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Monografia 2

El sistema óseo humano, compuesto por 206 huesos en la adultez, proporciona soporte, protección de órganos, movimiento y producción de células sanguíneas. Este documento describe la estructura de un hueso, incluyendo su anatomía externa e interna, así como la médula ósea y su importancia en la hematopoyesis. Además, se aborda el crecimiento y la remodelación ósea, destacando la dinámica de los osteoclastos y osteoblastos en estos procesos.

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Monografia 2

El sistema óseo humano, compuesto por 206 huesos en la adultez, proporciona soporte, protección de órganos, movimiento y producción de células sanguíneas. Este documento describe la estructura de un hueso, incluyendo su anatomía externa e interna, así como la médula ósea y su importancia en la hematopoyesis. Además, se aborda el crecimiento y la remodelación ósea, destacando la dinámica de los osteoclastos y osteoblastos en estos procesos.

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introducción

El sistema óseo del ser humano está conformado por 206 huesos en la etapa adulta,

los cuales, junto con los músculos, ligamentos, tendones y articulaciones,

conforman el aparato locomotor. Este sistema no solo proporciona soporte y forma

al cuerpo, sino que también cumple con funciones esenciales relacionadas con el

metabolismo mineral, la protección de órganos vitales, el movimiento y la

producción de células sanguíneas.

Los huesos han sido objeto de estudio desde tiempos antiguos. Galeno, en el siglo

II d.C., ya describía la importancia de su estructura y función, mientras que en la

actualidad, gracias a los avances de la anatomía y la histología, se sabe que los

huesos no son estructuras rígidas e inertes, sino órganos dinámicos que se

encuentran en constante remodelación. Cada hueso está constituido por varias

capas, tejidos y elementos internos que trabajan de manera integrada.

El presente trabajo tiene como objetivo describir la estructura de un hueso,

dividiendo el estudio en tres grandes apartados: la anatomía externa, que abarca

las partes visibles y macroscópicas de un hueso largo; la anatomía interna, que

explica los dos tipos de tejido óseo que lo conforman; y la médula ósea, un tejido

vital que participa en la formación de la sangre y en el mantenimiento del equilibrio

fisiológico del organismo.


Anatomía externa de un hueso largo

Los huesos presentan una gran diversidad de formas y tamaños, adaptadas a sus

funciones específicas. Entre ellos, los huesos largos constituyen un grupo

fundamental, pues permiten el movimiento gracias a la acción de las pal ancas

musculares y soportan gran parte del peso corporal. Ejemplos clásicos de huesos

largos son el fémur, la tibia, el húmero y el radio.

Un hueso largo presenta varias partes externas claramente diferenciadas:


La diáfisis o cuerpo

La diáfisis corresponde a la porción central y alargada del hueso. Tiene una forma

cilíndrica o tubular, lo cual le otorga la capacidad de resistir fuerzas de tensión y

compresión. Está formada principalmente por hueso compacto, lo que le co nfiere

rigidez y resistencia.

En su interior se encuentra la cavidad medular, un espacio hueco donde se aloja la

médula ósea, encargada de la producción de células sanguíneas y del

almacenamiento de grasa. Esta cavidad también cumple la función de reducir el

peso del hueso, evitando que sea macizo y pesado.


Las epífisis o extremos

Las epífisis son los extremos del hueso

largo, que se encuentran en los polos

proximal y distal. Estas partes presentan

una forma más ensanchada y esférica en

comparación con la diáfisis, lo cual facilita

la articulación con otros hue sos.

En su superficie se encuentra el cartílago

articular, un tejido liso y flexible que

recubre las superficies articulares. Este cartílago cumple funciones mecánicas

esenciales: disminuye la fricción en los movimientos y absorbe impactos, evitando

el desgaste prematuro del hueso.

En su interior predomina el hueso esponjoso, con abundantes trabéculas óseas que

albergan médula ósea roja, activa en la producción de células sanguíneas.

La metáfisis

Entre la diáfisis y las epífisis se ubica la metáfisis, una región de

transición que resulta de gran importancia en la etapa de

crecimiento. En ella se encuentra la placa epifisaria o cartílago

de crecimiento, una zona que permite el alargamiento del hueso

hasta que se alcanza la madurez esquelética. En la edad adulta,

esta placa se osifica y forma la llamada línea epifisaria.

