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Lec Humanidades

El documento analiza las ideas de Aristóteles sobre la ética y la organización social en su obra 'Ética a Nicómaco', destacando la importancia de las virtudes morales e intelectuales para alcanzar la felicidad y el orden social. También se presenta la perspectiva de Hannah Arendt en 'La condición humana', donde distingue entre 'labor', 'trabajo' y 'acción', subrayando cómo estas actividades han sido entendidas y valoradas a lo largo de la historia. Ambas filosofías abordan la relación entre el individuo y la sociedad, enfatizando la necesidad de virtudes y la naturaleza de las actividades humanas.

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Lec Humanidades

El documento analiza las ideas de Aristóteles sobre la ética y la organización social en su obra 'Ética a Nicómaco', destacando la importancia de las virtudes morales e intelectuales para alcanzar la felicidad y el orden social. También se presenta la perspectiva de Hannah Arendt en 'La condición humana', donde distingue entre 'labor', 'trabajo' y 'acción', subrayando cómo estas actividades han sido entendidas y valoradas a lo largo de la historia. Ambas filosofías abordan la relación entre el individuo y la sociedad, enfatizando la necesidad de virtudes y la naturaleza de las actividades humanas.

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1.

Elabora en tu cuaderno, tu opinión de los temas que manejas los filósofos, “El hacer” y “la condición
humana”. (extensión del texto 1 cuartilla).

El Hacer Aristóteles:
"Ética a Nicómaco" La ética Nicomaquea de Aristóteles “Ética para Nicómaco” fue escrita por
Aristóteles en el siglo IV a.C. y dedicada a su hijo Nicómaco. Consta de diez libros y su contenido
versa sobre lo que Aristóteles denomina como virtudes éticas y virtudes dianéticas dedicadas a
perfeccionar el conocimiento, así como acerca del modo de conseguir la felicidad. Está considerada una
de las obras fundamentales en que posteriormente se basó la ética occidental.

Según el filósofo, toda actividad humana tiende hacia algún fin o bien, porque supone que cada vez que
el hombre actúa lo hace en búsqueda de un determinado bien. El bien supremo es la felicidad
(eudemonismo), y la felicidad es la sabiduría (el desarrollo de las virtudes, en particular la razón).

La forma más perfecta, y a su vez irrealizable, de alcanzar la felicidad es la actividad contemplativa.


Sin embargo, este tipo de felicidad es propia de los dioses. El ser humano, debido a sus necesidades, ha
de conformarse con una felicidad limitada, consistente en la posesión de bienes corporales y exteriores
y que sin las virtudes morales no se podría conseguir.

Vivir en sociedad

Aristóteles indaga en esta obra sobre la forma en que los hombres deben organizarse para vivir en
sociedad; trata de definir las normas mínimas de conducta que los actores políticos deben obedecer
para vivir en armonía y puedan establecer un orden social, un orden antepuesto a la anarquía y la
barbarie.

El filósofo parte de la concepción del individuo como actor social primordial y productor de la realidad
social, y reconoce que el origen de los fenómenos sociales, en este caso la conflictividad de las
colectividades humanas, se encuentra en la acción y voluntad individual de los hombres y no tanto en
una entidad supraterrenal de orden divino. Para Aristóteles, es el hombre quien a través de su acción
pone en marcha los complejos procesos sociales.

En consecuencia, es en el hombre, el individuo, en el que se encuentra la respuesta de esta tendencia


hacia el conflicto y la disolución de los vínculos sociales y por lo tanto también su solución, el camino
hacia el orden social.

Aristóteles reconoce en los hombres la independencia en sus actos con la que actúan al
interrelacionarse con sus semejantes. El individuo tiene la libertad para actuar de acuerdo con sus
propios intereses, a menos que se establezcan de forma consensual una serie de normas y valores que
moldearán y guiarán la conducta de los sujetos.

Los hombres, de esta manera, en su interacción con sus semejantes, deberán hacerlo conforme a estas
reglas establecidas y reconocidas como válidas por la colectividad; reglas que le indican qué hacer y
cómo hacerlo.

Dichas reglas tendrían como objetivo primordial garantizar la convivencia armónica entre los hombres,
diluyendo o al menos reduciendo el conflicto en el interior de la colectividad. Es decir, estas reglas
serían el fundamento del orden social.
Definición del orden social

La definición del orden social no es universal, no podría serlo. Responde a las características
particulares de la colectividad humana, así como a las condiciones espacio-temporales únicas en las
que ésta se desenvuelve. Las necesidades de la colectividad determinarán las normas que rijan las
conductas de sus miembros.

