Jesusito 2
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«Jesuitas» redirige aquí. Para el postre del mismo nombre, véase Jesuitas (postre).
Compañía de Jesús
S.J.
Siglas S. J. o S. I.
La Compañía de Jesús (en latín: Societas Iesu, abreviado S. I.; se usa también la forma S.J.),
cuyos miembros son comúnmente conocidos como jesuitas, es una orden
religiosa de clérigos regulares de derecho pontificio de la Iglesia católica fundada en 1534 por
el español Ignacio de Loyola,[2][3] junto con seis compañeros: Francisco Javier, Pedro
Fabro, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás de Bobadilla, Simão Rodrigues, Juan
Coduri, Pascasio Broët y Claudio Jayo en la ciudad de Roma. Fue aprobada por el papa Paulo
III en 1540.[4] En la actualidad, la Compañía de Jesús se dedica a la evangelización y al
ministerio apostólico en 112 países. Los jesuitas trabajan en educación, investigación y
actividades culturales. Con 15 306 miembros en 2020, de los cuales 11 049
eran sacerdotes ordenados,[5] es la mayor orden religiosa católica hoy en día. Su actividad se
extiende a los campos educativo, social, intelectual, misionero y de medios de comunicación
católicos, además de atender 1250 parroquias en todo el mundo a fecha de 2020.[5] Los
jesuitas también realizan retiros, ministran en hospitales y parroquias, patrocinan obras
sociales y humanitarias directas y promueven el diálogo ecuménico.
La Compañía de Jesús tiene como patrona a Nuestra Señora del Buen Camino,
una advocación de la Virgen María, y está dirigida por un superior general. La sede de la
sociedad, su curia general, está en Roma.[6] La curia histórica de Ignacio es ahora parte del
Collegio del Gesù adjunto a la Iglesia del Gesù, la iglesia madre de los jesuitas.
Los misioneros jesuitas establecieron misiones en todo el mundo desde el siglo XVI hasta el
siglo XVIII y tuvieron éxitos y fracasos en la cristianización de los pueblos nativos. Los jesuitas
siempre han sido controvertidos dentro de la Iglesia católica y han chocado con frecuencia
con gobiernos e instituciones seculares. A partir de 1759, los jesuitas fueron expulsados de la
mayoría de los países de Europa y de las colonias europeas. El papa Clemente XIV suprimió
oficialmente la orden en 1773. En 1814, la Iglesia levantó la supresión.
Descripción de la orden
La Compañía de Jesús es una orden religiosa de carácter apostólico y sacerdotal, aunque la
conforman también “hermanos legos” o coadjutores, es decir, religiosos no ordenados. Está
ligada al papa por un “vínculo especial de amor y servicio”. Su finalidad, según la Fórmula del
Instituto, documento fundacional de la Orden (1540), es «la salvación y perfección de los
prójimos». En términos de Derecho Canónico, la Compañía de Jesús es una asociación de
hombres aprobada por la autoridad de la Iglesia, en la que sus miembros, según su propio
derecho, emiten votos religiosos públicos y tienden en sus vidas hacia la “perfección
evangélica”.
La formación en la Compañía de Jesús empieza con un noviciado que dura dos años.
Continúa con un proceso de formación intelectual que incluye estudios
de humanidades, filosofía y teología. Además, los jesuitas en formación realizan dos o tres
años de docencia o «prácticas apostólicas» (período de “magisterio”) en colegios o en otros
ámbitos (trabajo parroquial, social, medios de comunicación, etcétera). El estudio a fondo de
idiomas, disciplinas sagradas y profanas, antes o después de su ordenación sacerdotal, ha
hecho de los miembros de la Compañía de Jesús, durante casi cinco siglos, los líderes
intelectuales del catolicismo. La formación en la Compañía termina con la Tercera probación,
que también se conoce como «Escuela del Corazón (o de los afectos)».
San Ignacio de Loyola, el fundador, quiso que sus miembros estuviesen siempre preparados
para ser enviados con la mayor celeridad allí donde fueran requeridos por la misión de la
Iglesia. Por eso, los jesuitas profesan los tres votos normativos de la vida religiosa
(obediencia, pobreza y castidad) y, además, un cuarto voto de obediencia al papa, «circa
misiones».[7] La Fórmula del Instituto (confirmada por Julio III en 1550) dice: «Militar para Dios
bajo la bandera de la cruz y servir solo al Señor y a la Iglesia, su Esposa, bajo el Romano
Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra».
La Compañía de Jesús ha sido una organización que ha vivido entre la alabanza y la crítica,
siempre en la polémica. Su lealtad incondicional al papa los ha colocado en más de un
conflicto: con la Inglaterra isabelina, frente al absolutismo de Luis XIV de Francia (conocido
como el “Rey Sol”), el regalismo español, con la Alemania de Bismarck, de donde fueron
expulsados (durante el Kulturkampf), y con los gobiernos liberales de diversos países en
América y Europa. Asimismo, los regímenes comunistas de Europa Oriental y
de China limitaron ampliamente su actividad a partir de 1945.
Basílica de Loyola.
Entre 1965 y 2016 sus superiores generales fueron Pedro Arrupe (español, 1965-1983), Peter
Hans Kolvenbach (neerlandés, 1983-2008) y Adolfo Nicolás (español, 2008-2016, año en que
presentó su renuncia por motivos de edad). El 2 de octubre de 2016 comenzó su
Congregación General 36, para elegir nuevo prepósito (superior general) y legislar sobre
aspectos de la misión y carisma de la Orden. El 14 de octubre resultó elegido como trigésimo
primer general el venezolano Arturo Sosa, perteneciente a la Asistencia de América Latina
Septentrional.
