El Portero de Balonmano Y Las Habilidades Perceptivas: Propuesta de Entrenamiento en Niños
El Portero de Balonmano Y Las Habilidades Perceptivas: Propuesta de Entrenamiento en Niños
Romero, I.
Aceptado: 10/10/2012
Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Universidad de Granada
Correspondencia:
Ignacio Romero Novoa
Mail: [email protected]
Resumen
El portero es una figura clave en los equipos de balonmano con gran peso en el resultado final, sin
embargo su entrenamiento ha sido siempre basado en la intuición y experiencia. Dada las
características de sus acciones las habilidades perceptivas tienen especial relevancia, de ahí que en
este trabajo se haga una revisión de las habilidades perceptivas más importantes y los estudios
aplicados, con objeto de realizar una propuesta de entrenamiento perceptivo.
Abstract
Goalkeepers are crucial in team handball with a great relevance on results, but goalkeeper’s training
has been traditionally based on experience and intuition. It’s particular actions needs specially
perceptual skills, so this study makes a review of those abilities and their applied studies for making a
proposal in perceptual skills training.
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Introducción
Existen varios estudios acerca de su relevancia en el resultado final del partido y la clasificación global.
Magalhaes (1999) encontró que el porcentaje de eficacia de paradas del portero ante ataques
organizados y ante contraataques, son dos de los indicadores más relevantes para determinar
clasificación final y victoria. En la misma línea Silva (2000) en su estudio sobre el Campeonato de Europa
Senior Croacia 2010 subrayó la importancia de la eficacia general del portero. Volossovicht, et al. (2002)
en su estudio de la liga portuguesa durante la temporada 2001/2002 también evidenciaron correlación
entre eficacia del portero y clasificación, así como ser un factor explicativo de la diferencia igual o mayor a
cinco goles.
Destaca el trabajo de Casáis, Lago y Pascual (2010) que correlacionó la eficacia del portero con la
clasificación de los equipos de la liga ASOBAL, en un estudio realizado durante seis temporadas (entre
las temporadas 2001-2002 y 2006-2007). Confirmó lo que venimos comentando, existe relación directa
entre las variables estudiadas, es decir, entre eficacia del portero, victoria y clasificación final. Es
importante señalar en este estudio que para valorar los resultados se realizó el estudio en relación a las
clasificaciones finales, estableciendo cuatro subgrupos por posiciones finales habiendo diferencias
significativas a favor de los equipos cuyos porteros tenían mayor índice de acierto.
Por tanto, resulta interesante considerar el entrenamiento del portero como una variable muy importante a
tener en cuenta en la planificación de los equipos de rendimiento. Sin embargo, cabe señalar que de
acuerdo con Speicher (2006) este suele realizarse esporádicamente y sobre bases más intuitivas que
científicas.
Como sabemos el portero es una figura particular dentro del equipo. Es el único jugador habilitado para
estar dentro del área, puede tocar el balón dentro de la misma con cualquier parte del cuerpo, supone el
último escollo del adversario antes su objetivo, por lo que se convierte en el último defensa, pero también
en el primero al encargarse de disuadir o bien cortar contraataques (Martínez, 2007) y, a su vez, en el
primer atacante (Espar, 2001). Además, es un jugador que debe soportar una gran responsabilidad, ya
que un fallo suyo es muy significativo en el resultado.
Bárcenas (1991) añade que la calidad del portero fortalece la actuación de sus compañeros, minando la
moral de rivales ante buenas intervenciones y llevando a evitar la responsabilidad de lanzamiento de los
atacantes cuanto mejor sean estas. De hecho Antúnez y García (2008) concluyen que una actuación
desproporcionada del portero con respecto al resto de equipos condiciona notablemente el resultado
positiva y negativamente.
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El balonmano como deporte pone de manifiesto en general, y más acentuadamente en las acciones de
lanzamiento, una continua interacción entre jugadores (en nuestro caso portero-jugador), que requiere
adecuar la conducta tanto a sus posibilidades como a las del adversario y su propia actuación. Esto
implica al sujeto en una serie de procesos perceptivos, cognitivos, volitivos y conativos, que en conjunto
forman la táctica individual, manifiesta a través de las acciones, y donde muchos de de ellos se pondrán
de pondrán en juego con más o menos intensidad en momentos de presión o de relevancia para el
resultado y/o competición (Antón, 2000).
