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Archivos Abiertos

El presidente de la República ha anunciado la apertura de archivos policiacos, lo que es crucial para conocer y reescribir la historia de la represión política en México, especialmente la sufrida por los henriquistas entre 1951 y 1965. Se documenta un genocidio sistemático contra este grupo, con cifras alarmantes de muertos y desaparecidos, que han sido ocultadas en la narrativa histórica oficial. Es fundamental reconocer y reivindicar a las víctimas de esta represión para avanzar hacia una verdadera democracia.
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Archivos Abiertos

El presidente de la República ha anunciado la apertura de archivos policiacos, lo que es crucial para conocer y reescribir la historia de la represión política en México, especialmente la sufrida por los henriquistas entre 1951 y 1965. Se documenta un genocidio sistemático contra este grupo, con cifras alarmantes de muertos y desaparecidos, que han sido ocultadas en la narrativa histórica oficial. Es fundamental reconocer y reivindicar a las víctimas de esta represión para avanzar hacia una verdadera democracia.
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ARCHIVOS ABIERTOS, MEMORIA SELECTIVA

Francisco Estrada Correa

De gran trascendencia el anuncio hecho por el presidente de la República de abrir


los archivos policiacos del Estado, y ponerlos al alcance de toda la sociedad. El
valor de reencontrarnos con nuestra historia, sobre todo cuando se ha vivido bajo
un régimen semidemocrático autoritario es enorme si queremos avanzar, toda vez
que, como se ha dicho hasta el cansancio, pueblo que no conoce su historia está
fatalmente condenado a repetirla.
Sólo que no basta con abrir archivos, es menester ir más allá, no sólo revisarla
sino reescribir la historia, más aún reconstruirla, toda vez que, más allá de los
conocidos pero deformados, hay episodios ocultos, que se insiste en omitir en
nuestro aprendizaje presente, que es indispensable rescatar y valorar. Es el caso
de la represión contra los partidarios y simpatizantes del general Miguel Henríquez
Guzmán, candidato presidencial oposicionista en 1952, que abarcó un período de
más de 10 años. Difícilmente puede encontrarse en la historia de nuestro país un
caso de represión tan brutal y continuada contra grupo político alguno. Y además,
tan olvidada y escondida, al grado de que se ha borrado casi completamente de
nuestra memoria. Porque lo peor es que se ha llegado a hacer común la versión
de que la represión contra la oposición inició en los años 60, si acaso a fines de
los 50, y que el surgimiento de la disidencia y por ende la política de
contrainsurgencia y la violencia institucional empezaron con el movimiento del 68 y
los brotes guerrilleros de los años posteriores.
Sólo para darnos una idea del tamaño de la represión contra los henriquistas
basta señalar que, de acuerdo con la CNDH, la llamada etapa de la “guerra sucia”
de los años 60-70 arrojaría hasta 1978 –casi 20 años-, 532 casos de
desaparecidos. Sin embargo, sólo entre 1951 y 1965 –menos de 15 años- en el
archivo del general Henríquez se tiene el registro de 736 muertos, 211 heridos, 95
desaparecidos y 3,416 detenidos arbitrariamente, la mayoría ocurridos en
manifestaciones o en eventos relacionados con su militancia política. Un auténtico
genocidio, destacando el hecho de que se trata de un registro incompleto porque
en realidad hubo cientos más que fueron torturados, ilegalmente detenidos,
asesinados, desaparecidos, o sujetos a hostigamiento y espionaje por parte de las
autoridades en todo el país, sin que haya tenido mayor conocimiento de su
destino. Un ejemplo: en los archivos “públicos” correspondientes a los Fondos
Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines, resguardados hasta ahora por el CISEN en
el Archivo General de la Nación, no hay ningún informe de la matanza de la
Alameda, el 7 de julio de 1952, pero sí existen bitácoras de detenciones diarias
por agentes del servicio secreto correspondientes al período 1952-1955, adonde
