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“Conquistadores

CON PROPÓSITO:
ADN del Reino”
A los Directores de Clubes de Conquistadores
Unión Mexicana del Sureste

Queridos Directores:

¡Atención, líderes!. El momento ha llegado, la Semana de los Conquistadores


está por iniciar, y con ella, una oportunidad que no podemos desaprovechar:
“levantar una generación que tiene un propósito en la vida”.

Este año nos unimos bajo la serie “Conquistadores con un Propósito: ADN del
Reino”. No es un programa más; es una estrategia para formar el carácter de
Cristo en nuestros conquistadores. Jesús mismo nos dejó en Mateo 5 ocho
pasos para ser felices y bendecidos.

Liderar esta semana es mucho más que coordinar actividades:

Es marcar el rumbo espiritual de tu club.


Es construir identidad en tus muchachos.
Es inspirar decisiones eternas que cambien vidas para siempre.

Les pido que se preparen como nunca: oren, organicen, planifiquen y ejecuten
con excelencia. Recuerden: un líder que sueña y se prepara contagia a todo su
equipo.

Agradezco profundamente al Pr. Nelson Martínez Bautista, director de jóvenes


en la Misión Este de Tabasco, autor de esta serie, por su dedicación y visión. Su
trabajo es el resultado de oración, estudio y pasión por el ministerio juvenil.

Esta semana será una inversión que el cielo sabrá multiplicar, actuemos con
entusiasmo y mantengamos la mirada fija en Jesús.

Con aprecio

Pr. Víctor Manuel Martínez Bautista


Director de Jóvenes UMSE
ÍNDICE
1 Sábado
Bienaventurado los que no presumen

2 Domingo
Llorar no es débil, es divino.

Lunes
3 El poder de los que no gritan

Martes
4
Saciados por el cielo

Miércoles
5 Misericordia, el idioma del cielo

Jueves
6 La generación que verá a Dios

Viernes
7 Nacido para calmar tormentas

8 Sábado
Sigo a Cristo aunque me
cueste amigos
1
“Bienaventurados los
que no presumen”
Mateo 5:3

Introducción
Queridos Conquistadores abrimos esta serie de estudio de las
Bienaventuranzas. Este no es cualquier discurso, es el corazón
mismo del reino de Jesús y lo encontramos en Mateo 5:1-12.

Jesús no estaba improvisando, el Señor Jesús hablaba con


toda autoridad de maestro. En Mateo 5:2 dice: “Y abriendo su
boca, les enseñaba, diciendo…”.

El Sermón de las Bienaventuranzas, es un discurso central de


Jesús que describe las características de quienes son
verdaderamente felices y bendecidos, y cómo vivir con
propósito.

La palabra “bienaventurado” viene del hebreo (ashrê), que


significa:

1.Feliz.
2.Prosperado.
3.Bendecido por Dios.

5
En el Nuevo Testamento también es usado unas 50 veces y se
pronuncia en griego: “makarios”.

Durante los próximos días vamos a descubrir cada una de las


bienaventuranzas, no solo como turistas de la Biblia, sino
como discípulos que quieren encontrar la belleza de su
significado y el propósito del reino de Dios.

¿Listo para el viaje?, lee conmigo en Mateo 5:3


“Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el
reino de los cielos”.

Ilustración: —Un grupo de niños discutían quién


de ellos tenía el papá más rico. El primero
dijo: Mi papá tiene más dinero que el de
ustedes, porque hace pocos días se
compró un auto Tesla cero kilómetros.

—Bueno, dijo otro de los chicos, el mío es más rico, porque


tiene una gran casa de fin de semana con una piscina.

—Y un tercer chico, dijo que su papá tenía tanto dinero en el


banco, que podía comprar todo lo que quisiera.

Pero en el grupo había un niño que no había dicho nada. Y


cuando sus compañeritos le preguntaron cuánto dinero tenía
su papá, el chico de condición humilde, avergonzado dijo:
nosotros en casa no tenemos nada de lo que ustedes tienen,
pero mi mi papi tiene fe en Dios, y todo lo que necesita se lo
pide al Él y en seguida lo tenemos, el perdón, la gracia, su
misericordia.

¿Estaba equivocado este niño? ¡No es acaso la fe la mayor


fuente de riqueza!

6
Los pobres de la bienaventuranza no se refieren a la pobreza
económica, mas bien a una cualidad que expresa la manera en
que debemos estar desposeídos de toda arrogancia espiritual
que nos lleve a confiar en nosotros mismos y no en Dios.

Ser “pobre en espíritu” es vivir desposeído de toda arrogancia


espiritual, de esa actitud autosuficiente que dice: “yo puedo
solo”. Es reconocer que sin Dios no tengo nada, no soy nada y
no puedo nada.

Veamos pues, lo que Cristo Jesús nos quiere enseñar con esta
Bienaventuranza.

I. LA POBREZA EN ESPÍRITU
Es triste ver que incluso dentro de las iglesias se valora más la
fuerza, el carisma o la apariencia, que una vida rendida y
dependiente de Dios.

La pobreza en espíritu no es autoestima baja, es una postura


del alma que reconoce:

“No soy suficiente por mí mismo”.


“No tengo lo que se necesita sin Dios”.
“Dependo absolutamente del poder del cielo”.

La humildad es la base de la pobreza en espíritu,


es la cualidad que nos lleva a comprender,
que con nuestras propias fuerzas no
podemos hacer nada. Jesús dijo:
“... porque separados de mí nada podéis
hacer” (Jn. 15:5). esto no es debilidad es,
esto es sabiduría.

7
Elena G. de White, nos dice: “De ellos es el reino de Dios”.
Dicho reino no es, como habían esperado los oyentes de
Cristo, un gobierno temporal y terrenal. Cristo abría ante
los hombres las puertas del reino espiritual de su amor, su
gracia y su justicia” (El Discurso maestro de Jesucristo p. 13).

La pobreza en espíritu no implica mantener una apariencia


andrajosa o apartarte del este mundo real para alejarse de la
sociedad.

Los Conquistadores pobres en espíritu, son aquellos que se


reconocen que siguen siendo pecadores necesitados de la gracia
de Dios.

II. EJEMPLOS DE LA POBREZA EN ESPÍRITU


A) Isaías y el quiebre del orgullo

Isaías fue un profeta respetado… hasta que vio al Rey. En su


visión declaró: “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre
inmundo de labios… han visto mis ojos al Rey, Jehová de los
ejércitos” (Is. 6:5).

Ahí no hubo títulos, ni excusas. Solo un corazón aplastado por


la santidad divina. Isaías no se exaltó, se desmoronó. Y ese fue
el comienzo de su llamado.

B) El apóstol Pablo y su transformación

Pablo fue antes orgulloso de su religión (Hch. 26:4-5; 2 Cor.


12:11). Pablo entendió que su peor enemigo no era el pecado
ajeno... sino el suyo propio.

8
Eso es pobreza en espíritu: dejar de culpar a los demás y
empezar a rendirse ante la cruz.

III. LA HERENCIA DE LOS POBRES DE ESPÍRITU


¿Qué recibimos al ser pobres en espíritu? ¡El Reino de los
cielos es para ellos! Cuando dejas de confiar en tus logros y te
rindes a Cristo, heredas lo eterno. “No os hagáis tesoros en la
tierra… sino en el cielo…” (Mt. 6:19-21).

Jesús no quiere que acumules riquezas temporales, sino


tesoros eternos. Y el primer paso es este: vaciarte del yo… para
llenarte del cielo.

No somos de aquí: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y


peregrinos...” (1 P. 2:11). No estamos aquí para acumular, sino
para avanzar. No vivimos para el oro de la
tierra, sino para el tesoro eterno. “Donde la
polilla no corrompe y el ladrón no roba”
(Mt. 6:19-21).

Ser pobre en espíritu es entender que lo


merecíamos todo... menos el cielo.

Pero por la gracia de Cristo, se nos dio todo...


incluyendo el Reino.

Actividad final
“Cargando el orgullo”
Prepara una mochila o bolsa con varias piedras grandes y
que pesen.

9
Pide a un par de conquistadores que se la pongan en la
espalda y haz que caminen una vuelta cargando el peso
mientras repiten frases como: “Yo puedo solo”, “No necesito
ayuda”, “Soy mejor que otros”

Luego detenlos y pregúntales: ¿Cómo se siente cargar todo


eso? ¿Así camina la gente orgullosa? ¿prefieres cargar con ese
peso ó vivir livianos?

CONCLUSIÓN:
El verdadero conquistador no se llena de orgullo por lo que ha
logrado. Se llena de gratitud por lo que ha recibido por pura
gracia.