Si centramos la atención en los lanzamientos, el atacante buscará esconder sus intenciones, falsearlas e
incluso engañar al portero. Por otra parta, el portero buscará lo contrario, para lo que suele servirse de
estrategias para mejorar sus actuaciones, reduciendo la incertidumbre del lanzamiento. Esto se consigue
mediante la posición que adopte, situándose en un determinado punto para cubrir un sitio, falseando
intenciones y en colaboración con la defensa, por citar las más usuales (Roguji, Papic y Srhoj, 2005).
Como consecuencia de esto último se reduce la incertidumbre para iniciar el procesamiento de
información antes, respondiendo más rápidamente (Ranganathan y Carlton, 2007).
De hecho, por exagerado que parezca, como sostiene Antón (2000), se convierte en un complejo duelo
de intenciones en el que ambos juegan a deducir lo que su adversario piensa a la vez que se intenta
controlar lo que uno está pensando sobre las intenciones del otro. Sin embargo, este complejo proceso
sucede en un intervalo muy corto de tiempo, poco más de un segundo en el mejor de los casos.
En el balonmano la velocidad de las acciones son realmente rápidas, lo que requiere que estos procesos
se desencadenen en apenas décimas de segundos. Para los porteros intuitivamente podemos afirmar que
su acción tendrá una duración determinada por el tiempo de reacción ante el estímulo (la salida de balón),
considerada como el intervalo temporal entre la percepción del estímulo y el inicio del movimiento, y el
tiempo de ejecución.
Czervinski (1993) hace un estudio de la velocidad de salida según diferentes tipos de lanzamientos que
oscilaron entre 95 y 135 km/h, datos similares a los encontrados por Mikkelsen y Olesen, (1976).
Diversos estudios evidencian que el tiempo de vuelo del balón es inferior al de intervención, se ha
estimado que el tiempo total de la acción motriz del portero oscila entre 0,4 y 0,7 segundos mientras que
la velocidad de balón ronda los 20 m/s (Zeier, 1987; Pokrajac, 1986; Tworzydlo y Zares, 1975). Por otra
parte, Latiskevits (1991) concluye que en lanzamientos de 10 metros el móvil tarda 0,44 s en llegar a
portería.
En función de los datos expuestos, si el lanzamiento está bien localizado sería imposible que lo detenga.
Ante esta tesitura caben dos soluciones: iniciar el movimiento antes de tiempo, lo que implica un riesgo ya
que el lanzador puede modificar la trayectoria, o utilizar estrategias anticipatorias que le posibiliten saber
de antemano las características del lanzamiento (Ortega, 2010). Es lógico que la segunda opción es más
viable, no puede limitarse el portero a esperar la salida del balón (García et al., 2003), ya que ello
supondría no poder detenerlo, más aún cuanto más próximo sea el lanzamiento (Párraga, et al. 2001). En
definitiva el guardameta debe solucionar dicho problema espacio-temporal mediante su anticipación al
lanzamiento (Bayer, 1987; Latiskevits, 1991).
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Guzmán y García (2002) consideran la anticipación en el contexto de los deportes colectivos como
aquella acción que el sujeto realiza para interponerse a un sujeto o móvil con antelación, valorando sus
capacidades, las de adversarios y la situación del juego, valorando las necesidades de la modalidad
deportiva. Esto implica en el guardameta preveer la trayectoria del balón, así como su velocidad, cuestión
que es fundamental en los deportes en los que el móvil alcanza grandes velocidades, para adecuar su
respuesta (Salvelsbergh, 2002)
También esto conlleva otro problema para el portero, el inicio del movimiento. Se intentará retrasar el
movimiento lo máximo posible hasta que el lanzador sea incapaz de modificar la trayectoria del
lanzamiento, lo que requiere el conocer la dirección previamente y no dar conocimiento de ello hasta que
el lanzamiento se inicie y no pueda ser modificado (Williams, Davids, Burwitz, y Williams, 1993; Schoerer
et al. 2007; Salvelsbergh, et al., 2005).
La parada como cualquier acción motriz, como es la parada de los porteros, podemos basarnos en el
esquema comportamental básico de Marteniuk (1976) en el que toda acción motriz se desarrolla en tres
fases: percepción, decisión y ejecución. Cabe mencionar que no son lineales, los procesos se realizan en
paralelo, pero temporalmente predominan unas sobre otras, regulando la acción. Este planteamiento se
explica por la Teoría del Proceso de la Información (Ruiz Pérez y Sánchez Bañuelos, 1997; Oña et al.
1999), que establece las mismas fases.