En su Ética Nicomaquea, Aristóteles destaca la necesidad de crear reglas de conducta que regulen la
acción humana, garantizando la preservación de los valores que reconoce como primordiales.

La colectividad humana para la que escribe Aristóteles, y que es la referencia para su estudio, no es otra
que la polis griega, esta asociación humana característica de la Grecia Clásica. En las polis los
ciudadanos, la gente originaria de la región con derechos de propiedad sobre la tierra, eran quienes
llevaban el control de los asuntos públicos que atañían a la colectividad, a la polis. Los ciudadanos de
las polis griegas eran quienes decidían en las asambleas el curso de las acciones a tomar en pos del bien
de la colectividad.

El ciudadano modelo

Ante esta concepción, Aristóteles plantea la necesidad de formar ciudadanos modelo, individuos con
determinadas características que puedan guiar sus acciones en beneficio de la colectividad y no de
intereses egoístas individuales, tratando de establecer que el bienestar común es parte del bienestar
individual.

La definición de este ciudadano modelo es el tema principal de la Ética Nicomaquea; a lo largo del
texto, Aristóteles precisa los rasgos que debe de tener este individuo. Para la construcción del
ciudadano modelo parte de la noción de virtud (areté) definida como "no sólo una perfección moral
propiamente dicha, sino toda excelencia o perfección en general, que de algún modo es valiosa, y
contribuye por ende a plasmar un tipo mejor de humanidad".

El ciudadano ejemplar, o mejor dicho virtuoso, es la pieza esencial para la creación del orden social en
una colectividad humana con las características de la poli griega. Los actos y la conducta virtuosa de
los ciudadanos son los garantes y el punto de partida para el orden de la colectividad, son los
fundamentos del orden social.

Para Aristóteles, los actos son virtuosos en cuanto son benéficos para la asociación humana. Las
conductas que favorecen y preservan la convivencia armónica entre los ciudadanos son las que deben
considerarse como virtuosas. No hay virtud en aquellas acciones egoístas que velen solamente por el
bienestar del individuo.

Aristóteles reconoce la complejidad de la vida en sociedad y no limita su exposición de conductas


virtuosas a un decálogo de reglas, sino que redacta un manual, pleno en ejemplos, de actos y actitudes
virtuosas necesarias para la formación de ese ciudadano modelo.

En este sentido, señala una serie de virtudes dignas de alabanza que todo ciudadano debe de sembrar en
pos de este orden, como la libertad, la magnificencia, la tolerancia, lo equitativo, la justicia, la equidad,
la prudencia, la sabiduría, etc.

Vicios y virtudes
Dentro del ser humano, para Aristóteles, existen dos tipos de virtudes fundamentales. Las virtudes
intelectuales o dianéticas, dedicadas a perfeccionar el conocimiento, y las virtudes morales o éticas que
perfeccionan la forma de ser de cada persona.

Ambas expresan la excelencia del hombre y su consecución produce la felicidad, ya que ésta última es
"la actividad del hombre conforme a la virtud".

Las virtudes éticas son adquiridas a través de la costumbre o el hábito y consisten, fundamentalmente,
en el dominio de la parte irracional del alma (sensitiva) y apuntan a regular las relaciones entre los
hombres.

Las virtudes éticas más importantes son: la fortaleza, la templanza, la justicia.

Las virtudes dianéticas se corresponden con la parte racional del hombre, siendo, por ello, propias del
intelecto (nous) o del pensamiento (nóesis).

Su origen no es innato, sino que deben ser aprendidas a través de la educación o la enseñanza. Las
principales virtudes dianéticas son la inteligencia (sabiduría) y la prudencia. Aristóteles, sin embargo,
reconoce que los vicios y las pasiones asolan a los ciudadanos y ponen en peligro su conducta virtuosa
y por ende al orden social que se pretende establecer. Se da cuenta de la imperfección del hombre
(aunque no asume una actitud pesimista por lo que reconoce su perfectibilidad) que se refleja en su
tendencia hacia comportamientos que responden a sus vicios y bajas pasiones más que a la virtud.

La solución que propone es el establecimiento de leyes que obliguen a los ciudadanos a tener un
comportamiento virtuoso, bajo pena de recibir duros castigos en caso contrario, y a la promoción de la
formación de ciudadanos por medio de una educación en la que se inculque el amor a la virtud y la
justicia.

Las virtudes intelectuales

Las virtudes intelectuales suman cinco: el arte, la ciencia, la prudencia, la sabiduría y el intelecto.

