La Sátira de los Oficios (o las Enseñanzas de Duau Khety)
Comienzo de la instrucción que hizo un hombre de Silé llamado Duau Khety, para
su hijo llamado Pepy, mientras marchaba al sur hacia la Residencia para situarlo
en la escuela de los funcionarios y los más destacados de la Residencia.
Le dijo: “He visto a los que han sido apaleados. ¡Aplícate a los libros! He visto a los
que fueron llamados al trabajo. Mira, nada hay mejor que los libros; son como un
barco en el agua. Lee al final del Libro de Kemyt y encontrarás allí el proverbio que
dice: ‘Con relación al escriba en un puesto cualquiera de la
Residencia, no sufrirá allí’ (…) Voy a hacer que ames los escritos más que a tu
madre; voy a presentar sus bondades ante ti (…)
He visto al herrero en su trabajo, a la boca de su horno. Sus dedos son como
garras de cocodrilo, y apesta más que las huevas de pescado. El carpintero que
esgrime la azuela está más fatigado que un campesino; su campo es la madera;
su arado es la azuela; su trabajo no tiene fin. Hace más de lo que sus brazos
pueden hacer. Aún durante la noche tiene la luz encendida. (…)
El barbero está afeitando hasta el final de la tarde. Tiene que conducirse a sí
mismo a la ciudad, tiene que llevarse a sí mismo a su esquina. Tiene que ir de
calle en calle, buscando alguien a quien afeitar. Tiene que esforzar sus brazos
para llenar su vientre, como la abeja, que come de acuerdo con lo que ha
trabajado.
El cortador de cañas ha de viajar al Delta para coger flechas. Después de haber
hecho más de lo que sus brazos pueden hacer, los mosquitos lo han destrozado,
las moscas lo han matado y ha quedado completamente rendido.
El alfarero ya está bajo tierra, aunque aún entre los vivos. Escarba en el lodo más
que los cerdos (…) sus vestidos están tiesos de barro, su cinturón está hecho
jirones. (...) Te hablaré también del albañil. Sus lomos son un castigo. Aunque está
en el exterior, al viento, construye sin (la protección de) un toldo. Su taparrabos es
una cuerda entrelazada y un cordel en su trasero. Sus brazos están agotados por
el esfuerzo, habiendo mezclado todo tipo de suciedad. (…)
El fabricante de esteras en su taller está peor que una mujer, con sus rodillas
contra su pecho. No puede tomar aire. Si malgasta un día sin tejer, recibe
cincuenta golpes. (…)
El mercader sale al desierto dejando sus propiedades a sus hijos, temeroso de los
leones y los asiáticos (…)
Los dedos del fogonero están sucios. Su olor es el de los cadáveres. Sus ojos
están inflamados por la intensidad del humo. No puede desprenderse de su
suciedad. (…)
Mira, no hay una profesión que esté libre de director, excepto el escriba. Él es el
jefe. Si conoces la escritura, te irá mejor que en las profesiones que te he
presentado. Míralos en su miseria (…)
Si marchas tras los magistrados, ve a la distancia correcta. Si entras y el señor de
la casa se encuentra ocupado con otro ante ti, siéntate con tu mano en tu boca:
No pidas nada de él, y haz sólo según él diga. (…) No hables de cosas secretas. El
que oculta sus pensamientos se hace su escudo (…) Si un magistrado te envía
con un mensaje, comunícalo tal como él lo dijo. (…) Mira, te he colocado en el
camino del dios (…) Mira, no hay escriba que carezca de comida y de bienes de
palacio –vida, prosperidad y salud- (…) Atiende a estos consejos que he puesto
ante ti, tus hijos y sus hijos.”
Bibliografía: Lichtheim 1973, 184-192; Serrano 1993, 221-225; Parkinson 2004,
72-76.
Instrucciones de Amenemhat I
Las instrucciones se conservan en copias de papiro, tablas y ostraca del Reino
Nuevo, aunque la composición original se remonta a los inicios de la dinastía XII,
a los reinados de Amenemhat I, o más exactamente de su hijo y sucesor Senusert
I.
