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Derecho Comercial

El Derecho Comercial es una rama compleja que regula las relaciones comerciales, influenciada por factores históricos, sociales y económicos. Se centra en el comerciante, quien debe cumplir con requisitos legales y actuar de manera profesional y habitual. La autonomía de la voluntad y la costumbre mercantil son fundamentales, permitiendo a los comerciantes establecer sus propias reglas dentro de un marco legal flexible.
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Derecho Comercial

El Derecho Comercial es una rama compleja que regula las relaciones comerciales, influenciada por factores históricos, sociales y económicos. Se centra en el comerciante, quien debe cumplir con requisitos legales y actuar de manera profesional y habitual. La autonomía de la voluntad y la costumbre mercantil son fundamentales, permitiendo a los comerciantes establecer sus propias reglas dentro de un marco legal flexible.
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DERECHO

COMERCIAL
RESUMEN PRINCIPIOS DEL DERECHO COMERCIAL

Desde las primeras páginas del libro Principios de Derecho Comercial de Ramón
Eduardo Madriñán de la Torre, se nota la dificultad que implica definir con
exactitud qué es el derecho comercial. El autor deja claro que no es sencillo
establecer una definición única, ya que esta rama del derecho depende de factores
históricos, sociales, económicos y jurídicos que varían en el tiempo y entre países.

El libro recoge varias definiciones propuestas por diferentes autores. Una de las
primeras es la de Alfredo Rocco, quien intenta definir el derecho comercial como
el conjunto de normas jurídicas que regulan las relaciones nacidas de la industria
comercial. Sin embargo, esa definición resulta incompleta porque no todo lo
relacionado con el comercio es regulado por el derecho comercial. Por ejemplo,
hay actividades económicas que son competencia del derecho administrativo, fiscal
o incluso penal. Por otro lado, hay sectores que tradicionalmente no eran
considerados parte del comercio como la industria fabril, el crédito, los servicios o
los intangibles que hoy sí hacen parte del derecho comercial gracias a la evolución
normativa y a la costumbre.

Una de las definiciones más acertadas, según Madriñán, es la de Roberto Mantilla


Molina, quien afirma que el derecho comercial es el sistema de normas jurídicas
que determinan su campo de aplicación mediante la calificación de mercantiles
dada a ciertos actos, y que regulan esos actos y la profesión de quienes se dedican a
realizarlos. Esta definición permite entender por qué el derecho comercial no solo
se enfoca en las actividades sino también en las personas que las ejecutan (los
comerciantes) y en las instituciones propias de este campo, como las cámaras de
comercio, los libros contables o el régimen de insolvencia.

El autor señala que, para entender bien esta rama del derecho, es clave analizarla
desde dos perspectivas: la histórica y la sistemática. Por eso, se hace un recorrido
por la evolución del derecho comercial, desde su ausencia en la época romana
hasta su consolidación en la Edad Media y en la Edad Moderna.

En Roma no existía el derecho comercial como ordenamiento diferenciado. A


pesar de que había actividades que hoy consideraríamos mercantiles, no fue
necesario crear un derecho especial para ellas.
Esto se debía, por un lado, a razones económicas la actividad principal era la
agricultura y la economía giraba en torno a la esclavitud, donde no se daban
relaciones jurídicas entre amo y esclavo, y por otro lado, a razones jurídicas, ya
que el sistema romano contaba con suficiente flexibilidad (gracias al ius gentium y
al derecho pretorio) para regular esas actividades sin necesidad de crear una rama
especial.

Fue durante la Edad Media cuando realmente nació el derecho comercial,


motivado por el resurgimiento del comercio entre ciudades, especialmente en el
Mediterráneo. En ese momento, el derecho común de la época (que incluía el
derecho romano tardío, el germánico y el canónico) no fue capaz de responder a las
nuevas necesidades del tráfico mercantil. Por eso, los mismos comerciantes
comenzaron a crear sus propias normas a partir de la costumbre, es decir, de
prácticas reiteradas y aceptadas que se convirtieron en fuente de derecho. Así surge
el derecho consuetudinario mercantil.

Además de las costumbres, las corporaciones de comerciantes jugaron un papel


fundamental. Estas asociaciones regulaban las relaciones entre sus miembros y
funcionaban como tribunales que resolvían conflictos a través de una jurisdicción
especial llamada “jurisdicción consular”. En esta etapa, la calidad de comerciante
se adquiría mediante la inscripción en registros como el Liber Mercatorum, y ese
estatus determinaba la sujeción al derecho mercantil. Por eso, se habla de un
sistema con criterio subjetivo, ya que el derecho aplicaba según la persona y no
necesariamente por el acto que realizaba.

Con el tiempo, y especialmente hacia el final de la Edad Media y el inicio de la


Edad Moderna, el derecho comercial fue ganando mayor técnica jurídica gracias a
la labor doctrinal de autores como Benvenuto Stracca, quien escribió uno de los
primeros tratados sistemáticos sobre comercio y comerciantes en 1553.
Posteriormente, aparecen las primeras manifestaciones legislativas importantes: las
Ordenanzas de Bilbao en 1560 en España y las Ordenanzas de Luis XIV en Francia
en 1673 y 1681. Estas últimas, además de regular el comercio terrestre y marítimo,
muestran un gran avance en la sistematización del derecho mercantil.
Pero el cambio más profundo se da con el Código de Comercio francés de 1807,
durante la época de Napoleón. Este código marca el paso del sistema subjetivo
(centrado en los comerciantes) al sistema objetivo, basado en el acto de
comercio. Es decir, a partir de ese momento, el derecho mercantil se aplica no
por la calidad de comerciante del sujeto, sino por la naturaleza del acto que se
realiza. El código enumera 14 tipos de actos considerados mercantiles y extiende
la jurisdicción comercial a todos los que los realicen, sin importar si son
comerciantes o no. Esta transformación tuvo tanto impacto que fue imitada por
muchos países, incluidos los latinoamericanos, y sigue siendo la base de muchos
códigos actuales.

