0% encontró este documento útil (0 votos)
10 vistas4 páginas

Cuatilla

epale

Cargado por

nadheska
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
10 vistas4 páginas

Cuatilla

epale

Cargado por

nadheska
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Capítulo 1 y 2 del texto “Pedagogía del oprimido” Capítulo 1: Justificación de la

pedagogía del oprimido


Paulo Freire desarrolla en el primer capítulo un análisis profundo sobre la situación de
opresión, a partir de su observación sobre la estructura social que separa a los
“oprimidos” de los “opresores”. Freire establece que la deshumanización afecta tanto a
los oprimidos como a los opresores, ya que ambos son atrapados en una relación de
poder que impide el desarrollo de su plena humanidad. Los opresores, al contar con el
poder, tienen la capacidad de definir la realidad en términos que benefician sus
intereses, manteniendo a los oprimidos en un estado de dependencia y sumisión. Para
Freire, la opresión no solo daña a quienes son directamente afectados, sino que
también impide la capacidad humana de empatizar, comprender y colaborar. Es una
distorsión de lo que él denomina la "vocación del ser más", que en todos los seres
humanos apunta hacia la libertad, la dignidad y el desarrollo personal y colectivo. El
autor argumenta que esta vocación es negada en la opresión, ya que tanto los
oprimidos como los opresores son atrapados en una dinámica donde el “ser más” de los
opresores depende de la negación del mismo derecho en los oprimidos. Para los
oprimidos, la vocación de ser más se traduce en un ansia de libertad y justicia, una
necesidad profunda de recuperar su humanidad despojada. Freire presenta aquí la idea
de que la liberación auténtica no puede venir impuesta desde el exterior. La liberación
debe ser un proceso que los oprimidos emprenden por sí mismos, reconociendo y
enfrentando su propia realidad a través de la “praxis”: la acción y reflexión conjunta
sobre su situación concreta. El cambio social, según Freire, solo es posible cuando los
oprimidos adquieren una conciencia crítica y se convierten en sujetos de su propio
destino. Este proceso de concienciación implica que los oprimidos tomen conciencia de
las causas de su opresión y que, mediante esta comprensión, asuman la
responsabilidad de su liberación, construyendo una comunidad de solidaridad con otros
que compartan su condición. Un aspecto fundamental de la propuesta de Freire es la
idea de que los oprimidos no deben buscar la liberación asumiendo el rol de opresores.
Freire subraya que el objetivo es transformar la sociedad hacia una estructura en la cual
todos los individuos, libres de opresión, puedan desarrollar su potencial humano. En
este sentido, la pedagogía del oprimido no pretende formar nuevos opresores, sino
sujetos libres y responsables, capaces de vivir en una sociedad justa e igualitaria. Para
Freire, la pedagogía debe ser un instrumento de autoconocimiento y
autotransformación, donde los individuos entienden que su lucha por la libertad también
contribuye a liberar a quienes los oprimen, puesto que estos también están atrapados
en la dinámica deshumanizante del poder opresor.
Capítulo 2: La concepción “bancaria” de la educación y la educación
problematizadora El segundo capítulo introduce una crítica directa al modelo
tradicional de enseñanza, al que Freire denomina la "educación bancaria". En este
modelo, los estudiantes son concebidos como recipientes vacíos en los que el maestro
deposita información, sin que haya lugar para el cuestionamiento o la reflexión. Este
proceso convierte al educador en un sujeto que posee el conocimiento y al educando
en un objeto pasivo que debe recibirlo sin cuestionamientos. Freire considera que esta
educación “bancaria” sostiene el sistema opresor, ya que inculca en los estudiantes una
mentalidad pasiva y conformista, incapaz de desafiar la estructura social que perpetúa
la opresión. Además, Freire argumenta que la educación bancaria es una herramienta
de control social, diseñada para domesticar a los estudiantes, formándolos como
individuos obedientes y sumisos que aceptan sin crítica las ideas y valores de los
opresores. Al silenciar su capacidad de cuestionar, este modelo de educación les niega
la oportunidad de reconocer y desafiar las estructuras de poder que los oprimen. La
educación bancaria, entonces, es parte de un sistema más amplio que busca mantener
el statu quo, reforzando las jerarquías existentes y limitando la capacidad de los
individuos de concebir una realidad diferente. En oposición a este modelo, Freire
propone la “educación problematizadora” o liberadora, una metodología que se basa en
el diálogo y en el cuestionamiento de la realidad. En este enfoque, los estudiantes son
considerados sujetos activos y críticos, capaces de participar en la construcción del
conocimiento. La educación problematizadora fomenta la curiosidad y la autonomía,
incentivando a los estudiantes a interpretar y transformar el mundo que los rodea. En
lugar de ser un proceso unilateral, donde el educador deposita conocimientos, este
modelo se construye sobre la relación horizontal entre el educador y los educandos,
donde ambos participan en un proceso de aprendizaje mutuo y continuo. Freire señala
que la verdadera educación es un proceso dialógico que lleva a los estudiantes a
enfrentarse a sus propias experiencias y a las realidades de su entorno. En lugar de
adaptar a los individuos a una sociedad injusta, la educación liberadora los prepara
para transformarla. La base de este enfoque es el diálogo, entendido como un
intercambio de ideas y experiencias donde cada individuo contribuye a la creación de
un saber compartido, también, permite que los estudiantes reflexionen sobre su
situación de opresión, identifiquen las causas de su sufrimiento y desarrollen la
determinación para superar estas limitaciones. Para Freire, la clave del proceso
educativo radica en la superación de la contradicción entre el educador y el educando.
En la educación bancaria, el educador es el sujeto que enseña, mientras que el
educando es el objeto que aprende, por otra parte, en la educación problematizadora,
ambos son sujetos que participan activamente en el proceso de aprendizaje. Esta
concepción permite que los estudiantes no solo adquieran conocimientos, sino que
también desarrollen una comprensión crítica de su realidad y se conviertan en agentes
de cambio en sus comunidades. Conclusión unificada La Pedagogía del oprimido de
Paulo Freire es una propuesta transformadora que invita a cuestionar las estructuras de
poder y a repensar el rol de la educación en la sociedad. A través de su crítica al
modelo de educación bancaria y su defensa de una pedagogía liberadora, Freire
establece que la verdadera educación debe capacitar a los individuos para que se
conviertan en agentes de su propio cambio. En lugar de ser receptores pasivos de
conocimientos, los estudiantes deben ser partícipes activos en la creación de una
sociedad justa y equitativa. Freire sostiene que la educación liberadora es un proceso
de concienciación, en el cual los oprimidos descubren su potencial para transformar el
mundo y se preparan para asumir un rol activo en la construcción de su propia realidad.
Este proceso no solo implica la adquisición de conocimientos técnicos, sino también el
desarrollo de una conciencia crítica que les permita analizar y desafiar la realidad
opresiva en la que viven. La pedagogía del oprimido, entonces, no es solo una
metodología educativa, sino una propuesta política y filosófica que busca empoderar a
los individuos para que luchen por su libertad y dignidad. Freire concluye que la
liberación no es un fin en sí mismo, sino un proceso continuo en el cual los oprimidos, al
recuperar su humanidad, también contribuyen a humanizar a los opresores. En esta
visión, la educación es una herramienta para la construcción de una sociedad donde
todos los individuos puedan vivir en libertad e igualdad, sin las limitaciones impuestas
por las estructuras de opresión. La pedagogía del oprimido nos invita a repensar la
educación como un acto de amor y solidaridad, una práctica que promueve la
emancipación de todos los seres humanos.

También podría gustarte