Principio de la enseñanzas que hizo la majestad del rey del Alto y Bajo Egipto
Sehetepibra, hijo de Ra, Amenemhat, justo de voz, cuando habla en una
revelación a su hijo el Señor del Todo. Dijo: “¡Álzate en gloria como un dios!
Escucha lo que voy a decirte, para que puedas reinar en la tierra, gobernar las
orillas y acrecentar el bienestar. Guárdate de los subordinados que no lo son, y por
cuyo temor no se está alerta. No te acerques a ellos mientras estés solo; no te fíes
de (ningún) hermano (…) Fue aquel que se había nutrido de mi alimento el que
provocó querella; aquel a quien yo había dado mis brazos conspiraba por medio de
ellos (…) Fue después de la cena, cuando la noche había llegado. Yo había
tomado una hora de reposo, tendido en mi lecho; estaba relajado, y mi corazón
empezaba a seguir mi sueño. Entonces se blandieron las armas que (debían)
protegerme (…) Descubrí que se trataba de una disputa de la guardia.
Si rápidamente hubiera yo tomado las armas en mi mano, habría hecho que los
cobardes se retiraran con una carga (…) He dominado los leones, he atrapado a
los cocodrilos: He sometido a los nubios y he capturado a los medjai. (…)
Bibliografía: Posener 1956, 61-86; López 1963; Helck 1969; Goedicke 1988;
Serrano 1993, 97-100; Quirke 2004, 127-129.
La Profecía de Neferti
Se trata de un texto datado en su origen en los comienzos de la dinastía XII, pero
conservado en veintidós copias del Reino Nuevo. La copia más completa es el
Papiro Hermitage 1116B, que junto a la Tabla Cairo CG 25224 y la Tabla BM EA
5647 componen las copias de la dinastía XVIII. De Época Ramésida se conservan
varios ostraca como O. Ashmolean 326, 331, 371-2, O. BM EA 5627, O. Deir el-
Medina 1074, 1182-9, O. Liverpool 13624M, O. Michaelides 9, O. UC 39637 entre
otros.
Ocurrió cuando la majestad del rey del Alto y Bajo Egipto Snefru, justo de voz, era
un buen rey en la tierra entera. Un día, ocurrió que el consejo de la Residencia
entró en Palacio -[vida prosperidad] y salud- para la audiencia.
Salieron después de que tuvieran su audiencia de acuerdo con su costumbre
diaria.
Su majestad -vida, prosperidad y salud- dijo al portador del sello que estaba a su
lado: “Ve y tráeme a los al consejo de la Residencia que vinieron aquí a la
audiencia”.
Fueron traídos inmediatamente, y se postraron ante su majestad -vida, prosperidad
y salud- una segunda vez. Luego, su majestad -vida, prosperidad y salud- les dijo:
“¡Camaradas! Os he mandado llamar para que me busquéis a un hijo vuestro que
sea sabio, a un hermano vuestro que sea excelso, a un compañero que realice
algo notable, alguien que me cuente bellas palabras, algunas frases escogidas
para entretener mi majestad”. Ellos se postraron ante su majestad -vida,
prosperidad y salud- una segunda vez.
Luego, dijeron ante su majestad -vida, prosperidad y salud- : “Hay un gran
sacerdote-lector de Bastet, oh soberano, nuestro señor, llamado Neferti. Es un
hombre de valeroso brazo, es un escriba excelente con sus dedos, es un hombre
rico, con más riqueza que ninguno de sus iguales. Que sea traído para que su
majestad le vea”. Su majestad -vida, prosperidad y salud- dijo entonces: “¡Id y
traérmelo!
Fue traído inmediatamente. Él se postró ante su majestad-vida, prosperidad y
salud-. Su majestad -vida, prosperidad y salud- le dijo: “Ven, Neferti, amigo!
Cuéntame algunas bellas palabras, frases elegidas para entretener a mi majestad
al oírlas.”
Y el sacerdote-lector Neferti dijo: “¿Sobre algo que haya ocurrido, o que vaya a
ocurrir, mi majestad -vida, prosperidad y salud-?”