“El conquistador que ha comprendido la pobreza en espíritu…


es un cristiano satisfecho.”

No espera nada que crea merecer. Todo lo que recibe lo vive


como un regalo inmerecido: la salvación, la gracia, la vida
eterna.

Oración final: Mi deseo y oración es que


cada conquistador entienda esto: La
solución ante cualquier orgullo… es
mirar a Dios.

Los pobres en espíritu somos todos los


que necesitamos de un Salvador.

10
2
“Llorar no es débil
es Divino”
Mateo 5:4

Introducción
Estamos comenzando con la segunda bienaventuranza, una
que a muchos les parece contradictoria: ¿Cómo puede alguien
ser feliz mientras llora?

Puedes leer conmigo: Mateo 5:4 “Bienaventurados los que


lloran, porque ellos recibirán consolación”.

Para quien no conoce a Dios, esto suena absurdo. El llanto se


asocia al dolor, a la pérdida, al sufrimiento emocional, físico o
espiritual. Pero Jesús no está hablando de cualquier tipo de
llanto. Esta bienaventuranza no se refiere a lágrimas por
egoísmo, derrota o simple tristeza pasajera. Se refiere a un
llanto profundo, que nace de un corazón sensible al pecado, a
la injusticia, al sufrimiento del mundo… y que, sobre todo, llora
por causa del Reino de Dios.

Aquí no se habla de cualquiera que sufre. Se habla de los que


tienen el Espíritu de Dios, los que han sido quebrantados por
la presencia divina, los que reconocen su necesidad y se due-

11
len por el mal, pero no pierden la esperanza. Son creyentes
que lloran por lo eterno, que cargan con compasión los dolores
de otros, y que, en medio de sus lágrimas, siguen confiando.

Al igual que en la primera bienaventuranza donde la “pobreza”


se refiere al estado espiritual del ser humano y no a la
condición económica, aquí el “llorar” también tiene un sentido
profundamente espiritual. No se trata de cualquier llanto, sino
de un quebranto provocado por el pecado, por esa realidad
que ofende a Dios y nos aleja de Él.

Este es el llanto que nace del Espíritu. Es el gemido del


corazón que ha sido tocado por la gracia y que reconoce su
miseria frente a la santidad divina. Es el dolor santo que
experimenta quien ha entendido el peso del pecado, no solo
en su vida personal.

Y aquí viene el problema: muchos hoy ya no lloran por el


pecado. Vivimos en una generación que normaliza lo que Dios
aborrece y que trivializa lo que debería dolernos. En muchas
iglesias, se ha perdido la conciencia del pecado, y se ha
reemplazado el arrepentimiento. Por eso esta bienaventuranza
no puede ser experimentada por quienes no han sido primero
quebrantados. Sin convicción, no hay consuelo. Sin lágrimas
por el pecado, no hay gozo real en la gracia.

I. EL PECADO Y EL LLANTO
Un cristiano que ha olvidado lo
que es el pecado y lo que significa
estar bajo pecado delante de Dios
jamás podrá experimentar esta
bienaventuranza.

12
Tampoco la experimentará quien prefiere evitar el tema por
miedo a incomodar o afectar su “buena relación” con los
demás. Pero quien no llora por el pecado, tampoco será
consolado por la gracia.

La Biblia está llena de ejemplos de siervos de Dios que lloraron


con sinceridad por el pecado de su pueblo. No eran lágrimas
por problemas personales, sino por el alejamiento espiritual
del pueblo frente a su Dios.

A continuación, algunas citas bíblicas que revelan


corazones quebrantados:

Isaías 22:4 — “Por eso dije: Apartaos de mí, lloraré


amargamente; no os empeñéis en consolarme por la
destrucción de la hija de mi pueblo”.

Jeremías 13:17 — “Mas si no escucháis esto, en secreto


llorará mi alma por vuestra soberbia; llorando
amargamente se desharán mis ojos en lágrimas…”.

Lucas 19:41-44 — Jesús lloró sobre Jerusalén, no por lo


que le hacían a Él, sino por lo que la ciudad estaba
perdiendo al rechazar el día de su visitación.

Juan 11:35 — “Jesús lloró.” en el contexto de la muerte


de Lázaro, refleja su sensibilidad ante el dolor humano y
las consecuencias del pecado que trae muerte y
separación.

13
Como vimos en los versículos anteriores, todos aquellos que
experimentaron dolor, angustia y llanto por el pecado no lo
hicieron por emoción pasajera. Lo hicieron porque entendían
lo que el pecado significa delante de Dios. Lloraban por su
propio pecado y por el de los demás. Lamentaban no solo la
ofensa a Dios, sino las consecuencias devastadoras que el
pecado trae a la vida humana.

Cuando el Espíritu Santo habita toca el corazón, el creyente


comienza a ver el mundo como Dios lo ve. Y entonces, por el
fruto del Espíritu, el amor de Cristo arde por aquellos que
viven en oscuridad. Comprende que si esas personas no se
arrepienten, jamás podrán experimentar la salvación ni la vida
eterna. Y eso... duele. Duele tanto que hace llorar al creyente
genuino.

Un conquistador que ha entendido esta lucha, reconocerá que


en su corazón hay una batalla interna: por un lado, desea hacer
la voluntad de Dios, pero por otro, se enfrenta a deseos que
tiran hacia lo contrario.

II. EL LLORAR EN EL ESPÍRITU


El llanto es un recurso que Dios colocó en el ser humano. Es
una forma natural de liberar la presión emocional provocada
por situaciones difíciles, pérdidas o conflictos. Pero la realidad
es que muchos lloran constantemente sin encontrar alivio,
porque su dolor no está anclado en la esperanza.

En cambio, el creyente que llora con el Espíritu, lo hace


sabiendo que Dios lo comprende, que no está solo en su dolor,
y que llegará el día en que el Señor enjugará toda lágrima de
sus ojos. Así lo prometen Isaías 25:8 y Apocalipsis 21:4.

14
En Romanos 12:15 se nos da una instrucción clara y directa:
“Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”.

Esta no es solo una actitud emocional, es una evidencia de


madurez espiritual. Un creyente que se burla del dolor ajeno o
es indiferente al sufrimiento de los demás, se ha alejado del
corazón de Cristo.

El cristiano verdadero, lleno del Espíritu de Dios, es sensible al


dolor del prójimo. No solo siente compasión, también actúa
como Jesús: se acerca, consuela, entiende, ayuda. La
indiferencia espiritual es una señal de que la conciencia se está
endureciendo… o incluso cauterizando.

No olvidemos quién es nuestro modelo: Jesús, el varón de


dolores, experimentado en quebranto (Is. 53:3). Él lloró ante la
tumba de Lázaro (Jn. 11:35), no por debilidad, sino porque su
amor no es frío ni lejano: es compasivo, cercano, tangible. Si
queremos parecernos a Él, necesitamos corazones blandos.
Necesitamos sentir el peso del dolor ajeno... y responder como
Cristo.

III. LLORAR Y SER FELIZ


A primera vista, decir que alguien que
llora es feliz puede sonar paradójico.
Aunque es cierto que hay lágrimas de
alegría, Jesús no está hablando aquí
de llorar por felicidad, sino de ser feliz
como resultado del llanto espiritual.
Es decir: no lloramos porque somos felices… somos felices porque
lloramos lo que debemos llorar.

15
El que llora por su condición de pecado (el mismo que es
pobre en espíritu) es el que verdaderamente se arrepiente.
Su dolor no es emocional solamente, sino espiritual. Llora
con convicción, y ese llanto lo conduce directo a los pies
de Jesús, donde hay perdón, restauración y gozo eterno.
Por eso Jesús dice: “Bienaventurados los que lloran, porque
ellos recibirán consolación” (Mt. 5:4).

Y ese consuelo no es solo una emoción pasajera, es el


cumplimiento de la promesa hecha por Dios a través de los
siglos:

Isaías 61:1-3 — El Señor consuela a los que lloran en Sion.


Isaías 25:8 — “Enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos
los rostros…”.
Apocalipsis 7:17; 21:4 — Dios mismo enjugará toda lágrima.
No más llanto, no más muerte, solo consuelo eterno.

Pero atención: no puede haber consuelo sin quebranto previo.


La consolación del cielo siempre viene después del
arrepentimiento genuino, del dolor por el pecado, de la
humillación voluntaria ante el Dios Santo.

El verdadero cristiano encuentra gozo en saber esto. Se alegra


por haber sido perdonado, por
haber sido reconciliado con
Dios, y por ser ahora un hijo
del Reino. Y más aún:
se llena de esperanza
y propósito en la vida
al mirar por fe la gloria
venidera.

