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Frases Celebres Ministeriales

El documento presenta una colección de frases célebres ministeriales de Gene Edwards y Edward E. Bounds, enfocándose en la importancia de la oración, la obediencia a Dios y la vida espiritual. Se enfatiza que un ministerio eficaz depende de la conexión con Dios y la pureza del corazón, así como la necesidad de vivir y predicar la verdad de manera coherente. Además, se destaca que la verdadera influencia en el mundo proviene de una vida de oración constante y un corazón quebrantado ante Dios.
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Frases Celebres Ministeriales

El documento presenta una colección de frases célebres ministeriales de Gene Edwards y Edward E. Bounds, enfocándose en la importancia de la oración, la obediencia a Dios y la vida espiritual. Se enfatiza que un ministerio eficaz depende de la conexión con Dios y la pureza del corazón, así como la necesidad de vivir y predicar la verdad de manera coherente. Además, se destaca que la verdadera influencia en el mundo proviene de una vida de oración constante y un corazón quebrantado ante Dios.
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FRASES CELEBRES MINISTERIALES.

Elaboración Roberto Álvarez Méndez

Fecha Año 2011

A. MINISTRO : GENE EDWARDS

BIBLIOGRAFIA ; 1. El Diario de Timoteo

2. El Diario de Tito

3. El Diario de Aquila y Priscila

1. Todas las luces son débiles cuando Cristo no brilla. Todo es oscuridad
cuando EL no brilla. En la iglesia, si Cristo no está allí, ¿Qué es lo que
hay ¿

2. Debemos recordar que nosotros somos la única Biblia que algunos jamás
leerán.

3. Solo Cristo conoce todo lo que logró cuando inclinó Su cabeza y entrego
Su espíritu al Padre; este es un misterio divino, ante el cual nos
quitamos el calzado, pues el Calvario, tierra santa es.

4. Dios crea seres con mente, emociones y voluntad semejantes a las Suyas.
No puede hacer seres a su propia imagen y semejanza que no sean libres
para pensar, sentir y elegir por sí mismos.

5. Los seres creados no pueden ser hechos a la imagen y semejanza de Dios


y, al mismo tiempo, ser programados para hacer solo la voluntad de
Dios. Tanto los ángeles como el hombre tienen la capacidad de elección
entre obedecer a Dios o desobedecerle.

6. Cuando hablamos de vivir en el Espíritu, hablamos de vivir por medios


no humanos. Hablamos de algo que tiene que ver con la Divinidad y con
otros ámbitos.

7. Con frecuencia los que realizan la obra de Dios no se detienen a inquirir


cual es la voluntad divina, ni averiguan si es el momento indicado ni la
manera debida para realizarla.
8. Las palabras habladas por nuestra propia cuenta, sin que haya habido
conexión con el Espíritu Santo, caerán al suelo.

9. Cristo aunque siempre es Dios, no actuará nunca según sus atributos


divinos mientras viva entre los hombres como Jesús el Hombre, porque
temporalmente y voluntariamente se VACIO de ellos. -Jesús el DIOS –
hombre, vivía en la tierra como perfecto hombre, dependiendo a cada
instante del Espíritu Santo que lo capacitaba para hacer siempre la
voluntad de Su Padre Eterno.

10. Jesús como hombre no puede actuar como hombre algunas veces y,
actuar como Dios en otras ocasiones. En el momento que Jesús comience
a caminar como Dios, no podría ser ya más el Postrer Adán.

11. Debemos darnos cuenta de que al hacer lo que Dios no nos ha


encargado. Es tan pecaminoso como hacer lo que EL si nos ha ordenado.

12. El misterio de Cristo contiene un elemento sobrenatural que sobrepasa


al hombre a pesar de la revelación dada. Solamente conocemos en
parte; quizá ni aun en la eternidad lograremos sondear las profundida-
des de Dios.

13. ¡Qué triste es la frecuencia con que los hijos de Dios malentienden los
Patmos de su vida, que han sido preparados por el mismo Dios ¡.

14. La medida, el grado y la pureza de nuestra consagración determina el


grado y la medida de nuestra influencia delante de los hombres.

15. La característica más prominente de los progresan en madurez


espiritual es la habilidad de percibir las cosas del Espíritu.

16. Cuando más maduro llega a ser un discípulo de Cristo, más sentirá su
falta de madurez. Mientras más se anda en la luz, más grande parece
ser su necesidad de la sangre purificadora de Cristo.

17. Un ministerio eficaz siempre depende de nuestra fidelidad a la


predicación y no de la receptividad de nuestros oyentes.

18. Cuando seamos librados de los últimos vestigios de la carne, entonces te


ofreceré mi todo, y seré para tu deleite por todas las edades de la
eternidad.

19. No le seas infiel, no sea que el amor con que hasta ahora te ha mostrado
asuma la forma de celos, y se divorcie de ti.
20. El verdadero gobierno de Dios se apoya no en un hombre, sino en el
contrito corazón de un hombre.

21. Qué necesita este mundo?. ¿ Hombres talentosos, exteriormente


capacitados, u hombres de quebrantado corazón, interiormente
transformados ¿.

22. Cada ministerio debe basarse en la Palabra de Dios. No estamos aquí


para ofrecer nuestros propios pensamientos o palabras. Si añadimos o
quitamos algo de ella, nuestra caída será inminente.