Su majestad -vida, prosperidad y salud- contestó: “Sobre lo que vaya a ocurrir, el
hoy ya ha ocurrido y se ha ido”.
Extendió su mano a un cofre con el material de escritura, tomó un papiro y una
paleta de escritura, y se preparó para escribir lo que el sacerdote-lector
Neferti diría, como un hombre de conocimiento del Este, perteneciente a Bastet en
su gloria, como un niño de la provincia de Heliópolis.
Él reflexionó sobre los que iba a pasar en la tierra. Vinieron a su mente las
turbulencias del este, el alboroto de los asiáticos con sus fuerzas, aterrorizando los
corazones de los campesinos, apoderándose de los bueyes en el arado. Y dijo:
“¡Alza mi corazón! Llorad por esta tierra en la que habéis nacido (…) ¡No os
canséis! ¡Miradlo ante vosotros! ¡Levántate a lo que está ante vosotros!
¡Mirad! Ahora los grandes están en la condición dela tierra, lo que fue hecho se ha
deshecho, Ra debe comenzar su creación. La tierra es destruida por completo, no
queda nada más allá, no hay un rastro de uña en su lugar (…)
El río de Egipto está seco, el agua es cruzada a pie. El agua es buscada por los
barcos para poder navegar; su curso (el del río) se ha convertido en su orilla; su
orilla en inundación; (…) el viento del sur lucha con el viento del norte; no habrá
viento en el cielo (…) toda la felicidad ha partido, la tierra se ha hundido en el
sufrimiento (…)
Hay un monarca que vendrá del sur, Ameny, justo de voz, es su nombre. Él es hijo
de una mujer de Nubia, él es un niño de Nekhen. Él tomará la corona blanca, él
levantará la corona roja, se unirá a las dos poderosas diosas (…)
¡Regocíjate, pueblo de su tiempo! El hijo de un hombre hará su nombre para la
eternidad y eternamente. Aquellos que cayeron en el mal o planearon la traición,
serán derribados sobre sí mismo por miedo a él; los asiáticos caerán en su
sacrificio; los libios caerán en su fuego; los rebeldes en su fuerza; los malvados en
su majestad (…) El sabio purificará agua por mí cuando vea que lo que he dicho
ocurrirá”.
Bibliografía: Helck 1970b; Goedicke 1977; Simpson 2000, 214-220; Quirke 2004,
135-139.
Sinuhé
Son varios los fragmentos de texto que componen la versión que conocemos
actualmente de Sinuhé. La explicación a la existencia de tal número de versiones
es que fue un texto con mucho éxito en el antiguo Egipto y utilizado como modelo
para la práctica de escritura de los futuros escribas. Todos ellos están escritos en
hierático, en tinta negra, utilizando el color rojo para los encabezamientos de
secciones de texto y correcciones posteriores.
De todos los manuscritos conservados, los más extensos son el Papiro Berlín
3022, el más completo y que se usa como versión estándar, y el Papiro Berlín
10499, hallados ambos en dos tumbas tebanas de la XII y XIII dinastías
respectivamente.
(…) Año 30, tercer mes de la estación akhet, día siete. EL dios ha ascendido a su
horizonte, el rey Sehetepibra se ha elevado al cielo, habiéndose unido al disco
solar (Atón), el cuerpo del dios habiéndose fundido con quien le creó. La
Residencia estaba callada, los corazones afligidos; las puertas estaban
cerradas,los cortesanos con la cabeza sobre las rodillas y los nobles en silencio.
(…)
Magnates de palacio enviaron (mensajeros) al Oeste para informar al príncipe de
lo ocurrido en la corte (…) Sin tardanza, se apresuró: el halcón había volado en
compañía de sus asistentes sin hacérselo saber a su tropa. Se informó, sin
embargo, a los súbditos del rey que estaban con él en este destacamento: uno de
ellos fue llamado. Yo estaba en pie y oí su voz; cuando él hablaba, yo estaba
arriba en el camino. MI corazón se aceleró, mis brazos se desplomaron. Un
tembleque tomó todo mi cuerpo y me aparté a saltos en busca de un escondite. Me
metí entre dos setos para evitar el camino que ellos andaban.