16
CONCLUSIÓN
En la bienaventuranza anterior dijimos que ser pobre en
espíritu significa reconocer cuán pecadores somos ante Dios.
Es aceptar nuestra verdadera condición, sin máscaras ni
excusas, y humillarnos ante el Dios de los cielos.

Por eso, quien no es pobre en espíritu no podrá jamás


experimentar esta segunda bienaventuranza. Porque solo
quien reconoce su necesidad espiritual es capaz de llorar con
sinceridad por su pecado. Solo quien ha sido confrontado por
el Espíritu puede ser verdaderamente quebrantado.

El ser humano que llora por causas espirituales, por el dolor


que le ha causado al corazón de Dios, recibirá la mayor de las
bendiciones: el consuelo de Jesucristo.

17
3
“El poder de los que
no gritan”
Mateo 5:5

Introducción
Vivimos en un mundo donde ser manso es mal visto. Muchos
lo asocian con ser tonto, torpe, dejado o tímido. Pero en el
Reino de Dios, la mansedumbre es una virtud de los verdaderos
herederos.

La tercera bienaventuranza es: “Bienaventurados los mansos,


porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mt. 5:5).

La mansedumbre es sabiduría llena de humildad, serenidad y


paz interior. No es debilidad... es dominio propio.

La mansedumbre bíblica no se deja arrastrar por el enojo, ni


explota ante las provocaciones. Es el carácter formado por el
Espíritu que responde con calma donde otros reaccionan con
violencia. Es paciencia bajo presión, es madurez espiritual.

Ser manso no es dejarse pisotear. Es tener tanto poder que


podrías responder con dureza, pero decides responder como
Cristo.

18
I. LA MANSEDUMBRE
La mansedumbre no es algo natural en el ser humano caído.
Esta virtud es espiritual, no carnal. Por eso, solo quienes
tienen el Espíritu de Dios pueden vivir y reflejar la verdadera
mansedumbre bíblica.

Jesús no nos pidió que fuéramos mansos... nos mandó a


aprenderlo de Él. En Mateo 11:29, el mismo Cristo dice:
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón…”. No se
trata de imitar por fuera, sino de recibir del Espíritu el carácter
de Cristo por dentro.

Todo creyente genuino debe entender que no importa su


temperamento o personalidad, está llamado a ser manso y
humilde. ¿Por qué? Porque eso es lo que Dios espera de sus
hijos. Y si Dios te ha dado Su Espíritu, también te ha dado el
poder para reflejar su carácter.

La mansedumbre y la humildad van de la mano. La humildad


se manifiesta cuando una persona renuncia a exigir sus
derechos por amor a otros. La mansedumbre, en cambio, es
humildad fortalecida por la aflicción, moldeada en el fuego de
la prueba y madurada por el Espíritu.

19
Los grandes hombres de Dios fueron ejemplos vivientes de
mansedumbre, sin importar su personalidad:

Moisés: líder firme, pero llamado “el hombre más manso


de la tierra” (Núm. 12:3).
David: guerrero apasionado, pero quebrantado por su
pecado.
Jeremías: un corazón ardiente, pero sensible al dolor del
pueblo.
Pablo: mente brillante y carácter fuerte, pero lleno de
ternura espiritual.

Gálatas 5 nos recuerda que la mansedumbre es parte del fruto


del Espíritu. Esto significa que no es opcional, sino evidencia
del Espíritu en nosotros.

No confundas mansedumbre con pasividad o debilidad. Una


persona puede ser calmada por naturaleza y no tener el
Espíritu. Esa es biología, no espiritualidad.

En cambio, la mansedumbre espiritual puede habitar en


alguien con fuerza, autoridad y liderazgo, pero que elige actuar
con dominio propio y humildad.

El creyente manso tiene convicciones firmes y está dispuesto a


morir por ellas, como lo hicieron los mártires. La mansedumbre
no es ser débil, sino tener el poder para reaccionar… y elegir no
hacerlo como el mundo lo haría.

20
II. PRINCIPIOS DEL CREYENTE MANSO
El creyente manso no vive a la defensiva, no anda
hipersensible esperando ser ofendido. No está obsesionado
con proteger su reputación ni vigilando si alguien habla mal de
él. Ha entregado su identidad a Cristo, y eso le da libertad para
no reaccionar con orgullo o enojo.

A diferencia del mensaje que promueve imponerse, "marcar


territorio" y exigir derechos, el creyente manso no busca
imponerse. No necesita sobresalir ni controlar. Al contrario,
huye de toda gloria para sí mismo, porque entiende que el
Reino se trata de exaltar a Cristo, no a uno mismo.

El verdadero manso no exige posición, privilegios ni estatus. Es


como Jesús, quien, según
Filipenses 2,“no estimó el ser
igual a Dios como cosa a qué
aferrarse, sino que se despojó
a sí mismo…” Cristo renunció
a lo que merecía, y el
creyente manso sigue ese
mismo sentir.

En 1 Pedro 2:21–25, Pedro nos


recuerda cómo Jesús manifestó su mansedumbre en medio de
la injusticia. Sufrió con paciencia, no respondió con venganza,
no abrió la boca para defenderse. Esa es la verdadera fortaleza
del Reino.

El espíritu dócil del creyente manso lo lleva a obedecer a Dios


por encima de sus emociones. Cuando esa mansedumbre go-

21
bierna el corazón, ya no hay necesidad de controlar el futuro ni
pelear por lo propio: todo se pone en las manos de Dios.

III. LA HEREDAD DE LOS MANSOS


Como hemos aprendido en esta bienaventuranza, los que
actúan con mansedumbre y aprenden de Cristo a ser mansos y
humildes de corazón, son personas que esperan en Dios y no
en los hombres, ni siquiera en sus propias fuerzas. Por eso
viven en verdadera libertad… y felicidad.

El que es manso lo tiene todo, porque no exige nada. Lo


expresó Pablo con poder espiritual en 2 Corintios 6:10:“Como
entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas
enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas
poseyéndolo todo.” y en 1 Corintios 3:21 añadió: “Así que,
ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro.”

Todo lo que hay en la tierra es herencia de los mansos, porque


han aprendido a recibir cada día como un regalo, no como un
derecho. Mientras otros viven quejándose, ellos viven
agradeciendo.

El manso es alguien que disfruta las bendiciones de Dios y vive


agradecido por la tierra que ha recibido como herencia divina.
Como dice Salmo 24:1:“De Jehová es la tierra y su plenitud; el
mundo, y los que en él habitan.”

Pero la promesa de herencia va más allá de este mundo. El


cristiano que vive con mansedumbre no solo hereda lo que
está aquí, sino que será heredero eterno con Cristo.

22
Ser manso no es fácil para la carne, pero el Espíritu lo hace
posible. Y quienes lo viven, cosechan recompensas eternas.
Los mansos no solo tienen paz ahora… tienen herencia segura
en el Reino por venir.

Actividad final:
"Fuerza Bajo Control"

Materiales: hojas de papel y lápices

Instrucciones: Entrega a cada conquistador una hoja con esta


frase al centro:
"¿Dónde necesito ser manso hoy?"

Pídeles que en silencio escriban: Una situación donde suelen


reaccionar con orgullo, enojo o auto-defensa.

¿Qué creen que Jesús haría si estuviera en su lugar?. Luego,


invítalos a orar pidiéndole al Espíritu Santo que ponga en ellos
la mansedumbre de Cristo.

CONCLUSIÓN
El mármol que se deja esculpir: Un bloque de mármol puede
resistirse al cincel… o dejarse moldear. El escultor no puede
trabajar con una piedra que se mueve o se resiste.

Así también, Dios no puede formar nuestro carácter si vivimos


a la defensiva o en orgullo. La mansedumbre es permitir que Él
nos esculpa, aunque duela.

23
Querido conquistador, la mansedumbre es imposible para el
hombre natural. No la vas a encontrar en tus propias fuerzas,
ni en libros de autoayuda, ni fingiendo ser calmado. No se
trata de carácter suave, se trata de corazón transformado.
Por eso necesitamos entender que solo el Espíritu de Dios
puede llevarnos a ser verdaderamente mansos.

Él es quien nos quebranta primero, nos hace pobres en


espíritu, nos lleva a llorar por nuestro pecado y nos revela
quiénes somos realmente sin Él.

Pero no termina ahí. El Espíritu también nos regala la mente de


Cristo, y cuando eso pasa, ya no somos nosotros los que
reaccionamos… es Cristo quien reina en nosotros.

