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PLATÓN

Índice
A. Platón:
0. Biografía
1. Platón: Teoría de las ideas.
2. Platón: Teoría del conocimiento y de la ciencia.
3. Platón: La concepción del ser humano.
4. Platón: Ética.
5. Platón: Política.
B. Conceptos
C. Textos

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A. PLATÓN (427-347 a.C.)

0. BIOGRAFÍA

Platón nació en Atenas en el 427 a.C., en el seno de una familia perteneciente a


la oligarquía. En su juventud, fue discípulo de Crátilo, quien le enseñó la teoría
del eterno fluir de todas las cosas. A los 21 años entró a formar parte del círculo
de Sócrates, produciéndose un profundo cambio en sus ideas. En el 399
Sócrates fue condenado a muerte. Platón se refugió en Megara durante un corto
periodo de tiempo porque temía las represalias de los atenienses contra los
seguidores de Sócrates. Probablemente, en Megara comenzó a escribir sus
primeras obras.
Posteriormente, viajó durante diez años por Egipto y otros lugares del norte de
África y por Italia. En la Magna Grecia trabó amistad con el pitagórico Arquitas
de Tarento y conoció las ideas de los eleatas seguidores de Parménides. En
Sicilia intentó influir en la política del tirano Dionisio I, pero éste, molesto por sus
injerencias y sus críticas, le hizo vender como esclavo. A su vuelta a Atenas,
Platón fundó un centro dedicado a la actividad filosófica y cultural en las afueras

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de Atenas, en un lugar próximo a la estatua del héroe Academo. Este centro fue
llamado la “Academia”.
Platón es el filósofo más antiguo del que se conservan obras completas. Su
maestro, Sócrates, no escribió nada. Escribe la mayor parte de sus obras en
forma de diálogo. No nos han llegado documentos referentes a sus enseñanzas
en la Academia. Los diálogos platónicos no son tratados sistemáticos sobre el
ser, la justicia o la bondad, sino que en ellos se agrupa una completa muestra de
personajes de su tiempo a los que hace dialogar. No es fácil interpretar la filosofía
de Platón. Algunos autores opinan que es la suma del discurso de todos los
interlocutores de sus diálogos, la suma de todas sus contradicciones. De ahí su
inacabada riqueza y su modernidad.
La obra de Platón se ha dividido en tres periodos:
—Juventud: “Apología de Sócrates”, “Eutifrón”, “Critón”, “Laques”, “Cármides”,
“Lisis”, “Gorgias”, “República” (I).
—Madurez: “Menexeno”, “Menón”, “Eutidemo”, “Crátilo”, “Fedón”, “Banquete”,
“República” (libros II-X), “Fedro”, “Teeteto”, “Parménides”.
—Vejez: “Sofista”, “Político”, “Timeo”, “Critias”, “Filebo”, "Leyes" (inconcluso).
En la época en que vivió Platón, Atenas era el centro económico y cultural del
Mediterráneo. Su forma de organización política era la democracia en la que los
ciudadanos se representaban a sí mismos (democracia directa).
Por eso era muy importante la vida pública. En el “ágora”, en el “Areópago”, en
el consejo, los atenienses hablaban de política. Los profesores de retórica y de
oratoria eran muy valorados, eran los “sofistas”. Pero tanto Sócrates como Platón
no valoraban los bellos discursos sino la búsqueda de la verdad.
La “República” es el primer tratado de la historia sobre teoría política. Es un
diálogo que consta de diez libros. El primero de ellos fue escrito en el periodo de
juventud de Platón o periodo socrático. Los libros restantes pertenecen a la etapa
de su madurez. La “República”, es junto con las “Leyes” la obra mas extensa de
Platón.
En la “República”, el interlocutor principal es Sócrates. El tema central de esta
obra es la justicia, en oposición al concepto de los sofistas para los que las leyes
de la polis tenían un origen convencional.
El libro VII (al que pertenece el texto que estudiaremos), junto con el V y el VI,
están dedicados a estudiar bajo qué condiciones puede realizarse el Estado
justo. Una de las medidas que propone es el gobierno de los filósofos. Las otras
medidas se refieren a la igualdad de hombres y mujeres y a la supresión de la
familia y de la propiedad privada para los guardianes y gobernantes. Este libro,
el libro VII, trata de la educación de dichos gobernantes. Dice que los futuros
gobernantes han de liberarse de los falsos prejuicios y realizar un largo recorrido
en su formación hasta alcanzar el objeto supremo de estudio y de conocimiento
que es el Bien.
Para ilustrar sus explicaciones, Platón se sirve aquí de la alegoría de la caverna.
Platón utiliza frecuentemente mitos y alegorías en todos sus diálogos para
explicar mejor sus ideas. Pero su intención no es contar historias imaginarias

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sino ejemplificar unos contenidos que pueden ser difíciles de entender. A veces
no es fácil separar en Platón los contenidos míticos de los filosóficos.
La filosofía de Platón no resulta interesante por las posibles soluciones que
pudiera ofrecer a tantos problemas como aparecen en sus obras, sino porque en
ellas señaló la mayoría de las cuestiones que han seguido preocupando a la
filosofía. Platón se revisa a sí mismo continuamente y quizá los diálogos reflejan
las discusiones de la Academia. Pero si hay un objetivo en la filosofía de Platón
es la teoría de las Ideas, punto obligado de referencia para los demás temas.

