Carmen Ollé (Revista Martín 32)
Carmen Ollé (Revista Martín 32)
RevistadeArtesyLetrasjunio2019LimaPerú. . . . . . .
... paraCarmenOllénúmerotrentaidosdeMartín
Revista de artes y letras
ISSN2223-4896 de la Universidad San Martin de Porres
año XIX Junio 2019 Lima, Perú,
La UPSMP ha tributado su homenaje a los poetas y narradores
peruanos que en sus obras literarias han expresado nuestra alma Revista de artes y letras
nacional, desde Abril del 2001 a la fecha, junio 2019 de la Universidad San Martin de Porres
año XIX N° 32 Lima, Perú, Junio 2019
1. Martín Adán ISSN2223-4896
Carmen Ollé
17. Manuel Scorza
18 - 19. César Vallejo (volumen doble)
20. Antonio Cisneros
21. Guillermo Thondike
22. Javier Heraud
23. Edgardo Rivera Martínez
24. José María Eguren
25. Arturo Corcuera
Martín N° 32
26. Antonio Gálvez Ronceros
32 volúmenes de
Carmen O L L É
28. Javier Sologuren
OLLÉ
29. Oswaldo Reynoso
CARMEN
30. Marco Martos
31 Gregorio Martínez
paraCARMENOllénúmerotrentaidos
32 Carmen Ollé deMartín RevistadeArtes
yLetrasjunio2019LimaPerú
p araC a r m e n O l l é númerotrentaidosdeM a r t í n
paraCARMENOllénúmerotrentaidosdeMartín
RevistadeArtesyLetrasjunio2019LimaPerú
Carmen Ollé
Noches de adrenalina, Todo orgullo humea la noche, ¿Por qué hacen tanto
ruido?, Las dos caras del deseo, Pista falsa, Una muchacha bajo su paraguas,
Retrato de mujer sin familia ante una copa, Halcones en el parque, Monólogos
de Lima y Halo de la luna, constituyen un discurso implacable y generoso, una
visión descarnada, la realidad y el deseo, ambigüedad y certeza, soledad y
solidaridad, tristeza y júbilo, desencanto y esperanza, que se manifiesta con
diversas formas discursivas que hacen gala de un profundo conocimiento de
la retórica y el canon imperante, sin olvidar que más de una vez lo canónico
tiene que ceder el paso a la palabra virtuosa, al reclamo urticante o al clamor
escalofriante.
Mariela Dreyfus D
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Noches de adre- Era diciembre del 79 y la humedad típica del incipiente verano limeño estaba a
tope ese día. Acabábamos de terminar la clase de Literaturas Románicas Medievales
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noticia conmovedora, un
n
Venezuela para volver juntas hasta nuestro barrio de Lince, apareció Esthercita por
O
detrás, ágil como siempre y generosa, para invitarnos a consumir una parihuela en el
bombazo, la confirmación
l
restaurante La Buena Muerte de Barrios Altos, al lado de la Iglesia del mismo nombre. l
Entusiastas aceptamos el cambio de ruta y al llegar nos instalaron a las tres en una mesa
é
de su talento literario para frente a la ventana de amplios marcos de madera desde donde se divisaba la Plaza
Italia. La fuente de pescado estuvo suprema, lo mismo que la conversación. Fela y yo
la construcción de una voz frisábamos los 19, 20 años y el magisterio de nuestros maravillosos tutores sanmarquinos
del Programa de Literaturas Hispánicas, que por entonces tenía el auspicioso código
empoderada, capaz de capicúa 222, nos tenía en vilo, leyendo, intercambiando textos, estudiando juntas para
los exámenes finales.
señalar con pelos y seña- A la hora de la sobremesa, con sendas Pilsen sobre el mantel de plástico,
Esther se dispuso a sacar de su cartera un sobre de carta tamaño oficio que contenía
les justamente los pelos y varios folios escritos con una tinta azul pálido. Se los había enviado desde París su
querida amiga Carmen Ollé, quien le anunciaba además la pronta salida de su primer
señales de nuestra cons- libro de poemas en el sello editorial “Cuadernos del hipocampo” dirigido por el finado
escritor Luis Fernando Vidal. Esther nos hablaba de Carmen con afecto y admiración,
titución psíquica y física, la excitaba la posibilidad de volver a verla pronto. En ese entonces, Ollé estaba casada
con el magnífico poeta Enrique Verástegui, recientemente fallecido, y tenían una hija
corporal... pequeña, Vanessa, que había partido con sus padres a Europa “en brazos”, como lee
uno de los versos de su libro inicial, Noches de adrenalina.
Primer encuentro
Apenas unos meses después, conocí por fin a la joven pareja de creadores
recién vuelta de Europa, en una reunión que tuvo lugar en un hotel del centro de Lima
que pertenecía al poeta horazeriano Miguel Burga. Asistieron entre otros Jorge Pimentel
y Juan Ramírez Ruiz, ambos fundadores de Hora Zero, y algunos de sus más conspi-
18 19
Mariela Dreyfus
cuos miembros como Enrique Verástegui y Tulio Mora. Verástegui portaba ya el halo de también todo un anda-
miaje social. La crítica a la
poeta consagrado desde que, apenas a los 25 años y con un solo poemario publicado, D
su contundente En los extramuros del mundo (1971), había ganado la codiciada Beca
e
y
cultura de Occidente –a su
Guggenheim. Con el premio entre manos, se había embarcado con la familia a España, A
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donde se quedaron varios meses, para luego instalarse en París, permaneciendo allí
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intimidante. Carmen estuvo callada, observándolo todo con una mirada inquisitiva, cosa L
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en el hotel de Burga continuaron con cierta regularidad entre mayo y julio de 1980. El
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de las más recientes hornadas en un movimiento mayor que iba a llamarse La unión
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representado por la ya no
libre, como un bello poema de André Breton, nunca funcionó. O mejor dicho fracasó, tan
No
estentóreamente como otro proyecto colectivo de entonces, el ARI, que se planteaba
“subdesarrollada” de Lima
se intersectaba con el aún más bello y entrañable Pasaje Conococha, donde vivía yo.
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Incontables noches caminé a lo largo de León Velarde para visitar a Carmen y l
20 21
Mariela Dreyfus
A m i s t a d
Con el correr
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Mi primer asedio crítico a la obra de Carmen Ollé, fue el ensayo titulado “El En razón del aprecio que siempre me ha merecido su obra, a comienzos del
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hermano mayor: la influencia de César Moro en tres poetas peruanas del 80”, incluido 2004 les propuse a las poetas Rocío Silva-Santisteban y Victoria Guerrero, quienes r
neas, compilado por Marcela Robles. Apelando a ciertas ideas de Harold Bloom sobre sesión titulada “Consideraciones en torno a Carmen Ollé” en el marco del II Congreso e
s
adrenalina se ha vuelto un
la angustia de la influencia, cuestioné en mi texto aquella aseveración de los críticos Internacional de Literatura Transatlántica organizado por Julio Ortega, profesor principal
literarios en torno al rol de antecesora que le atribuían a Ollé con respecto a las novísimas en Brown University, en abril de ese año. Esta sesión fue el germen de un proyecto y
una idea de P. Alba, que había que ir más atrás en la tradición para rastrear a nuestro un solo volumen, estudios críticos que desde variadas perspectivas dieran cuenta de e
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como un afiebrado diálogo con un “tú” espectral, había dejado huellas en primer lugar tado es el tomo Esta mística de relatar cosas sucias. Ensayos en torno a la obra de a
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C a r m e n
y ha ingresado al nuevo
en la propia poesía de Ollé, lo mismo que en las de Alba y Silva-Santisteban. Carmen Ollé, coeditado por Rocío, Bethsabé Huamán Andia y yo, y publicado por los
Me ocupé también de realizar una somera revisión cronológica, documentando prestigiosos sellos Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar (CELACP) y No
ediciones adicionales en
habíamos publicado nuestros primeros poemas desde finales de la década del 70, más tres poemas inéditos de la autora, confirmando que su obra, constituida por una amplia
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específicamente entre 1977 y 1980, en las revistas literarias juveniles del momento: La y continua nómina de títulos que abarcan expresiones tan diversas como la poesía, a
castellano
sagrada familia, Raíces édicas, Trompa de Eustaquio, Macho Cabrío y Ómnibus. Es la narrativa breve, la novela, el teatro y el ensayo, se ha convertido en una referencia r
m
decir, antes de la aparición de Noches de adrenalina que, como queda dicho, se publi- fundamental tanto en el ámbito peruano como en todo el orbe hispano. Con ese atrevi- e
có en 1981. Lo cierto es que nunca he sentido a Ollé como una precursora sino más miento y esa inteligencia que son sus banderas para conducirse por la escritura y por n
bien como una compañera de ruta cuya cercanía me resulta fascinante. Fue en razón la vida, Ollé apostó desde el principio a cruzar las fronteras entre los géneros, tal como O
de esa complicidad que elegí unos versos de aquel primer libro suyo: “Un cuerpo que lo atestigua su temprano libro Todo orgullo humea la noche (1988), donde a la manera l
l
sufre insoportablemente exige, al margen del sistema solar y las estrellas/ su liberación de su admirado Borges en El hacedor, combina la poesía y el cuento corto, trabajados é
inmediata” como epígrafe para mi primer libro. en este caso en dos registros en apariencia antagónicos que sin embargo armonizan
en virtud de su talento. Mientras que los poemas, ubicados en las antípodas de lo que
Noches de adrenalina fue la experiencia radical de Noches de adrenalina, se inscriben en la estética del dolce
stil nuovo, los cuentos recrean en clave más bien realista pasajes de su experiencia
Por supuesto que el lanzamiento del libro liminar de Ollé fue para mí una noticia como catedrática en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle,
conmovedora, un bombazo, la confirmación de su talento literario para la construcción La Cantuta, en un período especialmente duro de nuestra historia, que son los años
de una voz empoderada, capaz de señalar con pelos y señales justamente los pelos y del conflicto armado interno.
señales de nuestra constitución psíquica y física, corporal. Allí, el cuerpo aparece y rige Más adelante, Ollé volvió a experimentar con el formato híbrido, primero en el
con todos sus fluidos, con sus colores y formas, como objeto de deseo pero también libro de largo título pictórico, Retrato de mujer sin familia ante una copa (2007), que con
como mercancía, como forma de negociación e intercambio en una sociedad siempre acierto reúne textos de autoficción, relatos y ensayos e incluye, a manera de epílogo,
regida por un orden falocéntrico, patriarcal. El libro me pareció audaz, desafiante, ne- una entrevista ficticia con la escritora de suspense inglesa, Patricia Highsmith, importante
cesario. Mostraba claramente un pensamiento y también señalaba una –o varias- vías referente también en su novela anterior, adscrita al roman noir, Pista falsa (1999). En
de escritura (y de lectura). uno de sus libros más recientes, Monólogos de Lima (2015), convergen un relato en
Según el texto de la contratapa que acompañó a la primera edición, el libro se inscribe clave autobiográfica, varios cuentos que por su pulsión reflexiva colindan con el ensayo,
en “la línea confesional” de los pensadores franceses Michel Leiris y Georges Bataille. y tres piezas escritas a la manera del teatro No japonés, para darnos su visión irónica,
Así, la voz poética abraza sin ambages la desnudez como señuelo y como signo, en crítica y hasta despiadada de la ciudad de Lima, ese espacio de indolencia y vanidad
un proceso que es al mismo tiempo un desmontaje, una desestructuración. No sólo se al que sin embargo ella quiere y conoce como pocos, tal vez como nadie, porque es
rasgan velos y vestiduras, se desarma también todo un andamiaje social. La crítica a la intransferible su mirada singular sobre ese marco escénico donde, como dice el epígrafe
cultura de Occidente –a su burgués edificio moral- es emprendida desde dos latitudes del científico Stephen Hawkins que lo precede, “Lo que no está prohibido, sucede”.
que son a la vez dos tiempos: el centro, representado por la ya no tan mítica ciudad de
París, desde donde se escribe, y la periferia, esa sociedad “subdesarrollada” de Lima A la distancia /A pesar de la distancia
que se inserta en los textos a partir del recuerdo.
Con el correr de los años, Noches de adrenalina se ha vuelto un libro de culto, Empecé con la correspondencia y a la correspondencia vuelvo, lo mismo que
sobre todo entre los jóvenes lectores, y ha ingresado al nuevo siglo con un total de seis a César Moro, de quien tomo prestados dos versos, para subrayar hasta qué punto el
ediciones adicionales en castellano aparecidas sucesivamente en Lima (1992; 2005, persistente empeño en mantener el intercambio epistolar primero, y el de largos correos
2014, 2015); Buenos Aires (1994); Veracruz (2015) y Barcelona (2017), además de la electrónicos después, ha sido clave para mantener esa amistad férrea, fluida, de gran
edición bilingüe Nights of Adrenaline/Noches de adrenalina (1997) editada por el sello confianza y afecto con Carmen, pese a que hace prácticamente treinta años dejé Lima
californiano Floricanto, con una traducción solvente de Anne Archer y un prólogo de la para instalarme en la Ciudad de Nueva York. Hace apenas unos días, limpiando unos
estudiosa inglesa, Jean Franco.
22 23
A m i s t a d Mariela Dreyfus
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comentaba la auspiciosa recepción que había tenido por parte de la crítica su primera e
y
... obre ese novela, Las dos caras del deseo (1994), escrita precisamente a partir de su residencia A
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de casi un año, entre 1991 y 1992, en la ciudad de Rahway, New Jersey, adonde llegó r
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escenario, el Central Park con Vanessa adolescente. En ese tiempo que atesoro, las dos venían con rigurosa
puntualidad a pasar los fines de semana conmigo, y así compartimos la sorpresa de ir
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y sus árboles añosos, o descubriendo juntas el paisaje neoyorquino, su olor y su pulso, durante un tibio otoño
y una cálida primavera que siempre me parecerán eternos.
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las calles estrechas del “¿Cómo está el pequeño Gabriel?”, me preguntaba, refiriéndose a mi hijo
O l l é ;
que entonces tenía dos años. “Y la terrible Manhattan. A los dos quisiera ver muy t
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Soho donde los ambu- pronto. A Gabriel para descubrir en sus ojos la mirada de la madre, y para estrecharlo
muy fuerte. A Manhattan porque la necesito”. Sobre ese escenario, el Central Park y
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C a r m e n
lantes africanos ofrecían sus árboles añosos, o las calles estrechas del Soho donde los ambulantes africanos
ofrecían máscaras y ungüentos en las ferias los sábados, transcurre la trama en Las
No
máscaras y ungüentos dos caras del deseo, que a la vez se ubica en Lima, en sus cineclubes y bares, donde 32
sus tres protagonistas –Martha, Eiko, la narradora- están envueltas en un triángulo
en las ferias los sábados, que ofrece otras posibilidades para la relación amorosa y pone de nuevo en jaque las C
nociones culturalmente construidas de lo masculino y lo femenino. De su experiencia
a
r
transcurre la trama en Las como trabajadora en los talleres de confección de New Jersey, extrae por su parte Ollé m
a esos personajes peculiares cuyas historias se entrelazan con las de las tres mujeres
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dos caras del deseo, que al vaivén de su pericia de artífice y su imaginación delirante.
En años recientes, Carmen Ollé ha recibido en el Perú algunos importantes
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a la vez se ubica en Lima, reconocimientos: en julio de 2014, el Congreso Perú Transatlántico, organizado por la l
en sus cineclubes y bares, sión plenaria titulada “Diálogo con Carmen Ollé”, en la que tuve la fortuna de participar
con otras dos queridas escritoras de la generación del 80: Giovanna Pollarolo y Rocío
donde sus tres protago- Silva-Santisteban. Ese mismo año obtuvo una distinción especial en la Feria del Libro.
En el 2015 vino el ya aludido Premio Casa de la Literatura Peruana y en el 2018, el
nistas –Martha, Eiko, la homenaje que se le brindó en el V Festival de la Palabra PUCP. Ahora, de manos del
poeta y editor Hildebrando Pérez Grande la revista Martín reconoce una vez más su
narradora- están envueltas importancia en nuestras letras, y yo me aúno emocionada a tan merecida celebración.
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¿Noches de adrenalina,
palabras para la otra tradición?
Ina Salazar D
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No
La publicación de Noches de adrenalina de Carmen Ollé en 1981 ha quedado como
p
un acontecimiento poético, cuando sale suscita, según su editor Luis Fernando Vidal, 32
... asmo, pasmo, sorpresa, regocijo, indignación, causa gran revuelo en la institución literaria,
impacta a los y las jóvenes poetas, es celebrado en particular por las escritoras mujeres C
sorpresa, regocijo, que le son contemporáneas, como una escritura que capta un espíritu de revuelta, que a
r
concretiza una liberación de la palabra que ya está en marcha. Noches de adrenalina, m
indignación, causa gran por sus temas, su voluntad transgresiva y rupturista, su lenguaje es un poemario tre- e
n
mendamente tributario de su paradigma epocal, pero a diferencia de la mayoría de las
revuelo en la institución
O
obras muy marcadas por su época, no ha sido afectada por el mal de la obsolescencia: l
a lo largo de las años y de las décadas, al contrario, se ha ido bonificando, adquiriendo l
literaria, impacta a los un valor y un significado cada vez mayores. En nuestro amnésico país, son rarísimas é
las reediciones, y más aún las de poesía, Noches de adrenalina es una excepción.
y las jóvenes poetas, es Hasta la fecha ha sido reeditado cuatro veces en el Perú, la primera por Cuadernos
del Hipocampo en 1981, la segunda y la tercera por Lluvia editores en 1992, y 2005
celebrado en particular y la cuarta por Peisa en 2014. A estas ediciones nacionales se suman una edición
argentina, la de Tierra Firme de 1994 y una última edición española de Barcelona,
por las escritoras muje- Ediciones sin fin, en 2015. Estas reediciones muestran por un lado una vigencia que
no decae y también el proceso a través del cual el libro se va convirtiendo a lo largo de
res que le son contem- las décadas en una obra referencial, icónica. Por ello, Noches de adrenalina ha sido
objeto de numerosas contribuciones críticas –artículos de prensa, ensayos, ponencias
poráneas, como una universitarias, tesis, etc...– desde el momento de su primera publicación hasta hoy, lo
cual confirma la actualidad y el vigor de la obra. Le pongo aquí una raya más al tigre,
escritura que capta un proponiéndome analizar Noches de adrenalina a la luz de su impacto e importancia
ulteriores, explorando en particular los valores que se le van asignando y que le otorgan
espíritu de revuelta, que el carácter icónico y referencial que posee.
26 27
Ina Salazar
Noches de adrenalina,¿ palabras para la otra tradición?
(Galindo 2013: 13) puesta al día y reivindicada en el Perú por Hora Zero, movimiento y política y entre arte y vida. Si con Hora Zero la noción de política se vincula antes
fundado en 19701 que pretende hacer tabula rasa de toda la tradición poética que lo que nada con un claro compromiso social con los sectores populares y se inserta en D
Carmen Ollé, precede, exceptuando a César Vallejo puesto que “la poesía peruana después de Vallejo
e la convicción de que “todo lo que viene es irreversible porque el curso de la historia e
sólo ha sido un hábil remedo, trasplante de otras literaturas” (Pimentel 1970: 10), como ...“ n algunas es incontenible y América Latina y los países del tercer mundo se encaminan hacia A
lo claman en el manifiesto “Palabras urgentes”, Juan Ramírez Ruiz y Jorge Pimentel, su total liberación” (Pimentel 1970: 9-10) con Noches de adrenalina, el contexto y la r
Mora como la “última vanguardia latinoamericana de poesía” (Mora 2000) reactiva la el feminismo y la lucha por los derechos de la mujer: “en mi poesía refracto lo social a s
te de Hora Zero en lo que aspiración de las primeras vanguardias de reconectar arte y vida y concibe un programa confabula / para que otros través del cuerpo y el erotismo; la forma de amar de las personas es social, política; el y
creativo que llaman “poesía integral” y que “ hará aparecer la vida como es y como modo como se ha negado a través de los tiempos el placer a la mujer es política pura
se puede llamar su se- hablen de nuestro deseo
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debe ser: ciclo continuo y totalidad indivisible que viene, va y se prolonga” abriendo “ (Ollé, 2001). e
el poema, obrando en el seno del lenguaje: “La tarea [...] es la utilización de palabras A partir de este nuevo y diferente enfoque, Noches de adrenalina dibuja, configura t
sencillo, directo, duro y sano. Hallará sus palabras en el habla popular, en el argot, en mente, “He vuelto a despertar en Lima a ser una mujer que va midiendo su talle en las s
en 1977, Jorge Pimentel los giros populares y en la invención de nuevos términos”. (Ramírez Ruiz, 1971:111- sobre ese “valor-objeto”/ y vitrinas como muchas preocupada/por el vaivén de su culo transparente./Lima es una
No
112). Si bien el afán horazeriano de proclamar un comienzo, de ser los gestores de un ciudad como yo una utopía de mujer”. La hablante como los hablantes /personajes
junto con Verástegui, ella, lenguaje nuevo es más una postura que una realidad ya que las obras de un Pimentel, nos definen para siempre horazerianos (de un Pimentel, Mora o Verástegui) se constituye como sujeto a través 32
Ramírez o Verástegui se apoyan en las conquistas poéticas de Cisneros, Hinostroza, de su inscripción urbana, de sus experiencias y deambulaciones en ella pero su ser y
Jáuregui y Mora hacen Hernández y los otros poetas de los 60, este movimiento marca, sí, una inflexión so- como inválidas. / ¿Somos su actuar aparecen determinados primero genéricamente por el cuerpo en una Lima C
a
ciocultural con el protagonismo de nuevos actores, un sector proletarizado, más bien que no es simple escenario sino metonimia de la sujeción de los discursos sociales
renacer el movimiento (al o no esas presas fáciles o
r
provinciano, como lo señala Oviedo en su presentación de Estos 13 (Oviedo 1973:11) masculinos. El despertar de ese yo signa el despertar de una conciencia y escenifica, m
e
A diferencia de los poetas del 60, más bien limeños y de clase media acomodada, con en el paso sintáctico de la primera a la tercera persona, la disyunción, planteando que
que se unen también Ro- encantadoras hadas?” ...
n
buena cultura burguesa, cosmopolita y formación universitaria, los horazerianos “lite- la escritura es proceso revelador de un existir condicionado por la imagen socialmente
O
rariamente anónimos y socialmente descolocados” (Oviedo) reivindican sus orígenes requerida del cuerpo. A través de ella se hace visible, se transparenta esa sujeción,
ger Santivánez y Dalmacia
l
populares y provincianos, su pertenencia a los sectores migrantes emergentes, se jactan esas “frustraciones derivadas del dolor de un cuerpo fetiche” como lo canta el inicio del l
é
de ser anti-universitarios, antiacadémicos y fustigan, denuncian una cultura hecha para tercer poema (Ollé 1981:12). A lo largo del libro se gesta un sujeto poético femenino
Ruiz Rosas). y por la élite. A través de sus acciones y publicaciones cuestiona la institución literaria y que se nutre de la experiencia del sujeto empírico. Se va figurando un sujeto / hablante
el centralismo limeño, ocupan el espacio público, toman por asalto la “ciudad letrada”, que se define a través de su condición de mujer, de extranjera, de subdesarrollada,
reivindican una poesía impura y una “sintaxis callejera” que se presentan como sus de ciudadana del tercer mundo. que pueden verse como diferentes posiciones o casi-
principales señas de identidad. llas asignadas de una identidad femenina. El juego, balanceo espacial entre un aquí
Noches de adrenalina participa de este momento de inflexión, Carmen Ollé, como (Lima) y un allí (Europa, París o Menorca) formaliza la dificultad de definir, fijar un lugar
se sabe, formó parte de Hora Zero en lo que se puede llamar su segundo momento, en que se es y por ende desde el cual se escribe. A través del espacio –mediante el
cuando en 1977, Jorge Pimentel junto con Verástegui, ella, Jáuregui y Mora hacen intertexto filosófico de Bachelard– se le da forma a esa problemática, el último poema
renacer el movimiento (al que se unen también Roger Santivánez y Dalmacia Ruiz en sus primeros versos lo consigna: “Eludir o ir tras su destino:/aquí/allí/...(Ollé 1981:
Rosas). Ollé se adhiere a esa liquidación de “los resabios de sensibilidad aristocrática 51). En el balanceo se hace visible la disyunción, entre el estar y el ser, entre pasado
o pequeñoburguesa” a ese “afán integracionista” así como a “la utopía del poema total” y presente, “enredada en dos lenguas que poseer/dos ciudades se invierten como/
como lo afirma en su “Prólogo” a la Antología de la poesía peruana. Fuego abierto de dos torsos imaginarios/una perdida en el ardor de su pasado/otra en el estupor de la
2008. Noches de adrenalina no hubiese podido ser sin el impulso vitalista y rupturista madurez/...” (Ollé 1981: 52).
horazariano, Se beneficia de la ampliación sociocultural del campo de acción creativa, El sujeto que se va figurando forma parte a su vez de un “nosotros” de género, que
de la voluntad de que la lengua callejera penetre lo poético y de que la voz que se forja es llamado a ser comunidad: “en algunas sociedades viriles todo se confabula/para que
emane directamente de la experiencia vivencial de los poetas. Estos en tanto personajes otros hablen de nuestro deseo lo designen/se retuerzan sobre ese “valor-objeto”/y nos
y/o sujetos repercuten en sus obras la condición de jóvenes migrantes provincianos y definen para siempre como inválidas./¿Somos o no esas presas fáciles o encantadoras
proyectan una mirada sobre el Perú, su capital así como sobre la función de la poesía hadas?” /...(Ollé 1981: 14). Si bien se constata y reconoce la sujeción y la dominación,
en la sociedad. (Chueca 2006: 35). Pero, si bien el libro de Ollé surge en continuidad la posición desde la que se habla está en las antípodas de la victimización, como si
con la aspiración vitalista y rupturista, con la centralidad de la experiencia de un sujeto en la reactividad se generara un nuevo lenguaje. El título del libro parece sugerirlo al
(no hegemónico) en la urbe y capital, con la irrupción de nuevos actores sociales y la introducir la figuración metafórica de la adrenalina, “hormona segregada por las glán-
apertura de la lengua poética a hablas y discursos no es como simple prolongación o dulas suprarrenales que en situaciones de tensión aumenta la presión sanguínea, el
apéndice. ritmo cardíaco, la cantidad de glucosa en la sangre, acelera el metabolismo, etc”, o sea
De Hora Zero procede, en gran medida, y no reniega de ello, pero para trazar otro sustancia que procede del cuerpo y es al mismo tiempo reactiva, actuante, desencade-
rumbo y proponer una poética claramente diferenciada, que concibe y enuncia desde nante. La analogía plantea bastante bien cómo puede verse la escritura, o sea como
un ángulo nuevo –y ahí está sí su valor inaugural–la vertebradora relación entre poesía segregación de una energía ante una situación de violencia, como generación de un
estado segundo, extremo. Resuena ahí cólera entre la cual “se crece”, “cólera radical”
1 Por Juan Ramírez Ruiz, Enrique Verástegui, Jorge Pimentel, Feliciano Mejía, Mario Luna, Jorge que es resultado de la ecuación opresión + conocimiento” (Ollé 1981: 14).
Nájar y José Cerna.
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Noches de adrenalina,¿ palabras para la otra tradición?
Ina Salazar
“¿ qué son los
Campos Elíseos o la Giocon-
da sino el ménage delega-
La constitución de un sujeto y la gestación de una poética aparecen como indi-
do a las jóvenes muchas del (Ollé 1981: 29.), “las palabras son rígidas hay que hervirlas/el vapor tiene el poder de
sociables. Reconocerse como un sujeto (poético) femenino es hacer que la escritura
parta de la identificación de una “existencia de reflejo, de ‘cuerpo fetiche’” (Borsò, 1998:
tercer mundo?”, “¿escribir desaparecer las espinillas/la crema nivea sirve para que la palabra pene se sumerja/
tranquilamente en la palabra ano” (Ollé 1981: 51). El terreno de lo íntimo es ocupado de
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“estoy escribiendo un sábado descalza con una copa/de coñac/...( Ollé 1981: 44),
“escribir es buscarse en la sonrisa de la fotografía” (Ollé 1981: 39), “a punto de caer de
los pañales no es la lírica del Se extrema el trabajo del lenguaje, en la búsqueda de los límites morales, culturales,
poéticos para que pueda emerger el cuerpo del deseo ilimitado, capaz de destruir la
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”
No
Vuelve de manera recurrente el significado de la escritura, la consciente voluntad de poéticas existentes sino que es necesario romper los marcos “lo que brota de natural
alcanzar el ardor?...
estar elaborando no solo poemas sino una poética: “En esta mística de relatar cosas de un cuerpo aplastado/no se resume en fáciles categorías como divino o decadente” 32
sucias estoy sola/y afiebrada” (Ollé 1981: 17). La acción en la escritura consiste en (Ollé 1981: 16) dictaminar, “toda idealización aniquila” (Ollé 1981: 32) y enunciar nuevos
provocar un estado de crisis que es productivo, generador como lo dice magistralmente postulados: “oh! no temer a imaginarlo todo” (Ollé 1981: 47). C
a
el poema 10: Si bien Camen Ollé en Noches de adrenalina recurre a voces autorizadas como r
Amor — suciedad de las partes— regocijo de los genitales en la exploración de las fluctuaciones del sujeto entre el espacio y el deseo (como lo O
¿nuestros hermosos vacíos son de índole melancólica? ha estudiado Villacorta) es manifiesta la intención de una voz que está gestando su l
o bajas de presión —elevación de temperatura— aceleración propia autoridad como se ve a través de las modalidades por las que opta el discurso l
é
del pulso —oh materia fisiológica— orgánica del despertar: poético. Se observa, en ese sentido, una predominancia de la aserción, visible desde el
primer sintagma del libro “tener 30 años no cambia nada...”, así como un uso recurrente
aliento seco y ácido -topología del sufrir inflamaciones
del verbo “ser”: “todo WC es un jardín oculto” (Ollé 1981:16), “en Lima la belleza es un
hepáticas —filosofía del morir: nostalgia que rebalsa
corsé de acero”, (Ollé 1981:21) “toda elección es una posesión apremiante que/no nos
la noche y su dinámica --embolia—abandono—ancianos deja dormir” (Ollé 1981:49). La voluntad de una palabra afirmativa se completa con for-
al cristal de una ventana lluviosa mulaciones próximas de la sentencia: “el que más se lava es el que más apesta..”(Ollé
y risa - carcajada - cascajo - fierro - óxido 1981:10) o enunciados con valor performativo: “Un cuerpo que sufre insoportablemente
distensión de los músculos bucales exige/al margen del sistema solar y las estrellas/su liberación inmediata” (Ollé 1981:13).
alteración de la retina-hinchazón del vientre En Noches de adrenalina Carmen Ollé recurre de manera sistemática a las formulacio-
y crisis: ¡CRAC! nes interrogativas, lo que parece contrabalancear la voluntad afirmativa y sentenciosa,
CRAC: rotura abriendo el discurso a la incertidumbre, “La belleza de las piezas naturales intactas no
de la imagen. es un/humanismo narcisista?” (Ollé 1981:14); “dónde radica lo verdadero en esperar
(Ollé 1981: 30) o en hablar? (Ollé 1981:15)) “Nuestras partes se cercenan por falta de belleza/o de
carácter?” (Ollé 1981:23). Sin embargo, a menudo se trata de preguntas retóricas que
parecen limpiar el terreno de las normas y representaciones: “¿qué son los Campos
Poesía no puede ser sino poeisis, un hacer, “Bella palabra hacer=poeisis/se hace Elíseos o la Gioconda sino el ménage delegado a las jóvenes muchas del tercer mundo?”
un verso el amor y la caca por algo de juego natural/este hacer no necesita patente/...” (Ollé 1981:12), “¿escribir es una veleidad que dice o disiente/para una mujer casada?”(
(Ollé 1981: 18). Si recordamos la distinción aristotélica entre praxis, acción, actividad (Ollé 1981:13), “¿el amoníaco de los pañales no es la lírica del orín?” (Ollé 1981:24)),
que apunta a su propio ejercicio Vs poïesis, acción que tiende hacia objetivo que le es “¿por qué entonces esta desesperación por alcanzar el ardor?/¿Y ha de ser impoten-
exterior, la escritura en Noches de adrenalina se plantea más que como una praxis, cia todo lo que hoy no es posible? (Ollé 1981:42), ¿lo que en la realidad es temible/
como un hacer que es antes que nada deshacer y un deshacerse de las representa- resulta excitante en la imaginación?” (Ollé 1981:43). El conjunto de estas modalidades
ciones sociales que aprisionan, “en Lima la belleza es un corsé de acero” (Ollé 1981: discursivas obran para afirmar una voz y configurar una poética que hace de la palabra
21). El sentido primero radica en definir el trabajo de/por/en la palabra como actividad un territorio movedizo, dúctil, que da cabida a la vida caótica y contradictoria, capaz de
de deconstrucción, de cuestionamiento de los discursos sociales masculinos y des- polemizar, reflexionar, gritar y en que es preciso deshilachar las metáforas, no perder
mantelamiento de la imagen de sí, interiorizada. La escritura desmantela los valores de vista “la obscena prolongación de la incertidumbre” (Ollé 1981:32)
asignados a los lugares en que tradicionalmente se mueve y es la mujer y los reelabora:
la casa, el hogar y la esfera de lo doméstico cambian de signo : “la imaginación ona-
nista desborda una decoración/inerte y sobre pasa de nuevo la tolerancia de la casa”
30 31
Ina Salazar
Noches de adrenalina,¿ palabras para la otra tradición?
