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''La Hija de Afrodita'' - Koameri (Drive Ebooks)

El libro 'La Hija de Afrodita' invita al lector a sumergirse en una historia creada con amor y respeto por la palabra, ofreciendo un espacio de conexión y reflexión. La protagonista enfrenta sus demonios internos y busca sanación a través de un viaje a su pasado en un pueblo familiar, mientras lidia con la pérdida y la búsqueda de identidad. A lo largo de su travesía, se entrelazan recuerdos, emociones y el deseo de encontrar paz y fortaleza en medio de la adversidad.

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''La Hija de Afrodita'' - Koameri (Drive Ebooks)

El libro 'La Hija de Afrodita' invita al lector a sumergirse en una historia creada con amor y respeto por la palabra, ofreciendo un espacio de conexión y reflexión. La protagonista enfrenta sus demonios internos y busca sanación a través de un viaje a su pasado en un pueblo familiar, mientras lidia con la pérdida y la búsqueda de identidad. A lo largo de su travesía, se entrelazan recuerdos, emociones y el deseo de encontrar paz y fortaleza en medio de la adversidad.

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"Querido lector Romasthetic,

-------Hoy, entre tantos caminos posibles, elegiste detenerte


aquí.
-------No creemos en casualidades: creemos en las historias que
encuentran a quienes las necesitan, justo en el momento en que
más falta les hacen.
-------Este libro que ahora tienes en tus manos fue creado con
amor, con respeto por la palabra y con una fe inmensa en el
poder de las historias para tocar almas, abrir mundos y
encender corazones. Cada palabra fue pensada, cada silencio
fue cuidado, cada página es un puente tendido hacia ti.
-------Al abrir este libro, no solo comienzas una nueva aventura:
entras en un espacio que te pertenece, porque las historias viven
en quien se anima a habitarlas. Aquí hay sueños, luchas,
esperanzas... y sobre todo, el deseo sincero de acompañarte, de
ofrecerte algo valioso que puedas atesorar más allá de la última
página.
-------Gracias por confiar en este libro. Gracias por confiar en ti
mismo al elegirlo. Prometemos que no será un viaje en vano.
De nuestra parte, siempre encontrarás cuidado, pasión y
respeto por tu alma lectora.
-------Con todo nuestro cariño,
-------Bienvenido a esta historia.
-------Bienvenido a Romasthetic Editorial."
La Hija
de
Afrodita

Firmado Digitalmente por Koameri

Rom
asth
etic
Editorial
Título original: Primer Libro del Bosque Lluvioso. La Hija de Afrodita.

© Koameri, 2025
Publicado en acuerdo con Romasthetic Ediciones, Argentina 2026.

© de esta edición:
Editorial Romasthetic
Karen Tamara Robledo, 2024.
www.https://romastheticediciones.mitiendanube.com/

@romasthetic_ediciones

© Diseño original de la cubierta: Sketchify India, Pikgura Graphic, Silinus Med, Chelsea Gonzales
© Imágenes de la cubierta: Dibujado por Koameri
© Ilustraciones en el interior del libro: Koameri, Sketchify India, Angie de Angela Apostol's
Imágenes, Wanchana365, Blakkdias, MiracleArt de Michael Bon
© Fotografías en el interior del libro: Raúl Adrián Robledo, Natuo_87

Créditos de la citas: "Hay tres cosas que no se pueden ocultar jamás, el sol, la luna y la verdad"
serie de TV Teen Wolf.

Adaptación del diseño de cubierta: Karen Tamara Robledo.


Maquetación y revisión: Romasthetic Ediciones, 2026.

Impreso en United States, Orlando, FL.


Fecha de publicación: 26 de Junio, 2025.

Este libro está impreso bajo demanda, a modo de protección hacia los bosques que nos
brindan con su naturaleza nuestro papel.

Todos los derechos reservados. No sé permite la reproducción total o parcial del libro, ni su
jaj incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por
_____cualquier otro medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros
____métodos, sin el permiso previo por escrito de la editorial.
A mi esposo Miguel Ángel,
por ser la inspiración de esta historia
desde mucho antes de siquiera, estar cerca
de conocernos.
Por ser mi llama gemela aquí y allá fuera.
Te amo marranote.
Por nuestros hijos... que esperamos que un día lleguen...
-------Los monstruos de mi pasado siempre han estado al
acecho, y no quería que quienes me importaban estuvieran en
la línea de fuego. Desde aquel primer encuentro con ellos, esos
recuerdos me atormentaba sin descanso durante años y en
todo ese tiempo luchaba por borrarlos, por sentirme lo
suficientemente fuerte para enfrentarlos.
-------No soy fuerte, pero aún así desde aquel día, nació en mí
un instinto de protección hacia aquellos que amaba,
principalmente con mi hermanita. Sin embargo, en este
momento no puedo hacer nada para protegerla y solo me
queda rogarle al cielo que esté a salvo, que todos estén a salvo.
-------Había venido con el propósito de hacerme más fuerte,
pero tristemente: fracasé. De algo estaba segura, esta sería mí
última noche.
-------La lluvia cae sin piedad sobre mí; pareciendo querer
hundirme en el barro del bosque donde me encuentro
atrapada. Ya no puedo respirar... La figura frente a mí tiene
rasgos de bestia asesina y no era la primera vez que veo esa
mirada llena de odio. También la había visto en mi misma.
Todo se volvió negro, y aunque me duele aceptarlo, mi hora
ha llegado.
-------Una dulce melodía acompaña mis lágrimas al caer, y lo
último que le pido al cielo es un milagro: renacer a su lado... al
lado de aquel joven cálido como el sol y al que he amado en
más de una vida.
-------Sentí mi cuerpo sacudirse con el movimiento del
colectivo al estacionar. Me desperté. Era normal para mí
soñar cosas raras, aunque en esta ocasión, el lugar al que
había llegado era muy similar con el que siempre soñaba,
provocando en mí un dolor en mi pecho.
-------Estaba lloviendo cuando mi padre vino a recogerme a
la terminal de la ciudad. Al bajar del colectivo, cerré los ojos
y dejé que el viento suave del cerro acariciara mi pelo
refrescando mis mejillas enrojecidas por el llanto. Un olor a
madera y tierra mojada me dio la bienvenida. A pesar de la
fina lluvia y del tiempo, siendo demasiado helado para ser
principios de enero. La fría acogida de aquel lugar me
pareció incluso más cálida que la despedida de casa.
-------—¿Viajaste mal hiji? —dijo papá al acercarse a mi.
-------Esperé en vano la sonrisa burlona con el gesto
cariñoso que él solía tener en estás ocasiones a lo que tardé
unos segundos en darme cuenta de que papá no bromeaba.
Solo había constatando un hecho: mi aspecto era espantoso.
-------Hacía días que apenas probaba un bocado y llevaba
semanas llorando sin tregua. Pero la idea de refugiarme en
aquél pueblo había sido mía. Sencillamente, no fue fácil. Los
últimos meses fueron sin lugar a dudas los más duros de mi
vida, aunque si soy honesta, los últimos años sí que fueron
los más duros de mi vida.
-------Por lo que, mirando al cielo, tome coraje, definiendo así
este viaje, el sol de principios de Enero me dio la noción para
trabajar en las heridas de mi vida. Sabía que no era fácil,
pero necesitaba conectar con mi identidad y mi deseo.
Recomendación de la psicóloga.
-------Si, hacía tiempo que me había perdido a mi misma
_______
14
dentro de este mundo que, ya no tenía a donde ir para ---
sanar que no fuera ir al norte del país. Por lo que viajé sola a
un pueblecito de Tucumán. No era la primera vez que
viajaba, solía pasar algunas vacaciones en casa de mis
abuelos cuando nos tocaba ir, siempre me sentí segura ahí.
Creo que por eso no dudé en volver, porque a pesar de tantos
problemas en casa tenia contención, pero aquel lugar me
traía una paz que no encontraba
en ningún lado.
-------Esperaba de verdad poder volver a encontrarme con
esa paz, porque, lamentablemente, no estoy lo
suficientemente bien de mi cordura como para soportar toda
esta situación.
-------Mientras observaba la ruta por la que conducía mi
padre, me pregunté si había hecho bien en tomar mi
distancia. Después de lo de Flor, yo había quedado muy
afectada. Me detuve a mirarlo por un momento, su
semblante malhumorado me dio a entender que no estaba
muy conforme con mi llegada. O al menos por como yo vine
de improviso y no...
-------—¿Por qué no vino Ramiro con vos?
-------Instintivamente mi mano se puso sobre mi panza, no
estaba lista para hablar de ese otro hecho doloroso. Por lo
que no respondí, volviendo a concentrarme en el camino.
-------Por suerte mi padre no era tan invasivo como mi
madre, así que no volvió a preguntar. Él no estaba al tanto
de lo que ocurría en casa. Mucho menos conmigo. Exiliarse
era mi mejor opción. Todo me traía recuerdos malos y
tristes, tanto que no me dejaban ver los buenos y felices.
Tenía que ser fuerte, ser valiente, pero mi seguridad estaba en
peligro. No quería ver la cara lastimera de los vecinos, los---
amortencia
15
---chismes corrían rápido en las calles de Caucete. Los
comentarios de la gente corrían por todos lados. Así que ir a
Monteros era mi salvación. No los culpo. Perder a seres muy
queridos de una forma trágica y con tan poca diferencia es
algo que toca el corazón de cualquiera.
-------En las trece horas que duró mi viaje hice memoria de
los veranos en el pueblo de mis abuelos paternos. Ambos
vivían en todos y cada uno de ellos. Eran imágenes poco
precisas, yo era muy pequeña por aquel entonces. Sus calles
empedradas y sus bosques de predios verdes con un tinte a
selva esbozaba la idea de que ellos aún estaban en esta tierra.
-------Desde el momento en que el colectivo dejó la ruta para
adentrarse en las calles que serpentean antes por los pueblos
del jardín de la república, me sentí extrañamente
reconfortada. Unos altísimos pinos qué flaqueaban en la
estrecha ruta por ambos lados. De alguna manera, note la
presencia de mi abuelo en aquel paisaje, como si su alma
estuviera allí para recibirme.
-------Volvió su dulce sonrisa de los buenos tiempos, cuando
las cosas aún estaban bien y las preocupaciones no se la
habían borrado de su bello rostro. El asiento vacío a mi lado
me hizo comprender lo sola que estaba.
-------¡Me habría encantado que Patito me acompañara en
este viaje!
-------Mis dedos jugueteaban con el colgante que conservaba
de ella; una cadena de oro con un dije de sol para mí que mi
abuelo nos entregó a cada una de nosotras. Mi hermanita
tenía otra solo que con una luna. Ella era el sol y yo la luna.
Recordé el momento en que me lo había entregado y
abrochado al cuello. No me lo había sacado desde entonces.
__Al llegar, tuve la impresión de haber hecho un viaje al
amortencia
16
pasado. Monteros parecía haberse quedado en el tiempo.---
Las casas de piedra gris y muchas hechas de adobe con
tejados rojos y otros de cañas, sus dobles puertas con
ventanas de color verde muy al estilo "Casita de Tucumán"
forman una estampa muy distinta a la pequeña ciudad que
había dejado atrás la noche anterior. Alcé los ojos hasta el
campanario de la Iglesia que se veía desde lo lejos, al fondo
las montañas verdes lucían sus curvas llenas de un gran
bosque selva.
-------En la terminal estaba esperándome mi padre. Supe al
instante que era él. No había nadie más en aquella plaza.
Tras su desconcertante frase de bienvenida, tomó una de mis
mochilas y me hizo un gesto con la cabeza para que lo
siguiera mientras me rodeaba con uno de sus brazos. Di por
hecho que íbamos a su casa, nos acercamos a su Renault 12
azul y nos subimos al auto una vez dejada mis mochilas en el
baúl. No sabía a dónde nos dirigimos en el momento que
tomó un camino que no conocía, tampoco me importaba,
estaba muy cansada.
-------Me sorprendí cuando salimos de la pequeña ciudad en
dirección al monte por una ruta pequeña cuesta arriba. A las
afueras, me fijé en un cartel que indicaba un lugar de
producción de frambuesas y apicultura. Sabía por mi abuelo
que la miel se producía desde hacía tiempo por los lugareños,
los cuales también producían sus famosas Masas Árabes
artesanales, de las que mi abuela era fanática. Al igual que
yo. Cómo así también las nueces de las cuales él cosechaba
dentro de sus campos.
-------Él tenía colmenas en la propiedad, se dedicaban al
suministro de miel y mermelada ecológica/orgánica a varios
puntos de la región. A medida que ganábamos altura, el---
amortencia
17
---paisaje se tornaba más exuberante. Llevándonos a un
extenso bosque de helechos y pinos selváticos verdes que se
unían en ocasiones a pequeños robles y árboles frutales,
cuyas hojas verdes resplandecientes inundaban el monte de
colores vivos como todo en verano. Reconocí en ellos, el
escenario de los cuentos y leyendas nórdicas que me contaba
mi madrina. Esas hadas que a ella le encantaba. Durante
unos segundos creí incluso que algunas de ellas o duendes de
los árboles saldrían a buscarme para salir de la realidad.
-------Aparte la mirada de aquel paraje y la enfoque unos
segundos en mi padre. Había algo en él que me preocupaba.
Conducía con el ceño fruncido y la boca apretada. Ya con
sus cincuenta y pico de años se veía incluso más grande de
edad, con su camisa de franela a cuadros, su remera blanca y
pantalones de gabardina azul no le ayudaban mucho. Aquel
silencio incómodo me forzó a decir algo amable. El cielo se
había vuelto negro.
-------—Tenemos encima una buena tormenta...
-------—No tendrías que haber salido de tu casa, al menos no
sola —dijo sin apartar la vista del camino de tierra..
-------—Quería venir a verte —murmuré.
-------—No es que me moleste, solo que me pregunto el por
qué tanto apuro en venir cuando deberías de estarte
cuidando más.
-------—Sé cuidarme sola. No necesito a nadie, ya soy adulta
papá, a punto de cumplir veinticuatro. Aunque me entristece
mucho que Patio no haya podido venir, ella también quería
verte —protesté molesta, por mi hermana y porque aun
siguen viéndome como una niña.
-------Aunque alguien más también se preocupaba por
___nosotras. La idea de aquel viaje apresurado y las
amortencia
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actitudes recientes de mi madre, había despertado el recelo---
de Anahí. Mi madrina. Mientras estaba armando mis
mochilas con Patito, ella había insistido por enésima vez
para que no me marchara. «Puedo hablar con mi jefe para
que me adelante mis vacaciones ahora» me dijo, pero yo le
respondí que quería ir y que ella tendría que cuidar de mi
hermanita, ya que ahora que no estaría.
-------Hubiera deseado tener más control sobre mí y contener
el llanto que amenazaba en mi garganta en aquel momento.
Patito me acarició el pelo de una forma muy parecida a como
lo hacía mi madre antes de que llegara Carlos. La abracé con
todas las fuerzas que me quedaban antes de romper en
llanto. «No te preocupes por mí», me pidió entre lágrimas.
«Todo estará bien».
-------—Aún me molesta que no dejaran venir a Lu —dijo
papá trayendo al presente.
-------—Ella es menor, falta mucho para que tenga la edad
autorizada para viajar sola, no la dejó venir porque aún no
cumple sus dieciséis que es la edad 89permitida99 —pronuncié
esa palabra con desprecio, ocultando la tristeza que me
provocaba mentirle.
-------—Lo sé —murmuró él suavizando un poco el tono de
su voz.
-------No esperaba una gran acogida, pero saber que mi
presencia preocupaba tanto a mi papá hizo que de nuevo
amenazaran lágrimas en mis ojos. Me mordí el labio y
controlé el deseo apremiante de dejarlas salir.
-------—¿Qué pasa con tus estudios?
-------— No, no lo he dejado. Me traje todos mis apuntes
para ponerme a estudiar, así estoy lista para las prácticas —
respondí emocionada, lo que estudiaba era lo único que---
amortencia
19
---me daba alegría.
-------—¿Seguís en el profesorado de nivel inicial?
-------—No.
-------—¿Dejaste de nuevo otra carrera?
-------No respondí nada, era evidente que no le estaba
gustando como mi vida no tenía rumbo. Sus facciones se
contrajeron de nuevo y permanecimos callados el resto del
camino.
-------La melodía de 89Surrender - Natalie Taylor99, mi
canción del momento, sonó en mi mochila para avisarme la
entrada de un nuevo mensaje. Eso indicaba que tenía señal
aun en ese lugar tan aislado. Lo abrí con la esperanza de que
sea mi hermana, pero terminé descubriendo que era un aviso
de la biblioteca de la facultad para confirmar el citatorio
sobre la orientación académica.
-------Era evidente que no iba a ir, ya estaba cansada de
querer encajar en un mundo donde no podía ser yo misma y
a la vez cargar con injusticias en las escuelas.
-------Por eso me concentraba en mis cursos de Artes
Plásticas. Me concentraba tanto al pintar que parecía una
científica loca. Solo que nadie en mi familia lo sabía, ni
siquiera mis amigos. Solo sabían que me gustaba mucho las
practicas en los jardines cuando hacíamos arte, nada más.
-------Finalmente, llegamos a un finca formada por una gran
casa de adobe y una antigua caballeriza. Había un cartel de
madera en la entrada recién barnizada.
-------—El Jilguero... —leí en voz baja.
-------No era la primera vez que leía ese nombre. Recordé
vagamente ese lugar. Era donde mi abuelo había montado su
pequeña fábrica artesanal. Mirando el estanque de la entrada
---me asaltó el recuerdo de una rana dentro, me vi de
amortenci
20
a renacuaja con una enorme red anudada a un palo---
cazando sapos. Y otro con mi hermana cazando con ramas
largas unas hojas largas de los árboles, haciéndonos creer
que eran peces y el estanque era el mar.
-------La imaginación de ambas era de otro mundo. Aquello
de mi infancia me hizo sonreír. Por fin un sentimiento
agradable. Papá entró en la casa y empezó a sacar unas cajas
con botes de mermelada y miel. Tenía un aspecto artesanal,
típico de los puesteros que me pareció encantador. Me costó
imaginarlo a él teniendo paciencia decorando uno por uno y
anudando en ellos una cinta delicada con una tela a cuadros.
Seguí sus pasos y le ayudé a cargar su dulce mercancía en el
auto. Al terminar, nos fuimos a su casa.
-------El cielo comenzó a teñirse de un gris más oscuro, y para
cuando estábamos llegando a su casa, la lluvia cayó con gran
peso sobre nosotros. Al llegar tome mi mochila con lo demás
y entre rápido en lo que mi papá bajaba mi bolso y me seguía
adentro.
-------—No nos quedaremos mucho tiempo —me gritó desde
afuera—. Tengo que hacer el reparto a los puestos de las
rutas, pero te dejaré en casa y mientras lo hago ve armándote
una mochila para un viaje corto por el fin de semana.
-------Una vez dentro contemplé el salón de estilo rústico que
daba en la entrada de la casa. El doble acristalamiento de las
ventanas y la madera bien pulida barnizada recientemente
me hizo adivinar una reforma reciente. Es verano, pero
cuando se larga la tormenta comienza a hacer mucho frío. La
estancia destilaba la misma delicadeza con la que habían sido
envasados aquellos frascos artesanalmente.
-------El lugar era muy acogedor. A pesar de ser una casa
antigua del tipo colonial con una mezcla gaucha,---
amortencia
21
---contrastaba con la calidez de las vigas, el suelo, ambos de
roble. Había una alfombra con mullidos almohadones.
-------Pasando el living por un arco al costado de una puerta
se encontraba el comedor con cocina que era a leña, antigua
bien restaurada, estaba integrada en esa misma estancia.
Todo bien restaurado y reforzado. Del lado izquierdo se
encontraba el baño y dos habitaciones. Las abrí una a una.
Solo hallé los restos de lo que habían sido los dormitorios de
papá y mi tía Laura. Supuse que nadie las había habitado, al
menos para vivir. Había un poco de polvo acumulado y un
colchón enrollado sobre el somier de cada habitación.
-------La puerta que daba al living era la habitación principal,
la que había sido en algún momento, la de mis abuelos
Alberto y Zoila. Pero que ahora le pertenecía a mi padre.
Tras su muerte él se había quedado con ella, después de
haberlos cuidado junto conmigo en San Juan cuando la
pandemia del COVID-19 estaba arrasando con todo a su
paso. Ellos habían ido para apoyar a mi padre durante el
divorcio con mamá, lo que jamás pensamos, fue que
sufriéramos más de la cuenta.
-------Salí a explorar el patio de la casa, estaba oscuro, no
había luz allí. Las luces que escapaban eran por la puerta
abierta de la cocina y las ventanas sin cortina que me
hicieron ver que habían dos habitaciones más, pero
separadas de la casa. Por instinto, tomé el dije de mi collar.
La lluvia se había calmado lo suficiente para ser una pequeña
llovizna.
-------Al final del pasillo solo quedaba una puerta maciza de
roble la cual estaba cerrada con llave. Comprendí, al sentir lo
antigua que era su última puerta que formaba parte del
__destino estar allí. Tenía un alhajero pequeño a juego con
amortencia
22
mi collar, allí había una pequeña llave. Cuando bajé a la---
calle, ya había tomado una decisión. Seguí el ruido de un
motor que provenía del garaje. Papá lo transformó en un
taller para elaborar sus productos artesanales como así
también cosas de carpintería. Además de la maquinaría y
varias pilas de leña, dos bicicletas se apilaban en una esquina.
-------—Quiero quedarme aquí.
-------Alejandro apagó el motor y me miró fijamente unos
segundos.
-------—No.
-------Lo mire con ojos suplicantes. Deseaba estar sola
con todas mis fuerzas. Al menos unos días. No tener que
sonreír o poner buena cara, el no tener que relacionarme con
nadie, especialmente con él para no angustiarle más de lo que
ya podía estar. No quería convivir con mi padre, porque no
sabía cuando ya no podría soportar mi dolor. No quería
desmoronarme delante de él. No quería eso. Y me aterraba,
más que estar sola.
-------—Pero, es que quiero quedarme... —murmuré.
-------—No es motivo suficiente, no puedo dejarte acá sola.
-------—¿Por qué no?
-------—Por qué no. No es lugar para...
-------—No me interesa. Yo me quedo acá —dije con firmeza
—. ¡Sé defenderme muy bien! Sabes lo mucho que el abuelo
me entrenó y seré muy fuerte al igual que responsable.
-------—Elysia... me preocupas. Hasta hace una semana
estaba todo bien en tu casa. Pero ahora estás acá, de
improvisto. Y aunque seas mayor, sigue siendo mi
responsabilidad. Vamos a volver a casa acabando el finde.
-------—Por favor papá... solo serán unos días... Te prometo
que comeré bien y te escribiré cada vez que cocine,---
amortencia
23
--- enviando foto de lo que me hice.
-------Él me lanzó una mirada de desconfianza.
-------—Yo solo quiero quedarme un tiempo. Tengo que
aprender a ser autosuficiente tarde o temprano, ¿no? —dije
con voz lastimera.
-------—Que niña... —murmuró entre dientes—. Eres tan
testaruda como... —sus palabras se frenaron en seco.
-------—Como... —intenté que terminara su frase.
-------—No importa. Más te vale que me avises cómo estás.
-------Seguí sus pasos hasta la habitación principal. La lluvia
había vuelto a caer ahora de forma torrencial sobre nuestras
cabezas formando una espesa cortina de agua. Él me explicó
donde estaba la caja de la electricidad por si se llegaba a
cortar por alta tensión eléctrica. El calefón funcionaba con
leña y el agua procedía de un tanque instalado en el techo de
la casa. Él me mostró algunos aspectos prácticos de la casa y
sacó un enorme cesto de alpaca de la alacena.
-------—Ya que vas a quedarte aquí te voy a dejar una tarea
para estos días. Vas a clasificar por su aspecto los frutos que
se vean perfectos, moras con moras, frambuesas con
frambuesas y arándanos silvestres con arándanos silvestres
en bolsas separadas y luego las vas a frezar. ¿Sabes
reconocerlas, no?
-------—Las frambuesas son como las moras pero más
sabrosas. ¿Verdad? —contesté con gracia. Me devolvió la
sonrisa negando con la cabeza.
-------Yo era un caso sin remedio.
-------Solo bromeaba. Sabía bien cuáles eran, las comía como
las únicas frutas que podía ingerir y que amaba. Ya que el
resto de frutas nunca llegaron a mi boca, a causa del efecto
__postraumático que tengo desde los cinco años.

24
-------—¿Las que sobran, me las puedo comer? —solté con---
una gran sonrisa como el gato rizón. Él se rio, y eso relajó mi
corazón.
-------—No te alejes mucho del camino a casa si llegas a salir.
Volveré aquí el lunes en la noche. Mientras tanto, puedes
bajar al pueblo con la bicicleta o caminando. A unas cuadras
está la plaza principal, enfrente hay un Grido, te dejo dinero
por si quieres helado. Recuerda que todas las mermeladas y
mieles estén listas para la feria del próximo fin de semana.
-------Asentí en silencio, agradecida de que me diera algo en
qué ocuparme. No quería estar todo el día dándole vueltas a
mis pensamientos.
-------—También hay algo de comida en la alacena y en la
heladera. Si necesitas más cosas, me avisas.
-------—Gracias, papá.
-------Me observó un instante, como si buscara algo en mi
expresión. No dijo nada más, solo asintió y salió hacia la
puerta. Lo escuché arrancar el auto y alejarse, dejándome
sola en aquella casa que ahora sería mi refugio.
-------Miré a mi alrededor, sintiéndome abrumada por la
mezcla de recuerdos y el vacío de la casa. Me dejé caer en
una de las sillas de la cocina, jugueteando con mi dije.
Respiré hondo, intentando que el dolor en mi pecho no me
venciera.
-------Había tomado esta decisión porque necesitaba sanar.
-------Pero, ¿realmente podría hacerlo aquí?
-------Fuera, la lluvia seguía cayendo, envolviendo la casa en
su murmullo constante.

25
Uni
ones
-------Aquella noche, la primera en la casa de mi
padre, supe verdaderamente lo que es el miedo. No lo
esperaba. El dolor de las últimas semanas había anestesiado
cualquier sentimiento, haciéndome creer que no podía sentir
otra cosa que no fuera sufrimiento. Estaba equivocada.
-------Me quedé en la puerta, viendo cómo papá se alejaba.
La luz de su auto se hizo cada vez más pequeña, hasta
fundirse con la oscuridad de la noche y los árboles que
cubrían la calle. No había luna. No había estrellas. Solo
negrura, iluminada de vez en cuando por relámpagos que
rasgaban el cielo y la luz apenas tenue de la calle. El aire olía
a tierra mojada y hojas húmedas, con un leve toque de
lavanda que aún flotaba en la casa.
-------Contemplé el vacío. Me sentí bien… y mal al mismo
tiempo. Bien, porque había logrado lo que quería: apenas
pasé unas horas con papá y ya lo había preocupado. No
quería estar con nadie. Y, al mismo tiempo, me sentí mal
porque, por primera vez, dudé de mi decisión. Estaba sola.
¿Podría arreglármelas sin él? El frío y el miedo se deslizaron
por mi cuerpo como dedos invisibles.
-------A lo lejos, los perros aullaron. Una lechuza se lamentó
en lo alto, su canto arrastrado por el viento. De repente, un
trueno rugió con tal fuerza que sentí que el cielo se partía.
Pegué un grito y, con un movimiento torpe, cerré la puerta
de un portazo, echando llave en todos los cerrojos. Me apoyé
en la madera, tratando de calmar mi respiración. El frío de la
casa se pegaba a mi piel como una segunda sombra. La
chimenea ardía débilmente, y agradecí que papá la hubiera
encendido antes de irse. Solo tenía que asegurarme de que no
__se apagara y buscar una forma de no pensar tantas cosas
amortencia
28
malas al mismo tiempo que sobrevivía a mi primera noche---
en completa soledad en aquel lugar.
-------Agregué un par de troncos al fuego y subí a la
habitación de papá en busca de frazadas y almohadas. No
pensaba dormir sola en un cuarto aquella noche. Mejor cerca
del calor y la puerta. Abrí cajones y placares, hasta que
encontré lo que buscaba.
-------Lavanda. Todo olía a lavanda.
-------Mi pecho se encogió al instante. El aroma me llevó a mi
infancia, a mi abuelita, a su risa suave y su voz cálida.
-------Tragué el nudo en mi garganta, la extrañaba mucho.
Cuando salí de la habitación, mis pies no me llevaron de
regreso al sofá.
-------Se detuvieron frente a la puerta que daba al patio.
-------La lluvia caía a cántaros, golpeando la madera y las
ventanas. Y, sin embargo, algo dentro de mí me decía que
debía salir. Que debía mirar.
-------Entonces lo oí.
-------Un sonido pesado y lento. Una respiración.
-------Alguien—o algo—resoplaba con fuerza, justo detrás de
la puerta.
-------Mi sangre se heló.
-------Llevé las manos a la boca para ahogar un grito.
Las frazadas cayeron al suelo sin que me diera cuenta. El
corazón me latía tan fuerte que me dolía el pecho.
Temblando, me quedé inmóvil, sin saber qué hacer.
-------Silencio.
-------Apreté los párpados, luchando por recuperar el aliento.
Tal vez lo había imaginado. Sí, eso debía ser. Solo era la
tormenta.
-------Recogí las frazadas y me refugié en el sillón,---
amortencijajsjdjak
29
---arropándome hasta la nariz. Saqué mi celular y mi libro de
bolsillo, Los cuentos de Beedle el Bardo. Necesitaba
distraerme. Fue entonces que recordé aquellas tres cajitas
que había traído al viaje: tinturas para el pelo.
-------Este era mi momento para el cambio de aires que
necesitaba, y aunque no sabia como me quedaría ese color
que había traído, quería arriesgarme a verme distinta por
primera vez en la vida. Pero en el fondo, intencionaba que
quedara rubio avellana. Por lo que mientras miraba la parte
uno de Martin Cirio jugando al Outlast, comencé a teñirme
el cabello por primera vez. Contradictorio para mí que ya no
quería asustarme, pero en mi defensa su humor era necesario
para sobrevivir la noche.
-------Dividí mi cabello por partes, ya había visto muchos
videos en YouTube que me decían que primero aplicar en
mis largos y puntas, pero era un poco difícil al tener mucho
cabello como yo. Aun así lo intente y cuando termine ya iba
por casi la mitad de video de Martin, a lo que me lo empecé a
aplicar en las raíces. La puta que lo pario, como me empezó
a arder la cabeza. Dándome aire con las manos de vez en
cuando, pude ponerme en todo el pelo. Me había sobrado un
poco de tinte por lo que le esparcí por todo mi pelo para
reforzarlo.
-------Me quedaba casi cuarenta minutos del juego por ver
por lo que decidí disfrutarlos y reírme un rato de como era
matado por enésima vez al salir antes del gabinete. Sus gritos
de desesperación me hacía dar ansiedad, pero prefería eso
que pensar en lavarme ya la cabeza. Así le daba su tiempo de
coloración, rezaba para que ese 8.3 me dejara como quería.
Me puse una bolsa de plástico para dar más calor. No se en
__que momento, pero toda esa secuencia me había hecho
amortencia
30
olvidar el miedo que se había apoderado de mí horas antes.
-------Al terminar de ver el juego, busque mi ropa de dormir,
los acondicionadores que venían en los tintes y mi toalla para
ir derechito a la ducha. Lo que termine descubriendo fue lo
peor que me pudo haber pasado, no había agua caliente. Mi
papá en su afán de dejar la casa segura durante su viaje dejo
apagado el calefón, por lo que no me quedo de otra que
respirar hondo y bañarme con agua fría o me quedaría
pelada con ese amoniaco de la tintura. Nota para mí:
corroborar el estado del agua antes de volverme a teñir.
-------Entre grititos al cielo dejo que el agua caiga sobre mi
cabeza y todo el cuerpo. Más que bañarme, parecía que
estaba teniendo una lucha con el agua helada que me cortaba
la respiración, el mismo que emana el vapor que se condensa
en el baño, aún con esa agua tan helada. Me pase el jabón
como pude y el acondicionador tratando de ser lo más veloz
posible. Lo loco de todo esto fue que me sentía rejuvenecida,
y a la vez estaba por entrar en un cuadro de hipotermia.
-------Me sequé a la misma velocidad de los rayos que partían
el cielo en dos y me puse un pantalón de gimnasia del colegio
con una remera manga larga verde, arriba una remera manga
corta blanca estampada de Inuyasha y Kagome. Encima de
todo eso, me puse la campera rompe vientos que traje por si
llegara a hacer frío. Agradecí a los cielos por traerla. Después
me enfrenté a mi reflejo en el espejo esperando que se notara
el resultado de mi experimento, pero descubrí algo que no me
gustó, haciendo que le quite importancia a ese esfuerzo de mi
cambio de look. Contemplando mi rostro mientras cepillaba
mis dientes descubrí lo demacrada que estaba. Mis labios
estaban morados, mi piel blanca como nieve lograban
difuminar el tono de mis pecas dando lugar a un fantasma,---
amortencia
31
---y no cualquier fantasma, si no uno triste. Ya no soportaba
verme, por lo que me peine con mi típica ralla al medio y salí
de inmediato con toda intención de acomodarme de nuevo
en el sofá para no salir nunca más.
-------Fui acostumbrándome al silbido constante que había
por la lluvia y el viento, que estaban acompañados de
truenos y relámpagos.
-------Me agradaba.
-------Acurrucada y cubierta con varias mantas, el calor del
hogar consiguió que mis dientes dejaran de castañar. De a
poquito mi cuerpo subió de temperatura y empecé a sentirme
bien entre las mantas. Busque el libro que había sacado unas
horas antes. <Los cuentos de Beedle el Bardo= de J.K.
Rowling. Elegí un cuento al azar, 89El Mago y El Cazo
Saltarín99 y empecé a leer. Es el primer libro que tengo de la
autora. Tristemente mi madre jamás me quiso comprar un
libro, menos de Harry Potter ya que habían películas. Con
los ahorros que tengo pretendo comprar de a poco libros de
mis sagas favoritas y los mangas de las series que tanto amo.
-------Se que me llevará tiempo, pero podré lograrlo. Este es
el comienzo de mi biblioteca. Amo mucho leer. Las uniones
únicas entre los personajes, a veces, me hacen entender aún
más las uniones de las personas en la vida real. Pues estás
mismas son lo que inspira a muchos autores a escribirlas. Lo
sabía bien, ya que a escondidas estaba en la academia de
artes, y eso es algo que vemos de similitud con ellos. Contar
historias a través de nuestro arte, ellos con palabras y
nosotros con colores. Tengo la suerte de que los pintores
también los escritores sean mis mejores maestros en donde
estudio.
-------Puse música en mis auriculares. 89I Need You de M83'9
amortencia
32
comenzó a sonar suavemente. Mi pulso poco a poco---
volvió a la normalidad. Sin darme cuenta, empecé a tararear
89Cut de Plumb99, y sonreí. Isis, mi prima. Ella amaba 89The
Vampire Diaries99. Vivía frente a la casa de mis abuelos
maternos. En esa época, yo no tenía a nadie, solo a mi
hermana. Las chicas de mi clase se reían de mí por ser
introvertida y rellenita. Pero cada vez que llegaba al barrio,
Isis me levantaba el ánimo y merendábamos juntas mientras
veíamos la serie.
-------Nunca la envidié. Para mí, era como un ángel. Pero no
voy a mentir: muchas veces me comparé con ella. Tenía
unos ojos cafés clarísimos, mientras que los míos eran de un
marrón común. Su piel trigueña uniforme contrastaba con
mi tono más rosado, y su cabello castaño chocolate brillaba
con el sol, mientras que el mío era oscuro y esponjoso. Pero
no era perfecta. Siempre andaba con libros pesados bajo el
brazo, y a veces tenía ojeras por dormir poco. Su cabello,
aunque hermoso, se encrespaba con la humedad y le sacaba
de quicio no solo a ella, a mi también. Eso era lo que ambas
compartíamos cada vez que llovía. Y, a pesar de su belleza,
muchos la subestiman solo por ser torpe al hablar con
desconocidos. Pero en realidad era una genio.
-------Estar a su lado me traía alegría y, a la vez, tristeza.
Alegría porque su aura era cálida, y tristeza por mi propio
rechazo a mí misma. El cambio en mí llegó cuando toqué
fondo y ella, como el ángel que siempre fue, me rescató en el
último segundo. Desde entonces, decidí vivir amándome
tanto como me era posible.
-------Ella desde que supo que me iría un tiempo, nos
empezamos a enviar mensajes casi a diario. Sabía que
cuidaría a mi hermana.

33
-------La extrañaba, por lo que le escribí un WhatsApp:

Mi Isis

¡Hola Isis! Ya estoy en Monteros. Papá es un amor, casi


lo preocupo más de la cuenta. Me dejó sola en su casa
porque tenía que viajar. Es una casa colonial antigua,
enorme, con un patio que da a un descampado. Parece
sacada de una peli de terror. No hay internet. Tengo que
usar datos, pero la tormenta los deja débiles. ¡Hace frío!
Ojalá estuvieras aquí conmigo… Ojalá estuviera
Patito… Ojalá las tres estuviéramos juntas.

-------No esperaba respuesta rápida. Ella siempre estaba


enterrada en libros. Pero apenas unos minutos después, sonó
Decode de Paramore.

¡Me tenías preocupada! Se suponía que


me avisarías cuando llegaras.
¿Casa antigua? ¿Frío? ¿Tormenta? Lo siento
bombona, pero no cuentes conmigo. Estoy
con Patito en casa de mi abuela. Haremos
una pijamada.

-------Sonreí.

Estoy sola y muerta de miedo. Pero bueno, al


menos me libré de las clases de apoyo. Voy a
enfocarme en escribir y entrenar. También
ayudaré a papá en la fábrica.

34
¡Qué lindo! Pero cuando vayas
al bosque, cuidado con los
enanos, Blancanieves.

¡Jajajaja! Ya quisieran poder


conmigo, sabes bien a que vine,
podria empezar a precticar con
ellos XD
En fin… ¿Cómo está Patito?

No te hagas la loca, ya hablamos de eso...


Ella esta... triste. Lloró todo el camino a
casa. Por eso organizamos esto. Mañana
iremos al circo. ¡Tienes que hacer amigos
para hacer bromas también!

-------Me reí.
-------Solo a ellas se les ocurriría algo así para animar a
alguien.
-------El intercambio de mensajes me reconfortó. Tras
despedirme, me preparé un té y fui al baño a asearme. La
casa no tenía agua caliente. Me lavé lo más rápido que pude,
tiritando, y me envolví en capas de ropa.
-------Cuando volví al sillón, tomé un periódico viejo del
modular. En la portada había una foto de un bosque.
Empecé a leer.
-------Mis ojos se detuvieron en un párrafo:

“Dicen que cuando llega la noche, más en verano, se suele ver el diablo
rondando el monumento al Indio. Llevando así las almas de los muertos.
Pero a su vez, también viene a castigar a los vivos, burlándose del Indio que
se sacrificó para proteger a su pueblo. Los animales corren como en una
cacería fantasma por entre los cañaverales y montes selva.

35
Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan
horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las
huellas de los demonios con los pies de esqueletos buscando al Indio
sacrificado. A este lugar los montesinos le llaman La Parada Del Diablo, y
es por eso he querido salir de él antes que llegue la noche.”

-------Cerré el libro con la noticia dentro y me hice una


pelotita en el sillón. No quería seguir leyendo. Lo último que
necesitaba eran más argumentos para estar asustada y
arrepentida por no estar con papá. Pero era demasiado
tarde. El pánico se había apoderado de mi. Sabía que no
podía dejarme dominar por él, así que respiré
profundamente y cerré los ojos. Espera… ¿Los cerré? No.
La luz se había cortado introduciendo a la oscuridad total.
Busqué, tanteando por la mesa, mi celular para
alumbrarme, pero no lo encontré. Desistí, cerré los ojos e
intenté dormir. Me era imposible. La casa temblaba casi
tanto como yo. La madera de las puertas y ventanas crujía,
el viento gemía en los cristales. Me tapé la cabeza con una
manta y apreté los puños. Y así pasó una hora, dos, tres, un
siglo… la noche me pareció eterna. El estruendo de un
trueno que más que trueno se sintió como una explosión
chirriante partía el cielo en dos me sobresaltó y saqué la
cabeza de las mantas. A pocos segundos, la luz de ese
relámpago iluminó algo en la ventana de la cocina. La
ventana que daba al patio de la casa.
Un rostro. No tuve tiempo de distinguir bien sus
facciones, pero estaba segura de lo que había visto: dos ojos
completamente brillantes y observándome desde el otro
lado. Era la mirada de una persona.
Me tapé la cabeza con la almohada y, por primera
vez, en mucho tiempo, me puse a rezar.

36
Ecos
20
89Que luciérnagas más hermosas…99

89Creo que sabes… pero no podía irme sin decirte…99

89.... Gracias…99

89Shinta…99

-------Abrí los ojos, ya había amanecido y algo esencial había


cambiado: ya no tenía miedo.
-------La noche había acabado, y con ella todos los demonios.
Una luz clara se filtraba por la ventana iluminando el
comedor. Me levanté del sofá de un salto y abriendo la
puerta, me puse a contemplar el afuera.
-------Había un pajarito revoloteando al otro lado, justo
en el mismo lugar donde había visto aquel rostro la noche
anterior. Sacudí la cabeza para quitarme esa imagen. ¿Cómo
podía ser tan real una imaginación así? Razone sobre el
asunto. La tormenta y el cansancio me habían jugado una
mala pasada, pero todo eso ya había pasado. La lluvia se
había esfumado en la tierra haciendo que tanto los árboles
__alrededor como el moho de las paredes verdísimo,
amortencia
38
brillaban con más intensidad. El olorcito después de llover---
que tiene el pasto mojado y los árboles eran tan dulce que
daban ganas de hacer un perfume con él para usarlo cuando
uno se siente depresivo. Porque como siempre dice mi padre:
<Siempre que llovió, paró=.
-------Curiosamente, me da esperanza.
-------El cielo también lucía con un azul hermoso gracias a
que la tormenta lo había lavado. Pero la sensación de que
algo más había ocurrido me preocupó. Me costaba horrores
recordarlo todo, aunque algo era evidente, el miedo se
esfumó dando paso a algo que jamás estuvo: un vacío.
-------Note que mi pelo estaba seco y con ondas naturales, mi
cabello estaba sano gracias a Dios. Por lo que fui corriendo
al baño a ver como me había quedado el resultado quedando
en shock. Estaba hermosamente brillante.
-------Era la primera vez que me sentía más cercana a mi
misma. 89Un pasito a la vez99, el comentario de mi psicóloga
sonó en ese momento. Estaba orgullosa de mí. Por lo que
tome la decisión de salir a comprarme cosas especiales para
cuidar mi nueva cabellera y cosas para celebrarlo.
-------El aire de la mañana olía a tierra mojada y hojas
frescas. Las nubes, antes pesadas y oscuras, ahora se
deshacían lentamente en jirones blanquecinos. Cerré la
puerta con cuidado tras de mí, dejando atrás la casa aún
húmeda por la tormenta.
-------El pueblo parecía dormido todavía, aunque ya eran
más de las diez. A paso tranquilo, caminé hasta el
supermercado. Al pasar frente a una casa con portón azul,
un viejo parlante colgado junto a la ventana dejaba escapar
la voz rasposa de un locutor:
-------—<Lo cierto es que los vecinos aseguran haber visto---
amazon
39
---una figura entre los árboles, justo antes de que el cielo se
partiera en dos. Algunos dicen que era solo la sombra del nogal
más viejo, pero otros juran que los relámpagos la evitaban…
¿Coincidencia o algo más?=
-------Me detuve un segundo. La voz seguía, hablando del
cambio brusco del clima, como si el viento se hubiese
rebelado de pronto. Fruncí el ceño y entré al supermercado.
No era supersticiosa. Ya no.
-------Elegí un shampoo que prometía brillo natural, un
acondicionador con aceite de argán, una mascarilla con
aroma a almendras dulces con un pequeño frasco de aceite
reparador. Pensé en pintarme las uñas más tarde. Tal vez
incluso preparar algo dulce.
-------—El color te sienta precioso, niña -escuche una voz
suave detrás de mi en la fila.
-------Una pareja de ancianos me miraba con sonrisas
sinceras.
-------—Parece que naciste con ese cabello —agregó la
señora, con ojos vivaces.
-------Sonreí, un poco avergonzada.
-------—Gracias… me hacía falta un cambio.
-------Al salir, quise buscar una panadería, pero doble mal en
una esquina terminando frente a un local pequeño de
ventanas altas: "Sol de tinta". Ese titulo me llamo de
inmediato. El cartel colgaba torcido, pero el interior era un
remolino de colores y libros apilados hasta el techo. El
aroma a papel y pintura fresca me envolvió al entrar.
-------—Hola… ¿necesitas algo para crear o para imaginar?
—preguntó una voz femenina con tono risueño.
-------Era una chica de unos veinte años, piel canela, cabello
__largo con ondas espesas y negras. Llevaba una camisa de
amortencia
40
lino y collares de piedra. En sus ojos verdes cambiantes---
había algo antiguo, como si ya hubiera vivido muchas vidas.
-------—Soy Cielo —dijo tendiéndome la mano—. Y ella es
mi hermana Aurora.
-------Aurora estaba sentada en el suelo, separando pinceles y
tubos de acrílico. Tenía el cabello corto, como si acabara de
salir de una película de los noventa, y unos lentes redondos
enormes. Ambas irradiaban algo difícil de explicar.
-------Curiosamente me se sentí cómoda ahí, Cielo tenia casi
la misma curiosidad que yo para conocerme. Termine
quedándome un momento con ellas para hablar de libros y
arte. Supe que ellas eran las dueñas del local, su madre y
padre se las dejaron a ellas para que sea su sustento. Ahora
viven tranquilos su vida de jubilados después de casi
cincuenta años trabajando. Me pregunté si ellos conocieron a
mis abuelos, pero esa pregunta solo quedo en mi cabeza.
-------Al final termine de comprar dos bastidores pequeños,
algunos tonos tierra y un pincel de cerdas suaves.
-------—Tus colores hablan de sanación, ¿Sabias eso? -—
murmuró Cielo al envolver los productos.
-------—No tenia idea, ¿Cómo sabes que es de sanación? -—
pregunté curiosa.
-------—Nada… fue solo un pensamiento. Creo que después
de que los utilices te darás cuenta de su impacto —sonrió con
lo que parecía ser un poco de picardía. Me hizo reír.
-------Con la bolsita de pinturas colgando en mi brazo,
descubrí lo--- contenta que estaba. Jamás me fue difícil
hablar con la gente, pero hacer amistades genuinas, en estos
tiempos, es como plantar un naranjo para que te de oro en
vez de naranjas. Me alegre mucho por conocerlas, ellas sin
duda alguna, me transmitían confianza y honestidad. Yo---
amortencia
41
---se que si Flor estuviera conmigo se sentiría orgullosa del
paso que mí.
-------Camine calle abajo en busca de la panadería, tenia
hambre. El sol comenzaba a abrirse paso entre las nubes,
iluminando las veredas húmedas. Sentía el alma ligera.
-------En una esquina, vi pasar una bicicleta. No iba rápido,
pero el muchacho que la montaba parecía flotar entre el
movimiento de la calle. Tenía la piel morena, brazos
definidos por el sol y el esfuerzo. Su cabello, oscuro y lleno
de pequeños rizos en la parte superior, se movía con el
viento.
-------Sentí una punzada rara en el pecho.
-------Entonces ocurrió.
-------Una moto salió sin mirar desde la entrada del
supermercado y lo golpeó de costado. El muchacho cayó
hacia un lado, rodando sobre el asfalto.
-------Mi corazón se encogió.
-------—¡Hey! —grité en lo que salí corriendo sin pensar.
-------Varios testigos miraban, algunos se movía para ver si
reconocían la de la moto, pero ya estaba muy lejos. Yo solo
me concentre en la victima de ese imbécil agachándome a su
lado.
-------—¿Estás bien? ¿Te duele algo? —recorrí su cuerpo con
la mirada buscando si se había herido feo.
-------Él alzó la vista.
-------Fue como si todo alrededor se suspendiera.
-------Los ojos de él, a través de los cristales de sus anteojos,
eran oscuros, con un brillo especial, como si vieran más allá
del momento. Un vértigo interno se apodero de mí, un
temblor que no venía del miedo.
-------—Estoy bien… creo que solo fue el susto —murmuró
________
42
él, con una voz grave y dulce a la vez.
-------Le ofrecí la mano. Y él la tomó. Un contacto breve,
pero eléctrico.
-------—Gracias... —dijo.
-------—No fue nada… fue solo un reflejo.
-------Ambos nos quedamos en silencio. El aire entre nosotros
parecía cargado de electricidad, como si estuviéramos
rodeados por un campo invisible que vibraba con cada
respiración. Aunque ninguno preguntó el nombre del otro,
sentí que una conexión quedaba en el aire, como una canción
que apenas empezada, sus notas flotando delicadamente,
llenando el vacío con melodías sutiles.
-------Él subió de nuevo a su bici, se sacudió el pantalón con
un gesto despreocupado, y me sonrió de lado. Su sonrisa era
cálida, como el sol de la tarde que calienta la piel después de
un día frío.
-------—Nos vemos… —dijo, y su voz era suave, casi un
susurro que se mezclaba con el viento.
-------Se fue, dejando tras de sí algo que me quemaba en el
pecho, una sensación de calor y expectativa, como si un
fuego interior hubiera sido avivado por su presencia.
-------Mi corazón no bajó el ritmo hasta que llegué,
finalmente, a la panadería. El aroma a pan recién horneado
me envolvió, cálido y reconfortante, como un abrazo
familiar. El sonido de las voces de los clientes y el tintineo de
las campanillas de la puerta creaban una sinfonía cotidiana
que me calmaba.
-------De regreso en la casa, dejé las bolsas sobre la mesa y me
descalzó. Sentía las piernas ligeras, casi flotando, como si
cada paso fuera una danza en el aire. Todo el día había
tenido ese ritmo suave, de descubrimiento, de algo que---
amortencia
43
---comenzaba. Pero también había algo más… algo que no
sabía nombrar, una sensación de misterio y anticipación que
me hacía sentir viva y alerta.
-------Entré al baño, me solté el pelo y me miré en el espejo.
La luz tenue del atardecer se filtraba por la ventana,
bañándome en un resplandor dorado que suavizaba las
sombras. Su reflejo me devolvía una imagen conocida y a la
vez ajena. El rubio oscuro, recién teñido, me daba un aire
distinto, casi etéreo, como si una nueva versión de mí misma
estuviera emergiendo lentamente.
-------Me acerqué un poco más, enfocando mis ojos.
Parpadeé. Los volví a mirar.
-------Un destello.
-------No era el color… o sí.
-------Pero había algo nuevo ahí. Una pequeña línea de luz —
casi dorada, casi imperceptible— en el iris izquierdo. No
estaba antes. Estaba segura. Fruncí el ceño. Encendí la luz
blanca del espejo. Observé más de cerca. No, no era un efecto
de la luz. Estaba ahí. Como si algo despertara, suave pero
inevitable, una chispa que se encendía en lo más profundo de
mi ser.
-------Pasé el resto de la noche entre pensamientos, sin lograr
concentrarme en nada más. Ni siquiera en el muchacho de la
bicicleta, cuyo rostro regresaba a mi mente cada tanto con la
misma intensidad que su extraña mirada, llena de preguntas
y promesas. Cuando finalmente me quedé dormida, los
sueños me arrastraron con una claridad insólita, como si
cada escena fuera pintada con colores vívidos y detalles
precisos, revelando secretos ocultos y destinos entrelazados.
-------No había imágenes nítidas, pero sí un bosque. Un
__bosque denso y antiguo, donde el tiempo parecía fluir de
amortencia
44
manera diferente. La humedad se adhería a mi piel, como---
gotas de rocío en una mañana de verano, frescas y
revitalizantes. Raíces que se enredaban y hablaban,
susurrando secretos milenarios que solo el viento podía
entender. Cada paso que daba resonaba con un eco sutil,
como si el suelo mismo estuviera vivo y reaccionara a mi
presencia.
-------Voces en lenguas olvidadas flotaban en el aire,
envolviéndome en un velo de misterio. Eran murmullos
lejanos, palabras que se desvanecían antes de alcanzar mi
entendimiento, pero que dejaban una huella en mi alma.
Voces que contaban historias de tiempos pasados, de magia y
de seres legendarios que habían caminado por esos mismos
senderos.
-------Y entre todo eso, una voz clara y distintiva:
-------—Kaelya…
-------Un nombre.
-------Un llamado.
-------Como si con el que me llamaran. Hacía mucho tiempo
que no lo escuchaba, ese llamado, ese susurro. Vivía en mí
más tiempo del que mi memoria podía siquiera recordar. Era
un eco de mi pasado, una parte de mí que había estado
dormida, esperando el momento de despertar.
-------El aire estaba cargado de fragancias terrosas, un aroma
a tierra mojada y hojas decrépitas que se descomponían
lentamente. El suelo bajo mis pies era una alfombra de hojas
caídas, crujientes y resbaladizas, que amortiguaban cada
paso y creaban un susurro sutil, como el eco de un secreto
guardado durante siglos.
-------Cada raíz parecía tener una historia propia, una
conexión con el pasado y el presente del bosque. Algunas---
amortencia
45
---se extendían horizontalmente, formando pequeños puentes
naturales, mientras otras se hundían profundamente en la
tierra, buscando las fuentes de vida ocultas en las entrañas de
la tierra.
-------Ví a mi abuelo.
-------Estaba dentro de aquel bosque se transformaba ante
mis ojos, sus árboles se volvían guardianes silenciosos, sus
hojas danzaban con el viento, y cada rincón parecía contener
un secreto. Pequeñas criaturas, desde ardillas ágiles hasta
mariposas de colores vibrantes, se movían entre la
vegetación, añadiendo vida y movimiento a la escena. El
canto de los pájaros resonaba en el aire, una melodía que se
entrelazaba con el susurro de las hojas y el murmullo del
arroyo.
-------Él estaba del otro lado del rio.
-------Me llamo para que lo acompañara.
-------Al principio no quise ir con él, me dio miedo. Miedo de
que su llamado sea se verdad, de que lo acompañara al más
allá. Y aunque me lo había planteado antes, ya no era algo
que quería.
-------Mi abuelo me siguió insistiendo.
-------Note que no se trataba de 89ese tipo de llamado99. Era
uno más profundo, como si me quisiera mostrar algo que no
sabia, y que necesitaba saber. Comprendí, que tal vez, era
algo que no llego a enseñarme cuando estuvimos juntos.
-------Entonces lo seguí a las profundidades del bosque.
-------Me sentía conectada a todo lo que me rodeaba, como si
fuera parte de un todo mayor, un tejido de vida y naturaleza
que me envolvía y él me guiaba. El bosque selva a mi
alrededor no era solo un lugar; era un ser vivo, un ente
__consciente que me observaba y me hablaba a través de sus
amortencia
46
elementos.
-------Elementos que podían controlar mi sentir.
-------Cada paso que daba me llevaba más profundamente en
su corazón, revelando capas ocultas de significado y misterio.
-------En ese momento no lo sabia, pero dentro de ese sueño,
aquel nombre, Kaelya, seria la razón a de un hilo que me
unía a un pasado lejano.
-------A una historia que aún no había terminado de
contarse.
-------Y en ese instante, en medio del bosque, sentí que todo
tenía un propósito, que cada paso que daba me llevaba más
cerca de la verdad que buscaba.

47
Ren
acer
-------Desperté más temprano de lo habitual. El cielo apenas
aclaraba, teñido de un azul denso como un suspiro
contenido. Me quedé tendida en la cama de papá un
momento, con los ojos abiertos, repasando el eco del sueño.
Kaelya. Lo había escuchado claro, tan claro que casi creía
que alguien me lo había susurrado al oído.
-------Me siento en la cama.
-------Tocó mi cuello, como si buscara allí una marca, una
señal.
-------Nada. Solo el collar que siempre estaba conmigo. Pero
aun así el nombre aún me temblaba en los labios. Decidí
ducharme, preparo el desayuno sin demasiada hambre, y
mientras tostaba el pan, enciendo la radio. La voz del locutor
hablaba de cambios de presión, del aire cargado de
electricidad, de un sistema de tormentas que se formaba en
los Valles Calchaquíes. Algo en su tono parecía más poético
que técnico. Eso me recordó a papá.
-------—89Dicen que a veces, cuando el aire se adelgaza y la luz
cambia, también se abren las puertas que no podemos ver. Tal
vez sea solo el clima… o tal vez no.99 —decía entre risas.
-------Me quede quieta, con el cuchillo del queso crema
suspendido en el aire. Y por un momento, creí que estaba
describiendo mis sueños.
-------Después de desayunar, agarró mi libreta de hojas
recicladas y escribo <Kaelya= en la primera página. Me
gustaba cómo se veía. Lo trace tres veces más. Cada vez con
más certeza de que así se escribía.
-------Después de estar contemplando ese nuevo nombre,
decidí salir a caminar, aprovechando que aun era temprano,
__y que el sol no picaría tanto a esa hora, me pareció buena
amortencia
50
idea, no para despejarme, sino para no quedarme---
estancada. Esta vez, sin plan. Solo moverse. Sentir.
-------El sol empezaba a filtrarse tímidamente entre las nubes.
El aire tenía ese perfume a tierra húmeda que siempre me
había reconfortado. A cada paso, sentía como si el mundo
fuera más nítido. Como si todo tuviera una textura más
intensa: los ladridos lejanos, el crujido del asfalto bajo las
zapatillas, incluso el zumbido de una abeja que pasó cerca.
Cuando me detuve frente a una vieja casona de madera, sentí
algo raro. No miedo, pero sí un tirón en el pecho. Como si
algo —o alguien— la mirara. Giró lentamente, escaneando la
calle.
-------Nada.
-------Pero entonces, mi mente fue directo a un recuerdo
como un parpadeo: el muchacho de la bicicleta. La caída. La
mirada. Y ese calor inexplicable en el pecho, como si el
corazón me hablara por primera vez en otro idioma.
-------¿Qué será eso que los sueños me están mostrando?
-------Comencé a cuestionar la decisión de mi psicóloga al
darme de alta, ya estaba delirando.
-------Seguí caminando sin rumbo fijo, dejando que mis pasos
fueran más sabios que mis pensamientos. Crucé la plaza
principal de la ciudad que estaba frente a la Iglesia
Parroquial Nuestra Señora del Rosario, en lo que me
encuentro bordeando el Gimnasio Municipal, sin
proponérmelo. La estructura estaba silenciosa, como si aún
durmiera luego de alguna presentación reciente.
-------Entro por el costado y llegó hasta la parte trasera,
donde solían armar los escenarios del festival. Allí, entre las
estructuras olvidadas, termino descubriendo un rincón de
vegetación silvestre que crecía sin permiso ni orden, como---
amazon
51
---si el mundo hubiera olvidado ese pequeño fragmento de
belleza.
-------Me siento en una piedra musgosa sin miedo a manchar
mi pantalón de gimnasia, mientras que el aire tibio acaricia
mis mejillas. Sacó los acrílicos que había comprado en la
librería y un pequeño lienzo. Quería pintar sin pensar. Solo
dejar que los colores hablaran. El primer trazo fue un verde
profundo, como el de las hojas espesas. Después, sin
entender por qué, dibujó una sombra cruzando el cuadro,
con la silueta de un árbol delgado pero fuerte. Luego, una
figura humana, en el centro, mirando hacia un bosque que
no estaba allí.
-------—¿Eso es lo que ves… o lo que soñás?
-------La voz me tomó por sorpresa haciéndome saltar en mi
asiento improvisado soltando un grito del susto. Me giró de
golpe, el corazón acelerado.
-------Era él.
-------El chico de la bicicleta.
-------Estaba con una camiseta negra ajustada y joggers
grises. Tenía una botella de agua en la mano y una banda
elástica en la muñeca.
-------Estaba ligeramente transpirado, se notaba que había
estado entrenando, pero sus ojos estaban tranquilos,
atentos… y fijos en mí.
-------—La verdad que no tengo idea... supongo que un poco
de ambas cosas, creo —respondo bajito.
-------Él sonrió, acercándose sin invadir.
-------—Lo siento, no quise asustarte. Vengo a correr
todas las mañanas… por salud —dijo señalando el camino
improvisado que hacía entre los árboles.
-------—Oh... entiendo...