1. El arte es un hábito referido a la producción y dirigido por una razón verdadera. Puesto que, toda
técnica o arte tiene como misión idear y construir, entonces, se halla dentro de lo que es objeto de
producción y va acompañado de la razón verdadera.

2. La ciencia se puede definir como necesaria y eterna, no puede ser de otra manera. Toda ciencia debe
ser enseñada y, por tanto, todo lo que conlleva debe ser aprendido. Para ello se pueden utilizar distintos
métodos como el silogismo y la inducción, lo que significa que la ciencia es demostrativa.

3. La prudencia no es una ciencia, ni un arte, ni una técnica, es una disposición racional verdadera y
práctica respecto de lo que es bueno y malo para el hombre. Esta virtud junto con el arte son las que se
ocupan de la actividad humana, según Aristóteles lo que puede ser de otra manera de cómo es. El
hombre prudente es a su vez reflexivo, pero sólo reflexiona sobre lo que puede demostrar, lo que puede
ser de otra forma. La esencia de la política y de la prudencia no es la misma, aunque correspondan a la
misma disposición. Ambas se dirigen hacia lo particular y buscan el bien para una persona o un grupo
de personas. Pero cuando la prudencia se aplica a la ciudad recibe el nombre de política, sin embargo,
si se habla de uno mismo, de un único individuo, entonces se utiliza el nombre de prudencia.
4. El intelecto es la capacidad de intuir los principios de los que parte toda demostración de una ciencia.
Estos principios o formas de conocimiento mediante las que alcanzamos la verdad, no pueden ser
objeto de demostración, simplemente se intuyen y la capacidad de intuir estos principios es el intelecto.

5. La sabiduría se atribuye a las personas más expertas en algunas artes o a las que poseen sabiduría en
general. La sabiduría se considera la forma más perfecta de conocimiento, une la ciencia con el
intelecto. Los sabios deben conocer los principios últimos y poseer la verdad sobre ellos. Se debe
distinguir claramente de la prudencia, ya que la sabiduría es un conocimiento universal de realidades
excelsas y la prudencia atiende a lo particular y concreto de los bienes humanos.

Las virtudes morales

“Las virtudes morales se desarrollan con el hábito… no las poseemos por naturaleza, y las
desarrollamos por medio del hábito… adquirimos estas virtudes ejercitándolas, al igual que ocurre con
otras artes.

Aprendemos a hacer las cosas al hacerlas: los hombres aprenden el arte de construir, por ejemplo,
construyendo, y a tocar el arpa tocando el arpa.

Asimismo, al realizar actos de justicia aprendemos a ser justos, al practicar la autodisciplina


aprendemos a ser auto disciplinados, y al realizar actos de valentía aprendemos a ser valientes”, explica
Aristóteles para quien las 11 principales virtudes morales son:

-La fortaleza es el término medio entre el miedo y la audacia.


-La templanza es el término medio entre el libertinaje y la insensibilidad. Consiste en la virtud de la
moderación frente a los placeres y las penalidades.
-La generosidad es un término medio en relación con el uso y posesión de los bienes.
-La liberalidad es el término medio prudente en todo lo relativo al dinero y la riqueza.
-La magnificencia, representa el término medio entre la ostentosidad (aquel que gasta a gran escala,
pero de modo inoportuno) y la mezquindad (aquel que piensa siempre que gasta más de lo debido)
-El amor al Honor.
- La mansedumbre, que es la virtud de los fuertes, que saben canalizar sus deseos a veces demasiado
impulsivos e impacientes, no para reprimirlos, sino para ordenarlos y sacarles el verdadero provecho.
- La afabilidad, una virtud necesaria para la convivencia, que supone gentileza, y es el término medio
entre la grosería y la adulación.
-El apego a la verdad.
-La eutrapelia, que es la virtud de saber divertir moderadamente.
-La justicia que nos orienta a amar y actuar rectamente en todas las cosas, y a dar a cada uno lo que es
debido. Hay dos clases de justicia, según Aristóteles:
- La justicia distributiva, que consiste en distribuir las ventajas y desventajas que corresponden a cada
miembro de una sociedad, según su mérito.
- La justicia conmutativa, que restaura la igualdad perdida, dañada o violada, a través de una
retribución o reparación regulada por un contrato.

Arendt: "La condición humana"

La condición humana, fue publicada por primera vez en 1958, es un libro de Hannah Arendt que trata
acerca de cómo deberían ser y han sido entendidas las "actividades humanas" a lo largo de la historia
occidental. Arendt está interesada en la vita activa (vida activa) en contraste con la vita contemplativa
(vida contemplativa) y critica que el debate haya relativizado ambos modos de vida y nos haya cegado
al respecto de ideas importantes sobre la vita activa y la forma en que se ha desarrollado. Arendt
distingue tres tipos de actividad, propias de la vida activa que son "trabajo", "labor" y "acción" y
analiza cómo se han visto afectados por los cambios en la historia occidental.