El surco abierto por Noches de adrenalina La crítica le asigna rápidamente junto con María Emilia Cornejo el rol de “precursora
mujeres que nos cono- Alba o Rocío Silva Santisteban, Ollé no es propiamente una precursora dada la con-
r
antecesores cercanos, ya sean hombres o mujeres, por sus osadías y su originalidad t
temporaneidad. Cronológicamente hablando, otorgarle ese lugar es un anacronismo, e
pero también inicia un proceso en que la tradición toma en cuenta la literatura hecha
cimos en el patio de la como lo demuestra Mariela Dreyfus en su estudio “El hermano mayor, la influencia de
s
por mujeres, una literatura que existe desde antes, pero que no se reconoce como tal,
César Moro en tres poetas peruanas del ochenta” ya que se da una coincidencia en la y
no es visible, como lo observa la propia Ollé: “Tal vez la particularidad sea que hasta
ahora no se habría tomado en cuenta la literatura hecha por mujeres. Por eso nos llama San Marcos empeza- manifestación de ciertas preocupaciones y en la exploración de una misma vía: L
La voz de Carmen fue una especie de afirmación de la vía que yo venía explorando, e
la atención que muchas mujeres escriban ahora, y escriban sobre sí mismas “ (Forgues
mos a tratar temas que en varios poemas míos que se publicaron en 1980 en revistas juveniles del momento
t
1991: 150). Es un momento clave en que se hace realidad un campo de la literatura r
como Raíces Eddicas, Trompa de Eustaquio y Macho Cabrío, que circulaban entre los a
escrita por mujeres, generando asimismo una toma de conciencia genérica, un senti-
tenían que ver con la estudiantes de Literatura de las universidades de San Marcos y La Católica, y entre
s
miento de comunidad, con una genealogía y de la que van a sentirse formar parte las
cierto bohemia culturosa del viejo centro de Lima.3
generaciones ulteriores de poetas. A partir de esos años y de la creciente visibilidad de
condición femenina, a
No
la poesía escrita por mujeres se elabora asimismo un discurso que corrige, resiste a los
Doris Moromisato que también empieza a escribir por esos años pero que no orbita 32
lugares comunes a los que la crítica especializada (esencialmente masculina) quiere
asignar esta producción y creación, cuestionando, resistiendo por un lado a las clasifi- generar una voz, que en los mismos medios que las poetas de Letras de San Marcos reconoce en ese poe-
mario una sensibilidad compartida, que está ya en el aire: C
caciones discriminantes como la de “poesía femenina” o reductoras e ideológicamente
en varios casos es una
a
El libro recogía perfectamente lo que las poetas del 80 queríamos plasmar en nues-
orientadas como la de “boom de la poesía erótica femenina”, y reivindicando por el otro, r
tros versos: hablar del cuerpo y sus fastidios, sobre la tarea de ser hembra antes que m
la especificidad genérica como herramienta de acercamiento y clave de comprensión y
voz confesional. El tra-
e
mujer en la sociedad peruana. En mi caso, ya mi poesía incorporaba lugares comunes
valoración. La importancia de Noches de adrenalina, su significado en la constitución de n
pero, a diferencia del poemario de Ollé, mis versos celebraban el hallazgo del deseo
un campo de literatura hecha por mujeres no puede disociarse de su contexto cultural y
tamiento de los temas
O
y del amor quizás por ser un deseo disidente y no heterosexual.4
social. Son fundamentales esos años de gregarismo propio de la resurgencia vanguar- l
l
dista en que coexisten e intercambian diferentes grupos como “Hora Zero”, “Estación
es de una intensidad
é
reunida” en los años 70 y luego “Kloaka” entre los más importantes. Ello hace posible
Sin embargo, Noches de adrenalina hace más que corresponder a una sensibilidad
una sociabilidad poética y artística en que se encuentran, se reconocen, intercambian
las poetas mujeres como lo cuenta Mariela Dreyfus: particular porque, al que está en el aire, a una aspiración rompedora que provoca escándalo y convulsiona
a la comunidad literaria. El impacto que causa la lectura de Noches de adrenalina
[...]en un hotel del centro de Lima que pertenecía a la familia de Miguel Burga, in-
tegrante también de Hora Zero, [...] se realizaron varias reuniones, entre mayo y julio menos en apariencia, poco tiene que ver con un efecto momentáneo asociado al simple desorden que causa
en el campo literario peruano, diferentes generaciones de poetas, de sensibilidades
de 1980, en el intento de reunir a los poetas horazerianos y a los artistas que orbitaban
con ellos, con los más jóvenes poetas y artistas de la ciudad, en un proyecto mayor no hay distancia entre poéticas diversas, al descubrir el libro, tras su primera publicación o años más tarde,
comparten la impresión de la irrupción de un lenguaje inédito e inaudito (no oído antes).
que iba a llamarse como un título de André Breton, La unión libre. El proyecto no duró
mucho pero quedamos conectadas allí varias escritoras, entre ellas, Dalmacia Ruiz la autora y la voz poéti- Giovanna Pollarolo autora de Huerto de los olivos (1987) y Entre mujeres solas (1991)
recuerda la enorme impresión que le causó su novedad, “esa manera de referirse al
Rosas, P. Alba, Ollé y yo misma.2
ca que esa autora está propio cuerpo “sin pudor” como dijeron algunos críticos. Pero no desde el erotismo ni
de la celebración de una mirada ajena. Ya el primer verso “Tener 30 años...” marcaba
Es el inicio de una toma conciencia de intereses y preocupaciones compartidos en
que se hace necesario formular la especificidad de la experiencia genérica y defender creando. una voz y una mirada inéditas.”5. Rossella di Paolo que empieza a publicar en 1985,
Pruebas de galera, reconoce el impacto que le causa la lectura de Noches de adrenalina
una legitimidad poética dentro de un campo literario y una tradición definidos por un
cuando tiene 21 años, destacando que “nada (la) había preparado para esa poesía”:
canon masculino :
“De hecho, los poemas se expresan frontalmente y en términos categóricos y absolutos
Pero las mujeres que nos conocimos en el patio de la San Marcos empezamos a
sobre aspectos de la existencia a los que se solía aludir (si se aludía) con eufemismos
tratar temas que tenían que ver con la condición femenina, a generar una voz, que en
o educado temblor.” La fuerza y el sentido profundo de Noches de adrenalina están
varios casos es una voz confesional. El tratamiento de los temas es de una intensidad
en “imponer su autoridad” como lo dice Rossella di Paolo: “la poesía de Carmen Ollé
particular porque, al menos en apariencia, no hay distancia entre la autora y la voz poé-
venía como un iceberg desprendido de no sé dónde a imponer su autoridad en medio
tica que esa autora está creando. Esa irrupción crea gran sorpresa e incluso malestar
de la nada. Y el efecto era demoledor, brutal” (Di Paolo, 2016:28).
dentro de la crítica y la sociedad misma. Tratan de delimitar el fenómeno y empiezan
Si bien Carmen Ollé no es precursora, con Noches de adrenalina, ejerce sin embargo
a hablar de poesía del cuerpo, poesía erótica asociada a nuestro grupo de poetas. Sin
un papel determinante en el curso de la poesía de mujeres que se escribe en adelante
embargo creo que lo más importante es que nosotras mismas estábamos descubriendo
pues ese libro autoriza esa palabra genérica que se sale del carril. Autoriza, liberando
el mundo más allá de la casa familiar y de las grandes verdades impuestas en un país
como lo expresa Giovanna Pollarolo, quien considera que la lectura de Noches de
como Perú que fue siempre muy conservador y profundamente machista.”
3 En correspondencia privada.
En este contexto de formación de un campo literario de mujeres, la figura de Carmen 4 En correspondencia privada.
Ollé, a raíz de la salida de Noches de adrenalina en 1981, ocupa un lugar referencial. 5 En correspondencia privada.
2 En correspondencia privada.
32 33
Ina Salazar
Noches de adrenalina,¿ palabras para la otra tradición?
adrenalina le permitió como escritora “libertad para escribir”. Noches de adrenalina Los alcances de Noches de adrenalina son muchos, sus conquistas verbales que
Noches de
significó, entre muchas otras cosas, eso: libertad; sí, se podía hablar de todo”6. Esa regeneran la idea misma de poesía así como su valor y sentido en la sociedad son D
e
“lección de libertad absoluta” como la define Di Paolo es una conquista que se alcanza válidas para todos, sin embargo, es obvio que las poetas mujeres reconocen ese libro
en una radicalidad y violencia que las poetas mujeres reconocen como necesarias: como un hito en el propio camino escritural. Ello se expresa tanto en las poetas que A
adrenalina es el libro
r
Noches de adrenalina fue para mí, durante esos años ochenta recién entrados, le son contemporáneas como en las poetas de generaciones ulteriores a través de un t
como esa piel transparente, o como ese desgarrón sobre las palabras convenientes y diálogo intertextual permanente con ese libro. Queda como tarea rastrearlo. Se puede e
para nosotras las mujeres, pero, sin duda, también para los hombres. Un lanzallamas
para perforar muros de metal es lo que usó Carmen Ollé para hablar entre nosotros,
cia de la constitución ches de adrenalina, marcando así las confluencias poéticas. Las poetas reconocen la
poderosa vía abierta por Noches de adrenalina dialogando con este libro dentro de las
L
e
de un sujeto femenino,
t
sobre todo en esta patriarcal y pacata Lima, donde, sin duda, y de un modo feroz y obras, en el corazón mismo de la propia escritura, como lo hace Victoria Guerrero en r
cotidiano “la belleza es un corsé de acero” (Di Paolo 2016:21) Berlín (2011) o en Un arte de la pobreza (2016) a
gesta el sentimiento
s
El lugar referencial simbólicamente determinante de autorizar que tiene la voz de Noches de adrenalina es el libro que provoca la conciencia de la constitución de No
Ollé se lo seguirán asignando las poetas más jóvenes como Victoria Guerrero que
empieza a publicar a fines de los 90:
de pertenencia a una un sujeto femenino, gesta el sentimiento de pertenencia a una tradición otra, como lo
sugiere Doris Moromisato al afirmar que “este libro se inserta dentro de la tradición 32
Bibliografía O
tradición general”.
‘grandes’ temas”, la posibilidad de “mezclar los géneros, de traficar con la palabra, de Forgues, Roland. “Carmen Ollé: la capacidad de inocencia.”, Palabra viva. Vol. 4: Las poetas se desnu-
dan. Lima: Editorial El Quijote, 1991.
robar versos de otros y otras” como lo señala Guerrero. Galindo, Oscar. “Neovanguardias en la poesía del cono sur: Los 70’ y sus alrededores”. Estudios Filoló-
Más que otros textos poéticos de los mismos años de autores hombres que partici- gicos 44: 2009
pan de la misma voluntad neo-vanguardista y vitalista, Noches de adrenalina es para --------------------------. “Neovanguardias hipervitalistas en la poesía hispanoamericana (1958-1976): Nihi-
listas, revolucionarios, solidarios y amorosos”. Taller de Letras 52. 2013
las escritoras mujeres el libro que vuelve a colocar a la poesía en el mundo y en la vida Ollé, Carmen, Noches de adrenalina, Lima, Cuadernos del Hipocampo, 1981.
como lo muestran las declaraciones de Roxana Crisólogo, que publica Abajo sobre el ----------- “Prólogo”. Antología de la poesía peruana. Fuego abierto. Santiago: LOM. 5-26, 2008.
cielo en 1999 y Animal del camino en 2001 y que a los 17 años lee a escondidas Noches Oviedo, José Miguel. “Prólogo”. Estos 13. Lima: Mosca Azul Editores. 1973.
Pimentel Jorge, “Palabras urgentes”, Kenacort y Valium 10, Lima Ediciones del Movimiento Hora Zero,
de adrenalina, libro con fama de sulfuroso y prohibido en su casa: 1970.
Tenía 14 años cuando apareció Noches de Adrenalina, comentarios del libro apare- Mora, Tulio, Hora Zero, la última vanguardia latinoamericana de poesía. Estado Miranda -
cían por todos lados, mi padre tenía muchos poemarios de poetas de los 70, sus favoritos Venezuela, Colección Ateneo de los Teques n° 39, 2000.
-------------, Hora Zero. Los broches mayores del sonido. Lima: Fondo Editorial Cultura Perua-
porque hablaban del “migrante” o sea de nosotros pero no tenía el libro de Ollé. Yo lo na, 2009.
conseguí por mi propia cuenta tres años después. Era una especie de libro prohibido Oviedo, José Miguel. “Prólogo”. Estos 13. Lima: Mosca Azul Editores. 1973.
que solo podías leer finalizado el colegio, cuando terminaba la sobre protección de los Ramírez Ruiz, Juan Un par de vueltas por la realidad, Lima, Ediciones del Movimiento Hora
Zero, 1971.
padres o al menos ellos ya no podían saber qué lees ni qué te gusta porque empieza Varela, Blanca, en en Esta mística de relatar cosas sucias Ensayos en torno a la obra de Car-
a ser cosa tuya. Yo adoré el libro, en esa época pensaba que era maravilloso que la men Ollé, Mariela Dreyfus Vallejos, Bethsabé Huamán Andía, Rocío Silva Santisteban,
poesía no sea lo que me enseñaron en el colegio, poemas sobre rosas, amadas y (Editoras), Lima Latinoamericana editores, 2016.
Villacorta, Carlos, “Erotismo y espacio en Noches de adrenalina de Carmen Ollé: una lectura
temas sublimes, la poesía era algo más humano, real y yo empezaba a descubrirlo. 8 de Bataille Bataille y Bachelard”. INTI 67-68.
6 Id
7 En correspondencia privada.
8 En correspondencia privada.
34 35
Ricardo Gonzáles Vigil
NOCHE INCANDESCENTE
DEL CUERPO
c u e r p o
d e l
A
r
t
e
s
L
e
t
r
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s
N o c h e
No
I
32
Inauguró brillan- A casi cuatro décadas de su aparición, el paso del tiempo (ahí las valoraciones de
C
a
r
temente una década en las poetas mayores, como Blanca Varela, y de las ulteriores, así como de los estudiosos
m
e
y de los lectores en general) no ha hecho sino confirmar lo que diversos comentaristas n
la que, por primera vez, el entonces afirmamos: Noche de adrenalina (1981) de Carmen Ollé significa un hito en
la poesía peruana escrita por mujeres.
O
l
aporte de conjunto de las Inauguró brillantemente una década en la que, por primera vez, el aporte de conjunto
l
é
de las mujeres rivalizó con el de los hombres, y aun los venció en audacia expresiva y
mujeres rivalizó con el de multiplicidad de registros creadores; subrayemos este punto, porque resulta frecuente
una visión esquemática, que las reduce al cultivo de una poesía del cuerpo liberado de
los hombres, y aun los ven- la imposición machista, con exacerbación de un erotismo transgresor, rasgos justamen-
te conectados con el impacto que tuvo Noches de adrenalina en la amplia recepción
ció en audacia expresiva y (como nunca habían tenido las poetas peruanas con sus primeros poemarios, superan-
do los que lograron, de manera aislada, sin compartirlo con otras autoras coetáneas,
multiplicidad de registros Magda Portal y Blanca Varela) que concitaron cuando menos una veintena de autoras
relevantes, varias de ellas dignas de figurar en una antología de la poesía femenina
creadores; subrayemos hispanoamericana: Mariela Dreyfus, Rossella Di Paolo, Doris Moromisato, Giovanna
Pollarolo, Dida Aguirre García, Ana Varela Tafur, Elvira Roca Rey, Marcela Robles, etc.
este punto, porque resulta Es cierto que algunas exponentes de la ebullición femenina de los años 80 (des-
taquemos a Mariela Dreyfus y Patricia Alba) venían publicando poemas eróticos y/o
frecuente una visión es- feministas en revistas desde fines de los años 70 y que, indudablemente, no se trata
de exagerar y/o generalizar el magisterio poético de Ollé sobre los libros de los 80 y
quemática, que las reduce posteriores. Sin embargo, puede constatarse que ningún poemario femenino peruano
puede competir con Noches de adrenalina como signo principal del auge creador que,
al cultivo de una poesía por fin, alcanzó la poesía femenina nacional1. Limitémonos al testimonio de Pollarolo,
para ejemplificar su resonancia en nuestra escritura femenina:
del cuerpo liberado de la “Nadie había hablado de las tortuosidades de la vida a través del cuerpo como Car-
men Ollé. Nadie se había atrevido a mostrarse a los otros con la pasmosa serenidad,
imposición machista, con a exhibir su mirada de voyeur hasta en las más recónditas perversiones de lo secreto,
de lo oscuro, de lo oculto. Y nosotros, los lectores, quedamos anonadados”2
exacerbación de un erotis- 1 Acotemos que, en consonancia con su carácter emblemático de la importancia actual de la poesía
femenina, Ollé ha tejido Antología de poesía peruana. Fuego abierto (editada en Chile, 2008), la
mo transgresor... única antología de la poesía peruana en la que el número de autoras y la relevancia del feminismo
peruano, rivaliza en cantidad y en calidad con el elenco masculino: contrasta, provocadoramente,
con la escasa presencia de mujeres en las antologías generales peruanas.
2 Giovanna Pollarolo, La República, Lima, 4 junio 1993 (citada por José Beltrán Peña, en La poeta
36 37
Ricardo Gonzáles Vigil
c u e r p o
Es cierto que la óptica feminista, la poesía del cuerpo y el erotismo desenfadado movedizas
“Cuando en
d e l
contaban con antecedentes en nuestro proceso literario, conforme lo hemos registrado y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plásticas D
en nuestras antologías Poesía peruana siglo XX (Lima: Eds. Copé, Petróleos del Perú que eludimos porque tú y yo somos carne
e
– Petroperú, 1999) y, en particular, Poetas peruanas de antología (Lima: Mascapaycha y nada más que un fuego incendiando este verano.
i n c a n d e s c e n t e
A
Editores, 2009): las posvanguardistas Catalina Recavarren (Vórtice vértice, 1936) y Rosa los setenta leí sus tres La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce de dedos
r
t
Alarco (el año de su muerte, 1980, poco antes de Noche de adrenalina, se publicó Los reventando millares de hojas tiernas y húmedas,
e
seres ardientes); las integrantes de la generación del 50, Julia Ferrer (Imágenes porque magníficos poemas en y no dijimos nada pero exigíamos a gritos destruir la ciudad,
s
sí, 1958, y La olvidada lección de cosas olvidadas, 1966) y Blanca Varela (Valses y y
la ya célebre antología
otras falsas confesiones, 1972, y el poemario Canto villano, 1978); y, sobre todo, dos
esta ciudad ese monstruo sombrío escapado de la mitología
L
voces prematura y trágicamente desaparecidas de la generación del 70 (a la que por devorador de sueños” e
edad pertenece Ollé, aunque lanzó su primer poemario en 1981): Águeda Castañeda de Alberto Escobar, (“Datzibao) t
r
(nacida en 1948, murió ahogada en 1970), con el impresionante “poema” aparecido a
en 1970, en el núm. 4 de Kachkanirajmi, donde la impudicia verbal de una prostituta supe que era la pri- Una postura adversa al orden existente (incluyendo los prejuicios machistas y los s
N o c h e
dinamita el machismo y la alienación deshumanizantes; y, qué duda cabe, María Emilia tabúes sexuales) que concuerda con la proclama flamígera que esgrimió Hora Zero al
mera vez que una voz
No
Cornejo (nacida en 1949, se suicidó en 1972) con sus tres famosos poemas (“Soy la irrumpir en la cultura peruana: “Palabras urgentes” (1970). Elijamos pasajes centrales
muchacha mala de la historia”, “Como tú lo estableciste” y “Tímida y avergonzada”) de ella: 32
dados a conocer póstumamente, en 1973 (Eros, N° 1), y consagrados inmediatamente, poética de mi genera- “Hemos nacido en el Perú, país latinoamericano, subdesarrollado, hemos encontrado
ágiles ruinas, valores enclenques, una incertidumbre fabulosa y la mierda extendiéndose
cuando ese mismo año la persona más autorizada de la crítica peruana, Alberto Escobar, C
tamente y no porque trucción está dada por la cantidad de escombros que podamos aniquilar. e
Noches de adrenalina. Su enorme impacto abarca a la propia Carmen Ollé, según ella n
misma lo ha sabido explicar: Ante esto, compartimos plenamente los postulados del marxismo-leninismo (…)
la poesía de los otros
O
“Cuando en los setenta leí sus tres magníficos poemas en la ya célebre antología proponemos una poesía viviente. No queremos que escape nada a nuestro trayecto de l
de Alberto Escobar, supe que era la primera vez que una voz poética de mi generación hombres momentáneos en la tierra. Todo lo que late y se agita tiene derecho al rastro. l
no lo hiciera, recuerdo No queremos que se pierda nada de lo vivo. Proponemos una poesía ‘fresca’, que se é
me hablaba directamente y no porque la poesía de los otros no lo hiciera, recuerdo
algunos poemas de Hora Zero poblados de secretarias, madres solteras y de ilusiones enfrente con nosotros.
perdidas. Pero en Cornejo la mujer era protagonista y destinataria”3 algunos poemas de (…) El acto creador exige una inmolación de todos los días, porque definitivamente
ha terminado la poesía como ocupación o jobi de días domingos y feriados, o el libro
La mención de Hora Zero resulta crucial, porque Ollé perteneció a dicho movimiento
y compuso Noches de adrenalina estando casada con Enrique Verástegui, el horazerista Hora Zero poblados para completar el curriculum. Definitivamente terminaron también los poemas místicos,
bohemios, inocentes, engreídos, locos o cojudos.
más talentoso y el que más enalteció el cuerpo (sin pelos en la lengua menciona los
órganos genitales, la defecación, etc.) y el deseo. Ya en su primer -celebradísimo- poe- de secretarias, madres A todos ellos les decimos que el poeta defeca y tiene que comer para escribir.
(…) Si somos iracundos es porque esto tiene dimensión de tragedia. A nosotros se
mario, En los extramuros del mundo (1971), Verástegui aborda la poesía en términos
que pueden aplicarse a lo desplegado por Ollé en Noches de adrenalina: solteras y de ilusiones nos ha entregado una catástrofe para poetizarla (…)
"
Y somos jóvenes, pero tenemos los testículos y la lucidez que no tuvieron los viejos”.
perdidas... Por cierto, Ollé añadió los ovarios y compartió la lucidez, dinamitando la idea machista
sobre una supuesta poca inteligencia de las mujeres. Los ovarios y la lucidez de quien
En mi país la poesía ladra
testimonia y reflexiona sobre y desde la condición femenina, en un mundo donde la
suda orina tiene sucias las axilas
opresión más extendida (aceptada como ‘natural’) es la que sufren las mujeres, situación
la poesía frecuenta los burdeles agravada en un país tan machista y conservador como era y sigue siendo el Perú. Y lo
escribe cantos silba danza mientras se mira hizo asimilando con maestría la propuesta horazerista del poema integral (un abanico
ociosamente en la toilette de recursos expresivos más complejo que el exhibido por M.E. Cornejo), de la cual en
(“Si te quedas en mi país”) los años 70 la realización más plena y admirable correspondió a su esposo: Monte de
goce (algunas páginas se difundieron en revistas y antologías, pero el poemario recién
Porque ya es hora de ir poniendo las cosas en claro y más apareció completo en 1991) y los poemas que estaba cincelando de Angelus Novus
que nada empezar a ser uno mismo (libro comenzado en 1975), verdaderas cumbres en español de la poesía del cuerpo
un solo obstinado bloque de rabia y de la liberación sexual.
……………………….. En efecto, una poesía integral: apasionada y reflexiva; testimonial y sublevante; lírica,
Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras narrativa, dramática y ensayística, todo sin excluir ningún vocablo (la discutible división
tradicional entre palabras poéticas y no poéticas), ni ningún tema (la falsa condena de
vamos salvajemente penetrando en esta selva de arenas
temas no considerados propios de la poesía).
peruana y el erotismo, Lima, Edt. San Marcos, 2000; p. 74). Aclaremos que la poesía integral retoma a los poemas homéricos y Dante, conforme
3 Carmen Ollé, prólogo a la segunda edición de En la mitad del camino recorrido de M.E. Cornejo; subrayaron Ezra Pound y T.S. Eliot, paradigmas de la innovación poética efectuada
Lima: Eds. Flora Tristán, 1994.
38 39
Ricardo Gonzáles Vigil
c u e r p o
en el Perú, en la segunda mitad de los años 60, por Rodolfo Hinostroza, Antonio Cis- Son noches que “Lo que brota de natural de un cuerpo aplastado
d e l
neros y otros exponentes de la generación del 60. No obstante, Hora Zero radicalizó no se resume en fáciles categorías como divino o D
esa vertiente, con los aportes vanguardistas franceses (en particular, los dadaístas y excitan algo tan corporal
e
decadente
surrealistas), la Beat Generation y el exteriorismo hispanoamericano (ahí Ernesto Car- todo WC es un jardín oculto
i n c a n d e s c e n t e
A
denal), atento a las grandes mayorías de “todas las sangres” del Perú, enarbolando el como es la adrenalina. Esa
r
oler a orín reconforta t
portentoso precedente de César Vallejo, único poeta al que reverencian en las citadas
El cristianismo lleva hoy el peso de estos olores
e
Como nadie en español, de modo más totalizador que los poetas de la modernidad
y muchos gramos de bicarbonato para las náuseas” y
lación, etc.) en Trilce, Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz, liberándolo voluptuosidad extrema,
t
r
de condenas (a nombre de la superioridad del alma y las vivencias espirituales) y cen-
II
a
suras (las pautas de la moralidad establecida por el “contrato social” y el sistema social hace recordar el título del
s
N o c h e
“El que más se lava es el que más apesta como los buenos (1970), dos remedios Cruz y la “noche serena” de Fray Luis de León), la noche ha sido asumida por la mística e
n
olores son testimonio de una mala conciencia religiosa, para simbolizar el desapego absoluto del cuerpo (línea platónica, actuante
recetados para los desequi-
O
(…) en Fray Luis de León) y hasta de las facultades intelectivas del alma (esto vale para l
el “sendero de las nadas” de San Juan de la Cruz), a fin de entregarse totalmente a la
Despierto y me levanto de un catre viejo l
librios neurológicos. unión con Dios. Esta tradición (con un predominio platonizante) subsiste en los Himnos é
estoy inclinada en el WC el culo suspendido
a la noche del romántico Novalis y, en la poesía peruana, en las visiones nocturnas del
(…) simbolista José María Eguren, aunque en ellos la unión ansiada es con una amada
Y aquí sin espejos ni tazas de mayólica aguantas ideal, un eterno femenino.
las ganas de orinar Ya Verástegui en su espectacular “Dibuxo del venerable F.J. de la Cruz” contrapuso
o revientas” la mística anticorpórea y ultramundana de San Juan de la Cruz, con la dimensión mística
(“Margarita Elsa Sira …”) (conectada con los alucinógenos, la voluptuosidad sexual sin tabúes y la celebración
del cuerpo) de Ginsberg optando por la del poeta emblemático de la Beat Generation.
Los versos citados tienden vasos comunicantes con el poema I de Trilce4; la cárcel Ollé comparte la opción de Verástegui, en la senda de la mística del “desarreglo
trujillana donde los prisioneros carecen de libertad para orinar y defecar, repercute en de los sentidos” preconizada por el profanador Rimbaud (con el precedente del “divino
los hoteles de encuentros furtivos entre universitarios de militancia revolucionaria (“una marqués”, es decir el diabólico Marqués de Sade); y de la consagración del deseo a
casa vieja del Rímac / pobre o hedionda”), donde el sujeto poético teme contraer infec- cargo de los surrealistas y Bataille. Es decir, una redefinición corpórea y terrena del
ciones o enfermedades, educado burguesamente con el culto represivo de la limpieza: radicalismo de la entrega mística. Y no la aplica a la “mística revolucionaria” de la ideo-
logía política de diversos anarquistas y marxistas; sino a: “esta mística de relatar cosas
“Estudiantes = habitaciones inmundas sucias” (“Bataille me gusta…”), donde “sucias” remite a la pureza cristiana, contraria
lavados + amasijo de pelos & residuos de grasa no solo al sexo libre, sino a prestar atención a la micción, la defecación y la mugre que
llegan hasta mí para impugnar esta limpieza se acumula en el cuerpo5.
Un relato de lo prohibido y de lo vergonzante, ambientado en la intimidad de la
que me somete maniáticamente”
noche, después de las ocupaciones diurnas (honestas, pragmáticas y sometidas a la
moral imperante). Son noches que excitan algo tan corporal como es la adrenalina.
En otro poema (“Bataille me gusta…”) se cuestionan las categorías de “divino” (con
Esa mención de una hormona que pone su fisiología en voluptuosidad extrema, hace
su matriz cristiana) y, también, de “decadente” (óptica marxista, adversa a la modernidad
recordar el título del primer poemario del líder horazerista Jorge Pimentel: Kenacort y
estética y a pensadores adversos al sistema reinante, pero “burgueses”, como Bataille),
Valium 10 (1970), dos remedios recetados para los desequilibrios neurológicos.
aplicadas al deseo que brota de la naturaleza animal, asumiendo la “pureza animal” del
Hay que tener en consideración que la represión fisiológica, practicada desde los
ser humano, según Trilce (V, XIII, XIX y LXXIV):
primeros años para controlar el esfínter (tratando como “sucias” la orina y las heces)
y volver obscenas las partes pudendas (las que intervienen en la micción y la defeca-
4 Nótese que el primer libro narrativo de Ollé rehace en su título Por qué hacen tanto ruido (1992),
el primer verso de Trilce I: “Quien hace tánta bulla”. En ese relato es criticada como una mujer de
deseos “sucios” por tener una pareja afrodescendiente (Verástegui), dada la fama que gozan los 5 El tema de la suciedad resulta central en las sesiones psicoanalíticas recreadas por Rodolfo Hinos-
zambos y los negros de ser libidinosos y sexualmente aventajados. troza en Aprendizaje de la limpieza (1978).
40 41
Ricardo Gonzáles Vigil
c u e r p o
ción, siendo también las más erógenas del cuerpo, con lo cual el placer sexual -desde (alienado por las exigencias marchistas), el de la mujer. Lo explica certeramente Beltrán
d e l
la masturbación hasta las iniciales exploraciones con otros niños o púberes- deviene, Peña, en el estudio citado arriba: D
Estamos
igualmente, en “sucio”), resulta mucho más rígida cuando se trata de las mujeres, y es “Si bien el personaje central es el cuerpo, por ello no deja de resaltar, cimentar e
más permisiva con los hombres. Ellas deben resaltar su belleza con pudor, perfumes (lo e iluminar el papel social de la mujer liberada, en todas las aristas de la vida del ser
i n c a n d e s c e n t e
A
contrario a los malos olores de Noches de adrenalina), vestimenta impecable, modales humano: personal, social, sexual, política socialista, cultural, como se diría en la con- r
t
hijos, imponiéndoles hábitos de higiene (tanto fisiológica como moral). marco intelectual peruano”. s
Frente a la carga acomplejante de esa educación represiva, estampa furibunda Ollé: 4) No obstante, el simbolismo principal remite a la noche del deseo liberado. Un
deseo con metas femi-
y
“LA CACA ES TAN PODEROSA COMO UN PEQUEÑO COMPLEJO”. (p. 15) gran antecedente: la Julieta, de Shakespeare, increpa al día para que termine y venga L
burguesa. Inicialmente, frente a las actividades útiles para satisfacer las necesidades a la entrega de dos almas afines) con Romeo. Los románticos, los “poetas malditos” t
r
familia que asegure la reproducción y la herencia patrimonial); la bohemia suponía confinando el llamado “principio del realidad” freudiano a las horas diurnas. s
N o c h e
su identidad femeni-
las actividades espirituales y creativas, el cultivo del alma en alas de la sabiduría y la Constituye un proceso desarrollado primero por escritores masculinos, incluyen-
No
belleza. Pero, poco a poco, la bohemia fue adquiriendo rasgos de vida desordenada, do novelistas (Cervantes, Defoe, Balzac, Flaubert, Tolstoi, D.H. Lawrence, etc.) que
y los Bee Gees en la película Fiebre de sábado por la noche. En contraposición a esa El ejemplo de ellas resulta capital para que Ollé arremeta contra el retrato de mujeres
e
n
religión y el contrato social, sintiéndose a los 15 años (antes de enlazarse con Verás-
é
En algunas sociedades viriles todo se confabula
mente de que todas las
tegui) una isla diferente (como las islas de Trilce I) entre tanta muchachada burguesa: Para que otros hablen de nuestro deseo lo designen
“en esta mística de relatar cosas sucias estoy sola / y afiebrada” (Bataille me gusta…”). Se retuerzan sobre ese “valor-objeto”
mujeres son infieles),
3) Ese sentirse sola implica, a la vez, no comulgar totalmente con las directivas de
Y nos definen parar siempre inválidas (p. 16)
los revolucionarios abocados a destruir el capitalismo, los cuales motejan de “decaden-
………. universal.
