello, y un zarpazo
que podría haberle llevado un ojo con facilidad de haber estado un par de
milímetros más cerca. Otto ladró, y se aferró a la madera preciosa de la
mesa, encajando las uñas y dejando unas marcas horrendas, escalando
torpemente para acercarse a su hábil oponente, quien buscaba con
desespero un arma.
En un uno contra uno no podría contra aquella mole de tres metros y
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casi una tonelada. Al menos no en su condición actual. Las palabras de
aquel ángel prepotente le resonaron en la cabeza.
«Tú no eres invencible»
Apoyó la mano al fin sobre una escopeta, y sonrió. Apuntó con ella
hacia la cara de su enemigo, quien tenía el rostro sin ojos a nada de la
boquilla del arma. Tesla apretó el gatillo, pero no pasó nada.
—Qué lástima, ¿no? Te quedaste sin vidas.
Lo agarró de la cabeza con una mano, y lo alzó, apretándole el cuello
para que no intentara resistirse. Le dedicó una sonrisa cargada de
resentimiento y odio acumulado.
—Suél... tame... —gruñó el lobo blanco, sintiendo como una mano le
aplastaba la cabeza.
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—Como sea, no lo haré, así que te repito la propuesta: deja esa
comida vegana de mierda. Mientras no comas carne viva está bien, ¿no?
Hayato reposaba en un sofá destartalado y sucio, oyendo la
conversación. Había vuelto a su forma humanoide habitual, y reposaba
vendado y adolorido.
—Si como carne normal me volverá a pasar lo de 1898. ¿Tienes idea
de lo jodido que es que un hueso te esté intentando atravesar la carne? —Ni
lo dejó pensar su respuesta— No, por supuesto que no.
—O sea que prefieres debilitarte —analizó David—. Es un desenlace
interesante para tu vida. ¿Tanto quieres morir?
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—¿Niko...? —Maki llamó extrañada al “bello durmiente” que estaba en
su cama. Lo miraba extrañada, preguntándose cómo había llegado ahí. Tras
una tarde con Valentine, había vuelto más revitalizada. Lucifer estaba
durmiendo.
Él torpemente abrió los ojos, mirándola. Le sonrió con ternura y
cansancio.
—Vaya... un ángel ha venido a despertarme.
Ella se sonrojó ante el comentario.
—Ah... ¿Cómo llegaste a mi cama? —preguntó, cambiando de tema. Él
se tocó la cabeza, tratando de recordar. No tuvo nada más que el recuerdo
vago de haber estado en el baño.
—Creo que me... ¿bañé?
La albina se sentó a su lado y examinó la ropa. Era de Lucifer, y ató
cabos rápido. Se rio.
—Ah... Lucifer te dio un baño y te puso su ropa. Seguramente se
metió contigo y todo, ¡ja ja!
El castaño parecía avergonzado.
—¡Eso quiere decir que me vio desnudo! ¡Qué vergüenza!
Maki no pudo parar de reír por unos minutos. A Nikolai le gustó oírla
así, y le miró la cola, que se movía locamente. Cuando ella se detuvo, con un
leve rubor en las mejillas, se miraron a los ojos y él le dedicó una sonrisa,
pasándole una mano por la mejilla.
—¿Te he dicho alguna vez que te ves muy linda cuando sonríes? —Le
dijo, algo orgulloso de finalmente decirle algo de las muchas cosas que
pensaba.
—No... no lo creo... —Miró hacia un costado, notando la cara caliente.
—Pues ya lo sabes. Yo... ¿crees que...?
Se trabó al hablar, sintiéndose inseguro. Ardía en deseos, pero tenía
sus dudas. Sabía que Maki también pero no quería presionarla, así que optó
por quedarse en silencio. Ella tomó la iniciativa y lo besó.
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Al principio, ciertamente fue algo normal y tranquilo, pero pronto
escaló a algo más fogoso, más pasional. Maki se acomodó en la cama,
dejándose llevar finalmente por el placer que comenzaba a llenarla como
antes. Los ojos le adquirieron una bruma de excitación que pronto empezó a
guiarla. Nikolai le trataba de seguir el ritmo, tomándole primero los pechos
con ambas manos, y luego acariciando su cintura y caderas.
En ningún momento le guió las manos a su propio problema, ya que
temía incomodarla de algún modo. Maki se tumbó sobre él y le besó el
cuello, sacándole un jadeo que le endulzó el oído. Con las caderas
rozándose, la ropa comenzaba a estorbar.
Cuando Maki iba a quitar la camisa puesta a Nikolai, él la detuvo.
—Lo... lo haré con ella —Se excusó, sonriendo nervioso. Maki frunció
el ceño.
—No seas ridículo, quítate eso.
—Yo... ¡mejor no!
Trató de apartarse, pero Maki fue más rápida, y logró bajarla en un
hombro, descubriendo la cicatriz de una mordida que había llevado piel en el
pasado. Era bastante grande y fea.
—Oh, Dios... ¿Cuándo te hiciste esto? —preguntó preocupada. Nikolai
dudó entre decir la verdad o mentirle para no preocuparla.
La verdad era la mejor opción, por si Hayato hablaba alguna vez.
—Ah... tu... hermano la hizo una vez. Me lo merecía, lo prometo —
Bajó las orejas y Maki gruñó, mostrando el lateral de los dientes.
—Ese cabrón... ¿por...?
Él la interrumpió con un beso, deteniendo todo rastro de
interrogatorio inminente. Rápidamente ella cayó de nuevo en la espiral del
placer. Quería que disfrutara, no que se la pasara discutiendo con su
hermanastro sospechosamente pegado a ella.
En un nudo de caricias pasionales llenas de calor, la tela terminó en el
suelo, y ambos amantes se miraron a los ojos antes de dar el paso
determinante. Maki se volvió insegura por un momento, sintiendo las manos
temblando junto a sus brazos. La indecisión estaba en sus ojos, y Nikolai lo
notó.
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—¿Qué pasa? —preguntó.
—Yo... estoy repitiendo lo de siempre.
—¿A qué te refieres?
—Yo... siempre es lo mismo. Vienen, la meten y se van tras
acabar...—Una oleada violenta de recuerdos azotaron la mente femenina.
Tantos cuerpos masculinos, fuertes y torneados. Blancos y morenos, pelo
negro, rubio o castaño. Gemidos, apretones bruscos y arañazos a la cama.
Todo se veía tan extraño y rudo ahora que le resultaba confuso y hasta
repulsivo.
Desde arriba, ella miró de reojo a Nikolai. Un chico delgado, sin
músculo de fitness, ni una cara realmente encantadora. Solo era un chico al
que conoció cuando casi lo devoró aquella noche extraña, y del que se había
enamorado.
«Mierda... doy asco»
Se abrazó a sí misma de manera inconsciente. Nunca su atractivo
cuerpo se había visto tan asqueroso. Lleno de las marcas invisibles de las
manos de cientos, miles de amantes del pasado.
Arrugó la cara, y, incapaz de mirarlo a los ojos, le pidió:
—¿Quieres... estar arriba?
Petrificado, Nikolai parpadeó par de veces. Había fantaseado varias
veces, pero, conociendo a Maki, estaba contento de ir abajo. Eso lo tomó
completamente por sorpresa.
—¿Qué? —Finalmente reaccionó— Pero tú...
—Por favor... —Casi suplicó. La voz fue ronca, baja y excitante. Nikolai
sintió mayor el problema que, si antes le molestaba, ahora le pedía a gritos
algo de acción. La mano femenina lo atendió casi al instante.
«Se ve hermosa... cuando está excitada»
Obedeció a su petición. Dio la vuelta a la situación, quedando él
encima. Admiró el cuerpo desnudo de la mujer con deseo. Repasando desde
la cara impecable hasta las puntas de los pies que se perdían a su vista.
Entre los muslos la peluda cola blanca se mantenía quieta, resaltando el
color rojizo de la piel. Tenía ganas de tanto...
La besó primero en el cuello, luego en los labios, a la par que le
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acariciaba el pecho, el abdomen, la cintura y más allá. Bajó el rastro de
besos hacia donde sus manos tocaban, hasta que hundió la lengua,
oyéndola disfrutar.
Nunca la había oído gemir claramente, y le sonó como música. Las
manos se hundieron en el pelo castaño hasta que el temblor la recorrió
como un rayo. Se miraron a los ojos antes de volver a besarse.
Nikolai se olvidó de su disfrute, porque le era suficiente verla y oírla.
Creyó estar en el cielo, mientras se besaban y ella lo tocaba a él. Jadeó, al
borde del éxtasis. A Maki igualmente le gustaba verlo y oírlo a su merced, y,
regalándole un beso en la mejilla, se tumbó de espaldas a la cama. En un
abrazo, Nikolai se detuvo justo antes de empezar.
Ella lo miró confundida.
—¿Qué pasó?
—Yo... —Hizo un silencio que se sintió infinitamente largo— te quiero.
Y finalmente entró, con un gemido gutural.
Fue un sentimiento enorme de gozo y éxtasis. Nikolai cerró los ojos,
hundido en el placer. Sonrió con las mejillas rosadas, sintiendo el calor
envolverlo en su agradable interior. Hasta dejó ir un pequeño jadeo cargado
de deseo mientras se acomodaba, listo para moverse.
Hasta que abrió los ojos, percatándose de otra cosa.
Miró a Maki a los ojos, buscando placer, pero encontró la bruma del
gozo cayendo en unas lágrimas que lo asustaron. Estuvo muy quieto,
aterrado. Tuvo el impulso de darle un beso, pero se abstuvo. Acarició la
mejilla femenina, apartando pelo blanco de ellas, que caía con las mismas
lágrimas que brotaban de esos ojos azules que tanto disfrutaba mirar.
—¡¿Maki?! —preguntó, deteniendo su movimiento de inmediato.
Aterrado de haber hecho algo malo.
—...no importa, puedes seguir. Se siente bien...
Decía ella mientras se limpiaba la cara con las manos. Nikolai seguía
dudando, hasta que ella le tomó la cara entre las manos y lo miró, roja de la
vergüenza pero con una sonrisa torpe.
—Nunca me habían dicho eso en la cama alguna vez... así que me
puse algo emotiva... —Se lo pensó unos segundos— Yo también creo que te
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quiero, Niko...
Movió las caderas hacia arriba, dando a ambos una oleada de placer,
reanudando el movimiento. Pronto los gemidos y quejidos cargados de
gozo, de ambos, llenaron la habitación.
Los movimientos fueron lentos, llenos de paciencia, buscando
extender el placer, más que perseguirlo desesperadamente. Nikolai besó a
la albina con algo parecido al amor, mientras marcaba el ritmo pausado y
tranquilo. Ella jadeaba y se aferraba a la espalda masculina, cerrando los
ojos, mientras sentía las sábanas siendo estiradas bajo su peso. Ninguno de
los dos quería que el momento acabara nunca, dejándose llevar por el placer
que compartían.
Maki sonrió abrazándose al cuerpo de su amante, con aquella bruma
extasiada llenándole los ojos, junto a la felicidad. Hacía tanto no sentía un
gozo así de abrumador, que le llenaba todo el vacío que todo el sexo que
acostumbraba a tener dejaba en ella. La completaba a un nivel superior,
jugando con su cordura de una manera casi inocente, y genuina. Un gemido
largo los consumió a ambos cuando el orgasmo los azotó, y, cansado,
Nikolai se dejó acariciar la cabeza, reposando sobre el pecho femenino.
—¿Lo disfrutaste? —preguntó Nikolai, aún con los ojos cerrados— Sé
que acostumbras a otro estilo...
—Sí —Maki le siguió acariciando el pelo y las orejas con un cariño
inmenso—. Fue el mejor sexo que he tenido hasta ahora, y tengo muchas
referencias como para no dudar.
—Yo... realmente espero que siga siendo así —Se irguió y alcanzó a
besarla lentamente, sin deseo—. Tan... bonito.
—Yo también...
Al poco rato, cayeron rendidos.
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tendría que lavar pronto...
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Sin embargo, no podía volver sin resultados.
Siguió caminando, trotando y corriendo, buscando algo que pudiera
llevarlo a quien quería. Se detuvo frente a una de las entradas laterales del
Mercado, admirando la oscuridad y las luces rojizas que lo caracterizaban.
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—Está con Valentine, y estoy seguro que Tesla la anda vigilando muy
bien. Sabe que el Mercado está alterado por el festival, no la va a dejar
desprotegida.
—Pareciera que no te preocupa su seguridad.
—Solo la dejo ser. Claro que sí me preocupa, pero si la hacemos
enojar con sobreprotección solo nos obligará a mantenernos alejados. Tú
tranquilo, si le pasa algo verdaderamente malo nos daremos cuenta.
—Yo prefiero evitar que se meta en problemas, inútil —Kirk arrugó el
entrecejo.
—Deja de llamarme así, me llamo Lucifer, y soy tu superior —Hizo una
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mueca—. Deberías respetarme más, jodido matón.
—Si fueras más serio me lo pensaría dos veces antes de faltarte el
respeto.
Entraron al terreno del Mercado. Llamaron la atención de inmediato,
mientras caminaban hablando y discutiendo. Un grupo de reptiles codearon
a su jefe para que los mirara.
—¡Jefe, observe esos! ¡Son hermosos! —susurró uno de ellos,
haciendo que un caimán levantara la vista de su comida y viera a Lucifer y
Kirk. Se quedó estático y asombrado.
—Y que lo digas... rápido, Daniel, ¡tráeme el arma con los dardos
tranquilizantes!
Un hombre iguana le dio al líder una escopeta cargada con unos
dardos, y este apuntó hacia la espalda de Lucifer. Apretó el gatillo y el
proyectil dio justo en su objetivo. El nanatsu se detuvo y trató de verse la
espalda. Kirk le quitó el dardo y lo miró con detenimiento.
—¿Qué es esto? —preguntó, y el de ojos azules entrecerró los ojos.
—Un dardo tranquilizante para nanatsus. Parece que la dosis no fue
suficiente para tumbarme, sólo sigamos andando. Maki no está lejos.
Siguieron en lo suyo y Sam apretó los dientes, levantándose.
—Atrapen a esas cosas, ¡nos va a quitar problemas financieros de por
vida! ¡Muévanse!
Los reptiles comenzaron a dispersarse, con sus armas cargadas de
calmantes potentes. Chocaban, tumbaban, empujaban y herían a los
desafortunados que se imponían en su camino. Kirk y Lucifer habían llegado
ya donde Maki, y, bajo el radar de Tesla, éste bajó de la comodidad del
tejado, y los empezó a perseguir. Sam paró en seco viendo los ojos rojos
devolverle una mirada frívola y que inspiraba terror. Tras él, sus hombres se
detuvieron.
—Hayato les había dicho que no tocaran a esos nanatsus —habló
Tesla, en su habitual tranquilidad.
—¿Qué tiene de malo? Mintió diciendo que pertenecen a tu “protegida”
—Hizo comillas con sus dedos—, ¿tenemos que hacer su santa voluntad
también?
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—Pocos aquí son más viejos que él. Seiscientos años es ya un
número excesivo para las cortas vidas de los hombres bestia, normal que a
ella no la conozcan —Se irguió en su corta altura—. Pero Hayato tiene razón,
ella es mi hija y no pienso dejar que le hagan algo a sus nanatsus.
—Oh... —Sam se mostró sorprendido— Bueno, es... bueno saberlo —
Sonrió incómodo—. Dejaremos de perseguirlos y nos iremos y ya...
—Normalmente no perdono estas cosas —Tesla dio la espalda,
haciendo erizar el vello incipiente de los reptiles—, pero Hayato te tiene un
aprecio extraño. Vete del Mercado, si quieres seguir vivo. Sam apretó los
dientes, y, haciendo uso de toda su valentía, lo encaró.
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El lobo enano se retiró, subiendo por los techos para volver a su
posición de vigía, mas un enorme lobo lo mordió suavemente en la nuca y lo
hizo caer en un techo de tejas viejas. Tesla no lo vio venir por ningún lado y
gruñó, aunque su máscara impidiera ver los dientes. Bajó las orejas, y la
guardia, al notar el pelaje plateado culminado en color oro sobre aquellos
ojos blancos tan extraños y brillantes.
—Juzzo —dijo Tesla, respirando más tranquilo—, ¿qué pasó?
—Perdone la brusquedad, señor Tesla —El nanatsu bajó las orejas,
sentándose sobre sus cuartos traseros—, pero asumí que no me oiría.
—No importa, ¿a qué has venido?
—Mañana la señorita Nara hará su parte. Encontrará a Raphel y
pondrá... —Hizo una pausa— fin a su vida. ¿Usted cumplirá su parte, señor
Tesla?
—Iré a buscar los ángeles hoy. Nara me dirá dónde será todo, y
cuándo, ¿no es así?
—Personalmente se lo diré yo, señor.
—Bien... espero que todo salga bien. Y Raphel acabe de morirse de
una vez.
—Así es, señor Tesla.
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—Lo dudo. Creo que estaba más pendiente de Tesla... o tal vez de ese
nanatsu de ojos blancos que merodeaba entre la gente.
Lucifer miró por la ventana una vez más, estaba vez con el ceño
fruncido en preocupación y extrañeza.
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—¿¡Qué crees que haces!? ¡Tenemos que irnos ya! ¡Los ángeles van a
matarnos!
—Padre... —murmuró ella, mirándolo a los ojos, aferrándose a él con
más fuerza— por favor... solo deja a mi hermana. Ella no tiene la culpa de
nada...
—¡Nara, suéltame!
—¿No crees que has pasado ya demasiado tiempo en la Tierra?
¿Causando problemas...? ¿Torturando a mi hermana... haciéndola sufrir...?
Renuncia a todo, padre... —Sus ojos brillaron aún más— hazlo por Maki, y
porque te lo pido.
—¡Nara...!
Keyal saltó sobre ella, mordiéndole el cuello, aunque no llegó a
perforar ninguna zona mortal. Nara cayó al suelo, incapaz de moverse, y el
lobo dorado miró a su amo.
—Ya casi están aquí, ¿qué hacemos, jefe? ¡Olvide a su hija, está
condenada!
Raphel estaba procesando la información, viendo a su preciada hija
en el suelo, cubriéndose las heridas sangrantes. Keyal lo hizo entrar en
razón.
—¡Jefe! ¡Aún si escapamos nos van a seguir el rastro! ¿¡Qué
hacemos!?
—Ah... Nara... —balbuceó, confundido.
—¡Olvídela! ¿¡Qué hacemos nosotros!? ¡Deberíamos dejar una
distracción!
—¡Ah, mierda! —frunció mucho el ceño— ¡¡Kobaru!! ¡Te quedas!
El león, incapaz de refutar, bajó la cabeza con miedo ante su cruel
destino. Miró a Keyal, quien le dedicó una de sus sonrisas enfermizas antes
de irse corriendo tras su amo. Raphel mantenía una mirada perdida,
buscando respuestas. Antes de irse, miró una última vez a Nara, quien le
devolvía una mirada agonizante y pidiendo por lástima, pero no para ella.
—Deja en paz a Maki... por favor, padre... —La oyó susurrar, antes de
cerrar la puerta.
Pronto Tesla destrozó la puerta. El nanatsu de ojos blancos ya no
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estaba con él y los dos ángeles. Buscó con la vista y el oído algún rastro de
vida. Una lanza lo rozó en el hombro e impactó directo en el pecho de Nara,
quien vomitó sangre, inmóvil y herida de muerte ahora. Tesla la miró,
buscando respuestas en silencio. No hubo contestación.
—¿Dónde está Raphel? —preguntó el segundo ángel, un hombre gato
con alas de acero.
—Por aquí veo su rastro —señaló el primer ángel, el hombre perro con
alas de oro, siguiendo un hilo invisible de humo violeta. Lo siguió,
arrancando vigas de metal viejas y obstáculos del camino. Pateó una puerta
y encontró a un solitario Kobaru, destilando el humo violeta de la esencia de
quien buscaban. Habían caído en la treta.
—¿Y tu amo? —preguntó furioso el perro. El león nanatsu se estaba
muy quieto.
—Huyó.
—¿A dónde?
—No lo dijo. ¿Por qué se lo diría a una simple distracción? —Cruzó
miradas con el ángel, envuelto en ira.
Una lluvia de plumas de acero atravesó el cuerpo felino, haciéndolo
caer muerto en pocos segundos. El primer ángel miró hacia el cuerpo de
Nara, y luego hacia Tesla.
—Ha huido el hijo de puta. Volverá a esconderse...
—Al menos tienen a la hija, la de verdad —mencionó el lobo de baja
estatura. El segundo ángel asintió.
—Ocúpate de la otra, y mira a ver si encuentras a Raphel por ahí... —
Lo miró de reojo—. Y si lo encuentras, mátalo de una puta vez. Toma esto
—Le lanzó un silbato extraño—: solo lo puedes usar una vez. Llámanos
cuando tengas a Raphel. Terminaremos el trabajo.
—...está bien.
—Si haces bien tu trabajo, te perdonaremos.
—Están en aprietos, eh...
—Ha pasado ya demasiado tiempo con ese monstruo suelto. Tú eres
un monstruo que realmente no es tan importante, y supongo que podemos
confiar en ti.
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—No vuelvas a atacarme y seré mucho más benevolente con ustedes.
—Cuento con tu ayuda entonces. De momento debemos ocuparnos
de ella —Señaló a Nara—. Estaremos unos años ocupados en el Cielo.
—Como digas.
Los cuerpos de los ángeles cayeron al suelo, como cadáveres sin
vida, frente a Tesla. Él vio por última vez a Nara, envuelta en un humo violeta
y blanco, mirándolo con súplica. Ella pareció decirle algo, pero sus oídos no
fueron capaces de escucharlo.
