Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral.
Manuel Belgrano”
ORATORIA
-SARGENTO PRIMERO-
CICLO LECTIVO 2024
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Unidad N° 1:
1. Oratoria – Presentación – Conceptos principales
Oratoria es el mecanismo de comunicación más empleado por los seres
humanos en todos los espacios donde nos desenvolvemos, es decir, los
campos familiares, académicos o profesionales.
Casi siempre recurrimos a la palabra hablada para emitir mensajes cuya
intención reforzamos con gestos, entonación, intensidad y ritmo, elementos
que forman parte de la Retórica, fundamento de la oratoria.
Pero, mientras el orador profesional se ha preparado para usar esos recursos
retóricos de manera consciente, quienes no son expertos en la materia lo
emplean de forma empírica, natural y sin consciencia de todo su potencial y su
capacidad oratoria.
Y si agregamos que las personas desean mejorar su habilidad para
comunicarse porque saben que para conseguir las cosas que necesitan tienen
que negociar de alguna manera, lo cual envuelve un contacto eficaz,
entonces veremos que la oratoria más allá de un curso práctico es una
necesidad porque hablar y comunicarnos es lo que haremos por el resto de
nuestras vidas. La oratoria no es para aplicarla cuando hablas ante un gran
auditorio solamente, sino en todo momento.
El objetivo de lo oratoria suele ser persuadir; por eso, se diferencia de la
didáctica (que busca enseñar y transmitir conocimientos) y de la poética
(intenta deleitar a través de la estética).
La oratoria, por lo tanto, pretende convencer a las personas para que actúen
de una cierta manera o tomen una decisión. Por ejemplo: "La oratoria del
vendedor me convenció y terminé llevándome tres pares de zapatos", "Mi tío
tiene una gran oratoria, por eso trabaja en el área de las relaciones públicas".
Pero aclaremos, persuadir no es manipular, manipular es obtener del otro una
determinada respuesta a través de subterfugios y en dónde lo único que
importa es la satisfacción de nuestros propios intereses.
La persuasión, en cambio, es un medio por el cual las personas colaboran
unas con otras en la conformación de sus versiones de la realidad, privadas o
compartidas. Entraría cambios recíprocos en actitudes y conductas.
La persuasión convence a la razón y mueve a la voluntad. Los propósitos
generales de la persuasión son: motivar, convencer y refutar; conforme a ellas
surgen los discursos persuasivos de motivación, de convicción y de refutación.
La influencia de la comunicación está presente en todas nuestras actividades
cotidianas, pero destaca la trascendencia que han logrado los grandes líderes
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
con sus ideas, decisión y convencimiento, que cambiaron las formas de
pensar y actuar de muchos hombres y mujeres.
Ese poder que por medio de símbolos verbales y comportamientos no
verbales influye en la vida de las personas y las sociedades se le conoce
como persuasión.
La oratoria puede definirse como el arte de hablar con elocuencia, o
también como el arte de hablar en público. La finalidad de la oratoria es
apoyar a las personas para que puedan transmitir un mensaje de forma
ordenada con el objetivo de informar, de persuadir o de conmover a su
auditorio.
Características
La Oratoria presenta características que varían de acuerdo a algunos aspectos.
1. Según el Orador:
* Conocimiento: tener el mayor conocimiento sobre el tema que escogerá para
ser manifestado.
* Integridad: el orador debe ser íntegro.
* Confianza: el orador debe tener plena confianza de sí mismo.
* Destreza y Habilidad: un orador debe tener destreza y habilidad frente a su
público.
2. Según el punto de vista físico:
* La voz: pues definitivamente debemos de hacer uso de un adecuado timbre
de voz.
* El cuerpo del orador: tener una postura correcta, estar vestido
adecuadamente y utilizar gestos y mímicas acorde con las palabras que
pronunciamos.
3. Según el punto de vista Intelectual y emocional:
* Clara y Entendible: la oratoria se debe de manifestar de manera clara,
entendible y precisa para un mayor éxito comunicativo.
* Impactante y fácil de recordar: la oratoria necesariamente debe ser
impactante para captar la atención del público y de ésta manera les sea fácil
de recordar. -
* Conmovedora y Persuasiva: debe ser conmovedora, transmitir al público la
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
* Posición de tu tema tratado. Por otro lado persuasiva, porque debes convencer
al público de tus argumentos.
* Entretenida: no aburrir al auditorio.
2. El Orador
La Trilogía Oratoria (Orador-Discurso-Auditorio) tiene al Orador en uno de sus
vértices. El Orador es uno de los polos que, en el campo de la elocuencia,
debe atraer al auditorio.
Para facilitar esa atracción, será primordialmente necesario que, además de sus
aptitudes naturales, el Orador posea un mínimo de condiciones cultivables que
pueden clasificarse en:
1) Físicas.
2) Intelectuales.
3) Morales.
Condiciones físicas
Es una afirmación universalmente admitida que las primeras impresiones
son las que más perduran.
No cabe duda, entonces, de que el orador no deberá descuidar su
presentación personal si no quiere correr el riesgo de un fracaso, ya que la
primera belleza de su discurso residirá en su persona física. Esto no quiere decir
que el orador deba ser físicamente hermoso, ya que abundan los ejemplos de
oradores feísimos, como Sócrates, que logran fascinar a su público con el
resplandor relampagueante de sus miradas. Vence en tales casos "la belleza del
feo", paradoja estética y psicológica que, por la ley de las compensaciones y
de los contrastes, hace refulgir doblemente la armonía interior o la personalidad
del orador.
Debe estar descansado (el cansancio y la fatiga restan dinamismo);
convenientemente vestido (con prendas que no opriman ni dificulten los
movimientos naturales del cuerpo, sin colores exagerados ni prendas
estrafalarias o mal colocadas); bien peinado y limpio (el desaliño del orador
impresiona desfavorablemente al auditorio); afablemente expresivo (la
expresión facial comunicativa, no adusta ni hosca). La sonrisa del orador es
calor que ablanda al auditorio y lo predispone favorablemente al
establecimiento espontáneo de una corriente de cordialidad y simpatía.
Como la oratoria se ocupa de la palabra oral, para manifestarse necesita del
aparato de fonación humano, instrumento musical riquísimo por su gama de
tonalidades, cuyos sonidos desde los agudos hasta los graves-, diestramente
articulados, prestan relieve y colorido a las ideas expresadas.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Cualquiera sea la categoría de la voz, una gimnástica vocal con ejecución de
determinados ejercicios es conveniente.
Comenzar el discurso en tonos de altura e intensidad modestas, destacando
las palabras lenta y claramente. Acostumbrar a los oyentes al timbre de la voz.
Variar la rapidez de la disertación. Hablar con lentitud cuando se efectúen
razonamientos y rápidamente cuando se realicen exhortaciones.
Cambiar de tono cuando se quiera recalcar algo importante o formular
confidencias al público. No gritar jamás ni bajar demasiado la intensidad de
los sonidos.
Es importante que el buen orador no incurra en vicios de articulación o
pronunciación. Cualquier falta de pronunciación (vicios ortológicos o
prosódicos) puede producirse por: a) aumento indebido de sonidos
(conyuntura, por coyuntura, etc.); b) supresión indebida {aluno, por alumno,
etc.); c) cambio indebido (rondana, por roldana, etc.); d) traslación indebida
(dentrífico, por dentífrico, etc.); e) acentuación indebida (cállensen por
cállense, etc.).
No basta la voz al Orador. Otros órganos contribuyen al discurso. En primer
término, los ojos. Además, los brazos -y especialmente las manos- y, por último,
todo el cuerpo.
El auditorio no se contenta con escuchar; también desea saber qué juicio
sustenta el orador acerca de sí mismo y si está convencido, cómo y hasta
qué punto, de lo que dice.
Un orador frío, rígido puede no suscitar sintonía y mucho menos sugestión, ya
que la acción es necesaria para la elocuencia y es imprescindible que sea
moderada para no excederse, por lo cual la mímica, si bien es casi siempre fruto
de actividad impulsiva y hasta inconsciente, puede a veces ayudar al orador
en el estudio preventivo de los gestos de que debe acompañarse.
Es válida la aplicación de los siguientes consejos:
“No mantener, mientras se habla, un rostro inexpresivo; cuidarse de no caer en
el exceso de muecas.
“Sonreír cuando se diga algo gracioso, ya que la risa y la sonrisa exteriorizan
emociones muy comunicativas. También la seriedad cuando las
circunstancias lo requiera.
“Mirar siempre bien de frente al auditorio. Hundir la mirada en los ojos de
quienes escuchan. Cada uno de los oyentes se sentirá contemplado
personalmente y se ejercerá una atracción magnética.
“No efectuar ademanes angulosos (geométricos), ni demasiado rápidos
(chaplinescos), ni demasiado multiplicados (aspaventosos), ni demasiado
imprudentes (no volcar la jarra de agua en un impulsivo movimiento de
elocuencia), ni demasiado nerviosos (recordar que la nerviosidad es
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
comunicativa y se apodera de los oyentes con rapidez), ni tampoco
estereotipados (repetidos incansablemente a lo largo de un mismo discurso).
“No hacer el gesto después de haber anunciado el pensamiento: este es un
medio de provocar la risa bien conocido por los actores cómicos. El ademán
debe preceder imperceptiblemente a la palabra que se quiere recalcar, y
acompañarla luego mientras dura.
“Cuidarse de los tics inconscientes. No hacer sonar los dedos, ni comerse las
unas, ni hacer movimientos innecesarios.
“No gesticular todo el tiempo, porque los ademanes perderían fuerza. En
los momentos de reposo cruzar los brazos o no gesticular más qué con una
mano; colocar las manos en los bolsillos del saco (nunca del pantalón) o
unirlas por detrás de la espalda.
“Si se habla de pie, no caminar de un extremo a otro de la tribuna. Tampoco
permanecer inmóvil durante un discurso de una hora. Son admisibles algunos
leves desplazamientos del orador. No volver jamás la espalda al público. La
postura de pie se presta para las sonoras emisiones de voz y los grandes períodos
ante público numeroso, mientras la posición sentada-al dificultar los ademanes
de los brazos y las manos- favorece la calma de las conferencias y las charlas
ante auditorios reducidos.