Pablo VI describió a los jesuitas de la siguiente manera (1975): «Donde quiera que en la
Iglesia, incluso en los campos más difíciles o de primera línea, ha habido o hay
confrontaciones: en los cruces de ideologías y en las trincheras sociales, entre las exigencias
del hombre y mensaje cristiano allí han estado y están los jesuitas».
Historia
Origen de la Compañía
En septiembre de 1529, Ignacio de Loyola, un vasco que combatió en las guerras contra el rey
de la Navarra transpirenaica, defendiendo la causa de Carlos I, había optado por dedicarse a
«servir a las almas». Decidido a estudiar para cumplir mejor su propósito, se incorpora al
Colegio de Santa Bárbara —dependiente de la Universidad de París— y comparte cuarto con
el saboyano Pedro Fabro y el navarro Francisco de Javier. Los tres se convirtieron en amigos.
Ignacio realizó entre sus condiscípulos una discreta actividad espiritual, sobre todo
dando Ejercicios espirituales, un método ascético desarrollado por él mismo.
En 1533 llegaron a París Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás de Bobadilla y Simão
Rodrigues, que se unieron al grupo de Ignacio. El 15 de agosto de 1534, fiesta de la Asunción
de la Virgen, los siete se dirigieron a la cripta de la capilla del Martyrium, ubicada en lo que es
hoy la calle Yvonne Le Tac, en la colina de Montmartre, donde pronunciaron tres votos:
pobreza, castidad y peregrinar a Jerusalén. Después de los votos de Montmartre se
incorporaron al núcleo inicial tres jóvenes franceses, «reclutados» por Fabro: Claudio Jayo,
Juan Coduri y Pascasio Broët. Los diez se encontraron en Venecia y misionaron el norte de
Italia a la espera de embarcarse hacia Jerusalén. Al no poder viajar a Palestina debido a
la guerra entre Venecia y el Imperio otomano, el grupo se dirigió a Roma. Allí, tras una larga
deliberación espiritual, decidieron fundar la Compañía de Jesús, que fue aprobada el 27 de
septiembre de 1540 por Paulo III, quien les reconoció como nueva orden religiosa y firmó la
bula de confirmación, Regimini militantis ecclesiae (Por el gobierno de la iglesia militante).
En 1556, cuando murió el fundador, eran 1000 compañeros. El segundo general fue Diego
Laínez.
Diego Laínez, como general, participó en el coloquio teológico de Poissy, convocado por
la reina de Francia para debatir con los protestantes. La Facultad de Teología de La Sorbona y
el Parlamento de París se opusieron en este período al establecimiento legal de la Compañía
en Francia.
El sucesor de Laínez fue san Francisco de Borja, el santo duque de Gandía, que colaboró con
san Ignacio desde que Borja enviudó e incluso fue ordenado sacerdote en secreto para poder
ayudar a san Ignacio y la Compañía sin comprometerla. Elegido III general por la CG II,
gobernó desde 1565 hasta 1572, tiempo en que los colegios jesuitas prosperaron: pasaron de
50 en 1556 a 163 a 1574. Inició la remodelación de la Iglesia Madre de la Compañía, el Gesù.
Borja siguió muy de cerca la evolución de la Contrarreforma en Alemania. Muchas
fundaciones jesuitas atendieron a reforzar la causa católica.
Matteo Ricci, jesuita italiano, consiguió ingresar a China en 1583. A inicios del
siglo XVII estaba instalado ya en Pekín, donde propiciará la difusión del cristianismo entre la
casta intelectual del Celeste Imperio.
Por otra parte, luego de que el Imperio otomano venciese a los ejércitos húngaros en
la batalla de Mohács en 1526, tras la muerte del rey Luis II de Hungría, pronto el reino se
dividió en tres partes: una occidental bajo el control de Fernando I de Habsburgo, hermano
de Carlos I de España, una central bajo el control del sultán turco y una oriental que se
convirtió en un Estado semindependiente conocido como el principado de
Transilvania gobernado por la nobleza húngara. Estos pronto adoptaron el luteranismo y
el calvinismo para no reconocer la autoridad de los Habsburgo, quienes habían heredado el
trono húngaro. De esta manera, los príncipes transilvanos mantuvieron una confesión
protestante sólida, floreciendo así esta en el este del reino. Inicialmente, en 1579, uno de los
primeros príncipes de Transilvania, el conde Esteban Báthory (posteriormente también rey de
Polonia), resultó ser gran defensor del catolicismo, pues llevó a los jesuitas a la ciudad
húngara de Kolozsvár, donde concedió toda clase de privilegios para ellos e hizo encerrar en
prisión a Ferenc Dávid, reformador unitario. En 1581 fundó una residencia para estudiantes
jesuitas en esta ciudad, tomando fuerza rápidamente este movimiento de la Contrarreforma
en Hungría.
Por otra parte, para contrarrestar el protestantismo, los Habsburgo, conocidos por su
profundo compromiso con Roma, pusieron en marcha una política recatolizadora enérgica a
finales del siglo XVI, cuya figura principal fue el jesuita Pedro Pázmány, arzobispo de
Esztergom (1616-1637), quien había estudiado en Kolozsvár en el instituto fundado por el
príncipe Esteban Báthory. Las obras literarias de Pedro Pázmány, así como sus discursos y
prédicas caracterizadas por elaboradas argumentaciones teológicas fungieron de
herramienta para solidificar las bases católicas en el reino húngaro.