El primer estadio, la percepción será clave, ya que desencadena al resto y es aquella que nos da la
información clave para adaptar nuestra acción. En el modelo tradicional de procesamiento de información
para los deportes colectivos (Alberthy, 1996 y Malho, 1969) también se hace hincapié en la percepción
como desencadenante del resto del proceso, afirmando que hay interdependencia entre esta y la acción
motriz (Mann, Williams, Ward y Janelle, 2007; Williams y Ericsson, 2007). Marteniuk (1976) la define dicha
fase inicial como la capacidad de identificar y adquirir información del medio para integrarla con el
conocimiento existente. Palmi (2007) sostiene que es esta uno de los procesos psicológicos más
importantes del ser humano.
En el ámbito aplicado ya son varios los estudios que demuestran la importancia de las habilidades
perceptivas en sus acciones (Bideau et al., 2004; Debanne, 2003; García et al., 2003). Dichos estudios
señalan que el portero debe anticipar la salida de balón en función de los preíndices el lanzador (García et
al., 2003; Pascual y Peña, 2006; Shoerer, Baker, Fath y Jatner, 2007). Evidentemente, si anticipar supone
evaluar la información estimular, las cualidades perceptivas juegan un rol fundamental (Bideau, et al.,
2004; Debanne, 2003; García et al., 2003; Pascual y Peña, 2006; Shoerer et al., 2007; Speicher,
Kleinoeder, Klein, Schacck y Mester, 2006). Para que esto sea posible, debe haber una interacción
medio-individuo que le permita extraer la información necesaria del mismo e interpretarla, es decir,
percibirla.
Son fundamentales los canales sensoriales exteroceptivos, siendo el canal visual el más determinante
(Magill, 1989), por ser el que más información sobre trayectoria y velocidad ofrece. De hecho muchos
autores coinciden en que es el canal visual el que suele predominar en relación a la información sobre la
posición de los compañeros, el movimiento de los objetos y oponentes (Cutting, 1986; Schmidt, 1988;
Magil, 1989, McLeod, 1991).
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Además, será el canal visual el más determinante que permite identificar los preíndices, aquellas señales
que el sujeto emite y que dan información acerca de la acción a realizar, en nuestro caso, del
lanzamiento. Estos podrían ser la orientación del cuerpo, la posición del brazo y la posición de la muñeca,
entre otros. La correcta interpretación de los mismos será clave de cara a la respuesta anticipatoria. De
hecho Magill (1989) sostiene que es este canal el que mayor información aporta acerca del movimiento de
los objetos y sujetos.
También debemos considerar el ingente volumen de estímulos que captamos por este canal. Dado que
procesar todos ellos es imposible Dosil (2008) propone hacer una distinción estímulos dominantes (ED) y
fluctuantes (EF). Los primeros son aquellos a los que el sujeto atiende directamente y los fluctuantes son
aquellos que pueden aparece o desaparece, sin condicionar la respuesta. Naturalmente, la identificación
de los primeros resulta vital, puesto que son los que antes consideramos como preíndices y serán los que
proporcionen la información necesaria para la anticipación.
Además, cabe señalar que para identificarlos entre en juego otro aspecto central en la percepción, la
atención. Esta complementa a la visión, ya que determina la dirección. De un modo sencillo, para nuestro
interés, podemos decir que supone tomar en consideración determinada información para explotarla por
medio de la conducta motriz (Pinaud y Díez, 2009). Es decir, permite situar la visión del portero en esos
puntos clave, mejorando la eficacia perceptiva y, en definitiva mejorando el proceso motriz en su totalidad.
Si bien la capacidad perceptiva es esencial, más aún concretamente la visión, hay pocos estudios sobre
entrenamientos perceptivos en situación de práctica real (Atúnez, Ureña, Velandrino y García, 2004; Cohn
y Chaplik, 1991; Gil, Capafons y Labrador, 1998; González y García, 2000; Granda, Mingorance y
Barbero, 2004; Klavora, Gaskovski y Forsyth, 1995; Long, 1994; MacLeod, 1991). De hecho muy pocos
hay aplicados al portero de balonmano, destacando los trabajos de Antúnez y García (2008) y las
propuestas de Pascual (2006).
Hemos visto cómo el portero es un factor decisivo en el resultado de juego y la anticipación su arma más
potente que dispone en su juego. Esta se apoya esencialmente en los mecanismos perceptivos y las
habilidades visuales tienen un rol fundamental para el portero de balonmano (Plou, 1994). Sin embargo,
no solo hay pocos estudios perceptivos aplicados, sino que además los pocos que hay se han hecho en
deportistas de alto rendimiento y con latencias postexperimentales poco significativas (Antúnez y García,
2008).
