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ANGELEOLOGÍA

La angeología estudia la existencia y naturaleza de los ángeles, seres celestiales mencionados en la Biblia que actúan como mensajeros de Dios. Se dividen en ángeles santos y caídos, y su influencia en los asuntos humanos es reconocida a lo largo de la historia. La doctrina de los ángeles se basa en la revelación divina y no en especulaciones humanas, destacando su papel en el universo y su relación con la humanidad.

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La angeología estudia la existencia y naturaleza de los ángeles, seres celestiales mencionados en la Biblia que actúan como mensajeros de Dios. Se dividen en ángeles santos y caídos, y su influencia en los asuntos humanos es reconocida a lo largo de la historia. La doctrina de los ángeles se basa en la revelación divina y no en especulaciones humanas, destacando su papel en el universo y su relación con la humanidad.

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ANGELEOLOGÍA

VOLUMEN II

1
ANGELEOLOGÍA
CAPÍTULO I
INTRODUCCIÓN A LA ANGELEOLOGÍA
Una verdad que se incluye en el cuerpo didáctico de las Sagrada Escrituras es la que declara que
existe un orden de seres celestiales muy distintos de los seres humanos y de la Deidad, y que
ellos ocupan un estado superior al actual del hombre caído. Estos seres celestiales se
mencionan por lo menos 108 veces en el Antiguo Testamento y 165 veces en el Nuevo
Testamento, y de este extenso conjunto bíblico el estudiante de la Sagrada Escritura, puede
elaborar lo doctrina de los ángeles (comp. Gabelei, The Angels of God, p. 12).
El vocablo ángel, que se deriva bien de mal`ak del hebreo del Antiguo Testamento, o bien de
aggelos del griego del Nuevo Testamento, quiere decir simplemente mensajero. Estos seres
ejecutan las órdenes de Dios a quien sirven. Los ángeles santos son mensajeros del Creador,
mientras los caídos son mensajeros de Satanás, denominado en Biblia “el dios de este siglo”, y a
quien ellos mismos han prometido servir. A veces a los hombres se les llama mensajeros como
en Apoc. 1:20, aunque hay ciertos expositores, bien representados por Alford, que afirman que
los mensajeros de las siete Iglesias de Asia son seres del mundo espiritual.
La palabra ángel no sólo es genérica por aplicarse a todos los órdenes de los espíritus creados,
sino que también se usa para expresar su servicio u oficio.
Al estudiar la doctrina de los ángeles, como el estudiar cualquier otra doctrina teológica, hay
campo suficiente para el uso de la razón. En vista de que Dios es Espíritu (Jn. 4:24) y de que en
ninguna manera participa de los elementos materiales, es natural presumir que hay seres
creados que se asemejan más a Dios que las criaturas mundanas que participan igualmente de
lo material y lo inmaterial. Hay reino material, reino animal y reino humano; así que se puede
considerar que hay un reino angélico o de los espíritus. Sin embargo, la Angelología no descansa
sobre el razonamiento, ni sobre la suposición, sino sobre la revelación divina.
Tal como el universo ha sido ordenado no ha sido voluntad de Dios que los hombres tengan
relaciones con los ángeles, ni tampoco conciencia viva de su presencia. Con todo, la Biblia
declara que los ángeles no sólo observan los acontecimientos humanos, sino también que los
ángeles buenos son ministros de los herederos de la salvación (Heb. 1:14) y que los ángeles malos
hacen la guerra contra lo que hay de Dios en el hombre (Efe. 6:12). La realidad de la influencia
angélica en los asuntos humanos no está limitada a cierta porción de la historia humana. Se nos
dice que los ángeles han estado presentes desde la creación y continuará estándolo hasta la
eternidad venidera. Los ángeles integran dos de los cinco grupos en que se dividen todas las
criaturas finitas creadas por Dios; a saber, los ángeles santos y los caídos. Los otros tres grupos
son, el de los gentiles, los judíos y los verdaderos cristianos. Todas estas clases de seres finitos,
sin tomar en cuenta ni el tiempo ni el orden de su principio, seguirán en su propia categoría
hasta la eternidad, teniendo siempre las mismas características que Dios les dio al crearlos. Es

2
decir, no hay ninguna evidencia de que habrá otros órdenes de seres finitos que serán creados
ni en este siglo, ni en los futuros.
Durante la Edad Media una especulación grotesca y sin provecho caracterizaba las discusiones
sobre la doctrina de los ángeles, y eso resultó en el actual desprecio en cuanto a ese cuerpo de
verdad. Sobre estas discusiones antiguas el Dr. Augustus Strong escribe: “Los escolásticos
debatieron tales cosas como, cuántos ángeles pudieran pararse sobre la punta de una aguja (la
relación entre los ángeles y el espacio); o si sería posible para un ángel estar en dos lugares a la
vez; o cuánto fue el intervalo del tiempo entre la creación de los ángeles y su caída; o si el
pecado del primer ángel causó el pecado de los demás; o si tantos ángeles retuvieron su
dignidad de ser ángeles como el número de los que cayeron; o si nuestra atmósfera es el lugar
de castigo para los ángeles caídos; o si los ángeles que sirven de guardianes tienen a su cargo a
los niños desde su bautismo o desde que están en el seno de sus madres” (Systematic Theology,
sexta edición, p. 221). En la misma forma también Rossetti en su obra La Sombra de Dante, en las
páginas 14 y 15 dice de El Dante lo siguiente: “La caída de los ángeles rebeldes él piensa que
ocurrió unos veinte segundos después de ser creados, y que tuvo su origen en el orgullo de
Lucero que no le permitió estar dispuesto a esperar hasta el momento predeterminado por su
Creador para darle conocimiento perfecto” (citado por Strong).
La presencia de los espíritus ha sido reconocida en casi todos los sistemas religiosos. Sobre esto
el Dr. Guillermo Cooke ha escrito lo siguiente:
“En verdad, en casi todos los sistemas religiosos, sean viejos o modernos, encontramos tales seres; en los Eones de
los Gnósticos, los Demonios, los Semidemonios, los Genios y los Lares que tienen un papel tan importante en las
teogonías, las poesías y la literatura en general de la antigüedad pagana, tenemos abundante evidencia de la
creencia casi universal en la existencia de las inteligencias espirituales y que ocupan distintos rangos entre el
hombre y su Creador. En muchos casos, sin embargo, hallamos a veces la verdad vestida de ficción y los hechos
deformados por las fantasías extravagantes de la mitología. Aquí podemos notar con verdad la doctrina pagana
tocante a los seres espirituales. Se creía que las almas de los difuntos héroes y los hombres buenos fueron elevados
a la dignidad que les correspondía y a la felicidad eterna; éstos fueron llamados demonios y se suponía que servía
como mediadores entre la divinidad suprema y el hombre. Sin embargo, había otra clase de demonios de los cuales
se creía que nunca jamás habían habitado en cuerpos mortales, y de éstos había dos categorías: los buenos que se
ocupaban en guardar a los hombres buenos, y los malos que envidiaban la felicidad humana y buscaban cómo
impedir alcanzar la virtud deseada y al mismo tiempo efectuar su ruina. Estos conceptos son una substitución de la
verdad; pero en las Escrituras tenemos la verdad misma en su pureza original, libre de las corrupciones
supersticiones y la imaginación licenciosa del poeta; y la verdad es mucho más majestuosa a causa de su
simplicidad sin adorno.

Los filósofos y poetas paganos a menudo hablaron del ministerio de los seres espirituales. En varias ocasiones
Sócrates habló del buen demonio que le atendió, dirigiéndole y guiándole por medio de sus sugerencias. Platón
enseñó que la clase más alta de demonios, los que nunca habían habitado en los cuerpos mortales, habían sido
designados como los guardianes de los hombres. Pero el viejo Hesíodo atribuye un ministerio a los espíritus que
antes habitaron en cuerpos mortales durante de edad de oro, y los menciona como:

Oh, espíritus etéreos celestiales

Por Júpiter al mundo designados

A guardar a los hombres sois enviados,

3
Y os hacéis invisible a los mortales

Marcando a los buenos y malvados.

Situados cual espías inmortales

Observáis muy atentos vuestro encargo;

Por miríadas cada hombre es circundando,

Repartiendo oro y gloria eternales

Por divino permiso que os es dado.

Tenemos aquí una representación breve de ese sentimiento general acerca de los oficios de tales seres superiores,
la que es ampliada abundantemente en las especulaciones de los filósofos y en las ficciones soñadas por los poetas.
Pero, al dejar esas teorías fantásticas y dramas divertidos de los paganos, avancemos con certeza a la consideración
de la verdad sencilla que nos revela la Palabra de Dios y también notar lo que han visto los santos en cuanto al
mundo angélico”.

Christian Theology, edición quinta, pp. 610-11, 21-11.

4
CAPÍTULO II
INFORMACIÓN GENERAL SOBRE LOS ÁNGELES
La doctrina de los ángeles puede ser considerada en 12 divisiones generales, las que serán
expuestas a continuación.
I. LAS ESFERAS ÁNGELICAS
Al echar una mirada a la revelación bíblica concerniente a los seres angélicos, es preciso
considerar la más amplia esfera del universo en su totalidad y no restringir esta contemplación a
los límites terrenales. Notamos en primer lugar que la astronomía moderna ha presentado
mucha evidencia que demuestra la inmensidad de la creación material. Hay sistemas solares
mucho más grandes que éste y que se extienden más allá de la comprensión del poder humano.
Tenemos conocimiento de otros soles con sus planetas y satélites que están tan distantes de
nuestro sistema como cincuenta a cien millones de kilómetros. Camilo Flammarión afirma:
“Entonces entiendo que todas las estrellas que siempre se han visto en el firmamento, los
millones de puntos luminosos que forman parte de la Vía Láctea, los cuerpos celestiales
innumerables, los soles de toda magnitud y de todo grado de brillantez, los sistemas solares, los
planetas y los satélites que por millones y millones se extienden en el inmenso vacío que nos
rodea; que todo lo que los seres humanos han llamado el universo, no representa en lo infinito
más que un archipiélago de islas celestiales y nada más que un pueblo de menor importancia en
la totalidad de una gran población. En esta ciudad del imperio sin límites, en este pueblo de una
tierra sin fronteras, nuestro sol y su sistema representa un puntito, una casita aislada entre los
millones de otras habitaciones. ¿Será nuestro sistema un palacio o una chocita en esta gran
ciudad? Probablemente una chocita. ¿Y la tierra? la tierra es una cámara en la mansión solar –
una habitación miserablemente pequeña”. (The Angels of God”, pp. 8-9).
Desde tiempos remotos los hombres han pensado sobre la cuestión de si la tierra es el único
planeta habitado. La ciencia ofrece sus conjeturas, pero la Biblia habla con autoridad sobre este
viejo problema. Se nos revela que los ángeles viven en las esferas celestes y que no hay cifras
humanas para contarlos tan grande es su número. Se les reúne en grupos que se identifican
como tronos y dominios, principados y potestades, autoridades y las huestes celestiales. Pero
todos ellos están sujetos al Señor Jesucristo, quien creó este universo y todo lo que contiene,
incluyendo a los seres angélicos. El creó las “cosas visibles e invisibles” (Col. 1:16). El apóstol
Pedro declara que estos seres creados están sujetos a Cristo (1 Ped. 3:22). No hay indicio alguno
de que ellos estén limitados a esta esfera terrestre, ni a ninguna otra esfera del universo. Cristo
dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay” (Jn. 14:2). La “casa de mi Padre” es nada
menos que este universo en el cual hay muchas moradas. San Judas afirma (v. 6) que los ángeles
tienen su propia habitación. Sobre este pasaje el Dr. A. C. Gabelein ha escrito: “En la epístola de
Judas encontramos esta declaración significativa, `Y a los ángeles que no guardaron su dignidad,
sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas,
para el juicio del gran día´ (Jud. 6). Lo primordial que deseamos considerar aquí es el hecho, y
hecho sobresaliente, que estos ángeles tuvieron su propia habitación. Se les dio su propio

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estado. Nos parece que esto aporta pruebas conclusivas de que los ángeles tienen moradas en
los cielos, que son lugares donde ellos moran, y de los cuales pueden salir como ministros de
Dios” (op. cit., ps. 39, 40). Hooker declara: “Los ángeles están unidos en una asociación entre
sí. . . Hay que considerar que existe una sociedad de los ángeles de Dios, y que hay una ley que
los organiza en ejércitos, perteneciendo a distintos grados u órdenes” (Luc. 2:13; Mat. 26:53; Heb.
12:22) (Ecc. Polity, Libro I, 4. 2, citado por Gerhart, Institutes of the Christian Religión, I, 644). Es
importante tomar en cuenta esta consideración, pues es natural que los hombres crean que la
esfera humana forma el centro y los otros órdenes de seres creados se congregan alrededor de
él. La existencia de los ángeles, anterior a la humanidad por siglos sin cuento, y todo lo que se
relaciona al dominio unido y a los hechos de los ángeles, para lo que fueron creados,
continuamente se ha ejecutado sin referencia alguna a, ni dependiente de ese orden de
existencia humana que es inferior al de los ángeles. El significado de las designaciones
anteriormente citadas –tronos, dominios, principados, potestades y autoridades— no tiene
ninguna relación a, ni dependencia de las cosas mundanas. Esta terminología expresa más bien
la cooperación que hay entre los ángeles mismos. Esto presenta otra esfera de relación que en
sí misma es tan vasta como el universo en que reside y en donde funciona. Se declara que los
seres angélicos tienen interés en lo que ocurre en la tierra y también algo de su servicio se dirige
hacia nuestro globo. Pero ninguna revelación nos es dada tocante a la extensión o a la
naturaleza de los hechos y las fuerzas que constituyen la realidad en que viven los ángeles, la
que estaba en acción siglos antes de la creación del hombre. Lo que la Biblia dice no se dirige a
los ángeles, ni tampoco ese libro trata de dar una descripción completa de su estado ni de las
relaciones entre ellos. Sin embargo, se implica que el universo, tan inmenso que el ojo humano
apenas comienza a penetrarlo, está habitado por seres espirituales inmensurables, y que, los
habitantes de esta tierra, son hechos participantes de aquellos extensos dominios al ser librados
de las limitaciones de la esfera terrestre, no para llegar a ser ángeles, sino para entrar en esa
esfera que la teología divina ha designado para ellos.
Con nuestra visión natural no hay cómo discernir la presencia de los ángeles, pero eso no
impugna la verdad de que los ángeles están alrededor de nosotros en todo lugar. Milton ha
escrito, no por inspiración divina, sino como la imaginación poética le dictó, así: “Hay millones
de seres espirituales que andan invisibles en la tierra, sea que tenemos dormidos o despiertos”
(citado por Strong, Systematic Theology, sexta ed. p. 227). Cuando la visión natural del mozo en
2 Reyes fue aumentada, pudo ver toda la montaña llena de caballos y carrozas de fuego
alrededor de Eliseo. Una razón de que los ángeles sean invisibles a la pupila humana pudiera ser
de que sí fueran vistos serían adorados por los hombres. El hombre, que tan inclinado es a la
idolatría, que tiende a adorar aun las obras de sus manos, no podría resistir el adorar a los
ángeles si estuvieran delante de su vista. En Apóstol habla contra “el culto a los ángeles” (Col.
2:18), y Juan testifica así: “Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las nube oído y
visto, me postré para adorar a los pies del ángel que mostraba estas cosas. Pero él me dijo:
Mira, no lo hagas: porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que
guardan las palabras de este libro. Adora a Dios” (Apoc. 22:8-9).
II. REALIDAD DE LOS ÁNGELES