Finalmente, el capítulo concluye con una comparación entre diferentes sistemas


jurídicos. En algunos países como Alemania se regresó al sistema subjetivo; en
otros como Suiza, Italia y Brasil se optó por unificar el derecho privado, es decir,
ya no hay una separación entre derecho civil y comercial. En el sistema
anglosajón, por ejemplo en Inglaterra y Estados Unidos, nunca hubo un código
de comercio, pero sí existen leyes especiales (statute law) para ciertas áreas como
los seguros, el transporte, etc. En esos países, el common law y el precedente
judicial han sido suficientes para adaptar el derecho a las nuevas necesidades

RESUMEN INSTITUCIONES DEL DERECHO COMERCIAL

El Derecho Comercial colombiano gira en torno a una figura central: el


comerciante. Esta no es simplemente una persona que compra o vende
productos de vez en cuando, sino alguien que se dedica de manera profesional y
habitual a realizar actos de comercio. Esa habitualidad es clave, porque es lo que
diferencia a un comerciante de alguien que solo hace negocios de forma
esporádica . Además de realizar actos mercantiles, el comerciante debe cumplir
ciertos requisitos legales como la inscripción en el Registro Mercantil, la
renovación anual de la matrícula mercantil y llevar una contabilidad organizada.
Estos requisitos no solo lo formalizan como sujeto de derecho comercial, sino
que también le permiten actuar con plena validez frente a terceros.
La ley también establece quiénes no pueden ser comerciantes, lo que se conoce
como inhabilidades. Entre ellas están los jueces, ciertos funcionarios públicos,
personas bajo interdicción judicial o los menores de edad no emancipados. Estas
inhabilidades existen para evitar conflictos de interés o proteger a personas que
no tienen plena capacidad para responder por los riesgos propios de una actividad
económica. Aparte de los requisitos formales, el comerciante se caracteriza por
varios elementos fundamentales. Uno de ellos es la profesionalidad con la que
actúa, lo cual implica estructura, conocimiento del negocio, toma de decisiones
constantes y manejo de recursos. Otro aspecto es el ánimo de lucro, es decir, la
intención de obtener ganancias económicas. También hay una organización
detrás de sus actividades, ya sea mediante personal, inventario, proveedores o
estrategias de ventas. Y, finalmente, hay una responsabilidad jurídica y
económica clara, ya que el comerciante responde legalmente por sus actos en el
mercado.

En cuanto a las fuentes del derecho comercial, la primera y más evidente es la


ley, especialmente el Código de Comercio y otras normas comerciales especiales.
Sin embargo, no todo está regulado por normas escritas. Por eso, también se
reconoce como fuente la costumbre mercantil, siempre que sea uniforme,
reiterada, pública y no contraria a la ley. La costumbre cobra especial
importancia en sectores donde la práctica diaria va más rápido que la legislación
escrita. Además de estas, están la jurisprudencia, que aunque no crea normas, sí
interpreta y aclara cómo deben aplicarse en los casos concretos, y la doctrina, que
aunque no es obligatoria, ayuda a entender y sistematizar las normas desde una
perspectiva académica. También los principios generales del derecho actúan
como guía cuando no hay reglas claras para resolver una situación.

Un punto que se destaca bastante en el libro es la autonomía de la voluntad, que


le permite a las partes pactar libremente el contenido de sus relaciones jurídicas.
Esta autonomía es lo que le da flexibilidad al Derecho Comercial, porque en
muchas ocasiones las relaciones entre comerciantes se basan más en lo que ellos
acuerdan que en lo que la ley dice literalmente. Obviamente, esta libertad tiene
límites: no se pueden violar normas imperativas ni el orden público. Pero dentro
de esos márgenes, las partes pueden crear contratos a la medida de sus
necesidades, establecer condiciones especiales, formas de pago, plazos, garantías
y hasta definir cómo resolver posibles conflictos. Esta capacidad de
autorregularse es esencial en un entorno económico que cambia constantemente.
AUTONOMIA DE LA LIBERTAD

En el Derecho Comercial, la autonomía de la voluntad es uno de los pilares más


importantes. No se trata solo de que las partes puedan elegir si quieren contratar
o no, sino de que tienen la capacidad de crear sus propias reglas dentro del
negocio, siempre que no vayan en contra de normas imperativas o de orden
público. Esta libertad negocial permite que el derecho comercial se adapte al
dinamismo del mercado, que por naturaleza cambia constantemente y exige
soluciones rápidas, eficaces y prácticas.

La autonomía de la voluntad es vista como una verdadera fuente del Derecho


Mercantil. En muchos casos, lo que las partes pactan tiene tanta o más fuerza que
la misma ley, especialmente cuando se trata de contratos atípicos o cláusulas
complejas que no están previstas expresamente en el código. Esta autonomía no
es absoluta, pero sí muy amplia en el mundo mercantil, y es lo que hace posible
que exista una variedad enorme de formas contractuales, acuerdos mixtos y
condiciones específicas que se ajustan a las necesidades concretas de los
comerciantes.

Arrubla insiste en que el Derecho Mercantil se estructura principalmente sobre


negocios jurídicos que nacen del consentimiento de las partes, lo cual hace que la
voluntad sea el elemento central. La ley, en muchas ocasiones, actúa como un
marco de referencia o supletorio, pero son las partes las que definen los
elementos esenciales y accidentales de su contrato. Esta libertad se expresa, por
ejemplo, en la posibilidad de pactar la forma de pago, los plazos, las garantías,
las condiciones de incumplimiento o las consecuencias de la terminación
anticipada.

Además, el autor señala que en el contexto empresarial, los contratos no son solo
herramientas jurídicas, sino instrumentos de gestión empresarial, por lo que
deben ser flexibles, eficientes y ajustados a los intereses de quienes los celebran.
Por eso, en el Derecho Comercial tiene tanto peso la costumbre y la práctica del
sector, y por eso también la autonomía de la voluntad puede incluso modificar o
desplazar algunas reglas legales de carácter dispositivo.
Otra idea clave es que esta autonomía, bien ejercida, no es contraria a la seguridad
jurídica, sino que la refuerza, porque las reglas que nacen del acuerdo entre las
partes son claras, específicas y adecuadas a la realidad de cada negocio. En ese
sentido, el principio de autonomía no significa que el derecho comercial sea
desordenado o imprevisible, sino que es contractualmente construido, con base en
la voluntad de los sujetos que participan en la actividad económica.
¿Qué es la costumbre?

“La costumbre mercantil es el conjunto de normas que, sin haber sido establecidas
por los órganos competentes del Estado, nacen de la reiteración uniforme de
ciertos actos o prácticas de los comerciantes, con la convicción de que son
jurídicamente obligatorios.

Se trata de una fuente autónoma del derecho, en cuanto su obligatoriedad no


depende de que haya sido reconocida por el legislador, aunque el Código de
Comercio colombiano en su artículo 3º establece los requisitos que debe cumplir
para que tenga fuerza de ley en ausencia de norma legal aplicable.

Esta norma consagra expresamente que la costumbre mercantil tiene el mismo


valor que la ley comercial siempre que reúna los siguientes requisitos:

que sea uniforme,


reiterada,
pública,
y que se observe en un lugar determinado por los comerciantes.

