SONATINA
SONATINA
La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa? Los «En fondo de aire» (dije) «estoy»,
suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la (dije) «soy animal de fondo de aire» (sobre tierra), ahora
risa, que ha perdido el color. sobre mar; pasado, como el aire, por un sol que es carbón
La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el allá arriba, mi fuera, y me ilumina con su carbón el ámbito
teclado de su clave de oro; segundo destinado.
y en un vaso olvidado se desmaya una flor.
Pero tú, dios, también estás en este fondo y a esta luz ves,
El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales. Parlanchina, venida de otro astro;
la dueña dice cosas banales, tú estás y eres
y, vestido de rojo, piruetea el bufón. lo grande y lo pequeño que yo soy, en una proporción que
La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa es ésta mía, infinita hacia un fondo
persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una que es el pozo sagrado de mí mismo.
vaga ilusión.
Y en este pozo estabas antes tú con la flor, con la
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, golondrina, el toro y el agua; con la aurora
o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de en un llegar carmín de vida renovada;
sus ojos la dulzura de luz? con el poniente, en un huir de oro de gloria. En este pozo
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes, diario estabas tú conmigo, conmigo niño, joven, mayor, y
o en el que es soberano de los claros diamantes, yo me ahogaba sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? Este pozo que era, sólo y nada más ni menos, que el
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa quiere ser centro de la tierra y de su vida.
golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el
cielo volar, Y tú eras en el pozo májico el destino
ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los de todos los destinos de la sensualidad hermosa que sabe
lirios con los versos de mayo, que el gozar en plenitud
o perderse en el viento sobre el trueno del mar. de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón
encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú, para hacerme
el lago de azur. sentir que yo era tú,
Y están tristes las flores por la flor de la corte; los jazmines
de Oriente, los nulumbos del Norte, de Occidente las para hacerme gozar que tú eras yo, para hacerme gritar
dalias y las rosas del Sur. que yo era yo en el fondo de aire en donde estoy, donde
soy animal de fondo de aire, con alas que no vuelan en el
¡Pobrecita princesa de los ojos azules! aire, que vuelan en la luz de la conciencia mayor que todo
Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula el sueño
de mármol del palacio real, de eternidades e infinitos
el palacio soberbio que vigilan los guardas, que están después, sin más que ahora yo, del aire.
que custodian cien negros con sus cien alabardas, un
lebrel que no duerme y un dragón colosal.
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
y estercolas, compañero del alma, tan temprano. La princesa está pálida en su silla de oro;
está mudo el teclado de su clave sonoro,
Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
instrumento, a las desalentadas amapolas daré tu corazón
por alimento. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
Tanto dolor se agrupa en mi costado, y vestido de rojo piruetea el bufón.
que por doler me duele hasta el aliento. La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible la libélula vaga de una vaga ilusión.
y homicida, un empujón brutal te ha derribado.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi o en el que ha detenido su carroza argentina
desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi para ver de sus ojos la dulzura de luz?
vida. ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
consuelo voy de mi corazón a mis asuntos.
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida saludar a los lirios con los versos de Mayo,
desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta. ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la Y están tristes las flores por la flor de la corte;
tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble
calavera y desamordazarte y regresarte. ¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos en la jaula de marmol del palacio real;
andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de el palacio soberbio que vigilan los guardas,
angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas que custodian cien negros con sus cien alabardas,
de los enamorados labradores. un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irán a ¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
cada lado disputando tu novia y las abejas. (La princesa está triste; la princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. (la princesa está pálida; la princesa está triste),
más brillante que el alba, más hermoso que Abril!
A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te
requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, “Calla, calla, princesa” -dice el hada madrina-,
compañero del alma, compañero. “en caballo con alas hacia aquí se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor…”
NANAS DE LA CEBOLLA - CANTORAL TÚ ME QUIERES BLANCA – QUISPE LUCIA
La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus Tú me quieres alba, me quieres de espumas,
días y de mis noches. me quieres de nácar.
Hambre y cebolla: hielo negro y escarcha grande y
redonda. Que sea azucena
En la cuna del hambre mi niño estaba. Sobre todas, casta. De perfume tenue.
Con sangre de cebolla se amamantaba. Corola cerrada.
Pero tu sangre escarchaba de azúcar, cebolla y hambre.
Ni un rayo de luna filtrado me haya.
Una mujer morena, resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ni una margarita se diga mi hermana.
Ríete, niño, que te tragas la luna cuando es preciso. Tú me quieres nívea, tú me quieres blanca,
Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en los ojos tú me quieres alba.
la luz del mundo.