23. La batalla en el desierto, como en el huerto, se libró alrededor de lo que


Dios dijo. Cristo estuvo dispuesto a obedecer donde Adán y Eva
desobedecieron.

24. Debemos hacer que la Palabra de Dios sea parte vital de nuestro ser,
tenemos que limitar nuestro ministerio a lo que Dios dice. Solo así
podremos ministrar la Palabra a este mundo.

25. La obediencia fue el elemento crucial en el ministerio de Cristo. EL


estuvo dispuesto a obedecer a Su Padre Eterno aunque ello le significaba
dejar su trono de gloria.

26. (Cristo) Desde su nacimiento hasta la cruz, tanto sus palabras como sus
obras reflejaron una sumisión completa a la voluntad de Su Padre.

27. La vida de Cristo fue gobernada por la iniciativa y soberanía de su


Padre. EL hacía y hablaba sólo lo que su Padre le ordenaba.

28. Cuando exhortemos a alguien asegurémonos que nuestras buenas obras


tengan una íntima relación con la sana doctrina. No es suficiente
predicar la verdad; hay que vivirla también.

29. La sana doctrina significa más que meras enseñanzas; la doctrina está
íntimamente ligada a la obediencia y a la santidad de vida.

30. Antes que el VERBO Eterno sea proclamado al mundo, este tiene que ser
primero parte de nuestro ser. Antes que los profetas salieran a predicar.
Dios hizo que asimilaran su Palabra primero.

31. La Palabra vendrá a ser parte vital nuestro solamente cuando estemos
dispuestos a obedecer a Dios; y solo así podremos ministrar su Palabra
a los demás.
32. Jeremías predicó al pueblo de Judá por cuarenta años sin ver ningún
resultado. Lo que lo mantuvo predicando a un pueblo rebelde fue su
fidelidad y su confianza de que Dios iba a cumplir lo que se propuso
hacer a través de su Palabra.

33. Cuando hablamos de conocimiento casi siempre nos referimos a un


cúmulo de información. Dios, sin embargo, se refiere a una íntima y
profunda relación con EL.

34. Paciencia es el valor de poder vivir a pesar de las grandes pruebas,


persecuciones o sufrimientos, a fin de que Dios sea glorificado en
nuestras vidas.

35. Siempre habrá una marcada diferencia entre los que predican el
Evangelio de Cristo con poder, sencillez y sinceridad de corazón y entre
los que hacer un mercado del sistema religioso con motivos egoístas.

36. Aunque Dios desea que tomemos parte en su obra, EL nunca depende de
nosotros para llevarla a cabo.

37. Cristo describe el carácter de un siervo como aquel cuyo corazón vive
entregado a la voluntad de otro. Un siervo vive solo para obedecer.

38. Si nuestros recursos provienen de nosotros mismos, de nuestra


educación, personalidad o de nuestras propias habilidades, y no de
nuestra fe en Dios; estamos sirviendo bajo el régimen de la carne y, no
bajo el régimen del Espíritu

39. Sí nuestro ministerio es rígido, si la gente agoniza en vez de crecer, si


nuestro mensaje condena en vez de estimular a la piedad; este es un
ministerio de la carne.

40. Si lo que hacemos impacta eternamente pero no pasa la prueba del


tiempo, estamos operando bajo un ministerio del Antiguo Pacto.

41. Una obra inmutable que produce santidad en los hombres solo puede
originarse en Dios. Lo que, Dios, hace en las vidas de otros jamás
podrá ser efectuado por hombre alguno.

42. El mensaje confiado a Pablo como a nosotros, no se limita a ser una


mera demostración moral o instrucción teológica; su esencia tiene que
ver con la vida de Cristo morando en nosotros.
43. Un ministerio eficaz nunca depende de lo que somos o de nuestras
habilidades, sino de lo que Dios es y lo que EL puede hacer por medio
nuestro.

44. El éxito de nuestro ministerio depende primordialmente de nuestra


visión de Dios. Cuando más clara y profunda sea nuestra visión de Dios,
más eficaz será nuestro ministerio.

45. La pureza y santidad de DIOS fue lo que motivo a los seres angélicos a
adorarle: Santo, Santo, Santo. Que sucedería si lográsemos ver la
Santidad de Dios. Nuestras prioridades y motivos nunca serían los
mismos ante la presencia del Dios Santo.

46. Si la santidad de Dios nos llegara a cautivar, Cómo afectaría esto


nuestra vida y ministerio? Ver su Santidad es la más poderosa
motivación hacia una vida recta.

47. La visión del Cristo glorioso a Pablo le significó vivir como siervo todos
los días de su vida, poseído por Aquel que le había comprado con su
propia sangre.

48. El éxito del ministerio de los profetas antiguos dependía enteramente de


su visión de Dios. Esto era el secreto de su poder, santidad y guianza, y
el corazón mismo de su mensaje.

49. El conocimiento de Dios se esconde de los que se consideran sabios


según este mundo. Pero se revela a los que vienen a EL como niños.

50. Nunca lograremos tener una perspectiva clara de la realidad de Su reino


si todavía buscamos vivir en el reino de Dios y en el reino de este mundo
al mismo tiempo.