Sin embargo, las instrucciones igualmente llegaron a
su entendimiento.
“Cuida de ella”
Tesla dio la espalda y se fue.
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—Oh... entiendo tu punto.
—Sé que no debería preguntarlo pero... ¿Cómo te criaron a ti?
—Bueno... mi madre murió cuando era pequeña. Luego fui adoptada y
luego Tesla me acogió. No recuerdo demasiado de mi infancia.
—¿Y tu padre? Creo que lo odias...
—No voy a hablar de eso contigo.
—Vale.
Hubo silencio, hasta que Maki le tomó la mano a Nikolai, quien, al
mirarla, le dio un beso de consuelo en la frente. Ella sonrió tímidamente.
—Múdate aquí —dijo la albina con seriedad. Nikolai la miró
sorprendido, aunque, a la vez, estaba bastante nervioso.
—¿Qué...?
—¿Vas a dejarme sola con un embarazo? —Frunció el ceño.
—No es eso... temo por Roger. Quiero estar contigo, de verdad... pero
me preocupa mucho cómo quede Roger...
Maki bajó las orejas y suspiró.
—No puedo con esto yo sola, y lo sabes. Roger es adulto, seguro que
lo entenderá —Le dedicó una sonrisa apagada—. ¿Quieres que hable con
Tesla para que lo proteja discretamente? Como a mí.
—A ti te atacó ese monstruo hace un tiempo...
—Ese monstruo no es precisamente alguien normal —Arrugó la
nariz—. Te necesito, Niko... por favor, quédate conmigo.
El castaño la abrazó, mirando a la nada. Ella tenía razón: el bebé era
más importante. Crear una vida juntos era más importante que su instinto
protector con Roger, un adulto funcional. Aún así, no podía evitar sentir
miedo. Maki movió un poco la cola.
—¿Vas a darme unos días? Al menos dos...
—Claro. Organiza tus ideas y... habla con él. No creo que te recrimine
nada.
—No lo hará... —Le alzó el mentón, dedicándole una sonrisa
adorable— Perdóname por ser tan idiota.
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—No puedo perdonar toda tu forma de ser —Maki sonrió picaresca, y
el lobo le dio un beso suave, trasmitiendo cariño.
—Estaré aquí en unos días entonces. Espera paciente, ¿sí?
—Sí.
Tras eso, Nikolai se despidió de la albina para salir, y dirigirse rumbo
a su casa mientras seguía pensando en aquella petición.
Como todos los días desde que el noviazgo se oficializó, Roger veía
como Nikolai saltaba del desayuno al teléfono móvil y se ponía a textear a
Maki. Como no era un entrometido, no le preguntaba mucho, y menos de
sus temas de conversación. Aunque, más que la felicidad de siempre,
estaba preocupado desde hacía unos días. El perro bajó las orejas cuando lo
vio dejar el teléfono sobre la mesa y se fue a dar una ducha.
La pantalla seguía encendida, y Roger pudo ver lo último que le había
escrito Maki: "Te quiero aquí MAÑANA, ¿entiendes? No hoy, hoy tengo que
ordenarlo todo. Y decirle a Lucifer que limpie de nuevo. No te quiero
trabajando cuando llegues".
Confundido, el pelinegro se dirigió al baño, y, afuera, con la puerta
entre ambos, esperó a que el agua de la ducha dejara de caer para hacer su
pregunta.
—Nikolai... ¿pasa algo entre tú y Maki? —No hubo respuesta
inmediata, sino tras una pausa.
—Yo... de hecho, iba a hablarlo ahora contigo. ¿Puedes esperar a que
termine de ducharme?
Paciente, esperó en el sofá, viendo, aunque sin prestarle atención, a
los dibujos animados que pasaban por la televisión. Miró la cara
consternada de su amigo, quien, ya limpio, se terminaba de secar el pelo con
una toalla pequeña mientras tomaba asiento a su lado.
—Yo... es una noticia chocante, ¿sabes? —dijo el lobo castaño, casi
dolido— Pero... voy a ser padre.
Roger no esperó en absoluto esa afirmación.
—¡Wow! ¿Fue accidental, verdad? —Nikolai asintió, rascándose la
nuca— Y supongo que Maki no piensa abortar.
—Su raza no puede. Moriría en el proceso... así que ha decidido
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tenerlo, y yo estaré ahí para apoyarla. También es mi hijo... —«Y apuesto mi
riñón a que Tesla me mataría antes que permitirme abandonarlo, de todos
modos»
—Oh... entonces... supongo que de eso estaban hablando.
—Me mudaré con ella mañana —Sonrió, triste—. Los nanatsus no
saben lidiar con un niño. Yo tampoco, pero mi prioridad no es siempre Maki,
como ellos... yo... no quisiera dejarte pero...
—Niko, hablas como si fuera un adolescente —Hizo una mueca—. Soy
un adulto funcional, igual que tú. Así que no te preocupes, estaré bien. ¡Y
seguramente tú y Maki lo harán genial!
—¿No te sientes mal o algo...?
—¿Por qué debería? Mi amigo va a ser papá, ¡eso quiere decir que yo
seré un tío postizo! —Movió su corta colita— Estoy orgulloso de ti, me
hubiera enojado mucho contigo si hubieras decidido huir.
—Nunca haría eso... además, su hermano me mataría...
Lo miró con una media sonrisa.
—Roger... te quiero —Lo abrazó, con ganas de llorar—. Eres el
hermano que nunca tuve.
—Tranquilo, Niko. Siempre voy a estar aquí, tampoco es que me vaya
a morir si tú no estás. Puedo pagarlo todo con ayuda de mi familia, y tú
debes enfocarte en crecer. Vas a ser padre, es un gran logro.
—Estaré muy ausente, aunque quisiera poder hablar contigo de vez
en cuando... ¿al menos una vez al mes? Si tengo tiempo...
—Ya te dije, no me iré de aquí —Lo abrazó más fuerte, riendo—. Dile a
Maki que está gorda de mi parte... y te ayudaré con la mudanza mañana. Ya
que es nuestro último día juntos... ¿nos pasamos el día jugando Mortal
Kombat?
—¡Soy Subzero! —Sonrió ampliamente.
—¡Hombre, siempre tú!
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—¿Tu... qué?
—Mi hermana. Quería conocer a Maki desde hace mucho, pero hubo
inconvenientes.
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nada.
—No sé de dónde Tesla saca la información, pero siempre tiene.
—Bueno, creo que tu doctor y su sola presencia son suficientes —
Maki le dio la razón—. Nadie en su sano juicio quiere pelearse con él.
—Razón no te falta...
—Y... —continuó la gata— Ya sabes que tu hermano tiene un gusto...
peculiar...
—Enfermizo —Interrumpió la albina.
—...hacia ti... y últimamente lo está manifestando más de lo normal.
Asumí que debía decírtelo... —Vio su mueca de asco e incomodidad— pero
supongo que estaba equivocada.
—Sé de su interés en mí hace bastante tiempo, y me enferma. Pero
hasta ahora rara vez intenta algo directamente. Se preocupa más por esa
niña que parece ser su hija que por mí, y eso es genial.
—Tesla lo tiene nervioso. Camina apurado, apenas tiene sexo con
alguien que no es Rianna o yo y... está ansioso. Por si lo ves y... intenta
algo... algo directo.
—Su nerviosismo no va a impedir que le rompa la nariz.
Ambas rieron, y un pequeño golpecito en la puerta las hizo mirar. La
tímida voz de Lucifer le pedía a Maki que se apresurara o llegarían tarde.
Valentine miró a su amiga y luego le dio la espalda, mirando al suelo
preocupada.
—Yo... no quisiera verte haciendo algo que no quieres —dijo, con un
tono suave en la voz— En caso de no querer al niño... me lo puedes dar. Me
encargaré de él con todo gusto.
Se fue, sin que la albina quitara la mueca confundida de la cara. Se
estiró y se levantó, finalmente decidida a vestirse para salir. Estaba nerviosa.
Su único contacto con familias de amigos, conocidos y amigos con
beneficios (Ghunter) fue toparse con su madre, su cuñada y su hermano en
una cena familiar a la que asistió porque Ghunter le dijo que planeaba algo
interesante.
Aquello fue MUY incómodo, pensando que era la novia todo el
tiempo... pero ahora sí era la novia. Ahora tenía que comportarse y NO salir
huyendo con la cola entre las piernas. Bajó las orejas mirándose al espejo.
Tenía esa cicatriz en el ojo, la oreja cortada por la mitad... ¿Qué impresión le
daría a la hermana de Nikolai? ¿Una matona? ¿Cómo explicaría su dinero?
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No trabaja, tampoco estudia, y decirle a un común (o a cualquiera) que eres
familiar de Tesla no es una buena idea. Eso solo es un repelente de futuras
relaciones sociales, saludables, cabe destacar.
Consideró incluso ponerse maquillaje.
Salió minutos después, moviendo la cola ansiosa e impaciente
porque todo pasara rápido. Nikolai le regaló un beso en la frente, otro en la
mejilla y otro en los labios que se extendió un poco... al punto que los
chóferes empezaron a pitar sus cláxones para avisarles que el semáforo
estaba en verde.
Una pequeña cafetería en una esquina de la ciudad. Nikolai aparcó el
Audi frente a la zona exterior del local, donde una mujer, que bebía un latte
estuvo mirando atentamente el deportivo. Casi se atragantó cuando vio a su
hermano salir de él, junto a una mujer loba, de pelo blanco y aspecto
vagabundo.
«¿Él ganó la lotería...? ¡Entonces su novia es... una interesada! Mm...»
—¡Lily! —Saludó alegre Nikolai, moviendo la cola— Qué bueno que
aquí estés. ¿Has esperado mucho?
Tomó asiento frente a ella y a su lado se sentó la loba albina, quien
no tardó en mirar el tablón a dos metros para ver qué pedía. No decía ni una
palabra. Ahora que la veía de cerca, era preciosa. Aunque se dio cuenta de
que una cicatriz le surcaba el ojo izquierdo, además de que...
«¡Dios mío! ¡Tiene una oreja a la mitad!»
Maki la miró y cruzaron miradas accidentalmente. La albina bajó la
mirada.
—No... tranquilo Niko... ¿y ella es...?
—Claro —Abrazó parcialmente a Maki, quien lo miró, incómoda—. ¡Ella
es Maki! Mi novia hace... ¿unos seis meses?
—Siete, Nikolai... —susurró ella. Él sonrió.
—Un placer, Maki —Le extendió la mano en un cordial apretón—. Me
llamo Lily Campbell, y soy la hermana de Nikolai, como ya debes saber...
—Sí, él... me ha dicho algo —Sonrió, sintiéndose acorralada.
—Roger y Niko me han hablado de ti, dicen que eres una buena chica.
—Bueno... ¿supongo? —Hizo una pausa— ¿Quieres algo de beber?
—Un batido de Booba de esos. ¡He oído que son geniales! ¿Realmente
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estás de acuerdo en comprarme todo? —El castaño estaba avergonzado.
Lily abrió los ojos, siguiendo en su café.
—Sí, es lo menos que puedo hacer. Me has... —Se cortó— ayudado
mucho.
—Niko, ¿podemos hablar un momento? —preguntó la chica de pelo
castaño.
—Claro.
Ambos se levantaron y Maki entró un momento para pedir sus
bebidas. En una esquina, Lily le agarró una oreja fuertemente a su hermano.
—¡Has venido en un jodido Audi y no me podías mencionar que tu
novia era tu sugar mommy!
—No lo es, Lily. ¿Por qué debería importarte si es rica o no? Tienes tu
parte de la herencia del abuelo...
—No quiero su dinero, pero si es rica, debe ser algo importante. ¿En
qué trabaja? —Entornó los ojos— Porque me fijé muy abiertamente en su
naturaleza... ¡y es una lunar! ¿¡Te volviste loco!? ¿¡Una lunar!? ¿¡Rica!?
—No es violenta, te lo aseguro. Es una mujer encantadora.
—¡Te puede comer, cabeza de insecto! —gruñó— ¡Los lunars comen
comunes! ¿O se te olvidó?
—Realmente no tienes que preocuparte. Maki es inofensiva, te lo
aseguro.
—¿En qué trabaja? Muchos lunars ganan bien en el Mercado... sí ella
es rica, entonces...
Fueron yendo de vuelta a la mesa.
—No puedes prejuzgar siempre a la gente, Lily —Vio a Maki volver y
se dio la vuelta—. Pregúntale tú misma, te contestará.
—¿Preguntarme qué? —La albina alzó una ceja, mirando a Nikolai con
duda. A su lado, Lily parecía desconfiar. Bajó las orejas, sintiéndose
intimidada.
—Es que quiero saber en qué trabajas —habló la castaña sin tapujos—.
El auto es... lindo y... caro.
Maki miró al suelo.
—Mi... padre trabaja en... ah... un complejo de negocios. Gana bien y...
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me mantiene. Yo no trabajo —Sus orejas permanecían gachas y la voz le
temblaba un poco. Miraba nerviosa su bebida y la de Nikolai sobre la mesa.
—Oh, entiendo. No quiero sonar atacante, solo tenía curiosidad —Lily
bajó la guardia, pero entonces reparó nuevamente en un punto importante—.
Eres una lunar —Nikolai la miró con el ceño muy fruncido.
—¡Lily!
—Lo siento, Niko, pero que estés vivo en la máxima prioridad ahora.
Ella puede comerte si un día tiene hambre —La albina frunció el ceño.
—No me comería a Nikolai. Yo... yo... —Sintiéndose impotente, se
levantó— los dejaré solos. Supongo que tienen algo importante que discutir
—Miró a su novio, molesta—. No sabía que fueras alguien racista.
—¡Maki, yo...!
—¡Quédate ahí!
Se fue caminando rápido y se perdió doblando una esquina. Nikolai
quiso ir volando tras ella, pero la para nada tranquilizadora presencia de su
hermana lo obligaba a permanecer ahí.
—Lily, eso ha sido peor que grosero —gruñó, mostrando el lateral de
los dientes.
—Mírate, mostrando los dientes. ¿Ahora tú también vas a comerme?
—¡Lily!
—Lo siento, Niko, pero te quiero vivo. Es una horrible decisión
quedarte por tu cuenta con uno... de ellos. ¿No recuerdas lo que le pasó a la
hermana de Ryder?
—Maki no es así.
—¿Por qué? ¿Se come sus vegetales? —dijo, con sarcasmo.
—Ella... te aseguro que no es así. Te dije que dejaras de prejuzgar a la
gente —Frunció más el ceño—. No sé para qué me insististe tanto con
conocerla si ahora simplemente la espantaste.
—Al menos parece ser de los que son fáciles de domar. Muchos
tienen un carácter fuerte y feroz —El comentario hizo explotar a Nikolai.
—¡Basta de decir esas cosas! ¡Es racismo!
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—Nos protege de ellos a diario —Ella le gruñó.
Silencio nuevamente.
—Yo espero no verte otra vez cerca de mi ama —El gran nanatsu lucía
aún más aterrador mirándolo desde abajo. Los ojos le titilaban como
estrellas tétricas—, o sino me veré obligado a matarte.
—Yo... lo siento —Ryder bajó la cabeza, disculpándose como un
asiático—. No sabía que eras... amiga de Nik. Yo...
—Es mi novia, Ryder. Y aunque no lo fuera... está mal hacer estas
cosas, ¿sabes?
—Hago lo que creo correcto.
—Yo también —Maki sacó su teléfono y marcó a la policía. Pronto el
escenario cambió, viéndose a un corpulento oso pardo llevándose esposado
al zorro, quien, atormentado por quién sabe qué pensamientos, dio una
última mirada a Nikolai, el cual desvió la suya hacia el abdomen de Maki.
Susurrando, le preguntó si estaba bien.
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Ella asintió.
—Sí... creo que los bebés lunars son resistentes a más cosas que los
comunes.
—¿Y los híbridos?
—No hay demasiados registros médicos... aunque creo que se
desarrollan parecidos a los lunars normales. Y sobre ti... —Miró al nanatsu,
más detalladamente: ojos blancos y aterradores, sí, sumado a un paliducho
(pero musculoso) cuerpo de dos metros de alto, con el pelo plateado con
una enorme franja color dorado que lo atravesaba. Era... hermoso
físicamente, con unas orejas caninas grandes y una cola esponjosa y
poblada— Dices que eres mío.
—Así es. Mi nombre es Juzzo, señorita Maki —Sonrió con la inocencia
de un niño. Nikolai dejó de sentirse intimidado (del todo) por su presencia.
—Juzzo... es un bonito nombre —opinó el castaño.
—Ese hombre zorro... ¿era su amigo, señor?
—Sí...
—¿Se siente mal mandándolo a prisión? —Nikolai lo pensó un poco.
Maki le pasó una mano por la espalda, a modo de consuelo mudo.
—Se lo merece. Solo Dios sabe cuántas cosas ha hecho en nombre
de su justicia.
Sin muchas ganas, Nikolai llamó a Lily. No explicó nada y sólo le dijo
que él y Maki se iban a casa porque ella estaba con dolores estomacales. La
albina le dio un codazo, reprochándole la excusa, con un sonrojo de evidente
vergüenza cruzando su rostro. Juzzo reía para sus adentros, mirando a su
nueva ama con la alegría de un perro cualquiera. A fin de cuentas: nanatsu.
Siempre leales, y si Nara había querido usarlo como escudo de su gemela, él
lo haría. Sin quejarse, sin rechistar. Las órdenes de Nara eran absolutas, y
por lo tanto, las de Maki también.
249
28
Harto, como todas las mañanas, Tesla mordía su desayuno. Esta vez
era radicalmente distinto: antes se trataba de alguna fruta, ya sea un
durazno, un bol de cerezas o unas dos jugosas manzanas doradas, junto a
un apetecible zumo de naranja o sandía. Ahora era un pan con un enorme
trozo de chuleta de cerdo ulgram grasosa, junto a un plato donde había un
huevo frito y unas olorosas tiras de tocino.
Desde una segura distancia, Rianna admiraba el cambio de dieta de
su amo mayor. Anteriormente siempre tenía que llevarle comida vegetariana,
con algún que otro insumo de origen ulgram como leche, o su favorito:
mantequilla. La nueva apariencia de Tesla daba miedo, y verlo devorar la
carne con el apetito de un muerto de hambre era peor. Cuando aquellas
pupilas diminutas y brillosas la enfocaron, Rianna dio un pequeño brinco del
susto.
—¿Señor? —murmuró, esperando silencio.
—¿Qué te pasa? Llevas tiempo mirándome en silencio como una
acosadora.
La voz era más áspera, rasposa y dura que de costumbre.
—Ah... realmente no es nada...
—Te preguntas por qué no había comido carne todo este tiempo —
Ella bajó sus orejas caninas—, pero no te preocupes, no te voy a responder.
Aunque no fue por “salvar animales”, por si te lo sigues preguntando. Tenía
mis razones.
Ella bajó la mirada. Ahora era estricto como un militar, y se quedaba
sin paciencia mucho más rápido que antes. Siempre le tuvo miedo, ahora,
terror. Al menos estaba comiendo en la terraza de la habitación (ahora vacía)
de Hayato, en lugar de en aquel tétrico sótano lleno de muerte y cosas a
medio pudrir. Ya no había vuelto allá abajo, desde aquel incidente. Rianna lo
había visto como una esperanza: si Tesla moría, ella y las chicas finalmente
serían libres... hasta que la inyección de la droga lenta acabara con ellas al
cabo de unos meses... pero al menos tendrían esperanza de buscar una
cura. Sin embargo,
250
Tesla sobrevivió, y se volvió más duro, más violento, y más feroz.
Siquiera pensar en escaparse ahora sería una sentencia mortal a su
dolorosa existencia.
Por su lado, el albino estaba sumido en sus pensamientos, con la
mirada perdida en el plato de tocino y huevos, que ya empezaba a comerse
con la gracia de un gordo de cien kilos. Le dolía un poco la cabeza.
Últimamente había estado patrullando mucho, estando solo, ya que no
quería la compañía de Ah y Un. La tregua con los ángeles estaba
tambaleante, ya que Raphel había logrado huir, como siempre. Varios
ángeles lo habían mirado mal, a pesar de haberse hecho con la otra alma
maldita: Nara, que se entregó por las buenas.
«Esos cabrones nunca están satisfechos»
Mordió con suma fuerza el último trozo de tocino y se levantó,
dejándole el plato sucio y lleno de grasa a Rianna, quien, apenas lo vio
alejarse rápido, corrió a recogerlo con una devoción esclava. Tenía miedo de
qué pasaría si demoraba más de lo debido, no quería acabar en el sótano.
Por su lado, Tesla llegó al lobby del Flowers y se topó con alguien a
quien no quería ver en absoluto: David. Rara vez salía de su cueva, pero no
quería saber nada de él de momento.
—Hola a ti también —Le dijo el herbívoro, abriéndose paso y tomando
asiento en el sofá central. Tesla arrugó el entrecejo en una mueca de
disgusto—. Yo tampoco estoy feliz de haber venido hasta acá. ¿Sabes lo
difícil que fue sobrevivir el trayecto siendo un villed?
—¿Qué quieres?
—Verte. No has ido a que te haga el diagnóstico, y estás comiendo
carne. Hasta yo huelo el aroma a cerdo viniendo de ti. ¿No sabes lavarte los
dientes?
—Ya me viste, te puedes ir —Molesto, gruñó entre las palabras.
—Necesito hacerte la revisión. Si te descontrolas va a ser un dolor de
cabeza traerte de vuelta. Irvin no está aquí para darte una paliza como
aquella vez. Así que deja de quejarte como un niño pequeño y déjame verte
a fondo. ¿Me llevas a tu despacho?