Marché río arriba, no pensando alcanzar la Residencia, pues suponía que había
alboroto, no pudiendo asegurar si viviría tras él. (…) Cuando me detuve en el área
de Kemuer, un ataque de sed me sobrevino. Estaba deshidratado, mi garganta
reseca. Me dije a mí mismo, “esto es el sabor de la muerte”.
Levanté mi corazón y recompuse mi cuerpo tras escuchar ruido de ganado y
vislumbrar nómadas. Un caminante que había estado en Egipto me descubrió.
Él me dio entonces agua, cocinó para mí leche. Marché con él a su tribu, y bueno
fue lo que ellos hicieron por mí.
Una tierra me llevó a otra, partí hacia Biblos, me dirigí a Qedem. Pasé medio año
allí, y Amunensi me tomó (consigo); él era el gobernante del Alto
Retenu (…)
-¿Cómo has llegado a esto?- me dijo - ¿Qué ha pasado en la Residencia?
- El rey de Egipto Sehetepibra ha partido hacia el horizonte y no se sabe lo que ha
ocurrido. – Le dije falsamente-: cuando volvía de una expedición en la tierra de los
Tehemehu, me fue comunicado y mi corazón palpitó. Mi corazón se me salía del
cuerpo y me condujo por el camino de la huida. No fui implicado, no se me
escupió. No se oyó ningún reproche, no se escuchó mi nombre en boca del
heraldo. No sé qué me trajo hasta esta tierra extranjera, fue como un designio de
dios (…)
-¿Y qué es de esa tierra sin aquel dios benefactor (…)?
- Seguro que su hijo habrá entrado a palacio, después e haber ganado la herencia
de su padre –le respondí yo-. Es un dios, pues no tiene igual, no hay nadie que se
le interponga (…)
(Su vida en el extranjero)
(…) Me puso a la cabeza de sus hijos, me casó con su hijo mayor, me dejó que
eligiera entre lo que había con él, en su tierra, haciendo frontera con otra. Era una
buena tierra, se llamaba Iraru, no existía otra igual. Había higos en ella y uvas
también; era más rica en vino que en agua. Su miel era abundante, su aceite
cuantioso; todo tipo de frutas tenían sus árboles.(…) Mucho fue lo que me llegó por
amor a mí, habiéndome nombrado gobernante de una tribu de entre las de su
tierra. (…)
Pasaron muchos años. Mis hijos se convirtieron en campeones, cada uno
mandando su propia tribu. El comisionado que se dirigía al norte, o al sur hacia la
Residencia, hacía escala conmigo. Yo hospedaba a todos. Dí agua al sediento,
puse en ruta al extraviado. Arrebaté al ladrón de los nómadas, a quien había
comenzado a conspirar para oponerse a los gobernantes de tierras extranjeras; me
enfrenté a sus movimientos. El gobernador de Retenu fue quien hizo que yo
pasara muchos años como comandante de sus tropas. Me impuse en todas las
tierras a las que me dirigí (…) Él sabía que yo era valiente y me nombró jefe de
sus hijos; había visto la firmeza de mis brazos.
Un campeón de Retenu vino a mi tienda para retarme. Era un héroe sin igual (…)
me dijo que pelearía conmigo, pretendía despojarme (…) Por la noche, tensé mi
arco, agucé mis flechas, afilé mi daga, engalané mi panoplia (…)
Todos los corazones ardían por mí, mujeres y hombres alborotando, todos sufrían
por mí, diciendo: “¿Acaso haya otro campeón que pelee contra él?”. (…)
Después d eludir sus armas, esquivé sus fechas una tras otra. Pensó entonces
desarmarme. Se acercó y le disparé. Mi flecha se clavó en su cuello y él gimió y
cayó de bruces (…) Me traje entonces sus pertenencias, capturé su ganado (…)
Cuantiosas eran ahora mis posesiones, numeroso mi ganado.
(…) Mi casa es perfecta, mi dominio amplio, y aun así mi mente está en palacio.