51. Evitémonos estar preguntándonos el uno al otro: Qué es lo que sabemos?


Qué es lo que podemos hacer? Preguntémonos más bien: Hemos visto a
DIOS? Cuanto más lo vemos o sabemos de EL, más pleno, eficaz y
fructífero será nuestro ministerio.

52. Nuestra visión de Dios es la base de nuestra obra, es el eje alrededor del
cual gira todo nuestro ministerio. Cada pensamiento, acción, palabra
pronunciada, sentimiento, motivos, valores y prioridades, surgen
directamente de cómo vimos a Dios.
53. Moisés quiso ver el rostro de Dios pero EL le mostró su PERSONA. EL
hizo que Moisés viera su bondad, su gracia y compasión. Esta visión le
lleno su corazón.

54. Antes de hablar al mundo de Dios, necesitamos acercarnos a EL,


entonces podremos proclamar al mundo sobre su infinito amor. ¡Dios
quiere que nuestro corazón arda por EL. y solamente por El ¿.

55. Dios nos ha hecho sus ministros para que proclamemos su Nombre,
Poder y Gloria entre las naciones; para que el mundo le conozca y le dé
la gloria que EL sólo se merece.

56. Dios quiere que el carácter del mensajero refleje el mensaje mismo de la
Palabra, y que dependa completamente de los recursos divinos para
llevar a cabo su ministerio.

57. Qué es lo que el Señor considera tener gran fe ¿ ¡Hagan lo que les he
mandado y les consideraré como hombres de gran fe ¡. EL quiere crear
en nosotros la misma clase de disposición que EL tuvo ante su Padre:
Un corazón obediente.

58. La dimensión de nuestra santidad siempre será medida por el nivel de


nuestra obediencia. Entonces María dijo: He aquí la esclava del Señor;
Hágase conmigo conforme a su Palabra.

59. Si somos sensibles a la dirección del Espíritu Santo, sabremos cuándo


cesar de interceder, y sencillamente creer.

60. Considerad este misterio: El Señor utiliza aun a los demonios para
llevar a cabo sus propósitos divinos y misterios en la vida de sus hijos.

61. A través del velo de la humanidad de Cristo vemos a Dios Padre y


vivimos. Siempre debe haber un tipo de nube en medio. ¡ Aun el
vislumbre de sus faldas es algo sobrecogedor ¡. Lev. 16.2

62. Es una verdadera tragedia usar las Escrituras como plataforma para
decir lo que se nos da la gana. La verdad pereció, se desvaneció de sus
labios. Jr. 7.28

63. Las aflicciones de esta vida son herramientas o medios que Dios usa y
permite para ponernos en situaciones donde tenemos que sufrir a fin de
que la vida de Cristo sea vista en nosotros.
64. El aumento del poder de Dios viene sólo a través de una creciente
debilidad. Es dudoso que Dios pueda usar en gran medida a un hombre
sin antes herirlo profundamente.

65. La gracia de Dios proporciona un poder puramente divino susceptible


de ser canalizado a través de un vaso preparado para ser el instrumento
de Dios y no para exaltarse a sí mismo.

66. Dios tiene una universidad. Es una escuela pequeña. Pocos se


inscriben, todavía menos se gradúan. Muy, muy pocos en realidad. Sus
egresados tienen esta característica: Tienen el corazón quebrantado.

B. MINISTRO : EDWARD E. BOUNDS

Bibliografía : 1. El Propósito de la Oración

2. El predicador y la oración

3. Los fundamentos de la oración

4. Orad sin cesar.

1. Podemos estar seguros de esto: El secreto de todos nuestros fracasos es el


fallo en la oración privada. Nunca somos tan altos como cuando estamos
de rodillas.

2. La influencia de un hombre en el mundo no se mide por su elocuencia, su


ortodoxia. Su energía o su sabiduría sino por sus oraciones constantes.

3. Debe haber pureza de corazón, pureza de motivos, si nuestras oraciones


han de ser en Su Nombre. Actualmente lo que impera es la oración fría y
sin vida del fariseo, sin un verdadero acercamiento a Dios.

4. El espíritu de oración es esencialmente un espíritu de amor. La intercesión


es simplemente el amor en oración. La falta de amor en el corazón es
posiblemente el mayor obstáculo a la oración. Si albergamos un espíritu
que no perdona, es prácticamente perder el tiempo al orar.

5. Dé que le beneficiará a un hombre si dedica todo el tiempo a orar, pero


alberga una falta de amor en su corazón que hace imposible la oración
verdadera.
6. La bendición más grande del siervo de Cristo consiste en subir al monte
donde habrá de recibir las instrucciones de Dios.

7. Antes de presentar nuestras peticiones a Dios, primero meditemos en su


Gloria y luego en su gracia abundante. Muchos tratamos de entrar en
comunicación con Dios sin pensar en quitarnos el calzado de los pies.

8. Cuando empecemos a orar, usemos expresiones de atributos de Dios tales


que nos hagan sentir su grandeza y su poder.

9. No hay oraciones que vuelen más rápido a las alturas que aquellas que se
levantan de las profundidades de nuestro ser. ¡De lo profundo, oh JAHVE, a
ti clamo ¡.

10. Postrarse ante el trono de Dios es la actitud adecuada de la oración: En la


humildad esta nuestra fortaleza para la súplica.

11. Jesús el Hombre Perfecto pasaba más tiempo en oración que nosotros,
porque sabía que la oración es mucho más poderosa que el servicio.