6
A la luz de tanta revelación, las especulaciones del gnosticismo tienen que ser rechazadas. Los
ángeles son en verdad seres vivos del más alto rango y su presencia es en verdad de mayor
consecuencia en el universo –aunque en ninguna manera son seres tan independientes en el
sentido de que se creara a sí mismos, con todo— sí son seres libres y morales que en siglos
pasados por lo menos tenían el poder de determinar su destino propio. Se revela que algunos
de los ángeles “pecaron” y que “no guardaron su dignidad” (2 Ped. 2:4; Jud. 6). No hay ninguna
revelación plena tocante a los temas importantísimos y a las épocas extensas apenas tocadas en
aquellas breves declaraciones. Ocurriera lo que ocurriere no hubo cómo quebrantar la relación
entre la criatura y su Creador y, como lo declara la Escritura, al fin estos ángeles caídos tendrán
que dar cuenta al Dios que ellos habían repudiado (Ez. 28: 16-17; Mat. 25:41). La suficiencia de los
ángeles, como la de toda criatura, depende sólo de Dios. se mueven y viven sólo por virtud el
poder divino. Aun el gran Miguel, el arcángel que luchó con Satanás, afirmó su dependencia de
Dios.
III. IMPORTANCIA RELATIVA DE LOS ÁNGELES Y LOS HOMBRES
Las Escrituras afirman que el hombre “fue hecho poco menor que los ángeles” (Sal. 8:4-5; Heb. 2:6-
7). Si esto se refiere a su estado o a las cualidades inherentes y esenciales no se determina con
claridad. Es probable que los ángeles sean superiores a los hombres en ambos aspectos. Ha
habido mucha discusión en tiempos antiguos sobre este asunto. Entre los escritores más
recientes, Martenson, junto con otros, arguye que los ángeles son inferiores a los hombres,
mientras Dormer con un grupo más grande, insiste en que los ángeles son superiores. La Biblia
dice que el hombre fue hecho a la imagen de Dios; no hay tal referencia con respecto a los
ángeles. El hombre posee un cuerpo material con todas sus experiencias; no hay nada acerca de
tales experiencias entre los ángeles, aunque es manifiesto que los demonios buscan
incorporarse cuando se les presenta la oportunidad.
Discutiendo sobre los ángeles el Dr. Gerhart escribe sobre la importancia relativa entre ellos y
los hombres: “El hombre es un ser físico-espiritual, uniéndose orgánicamente en su constitución
cuerpo y alma. No es verdad, como frecuentemente se enseña, que el cuerpo es un
impedimento al alma. Una degradación de la naturaleza humana, ni el cuerpo es tampoco el
resultado de un castigo. Más bien es un elemento de dignidad, una condición necesaria para
una vitalidad espiritual, lo que une al hombre a dos mundos distintos. Por un lado, la
organización física une la vida humana, la personalidad humana, a lo material con todas las
fuerzas y los procesos de la naturaleza hasta su origen primitivo. Por otra parte, la vida espiritual
sirve de enlace entre el hombre y el dominio metafísico del espíritu. Conectado así tanto con los
dominios celestiales y el mediador entre lo finito y lo infinito, entre lo material y lo espiritual, el
representativo de Dios en Sus relaciones con el mundo y el órgano del mundo en sus relaciones
con Dios. La revelación no da esta posición tan elevada a ninguno de los órdenes angélicos” (Op.
cit. ps. 648-649). Martensen, escribiendo en su Dogmatics (ps. 132-133) declara: “aunque el
ángel, en relación al hombre, es el espíritu más potente, el espíritu del hombre, sin embargo, es
el más rico y más comprensivo. Porque el ángel con todo su poder es solamente la expresión de
una sola de esas fases que el hombre en la naturaleza interna de su alma, y la riqueza de su

7
propia individualidad, se propone a combinar en un microcosmo completo y perfecto. . . Es
precisamente porque los ángeles son solamente espíritus y no son almas, que ellos no pueden
gozarse de la misma rica existencia como lo puede el hombre, cuya alma es el punto de unión
en donde se encuentran el espíritu y la naturaleza” (citado por Gerharte, ibid). Ninguna
consideración de la importancia relativa entre el hombre y los ángeles sería completa si no
tomamos en cuenta que el hombre, aunque actualmente hundido en el lodo cenagoso de la
desesperación, con todo puede experimentar la redención y ser colocado en su lugar seguro,
fundamento llamado la Roca (Sal. 40:2), y es destinado a ser conforme a la imagen de Cristo y
este estado final lo coloca por encima de los ángeles. Se nota que hay una discrepancia notable
en muchos de los esfuerzos para delinear un contraste entre estos dos órdenes de la creación
divina. La Biblia es la única fuente de información digna de confianza y es principalmente una
revelación al hombre acerca de su propia relación con Dios. Lo revelado acerca de los seres
angélicos es la parte que tiene que ver con los asuntos humanos, y hay poco indicio tocante a
aquellas grandes esferas de su actividad en que se ocupan los ángeles. La discusión no tiene
solución satisfactoria pues carecemos aun de un conocimiento elemental concerniente al
mundo de los ángeles.
IV. PERSONALIDAD DE LOS ÁNGELES
La verdad relacionada con la personalidad de los ángeles también es difícil de expresarse. No
podemos aceptar, un ejemplo, la siguiente vaga declaración dada por Martensen:
“Hay muchas categorías de espíritus debajo del cielo, y por esto mismo hay muchos grados de espiritualidad e
independencia espiritual; y justamente podemos afirmar que ángeles están divididos en clases. . . Si contemplamos
a los ángeles en su relación al concepto de la personalidad, se puede afirmar que hay potestades, cuya
espiritualidad está tan lejos de ser independiente, que ellos sólo poseen una personalidad representada; en suma,
son solamente personificación. De tal carácter son las tempestades y llamas que ejecutan los mandamientos del
Señor. Otros poderes existen en la creación que poseen un grado de espiritualidad más alto, un estado intermedio
de existencia entre la personificación y la personalidad. En esta categoría se puede clasificar los poderes
espirituales en la historia, como, por ejemplo, los espíritus de las naciones y las deidades de la mitología. . . Pero, si
en este asunto hallamos poderes en la historia que viven en esa región que media entre la personalidad y la
personificación, no es menos cierto que la revelación reconoce una tercera clase de poderes cósmicos que
constituyen un libre y personal reino espiritual”. Christian Dogmatics, p. 131, ciatdo por Gerhart, op. cit., p. 642.

Aunque su servicio a su dignidad puede variar, no hay implicación alguna en la Biblia de que
algunos de los ángeles son más inteligentes que otros. Se declara que los ángeles tienen todo el
elemento de personalidad. Son seres individuales, y aunque son espíritus, pueden experimentar
las emociones; rinden culto inteligente (Sal. 148:2); contemplan la faz del Padre con debida
comprensión (Mat. 18:10); saben sus limitaciones (Mat. 24:36), su inferioridad al Hijo de Dios (Heb.
1:4-14); y, en el caso de los ángeles caídos conocen su habilidad para el mal. Los ángeles son
individuos y aunque se aparecen en su capacidad individual, con todo están sujetos a distintas
clasificaciones y varios rangos de importancia.
V. CREACIÓN Y MODO DE EXISTENCIA DE LOS ÁNGELES
Basándose en Col. 1:16-17 se puede presumir que todos los ángeles fueron creados
simultáneamente. De la misma manera, se resume que la creación de los ángeles se completó

8
en aquel tiempo y que ninguno será añadido a este número. No están sujetos a la muerte u otra
forma final de existencia; por lo consiguiente tampoco su número disminuye. Parece que el plan
divino para la propagación de la raza humana no tiene contraparte en el orden angélico. Cada
ángel, por ser una creación directa de Dios, tiene una relación personal e inmediata con el
Creador. El Señor Jesucristo dijo con respecto a ciertos individuos de la familia humana cuando
aparezcan en el mundo de los resucitados que “en la resurrección ni se casarán, ni se darán en
casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo” (Mat. 22:28-30). Por lo tanto, se
concluye que no hay ni aumento ni disminución entre estos seres celestiales.
La existencia de los ángeles se da por sentado en las Escrituras, y éstas son la única fuente de
información digna de confianza acerca de estos seres, a los cuales, aparte de sus apariciones
sobrenaturales, no son accesibles a la esfera del conocimiento humano. Como el hombrees la
suprema creación en las esferas terrenales, así los ángeles lo son en las esferas más altas
descritas en Col. 1:16-17, en donde está escrito: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las
que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios,
sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de
todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”. Como los ángeles, juntamente con otros seres
morales, fueron creados por Cristo y para Cristo, así ellos permanecerán siempre para la
alabanza de Su gloria. Aunque es la verdad que algunos de la raza humana y ciertos ángeles no
adoran a Dios, la mayor parte de los ángeles están delante de Su trono en adoración incesante.
Es asunto de mayor importancia en los consejos divinos que ciertas criaturas caídas en pecado
niegan el añadir su nota de alabanza a Él, quien merece todo honor. Este repudio no podría
existir para siempre. Es agradable leer que Cristo, en Su reino, no permitirá ningún otro dominio
ni autoridad, y que, al final de esta dispensación, El, mediante el ministerio de los ángeles
recogerá de las esferas humanas todo lo que ofende. En cuanto a la disposición relativa a la
enemistad en las esferas más altas, se dice: “Porque preciso es que él reine hasta que haya
puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la
muerte” (1 Cor. 15:25-26), mientras tocante a la disposición de sus enemigos en las esferas más
bajas nos dice lo siguiente: “Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a
todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de
fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el
reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mat. 13:41-43).
Comparada a la existencia humanan y animal, la de los ángeles se puede denominar incorpórea,
pero sólo en el sentido de que no tienen un organismo mortal. Hay la implicación bíblica de que
los ángeles sí tienen cuerpo en alguna forma. Dios es Espíritu, pero cuando Cristo se dirigió a los
judíos, hablando del Padre, dijo: “Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto” (Jn. 5:37;
comp. Ex. 33:23; Ez. 1:1-28; Sal. 104:2). Es esencial para un espíritu que tenga forma localizada,
determinada y espiritual. Muchas veces se confunde el problema al imponer sobre los seres
espirituales las limitaciones que corresponden a la humanidad. Para los santos en el cielo se les
promete “un cuerpo espiritual” –un cuerpo adaptado al espíritu del hombre (1 Cor. 15:44). Ese
mismo es el tipo de cuerpo de nuestro Señor glorificado (Fil. 3:21). El apóstol Pablo nos llama la
atención a que hay varias clases de cuerpos aun en la tierra (1 Cor. 15:30, 40), y sigue diciendo,