“Cualquiera sea la posición que se adopte, no apoyarse desgarbadamente
ante la mesa que se pueda tener delante cuando se hable.
“Efectuar correctamente el lenguaje gestual:
a) Si se habla de Dios o del cielo: levantar verticalmente el brazo derecho con
el índice extendido.
b) SÍ se dirige al público: señalarlo con el dedo, tendiendo el brazo en toda su
longitud y echando el cuerpo hacia delante.
c) Contar los dedos cuando se haga una enumeración.
d) SÍ se considera el pro y el contra: esbozar con ambas manos un ademán de
balanza (por una parte..., por otra parte...).
e) Para desafiar: agitar a la altura de los ojos el puño cerrado.
f) Para afirmar solemnemente: hacer el gesto del juramento, con la mano
extendida a la altura del pecho.
g) La palma de la mano con los dedos unidos es útil pues ejerce una sugestión
sorprendente sobre el auditorio. El público se siente dominado por la mano
del orador, abierta frente a él.
h) Para anunciar algo importante: advertirlo al público con el índice tendido
verticalmente a la altura de la nariz.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
i) Para sugerir el encuentro, la unión: juntar las manos y mantenerlas unidas un
instante.
Condiciones intelectuales
Así como no se puede ser orador sin poseer naturalmente un mínimo de
condiciones físicas, tampoco se puede ambicionar el honor de la elocuencia
sin poseer el mínimo conjunto de: a) cultura; b) memoria; c) persuasión.
a) Cultura: Todo orador que anhele ser convincente tiene que mantenerse bien
informado, leer mucho, escuchar y, sobre todo, "meditar" de tal manera que
cuanto exponga no sea sólo derivación de lo que alguien le haya dicho o
enseñado, sino que provenga de su estudio, análisis y experimentación.
De la manera eficaz con que logre aplicarse a tales actividades dependerá
que otras personas acepten como verdad lo que él les diga, porque
supondrán que anteriormente el Orador habrá hecho los estudios y
confrontaciones pertinentes.
En cambio, si por falta de lecturas o de meditación el orador induce a sospechar
de él, se desacreditará prontamente y perderá el aprecio y la fe de su auditorio.
El pensamiento discursivo es un proceso de selección cuya organización tiene
por objeto que el hombre pueda concebir y valorar las ideas, y determinar
mejor las grandes finalidades de la vida.
En cambio, el pensamiento confuso, indefinido e incierto, no opera en forma
aclaratoria y conclusiva y, por lo tanto, jamás llega a una finalidad determinada
de carácter constructivo.
Pensar debe ser, pues, el acto precedente a la comunicación oral, para lo cual
el orador cabal debe liberar su mente del pernicioso tutelaje de las ideas
preconcebidas o de las creencias, acostumbrándose a repensar los
conceptos, ya que 'pensar no es una función del grupo, sino del individuo" y
creer sin análisis es hipotecar la libertad del pensamiento.
Únicamente así el Orador será realmente original y, convincentes sus
afirmaciones- Quien dice sólo lo que otros han pensado se convierte en un
intermediario sin poder alguno para persuadir.
La persona que pretenda ser buen orador intentará desarrollar su capacidad
de análisis para fundamentar sus propias opiniones acerca de una idea, para
comprenderla convenientemente y transmitirla con expresión dinámica, es
decir, con frase amplia, transparente, sonora, fluida y hasta ampulosa, pero
clarísima, no oscura, sino debidamente explicativa y, en la medida de lo
posible, impresionante.
b) Memoria; La memoria es la más importante de todas las funciones psíquicas.
Sin memoria, no existe nada en la inteligencia: ni imaginación, ni juicio, ni
lenguaje, ni conciencia. La memoria es la piedra angular del edificio
intelectual.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
La persona media no emplea más que el diez por ciento de su verdadera
capacidad heredada para la memoria, pues malgasta un noventa por ciento
por violar sus leyes naturales.
¿Y cuáles son esas leyes naturales de la memoria que el hombre medio
viola? Sólo tres y muy sencillas: la concentración, la repetición y la
asociación.
Para lograr una impresión honda y duradera se necesita "la concentración"
que aparta de "la atención" todo otro asunto ajeno a la materia que se desea
recordar.
Aquellos que no aprovechan la lectura para documentar el desarrollo de sus
temas son quienes leen distraídamente. Mientras sus miradas epidérmicas
resbalan por encima de las páginas, sus mentes están absortas por el
pensamiento de otras cosas.
Sin que resulte infalible, un poderoso instrumento para lograr que lo leído quede
grabado en la memoria como sobre una lámina de acero suele ser el método
de la lectura en voz alta.
"La repetición", segunda ley natural de la memoria, es un procedimiento que
ayuda a grabar en ella una palabra, una frase, una fecha, una idea, etc., lo
cual, para que sea efectivo, es conveniente que se realice sin precipitaciones y
con la mente libre de preocupaciones o impaciencia. Pero el simple repetir,
ciego y mecánico, de una cosa no es suficiente. La repetición inteligente, la
repetición efectuada de acuerdo con ciertos rasgos bien establecidos del
cerebro, eso debemos hacer. Por ejemplo: un profesor dio a sus estudiantes una
larga lista de palabras que carecían de sentido, para que las aprendieran de
memoria: "deyus, "qoH", etc. Y descubrió que estos estudiantes aprendían igual
cantidad de palabras con treinta y ocho repeticiones, efectuadas en tres días,
que con sesenta y ocho, cuando las hacían de una vez.
Agrega Carnegie (1953:97): Este es un hallazgo muy significativo con respecto
al funcionamiento de nuestra memoria. Quiere decir que sabemos ahora que
el individuo que se sienta y repite una cosa una y otra vez hasta que por fin la
fija en su memoria} está gastando el doble de tiempo y energía que se
necesita para obtener el mismo resultado cuando se divide el proceso de la
repetición en sensatos intervalos.
Cuando un Orador habla ante un auditorio, las oportunidades para distraerse
son muchas, pero, si su memoria está bien organizada, su esfuerzo mental
recibirá un gran alivio.
Para ello, el Orador debe cultivar la memoria de ideas también llamada
“asociación”y de las relaciones afines que estas tienen con otras. Esto no quiere
decir que el Orador deba recargar su memoria excesivamente con frases, citas,
definiciones y expresiones textuales, pues cuanto más la fatigue con el esfuerzo
por retener las palabras y las frases de otros, más reducirá la memoria de ideas
y pensamientos propios.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Para lograr que una sucesión de hechos o de ideas se retenga sin fatiga en la
memoria, siempre resultará muy útil asociar ese conocimiento con otros
anteriormente adquiridos, mediante una serie de preguntas tales como: ¿por
qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿quién lo dijo?, efectuadas a uno mismo.
c) Persuasión: No es lo mismo convencer que imponer. El ser insociable
posiblemente domine en algunos casos, pero no convence. Mas téngase
presente que la persuasión no depende únicamente de la lógica, ya que el
convencimiento sólo se produce atando se reconoce la influencia del
Orador,
Para lograrla en ocasiones de hablar ante el público, no se escatimarán
esfuerzos por presentar las ideas sin lastimar susceptibilidades. No es fácil
persuadir cuando lo que se transmite, defiende o propone -lo nuevo- se
contrapone con los principios o temores de los oyentes. Para granjearse el
interés del auditorio y obtener la colaboración de sus oyentes, a fin de que
abandonen sus propias posiciones para adoptar, en cambio, las que el Orador
propone, es preciso que, con habilidad, el Orador realce los detalles y las
características que comprendan alguna razón o beneficio ventajoso que
alcance al auditorio, ya que nada interesa tanto a las personas como lo que se
refiere a sus propios intereses.
Si durante el desarrollo de alguno de los temas de su exposición las
circunstancias lo enfrentaran con un opositor, especialmente durante algún
debate, todo Orador ganaría si tuviese presente detalles como los siguientes:
- Cuando algún Opositor tome la palabra, el Orador escuchará cortésmente,
tratando de demostrarle que lo hace con atención.
- Ser tolerante. Acostumbrarse a sentir simpatía por el derecho que tienen los
demás a expresar una opinión, aunque no coincida con sus puntos de vista; así
ganará muchísimo en la consideración de sus oyentes. Además, esta actitud
suavizará la resistencia que su contendor pueda ofrecerle y que aumentaría si
el Orador se mostrase beligerante y no comprensivo.
- Pero, si fuese inevitable hacerle comprender su falsa posición, el Orador
echará mano de una pregunta adecuada para que aquel se rectifique o se dé
cuenta de su error: ¿cómo?, ¿por qué?,
¿haría usted lo mismo?, ¿cree usted sinceramente en eso?, ¿lo desearía para los
suyos?, ¿lo vio usted?, ¿quién lo dice?, ¿empleó las mismas palabras que usted
usa?
- Estas y otras preguntas hábilmente construidas y aplicadas harán volver
sobre sus pasos al que se extravió del sendero. El Orador recordará que, con una
persona intransigente, se debe tener mucha paciencia y tacto y, en este
sentido, la pregunta hábilmente dirigida tiene un gran valor, ya que puede servir
de instrumento para obtener de inoportunos replicantes una disposición
simpática a fin de cooperar en el desarrollo del tema, hacia la meta deseada
por el Orador.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
- Por ello, nunca el Orador tendrá actitudes desdeñosas hacia los replicantes,
sea cual fuere el motivo de la discrepancia. No olvidará que cuando alguien
muestra algún desprecio hacia sus semejantes pierde autoridad y los demás se
ponen en guardia para rechazar cuanto diga. Recordará que nada cuida tanto
el ser humano como su amor propio y dignidad, y que quien menosprecia a una
persona no hace sino azuzarla para que pelee y avive su ardor bélico.
- Cuando, a su turno, el Orador deba contrarreplicar en un debate, jamás se
precipitará. La impaciencia y la nerviosidad causan mala impresión en los
oyentes y, además, el pensamiento caprichoso, precipitado o fortuito, impuesto
por la emoción del momento, no es el más fecundo y poderoso. Nada es más
perjudicial al juicio recto y reflexivo que la indisciplina mental.