Los jesuitas llegaron a Brasil ya en el generalato de san Ignacio. Los primeros jesuitas que
Ignacio envió a América fueron el español José de Anchieta y el portugués Manuel da
Nóbrega.[12] En el gobierno de san Francisco de Borja ingresaron a Florida, Perú y México. Y en
el de Claudio Acquaviva a Canadá, a Nueva Granada, a la Presidencia de Quito y otras zonas.
De acuerdo a sus nacionalidades, los misioneros jesuitas se distribuyeron en las distintas
posesiones de las potencias europeas.
Canadá: fue evangelizado por jesuitas franceses. La inmensidad del territorio, el clima y la
hostilidad de los hurones e iroqueses convirtieron a la canadiense en una de las misiones
más difíciles de la Compañía. Fueron martirizados Juan de Brébeuf (1649), Gabriel
Lalemant (1649), Noël Chabanel (1649), Antonio Daniel (1648), Carlos Garnier (1649), René
Goupil (1642), Isaac Jogues (1646) y Juan de Lalande (1646). Esta misión incluyó territorios
que hoy pertenecen al estado de Nueva York y consiguió convertir a miles de hurones, no así
a los iroqueses, que siempre fueron hostiles hacia los europeos.
Mississippi: fue explorado y evangelizado por jesuitas franceses. Entre ellos destacó el
padre Jacques Marquette (1637-75) quien, con el explorador Louis Jolliet, fue el primer
europeo que recorrió y cartografió el río Misisipi desde el territorio norteño de Nueva
Francia (1673). Fundó algunos poblados en Nueva Francia (actual estado de Míchigan).
México: Los jesuitas llegaron a México por San Juan de Ulúa, Veracruz, el 9 de septiembre de
1572, y el 28 del mismo mes a la Ciudad de México, donde Alonso de Villaseca les otorgó
unos solares dos cuadras atrás de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Allí
fundaron el Colegio Real y más Antiguo de San Ildefonso, edificio considerado una de las
obras cumbres del barroco mexicano.[13] Llevaron a cabo una importante labor misional en el
norte del virreinato, en Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Nayarit, Durango, Coahuila, Baja
California y Zacatecas. El trabajo jesuita se extendió hasta el 25 de junio de 1767, cuando
fueron expulsados y sus propiedades tomadas militarmente, hasta que el 19 de mayo de
1816 Fernando VII restituyó a la Compañía.[13]
Perú: El 28 de marzo de 1568 desembarcó en el puerto del Callao por vez primera la orden
jesuita para hacerse cargo de las misiones evangelizadoras en el Virreinato del Perú. Llegaron
a estas nuevas tierras cuando Francisco de Borja era superior general en Roma. Los jesuitas
del Perú desde entonces se vincularon con la realidad política y social del Virreinato del Perú,
además de preocuparse por la educación y las obras misionales. Gracias a ese empeño
fundaron importantes colegios como el Máximo de San Pablo y el Real de San Martín de
Porres en Lima; el famoso San Francisco de Borja, dedicado a la formación de los hijos de
caciques, y el Colegio de San Bernardo para los hijos de españoles como también
la Universidad de San Ignacio, en el Cusco, entre otros. En 1767, como en las demás colonias
españolas, los jesuitas del Perú fueron expulsados por orden del rey Carlos III. Este mandato
fue cumplido por el virrey Manuel de Amat y Junyent. La Compañía es autorizada a volver al
Perú en 1871.[14][15]
Río de la Plata: En 1603, el vigésimo séptimo gobernador de Nueva Andalucía del Río de la
Plata Hernandarias modificó la legislación sobre el trabajo de los aborígenes, promoviendo la
supresión de las mitas y encomiendas, por las cuales los españoles gozaban de los frutos del
trabajo de los nativos a cambio de su evangelización, en la práctica inexistente. Obtuvo la
aprobación de esta reforma por parte del rey Felipe III de España, y en 1608 se dispuso la
creación de las reducciones jesuíticas y franciscanas en la región del Guayrá (actual estado
de Paraná, Brasil). Las Misiones jesuíticas guaraníes llegaron a ubicarse en las regiones
del Guayrá, Itatín, Tapé (las tres en el actual Brasil), Uruguay
(Brasil, Argentina y Uruguay actuales), Paraná (Argentina, Paraguay y Brasil actuales) y las
áreas guaycurúes en el Chaco (Argentina y Paraguay contemporáneos), fueron establecidas
en el siglo XVII dentro de territorios pertenecientes al imperio español en la Gobernación del
Río de la Plata y del Paraguay y sus gobernaciones sucesorias a partir de su división en 1617:
la Gobernación del Paraguay y la Gobernación del Río de la Plata, todas dependientes del
inmenso Virreinato del Perú.
Iglesia de la Compañía de Jesús en Quito (Ecuador).
La finalidad de estas propiedades era sostener sus colegios, que, debido a una rigurosa
concepción del voto de pobreza, eran gratuitos. Sin embargo, la riqueza de estos complejos y
haciendas atrajo la ambición de las coronas y particulares y, a la larga, fue un factor para la
supresión de la Orden.
Los jesuitas estaban activos en Asia. Los primeros occidentales en llegar a la corte mogol de
la India fueron los jesuitas; además, los jesuitas hicieron la primera traducción latina de los
clásicos confucianos de China.