9
“Hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales”. La evidencia de que no hay cuerpos celestiales
es mínima, si el problema descansa sólo sobre la verdad de que el hombre no tiene el poder
para discernir tales cuerpos. Los espíritus existen en una forma de organización que es adaptada
a su modo de ser. Son tanto finitos como espaciales. Todo eso puede ser la verdad, aunque
estén alejados de esta esfera terrena. Pueden acercarse a la esfera de la vista humana, pero ese
hecho no significa que tiene que conformarse a la existencia humana. Según lo que demande la
ocasión ellos pueden aparecerse a hombres de tal manera que pasan como tales. Si no, ¿cómo
pudieran algunos “hospedar a los ángeles sin saberlo”? (Heb. 13:2). “Volviendo a su apariencia en
otras ocasiones se describe el aspecto angélico como relámpago y su vestido blanco como la
nieve” (Mat. 28:2-4). Cuando Cristo declaró en Luc. 24:37-39, “un espíritu no tiene carne ni hueso,
como veis que yo tengo”, no quiso decir que los espíritus no tienen cuerpo alguno, sino que los
cuerpos que tienen es de distinta constitución que la de los hombres. En una manera discreta y
prudente el Dr. Guillermo Cooke ha investigado este campo de verdad relacionado a la
naturaleza y corporalidad de los ángeles, así:
“En el Antiguo Testamento el Salmista los denomina `flamas de fuego´ (Sal. 104:4) que el autor de Hebreos
interpreta `hace a sus ángeles espíritus´ en Heb. 1:7; y el verso 14 del mismo capítulo dice que ellos son espíritus
ministradores. Pero es aquí donde surge la pregunta: ¿Son los ángeles tan espirituales que en efecto son seres
inmateriales como Dios mismo?, o ¿más bien son incorporados en un material de refinada textura? Las opiniones,
tanto modernas como antiguas están muy divididas en relación a este asunto. Atanasio, Basilio, Gregorio de Nicea,
Cirilo y Crisóstomo enseñaron que los ángeles existen en forma absolutamente inmaterial; pero Clemente de
Alejandría, Orígenes, Cesario y Tertuliano, entre otros de los padres tempranos, creyeron que esos seres benditos
se incorporaron en una forma de existencia material más refinada. El término espíritu aplicado a ellos por sí mismo
no puede en lo absoluto resolver el problema; porque tanto en el hebreo como en el griego esa palabra es
primariamente u término material pues indica aliento, aire o viento y, por lo tanto, puede aplicarse sin violencia a
lo que sea puro espíritu o igualmente a una naturaleza de una materia refinada. Es verdad que cuando se
aparecieron los ángeles a los hombres tomaron forma humana visible. Sin embargo, eso no es prueba de su
materialidad, porque los espíritus humanos en su estado intermedio, aunque sin cuerpo, han tenido contacto con
los hombres y aparecieron en forma humana de materia. Eso se ve en el monte de la Transfiguración donde tanto
Moisés como Elías fueron reconocidos por los discípulos. También podemos añadir que los ancianos que
aparecieron al apóstol Juan y conversaron con él en el Apocalipsis tuvieron forma humana (comp. Apoc. 5:5 y 7:13).
Pero aún éstas apariciones no nos darán una solución definitiva para el problema en la suposición de que los
ángeles estén investidos de una naturaleza de materia refinada. Sin duda alguna el cielo es una habitación
adecuada para los tales. Enoc y Elías fueron exaltados en cuerpo y alma al cielo mediante una translación, la
humanidad glorificada de nuestro Señor está entronizada allí; y los ángeles, aunque envueltos en una materia
refinada, pueden habitar en los esplendores de la presencia divina. . . Con todo, como es una ley de adaptación que
ninguna materialidad tan cruda como `carne y sangre´ pueden entrar en ese reino bendito, se sigue que, si los
ángeles como espíritus habitan en una forma de cuerpo material, ése mismo tiene que ser tan refinado en su
naturaleza para excluir todo lo que involucra la posibilidad de deterioro, ni tampoco una organización con apetitos
y deseos carnales. Nuestro Señor ha decidido eso al afirmar que los seres humanos en el cielo no se casan ni se les
dan en casamiento, pero son como los ángeles de Dios (Mat. 22:30). En esta comparación entre el estado final de
los justos y el estado presente de los ángeles, tenemos una apreciación de la condición de ambos. Hace que
nuestro interés en este tema se aumente al saber que los tan exaltados, con los cuales vamos a vivir para siempre,
tienen una naturaleza común con la nuestra en muchas maneras; y aún es más interesante saber que en lo
relacionado con los atributos más altos tanto de los ángeles como los de los hombres, se asemejan a la naturaleza
humana de Cristo”. –Christian Theology, pp. 613-14.

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El arte de la edad medieval ha pasado su representación de todos los seres angélicos con alas
sobre una descripción bíblica en Dan. 9:21 en que nos habla de un ángel “volando con presteza”.
De cualquier modo, es verdad que la Biblia dice que los querubines, y los serafines o seres
vivientes sí tienen alas. Y los querubines así aparecen en las imágenes de oro en el arca sobre el
propiciatorio. Los ángeles, como se nota en Dan. 9:21, pasan de un lugar al otro con una velocidad
increíble.
VI. LA MORADA DE LOS ÁNGELES
El lugar de residencia de los ángeles es igualmente un asunto definitivo de la revelación divina.
Se nos insinúa eso en la verdad antes anotada que todo el universo está habitado por hueste sin
número de los seres espirituales. Este vasto orden de seres con todas sus categorías tiene
habitaciones fijas y centros para sus actividades. Mediante el uso de la frase “los ángeles que
están en el cielo” (Mar. 13:32) Cristo afirma definitivamente que los ángeles habitan las esferas
celestiales. El apóstol Pablo escribe, “un ángel del cielo” (Gál. 1:8) y, “Toda la familia en los cielos
y en la tierra” (Efe. 3:15). También, en la oración que Jesucristo enseño a sus discípulos, los
instruyó a decir: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mat. 6:10). El Dr.
A. C. Gabelein ha escrito lo siguiente acerca de la morada de los ángeles, diciendo:
“En el hebreo, el vocablo el cielo está en el plural o sea los cielos. La Biblia habla de tres cielos, siendo tercero el
cielo de los cielos, la misma morada de Dios y donde ha estado eternamente su trono. El tabernáculo que los
Israelitas poseyeron fue una muestra de los cielos. Cuando Moisés estuvo en el monte de Dios, miró al inmenso
cielo y vio los tres cielos. No tenía telescopio, pero el mismo Dios le mostró los misterios de los cielos. Entonces
Dios le advirtió a Su siervo cuando iba a comenzar la construcción del tabernáculo, diciéndole, `Mira, haz todas las
cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte´ (Heb. 8:5). El tabernáculo tuvo tres
compartimientos, el atrio exterior, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Una vez al año el sumo sacerdote entró en
este lugar terrenal de adoración, pasando por el atrio, por el Lugar Santo y finalmente entró en el Lugar Santísimo
llevando consigo la sangre del sacrificio para esparcirla en la presencia de Jehová. Pero, Aarón fue solamente un
tipo de El que es más grande que Aarón, o sea el verdadero sumo Sacerdote. La Escritura dice que El traspasó los
cielos (Heb. 4:14). ´Por qué no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo
mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios´ (Heb. 9:24). El pasó por los cielos, aquél que los astrónomos
saben que existe pero que ningún telescopio puede alcanzar. En los lugares celestiales, según la Epístola a los
Efesios, están los principados y potestades, una compañía de innumerables ángeles. Sus moradas están en esos
lugares celestiales. El Dios que los creó, que los hizo espíritus apropiándoles cuerpos conforme a sus naturalezas
espirituales, tiene que haberles dado también sus habitaciones. También es significativo, y no sin razón, que la frase
`los ejércitos del cielo´ quiere decir tanto las estrellas y los ejércitos angélicos. `Jehová de los ejércitos´ también
tiene ese significado doble, porque Él es Señor de las estrellas y Señor de los ángeles”. Op. Cit., págs. 34-35.

VII. NUMERO DE LOS ÁNGELES


Su alusión al número de los ángeles es una de las superlativas de la Biblia. Nos dice que son una
multitud “que nadie la puede contar”. Es razonable concluir que hay tantos seres espirituales en
existencia que como los que ha habido de seres humanos en toda la historia de la tierra. es
significativo que como la frase “el ejército del cielo” describe tanto a las estrellas de la creación
física como a los ángeles, éstos pueden considerarse tan numerosos como aquellas (Gen. 15:5).
Citando otra vez al Dr. Cooke él agrupa todo el testimonio bíblico tocante al número de ángeles,
dice:

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“Óigase lo que dice Micaías: `yo ví a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a
su derecha y a su izquierda´ (1 Reyes 22:19). Óigase a David en Sal. 68:17, `Los carros de Dios se cuentan por
veintenas de millares de millares´. Eliseo vio a un destacamento de estos seres celestiales enviados para guardarle y
la Escritura dice que `el monte estaba lleno de gente de a caballo y carros de fuego alrededor de él´ (2 Reyes 6:17).
Veamos lo que dice Daniel, `millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él´ (Dan. 6:10).
He aquí lo que los pastores de Belén vieron y oyeron la noche del nacimiento del Divino Redentor: `Una multitud de
las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: Gloria a Dios en las alturas´ (Luc. 2:13). Fíjense en lo que
Jesús mismo dice en Mat. 26:53, `¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de
doce legiones de ángeles?´ Échese una mirada al magnífico espectáculo que Juan el apóstol vio cuando
contemplaba aquel mundo celestial y dijo: Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres
vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones´ (Apoc. 5:11). Sí tomamos esta cifra literalmente
alcanza a un billón, pero representa sólo una parte de las huestes celestiales. Es probable, sin embargo, que este
número no debe tomarse en su significado preciso, sino que nos es dado para indicar que hay una multitud
inmensa superior a los que generalmente los seres humanos calculan. Por lo tanto, leemos en Heb. 12:22 no de un
cierto número limitado de ángeles, sino nos habla de `la compañía de muchos millares de ángeles”. Op. Cit., ps.
614-15.

VIII. PODER DE LOS ÁNGELES


“´Fuerte ángel´ y ´ángel poderoso´ son términos que se leen en el Apocalipsis. En nombre quiere decir el fuerte de
Dios; y entre otras designaciones de las órdenes angélicas hallamos la de potestades (gr. “exousias”). El atributo de
poder extraordinario pertenece a las naturalezas angélicas en general, y eso aprendemos de la boca de David quien
exclama: ´Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza´. Nos es imposible hacer una
comparación entre el poder de un ser espiritual y el poder físico del hombre por las limitaciones sobre éste último,
simplemente por su estructura física. Sin embargo, si se estima el poder de un hombre por los efectos maravillosos
que él puede producir a causa de su inteligencia superior; y los instrumentos que utiliza, entonces tenemos la
demostración que nos dará una pálida idea de los recursos del poder de los ángeles, porque su conocimiento
superior de la naturaleza los capacita para emplear en un más alto grado que nosotros los recursos del universo
para llevar a cabo cualquier comisión encomendada por Dios. Sea lo que fuere el modo o la medida en que ellos
ejerzan sus poderes, los efectos son maravillosos. Milton los describe como capaces de sacar los montes de sus
fundamentos para arrojarlos sobre sus antagonistas. Eso, ciertamente, es poesía; pero en los documentos verídicos
de las Sagradas Escrituras tenemos la verdad sin ser apocada por la ficción. En la Biblia hallamos a un solo ángel
como ministro de venganza, que destruye a 70 mil personas del reino de David en solamente tres días; otro
destruye en una sola noche a 85 mil soldados, armados correspondientemente del orgulloso monarca asirio; y
también leemos en otra porción bíblica de un ángel que destruyó a todos los primogénitos de Egipto en una sola
noche. En el Apocalipsis vemos a los ángeles deteniendo a los cuatro vientos del cielo, derramando las copas de la
ira divina y enviando los fuertes truenos de la ira de Dios sobre las naciones culpables; la vieja tierra tiembla al ver
la demostración del poder angélico como ministros del Dios que toma venganza sobre los pecadores. Pero los
ángeles son igualmente administradores del poder para bien; y mientras su naturaleza santa les hace los fieles
ejecutores de la justicia, su benevolencia y santidad les asegura deleite en emplear sus energías en el servicio de la
misericordia. Ibid., ps. 620-21.

IX. CLASIFICACIÓN DE LOS ÁNGELES


1. LOS GORBENANTE. La revelación identifica ciertos grupos y también personajes
individuales importantes entre los ángeles. Ya hemos mencionados unas cinco representaciones
de supremacías entre estos seres; a saber, tronos ( ), dominios ( ), principados (gr.
“archas”), autoridades ( ) y potestades ( ). Puesto que la Biblia nunca se entrega a la
tautología, se puede creer que hay un significado se especificó inherente en cada una de estas
designaciones, y tal significado se relaciona al que corresponde a las realidades terrenales que

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también llevan esos títulos. La verdad revelada tocante a los ángeles no es suficientemente
completa para hacer una analogía plena todavía. El término tronos se refiere a los que se
sientan en ellos; los dominios, a los que reinan; los principados, a los que gobiernan; las
potestades, a los que ejercen la supremacía, y las autoridades se refiere a los que tienen la
responsabilidad imperial. Y, aunque parezca que haya semejanza entre estas denominaciones,
se pueden asumir que por su medio se hace referencia a una dignidad incomprensible y a varios
grados de importancia. Las esferas celestiales de gobierno exceden a los imperios humanos, así
como el Universo es más grande que la tierra.
2. LOS ÁNGELES ESCOGIDOS. Se hace referencia en 1 Timoteo 5:21 a los “ángeles
escogidos”, y eso nos abre un campo de investigación muy interesante en lo relacionado a la
extensión de la doctrina de la elección tocante a los ángeles por parte de su Creador. Se
concederá que los ángeles fueron creados con un propósito, y que, en su reino, como en el del
hombre, los designios del Creador serán llevados a cabo perfectamente. La caída de ciertos
ángeles que prevista por Dios tanto como la del hombre en el Edén. A la vez se implica que los
ángeles han pasado su período de prueba.
3. LOS QUERUBINES, LOS SERAFINES Y LOS SERES VIVIENTES. Hay por ciertos muchas
interpretaciones sobre esta triple clasificación de seres angélicos. El Dr. Strong insiste en que
ellos son “figuras artificiales, simbólicas y temporales que en sí misma no tienen existencia
personal”. El trata de sostener esta idea mediante la aserción de que estas designaciones
específicas no están unidas a los ángeles en ningún pasaje bíblico. El Dr. Smith (Diccionario
Bíblico) y Dean Alford (Testamento Griego) sostienen que éstos son meramente símbolos de los
atributos de Dios. La mayoría de los expositores bíblicos reconocen a éstos como ángeles
exaltados a un alto rango, pero separados de los gobernantes. Algunos expositores tratan de
descubrir distinciones de posición y rango entre los que son designados con estos términos. Nos
parece lo más satisfactorio concederles no solamente el más alto puesto, sino también la misma
agrupación general. Los distintos términos usados parecen indicar una distinción de servicio más
que una de posición esencial. A causa del estado tan exaltado de estos ángeles debemos
considerar su servicio con la debida atención que merecen.
a. Los Querubines. El título querubín habla de su posición alta y santa y su responsabilidad
como tal se relaciona estrechamente con el trono de Dios como defensores de Su santo
carácter y presencia. En su Biblia Anotada el Dr. C. I. Scofield tiene una anotación bajo Ez.
1:5 y dice lo siguiente:

“Los ‘seres vivientes’ son idénticos con los querubines. El tema es algo obscuro, pero tomando en cuenta la
posición de los querubines en la puerta del Edén, en la cubierta del arca del pacto, y en Apoc. 4, se concluye
claramente que ellos se relacionan con la vindicación de la santidad de Dios contra el orgullo del hombre pecador
quien, a pesar de su pecado, podría alargar su mano para tomar del árbol de la vida (Gen. 3:22-24). Los querubines
que estaban sobre el arca del pacto, habían sido hechos de una pieza con el propiciatorio, y contemplaban allí la
sangre derramada que hablaba, tipológicamente, de la perfecta preservación de la justicia divina por medio del
sacrificio de Cristo (Ex. 25:17-20; Rom. 3:24-26, notas). Los seres vivientes (o querubines) parecen ser seres reales
del orden angélico. Compare Isa. 6:2, nota. Querubines o seres vivientes no son idénticos con los serafines (Isa. 6:2-