- Nunca levantará la voz para ganar un punto de discusión. Quien lo hace
sólo consigue demostrar que la nave de su raciocinio se está hundiendo y que
sus gritos muy bien pudieran equivaler a los que profiere el náufrago cuando
pide socorro. No olvidará el Orador, además, que los espíritus timoratos o
condescendientes parecen someterse al expositor arrogante o desaforado,
pero que los de disposición consciente se resisten porque no aceptan las
imposiciones. Quien se alborota y se enoja al discutir está demostrando que no
tiene razón.
- No olvidará, finalmente, que las ideas no arraigan por la violencia. Si en su
fuero interno el hombre las repudia, no hay fuerza humana que lo haga variar
de opinión. En cambio, si se lo invita a examinarlas libremente y tiene
oportunidad de oponerle reparos, se mostrará más accesible a aceptar la que
se le propone.
Condiciones morales
Verdad-Entereza-Sensibilidad-Cortesía-Modestia
Nada defrauda tanto las expectativas de un auditorio como escuchar a un
Orador cuyas ideas o pensamientos no son propios o representan
especulaciones mercenarias o sospechosas.
En cambio, ningún mensaje invade más hondo el espíritu, ninguno enlaza más
cordialmente al Orador con sus oyentes como aquel que se expresa con
honradez, probidad y verdad. Es que la más alta plataforma de la elocuencia
es el sentimiento moral.
Un Orador que desea triunfar y dominar a su auditorio debe sentir lo que dice
y estar convencido bajo toda prueba de lo que expone. Debe moverse al
impulso de su propia convicción si quiere persuadir a sus oyentes.
Por eso, el Orador se esforzará por ser exacto y leal a sus convicciones, y
dejará que ellas lo inspiren. No puede haber elocuencia eficaz si no hay
verdad en el discurso.
Lo indeciso, lo vago e impersonal y generalizado es dudosamente cierto y tiene
poco poder para impresionar y convencer.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Cuando el Orador efectúe afirmaciones para convencer a su auditorio,
acreditará cuanto exponga ilustrando con ejemplos y casos específicos,
asegurándose de que todo el material que haya reunido para sus discursos
procede de fuentes insospechables, tanto por su seriedad y exactitud como por
estar libre de influencias supersticiosas y prejuicios.
No fue por cierto esta la opinión de los sofistas, o acostumbrados a demostrar
indiferentemente la verdad o el absurdo de las mismas cosas -dice Majorana
(1943)", pero el lenguaje honesto es mucho más grato a las gentes que prefieren
tener delante de sí a un hombre que sea, o parezca ser, virtuoso, y que proclame
cosas virtuosas y consideradas como tales.
La serenidad\ ese equilibrio del espíritu que se precisa para hablar en público,
es una de las cualidades más preciosas de la personalidad, e indispensable para
el Orador cuando este trata de convencer a su Auditorio.
La serenidad, así, es un atributo del espíritu, mediante el cual este se protege
contra la influencia de las excitaciones impulsivas que podrían entenebrecerlo
con ofuscaciones y arbitrariedades, y se logra a través de una práctica
metódica y consciente de autodominio, que permite al espíritu contenerse,
reprimirse y equilibrarse para llegar, por el camino más directo y seguro, a la
espontánea adhesión de los demás. Cuántas veces impresiona tan bien un
rasgo de buen humor y serenidad que el Auditorio cambia de actitud y todo el
clima interno se transforma.
Para lograr ese dominio de uno mismo y controlar las propias emociones,
para obtener, al hablar, un sentimiento de seguridad y la serenidad, el buen
Orador tiene que tener presente ciertas recomendaciones, especialmente
cuando fuera replicado:
¢ Ahuyentar toda emoción inhibitoria: tal tipo de emociones embarazan el
razonamiento discursivo.
¢ Aflojar los nervios y relajar los músculos, especialmente los del pecho, de la
espalda y del cuello, como se dice que hacía W. Churchill toda vez que
hablaba en el Parlamento británico y sus opositores lo atacaban. Su
inmutabilidad los exacerbaba a tal extremo que, cegados por la ira, pronto
debilitaban sus argumentos y permitían un efectivo contraataque. ¢ Antes de
hablar, realizar una inspiración profunda,
¢ Dominar el impulso de decir lo primero que acuda a la mente,
¢ Al contestar la réplica o al contrarréplica^ bajar el tono de la voz y hablar con
más lentitud que de costumbre.
¢ Dejar que los sentimientos y las emociones operen en su replicador y actuar
bajo la influencia esclarecedora de un razonamiento lógico.
¢ Si el Opositor introduce en la discusión alguna idea o referencia inaceptable,
dejar que continúe exponiéndola sin interrupción. Si su argumentación es pobre
y no influye debidamente en los Oyentes, perderá interés en proseguir su
exposición al comprender que sus puntos de vista no hallan eco en los demás.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Pero el Orador no lo disminuirá, aprovechando su derrota. No olvidará que
nadie quiere sentirse inferior a los demás y recordará, en cambio, que la
discusión, en sí, nada resuelve, aclara o satisface. En consecuencia, el Orador
no apabullará a su replicador con las evidencias de su error, pues sólo
conseguirá de esa manera acrecentar la distancia. Por el contrario, acercará a
su Opositor con su comprensión y ganará la simpatía de su Auditorio.
¢ Si el Opositor, no obstante, manifestara alguna expresión hiriente o molesta, el
Orador actuará como si esta hubiera errado el blanco. Dejará que sea él quien
se enfurezca; perderá el control de las palabras y el Orador conservará la
serenidad para pensar mejor y el Auditorio lo favorecerá.
Es comprensible que no será fácil adoptar dichas actitudes en momentos
de tensión, pero el buen Orador se esforzará por practicarlas, llegará
insensiblemente a dominarse y obtendrá la necesaria entereza y serenidad
para hablar bien en público.
La tarea de hablar públicamente requiere mucha sensibilidad y dinamismo,
pues el Orador no expondrá su pensamiento árida o fríamente, si quiere
impresionar y convencer a sus oyentes, sino que deberá transmitirles
emocionada y cálidamente, su mensaje. Y es evidente que, para impresionar
a un auditorio, hay que sentirse impresionado antes.
"Únicamente un corazón sensible y grande hará un hombre elocuente;
porque aquel que se penetra vivamente de lo patético y sublime no está
muy lejos de expresarlo", dice el poeta.
Si se anhela gozar de una palabra conmovedora y convincente, el
Orador aumentará su sensibilidad espiritual, porque un Auditorio es más
susceptible de emoción que de concentración mental. ¿O acaso esto no
es cierto cuando hablamos con los jóvenes?
El buen Orador comenzará por mostrarse convencido e impulsado por una
sensibilidad disciplinada. Nunca propondrá o defenderá lo que no lo
entusiasma y recordará que el hombre elocuente es, sobre todo, aquel cuyos
acentos patéticos nos conmueven profundamente, apoderándose de
nosotros y atrayéndonos por una fuerza irresistible.
La Oratoria debe ser apreciada sobre principios diferentes de los de otras
producciones. La verdad es el objeto de la filosofía y de la historia. La verdad
es aun el objeto de esas obras que peculiarmente se distinguen con el
calificativo de ficción, pero que en realidad se relacionan con la historia,
como el álgebra con la aritmética.
El fin de la Oratoria no es sólo la verdad, sino también la persuasión, pero el
criterio de la elocuencia es diferente. El Orador que agota toda la filosofía de
un asunto, que exhibe cada gracia del estilo, pero no produce efecto en su
auditorio, podrá ser un gran ensayista, un gran estadista, un gran profesor de
gramática, pero no será un buen orador. Para lograr serlo, se mostrará
humano. Tocará las fibras profundas del interés de sus Oyentes y se hará eco
de las inquietudes de su Auditorio.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Cuanto más anime e inspire a sus oyentes, más susceptibles se harán ellos a
sus influencias emotivas. EÍ poder de la elocuencia no es otra cosa que el
dinamismo humano comunicado por medio de la palabra si el Orador desea
impresionar favorablemente y convencer a sus oyentes:
¢ Los interesará desde un principio sobre lo que ha de exponerles, haciéndolos
considerar beneficiados en alguna forma.
¢ Si es necesario, se mostrará emocionado. Lo que se dice con pasión y calor
tiene un poder que sobrepasa toda medida. Las creencias más absurdas han
sido aceptadas porque alguien las ha difundido con insistencia, emoción y
vehemencia. Sin embargo, conviene no extremar el empleo de lo emotivo, para
no desvirtuar la importancia de lo que se expone. Si en un discurso lo esencial
es el calor -como dijo Emerson-, este debe provenir de la sinceridad, y un buen
Orador sólo libertará sus emociones cuando la trascendencia del asunto lo
requiera, sin dejarse avasallar por vehemencias extemporáneas e injustificadas.
Además, el buen Orador debe consolidar su serenidad en una confianza firme
y a prueba de interrupciones. Si demuestra serenidad, tolerancia, sagacidad,
soltura, dominio y simpatía, contará con la adhesión del Auditorio, que estará
de su parte y, lo que es más importante, desanimará a quienes sientan
inclinación por interrumpir. Por ningún motivo se mostrará enojado, increpará al
interruptor o contestará con menoscabo del amor propio de este, porque se
conquistará la antipatía del Auditorio.
El Orador nunca olvidará que el Auditorio forma un Grupo compacto que
vincula a sus componentes sólida y estrechamente. Si uno de ellos es objeto de
alguna desconsideración por parte de quien ocupa la tribuna, aunque él la
haya provocado, no faltarán personas que lo secundarán a repeler tal actitud.
Evitar la actitud arrogante, vana o altanera; adoptar una disposición de
modestia; transmitir ideas ventajosas para el Auditorio; no hacer exhibición de
supremacía alguna y actuar siempre como disipador de antagonismos,
recelos, discordias y otras influencias que dividen a los hombres; hablar de tal
modo que "la palabra una "y desechar cuanto contribuya a separar y herir;
todo ello conduce a dotar al Orador de virtudes imprescindibles para ganar el
respeto de su público.
