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Medina - Roveda - Manual Der de Familia - Cap. 11

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Capítulo XI

Régimen primario

1. Concepto

Bajo el nombre de “Disposiciones comunes a todos los regímenes”


el CCyCN incorpora un régimen que en doctrina se denomina “es-
tatuto patrimonial de base”, “estatuto fundamental”, “régimen pa-
trimonial primario” “régimen primario imperativo” o “régimen pri-
mario” constituido por el conjunto de normas, referidas a la economía
del matrimonio que se aplican de forma imperativa a todo régimen
matrimonial, de origen convencional o legal y que tienen por objeto
tanto asegurar un sistema solidario que obligue a ambos cónyuges
a satisfacer las necesidades del hogar y asegure a los acreedores que
esas deudas serán solventadas con el patrimonio de los dos esposos,
como proteger la vivienda familiar y los bienes que la componen.
La denominación “régimen primario”, es de origen francés y su
génesis es la reforma del Código Civil francés de 1965, de donde
surge de la distinción entre normas “primarias” que son las inderoga-
bles que nacen como consecuencia del matrimonio, y normas “ secun-
darias” que son las que surgen de la voluntad de las partes al elegir
el régimen de bienes del matrimonio o de la aplicación supletoria de
la ley.
En aras de proteger la comunidad de vida familiar se establecen
efectos patrimoniales, básicos, directos e ineludibles que se cimientan
en la idea de solidaridad.
298 Graciela Medina – Eduardo Guillermo Roveda

2. Caracteres

Las disposiciones comunes a todos los regímenes tienen los si-


guientes caracteres:
— Imperativas: no pueden ser derogadas ni modificadas por los
cónyuges.
— Permanentes: su vigencia se extiende a todo el tiempo de dura-
ción del régimen, cualquiera sea éste.
— De orden público. Han sido incorporadas en interés público
basado en la solidaridad familiar.

3. Contenido del régimen patrimonial primario


en el Código Civil y Comercial

El régimen patrimonial primario se ocupa fundamentalmente de:


a. Determinar como deben contribuir los cónyuges a solventar
lar necesidades del hogar.
b. Establecer los caracteres de responsabilidad de los cónyuges
frente a los acreedores.
c. Fijar normas de protección de la vivienda familiar y de los
bienes que la componen.
d. Disponer la necesidad del asentimiento para los actos relativos
a la disposición de la vivienda en común y de los bienes que la
componen.
e. Prever la forma en que se suplirá la falta de asentimiento con-
yugal, por ausencia impedimento o negativa injustificada.
f. Determinar la ineficacia de los actos realizados sin el asenti-
miento conyugal.
g. Otorgar medidas precautorias para impedir que se defraude el
régimen.
RÉGIMEN PRIMARIO 299

4. Deber de contribución

El art. 455 del CCyCN establece que ambos cónyuges deben con-
tribuir a su propio sostenimiento, a las necesidades del hogar y de los
hijos.

a. Necesidades del hogar

Por hogar debe entenderse a la sede de la familia. Éste puede ser


el normal o el transitorio, es decir que comprende las necesidades de
una familia que transitoriamente por cualquier causa, como ser una
enfermedad, se haya trasladado a un lugar que no es su residencia ha-
bitual. También abarca el pago del canon locativo, dado que el hogar
conyugal puede no estar en un inmueble propio.

b. Los hijos

Con los cuales ambos deben contribuir son los hijos comunes
y los incapaces de uno de los cónyuges que convivan con ellos. Tal
contribución no es exactamente igual porque en el caso de los hijos
comunes, la obligación se extiende, aun cuando no convivan con los
padres: durante la menor edad, y mientras exista obligación alimen-
taria es decir hasta los 21 años (art. 658 CCyCN), durante la incapa-
cidad, hasta los 25 años mientras estudien o se capaciten (art. 663) y
siempre que le falten medios para alimentarse y que no sea posible
adquirirlo con su trabajo (art. 622).
Mientras que para el supuesto de hijos de uno solo de los cón-
yuges, para que exista el deber de contribución deben; convivir en el
hogar común y ser incapaces. No se extiende ni al supuesto en que
no habiten en el hogar, ni al caso de mayores de 18 años, menores
de 25 años estudiantes, ni al de mayores de edad sin medios para
alimentarse.

c. Los familiares

La manutención de los familiares, a cargo de uno de los cónyuges,


no está comprendida dentro del deber de contribución salvo en el su-
puesto que por vivir en el hogar común, los gastos sean considerados
del sostenimiento del hogar.
300 Graciela Medina – Eduardo Guillermo Roveda