simplemente se consignan las aprehensiones, sin mayores datos (6 de enero de
1953, 9; 8 de enero, 23; 9 de enero, 7; 15 de enero, 11 por citar algunos). Lo que
explica el porqué es necesario que se abran los archivos secretos del gobierno
para conocer toda la verdad de esa etapa.
Porque hay algo de lo que tampoco se habla: que después del fraude de las
elecciones del 52 y hasta al menos 1961 se registraron varios asaltos guerrilleros
y varios levantamientos fallidos o reprimidos antes incluso de que sucedieran, en
muchos lugares del país, y la pregunta que queda frente a todo esto es: ¿qué fue
de todos esos henriquistas cuyo nombre ni siquiera se sabe? ¿Cuántos de ellos
fueron detenidos, asesinados o desaparecidos?
Con un dato adicional, fundamental: que la práctica de desaparecer cuerpos de
manera masiva tiene sus inicios -para después realizarse de manera sistemática-
en los inicios de los años 50, concretamente en la matanza del 7 de julio de 1952,
y no como algunos investigadores sostienen, a fines de los años 60. La primera
desaparición de cuerpos fue la de los henriquistas asesinados ese día en la
Alameda de la Ciudad de México. Francisco J. Múgica y Antonio Ríos Zertuche
denunciaron en su momento la desaparición de entre 300 y 500 hombres,
ancianos, mujeres y hasta niños; oficialmente los medios hablaron solamente de 6
muertos, pero ni siquiera esos 6 que se identificó por nombre aparecieron; y
después de esa fecha se dieron varios casos más, tanto en otras manifestaciones
como individualmente o de pequeños grupos, también cometidos contra
henriquistas, algunos de los cuales se conocen sólo porque la víctima sobrevivió o
escapó.
Desaparecer físicamente a las personas es una forma de eliminar hechos y sobre
todo responsabilidades. Pero hay otra forma de desaparecer que es más ingrata
aún, es el olvido y la desmemoria, una forma de revictimización que es urgente
superar hoy, empezando por rehabilitar al general Henríquez Guzmán. El no fue
asesinado ni encarcelado pero enfrentó la más formidable guerra sucia hasta ese
momento contra un opositor al gobierno. La padeció desde antes de que fuera
candidato, fue apabullante durante la campaña, se intensificó después de las
elecciones y persiste hasta la fecha. No es casual que a los 5 días escasos de la
matanza de la Alameda a grandes titulares en todos los periódicos se informara
que “le habían levantado el embargo a las empresas de Henríquez Guzmán”, se
buscaba desalentar a sus partidarios aparentando que su líder se había vendido,
desprestigiándolo como un ambicioso vulgar, idea que persiste a la fecha. Lo más
lamentable es que hay dizque “historiadores” que todavía dicen que no sólo se
“resignó” al fraude sino que negoció con su derrota a cambio de contratos de
obras públicas, y hasta que por ello fue premiado por el sistema con una medalla,
la “Medalla de la Lealtad”. Por lo que conviene aclarar que todo eso es mentira: él
jamás bajó los brazos ni tuvo negocios o empresa alguna, los empresarios eran
dos de sus hermanos, Luis y Jorge, de toda la vida. El personalmente lo aclaró
infinidad de veces y hasta emplazó a los que lo decían que le demostraran lo
contrario y nunca nadie mostró un sólo negocio o siquiera una acción de una
empresa a su nombre. Y lo de la “Medalla de la Lealtad” peor, yo la vi, me la
enseñó don Jorge hace muchos años, era la medalla que se otorgó a todos los
cadetes que acompañaron a Francisco I. Madero en su marcha hacia Palacio
Nacional cuando el cuartelazo del 9 de febrero de 1913.
Aclarado esto, y colocado Henríquez Guzmán en el sitio que le corresponde
históricamente como luchador y constructor de la democracia en México, hay que
recordar a los otros héroes, los héroes anónimos no por ello menores, los
ciudadanos que sufrieron la represión del gobierno por haber sido henriquistas.
Existieron esas víctimas, hay algunas cifras que se pueden cuadrar ya, y otras
más que falta precisar, pero todos tienen nombre y apellido. Y también a ellos les
debemos reivindicación. Una de las tareas sin duda, de la Cuarta Transformación.
[email protected]

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