12. ¡Cuánto más ocupado estaba el Señor, más oraba!. Con todo siempre ponía
tiempo aparte para la oración.

13. Hemos de clamar porque se derrame la unción que descendió sobre Simeón
(el que oye) en nuestra vida, para que seamos cambiados en hombres de
oración.

14. Siempre que en un púlpito o en las sillas hay poca oración, es inevitable que
sobrevenga una bancarrota espiritual. La oración débil, formal, e
inconstante acarrea decaimiento, ruina y muerte.

15. La gran necesidad de la iglesia en esta y en todas las edades es de hombres


con una fe pujante, santidad ejemplar y tal celo y vigor espiritual que
puedan participar en verdaderos cambios espirituales a través de su
poderosa influencia por una vida de oración.

16. Los líderes de la iglesia pueden tener diversos talentos y dones, pero sin el
más grande de los dones, LA ORACION, son como el templo sin la divina
Presencia y Gloria, son altares en los cuales la llama divina se ha
extinguido.

17. Tenemos que aprender a oír cuando oramos, y a ser sensitivos a la voz de
Dios a través de su Palabra y su Espíritu. Ejercitamos más cualquier otra
cosa que el importantísimo habito de postrarnos de rodillas ante Dios.
18. El método de Dios se concreta en los hombres. La iglesia busca mejores
sistemas; Dios busca mejores hombres. La oración que tiene influencia en
el ministerio debe afectar toda la vida del ministro.

19. Lo que la iglesia necesita hoy en día, no es maquinaria más abundante o


perfeccionada, ni nuevas organizaciones ni métodos más modernos, sino
hombres que puedan ser usados por el Espíritu Santo: hombres de oración.
El Espíritu Santo no pasa a través de métodos sino de hombres. No
desciende sobre la maquinaria sino sobre hombres. No unge los planes sino
a los hombres de oración.

20. El buen nombre y el éxito del Evangelio están confiados al predicador, pues
o entrega el verdadero mensaje divino o lo echa a perder. Así todo lo que el
predicador dice está saturado por lo que él es. Los predicadores más
poderosos en sus oraciones son los más efectivos en el púlpito.

21. El verdadero sermón tiene vida. Crece juntamente con el hombre. El


sermón es poderoso cuando el mensajero es poderoso en Dios. El sermón
estará lleno de la unción divina siempre que el mensajero este lleno de la
unción divina.

22. Pablo solía decir “Mi Evangelio”, no porque lo había degrado con
excentricidades personales sino porque el Evangelio estaba en el corazón y
en la sangre del hombre Pablo.

23. Bajo la dispensación judía el sumo sacerdote inscribía con piedras


preciosas sobre un frontal de oro las palabras:” Santidad a Jehová” . De una
manera semejante todo predicador en el ministerio de Cristo debe ser
modelado y dominado por el mismo lema santo. Es una vergüenza para el
ministro de Cristo tener un nivel más bajo en santidad de carácter y de
aspiración que el sacerdocio judío.

24. El mensajero de Cristo ha de conducirse como un hombre entre los hombres,


vestido de humildad y mansedumbre, prudente como serpiente, sencillo
como paloma; con las cadenas de un esclavo, pero con el espíritu de un rey
y la vez delicado y sencillo como un niño.

25. Dios demanda no grandes talentos, ni grandes conocimientos, ni grandes


predicadores, sino hombres grandes en santidad, en fe, en amor, en
fidelidad, grandes para con Dios. Hombres que siempre por medio de
sermones santos en el púlpito y por medio de vidas santas fuera de él.
26. El hombre que predica tiene que ser el hombre que ora. El arma más
poderosa del predicador es la oración. Es imposible para el predicador
estar en armonía con la naturaleza divina de su alta vocación si no ora
mucho.

27. La oración renueva el corazón del predicador, lo mantiene en armonía con


Dios y en simpatía con la iglesia, eleva su ministerio por sobre el aire frio
de una profesión, hace provechosa la rutina y mueve todas las ruedas con
la facilidad y energía de una unción divina.

28. El verdadero sermón se forma en la oración secreta. El hombre de Dios se


forma sobre las rodillas. La vida del hombre de Dios, sus convicciones
profundas, tienen su origen en la comunión secreta con el Altísimo. Sus
mensajes más poderosos y más tiernos, los adquiere a solas con Dios.

29. El púlpito de nuestros días es pobre en oración. El orgullo del saber se


opone a la humildad que requiere la plegaria. La oración en el púlpito
moderno está muy lejos de ser lo que fue en la vida y ministerio de Pablo

30. El objeto de la predicación es dar vida, pero a veces mata. El predicador


tiene las llaves del corazón y con ellas lo abre o lo cierra. Dios ha
instituido la predicación para que la vida germine y madure. Es fácil
destruir al rebano cuando el pastor esta descuidado o los pastos se han
acabado; es fácil tomar la fortaleza si los centinelas se han dormido o el
alimento y el agua se hallan envenenados,

31. El verdadero ministro está influenciado, capacitado y formado por Dios. El


Espíritu de Dios vitaliza al hombre y a la Palabra; su predicación da vida,
como la fuente da vida, como la resurrección da vida; vida ardiente como la
que produce el verano, vida llena de frutos como el otoño. El predicador
que da vida es un hombre de Dios, cuyo corazón tiene sed continua de Dios,
cuya alma suspira constantemente por Dios, cuyo ojo es sencillo para con
Dios, y quien, por el poder del Espíritu Santo ha crucificado la carne y el
mundo, y su ministerio es como la corriente generosa de un río vivificante.