52
-------Se hizo un breve silencio. El viento sopló suave,---
levantando algunas hojas secas del suelo.
-------—Me llamo Elysia —dije al fin, mirándolo con cierta
timidez.
-------El chico ladeó la cabeza. Había algo en su mirada,
como si buscara una confirmación invisible.
-------—¿Segura que no te llamas Lyra?
-------Abrí los ojos un poco, sorprendida. Me temblaron los
dedos que sostenían el pincel. No sabía como tomarme esa
pregunta.
-------—No… —dije apenas. Luego bajé la mirada, sonriendo
—. Pero si querés podes llamarme así.
-------Cuando volví a verlo él pareció aliviado, como si esa
respuesta le encajara en el alma. Me dio curiosidad, quería
conocer quien era.
-------—Entonces… mucho gusto, Lyra —le dijo, con voz
baja, casi reverente.
-------Me levanto despacio, limpiándome las manos con el
pantalón. Mi ahora nuevo pantalón de pintar. Lo observó
mejor: la piel morena y bronceada, sus rulos como los afro
todos alborotados, la mirada de alguien que ha sentido
dolor… pero también esperanza.
-------—¿Y vos? ¿Cómo te llamas? —le pregunto.
-------—Teseo —dijo él.
-------Fruncí ligeramente el ceño.
-------—¿Te puedo decir Teo?
-------Él me miró fijo, como si me reconociera por primera
vez.
-------—Me encantaría.
-------Sonreímos. El momento no tenía urgencia. No tenía
que decir más. Me dio la sensación, aun no lo sabía---
amortencia
53
---todavía, pero que ese intercambio de nombres había
despertado algo en ambos que ya no podría dormirse otra
vez.
-------—¿Vivís por acá? —preguntó Teo, mientras guardaba
los pinceles.
-------—No exactamente. Estoy quedándome unos días en
casa de mi papá —me ajustó el bolso al hombro—. Hace
mucho que no venía a Monteros.
-------Él asintió, con las manos en los bolsillos.
-------—Yo vengo seguido, aunque vivo un poco más lejos.
Me gusta este lugar… es más silencioso que otros. Me ayuda
a pensar. Y a sanar.
-------Lo miré y sentí que esas palabras no eran al azar.
-------—¿Sanar? —repito, con suavidad.
-------Teo no explicó, solo sonrió con una tristeza antigua en
los ojos.
-------—A veces no sabemos qué tenemos que sanar hasta que
el cuerpo lo dice primero.
-------Asentí en silencio, comprendía bien a que se refería.
Nuestras miradas se encontraron otra vez, como si
entendieran algo que aún no tenía forma.
-------—Bueno… —dije con un suspiro, mirando el cielo—.
Me tengo que ir. Me espera una montaña de frutas para
frizar antes de que se echen a perder -no me quería ir, pero lo
disimulé.
-------—¿Mermeladas? —preguntó él, alzando una ceja con
una sonrisa curiosa.
-------—Sí, mi papá me dejó la tarea. Me tiene más
controlada que una receta de la abuela.
-------Ambos reímos.
-------—Entonces, hasta la próxima, Lyra —dijo él con una
amortencia
54
dulzura inesperada.
-------—Hasta la próxima, Teo.
-------Lo vi alejarse por el sendero de los deportistas en lo que
yo me dirigía a la salida del predio derechito a la casa de
papá. No sabia que podía llegar a pasar entre nosotros, pero
de algo estaba segura: hacia mucho tiempo que no me sentía
así. Con una gran sonrisa en mi cara mire mi celular. Tenia
su Instagram.
-------La cocina de la casa olía a dulzor natural. En lo que
separaba duraznos, frutillas y moras con cuidado, mientras
etiquetaba las bolsitas para el freezer puse música clásica. De
mi clásico. Ese reggaetón de los 2000 resonaba alto que todo,
absolutamente todo lo hacia bailando. El trabajo repetitivo
la relajaba y la música me daba energía poderosa. Podía
distraerme fácilmente así pero recordaba cada movimiento,
así como solía ver a mi abuelita al hacer lo mismo… cuando
todavía vivía.
-------La tarde se me pasó entre frutas, cucharas y
pensamientos que me llevaban irremediablemente a esa
sonrisa de rulos desordenados.
-------Cuando termine, me lavó el rostro y me miró al espejo.
Algo había en mi piel, en mi reflejo… un brillo diferente.
Como si mi ser estuviera saliendo un poco más a la
superficie.
-------Decidí salir otra vez.
-------La campanita de la librería tintineó cuando entre. El
aroma a incienso y papel viejo me envolvió de inmediato. Se
sentía como el néctar de los Dioses.
-------—¡Lyra! —exclamó Cielo con una sonrisa juguetona
desde detrás del mostrador.
-------—Elysia —le corrijo entre risas.

55
-------No sabia si había hecho bien en contarles a través del
grupo en WhatsApp lo que sucedía con Teo, pero me sentía
más segura y tranquila al contar con ellas estando sola aquí.
Y Cielo tenia una forma particular de burla que me ayudaba
a adaptarme en mi nueva vida, ya sabía que con ellas el otro
nombre empezaba a cobrar fuerza, aun cuando solo lo usan
para molestarla con este chico misterioso.
-------Aurora estaba en una mesita, leyendo una revista de
salud y tomando mate.
-------—¿Y bien? ¿Qué nos contás? Te darás cuenta que Cielo
quedo entusiasmada con tu audio de esta mañana —comento
Aurora, con ese tono de hermana mayor con el que ya se
dirigía a todas.
-------Mis mejillas ardieron y baje un poco la voz, casi con
pudor.
-------—Es alguien muy dulce… no sé bien cómo pasó,
pero… me hizo sentir algo. Como si me conociera desde
antes.
-------Aurora alzó las cejas, interesada. Cielo soltó una risita
de emoción.
-------—¿Y vos? ¿Cómo te sentís con eso? —preguntó Aurora
con voz suave.
-------—Rara. Feliz. Pero también… me dieron ganas de
cuidarme más. No sé, verme más linda —dije bajando la
mirada.
-------—¡Pero si ya sos preciosa! —soltó Celeste de inmediato.
Aurora asintió con calma.
-------—La belleza no se trata de cambiarte, sino de
escucharte. Y si te dieron ganas de mimarte, hacelo… pero
desde el amor. Por suerte, estas al lado de una experta —dijo
__mientras se iba por la puerta de atrás del negocio.

56
-------Sonreí, convencida de querer cuidarme a mi misma---
también de esta forma. Nunca había hecho tratamientos
para la piel, así que me emocionaba mucho ver los
resultados. Nunca lo había hecho antes, pero he leído tanto
sobre los beneficios de los productos naturales, y por arte de
magia aquí tenia a Aurora que volvía por donde se había ido,
con una línea de cremas que me llamó la atención.
-------Al abrir la caja, noté que cada crema venía en un
elegante frasco de vidrio oscuro. La primera que tomé era la
Crema Limpiadora. Al aplicarla, la textura fue suave y
ligera, se deslizó fácilmente sobre mi piel. La fragancia era
sutil pero fresca, con notas de lavanda y menta. Me sentí
inmediatamente relajada y renovada. Esta crema se usa para
limpiar a fondo la piel, eliminando impurezas y residuos del
día.
-------Luego, tomé la Crema Exfoliante. La textura era un
poco más gruesa, con pequeños granos que se sintieron
suaves al deslizarse sobre mi piel. Al aplicarla, sentí una
ligera frescura y un suave cosquilleo. El aroma era cítrico,
con notas de naranja y limón, lo que me dio una sensación de
limpieza profunda. Cielo, quien no es la experta, sabia bien
para que era y me explico que era una crema que ayuda a
eliminar las células muertas y a estimular la renovación
celular.
-------Después, llegó el turno de la Crema Hidratante. Al
aplicarla, la textura era cremosa pero no grasa, se absorbió
rápidamente y dejó mi piel suave y tersa. El aroma era floral,
con notas de jazmín y rosa, me hizo sentir tranquila y
mimada. Esta crema, por lo que explicaba Aurora, se usa
para hidratar y nutrir la piel, manteniéndola hidratada y
protegida.

57
-------Por último, usé la Crema Nutritiva. Esta crema era
más densa, con una textura rica y aterciopelada. Al
aplicarla, sentí que mi piel la absorbía profundamente,
dejándome con una sensación de confort y regeneración. El
aroma era tierra y herbal, con notas de romero y aloe vera, lo
que me transmitió una sensación de calma y bienestar. Esta
crema se usa para nutrir y fortalecer la piel, mejorando su
elasticidad y firmeza.
-------Mientras aplicaba cada crema de la forma en que
me lo explicaban, no solo notaba los cambios en mi piel,
sino también en mi estado de ánimo. Me sentí más relajada,
más cuidada y más conectada con mi cuerpo. Este
tratamiento facial con cremas orgánicas fue una experiencia
maravillosa y estoy emocionada de continuar con esta rutina
para mantener mi piel saludable y radiante.
-------—¿Y ustedes? ¿A qué se dedican además de vender
libros y pinturas mágicas? —pregunte mientras miraba los
resultados en el espejo.
-------—Yo estudio astrología y registros akashicos —dijo
Cielo, con orgullo—. Me gusta saber de dónde vienen las
almas.
-------—Y yo estoy estudiando dermatología. Por eso la
colección de cremas —añadió Aurora con una sonrisa
modesta—. Para ayudar a las personas a sentirse cómodas en
su piel.
-------Las miré, profundamente agradecida por esta nueva
conexión. Como si el universo supiera perfectamente dónde
colocarme en el camino.
-------—¿Por qué la pregunta? —la curiosidad de Cielo me
hizo reír.
-------—Porque creo que estoy justo donde tenía que estar.

58
-------Las tres nos quedamos en silencio por un instante,---
como si ellas también lo sintieran. Con una ronda de termo
para el mate me sumo para contarles también de mí y mi
sueño de ser ilustradora profesional. Que el pintar para mi
fue mi salvación después de que fallecieran mis dos personas
favoritas en este mundo.
-------Después de un rato charlando y riendo con Cielo y
Aurora, me despedí con una bolsita de pinturas nuevas y un
bálsamo natural que Aurora me preparó para la piel. La
tarde comenzaba a teñirse de dorado, y en mi celular vibró
una notificación.

Teseo_2812

Hola Lyra… ¿Sabes jugar


Minecraft? Me vendría bien una
compañera de aventuras esta noche.
Nada serio, solo para divertirnos.

-------Sonreí como si me hubiera tocado el mismísimo sol


en la
mejilla. No sabía mucho del juego, pero sentía que la vida
me estaba
invitando a jugar en más de un sentido.
-------Dudaba como responderle, no esperaba que fuera el
primero en hablar, eso me agrado mucho de su parte. Y por
alguna extraña razón, supe que era muy respetuoso por
como habla. Apreté el dije que tenia de mi abuelito y decidí
confiar en Teo.

59
No tengo idea. Pero me encanta
aprender cosas nuevas, solo tendras
que tenerme mucha, pero mucha
pasiencia. ¿A qué hora nos
conectamos?

-------Mientras caminaba hacia casa, mi cuerpo estaba más


liviano. Era increíble que en pocos días me sintiera así,
después de todo ese desastre y ese dolor. Agradecí al cielo
por estar en un lugar donde. al parecer comienzo a sanar. No
todos tienen esa suerte. Como si cada paso que daba
estuviera siendo elegido con conciencia, con ganas. Y en mi
pecho, donde antes había un eco de miedo, ahora solo
quedaban risas, frutas dulces y la certeza de que algo
hermoso estaba empezando.
-------Aún cuando mis sentidos de alerta estaban prendidas
diciendo que lo bueno nunca dura, esta vez no le di la fuerza
para que sea un hecho.

60
61
-------El agua tibia me corría entre los dedos, arrastrando
consigo los restos de días viejos que se aferraban a su ropa.
Me había logrado acomodar en la casa de papá, aunque no
sin ciertos temores que no me atrevo a nombrar en voz alta.
El calefón, por ejemplo. Solo mirar las perillas del aparato
me hacía imaginar chispas, fugas y explosiones, así que tras
un intento fallido, opté por mandar un mensaje de voz a
Cielo quien no tardo en llegar con su hermana.
-------—Aurora te ayuda, es buena con esas cosas.
¡Vamos por ese calefón!
-------Entre un par de risas nerviosas y una pequeña clase de
encendido más tarde, el agua caliente volvió a circular por la
casa. Con una satisfacción nueva en el pecho, decidí que era
buen momento para aprovechar la mañana soleada y lavar la
ropa sucia. Salí al patio, con la canasta en mano,
sintiéndome —por primera vez en mucho tiempo— parte de
un lugar que no me asustaba.
-------La casa tenía un largo veredín flanqueado por un
jardín algo salvaje. A un lado, dos habitaciones cerradas que
nunca me animaba a explorar. Me decía que no era el
momento, que tenía que estar bien primero, porque en el
fondo sabia de quienes se trataba. Pero, ya con la ropa
centrifugada y tendida, me dio una punzada de curiosidad.
-------La ventana de la primera habitación estaba sucia, pero
aún así alcancé a distinguir cajas apiladas y una antigua
máquina de coser. <Era de la abuela=, pensé, aunque no
recordaba haberla visto nunca. Sonreí con nostalgia.
-------La segunda puerta, sin embargo, no tenía ventanas.
Solo una cerradura vieja, pintada tantas veces que parecía
___parte de la madera. Me acercó, sin saber por qué. Apoyó
amortencia
64
el oído contra la madera.
-------Un sonido suave, apenas un rasguido… y otro.
-------Algo se movía ahí dentro.
-------Un escalofrío me recorrió la espalda.
-------Mi primer pensamiento fueron ratas. Grandes, con
dientes afilados. Retrocedí con rapidez, con el corazón
latiendo con fuerza. No quería llamar a papá —no quería
preocuparlo aún más—, pero necesitaba ayuda. Sin pensar
demasiado, le escribo a Teo.

Siento molestarte, pero… ¿sabes


algo de cómo espantar ratas? Creo
que tengo una invasión secreta.

-------Ese mensaje fue tan torpe como mi estado de ánimo,


pero Teo respondió casi al instante:

Voy para allá. No se preocupe


dama solitaria luchadora contra
roedores terroristas.

-------Reí, un poco más tranquila y a la vez adaptándome al


humor de este muchacho. Su forma de decir las cosas
delataba que era de otro país, con un acento que me
resultaba exótico y agradable.
-------Teo llegó con una linterna pequeña, guantes y su
sonrisa siempre media ladeada. Lo recibí con las llaves en la
mano, extrañada de la nueva compañía que él portaba: una
trampa para ratones. Aunque la prioridad eran las ratas, me
dio miedo la trampa. La textura del plástico frío y duro me
hizo sentir incómoda, y el mecanismo de muelles y resortes
me parecía demasiado complejo y amenazante.

65
-------Guiándolo por el veredín, le enseñé la puerta de la
habitación. La noche estaba tranquila, y el suave crujido de
las hojas bajo nuestros pies añadía un toque de misterio a la
escena. La linterna de Teo proyectaba un haz de luz que
bailaba sobre el camino, iluminando nuestros pasos y
creando sombras danzantes a nuestro alrededor. A pesar del
miedo a la trampa, me sentía segura y un poco emocionada
por esta pequeña aventura nocturna.
-------—¿Estás segura que era una rata? —preguntó él, con un
tono más juguetón que incrédulo.
-------—Quiero no estarlo —respondí, sin reír.
-------La cerradura cedió con facilidad. El aire adentro estaba
cargado de polvo y ese aroma particular a madera vieja con
libros viejo. Teo avanzó con la linterna mientras yo me quedé
en la entrada, abrazándome los brazos. El frío de la noche se
colaba por mis mangas, pero no era solo eso; una mezcla de
nerviosismo y curiosidad me mantenía en movimiento.
-------Entonces, una figura peluda salió corriendo entre unas
cajas. Solté un pequeño grito, pero Teo no se movió. Su
calma era contagiosa, y poco a poco, mi respiración se
estabilizó.
-------—No son ratas... —dijo en voz baja—. Son gatitos.
-------Se acercó un poco más, agachándose. Desde mi ángulo,
apenas alcanzaba a ver una gata de pelaje ceniza, enroscada
protectora sobre dos pequeños bultitos que maullaban con
ternura. Los sonidos eran suaves, como un susurro de
algodón, y me llenaron de una sensación de calidez y ternura.
-------—Parece que encontraron refugio acá —dijo él,
mirándola con una sonrisa suave—. No tenés una plaga,
tenés una familia.
-------El alivio se apoderó de mí, dejándome sin palabras. Me
amortencia
66
agaché también, despacio, hasta que mis ojos se---
encontraron con los del felino madre. Por un segundo, sentí
que la gata me miraba con una comprensión extraña, casi
humana. Sus ojos, grandes y dorados como el atardecer,
parecían hablar sin palabras, llenos de una fuerza silenciosa y
protectora.
-------—¿Y ahora qué hago con ellos? —pregunté, mirando a
Teo con una mezcla de incertidumbre y esperanza.
-------—Los cuidas —dijo Teo, sin dudar—. O me los llevo a
mi casa.
-------—No —respondí más rápido de lo que pretendía—.
Digo… puedo intentarlo.
-------Nos quedamos un rato más allí, sentados entre cajas,
hablando bajito para no asustar a la pequeña familia. La
gata estaba arisca, pero no agresiva. Solo protegía. Sus ojos
grandes, dorados como el atardecer, se fijaban con
intensidad en los movimientos de Teo y míos. Los dos
gatitos, en cambio, eran pequeñas bolitas de pelusa que
maullaban entre tímidos estiramientos. No habían abierto
aún sus ojitos y al parecer recién estaban abriendo sus
orejitas.
-------Me arrodillé lentamente, acercando una mano sin
tocar. La gata no bufó, pero la mirada era clara: "hasta ahí".
-------—Le tengo respeto —dije, aún agachada—. Creo que
somos parecidas.
-------Teo soltó una risa apenas audible mientras
rebuscaba entre algunas cajas más limpias del lavadero.
Encontró una vieja manta enrollada y una caja de cartón
firme.
-------—¿Qué estás haciendo? —pregunté, curiosa y un poco
asombrada por su calma y determinación.

67
-------—Voy a hacerles un nido más cómodo —respondió,
desplegando la manta con cuidado—. La gata necesita un
lugar seguro y cálido para sus pequeños.
-------Colocó la manta en la caja y la acomodó con suavidad.
Luego, con movimientos delicados, comenzó a transferir a la
gata y a los gatitos a su nuevo hogar temporal. La gata,
aunque recelosa, permitió que Teo la moviera con cuidado.
Los gatitos, confiados en su madre, se acomodaron
rápidamente en la manta, emitiendo pequeños maullidos de
contento.
-------—Ya está —dijo Teo, colocando la caja en un rincón
más protegido—. Ahora tienen un lugar donde estar
cómodos.
-------Me sentí gratamente sorprendida por la ternura y el
cuidado que Teo mostraba. En ese momento, me di cuenta
de que no estaba sola en esto. Tenía a alguien que, aunque de
otro país, compartía un sentimiento de protección y
compasión.
-------—Gracias, Teo —dije, mirándolo con gratitud.
-------—De nada —respondió, dándome una dulce sonrisa.
-------Lo observó preparar todo con un cuidado que no
parecía pertenecerle a alguien tan rudo en apariencia. Forró
el fondo con la manta y le dobló los bordes como si fueran
paredes acolchadas.
-------—Si la moves despacio y sin ruidos fuertes, puede que
acepte. Pero primero vas a tener que convencerla de que no
sos una amenaza.
-------—¿Y cómo se convence a una madre?
-------Teo sonrió de medio lado.
-------—Si supiera, mi hermana no me ignoraría cada vez que
__arruino el arroz —bromeo—. Pero me parece que empieza
amortencia
68
por quedarse cerca… y esperar.
-------Así lo hice.
-------Volví a ese cuarto más de una vez esa tarde. Al
principio solo me sentaba frente a la puerta abierta, con una
taza de té y las piernas cruzadas. Hablaba en voz baja,
contaba cosas de mi día, o simplemente leía en voz alta
fragmentos de un libro que había encontrado en la repisa del
comedor.
-------No tocaba, no forzaba. Solo compartía el aire.

-------—¿Una semana más? —exclamó Cielo, con los ojos


bien abiertos mientras giraba el cartel de <cerrado= en la
librería para poder merendar/cenar tranquilas.
-------—¡Sí! —solté todavía entre confundida y divertida—.
¡¿Y no sabes por qué!?
-------Aurora apareció desde el fondo con una bandeja llena
de tostadas, dulces caseros y un termo de té de hierbas. Se
sentó con una sonrisa, notando de inmediato la mezcla de
sorpresa y resignación que había en mi rostro.
-------—Contá, contá… —pidió, sirviendo las tazas.
-------—Bueno... —respiró hondo—. Papá me había dicho
que tenía cosas que resolver en el norte de la provincia, en
unas chacras que pertenecen a unos conocidos. Yo me
imaginé cosas complicadas: cosechas, trámites, camiones
llenos de duraznos… ¡y hoy me llama diciendo que no va a
volver hasta el lunes que viene porque está de gira!
-------—¿Gira? —preguntó, mordiendo una galleta.
-------—¡De folclore! Resulta que no solo fue con amigos,
¡sino que está bailando con un ballet en festivales!___
amortencia
69
---¡Bailando zambas y chacareras como si tuviera veinte! Y
ojo, que yo siempre supe que de joven él ama bailar, lo que
no sabia era que lo había retomado!
-------Aurora se tapó la boca para no atragantarse de la risa.
-------—¡No te creo! ¡El papá de Elysia en bombacha gaucha!
-------—Ay, sí —respondió Elysia entre risas, levantando la
mirada al __techo—. Cuando me mandó el video me
emocioné. Tenía una Amortencia
sonrisa que no le veía hace años. Pero... claro, eso me dejó
sola una--- semana más en la casa. Y hoy tuve que llamar a
ustedes para prender el calefón porque me daba miedo que
explotara.
-------—Sos una valiente igual —dijo Cielo, dándome un
toque en la mano—. Te estás haciendo cargo de todo, con
gatitos incluidos.
-------—¿Gatitos? —preguntó Aurora con un brillo
instantáneo en los ojos.
-------—Teo y yo encontramos una gata con dos crías
escondida en una de las habitaciones del fondo. No era una
rata como pensé, menos mal. —reí al recordar que los había
confundido por ratas.
-------Aurora suspiró emocionada.
-------—¡Ay, quiero conocerlos! Y por cierto, si algún día
necesitas ayuda para cuidarlos o bañarlos, contá conmigo.
Estoy estudiando para hacer tratamientos dermatológicos,
tengo debilidad por los peluditos.
-------—¿De verdad? —pregunté—. Siempre te veo con las
cosas del negocio y tus estudios que no me imaginaba que
sabías algo del tema.
-------—Sí, me encanta todo lo que sea cuidado, desde la piel
__hasta la energía. Aunque para eso está ella… la bruja del
amoertencia
70
zodiaco —bromeó Aurora, haciendo una reverencia---
dramática. Cielo se rio.
-------—Estoy estudiando astrología y registros akashicos, sí.
Ya te haré una carta natal cuando estemos más tranquilas.
-------Miro a ambas, sintiendo por primera vez en días que no
estaba sola de verdad. Que había caído en un lugar que me
abrazaba incluso cuando el silencio de la casa parecía pesar.
-------—Ustedes son lo mejor que me pasó desde que llegué.
En serio.
-------Aurora me acomodó un mechón de pelo detrás de la
oreja y me dijo con dulzura:
-------—¿Y ese brillito en los ojos? ¿Tiene nombre?
-------—¡No! —digo colorada—. Bueno… tal vez.
-------Celeste se inclinó hacia adelante.
-------—Contanos todo, que estamos listas para el chisme
espiritual.
-------Y mientras el té se enfriaba y la tarde caía sobre
Monteros, hable por primera vez en voz alta sobre esa
sonrisa que había empezado a florecer por dentro cuando
escucho a Teo decir mi nombre, ese que no era mío, pero que
empezaba a sentir como parte de algo más dulce.

-------Al tercer día, la gata dejó que se acercara hasta el


umbral sin huir.
-------Al cuarto, aceptó un platito de leche con apenas un
maullido de protesta. Y al quinto, cuando entré despacio
con la caja armada por Teo, la gata no solo no se movió: la
miró como si ya la conociera de antes.
-------Fue ella misma quien, con una lentitud casi---
amortencia
71
---ceremonial, se levantó con sus dos crías y se acomodó
dentro del nuevo refugio. Un lugar más cálido, más limpio,
más cerca de la cocina.
-------Esa noche, deje la caja en un rincón tranquilo de la
cocina, junto al horno apagado. Le puse un platito con agua,
otro con un poco de atún, y un cartelito pintado a mano que
decía: <Hogar de paso=.
-------—¿Y si se quedan? —preguntó Teo, desde el otro lado
del teléfono.
-------—No me molestaría. Me gusta que alguien más respire
conmigo en la casa.
-------—Yo también —me respondió, con una voz bajita que
me hizo temblar algo suave en el pecho—. ¿Te animas a un
Minecraft antes de dormir?
-------Era lo que me anima todas las noches antes de irme a
dormir. Y es curioso, porque hace varios días que he dejado
de soñar pesadillas, e incluso, el insomnio ya no me deja
huellas debajo de mis ojos, ojos que están más claros.
-------—Solo si me proteges de los creepers.
-------—Siempre.

72
Emociones
-------El aroma del té de hierbas llenó la cocina con una
calidez suave, mientras, movía distraída la cuchara dentro de
la taza. El vapor me humedecía los labios, pero eso no
terminaba de despertarme del todo. Afuera, los pájaros
cantaban con más entusiasmo que otros días, como si me
quisieran dar permiso para detenerme, solo un momento,
antes de arrancar.
-------Me siento junto a la ventana, viendo cómo el sol
atravesaba las hojas del limonero y el árbol de mangos, pensé
en mi padre. En la última llamada, en su risa tan suya, en el
pañuelo que se anudaba cada vez que bailaba malambo o
escondía lágrimas con un chiste. «Estoy bien, hiji. Se alargó
el viaje, pero es por una buena razón. ¡Vamos para
Amaicha!».
-------Yo lo escuchaba sonriendo llena de orgullo. Pero
dentro de mí, algo se removía. ¿Y yo qué estoy haciendo por
lo que amo?... El té ya estaba frío cuando me di cuenta que
no tenía respuesta.

-------Con la taza vacía en las manos, camino hacia el pasillo.


Las habitaciones cerradas ya no me daban miedo. Al
contrario, sentía curiosidad, como si la casa me hablara en
voz baja.
-------Abrí la puerta de la primera pieza. El aire estaba denso,
pero no sucio. El polvo parecía dormir sobre los muebles
como si no quisiera molestar. Había cajas apiladas, algunas
etiquetadas con nombres y fechas viejas. En el rincón, la
__máquina de coser permanecía cubierta con una tela
amortencia
74
floreada que apenas dejaba ver el metal oxidado.
-------La otra habitación era una biblioteca, parecía una muy
antigua. Sobre el escritorio, una caja de madera con cierres
metálicos me llamó la atención. No dudó en abrirla.
-------Retazos de tela, una agenda deshojada y varias postales
con paisajes de Salta, Jujuy, Mendoza, Córdoba. Pero lo que
me detuvo fue un cuaderno con tapas de cuero desgatadas.
Adentro, una letra cursiva, firme y algo inclinada.

<No hay mejor refugio que donde florece el silencio=

-------Lo leo en una de las páginas centrales. No sabia de


quien era, si de mi abuelo o mi abuela... o tal vez alguien
más.
-------Cierro el cuaderno y me lo llevó al pecho. No sabía
quién lo había
escrito, pero fue como si la autora conociera algo profundo
de mi y quería saber que era.
-------Llevó el cuaderno al jardín, cerca del rincón donde
dormían la gata y sus crías. Me siento en el banquito de
madera con almohadones y empiezo a leer con lentitud,
dejando que cada palabra le acariciara la piel.
-------En un fragmento, la autora hablaba del amor:

<Amé con el cuerpo callado. Me fui sin despedirme. El silencio


fue mi castigo, pero también mi salvación.=

-------Trague saliva.
-------Recordé a Ramiro, aquel amor que dejé atrás
cuando me mude. No hubo peleas, solo una acumulación de
vacíos, de conversaciones que nunca se dieron. ¿Había sido---
amortencia
75
-- una cobarde? ¿Una autoprotección? Lo cierto era que
nunca me habría escuchado, porque nunca lo hacia
realmente. Lo mejor que hice fue dejarlo atrás, y
definitivamente no volvería a estar ahí jamás. Porque estar
con él era peor que estar sola.
-------Volví a leer la frase. La mujer del cuaderno no parecía
lamentarse. Solo aceptaba. Como si soltar también fuera una
forma de amar. Sabia que ella podía entenderme, porque yo
la entendía a ella.
-------El celular vibró suavemente. Era papá.
-------—¿Cómo está mi pequeña Norma Viola? —saludó él con
su típica energía. Ya lo extrañaba.
-------—Acá estamos bien, ¿Y usted Don Chucaro? —
respondí riendo con ternura.
-------—Ojalá fuera ese hombre, bailaría hasta los 90 años de
ser necesario —lo escuche reír animado—. ¿Cómo es eso de
que 89están bien99?
-------—Si, pasa que ahora somos cuatro en la casa, encontré
una gatita con dos bebes recién nacidos -sabia que no me
veía, pero aun así me salió, instintivamente, un puchero.
-------Su risa en respuesta la termine tomando como
aceptación de Nora y sus bebés, que aun no sabia que
nombre ponerles. Me contó sobre sus ensayos, sobre lo bien
que la estaba pasando arriba del escenario. También dijo
que lo de volver en unos días era difícil, porque estaban
viajando a Santiago del Estero para presentarse en otro
festival.
-------—Me ofrecieron quedarme unos días más. ¿Te parece
bien?
-------Dudé, por un segundo, dudé. Pero alargar nuestra
__convivencia era lo mejor. No estaba lista para ponerlo al
amortencia
76
día con todo lo que había pasado después de ese viaje de---
emergencia por mi. Así que solo sonreí, como si me hablara
al cuaderno.
-------—Me parece perfecto, pa. Disfruta. Y mándame un
videíto bailando.
-------—Dale hiji, ya te transfiero dinero para que compres
comida y no gastes de tus ahorros.
-------—No hace falta papá, estamos bien. Enserio.
-------—Te mando igual, hay que reponer que comes, así no
tengo que salir apurado a comprar todo de nuevo —suspiro—.
Por cierto, ¿Dónde fue que encontraste a la michí con sus
michitos?
-------—En la habitación del fondo, la que es la biblioteca del
abuelo.
-------Silencio.
-------Por un momento pensé que él había dejado de respirar.
-------—Cerra ya mismo esas piezas Elysia. Y no dejes que
nadie, absolutamente nadie, entre nunca más.
-------Cuando colgó, me quede en silencio. Pero no era un
silencio triste. Era un silencio de preocupación. Mi padre
tiene su carácter jodido, pero siempre lo controlaba, esta vez
no fue el caso. Entré en pánico. Me había asustado. Por lo
que solamente fui al patio a devolver las cosas y cerrar bien
con llave todo. Solo que... no pude desprenderme del
cuaderno con tapas de cuero.
-------Esa noche, el cuaderno estaba en mi mesa de luz. No
prendí el celular. No abrí las redes.
-------Tomó una hoja suelta y escribió con una lapicera azul:
<El silencio ya no es miedo. Es tierra fértil.=
-------La noche cayó con más rapidez de la habitual, como si
el día hubiera tenido prisa por desaparecer. Luego de---
amortencia
77
---cerrar el cuaderno con una sensación de peso extraño en el
pecho. Apoye la cabeza sobre la almohada, me tape hasta la
nariz dejando que el sueño me reclamara.
-------Con la esperanza de no soñar con nada malo. Una vez
más.
-------Pero... para mi desgracia... esa no fue la suerte que
tuve.
-------Porque lo que vino después no fue un descanso.

-------Estaba en un bosque. Un bosque espeso, de ramas


negras que se movían como si tuvieran vida propia. Cada
una parecía una mano que intentaba agarrarme, sus dedos
retorcidos y nudosos, oscilando con el viento frío que se
colaba entre los troncos. El cielo estaba gris, casi negro, y la
niebla se arrastraba entre los troncos, envolviendo todo en
una capa de misterio y silencio.
-------No sabía cómo había llegado ahí, pero lo reconocía.
Era el mismo lugar que dibujaba cuando era niña. El lugar
donde se refugiaban mis pensamientos cada vez que
intentaba entender.
-------El suelo estaba cubierto de hojas secas que crujían bajo
mis pies, un sonido que resonaba en el silencio, como un eco
de mis pasos perdidos. El aire olía a tierra mojada y musgo,
un aroma que se mezclaba con la frescura de la niebla,
llenando mis pulmones con una sensación de nostalgia y
extrañeza.
-------Frente a mí, una figura emergía de la bruma. Era como
un fantasma, una presencia que se materializaba lentamente,
__tomando forma en la penumbra. Los contornos se
amortencia
78
definían, y finalmente, pude distinguir unos ojos. Ojos de---
un violeta profundo y casi misterioso, que me capturaban
con una intensidad que parecía desafiar la tranquilidad del
momento. En ellos había una mezcla de serenidad y una
sombría resolución, como si cada pestaña alzada y cada
mirada profunda fuera un recordatorio de un pasado lleno
de batallas y penitencia, que, a mi pesar, reconocía como los
míos.
-------Una voz que no escuchaba hacía años.
-------Un rostro que dolía.
-------—Que luciérnagas más hermosas.
-------Sonrió triste, con una ternura rota. Yo no podía
moverme, intentaba hacerlo, pero no podía.
-------—Creo que sabes... —dijo tranquilo—. pero no podía
irme sin decirte...
-------Y así... sin más. Me abrazo. Envolviéndome con su
ropa.
-------—Gracias...
-------Mis ojos se llenaron de lágrimas. No podía hablar. No
podía detenerlo. Y cuando él me soltó, se marchó. Quería
gritarle que no se vaya, que lo quería conmigo, que no me
importaba su pasado. Pero las palabras se quedaron
atrapadas en mi garganta, ahogadas por el nudo de la
desesperación. Apenas lograba distinguir su espalda en la
oscuridad del camino, una silueta que se desvanecía a cada
paso.
-------Rompí en llanto. Mis rodillas dieron con el suelo. El
barro me salpicó las manos, frío y viscoso, como un abrazo
helado. La lluvia comenzó a azotar la escena como si el cielo
también llorara conmigo. Las gotas caían con fuerza,
golpeando mi rostro y mis hombros, mezclándose con mis---
amortencia
79
---lágrimas y formando ríos de dolor que corrían por mi piel.
-------Intenté ponerme de pie, pero el barro era profundo,
pegajoso, cruel. La succión de la tierra mojada me atrapaba
las piernas, y el largo de la falda me arrastraba hacia el
fondo. Cada movimiento era una lucha, un esfuerzo inútil
contra una fuerza invisible que me anclaba al suelo. El frío se
me metía en la médula, congelando mis huesos y paralizando
mis sentidos.
-------Luchaba por salir. Pero no podía. No podía. Sentí frío,
mucho frío. Mi pecho pesaba como si llevara una losa, y el
dolor era agobiante. No entendía el peso de esas emociones,
pero las sentía, las sentía como mías. El dolor se expandía,
llenando cada rincón de mi ser, un vacío que no podía llenar,
una herida que no podía sanar.
-------Mis ojos se abrieron de golpe. No había sábanas. No
había cama. Solo piedra mojada, tierra, hojas. Un olor a
savia fresca y tierra húmeda me rodeaba, llenando mis fosas
nasales con su aroma terroso. El cielo estrellado se extendía
sobre mí, brillante y distante, junto a una gran luna que
iluminaba el patio con su luz plateada.
-------Estaba en el patio.
-------Descalza.
-------Temblando.
-------El frío de la noche se filtraba a través de mis pies
descalzos, y mis dientes castañeaban sin control. ¿Del frio?
¿De la ansiedad? No lo sabia. La humedad se adhería a mi
piel, haciendo que mis ropas se pegaran a mi cuerpo, pesadas
y frías. Miré a mi alrededor, buscando una señal, un indicio
de que todo había sido un sueño, pero la realidad era
implacable.
-------Me incorporó apenas, pero el mareo me ganó la
amortencia
80
partida. Veo a mi alrededor, idéntico al sueño. Mi---
respiración era corta, dolorosa. El corazón me golpeaba el
esternón como queriendo romperlo desde dentro.
-------Un ataque de pánico. El primero. Y nadie me lo había
advertido. La oscuridad no era solo externa. Estaba dentro.
Mis labios pronunciaban un nombre sin que mi mente
pudiera detenerlos.
-------—Shinta… Shinta… Shinta…
-------Una y otra vez, como un rezo, como una herida
abierta. Segundos.
Minutos. O quizás toda la eternidad. Y entonces, calor.
Brazos a mi alrededor. Un abrigo de carne y hueso.
-------—Estoy acá, Elysia… ya pasó, ya pasó…
-------Teo.
-------No sabia como, pero ahí estaba. No le pregunté. Él no
me juzgó y solo me sostuvo. Aunque sabia que tenia que
preguntarle, pero lo único que pude hacer fue apoyar la
frente contra su pecho, húmeda del llanto y frío, logre,
finalmente respirar.
-------Sabia que una charla iba a venir una vez que estuviera
más tranquila. Aunque me estaba costando recuperarme. El
bosque seguía allí, a unos metros. El mismo del sueño. Pero
ahora ya no estaba sola. No esta vez.
-------El cuerpo aún me temblaba cuando cruzamos el umbral
de la puerta, sostenida por el abrazo firme de Teo. La calidez
de la casa contrastaba con el frío punzante de afuera que
todavía calaba en mi piel. Apenas entramos, me solté de sus
brazos de forma brusca, imposible no estar a la defensiva.
¿Cómo era posible que estuviera ahí? Me gire para
enfrentarlo con una mirada cargada de confusión y rabia
contenida.

81
-------—¿Cómo entraste? —le contesté agitada—. ¿Cómo
sabías que yo estaba ahí afuera? ¡Yo no te abrí la puerta! ¡Ni
siquiera te escribí!
-------Teo levantó las manos en señal de calma, como si
pudiera frenar el huracán que se desataba sobre mi.
-------—Lyra, por favor... cálmate.
-------El reloj favorito de mi abuelo colgaba en la pared de la
cocina, marcando las. 2:34 AM. ¿Era una pesadilla? ¿Seguía
soñando?
-------—¡No me digas que me calme! —grite, y un temblor me
recorrió la voz—. ¿Qué hacés acá a las dos y media de la
madrugada? ¿Me estabas espiando? ¿Seguís mi casa?
-------Teo dio un paso hacia mi, pero se detuvo al ver cómo
retrocedía. Bajó la cabeza un segundo, suspirando.
-------—Tengo una buena razón —dijo, con la voz baja,
casi como si temiera que las palabras mismas rompieran
algo en el aire—. Pero no puedo explicártela ahora.
-------—¿Por qué no? —pregunte, ya comenzaba a tener
los ojos vidriosos de frustración—. ¡Necesito entender!
Estoy sola, estoy asustada... ¡y vos apareces de la nada!
¡Decime qué está pasando!
-------Entonces él me miró. Me miró de verdad. Como si el
tiempo se hubiera detenido en el centro del living, como si
todo lo que importara en el mundo fuera yo, de pie,
vulnerable, y furiosa.
-------Y lo sentí. Deberás que lo sentí. Era imposible no
sentirlo. Esa mirada que no exigía nada, que no invadía, que
no invalidaba. Era una mirada que sostenía. Que veía. Y por
fin mi respiración se volvía más lenta, aunque las manos aún
temblaban. Me las lleve al rostro, intentando controlar el
__llanto que empezaba a querer salir otra vez. Seguí
amortencia amortencia
82
hablando, casi en un susurro desesperado:
-------—¿Por qué me miras así?...
-------—¿Así cómo?
-------—Como si... como si yo fuera algo bueno. Algo que
vale la pena...
-------Teo se acercó un paso más. Su voz fue apenas un
susurro.
-------—Porque lo sos.
-------Lo mire, paralizada. Nunca nadie me había mirado con
esa devoción silenciosa. Con esa fe ciega en lo invisible. Y
eso... más que cualquier respuesta, fue lo que desarmó
cualquier gramo de defensa. __Aún así el miedo no se fue, se
aferraba cada vez más fuerte colándose
hasta los huesos diciendo: las cosas buenas no duran nenita.
-------Baje la mirada. No sabía cómo sostener esa intensidad.
Esas emociones eran un torbellino, mezclando miedo,
confusión y algo que no iba a nombrar. No aún.
-------—No digas eso... —susurro, casi como una súplica—.
No sabes quién soy. No sabes lo que hice...
-------—Sí sé quién sos —interrumpió Teo, dando otro paso
—. Y no me interesa lo que hiciste. Me importa lo que hacés
ahora. Cómo cuidas a los demás, cómo hablas con cariño
hasta de los frascos para mermelada, cómo lloras cuando
hablas de tu mamá. Me importa quién sos cuando nadie te
está mirando. Y... —bajó la voz—. cuando sí.
-------El silencio cayó como una manta espesa entre los dos.
Solo se oía el leve tictac del reloj de la cocina, un sonido que
de pronto parecía marcar cada latido del corazón. Él me
había estado viendo de verdad, lo que no sabia era desde
cuando. Volví a mirarlo, y por un instante, pensé en dejarme
caer en esos brazos de nuevo. Pero el miedo era más fuerte.---
amortencia ---amortencia
83
---No a él. Si no a lo que pudiera sentir. A lo que esa
conexión inexplicable empezaba a remover.
-------—Necesito... necesito estar sola —susurro con
suavidad, apartándome.
-------Teo asintió, sin reproches. Con esa paciencia que ya
empezaba a dolerme. Justamente porque no estaba
acostumbrada a que alguien fuera así, que diera espacio sin
desaparecer. Comenzaba a creer que era de otro planeta, tal
vez había salido de un libro como el Amante de Ensueño.
Ese pensamiento le dio calor y color a mi cara.
-------—Está bien. No voy a forzar nada. Pero si volvés a
tener frío... si volvés a perderte... yo voy a estar cerca.
-------No digo nada, solo asiento muy leve, y lo vi salir por la
puerta principal cuando la abrí. El peso de todo lo que no se
dijo quedó en la habitación.
-------Me senté en el sillón, acurrucándome con una manta.
Al lado del mueble, como si hubieran estado esperando ese
momento, los dos gatitos intentaban trepar por mis piernas y
me miraron con esos ojitos que ya empezaba a abrirse. La
madre los siguió de cerca, más confiada ahora. Acaricie un
poco y con suavidad el lomo de uno de los pequeños. No
quería transmitirle mi olor por miedo a que la mamá ya no
los quiera después. Cerré los ojos, respire profundo y por
primera vez en semanas, sentí un poquito de paz. Aunque
también tristeza.
-------Mis pensamientos fueron de uno en uno por los
días que ya llevaba viviendo en casa de mi papá. Convivir
con las chicas me había ayudado mucho a no quedar
encerrada en la cama. Mostrarme tal cual era frente a Teo
cada vez que me daban arranques de pintar en la cocina
__mientras él del otro lado de la pantalla veía videos o
amortencia
84
jugaba video juegos. Las llamada mas tranquilas con mi---
hermanita mientras cocinaba las mermeladas de papá.
-------Habían pasado dos semanas desde que llegue y parecía
más tiempo. Todo fluía natural, y tal vez eso era lo que
siempre necesite, salir de allí. Salir de ese pozo. Porque por
más vueltas que le quiera dar al asunto, lo hecho hecho
estaba y no podía hacer nada para cambiar el pasado.
-------Esta gente era distinta, y eso me daba esperanza. Aun
cuando mis reflejos de alerta constante delataban mis
traumas.
-------Entonces, el teléfono vibró.
-------Era un mensaje de Teo:

Ey... mañana a la tarde ¿jugamos un rato al Minecraft?


Hay cuevas que no se van a explorar solas ;)

-------Una sonrisa se me escapó entre las lágrimas secas.

85
Aug
urio
-------El sol del mediodía se filtraba entre las cortinas,
tímido pero cálido. Desperté después de dormir apenas unas
horas más, con los ojos hinchados pero el corazón latiendo
más lento, más estable. Decido arrancar el día entre aromas
dulces y frutas recién lavadas. Puse a hervir las peras con un
toque de jengibre, pensando en que papá estaría orgulloso si
lograba avanzar con esa tanda de mermeladas sin quemarme
los dedos.
-------Mientras revolvía con cuidado la mezcla, enciendo
la laptop y marcó el número. Tardó apenas unos segundos y
la sonrisa más hermosa apareció del otro lado.
-------—¡Elyyyyy! —gritó Lu, con la cara pegada al vidrio del
celular.
-------—¡Hola, mi amor! ¿Estás con la madrina?
-------—Sí, me dejó pintarme las uñas con brillantina. Mirá,
¡mirá! -agitó sus manos como si fuera una sirena bebé.- ¿Y
vos qué hacés?
-------—Cocinando dulce. Mirá, te voy a mostrar las peras...
-------Mientras hablamos, recordé otra tarde como esta.
Una donde Luisana no estaba aún en nuestras vidas. Tenía
trece años, y jugaba con una tablet vieja, sola en mi cuarto,
dibujando un castillo de cristal bajo el mar. La pantalla
emitía una luz suave, proyectando sombras danzantes en las
paredes. El silencio era casi palpable, interrumpido solo por
el suave zumbido de la pantalla y el leve roce de mis dedos
sobre la superficie táctil.
-------De repente, la puerta se abrió lentamente, y mi mamá
entró con una taza de chocolate humeante. El aroma dulce y
cálido se mezcló con el aire, llenando la habitación con un
__confort inmediato. Ella se sentó a mi lado, sin decir nada,
amortencia
88
y simplemente me miró dibujar. La presencia de mi madre---
era tan reconfortante como el chocolate en mis manos. Su
mirada era cálida y atenta, llena de una paciencia que
siempre había admirado.
-------Colocaba los colores con cuidado, decorando ventanas
con coral y añadiendo detalles a las torres del castillo. Cada
trazo, cada pincelada, parecía cobrar vida bajo su mirada. El
castillo de cristal se alzaba majestuoso en el fondo del mar,
rodeado de peces coloridos y algas ondulantes. La escena era
un reflejo de mi imaginación, un lugar donde podía escapar y
soñar.
-------Esa noche, sin razón aparente, había llorado. No era
por tristeza, sino por la ternura inmensa de tener a alguien
ahí, compartiendo mi silencio y mi creatividad. El simple
hecho de que mi madre se tomara el tiempo para estar
conmigo, sin juzgar, sin presionar, era un regalo invaluable.
Sus manos, suavemente, acariciaron mi cabello, y sentí un
calor que me envolvía, como una manta protectora.
-------La chocolatada se había enfriado un poco, pero su
sabor seguía siendo reconfortante. Cada sorbo era un
bálsamo para mi alma, llenando el vacío de una soledad que,
en ese momento, se disipaba. La habitación, iluminada por la
luz tenue de la pantalla, se transformaba en un refugio, un
lugar donde los sueños y la realidad se entrelazaban de
manera perfecta.
-------Miré a mi hermanita, y en sus ojos vi reflejada la misma
ternura que tenia mamá en los días buenos. En ese instante,
supe que, sin importar lo que pasara en el futuro, siempre
tendría este momento, esta conexión, este amor
incondicional. Y aunque el tiempo pasaría y las cosas
cambiarían, el recuerdo de esa tarde seguiría siendo un---
amortencia
89
---faro de luz en mi memoria, un recordatorio de que, a pesar
de todo, siempre estaríamos juntas.
-------Con esa certeza, me sentí más fuerte y más segura. El
castillo de cristal bajo el mar no era solo un dibujo; era un
símbolo de la fortaleza y el amor que compartíamos. Y en
ese silencio, en esa ternura, encontré la paz que necesitaba
para seguir adelante.
-------—Te extraño mucho, Patito —dije sin pensarlo. Ella se
quedó en silencio y luego sonrió.
-------—Yo también.
-------La conversación duró unos minutos más. Luego de
colgar, apoyo la cuchara en la mesada, y me voy al baño a
lavarse las manos. En ese instante me miró en el espejo con
ojos cansados pero serenos.

-------Tenía que salir. Llevó los dos cuadros envueltos en tela


y me voy caminando con paso firme al local, donde Cielo y
Aurora esperando a que llegara con una mesa servida para
merendar.
-------—¡Ahí viene la estrella! —exclamó Cielo—. ¡Y con
arte bajo el brazo!
-------—Miren que si no les gustan se los regalo y no los
cuelgo, eh? —bromeó, mientras las abrazaba.
-------La tarde fue suave. Tomamos té con budín de limón,
hablamos del local y como lo van a gestionar mientras
Aurora volvía a la universidad, del trabajo, de lo difícil que
era encontrar buenos proveedores y de lo adorable que era
tener gatitos en casa.
-------En un momento, cuando la charla bajó de tono y
amortencia
90
solo quedaban los ruidos de cucharitas y una playlist---
instrumental de fondo, la favorita de Aurora, Cielo se atrevió
a preguntar:
-------—Ey, Ely… esa noche... la del susto. ¿Estás mejor?
-------La miro un segundo. Habíamos quedado en desayunar
mates con medialunas de jamón y queso, pero tuve que
escribirles en la madrugada que iría a la tarde, que había
tenido un incidente en casa, un susto, nada grabe. Por lo que
seguramente al volverme a dormir ya no me despertaría
temprano para ir con ellas. Su delicadeza al preguntar fue lo
que valore mucho. No aparte la mirada. Tampoco mentí.
-------—Mejor, sí. desperté en el patio de casa. Aunque... no
era la primera vez.
-------La hermanas intercambiaron una mirada rápida.
-------—¿Te pasó antes? —preguntó Aurora, con voz calma.
-------—Cuando tenía siete —dije mientras jugando con la
servilleta en su mano.— Me quedé en casa de mi madrina,
sola por primera vez. A mitad de la noche me encontraron
caminando descalza por la casa, dormida. Fue... raro. No
pasó de nuevo, hasta ahora.
-------Las chicas guardaron silencio. No presionaron. No
pidieron más. Agradecí eso. Porque aún no podía hablar de
lo que había soñado. De lo que había sentido. Del nombre
que todavía latía en mi pecho. Pero esa pausa, ese instante
compartido, se sintió como una promesa: cuando esté lista,
ellas van a estar ahí.
-------Esa noche, cuando la casa entera ya dormía y solo el
tic-tac del reloj de la cocina marcaba la existencia del tiempo,
me puse una campera liviana deslizándome por el pasillo sin
prender las luces. Las baldosas frías bajo los pies me
devolvieron el recuerdo exacto de la madrugada anterior.

91
-------Abro la puerta del fondo con cuidado, como si temiera
despertar algo más que al silencio. El aire estaba más cálido
que aquella noche, pero el olor seguía igual: tierra mojada,
hojas húmedas, ese perfume casi dulce que tenía el musgo
viejo cuando se mezclaba con el viento.
-------Crucé el umbral y mis pasos me llevaron directo al final
del patio. Allí donde comenzaban los árboles más espesos,
ese rincón que parecía un bosque miniatura que parecía
plantado por la mano de, tal vez, una bruja antigua.
-------Me quede quieta y respiro hondo. Alrededor, las ramas
se mecían apenas, como si susurraran secretos en un idioma
que reconocía y a la vez no entendía. Y entonces, volvió la
imagen: yo, de rodillas en ese mismo lugar, el barro
tragándola, la lluvia en su rostro y ese nombre, ese grito en
espiral: Shinta.
-------Me siento en la piedra más cercana, abrazándome las
piernas. ¿Cómo había llegado ahí anoche? ¿Cómo no había
sentido el frío, ni el camino? ¿Por qué Teo había aparecido
justo en ese momento? Miré hacia la casa. Desde allí no se
veía la habitación. Ni la cocina. Nada.
-------—¿Cómo entraste, Teo? —susurro en voz baja, como si
el viento pudiera contestarme.
-------Recordé la cerradura. Estaba intacta. El celular, en la
mesa de luz, no tenía ni una llamada perdida, ni un mensaje.
Él simplemente... había estado. Sin que nadie lo llamara. O
tal vez sí, pensé. Tal vez lo hice sin saberlo. Recordé la forma
en que me abrazó. No como alguien que llega. Sino como
alguien que sabía que debía estar ahí. Miro todo a mi
alrededor, el suelo, las paredes, el camino. Lo tocó con la
punta de los dedos. No había huellas. Ni barro endurecido.
__Nada. Pero algo llamaba desde el borde del árbol más
amortentcia
92
viejo. Detrás del tronco, entre raíces que parecían dedos---
dormidos, encontré algo brillante. Apenas perceptible bajo la
luna. Lo levanté. Era un pequeño dije, una piedra tallada con
forma de media luna. No era suya. Y sin embargo, al tocarla,
la sentí familiar. Caliente, como si acabara de ser sostenida
por otra mano.
-------Volví a mirar al cielo. Las nubes cubrían las estrellas,
pero una ráfaga de viento le acarició el rostro como un
murmullo: <Confía.=
-------Guarde la piedra en el bolsillo y regrese a casa. Mis
teorías no cerraban. Nada tenía sentido. Pero algo dentro,
pequeño, tenaz, vibrante empezaba a despertar. Y por
primera vez en mucho tiempo, me sentí en paz.
-------Las yemas de mis dedos no dejaban de acariciar la
piedra en el bolsillo. Era como tener un corazón ajeno
latiéndome en la palma de la mano. Los días que siguieron,
empecé a salir al patio cada tarde con una especie de
curiosidad empujante. La calma de las plantas, el canto
lejano de los pájaros, incluso el crujido de las ramas, me
hacían sentir más despierta que dentro de la casa.
-------Una tarde, al regresar del fondo, me quedó mirando el
costado derecho de la casa. Donde las ventanas estaban
siempre cerradas, con cortinas antiguas y empolvadas. Las
habitaciones que daban a ese lado solo se usaban para
almacenar cosas… o eso creía.
-------La biblioteca del abuelo.
-------Recordaba vagamente haberla visto de niña, pero
nunca sola. Siempre con él. Y siempre con la puerta
entreabierta, apenas lo suficiente como para que entrara la
luz. Esa noche, después de cenar, mientras la casa dormía,
salgo con una linterna. El silencio era distinto, espeso.---
amortencia
93
---Como si la madera misma escuchara. Abrí con su llave la
puerta que estaba cerrada y entré. El olor a papel viejo me
abrazó como un recuerdo que no era mío. Libros hasta el
techo, en estantes desordenados pero con un extraño orden
personal. Cuadernos con tapas de cuero, etiquetas escritas a
mano, títulos extraños de tal vez latín, japonés, griego
antiguo.
-------Una libreta, más pequeña que el resto, destacaba sobre
el escritorio de roble.

89Registro de Eventos
no Ordinarios99
A. R.

-------Alberto Robles. Mi abuelo.


-------Tragué saliva. Esperaba leer un diario de él. Mis manos
pasaban por cada una de sus páginas amarillentas, la
caligrafía que tenia era delicada, como si cuidara la
legibilidad de su contenido. De su registro. Notas del año
1952. 1974. 1996.

Luna roja sobre el bosque.


Presegio de retorno.
Enero, 2012:
La niña camino dormida y susurra
palabras en otro idioma, no tengo grabación para saber
cual. Despierta sin recordar. Se activa el Kamidama.

94
-------La linterna tiembla en mi mano.
-------Yo soy la que tenía siete años en 2012. ¿Hablaba de mi?
¿Cómo que susurraba en un idioma distinto? ¿Cómo sabían
que era un idioma y no un balbuceo sin sentido?
-------La página siguiente estaba escrita con letra más
apurada:

Septiembre, 2022:
Se manifiesta energía
nuevamente. Soñó con él. La piedra regresó.

