TEMA 2: COMPONENTES EXPRESIVOS Y CONDUCTUALES DE LA EMOCIÓN. LEYES DE LAS EMOCIONES.
1. Sobre el concepto de emoción:
La emoción se entiende como un proceso que involucra lo cognitivo y la acción, activándose cuando detectamos un cambio
significativo para nosotros. Es adaptativa, tanto para la especie como personalmente, dando prioridad a la información relevante
para nuestra supervivencia o una vida más digna. Esta información se jerarquiza para facilitar la asignación de tiempos y recursos
para las respuestas, las cuales serán lo más prontas y proporcionadas posible según las demandas. Las respuestas emocionales no
son estereotipadas, sino flexibles y mejorables, y sirven para organizar nuestra actividad.
Existen algunas diferenciaciones habituales. El afecto es el término más general y primitivo, con valencia (+/-) e intensidad
(fuerte/flojo). El humor o tono emocional de base, o estado de ánimo, está ligado al temperamento, siendo menos intenso y más
duradero que la emoción. El sentimiento es la experiencia subjetiva de la emoción; se considera que la emoción es puntual y está
marcada por una concreta relación con el medio.
Las emociones se caracterizan por sus funciones, leyes y tipos.
Las funciones de las emociones son:
a) Función adaptativa: Las emociones primarias preparan al organismo para la acción. La sorpresa ante lo nuevo, focaliza la
atención y dirige el proceso cognitivo. El asco genera respuestas de escape o evitación ante lo desagradable, facilitando hábitos
saludables. La alegría mejora la capacidad de disfrutar, promueve actitudes positivas como el altruismo, favorece nexos
personales y mejora funciones cognitivas. El miedo impulsa conductas de escape o evitación ante peligros, focalizando la atención
y movilizando gran cantidad de energía rápidamente. La ira moviliza energía para el ataque o la autodefensa, ayudando a quitar
obstáculos frustrantes, aunque no siempre impulsa a la agresión, pudiendo también promover el control para evitar la
confrontación. Finalmente la tristeza, aumenta la cohesión con otras personas, reduce el ritmo del organismo para valorar otros
aspectos de la vida, reclama ayuda y fomenta la empatía.
b) Función social: Por su capacidad expresiva, las emociones permiten la predicción de conductas y facilitan la relación
interpersonal. Constituyen sistemas de comunicación de estados emocionales a través de la comunicación verbal, artística y no
verbal (postura, expresión facial, tono de voz). Incluso la falta de emoción tiene una función social.
c) Función motivacional: Tiene un doble sentido, ya que la motivación produce emociones y las emociones producen motivación.
Modela la activación/intensidad y la orientación de la conducta. La intervención de la corteza prefrontal permite desacoplar el
estímulo de la respuesta, reconsiderar las cosas, flexibilizar la conducta y adaptarse mejor. Se considera que la emoción es el
primer sistema emocional.
Los principios o leyes de las emociones, según Frijda (2001), incluyen: la ley del significado situacional, de lo concerniente, de la
realidad aparente, del cambio, de la habituación, del sentimiento comparativo, de la asimetría hedónica, de la conservación del
momento emocional, la ley final, del cuidado con las consecuencias, y de la mejor carga y mayor beneficio.
En cuanto a los tipos de emociones, la clasificación varía según el enfoque. El estudio dimensional de la emoción considera la
valencia afectiva (de agradable a desagradable +/-) y la activación (de calma a entusiasmo o pánico), además de la intensidad del
cambio fisiológico y el control-dominio-gobierno (si la persona domina o no la situación). Se observa que la valencia y la activación
explican muchos estados emocionales.
Se distinguen emociones negativas (desagradables), que surgen cuando se bloquea una meta, hay amenaza o pérdida,
movilizando recursos cognitivos y comportamentales para planes a largo plazo. Las emociones positivas (agradables) aparecen
cuando se alcanza una meta y no necesitan revisión de planes o intensos recursos de afrontamiento, relacionándose con la ley de
asimetría hedónica.
El estudio de las emociones discretas o específicas se enfoca en el estilo de afrontamiento, considerando rasgos universales y
diferenciadores, como el tipo de afrontamiento, la expresión facial y el procesamiento cognitivo. La clasificación de Darwin es una
de las de mayor éxito.
Las emociones primarias son ontogenéticamente determinadas por la madurez de estructuras neurales, el aprendizaje y la
historia personal, apareciendo en la primera y segunda infancia. Cada una tiene una función adaptativa, un desencadenamiento
propio, un proceso cognitivo, una experiencia subjetiva y una activación fisiológica (esta última menos clara).
Las emociones secundarias son fruto de la socialización y el desarrollo (ej.: esperanza, culpa, celos, orgullo, vergüenza). Requieren
identidad personal, internalización de normas sociales y la evaluación de la identidad con dichas normas.
La emoción como estado se puede categorizar según si es apetitiva o cognitiva, y si el estímulo es presente, posible/evitable, o
imposible/inevitable. Por ejemplo, en el ámbito "Bueno", un estado presente genera alegría, gozo o placer; uno posible/evitable,
esperanza; y uno imposible/inevitable, desesperanza. En el ámbito "Malo", un estado presente suscita tristeza o ira; uno
posible/evitable, audacia; y uno imposible/inevitable, miedo o temor.