32. La predicación que mata es la predicación carente de espiritualidad.


Parece que tienen vida, pero es una vida magnetizada. La predicación que
mata solo se preocupa por la letra; está bien ordenada y presentada, pero
no es más que letra seca, hueca y vacía. La predicación de la letra tiene la
verdad. Pero aun la verdad divina no tiene energía por sí sola para dar
vida; necesita ser reforzada por el Espíritu, quien se apoya en toda la
omnipotencia de Dios.
33. La verdad que no está vivificada por el Espíritu de Dios mata tanto como el
error o aún más. Aunque sea la verdad pura, si carece del Espíritu, su
contacto es mortal, su verdad error, su luz tinieblas. Puede ser que haya
sentimiento y entusiasmo, pero no es más que la emoción del actor, el
acaloramiento del abogado. El predicador se siente encendido por sus
propias chispas, elocuente en la presentación de su propia exégesis y con
afán de presentar lo que produce su propio cerebro; es el profesor
usurpando el lugar y fuego del Apóstol; la inteligencia y los nervios
simulando la obra del Espíritu de Dios y de esta manera la letra brilla y
flamea como letrero iluminado, pero a pesar del resplandor hay tan poca
vida como la de un campo sembrado de perlas. El gran obstáculo está en el
predicador mismo. Le falta el poder vivificante. Quizá no haya nada que
decir de su ortodoxia, de su sinceridad, pero, por alguno que otro motivo, el
hombre interior, en lo más íntimo de su corazón, no se ha quebrantado ni se
ha rendido a Dios y, por lo tanto, su vida interior no es camino abierto por
donde puedan pasar el mensaje y el poder de Dios.

34. La predicación que da vida demanda mucho del predicador: la muerte del
yo, la crucifixión del mundo, el sufrimiento del alma. Sólo la predicación
crucificada puede dar vida. Esta predicación sólo puede venir de un
hombre crucificado.

35. La predicación de la letra puede tener toda la elocuencia, estar esmaltada


de poesía y retórica, condimentada con lo sensacional, iluminada por el
genio, pero todo esto no puede ser más que una costosa y pesada
montadura o las raras y bellas flores que cubren el cadáver. ¡Qué grande y
absoluta es la desolación que produce esta clase de predicación y que
profunda la muerte espiritual que trae aparejada!.

36. Existen predicadores que nunca se han puesto en las manos de Dios como la
arcilla en las manos del alfarero. Se han ocupado del sermón en cuanto a
las ideas y su pulimento, los toques para persuadir e impresionar; pero
nunca han buscado, estudiado, sondeado, experimentado las profundidades
de Dios. No saben lo que significa estar frente al trono alto y sublime, no
han oído el canto de los Serafines, no han contemplado la visión ni han sido
sacudidos por la presencia de una santidad tan imponente que les haga
sentir el peso de su debilidad y maldad después de clamar con
desesperación por ver su vida renovada, su corazón tocado, purificado,
inflamado por el carbón vivo del altar de Dios. En tales circunstancias, la
iglesia ha sido retocada, no edificada; complacida, no santificada.
37. El predicador que ha dejado de considerar la oración como un elemento
esencial y decisivo en su propio carácter, ha privado a su predicación del
poder de dar vida. ¿Predicamos y oramos de tal manera que damos muerte?

38. Gran parte de la falta de devoción y reverencia que muestran las


congregaciones cuando se ora, puede atribuirse a la oración profesional en
el púlpito. Las oraciones en muchos púlpitos son largas, argumentadoras,
secas, vacías. Sin unción y sin espíritu caen como una helada sobre el culto.
Lo que necesitamos son oraciones cortas, vivas, que salgan del corazón,
inspiradas por el Espíritu, directas, específicas, ardientes, sencillas y
reverentes.

39. La oración exige de nosotros lo mejor de nuestro tiempo y de nuestra


fuerza. Este tiempo precioso no ha de ser devorado por el estudio o por las
actividades de los deberes ministeriales; sino ha de ser primero la oración,
y luego los estudios y actividades, para que estos sean renovados y
perfeccionados por la oración.

40. El cuarto de estudio del ministro ha de ser un altar, un Betel, donde le sea
revelada la visión de la escala hacia el cielo significando que los
pensamientos antes de bajar a los hombres han de subir hasta; para que
todo Dios el sermón este impregnado de la atmosfera celestial, de la
solemnidad que le ha impartida la presencia de Dios en el estudio.

41. El ministro, por medio de la oración acerca a Dios a la iglesia reunida en el


culto antes de que sus palabras hayan movido a los oyentes hacia Dios. El
predicador ha tener audiencia antes de tener acceso al auditorio. Cuando
el predicador tiene abierto el camino hacia Dios, con toda seguridad lo
tiene abierto hacia la iglesia.

42. La forma, la hermosura y la fuerza del sermón es como paja menos que no
tenga el poderoso impulso de la oración, a través de él y tras él. El
predicador debe, por la oración poner a Dios en el sermón.