Filipinas: Los jesuitas estaban entre las cinco órdenes religiosas católicas originales, junto
con los agustinos, franciscanos, dominicanos y agustinos recoletos, que evangelizaron
Filipinas en apoyo de la colonización española.[16] Los jesuitas trabajaron particularmente
duro para convertir a los musulmanes de Mindanao y Luzón del Islam al cristianismo, en cuyo
caso, tuvieron éxito entre las ciudades de Zamboanga y Manila.[17]Zamboanga en particular
fue administrada como las reducciones jesuitas en Paraguay y albergó a una gran población
de inmigrantes peruanos y latinoamericanos, mientras que Manila finalmente se convirtió en
la capital de la colonia española.[18][19] Además del trabajo misionero, los jesuitas compilaron
artefactos y registraron la historia y la cultura precoloniales de Filipinas. El cronista
jesuita Pedro Chirino relató la historia de los Kedatuan de Madja-as en Panay y su guerra
contra Rajah Makatunao de Sarawak, así como las historias de otros Reinos visayos.[20]
Mientras tanto, otro jesuita, Francisco Combés, relataba la historia de la Venecia de las
Visayas, el Kedatuan de Dapitan, su conquista temporal por el Sultanato de Ternate, su
restablecimiento en Mindanao. y su alianza contra los Sultanatos de Ternate y Lanao como
vasallos de la España cristiana.
Los jesuitas también establecieron las primeras misiones en Butuan (Rajanato de Butuan)
dominado por hinduismo, para convertirlo al cristianismo.[21] Los jesuitas también fundaron
muchas ciudades, granjas, haciendas, institutos educativos, bibliotecas y un
observatorio Observatorio de Manila en Filipinas.[22] Los jesuitas desempeñaron un papel
decisivo en las ciencias de la medicina, la botánica, la zoología, la astronomía y la
sismología. Entrenaron al segundo santo de Filipinas, Pedro Calungsod, que fue martirizado
en Guam junto al sacerdote jesuita Diego Luis de San Vitores.[23]
En 1953, después de ser expulsados de China por los Partido Comunista Chino, los jesuitas
trasladaron el nexo de su organización en Asia desde China a Filipinas y trajeron consigo una
considerable diáspora china.[29] Los jesuitas desempeñan actualmente un papel fundamental
en la construcción nacional de Filipinas con sus diversos Ateneos (Istituciones educativas
jesuitas en Filipinas) educativos que capacitan a las élites intelectuales del país.[30][31]
Expulsiones y supresión
Los gobiernos ilustrados de la Europa del siglo XVIII se propusieron acabar con la Compañía
de Jesús por su defensa incondicional del papado, su actividad intelectual, su poder
financiero y su influjo político. Ciertamente, se habían ganado poderosos enemigos: los
partidarios del absolutismo, los jansenistas y los filósofos franceses
(Voltaire, Montesquieu, Diderot). No faltaron tampoco las intrigas de ciertos grupos en la
misma Roma. El contexto político europeo se caracterizó en esos años por el advenimiento
del llamado despotismo ilustrado y por un declive notorio del prestigio político del papado y
la voluntad política de los Borbones y de la Corona portuguesa de robustecerse en
detrimento de la Iglesia.
Los jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un
ejército, no el mero abad de un monasterio. Y el objetivo de esta organización es Poder, Poder
en su más despótico ejercicio, Poder absoluto, universal, Poder para controlar al mundo bajo
la voluntad de un solo hombre [El Superior General de los Jesuitas]. El Jesuitismo es el más
absoluto de los despotismos y, a la vez, es el más grandioso y enorme de los abusos.[32]º
John Adams, segundo presidente de los EE. UU., diría más tarde:
El padre general desde 1758 era el florentino Lorenzo Ricci. El primer país en expulsar a la
Compañía de Jesús fue Portugal. El ministro Sebastião José de Carvalho e Melo, marqués de
Pombal, fue su principal adversario; encerró en el calabozo a 180 jesuitas en Lisboa y expulsó
al resto en 1759. Con esta dura medida, pretendía robustecer la autoridad real y dar una clara
señal al papa de que no toleraría intromisiones pontificias en los asuntos del Estado. Más de
mil jesuitas de Portugal y sus colonias fueron deportados con destino a los Estados
Pontificios. Clemente XIII protestó por la medida.
Más tarde, los jesuitas fueron expulsados de los territorios de la Corona española a través de
la Pragmática Sanción de 1767 dictada por Carlos III el 2 de abril de 1767 y cuyo dictamen fue
obra de Pedro Rodríguez de Campomanes (futuro conde de Campomanes), regalista y por
entonces fiscal del Consejo de Castilla.[34] Al mismo tiempo, se decretaba la incautación del
patrimonio que la Compañía tenía en estos reinos (haciendas, edificios, bibliotecas), aunque
no se encontró el supuesto «tesoro» en efectivo que se esperaba. Los hijos de san Ignacio
tuvieron que dejar el trabajo que realizaban en sus obras educativas y sus misiones entre
indígenas, como las famosas reducciones guaraníes y las menos célebres, pero no menos
esforzadas misiones en el noroeste de México (Baja California, Sonora y sierra Tarahumara) y
a lo largo del Amazonas (misiones del Marañón). En el mismo año de la expulsión en España,
los jesuitas lo fueron del Reino de Nápoles y de Sicilia gobernados por Fernando I y en 1768
del Ducado de Parma, Plasencia y Guastalla en manos de Fernando I. Hijo y sobrino del rey
español.