El periostio
Cubriendo la superficie externa de los

huesos, excepto en las zonas articulares, se

encuentra el periostio, una membrana

fibrosa y altamente vasculari zada. Este

tejido cumple varias funciones:

• Nutre al hueso gracias a sus vasos sanguíneos.

• Participa en el crecimiento en grosor del hueso.

• Favorece la reparación en caso de fracturas, ya que contiene células

osteoprogenitoras que se transforman en osteoblastos.

• proporciona inserción a músculos, tendones y ligamentos.

El endostio

De manera complementaria al periostio, la superficie interna del hueso, que

recubre la cavidad medular, está tapizada por una delgada membrana llamada

endostio. Este tejido también contiene células formadoras de hueso y participa en

los procesos de remodelación ósea.


Anatomía interna del hueso

El hueso, en su interior, no es homogéneo. Está constituido por dos tipos de tejido

óseo, que aunque comparten los mismos componentes químicos (colágeno, sales

de calcio y fosfato), presentan diferente organización estructural y cumplen

funciones complementarias:

Hueso compacto o cortical

El hueso compacto es la capa externa más densa y

sólida del hueso. Se caracteriza por su disposición

en sistemas organizados denominados osteonas o

sistemas de Havers, formados por laminillas

concéntricas de matri z ósea alrededor de un canal

central por donde pasan vasos sanguíneos y nervios.


Su función principal es brindar soporte, resistencia y protección, siendo la parte

del hueso encargada de soportar la mayoría de las cargas mecánicas. Se encuentra

en mayor proporción en la diáfisis de los huesos largos.

Hueso esponjoso o trabecular

El hueso esponjoso se localiza principalmente en el interior de las epífisis y en el

centro de huesos cortos y planos, como las vértebras y las costillas. Está compuesto

por una red de finas trabéculas óseas interconectadas, que crean espacios

irregulares en cuyo interior se aloja la médula ósea.

Aunque menos denso que el hueso compacto, su disposición en forma de malla le

permite distribuir de manera uniforme las cargas y actuar como un amortiguador

frente a los impactos. Además, es esencial para los procesos hematopoyéticos, ya

que en sus cavidades se encuentra la médula roja.


La médula ósea y su importancia

Dentro de la cavidad medular de los huesos largos y en los espacios del hueso

esponjoso se encuentra la médula ósea, un tejido blando y vital para la vida.

Tipos de médula ósea

Médula ósea roja:

Rica en células madre hematopoyéticas, responsables de la hematopoyesis,

proceso por el cual se generan los elementos formes de la sangre: glóbulos rojos

(eritrocitos), glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas (trombocitos). Esta médula

es predominante en la infancia y en la vida adulta se localiza en huesos como el

esternón, las costillas, las vértebras, la pelvis y las epífisis de algunos huesos

largos.
Médula ósea amarilla:

Contiene principalmente adipocitos (células grasas) y funciona como una reserva

energética. Con la edad, gran parte de la médula roja se transforma en amarilla,

aunque en casos de necesidad extrema (como hemorragias severas o enfermedades

hematológicas), la médula amarilla puede volver a convertirse en roja para

aumentar la producción de células sanguíneas.

Importancia de la médula ósea

La médula ósea es fundamental para la vida, ya que sin su función hematopoyética

no sería posible la renovación constante de la sangre. Además, interviene en la

regulación del sistema inmune y en el mantenimiento del equilibrio fisiológico del

organismo. Por esta razón, enfermedades que afectan la médula ósea, como las

leucemias o aplasias medulares, ponen en riesgo la vida del paciente y requieren

tratamientos especializados como el trasplante de médula ósea.


Crecimiento y remodelación ósea

El hueso crece en longitud gracias a la placa epifisaria y en grosor gracias al

periostio. A lo largo de la vida, los huesos experimentan remodelación, un proceso

de resorción y formación constante llevado a cabo por osteoclastos y osteoblastos.

Este proceso permite la reparación de fracturas, la adaptación a esfuerzos

mecánicos y la regulación del metabolismo mineral.

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