43. La predicación que llena los fines de Dios debe tener su origen en la oración
desde que enuncia el texto y hasta la conclusión. De muchas maneras nos
excusamos de la pobreza espiritual de nuestra predicación, pero el
verdadero secreto se encuentra en la carencia de la oración ferviente.

44. La oración hace al hombre sumiso. Abate el intelecto y el orgullo, crucifica


la vanagloria y señala nuestra insolvencia espiritual.
45. Hay innumerables predicadores que desarrollan sermones notables; pero
los efectos tienen corta vida y no entran como un factor determinante en
las regiones del espíritu donde se libra la batalla tremenda entre el reino
de Dios y el reino de las tinieblas, el cielo y el infierno, porque los que
entregan el mensaje no se han hecho militantes, fuertes y victoriosos por la
oración.

46. El predicador tiene la comisión de orar tanto como de predicar. Su labor es


incompleta si descuida alguna de las dos. Aunque el predicador hable con
toda la elocuencia de los hombres y de los ángeles, si no ora con la fe para
que el cielo venga en su ayuda, su predicación será como metal, o címbalo
que retiñe.

47. No es raro que el ministro ore únicamente antes de acostarse, con la ropa
de dormir puesta, añadiendo si acaso una rápida oración antes de vestirse
por la mañana. ¡Cuán débil, vana y pequeña es esta oración comprada con
el tiempo y energía que dedicaron a la misma algunos santos varones de la
Biblia y fuera de la Biblia! ¡Cuán pobre e insignificante es nuestra oración,
mezquina e infantil frente a los hábitos de los verdaderos hombres de Dios
en todas las épocas!

48. Sólo el ministerio donde hay oración es idóneo para los altos oficios y
responsabilidades de la predicación. Los colegios, el saber, los libros, la
teología, no pueden hacer por el predicador lo que hace la oración.

49. Ni ningún ministerio puede alcanzar éxito sin mucha oración, y esta ha de
ser fundamental, constante y creciente. Su cuarto de estudio ha de estar
bañado de oración ferviente. Los genuinos predicadores de Dios se han
distinguido por esta gran característica: han sido hombres de oración. Para
ellos Dios siempre fue el centro de atracción y la oración ha sido la ruta
que los ha conducido a caminar con EL.

50. Un tiempo de búsqueda del Señor en oración no puede ser eficaz si el que la
hace no ha tenido una lucha continua con Dios. La victoria de la fe de Jacob
no se hubiera efectuado sin esa lucha de toda la noche. Dios no derrama
sus dones sobre los que vienen a verlo por casualidad o con prisas. La
comunión constante con Dios es el secreto para conocerle íntimamente y
tener influencia con EL

51. Los hombres que en su carácter se han asemejado a Cristo y que han
impresionado al mundo con EL, han sido los que han acostumbrado a pasar
tanto tiempo a solas con EL, que este hábito ha marcado sus vidas.
52. Los hombres que han hecho para Dios una buena obra en el mundo, son los
que han estado desde temprano sobre sus rodillas. Si Dios no ocupa el
primer lugar en nuestros esfuerzos y pensamientos por la mañana, ocupará
el último lugar en lo restante del día.

53. Nunca ha habido una necesidad más urgente de hombres y mujeres


consagrados, pero aún más imperativo es la demanda de ministros santos y
devotos de Dios.

54. El espíritu de la devoción es la oración. La oración y la devoción están


unidas como el alma y el cuerpo; como la vida y el corazón. No hay
verdadera oración sin devoción, ni devoción sin oración. El predicador
debe estar rendido a Dios en la devoción más santa.

55. Ser un ministro genuino no es ser un profesional. Su ministerio no es una


profesión, es una institución divina, una devoción divina. Está consagrado a
Dios. Sus propósitos, sus aspiraciones, y sus ambiciones son de Dios y para
Dios, y a fin de lograr esto la oración es tan esencial como el alimento para
la vida.

56. El ministro, sobre todas las cosas, debe estar consagrado a Dios. El tipo de
su piedad ha de estar exento de superficialidad y vulgaridad. Su caminar
con Dios deben ser la insignia y las credenciales de su ministerio. Si no
predica por su vida, carácter y conducta, su predicación es vacía. Si su
piedad es ligera, su predicación podrá ser tan suave y tan dulce como la
música, tan hermosa como Apolo, pero su peso será como el de una pluma,
flotante, como la nube o el roció de la mañana.

57. Damos tanto énfasis a la preparación del sermón que hemos perdido de
vista lo que importa: preparar el corazón. Un corazón preparado es mejor
que la mejor homiletica. De aquí que hayamos cultivado un gusto vicioso
entre la iglesia que levanta su clamor pidiendo talento en lugar de gracia;
elocuencia en lugar de piedad, retórica en lugar de revelación, renombre y
lustre en lugar de santidad.

58. ¿Puede la ambición que ansía alabanza y posición predicar el Evangelio de


Aquel que se anonado a sí mismo, tomando forma de siervo?. ¿Puede el
orgulloso, el vanidoso, el pagado de sí mismo predicar el Evangelio de
Aquel que fue manso y humilde? ¿Puede el iracundo, el apasionado, el
egoísta, el endurecido, el mundano, predicar el sistema que rebosa
sufrimiento, abnegación, ternura, que imperativamente demanda
alejamiento de la maldad y crucifixión del mundo.
59. La revelación de Dios no necesita la luz del genio humano, el brillo del
pensamiento de la mente ni el poder del cerebro del hombre para adornarla
o vigorizarla; sino que demanda la sencillez, la docilidad, la humildad y la
fe de un corazón de niño. Por esta renunciación y subordinación del
intelecto y del genio a las fuerzas divinas y espirituales, vino a ser Pablo
inimitable entre los Apóstoles.