1. PLATÓN. TEORÍA DE LAS IDEAS.


Para Platón, el mundo que nos muestran los sentidos no es auténticamente real.
La realidad plena solamente es conocida por la razón (el logos).
Este planteamiento es el mismo que ya veíamos en los primeros filósofos. El
pensamiento filosófico comienza siendo un intento de ir más allá de la pura
apariencia en busca de la explicación última de la realidad. Esta actitud de
sospecha con respecto a lo que conocemos por la sensación se fundamenta en
la idea de que los sentidos no son medios fiables de conocimiento ya que solo
informan de lo cambiante y de lo múltiple. Se busca una realidad permanente y
ordenada. Tiene que existir una realidad estable más allá de la pura apariencia.
Esta búsqueda le lleva a Platón a la idea de que existen dos mundos separados
(dualismo ontológico), uno material, compuesto por las cosas que vemos y otro
formado por conceptos puros que son las Ideas. En otras palabras: la realidad
se define en dos niveles: el mundo material de los individuos o realidades
particulares y el mundo inteligible e inmaterial de las formas (morphé) y las
ideas (Eidos), que se definen como la auténtica realidad. Platón es un pensador
DUALISTA.
El mundo de las cosas es el mundo sensible, pues se conoce por los sentidos,
y es participante, es decir, es real sólo porque participa de las Ideas. El mundo
de las Ideas, por el contrario, es inteligible, ya que se conoce con la mente, y
pleno porque es plenamente verdadero.
La relación que existe entre estos dos mundos consiste en que las Ideas se
proyectan en el mundo de las cosas, por lo que son modelos, formas o esencias
de las cosas. Las cosas participan e imitan las Ideas, por lo que son imágenes o
sombras de ellas. Se dice que el mundo sensible depende ontológica y
gnoseológicamente del de las ideas ("ontología" se refiere al ser, y la
gnoseología al conocer). Ontológicamente porque el mundo sensible es como
una copia imperfecta del mundo inteligible, y sin el modelo que son las ideas no
podría existir el mundo sensible. Y gnoseológicamente porque si nuestra alma
(que es la que conoce) no estuviera en contacto con las ideas, no podríamos re-

4
conocer las cosas del mundo sensible como lo que realmente son para Platón:
copias imperfectas de las ideas.
Los objetos sensibles, que habitan el mundo sensible, se caracterizan por ser
contingentes, materiales, sensibles, cambiantes, imágenes o apariencias,
múltiples, en el espacio y en el tiempo. Mientras que las Ideas son eternas,
inmateriales, inteligibles, inmutables, realmente verdaderas, únicas, fuera del
espacio y del tiempo.
Esta forma de explicar la realidad le permite a Platón integrar dos teorías
filosóficas anteriores a él: por un lado, la teoría de Parménides, que pensaba que
el Ser, para poder ser objeto de conocimiento cierto, ha de ser uno, eterno e
inmóvil y, por otro lado, la teoría de Heráclito, que solo admite lo real como
múltiple y eternamente cambiante.
La Ideas pueden ser entendidas desde tres puntos de vista: desde el punto de
vista ontológico, son la auténtica realidad (superación del materialismo de
Demócrito). Desde el punto de vista epistemológico, son objeto de conocimiento
cierto (solución del problema planteado en Parménides y Heráclito). Y, desde el
punto de vista ético, son los verdaderos valores (en oposición al relativismo de
los sofistas).
Platón entiende que las Ideas, a pesar de tener características definitorias
idénticas, están organizadas de forma jerárquica. Aunque todas ellas son
perfectas, entiende que existen diferentes grados de perfección.

El lugar más alto en los grados de perfección lo ocupa la Idea de Bien. Debajo,
se encuentran otras ideas importantes, como las de Justicia , Belleza y Verdad.
Estos representan valores absolutos que son el fundamento de la ética y la
política en la filosofía platónica.

Más abajo en la jerarquía se ubican las Ideas matemáticas (como las de número
y geometría) y las ideas de las cosas sensibles o materiales, que son menos
perfectas porque están más alejadas de la pureza de las Ideas supremas.

El sistema jerárquico puede dividirse en estos niveles:

1. Idea del Bien : la más alta, fuente de todo ser y conocimiento.


2. Ideas de valores éticos y universales : Justicia, Belleza, Verdad.
3. Ideas matemáticas : Figuras geométricas y números.
4. Ideas de objetos sensibles : Imitaciones o representaciones imperfectas
de las Ideas puras.

La idea de Bien es causa en dos sentidos: ontológico (crea los seres, no de la


nada, sino a partir de una materia primigenia) y gnoseológico (permite que
conozcamos). Hay que recordar que, originariamente, lo que es y cómo es

5
conocido se identifican (el arjé que es el principio de toda la realidad, es también
la explicación de toda realidad). Esta identificación no se da en los sentidos, que
solamente informan de ciertos aspectos cambiantes del ser, la identidad entre el
ser y el conocer se da en el logos.
Platón introduce también en su ontología la idea del “Demiurgo” que es una
especie de espíritu o fuerza cósmica encargada de crear las cosas tomando
como modelo a las Ideas. Hay que entenderlo como algo parecido al “Nous” de
Anaxágoras. El demiurgo es un habitante del mundo de las Ideas, una especie
de dios-artista que será la causa del mundo que vemos.
El Demiurgo contempla el orden de las ideas y ve su belleza. Movido por el
Bien, que le empuja a crear el más bello de los mundos posibles, copia en la
materia imperfecta la realidad de las Ideas perfectas. El mundo simple y unitario
de las Ideas, al "replicarse" en la caótica materia, da lugar a un mundo complejo,
plural y cambiante. La eternidad, al ser "puesta" en movimiento, da lugar al
tiempo.