La mansedumbre no es una debilidad… es un milagro. Y ese


milagro está disponible para todo conquistador que se rinde
de verdad.

Camporee

24
4
“Saciados por el
cielo”
Mateo 5:6

Introducción
Hoy todos tienen hambre de algo. Algunos tienen hambre de
atención, otros sed de validación, hay quienes viven con
antojo de likes, o con esa necesidad constante de sentirse
“alguien”.

Pero, nada de eso sacia el alma. Te llena un ratito, pero luego…


te deja más vacío que antes.

Entonces Jesús aparece, y nos dice: “Bienaventurados los que


tienen hambre y sed de justicia… porque ellos serán saciados”
(Mt. 5:6).

La figura del hambre y la sed era especialmente impactante en


un país como Palestina, donde el promedio anual de lluvias no
supera los 65 cm. Esta misma situación se repite en muchas
regiones del Cercano Oriente.

Al estar rodeadas por extensas zonas desérticas, gran parte


de las tierras habitadas son semiáridas. Sin duda, muchos de

25
los que escuchaban a Jesús sabían perfectamente lo que
significaba tener sed de verdad.

El ejemplo de Agar e Ismael lo ilustra claramente. En ese


contexto, un viajero que se desviaba del camino o pasaba por
alto las pocas fuentes de agua que había junto a la ruta, podía
fácilmente encontrarse en peligro de muerte.

“Pero aquí Jesús hablaba del hambre y de la sed del alma. Solo
los que anhelan justicia con la apremiantes ansiedad del que
se muere por falta de alimento o de agua, la encontraran.
Ningún recurso terrenal puede satisfacer el hambre y la sed
del alma. No son suficientes ni riquezas materiales, ni
profundas filosofías, ni la satisfacción de los apetitos físicos, ni
el honor, ni el poder” (Comentario Bíblico Adventista t. 5 p. 356).

Esto significa que nada puede llenar ese vacío; excepto Dios
mismo.

I. EL HAMBRE Y LA SED DE JUSTICIA


Cuando Jesús habló de hambre y sed de justicia, se refería a
una necesidad interna, urgente y ardiente del ser humano: el
deseo de ser limpio, puro, sin culpa.

Porque nadie —absolutamente nadie— quiere vivir sintiéndose


sucio, acusado o indigno. Todos, en el fondo, luchamos por
convencernos de que somos buenos. Es un anhelo universal...
y espiritual.

Esta necesidad nace porque fuimos creados a imagen de Dios.


Nuestros primeros padres experimentaron la justicia divina en
su estado puro, y con ella, la verdadera felicidad. Pero tras la
caída, esa justicia se perdió… y desde entonces el ser humano
no siempre sabe cómo encontrarla.

26
Quien tiene este tipo de hambre no
está buscando moralismo, ni religión
vacía. Está buscando a Dios mismo.
Porque tener hambre y sed de
justicia… es tener hambre y sed de
Dios.

Todo aquel que ha nacido de nuevo


y ha gustado la gracia, anhela vivir en
santidad. Como el salmista declara
en Salmo 42:1-2: “Como el siervo
brama por las corrientes de las aguas,
así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios
vivo; ¿Cuándo vendré y me presentaré
delante de Dios?”

II. LA JUSTICIA
Todo el mundo quiere ser feliz. Esa
no es la pregunta. La pregunta real
es: ¿por qué hay tanta gente que
busca la felicidad… y sigue vacía?

Solo basta mirar a nuestro alrededor:

Hay entretenimiento, pero no


gozo.
Hay luces, pero no hay paz.
Hay discursos motivacionales,
pero no hay propósito real.

27
Lo que abunda hoy no es plenitud…

Es ansiedad, tristeza, frustración y vacío.

El gran error de esta generación y de la humanidad desde


siempre es que busca la felicidad como si fuera un producto
que puedes encontrar, comprar o sentir por momentos.

Pero según la Palabra de Dios, la verdadera felicidad no se


busca… se produce.

Y solo nace de un corazón que ha sido transformado por Dios,


que ha sido alcanzado por el gracia, y que ahora vive
cultivando lo que realmente vale: Una relación real con Dios y
hambre genuina de justicia.

La justicia divina no es solo “portarse bien”. Es mucho más


profundo:

Justificación: ser declarados justos por la fe en Cristo.


Santificación: ser transformados día a día por el Espíritu.

Por eso, si realmente queremos ser bienaventurados, si de


verdad anhelamos una felicidad que permanezca, tenemos
que tener un deseo ardiente de ser libres del pecado, y eso
solo lo puede hacer Dios cuando rendimos el corazón por
completo.

Ilustración: Agua salada ¿Sabias que si alguien sediento bebe


agua del mar, lo que parece solución… lo
mata más rápido? Cuanto más bebe,
más se deshidrata. Eso es lo que pasa
con los placeres vacíos: te prometen
saciarte, pero terminan secándote
por dentro.
28
Aplicación: Tener sed no es el problema… el problema es qué
estás tomando para calmarla. Solo Jesús ofrece agua viva que
sacia de verdad (Juan 4:14).

III. PROMESAS PARA EL HAMBRIENTO Y EL SEDIENTO


Cuando leemos esto en la Palabra de Dios, no podemos hacer
otra cosa que dar gracias al cielo. ¿Por qué? Porque al fin
entendemos dónde está la verdadera felicidad: no en lo que el
mundo ofrece, sino en lo que Cristo garantiza.

El problema del hombre pecador es que nunca se sacia con


nada. Pero Dios tiene la clave para llenar completamente el
alma vacía.

Jesús lo dijo sin rodeos en Juan 6:35: “Yo soy el pan de vida; el
que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que
en mí cree, no tendrá sed jamás”.

Así que la meta no es tener hambre de


felicidad, sino hambre de justicia, hambre
de Cristo, hambre de ser como Él.

Ser saciado por Dios significa que ya


no necesitas buscar en otro lado. No
necesitas nuevas emociones, nuevas
experiencias, nuevas formas de llenar
tu corazón. Cuando Dios te sacia...
te llena por completo. Y tranquilo,
porque “Los almacenes de Dios nunca
se vacían. Sus pozos jamás se secan”.

Aquellos que tienen hambre y sed de


justicia, y buscan la santidad con temor y
humildad, reciben saciedad inmediata. Y el

29
testimonio de los que han sido tocados por la gracia es claro:
“Desde que Cristo nos llenó… ya no necesitamos nada más”.

La clave está en mantener viva esa sed de Dios durante todo


nuestro viaje en esta tierra.

Porque mientras más hambre de justicia tengas… más te llena


Él. Y si cuando Él regrese nos encuentra con sed de su
voluntad, seremos saciados eternamente en su presencia

Actividad final
¿Con qué estás llenando tu vida?"

Materiales: Una botella de agua pura llena, una de


refresco u gaseosa, y una botella vacía.

Desarrollo: Muestra las tres botellas y


pregunta: ¿Cuál te sacia de verdad? ¿Cuál solo
te da placer por un rato? ¿Y cuál está vacía?

Reflexión final

“Muchos llenan su vida con cosas que entretienen pero no


alimentan. Dios no quiere que estés vacío, ni lleno de
azúcar espiritual… Él Quiere saciarte de verdad con justicia.

30
CONCLUSIÓN
A través de esta bienaventuranza, entendemos algo crucial:
quien tiene hambre y sed de justicia es alguien que ha
despertado.

Que reconoce que el pecado lo ha alejado de Dios... pero aun


así, anhela desesperadamente volver a Él.

No está conforme con una religión superficial. No se conforma


con lo que el mundo ofrece. Quiere más. Quiere comunión
real con Dios.

Y si tú también lo anhelas con todo tu ser... ¡Entonces serás


saciado!

Ese es el corazón de esta promesa: “Bienaventurados los que


tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.

31
5
“Misericordia:
el idioma del cielo”
Mateo 5:7

Introducción
Una madre solicitó a Napoleón el perdón de su hijo. El
emperador dijo que era el segundo delito que cometía el
hombre y que la justicia exigía su ejecución. No pido justicia,
dijo la madre, pido misericordia.

Pero señora, respondió el emperador, no merece misericordia


alguna. Su excelencia, prosiguió la madre, si se la mereciera,
no sería misericordia,y misericordia es todo lo que le pido.
Muy bien, dijo el emperador, tendré misericordia. Y así se
salvó la vida de su hijo.

Estamos en la quinta bienaventuranza. Jesús dijo:


"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia" (Mt. 5:7).