60. La unción del Espíritu Santo es la que da a las palabras del predicador
precisión, agudeza y poder y la que la agita y despierta las congregaciones
muertas. Las mismas verdades han sido dichas en otras ocasiones con la
exactitud de la letra, han sido suavizadas con el aceite humano; pero no ha
habido señales de vida, no ha habido latido del pulso; todo ha permanecido
quieto como el sepulcro y como la muerte. La unción del Espíritu penetra y
convenza la conciencia y quebranta el corazón.

61. Esta unción divina es el rasgo que separa y distingue la genuina


predicación del Evangelio de todos los otros métodos de presentar la
verdad que abren un abismo espiritual entre el predicador que la posee y el
que no la tiene. Por medio de una grande, poderosa y continua devoción la
unción se hace potencial y potencial para el predicador.

62. A menudo se confunde el fervor con la unción del Espíritu. El fervor y la


unción se parecen desde algunos puntos de vista. El entusiasmo puede
fácilmente confundirse con la unción. Se requiere una visión espiritual y un
sentido espiritual para discernir la diferencia.

63. ¿Qué es unción? Es lo indefinible que constituye una predicación. Es lo que


distingue y separa la predicación de todos los discursos meramente
humanos. Es lo divino en la predicación. La unción desciende al
predicador no en la oficina sino en su retiro privado. No se encuentra en las
salas de estudio del ministro. Es la destilación del cielo en respuesta a la
oración. Ninguna elocuencia puede traerla. Es el sello de Dios puesto a sus
mensajeros. Es el grado de nobleza impartido a los fieles y valientes
escogidos que han buscado el honor del ungimiento por medio de muchas
horas de oración esforzada y llena de lágrimas.

64. La unción puede ser simulada. El fervor o el enternecimiento causados por


un sermón patético o emocional pueden parecerse al efecto de la unción
divina, pero no tienen la fuerza punzante que penetra y quebranta el
corazón. Esta unción divina, este ungimiento celestial es lo que el púlpito
necesita y debe tener.
65. ¿Cómo y de dónde viene esta unción? Directamente de Dios en respuesta a
la oración. Solamente los corazones que están llenos de este aceite santo;
los labios que oran son los únicos ungidos con esta unción divina.

66. La oración, y mucha oración, es el precio de la unción en la predicación y el


requisito único para conservarla. Sin oración incesante la unción nunca
desciende hasta el predicador. Sin perseverancia en la oración, la unción,
como el maná guardado en contra de lo prevenido, CRIA GUSANOS.

67. Los Apóstoles conocían la necesidad y el valor de la oración para su


ministerio. Ellos sabían que su gran comisión como Apóstoles, en lugar de
relevarlos de la necesidad de la oración, los obligaba con más urgencia; de
modo que eran excesivamente celosos en conservar su tiempo esa labor y
que nada les impidiese orar como debían. Hechos 6.3

68. ¡Con cuanta santidad los Apóstoles se dedicaron a esta labor divina de la
oración! ¡Como pusieron a Dios con su poder en las iglesias por sus
oraciones! La oración apostólica era tan exigente, tan laboriosa e
imperativa, como la predicación apostólica. Oraban mucho de día y de
noche para conducir a los santos a las regiones más altas de fe y de
santidad y oraban mucho más para mantenerlos en esta elevada altura
espiritual.

69. El ministro que nunca ha aprendido en la escuela de Cristo el arte


superior y divino de la intercesión por su rebaño, nunca aprenderá el arte
de la predicación aunque se vacíen sobre él toneladas de homoletica y
aunque posea el genio más elevado para hacer y exponer sermones.

70. Si los líderes de la iglesia en años posteriores hubieran sido tan cumplidos y
fervientes en la oración por sus rebaños como lo fueron los Apóstoles, los
tiempos tristes de la mundanalidad y apostasía no habrían echado un
borrón en la historia que eclipsó la gloria y detuvo el avance de la iglesia.

71. Los Apóstoles se postraban en oración para que los santos fueran hechos
perfectos: no para que sintieran ligeramente inclinados a Dios sino para
que “que fueran llenos de toda la plenitud de Dios”. La oración de Pablo
conducía a sus convertidos más allá en el camino de la santidad que su
misma predicación.

72. Un ministerio sin oración es el agente funerario de la verdad de Dios y de la


iglesia de Cristo. Un púlpito sin oración constante será siempre estéril.
73. ¿Cómo puede predicar un ministro sin obtener en su retiro un mensaje
directo de Dios? ¿Cómo puede predicar sin avivar su fe, aclarar su visión y
encender su corazón acercándose a Dios? ¡Ay de los labios del predicador
que no son tocados por esa llama del altar! Las verdades divinas nunca
brotarán con poder de esos LABIOS SECOS Y SIN UNCION!

74. Un hombre puede predicar sin oración de una manera oficial, agradable y
elocuente, pero hay una distancia inconmensurable entre esta clase de
predicación y la siembra de la preciosa semilla con manos santas y corazón
empapado de angustia y oración.