De mala gana, Tesla guió al okapi a su oficina de trabajo en el mismo
piso. Ahí dentro nadie podía entrar, excepto el dueño y sus invitados. Sin
embargo, siempre estaba impecablemente limpio. Se sentó entonces el lobo
blanco en su sillón de terciopelo caro, y dejó que David lo mirara muy de
cerca, una vez se quitó la máscara.
251
—Tus cicatrices de la nariz nunca sanarán, ¿cierto? —preguntó David,
mientras le revisaba con la luz de hendidura, repasando el iris rojo intenso.
—Son un recuerdo que no me puedo permitir olvidar.
—¿Los efectos de flechas para el olfato canino? —Alzó una ceja.
Tesla no dijo nada— Tu sangre concentrada detrás de los ojos es más
brillante, ¿te sientes diferente?
—Me siento como debería sentirme: fuerte. Mis ojos siempre fueron
rojo intenso. Se habían apagado bastante por culpa de la comida.
—Como eres albino, no tienes un color real en el iris, así que el rojo es
simplemente la sangre detrás de ellos. Debería dolerte ver luces intensas
como estas. —Pues no me duelen.
Ahora, David le abrió la boca, revisando los colmillos con olor a grasa
y carne frita. Tesla se sentía incómodo, no era fan de las revisiones. Gruñó
cuando el hombre le tocó uno de los molares.
—Si sangro, voy a activar la maldición esa que te impuso Irvin —habló
el okapi—. No voy a pincharte un canino, son muy afilados.
Sacó la mano, llegando a la conclusión de que su dentadura estaba
bien, incluso más dura y filosa que antes. Luego pasó a examinarle los
músculos, el pelaje, los reflejos, y logró extraerle un poco de sangre con
dificultad para hacerle un examen más adelante. Se veía satisfecho.
—Es una lástima —Tesla se acomodó bien la máscara de nuevo, y lo
miró con duda—. ¿Por qué no tienes un sistema digestivo normal? Sería muy
gracioso que nos agarraran mientras te hago un tacto rectal, ¡ja, ja, ja!
El albino sólo gruñó en respuesta, dándolo por incorregible. David era
muy difícil de tratar cuando no estaba actuando como profesional, al menos
para él. Y no lo podía matar porque se quedaría sin doctor. Maldijo para sus
adentros mientras se acomodaba en su asiento, permitiéndose un poco de
necesaria relajación. David se le quedó mirando, seriamente.
Luego, examinó un bolsillo, donde guardaba sus llaves, y sacó una
paleta de caramelo color roja. Miró de reojo al lobo.
—Ejem, ya terminé —Le extendió el dulce. Tesla lo miró con los ojos
demasiado brillantes, aunque su expresión era la misma—. Es de sandía, tu
favorita.
El albino pretendió tomarla de inmediato, quitándose parcialmente la
máscara, pero David la alejó con una sonrisa picarona.
252
—Na-ah-ah —Negó varias veces con el dedo—. Solo si me permites...
—Sí, haz lo que te dé la gana —Tomó la paleta con la euforia de un
niño y se la llevó a la boca, sintiendo la mano herbívoro sobre su cabeza. El
okapi, feliz, sonrió abiertamente acariciando el mullido pelaje antes de pasar
a un semblante más serio, pensando.
«Ahora tengo que ver qué tal está en eso otro...»
—Oye, Tesla —Llamó su atención—, ¿cómo llevas... eso de que tu hija
va a tener un bebé?
—¿Quién te lo contó?
—Me pareció oírlo de Hayato, y quería comprobar que fuera cierto. Lo
es, ¿no es así?
—Sí. No se acordó que los comunes pueden cruzarse con lunars de
forma natural, maldita irresponsable...
—Entonces será híbrido. ¿Crees que ella lo mate cuando nazca? Los
híbridos no viven mucho...
—Los híbridos no viven mucho, tampoco los padres muchas veces
por intentar protegerlos. Pero los demás híbridos no tienen mi apellido. Si
ella decide protegerlo, yo haré lo que haga falta —A pesar de la seriedad y el
estoicismo de la cara de Tesla, habló con una sinceridad cálida y familiar.
David sonrió sin pensarlo y el albino le dedicó una mirada furiosa.
—No me mires así. Pienso que me quieres matar —Sonrió, ahora
nervioso, mirando a otro lado. Tocar la fibra sensible de Tesla no era buena
idea, incluso para él.
—Maki no va a matar a ese niño. Ni nadie —dijo, antes de ponerse de
pie—. Ahora, fuera de mi edificio, voy a abrirlo, son las diez de la mañana.
—Creí que los burdeles abrían de noche...
—Este abre en todos los horarios, hay mujeres para todo.
David, una vez fuera, con el Flowers a su espalda, examinó la jeringa
donde había una pequeña concentración de la sangre del albino. Con
precisión cirujana la internó en un frasco diminuto, y la guardó celosamente
en su bolsillo trasero. Con la cabeza en alto, y un pequeño trozo de metal
tallado sujeto fuertemente a su abrigo, se dirigió a su lugar en el Mercado,
lejos de las zonas peligrosas, lejos de la prostitución, la muerte y el tráfico
vivo.
253
Gracias a aquel pedacito de metal del tamaño de una tarjeta de
crédito, de color plateado y con letras talladas, nadie se le acercaba
demasiado. La palabra “HIJO” escrita por el demonio auténtico eran
suficiente repelente. Se quedó quieto mirando su pequeña casita mientras
buscaba las llaves en sus bolsillos. Sin embargo, un movimiento inesperado,
lo hizo llevar su atención a un callejón cercano, donde una cola dorada
desapareció. Normalmente no había nanatsus o lunars ahí, porque en esta
zona, deshabitada, se supone que no hay presas.
Preocupado, fue a su pequeño cobertizo, siempre abierto y sin
candado, de donde sacó un bate de béisbol coronado con clavos. Había
sangre seca pegada a él, de los pocos intrusos que se habían atrevido a
pisar propiedad de Tesla. Lo más silencioso posible, fue hacia la fuente un
pequeño ruido de pisadas en el pavimento.
—¡Ajá! —Salió, con el bate al hombro, listo para atacar al animal
dorado que estaba ahí. Un lobo dorado, con unos ojos brillantes iguales a
los de Ah y Un, lo miró, a una distancia segura, sin intenciones de hacerle
daño, al parecer.
—Eres el doctor de Tesla —Le dijo, pausadamente. David se mantuvo
con la guardia alta—, ¿no?
—Si quieres matarme, te advierto que Tesla no estará muy feliz.
—No busco matarte, tranquilo, doctor. Solo quiero hacerle una
pregunta —Entornó los ojos, haciéndolos brillar—: ese ángel que atacó a
Tesla... ¿ya está muerto, verdad?
—Yo no sé de esas cosas. Solo aparezco cuando hay que curarle. No
tengo nada de información de esos ángeles que dices.
—Mi amo parece conocerte. Dice que eres de antes, y que, por lo
tanto, sabes más que un simple doctor. Además —Le sonrió mostrando
todos sus dientes—: Tesla no confía en cualquiera. ¿Estás mintiendo acaso?
—¿Por qué iba a mentir? ¿Y quién diablos es tu amo? —«Tesla, valía la
pena decirme algo de que tenías más enemigos que los propios ángeles. Es
un nanatsu de ojos dorados... se ve pequeño, pero la calma es más
aterradora... si decidiera atacarme estoy muy muerto...»— Raphel. Estoy
seguro de que has oído ese nombre antes.
«Conque seguía vivo...»
—Ah... no lo sé. Lo... lo siento, nanatsu.
Sus órdenes le impedían atacar, y hacer enojar a Raphel no era lo
mejor en momentos como esos. Por tanto, Keyal, se limitó a bajar la cabeza
254
y a irse. David, perplejo, bajó el arma y se quedó mirando cómo el lobo
emprendía su retirada. No le dijo nada, porque no quería buscarme algún
otro problema.
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—...suena justo, si me lo preguntas —Juzzo se rascó la barbilla,
nervioso—. Aunque si la señorita Maki prefiere mandar de todos modos
aunque el señor Nikolai proteste seguiremos en las mismas...
Maki cedió, rindiéndose a la propuesta.
—No es mala idea. Si es niña, es mía, sino, toda tuyo —Volvió a
prestar atención al camino, recostada sobre la ventanilla. Nikolai sonrió para
sus adentros, agradeciéndole telepáticamente a Lucifer por su idea tan
peculiar, pero efectiva.
«Los nanatsus conocen mejor a sus lunars que ellos mismos, ya
entiendo eso»
Y, tras tres largas horas de avance, tráfico y avance, finalmente los
tres nanatsus y los futuros padres lograron pisar el suelo del aparcamiento
del hospital. Sosteniendo su panza, la albina gruñó en disgusto. Juzzo se
ofreció a llevarla cargada como una princesa, pero ella se negó
rotundamente. Eligió ir adelante, dejando a los hombres en la retaguardia,
preocupados.
—¿Está bien que vaya adelante? —Kirk se veía nervioso— ¿Y si alguien
intenta hacerle daño? ¿Cómo se supone que vamos a defenderla?
—Juzzo hará el trabajo —señaló Nikolai, sonriéndole ampliamente al
nanatsu de ojos blancos. Confiaba en él. Juzzo era un ser amable y
talentoso en las tareas del hogar, pero cuando se trataba de proteger a Maki
era feroz, más agresivo que Kirk en sus peores momentos, y mucho más
fuerte que Lucifer.
Era como Cerbero, confiable, lindo y guardián.
El mencionado movió su gran cola con entusiasmo optimista, y no
fue capaz de esconder su sonrisa orgullosa. Era como un niño cada vez que
alguien lo elogiaba por cualquier cosa. Por su lado, Maki iba de mal humor,
adolorida por las patadas (o competencias de artes marciales) que se
desarrollaban en su vientre. El embarazo era una mierda, según ella. Y eso
que habían mejorado, porque una semana atrás, en el apogeo de los duelos
a muerte con cuchillos entre los cachorros, los dolores habían ido en
aumento día tras día, hasta que, finalmente, un día se detuvieron de una vez.
El ganador, aquel con el pase dorado para conocer y ver el mundo, el
híbrido más fuerte, nacería en poco más de un mes. Escondido detrás de su
enojo constante y quejas cargadas de irritación, el sentimiento cálido innato
de la maternidad la hacía pensar con ilusión sobre la idea de tenerlo en
brazos tras esa espera. Una parte de Maki, una racional y preocupada, sabía
257
lo difícil que sería criar un niño para ella, quien nunca tuvo un verdadero
modelo materno más allá del débil recuerdo de Cynthia.
Y, por sobre todas esas futuras adversidades (donde por suerte podía
asistirle Nikolai con su experiencia en una familia funcional), se vería
enfrentando a la sociedad, con su vista tan tétrica de las vidas de los
híbridos de lunar. Un sentimiento protector fuerte era necesario, con la
misma devoción que un nanatsu...
«Esto va a ser complicado...»
Gideon los recibió con una alegría muy poco profesional.
—¿Listos para conocer el sexo de su bebé? —Nikolai sonrió
asintiendo. Maki sólo asintió— ¡Ahí vamos!
Mientras la pantalla del ultrasonido revelaba cosas indescifrables a
ojos inexpertos, Maki sostenía la mano de su novio. Su cara no mostraba
nada fuera de una seriedad muy desanimada, pero el gesto hizo sonreír al
castaño, quien le devolvió el apretón. Sabía que era su rancia y estúpida
forma de decirle que estaba emocionada también, aunque su cara no lo
dijese.
«Dice que no, pero se parece a Tesla en algunas cosas», pensó.
—¡Bien...! —Gideon se volteó, limpiándole el líquido frío a la chica.
Ambos lobos lo miraban, esperando su veredicto— El bebé, primero que
nada, está muy saludable después de comerse a sus dos hermanos de saco
uterino —Nikolai hizo una mueca, sin borrar la sonrisa—. ¡Eso demuestra que
es muy fuerte! Como su madre... el punto es... ¡que se trata de un niño! Un
varón.
Con una sonrisa llena de alegría, el felino dejó que los padres se
emocionaran a su forma. Nikolai celebró gritando “¡Oh, sí!”, haciendo que a
la albina se le escapara una risa nasal.
—El nombre es mío, ¡hicimos una apuesta! —Maki asintió con
seriedad, mientras lo miraba sonreír ampliamente.
—Sí, Nikolai, ya perdí. ¿Cómo se va a llamar el niño? —Alzó sus orejas.
Pensativo, el chico se llevó una mano al mentón, arrugando la cara como si
tuviera algún problema estomacal.
—Félix o Andrew... ¿cuál le gusta más, doctor?
—¿Yo...? —Miró a Maki de reojo— Pero es una gran decisión para
ustedes... es personal.
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Sonrió, incómodo. No creía verdaderamente sus palabras, pero sí le
tenía miedo al juicio penetrante de la de ojos azules. Conocía a Maki lo
suficiente como para ser consciente de las consecuencias de enojarla.
—Félix me parece bien —sentenció ella, seriamente—. Andrew parece
nombre de adolescente tóxico y de malos hábitos. No queremos que se
vuelva así, ¿no?
Derrotado, Nikolai cedió. Seguía valiendo la pena haber ganado la
apuesta. Con sonrisa triunfal cruzó la puerta, donde los tres nanatsus los
esperaban pacientes.
—Por lo que veo, parece que Nikolai ganó. ¿Será niño? —preguntó
alegre Lucifer, y su ama asintió con fingido desinterés. El nombre de Félix le
había gustado genuinamente, pero no se lo admitiría cara a cara, su orgullo
estaba en juego... según ella. En el auto, nuevamente, se armó debate en el
camino de regreso.
—Entonces decoraremos una habitación de azul, ¿de qué ponemos
los adornos? ¿Dibujos animados sencillos, tipo Winnie Pooh? — preguntó
Juzzo.
—¿Por qué hay decorar la habitación de un bicho que ni siquiera va a
reconocernos los primeros dos años de su vida? —Ella respondió, como
irritada— Es un tiempo inútil que hay que emplear en eso, me niego.
—Pero Maki, es una tradición adornar la habitación del bebé con
cosas de... bueno, de bebé —rebatió Lucifer—. Si las familias normales lo
hacen, ¿por qué tu no?
—No sabemos si le gustará Winnie Pooh —Nikolai suspiró.
—Es un bebé, no sabrá qué le gusta hasta que le pongamos episodios
de algún programa para niños.
—¿Qué tal Bluey? Ella es azul —La mirada era... inocente. Algo raro
viniendo de una ninfómana—, combinaría con el color, ¿no?
«Ella solo quiere la decoración de su caricatura favorita...», pensaron
todos al unísono.
—Bluey estará bien, cariño —Nikolai le sonrió y le dio un beso en la
mejilla cuando pararon en un semáforo en rojo. Kirk tosió sin disimular su
hastío.
—Yo puedo conducir —Se ofreció Juzzo—, para que ustedes tengan
un momento bonito.
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—No necesitamos que se pongan más cariñosos —gruñó el de ojos
rojos. Lucifer rio.
—Bueno, tiene razón. Conociendo a Maki podría calentar demasiado
las cosas...
—No queremos ver nada sexual de ustedes, par de degenerados —
Kirk entornó los ojos mientras miraba a su ama, quien puso los ojos en
blanco y miró por la ventanilla el paisaje urbano. Era más entretenido que oír
a sus nanatsus hablando de tipos de salsa de soja. Una vez en casa, se
sorprendieron de ver, tocando el timbre del pórtico, a Ghunter, y Maki bajó
las orejas con horror plasmado en la cara.
«Oh, no, no, no...»
—No lo veía hace mucho —dijo Nikolai—, ¿estaba en la ciudad?
—No sabe nada del niño. ¿¡Qué haré cuando me vea gorda!? —Juzzo
la miró sin comprender.
—¿Qué tal decirle de su embarazo, señorita?
—¿¡Estás loco!? Va a querer matar a Nikolai... y luego a mí.
—Dudo que los nanatsus dejen que pase, ¿sabes...? —El castaño
terminó de aparcar el auto en el garaje, y salieron al exterior él y Lucifer
solamente, a recibir al hombre oso de piel morena.
—¿Y Maki? —preguntó sin rodeos.
—Dijo que te esperaría adentro. ¿Cómo has estado, Ghunter? —
Lucifer abrió el enrejado con una llave brillante— Fueron unos cuantos
meses sin verte, ¿pasó algo entre ustedes dos?
—...nada —Esquivó abiertamente la mirada del castaño, quien bajó las
orejas, sintiéndose intimidado. Mientras atravesaban el pequeño jardín que
llevaba a la puerta principal, el oso se percató de varias cosas que antes no
eran así—. ¿Maki contrató un jardinero? Este sitio siempre estaba hecho un
desastre sin podar y lleno de flores silvestres. Ahora sí parece la casa de un
rico.
—El nuevo nanatsu disfruta haciendo estas cosas —respondió Lucifer,
con una media sonrisa—. Yo cocino, Kirk se encarga de... mantener los
videojuegos en uso, supongo, y Jucchan hace las tareas restantes por su
cuenta. Es un chico muy amable —Abrió la puerta—, así que no busques
problemas con Maki o te va a romper algo.
En el living inferior, Ghunter se quedó muy quieto, mirando con los
260
ojos de un pescado muerto al enorme nanatsu de ojos blancos que sostenía
una escoba y le sonreía con amabilidad. Ghunter era alto, porque los osos
normalmente lo eran. Ghunter tenía sus kilos en músculo, en lugar de grasa,
porque los osos eran pesados; y aun así, Ghunter temblaba bajo la mirada
plateada que lo analizaba confundida.
—¿Se encuentra bien, señor? —preguntó Juzzo, dejando la escoba de
lado y pretendiendo acercarse a ver qué le pasaba. El oso se alejó un paso,
intimidado, y negó con la cabeza.
Su sorpresa fue mayor cuando vio bajar a Maki con su prominente
panza y su cara de pocos amigos, y se quedaron mirándose mutuamente en
silencio.
—Tú... ¿desde cuándo...? —cuestionó, atónito.
—Fue un accidente —Le dijo ella, tomando asiento en el gran sofá—.
Yo tampoco lo vi venir.
—Pero si tu... —Miró a Nikolai— novio es un común, ¿cómo no saber
que...?
—Fue un accidente, punto. ¿Qué haces tú aquí?
—Quería verte. No lo había hecho desde... aquello —Hizo una mueca
incómoda—. No me esperaba que estuvieras embarazada, pero entiendo de
accidentes.
—Estoy bien, ¿quieres sentarte de una vez? —Le gruñó. El oso tomó
asiento a su lado y Nikolai decidió subir para darse un baño. Ghunter se
sentía apuñalado por los ojos brillantes y blancos del nanatsu que limpiaba
cerca suyo.
—Ese nanatsu... es fuerte, ¿no?
—Sí. Lo he visto romper frascos de cristal por accidente solo de
apretarlos de más. Deberían hacer competencia —Sonrió de lado la albina—.
Aunque mejor no, me gusta como limpia, y es muy lindo acomodando mi
habitación y cuidándome.
—Y sobre tu... condición —Le miró el abdomen—, ¿cuánto tiempo
tienes ya?
—Cinco meses y poco más. En poco tiempo llegará el mocoso.
—¿Ya tienes ideas de nombres?
—Se va a llamar Félix.
261
—Oh, es un bonito nombre. Seguro será un niño precioso —Hizo
amago de querer tocarla, pero no se atrevió. Maki lo notó y le acomodó la
mano sobre su vientre.
—No eres un extraño, puedes tocarme sin problema.
En un movimiento arriesgado, Ghunter se inclinó suavemente sobre
ella y le dio un beso en los labios, sorprendiéndola tanto a ella, como a
Lucifer y Juzzo. Terminó rápido y no era pasional. Maki lo miró confundida.
—¿Qué crees que haces?
—Lo siento —Miró al suelo—. Yo... La verdad siempre te quise para mí.
Me gustas, más allá de la relación que solíamos tener...
—Ghunter, no voy a...
—Lo sé, lo sé... solo quería decírtelo. Nunca fui... verdaderamente
valiente, y me conformaba con sexo. Pensé que siempre sería así... y... aquel
día en el que casi nos acostamos... dijiste el nombre de él.
—¿Nikolai...?
—Sí... y me di cuenta que perdí —Le sonrió—. Pero bueno, me lo
merezco, soy un cobarde y aquel día intenté abusar de ti. Me alegra que...
ahora formes una familia con un buen hombre.
Se apartó de Maki, recostando su trabajada espalda en el sofá. Se le
veía abatido, y la albina le pasó una mano por el muslo, sin decir nada. Los
nanatsus se fueron en silencio, dándoles privacidad.
—Yo... debo admitir que lo sospechaba —confesó ella—. Pero no
quería darle muchas vueltas.
—Nunca sentiste lo mismo.
—No... y lo siento.
—Está bien, no puedo obligarte a que te enamores de mí, ja, ja... —Le
acarició el pelo bruscamente, despeinándolo—. Pero podemos ser amigos
siempre que quieras.
—No creo que funcione —dijo Maki, seriamente. Ghunter la miró,
alarmado—. Si... si sientes esas cosas una amistad lo haría todo más difícil,
¿no crees?
—Pero...
—Lo siento, Ghunter —Se apartó de él—, pero hasta aquí llegamos. No
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puedo obligarte a que yo deje de gustarte, ¿verdad?
—Eso no tiene que ver...
—Las amistades así no funcionan, Ghunter —Su mirada se
oscureció—. No quiero repetir lo de Kyle.