Hoy vivimos en un mundo donde la gente responde con


venganza, sarcasmo o indiferencia. Pero Jesús llama a sus
seguidores sí, a ti Conquistadora vivir con un corazón que
perdona, ayuda y levanta.

32
Ser misericordioso no es debilidad, ¡es el mayor acto de
valentía espiritual! Significa decir: "aunque me falles, yo
reflejaré a Cristo".

¿Quieres ser diferente? ¿Quieres marcar la diferencia?


Entonces vive con misericordia.

Porque los que dan misericordia, recibirán misericordia. Así


funciona el reino. Así actúan los verdaderos conquistadores
del cielo.

Jesús no solo habló misericordia... Él la encarnó. Y tú, como


conquistador, has sido llamado a aprender este idioma. Porque
en el cielo no se grita, se perdona. En el cielo no se apunta con
el dedo, se extiende la mano. En el cielo no se lleva la cuenta
de errores, se regalan nuevas oportunidades.

I. MISERICORDIA
La misericordia no es debilidad, es el idioma que habla el
corazón de Dios. Es uno de sus atributos más poderosos y
comunicables. Es su forma de decir: “sé que eres culpable…
pero aún así, te amo y no te suelto”.

La misericordia no cancela la justicia, pero la viste de


compasión. No niega el error, pero extiende la mano al que
cayó. ¿Qué incluye? Piedad, ternura, paciencia, gentileza...
todas esas cosas que este mundo ha olvidado, pero que en el
cielo se celebran.

Y ojo, conquistador: si Dios te ha hablado en misericordia, Él


espera que tú también hables ese idioma con otros. Jesús dejó
esto clarito en la parábola de los dos deudores (Mt. 18:23-35).
¿El resumen? El perdonado que no perdona, olvidó de qué lo
salvó Dios.

33
Un ejemplo de misericordia fue el Buen Samaritano (Lucas
10:33). No fue un espectador con emociones bonitas, fue un
agente activo de compasión.

Jesús responde a la pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?” (Lucas


10:29), con una historia que subraya que el prójimo no se
define por pertenencia religiosa o étnica, sino por la actitud
compasiva. El relato incluye tres personajes principales: un
sacerdote, un levita y un samaritano. Los dos primeros
representan una religiosidad indiferente; el tercero, una
compasión activa.

“Y viéndolo, fue movido a misericordia.” (Lc. 10:33, RVR60).

La palabra griega usada para “fue movido a misericordia” es


σπλαγχνίζομαι (splagchnizomai), que connota una emoción
profunda que impulsa a la acción. Es el mismo verbo que
describe los actos compasivos de Jesús en los evangelios.

Elena G. de White afirma: “El samaritano


representa a Cristo. Nuestra redención fue
realizada por medio del sacrificio... Cristo
vio en cada ser humano a alguien por
quien Él murió” (El Deseado de Todas las
Gentes, p. 469).

II. BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS


Ser misericordioso no es solo sentir lástima, ni soltar un “ay
pobrecito”. La misericordia no se queda en emociones, se
mueve, actúa y transforma realidades.

Un conquistador que vive la misericordia es alguien que se


parece a Dios, porque Dios es el maestro de este idioma. ¿Ves

34
a alguien sufriendo? No lo ignores. Haz algo. Eso hizo Jesús
contigo. Eso hace Dios cada día que te perdona, te levanta y
no te suelta.

¿Quieres saber qué es misericordia divina en acción? Mírala en


el Calvario: “Dios miró nuestra miseria… y en vez de juzgarnos,
nos amó y nos salvó”.

Eso es misericordia: acción radical movida por amor


inmerecido.

Desde el primer pecado en el Edén, Dios no canceló al ser


humano, lo cubrió con su plan de salvación. No nos ignoró.
Nos abrazó en nuestra miseria con una cruz.

III. LA FELICIDAD DEL MISERICORDIOSO


¿Quieres ser feliz de verdad? Entonces sé misericordioso. No
se trata de sentir lástima, sino de amar como Jesús ama: con
las manos, con acciones, con perdón real.

La palabra “bienaventurado” significa gozo profundo, ese


que no se compra en tiendas ni se finge con likes. Ese
gozo lo viven los que deciden mirar al mundo con los ojos
de Cristo.
En la cruz, Jesús pudo maldecir... pero prefirió perdonar.
Esa es la liga de los grandes. Los que dan misericordia
cuando reciben dolor. Los que devuelven paz cuando les
lanzan odio.
Si has sido rechazado, ignorado o herido, no te conviertas
en lo que te hicieron. Es más se un conquistador que
responde con el idioma del cielo: haciendo misericordia
con aquellos compañeros que sufren y son despreciados.

35
IV. MISERICORDIA PARA EL MISERICORDIOSO
El arrepentimiento y la misericordia van de la mano. No
puedes dar lo que no has experimentado.

Si no te arrepientes sinceramente, no puedes mostrar


misericordia real, porque no entiendes lo que es ser
perdonado.

Jesús fue claro: “Si no perdonan, tampoco el Padre les


perdonará” (Mt. 6:15). En la parábola del siervo injusto (Mateo
18:23-35), el siervo no fue capaz de perdonar porque nunca.

Conquistador, si Dios te ha perdonado, no vivas con rencor. Si


Él tuvo compasión de ti, no seas indiferente al dolor de otros.
El idioma del cielo se llama "misericordia"… ¿lo estás hablando?

Actividad final
“Cadena de Misericordia”

1.Da a cada conquistador una ficha “Te


2.perdono porque yo también fui perdonado”.
3.Que piensen en alguien a quien deban
4.perdonar (sin decirlo en voz alta).
5.Pasen la ficha en círculo, diciendo solo: “Yo paso
misericordia” a un compañero del club.

Termina diciendo: “Ahora que la recibiste… no te la guardes.


Porque la misericordia se estanca si no comparte”.

36
CONCLUSIÓN
Creemos que todo conquistador ha sido alcanzado por la
gracia de Dios. No por méritos, no por logros, sino porque
Dios fue misericordioso contigo… incluso cuando estabas en
pecado y lejos.

Ahora, si has recibido misericordia, te toca entregarla. No es


opcional. Es tu idioma espiritual, tu misión de vida.

Un conquistador no solo es empático es misericordioso. No


solo ora, levanta al caído. No solo habla de amor, ama de
forma incondicional.

Así que dedica tu vida a mostrar a Jesús, especialmente a los


perdidos, los heridos, los que nadie quiere.
Y que cuando Cristo regrese, te encuentre
siendo misericordioso, como Él lo fue contigo.
“Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia”
(Mt. 5:7).

37
6
“La generación que
verá a Dios”
Mateo 5:8

Introducción
Dicen los médicos que el corazón es del tamaño de tu puño.
Pero la Biblia dice algo más profundo: es el centro de tu ser.

En el mundo antiguo, el corazón no era solo el órgano que


bombeaba sangre; era donde se tomaban las decisiones,
donde nacían los pensamientos, donde se alojaban los afectos,
la conciencia, el carácter. El corazón, en la Escritura, es lo que
tú eres cuando nadie te ve.

Y Jesús, en esta sexta bienaventuranza, apunta directo a lo


más íntimo: “Bienaventurados los de limpio corazón…” O sea:
felices, bendecidos, plenos... los que han dejado que Dios
limpie su interior. ¿Por qué? Porque ellos —¡y solo ellos!—
verán a Dios.

Antes del diluvio, Dios miró la tierra... ¿y qué vio? "Los


pensamientos del corazón del hombre eran de continuo
solamente el mal" (Gn. 6:5).

38
El problema de la humanidad no era la violencia exterior
solamente. Era la contaminación interior. El corazón del
hombre se había vuelto un pozo de egoísmo, orgullo, maldad.

Y esa sigue siendo la realidad. Podemos disfrazarnos, filtrar


nuestra vida en redes sociales, hablar “evangélico”... pero si el
corazón sigue sucio, seguimos ciegos espiritualmente.

No se trata solo de pecados visibles. Se trata de aquello que


alimentamos en lo secreto.

La palabra “limpio” en griego es katharós, y no significa “sin


errores”, sino sin doblez, sin mezcla, sin engaño. Un corazón
limpio es un corazón sincero, transparente, consagrado.

El Salmo 24:3-4 lo expresa así:“¿Quién subirá al monte de


Jehová?... El limpio de manos y puro de corazón.” Dios no
espera que llegues impecable, pero sí dispuesto a dejar que Él
limpie.

I. EL CORAZÓN
Tu corazón no es solo un músculo que late…
es una lugar espiritual. Puedes llenarlo de lo
mejor que Dios quiere darte Su Palabra, su
amor, su verdad o puedes permitir que se llene
de cosas que lo corrompen.