-------¿89Él99? ¿Quién? Algo me decía que hablaba de mí, pero:


¿De quien más lo hacia? Muchas preguntas a la vez
invadieron mi mente.
-------Cerré el cuaderno de golpe.
-------La piedra ardía en el bolsillo. Tanto que me dio la
sensación de que quería explotar en ese mismo momento que
tuve que sacarla de ahí y casi tirándola arriba del escritorio
porque casi quemo mi mano. Pasaron unos segundos en los
que volví a tocarlo con el miedo de que en verdad estuviera a
esas temperaturas y pudiera prender fuego el mueble de roble
antiguo. Ya no quemaba. Tenia la temperatura normal de
cualquier objeto que estuviera en contacto con el calor del
cuerpo humano.
-------Afuera, en el patio, una lechuza ululó.
-------Justo tres veces.
-------La linterna apenas alcanzaba a iluminar el rincón más
alejado de la biblioteca. Sentí el impulso de avanzar, aunque
todo el cuerpo me pedía volver sobre mis pasos.
-------Pero no lo hice. Simplemente avance.
-------Al fondo del cuarto, detrás de un cortinado espeso y---
amortencia
95
---raído por los años, había una pequeña repisa empotrada
en la pared. Nada decorativo: parecía parte de la estructura
misma de la casa. Arriba, casi grabado en la madera, se
distinguía lo que parecía un símbolo apenas visible: kajis
japonés escrito en vertical. Levantó la linterna. La repisa
tenía una hendidura. El tamaño… era justo el de la piedra.
No la coloque. Algo en mi interior gritaba que no debía
hacerlo aún. Antes de salir de la habitación, miró de reojo el
cuaderno del abuelo. Al lado, como si hubiera salido a
propósito de adentro, había una fotografía vieja, gastada, en
blanco y negro. Tres personas. Un hombre, una mujer… y
un niño.
-------El hombre era mi abuelo. Tenia que serlo. ¿Quién si no
era él que siempre salía con su boina, su pantalón de franela,
esos zapatos que ya había visto antes que usaba, pero que ya
estaban gastados con los años y años de uso, que en esa foto
se veían casi recién comprados? Reí. Él siempre con su
camisa abierta y su típica musculosa blanca. Era imposible
que no sea él. Se veía mucho mas joven.
------_La mujer no la reconocía. Su piel, se notaba clara
como si fuera de porcelana, reconocí las ropas que traía
puesta: kimono japonés, adornado con delicados patrones de
flores de cerezo en tonos que podían ser rosados y blancos.
Su cabello, negro como la noche, está cuidadosamente
recogido en un peinado tradicional, sujeto con horquillas que
tal vez eran de jade, daban la impresión de reflejan destellos
de luz. Los ojos, grandes pero sutilmente rasgados y
expresivos, tienen un brillo inteligente y curioso, mientras
que sus labios dibujan una sonrisa suave y amable. En sus
manos porta un abanico de papel, añadiendo un toque de
__encanto a su presencia serena.

96
-------Pero el niño… con su rostro delgado, con rasgos aún---
en formación, es enmarcado por una mata de pelo negro
rebelde que se niega a ser domesticado, cayendo
desordenadamente sobre su frente. El niño tenía una marca
en la frente distintiva que sobresale en su piel pálida, daba la
impresión de brillar ligeramente bajo la luz. Sus ojos, de un
color intenso y vivaz, observan con una mezcla de asombro e
ilusión. Su mirada es directa y llena de vida, reflejando la
valentía y el espíritu aventurero que parecía ser algo
característico en él. La nariz ligeramente respingada y una
media sonrisa, completan un rostro que, a pesar de su
juventud, ya muestra signos de la fortaleza.
-------No podía reconocerlo, pero a su vez sentía que ya lo
conocía.
-------Su mirada, me hacia recordar a mi misma, aunque
no podía explicar cómo. Decido guardar la foto dentro del
cuaderno y llevármelo. Apagó la linterna. Y cierro con llave
la puerta de la habitación. Puede observar con tranquilidad a
mi alrededor. La luna llena se alzaba en el cielo, bañando el
patio de la casa en una luz plateada y suave. El aire estaba
impregnado de la fragancia dulce de las flores del limonero y
el susurro de las hojas movidas por una brisa ligera. El
bosque en miniatura se extendía como un mundo de antaño
en miniatura, lleno de vida y misterio. Su gran árbol de
mangos se erguía majestuoso, sus hojas grandes y verdes
capturaban la luz con un brillo esmeralda. Sus ramas se
entrelazaban con los tallos de enredaderas que descendían
hasta el suelo, formando una red intrincada y protectora.
Alrededor del árbol, una variedad de plantas tropicales
crecía en profusión: helechos gigantes y helechos de cola de
caballo se mezclaban con arbustos de jazmín y orquídeas---
amortencia
97
---silvestres, creando un entramado de verde y blanco que
parecía cobrar vida propia.
-------En el suelo, una alfombra de musgo y hojas caídas
crujía suavemente bajo mis pies, caminaba despacio, absorta
en la belleza que me rodeaba. Pequeñas flores de color
blanco y rojo asomaban entre la vegetación, iluminadas por
la luz lunar y acentuando el encanto mágico del lugar. Un
estanque de piedra, cubierto de nenúfares, creando un espejo
de luz que parecía conectar el cielo con la tierra.
-------Unas nubes sutiles, casi transparentes, flotaban entre
las estrellas, añadiendo un toque de misterio y suavidad a la
escena. Levante la vista, sintiendo una conexión profunda
con el universo, como si cada estrella fuera un testigo silente
de todo esto. En ese momento, me sentí pequeña como si me
hubieran roto las alas y a la vez me sentía parte de algo
mucho más grande. El patio, con su vegetación exuberante y
la luz de la luna, se empezaba a convertir en un refugio
donde el tiempo parecía detenerse, para reflexionar y
encontrar la verdad en medio del objetos que se ocultaban
detrás de la puerta.
Esa noche, soñé.
Pero no con Shinta.
Ni con barro. Ni con lluvia.
Soñé con un altar. Un altar que ya había visto antes.
Una figura encapuchada.
Y una voz grave que decía:
—<El sello no durará para siempre.=

98
La
Hija
-------La tarde se deshacía lentamente en tonos anaranjados,
tiñendo las paredes de la casa con un resplandor tibio.
Sentada en la cocina, removía distraídamente una olla de
mermelada de mango mientras la radio de fondo murmuraba
una vieja canción de los años setenta. Las notas parecían
revolotear junto al aroma dulzón que impregnaba el aire.
Mis días habían transcurrido en una calma extraña: ordenar
la casa, trabajar con las frutas, pintar en el salón iluminado
por la ventana del patio.
-------Cielo pasaba por las tardes a almorzar, trayendo risas
breves y chismes ligeros que disolvían, aunque fuera un poco,
la soledad. Aurora, por otro lado, apenas se dejaba ver:
enterrada entre apuntes y cafés, preparándose para sus
exámenes finales de la facultad.
-------El cuaderno del abuelo yacía, cerrado, en el fondo de
uno de los estantes de la sala. Junto a él estaba la foto con
sus tres anfitriones posando frente a un árbol gigantesco, un
árbol que se me hacia muy familiar. Solo había hojeado
aquellas páginas que aun resonaban en mi mente, y desde
entonces, no había reunido el valor para seguir leyendo. Algo
en esos registros susurraban un eco de advertencia que aún
no podía comprender.
-------La tarde noche eran como todas desde que lo conocí.
Encendí la laptop y me conecté a Minecraft. Teo ya estaba en
línea, su cara se iluminaba por el resplandor azul de la
pantalla, como un faro en medio de la penumbra de mi
cuarto.
-------—¡Al fin! Pensé que hoy me ibas a dejar plantado —se
quejó entre risas, su voz cargada de una alegría que me
__calentaba el corazón.

100
-------—Estuve batallando con los frascos —dije,---
mostrando las manos ligeramente pegajosas, aún con restos
de la esencia de las hierbas que había estado mezclando—.
Día productivo, al menos. —ambos reímos, el sonido de
nuestras risas resonando en el silencio de la habitación.
-------Pasamos las horas construyendo fortalezas en un bioma
nevado, un mundo blanco y etéreo que parecía estar
suspendido en el tiempo. El frío de la pantalla se transmitía a
mis dedos, pero el calor de nuestra complicidad lo disipaba.
Las risas y los silencios cómodos se alternaban, creando una
melodía que solo nosotros podíamos escuchar.
-------Aunque esos zombis me ponían súper nerviosa.
Cada vez--- que uno se acercaba, mi corazón se aceleraba y
mis manos temblaban ligeramente. Teo, siempre atento, me
cubría la espalda, su voz calmada y firme transmitiéndome
seguridad.
-------—No te preocupes, estoy aquí —decía, como si fuera un
hechizo protector.
-------Minábamos por minerales y a su vez para dejar
nuestra casa bonita. Y estaba quedando muy bonita. Las
paredes de piedra pulida se mezclaban con detalles de
madera oscura, y las ventanas de cristal dejaban entrar la luz
de las antorchas, creando reflejos dorados en el suelo de
hojas secas.
-------Mientras trabajábamos, el mundo exterior se
desvanecía, y solo existíamos nosotros y nuestro pequeño
reino digital. Cada bloque colocado, cada risa compartida,
era un pincelada en el cuadro de nuestra amistad, un lienzo
que se iba enriqueciendo con cada momento que pasábamos
juntos. Y que también... me hacia volver a confiar.
-------Cuando la noche cayó del todo, un ruido sordo---
amortencia
101
---sacudió la casa.
-------¡Tac!
-------Alce la vista de golpe. El sonido había venido del patio.
-------Mudo. Profundo. Casi... deliberado.
-------—¿Todo bien? —preguntó Teo, ladeando la cabeza en
la video
llamada.
-------—Creo que sí... voy a revisar. No te vayas.
-------Tomo el celular como linterna improvisada y salgo
descalza, por la puerta trasera. El patio estaba con la misma
calma exuberante de siempre, pero parecía respirar de un
modo distinto. El gran árbol se erguía imperturbable, pero al
pie del estanque, algo brillaba. Me acerco. Sobre el musgo,
descansaba la piedra que había encontrado... rota en dos
mitades limpias, como si se hubiera partido sola... desde
adentro. ¿Cómo había llegado allí si yo misma la había
dejado en la biblioteca? Junto a ella, un cuaderno pequeño,
antiguo, cubierto de polvo y humedad.
-------No era el mismo que había escondido.
-------Era otro.
-------Con manos temblorosas, lo levanto. Al abrirlo, una
sola frase saltó a la vista, garabateado con tinta desvaída en
la primera página:

89La Hija de A.99

-------Mi corazón dio un vuelco. Antes de poder hojear más,


un chillido suave rompió el aire: era Cielo, que acababa de
entrar sin avisar, como solía hacer.
-------—¡¿Qué haces sola en el patio?! —exclamó, acercándose
__con pasos apresurados—. Me tenías preocupada, te llamé
amortencia
102
y no contestabas.
-------Guardo el cuaderno contra mi pecho, instintivamente.
-------—Tranquila, estaba jugando Minecraft —dije—.
Escuche un ruido y salí. Solo encontré esto... —señalé lo que
había delante de mí.
-------Cielo miró la piedra rota con una expresión extraña,
casi como si conociera bien lo que había.
-------—A veces, cuando algo se rompe, es porque ya no
puede contener lo que guarda —murmuró, críptica.
-------Hubo un silencio espeso entre ambas. Luego, con una
sonrisa de complicidad, Cielo se sacudió la tensión de los
hombros:
-------—Vamos, trajeron medialunas de dulce de leche al
almacén de la esquina. Merecemos una cena decente con
postre.
-------Apenas asentí, mi mente aún estaba dando vueltas.
-------Mientras se alejaban hacia la cocina, no pude evitar
preguntarme: ¿Quién era la Hija de A? ¿La A podría ser de
Armando? ¿Mi abuelo tenia una hija? ¿Y por qué él tan
racional y responsable, había escrito sobre ella? Mi padre era
hijo único, hasta donde yo sabia. Me disculpe con Teo por la
interrupción pero si aun estaba disponible más tarde después
de cenar nos podíamos volver a conectar. Y él con su
comprensión y amabilidad de siempre, acepto con alegría.
-------La cocina estaba tibia y perfumada.
-------El vapor del café recién hecho se mezclaba con el dulce
aroma de las medialunas que Cielo había traído envueltas en
una bolsa de papel. Nos sentamos alrededor de la mesa
ratona del living que estaba frente al sillón con las tazas entre
las manos. Dejando que la calidez del momento barriera la
tensión acumulada.

103
-------—¿Te pasa algo? —preguntó Cielo, observándome con
sus ojos ahora amarronados con el tiempo, demasiado
perceptivos.
-------Dude. El cuaderno en mi regazo pesaba como una
piedra. ¿Cómo podía yo decirle lo que estaba pasando y
encontrando en esa casa? Era imposible que me creyera. Y
aunque diera la impresión de tener la mente abierta a
suposiciones y supersticiones, tal vez pensaría que me había
vuelto loca. Solo niego suavemente con la cabeza.
-------—Es que... no puedo dejar de sentir que todo cambió
desde el otro día —murmuro, mientras juego con el borde de
la servilleta—. Como si... algo se hubiera roto. Algo que ya
no puedo ignorar.
-------Cielo sonrió de lado, esa sonrisa suya entre traviesa y
sabia.
-------—A veces uno vive toda su vida con una venda en los
ojos —dijo, con un tono que parecía no ser suyo, como si
repitiera palabras de alguien más—. Y basta un solo instante
para ver todo de otro modo.
-------Alce la vista, atrapada por la calma profunda que
transmitía su voz. Me causaba la sensación de hormigueo en
en cuerpo, un hormigueo que causaba placer y sueño.
-------—¿Qué sabes, Cielo? —susurro, sin darme cuenta.
-------Un silencio pesado se asentó entre nosotras. Cielo bajó
la mirada, girando una de las medialunas entre los dedos
antes de responder:
-------—No mucho. Solo fragmentos, cuentos viejos que
escuché de mi abuela... historias sobre linajes antiguos —hizo
una pausa, mirando el reflejo de su rostro en el café—. De
dioses que bajaban a la tierra. De hijas nacidas de flores y
__estrellas. De mujeres benditas... y malditas a la vez.

104
-------—¿Y... crees en eso? —pregunto, tanteando el terreno.
-------Cielo soltó una pequeña risa, y yo sentí que estaba
cargada de secretos.
-------—Conozco una de las historias de Afrodita, no era solo
la diosa del amor —susurró—. Era algo más. Una fuerza
capaz de crear vida... y también de destruirla, si era
necesario.
-------Se inclinó hacia adelante, como si confiara un secreto
demasiado antiguo para ser dicho en voz alta:
-------—Dicen que una de sus hijas fue ocultada del mundo.
Que no debía existir... que su sola presencia podía alterar el
equilibrio.

-------No sabia como explicarlo pero se sintió que el aire se


volvía más denso. ¿Una hija escondida? ¿Una sangre
peligrosa corriendo silenciosa a través de generaciones?
Antes de que pudiera preguntar más, Cielo se estiró,
tomando otra medialuna.
-------—Pero bueno, ¿Quién le cree a las viejas locas de
pueblo, no? —bromeó, aligerando el ambiente de golpe.
-------«La verdad es que yo si creo en eso» pensé.
-------—¿Pero vos crees en esas cosas? —le pregunto
sorprendida por su cambio ligero de humor, necesitaba saber
más.
-------—Bueno, yo creo que a muchos les ha gustado los
mitos y leyendas más de lo que están dispuestos a admitir
durante su paso por la escuela. Solo que aquí dicen que hubo
una época donde surgió la fiebre mitológica, de la que
quedaron murmullos de nuevas historias que no han sido
comprobadas, pero su verosímil era genuino... —rio un poco
más fuerte—. Hasta unos tipos que decían ser de National---
amortencia
105
---Geographic, vinieron a investiga la relación que había con
los pueblos nativos de Amaicha y Tafí. —se encogió de
hombros y siguió comiendo como si nada.
-------—¿Y que descubrieron? —comenzaba a tener la
necesidad de comerme las uñas de la ansiedad otra vez, pero
seria romper mi promesa a Flor.
-------—La verdad que no se... —dijo con la boca llena—.
Solo se que se quedaron en una finca colina arriba y hasta
ahora ni novedades del dichoso documental... para mi que
eran unos turistas que querían estar de gratis y nada más.
¿Qué te digo? Tal vez eran unos chantas... —suspiro y miro
hacia la puerta que daba al patio—. O eran algo más
oscuro... —se rio al verme a la cara—. ¡Pero! ¿Por qué te
asustas? ¡Ellos se fueron hace meses!
-------Intente relajarme... intente disimular... Pero todo esto
solo me generaba más ansiedad. ¿Qué era lo que buscaban?
¿Por qué mi abuelo tiene información como si se sacara de la
ficción? Era todo raro... todo. Y yo estaba más lejos de ser
escéptica a estas alturas.
-------Pero sabía que detrás de la risa, detrás de la ligereza,
Cielo había dejado caer algo real.
-------Algo que latía con fuerza... esperando ser descubierto.

106
Afrodita
-------La noche había caído por completo.
-------La casa estaba envuelta en la penumbra, crujía de vez
en cuando bajo el peso del viento que se colaba entre las
rejillas de la ventilación. Allí estaba, acurrucada en mi rincón
preferido del living: el viejo sillón, cubierto con una manta de
lana tejida a mano que la había hecho mi abuelita.
-------La taza de té humeaba en la mesita baja a mi lado,
olvidada.
-------En mi regazo, el cuaderno de tapas desgastadas parecía
vibrar con una vida propia. Había evitado abrirlo de nuevo
durante días, temiendo lo que podría encontrar. Pero ahora,
tras pensar bien en la charla de la tarde pasada con Cielo, la
curiosidad pesaba más que el miedo.
-------Con dedos temblorosos, deslizo la goma elástica que lo
mantenía cerrado y pasó las primeras páginas, aquellas que
ya había leído: notas dispersas, pequeños bocetos de plantas
y símbolos extraños.
-------Hasta que encontré algo nuevo.
-------Una hoja suelta, metida entre dos páginas, como si mi
abuelo la hubiera escondido ahí a propósito. La saque con
cuidado. Era un trozo de papel amarillento, la tinta
ligeramente corrida por la humedad del tiempo.
-------La caligrafía era firme, aunque había algo urgente en
ella:

A quien encuentre estas palabras:


No toda sangre debe despertar.
En el Bosque Lluvioso, donde el sol se oculta tras
el velo de la lluvia eterna, reposa la sangre dormida de los
dioses.

108
Un pacto sellado con amor... y con miedo.
No debes perturbar su sueño, a menos que estés
lista para cargar con la verdad.

-------Mi corazón retumbó en mi pecho haciendo que me hunda en el


sillón. Leí la nota una, dos o tres veces, buscando sentido a esas
palabras veladas. ¿El Bosque Lluvioso? ¿Sangre de dioses? Pasé las
páginas con una ansiedad creciente.
-------Encontré un mapa garabateado a mano: un bosque, delimitado de
líneas gruesas, y un pequeño círculo marcado en el centro,--- como
señalando un lugar oculto.
-------Abajo, en una letra más temblorosa, su abuelo había anotado:

"Allí comenzó todo."

-------Apoye la espalda contra el sillón, sintiendo que el mundo a mi


alrededor se disolvía. ¿Qué era todo esto? Esta gente que pensé que
conocía de extremo a extremo de pronto era una desconocía. Mi abuelo,
ese señor que había sido mi cómplice durante toda mi vida, resultaba ser
literalmente la caja de pandora. El otro cuaderno, ¿era de mi abuela? A
quien le escribía esos versos con dolor. La foto. ¿Quiénes eran ellos?
Creía conocerlos, de eso estaba segura. Nunca entendí el motivo del
divorcio. ¿Tenia que ver algo de esto?
-------En mi ya no quedaban rastros de miedo en ese momento, ni de
curiosidad. Era un enigma, me había convertido en un enigma. Y uno
que necesitaba respuestas. Claras y convincentes. Porque una cosa era
permitirme dudar de mis creencias y otra muy distinta era sentir que
toda esa fantasía era cierta. La casa, la universidad, la vida normal que
había construido... todo parecía pequeño frente a esa nueva dimensión
que se abría ante mis ojos.
-------La luna, visible a través de la ventana, me observaba en silencio.
-------—Afrodita... ¿Qué tiene que ver la diosa del amor en esto?
—susurré.
-------En mi interior, algo empezó a agitarse dentro de mí, como si al fin
despertara de un largo sueño.

109
---

-------El día amaneció con una calma engañosa. El cielo era


de un azul tan limpio que parecía pintado, y el sol
comenzaba a colarse por los ventanales de la cocina,
mientras terminaba de alinear los frascos de mermelada
sobre la mesa. Mi mente, sin embargo, estaba lejos de las
tareas cotidianas. Sobre el banco de madera del comedor, el
mapa dibujado a mano que había encontrado entre las
pertenencias del abuelo, parecía latir con vida propia.
Había marcado una X pequeña, casi invisible a simple
vista, cerca del borde superior.
-------Al principio pensé que era un lugar cualquiera, un
terreno olvidado. Pero cuanto más lo miraba, más sentía que
ese lugar no estaba tan lejos de aquí. Tome el celular y
empecé a ver en google maps si era posible ese camino ahí,
para mi sorpresa las líneas trazadas eran las de la 24 de
Septiembre yendo derechito al oeste, trazando lo que seria el
rio la Angostura. Llamo directamente a Cielo. Sabia que era
la única que me podía ayudar en esto, ella y el auto de
Aurora. Fingí tranquilidad, como si fuera una diligencia
más.
-------—Cielo, hoy que se que sé que estas libre, ¿Me
acompañás a un lugar? Mi papá me pidió que revise algo en
un terreno familiar. No es lejos. Creo que en auto son como
30 minutos.
-------—Claro, ¿estás bien? —respondió, con ese tono suave
que parecía leer entre líneas.
-------—Si, estoy bien. Solo es ver si esta todo en orden, hace
varios días que papá salió en ese viaje y bueno, nadie paso
__por ahí desde entonces —esperaba que mi argumento
fuera amortencia
110
lo más convincente.
-------—Bueno, dale. No hay problema, termino de
desayunar y te paso a buscar —detrás de ella, alguien más
hablo—. Dice Aurora que almuerce con vos, porque quiere
estar sola estudiando, así que... ¿Sale picnic?
-------—¡Si! —aire libre, un día distinto. Me hacia falta—.
Hacemos sanguchitos de miga y llevamos una gaseosa —mi
entusiasmo delataba mi emoción. Cielo rio con ganas ante mi
energía.
-------Minutos después, estábamos en camino. Cielo
manejaba alegre mientras la música de Natalia Lafourcade
sonaba a todo volumen. Y yo que reía ante su energía,
miraba por la ventanilla, atenta al paisaje. El camino
serpenteaba entre colinas cubiertas de verde, y a medida que
avanzábamos en zonas menos transitadas, la vegetación se
volvía más espesa, más viva. Y a su vez, después de pasar por
la entrada de Soldado Maldonado, comenzamos a tomar
más altura en lo que seguíamos la orilla del rio.
-------Fue entonces cuando lo vi.
-------A un costado del sendero, entre la neblina ligera del
monte, apareció un arco. Era alto y de madera oscura
pintada de un rojo oxidado con sus pilares ligeramente
desgastados por el tiempo.
-------El travesaño superior, curvado hacia arriba en los
extremos, tenía inscripciones apenas visibles, como si
hubieran sido grabadas por el propio viento. Surgía entre los
árboles como una herida abierta en el bosque, una cicatriz
que no sanaba, marcando la tierra con su presencia
inquebrantable.
-------Aun sobre la velocidad moderada pero rápida con la
que Cielo manejaba, pude visualizar la madera hinchada---
amortencia
111
---por la humedad, sus fibras hinchadas y retorcidas por el
paso del tiempo y la intemperie. La base del travesaño estaba
enterrada en raíces y musgo, como si la naturaleza, en su
eterna lucha, se hubiese rendido a su permanencia,
aceptando que aquella estructura formaba parte de ella, un
elemento más del paisaje.
-------El musgo verde y esponjoso envolvía las raíces que se
entrelazaban alrededor del travesaño, creando una red de
vida que parecía sostenerlo. La humedad del bosque había
impregnado cada centímetro de madera, dándole un tono
oscuro y profundamente orgánico. El aire estaba cargado
con el aroma de la tierra mojada y las hojas en
descomposición, un perfume que hablaba de ciclos y
renacimiento.
-------Mientras avanzábamos, el travesaño se perfilaba contra
el cielo, un arco que no solo marcaba un camino, sino que
narraba la historia de un lugar donde la mano del hombre y
la fuerza de la naturaleza se habían entrelazado en una danza
eterna. Era un testigo silente de los años, un monumento a la
resistencia y a la belleza que surge de la adversidad.
-------Parpadie.
-------—¿Viste eso? —dije en alto sin apartar la vista de mi
descubrimiento.
-------—¿El qué? —me respondió sin apartar la vista del
camino.
-------—Nada… nada —ya estábamos lejos y había perdido
el punto de visión.
-------Me quede mirando por el espejo retrovisor, pero el torii
ya no estaba. Mi corazón palpitaba con fuerza por una
certeza que no podía nombrar. Una estructura así de real no
--podía haberla imaginado, era imposible.

112
-------Cuando llegamos a la finca, un portón oxidado daba---
paso a un terreno cubierto de maleza, árboles viejos con una
gran casa de adobe junto a una antigua caballeriza. El cartel
de madera en la entrada estaba intacto.
-------—¿El Jilguero?
-------—Sí... —susurré.
-------Bajamos del auto y avanzamos caminando entre la
maleza del jardín y el camino de piedra cubierta de musgo.
La puerta de la entrada de la casa estaba con llave.
-------—¿No vas a abrir? —preguntó Cielo.
-------Negué con la cabeza. Se sentía ridícula, por haberla
hecho venir así. Tuve que mentirle.
-------—Papá solo me dijo que pasara a verla, no me dejo la
llave. Perdón.
-------—Esta bien, no te preocupes —me sonrió tranquila—.
Aun podemos hacer el picnic, solo hay que buscar un buen
lugar.
-------Recorrimos toda la estancia a la vista para asegurarnos
de que todo estuviera en orden y seguro. Hacia años que no
venia a este lugar, papá lo tenia bien conservado adentro,
pero por fuera, parecía ser consecuencia del mismo tiempo
que pasaba sin aviso ni permiso, y que si no se lo cuidaba
constantemente, parecería estar completamente abandonado.
Detrás de la vivienda se extendía un gran bosque, espeso y
oscuro a causa de los grandes arboles salvajes que la
rodeaban. Delante de su sombra había un tronco cortado,
largo y acostado junto a otro pedazo mucho más pequeño,
pero parado que sostenía una gran piedra plana. Hermoso
lugar para un almuerzo fresco en la naturaleza.
-------—¿Hace mucho que no vienes por aquí?
-------—El día que llegue papá paso por aquí a buscar---
amortencian
113
---varias conservas —le respondí pensando en aquella noche,
había pasado poco desde entonces pero se sentía como si
hubiera pasado mucho—. Pero antes de esa vez, si, muchos
años.
-------—¿Es de tu papá este lugar? —su curiosidad sonaba
genuina. Se había sentado de forma que podía admirar la
vista. De fondo se escucha el rio bajar.
-------—Herencia de mi abuelo paterno —dije y mire hacia el
bosque.
-------Un sendero pequeño emergía entre dos arboles, a penas
era visible, pero ahí estaba y era real. Quería ir a ver que
encontraba, pero estar con ella me hacia contener mis ganas
de entrar. ¿Y si encontraba algo más? ¿Cómo se lo explicaba
para no sonar loca? Además, no podíamos demorar tanto en
volver y tenia que buscar una forma de venir sola antes de
que mi padre volviera de su viaje. Después de la ultima
conversación que tuvimos, no habíamos vuelto a hablar.
Lo mejor que podía hacer era ir sola, así evitaba preocupar a
alguien y, también, buscar las respuestas que necesitaba sin
interrupciones.
-------Cuando regresábamos por el mismo camino, no pude
evitar buscar el torii. Le pedí a Cielo que fuera mas despacio
para dejar las ventanillas bajas y aprovechar el aire fresco
con ese olor a lluvia próxima. Las nubes grises cargadas
estaban sobre nosotras. Miré, atenta todo el trayecto pero no
estaba, ni un rastro había de el.
-------El lugar exacto era una loma sin árboles, sin señales de
que alguna vez hubo algo allí. No podía ser mi
imaginación… no tan vívida.

114
-------Esa noche comencé a trazar mi plan para ir de vuelta,---
mientras organizaba las fotos del lugar y trataba de armar un
rompecabezas imposible. Mi mente empezó a sonar como si
tuviera engranajes, listos para resolver cualquier punto de
desvío al plan meticuloso que estaba apunto de ejercer.
-------Lo que nunca había pensado, era en lo que realmente
pasaría antes de eso cuando su mensaje llego:

¿Estás en casa?

Volviendo recién, ¿por?

No, sí estás. Estoy afuera.

-------Mi corazón dio un vuelco. Guardé todo lo que tenía


tirado en la mesa del comedor lo más rápido posible,
mientras Teo bajaba de su moto frente a la casa. Su casco
colgaba de su mano, y en su rostro se mezclaban la molestia,
el alivio y algo más difícil de definir, como una sombra de
incertidumbre.
-------—¿Fuiste sin decirme? —me reprochó, su voz cargada
de una mezcla de frustración y preocupación.
-------—¿A dónde es que fui exactamente? —respondí,
indignada, mientras mis manos temblaban ligeramente.
-------—Te llamé temprano, vine a buscarte. No estabas y no
respondías el celular —dijo, su tono se hizo más urgente.
-------—Estaba de picnic con Cielo —respondí, molesta—.
No tenía señal en el campo —solté sin querer, las palabras
escapando de mis labios como una confesión.

115
-------—¿En el campo? —Teo se acercó un paso, sus
ojos fijos en los míos—. ¿Hasta dónde fuiste?
-------—¿Eso importa? Fuimos hasta el río a estar
tranquilas —respondí, tratando de mantener la calma, pero
mi voz temblaba ligeramente.
-------—Sí, me importa. Porque llevas días jugando Minecraft
conmigo como si todo estuviera bien. Y no, Lyra, no está
todo bien —dijo, su voz se suavizó, pero la intensidad de su
mirada no disminuyó.
-------El silencio se volvió denso, como si el aire mismo se
hubiera solidificado. ¿Era acaso un planteamiento? El viento
movía las ramas del árbol de caucho, y el olor a tierra
mojada subía desde el suelo, impregnando el ambiente con
una fragancia terrenal que parecía envolvernos. Lo miré a los
ojos, después de tanto tiempo, y no vi enojo. Vi angustia, una
profunda y sincera angustia que me conmovió.
-------—Yo solo… estoy confundida. Hay cosas que no
entiendo —dije en voz baja, casi un susurro, mis palabras
entrecortadas por el nerviosismo.
-------Teo dio otro paso. Estaba tan cerca que podía sentir el
calor que irradiaba, y tuve que concentrarme para ver sus
ojos a través de los cristales de sus anteojos. Su presencia era
abrumadora, pero no de una manera que me intimidara, sino
que me llenaba de una sensación extraña, una mezcla de
confort y tensión.
-------—No necesitas entenderlo todo para dejarme estar
contigo —dijo, su voz suave pero firme, como si cada
palabra fuera un susurro del viento.
-------El mundo pareció detenerse, y sentí que podía
inclinarme un milímetro y tocar su boca. El tiempo se
__congeló, y en ese instante, todo a mi alrededor
amortenciamortencia
116
desapareció. Solo existíamos nosotros, y el aire entre---
nosotros se cargó de una electricidad palpable. Él no se
movió. Solo esperó. Y fue esa espera la que me hizo
tambalear. No me había sentido así en años, y lo que creía
que había sentido entonces no se comparaba en nada con lo
que estaba sucediendo en ese preciso momento.
-------Pero entonces me aparté, dando un paso atrás. El
contacto visual se rompió, y sentí un vacío en el pecho.
-------—Necesito pensar... —dije, mi voz apenas audible.
-------Teo asintió, su expresión se suavizó, pero no
desapareció la tristeza que se reflejaba en sus ojos. No
estaba enojado. Estaba dolido, profundamente dolido.
-------—Entiendo... —dijo, su voz llena de un dolor
contenido—. Te doy el tiempo que necesites, Lyra. Pero
espero que sepas que estaré aquí, esperando.
-------No estaba enojado.
-------Estaba dolido.
-------Y eso me hizo sentir peor.

-------Esa noche, saqué el cuaderno de mi abuelo. No para


leerlo. Solo para tenerlo entre las manos. Algo se agitaba,
tenia tantas preguntas que necesitaban sus respuestas. Y en el
fondo sabia bien que era solo el comienzo de una tormenta,
que apenas empezaba a formarse.

117
Susu
rros
-------El sol ya esta alto cuando me acomodo la mochila
sobre el hombro. La casa duerme, Nora y sus gatitos
también. El ventilador sopla su aliento tibio sobre ellos,
como una promesa de que todo seguirá bien. Reviso por
última vez la botella de agua congelada que esta pesada y
sudada, el paquete de galletas envueltas con mimo, y ese
manojo de llaves que tintinea como una canción de otros
días. Una por una, todas distintas, todas ajenas. Todas
posibles.
-------Con el celular en la mano y el corazón algo apurado,
llamo a la remisería del barrio. Mi voz suena tranquila, pero
por dentro, algo la empuja y me hacia estar alerta. Le indico
hasta donde quiero que me lleven y me dicen el costo del
viaje, costoso pero aun así le digo que venga. Un impulso sin
nombre, parecido al que uno siente cuando está a punto de
encontrar algo importante, aunque no sepa qué.
El remis llega puntual, un Peugeot 406 de color gris
manejado por un hombre que parecía de la misma edad de
mi papá. Me ayuda a cargar la bicicleta con cuidado en el
baúl, yo me acomodo en el asiento trasero al subir. Me
quedo mirando, con toda ansiedad, por la ventana para no
olvidar ningún detalle del trayecto. Los árboles cruzan sus
ramas sobre la calle como si hicieran una reverencia. El
asfalto hierve de tanto sol acumulado. No hay viento. Sólo
un zumbido lejano, como si el día contuviera la respiración.
-------Cuando bajo en la finca de Don Elías, agradezco con
una sonrisa leve la amabilidad del conductor que descarga la
bici con cuidado dándomela. Agradecí que fuera atento y
ubicado, estaba tan ansiosa con ese escape que no quería que
__nadie me hiciera preguntas al respecto. Espere a que el
amortencia
120
auto se pierda en la ruta antes de empezar a pedalear.
-------El camino hasta El Jilguero era cuesta arriba y el
asfalto no ayudaba con el calor picante del verano. Debí
haber traído una botella más de agua. Pero cada pedaleo es
una promesa de libertad, de responder esas preguntas que
daban vueltas en mi mente hacia días. El sudor me resbala
por la frente, pero liviana, casi invisible en el paisaje. El
sonido escondido de los grillos cantando, el rumor de las
hojas y el chasquido de alguna rama a lo lejos me hacían
compañía,
-------Al llegar, me detengo frente al portón oxidado. Las
nubes se comenzaban a acercan desde el sur como un ejército
silencioso. Corro despacio el portón entrando a la propiedad
y me dirijo con pasos seguros a la puerta de entrada a la casa
grande, meto la mano en el bolso de la mochila y saco las
llaves. Pruebo una. Nada. Otra. Tampoco. La tercera gira
con dificultad, pero no abre. Entonces veo una pequeña llave
con un llavero gastado. Un paisaje pintado a mano: colinas
verdes, cielo de acuarela, y letras doradas que apenas se leen.
<Prato – Italia=, dice al dorso. Mi corazón comienza a latir
con fuerza, tomándola con cuidado, como si fuera una
reliquia, y la inserto haciendo que la cerradura ceda con un
suspiro seco. El olor a encierro y madera antigua me recibe.
-------La casa está igual que la última vez. Como si nadie
hubiese tocado nada desde que fui con papá el día que llegue
a Tucumán. El aire es denso, como si llevara años
acumulando secretos. Miro alrededor, pero no encuentro
nada nuevo. Todo está tranquilo.
-------Afuera, las nubes ya están encima, cargadas, pesadas,
como si la tormenta no fuera solo del cielo, sino también de
la tierra. Sin pensarlo demasiado, salgo de nuevo. Camino---
amortencia
121
---con pasos firmes, bordeando la casa, guiada por un
presentimiento: El sendero que ayer no me atreví a recorrer
aparece entre los árboles. Hoy no duda.
-------Cada paso entre los árboles me alejan más del mundo
conocido. El aire se vuelve más fresco, más húmedo. Huele a
musgo, a corteza mojada, a tierra viva. El cielo se deshace
lentamente entre las hojas, dejando que solo algunos rayos
tibios lo atraviesen. Avanza sin apuro, guiada por una
intuición que me late en el pecho. Las ramas crujen, los
arbustos rozan mis piernas y las hojas secas susurran algo
que no logro entender. Es como si el bosque hablara en una
lengua antigua que solo mi cuerpo comprende.
-------El camino se estrecha. Las piedras están cubiertas de
líquenes, como si llevaran siglos ahí. Hay flores silvestres que
no recuerdo haber visto antes eran parecidas a las flores de la
Santa Rita pero con doble capullo: el primero blanco que de
adentro sale un tallo más corto con otro capullo igual pero
más pequeño de color rojo. Me pareció tan delicado, tan
bello, tan único. Me atrevo a oler su aroma dulce que se
sentía como si de frambuesas se trataran. Quería atesorarla y
protegerla. No sabia como se llamaban, por lo que decidí
tomarle una foto con mi celular para después buscar su
nombre.
-------Las mariposas que pasaban eran tan grandes que
parecen inventadas. Un colibrí se quedo quieto a mi lado un
instante, flotando en el aire como un pensamiento. Seguí
sintiendo que no estoy sola, todo en ese lugar: el viento,
los árboles, incluso las sombras parecía acompañarme a cada
paso.
-------Después de una curva entre los pinos, lo veo.
-------El Torii.

122
-------Su rojo desteñido, el musgo en los pilares con sus---
extremos agrietados por el tiempo. Aun así, se alza como un
guardián sagrado entre la vegetación. Más allá, oculto en la
maleza, hay un pequeño templo cubierto de hojas, musgo y
tierra, abandonado pero fuerte. Como si siguiera esperando
a alguien. Mi corazón late con fuerza. Me acerco despacio,
como si pisara una ceremonia. El viento sopla más fuerte de
pronto, moviendo las ramas con un murmullo grave. Las
nubes descargan su primer trueno a lo lejos. No llueve
todavía, pero el aire se carga.
-------Estiro la mano. Mi piel apenas roza la madera húmeda
y fría del Torii cuando el mundo cambia. Un golpe seco me
atraviesa, como si me llamaran desde adentro de los huesos.
Una imagen, no, un recuerdo estalla detrás de mis ojos. Mis
rodillas fallan. El cielo se oscurece. La tormenta cae en
picada, al mismo tiempo que yo, que mi cuerpo, que mi
conciencia.
-------El bosque desaparece.
-------Todo se va.
-------El trueno no es el del cielo.
-------Es el de una espada desenvainada.
-------Abro los ojos, pero se sienten distintos. Como dentro
de una memoria ajena, antigua. Era una noche cálida de
verano, iluminada por faroles de papel. Todo huele a
incienso, a flores de cerezo, a sangre.
-------Las calles están húmedas, cubiertas de barro y ceniza.
El humo de los incendios se cuela entre los techos de madera
y bambú. Un templo ha ardido no muy lejos. Se oyen gritos,
pasos desordenados, órdenes lanzadas al viento
entrecortado. El sonido metálico de algo, que podía
reconocer como zōri pisando los adoquines gastados---
amortencia
123
---marcando el ritmo de algo más que una retirada. No sabia
como, pero los reconocía a ellos también, los soldados del
shogunato. Corren entre callejones, heridos, algunos con los
estandartes doblados bajo el brazo, intentando no delatar su
posición. Entonces lo veo.
-------Un samurái.
-------Camina con el rostro ensombrecido por el ala de su
jingasa. No lleva más que una katana enfundada y la ropa
salpicada de sangre, pero su paso es firme. No mira hacia los
costados. Tiene un objetivo. Su haori se muevo con el viento
del amanecer. No podía entender como era posible que
supiera que la insignia sobre su espalda ennegrecida por la
lluvia, era del clan Satsuma.
-------El joven se detiene en seco.
-------Frente a él, tres hombres, también armados. Uno viste
el uniforme imperial. Otro, aún lleva una armadura
tradicional. El tercero tiembla. Todos lo reconocen. Se huele
en el aire. No hay honor en esta batalla. Sólo miedo y
nombres escritos a cuchillo en las paredes del recuerdo.
-------Yo me encontraba detrás de un muro en una equina,
mira por el filo de la calle que cruzaba la calle por la que
venia. El samurái no habla. Desenvaina con una precisión
que corta el silencio en dos. Contengo el aliento. Su katana
brilla por un segundo. Luego, la sangre. El primer enemigo
cae sin entenderlo. El segundo retrocede y muere de pie. El
tercero huye, o intenta hacerlo, pero no llega lejos. Todo
ocurre en cuestión de segundos. Todo es preciso, antiguo,
irreversible.
-------El cuerpo del samurái se tensa, como si esperara más.
Pero no llegan. El silencio cae después del combate, espeso
__como el barro entre las piedras. Él permanece arrodillado.
amortencia
124
La katana descansa ahora sobre sus muslos. Ya no es un---
arma, sino una extensión de algo que no quiere seguir
respirando. Su aliento se vuelve más profundo. Un sol
apagado, envuelto en nubes, comienza a dibujar las siluetas
rotas de Kioto.
-------Yo lo observa desde la esquina del callejón, sin querer
respirar muy fuerte. No parecía ser la primera vez que lo veía
empuñar una espada, pero sí la primera vez que lo veía
matar. Sin titubear. Sin temblar. Sin cerrar los ojos.
-------Ese no era hombre que conocí, en lo que recordaba de
Edo.
-------Allí, él me ayudó con el huerto. Cargaba baldes de
agua, me ofrecía frutas de estación. Sonreía poco, pero
cuando lo hacía, le nacía una ternura en los labios que
parecía curar el mundo. Ese hombre me hacia sentir que se
podía vivir sin violencia. Que el pasado, por más cruel, podía
quedar dormido si uno sabía cómo hablarle al presente.
-------Pero este que tengo enfrente es otro.
-------Este hombre… es un sobreviviente. Un lobo entre
ruinas. La sangre ajena le mancha la piel como si fuera tinta,
y aun así… no parece orgulloso. No parece satisfecho. Parece
triste. Parece roto. Parece cansado.
-------Siento la fuerte necesidad de querer acercarme, decir su
nombre en voz baja. Pero me detengo. Porque algo en mi
también se rompió. Sabía que era un samurái. Sabía que
había guerra. Que hombres como él existían. Que los
combates eran inevitables. Pero una cosa es saberlo, y otra
muy distinta es verlo. Sentir el calor de la sangre mezclado
con el olor de los cerezos. Ver cómo el acero separa la vida en
dos mitades.
-------Él levanta la cabeza. No me ha visto, pero su mirada---
amortencia
125
---está ida. Tal vez ha recordado algo. Tal vez ni siquiera
quiere seguir caminando. Y entonces, quien quiera que era el
dueño de esos recuerdos, comprende. Y yo también. No es
un asesino. Es un hombre que carga con cada vida que ha
quitado. Una por una. Las lleva en los huesos, en los sueños,
en el filo que brilla por un instante y luego se apaga. Como
él.
-------Aprieto con los dedos el borde del kimono que llevaba
puesto. Tiene miedo. No de él. Sino de no poder sostener esa
mirada cuando nos reencontremos. De no poder ver en esos
ojos al hombre que conocí entre campos de arroz, con olor a
tierra mojada y flor de ciruelo. Pero también sé que si no lo
entiendo, si no intento entenderlo, perdería algo más que un
amor. Perdería la verdad.
-------La guerra no es una historia ajena. Es su historia
también.
-------Y lo peor… es que recién ahora comienza.
-------No podía, a esas alturas, permitirme romper la promesa
de ir a buscarlo para traerlo de vuelta a su hogar. Ya yo
estaba ahí, en esa calle mojada de Kioto, al borde de un
tiempo que se disuelve, sintiendo que no estoy viendo un
combate: si no un adiós inevitable.
-------—Shinta...
-------Ese era su nombre. Uno que jamás se había borrado de
mi mente.
-------No sabia que tan fuerte había sido el susurro que se me
escapo de los labio. Pero él lo había detectado. Se había
erguido a una velocidad que me hizo erizar, del miedo, la piel
en segundos. Su mirada se encontraba en un estado de alerta
permanente. Su cuerpo, delgado y musculoso, adoptaba una
__postura perfecta, cada músculo listo para el combate. La
amortencia
126
hoja de su katana, envuelta en su funda de madera,---
reposaba en su cintura, esperando el momento en que sería
liberada con un movimiento fluido y letal.
-------Sus ojos, que aun con la poca luz que había, se notaban
de un tono de ámbar intenso, recorrían el entorno con una
precisión casi sobrehumana. Cada detalle, cada sombra y
cada sonido eran captados por su aguda percepción. Su
mirada, fría y calculadora, revelaba la experiencia de
innumerables batallas y la determinación de un guerrero que
ha visto demasiada muerte. Y, sin embargo, conocía bien el
fondo de esos ojos, donde también se podía entrever una
sombra de tristeza y remordimiento constante de las vidas
que había tomado y del juramento que aún no había hecho.
-------Fue entonces que en ese preciso momento me vio.
Paralizada vi como se acercaba con paso furioso hacia mí en
segundos.
-------Y todo se desvaneció con la misma velocidad con la
que llegó.
-------Caigo de espaldas, empapada de lluvia. Ya no
estaba en Kioto, pero el olor de la sangre aún me arde en la
nariz.
-------La oscuridad completa, se apodero de mí.

127
Espíritu d
el Bosque
-------El frío me muerde. No de inmediato, no como un grito,
sino como un susurro que se va volviendo puñal. Primero en
los dedos, luego en la espalda, y finalmente en el pecho. Mi
cuerpo esta empapado por la tormenta, tiemblo sobre la
tierra húmeda. No recuerdo cómo caí, solo que el mundo se
volvió luz y luego sombra. Algo dentro mío se quebró y se
abrió al mismo tiempo.
-------Parpadeo. Apenas. No hay cielo. Solo ramas negras
moviéndose como brazos de ancianas sobre mi cabeza. Estoy
tendida boca arriba, entre barro, hojarasca y raíces vivas que
parecieran buscar calor. Si el agua que caía del cielo no
hubiera sido atajada por las ramas de los arboles a mi
alrededor, tal vez por esa fuerza al caer, abría muerto
ahogada.
-------Una imagen se repite bajo mis párpados, como un eco
persistente: un santuario escondido, sumido en un silencio
demasiado antiguo para ser humano. La piedra de las
columnas está resquebrajada, cubierta de inscripciones
medio borradas que parecen griegas, aunque no todas. Entre
ellas, un Torii rojo desteñido se levanta, como un hueso del
pasado empujando hacia la superficie. Hay musgo sobre los
travesaños. Lianas colgando. Y en el aire… una mezcla
imposible: incienso encendido, flores de cerezo y… sangre.
-------Lo huelo. Lo respiro. Sé que es real.
-------Voces murmuran mi nombre. No como un llamado,
sino como una plegaria. Algunas suenan como truenos
lejanos, otras como agua sobre piedra. No entiendo lo que
dicen, pero siento que me conocen. Que me han estado
esperando.
-------Trato de incorporarme, pero el cuerpo no me responde.
amortencia
130
Mis labios están temblando. Mis pestañas están cargadas---
de agua y tierra. No se cuánto tiempo lleve allí, ni cómo
llegue tan profundo. Solo recuerda el torii... y tocarlo. El
recuerdo me abruma con un fuerte dolor en la cabeza. Pero
me aferro a él como si pudiera sostenerme de una imagen
para no hundirse: los símbolos cruzados, las voces, el aire
denso… y esa sensación, esa certeza inexplicable, de que
crucé un umbral.
-------Todo está mojado. Dentro y fuera de mí.
-------Y entonces, un grito. Lejano. Desesperado.
-------—¡¡Elysia!!
-------Y es esa voz la que me saca a flote. Reconozco
ese tono. Esa urgencia dulce.
-------—¡Elysia, por favor!
-------Aurora.
-------Pero no es solo ella. Hay otra figura, una más
pequeña, más rápida, que corre como si supiera exactamente
hacia dónde ir. Cielo.
-------Un segundo antes de que me desmaye otra vez, siento
sus manos tibias en mis mejillas. Lágrimas cayendo sobre mi
frente. Un sollozo que no me pertenece.
-------Y el susurro más claro que jamás escuchó en mi vida:
-------—Te encontramos.

-------El calor no llegó de inmediato. Se acercó en oleadas,


como si mi cuerpo dudara de su autenticidad, como si no
supiera si debía confiar en esa cálida promesa. La ropa
seguía empapada, pegada a mi piel como una segunda capa
de escarcha, helada y pesada. Pero las manos de Aurora---
amortencia
131
----me soltaron. En su lugar, me envolvió en una manta que
parecía haber aparecido de la nada, frotándome los brazos
con torpeza, como si con el simple roce pudiera devolverme a
la vida.
-------—Hay que quitarle la ropa, eso así no la va a ayudar —
dijo Cielo, su voz temblorosa.
-------Cielo se había quitado la chaqueta mojada mientras
intentaba prender la estufa a leñas. Estaba temblando, pero
no de frío, sino de nervios. Su rostro, pálido como la luna,
tenía los labios apretados en una línea muda. Sus ojos,
grandes y brillantes, estaban llenos de culpa, pero también de
algo más profundo: miedo.
-------—Cielo… —susurré, apenas audible.
-------Ambas se sobresaltaron. Me miraron con una angustia
contenida, los ojos llenos de lágrimas no derramadas. Luego,
sin decir una palabra, me abrazaron con fuerza, como si
temieran que me deshiciera entre sus dedos, como si
cualquier momento pudiera ser el último. El calor de sus
cuerpos se filtró lentamente en el mío, y por un instante, sentí
que todo podría estar bien.
-------—Te vi —murmura Cielo, su voz apenas audible en el
silencio que envuelve la habitación—. No con los ojos… con
el pecho. Sentí que te apagabas. Que el bosque se volvía gris,
como si hubiera perdido todo su color.
-------Aurora no dice nada. Solo asiente, sus ojos llenos de
una emoción que no puede expresar con palabras. Como si
también lo hubiera sentido, aunque no sabe explicarlo. Se le
nota en la cara, ese miedo aterrador que parecía
indescriptible para ella. Sus manos, temblorosas, se aferran a
las mías con una fuerza que me reconforta y a la vez me
__inquieta. Algo en el aire cambió. Como si el bosque mismo
amortencia
132
hubiera perdido el aliento por un instante, dejando un---
vacío que ahora llenamos con nuestras respiraciones
entrecortadas.
-------—¿Dónde estoy? —pregunto, mi voz débil y
temblorosa.
-------—Estás en la casa de la finca —responde Aurora, su
voz firme aunque no del todo segura—. Menos mal que la
puerta la dejaste abierta… ¿Qué viste? ¿Qué pasó?
-------Me tomo un momento para pensar bien qué decirles.
No estaba segura de por dónde empezar, de si debería. Mis
pensamientos son un torbellino de imágenes y emociones,
cada una más aterradora que la anterior. Pero ellas estaban
ahí por algo, porque se daban cuenta de que algo pasaba.
Porque verdaderamente les preocupaba. Veo en sus rostros la
preocupación, la incertidumbre, pero también una
determinación que me da fuerza. Sentí miedo de que no me
creyeran todo lo que vi, todo lo que sabía.
-------Pensarían que estaba loca.
-------Aunque ese pensamiento me pareció ridículo dado el
momento que estábamos compartiendo ahora mismo. Sí,
estaba loca por haber entrado a un sendero que no conocía
en medio de la nada sin contarle a absolutamente nadie. Y
también pensé en algo más: que lo había hecho estando
acostumbrada a no contar con nadie, a que yo sola podía
cargar con todo. Pero al verlas, a las dos, me di cuenta de
que no, que si ellas estaban conmigo ahí era porque
realmente no estoy sola en esto.
-------Decidí, por primera vez en mucho tiempo, volver a
confiar. Mis palabras salen lentamente, como si cada una
pesara más que la anterior.
-------—Vi cosas que no deberían existir —digo, mi voz---
amortencia
133
---apenas un susurro—. El bosque se transformó, se volvió
oscuro y hostil. Sentí--- un frío que no venía del aire, sino de
dentro de mí. Como si algo estuviera tratando de apagarme,
de borrar mi existencia. No sé cómo escapé, solo sé que corrí
sin mirar atrás. Y cuando llegué aquí, me di cuenta de que no
podía hacerlo sola.
-------Aurora y Cielo se miran, una silenciosa complicidad
entre ellas. Luego, volvemos a mirarme, sus rostros llenos de
determinación.
-------—No estás sola —dice Aurora, su voz firme y
protectora—. Estamos aquí para ayudarte. Cualquier cosa
que hayas visto, lo enfrentaremos juntas.
-------Cielo asiente, sus ojos brillando con una mezcla de
miedo y resolución.
-------—No importa lo que sea, lo enfrentaremos juntas —
repite, sus palabras llenas de convicción.
-------En ese momento, siento un calor reconfortante que no
viene del fuego de la chimenea, sino de la presencia de mis
amigas. Por primera vez en mucho tiempo, me siento segura,
protegida. Y sé que, juntas, podremos enfrentar lo que sea
que el bosque nos tenga preparado.
-------—Vi un santuario… oculto —digo, mi voz temblorosa
—. Entre árboles que no reconocí. Vi un torii… mezclado
con símbolos… como los que usaban los griegos. Y escuché
voces. Voces que decían mi nombre, pero en idiomas que no
entiendo.
-------Cielo levanta la cabeza, y hay un brillo extraño en sus
pupilas, como si una luz interior hubiera sido encendida.
-------—Ese sendero existe —dice, su voz cargada de una
certeza que no había escuchado antes—. Nuestra abuela me
__hablaba de él. Decía que es uno de los caminos secretos del
amotencia
134
bosque. Que solo los que llevan sangre antigua pueden---
cruzarlo.
-------La miro fijamente. Hay algo nuevo en esa voz, algo que
nunca había escuchado antes: certeza.
-------—¿Vos… lo conocías?
-------—Sí, pero no así —responde Cielo—. Nunca vi un torii.
Ese lugar no estaba antes. O estaba dormido.
-------Aurora nos observa en silencio, como si se sintiera
fuera de lugar, aunque está sosteniendo la manta con fuerza,
intentando transmitirme algo de su calidez. Intento sentarme
mejor, el frío ya no me paraliza tanto. Y entonces, me
acuerdo. Meto la mano en mi bolsillo húmedo. Mis dedos
aún temblorosos, pero encuentro las hojas. Las notas del
abuelo. Algunas se han borrado, dejando solo trazos de
tinta, pero una en particular sigue entera. Y en ella, un
nombre grabado con fuerza: Alicia. El de mi madre.
-------—Mirá —digo, extendiendo la hoja temblorosa—. El
abuelo escribió esto. Es el nombre de mi mamá.
-------Aurora y Cielo se inclinan para ver la nota. Sus rostros
reflejan la misma sorpresa y confusión que siento yo.
-------—Alicia —repite Cielo, su voz llena de extrañeza—.
¿Por qué el abuelo escribió el nombre de tu vieja en este
lugar?
-------—No lo sé —admito, mi voz cargada de incertidumbre
—. Pero tiene que haber una razón. Tal vez todo esto está
conectado de alguna manera.
-------Aurora asiente, su mirada pensativa.
-------—Sea lo que sea, lo descubriremos juntas —dice, su voz
firme y reconfortante.
-------Cielo también asiente, su rostro esta iluminado por una
determinación renovada.

135
-------—No estas sola en esto —añade—. Juntas, podremos
entender lo que está pasando.
-------En ese momento, siento un nuevo calor en mi interior,
no solo por la manta, sino por la certeza de que no estoy
sola. Mis amigas están a mi lado, y juntas, enfrentaremos lo
desconocido.
-------Debajo, una línea tachada con violencia. Casi ilegible,
pero no lo suficiente: Afrodita.
-------El papel está húmedo, pero la tinta aún sangra con
fuerza. La palabra vibra como si tuviera peso propio. Como
si no fuera un simple nombre, sino un eco enterrado bajo
generaciones de silencios. Aurora lo ve también. Su ceño se
frunce, más por instinto que por comprensión. ¿La Diosa?
¿Qué tenía que ver en todo esto? Y sin embargo, está
grabado en las notas de su abuelo.
-------—¿Qué significa esto? —susurro.
-------Pero ninguna responde. Porque no hay respuesta para
esa pregunta.
-------De repente, el viento cambia. Se detiene. El bosque no
se mueve, no respira, no cruje. Como si todo se hubiera
sumido en una pausa absurda. Incluso el agua que cae de las
hojas parece esperar.
-------Y entonces, una voz.
-------—Elysia…
-------No es un grito. No es siquiera un llamado. Es un soplo
en el oído, como si alguien estuviera a nuestro lado, a
centímetros, susurrándonos en una lengua que nunca escuché
pero que sí comprendí. Mi cuerpo reacciona con un
escalofrío que me atraviesa de pies a cabeza. Aurora se gira
de golpe, ella también lo ha escuchado. Pero Cielo no parece
__asustada. Sólo observa entre los árboles, con los ojos
amortencia
136
entrecerrados, como si buscara algo que está acostumbrada--
a presentir.
-------—No estás sola —dice, sin más—. Ellos ya te conocen.
-------—¿Quiénes? —pregunto, mi voz temblorosa.
-------—Los espíritus del bosque —responde Cielo, su voz
firme y llena de certeza—. Los que cuidan. Los que
recuerdan —Hace una pausa y me mira fijamente—. Y los
que custodian las verdades que nadie quiere mirar.
-------Sus palabras me dejan sin aliento. Hay una
profundidad en su voz que nunca había escuchado antes,
como si estuviera revelando secretos que lleva guardados
desde siempre. Aurora y yo intercambiamos una mirada
llena de inquietud, pero también de una nueva
determinación.
-------—¿Qué quieren de mí? —susurro, más para mí misma
que para ellas.
-------Cielo no responde de inmediato. Sigue observando el
bosque, como si esperara que las respuestas vengan de allí.
-------—El bosque tiene su propia memoria —dice al fin—. Y
tú, Elysia, eres parte de esa historia. Ya sea que lo sepas o
no, ya sea que lo quieras o no.
-------En ese momento, siento un nuevo escalofrío, pero esta
vez no es de miedo. Es una mezcla de intriga y aceptación.
Por primera vez, comprendo que no estoy sola en esto. Que
hay fuerzas más antiguas y poderosas que yo, y que, de
alguna manera, están a mi lado.
-------—Tengo que saber por qué mi abuelo escribió esto.
Qué sabía de mamá. Qué relación tiene ella con ese lugar.
-------—Y con ese nombre —agrega Aurora en voz baja—.
Afrodita… no es cualquier nombre.
-------Cielo se acerca, envuelve mis manos con las suyas.