13
7). Los querubines parecen relacionarse con la santidad de Dios que ha sido ofendida por el pecado; los serafines,
con el problema de la impureza en el pueblo de Dios. el pasaje en Ezequiel es sumamente metafórico, pero el
efecto fue la revelación de la gloriosa presencia del Señor. Revelaciones como ésta se hallan invariablemente
asociada con un nuevo servicio y una nueva bendición. Comp. Ex. 3:2; Isa. 6:1-10; Dan. 10:5-14; Apoc. 1:12-19”. Op.
cit., p. 896.

b. Los Serafines. El título serafín habla de la adoración sin cesar, de su ministerio de


purificación, y de su humildad. Aparecen una sola vez bajo esa designación en la Biblia en Isa. 6:1-
3. Su triple atribución de santidad a Dios según la registra Isaías es repetida otra vez por Juan
(Apoc. 4:8), pero el apóstol los llama seres vivientes, y eso nos ayuda mucho a establecer su
identidad y agrupación. El Dr. Scofield en su nota sobre Isa. 6:1-3 dice lo siguiente:
“(6:2) Heb.: ‘abrasadores’. Esta palabra ocurre solamente aquí. Compare Ez. 1:5, nota. En muchas maneras los
serafines se hallan en contraste con los querubines, aunque ambos expresan la santidad divina, la cual exige que el
pecador tenga acceso a la divina presencia solamente por medio de un sacrificio que en verdad vindique la justicia
de Dios (Rom. 3:24-26, notas), y que el santo se purifique antes de ofrecer su sacrificio al Señor. Gen. 3:24-26 es
una ilustración de la primera de estas demandas; Isa. 6:1-8, de la segunda. Puede decirse que los querubines están
relacionados con el altar y los serafines con el lavacro”. Op. cit., p. 692-3.

c. Los Seres Vivientes. Esta frase es un título, y representa a estos ángeles en su obra de
manifestar la plenitud de la vida divina, la actividad incesante, y la permanente participación en
la adoración de Dios.
Lo incierto tiene que caracterizar el entendimiento humano en lo relacionado con los ángeles.
Tocante a su majestad, su adoración de Dios y la gloria sobresaliente del objetivo de su
adoración, el Obispo Bull (1634-1710) (citado por el Dr. Gabelein) escribió lo siguiente:
“Cuando consideramos cuán glorioso son los ángeles, pero al mismo tiempo son criaturas de Dios y Su siervos
como lo somos nosotros, y que ellos adoran ante el trono divino esperando cumplir los santos mandamientos de
Dios, tal consideración, si la permitimos penetrar profundamente en nuestros corazones, tiene que llenarnos de las
más reverentes estimaciones de la gloriosa majestad de Dios todo el tiempo, pero especialmente en nuestro
acercamiento a Él en adoración, y hacernos sentir la más grande reverencia y humildad. Muy a menudo debiéramos
fijar nuestros pensamientos en la visión que tuvo Daniel quien vio al Anciano de Dios sentado sobre Su trono con
millares de millares de ángeles que le servían y millones de millones que le asistían.

¡Con cuánta reverencia debiéramos conducirnos al dirigirnos a la majestad divina, ante Quien esconden sus rostros
los mismos serafines! Y si ellos se encubren los pies dándose cuenta de sus imperfecciones naturales al compararse
con el Dios infinitamente glorioso, ¡cómo debiéramos nosotros, tan viles pecadores como somos, sonrojarnos y
sentirnos avergonzados en Su presencia, sin la presunción de confianza en nosotros mismos, sino descansar sobre
la infinita misericordia divina y los méritos de nuestro Redentor y Abogado, Jesucristo!

Y cuando nos sentimos tentados hacia la vanidad y el orgullo, o pensamos más alto de nosotros o de nuestro
servicio de lo que debiéramos, entonces reflexionemos en la enorme distancia que existe entre nosotros y los
santos ángeles y cuán pobre, imperfecto y estropeado es nuestro servicio comparado con Su santo y excelente
ministerio que los santos ángeles ejecutan para Dios y en nuestro favor. Sin embargo, cuando pensamos en el
ministerio propongámonos tomarlos como modelos y ejemplos que debiéramos seguir”. Op. cit., pgs. 46-47.

4. LOS ÁNGELES INDIVIDUALES. a. Lucero, hijo de la mañana. (Isa. 14:12). Este ser angélico
por

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cierto es el más exaltado de los ángeles tanto por la creación como por su posición –él ocupa un
puesto en el texto bíblico después de las tres personas de la trinidad. A causa de su pecado –el
primero cometido en todo el universo hasta donde la revelación bíblica descubre— llegó a ser
Satanás y aparece en la Palabra de Dios bajo 40 distintos títulos. Por cuanto él es el tema de la
siguiente sección que trata de la satanalogía, vamos a dejar a un lado por ahora nuestra
investigación de la verdad tocante a este ángel poderoso.
b. Miguel. (Dan. 12:1). El significado de este nombre es muy llamativo, pues quiere decir,
¿quién es como Dios? En qué sentido él es como Dios no se revela; pero de los tres pasajes
donde se hace mención directa de él, se puede notar que tiene gran autoridad. Según Dan. 12:1
él es quien “está de parte” del pueblo de Daniel, es decir, Israel, indudablemente en alguna
forma de defensa. En Jud. 9 se ve envuelto en una controversia con Satanás sobre el cuerpo de
Moisés; pero es notable que, en tal situación, a pesar de su grandeza personal, él mismo no “se
atrevió a proferir juicio de maldición contra Satanás”, sino que en dependencia de Dios
reprende a Satanás con estas palabras: “El Señor te reprenda”. En este texto se le da el título
adicional de arcángel; y hay un solo arcángel. Otra vez vemos a Miguel en la predicción escrita
en Apoc. 12:7-12. Allí se presenta como jefe de los ejércitos celestiales que ganan una victoria en
el cielo sobre Satanás y sus ángeles. Además, hay que notar que Tesalonicenses nos revela que
“la voz del arcángel” será oída cuando Cristo venga a recibir a Su Iglesia.
c. Gabriel (Dan. 9:21). Este nombre significa el poderoso y evidentemente él es todo lo que
ese título implica. En la Biblia nunca es llamado un arcángel, pero muchas veces los hombres lo
llaman así. En las Escrituras él aparece 4 veces y siempre como mensajero o revelador del
propósito divino. Habló con Daniel tocante al fin de los siglos (Dan. 8:15-27). Asimismo, trajo a
Daniel esa predicción casi incomparable que se encuentra en Dan. 9:20-27. El profeta había
descubierto en los escritos de Jeremías (25:11-12) que el período de tiempo determinado que
Israel debiera pasar en Babilonia era de setenta años y que ese tiempo había llegado a su fin.
Entonces él se puso a orar por su pueblo. esa oración, la misma que tenemos en el capítulo 9 del
libro de Daniel, tiene que haber ocupado apenas unos pocos minutos, pero durante esos
mismos momentos Gabriel pasó con una rapidez increíble desde el trono de Dios hasta el lugar
donde oraba el Siervo de Dios en la tierra. fue entonces cuando este ángel le mostró a Daniel el
propósito de Jehová en lo relacionado al futuro de Israel. Fue el mismo Gabriel que llevó el
mensaje a Zacarías acerca del conocimiento de Juan el Bautista, y él también vino a la virgen
María trayéndole el más grande mensaje jamás oído tocante al nacimiento de Cristo y de Su
ministerio como Rey que sentaría sobre el trono de David (Luc. 1:26-33).
5. LOS ÁNGELES ESPECIALMENTE DESIGNADOS. Se conoce a ciertos ángeles solamente por
el servicio que ellos rinden. De éstos, hay los que sirven como mensajeros de juicio (Gen. 19:13; 2
Sam. 24:16; 2 Reyes 19:35; Ez. 9:1, 5, 7; Sal. 78:49). Se hace mención del “vgilante” (Dan. 4:13, 23); “el
ángel del mismo” (Apoc. 9:11); “el ángel que tiene poder sobre el fuego” (Apoc. 14:18); “el ángel
de las aguas” (Apoc. 16:5); y el “siete ángeles” (Apoc. 8:2). En los escritos apócrifos hay mención de
tres ángeles de los cuales la Biblia no habla nada; éxito se llaman Rafael, Uriel y Jeremiel.

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No hacemos referencia en esta enumeración, del Ángel de Jehová puede que hemos
demostrado claramente en otra sección de este tratado que ese es nada menos que el Cristo
pre-encarnado, la segunda persona de la Santísima Trinidad. Porque no tiene relación alguna
con los ángeles creados, no se le debe clasificarse entre ellos.
X. EL MINISTERIO DE LOS ÁNGELES
Las 273 referencia a los ángeles en la Biblia son en gran manera narraciones de sus actividades, y
en ellas se revelan un amplio campo de hecho notables. Sin embargo, lo más importante no es
su relación con los habitantes terrestre, sino su servicio a Dios. este es principalmente un
servicio de adoración, y sugiere la majestad inefable y la gloria de Dios que los ángeles no caídos
comprenden, la cual sigue sin cesar para siempre a causa de la dignidad infinita de Dios. El
apóstol Juan declara que en su adoración las criaturas vivientes “no cesaban día y noche de
decir, Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir”
(Apoc. 4:8). Isaías declara que ellos “daban voces el uno al otro, diciendo: Santo, santo, santo,
Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Isa. 6:3). Con el mismo propósito el
salmista escribe; “Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que
ejecutáis su palabra” (Sal. 103:20); “Alabad a Jehová desde los cielos; alabadle en las alturas.
Alabad, vosotros sus ángeles; alabadle, vosotros todos sus ejércitos” (Sal. 148:1-2). La humildad de
los ángeles, sugerida por su manera de cubrirse los pies (Isa. 6:2), es natural puesto que está
siempre delante de El cuya majestad y gloria es trascendente. Para los ángeles el nacimiento, la
vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de Cristo eran realidades estupendas. No es cosa
de poca consecuencia que Cristo —como lo declara el apóstol Pablo— mientras que estaba en
la tierra, “fue visto de los ángeles” (1 Tim. 3:16). El interés angélico y su devoción al Señor de la
gloria son medidos hasta cierto grado por la adoración que Le han ofrecido desde su creación
hasta el presente. El santo más espiritual sólo muy débilmente puede anticipar lo que será el
mirar directamente y sin fin la faz del Señor de la gloria. ¡Qué tal será la reacción que se
despertará en el corazón humano al ver a su Creador y Redentor! Aun con su mayor capacidad
de apreciación, no hay cómo saberlo de antemano, pero tal capacidad de apreciación, a Dios
siempre ha sido un atributo de los ángeles y también lo han experimentado. Ellos contemplan al
Señor sin un velo intermedio. Su consideración de El mientras estuvo en la tierra es presentada
convenientemente por el Dr. Cooke en las siguientes palabras:
“¡Con cuánta constancia acompañan (los ángeles) al Salvador encarnado durante Su misteriosa vida terrenal entre
los hombres! En Su nacimiento ellos son Sus heraldos y con cánticos triunfantes anuncian las buenas nuevas a la
humanidad. En su tentación le ministran; en su agonía lo socorren; al resucitar ellos son los primeros en proclamar
su triunfo; al ascender ellos vienen para escoltarle a su trono de intercesión; en su estado glorificado le rinden a Él
su homenaje supremo como Señor; y cuando El venga para juzgar al mundo ellos formarán parte de su comitiva!
¡Qué pensamiento sublime les vendría le vendrían a la mente, y cuántas emociones de gozo y de admiración
sentirán los ángeles al presenciar las escenas que vieron durante la vida terrenal de Cristo, y las que todavía ven en
el cielo con su naturaleza doble y su obra de redención ya completada! ¡Dios encarnado! Todo eso fue nuevo para
ellos. ¡Qué condescendencia tan asombrosa! ¡El obedeció a sus propias leyes como si fuera una mera criatura, y con
la actitud de un siervo! Eso fue completamente nuevo. Ellos le habían visto como el gobernador del universo, pero
jamás hasta este momento como un súbdito. Entró el conflicto con Satanás y experimentó una prolongada
tentación. Eso fue nuevo. Le habían visto al ángel rebelde de su presencia y arrojarlo a la perdición eterna; pero

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jamás hasta ahora lo había sujetado a la tentación del ser cuta sutileza y poder habían seducido a miríadas para su
ruina eterna. Sufrió el escarnio y los reproches de parte de los pecadores. Esto también fue nuevo. Ellos habían visto
a millares de espíritus felices adorarle y amarle; pero jamás hasta ahora le habían visto a Él personalmente
insultado, vituperado y maltratado por sus criaturas. ¡El gimió en el Getsemaní y luego fue crucificado entre dos
malhechores, muriendo como una víctima sacrificial! Esto fue nuevo. ¡Lo habían visto a El sumamente feliz y
glorioso; pero al verlo moribundo, al oír ese grito de agonía y contemplarlo como un cadáver sangriento —y todo
para salvar al mundo de pecadores que se había revelado contra El! ¡Qué amor tan misterioso! Luego lo vieron,
después de todo lo dicho, ya entronizado y glorificado en su naturaleza humana. Todo eso fue cosa nueva en la
historia moral del universo. Todas esas escenas estaban llenas de interés, de maravilla y de misterio; una serie de
maravillas en grados sucesivos más elevados hasta culminar en la presencia permanente del Dios-hombre en el
cielo tenemos temas en los cuales las mentes angélicas pudieron instruirse por largo tiempo; aquí estaba el
desarrollo de verdades escondidas; aquí estaba el descubrimiento de las perfecciones divinas antes desconocidas; y
aun desarrollándose con mayor refulgencia mientras siguen avanzado las edades!”. Op. cit., ps. 622-23.