2. PLATÓN. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO Y DE LA CIENCIA.


En la filosofía antigua no existe la distinción entre la realidad y el conocimiento
de la realidad. Los primeros filósofos pensaban que la razón puede llegar al

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conocimiento pleno de la realidad porque también la razón forma parte de la
misma realidad. Por eso en Platón, el dualismo ontológico es también dualismo
epistemológico al referirse a la teoría del conocimiento. Del mismo modo que
existen dos mundos, existen también dos tipos de conocimiento: el sensible y el
inteligible.
El conocimiento sensible trata sobre el cambio, la multiplicidad y la apariencia.
Es el tipo de conocimiento propio del mundo sensible y es llamado por Platón
“doxa” que se traduce como opinión. La opinión puede tener dos grados o niveles
de certeza: el inferior que es la conjetura o imaginación (eikasía) y el superior
que es la creencia (pistis). La conjetura es fruto de la imaginación que conoce
sombras. Las sombras son imágenes de imágenes de las Ideas. A este tipo de
conocimiento es al que se dedican las artes (por ello Platón expulsa a los poetas
de su república, porque son sujetos que se dedican al tipo de conocimiento más
bajo y mediocre que existe). La creencia es fruto de la sensación que conoce
objetos sensibles. Los objetos sensibles son imágenes de las Ideas. A este tipo
de conocimiento se dedican las ciencias naturales.
El conocimiento intelectual es universal, necesario y objetivo. Es el conocimiento
propio del mundo de las Ideas y es “episteme” que significa “ciencia”. La
episteme o ciencia tiene dos grados: el inferior que es el razonamiento discursivo
(dianoia) y el superior que es la inteligencia (nóesis). El razonamiento discursivo
es producto de la razón que opera con objetos matemáticos (ideas de números)
y constituye el tipo de saber propio de las matemáticas. La intuición, producto del
intelecto, conoce las Ideas y constituye la ciencia suprema o dialéctica.
La dialéctica es un concepto central de la obra platónica y tiene varios
significados, pero, en líneas generales, puede entenderse como: arte del diálogo,
método de ascenso de lo sensible a lo inteligible y también, como ciencia
suprema o ciencia de las Ideas. En definitiva la dialéctica, en este contexto
epistemológico, es el camino o proceso de conocimiento, que progresa desde el
conocimiento de las cosas sensibles más falsas y banales hasta el conocimiento
intelectual de las Ideas, abstractas, perfectas e inmutables.
En la “República” podemos ver claramente ejemplificados todos estos niveles de
conocimiento en la famosa Alegoría de la caverna. La conjetura es el
conocimiento engañoso que los seres humanos tienen de la falsa realidad que
ven proyectarse frente a ellos (las sombras). La creencia sería la observación de
los falsos objetos que proyectan sus sombras y que no son mas que copias (por
lo tanto, realidades degradas respecto al original) de objetos reales. El
razonamiento discursivo podemos identificarlo con los reflejos observados en el
agua del exterior y las ideas son todo aquello que vemos realmente gracias a la
luz del sol que simboliza la Idea de Bien.
Para poder ir pasando de un nivel a otro del conocimiento es necesario ascender
y la dialéctica es este método de ascenso desde las sombras a la realidad plena.
Pero la dialéctica no es el único método de ascenso, también hay otros caminos
para llegar a la contemplación y el conocimiento del verdadero ser (de la
verdadera realidad). Estos caminos son: la purificación, la anamnesis o
reminiscencia y el amor.
Platón cree, como creían los pitagóricos, que una parte del alma es inmortal y
que una vida virtuosa y dedicada el estudio y la contemplación puede purificarla

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para volver otra vez al mundo de las formas puras. La anámnesis o
“reminiscencia” (como se llamó en la Edad Media) es el recuerdo que el alma
puede recuperar por si misma ya que antes de quedar encerrada en un cuerpo
conoció las Ideas directamente, las Ideas son innatas al ser humano. Y el amor,
que es entendido en el sentido de Empédocles (como fuerza cósmica), es una
búsqueda constante de la belleza y, en último término, de la Belleza como idea
absoluta a la que se llega de forma gradual. En palabras de Platón: el amor es
aquello que hace tender a los hombres naturalmente hacia lo bueno y lo bello
(kalós agathos).
Para llegar al conocimiento verdadero es importante la educación ya que:
despierta el recuerdo, ayuda en el ascenso y puede aportar otros conocimientos
auxiliares como son la aritmética, la música y la astronomía.