137
-------—El bosque va a mostrártelo. Pero solo si estás lista
para escuchar.
-------La puerta de la casona seguía abierta, las chicas en su
preocupación no se dieron cuenta de cerrarla, lo que me
permite ver, entre las sombras, que algo se mueve. No una
figura. No un animal. Es un parpadeo en el aire, una
distorsión leve en la forma del mundo. Como si el paisaje se
hubiera abierto por un instante. Como si alguien más
estuviera ahí, detrás del velo. No grito. No huyo. Solo me
quedo quieta.
-------Y en el silencio, nace una certeza que me brota en el
pecho: Este bosque no olvida a los suyos.
-------La lluvia se disipa como la niebla cuando cae la tarde.
Todo vuelve, poco a poco, a la normalidad. El viento retoma
su curso. Los árboles crujen. Las hojas gotean. Parpadeo,
confundida, mientras mi cuerpo vuelve a tiritar con fuerza.
-------—Tenemos que secarte ya —dice Aurora con firmeza.
-------Las tres nos acercamos, yo con mucha ayuda, a la
chimenea que Cielo había prendido con la leña que se
encontraba adentro. Aurora me ayuda a quitarme la ropa
empapada. Las manos nos tiemblan, pero logra sacarme la
remera, los pantalones y los zapatos con las medias llenas de
barro. Cielo me envuelve en la manta gruesa con la que me
había envuelto Aurora al traerme, dada vuelta, dándome
solo el lado que estaba más seco.
-------—No es la primera vez que el bosque me obliga a
esperar bajo la lluvia —dice Cielo, con voz tranquila—.
Aprendí a estar lista.
-------—Eso es cierto —responde su hermana con orgullo.
-------Aurora frota mis brazos para devolverle el calor. Luego
__las tres nos sentamos en cuclillas frente al fuego, apenas
amortencia
138
cubiertas con las mantas, secando las prendas de a poco---
que colgaban en los reparos de las sillas del comedor frente al
calor tenue.
-------El silencio me pesa menos ahora. Me siento viva,
aunque agotada. Las piernas me duelen. El pecho también.
Pero el temblor, al fin, empieza a ceder.
-------—¿Qué fue eso que escuchaste? —pregunta Aurora,
más suave ahora, sin miedo.
-------Yo tardo en responderle. Miro el fuego. Miro a Cielo.
Mis palabras salen a trozos.
-------—Alguien dijo mi nombre. En otro idioma. Sentí que
no era un recuerdo. Era... real. Como si alguien me estuviera
mirando. Desde muy cerca.
-------Aurora asiente. No cuestiona. No intenta buscar
explicaciones. Ella solo escucha, atenta y paciente.
-------—Y... vi algo antes de eso. Un santuario. Entre
árboles… con símbolos. No eran solo japoneses. Había
figuras griegas también. Como si alguien los hubiera
mezclado a propósito. Como si…
-------—Como si ese lugar estuviera hecho para vos —
completa Cielo.
-------—Vos sabías —mis ojos se centran directamente en
Cielo, insistentes por saber lo que ella sabe.
-------Ella bajo la mirada, y por primera vez parece más chica
que sabia.
-------—Mi abuela me hablaba de ese sendero. De un lugar al
que nadie debía ir sola. Decía que los espíritus custodiaban
ese espacio, pero nunca me habló de un torii japonés, ni de
símbolos griegos. Yo misma nunca los vi.
-------—¿Y por qué seguiste ese camino?
-------—Porque sentí que te perdías. Sabia que volverías---
amortencia
139
---aquí, ayer note que observabas mucho el sendero. No
disimulas bien cuando estas ansiosa. Y el bosque no me dejó
quedarme quieta.
-------Tomo aire. El calor de la fogata empieza a alcanzar mis
huesos. Aurora se levanta y va hacia la cocina, encuentra una
pava eléctrica a la que llena de agua, y la pone a calentar.
Comienza a busca entre los estantes algo que no alcance a
ver desde donde estaba. Después de un buen rato, ella se
acerca y me pasa una taza de metal con algo tibio adentro:
agua con jengibre y unas hojas que no reconoce.
-------Es amargo... y picante, pero reconfortante.
-------—Gracias... —dije, al fin, con voz ronca.
-------Las tres nos quedamos en silencio un momento,
escuchando el crujir del fuego. Afuera, la lluvia empieza a
ceder. Vuelvo a mirar el papel arrugado que había guardado
en medio del caos. Aún con la tinta corrida se podía leer. Mi
dedo roza el nombre tachado: Afrodita.
-------—Mi madre… mi abuelo… Hay algo que no me
contaron.
-------Aurora se inclina para leerlo también. Y por primera
vez, sus ojos no se apartan.
-------—Tal vez no es solo que no te lo contaron —dice—.
Tal vez no sabían cómo hacerlo.
-------El fuego crujía con fuerza en la casona. Las gotas
ya más calmadas, seguían cayendo afuera, pero el calor
comenzaba a envolvernos como un abrigo antiguo que aún
conserva el olor de la infancia. Cielo y Aurora le dieron
vuelta a la ropa que colgaba en las sillas cercanas al hogar,
con el cuidado de quien sabe que el tiempo húmedo no
perdona. Íbamos a quedarnos hasta que la lluvia parara,
__porque era peligroso bajar con la creciente tan alta, y la
amortencia
140
ropa estuviera lo mayor seca posible. Aproveche para---
caminar descalza por el suelo de madera, reconociendo cada
crujido con una punzada de nostalgia.
-------La casona no había cambiado tanto. Las vigas altas, el
ventanal cubierto por cortinas gruesas, las paredes de piedra
que aún conservaban rastros de humedad del invierno
pasado. Todo olía a madera vieja, a tierra mojada... y a algo
más: a historia viva. Me detuve frente al gran mueble de
roble que siempre me había parecido un castillo. Lo abrí. Allí
seguían las tazas de cerámica con borde dorado que su
madre cuidaba como si fueran reliquias sagradas. En el
fondo de una de ellas encontré una pequeña figurita: un
samurái tallado en madera, de unos pocos centímetros. Casi
se me escapa una risa.
-------—Lo escondí acá cuando tenía nueve años —murmure.
-------—¿Qué es? —preguntó Cielo desde el fuego.
-------—Mi primer amor —dije, acariciando la figurita con el
pulgar—. Mi primer amor platónico de cuando era niña. Yo
en ese entonces soñaba con una historia de amor con un
joven samurái. El único en saberlo fue mi abuelo. Él y yo
jugábamos a ser samuráis desde entonces. Él me enseñaba
cómo sostener un palo largo, cómo mover los pies. Decía que
no era un juego, que era disciplina, respeto, equilibrio. A
veces usábamos varas de bambú… y otras veces solo la
imaginación.
-------Camino hasta el sillón grande y me dejó caer, envuelta
aún en la manta. Cierro los ojos. Recordando esos veranos
llenos de sol, de lagartijas trepando las piedras calientes. Mi
madre, joven, recostada en una hamaca de tela, leyendo un
libro y peinando su cabello con los dedos. El sonido del río al
fondo. Su risa. Su voz diciéndome que no corriera tan---
amortencia
141
----rápido, que iba a caerme. Mi abuelo en el jardín, cavando
con las manos, plantando hierbas que luego mi abuela misma
ayudaba a secar para sus infusiones.
-------—Eran días tan largos… —susurro—. Sentías que el
verano no iba a terminar nunca —Aurora se acercó con una
taza de té humeante.
-------—¿La extrañas?
-------No respondí enseguida.
-------Solo miro el vapor elevarse.
-------Estaba muy dolida con mi madre, por haber estado tan
ausente en los últimos años. Ese tipo, Carlos, la trataba
horrible y yo no entendía por que estaba tan sumergida en él.
Luisana era muy pequeña para entender eso, y a su vez la
que más la necesitaba.
-------Yo la necesitaba.
-------—Mucho. Pero también me enoja no haber sabido
quién era realmente. No por lo que ocultó… sino porque me
habría gustado conocerla completa, como mujer. No solo
como mamá —Cielo se sentó en el suelo, con las rodillas
abrazadas.
-------—Quizá eso es lo que ahora estás haciendo.
-------—¿El qué?
-------—Conocerla... —dijo—. A veces recibimos la
información de una forma que nos ayude a aceptar la
realidad. ¿Le hubieras creído su historia si un día de la nada
viene y te la cuenta?
-------Se me hizo un nudo en la garganta.
-------—Tal vez… esto no era solo un juego para él —dijo—.
Tal vez estaba preparándome sin que yo lo supiera.
-------Y en ese momento, más que nunca, sentí que no estaba
__sola en esa casa. Que mi historia no empezaba con ella, ni
amortencia
142
siquiera con mi abuelo.
-------Que era una línea que venía desde más atrás, desde el
bosque, desde el otro lado del mar, desde los silencios que se
habían escondido entre las paredes de esa casona antigua.

141
Secr
etos
-------La llovizna había quedado atrás. El camino hacia la
ciudad se presentaba como una serie de curvas difusas entre
la niebla de la ya entrada noche. Aurora, al volante de auto,
era la primera vez que la veía manejar. Es mucho más
prudente que su hermana menor. Conducía con los nudillos
blancos de tensión. Cielo dormitaba en el asiento trasero, y
yo miraba por la ventanilla en silencio, con los ojos fijos en el
horizonte gris. El aire olía a tierra mojada, a asfalto recién
pisado, a presentimientos.
-------Unos que no pensaba tener bajo ese paisaje.
-------Cuando llegamos a la casa de papá, algo se sintió
raro. Las macetas estaban caídas. La reja abierta. Una
zapatilla sola junto a la puerta. Y ese silencio... ese silencio
que no era normal. Bajé lo más rápido que pude corriendo
hacia el portón.
-------Fue Teo quien abrió. Tenía el rostro marcado por el
insomnio, el cabello despeinado y la camiseta manchada con
lo que parecía sangre seca. No hubo palabras. El terror se
apodero de mí.
-------—Tu papá está en el hospital —dijo simplemente,
con la voz rasposa.
-------La sangre se me fue del cuerpo. Cielo me agarró de la
cintura.
-------—¿Qué pasó?
-------—Lo asaltaron en la puerta... Apenas había llegado de
viaje. Fue todo muy rápido. Intentó resistirse. Le dieron un
golpe fuerte en la cabeza. Él cayó. No despertaba.
-------Aurora se llevó las manos a la boca. Mi corazón latía a
toda velocidad y con fuerza mientras él hizo un gesto hacia el
__interior.

146
-------—Estoy cuidando la casa. Estoy... haciendo lo que---
puedo.
-------Instintivamente me acerque a él y tome su mano,
necesitaba saber que estaba bien. La sangre en su ropa me
tenia asustada, y me asustaba más aún saber que mi papá
había corrido esa suerte espantosa. Mi cuerpo templaba al
entrar a la casa, solo la entrada estaba forzada, lo demás
estaba bien, intacto. Nora y sus bebés estaban acostados en
el sillón, los pequeños dormían pero su madre estaba con
ellos preocupada y en alerta.
-------Pasé al baño rápido, me tomé una ducha caliente en lo
que Cielo buscaba ropa limpia para mí y Aurora hablaba
con Teo más calmadamente para que le contara sobre lo
sucedido.
-------No me di cuenta, hasta que salí del baño ya lista, de
que era la primera vez que los veía juntos a los tres. Y por
primera vez en mucho tiempo, me sentí acompañada. Esperé
paciente a que Teo volviera por mí, después de tanta
insistencia lo enviamos a que también se bañara y cambiara
de ropa. Cielo se tomo el atrevimiento de hacernos una sopa
de fideos cabellos de ángel con caldo de gallina. Mi alma
volvió a mi cuerpo. Cuando él llego, Cielo lo hizo comer
antes de que me llevara con papá.

-------En el hospital, el tiempo perdió su forma. no podía


despegarme de la ventana de terapia intensiva. Papá estaba
entubado, pálido, irreconocible. El hombre que había sido
mi equilibrio durante tantos años ahora parecía un niño
roto.

147
-------Me quedé noches enteras sentada en esa sala de espera
con olor a café recalentado y desinfectante. Recordando
cuando él me llevaba a pescar. El modo en que secaba su
cabello con una toalla enorme y me hacía creer que era un
"capullo de mariposa". Recordé las noches de tormenta
cuando me metía en su cama sin preguntar, y él me contaba
historias de su madre, pero siempre con una sonrisa falsa.
Como si ocultara algo.
-------Teo venia todos los días. Siempre traía comida, un
cambio de ropa, libros. Se quedaba en silencio a mi lado,
respetando mi angustia sin invadir. Su presencia se sentía
como una brasa tibia cerca del pecho. A veces el cansancio
podía más en mi y él se aseguraba de que pudiera descansar
sobre sus piernas acostándome sobre el banco del pasillo.
-------Una tarde, al fin, el cuerpo del herido respondió. El
monitor cambió de ritmo. El hombre que vestía con su
guardapolvos blanco, seguido por una mujer de equipo
celeste entro a la habitación.
-------Me quede aquí, mirando la puerta, segundos...
minutos... se me hacia eterno. Hasta que al fin frente a mí, el
médico salió con una sonrisa leve.
-------—Despertó.
-------Y antes de que él siguiera diciendo algo más, corrí a
verlo. La habitación del hospital estaba llena de luces tenues
y el aroma antiséptico que siempre me resultaba tan ajeno.
Papá tenía los ojos apenas abiertos, como si cada pestañeo
fuera un esfuerzo monumental. Pero me miraba, y en esa
mirada reconocí un destello de vida. Me reconoció. Se le
llenaron los ojos de lágrimas, lágrimas que brillaban como
diamantes bajo la luz suave. Intentó hablar, pero las palabras
__se quedaron atrapadas en su garganta, como si la emoción
amortencia CCCDDDDD
148
las hubiera ahogado.
-------Y yo... yo solo le tomé la mano, una mano que sentí
fría y temblorosa, pero que aún conservaba un poco de la
fuerza que siempre había admirado.
-------—Estoy acá. Estoy con vos. Todo está bien, papá —le
susurré.
-------En los días siguientes, hablábamos a medias, como si
cada palabra fuera una gota en un mar de silencio. Mi padre
intentaba explicarme algo, pero se detenía, como si las
palabras fueran demasiado pesadas para cargarlas. Decía
cosas sin terminar. Que debía haberme contado antes, que
era peligroso, que mamá había dejado algo inconcluso, una
tarea que pesaba sobre él como una losa. Que el bosque no
perdona, un lugar donde los secretos se entrelazan con las
ramas y las sombras. Que no debería haberme dejado sola,
que era su culpa, que debía haber estado a mi lado. Que era
posible que mis ojos estuvieran cambiando, un cambio sutil
pero inquietante que no podía ignorar.
-------—¿Qué me estás diciendo, papá? ¿Qué me pasa?
-------Se quebró. Lloró como un niño, lágrimas que caían
silenciosas sobre las sábanas blancas, como gotas de lluvia en
un mar de algodón. Pero no dijo más. Me dolió verlo así, tan
vulnerable y desamparado. La última vez que lo había visto
de esa forma fue cuando mi madre le pidió el divorcio, un
momento que había marcado nuestras vidas para siempre.
Lo abracé, lo consolé, sintiendo el latir de su corazón contra
el mío, un latido que resonaba como un eco de nuestro
pasado. Y me consolé a mí misma, por el susto que nos
dimos mutuamente sin querer, un miedo que nos unía más
allá de las palabras.
-------De noche, volvía a la casa. Las calles estaban---
amortencia
149
---desiertas, iluminadas solo por la tenue luz de la calle, que
proyectaban sombras alargadas y danzantes sobre el asfalto.
Teo se quedaba con él hasta que yo volvía en la mañana. Esa
era mi rutina desde que había despertado, una rueda que
giraba sin cesar, movida por el amor y la preocupación. A
veces se quedaba a cuidarlo mi tía Laura, su hermana, en las
noches, cuando solo le tocaba trabajar en la escuela en la
tarde al día siguiente. Me dejaba más tranquila el saber que
todos podíamos descansar bien; teníamos que estar fuertes
para mi papá, como columnas que sostienen una casa en
tiempos de tormenta.
-------Después de cenar, más tranquila, decido revisar los
cuadernos viejos y las cosas que del abuelo que había
guardado. La casa estaba en silencio, salvo por el suave tic-
tac del reloj de pared y el murmullo de la noche que se
filtraba por las ventanas. En uno de los cajones, hallé una
carta inconclusa escrita a mano. El papel estaba amarillento,
con el paso del tiempo, y la tinta se había desvanecido
ligeramente, como si las palabras estuvieran a punto de
desaparecer. En ella, mi abuelo hablaba de un pacto
ancestral, de "la promesa al bosque". De una traición que
resonaba como un eco en las profundidades de mi memoria.
-------Estaba tan concentrada en lo que leía que no escuché a
Teo entrar sin avisar. Había estado buscándome,
moviéndose con la misma agitación que una hoja arrastrada
por el viento.
-------—Fuiste a la finca, ¿no? ¡Sola! —vino directo a mí
como una bola de nervios, los ojos brillantes de
preocupación.
-------—¿Cómo es que sabes eso? —le respondí en seco,
__mirándolo desde abajo sentada en la silla, mi voz cortante
amortencia
150
como un filo de cristal.
-------—Cuando llegaste esa noche pensé que habías salido
con tus amigas, pero me crucé a Aurora preguntándome si
no te habías enfermado después de estar tan expuesta a la
lluvia. ¿Fuiste sola, no?
-------—No podía esperar —respondí, mi voz apenas un
susurro.
-------—¡Era peligroso, Lyra! No sabés cómo es el lugar, no
lo conoces. ¡Pudiste no volver! —su voz se quebró, como si
cada palabra fuera un golpe.
-------—¡No es tu decisión! ¡No sos mi guardaespaldas! —
repliqué, la ira hirviendo en mis venas.
-------—Tu papá confió en mí. Y yo estuve... —se detuvo,
como si hubiera hablado de más, las palabras quedándose
atrapadas en su garganta.
-------—¿Estuviste qué, Teo? —esta vez me paré, poniendo
mis manos sobre la mesa, mirándolo fijamente, los ojos
entrecerrados como si quisiera leer más allá de sus palabras.
-------—Desde el principio.
-------El silencio cayó como una piedra entre nosotros,
pesado y opresivo, como el silencio que precede a una
tormenta.
-------—¿Cómo que desde el principio? ¿De qué me estás
hablando, Teo? ¿Desde que te caíste de la bicicleta en plena
calle?
-------Aún con su color oscuro de piel, se podía notar que
estaba sonrojado, que estaba rojo, avergonzado. Y eso me
dio ternura, una ternura que se mezclaba con la irritación y
la curiosidad. Pero seguía molesta por su actitud y lo que me
estaba ocultando. Y ya me estaba cansando de vivir entre los
secretos de los demás, secretos que parecían tejer una red---
amortencia
151
---invisible a mi alrededor.
-------—Yo no sabía quién eras en ese momento, Lyra... —su
voz sonaba más pausada, como si tratara de no decir algo
incorrecto—. Pero lo supe en el momento que me dijiste que
vinieras a ayudarme con las ratas —Miró a Nora, que estaba
amamantando en su casita de cartón, la misma que él
construyó.
-------—¿Y quién soy para vos, entonces? —Mi corazón
comenzó a agitarse al darme cuenta de la profundidad de esa
pregunta.
-------—Eres la hija de mi jefe. —Me quedé paralizada
mientras él se acercaba a mí, dando la vuelta a la mesa—.
Alejandro me pidió que cuidara su casa durante su viaje. Yo
acepté porque vivo en la casa de atrás. —Señaló la puerta
que da al patio con la cabeza—. Nuestros patios están
juntos, y podía ver desde ahí.
-------—¿Esa noche cruzaste la medianera? —Necesitaba
saber cómo había llegado a mí esa noche.
-------—Literalmente... me tiré —Me mostró su mano,
haciendo una mueca con los labios. Tenía una cortada
reciente, pero estaba sanando. Verlo herido hizo que bajara
la guardia—. Lamento haberte asustado esa noche. Tal vez,
si te decía quién era, lo habrías tomado de otra forma. Pero
es que me dio pena decirte quién era —Bajó la mirada con
vergüenza, y eso me partió el corazón.
-------No sabía qué decirle, y lo único que me salió hacer fue
abrazarlo. Estuvimos así un largo tiempo, que pareció
eterno, como si el mundo se detuviera. Y de repente me sentí
insegura.
-------—¿Hiciste todo esto por mi papá? —susurré.
-------Él se separó un poco de mí para mirarme a los ojos. Era
amortencia
152
la primera vez que lo tenía así de cerca, casi rozándome.
-------—¿De verdad me vas a preguntar eso? —Sus ojos me
mostraban decepción.
-------Hizo algo que pensé que no haría. Él se alejó. Me miró
como si ya no supiera quién era. Como si también tuviera
miedo. Y... por primera vez, me sentí sola. Realmente sola.
El tipo de soledad que viene de descubrir que todo lo que
creías sobre tu familia, tus afectos y tu historia está lleno de
huecos. Y que nadie puede salvarte de lo que hay en esos
vacíos.
-------Esa noche me obligue a dormir de lo triste que estaba.

-------Después de desayunar y dejar todo en orden para los


pequeños polizontes de la casa, volví al hospital. Llevo un
poco de pastaflora de frambuesas que había cocinado la
tarde anterior, escondida para que comamos juntos con
papá. Me siento a su lado en una pequeña silla junto a la
camilla, él dormía.
-------—Estoy lista —susurró, sin saber bien para qué—. Pero
decime la verdad. Aunque duela. Aunque lo cambie todo.
-------Los secretos no se entierran. Vuelven. Siempre vuelven.
Nada esta oculta por siempre: 89Hay tres cosas que no se
pueden ocultar jamás, el sol, la luna y la verdad.99 Y así, esa
frase que llego a dar luz a mis emociones, se quedo en mí
como una verdad. Porque así como ellos tienen secretos, yo
también los tengo.

153
Trans
gresor
-------Todo comenzó con una molestia leve, un cansancio que
confundí con agotamiento emocional. El cuerpo, como
siempre, se encargaba de avisarme lo que el alma no quería
ver. Primero fueron los mareos, como si cada paso me
pusiera el mundo a tambalear. Luego, una presión detrás de
los ojos, latente, como si mi mente quisiera escaparse de su
cráneo para volverse aire.
No lo dije en voz alta, no al principio. Sabía bien que Teo
estaba agotado, que mi padre seguía postrado en una cama
de hospital, y que cualquier mínimo cambio en ella alteraría
ese frágil equilibrio que los sostenía. Pero el cuerpo no
miente.
Una madrugada, simplemente ya no pude levantarme.
La fiebre me nubló el pensamiento, el frío se calaba en mis
huesos desde adentro, como si hubiera traído la lluvia del
bosque en el pecho. Soñaba con cosas extrañas: la casa de mi
infancia bajo un cielo de ceniza, la risa de Flor al otro lado
de un muro que no podía cruzar, y a mamá, de espaldas,
dibujando constelaciones en la mesa del comedor.
-------Cuando abrí los ojos, ya no estaba en el cuarto, sino en
el viejo sofá de la sala. Cielo me pasaba un paño húmedo por
la frente con manos temblorosas, hablándome en voz baja
como si cantara para calmar un pájaro herido.
-------—Teo me llamó. Me dijo que no te encontraba bien.
Ya está con tu papá, vos no te preocupes por nada. Ahora te
toca descansar —me susurró.
-------Intenté contestar, pero solo termine emitiendo un
sonido rasposo, entre un quejido y una pregunta que no
recordaba haber formulado. Cielo me cubrió con una manta
__gruesa, y puso a hervir algo en la cocina, una mezcla de
amortencia
156
jengibre, menta y cáscaras de naranja.
-------Durante horas, o quizás días, porque el tiempo se
volvía un charco difuso entre fiebre y vigilia, estuve flotando
entre fragmentos de recuerdos. Mi madre, joven,
encendiendo velas los días de lluvia <para protegernos de los
truenos=. Mi padre cortando leña detrás de la finca mientras
ella lo espiaba por la ventana. El abuelo en bata,
hablándome de los "duelos honorables", aunque yo solo
tenía seis años y usaba una cuchara de madera como katana.
-------La sensación de vulnerabilidad me quebró. No era solo
el-cuerpo enfermo. Era la certeza de que algo dentro de mi
estaba cambiando, como si la fiebre despegara capas viejas
de piel, pero también de historia. En mi pecho, como una
verdad que no quería ser pensada, se apretaba el recuerdo de
Flor.
-------La última vez que la había visto, libre, entera, fue
una semana antes de la tragedia. Estábamos en su casa,
escuchando la música que pasaban en la radio, y Flor reía
mientras sostenía su panza. El bebé se llamaría Dylan.
Cuando toque por primera vez su panza ante la noticia de su
positivo, supe que seria niño. Y no me equivoque, el día que
los médicos lo confirmaron yo le dije que él seria su ángel
guardián. Le acaricio el cabello mientras tejíamos planes
imposibles para cuando todo estuviera bien. Nada estuvo
bien después. Ni el grito, ni la sangre, ni la impotencia de no
llegar a tiempo. Ni la mirada vacía de Enrique, como si la
vida de dos personas no pesara nada.
-------Un escalofrío me sacudió, escuche el correteo de Cielo a
mi lado con otra manta.
-------—Shhh... no pienses. Solo deja que pase.
-------Pero no podía dejar que pasara. Porque la fiebre---
amortencia d ddd
157
---no era solo física. Era duelo sin nombre. Era miedo. Era la
culpa latiendo en las venas como un veneno sutil.
-------Cuando por fin pude mantenerme sentada, una tarde
en que la luz entraba filtrada por las cortinas de lino viejo,
Cielo me tendió una taza caliente y se sentó frente a mi con
una mirada dulce pero firme.
-------—No podés seguir cargando sola todo esto. No estás
sola, ¿sabés?
-------Asentí, aunque no supe bien si fue con la cabeza o si
solo lo hice con el alma.
-------La fiebre comenzaba a ceder, pero algo nuevo había
nacido en su lugar. Una fragilidad lúcida, una puerta que por
fin estaba dispuesta a abrirse. El día que la fiebre por fin se
rindió, mi cuerpo se sentía hueco, como una casa recién
desalojada. La ropa de cama aún olía a alcanfor y limón, y
mis manos temblaban al sostener la taza de té como si fuera
un fragmento de cristal.
-------Cielo me preparó una bandeja pequeña: pan tostado
con miel y una porción mínima de frutas cortadas con
precisión de relojero. Me sentí como una niña en reposo,
pero también como una mujer quebrada que trataba de
recordar en qué momento había olvidado cuidarse.
-------—¿Cómo estás hoy? —preguntó Cielo, sentándose en el
borde del sofá con su cuaderno arrugado en el regazo.
-------No respondí enseguida. Mire hacia la ventana, donde la
luz de la tarde se derramaba en los muebles como miel
espesa. Pensó en papá, en Teo, en la vida que seguía
ocurriendo aunque yo hubiera bajado de la marcha por unos
días.
-------—Todavía siento que hay algo dentro de mí… que no
__volvió del todo —murmuró.

158
-------Cielo asintió, y entonces sacó un objeto envuelto en---
una tela beige con bordes desgastados. Lo colocó sobre mis
piernas con cuidado, como si pesara más de lo que
aparentaba.
-------—Esto… estaba entre las cosas de tu abuelo. No estaba
escondido, pero tampoco parecía querer ser encontrado. Lo
vi una vez cuando era chica, y me pareció hermoso. Pero
ahora, no sé por qué… creo que es tuyo.
-------Lo mire un momento, registrándolo en mi memoria,
retiro la tela con mis dedos lentos, con el peso de quien abre
una carta que podría cambiar su historia. Era un libro de
tapa dura, con el cuero oscuro desgastado en las esquinas.
No tenía título en el lomo, solo un grabado casi invisible en
la cubierta: un círculo rodeado de pequeñas marcas que no
eran letras, sino símbolos astrales.
-------Lo abro sin pensar, y el olor antiguo del papel me llenó
el pecho de un modo inexplicable. En la primera página
había un nombre escrito con tinta a puño tembloroso:
Kaelya.
-------La palabra le hizo cosquillas en los huesos.
-------Lo recordaba de mis sueños. Del mis bosque.
-------—Ese nombre… —susurro, sabiendo por qué me
resultaba tan íntimo. Como una canción que me había
sabido de niña y olvidado, hasta hoy.
-------—Es tu verdadero nombre —dijo Cielo con suavidad
—. Lo leí en los márgenes de este libro. Tu abuelo anotaba
cosas… observaciones, sueños, mapas. Hay dibujos también.
Constelaciones. Símbolos. El nombre aparece muchas veces,
junto al tuyo, como si fueran la-misma persona.
-------Pasó las hojas, y ahí estaban: fragmentos de un idioma
que parecía inventado, diagramas estelares, y pequeños---
amortencia
159
---textos en los que se describían <recuerdos dispersos=,
<imágenes de fuego=, <ojos color obsidiana=, y frases como
89ella sueña lo que vivió en otro tiempo99.
-------Se le hizo un nudo en la garganta.
-------—Mis sueños…
-------—Son recuerdos, Ely —afirmó Cielo, rozándole la
mano—. Tal vez no en el sentido que conocemos. Pero son
fragmentos de algo que te pertenece. Y eso... eso se ve claro
en este libro.
-------Cerré los ojos un segundo, dejando que el mundo
exterior se desvaneciera. Sentí la presión leve detrás de los
párpados, como una bruma que se acumula antes de que la
fiebre comience a hacer su danza. En ese instante, los
recuerdos se agolparon en mi mente. Recordé a mi madre, su
voz suave y melódica, hablándome de las estrellas, de la
importancia de la hora de nacimiento, de por qué habían
elegido mi nombre. De por qué mi luna estaba en conjunción
con algo "fuera de carta", algo que desafiaba las normas del
universo conocido.
-------—Kaelya —susurré otra vez, saboreando el sonido en
mis labios, dejando que las sílabas se deslizaran como un
susurro de viento a través de un campo de trigo—. Suena… a
algo que fui. A algo que dejé atrás para convertirme en
Elysia.
-------—O tal vez nunca dejaste de serlo —respondió Cielo,
con una ternura apenas empañada por la preocupación,
como si cada palabra fuera una gota de rocío en la mañana,
brillante y frágil—. Tal vez lo que estás viviendo ahora es…
el regreso.
-------No dije nada. Me limité a abrazar el libro contra mi
__pecho, sintiendo el peso y la textura del papel antiguo,
amortencia
160
como si eso bastara para que los fragmentos de mi pasado---
se unieran, como piezas de un rompecabezas esparcido por el
tiempo.
-------Sabía que ya no podía mirar mi vida con los mismos
ojos. Que algo dentro de mí —algo muy antiguo, algo que
bullía en las profundidades de mi ser— estaba reclamando su
lugar, como una marea que insiste en cubrir la arena.
-------Y que si quería saber la verdad, tendría que
enfrentarme no solo al contenido del libro, sino también a
todo lo que mi abuelo había querido proteger… o encubrir.
Era como si cada página del libro fuera una puerta que se
abría a un mundo oculto, un mundo que había estado
esperando pacientemente a ser descubierto, a ser traído a la
luz.
-------El libro no era el único vestigio que mi abuelo había
dejado atrás. Cielo, con una extraña mezcla de temor y
entusiasmo, me reveló una caja metálica oculta tras una
doble pared del armario. No era grande, pero pesaba como si
contuviera trozos de universo, como si cada gramo de su
contenido fuera un peso de plomo en el corazón.
-------Al abrirla, sentí que algo en mi pecho se apretaba.
Dentro había papeles amarillentos, servilletas con dibujos a
mano alzada, mapas del bosque, y varias libretas atadas con
una cuerda fina, como si alguien hubiese querido que
resistieran el paso del tiempo, que permanecieran intactas a
pesar de los años.
-------Sentadas en el suelo del estudio, con la caja entre
nosotras y el atardecer tiñendo los estantes de cobre,
comenzamos a leer.
-------—Mirá esto —dijo Cielo, mostrándome una página
arrancada—. "Kaelya demostró hoy una vez más su---
amortencia
161
---afinidad con la espada. A los cinco años, ya ejecuta
secuencias que jamás le enseñé formalmente. Juega, pero su
precisión es la de alguien que recuerda, no que aprende."
-------Sentí una punzada en el estómago, como si una lanza
de hielo me atravesara. Ese recuerdo era real. Los juegos con
palos largos, la manera en que mi abuelo me desafiaba con
movimientos que parecían una danza, una coreografía que
fluía sin esfuerzo.
-------—Yo pensé que sólo… jugábamos. Como cualquier
abuelo con su nieta.
-------Cielo me tendió otra hoja, escrita con tinta negra:

La observación confirma lo que temía. Su coordinación no es


humana para su edad. Su mirada cambia cuando se concentra.
Parece entrar en otro estado. ¿Memoria celular? ¿Herencia
espiritual? ¿Otra vida? Hay algo ancestral en sus gestos.

-------Las manos comenzaron a temblarme. El eco de esos


movimientos vivía aún en mis músculos, en la memoria de mi
cuerpo. Sentí en los dedos la fricción de la madera, en las
piernas la tensión de una posición de defensa. Pero lo que
más me asustó fue darme cuenta de que nunca había
olvidado cómo hacerlo. Siempre había sabido cómo.
-------—No era un juego —murmuré—. Me entrenaba. Me
entrenaba sin que yo lo supiera.
-------Cielo me rozó la espalda con los dedos, como si
intentara detener un naufragio, como si quisiera aliviar la
tormenta que me embargaba.
-------—Capaz que te preparaba para algo que no podías
__entender en ese momento —dijo—. Para algo que ni él
amortencia
162
mismo terminaba de comprender.
-------En otra libreta encontramos un dibujo hecho a mano:
la silueta de una niña pequeña, de espaldas, con una katana
de madera en alto y el cabello recogido en una trenza
desordenada. Junto al dibujo, una frase que parecía un
susurro de advertencia:

No sabrá quién es hasta que el bosque reclame su deuda.

-------Tragué saliva. El bosque. Otra vez. Siempre el bosque.


-------—Hay más cosas —dijo Cielo, hojeando otra
libreta—. Descripciones, observaciones médicas. Mira esto:
"Ojos reactivos a la luz en el espectro infrarrojo. Pulso
desacelerado durante el sueño REM. Patrón de sueño
irregular, aunque las fases activas no indican cansancio real."
Era como si te estudiara, Ely…
-------—…como si esperara algo —completé, con la voz baja,
ausente.
-------Las libretas no eran registros científicos. Eran los
apuntes obsesivos de un hombre que había descubierto algo
imposible, y no sabía si temerlo o protegerlo. Como si todo
lo que había hecho fuera un acto de amor desesperado, o de
culpa.
-------Me abracé las rodillas, sintiendo que mi cuerpo no me
pertenecía del todo. Era como si fuera una marioneta cuyos
hilos se habían tejido antes de mi nacimiento. Una historia
que hablaba en símbolos, en mapas estelares y espadas
olvidadas, una narrativa que se desplegaba en las sombras de
mi memoria.
-------—¿Qué significa todo esto, Cielo? ¿Quién soy
realmente?

163
-------Cielo me tomó la mano con firmeza, como si quisiera
transmitirme un poco de su fortaleza, como si su calor
pudiera calmar la tempestad que rugía dentro de mí.
-------—No estás sola para averiguarlo.
-------Y por primera vez en años, supe que esa promesa valía
más que cualquier certeza. Era como si sus palabras hubieran
abierto una puerta en mi corazón, una puerta que había
estado cerrada con llave durante demasiado tiempo. En ese
momento, sentí que no estaba enfrentando mi pasado sola,
que tenía a alguien a mi lado, dispuesto a caminar conmigo
por el sendero desconocido que se extendía ante nosotras.
-------El silencio en el estudio comenzaba a volverse denso,
como si la misma casa contuviera la respiración. Cielo y yo
seguimos sumergidas entre cuadernos y notas cuando
encontramos un sobre sellado con cera seca, sin destinatario.
-------Cielo lo rompió con cuidado. Dentro había un solo
folio, más reciente que el resto, con la letra temblorosa de
Alberto y apenas unas líneas que parecían dictadas por el
miedo:

No sé qué hice trayéndola aquí. Quizás fue egoísta.


Quizás fue amor. Pero el linaje… si lo descubren…
si saben de quién es hija realmente…

-------Las palabras se cortaban abruptamente. El papel


tenía una mancha circular, como si hubiera sido mojado por
una lágrima o una taza de café olvidada en medio del
temblor. Leí el folio tres veces antes de mirar a Cielo, con la
garganta reseca:
-------—¿Qué quiso decir con eso?

164
-------—Creo… creo que habla de tu papá —dijo Cielo con---
la voz baja—. De Alejandro.
-------Me erguí. El nombre de mi padre retumbaba distinto
ahora, como una pieza que nunca encajó del todo. Cielo
abrió una de las carpetas __médicas del fondo de la caja. En
la solapa había una ficha escaneada.
No era la mía. Era de Alejandro.
-------—Mirá esto —susurró Cielo, señalando con un dedo—.
"Sujeto: Alejandro H. Edad: 27. Observación: probable
descendiente de línea celestial. No se confirma genética.
Origen: indeterminado. Posible reacción al umbral del
bosque. Constelación natal: Apolo."
Sentí que el suelo se me abría bajo los pies.
-------—¿Mi papá…?
-------—No es hijo de Alberto —dijo Cielo, con un temblor
en la voz—. Es su hijastro. Lo crió, sí, pero no es su sangre.
Lo que significa que vos…
-------—Yo tampoco soy nieta de Alberto.
-------Las palabras pesaron más que el aire. Más que la
fiebre. Más que los sueños sin rostro. Como si todo lo que
había construido sobre mi identidad comenzara a
desmoronarse en cámara lenta.
-------—¿Entonces por qué me dijo toda la vida que era su
nieta?
-------Cielo no respondió. Sólo me alcanzó otra libreta, más
vieja, con tapas de cuero oscuro y un nudo de tela
deshilachada.
En una página, escrita con una caligrafía dura y cortada,
encontramos la frase que no debíamos leer, pero que
necesitábamos saber:
---amortencia

165
<Si la niña es hija de Alejandro y de aquella mujer… entonces no
estamos ante una niña común. Su existencia, si se descubre, podría
romper el equilibrio entre planos. Ya fue sellada una vez en este
linaje mortal. No debemos permitir que despierte lo que duerme bajo
el torii.=

-------Cerré los ojos. El torii rojo. El templo entre los árboles.


El bosque. Todo se conectaba con un hilo invisible que ahora
comenzaba a tensarse, a brillar con una luz antigua que no
tenía explicación racional.
-------—¿Qué significa ser sellada en un linaje mortal?
-------—Que tu existencia fue escondida —dijo Cielo, apenas
en un susurro—. Que te criaron como si fueras parte de algo
humano para que nadie… nada… pudiera hallarte.
-------Mi corazón latía con un ritmo desordenado. Por
primera vez, no sentía miedo, sino un vértigo extraño. Como
si la verdad no me destruyera, sino que empezara a moldear
algo nuevo en mi interior.
-------—Y la mujer que menciona…
-------—Afrodita —completó Cielo, sin mirarme—. Tu
madre nació bajo esa constelación.
-------—Y mi padre, bajo Apolo.
-------El silencio se llenó de un zumbido sutil, como si el
bosque, desde la distancia, hubiese escuchado esa frase. Era
un silencio cargado, densificado por la gravedad de las
revelaciones que acabábamos de descubrir.
-------—Entonces no es que descendiera de ellos. No son
dioses como los mitos. Son constelaciones… energías vivas.
Como si el cielo hubiera trazado un pacto en sus cuerpos —
__dije, y al pronunciar esas palabras, sentí una vibración
amortencia amortencia
166
recorrer mi piel, como si cada fibra de mi ser resonara con---
una verdad antigua y olvidada.
-------Por un instante, la habitación pareció temblar. Las
luces parpadearon, como si un viento invisible hubiese
soplado a través de la habitación, perturbando la calma.
Cielo me miró en silencio. Había algo en sus ojos que ya no
era duda.
-------Era reverencia.
-------El silencio que siguió al descubrimiento no fue el de la
calma, sino el de la implosión. Como cuando algo estalla
hacia adentro sin hacer ruido, y solo deja un temblor en los
huesos. No podía mirar a Cielo. La piel se me había
enfriado, como si mi cuerpo estuviera presente, pero mi
mente divagara fuera del tiempo: «No era mi abuelo…»
-------La frase la repetía en mi interior como un eco. Como si
una parte de mí no quisiera aceptarla, aún sabiendo que era
verdad. Las memorias de Alberto eran demasiado tangibles:
sus manos ásperas que me hacían trenzas en la infancia, el
café con leche que dejaba tibio al lado de los libros, el modo
en que me miraba como si pudiera salvar al mundo solo con
estar viva. Pero el papel lo decía. Las libretas lo gritaban. Y
más fuerte aún: lo gritaban los vacíos que de golpe
empezaban a tener sentido.
-------Cielo se sentó a mi lado. No me tocó. Solo se quedó
ahí, firme como un faro frente al naufragio.
-------—Yo sé que duele… —dijo apenas—. Pero no significa
que no te haya querido como suya.
-------Hundí el rostro entre mis manos. Pero no lloré. El
llanto era otra cosa. Lo que yo sentía era más como un vacío
quebradizo, como si mi pecho se hubiera partido y en vez de
sangre, hubiera humo.

167
-------—¿Entonces por qué? —murmuré, con la voz casi
quebrada—. ¿Por qué mentirme? ¿Por qué sellarme en una
mentira?
-------Cielo miró el cuaderno de nuevo, hojeando páginas
gastadas. En una esquina, un párrafo a medio terminar
decía:

<El linaje celestial no puede ser nombrado. La niña fue sellada con
un nombre humano para protegerla de los cazadores de plano. Solo
el despertar de la constelación podrá romper el sello.=

-------—Te protegió —dijo Cielo, sin levantar la vista—. Él


sabía que había fuerzas que no podían conocer tu existencia.
Que eras algo más que la hija de Alejandro… eras la
confluencia de dos estrellas.
-------Apreté los puños. Mi nombre. Mi infancia. Mi origen.
Todo había sido manipulado con cuidado quirúrgico. ¿Y si
nunca había sido realmente libre? ¿Y si mi vida había sido
solo un guion escrito por los miedos ajenos?
-------Me levanté despacio, tambaleando. La fiebre aún me
palpitaba en las sienes, pero ahora era otro fuego el que ardía
bajo mi piel.
-------—¿Quién decidió quién podía ser yo?
-------Cielo no respondió. Solo me observó, con esa mezcla de
ternura y respeto que solo se da a quienes cargan con
secretos demasiado grandes para su edad. Caminé hasta la
ventana. Afuera, el bosque me observaba. Las copas de los
árboles no se movían, pero parecían atentos. Como si
hubieran estado esperando que yo leyera esa frase toda mi
vida.
-------Mi reflejo en el vidrio ya no era el mismo. La piel
amortencia
168
seguía ahí. Los ojos seguían ahí. Pero algo había cambiado---
en lo profundo.
-------—¿Y si…? —dije, con un hilo de voz—. ¿Y si el sello
empieza a romperse?
-------—Ya lo está haciendo, Elysia —respondió Cielo—. Por
eso soñás con cosas que no conocés. Por eso te enfermaste.
Por eso lo sentís. Porque tu cuerpo recuerda lo que tu mente
aún no puede aceptar. La fiebre, los temblores, la
sensibilidad. No eran síntomas de una enfermedad.
-------Era mi esencia, reclamando la verdad.
-------Cerré los ojos. Respiré hondo. En lo profundo de mi
pecho, algo susurraba. No con palabras. Con símbolos. Con
estrellas. Con memorias que nunca viví… pero que siempre
fueron mías.
-------—Mi nombre no es solo Elysia, ¿verdad?
-------—No —dijo Cielo, ahora sí acercándose, tomando mi
mano con delicadeza—. Es el nombre que te protegió. Pero
tu verdadero nombre… fue susurrado en el cielo antes de que
nacieras.
-------Y mientras los últimos rayos del sol acariciaban el
ventanal, sentí que algo se encendía dentro de mí. Era como
si una llama antigua, dormida durante años, comenzara a
arder de nuevo, iluminando rincones oscuros de mi ser.
-------Como si todo lo que había perdido… fuera solo el
prólogo de lo que estaba por recordar.

-------La noche había caído sin hacerse notar. Como si se


hubiera descolgado desde lo alto, cubriendo todo en un velo
espeso, suave y peligroso a la vez. No dormía. El cuerpo---
amortencia
169
---aún me temblaba en pulsos tibios y persistentes. Pero no
era solo la fiebre.
-------Era otra cosa.
-------El bosque no se escuchaba igual.
-------Desde mi ventana, lo percibí primero como una
ausencia. No había cigarras. No había hojas rozándose. No
había cuervos ni aullidos en la lejanía. Solo un silencio
denso. De esos que no nacen del descanso, sino del miedo.
Cielo estaba en la habitación que era de mi tía, aún revisando
libros y papeles del archivo del abuelo. Me incorporé,
envuelta en la manta. Sentí cómo mis pies, al tocar el suelo,
parecían recibir una advertencia muda desde la madera.
Como si la casa —esa casa antigua que solía ser cobijo—
ahora también se pusiera alerta.
-------Fue en ese momento cuando lo escuché.
-------Un golpe seco en la puerta de entrada. Ni
demasiado fuerte, ni sutil. Solo un toque. Uno solo. Como si
no fuera necesario más.
El latido en mi pecho se me subió a la garganta.
-------—¿Cielo…? —llamé en voz baja.
-------El otro asomó desde la puerta, ojos atentos, los lentes
ya en su bolsillo.
-------—Lo sentí —dijo simplemente.
-------No había duda. Cielo también había percibido el
cambio. En el aire. En la madera. En la forma en que el
viento ya no soplaba igual. Ambas fuimos a la puerta de
entrada sin hablar. La casa tenía esa manera extraña de
hacernos sentir como si camináramos dentro de una historia
antigua.
-------Cuando Cielo abrió la puerta, me quedé unos pasos
__atrás.

170
-------Y allí estaba.
-------Un hombre de rostro alargado, piel olivácea y ojos muy
oscuros. No negros. Oscuros como la profundidad de un
pozo que nadie ha terminado de explorar. Vestía con una
elegancia extraña, intemporal. No era moderna, pero
tampoco anticuada. Más bien como si no perteneciera a esta
época… ni a ninguna otra.
-------—Buenas noches —saludó con una voz suave, grave,
modulada como la de un actor de teatro clásico.
-------—¿Puedo ayudarlo? —preguntó Cielo con cortesía fría.
-------El hombre sonrió, breve.
-------—Me llamo Elías Varela. Vengo a hablar con la familia
de Alberto.
-------Cielo puso su mano entre la abertura y la puerta de la
entrada y no se movió. El hombre estaba del otro lado de la
reja, por lo que no lo invitó a pasar.
-------—Alberto falleció. ¿De parte de quién viene?
-------Elías clavó sus ojos en mí, sin responder de inmediato.
No era una mirada lasciva. Ni violenta. Era peor. Era una
mirada que me desnudaba. Como si supiera algo que ni yo
misma había descubierto del todo.
-------—Soy… un viejo conocido. Alberto y yo compartimos
intereses. Libros, principalmente.
-------Tragué saliva. Mis pies querían retroceder. Pero algo
más en mí —algo que empezaba a despertar— me impedía
moverme.
-------—¿Y por qué ahora? —preguntó Cielo.
-------El hombre no respondió enseguida. Solo sonrió otra
vez. Más tenue. Más peligrosa.
-------—Porque ahora… el bosque ha empezado a cambiar.
-------Y entonces, algo crujió en el umbral. No en la---
amortencia
171
---madera. En el aire. Cielo cerró la puerta en seco. Giró la
llave dos veces. Corrió el pasador.
------—¿Quién era ese tipo? —pregunté, con la voz más
temblorosa de lo que hubiera querido.
-------Cielo negó con la cabeza.
-------—No lo sé. Pero no fue con agradable. Más bien...
perturbador...
-------Nos fuimos a nuestras habitaciones sin hablar. Pero no
dormí esa noche. En mis sueños —si acaso se los podía
llamar así—, el hombre de ojos profundos caminaba entre
los árboles, tocando los troncos como quien lee un idioma
que nadie más comprende. Sus dedos trazaban runas
invisibles en la corteza, y con cada toque, sentía una
resonancia en mi pecho, como si su contacto despertara ecos
en mi interior.
-------Y el bosque, ante su paso… se agrietaba. Las ramas se
partían en silencio, y la tierra temblaba ligeramente, como si
las raíces mismas se estremecieran. El aire se cargaba de un
zumbido sutil, como el murmullo de un secreto antiguo que
se revelaba lentamente.
-------Cada paso que daba Elías dejaba una huella invisible,
una marca que alteraba el equilibrio del mundo que conocía.
Y en cada rincón de ese sueño, sentía que algo se deshacía y
algo nuevo se formaba, como si el bosque mismo estuviera
renaciendo de sus propias ruinas.

172
Ras la
Lluvia
-------El hogar olía distinto. No era el perfume de la limpieza,
fresco y artificial, ni el aroma dulzón de los sahumerios que
Cielo solía encender por las tardes, llenando el aire de notas
de sándalo y lavanda. Era un olor tibio, lleno de vida, un
aroma que recordaba al pan recién horneado, esponjoso y
dorado, o al vapor que se levanta de las sábanas cuando
alguien se ha acostado en ellas después de mucho tiempo,
impregnando el ambiente con un calor reconfortante.
-------Mi padre estaba en casa. Después de dos semanas
suspendido entre sondas, palabras médicas y sueños
confusos, Alejandro volvió a pisar la casa como si regresara
de un mundo ajeno. El suelo crujía ligeramente bajo sus pies,
y el aire parecía vibrar con su presencia. Yo, aunque aún
llevaba la fiebre en las mejillas y el temblor en los huesos,
sentí que mi cuerpo también aterrizaba. Era como si hubiera
estado flotando en un limbo y, de repente, encontrara una
ancla que me mantenía firme en el presente.
-------No hablamos del accidente. No hablamos del pasado.
Ni siquiera hablamos de Alberto. Había cosas que se
posaban entre nosotros como la lluvia fina en los cristales:
estaban, pero no dolían mientras no se las mirara de frente.
Eran como gotas suspendidas, transparentes y silenciosas,
que se deslizaban lentamente por el cristal, dejando un rastro
que se desvanecía con el tiempo.
-------Nos cuidábamos en gestos. Yo le cebaba el mate como
si aún fuera una niño, soplándola suavemente para que no se
quemara. El vapor se elevaba en pequeñas nubes, y el sabor
amargo del mate se mezclaba con la dulzura de la yerba, una
mezcla que nos unía en silencio. Alejandro, a su vez, me
__preparaba el café cada mañana, cuidando que la canela
amortencia
174
cubriera su superficie en una capa dorada y aromática. El---
aroma del café se mezclaba con el de la canela, creando un
bouquet que llenaba la cocina de una calidez acogedora.
-------Compartíamos los silencios como quien intercambia
cartas con los ojos. Nuestras miradas se cruzaban a menudo,
cargadas de significado, sin necesidad de palabras. Él se
sentaba en la mecedora del porche, meciéndose lentamente,
mientras yo me acomodaba en el suelo a su lado, con una
manta sobre las piernas para protegerme del frío de la noche.
No hablábamos mucho. Solo respirábamos el mismo aire,
lleno de los sonidos del bosque: el susurro de las hojas, el
canto de los grillos, y el ocasional aleteo de un pájaro que
volvía a su nido. Y a veces, eso bastaba.
-------Mi padre me observaba cuando yo no lo notaba. Sus
ojos seguían cada uno de mis movimientos, como si quisiera
grabarlos en su memoria. Y cuando sus ojos me encontraban
despierta, siempre me decía algo suave, casi siempre con una
sonrisa.
-------—Estás más alta —decía, con una voz que sonaba
lejana y nostálgica.
-------—No lo creo, papá —respondía yo, sonriendo.
-------—Te juro que sí. El bosque te está estirando.
-------Yo reía. Y ese sonido, nuevo y viejo a la vez, hacía que
el corazón de Alejandro palpitara como antes. Era un sonido
que recordaba a los días de mi infancia, cuando reía sin
preocupaciones, cuando el mundo era un lugar lleno de
posibilidades y sueños.
-------Por las noches, él dormía más que yo. Las horas se
arrastraban lentamente, el silencio de la casa envolviendo
todo en una capa de quietud. Sin embargo, a veces, el sueño
de mi padre era interrumpido por un recuerdo, una---
amortencia
175
---palabra en sueños, o el eco de un nombre que no podía
recordar. Me despertaba sobresaltada, con el corazón
latiendo con fuerza en el pecho, me levantaba
silenciosamente de mi cama. Me dirigía a su cuarto, sintiendo
el suelo frío bajo mis pies, entré sin hacer ruido. Me sentaba
al borde de su cama, la madera del marco crujiendo apenas,
y le tomaba la mano. Sus dedos se entrelazaban con los míos,
y sentía su calor, cálido y reconfortante. No necesitaba
hablar. Me bastaba con que supiera que no estaba solo. En
esos momentos, el mundo parecía detenerse, y el tiempo se
volvía un susurro que nos envolvía en una burbuja de
tranquilidad.
-------Así pasaban los días. Entre tazas compartidas, llenas
del aroma dulce de la canela y el amargor del café, y
caminatas lentas por el sendero del jardín, donde los pasos se
hundían suavemente en el pasto húmedo y el aire fresco
llenaba nuestros pulmones. Las palabras que no llegaban
eran reemplazadas por miradas cargadas de significado,
gestos que decían más que mil discursos. Nuestros silencios
eran cómplices, llenos de una comprensión profunda que no
necesitaba ser expresada con palabras.
-------La casa, que había estado demasiado en silencio,
ahora murmuraba otra vez. Los suelos crujían bajo nuestros
pies, el viento susurraba a través de las rendijas de las
ventanas, y el tic-tac del reloj en la sala se mezclaba con el
sonido de nuestras respiraciones. El silencio había dejado de
ser un vacío y se había convertido en una presencia viva,
llena de historias que se contaban a sí mismas. Y aunque
ninguno lo decía en voz alta, ambos sabíamos que ese tiempo
—ese pequeño intervalo de paz— era un regalo fugaz. Uno
__que debía saborearse con los ojos cerrados, como quien
amortencia
176
deja que la lluvia le toque la cara sin moverse, permitiendo---
que cada gota de tranquilidad y cada instante de calma se
grabara en nuestra memoria para siempre.
-------El sonido del agua hirviendo en la pava llenaba el aire
con un silbido sutil, como un susurro que se deslizaba por las
paredes de la cocina. La casa olía a tilo y a pan tostado,
aromas que se entrelazaban en el ambiente, creando una
sensación de paz y familiaridad. Por primera vez en semanas,
mi padre y yo compartíamos la cocina sin prisa, disfrutando
de la calma que nos envolvía.
-------Papá apoyó los codos sobre la mesa, aún algo pálido,
pero con esa firmeza silenciosa que lo hacía parecer más
joven. Tenía un libro viejo abierto frente a él, sus páginas
amarillentas y desgastadas por el tiempo. Lo hojeaba sin real
intención, los dedos trazando las líneas de texto hasta que, de
pronto, algo lo hizo detenerse.
-------—¿Sabías que Teseo fue un héroe solo porque alguien
le tendió un hilo? —dijo, levantando la vista hacia mí.
-------Lo miré desde el otro lado de la mesa, con las manos
rodeando mi taza caliente. El vapor se elevaba en pequeñas
nubes, envolviendo mis dedos y calentando mis mejillas. Él
sonrió levemente, sus ojos reflejando una tristeza suave,
como si estuviera recordando algo lejano.
-------—A veces pienso en eso… en lo que hace a alguien
valiente —continuó, acariciando el borde del libro con los
dedos—. No es solo entrar al laberinto. Es saber volver. Y a
veces, la única forma es agarrarse de lo que alguien más nos
dejó.
-------Tomé un sorbo de mi té, pensativa. El líquido cálido me
bajaba--- por la garganta, que aún me dolía un poco, y
también ese lugar del pecho donde se guardan los nombres---
amortencia ---amortencia
177
---que uno no dice, los recuerdos que pesan más que el
silencio.
-------—¿Y si cortamos el hilo por miedo? —pregunté en voz
baja, mis palabras flotando en el aire entre nosotros.
-------Mi padre dejó el libro sobre la mesa, sus manos
cubriendo las mías con suavidad. Me miró con esa ternura
que solo alguien que ha perdido muchas cosas puede ofrecer,
una mirada que lo hacía parecer un tanto más fuerte y
vulnerable a la vez.
-------—Entonces hay que hilar uno nuevo —respondió, su
voz baja y firme—. ¿Y si no nos lo aceptan? Entonces tejé
igual. Tejé aunque tiemble la mano, aunque no sepas el
patrón. A veces, el otro también tiene miedo y solo necesita
ver que alguien más se atrevió primero.
-------Bajé la vista, sintiendo como las palabras de mi padre
resonaban en mi interior. Me sentí como si estuviera
hablando de Teo, de mí, y también de todo lo que no había
podido hacer por Flor. La culpa y la tristeza se mezclaban en
mi corazón, formando un nudo que parecía imposible de
deshacer.
-------—Papá… yo lo lastimé —murmuré, las palabras
saliendo con dificultad—. Me quiso y yo lo alejé. No porque
no lo quisiera, sino porque pensé que no debía. Porque sentía
que no lo merecía.
-------Él respiró hondo, su pecho subiendo y bajando
lentamente. Sus dedos apretaron los míos con más fuerza,
como si quisiera transmitirme su fortaleza.
-------—Yo también me alejé una vez. De vos, de tu hermana,
de mí mismo. Por miedo. Por vergüenza —dijo, su voz
cargada de sinceridad—. Pero estoy acá ahora. Y si vos
__sentís que aún hay algo por decirle… entonces, hija, salí a
amortencia
178
buscarlo. No esperés a que la lluvia pase. A veces, la lluvia---
es la que limpia el camino.
-------Lo miré y, por un instante, sentí que una parte del hilo
ya estaba en mis manos. Era como si el calor de su presencia
y las palabras de aliento que me había dado me hubieran
dado la fuerza necesaria para dar el primer paso. La otra
parte del hilo, aún debía encontrarla. Pero sabía que, con
determinación y valor, podría tejerlo de nuevo, llenos de una
comprensión profunda que no necesitaba ser expresada con
palabras.
-------La casa, que había estado demasiado en silencio, ahora
murmuraba otra vez. Los suelos crujían bajo nuestros pies, el
viento susurraba a través de las rendijas de las ventanas, y el
tic-tac del reloj en la sala se mezclaba con el sonido de
nuestras respiraciones. El silencio había dejado de ser un
vacío y se había convertido en una presencia viva, llena de
historias que se contaban a sí mismas. Y aunque ninguno lo
decía en voz alta, ambos sabíamos que ese tiempo —ese
pequeño intervalo de paz— era un regalo fugaz. Uno que
debía saborearse con los ojos cerrados, como quien deja que
la lluvia le toque la cara sin moverse, permitiendo que cada
gota de tranquilidad y cada instante de calma se grabara en
nuestra memoria para siempre.
-------El sonido del agua hirviendo en la pava llenaba el aire
con un silbido sutil, como un susurro que se deslizaba por las
paredes de la cocina. La casa olía a tilo y a pan tostado,
aromas que se entrelazaban en el ambiente, creando una
sensación de paz y familiaridad. Por primera vez en semanas,
mi padre y yo compartíamos la cocina sin prisa, disfrutando
de la calma que nos envolvía.
-------Papá apoyó los codos sobre la mesa, aún algo pálido,---
amortencia
179
---pero con esa firmeza silenciosa que lo hacía parecer más
joven. Tenía un libro viejo abierto frente a él, sus páginas
amarillentas y desgastadas por el tiempo. Lo hojeaba sin real
intención, los dedos trazando las líneas de texto hasta que, de
pronto, algo lo hizo detenerse.
-------—¿Sabías que Teseo fue un héroe solo porque alguien
le tendió un hilo? —dijo, levantando la vista hacia mí.
-------Lo miré desde el otro lado de la mesa, con las manos
rodeando mi taza caliente. El vapor se elevaba en pequeñas
nubes, envolviendo mis dedos y calentando mis mejillas. Él
sonrió levemente, sus ojos reflejando una tristeza suave,
como si estuviera recordando algo lejano.
-------—A veces pienso en eso… en lo que hace a alguien
valiente —continuó, acariciando el borde del libro con los
dedos—. No es solo entrar al laberinto. Es saber volver. Y a
veces, la única forma es agarrarse de lo que alguien más nos
dejó.
-------Lo miré y, por un instante, sentí que una parte del hilo
ya estaba en mis manos. Era como si el calor de su presencia
y las palabras de aliento que me había dado me hubieran
dado la fuerza necesaria para dar el primer paso. La otra
parte del hilo, aún debía encontrarla. Pero sabía que, con
determinación y valor, podría tejerlo de nuevo, aunque las
manos me temblaran y el camino fuera incierto.