Las "4 C " de Orador
Para empezar con el entrenamiento para ser un buen orador, debemos
comenzar por explicar qué son las "4 C" o las 4 Reglas Básicas de un Buen
Orador que según Adán Gropman son: Compostura o calma, Cadencia,
Comunicación y Comedia.
Compostura o Calma
Esto significa la forma de actuar o presentarte ante tu público, tu cuerpo es tu
instrumento, quizás digas pero para hablar en público mi boca es mi
instrumento, pero no es así, todo tu cuerpo transmite tu mensaje y todo tu
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
cuerpo te ayuda a conectar con tu audiencia. Por eso es tan importante tu
compostura. Trata de mantenerte erguido, tu columna y extremidades rectas,
sin estar rígido pues esto transmitiría nerviosismo, debes usar gestos, lenguaje
corporal que transmitan fuerza y disciplina ensaya tu lenguaje corporal para
asegurarte que transmite autoridad no indecisión o titubeo. Si te sientes
nervioso al empezar tu discurso, tómate unos segundos antes de hablar, mira a
tu audiencia durante unos momentos sonríeles.
Cadencia
Esto significa que el tempo, él ritmo o la Luego, busca a alguien que también lo
esté haciendo y empieza a hablarle di-rectamente durante unos breves según
dos después busca a otra persona de tu auditoria a la que seguir hablándole,
esto te permitirá tranquilizarte transmitirá una imagen de ti mismo el control de
la situación. La próxima vez que tengas que habla en público, no te olvides de
dar atención a la compostura o calma, esto ti ayudará a conectar con tus
oyentes, retener su atención.
Comunicación y Comedia. Velocidad
En la que está hablando. La mayoría de personas, la mayoría de las veces,
simplemente hablan demasiado rápido. Se precipitan. Si usted es en absoluto
un tipo nervioso que tiene cualquier inclinación a hablar rápidamente,
especialmente cuando está nervioso, entonces CALMA. Trate de hablar una
buena fracción más lenta de lo que inicialmente sale de su boca. Disminuir la
velocidad un poco ayuda a parecer más deliberada y en control. Para el
público, lo que suena lento probablemente suena muy coherente y realmente
fácil de comprender. Además, si no suena precipitado y apresurado, entonces
casi subliminalmente el mensaje a la gente es que "a pesar del tiempo que se
tome, sabemos que debe ser interesante y bien vale la pena escuchar, porque
él no está corriendo, Debe ser realmente importante". Sin embargo, si sospecha
que puede ser un orador lento por naturaleza, entonces pide a algunos amigos
o confidentes y confírmalo. Si realmente eres un orador muy lento, acelera un
poco. Pero la mayoría, por lo general están en el lado rápido cuando
inicialmente hablan en público.
Imagen del Orador
Muchos oradores no le dan importancia a este dato, desechando que la
circunstancia de la presentación personal exhibe muchos aspectos sobre su
persona. Desconociendo que ese hecho indica la primer imagen con la que se
exteriorizan ante los demás y que un mal uso de ella invalida de entrada su
posterior manifestación.
"Mira como esta vestido, que me puede brindar este personaje" aunque te cueste
entender estas palabras es muy común ante una mala presentación del
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
disertante y en ello desgraciadamente no hay segunda oportunidad, analiza que
tu aspecto y tu vestimenta deban resguardar tu postura. Esto no quiere decir que
vistas en una disertación con tu mejor traje de etiqueta, solo lo harás en los
momentos que corresponda. Con esto se quiere hacer notar que cada uno se
debe engalanar de acuerdo al lugar y a los participantes que del encuentro,
pues la elegancia y una muy adecuada presentación depende de la
concurrencia y para ello deberás conocer con anterioridad tu público. La
imagen es algo que debemos cuidar porque es lo primero que se ve de nosotros.
Tú, a través de tu imagen y vestimenta| (sea esta del tipo ejecutivo o informal)
reflejarás tu seguridad, experiencia| educación, capacidad y que tan lejos
deseas llegar. Es el principio funda- l mental que enaltece tu autoestima.
Nadie invertirá en ti si tú no lo haces primero.
Algunas sugerencias:
Use la ropa adecuada para cada público con traje o vestimenta casual
según el auditorio.
La ropa debe estar limpia sin manchas y prolija.
Los trajes o camisas deben ser de tu medida que te calcen bien al
cuerpo.
El calzado debe estar limpio y en buenas condiciones.
A las mujeres se les recomienda usar ropa no llamativa, pues la alocución
es el centro del encuentro. En caso de usar pantalones traten de
colocarse una prenda por debajo de la cintura para darle mayor
formalidad a la vestimenta.
¢ La higiene personal debe resultar impecable. Evite totalmente la goma
de mascar.
Muchas serían las recomendaciones; sobre la forma de presentarse, en cuanto
al tipo de colores a usar y sus combinaciones, pero lo básico es mantener el
sentido de buen gusto.
La Personalidad del Orador
Suele suceder que en un discurso el orador no logra captar la atención de
los oyentes, o que algunos de ellos aún no están del todo atentos, es ahí
donde entra en juego la personalidad del orador.
La personalidad viene siendo un conjunto de particularidades que distinguen
a un individuo de otro, la misma que se encarga de dar a conocer el carácter
de la persona. Cada persona tiene una personalidad distinta de la otra, en
algunos es alegre, huraña, etc., pero lo que es importante es cómo te
comportas frente a situaciones externas.
Como orador que quieres ser, tienes que demostrar ante todo tolerancia y
responsabilidad, siendo responsable contigo mismo y tolerante con las
personas, a veces las personas pueden interrumpir tu discurso, pueden no llegar
en hora, o también pueden pasar circunstancias que estén fuera de tu control,
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
como ser la camisa manchada antes de ingresar a discursar. Por tanto, debes
saber lidiar con todos estos inconvenientes que surgen en el momento menos
esperado.
Toma una actitud positiva y entusiasta, alegre y natural, siempre siendo
carismático, como un consejo dice: "se atrapan más abejas con miel que con
vinagre", por tanto, se dulce y encantador con tus palabras y tu trato con ellos,
no seas huraño, antipático o indiferente con las personas, que no te suceda eso
a ti, no deseo eso para ti entonces asume una actitud empática, alegre y
elocuente, pues al hablar el público demostrarás la personalidad que construyes
cada día.
3) Oratoria y liderazgo
Si algo caracteriza al líder es su capacidad de “movilizar”, “motivar”, “inducir”,
“persuadir”, “convencer”al resto de su equipo para “lograr un objetivo”, de
modo que la palabra, la comunicación y en especial el “saber hablar en
público” hacen de la oratoria algo esencial para los líderes.
Solo imaginar personajes como Winston Churchill; Gandhi; Napoleón; John F.
Kennedy; Nelson Mandela; Luther King; el Papa Juan Pablo II, inmediatamente
reconocemos en ellos una poderosa capacidad de liderar a través de la
palabra, sus discursos, su oratoria.
Aquí es de suma importancia el conocimiento, la seguridad interior y una
profunda conciencia ética respecto del trabajo policial.
Los líderes deben poseer muchas características entre ellas destaca la
empatía, el respeto, el reconocimiento y saberes completos acerca de su
misión, objetivos y además debe conocer íntegramente a todos los
miembros de su equipo, todo ello aglutinado e integrado con habilidades
comunicacionales y oratorias.
La oratoria es la forma en que el líder abre su mente, su corazón a nuevas
posibilidades, nuevos desafíos, nuevas alternativas, nuevas opciones para hacer
algo, crearlo, mejorarlo, o simplemente lograr objetivos.
Difícilmente siempre todo lo programado se ajusta a lo previsto o planificado
y mucho menos en el trabajo policial, pero los conocimientos en el manejo de
la palabra ayudan justamente a poder solventar los desafíos de la realidad y
los imprevistos y de algún modo ensayar nuevas alternativas o posibilidades
de solución.
El liderazgo implica estimular y la palabra es estimulante.
El liderazgo implica creatividad y la palabra es creadora de realidades.
El liderazgo es posibilidades de alcanzar algo y la palabra es herramienta para
esas posibilidades.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
El liderazgo es aglutinador de diferencias y ello solo puede hacerse por un
adecuado uso de la palabra y los discursos.
Ser líder implica “saber hablar”, “saber comunicar”, “saber usar la palabra”.
Importancia de la Oratoria en la profesión policial
"El que sabe pensar, pero no sabe expresar lo que piensa, está en el mismo nivel
del que no sabe pensar".
Pericles. Año 450 a. C.
Hablar bien es lograr ser escuchado. La palabra posee virtudes espectaculares.
La importancia de la oratoria radica en que es imprescindible para poder
abrirte las puertas a mejores oportunidades de vida, a mejores condiciones
socioeconómicas, elevas tu moral, tu seguridad personal, entre tantos
beneficios innumerables.
Hablar bien en público favorece la autoestima de los que saben hacerlo, ya
que todo el mundo debe tener esos minutos de gloria.
Sin embargo; aprender las técnicas de la oratoria interesa, sobre todo, a
profesionales que hacen un uso de la palabra "más recurrente", como
abogados, políticos, policías, empresarios e incluso entrenadores de fútbol, es
decir, cualquier persona que tenga un puesto en el que haya un cierto
liderazgo. A medida que escalamos en el nivel de desempeño laboral, el don
de la palabra se vuelve cada vez más necesario.
Recuerde que rara vez el éxito se logra sin necesitar comunicar con otros. De
hecho, muchas de las personas consideradas como de éxito en los más diversos
trabajos y f unciones, son además grandes oradores, o como mínimo logran
transmitir los mensajes más adecuados para sus intereses y objetivos.
Pensar y expresar sus ideas con claridad, efectividad y soltura, tanto en
conversaciones familiares, de amigos, de negocios, así como ante grupos más
numerosos, es tal vez la habilidad más preciada del ser humano.
Específicamente, la oratoria es una poderosa herramienta en el trabajo
policial, ya que es una habilidad comunicacional que utilizamos
cotidianamente para la resolución de los más variados tipos de conflictos.