La militancia no es una casa vieja del Rímac
pobre y hedionda
……
Pues aquí estás tú HOTELES de madrugada bañador
caminando en el azul metálico de una calle desierta
No resulta forzado interpretar que Noches de adrenalina asume ese carácter sub-
versivo de la noche, dándole un valor más amplio e integral que el político y el de la
lucha de clases. Pugna por la liberación del cuerpo, sobre todo el cuerpo más sometido
42 43
Las artes plásticass en dos obras de Carmen Ollé
Rossella Di Paolo C l a r o s c u r o s e n P a r í s
A
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Rossella Di Paolo
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Apagón
No
32
Carmen Ollé
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Noches de adrenalina n
Los poemas
O
l
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Rossella Di Paolo
Las artes plásticass en dos obras de Carmen Ollé
con la voz protagonista de Noches de adrenalina y su pareja, ambos poetas y padres El sujeto poético apunta –como Duchamp- contra el rostro más venerado de París,
Inmensos
de una pequeña: o contra otros íconos clásicos de la cultura francesa, pero observa sorprendida los D
cueros pintados por una holandesa de nombre Evelyn, cuyo taller visita. El cuero rei-
e
Desde los jardines de la U imaginaba París como un barrio vindicaría una vuelta a lo primigenio, a diferencia de lo que pueda artificializar un pintor A
observados medio
s
Sin embargo, llegando a París, y quizá para protegerse del desencanto, el yo poé- en su taller la madura holandesa nos mostró sus cueros y
tapados por la niebla tico se dice: mi compañero dijo: -el grado cero de la pintura-
figuras de piel oscura
L
e
trivial. y naranja
a
O
o un sencillo amarrarse En efecto, como a contrapelo de ese arco del triunfo en la fachada de la Gare du
y proyectarse en la página o en el pellejo del burro
lanzar dardos
l
l
é
las tripas para salir Nord… lavar y refregar serán las tareas que les esperan a las jóvenes del Tercer Mundo.
Una ciudad que las segrega o las acepta por una paga exigua mientras limpien casas
abrir el esfínter de la Venus
adelante en una ciudad o veredas, cuiden niños, laven platos o planchen ropa.
Entre esas labores, la voz que nos lleva por Noches de adrenalina vive las respon-
Evelyne no trabaja la materia-alusión
Evelyn: -el arte es mi droga-
que la ignora y la con- sabilidades de la maternidad, la nostalgia de su país, el amor de pareja, las demandas
de la escritura, del paso imparable del tiempo y los males del cuerpo que, precisamente, el “para sí” es obsceno.
(p. 7)
fronta con realidades los pintores impresionistas evocados líneas arriba como un ideal (qué chasco) ayudan
a describir:
La “Venus estreñida” a la que habrá que “lanzar dardos” y “abrir el esfínter”, nos
incómodas como las … mis partes están irritadas con fluidos verduscos
como tonos impresionistas
lleva a recordar a la “venus” celulítica del soneto de Rimbaud, descalificada en rostro y
cuerpo, y hasta “con su úlcera, tenebrosa, en el ano”, si recordamos uno de sus versos.
secreciones vaginales o (p. 18) Es probable que sea esta rebelde Evelyn la que en otro poema del libro de Ollé le
dé la vuelta a la conocida frase nietscheana contra Dios:
la pérdida de un diente Inmensos íconos culturales son observados medio tapados por la niebla (la torre
Eiffel) o bien con ironía (los Campos Elíseos, la Gioconda, los impresionistas). Quizá
Una pintora holandesa consideraba que no había muerto
que no podrá reempla- sea una venganza agridulce de la voz poética, o un sencillo amarrarse las tripas para
dios sino el arte
salir adelante en una ciudad que la ignora y la confronta con realidades incómodas
zar, mientras, de paso, como las secreciones vaginales o la pérdida de un diente que no podrá reemplazar, (p. 15)
mientras, de paso, teme otras pérdidas (“hoy se pierde un diente mañana un ovario”, p.
teme otras pérdidas 9). Todo esto anticipa la vejez que ya se teme a los 30 años (“Tener 30 años no cambia Sin embargo, hay obras de arte eternas que enseñan los “sentimientos de piedra”
y los “gestos de bronce” necesarios para salir adelante en una ciudad dura que no
nada salvo aproximarse al ataque/ cardíaco o al vaciado uterino. Dolencias al margen/
nuestros intestinos fluyen y cambian del ser a la nada”, p. 5). siempre puede enorgullecerse de sus tesoros:
Precisamente, respecto a la vejez, una obra de arte parece prestarse sonriente a caminando para aprehender el rígido otoño en el Louvre
un anuncio de productos cosméticos: el sentimiento de piedra de la Venus egipcia
La sonrisa de la Monalisa indica el camino del envejecimiento o el gesto de bronce de una pierna de gladiador
detenido por las cremas -sótanos y galerías de tesoros robados-
(p. 14) (p. 18)
46 47
Rossella Di Paolo
Las artes plásticass en dos obras de Carmen Ollé
El último verso nos instala en un nuevo resabio vengativo, comprensible en un yo bién pueden rescatarla de la grisura de la realidad que la rodea: “abro mi fantasía y la
que nació en un país expoliado durante siglos por conquistadores y funcionarios de la
Península.
Resabio que se potencia probablemente con el sentimiento de que su anomia social
La mirada encuentro deliciosa” (p. 33)
Si la belleza de obras artísticas y arquitectónicas consagradas por la historia es
tomada con sospecha no solo en Europa, sino también en Lima, la naturaleza con su
D
e
A
presente bien podría ser asumida como más arte que el arte de los grandes maestros desmitificadora sobre las impulso erótico-vital y sus formas y colores, se salva de esa mirada opacante o descen- r
t
que se exhiben en los museos, pues, como se mostrará en los versos siguientes, al tradora. Dentro de esa naturaleza podríamos ubicar incluso los cueros de animal sobre
creaciones consagradas
e
igual que esos maestros, el sujeto poético podría estar viendo en sus tristes “focos los que pintaba Evelyn, la artista holandesa mencionada con admiración líneas arriba. s
intermitentes sobre platos con sardinas”, el descarnado óleo “Naturaleza muerta con Pero la naturaleza aparece por rachas. Cuando el yo pasa por estados de mucha
por la historia del arte, ¿se
y
arenques” (1916), de Chaim Soutine, el artista ruso que se asentó en París. felicidad rescata un color en el cielo, un golpe de viento, el verde del mar Mediterráneo L
De hecho, ya reconoce el amarillo de Van Gogh en “la atroz mostaza de un ham- y aun ese estar “tan feliz como una hoja cuando es verde”.
da también en Una mu-
e
burguer”. Y sin duda sabe de detergentes BRILLO para limpiar “escaleras mugrientas También se rescatan o se salvan la bella conformación y el andar de cuerpos feme- t
r
/ pasillos oscuros” mucho mejor que Andy Warhol, aunque este los haya reproducido ninos, como en esta escena de sugestiva plasticidad: a
Es así como su vida podría asumirse como “un gran happening sin papeles”, el arte Las nadadoras desnudas y espléndidas se deslizan por la
(2002)? Nos referimos a la
No
más radical para su supervivencia: orilla, entre los faros caminan tomadas de la mano
Y vuelven al mar misteriosas y simples 32
Enredada en dos lenguas que poseer nouvelle, el cuaderno de admiro sus omóplatos anchos en la noche
dos ciudades se invierten como y recuerdo mi timidez
C
pasillos oscuros lavabos obturados Soy feliz por este privilegio el minuto de dicha de aislar
focos intermitentes sobre platos de sardinas veinte años después. la palabra felicidad y haberla contenido en un acto sencillo.
(p. 29)
WC
naturalezas muertas (decaídos seguidores de Manet)
tiesos Cezannes La luz reconectada
concibiendo la belleza desde cápsulas de cohetes “Las pulseras de oro jugaban en sus muñecas
con el dorado de los balnearios sureños”
el mar amarillo de Van Gogh
en la atroz mostaza del hamburguer
Carmen Ollé,
un resto suplicante Una muchacha bajo su paraguas
48 49
Rossella Di Paolo
Las artes plásticass en dos obras de Carmen Ollé
en cambio, conversando
s
con admiración, así como las de pintoras que fueron injustamente relegadas por el
canon. Se las ve en galerías o cafés, en cuartitos de servicio o departamentos alquila- y
dos, haciéndose también confidencias sobre sus relaciones de pareja, sus dolorosas casi exclusivamente L
separaciones o sus hijos o sus trabajos ancilares. e
*** m
conversaciones en las
e
n
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Rossella Di Paolo
Las artes plásticass en dos obras de Carmen Ollé
Sus vestidos multicolores, sus zapatillas de ballet con bordados chinos, sus ojillos de El dandy, el flaneur, vagabundos y viajeros, inmigrantes y bohemios. Un café para
ardilla perdida en el lodo de la ciudad y sus cabellos trizados por una mala tijera hubie-
ran sido pintados por una de las surrealistas del álbum que Nanette hojeaba distraída.
La figura de Chris hubiera sido la de una madonna dócil en un prado calcinado o la
Obras canó- ellos o una copa. Un sitio en una plaza de bronce, como en la densidad del volumen
trafican en lo interminable las figuras de Giacometti (p. 97).
Como puede apreciarse, la narradora de Una muchacha bajo su paraguas no toma
D
e
En esa misma línea reflexiva, leemos: de Leonardo, los impresionistas y posimpresionistas franceses, Pablo Picasso y Andy
sospecha e ironía en No-
y
Warhol. Baste evocar aquellos versos que expresaban su negativa a caer en la devoción L
Chris hubiera sido pintada igual que Lily en el esplendor de lo terrorífico, como la trivializadora del arte (“De mis contemporáneos me alejan las dificultades de no ser /
ches de adrenalina; pero
e
mayoría de los grabados del álbum La femme surrealiste, bellos e insistentes en su trivial // En la Gare du Nord cerré los ojos muy fuerte”). t
r
rabia explosiva (p. 42). Tal vez París y su maravilloso patrimonio cultural ostenten sin querer una arrogancia
en Una muchacha bajo
a
La narradora añade, con lucidez y rebeldía… Por otra parte, y esto no es menos importante, el hecho de que se trate de obras
su paraguas la narradora creadas por manos masculinas, podría ayudar a encender un tipo de rebeldía contra No
La mujer surrealista era tensa, adicta al válium, al insomnio, no en vano su vida fue el canon que ellos representan, sobre todo en mujeres, como nuestra narradora, que 32
una larga noche en una travesía incomprendida por los guardianes del arte (p. 42). reacomoda esta visión también dan la pelea por escribir y hacerse un lugar en la literatura o el arte, y que
sienten como algo personal la segregación de grandes artistas ignoradas por el simple C
… y pasa a enumerar a aquellas pintoras que lograron escapar de la anomia: en virtud de su interés expediente de ser mujeres. a
r
A favor de esta suposición está el hecho de que la narradora –rodeada de amigas
por un arte más radical y
m
Unas pocas eran conocidas: Frida, Eleonora, Valentine. Surrealistas, expresionistas, artistas y consciente de la marginación de artistas mujeres de otros tiempos- encienda e
n
estas últimas menos aún. Y aún estaban las pre-expresionistas como Paula Modersohn- ahora las luces que había ido apagado en los museos, especialmente en el avasallador,
Becker […] Además de sus retratos de mujeres y niños pintó a un hombre: Rilke. contestatario en el que se glorificado y patriarcal Louvre y en la entera París, y observe la ciudad con los ojos O
l
Y Kathe Kollwitz y su ciclo de aguafuertes: “La rebelión las tejedoras”. Sólo mujeres, llenos de teorías artísticas de vanguardia, cuadros contestatarios y revulsivos, y reivin-
ubican también las obras
l
entonadas bajo un puñado de aplausos o suspiros irónicos (p. 42). dicaciones femeninas. Quizá un anticipo de esto ya estaba en Noches de adrenalina, é
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Javier Morales Mena
Carmen Ollé:
Intertextualidad, poesía y dinero
Carmen Ollé: Intertextualidad, poesía y dinero
D
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a
s
Algunos libros de poemas pueden ser leídos y escenifica simbólicamente las tensiones que No
como escenificaciones de la poética de sus existe entre poesía y dinero.
La intertex-
32
autores, cuando ello ocurre, los propios poemas
hacen evidente la línea de trabajo que su autor
1
C
ha adoptado y que adoptará cuando trate de a
tualidad es uno de los definir con qué lenguaje y con qué componentes
r
m
estructurales se organizarán sus poemas. Así La intertextualidad es uno de los principales e
poética de Ollé. Esta Epístola dialéctica (1974) y Arte de navegar millas y cursivas) o como insinuación indirecta
(1986). Similar configuración ocurre con la poé- sobre la autoría de un enunciado. En todos los
se manifiesta de tica de diseminación coloquial y deconstrucción casos, la función de este procedimiento es el de
lógico-narrativa que plasma Enrique Verástegui mostrar a los lectores las múltiples posibilidades
diversas maneras: (1950-2018) En los extramuros del mundo de significación que adquiere el texto poético;
(1971), y sin el cual no se podrán entender tanto cada verso, cada poema densifica su sentido
como alusión a la continuidad como la radicalización discursiva al entrecruzar textos de distintas procedencias
que efectuará en Praxis, asalto y destrucción (discurso filosófico, psicológico, psicoanalítico,
autores y obras, como del infierno (1980), Leonardo (1986), Ángelus pedagógico, literario, popular). De hecho, en la
Novus (1989-1990), Monte de goce (1991) contratapa de Noches de adrenalina (1981), la
inserción de fragmen- o el más reciente Teorema de Yu (2004). La autora establece el propósito y el método de su
escenificación de la poética permite advertir, trabajo: asume la escritura como un proceso
tos de texto de otros en tal sentido, las opciones de composición de indagación sobre las cenagosas fuentes de
estructural y las preferencias temáticas con las la historia personal con el objetivo de extirpar
autores (en comillas que un autor definirá el curso de su producción algunos presupuestos que (des)orientan su
poética. Carmen Ollé (1947) ha escenificado su pensar y actuar; ella expresa textualmente: “No
y cursivas) o como poética en Noches de adrenalina (1981), y la ha escribo sino para extirpar algunas obsesiones,
desplegado también en Todo orgullo humea la para hurgar en la desolación de la infancia y
insinuación indirecta noche (1988) y en algunos de sus textos narra- pulverizar o comprender el pasado” (nota de
tivos como, por ejemplo, ¿Por qué hacen tanto la contratapa). Si reparamos en la fuerza y
sobre la autoría de un ruido? (1997). Los elementos que se ponen en significación de cada una de estas palabras
escena son dos: el primero es una estrategia de podemos hacernos una idea de que se trata
enunciado. composición literaria de uso frecuente en la na- de una escritura poética sedimentada en la
rración, su nombre alude al proceso de mezcla e experiencia de vida. Precisamente por ello es
hibridación discursiva, y es la intertextualidad; el que, en la misma contratapa, la autora sugiere
otro componente más bien es de orden temático el método que pone en marcha esta poiesis: “A
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Javier Morales Mena
Carmen Ollé: Intertextualidad, poesía y dinero
través de la línea confesional de Leiris y Bataille del/ primer parto […] / El color del mar es tan todo, más que para separar, se trata de una el empleo intensificado de estructuras enun-
quiero llegar a mirarme y abolir complejos y verde como mi lírica / verde de bella subdesa- inclusión que apunta a hacer visible la necesi- ciativas propias de la narración. Es como si el D
vergüenzas, en la creencia permanente en el rrollada.” (1981: 9) dad de transgredir las fronteras disciplinarias poemario escenificara el inicio de la búsqueda e
valor de las mujeres” (nota de la contratapa). Como leemos en estos versos, no se o artísticas (el lenguaje filosófico-antropológico de una estructura discursiva que contenga o
“La ima-
A
El método —al que hacemos referencia— está trata de la experiencia de vida como un éx- en la poesía) para comunicar y captar con absorba todo. Y es así como se escenifica en r
t
cifrado intertextual y metonímicamente en la tasis del mundo interior que solo produciría nitidez: la dialéctica del adentro y el fuera, la su segundo poemario Todo orgullo humea la e
alusión a los escritores y pensadores franceses imágenes autocontemplativas. Estos versos mediación ética del yo y el tú, y el problema del noche, pues, tras el primero, donde la poten- s
Michael Leiris (1901-1990) y a Georges Bataille con los que se inicia el duro examen del vivir, gen más bella sería ser, el espacio y el acontecimiento. Y cuando cia y el vigor de la palabra se mantiene de y
(1897-1962). Sobre todo, porque cada uno pensar y escribir desde la condición de mujer- en el poema no se decide por insertar fragmen- principio a fin, en este más bien se escenifica
representa un modo particular de encarar la “subdesarrollada”, nos hace saber que la expe- tu desnudo cuerpo tos de texto de otros autores, se recurre a la la progresiva pérdida del poema y del verso:
L
e
existencia. El primero, seguramente, por la inci- riencia vital trae como resultado el examen de insinuación metonímica y sinecdóquica –como los poemas breves avanzan uno a uno para t
siva autobiografía La edad de hombre (1939) en la existencia que se inserta en un proceso de obtenido sin ofrecer lo vimos en el caso de la contratapa– por este dejar paso a un conjunto de escuetos relatos
r
a
cuyo prólogo se explica que se busca: “poner al recusación de la tradición y la institucionalidad. procedimiento se alude a los nombres propios por donde desfilan personajes e historias que s
descubierto ciertas obsesiones de orden sen- Cuando la intertextualidad no se insinúa como mi cuerpo desnudo, de diversos autores, entre estos, Carlos Marx, confirman la necesidad de estructuras narra-
No
timental o sexual, y confesar públicamente las aire de familia o afiliación textual, sino como Samuel Beckett o Claude Steiner, pero también tivas para modelar un universo ficcional. La
deficiencias o cobardías que le avergüenzan” presencia concreta, el poema se torna en espa- de la misma manera los nombres de poetas, así leemos: confirmación de esta búsqueda y el hallazgo 32
(10-11), por ello, escucharemos decir a Leiris, cio donde confluyen fragmentos de textos cuya de la estructura narrativa estaría expresada en
en estilo confesional que: función es la de penetrar más hondamente en como observo mi “Clarice Lispector escribe rodeada de la novela ¿Por qué hacen tanto ruido?, y si lo C
“Acabo de cumplir treinta y cuatro años. La la significación que explora el poema y, así, advertimos, es por este género esponjoso por
a
sus niños
serenidad en Safo o
r
mitad de la vida. Físicamente soy de estatura redondear el campo de sentido: en el hogar donde ha discurrido la producción literaria de m
media, más bien bajo […] Mi cabeza es más la autora. Con todo, la estrategia intertextual
e
caderas. Me gusta vestirme con el máximo de la Woolf cuya amistad poeta en el mundo moderno, los poemas no
é
56 57
Javier Morales Mena
Carmen Ollé: Intertextualidad, poesía y dinero
los títulos de los libros y otros vocalizando unos un emparedado” (50). Sin duda, la ciudad es dineraria. No en los términos de crítica directa, ciones que pertenecen al campo de la producti-
Por ello,
enunciados (lo que nos daría la idea de poesía escenario de la indiferencia y de la despiadada sino como formulación poética de un anti- vidad dineraria, estos se insertan con imágenes D
polifónica), tienen una historia literaria y cultural lógica del dinero. Recordemos que el enuncia- modelo, uno infraeconómico que se desplaza de procesos productivos y una clara división del
e
que cuando se insertan en la producción litera- do “subdesarrollada” acompañaba a “bella”, subrepticiamente para regular su protagonismo trabajo, el hecho de no realizarlos, aplazarlos A
ria de Ollé, hacen que esta adquiera múltiples
el lector asiste a
r
pero si se cree que esta conceptualización haciéndonos partícipes de otros modos de o ignorarlos es una muestra de sabotaje cuya t
posibilidades de sentido, desde la que confirma estética escapa de la regulación dineraria, los vivir no-dinerariamente, leamos: “Irascible, su implicancia es dineraria, y “ruidosa”: “Estamos e
la afiliación a una tradición literaria moderna y
una sucesión de
s
versos nos hacen saber lo contrario, leamos: único defecto era su única virtud, / al placer en huelga. Existe la amenaza de que no pa-
posmoderna, hasta la que asume el arte de amó más que al dinero” (1988: 14, nuestra garán. Empiezo a medir la última moneda que y
la escritura como práctica de combate contra
los abusos de un sistema falo-logocentrista.
“La enfermera me da los precios de pasajes narrativos cursiva). La ética que formulan los versos, es nos queda…” (1997: 36, nuestras cursivas). La L
los dientes una que rechaza el dinero, esta actitud infrae- carencia como resultado de la improductividad e
Precisamente en esta línea es por donde se
donde la pareja de
t
—los dientes han subido– me avisa conómica muestra la resistencia del sujeto o como fracaso del sabotaje personal que se r
inserta otra de las constantes diseminadas en frente a la pretensión de totalizar la existencia hace contra el sistema dinerario resulta signifi- a
la producción literaria de Ollé, se trata de las con firmeza
poetas busca vivir
s
según fundamentos dinerarios o económicos. cativo pues la novela se consagra a representar
alusiones simbólicas a la interacción conflictiva — ¿también los esqueléticos? –
El poema discurre por oposición y resistencia el costo elevadísimo de forjar la obra poética,
entre poesía y dinero. Ahora me costaría un ojo de la cara No
recomponer mi belleza. –¿o sobrevivir?– (es- a una vida signada y entregada a la lógica de esta acarrea carencia, ruido y ruina:
32
la vida dineraria. Y así se confirma cuando se “Mi madre se iba definitivamente al exterior,
Trataré de no reír lo más que pueda,
2 cribiendo, leyendo y inserta la dimensión espiritual que acompaña a abandonaba el país, pero antes negociaría la
¿pero mi destino la actitud ética: “Puesto que esa mujer no am- casa en la que habíamos vivido más de treinta C
depende de una porcelana, de un
a
comentando libros, biciona sino sueña se ha mantenido joven en años. El teléfono ya lo había vendido. La casa r
pobre metal, quizá de su pobreza” (1988: 15, nuestras cursivas). En paterna empezaba a desintegrarse. Como si tal m
[…] una aceptación de la lógica del dinero a ningún do piso crujían cada cinco minutos, un olor acre O
samente porque las estructuras discursivas se
monten sobre una expresa lógica de cálculo
Hay que huir de los techos, en calles y en par- precio. Mucho menos la idea de negociación. salía del baño de visita cuando la casa estaba l
el tiempo se acumula bajo ellos Lo que los versos hacen es mostrarnos que el totalmente cerrada. Mamá empezó a notar de l
se insinúan veladamente imágenes sobre la pero no tanto como el dinero”. (1981: ques), pero la lógica, dinero, sus figuras, imágenes y sus principios pronto lo que faltaba: las piezas de menos en
regulatorios lo atraviesan todo. ¿Y la poesía? la loza inglesa, cubiertos y manteles chinos, ¿a
configuración de la conciencia poética y la 19, mis cursivas)
autorepresentación de la misma en función a la ética y la política quién iba a acusar de estos hurtos?”. (1997: 67,
¿Cuál es la relación entre poesía y dinero? nuestras cursivas)
la carencia de dinero. La primera imagen apa- La presencia de lo económico no puede ser
rece como contraparte de las potencialidades más evidente. Pero lo significativo de la escena de la vida dineraria
El texto donde se escenifica más viva y ex- De hecho, la novela condensa una alego-
transformadoras del capital: el desarrollo, el cotidiana se deduce de la tesis que se despren-
progreso y la idea económica de primer mundo, de de los versos que indagan sobre la prótesis no se lo permiten, tensamente la cuestión del dinero y la poesía es ría histórica que inquietó el imaginario de los
la novela ¿Por qué hacen tanto ruido? (1997). modernistas hispanoamericanos respecto a
y están cifrados en los versos: “El color del mar dental y el futuro. Se trata en realidad de una
es tan verde como mi lírica / verde de bella interrogación sobre la tenencia del dinero y el y si es que se logra Esta puede ser leída como una alegoría de lo conocer ¿cuál era el lugar del poeta en una
problemático que resulta el ejercicio del trabajo sociedad regida por fundamentos económi-
subdesarrollada” (1981: 9). Este enunciado curso que le puede dar esta circunstancia a
poético instala el juego de la significación en la existencia. Los versos nos informan sobre sabotear el sistema, escritural en un contexto donde predomina el cos de productividad? La pregunta se formuló
sentido utilitarista de la existencia. Por ello, el probablemente a fines del siglo XIX, y se
el terreno de las posibilidades asociativas que la pérdida de una pieza dental, el proceso
sugiere la idea económica del “subdesarro- sinecdóquico es bastante claro: el cuerpo se siempre se escenifi- lector asiste a una sucesión de pasajes narra- expresó rotundamente en el cuento “El rey
descompone, pierde alguna de sus partes, tivos donde la pareja de poetas busca vivir –¿o burgués” (1887) de Rubén Darío, la novela de
llo”. De hecho, las figuras que caracterizan el
escenario citadino-cosmopolita (Lima-París) se desarticula, y si es que no hay dinero o no ca el problema que sobrevivir?– (escribiendo, leyendo y comen- Ollé la actualiza en el marco de una sociedad
hay lo suficiente, la fragmentación del cuerpo tando libros, en cafés, en bares, en calles y en de fines del siglo XX a través de la vida de su
refuerzan la red de contenidos dinerarios
trasladados al espacio de una ciudad cuyos continua. Es cierto que el poema no avanza con acarrea tal acción. parques), pero la lógica, la ética y la política protagonista: ella es profesora universitaria
el desarrollo de esta poderosa tesis sobre la de la vida dineraria no se lo permiten, y si es que aspira a ser escritora, lee, escribe, critica,
procesos de transformación y conservación de que se logra sabotear el sistema, siempre se vive la bohemia literaria, y, lo más importante,
la existencia están atravesados por el espectro función capital del dinero en la conservación y
reparación del cuerpo. No obstante, la escritura escenifica el problema que acarrea tal acción. ella es quien sostiene económicamente a
monetario, así, aparecen instantáneas sobre No se entiende de otro modo, por ejemplo, que la familia que tiene con el poeta Ignacio, de
“las familias [que] empobrecen” (1981: 15) poética de Ollé no deja de pensarla.
Así se puede entender su elíptica presen- en algunos pasajes narrativos se represente quien valora su poesía y es, acaso por ello,
en “cuartuchos” de “escaleras mugrientas” y a la protagonista participando de una huelga, que le permite llevar la vida de poeta (es padre
“lavabos obturados”; o se extienden también a cia en Todo orgullo humea la noche (1988).
quejándose del dinero que no alcanza o que de familia, se dedica íntegramente a escribir,
prácticas sociales cuya lógica utilitarista y dine- En este caso, la reflexión poética sobre el
la remuneración no se hace puntualmente, así no aborrece ni detesta el empleo pues no lo
raria no concibe la gratuidad como posibilidad dinero y la vida introducen una muestra de
como maldiciendo su trabajo y que, por todo, se tiene, piensa y opina y se permite una licencia
de interacción: “no hay nadie que me ofrezca resistencia frente al protagonismo de la vida
ausenta del dictado de clases. Se trata de ac- amorosa paralela a la relación que tiene con
58 59
Javier Morales Mena
Carmen Ollé: Intertextualidad, poesía y dinero
su esposa); en una de las muchas iluminacio- que escenifica el problema de la productividad insinuado en los dos poemarios encuentra una
nes reflexivas con las que está compuesta la poética al margen de la productividad dineraria total plasmación en su primera novela cuando D
E
e
novela, ella expresa: “Lo miro y pienso que la o capitalista, si es que solo confirmaría las tesis la vida misma de la protagonista nos hace
literatura no nos dará de comer. La verdadera del mundo atravesado por la lógica del dinero. saber que el sistema dinerario necesita de lo n síntesis, la pro- A
r
belleza es una amenaza” (1997: 41, nuestras De hecho, la novela intensifica la reflexividad “improductivo” para ser productivo y superpro-
ducción literaria de Carmen Ollé,
t
cursivas). Se trata del enunciado que expresa el narrativa por la línea de la práctica infraeconó- ductivo; dicho de otro modo: la conducción por e
s
momento en el que se representa a la literatura mica, esa que se resiste a la totalización dine- la lógica dineraria que organiza el sistema de
al margen de la lógica dineraria que dinamiza raria de la experiencia. Por ello, el enunciado valores y que, como le dicen a la protagonista, por lo menos la que se compone de y
y garantiza la interacción social y familiar. La narrativo introduce esa suerte de cortocircuito “da de comer” no es suficiente, pues quien
Noches de adrenalina (1981), Todo
L
serie de sentidos que se desprenden de esta lógico que implica dar cuenta del alto costo produce el alimento para los cuerpos y sujetos e
t
figura permite distinguir, por un lado, el oficio que significa producir poemas. Es uno de los que trabajan, es el poeta: la poesía no dará de
orgullo humea la noche (1988) y
r
productivo que proveería alimento material; y, numerosos momentos cuando lo económico y comer, pero podría ser alimento espiritual del a
s
por el otro, el oficio improductivo que provee lo infraeconómico se entrecruzan para hacer sujeto y el cuerpo trabajador.
de alimento espiritual. La potencia de la “ame- visible su interacción, y de cómo la primera ¿Por qué hacen tanto ruido? (1997) No
naza” y la “belleza” de la literatura gravitan en necesita de la segunda: si bien la poesía no
el hecho de que también alimenta, aunque no dará de comer y si bien el poeta no tendrá un Bibliografía hacen evidente la presencia de la 32
más, los “ruidos” que frecuentemente nos deja drama de la ruina y la escasez económica, esas Lima: Editorial Cátedra Vallejo.
m
e
escuchar la narradora son comentarios de fracturas familiares que rodean los momentos Forgues, Roland (1991). “Carmen Ollé: la
mente, trazan la geografía de su afi-
n
corte económico o implicados en el mundo del de lectura, escritura y reflexión, no deben leerse capacidad de inocencia”. Palabra viva. T. O
dinero, el mismo que excluye a quien tuvo la cándidamente como posibilidades de refugio o IV: Las poetas se desnudan. Lima: Edito-
liación estética, ética y política; son
l
osadía de sustraerse de sus engranajes para apartamiento de la realidad –a la manera de la rial El Quijote, pp. 145-159.
l
é
vivir libremente, leamos uno de estos pasajes creación de una campana de vidrio que aísle
que bien puede sintetizar a los demás: “Mis al poeta o escritor de su realidad inmediata–,
Simmel, Georg (2013). Filosofía del dinero.
Introducción de David Frisby. Traducción
textos que también muestran la
parientes repetían en voz baja, lo suficiente sino como estrategias de resistencia frente a
como para que escuchara claramente, que era los golpes bajos y golpes en regla que acomete
de Ramón García Cotarelo. Madrid: Capi-
tán Swing [1900].
preferencia por reflexionar sobre la
perezoso […] permanecía inmóvil oyendo a los el sistema dinerario. Dicho de otro modo, no
parientes cerrar todas las puertas de la casa, hay una romantización ingenua de la vida del
Ollé, Carmen (1981). Noches de adrenalina.
Lima: Cuadernos del Hipocampo.
interacción conflictiva entre poesía
prohibiendo usar los vasos de cristal, entrar artista, tampoco una representación cándida de
a la sala” (1997: 32, nuestras cursivas). Esta su malditez, lo que la novela y la producción
----------- (1988). Todo orgullo humea la no-
che. Lima: Lluvia editores.
y dinero en la línea de desarrollar
imagen es la que completa a la anterior sobre poética de Ollé ilustran es la imposibilidad de
la inutilidad material de la literatura (la poesía). salir de la lógica dineraria, pero en lugar de
----------- (1997). ¿Por qué hacen tanto
ruido? Presentación de Antonio Cornejo
una suerte de resistencia infraeco-
La suplementa pues los elementos se homolo- aceptarla acrítica y resignadamente, le sale
gan en sus funciones: si la literatura no sirve, al encuentro haciendo visible la potencia-
Polar. Lima: San Marcos.
nómica frente a la hegemonía de la
el escritor tampoco, y si una es marginada del productiva-espiritual de lo infraeconómico, la
sistema de utilidades, el otro también, tanto en producción poética, la poesía misma. vida dineraria.
el círculo social como en el familiar. En síntesis, la producción literaria de Car-
El argumento respecto a que la lógica dine- men Ollé, por lo menos la que se compone
raria atraviesa la interacción social se hace más de Noches de adrenalina (1981), Todo orgullo
convincente cuando paladeamos cualquiera humea la noche (1988) y ¿Por qué hacen tanto
de los pasajes de la novela, escuchemos a la ruido? (1997) hacen evidente la presencia de la
narradora quien, manteniendo su tono confe- composición artística mediante recursos inter-
sional, expresa: “Mi madre dice que ningún textuales que, ciertamente, trazan la geografía
libro de poemas nos dará de comer. A pesar de de su afiliación estética, ética y política; son
eso me siento inclinada a esperar que la pos- textos que también muestran la preferencia por
teridad los aclame. Me alegra que él los haya reflexionar sobre la interacción conflictiva entre
escrito a mi lado, aunque nadie sepa lo que poesía y dinero en la línea de desarrollar una
ellos cuestan diariamente” (1997: 37, nuestras suerte de resistencia infraeconómica frente a
cursivas). Pero la novela no sería lo que es, una la hegemonía de la vida dineraria. Este tópico,
60 61
Modesta Suárez
Impudores y poderes
en Noches de adrenalina de Carmen Ollé
Impudores y poderes en Noches de adrenalina
Modesta Suárez e
A
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No
Vuelvo a leer los versos de Noches de Enrique Verástegui a París en 1977, ambos se
adrenalina y me parece más nítida aún la im- quedarán hasta 19793. 32
No sólo por tratar- portancia del libro en este inicio de los 80’ pe-
ruanos1. No sólo por tratarse de los impudores
Se podría hacer una lectura grupal del
diálogo que se da paulatinamente y donde
las poetas ya no temen a confrontarse con los
C
a
se de los impudo-
r
de una escritura, retomados y reprochados ad poetas en líneas de poéticas que ya nunca más m
por las poetas anteriores, si exceptuamos a sentencias, fórmulas como apuntes, escritura l
y reprochados ad Magda Portal y Blanca Varela. Versos que improbable escritura en francés, tipografía a lo
abrirían ampliamente las experiencias poéticas loco, inserción de un fragmento teatral, etc.)
nauseam a la poeta. de los creadores y creadoras siguientes, y sus explora y deja todas las puertas abiertas para
que el cuerpo del yo poético femenino se pueda
Sino porque estos reflexiones sobre la escritura poética de finales explorar al igual que el corpus poético ofrecido.
de signo XX. Entre las elecciones vistosas está todo el an-
versos señalan vías damiaje de citas que resalta entre los versos,
En el trasfondo de la escritura de Carmen que indica deudas pero sobre todo caminos
apenas conocidas o Ollé, está sin duda la experiencia de la avenida por los bosques de la teoría y del arte. Citas de
Georges Mandel en París, que reanuda con un autores y autoras. Sobre todo de mujeres que
reconocidas por las proceso ya comenzado en la Lima a finales de constituyen una genealogía de primera mano,
los 60, principios de los 70. José Miguel Oviedo referencias poéticas a flor de verso.
poetas anteriores, insiste en una época «adicta a los grupos, a Así entendieron varias poetas lo valioso
los libros colectivos, al trabajo en equipo»2 . que suponía tener a disposición estos versos,
si exceptuamos En el retrato de familia que esboza el crítico que no había por qué repetir y que allanaban
en 1973, varios poetas (tanto de Hora Zero (hasta cierto punto) los avances de una poesía
a Magda Portal y como de Estación reunida) coincidirán en París en femenino. Y como Magdalena Chocano o
entre 1972 y 1979 por razones universitarias, Rocío Silva Santisteban, varias retomaron los
Blanca Varela. personales y/o políticas. Carmen Ollé, después
de haber vivido primero en España, llega con 3 Ver el artículo que dediqué a esta experiencia pa-
risina de los poetas peruanos tras las huellas de
César Vallejo, de César Moro también y de muchos
otros, en la efervescencia del 68: Modesta Suárez,
1 Carmen Ollé, Noches de adrenalina, Lima, Cuader-
«¿Cazadores de espejismos?», Amérique Latine
nos del Hipocampo, 1981. Las páginas están seña-
Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM [En línea],
ladas al final de las citas y vienen sacadas de esta
5 | 2002, Publicado el 23 junio 2006, consultado el
edición.