La supresión de los jesuitas se produjo el 21 de julio de 1773. Por razones políticas, los reyes
de Francia, España, Portugal y Nápoles exigían la desaparición de la Compañía. El
papa Clemente XIV cedió a las fuertes presiones y mediante el breve Dominus ac
Redemptor suprimió la Compañía de Jesús.[35] Los sacerdotes jesuitas podían convertirse al
clero secular; los escolares y hermanos coadjutores quedaron libres de sus votos. En Roma,
la ejecución del breve estuvo a cargo de prelados acompañados por soldados y alguaciles,
y Lorenzo Ricci escuchó la sentencia sin decir palabra.[36] Tanto él como su consejo de
asistentes fueron apresados y encerrados en el castillo Sant'Angelo (Roma) sin juicio alguno.
Ricci murió en prisión el 24 de noviembre de 1775, aseverando la inocencia de la Compañía
de Jesús.[36]
En 1789 —el mismo año en que la Constitución de Estados Unidos entró en vigor y en el que
se inició la Revolución francesa— fue fundada por el obispo John Carroll —exjesuita— la
universidad católica más antigua de Estados Unidos, la de Georgetown, en Washington D. C.;
en el siglo XIX, sería integrada a la Compañía restaurada.
Restauración
Cuarenta años después, en medio de los efectos causados por la Revolución francesa,
las guerras napoleónicas y las guerras de independencia en la América Hispánica, Pío
VII decidió restaurar a la Compañía el 7 de agosto de 1814. De hecho, los jesuitas habían
sobrevivido en Rusia —unos cuantos centenares— protegidos por Catalina II. La restauración
universal era vista como una respuesta al desafío que representaban quienes eran vistos en
ese entonces como los enemigos de la Iglesia: la masonería y los liberales, principalmente.
Desde 1814 hasta el Concilio Vaticano II[37] de 1962, la Compañía de Jesús es asociada con
corrientes conservadoras y elitistas. La Orden es identificada con un incondicional apoyo
hacia la autoridad del papa. Poco tiempo después de la restauración, el zar expulsa a los
jesuitas de Rusia en 1820.[38] Los generales (Fortis, Roothaan y Beckx) vuelven a instalarse
en Roma después de un paréntesis de cuarenta años. Durante el siglo XIX la Compañía sufre
las consecuencias de las revoluciones políticas de corte liberal y tiene que afrontar
numerosos ataques. Acaba siendo nuevamente expulsada de Portugal, Italia, Francia,
España, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Alemania, etc.
Siglo XX
A inicios del siglo XX el padre general es el alemán Franz Xaver Wernz y los jesuitas, alrededor
de 15 000. Durante la Primera Guerra Mundial asume el generalato el polaco Wlodimir
Ledóchowski que, considerado un excelente líder y administrador, desarrolla vigorosamente
la Orden en sus tradicionales frentes: educación y misiones. No faltaron los jesuitas que se
destacaron como capellanes y camilleros en las trincheras; entre ellos se cuentan el
paleontólogo y filósofo francés Pierre Teilhard de Chardin y el beato alemán Rupert Mayer,
apodado el “apóstol de Múnich”. Capellán del ejército y héroe de guerra, sus sermones contra
el nazismo motivaron su envío a un campo de concentración.[40]
Hacia el final de los años 1930, los jesuitas de Estados Unidos sobrepasan a los españoles en
número y pasan a formar el grupo regional más grande con más de 8000 jesuitas.
Hans Urs von Balthasar (que años después abandonaría la Orden para pasar al clero
secular) y
Karl Rahner (alemán, uno de los teólogos más prolíficos e influyentes del siglo XX).
Hacia fines de los años 1950, Teilhard y Murray son cuestionados por Roma. El evolucionismo
de Teilhard es visto como peligroso; en tanto, la posición favorable de Murray hacia
el ecumenismo y la libertad religiosa hace que la Santa Sede también lo censure. El prepósito
general es obligado a callar a Teilhard, quien se retira en un exilio voluntario a Nueva York,
donde muere en 1955.
Al final del mandato de Janssens se evidencia una crisis interna, fenómeno compartido por
gran parte de la Iglesia católica de los años 60. En 1965 (Congregación General 31), asume el
viceprovincial de Japón, el vasco Pedro Arrupe, en cuyo generalato se da un giro en la línea de
gobierno de la Compañía. Se pone gran énfasis en los temas de promoción de la justicia
social e inculturación del Evangelio. Pero los cambios en el mundo y en la Iglesia son
acelerados y comienza la disminución en el número de ingresos a los noviciados europeos.
Miles de sacerdotes católicos abandonan el ministerio en el período posconciliar; la
Compañía no escapó a esta tendencia, pues alrededor de 8000 jesuitas dejan la Orden.
Arrupe es acusado por sectores tradicionales de ser muy permisivo; otros lo ven como un
profeta de la nueva evangelización. La siguiente Congregación General, celebrada diez años
más tarde, respalda a Arrupe y proclama la nueva forma de entender la misión de la
Compañía de Jesús: «Fe y justicia».
A pesar del aprecio que Pablo VI siente por la Orden, le llegan frecuentes quejas de los
obispos por desafíos de muchos jesuitas al Magisterio. El mismo papa recibió críticas de
teólogos jesuitas por su encíclica Humanae Vitae. Durante la CG de 1975, Pablo VI prohíbe
explícitamente hacer cambios en lo referente al cuarto voto, impasse recogido por los medios
de comunicación. La innovación al interior de la Orden puso en peligro la propia naturaleza
de la Compañía tal como la fundó san Ignacio, expresada en una de sus características
fundamentales: el voto de obediencia al papa. En 1981, cuando Arrupe quedó paralizado por
una embolia, Juan Pablo II designó un delegado pontificio y un adjunto para el gobierno de la
Orden, los padres Paolo Dezza y Giuseppe Pittau, respectivamente, figuras que no están
presentes en la legislación jesuítica. La respuesta de la Compañía a esta medida
extraordinaria fue ejemplar, salvo algunas voces críticas (carta de Karl Rahner y otros
teólogos al papa). Pero todos los observadores serios reconocieron que la transición se hizo
en un ambiente de paz. En 1983, cuando por fin se reunió la Congregación General 33, el
lingüista neerlandés Peter Hans Kolvenbach fue elegido como 29.º general.