Jesús lo dijo claro: “De la abundancia del corazón habla la


boca” (Mt. 12:34). Lo que hay adentro, tarde o temprano, se
nota afuera.

El corazón es el centro del ser Es el lugar donde habitan tus


emociones, decisiones, motivaciones y afectos. No es un
almacén neutro: es un espacio vivo, activo. Por eso la Biblia te

39
insiste: guárdalo bien (Prov. 4:20-21). Lo que guardes ahí,
marcará tu vida.

¿Sabes qué es lo más valioso que tienes? No es tu talento, tu


cuenta de banco, ni tu reputación. Es tu corazón. Porque en él
Dios quiere poner su presencia. Lo que viene de Él es tesoro
eterno. No lo cambies por likes, placer o cosas pasajeras.

Jesús no se anduvo con rodeos: si el corazón no está


lleno de cosas buenas, se convierte en un foco de
contaminación (Mt. 15:18-20). Si no lo llena
Dios, lo llenará el enemigo. Y lo dijo Jeremías:
“Engañoso es el corazón más que todas
las cosas, y perverso” (Jer. 17:9).

Si no lo cuidas, tu corazón se
convierte en un escondite de
mentiras, orgullo, rencor, pecado y
confusión. Jesús habló de cómo los
demonios regresan a un “corazón
vacío” (Mt. 12:43-45). ¡Vacío no basta!
¡Debe estar lleno del Espíritu Santo!

II. LA LIMPIEZA ESPIRITUAL


Bienaventurados los de limpio corazón, porque
ellos verán a Dios.” (Mateo 5:8) ¿Qué significa
tener un corazón limpio?

La Palabra de Dios nos muestra que la limpieza


espiritual no es solo ausencia de pecado, sino presencia
de sinceridad, transparencia, humildad y devoción genuina. Ser
limpio es vivir sin doblez, sin apariencias, sin hipocresía,
amando a Dios con un corazón recto.

40
David lo expresó así en su oración: “Crea en mí, oh Dios, un
corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal.
51:10).

El problema del corazón dividido: El corazón del creyente


muchas veces está en conflicto. Como escribió Pablo: “No
hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”
(Ro. 7:19).

Parte de nuestro corazón anhela a Dios, pero otra parte aún


quiere complacer los deseos de la carne. Es una batalla
constante. Y mientras ese corazón siga dividido, no puede
estar limpio.

El corazón puro: una entrega total: Un corazón puro no es el


de quien nunca cae, sino el de quien ya no quiere vivir
dividido. Es el que se rinde y le dice a Dios: “Señor, no
permitas que me desvíe. Líbrame de la doble vida. Arranca la
hipocresía. Que pueda amarte con todo mi ser y estar a
cuentas contigo cada día”.

Un corazón puro es un corazón que vive en comunión y


obediencia, sin máscaras, sin religiosidad vacía. “El que
encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y
se aparta alcanzará misericordia” (Prov. 28:13).

No vivas con un corazón dividido: entrégaselo por


completo a Dios. Ora como David: “Señor,
límpiame, renuévame, transfórmame.” No trates
de limpiarte tú. Déjate lavar por el poder de su
gracia. “Si confesamos nuestros pecados, él es
fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y
limpiarnos de toda maldad.” (1 Jn. 1:9)

41
III. LA PROMESA VER A DIOS
Esta es la promesa poderosa de Jesús: “Ellos verán a Dios.” Y
no se trata solo de verlo al final en la eternidad, sino de verlo
ahora: En tu oración, en tu casa, en tu vida diaria, en tu
escuela.

Pero esa bendición solo es para los de limpio corazón. Porque


sin santidad, nadie verá al Señor (Heb. 12:14).“Crea en mí, oh
Dios, un corazón limpio…” (Sal. 51:10).

¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar


santo? El limpio de manos y puro de corazón...” (Sal. 24:3-4)

El Salmo 24 nos recuerda que todo pertenece a Dios: la tierra,


los mares, y cada persona que la habita. Él es el Creador
soberano, pero también el Dios que invita a sus hijos a subir al
monte, a entrar en Su presencia.

Y la gran pregunta resuena en nuestras vidas: ¿Quién podrá


presentarse delante de Dios? ¿Quién podrá habitar en su
santidad?

Por eso, cada Conquistador que ha entregado su vida a Jesús,


que ha sido lavado del pecado y ha aceptado a Cristo como su
único Salvador, puede tener la seguridad de que forma parte
de los bienaventurados.

El Señor te dice hoy, como en Proverbios 23:26:“Dame, hijo


mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”.

Sí, tú que eres joven, tú que estás en formación, tú que estás


creciendo en fe: Dios quiere tu corazón. No por partes, no por
temporadas… lo quiere todo.

42
Hoy te hace una invitación: “Ven, hijo mío. Entrégame tu vida.
Sé parte de la bienaventuranza. Vive preparado”.

Porque el anhelo de Dios es que tú seas testigo de las


bendiciones del reino de los cielos. Y sobre todo, que cuando
Cristo venga por segunda vez ya sea que despiertes al sonar
de la trompeta, o que estés en pie esperando puedas verle en
las nubes con gozo.

Actividad final
Reparte los corazones de papel o de cartulina.

Pide a cada conquistador que escriba con sinceridad cosas


que saben que podrían ensuciar su corazón (no tienen que
compartirlo si no quieren).
Luego, frente a una cruz de madera, se les invita a romper
ese corazón sucio como símbolo de entrega a Jesús.
Entrega uno nuevo (otro corazón en blanco) y pídeles que
escriban ahora palabras que reflejen un corazón limpio
(pueden usar las tarjetas con palabras buenas como guía).
Ofréceles decorarlo con stickers y escribir una oración
corta corta: ¡Decido darte mi corazón herido!, etc.

CONCLUSION
Querido Conquistador, Dios te está hablando hoy con una voz
suave, como la de un Padre amoroso. Él no te pide tu dinero,
ni tus logros, ni que seas perfecto. Solo te dice una cosa muy
importante: “Dame, hijo mío, tu corazón” (Prov. 23:26).

43
¿Sabes por qué? Porque el corazón es lo más valioso que
tienes. Ahí están tus sueños, tus pensamientos, tus
decisiones… Y Dios quiere vivir allí, contigo, todos los días.

Tal vez has escuchado muchas veces que Jesús viene pronto.

Y es verdad: Él vendrá en las nubes del cielo con miles de


ángeles para llevarnos con Él.

Y cuando venga, ¿quiénes podrán verlo y estar listos? El Salmo


24 dice que será el que tenga las manos limpias y el corazón
puro. Es decir: el que se haya entregado de verdad a Jesús.
¡Qué hermoso será ver a Jesús con nuestros propios ojos!

Por eso, hoy te hago esta pregunta: ¿Quieres entregarle


tu corazón a Jesús?
¿Quieres ser parte de los que lo verán venir?

Si tu respuesta es “sí”, te invito a pasar al frente o ponerte


de pie.

Vamos a orar juntos, y a decirle: “Señor Jesús, aquí está


mi corazón. Limpia mi vida. Quiero estar listo para verte
cuando regreses. ¡Quiero vivir contigo para siempre!”

44
7
“Nacido para calmar
tormentas”
Mateo 5:9

Introducción
Muchas personas piensan que estar en paz es “no pelear”, “no
meterse en líos” o simplemente “estar callados”. Pero Jesús
nos enseña que ser pacificador es mucho más que eso.

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán


llamados hijos de Dios” (Mt. 5:9).

La paz verdadera es activa. Es aceptar al otro con sus


diferencias, saber escuchar, respetar, y vivir de manera unida
con los demás. Es tener el valor de hablar con amor, de calmar
tormentas y de resolver conflictos con el Espíritu de Cristo.

Las Naciones Unidas celebran el 16 de mayo


como el Día Internacional de la Convivencia
en Paz. ¿Por qué? Porque reconocen que el
mundo necesita más diálogo, más respeto,
más puentes, y menos muros. Y aunque eso
es bueno… Jesús ya nos había llamado a eso
hace más de 2,000 años.

45
Ser pacificador es una obra del Espíritu Santo No nacemos
pacificadores.

Nacemos egoístas, reactivos, orgullosos. Pero cuando el


Espíritu Santo obra en nosotros, nos transforma desde
adentro. “El fruto del Espíritu es... paz, paciencia,
benignidad...” (Gál. 5:22).

La paz no es una simple emoción, es una cualidad de carácter


cristiano.

Y el verdadero pacificador no busca ganar la discusión, sino


ganar el corazón.