Por tanto, la costumbre mercantil no sólo constituye una fuente formal del derecho
mercantil, sino que cumple una función práctica importantísima en la regulación
de las relaciones comerciales, pues permite llenar vacíos de la ley, adaptar
normas generales a situaciones específicas del tráfico mercantil y dar seguridad
jurídica al actuar de los comerciantes.”
Elementos de la costumbre mercantil

“Para que la costumbre sea reconocida como fuente del derecho, se requiere de
dos elementos esenciales:

a) Elemento objetivo o material:


Este se refiere a la práctica reiterada, constante y uniforme de ciertos actos por los
comerciantes. La costumbre no puede nacer de actos aislados o excepcionales,
sino de una conducta prolongada en el tiempo y aceptada de manera general.

b) Elemento subjetivo o psicológico:


Es la convicción de obligatoriedad que tienen los comerciantes respecto a la
práctica observada. Es decir, no basta con que una conducta se repita
frecuentemente, sino que debe existir en el ánimo de quienes la practican la
idea de que están cumpliendo una norma jurídica.

Ambos elementos deben concurrir para que la costumbre sea reconocida como
regla jurídica aplicable.”

Clases de costumbre según su relación con la ley

Costumbre según ley (secundum legem)

Es la costumbre que coincide con la ley o la complementa.


Se utiliza para interpretar o precisar el contenido de una norma legal.

No contradice la ley, sino que la refuerza o aclara.

Tiene valor auxiliar o interpretativo.

Costumbre contra ley (contra legem)

Es aquella que se opone directamente a una norma legal vigente.


No tiene validez jurídica en la mayoría de los sistemas legales modernos.

En el derecho mercantil no se admite su aplicación, ya que la ley prevalece sobre la costumbre.

Solo puede tener valor en contextos excepcionales o cuando la ley deja un margen muy amplio de interpretación

3.

Costumbre fuera de la ley (praeter legem)

Es la costumbre que regula una situación que no está contemplada en la ley.

Se aplica en ausencia de norma legal específica.

Tiene fuerza obligatoria siempre que no contradiga el orden público ni la moral.

Es muy importante en el derecho comercial, donde muchas relaciones y prácticas no están reguladas por la ley escrita.

Ejemplo: En un tipo de contrato comercial no regulado expresamente por el Código de Comercio, las prácticas
habituales del sector pueden tener fuerza obligatoria como costumbre.

Clases de costumbre según su ámbito territorial

“De acuerdo con su ámbito de aplicación, la costumbre puede ser:

a) General:
Aquella que se aplica en todo el territorio nacional, sin restricción geográfica.

b) Local:
Es la costumbre que se observa en una región o lugar específico del país, y solo
tiene validez dentro de esa área geográfica.

c) Profesional o gremial:
Se refiere a la que se practica dentro de un determinado sector económico,
actividad profesional o gremio, sin importar su localización geográfica. Tiene
relevancia para quienes pertenecen a ese grupo en particular.”
"

Prueba de la costumbre mercantil (texto del libro)

“La costumbre no se presume: debe ser probada en juicio por quien la alega,
salvo que se trate de una costumbre mercantil general y notoria, en cuyo caso
el juez puede aplicarla de oficio.

La prueba de la costumbre puede hacerse por testimonios de comerciantes,


dictámenes de entidades gremiales o cámaras de comercio, documentos
comerciales, o mediante certificaciones de las cámaras de comercio, conforme
a lo establecido por la Ley 446 de 1998.

Esta ley confirió valor probatorio a las certificaciones que sobre costumbres
mercantiles expidan las cámaras de comercio, previa verificación de que se
trata de una práctica reiterada, uniforme y observada en un lugar determinado
del país.

El artículo 3º del Código de Comercio establece que la costumbre mercantil tiene


la misma fuerza que la ley comercial cuando sea uniforme, reiterada, pública y
observada en un lugar por los comerciantes, y que puede ser probada por
cualquier medio idóneo.”

Definición de Comerciante

“El artículo 10 del Código de Comercio colombiano establece que se consideran


comerciantes las personas que profesionalmente se ocupan en alguna de las
actividades que la ley considera mercantiles.

Esta definición legal parte de un criterio funcional y objetivo: lo que determina la


condición de comerciante no es un título profesional, ni la pertenencia a un
gremio, ni siquiera tener un establecimiento de comercio, sino el hecho de
ejercer actividades mercantiles de manera profesional.
En este sentido, la profesionalidad implica habitualidad y ánimo de lucro, y
distingue al comerciante del ocasional o accidental. Es decir, se requiere que la
persona desarrolle actos mercantiles con continuidad y como su ocupación
principal o habitual, y no de manera esporádica.

El registro mercantil en la Cámara de Comercio no es constitutivo de la calidad de


comerciante, pero sí tiene efectos importantes: crea una presunción legal de la
condición de comerciante, y además genera obligaciones jurídicas como llevar
contabilidad, inscribirse en el registro y cumplir con los deberes formales que
establece la ley para los comerciantes.”

Definición de Actos Mercantiles


“Los actos mercantiles son aquellos que la ley considera como propios del
comercio, es decir, como actos que por su naturaleza, objeto o finalidad se
enmarcan dentro del tráfico jurídico mercantil.

El Código de Comercio, en su artículo 20, consagra una enumeración extensa


(aunque no taxativa) de actos que se presumen mercantiles, lo que significa que
no importa si quien los realiza es o no comerciante: el acto sigue siendo
mercantil por disposición legal.

Esta lista incluye, entre otros:

La adquisición de bienes muebles o inmuebles con destino a enajenarlos en igual


forma,
Las operaciones bancarias, de bolsa, y de seguros,
La constitución y operación de sociedades comerciales,
Los contratos sobre establecimientos de comercio,
Las actividades de las empresas de transporte, turismo, comunicaciones,
Las operaciones de comisión, consignación, agencia, corretaje, y demás
intermediaciones.

Además, el código establece que también serán considerados mercantiles los actos
regulados por leyes comerciales especiales, así como aquellos que por su
naturaleza o por la costumbre tengan carácter mercantil.

Es importante señalar que la mercantilidad de un acto determina el régimen


jurídico que le aplica, es decir, se rige por el derecho comercial y no por el
derecho civil.”
Definición de Actos No Mercantiles
“Así como la ley define qué actos son mercantiles, también establece
expresamente cuáles no se consideran mercantiles, aún cuando sean
realizados por personas que sí tienen la calidad de comerciantes.