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3. PLATÓN. LA CONCEPCIÓN DEL SER HUMANO.
Como punto de partida, es importante entender que todas las teorías de Platón
forman parte un gran sistema filosófico, esto es, un gran engranaje teórico en el
que todas las partes cumplen una función específica y sustentan, como pilares
de construcción, el gran edificio que supone el sistema. En el caso de la
antropología, como veremos, la teoría está determinada por las teorías
ontológica y epistemológica y, a su vez, es la llave para comprender todo el
entramado ético-político.
La concepción platónica sobre el ser humano está directamente influida por las
teorías pitagóricas que, como veremos en autores posteriores, han servido
también para crear las nociones básicas que defenderán los autores cristianos
de la Edad Media.
Platón tuvo contacto directo con la escuela pitagórica ya que, en uno de sus
viajes entabló amistad con Arquitas de Tarento. Al igual que los pitagóricos,
Platón piensa que estamos constituidos por dos realidades de naturaleza
distinta: el cuerpo y el alma. En otras palabras, el ser humano es un compuesto
de dos realidades diferentes que confluyen en el sujeto. A este modo de pensar
se le conoce con el nombre de “dualismo antropológico”.
Para los autores que defienden esta postura, el cuerpo y el alma pertenecen a
mundos distintos: el cuerpo, al mundo sensible, que es el mundo físico que
podemos captar mediante los sentidos, y el alma, a un mundo distinto e
inmaterial. Como vemos, la concepción del ser humano de Platón depende
directamente de su teoría ontológica, también dualista.

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El cuerpo es entendido de forma negativa porque nos ata a lo material y
corruptible, a lo perecedero. El cuerpo es una cárcel para el alma. La unión entre
el cuerpo y el alma es meramente accidental. Se entiende como una caída, una
situación transitoria de la que es preciso purificarse para volver a ascender.
La teoría de Platón sobre el alma se conoce como la teoría del alma “tripartita”
ya que piensa que nuestra parte inmaterial está constituida a su vez por tres
elementos distintos: la parte racional, la irascible y la concupiscible.
El alma racional es inmortal, inteligente, de naturaleza divina y está situada en
la cabeza. Su cometido es alcanzar el conocimiento racional del mundo. El alma
irascible es la fuente de las pasiones nobles, situada en el tórax y es inseparable
del cuerpo. Su finalidad es retener los impulsos incontrolables del hombre. Por
último, el alma concupiscible es la fuente de las bajas pasiones, se sitúa en el
abdomen y también es mortal. Parece ser, por tanto, que la parte inmortal del
alma tiene que residir en el cuerpo como tránsito para su posterior purificación.
Después de la muerte de éste, vuelve al mundo de las Ideas que le es propio.
En el “Fedro”, Platón expone su teoría sobre la naturaleza del alma humana
mediante el famoso “mito del carro alado”. La describe como un carro (una biga,
esto es, un carro tirado por dos caballos) en el que un auriga tiene que controlar
a dos caballos muy diferentes: el caballo blanco (también esto es herencia
pitagórica) es noble y disciplinado (representa, así, el alma irascible), mientras
que el negro es indómito e impredecible (alma concupiscible). Cada una de las
partes de la metáfora se corresponde con una de las partes del alma. Al alma
racional (identificada con el auriga, el sujeto que dirige el carro y controla a los
caballos) le corresponde la tarea de armonizar el conjunto porque su virtud
fundamental es la prudencia y puede llegar al equilibrio entre el valor del primer
caballo y la templanza del segundo. Solamente así llega el alma a la virtud
suprema de la Justicia.

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Otro diálogo platónico en el que también se recurre a la metáfora para
ejemplificar esta misma teoría es el “Fedón” En el se expone que los seres
humanos están repartidos de forma natural en tres clases sociales que no
dependen de factores externos o materiales sino de la parte del alma que
predomina en ellos. Así, habría almas de oro, que son los seres más racionales;
almas de plata, en las que predomina la parte irascible y almas de bronce por
tener mayor tendencia a los apetitos carnales. Esto no depende ni siquiera de la
herencia de los progenitores y tiene que ser el Estado, mediante la educación,
quien determine a que grupo pertenece cada persona. (Aclaración importante:
no es que cada sujeto tenga un tipo del alma distinta. Cada individuo tiene el
alma tripartita y es una de las partes la que predomina sobre las otras dos).
Por último, es interesante destacar que, en una época en la que solamente los
ciudadanos varones contaban para la polis, Platón no hiciera distinción a la hora
de considerar que tanto hombres como mujeres podían ser educados de igual
manera y que las mujeres también podían llegar a ser ciudadanos de pleno
derecho según sus capacidades.