No hay cómo explicar el fiel servicio de los ángeles hacia los seres humanos sobre la base de su
propio amor para con la humanidad. Les interesa lo que tiene que ver con su Dios. si El haría de
entregar a Su propio Hijo para morir por la raza perdida de los hombres, ellos le seguirían tanto
como fuese posible, y por lo menos ofrecían un servicio instantáneo, por amor a Él, siempre que
se les pidiese. No es de la imaginación, sino la realidad de que los ángeles sirven a los hombres
en mil distintas maneras. No hay verdad mejor establecida en las Escrituras que la de Heb. 1:14,
“¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán
herederos de la salvación?”
Con respecto a los ministerios específicos de los ángeles en la tierra a favor de la humanidad –
especialmente para los santos— se puede decir que los detalles forman un campo de
investigación muy extenso en el cual no hay tiempo para entrar por ahora. Aunque los ángeles
estuvieron presentes en la creación, no hay ninguna referencia a su ministerio en la tierra sino
hasta en los días de Abraham. En compañía de Jehová ellos visitaron al patriarca en Mamre (Gen.
18:1-2) y de allí siguieron adelante para librar a Lot de Sodoma. Los ángeles se aparecieron a
Jacob y fueron reconocidos por Moisés. Está escrito que la ley “fue ordenada por medio de
ángeles” (Gal. 3:19), y que fue administrada “por disposición de ángeles” (Hch. 7:53). Su cuidado
por el pueblo elegido de Dios se hace notorio en ambos Testamentos. En el Sal. 91:11-12 está
escrito: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las
manos te llevarán para que tu pie no tropiece en piedra”; y en Heb. 1:14: “¿No son todos espíritus
ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”
también debemos notar que fue un ángel que acompañó a los tres hebreos en el horno de
fuego (Dan. 3:25), y estuvo con Daniel en el foso de los leones (Dan. 6:22).
En la fraseología del Antiguo Testamento a veces se les denomina a los ángeles hijos de Dios,
mientras los hombres son llamados siervos de Dios. En el Nuevo Testamento esto se ve al revés.
Los ángeles son los siervos y los cristianos son los hijos de Dios. este orden tan peculiar pudiera
deberse al hecho de que en el Antiguo Testamento se ve a los hombres relacionados a esta
esfera en la cual los ángeles son superiores; mientras que en el Nuevo Testamento se ve a los
santos en relación a su estado final de exaltación a la semejanza de Cristo, un estado superior al
de los ángeles.

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Volviendo al Nuevo Testamento nos damos cuenta de que hay muchas referencias a los ángeles
en los Evangelios y los Hechos. En vista de la verdad de que era el Creador de ellos, el Señor de
la gloria Quien ellos sirven y adoran, que dejó Su gloria y descendió a una esfera más baja que la
de los ángeles, no es extraño que uno de las huestes celestiales anunciara el nacimiento del
precursor a su padre; también el nacimiento del Salvador a María; y que ángeles anunciaran Su
nacimiento al mundo y que ellos mismos dirigieran la fuga a Egipto; que ellos Le ministraran en
el desierto; que Le socorrieran en el huerto; que estuviesen también presentes para anunciar Su
resurrección; que ellos dieran consejo a los discípulos en la hora de Su ascensión otra vez al
cielo. Así se nota que la relación de los ángeles al encarnado Hijo de Dios es uno de los aspectos
principales de la revelación bíblica sobre las cuales la mente consagrada pudiera meditar con
gran provecho. En el plan de Dios esta presente edad o dispensación cvidentemente carece de
las manifestaciones angélicas. Esto pudiera ser porque en los santos de esta dispensación, como
en ninguna otra, habita en Espíritu Santo y así sujetos a la dirección divina, la que es más
constante, vital y elevadora de lo que pudieran ser las visitaciones angélicas. Sin embargo, los
ángeles serán prominentes de nuevo hacia el fin de esta edad. Es entonces cuando el Señor
volverá con la voz de arcángel. La escritura dice que en su segundo advenimiento “Enviará el
Hijo del hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que le sirven de tropiezo, y a
los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de
dientes (Mt. 13:41,42). Es entonces también cuando Cristo “enviara a sus ángeles con su gran
voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo
hasta el otro” (Mt. 24:31). Se hace énfasis generalmente sobre la presencia de los ángeles en las
escenas del segundo advenimiento. Esta escrito: “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria
de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cado uno conforme a sus obras” (Mt. 16:27);
“Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre
le confesará delante de los ángeles de Dios” (Lc. 18:8,9). A estas citas se puede añadir la de
Judas 14-15 que menciona “con sus santas decenas de millares” que parece referirse a los
ángeles. Después de la dispensación del Reino, para cual no se predice ningún servicio angélico,
y cuando el Rey mismo estará presente en su gloria visible para reinar y cuando el Espíritu Santo
será derramado sobre toda carne (J1. 12:28-32; Hch. 2:16-21), otra vez los ángeles serán vistos
en relación eterna y final con esa ciudad que descenderá del cielo (He. 12:22-24; Ap. 21:12). Hay
ciertos pasajes del Nuevo Testamento que indica los ministerios específicos de los ángeles.
Lucas 16:22 declara que los ángeles llevaron un alma a ultra tumba al momento de su muerte;
pero de ser siempre éste el caso es pura conjetura. Hechos 5:19 y 12:7 relatan la liberación de
los apóstoles de la cárcel, y 8:26; 10:13 y 27:23 nos dicen que los ángeles eran los instrumentos
divinos para llevar mensajes a los hombres.
XV. LA DISCIPLINA PROGRESIVA DE LOS ÁNGELES
Las escrituras revelan la verdad de que los ángeles están aprendiendo mucho al observar a los
hombres en la tierra, especialmente en lo que trata del desarrollo de la obra de la redención,
Incidentalmente, esto indica que los ángeles no son omniscientes. Sin embargo, no se debe
concluir que ellos saben menos que los hombres. En verdad, ¡cuán interesante (y qué gran
campo de descubrimiento) les sería para los hombres si les fueran dado a ellos ver todo lo que

18
sucede en las esferas angélicas! La declaración de Pedro, “cosas en las cuales anhelan mirar a
los ángeles” (1 Ped. 1:12), nos revelan la verdad en cuanto al interés de los ángeles en lo de los
hombres. Es significativo que esta palabra “cosas” se relaciona al programa de Dios en los dos
advenimientos de Cristo y al evangelio de la gracia que se predica a todo el mundo. Para el
mismo fin la Iglesia en la tierra es una revelación a los ángeles en cuanto a la sabiduría de Dios.
Está escrito: “para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de
la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Efe. 3:10). Por lo tanto, la
Iglesia también será una revelación a los ángeles de la gracia divina; porque dice en otro lugar:
“para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para
con nosotros en Cristo Jesús” (Efe. 2:7). Al escribir sobre este tema, Otto Von Gerlach indicó lo
siguiente de Sí mismo en Cristo, por la institución de la iglesia cristiana en la tierra, Dios en una
manera hasta aquí desconocida se glorifica delante de las huestes celestiales. Estos llenos de
temor revente y alabando a Dios por la maravilla de la creación, ahora ven Su sabiduría
glorificaba en una nueva forma en la iglesia cristiana al notar cómo se salvan los hombres. Se
manifestó en la redención una riqueza de la sabiduría divina enteramente nueva e inagotable”
(Citado por Gerhart, op. cit., ps. 664)
No hay base bíblica para la creencia de la redención mediante la muerte de Cristo es ofrecida a
los ángeles caídos (Mat. 25:41; Apoc. 20:10). Los santo ángeles evidentemente son beneficiarios y
pasan a las esferas más altas de conocimientos y espiritual como consecuencia de lo que ven del
amor redentor de Cristo. Así Cristo llega a ser para ellos un Mediador. Ninguno otro escritor ha
establecido tan claramente esto como el Dr. Gerhart, a quien citamos:
“El apóstol hace énfasis sobre el hecho de que la sabiduría de Dios es revelada a los principados por medio de la
Iglesia. La existencia de la Iglesia y la predicación de las inescrutables riquezas por ella determinan el crecimiento d
los ángeles en conocimiento espiritual. Cuánto más conocimiento de la verdad cristiana sabrá los ‘principados’
cuando la Iglesia cristiana, todavía imperfecta, llegue a la perfección; ese místico cuerpo Cristo, todavía militante,
peleando contra sus enemigos tanto humanos como diabólicos, llegue a ser la Iglesia triunfante. La consumación
final en el segundo advenimiento (de Cristo) afectará no sólo la posición relativa y el conocimiento espiritual de los
ángeles, sino también afectará la vida de ellos según la revelación de ciertos pasajes bíblicos. Indirectamente, a lo
menos, ellos participarán en los beneficios espirituales que llegan a la Iglesia por el Hijo del Hombre. Pablo enseña
(en Efesios) que Dios el Padre ‘nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito –de reunir
todas las cosas en Cristo en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como
las que están en la tierra. Tanto la raza humana en la tierra como las órdenes angélicas en los cielos se incluyen en
la frase ‘todas las cosas’ que han de ser reunidas en Cristo. Entonces los espíritus angélicos tendrán una relación
con la Cabeza de la Iglesia que no tienen por ahora, y que jamás tendrán antes del cumplimiento de los tiempos. el
apóstol enseña la misma verdad en Col. 1:20 pues dice que agradó al Padre reconciliar consigo en su Hijo todas las
cosas así las que están en la tierra, como las que están en los cielos. Las cosas invisibles y visibles, sean tronos o
dominios, o principados o potestades; fueron creados por el Hijo y para El. Por lo tanto, todas las ordenes angélicas
existen para el Hijo; ‘Él es el propósito de su existencia. En el Hijo estas órdenes de espíritus subsisten. Él es la ley
por la cual son gobernados y controlados. Habiendo hecho la paz entre los gentiles y los judíos por la sangre que él
derramó en la cruz. Cristo llega a ser un mediador para los ángeles también, por quien su vida pasa de su presente
esfera a una más alta de la perfección y gloria espiritual. El reino del Hijo del Hombre incluye tanto las órdenes de
espíritus angélicos como todas las razas de la humanidad. Cuando la edad ( ) excelente que está pronto a
realizarse venga a superar a la edad ( ) el presente, los ángeles, como consecuencia de la glorificación del cuerpo
místico, subirán a una comunión más íntima con el origen que produce la vida, la luz plano de perfección espiritual

19
más alto mediante la Iglesia, sin embargo en la gloria final del reino de Dios, la posición y autoridad de los ángeles
estarán subordinados a la autoridad y el oficio de los santos”. Ibid., ps. 664-665.

XII. LOS ÁNGELES COMO ESPECTADORES


Hay cuatro casos en que se dice que los ángeles observan. En Luc. 15:10 ellos se dan cuenta del
gozo del Señor cuando se arrepiente un pecador. No es el gozo de los ángeles como muchas
personas suponen, pues, compárese Jud. 24. En Luc. 12:8,9 tenemos estas palabras de Cristo: “Os
digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le
confesará delante de los ángeles de Dios; mas el que me negare delante de los hombres, será
negado delante de los ángeles de Dios”. También nos dice en 1 Tim. 3:16 que Cristo “fue visto de
los ángeles”, y en Apoc. 14:10-11 dice que los ángeles observarán los castigos eternos de los que
adoraron a la bestia y a su imagen. Al contrario, nos dice en 1 Cor. 6:3 que la Iglesia juzgará a los
ángeles, aunque no tiene mucha preparación en el presente para juzgar cosas de menor
importancia en la tierra.
La presencia de los ángeles en la creación se nota en la Biblia (Job 38:7); Al tiempo de la entrega
de la ley (Gal. 3:19; Hch. 7:53; Heb. 2:2); en el nacimiento de Cristo (Luc. 2:13); en su tentación (Mat.
4:11); en su resurrección (Mat. 28:2); en su ascensión (Hch. 1:10); y su segunda venida (Mat. 13:37-39;
24:31; 25:31; 2 Tes. 1:7).

CONCLUSIÓN
Un conocimiento de la realidad de las vastas huestes de seres angélicos con los beneficios que
se derivan de los buenos y la oposición de parte de los malos, nos será dado por la meditación
en las Escrituras que contienen estas verdades, y por la oración.

20
CAPITULO III
PARTICIPACIÓN ANGÉLICA EN EL PROBLEMA MORAL
Las palabras problema moral se refiere al conflicto que siempre está presente donde los
agentes morales y libres se enfrentan con el problema de lo malo y lo bueno. La fuerza de este
conflicto llega a su clímax en tres ocasiones principales. a) La caída de los ángeles, b) la caída del
hombre, y c) la muerte expiatoria de Cristo. De éstos el primero y el segundo y el tercero. Pero
la relación entre el primero y el tercero es remota pues se trata principalmente no de personas,
sino de principios. Lo malo comenzó con la caída de un ángel. Ese pecado fue seguido por el de
una multitud de otros ángeles según Apoc. 12:4. Aquel acto de rebelión contra Dios de parte de
ser un angélico también volvió a realizarse en el huerto del Edén, pero en esta ocasión fue
cometido por el primer hombre y el resultado fue que su naturaleza depravada le fue
transmitida a toda raza humana desde aquel funesto día. Al analizar esta secuencia histórica ya
presentada, es posible reconocer que la raza fue herida mediante el pecado de su cabeza
federal al ser tentada por el ángel que primero pecó en el cielo, y que una multitud de ángeles
pecaron por la influencia de ese mismo pecador original. Hasta aquí ningún problema
insuperable se presenta; pero sí es dificilísimo tomar el próximo paso y hallar una razón del por
qué un ángel no caído, sin tentación de afuera, y viviendo en la misma presencia de Dios, y que
debe haber sabido la diferencia entre luz moral y las tinieblas morales, escogió estas últimas.
¿Cómo se explicará el nacimiento de mal moral en el seno del bien moral? El aspecto metafísico
del origen del mal es un problema que los teólogos jamás han podido solucionar; por lo tanto,
sólo nos será posible considerar ciertos aspectos consecuentes con la finita mente humana.
Cómo en el caso de la caída del hombre, cuando nos acercamos al complejo tema de la caída de
los ángeles, es imperativo, a la luz de lo revelado acerca de Dios, que reconozcamos ciertas
verdades inmutables. (a) Dios solo es santo y ningún sentido es el instigador del pecado
angélico, ni indirecta ni directamente. (b) Aunque los ángeles fueron creados para llenar un
propósito, su caída fue anticipada desde la eternidad. (c) Se les dio la autonomía de ángeles, la
que les permitió permanecer en, o salir de ese estado santo en el cual fueron creados. (d) A
diferencia de los hombres que reciben una naturaleza corrompida al tiempo de su concepción
física igual a la de su padre, los ángeles que cayeron sostuvieron una relación personal con Dios
e individualmente, ellos se apartaron de su estado original de santidad como el primer ángel. (e)
Aunque caída del hombre abrió el camino por la cual Dios pudo demostrar su gracia en la
redención (Efe. 2:7), en el caso de los ángeles caídos no se les dio la oportunidad de la redención
y la reconciliación con Dios. Los ángeles fueron creados con la responsabilidad de la auto-