El artículo 23 del Código de Comercio contiene una lista de actos excluidos del
ámbito del derecho comercial, debido a su naturaleza civil o personal. Entre
ellos se encuentran:

La adquisición de bienes para el uso o consumo del adquirente, o de su familia


o de su empresa;
La adquisición de bienes para producir obras artísticas y literarias;
Las actividades propias de los profesionales liberales que impliquen el ejercicio
personal de su profesión (abogados, médicos, arquitectos, etc.);
Las actividades realizadas por las cooperativas;
Los actos relacionados con la constitución, funcionamiento y disolución de
sociedades civiles.

Esta lista demuestra que no todo acto económico es mercantil, y que ciertos
actos, por sus fines personales, artísticos o comunitarios, no se rigen por el
derecho comercial, sino por normas de derecho civil u otras normas
especiales.”

Jerarquía de las Fuentes del Derecho Comercial


“El sistema de fuentes en el derecho comercial colombiano está regulado por el
artículo 3º del Código de Comercio, que establece una clara jerarquía
normativa para la resolución de los conflictos jurídicos en materia mercantil.
Según este artículo, se deben aplicar las siguientes fuentes, en estricto orden:

La ley comercial: es la fuente principal y preferente. Incluye el Código de


Comercio, las leyes mercantiles especiales y otras normas legales que
regulan la materia comercial.
La costumbre mercantil: se aplica cuando no exista una norma legal que regule
el caso, y siempre que cumpla los requisitos de ser pública, uniforme,
reiterada y observada en un lugar por los comerciantes. Esta fuente suple
la ausencia de ley y tiene el mismo valor normativo que ella, una vez
probada.
El derecho civil: se aplica supletoriamente, en ausencia de norma comercial y de
costumbre probada. Es decir, solo entra en juego cuando las otras dos fuentes
no resuelven el caso.

Esta jerarquía garantiza que en el derecho mercantil prime la aplicación de normas


especializadas, pero al mismo tiempo permite la integración con otras fuentes
para evitar vacíos normativos.

Es importante anotar que, en algunos casos, la ley mercantil puede delegar


expresamente en la costumbre o en los usos del comercio, caso en el cual esta
deja de ser supletoria y se convierte en fuente directa.”
La representación
la representación es un acto jurídico unilateral, por el cual, quien lo emite faculta a una persona para que
actúe en su nombre y lo obligue frente a terceros.
La representación es "una situación externa por los poderes atribuidos por 'el acto jurídico unilateral' al
representante, que le dan a este las facultades para negociar con los terceros que puedan fiarse en
estos 'poderes aparentes', que constan del instrumento otorgado al apoderado"2).
Como acto jurídico, la representación es unilateral. El representado emite su voluntad concediendo a
una persona determinada la facultad de realizar en su nombre uno o varios actos jurídicos.
Precisamente por la representación se concede la facultad de actuar al representante, no es una
obligación, aunque esta puede surgir o no del contrato al cual se anexe la representación. Por ejemplo,
en un mandato representativo, de la obligación de realizar gestiones en cuestión de negocios, surge del
contrato de mandato, una obligación de actuar conforme a los términos del mismo.
Por el acto de apoderamiento, el representado no está impedido para actuar en forma directa, justo
porque el representante no está obligado a actuar, sino solo facultado para ello. De la representación no
se desprenden relaciones obligatorias, dada su naturaleza de acto jurídico unilate-ral. Las relaciones
obligatorias sugen del contrato o negocio que acompaña la representación y que será el que regule las
relaciones internas entre las partes.

"En ese sentido, por lo tanto, se distinguen el mandato y el acto de apoderamiento, así este sea una
consecuencia de aquel, para significar que el primero por sí no confiere la representación del mandante
y que el segundo es un acto autónomo e independiente de su cau-sa. De ahí que se hable de la
coexistencia de dos actos jurídicos, uno bilateral, el contrato de mandato, y otro unilateral, el acto de
procu-ración".
1. Período precontractual

Según un protocolo que resume la obra de Arrubla:

“Cada una de las declaraciones de voluntad pueden tratarse como un negocio jurídico autónomo, de
naturaleza unilateral y con efectos propios y transitorios. Cuando se realice el contrato, estos efectos se
acaban ya que dependen del perfeccionamiento del mismo, y pasan con toda su esencia a ser parte del
contrato como tal. De manera autónoma, las declaraciones de voluntad tienen nominación propia,
requisitos y efectos diferentes.”

2. Oferta (o propuesta de contratación)

Arrubla explica:
• En su resumen doctrinal se deja claro que:
“La oferta es un acto unilateral, solo interviene una voluntad, encaminada a la celebración de un negocio
que contiene dos requisitos: (1) que contenga los elementos esenciales del negocio que se pretende
formar y (2) que se exteriorice, que se comunique.”
• Además, citando el Código de Comercio:
Artículo 845. OFERTA ELEMENTOS ESENCIALES. “La oferta o propuesta, esto es, el proyecto de
negocio que una persona formule a otra, [debe] contener los elementos esenciales del negocio y ser
comunicada al destinatario. Se sabe que la propuesta ha sido comunicada cuando se utilice cualquier
medio adecuado para hacerla conocer al destinatario.”
• Sobre la irrevocabilidad:
Artículo 846. IRREVOCABILIDAD DE LA PROPUESTA. “La propuesta [es] irrevocable. De consiguiente,
una vez comunicada, el proponente no [puede] retractarse, so pena de indemnizar los perjuicios que
cause al destinatario. La propuesta conserva su fuerza obligatoria aunque el proponente muera o llegue
a ser incapaz en el tiempo medio entre la comunicación de la oferta y su aceptación, salvo que de la
naturaleza de la oferta o de la voluntad del proponente se deduzca lo contrario.”

3. Aceptación

También según Arrubla:

“La aceptación es otro acto unilateral donde el destinatario da la aceptación de la propuesta que ha
hecho el proponente, debe ser una simple aceptación porque si le agrega algo ya es una contraoferta.”

4. Promesa de contrato (contrato de promesa)

Arrubla destaca:

“La promesa de celebrar un contrato no produce en ningún caso obligación alguna, salvo que: 1 por
escrito. 2 con todos los requisitos para la validez del acto. 3 con plazo o condición para llevar el contrato
prometido a su perfección. 4 se determine de tal suerte el contrato, que para perfeccionarlo solo falte la
tradición de la cosa o las formalidades legales.”
Prelación

La prelación en materia contractual se entiende como el orden jerárquico de fuentes


aplicables al derecho privado. En primer lugar rige el Código de Comercio, y solo en lo
no previsto se aplica el Código Civil de manera supletoria. Además, los usos y
costumbres mercantiles tienen fuerza vinculante, siempre que no se opongan a la ley.
Este esquema refleja que en Colombia existe una doble fuente regulatoria de la
contratación: la mercantil como principal y la civil como subsidiaria, garantizando así
seguridad y coherencia en la formación y ejecución de los negocios.