75. El verdadero predicador, además que de que cultiva en sí mismo el espíritu


y la práctica de la oración en su forma más intensa, ambiciona con anhelo
las oraciones de la iglesia.

76. Cuanto más santo es un hombre tanto más estima la oración; distingue con
más claridad que Dios desciende hasta los que oran y que la medida de la
revelación de Dios al alma es la medida del deseo del alma de elevar su
oración importuna al Señor.

77. Cuanto más consciente sea el ministro de la naturaleza, responsabilidad y


dificultades de su labor tanto más vera, y, si es un verdadero predicador,
tanto más sentirá la necesidad de orar; no solo la exigencia de la oración
personal, sino de que otros le ayuden con sus oraciones. Pablo es un
ejemplo eminente de que el verdadero predicador apostólico ha de ser un
hombre dado a la oración y que ha de contar con las oraciones de personas
piadosas que den a su ministerio un complemento de intercesión.

78. ¿Oramos por nuestros ministros? ¿Oramos por ellos en secreto? Las
oraciones públicas son de poco valor si no están fundadas o seguidas por
oraciones privadas de los creyentes. El empeño y propósito de los Apóstoles
fue poner a la iglesia en oración.

79. El Señor Jesús oró muchas noches enteras antes de hacer la obra de su
Padre; y estas devociones prolongadas y sostenidas dieron a su obra
acabado y perfección, y a su carácter la plenitud y gloria de su Divinidad.

80. ¿Quién se despierta para asirse a Dios? ¿Quién ora como Jacob hizo, hasta
que se le corona como un príncipe intercesor que prevalece? ¿Quién ora
como Elías hizo, hasta que las fuerzas cerradas de la naturaleza se
abrieron y la tierra azotada por el hambre floreció como el jardín de Dios?
81. ¿Dónde están los ministros que pueden poner a orar a los santos modernos
y enseñarles esta devoción? ¿Nos hemos dado cuenta que estamos levan-
tando una colección de santos no dados a la oración? Únicamente los
ministros que oran pueden tener seguidores en la oración. Los ministros
que oran producirán discípulos que oren. Un púlpito cimentado en la
oración personal y constante del ministro dará por resultado una
congregación que ore.

82. Sin fuego, la oración no tiene valor, viene a ser como especies sin perfume,
corrupción y gusanos. La casual e inconstante nunca puede ser envuelta en
este fuego divino. El hombre que ora de veras se sostiene firme dependiendo
de Dios con el propósito de no dejarle ir hasta que venga la bendición.

C. MINISTRO ; DAVID WILKERSON

BIBLIOGRAFIA EXHORTACION A LA IGLESIA

1. La iglesia está necesitada de un liderazgo que conoce el secreto del poder


de la oración. Un liderazgo de oración; que mediante su santidad y
autoridad sean un ejemplo del santo celo de Dios hacia lo que es de Dios.
La llama de las oraciones de estos hombres, enciende la iglesia. Su
santidad es contagiosa y sus vidas un verdadero ejemplo.

2. Dios tiene que despojarnos de toda seguridad propia y destruir todo lo que
quede de justificación propia, orgullo espiritual y petulancia.

3. Dios nos muestra lo que debemos hacer en todas las crisis que
experimentemos. ¡Corramos con fervor a EL! ¡oremos para abrir o cerrar
puertas!.

4. A menos que no hayamos pasado por esa humillación divina, no estaremos


listos para que el Señor nos use plenamente, ni preparados para recibir de
su plenitud.
5. Si creemos que tenemos todo bien ordenado y resuelto, que oímos la voz de
Dios con toda claridad, que nunca estamos equivocados y todas nuestras
oraciones tienen su respuesta; entonces debemos estar alerta. Vamos a
sufrir padecimientos, porque Dios nos pone a todos en condiciones de
necesidad y desamparo. ¡Tenemos que ser humillados por la mano de Dios!

6. Dios puede ponernos en situaciones en que todo parece ir mal: Las


enfermedades, la muerte, los conflictos, las oraciones sin respuesta
aparente, las promesas de Dios que parecen burlarse de nuestras
peticiones y lágrimas. Es nuestra hora de humillación, el tiempo ordenando
de prueba para nuestro bien.

7. Los amantes y hacedores de la verdad desean acercarse a la luz de Dios,


para que quede expuesto todo lo hecho en secreto. La verdad genuina
siempre expone lo secreto de los hombres.

8. La mendicidad de ciertos ministerios actuales es el fruto de los hombres


que hacen lo bueno sin ser enviados por la voz de Dios. Jesucristo no
emprendería nada excepto lo que hubiere oído de su Padre.

1. Cuando Dios obra, es posible que aplaudamos al discípulo, pero nadie sabe
mejor que el propio discípulo que el Único que merece la alabanza es DIOS.
ED MURRAY

2. La clave para perdonar a otros es dejar de mirar lo que hicieron y empezar


a mirar a lo que CRISTO hizo por ti. ED MURRAY

3. Los pecados confesados llegar a ser puentes sobre los cuales podemos
cruzar de regreso a la presencia de Dios. ED MURRAY

4. La confesión es el acto de invitar al Señor Jesús a recorrer el terreno de


nuestros corazones. La semilla de Dios crece mejor si el terreno del
corazón está limpio. ED MURRAY
.

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