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SONATINA

El documento presenta una serie de poemas que exploran temas de tristeza, anhelo y la búsqueda de la libertad a través de la figura de una princesa melancólica. A través de imágenes vívidas y metáforas, se refleja su deseo de escapar de su vida dorada y encontrar un significado más profundo en la existencia. Los poemas también abordan la conexión entre el amor, la muerte y la identidad, creando un paisaje emocional rico y complejo.

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SONATINA

El documento presenta una serie de poemas que exploran temas de tristeza, anhelo y la búsqueda de la libertad a través de la figura de una princesa melancólica. A través de imágenes vívidas y metáforas, se refleja su deseo de escapar de su vida dorada y encontrar un significado más profundo en la existencia. Los poemas también abordan la conexión entre el amor, la muerte y la identidad, creando un paisaje emocional rico y complejo.

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SONATINA – ALTAMIRANO SOY ANIMAL DE FONDO - ARISMENDI

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa? Los «En fondo de aire» (dije) «estoy»,
suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la (dije) «soy animal de fondo de aire» (sobre tierra), ahora
risa, que ha perdido el color. sobre mar; pasado, como el aire, por un sol que es carbón
La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el allá arriba, mi fuera, y me ilumina con su carbón el ámbito
teclado de su clave de oro; segundo destinado.
y en un vaso olvidado se desmaya una flor.
Pero tú, dios, también estás en este fondo y a esta luz ves,
El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales. Parlanchina, venida de otro astro;
la dueña dice cosas banales, tú estás y eres
y, vestido de rojo, piruetea el bufón. lo grande y lo pequeño que yo soy, en una proporción que
La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa es ésta mía, infinita hacia un fondo
persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una que es el pozo sagrado de mí mismo.
vaga ilusión.
Y en este pozo estabas antes tú con la flor, con la
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, golondrina, el toro y el agua; con la aurora
o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de en un llegar carmín de vida renovada;
sus ojos la dulzura de luz? con el poniente, en un huir de oro de gloria. En este pozo
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes, diario estabas tú conmigo, conmigo niño, joven, mayor, y
o en el que es soberano de los claros diamantes, yo me ahogaba sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? Este pozo que era, sólo y nada más ni menos, que el
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa quiere ser centro de la tierra y de su vida.
golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el
cielo volar, Y tú eras en el pozo májico el destino
ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los de todos los destinos de la sensualidad hermosa que sabe
lirios con los versos de mayo, que el gozar en plenitud
o perderse en el viento sobre el trueno del mar. de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón
encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú, para hacerme
el lago de azur. sentir que yo era tú,
Y están tristes las flores por la flor de la corte; los jazmines
de Oriente, los nulumbos del Norte, de Occidente las para hacerme gozar que tú eras yo, para hacerme gritar
dalias y las rosas del Sur. que yo era yo en el fondo de aire en donde estoy, donde
soy animal de fondo de aire, con alas que no vuelan en el
¡Pobrecita princesa de los ojos azules! aire, que vuelan en la luz de la conciencia mayor que todo
Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula el sueño
de mármol del palacio real, de eternidades e infinitos
el palacio soberbio que vigilan los guardas, que están después, sin más que ahora yo, del aire.
que custodian cien negros con sus cien alabardas, un
lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! La princesa


está triste. La princesa está pálida...
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe La
princesa está pálida! ¡La princesa está triste... más
brillante que el alba, más hermoso que abril!