19 abril 2019. URL : https://journals-openedition-
2 José Miguel Oviedo, Estos trece, Lima, Mosca Azul org.nomade.univ-tlse2.fr/alhim/682.
Editores, 1973, p. 19.
62 63
Modesta Suárez
Impudores y poderes en Noches de adrenalina
versos nocturnos de Carmen Ollé en sus pro- de acero» (21), al que están acorraladas aún
No deja
pios poemarios bajo la forma de epígrafe. Dicha numerosas poetas cuando quieren dedicar de haber sin em- D
e
nocturnidad favoreció la reflexión que asumía, versos al amante. El proceso poético se acopla
desde el interior, desde los sótanos del ser, al proceso amoroso: «Entregadas al que-hacer bargo en algunos A
r
desde los márgenes de la sociedad, territorios desesperadas o en busca del / amante ideal /
versos una visión
t
alejados unos de otros en la poesía escrita por decido partir sin metas / no hay Hacia / sino e
s
mujeres, hasta entonces: el espacio intelectual ¿Dónde?» (20). Y el proceso amoroso se
y una dura inclusión de las mujeres, el espacio resuelve en lucha de liberación (frente a una que podríamos decir y
corpóreo y sus vastas extensiones sexuales por sociedad, como la peruana, donde domina la L
explorar, el espacio poético y sus experimentos. moral religiosa): «en algunas sociedades viriles estetizante; así al e
t
Se cerraba poco a poco la brecha señalada, la todo se confabula / para que otros hablen de
final de Noches de
r
esquizofrenia decía la socióloga Norma Fuller, nuestro deseo lo designen / se retuerzan sobre a
s
entre los espacios que ocupaban las mujeres ese “valor-objeto” / y nos definen para siempre
en la sociedad peruana y el ser consideradas inválidas» (16). El dominio del deseo y del texto adrenalina, cuando No
más o menos como menores de edad4. son dos bases que rigen esta nueva escritura.
París, lugar de cultura a pesar de la mar- No deja de haber sin embargo en algunos la voz poética nos 32
ginación del yo poético (y no solo el que se versos una visión que podríamos decir este-
elabora en Noches de adrenalina). París, lugar tizante; así al final de Noches de adrenalina, lleva por el metro de C
a
de contra cultura donde «[la] lírica / verde de cuando la voz poética nos lleva por el metro r
bella subdesarrollada [del sujeto poético]» (9) de París, underground elaborado, donde la París, underground m
e
encuentra herramientas para forjar una nueva mugre y la inmundicia se vuelven bodegón, n
poética: más que una temática nueva, se trata con los «(decaídos seguidores de Manet) / elaborado, donde la O
de una radicalización de perspectivas (una tiesos Cezannes /concibiendo la belleza desde l
poesía que incluye directamente enfoques cápsulas de cohetes / el mar amarillo de Van mugre y la inmun- l
é
feministas, sicoanalíticos, entre otros). En Gogh / en la atroz mostaza del hamburger / un
la contra carátula manuscrita del poemario, resto suplicante» (53). Sin embargo, Noches dicia se vuelven
Carmen Ollé expresa su deuda con «la línea de adrenalina se aleja del discurso amoroso
confesional de Leiris y de Bataille». El cosmo- tal como lo definiera Julia Kristeva, ese «dilu- bodegón, con los
politismo invade el poemario tejiendo redes en- vio imaginario incontrolable»5, que numerosas
tre ciudades, Lima, París, puntos extremos que otras voces líricas seguirán creando en las «(decaídos seguido-
nunca se funden: «enredadas en dos lenguas décadas siguientes, lejos de las propuestas
que poseer / dos ciudades se invierten como / iniciadas por Carmen Ollé. res de Manet) / tiesos
dos torsos imaginarios» (52). « El ¡jaque! / en Este libro tan provocador, en 1981 y a la
París: ¡mate! » (53), últimos versos del último distancia, no se constituirá en “modelo” para las Cezannes /concibien-
poema, es el grito de victoria de una poeta que, demás escritoras. Está ahí como clímax, sien-
en cierto modo y en el ambiente peruano, ha do incluso el primero escrito por Carmen Ollé. do la belleza desde
conseguido romper con esquemas pasados, Pero tampoco la autora lo retoma o prosigue en
alcanzando lo que será entendido como un sus publicaciones posteriores. Libro proa será cápsulas de cohetes
camino nuevo en la poesía femenina peruana. sin embargo una seguridad para las demás.
A nivel de impudores, que acabarán tor- Existe la certeza de que se pueden publicar / el mar amarillo de
nándose poderes, lo que llama la atención es semejantes versos. Novedosos, llenos de esta
el lenguaje crudo, casi médico, con el que se energía y adrenalina inyectados, el campo y el Van Gogh / en la
va desvelando el cuerpo femenino: estamos canto están abiertos, ya definitivamente, para
ante una exposición clínica, más cercanos a las poetas venideras. atroz mostaza del
una lección de anatomía (título de un poema
que Blanca Varela publicará en 1993) que a hamburger / un resto
un discurso amoroso. De hecho, lo puramen-
te fisiológico rasga los velos poéticos de un
modernismo, «[esa] belleza [que] es un corsé
suplicante»
4 Norma Fuller, Dilemas de la femineidad. Mujeres 5 Julia Kristeva, Histoires d’amour, Paris, Folio Es-
de clase media en el Perú, Lima, PUC, 1993. sais, 1985.
64 65
Apuntes sobre la narrativa de Carmen Ollé
El grito de la violencia
Ada, personaje puente D
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Christian Reynoso
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r
a
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No
Carmen Ollé (Lima, 1947), es autora de una obra que, desde su primer libro, ha ido
ganando espacio en la literatura peruana y cosechando una legión de lectores y lectoras. 32
A su primer y famoso libro Noches de adrenalina (1981), le han seguido otros como:
Todo orgullo humea la noche (1988), ¿Por qué hacen tanto ruido? (1992), Las dos caras
A su primer y
C
del deseo (1994), Pista falsa (1999), Una muchacha bajo su paraguas (2002), Retrato a
r
de mujer sin familia ante una copa (2007), Halcones en el parque (2012), Monólogos m
de Lima (2015), y el más reciente Halo de la Luna (2017). Una producción literaria que e
algunos que, a modo de leit motiv, han ido mostrándose con diversos matices y en los é
seguido otros como: Todo que siempre la mujer ha sido el eje central. El papel que cumple en la sociedad, en
tanto artista, esposa, madre, o desde el espacio subalterno, condenada a la soledad o
orgullo humea la noche en el exilio europeo; la exploración del cuerpo femenino y la sexualidad que rompe las
relaciones convencionales; la ciudad ―Lima o París― como espacio de interacción y
(1988), ¿Por qué hacen afectación en la vida de sus habitantes; la reflexión sobre el ejercicio creador, el influjo
de la poesía, la lectura y la literatura como formas de escape, entre otros.
tanto ruido? (1992), Si bien es cierto que, en los años ochenta, Noches de adrenalina fue considerado
por la crítica como un libro de poesía que marcó un punto de inflexión para lo que em-
Las dos caras del deseo pezó a denominarse poesía femenina en el Perú, la posterior obra de Carmen Ollé se
encaminó más bien en el ejercicio narrativo, con muy buenos resultados y donde se
(1994), Pista falsa (1999), puede observar ―y sentir―, el aire poético y autorreferencial en algunos más que en
otros libros. No obstante, la fuerza de Noches… y la irrupción de su forma experimental,
Una muchacha bajo su lenguaje y contenido revelador, en un espacio literario limeño, entonces marcado por la
producción masculina, hizo que se constituya en un libro transgresor que, con el correr
paraguas (2002), Retrato de los años y los diversos estudios académicos en torno1, lo han convertido hoy en día
en un libro clásico de la poesía peruana, sin embargo, al mismo tiempo, echó sombra
de mujer sin familia ante a la obra narrativa de Ollé2.
En ese sentido, el presente texto parte de una lectura panorámica de la obra de
una copa (2007), Halcones Carmen Ollé para visibilizar algunos aspectos que han llamado mi atención y donde
he podido identificar vasos comunicantes y algunas características singulares. En
en el parque (2012), Mo- primer lugar, me ocupo del tema de la violencia política y la mujer en la obra de Ollé.
En segundo lugar, reviso el perfil de Ada, la protagonista de Las dos caras del deseo,
nólogos de Lima (2015), y pero que también aparece en otros relatos, y encarna un discurso de múltiples pers-
pectivas, razón por la cual es posible considerarla como un personaje puente dentro
el más reciente Halo de la de la narrativa de Ollé.
Luna (2017).
66 67
Christian Reynoso
El grito de la violencia/ Ada, personaje puente
Para este estudio he optado por asumir una lectura de carácter narrativo de No- un acto político3. Pero Elsa, Margarita y Sira son también mujeres, hijas, hermanas,
ches… que hoy, a casi cuarenta años de su publicación, tal vez resulta más fructífera
y permite establecer la génesis del corpus narrativo de Ollé. Hecho que, desde luego,
merecería un estudio aparte.
“Función capitalinas o provincianas, que pueden ser la representación de esa precariedad social
o las víctimas directas o indirectas de esa violencia en ascenso. Una violencia que las
obliga a optar por un camino y que las conduce a la muerte.
D
e
A
matinal” es la historia de Siete años después, distinta es la mirada en los relatos “Función matinal” y “El grito”, r
t
La mujer y el contexto de la violencia incluidos en Todo orgullo… (1988), en los que Carmen Ollé vuelve a ocuparse de la e
un hombre que está re- violencia política. Desde luego, el país y la capital ya están inmersos en un clima de s
El tema de la violencia política en el Perú, no ha escapado a la producción literaria y zozobra y ya no hay duda acerca del terror que está causando la lucha armada y la y
desde la narrativa, sobre todo, ha aportado una diversidad de propuestas tanto a nivel de clinado ante una pared respuesta de las fuerzas militares. Por eso, el tono de los textos ya no es evocador sino L
creación como de punto de vista. Estuvo de moda especialmente en la primera década frontal al mostrar una realidad cruda que tiene a dos bandos en pugna y que sugiera e
del 2000, en lo que vino a llamarse literatura de la violencia política, pero que, como bien con el pantalón caído una toma de posición. t
r
estudia y muestra Cortez (2018), tuvo sus primeros registros en la década del ochenta. “Función matinal” es la historia de un hombre que está reclinado ante una pared a
Entonces fue una literatura caracterizada por un “punzante flujo testimonial” (p. 14) y hasta las rodillas. En con el pantalón caído hasta las rodillas. En la pared que más bien es un murallón se s
de “denuncia de situaciones de injusticia” (p. 46), en comparación con la más reciente lee: “Viva la guerra popular, que muera el presidente”. El murallón está situado lejos
la pared que más bien
No
“que carece de esa actualidad del evento y aparece más bien, como una reelaboración del poblado. El hombre “alza de rato en rato la cabeza” (p. 45) y sus ojos “son bellos
de la memoria” (p. 14). Sin embargo, esa literatura pasó “desapercibida como conjunto y compasivos” (p. 45). Se trata de un relato de final abierto y carácter ambiguo que 32
coherente” (p. 14) por efecto de las “dinámicas de censura” (p. 45) propias de la época. es un murallón se lee: Ollé construye con maestría y que refleja la realidad que se vive entonces en la lucha
Esta temática no estuvo exenta en la obra de Carmen Ollé. Aunque de forma tan- anti/subversiva. La muerte tanto de terroristas como militares una vez capturados por C
que, o bien son militantes guerrilleras o líderes sociales, o bien mujeres que deben huir qué bando pertenece? De esta manera, el relato plantea posibilidades que se abren m
de las historias se advierte el uso de la ambigüedad, lo que permite representar las dos difíciles de discernir.
te”. El murallón está si-
O
caras de la moneda de esa parte de nuestra historia y que el lector se sienta interpelado. “El grito” da cuenta ―previo tono explicativo en los párrafos iniciales de pincelar l
En Noches… (1981 [2014]), es donde podemos leer los primeros atisbos. La voz del quiénes eran aquellas mujeres que “tenían la sartén por el mango” (p. 46) y que esta- l
”
de admiración/amor por ellas. Las ama “porque nadie sabe qué camino / han tomado
sus frustraciones” (p. 26). Y es de esta manera que la voz se apaga, porque prefiere como una gran fuerza que puede mover montañas, pero también como la expresión
mantenerse en silencio, “callada” (p. 26), aunque no esté “ausente” (p. 26). del dolor y la angustia que se vive por la situación del país. Así, la autora juega como
Elsa, Margarita y Sira son tres nombres, tres mujeres, tres muchachas, que confi- en “Función matinal” con posibilidades que interpelan al lector4.
guran el símbolo, acaso romántico, de la rebeldía y la insurrección, por alcanzar una Reivindicativo, pero esta vez crítico es el relato “Ángel del desierto”, que aparece en
sociedad justa, en medio del panorama incierto, todavía difuso, que se vive en Lima 2008, en una nueva edición de Una muchacha… (2002), donde se añade un conjunto
a comienzos del ochenta, donde no se sabe quién es quién y se ignora el verdadero de relatos. En este es la voz narrativa en primera persona quien se habla a sí misma.
impacto que va a tener Sendero. En efecto, en 1980, un año antes de la publicación Es María Elena quien ya muerta y ahora erigida en una estatua de bronce se lamenta
de Noches…, se había llevado a cabo la quema de ánforas en el poblado ayacuchano de la advertencia que le hicieron los amigos, las mujeres de la federación y su familia,
de Chuschi que marcó el inició de la guerra senderista en el Perú, pero eran ecos que de no seguir más en la lucha social, pero ella se contesta: “no puedo desairar a mi
todavía no llegaban en toda su plenitud a Lima. Contradictoriamente, en 1981, se habían pueblo” (p. 187). Es entonces en la pollada ―fiesta popular para recaudar fondos― que
registrado ya más de ochenta atentados menores en las zonas periféricas de la capital suceden los hechos y “fue como un grito que no llegué a dar y me reventó en el pecho.
(ver Gorriti 2008), como parte todavía de una guerra silenciosa, de baja intensidad que Primero las balas, luego una bomba sobre mi cadáver caliente” (p. 188). Es, pues, un
no mereció una respuesta frontal por parte del gobierno. Es decir, todavía no se podía guiño a la historia de la dirigente social y teniente alcaldesa de Villa El Salvador, María
sentir la afectación real del terror que iba a sobrevenir después. Por eso, el carácter de Elena Moyano (1958-1992), a quien Sendero Luminoso asesinó y luego dinamitó su
la voz narrativa/poética, en este caso, adopta el silencio admirativo por las estudiantes cuerpo. Pero en la ficción, el personaje también tiene una doble arista. Para unos era
militantes, por las tres muchachas que quieren cambiar el mundo, lo que la obliga a una agitadora, para otros una soplona. “[…] los militares creen que se libraron de una
evocarlas de una manera en la que admiración y el amor se funden en la palabra, en agitadora social; los comunistas, de una soplona” (p. 188), dice. De esta manera, Ollé
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Christian Reynoso
El grito de la violencia/ Ada, personaje puente
reivindica en este relato la figura de esta mujer, que deviene en símbolo, y que hoy es
recordada por su lucha en favor del pueblo. Pero la voz de la narradora aún cuestiona,
cuando doce años después el jefe de Sendero admite que fue un exceso inútil dinami-
tar su cuerpo. “Hipócrita”, le dice, porque a ella no la engaña, “volar un cadáver en mil
¿Cómo se pue- D
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pedazos es matar un símbolo” (p. 189), añade. En este relato, el recurso del grito que de pensar en Rimbaud r
t
Ollé emplea en el anterior, vuelve a escucharse, para cerrar la historia. Es el grito que e
le parece escuchar a María Elena, que le sube “desde el estómago a la boca” (p. 189), en circunstancias como s
Si bien estos relatos tratan en específico de la violencia, Ollé también ambienta estas?, les preguntaba a L
algunas de sus historias en aquella Lima crítica sumida en atentados terroristas, desa- e
pariciones e intervenciones militares. Por ejemplo, el escenario de una universidad con mis alumnos de la uni- t
r
grafitis que llaman a la insurgencia, tomada por el Ejército para reprimir y controlar el a
accionar de los alumnos, muchos de ellos simpatizantes de Sendero, o las intestinas versidad, a mediados de s
70 71
El grito de la violencia/ Ada, personaje puente Christian Reynoso
o María Elena. O la literatura en tanto transgresora debe cuestionar/reflejar/reinventar sexos biológicos y por encima del binarismo hombre/mujer. Asimismo, Ada nos permite
Ada cum-
dicha realidad, como Elsa, Margarita y Sira, o Edith6. conocer el mundo del latino migrante, que deja el país de origen con el fin de buscar una D
vida mejor. En este caso, desde el tránsito de una mujer que llega a los Estados Unidos, e
Ada, personaje puente donde se conjugan penurias y pequeñas felicidades y que, sin embargo, le otorgan a A
ple un papel puente, Ada un espacio de libertad donde podrá enfrentarse a sus temores y prejuicios que la r
t
Uno de los personajes recurrentes en la narrativa de Carmen Ollé que aparece en han venido persiguiendo desde la ciudad-jaula en la que vivía, la Lima de los noventas. e
en tanto representa un Situación parecida podemos ver en Sarah y en la protagonista de Una muchacha… s
diferentes relatos, a veces con nombre propio y otras innominado, y que muta de uno en
otro, en espacio y tiempo, pero que mantiene ciertas características comunes, es el de ambas en Lima/París, en un exilio voluntario, teniendo que afrontar la sobrevivencia del y
aquella mujer de clase media conservadora, de vida irresoluta, apática y cansada de su personaje articulador día a día, los quiebres familiares, la sensación del vacío, pero entregadas a un quehacer
creativo7 que les permite cuestionarse y mantener al mismo tiempo el ideal de libertad,
L
trabajo como profesora, absorbida por la rutina de la ciudad, al mismo tiempo deseosa e
que encarna un perfil tal vez para llegar hacia lo imposible, como dice Sarah. t
de emprender un viaje, lo que implica ganar más dinero ergo más trabajo, dedicada a r
la lectura y por momentos a escribir literatura o enredada en lances sexuales con algún Años después, en el libro Retrato de mujer… (2007), Carmen Ollé nos sorprende con a
complejo, que en la idea la aparición de otro personaje con el mismo nombre de Ada que, si bien aparentemente s
compañero de trabajo o, por el contrario, invadida por deseos lésbicos. Una mujer que
trata de superar su incertidumbre y descontento existencial, dotada al mismo tiempo no guarda relación con la de la novela, se trata de un personaje que va en ascenso
de personaje redondo
No
de una coraza que le permite encontrar satisfacción ―acaso felicidad― en pequeñas y adquiere mayor espesor al interactuar en más de un relato. Esta otra Ada aparece
cosas como tomarse un café o leer un libro. Una mujer que puede ser solitaria, casada primero en “En la oscura biblioteca”. En este relato, que puede ser leído en clave de 32
o divorciada, con hijos o sin hijos, o bohemia y entregada a la realización de un proyecto que plantea Ong (2016) aprendizaje literario y vital, la voz de la protagonista nos hace conocer sus andanzas
junto con su amiga Esther, en la Lima de la segunda mitad del sesenta, donde la lec- C
literario que a menudo se frustra, y que para escapar de la insatisfacción/indefinición se
posee lo incalculable de
a
echa a andar por calles, para observar, reflexionar y reírse de sí misma. tura, el ambiente bohemio, el cine, la poesía, son las motivaciones que las conducen. r
Este perfil podemos encontrarlo encarnado especialmente en Ada, la protagonista Es hacia el final del relato que aparece Ada, una muchacha artista, excondiscípula de m
ella, en Sarah de ¿Por qué hacen tanto ruido?, o en el personaje narrador innominado meses después de ese día, Ada se suicidó, tal vez como consecuencia de “la indife-
un desarrollo psicológico
O
de Una muchacha bajo su paraguas ―muy cercano a la propia autora a juzgar por rencia de su tiempo” (p. 29) con ella. ¿Acaso esta Ada juvenil de no haberse suicidado l
las coincidencias autorreferenciales―, o en Julia de “El chofer” y, asimismo, en una podría ser la Ada adulta de Las dos caras…? l
72 73
Christian Reynoso
El grito de la violencia/ Ada, personaje puente
ella, como ocurre con Ada hacia el final de Las dos caras... en un claro juego metafórico. Bibliografía
Asimismo, Ada expresa la representación autorreferencial de la propia autora, sin perder D
de vista los códigos de la ficción que definen toda literatura. Ollé logra perfilar en sus
e
distintas Adas a un personaje icónico que muestra a la mujer en la complejidad de su CATALÁ, Jorge A
Ada ex-
individualidad interior/exterior y que es capaz de romper los límites de lo convencional
r
2009 “La alteridad sexual en Las dos caras del deseo (1994) de Carmen Ollé”. En t
y escapar de la jaula. Finalmente, tal vez importe señalar que, en el plano de la reali- Chasqui, revista de literatura latinoamericana. Vol. 38. Nro. 1. Estados Unidos: e
dad, Ada (Ada Debernardi) fue una compañera de secundaria de Carmen en el colegio
s
University of Nevada, Reno. pp. 57-71.
Pestalozzi, a quien nuestra autora le guardó admiración. En 1968, a los 21 años, Ada
presa la representación CORTEZ, Enrique y
se suicidó (ver Reynoso 2015). 2018 Incendiar el presente. La narrativa peruana de la violencia política y el archi- L
la propia autora, sin 2018 “Desestabilizaciones del campo literario en el Perú de los años ochenta: la a
s
Muchos de ellos se pueden leer en Dreyfus, Huamán, Silva (2016). representación de la militante senderista en “El grito”, de Carmen Ollé, y “Los
Giovanna Pollarolo (2002), a propósito de la aparición de la novela no convencional Una muchacha bajo perder de vista los có- días y las horas” de Pilar Dughi. En Inte rpretatio. Revista de Hermenéutica. Vol. No
su paraguas (2002), indica que este libro estaba escrito desde 1980 junto con Noches de adrenalina
3 Nro. 2. México: Universidad Nacional Autónoma de México. pp. 227-242.
digos de la ficción que
32
―lo que confirma el interés temprano de Ollé por la narrativa―, pero que debió decidir por uno para DREYFUS, Mariela, HUAMÁN, Bethsabé y Rocío SILVA (eds.)
su publicación. Optó por Noches… que se publicó al año siguiente, en 1981. ¿Qué hubiera pasado 2016 Esta mística de relatar cosas sucias. Ensayos en torno a la obra de Carmen
definen toda literatura.
si optaba por Una muchacha…? ¿Hubiera tenido el mismo impacto que Noches…? ¿Cuál hubiera C
sido el destino literario de Ollé? Pollarolo responde: “De haber optado por publicar la novela, género
Ollé. Lima: CELAP & Latinoamericana Editores. a
cuyos parámetros suelen ser más disciplinadamente respetados, es posible que hubiera pasado GORRITI, Gustavo r
Al respecto, ver Santiváñez (2016), sobre la fusión de política y erotismo en Noches de adrenalina. sus distintas Adas a un 2015 Monólogos de Lima. Lima: Peisa. O
2014 (1981) Noches de adrenalina. Lima: Peisa. l
largo” de Julián Pérez, “Al filo del rayo” de Enrique Rosas Paravicino, “Castrando al buey” de Zein 2007 Retrato de mujer sin familia ante una copa. Lima: Peisa.
Zorrilla, “Escarmiento” de Dante Castro, “Harta cerveza y harta bala” de Luis Nieto Degregori, “Es-
peranza” de Luis Rivas Loayza, “Mi hermano Alberto” de Jorge Ninapayta, “Solo una niña” de Mario muestra a la mujer en 1997 (1992) ¿Por qué hacen tanto ruido? Lima: Editorial San Marcos.
Guevara, “Los días y las horas” de Pilar Dughi y “El legado” de Carmen Luz Gorriti, relatos en donde
1994 Las dos caras del deseo. Lima: Peisa.
el personaje femenino opera “una función muy distinta de la típica representación de una mujer victi- la complejidad de su 1988 Todo orgullo humea la noche. Lima: Lluvia editores.
mada o sin agencia ante las circunstancias sociales e históricas” (p. 47). Asimismo, Cortez encuentra ONG, Walter
individualidad interior/
un diálogo elocuente entre “El grito” de Ollé y los cuentos de Rosas Paravicino y Dughi mencionados,
tema en el cual no nos extenderemos. Para ello ver Quiroz (2012) y De Lima (2018).
2016 Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra. México: Fondo de Cultura
Económica.
Este es también un tema recurrente de la narrativa de Ollé, y merecería un estudio más amplio. Tiene
su germen en el relato “El baile” de Todo orgullo… y tanto en “El chofer” como en “Contingencia” de exterior y que es capaz POLLAROLO, Giovanna
Una muchacha… se plantea esta fascinación, lo mismo que en “Cena de Navidad” de Monólogos…
2002 “Desde el ensimismamiento”. En Libros & Artes. Nro. 2. Lima: Biblioteca
En “El baile”, una mujer, voraz de cultura, ama y toquetea en medio de una salsa con un exconvicto de romper los límites Nacional del Perú. p. 11.
que tiene el rostro marcado por algunas cicatrices. En “Contingencia”, una muchacha escritora se QUIROZ, Víctor
de lo convencional y
siente atraída por Tobías, el cocinero y chofer de la casa, pero exconsumidor y comercializador de
pasta básica. En “Cena…”, una funcionaria cuarentona sostiene una relación con un joven poeta
2012 “Autoritarismo y violencia política en el cuento peruano sobre el enfrenta-
marginal y anarquista. En estos relatos el impulso sexual es el botón que activa la fascinación por lo miento armado interno (1980-2000)”. En El Muro. Revista de Cultura y Política
desconocido o lumpen. De esta manera se dan encuentro mundos antagónicos y quebrados que se
compensan por la necesidad de satisfacer el deseo. escapar de la jaula. para América Latina. Nro. 2. [http://www.revistaelmuro.com/02/articulo_5.htlm]
REYNOSO, Christian
Para cerrar este apartado, cabe mencionar que, en la cronología sobre Carmen Ollé que se incluye en 2015 Entrevista a Carmen Ollé. “No me planteo ser parte del canon…”. En Espi-
el libro Esta mística de relatar cosas sucias (2016), se hace mención a un relato suyo titulado “Tor- nela. Nro. 3. Lima: PUCP. pp. 48-54.
turada” como parte del libro Von Schlächtern und Geschlechtern (Viena, Wiener Frauenverlag) en
1993. Sin embargo, no se trata de un relato nuevo. Torturada es más bien el título de dicha antología
RODRÍGUEZ ULLOA, Olga
alemana y el relato de Ollé que se incluye en ella es “El grito”. 2016 “Cuerpo en vilo: pensando a la escritora desde la narrativa de Carmen
Ollé”. En Dreyfus, Huamán y Silva 2016: 245-256.
Al respecto, ver Rodríguez Ulloa (2016), sobre la mujer escritora desde la perspectiva del cuerpo en Las
dos caras…, Retrato de mujer… y Una muchacha…
SANTIVÁÑEZ, Roger
2016 “Eros & Política: una lectura de Noches de adrenalina de Carmen Ollé”. En
Dreyfus, Huamán y Silva 2016: 161-173.
74 75
Las dos caras del deseo
Jèssica Rodríguez
Las dos caras del deseo, entre la literatura y la realidad
A
r
t
e
s
L
e
t
En los noventa, en Perú, un grupo de narradores, con distintos matices, toma dis- No
tancia de los prestigiosos escritores que los antecedieron y empieza a buscar nuevos 32
Entre las novelas ... Efec- rumbos. Esta generación no solo explora otros temas y recursos; también asume la
literatura desde otras perspectivas. En la novela, se deja de lado la representación C
to invernadero (1992) totalizante y se apuesta por el minimalismo, se experimenta con técnicas como el frag-
mento y la polifonía y se incorporan discursos culturales o contraculturales en sintonía
a
r
y la aclamada Salón de
m
con el cine, la cultura pop y los medios de comunicación. e
Entre las novelas que aparecen por entonces y que responden a estas búsquedas, n
belleza (1994) de Mario se encuentran Efecto invernadero (1992) y la aclamada Salón de belleza (1994) de
Mario Bellatín; Al final de la calle (1993), de Óscar Malca; Las dos caras del deseo
O
l
Bellatín; Al final de la
l
(1994), de Carmen Ollé; las polémicas No se lo digas a nadie (1994) y Fue ayer y no é
interior (1996), de Iván 1 Antes que Degregori y Eslava, en 1981, Antonio Cornejo Polar había señalado que la narrativa pe-
ruana desde los años cincuenta había seguido dos vertientes fundamentales: una primera, neoindig-
Thays.
enista, y otra, neorrealista urbana, que prevaleció. Sin embargo, también anotaba una tendencia que
denominó “ficción libre o de densa reelaboración literaria”, que se distancia del realismo canónico,
como en Loayza y en los primeros cuentos de E. Rivera Martínez. Con esta última línea se entron-
carían Bellatín y Thays.
2 Ya en 1986, Guillermo Niño de Guzmán, en la antología de cuento En el camino (Lima: INC, pp.
7-14), se había referido a los autores peruanos nacidos en la segunda mitad del siglo XX y que
empezaron a publicar en los ochenta como parte de la “generación del desencanto”, por su descon-
76 77
Jèssica Rodríguez
Las dos caras del deseo, entre la literatura y la realidad
ideológicas y políticas, y las estructuras narrativas se acercan más al diario y a las memorias. que se mueve la protagonista es interrumpida por el reencuentro con una antigua amante
Por otro
El lenguaje, por otro lado, se carga de significación y se convierte en el medio a través del y amiga, Martha, y su pareja, una joven de ascendencia japonesa aficionada a la poesía. A D
cual los personajes se instalan en un mundo marcado por la incomunicación. Todo necesita partir de acá, todo se trastoca. Ada se siente atraída por Eiko y, aunque lucha inicialmente e
ser resignificado para construir la identidad individual. por no traicionar a Martha, termina aceptando sus juegos de seducción. Sus avances con A
Este fenómeno no se da solo en Perú, sino en gran parte de Latinoamérica. Recordemos
lado, si bien es cierto Eiko la llevarán a enfrentarse a Martha y cortar con una relación intermitente que sostenía r
t
que a mitad de los noventa aparece la antología McOndo de Alberto Fuguet y Sergio Gómez,3 con Quiroga, un colega de la universidad. Harta del drama amoroso, de los reclamos de e
que pone en cuestión la asociación de la tendencia del “realismo mágico” a la identidad narra-
que la producción su madre, quien le exige que intente reconquistar a su marido, y ante la inminencia de una s
tiva latinoamericana y que alienta, en su lugar, la exploración de las identidades individuales crisis mayor en el país, Ada decide darle un giro a su vida y marcharse del país, como Luis. y
a partir de la deconstrucción de las identidades colectivas canónicas. En este escenario, las
obras más personales, transgresoras y originales, como la de Roberto Bolaño, se han ido narrativa de Ollé ha Luego de la separación, este había logrado “colocarse” convenientemente en una universi-
dad norteamericana y vivir con cierta holgura y, sobre todo, con reconocimiento académico.
