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Actividad Módulo Viii

El documento describe un conflicto en una escuela secundaria donde un grupo de alumnos indisciplinados lanza petardos durante la clase, lo que lleva a una intervención del vicerrector que actúa de manera autoritaria. A pesar de la tensión y la confusión generada, no se aplican sanciones y el tema se minimiza al final del año escolar. Se plantea la necesidad de reflexionar sobre las dinámicas de poder y la gestión de conflictos en la institución.

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Actividad Módulo Viii

El documento describe un conflicto en una escuela secundaria donde un grupo de alumnos indisciplinados lanza petardos durante la clase, lo que lleva a una intervención del vicerrector que actúa de manera autoritaria. A pesar de la tensión y la confusión generada, no se aplican sanciones y el tema se minimiza al final del año escolar. Se plantea la necesidad de reflexionar sobre las dinámicas de poder y la gestión de conflictos en la institución.

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ACTIVIDAD MÓDULO VIII

En grupos leer el texto propuesto y reflexionar sobre el relato.


A continuación, responder las siguientes preguntas:
 ¿Estamos frente a una situación de conflicto institucional?
 ¿Qué suponen que dirían las autoridades y docentes frente a esta
pregunta?
 ¿Qué docente- adulto dialogó con estos alumnos que son un problema?
 ¿Cómo interviene el vicerrector, el psicólogo, la profesora…?
 Si nos alejamos de este incidente y observamos, podemos identificar
otros conflictos en esta institución.
 ¿Qué persiguen los alumnos con su indisciplina?
 ¿Quiénes no cumplen con las funciones propias de su rol?
 ¿Cuáles son las normas “explícitas” de la institución?
 Para esta institución, ¿este conflicto fue previsible o imprevisible?
Expliquen brevemente.
 Desde su punto de vista, ¿coinciden con esta postura? Expliquen
brevemente.
 Por su persistencia, ¿cómo se dan preferentemente los conflictos en
esta institución?
 ¿Qué personas o grupos son “la autoridad institucional”? ¿Tienen poder
real?
 ¿Qué otros actores tienen poder? ¿De qué manera se pone de
manifiesto ese poder?
 ¿Qué equipos están trabajando en esta escuela? ¿De qué manera
inciden en la “conformación de conflictos”? ¿De qué manera “operan”
para su resolución?
 Agregar comentarios a partir de la experiencia personal en las
instituciones en las que desarrollan su labor docente.
EL RELATO DE UNA SITUACIÓN
Escuela secundaria de quinientos alumnos con treinta años de antigüedad.
Equipo directivo conformado por Rector, Vicerrector y la secretaria; los profesores
son coordinados por una Asesora Pedagógica, y cuenta con un Gabinete
Interdisciplinario conformado por un Psicólogo y el equipo de Tutores de Curso.
Alumnos de Tercer Año “B”, en los últimos días de clase, curso que era
reconocido como “indisciplinado y problemático”. Siempre que había un problema,
este grupo estaba implicado en la situación. El martes, en la tercera hora, estaban
en clase con una profesora muy ocupada corrigiendo trabajos y cerrando
promedios. Mientras tanto un grupo de alumnos- avalado por el resto del curso-
tiraba esporádicamente petardos hacia el patio, con el suficiente “cuidado y
disimulo” como para que no los viesen. Esto ya había ocurrido los días anteriores
exitosamente, pues ni los preceptores ni las autoridades se habían enterado. El
martes fue distinto; en un momento la profesora se dio cuenta de lo que ocurría,
dejó la corrección y habló seriamente con el alumnado. El curso obedeció
rápidamente las indicaciones de la profesora que continuó la actividad con todos,
en perfecto orden.
Pasados unos instantes, el vicerrector irrumpió en el aula. Sin saludar ni pedir
permiso, se dirigió a los alumnos preguntando repetidas veces en un tono de voz
alto y remarcando las letras: ¿” quién fue” … Silencio absoluto. Repitió la pregunta
una y otra vez, con el mismo resultado. Cuando se dio cuenta de que no iba a recibir
respuesta alguna cambió su estrategia. Sobrevoló con una mirada toda la clase, y
la detuvo en un alumno; sin hacer ningún comentario le pidió que lo acompañara a