Tú que hubiste todas las copas a mano,
Ríete tanto que, en el alma, al oírte, bata el espacio. de frutos y mieles los labios morados.
que ha perdido la risa, que ha perdido el color. si con ansia sin igual solicitáis su desdén
La princesa está pálida en su silla de oro; ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. Combatís su resistencia y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales, Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco
y vestido de rojo piruetea el bufón. al niño que pone el coco y luego le tiene miedo.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente Queréis, con presunción necia, hallar a la que buscáis,
la libélula vaga de una vaga ilusión. para pretendida, Thais, y en la posesión, Lucrecia.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, ¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de
o en el que ha detenido su carroza argentina consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté
para ver de sus ojos la dulzura de luz? claro?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes, Con el favor y el desdén tenéis condición igual,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren
bien.
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, Opinión, ninguna gana; pues la que más se recata,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar; si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana.
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de Mayo, Siempre tan necios andáis que, con desigual nivel,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar. a una culpáis por cruel y otra por fácil culpáis.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, pretende si la que es ingrata, ofende, y la que es fácil,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur. enfada?
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, Mas, entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur. bien haya la que no os quiere y quejáos en hora buena.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules! Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas,
Está presa en sus oros, está presa en sus tules, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy
en la jaula de marmol del palacio real; buenas.
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas, ¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada:
un lebrel que no duerme y un dragón colosal. la que cae de rogada, o el que ruega de caído?
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga:
(La princesa está triste; la princesa está pálida.) la que peca por la paga, o el que paga por pecar?
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis?
(la princesa está pálida; la princesa está triste), Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.
más brillante que el alba, más hermoso que Abril!
Dejad de solicitar, y después, con más razón,
“Calla, calla, princesa” -dice el hada madrina-, acusaréis la afición de la que os fuere a rogar.
“en caballo con alas hacia aquí se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor, Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra
el feliz caballero que te adora sin verte, arrogancia, pues en promesa e instancia
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, juntáis diablo, carne y mundo.
a encenderte los labios con su beso de amor…”
TÚ ME QUIERES BLANCA - SHANTALL POEMA 20 - HIDALGO
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Tú me quieres alba, me quieres de espumas,
me quieres de nácar. Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
Que sea azucena
Sobre todas, casta. El viento de la noche gira en el cielo y canta.
De perfume tenue.
Corola cerrada. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
Ni un rayo de luna filtrado me haya.
Ni una margarita se diga mi hermana. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
Tú me quieres nívea, tú me quieres blanca, La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
tú me quieres alba.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Tú que hubiste todas las copas a mano, Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
de frutos y mieles los labios morados.
Tú que en el banquete Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
cubierto de pámpanos dejaste las carnes Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
festejando a Baco.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Tú que en los jardines negros del Engaño Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
vestido de rojo corriste al Estrago.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
Tú que el esqueleto conservas intacto no sé todavía La noche está estrellada y ella no está conmigo.
por cuáles milagros, me pretendes blanca
(Dios te lo perdone), Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
me pretendes casta. Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Huye hacia los bosques, vete a la montaña; La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
límpiate la boca; vive en las cabañas; Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
toca con las manos la tierra mojada;
alimenta el cuerpo con raíz amarga; Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
bebe de las rocas; duerme sobre escarcha; Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
renueva tejidos con salitre y agua:
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Habla con los pájaros y lévate al alba. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Y cuando las carnes te sean tornadas,
y cuando hayas puesto en ellas el alma Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
que por las alcobas Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
se quedó enredada,
entonces, buen hombre, Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
preténdeme blanca, Mi alma no se contenta con haberla perdido.
preténdeme nívea,
preténdeme casta. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
MUJER IRREDENTA - LUADELI
LOS CISNES - ANTONY
Hay quienes piensan
que he celebrado en exceso ¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
los misterios del cuerpo al paso de los tristes y errantes soñadores?
la piel y su aroma de fruta. ¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?
¡Calla, mujer! –me ordenan– Yo te saludo ahora como en versos latinos
No nos aburras más con tu lujuria te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Vete a la habitación Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
Desnúdate y en diferentes lenguas es la misma canción.
Haz lo que quieras A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
Pero calla A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
No lo pregones a los cuatro vientos. Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez....
Una mujer es frágil, leve, maternal; Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
en sus ojos los velos del pudor den a las frentes pálidas sus caricias más puras
la erigen en eterna vestal de todas las virtudes. y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
Una mujer que goza es un mar agitado de nuestras mentes tristes las ideas obscuras.
donde sólo es posible el naufragio. Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas,
Cállate. No hables más de vientres y humedades. casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
Era quizás aceptable que lo hicieras en la juventud. y somos los mendigos de nuestras pobres almas.
Después de todo, en esa época, siempre hay lugar para el Nos predican la guerra con águilas feroces,
desenfreno. gerifaltes de antaño revienen a los puños,
Pero ahora, cállate. mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni han Alfonsos ni Nuños.