L
e
abriendo paso en cada país.
comenzado a ser De pronto, la abulia y la contemplación que la habían envuelto con su manto gris ceden t
r
el paso a la luz de la esperanza en una vida nueva, lejos de mujeres mayores y castrantes, a
El lugar de Carmen Ollé reivindicada relati- como su madre y su vecina, y de amantes furtivos como Martha, Eiko o Quiroga que solo s
la distraen del vacío que la habita. Ada se decide, entonces, a pedir ayuda económica a su
vamente tarde –han
No
exmarido, en calidad de préstamo hasta que se acomode. Hasta este punto es evidente que
Las dos caras del deseo apareció el mismo año que No se lo digas a nadie, pero, a di- la protagonista busca romper varios lazos, pero lo que no resulta muy claro es para qué. 32
ferencia de esta, no generó el mismo impacto en la crítica, a pesar de que ambas ficciones
abordaban un tema todavía tabú por entonces: las preferencias sexuales alternativas. Las tenido que pasar más Como adelantamos, no nos parece que el centro de esa ruptura/liberación tenga que ver
con la definición de su identidad sexual. Ada quiere apartarse de una sociedad conservadora, C
primeras reseñas a la novela de Ollé señalaron como una debilidad de la novela la indefi-
de dos décadas, por hipócrita, reprimida y en crisis para instalarse precariamente en el “país de las oportunidades”, a
r
nición de la identidad sexual de la protagonista, una mujer madura que siente atracción, en con la secreta esperanza de que se opere un cambio importante en su vida, aunque no lo m
su momento, por hombres y mujeres.4 Posteriormente, Susana Reisz 5 será la primera en
ejemplo, para que tenga muy claro al final de la primera mitad de la novela. e
n
reivindicar la novela señalando que “la respuesta un tanto tibia de público y crítica a Las dos Luego de depositar la carta a su exmarido, el punto de vista de la narradora y la prota-
caras del deseo”, pese a ser la primera novela peruana que aborda el lesbianismo, frente al
su primera novela
O
gonista terminan de fusionarse: “Basta ya de Kafka, se dijo, y de los noctámbulos perdidos l
“revuelo” que levantó el primer libro de Bayly, “bildungsroman con un protagonista gay”, se del siglo pasado, de tankas y de haikus que atrapan una imagen instantánea para desha- l
debió al conservadurismo social y de la propia academia ante “un erotismo fluctuante, sin
alcanzara la primera cerla abruptamente a la salida de la clase. Prefería el realismo sucio y duro de una ciudad é
polo genérico fijo”. (1998: 47) extranjera. Los poetas huían siempre: Vallejo lo había hecho en su tiempo, Arguedas se
Antes de esta novela, la autora había escrito varios poemarios, el más reconocido, No-
ches de adrenalina, y un texto hasta cierto punto difícil de clasificar: ¿Por qué hacen tanto reedición había suicidado, Martín Adán se rehuyó en un sanatorio y Humareda, el pintor, había vivido
subyugado al pasado. Si los pintores y los poetas nunca habían amado Lima, ¿por qué ella
ruido? (1992), que Blanca Varela había calificado como una “mezcla despiadada de poesía y tenía que hacerlo?” (107)
realidad”, y que anunciaba el nuevo rumbo de su escritura, uno en el que la discusión sobre La perspectiva desde la que mira todo se ha vuelto implacable y mordaz, como cuando
el lugar de la literatura en la vida de sus personajes se vuelve fundamental. observa a unos profesores en la cafetería universitaria, tan vulgares y prosaicos. La prota-
Por otro lado, si bien es cierto que la producción narrativa de Ollé ha comenzado a ser gonista parece haber encontrado la pieza que le faltaba para comprender el rompecabezas
reivindicada relativamente tarde –han tenido que pasar más de dos décadas, por ejemplo, para de su vida: no hay que esconderse, hay que arriesgar(se), hay que salir a enfrentar lo nuevo.
que su primera novela alcanzara la primera reedición (Peisa, 2018)—, su audacia temática En Lima no es posible. Lima es “cuadrada y monótona”, un “damero en el que las personas,
no es su principal mérito. Aunque el título, Las dos caras del deseo, impone esa lectura como como hormigas, encontraban fácilmente su escondrijo habitual”.
eje narrativo, la de la doble orientación erótica del personaje, la obra ofrece más que eso. La respuesta de Luis tarda dos meses en llegar. No obstante, en ese tiempo, Ada co-
mienza a escribir a diario y logra concluir un relato romántico y gótico sobre Eiko, que luego
enviará sin firma a Martha.
Propuesta con varios focos Ya en Estados Unidos, Ada se aloja en la pensión de una amiga de Luis, en una ciudad
apartada y aburrida, Elizabeth, aunque con una zona comercial de intensa actividad. Luego
de trabajar unos meses como obrera junto a varias latinoamericanas, de conocer las formas
La novela gira en torno a Ada, una mujer separada, que vive sola en un pequeño departa- del abuso laboral de los migrantes y de desengañarse del mito del progreso americano,
mento y que trabaja enseñando Literatura en una universidad nacional de la capital, aunque decide marcharse a vivir sola.
dictar clases sea un suplicio para ella. Son los años 80, los del terrorismo y la hiperinflación, Gracias a su amistad con un rebelde haitiano que vende réplicas de arte africano y una
y Lima es un espacio gris y asfixiante, donde todos se miran con desconfianza. La seguridad curiosa mujer, una artista de la Martinica que vivió algún tiempo en París, Ada descubre que
de las pequeñas rutinas es el refugio de la protagonista, como ir los domingos a un cementerio también en el centro del mundo se puede vivir estancado y se pueden olvidar los sueños si
alejado de la ciudad o perderse en la oscuridad de las salas de cine. Esta tensa calma en la no se dejan atrás los miedos. “Me da la impresión de que te controlas demasiado. ¿Por qué
fianza en los proyectos socialistas y en rol político del artista. no explotas de vez en cuando?”, le reclamará Madame Eduarda. (221) Decide entonces dejar
3 Fuguet, Alberto y Sergio Gómez (eds.). McOndo. Barcelona: Grijalbo Mondadori, 1996, p. 16. Nueva Jersey, que se le ha revelado como un reflejo de Lima, y marcharse a una ciudad más
4 En “Los múltiples rostros de Las dos caras del deseo”, Carmen Tisnado analiza los primeros artículos que grande y cosmopolita a ser escritora. En Nueva York, volverá a experimentar “esa sensación
se dedicaron a este libro y encuentra esta coincidencia. de estar aislada, en una llanura inmensa, mirando caer el granizo o la lluvia”, pero la libertad
5 Reisz, Susana. “¿Transgresión o negociación?: sexualidad y homoerotismo en la narrativa peruana recien- de ser “auténtica” compensa esa sensación de soledad: “De pronto se sintió vacía, pero era
te”. Arrabal, 1998 n.° 1 p. 47-52.
78 79
Jèssica Rodríguez
Las dos caras del deseo, entre la literatura y la realidad
un vacío delicioso que no exigía ser llenado”. (239) Allá intentará escribir “un libro que logre
L as dos ca- sangre de un tigre, esto es, a liberarse de sus temores, termina siendo, en la consideración
despertar la emoción” (248).
La novela se cierra con lo que podría ser un nuevo romance con un polaco llamado
ras del deseo aborda, de Ada, una simple artesana que lucha por sobrevivir.
Uno de los méritos de la novela es su lenguaje. Viniendo Ollé de la poesía, uno podría
D
e
Franz, que de alguna forma la reconcilia con su cuerpo y su sexualidad a una edad madu-
ra, inseguridad que había sido alentada por su madre. También se sugiere un encuentro
con distinta intensi- esperar que esa procedencia marcara el lenguaje, pero este es, más bien, sencillo, directo,
preciso, lo que hace fluida la lectura. La complejidad se centra en la protagonista, y no por-
A
r
además de la orien- se habla del suicidio como una salida, pero la presencia constante de la muerte (las visitas
al cementerio, la funeraria frente a la pensión, la muerte de Evangelina, etc.) insinúan esa
y
La representación de la desolación L
tación sexual, como posibilidad. Igual capacidad simbólica, tanto de su relación con el haitiano como de la po-
sibilidad de cambio, tiene la máscara que Ada recibe como regalo.
e
t
la relación entre el
La novela está escrita en una tercera persona que rechaza la omnisciencia, el principal r
a
atributo de este tipo de narrador, para adoptar la perspectiva de la protagonista, con lo cual En suma, Las dos caras del deseo aborda, con distinta intensidad, varios asuntos, s
sujeto y su entorno
conocemos a los otros personajes solo desde la visión subjetiva de aquella. Esta visión además de la orientación sexual, como la relación entre el sujeto y su entorno inmediato,
unifocal permite una gradación de las figuras que se relacionan con Ada, desde Martha, el problema de la escritura, la función del arte en la vida postmoderna, la tensión entre la No
inmediato, el proble-
cuya caricaturización es una marca de distancia emocional, hasta Eiko, a la que rodea de autopercepción y la mirada de los otros, la lucha contra la mediocridad, la migración, el 32
un aura de misterio, señal de la atracción que ejerce sobre ella. progreso, la productividad, etc.
ma de la escritura, la
Ese mismo punto de vista ordena el escenario. Un lector peruano podría situar la ac- Todos estos temas son presentados desde la mirada intensamente subjetiva de la C
ción en una determinada época –fines de los ochenta o principios de los noventa del siglo narradora/protagonista. Por otro lado, es posible reconocer también en la novela cierta a
la vida postmoderna,
son obviados o se mencionan solo en su trivialidad, como observaciones inmediatas que
n
huir de Lima para concebir un hijo en los Estados Unidos, una criatura a la que Ada podría
revelan el ánimo de Ada, y, por supuesto, el marco general es ignorado: la crisis económica consagrase el resto de su vida. Hay aquí un cuestionamiento evidente al discurso machista O
la tensión entre la
la conocemos porque el sueldo de no le alcanza; la dictadura, por la presencia de los solda-
l
desde el cual se construyen los roles de género. l
dos en la universidad; el estado general de crispación, por la conducta de los estudiantes Finalmente, la fluctuación sexual de la protagonista, su, en palabras de Susana Reisz, é
autopercepción y la
en las clases; la chatura de la universidad, por la escena de la asamblea universitaria que “erotismo fluctuante, sin polo genérico fijo”, resulta novedosa por su naturalidad, por ser
la asquea y aburre. La consecuencia es la concentración de la atención en la peripecia vital presentada como no transgresora. De ahí que el título no tenga necesariamente que to-
mirada de los otros, la
de Ada, su adensamiento como héroe (antihéroe) problemático que lucha por salir a flote marse solo como referencia a las dos caras del deseo sexual, sino también a otros deseos
en un mar que está cada vez más próximo a ahogarla. opuestos: el de vivir o no vivir, el del spleen o el ideal, el del escribir/no escribir, etc.
lucha contra la me-
La relación precaria de Ada con su entorno –estamos ya muy lejos de la novela que hace Las dos caras del deseo es, sin duda, la novela más lograda de Carmen Ollé. No es
del personaje un ser definido por su inserción en un medio social– queda subrayada por su difícil que el lector medio se identifique con la historia de Ada: al margen de las diferencias
diocridad, la migra-
situación personal: mujer separada de un marido que vive lejos, sin hijos y ya sin posibilidad específicas de cada circunstancia, ese estado de ánimo es incluso más que generacional,
de tenerlos, con una madre distante, sin hermanos, con un trabajo que realiza solo para pues viene extendiéndose ya varias décadas en las que el individuo, huérfano de la religión
ción, el progreso, la
obtener un sueldo miserable, etc. Ada ha de ser uno de los personajes más desolados de la y las ideologías, sabe que solo en él radica la verdad de la existencia y el sentido del camino
narrativa peruana. Su humanidad se construye a base de fracasos, de pequeñas ilusiones que debe recorrer. No es casual que en un siguiente libro, Retrato de mujer sin familia ante
productividad, etc.
fallidas, destellos que no le proporcionan un norte. En eso se diferencia de las criaturas de una copa, la autora se pregunte: “¿Cómo se puede pensar en Rimbaud en circunstancias
Ribeyro, con las que podría tener alguna similitud, pues Ada no asume, ni siquiera avizora, como estas?”.
el fracaso: la suya es una vida de búsqueda permanente, aunque sin un sentido definido.
Este también puede verse en la organización de la novela. La estructura es lineal y los
acontecimientos van sucediéndose al compás de las emociones de la protagonista. La intriga
es inmediata, es decir, no se plantea un misterio o problema que vertebre la obra, sino que
está constituida de pequeños sucesos que se van resolviendo conforme se presentan. Las
relaciones con su colega Quiroga, por ejemplo, son meros encuentros sexuales a los que Bibliografía
Ada no sitúa en una perspectiva alentadora o imposible, sino como hechos que se extin-
guen a poco de empezar. Igual sucede con las relaciones con otros hombres y mujeres en López Degregori, Carlos y Jorge Eslava Calvo. “La ciudad secuestrada: cuatro autores de la narrativa peruana
de los noventa”. Lienzo, 2001, n.° 22, pp. 233-280.
la segunda parte. Incluso el reencuentro, algo inverosímil, en Nueva York con el haitiano Ollé, Carmen. Las dos caras del deseo. Lima: Peisa, 1994.
y el polaco responden a esa dependencia de los sucesos con respecto a las necesidades Retrato de mujer sin familia ante una copa. Lima: Peisa, 2007.
del personaje. Reisz, Susana. “¿Transgresión o negociación?: sexualidad y homoerotismo en la narrativa peruana recien-
te”. Arrabal, 1998, n.° 1, pp. 47-52.
Por la edad de la protagonista, no se podría decir que Las dos caras del deseo es una Tisnado, Carmen. Los múltiples rostros de “Las dos caras del deseo”. Letras Femeninas, vol. 36, n.° 1, núme-
novela formativa, pero sin duda es una novela “de camino” en la que Ada va experimentando ro especial: Por la visibilidad lésbica: la expresión del deseo lesbiano en la literatura, el arte, el cine y la
situaciones conocidas, pero que la enriquecen. Ninguno de los personajes es “ejemplar”, cultura hispana en un nuevo milenio (verano 2010), pp. 235-254.
en el sentido de constituirse en un guía; incluso Madame Eduarda, que la insta a tener la
80 81
Carmen Ollé en Hora Zero
y otras instantáneas del recuerdo
Róger Santiváñez
D
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A
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s
1
e
t
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a
s
A VECES -en el devenir de la vida- a uno le toca ser testigo de encuentros impor- No
tantes y/o decisivos para la existencia de otras personas. Es lo que me ocurrió una
32
buena y tranquila mañana de 1975 en la esquina del cine Colón en la plaza San Martín
de Lima -a la sazón- paradero inicial del bussing y de los autos colectivos que iban a
Del mismo
C
Miraflores. Me encontré -en la cola- con una pareja de poetas jóvenes. Carmen Ollé y a
Enrique Verástegui. A ella la conocía apenas -como se dice- de Hola y chau porque la r
Desde el año anterior -en una visita limeña desde mi natal Piura- tomé contacto con el O
el matrimonio de la pa-
en Lima y seguir estudios de Literatura en San Marcos- a fines de marzo de 1975. Ve-
rástegui trabajaba en el diario La Crónica y tras cerrar su colaboración allí, solía darse
po después, me parece
Carmen Ollé estaba trabajando igualmente en La Crónica y esa mañana que
rememoro en esta página -según supe después- había aceptado una invitación de
obtenido la preciada
a su alegría: Carmen me parecía una linda y simpática chica. Además una excelente
poeta ya que -por azares del destino- llegó a mis manos el original mecanografiado
82 83
Ròger Santiváñez
Carmen Ollé en Hora Cero y otras instantáneas del recuerdo
de la entrada, me encontré con un pequeño grupo en el que destacaba Jorge Pimentel -uno amable seriedad del caso- a integrarnos al Movimiento que él lideraba. No fue una sorpresa
de los fundadores de Hora Zero- muy sonriente alzando su copa en medio de la algarabía debido a que -en las extenuantes e inútiles sesiones de La unión libre- Pimentel ya nos había
que los tenía reunidos: Carmen y Enrique acababan de casarse en horas del mediodía. Yo ido expresando su deseo. Aceptamos de buena gana: Yo admiraba a Hora Zero desde mis
-siendo un muchacho bastante tímido y menor que ellos- los saludé respetuosamente, a lo
que ellos me respondieron invitándome a compartir la celebración allí mismo.
Recordé un crepúsculo miraflorino en que deambulaba por la Avenida Larco y el parque
Me tocó adolescencia piurana cuando lo había descubierto -al salir del colegio en marzo de 1973- a
través de la antología de la generación del 70 Estos 13 de JM Oviedo encontrada en uno
de los anaqueles de la librería Studium de mi ciudad natal. Así fue cómo pude militar (como
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Kennedy ¿cuando súbitamente me encuentro con Verástegui. ¿Qué haces? -me pregunta
Enrique. Nada -le contesté. Entonces me propuso que lo acompañara a su casa, la que
encargarme de la me gusta decir a mí) en Hora Zero junto a Carmen Ollé, quien también constituía – por en-
tonces- una novísima integrante de dicha agrupación.
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habitaba con Carmen al final de la Avenida León Velarde en Lince ya casi en la esquina con
la Salaverry. Hasta allí nos dirigimos en un taxi. Recuerdo que en el camino Jarry (como lo
edición de la plaquet- En efecto, Carmen -si bien exhibía su firma en los manifiestos Contragolpe al viento,
documento de la reunificación horazeriana de 1977, así como en Mensaje desde afuera
s
y
llamaba por su apelativo familiar) me hablaba del rigor de la poesía de Juan Ojeda. Por fin
llegamos a su casa y pasamos -tras saludar a su suegra- a su cuarto en el segundo piso.
te Antología terrestre de HZ-Internacional lanzado en París y Mensaje desde adentro ambos circa 1978 y 79- en
realidad había circunscrito su participación exáctamente a eso: firmar solidariamente junto
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Allí estaba Carmen, con quien pude conversar un poco, pero sólo un poco porque Enrique
procedió a mostrarme -vívamente entusiasmado- el original mecanogriafiado de Monte
que HZ editó para a su compañero Enrique Verástegui los pronunciamientos del grupo. En cambio, ya en Lima
en 1981 -con la agitación que desencadenamos organizando el Recital Mayor del mes de
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a
de Goce y a leerme los intensos poemas del extraordinario libro que había compuesto en
Cañete dos años antes. Sentados sobre la cama, Carmen nos observaba complacida. Eran
el Recital Mayor. febrero en un canchón al lado de un bar del jirón Moquegua- Carmen Ollé se unió activa y
entusiastamente a las reuniones previas aportando su valiosa opinión en todos los planos
s
un magnifico poema Me tocó encargarme de la edición de la plaquette Antología terrestre que HZ editó para
reza Morir es un acon- con los presupuestos poéticos de HZ y también con el tono de su primer y celebrado libro e
n
Por los años de 1978-79 tuve una memorable comunicación epistolar con Verástegui, Noches de Adrenalina publicado en 1980 bajo el sello Cuadernos del Hipocampo del inol-
tecimiento social que vidable profesor y amigo Luis Fernando Vidal. Carmen Ollé se colocó -como se dice- en la O
Lima-Barcelona y después Lima-París. Eran los días en que yo militaba en el grupo La Sa- l
grada Familia aún cuando habían ciertas contradicciones con Hora Zero que se acababa cresta de la ola con dicha obra.Sin duda, fue el trabajo de poesía más avanzado -en cuanto l
constituye una lúcida a lenguaje y por su propuesta ideológica- de aquel conspícuo principio de la década de los é
de reunificar en 1977, recuerdo que Enrique -en sus misivas- me proponía trabajar por la
unidad de ambos colectivos. En una de sus cartas por fín me anuncio que volvía al Perú junto 80s. La fresca y desenfadada dicción de nuestra poeta – y la revelación de sus temas que
a Carmen y a su pequeña hija Vanessa. Y ya corría el año 1980. Así fue como -devueltos exploración por los por vez primera se tocaban con toda claridad en la poesía peruana- pusieron a Noches de
Adrenalina a la vanguardia del género en el ámbito latinoamericano. Una mujer hablaba
a la casona de Lince- yo visitaba a la pareja y mientras los esperaba en la sala, muchas
veces me ponía a jugar con Vanessa quien tendría tres o cuatro años de edad. A la niña contornos societales con valentía, inteligencia y brillantez sobre la dimensión sexual de la persona humana, así
como enfrentaba al Orden Establecido de los Pater Familiae con lúcida radicalidad e ironía
le encantaban los avioncitos que yo creaba para ella con hojas de papel y los hacíamos
volar entre el vestíbulo y la escalera, celebrando con su risa cada aterrizaje forzoso de los que rodean la desapa- implacable. El Sistema burgués-patriarcal, la religión opresora, la hipocresía de la gran farsa
social del mundo y los Estados; quedan hechos añicos ante la cosmovisión olleiana -here-
frágiles aeroplanos.
En ese 1980 -a partir de mayo- comencé a ver a Verástegui casi todos los días pues rición de una persona dera personal de un pensamiento que vendría de París, mayo 1968- y todo expresado con
mordaz y sincera audacia no exenta de la natural gracia femenina: “ He vuelto a despertar
ambos trabajábamos en la misma oficina de Inactuales en El diario de Marka. Yo andaba
en un Volkswagen -obsequio de mi padre cuando me trasladé a San Marcos- de modo que en Lima a ser una mujer que va / midiendo su talle en las vitrinas como muchas preocupada
-con frecuencia- veía a la pareja cuando llevaba a Enrique a su casa. Me hacía pasar para / por el vaivén de su culo transparente. / Lima es una ciudad como yo una utopía de mujer.”
invitarme un té o una limonada y allí departía con mis dos admirados poetas. A la sazón
ambos asistían eventualmente a las reuniones de La unión libre un intento de Frente Cultural
-de inspiración marxista- impulsado por un sector de La Sagrada Familia -tras su disolución
ocurrida en abril de 1979- y por HZ-2da Fase (como era denominado en aquellos días de
agitación) más los poetas dispersos del Wony, artistas del Taller Huayco, la célula de cultura
del POMR y otros involucrados. Como era de esperarse, la olla de grillos que en realidad
5
era La unión libre sucumbió después de casi un año de negociaciones improductivas en el
departamento del gordo Pepe Benavides en La Colmena y en el hotel La Casona de Miguel Pasó el tiempo. El mundo da vueltas. Vino y se fue la experiencia Kloaka. En el verano
Burga en el jirón Moquegua. de 1984 asistí al matrimonio de Rosina Valcárcel en la Municipalidad de La Victoria. Me
encontré con Carmen en las escaleras del edificio. Tuvo una hermosa palabra para mí en
4 En diciembre de 1980 la poeta Dalmacia Ruíz Rosas -mi compañera de aquellos años
momentos en que yo enfrentaba una situación poco grata por un desamor consumado. Y
me aseguró que -en un poema mío aparecido en esos días en la revista Hueso Húmero- ella
había sentido una resonancia de En los extramuros del mundo de Enrique Verástegui. Eso
envolventes- y quien redacta este testimonio fuimos convocados por Jorge Pimentel a com- me dio gusto y salimos al sol de la Plaza Manco Cápac para irnos a la fiesta de celebración
partir unos cuba-libres y un suculento salame a su departamento, sito en Miraflores en el nupcial. En noviembre de 1985 coincidí con ella en el aeropuerto: ambos viajábamos invitados
Paseo de la República. En dicho cónclave el fundador de Hora Zero nos invitó -con toda la por la Casa de las Américas al Segundo Encuentro de intelectuales por la soberanía de los
84 85
Carmen Ollé en Hora Cero y otras instantáneas del recuerdo Ròger Santiváñez
pueblos de nuestra América en La Habana. Eramos los dos únicos poetas de la delegación extranjero con otras ilusiones: mi esposo era un destacadísimo escritor y soñaba con publi-
peruana, de modo que la pasamos juntos buena parte de la cita cubana. Fuimos -el primer
día- a la Fortaleza colonial El Morro y -durante los tres días del congreso- degustamos
algunos daiquiris en la terraza más fresca del Hotel Riviera -donde nos alojábamos- sobre
...impac- car en las mejores editoriales europeas. En efecto, ganó varios premios pero las editoriales
europeas se hicieron de la vista gorda y los vientos no soplaron a nustro favor, salvo los de
la bahía de Mahón donde nos confinamos para ver pasar los yates y barcos de los podero-
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unos arrecifes contra los que se estrellaban las azules y cuasi violentas olas del mar Caribe. tada por la estela de sos”. Esto quizá guarda relación con otra sentencia importante del universo olleiano: “Así es A
Posteriormente -fan como siemre me he preciado de ser de su obra- me acerqué a La la vida, una se muere por algo todo el tiempo y cuando lo tiene a mano lo arroja al olvido”.
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Rimbaud, el mucha-
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Noche de Barranco donde Carmen presentó su libro Todo orgullo humea la noche y al final Sobre el tema de su generación -y su accionar como militante de Hora Zero (que hemos e
cuando me acerqué a saludarla, ella me sorprende obsequiándome un ejemplar dedicado comentado líneas arriba)- es pertinente destacar esta opinión suya: acerca de un hippie
s
que rezaba: “Al poeta de las flores eléctricas”. Hasta el día de hoy guardo esa página en cho de Charleville; marihuanero con quien “estaba en un balneario del sur haciendo el amor” nos dice: “Aquel y
la membrana más clara de mi corazón. Igualmente visité el local del Centro Flora Tristán hippie se decía poeta y como los poetas de entonces era un barbón medio místico. Andaba
de quien afirma: “no
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la noche feliz en que Ollé lanzó su texto de prosa poética narrativa “¿Por qué hacen tanto con el diario del Che siempre bajo el brazo, caminaba sobre las olas pensando en las imá- e
ruido?” con brillante discurso de Antonio Cornejo Polar. genes que le habían legado Eliot, Pound y Ginsberg, olvidado ya de Rimbaud, Baudelaire,
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deja de atraernos,
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Mallarmé. El librito rojo de Mao Tse Tung era también la Biblia de los que creían, como él, a
en las cien rosas de la revolución cultural. Estos autores definieron el destino, entre trágico
s
6 que lo hacen todos Ollé escribe: “Para entonces el general Velasco Alvarado ya había expropiado las haciendas 32
y muchos latifundistas se ahorcaron en los baños de sus departamentos de Mirafflores, San
los vagabundos. Irse, Isidro, o de la Avenida Salaverry.” Sin duda, la transformación que se operó en la sociedad C
a
peruana, la cual quebró el espinazo de la oligarquía tuvo una resonancia palpable en la
marcharse, perderse
r
Esta historia comienza en realidad en la populosa Avenida Abancay de Lima a mediados poética del 70 y de Hora Zero, incluyendo la que subyace -de todos modos- en la cuidada m
e
de los sesentas. En 1966 más exactamente, cuando Carmen Ollé y su amiga íntima Esther dicción de Carmen Ollé en su Noches de Adrenalina: “Margarita Elsa Sira se perdían en
en lo ajeno y en la
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Castañeda visitaban diariamente la Biblioteca Nacional. En aquellos días ellas ya componían la Avenida Venezuela / y colocaban cartels en la noche sobre paredes musgosas. / De día
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sus primeros versos y se dejaban encimar por Juan Ojeda, quien les espetaba: “Veo la locura interrumpían las clases de metafísica con rabia / y aplaudíamos esos cabellos sudoroso
lejanía acaso se parez-
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en sus ojos”. En esa época nuestra poeta aún no conocía a los “hippies horazerianos” como y negros sobre / la espalda”. Igualmente el poema “DAMAS AL DOMINO, Vals o minué l
é
los ha llamado, pero ya sabia deambular por las calles de la ciudad a la espera de cierta (una escena)” inserto hacia la mitad de Noches de Adrenalina podria decirse se enmarca
sorpresa y se sentía profundamente impactada por la estela de Rimbaud, el muchacho de ca a la fascinación que -aunque siempre con un toque muy personal- en los presupuesto de la Poesía Integral Ars
Charleville; de quien afirma: “no deja de atraernos, de la misma manera que lo hacen todos Poetica de Hora Zero básicamente expuesta por Juan Ramírez Ruiz en su libro Un par de
los vagabundos. Irse, marcharse, perderse en lo ajeno y en la lejanía acaso se parezca a la ejerce sobre nosotros vueltas por la Realidad.
fascinación que ejerce sobre nosotros la muerte, el llamado de lo oscuro, la provocación del Sin embargo la posición de Ollé es autocrítica. Afirma: “El tiempo es un lector extraño
deseo hacia lo oculto o el viaje del vampiro, que ennoblece nuestros corazones viajeros y la muerte, el llamado y no ha pasado en vano. La gente se mofa de los poetas de mi generación.” Más adelante
los vuelve extraños a la rutina, a lo sedentario, a la molicie, a la gordura”. reflexiona sobre el destino: “O las cosas van por otro camino o yo sigo en el desierto, con la
La historia prosigue -como ya hemos apuntado- en Europa. Concretamente en la calle de lo oscuro, la provo- cara cubierta como los beduinos, impulsada por el simún y llego siempre a la misma casa
Obispo Sivilla de Barcelona. Hasta allí llegaba -al piso en que Carmen vivía con el horazeriano a encontrar el mismo rostro ante el espejo, que va dejando de parecerse a mí, hasta que
Enrique Verástegui- el infrarealista Roberto Bolaño en el invierno de 1977 para despotricar de cación del deseo hacia pierda definitivamente el rastro”. Para agregar inmediatamente: “Y sin rastro, los poetas de
Octavio Paz, lo que generó una discusión y posterior rompimiento entre ambos poetas. Pero mi generación están perdidos. Si acaso las revistas o los periódicos se ocupan de los poetas
diez años antes -en 1967- Carmen vivió en Degenrndorf, pequeño pueblo de campesinos en lo oculto o el viaje del del 70 es sólo para burlarse de su fracaso”. Pero luego aclara: “En realidad el fracaso es
Baviera , sur de Alemania. De esa experiencia la poeta recuerda “En Degerndorf me sentía sólo un accidente, no existe como tal”.
libre, aunque paranoica. Obsesionada por los nazis, le temía a mi profesor de alemán, por algo vampiro, que ennoble-
se llamaba Wolf, ‘lobo’ en su idioma”.Y luego: “En la orilla de un oleaginoso lago, Wolf había Epílogo
intentado desvirgarme con tanta torpeza que pude guardarme para una segunda ocasión en ce nuestros corazones
nuestra Lima aburrida y fea”. Esa segunda ocasión está graficada en Noches de Adrenalina:
“Despierto y mje levanto de un viejo catre /…/ he venido del brazo de mi compañero de clase viajeros y los vuelve Interesante posición la de nuestra autora. Siempre en el difícil equilibrio de una lucidez a
toda prueba y dejándonos -a nosotros sus lectores- la abierta posibilidad de definir una opción
por un solo motivo” y después: “en el sucio y pobre / HOTEL ASTUR yo experimenté el tan
ansiado orgasmo / simultáneo / no dejé de ser virgen entre aires bucólicos o bosquecillos / extraños a la rutina, personal. Actualmente Carmen Ollé es una de las voces más importantes de la poesía en
lengua española a ambas orilas del Atlántico. Podemos vaticinar que su obra quedará -ya
de pinos / dejé de tener himen como de tener amígdalas en una operación / de dos horas”.
Poco romántica experiencia que la poeta sabe transformar en poesía. a lo sedentario, a la está quedando- inscrita para siempre en el horizonte infinito de la poesía. Para componer
este artículo han sido mis fuente dos de sus títulos: Retrato de una mujer sin familia ante
molicie, a la gordura” una copa [Peisa, Lima 2007] y el histórico Noches de Adrenalina [Libros de Tierra Firme,
7
Buenos Aires 1994] así como los intrincados recovecos de mis recuerdos, porque como
escribe Carmen Ollé: “Escribir es buscarse en la sonrisa de la fotografía / la memoria es la
figura inmóvil en el álbum color / almenda”. Así sea.