¡Calla, calla, princesa dice el hada madrina, en caballo con


alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la
mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte
los labios con su beso de amor!
ELEGÍA - ARIZOLA
LA PRINCESA ESTÁ TRISTE - BARTUREN
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como La princesa está triste. ¿Qué tendrá la princesa?
del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.) Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
y estercolas, compañero del alma, tan temprano. La princesa está pálida en su silla de oro;
está mudo el teclado de su clave sonoro,
Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
instrumento, a las desalentadas amapolas daré tu corazón
por alimento. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
Tanto dolor se agrupa en mi costado, y vestido de rojo piruetea el bufón.
que por doler me duele hasta el aliento. La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible la libélula vaga de una vaga ilusión.
y homicida, un empujón brutal te ha derribado.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi o en el que ha detenido su carroza argentina
desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi para ver de sus ojos la dulzura de luz?
vida. ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
consuelo voy de mi corazón a mis asuntos.
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida saludar a los lirios con los versos de Mayo,
desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta. ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la Y están tristes las flores por la flor de la corte;
tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble
calavera y desamordazarte y regresarte. ¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos en la jaula de marmol del palacio real;
andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de el palacio soberbio que vigilan los guardas,
angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas que custodian cien negros con sus cien alabardas,
de los enamorados labradores. un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irán a ¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
cada lado disputando tu novia y las abejas. (La princesa está triste; la princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. (la princesa está pálida; la princesa está triste),
más brillante que el alba, más hermoso que Abril!
A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te
requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, “Calla, calla, princesa” -dice el hada madrina-,
compañero del alma, compañero. “en caballo con alas hacia aquí se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor…”
NANAS DE LA CEBOLLA - CANTORAL TÚ ME QUIERES BLANCA – QUISPE LUCIA

La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus Tú me quieres alba, me quieres de espumas,
días y de mis noches. me quieres de nácar.
Hambre y cebolla: hielo negro y escarcha grande y
redonda. Que sea azucena

En la cuna del hambre mi niño estaba. Sobre todas, casta. De perfume tenue.
Con sangre de cebolla se amamantaba. Corola cerrada.
Pero tu sangre escarchaba de azúcar, cebolla y hambre.
Ni un rayo de luna filtrado me haya.
Una mujer morena, resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ni una margarita se diga mi hermana.
Ríete, niño, que te tragas la luna cuando es preciso. Tú me quieres nívea, tú me quieres blanca,
Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en los ojos tú me quieres alba.
la luz del mundo.
Tú que hubiste todas las copas a mano,
Ríete tanto que, en el alma, al oírte, bata el espacio. de frutos y mieles los labios morados.

Tu risa me hace libre, me pone alas. Tú que en el banquete cubierto de pámpanos


Soledades me quita, cárcel me arranca. dejaste las carnes festejando a Baco.
Boca que vuela, corazón que en tus labios
relampaguea. Tú que en los jardines negros del Engaño
vestido de rojo corriste al Estrago.
Es tu risa la espada más victoriosa.
Vencedor de las flores y las alondras. Tú que el esqueleto
Rival del sol, porvenir de mis huesos y de mi amor. conservas intacto
no sé todavía
La carne aleteante, súbito el párpado, por cuáles milagros,
y el niño como nunca coloreado. me pretendes blanca
¡Cuánto jilguero se remonta, aletea, desde tu cuerpo! (Dios te lo perdone),
me pretendes casta
Desperté de ser niño. Nunca despiertes. (Dios te lo perdone),
Triste llevo la boca. Ríete siempre. ¡me pretendes alba!

Siempre en la cuna, defendiendo la risa Huye hacia los bosques,


pluma por pluma. vete a la montaña;
límpiate la boca;
Ser de vuelo tan alto, tan extendido, que tu carne parece vive en las cabañas;
cielo cernido. ¡Si yo pudiera toca con las manos
remontarme al origen de tu carrera! la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
Al octavo mes ríes con cinco azahares. con raíz amarga;
Con cinco diminutas ferocidades. bebe de las rocas;
Con cinco dientes como cinco jazmines duerme sobre escarcha;
adolescentes. renueva tejidos
con salitre y agua:
Frontera de los besos serán mañana,
cuando en la dentadura sientas un arma. Habla con los pájaros
Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro. y lévate al alba.
Y cuando las carnes
Vuela niño en la doble luna del pecho. te sean tornadas,
Él, triste de cebolla. y cuando hayas puesto
Tú, satisfecho. en ellas el alma
No te derrumbes. que por las alcobas
No sepas lo que pasa ni lo que ocurre. se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