Teoría general de la contratación – Elementos del acto o negocio jurídico

El negocio jurídico es la manifestación de voluntad destinada a producir efectos


jurídicos reconocidos por el ordenamiento. Sus elementos estructurales son: los sujetos
(personas capaces que intervienen), el consentimiento (encuentro de voluntades sin
vicios), el objeto (determinado y lícito), la causa o finalidad (fin práctico del negocio) y la
forma (cuando la ley la exige como solemnidad). Sin estos elementos no se configura
un negocio válido, y su análisis permite determinar la existencia y eficacia de la relación
jurídica creada.

Sanciones (Ineficacia del negocio jurídico)

Las sanciones se conciben como los efectos de la ineficacia de los negocios jurídicos
cuando se omiten requisitos esenciales o se presentan vicios. Distingue entre la
inexistencia, que ocurre si falta un elemento constitutivo del negocio; la nulidad absoluta
o relativa, que invalida el acto por contravenir normas imperativas o proteger intereses
particulares; y la inoponibilidad o ineficacia sobrevenida, que se da cuando, pese a
existir, el acto no produce efectos frente a terceros o pierde eficacia por hechos
posteriores. Estas sanciones garantizan que solo los actos conformes a derecho
produzcan efectos válidos.

Contrato de compraventa

La compraventa es el contrato por el cual una parte (vendedor) se obliga a transferir la


propiedad de una cosa y la otra (comprador) a pagar un precio en dinero. En derecho
civil (art. 1849 C.C.) se enfatiza en la obligación de dar una cosa y pagar su precio,
mientras que en el derecho mercantil (art. 905 C. de Co.) se resalta la transferencia de
la propiedad. Las obligaciones principales son: del vendedor, entregar y sanear la cosa;
y del comprador, pagar el precio y recibirla. Es un contrato bilateral, oneroso y
conmutativo, que además regula la transmisión de riesgos según la naturaleza de la
cosa y el momento de la entrega.
Requisitos del precio y de la cosa
La cosa (el objeto de la compraventa)

1. Existencia: debe existir al momento de perfeccionarse el contrato o, si no, al menos ser posible
que exista (ej. una cosecha futura).
2. Determinada o determinable: no puede ser algo totalmente incierto; debe estar identificado o
ser identificable (ej. “el carro Toyota Corolla placas XXX” o “100 sacos de arroz de la bodega”).
3. Lícita: no puede estar fuera del comercio, ni prohibida por la ley (ej. no se puede vender
drogas ilegales ni órganos humanos).
4. Capaz de entregarse: debe poder transmitirse del vendedor al comprador.

El precio

1. Cierto o determinable: debe fijarse con claridad en dinero o, al menos, que exista una forma
objetiva de determinarlo (ej. “el valor del oro en la bolsa el día de la entrega”).
2. Serio y real: no puede ser simbólico ni ficticio (ej. vender por un peso con el fin de aparentar
una compraventa sería nulo).
3. Lícito: no debe contrariar la ley ni las buenas costumbres (ej. no se puede pactar un precio
condicionado a un acto ilícito).
4. En dinero o equivalente: a diferencia de la permuta, el precio debe expresarse en dinero
(aunque puede combinarse con otras formas, siempre que predomine el pago en dinero).

Art. 920._Reglas generales. No habrá compraventa si los contratantes no convienen


en
el precio o en la manera de determinarlo. Pero si el comprador recibe la cosa, se
presumirá que las partes aceptan el precio medio que tenga en el día y lugar de la
entrega.
El precio irrisorio se tendrá por no pactado.
Conc.: 827, 872, 947; C. Civil 1864.
Art. 921._Precio determinable por el promedio del mercado. Cuando las partes para la
determinación del precio se remitan al que tenga la cosa en ferias, mercados públicos
de
valores y otros establecimientos análogos, o estipulen como precio el corriente de
plaza
se tomará el precio medio que la cosa tenga en la fecha y lugar de la celebración del
contrato.
OBLIGACIONES DEL VENDEDOR

Art. 922._Tradición de inmuebles y de automotores. La tradición del dominio de los


bienes raíces requerirá además de la inscripción del título en la correspondiente oficina de
registro de instrumentos públicos, la entrega material de la cosa.

Art. 923._Modalidades de la entrega. La entrega de la cosa se entenderá verificada:


1o) Por la transmisión del conocimiento de embarque, carta de porte o factura, durante el
transporte de las mercaderías por tierra, mar y aire;
2o) Por la fijación que haga el comprador de su marca en las mercaderías compradas,
con conocimiento y aquiescencia del vendedor;
3o) Por la expedición que haga el vendedor de las mercaderías al domicilio del comprador
o a cualquier otro lugar convenido, sin perjuicio de los dispuesto en el artículo 915.
La expedición no implicará entrega cuando sea efectuada sin ánimo de transferir la
propiedad, como cuando el vendedor ha remitido las mercaderías a un consignatario, conentrega,
corresponderá al vendedor, salvo que el comprador se constituya en mora de
recibirlo y que la fuerza mayor o el caso fortuito no lo hubiera destruido sin la mora del
comprador. En este último caso, deberá el comprador el precio íntegro de la cosa.

Art. 930._Pérdida fortuita de mercaderías vendidas no imputable al vendedor. Si la


falta de entrega procediere de la pérdida fortuita de las mercaderías vendidas, por causa
no imputable al vendedor, el contrato quedará resuelto de derecho y el vendedor libre de
toda responsabilidad.
Conc.: C. Civil 1604, 1882.

Art. 931._Objeciones del comprador. Salvo prueba en contrario, se presumirá que el


comprador quiere adquirir la cosa sana, completa y libre de gravámenes,
desmembraciones y limitaciones del dominio.
Si el comprador, dentro de los cuatro días siguientes a la entrega o dentro del plazo
estipulado en el contrato, alega que la cosa presenta defectos de calidad o cantidad, la
controversia se someterá a la decisión de peritos; éstos dictaminarán sobre si los defectos
de la cosa afectan notablemente su calidad o la hacen desmerecer en forma tal que no
sea de recibo o lo sea a un precio inferior. En este caso, el comprador tendrá derecho a la
devolución del precio que haya pagado y el vendedor se hará de nuevo cargo de la cosa,
sin perjuicio de la indemnización a que esté obligado por el incumplimiento. El juez, por
procedimiento verbal proveerá sobre estos extremos.
Pero si el comprador lo quiere, podrá perseverar en el contrato al precio fijado por los
peritos.
Conc.: 910, 916, 934, 935, 939, 940, 1701, 2026; C. Civil 66; C. de P.C. 435 par. 1o. No.
8o.