4. PLATÓN. ÉTICA.
La ética platónica estuvo fuertemente influida desde su juventud por las ideas de
Sócrates por lo que fue plenamente intelectualista. Pensaba, como su maestro,
que quien sabe lo que es el Bien, obrará bien y que nadie hace algo malo
voluntariamente, sino sólo por ignorancia. Platón piensa que nadie nace siendo
malo o con voluntad de actuar de mala fe, sino que las personas se vuelven
malvadas por patologías orgánicas y/o por una educación defectuosa.
Para Platón, la vida solamente puede orientarse en dos direcciones: hacia lo
bueno o hacia lo agradable (cabe recordar aquí el concepto de eros explicado
anteriormente). Y considera que lo más importante en la vida es buscar lo bueno,
es decir, el bien, no lo meramente agradable, como propondrá más tarde Epicuro.
En la búsqueda del Bien absoluto el alma se purifica y sólo así se alcanzará el
placer puro. También dice que sólo puede ser verdaderamente feliz el que se
halla en posesión de la Justicia y, con ello, de las demás virtudes y, en particular,
del Bien. La Justicia consiste en el equilibrio entre las demás virtudes del alma:
la prudencia, la fortaleza y la templanza, que se corresponden con la virtud
propia de cada parte del alma La teoría de Platón sobre el alma se conoce como
la teoría “tripartita” ya que piensa que nuestra parte inmaterial está constituida a
su vez por tres elementos distintos: la parte racional, la irascible y la
concupiscible.
El alma racional es inmortal, inteligente, de naturaleza divina y está situada en el
cerebro. El alma irascible es la fuente de las pasiones nobles, situada en el tórax
y es inseparable del cuerpo. Por último, el alma concupiscible es la fuente de las
bajas pasiones, se sitúa en el abdomen y también es mortal. Parece ser, por
tanto, que la parte inmortal del alma tiene que residir en el cuerpo como tránsito
para su posterior purificación. Después de la muerte de éste, vuelve al mundo
de las Ideas que le es propio.
En el “Fedro”, Platón expone su teoría sobre la naturaleza del alma humana
mediante el famoso “mito del carro alado”. La describe como un carro en el que
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un auriga tiene que controlar a dos caballos muy diferentes: el blanco (también
esto es herencia pitagórica) es noble y disciplinado, mientras que el negro es
indómito e impredecible. Cada una de las partes de la metáfora se corresponde
con una de las partes del alma. Al alma racional le corresponde la tarea de
armonizar el conjunto porque su virtud fundamental es la prudencia y puede
llegar al equilibrio entre el valor del primer caballo y la templanza del segundo.
Solamente así llega el alma a la virtud suprema de la Justicia.
El Bien, como ideal puro que debe regir la conducta es la idea central del mundo
de las Ideas. Como ya explicamos en otro apartado, las Ideas están
jerárquicamente organizadas: la idea principal o central es la de Bien, por debajo
de ella, las de Belleza, Justicia, Ser y Uno, luego las ideas polares, las ideas de
números y, por último, las ideas de las cosas.
La ética platónica tiene que ver, como puede apreciarse, con su
antropología – la caracterización del ser humano - porque si esta nos dice qué
somos, la ética nos define el deber ser humano, cómo debe “modelar” el hombre
su conducta para alcanzar su finalidad (la perfección racional).
La ética tiene que ver con la educación. La educación (paideia) del individuo,
uno de los temas más queridos e importantes para Platón, no es un asunto que
solo tenga que ver con los niños y los jóvenes. Es una TAREA VITAL que
consiste en armonizar las tres almas o dimensiones. Es decir, conseguir que el
alma racional cumpla su finalidad sin que los deseos obstaculicen la tarea
dialéctica y poniendo la voluntad y las emociones a su servicio. Si la educación
nos habla del trabajo del maestro con sus discípulos, para Platón la educación
en la virtud del ciudadano es uno de los grandes objetivos de la acción personal
y de la vida política.
La VIRTUD es el objetivo de la educación y de la ética. La virtud es una cualidad
adquirida por el individuo (exige esfuerzo) y que capacita para el
perfeccionamiento humano. Es, pues, una fuerza que crea el “carácter” que nos
guía para llegar a una conducta buena.
El pensamiento ético de Platón está conectado con la comunidad, es
pensamiento social. Su política es ética. Para Platón, el estado tiene cono tarea
suprema la educación moral de los ciudadanos dentro de una dinámica
conservadora que perpetúe los verdaderos valores.

5. PLATÓN. POLÍTICA.
La teoría política de Platón es, en buena medida, la teoría en la que desemboca
todo su sistema filosófico. Podría decirse que las teorías anteriormente
expuestas suponen los pilares con los que se sustenta la propuesta política que
a continuación se expone.
Platón fue el primer pensador que elaboró un amplio tratado sobre teoría política:
la "República". Esta obra le llevó al menos veinte años de trabajo y supone, en
consecuencia, la obra más depurada del autor por su calado teórico y por su
influencia en la historia del pensamiento. Posteriormente, en el ‘’Político’’ y las
"Leyes", volverá a centrarse en este problema, demostrando así la gran
preocupación por los asuntos de la polis. La intensidad de esta preocupación de