21
determinación (libre albedrío). Ese fue el ideal divino representado por ellos en la creación. La
posibilidad de cometer lo malo en ninguna manera era necesidad. El declarar que Dios debiera
haber impedido su caída puesto que tuvo el poder para hacerlo resulta en una confrontación
entre la voluntad divina en su gobierno y la de su creación, o sea la expresión de voluntad de
Dios en la constitución de los ángeles. Aunque los ángeles al ser creados despertaron
conscientes en su estado de santidad sin tentación exterior, no obstante estaba en su
incumbencia tanto el querer como el hacer lo que pertenecen a la santidad. Como en el caso del
hombre, parece que se les concedió a los ángeles un periodo de prueba. El amor de Dios para
ellos fue el del creador para sus criaturas; pero les fue dada aquella libertad de acción que
corresponde a la responsabilidad angélica. Tal libertad también le fue dada al primer hombre,
pero con una excepción de primordial importancia: ya había en existencia un reino de maldad
con su fuerte incitación externa para hacer el mal. Tal fuerza externa no existía para los ángeles
cuando ellos comenzaron a existir consciente. Por lo tanto se puede eliminar del problema
moral a todos aquellos ángeles que pecaron bajo la influencia del primer ángel pecador. Cada
uno cayó individualmente, pero afectados por la fuerza de ciertas influencias que se
presentaron después de experimentar su estado de santidad original. Un estado de santidad
confirmado es el privilegio de los ángeles no caídos que siempre contemplan y gozan la
presencia de Dios, lo que es una consecuencia mucho más probable para ellos de lo que pudiera
ser para el hombre caído que jamás ha visto a Dios, ni ha experimentado por un momento la
santidad inmaculada. San Agustín declara: “Que ninguno dude que los santos ángeles en sus
moradas eternas están seguros y ciertos de la felicidad eterna y verdadera, aunque ciertamente
no son co-eternos con Dios mismo” (La Ciudad de Dios, xv, 33, citado por Gerhart, Institutes, I,
670). Así también Richard Hooker escribe: “Dios ocupa a los agentes naturales sólo para
efectuar algunos propósitos, pero no ocupa a los ángeles sólo así porque ellos siempre
contemplan la faz de Dios (Mt. 18:10) y enamorados de su hermosura se adhieren a El
eternamente. El deseo de ser semejantes a Dios en bondad los hace ser insaciables e
infatigables en sus esfuerzos para hacer toda clase de bien a las criaturas de Dios, pero
especialmente a los hijos de los hombres” (libro I, iv. 1, citado por Gerhart, ibid, ps. 670-71).
Los ángeles definitivamente fueron influenciados hacia santidad. Esa comunión constante con
Dios que se otorga a los santos ángeles, y que originalmente se extendió a todos ellos, es
inmensurable en su potencialidad. La única ley era suficiente para suplir cualquier necesidad
que tuvieran y así alcanzaría la felicidad deseada. Esa ley definió cada detalle de la relación
existen entre ellos y Dios. El apartarse de esa voluntad resultaría en asumir una actitud falsa
hacia todas las cosas. Más adelante vamos a considerar el alcance de esa desviación que cambió
el amor por el aborrecimiento y la amargura. En los que concierne al problema del primer
pecado del primer ángel, se debe notar que, bajo las condiciones que existían en aquel
entonces, faltaban casi todos los medios por los que el pecado avanza. Rebelarse o declararse
en contra de Dios fue la única dirección en que tal ser podía pecar. Sobre esta verdad muy
patente Hooker ha escrito: “Por lo tanto, parece que no había otra manera en que los ángeles
pudieran pecar, sino por el reflejo de su auto-contemplación, la admiración de su amor anterior,
su adoración e imitación de Dios” (Ecc. pol, Libro I, cp. IV, 2, citado por Gerhart ibid. 672). A este

22
engreimiento por posesionarse del mando de lo que el Creador había propuesto ser la autoridad
y el guía, se refirió el Apóstol cuando escribió del “neófito” en lo relacionado al orden en la
Iglesia, diciendo: “No sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” (1 Tim. 3:6;
comp. Isa. 14:12; Ez. 28:17). Aunque se revela así la naturaleza del primer pecado tan
definitivamente, con todo, es un misterio cómo este principio de pecado podía recibir una
bienvenida en tal ser. Continuar con Dios como su sabiduría había especificado representaba
por lo menos la sensatez angélica: apartarse de aquel camino divino fue el colmo de la
insensatez angélica, pero es la responsable en este caso. El pecado no tiene lugar en la
naturaleza y posición de un ángel no caído. Su presencia es nada menos que el desorden y la
falta de razón.
Tanto la filosofía como la teología han tratado de solucionar el problema que se presenta en el
primer pecado. Cualquier vestigio de verdad que éstos sugieran, en todo caso, ninguna es
suficiente. El tratar de descubrir una razón compresible en un casi donde la mente reconoce que
la razón ha faltado como el primer pecado angélico, es simplemente imposible. El pecado,
siendo una contradicción de la razón e irracional en sí mismo, no está sujeto a la razón. Es muy
posible que una criatura irracional y acostumbrada a los caminos depravados pueda tratar de
entender con simpatía la insensatez que una criatura semejante exhibe, pero en ninguna
manera es eso una explicación razonable para poder comprender el pecado cometido por un
ángel no caído. La criatura –sea ángel u hombre- es creada para que sea teo-céntrica. Cuando el
yo llegue a ser el centro de su propio mundo, eso contradice la ley básica de su existencia como
criatura, y resulta en una completa falsificación del orden moral divino. También se halla como
una violación del designio original en cuanto a esas relaciones recíprocas que hay entre los seres
finitos mismos. El pecado, pues, no sólo es contra Dios, sino también contra todos nuestros
semejantes. La caída de un ángel hace que surjan dos preguntas teológicas: a) ¿Cómo podía un
Dios santo permitir pecar a cualquier criatura? b) ¿Cómo podía pecar un ángel santo sin
influencia exterior? AI considerar el problema presentado por la primera pregunta se puede
decir-aunque realmente no tiene que ver mucho con la presente discusión- que se declara que
la creación original de Dios es buena delante de Sus ojos; que el omnisciente Dios, sabiendo que
ciertos de los seres morales creados dejarían el camino recto y caerían, sin embargo, les dio
existencia a pesar de la certeza de tal conocimiento. Con todo, en el caso de los ángeles como
en el de los hombres, Dios atribuye la falta moral, no así mismo, sino a la criatura. En cuanto a la
segunda pregunta podemos añadir esto a lo anteriormente dicho: la maldad moral en el
universo es un hecho final que no se puede explicar ni tampoco ignorar su existencia. Cuando lo
seguimos hasta su origen en el día que fue cometido por el primer ángel no caído, se descubre
la verdad que estima que la maldad es un misterio, irracional y pecaminoso en sumo grado. El
decreto de Dios anticipó todo lo que habría de existir; pero el pecado no tiene su origen en el
decreto, sino en un acto libre del pecador. El pecado no se halla en la naturaleza de las criaturas
hechas por la mano de Dios; si fuera así todos habrían faltado. Así que, el pecado no es
concomitante con un agente libre y moral, si así fuera, todos los agentes libres y morales
tendrían que pecar. El Dr. Gerhart, escribiendo sobre el tema del primer pecado dice “El ego se
declara contra su ley fundamental, hecho para el cual no hay una explicación razonable más

23
ésta, que juntamente con la creación de un ser mortal autónomo, se creara la posibilidad de
poder escoger lo malo, como una prerrogativa suya” (ibid., 688). Pero el Dr. Gerhart admitiría
que el mero poder de escoger jamás constituye una razón para escoger. El problema queda sin
explicación. San Agustín ha escrito algo sobre este aspecto del problema moral que es muy
importante notar: “Si preguntamos sobre la causa de la miseria de los ángeles malo, se nos
ocurre –y parece razonable— que son miserables porque han dejado Aquel quien es
supremamente, y se han vuelto a sí mismos que no tienen esa esencia de ser. Y este vicio se
llama orgullo. Si se hacen más preguntas como ¿cuál era la causa directa de su mala voluntad?,
la contestación es simplemente: No la hay; porque, ¿qué es lo que hace que la voluntad sea
mala cuando esta voluntad misma la que hace malo acto? Y consecuentemente la mala
voluntad es la causa de la mala acción, pero no hay causa eficiente para mala voluntad… Cuando
la voluntad abandona lo que es más alto que ella y se vuelve a lo es más bajo, se hace mala, no
porque sea malo el volverse, sino porque el volverse mismo es malo. Por lo tanto, no es la cosa
inferior lo que ha hecho mala la voluntad, sino es ella misma que se ha hecho así por desear
inicuamente algo inferior”. (La ciudad de Dios. Libro XVV, vi, citado por Gerhart, Ibid., 685).
El pecado consiste en el vivir y actuar egoístamente de parte de una criatura, la que por
creación es diseñada para ser teo-céntrica. Tomar otra dirección resulta en angustia en el
presente y luego lo lleva a la perdición; la primera resulta en la tranquilidad presente y luego le
conduce a la gloria eterna. Sin duda los ángeles comprendieron estos conceptos hasta cierto
punto, y eso resulta en el comienzo del pecado sea más misterioso que nunca. La maldad en el
universo no es un accidente, ni cosa imprevista por Dios, o no le sería posible a El predecir su
curso y su fin como lo hace. El conflicto de las edades se presenta en las pocas palabras de
Génesis 3:15. La maldad tiene que seguir su curso hasta el fin, y hacer una plena demostración
de su naturaleza para poder ser juzgada, no como una teoría, sino como un hecho concreto.
“Aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí” (Gen.15:16). El trigo y la cizaña
crecen juntos hasta el fin de esta edad (Mat. 13:30). Dios ha establecido un día en el cual juzgará
al mundo por aquel varón a quien designó (Hch.17:31). Y el hombre de pecado se revelará a su
debido tiempo determinando por Dios según 2 Tes. 2:6-8. Así llegar a su fon determinando, y la
escritura testifica que la maldad será juzgada y llegará a su fin para no reaparecer nunca jamás.

24
CAPITULO IV
SATANOLOGIA: INTRODUCCIÓN
Los seres del mundo de los espíritus, sean santos o no, se llamen ángeles (Apoc. 12:7).
Generalmente se refiere a los ángeles impíos como ( )o( ), las que se traducen como
demonios. Hay un solo ( ) o diablo. Así que, hay un solo arcángel entre los ángeles impíos
como lo hay entre los santos ángeles. Este jefe de los ángeles caídos aparece en las Escrituras
bajo 40 títulos, a lo menos, de los cuales algunos son descriptivos, mientras otros nombres
propios, Cuando se titula en Apoc. 12:10 “el acusador de nuestros hermanos”, eso es un título
descriptivo; pero cabe notar que mucho se revela también de él en sus nombres propios. Esto
son: Serpiente ( ), que significa su sutileza; Lucero, hijo de la mañana, que fue su nombre en el
cielo antes de su caída; Diablo, que significa acusador o calumniador y
es de origen griego; Satanás ( ), que significa resistidor, y es de origen hebreo; ( ), que
quiere decir destructor; Dragón (Apákwv), que se refiere a su poder; el príncipe de este mundo;
el príncipe de la potestad del aire; el dios de este siglo. Cuatro de estos títulos personales
aparecen un solo versículo (Apoc. 12:9). Se puede aplicar el vocablo Belial al jefe de los ángeles
caídos sólo por implicación, aunque es verdad que el Apóstol Pablo contribuye este título a un
personaje definitivo cuando pregunta: “¿Qué concordia (tiene) Cristo Belial?” (2 Cor. 6:15). El
señor H.A.W Meyer (véase Gerhart, institutes, 691) insistente en que el término es una
referencia general a Satanás en la misma forma como lo es ( ) –el maligno (traducido así en 1
Jn. 5:19, pero mal, Mat. 6:13; Jn. 17:15; 2 Tes. 3:3). Parece obvio en Mat. 12:24 (véase v. 27 también) que
los judíos llamaban este ser angélico Beelzebú ( ), compare 2 Reyes 1:2-3, 6, 16, lo que
significa que él es “príncipe de los demonios”. Como ( ) él es el único, el agente infernal que
manda a todos los ( ) o demonios. Este potente ángel se ve en la Biblia como una
prominencia o importancia y poder, segundo después del Único Dios. Le menciona en las
Sagradas Escrituras tantas veces como a todos los demás ángeles juntos. Se ve desde la primera
página de la historia humana hasta la última, y siempre se le presenta como factor
importantísimo en lo relacionado con los hombres, a los ángeles y al universo mismo.
Nos parece de grande significado el hecho de que las Santas Escrituras trazan con detalles y
cuidado la historia de este espíritu maligno desde su creación, a través de toda su carrera y
hasta su juicio final. No se da tal atención a ningún otro ser tan analizado, ni a quien se le dé
tanta publicidad en lo que concierne a sus motivos, métodos, carácter y propósito como se le da
a Satanás. El teólogo bíblico tiene que tomar en cuenta esta vasta revelación, pues es una
doctrina de mayor importancia en la Biblia, porque se trata del que es el originador del pecado y
quien lo promueve tanto en las esferas angélicas como en las humanas, y él mismo es el