Durante el largo generalato de Kolvenbach (1983-2008) se normalizaron las relaciones de la
Compañía de Jesús con la Santa Sede. El general modificó ciertas estructuras de gobierno,
renovó el apostolado educativo y apoyó la creación de nuevos centros sociales y obras
dedicados al trabajo con refugiados y migrantes. Estas orientaciones fueron ratificadas por
una nueva Congregación General, la 34, reunida en 1995. El número de jesuitas continuó
disminuyendo lentamente durante los años 80 y 90, hasta situarse en 20 000 a inicios del
siglo XXI. El principal declive numérico se registra en Europa, en menor medida en Estados
Unidos y América Latina. En cambio, la Compañía de Jesús crece en África (1427 jesuitas en
2009) y, sobre todo, en la India (4004, según el Servicio de Información SJ de abril de 2009).
Siglo XXI
El hecho de tomar partido ha sido a veces peligroso para los jesuitas. En 1983, el sacerdote
James F. Carney (el “padre Guadalupe”), fue asesinado en Honduras por militares debido a su
ideología revolucionaria. Seis años más tarde, en el año 1989, en los primeros días de la
"Ofensiva Hasta el Tope", en el marco de la guerra civil salvadoreña, el jesuita Ignacio
Ellacuría y otros cinco religiosos de la Compañía, murieron a manos de la Fuerza Armada
de El Salvador, asesinados debido a una larga e intensa actividad en defensa de los derechos
humanos en ese país. Varios han muerto en guerras civiles en África, India y el sudeste
de Asia, realizando acciones de ayuda social.[cita requerida]
Otros factores han resultado letales para los jesuitas: por ejemplo, el lunes, 20 de junio del
2022, dos sacerdotes de la orden, Joaquín Mora, y Javier Campos Morales, fueron asesinados
dentro del templo de Cerocahui, Chihuahua, México, al intentar salvar a un guía de turistas,
Pedro Palma, quien perdió la vida a manos de quien lo persiguió hasta ese lugar, José Noriel
Portillo Gil alias "El Chueco", líder de una célula de Gente Nueva, brazo armado del Cártel de
Sinaloa en esa zona.[43]
La Compañía de Jesús tiene fuertes debates internos, signo visto como fortaleza o debilidad
dependiendo de los criterios. En esta línea, el 6 de mayo de 2005 se hizo público el retiro
de Thomas Reese[44] como editor de America, la prestigiosa revista jesuita de los Estados
Unidos. La Congregación para la Doctrina de la Fe pidió a la Compañía su remoción
argumentando que su línea editorial ponía en duda el magisterio de la Iglesia. Y, en marzo de
2007, el mismo instituto condenó la obra del teólogo salvadoreño, de origen español, Jon
Sobrino, uno de los padres de la teología de la liberación, porque «sus proposiciones no están
en conformidad con la doctrina de la Iglesia». «La medida no puede ser interpretada como
una sanción o condena» del teólogo, señaló el portavoz de la Santa Sede, el
sacerdote Federico Lombardi, jesuita como Sobrino. Entre otros famosos jesuitas
cuestionados o censurados en su momento por la misma Iglesia católica, se
encuentran Jacques Dupuis, Pierre Teilhard de Chardin, John Courtney Murray y (en una
orientación totalmente distinta de los anteriores) el escritor argentino Leonardo Castellani,
quien fue expulsado de la Orden por los jesuitas mismos.[cita requerida]
Además, son asesores de una institución laica de derecho pontificio: las Comunidad de Vida
Cristiana (CVX), con los que comparten la misma espiritualidad.
Denominación
Sin embargo, el término «jesuita», que en su variante peyorativa data de 1544-1552, nunca fue
usado por Íñigo de Loyola. Las Constituciones de la Compañía de Jesús (1554) hablan de «los
de la Compañía», y la Santa Sede, hasta los años 1970, siempre hizo referencia a «los
religiosos de la Compañía de Jesús». En síntesis, el apelativo «jesuita» les fue aplicado
inicialmente a los miembros de la Compañía de modo despectivo, pero con el paso del
tiempo adquirió un tono neutral o positivo.
La palabra "jesuita" no fue inventada, ni mucho menos utilizada, por San Ignacio de Loyola.
Tampoco por la Compañía, que no utilizó dicho término en ninguna de sus Constituciones o
documentos oficiales desde la aprobación de la orden en 1540 hasta 1975. Según indica el
padre Araoz, durante los primeros años de la Compañía a los "seguidores de San Ignacio" se
les denominaba de muy distintos modos: "iñiguistas", "papistas", "sacerdotes reformados",
"teatinos" o "apóstoles". De hecho, el término "jesuitas" surgió como un modo despectivo de
nombrar a los miembros de la congregación recién aprobada por Paulo III, sobre todo en
Austria y Alemania, países donde había triunfado la Reforma (...). La evolución semántica de
este término fue derivando hacia tres posibles significados: la atribución a los religiosos de
esta orden de fechorías de todo género; como sinónimo de "astuto" e "hipócrita"; o
simplemente como un modo coloquial de designarles. (Diario ABC, 5 de enero de 2008)
Este último sentido acabó por imponerse en el mundo católico. En la Congregación General
32 (1975) se utilizó por primera vez el término “jesuita” en un documento oficial.