NOCHE OSCURA- CARRILLO ME BASTA ASÍ – DIAZ RAMOS


En una noche oscura Si yo fuese Dios
con ansias, en amores inflamada, y tuviese el secreto,
¡oh dichosa ventura! haría
salí sin ser notada, un ser exacto a ti;
estando ya mi casa sosegada. lo probaría
(a la manera de los panaderos
A oscuras, y segura, cuando prueban el pan, es decir:
por la secreta escala disfrazada, con la boca),
¡Oh dichosa ventura! y si ese sabor fuese
a oscuras, y en celada, igual al tuyo, o sea
estando ya mi casa sosegada. tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
En la noche dichosa y de guardar silencio,
en secreto, que nadie me veía, y de estrechar mi mano estrictamente,
ni yo miraba cosa, y de besarnos sin hacernos daño
sin otra luz y guía, -de esto sí estoy seguro: pongo
sino la que en el corazón ardía. tanta atención cuando te beso-;
entonces,
Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía, si yo fuese Dios,
adonde me esperaba podría repetirte y repetirte,
quien yo bien me sabía, siempre la misma y siempre diferente,
en parte donde nadie parecía. sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
¡Oh noche que guiaste! por la que ibas a ser dentro de nada;
¡Oh noche amable más que la alborada: ya no sé si me explico, pero quiero
oh noche que juntaste aclarar si yo fuese
Amado con Amada. Dios, haría
¡Amada en el Amado transformada! lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
En mi pecho florido, para aguardar con calma
que entero para él solo se guardaba, a que te crees tú misma cada día,
allí quedó dormido, a que sorprendas todas las mañanas
y yo le regalaba, la luz recién nacida con tu propia
y el ventalle de cedros aire daba. luz, y corras
la cortina impalpable que separa
El aire de la almena, el sueño de la vida,
cuando yo sus cabellos esparcía, resucitándome con tu palabra,
con su mano serena Lázaro alegre,
en mi cuello hería, yo, mojado todavía
y todos mis sentidos suspendía. de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
Quedeme, y olvideme, en la contemplación de todo aquello
el rostro recliné sobre el Amado, que, en unión de mí mismo,
cesó todo, y dejeme, recuperas y salvas, mueves, dejas
dejando mi cuidado abandonado cuando -luego- callas…
entre las azucenas olvidado. (Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)
LA PRINCESA ESTÁ TRISTE - LUANA HOMBRES NECIOS QUE ACUSÁIS - HONG
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón
Los suspiros se escapan de su boca de fresa, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis:

que ha perdido la risa, que ha perdido el color. si con ansia sin igual solicitáis su desdén
La princesa está pálida en su silla de oro; ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. Combatís su resistencia y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales, Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco
y vestido de rojo piruetea el bufón. al niño que pone el coco y luego le tiene miedo.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente Queréis, con presunción necia, hallar a la que buscáis,
la libélula vaga de una vaga ilusión. para pretendida, Thais, y en la posesión, Lucrecia.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, ¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de
o en el que ha detenido su carroza argentina consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté
para ver de sus ojos la dulzura de luz? claro?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes, Con el favor y el desdén tenéis condición igual,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren
bien.
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, Opinión, ninguna gana; pues la que más se recata,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar; si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana.
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de Mayo, Siempre tan necios andáis que, con desigual nivel,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar. a una culpáis por cruel y otra por fácil culpáis.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, pretende si la que es ingrata, ofende, y la que es fácil,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur. enfada?
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, Mas, entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur. bien haya la que no os quiere y quejáos en hora buena.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules! Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas,
Está presa en sus oros, está presa en sus tules, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy
en la jaula de marmol del palacio real; buenas.
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas, ¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada:
un lebrel que no duerme y un dragón colosal. la que cae de rogada, o el que ruega de caído?

