Mozart y Beethoven: Gigantes de la música clásica
La historia de la música clásica europea está marcada por figuras que transformaron la
creación musical, la interpretación y la percepción del arte sonoro. Entre estos gigantes,
destacan Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791) y Ludwig van Beethoven
(1770–1827), dos compositores que, aunque pertenecieron a épocas cercanas y
compartieron influencias del clasicismo, desarrollaron estilos únicos y dejaron un legado
imborrable. Sus vidas, obras y la manera en que cambiaron la música reflejan no solo su
talento excepcional, sino también los cambios culturales, sociales y estéticos de su tiempo.
Wolfgang Amadeus Mozart: Genio precoz y universal
Mozart nació en Salzburgo, Austria, el 27 de enero de 1756, en una familia musical. Su
padre, Leopold Mozart, era compositor y violinista, y reconoció desde muy temprano el
talento extraordinario de su hijo. Mozart mostró habilidades musicales notables
prácticamente desde la cuna: a los tres años ya podía tocar el teclado y el violín, y a los
cinco componía pequeñas piezas. Su educación musical fue rigurosa y constante,
supervisada por su padre, quien lo llevó a recorrer las cortes europeas para mostrarlo como
prodigio.
Durante su juventud, Mozart fue influenciado por las corrientes musicales del Barroco
tardío y el Clasicismo temprano. Sus viajes por Alemania, Italia, Francia y los Países
Bajos le permitieron conocer las tradiciones musicales locales y absorber técnicas de
compositores consagrados, como Johann Christian Bach, hijo de Johann Sebastian Bach,
cuya música influyó notablemente en el estilo de Mozart. Estas experiencias formaron la
base de un compositor capaz de fusionar la claridad y simetría del Clasicismo con la
expresividad emocional.
Mozart se destacó por su versatilidad musical. Compuso óperas, sinfonías, conciertos,
música de cámara, obras corales y música religiosa, mostrando un dominio completo de
todos los géneros de su época. Entre sus óperas más famosas se encuentran “Las bodas
de Fígaro”, “Don Giovanni” y “La flauta mágica”, obras que combinan complejidad
musical, dramatismo y un profundo conocimiento de la psicología humana. En sus sinfonías,
como la Sinfonía n.º 40 en sol menor, Mozart logró una estructura formal impecable y un
equilibrio perfecto entre armonía, melodía y ritmo.
Una característica notable de su música es la fluidez melódica y la elegancia formal. Sus
obras combinan brillantez técnica con gran expresividad, logrando un estilo que es al mismo
tiempo inteligente y emotivo. Mozart murió joven, el 5 de diciembre de 1791, a los 35
años, dejando un catálogo de más de 600 obras que todavía hoy son estudiadas,
interpretadas y admiradas en todo el mundo. Su música ha influido no solo en compositores
posteriores, sino también en la cultura popular, el cine y la educación musical.
Ludwig van Beethoven: El revolucionario del sonido
Ludwig van Beethoven nació en Bonn, Alemania, el 17 de diciembre de 1770. Desde
temprana edad, mostró aptitudes musicales extraordinarias, aunque su infancia estuvo
marcada por dificultades familiares y una educación estricta impuesta por su padre, quien
quería explotarlo como prodigio para lograr fama y fortuna. Beethoven estudió con varios
maestros en Bonn y más tarde con Joseph Haydn en Viena, donde desarrolló un estilo
propio, inicialmente influenciado por Mozart y Haydn, pero que pronto evolucionó hacia un
lenguaje musical más personal y expresivo.
A diferencia de Mozart, cuya vida fue relativamente breve y marcada por el éxito temprano,
Beethoven enfrentó grandes adversidades, especialmente la pérdida progresiva de la
audición, que comenzó alrededor de los 28 años. A pesar de esta limitación, Beethoven
creó algunas de sus obras más trascendentales cuando ya estaba prácticamente sordo,
demostrando un genio creativo que trascendía la condición humana.
Beethoven es reconocido como un puente entre el Clasicismo y el Romanticismo. Sus
primeras obras reflejan la influencia de Mozart y Haydn, pero a partir de su Período Medio
(aproximadamente 1803–1812), comenzó a experimentar con formas más expansivas,
armonías audaces y una intensidad emocional inédita. Obras como la Sinfonía n.º 3
“Heroica” o la Sinfonía n.º 5 son ejemplos claros de esta evolución, con estructuras
innovadoras y un dramatismo que buscaba expresar la lucha, la victoria y la esperanza.
En su Período Tardío (aproximadamente 1815–1827), Beethoven profundizó en la
introspección y la complejidad, componiendo obras como la Misa Solemnis y la Sinfonía
n.º 9, esta ú