25
enemigo más encarnizad de las cosas divinas. Pero hay muy pocos que pueden decir con el
apóstol Pablo, “no ignoramos sus maquinaciones”. Este espíritu es el que engaña a todo el
mundo y se ve claramente que el mundo no cree que él existe, y esa incredulidad obra
grandemente para ventaja suya. Puesto que la mayoría de la gente está ignorante o mal
informada acerca del diablo, no es cosa rara que un gran porcentaje haya caído en el poder de
este “enemigo de las almas”. Los “saduceos modernos” buscan cómo hacer que el diablo llegue
a ser sólo u “lenguaje figurado”, “una personificación metafórica de la maldad”, o “una ilusión
de mentes inestables”. Los tales niegan su personalidad como lo hace en el caso de los
demonios. Y Satanás los anima a creer así pues tales impresiones le sirven para quitar los
prejuicios y temores acerca de sus obras infernales. En cuanto a lo dicho que el diablo es
“lenguaje figurado” sin personalidad verdadera, podemos afirmar que tal figura no se ve como
ángel creado que peca y que es jefe del reino de las tinieblas y que llegará algún día a su destino
final, como el juicio del Dios eterno y justo. Una metáfora difícilmente entraría en un hato de
cerdos para causar du destrucción inmediata. Ni tampoco una metáfora ofrecería los reinos de
este mundo al Señor Jesucristo, afirmado que los tales le habían sido enfáticamente sobre este
tema al decir lo siguiente:
“Esa exégesis racionalista que atribuye la posesión demoníaca a la superstición, y hace que lo revelado en el Nuevo
Testamento sobre este tema se convierta en fantasía, si fuera aplicada a toda la enseñanza bíblica acerca de lo
invisible y lo metafísico, haría que el mundo espiritual entero se volviera ilusorio. Hay sólo un corto paso entre la
burla que se hace del diablo y la que se hizo del Redentor. No hemos olvidado que la creencia en la personalidad
del diablo y la influencia de demonios en asuntos humanos asumió formas bien grotescas durante la edad
medioeval; ni tampoco que las interpretaciones erróneas de la posesión demoníaca han hecho que los hombres
cometan actos horrendos. Pero el abuso de las edades bíblicas no hace que sean menos verdaderas en su
interpretación del poder del diablo sobre los hombres malos y de la naturaleza. ¿Es superstición afirmar que
Satanás es aquel maligno que es príncipe de este mundo porque algunos teólogos y eruditos en otras edades han
hecho malas interpretaciones y aplicaciones de ciertos milagros de nuestro Señor?, ¿no haría que el oráculo de
Delfos probara que Isaías no puede ser profeta genuino o que la adoración de los fetiches en el África probara que
ninguna adoración es digna del hombre? ¿O que el tótem de los indígenas norteamericanos fuera la prueba de que
no hay providencial divina?”—Op. cit., ps. 709-710.

En la Santa Biblia hallamos que todos los elementos de la personalidad se aplican a Satanás. Si
usamos métodos que le quitan a Satanás la personalidad, tenemos que decir lo mismo de la
personalidad de nuestro Señor y del Espíritu Santo. El torcimiento de la bíblica en tal forma sólo
sirve para que ella sea guía errónea para los que la leen. Lo raro es que el mundo sigue usando
la terminología bíblica relacionada con Satanás, pero sin darle el significado verdadero. sin
tomar en cuenta la revelación bíblica, el mundo ha creado en su imaginación un ser grotesco
que lleva ciertos adornos extraños, el entonces, estando convencidos de que tal ser no existe,
han echado toda la revelación bíblica al limbo de la mitología de edades pasadas.
Desafortunadamente no hay cómo echar a un lado al espíritu maligno como lo revela la Biblia al
pasar por alto la verdad divina cuando se usan los métodos de interpretación mencionados. No
hay falta d evidencias para probar la personalidad de Satanás y de los demonios. El relato de sus
hechos, como el de su destino constituyen las páginas más negras de la Palabra de Dios. El lago
de fuego fue preparado no para los hombres, sino “para el diablo y sus ángeles” (Mat. 25:41). No

26
se juzgan ni los personajes ficticios, ni las metáforas por la muerte de Cristo, ni se les asigna el
lago de fuego.
La caída de este poderoso ángel no era un compromiso entre el bien y el mal. Él llegó a ser la
encarnación del mal y totalmente carente del bien. La maldad esencial de esta persona no
puede ser estimada por la mente humana. Sin embargo, su maldad es constructiva y concuerda
con los ideales y proyectos que son malos simplemente porque se oponen a Dios y Sus obras. Se
dará mayor consideración al pecado consumado de este ser al desarrollar esta tesis. Sólo hay
que agregar aquí que Satanás es la personificación viviente del engaño. Muy reveladora son las
palabras de Cristo al dirigirse a los judíos así: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los
deseos de vuestro padre queréis hacer. En ha sido homicida desde el principio, y no ha
permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. cuando habla mentira, de suyo habla;
porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y
padre de mentira” (Jn. 8:44). También podemos mencionar el testimonio triple en el Apocalipsis.
Allí en 12:9 se declara que Satanás es engañador de todo el mundo; en 20:2-3 se predice que será
arrojado al abismo, encerrado y sellado hasta el fin, “para que no engañe más a las naciones
hasta que fuesen cumplidos mil años”. En la misma forma dice que, “cuando se cumplan los mil
años Satanás será suelto de su prisión y saldrá a engañar a las naciones que está en los cuatro
ángulos de la tierra”. (20:7-8). Así también el tiempo de la gran tribulación, el hombre se pecado
hará que la gente crea la mentira, la que se instigada por el diablo y recibida por la gente a
causa de un “poder engañoso”. Con todo esto ante la mente no es difícil dar razón de las
imposturas presentes tan generalizadas; que los maestros modernos no creen en la
personalidad de Satanás; que los no regenerados no aceptan su realidad; y que los cristianos en
todo lugar están mal informados o ignorantes acerca de sus maquinaciones. Pocos hay, en
verdad, que marcharían bajo la bandera de Satanás a sabiendas; pero se notará por los anterior
que hay pocos en realidad que no le rindan lealtad a él en cierto grado. Sabiendo que la verdad
acerca de los ángeles es extrañamente ilusoria para la mente humana, se puede esperar que en
el pensar de muchos es una realidad lo concerniente a Satanás y lo demonios. A pesar de estos
impedimentos de la mente natural, no hay excusa alguna por la abierta negación de la
revelación divina la cual es tan clara como extensiva.
El que quiera ser hallado fiel y útil como digno expositor de las Escrituras, y guía para la
humanidad, después de conocer al Único Dios y los valores positivos de Su gracia redentora,
debiera comprender la verdad acerca del enemigo de Dios, el cual “como león rugiente, anda
alrededor buscando a quien devorar” (1 Ped. 5:8). Los conflictos y pruebas del cristiano pueden
explicarse por tres realidades —el mundo, la carne y el diablo; pero este último enemigo es el
dios de este mundo, y la naturaleza mala que domina la carne se originó de la mentira de
Satanás en el huerto de Edén, y él mismo es el opositor contra el creyente no sólo en la esfera
de la carne y sangre, sino también en las actividades de la vida espiritual.
Si se observa el texto de las Escrituras, se hallará que éste es el más fuerte de los enemigos y es
presentado a la vista del cristiano como segundo en importancia al Único Dios, en su
manifestación: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si nos falta el conocimiento tocante a este enemigo

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—como a veces lo hacen los estudios teológicos— los resultados serán muy trágicos alcanzando
hasta la eternidad. Si se da a este tema su debida atención en un curso de estudios bíblicos
como lo hace la Biblia, habrá muchas páginas que estudiar y eso sin apología. Sobre todo, que
no sea considerada superstición cuando se le da atención cuidadosa a tanta revelación explícita,
o cuando se toma la porción bíblica en su más natural y literal significado. Fácilmente se pueden
engendrar ideas fanáticas y no escriturales en lo relacionado a los malos espíritus de parte de
los que tienen poco conocimiento de la Palabra de Dios; pero por lo mismo nos es imperativo
tener cuidado para conformarnos a lo revelado en la Biblia. Los paganos siempre se dan
torturados a sí mismos por sus imaginaciones acerca de la presencia e influencia de los espíritus
malos; a nosotros nos toca estar agradecidos a Dios por la revelación ya dada.
La creencia en la influencia maligna de los espíritus malos es anterior a la Biblia y se extiende a
las regiones a donde nunca ha llegado la Biblia. Plutarco declara: “Había una antigua a donde
opinión de que hay ciertos demonios impíos y malignos, que envidian a los hombres buenos y
tratan de impedirles en su búsqueda de la virtud, para que no puedan participar de una felicidad
que ellos mismos no gozan” (de Defect. Orac., p. 431, tomo 2, Edit, Paris, 1624, citado por Cooke,
Christian Theology, p. 628). La adoración de demonios en Africa, Birmania, Ceilán, Persia y
Caldea, parece ser el desarrollo pervertido de una revelación más antigua dada al principio de la
raza Humana. The International Standard Bible Encyclopaedia declara: “Hay sin duda alguna,
dificultades serias para aceptar la doctrina de una potestad personal, sobrenatural y maligna
como se deban en parte, por lo menos, a la falta de entender la doctrina y ciertas de sus
aplicaciones. También se debe admitir que cualesquiera que sean las dificultades en tal
enseñanza, están exageradas y a la vez no reciben contestación de parte del escepticismo vago
e irracional que lo niega sin investigación. Hay problemas en cualquier punto de vista de este
universo y por lo menos algunos se resuelven al creer en un poder mundial, maligno y
sobrenatural” (IV, 2695).
Muchos creen que la tierra en su primer orden (como otros planetas) era la habitación de los
espíritus; que Satanás era rey de ese dominio; y que el caos indicado en Gen. 1:2 fue resultado
directo del pecado de él. Poco se sabe de tales cosas y menor es respetar al silencio de Dios.
Ha habido tres objeciones generalmente ofrecidas contra la doctrina acerca de Satanás según la
enseñanza la Biblia. (1) Se declara que tiene su origen en la mitología, lo que no puede
sostenerse. La Biblia no trata de sistematizar esta división teológica más que otra. Todo lo que
se presenta bíblicamente es con la cordura y limitación que caracteriza en todo el concepto
divino mundial. (2) La segunda objeción es que la doctrina acerca de Satanás se conforma al
dualismo del Mazdaísmo. A esto se puede replicar que toda la doctrina del mal —aparte de la
anticipación eterna de ella— tuvo su principio y tendrá su fin definitivamente. Toda maldad no
sólo existe por permiso divino, sino que a la vez está bajo limitaciones divinas. (3) Se dice que la
doctrina concerniente a Satanás destruye la unidad de Dios; pero la creación por Dios de otras
voluntades distintas a la Suya, en ninguna manera milita contra la unidad de Dios porque ellas
tienen que dar cuenta a Dios de sí. Al fin de todo, como en el principio, “Dios es el todo y en
todo”.

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Las divisiones principales de Satanalogía son (a) La carrera de Satanás; (b) El carácter maligno de
Satanás; (c) El cosmos satánico; (d) El motivo satánico; y (e) El método satánico.

C A P Í T U LO V
SATANALOGÍA: CARRERA DE SATANÁS
Al abrirse esta división de la Satanalogía, conviene que demos gracias a Dios por el libro que EL
ha preparado, preservado y presentado a Su pueblo; un libro que revela la verdad con una
precisión infinita en lo relacionado a los habitantes de los dominios espirituales, y enseña que
tal es la naturaleza de estos seres con referencia específica a la relación que ellos sostienen con
la humanidad. Como hemos mencionado anteriormente, la Palabra de Dios de gran énfasis
sobre la verdad tocante de un ángel muy poderoso. Hay una extensa revelación acerca de su
creación, su estado original, su caída, el desarrollo y manifestación de su autoridad, los varios
juicios que le tocan, y su destino final en el lago de fuego. La carrera revelada de Satanás es una
historia larguísima que se extiende de un pasado sin fecha hasta una eternidad venidera sin fin,
y que está llena de muchos detalles importantes.
I. SATANAS, SU CREACIÓN ESTADO ORIGINAL Y CAIDA
Estos tres aspectos de la historia tienen una relación tan íntima que es imposible estudiarlos
separadamente. El pasaje central que trata específicamente con este asunto de la carrera de
Satanás es: Ez. 28:11-19. Una porción bien considerable de este contexto inmediato será
estudiada verso, pero en vía de preparación se observará que la revelación acerca de Satanás
principia con ese período sin fecha entre la creación de los cielos y la tierra en forma perfecta
aprobada por su Creador en Génesis 1:1, y esos juicios que acompañaron al fin de aquel período
en el cual la tierra llegó a ser desordenada y vacía (Gn. 1:1; Isa. 24:1; Jer. 4:23-26). Se verá que esta
extensa porción del profeta Ezequiel es una descripción del más potente de los ángeles, (muy
significativo en verdad, es el hecho de que se dice más sobre este ángel que sobre cualquier
otro, y aún más que sobre todos los demás ángeles juntos), del tiempo de la gloria prístina de la
tierra, y del pecado inicial angélico. Es razonable esperar que la Biblia provea la información
sobre esta historia tan vital y determinante como lo es ésta, y lo hace. El contexto inmediato
que rodea esta profecía de Ezequiel da una crónica de los juicios divinos sobre los enemigos de
Israel, y, según 1 Cró. 21:1, satanás pertenece a ese grupo. La Proción que tiene que ver con
satanás está un poco velada, pues se revela mediante imágenes orientales. Por supuesto, tal