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga:
(La princesa está triste; la princesa está pálida.) la que peca por la paga, o el que paga por pecar?
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis?
(la princesa está pálida; la princesa está triste), Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.
más brillante que el alba, más hermoso que Abril!
Dejad de solicitar, y después, con más razón,
“Calla, calla, princesa” -dice el hada madrina-, acusaréis la afición de la que os fuere a rogar.
“en caballo con alas hacia aquí se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor, Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra
el feliz caballero que te adora sin verte, arrogancia, pues en promesa e instancia
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, juntáis diablo, carne y mundo.
a encenderte los labios con su beso de amor…”
TÚ ME QUIERES BLANCA - SHANTALL POEMA 20 - HIDALGO
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Tú me quieres alba, me quieres de espumas,
me quieres de nácar. Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
Que sea azucena
Sobre todas, casta. El viento de la noche gira en el cielo y canta.
De perfume tenue.
Corola cerrada. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
Ni un rayo de luna filtrado me haya.
Ni una margarita se diga mi hermana. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
Tú me quieres nívea, tú me quieres blanca, La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
tú me quieres alba.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Tú que hubiste todas las copas a mano, Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
de frutos y mieles los labios morados.
Tú que en el banquete Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
cubierto de pámpanos dejaste las carnes Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
festejando a Baco.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Tú que en los jardines negros del Engaño Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
vestido de rojo corriste al Estrago.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
Tú que el esqueleto conservas intacto no sé todavía La noche está estrellada y ella no está conmigo.
por cuáles milagros, me pretendes blanca
(Dios te lo perdone), Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
me pretendes casta. Mi alma no se contenta con haberla perdido.

(Dios te lo perdone), Como para acercarla mi mirada la busca.


¡me pretendes alba! Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

Huye hacia los bosques, vete a la montaña; La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
límpiate la boca; vive en las cabañas; Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
toca con las manos la tierra mojada;
alimenta el cuerpo con raíz amarga; Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
bebe de las rocas; duerme sobre escarcha; Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
renueva tejidos con salitre y agua:
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Habla con los pájaros y lévate al alba. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Y cuando las carnes te sean tornadas,
y cuando hayas puesto en ellas el alma Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
que por las alcobas Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
se quedó enredada,
entonces, buen hombre, Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
preténdeme blanca, Mi alma no se contenta con haberla perdido.
preténdeme nívea,
preténdeme casta. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
MUJER IRREDENTA - LUADELI
LOS CISNES - ANTONY
Hay quienes piensan
que he celebrado en exceso ¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
los misterios del cuerpo al paso de los tristes y errantes soñadores?
la piel y su aroma de fruta. ¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?
¡Calla, mujer! –me ordenan– Yo te saludo ahora como en versos latinos
No nos aburras más con tu lujuria te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Vete a la habitación Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
Desnúdate y en diferentes lenguas es la misma canción.
Haz lo que quieras A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
Pero calla A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
No lo pregones a los cuatro vientos. Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez....
Una mujer es frágil, leve, maternal; Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
en sus ojos los velos del pudor den a las frentes pálidas sus caricias más puras
la erigen en eterna vestal de todas las virtudes. y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
Una mujer que goza es un mar agitado de nuestras mentes tristes las ideas obscuras.
donde sólo es posible el naufragio. Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas,
Cállate. No hables más de vientres y humedades. casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
Era quizás aceptable que lo hicieras en la juventud. y somos los mendigos de nuestras pobres almas.
Después de todo, en esa época, siempre hay lugar para el Nos predican la guerra con águilas feroces,
desenfreno. gerifaltes de antaño revienen a los puños,
Pero ahora, cállate. mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni han Alfonsos ni Nuños.
Ya pronto tendrás nietos. Ya no te sientan las pasiones. Faltos del alimento que dan las grandes cosas,
No bien pierde la carne su solidez ¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
debes doblar el alma A falta de laureles son muy dulces las rosas,
ir a la Iglesia y a falta de victorias busquemos los halagos.
tejer escarpines La América Española como la España entera
y apagar la mirada con el forzado decoro de la fija está en el Oriente de su fatal destino;
menopausia. yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.
...Me instalo hoy a escribir ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
para los Sumos Sacerdotes de la decencia ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
para los que, agotados los sucesivos argumentos, ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
nos recetan a las mujeres la vejez prematura ¿Callaremos ahora para llorar después?
la solitaria tristeza He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros,
el espanto precoz a las arrugas. que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
¡Ah! Señores; no saben ustedes y el estertor postrero de un caduco león...
cuánta delicia esconden los cuerpos otoñales ...Y un Cisne negro dijo: "La noche anuncia el día".
cuánta humedad, cuánto humus Y uno blanco: "¡La aurora es inmortal, la aurora
cuánto fulgor de oro oculta el follaje del bosque es inmortal !" ¡Oh tierras de sol y de armonía,
donde la tierra fértil aun guarda la Esperanza la caja de Pandora!
se ha nutrido de tiempo.
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!