Por tanto, debido a la escases de estudios aplicados para niños y las posibilidades de conseguir una
mayor latencia tras la aplicación de un programa perceptivo se realiza una propuesta de aplicación de
entrenamiento perceptivo en porteros de edades tempranas a través de diversos ejercicios y posibles
variantes, tanto exclusivas para el portero como para el trabajo conjunto de jugadores de campo y portero.
Se busca además que puedan servir como base para el desarrollo de programas perceptivos para
porteros jóvenes más estructurados.
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Muchas veces el aprendizaje deportivo en las primeras etapas tiende a centrarse en la técnica y en el
aprendizaje de automatismos. Sin embargo cuando trabajamos con niños las actividades han de ser
lúdicas, con variabilidad, significativas y lo más alejada posible de ejercicios analíticos, que suelen causar
aburrimiento entre los jugadores (Medina, 1996). Además debemos huir de planteamientos estereotipados
y de modelos exclusivamente reproductivos, favoreciendo la creatividad y la diversidad de respuestas
(Delgado Noguera, 1991).
Esto nos lleva a pensar que la mayoría de acciones motrices están gobernadas por procesos
inconscientes muy eficaces y de una velocidad trepidante. En ellos procesamos en paralelo volúmenes de
información enormes en función de su relación con el entorno y nuestros objetivos. Esto naturalmente es
una ventaja en el contexto del balonmano, y más aún cuando los tiempos de reacción son tan limitados
(Pinaud y Díez, 2009).
Pero también debemos considerar que no somos capaces de procesar toda esa información, al menos en
tan corto espacio de tiempo. De ahí que la atención visual para el portero será clave. Como ya vimos
debe saber diferenciar los estímulos determinantes que le permitan intuir la trayectoria del balón.
Además, debemos respetar el momento evolutivo del niño y su nivel de competencia, sino de nada
servirá. Para ello debemos trabajar sobre lo que la psicología cognitiva constructivista denomina zona de
desarrollo próxima, es decir, sobre un nivel que exija al niño trabajar por encima de su nivel de ejecución
actual, pero dentro de un límite asequible que el adulto, en este caso el entrenador, ayudará a adquirir.
Cualquier actividad por debajo de su nivel o muy por encima carece de sentido. Para ello previamente
estableceremos una serie de factores que determinan el nivel de complejidad y permitan adaptar las
actividades. Estos pueden ser los siguientes (Antúnez et al., 2004; Moreno, 1999):
Externos:
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‒ Utilización de estímulos que pueden ser conflictivos o confusos (por ejemplo, brazos de
defensores).
Internos:
‒ Estado socio-fisiológico.
Mediante la determinación de estos factores podremos realizar contínuums de dificultad que nos permitan
adecuar las tareas e incluso jugar con diferentes grados. Lo que nos permite cumplir las premisas de
adaptación al nivel y momento del jugador.
Finalmente, al plantear las actividades estableceremos criterios y medios específicos de evaluación, que
nos permitan determinar tanto el desempeño de los niños, así como una orientación acerca de nuestra
programación.
En definitiva, al plantear las tareas tendremos en cuenta, además de que responda a los objetivos
planteados:
Cabe señalar también que en edades tempranas no es recomendable una excesiva especialización y que
al trabajar el portero, si hay lanzamiento, el atacante también trabaja, de manera que podemos
aprovechar el mismo ejercicio para ambos (por la necesidad de lanzar a un determinado sitio por
ejemplo). Además, es conveniente valorar la utilización de material alternativo, como pueden ser los
balones de gomaespuma para reducir el miedo al balonazo, pelotas de tenis para variar el tipo e
intensidad de estímulo, o cualquier otra posibilidad de las infinitas que hay.
Así pues, se ofrece a continuación una propuesta de ejercicios que pueden incluirse en una sesión para la
mejora perceptiva del portero, así como criterios basados en los citados factores, para aumentar o
disminuir la dificultad. Los factores se han simplificado en dos categorías: relacionadas con el estímulo y
el tiempo de percepción-decisión para valorar el nivel de complejidad en las tareas.