2. El proceso emocional:
Este proceso consta de varias fases:
a) Percepción de cambios en las condiciones internas o externas, que son los desencadenantes emocionales.
b) Proceso dual de evaluación y valoración emocional (procesamiento).
c) Reacción afectiva o activación de la respuesta prototípica, que incluye la expresión corporal (comunicación no verbal), la
tendencia a la acción (afrontamiento), cambios fisiológicos y la experiencia subjetiva (sentimiento).
d) Manifestación.
Es importante notar que la reacción afectiva puede estar tamizada por el aprendizaje y la cultura.
Respecto a este proceso, los desencadenantes emocionales son la percepción de un cambio en las condiciones estimulares, tanto
externas como internas, a través de los sistemas perceptivos y la actividad mental. Un estímulo puede perder eficacia si se reitera
(Ley de habituación) y es desencadenante si es real o "verosímil" (Ley de la realidad aparente).
El procesamiento es un procedimiento especial de tratamiento de la información, donde algo ya conocido o percibido se relaciona
con una escala de valores, determinando la cualidad e intensidad de la emoción. La emoción explica la consecuencia de un
proceso multidimensional que incluye el análisis de situaciones significativas, la interpretación subjetiva, la comunicación del
proceso y la preparación para la acción con cambios fisiológicos.
La evaluación y valoración emocional es un área de polémica entre la primacía del afecto (modelos evolucionistas) y la primacía
de la cognición (modelo social-cognitivo). En común, se acepta que cada emoción primaria tiene un "patrón" de sistema de
análisis, que incluye diferencias individuales y circunstanciales; si aparece el mismo patrón de evaluación, se desencadena la
misma emoción. Los pensamientos distorsionados (visión de túnel, absolutismo, fatalismo, confusión de pensamientos con
realidad, interpretación exagerada) requieren reconfiguración cognitiva.
El sistema de análisis se orienta a cumplir las tres funciones de las emociones (adaptativa, social-comunicativa, motivadora). La
evaluación valorativa tiene un doble papel: la evaluación de la situación (primaria, automática, preconsciente) considera la
novedad, el agrado intrínseco (valencia afectiva) y el acercamiento o alejamiento. La valoración de la situación (significado para el
sujeto) considera la significación, el afrontamiento y las normas. Si algo es o no relevante para la persona, entran en juego la ley
del significado situacional y la ley de lo concerniente. Se evalúa la relevancia motivacional (compromisos personales), la
congruencia motivacional (consistencia con deseos y metas), la responsabilidad, el potencial de afrontamiento (enfocado al
problema y a la emoción), el poder relativo del sujeto para cambiar o evitar consecuencias, y las normas éticas como antecedente,
lo que muestra salud ética y facilita la adaptación-socialización y manejo de conflictos.
Los componentes del procesamiento de las emociones incluyen la evaluación de la situación (novedad: sorpresividad,
familiaridad, predictibilidad; agrado intrínseco: agradable, desagradable) y la valoración de la situación (significación de meta:
relevancia, resultados, expectación, tendencia, urgencia; afrontamiento: agente, motivo, control, poder/capacidad, ajuste;
normas: externas, internas).
Los estilos de procesamiento se relacionan con la personalidad y condicionan la valoración. Por ejemplo, algunas personas
tienden a evitar-retirar la atención de la amenaza, mientras otras supervisan continuamente el entorno. Existen estilos como el
acceso directo (vía rápida), el motivado (buscan objetivo primordial), el heurístico (buscan valoración definitiva) y el sustancial
(procesan toda la información).
Las actitudes emocionales cognitivas son filtros de significado que hacen que diferentes personas tengan emociones distintas,
debidas a sesgos de procesos de aprendizaje, de activación de la memoria e interpretativos. Son el fruto de sesgos que actúan
sobre el sistema de valoración, anticipando y preparando recursos.
La atribución causal (juicio de valor) y las emociones están ligadas, ya que el tipo de justificación de éxitos o fracasos determina el
impacto emocional. La capacidad se considera interna y estable; el esfuerzo, interno y variable; la dificultad de la tarea, externa y
estable; y la suerte, externa y variable.
La activación es una respuesta multifactorial que dirige "subprogramas" (atención, memoria, etc.) e incluye la experiencia
subjetiva, duración del evento, cualidad emocional, intensidad y grado de placer-displacer. Implica expresión facial, activación
neuroendocrina y es un fenómeno aprendido con contenido emocional (miedo: aprensión; ira: irritación; tristeza: desánimo).
La expresión corporal (ojos, labios, tono de voz) varía: en el miedo hay tensión en los labios; en la ira, tensión en párpados y
mirada prominente; en la tristeza, descenso de comisuras labiales.
El afrontamiento implica cambios comportamentales: miedo (huida, evitación), ira (agresión, ofensa), tristeza (reflexión,
reiteración), sorpresa (vigilancia, curiosidad), asco (retirada, evitación), alegría (acercamiento, disfrute).
El soporte fisiológico también presenta variaciones acordes con las necesidades de respuesta adaptada.
Finalmente, la manifestación es el último elemento del "proceso emocional", el más mediado por el aprendizaje. La madurez y
socialización implican que la manifestación sea proporcional al elemento elicitante y al contexto, incluyendo expresión corporal y
conducta motora. Los "estilos de afrontamiento" son modos individuales y aprendidos de respuesta, incluyendo variaciones en la
respuesta fisiológica. La "normalidad afectiva" se refiere a la proporcionalidad de las respuestas cognitivas, fisiológicas y
conductuales, que se puede determinar mediante el diálogo y la reflexión.