-------La lluvia caía como si la tierra tuviera sed de confesar


también. No era una tormenta violenta, sino esa llovizna
constante que moja lento, sin aviso, como los pensamientos
__cuando se quedan demasiado tiempo en el pecho, pesando
amortencia
180
y oscureciendo el alma. Cada gota parecía una lágrima que---
se deslizaba por el rostro del mundo, lavando la suciedad y
los secretos.
-------No sabía exactamente en qué momento mis pies me
llevaron hasta ahí. Solo supe que necesitaba hacerlo. Que ya
no podía cargar sola con el eco de todo lo que callaba, ni con
la idea de que, por proteger mi herida, había lastimado la de
alguien más. La lluvia me empapaba, se deslizaba por mi
espalda, por el cabello suelto, y por las manos que ya no
sabía si temblaban de frío o de miedo. El camino hasta el
taller de Teo se había convertido en un río de dudas y
resoluciones, cada paso una batalla contra el silencio y el
miedo.
-------Golpeé la puerta del taller. Una, dos veces. El sonido se
mezcló con el ritmo de la lluvia, casi inaudible, pero
suficiente para que Teo se diera cuenta de que alguien estaba
ahí. Sintió cómo el agua se deslizaba por mi piel, mojando mi
ropa y calándome hasta los huesos. El frío se mezclaba con el
calor de la determinación, creando una sensación extraña, un
equilibrio frágil entre el miedo y la esperanza.
-------Cuando Teo abrió, sus ojos tardaron un segundo en
reconocerme. Pero no preguntó. No dijo nada. Solo se hizo a
un lado, dejándome entrar. El olor del lugar era el mismo:
madera fresca, barniz, y un toque de su té favorito: la
manzanilla, que se mezclaba con el aroma de la lluvia. Y algo
de él, algo que no se podía nombrar, pero que llenaba el aire
de una presencia familiar y reconfortante.
-------Me quedé de pie en el centro del taller, sin saber cómo
empezar. Teo me miraba en silencio, como si esperara no una
explicación, sino un gesto de mi alma. La luz tenue de las
lámparas proyectaba sombras suaves en las paredes, y el---
amortencia
181
---sonido de la lluvia contra los techos y las ventanas creaba
una melodía sutil, como un susurro que nos volvía.
-------Y entonces, por primera vez, no me escondí. No di
vueltas. No --disfracé mi voz.
-------—Perdón —dije, y la palabra cayó como una piedra en
el agua. Un sonido suave, pero que hunde—. Perdón por
alejarme. Por cerrarme. Por usar el miedo como escudo y
tirártelo encima como si vos fueras parte del daño.
-------Teo frunció apenas el ceño, con esa ternura que a veces
se le escapaba sin permiso. Pero no habló. Me dejó seguir.
-------—Me di cuenta de que no me alejé por vos. Me alejé
por mí. Porque no sabía qué hacer con lo que siento…
-------—¿Y ahora sí sabés? —preguntó él, con una voz baja y
sincera.
-------Bajé la mirada, sintiendo cómo las palabras se
atascaban en mi garganta. Mi cuerpo temblaba, no sabia si
por el frio del agua corriendo por mi cuerpo o por los nervios
de decir como me siento. Hacia mi mayor esfuerzo por
disimular y contener mi cuerpo ante ellos.
-------—No del todo. Pero… quiero intentarlo. No quiero
seguir huyendo del cariño como si fuera castigo. Como si no
lo mereciera por… por no haber podido hacer más por Flor.
-------El nombre me tembló en los labios, y ahí estuvo la
herida, intacta. El hueco que no se cura sin importar a donde
este, sin importar cuantas veces quiera empezar de cero, pero
que al menos puede compartirse. En ese momento entendí
que era más sano que callarlo.
-------—No tenés que contarme nada si todavía no podés —
dijo Teo, su voz suave me daba paz—. Pero si me lo querés
decir un día, aquí voy a estar. No me moveré.
-------Sentí un nudo que no apretaba. Al contrario, se
amortencia
182
aflojaba. Y por dentro, una especie de calor recorría mi---
cuerpo. Me sentí esperanzada. Hice una tregua conmigo
misma, ya me cansé de ser tan dura por lo que me toco vivir.
Que no elegí. Por primera vez, avance, avance de verdad. Me
acerqué un paso. Y después otro. Hasta que quedamos a la
distancia de una duda.
-------—No quiero que esto sea promesa. Solo quiero que sea
verdad —susurré—. Lo que estoy sintiendo…
-------—Está bien —me interrumpió él—. A veces basta con
dar un paso. El primero es el que cuenta.
-------Asentí, con el agua aún goteando desde las puntas del
cabello hasta los bordes de mi camisa. Las gotas se
deslizaban lentamente por mi piel, dejando un rastro frío en
contraste con el calor que empezaba a llenar mi interior.
Entonces Teo estiró la mano. No para tomar la mía, sino
para acercarme a él. Un gesto sutil, pero lleno de significado,
como si quisiera decirme que estaba ahí, que me apoyaría sin
necesidad de palabras.
-------Y yo, esta vez, no dudé.
-------Me acerqué un paso más, sintiendo cómo la distancia
entre nosotros se acortaba. El olor a madera, barniz, y el té
de manzanilla se mezclaban con el aroma de la lluvia,
creando una atmósfera que nos envolvía en una burbuja de
calma y comprensión.
-------La lluvia siguió golpeando las ventanas, un sonido
constante y reconfortante, como el latido de un corazón
lejano. Pero por dentro, el mundo parecía más silencioso,
como si la paz fuera el único sonido que quedaba. El aire se
llenó de una tranquilidad que nos envolvió, permitiéndonos
respirar con más facilidad, liberando la tensión que había
estado atrapada en nuestros pechos.

183
-------En ese momento, todo pareció detenerse. El tiempo se
volvió un susurro, y el resto del mundo se desvaneció,
dejando solo a Teo y a mí, enfrentando juntos el pasado y el
futuro, un paso a la vez.

184
Escrúpulos
-------La mañana había comenzado con el sonido perezoso
del viento entre los pinos y una bruma suave que lamía los
bordes de las ventanas, como si el bosque intentara acariciar
la casa desde afuera. Yo seguía con una leve tos, pero ya no
era la misma fragilidad de días atrás. Sentada junto a mi
padre en la cocina, veía cómo sus manos temblaban
levemente al sujetar la taza de café. Alejandro parecía más
presente ahora, más vivo, pero su cuerpo aún tenía grietas
que el tiempo no curaba del todo.
—Papá… —murmuré, con ese tono que usaba cuando
necesitaba decir algo grave sin romper el silencio de golpe—.
Hubo alguien que vino a buscarme mientras vos estabas en el
hospital. Un hombre. No sé quién era, pero… no era alguien
bueno.
-------Mi padre me miró. El brillo suave de sus ojos
oscuros se endureció, como si una piedra se hubiera hundido
en su pecho. Dejó la taza con cuidado, pero el leve golpe
contra la madera hizo eco en la casa entera.
-------—¿Cómo era? —preguntó con una voz más áspera
que la usual. Ya no era el padre que había aprendido a
cocinar sopa de cebolla mientras me recuperaba, era otro:
uno más antiguo, más salvaje, más alerta.
-------—Tenía una forma de mirar que no olvidás. Como
si te desvistiera con los ojos —dije, me sacudí a causa de un
escalofrió de solo recordarlo—. Dijo su nombre... Pero no lo
recuerdo, aún tenia un poco de fiebre. Sabía sobre el
abuelo… Cielo se asustó y le cerro la puerta en la cara.
-------Fue como si el aire se cortara con una navaja.
Alejandro se levantó sin decir nada. Caminó hacia el fondo
__de la casa. Yo lo seguí con pasos inseguros. Lo vi entrar a
amortencia
186
la vieja habitación de mi abuelo Alberto. El cuarto estaba---
sumido en una penumbra tenue, apenas iluminado por el
resplandor anaranjado del atardecer. La tensión en el aire era
palpable, y cada sonido se magnificaba en el silencio. Abrió
el ropero, sacó una caja larga de madera y plana con cierres
oxidados. Sus dedos, aunque torpes por la debilidad, sabían
exactamente qué hacer con lo que había en su interior.
Dentro, envuelta en un paño militar, descansaba un arma
negra, pesada, hermosa y brutal al mismo tiempo.
-------Era, si mi memoria no fallaba con la historia nacional,
un revólver de la policía nacional en los 70', con su cañón
lustroso y su mango de madera oscura y pulida. A pesar de
su apariencia vetusta, se notaba que había sido cuidada con
esmero. El metal brillaba, reflejando la luz en pequeños
destellos, y el peso que mi padre le dio al sostenerla era el de
alguien que conocía bien su uso.
-------Él la cargó con movimientos precisos y metódicos,
como si estuviera realizando un ritual. Cada bala fue
colocada en el tambor con una solemnidad que me hizo
sentir que el mundo a nuestro alrededor se había detenido.
Cuando terminó, giró el tambor y lo encajó de nuevo en su
lugar con un suave clic.
-------—Esta fue de tu abuelo —dijo él, sin mirarme—. De la
Policía Nacional. No quería volver a tocarla. Pero si ese tipo
volvió… si se está acercando a vos otra vez… no pienso
esperar sentado.
-------Mi corazón retumbó como si alguien tocara un tambor
bajo mi piel. No era solo el arma. Era lo que representaba:
un pasado que no se había ido. Un peligro que ya no era
abstracto. El mundo de sueños confusos y visiones astrales se
teñía con el barro sucio de la amenaza real. Y mi padre---
amortencia
187
---cargó esa arma con una naturalidad que solo da la
experiencia. Luego, como quien esconde un secreto, la colocó
en lo alto del placard de su habitación, fuera de la vista de
cualquiera que no supiera buscarla.
-------—¿Vos creés… que venía por mí? —pregunté con la voz
apagada.
-------—No me cabe la menor duda.

-------Observaba a mi padre, mientras él examinaba la


cicatriz recién cerrada en su costado. Su mueca no era solo
de dolor físico, sino de algo más profundo. Sentado en la
mesa, con una manta sobre los hombros y la taza de té
humeante entre las manos, parecía más viejo de lo que era. El
reflejo de la lámpara titilaba sobre sus ojos, y sentí que no
importaba cuántos días pasaran: algo había cambiado para
siempre.
-------—No fue un robo, Elysia —dijo de pronto, rompiendo
el silencio
espeso—. No me apuñalaron por un celular.
-------No respondí. Me temblaban las manos, y las escondí
bajo la mesa, como si el frío de la madera pudiera calmar el
temblor.
-------—Vino por vos —continuó él—. Me lo dijo. Que
te estaba buscando. Pero no lo vi. No puedo recordarlo.
Solo… sombras, voces… Mencionó tu nombre. Quise
defenderme, pero fue rápido.
-------La herida en su costado dolía en mi propio cuerpo.
Apreté los dientes, sintiendo el zumbido oscuro que me subía
---por el pecho. El miedo tenía memoria, y ahora también
amortencia
188
tenía furia. Una que por un segundo, nublo mi vista---
dejándola blanca mientras escuchaba a papá.
-------—Vos sabés algo, ¿no? —dijo con suavidad, como
quien cuida de no romper algo que ya está hecho pedazos—.
¿Quieren era la persona que te buscaba? Ayúdame a
entender, hija. Decime en qué estás metida… por favor.
-------Tenia que aflojaban los músculos de mi cuerpo,
contuve la respiración por miedo a cometer una locura.
Tragué saliva con dificultad. El corazón me latía tan fuerte
que creía que se me oiría. De a poco vuelvo a ver con
claridad.
-------Quise hablar, pero no pude. Las palabras estaban
atrapadas en algún lugar detrás del paladar, hechas de vidrio
roto e impotencia acumulada.
-------—No… todavía no puedo —susurré—. No sé cómo
decirlo sin que me rompa del todo.
-------Mi padre no me presionó. Solo extendió su mano sobre
la mesa, cerca de la mía.
-------—Cuando estés lista —dijo—. Acá voy a estar.
-------Asentí con la cabeza, mordiéndome el labio para no
llorar. Quería contárselo. Quería escupir todo ese veneno que
me había llenado el pecho durante tanto tiempo. Pero no
podía. Aún no.
-------Porque si lo decía, volvía a vivirlo.
-------Porque si lo decía, también tenía que aceptar que mi
amiga Flor murió en mis brazos. Que su bebé jamás respiró.
-------Y que yo no fui capaz de salvarles.
-------Ramiro nunca entendió eso. Ni siquiera lo intentó. Solo
se alejó. Frío, impaciente. Me exigía explicaciones cuando yo
solo necesitaba un abrazo. Un silencio compartido. No me
juzgaba en voz alta, pero con la mirada era suficiente.

189
-------Me sentía sucia. Cobarde. Como si mereciera ese
abandono por no haber sido valiente, por no haber gritado,
por no haber muerto también.
-------Y hubo noches en las que pensaba que tal vez habría
sido lo justo.
-------Pero entonces, en medio del llanto y la culpa, pensaba
en Flor. En cómo me acariciaba el pelo, en cómo me decía
que mi risa era necesaria en el mundo. Que mi historia, algún
día, tenía que tener otro final.
-------Fue por eso que pedí ayuda.
-------Porque si Flor me enseñó algo, fue que el amor —el
verdadero— no se rinde tan fácil.
-------Por eso ahora intentaba vivir.
-------Aunque doliera.
-------Aunque sangrara.
-------Aunque no supiera cómo seguir.
-------El aroma del té se mezclaba con el olor a madera vieja y
polvo, creando una atmósfera de melancolía y esperanza. El
silencio entre nosotros era denso, pero también, en ese
momento, sentí que, a pesar de todo, estábamos más unidos
que nunca.

-------El celular vibró con fuerza, rompiendo el silencio denso


de la tarde. El sonido resonó en la quietud de la casa, como
un eco de algo que no quería ser escuchado. Lo tomé sin
pensar, esperando que pudiera ser mi madrina, o incluso
Cielo desde la farmacia. Pero no. Un número desconocido.
No había mensaje de texto, sino una sola imagen.
-------La abrí.

190
-------Y el tiempo se detuvo.
-------Una flor. Extraña. Y aunque era la primera vez que la
veía en detalle, sentí que ya la conocía. Era una flor de doble
capullo. Sus pétalos parecían de hojas de papel, finas, como
las flores de la Santa Rita... el primer capullo de color blanco
era más grande que el dejemos segundo en color rojo. El
tallo, fino y corto del segundo capullo salía directamente del
centro de la primera flor. Sus pétalos parecían arrastrar
consigo una tristeza antigua, un lamento silencioso que se
filtraba a través de la pantalla. El olor a tierra húmeda
emanaba desde la imagen, como si la flor hubiera sido
arrancada del jardín justo en ese instante, dejando un rastro
de humedad en el aire.
-------Y junto a ella, sobre un fondo de tierra húmeda… una
camperita blanca. Pequeña. Con orejas de osito. La tela
parecía tan suave y limpia, como si acabara de ser lavada,
pero ahora estaba manchada por la tierra y el miedo.
-------Mis dedos se soltaron y el teléfono cayó al piso con un
golpe hueco, un sonido que resonó con ecos en toda la casa,
haciendo también un eco de mi corazón desmoronándome.
-------Porque conocía esa camperita.
-------Porque la había elegido con mi madre.
-------Porque era de mi hermanita.
-------Sentí el vértigo subir desde el estómago hasta la
garganta, como una ola oscura que amenazaba con
arrastrarlo todo. El mundo se inclinó, todo parecía temblar
bajo mis pies. El aire se volvió denso, pesado, como si cada
inhalación fuera una lucha. El silencio se transformó en un
rugido ensordecedor, lleno de susurros y gritos ahogados.
-------Volví a tomar el celular con manos temblorosas, esta
vez si lo reconocí el sentimiento, y como si cada---
amortenciamortencia
191
movimiento fuera una lucha contra un viento invisible.
Debajo de la imagen, una línea de texto:

<Ven a donde quisiste escapar de mí.=

-------La letra era limpia, cruel en su sencillez. Como un


cuchillo afilado que se hundía en mi pecho, dejando un
rastro de dolor y miedo. Las palabras se grabaron en mi
mente, una a una, como una maldición que no podía ser
deshecha.
-------Se me nubló la vista. Una presión aguda me apretó el
pecho, como si un peso inmenso me aplastara. No, no, no.
No podían haberla tocado. No a ella. No a la única
inocencia que me quedaba en este mundo que parecía
desmoronarse a mi alrededor.
-------Miré hacia el pasillo. Mi padre dormía bajo el efecto de
los calmantes. Respiraba con lentitud, ajeno a todo. Su
rostro estaba en calma, pero yo sabía que el sueño no era un
refugio para él, solo un escape temporal de la realidad. No
podía involucrarlo. No podía exponerlo a más dolor. Ya
había sufrido demasiado.
-------Pero… ¿qué era esto? ¿Un secuestro? ¿Una advertencia?
¿Un recuerdo diseñado para quebrarme? No tenía
respuestas. Solo esa imagen grabada en mi retina, como un
estigma que no podía borrar. La flor oscura y la camperita
blanca se mezclaban en mi mente, creando una pesadilla que
no me permitía escapar.
-------Y la certeza ineludible de que mi pasado me estaba
alcanzando, como una sombra que se alargaba en la
penumbra, acorralándome en cada rincón de mi vida. El
__silencio volvió a envolver la casa, pero ya no era el mismo.
amortencia
192
Ahora estaba cargado de amenazas y miedos, de secretos---
que clamaban por ser revelados y de un futuro incierto que se
cernía sobre mí, amenazando con arrastrarlo todo en su
caos.
-------El corazón me latía con fuerza, cada pulso resonando
en mis oídos como un eco de la angustia que me invadía. El
aire parecía más denso, cargado de una tensión que podía
cortarse con un cuchillo. Cada objeto en la habitación, cada
rincón sombrío, me recordaba que la tranquilidad que
habíamos construido era frágil y que cualquier resquicio de
normalidad estaba a punto de desmoronarse.
-------Me sentía atrapado en un laberinto sin salida, donde
cada paso que daba me llevaba más profundamente hacia el
abismo. La flor que estaba maltratada y tirada en la tierra
removida, siendo símbolo de oscuridad y misterio, y la
camperita blanca, un recuerdo de inocencia perdida, se
entrelazaban en una danza macabra en mi mente. Era como
si el pasado y el futuro que quería proteger se hubieran
fusionado en un presente continuo, donde el miedo y la
incertidumbre eran las únicas constantes.
-------El silencio de la casa, que antes era un consuelo, ahora
era un recordatorio de todos los secretos que se escondían
tras las paredes. Cada susurro, cada crujido, me hacía
estremecer. Sabía que no podría descansar hasta que
descubriera la verdad, hasta que pudiera desentrañar el
enigma que me acechaba.
-------Mientras miraba a mi padre, su rostro en paz, me
prometí que haría todo lo posible para protegerlo, para
mantenerlo alejado de esta nueva tormenta que se avecinaba.
Pero también sabía que, para lograrlo, primero tenía que
enfrentar mis propios demonios, desenterrar los secretos---
amortencia
193
---del pasado y encontrar las respuestas que me eludían.
-------Marqué el número de mi madrina con manos torpes,
mis dedos temblorosos resbalaban sobre la pantalla del
teléfono. Cada pitido del teléfono resonaba en mis oídos
como una campana oxidada, cada tono un eco doloroso que
retumbaba en medio de mi pecho. Necesitaba oír su voz,
escuchar que todo estaba bien. Que mi madre y mi hermanita
estaban a salvo. Que esa camperita era solo una amenaza
vacía, un truco, un montaje.
-------Atendió una voz automática, mecánica y desprovista de
emoción.
-------—El número solicitado no se encuentra disponible en
este momento. Por favor, intente más tarde…
-------Colgué, mi mano temblaba mientras volvía a marcar.
De nuevo. El sonido metálico y frío del tono de marcación
me perforaba los oídos, como agujas de hielo clavándose en
mi cerebro.
-------Nada.
-------La ansiedad trepaba como espinas por mi garganta,
rasgando mi piel por dentro. Sentía el sabor metálico de la
preocupación en mi boca, un sabor amargo que me hacía
querer vomitar. Busqué en mis contactos otro número. El
fijo de la casa. Mis dedos se movían con lentitud, como si
estuvieran empapados en melaza. Lo intenté. Y esta vez sí,
una voz contestó, una voz familiar y cálida que me ofrecía un
rayo de esperanza.
-------—Hola ¿Quién habla?
-------—¿Tío Maxi? Soy Elysia. ¿Está mi mamá? ¿Está la
bebé?
-------—Ely, tu mamá no está. No han venido por acá. Esta
__mañana tu madrina se fue para Bariloche, tenía trabajo en la
amortenc
194
bodega, ¿no te avisó? Creo que van a estar dos o tres días---
allá. ¿Estás bien?
-------Tragué saliva, el nudo en mi garganta se hacía más
grande y más doloroso. El corazón me golpeaba las costillas
como un pájaro atrapado en una jaula, desesperado por
escapar. Bariloche. No estaban en casa. No estaban con mi
madrina.
-------Estaban solas.
-------Y tal vez, en peligro.
-------—Sí… sí, todo bien —mentí, apenas un hilo de voz que
apenas podía escucharse.
-------Miré de reojo mi celular, la imagen de la camperita
blanca y la flor oscura seguía abierta en la pantalla, como
una herida abierta que no dejaba de sangrar.
-------Colgué sin siquiera despedirme. Las palabras se me
habían quedado atoradas en la boca, como si se hubieran
convertido en piedras pesadas que no podía mover. Mi
mundo se sentía cada vez más pequeño, más estrecho, como
si las paredes se acercaran a mí, amenazando con aplastarme.
El aire se volvía denso y pesado, dificultando cada
respiración. Ya no había margen de duda. Ya no podía
quedarme quieta.
-------Tenía que hacer algo.
-------Ahora.
-------Marqué el número de mi madre sin pensar. Lo hice tres
veces antes de siquiera registrar que mis dedos temblaban,
que no estaba respirando del todo. El teléfono vibraba
ligeramente en mi mano, un pulso débil y temeroso que
reflejaba el mío.
-------Una vez. Dos. Tres.
-------—El teléfono que usted llama está fuera de servicio o---
amortencia
195
---fuera del área de cobertura...
-------Me quedé quieta, como si el mundo se hubiera detenido
a mi alrededor. El silencio me golpeó con más violencia que
la amenaza. Era un vacío profundo, un abismo que se abría
frente a mí, devorando cualquier rastro de esperanza.
-------No había señal. No había voz. No había respuesta.
-------Mi madre… Mi hermanita…
-------La imagen en la pantalla —la camperita blanca con
orejitas, esa que yo misma había elegido en una feria con mi
primer sueldo de ilustradora— era ahora una amenaza
tangible, cruel. Ya no era un símbolo de inocencia. Era un
grito, un grito desgarrador que resonaba en mi mente, una
advertencia que no podía ignorar.
-------Sentí el impulso de gritar. De correr. De deshacerme en
acción sin pensar. Mis manos se cerraron en puños, las uñas
clavándose en la palma. La tensión en mi cuerpo era casi
insoportable, como si estuviera a punto de estallar.
-------Mis ojos se llenaron de lágrimas calientes, pero no lloré.
No aún. Había algo en mí que se estaba quebrando más
hondo. Un hueso emocional, uno que no sanaría si fallaba
esta vez. Era como si cada fibra de mi ser se hubiera tensado
al límite, a punto de romperse.
-------Tenía que ir. Tenía que encontrarlas.
-------Aunque significara enfrentar aquello de lo que había
estado huyendo. Los recuerdos, las sombras del pasado, todo
lo que había intentado dejar atrás. Todo lo que me había
llevado años de terapia y esfuerzo para enterrar.
-------Aunque la lluvia se tragara el camino, convirtiéndolo
en un lodazal intransitable. Aunque temblara por dentro
como una hoja, incapaz de detener el temblor que recorría mi
__cuerpo. Aunque Enrique estuviera esperándome al otro
amortencia
196
lado, con sus ojos fríos y su sonrisa cruel, listo para
arrastrarme de vuelta a ese infierno del que había escapado.
-------El aire se volvió denso y pesado, dificultando cada
respiración. El mundo a mi alrededor parecía desvanecerse,
dejando solo esa imagen en la pantalla y el silencio que lo
inundaba todo. Ya no había margen de duda. Ya no podía
quedarme quieta. Tomé una respiración profunda,
intentando calmar el tumulto dentro de mí. Mis manos
seguían temblando, pero ya no podía detenerme. Tenía que
actuar, tenía que moverme. Cada segundo que pasaba era un
segundo más en el que mi madre y mi hermanita podían estar
en peligro.
-------Con un nudo en la garganta y el corazón latiendo como
un tambor en mi pecho, tomé una decisión. No importaba lo
que tuviera que enfrentar, no importaba el miedo que me
paralizaba, tenía que encontrarlas. Tenía que salvarlas. Y así,
con el teléfono aún en la mano y la determinación creciendo
dentro de mí, di el primer paso hacia lo desconocido.

-------—¡Teo, corré! —grité, la voz quebrada, las manos


temblorosas--- mientras cargaba la mochila. —Necesito las
llaves, voy a buscarla.
-------La puerta del cuarto de mi padre se cerró con suavidad
detrás de mí, pero mi respiración era un torbellino de jadeos
descontrolados. Corrí hacia la cocina, mis pasos resonaron
en el suelo de baldosas frías, cuando Teo apareció desde el
living, aún empapado, los rizos de su pelo despeinados y
goteando sobre su cuello, dejando un rastro de gotas que se
perdían en el piso.

197
-------—¿Qué pasó? —preguntó, al ver mi rostro desencajado,
los ojos dilatados y la piel pálida.
-------—¡No hay tiempo! —exclamé, sin mirarlo, las manos
revolviendo frenéticamente sobre la mesada en busca de las
llaves—. ¡Mi mamá no atiende, su teléfono está muerto y mi
madrina no está! ¡No hay nadie allá y tengo que ir! ¡Esta en
la finca, se que esta en la finca!
-------Teo no se movió. No necesitó saber todo para entender
que lo que pasaba era grave. Lo supo en la forma en que mi
voz se rompía, en cómo mis pupilas parecían pozas oscuras
de desesperación.
-------—No vas sola, Elysia —dijo con firmeza.
-------—No tenés que ir conmigo, no quiero que te metas en
esto —respondí, girando hacia él, sentí mis ojos como
cuchillas de cristal a punto de estallar.
-------—¿Perdón? ¿Después de todo esto pensás que te dejaría
ir sola? —Se acercó, pero yo retrocedí, el miedo me hacía
temblar—. ¡Estás temblando! No sabés si él está allá afuera,
esperándote. ¡Tenés miedo!
-------—¡Y qué! ¡Es mi miedo, mi gente, mi historia! ¡Yo
tengo que arreglar esto!
-------Teo tragó saliva. No me interrumpió de inmediato. Su
rostro se suavizó, pero su tono se mantuvo firme.
-------—No. Es nuestra historia desde que me dejaste entrar
en ella. No me voy a quedar quieto viendo cómo te rompes
sola.
-------Me detuve. Un instante. El más breve, pero suficiente
para que el aire se detuviera en mis pulmones. El silencio se
hizo presente, cargado de tensión y emoción. El aroma a
lluvia fresca que Teo traía consigo se mezclaba con el olor a
__café recién hecho que flotaba en la cocina.

198
-------—¿Y si te pasa algo? —dije con un hilo de voz. —¿Y si
también te lastiman por mi culpa?
-------Teo se acercó despacio, como si su corazón supiera que
bastaba un soplo para que yo me deshiciera. Sus rizos,
mojados y despeinados, se pegaban a su frente, dando a su
rostro una expresión casi infantil, llena de preocupación y
determinación.
-------—Entonces prefiero estar contigo… y no arrepentirme
después de haberte dejado. Vos no tenés que cargar esto sola,
Ely. Ya no.
-------Y entonces lo supe.
-------Lo entendí.
-------Lo acepté.
-------No era debilidad dejarse cuidar.
-------No era traición aceptar que él estaba ahí, firme,
mirándome como si mi vida valiera algo.
-------Como si yo valiera algo.
-------Solté las llaves.
-------Y me dejé abrazar.
-------Solo por un instante, su abrazo fue como un faro en la
tormenta, reconfortante y seguro. El calor de su cuerpo me
envolvió, calmándome, dándome fuerzas. El aroma de su
piel, mezclado con el olor a lluvia, me llenó de una sensación
de protección y amor.
-------Antes de que el auto arrancara y la finca nos esperara
en la oscuridad, envueltos en la noche que parecía tragarnos,
pero que no nos vencía, nos tomamos de las manos. Juntos,
enfrentaríamos lo que viniera, sabiendo que ya no estábamos
solos.
-------Cuando Cielo llegó se fundió conmigo en un abrazo
melancólico, no hacia falta decir nada, mis lagrimas---
amortencia
199
---hablaban por si solas. Detrás de nosotras Teo acariciaba
mi cabello para calmarme. Con gran esfuerzo lo hice, ya
estaba cansada de tanto drama.
-------—¿Estás segura de que no querés que me quede? —
preguntó ella.
-------Estaba arrodillada al lado de la cama, donde Alejandro
dormía con el ceño fruncido por los calmantes. La penumbra
de la noche envolvía la habitación, y solo la luz cálida y
suave del velador iluminaba el rostro de mi padre, tiñendo su
piel de un dorado melancólico. Su respiración era pesada y
rítmica, como el susurro de un río que fluye con lentitud,
cargado de secretos y tristezas ocultas.
-------La observó en la penumbra. La luz cálida del velador
acariciaba --el rostro de Cielo, que se había puesto un suéter
prestado, demasiado grande para ella, y sostenía una taza de
té en las manos, como si estuviera en su propia casa. Sus
ojos, grandes y profundos, reflejaban una mezcla de
preocupación y determinación, como estrellas perdidas en el
cielo nocturno, brillando con una luz propia.
-------—Si pasa cualquier cosa, me escribís al instante —dije
al fin, bajando la voz hasta que fue apenas un susurro—. No
lo despiertes, que no se entere.
-------Cielo asintió, sus movimientos lentos y deliberados,
como si cada gesto fuera cargado de significado. No
preguntó. No insistió. Solo me miró con esos ojos grandes
que parecían decir: <Sé que no me contás todo, pero confío
en vos igual=. Sus ojos eran un espejo que reflejaba la
complejidad de nuestros sentimientos, la confianza y el
miedo entrelazados en una danza eterna.
-------—¿Y si pregunta por vos?
-------—Decile que salí a caminar. Que necesitaba
amortenciaciand e
200
despejarme.
-------Acaricio el marco de la puerta antes de salir, como si
tocara a mi padre desde lejos. A través de la madera, lo
escuchaba respirar pesado, un sonido que resonaba en el
silencio de la casa, cargado de promesas y temores. No
quería que supiera. No aún. No podía cargarlo con más
cosas mientras su cuerpo seguía latiendo por instinto más
que por voluntad. <Te estoy protegiendo también a vos,
aunque no me lo pidas=, susurre, dejando esas palabras
silenciosas flotando en el aire como hojas secas en el viento.
-------Cielo me sostuvo la mirada un instante más, sus ojos
brillando con una comprensión profunda, antes de que
cruzara la sala y saliera bajo la lluvia, donde Teo ya me
esperaba con el motor en marcha. El agua caía suavemente,
como un velo que cubría el mundo, borrando los contornos
de las cosas y dejando solo el susurro del agua y el rugido
suave del motor.
-------La casa quedó en silencio, envuelta en una calma tensa,
como si el tiempo se hubiera detenido. Solo el eco del viento
en las persianas y el vaivén de una taza tibia entre las manos
de una amiga que entendía más de lo que parecía. En ese
momento, en la penumbra de la noche, no me se sintió sola.
Sabía que, a pesar de todo, estaba protegida por la fuerza de
una amistad que trascendía las palabras y las acciones, una
amistad que brillaba en la oscuridad como una estrella
solitaria. Y a su vez, confiaba en mi. Esta vez no iba a fallar.
-------El motor del auto de mi padre sonaba como un susurro
bajo la lluvia, un murmullo suave que se mezclaba con el
ritmo de las gotas golpeando el techo y los vidrios. Apoyé la
frente en la ventana empañada, sintiendo cómo el vapor del
vidrio me devolvía el calor de mi piel. Mis manos---
amortencia
201
---temblaban, no por el frío, sino por el peso de todo lo que
no podía decir. El mundo fuera del coche parecía distante,
como si estuviéramos envueltos en una burbuja de cristal,
aislados del resto. La lluvia pintaba el paisaje con sombras
grises y verdes, borrando los contornos de los árboles y las
casas, dejando solo una neblina de agua y luces tenues.
-------Teo no preguntó. Manejaba con una concentración
serena, como si su sola presencia pudiera hacerme de escudo.
El silencio entre nosotros era tan denso que casi podía
tocarlo, pero también era reconfortante, como si nos
permitiera respirar sin tener que llenar cada momento con
palabras. El sonido de las ruedas sobre el asfalto mojado era
un ritmo constante, un latido que nos unía en una especie de
danza silenciosa.
-------—¿Segura que es en la finca de tu abuelo? —pregunto,
más por romper el silencio que por confirmar la ubicación.
-------Tomé el teléfono y miré la pantalla. Cielo estaba
convencida de que ese era el lugar. Ni siquiera recordaba
cómo había tecleado la dirección de la finca. Solo sabía que
tenía que ir. Tenía que hacer algo. Tenía que salvar a alguien.
Como si, esta vez, aún pudiera llegar a tiempo. Mis dedos
deslizándose sobre la pantalla se sentían torpes, como si
estuvieran pesados por la tensión y la preocupación.
-------—Gracias por venir —susurré, sin girarme.
-------Teo frenó en el arcén, en medio del camino vacío, entre
árboles que se sacudían con el viento y el agua. Los faros del
auto iluminaban la cortina de lluvia como un velo traslúcido,
transformando la noche en un paisaje surrealista. El viento
soplaba con fuerza, haciendo que las ramas de los árboles se
meciendo como espectros danzantes. El silencio entre de
__nosotros se intensificó, como si el mundo entero estuviera
uuuuuuuuuuu
202
conteniendo la respiración.
-------—No iba a dejarte sola, Elysia.
-------Lo miré y el silencio entre nosotros era tan denso como
un océano sin fondo. Las palabras se atascaban en mi
garganta, pero necesitaba que las dijera. Sus ojos, bajo la luz
tenue del tablero, reflejaban una mezcla de preocupación y
determinación, como si estuviera listo para enfrentar
cualquier cosa conmigo.
-------—No lo entendías antes —dije, la voz rota, no por
reproche, sino por recordar—. Que no quería que me
salvaran... solo quería que alguien estuviera conmigo
mientras el dolor cesara.
-------Teo apretó el volante, sus nudillos blanqueándose con
la fuerza de su agarre. No dijo nada. Bajó la mirada, como si
el peso de mis palabras fuera más de lo que podía soportar.
Las pestañas húmedas de la lluvia se pegaban a sus mejillas,
dando a su rostro una expresión de vulnerabilidad que nunca
había visto antes.
-------—Me he acostumbrado a resolver todo sola... que tener
quien lo haga por mi era algo que no me merecía.
-------—Yo era un idiota que presiono donde no debía —
respondió, con un hilo de voz.
-------—No eras malo —negué, y una lágrima me resbaló sin
permiso, dejando un rastro cálido en mi mejilla—. Solo no
entendías. Nadie entendía. Ni yo.
-------Él se inclinó hacia mí. Sin previo aviso mi corazón salto
cuando me acarició la mejilla con la yema de los dedos. Cerré
los ojos, sintiendo el calor de su piel contra la mía. Fue un
gesto suave, casi imperceptible, pero cargado de significado.
Como si, con ese simple toque, estuviera diciendo más de lo
que las palabras nunca podrían expresar.

203
-------—Estoy acá —dijo—. Aunque no quieras hablar.
Aunque no sepas qué hacer. Aunque estés hecha pedazos.
-------Sus palabras resonaron en el silencio, como ecos de una
promesa que se extendía más allá de las palabras. Abrí los
ojos y me encontré con los suyos, llenos de una intensidad
que me hacía sentir menos sola. El viento seguía meciendo
los árboles fuera, pero dentro del coche, el mundo parecía
haberse detenido.
-------Apoyé mi frente en la de él. Los labios rozándose
apenas, como una promesa contenida. La tensión vibraba
entre nosotros, como un arco tenso a punto de soltar la
flecha, pero no lo hizo. Todavía no. El contacto era suave,
casi etéreo, como si estuviéramos flotando en un limbo
donde el tiempo no existía.
-------Las manos se entrelazaron, nuestros dedos encajando
perfectamente, como piezas de un rompecabezas que
finalmente encontraban su lugar. La tensión vibraba en cada
fibra de mi ser, pero también había una calma, una sensación
de que, por primera vez en mucho tiempo, estaba
exactamente donde debía estar.
-------Todavía dolía. Todavía había miedo. Pero también
había un resquicio de esperanza, una luz tenue que se
asomaba en la oscuridad. Estábamos ahí, enfrentando el
miedo y el dolor juntos, y eso, por primera vez, era más que
suficiente.
-------—No estoy sola —susurré, más para mí misma que
para él.
-------—Nunca más —respondió Teo, y en su voz había una
firmeza que me reconfortaba.
-------Nos quedamos así por un momento, sosteniéndonos
__mutuamente en la penumbra del coche, mientras la lluvia
amortencia
204
seguía cayendo fuera, como una sinfonía de agua que nos---
envolvía en su ritmo constante. El mundo seguía girando,
pero en ese instante, en ese lugar, todo parecía estar en
perfecto equilibrio.
-------Pensé en el destino que me aguardaba, en el pasado que
se negaba a dejarme en paz. La bestia, ese ser sin escrúpulos
que había destrozado mi vida y la de los que amaba, seguía
acechando en las sombras. Había dejado un rastro de dolor y
destrucción a su paso, y yo sentía en mis huesos que no
descansaría hasta que hubiera acabado con todos los que me
importaban.
-------El miedo se apoderaba de mí cada vez que pensaba en
mis seres queridos, en todos aquellos que habían sido
víctimas de esa bestia. La culpa me consumía, como un fuego
lento y constante. Me sentía responsable de cada pérdida, de
cada lágrima derramada. Si hubiera actuado antes, si hubiera
sido más fuerte, tal vez las cosas habrían sido diferentes. Tal
vez mi madre aún estaría conmigo, tal vez mi padre no
habría estado luchando por su vida en esa cama de hospital.
-------Pero el pasado no se podía cambiar. Sólo quedaba
enfrentar el presente y construir un futuro mejor. Sabía que
no podía permitir que esa bestia me venciera, que no podía
permitir que se llevara a Teo, a Cielo, a todos los que amaba.
Tenía que volverse fuerte, no solo para mí, sino para
proteger a los demás.
-------La lluvia golpeaba las ventanas del coche, un sonido
constante y familiar que me traía recuerdos de noches
pasadas, de momentos de calma y de tormenta. El camino
que teníamos por delante era incierto, lleno de peligros y
desafíos, pero no podía detenerme. No ahora.
-------—No puedo permitir que se repita —dije, más para---
amortencia
205
---mí misma que para él. Mis palabras salieron como un
susurro, pero estaban cargadas de determinación.
-------Me miró con una intensidad que me hizo sentir más
fuerte. Sus ojos reflejaban una mezcla de comprensión y
apoyo, como si pudiera ver a través de mis miedos y dudas.
-------—No tienes que hacerlo sola —dijo, su voz firme y
calmada.
-------Asentí, sintiendo un nudo en la garganta. Sabía que
tenía razón. No había enfrentado el pasado solo por mí
misma, sino por todos aquellos que amaba.
-------Ahora, más que nunca, necesitaba ser fuerte, no solo
para protegerme, sino para proteger a los demás.
-------—Tengo que ser fuerte —murmuré, más para mí misma
que para él—. Tengo que ser la barrera que impida que esa
bestia se acerque a los que amo.
-------Teo apretó mi mano, un gesto sencillo pero lleno de
significado. Me transmitía una fuerza que no sabía que tenía,
una fuerza que me ayudaría a enfrentar lo que fuera que
viniera.
-------—Lo serás —dijo con convicción—. Y estaré a tu lado
cada paso del camino.
-------Sus palabras me dieron valor.
-------No estaba sola en esta batalla. Tenía a Teo, a Cielo, a
todos aquellos que me apoyaban y me ayudaban a
levantarme cada vez que caía.
-------No podía permitir que me venciera, no podía permitir
que me arrebataran a los que más amaba.
-------El motor del coche se encendió de nuevo, rompiendo el
silencio.
-------Teo puso el vehículo en marcha, y continuamos nuestro
__camino bajo la lluvia. La ruta estaba llena de
amoertenciadjdlf
206
incertidumbre y oscuridad, pero también de esperanza.---
Sabía que juntos, podríamos enfrentar cualquier cosa.

207
La Flor
Nyctagi
-------La finca parecía dormida, pero no había paz en su
silencio. Un velo de quietud lo cubría todo, como si el tiempo
se hubiera detenido. Los árboles, empapados por la lluvia
reciente, se mecían lentamente, sus ramas susurrando
secretos ocultos al viento. Parecían intentar advertirme de
algo, sus hojas mojadas brillando bajo la tenue luz del
atardecer. El portón oxidado crujió al empujarlo, un sonido
agónico que resonó en el aire cargado de humedad. Sentí que
hasta el sonido del viento retenía el aliento, como si esperara
mi próximo movimiento.
-------—Vamos con cuidado —murmuré, más para mí que
para Teo.
-------Ambos descendimos del auto de mi padre y nos
deslizamos entre la maleza como sombras. El musgo húmedo
cubría las piedras, y el aroma de la tierra mojada llenaba mis
fosas nasales. Teo se quedó unos pasos detrás, vigilante, sus
ojos midiendo cada rincón en busca de cualquier señal de
peligro. Conocía el terreno. No había ido sola. No esta vez.
Pero debía parecerlo.
-------Avancé hacia la casa grande, cada paso que daba hacia
la puerta hundía mis zapatillas en el barro húmedo. El lodo
se adhería a mi haciendo que cada pisada fuera un esfuerzo.
Los ventanales estaban cerrados, sus cristales opacos
reflejando la penumbra del exterior. Desde afuera, no se
percibía movimiento alguno, solo un silencio opresivo que
me envolvía.
-------Tragué saliva, el nudo en mi garganta dificultando el
paso. Forcé la cerradura con una llave vieja que aún colgaba
de mi llavero desde la última vez que vine, sentí su metal frío
__y desgastado bajo mis dedos temblorosos.

210
-------Dentro, el silencio era más cruel que cualquier ruido.---
El aire estaba cargado de polvo suspendido, danzando en los
últimos rayos de luz que se filtraban a través de las rendijas
de las ventanas. El crujir sutil de la madera bajo mis pies
resonaba en el vacío, como ecos de un pasado lejano. El
aroma a encierro y humedad era insoportable, un olor que
me recordaba a un lugar que había dejado de ser un hogar
para volverse un recuerdo muerto.
-------Entonces la vi.
-------Tirada sobre el respaldo del sofá, arrugada como si
hubiera sido lanzada con violencia.
-------La campera de mi madre.
-------Alicia.
-------Manchada de sangre seca.
-------Mi cuerpo dejó de responder. El pecho comenzó a
dolerme como si una garra invisible me estrujara desde
adentro. El dolor era tan intenso que me costaba respirar,
como si el aire se hubiera vuelto denso y pesado. El aire no
entraba, no salía, mi garganta se cerró, y sentí que el mundo
giraba como una espiral descontrolada, los colores y las
formas se desdibujaban ante mis ojos.
-------—¡Elysia! —La voz de Teo se abrió paso como una
soga lanzada al abismo, rompiendo el silencio y
devolviéndome a la realidad.
-------Él entró corriendo, me atrapó antes de que cayera de
rodillas. Sus manos fuertes y cálidas me sostuvieron,
anclándome a la tierra firme.
-------—No... —susurraba, con las manos en la cabeza, los
ojos abiertos sin ver—. No, no, no...
-------—Respirá conmigo —dijo él, firme pero suave—.
Mírame, Elysia. Estoy acá. Respirá.

211
-------Lo miré. Mis pupilas dilatadas reflejaban el miedo y la
angustia. Las lágrimas surcaban mi rostro, mezclándose con
el sudor frío que perlaba mi piel.
-------—Si es su sangre... si le hicieron algo... —La frase se
quebró en mil pedazos antes de terminar, las palabras
ahogadas por el nudo en mi garganta.
-------—No sabemos nada aún —repitió Teo, y me abrazó
fuerte, conteniéndome sin presionarme—. No saques
conclusiones todavía. Sos fuerte. Sos más fuerte de lo que
creés.
-------Las palabras no bastaban, pero su calor sí. Su abrazo
era real, era ahora, y me devolvió un poco de la estabilidad
que había perdido. El olor a hierba fresca y tierra mojada
impregnaba su ropa, un aroma que me resultaba
reconfortante en medio de aquella pesadilla. Me aferré a él,
sintiendo el latido de su corazón contra el mío, un ritmo
constante y calmado que me ayudó a regular mi propia
respiración.
-------Un paso a la vez. Una respiración. Una búsqueda. Una
verdad.
-------Me obligué a inspirar hondo, como él me pedía, como
mi terapeuta me había enseñado. El aire frío y húmedo llenó
mis pulmones, y lentamente, el pánico comenzó a disiparse.
Mis músculos se relajaron, y el mundo dejó de girar.
-------—Gracias —susurré, la voz apenas audible.
-------Teo asintió, sus ojos llenos de preocupación y
determinación. Nos separamos, pero no del todo. Mantuvo
una mano en mi espalda, ofreciéndome un apoyo constante.
-------—Vamos a averiguar qué pasó —dijo, con una firmeza
que me dio un poco de esperanza.
-------Nos acercamos al sofá donde estaba la campera de mi
amortencia
212
madre. El algodón blanco estaba manchado de un rojo---
oscuro, casi negro en algunos puntos. El olor a sangre se
mezclaba con el de la humedad, creando un aroma
nauseabundo que me hizo retroceder un paso. Teo me sujetó
del brazo, evitando que me tambaleara.
-------—Tenemos que ser meticulosos —murmuró,
examinando la escena con cuidado—. No queremos alterar
nada.
-------Asentí, intentando mantener la calma. Observé la
campera más de cerca. Las manchas de sangre parecían
antiguas, secas y coaguladas. La tela estaba arrugada y
desgarrada en algunos puntos, como si hubiera sido
arrancada con fuerza. Mis dedos temblorosos rozaron la tela,
sintiendo la textura rugosa y fría.
-------—¿Qué más hay aquí? —pregunté, forzándome a
buscar pistas.
-------Teo sacó una linterna del bolsillo y la encendió,
iluminando el salón con un haz de luz blanca. El polvo
flotaba en el aire, visibles en el haz de luz, creando un efecto
etéreo. Los muebles estaban cubiertos de capas de polvo, y
algunas telas raídas colgaban de los respaldos de los sillones.
La chimenea estaba apagada, y las cenizas frías indicaban
que no se había usado en mucho tiempo.
-------Nos movimos con cautela, explorando cada rincón de
la sala. Encontramos una mesa de centro volcada, los
cristales rotos esparcidos por el suelo. Un jarrón de cristal
yacía en pedazos, sus fragmentos brillando con un brillo
siniestro bajo la luz de la linterna. La alfombra estaba
descolorida y llena de manchas oscuras, algunas de las cuales
parecían ser de sangre.
-------—Alguien luchó aquí —dije, la voz temblorosa pero---

213
---decidida.
-------Teo asintió, sus ojos escrutando cada detalle. Nos
dirigimos hacia la cocina, donde el olor a moho era aún más
intenso. Los armarios estaban abiertos, y los platos y
utensilios tirados por el suelo. En el fregadero, un cuchillo de
cocina manchado de sangre secada destacaba entre los restos
de una cena a medio preparar.
-------—Esto no es bueno —murmuró Teo, su voz cargada de
preocupación.
-------Me acerqué al cuchillo con precaución, sintiendo cómo
el miedo volvía a apoderarse de mí. Las manchas de sangre
eran evidentes, y el mango del cuchillo estaba cubierto de
huellas parciales.
-------Mi mente trabajaba a toda velocidad, tratando de
reconstruir lo que había sucedido. Imágenes fragmentadas se
arremolinaban en mi cabeza: mi madre traída a la fuerza
aquí, ella tratando de escapar; el sonido de una pelea, gritos
ahogados; el ruido de algo rompiéndose. Cada detalle, cada
objeto caído, parecía contar una parte de la historia, pero la
totalidad seguía siendo un misterio.
-------—Debemos ser sistemáticos —dije, intentando
mantener la voz firme—. No podemos dejar pasar ningún
detalle.
-------Teo asintió, y juntos comenzamos a examinar la cocina
con mayor detenimiento. El fregadero estaba con algunos de
platos sucios y restos de comida. El cuchillo de cocina, con su
hoja manchada de sangre, seguía siendo el elemento más
perturbador. Lo envolví en un paño limpio, cuidando de no
contaminar las huellas y lo escondí detrás dentro del mueble
de la cocina donde se ponía la mercadería, detrás de los
__dulces en conservas que vendía mi padre.
214
-------—Necesitamos recoger todas las pruebas posibles —
añadí, pensando en las huellas dactilares y las fibras que
podrían ser cruciales—. Pero no tienen que ser muchas... solo
algunas que queden guardadas en caso de que venga a
limpiarlas y no sospeche que estuvimos aquí.
-------Teo sacó una pequeña bolsa de plástico de su mochila y
empezó a recoger algunos los fragmentos del jarrón y los
platos rotos, sin tocarlos directamente con sus manos
colocándolos en la bolsa. Mientras tanto, yo revisaba los
armarios y los cajones, buscando cualquier papel, nota o
documento que pudiera dar una pista.
-------En uno de los cajones, encontré un diario intimo con
las páginas amarillentas y frágiles. Lo abrí con cuidado, y las
primeras entradas eran de hace años, llenas de anotaciones
cotidianas y reflexiones de mi madre. Sin embargo, las
últimas entradas eran diferentes, más tensas y llenas de
preocupación.

"23 de Diciembre. No sé en quién confiar. Hay algo extraño en el


vecindario. No puedo explicarlo, pero siento que estamos en
peligro."

"25 de Diciembre. Oí ruidos extraños anoche. Pensé que era el


viento, pero no estoy segura. Debo hablar con alguien, pero ¿con
quién?"

"27 de Diciembre. La tensión es insoportable. Algo malo va a


suceder. Debo proteger a Elysia y a Luisana."

-------Las palabras me golpearon como un puñetazo. Mi


madre había sentido miedo, y yo no había estado allí para---
amortencia
215
---ayudarla. Las lágrimas amenazaron con brotar de nuevo,
pero me negué a dejar que me dominaran.
-------—Teo, mira esto —dije, mostrándole el diario.
-------Leímos las últimas entradas juntos, nuestras caras
reflejaron la misma mezcla de angustia y determinación. Teo
asintió, su mandíbula apretada.
-------—Tenemos que encontrar a quien haya hecho esto —
dijo, con una firmeza que me reconfortó—. No
descansaremos hasta saber la verdad.
-------Sentí un dolor punzante en el pecho... porque yo ya
sabia quien podía ser. Colocamos el diario en una bolsa de
plástico y continuamos nuestra búsqueda. Inspeccionamos
las habitaciones estaban igualmente desordenadas.
Definitivamente alguien se había instalado en aquella casa
sin ningún permiso. La cama de la habitación que había sido
de mi madre estaba hecha, pero las sábanas estaban
arrugadas y habían signos de lucha. Un marco de foto estaba
roto en el suelo, la imagen de mi familia esparcida entre los
fragmentos de vidrio.
-------En el cuarto que era nuestro durante los veranos
visitando a los abuelos tenia la cama estaba deshecha, y los
juguetes y libros estaban tirados por todas partes. Un dibujo
infantil colgaba de la pared, mostrando a nuestra familia
sonriendo bajo un sol radiante. La inocencia de ese dibujo
contrastaba cruelmente con la realidad que enfrentábamos.
-------—Elysia, mira esto —dijo Teo, llamando mi atención.
-------En el escritorio de mi hermana, encontramos unos
pequeños dibujos, con trazos torpes pero con una claridad
emocional que hizo mi cuerpo temblar. En el estaba mi
madre, eran varias versiones de ella. Preocupada. Triste.
__Asustada. Y en cada cambio... una persona de negro se
amortencia
216
acercaba... más... y más... No necesitábamos indagar más
con Teo, sabíamos de que se trataba.
-------Pero a diferencia de como estaba la cocina, aquí no
había ninguna señal de lucha… solo abandono. El silencio se
extendía como una manta de plomo sobre la finca, sofocante
y pesado.
-------La caballeriza, en cambio, olía a miedo: un aroma
metálico y agrio de las maquinas que se mezclaba con el
dulce heno. Las marcas de un vehículo con llantas grandes,
quedaron grabadas en el barro de afuera. Mi mente comenzó
a pensar por un segundo quien podía ser dueño de una bestia
así, pero fue interrumpida:
-------—No hay rastros de ellas —dijo Teo, saliendo del
establo. Tenía la frente perlada de sudor, las gotas
resbalando por su rostro curtido. Su ceño estaba fruncido,
los ojos entornados en una mirada de frustración y alerta.
-------No respondí. Mi mirada se había clavado en la
arboleda, a pocos metros del perímetro trasero de la finca.
Los árboles se erguían como centinelas oscuros, sus ramas
extendiéndose como brazos fantasmales en la penumbra.
-------Algo… me llamaba.
-------O me empujaba.
-------No sabía qué era, pero sentía una fuerza irresistible que
tiraba de mí, como un hilo invisible conectado a mi corazón.
-------—Voy a revisar el borde del bosque —murmuré, la voz
apenas audible sobre el zumbido de los insectos nocturnos.
-------—No te separes mucho —advirtió Teo, su tono
cargado de preocupación.
-------—Solo… un momento. Necesito hacerlo.
-------Teo me observó dudar, sus ojos reflejando una mezcla
de incertidumbre y resignación. No insistió. Me ofreció su---
amortencia
217
---linterna, y la tomé con manos trémulas, el metal frío y
ligeramente húmedo bajo mis dedos. La noche caía despacio,
envolviéndolo todo en una oscuridad densa y pegajosa,
mientras las sombras se estiraban como dedos ansiosos entre
los troncos.
-------Caminé, cada paso una sinfonía de sonidos suaves: el
barro chupando mis botas, las ramas húmedas crujientes
bajo mis pies, el crujido de hojas secas quebrándose como
cristales finos. El aire estaba cargado de humedad, el olor a
tierra mojada y musgo se filtraba en mis pulmones,
llenándome de una sensación de antigüedad y misterio.
-------Y entonces… lo vi.
-------Primero, una flor.
-------Luego otra.
-------Y otra más.
-------Tiradas en el suelo como migas de pan en un cuento
macabro. Pequeñas, delicadas, con un capullo blanco abierto
desde el cual brotaba un tallo más fino que sostenía un
segundo botón, rojo sangre. Eran iguales a la de la foto. No
eran comunes. Eran naturalmente únicas. Parecían criaturas
de un sueño distorsionado, un diseño cruel de la naturaleza o
un mensaje cifrado, una invitación al horror.
-------Sentí que algo se agitaba dentro de mi pecho, un
remolino de emociones que se enredaban y desenredaban en
un torbellino de miedo y curiosidad. El miedo se volvía más
denso, como una niebla que se cerraba a mi alrededor,
mientras el camino se hacía más claro, iluminado por la luz
tenue de la linterna.
-------El bosque había dejado de ser un refugio. Ahora era un
escenario, un teatro de sombras y secretos. Y yo… el
__personaje principal.