A ROOSEVELT - ESTEFANO EL RELOJ DE ARENA - NESTOR

Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, Está bien que se mida con la dura
que habría que llegar hasta ti, Cazador, Sombra que una columna en el estío
primitivo y moderno, sencillo y complicado, Arroja o con el agua de aquel río
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod. En que Heráclito vio nuestra locura

Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor El tiempo, ya que al tiempo y al destino
de la América ingenua que tiene sangre indígena, Se parecen los dos: la imponderable
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español. Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil, te opones a Tolstoy. Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Y domando caballos, o asesinando tigres, Otra substancia halló, suave y pesada,
eres un Alejandro-Nabucodonosor. Que parece haber sido imaginada
(Eres un profesor de Energía Para medir el tiempo de los muertos.
como dicen los locos de hoy.)
Surge así el alegórico instrumento
Crees que la vida es incendio, De los grabados de los diccionarios,
que el progreso es erupción, La pieza que los grises anticuarios
que donde pones la bala Relegarán al mundo ceniciento
el porvenir pones.
No. Del alfil desparejo, de la espada inerme, del borroso
Los Estados Unidos son potentes y grandes. telescopio, del sándalo mordido por el opio
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor Del polvo, del azar y de la nada.
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león. ¿Quién no se ha demorado ante el severo
Ya Hugo a Grant le dijo: Las estrellas son vuestras. Y tétrico instrumento que acompaña
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol En la diestra del dios a la guadaña
y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos. Y cuyas líneas repitió Durero?

Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón; Por el ápice abierto el cono inverso deja caer la cautelosa
y alumbrando el camino de la fácil conquista, arena, oro gradual que se desprende y llena
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York. El cóncavo cristal de su universo.

Mas la América nuestra, que tenía poetas Hay un agrado en observar la arcana
desde los viejos tiempos de Nezahualcóyolt, Arena que resbala y que declina
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, Y, a punto de caer, se arremolina
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; Con una prisa que es del todo humana.
que consultó los astros, que conoció la Atlántida
cuyo nombre nos llega resonando en Platón, La arena de los ciclos es la misma e infinita es la historia
que desde los remotos momentos de su vida de la arena; Así, bajo tus dichas o tu pena,
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, La invulnerable eternidad se abisma.
la América del grande Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón, No se detiene nunca la caída, yo me desangro, no el
la América católica, la América española cristal. El rito de decantar la arena es infinito y con la
la América en que dijo el noble Guatemoc: arena se nos va la vida.

"Yo no estoy en un lecho de rosas; esa América En los minutos de la arena creo sentir el tiempo cósmico:
que tiembla de huracanes y que vive de amor, la historia que encierra en sus espejos la memoria
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. O que ha disuelto el mágico Leteo.
Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol.
El pilar de humo y el pilar de fuego, Cartago y Roma y su
Tened cuidado. ¡Vive la América española! apretada guerra, Simón Mago, los siete pies de tierra
Hay mil cachorros sueltos del León Español. Que el rey sajón ofrece al rey noruego,
Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo,
Todo lo arrastra y pierde este incansable hilo sutil de
arena numerosa. No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.

VENCIDOS - MERCADO
FANTASÍA DE PUCK - SALVADOR
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura El hada pequeñita
de Don Quijote pasar… de las piedras preciosas
que vive en un coral
Y ahora ociosa y abollada busca al gnomo que habita
va en el rucio la armadura, la corteza rugosa
y va ocioso el caballero, de un antiguo nogal.
sin peto y sin espaldar…
va cargado de amargura… Y, juntos, de la mano
que allá encontró sepultura para hacer travesuras,
su amoroso batallar… aquella noche van,
va cargado de amargura… como hermana y hermano,
que allá «quedó su ventura» por las sendas oscuras
en la playa de Barcino, frente al mar… de la selva ideal…

Por la manchega llanura Detrás va su cortejo


se vuelve a ver la figura de dudas y sospechas…
de Don Quijote pasar… Y una marcha triunfal
va cargado de amargura… saluda al crimen, viejo
va, vencido, el caballero que ruge y canta endechas
de retorno a su lugar. con su voz de puñal.