Sin argumentos en contra, el oso miró al suelo, vencido y con los
ánimos en el suelo. Tenía una pequeña esperanza en tal vez recuperarla,
pero, por lo que escuchaba, así acababa su historia. No más sexo, no más
momentos íntimos, no más tardes de cita sin ser cita... todo se había ido en
un momento. Comprendía sus motivos, entendía sus actos, pero no dejaba
de dolerle el corazón saber que su amiga de más de trescientos años se iba
de su vida quizás para siempre.
—Yo... te quiero, Maki —Le dijo, roto y triste. Ella lo notó en sus ojos a
medio cristalizar—. No pienso cambiar eso. Ojalá algún día podamos volver
a hablar como antes.
—Ghunter, no.
—Ya... lo intenté.
Se levantó, estiró y miró por última vez a su ex amiga con derechos.
Maki le sonrió cálidamente mientras, con ayuda de Juzzo, se levantaba y
caminaba hacia la cocina. Cruzando el umbral, Ghunter se despidió de la
casa donde fue tantas veces, y se fue, con ganas de llorar.
263
30
—Lo diré una última vez —Puso la boca del arma sobre la frente del
pobre bastardo tirado en el suelo—, ¿dónde mierda está Sam?
—¡Ya juré que no sé nada, señor! —El hombre lagarto temblaba en
pánico.
—Eso es todo, acaben con lo que queda de él.
Ah y Un agarraron al tipo con fuerza y lo ataron con unas cadenas
que conectaban con una moto donde ambos se montaron. El hombre
trataba de correr, desnudo, magullado y adolorido, al ritmo del vehículo,
aunque se le hacía casi imposible y terminó en el suelo, arrastrado por el
camino adoquinado y gritando por ayuda. Claramente nadie le dio una mano,
especialmente al ver a Ah y Un conduciendo.
La moto se detuvo en la costa, más concretamente en un acantilado
alto que se elevaba sobre unas rocas picudas en su base, y, más abajo,
estaba el mar rugiendo y arremetiendo con sus olas. Ah desató al tipo y lo
llevó, agarrado del cuello, hacia el borde. El lagarto sudaba frío mientras
lloraba de lo asustado que estaba. Un miraba alejado.
—¡O-oye! ¡Eres un oso, ¿verdad?! —Balbuceó el reptil, aferrado a la
vida— ¡Tengo un amigo que es un oso! ¡Lunar! ¿Quizás sea su verdadero
amo? ¡Quién sabe! ¡Puedo llevarte a él, y... y quizás si sea su amo de verdad!
Normalmente, Ah ya lo hubiera lanzado, pero se le veía abatido. Con
el ceño arrugado, gruñía en duda, intercalando recuerdos casi borrados con
las palabras del extraño condenado que tenía sostenido. Con un gruñido,
apretó más el cuello de la víctima, quien arañó torpemente la mano morena,
buscando aire para respirar. Pero, incapaz de soltarlo, solo estuvo mirándolo
con una expresión dolida e indecisa.
Una cara familiar: la de un niño moreno sin colmillos, con una gran
sonrisa, parpadeó en la mente del nanatsu por un instante, pero fue
suficiente para marcar su indecisión. Atormentado, Ah rugió y gruñó, sin
soltar al hombre, hasta que la mano de su hermano sobre su hombro lo hizo
espabilar. Mirar a Un con sus ojos opacos fue suficiente alivio, y, como si
supiera lo que pasaba por su mente, este último tomó por el cuello al reptil y
lo lanzó sin titubeos. Tras mirar el cuerpo chocar, sangrar y hundirse entre
gritos desesperados, Un miró nuevamente a Ah, preocupado.
Le pasó una mano por el hombro a modo de consuelo y lo dejó estar
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quieto y con la mirada perdida en el suelo durante unos minutos de paz. No
era la primera vez que Ah titubeaba antes de acabar un trabajo.
Últimamente se estaba repitiendo más de lo esperado, y si Tesla se
enteraba solo iban a sumarse otro problema. Por tanto, Un trataba de
buscar soluciones.
Con un pequeño gruñido cariñoso, Un invitó a su hermano a subirse a
la moto otra vez, y partieron rumbo al exterior del Mercado. Se detuvieron en
un lugar amplio, habitado solo por césped húmedo y, en el centro del terreno,
había una pequeña ramita decorada con una corona de flores secas
enterrada sobre la tierra.
Ah rompió a llorar inconscientemente, arrodillado frente a la ramita.
Un buscó a su alrededor un puñado de flores silvestres que crecían
naturalmente, y las acomodó en los trozos de raíz que conformaban la
corona con flores secas, ahora desechadas. Así estuvieron media hora, en
silencio, y con Un haciendo la nueva corona con paciencia infinita. Una vez
acabó, se la mostró con una sonrisa, y Ah correspondió débilmente. Miraron
a la ramita decorada entonces con las nuevas flores silvestres, pero,
tristemente, el momento se rompió cuando el celular de Un empezó a vibrar
en su pantalón.
El nombre “JEFE” estaba en la pantalla, y contestó, poniéndolo en
altavoz.
—Espero estén aquí en treinta minutos, tengo que ir a un lugar y
necesito que se queden en el Flowers —colgó.
Ah se levantó, sintiéndose un poco mejor, y ambos volvieron a la
moto, en dirección de nuevo a su hogar: el Mercado.
Una vez llegaron, fueron casi corriendo hasta el despacho de Tesla,
mas no estaba. Salieron nuevamente, confundidos, y lo vieron acercárseles
con parsimoniosa calma.
—Genial, gracias por venir. En unas horas se acaba el descanso,
abran el local y hagan de seguridad, Hayato está muy ocupado haciendo
estupideces como para pensar en cuidar su jodida casa.
Y simplemente se fue. Los nanatsus se sentaron en el gran sofá, y
prendieron la gran televisión al fondo, donde habitualmente se reproducía
porno, pero se entretuvieron viendo dibujos animados en silencio. Al poco
rato, bajó Lumi, una chica recientemente comprada por Hayato, quien,
temblando, trató de acercarse al sofá sin que los nanatsus se diesen cuenta.
Obviamente la notaron y la miraron con duda.
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—¿Eso es... “Miraculous: Las Aventuras de Ladybug”...? —preguntó
ella tímidamente. Era muy joven: a lo sumo unos catorce o quince años,
rubia, de ojos marrones y blanca como nieve. Tenía unas marcas rojizas en
el cuello que desaparecían bajo su ropa. Ah y Un asintieron sin darle mucha
importancia— ¿Puedo... sentarme con ustedes?
Confundidos, los osos se echaron a un lado, dejándole un generoso
espacio a la chiquilla. Lumi, feliz, miraba la pantalla con la alegría de una
pequeña niña.
—Me... me dijeron unas mujeres ahí arriba que dentro de unas horas
abrirían las puertas... y me parece muy divertido ver dibujos animados antes
de... —Se sonrojó— ya saben.
No hubo respuesta.
—Extraño ver... mis dibujos animados. Yo vivía en Canadá... y quería
ser animadora. Algún día venir a Estados Unidos y trabajar haciendo más
dibujos... pero... un grupo de hombres con armas me secuestró y luego me
vendieron junto a otras chicas —contó—. El señor rubio me compró y...
—Hizo una larga pausa— y luego me... me hizo cosas... luego me dio una
semanas y... ayer me dijeron que hoy... iba a empezar a trabajar.
Formalmente.
Un le pasó una mano por el pelo con un tosco cariño, mientras le
sonreía con lástima. Ellos sabían mejor que nadie el horror individual de
cada víctima del Mercado: habían niños que eran destinados a ser comida
viva, tanto de bufés para lunars, como para caníbales. Muchos otros eran
víctimas de pedófilos, otros eran obligados a trabajar como matones o
asesinos. A otros más les extirpaban órganos o extremidades, estuvieran
vivos o no; unos eran experimentos vivos en la prueba de drogas y
medicamentos.
Y las mujeres eran las que peor salían, porque aparte de todo eso,
siempre eran violadas, sin importar la edad, vendidas como muñecas
sexuales o a burdeles como el propio Flowers, y, al menos en otros tenían la
posibilidad de escapar, pero ahí, en el de Tesla, se les inyectaba una droga
contra el tiempo, que, de no renovarse cada tres meses, detendría su
corazón, propia de la invención del dueño. Y Hayato, un demonio sin juicio,
se ocupaba de opacar toda ansia de libertad o esperanza que pudiese
quedar, a través de manipulación, sexo y afiladas palabras.
Sin dudas, el Mercado era una extensión del infierno donde sólo
lograban sobrevivir los demonios. Sin poder decir nada (literalmente) los
gemelos la dejaron estar hasta las once de la mañana, hora en la que,
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bruscamente cambiaron los dibujos animados a pornografía y la hicieron
volver arriba. Con una sonrisa lastimada, ella les agradeció su gesto y subió
las escaleras, mientras otras mujeres, más maduras, empezaban a bajar. Ah
abrió las puertas, encendió los neones y junto a su hermano, se acomodaron
en una esquina, viendo a los clientes ir empezando a entrar poco a poco.
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ojos en blanco, tomó su forma de lobo y lo consoló pasándole la lengua por
la zona adolorida. Juzzo abrió la puerta, apareciendo con un plato lleno de
pollo frito, y miró a su ama y a su hijo sobre la cama, viendo una película,
estando Félix transformado y Maki tirada a medio dormir.
—El señor Nikolai ha vuelto —dijo el nanatsu, llamando la atención de
la albina—. Ha venido con su amigo el pitbull terrier, señorita.
—¿Roger? —Maki miró a Félix, y lo agarró antes de que pudiera
saborear su nugget de pollo. Aulló en disgusto, tratando de soltarse del duro
agarre de su madre, mientras llenaba el espacio con su sonido irritante.
En la sala de estar del segundo piso, Roger alzó las orejas, sintiendo
acercarse un chillido molesto. Miró a Nikolai, y lo vio con una mueca sufrida
que no supo cómo describir. Maki apareció, despeinada y sonriente
mientras le movía la cola, con una masa peluda y gris en sus brazos, que
emitía ese ruido mientras le mordía un mechón de pelo que le llegaba hasta
el pecho.
Roger se quedó estático mientras Maki le extendía a su hijo como si
se tratara de una clase de objeto extraño. Inseguro, Félix le gruñó,
llevándose un golpecito en la cabeza, y luego le sacó los (diminutos) dientes
a Maki. Ella entornó los ojos, transformando mayormente su cara, y Félix
bajó las orejas, dócil, dejándose agarrar por Roger, quien lo miró, moviendo
su pequeña colita con júbilo.
En la vida había sostenido a un bebé. Nunca había tenido oportunidad
de cargar a su sobrino porque su hermana vivía lejos, en Inglaterra. Se sintió
embobado, viendo al cachorro que le gruñía un poco y se removía, inquieto.
—¡Es adorable, Niko! —Le sonrió a su amigo, llamando su atención—
¡Félix es muy lindo! Se parece un poco a Maki, aunque solo por el pelo... pero
tu cara y la suya también se parecen mucho. ¡Se nota que es tu hijo!
Maki se sonrojó un poco en vergüenza, pero enseguida sacó los
dientes y gruñó cuando Félix le dio un buen mordisco a un dedo de Roger,
haciendo que lo soltara. Cayó al suelo de panzaso, y aulló en dolor,
mientras Roger se lamentaba. Maki agarró al pequeño de la nuca y le
mostró una fila de colmillos bien desarrollados y feroces.
Félix no cayó en la amenaza y empezó a aullar, causándole irritación
a todos, absolutamente todos, en la casa.
—¡Me quedaré con él! —dijo el perro de repente— Ustedes dos vayan a
descansar.
Maki y Nikolai se miraron entre sí, y luego a él, al unísono, como si
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estuviera loco.
—Roger, te mordió —Señaló el castaño. Le corría un hilillo de sangre
(muy fino) por el dedo lastimado.
—Es un niño, los niños son traviesos —Sonrió ampliamente. Maki bajó
las orejas y susurró algo de comer pizza hawaiana. Nikolai murmuró algo de
un buen baño. Le dieron la espalda a Roger, aunque con las orejas bien
orientadas hacia él. Félix fue cargado por el perro de pelo negro. Le
entrecerró los ojos muy bien, mientras el pequeño le gruñía mostrándose
abiertamente agresivo.
«Al parecer no le caigo muy bien por algún motivo...»
Roger lo cargó apropiadamente, viéndolo tomar su forma humanoide.
Era gordito, con mucho pelo gris en la cabeza y una cola poblada pero corta.
Muy corta. Los ojos bicolor lo miraban en silencio.
Empezó a aullar de repente. Muy fuerte, tanto que hizo que Roger lo
bajara y lo dejara sobre el sofá. Hubo silencio. El pelinegro se cruzó de
brazos, mirándolo fijamente. A lo lejos se oía el eco de la ducha del cuarto
de sus padres.
—No entiendo por qué no te caigo bien del todo pero... ¡intentaré
presentarme! —Félix ladeó la cabeza, sin entender nada— Me llamo Roger, y
soy un gran amigo de tu papá.
El niño no entendía una palabra a juzgar por su expresión facial, llena
de confusión.
—¡Así que técnicamente soy tu tío! ¡T-Í-O! —deletreó— Parte de tu
familia también. ¿Amas a tu familia también, no?
La palabra familia tuvo impacto en él. Félix bajó las orejas, mirándolo
extrañado. Miró de pies a cabeza a Roger, examinando sus rasgos con sus
infantiles estándares.
—Sí, familia —Como si hubiera preguntado, Roger sonrió y contestó— .
Yo soy como tu mamá y papá.
Félix no se movió y emitió algo parecido a un ladrido.
—Sí, como mamá y papá. Yo también te quiero mucho, aunque no te
conozco mucho —Le pasó una mano por la cabeza, y se sorprendió que no
lo intentara morder de nuevo.
En su lugar, se mostró sereno. Aulló mientras le extendía la mano, y
Roger se sacó un caramelo del bolsillo. Los ojos del niño se iluminaron
enormemente y lo comió con alegría mientras movía la cola. Incluso le
sonrió mostrando sus dientecitos de leche a medio salir.
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Ladró torpemente otra vez y se dejó acariciar la cabeza. Roger le dio
otro caramelo, y lo vio aullar de felicidad.
—Así es, pequeño Félix —Maki se acercaba con un vaso lleno de jugo
de piña—, soy como mamá y papá. ¿Muy amable, no?
—apá di má —Maki se quedó muy quieta y Nikolai, quien iba detrás de
ella con un sándwich de mermelada, lo dejó caer al suelo de la impresión.
Roger abrió mucho los ojos y tragó saliva.
—¿Acaba de...? —Maki balbuceó, estupefacta.
—¡Apá di má! —chilló Félix, moviendo su colita, luego señaló a Roger
con su dedito, mirando a sus padres— ¡Oyer!
Nikolai estalló en carcajadas. Maki quería pegarse un tiro.
—¡No hablaste durante un mes y medio más de lo normal, ¿y ahora
me sales con que sí quieres porque está Roger aquí?!
—Oyer —Lo señaló con inocencia, mordiéndose un dedo. Maki gruñó
en rabia y le revolvió el pelo, con una mueca disgustada. Félix se reía. Nikolai
abrazó parcialmente a su amigo y le sonrió ampliamente, viendo cómo Maki
discutía (inútilmente) con su hijo, mientras lo intentaba matar a cosquillas.
—Lograste que hablara. ¡Al fin se acabaron esos aullidos infernales!
Maki sintió sonar su celular y se fue por un momento. Viendo el
sándwich de mermelada fuera de su alcance, Félix aulló fuertemente.
Nikolai bajó las orejas, derrotado por el hambre de su hijo.
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como siempre— ¡Jucchan, ven! ¡Saltemos en la cama juntos, vamos!
Maki suspiró y Hayato se echó a reír.
—Una lástima que mi Naomi se encuentre enferma. Tesla me dijo que
cuidaría de ella... me hubiera encantado traerla aquí —Sonrió de lado—. Pero
bueno, ¡a celebrar!
Lucifer sacó las cosas de los maleteros con la ayuda de Kirk,
mientras el rubio y Valentine organizaban la cocina, sacando comida y
alcohol que estaban frescos en el refrigerador, justo para ese día. Él lo había
planificado todo y, mientras le ofrecía una botella de cerveza a Maki, le
sonrió con altanería.
—¿Qué pasa por tu cabeza, hermanita? ¿No te gusta la idea de
celebrarte un año más? —Dio un trago a su bebida.
—Solo pienso que querías una excusa para verme en bikini —Se burló
ella y el rubio le agarró el culo a Valentine sin vergüenza.
—Hoy quiero carne felina... porque respeto que Félix esté aquí.
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Por la tarde, salieron a la playa finalmente. Hayato, Nikolai, Félix y los
nanatsus de Maki iban con unos pantalones cortos directos al agua,
mientras que Maki y Valentine se quedaron en la arena, admirando su
espacio privado.
—Creí que irías con ellos —dijo la gata—. Yo puedo quedarme con las
cosas, ve a disfrutar.
—Estoy despierta desde las nueve de la mañana —respondió Maki
con una sonrisa incómoda—. Solo quiero dormir un poco.
—Ah... ¿por qué no vas a la casa? Puedes dormir ahí.
—Félix querrá que vaya pronto con ellos... solo descanso mientras
puedo.
Y, como una profecía, el pequeño de pelo gris llamó a su madre a
gritos desde una tabla de surf a pocos metros de la orilla. Juzzo y Kirk la
sujetaban. Maki se estiró y fue al océano, dejándose llevar por la diversión.
Armaron castillos de arena, enterraron a Hayato, y Lucifer y Juzzo hicieron
competencia de buceo donde ganó el de ojos blancos, que incluso atrapó a
un cangrejo enorme que se intentaba escapar. Kirk se peleó a los puños con
una morena y ganó, aunque con una herida muy fea en el brazo que hubo
que vendar, mientras que Hayato surfeaba un poco más alejado de la arena.
Nikolai, Maki y Juzzo se mantenían al lado de Félix, viéndolo jugar
con sus flotadores y haciendo intentos infantiles de natación. La pareja se
besó tranquilamente un momento antes de que Nikolai la tomara de la
mano y la sacara del agua. Aprovechando la distracción de Félix, lograron
entrar a la casa (que no estaba muy lejos) y cerraron con seguro la puerta de
la habitación.
Y ahí empezaron a jugar.
En un torrente de besos apasionados, Nikolai subió la playera de
Maki, acariciándole el pecho mientras lamía el cuello femenino. Ella lo
abrazó, apresando sus caderas con sus piernas mientras la dureza
masculina se afianzaba sobre el centro de ellas.
La ropa sobró y terminó en el suelo, mientras ambos amantes
disfrutaban de caricias mutuas que ya extrañaban un poco, y, con una
mordida en el cuello, Nikolai empezó a marcar un ritmo algo apresurado.
Maki gimió en respuesta, aferrándose a él, y al mismo tiempo arañando las
sábanas y estrujándolas mientras arqueaba la espalda con cada golpe en su
interior lleno de placer.
El castaño la besó mientras se movía, deprisa y exhausto, afianzando
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las uñas a la cama casi para romper la tela. Con el orgasmo, gimió las
palabras prohibidas:
—Te amo, Maki...
Ella no correspondió, solo dejó que ganara el sueño.
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—¡No, mamá! ¡No vas a cortarle las bolitas a papá! —gritó Félix. Con
siete años ya era el escudo de Nikolai, y de verdad creía que lo iba a salvar
de la vasectomía.
Maki parpadeó muchas veces sin moverse.
—¿Quién te dijo que voy a hacer eso? El doctor sólo va a impedir que
tengas hermanitos, Félix. Tu padre estará perfectamente en unos días
—Entornó los ojos mirando furiosa a Nikolai—. ¡Estabas de acuerdo!
—Lo sé, pero puedo usar protección toda la vida, amorcito. Igual que
tú...
—¡No quiero! —protestó ella— Tampoco quiero más riesgos, con Félix
tuve suficiente.
—¿Suficiente con qué? —Dudó Félix, alzando las orejas.
—Parir duele, querido —dijo su madre con una sonrisa sarcástica—.
Así que o tu padre es el próximo embarazado, o se hace la vasectomía.
—¿Los hombres no se pueden embarazar, no papá? —Nikolai negó—
Oh... qué triste. Entonces tendrás que cortar tus bolitas...
—No voy a cortar las bolitas de nadie, Félix. La vasectomía es un
proceso médico donde a papá le van a cortar unos tubos dentro del cuerpo.
Félix estuvo pensativo.
—Pero no voy a poderme mover en unos dos o tres días —Lloriqueó el
castaño.
—No me importa —respondió su novia.
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—Siempre duermes con Juzzo —señaló la albina.
—Hoy dice que dormirá en el sofá porque tiene que vigilar que se
congelen unos paquetes de guisantes... y me dijo que no me los coma. No
sé bien por qué, pero no importa —Se encogió de hombros—. Ya saben,
ahora vengo.
«Me persigue la desgracia...», pensó Nikolai. Maki solía moverse en la
cama mientras dormía, dándole golpes accidentales como ese mismo
mediodía donde sintió un dolor inimaginable, y ahora se sumaba el otro
remolino insensible que se movía quince veces más que su madre. Se
preguntó qué pecados pagaba.
Cuando despertó por la mañana notó dos cosas: la ausencia de Maki
(A LAS DIEZ Y CUARTO DE LA MAÑANA) y una pata peluda y gris en su cara.