29
forma de expresar la verdad es tan legítima como cualquiera otra forma literaria, pero tal modo
de expresión sólo es compresible para los que buscan con diligencia su significado más
profundo. Para comprender bien esta revelación acerca de satanás, no es de poca importancia
notar que los versículos anteriores de este capítulo (Ez.28:1-10), aunque dirigidos al “príncipe de
Tiro”, son palabras más bien para el hombre de pecado –esa encarnación y obra maestra
satánica— como las que siguen tratan de satanás mismo. hay un notable significado en la forma
como se relacionan estas porciones y cómo siguen la una a la otra en cierta secuencia. La
Palabra de Dios siempre identifica al hombre de pecado por su arrogancia blasfema de querer
ser Dios. en verdad, esto es lo esencial de la semejanza entre Antíoco Epífano y el hombre de
pecado (comp. Dan. 8:9 con 7:8. Nótese también lo relacionado con el hombre de pecado en Mat.
24:15; 2 Tes. 2:3-4; Ap. 13:6-9). En Ez. 28:1-10 se declara esta característica con un énfasis llamativo.
Como un príncipe es inferior y sujeto al rey, así el hombre de pecado está sujeto a satanás.
Antes de este discurso a un “príncipe” y a un “rey” en Tiro, se hace alusión en el capítulo 25 a
cuatro naciones que son: Amón, Moad, Edom y Filistea; y los mensajes a estos reinos ocupan
sólo diecisiete versículos, mientras el mensaje para Tiro requiere ochenta y tres versículos. Tal
proporción nos parece algo llamativa surgiendo así una importancia simbólica de aquella sola
ciudad. Como Babilonia anteriormente, Tiro era la cuidad comercial del mundo. Mediante el
énfasis ya notado se insinúa una elevación del ideal mundano de lo que significa éxito es partir
al mundo de ultratumba dejando todo aquí sin llevar nada consigo; mientras que el dejar nada
aquí y llevar todo consigo le parece al mundo un verdadero fracaso. Por lo tanto, Tiro llega a ser
un símbolo del amor a las riquezas del mundo. Este mensaje dirigido al “rey de Tiro” sirve para
identificar al personaje en vista con uno de los cuarenta títulos por los que se le conoce en la
Biblia. Como en los salmos mesiánicos se distinguen entre David mismo y el más grande Hijo (el
Mesías) por los rasgos sobrenaturales que se incluyen, en la misma manera la persona aludida
en esta Escritura como “rey de Tiro” es reconocida como el más sublime de los ángeles. Él no
podía ser un mortal. Se considerarán ahora algunos de esos rasgos importantes.
Ez. 28:11-12.“Vino a mi palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el
rey Tiro, y dile: así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría,
y acabado de hermosura”.
Es necesario dar suprema importancia a esta Escritura cuando se reconoce que contiene no la
palabra de un profeta para el rey de Tiro, sino la de Jehová. una endecha, lo que significa una
angustia intensa acompañada por golpe de pecho, es un término impresionante para describir
el pesar de Jehová por los pecadores, ¿y no es esto siempre así? ¿Falta Jehová jamás en
lamentarse por sus criaturas pecadoras? Concediéndose que pudiera haber una aplicación
secundaria de este lamento a algún rey de Tiro, tal conjetura tendría poco valor o significado en
vista de los rasgos sobrenaturales que se introducen inmediatamente, como: “Así ha dicho
Jehová: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.” Se
insinúa así que todo el poder creativo en lo que tiene que ver con la sabiduría y hermosura se ve
en esta criatura. tales frases no deben salir de la boca de Dios para aplicarle a un hombre caído
quien, además, es un rey pagano. La expresión, sin embargo, concuerda con la verdad al notar
que es un mensaje al más alto de los ángeles antes de su caída. Ez. 28:13. “En Edén en el huerto

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de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe,
crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y
flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación”. No importa mucho si esto se
refiere a un Edén prístino o al Edén de Gén. 3. Satanás ha esto en ambos; pero nadie aseguraría
que el rey de Tiro fuese así favorecido. El ornamentárselo con joyas sugiere su gran importancia
y el lustre de apariencia. Así con tanto esplendor se exhibió en el huerto de Edén, porque su
nombre nahash (Hebreo) traducido serpiente, quiere decir el reluciente. El apóstol Pablo declara
que aún él “se disfraza como ángel de luz” (2 Cor. 11:14). Las piedras preciosas que se menciona
aquí se ven sólo tres veces en la Biblia: (a) en el pectoral del sumo sacerdote, y así fueron una
manifestación de la gracia divina; (b) en la Nueva Jerusalén que refleja así la gloria de Dios; y (c)
como parte de la vestidura de este gran ángel y representa lo más alto de la creación de Dios.
no había cómo distinguir esta criatura de Dios en mejor forma que por medio de estas piedras
preciosas. En igual forma esta apariencia presenta a este ángel en su creación como diadema de
alabanza a su Creador. “Tamboriles y flautas” se prepararon en él. No necesitaba instrumento
alguno de alabanza para glorificar a su creador; él era diadema de alabanza. Pero la declaración
más reveladora en este versículo es la que afirma que él es un ser creado. Esta verdad esencial
se anuncia otra vez en el verso quince donde dice que era “perfecto” en todos en sus caminos
desde el día en que fue creado. El poder y la sabiduría de este ser son tan vastos que muchos
han pensado que él es tan eterno como Dios mismo. Siendo criatura, a pesar de su posición, él
tiene que estar sujeto al fin a su Creador y dar cuenta a Él. Y eso lo hará Satanás algún día.
“Tú querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en
Ez. 28:14.
medio de las piedras de fuego te paseabas”.
Es muy llamativo que este ser pertenece al orden de los querubines, porque, como hemos
indicado antes, estos seres angélicos están relacionados al trono de Dios como protectores y
defensores de Su santidad. Habiendo presentado recientemente la prueba al respecto, no hay
necesidad de repetirla aquí. Jehová dirige una palabra especial a este ángel: “Yo te puse en el
santo monte de Dios”. El rindió este servicio específico como querubín o protector sobre el
mismo trono de Dios, pues la frase el monte Dios se ocupa en el Antiguo Testamento para
designar el asiento de la autoridad de Dios (comp. Ex. 4:17; Sal. 2:6; 3:4; 43:3; 68:15; Isa. 2:2; 11:9). De
estos versículos se puede concluir que este gran ángel fue creado superior a los otros ángeles
para ser defensor del trono divino. Si se sugiriera que el Dios Todopoderoso no tiene necesidad
de defensores, se podría contestar que no es cuestión de lo que Dios necesita, sino lo que Él ha
revelado. Sin duda El no necesitaba el querubín en la entrada del huerto de Edén; con todo lo
puso allí.
La frase que falta escudriñar en el verso 14, “en medio de las piedras de fuego te paseabas”, es
algo obscura. Es posible que se refiera a la gloria primordial de la tierra. Las piedras de fuego
pueden ser una manifestación del fuego consumidor que Jehová es. En tal caso, esta declaración
querrá decir que en su posición tan elevada este ángel andaba en una íntima relación a la
santidad divina.

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Volviendo por un momento a la identificación de este ser, se admitirá que esta descripción tan
exaltada no corresponde a ningún rey de Tiro. Ningún miembro de la raza caída ha sido jamás
diadema de alabanza, ni tampoco ha sido creado directamente por Dios, ni tampoco había sido
puesto en el santo monte de Dios, ni había andado entre las piedras de fugo, ni tampoco era
perfecto en todos sus caminos desde su creación.
Ez. 28:15.“Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló
en ti iniquidad”.
Ahora se cambia la descripción y se hace mención del primer pecado de este ángel. Se halló
iniquidad en él. parece que fue descubierto un pecado secreto. La omnisciencia de Dios no
puede ser engañada, ni tampoco falta en conocer todas las cosas. si nuestros pecados secretos
se hallan delante de la luz de su rostro (Sal. 90:8), se puede decir lo mismo de los pecados
secretos de los ángeles también.
Ez. 28:16. “A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad y pecaste; por lo
que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras de fuego, oh querubín
protector”.
La palabra contrataciones es muy sugestiva. El mismo pensamiento ocurre en respecto al
hombre de pecado en Ez. 28:5. Lo que se expresa en esta palabra contrataciones no tiene que ver
nada con la compra y venta y el cambio de mercaderías de parte del mundo comercial. La
palabra en el original significa “dar rodeos” o pasear. Pémber sugiere que se trata del asunto de
la calumnia y eso puede indicar la obra de Satanás de paseas entre los otros ángeles tratando de
conseguir su lealtad por calumniar a Dios, y así hacerles rebelarse contra el Creador. La
acusación directa “y pecaste” seguida por su arrojamiento del cielo son rasgos importantes en la
carrera de Satanás, y los vamos a considerar en detalle más adelante.
“Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de
Ez. 28:17.
tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti”.
Se infiere por estas frases lo que era el pecado de Satanás, el pecado se describe plenamente en
otras escrituras. La naturaleza egoísta de todo largo desde “las piedras de fuego”, con todo el
honor y gloria que tal frase significa, al lago de fuego hacia el cual marcha la carrera de Satanás.
Ez. 28:18-19. “Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste
tu santuario; yo, pues, saqué fuego en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza
sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. Todos los que te conocieron de entre los
pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser”.
Parece obvio que estos versos indican el juicio inmediato, el futuro y el juicio final de Dios sobre
este gran ángel, juicios que se encuentran descritos en otras porciones de la Biblia.
En este solo contexto Dios da el origen, el estado, el carácter y el pecado del más alto de los
seres angélicos. No hay cómo exagerar la importancia de esta revelación en lo que tiene que ver
con la doctrina de los ángeles y la del hombre. Dios no creó a Satanás como tal; El creó un ángel
que era perfecto en todos sus caminos, y aquel ángel pecó por oponerse a la voluntad de Dios.

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por aquel acto él llegó a ser Satanás, el opositor, y todo lo demás que sus títulos significan. La
pregunta hecha por los antiguos sobre ¿quién hizo al diablo? ha sido contestada en el pasaje ya
considerado. Allí se ve que Dios creó al santo ángel que poseía el poder de escoger entre lo
bueno y lo malo, y él escogió lo malo. Mediante el poder degenerador de pecado, lo mismo
como Adán, Satanás llegó a ser un personaje muy distinto del que fue creado por Dios. Cuando
Dios crea un ser para cumplir un determinado propósito, ese ser tiene que cumplir
perfectamente ese ideal divino. Conviene, pues, al tratar de descubrir las dimensiones de este
gran ángel, identificar el propósito. Por su pecado Satanás perdió su cantidad original y también
su posición celestial, pero retuvo su sabiduría y se ha dedicado a seguir en los caminos del mal
en los cuales sus conocimientos han sido prostituidos al nivel de mentiras, engaños, trampas y
astucias. El alcance de estas obras, su carácter elevado, la motivación y los métodos de Satanás
constituyen la parte principal de lo que será estudiado más adelante. En su libro, Satanás, F. C.
Jennengs da un resumen al finalizar su exposición de la porción en Ezequiel con las siguientes
palabras: “(a) a causa de su fondo y lenguaje, es imposible aplicarla a un hijo caído de Adán; (b)
por lo tanto el tal tiene que ser un espíritu o ángel; (c) este ángel o espíritu, cualquiera que sea,
era lo más alto de la creación prístina de Dios; (d) su oficio era el de defender el trono de Dios, e
impedir que se acercara lo malo y lo injusto; (e) se halló en él la iniquidad que consistía en la
exaltación de sí mismo; (f) la sentencia por su pecado consiste en la expulsión de su posición
aunque no ha sido llevado a cabo por completo” (ps. 55-56).
II. EL PECADO DE SATANÁS
El pecado preciso de Satanás está delineado con claridad y con muchos detalles mayormente en
un pasaje bíblico central; a saber, Isa. 14:12-17. Es verdad que, desde el principio Satanás no ha
cesado de pecar; pero en éste pasaje el enfoque está sobre su pecado inicial el cual (según la
revelación bíblica) es el primero cometido en el universo. Una exposición parcial se ha hecho
sobre este pasaje importante en una división anterior de esta tesis, y apropiadamente
aparecerá otra vez como asunto fundamental en la hamartiología. En la verdad, este primer
pecado no sólo ayuda a comprender al primer pecador, Satanás, sino también es la norma o
modelo de todo pecado, pues demuestra con claridad aquel elemento en el pecado que hace
que sea lo que es –“sobremanera pecaminoso” (Ro. 7:13). Por referirse este pasaje a una caída
del cielo (Isa. 14:12-17) presenta una pregunta de mucha importancia. Se trata de la cuestión del
lugar de Satanás reside ahora. ¿fue echado en verdad del cielo o sigue ocupando la esfera en
que fue puesto originalmente? Un concepto erróneo bien popular es que Satanás vive en las
regiones infernales, pero eso no concuerda con la revelación bíblica. Al pensar en eso, conviene
darnos cuenta de nuevo que hay en la Biblia tres cielos: (a) el de la atmósfera en el cual se
mueven los pájaros, y en que el príncipe de este mundo es muy activo con gran autoridad; (b) el
espacio astral que es la morada de las huestes angelicales como hemos indicado antes; (c) el
“tercer cielo” que es la morada del Unico Dios y cuya ubicación no hay cómo precisar. La
cuestión que estamos considerando es si Satanás y los ángeles caídos fueron echados de su
habitación original. Hay ciertos pasajes que arrogan la luz sobre el problema. De Cristo está
escrito que “él dijo: yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lucas 10:18). Si esto es historia
o profecía tiene que determinarse por escudriñar otros pasajes de la Biblia. Apoc. 12:7-9 nos

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presenta un lanzamiento de Satanás del cielo a la tierra y parece que eso es futuro según la
descripción dada. El pasaje dice: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus
ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni
se halló ya lugar para ellos en el cielo, Y fue lanzando fuera el gran dragón, la serpiente antigua,
que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus
ángeles fueron arrojados con él”. El profeta Ezequiel predice un arrojamiento de Satanás al
escribir: “Tú pecaste; por lo tanto, te arrojaré como profano del monte de Dios” (Ez. 28:16-19). El
pasaje no revela el tiempo cuando esa promesa se cumplirá, fuera del hecho de que está
relacionado con los juicios finales que le tocan al Diablo. hay ciertos pasajes que indican que
Satanás está todavía en aquel cielo al que tiene derecho por su creación. Está escrito: “Un día
vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también
Satanás”. Aparentemente no había nada raro en la presencia de Satanás en tal lugar, ni en esa
ocasión. Se le pidió que diera cuenta de sus actividades, y lo hizo. En su informe,
incidentalmente él revela la verdad de que tiene suficiente libertad para “rodear la tierra y
andar por ella”, y a veces puede presentarse en la misma presencia de Dios. El Señor Jesucristo
dio esta amonestación a Pedro: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido” ( )
“demandar por pedir”, “para zarandearos como a trigo” (Luc. 22:31).

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