218
-------Seguí las flores, cada una un hito en un camino---
desconocido, cada una un eco de un pasado oscuro que
parecía querer revelarse. El bosque se cerraba a mi alrededor,
sus susurros llenando el aire, y yo, con el corazón latiendo
como un tambor en mi pecho, continué adelante, impulsada
por una fuerza que no podía ni quería resistir.
-------El sendero se adentraba en el bosque como un corte
antiguo, cicatrizado a medias por el tiempo y las lluvias. Las
marcas de los pasos antiguos se mezclaban con las raíces
retorcidas y las hojas caídas, creando un camino que parecía
haber sido trazado por manos invisibles. Las flores estaban
esparcidas cada metro, como si alguien hubiese tenido el
cuidado —y la crueldad— de sembrarlas justo para mí. No
eran muchas, pero las suficientes. Las suficientes para
entender que esto no era un accidente. Era un mensaje. Una
trampa. Un rastro que solo yo podía leer.
-------Cada flor parecía más fresca que la anterior, como si
alguien las hubiese dejado caer hace solo unas horas. El
blanco del primer capullo brillaba en la penumbra del bosque
como una mentira inocente, un faro de pureza en medio de la
oscuridad. El segundo, más pequeño y rojo, se abría desde
dentro como un grito mudo, un llamado de auxilio
silenciado. Una flor dentro de otra. Un nido. Un eco de algo
que no debía haber nacido, una abominación de la
naturaleza que parecía burlarse de la vida misma.
-------Tragué saliva, pero la boca me sabía a polvo y
sequedad. Mis manos temblaban, y sentía el frío metal de la
linterna en mis dedos, como si fuera una extensión de mi
propio miedo. Intentaba no pensar en mi madre, en mi
hermanita, en esa camperita blanca con orejas de osito. Pero
era inútil. La imagen me perseguía, como todo lo que no---
amortencia
219
---me había atrevido a decir en voz alta. La camperita, con
sus detalles infantiles y coloridos, se superponía a la realidad,
un fantasma que no dejaba de atormentarme.
-------Avancé. El bosque susurraba cosas que no quería
escuchar. Susurros de hojas, crujidos de ramas, el zumbido
de insectos nocturnos, todos conspirando para crear una
atmósfera de inquietud y misterio. El aire estaba cargado de
humedad, el olor a tierra mojada y musgo se filtraba en mis
pulmones, llenándome de una sensación de antigüedad y
misterio. Cada paso era una mezcla de barro, ramas
húmedas y el crujido de hojas secas, un concierto de sonidos
que resonaba en el silencio del bosque.
-------Y al final del camino… lo encontré.
-------El templo. El pequeño santuario abandonado entre los
árboles, con sus pilares torcidos por el tiempo y el techo a
medio caer, y recordé al fin que en ese lugar donde solía
jugar de niña, creyendo que los dioses podían protegernos.
Estaban tan enterrados en mi memoria que ahora que veía el
lugar por tercera vez en estos días, esos recuerdos escasos con
mi abuelo volvían a mí. Como si mi inconsciente me pidiera
recordar algo mas importante. Algo que Alberto me había
enseñado. Las paredes de piedra estaban cubiertas de musgo
y hiedra, y las sombras se arrastraban por los rincones,
creando formas grotescas y amenazantes. El aire dentro del
templo era más frío, como si el tiempo se hubiera detenido
allí, conservando los ecos de un pasado lejano.
-------Pero ahora, algo profanaba ese recuerdo.
-------Una estaca —gruesa, irregular, de madera rota—
atravesaba el techo a modo de lanza. Clavada con violencia,
como una sentencia inapelable. La madera astillada parecía
__gritar de dolor, y las grietas en el techo dejaban pasar
amortencia
220
rayos de luna, iluminando la escena con una luz fantasmal.---
Y en su extremo más expuesto, colgando como una bandera
blanca manchada por la guerra, estaba la camperita.
-------La de mi hermana.
-------Me quedé inmóvil. El corazón me golpeaba tan fuerte
que me impedía respirar. Todo mi cuerpo temblaba, como si
ya no fuese mío. Sentí que me partía, en silencio, desde
adentro. El miedo se convertía en una presencia tangible, un
peso que me aplastaba y me hacía sentir insignificante ante la
magnitud de lo que estaba viendo.
-------Iba a correr hacia allí, a arrancar esa imagen del
mundo, a negar la amenaza con mi desesperación, cuando lo
escuché.
-------Una rama crujió detrás de mí, un sonido sutil pero
cargado de significado. Mi cuerpo se tensó, los músculos se
prepararon para el movimiento, pero el miedo me
paralizaba. Giré lentamente, con la linterna en alto,
iluminando el sendero detrás de mí. La luz se movía en
círculos, buscando cualquier señal de movimiento, cualquier
sombra que no perteneciera al bosque.
-------El silencio volvió a reinar, pero era un silencio
diferente, cargado de expectación y peligro. Los árboles
parecían inclinarse hacia mí, sus ramas extendiéndose como
dedos acusadores. El aire se había vuelto más frío, como si
una brisa helada hubiera soplado desde las profundidades
del bosque, llevando consigo un olor a tierra húmeda y hojas
podridas.
-------De repente, una figura emergió de la oscuridad. Era
una silueta oscura, casi indistinguible del fondo, pero pude
ver el contorno de un cuerpo humano. La figura se movía
con una gracia siniestra, cada paso calculado y preciso. El---
amortencia
221
---corazón me latía tan fuerte que parecía querer romper mi
pecho, y el sudor frío me corría por la espalda.
-------Y entonces, la pesadilla tuvo nombre y rostro.
-------—¿Te gusta el camino que dejé para vos?
-------La voz surgió como un cuchillo entre los árboles,
férrea, áspera, enferma. Giré lentamente, con los músculos
tensos como alambres, cada fibra de mi cuerpo preparada
para el enfrentamiento. El bosque parecía haberse
congelado. No había viento, ni pájaros, ni cielo. Solo esa
voz. Y ese crujido.
-------Él salió de entre los árboles como un animal que nunca
debió volver al mundo de los vivos. La misma sonrisa
torcida, la misma mirada vacía que había visto la última vez.
Esa vez… en la que Flor ya no volvió.
-------Pero no estaba solo.
-------Arrastraba algo.
-------Un cuerpo. El cuerpo de Teo.
-------Inerte. La cabeza caída hacia un costado. El rostro
oculto por la sangre seca. La camiseta empapada en barro y
rojo.
-------—No... —susurré, apenas un eco de mí misma—. No,
no, no...
-------Mis piernas quisieron correr, pero no lo hicieron. Mi
garganta quiso gritar, pero estaba llena de espinas. El miedo
se había apoderado de cada célula de mi cuerpo,
paralizándome, haciéndome sentir como si estuviera
atrapada en una pesadilla del que no podía despertar.
-------Enrique tiró el cuerpo de Teo como quien deja caer una
bolsa de basura.
-------—¿Ves lo que provocás, pendeja? —dijo, y la voz le
__escupía veneno con cada palabra—. Todo esto... es por
amortencia
222
vos.
-------Di un paso hacia atrás, temblando. Pero él ya estaba
encima de mí. En un instante, me tenía contra el tronco de un
árbol. Una mano me apretaba el cuello, cortando mi
respiración, mientras la otra sostenía un cuchillo oxidado. Y
esa sonrisa. Esa maldita sonrisa.
-------—Flor pensó que podía dejarme —susurró, con el
cuchillo apenas rozándome la mejilla—. ¿Y sabés por qué?
Porque vos le llenaste la cabeza. Porque vos le dijiste que
valía más. Y ahora… vas a pagar por eso.
-------Los dedos me apretaban la garganta, cortando el
oxígeno, haciendo que el mundo se volviera borroso. Pero
dentro de mí algo también se rompía. Algo viejo. Algo que
ya no iba a callarse.
-------Pero aún no podía moverme. Ni pensar. Solo recordar.
-------El grito de mi amiga. El miedo. El silencio.
-------Y Teo… Allí, inmóvil. ¿Muerto?
-------No. No. No podía ser. No después de todo.
-------No después de haber aprendido que podía vivir.
-------Los monstruos de mi pasado siempre han estado al
acecho, y no quería que quienes me importaban estuvieran
en la línea de fuego. Desde aquel primer encuentro con ellos,
esos recuerdos me atormentaba sin descanso durante años y
en todo ese tiempo luchaba por borrarlos, por sentirme lo
suficientemente fuerte para enfrentarlos.
-------No soy fuerte, pero aún así desde aquel día, nació en mí
un instinto de protección en mí hacia aquellos que amaba,
principalmente con mi hermanita. Sin embargo, en este
momento no puedo hacer nada para protegerla y solo me
queda rogarle al cielo que esté a salvo, que todos estén a
salvo.

223
-------Había venido con el propósito de hacerme más fuerte,
pero tristemente: fracasé. De algo estaba segura, esta sería mí
última noche.
-------La lluvia cae sin piedad sobre mí; pareciendo querer
hundirme en el barro del bosque donde me encuentro
atrapada. Ya no puedo respirar... La figura frente a mí tiene
rasgos de bestia asesina y no era la primera vez que veo esa
mirada llena de odio. También la había visto en mi misma.
-------Aunque me duele aceptarlo, mi hora ha llegado.
-------El rostro de Flor se superpuso en mi mente, sus ojos
llenos de terror y determinación. Recordé nuestras promesas,
nuestros sueños, la fuerza que habíamos encontrado juntas.
Y recordé a Teo, su valentía, su lealtad, su amor
incondicional.
-------Mi pecho comenzó a arder. La ira comenzó a ser
burbujeante dentro de mí, mezclándose con el miedo,
creando una tormenta de emociones que me llenaba las venas
dándome la fuerza que necesitaba. Con un último esfuerzo,
levanté la rodilla y la clavé en el abdomen de Enrique. Él
soltó un gruñido de dolor y aflojó su agarre. Tomé aire con
avidez, llenando mis pulmones de oxígeno.
-------—¡No! —grité, empujándolo con todas mis fuerzas—.
¡No vas a ganar!
-------Enrique retrocedió, sorprendido por mi reacción, pero
rápidamente recuperó el equilibrio. Su sonrisa se volvió más
cruel, y el cuchillo brilló a la luz de la linterna.
-------—Elysia, no sabés con quién te estás metiendo —dijo,
avanzando de nuevo.
-------Pero yo ya no tenía miedo. No del mismo modo. Había
algo más fuerte dentro de mí, algo que me impulsaba a
__luchar. Esa adrenalina quemaba mi cuerpo a tal grado que
amortencia
224
podía ver el vapor de mi piel entre la lluvia y la luz de la
linterna.
-------—¿Creés que podés ganarme? —Enrique escupía tierra
y saliva mientras se incorporaba—. ¿Una pendeja rota que
cree que se puede esconder de mí? Vos sos nada. Sos basura.
Igual que aquella puta de Florencia.
-------Otra vez ese nombre en su boca. Sucia. Profanada.
Sentí cómo todo dentro de mí se rompía. Recordé cómo la
había encontrado aquel día. En que la mató. Él. La mató. Y
nadie me escuchó. Las imágenes de aquel día volvieron a mí
como un torrente de dolor y rabia. El cuerpo inerte de Flor,
sus ojos vacíos, la sangre que teñía el suelo. Todo volvía,
crudo y vívido, como si hubiera ocurrido hace solo unos
momentos. Y su bebé... ese ángel que no se pudo salvar.
-------—Ella gritaba, ¿sabés? Gritaba como perra. Me
rogaba. Y después… nada. —Sonrió, con los dientes
manchados de sangre propia—. Fue hermoso.
-------Caí de rodillas. No porque no pudiera seguir, sino
porque necesitaba tocar la tierra. Necesitaba algo real, algo
que me sostuviera mientras el mundo se abría como un
abismo bajo mis pies. Ese fue el final de Flor. Y lo sabía. Lo
sabía desde el primer día. Pero era una niña de diecisiete.
Una que apenas entendía cómo caminar en sus propios
zapatos, mucho menos cómo cargar con un crimen. Con la
culpa.
-------—No fue difícil encontrarte. Tu noviecito bien gato
resultó ser —gruñó él—. Con una amenaza bastó para
decirme quién era tu madre.
-------Escuchar su nombre me revolvió el estómago. Ramiro.
Mi primer amor. Mi refugio. Mi traidor. Aquel chico que
había sido mi todo, que me había hecho sentir segura y---
amortencia
225
---amada. Pero sus palabras resonaban en mi memoria, frías
y cortantes:
-------«Te tenés que callarte, Elysia. Ese tipo está enfermo,
dicen que prostituye chicas. Si te ve, si te escucha... te va a
arrastrar con él.»
-------Eso me había dicho Ramiro. Sin mirarme a los ojos. Y
yo lo escuché. Le creí. Callé. Me tragué el grito, el asco, el
miedo, el dolor. Por eso lo dejé. Porque cada vez que lo veía,
me veía a mí misma encerrada en esa jaula. Él nunca intentó
entenderme. Solo me quiso silenciar. Y yo, rota, pensaba que
tal vez me lo merecía. Que por no haber salvado a mi amiga,
ya no merecía ser salvada.
-------Por eso fui a terapia. Porque sabía que si seguía así,
Flor no sería la única en desaparecer. Porque mi amiga no
habría querido eso para mí. Porque recordaba bien cada
palabra en la última carta que me había escrito a mano para
mi cumpleaños, después de darme la noticia de que sería tía.
En esa carta, me pedía que, si seguía el camino del arte,
quisiera ser la maestra de artes plásticas de su bebé cuando
comenzara la escuela. No quería morir. No quería que su
sacrificio fuera en vano.
-------Y hoy… estaba aquí. Frente al hombre que lo había
causado todo. Y a su lado, Teo. Ese niño con la sonrisa más
viva que conocía. El único que aún confiaba en mí como si
pudiera con todo. Tenía que salvarlo. Tenía que salvarme.
-------Enrique ya venía hacia mí. Más lento, sí. Pero seguro.
Vi el cuchillo entre las hojas, a medio metro. Lo había
pateado antes… Estaba cerca. El bosque se había vuelto un
escenario de pesadilla, las sombras se alargaban y las hojas
crujían bajo nuestros pies. Cada paso de Enrique era un eco
__de mi propia desesperación.

226
-------Cuando me tomó del cabello para lanzarme al suelo,---
me arrastró con fuerza. Golpeé contra el suelo, la visión se
me nubló, y la lluvia me ahogó. El grito me moría en la
garganta. El mundo se volvió un borrón de sombras y luces,
pero el dolor era real, punzante y crudo. Enrique me
arrastraba hacia el altar shintoista, sus pasos firmes y
decididos, mientras yo luchaba por liberarme, pero el miedo
y la impotencia me paralizaban.
-------—No te resistas, Elysia —dijo, su voz cargada de una
satisfacción perversa—. Esto tiene que terminar.
-------Me arrastró más cerca del altar, sus manos apretando
con fuerza, marcando mi piel con sus dedos. El altar
shintoista se alzaba ante nosotros, antiguo y desgastado, sus
pilares torcidos y cubiertos de musgo. Las ofrendas
olvidadas y las flores marchitas añadían un aire de abandono
y desolación. El lugar que alguna vez había sido sagrado
ahora era el escenario de una tragedia inminente.
-------—¿Sabés cómo encontré a tu madre? —continuó
Enrique, su aliento caliente y apestoso en mi cara—. Fue
fácil. Demasiado fácil. Tu madre era una mujer débil, una
cobarde. Igual que su novio, ese poca cosa llamado Carlos.
-------Mi corazón se encogió al escuchar el nombre de mi
madre y de Carlos. No me sorprendía de Carlos, el hombre
era un imbécil que solo quería ser mantenido por mi madre.
El hombre que, según Enrique, había sido tan fácil de
manipular. Lo odie aún más.
-------—Carlos era un cobarde —escupió Enrique—. Le dije
que necesitaba hablar con tu madre, que tenía información
importante. Y él, sin pensarlo dos veces, me dio su teléfono.
Me dijo que podía usarlo para concertar una cita con ella.
Un encuentro casual, dijo. Un paseo al cine con tu---
amortencia
227
---hermanita.
-------La rabia y el dolor se mezclaron en mi pecho. Carlos, el
hombre que había prometido proteger a mi familia, había
sido tan fácil de engañar. Tan fácil de manipular. El
pensamiento de que mi madre y mi hermanita habían sido
entregadas a las manos de Enrique por alguien en quien
confiaban me llenaba de una ira incontenible.
-------—Tu madre no sospechó nada —prosiguió Enrique, su
voz se volvió más baja, casi un susurro—. Fue al cine con tu
hermanita. Y allí, en la oscuridad, las esperaba yo. Les
prometí diversión, pero solo les di terror. Tu madre luchó,
claro. Pero al final, no pudo hacer nada. Y tu hermanita...
bueno, ella fue más fácil.
-------Las lágrimas rodaban por mis mejillas, mezclándose
con la lluvia. El dolor era insoportable, una herida abierta
que no dejaba de sangrar. Pero también sentía algo más.
Algo que me impulsaba a seguir luchando, a no rendirme. El
recuerdo de mi madre, de mi hermanita, de Flor, de Teo.
Todos ellos dependían de mí.
-------—No vas a ganar —dije, mi voz temblorosa pero firme
—. No después de todo lo que hemos pasado.
-------Enrique soltó una carcajada, un sonido cruel y
despiadado que resonó en el silencio del bosque.
-------—Ya gané, Elysia —respondió, su sonrisa se ensanchó
—. Ya gané. Y tú vas a ser la última pieza en mi juego.
-------Me arrastró hasta el altar, sujeta con una fuerza
sobrehumana. El cuchillo brillaba a la luz de la linterna, una
amenaza constante. Pero en ese momento, algo cambió
dentro de mí. Algo se rompió, pero no de dolor, sino de
determinación.
-------Con un último esfuerzo, reuní toda la fuerza que me
amortencia
228
quedaba y le asesté una patada en el estómago. Enrique---
soltó un gruñido de dolor y aflojó su agarre. Me liberé y me
puse de pie, respirando con dificultad, pero con una nueva
resolución en mi mirada.
-------—No voy a dejar que ganes —dije, mi voz firme y
decidida—. No después de todo lo que hemos pasado. No
después de todo lo que he perdido.
-------Enrique se incorporó lentamente, sosteniéndose el
estómago, su rostro contorsionado por la ira y el dolor. La
lluvia caía en cascadas, empapándonos y haciendo que el
suelo se volviera resbaladizo. El bosque parecía contener la
respiración, como si estuviera a punto de presenciar un
desenlace inevitable.
-------—¿Crees que puedes detenerme? —dijo, su voz cargada
de desprecio—. Has perdido a todos, Elysia. Tu madre, tu
hermanita, tu amiga. ¿Qué más tienes que perder?
-------Miré hacia el altar shintoista, sus pilares torcidos y
cubiertos de musgo, y sentí una oleada de determinación. No
tenía nada más que perder, pero aún tenía algo que ganar.
La justicia. La paz. La liberación.
-------—Tengo mi fuerza —respondí, levantando la linterna
con una mano temblorosa—. Tengo mi coraje. Y tengo la
verdad.
-------Enrique se lanzó hacia mí con un rugido, el cuchillo en
alto. Me aparté rápidamente, esquivando su ataque, y
aproveché el momento para golpearle con la linterna en la
mano que sostenía el arma. El impacto fue suficiente para
hacer que soltara el cuchillo, que cayó al suelo con un
tintineo metálico en las paredes del altar.
-------Sin perder tiempo, me agaché y recuperé el cuchillo. El
peso del arma en mi mano me dio una sensación de poder---
amortencia
229
---y control que no había sentido en mucho tiempo. Enrique
retrocedió, sorprendido por mi resistencia, pero su sonrisa
malévola no desapareció.
-------—No creas que esto cambiará algo —dijo, intentando
recuperar el equilibrio—. Ya has perdido.
-------—No he perdido —respondí, avanzando hacia él—. He
estado luchando desde el principio. Y no voy a detenerme
ahora.
-------El bosque parecía cobrar vida a nuestro alrededor. El
viento soplaba con más fuerza, haciendo que las hojas se
agitaran y que los árboles crujieran. La lluvia caía en una
cortina incesante, pero no me detenía. Mi mente estaba clara,
mi propósito firme.
-------Enrique intentó golpearme, pero esquivé su puño y le
asesté una patada en la rodilla, haciéndole caer con todo su
peso al barro. Se retorció de dolor, pero no se rindió. Se
lanzó hacia mí con un gruñido, intentando derribarme, pero
esta vez estaba preparada. Me aparté y le empujé con todas
mis fuerzas, haciéndole caer de espaldas.
-------Me acerqué a él, el cuchillo en alto, y vi el miedo en sus
ojos por primera vez. El mismo miedo que había visto en los
ojos de Flor, seguramente en los ojos de mi madre, y en los
ojos de mi hermanita. Pero esta vez, el miedo era suyo.
-------—Elysia, por favor —dijo, su voz temblorosa—. No
tienes que hacer esto.
-------—Sí, tengo que hacerlo —respondí, mi voz firme y
serena—. Por Flor. Por mi madre. Por mi hermanita. Por
todos los que has lastimado.
-------Enrique intentó levantarse, pero lo empujé de nuevo al
suelo. Mi cuerpo ardía en adrenalina, en mis oídos resonaba
---todo lo que había aprendido, o tal vez recordado algo que
amortencia
230
resonaba en mi alma, mientras estuve con mi abuelo años---
atrás, en el mismo lugar. El cuchillo tembló en mi mano,
pero no vacilé. Sabía lo que tenía que hacer. No era una
venganza, era justicia. Justicia por todos los que habían
sufrido a causa de este monstruo.
-------—No vas a escapar —dije, colocando el cuchillo en su
garganta—. No esta vez.
-------Enrique cerró los ojos, y por un momento, vi un
destello de arrepentimiento en su rostro. Pero era demasiado
tarde para arrepentirse. Demasiado tarde para cambiar lo
que había hecho.
-------Con un último movimiento, hundí el cuchillo en su
garganta. El sonido fue ahogado por la lluvia, pero el
resultado fue claro. Enrique se quedó inmóvil, sus ojos se
vidriaron, y su cuerpo se relajó.
-------Me aparté de él, la adrenalina corriendo por mis venas,
mezclada con un sentimiento de alivio y liberación. El
cuchillo cayó de mis manos, tintineando sobre el suelo
mojado.
-------Enrique yacía a mis pies, su cuerpo inerte y
desmadejado. Era un hombre de mediana estatura, quizás un
metro setenta, con un físico robusto y musculoso, producto
de años de trabajo manual y entrenamiento. Su cabello,
oscuro y grasiento, estaba desordenado y pegado a su frente
por la lluvia. La barba incipiente que cubría su rostro daba a
sus rasgos una apariencia descuidada y desaliñada. Sus ojos,
una vez llenos de una malévola intensidad, ahora estaban
vacíos y opacos, reflejando la nada.
-------La ropa que llevaba, una camiseta mugrienta y
pantalones de algodón desgastados, estaba manchada de
barro y sangre. Su piel, pálida y marcada por cicatrices y---
amortencia
231
---moretones, evidenciaba una vida de violencia y abuso. Las
manos que una vez habían sido instrumentos de terror ahora
yacían inertes a los costados de su cuerpo, los dedos
crispados en una postura de derrota final.
-------Miré a mi alrededor, el bosque parecía haber
recuperado su silencio, como si el aire mismo se hubiera
calmado. La lluvia seguía cayendo, pero ya no me parecía
tan fría ni amenazadora. El altar shintoista, antiguo y
desgastado, se alzaba ante mí como un testigo silente de la
justicia que acababa de impartir.
-------Me acerqué a Teo, aún inmóvil en el suelo. Me arrodillé
a su lado, tocando suavemente su rostro con las manos
temblorosas. La camiseta empapada en barro y rojo
contrastaba con la palidez de su piel oscura a causa de la
hipotermia por la lluvia. Temí lo peor, pero al acercar mi
oído a su pecho, escuché un débil pero constante latido.
Estaba vivo.
-------Con un esfuerzo renovado, me puse de pie y miré hacia
el sendero. Sabía que tenía que salir de allí, buscar ayuda,
asegurarme de que Teo recibiera atención médica. Pero
también sabía que había cumplido mi parte. Había
enfrentado a mi miedo, había enfrentado a Enrique, y había
ganado.
-------La adrenalina que me había mantenido en pie empezó a
disiparse, dejando un vacío frío y agotador en su lugar. Mis
piernas temblaban, y cada paso se sentía como un esfuerzo
titánico. El bosque, que momentos antes había sido un
escenario de batalla, ahora se transformaba en un laberinto
de sombras y silencio. La lluvia, aunque más leve, seguía
cayendo, empapándome y haciendo que el suelo resbalara
__bajo mis pies.

232
-------Me acerqué a Teo, aún inmóvil en el suelo. Me---
arrodillé a su lado, tocando suavemente su rostro con las
manos temblorosas. La camiseta empapada en barro y rojo
contrastaba con la palidez de su piel. Temí lo peor, pero al
acercar mi oído a su pecho, escuché un débil pero constante
latido. Estaba vivo. Un suspiro de alivio escapó de mis
labios, pero el agotamiento me venció de repente.
-------El mundo empezó a girar, y sentí que las fuerzas me
abandonaban. Caí de rodillas junto a Teo, el frío del suelo
penetrando a través de mis ropas mojadas. El bosque se
volvió borroso, las sombras se fundieron en una masa
indistinta, y la lluvia se convirtió en un susurro lejano. Cerré
los ojos, sintiendo que la oscuridad me envolvía.
-------En ese momento, escuché un gemido débil, apenas
perceptible. Era Teo. Abrió los ojos, y su mirada, aunque
confusa, se posó en mí.
-------—Elysia... —susurró, su voz apenas un hilo de sonido.
-------Mi nombre en sus labios fue como un ancla que me
mantenía en la realidad. Intenté responder, pero las palabras
se atascaron en mi garganta. Sentí sus manos frías y
temblorosas rodear mi cuerpo, intentando sostenerme. A
pesar de su debilidad, sus manos transmitían una fuerza y un
calor que me reconfortaron.
-------—Aguantá, Teo —murmuré, mi voz apenas audible—.
Voy a sacarte de aquí.
-------Pero las palabras salían entrecortadas, y el agotamiento
me venció por completo. Me desplomé a su lado, sintiendo
que mi cuerpo se relajaba en la oscuridad. La lluvia seguía
cayendo, pero ya no me parecía fría ni amenazadora. Era
como una caricia suave, un velo que me envolvía y me
llevaba a un sueño profundo.

233
-------En la penumbra, sentí que Teo me abrazaba con más
fuerza, intentando protegerme. Su respiración, aunque
irregular, era un sonido constante y reconfortante. Me aferré
a él, sabiendo que, juntos, podríamos enfrentar cualquier
cosa.
-------Mientras caía en la inconsciencia, una imagen se formó
en mi mente. Era ella, mi mejor amiga, con su risa contagiosa
y su sonrisa radiante. Nos encontrábamos en el patio de la
secundaria, el día antes de nuestra graduación. El sol brillaba
en un cielo azul despejado, y los árboles estaban llenos de
hojas verdes. Flor llevaba un vestido blanco y sencillo, y yo
un vestido azul claro. Ambas estábamos emocionadas y
nerviosas, hablando sin parar sobre nuestros planes para el
futuro.
-------—¿Vas a seguir con el arte? —me había preguntado
Flor, sus ojos brillando de emoción.
-------—Sí, claro —respondí, sonriendo—. Y tú, ¿vas a entrar
a la universidad?
-------—Sí, quiero estudiar educación infantil —dijo,
suspirando—. Quiero ser la mejor maestra del mundo.
-------Nos reímos, y en ese momento, todo parecía posible. El
futuro estaba lleno de promesas y sueños. La imagen cambió,
y me encontré en un lugar diferente. Era una sala de estar
cálida y acogedora, iluminada por la suave luz de una
lámpara de mesa. Flor estaba sentada en un sillón, con un
bebé en brazos. El bebé, pequeño y perfecto, dormía
tranquilamente, su rostro en paz. Flor miraba al bebé con
una expresión de amor y asombro, sus ojos llenos de
lágrimas felices.
-------—Es hermoso, Elysia —dijo Flor, su voz suave y llena
__de emoción—. No puedo creer que sea mío.

234
-------Me acerqué a ella, sintiendo una oleada de ternura y
felicidad. Acaricié suavemente la mejilla del bebé, y Flor me
sonrió, sus ojos brillaban con gratitud.
-------En ese sueño, el dolor y el miedo se disolvieron,
dejando lugar a la paz y la alegría. Recordé las palabras de
Flor en su última carta, donde me pedía que, si seguía el
camino del arte, quisiera ser la maestra de artes plásticas de
su bebé cuando comenzara la escuela. Aquellas palabras,
llenas de esperanza y confianza, me llenaban de una fuerza
renovada.
-------La imagen de Flor con su bebé en brazos se desvaneció
lentamente, y sentí que la oscuridad me envolvía por
completo. Pero no era una oscuridad temible; era una
oscuridad cálida y protectora, como un abrazo que me
acogía y me llevaba a un sueño profundo.
-------En ese sueño, estaba rodeada de luz y amor. Veía a
Flor, a mi madre, a mi hermanita, todos ellos sonriendo y
extendiendo sus manos hacia mí. Me sentía en paz, sabiendo
que, a pesar de la pérdida y el dolor, había encontrado la
fuerza para seguir adelante. Había enfrentado mis miedos,
había luchado por lo que creía, y había encontrado un
camino hacia la esperanza y la redención.
-------La lluvia seguía cayendo, pero ya no me parecía fría ni
amenazadora. Era como una caricia suave, un velo que me
envolvía y me llevaba a un sueño profundo. Me aferré a Teo,
sintiendo que su respiración, aunque irregular, era un sonido
constante y reconfortante. Juntos, en la oscuridad,
encontramos la paz que tanto habíamos anhelado.
-------Y en ese sueño, me entregué por completo, dejando que
la oscuridad me envolviera, sabiendo que, al despertar,
estaría lista para enfrentar lo que viniera.

235
Luciér
nagas
-------Kioto olía a sangre esa noche. Un aroma denso y
metálico que se mezclaba con el incienso de los templos
cercanos, creando una fragancia tan antigua como la ciudad
misma. No era el olor de una muerte fresca, sino el eco de
innumerables batallas, de heridas que nunca cerraban, de
historias enterradas bajo capas de tierra y piedra.
-------Bajé del rickshaw a una cuadra del distrito Gion, sin
dar explicaciones. Mis pies tocaron el suelo con una ligereza
casi imperceptible, como si temieran perturbar el silencio que
me rodeaba. Nadie sabía que estaba allí. Ni siquiera mi
propia respiración parecía querer delatarme, cada inhalación
y exhalación se fundía con el viento nocturno. Caminaba con
pasos ligeros, escondida entre las sombras que se alargaban
bajo la luz tenue de las farolas de aceite. Mi cabello, suelto y
oscuro, ondeaba suavemente con la brisa, y mi kimono,
atado con firmeza, se movía con gracia a cada paso. Lo
había buscado durante días, recorriendo callejones y plazas,
interrogando a extraños y siguiendo pistas difusas. Sabía que
él estaba en Kioto… y sabía también que estaba matando
otra vez. Porque... un par de noches atrás... ya lo había
encontrado. Ya lo había visto en acción. No fui capaz de ir
por él. No estaba lista. Pero no iba a rendirme tan fácil, y
cuando al fin tuve coraje, volví a buscarlo por esas noches de
desastre y sangre.
-------El sonido metálico de los filos chocando me heló la
espalda antes de que viera algo. Era un tintineo agudo, como
el canto de un pájaro de hierro, que cortaba el aire con una
precisión mortal. Me escondí entre dos postes de madera, sus
superficies rugosas raspando ligeramente mis brazos. Desde
__allí, lo vi.

238
-------Shinta.
-------Su silueta, agachada y concentrada, era un borrón rojo
en la penumbra. Sus movimientos eran fluidos, casi etéreos,
como si flotara sobre el suelo. Su espada danzaba con la
furia de un huracán contenido, con la precisión de quien ha
matado mil veces pero nunca por placer. Cada golpe, cada
estocada, era un corte limpio y mortal. Cuatro hombres
yacían en el suelo antes de que yo pudiera siquiera
parpadear, sus cuerpos inmóviles y ensangrentados
contrastando con la gracia de aquel joven hombre.
-------El quinto intentó huir. Sus pasos resonaron en el
silencio, un sonido desesperado y fútil. No tuvo suerte.
-------Shinta lo atravesó con un giro perfecto, como si todo su
cuerpo fuera parte del mismo acero que empuñaba. La hoja
brilló bajo la luz de la luna, un destello fugaz que cortó el
aire con una belleza letal. Luego se quedó quieto. Solo.
Respirando. Su pecho subía y bajaba con un ritmo
controlado, como si el acto de matar fuera tan natural como
respirar.
-------No grité. No huí. No lloré. Lo miré. Y en mi pecho
algo se partió y algo se encendió, al mismo tiempo. Una
oleada de dolor y comprensión, de amor y desesperación,
que me inundó hasta la punta de los dedos.
-------Él no me había visto.
-------—Shinta… —susurré, mi voz apenas audible en la
noche.
-------Él se giró tan rápido que casi parecía que la espada iba
a buscarla. Pero la detuvo a medio camino, y sus ojos, esos
ojos que tanto le habían dado, se abrieron como si estuvieran
viendo a un fantasma.
-------—Kaelya…

239
-------Avancé un paso. No sabía qué decir. No sabía qué
podría decir. Estaba manchado de sangre, sus ropas
empapadas en un rojo oscuro que contrastaba con la palidez
de su piel. Pero era él. Siempre había sido él.
-------—Lo supe —dije, casi sin voz—. Lo supe desde que
cerraste la puerta esa noche. No podía quedarme allí. No
cuando tú…
-------Shinta apretó la mandíbula, sus músculos tensándose
bajo la piel. No se movió, ni un ápice.
-------—¿Qué estás haciendo aquí?
-------—Buscándote.
-------Él no respondió. Dio media vuelta, envainó su
sakabatō con un gesto fluido y preciso, y comenzó a
caminar. Yo lo seguí. En silencio.
-------La posada a la que me llevó era pequeña, de madera
oscura y antigua, con farolillos apagados que colgaban de las
vigas, proyectando sombras danzantes en las paredes. Un
aroma a incienso viejo flotaba en el aire, mezclado con el
olor de la madera pulida y el frescor de la noche. Subimos
por unas escaleras crujientes hasta un cuarto en el segundo
piso. El sonido de nuestros pasos resonaba en el silencio,
cada crujido sonaba como un eco de nuestras almas
entrelazadas, en presencia de un mundo que se volvía cada
vez más cruel.
-------Allí, por fin, él cerró la puerta. Sin mirarme.
-------—¿Por qué viniste?
-------—¿De verdad quieres que lo diga? —respondí, mi voz
apenas un susurro, cargada de emociones reprimidas. El
cuarto estaba en penumbra, iluminado solo por la luz tenue
que se filtraba por las rendijas de las ventanas. El aire estaba
__cargado de tensión, de preguntas sin respuesta y de un
amortencia
240
pasado que nos perseguía.
-------Él se volvió lentamente, sus ojos encontrando los míos
en la oscuridad. Había dolor en ellos, y también una chispa
de esperanza, tan frágil como un cristal.
-------—Necesito saberlo —dijo, su voz ronca y llena de
vulnerabilidad.
-------—Porque soy tu hogar, Shinta. Aunque no quieras
aceptarlo.
-------Él apoyó una mano contra la pared, sin verme. Sus
dedos se clavaron en la madera, como si buscasen un ancla
en el vacío.
-------—Kaelya… no soy lo que necesitas. Lo que viste ahí
afuera…
-------—Ya lo sabía —lo interrumpí, mi voz firme a pesar del
temblor en mi interior—. Siempre lo supe. Pero te amo con
todo eso incluido. Lo que me rompe es que no me dejes
amarte así.
-------Shinta se giró. Por primera vez, sus ojos me
enfrentaron. Y estaban llenos de algo que dolía mirar: culpa,
deseo, terror. Un mar de emociones que parecían luchar por
escapar de su mirada.
-------—Te mancharía —dijo, y la voz se le rompió al final,
como si cada palabra fuera un cuchillo clavándose en su
garganta.
-------Di un paso. Luego otro. Hasta estar frente a él. Hasta
tenerlo tan cerca que podía sentir cómo contenía el temblor
en sus manos, cómo su respiración se entrecortaba.
-------—Ya estoy manchada —respondí, mi voz apenas un
susurro, pero firme—. Por seguirte. Por necesitarte. Por
amarte más que a mi seguridad. ¿Y sabes qué? No me
importa.

241
-------Él bajó la cabeza, sus hombros cayendo en un gesto de
derrota. Alcé una mano y acaricié su mejilla manchada. No
con ternura. Con decisión. Con la fuerza de alguien que no
está dispuesta a perder.
-------—No me mires así —susurró él—. No con esos ojos…
no después de haber matado.
-------—Te miro así porque estás vivo —respondí, mi voz
cargada de emoción—. Porque aún cargas con todo eso. Y
porque si no me dejas quedarme… me vas a destruir más que
cualquier filo.
-------Shinta no pudo más. La tensión en su cuerpo se rompió
como un dique ante la marea. Me sujetó por la cintura, con
fuerza, con desesperación. Me acercó a él como si el mundo
estuviera ardiendo alrededor y yo fuera lo único que
quedaba. No me besó. No aún. Solo apoyó su frente en la
mía, cerrando los ojos.
-------—La luna es hermosa... cuando tú estas bajo ella —
dijo, su voz temblorosa—. Por eso te dejé. Por eso me duele
tanto verte aquí. Pero no puedo más. No si tú estás tan cerca.
-------Lo abracé. Esta vez no para detenerlo. Para contenerlo.
Para ser su ancla en medio de la tormenta.
-------—Entonces no digas nada —susurré—. Solo…
quédate.
-------Y él lo hizo.
-------Esa noche no hubo besos aún. Ni promesas. Solo una
tregua. Dormimos en la misma habitación, espalda con
espalda, como si ambos temiéramos que el contacto
rompiera lo que estábamos sosteniendo. Y aún así, en medio
de la noche, sentí su mano buscar la mía entre las sábanas.
-------Y no la soltó.
-------Los días siguientes fueron una pausa robada al tiempo.
amortencia
242
No era una sombra. Era una presencia constante y viva,---
como un rayo de sol que se cuela por una ventana
entreabierta. Cocinaba, limpiaba, cuidaba. Pero también
reía, aunque fuera bajito, como un murmullo que alegraba
los rincones más oscuros de la casa. Le hablaba a Shinta
mientras él comía, con mi voz suave sentía que le era
reconfortante, le peinaba el cabello cuando caía dormido
sentado, con la espalda vencida por el cansancio y la carga de
sus pesadillas.
-------—¿Sabes? Cuando eras sólo un recuerdo… no te
imaginaba así de flaco —le dije una mañana mientras le cosía
una manga, él miraba mis dedos ágiles y delicados que
trabajaban con destreza—. Si esto sigue así, te voy a tener
que alimentar yo.
-------Shinta sonrió. Pequeño. Pero sincero. Una sonrisa que
iluminaba sus ojos, aunque fuera por un instante.
-------No era indiferente al dolor que lo envolvía. Veía las
sombras que se reflejaban en su rostro, los momentos de
silencio que parecían durar una eternidad. Pero no me
permitía hundirse en ese dolor. Porque lo amaba. Y porque
sabía que si yo me apagaba, él no tendría ni siquiera eso a lo
que aferrarse. Así que seguía adelante, con una fuerza que
venía de lo más profundo de mi ser.
-------Una noche, al volver herido, él me encontró
esperándolo con una lámpara encendida y una bandeja de
arroz caliente. La luz suave de la lámpara iluminaba su
rostro, dándole un aspecto casi celestial. El aroma del arroz
se mezclaba con el olor a incienso que impregnaba la
habitación, creando una atmósfera de paz y calma.
-------—No tenías que esperarme —murmuró, quitándose el
haori con lentitud, sus movimientos cansados y mecánicos.

243
-------—Tampoco tenías que haberme amado. Y, sin
embargo, lo hiciste —respondí, con voz firme y llena de
cariño.
-------Él se detuvo. Se le aflojaron los hombros, como si el
peso del mundo se hubiera aligerado por un momento. Cerró
los ojos, inhalando profundamente, como si quisiera grabar
en su memoria el aroma y mi presencia. Y cuando volvió a
abrirlos, era otro hombre. Un hombre que, por un instante,
dejaba de ser el asesino, el guerrero, y simplemente era él
mismo, vulnerable y humano.
-------—Gracias —susurró, su voz cargada de gratitud y
emoción.
-------Le tendí la bandeja de arroz, y él la tomó con manos
temblorosas. Comió en silencio, cada bocado un acto de
conexión, un recordatorio de que, a pesar de todo, aún
existía un lugar donde podía encontrar paz. Y ese lugar era
junto en ese momento.
-------Esa noche no hubo palabras.
-------Lo ayudé a acostarse, y cuando quiso agradecerme, me
acerqué y lo besé primero. Fue un beso limpio, honesto. Sin
adornos. Sin reclamos. Mis labios se posaron sobre los suyos
con una dulzura que parecía calmar el torbellino de
emociones que nos rodeaba.
-------Él intentó alejarse, pero no lo dejé. Mis manos se
aferraron a su rostro, sosteniéndolo con firmeza, como si
temiera que se desvaneciera si lo soltaba.
-------—No quiero que huyas de esto también —le dije, mi
voz apenas un susurro, cargada de determinación y amor.
-------Y entonces él se rindió. Sus ojos, llenos de tormenta, se
suavizaron, y por un momento, vi en ellos un reflejo de la paz
__que yo sentía. Se entregó, y con él, me entregué yo
amortencia
244
también.
-------Nos entregamos con la intensidad de dos que se habían
esperado toda una vida, aunque sin saberlo. No hubo
urgencia, sino necesidad. No hubo miedo, sino una ternura
que dolía, una conexión que iba más allá de las palabras, más
allá de los gestos. Era como si cada fibra de nuestro ser
reconociera la otra, como si hubiéramos estado destinados a
encontrarnos en ese preciso momento.
-------No fui sombra ni silencio. Fui fuego. Fui abrigo. Mis
manos exploraron su cuerpo con delicadeza, como si quisiera
grabar en mi memoria cada centímetro de piel, cada músculo
tensionado, cada respiración entrecortada. Y él, a su vez, me
envolvió en un abrazo que me protegía del mundo exterior,
de todas las tormentas que nos acechaban.
-------—Estoy con vos, Shinta. Aunque afuera el mundo se
esté cayendo —le dije después, con el rostro apoyado en su
pecho, sintiendo el latir de su corazón bajo mi mejilla—. No
me importa cuánto dure esto. Me basta saber que es real.
-------Él me abrazó con fuerza. Más que a nada. Más que a sí
mismo. Sus brazos me envolvieron en un refugio seguro, y en
ese momento, supe que, pase lo que pase, siempre tendríamos
este instante, esta verdad, este amor que nos sostenía.
-------El amanecer se arrastraba como una bruma sobre los
tejados de Kioto. Los primeros rayos de sol se filtraban entre
las nubes, pintando el cielo con tonos pálidos y dorados,
como si el día se resistiera a despertar del todo. Los pájaros
no cantaban; el silencio era opresivo, como si la ciudad
entera retuviera la respiración. El aire olía a acero, un aroma
metálico y frío que se adhería a la piel, recordándome la
violencia que había presenciado y que aún acechaba en cada
rincón.

245
-------Estaba de rodillas en el patio trasero de la posada,
colgando las prendas aún húmedas de Shinta con un cuidado
casi ceremonial.
-------Cada nudo, cada pliegue... lo trataba todo con
reverencia. Como si, al tocar su ropa, pudiera preservar algo
de él, como si cada fibra de tela pudiera transmitirme un
poco de su esencia. Mis manos se movían con precisión, cada
gesto cargado de significado y afecto. El tacto de la tela
húmeda entre mis dedos me conectaba con él, me hacía sentir
más cerca, aunque estuviera ausente.
-------A mi alrededor, los pasos de los hombres resonaban
con fuerza. Los samuráis que se quedaban en la posada
pasaban y me miraban. La mayoría con respeto, sus ojos
reflejando una mezcla de admiración y curiosidad. Algunos,
sin embargo, con demasiado interés. Un interés que me ponía
la piel de gallina, que hacía que mi corazón se acelerara y que
me obligaba a mantener la cabeza gacha. Sus miradas me
seguían, pesadas y cargadas de intenciones ocultas. Era como
si llevara un cartel invisible que decía "diferente", y esa
diferencia atraía tanto admiración como deseo inapropiado.
-------Intentaba no notarlo. Pero lo notaba. Siempre lo
notaba. Cada mirada, cada susurro, cada movimiento que
parecía dirigido hacia mí. Era como si el mundo se hubiera
vuelto más sensible, cada detalle más agudo y definido. El
sonido de las gotas de agua cayendo de las prendas, el
crujido de la madera bajo mis rodillas, el leve movimiento del
viento que jugaba con mis cabellos. Todo se mezclaba en una
sinfonía de sensaciones que me mantenía en un estado
constante de alerta.
-------Ese día, mientras vertía agua caliente en las tazas del
__desayuno, la casera se me acercó. Tenía la mirada cargada
amortencia
246
de silencios y de algo más: preocupación. Sus ojos,---
cansados pero sabios, me observaban con una mezcla de
ternura y advertencia. Su presencia era reconfortante, como
un faro en medio de la oscuridad.
-------—Tienes un corazón valiente, muchacha —dijo, sin
preámbulos—. Pero la valentía, cuando brilla, atrae también
a las bestias.
-------Alcé la vista, confundida. No entendía aún del todo el
peso de sus palabras. La casera se acercó un poco más, su
voz baja y suave, como si temiera que alguien más pudiera
escuchar.
-------—No está bien que te quedes aquí como si fueras solo
una huésped más —continuó la mujer—. Los hombres
hablan. Algunos con respeto. Otros… no tanto.
-------Bajé los ojos, sintiendo un nudo en la garganta. Apreté
los puños, las uñas clavándose en mis palmas. El miedo y la
frustración se mezclaban en mi interior, formando un
torbellino de emociones.
-------—No he hecho nada —murmuré, mi voz temblorosa
pero firme.
-------—Justamente. Y eso es lo que más llama la atención.
Te comportas con dignidad, servís con bondad, no tenés
mirada baja ni lenguaje torcido. Eso enloquece a los que ya
no recuerdan lo que es una mujer de verdad.
-------Tragué saliva, sintiendo el peso de sus palabras. La
casera tenía razón. Mi presencia, mi manera de ser,
despertaba reacciones que no siempre eran bien
intencionadas. Pero no podía cambiar quién era, no podía
renunciar a mi dignidad y mi bondad solo para evitar las
miradas indiscretas y los comentarios despectivos. Era como
si, al mantenerme fiel a mí misma, estuviera desafiando un---
amortencia
247
---orden establecido, un código que muchos creían
inmutable.
-------—Gracias por advertirme —dije, levantando la vista
para mirarla con gratitud. Mis ojos se encontraron con los
suyos, llenos de comprensión y un brillo de respeto. —Haré
lo que pueda para mantenerme a salvo.
-------La casera asintió, su expresión suavizándose con una
sonrisa compasiva. Extendió una mano y la colocó sobre mi
hombro, un gesto pequeño pero lleno de calor y apoyo.
-------—Sé que lo harás, muchacha. Sé que lo harás. Pero no
estás sola. Si necesitas algo, aquí estaré. Y recuerda, la
valentía no es solo enfrentarse a los peligros, sino también
saber cuándo pedir ayuda.
-------Asentí, sintiendo una oleada de gratitud. Las palabras
de la casera me daban un poco de consuelo y fortaleza. Me
incorporé, sacudiendo ligeramente la ropa de Shinta para
asegurarme de que quedara bien colgada. El patio trasero
estaba tranquilo, el aire fresco de la mañana me envolvía, y
por un momento, me permití sentir un ápice de paz.
-------Regresé a la cocina, donde el aroma del té y el arroz
llenaba el ambiente. Los samuráis comenzaban a despertar,
sus voces bajas y graves resonando en la posada. Me moví
con calma, sirviendo el desayuno con la misma dedicación y
cuidado que siempre. Cada gesto, cada palabra, era una
afirmación de mi presencia y mi determinación.
------Mientras trabajaba, sentí las miradas sobre mí, pero ya
no me perturbaban tanto. Había una nueva resolución en mi
interior, una firmeza que no dejaba espacio para el miedo.
Sabía que el camino sería difícil, pero también sabía que no
estaba sola. Shinta, aunque no estuviera a mi lado en ese
__momento, yo también sabia como defenderme sola, no por
amortencia
248
nada era hija de un era un maestro del Bushidō, conocido---
por su sabiduría y habilidad con la espada. Que también me
enseño a mi. La casera, con su sabiduría y su bondad, me
había mostrado que había aliados en los lugares más
inesperados en estos tiempos de guerra.
-------Terminé de servir el desayuno y me senté en una
esquina, observando a los hombres que compartían la mesa.
Sus conversaciones fluían, llenas de historias de batallas y
honor, pero yo estaba en otro lugar, en un mundo donde
estar despierta y alerta eran mis únicas armas. Y con ellas,
estaba dispuesta a enfrentar cualquier desafío.
-------En ese momento, un hombre era de estatura mediana y
complexión robusta. Tenía rasgos marcados y una expresión
seria y determinada. Sus ojos eran penetrantes y mostraban
una intensa resolución. Llevaba el pelo corto y bien peinado,
estilo que era común entre los samuráis y los funcionarios de
la época. A menudo tenía una barba bien cuidada, que era
un signo de madurez y sabiduría. Su kimono era de un azul
tan oscuro que tranquilamente lo podían camuflar en medio
de la noche, incluso del caos.
-------Tenía un porte fuerte y autoritario, lo que reflejaba su
posición de liderazgo, de él se desprendía un poco de polvo
seco y olor a pólvora, como si acabara de regresar de una
batalla recién librada. El metal brillaba a la luz del amanecer,
reflejando los primeros rayos del sol. Sus pasos resonaron
con firmeza en el suelo de madera, y su presencia imponía un
silencio respetuoso entre los hombres.
-------—Otsuru —saludó, y luego dirigió sus ojos a mí—.
¿Podemos hablar con franqueza?
-------Asentí con la cabeza, sintiendo cómo el peso de sus
palabras comenzaba a asentarse en mi interior. Mi corazón---
amortencia
249
---latía con una mezcla de anticipación y nerviosismo.
-------—No voy a endulzar palabras. Algunos de mis
hombres han empezado a hablar de usted. Algunos por
admiración. Otros con deseos que no me atrevería a repetir
frente a una dama. Y aunque he hecho todo lo posible por
mantener el orden, sé bien que los días venideros van a ser
difíciles. Si la quieren ver como algo intocable… necesitarán
una razón que lo respalde.
-------La casera, con los brazos cruzados, completó la idea.
-------—Si fueras oficialmente esposa de Kaetsu, ningún
hombre tendría la osadía de mirarte con deseo sin que eso
signifique una afrenta directa al propio Takashi. Una que
podría costarles la vida.
-------Me quedé quieta, el mundo parecía detenerse a mi
alrededor. Las palabras del comandante y de la casera
resonaban en mis oídos, cada una de ellas cargada de
significado y gravedad.
-------—¿Casarme? —pregunté apenas, mi voz temblorosa y
llena de incredulidad.
-------—No es por tradición, niña. Es por seguridad. Y
también por justicia —añadió la Otsuru—. Porque todos lo
ven, aunque ustedes no lo digan. Lo amás, y él te ama. No
hay nada más claro que eso. Pero el amor, cuando no se
protege, puede volverse una herida expuesta.
-------No supe qué responder. Sentí que el corazón me
golpeaba el pecho con violencia, pero no por miedo. Por
certeza. La idea de casarme con Shinta, de hacer oficial lo
que ya sentía en lo más profundo de mi ser, me llenaba de
una emoción abrumadora. Era como si, de repente, todas las
piezas del rompecabezas encajaran perfectamente.
-------Miré a la casera y al comandante, sus rostros serios
amortencia
250
pero llenos de comprensión. En sus ojos veía la verdad de---
sus palabras, la necesidad de protegerme y de proteger el
amor que Shinta y yo compartíamos.
-------—Entiendo —dije, mi voz firme a pesar del temblor en
mis manos. —Entiendo que es necesario. Pero también
entiendo que es justo. Si casándome con él puedo protegerme
y protegerlo, entonces lo haré. No por miedo, sino por
honor.
-------La casera asintió, una sonrisa suave curvando sus
labios.
-------—Eso es lo que esperaba escuchar, muchacha. El amor
verdadero en tiempos de guerra puede ser una debilidad por
eso merece ser protegido, y tú tienes el valor para hacerlo.
-------El comandante también asintió, su expresión se
suavizó.
-------—Hablaré con Takashi. Él debe estar de acuerdo, pero
no tengo dudas de que lo estará. Si hay alguien que merece la
felicidad, ese es él. Y si hay alguien que puede darle esa
felicidad, esa eres tú.
-------Sentí una oleada de gratitud y determinación. El
camino sería difícil, pero estaba dispuesta a enfrentarlo. Por
Shinta, por mí, por el amor que nos unía. Y sabía que,
juntos, podríamos superar cualquier obstáculo.
-------—Gracias —dije, mi voz llena de emoción—. Gracias
por entender. Gracias por ayudarme a proteger lo que más
quiero en el mundo.

-------Más tarde, cuando Shinta volvió, polvoriento, con el


rostro cubierto de pequeñas heridas, lo esperé sentada en---
amortencia
251
---el engawa, con una taza de té caliente entre las manos. El
té emitía un vapor suave, perfumando el aire con un aroma
reconfortante. El sol se estaba poniendo, y la luz dorada del
atardecer bañaba el patio trasero, creando sombras largas y
suaves que danzaban sobre el suelo de madera.
-------Él entró con un paso lento y cansado, su figura
recortada contra el cielo en tonos de naranja y rosa. Su
armadura, aunque desgastada, brillaba débilmente con los
últimos rayos del sol. Me saludó con una sonrisa cansada,
sus ojos reflejando la fatiga de la jornada.
-------—Hoy la ciudad se mantuvo en pie. Eso ya es ganancia
—dijo, su voz llena de resignación y un atisbo de esperanza.
-------No respondí enseguida. Le extendí la taza y lo miré con
una mezcla de ternura y determinación. Sus manos, aunque
temblorosas, tomaron la taza con gratitud. El vapor del té
ascendía, dibujando pequeñas nubes que parecían
envolvernos en un mundo aparte.
-------—Shinta… —comencé, mi voz firme pero llena de
emoción—. ¿Qué pensarías si... te pidiera que se casara
contigo?
-------Él se quedó inmóvil, como si el tiempo se hubiera
detenido. Sus ojos, que solían ser tan vivos, se
ensombrecieron, y por un momento, pareció que el mundo
entero se balanceaba en el filo de una hoja.
-------—¿Mm? —respondió, su voz apenas un susurro.
-------Estaba tan pálido que me recordó aquella noche que
nos conocimos. En la que casi lo derrumbo de un solo golpe.
Jamás se me habría ocurrido en ese entonces estar en este
escenario, sosteniendo lo que acababa de proponerle.
-------—No por apariencia. No por seguridad. Sino porque...
__ya lo soy. En mi alma, ya te elegí como si llevara tu
amortencia
252
nombre desde el primer momento.
-------Shinta bajó la vista, sus hombros se hundieron
ligeramente. Se notaba que temblaba, parecía irreal que ese
hombre tan letal en su destreza con la katana pudiera
mostrar tal temple. Más si era conmigo, y eso, no solo me
demostraba sus sentimientos, también le daba fuerza al
consejo que me habían dado aquella mañana. Que lo que
más queremos puede ser nuestra debilidad si no lo
protegemos. Y aunque solo fuera por dentro su sentir, en mi
presencia no se podía disimular. No del todo. Sus manos,
que sostenían la taza, se aferraban con fuerza, como si
temieran dejarla caer. El silencio se prolongó, cargado de
emociones y pensamientos que parecían luchar por encontrar
salida.
-------—Kaelya… —murmuró, su voz cargada de emociones
que parecían luchar por escapar.
-------—No me respondas ahora —dije, apoyando mi mano
sobre la suya. El contacto de nuestra piel me transmitía una
calidez que calmaba mi corazón. —Pero si este amor tiene
que sobrevivir a la guerra… quiero que tenga un lugar al que
pertenecer.
-------Shinta levantó la vista, sus ojos encontrando los míos.
Había una mezcla de sorpresa, gratitud y miedo en su
mirada. Pero también, por primera vez en mucho tiempo,
una chispa de esperanza. Sus ojos, normalmente llenos de
dolor y culpa, brillaban con una luz nueva, una luz que
parecía decir que, tal vez, también él merecía ser feliz.
-------—La luna es hermosa si tu estas bajo ella Shinta —
añadí, mi voz firme y llena de convicción—. Y no quiero que
este sentimiento sea solo una ilusión. Quiero que sea real,
que tenga un nombre y un hogar. Quiero que, cuando todo---
amortencia
253
---esto termine, tengamos algo a lo que volver. Algo que nos
sostenga en los momentos más oscuros.
-------Él no dijo nada más, pero su mano se cerró sobre la
mía, un gesto que me transmitía más que cualquier palabra.
Nos quedamos así, sentados en el engawa, mientras el sol se
ocultaba y la noche descendía sobre Kioto. El cielo se tiñó de
un azul profundo, y las estrellas comenzaron a aparecer,
como pequeñas luces que iluminaban nuestro camino.
-------Esa noche, mientras el fuego crepitaba en el brasero y
afuera la ciudad crujía, Shinta se quedó despierto largo rato,
observando el reflejo de mí en la ventana.
-------No era una ilusión. No era un consuelo. Era su verdad.
Y por primera vez en años, consideró que tal vez también él
merecía una promesa. Una promesa de amor, de hogar, de
un futuro juntos, a pesar de la guerra y la incertidumbre.
-------Shinta se quedó despierto largo rato, observando el
reflejo de mí en la ventana. La luz del brasero proyectaba
sombras danzantes en la habitación, y el crepitar del fuego
era el único sonido que rompía el silencio. Afuera, la ciudad
parecía susurrar sus secretos, el viento nocturno moviendo
suavemente las cortinas y trayendo consigo el aroma de la
hierba recién cortada y el incienso de los templos cercanos.
-------Mis ojos se posaron en él, y vi en su rostro una mezcla
de emociones: sorpresa, gratitud, miedo, pero también una
determinación renovada. Sus ojos, normalmente llenos de
dolor y culpa, brillaban con una luz nueva, una luz que
parecía decir que, tal vez, también él merecía ser feliz.
-------—Kaelya —susurró, su voz apenas audible en la
penumbra—. Tienes razón. Este amor no puede ser solo una
ilusión. Tiene que ser real, tiene que tener un nombre y un
__hogar.

254
-------Mi corazón se llenó de una emoción abrumadora.---
Me acerqué a él y me senté a su lado, nuestras manos aún
entrelazadas. El calor de su cuerpo me reconfortaba, y en ese
momento, sentí que todo era posible.
-------—Lo sé, Shinta —respondí, mi voz llena de cariño y
convicción—. Y estoy dispuesta a luchar por ello. Por
nosotros. Por este amor que nos une.
-------Shinta me miró, y en sus ojos vi una promesa silenciosa.
Una promesa de protección, de amor incondicional, de un
futuro juntos. Sus manos se cerraron con más fuerza sobre
las mías, y por un momento, el mundo pareció detenerse,
como si el tiempo se hubiera congelado--- para permitirnos
este instante de paz y certeza.
-------—Lo haremos —dijo, su voz firme y llena de
determinación—. Juntos, lo haremos. Y cuando todo esto
termine, tendremos un lugar al que volver. Un lugar donde
podamos ser nosotros mismos, sin miedos, sin culpas.
-------Asentí, sintiendo una oleada de gratitud y amor. El
amor que nos unía era más fuerte que cualquier temor, más
poderoso que cualquier adversidad. Y sentía profundamente
que juntos, podríamos enfrentar cualquier desafío, sabiendo
que, en el fondo, teníamos un lugar al que pertenecer.
-------Esa noche, mientras el fuego crepitaba en el brasero y
afuera la ciudad crujía, nos quedamos sentados en silencio,
disfrutando de la presencia del otro. El mundo exterior
parecía lejano, y en ese pequeño rincón de la posada,
encontramos nuestro propio refugio. Un refugio lleno de
amor, de esperanza y de la promesa de un futuro juntos.
-------Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que, a pesar
de la guerra y la incertidumbre, todo estaría bien. Porque
estábamos juntos, y eso era suficiente.