Labor

Arendt afirma que su distinción entre labor y trabajo ha sido ignorada por los filósofos a lo largo de la
historia, aunque se ha conservado en muchas lenguas europeas. La labor es una actividad humana
dirigida a satisfacer las necesidades biológicas (y quizás otras) para la autoconservación y la
reproducción de la especie.

De esta forma, ya que estas necesidades no pueden satisfacerse de una vez por todas, la labor nunca
puede llegar a su fin. Sus frutos no duran mucho; se consumen rápidamente y siempre hay que producir
más. La labor es, de esta forma, un proceso cíclico y repetido que conlleva una sensación de inutilidad,
el sinsentido. Según Arendt, en el mundo antiguo, la labor era desdeñado no porque fuera lo que hacían
los esclavos; más bien, los esclavos eran desdeñados porque realizaban una labor, una actividad inútil
pero necesaria.

En la época contemporánea, no sólo los esclavos, sino que todo el mundo ha llegado a ser definido por
su trabajo: tenemos empleos y debemos realizarlos para satisfacer nuestras necesidades. Marx registra
esta idea moderna en su afirmación de que el hombre es un animal laboran, una especie que se
distingue de los animales no por su pensamiento, sino por su trabajo, hasta ahí Arendt podría estar de
acuerdo en términos descriptivos. Pero, a continuación, Marx se contradice al prever un día en que la
producción permitirá al proletariado liberarse de las cadenas de sus opresores y quedar completamente
libre del trabajo. Según el argumento del propio Marx, esto significaría, en último término, que los
humanos dejarían de ser humanos.5 En este sentido, la preocupación de Arendt estriba en que, si la
automatización nos permitiera liberarnos del trabajo, la libertad no tendría sentido para nosotros sin el
contraste con la necesidad inútil que proporciona el trabajo. Debido a que, en general, nos definimos
como personas que tienen un empleo y hemos relegado todo lo que no sea laboral a la categoría de
juego y meros pasatiempos, nuestras vidas se volverían triviales para nosotros sin el trabajo.

Trabajo

El trabajo, a diferencia de la labor, tiene un principio y un final claramente delimitados. El trabajo


confecciona objetos duraderos, como herramientas, en lugar de objetos de consumo. Estos objetos
duraderos pasan a formar parte del mundo en el que vivimos, con relación al ser humano, terminan
poblando el mundo de objetos que son útiles y se suman al entramado social en que humanos hacen
cosas con ellos y también "cuentan" con ellos para existir. El trabajo implica una cierta violencia o
violación en el que el trabajador interrumpe la naturaleza para obtener y moldear materias primas. Por
ejemplo, se tala un árbol para obtener madera, se extrae la tierra para obtener metales o se deforesta un
territorio para la creación de casas.

El trabajo, tal como lo entiende Arendt, comprende todo el proceso de creación, esto es, desde la idea
original del objeto, pasando por la obtención de la materia prima, hasta el producto terminado. Así, el
proceso de trabajo está determinado por las categorías de medios y fines. Arendt piensa que pensar en
nosotros mismos principalmente como trabajadores conduce a una especie de razón instrumental, en el
que es natural pensar en todo como un medio potencial para algún fin posterior.
El utilitarismo, afirma Arendt, se basa en la incapacidad de distinguir entre "para" y "por el bien de". La
mentalidad de homo faber se hace aún más evidente con la "confusión" en la economía política
moderna cuando la antigua palabra "valor", todavía presente en Locke, fue reemplazada por la de "
valor de uso " a diferencia del " valor de cambio " por Marx.

Marx también pensó que la prevalencia de este último sobre el primero constituía una de las falencias
fundamentales del capitalismo. La sustitución de la noción de "valor de uso" por la de "valor" en el
discurso económico, marca el comienzo de la desaparición de una noción de un tipo de valor que es
intrínseco, en contraposición al valor, que es la cualidad que una cosa nunca puede poseer
independientemente de sus relaciones con otras cosas y, por lo tanto, depende del "valor de mercado".

NOTA: Homo faber: es una locución latina que significa "el hombre que hace o fabrica". Se usa
principalmente en contraposición a Homo sapiens, la denominación biológica de la especie humana,
locución también latina que significa "el hombre que sabe".

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