Otro de los usos cotidianos de la oratoria en el trabajo policial tiene que ver con
la negociación, como Uds. Saben la Policía de la Provincia de Córdoba tiene
en varias Unidades Especiales especialistas en negociación, “negociadores
policiales”, para la resolución de conflictos en los que se pone en peligro la vida
de terceros e incluso en casos en los que las personas pueden resultar
lesionadas o perder la vida (acciones suicidas). Se trata de personal
capacitado especialmente para este tipo de tareas de alto riesgo.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
UNIDAD Nº 2
4) El Discurso
Toda serie de palabras, convenientemente enlazadas, que sirven para
expresar el pensamiento, constituye un discurso.
También llamamos discurso a todo razonamiento de alguna extensión,
dirigido por una persona a otra u otras, generalmente con el fin de
persuadir.
La materia del discurso se distribuye en varias partes, claramente separadas.
Tales particiones desempeñan un doble oficio: lógico, para hacer más clara
y eficaz la demostración; psicológico, para atraerse al Auditorio.
Pero dividir no significa quebrar. A este respecto, Majorana (1943) aclara que
dijo Platón: "El arte de dividir no es más que el arte de separar, para reunir
después; demostrar una cosa y sus partes y luego verlas todas juntas reunidas
de nuevo" (p. 145).
a) El exordio: Si se impresiona desfavorablemente al Auditorio desde el
comienzo, no será fácil borrar de su memoria ese recuerdo adverso.
En los discursos públicos, es de primerísima importancia comenzar bien. En el
arduo proceso de pronunciar un discurso, nada es tan complejo como
establecer un contacto suave y hábil con el Auditorio. Mucho depende de la
primera impresión y de las palabras iniciales. A menudo se gana o se pierde un
Auditorio con las cinco o seis primeras frases, porque inmediatamente después
de la fama del Orador, o de su aspecto físico, de su modo de presentarse,
pronunciar y acentuar las palabras, lo que más impresiona al Auditorio es la
manera como comienza a hablar.
Si esto es verdad, será beneficioso que se prepare el exordio detenidamente,
hasta en la ordenación sintáctica de las palabras que habrá de pronunciar,
para que sea invitador y asegure la atención del Auditorio.
Téngase presente el ejemplo de Platón, quien, en este sentido, fue tan
exigente consigo mismo que redactó de nueve modos diferentes el primer
párrafo de su República antes de sentirse satisfecho.
Para lograr este objetivo, cuando se planee la introducción de un discurso,
serán válidas y eficaces las siguientes recomendaciones:
“Esperar que el Auditorio se serene y asegurarse de que el público esté atento.
Si hubiera algunos refractarios que siguieran cuchicheando, tosiendo o
moviéndose ruidosamente, dirigir una mirada con calma y en silencio. En breves
instantes, se comprobará el efecto maravilloso de este sencillo recurso.
“No comenzar con excusas por supuestas deficiencias o impedimentos personales.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
“Jamás comenzar con expresiones de modestia porque, si son auténticas,
serán inaceptables como las excusas anteriores y, si son falsas, pondrán de
relieve la gran vanidad que anima al Orador, y esto nunca es simpático.
“Pronunciar las primeras frases con seguridad y con firmeza, con sosiego y
calma. La sugestión que emanen las palabras crecerá tanto que hasta se podrá
lograr que el Auditorio cambie algunas de sus arraigadas opiniones por otras
diametralmente opuestas a las primitivas, y se construirá oralmente lo que en
Retórica se denomina un exordio por insinuación, o sea aquel en el que,
sabiendo el Orador que tiene en su contra a una parte del Auditorio, se vale de
ciertos rodeos para apoderarse de su ánimo y atraerlos a la aprobación de su
tesis.
“La construcción de exordios demasiado extensos distrae la atención de los
oyentes y cansa al Auditorio demasiado pronto. Si bien Quintiliano observó que
la costumbre que tienen algunos Oradores de anunciar en cuántas y cuáles
partes se dividirá el discurso causa alivio a los oyentes, el buen Orador evitará
exponer en el prólogo toda la serie de sus argumentos, sino solamente los
principales. Es un vicio muy frecuente que el Orador, por no calcular bien las
proporciones del discurso, para buscar el origen de su exposición, se remonte a
épocas lejanísimas. Dedica así demasiado tiempo a tal relato y, cuando llega
al nudo de su tema, halla fatigados a los Oyentes. Por lo tanto, es aconsejable.
Que "si hemos de emplear la introducción, empleémosla; pero que sea lo más
breve posible".
“Admitido ya que el comienzo de un discurso debe contener algo que traiga la
atención y el interés de los oyentes, lo probable es que el buen Orador se
pregunte cómo hacer para lograrlo.
Lo más eficaz será comenzar de una manera llamativa:
Citando las palabras apropiadas de algún hombre famoso, puesto que
esto siempre atrae la atención.
Con alguna pregunta que acicatee la curiosidad del Auditorio y lo
mantenga en suspenso. Al formularla, conviene tener mucho cuidado
para evitar que pueda ser contestada por alguien en forma humorística.
Con alguna narración. Si el relato pertenece a la propia experiencia del
Orador, mucho mejor. Todo Auditorio se interesa por lo que tiene vida, y
lo que se relata como experiencia propia tiene gran poder atractivo y se
destaca más.
Mostrando un objeto. Hasta los seres menos dotados psíquicamente,
como los salvajes y los débiles mentales, responderán a ese estímulo.
¿Acaso no es el medio al que recurren los educadores y los ilusionistas
para sostener la atención de niños o alumnos?
Con alguna afirmación inaudita y sorprendente. Lo inusitado de la
afirmación despertará avidez por conocer los detalles. Un
conferenciante comenzó de esta manera su exposición sobre "Las
maravillas de la radio": "¿Saben ustedes que el sonido que produce una
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
mosca al caminar sobre un vidrio puede ser transmitido y ampliado por
radiofonía y escuchado en el centro del África Central con tal estruendo
como el que producen las Cataratas del Niágara?
Glosando algún concepto o frase del preopinante. El exordio es, quizá,
la única parte del discurso que, después de haber sido trazada por
metódico plan, puede admitir una "aparente improvisación" en la forma
mencionada. Quintiliano dice que eso resulta muy gracioso porque hace
aparecer todo un discurso como improvisado cuando, en realidad,
solamente el exordio resulta repentizado.
Con algún exabrupto, cuando los ánimos saben ser impresionados
súbitamente con afirmaciones más aplastantes que convincentes.
Empero, ya dijimos con relación a la voz del Orador que este jamás debe
gritar, especialmente en el exordio, excepto que medien circunstancias
muy excepcionales.
Resumiendo, podemos enumerar una serie de recomendaciones que el buen
Orador tendrá presentes:
¢ Esperar que el Auditorio se serene.
¢ Las primeras impresiones son las que más perduran. Recordarlo y tratar, por
lo tanto, de comenzar interesantemente el discurso.
¢ No empezar con una disculpa.
¢ Jamás comenzar con expresiones de modestia.
¢ Tratar de expresarse sin indecisiones ni rodeos.
¢ No construir exordios demasiado
extensos. Se puede iniciar el exordio con:
“Una cita apropiada.
“Alguna pregunta que acicatee la
curiosidad. "Un relato que despierte interés.
"La exposición de un objeto que atraiga la
atención. "Una afirmación inusitada. "La
glosa de algún concepto ya expresado.
"Un exabrupto, en casos muy
excepcionales.
b) El cuerpo o desarrollo: La parte esencial del desarrollo es la argumentación.
Es aquí donde se anuncia con toda claridad y sencillez el asunto que se
tratará, pudiéndose ilustrar con relatos y anécdotas, siempre dentro de la
mayor brevedad.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Si las ideas, pensamientos y recomendaciones que se formulan son valiosos,
¿por qué se los habrá de presentar en un mal estuche? Se procederá, pues,
con habilidad y se expondrá el discurso en forma interesante y llamativa.
El discurso que más atrae es el que más interesa, y el Auditorio necesita
alguna razón o motivo para seguir el desarrollo. Todo lo que el hombre hace
está inspirado por algún interés.
Se buscará el interés de los oyentes como forma de dominar al Auditorio, y así
se logrará que él preste la atención que se requiere.
El buen Orador hará valer la prueba o las pruebas y demostrará la verdad
enunciada valiéndose de toda clase de argumentos.
Si ha presentado con habilidad el tema, se habrá despertado, sin duda, la
curiosidad del Auditorio, asegurándose la atención a sus palabras.
Para mantenerla, ahora, se pondrá especial cuidado en presentar las
ideas clara y progresivamente.
c) La Peroración o Epílogo: Es realmente el punto más estratégico de un
discurso.
Lo último que un Orador dice, las últimas palabras que el Orador pronuncia
quedan sonando en los oídos del auditorio y son las que, probablemente, serán
recordadas por más largo tiempo.
Por ello, todos los tratadistas aconsejan preparar el epílogo con tanto o más
cuidado que el exordio. Quienes no tienen esto en cuenta son aquellos que
hacen discursos literalmente sin pies ni cabeza.
Tanta es la importancia del epílogo, en que se anuda el hilo del pensamiento
tramado durante el desarrollo, que hasta Oradores de gran talla sintieron la
necesidad de escribir y aprender de memoria las palabras exactas con que
pensaban concluir sus discursos.
Por no hacerlo así, muchos Oradores concluyen abruptamente, dejando al
Auditorio sorprendido por lo inesperado de la terminación. Otros, dando la
impresión de que andan desorientados y sin dar con el final, comienzan a
describir un círculo vicioso, repitiendo lo ya dicho y fatigando a los oyentes,
quienes se quedan a la postre con una pésima impresión que no consigue
disipar ni siquiera el recuerdo, ya borroso, de una acertada introducción.
En consecuencia, un Orador escrupuloso analizará primero, estudiará y
juzgará cuidadosamente el efecto que habrán de causar sus últimas palabras
y preparará, si es además prudente, dos o tres terminaciones, por si las
incidencias del momento lo obligaran a alterar el desarrollo que tenía
programado.