Porque sí, como híbrido que era, Félix podía transformarse en un lobo a
cuatro patas como su madre, la única diferencia es que ella lo hacía tantas
veces quisiera y Félix solo lograba hacerlo una vez al día porque su cuerpo
no comía carne de persona que le aportara los nutrientes específicos para
lograr transformaciones frecuentes. A diferencia de su madre, Félix olía a
perro. Y, para su edad, la forma de lobo era de su mismo tamaño que siendo
humanoide, así que pequeño no era en esa condición.
Condenado a aguantar así una semana entera, cerró los ojos,
apartándose de la cara la pata de su hijo.
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—¡Sí! —Salieron corriendo. Maki le ordenó a Juzzo cuidar de ellos, y el
nanatsu sonrió y corrió tras ellos. Sin moverse, el león sonrió observando a
los niños jugar, y miró de reojo a la albina, que hacía lo mismo.
—Te conozco —Señaló el gran felino, llamando la atención de ella—.
Te vi en el Mercado varias veces, junto a Tesla y su hijo.
—Supongo que no puedo negarte eso. Voy de vez en cuando.
—¿Eres su hija? —Maki asintió— Pensé que serías más feroz.
—No es que tenga que serlo ahora —Rio—. Solo quise pasar un día
con Félix a mi manera. Es un buen niño, y no tiene por qué saber nada de lo
que pasa en ese lugar. De ser posible, mejor que nunca vaya allí.
—Los híbridos corren mucho riesgo, es cierto —Concedió el hombre—
. Pero al ser nieto de Tesla, ¿no es seguro?
—¿Un niño de nueve años que no es lunar tiene que saber lo que pasa
en el Mercado? —El león le dio la razón con un asentimiento de cabeza.
—Tienes razón. Perdón mi ignorancia. Nadie sabe mucho de los
híbridos. Pensaba que comían carne como nosotros.
—El doctor dijo que puede darse que sí, y puede darse que no. Yo tuve
la suerte de que no pasó.
—Comprendo. Estás haciendo un gran trabajo como madre, sigue así.
—Nos quedan cinco minutos —Félix se veía desanimado mientras
caminaba con Juzzo y Maki hacia la salida—. ¿Hay algo super especial que
aún quieras enseñarme antes de irnos? Hoy cacé un conejo, aunque se
escapó... conocí a un león y vi peces en un lago. También corrí mucho. Me
duele todo.
—Mmm... bueno, sí. Hay algo que podemos hacer por cinco minutos.
Maki se sentó, y tanto el nanatsu como el niño la imitaron. La albina
miró el cielo despejado y respiró hondo.
—Los lobos aúllan por muchas cosas —explicó a Félix—: para
comunicarse con el resto de la manada, para celebrar algo o como una
especie de ritual.
—¿Ritual?
—Sí. Puede ser para celebrar la caída de una presa, o para llorar la
muerte de un ser querido. Todos los lobos, lunars, híbridos, comunes,
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bestias y nanatsus deben saber aullar. Porque todos somos de la misma
especie, al fin y al cabo.
—Oh... ¡ser lobo es genial!
—Puedo enseñarte a aullar —«Aunque me recordaría a esa oscura
etapa donde no se callaba cuando era un bebé de cinco meses» —¡Sí, mamá!
¡Por favor!
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—¡Pero huele a caramelo también!
—Es que mamá me compró una paleta, y le di a Ralsei —Se sacó uno
del bolsillo de su pantalón— Traje uno para ti y para Kirk... aunque se me
cayó el de Kirk cuando iba de camino al auto... lo siento, Kirk.
Nikolai estaba junto a su novia en el balcón, sonriendo mirando cómo
su hijo les contaba a los nanatsus de su gran día en el lugar natural. Él le
pasó una mano por la cintura a la albina, y le dio un beso en la frente.
—Por lo que veo, la pasaron bien.
—Se divirtió, que es lo importante. Quería que estuviera cansado para
mañana. Quiero pasar el Día de San Valentín tranquila contigo, con sexo, esa
cena misteriosa que dices tenerme lista y más sexo.
Nikolai se sentó en el suelo, y dejó que Maki se recostara sobre su
hombro. Miraban la ciudad nocturna como tanto les gustaba hacer.
—¿Cuándo vas a dignarte a decirme que me amas? —Nikolai soltó, de
la nada. Maki gruñó de fastidio.
—Ya te dije que cuando estuviera lista para decirlo. Planeo que sea en
una situación especial.
—¿Y qué mejor día que San Valentín...? —Hizo un puchero tierno,
haciéndose el dolido.
—Cuando nos casemos —Él la miró, viendo que hablaba en serio—. Lo
prometo, Niko.
—¿De verdad de veritas...?
Ella le apartó la cara, que se pegaba mucho a la propia. Él rio
sonoramente.
—Mi novia no me ama... ¡pero qué horror!
—Te quiero. Confórmate con eso. Te diré lo que quieres de una forma
tan, pero tan especial, que no serás capaz de olvidarlo nunca.
—Piensas mucho las cosas, ¿no? Es solo una frase. Dos palabras.
—“Te quiero” también son dos palabras. ¿Por qué no te gusta?
—No lo entenderías.
La abrazó y empezó a darle mordidas en el cuello, provocándole
cosquillas.
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—¿“Hacerle el amor”? ¿Qué edad tienes? ¿Doce?
—Yo le digo como yo quiero, ¿no? Tú dices follar y nadie te dice nada
—Abrió la pequeña nevera del primer piso, buscando comida. Cuando se
volteó con su trozo de pizza fría, bajó las orejas viendo el metro noventa del
hermanastro de su novia frente a él.
Con el tiempo, había olvidado que se trataba del mismo matón que le
provocó tener esa cicatriz tan fea en el hombro. Ardió un poco en respuesta,
sintiendo miedo como todo común por un lunar, viendo un brillo depredador
en los ojos de su cuñado. Se le metió la cola entre las piernas de forma
natural y guiado por el instinto, se atrevió a sacarle los dientes un poco.
—¿Amenazándome, común?
Maki los vio, y Félix también. La cara de Hayato cambió radicalmente
a una sonrisa luminosa y saludó a su sobrino chocando los cinco.
—¿Listo para irnos?
—¡Sí! ¡Nos vemos mamá, adiós papá!
Corriendo, salió directo al garaje, y, antes de que el rubio pudiera ir
detrás de él, Maki le habló, con aire autoritario.
—No te atrevas a amenazar a Nikolai de nuevo, Hayato. No voy a
tolerar eso.
—Lo siento, Dios aún no me da fuerzas para soportar la envidia de
saber lo que estaba haciendo —Cínico, se fue. Nikolai sintió escalofríos
cuando el rubio estuvo fuera de su vista. Maki negó con la cabeza.
—¿Por qué habla como si quisiera genuinamente acostarse contigo?
Son hermanos, por el amor de Dios.
—Bueno... sí lo hizo una vez —Nikolai la miró con los ojos como
platos—. En mi defensa, no nos conocíamos, tampoco teníamos idea de que
compartíamos padre. Al otro día fue que Tesla me lo dijo.
—Él parece no superarlo.
—Es que no lo hizo. Lo ha intentado mucho, pero siempre le he dicho
que no. No pienso acostarme con mi hermanastro.
—Otra vez —Corrigió su novio. Ella hizo una mueca.
—Otra vez...
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Hayato, por muy mala persona que fuera, era bueno con los niños. El
Mercado no era algo que Félix tuviera que conocer tan pronto, así que los
vidrios del auto eran tintados y no se veía bien el exterior. También había
una valla de seguridad que le impedía ver hacia el frente. Félix no se quejó
porque Maki le había dicho que era en caso de que los malos atacaran, que
no pudieran verlo, de igual forma que él no podía ver el exterior.
Obviamente se trataba de una mentira, pero como niño de diez años
que era, el de pelo gris ni se lo pensó antes de creerlo. Su tío, mientras tanto,
conducía tranquilamente.
—¿Naomi jugará conmigo?
—¿Por qué no iría a hacerlo? No se ven hace una semana.
—Es que hace unos días, mientras jugábamos Pinturillo la hice enojar
porque dibujé un murciélago, y ella les tiene miedo.
—Jugaremos los tres juntos, ¿no es mejor? Tú puedes escoger qué
quieres jugar.
—¡Oh! ¡Entonces podemos jugar Minecraft! ¡O Mario Kart!
—Te encanta Mario Kart.
—Es muy divertido —Sacó su Nintendo Swich de la mochila—, ¡y
cargué mi consola!
—¿Completa? Vamos a pasar rato jugando, eh...
Aparcó, e ingresaron al burdel vacío. Mientras Hayato cerraba la
puerta del garaje de espaldas al salón principal, Félix se detuvo y se le quedó
mirando al hombre de pie. Tenía pelo blanco y ojos azules como los de su
madre, y a su lado había un nanatsu lobo dorado y con ojos iguales a los de
Ah y Un. No había más nadie en todo el lugar.
—Te busca un señor —Llamó a Hayato, quien, extrañado, salió
enseguida, y dejó caer la llave mientras se quedaba quieto como una
estatua. Gruñó audiblemente, mutando la mitad de su cara en una versión
peluda y más alargada.
—¿Qué mierda haces tú aquí?
—He venido a hacerle una visita a mi hijo, ¿no puedo? —habló el
extraño, lentamente, sin moverse. El nanatsu olfateaba sin disimulo a Félix,
mientras se dibujaba una sonrisa enferma en su cara.
—No tienes permitido venir aquí. Mucho menos intentar hacerme
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daño, a mí y a cualquiera que tiene que ver conmigo y Maki.
—Tesla puso esas reglas, y Tesla no está aquí —explicó—. Y tampoco
voy a hacer daño a nadie. Puedes estar tranquilo.
—¿Entonces a qué vienes?
—Solo quería verte, eso es todo —Si bien al inicio miraba al rubio a los
ojos, ahora, los orbes azules, casi sin vida, estaban intimidando a los
distintos colores de los ojos de Félix, quien se ocultaba parcialmente con la
cola de su tío. Un aura siniestra emanaba del desconocido, que le daba
miedo al más joven, que no despegaba su vista de los orbes brillantes y
terroríficos de Keyal.
—No vas a ponerle un dedo encima a mi familia.
—No te haré nada, lo prometo —Sonrió, y Hayato sintió tras de sí un
pecho masculino muy grande. Volteó en un movimiento rápido y se dio
cuenta de la presencia de un hombre perro, gigantesco, con una cicatriz
cerca del ojo derecho que se le hacía conocida.
El tipo le pasó de largo y se reunió al lado del albino, quien, ahora que
Hayato se fijaba un poco mejor, estaba más pálido, más delgado que como
solía recordar. Se veía más frágil que antes, pero Tesla no había logrado
matarlo en mucho tiempo, así que se replanteó la idea de intentar
enfrentarlo. En primer lugar, Félix era vulnerable, en segundo, Keyal y ese
gran tipo con cara de pocos amigos, parecían peligrosos.
—Ya vi lo que quería —dijo el hombre—. ¿Me dejas irme?
«¿Gano algo de tiempo o...?»
Sin darle tiempo a pensar, su padre se fue, abriendo y cerrando la
puerta principal, con la cerradura rota de un golpe muy fuerte. Hayato bajó
las orejas, sintiendo miedo, y corrió a agarrar su celular. Al primero que
marcó fue a Ah.
Cuando contestó, pidió a gritos que le pusiera a Tesla.
—¡Mi padre estuvo aquí! ¡Delante de mí, hace nada! Andaba con ese
nanatsu de ojos dorados que atacó a Maki en el ojo y un enorme hombre
perro con una cicatriz extraña en los ojos. No está muerto, Tesla, nunca lo
estuvo.
Colgó, nervioso, y miró a Félix con preocupación. Si ya lo habían visto,
él era el eslabón débil.
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Por otro lado, Tesla vio la pantalla apagada del teléfono de su
nanatsu con seriedad. Luego alzó su mirada, vacía y serena, al mar de tripas
colgadas al techo, junto a un reguero de plumas ensangrentadas esparcidas
por el suelo y las paredes. Frente a él, de pie, con un brazo y un ala cortados,
y una herida fatal en el pecho, el ángel de carne lo miraba, aterrado e inmóvil.
Tesla se le acercó, sin su máscara, y con unas manos manchadas de sangre,
le tomó de las mejillas con una delicadeza sádica.
—Tus amigos están muertos. Tú viniste, me provocaste, me
intentaste enfrentar en contra de tus órdenes y ahora perdiste —Le dijo el
lobo, arrastrando cada palabra—. Ahora me llamaron diciéndome que Raphel
no ha muerto. Que fue y vio a mi nieto, ¿qué dice eso de ustedes, ángeles
incompetentes?
El ángel, un perro sin raza, no era capaz de hablar, del miedo que le
mantenía paralizado el cuerpo. Respirar era demasiado complicado con las
enormes dosis de dolor. Un cuerpo colgado cayó a su espalda, haciendo un
ruido horripilante. Tesla no despegó los ojos de los del que osó atacarlo.
—Cuando abandones este cuerpo, piensas que serás libre. Que
buscarás otro y volverás a tu labor, sin que yo te note —Le dijo—. Pero yo
seguiré viéndote. Tengas cuerpo o no, ángel. Puedo verte, puedo buscarte y
puedo matarte tantas veces quiera —Le apretó la cara con tanta fuerza que
lo hizo sangrar y llorar—. Así que, si vuelvo a verte intentando hacerme algo,
tu cuerpo temporal no será el único que sufra.
Y, de un apretón, le arrancó el rostro sin meditarlo, llenándose aún
más la mano de sangre, y parte de la cara. Ah y Un, muy quietos, se
mantuvieron a distancia, sonriéndole de forma incómoda a su terrorífico jefe
que acababa de matar a tres ángeles de carne a sangre fría. Sin embargo,
cuando lo vieron acercarse, su mirada dura y cargada de resentimiento
seguía ahí. Un le extendió la máscara antigás, limpia y ausente de sangre,
que se puso mientras gruñía. Frunció el ceño notoriamente.
«Ese bastardo me siguió los pasos... y se dio cuenta cuando salí. La
seguridad del Mercado mermó, al parecer»
Lo más rápido posible, entraron al auto, y condujeron a toda
velocidad hasta el Flowers, donde, autoritario, entró haciendo ruido. Vio a
Hayato, Naomi y Félix jugando en la gran televisión de la sala al Mario Kart.
Un suspiro de alivio salió discretamente de su garganta cansada.
—Tesla, tú... —Sonrió el rubio, en un principio. Luego de ver su
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aspecto retrocedió un poco— Tú deberías darte un baño antes de hablar.
Asustarás a los niños con toda esa sangre.
—¿Cómo entró Raphel? —Pasándose las palabras de Hayato por las
patas, Tesla hizo su pregunta.
—Ah... rompió la cerradura principal...
—¿Cómo?
—Venía con un hombre perro enorme, supongo que la forzó —Ah
gruñó, llamando la atención de ambos lobos. Mostró un enorme golpe y una
abolladura en la cerradura de metal. Tesla lo tomó y arrugó el entrecejo.
«Esto es...»
Félix llegó a su encuentro, mirándolo con miedo. Olía la sangre desde
hacía un rato, y estaba preocupado por su abuelo adoptivo.
—Tesla, ¿qué te pasó?
—¿Tú estás bien? —preguntó el albino directamente— ¿Ese hombre te
miró extraño?
—Bueno... ese señor solo me miraba serio. El lobo que estaba con él
sí que daba miedo...
—¿Era dorado con ojos iguales? —Félix asintió— Ese maldito infeliz...
—Miró a Hayato— Llama a Maki, que venga. No está segura ahí fuera.
—¿Cuánto tiempo se quedará aquí?
—El que haga falta hasta que mate a Raphel.
Y simplemente se fue dirección al sótano. Ah y Un lo siguieron, y
Hayato estuvo mirando a la nada por un minuto completo. El niño veía
contradicción entre su mirada perdida y la cola dorada moviéndose alocada.
Era como si estuviera en shock, pero también feliz. El rubio, entonces, sacó
su celular y estuvo una media hora hablando con su hermanastra, con una
sonrisa que, para los ojos de Félix, era horripilante.
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Al otro día, a primera hora de la mañana, Naomi se apareció con un
juego de damas y se pasó el día hablando con Félix y jugando con él. Maki,
aliviada, se bebió una lata de cerveza bajo la mirada atenta de Nikolai, quien
se la quitó de inmediato cuando vio que iba por la mitad.
—Al menos Naomi juega con él —Hayato sonrió—. Es bueno que se
entretengan aquí.
—A todo esto, ¿dónde duerme ella? Tú duermes con putas, así que...
—Oh, ella suele dormir con Tesla porque le gusta lo mullido que es.
—¿Y él la deja? —preguntó Nikolai, sorprendido.
—Le gustan los niños, aunque parezca que no. Tesla también es
adorable cuando quiere.
Y así empezaron a pasar los días, las noches, las semanas...
Todo era tan monótono que se volvió predecible. Los días Félix tenía
que pasarlos, en la mañana, libre por todo el lugar. Conocía lentamente a las
chicas que trabajaban ahí sirviéndoles bebidas a los clientes y las
consideraba sus amigas, aunque, muy de vez en cuando, Hayato lo
interrumpía y le decía que volviera en otro momento.
Después de las once de la mañana, lo mantenían recluido en el tercer
piso, sin posibilidad de bajar a nada. Naomi estaba ahí con él, aunque, tras
par de días, era aburrido. Nikolai y los nanatsus solían quedarse ahí, igual de
aburridos, pero Maki si elegía bajar y estar hablando con Tesla de pistas
acerca de la búsqueda de su padre.
—¿Por qué no podemos bajar hasta mañana? —Se quejó Félix por
enésima vez.
—Ya te dije que está prohibido para los niños —Le contestó su padre,
enfrascado en Call of Duty sobre la cama.
—¿Por qué?
—No es algo que tengas que saber. Solo quédate aquí.
—Si teníamos que mudarnos obligatoriamente, ¿por qué no fuimos a
la casa de Malibú?
—Porque allá el abuelo Tesla no puede protegernos de los malos que
nos buscan. Aquí estamos seguros, es mejor para todos.
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—Pero ni siquiera puedo ir a clases. Estar dando historia aburrida es
más entretenido que pasar tiempo aquí —Estaba molesto, y Nikolai se
estaba empezando a irritar. Él estaba igual de frustrado, pero no podía hacer
nada.
—Félix, ya fue suficiente —gruñó.
—¡Pero papá! ¡Esto es aburrido! —Nikolai perdió la paciencia y le gritó.
—¡Lo sé, Félix! ¡Pero tenemos que quedarnos aquí, ¿entiendes?! ¡Es
por tu bien, el de tu madre y el mío! ¡Estamos vivos, es todo lo que importa!
¡Ahora, agarra tu consola y pásate Omori otra vez, pero déjame en paz!
Nunca le había gritado, y vio como las orejitas le bajaron hasta
quedar a ras de la cabellera gris. Tomó su consola y se fue lentamente a su
habitación, donde se pasó jugando en silencio hasta las tres de la tarde,
cuando se quedó sin batería, y, para su suerte (ya sea buena o mala) Maki
subió. Lo vio recluido y con unos ojos muy cristalizados y decidió entrar a
ver qué le pasaba.
—¿Por qué parece que quieres llorar?
—Papá me gritó —Sollozó, secándose las lágrimas que le empezaban
a caer de sus ojos bicolor—. Estaba muy molesto. Lo hice enojar...
—¿Por qué? ¿Te comiste su desayuno otra vez...?
Le dije que estar aquí es aburrido. De día no puedo salir de aquí arriba,
ni de noche. Solo un rato por las mañanas. Se siente como estar preso...
¿por qué estamos aquí?
—Unos malos quieren hacernos daño. No podemos dejar que te pase
nada, Félix —Le pasó la mano por el pelo—. Debemos mantenernos a salvo.
Sé que te aburres siempre aquí, pero, ¿no te gusta jugar con tu prima?
—Naomi es divertida, pero no entiendo como nunca se aburre aquí
dentro.
—Mm... iré a hablar con papá, ¿sí? Mañana comeremos panqueques
juntos y trataré de quedarme aquí para ustedes dos. ¿Está bien? —El
pequeño asintió— Lamento que tengas que quedarte aquí todo el día, pero el
abuelo Tesla y yo hacemos todo lo posible por resolver este lío lo más
pronto posible.
Juzzo entró entonces, y trataba de animarlo en su forma peluda,
lamiéndole la cara y hundiéndolo en su espeso pelaje gris y rubio. Mientras,
Maki fue directo a la ducha. Salió poco tiempo después, vestida
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parcialmente con la toalla, y dejó que Nikolai le vacilara toda la piel que
quedaba expuesta. Quitó el juego de inmediato y sonrió de lado.
—Oh, vaya, vaya... alguien tiene ideas. ¿Hoy sí quieres tener sexo? —
Le preguntó, relamiéndose los labios. Maki le puso un dedo en los suyos, y
le guiñó un ojo.
—Primero vamos a hablar.
—¿Sobre qué? —Bajó las orejas. La vio desenredarse el pelo dándole
la espalda desnuda. —Le gritaste a Félix hoy.
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tras varias horas de caminata, notó algo alarmante: estaba empezando a
amanecer. Guiado por el rastro de sangre que se le había pegado a las patas,
volvió a la carrera al Mercado. Si tenía suerte, llegaría antes de que cerraran
el Flowers, y se colaría en su habitación, como si nada hubiera pasado.
Sin embargo, con los primeros rayos del sol, el Mercado lucía distinto.
Ahora otras personas sí se fijaban en él, y en cómo iba a corriendo a toda
velocidad. Por mala fortuna, se le cruzó un grupo de ciervos, todos nanatsus,
y su lunar, uno más grande, de grandes astas con puntas peligrosamente
afiladas.