Símbolos
A modo de curiosidad, hay que indicar que el sello utilizado por la Compañía de Jesús en su
día influyó de manera notoria en la formación de los símbolos patrios argentinos, sobre todo
a través del llamado Sol de Mayo, que también siempre ha tenido treinta y dos rayos,
alternando uno recto y otro ondulado, aunque sustituyendo todos sus demás elementos por
los pertinentes rasgos faciales. Así siempre ha sido ya desde la acuñación de la llamada
"primera moneda patria de las Provincias del Río de la Plata", en 1813. Además, la notable
presencia de la Compañía de Jesús en todo el territorio del antiguo Virreinato del Río de la
Plata también aparece hoy día testimoniada en la actual bandera de la provincia argentina de
Córdoba, adoptada a finales de 2010, así como en la de su ciudad capital.
Carisma
Una de las ideas claves para explicar el ideario ignaciano es su espiritualidad, entendida
como una forma concreta de plasmar su seguimiento de Cristo. Esta característica fue
desarrollada por San Ignacio en el libro de los Ejercicios espirituales y se refleja también a lo
largo de las Constituciones de la Compañía, de las cartas del Fundador y otros documentos
de los primeros jesuitas (Jerónimo Nadal, Luis González de Cámara, los santos Pedro
Fabro y Francisco Xavier...). Se caracteriza por el deseo que expresó San Ignacio de «buscar y
encontrar a Dios en todas las cosas». Esto significa que es una espiritualidad vinculada a la
vida, que invita a los que la siguen a levantar la mirada hacia la globalidad, pero aterrizando
en lo concreto y lo cercano.
Implica un gran dinamismo, ya que obliga a estar siempre atentos a los nuevos retos y tratar
de responder a ellos. Esto ha conducido a los jesuitas a realizar su trabajo, en muchas
ocasiones, en las llamadas «fronteras», sean geográficas o culturales. Esta espiritualidad ha
impregnado no solo el estilo de los jesuitas, sino también de otras Congregaciones Religiosas
y numerosos grupos de laicos.
El «tanto cuanto»: El hombre puede utilizar todas las cosas que hay en el mundo tanto
cuanto le ayuden para su fin, y de la misma manera apartarse de ellas en cuanto se lo
impidan.
El «magis»: Solamente desear y elegir lo que más nos conduce al fin para el que
hemos sido creados. Este 'más' (magis en latín) se trata de realizar la misión de la
mejor manera posible, exigiendo siempre más, de manera apasionada.
La labor educativa
Los jesuitas han fundado centros educativos en todos los continentes; en 1640 contaban ya
con 500 de estudios superiores repartidos por Europa y América. La cifra fue aumentando a lo
largo del siglo siguiente, hasta alcanzar la más importante red educativa de la época: más de
800 colegios y universidades al momento de su supresión.
Eran muy reconocidos los métodos que empleaban en materia de educación, que
básicamente se fundamentaban, desde 1599, en la Ratio Studiorum y en la IV Parte de las
Constituciones de la Compañía. Desde 1986 han actualizado sus métodos y paradigmas
educativos por medio del documento Características de la Educación SJ, al que siguió en
1993 Pedagogía Ignacia: un planteamiento práctico.
Labor científica
Estructura interna
La Compañía de Jesús está regida por el padre o prepósito general, que goza de grandes
atribuciones de acuerdo a su Instituto (nombra a los provinciales y a los superiores de
algunas casas y obras muy importantes); su cargo es vitalicio. Sin embargo, puede renunciar
a este si una causa grave lo inhabilita definitivamente para sus tareas de gobierno. En otros
casos, como enfermedad o edad avanzada, el general puede nombrar un vicario coadjutor.
Pero, por encima de él, la Congregación General es el órgano supremo de gobierno de la
Compañía.
El conjunto de las normas y principios que guían la vida de los jesuitas está recogido en
las Constituciones, redactadas por Ignacio de Loyola. Para facilitar el gobierno, la Orden está
dividida en sectores geográficos o lingüísticos llamados asistencias (actualmente son nueve)
y, dentro de cada una de ellas, en provincias que suman un total de 64.
Membresía
En 1965 la Compañía alcanza su máxima expansión, con más de 36 000 jesuitas, de los
cuales 20 301 habían sido ordenados sacerdotes; además de dirigir 2195 parroquias. Desde
entonces se observa una acusada disminución del número de jesuitas, debido a la escasez
de vocaciones y a numerosas secularizaciones, que ha motivado la unificación de algunas
provincias y el cierre de obras o el traspaso de la dirección de algunas a seglares. Algunas
personas consideran que los precedentes de la actual situación de la Compañía datan desde
mediados de los años 1950, cuando comenzaron a disminuir
las vocaciones en Europa.[cita requerida]
En el Anuario Pontificio de 2018, que refleja las cifras de 2017, los jesuitas aparecían con
16 378 miembros, de los cuales 11 785 eran sacerdotes ordenados,[5] siendo la mayor orden
religiosa masculina católica hoy en día, seguida por los salesianos y los franciscanos. Su
actividad se extiende a los campos educativo, social, intelectual, misionero y de medios de
comunicación católicos, además de atender 1541 parroquias en todo el mundo.[5]
Papa
El 13 de marzo de 2013, durante la quinta votación del cónclave derivado de la renuncia del
Benedicto XVI, fue elegido como nuevo papa el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario
Bergoglio, quien fuera miembro de la Compañía de Jesús y quien tomó el nombre
de Francisco, cuyo papado duró 12 años, hasta el día de su muerte (21 de abril del 2025).