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Platón puede apreciarse en el tiempo que dedica a la reflexión sobre la política
y por la cercanía personal que muestra a los mismos en la famosa carta VII.
Aunque nosotros conocemos la obra de Platón con este título, el término
"república" es latino. Significa cosa o asunto público. El verdadero título en griego
es Πολιτεία , que es una palabra que no tiene una traducción clara en castellano.
Vendría a significar algo así como constitución o sistema de organización de la
polis.
En esta obra plantea la pregunta que, quizá desde este momento, es la pregunta
central de la filosofía política, a saber: ¿quién debe gobernar? Platón argumenta
la necesidad de que el gobierno esté en manos de los filósofos. La mejor forma
de gobierno, para Platón, es la monarquía o la aristocracia, pero basadas en la
virtud y la sabiduría y no en los derechos de sangre. La ciudad debe estar
compuesta por tres clases sociales que se corresponden con las tres partes del
alma: los gobernantes-filósofos (alma racional), los guardianes (alma irascible) y
el resto de ciudadanos, que son los artesanos, comerciantes y labradores (alma
concupiscible).
Aquellos individuos en cuyo interior predomine el alma concupiscible, tendente
al vicio y débil en lo que a los apetitos del cuerpo se refiere, deberán ocupar la
base de la pirámide y formarán la clase de los artesanos. La función social de
esta clase consiste en proveer a la polis de los bienes materiales y servicios
necesarios para su subsistencia. Además, son los únicos que pueden tener
familia y casa propias. Esta clase funcionará bien y desempeñará correctamente
su papel cuando los miembros que la componen desarrollen su virtud
individualmente actúen con templanza, moderando sus impulsos y apetitos.
Los sujetos en cuyo interior predomine el alma irascible formarán la clase de los
guardianes, cuya función social es garantizar la seguridad de la polis. Así, esta
clase formará un ejército sólido y virtuoso cuando los soldados cultiven la virtud
propia del alma que predomina en ellos: la fortaleza. Además, estos guardianes
comparten buena parte de la educación de los filósofos.
Finalmente, aquellos en quienes predomine sobre las demás el alma racional,
serán los encargados de gobernar la ciudad. Esta clase de gobernantes,
encabezada por un filósofo rey (o un pequeño grupo de ellos), deberá cultivar la
prudencia como virtud máxima, así como la sabiduría. De este modo, los
gobernantes ponen el conocimiento y la sabiduría al servicio del bienestar de la
comunidad.
El argumento que sustenta esta férrea división en clases es que los individuos
tienen naturalezas distintas, por lo tanto, no todos pueden hacer de todo. Este
último es el supuesto de la democracia, según el cual cualquier ciudadano está
capacitado para ejercer cualquier cargo o función pública. Platón entiende que
los sujetos tienen una naturaleza concreta y, por lo tanto, deberán desempeñar
la función social junto con otros individuos de naturaleza similar.
La ciudad ha de organizarse en función del bien de la comunidad, por ello la
división en clases es rigurosa, cada persona debe ser educada en función del
papel para el que está dotada sin distinción de sexos. Si cada miembro de la
sociedad cumple bien con la misión que desempeña dentro de la sociedad,
llegará a la virtud y, con ello, a la armonía social o justicia de la polis.

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La educación es la clave del sistema político de Platón. Por un lado, tiene la
función de detectar qué tipo de alma predomina en cada sujeto. Así, los niños
que abandonen los estudios prontos serán artesanos, los que continúen serán
guardianes y los que perseveran, serán gobernantes.
Por otro lado, la educación tiene otra tarea: la educación moral de los ciudadanos
orientada al cultivo de la virtud que les es naturalmente propia. Así, Platón
garantiza que cada clase cumple con su función, garantizando así el orden social.
A nivel general, la educación es imprescindible para poder conseguir la sociedad
perfecta y poder mantenerla. A nivel individual, la educación es necesaria porque
aporta conocimientos auxiliares a los jóvenes, guía a la inteligencia en el ascenso
dialéctico y ayuda a recordar lo que el alma racional ya sabe.
No todos los ciudadanos reciben la misma educación: los miembros de la clase
baja (artesanos, comerciantes y labradores) reciben sólo unas nociones de ética
y los miembros de las clases altas (guardianes y gobernantes) reciben una larga
educación por cuenta del Estado desde que nacen y van siendo seleccionados
por sus cualidades hasta que solamente unos pocos, los mejores, serán
entrenados para gobernar la polis en cargos secundarios hasta que cumplan los
cincuenta años.

De este modo, llegamos al gran concepto de la República y de la filosofía


política en general: la Justicia. La Justicia se produce en la propuesta de
Platón cuando cada uno (individual y colectivamente) hace lo que le
corresponde. Esto es, cuando cada individuo es virtuoso individualmente y
hace que su clase social cumpla su función, el Estado funciona y se da la
Justicia. Así, la Justicia consiste en que cada uno debe hacer lo que le
corresponde (herathou prattein).

Además, Platón elabora una teoría de la evolución de las formas políticas según
la cual, no se muestra partidario de la democracia porque degenera en
demagogia, luego en caos y anarquía y, por último, da lugar al gobierno de los
tiranos. Su proyecto político está dirigido en contra de los sofistas y pretende
escapar a la temporalidad pues piensa que el modelo de Estado perfecto al que
hay que aspirar pertenece al mundo eterno de las Ideas.

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B. CONCEPTOS

o Idea: es un objeto que existe en un mundo separado del material, y se


caracteriza por ser universal, eterno, único, perfecto e inmaterial. Esta
realidad ideal es la que serviría como modelo al demiurgo (inteligencia
ordenadora) en el acto de creación de la realidad material: cada cosa
material imita o participa de su Idea correspondiente.
o Mundo sensible: Se corresponde con la realidad material, y es el mundo
que conocemos a través de los sentidos. En este mundo no es posible
llegar a la verdad, pues está sometido permanentemente al cambio. Con
todo, dentro del mundo sensible, Platón distingue dos tipos de
conocimiento: imaginación, centrado en la imagen de las cosas, su
apariencia y creencia, que implicaría un conocimiento del objeto material.
o Mundo inteligible: Es la realidad a la que accedemos por medio de
nuestra razón, y sería el mundo de las Ideas. Por tanto, es un mundo de
verdades abstractas, y universales, en el que Platón señala otras dos
formas de conocimiento: inteligencia discursiva y ciencia o pensamiento.
La primera de ellas se ocuparía de los objetos matemáticos y serviría de
preparación para el mayor conocimiento al que puede aspirar el ser
humano, que consistiría en la contemplación intelectual de las ideas.
o Bien: tal y como nos lo presenta en la República, el Bien es para Platón
la Idea más alta a la que puede aspirar el ser humano, y también la más
difícil de conocer, accesible solo para el sabio. El filósofo griego estima
que la Idea de Bien sería la Idea suprema, y que, similar a la luz del sol,
confiere inteligibilidad al resto de Ideas, que de una forma más o menos
directa participan del Bien. Esta Idea de Bien es el objetivo último del sabio
o dialéctico, y aquel que la conozca será la persona más adecuada para
gobernar.
o Razón: Es para Platón la mayor capacidad de conocimiento del ser
humano, y sería la encargada del conocimiento del mundo inteligible. Es
por tanto el rasgo distintivo del ser humano, y lo que nos permite llegar a
la verdad, que Platón sitúa en el mundo inteligible. El conocimiento
racional será para Platón siempre superior al empírico.
o Doxa: término griego que suele traducirse como opinión y hace referencia
al conocimiento del mundo sensible. La doxa sería el medio natural de los
sofistas: si se trata de un conocimiento no verdadero, todo será objeto de
opinión, y el lenguaje podrá orientarse en una u otra dirección para
conseguir que las cosas parezcan lo que más pueda interesar en cada
caso. En consecuencia, la doxa será un conocimiento falso, centrado en
lo sensible, y dependiente siempre de intereses ajenos a la verdad. Se
divide en imaginación y creencia.