Art. 932._Venta con garantía de buen funcionamiento. Si el vendedor garantiza por


tiempo determinado el buen funcionamiento de la cosa vendida, el comprador deberá
reclamar al vendedor por cualquier defecto de funcionamiento que se presente durante el
término de la garantía, dentro de los treinta días siguientes a aquel en que lo haya
descubierto, so pena de caducidad.
El vendedor deberá indemnizar los perjuicios causados por cualquier defecto de
funcionamiento que sea reclamado oportunamente por el comprador.
La garantía sin determinación de plazo expirará al término de dos años, contados a partir
de la fecha del contrato.
Conc.: 933, 958; C. Civil 1613 y ss.
Art. 933._Presunción de venta con garantía. Se presumen vendidas con garantías las
cosas que se acostumbra vender de este modo.
Conc.: 3o; C. Civil 66.
Art. 934._Vicios ocultos. Si la cosa vendida presenta, con posterioridad a su entrega
vicios o defectos ocultos cuya causa sea anterior al contrato, ignorados sin culpa por el
comprador, que hagan la cosa impropia para su natural destinación o para el fin previsto
en el contrato, el comprador tendrá derecho a pedir la resolución del mismo o la rebaja del
precio a justa tasación. Si el comprador opta por la resolución, deberá restituir la cosa al
vendedor.
En uno u otro caso habrá lugar a indemnización de perjuicios por parte del vendedor, si
éste conocía o debía conocer al tiempo del contrato el vicio o el defecto de la cosa
vendida.
Conc.: 870, 932, 935, 938, 945; C. Civil 1883 y ss., 1914, 1917, 1918, 1920.
Art. 935._Carga de la prueba. Corresponderá al vendedor la prueba de que el comprador
conocía o debía conocer el mal estado de la cosa vendida al momento del contrato. Para
establecer si hay culpa del comprador se tendrá en cuenta la costumbre.
Conc.: 3o, 5o, 937, 934; C. Civil 1757; C. de P. C. 177.
Art. 936._Estipulaciones referentes a vicios ocultos. Será absolutamente nula toda
estipulación que excluya o limite la garantía por vicios ocultos, cuando el vendedor los
haya callado de mala fe al comprador.
Conc.: C. Civil 1522, 1740 a 1756, 1916.
Art. 937._Reglas cuando la cosa perece. Si la cosa perece a consecuencia del vicio, no
por ello dejará de tener derecho el comprador a la resolución del contrato. Mas si perece
por fuerza mayor o caso fortuito, por culpa del comprador o porque éste enajene o
transforme dicha cosa, sólo habrá lugar a la rebaja del precio a justa tasación.
Conc.: 938; C. Civil 1604, 1607, 1730, 1918, 1919.
Art. 938._Prescripción de acciones. La acción prevista en los artículos 934 y 937
prescribirá en seis meses, contados a partir de la entrega.
Conc.: 923; C. Civil 1923, 2512.
Art. 939._Reclamos posteriores a la entrega. Entregadas las mercaderías vendidas, el
comprador no será oído sobre defectos de calidad o faltas de cantidad toda vez que las
haya examinado al tiempo de la entrega y recibido sin previa protesta.
El vendedor tendrá derecho a exigir del comprador el inmediato reconocimiento o el recibo
que acredite la entrega de la cosa a satisfacción, y si el comprador no hace reserva de sufacultad de
protestar o de examinar posteriormente la cosa, se estará a lo dispuesto en el
inciso primero de este artículo.
Conc.: 913, 916, 923, 927, 931, 937, 845.
Art. 940._Acciones por evicción. Cuando el comprador, al recibir la cosa, alega no ser
ésta de la especie o calidad convenida, o no ser de recibo, la diferencia se someterá a la
decisión de expertos como se previene en el artículo 913, inciso segundo.
Cuando sin culpa de su parte y por causa anterior a la venta sea el comprador evicto
totalmente de la cosa, tendrá derecho a la restitución del precio pagado y a la plena
indemnización de perjuicios.
Si la evicción fuere parcial y de tanta importancia que pueda deducirse que en tales
condiciones no habría comprado, podrá a su arbitrio el comprador ejercer la acción que le
concede el inciso anterior o perseverar en el contrato mediante rebaja de la parte
proporcional del precio o de indemnización de los perjuicios que la evicción parcial le
hubiere causado.
Conc.: 913, 927, 937, 939; C. Civil 1833 y ss., 1893 a 1913; C. de P. C. 427 par. 2o. No.
12, 435 Par. 2º.
Art. 941._Evicción del comprador frente a terceros. Prescripción de las acciones.
Las acciones concedidas por el artículo anterior son extensivas al comprador que deba
pagar a terceros con legítimo derecho el precio de la cosa, en todo o en parte, o purgarla
en igual forma de gravámenes desmembraciones o limitaciones del dominio. Tales
acciones prescribirán en dos años contados a partir del momento en que el comprador
restituye la cosa, pague el precio o purgue el gravamen, desmembraciones o limitación
del dominio, y se tramitarán como incidente o por el juicio abreviado a elección del
demandante.
Conc.: 945, 967; C. de P. C. 427 par. 2º No. 12, 435 Par. 2º.
Art. 942._Resolución de contrato por incumplimiento de vendedor. Derechos del
comprador. En caso de resolución de una compraventa por incumplimiento del vendedor,
Art. 942._Resolución de contrato por incumplimiento de vendedor. Derechos del
comprador. En caso de resolución de una compraventa por incumplimiento del vendedor,
el comprador tendrá derecho a que se le pague el interés legal comercial sobre la parte
pagada del precio o a retener los frutos de la cosa en proporción a dicha parte, sin
menoscabo de la correspondiente indemnización de perjuicios.
Conc.: 883, 870, 884, 962; C. Civil 1613 a 1617, 1882.
CAPITULO V

OBLIGACIONES DEL COMPRADOR

Art. 943._Obligación de recibir. El comprador estará obligado a recibir la cosa en el


lugar y el tiempo estipulados y en su defecto, en el lugar y en el tiempo fijados por la ley
para la entrega, so pena de indemnizar al vendedor los perjuicios causados por la mora.