Además del cardenal Bergoglio, otro cardenal elector perteneció a la orden: el
indonesio Julius Darmaatmadja, quien se excusó de asistir a ese cónclave por problemas de
salud.
En el cine y la literatura
Sotana negra (Black Robe), filme canadiense de 1991 acerca de un jesuita francés del
siglo XVII que misiona entre los algonquinos del Canadá.
"Un caso de conciencia" (A Case of Conscience), es una novela de ciencia ficción del
escritor estadounidense James Blish, publicada por primera vez en 1958 por
Ballantine Books. Narra la historia de un jesuita que investiga una raza alienígena que
no tiene religión mas posee un perfecto sentido de moralidad innato, lo que
contradice las enseñanzas católicas. La novela recibió en 1959 el premio Hugo a la
mejor novela de ciencia ficción o fantasía.
Padre Pro, cinta de 2007 basada en la vida del mártir Miguel Agustín Pro, dirigida por
Miguel Rico Tavera. Este jesuita mexicano, ejecutado durante los conflictos
anticlericales de los años 1920 conocidos como Guerra Cristera, fue beatificado
por Juan Pablo II.
Hyperion es una saga de ciencia ficción escrito por Dan Simmons y publicado en
1989; una de sus historias tiene como protagonistas a dos sacerdotes jesuitas.
Los galgos del Papa, novela histórica (2017) de Agustín Muñoz Sanz. Trata del episodio
de intento de secesión de la facción española de la Compañía, enfrentada a la central
de Roma cuando era prepósito general Claudio Acquaviva (Quinta Congregación
General).[52]
Anexo:Jesuitas científicos
Entreculturas
Cristianisme i Justícia
Familia ignaciana
Referencias
2. Krebs, Ricardo (2006). Breve historia universal (hasta el año 2000) (24ª
edición). Santiago de Chile: Editorial Universitaria. p. 258. ISBN 978-956-11-
1805-8.
8. Morales y Marín, José Luis (1997). Goya: a catalogue of his paintings. 409
páginas. Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.
p. 208. ISBN 978-84-922677-0-5. Consultado el 2 de marzo de 2015. «San
Ignacio de Loyola / Private collection / Oil on canvas, 0.81 x 0.57 m / C. 1788 /
This work was done by Goya for Ignacio Ezcurra [...]».
9. Camón Aznar, José (1996). Pijoán, José, ed. Summa artis: Historia general del
arte. Arte español del siglo XVIII 27 (7ª edición). Madrid: Espasa-
Calpe. ISBN 978-84-2395-227-4. «Goya [...] San Ignacio de Loyola que pinta
para [...] don Ignacio Ezcurra [...]».
10. Fundación Lázaro Galdiano, ed. (1978). Goya. 145-153. p. 200. «[...] Goya
pinta para [...] don Ignacio Ezcurra, un retrato de San Ignacio de Loyola [...]».
13. Antiguo Colegio de San Ildefonso, Elisa Vargaslugo et al., 1998, Nacional
Financiera. ISBN 968-7637-18-8
14. elperuano.pe (21 de febrero de 2016). «El tesoro de los jesuitas». Consultado
el 19 de enero de 2018.
15. larepublica.pe (16 de marzo de 2013). «La presencia de los jesuitas en el Perú:
un grupo con mucha influencia». Consultado el 19 de enero de 2018.
16. (En Ingles)Ooi, Keat Gin (2004). Southeast Asia: A Historical Encyclopedia,
from Angkor Wat to East Timor (en inglés). ABC-CLIO. p. 524. ISBN 978-1-
57607-770-2. Consultado el 23 de abril de 2022.
25. (En Ingles)Garcia, Ricardo P. (1964). "The Great Debate: The Rizal Retraction –
Preface". R.P. Garcia Publishing Co., Quezon City.
28. Daniel Ligou, ed. (2000) [1981]. Histoire des Francs-Maçons en France: De
1815 à nos jours 2. Privately published. p. 200. ISBN 2-7089-6839-4.
38. Lacouture, Jean (2006). Jesuitas. Grupo Planeta (GBS). ISBN 978-84-493-
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39. Voltes, Pedro (10 de mayo de 2004). Bismarck. Palabra. ISBN 978-84-8239-
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40. Bleistein, Roman (2011). «Rupert Mayer, el profeta silenciado». Sal terrae:
Revista de teología pastoral. 99 (1156): 413-432. ISSN 1138-1094.
51. El primer caso se presentó con Claudio Jayo o Claudio Yayo, en vida de
Ignacio de Loyola. El tema se trata extensamente en la obra de Santos
Hernández, Ángel (1998). Jesuitas y obispados. Tomo I: La Compañía de Jesús
y las dignidades eclesiásticas. Madrid: Universidad Pontificia
Comillas. ISBN 84-89708-48-7. Consultado el 6 de julio de 2016.
52. User, Super. «Los galgos del Papa». Consultado el 15 de diciembre de 2017.
53. «The Prague Cemetery by Umberto Eco – review» (en inglés). 4 de noviembre
de 2011. Consultado el 29 de noviembre de 2019.
Bibliografía
John O'Malley SJ, Los primeros jesuitas, Mensajero - Sal Terrae, 1993, ISBN 84-271-
1968-2.
Jean Lacouture, Jesuitas. Vol. I. Los Conquistadores. Vol. II. Los Continuadores,
Paidos, 1993.
Enlaces externos
Wiki Ignaciana