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Propuesta de tareas
Trabajo conjunto
Tarea 1: Se da un número a todos los jugadores y se sitúan mezclándose y uno al lado del otro en línea
de 6 metros con un balón de gomaespuma, que repartiremos de dos colores. El entrenador irá gritando
números, que indicarán quién debe lanzar a portería, haciéndolo hacia la parte superior y en función del
color del balón (preferentemente no lo debe saber el portero, deberá identificarlo) lo hará hacia un lado u
otro. El portero deberá primero orientarse correctamente antes de que el jugador pueda iniciar el
lanzamiento. El mismo ejercicio se puede realizar con lanzamientos hacia la parte baja de la portería.
Factores perceptivos a modificar:
Factores a modificar Menor dificultad Mayor dificultad
- Balones más grandes - No dependencia del color para el lado.
- Solo un jugador puede lanzar. - Balones más pequeños
Relacionados con el estímulo - Lanzar con menor velocidad. - Más de un jugador arma el brazo y lanza
(velocidad, duración, intensidad, - Lanzamientos de mayor solo uno (lo dice el entrenador).
volumen…) distancia. - Posibilidad de lanzar arriba o abajo.
- Lanzamiento libre.
- Mayor o máxima velocidad de
lanzamiento.
Tiempo disponible para la - Dejar tiempo para que se - Que el portero comience de espaldas a
percepción-decisión coloque e indique que le los jugadores, modificando el momento
lancen. de lanzamiento del jugador.
- Mayor intervalo temporal entre - Menor intervalo de tiempo entre
lanzamientos lanzamientos.
- Lanzamiento en salto
Tiempo disponible para la percepción- - Mayor intervalo temporal entre - Menor intervalo de tiempo entre
decisión lanzamientos lanzamientos.
- Lanzamiento en salto. - Comienzo del portero de espaldas.
- Los jugadores lanzan de posición de
agachados (no pueden ser vistos hasta
iniciar el lanzamiento).
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Tarea 3: Lanzamientos en situación 2x1. Se juegan situaciones libres 2x1 en el extremo y lateral por
parejas fijas con puntuación, en las que los goles valen 1 punto en el lateral y 2 (Buscamos el predominio
del lanzamiento desde el extremo), mientras que el portero juega con la defensa de pareja. Cada jugada
que no termina en gol será 1 punto para ellos y si la parada es desde la posición del lateral serán 2. Al
lanzar los jugadores lo harán al palo largo. Ganará la pareja con más puntos. Posibles variaciones:
Tarea: El entrenador o un colaborador se pone delante del portero, con este un par de pasos adelantado.
El entrenador se desplazando en semicírculo, de manera que ambos simulan que está siguiendo la
jugada. El entrenador/colaborador, con balón cogido con ambas manos irá haciendo diferentes gestos
indicando así la acción que el portero debe realizar. Se puede corresponder el armado de uno y otro
brazo tanto alto como bajo con la localización del “Lanzamiento”.
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El portero de balonmano y las habilidades perceptivas: propuesta de entrenamiento en niños
Conclusiones
Como hemos comentado la importancia del portero dentro del equipo es muy alta, influye tanto en el
resultado final como en el propio desarrollo. Es necesario por tanto un entrenamiento adecuado, que
permita maximizar su rendimiento. Sin embargo, aún hay mucho por hacer respecto a su entrenamiento,
como ya se comentó más basado actualmente en la intuición y la experiencia.
Si analizamos la actuación del portero es inevitable concluir que sus intervenciones requieren de un gran
dominio del mecanismo perceptivo, ya que debe anticiparse a la trayectoria del balón, de lo contrario no
será capaz de detenerlo. Por tanto, es este el mecanismo clave a trabajar con los porteros.
Aunque es inherente que el portero entrene por la propia naturaleza de sus acciones este mecanismo,
parece crucial que se entrenen, ya que en las pocas experiencias llevadas al campo real han evidenciado
mejoras en el rendimiento durante la aplicación de los programas. El problema está en la latencia de los
mismos, al finalizar los programas el rendimiento si bien el rendimiento es mejor no es significativo.
Además, debemos considerar esas mejorías. Nos puede hace pensar que el trabajo de base debería ser
mejor, siendo probablemente la falta de entrenamiento específico en dichas habilidades la causa de esas
mejoras. A ello podemos añadir que por el momento madurativo de los niños, el trabajo sobre las citadas
debería tener efectos positivos más duraderos en el tiempo.
Si hay algo que me gustaría terminar señalando en este ensayo es la necesidad de sistematizar el
entrenamiento del portero centrado en las capacidades perceptivas, haciendo hincapié en las habilidades
visuales, tanto en jugadores adultos como, especialmente, en etapas formativas. Desde mi punto de vista
es donde el trabajo de investigación sobre los porteros debe centrarse en el futuro.
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