255
-------La guerra no se detuvo esa noche. Pero el mundo, por
un instante, pareció sostener el aliento.
-------Vestía de blanco. No un kimono nupcial, sino una
yukata sencilla, limpia, con flores bordadas por mis propias
manos semanas atrás. Cada pétalo, cada hoja, llevaba
consigo un pedazo de mi corazón y la esperanza de un futuro
mejor. El cabello, suelto y sedoso, caía en cascada sobre mis
hombros, aún impregnado del aroma dulce y delicado de la
madera de sándalo con la que Otsuru me había perfumado
en secreto. El olor se mezclaba con el frescor de la brisa
nocturna, trayendo consigo un sentido de paz y tranquilidad
en medio del caos.
-------Shinta se había aseado en silencio, con manos
temblorosas, no por miedo, sino por lo sagrado del gesto. El
agua fría del baño improvisado había reflejado la seriedad de
su rostro, marcado por la intensidad de los días pasados. Sus
ojos, siempre llenos de determinación, ahora brillaban con
una luz diferente, una luz de esperanza y renacimiento.
Nunca pensó que una promesa así volvería a estar entre sus
manos. No después de haber matado tanta gente, cuya
memoria seguía siendo un faro de dolor y culpa. No después
del invierno, cuando todo parecía perdido y el frío se había
instalado en su alma.
-------Pero ahí estaba yo, tan viva como el verano, con la
fuerza de la primavera renovándose en cada latido de mi
corazón.
-------En el pequeño templo abandonado detrás de la posada,
apenas iluminado por faroles de aceite y el parpadeo de las
__luciérnagas, nos encontrábamos los tres: la casera, con su
amortencia
256
mirada maternal y llena de comprensión; el comandante,---
firme y respetuoso, guardando silencio ante la solemnidad
del momento; y un anciano monje amigo del primero, que
había sido traído especialmente bajo la excusa de <bendecir
la suerte de los soldados=. Las paredes del templo, cubiertas
de telarañas y el polvo del tiempo, resonaban con la quietud
del momento, como si el propio espíritu del lugar nos
acompañara en ese instante.
-------Nadie más. Porque así lo quisimos. Porque así lo
necesitábamos.
-------El aire estaba cargado de expectativa, y cada palabra
pronunciada por el monje parecía flotar en el ambiente,
envolviéndonos en una atmósfera de pureza y devoción. Las
llamas de los faroles bailaban suavemente, proyectando
sombras danzantes en las paredes desgastadas. Las
luciérnagas, pequeños puntos de luz en la oscuridad, añadían
un toque mágico a la escena, como si la naturaleza misma
nos bendijera.
-------En ese momento, todo parecía posible. La guerra, el
dolor, el pasado, todos se desvanecían en la promesa de un
nuevo comienzo.
-------El monje, de voz ronca y amable, murmuró palabras
antiguas, mientras el incienso dibujaba espirales en el aire,
llenando el templo con un aroma dulce y purificador. Las
espirales de humo ascendían lentamente, como si quisieran
llevar nuestras promesas directamente a los espíritus
guardianes. El sonido de su voz, bajo y reverente, se
mezclaba con el susurro del viento que se colaba por las
rendijas de las paredes del templo, creando una atmósfera de
serenidad y magia.
-------Cuando llegó el momento de los votos, fui la primera---
amortencia
257
---en hablar. El corazón me latía con fuerza, pero mi voz no
tembló.
-------—Te amé en silencio desde antes de comprender qué
significaba amar —Lo miré a los ojos, profundos y llenos de
una intensidad que siempre me había cautivado—. Y aquella
noche… aquella noche bajo la lluvia, cuando te fuiste entre
luciérnagas, pensé que me rompía. Pero no lo hice. Me hice
más fuerte.
-------Respiré hondo, sintiendo el peso de las palabras que
iban a seguir. El aire frío de la noche me acariciaba la piel,
pero el calor de su mirada me daba valor.
-------—Y cuando comprendí que la fuerza no era sólo
blandir una espada, sino defender la verdad de mi corazón…
salí a buscarte. Porque si he de vivir en este mundo cruel,
prefiero hacerlo con la certeza de que mis pasos me llevaron
hasta tú lado. Y si he de morir, que sea habiéndote elegido.
-------Él bajó los párpados un instante, como si necesitara un
momento para reunir sus pensamientos. Cuando volvió a
alzar la mirada, sus ojos brillaban con una luz que nunca
antes había visto. Su voz fue apenas un susurro, pero firme y
llena de convicción.
-------—En Edo, cuando el mundo parecía lejano… descubrí
una vida que no creí merecer. Tus risas en la cocina, tus
pasos sobre el tatami, tu forma de nombrarme sin miedo. A
tu lado… recordé que era humano. Y ahora, aunque el acero
vuelva a manchar mis manos, es tu recuerdo el que me salva.
No quiero más paz que la de tus ojos al mirarme sin temor.
Y si alguna vez tengo derecho a llamarme hombre… es
porque usted me dio ese derecho.
-------Note que Otsuru, discretamente, secó una lágrima, su
__rostro iluminado por la emoción del momento. Sus ojos
amortencia
258
brillaban con una mezcla de alegría y nostalgia, como si---
estuviera presenciando algo más grande que ella misma. Y
yo... yo también me emocioné.
-------El monje colocó entre nosotros una delgada cuerda
roja, el hilo del destino. El símbolo de nuestro vínculo
eterno. La cuerda, suave y---Arroparme
delicada, parecía irradiar una luz propia en la penumbra del
templo.
-------—Desde hoy, ante los espíritus y los hombres, están
unidos. No hay guerra ni muerte que borre este vínculo.
-------Con manos temblorosas, coloqué la cuerda sobre la
muñeca izquierda de Shinta, sintiendo cómo el tacto de la
tela y el enlace de nuestros dedos fortalecían nuestra
conexión. El contacto de su piel contra la mía me transmitió
una calidez que me llenó de paz. Él repitió el gesto en la mía,
cerrando el círculo. Nuestras miradas se encontraron, y en
ese instante, el mundo pareció detenerse.
-------Y así, sin testigos ruidosos ni aplausos, se selló el
juramento. El aire del templo parecía vibrar con la fuerza de
nuestra promesa, como si el propio universo nos bendijera.
Las luciérnagas fuera del templo continuaban su danza,
iluminando la noche con su luz tenue y mágica. Ellas que
siempre fueron testigos del dolor, también lo eran del amor
profundo que nos teníamos, a pesar de todo.
-------En la salida del templo, el comandante nos esperó en
silencio. Al vernos de la mano, inclinó la cabeza
respetuosamente, con ojos llenos de admiración y respeto.
-------—Desde esta noche, nadie osará tocarla. Tendrá mi
protección. Y la tuya, Hitokiri Takashi.
-------—Mi nombre es Kaetsu —corrigió él suavemente—.
Kaetsu Takashi… el esposo de Kaelya.

259
-------El comandante asintió, con orgullo en su rostro
mostrando un respeto profundo. La gravedad de sus
palabras resonó en el silencio de la noche, como un
juramento hecho ante los mismos cielos.
-------Caminamos hacia la posada, el camino iluminado por
la luna llena y las luciérnagas, que flotaban en el aire como
pequeñas luces danzantes. El viento suave mecía las hojas de
los árboles, creando un susurro tranquilo que parecía
acompañar nuestros pasos. El aroma de la hierba mojada y
la tierra fresca llenaba el aire, recordándome la belleza y
fragilidad de la vida.
-------Shinta, quien ahora era mi esposo al fin, caminaba a mi
lado, me hacia saber lo feliz que estaba con su mano
entrelazada con la mía. Cada paso que dábamos juntos me
hacía sentir más segura y más viva. El mundo, aunque lleno
de conflictos y guerras, parecía menos aterrador cuando
estábamos unidos.
-------Llegamos a la posada, donde la casera nos esperaba en
la entrada. Su rostro estaba iluminado por una sonrisa cálida
y maternal. Nos abrazó a ambos, como si fuéramos sus
propios hijos, y nos condujo al interior de la casa.
-------La sala común estaba iluminada por faroles de papel
que proyectaban sombras suaves y acogedoras en las
paredes. El calor del hogar nos envolvió, contrastando con la
frescura de la noche. La casera nos sirvió té, el aroma del
vapor caliente llenaba el ambiente con un confort familiar.
-------Nos sentamos en el tatami, nuestras manos aún
entrelazadas. Shinta me miró, sus ojos estaban llenos de una
ternura que nunca antes había visto. Me acerqué a él,
apoyando mi cabeza en su hombro, sintiendo el ritmo
__constante de su corazón. En ese momento, todas las
amortencia
260
preocupaciones y miedos parecían disiparse, dejando solo---
la certeza de que estábamos juntos.
-------—Gracias —susurré, levantando la vista hacia él—.
Gracias por estar aquí conmigo.
-------Él me sonrió, un gesto que iluminó su rostro.
-------—Siempre estaré contigo, Kaelya. Hasta el final del
mundo.
-------Las mujeres que atendían la posada nos observaban en
silencio, algunas con sus ojos llenos de emoción. Algunos
hombres miraron con cautela, mientras que otros, miraban
con respeto y honor al samurái más letal y a la vez más
querido. El comandante, de pie en un rincón, asintió con
respeto, como si hubiera encontrado la respuesta a una
pregunta que llevaba tiempo buscando.
-------En aquel momento, rodeados de la calidez del hogar y
la seguridad del amor, supimos que, pase lo que pase,
estábamos preparados para enfrentar cualquier desafío
juntos. El hilo rojo del destino nos unía, y nada en el mundo
podría romper ese vínculo.
-------O eso era a lo que quería aferrarme.

-------Recuerdo el momento que lo había conocido, el sol se


filtraba a través de las hojas de los cerezos, pintando el
camino de Edo con sombras danzantes y luz dorada. El aire
estaba impregnado del aroma dulce de las flores, un
contraste con el hedor de la sangre y la muerte que siempre
me perseguía. Mis pasos resonaban en el silencio de la calle
desierta, cada crujido de la grava bajo mis sandalias me
recordaba que aún había belleza en este mundo devastado.

261
-------Fue entonces cuando lo vi. Un hombre, acurrucado
contra la pared de una casa abandonada, su rostro pálido y
cubierto de sudor. Sus ojos, aunque cerrados, parecían
contener historias de batallas y penitencias. Me acerqué con
cautela, mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho. Había
algo en él, una fragilidad que contrastaba con la fuerza que
emanaba de su cuerpo inmóvil.
-------Con manos temblorosas, lo levanté. No podía dejarlo
ahí a su suerte y lo llevé a mi dojo. Aún corriendo el riesgo de
poner mi vida en peligro. El dojo era de mi padre, donde
había crecido entre el sonido de las espadas y el olor a
madera pulida. Lo acosté en el tatami, su respiración
irregular me mantenía en vilo. Preparé un té y lo dejé a su
lado, esperando que la calidez del líquido le diera consuelo.
-------Mientras lo cuidaba, sentí una conexión profunda, una
sensación de que nuestro destino estaba entrelazado. No
sabía quién era ni qué había hecho, pero en ese momento,
solo quería que sanara y encontrara la paz que tanto
anhelaba.
-------Lo que no me esperaba era su reacción en el momento
que despertó. Él estaba tan alerta a pesar se la fiebre, que me
asusto a tal punto de casi golpearlo con uno de los bokken
que tenia a mi disposición. En ese momento no sabia su
nombre, pero cuando se calmó me lo dijo. Como si algo en él
dijera que por alguna razón podía confiar en mi. O tal vez
fue la fiebre que lo tenia vulnerable.
-------Los días después de su recuperación se sucedían con
una cadencia tranquila, como el flujo de un río sereno. Cada
mañana, el canto de los pájaros me despertaba, y el aroma a
hierba recién cortada llenaba el aire. Shinta y yo
__compartíamos el desayuno en silencio, disfrutando de la
amortencia
262
sencillez de los platos que preparaba: arroz blanco,---
pescado salteado, y un poco de té verde. La luz del sol se
filtraba a través de las shoji, bañando la habitación con un
resplandor cálido.
-------Después del desayuno, él me ayudaba con las tareas del
dojo. Limpiábamos juntos, nuestras manos trabajaban en
sincronía, y a veces, nuestros dedos se rozaban
accidentalmente, enviando una oleada de calor por mi piel.
Las clases de kendo eran un ritual sagrado, donde la espada
se convertía en un puente entre el pasado y el presente.
Comenzaba a sentir que me observaba con atención, y en sus
ojos ví un brillo de admiración y respeto.
-------Por las tardes, nos sentábamos en el jardín, rodeados de
flores y plantas. El sonido del agua del estanque era como
una canción de cuna, y las mariposas revoloteaban a nuestro
alrededor, añadiendo un toque de magia a nuestra vida
cotidiana. Conversábamos sobre todo y nada, nuestras voces
entrelazaban, al principio en palabras y después en risas. Por
primera vez, desde que había quedado sola en ese lugar, me
sentí segura a su lado.
-------La guerra rugía fuera de las paredes del dojo, pero
dentro, habíamos creado un refugio en lo que se podía tener
paz como también alegría. En esos momentos, sentía que
nada podía perturbarnos. Pero los días que siguieron a
nuestra boda fueron tan silenciosos que dolían. No porque
faltaran palabras, sino porque todo se decía en gestos.
-------Me levantaba antes que él, a pesar del cansancio que
pesaba sobre mis hombros como una manta de lana.
Ayudaba a la casera con las tareas de la posada: lavaba
arroz, colgaba la ropa, barría los escalones de madera y
tendía los futones. El amanecer se filtraba a través de las---
amortencia
263
---rendijas de las shoji, bañando el dojo con una luz suave y
dorada. El aroma a arroz y a la frescura de la ropa recién
lavada llenaba el aire, mezclándose con el olor a madera
pulida.
-------Shinta solía verme desde el umbral, su silueta recortada
contra la luz. Con la hakama recogida hasta los tobillos y el
cabello apenas trenzado, mis movimientos no eran torpes,
pero tampoco eran los de alguien acostumbrado a esa vida.
Y, sin embargo, lo hacía todo con una sonrisa serena, como
si llevar un balde de agua fuera un gesto de amor.
-------Para él.
-------Para su causa.
-------Cada noche, lo esperaba con el kimono limpio, doblado
con esmero. A veces, colocaba pequeñas flores blancas
perfumadas entre las telas. Lavaba su ropa con tanto
cuidado como si cada mancha de sangre se pudiera redimir
con jabón y agua caliente. Y, en cierto modo, lo hacía. Cada
mancha, cada arruga, era un rastro de su pasado, y cada vez
que las eliminaba, sentía que estaba ayudándolo a llevar un
peso menos.
-------Él no decía nada. Pero me miraba como quien
memoriza un sueño antes de que el sol lo borre. Sus ojos,
llenos de gratitud y dolor, capturaban cada detalle de mis
gestos, como si quisiera grabarlos en su memoria para
siempre. En esos momentos, sentía que nuestra conexión era
más fuerte que cualquier palabra, que nuestra vida juntos era
un refugio de paz en medio de la tormenta.
-------Una noche, mientras repasaba mis haori frente a la
lámpara, él se acercó en silencio, se agachó a mi lado y tomó
mi mano.
-------—Podríamos vivir así… —dijo, más para sí que para
amortencia
264
mí.
-------Alcé los ojos, sorprendida.
-------—¿Así cómo?
-------—Sin espadas. Sin gritos. Sin correr al amanecer. —Sus
dedos acariciaron los nudillos de mis manos—. Solo tú, yo…
y la paz.
-------No supe qué responder. Pero mi sonrisa fue la más
verdadera que él había visto en años. En ese momento, sentí
que el mundo se detenía, que todo lo demás desaparecía y
quedábamos solo nosotros, envueltos en la luz cálida de la
lámpara y en el silencio de la noche.
-------La mañana del quinto día, no me levanté temprano. Mi
cuerpo se sentía pesado, como si estuviera cargando una
montaña invisible. El aire frío de la habitación me envolvía, y
el sonido de las gotas de agua cayendo en el barril era como
un eco lejano.
-------Cuando él volvió de su ronda nocturna, me encontró
arrodillada junto al barril de agua, con los brazos temblando
y el rostro pálido.
-------—Kaelya —murmuró, dejando caer el sakabatō en la
entrada—. ¿Estás bien?
-------Asentí, aunque la mirada me brillaba de fiebre o de
algo más profundo.
-------—Debió ser el arroz de anoche… tenía un sabor raro.
-------Pero él no respondió. Solo me ayudó a levantarme, me
cubrió con un haori, y me llevó de vuelta al futón. El tacto de
sus manos era firme y cálido, un bálsamo para mi cuerpo
tembloroso. Me recostó con delicadeza, y el olor a hierbas y
madera del haori me envolvió, dándome una sensación de
seguridad.
-------El corazón me latía distinto.

265
-------Lento.
-------Denso.
-------Sentía que algo estaba cambiando, algo que iba más
allá de la simple enfermedad.
-------Shinta me miraba con una expresión que no lograba
descifrar, una mezcla de preocupación y algo más, algo que
no podía nombrar.
-------Me daba la impresión de que él conocía ese signo.
Demasiados años en los caminos, demasiados compañeros…
demasiadas mujeres a quienes había visto enfermar de <algo
que no era una enfermedad=. Yo no sabía lo que pasaba,
pero él sí. En sus ojos veía la certeza, y aunque no decía
nada, sentí que el futuro se abría ante nosotros, lleno de
posibilidades pero también de nuevos miedos.
-------Esa misma tarde, mientras dormía con el rostro entre
las manos, el comandante entró sin anunciarse. No lo
escuché, pero él sí. Estaba exhausta, y el sueño me envolvía
en una neblina de tranquilidad. Aún así el eco de sus voces
llegaban a mi.
-------—¿Se decidió ya? —preguntó el comandante.
-------La voz de Shinta se escuchaba más cercano a la
ventana, a él le calmaba ver donde las ramas del ciruelo
temblaban con el viento. El aire fresco de la tarde se filtraba
a través de las shoji, trayendo consigo el aroma de las flores y
el sonido de las hojas susurrantes.
-------—Sí. Necesito ajustar unos detalles pero la haré volver
a Edo.
-------—¿Y qué le dirá?
-------—Que me necesita. Que Kioto no es para ella. Que es
más seguro allá —La voz de él se quebró apenas, pero
__bastó—. Mientras esté a salvo, aunque me odie… será
amortencia
266
suficiente.
-------El comandante suspiró. La guerra pronto se acercaba.
Se necesitaba liberar la zona de guerra antes del golpe final.
Y el Hitokiri también era humano.
-------—Entonces prepárese. Esta serán sus últimas noches
juntos.
-------Lo que vino después... fue un silencio rotundo.

267
A mar
abierto
-------Después de aquel amanecer en que desperté con
náuseas, algo cambió entre nosotros. No fue abrupto ni
evidente. Fue un movimiento sutil, como las hojas que caen
antes del invierno, o como el calor que precede a una
tormenta.
-------Él no lo mencionó. No podía. Pero empezó a quedarse
más tiempo en la posada. Dejó de salir tan temprano y
regresaba antes, con excusas cada vez más delgadas. "Los
hombres del oeste están más callados." "La lluvia de anoche
ha demorado los movimientos." "El comandante pidió que
descanse."
-------Mentiras piadosas. O no tan mentiras. Quizá solo
excusas para quedarse cerca. Para observar cómo doblaba
las toallas, cómo le hablaba a las gallinas del patio como si
fueran niñas pequeñas, cómo tejía pequeñas flores de papel
que colocaba discretamente en los estantes de la posada,
como si con eso pudiera proteger el lugar.
Una tarde, mientras barría las hojas secas del corredor, él se
acercó en silencio.
-------—Kaelya…
-------Me volví, con el cabello enredado en la brisa. Sonreí.
Dándole esa sonrisa que no le exigía nada.
-------—¿Sí?
-------—¿Le molesta estar aquí? —Su voz era baja, contenida
—. ¿Sin tus alumnos, sin tu dojo?
-------Bajé la mirada y seguí barriendo un momento antes de
responder.
-------—Extraño mi casa… pero no me arrepiento de haber
venido —Luego lo miré—. ¿Y ti? ¿Te molesta que esté acá?
-------Shinta se acercó un paso. No me tocó, pero su
amortencia
270
presencia bastó.
-------—No. Me da miedo —Sus ojos me buscaron, como si
pidieran permiso para decir lo que nunca decía—. Pero no
me molesta.
-------Dejé caer la escoba.
-------—¿Qué te da miedo?
-------—Que le pase algo —Hizo una pausa. Él tragó saliva
—. Y que no alcance mi espada para evitarlo.
-------Alcé la mano y, sin pensarlo mucho, la apoyé en su
pecho.
-------—No vine a Kioto para estar a salvo. —Mi voz era
suave, pero firme—. Vine para estar con vos.
-------Cerró los ojos un momento.
-------—Kaelya…
-------—Dime Querida. Solo Querida —Y sonreí, pero mis
ojos se llenaban de agua—. Si vamos a fingir que esta vida es
normal… al menos por unos días, quiero que me hables con
cariño, que lo hagas con lo que sientes... como si de verdad
fuera tu esposa... Aún en tiempos de caos...
-------Shinta no respondió. Pero asintió.
-------Y esa noche, me besó sin miedo, como si por fin
comprendiera que no podía salvarme de todo… pero sí podía
amarme mientras estuviera a su lado. El tacto de sus labios
era cálido y seguro, y sentí que el mundo se detenía una vez
más. Por un momento, no existía la guerra, no existía el
peligro. Existíamos solo nosotros, envueltos en la luz tenue
de la lámpara y en el silencio de la noche, construyendo un
refugio de amor en medio de la tormenta.

271
-------Las noches siguientes fueron suaves. Shinta dormía
más, y yo lo arropaba con cuidado, le preparaba té de
jengibre, y tejía una pequeña bufanda con hilo de cáñamo
para que no volviera a enfermar. Me burlaba de sus
ronquidos, y él me devolvía la burla con un ceño fruncido y
una caricia en la frente.
-------Hubo días que parecían ajenos a la guerra, días llenos
de risas y pequeños gestos de amor. Cantaba en voz baja
mientras cocinaba, y él cerraba los ojos, escuchándome como
si esa voz pudiera borrar todo lo que había hecho con su
espada. La casera me adoraba, y el comandante bajaba la
cabeza en respeto cuando pasaba a su lado. "Esta mujer
brilla", dijo una noche. Y é, sin decirlo en voz alta, supo que
tenía razón.
-------La mañana previa al caos, volví a vomitar. Esta vez,
más débil, sin explicación alguna. Shinta me sostuvo con
cuidado, me dio agua, y no dijo nada. Pero en su pecho, la
decisión ya estaba tomada. No podía arriesgarme más, no
ahora, no con una guerra a punto de estallar y un latido
nuevo creciendo dentro de mí. El aire se cargó de una tensión
silenciosa, y sentí que el mundo se inclinaba, como si el
destino estuviera tomando otro rumbo. En sus ojos vi la
certeza de lo que debía hacer, y aunque no quería aceptarlo,
sabía que no había otra opción.
-------La noche había caído pesada, envuelta en una niebla
densa y opresiva que parecía querer ahogar el último
resquicio de luz. El aire estaba impregnado del aroma dulce y
terroso del arroz recién cocido, que se mezclaba con el
frescor húmedo de la hierba y el musgo que cubrían el patio
trasero de la posada. Salí al patio, mis sandalias de paja iban
__dejando huellas húmedas en el suelo de tierra compacta.
amortencia
272
Llevaba en mis manos unas mantas húmedas, listas para---
tenderlas en las cuerdas improvisadas que colgaban entre los
árboles de cerezo, cuyas ramas desnudas se recortaban
contra el cielo oscuro.
-------Canturreaba bajo, distraída por el ritmo tranquilo de
mis tareas, cuando el crujido de una rama me hizo girar
bruscamente. La quietud del lugar se rompió de repente, y
una sombra cruzó la esquina del edificio principal. Otra más.
No eran los gatos callejeros que solían rondar en busca de
sobras; eran figuras humanas, oscuras y amenazadoras.
-------—¿Quién anda ahí? —pregunté, con la voz firme pero el
pulso alterado, sintiendo cómo el miedo empezaba a trepar
por mi garganta.
-------No hubo respuesta. Solo el sonido sordo de pasos sobre
la tierra húmeda, como el eco de un mal presagio. Retrocedí,
mi corazón latiendo como un tambor en mi pecho, cada
latido resonando en mis oídos.
-------Fue entonces que la vi.
-------Una hoja reluciente bajo la luz de la luna, un destello
plateado que cortaba la penumbra. Y los ojos de un hombre,
fríos y decididos, que no dudaban en su propósito.
-------Corrí.
-------Grité su nombre.
-------—¡Takashi!
-------Todo pasó en segundos, como si el tiempo se hubiera
detenido y luego acelerado de golpe. Tres hombres. Uno con
un garrote, los otros armados con cuchillos. Uno alcanzó a
sujetarme del brazo, su agarre férreo y cruel. Saqueadores.
-------—Tan linda para estar entre asesinos —escupió el
agresor,-burlón, su aliento a alcohol y tabaco quemándome
la piel.

273
-------Y entonces, el viento cambió. Una ráfaga fresca y
revivificante, seguida por un relámpago rojo que iluminó el
patio.
-------Shinta apareció como un espectro, sin decir palabra. Su
presencia era un faro en medio de la oscuridad, un rayo de
luz en el caos. Se movió con una gracia letal, como si la
noche misma obedeciera sus pasos. Se deslizó entre los
atacantes con una precisión impecable, cada movimiento
fluido y calculado. Uno cayó sin siquiera comprender qué lo
había atravesado, su cuerpo inerte sobre la tierra húmeda.
Otro retrocedió con un grito ahogado antes de que su
garganta fuera silenciada por el filo implacable de la katana.
-------El último huyó, desapareciendo en la niebla como un
fantasma.
-------Temblaba, el miedo y la adrenalina corriendo por mis
venas. Shinta me sostuvo con una sola mano, mientras aún
empuñaba la espada, su rostro impasible pero sus ojos
brillando con una intensidad que me reconfortaba y
aterrorizaba a partes iguales.
-------—¿Estás bien? —preguntó, su voz ronca pero también
fría y cortante.
-------Asentí, sin voz, sintiendo cómo las lágrimas
amenazaban con brotar. Él se mantuvo en distancia. Cuando
el fin su respiración volvía a la normalidad, me abrazó, con
más fuerza de la que nunca me había permitido antes. Podía
sentir su corazón desbocado contra mi pecho, latiendo al
unísono con el mío. No por el ataque, sino por lo que podría
haber pasado.
-------Esa noche no dormimos.
-------Él vigiló sentado junto a la ventana, espada
__desenvainada, los ojos encendidos y alerta. La habitación
amotyecnita
274
estaba iluminada por la tenue luz de una lámpara de aceite---
que proyectaba sombras danzantes en las paredes de papel de
arroz. El aire estaba cargado de tensión, un silencio denso
que apenas se interrumpía con el susurro del viento que
mecía las ramas de los cerezos fuera.
-------Preparé té en silencio, moviéndome con cuidado para
no perturbar la calma forzada. El aroma a hierba y jengibre
se elevaba del recipiente de cerámica, llenando el ambiente
con un aroma reconfortante. Dejé la taza humeante a su
lado, me arrodillé frente a él y apoyé la cabeza en sus
rodillas, buscando un poco de consuelo en su presencia.
-------Pasaron así largos minutos, el tiempo suspendido en un
limbo de incertidumbre. El murmullo lejano de la ciudad en
guerra se filtraba a través de las paredes delgadas, un
recordatorio constante del caos que nos rodeaba. Los
sonidos de las patrullas nocturnas, el ocasional estallido de
un disparo, todo se mezclaba con la quietud de nuestra
pequeña burbuja.
-------—No puedo seguir fingiendo que esto es seguro —dijo
por fin, su voz cargada de angustia, rompiendo el silencio.
-------Lo miré, sus ojos estaban llenos de determinación,
intentando encontrar las palabras adecuadas para calmar su
tormento.
-------—¿Vas a echarme? —pregunté, sabiendo que la
respuesta podría cambiarlo todo.
-------Tragó saliva, la culpa pesando sobre sus hombros como
una losa invisible.
-------—Voy a enviarte a Edo. Mañana mismo. No hay
discusión.
-------—¿Por qué casi me mataron? —respondí, mi voz firme
pero temblorosa.

275
-------—Porque no puedo vivir si algo te pasa. —La voz se le
quebró, pero no apartó los ojos de los míos—. Ya has dado
suficiente. Me diste lo mejor de vos… y ahora tengo que
devolverte la libertad.
-------—No quiero libertad. —Me arrodillé frente a él, con los
ojos en llamas, la pasión y la convicción estaban ardiendo en
mi interior—. No quiero paz si no es contigo. No vine a
Kioto para ser protegida como una porcelana. Vine para
estar a tu lado. Para vivir lo que haya que vivir. ¿O pensás
que no soy capaz de elegir eso?
-------—Kaelya…
-------—No. No me trates como a ella. —Mi voz fue un
susurro firme, cargado de emoción—. Yo no quiero morir
por ti, Shinta. Quiero vivir contigo. Quiero pasar los días
lavando tu ropa sucia, cocinando arroz y esperando que
vuelvas, aunque sea cubierto de sangre. Porque cada noche a
tu lado, incluso en guerra… es más vida que cien años de
tranquilidad sin usted.
-------Shinta bajó la cabeza, las emociones luchando dentro
de él. Sus manos temblaron ligeramente, y pude ver cómo la
tensión se reflejaba--- en cada línea de su rostro.
-------—No sé si merezco eso —murmuró, su voz apenas
audible.
-------Me acerqué más, tomé su mano y la apreté con fuerza.
-------—No se trata de merecerlo, Shinta. Se trata de amarte.
Y yo te amo, con todas las fuerzas de mi ser. No me pidas
que me vaya, no cuando esto es lo que quiero. No cuando tú
eres lo que necesito.
-------Se quedó en silencio, contemplando nuestras manos
entrelazadas. Finalmente, levantó la vista y me miró con una
__profundidad que me dejó sin aliento.

276
-------—Puedo prometerte volver apenas todo esto termine,---
pero prométeme que serás cuidadosa. Prométeme que no te
arriesgarás innecesariamente. Que confiarás en mí regreso,
para estar a tu lado.
-------Asentí, las lágrimas brotando de mis ojos, pero esta vez
eran lágrimas de alivio y amor. Le recé a los Dioses para que
me lo protejan, aún cuando conocía su propia letalidad.
-------—Te lo prometo, Shinta. Te lo prometo.
-------Nos quedamos así, en silencio, compartiendo un
momento más ante de mi partida. El aroma del té se
mezclaba con el olor a madera antigua y el frescor de la
noche que se colaba por las rendijas de las paredes. El sonido
de nuestras respiraciones sincronizadas era el único ruido en
la habitación, un ritmo tranquilo que parecía borrar, aunque
fuera por un instante, el mundo exterior.
-------El viento soplaba suavemente, haciendo ondear las
cortinas de papel de arroz que separaban nuestro espacio del
resto de la posada. Las sombras danzantes creadas por la
lámpara de aceite jugaban en las paredes, transformando la
habitación en un escenario de sueños y esperanzas. Afuera, el
rumor de la ciudad en guerra seguía presente, pero se había
convertido en un susurro distante, un eco que no lograba
perturbar la calma que habíamos encontrado uno en el otro.
-------Él me acarició el cabello con suavidad, sus dedos
trazando líneas suaves a lo largo de mi espalda. Sentí su
calor, su fuerza, y me aferré a él con una intensidad que no
sabía que poseía. En ese momento, todos los miedos, las
incertidumbres y las dudas se disiparon. Solo existíamos
nosotros, dos almas entrelazadas en un mundo que parecía
estar al borde del colapso.
-------—Gracias... —susurró, su voz cargada de gratitud y---
amortencia
277
---emoción—. Gracias por estar aquí, por luchar a mi lado.
Gracias por haberme buscado... y darme un motivo por el
cual volver hacia usted.
-------Sus palabras me conmovieron profundamente. Sabia
bien que no era fácil para él llevar una vida asesinando.
Porque lo observaba. Lo hacia todo el tiempo. Verlo cada
vez que llegaba cubierto en sangre, como se refregaba por
horas sus manos lo estaba desgarrando por dentro. Levanté
la mirada y lo miré a los ojos, esos ojos que siempre habían
sido mi faro en la oscuridad.
-------—Siempre estaré contigo... Hasta el final del mundo, si
es necesario. Y si renacemos en otro mundo... en otra vida...
haré todo lo que este en mis manos para que nunca más
vuelvas a matar...
-------Un leve sonrisa se dibujó en sus labios, una sonrisa que
contenía toda la ternura y el amor que sentía por mí. Me
abrazó con más fuerza, y en ese abrazo encontré la seguridad
y el refugio que tanto anhelaba.
-------Pero el silencio no duró mucho. Él se apartó
ligeramente, su expresión tornándose seria y resuelta.
-------—Kaelya, he tomado una decisión. Mañana mismo te
enviaré a Edo. Es demasiado peligroso para ti aquí, y no
puedo arriesgarme a perderte.
-------Sentí un nudo en la garganta, pero asentí,
comprendiendo la gravedad de la situación.
-------—Lo entiendo... Pero recuerda tu promesa que vendrás
a buscarme una vez que todo esto termine. Prométeme que
volveremos a estar juntos.
-------Shinta me miró con una intensidad que me hizo
temblar.
-------—Te lo prometo, mi querida. Vendré a buscarte, y
amortencia
278
juntos enfrentaremos lo que venga. Te lo juro.
-------Se acercó y me besó con una dulzura que me dejó sin
aliento. Cada toque de sus labios era una promesa, cada
caricia una afirmación de su amor. Nos quedamos así,
abrazados, sellando lo que podía significar nuestro futuro
estando juntos una vez que todo esto termine. No necesitaba
nada más, porque ese silencio de palabras, eran calladas por
las acciones de sus sentimientos.
-------Finalmente, Shinta se levantó y se acercó a la ventana,
observando la noche con una mirada serena pero vigilante.
Sus compañeros se habían encargado de los cuerpos de
aquellos saqueadores, ellos sabían bien como proceder para
liberar el rastro que dejaban y que podían marcar la posada
en los futuros ataques. Sabía que no descansaría hasta que la
amenaza hubiera pasado, que siempre estaría alerta para
protegerme. Me incorporé y me uní a él, apoyando mi cabeza
en su hombro y mirando hacia el exterior.
-------La ciudad estaba sumida en una calma aparente, pero
podíamos sentir la tensión que la embargaba. Las luces de las
casas y los faroles de las calles se veían como luciérnagas en
la oscuridad, pequeñas islas de vida en medio del vacío. El
cielo estaba despejado, y las estrellas brillaban con
intensidad, como si quisieran recordarnos que, a pesar de
todo, había belleza en el mundo.
-------—Mañana será otro día —dije, más para mí misma que
para él—. Somos fuertes, podemos enfrentar lo que venga.
-------Él asintió, su voz firme pero llena de emoción.
-------—Usted es mi fortaleza.
-------Nos volvimos a la habitación, la atmósfera cargada de
una determinación renovada y un sentir profundo. La
lámpara de aceite proyectaba sombras suaves y cálidas,---
amortencia
279
---creando un ambiente íntimo y reconfortante. Shinta se
sentó en el futón, y yo me acerqué, sentándome a su lado.
-------Él me miró con una ternura que me conmovió hasta lo
más profundo de mi ser. Nos recostamos en el futón,
envueltos en el calor de la noche y la seguridad de nuestra
promesa. El tacto de su piel contra la mía era un bálsamo
para mi alma. Cada caricia, cada beso, era una afirmación de
nuestro amor, un juramento silencioso de que nada nos
separaría, ni la guerra ni el destino. Nos abrazamos con una
fuerza que parecía querer fundir nuestros corazones en uno
solo, buscando en el otro la fuerza y la paz que
necesitábamos.
-------El tiempo se detuvo, y en ese instante, el mundo
exterior desapareció. No existía la guerra, no existían los
peligros, solo nosotros y el amor que nos unía. La habitación
se llenó de un silencio sereno, interrumpido solo por el
susurro de nuestras caricias, nuestras voces y el latir de
nuestros corazones.
-------—Prométeme que cuidarás de ti mismo —susurré,
acariciando su rostro con delicadeza.
-------Él me miró a los ojos, y en ellos vi una determinación
inquebrantable. Beso mi frente antes de responder.
-------—Te lo prometo, Querida. Cuidaré de mí mismo, voy a
descansar bien y comer bien.
-------Yo le sonreí, como cuando a un niño le regalan un
dulce que tanto le gusta. Y él al verme hizo lo mismo, eran
pocas las veces que lo veía sonreír y esas eran las que quería
atesorar en mi memoria. Una vez más me beso, y fue un beso
que contenía toda la pasión y el amor que sentíamos el uno
por el otro. Nos quedamos abrazados, disfrutando de la
__calidez y la intimidad de la noche, sabiendo que cada
amortencia
280
momento era precioso y valioso.
-------Finalmente, el sueño nos envolvió, y nos entregamos a
un descanso reparador, sabiendo que al amanecer, todo
cambiaría. Pero en ese momento, en ese pequeño rincón de
Kioto, en esa posada humilde y sencilla, habíamos
encontrado nuestro propio santuario.
-------Cuando el alba comenzó a asomarse por el horizonte,
nos despertamos con la certeza de que, a pesar de la distancia
y los desafíos que nos esperaban, nuestra unión sería más
fuerte que cualquier adversidad. O eso quería creer.
-------La brisa estaba cargada de sal y pólvora que rozaba la
tela de mi kimono, como una advertencia. Incluso el aire
parecía saber que esa mañana traía consigo algo definitivo.
Algo a lo que horas antes me había resignada a estar de
acuerdo, pero que ahora comenzaban a pesarme en el
corazón. Las gaviotas chillaban a lo lejos, ajenas a los
sentimientos humanos, ajenas a las despedidas. Shinta me
había llevado hasta el muelle, lejos de Kioto, escoltándome
en silencio a través de caminos que cada vez parecían más
ajenos, más dolorosos.
-------El cielo estaba nublado. No llovía aún, pero el gris
parecía colgar, suspendido por hilos delgados a punto de
romperse. Como nosotros.
-------—Estarás segura en Edo —dijo por fin, su voz era
apenas un susurro rasgado entre las velas del barco que se
mecían suavemente en el puerto.
-------No contesté. No quería hacerlo. Si hablaba, si lo
miraba demasiado tiempo, si respiraba hondo… iba a
quebrarme. Y yo era fuerte. Siempre lo había sido. O eso me
repetía.
-------—No es huir —continuó él, sin mirarme—. Es…---
amortencia
281
---darte la oportunidad de seguir viva si todo esto…
empeora.
-------Apreté los puños. Me odiaba por lo mucho que
entendía, por lo mucho que amaba y por lo poco que podía
hacer.
-------—Recuerda ir al medico —su voz sonó firme,
demandante—. Tiene que ser de suma confianza y que de
garantía de que estás casada.
-------—¿Y por qué? —pregunté por fin, la voz baja pero
firme—. ¿Qué tiene que ver un medico en todo esto?
-------Él tragó saliva. Bajó la mirada. El flequillo caía como
una cortina rojiza sobre su rostro, ocultando algo más que
sus ojos.
-------—Lo entenderás cuando llegues —susurró.
-------El silencio cayó entre nosotros como una campana de
hierro. La gente iba y venía por el muelle: marineros,
ancianas con canastos, niños descalzos. Ninguno de ellos
entendía lo que pasaba allí, entre dos figuras detenidas en un
rincón del mundo, sosteniendo un adiós que no querían
pronunciar.
-------Me acerqué un paso. No era mucho, pero era suficiente
para sentir el calor de su cuerpo, ese calor tenue y
melancólico que siempre había tenido él. El calor de alguien
que carga con demasiadas culpas.
-------—No me pidas que te odie por esto —dije, y mis labios
temblaron sin que pudiera evitarlo—. Porque no puedo. No
sé cómo.
-------Él alzó la vista por fin, y fue como mirar al centro de un
eclipse. Sus ojos dorados estaban húmedos, pero no caía
ninguna lágrima. Shinta no lloraba. Había aprendido a
__contener el dolor hasta convertirlo en carne. Pero esa era
amortencia
282
la tragedia: lo sentía todo y no sabía decirlo.
-------—No quiero que me odies —dijo—. Quiero que vivas.
Que sonrías. Que veas flores en primavera. Que tengas un
futuro... lejos de este infierno.
-------Alcé la mano, lentamente, como si temiera que al
tocarlo se deshiciera. Y lo hice: mis dedos rozaron la cicatriz
que cruzaba su mejilla, y por un momento, todo se detuvo.
El sonido del mar, el chirrido de las cuerdas, incluso mi
propia respiración.
-------—¿Y qué hay del mío? —susurré—. ¿Qué futuro puedo
tener si no estás?
-------Las palabras salieron de mí como un suspiro, cargadas
de la bruma que envolvía el muelle. El viento traía consigo el
olor a sal y algas, mezclado con el aroma de la madera vieja y
el metal oxidado. Él cerró los ojos, y por un momento,
pareció que el mundo se detenía junto con él. Le temblaba la
mandíbula, y pude ver cómo el peso de todas sus decisiones
lo aplastaba por dentro, como una montaña invisible que no
podía mover.
-------—Ese es mi castigo —murmuró, y su voz se perdió en el
viento, casi inaudible.
-------Me quebré. Una lágrima escapó sin permiso, y otra la
siguió, rodando por mis mejillas como gotas de lluvia en un
cristal. Me aferré a su haori con fuerza, como si pudiera
impedir que se fuera solo con eso. Como si mi tacto pudiera
detener la historia que ya se estaba escribiendo, como si
pudiera cambiar el destino con la simple presión de mis
manos. El tejido de su haori era áspero contra mis dedos, y
sentí el calor de su cuerpo a través de la tela, un calor tenue y
melancólico que siempre había tenido él, el calor de alguien
que carga con demasiadas culpas.

283
-------—Te odio por esto —lloré, con la voz ronca de
impotencia—. Te odio porque me haces amarte así… y aún
así me alejas.
-------Él me rodeó con sus brazos entonces. No con fuerza,
no como un amante desesperado, sino como alguien que ya
se está despidiendo mientras aún tiene al otro entre sus
manos. El abrazo fue tibio, doloroso, definitivo. Pude sentir
su respiración en mi cabello, y el latido de su corazón,
sincronizado con el mío, como si ambos supiéramos que este
momento era el final de algo que nunca debería haber
terminado.
-------—Si pudiera elegir… —empezó a decir, pero no
terminó la frase. Porque no podía elegir. Porque ya lo había
hecho.
-------Un silbido agudo interrumpió el momento. El barco
estaba listo para zarpar. El sonido del silbato resonó en mis
oídos, mezclándose con el murmullo del mar y el chirrido de
las cuerdas. No quería soltarlo. Mi cuerpo gritaba que no.
Pero mi alma entendía la guerra. Entendía que este era el
precio que debíamos pagar, aunque doliera más de lo que
jamás había imaginado.
-------—No mueras, por favor —le pedí, aferrándome una
última vez—. No sin decirme adiós otra vez. No sin volver.
-------No prometió nada. Solo se inclinó, con lentitud, y
presionó sus labios sobre mi frente, tan suave que pareció
una disculpa. Un lamento. Un adiós. El contacto de sus
labios fue como una caricia de viento frío, un último susurro
antes del silencio. Cuando se apartó, sentí el vacío que dejaba
su ausencia, como si una parte de mí se hubiera ido con él.
-------—Viviré para verte sonreír otra vez —dijo, y se apartó.
-------Subí al barco con el corazón en carne viva, sin volver la
amortencia
284
vista atrás. Porque si lo miraba, si lo veía quedarse solo en---
ese muelle, sabría que no podría irse. Cada paso que daba
hacia el barco era un esfuerzo titánico, como si el muelle se
resistiera a dejarme ir. El maderamen crujía bajo mis pies, y
el olor a mar y sal se intensificaba a cada paso.
-------Y él… él se quedó allí, bajo un cielo que finalmente
empezó a llover. Las gotas caían suavemente, formando
pequeños charcos en el muelle. No se movió. No se cubrió.
No huyó. Porque era un guerrero. Porque era un tonto.
Porque amaba.
-------Porque la despedida más difícil no era decir adiós. Era
hacerlo en silencio.
-------El barco comenzó a moverse, alejándose lentamente del
muelle. El agua del puerto se agitaba suavemente, reflejando
el cielo gris y sombrío. Cada vez que miraba atrás, veía a
Shinta de pie, inmóvil, bajo la lluvia. Sus cabellos rojos se
pegaban a su rostro, y sus ojos dorados, aunque distantes,
seguían fijos en mí. El viento traía consigo su silueta, cada
vez más pequeña, hasta que finalmente se convirtió en un
punto en la distancia.
-------El sonido del mar se intensificó, llenando el aire con su
ritmo constante y eterno. Las olas golpeaban la proa del
barco, y el movimiento suave me hacía balancear. Cada vez
que el barco se inclinaba, sentía como si mi corazón se
partiera un poco más. La lluvia caía sobre mí, mezclándose
con mis lágrimas, y el frío se filtraba a través de mi kimono,
pero no sentía nada más que el vacío que había dejado. Y
nauseas, de nuevo nauseas.
-------Me aferré al barandal, observando cómo Kioto se
alejaba, cómo las casas y los árboles se convertían en
manchas borrosas. El muelle donde nos despedimos se---
amortencia
285
---perdió en la bruma, y con él, una parte de mí. Pensé en las
flores de cerezo en primavera, en las risas compartidas, en los
momentos de paz que habíamos encontrado juntos. Todo
eso se desvanecía, como un sueño que se escapa al despertar.
-------Pero sabía que no podía rendirme. Sabía que tenía que
seguir adelante, no solo por mí, sino por él. Shinta había
sacrificado su felicidad por la mía, y yo no podía permitir
que ese sacrificio fuera en vano. Tenía que vivir, tenía que
sonreír, tenía que encontrar un futuro, de construirlo hasta
que él volviera a mí.
-------El barco navegaba ahora hacia el horizonte, dejando
atrás el pasado y abriéndose camino hacia un futuro incierto.
La lluvia seguía cayendo, pero ya no me mojaba tanto. Me
cubrí con mi haori, sintiendo el calor que aún quedaba en la
tela, el calor de Shinta. Respiré hondo, inhalando el aroma a
mar y sal, y cerré los ojos.
-------En mi mente, lo volvía a ver, de pie en el muelle, bajo la
lluvia, mirándome con esos ojos dorados llenos de dolor y
determinación. En ese momento, supe que, pase lo que pase,
lo amaría siempre. Porque el amor no se mide en palabras,
sino en acciones, en sacrificios, en la capacidad de dejar ir a
la persona que amas para que pueda ser feliz, aunque sea
lejos de ti. Y me prometí a mi misma que volvería a buscarlo
en cada una de las vidas que me tocaría renacer.
-------Cuando abrí los ojos, el muelle ya era solo un recuerdo,
un punto en el horizonte que se desvanecía. Pero en mi
corazón, él seguía ahí, y seguiría estando allí, siempre.
Porque la despedida más difícil no era decir adiós. Era
hacerlo en silencio, y seguir adelante, llevando consigo el
amor y la esperanza de un futuro mejor por el que él luchaba
__en esta guerra cruel.

286
-------De repente, una oleada de náusea me golpeó. El---
movimiento del barco, combinado con el frío y la tensión
emocional, hizo que mi estómago se revolviera. Me aferré al
barandal, intentando mantener el equilibrio, pero las náuseas
eran incontrolables. Corrí hacia la borda y vomité,
dejándome sin fuerzas. El amargo sabor de la bilis llenó mi
boca, y las lágrimas se mezclaron con la lluvia en mis
mejillas. Me apoyé contra la madera, exhausta y
desconsolada.
-------Unos minutos después, una mujer se acercó a mí. Era
mayor, con una mirada cálida y compasiva. Vestía un
kimono sencillo y llevaba un pequeño maletín de medicinas.
-------—¿Estás bien, muchacha? —preguntó, con una voz
suave y maternal.
-------Negué con la cabeza, incapaz de hablar. Ella me ayudó
a sentarme en un banco cercano y me ofreció un pañuelo
limpio.
-------—Déjame echarte un vistazo —dijo, abriendo su
maletín.
-------La mujer me examinó con cuidado, palpando mi
abdomen y tomando mi pulso. Sus manos eran firmes y
seguras, y su presencia me dio una sensación de calma.
Finalmente, me miró con una expresión seria pero amable.
-------—Creo que estás embarazada —dijo, con un tono que
no dejaba lugar a dudas.
-------Sentí como si el mundo se detuviera. Las palabras
resonaron en mi mente, y una mezcla de shock, miedo y
asombro me invadió. Embarazada. Shinta y yo íbamos a
tener un hijo. Un hijo que ahora estaría criando sola, lejos de
él.
-------—¿Cómo… cómo puedes estar tan segura? —logré---
amortencia
287
---preguntar, con la voz temblorosa.
-------—Los signos son claros —respondió la mujer—. Tu
abdomen está ligeramente abultado, tu piel tiene un brillo
característico, y tus náuseas son típicas del embarazo.
Además, tu pulso es más rápido de lo normal.
-------Las lágrimas comenzaron a brotar nuevamente, pero
esta vez no eran solo de dolor. Eran de una emoción
compleja, llena de amor y preocupación. La mujer me abrazó
con ternura, como si fuera una hija.
-------—No te preocupes, pequeña —me dijo—. Estarás bien.
Pero es importante que encuentres un médico de confianza
en Edo para que te atienda y te ayude a prepararte para el
parto. En tiempos revueltos, una mujer sola y embarazada es
blanco fácil. Debes cuidarte.
-------Asentí, sintiendo un renovado sentido de
responsabilidad. Recordé las últimas palabras de Shinta,
justo antes de que me subiera al barco.
-------—Si pudiera elegir… —había empezado a decir, pero
no terminó la frase.
-------Ahora comprendía. Él ya sabía que estaba embarazada.
Esa era la razón por la que me había pedido que buscara un
médico de confianza en Edo para que me atendiera y
certificara nuestro matrimonio por mi seguridad.
-------En tiempos revueltos, una mujer sola y embarazada era
blanco fácil. Quería asegurarse de que estaría protegida, de
que tendría un futuro seguro para nuestro hijo.
-------La mujer me miró con una sonrisa comprensiva.
-------—¿Cuál es su nombre señorita? —me pregunto
dulcemente—. El mío es Makio, Makio Tsubame. Hija del
reconocido medico Makio Otsumo.
-------—Me llamo... —en ese momento me di cuenta de que
amortencia
288
era la primera vez...—. Kaetsu… —que me presentaba---
como su esposa—. Kaetsu Kaelya. Esposa del guerrero
Kaetsu Takashi.
-------—Tu esposo es un hombre sabio y preocupado —dijo
—. Debes estar orgullosa de él. Y debes cuidarte, no solo por
ti, sino por tu bebé.
-------Asentí, sintiendo una mezcla de gratitud y tristeza.
Shinta había pensado en todo, incluso en los detalles más
pequeños, para asegurar mi bienestar. A pesar de la distancia
y el dolor, su amor y preocupación me llenaban de fuerza.
-------—Gracias —murmuré, mirando a la mujer—. No sé
qué haría sin tu ayuda.
-------Ella me tomó de la mano con dulzura.
-------—No estás sola, Kaelya —dijo—. Encontrarás amigos
y aliados en Edo. La vida puede ser dura, pero también
puede ser hermosa. Y tienes un motivo más que especial para
seguir adelante.
-------Las palabras de la mujer resonaron en mi corazón.
Tenía razón. A pesar de la separación y la incertidumbre,
tenía un futuro por delante. Un futuro que incluía a nuestro
hijo, un símbolo vivo de nuestro amor.
-------El barco continuaba su viaje, alejándose cada vez más
de Kioto. El muelle y la figura de Shinta se habían
desvanecido en la bruma, pero su presencia seguía conmigo,
como un faro en medio de la tormenta. Respiré hondo,
inhalando el aroma a mar y sal, y cerré los ojos.
-------Cuando los abrí, el horizonte estaba claro, y el cielo
empezaba a aclararse. La lluvia había cesado, y un rayo de
sol se filtraba entre las nubes, iluminando el agua con un
destello de esperanza. Me levanté, sintiendo una nueva
determinación en mi interior. No importaba cuántos---
amortencia
287
---obstáculos encontrara en el camino, no importaba cuánto
doliera la separación, sabía que tenía que seguir adelante.
Por mí, por Shinta, y por nuestro hijo.
-------Con un último vistazo al horizonte, me dirigí hacia la
cabina del barco, lista para enfrentar lo que viniera. La mujer
me acompañó, ofreciéndome su apoyo y consejo. En ese
momento, no solo encontré una médica, sino también una
amiga. Alguien que me ayudaría a navegar por los
turbulentos mares de la vida.
-------Tenia una misión.
-------Construir un hogar.
-------Uno que sea para los tres.
-------Un lugar al que él pueda volver.
-------Tenia esperanzas, aun cuando al final... fueron ellas
quienes me destruyeron más de lo que la guerra hizo.

290
291
Su Es
encia
-------La luz blanca del hospital era todo menos cálida.
Brillaba implacable, reflejándose en las paredes estériles y los
instrumentos médicos, creando un ambiente que parecía
diseñado para mantener a raya cualquier emoción. Pero
Cielo se aferraba al vaso de café frío como si de allí pudiera
sacar una pizca de paz. El líquido oscuro y amargo ya había
perdido su calor, pero el contacto del plástico frío en sus
manos parecía darle algo a qué agarrarse. Sentada al lado de
la camilla, me había estado observando dormir bajo la
máquina que aún pitaba con insistencia, un sonido
monótono y metálico que parecía marcar el ritmo de la vida
que luchaba por mantenerse.
-------Estaba viva.
-------Y eso ya era un milagro.
-------Cuando abrí los ojos esa mañana, lo hice sin lágrimas.
Mi garganta estaba seca, y cada palabra que intentaba
formular se sentía como un esfuerzo monumental. Solo pude
articular una pregunta simple, con la voz rasposa, y débil:
-------—¿Dónde está... mamá? —dolía, y me quemaba—. ¿Y
mi... hermana?
-------Cielo me sonrió. La emoción le desfiguró los labios, y
sus ojos brillaron con una mezcla de alivio y alegría. Me
tomó la mano con fuerza, sus dedos entrelazándose con los
míos, como si quisiera asegurarse de que realmente estaba
allí, de que no era un sueño.
-------—Están bien. Te lo juro. —Su voz temblaba, y las
palabras salían con una urgencia que denotaba cuánto había
temido perderme—. Nunca estuvieron con Enrique. Fue
todo una puesta en escena. Carlos le dijo dónde vivían,
__Ramiro hackeó el celular de tu mamá, pero nunca… nunca
amortencia
294
llegaron a ellas. Están aquí, con tu papá. Con Aurora y tu---
tía Laura. Están a salvo, en casa.
-------Sus palabras se clavaron en mí como una promesa,
cada una de ellas grabada a fuego en mi memoria. Parpadeé,
intentando procesar toda la información. Una lágrima cayó
por la comisura de mi ojo, rodando lentamente por mi
mejilla. El frío del hospital contrastaba con el calor de la
lágrima, y por un momento, todo se sintió surreal. Quería
saber más, pero cuando intente pregunta, ella me
interrumpió como si fuera capaz de leerme la mente.
-------—Me preguntaste por tu papá también —añadió Cielo,
acariciándome el brazo con suavidad, como si quisiera
transmitirme su fortaleza—. Él está bien. Se turnan para
venir, pero no te querían molestar mientras estabas así… En
terapia intensiva estuviste casi dos semanas así, Ely. Nos
diste un susto de mierda.
-------El peso de sus palabras cayó sobre mí como una losa.
Dos semanas. Dos semanas en los que mi familia había
estado en vilo, dos semanas en los que Cielo había estado a
mi lado, en los que mi vida había colgado de un hilo. Un
silencio pesado se interpuso, lleno de todas las cosas que no
se decían, de todos los miedos y alivios que flotaban en el
aire.
-------Ella me miró con una mezcla de preocupación y cariño,
sus ojos buscando los míos para asegurarse de que estaba
realmente allí, de que estaba consciente y viva. La luz blanca
del hospital seguía siendo fría, pero en ese momento, su
presencia me daba una sensación de calidez, de que no estaba
sola.
-------—¿Y... Teo? —pregunte.
-------Un silencio pesado se interpuso. El pitido constante---
amortencia
295
---de las máquinas y el leve zumbido de los fluorescentes
llenaban el aire, creando una atmósfera de tensión y espera.
Hasta que Cielo soltó lo que más le inquietaba:
-------—No sabemos quién los trajo. A vos y a Teo. Una
enfermera dijo que los dejaron en la entrada de urgencias en
una camioneta negra. Allá en Monteros. Pero nadie bajó.
Nadie dijo su nombre. Solo... desaparecieron. Los trajeron
en ambulancia hasta San Miguel.
-------Sus palabras flotaron en el aire, cargadas de
incertidumbre y miedo. Me giré lentamente hacia el otro
lado, mirando hacia la ventana, aunque no había más que la
sombra de un edificio vecino. El vidrio reflejaba vagamente
mi rostro pálido y cansado, y el exterior era una oscuridad
impenetrable.
-------—¿Y Enrique? —pregunté, con la voz apenas audible.
-------Cielo tragó saliva, y pude ver cómo su garganta se
movía con dificultad. Sus ojos se llenaron de preocupación, y
su expresión se ensombreció.
-------—La policía fue a la finca. Estaba toda prendida fuego.
No encontraron a nadie. Todavía están buscando a los
responsables del incendio. No saben qué fue lo que pasó
exactamente. Pero… no estaba. Como si se hubiera
evaporado.
-------Cerré los ojos, sintiendo un mareo que amenazaba con
llevarme de nuevo a la inconsciencia. Las imágenes de aquel
día se mezclaban en mi mente: el miedo, el dolor, la
desesperación, y la rabia. Mucha rabia. Recordaba bien lo
que había hecho, en mis manos estaba su sangre. Y no me
arrepentía, no de él. Ahora quedaba la incertidumbre de no
saber qué había pasado con el cuerpo de Enrique. ¿Dónde
__estaba? ¿Qué había ocurrido en la finca? Las preguntas se
amortencia
296
acumulaban, y no había respuestas.
-------El silencio volvió a llenar la habitación, pero esta vez
era un silencio cargado de preguntas sin respuesta, de miedos
y dudas. Cielo me apretó la mano con más fuerza, como si
quisiera transmitirme un poco de su fortaleza. Pero incluso
su presencia no podía disipar la sensación de vacío que me
invadía.
-------No hablé. Las palabras se atascaban en mi garganta, y
el peso de todo lo que había pasado era demasiado para
soportarlo. Solo podía pensar en Teo, en mi familia, en la
vida que había cambiado para siempre. Y en el misterio que
rodeaba a Enrique, un misterio que parecía no tener fin.
-------Horas después, ya instalada en una sala común, mi
padre llegó. El hombre entró en la habitación con paso lento
y decidido, sus ojos cafés, tan familiares, estaban llenos de
preocupación y alivio. Se acercó a la cama y me abrazó sin
decir una sola palabra, como si hacerlo le rompiera el alma.
Su abrazo era fuerte, protector, y pude sentir el calor de su
cuerpo a través de la tela delgada de mi bata de hospital. El
aroma familiar de su colonia me envolvió, trayendo consigo
recuerdos de momentos más tranquilos, de tardes en casa y
risas compartidas.
-------Cuando se separó, me miró a los ojos con una
intensidad que me recordó a cuando era niña y me metía en
líos demasiado grandes para mi tamaño. Su expresión era
una mezcla de severidad y amor, como si quisiera protegerme
y al mismo tiempo entender lo que había pasado.
-------—Necesito saber qué pasó allá, Ely —dijo, con voz
firme, pero que se quebraba por momentos—. ¿Qué fue lo
que hiciste? ¿Por qué--- paso todo esto? Decime que fue lo
que pasó, debo saberlo para ayudarte si vuelve la policía---
amortencia
297
---para interrogarte.
-------Lo miré. Mi rostro estaba pálido, los labios partidos y
secos. Y aún así, me incorporé con esfuerzo, apoyándome en
la cama. Cada movimiento era un esfuerzo, pero sentía que
necesitaba estar erguida, enfrentar su pregunta con la
dignidad que me quedaba.
-------—Papá… —susurré, apenas—. Hay cosas que todavía
no sé explicar. Pero sí sé que lo hice por mamá. Por mi
hermana. Por Teo. Y por mí. Y no me arrepiento.
-------Mi voz temblaba, pero cada palabra salía con una
determinación que no sabía que aún tenía. Los ojos de mi
padre se humedecieron, y pude ver en ellos una mezcla de
orgullo y dolor. Sabía que no había sido fácil para él, que
había pasado días de angustia y miedo, pero también sabía
que estaba allí para apoyarme, como siempre.
-------—Entonces lo vamos a resolver —dijo, abrazándome
de nuevo, esta vez con los ojos húmedos—. Como familia.
-------Su abrazo fue reconfortante, un refugio en medio de la
tormenta. Sentí que, pase lo que pase, no estaba sola. Tenía a
mi familia a mi lado, y juntos enfrentaríamos lo que viniera.
El silencio que siguió fue diferente, lleno de una calma y una
resolución que nos unía más que nunca.