Un aire de melancolía sentimos al leer estas frases de Carmen Ollé: “De nada sirvió que
les contara que después de casada y ya con una niña de seis meses habíamos partido al [Orillas del río Cooper, Spring and All, sur de Nueva Jersey, abril de 2019]
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Las respuestas de Carmen Ollé
La poeta se desnuda y estornuda
Sandro Chiri Jaime D
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Eran tiem-
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frontal. En estos diálogos, lo máximo que se evidencia es la actitud del entrevistador:
ni agresivo ni condescendiente, solo preciso y curioso. O
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menesteres y cuando los hay, nos topamos con respuestas políticamente correctas,
que Ollé ejercicía la emitidas casi en piloto automático y por compromiso, quizás porque el artista intuye
que será inevitablemente editado. Por eso, muy pocos escritores se animan a develar
docencia en la Univer- sus confidencias y enigmas por la alarma que les produce ser malinterpretados, ta-
chados o señalados. No hace mucho, el buen Alfredo Bryce Echenique, por ejemplo,
sidad Enrique Guz- nos regaló la primicia de que presto estaba a publicar las evocaciones veraniegas de
su infancia en una conocida playa del Callao, con el sugestivo rótulo de “De La Punta
mán y Valle, La Can- madre”. Algo pasó en el interín, pero lo cierto es que el título del volumen, estamos
casi seguros, será otro.
tuta, casa de estudios
Este ensayo, sin embargo, concentra su interés en las declaraciones —sensibles e
que fue escenario de inteligentes— que la escritora Carmen Ollé Nava (Lima, 1947) ofreció en cinco entre-
vistas. En ellas, los diálogos se mueven sobre tres ejes: la última entrega editorial de la
hechos luctuosos y autora, el interés académico de algún investigador académico o las reflexiones cívicas
y estéticas de la poeta. Ya el periodista argentino Jorge Halperín ha definido el género
de violencia extrema con esta esclarecedora frase: “Una entrevista es buena cuando se ha conseguido un
equilibrio entre información, testimonios y opiniones”.
durante los ‘80 y años
A la luz de los diálogos elegidos, detectamos que las dos primeras se llevaron a
posteriores. cabo en años terribles para la historia peruana última (1986 y 1988); es más, en la
primera de ellas, la autora describió la década en que se vivía como “particularmente
dramática”. Para luego reconocer que los artistas que producen una obra de carácter
intimista, que ella adjetivisa como “ensimismada”, son menos favorecidos por el público
lector de aquellos años. Eran tiempos, por cierto, en que Ollé ejercicía la docencia en la
Universidad Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta, casa de estudios que fue escenario
de hechos luctuosos y de violencia extrema durante los ‘80 y años posteriores. La que
siguió (2007), en cambio, se llevó a cabo dos décadas después, mientras que las dos
restantes (2015 y 2018) se distancian treinta años de las primeras. Es decir, las últimas
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Sandro Chiri Jaime
Las respuestas de Carmen ollé:La poeta se desnuda y estornuda
dos entrevistas se realizan en nuestra época la poesía, pero lo que más le alarma a nuestra pensamiento científico encontrará en él res- está próxima a cumplir 41 años. En primer
“Conocí a La autora
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que se caracteriza por los cambios profundos, poeta son las opiniones fundamentalistas, puestas más poéticas sobre el sentido de la lugar, el entrevistador ubica Noches de adrena- e
acelerados y universales, que suponen una como la que sostuvo una profesora quien “hizo vida, sobre la aparición de la vida. Incluso hasta lina (1981) como un libro de línea confesional,
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verdadera transformación tecnológica, social otro tipo de comentario a propósito del libro, ya puede dejar de utilizar categorías literarias muy al estilo de Leiris y Bataille; es decir, como
una secretaria a la es harto explícita
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y cultural. que consideraba que el poemario [Noches...] tan manoseadas a partir de su conocimiento un poemario donde la voz lírica que enuncia t
merecía ocultarse de la mirada de las alum- de algunos principios científicos en torno a la ha cometido “un acto liberador”. Ante ello, Ollé e
1986 (el que no entiende la poesía, la que se siente poema de Noches nes: “La literatura En la parte final del interviú, se le pide que La ficción que elaboro siempre parte de un L
sensibilizada por los textos y la que propone esboce su poética, pero la escritora afirma hecho concreto, de algo que me conmociona e
profesional de la medicina, me confesó que no adolescencia, un escritor o una escritora, como lidad y Fantasía se confunden de tal manera
m
a Neruda”. Contado el caso, Carmen desliza para seguir siendo escritor o escritora”. frente a mí”. Sus últimas opiniones ponen én- siones: “La literatura es también un medio de
escrito: la imagen de la literatura, la
O
una explicación, muy propia de una auténtica fasis a la inexistencia de editoriales peruanas vivir. Una vez que he realizado esta ficción, una l
maestra y creadora: “Las dificultades para com- La entrevistada muestra temple y ejemplar capaces de difundir la producción de escritores vez que la he vivido a través de la literatura,
l
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Las respuestas de Carmen ollé:La poeta se desnuda y estornuda
Sandro Chiri Jaime
“Entonces
empecé a tener
vergüenza por-
descubrirá la poesía luminosa de Rimbaud y
el estilo de Bataille que mezcla filosofía con
do estar muy vital y, de pronto, muy apagada
[…], no ordeno mi vida hacia metas y no llego
que la gente me puedo comparar el orgasmo con la satisfacción
después de haber escrito; no es exactamente
a lo que yo quiero ahorita es la prosa”. Pues es
sabido que el talento de Carmen Ollé, después D
su vida interior y su vida sexual. De este último a alcanzarlas progresivamente”. Finalmente, la miraba como si lo mismo; sin embargo, hay algo de esto. La de su poemario símbolo, Noches de adrenali-
e
aprendió a meditar e introducir la vitalidad de la escritora que ya entró a la cuarta década de su pulsión que hay hacia el objeto que se desea na, discurrió hacia la narración de ficción. Una A
experiencia. Sin duda que la familiaridad con existencia, confiesa que no es nada metódica. estuviera miran- podría ser equivalente a la pulsión que existe decena de títulos así lo avalan.
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Rimbaud la llevará a admirar la poesía peruana por encontrar en el texto las palabras que ex- e
de los años 70, sobre todo la del grupo Hora Como era de esperarse, el profesor For- do a un verda- presen esos estados de ánimo […]. Pero, de En buena cuenta, la extensa y minuciosa
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Zero y, más precisamente, la poesía de Enrique gues la invita a que narre su experiencia hecho, el placer sexual que se tiene con una entrevista realizada por el profesor Roland y
ellos traen y, a través del estilo, yo encuentro bautizó con experiencias duras en tanto que Pero yo siempre que pueda tener con alguien es incomparable. tendencias de la poesía peruana del siglo XX
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mi propia voz”. tuvo problemas económicos, como los miles La relación con el texto es diferente, aunque, y, por cierto, la voz de Carmen Ollé era de ne- a
de inmigrantes en Europa, y que enfrentó con me apartaba de como te digo, exista esa pulsión que acerca a cesaria presencia en tanto que su producción
s
Hábilmente, Forgues la invita a hablar sobre inusual coraje para sobrevivir. Ollé confiesa sin las dos”. sigue siendo harto representativa de las letras
la autora. Yo era
No
la liberación de la mujer contemporánea, lo que tapujos lo siguiente: “allí sentí que me estaba peruanas última.
la poeta aprovecha para señalar que “la mujer defendiendo sola; sentí que estaba por primera La contundencia de la respuesta de Carmen 32
está un poco disminuida porque la sociedad
está hecha para el hombre”. Señala que mu-
vez lejos de mi familia y que era capaz de comer
sin que nadie me diera un plato de comida, de
yo y la autora era prácticamente obliga al entrevistador a bifur-
carse por otros tópicos: la soledad, la pérdida 2007 C
”
decisiones antes de su versión final. esos deseos no satisfechos los voy realizando casi a finales del siglo XX, acaso por eso se consecuencia de la sensación de hartazgo en
en el texto, y es una satisfacción, no sé si plena, comprende la indignación de la autora real que que se encontraba la autora: “Llegó un mo-
De pronto, la entrevista cobra un giro ines- pero también grande”. se evidencia en sus declaraciones. mento —dice— en que me sentía una mujer
perado cuando se le pide que se autorretrate. virtual, sin vida propia. Toda mi vida estaba
Ahí, la poeta limeña admite que le gusta la El maestro Forgues insiste no con una La parte final de la entrevista discurre en en la computadora, en Internet y en lo que
paz: “He vivido mucho tiempo en ambientes pregunta, sino con un comentario frontal: el tránsito que va de la poesía a la narración, leía. Prácticamente no veía a la gente”. Estas
neuróticos y trato de huir de ellos”. No obstante, “Cuando escribes, de alguna manera, es como ya que Ollé manifestaba vivo interés por ese emociones la empujaron a reflexionar sobre
Ollé reconoce que se aburre muy rápido de las hicieras el amor”, y nuestra poeta argumenta género: “En el poema no puedo abrirme com- la existencia humana y personal, por eso, a
cosas y de las circunstancias, y que también con sincera naturalidad: “A veces sí”. A partir pletamente, y lo que necesito ahora es desbor- través de las páginas de Retrato…, evoca los
cambia de ánimo con mucha frecuencia: “Pue- de ahí, Ollé matiza su respuesta: “De hecho no darme. Entonces, la forma que mejor se ajusta tiempos en que la autora deseaba vívidamente
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Sandro Chiri Jaime
Las respuestas de Carmen ollé:La poeta se desnuda y estornuda
viajar, amar, sentir la vida y, sobre todo, escribir critores canónicos: Rimbaud (el poeta maldito donde figuraban nombres como el de Mario el jardín era incitante para los chicos u hombres
ficciones.
A
palabras ‘sinceridad’ y ‘honestidad’ en tanto te la novela latinoamericana) y Patricia Highs- modelos de vida puesto realmente en contacto con la poesía en r
t
que las siente trilladas y vacuas porque sabe mith (la novelista norteamericana famosa por Cuando Jaime Cabrera le pide que emita un cuarto de secundaria cuando encontró textos e
que “la literatura es producto del trabajo, y la sus obras de suspenso). Al primero, Carmen que veía en las his- juicio sobre el galardón recibido, Ollé confiesa de algunos íconos de la poesía moderna: “Lo s
sinceridad puede ser un efecto literario”. De ahí lo leyó con fruición desde su adolescencia; al que lo recibe “con mucho agrado”, porque siem- que encontré en los versos de Lautréamont, y
que cite la rigurosidad de Alejandra Pizarnik segundo lo conoció en Barcelona y fue testigo torietas. Veía que pre “es una buena noticia cuando a uno le dan Rimbaud y Breton fue el misterio y el enigma. L
en su producción poética: “Para parecer tan de sus inicios y del enorme esfuerzo que hizo una distinción por su obra. Eso significa que Eso me abrió una puerta, me interesó mucho”. e
‘sincera’, ella corregía en extremo”. para convertirse en un escritor profesional; y a Goethe se iba al ha pasado el tiempo y que uno lo ha invertido Confiesa, asimismo, que la poesía de César t
r
la tercera le dedica este comentario: “Highsmith para bien de los lectores”. Luego confiesa que Vallejo fuer realmente impresionante para una a
Cuando Ollé cuenta el génesis de Retrato … es un paradigma, una mujer extraña, solitaria. campo con su libro no le gustaría quedar en la historia de las letras sensibilidad como la de ella, y que Blanca Va- s
reconoce que empezó a escribirlo haciéndose Es una gran escritora, y el título es un home- peruanas como “autora de un solo libro”, porque rela seguirá siendo “la poeta mayor del Perú”.
y que se sentaba
No
“un montón de preguntas angustiantes sobre naje a ella”. Confiesa, además, que dos de finalmente “eso es algo que nadie quisiera”.
lo que me rodeaba”. Apela, a continuación, al sus amigas entrañables la leyeron con deteni- Cuando Jaime Cabrera la pregunta por 32
estado anímico que la empujó a escribirlo: “no miento: Giovanna Pollarolo y la desaparecida junto a un árbol. Yo Cuando se le recuerda que es la primera sus estudios universitarios, Ollé confiesa que
sabía adónde iba y de dónde venía. Empecé Pilar Dughi. escritora en recibirlo, acota: “En esta sociedad, quería estudiar Letras y no Educación, pero C
al parque Ramón
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ficos, de paleontología, de filosofía y arte”. Por de Carmen Ollé por reinventarse como escri- de género”. Luego conviene en señalar que pregunté a una chica que estaba a mi lado qué n
entonces, lo que menos le interesaba como tora a inicios del siglo XXI. Sus esfuerzos son la mujer, en la historia de la humanidad, ha debíamos poner. ‘Pon Educación’, me dijo, y
Castilla y me sen-
O
receptora eran los ensayos literarios que le loables y llama la atención el hecho de que cumplido un rol fundamentalmente doméstico, eso hice. Nunca me cambié de carrera porque l
parecían retóricos en exceso: “La única manera Retrato… se haya convertido en poco tiempo pero admite que eso “ha cambiado mucho”. siempre he detestado hacer trámites. Ahí me l
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Sandro Chiri Jaime
Las respuestas de Carmen ollé:La poeta se desnuda y estornuda
estaban Armando Rojas, Rodolfo Hinostroza y una escritora valiosa del Perú y que ya no está sabido navegar por diversas mareas que nunca soy contemplativa, me gusta ver personajes,
Eduardo González Viaña”. entre nosotros: “Pilar Dughi me escribió antes le impidieron llegar a buen puerto. imaginar lo que pasa en sus mentes y salir un D
“L os estu-
e
de morir para decirme que estaba trabajando poco de mí”.
Esta confraternidad peruano-literaria, al en un proyecto de novela autobiográfica. No Bien visto, el interviú sirve para que la autora A
r
decir de Carmen, tenían un ritmo y un pulso sé quién tendrá el borrador de esa novela”. recapitule lo afirmado en las respuestas que ha Finalmente, estas breves confesiones vuel- t
que raramente se veía en Lima: “Había mu-
chísimos escritores de distintas generaciones
Tratándose de Dughi, toda preocupación es
válida y legítima.
diantes de Letras de ofrecido desde hace de más de treinta años.
Pero en este diálogo, a diferencia de los ante-
ven a señalar algunos temores ya expresados y
añadir uno nuevo: “Tengo miedo al Alzheimer, a
e
s
L
and Company. Fue muy simpático por ese
lado”. Pero como es de suponer, toda historia
que asisten a sus talleres de escritura creativa
lo hagan como moda y no como una necesidad
de una clase social este tipo de eventos”. Es obvio que ella ama su
privacidad: “Me gusta estar sola. No me gusta
de mi nieto y de mi hija”. Ollé tiene el valor de
expresar sus temores y su infinito cariño que
e
t
r
tiene su lado B: “no todos teníamos un estatus
legal, teníamos una niña que felizmente iba a
imperiosa de perfeccionar su estilo. Pareciera
que estos muchachos van en busca de una
diferente. Eran de hablar”. Para Ollé, dictar clases era angustioso,
su ansiedad se evidencia en casos de esta
siente por su sangre. Esta sola actitud habla
bien de sus sentimientos, de su capacidad de
a
s
Los de Educación
32
ganaba bien y uno se llega a cansar. Pasaron adelante acota: “El escritor, más que la mujer Universal en La Cantuta [le cedía la palabra a nunca ha reclamado nada para sí, y eso, yo
casi tres años y era el momento de volver”. escritora, se está pareciendo al futbolista galán un alumno] evangélico que se la sabía toda. A lo admiro.
eran de extracción
C
que atrae las miradas”. Esa inautenticidad le él le encantaba hablar y yo prefería escuchar. a
Sin duda que este balance, retrata mucho fastidia. Nadie quiere inmolarse en el oficio, Soy una escucha y una lectora”. r
mejor su experiencia europea. Quien habla pero sí aparentar y salir en la fotografía. Ante popular. Había un Obras citadas
m
e
ahora es una peruana de clase media ilustrada tal panorama, Ollé remata con energía: “Yo Cuando hace el balance de sus estudios n
voz diáfana. En esta entrevista vuelve a citar hablaba de literatura, dedicado íntegramente hombro. No sé si facultad de Educación: “Los estudiantes de l
ratura Peruana, 2015. En línea: https://issuu. é
a Georges Bataille, a Sylvia Plath, a Alejandra a ella”. Carmen, en su reflexión, se presenta Letras de San Marcos venían de una clase com/casaliteratura/docs/especial_olle_web
Pizarnik, a Roberto Bolaño, quien le recomendó
que leyera la poesía de la belga Sophie Podols-
como lo que es: una apasionada del oficio,
una auténtica fanática de la creación que
será igual ahora”. social diferente. Eran de clase media, blanca.
Los de Educación eran de extracción popular. Chiri, Sandro. “Interviú a Carmen Ollé”. En:
ki, famosa por su único libro Le pays où tout est respeta los paradigmas que ha heredado a Había un mirar por sobre el hombro. No sé si La casa de cartón. N° 8. Callao: diciembre de
permis (El país donde todo está permitido), para través de la lectura y la producción ficcional será igual ahora”. 1986: 10-11.
finalmente concluir que “toda esa mezcla hizo de los maestros.
que escribiera Noches de adrenalina”. En este diálogo con Planas, Carmen Ollé Forgues, Roland. “Carmen Ollé: La capaci-
reivindica la poesía de María Emilia Cornejo: dad de inocencia”. En: Hablan las poetas. 2a.
En sus afanes de reflexión poética, la con- “Me impactaron mucho sus tres poemas publi- ed. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2011:
versación se detiene ahora en Blanca Varela de cados por Alberto Escobar en su Antología de
quien dice que “era una poeta impresionante, 2018 la poesía peruana”.
107-119. [La 1a. ed. data de 1988]
una gran crítica. Podía ser muy drástica, aguda, Halperín, Jorge. La entrevista periodística.
dura y sincera en sus opinones”. En octubre de 2018, Carmen Ollé fue la fi- En esta suerte de repaso de su vida cree
gura homenajeada por el Festival de la Palabra Intimidades de la conversación pública. Buenos
percibir que las mujeres de hoy viven sus pa- Aires: Aguilar, 2012.
A estas alturas de su vida, Carmen Ollé que anualmente organiza la Pontificia Universi- siones y deseos “de una forma clandestina”.
manifiesta una preocupación constante por su dad Católica del Perú. Había cumplido 71 años Recuerda su experiencia en una tienda de
de edad tres meses antes y el 2015 se había Planas, Enrique. “Confiesa que ha vivido.
familia, especialmente por su hija Vanessa y licores en el Duty Free del aeropuerto Jorge Entrevista a Carmen Ollé”. Lima: El Comer-
su nieto Estéfano, por el futuro que les espera alzado con el Premio Casa de la Literatura Chávez de Lima donde conoció “a muchas chi-
Peruana. Era hora de celebrar una vida entre- cio, 16-5-2007. En línea: http://elcomercio.
en un país tan particular como el nuestro. cas espectaculares” que vivían plenamente su pe/edicionimpresa/html/2007-05-16/ImEcLu-
Es un temor constante la que la acecha. Es gada, contra viento y marea, a la lectura y a la libertad femenina con agudeza e imaginación,
creación. Nuevamente es su colega Enrique ces0723404.html
más, en la parte última trasluce e intensifica porque saben que “los peruanos siguen siendo
esta sensación: “Estoy más preocupada por Planas quien la entrevista luego de llamarla machos cavernícolas”.
“figura mayor de nuestra poesía y narrativa”. - - -. “Carmen Ollé: No me gusta hablar; me
el futuro de mi hija y el futuro de mi nieto que gusta escuchar. (Entrevista)”. Lima: El Comer-
vislumbrarme a mí. […] Hay otras cosas que El entrevistador hace suya la frase de Jorge A los 71 años, la entrevistada confiesa que
Halperín: “La entrevista es la más pública de cio, 16-10-2018. En línea: https://elcomercio.
me preocupan más”. “la poesía está muy ligada a mi yo interior”, pe/luces/libros/impreso-carmen-olle-me-gusta-
las conversaciones privadas”. A partir de esa para luego añadir: “Y llega un momento en que
idea inicia el diálogo con esta escritora que ha hablar-prefiero-escuchar-noticia-568184
Manifiesta también cierta desazón por no te cansas de tus propias experiencias. Como
saber la suerte que corrieron los inéditos de
96 97
Carmen Ollé:
Realidad y Deseo
expresión de William Rowe “[…] el método
de Ollé es la decisión de dar entrada en su D
Luis Fernando Vidal escritura a lo ordinario y lo práctico, las dificul-
e
ridas estampillas, llegó a mis manos el original mayores contemplaciones con la inocencia o
s
de Noches de Adrenalina. Siento aún la reso- la belleza, más bien cercano a la ironía. Logra y
nancia exacta de las palabras de Carmen en entonces remecer al lector más (des)prevenido, L
la nota que acompañaba a su libro, y, también, como si despertara a un mundo fuera de toda e
cumplió la misión, esa alta misión para la que dar cuenta de una poesía tan nueva como mo-
s
había sido escrito. El pasmo, la sorpresa, el tivadora. Después vendrá Todo orgullo humea No
regocijo y, por qué no, la indignación siguieron la noche (Lima 1988), un conjunto de poemas
a su salida, cual la cauda de un cometa. La voz y relatos, y varios títulos más que incluye su 32
de Carmen inauguraba un espacio en el que la incursión en el teatro, Tres Piezas Nō (Lima,
poesía se asociaba intensa y plenamente con 2013). En todos ellos la irreverencia temática C
la vida, y se interpelaba hasta lograr esa coin-
a
será desbordada hasta límites literarios que r
cidencia en la que la literatura resulta ser una la escritura de la autora, ha logrado proponer. m
L
no cabe indiferencia, la vida como impureza y a obra de Carmen Ollé empieza en 1981
también como posibilidad abreactiva, y el ser, con la publicación del libro de poesía
igualmente, como sujeto de suciedad y de Noches de adrenalina; poemario que signi-
limpieza, todo al mismo tiempo. Luego, la pa- ficó, por decirlo diacrónicamente, la cumbre
labra, la intensa poesía, como un turbulento río del desarrollo de la poesía femenina peruana,
surca entre la contaminación, contaminándose que estaba en su mayoría postergada por el
también en aras de rescatar a quien busca y patriarcado, con nombres como Magda Portal,
enfrenta su verdad. Blanca Varela, María Emilia Cornejo, Rosina
Estas, entre otras muchas resonancias, Valcárcel y muchas más. Inmediatamente,
trajo hasta mí este libro de Carmen Ollé, cues- surgirían nuevas poetas mujeres continuando
tionador y autentico como solamente suele esa voz valiente, desafiando el sistema conser-
serlo la verdadera poesía. vador de la sociedad. Luego Ollé publicaría, en
1988, Todo orgullo humea la noche; y, desde
Ana María Intili entonces, entraría con maestría a la narrativa
con ¿Por qué hacen tanto ruido?, Las dos caras
del deseo… convirtiéndola en una de las más
98 99
José Rosas Ribeyro Me acuerdo que en una pequeña caseta del siglo 20. Si la literatura anglosajona tenía a Carmen en la feria del libro de Guadalajara.
del Marché de la poésie, en la plaza de Saint- a su Silvia Platt, nosotras teníamos a nuestra Antes de iniciar la lectura, comentó que estaba D
Sulpice, en París, me llamó la atención el 12 Carmen Ollé (y también a nuestra María Emilia muy triste por la muerte de su perro (casi se
e
CARMEN OLLÉ
t
libro a mi lado mientras escribo esto. Lo abro y en su poética. Extratextualmente, encontramos de su fiel compañero recostada a sus pies, e
leo: “Nada hay más transparente que un beso su amistad y un ejemplo como ser humano, mientras repasaba en voz alta algunos poemas,
s
oculto, o más tierno que un tigre, ni tan suave porque Carmen es una mujer generosa y sen- como aquel acerca de un viaje a Europa que y
(A LA MANERA DE GEORGE PEREC) como el sonido de la seda en un soneto.” sible ante el dolor de los humildes y los seres hizo en compañía de Giovanna Pollarolo. Se L
Me acuerdo que en una de mis estadías en indefensos, porque es un faro para su familia, mezclaron en un breve lapso de tiempo, en un e
M Lima nos reunimos Carmen, Violeta Barrientos porque es una poeta a tiempo completo. iluminado auditorio, varias emociones, se intri-
t
e acuerdo (Je me souviens) de Car- r
men en los patios de la Facultad de y yo y cantamos canciones de la nueva ola. caron cual caprichosas ramas y aromas en un a
Me acuerdo que en un día de 2015 conversé vivero. Renové mi admiración por Carmen en-
s
Letras de San Marcos. Pequeña, tímida, dulce,
acompañada siempre de una o dos amigas. un buen momento con Carmen en el Juanito Carolina O. Fernández tonces. El poeta no reproduce la imagen pública
No
Me acuerdo de Carmen acompañada por de Barranco. Yo acababa de entregarle ejem- de la fortaleza y el éxito. La poeta no esconde
Enrique Verástegui en diferentes lugares de plares de la edición barcelonesa de Noches sus sentimientos, (de)muestra su corazón 32
E
Lima. Años 70 del siglo pasado. de adrenalina. n los 90 leí por primera vez Noches de para que los demás intentemos comprender
Me acuerdo de Carmen en Ciudad de Mé- Me acuerdo que vi a Carmen muy triste y de- adrenalina (1981) de nuestra querida y su funcionamiento y recordar que así es como C
a
xico, con Enrique. Llevaba una niña pequeña macrada en el velorio y el entierro de Enrique. admirada poeta Carmen Ollé y disfruté la pleni- los humanos seguimos viviendo. Y luego el r
en brazos. Viajaban ambos rumbo a España a Por un momento compartimos pesadumbre. tud de su lenguaje. El yo poético mujer descarta brindis, y un par de jóvenes admiradores que m
e
gozar de la beca Guggenheim que le habían Me acuerdo que en mi última visita a Lima de sus textos la retórica y se aproxima a lo que se acercan a darle un abrazo sincero. n
otorgado a Verástegui. yo estaba conversando con mi amiga Rosmary Bataille denomina <<la desnudez del ser>> a fin O
Me acuerdo de Carmen en París. Ya se en una librería de Miraflores cuando, a través de no solo enunciar o denunciar, sino transgre- l
habían agotado los beneficios de la beca y se de la vitrina, vi pasar a Carmen. Salí corriendo dir y lograr una poética en la que el erotismo y Elqui Burgos
l
é
trataba entonces de sobrevivir en la soñada a su encuentro. Nos abrazamos. Conversamos la muerte se conjugan reconstruyendo la corpo-
ciudad de Baudelaire. Carmen se ganaba el un buen momento. Nos tomamos una foto. ralidad y la <<práctica erótica mutilada>> desde
pan con el sudor de su frente: hacía limpieza Además, se la presenté a Rosmary, que quería la visión de una mujer <<tercermundista>> que
T
en casas de personas pudientes. Otras habrían conocerla, y le tomé una foto con ella. viaja del sur a París y viceversa. arde sabatina deambulando en el centro
escondido quizás este difícil episodio de su Me acuerdo que ésta ha sido la última vez Ante el lascerante pragmatismo y violencia de Lima y sin saber cómo matar
vida, ella no. que he visto a Carmen, pero espero que no moderna, cuestiona los patrones de belleza el sucio tiempo, me encontré frente al sulfu-
Me acuerdo que, después de varios años de sea la última-última sino la última antes de del humanismo narcista, las distancias so- roso hotel Mogollón, nido de periodistas
ausencia, yo regresé a Lima en el mismo avión muchas más. ciales y territoriales, la era escatológica y sus bohemios, de striptiseras del Copacabana
en que Carmen, Enrique y Vanessa dejaban podredumbres urbanas; por el otro, opone y de gente de buen vivir.
definitivamente Francia. un lenguaje que enaltece la amistad y sus Ahí vivía mi amigo Carlos Garayar. Toqué y
Me acuerdo la bofetada que me propinó Doris Moromisato confesiones, el lenguaje corporal y el tiempo, Carlos abrió su puerta: entre tanto humo
en 1981 la lectura de Noches de adrenalina. el mar, la militancia femenina, la mística de que saturaba la habitación sólo vislumbré si-
Nadie había escrito algo así en el Perú ni lo ha narrar “cosas sucias”, la partida, la pérdida, el luetas, una de ellas era la de Esther Castañeda
C
escrito hasta ahora. Este libro marca un antes armen Ollé forma parte de la tradición li- erotismo como liberación del ser en contrapo- y, otra, la de Carmen Ollé, con los dados en
y un después en la literatura escrita por mu- teraria de las mujeres peruanas, la cual sición al concepto de cuerpo como fetiche y la la mano, lista para apostar la vida por la poesía.
jeres. Antes, Blanca Varela, y después, como fue construida por diversas voces femeninas industrialización de la muerte. Fue mi primer encuentro con Carmen.
un hito hasta ahora no superado, Noches de que se abrieron paso ante un canon monolítico Sin duda, Noches de adrenalina constituye París confirmaría su apuesta con su notable
adrenalina. Un libro perturbador, libérrimo, osa- patriarcal que no permitía la inserción de este un texto innovador y pionero en la tradición “Noches de Adrenalina”, poemario escrito,
do, anti puritano, irreverente, desprejuiciado, sector en la literatura peruana; hablo de Ama- poética peruana y latinoamericana. en el dolor y la pobreza, que compartimos
autorreferencial. rilis, de las fecundas escritoras del siglo 19, de en las buhardillas de Georges Mandel.
Me acuerdo de estos primeros versos que Magda Portal y Blanca Varela, hasta llegar a las Es verdad, ha pasado mucha agua bajo el
me abofetearon: “Tener 30 años no cambia
Tilsa Otta
últimas expresiones de escritoras contemporá- puente Mirabeau, pero cómo no recordar su
nada salvo aproximarse al ataque/cardíaco o al neas del siglo 21. En el caso de Carmen Ollé, discreto
Q
vaciado uterino. Dolencias al margen/ nuestros su poemario Noches de adrenalina es casi una uince años después de acercarme y enigmático silencio durante las belicosas
intestinos fluyen y cambian del ser a la nada.” biblia para las mujeres letradas de hoy, por su tímidamente a saludarla en un bar lecturas que hacíamos de nuestras obras en
Así empieza Noches de adrenalina. Y es sólo talentosa estrategia de concentrar en el cuerpo de Barranco (cuando acababa de leer “Todo gestación, todos los amigos que en ese
el comienzo. una especie de lenguaje que reveló la amarga orgullo humea la noche”), tuve la suerte de ver momento vivíamos en París. Y, cómo no re-
condición de ser mujer latinoamericana a fines cordar, con
100 101
nostalgia, a Enrique y a Mélida, ahora
aún vivos en nuestro corazón, compartiendo D
e
un plato
de lentejas, sólo por estar juntos, y muy A
r
amigos y cariñosos, siempre, siempre. t
e
s
Esteban Quiroz L
e
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E
r
n el mes de mayo de 1981, Luis Fernan- a
do Vidal editó Noches de Adrenalina de s
102 103
Premio Nacional Casa de la Literatura
Para leer a D
Carmen Ollé
e
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s
Julio Ortega L
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s
Con mi querida y admirada poeta Carmen Ollé tengo una deuda demorada y me No
complace empezar a aliviarla con este reconocimiento público de la calidad de su obra, 32
integridad de su vida, y ejemplo de su coraje literario.
Fui testigo de su boda con Enrique Verástegui, más o menos responsable de que se C
marcharan a París, y no he dejado de leerla con la misma alarma, curiosidad y deslum- a
bramiento de sus primeros textos. Alarma porque su obra revela las convenciones de r
m
nuestras lecturas complacientes; curiosidad, porque siempre hay algo más en su escritura, e
lenguaje, en sus manos, es una materia noble y lúcida, capaz de humanizar la miseria O
del paisaje que nos ha tocado. l
l
Siempre he pensado que nuestras escritoras son las que más han sufrido la perua- é
nidad mal distribuida que nos define. Si fuesen argentinas o mexicanas, estarían mejor
editadas, traducidas y premiadas. Y es que las plagas ideológicas que azotan a nuestra
lengua (el machismo, el racismo, el conservadurismo) se han demorado más en el Perú,
y lo han hecho de un modo perverso: el peruano carece de todo remordimiento. Vivimos
el mal con inocencia y, a veces, con venganza. Ese paisaje de desafecto aparece en la
poesía de Blanca Varela como la sombra del luto. Con nuestras escritoras, por eso, he-
mos practicado la ignorancia: las hemos olvidado con inocencia, sin que nos perturben el
sueño. Más aún, las hemos obligado a dejar la poesía para empuñar otras armas, menos
sutiles, y algunas han cedido al papel de feministas aguerridas sin entender que ilustran
el peor machismo.
Contra ese paisaje feroz, la obra de Carmen Ollé, así como la poesía de Giovanna
Pollarolo, de Magdalena Chocano, de Mariela Dreyfus, de Victoria Guerrero, y los relatos
de Rocío Santisteban, Katya Adaui, Cecilia Podestá (entre varias otras), abren espacios
de respiración e indignación, de crítica e ironía, de inteligencia y enigma. Nos han mejo-
rado, no sin sacrificios.
La lección de Carmen Ollé es de integridad. Ha adquirido, me parece, frente al animal
masculino una tolerancia irónica pero casi tierna. No nos exime de la poca capacidad de
remordimiento, porque todavía nos cree moralmente redimibles.
Lo he dicho y me repito. A nuestras escritoras les debemos una parte de nuestra
libertad. También les debemos las gracias, y algunas excusas.
Les debemos, sobre todo, sus libros. Que este homenaje a Carmen, que declara
nuestra admiración, lleve también el propósito de enmienda de leerla.
104 105
UN POCO DE LUZ,
UN POCO DE NIEBLA,
UN POCO DE AZUFRE D
e
A
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s
L
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t
r
No
32
ace casi cuarenta años, llegó, a manos del inolvidable Luis Fernando Vidal,
“un sobre de manila cuidadosamente cerrado, lleno de coloridas estampillas”. C
Eran los originales de Noches de adrenalina, un texto transgresor: un río de
a
r
palabras que arrastra sin piedad el cielo y el infierno de la vida. Hasta la fecha m
e
sus turbulentas aguas iluminan nuestro estar sobre esta tierra baldía. n
O
A la imagen subalterna de la mujer que la sociedad ha construido de manera l
estereotipada, imagen tan discutida hoy en día, se antepone un discurso lúcido l
é
que pone en cuestión cualquier hegemonismo patriarcal. Así, Carmen Ollé
(Lima, 1947), con una voz personalísima, visceral y con resonancias distintas
a las de sus contemporáneos, nos deslumbra, nos impacta, nos cuestiona con
el vértigo de un erotismo que había estado ausente en la poesía peruana, salvo
contadas excepciones.