—Huele a híbrido, huele delicioso —opinó un nanatsu.
—Y es enorme. Debería haber muerto de bebé.
—Eso significa más carne —dijo el lunar, sacando unos colmillos
impropios de su especie.
Sin embargo, alzaron la cabeza y retrocedieron cuando vieron algo
más. De un movimiento veloz, la nuca de Félix fue alzada en un mordisco
suave. Él se quedó estático, notando el aroma de su madre, que antes no
había sabido detectar. Maki gruñía, mostrando la raíz de los dientes con los
que agarraba a su hijo, con su tamaño anormal y su porte de gran peligro.
Los ciervos, sin embargo, volvieron a la carga.
—Es solo un lobo, sí... —afirmó el lunar, apuntando con sus astas al
cuerpo femenino— si lo matamos, el híbrido es nuestro de todos modos.
Sin embargo, antes de siquiera acercárseles un poco, una presencia
oscura y terrorífica, con ojos en resplandor rojo, se paró justo detrás de Maki.
Pequeño de estatura, pero con una sombra gigantesca, que parecía cubrirlo
todo. Los nanatsus se tambalearon mirando a su lunar, quien de inmediato
retrocedió y se fue corriendo, muerto de miedo. Tesla miró de reojo a Félix,
quien no fue capaz de dejar de mirar el suelo. Avergonzado, no dijo nada.
Maki se lo llevó, tomado de la mano, de vuelta al Flowers, con el ceño
fruncido en enojo.
Una vez entraron, el burdel, ya vacío, estaba siendo limpiado por una
vieja mujer panda que miró a Félix con algo de lástima. Él se limitó a subir
las escaleras en silencio. Una vez en el pent-house, Nikolai lo abrazó y
comprobó que estaba bien.
—¿Nadie te llegó a hacer daño, verdad? ¿Ningún extraño te tocó en
algún lugar raro?
—No, papá yo... —Maki cerró la puerta de una patada. El impacto sonó
y hasta los nanatsus se vieron intimidados por la cara de tan poco amigos
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que puso ella.
—Estabas aburrido, así que decidiste ir a dar un paseo —dijo, ella,
lentamente. El chiquillo metió la cola entre las piernas—. ¿Verdad?
—Yo...
—Pudiste haber muerto, Félix.
—Mamá, yo...
—¡Pudiste haber muerto ahí fuera! ¡Pudiste haber sido secuestrado,
violado y mutilado, antes que muerto! —explotó— ¿¡Entiendes lo que
significa eso!?
—Pero...
—Estás castigado. A partir de hoy no sales de tu jodida habitación a
menos que sea a darte un baño —Sentenció—. Juzzo estará contigo, y
agradece que dejaré que sigas teniendo Internet.
Y simplemente se fue. Félix lloró ahí de pie, pero una mirada de Maki
fue más que suficiente para que entrara corriendo a su nueva prisión,
todavía más pequeña, con aire acondicionado y Juzzo como compañía. Se
echó a llorar, arrepentido, mientras los gritos de sus padres resonaban en
las paredes.
—Te pasaste con eso, es un niño —Se oyó a Nikolai.
—No me importa, se lo merece. ¿Tienes alguna idea de lo peligroso
que fue que saliera al Mercado? Te digo lo mismo: pudo haber muerto, o
algo peor. ¡Es un híbrido solo, por el amor de Dios!
—No debiste gritarle así, ¡podría odiarte!
—¡Qué lo haga si quiere! Al menos está vivo gracias a que fui a por él
y no me quedé haciendo nada como tú.
—¿¡Y ahora yo soy el inútil aquí!? ¡Estaba agotado! ¡No soy una jodida
ninfómana que no se cansa después de tener sexo! —Estaba escalando la
discusión, cada vez se oía más fuerte. Félix cubrió su cabeza con su manta
de El Rey León.
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se le acercaba con tranquilidad. Nikolai tragó saliva al verlo bien de cerca,
jamás en la vida había sentido tanto miedo. El nanatsu se quedó quieto
admirándolo, olfateándolo. «El niño olía a común... Este es el común» Sonrió.
—Esa placa... ¿Conoces a Tesla en persona, eh? Qué honor... —
Modificó su postura a una depredadora—. Puede salvarte de todos...
incluso de mí... pero la tregua se rompió.
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Tesla tiró el teléfono de inmediato con los ojos muy abiertos. Unos
segundos después, reaccionó. Salió disparado de su despacho, y gritó:
—¡Ah, Un, al auto! ¡YA!
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—Estoy muy seguro que quieres morir ahora mismo —susurró, a poco
menos de un metro de ella—. Déjame cumplir tu deseo, entonces.
Saltó, y Maki seguía en trance, pero una decena de balas impactó en
el cuerpo canino en el aire y lo lanzó ferozmente al suelo. Había muerto, o
eso parecía. Tesla corrió hacia Nikolai, lo examinó brevemente mientras
daba órdenes precisas a sus dos nanatsus.
—¡Ah, encárgate de Maki! ¡Un, llévate al bastardo y enciérralo en mi
sótano! ¡Ya!
La albina salió corriendo, y se quedó muy quieta abrazando el cuerpo
de Nikolai, tratando de brindarle algo de calor. Se manchó toda la ropa, la
cara y las manos de sangre, pero se pegó a él a la fuerza, gimiendo.
—¡Niko, por favor despierta! —pidió, más a ella que al cuerpo inmóvil—
¡Te amo, así que por favor, despierta! ¡Por favor...! ¡Juro que te amo, lo
prometo…! ¡Niko…!
Ah la apartó bruscamente, y separándola lo más que podía de él,
quien cayó de forma horrenda sobre Tesla, quien lo atrapó antes de que
llegara a tocar el suelo. El albino gruñó, levantándolo.
Cargó como pudo al castaño, sintiendo el tacto frío y la sangre
caliente resbalándole por la cara y la nuca.
«Ya está muerto... pero no puedo decírselo sin más»
Montó a Nikolai al auto, y Ah acomodó a la fuerza a la albina en el
asiento del copiloto. Ella lloraba sin poder siquiera reaccionar. Tesla se
montó en la parte trasera y ordenó conducir a toda velocidad. Violaron como
tres leyes de tránsito para parquear frente a urgencias y correr llevando el
cuerpo malherido del común de ojos verdes. Maki, en la sala de espera, era
incapaz de hablar, debido al llanto.
Dentro del quirófano, los médicos, aunque aterrados por Tesla,
reconocieron lo obvio.
—Él... él ha muerto. Hace como diez minutos, señor... —Explicó el
doctor.
—Lo sé. Finjan hacer algo aquí durante una hora. Ella necesita creerse
que no lo mataron antes.
Y salió. Maki lo miró, esperanzada, y Tesla se sentó a su lado.
—¿Podrá salvarse...? —preguntó, con la voz rota.
—No lo sé. Tendremos que esperar.
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Y así, una hora entera. Maki miraba con impaciencia la puerta, y,
nerviosa, tragó saliva cuando salieron los doctores. Esperó el veredicto final.
Mientras, los doctores y enfermeros miraron con pavor al lobo blanco, quien
sólo asintió en respuesta. Una cirujana, entonces, se atrevió a dar el paso.
—Yo... nosotros lo sentimos —Miró al suelo. La sonrisa esperanzada
de Maki se desvaneció—. El paciente no lo ha logrado. Su... sangrado, ah...
era demasiado y nosotros...
Maki tenía los ojos abiertos como platos, buscando una forma de
procesarlo. Todo había pasado tan de prisa que le costaba atar cabos
rápido.
—Lamentamos de sobremanera su pérdida, señorita, nosotros... —
Tesla, sin palabra alguna, les pidió que se marcharan.
Una vez solos, la albina se lanzó a abrazar a su padre adoptivo,
llorando como una niña, sintiendo inmenso dolor.
—Fue mi culpa —balbuceaba—. ¡Sí no hubiéramos discutido...!
—No fue tu culpa —Le pasó una mano por el pelo, intentando
tranquilizarla—. Todo es culpa del malnacido de tu padre. Él envió a Keyal, él
le hizo eso a Nikolai.
El llanto se hizo más fuerte.
—Aun así...
—Raphel es el culpable, deja de pensar que eres tú. Tu madre murió
por su culpa, y ahora Nikolai. A quien único debes odiar es a él, no a ti
misma —La miró a los ojos, secándole las lágrimas con una sonrisa dolida
bajo la máscara.
Maki se mantuvo largo tiempo pegada a él, abrazándolo sin ser capaz
de dejar de llorar, y Tesla lo entendía. No la iba a culpar por no moverse de
todos modos, según había visto, la herida que le había causado Keyal había
sido fatal, así que no iba a sobrevivir de todos modos. Lleno de rabia, se
puso a imaginar de qué forma lo castigaría una vez estuviera en su sótano
otra vez, mas un apretón fuerte a su abdomen le hizo percatarse
nuevamente de su prioridad: el estado de Maki. Con instinto paternal, le dio
un fuerte abrazo, dejando que el pelo mullido acariciara cada rincón que
podía de ella.
—¿Soy peludito, verdad? —preguntó, hablando con una voz suave que
ella jamás escuchó. Asintió entre su pelaje— Eso es... abrázame. Llora todo
lo que te haga falta.
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Le acarició nuevamente la cabeza.
—Y te juro que mataré a ese bastardo. Y a Raphel, y a todo lo que
tenga que ver con él —La determinación en su voz era inquebrantable. Maki
seguía llorando, sintiéndose culpable e inútil. Estuvo quince minutos más
así, incapaz de razonar, y Tesla, lejos de enojarse, estuvo ahí para ella,
acariciándole la cabeza, una y otra vez, consolándola y haciendo el rol de
padre que tanto necesitaba en ese momento.
Mientras tanto, él maquinaba, una y otra vez, planeando lo que se
merecían Keyal y Raphel. Estaba furioso, tanto como para apretar los
dientes y gruñir desde lo profundo de la garganta. La tregua se rompió, sin
duda, y, por tanto, ya no tenía que escatimar buscando su rastro. Daría con
él, le haría sufrir como nunca y después, si aún recordaba, lo entregaría a los
ángeles que tanto lo llevaban buscando.
Se lo merecía, y, con respuesta a su ira, sus ojos se pusieron de un
rojo tan brillante que parecía artificial. Ni siquiera Ah y Un quisieron
acercársele en ese momento, viendo a su alrededor como su sombra
parecía ser la de un monstruo aún más aterrador, incluso para ellos,
acostumbrados a Tesla. Sin embargo, el albino se limitó a abrazar a su hija,
dándole su calor paternal, y tratando de secar sus lágrimas. Maki, tras eso,
solo se rompió.
Volver a casa fue triste. Los del hospital debían encargarse de
preparar el cuerpo para su entierro, y debían de tener al menos hasta el día
siguiente, según le dijeron. Tesla iba en el asiento trasero acariciándole la
mano a Maki, quien iba perdida en sus pensamientos mirando el camino por
la ventanilla. Tenía la mirada perdida, hundida en pensamientos destructivos
que terminaban en echarle la culpa. Se sentía como la que realmente
provocó todo, y, sin poder siquiera hablar, volvió a llorar, esta vez en
completo silencio. Ah y Un iban conduciendo, alicaídos. Tesla, aparte de
maquinar su sesión de torturas, estaba preocupado por cómo irían las
cosas de ahora en adelante. Félix sin su padre, Maki sin su pilar emocional y
con una gran responsabilidad sobre sus hombros.
Bajó las orejas, pensativo, y cerró los ojos, maldiciendo a Raphel una
y otra vez.
Lo siguiente fue más difícil. Maki, toda manchada de la sangre de su
ex novio, subió las escaleras. Hayato se le quedó mirando en el segundo
piso, y, al darse cuenta de que el olor era de Nikolai, bajó las orejas y se
abstuvo de preguntar algo. Tesla bajó directamente al sótano, donde, en una
celda, Keyal recién estaba despertando.
Tambaleándose y con dolor de las balas aun dentro de su cuerpo,
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miró a Tesla a los ojos, de un rojo que nunca había visto en él. Incluso para
un sádico como él, esa mirada infundía un miedo terrible que le erizó cada
pelo del cuerpo. Sonrió, nervioso, y retrocediendo mientras la sangre le
brotaba de las heridas aún abiertas. Tesla entró, cerrando con llave la única
vía de escape al exterior. Reinaba el silencio.
—S-sólo seguía órdenes, y tú lo sabes —Se excusó cobardemente,
retrocediendo hasta que sus cuartos traseros tocaron la pared con sangre
seca. Tesla se le iba acercando con lentitud, armado con unas pinzas.
—No te escudes en tu amo. Eso no te exime de la culpa —La voz
grave, muy grave, que salió del albino lo hizo temblar. De haber tenido
genitales se hubiera meado encima.
Se arrodilló frente al nanatsu, y le abrió la boca bruscamente,
metiendo la pinza en ella y afianzándola en uno de los dientes rojos de la
sangre que habían derramado.
—Estos dientes, que tanto daño han causado no merecen estar aquí
—Y sacó el primer canino, haciendo que resonara el grito de la garganta del
lobo dorado, quien, sin poder moverse, solo miraba con terror a su pesadilla:
el demonio auténtico—. Ahora, muéstralos, con todo tu orgullo. Muéstrame
los dientes.
Afianzó la pinza sobre uno de los incisivos y tiró con fuerza. Keyal
gritó de dolor mientras le corría sangre de la boca. Lloró incluso, sin poder
retroceder, y gimiendo de miedo y dolor. Tesla le abrió la boca a la fuerza, y
arrancó uno de los caninos, enorme, haciendo saltar un chorro de sangre
acompañando de otro grito.
Golpes, uno tras otro, y los quejidos y llanto de Keyal, tratando de huir,
sin la fuerza o los recursos para hacerle frente al demonio que lo
atormentaba. Tesla, manchado de sangre, le metió los dedos en la cuenca
de uno de los ojos, y lo arrancó ferozmente. A diferencia de otras sesiones
de tortura, no se rio en ningún momento. El sadismo era demasiado como
para disfrutarlo, así que se limitó a dejar fluir la ira que le llenaba el cuerpo.
Lanzó el ojo, ahora apagado de su luz habitual, y, con un aura siniestra, le
dijo a su víctima:
—Tu cuerpo se va a reconstruir con el tiempo. Recuperarás los
dientes y el ojo, y yo estaré aquí para volvértelos a arrancar.
—¡Do zodo cedía órdedes...! —jadeó el nanatsu, torpemente. El dolor y
la falta de dientes le impedían pronunciar bien. Tesla le dio un puñetazo que
le rompió la mandíbula, dejándola a medio colgar. Y así estuvo, durante
horas, haciendo imposible un momento de paz en esa pequeña celda del
sótano.
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Daba un paso, y el otro se volvía muchísimo más difícil. Destrozada,
Maki se quedó de pie frente a la habitación que había compartido. Los
nanatsus no decían nada, y Juzzo se mantenía con Félix en el interior de su
habitación. Tenía dos preguntas fundamentales: ¿cómo continuaría ahora?,
y ¿cómo le diría a Félix que su padre había muerto?
Desgraciadamente, el pequeño se asomó en el peor momento, con
una alegría dolorosa.
—¡Papá, has vuelto! ¿Me ayudas con...? —Bajó las orejas, quedándose
muy quieto. Maki, con la ropa y tanto las manos como la cara, cubiertas en
sangre de Nikolai, lo miró con una expresión extraña— Pensé que volverías
con papá... ¿él está bien?
«Él está muerto, Félix», quiso decir. Pero un nudo en la garganta le
impidió hablar. En su lugar, permaneció en silencio, incapaz de decir una
verdad que ni ella misma buscaba creerse. Quería pensar que en el
quirófano todo había sido diferente. Que los médicos habían logrado
salvarle la vida, y que sólo se estaba recuperando en el hospital. Que la
sangre pegada a su cuerpo era un símbolo de vida, y no de lo contrario. Sin
embargo, no podía fantasear con algo que no existía.
El amor que sintió se fue de un momento a otro con los dientes de un
monstruo. Por la voluntad de uno todavía peor, que, oculto en las sombras,
seguía arruinándole la vida. Miró al suelo, sin decir una palabra, y dio la
espalda, yendo hacia la cocina. Titubeó un poco cuando vio la lata de
cerveza que le había quitado Nikolai antes. Ahí, fría y a la mitad en el
refrigerador. Tuvo el impulso de agarrarla y bebérsela de golpe, pero se
abstuvo y sólo la tiró a la basura.
En silencio, entró a la habitación y tomó las cosas de Nikolai, las
guardó en una bolsa de basura y, posteriormente, Lucifer las bajó para
tirarlas. Félix no comprendía nada, y, esa noche, entró sin avisar a la
habitación de sus padres. A diferencia de antes, estaba prácticamente vacía,
sin la consola, con el televisor apagado, la cómoda vacía y la cama sin
tender. En una esquina, en el suelo, abrazando sus rodillas, estaba Maki, sin
siquiera haberse bañado, a medio dormir, con la mirada perdida, y una
botella de agua en la mano.
—Mamá... —dijo, con miedo— ¿Papá y tú se... separaron?
—No, Félix —La oyó decir, quedamente, y desganada.
—¿Entonces por qué tiraste sus cosas?
—Porque Nikolai está muerto ahora.
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La noticia le llegó fría, horrible. Sus infantiles ojos se llenaron de
lágrimas, y gimió cuando el llanto lo inundó por completo. Maki no
reaccionó, y solo siguió en su tristeza, hundida y sintiéndose perdida. Félix
salió corriendo, y saltó sobre Juzzo, buscando consuelo. El nanatsu, al
corriente de la situación, solo pudo corresponder el abrazo y esperar a que
se calmara.
—¡Fue mi culpa! ¡Fue mi culpa! —lloró Félix— ¡Sí yo no hubiera salido...!
—No, joven amo. No fue su culpa —Lo intentó calmar el de ojos
blancos, mirándolo a los ojos con una sonrisa triste—. El auténtico
responsable está pagando por sus actos. Jamás lo culparía a usted, nadie lo
haría. Aunque ahora le recomiendo dejar a la señorita Maki en paz, porque
ella está pasando por un profundo dolor. Similar al suyo.
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Maki miró la botella antes de darse otro sorbo. Nunca era suficiente
la neblina de estar borracha para borrar esas fantasías borrosas que
suponían recuerdos dolorosos. Quería olvidarlo todo, fingir que siempre
fueron ella, los nanatsus y Félix. Huirle a la presencia de alguien que ya no
está... pero nunca funcionaba. Cada vez que volvía a esa habitación, vacía
de tantas cosas, siempre lo veía ahí: jugando, haciendo una posición ridícula
pretendiendo verse sensual, riendo o contándole algo que vio por Internet.
Y lo mismo le ocurría cada vez que reunía el valor para ver a Félix a
los ojos. Si bien el pelo gris era un alivio, Félix era la copia exacta de su
padre: un niño gentil, tranquilo y sonriente, que no parecía tenerle miedo a
nada, aunque todo le suponía una amenaza fuera de esa casa donde debían
de mantenerse. Era el recuerdo vivo y punzante, así que ni siquiera quería
verlo. Lo había relegado al cuidado de Juzzo, olvidando sus
responsabilidades como madre, y haciendo oídos sordos de lo que su
pequeño hijo necesitaba.
El dolor se la estaba comiendo con vida, día tras día, utilizando cada
gota de alcohol como un paso más al abismo. Y ella, débil y dolida, no podía
soltarlo. Era dependiente. Un minuto sobria era material para mil pesadillas,
así que debía evitar estar sana lo más posible, destruyéndose, cada vez más,
con el peso de su propio dolor.
Y Hayato, quien pudiera sacarla del infierno generado por la ira, el
miedo, el dolor y la impotencia, solo se dedicaba a alimentar su vicio maldito,
sonriente, con la empatía de un demonio que espera pacientemente a que el
alma de su víctima se marchite lo suficiente. Maki empezó a llorar de forma
inconsciente, alertando a su hermano, quien sacó un pañuelo de su bolsillo y
le secó la cara.
—Maki, no llores... todo estará bien —dijo él, con un tono tranquilo y
pacificador.
—¿En serio? —Fue un murmullo tan bajo que a Hayato le costó
escucharlo.
—Sí, claro que sí. Pronto Tesla te dejará volver a casa y luego... todo
volverá a la normalidad.
—¿Normalidad...? No... Félix estará solo y... yo... también.
—¿Qué dices, Maki? Tienes a Kirk, a Juzzo, a Lucifer, a mí, a Tesla, a
Valentine...
—Mm... —Bebió otra vez— igual lo voy a seguir viendo en todos lados.
Es como un fantasma en mi vida.
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—¿Y no crees poder olvidarlo? —Frunció el ceño. Maki no dijo nada y
sólo negó con la cabeza. Entonces, Hayato hizo un movimiento arriesgado.
Se le acercó lo suficiente y la besó. Ella no opuso resistencia, pero tampoco
correspondió. Solo se quedó ahí, quieta y mirando con los ojos entornados a
su hermano, quien, tras cortos segundos, se separó de ella y le acarició la
mejilla, sin cariño, sin sonrisa.
—No vas a reemplazarlo, Hayato —Fue lo único que dijo ella, y el rubio,
decaído, se retiró, con la cola barriendo el suelo.
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—¡No, carajo, busquen más! ¡Indaguen más! ¡Ese bastardo fue visto
cerca, rastreen mejor! —Tesla no estaba de buen humor desde hacía meses.
Los ángeles que el líder dejó a su cargo estaban aterrados de sus órdenes
cargadas de furia. El albino se veía más malhumorado que de costumbre,
gruñendo entre las palabras y caminando apresurado entre pista y pista.