Cuántas veces, Don Quijote, Van los presentimientos


por esa misma llanura junto a las intenciones…
en horas de desaliento Con los recuerdos van
así te miro pasar… los malos pensamientos,
y cuántas veces te grito: las locas tentaciones
Hazme un sitio en tu montura ahogadas al brotar.
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura Todo lo que hay de sueños
caballero derrotado, de otra vida perdido;
hazme un sitio en tu montura lo que pasó o vendrá.
que yo también voy cargado Vagas curvas de ensueños:
de amargura lo que casi no ha sido…,
y no puedo batallar. lo que tal vez será…
Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor, Va, callado, cruzando
ponme a la grupa contigo el cortejo discreto
y llévame por la selva ideal…
a ser contigo pastor. ¡Viene el día temblando…;
va a romper el secreto
Por la manchega llanura la aurora al despuntar!…
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar… Mas sólo vio, al mostrarse,
una burbuja sobre
las olas del mar…
Y una cara borrarse
en la corteza pobre
del antiguo nogal.
LA COPLA ANDALUZA - MICAELA ODA A LA MELANCOLÍA - PANCHANO
Del placer que irrita,
y el amor, que ciega, No vayas al Leteo ni exprimas el morado
escuchad la canción, que recoge acónito buscando su vino embriagador;
la noche morena. no dejes que tu pálida frente sea besada
por la noche, violácea uva de Proserpina.
La noche sultana,
la noche andaluza, No hagas tu rosario con los frutos del tejo
que estremece la tierra y la carne ni dejes que polilla o escarabajo sean
de aroma y lujuria. tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
contemple los misterios de tu honda tristeza.
Bajo el plenilunio, Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
como lagrimones, y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu.
Como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.
Pero cuando el acceso de atroz melancolía
Son melancolía se cierna repentino, cual nube desde el cielo
sonora, son ayes que cuida de las flores combadas por el sol
de las otras cuerdas heridas, punzadas, y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
las notas vibrantes. enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
Y en el aire, húmedo o en la hermosura esférica de las peonías;
de aroma y lujuria, o, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
levanta su vuelo -paloma rafeña- toma firme su mano, deja que en tanto truene
la copla andaluza. y contempla, constante, sus ojos sin igual.

Dice de ojos negros


y de rojos labios, Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
de venganza, de olvido, de ausencia, También con la alegría, cuya mano en sus labios
de amor y de engaño… siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Y de desengaño.
De males y bienes, Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
de esperanza, de celos…, de cosas tiene su soberano numen Melancolía,
de hombres y mujeres. aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
boca muerde la uva fatal de la alegría.
Y brota en los labios Esa alma probará su tristísimo poder
soberbia y sencilla, y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.

Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.

Del placer, que irrita,


y el amor, que ciega,
escuchad la canci6n, que recoge
la noche morena.
viajaré por mis Cosas.