106 107
NOCHES DE ADRENALINA
Tener 30 años no cambia nada salvo aproximarse al ataque El que más se lava es el que más apesta como los buenos Bataille me gusta. Es alguien que uno puede leer. Escribir es buscarse en la sonrisa de la fotografía
cardíaco o al vaciado uterino. Dolencias al margen olores son testimonio de mala conciencia La sensualidad en ese rostro que impresiona por parecer la memoria es la figura inmóvil en el álbum color D
nuestros intestinos fluyen y cambian del ser a la nada. como el grito es la figura de la timidez. de un sátiro con ojos purificados almendra
e
He vuelto a despertar en Lima a ser una mujer que va nos sacude sin tumbarnos evoco todo domingo aquel ocio y el inigualable A
midiendo su talle en las vitrinas como muchas preocupada nos habla como un hombre que sufre con la carne chamus-
r
¿Por qué describo este placer agrio al amanecer? como una puta el domingo se desliza bajo la pata de esos caballos
r
lavabos + amasijo de pelos & residuos de grasa a
Tengo 30 años (la edad del stress). en algunas sociedades viriles todo se confabula como la estampa de los esputos de la pandilla s
llegan hasta mí para impugnar esta limpieza
Mi vagina se llena de hongos como consecuencia del para que otros hablen de nuestro deseo lo designen en el cine y las flechas de los indios
que me somete maniáticamente. No
primer parto. se refuerzan sobre ese «valor-objeto» en el incendio del llano
Este verano se repleta de espaldas tostadas en el y nos definen para siempre inválidas. el velo romano batiéndose sobre el galeote
32
Despierto y me levanto de un catre viejo
Mediterráneo. ¿Somos o no esas presas fáciles o encantadoras hadas? las tablas de la ley
estoy inclinada en el WC, el culo suspendido C
El color del mar es tan verde como mi lírica El miedo se mezcla a la cópula como un regocijo dios es una cruz extinguiéndose en la acuarela
he venido del brazo de mi compañero de clase por un solo a
Del botín que es la cultura me pregunto por el destino Se crece entre cólera. sobre la mesa extranjera hay pescado frito
é
y aquí sin espejos ni tazas de mayólica aguantas
¿Por qué Genet y no Sarrazine? La cólera radical medita en el silencio de la alcoba a las dos de la tarde
las ganas de orinar
o Cohn Bendit / Dutschke / Ulrike ante la impostura de una lección de piano espinas lamidas
o revientas.
y no las pequeñas militantes que iluminaban mis aburridas o un paraíso de estética decimonónica un libro de psicoanálisis de una mujer de 34 años
La impotencia es silenciosa y corta
clases en la U hay para eso masturbaciones secretas que son éxodos un tiempo límite para recuperar el perdido
el flujo.
ELSA MARGARITA SIRA solitarias defenestraciones a la luz de la lámpara. a lo largo de costosas sesiones
La lluvia cae sobre el espacio abierto del jardín
y estás dentro. Lo que brota de natural de un cuerpo aplastado cartas a mamá rosas y dulzonas
Marx aromaba en sus carteras como retamas frescas no se resume en fáciles categorías como divino o decadente té a toda hora
qué bellas están ahora calladas y marchitas. todo WC es un jardín oculto tantas veces orines
Bajo el cobertor
en brazos de la mística oler a orín reconforta fiesta en la que ya no me interesa dormir.
No conozco la teoría del reflejo. Fui masoquista el cristianismo lleva hoy el peso de estos olores
el infeliz muere en la esquina rosada
a solas gozadora del llanto en el espejo del WC y muchos gramos de bicarbonato para las náuseas.
gritan los pájaros fruteros violados
antes que La muerte de la Familia nos diera el alcance A los 15 años se está de pie ante una cruz un arquetipo
Dónde está el peso mayor del estar allí, del dolor
La desnudez de los senos, la obscenidad del me arrodillo beso la punta de esos pies sangrantes
en el estar o en el allí?
sexo, tienen la virtud de operar aquello con y deposito mi moneda en la alcancía
En el allí –que sería preferible llamar
lo que de niña, no has podido soñar, en esta mística de relatar cosas sucias estoy sola
un aquí– debo buscar primeramente mi ser
sin poder hacer nada y afiebrada.
Bachelard
Bataille
Pues aquí estás tú, HOTELES de madrugada bañador
caminando en el azul metálico de una calle desierta
Margarita Elsa Sira se perdían en la avenida Venezuela
regresas y ventoseas en tu lecho
y colocaban carteles en la noche sobre paredes musgosas.
y otra vez aquí / allí = viento / molotov / pezuña del poli
De día interrumpían las clases de metafísica con rabia
Margarita Elsa Sira esta frase se cansa de evocarlas.
y aplaudíamos esos cabellos sudorosos y negros sobre
la espalda.
108 109
El deseo camina sin volver los ojos atrás
estalla como un recién nacido frente a un cuerpo que
ofrece familiarmente dos desnudos
el desnudo de dos naturalezas distintas
es una misma figura que poseer.
Estando la mayor parte del tiempo en casa La sirena de un barco: alegría y tristeza de irse Me doy cuenta que aún persisto en la búsqueda Al sobrevivir al orgasmo sumiéndome en
poesía y prosa se desposan como en el acto de amor no estar entre líneas de unión de dos tiempos: la inquietud de despertar a una nueva sensación
de la fuerza de los músculos depende la duración o en la mirilla de la pistola el adolescente y el ahora he decidido aprehender la maldad D
de sus posturas, ser el desconocido que deja su luz encendida como un detective Elizabeth Bathory es el placer e
de la pasión ser elásticas o duras y un tenue tica tica en la sala un perfil que se esfuma en el desconocido toque de noche A
de la neura de la fatiga del hastío muchas se mutilan una máquina de escribir je me rendre a toi dans cette nimbe r
donde yace el riesgo t
y se convierten en simples ejercicios somieres: j’approche mes levres a la nuit comme el terror o la suerte… e
una aventura no es una aventura como la que ha dejado que ya no produce náuseas (extremo del hábito) en una ciudad extranjera lunar
de serlo el límite para perder su efecto: el desmayo donde el yo se improvisa como No
como una necesidad higiénica
esta sensación del límite es precisamente todo la caca nueva y desconocida recobra su poder el único personaje en medio del estado policial 32
para abrir los ojos de nuevo bondadosos.
lo que no es el límite y vive en nosotros él ofrece todo lo imposible en el sueño soy perseguida por mis privaciones Enredada en dos lenguas que poseer
dando la espalda o lo mejor de su ardor secretas dos ciudades se invierten como
C
a
elimino de este diario una dulce experiencia en los subte por los flics dos torsos imaginarios r
si no es desgarrada mutilada y retorcida hasta lo último ¿por qué entonces esta desesperación por alcanzar no resisto la gente desconocida y la gente desconocida
m
una perdida en el ardor de su pasado e
y ella puede vivir en mí suave el ardor? no me resiste n
otra en el estupor de la madurez
como un tornado en el fondo del cielo despejado ¿y ha de ser impotencia todo lo que hoy no es mis viejas amistades ah! no tengo ganas de apuntar me veo y desciendo por escalerillas y O
en un jardín afeitado por la maquinaria del tiempo posible? nada sobre ellas
l
andenes de trenes l
con la pulcritud de los besos de la cintura La entrega se evapora como un insecto Yonqui… estoy leyendo Yonqui é
trepando escaleras mugrientas
hacia arriba que se posa en el laberinto del oído las palabras son rígidas hay que hervirlas pasillos oscuros lavabos obturados
y los dedos rozaron su vulva la humedad de niña al apagar la luz cesan las moscas de joder el vapor tiene el poder de desaparecer las espinillas focos intermitentes sobre platos de sardinas
todo que es un vicio un convite de curiosidad pero acuden los zancudos la crema Nivea sirve para que la palabra pene se sumerja WC
ser una desconocida tranquilamente en la palabra ano. naturalezas muertas (decaídos seguidores de Manet)
estuve enamorado de ti, Atis, una vez, hace un sátiro en la multitud apretada tiesos Cezannes
ya tiempo, aunque me parecías un niña ser mi madre orando concibiendo la belleza desde cápsulas de cohetes
menudita... mi hermana media hora el mar amarillo de Van Gogh
y no muy limpia. abro mi fantasía y la encuentro deliciosa en la atroz mostaza del hamburguer
gozo su cuerpo como otra mujer un resto suplicante
esta mujer es mi rival
lejos de lo ambiguo o lo concreto: BRILLO BRILLO BRILLO DETERGENTES
yo he sido tocada en ellas BRILLO BRILLO BRILLO EN Andy
no soy bondadosa si digo: Warhol
yo he gozado con ellas. BRILLO BRILLO BRILLO MONTÓN ¡vaya!
Lo que en la realidad es temible, BRILLO
¿resulta excitante en la imaginación?
Clochards del Greenwich Village en Beaubourg
el gran happening sin papeles y un cuartucho seguro
que estiras según tus necesidades higiénicas
o abandonas tu entrañable sueño:
¡jaque!
en París: ¡mate!
110 111
TODO ORGULLO
HUMEA ESTA NOCHE FEDRA
Vete en el enigma a ser una más y recoge las flores La música en español nos persigue inútilmente
LAS PERSONAS CREEN EN LA SABIDURÍA Puesto que la imagen perfecta ha de amar el peligro no existe la
más hermosas porque son pasajeras, como si en realidad fuera la última vez. D
perfección sino en la arbitrariedad, entonces combinación de
dales por casualidad el recibimiento que merecen a las Mi compañera de viaje duerme sin conocer el peligro. e
serenidad y deseo en ausencia del poema: tu desnudo cuerpo con mi
A los cuarenta estoy con un palmo de nariz. que van a morir, El tren se separa de Occidente hacia un oscuro A
cuerpo desnudo, sin serenidad.
Me apena haber leído tanto y no haber consumado salúdalas de mi parte campo, hacia un oscuro destino. r
Caída en este juego sólo para atraerte al fin. t
el placer. Regenta de mi cuerpo, de esta piel y que el azar no te reproche… Sólo los vietnamitas e
bajo la que fluye aceite. Ve entonces a la hora cándida para alabar su forma saben a dónde van y para qué. s
Nada a mi alrededor, solo una hija tierna y el color que alcanzaron; Nosotras, apenas, a divisar a lo lejos algún y
–benignos otoños– ORACIÓN dentro de poco cualquier enfermedad hará presa puente sobre el Moldau
L
Finjo lo que no sé, soy una actriz, mi trabajo de ti, o una apacible plaza de rostros lánguidos e
es perverso. He amado menos de lo que supe amar, anda entonces, prepárate, colorea tus mejillas, y blancos t
r
en las tardes es el silencio; de noche, el silencio Dime tú –elegido entre los más diestros– si aún ponte esas medias de encaje, que no se parecen a Kafka. a
y el sueño. conservas el dulce estilo del amor. que sean, por favor, las más llamativas. Sólo nosotras podíamos caer en un hotel s
de días anteriores, Vengan pues fieles a nosotros sonrisa por un poeta abisinio cuyos ojos ningún Los gendarmes, duros y verdes, nos detienen,
como las flores que manos delicadas conservan en jarrones placer y amor, verano o el oro poseyeron… ¿viajeras? Sí, obsesas, como si fuera M
de porcelana, la última vez.
somos aún jóvenes y fuertes. Ya del amor lo he dicho todo aunque lo espere a
tantas horas al tibio goce de las promesas sin envejecer Vacío mi mochila, un frasco de crema Revlon r
plata pura. EN EL OLVIDO ese árbol flaco, esa luna arriba, ese sepia…
el aire parece lleno de fantasmas
Todo aquello no es realmente aquello sino otro, una buhardilla alta, en un viejo edificio
el olvido, que el oficio de escribir pasa a nos tienta
AMOR ME MUEVE Y ME HACE RESPONDER Deja ya Carmen de andar por ahí contando a servir en versos sin manera. los escritores y los artistas
todos tus dolores; somos gatos agazapados en los tejados
con tanta queja a nadie haces bien y el culpable soñolientos gatos y sabios...
Beatriz Bravo, has sonreído después de mucho tiempo
se vanagloria, EN PRAGA en la calle Malá Strana, vieja y barroca,
Déjame arrastrar por un flujo de sensaciones: realidad y fantasía crece en riqueza y poder.
Dice que hay una tonta ya madura –aunque no seguramente Kafka conoció a Felicia en ella
combinan malévolamente hoy en mí. a Giovanna Pollarolo y las delicias de Felicia
Todo nuevo amor refleja una carga eléctrica de un viejo y conocido lo parezca– que vierte por él sangre.
el mejor remedio contra el mal de amor
circuito: felicidad, frustración. es sobre todo el vino, entonces vamos
La imagen más bella sería tu desnudo cuerpo obtenido sin ofrecer Si tu cuerpo no alcanza en otro cuerpo la gloria: El viento corta el rostro en la estación de Schönfeld,
que el sueño te recompense. he podido olvidar que estoy acá, camino a Praga paseemos por todas las tabernas
mi cuerpo desnudo, de la misma manera como observo mi de noche y de día...
serenidad para pensar en ti desde el Este...
No preguntes por Auschwitz, que
en Safo o en San Juan el deseo, pero a menos que te hable de está en Polonia...
Baudelaire no podría hablarte de poesía. Bésame mucho, canta una voz en una radio lejana, en Bohemia corta el viento
¿Sabes qué es la poesía? Un muchacho que va en busca de la como si fuera esta con lujuria
felicidad la última vez... ...el café Mozart tiene sillones de terciopelo púrpura
el sábado por la noche mientras yo estoy de vuelta de la Y el Moldau fluye pérfido, olvidadizo...
felicidad, o la imagen perfecta del peligro es atraer como hace la
poesía a la belleza con riesgo de caer en la retórica.
Y toda retórica es ridícula.
Amar sólo en el fruto de este instante llamado escritura es el
resultado fatal conocido como poesía. Se es más infiel hablando
el mismo idioma.
112 113
Narrativa
TEXTOS
¿POR QUÉ HACEN
TANTO RUIDO?
M A
D
i destino está unido a él. Quizá ambos yer caminé por la avenida Abancay- Des- Es estupendo porque nada cambia, nada. Ni la muerte En la Universidad no abrieron la tesorería.
e
deseemos una escapatoria, pero no existe. cendí del ómnibus de la universidad perdiéndo- lo cambia. En el callejón ya no hay nada, solo esas dos ¿Pueden matar los poemas? Ignacio lo temía. Le A
r
La única salida es permanecer unidos y reu- me en un mar confuso de vendedores ambulan- niñas con sus baldes de agua, dos niñas viejas y sucias. aterrorizaba que le causaran una desgracia. Temía su t
nirnos en la fatalidad o en el paraíso. Pero en su delirio tes y un ruido enloquecido. Un día como otro cualquiera. La luna parece un féretro de cristal y los amantes se repercusión después de publicados, como esa vez en
e
s
el paraíso es como un tríptico: cielo-infierno-purgato- Sé adónde me dirijo. Ese día había pensado como ahora enquistan en ella como en una gigantesca torta de bo- Berlín, años atrás, cuando publicó un poema erótico y
rio. En su delirio, la fatalidad es el encuentro de dos que hacía viento, en la penumbra, mientras me arrastraba das. Nada perfuma el aire al atardecer. No puedo sen- en una revista española. Lo intimidaron las alusiones
escritores, uno de los cuales posee un poder más fuerte hacia la farmacia y pasé por la antigua parroquia del pa- tir el aroma del árbol de mandarina. Huelo el humo cifradas en periódicos y avisos luminosos. ¿Podrían L
e
de seducción. Aquel que tiene en el peligro lo misterioso dre alemán, el bellísimo ejemplar nórdico de mis quince duro de mi tabaco: cielo quemado, con ojos de insec- ser ciertas? A veces estos mensajes solo consistían en t
r
de la belleza entrará en contradicción con esa misma años de platonismo. Había pensado en que mis amigas to: el verano es una llaga que se aproxima hacia mí. colocar discretamente sus iniciales, el acróstico que para a
belleza. poetas no tenían adónde ir en esta ciudad en una noche Este es el resto del mundo solitario. Mis amigos callan, su sensibilidad excitada era evidente de manera dolorosa. s
El verso me impide ser libre, es una especie de ca- tan hermosa de gran viento, que los cabellos de Patricia me callan. Mi afán de disuadirlo no servía de nada en esos casos. No
misa de fuerza. Mi antigua vacilación es perenne. necesitaban otra noche y otro viento que los revolviera, Si todavía estuviera en esa ciudad europea. Limpiaba Terminaba por aceptar sus fantasías. Sin embargo, a
30
Puede ser una excusa para confesar que he abando- que Mariela no debía encerrarse en un cine sino aba- casas por horas para poder comer. Tuve hongos en las veces le reprochaba la manía de ver ataques fantasmas
nado la concisión y que la densidad, si empiezo du- lanzarse sobre estos mugrientos techos para destruirlos. manos, una afección producida por la humedad de los o de desconfiar de los vecinos. ¿Por qué hacían tanto M
dando, se me resiste. Desearía intentar un experi- Esa necesidad de beber en lejanías misteriosas era ro- guantes de goma. Sin embargo era diferente. ruido?, se quejaba. a
mento, pero estoy llena de tics. Quiero decir que mis mántica, las estrellas caían, como pedazos de músculos Estamos en huelga. Existe la amenaza de que no paga-
r
c
sentidos para captar otro tipo de asociaciones poéti- que eran pedazos de músculos. Había maretazos y ros- rán. Empiezo a medir la última moneda que nos queda Cada vez que estallaba una pelea por una insignifican- o
cas resultan insuficientes y son reemplazados por tics. tros de tigre clavados en las ventanas… para el stelazine, el meleril, la cajetilla de Premier y los cia doméstica, Ignacio terminaba en picota: debería irse
Debo hacer un esfuerzo para no caer en la tentación de Pero ahora solo hay una noche de viento en la que es im- gastos de comida. de casa –gritaban todos–: no aporta ni produce ningún M
ensayar de nuevo un poema corto. ¿Pero qué es la poesía? posible desandar, volver al pasado y arrastrándome a la beneficio, ¿Qué saben ustedes de poesía? Jamás se inte- a
r
No debo caer en la simplicidad de llamar a todo poesía. farmacia pedí una pastilla para calmar mis nervios. De- Mi madre dice que ningún libro de poemas nos dará de resaron en ella, ¿qué creen que es la cultura? –gritaba yo. t
Lo maravilloso es la paciencia, el acto mismo de bus- seando alterarlos, comencé a rezar en la antigua parro- comer. A pesar de eso me siento inclinada a apreciar- o
s
car lo imposible, porque no solo se trata de una ma- quia. Deseé lo que está permitido. Cortarme el lóbulo de los y a esperar que la posteridad los aclame. Me alegra Estas escenas terminaban del mismo modo, tirando
nifestación artesanal, la poesía está donde debe estar, las orejas. Sé hacia donde voy. Sé el límite de una noche de que él los haya escrito a mi lado aunque nadie sepa lo portazos. El trabajo, según ellos, consistía en quedar
en el impulso que me llevaría hacia lo imposible. Ella viento. Fatal como la noche anterior pareciéndose a ésta, que ellos cuestan diariamente. Tampoco las generacio- exhausto al regreso de la calle o de la oficina, o fatiga-
asalta mi conciencia en un espacio que existe, pero aún inexplorada. Cuando hace mucho viento la noche se nes futuras conocerán –o pretenderán olvidarlo– lo que do después de limpiar la casa (se referían a mí por ser
¿dónde? ¿dónde puedo encontrar a esa zorra? ¿cuá- parece a un poema de Nerval. Exquisitamente romántico. significa este año de trabajo para Ignacio, el sacrificio, el mujer).
les son esos estados imposibles que ahora me aban- Deseé cortarme una oreja y después la otra, luego los esfuerzo que quiebra su delgado cuerpo, la fama como
donan y que me hacen luchar contra la dispersión? dedos de los pies y luego la capacidad de pensar. Y des- un fantasma que nadie ve, que solo existe en la mente: Además repudiaban el alcohol.
Detestando lo que escribo estoy a punto de volver a pués que todo esto dejara de acumularse como una má- Cuando Ignacio bebía entonces…
abandonarlo. La conciencia que esto registra me pare- quina de tormentos, escribir el poema necesario a una Aplausos,
ce una improvisación. Nadie me puede asegurar nada. noche de viento: un poema como una oreja que se corta que devoran el placer mezquinamente, con avaricia El barrio, ese conjunto de casitas de clase media que se
Estoy ahora de pie ante la ventana diciendo esto: la poe- sin hacer ruido, un simple cartílago que cae a tierra, que Limpiar casas era preferible, entonces escribir y limpiar cierra a la hora oportuna y deja solo el farol encendido
sía se vive. Pero no puedo vivirla. no es ningún símbolo sino un simple corte delicado. eran una misma cosa, oficios paralelos que se apoyaban hasta las nueve de la noche para economizar. Ignacio
Deseé que toda esa confusión que es hija de una vida sin mutuamente. asomaba con su peinado africano. Los demás nos veían
excesos, aunque fueran soñados, ¿qué cosa es desmedida Avanzo oyendo la sirena de los carros blindados: asal- pasar con recelo y yo sentía lo que ellos querían que sin-
si no es real?, como la fantasía. Descubrir que la fanta- taron un cuartel en La Victoria y me siento perseguida tiera: la que ama a Ignacio por su verga, exclusivamente
sía no alcanza en determinado momento (como en esta por esas sirenas, como si yo hubiera disparado contra por su extraordinaria verga, porque así debían imagi-
noche) a resolver la ansiedad, la ilusa gana de mi cuerpo, el policía que agoniza en el hospital. Detuvieron a diez narla. Entonces podía verme fielmente descrita por los
deseé ser amada en un lecho: un cuerpo desnudo más muchachos que merodeaban por el cuartel en el mo- vecinos en la mañana, cuando preparaba los paquetes de
otro cuerpo desnudo, acariciar, con dos cabezas y dos mento del atentado. Esta es una guerra en la que ma- basura, como una blanca sucia.
troncos y dos vaginas y dos úteros de cristal o de acero. sacrarán a esos muchachos, en ella la pasión y el arte Esa vez que rompió los libros que estaban sobre mi
Es el pasaje en el que los gallos se responden de un parecen un derroche. cómoda, esa vez que me escupió y me llamó traidora
corral a otro. Es estupendo sentir a los gallos en esta Ignacio sigue pensando en huir con Helena, el amor tie- y me gritó chilena. Fue a la vez que hui y me escon-
ciudad y ver cómo dos sombras salen con dos baldes. ne una disculpa. dí en la casa de una tía; lo dejé durmiendo la borra-
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chera en el suelo. Pero no estaba ebrio sino sobrio y la damos todo: el inicio de algo o el fin de algo. Oigo de do al ritmo de Ignacio pero perdida de su mano.
casa de mi tía quedaba a solo unas cuadras y no lle- pronto una sinfonía de Stockhausen. Es la otra pasión. Mi mundo estaba más allá de todo eso, al lado de la
gó a ser un verdadero escondite, porque yo no quería Ignacio sueña con aquella muchacha y yo, su es- soledad silenciosa, metiendo mi nariz en los poemas
esconderme, solo hundirme en un cuartucho oscuro posa, ante el paso de los carros blindados, tra- misteriosos de todos los simbolistas, asando ahí mi ais-
con algunos libros que conseguí. Iba a pasarme una go saliva. Pálida en esta nueva y extraña des- lamiento. Y tal vez había cruzado sin mirar esos mismos D
semana leyendo a Kerouac, sin contar con que él me nudez que no es del cuerpo sino de la mente. bares, a los mismos borrachos, a las putas y homosexua- e
esperaba angustiado en la escalera de la quinta, jalán- Ignacio al pensar en esa muchacha parece el más her- les, poetas y musas y fiestas hasta el amanecer o conver- A
r
dome de la blusa y exigiendo que le entregara a su hija. moso de los poetas y esta ciudad la más perseguida por saciones sobre Reich, Barthes, Laing, Cooper. t
Quería una explicación porque yo no tenía derecho a dragones de hierro. A esa hora llevo en la bolsa un li- Sí, era exacto, ahí en el poema de Ignacio que leyera e
s
huir así mientras él dormía en un rincón después de bro, como siempre, precaviendo… como la loca que ha antes de conocerlo, era igual, pero había algo más, con-
y
haberse pasado la noche en el parque. Y había escrito perdido sus zapatos en una esquina del parque, parada tenía su belleza y no el aburrimiento que a veces sentí
en las paredes graffitis sobre el amor, sobre la poesía… sobre un sucio felpudo, grita: ¿Quién me ha robado los cerca ya de la una de la madrugada en el “América”, a esa L
e
mientras él dormía en un rincón para que mi madre no zapatos? hora póstuma en la que todavía alguien susurraba algo t
r
lo viera, pero ella lo descubrió y le dijo: “Sarah ya se fue, Mientras freía el pescado con margarina, me dis- de “Kierkegaard” en la barra. a
ahora márchate tú”. Incluso le dio dinero para el pasaje. traje con la última discusión. Otra vez resona- Quizá sean más de las diez, ¿para quién es importan- s
Entonces le hablé como una astuta enfermera, como si ban mis gritos. Lo ridículo era que mi madre y yo te? Ya lo hemos leído todo; no insisto en husmear. No
fuera su doctor hasta convencerlo en el parque de que discutíamos por Ignacio en nombre de la poesía. Él me pide que me instale en su cama para acariciarnos
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viajara a casa de sus padres. Comimos ese jueves, día de todos los santos, un to- y abro la hoja del ropero para tapar un agujero en la
De hecho hay poemas verdaderamente armoniosos y llo deplorable. Y es que la literatura ocasionaba los puerta de vidrio. Apago la luz. No hay eyaculación con
M
apacibles. No puedo seguir su tono y me siento culpable problemas en casa. Si hubiera mucho dinero, la poe- el meleril, pero estuvo bien, solo que seguía pensando a
con mi pesimismo masoquista. El caos, el sexo, la des- sía no sería un obstáculo para las buenas relaciones en el muchacho de la esquina. Vi su espalda y su rostro r
c
armonía configuran un momento de mi vida. ¿Por qué familiares, no siendo así, el día se agriaba y la poesía parecido al de Jorge Negrete. Me hirió su imagen tanto o
Evtuchenko escribe tan armoniosamente sobre su ciu- resultaba también en la picota, como una presencia como sentir la áspera textura de la chompa incaica de
dad natal? Me enferma no tener un espíritu saludable. que nada tenía que hacer en este mundo. Su belle- Ignacio. Esta vez no hablamos, oíamos los cláxones y los M
He pensado que mi destino me ha sido impuesto. Nun- za oculta nos desnudaba, quedábamos indefensos. timbres de los teléfonos en el exterior. Molesto cerró la a
r
ca imaginé que fuera fatalista. Pero éste es el peor año Mi madre dejó sus tallarines a medio servir y se retiró a ventana ahuyentando los ruidos y se durmió en seguida. t
de mi vida, nada maravilloso me sucede. Tal vez si toda- su habitación muy perturbada. Ya no tuve ganas de encender el último cigarrillo acos- o
s
vía estuviera en Berlín limpiando casas… pero no, nada Escribo mientras Ignacio duerme. Tomo cerveza y tiem- tumbrado, simplemente anoté en un trozo de cartulina
es tan inseguro como el sueldo que recibo. Limpiando blo ante la idea de que lo vaya a leer. Temo que se desen- de mi hija unas pocas frases. Las ganas de escribir huyen
Carmen Ollé, Enrique Verástegui y Vanessa cuando cojo el lapicero. Todo está en mi mente, ahí em-
casa llegué a tener hongos en las manos. Sin embargo cadene otra pelea. Sin embargo algo me impulsa a seguir,
no es igual que ahora, que después de una huelga no asfixiada como estoy, sumida en extrañas ideas de hacer pieza y acaba todo sin poder transcribirlo. Deja de ser,
recibiré ningún centavo. Entonces ya no puedo dormir un viaje. Mi habitación me parece una caverna sin aire. pero terminé de leer: Bing: obsesión por el blanco.
sino entrada la noche y ya nada es igual entre él y yo. Lo El barrio: un insolente conjunto de techos impasibles.
miro y pienso que la literatura no nos dará de comer. La Bebo cerveza como si ella me permitiera viajar. Estoy lo imagino en ellos dulcemente sabio, pero temi- He pensado que el delirio es esta falta de delirio. Nos
verdadera belleza es una amenaza. muy lejos, en una aldea bávara. También allá, en me- blemente rabioso, una pantera que camina por Ba- faltan fuerzas para no seguir siendo masoquistas.
En Pamplona alta enterraron vivo a un joven ladrón. La dio de bosques y de caminitos silvestres, en plena selva rrios Altos, cuando lo esperaba en una esquina o en Renunciar al trabajo que tengo, volverme irresponsable.
población lo roció con querosene. Lo enterraron des- bávara, ahí donde alguna vez dejé de ser virgen, empiezo la puerta del diario donde trabajaba. Después de una Rodearía la muerte de este modo extravagante como en
pués de golpearlo. Hay una fotografía de Pamplona al a oír los ataques de los alemanes que no pueden consi- buena hora arrastrando los pies, caminando como una falsa aventura. Es la necesidad de mantenerse rebelde.
pie de un cerro en la noche, en medio de un arenal, con derarme una muchacha normal. Tengo veinte años y el un vaquero. Íbamos abrazados hacia la calle Man- Lo que llamas extravagancia es solo desem-
sus viviendas de estera en un cerro árido y fúnebre. Nada profesor de alemán, un joven rubicundo, me pregunta co Cápac a beber el primer chilcano y luego, al hotel. pleo. Final de la aventura. Del ser rebelde.
pudieron los ruegos de la madre ni los de la esposa. Me por el teclado del piano, lo hace con sorna: ¿qué no- Me leía a Octavio Paz: “Piedra de sol”. Me leía expresa- La prostitución compromete demasiado y no existen
quedé un rato mirando aquella fotografía, sus calles mal tas son las que se extienden hacia la izquierda, señorita? mente un pasaje sobre los amantes. Cómo quisiera aún mecenas. Nadie te deja administrar tu entrega. Estoy
aplanadas, sus lucecitas ascendiendo el cerro a cuyas fal- Estamos en cuclillas en un pequeño prado del Inn. Esas ser esa mujer. Luego llamaba cada noche, nos citábamos como al empezar o peor. Como si yo no fuera yo, sino
das nace a veces el monstruo que crea el miedo: si solo notas son los bueyes, respondo. Y su sonrisa encubre re- para revolcarnos en los jardines. Por las calles del Centro otra, Sarah resbalando en entre los tachos de basura. Sin
poseo esta vieja olla grasosa, quien pretenda robarla pre- pugnancia con un gesto de cordialidad. encontrábamos a los poetas, muchachas y muchachos embargo persisto dentro de este asilo dentro de este es-
tenderá también matarme. No puede ser que ambos estemos aún acá. Por bebiendo en los bares, componíamos graffitis ¿de qué tilo fracasado. Mi estilo es mi bloqueo, Ignacio insiste
Ahora solo hay una noche de viento en la que es impo- qué precisamente acá donde nada es poético. hablábamos? ¿por qué tenía celos de esas muchachas? en que me falta sexo, sexo.
sible dejar de pensar y sigo arrastrándome a la farma- Sigue tranquilamente recostado en el sillón: sus ojos No soportaba el bar, la bohemia me hería. Ig- Soy consciente de que no es una falta. Quiero la valentía
cia. ¿A dónde me dirijo? No le temo tanto como a estar me ven. A veces escucho un susurro: mi nombre, Sa- nacio era celebrado, amado por tres mujeres a la de manda al diablo mi trabajo en la Universidad. Quiero
sola bebiendo cerveza, porque sin esperar nada aguar- rah, playas caracoles, atardeceres rojos y azules. Me vez y yo aparecía en esa rara bohemia galopan- el vacío o el vértigo que me depararía esa valentía.