Ya pronto tendrás nietos. Ya no te sientan las pasiones. Faltos del alimento que dan las grandes cosas,
No bien pierde la carne su solidez ¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
debes doblar el alma A falta de laureles son muy dulces las rosas,
ir a la Iglesia y a falta de victorias busquemos los halagos.
tejer escarpines La América Española como la España entera
y apagar la mirada con el forzado decoro de la fija está en el Oriente de su fatal destino;
menopausia. yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.
...Me instalo hoy a escribir ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
para los Sumos Sacerdotes de la decencia ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
para los que, agotados los sucesivos argumentos, ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
nos recetan a las mujeres la vejez prematura ¿Callaremos ahora para llorar después?
la solitaria tristeza He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros,
el espanto precoz a las arrugas. que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
¡Ah! Señores; no saben ustedes y el estertor postrero de un caduco león...
cuánta delicia esconden los cuerpos otoñales ...Y un Cisne negro dijo: "La noche anuncia el día".
cuánta humedad, cuánto humus Y uno blanco: "¡La aurora es inmortal, la aurora
cuánto fulgor de oro oculta el follaje del bosque es inmortal !" ¡Oh tierras de sol y de armonía,
donde la tierra fértil aun guarda la Esperanza la caja de Pandora!
se ha nutrido de tiempo.
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, Está bien que se mida con la dura
que habría que llegar hasta ti, Cazador, Sombra que una columna en el estío
primitivo y moderno, sencillo y complicado, Arroja o con el agua de aquel río
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod. En que Heráclito vio nuestra locura
Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor El tiempo, ya que al tiempo y al destino
de la América ingenua que tiene sangre indígena, Se parecen los dos: la imponderable
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español. Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil, te opones a Tolstoy. Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Y domando caballos, o asesinando tigres, Otra substancia halló, suave y pesada,
eres un Alejandro-Nabucodonosor. Que parece haber sido imaginada
(Eres un profesor de Energía Para medir el tiempo de los muertos.
como dicen los locos de hoy.)
Surge así el alegórico instrumento
Crees que la vida es incendio, De los grabados de los diccionarios,
que el progreso es erupción, La pieza que los grises anticuarios
que donde pones la bala Relegarán al mundo ceniciento
el porvenir pones.
No. Del alfil desparejo, de la espada inerme, del borroso
Los Estados Unidos son potentes y grandes. telescopio, del sándalo mordido por el opio
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor Del polvo, del azar y de la nada.
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león. ¿Quién no se ha demorado ante el severo
Ya Hugo a Grant le dijo: Las estrellas son vuestras. Y tétrico instrumento que acompaña
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol En la diestra del dios a la guadaña
y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos. Y cuyas líneas repitió Durero?
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón; Por el ápice abierto el cono inverso deja caer la cautelosa
y alumbrando el camino de la fácil conquista, arena, oro gradual que se desprende y llena
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York. El cóncavo cristal de su universo.
Mas la América nuestra, que tenía poetas Hay un agrado en observar la arcana
desde los viejos tiempos de Nezahualcóyolt, Arena que resbala y que declina
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, Y, a punto de caer, se arremolina
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; Con una prisa que es del todo humana.
que consultó los astros, que conoció la Atlántida
cuyo nombre nos llega resonando en Platón, La arena de los ciclos es la misma e infinita es la historia
que desde los remotos momentos de su vida de la arena; Así, bajo tus dichas o tu pena,
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, La invulnerable eternidad se abisma.
la América del grande Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón, No se detiene nunca la caída, yo me desangro, no el
la América católica, la América española cristal. El rito de decantar la arena es infinito y con la
la América en que dijo el noble Guatemoc: arena se nos va la vida.
"Yo no estoy en un lecho de rosas; esa América En los minutos de la arena creo sentir el tiempo cósmico:
que tiembla de huracanes y que vive de amor, la historia que encierra en sus espejos la memoria
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. O que ha disuelto el mágico Leteo.
Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol.
El pilar de humo y el pilar de fuego, Cartago y Roma y su
Tened cuidado. ¡Vive la América española! apretada guerra, Simón Mago, los siete pies de tierra
Hay mil cachorros sueltos del León Español. Que el rey sajón ofrece al rey noruego,
Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo,
Todo lo arrastra y pierde este incansable hilo sutil de
arena numerosa. No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.
VENCIDOS - MERCADO
FANTASÍA DE PUCK - SALVADOR
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura El hada pequeñita
de Don Quijote pasar… de las piedras preciosas
que vive en un coral
Y ahora ociosa y abollada busca al gnomo que habita
va en el rucio la armadura, la corteza rugosa
y va ocioso el caballero, de un antiguo nogal.
sin peto y sin espaldar…
va cargado de amargura… Y, juntos, de la mano
que allá encontró sepultura para hacer travesuras,
su amoroso batallar… aquella noche van,
va cargado de amargura… como hermana y hermano,
que allá «quedó su ventura» por las sendas oscuras
en la playa de Barcino, frente al mar… de la selva ideal…
Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.