Art. 944._Derecho de exigir factura. El comprador tiene derecho a exigir del vendedor la
formación y entrega de una factura de las mercaderías vendidas con indicación del precio
y de su pago total o de la parte que hubiere sido cancelada. No reclamándose contra el
contenido de la factura, dentro de los tres días siguientes a la entrega de ella, se tendrá
por irrevocablemente aceptada.
Conc.: 722 a 729, 829; C. de P. C. 121; Ley 527 de 1999 Art. 6, Estatuto Tributario 616 –
1; Ley 488 de 1998 Art. 76
Art. 945._Negativa a recibir y reclamos. Si el comprador se niega a recibir la cosa
vendida alegando que ella presenta defectos o vicios ignorados al momento del contrato,
o que dicha cosa ha sufrido con posterioridad, pérdidas, averías o daños, de que sea
responsable el vendedor, el asunto se decidirá como lo previene el artículo 941.
Conc.: 927, 928, 931, 934; C. Civil 1543, 1915, 1917, 1918, 1919; C. de P.C. 427 par. 2o.
No. 12, 435 par. 2o.
Art. 946._Demanda de restitución e indemnización de perjuicios. Cuando el vendedor
demande la restitución de la cosa y la indemnización de perjuicios, tendrá derecho a la
reparación de todos los que se le hayan causado y no sólo al interés moratorio del precio
no pagado.
Conc.: 920; C. Civil 1613 a 1617, 1929.
Art. 947._Obligación de pagar el precio. El comprador deberá pagar el precio en el
plazo estipulado o, en su defecto, al momento de recibir la cosa.
Conc.: 920; C. Civil 1928, 1929, 2224.
Art. 948._Mora en el pago del precio. En caso de mora del comprador en el pago del
precio tendrá derecho el vendedor a la inmediata restitución de la cosa vendida, si el
comprador la tuviere en su poder y no pagare o asegurare el pago a satisfacción del
vendedor.
La solicitud del vendedor se tramitará como los juicios de tenencia, pero podrá solicitarse
el embargo o secuestro preventivos de la cosa.
Cuando el vendedor obtenga que se decrete la restitución de la cosa tendrá derecho el
comprador a que previamente se le reembolse la parte pagada del precio, deducido el
valor de la indemnización o pena que se haya estipulado, o la que en defecto de
estipulación fije el juez al ordenar la restitución.
Conc.: 867, 870, 873, 951, 952, 966; C. Civil 1608, 1609, 1930, 1932; C. de P. C. 427 par.
2o. No. 12, 435 par. 2º.
Art. 949._Estipulaciones entendidas como cláusula penal. Cuando se estipule que el
comprador, en caso de incumplimiento, pierda la parte pagada del precio por concepto de perjuicios,
pena u otro semejante, se entenderá que las partes han pactado una cláusula
penal, sujeta a la regulación prevista en el artículo 867.
Conc.: 867; C. Civil 1592 a 1601.
Art. 950._Derechos del vendedor. En caso de incumplimiento del comprador, el
vendedor tendrá derecho a una justa retribución por el uso que el comprador haya hecho
de la cosa y a la restitución de los frutos en proporción a la parte no pagada del precio, sin
menoscabo de la correspondiente indemnización de perjuicios.
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Pactos accesorios clásicos de la compraventa
1. Pacto de retroventa (o retracto convencional)
• El vendedor se reserva el derecho de recobrar la cosa vendida, devolviendo al comprador el
precio recibido.
• Es como un derecho de recompra.
2. Pacto de reserva de dominio
• El vendedor conserva la propiedad de la cosa hasta que el comprador pague totalmente el
precio, aunque la entrega se haga antes.
• Se usa mucho en ventas a plazos (ej. venta de vehículos financiados).
3. Pacto de preferencia
• El comprador se obliga a ofrecer al vendedor la cosa en caso de querer revenderla, dándole
preferencia frente a terceros.
4. Pacto de retrocomprar (retracto del comprador)
• El comprador se reserva el derecho de restituir la cosa al vendedor, y que este le devuelva el
precio pagado.
5. Pacto comisorio
• Se establece que, si el comprador no paga dentro del plazo convenido, el contrato queda resuelto
automáticamente o a voluntad del vendedor.
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Pactos accesorios en la compraventa marítima


1. Pacto de embarque
• Establece cómo, cuándo y en qué condiciones el vendedor debe cargar la mercancía al buque.
• Incluye:
• Quién paga los gastos de carga.
• En qué puerto y muelle se hace.
• Si el riesgo pasa al comprador desde el momento del embarque (ej. cláusula FOB: free on
board).
2. Pacto de desembarque
• Regula la entrega de la mercancía en destino:
• Puerto donde debe hacerse la descarga.
• Quién asume los costos de desembarque y derechos portuarios.
• En qué momento se transmite el riesgo de pérdida al comprador.
• Ejemplo: en una compraventa CIF (cost, insurance and freight), el vendedor paga flete y
seguro hasta el puerto de destino, pero el riesgo pasa al comprador desde el embarque.

3. Pacto de “fast food” o modalidad de entrega rápida


• Se refiere a cláusulas estandarizadas de comercio internacional que buscan agilidad, claridad y
menor riesgo en la compraventa marítima.
• Normalmente está relacionado con:
• Contratos tipo (fast track contracts), usados para evitar negociaciones largas.
• Condiciones preestablecidas de transporte, seguro y entrega.
• Una especie de “pacto exprés” que asegura que la mercancía se despache y reciba con
rapidez, sin trámites adicionales.
• En la práctica, muchas veces esto se logra con los Incoterms (FOB, CIF, EXW, etc.), que ya
traen definidos embarque, desembarque, riesgos y tiempos.
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Definición

El contrato de permuta es aquel por el cual cada una de las partes se obliga a dar una cosa para recibir
otra, sin mediar dinero como contraprestación principal.

Ejemplo: intercambio de un apartamento por una finca.