No busca tener razón, sino reflejar a Cristo.

El ser pacificador depende mucho de la actitud que tengamos


con respecto a la concepción del otro y el poder de ser
mansos por la obra que el Espíritu Santo puede hacer en
nosotros, ya que el que logra ser manso, es una persona con el
debido dominio propio, para no traer rencillas entre los demás.
Esta cualidad de carácter no la podemos ver en ningún ser
humano que no haya nacido de nuevo, inclusive tenemos que
entender que, en la relación entre los creyentes, es donde
somos probados en cuanto a la calidad de nuestra vida
cristiana.

Ser pacificador no es simplemente tener buena actitud. Es una


decisión espiritual que nace de cómo
vemos a los demás y de cuánto ha
trabajado Dios en nosotros. Jesús dijo:
“Bienaventurados los
pacificadores, porque ellos serán
llamados hijos de Dios” (Mt. 5:9).

46
Y no se trata solo de “llevar la fiesta en paz”, sino de vivir con
mansedumbre, una cualidad que el mundo no entiende, pero
que el cielo aplaude.

La mansedumbre no es debilidad. Es poder bajo control, es


tener el dominio propio suficiente para no reaccionar con
enojo, para no entrar en rencillas, y para responder con el
Espíritu de Cristo.

Pero esa mansedumbre no nace de nosotros. No se aprende


solo con educación o disciplina. Solo es posible cuando hemos
nacido de nuevo por la obra del Espíritu Santo.

Podemos hablar de paz todo el día… pero el verdadero


examen no está en la calle, sino entre hermanos en la fe.

¿Cómo respondes cuando


alguien no piensa igual?
¿Qué haces cuando alguien
te ofende?¿Estás dispuesto
a ceder para preservar la
unidad?

La calidad de tu vida cristiana


se revela en las relaciones
más cercanas. Y ahí es donde
se demuestra si realmente
llevas el carácter de Cristo.

La bienaventuranza de los pacificadores no fue bien recibida


por los judíos del tiempo de Jesús. ¿Por qué? Porque ellos
esperaban un Mesías guerrero, un líder político y militar que
liberara a Israel del dominio romano, y que restaurara su
nación con independencia y prosperidad económica.

47
Vivían bajo el peso de los impuestos,
la ocupación extranjera y la
humillación de no tener libertad.
Por eso soñaban con un reino...
pero terrenal.

Sin embargo, Jesús rompió


completamente ese molde. Él dejó
claro: “Mi reino no es de este mundo”
(Jn. 18:36) Y al hacerlo, decepcionó
a muchos que esperaban poder
terrenal, éxito económico y
venganza contra Roma.

Jesús no vino a satisfacer


expectativas humanas. Él vino a
revelar el carácter del Reino d
los cielos. Por eso, en vez de
levantar un ejército, dijo:
“Bienaventurados
los pacificadores…”
(Mt. 5:9).

Pero... ¿y qué hay


de la espada? Muchos
se confunden cuando leen
que Jesús también dijo: “No
penséis que he venido para traer paz a
la tierra; no he venido para traer paz,
sino espada...” (Mt. 10:34-36).

Pero no está hablando de violencia


literal. Jesús se refería al conflicto
espiritual que su mensaje causaría

48
incluso dentro de las familias: padre contra hijo, madre contra
hija… porque seguirlo a Él divide lo verdadero de lo falso.

I. LOS PACIFICADORES
Pacificadores, pero no por naturaleza… sino por redención Los
verdaderos pacificadores no lo son solo por tener un “buen
carácter”, sino porque han hecho las paces con Dios.

Entienden que la paz no es solo un estado emocional, sino el


resultado de aceptar la justicia de Dios y rendirse
completamente a su voluntad.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por
medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Ro. 5:1).

La paz empieza en el corazón reconciliado Un corazón en


guerra con Dios está lleno de confusión: Malos pensamientos,
celos, envidias, malicia, odio, violencia…

Por eso, los pacificadores primero han limpiado su


corazón. Ya no buscan venganza, no compiten por
aprobación, no se dejan llevar por el ego. Están libres del
pecado, porque Cristo los ha transformado desde dentro.
Y por esa experiencia personal con el Evangelio, tienen
autoridad espiritual para llevar paz a otros.

49
II. LA LIBERACIÓN DEL YO
Los verdaderos pacificadores no solo han hecho las paces con
Dios… también han sido liberados de sí mismos. Ya no viven
esclavizados al ego, al orgullo o a la necesidad de ser
reconocidos.

Su corazón ha sido limpiado por la sangre de Cristo, y eso ha


transformado su identidad. Han entendido su lugar en Cristo.
No necesitan competir, sobresalir, ni tener la razón.

Viven con humildad, piensan primero en los demás, y han


encontrado el descanso de sus almas, porque dejaron de
luchar por impresionar.

Jesús lo dijo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de


corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt. 11:29)
Los pacificadores han soltado todo: Egoísmo, envidia y
ofensas. Han dejado todo eso a los pies de la cruz. Y ahora
viven gobernados por la paz de Cristo. Sirven… sin esperar
aplausos. No buscan reconocimiento. No trabajan por fama.
No viven para ser servidos, sino para servir, como su Maestro.

Saben que lo que hacen no es para los hombres, sino para


Dios. Y eso les basta. “Saben que su galardón está en los cielos”
Porque lo que el mundo no aplaude… el cielo lo recompensa.

III. SERAN LLAMADOS HIJOS DE DIOS


Hebreos 12:14 nos dice: “Seguid la paz con todos, y la
santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Los que han sido
verdaderamente transformados por Dios no solo desean paz...
la construyen.

50
Los pacificadores son personas que, aunque les
cueste, aunque tengan que humillarse, aunque
implique renunciar a su orgullo, hacen todo lo
posible por vivir en paz, porque saben que esa
es la voluntad de su Padre celestial.

51
No solo desean la paz… la hacen Jesús no dijo:
“Bienaventurados los que quieren la paz”, sino:
“Bienaventurados los pacificadores…” (Mt. 5:9)

Eso significa actuar, perdonar primero, ceder sin perder la


dignidad. Significa renunciar al derecho de tener la razón.

Romanos 12:18 es claro:

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad


en paz con todos los hombres”.

No se trata de ganar discusiones. Se trata de mostrar a Cristo


en medio del conflicto. Los pacificadores no se vengan, no se
aferran a su “dignidad”, ni exigen justicia inmediata. ¿Por qué?
Porque saben que Dios es justo, y que la paz es más poderosa
que la venganza.

Dios no defendió su derecho…


sino tu salvación. Dios,
siendo Dios, no se
aferró a su gloria, sino
que se humilló en Cristo,
para hacer la paz contigo.
Y si Él lo hizo contigo...
¿Cómo no hacerlo tú con
los demás? “Haya, pues, en
vosotros este sentir que
hubo también en Cristo
Jesús…” (Fil. 2:5)

52
CONCLUSIÓN
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán
llamados hijos de Dios” (Mt. 5:9).

Que este no sea solo un texto leído… sino una verdad vivida.
Mi oración es que cada uno de los que estamos aquí podamos,
hoy mismo: Hacer la paz con Dios. Vivir en paz con nuestros
semejantes y predicar la paz que solo Cristo puede dar.

Que nuestro carácter, nuestras palabras y nuestras acciones


testifiquen que hemos nacido del Espíritu, que hemos sido
reconciliados con el cielo, y que vivimos como verdaderos
hijos de Dios.

Porque el mundo no necesita más ruido, necesita más


pacificadores. Y Dios está llamando a ti para ser uno de ellos.

53
8
“Sigo a Cristo aunque
me cueste amigos”
Mateo 5:10-12

Introducción
En Mateo 5:10 “Bienaventurados los que padecen
persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino
de los cielos”.

Podemos decir que esta última bienaventuranza es diferente a


todas las anteriores. No describe una actitud o una virtud para
desarrollar. No dice “sé humilde” o “sé pacificador”.

No es una invitación a algo que debes hacer. Es una


advertencia de lo que te va a pasar… si vives como Cristo.

Esta bienaventuranza tiene doble peso y doble bendición. ¿Por


qué? Porque es la consecuencia natural de vivir todas las
anteriores.

Cuando eres pobre en espíritu, cuando lloras, cuando eres


manso, cuando tienes hambre de justicia, cuando eres
misericordioso, limpio de corazón y haces la paz… te
conviertes en una amenaza para un mundo que prefiere el
orgullo, la venganza, la corrupción y la violencia. Y por eso… te
persiguen.
54
¿Sabías esto? Esta última bienaventuranza comparte la misma
promesa que la primera: “De ellos es el reino de los cielos.”
Cristo empezó con el Reino… y termina con el Reino. El Reino
no es un premio de consolación. Es la herencia de los que son
fieles. Los pobres en espíritu lo reciben al rendirse. Los
perseguidos por la justicia lo reciben al resistir.