su despacho. Este chico, aunque con antecedentes de “liero”, no había tenido
ninguna responsabilidad en el incidente de los petardos. Una vez en la Vicerrectoría
le volvió a repetir la pregunta. Como era de esperar, el jovencito respondió que no
sabía. El Vicerrector lo amenazó: “Si no me decís quién fue, voy a suponer que
fuiste vos, y te recuerdo que tenés veinticuatro amonestaciones”. El alumno no
respondió. Fue entonces cuando el Vicerrector llamó al Preceptor del curso para
que ahí mismo completase el parte de amonestaciones. El Preceptor, al escuchar
la indicación, se acercó y en voz baja le informó sobre la situación de este alumno-
las veinticuatro amonestaciones, y era la última semana de clases. Este comentario
enardeció más al Vicerrector, que comenzó a gritarle. El Preceptor se sorprendió
por la reacción de su superior y se sintió avergonzado ante el alumno.
Luego de unos instantes de mucha tensión, el Vicerrector se recompuso, e
ignorando al Preceptor, le ordenó al alumno que regresara al curso, anunciándole
que al día siguiente debía concurrir a la escuela acompañado por sus padres. Ésta
fue la última vez que el Vicerrector habló con el alumno.
Al finalizar la hora de clase, y antes de comenzar el recreo, los alumnos de 3º
B fueron despedidos de la escuela, aunque estaban los profesores de las horas
restantes. En el momento de salir, se cruzaron con el profesor tutor, que ignoraba
todo lo sucedido, y rápidamente algunos alumnos le contaron los hechos. Así
terminó el día de clase para 3º B.
Al día siguiente concurrieron los padres del alumno inculpado, que fueron
atendidos por el Vicerrector y el Psicólogo. Ambos le explicaron que los habían
citado como medida correctiva para el alumno, su hijo, no sólo por su
comportamiento inadecuado sino, además, por no hacerse cargo de los actos de
indisciplina que cometía. Los padres comenzaron a preguntar sobre detalles de la
situación del día anterior; ellos ya tenían la versión de su hijo, coincidente con la
dada por algunos compañeros del curso. Se dirigieron al Psicólogo, por ser la
persona que en esa circunstancia les generaba más confianza. Éste rápidamente
les aclaró que no había estado presente el día anterior y que, por eso, no podía dar
mayores detalles; aun así, y a pesar de ello, participaba de esa reunión, porque esa
era la norma institucional. Agregó que con el rector y el vicerrector conformaban un
equipo, y él debía respaldar las decisiones que adoptaban. Hecha esta aclaración
quedó en silencio y fue el vicerrector quien tomó la palabra. Remarcó los
antecedentes del jovencito, explicó que esta medida era preventiva y respondió con
evasivas a las preguntas de los padres. Les pidió que hablasen con su hijo sobre el
tema. Los padres, desconcertados y preocupados por la “situación escolar” del hijo,
solicitaron reconsiderasen la medida, pues estaban a fin de año. El vicerrector, al
notar que con este pedido los padres se hacían cargo de las imputaciones y “pedían
por favor”, adoptando un tono paternal, expresó que uno de los principios fundantes
de la institución educativa consistía en ofrecer oportunidades para “reparar daños”,
por lo que presentaría este pedido al Rector. Se les informó que no estaba en el
establecimiento.
Otros padres, preocupados por los sucesos, se acercaron a informarse y a
expresar su disconformidad por la salida de sus hijos el día anterior. Fueron
atendidos por el Profesor Tutor y el Preceptor del curso. Éstos minimizaron el
incidente y explicaron que se había decidido la salida de 3º B porque eran
conflictivos; si no los hubiesen despedido el día anterior, se habría generado un
grave problema de indisciplina con el resto de la escuela. Sin dar más explicaciones,
los docentes dieron por terminada la entrevista, y los padres se retiraron
desconcertados.
Después de estas circunstancias, no se trató más el tema. Nadie habló con el
curso ni con el alumno injustamente inculpado. Tampoco se aplicaron sanciones.
Era fin de año; todos estaban muy ocupados preparando la fiesta de fin de curso,
pues había un festejo especial por los treinta años de vida de la escuela.

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