UN PINTOR REFLEXIONA - JIMENA


ACCIDENTES NOCTURNOS - ROMINA
QUÉ pocas cosas tiene
este callado mundo, Palabras minuciosas, si te acuestas
más allá de mis Cosas. te comunican sus preocupaciones.
Está ese sol que incendia
las paredes vecinas, Los árboles y el viento te argumentan
los cables del tendido juntos diciéndote lo irrefutable y
y aquí no entra porque hasta es posible que aparezca un grillo
qué pensaría el triste, que en medio del desvelo de tu noche
el alón del sombrero cante para indicarte tus errores.
que, perdida su copa,
ya no abandona el muro Si cae un aguacero, va a decirte
y tengo por la Elipse. cosas finas, que punzan y te dejan
Y las flores de trapo, el alma, ay, como un alfiletero.
que pintadas soñaron
con ser frescas y hermosas Sólo abrirte a la música te salva:
y sobreviven mustias, ella, la necesaria, te remite
¿qué dirían, mis eternas? un poco menos árida a la almohada,
Mis ocres, lilas, rosas, suave delfín dispuesto a acompañarte,
mis marfiles sesgados lejos de agobios y reconvenciones,
por sombras que entretejen entre los raros mapas de la noche.
mis líneas adivinas,
son, en su quieto reino. Juega a acertar las sílabas precisas
No importa el sol, afuera. que suenen como notas, como gloria,
Que le baste Bolonia que acepte ella para que te acunen,
y el ladrillo ardoroso y suplan los destrozos de los días.
y en mera luz y sombras Agora con la aurora se levanta
me deje entre mis cosas.
Ya nos encontraremos Agora con la aurora se levanta
si en el pequeño parque, mi Luz; agora coge en rico nudo
pinto y pienso en Corot. el hermoso cabello; agora el crudo
Voy a ser aún más leve: pecho ciñe con oro y la garganta;
en leves acuarelas
últimas, que precisen agora, vuelta al cielo, pura y santa,
el paso de las formas las manos y ojos bellos alza, y pudo
por la bruma que sea dolerse agora de mi mal agudo;
un color suficiente. agora incomparable tañe y canta.
Pintaré un mandolino
que acompañe la danza Así digo y del dulce error llevado
de mis disposiciones presente ante mis ojos la imagino
entre sí con sus sombras, y lleno de humildad y amor la adoro;
con luces y con trazos
que sutiles abrazan más luego vuelve en sí el engañado
mis objetos amados. ánimo y, conociendo el desatino,
Y ya toda Bolonia la rienda suelta largamente al lloro.
será de un suaverrosa
sin presunción alguna,
sobre el fatal hastío
sí, decimonónico, d
e lecheras y henares,
gallineros y cielos.
Cerca de mis hermanas,
CARTA DE AMOR - DAYANA CIUDAD CERO –ALEJANDRO
No es fácil expresar lo que has cambiado. Una revolución.
Si ahora estoy viva entonces muerta he estado, Luego una guerra.
aunque, como una piedra, sin saberlo,
quieta en mi sitio, mi hábito siguiendo. En aquellos dos años que eran
la quinta parte de toda mi vida,
No me moviste un ápice, tampoco ya había experimentado sensaciones distintas.
me dejaste hacia el cielo alzar los ojos Imaginé más tarde
en paz, sin esperanza, por supuesto, lo que es la lucha en calidad de hombre.
de asir los astros o el azul con ellos.
Pero como tal niño,
No fue eso. Dormí: una serpiente la guerra, para mí, era tan sólo:
como una roca entre las rocas hiende suspensión de las clases escolares,
el intervalo del invierno blanco, Isabelita en bragas en el sótano,
cual mis vecinos, nunca disfrutando cementerios de coches, pisos
del millón de mejillas cinceladas abandonados, hambre indefinible,
que a cada instante para fundir se alzan sangre descubierta
las mías de basalto. Como ángeles en la tierra o las losas de la calle,
que lloran por la gente tonta hacen un terror que duraba
lágrimas que se congelan. Los muertos lo que el frágil rumor de los cristales
tenían yelmos helados. No les creo. después de la explosión,
y el casi incomprensible
Me dormí como un dedo curvo yace. dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
Lo primero que vi fue puro aire su ira sofocada,
y gotas que se alzaban de un rocío que, por algún resquicio,
límpidas como espíritus. y miro entraban en mi alma
densas y mudas piedras en tomo a mí, para desvanecerse luego, pronto,
sin comprender. Reluzco y me deshojo ante uno de los muchos
como mica que a sí misma se escancie, prodigios cotidianos: el hallazgo
igual que un líquido entre patas de ave, de una bala aún caliente,
entre tallos de planta. Mas no pienses el incendio
que me engañaste, eras transparente. de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
Árbol y piedra nítidos, sin sombras. papeles y retratos
en medio de la calle…
Mi dedo, cual cristal de luz sonora.
Yo florecía como rama en marzo: Todo pasó,
una pierna y un brazo y otro brazo. todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
De piedra a nube iba yo ascendiendo. en aquel tiempo
A una especie de dios ya me asemejo, y que, años más tarde,
hiende el aire la veste de mi alma resurgió en mi interior, ya para siempre:
cual pura hoja de hielo. Es una dádiva. este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.

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