116 117
Narrativa
TEXTOS
Descomposición Retrato de mujer sin
precipitada familia ante una copa
del platonismo. pintas de Sendero y las pizarras que anunciaban a citar a Mallarmé, a Villon, a Baudelaire, a Sade
las polladas bailables del personal administrativo, o a Nietzsche o a quien diablos sea en la bruma D
La realidad y la ficción
e
Novalis, Keats, los goliardos y otros autores que del pasado –a un tal Diógenes de Sínope o aun
había seleccionado para mi curso de literatura? tal Cavafis de Alejandría, filoheleno–. En reali- A
H
r
ubiera querido hacer el amor con Él en ¿Era importante acaso continuar con esta ruti- dad no sabría decir por qué nos sucede esto, en t
¿Qué significa escribir sobre literatura en una
ese momento. Bajarme los pantalones y na? Antes de que los militares intervinieran la particular a los escritores latinoamericanos.
e
T
e
del mundo material: los árboles en la calle, niños netazo– entonado por una cantante vernacular: ven dos antinaturalezas: la del sudaca –el hispa- t
arde o temprano, el rostro de Cossette, r
que juegan en las esquinas, el sol abriéndose al “Hierba silvestre, aroma puro” y no necesitaban no, el cabecita negra– que ama más la literatura
ángel nacido del pecado en Los misera-
a
atardecer para extinguirse en un breve segundo, ahondar más. La cola para el almuerzo en el co- occidental que los mismo occidentales, y la de s
U
rros famélicos, seguidos de los cumpas –modo
jos y yo por ahí ando torciéndome los pies. triste. Solo años después dejaría de atravesar la na alumna de la universidad triste me
O
popular empleado para designar a los integran- l
No quería cubrir mis cambios físicos con cosmé- barriadita que en 1986 se llevó el huaico, dejando echó en cara que se había levantado a un l
tes de los movimientos subversivos en tiempos é
ticos ni en la peluquería. En todos mis sueños a la vista de todo el mundo colchones y catres gringo por un plato de lentejas –en reali-
del conflicto armado–, para sembrar –decían– la
iba perdiendo progresivamente el mismo dien- de fierro flotaban a la intemperie, los verdaderos dad fue por una oleaginosa porción de salchipa-
semilla de la rebelión contra las autoridades co-
te, hasta que me despertaba para comprobar que himnos a la noche como cantó Novalis. pas– porque en su casa eran once hermanos, ella
rruptas, los profesores mediocres y los chantajis-
efectivamente estaba ahí, que quería recibir los tenía hambre, y en clase yo no había dejado de
tas sexuales.
años con él ahí. El diazepán no me liberaba sino hablar sobre Rimbaud. El poeta maldito le había
Entre las alumnas, había madres con sus peque-
por algunos minutos de mi indefensión. *** despertado el apetito con su hambre de paisajes
ños en brazos, a los que daban de lactar, joven-
Los escritores se llenan de palabras y de desconocidos, me dijo en tono guarachero. Al oír
L
citas que por una hamburguesa se levantaban a
ídolos voluntaria o involuntariamente. os escritores latinoamericanos, en espe- su lamento, sentí que Rimbaud había muerto va-
un gringo en el Centro. Una chica que arrastraba
Nuevo encuentro con un escritor de izquier- cial los poetas como Bolaño, Borges y sus rias veces.
unas chanclas deshilachadas hizo que me arre-
da en la plazuela de San Marcelo: Este es- seguidores, reaccionan y escriben como Poco tiempo después, uno de mis alumnos prefe-
pintiera de por vida de mi formalidad cuando la
critor admira, sin embargo, la malditez del lectores fanáticos o fantasmas en trance. Incluso ridos, que solía acudir a clases ebrio, me extendía
increpé por su falta de atención en clase. La po-
escritor norteamericano, lo exquisito en el yo misma a veces me considero una esnob por el sus manos temblorosas cual Bukowski y me pe-
bre acababa de enterrar a su madre en una fosa
francés de principios de siglo, la obscenidad hecho de no poder evitar dos líneas sin referirme día un beso, que lo besara maestra y le compra-
en el arenal, a pocas cuadras de su casa. Dos es-
de los irlandeses, todo aquello que traducido a escritores de siempre. Patricia Highsmith con- ra uno de los libros que traía en su morral. Era
tudiantes la habían ayudado a cavar la sepultura.
al lenguaje limeño es decadente y poco radical. cibe a sus personajes psicópatas como grandes obvio que para seguir bebiendo: Canetti, Onet-
No recuerdo si la enterraron en un ataúd o si tan
Este escritor muestra, asimismo, una con- melómanos y coleccionistas de arte. Tom Ripley; ti, Benedetti, los nombres de todos esos autores
solo la arrojaron.
tradicción dolorosa entre su anhelo de escri- por ejemplo –protagonista de varias de sus nove- terminaban en las mismas sílabas y sus libros
¿Debía convencer a mi auditorio o, mejor, a mí
bir y el de militar. “Frente a la violencia, qué las–, puede escuchar en sus ratos de ocio a Bach o parecían estar destinados a un mismo final: ser
misma de la necesidad de seguir al pie de la letra
papel desempeñan ustedes?” pregunta. Se- a Vivaldi. Hay algo que aproxima a Ripley a estos rematados por el alumnos, para que pudiera se-
con el programa del curso: la literatura romántica
gún él, nos manteníamos en la neutralidad o compositores europeos, tal vez un goce remarca- guir chupando en las chinganas, porque el trago
alemana? En la siguiente sesión tocaba Novalis.
en la oposición. Éramos ignorantes o ciegos do por cierta asepsia. En cambio, entre nosotros lo aproximaba al Parnaso, al Olimpo –la barria-
La flor azul, el símbolo de la perfección soñada
o cobardes o pusilánimes. Éramos, pues in- Bach o Vivaldi sirven de timbre musical para los da El Pedregal–. Que se divisaba desde aquellos
por Novalis, ese inaccesible bibelot romántico te-
capaces. Un escritor debía ser capaz de todo. celulares y de música de fondo en las librerías. tambos.
nía más importancia para ellos que para mí.
Yo y mi platonismo caíamos en un pozo profun- Esta compulsión utilitaria podría ser equivalente El ejemplo para los aspirantes a escritor era
¿Qué hacían en la universidad triste, entre las
do.
118 119
Onetti, quien se había pasado años en cama con un Tres muchachos esperan por ella a la salida, tres hal- Montparnasse 19, la película que vimos en el cine- Elaine Souplet, sospecho, debió pensar que su emplea-
vaso de whisky en las rocas. El alumno de las manos cones de baja estatura, de cabellos largos, lacios y en- club del Museo de Arte. Nos atraía el sufrimiento de dita pequeña y dulce volvía a su terruño para alzarse
temblorosas era un gran lector, sí, y también un gran gominados la miran fijamente a medida que ella se Modí: no hay Parnaso sin dolor, rezaba una máxima en rebelión contra el gobierno imperialista de Belaún-
escrito sin escritura. Parecía decirnos: Lo que importa aproxima a la puerta. Uno de ellos, el más circuns- de nuestra subcultura. de, ya que precisamente ese año estallaba en el Perú
es soñar con lo que se va a escribir algún día. Vaya uno pecto, se le acerca como si la fuera a embestir: “Veo la Simone, lo sabíamos muy bien, era el castor de Sartre la lucha armada, cuando en verdad esa chica, es decir
a saber qué soñaría con escribir algún día aquel émulo locura en tus ojos”, le dice al oído. El muchacho es un –así la llamaba él–, pero para nosotras era ante todo yo, solo huía de una posible tercera guerra mundial, D
de Onetti. poeta maldito o un futuro suicida, un bueno para nada, Simone. Cuando en 1976 fui a vivir a París, nunca pronosticada por algún irresponsable político francés, e
El tiempo ha pasado. Quizá el aspirante a Onetti haya según los cánones de la época. Se han de olvidar de él pude ver a Simone sino a Brigitte Bardot. Eso es lo y de las incomodidades de la buhardilla. Lo anunció, A
r
escrito la novela de su vida y algún editor contestata- cuando muera, pero treinta años después su poesía se que me depararía mi tiempo, tan distinto al del castor. lo dijo a voz en cuello cuando tiró la puerta de servicio t
rio llegue a descubrirlo después de muerto, como se leerá con angustia y El arte de navegar remontará la El Montparnasse de Modí ya no existía, en su lugar para siempre. Sí, se iba a dar un gran duchazo, pero e
s
hacía antiguamente. Hace cincuenta años Bukowski montaña como el ave en busca de su presa. había una torre sin el toque romántico de las buhardi- un duchazo padre, justo en la casa paterna, algo con lo
descubrió a John Fante. Al mismo Bukowski lo des- Se llamaba Juan Ojeda y con él Danilo y Chacho pa- llas ni la angustiosa realidad de los artistas. que fantaseaban todos los peruanos en París.
y
cubrieron también ya viejo y borracho. saban las tardes en la biblioteca, solitarios, inventán- L
e
Es difícil en esta época, me dice al oído mi ángel de la dose un oasis lejos del aburrimiento limeño, a salvo de t
guarda, ahora el que pierde, pierde. En realidad, entre la ciudad más soñolienta del mundo, de una insulsa *** ***
r
a
los aspirantes a escritores nadie sabe si gana o pierde estación en el desierto. Por esos días Esther y yo ca-
L E
s
–nunca lo sabrá–, razón de más para hacer a un lado la minábamos por la avenida Manco Cápac, halando de os muchachos y muchachas que entonces amá- l doble de David Bowie me avisa que mi pedi-
No
angustia frente al destino literario. Verlaine y de Rimbaud, recordando los alaridos sordos bamos eran íconos rebeldes, algún hippie con do acaba de llegar. Una antología de los sonetos
de estos muchachos en nuestros corazones. El exilio un librito de León Felipe bajo el brazo, un es- de Rimbaud compilada por un argentino –E. 30
en la biblioteca se convirtió en nuestro verdadero ho- tudiante con morral y ojotas, discípulo de la revolu- M. S. Danero–, un librito de pasta celeste, de apenas 7
M
gar. Juan era igual que Danilo, igual que Chacho, pa- ción rusa, esfumándose en una estación de ómnibus por 10 centímetros. Lo reviso, no es un libro virgen, ha a
recían uno solo, la misma persona con un opaco traje interprovincial, loco de amor por su terruño; una chica sido vejado por otros ojos. Me llega contaminado por r
c
gris, la mirada llameante y el peinado a lo Valentino. existencialista amante del teatro de Jodorowsky, ves- los sueños de misteriosos indigentes que, como yo, ex- o
En la oscura biblioteca
En estos jóvenes militantes admiradores de Javier He- tida de negro, con tacones y medias cubanas blancas, clamaron: ¡Por fin “Al cabaret verde”!: “Pedí tartinas y
raud vi a Rimbaud, el eterno poeta adolescente, sacri- que escribía poesía con los dedos llenos de nicotina. jamón blanco…”. Eso era lo que yo quería ver, por fin M
ficado en una ciudad horrible, suspirando por la be- Mi amor platónico era un estudiante universitario tenía cerca al energúmeno en la soledad de sus sonetos a
lleza, mientras Lima, envuelta en niebla, permanecía marxista, esquivo y misógino, que nunca me hizo de juventud, más cerca y joven que nunca. ¿Podré vol-
r
t
latente, con sus niños hambrientos en los tugurios del caso, y a quien yo llamaba el muchacho de la mon- ver a sentirlo como en ese instante en que mi corazón o
s
Centro y en sus callejones. Así le había descrito Sala- taña, porque imaginaba que se refugiaba en la sierra estallaba de dicha?
B
iblioteca Nacional, 1966. Una muchacha anota zar Bondy y había dado en el clavo. En cierto modo, cada verano para activar su célula partidaria. Luego
en una ficha Las Iluminaciones de Rimbaud y Lima la horrible era como un elogio de la sombra, a en invierno, podía arremeter desde el campo a la ciu-
se la entrega al bibliotecario de turno, un jo- la manera de Tanizaki. Podría decirse que Lima era dad, como años después lo hiciera Sendero Luminoso. ***
ven rubio que tiene un parche en el ojo izquierdo y se también la sombra ardiente de Juan Ojeda. ¿Habrá estado él entre sus filas? ¿Habrá muerto quizá
L
parece a David Bowie. Los bibliotecarios ya conocen junto a los cumpas? as imágenes se entrecruzan a ritmo de cumbia,
a la lectora que siempre pide títulos raros, esos que Probablemente Madame Souplet, una dama francesa el baile colombiano que me esforcé en apren-
han desaparecido extrañamente de los anaqueles; el *** en París, también imaginó algo semejante con respec- der para demostrarle a mi padre que sí sabía
sistema de préstamos es artesanal, las papeletas ingre- to a la mucama que leía a escondidas su libro de Jean bailar. Al verme, él solo atinaba a inclinar la cabeza
E
san a una cajuela que halada por sogas, se hunde en el sther y yo perseguimos a un muchacho por el Genet y que partió intempestivamente un día en que compungido. Recuerdo los anticuchos que se vendían
sótano. Después de media hora o más, el bibliotecario jirón de la Unión. Él, que nos parecía el poeta ella y toda su familia estaban de vacaciones. La atrevi- al paso en las carretillas de la avenida Manco Cápac.
llama a cada uno de los lectores por su nombre. Si el perdulario, se pierde en el largo pasadizo de da le dejó sobre la alfombra la aspiradora, no descorrió Alumbrándose con lamparines de kerosene, las ma-
libro no se encuentra o está en otras manos, haya que espejos de un motel. las persianas ni alcanzó a hacer las camas (la bella se- machas abanicaban sabrosos trozas de corazón debi-
sumar media hora o más a esta operación. Cuando le Por esa época ninguna mujer nos quitaba el sueño. ñora grita de horror al entrar a su elegante vestíbulo), damente adobados, que servían con una papita asada
toca atender al empleado de las verrugas en el cuello, Tendrían que pasar muchos años para que llegáramos porque ese día alguien llamó a la mucama por teléfono y ají amarillo. El tallarín saltado y el arroz zambito del
ella presiente que éste, un viejo gruñón, se revuelve en a Alejandra Pizarnik y a Silvia Plath. Por el momento, y, entonces, ésta le escribió una nota avisándole cortés- rosita los teníamos reservados para después de nues-
su interior. Ella sospecha que él le niega los libros a éramos solo Esther y yo escribiendo nuestros primeros mente que regresaba a su país y que por la paga de sus tras conversaciones sobre la poesía maldita, porque en
propósito, para hacerla sufrir. versos, nuestros primeros ensayos, fanáticas de Modi- servicios tomaba de su bar dos botellas de champán, ese tiempo Esther y yo nos sentíamos decididamente
Desde hace una semana en vano la papeleta con la gliani, de Simone de Beauvoir. más una de vino árabe como compensación por tiem- malditas.
que intenta sacar Las iluminaciones. David Bowie la Ah, nuestro querido Modí, tan perverso y cruel con po de servicios. Mientras caminábamos por las calles en La Victoria
mira sonriente: objeto desconocido. No importa, dice su mujer Jeanne Hébuterne. Pero Modí era nuestro La mucama, a la que un fiel amigo que se había ena- hacia su casa, íbamos dejando atrás el hocico, las ma-
ella, y pide el libro de los primeros poemas del mismo Modí, y no comentábamos nada acerca de su relación morado de ella le había regalado el pasaje de vuelta a nos procelosas y el rosario de Lima. De pronto, en una
autor: “Al cabaret verde”, “Sensación”, “Los sentados”. con Jeanne, pues Jeanne no existía para nosotras sino Lima, estaba harta de hacer la limpieza en casa ajena, esquina asomaba François Villon, el poeta malhechor
La tarde en el largo salón se carga del sopor de la pri- como Leyenda. Modí había sufrido como se debe en en la Ciudad Luz, y decidió retornar a Lima. Esa mu- o tal vez el misántropo Conde de Lautréamont, dis-
mavera. cama era yo.
120 121
frazado de mendigo o adolescente prófugo del orfana- Cuando el profesor me telefoneó para echarme en
to. También representábamos a Albertine Sarrazine y cara mi actitud voluble frente a él, casi me susurró:
a Jean Genet, quienes habían huido primero del hogar “Lo que pasa es que tú amas a Rimbaud”. “No había
asfixiante de sus padres adoptivos y luego de la cárcel, encono en esa voz”, me dije, “pudo matarme y en cam-
donde ingresaron por ladrones. Esther se identificaba bio, me compara con Rimbaud”. Tras lo cual se lo po-
con el destino de Albertine. Ella a veces era Albertine día ver, solo o acompañado, bebiendo en las chinganas D
adoptada por una pareja de ancianos. de los alrededores de la universidad, en pleno desierto e
Años después, Esther se volvió investigadora y se ano- cantuteño, añorando con cada vaso de cerveza a quien A
r
tó varios goles sobre la novela policial escrita por mu- lo abandonó por Rimbaud. t
jeres peruanas en las primeras décadas del siglo XX. Pero la vida disipada no duró mucho porque al poco e
s
En verdad, ella, además de poeta, era una exploradora tiempo los docentes iniciaron una estampida general
fuera de serie de bibliotecas, que se hundía con la ha- ante la inminente evaluación ordenada por el gobierno
y
bilidad de un topo en los grasientos archivadores de interventor de Fujimori. Algunos profesores murieron L
e
las oscuras y mal ventiladas bibliotecas universitarias, destrozados por la drogas o en accidentes de carretera t
con sus empleados gruñones y poco asertivos. cuando iban en pos de otro trabajo en el interior o,
r
a
Esas bibliotecas me transportan a otros aires, los de si no, terminaron como correctores mal pagados en s
la sierra de Lima, como la biblioteca de La Cantuta, las redacciones de periódicos o vendiendo cualquier
No
enclavada entre los montes pelados de Chosica, llenos cosa a los maestros que transaron con las nuevas au-
de casitas listas para ser arrasadas en temporada de toridades. El pay –pasta básica de cocaína– mató a un 30
lluvias. Una tarde de 1986, después de dictar tu clase psicólogo lector de Vallejo y de Camus con el que me
M
en la Facultad de Letras, te tocó presenciar el aluvión enfrascaba en tiernas disquisiciones sobre arte y lite- a
bíblico que se llevó las viviendas precarias de los pro- ratura. Siempre me dio la impresión de ser un hombre r
Estela Soler, Carlos Hendreson, José Rosas Ribeyro, Enrique Verástegui leyendo, Elqui Burgos, José c
fesores y empleados de la universidad. Te persignas- tranquilo que moriría viejo y en gracia, pero de pronto o
Tang, abajo Pilar Dughi, Carmen Ollé, en la tumba de Vallejo, París..
te porque a esa hora todavía no habías subido por el las uñas le crecieron, su barba de chivo encaneció, la
puente peatonal de El Pedregal –que nadie cuida, por- tez marrón de su semblante se volvió azulina y se ol- M
que ni los estudiantes que lo utilizan para pasar al otro vidó de mi nombre, se olvidó de leer y murió solo en a
lado del Rímac contribuyen a su mantenimiento con un cuartito de El Pedregal, dicen que de tanta pasta y
r
A
ñas velan sus ojos de tanto en tanto pero no critica ni
covachas donde vendían ron y cervezas en las laderas las seis de la tarde entrego el libro de los so- por qué Los mandarines y La invitada me apartaron
se burla. Entramos a la casa y se dirige despacio a su
de los cerros tachonados de nubes y estrellas. Estas netos y salgo a caminar por una Lima que me de Dios.
piano, a los restos de él, ya que la mayoría de las teclas
eran como boca de lobo insinuante de las alturas. depara alguna que otra sorpresa, un don que Me propongo seguir mortificando al sahumador por-
han salido disparadas, y ejecuta una melodía imagi-
¿Y quién no chapaba con alguien en esas fechas? en realidad no proviene de Lima sino de mi juven- que me excita verlo vestido con su sotana negra perfu-
naria sobre el esqueleto del instrumento. Lo hace con
Hasta las profesoras se entusiasmaban y coqueteaban tud. Los viejos están cansados, han perdido ese don mando de incienso a los fieles. Pero esta vez decido se-
la moral baja, dice, con la moral chorreada, precisa ri-
entre ellas como libertas lujuriosas, olvidándose del y por el contrario temen ser sorprendidos. La luz del guir caminando. Enrumbo hacia la plaza San Martín.
sueña.
puritanismo de la escuela y del hogar. Las chicas atardecer ilumina las piedras ornamentales de la igle- La multitud me protege, me deslizo en ella como por
Ada se suicidó dos meses después de que nos cruza-
serranas se tornaban especialmente apasionadas con el sia de La Merced. Permanezco clavada en el pórtico, las axilas de mi madre, sintiendo su aroma inconfun-
mos en el jirón de la Unión, la noche del Año Viejo
trago a cuestas y se mantenían frías y discretas sin él. Al aturdida por el enjambre de vendedores ambulantes. dible, su humor cálido. En la vereda de enfrente veo
del 1966. Dibujante desconocida, pinto rostros de ojos
día siguiente de la juerga, ninguna parecía recordar lo Uno de ellos, que sufre de párkinson, me ofrece una a Ada, mi ex condiscípula. Pasa de largo conversando
grandes y oscuros como los de ella, con un resplandor
vivido. Me pasaba lo mismo con el profesor trotskista lotería; la mujer sin zapatos tiene la nariz roja de tanto con una muchacha bajita; va vestida de manera gracio-
de bondad y odio íntimo que aún me estremece. El
que editaba un periódico comunista que repartía entre beber; otra, con un niño a sus espaldas, vende velitas sa: un saco sastre y una corbata roja. Sonríe, le sonríe
día del velorio, busqué por toda la casa sus poemas y
los miembros de la comunidad universitaria. De figura misioneras; solo parecen faltar los saltimbanquis como misteriosamente a su amiga. ¿De qué hablan? Segu-
pinturas. Mientras, los amigos y parientes habían or-
amable, alto, delgado, elegantemente desgarbado, Esmeralda y su cabrita blanca. Las gitanas van y vie- ramente, de cuando abordó un avión como aeromoza
ganizado una especie de cruzada en pos de su diario.
lucía su pobreza con la bondad de un sabio que no nen por el jirón de la Unión, delgadas, coquetas, con para viajar a África, llena de sueños y, repentinamente,
Reconocí su letra en un poema que hallé al abrir un
ambiciona riquezas sino justicia y equidad popular. su baraja de naipes en la mano. movida por una ira incontrolable, bajó las escalinatas
cajón. El trazo era vertical y las letras se alargaban in-
“No le hagas daño”, me pidió un día un amigo, “es el No he de entrar esta vez a la iglesia, pese a que se está del avión Faucett y nunca más regresó.
termitentemente en forma de agujas o astillas sobre el
último romántico del Perú”.
122 123
RECITAL NEOBARROCO
papel rayado. De inmediato cerré, nerviosa, el cajón,
como si Ada me hubiera visto y estuviera molesta con- MONÓLOGOS
migo. Me estaba observando desde el más allá, pues yo
DE LIMA
R
no buscaba el diario, como los demás, para explicarme ecibí la invitación de una editorial para asistir Por suerte apagaron las luces, el jazz dejó de sonar y
su suicidio en una frase escrita quizá premonitoria- a la presentación de un libro de ensayos sobre en el estrado un pozo de luz blanca saltarina empezó
mente. Quería sus poemas y dibujos para acariciarlos el neobarroco en la poesía latinoamericana. El a perseguir a una muchacha pequeñita, casi una niña o D
y guardarlos en mi pecho y desentrañar el misterio que Belén, Belén evento se iniciaría con la lectura de un poema musical una enana adolescente, sin zapatos, con un maquillaje
e
siempre la rodeó. (escenas turbulentas o dedicado a Kurt Cobain. Qué oportuno, pensé, con la lunar. Los versos salían a borbotones de su gargan-
A
r
Ada hacía auto-stop cuando en Lima ni se pensaba leer
turbias) evocación del héroe legendario se atraería a las bandas ta, ríspidos, cortantes, y al final de cada estrofa se oía t
N
y
moda. La obsesión de Ada por África tampoco corres- que gozaban de una fama decadente muy merecida, arrebujó en el pozo de luz y volvió a la carga. El ma-
ingún pintor ha recreado tanta maravilla de- L
pondía al culto que le rendían estos poetas a Joseph solo participaban los amigos y parientes del autor o nierismo se lucía más en el estilo de recitar que en el
cadente en una ciudad como Iquitos y tan- e
Conrad y su libro El corazón de las tinieblas. No creo la autora. Hacía tiempo que yo me había prohibido contenido de los versos.
t
to horror ante la miseria en un solo barrio: r
que Ada hubiese leído a ninguno de los dos y mucho ir a los recitales de poesía elíptica. Su pureza e incon- Mi admiradora me susurró el nombre de la poeta, era
Belén. Ahí encontré mi África, el rincón que andaba
a
menos a Rimbaud, el explorador, el poeta vagabundo. taminación persiguen a toda costa la abstracción y la la misma ninfa que ahora se retorcía con una carcajada
s
buscando. Volé hacia la vieja ciudad del caucho y del
Sin embargo, ella estaba más cerca de él que Juan Oje- pesadumbre como un distintivo frente al melodrama y muda ente el público. La performance, dijo mi fan, es
esplendor perdido para asistir a un seminario. Una No
da, Chacho o Luis Hernández. el grotesco garabato de la ciudad. lo último en los recitales, yo siempre vengo y arrastro
pausa, necesaria y urgente. 30
¿Quién estuvo conmigo durante toda la semana que El bar quedaba en un sótano decorado como un baño a mi hija, que debe estar hecha un pichín porque no
duró mi estadía en Iquitos? ¿Quién seguía mis pasos del Imperio romano, con nichos en las paredes, pintu- empezaron con el tal Cobain, nos aseguraron una pri- M
*** ras de cazadores de pantera y piso de hormigón. Cuan- micia y ya ve, francamente… a
por el bulevar, contemplaba conmigo el río, paseaba en r
C
canoa por el agua estancada de Belén, bajaba también do llegué tocaban jazz y en el local –casi lleno– había Le volví a sonreír del mismo modo para que se callara, c
ielo también se suicidó 36 años después de jóvenes con pinta de estudiantes de Letras sentados sumándome a los discretos aplausos del público. La
o
hundiendo sus pies por la calle de los carboneros? Pa-
que lo hiciera Ada, con una mezcla de foli- alrededor de unas mesas diminutas, aunque también ninfa de la luna se había esfumado. Por la dirección
rís del siglo XIX, Iquitos en el XX, XXI, XXII, solo el
dol y leche. Cielo cayó al cauce del río Rímac alguna que otra señora elegante de mediana edad, de las miradas de la gente debía estar ahogada entre
tirano sabe hasta cuándo. M
frente al bulevar Chabuca Granda ya iniciado el siglo amante de la lectura. Me ubiqué en una mesa para dos un grupo de fanáticos, en una de las mesas cerca de
a
En Iquitos el calor destroza el cráneo del forastero. r
XXI, supuestamente drogada. Cielo o Tatiana Poéma- personas y puse mi cartera en la otra silla como para la barra.
De día, el sol y las iguanas que imagino: me espera
t
pe era pirañita. Dormía en la ribera del río y se mante- guardar sitio, pese a que no me había citado con nadie. Dos jóvenes altos y blancos de cabellos largos y lacios
o
un mundo más allá del río; de noche, aquella sombra s
nía inhalando pegamento, la biblia de todos los chicos Ni bien me acomodé se me acercó sonriente una chica informaron que la pieza de Cobain la pasarían después
arrastrando sus muletas por el bulevar: Noa Noa, estoy
de la calle. Con el pegamento, Dios los ama y cobija. con un libro mío y un lapicero y me pidió un autógra- de la presentación del libro. De inmediato colocaron
contigo, ¿nunca dejaré de ser tan esnob?, es verdad,
Me pregunto: ¿Qué puede unir las vidas de estas dos fo. La muy fresca hizo a un lado mi cartera sin pedir cuatro sillas y una mesa larga sobre el entarimado. Allí
pero sus ojos alargados, su quijada dura y pómulos
suicidas, si no es tan solo el hecho de estar muertas? permiso y se encaramó sobre la mesa para explicarme se sentaron dos de los tres ponentes anunciados y la
sombríos, Dios, aquella sombra acurrucándose en mi
Imagino que Ada y Tatiana puedan estar juntas en el tenor de la dedicatoria que quería para su mamá, autora, una profesora venezolana de formación laca-
hombro para contarme cosas que me guardaré para
algún lugar, hablando del tiempo o de lo difícil que asidua concurrente a mis presentaciones literarias; en niana, según la gacetilla que nos repartieron. Iba con
siempre.
se ha puesto Lima para una chica, comparando entre cambio ella estudiaba Electrónica y amaba la música un traje negro entallado más largo en la parte de atrás,
¿Pero no había acaso un nexo entre esa sanguijuela y
ellas sus respectivas edades y etapas. Ada de 21 años, de Cobain, razón por la que había «venido a este an- hasta casi rozar los tobillos; por adelante se podían
yo? Ambas alimentándonos del sol del pasado. Lo adi-
muerta en 1966; Tatiana de 19, muerta en el 2004. No tro», pues no tenía ni idea del libro que iba a presentar. ver sus piernas desnudas hasta un par de centímetros
viné en la manera cómo ambas arrastrábamos las pala-
me conformo pensando en que son dos mujeres con- El término neobarroco le sonaba gracioso, paja. Una arriba de sus rodillas. Los otros ponentes, profesores
bras comiéndonos los sufijos: paaquenombotnssnoora y
temporáneas que optaron simplemente por quedar off vez firmado el libro se fue como vino, sin despedirse. de literatura y críticos literarios, mostraron la pose del
un frío suspiro, es todo lo que puedo decir de las dos.
the record ante la indiferencia de su tiempo. Volví a quedarme sola, situación bochornosa en ese investigador en asuntos reservados: mirada lánguida,
Aquella sombra sin padres deambula ahora por los ba-
res y conversa con los turistas, se acurruca en el hom- preciso momento en que iba llegando más gente, lo indiferencia ante el público y complicidad entre ellos.
bro de quien la escucha. Es soñada por un príncipe que me obligaría a ceder la otra silla; la gente provenía Al parecer el tercer ponente les había fallado porque
encantado, una rana que canta abajo, en la ribera; de del submundo del arte, es decir de una dimensión aje- una chica dio un brinco deportivo hacia el estrado y
noche hay un concierto de ranas en el bulevar. na tanto a la economía de mercado como al mercado retiró el cartelito con sus créditos.
Belén se ha quedado grabada en mi pensamiento: su de abastos. Se notaba por la ropa, los típicos dreads, la Intuí por los gestos de mi persistente admiradora y
actitud desafiante, con el libro de la noche entre las por el vector que orientaba su rostro que estaba próxi-
Narrativa
apacible miseria, los estancos de peces de piel oscura,
manos, cual escudo de armas.
TEXTOS
el bar flotante donde se citan las carachamitas de no- ma a una confesión íntima y me deslicé hacia la salida,
che para hacer el amor en las canoas, en el río negro. La chica regresó con una mujer de mi edad que me abandonándola en las alturas culturales, no sin antes
Una escuela allá arriba, los servicios higiénicos cubier- presentó como su madre y la chantó en el asiento que dedicarle otra sonrisa filosófica. No necesitaba más
tos con un plástico celeste. yo había estado guardando para nadie. Tomé mi carte- barroco que el que me esperaba en la calle.
ra y le lancé una sonrisa misteriosa de esas que no dan
cabida al diálogo.
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inéditos
TEXTOS
Poema parisino
D
e
E
A
ra el número trece en mi habitación de rue La Pompe, a dos estaciones de r
George Mandel, en el elegante distrito XVI, donde los bohemios, los negros, t
e
los sin tierra habitan los techos de París. s
Aún veo ondear mi toalla taurina en el balcón del séptimo piso y al policía francés y
que hacía de portero inclinarse sobre la estufa prestada –solo por la niña– aclara.
L
La bombona de gas se enciende, contemplo como los hermosos trozos de asado que e
tomamos sin pagar penden del balcón de mi buhardilla, t
r
una botella de vino abierta a
libros s
espacio podía prescindir del resto y éramos tres batallando a zapatazos, desesperados
de besos y caricias en el humo de los gauloises, mi tristeza no era mi tristeza sino el M
júbilo de una soledad on partage, para decirlo así, con términos igualmente jurídicos, a
igualmente comerciales, ya que nada estaba dividido en nuestro mundo, los amigos
r
t
venían, ¡rápido, rápido! Un té, una lata de sardinas, tallarines con atún y pan baguette. o
s
Ah, y la teoría, nadie bostezaba, solo el vecino o la portera
La puerta de vidrio de mi balcón se vistió de rosado, se calzó botas impermeables
color caqui, sacudió largas horas los visillos para otear mejor el tiempo abajo, cuántas
veces tu cabeza apoyada en mi hombro durmió agotada, pero quién nos perseguía,
quién publicaba cuchillos y rosas con espinas, ¿quién?
Llamaré a este capítulo remembranza, hastío, el pálido sueño.
126 127
ÍNDICE
JESÚS RUIZ DURAND
JOSÉ ANTONIO CHANG ESCOBEDO
MARIELA DREYFUS
INA SALAZAR
RICARDO GONZÁLEZ VIGIL
1-16 Adrenalina domesticada. Poema visual
17
19
27
37
EDITORIAL
Carmen Ollé: Escritura y amistad
¿Noches de adrenalina, palabras para la otra tradición?
Noche incandescente del cuerpo
ROSSELLA DI PAOLO 45 Claroscuros en París
JAVIER MORALES MENA 55 Carmen Ollé: Intertextualidad, Poesía y Dinero
MODESTA SUÁREZ 63 Impudores y poderes en Noches de adrenalina.
CHRISTIAN REYNOSO 67 El grito de la violencia / Adela, personaje puente
JESSICA RODRÍGUEZ 77 Las dos caras del deseo, entre la literatura y la realidad
RÓGER SANTIVÁÑEZ 83 Carmen Ollé en Hora Zero y otras instantáneas del recuerdo
SANDRO CHIRI JAIME 89 Las respuestas de Carmen Ollé: La poeta se desnuda y estornuda
VARIOS ESCRITORES 99 Carmen Ollé: Realidad y Deseo Antología poética
JULIO ORTEGA 104 Premio nacional casa de la Literatura. Para leer a Carmen Ollé
HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE 106 Antología de Carmen Ollé
CARMEN OLLÉ 108 Un poco de luz, un poco de niebla, un poco de azufre
*(antología: poesía y narrativa)
ÍNDICE / CRÉDITOS 128
Consejo editorial: Sandro Chiri, Rossella Di Paolo, Clayton Eshleman, Roland Forgues,
James Higgins, Marco Martos, Everardo Noroes.
Dirección Académica: Hildebrando Pérez Grande, [email protected]
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Dirección editorial: Guillermo Thorndike Losada (+) Rosario del Campo de Thorndike
Martín, revista de artes & letras, publicación de la Universidad San Martín de Porres.
La revista agradece la valiosa colaboración de: Ian Bravo, Jorge Meléndrez, Luis Bejarano,
Arturo Pretel, La Casa de la Literatura, Carmen Ollé y familia, Sandro Chiri, Modesta Suárez,
ÍNDICE
José Rosas Ribeyro, Esteban Quiroz, Olga Luna por las fotografías de París, Teófilo Breña
y al banco audiovisual de Ikono SA y de Jesús Ruiz Durand.
El poema visual a color de las páginas iniciales, los videos y las ilustraciones internas en blanco y
negro se realizaron en base a fotos, imágenes, pinturas, ilustraciones y dibujos originales firmados.
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intervenidas, pertenecen a Jesús Ruiz Durand, cuyos derechos de reproducción han sido cedidos
solamente para la presente edición. Es prohibida su reproducción sin autorización escrita salvo con
fines de difusión de la revista.
128