Examen Ignaciano
Examen Ignaciano
Escoge una posición cómoda, cierra tus ojos y respira por unos minutos
profundamente, lentamente, pausadamente. Pacifícate por dentro y por fuera. Hazte
consciente que estás ante la presencia de Dios.
1. Da gracias. Hazte consciente de que todo lo que has vivido en este día es un
regalo. Con actitud humilde, como quien se sabe pobre, agradece todo lo que eres
y tienes, agradece tus dones, tus capacidades, las personas a quien amas y las
personas que te aman.
2. Pide luz. Pide al Señor que te ilumine para ver el día que acabas de vivir a través
de sus ojos y no solo a través de los tuyos. Pídele que te deje ver la realidad con
los ojos abiertos para poder mirar más allá de ti misma, a reconocer tus luces y tus
sombras. Pide luz para reconocer que Dios ha estado en cada momento de tu día.
3. Repasa tu día. Revisa los acontecimientos del día hora tras hora: los lugares en
donde estuviste, el trabajo que hiciste, las personas con las que conviviste. Pon
atención a los sentimientos que acompañaron esos momentos, mira lo que están
diciéndote sobre la presencia de Dios en tu vida y tu respuesta en cada situación.
4. Reconoce tus fallas y pide perdón. Acepta las fallas en tu vida y en ti. Date
cuenta de lo que estuvo mal en tu día, en tus reacciones poco amorosas. Pide
perdón por ello. Hazte responsable (no culpable) deseando poder amar y servir
cada día mejor.
5. Imagina el día siguiente. Visualiza el día de mañana, imagina las actividades que
harás, las personas a las que verás. Pregúntate en dónde necesitarás a Dios en el
día que está por venir.