¿Qué pasa con la improvisación y la duración del discurso? Hemos analizado
la "improvisación largamente preparada", es decir, la improvisación relativa o
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
parcial o, en cierto modo, aparente, pues la habilidad del Orador que compone
el exordio con un hecho inmediato y circunstancial hace parecer todo el
Discurso como improvisado, cuando sólo el comienzo lo es bien mirado, podría
decirse que la improvisación es, en tal sentido, un fenómeno más colectivo que
individual, porque el Auditorio mantiene con el Orador un mudo diálogo
espiritual, siendo un inspirador y su animador hasta la exaltación en algunas
oportunidades. Bajo su influjo, el Orador puede llegar a tener sorprendentes
eflorescencias intelectuales -aun para sí mismo- y milagrosas intuiciones.
Pero no es a este tipo de improvisaciones a las que ahora deseamos referimos,
sino a la improvisación absoluta o total, es decir, a aquella realización del
discurso, efectuada de repente, sin preparación especial previa, en que el
Orador se ve forzado a 'tomar la palabra" en una reunión social o en una
asamblea, por un "impulso personal" o una sorpresiva invitación.
En tales casos, lo peor que puede hacer un Orador es tratar de exponer algo
muy interesante o profundo, pues debe comprenderse que la emoción de
responsabilidad que lo aguijoneará en ese momento no le hará fácil recoger y
seleccionar las ideas más adecuadas y felices. Por eso, sin desmedidas
ambiciones, puesto en el trance dicho, el Orador puede elegir por comenzar
con:
a) Una interrogación.
b) Una afirmación.
c) Una cita autorizada.
d) Una anécdota.
e) Una narración o relato.
f) Una descripción.
g) Una comparación, etc.
El verdadero Orador, como los grandes capitanes, primero estudia y traza el
plano operativo en su despacho, pero luego lo adapta sobre el terreno; en caso
necesario, lo modifica, y hasta lo trastorna y crea otro nuevo si la imposición de
las circunstancias lo hace necesario.
El Orador diestro tendrá a su disposición más pronto la materia que el discurso;
las ideas más que las palabras.
El discurso, en los tiempos actuales en que la nerviosidad y la impaciencia
están tan generalizadas y en que la mayoría de las personas disponen de tan
poco tiempo, debe caracterizarse por su brevedad y síntesis. Pero, no obstante,
puede decirse que no hay regla que fije la duración del discurso, porque no
hay discursos largos o breves y sí, en cambio, sólo la sensación de que parezcan
alargados o extensos, dependiendo todo de la habilidad del Orador.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Un discurso largo será el que parezca largo, por animar en el Auditorio el deseo
de que llegue prontamente a su fin, y será un discurso breve el que deje a los
oyentes con el deseo de seguir escuchando al Orador.
¿No es esto acaso lo que ocurre con algunas clases de nuestros docentes?
¡Cuántas veces se nos pasó "volando el tiempo" cuando presenciamos una
clase sumamente interesante no sólo por el tema, sino también por la calidad
de la expresión oral del expositor y su habilidad para atraer nuestra atención!
No es mirando el reloj como deberá medirse, entonces, un discurso, sino
dirigiendo la mirada al Auditorio. Fijándose en el movimiento de los ojos de sus
oyentes, en el de sus manos, en su quietud o inquietud, el Orador conocerá,
inmediatamente, si siguen su discurso con interés.
Pese a lo dicho, en general, un discurso no deberá durar más de cuarenta
minutos, y si se puede reducir a treinta, mucho mejor. Pero, de cualquier manera,
se evitará llegar al punto de la saciedad. Es mil veces preferible que, por haber
hablado cinco minutos de menos, lamente el Auditorio la brevedad del Orador
que, por haber hablado un minuto de más, este sea censurado por cansador.
Se tendrá presente que, en diez o quince minutos, se puede decir mucho si se
evitan los rodeos, las expresiones innecesarias, las explicaciones pueriles y las
frases vagas o difusas.
Majorana (1943:146) al respecto nos dice: "La práctica de escribir lo que
vamos a decir nos obligará a pensar. Aclarará nuestras ideas. Las fijará en la
memoria. Reducirá la ociosidad mental al mínimo. Mejorará la dicción".
Platón, en El Estado o La República (versión castellana de Enrique Pérez, 1931),
hace referencia a los discursos en un diálogo de Sócrates con Adimanto: "¿No
son los discursos parte de la música? ¿No hay dos ciases de discursos,
verdaderos los unos y fabulosos los otros?" (Libro Segundo, p. 112).
El discurso más trascendente que haya pronunciado Jesucristo, el del
Sermón de la Montaña, puede ser repetido en cinco minutos, así como el
discurso del General San Martín a los diputados del Perú, cuando abdicó el
Poder Supremo frente al Congreso, pese a la solemnidad de la ocasión,
puede repetirse en sólo uno.
5) Comunicación efectiva
Aspectos fundamentales que debemos evitar para favorecen la comunicación
efectiva
- Los malos entendidos y el mal uso del lenguaje verbal y no verbal.
El cerebro humano está dotado de la capacidad de reconocer el mundo que
nos rodea, pero solo lo hace en un 60%, ese es el porcentaje aproximado con
el que captamos la realidad; el restante 40% es completado con lo que
creemos que es, ese mundo exterior o nuestro entorno.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Lógicamente en este curso no podemos explayarnos acerca de
conceptos como “mapas mentales”, “estructuras del lenguaje”, la
“gramática generativa o transformacional” o el “leguaje del cambio”,
pero he de dejarles algunos aspectos a tener en cuenta.
¿Cómo preguntamos?
¿Cómo nos preguntamos?
¿Cuánto nos preguntamos antes de decidir o actuar?
Debemos saber hacer preguntas. Por ejemplo, debemos saber que la pregunta
¿Por qué? Nos remite a conocer el origen, la causa, el motivo de algo, la razón;
pero en muchas ocasiones esa pregunta no puede ser respondida en ese
momento, no nos ayuda a resolver las contingencias, es más, en la mayoría de
las circunstancias que usamos esta pregunta, la respuesta son justificaciones o
excusas a la situación.
Debemos considerar oportuno muchas veces utilizar la pregunta ¿Cómo puedo
hacer para solucionar esto?, cambiarlo o el verbo más adecuado.
Lógicamente transcurrida la contingencia se podrá preguntar por qué razones
algo sucedió a fin de que no se repita o tomemos medidas para evitar que
suceda.
- No es bueno usar lo que yo denomino “lenguaje totalizador”, “universal”
o “generalizaciones”. Por ejemplo: nunca, todo, nada, siempre, nadie.
No está bueno decir: “Nunca nadie hace nada”. Es una expresión muy
totalizante, no deja lugar para reconocer a alguien que si hace las
cosas que tiene que hacer.
- No es bueno utilizar “palabras limitantes”. Por ejemplo: no puedo, me es
imposible, no me atrevo/ animo.
En estos casos hay que utilizar “preguntas desafiantes” ¿Qué pasa si lo haces?,
¿Quién dijo que no puedes? ¿Qué te impide hacerlo? ¿quieres hacerlo?
- No es recomendable usar expresiones como, por ejemplo: esto no sirve,
esto no alcanza, esto está mal, esto no vale nada.
En estos casos hay que poder hacerse otras preguntas para
contextualizar, conocer otros datos u otra información esclarecedora,
debemos generar la posibilidad de comparar resultados.
Debiéramos implementar “preguntas desafiantes”: ¿Qué está mal? ¿Cómo
está?
¿Cuánto falta? ¿Dónde falta? ¿Cuándo puede? ¿probo hacerlo de otra
forma?
- No es bueno etiquetar a las personas, por ejemplo: “Pérez es el peor de
todos”; en casos similares conviene tener en cuenta otras preguntas y
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
comparaciones, por ejemplo, agregar la pregunta ¿Pérez trabaja peor
que quienes? ¿Pérez es el peor comparado con quién.
- Evitemos las falsas interpretaciones, hay una gran variedad de
situaciones, voy a enumerar las más importantes de uso policial: “El jefe
está enojado conmigo?, a lo que habría que preguntar ¿Cómo lo sabe?
¿Quién le dijo? Como vemos muchas veces con esa afirmación nos
quedamos en el mundo de las creencias, puede que no sea real.
Situación 1: “Sosa no sirve para eso” ¿Quién lo dijo? ¿Cómo lo sabe?
¿Qué le hace creer que él no puede hacerlo?
Situación 2: “Acá lo que falta es liderazgo”, a lo que podríamos sumar
preguntas esclarecedoras como, por ejemplo: ¿Qué es liderar para Ud.?
¿de qué manera lo haría Ud.? Situación 3: “Maldonado me pone
nervioso”, “Rodríguez me pone muy mal”, a lo que habría que agregar
preguntas esclarecedoras como, por ejemplo: ¿Qué tipo de malestar?
¿cómo es eso de que te pone nervioso? ¿de qué manera te hace sentir?
En todos los casos referidos lo que debemos buscar es precisión y evitar
generalizar, omitir o distorsionar las situaciones.
6) Comunicación no verbal
La comunicación no verbal se refiere a todas aquellas señas o señales
relacionadas con el momento de la comunicación que no son palabras
escritas u orales.
Según Knapp, "la comunicación no verbal ocurre en conjunto con la
comunicación verbal para reforzaría, contradecirla, sustituirla, complementarla,
acentuarla y regularla o controlarla".
El comportamiento no verbal dice tanto de nosotros como las propias palabras.
Es un indicador claro de nuestro pensamiento y de nuestro estado de ánimo y,
en muchas ocasiones debemos saber controlar este lenguaje, ya que, si no lo
hacemos, nuestro cuerpo puede contradecir nuestro discurso.
La comunicación no verbal tiene un impacto brutal a la hora de presentarse
en público, por ello conocer sus claves es fundamental para una buena
presentación.
Con algunas excepciones la mayor parte de la comunicación no verbal
es aprendida y por consiguiente no ocurre al azar, sino que sigue reglas
socio-culturales.
Existen tres ámbitos de estudio de la comunicación no verbal: quinésica,
paralingüística y prosémica.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Comunicación Quinésica
La comunicación quinésica es toda aquella comunicación que se da a un
nivel no verbal y de lenguaje corporal.
Todo lo que no decimos mediante palabras lo expresamos mediante la
comunicación quinésica.
El estudio de los movimientos quinésicos se hace aislando cada uno de los
posibles ámbitos del comportamiento y de esta manera se estudia cada una
de las expresiones que son comunicadas a través de sus principales fuentes
de comportamiento como son: la postura; corporal, los gestos, la expresión
facial, la mirada y la sonrisa.