Parecía desesperado por encontrar a Raphel de una vez.
—No hay nadie ni nada aquí —protestó uno de los ángeles, ya
cansado—. Déjenos un descanso al menos. ¡Por favor!
—El día que me importen mendigos como tú, habrá paz mundial —
Tesla sacó los dientes, incluso debajo de su máscara—. Mientras eso no
pase: ¡trabaja!
Entre quejas y regaños, siguieron buscando olores, rastros, o siquiera
algo mínimo que pudiera darles un paradero. Raphel era muy bueno en eso,
esconderse. Por lo tanto, y sin que Keyal diera ninguna pista razonable, cada
día llegaba el lobo a su burdel, entraba, bajaba al sótano sin mirar nada, y se
recluía en la celda donde tenía encerrado a Keyal, donde lo torturaba durante
horas sin risas sádicas, tratando de sacar información de cualquier palabra.
Sin embargo, la regeneración crónica del lobo dorado parecía enlentecerse
cada día más, y, cuando pisó el frío cemento, lo vio en la misma posición
que el día anterior.
Tirado en el suelo, con un ojo salido completamente de la cuenca,
moscas posadas alrededor de su cuerpo, antes dorado, ahora manchado de
sangre, y con la mitad de la mandíbula desencajada. Al parecer, lo único que
parecía haberse regenerado un poco fueron las heridas de bala que recibió
antes de llegar, siendo estas en la espalda baja y el abdomen, impidiéndole
caminar, y, por tanto, huir. Keyal era simplemente inútil en ese estado: vivo y
muerto a la vez.
El ojo dorado y apagado se abrió lentamente, viendo a su torturador
sin miedo, solo cansancio y dolor reflejado en aquel iris dorado que perdió
casi todo su brillo. Como sabiendo que le tocaría ahora, intentó mover su
mandíbula, y no pudo. Así que, resignado, solo se tiró en el suelo, sufriendo,
mientras esperaba más dosis de dolor insoportable.
Cualquier otro tirano quizás lo hubiera dejado en paz por ese día, y
esperaría a que se regenerase más, para conseguir mejor información de un
cuerpo más recuperado. Tesla no era el caso. Así como estaba, jaló a Keyal
de la cola, arrastrándolo por el suelo, y lo volteó bocarriba, con la boca
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abierta mostrando los huecos en las encías, medio putrefactas, y llenas de
sangre seca, pus y moscas, donde el albino, sin una mínima dosis de piedad,
metió las garras, sacándole un grito ahogado a su víctima.
—Se me acaba el tiempo, mierda —Gruñó Tesla, afianzando sus uñas
entre los pliegues de carne herida—. Y tú eres solo un inútil.
Lo soltó y dejó caer, sangrando más por la boca. Los dientes
tardarían muchísimo en salir de esa boca podrida, pero Tesla ahí lo dejó,
casi muerto, y deseando estarlo.
Mientras tanto, subió a su despacho, donde Un le entregó un informe
de sus guardias de seguridad de todas las fronteras del Mercado. Nada era
realmente útil, y, frustrado, se rascó la frente, sediento de respuestas.
Hayato se apareció, como nunca lo hacía.
—Apestas a la sangre de esa cosa —Se quejó. Tesla ni siquiera lo
miró—. ¿Por qué no te das un baño?
—No me importa, necesito buscar a ese imbécil y matarlo lo antes
posible —Le dedicó una mirada frívola—. Confío en que Maki esté bien ahí
arriba.
Hayato movió la cola, nervioso.
—Ella está bien, ¿por qué no lo estaría...?
—Su novio murió a manos de un sirviente de su padre, ¿Crees que no
es motivo para estar algo triste? Encima de eso tiene un hijo.
—Ella está mejor de lo que pensé. Ya ha pasado por esto, seguro
pronto se va a recuperar —Sonrió, dándole esperanzas ciegas a su padre
adoptivo, quien volvió a bajar la mirada a su papeleo interminable de
información irrelevante. Eso, en el lenguaje corporal de Tesla, significaba un
visto bueno. El rubio relajó los hombros, aunque Un lo miró, sospechando
abiertamente.
—¿Y tu hija?
—Naomi a duras penas conocía a Nikolai. Le sirve de alivio a Félix
para que no esté tan solito allí arriba. Juzzo no puede hacerlo todo, supongo.
—Genial.
Y ahí murió la conversación, o eso pensaba el peliblanco. El rubio
hizo una última petición.
—Yo estoy muy estresado también... estos días han sido muy difíciles.
¿Puedo ir a buscar la marihuana donde Arthur? Extraño mi vieja receta de
323
los brownies con hierba.
—Haz lo que quieras, Hayato.
Él, juguetón, asintió sonriendo feliz.
—¡Ta-dah! —Sacó del horno unos dulces que olían fenomenal. Rianna
aplaudió con una sonrisa inocente. —No sabía que podías hornear
pastelitos.
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—¡Mira lo que te he preparado! ¿No huelen bien? El chocolate es de
importación... ¡de Centroamérica!
—Sí, huele bien —Fue su respuesta. Hayato lo interpretó
positivamente.
—Siéntate, comamos un poco —Se sentó en el borde de la cama y
tomó uno con una mano—. O aún mejor, ¡yo te daré de comer!
—Prefiero no hacerlo.
—Por favor... hazlo por mí. Me preocupa que no estés mejorando. El
alcohol alivia pero no llena ese estómago. Solo comes carne últimamente.
—Necesito mantenerme serena o atacaré a Félix.
—Juzzo lo defenderá.
—Tampoco quiero morir.
Silencio, uno incómodo. Pero Hayato, lleno de determinación, le llevó
un trozo de dulce a la boca. Sonrió, sexy, mientras alzaba y bajaba las cejas.
El estómago femenino gruñó, cayendo en la tentación, aunque la cara de
Maki no expresaba nada.
—Sé que te mueres por probarlo.
Finalmente, ella cedió. Comió de lo que su hermano le brindó
sonriente, y al final, tras cinco de ellos, se recostó nuevamente en la cama,
mirando al techo. Hayato volvió a hacer ese movimiento arriesgado,
besándola otra vez, está vez estando sobre ella, aunque no pudo llevar lo
que quería más lejos, porque Maki lo apartó un poco, y lo miró con
indiferencia. Tomó eso como una negativa y se fue sin más.
Poco tiempo después la droga empezó a hacer su trabajo. Maki se
empezó a sentir mareada, y, cuando se levantó y fue al baño a lavarse la
cara, en su reflejo del espejo, o más bien, detrás, vio la silueta de Nikolai
dedicándole una de sus sonrisas llenas de deseo, admirándole el trasero.
—¿Niko...? —Volteó, más asustada que esperanzada. De las fantasías
creadas por el alcohol, ninguna se sentía tan vívida.
—Oye, no te voltees —dijo él, lastimado—. No puedo verte el trasero
así... aunque —Sonrió de lado— tu pecho no está nada mal. ¿Me dejas
acariciarlo?
—N-no... ¡Claro que no! —Retrocedió dándose en la espalda con el
lavamanos— Se supone que deberías estar muerto.
—Y sí, ¿no puedo venir a atormentarte un poco? Es divertida tu cara
325
asustada...
—Lárgate, estás jodido. Estás muerto. Por favor... déjame en paz.
—¿Por qué? —La acorraló. Mirándola hacia abajo, a Maki le
asustaba— de todos modos estoy así por culpa tuya. De no haber estado de
calientes, no hubiera pasado nada en primer lugar —Le acarició el pelo,
enroscando un pequeño mechón en su dedo—. Pero tú como siempre,
anteponiendo el sexo a lo demás, como la puta ninfómana que eres.
Le dedicó una mirada de reproche, y Maki empezó a llorar mientras
se sentía cada vez más pequeña. Luego tomó conciencia de que se había
transformado sin darse cuenta, y corrió hacia la habitación, respirando
agitada y tomando la forma humanoide otra vez.
Nikolai volvió a aparecer, esta vez medio desnudo y frente a ella,
tapando su entrepierna con una toalla. La miraba, decepcionado.
—Eres muy hermosa, pero de no ser porque tenemos un hijo en
común, dudo que hubiera seguido contigo. Eres una mujer indecisa y
caprichosa, ¿sabes?
—Solo vete de aquí —Estaba aterrada.
—Solo déjame hacer mi trabajo. Tengo que estar aquí para recordarte
una cosita... —Apareció detrás de ella, de la nada, y, con una sonrisa cerca
de su oreja rasgada, susurró—: recuerda que todo esto, desde que naciste,
todas las pérdidas, todo el dolor... ha sido culpa tuya.
La albina se hartó, aunque muerta de miedo, y dio un zarpazo al aire
hacia donde su vista, engañada por la droga, le había dicho que estaba
Nikolai. Un grito agudo la hizo espabilar por un segundo, y la sangre en el
suelo llamó de inmediato a Juzzo, quien, guiado por el olfato y su orden
estricta de cuidar de Felix, miró con horror la mano de su madre, manchada
la uña de un poco de sangre, mientras el pequeño lloraba, sujetándose el ojo,
filtrando gotas rojas entre sus dedos.
—¿No fue nada serio, joven amo? —preguntó el gran nanatsu,
examinando al niño. Tenía un arañazo único sobre el ojo derecho, rojo, pero
que, por suerte, no supuso ningún problema para el ojo, que, sano, estaba
entrecerrado y ardía un poco.
—Solo vete de aquí —Maki, ensimismada en su fantasía, seguía
viendo a Nikolai, en lugar de la realidad.
Y así, duró hasta el amanecer.
326
42
Algo mucho peor que una resaca ordinaria la hizo abrir los ojos de
golpe a las dos de la tarde. Se había pasado el santo día durmiendo, y,
según se fijó un poco (aunque con un cruel dolor de cabeza) estaban en la
habitación más grande del segundo piso, donde Hayato normalmente
dormía con una (o dos, o diez) de sus chicas. Asqueada, hizo una mueca y
miró por la ventana al exterior. La luz le hizo cerrar los ojos.
—Pensé que habías muerto —La voz del rubio hizo que Maki volteara
a verle. Estaba sonriendo y con su hija agarrada a su mano. No tenía camisa,
y se le veía medio mojado. Venía de la ducha, seguramente.
—¿Dormí mucho...? —preguntó ella en una voz muy baja, que ya se
estaba adaptando a utilizar.
—Pues... sí. Son las dos. Naomi quería despertarte con cosquillas —
La niña sonrió. Para tener doce años era bastante más inocente de lo que se
esperaría de alguien que vive en un burdel. Pero bueno, “al tigre no le gusta
que le rayen”, supuso la albina.
—Félix estaba preocupado por ti, tía —dijo la jovencita—. Aunque
ahora tiene una herida en el ojo. Parecida a la tuya.
Maki bajó las orejas, sin apenas recordar algo de lo ocurrido la noche
anterior. El dolor de cabeza, lejos de disminuir, aumentó. Frunció el ceño,
arrugando la cara.
—¿Cómo se la hizo? —preguntó ella, y en ese momento, Hayato
desvió la mirada. Naomi fue llamada por Érica, una de las prostitutas, y salió
casi de inmediato. El rubio soltó un suspiro, y, tranquilo, le dijo a su
hermanastra: —Mírate la mano izquierda.
Confundida, ella obedeció, y en su rostro se dibujó una mueca de
horror: notando la sangre pegada a su dedo índice, acumulada bajo su uña, y
con el olor ya tan conocido de su hijo. Bajó las orejas de inmediato, y miró a
su hermanastro buscando confirmación a lo obvio. Él sólo asintió, incómodo.
—¿Cómo...? ¿¡Por qué!?
—No lo sé, Maki. El alcohol seguro tuvo algo que ver. ¿Vas a dejarlo?
Hubo un corto y tenso silencio. Ella negó, rotundamente.
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pechos, el abdomen y la base de la cola, donde frotó repetidas veces más
que en otros lugares.
Mientras le lavaba el pelo maltrecho y enredado, le iba regalando
besos en las mejillas y las orejas a modo de premio para cuando obedecía
sus indicaciones, disfrazados de cariño y teñido en asqueroso deseo que
ocultaba magistralmente tras una sonrisa que simulaba ser amistosa.
Finalmente, secándole el pelo, Hayato la agarró de las caderas fuertemente,
pegándosele y besándole el cuello con lascivas intenciones, disfrutando
cada segundo, esperando que un rayo de cordura de ella lo detuviera. La
miró, de reojo, y ella le devolvía la mirada, pero apagada, inmóvil, casi
muerta.
Hayato sonrió.
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43
Lo primero que hice fue poner esa canción: “One More Night” de
Chris Grey.
La cargué, como una princesa, y la dejé sentada sobre el retrete
tapado. Fui a la habitación y la recogí, incluso limpié la pelusa y la sangre
pegada al suelo y al armario. Apagué el televisor, que solo reproducía
deportes de Europa, y luego la volví a buscar. Me miró con esos ojos tan
lindos de siempre y, contento, la cargué otra vez y le di un beso en los labios.
Al principio creía que podía contenerme un poco hasta llegar a la cama, pero
no aguanté y me dejé llevar como un francés.
Se me levantó el pene bajo el pantalón, y sentí un escalofrío de los
buenos.
La dejé caer sobre las sábanas ya cambiadas, y me detuve un minuto
para mirarla. Estaba desnuda, con la piel tersa y que olía a jabón y el pelo a
champú de calidad. Sonreí, embobado, antes de meterme un pezón a la
boca. Me excité más. Hacía tanto que quería hacer esto que perdí la cuenta.
Podría venirme solo de hacer esto, pero mantener la calma es lo mejor en
situaciones así. Solo cerré los ojos y pasé la lengua, mientras que agarraba
el otro con los dedos.
Pellizqué, jalé y mordí. Todo sabe bien. Todo sabe a Maki.
Ese imbécil muerto no sabe de lo que se perdió.
«¿Qué está pasando...? ¿Por qué Hayato está...? No me puedo ni
mover. Estoy cansada, estoy agotada. No puedo hacer esto sin alcohol. No
puedo quitármelo de encima estando sobria. Por favor, apártate, Hayato»
Tras un par de segundos que parecieron eternos sobre el lindo pecho
de Maki, seguí en ello, sí, pero bajé la otra mano hacia la parte importante. Si
ese coño no está mojado, no sería diferente a una violación. Así que empecé
a tocarla ahí abajo, sobre, y dentro de ella, y oí que emitió gemidos. De esos
que tanto deseaba oír y me pusieron más duro que una piedra de solo oír
una pequeña parte.
Incluso pensar en sólo lamerla me hace querer venirme. ¿Soy tan
sucio?
Como sea, solo seguí tocándola. Oírla gemir, sentir su piel... es como
un sueño. Una de esas fantasías donde me follaba a una cualquiera
imaginando que era Maki. Y ahora, tras esfuerzo y dedicación a su estado,
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finalmente me lo agradece, dándome lo único que deseo de ella.
«Por favor, basta»
Le metí primero un dedo, luego otro. Ya me aprieta el pantalón lo
suficiente. La besé mientras me bajaba la ropa, y frote mi ropa interior, toda
dura y mojada de mi deseo por ella. No tantas mujeres pueden tenerme de
esta forma, y sólo Maki lo provoca tan rápido. Estoy, creo, enamorado de
todo lo que ella representa para mí. Le di otro beso francés, probando su
saliva, hasta entonces intocable. Me froté contra ella, oyéndola exhalar esos
sonidos de placer que tanto persigo. Sin embargo, lamento que no podré ser
romántico.
Así que, con pesar y emoción, le di la vuelta, dejando que ese jugoso
culo estuviera a mi disposición.
Me relamí los labios, aún más caliente, si es posible. Tenía la
impresión que apenas la metiera iba a venirme inmediatamente. Tantos
años en espera y deseo que nunca se apagó harían efecto, ¿no? Pero tenía
que hacerlo durar, por nuestro disfrute, como dos amantes. Si nos une la
sangre, qué importa. Aquí solo vale el placer, lo delicioso que es acabar
dentro de una mujer, el solo hecho de replicarlo con Maki me hace estar
todavía más ansioso, nervioso y excitado.
Me ubiqué detrás de ella, quitándome el bóxer y dejando que la carne
rozara a la carne. Se sintió infinitamente mejor de lo que recordaba,
conmigo desbordando líquido pre seminal y ella estando tan cerca y tan
mojada. Seguramente igual de emocionada que yo.
Le di una nalgada, y le agarré una de las nalgas con fuerza, hundiendo
un poco las uñas en lo suaves que son. ¿Qué clase de idiota rechaza algo
como esto? Digna de ser Barbie, y rechazada.
Tal vez por eso ese odioso patán ahora está muerto.
«Por favor, ya basta. Duele, mi cuerpo no reacciona y si lo haces me
dolerá. Quítate de encima»
Como todo buen caballero que complace a su amante, tuve que
posponer por un momento mis deseos. Una bella mujer que no recibe sexo
oral es como un ángel sin alas antes del sexo. Así que, sin presumir
demasiado de mi piercing en el centro de la lengua, que a las chicas con las
que he estado les ha encantado, opté por lamer esa fuente de agua de los
dioses, o al menos así quiero verlo yo.
Ella gimió, de placer, claramente, mientras yo hundía la lengua dentro
de su delicioso coño, jugando con su cordura y haciéndola desear más.
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«Quítate... no estoy excitada, por favor, detente»
Estaba roja cuando la miré, y sonreí, finalmente poniéndome como
quería: detrás de ella lista para darle lo que tanto esperábamos. Tragué
saliva, respirando fuerte.
Se haría realidad.
Después de más de trescientos años.
«No... no, por favor... no lo hagas»
Y, de una, entré. Se me dilataron las pupilas, y quise soltar un grito.
Arañé las nalgas de ella con fuerza, sacándole un grito de inmediato. Eso
me puso aún más duro estando dentro, y gruñí como un animal. Incluso mi
cara y pecho se empezaron a llenar de pelo rubio en respuesta. Tanta
estimulación debería ser ilegal.
Empecé a moverme tras calmarme un poco. Al principio lo hice lo
más despacio que pude, sujetado a las caderas, pero luego no pude
aguantarme y la sujeté del cuello, haciendo que su torso estuviera sobre la
cama, sumiso. Nunca creí que ella pudiera ser sumisa, pero me gustó. Me
gustó tanto que me hizo gemir muy alto. Casi un grito, junto a uno de ella,
quien lloraba de felicidad sobre la cama.
—¿Ves que no era tan malo follar conmigo, hermanita? —Le dije,
contento y entre jadeos, sin parar de moverme. Era adictivo lo delicioso que
me parecía su coño, conmigo entrando y saliendo, dándome la vista divina
para alcanzar la cima del placer sexual. Seguía derramando esas lágrimas
de alegría.
«Me duele... para»
Me siento en el cielo, cumpliendo esa fantasía morbosa que sonaba
tan lejana cada vez que la manifestaba.
Pero ahora... ahora está aquí. Al alcance de mi mano.
«Para»
Hermanita... qué caliente me pones, de verdad.
—Déjame hacer esto para siempre... —susurré en su oreja sana,
agarrándole las tetas con las dos manos. Me las llenaban y aún sobraba un
poco.
«Para»
—Sé que no lo he dicho nunca... al menos no a ti, pero... —Me
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quedaba poco. No iba a aguantar demasiado hasta venirme con estas
condiciones tan aplastantes.
«Para de una vez... por favor»
—...ya he tardado demasiado... así que puedo finalmente admitirlo,
Maki. Ya que esta es nuestra última noche...
«Ya basta... duele. Duele»
—Te amo, hermanita mía —Me corrí dentro. Ella jadeó, apretando los
dientes, y retorciéndose de placer. La hice delirar, eso seguro. Le apreté los
pezones un poco, moviéndome un poco más, sintiendo toda mi leche
llenándola por completo y dándome una sensación de calidez más allá del
orgasmo—. Estoy seguro que tú me amas después de este momento. No
duré mucho, pero fue con amor.
Le di un beso en la mejilla antes de apartarme y tirarme de espaldas
al techo, sintiéndose plenamente satisfecho. Como cuando dejé de ser
virgen hace muchos años.
«Solo... detente... por favor... vete de aquí y no regreses. Nunca»
Monstruo.
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44
Quieta. Adolorida tanto por el ardor entre sus piernas, como por una
serie de moretones en el cuello, la espalda, los brazos y las muñecas. La
mirada estaba fija en un punto muerto, y borrosa por las lágrimas que se
habían agolpado en esos ojos ya tan apagados. Incapaz de moverse, Maki
esperaba a que su cuerpo sacara las fuerzas para, al menos, quejarse.
Hayato se había ido después de la atrocidad que hizo, y no había vuelto en
horas ni siquiera para darle algo de comer. Su estómago rogaba por algo,
pero ella no podría satisfacerlo.
Incluso respirar se le hacía costoso.
Pasaron las horas, y un ruido hizo que la albina volteara la oreja
rasgada en dirección a la puerta. Valentine bajó sus orejas felinas con
notorio horror, y corrió hacia Maki, preocupadísima.
—¡Dios mío! ¡Maki, ¿te sientes bien?! —La cubrió con una manta, y la
volteó de frente. La de ojos azules, tan muertos, solo podía respirar con
dolor, mirando a su amiga, quien la abrazó, casi llorando, fuertemente, como
si temiera perderla. Olió el alcohol en ella y la miró, con desaprobación— Vas
a dejar de beber pero YA, ¿entiendes?
Maki no contestó.