Esta bienaventuranza es el sello final. Es el recordatorio de


que seguir a Jesús es glorioso, pero también incómodo. No
serás popular, pero serás bendecido.

No tendrás aprobación del mundo, pero tendrás la aprobación


del Cielo.

“Si te pareces a Cristo, el mundo te va a tratar como trataron a


Cristo.

Y eso, hermano, es señal de que vas en el camino correcto.”

I. PADECER POR CAUSA DE LA JUSTICIA


¿Qué significa padecer por causa de la justicia?

Significa sufrir por hacer lo correcto


delante de Dios, aunque al mundo no le
guste. Y desde la antigüedad hasta hoy,
eso ha tenido un precio.

55
Ejemplos bíblicos de perseguidos por ser justos:

Abel, asesinado por su hermano Caín solo porque su


ofrenda fue agradable a Dios. (Gén. 4:8)
Moisés, perseguido por Faraón por obedecer el
llamado de liberar a Israel.
David, el futuro rey, perseguido por Saúl simplemente
por ser valiente, ungido y obediente.
Elías, huyendo por hablar en nombre de Dios.
Jeremías, golpeado, encarcelado y arrojado a un pozo
por predicar la verdad.
Daniel, echado al foso de los leones por orar.
Esteban, el primer mártir cristiano, apedreado por
predicar a Cristo.
Pablo, perseguidos, azotados, encarcelados, y
finalmente ejecutados. En 2 Corintios 11:23-28:“En
trabajos más abundante; en azotes sin número; en
cárceles más; en peligros de muerte muchas veces…”

Testigos en la historia cristiana:

Juan Huss, quemado vivo por predicar la Biblia en el


idioma del pueblo.
Los precursores de la Reforma, hombres valientes que
rompieron con el sistema religioso corrupto.
El fuego del avivamiento del siglo XVIII, con vidas
entregadas como las de John Wesley y otros pioneros.
Hudson Taylor, misionero en China, incomprendido y
rechazado por su propio entorno cristiano… y aun así,
llevó el Evangelio donde nadie más quería ir.

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II. LOS PERSEGUIDORES DE LA JUSTICIA
La tierra, esta gobernado por al sistema de egoísmo, el pecado
y la mentira. Y ese sistema odia a los que son diferentes… A los
que hacen justicia, viven en verdad, aman sin condición,
rechazan la corrupción.

Jesús no fue crucificado por ladrones, ni por asesinos… Fue


perseguido por gente religiosa. Fariseos, escribas, doctores de
la ley… eran “los santos del pueblo”… pero odiaban la justicia
verdadera que Jesús vivía y enseñaba.

Lo acusaron, lo acosaron y lo mataron. La religión sin


transformación persigue al que está verdaderamente
transformado.

La historia se repite: la “santa” inquisición. En la Edad Media, la


Iglesia dominante se volvió persecutora de los justos. La
inquisición mató a miles y miles de cristianos fieles solo por
leer la Biblia o predicar el Evangelio.

Uno de ellos fue Martín Lutero, un monje que al leer Romanos


1:17 despertó al mensaje del Evangelio: “Mas el justo por la fe
vivirá”.

Y esa verdad fue tan poderosa… que la religión


corrupta de su época intentó silenciarlo a toda
costa. Hoy, los perseguidores de la justicia ya no
son inquisidores con antorchas, sino sistemas que
cancelan, ridiculizan y marginan al que defiende lo
que es correcto.

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Si decides vivir con integridad, decir la verdad, mantenerte
puro, levantar a Cristo… prepárate. Te van a señalar. Pero no
estás solo.

III. GOZO EN LA TRIBULACIÓN


“Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los
cielos.” — Mateo 5:12. Jesús no dijo: “Gozaos porque duele
menos”, ni “gozaos porque pasará pronto”. Él dijo: “Gozaos y
alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos”.

Eso es lo que sostiene al pueblo remanente en medio del


conflicto final: No sufrimos en vano. Sufrimos con esperanza.

Desde la primera bienaventuranza (Mt. 5:3) hasta esta última


(Mateo 5:10), la promesa es la misma: “De ellos es el Reino de
los cielos”.

Jesús presenta una visión clara: el Reino ya ha sido inaugurado


en los corazones, pero será plenamente recibido en la segunda
venida de Cristo.

Como enseña Romanos 8:16-17: “Si somos hijos, también


somos herederos... coherederos con Cristo, si es que
padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él
seamos glorificados”.

Creemos que el tiempo del fin traerá pruebas mayores. El


mensaje de los tres ángeles en Apocalipsis 14:12 dice: “Aquí
está la paciencia de los santos, los que guardan los
mandamientos de Dios y la fe de Jesús”.

La persecución no es señal de que Dios nos ha olvidado, sino


prueba de que estamos del lado correcto en el gran conflicto.

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Hebreos 10:35-36 nos recuerda: “No perdáis, pues, vuestra
confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria
la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios,
obtengáis la promesa”.

El cristiano fiel no sufre por masoquismo…sufre por fidelidad.


Y vive con gozo, porque sabe que pronto se escuchará: “Bien,
buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor.” (Mt. 25:21)
“La corona no es para los más populares, sino para los más
fieles.

Querido Conquistador: Seguir a Jesús no siempre será fácil. A


veces te van a rechazar, a juzgar o incluso a burlarse de ti…
solo por hacer lo correcto, solo por ser diferente, solo por estar
del lado de Dios.

Pero Jesús dijo algo poderoso: “Bienaventurados los que


padecen persecución por causa de la justicia.” (Mt. 5:10)
“Gozaos y alegraos...” (Mt. 5:12).

Sí, puedes alegrarte. Porque cuando te mantienes fiel, cuando


no te rindes, cuando decides ser valiente por Cristo…El cielo te
espera.

Santiago 1:2-4 nos recuerda: “Tened por sumo gozo cuando os


halléis en diversas pruebas… Porque la prueba de vuestra fe
produce paciencia. Cada vez que resistes con fe, te estás
fortaleciendo por dentro. Dios está formando en ti un carácter
completo. ¡No te falta nada cuando estás lleno de Cristo!

No estas solo Jesús mismo te dijo: “Así persiguieron a los


profetas que fueron antes de ustedes.” (Mateo 5:12). Esto
quiere decir que no eres el primero en pasar por eso. Daniel
fue echado al foso de los leones. Jeremías fue rechazado por

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predicar la verdad. Esteban fue apedreado por su fe. Y aun así
se mantuvieron firmes hasta el final! Y tú también puedes
hacerlo.

Actividad final
Coronas de victoria

Materiales: Coronas de papel/cartulina ya recortadas (o


simplemente círculos dorados).

Plumones o lapiceros de colores


Stickers o pegatinas decorativas (opcional)

Entrega una corona en blanco a cada conquistador.


Diles: “Hoy no escribiremos lo que ya hemos logrado ó lo que
esperamos recibir de Jesús cuando Él venga”.

Pídeles que escriban una palabra clave en su corona. Por


ejemplo: Vida eterna, Justicia, Paz, Recompensa, Perdón,
Abrazar a Jesús y Ver a mis seres queridos, etc.

Cierra con esta frase: “La corona ya


tiene tu nombre. No te detengas.
¡Lucha por ella hasta el final!”

CONCLUSIÓN
Desde los profetas del Antiguo Testamento hasta los jóvenes
adventistas de hoy, todos los que han decidido vivir para
Cristo y no para el mundo, han pasado por pruebas. Pero eso
no es señal de derrota. Es marca de fidelidad.

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Hoy agradecemos a Dios por habernos dado la enseñanza del
Sermón del Monte.

Una enseñanza que nos confronta, nos despierta y nos desafía


a vivir de verdad como cristianos. A vivir no por apariencia,
sino por convicción.

Querido Conquistador:

¿Estás dispuesto a seguir a Cristo aunque te cueste?


¿Estás listo para ser diferente en un mundo que
aplaude lo malo?
¿Estás esperando tu recompensa en el cielo más que tu
aprobación aquí en la tierra?

Entonces, levanta tu mirada y sigue firme. Porque el Reino


de los cielos es tuyo. “No estoy solo, no soy el primero, no
me rindo… porque Cristo ya venció por mí.”

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Unión Mexicana del Sureste

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