1. Postura corporal: La postura es la disposición del cuerpo o sus partes en
relación con un sistema de referencia que puede ser, bien la orientación de
un elemento del cuerpo con otro elemento o con el cuerpo en su conjunto,
bien en relación a otro cuerpo. En la interacción son susceptibles de ser
interpretadas las señales que provienen de la posición, de la orientación o del
movimiento del cuerpo.
Las posiciones corporales se definen por la disposición del cuerpo a aceptar a
otros en la interacción. Así se habla de posiciones más abiertas o más cerradas.
Una posición abierta implica que brazos y piernas no separan a un interlocutor
de otro, la posición cerrada implicaría utilizar las piernas, brazos o manos bien
en forma de protección bien del propio cuerpo bien en forma sirva de barrera
para que otro se introduzca en una interacción que mantenemos (por ejemplo,
son posiciones cerradas cruzarse de brazos, o sentarse para hablar con alguien,
de forma que las piernas hagan una barrera que dificulte la entrada de otra
persona, simbólicamente.).
2. Los gestos: El gesto es el movimiento corporal propio de las articulaciones,
principalmente de los movimientos corporales realizados con las manos,
brazos y cabeza. El gesto se diferencia de la gesticulación. La gesticulación
es un movimiento anárquico, artificioso e inexpresivo.
3. Expresión facial: La expresión facial es el medio más rico e importante para
expresar emociones y estados de ánimo, junto con la mirada. Principalmente,
y aparte de la expresión de emociones, la expresión facial se utiliza para dos
cosas: para regular la interacción, y para reforzar al receptor. No toda la
comunicación que se transmite a través de la expresión f acial es susceptible
de ser percibida por el interlocutor conscientemente, sin embargo, sí se sabe
que las impresiones que obtengamos de los otros están influidas también por
los movimientos imperceptibles de la comunicación verbal del otro. Así
observamos que tienen tanta importancia para la transmisión emocional y la
captación de impresiones y juicios del otro, los movimientos faciales
perceptibles (cambio de posición de las cejas, de los músculos faciales, de la
boca, etc.) como de los imperceptibles (contracción pupilar, ligera
sudoración). Por otra parte, se trata de movimientos muy difíciles de controlar.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
4. La mirada: La mirada se estudia aisladamente, aunque forma parte de la
expresión facial por la gran importancia que tiene en la comunicación no
verbal por sí sola. Se le atribuyen un importantísimo papel en la percepción y
expresión del mundo psicológico. La variedad de movimientos posibles que
podemos llevar a cabo con los ojos y su área próxima resulta ínfima si la
comparamos con la de las expresiones faciales.
Sin embargo, una elevación de cejas, por ejemplo, es un acto físico localizado,
que nace y muere en un área física localizada.
La mirada, aunque ubicada y originada en los ojos, no muere en ellos,
va más allá. Esa capacidad de proyección es la que confiere tanta
importancia a la mirada.
5. La sonrisa: Normalmente la sonrisa se utiliza para expresar simpatía, alegría o
felicidad.
La sonrisa se puede utilizar para hacer que las situaciones de tensión sean más
llevaderas.
Una sonrisa atrae la sonrisa de los demás y es una forma de relajar la tensión.
Por otra parte, la sonrisa tiene un efecto terapéutico. Se ha observado que
cuando se les pedía a personas que se sintieran deprimidas o pesimistas, que
imitaran la sonrisa de los demás, declaraban sentirse más felices.
La sonrisa está, además, influida por el poder que tiene lugar en una
relación.
Se puede manipular obviamente y alguien sonreírte para hacerte creer que
está conforme con algo cuando no es así o incluso hacer una sonrisa irónica.
En ambos casos cuando la sonrisa es falsa se puede descubrir.
Lo único que hay que hacer es fijarse cuando una persona sonríe normal y
compararlo con la sonrisa falsa e irónica para saber siempre que tipo de sonrisa
hace cada persona,
Comunicación Prosémica
Se refiere al amplio conjunto de comportamientos no verbales relacionados
con la utilización y estructuración de delimitación territorial de naturaleza
comunicativa. Es decir, el espacio personal al comunicarnos.
Cuando dos personas conversan se acercan según el nivel de confianza
que se tengan y el grado de confianza en espacio personal de cada persona
difiere. Hay personas que se sienten cómodas hablando a dos metros de otra
persona, en cambio otras a un metro y otras hasta pegadas a 30 cm.
El espacio personal se define como el espacio que nos rodea, al que no
dejamos que otros entren a no ser que les invitemos a hacerlo o se den
circunstancias especiales. Se extiende más hacia delante que hacia los lados,
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
y mínimo en nuestras espaldas. El espacio personal se estudia desde dos
enfoques: la proximidad física en la interacción, y el contacto personal.
Se pueden considerar algunos tipos en la comunicación prosémica:
1. Prosémica conceptual: son los hábitos de creencia y comportamiento
relacionados con el concepto del espacio (aquí / ahí / allí; cerca / lejos).
2. Prosémica social: uso que hacemos del espacio cuando nos relacionamos
con otras personas (por ejemplo, la utilización del transporte público o si
dejamos espacio a la izquierda en las escaleras mecánicas para que otras
personas puedan pasar más rápidamente).
3. Prosémica interaccional la distancia que adoptamos para realizar
actividades comunicativas interactivas Podemos distinguir cuatro distancias
básicas: íntima (para realizar actos más personales y expresivos), personal (es la
distancia básica de le conversación), social (distancia que se mantiene en
distintos actos sociales) y pública (en actos formales, como la que se adopta en
une conferencia, congreso, etc.). Estas distancias varían en las diferentes
culturas, una distancia persona] puede llegar a ser íntima dependiendo si las
personas pertenecen a las llamadas culturas de contacto o culturas de no
contacto.
Midiendo Distancias
Para entender mejor este punto diremos que hay diversos tipos de distancia
que tienen que ver con la proximidad personal del interlocutor o interlocutores.
Así tenemos las siguientes distancias conocidas:
Distancia íntima: Es la distancia que se da entre los 15 y 45 cm. Para esta
situación las personas debieran tener mucha confianza o existir condiciones
emocionalmente correspondidas, pues la comunicación se realiza a través de
la mirada, el tacto y el sonido. Es la zona de los amigos, de la familia, de las
parejas, etc.
Distancia Muy íntima: Es una distancia inferior a los 15 cm. Es prácticamente
una situación de contacto físico donde la mirada, el aliento y los sonidos de
ambas personas se confunden, se entrelazan. Es la zona de los afectos, de las
relaciones extremadamente cercanas.
Distancia Personal: Se da entre los 46 y 120 cm. Son charlas de conversación
generalmente con gente conocida, estirando el brazo prácticamente se tocará
a la persona con la cual se conversa. Es la zona que se presenta en las oficinas,
reuniones, asambleas, fiestas, charlas de trabajo, conversaciones amistosas, etc.
Distancia Social: Se da entre los 120 y 360 cm. Es la distancia que separa de los
extraños, de los que no se tienen relaciones amistosas, a quien no se conoce de
bien. Es la zona de los vendedores de un comercio, los proveedores, un
empleado nuevo.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Distancia Pública: Se da a más de 360 cm y no tiene límites. Es la distancia
apropiada para dirigirse a cualquier grupo de personas. Es la zona que por lo
general se utiliza en los discursos, arengas, conferencias, charlas grupales, etc.
Comunicación Paralingüística
El comportamiento lingüístico está determinado por dos factores: el código y
el contenido que se pretende comunicar. Sin embargo estos dos factores no
constituyen la totalidad del comportamiento ni verbal ni comunicativo.
Existen variaciones lingüísticas, entre las que se puede citar la elección del idioma,
la utilización de un lenguaje simple o elaborado, la elección de los tiempos
verbales, etc., y existen, por otro lado, variaciones no lingüísticas como el ritmo,
el tono y el volumen de la voz. Al estudio de las variaciones no lingüísticas se
dedica la paralingüística.
El tono: La cualidad del tono que interesa aquí es el tono afectivo, esto es, la
adecuación emocional del tono de voz utilizado en la conversación. El tono es
un reflejo emocional, de forma que la excesiva emocionalidad ahoga la voz y,
el tono se hace más agudo. Por lo tanto, el deslizamiento hacia los tonos agudos
es síntoma de inhibición emocional.
El volumen: Quién inicia una conversación en un estado de tensión mal
adaptado a la situación, habla con un volumen de voz inapropiado. Cuando la
voz surge en un volumen elevado, suele ser síntoma de que el interlocutor quiere
imponerse en la conversación, y está relacionado con la intención de mostrar
autoridad y dominio. El volumen bajo sintomatiza la intención de no quiere
hacer el esfuerzo de ser oída, con lo que se asocia a personas introvertidas.
El ritmo: El ritmo se refiere ah fluidez verbal con que se expresa la persona. Se
ha estudiado en los medios psiquiátricos pues uno de los síntomas de la
tendencia al repliegue neurótico o psicótico, de la ruptura con la realidad, es
un ritmo de alocución átono, monótono, entrecortado o lento. En la vida
normal el ritmo lento o entrecortado, revela un rechazo al contacto, un
mantenerse a cubierto, un deseo de retirada, y frialdad en la interacción. El
ritmo cálido, vivo, modulado, animado, está vinculado a la persona presta
para el contacto y la conversación.
7) El Auditorio/La audiencia: Análisis y características
El Auditorio es un concurso de oyentes (Asistencia-Concurrencia- Público). Un
Auditorio es siempre, en mayor o menor medida, una muchedumbre
compuesta de un número de individuos de diferente inteligencia, voluntad y
aun aptitudes físicas, pues no todos saben, quieren ni pueden escuchar con
igual intensidad, eficacia y provecho.