Características
1. Bilateral
2. Oneroso
3. Conmutativo
4. Traslaticio de dominio
5. Consensual

Requisitos
• La cosa: debe ser determinada, posible, lícita y comerciable.
• El acuerdo: consentimiento de ambas partes.
• La forma: cuando recae sobre bienes raíces, se requiere escritura pública e inscripción en el
registro de instrumentos públicos.
Art. 515._ Definición de establecimiento de comercio. Se entiende por establecimiento
de comercio un conjunto de bienes organizados por el empresario para realizar los fines
de la empresa. Una misma persona podrá tener varios establecimientos de comercio, y, a

su vez, un solo establecimiento de comercio podrá pertenecer a varias personas, y


destinarse al desarrollo de diversas actividades comerciales.
Conc.: 10, 12, 13, 20, 21, 22, 25, 28 num. 6o., 32, 35, 43, 123, 136, 263, 264.
Art. 516._ Elementos del establecimiento de comercio. Salvo estipulación en
contrario, se entiende que forman parte de un establecimiento de comercio:
1o) La enseña o nombre comercial y las marcas de productos y de servicios;
2o) Los derechos del empresario sobre las invenciones o creaciones industriales o
artísticas que se utilicen en las actividades del establecimiento;
3o) Las mercancías en almacén o en proceso de elaboración, los créditos y los demás
valores similares;
4o) El mobiliario y las instalaciones;
5o) Los contratos de arrendamiento y, en caso de enajenación, el derecho al
arrendamiento de los locales en que funciona si son de propiedad del empresario, y las
indemnizaciones que, conforme a la ley, tenga el arrendatario;
6o) El derecho a impedir la desviación de la clientela y a la protección de la fama
comercial, y
7o) Los derechos y obligaciones mercantiles derivados de las actividades propias del
establecimiento, siempre que no provengan de contratos celebrados exclusivamente en
consideración al titular de dicho establecimiento.
Conc.: 309, 525, 532, 534, 537, 540, 552, 583, 603, 604, 608, 616, 618 y ss., 887 a 896;
Ley 256 de 1996 Art. 8
Art. 517._ Enajenación forzada en bloque o unidad económica. Siempre que haya de
procederse a la enajenación forzada de un establecimiento de comercio se preferirá la
que se realice en bloque o en su estado de unidad económica. Si no pudiere hacerse en
tal forma, se efectuará la enajenación separada de sus distintos elementos.
En la misma forma se procederá en caso de liquidaciones de sociedades propietarias de
establecimientos de comercio y de particiones de establecimientos de que varias
personas sean condueñas.
Conc.: 225 y ss., 525, 608; C. de P. C. 682; Ley 222 de 1995 Art. 194.
Art. 518._ Derecho a la renovación del contrato de arrendamiento. El empresario que
a título de arrendamiento haya ocupado no menos de dos años consecutivos un inmueble
con un mismo establecimiento de comercio, tendrá derecho a la renovación del contrato al
vencimiento del mismo, salvo en los siguientes casos:
1o) Cuando el arrendatario haya incumplido el contrato;
2o) Cuando el propietario necesite los inmuebles para su propia habitación o para un
establecimiento suyo destinado a una empresa sustancialmente distinta de la que tuviere
el arrendatario, y
3o) Cuando el inmueble deba ser reconstruido, o reparado con obras necesarias que no
puedan ejecutarse sin la entrega o desocupación, o demolido por su estado de ruina o
para la construcción de una obra nueva.
Conc.: 520, 522.
Art. 519._ Diferencias que surjan en la renovación del contrato. Las diferencias que
ocurran entre las partes en el momento de la renovación del contrato de arrendamiento se
decidirán por el procedimiento verbal, con intervención de peritos.
Conc.: 516, 2026 y ss.; C. Civil 1973; C. de. P. C. 427 par. 2o. num. 12.
Art. 520._ Desahucio al arrendatario. En los casos previstos en los ordinales 2o. y 3o.
del artículo 518, el propietario desahuciara al arrendatario con no menos de seis meses
de anticipación a la fecha de terminación del contrato, so pena de que éste se considere
renovado o prorrogado en las mismas condiciones y por el mismo término del contrato
inicial. Se exceptúan de lo dispuesto en este artículo los casos en que el inmueble sea
ocupado o demolido por orden de autoridad competente.
Conc.: 829; C. Civil 2009, 2014.
Art. 521._ Derecho de preferencia del arrendatario. El arrendatario tendrá derecho a
que se le prefiera, en igualdad de circunstancias, a cualquier otra persona en el
arrendamiento de los locales reparados, reconstruidos o de nueva edificación, sin
obligación de pagar primas o valores especiales, distintos del canon de arrendamiento,
que se fijará por peritos en caso de desacuerdo.
Parágrafo._ Para los efectos de este artículo, el propietario deberá informar al
comerciante, por lo menos con sesenta días de anticipación, la fecha en que pueda
entregar los locales, y este deberá dar aviso a aquél, con no menos de treinta días de
anterioridad a dicha fecha, si ejercita o no el derecho de preferencia para el
arrendamiento.
Si los locales reconstruidos o de la nueva edificación son en número menor que los
anteriores, los arrendatarios más antiguos que ejerciten el derecho de preferencia
excluirán a los demás en orden de antigüedad.
Conc.: 10, 829, 862, 2026; C. de P.C. 233 a 243, 435
Art. 522._ Casos de indemnización al arrendatario. Si el propietario no da a los locales
el destino indicado o no da principio a las obras dentro de los tres meses siguientes a la
fecha de la entrega, deberá indemnizar al arrendatario los perjuicios causados, según
estimación de peritos. Igual indemnización deberá pagarle si en esos mismos casos
arrienda los locales, o los utiliza para establecimientos de comercio en que se desarrollen
actividades similares a las que tenía el arrendatario.
En la estimación de los perjuicios se incluirán, además del lucro cesante surgido por el
comerciante, los gastos indispensables para la nueva instalación, las indemnizaciones de
los trabajadores despedidos con ocasión de la clausura o traslado del establecimiento y el
valor actual de las mejoras necesarias y útiles que hubiere hecho en los locales
entregados.
El inmueble respectivo quedará especialmente afecto al pago de la indemnización, y la
correspondiente demanda deberá ser inscrita como se previene para las que versan sobre
el dominio de inmuebles.
Conc.: 518, 830, 2026; C. de P. C. 435, 690; 965 a 968, 1613 a 1616, 1994.
Art. 523._ Subarriendo y cesión del contrato. El arrendatario no podrá, sin la
autorización expresa o tácita del arrendador, subarrendar totalmente los locales o
inmuebles, ni darles, en forma que lesione los derechos del arrendador, una destinación
distinta a la prevista en el contrato.
El arrendatario podría subarrendar hasta la mitad los inmuebles, con la misma limitación.
La cesión del contrato será válida cuando la autorice el arrendador o sea consecuencia
de la enajenación del respectivo establecimiento de comercio.
Conc.: 518, 525, 887 y ss.; C. Civil 1996, 2004, 2031.
Nota. El aparte subrayado fue declarado exequible por la Corte Constitucional mediante sentencia
C 598 del 6 de noviembre de 1996.
Art. 524._ Carácter imperativo de estas normas. Contra las normas previstas en los
artículos 518a 523, inclusive, de este Capítulo, no producirá efectos ninguna estipulación
de las partes.

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