Tras darle un buen baño, de pies a cabeza, la felina vistió a su amiga
del alma con un pijama y se pasó primero el día, luego una semana, y
finalmente un mes entero. Aguantar a Maki en abstinencia fue duro, pero
Valentine no olvidó ninguna de las cosas que le dijo.
Una vez fue capaz de hablar con claridad, tras una semana entera de
líos: sin apenas comer y dependiente de unos dulces sospechosos que
después descubrió que tenían marihuana, y de una botella de vodka;
finalmente fue capaz de revelar la tragedia. Hayato, el culpable, el ahora
monstruo, no parecía arrepentido en lo absoluto, actuando igual que
siempre, moviendo la cola y sonriendo. Una noche, Valentine irrumpió en su
habitación, donde, a diferencia de otras ocasiones, estaba leyéndole un libro
de cuentos a Naomi, en lugar de estar jugando a la fiesta nudista con siete
putas.
—Tenemos que hablar —Naomi la miró ora a ella, ora a su padre,
quien cerró el libro—. A solas.
—Ay, Val, no enfrente de Naomi —Hizo una mueca incómoda.
—No te preocupes, no vamos a hacer nada.
334
La seriedad en su voz hubiera alterado a un hombre que teme a sus
consecuencias. Hayato no era de esa clase de hombre, él solo la miró
calmado, y le pidió a su hija que lo esperara afuera, aprovechando que el
Flowers no abría ese día. La felina esperó a que el rubio tomara asiento
frente a ella para levantarse y darle una sonora cachetada, con el cuerpo a
medio transformar. Él abrió mucho los ojos, sintiendo el escozor del
pequeño moretón en su mejilla.
La miró, sobándose el lugar, como si estuviera loca.
—¿Val, qué demo...?
—¿¡Qué clase de pervertido enfermo eres para violar a tu hermana!?
—Le gritó ella, roja de la ira. Hayato volteó las orejas hacia atrás.
—¿Violar? ¿Qué dices? Si ella me dio permiso para...
—¡Claro que no! ¡Tenía moretones, estabas forzándola a quedarse
quieta mientras tú hacías lo que te daba la puta gana!
—En el sexo cualquiera tiene moretones.
—Menos tú, parece ser —respondió la felina.
—Maki estaba muy sumisa. Fue tan bueno... ¿sabes, Val? Yo
realmente creo que fue mi mejor experiencia sex...
Otra cachetada muy sonora, en su otra mejilla, lo hizo callar y
sujetarse al borde de la cama. La miró sin comprender, con algo muy
parecido a la inocencia: el desinterés era total en las consecuencias fatales
de su horroroso acto. Con una paciencia psicópata, se sobó la otra mejilla y
siseó.
—Eso ha dolido.
—Qué bueno, es solo una mínima parte de lo que te mereces.
¡Violaste a Maki! ¡Y no solo eso: también la drogaste!
—Yo solo hice lo que ella quería.
—¿Lo que quería ella o lo que querías tú? —No le dio tiempo a
contestar— Aléjate de ella, y de mí, y de Félix y de los nanatsus, por tu bien.
Se levantó, irritada y furiosa. Hayato le tomó la mano, a lo que ella se
apartó bruscamente. Mirándolo a los ojos, abiertos y ausentes de culpa,
sintió la repulsión más grande, y se apartó bruscamente de él. Ya no iba a
volver a mirarlo como el guapo hermano de su amiga con fetiches raros,
sino como lo que era, un monstruo egoísta que, por consumar sus deseos,
incluso los más enfermos, haría hasta lo más cuestionable.
335
Hayato siempre había sido una mala persona, pero nunca creyó que
cruzara esa línea. Se había imaginado que él era muy distinto a la realidad, y
ahora, golpeada por los sucesos, le dolía en el pecho el trato tan
despreciable de semejante demonio con alguien como Maki, de por sí ya tan
lastimada. Con la rabia a flor de piel, bajó las escaleras, buscando a Tesla.
Tal vez si se lo decía, dedicaría a la albina el tiempo y la protegería...
Pero no estaba ahí. Ya era el quinto día que no volvía, ni él, ni Ah ni Un.
Maldiciendo, volvió arriba, al tercer piso. Maki estaba rascándose el
brazo, como método para combatir los deseos de lanzarse a la alacena a
buscar bebidas alcohólicas. Ya había empezado a lastimarse, pero cuando
vio a Valentine, paró y movió la cola.
Poco a poco se fue recuperando.
Y, cuando menos se lo esperaban, volvió a recaer. Valentine,
frustrada, estaba buscando soluciones mientras tiraba a la basura toda
botella al alcance de la albina, la enorme sombra de Ah la cubrió. Sonriente,
lo abrazó con fuerza, dejando al nanatsu confundido, pero no la rechazó. Un
se asomó, curioseando, y, al ver a Valentine tan... vulnerable, bajó las orejas
y gruñó, llamando la atención de su jefe de corta estatura. Tesla se acercó, y,
viendo la escena, se quedó en silencio.
La felina le pasó una mano por la cabeza, mirándolo con un deje
esperanzado en sus ojos color jade. Las pupilas, normalmente afiladas,
estaban muy dilatadas, como si estuviera a punto de llorar. Tesla no dijo ni
una palabra.
—Tesla... —pidió— Tú ayudaste a Maki a salir de las drogas antes, ¿no?
—Así es. ¿Qué pasa con eso?
—Necesito que lo vuelvas a hacer. Haz que deje de recaer. Yo no
encuentro la forma...
Los ojos del albino se oscurecieron y asintió, lentamente. Luego,
tajante, dio la orden.
—Ah, Un, no abran el burdel en un mes entero. Maki tiene que estar
sana antes.
Los osos asintieron, y, con una sonrisa altanera bastante poco usual
en él, Tesla le puso una mano en la mejilla a Valentine, prometiéndole que
pronto todo estaría bien. Le dio su tarjeta de crédito y le dijo (obligó) a ir a
algún hotel lindo y quedarse por un mes. Ella no alcanzó a decirle nada de lo
que el rubio había hecho, porque él prácticamente la echó a patadas.
336
—Vuelve en un mes. Maki estará mejor, te lo prometo.
Y así empezó el segundo infierno para la albina. Tesla entró y la vio
buscando alcohol en la cocina, sin encontrar nada realmente útil. Parecía
una vagabunda, con ropa de dormir y ojeras marcadas. Al menos, no había
un alma en todo el lugar, ni en el lobby.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó con su voz ronca.
—Busco algo...
—¿Ese algo se come o se bebe? —Ella no respondió, y Tesla se le
acercó lo suficiente como para tener acceso garantizado a agarrarle la cola.
—Contéstame.
—¿Desde cuándo te interesas en mi vida? Pensé que estabas
ocupado...
Raspando las palabras, trataba de evadir la atención al problema real.
Para su desgracia, Tesla era inteligente. Aunque para no evadir la
conversación, era necesario solamente NO ser tonto.
—Desde que volviste a tu problema con el alcohol —Maki lo miró,
alarmada—. Valentine me pidió que te sacara de ahí. Asumo que tú también,
pero no tienes fuerza de voluntad.
—Yo...
—Estés de acuerdo o no, deja eso. La abstinencia es dura, pero,
¿sabes que es peor? —Ella bajó las orejas y la cola se le metió entre las
piernas— Un puñetazo mío. Si antes dolían, imagínate como deberán ser
ahora que tengo la fuerza restaurada... —Parecían depredador y presa— Así
que si te agarro bebiendo o buscando alcohol me aseguraré de que te
arrepientas.
Recordando con dificultad aquellos días donde estaba intentando
dejar la cocaína, los golpes crudos del lobo blanco volvieron a escocer cual
dolor fantasma. Cada vez que intentaba volver a esnifar una línea blanca, o
siquiera tocar una bolsa con la sustancia, ganaba uno o más golpes brutales
que amenazaban con daño permanente si no tenía la suficiente fuerza de
voluntad para desistir.
Los gritos no se hicieron esperar con el paso de los días.
Entre los dolores de cabeza, las consecuencias mentales de
abstenerse tanto a beber como a consumir la marihuana, y una campaña de
golpizas a mano limpia que terminaban con ella hecha polvo en el suelo y
con ganas de morirse, fue un combo brutal pero efectivo.
337
Fue más el miedo a la violencia, que el poder de la dependencia a las
sustancias, y, en ese mes horrible, Maki dejó sus inicios de nuevo
alcoholismo. Más rápido que cualquier campaña antidrogas: los puños
brutales (y un 70% más duros) de Tesla hacían mejor el trabajo de veinte
psicólogos.
Tras la última tanda de violencia, y con Maki tirada en pleno lobby,
bocarriba, con las extremidades extendidas a modo de estrella, y la nariz
sangrando, Félix apareció, tímido. Tras el suceso donde le habían provocado
esa cicatriz en el ojo, casi idéntica a la de su madre, Juzzo le había dicho
que era mejor no acercarse a Maki. Hizo bien, pues estuvo un tiempo como
si tuviera rabia...
La albina volteó los ojos, viéndolo. Tenía las mejillas inflamadas, y la
sangre le llegaba hasta la boca, donde tenía el labio inferior medio partido y
sangrando.
—Mamá... ¿Estás bien...? Ahí en el suelo... ¿¡es eso sangre saliendo
de tu nariz!?
Se agachó junto a ella, examinándola. Maki lo miró, detenidamente.
Seguía siendo la viva imagen de Nikolai, con ese ojo verde, ahora
contaminado con esa herida que ella misma causó dejándose arrastrar por
la influencia de su hermanastro. Estaba limpio, olía a lavanda, y una suave
colonia que la hacía querer abrazarlo. Su hijo era precioso, y verlo
preocupado le encogía el corazón.
—¿Por qué te sangra la nariz? ¿Te lastimaste?
—Está rota, creo —respondió ella, indiferente—. ¿Ya comiste algo?
—Tienes la nariz rota —Félix no soltó el tema—. ¿Y el labio también?
Tengo que traer algo para curarte. Va a doler, pero leí que el zumo de limón
ayuda a cicatrizar heridas por lo ácido que es.
Se levantó y desapareció de la vista de su madre, quien, a solas, se
puso a reflexionar en silencio. Con su padre por ahí fuera, escondido
pacientemente y esperando a que apareciera, Félix nunca podría tener una
vida feliz. Tesla no traía noticias ni aunque desapareciera por días enteros,
porque el bastardo que buscaban era demasiado bueno escondiéndose.
Solo había una solución.
Simple, pero decisiva: mostrarse. Contar con una operación
complicada haría que su padre quizás no se mostrase. Después de todo, el
olfato de Keyal era decente, y no dudaría en que daría con algún rastro,
aunque sea mínimo, de Tesla o Ah o Un. Por tanto, solo tenía una opción
viable.
338
Félix volvió, la ayudó a sentarse y untó el zumo directo de un limón
sobre su labio roto. También tenía algo de alcohol puro que aplicó sobre los
moretones y las heridas superficiales. Maki siseó del ardor, pero sonrió,
acariciándole el pelo gris a su pequeño, orgullosa por dentro, de que no
hubiera seguido con su tanda de pésimas decisiones. Desde que murió
Nikolai solo se había centrado en su propio dolor, ignorando que tal vez Félix
estaba en una situación como ella la tuvo cuando tenía cinco años. Perder a
un padre, al menos uno tan dedicado como lo fue Nikolai, debía de doler
demasiado.
—Después que tu padre murió... —susurró, haciendo que Félix la
mirara— apuesto que te sentiste muy solo.
—Juzzo estuvo ahí... y yo...
—Lo siento —Maki lo interrumpió, poniéndose de pie—. Lo siento...
sólo iré a descansar, no te preocupes.
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45
Siendo las nueve de la mañana, Maki salió con decisión. Sus heridas
habían curado casi por completo, había dejado a Félix durmiendo y había
partido acompañada de Kirk y Lucifer, cruzando el Mercado sin que Tesla
tuviera idea. Estaba decidida a ganarle en una pelea real a su padre: terminar
ese ciclo violento de miedo y vacío. Vengar a su madre, en parte a Nara y
también a Nikolai, buscando al fin la justicia que merecían. Sabía que él la
tenía localizada, pero en el Mercado Tesla tenía demasiados aliados, así que
esperarían a que saliera.
Ante la gran puerta, Hayato la esperaba, sin entender. Ahora
mantenían una distancia mayor, sin ella dejarlo tocarle un mísero pelo de la
cola, aunque él no parecía darle importancia, respetando los límites como si
se tratase de algo natural. Era incorregible, pero a un punto infernal. Aun así,
sólo podía contar con él para esto. —Maki —saludó él, alegre—, ¿vas a salir
del Mercado? ¿A qué?
—Voy a enfrentarme a padre —dijo sin más. Hayato parpadeó dos
veces, sin entender.
—¿Qué...? ¿Te has vuelto loca? ¡Vas a morir!
—Claro que no, los tengo a ellos de mi lado —Señaló a sus nanatsus,
aunque él seguía reacio.
—¡Padre es fuerte! ¡Y Keyal se estará ocupando de uno de tus
nanatsus! ¡Sólo será un dos contra uno! ¿¡No entiendes!? —Se acercó un
paso. Kirk le gruñó— Puede enfrentar a Tesla, hará que tus nanatsus
parezcan gomitas.
—Yo solo vine a pedirte ayuda. Si ves que Juzzo se altera es que me
pasó algo, y yo...
—No lo hagas —Se acercó dos pasos. Kirk gruñó mostrando más
dientes—. ¿Después de esa noche que pasamos juntos quieres suicidarte?
—Corrió hacia ella, con la intención de sujetarle los hombros, pero Lucifer le
agarró la cabeza, frenándolo en seco, mirándolo con un aura amenazante.
—No toques —dijo, mostrando casi todos sus colmillos. Hayato, aun
así, dirigió su atención a Maki, y le dijo: —¡Igualmente no vas a hacerlo! ¡Tú y
yo...!
341
antes, brillaba una impaciente llama con deseos homicidas. Seguía con la
mirada y los pasos a su jefe, quien, tras traerlo de vuelta a la vida, una vez
más, le había prometido una pelea contra Tesla. Ahora, estaba más cerca,
sólo debiendo acabar con un puñado de nanatsus debiluchos y su ama, y
esperar a que apareciera su objetivo de algún lado.
Keyal no tardó en encontrarla, pacientemente sentada en medio de
una zona boscosa, dentro de una propiedad privada de algún rico de la zona.
No había casas cerca, ni tráfico, ni gente. Solo ellos, y la oscuridad que
ofrecían los árboles. Kirk gruñó junto a Lucifer una vez se mostró el hombre
con sus monstruosos acompañantes. Maki disimuló su miedo, y bajó las
orejas.
—No te había visto hace muchos años —dijo el albino, sonriendo—. La
usurpadora alma que robó el cuerpo de mi hija y luego la forzó a suicidarse...
tú.
—No tengo idea de qué hablas. Tampoco sé nada del trasfondo de
Nara, pero si ella eligió matarse es para no juntarse con mierdas como tú
—Otto rugió, sacando los dientes. Keyal lo imitó. Maki se transformó,
mientras Kirk y Lucifer se preparaban para el enfrentamiento inminente.
Philip tomó su forma de lobo, y Otto se lanzó hacia Kirk directamente. Le
mordió el brazo izquierdo, que interpuso para no llevarse de lleno el impacto,
y Kirk luchó por quitárselo de encima una vez cayeron al suelo.
Keyal fue directamente a por Lucifer, saltando con la intención de
morderle la cara, pero el de ojos azules lo agarró de las mandíbulas abiertas,
enterrándose con dolor los colmillos en las manos, pero soltándose lo más
rápido posible para mandarlo a volar. Maki había logrado morder a Otto en
una de las orejas, pero el enorme ghoul de tres metros la empujó, donde
Philip aprovechó para atacarla directamente. Kirk se interpuso, golpeando
en la cara al gran lobo blanco, delgado, aunque fuerte. Keyal se le lanzó
encima, intentando morderle el cuello al nanatsu de ojos rojos, que tuvo que
lanzarse de espaldas al suelo, aplastando al lobo dorado con su peso,
sacándole un chillido.
Lucifer la tenía más difícil, sintiendo la fuerza enorme de Otto sobre
su brazo, atravesado por colmillos enormes y filosos. Maki volteó
rápidamente la cabeza al sentir su grito de dolor cuando el monstruo de tres
metros le arrancó la extremidad. La sangre le salpicó en un chorro, y Kirk,
quien había desfigurado a golpes la cara de Keyal, corrió a ayudar a su
compañero.
Philip aprovechó y mordió a Maki en el estómago fuertemente,
haciéndola chillar. Lucifer dio un rodillazo, y Kirk un puñetazo a la cabeza de
342
Otto, quien se apartó a la fuerza, dejando que los nanatsus se le lanzaran,
mientras Maki se lanzaba de vuelta, apuntando a la yugular de su padre,
quien tomó la forma humanoide y se sacó del bolsillo de su saco una jeringa
que pretendió encajar en el cuello de la loba, quien, en un movimiento muy
arriesgado, lo atacó directamente, alcanzando el cuello, pero Otto logró
darle el miedo suficiente como para que lo soltara y se apartara muy rápido.
Kirk y Lucifer le atacaron por los flancos, encajando garras y puños,
logrando inmovilizar a Otto, pero no podían entonces ocuparse de Maki. Su
padre sangró por la nariz, de forma más abundante, y Keyal despertó de
golpe, yendo, desesperado, a por Lucifer, quien le dio un golpe con su rodilla,
a falta de su brazo.
Kirk logró aplicarle un mata leones a Otto, quien se revolvió inquieto,
tratando de quitárselo de encima, mientras Lucifer aprovechaba en tratar de
lidiar con Keyal y la hemorragia masiva. Ya la vista se le estaba empezando
a nublar.
Maki, al notar el estado tan endeble de su nanatsu, fue a tratar de
rescatarlo, pero lidiar con Keyal fue un golpe traumático que no soportó al
instante, y ganó una mordida por parte de su padre transformado, esta vez
en una de sus patas traseras, haciéndola caer al suelo. Keyal corrió a auxiliar
a su amo, de inmediato, pero Kirk le lanzó uno de sus propios colmillos, con
precisión, justo al ojo sano, sacándole un grito y haciéndolo caer al suelo.
Ciego, Keyal era inútil ahora.
Otto se quitó a Kirk, agarrándolo de un brazo y arrancándolo de una
mordida poderosa. Lucifer lo golpeó repetidamente en el abdomen, pero fue
apartado bruscamente y pisoteado por la mole de carne, pelo y rabia que
suponía su adversario, todo mientras Maki huía torpemente de su padre,
quien, algo debilitado, se le arrimaba sin rendirse. Guiado por una
determinación repulsiva.
Maki sintió un pinchazo en su espalda baja, y se lanzó sobre su padre,
aprovechando que éste estaba más deteriorado, sangrando por la nariz por
alguna razón y por la boca, pero, por donde ella lo viera, era todo ventajas.
De un certero mordisco, desgarró y atravesó hasta donde pudo el cuello del
albino, haciendo que Keyal y Otto simplemente cayeran al suelo como
marionetas sin titiritero. Lucifer y Kirk cayeron al suelo, perdiendo sangre a
montones, mientras Maki sentía una calidez dolorosa atravesándole el
vientre, y, cuando bajó la vista, vio la mano de su padre enterrada
fuertemente en sus entrañas. La tiró a un lado, donde perdió la forma de
loba, agarrándose la herida mientras un ardor la consumía, llevándose poco
a poco sus sentidos, primero limitándole el olfato.
Vio de reojo como su padre se iba, levantándose y chorreando sangre
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de lo que debió ser una yugular destrozada. Él caminó, lentamente,
alejándose.
A cada paso que daba, el cuerpo se deterioraba un poco más.
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masa amorfa cruzó miradas con los espectros rojos y diabólicos de Tesla y
trató de huir, muerta de miedo.
El lobo de corta estatura sopló un silbato extraño que la masa oyó
con terror, y, cuando logró escapar al fin de ese cuerpo maltrecho, una
avalancha de plumas de oro, plata y acero se enterraron en ella como
cuchillas. La masa gritó de forma extraña, siendo un sonido agudo y horrible,
pero los ángeles de carne, que obedecieron al llamado del ensangrentado
líder del Mercado, fueron a encargarse del remanente de Raphel.
Uno de los cuerpos alados se desvaneció muerto, y Tesla observó
con paciencia como un alma humana, alada, encadenaba con unas cadenas
de plata a la masa deforme. Esa alma tan corrupta ya no podía existir. El
ángel principal, en un cuerpo de hombre tigre, miró al albino, quien pateaba
con desdén el cadáver bajo sus pies.
—Estabas cerca, menos mal que llamaste rápido —Le dijo, en un tono
conciliador—. ¿Sabes dónde está tu hija?
—No tengo ni puta idea —Se levantó—. Pero confío en que Juzzo ya la
encontró.
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Epílogo
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—¿Y ella estaba despierta para saber que se sintió genial? —Alzó una
ceja.
—Obviamente. Gimió cómo toda mujer a la que le doy un poco de mí
—Sonrió orgulloso y luego volvió a estar serio—. Creía que era mentira.
—¿Qué cosa?
—Antes de irse, Maki me vio. Me dijo todo, pero luego se puso a
ofenderme, y a insultar mi inteligencia. Le di una patada filosófica en el culo
y se fue sin más. Al parecer esperaba mi ayuda —Chasqueó la lengua—.
¿Puedes creerlo? ¡Me insultó!
Cuando miró a su lado, Tesla no estaba. Tardó unos segundos en
percatarse de que se había quedado atrás. Lo miraba, muy quieto, con esa
aura aterradora que le ponía a sus víctimas.
—¿Qué hiciste qué?
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FIN
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