Cualquiera que fuera el dios que hubiera decidido esta huida, ten misericordia y
ponme en camino hacia la Residencia (…) Espero que permitas que yo vea el
lugar donde yace mi corazón. ¿Qué hay más importante que mi cuerpo sea
enterrado en la tierra donde nací? (…) Que el rey de Egipto tenga piedad de mí y
yo viva de sus dádivas, salude a la señora de la tierra que está en palacio, oiga
noticias de sus hijos. Entonces mi cuerpo será joven nuevamente: la madurez ha
llegado, la debilidad me ha alcanzado, mis ojos están cansados, mis brazos
flácidos, mis piernas han dejado de marchar, mi corazón está cansado, (la hora de
partir) se me acerca (…)
Estas palabras fueron comunicadas a la majestad el rey Kheperkará – justo de
voz- relativas a la situación en la que me encontraba. (…) Copia del documento
traído a este humilde servidor relativo a su regreso a Egipto:
“(…) Documento real para el asistente Sinuhé. Este documento del rey te he traído
para que sepas lo siguiente:
(…) ¿Qué has hecho para que se actúe contra ti? Tú no has conjurado, para que
tus palabras fueran reprendidas; no se ha oído tu nombre mencionado, para que
temieras represalias (…) Cuando hayas vuelto a Egipto, verás la Residencia donde
creciste, besarás la tierra a sus puertas, re reunirás con tus cortesanos.
Ya has comenzado la madurez, has perdido la virilidad, has pensado en el día del
enterramiento y de obtener la veneración. Un lecho se te ha asignado, con aceites
y vendajes de la mano de (la diosa) Tait. Una procesión ha sido organizada para ti
el día de tu entierro: la caja es de oro y la máscara de lapislázuli, el cielo (estará
representado) sobre ti cuando estés en una capilla portátil y bueyes llevándote y
cantores al frente. La danza-muu será realizada a la puerta de tu tumba, las
ofrendas preceptivas serán pronunciadas para ti, se sacrificará en tu altar. Tus
pilares están elaborados con piedra caliza, en medio de los príncipes. No mueras
en el extranjero, que no te entierren los cananeos, que no te envuelvan en una piel
de carnero haciendo de sarcófago. Esto es mucho para quien ha pateado la tierra.
Piensa en tu cuerpo y ven.”
(…) Este humilde servidor partió hacia el sur (…) Al amanecer, vinieron a
llamarme. Diez hombres vinieron y diez hombres marcharon llevándome a
Palacio. Besé el suelo entre las esfinges. Súbditos del rey estaban a las puertas
para recibirme. Los cortesanos que me llevaron hasta la entrada, me guiaron hacia
el salón de audiencias. Encontré a su majestad en un trono con pabellón (…).
Inmediatamente me postré, sin reconocerme ni a mí mismo ante él (…)
Yo era como un hombre atrapado en el crepúsculo, mi Ba se había esfumado.
Mis miembros temblaban, mi corazón no se hallaba en mi cuerpo, no distinguía
entre vida y muerte (…)
Salí del salón de audiencias, los príncipes dándome la mano, Marchamos juntos
hacia las puertas y fui conducido hasta la casa de un súbdito real. Había allí
distinciones, un baño y esponjas (…) se me quitaron años de encima, estaba
afeitado, mi pelo peinado. Entregué mi atavío de extranjero y ropas de beduino, y
me vestí con lino, me ungí con el mejor aceite, dormí sobre una cama. (…) Se me
concedió una casa que había sido de un magnate (…) Alimentos me fueron traídos
de Palacio tres veces e incluso cuatro veces al día (…) Se construyó para mí una
tumba de piedra, en medio de las tumbas (…) Todo el ajuar que es depositado en
la cámara fue provisto. Se me dispensó oficio funerario y un huerto (…) Mi efigie
fue recubierta de oro, su falda de electro (…).1
Bibliografía: Blackman 1932a; Foster 1980; Baines 1982; Goedicke 1990; Koch
1990; Foster 1993; Parkinson 1997; Galán 2000.