Los oyentes que constituyen un Auditorio generalmente se agrupan alrededor
de un Orador por alguno de estos diferentes motivos:
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
a) Por curiosidad: A muchos oyentes no los guía el deseo de escuchar lo que
ha de decir un Orador, sino solamente el renombre de este y la fastuosidad que
pueda tener la reunión, o la vanidad de exhibirse, a la espera de ser notados,
como algunas damas para lucir vestidos, o como algunos hombres, para ser
mencionados después por los periódicos, en la lista de los principales
concurrentes. No hay ni qué decir que los tales son superficialísimas personas,
pese a pretender ser cultas.
b) Por casualidad: Casi no hay conferencia o discurso público que no cuente
con buena cantidad de oyentes que han llegado hasta el Orador conducidos
por alguien interesado en llevarlos tras de sí, cuando no guiados por la sola
casualidad.
c) Por razón e interés profesional: Esta categoría de Auditorio la integran los
estudiantes, los congresales -de cualquier tipo-, los académicos -de cualquier
corporación- y, en fin, cualquier grupo colegiado, cuyos integrantes deben
escuchar por recíproca consideración e interés.
Así como para el Orador son necesarias ciertas condiciones físicas que
posibilitan la transmisión de su mensaje, el Auditorio necesita otras,
correspondientes, para poder captarlo. Entre ellas, un ámbito:
"Definido: en el cual se reúnan los oyentes, y a través del cual la palabra del
Orador se difunda equitativamente, merced a condiciones acústicas
favorables.
"Suficiente: un público de pie, ahogándose de calor o tiritando de frío,
expuesto al sol o al viento y, todavía peor, a la lluvia-, es un público
inicialmente contrario.
"Ventilado: dice Dale Carnegie (1953) que "ni toda la elocuencia de Cicerón
ni toda la femenina belleza de la Venus de Milo lograrán mantener despierto a
un Auditorio donde el aíre está viciado" (p. 184).
“Convenientemente iluminado: es muy difícil provocar el entusiasmo de un
Auditorio sumido en las tinieblas en una sala pobremente iluminada. Los
Oradores se distinguirán más por el verbo que por la mímica.
“Saturado: el entusiasmo de un Auditorio se disipa cuando en él hay grandes
claros y butacas vacías. Por lo tanto, se agrupará al Auditorio.
“Sobrio: no se admitirá profusión de muebles en la tribuna, ni de carteles
que disipen la atención, ni invitados que se muevan y distraigan a los oyentes.
El Orador no efectuará injustificados movimientos que puedan delatar
nerviosidad.
“Un Auditorio no sólo se guía por lo que escucha; en gran parte su intuición
explora en las manifestaciones y rasgos de la personalidad de quien habla,
quiere cerciorarse de que este posee la responsabilidad y la integridad para
confiar en él, y así observa sus movimientos, la forma como realza sus ideas, su
tono de voz, sus ademanes, es decir, se vale de toda exteriorización que lo
inducirá a formar una apreciación definida que lo oriente en sus apreciaciones.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
A cambio de esto, el Auditorio -como masa- cede en conjunto a las
emociones del momento y obedece irreflexivamente a la sugestión, con mayor
facilidad que individualmente, por ese contagio de individualidad e
identificación con la emoción de los demás que, en la mayoría de los casos, es
absoluta y dominante.
Este fenómeno de contagio psíquico es facilitado por algunos factores
dignos de atención, entre los cuales el que primeramente se atenderá es el
espíritu de imitación. Escribió Horacio: "Una cara que ríe excita la risa de
aquellos que la contemplan, un rostro que llora, provoca la tristeza y las
lágrimas".
La cabal observación de tal fenómeno indicará muy pronto que todo el
Auditorio busca siempre imitar las actitudes de sus guías, de los cuales el
primero es el Orador mismo, con el que los Oyentes -como si fueran una
misma persona- entablan un coloquio.
Fuera del Orador, los guías de un Auditorio suelen ser los oyentes más
estimables, es decir, los reputados como más inteligentes o como más resueltos,
quienes comúnmente se colocan en primera fila.
Una habilidad del buen Orador es la de percatarse de la composición del
Auditorio, antes de comenzar su exposición, para intuir qué energías podrán
operar sobre él y conquistarlo. Poor ell, el buen Orador:
1) Observará la capacidad intelectual de su Auditorio.
2) No utilizará términos fuera de su alcance.
3) No empleará palabras técnicas y científicas que la mayoría del Auditorio
pueda desconocer o, de lo contrario, las explicará de inmediato, con toda
naturalidad (se evitará en esto la ostentación: es chocante y sólo granjea
antipatías hacia el Orador).
4) No construirá períodos demasiado largos, cuyo sentido queda en suspenso
por mucho tiempo.
Si el Orador se interesa por su Auditorio, lo más probable es que sus oyentes se
interesen también por él.
En apoyo de este aserto, Ángel Majorana (1943) afirma: "Diálogo es, por
consiguiente, todo acto de elocuencia, y supone entre sus dos sujetos
correspondencia simpática" (p. 124). Para que la haya será necesario, por lo
tanto, que exista resonancia oratoria, es decir, que el Orador y él Auditorio se
encuentren acordes o, dicho con otras palabras, en recíproca relación de
benevolencia; y así el uno será el eco del otro.
Si el Orador siente con vehemencia lo que dice y lo expresa con sentimiento,
espontaneidad y contagiosa convicción, el Auditorio no podrá evitar el ser
envuelto en el espíritu de aquel, y no sólo le corresponderá con idéntica
reacción, sino que le perdonará -o no advertirá, casi- los errores menores que
pueda cometer.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Recuérdese que se nos aprecia y clasifica por cuatro cosas: por lo que
hacemos, por lo que parecemos, por lo que decimos y por la manera en
que lo decimos.
En esto último es en lo que fracasan muchos Oradores. Comienzan por
no estar ellos mismos convencidos de lo que dicen y, en consecuencia, no
ponen ímpetu en su discurso, no ponen pólvora en la bala.
¿Cómo se logra esa vehemencia y ese brío? ¡Entusiasmándonos! Repensando
los conceptos, meditando sobre lo que habremos de decir, concentrándonos,
convenciéndonos de la bondad de lo que decimos, después de que hayamos
descubierto que aquello es realmente bueno.
¿Qué es lo que atrae a un auditorio irresistiblemente?
La sinceridad y la pasión. Los oyentes deben sentir que el mensaje surge de
la mente y del corazón del Orador, para inundar la mente y el corazón
propios.
¿Cómo adecuar la Oratoria según el Auditorio y el momento? Ningún Orador
que anhele ser elocuente olvidará que un Auditorio es siempre
muchedumbre, que, en cuanto tal, tiene limitaciones psíquicas y físicas y que
si anhela perorar con eficacia:
Averiguará de antemano y con exactitud qué clase de Auditorio se reunirá
para escucharlo, a fin de determinar con anticipación sus preocupaciones e
intereses, y cuáles serán las ideas y pensamientos que moverán mejor su
sensibilidad.
Procederá con mucha cautela en los primeros momentos en que aparezca
frente a su Auditorio. El Orador pensará que, si es juzgado, en gran parte, por su
manera de actuar, las primeras impresiones son las que más perduran.
Presentará el tema de una manera original y novedosa, para despertar la
atención de sus oyentes. El humor, discretamente usado, puede disponer a un
Auditorio a ser más receptivo, pues es un lubricante que suaviza arideces y
predispone favorablemente. Evitará todo apresuramiento en el hablar,
procurándose un ritmo regular y agradable que no emplee más de ciento
veinte o ciento cincuenta palabras por minuto. Si se sobrepasan estos límites se
caerá en una fatal monotonía y llegará el hastío: un auditorio aburrido es un
auditorio enemigo.
Desarrollará el tema sin titubeos ni vacilaciones, pues, si esto ocurre, al
descubrir su indecisión, el Auditorio se sentirá decepcionado y no se podrá
ejercer influencia sobre él. En cambio, sí el Orador es el primer persuadido por
el contenido de su mensaje, logrará fácilmente convencer a sus oyentes. A un
Auditorio le agrada ver en el Orador decisión, energía y convicción.
Repetirá el mismo concepto fundamental tantas veces como lo crea necesario
-aunque puede variar la forma de exponerlo- para que el público lo capte.
Recordará que un Auditorio no tiene tiempo, mientras escucha, de aprender
todo el valor del discurso, y como su poder de concentración es escaso, debe
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
hablársele con sencillez y claridad: esta es la principal técnica que emplean los
publicitarios, cualquiera de los cuales sabe que, si se repite un pensamiento lo
suficientemente a menudo y con el necesario vigor, la mayor parte de los
oyentes acabará por creerlo. Pero, al mismo tiempo, procederá con prudencia,
no obligando a retener a sus Oyentes más de lo que ellos puedan comprender
y recordar. Expondrá su discurso con todo el calor de su entusiasmo. No olvidará
que a un Auditorio le agrada ver acción en el Orador y sentir energía en su
palabra.
¢ Empleará los adecuados gestos y ademanes, recordando que quien se
mantiene pasivo y sin accionar no influirá en forma alguna en sus Oyentes. Se
esmerará por que surjan espontáneos, es decir, que nazcan del sentimiento o
de la emoción.
¢ Ilustrará con ejemplos y casos específicos todas aquellas afirmaciones dirigidas
a impresionar a su Auditorio. Un ingrediente muy útil resulta ser siempre el uso de
parábolas.
¢ Consultará al Auditorio, haciendo uso de la interrogación retórica. A los
oyentes les encanta que el Orador cuente con su asentimiento, aunque sea
tácito. En consecuencia, hablará como quien consulta y propone,
formulándose él mismo las preguntas que supone puedan estar en el ánimo
de los oyentes, para contestárselas, acto seguido.
¢ interpretará en sus oyentes aquello que ellos ya sienten, pero que no pueden
expresar por sí mismos. Un Auditorio se alegra cuando el Orador suscita en el ánimo
de sus oyentes los sentimientos que ya existen en ellos confuso o embrionarios,
cuando se convierte en el intérprete de sus propios pensamientos, y lo aplauden sin
reservas cuando comprenden que no sólo las comparte, sino que habilidosamente
las divulga.
Bibliografía
Mingrone de Camarota P. "El poder secreto de la oratoria". Edit. Bonum . Bs. As. 2011.
Sánchez R. "Oratoria, para hablar bien y claro". Edit Mirbet. Lima 2014.
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”
Dpto. Escuela de Suboficiales de Policía “Gral. Manuel Belgrano”