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o Episteme: es el conocimiento propio del mundo inteligible, por lo que es
superior a la opinión y nos conduce al descubrimiento de la verdad. La
episteme, habitualmente traducido como ciencia, incluiría la inteligencia
discursiva (conocimiento de los objetos matemáticos) y el pensamiento
(conocer las Ideas directamente con nuestra razón). En consecuencia, la
episteme apuntaría a la mayor abstracción que puede alcanzar el
conocimiento humano.
o Universal: Es uno de los rasgos de las Ideas platónicas, quizás el más
importante de ellos y consiste precisamente en que una sola Idea sirve
para comprender una pluralidad de realidades materiales, que se
caracterizan precisamente por ser concretas, particulares. Con este
concepto, que Platón hereda de Sócrates, comienza una larga búsqueda
filosófica de un concepto verdadero, que no dependa de circunstancias
sociales, culturales o históricas, con el que poder comprender la realidad.
La buscada universalidad es tan importante que, por ejemplo, en la edad
media se desatará la “polémica de los universales” que versa
precisamente sobre la existencia o no, de realidades universales,
similares a las Ideas platónicas.
o Absoluto: características de las Ideas y, en consecuencia, también de la
verdad. Las Ideas no son relativas, no dependen de un contexto social o
cultural, sino que existen por sí mismas en un mundo separado del
material. Están, por así decirlo, “sueltas de” cualquier condicionante. Por
ello, el sabio que logre alcanzarlas poseerá también un conocimiento
absoluto, independiente de cualquier condicionante.
o Dualismo: Es una de las tesis generales del pensamiento platónico que
consiste en afirmar la existencia de dos mundos distintos, el material y el
de las Ideas, estableciendo entre ambos una relación de participación e
imitación. Este dualismo defiende por tanto que el mundo material en que
vivimos no es el único existente, sino que hay otra realidad de
abstracciones de la cual esta nuestra depende. Este dualismo se extiende
también a la concepción del ser humano, que para Platón es un
compuesto de cuerpo (mundo material) y alma (mundo de las Ideas).
o Reminiscencia: este concepto es el más importante de una de las tesis
centrales de la teoría del conocimiento platónica, y se podría entender
como “recuerdo”. En el Menón, Sócrates defiende que “conocer es
recordar” y que el conocimiento implica un “reconocimiento”, es decir, un
recuerdo de las Ideas que el alma conoció antes de encarnarse en un
cuerpo. Implícitamente, Platón defiende la existencia de ideas innatas a
través de este concepto de reminiscencia, pues lo que se está afirmando
también es que el ser humano cuenta con conocimientos previos a la
experiencia.
o Transmigración: transmisión del alma de un ser vivo a otro más allá de
la muerte. Esta es una de las tesis centrales de la antropología platónica
y aparece recogida en varios de sus mitos. Con todo, no es una idea