-------Esa noche, mientras las luces del pasillo parpadeaban


con el cambio de turno, Cielo volvió a mi lado. Se sentó a mi
lado con una manta fina sobre los hombros y una sonrisa
cómplice. El aire del hospital estaba cargado de un silencio
__tenso, interrumpido solo por el suave zumbido de los
amortencia
298
equipos médicos y el ocasional paso de una enfermera.
-------—¿Querés saber algo raro? —dijo en voz baja, que se
sentía apenas que un susurro en la penumbra—. Las
constelaciones que estudió tu abuelo… al parecer habla de
llamas gemelas.
-------—¿Cómo que llama gemela? —no entendía a que se
refería.
-------—Son como las almas gemelas pero estas en realidad
son más profundas —el tono de su voz paso de soñador a
serio—. Seria algo más literal como la mitad de tu alma.
-------—¿Entonces mi alma esta dividida en dos? —en ese
punto sentí que era ridículo lo que preguntaba, pero a la vez,
sentía que era cierto.
-------—Si, existen muy pocas llamas gemelas en el mundo.
Pero de que las hay, las hay. Ellas tienen una misión en cada
vida para aportar al mundo en su pureza. Son como ese
equilibrio kármico creo... no se mucho del tema, pero
conozco un poco. Creo que vos sos Kaelya… y Takashi…
aún no se quien podría ser.
-------Cerré los ojos, y una bruma extraña me cubrió el
pecho. Las palabras de Cielo resonaron en mi mente,
llenándome de una sensación de conexión y destino. Como si
todo lo que había pasado, todo el dolor y la lucha, tuviera un
propósito más grande, algo que trascendía lo individual.
-------—¿Quién sabe? Tal vez es Teseo —dijo voz picara y
guiñándome un ojo.
-------—¿Y él…? —pregunté, con voz temblorosa, temiendo
la respuesta.
-------—Sigue inconsciente. Pero estable —respondió Cielo,
su voz cargada de esperanza—. Parece que el golpe fue
fuerte. Dicen que puede tardar unos días más. Pero lo está---
amortencia
299
---logrando, Ely. Está peleando.
-------No contesté. Solo me incliné en la cama, giré el rostro
hacia la otra camilla al otro lado de la sala, imaginándolo a
Teo dormir, conectado a un gotero. Que la luz tenue del
monitor dibujaba sombras suaves en su rostro, y pude ver
cómo su pecho subía y bajaba con un ritmo lento y
constante. Me sentí invadida por una mezcla de alivio y
determinación.
-------Recordé todas las veces que Teo había estado a mi
lado, cómo siempre había estado allí para mí, sin importar lo
que pasara. Recordé a Kaelya y Takashi, su historia de amor
y resistencia, y cómo habían esperado el uno por el otro, sin
rendirse nunca. Aún sin saber como había terminado de
verdad su historia.
-------Esta vez, no pensaba dejarlo ir. No importaba cuánto
tiempo llevara, no importaba cuántos obstáculos tuviéramos
que enfrentar. Iba a esperarlo, como él lo había hecho una
vez. Y aunque no estaba del todo segura que él fuera
Takashi, en mi corazón se sentía que tenia que verlo para
comprobarlo. Ahora que ya conocía el pasado. Ahora que
sabia su esencia.
-------Y esta vez, no pensaba dejarlo ir.

-------Cuando desperté otra vez, no fue el pitido del monitor


lo que me sacó del sopor. Fue una voz que conocía mejor que
a mí misma. Una voz que había escuchado mil veces, pero
que no recordaba haber sentido tan cerca en años.
-------—Mi amor… —susurró mamá—. Estás bien. Gracias a
__Dios.

300
-------Abrí los ojos despacio, como si cada pestañeo fuera---
un esfuerzo monumental. Y ahí estaba. Mi madre.
-------Sostenía mi mano como si fuese lo más valioso del
mundo. Sus dedos, suaves y cálidos, se entrelazaban con los
míos, transmitiéndome una sensación de seguridad y amor
que había echado tanto de menos. Tenía los ojos hinchados,
pero limpios, como si hubiera llorado hasta quedar sin
lágrimas. Su pelo negro estaba suelto y húmedo, se veía
como las noches estrelladas en el campo, oscuro y
luminosamente azul lleno de estrellas. Daba la sensación, de
como si apenas se hubiera salido de la ducha, habría venido
directamente a verme a mi. La piel más pálida, más delgada,
pero el mismo perfume dulce y cálido de siempre me
envolvió, trayendo consigo recuerdos de tardes en casa,
abrazos reconfortantes y palabras de aliento.
-------Luisana, mi hermanita, estaba acurrucada en el rincón
del sillón con una manta, dormida, como si hubiese estado
velándome toda la noche. Su presencia me llenó de una
mezcla de ternura y culpabilidad. Mi pequeña hermana, tan
inocente y vulnerable, había pasado por tanto miedo por mi
culpa.
-------—Mamá… —murmuré, y la palabra me dolió en el
pecho como una herida vieja que acababa de cerrar.
-------Mamá sonrió, conteniéndose para no llorar otra vez.
Sus ojos brillaban con una mezcla de alivio y amor
incondicional. Se inclinó hacia mí y me besó la frente, un
gesto tan familiar y reconfortante que sentí que el mundo
volvía a su lugar.
-------—Estoy acá, mi amor —dijo, con voz temblorosa—.
Ya pasó. Todo va a estar bien.
-------Sus palabras me llenaron de una calma que no había---
amortencia
301
---sentido en mucho tiempo. A pesar de la incertidumbre y el
miedo que aún acechaban en los rincones de mi mente, sabía
que, con mi madre a mi lado, todo sería más llevadero.
Luisana se removió en su sueño, murmurando algo
ininteligible, y su presencia me recordó que no estaba sola.
Tenía a mi familia, y juntas enfrentaríamos lo que viniera.
-------Cerré los ojos por un momento, sintiendo el calor de la
mano de mi madre y el aroma de su perfume. El olor a
vainilla y jazmín me transportó a momentos de paz y
tranquilidad, a noches en las que me acurrucaba a su lado
mientras me contaba historias de princesas y héroes. Cuando
los abrí de nuevo, vi a Cielo de pie en la puerta,
observándonos con una sonrisa discreta. Asentí levemente,
agradeciéndole en silencio por estar allí, por ser mi roca en
medio de la tormenta.
-------Todo iba a estar bien.
-------Sanaríamos las heridas, una a una.
-------Me quebré. Las lágrimas brotaron sin control, rodando
por mis mejillas y mojando la sábana del hospital. Y
entonces fue mi madre quien me sostuvo, quien me abrazó,
quien me acarició el pelo con esa ternura que yo creía haber
olvidado. Como si los años no hubieran pasado. Como si
todo el enojo, toda la distancia, se hubiera esfumado en un
solo instante.
-------—Perdóname —susurré entre lágrimas—. Por alejarme,
por pensar… por todo lo que no supe ver.
-------Mamá me acunó como cuando era pequeña, sus manos
suaves y cálidas deshaciendo los nudos de tensión en mi
espalda. Su voz, suave y llena de comprensión, me envolvió
como una manta.
-------—No tenés que pedirme perdón, mi cielo. Yo también
amortencia
302
cometí errores. Solo quería protegerte. A vos, a tu
hermana… Y no supe cómo acompañarte cuando más me
necesitabas.
-------La miré. Por primera vez en mucho tiempo, la vi. Ya no
a través del velo del enojo ni del abandono. Sino como la
mujer que había cargado sola con el mundo mientras su hija
se rompía en pedazos que no sabía cómo juntar.
-------—¿Cómo sabías? —pregunté, con la voz aún
temblorosa—. ¿Cómo supiste que algo había pasado?
-------Mamá suspiró y desvió la mirada hacia la ventana. La
luz de la luna se filtraba a través del vidrio, bañando su
rostro en una suave penumbra.
-------—No sé explicarlo con palabras. Pero algo en mi
cuerpo lo sintió. Desde hace días tenía pesadillas. Cosas
raras pasaban en casa. Me dolía el pecho… como si alguien
gritara desde adentro. Y tu abuelo… tu abuelo me había
dejado unas notas. Me habló de cosas que jamás me animé a
creer del todo, pero que siempre intuimos. Cosas que tenían
que ver con vos. Con lo que vos sos.
-------Las palabras de mamá resonaron en mi mente,
llenándome de una mezcla de sorpresa y curiosidad. Mi
abuelo, con sus historias y sus misterios, siempre había sido
una figura enigmática en mi vida. Ahora, parecía que sus
secretos habían cobrado una nueva relevancia.
-------En ese momento, Luisana se despertó, frotándose los
ojos con las manitas pequeñas. Al ver a su hermana
despierta, corrió a abrazarme con fuerza.
-------—¡Ely! —exclamó, con la voz rota por la emoción—.
¡No te mueras nunca más!
-------Me reí entre lágrimas, abrazándola con todo lo que
tenía. Su cuerpo pequeño y cálido contra el mío me llenó---
amortencia
303
---de una sensación de hogar y amor que había echado tanto
de menos.
-------—No pienso morirme, patito. No ahora.
-------Las palabras salieron de mí con una firmeza que no
sabía que aún poseía. Miré a mamá y a Luisana, y sentí que,
a pesar de todo lo que había pasado, estábamos juntas.
Sanas y salvas.
-------Más tarde, en un momento de calma, mamá se sentó a
mi lado con una taza de té. El vapor ascendía en espirales,
llevando consigo el aroma suave y reconfortante de las
hierbas.
-------—Sabía que el abuelo y vos tenían algo especial —dijo,
con voz suave y llena de nostalgia—. Él te miraba como si
fueses un milagro. Y en el fondo, yo también lo sentía. Algo
distinto siempre vibró en vos. No eras como los demás
chicos… ni como Flor. Ella también era especial, sí. Pero
vos... eras otra cosa.
-------Bajé la mirada, sintiendo cómo las palabras de mamá
resonaban en mi interior. Como si me hubieran abierto una
puerta a recuerdos y emociones que había mantenido
cerradas durante tanto tiempo.
-------—Siempre me sentí como si llevara algo adentro —
confesé, con la voz temblorosa—. Algo que no sabía
manejar. Como si no fuera solo yo.
-------Mamá asintió, su expresión llena de comprensión y
ternura.
-------—Y por eso te protegí. A mi manera. Aunque no supe
cómo contenerte cuando más lo necesitabas. Y me dolió que
te alejaras. Pero nunca dejé de seguir tus pasos. De cuidarte
desde la distancia.
-------Sentí que una parte de mi pecho se aflojaba. Como si el
amortencia
304
peso de tantos malentendidos, de tanta rabia contenida, de---
tanto abandono que no era real, empezara por fin a diluirse.
Las lágrimas volvieron a brotar, pero esta vez eran lágrimas
de alivio, de liberación.
-------—Gracias —dije, con los ojos cerrados—. Por venir.
Por no soltarme. Por seguir creyendo en mí… cuando ni yo
podía hacerlo.
-------Mamá me acarició el rostro, sus dedos trazando
suavemente mis mejillas, como si quisiera memorizar cada
rasgo.
-------—Siempre voy a creer en vos —dijo, con voz firme pero
llena de emoción—. Porque no importa lo que seas, Elysia…
sos mi hija. Y nunca dejaste de ser mi niña.
-------En ese momento, sentí que algo dentro de mí se
reconectaba. Como si un puente que había estado roto
durante años se reconstruyera, uniendo de nuevo dos partes
de mí que había creído perdidas. Por primera vez desde hacía
muchos años, sentí que tenía un hogar.
-------Uno al que todavía podía volver.
-------Un hogar donde, a pesar de las diferencias y los errores,
siempre habría amor y comprensión. Un hogar donde,
juntas, podríamos enfrentar cualquier desafío que el futuro
nos deparara.

-------Al día siguiente, el doctor entró en la habitación con


una--- sonrisa alentadora. Me entregó un sobre con mis
papeles de alta médica y me explicó que, aunque aún
necesitaba descansar y seguir un tratamiento, estaba en
condiciones de regresar a casa.

305
-------—Vamos a llevarte a Monteros, a la casa de tu padre —
dijo mamá, con una mezcla de alivio y determinación en la
voz.
-------Luisana saltó de alegría, sus ojos brillando con
entusiasmo.
-------—¡Vamos a ver a papá! —exclamó, agarrándome de la
mano.
-------—Quiero ver a Teo.
-------Mi madre intercambio miradas con Cielo antes de
responder.
-------—El esta en Hospital Luz Medica hija —hizo una
mueca con los labios antes de seguir—. Su hermana pidió el
traslado ahí apenas le dijeron que podían moverlo. Dicen
que tienen un buen neurólogo para tratarlo.
-------Y por primera vez, desde que había despertado, sentí
que mi alma salía de mi cuerpo.
-------—No te preocupes Ely. Se supone que ya despertó, por
eso lo trasladaron allá.
-------Las palabras de Cielo hicieron que volviera a respirar.
Cuando al fin parpadee, me ayudó a levantarme y a vestirme
con ropa cómoda. Me sentía débil, pero la idea de volver a
casa me llenaba de una nueva fuerza. Juntas, salimos del
hospital y nos dirigimos al automóvil que nos esperaba en la
entrada.
-------El viaje de San Miguel a Monteros fue largo, pero el
paisaje que se desplegaba ante mis ojos me ayudó a pasar el
tiempo. Las calles de San Miguel se fueron desvaneciendo,
dando paso a campos verdes y arboledas que bordeaban la
carretera.
-------El sol de la tarde se filtraba a través de las hojas,
__creando un juego de luces y sombras que danzaba sobre el
amortencia
306
capó del automóvil. El aire fresco entraba por las ventanas---
abiertas, trayendo consigo el aroma de la hierba recién
cortada y de las flores silvestres que crecían a ambos lados de
la carretera. El paisaje rural de San Miguel se fue
desvaneciendo gradualmente, dando paso a campos verdes y
arboledas que bordeaban la carretera. Los árboles se alzaban
majestuosos, sus ramas extendidas como si nos saludaran en
nuestro paso.
-------Luisana, sentada a mi lado, miraba por la ventana con
los ojos muy abiertos, fascinada por el paisaje. Su mano
pequeña y cálida estaba entrelazada con la mía, y pude sentir
su emoción y entusiasmo. Mamá conducía con
concentración, pero de vez en cuando me lanzaba miradas
rápidas, asegurándose de que estaba bien. Cielo, en el asiento
trasero, mantenía un silencio reflexivo, pero su presencia era
un bálsamo de confort.
-------A medida que avanzábamos, el tráfico se reducía y el
camino se volvía más tranquilo. El ruido de las ciudades
quedó atrás, sustituido por el susurro del viento y el
ocasional graznido de un pájaro. El cielo se teñía de tonos
anaranjados y rosados, anunciando la caída de la tarde. El
paisaje se transformaba en una pintura de serenidad y belleza
natural.
-------—¿Recuerdas cuando veníamos a visitar al abuelo
Alberto y la abuela Zoila en Monteros? —preguntó mamá,
rompiendo el silencio con una voz llena de nostalgia—.
Solíamos hacer este viaje en familia, y a ti y a Luisana les
encantaba ver los campos y los árboles.
-------Asentí, recordando aquellas tardes de viaje. El camino
a Monteros siempre había sido una aventura, lleno de risas y
canciones. Los recuerdos fluían como un río, trayendo---
amortencia
307
---consigo momentos felices y tiempos más difíciles.
-------—Sí, lo recuerdo —respondí, con una sonrisa
nostálgica—. A Luisana le gustaba jugar a que éramos
exploradoras y que estábamos descubriendo un nuevo
mundo.
-------Luisana se rio, sus ojos brillando con diversión.
-------—¡Eso era divertido! —exclamó—. Y siempre ganaba
yo porque era la más valiente.
-------Mamá sonrió, y pude ver en su rostro una mezcla de
alegría y tristeza. Supe que era nostalgia de aquellos tiempos
felices y la esperanza de reconstruir lo que se había perdido.
-------—Sí, siempre eras la más valiente —dijo, mirando a
Luisana con cariño—. Y lo sigues siendo.
-------El viaje continuó, y el paisaje se volvía cada vez más
familiar. Reconocí los senderos que conducían a pequeñas
aldeas, las casas de campo con sus jardines floridos, y los
campos de cultivo que se extendían hasta donde alcanzaba la
vista. El sol se ponía lentamente, y el cielo se teñía de un azul
profundo, salpicado de estrellas.
-------Finalmente, llegamos a Monteros. Las calles del pueblo
estaban silenciosas y pacíficas, iluminadas por farolas
antiguas que proyectaban un resplandor cálido. La casa de
papá se perfilaba al final de la calle, una estructura sólida y
acogedora, con un porche que invitaba a sentarse y disfrutar
del aire fresco de la noche.
-------Mamá detuvo el auto frente a la casa, y papá salió a
recibirnos. Su rostro, marcado por la preocupación y el
cansancio, se iluminó al vernos. Se acercó y me abrazó con
fuerza, como si quisiera asegurarse de que realmente estaba
allí.
-------—Elysia —dijo, con voz emocionada—. Estoy tan feliz
amortencia
308
de que estés bien. Gracias a Dios.
-------Lo abracé con igual intensidad, sintiendo la seguridad y
el amor que siempre había encontrado en sus brazos. Su
presencia era un refugio, un lugar donde podía ser yo misma,
con todas mis imperfecciones y miedos. Papá me sostuvo por
un momento, como si quisiera transmitirme toda la fuerza y
el cariño que había acumulado durante mi ausencia.
-------—Bienvenida a casa, mi niña —susurró, con la voz
quebrada por la emoción.
-------Luisana corrió hacia él y lo abrazó con entusiasmo, su
risa clara y contagiosa llenando el aire.
-------—¡Papá! —exclamó—. ¡Ely está bien! ¡Ya estamos en
casa!
-------Papá la levantó en sus brazos, girándola suavemente, y
la risa de Luisana se mezcló con la de todos nosotros. Y
aunque mi padre hacia un poco de gestos de dolor, no iba a
bajarla de sus brazos. El momento era de pura alegría y
alivio, un respiro en medio de la tormenta que habíamos
atravesado.
-------Cielo se acercó, con una sonrisa discreta y una mirada
de alegría. Papá la abrazó brevemente, agradeciéndole en
silencio por estar a mi lado en los momentos más difíciles.
-------—Gracias, Cielo —dijo, con sinceridad—. No sé qué
habría pasado si no hubieran estado vos y tu hermana para
ayudar.
-------Cielo asintió, con los ojos brillantes.
-------—Siempre que podamos estaremos aquí, para lo que
necesiten.
-------Entramos a la casa, y el aroma familiar de la comida
casera nos recibió. El interior estaba iluminado con una luz
cálida, y la sensación de hogar me envolvió como una---
amortencia
309
---manta reconfortante. El living estaba decorado con fotos
de familia y objetos que guardaban recuerdos de momentos
felices. Me sentí inmediatamente en paz, como si el mundo
exterior y sus problemas se hubieran quedado atrás.
-------Papá nos condujo al comedor, donde una mesa estaba
preparada con platos llenos de comida que emanaban
aromas deliciosos. Había ravioles con salsa cuatro quesos,
ensaladas, y un plato de pollo a la crema que me hizo
recordar las cenas de las fiestas de fin de año de mi infancia.
-------—Comamos —dijo papá, con una sonrisa—. Te he
preparado algunas de tus comidas favoritas, Elysia.
-------Nos sentamos alrededor de la mesa, y la conversación
fluyó tranquila y alegre. Hablamos de cosas triviales, de
cómo había cambiado el pueblo, de los vecinos y de los
pequeños acontecimientos cotidianos. De vez en cuando,
miraba la puerta del patio. Esperando que él entrara por ahí.
Cada palabra, cada risa, me ayudaba a reconectar con mi
familia, a sentir que, a pesar de todo lo que había pasado,
aún teníamos un lugar donde pertenecer.
-------Después de la cena, nos trasladamos al living. Luisana
se acurrucó en el sofá con un libro, mientras mamá y papá se
sentaban a mi lado. Cielo se quedó un rato más,
asegurándose de que estaba cómoda y bien atendida. Hasta
que Aurora paso a buscarla en el auto.
-------—Descansa, Elysia —dijo, antes de despedirse—.
Mañana vendré a verte.
-------Asentí, agradecida por su presencia y su apoyo.
-------—Gracias, Cielo. Por todo.
-------Ella me sonrió, me abrazo, y se marchó. Dejándonos a
solas en la quietud de la noche. Mamá me acarició el cabello,
__y papá me tomó de la mano. Era reconfortante, hasta que
amortencia amortencia
310
patito se quedo dormida. Mamá la llevo a la habitación---
que antes habría sido de mi tía Laura, dejando la luz del
velador encendida y cerrando la puerta tras ella.
-------La mesa era pequeña, casi ridícula frente al peso de lo
que se iba a poner sobre ella. El mate se enfriaba en el centro,
olvidado. Nadie tenía apetito, y menos aún ganas de fingir.
-------Estaba sentada entre mis padres. Papá del lado
derecho, mamá del izquierdo. Como si quisieran sostenerme,
aunque no supieran bien cómo. Tres semanas habían pasado
desde la noche del incendio. Tres semanas desde que Teo
había sido trasladado de urgencia. Tres semanas en las que el
silencio había sido un refugio, pero también una condena.
-------—Hija —dijo papá, rompiendo la quietud con voz
firme pero suave—. La policía cerró la causa.
-------Levanté los ojos, con ese gesto contenido que solo
tienen quienes ya esperan lo peor.
-------—¿Cómo que la cerraron?
-------—Dicen que fue un asalto —explicó—. Que a vos y a
Teo les robaron la moto y los dejaron tirados. La finca se
quemó por un incendio forestal y… —miró hacia un costado,
como buscando las palabras exactas—, que ustedes tuvieron
suerte de sobrevivir.
-------—Dicen que encontraron la moto calcinada en medio
del campo —añadió mamá, con la voz rasposa—. Que no
hay pruebas de nada más. Que no había cámaras. Que los
teléfonos estaban destruidos. Y que los peritos sostienen esa
hipótesis.
-------—No hay pruebas de que alguien los haya querido
matar —dijo papá, mirándome directo a los ojos—. Pero vos
sí sabés lo que pasó. Y yo… yo quiero saberlo, hija.
-------El silencio volvió. Pero ya no era cómodo. Era un---
amortencia
311
---hueco abierto que pedía ser llenado. Tragué saliva. Me
dolían los puntos de la frente. Me dolía el pecho de tanto
contener. Me dolía el alma por lo que estaba a punto de
decir.
-------—No fue un robo —empecé, con voz baja pero firme
—. Fue Enrique.
-------Mamá frunció el ceño. Papá apretó la mandíbula.
-------—Enrique era novio de Flor... y también su asesino —
dije al fin, después de meses de silencio—. No se como, pero
supo que yo era testigo de ese hecho y quería silenciarme a
mi también, por eso me fui de casa y vine aquí. Pero aun así
me encontró. —sentí mi cuerpo temblar de impotencia al
recordar—. Él me hizo creer que ustedes estaban en peligro.
Me mando fotos de la camperita de osito blanco de Lu, en el
barro de la finca llena de flores extrañas. Que había que
proteger a mi hermanita… No quería que le pasara nada
malo por eso me fui y ahí estaba las dos pasando peligros por
mi culpa. Me usó. Me manipuló. Me convirtió en su blanco
fácil.
-------Bajé la mirada. No por vergüenza. Sino por dolor. Mis
ojos ardían a causa de las lagrimas llenas de rabia y rencor
hacia ese infeliz.
-------—Yo sabia bien de lo que era capaz. Sabia bien que no
había nada que le hiciera poner un freno. Porque así me lo
hizo creer Ramiro en el momento que me quebré sobre la
muerte de Flor. Su rechazo, y el hecho de mandarme a callar,
me hizo sentir mucho mas culpable. Y lo reforzo después en
su forma de tratarme. Por eso me vine aquí. Y aun así, todo
lo que paso, lo que vi, lo que sentí, me hizo desconfiar de
todos ustedes. De Teo. De mis amigos. Me aisló. Para
__después venir a controlarme en cada paso, cada decisión.
amortencia
312
Y yo… yo no lo vi. No supe verlo.
-------—Dios… —susurró mamá.
-------—En ese momento… cuando Flor murió, yo fui quien
la encontró. Su madre no hizo nada... su familia no hizo
nada... Ella y su bebé murieron en mis brazos. Y cuando me
encontré con Enrique de nuevo, allí en la finca, me dijo que
era culpa mía. Que ella tenia llana la cabeza de cosas
estúpidas por mi culpa. Que quería irse porque yo lo había
expuesto. Que le había cagado sus planes con ella. Así y
todo... me hizo cargar con la culpa de su muerte.
-------La palabra cayó como una piedra. Seca. Real.
Inevitable.
-------—Nos llevó engañados a esa finca. Creo una escena
horrible de que te había atacado mamá. Tenia una campera
tuya ahí manchada de sangre. Nos hizo seguirlo a dentro del
bosque. A Teo lo golpeó hasta dejarlo inconsciente. Y a mí…
—mi voz se quebró un momento—, intentó matarme.
-------Papá se tensó. Mamá se llevó la mano a la boca.
-------—Me estranguló. Me golpeo. Me arrastro. Sentí que
me moría. Y justo cuando todo se volvía negro… y recordé.
-------—¿Qué recordaste? —preguntó mamá, en un susurro.
-------—Recordé al abuelo. Recordé otra vida. Otra muerte.
Otro amor.
-------Y entonces levanté la cabeza.
-------—No sé cómo explicarlo. No van a entenderlo. Pero…
había un fuego dentro de mí que despertó en ese momento.
Algo antiguo. Algo que no era solo mío. Era como si mi
cuerpo supiera luchar aunque mi mente estuviera rendida.
Tomé un palo, el que le clavo al altar, y peleé. Peleé por mi
vida. Por Teo. Por ustedes.
-------Lágrimas gruesas caían por las mejillas de mamá.---
amoortencia
313
---Papá seguía en silencio, pero algo en sus ojos se había
quebrado.
-------—Él tenía un cuchillo. Y yo… no se como fue que se lo
saqué. Pero recordé a mi amiga, recordé que él era un
monstros que no tuvo piedad ni por el bebé que estaba en su
vientre... siete meses tenia... siete... y se lo clave. Se lo clave
en el cuello y el se desangro allí hasta ya no respirar.
-------—¿Está muerto? —preguntó papá con la voz rota.
-------Asentí. Que más podía yo hacer. En mis manos corría
su sangre, y aunque no me arrepentía del hecho, sabia que
me perseguiría el resto de mi vida. Si es que me dejaba
construir una, después de ser yo también el monstruo. El
goteo constante de la canilla de la cocina era lo único que me
hacia no perder la compostura ante esta confesión aberrante.
-------—Teo no tiene ni idea de lo que paso. Y me da miedo
que lo sepa y deje de quererme por eso. Me de miedo de que
ustedes también dejen de quererme por eso.
-------Silencio. Solo el tictac del reloj de cocina marcaba el
paso del tiempo.
-------—Porque se que da miedo lo que hice —confesé,
apenas en un hilo de voz—. Me da miedo lo que fui capaz de
hacer… pero más me da miedo haberlo dejado pasar tanto
tiempo. Haberle creído. Haberme callado.
-------Papá me tomó de la mano. No con juicio. Sino con una
ternura dolorosa.
-------—No te juzgo, hija. No sabíamos. No vimos.
-------—Yo tampoco —dijo mamá—. Pero estoy acá. Para lo
que venga.
-------Asentí. Y por primera vez en semanas, sentí que el aire
entraba a mis pulmones sin quemar.
-------—Teo… sigue luchando. Y yo también.

314
-------—Vamos a cuidar de él —dijo mamá—. Y de vos.
-------—Sí —susurré, dejando que una lágrima me recorriera
la mejilla—. Pero esta vez no voy a esperar que alguien venga
a salvarme. Porque yo soy mi propia salvadora. Y él también
necesita una.
-------—Aún así hay que hablar bien con él —sentencio papá
—. Porque si bien cerraron la causa, eso no quiere decir que
no la vuelvan a abrir. Él tiene que saber responder que fue un
robo y sostenerlo.
-------—Si él no presencio nada por estar inconsciente tal vez
no recuerde como llego ahí —respondió mamá mirando a
papá.
-------—Probablemente, aún así hay que hablar con él para
que sabe bien que decir si alguien pregunta. Como es nuestra
finca, lo mejor que puedo hacer es buscar indemnización por
los daños o que se investigue el causante, para no levantar
sospechas. Ustedes solo tienen que sostener el robo, que
salieron a comprar cosas para cenar y de ahí a la farmacia
pero que no llegaron hacer mucho porque les robaron.
-------—Y nada más. No hablen mucho, solo eso y listo en
caso de que pregunten. Y si no preguntan, pues no hablan
del tema —mamá sostenía una postura calculadora que me
sorprendió. Yo solo asentí a sus palabras.
-------Los tres nos quedamos ahí, sentados, papá volvió a
calentar agua para el termo para tomar unos mates más
antes de irse a dormir. Mamá fua a la habitación de Lu para
ya acostarse. Y yo me acosté en la habitación que era de mi
padre cuando era niño. Mientras miraba por la ventana que
daba la patio, pensé en Teo y en como él podía estar después
de lo que pasó.
-------Me lo imaginaba saltando el muro del patio para---
amortencia
315
---venir a verme, pero era solo eso. Mi imaginación. Afuera
caía la noche. Las cenizas del incendio seguían esparcidas
por los campos. Pero adentro… nacía algo nuevo. Una
verdad dicha. Una familia reconstruyéndose. Y una chica
que, por fin, se sentía un poco más libre.
-------El silencio era diferente ahora. No era un vacío, sino un
espacio lleno de posibilidades. Un espacio donde podíamos
empezar de nuevo, donde podíamos sanar y reconstruir.
Donde, juntos, enfrentaríamos cualquier desafío que el
futuro nos deparara.
-------Y en ese momento, sentí que, por primera vez en
mucho tiempo, estaba en paz. No solo con el mundo
exterior, sino conmigo misma. Con mi pasado, con mis
errores, y con la fuerza que llevaba dentro. Una fuerza que
me había ayudado a sobrevivir y que me seguiría guiando en
el camino por delante.
-------El sol de verano en Monteros, era un abrazo cálido y
constante, pero con el paso de los días, noté cómo el calor
comenzaba a suavizarse. Cada cambio en el clima me
recordaba los cambios en mi vida. El verano había sido un
periodo de introspección y liberación. Finalmente, había
dejado atrás las heridas que mi había dejado Ramiro, tras
absorbido mis fuerzas durante años con su manipulación y
culpas que nunca fueron mías. Ahora, respiraba el aire fresco
del otoño con una sensación de renovación.
-------Los árboles de jacarandá que bordeaban las calles de
Monteros empezaron a perder sus hojas moradas, dejando
una alfombra colorida en el suelo. El aroma de las
mermeladas que preparaba mi padre en su fábrica casera
llenaba el aire, mezclándose con el olor a tierra mojada
__después de las primeras lluvias de otoño. Cada vez que
amortencia
316
inhalaba, sentía cómo el aire se hacía más fresco, como si---
la naturaleza misma me estuviera abrazando y diciendo que
todo iba a estar bien.
-------Reflexionaba sobre los años perdidos, sobre las noches
en vela pensando en qué más podía hacer para complacer a
Ramiro. Ahora, caminaba por los senderos de mi infancia,
sintiendo el viento ligero en mi rostro y escuchando el
susurro de las hojas secas bajo mis pies. Había sido un
proceso doloroso, pero necesario. Me había sincerado con
mis padres sobre mi deseo de estudiar Artes Plásticas, y para
mi sorpresa, ellos me apoyaron incondicionalmente.
-------Mi madre, Alicia, y mi hermanita Luisana ya se habían
ido a San Juan por la escuela de mi patito, pero yo decidí
quedarme en casa de mi padre para ayudarlo con la fábrica
de mermeladas y seguir mis estudios de arte.
-------Mis cuadros empezaron a ser muy solicitados en la
tienda de mis amigas, Aurora y Cielo. Ver mis obras
colgadas en las paredes de la tienda me llenaba de orgullo y
alegría. Cada pincelada era un reflejo de mis emociones, de
mi liberación y mi crecimiento. Sin embargo, había algo que
me dolía: aún no había podido hablar con Teo. Su casa
siempre parecía vacía, y cada día que pasaba sin noticias
suyas me entristecía más.
-------Con el otoño avanzando, las tardes se hicieron más
largas y melancólicas. Empezamos a trabajar en la
restauración de la finca familiar. Era un lugar que significaba
mucho para mí, un refugio lleno de recuerdos. Y lo mejor era
venderlo. Mi abuelo la había dejado a mi nombre, y aunque
era un gesto hermoso, también era una responsabilidad
enorme después de todo lo que había pasado.
-------En una conversación con Cielo, quien siempre me---
amortencia
317
---había apoyado y que yo ya la consideraba "guardiana del
bosque," me sugirió que dividiera la finca. La idea era dejar
una parte del terreno protegida como zona de flora y fauna
local, asegurando así su preservación. La otra parte podría
venderse para financiar mi futuro en caso de yo tener un plan
próximo el cual perseguir.
-------La decisión no fue fácil. La finca era un símbolo de mi
familia y mi historia, pero sabía que era lo mejor. Con el
corazón pesado, acordé dividir y vender la propiedad. En el
invierno, cuando las temperaturas descendían y las noches se
hacían más frías, me consolaba pensando en el futuro que
estaba forjando. La finca, aunque parcialmente vendida,
seguiría siendo un lugar de paz y belleza, un legado que
podría compartir con generaciones venideras.
-------Cada noche, antes de dormir, miraba por la ventana y
veía las estrellas brillar en el cielo oscuro. El frío del invierno
se colaba a través de los cristales, pero dentro de la casa, el
calor de la chimenea y la compañía de mi padre me daban
fuerza.
-------El invierno en Monteros, aunque más frío, tenía una
belleza sobria y serena. Las mañanas neblinosas envolvían la
ciudad en un manto blanco, y el silencio de las calles parecía
amplificar cada sonido: el crujir de las ramas secas, el susurro
del viento, y el lejano canto de los pájaros que aún resistían el
frío.
-------Mi padre y yo trabajábamos juntos en la fábrica de
mermeladas, y cada tarro que llenábamos con aquella
dulzura casera era un pequeño triunfo. El aroma a frutas
cocidas y especias llenaba la casa, mezclándose con el olor a
pintura y lienzo de mi estudio. Había convertido la
__habitación del patio que era la biblioteca de mi abuelo en
amortencia
318
un espacio dedicado a mi arte, y allí pasaba horas cada---
día, plasmando mis emociones en lienzos y papel. Como así
también el sillón con una taza de café y un buen libro. 89La
Canción de Aquiles99 se había convertido en mi fiel
compañero.
-------Las ventas de mis cuadros en la tienda de Aurora y
Cielo seguían aumentando, y cada venta era un voto de
confianza en mi talento. Mis amigas se habían convertido en
mis mayores aliadas, y su apoyo era incondicional. Cielo,
con su visión ecológica, me había convencido de la
importancia de dividir la finca. Aunque la decisión había
sido difícil, me daba paz saber que estaba protegiendo una
parte del el como patrimonio natural en Monteros.
-------Un día, mientras trabajaba en un nuevo cuadro,
Aurora entró a la tienda con una sonrisa radiante. Traía
buenas noticias: una galería de arte en Buenos Aires estaba
interesada en una exposición mía. La emoción me inundó, y
por un momento, todos los desafíos y sacrificios parecieron
valer la pena. Aquella noche, llamé a mi madre y a Luisana
para contarles la noticia. La alegría en sus voces fue un
bálsamo para mi alma.
-------Pero había una sombra que persistía: Teo. Cada vez
que pensaba en él, un nudo se formaba en mi garganta. No
me había sentido de esa forma desde aquellos recuerdos que
inundaban en mis sueños en las noches de tormentas.
Habíamos compartido momentos importantes, y su ausencia
era un vacío que no lograba llenar. Decidí que era hora de
buscar respuestas.
-------Tomé mi bicicleta y pedaleé hasta su casa, esperanzada
de encontrar alguna señal de vida. La casa seguía desierta,
pero noté un pequeño detalle: era la flor blanca y roja que---
amoertencia
319
---había en la finca, estaba seca y clavada en la puerta. Era
una señal, un mensaje silencioso que me hizo pensar que Teo
no había desaparecido por completo.
-------Regresé a casa con una mezcla de emoción y ansiedad.
No sabia cuanto tiempo había estado ahí esperando por mí.
Esa noche, escribí una carta para Teo, expresando mis
sentimientos y mi deseo de hablar con él. Era el único medio
que yo tenia de hablarle directamente, ya que mis contactos y
redes quedaron perdidas en ese celular calcinado. A la carta
la dejé en su puerta, junto a la flor seca, y regresé a casa con
la esperanza de que la encontraría.
-------El invierno avanzaba, y con él, la certeza de que estaba
construyendo una nueva vida pero aun esperándolo a él. La
finca, aunque parcialmente vendida, seguía siendo un
símbolo de mi conexión con la tierra y la naturaleza. La
parte protegida se convertiría en un oasis de biodiversidad, y
la venta de la otra parte me permitiría seguir mis sueños. Me
quedaba una semana antes de entregarla a su nuevo dueño,
que curiosamente, quería hacer una posada turística para
ciclismo.

-------Una mañana, le pedí a papá que me llevara en lo que


hacia los repartos de las mermeladas a los negocios locales.
Quería ver si la estructura del altar estaba en pie aun.
Mientras caminaba por el sendero de la finca hacia el
bosque.
-------Lo ví.
-------Teo.
-------Estaba sentado en un viejo banco de madera, rodeado
amortencia
320
de flores silvestres que habían resurgido del incendio.---
Nuestros ojos se encontraron, y por un momento, el tiempo
se detuvo. Nos acercamos lentamente, y cuando estuvimos
frente a frente, las palabras salieron de mí como un torrente.
-------—Teo, ¿Dónde has estado? —me envolví con los brazos
alrededor de mi cuerpo, intentando retener el calor que el
frío invierno del bosque selvático parecía robarme.
-------La niebla matutina se elevaba entre los árboles,
creando una atmósfera etérea y misteriosa. Él me miro, de la
misma forma en que siempre lo había hecho, con
admiración.
-------—Hola Lyra —su sonrisa hizo latir mi corazón.
-------—He pasado por muchas cosas. Me sinceré con mis
padres, y estoy siguiendo mi pasión por el arte. Pero no he
podido dejar de pensar en ti. Te necesité tanto después de lo
que pasó. Me asusté... pensé que ya no volvería a verte... —
mi voz se quebró, y una lágrima solitaria rodó por mi mejilla,
brillando bajo la tenue luz del sol que se filtraba a través de
la densa copa de los árboles.
-------Teo me miró con una mezcla de tristeza y alivio. Sus
ojos, oscurecidos por la sombra de los árboles, reflejaban la
complejidad de lo que sentí que eran sus emociones. El
viento soplaba suavemente, moviendo las hojas secas y
crujientes que cubrían el suelo del bosque, y el aire helado
parecía cortar la piel.
-------Él tomo mi mano con delicadeza antes de responderme
con pena.
-------—Lyra, lamento mucho haberte hecho sentir así. Me
alejé porque necesitaba tiempo para entender mis propios
sentimientos —su voz era un susurro, casi ahogada por el
silencio del bosque—. Fueron meses muy duros en el---
amortencia
321
---hospital, la rehabilitación tardó mucho más de lo que me
cuesta admitir. Recién ahora puedo salir sin supervisión —
hizo una pausa, suspirando profundamente. Yo observaba
cómo su aliento formaba nubes de vapor en el aire frío—. Y
yo no... no quería arrastrarte a mis problemas. Pero verte
hoy, aquí, en medio de este bosque que parece tan lejano y
salvaje, me hace darme cuenta de cuánto te extrañaba.
-------Me acerqué a él un poco más.
-------Había olvidado como mi cuerpo reaccionaba a su
presencia. Porque si, jamás me había pasado algo igual. Su
sola compañía se sentía como si siempre había estado ahí, a
mi lado, paso a paso. No me juzgaba, me cuestionaba. Sentía
que mi corazón saldría disparado cada vez que me decía lo
que lo hacia sentir, pero a su vez me daba paz y seguridad
con tan solo escucharlo hablar mientras compartimos un
momento al aire libre o jugando Minecraft.
-------Me hizo falta.
-------Mucha falta.
-------Avancé un paso más, cerrando la distancia entre los
dos. El torii japonés, antiguo y resistente, se erguía tras
nosotros, un símbolo de la fortaleza que ambos habíamos
demostrado. El incendio que había amenazado con
destruirlo solo lo había endurecido, igual que a nosotros nos
habían amenazado el ataque de Enrique y la separación.
-------Sus manos temblorosas encontraron las mías, y
nuestros dedos se entrelazaron con una familiaridad que
trascendía el tiempo. El corazón me latía con fuerza,
sintiendo el eco de todas las vidas pasadas en cada palpitar.
Teo me miró a los ojos, y en ellos ví reflejada la misma
pasión y amor incondicional que sentía por él.
-------Sin decir una palabra, se acercó más, hasta que
amortencia
322
nuestros cuerpos casi se tocaban. El frío del bosque---
desapareció, reemplazado por el calor que emanaba de ellos.
Cerré los ojos, sintiendo el aliento de Teo sobre mi rostro, y
cuando sus labios finalmente me encontraron, fue como si el
mundo a su alrededor se detuviera.
-------Y todo tuvo sentido.
-------El beso fue suave al principio, una caricia delicada que
pronto se intensificó. Nuestros labios se movían con una
sincronización perfecta, como si siempre hubieran estado
destinados a encontrarse así. El aroma de la tierra húmeda y
los pinos se mezclaba con el dulce aroma de las frambuesas
que tenia mi perfume y la de él a madera y manzanilla,
creando una fragancia única que nos envolvía. Fue entonces
que lo reconocí.
-------Porque lo reconocía.
-------Teo me rodeó la cintura con los brazos, atrayéndome
más cerca de su cuerpo. Y yo... yo me aferré a él, sintiendo
cómo el amor y la pasión fluían entre los dos, alimentando
esa llama ancestral que nos había unido a lo largo de vidas
enteras. Cada fibra de mi ser resonaba con la certeza de que
este era mi lugar, juntos, bajo el torii que había sobrevivido a
todo.
-------Porque reconocía su esencia.
-------Cuando finalmente nos separamos, respirando
agitadamente, él junto su frente con la mía. Yo mantuve
cerrado mis ojos un momento más, sentía que habían pasado
siglos desde la ultima vez que lo había besado. Lo loco era
que si había pasado ese tiempo. Abrí los ojos y vio en los de
Teo la promesa de un futuro lleno de amor y comprensión. Y
un destello dorado cruzo el color café de ellos.
-------Era él.

323
-------Shinta. Mi Shinta.
-------Nos abrazamos con fuerza, como si el mundo fuera a
desvanecerse si nos soltábamos. El frío del invierno parecía
disiparse entre nosotros, reemplazado por un calor
reconfortante. Me conto que su hermana se lo había llevado
a Buenos Aires para que lo atendiera un buen neurólogo en
el Hospital Italiano. Que por eso no había estado allí en su
casa. Hablo de lo duro que fue estar con tantos médicos,
porque al principio cuando despertó, creía que estaba en una
guerra en Japón. Y que todos estaban preocupados por su
salud mental, ya que no reconocía su propio nombre.
-------Yo estaba muda. No sabia que podía hacer, ni que
decir, ni que era correcto que hiciera. Decidí seguir
escuchándolo, preguntándole como se sentía con esa
confusión, y si ahora él ya se encontraba mejor. Me contó
que si, que ya estaba mejor. Que suele tener sueños muy
vividos a veces pero que ya esta mucho mejor. Me pregunto
sobre mamá y mi hermanita, que él se había enterado por la
suya de que estaban bien en casa cuidándome. Y yo
aproveche para contarle sobre mi nueva vida, sobre la
fábrica de mermeladas, mis cuadros, y la decisión de dividir
la finca. Él me escuchó atentamente, con una sonrisa que
mostraba cuánto se alegraba por mí.
-------—Me alegra tanto verte tan segura y feliz, Lyra.
Siempre supe que tenías un gran potencial, y ahora lo estás
demostrando. Estoy orgulloso de ti.
-------Sus palabras me llenaron el corazón de una seguridad
que había estado buscando.
-------—Encontré tu flor —susurre.
-------Teo asintió, con los ojos brillantes.
-------—Esa flor la dejé para ti. Quería que supieras que no te
__amortencia
324
había olvidado. Estuve lejos, pero siempre pensé en ti.
-------Nos quedamos en silencio por un momento,
disfrutando de la presencia del otro. El aire frío del invierno
se sentía menos intenso, como si el calor de nuestro
reencuentro lo hubiera mitigado.
-------—¿Encontraste mi carta?
-------Él me miro haciendo una mueca extraña y ladeando la
cabeza hacia un costado.
-------—¿Qué carta?
-------—¿No viste mi carta? La deje en tu puerta pegada a la
flor que me dejaste —lo mire confundida, pensé que él la
había tomado.
-------—No, no la ví. Yo pensé que habías tomado la flor.
-------—Alguien más la agarró entonces —pero no se me
ocurre quien pudo hacerlo.
-------—No lo sé... pero no me gusta...
-------¿Quien se llevaría una carta pegada en una puerta
ajena? Me quede pensando mientras miraba hacia la
oscuridad del bosque, habían pasado meses desde que
aprendí a convivir en la paz de la monotonía. Pero esto
encendía mis alarmas otra vez.
-------Finalmente, Teo rompió el silencio.
-------—¿Qué planes tienes para el futuro, Elysia? ¿Vas a
seguir con tu carrera de artista?
-------Asentí con determinación.
-------—Sí, definitivamente. Tengo una exposición en Buenos
Aires próximamente, y estoy muy emocionada. También
quiero seguir ayudando a mi padre con la fábrica de
mermeladas. Y, por supuesto, quiero seguir protegiendo la
finca y la naturaleza que tanto amo.

325
---Teo me miró con admiración.
-------—Eso suena increíble. Si necesitas ayuda con algo,
sabes que puedes contar conmigo. Estoy aquí para apoyarte
en lo que necesites.
-------Su ofrecimiento me conmovió. Sentí que, por primera
vez en mucho tiempo, todo encajaba. Había dejado atrás un
pasado tóxico, había encontrado mi verdadera pasión, y
ahora, estaba reconstruyendo mis relaciones con las personas
que amaba.
-------—Ven conmigo, ¿Quieres?
-------Volvió a besarme.
-------—Por supuesto, ya no quiero estar lejos de ti.
-------Sonreí feliz.
-------—Hay que recordar este día —susurré.
-------—¿Cómo aniversario de que estamos juntos? —
pregunto divertido.
-------—Sí... o ¿Es muy pronto para eso? —a pesar del frio,
sentí que ya tenia mucho calor para estar tan abrigada.
-------—La verdad es que no. Y me gusta porque —se separa
un poco de mí para mirar su celular—. Curiosamente hoy es
jueves 26 de Junio —me mira y su sonrisa es inmensa de
felicidad—. Y me gusta mucho esta fecha.
-------—A mi también... —susurré y esta vez, yo lo besé a él.
-------No sabia que extrañaba esos labios hasta que volví a
besarlos. Y estuvimos un rato más allí antes de despedirnos
de ese lugar. En unos días firmaba el nuevo dueño y ya
quedaba en el pasado todo lo que habíamos vivido en aquel
lugar.

326
-------A medida que el invierno avanzaba, la finca se---
transformaba lentamente. La parte protegida del bosque
comenzaba a florecer, y la venta de la otra parte comenzó a
levantar sus estructuras ya con su nuevo dueño. Cada día,
me despertaba con una sensación de propósito y alegría.
-------El frío del invierno ya no era un obstáculo, sino un
recordatorio de la belleza de los ciclos de la naturaleza y de la
vida.
-------Una tarde, mientras trabajaba en un nuevo cuadro,
Aurora y Cielo vinieron a visitarme. Traían noticias
emocionantes: la exposición en Buenos Aires había sido un
éxito, y varias de mis obras habían sido vendidas. La alegría
en sus caras era contagiosa, y nos abrazamos, celebrando
aquel momento.
-------—Esto es solo el comienzo, Elysia —dijo Cielo con
entusiasmo—. Tienes un talento increíble, y estamos aquí
para apoyarte en cada paso del camino.
-------Aurora asintió.
-------—Y no olvides que siempre tendrás un lugar en nuestra
tienda. Tu arte es una inspiración para todos nosotros.
-------Aquellas palabras me llenaron de gratitud. Miré a Teo,
quien me observaba con una sonrisa. En ese momento, supe
que, a pesar de los desafíos, estaba en el camino correcto. El
cambio de estación no solo traía nuevos paisajes, sino
también nuevas oportunidades y conexiones.
-------La vida en Monteros, con su verano caluroso, otoño
colorido e inviernos fríos era un ciclo continuo de
crecimiento y transformación.
-------Y estaba lista para el próximo.
-------—Aquí esta tu pago —Aurora me entrego un cheque, y
yo me quede mirando lo absurda de la cifra—. Si, no me---
amortencia
327
---mires así. El tipo se obsesiono con los cuadros y los quería
a todos juntos, sin importar el costo.
-------Pero mi estado de shock, no se debía solo a la cantidad
de ceros que había en ese cheque. Si no a nombre de quien
venia.
-------Elías Varela.

328
332
Índice
Querido Lector Romasthetic 3

De Koameri; Para Ti 5

Dedicatoria 7

Primera Ilustración de la Autora 8

Prologó 11

M onteros 12

U niones 26

E cos 37

R enacer 48

T ras la Puerta 62

E mociones 73

A ugurio 86

333
L a Hija 99

A frodita 107

S usurros 118

E spíritu del Bosque 128

S ecretos 144

T ransgresor 154

R as la Lluvia 173

E scrúpulos 185

L a Flor Nyctagi 208

L uciérnagas 236

A mar abierto 268

334
S
u Esencia 292

Segunda Ilustración de la Autora 330

Índice 333

Agradecimientos 337

Bibliografía de Koameri 341

Redes de Romasthetic Ediciones 342

Reseña del Libro: 89La Hija de Afrodita99 343

Alert 344

335
336
Agradecimientos

-------Primero que nada, quiero agradecerte a tí mi querido


amante de los libros. Por confiar en esta obra y por sumarte
a este viaje que recién comienza y que juntos iremos
explorando cada parte de este nuevo mundo que se abre
ante nosotros. De la mano de mi pluma y de tus ojos.
-------Si bien este libro ya se lo dedique al comienzo, no
perderé esta oportunidad de agradecerle a mi esposo por
confiar en mí. Por ser mi Teo en esta vida. Gracias por estar
apoyándome, aún en mis noches en vela midiendo cada
detalle de este pedacito de mi amor a la literatura, con cada
taza de té de manzanilla.
-------Le agradezco a Ruth por haber sido la primera en leer
el manuscrito y haberme ayudado viendo lo que mis ojos no
podían. Por ser una de las partes de las que me inspire,
siendo mi Aurora. La cabeza racional de mi día a día.
Espero que si sale el audio libro, sea ella quien preste la voz
a esta historia. Estaría encantada con ese honor.
-------A Celeste y Elsa por ser mi Cielo ancestral. Mis
compañeras de cosas paranormales y fiel creyentes cada vez
que saco mis cartas de tarot y oráculos. Las adoro mucho.
-------A mis abuelos paternos Raúl y Sara, por ser parte de
mi en cada paso que doy, aun cuando ya no están en este
mundo terrenal. Por ser también mi inspiración siendo él---
amortencia
337
---el bosque y ella la lluvia.
-------Aldana y Zaira, mi hermana y mi primita. Mi Patito y
Mi Ser Chiquito, porque sí, no importa cuanto tiempo pase,
ni los años. Siempre serán las pequeñas de mi corazón, mis
rayitos de sol, mis orgullos y alegrías.
-------Quiero agradecerte a mis padres, Rita y Adrián por
ser mis principales pioneros en la vida, mis pilares, mi
imperio romano, con todo lo que son, con todo lo que
fueron, y con todo lo que serán.
-------Agradezco a mis abuelos maternos, Manuel y Zuni.
Mi Fulgencio y mi Tuni, aunque en esta obra ustedes no
están, quiero dejar por sentado que en esta saga son igual
de importantes de lo que son en mi vida. Prontamente los
veremos de este lado también.
-------Taty y Mili por siempre echarme porras, más aun en
los días malos. Por estar pendiente y emocionados de ver
esto ya en persona. Por ser los Anahí y Maxi de mi vida.
-------A mis profesores y compañeros de Casa de Letras por
leerme, comentarme y acompañarme en cada uno de mis
textos borradores, mis manuscritos hechos y desechos. Por
cuestionarme y a la vez por darme el nombre de escritora,
aun con el peso que eso lleva y aun así sostenerme.
-------Le agradezco infinitamente a Valeria, por ser la mejor
editora y enseñarme la magia creativa de lo que conlleva
editar un manuscrito, desde la historia hasta diagramar
pagina por pagina de este manuscrito que ya, es una obra
literaria.
-------Irina y Sabrina, por ser mis primeras alumnas y
contagiarme de su entusiasmo, por ser las primeras en
confiar en este proyecto: gracias por compartir su luz en
__cada clase. Espero de corazón que sus palabras también
amortencia
338
estén pronto en papel, y que el mundo tenga el privilegio---
de leerlas.
-------A la editorial que me abrió las puertas... y que nació
de mis propias manos. Gracias por recordarme que cuando
no existen caminos, uno puede construirlos paso a paso.
Que fundarla haya sido un acto de fe y no de vanidad, que
sea mi forma de no rendirme. Y hoy, verla crecer junto a
esta historia solo sea el comienzo de un refugio para
aquellas que sueñan con volar.
-------A amigos, familiares y a todas las personas que, de
una forma u otra, me sostuvieron, a quienes me alentaron
incluso cuando yo dudaba, a quienes me abrazaron sin
decir palabra y a quienes creyeron en mí más allá del
cansancio o el silencio mientras este libro se __gestaba:
gracias, esto también es suyo.

339
340
Bibliografia de la Autora

Koameri
Saga:
Libros del Bosque Lluvioso

Koameri (Karen Tamara Robledo) Nacida el 2 de Marzo del 1997,


en Recoleta, Capital Federal. Escritora de Novelas sobre Fantasía
Realista, Romantasy y Mitología Reinterpretada.
´´Desde el jardín de infantes supe que contar historias me
hacía brillar los ojitos. Comenzaba dibujándolas, como si esa
fuera mi única forma de expresarlas, hasta que un día mi
maestra reunió nuestros cuentos en un libro. El Gigante del Mar,
mi primer relato ilustrado, quedó publicado ahí... y yo, sin
saberlo, ya era escritora.
En mi adolescencia dejé de narrar con la voz y empecé a escribir
esos mundos que seguían vivos en mi mente. Así nació el primer
borrador de una historia que con el tiempo se transformó en Los
Libros del Bosque Lluvioso, una saga que hoy tengo la dicha de
publicar en Romasthetic Editorial, junto a Irina y Sabri, dos
autoras que también escriben con el alma.´´

341
Compartenos Tu Opinión
♡ ♡
Nos encantaría leerte

342
Reseña del Libro
Nombre del Propieterio

Autor

Editorial Edición

Género literario Nº de páginas

Breve Sinopsis

Personajes favoritos y por qué:

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(1 no me ha gustado nada, 10 me ha encantado)

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

343
ALERT

Relación
Toxica
Alcohol y
Drogas
Violencia

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