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original, sino que habría llegado hasta Platón desde las religiones órficas
a través del pitagorismo. Nos encontramos así ante una de las pocas
ideas puente entre oriente y occidente. Si seguimos la descripción
platónica, al morir el alma vuelve al mundo de las Ideas si se ha llevado
una vida sabia y orientada al bien. Pero si no es así, el alma pasaría a
otro ser vivo y comenzaría un ciclo de sucesivas “transmigraciones” hasta
que volviera a tener la oportunidad de volver a existir como un ser
humano.
o Mímesis: Concepto griego que se traduce por imitación. Desempeña un
papel importante en dos terrenos de la filosofía platónica. En primer lugar,
y con caracter general, las cosas guardan con las Ideas una relación de
mímesis, pues imitan a las Ideas, son una copia material de las mismas.
Por otro lado, esta misma idea de mímesis caracteriza según Platón lo
que hoy llamaríamos artes plásticas: la pintura y la escultura con una
realidad de segundo nivel, pues son una imitación de la realidad material,
y en este sentido serían una copia de copia, una imitación de una
imitación.
o Methexis: Platón utiliza esta palabra griega para referirse a la relación de
participación que hay entre las cosas y las Ideas. Según la methexis, las
cosas participan de las Ideas, pero al ser materiales lo hacen de un modo
imperfecto. La methexis, que es un concepto clave para sostener el
dualismo platónico, se va a poner en duda en los llamados diálogos
críticos, pues la participación parece entrar en contradicción con el
carácter “separado” y “absoluto” de las Ideas.
o Virtud: el concepto de virtud aparece caracterizado en varios diálogos,
por lo que es muy difícil dar una única definición del mismo. Es posible
encontrar al menos tres caracterizaciones, no distintas, sino
complementarias: sabiduría, purificación, armonía. El virtuoso es el sabio,
aquel que empeña su vida en el conocimiento de las Ideas. Esto nos lleva
casi de un modo natural al segundo significado: la virtud implica una
renuncia a los placeres corporales en favor del cultivo del conocimiento.
Y finalmente, quien haya alcanzado la sabiduría, quien conozca el Bien,
tiene necesariamente que ser alguien armónico, cuyas “almas” estén en
equilibrio, cumpliendo cada cual con la función que le corresponde.
o Justicia: La justicia es la virtud fundamental de la polis y el tema central
de la República. Será justa aquella polis en la que cada cual se ocupa de
aquella función para la que está mejor preparado, sea gobernante,
guardián o productor. El equilibrio de estas tres clases sociales y el hecho
de que estén integradas por las personas más adecuadas para cada una
de estas tareas es lo que provoca que surja la justicia, que igualmente
puede entenderse, en el terreno ético, como un equilibrio entre las tres
partes del alma que señala Platón (pensamiento, sentimientos e institutos
o impulsos).

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C. TEXTOS

Texto 1.
«Pues bien, mi querido Glaucón -proseguí-, este cuadro debemos aplicarlo
exactamente a lo que dijimos antes. Hay que asimilar el mundo que nos es
patente por medio de la vista al local de la prisión, y la luz del fuego que hay en
ella a la luz del Sol. En cuanto a la subida al mundo superior y a la contemplación
de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región
inteligible no errarás con respecto a lo que constituye mi vislumbre, ya que has
manifestado el deseo de oírme sobre esto. Si es o no verdadero, sólo la divinidad
lo sabe. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último
que se percibe, y con trabajo, es la idea del Bien; pero, una vez percibida, hay
que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las
cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de
ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de la verdad y de la
inteligencia, y que por fuerza tiene que verla quien quiera proceder sabiamente
tanto en su vida privada como en la pública.»
PLATÓN, República, Libro VII.
Texto 2.
‘’ - Y si en su vida anterior hubiese habido honores y alabanzas de unos a otros
y recompensas para aquel que tuviera la vista más penetrante para discernir las
sombras que pasaban, que recordara mejor cuáles de entre ellas solían pasar
primero, cuáles después o al mismo tiempo, siendo por ello el más hábil en
pronosticar lo que iba a suceder, ¿crees que aquél sentiría nostalgia de tales
distinciones o que envidiaría a los que recibían honores y poder entre aquéllos?;
¿no crees más bien que le sucedería lo que dice Homero, es decir, que preferiría
decididamente «trabajar la tierra al servicio de un pobre labrador» y sufrir
cualquier mal antes que volver a vivir en aquel mundo de lo opinable? -Creo –
respondió- que preferiría sufrirlo todo antes de vivir de aquel modo. -Ahora -
continué- considera lo siguiente: si este hombre volviera allá abajo y ocupase de
nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas al
dejar súbitamente la luz del sol? - Ciertamente -dijo-.’’
PLATÓN, República, Libro VII.
Texto 3.
«—Necesitaría efectivamente acostumbrarse, creo yo, para llegar a ver las
cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían en primer lugar las sombras;
después las imágenes de los hombres y de los demás objetos reflejados en las
aguas y, finalmente, los objetos mismos. Después de esto, podría más fácilmente
contemplar de noche los cuerpos celestes, el cielo mismo, fijando su mirada en

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la luz de las estrellas y la luna, que de día el sol y su resplandor. —¿Cómo no?.
—Finalmente, creo, sería capaz de contemplar el sol, ya no sus imágenes
reflejadas en las aguas o en algún otro medio ajeno a él, sino el propio sol en su
misma región y tal cual es en sí mismo.»
PLATÓN, República, Libro VII.

Ideas guía para el comentario:

Se lee una comparación permanente entre la persona formada, que ha


conocido ya la verdad o, dicho de otro modo, la falsedad de esta vida, frente a
aquel otro, ignorante, que se fía de las apariencias y cree que no hay nada que
pensar más allá de las mismas. La idea está llena de actualidad y encuentra ecos
indudables en nuestro tiempo: asistimos en efecto a una valoración social y
económica de actividades que están muy alejadas de la cultura. A este respecto,
Platón afirma dos cosas: que quien se haya empeñado en formarse y conocer la
verdad no envidiará nada a quienes triunfen en el mundo de los ignorantes y que,
además, le costará mucho acostumbrarse a vivir de nuevo entre ellos. La
estructura podría ser la siguiente:
1. El sabio preferiría una vida humilde y austera antes que volver a la
ignorancia.
2. Al sabio le costará acostumbrarse a vivir rodeado de ignorantes. Tendrá
un problema de adaptación, pues todo lo que ha aprendido no parece servir en
el mundo de la ignorancia.
Si quisiéramos resumir el texto en una sola pregunta, esta podría ser: ¿Es
preferible ser sabio y vivir de forma anónima y modesta o vivir con honores y
reconocimientos en un mundo de ignorantes?

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