5. La forma de la contribución

Cada uno de los cónyuges está obligado a contribuir con las nece-
sidades primarias de la familia en proporción a sus recursos, con todo
su patrimonio, en caso que uno de ellos realice exclusivamente tra-
bajo en el hogar, ellas se considerarán como forma de cumplimiento
de su obligación de contribución.
En definitiva los esposos deben contribuir con las necesidades
primarias de la familia en proporción a sus capacidades económicas
con todos sus bienes, cualquiera haya sido el origen de la deuda o el
cónyuge contratante.
En ello radica fundamentalmente la diferencia con el régimen re-
glamentado en los arts. 5º y 6º de la ley 11.357, en el cual el cónyuge
que no contrajo la deuda responde con los frutos de los bienes pro-
pios y los frutos de los gananciales que él administra.
El sistema establecido en el régimen primario también se dife-
rencia del régimen de deudas proyectado para el sistema de comu-
nidad establecido en el art. 467 ya que en las deudas del régimen pri-
mario ambos cónyuges responden con todo su patrimonio, en cambio
en el sistema de deudas comunes del régimen de comunidad, quien no
contrajo la deuda responde sólo con los bienes gananciales y no con
los bienes propios.
Cabe preguntarse sí, en el marco del régimen de separación, uno
de los cónyuges hubiere aportado en mayor cantidad que el otro,
¿podría reclamar un reembolso por esos gastos que cubrió? Enten-
demos que la respuesta negativa —en principio— se impone, ambos
cónyuges deben dar a su familia todo lo necesario para el desarrollo
del grupo, y ello puede darse en porciones desiguales de acuerdo con
los recursos y posibilidades de cada uno, razón por la cual este reem-
bolso no le será exigible.
Excepcionalmente el cumplimiento de ese deber puede dar lugar
a derecho de reembolso a favor de quien asumió la satisfacción en
forma exclusiva porque ello alteraría el régimen primario. Tal cir-
cunstancia puede suceder, p. ej., si entre los esposos existe un régimen
de separación de bienes y por algún motivo el deber de contribución
se cumple exclusivamente con el patrimonio de uno de ellos, a pesar
que el otro consorte tiene medios suficientes para contribuir.
El CCyCN prevé que el cónyuge que no da cumplimiento a esta
obligación puede ser demandado judicialmente por el otro para que
RÉGIMEN PRIMARIO 301

lo haga, entendemos que la demanda será de alimentos ya que las ne-


cesidades del hogar o el sostenimiento de los hijos se traduce en ellos,
claro está que se podrá solicitar la fijación de provisorios. Estas de-
mandas en general sólo se producen luego de la separación de hecho
de los consortes.

6. Protección de la vivienda

a. Protección ante actos dispositivos. Asentimiento

Una de las cuestiones de mayor trascendencia en todo matri-


monio es la relativa a la vivienda habitual de la familia. En efecto, la
vivienda habitual, como base física del hogar, así como los muebles de
uso ordinario de la familia, son elementos esenciales para la satisfac-
ción de sus necesidades más elementales; y ello con independencia de
que su titularidad corresponda a ambos cónyuges, a uno sólo de ellos
e incluso a un tercero. Es por ello que el CCyCN contiene reglas im-
perativas, que rigen cualquiera que sea el régimen económico matri-
monial o convivencial pactado y que de una parte, tienen por objeto
evitar que uno de los cónyuges lleve a cabo unilateralmente actos dis-
positivos sobre los derechos de la vivienda habitual y por otra parte
impiden que se disponga unilateralmente de los bienes muebles de
uso ordinario de la familia, en cuanto pudiera afectar a la estabilidad
de la sede familiar.
El art. 456 del CCyCN dice Actos que requieren asentimiento.
Ninguno de los cónyuges puede, sin el asentimiento del otro, disponer
de los derechos sobre la vivienda familiar, ni de los muebles indispen-
sables de ésta, ni transportarlos fuera de ella. El que no ha dado su
asentimiento puede demandar la anulación del acto o la restitución
de los muebles dentro del plazo de caducidad de seis (6) meses de
haberlo conocido, pero no más allá de seis (6) meses de la extinción
del régimen matrimonial. La vivienda familiar no puede ser ejecu-
tada por deudas contraídas después de la celebración del matrimonio,
excepto que lo hayan sido por ambos cónyuges conjuntamente o por
uno de ellos con el asentimiento del otro.
La norma antes transcripta imposibilita la disposición de los de-
rechos sobre la vivienda y esta prohibición es más amplia que el im-
pedimento a disponer de la vivienda, ya que implica que además de
no poderse disponer de la propiedad tampoco se puede disponer del
contrato de locación o del derecho de uso y habitación sin el asenti-
302 Graciela Medina – Eduardo Guillermo Roveda

miento conyugal o conviviente. También limita la posibilidad de em-


bargo y ejecución de la vivienda familiar por parte de los acreedores
de los cónyuges, salvo que la deuda haya sido contraída por ambos o
por uno con el consentimiento del otro.
La vivienda familiar tiene una indiscutible protección constitu-
cional, que surge tanto del texto de la Constitución Nacional (arts. 14
y 14 bis), como de las diferentes constituciones provinciales, como
de los tratados internacionales con jerarquía constitucional (art. 75,
inc. 22, CN).
La garantía constitucional de protección a la vivienda familiar
ampara no sólo el derecho de los dueños sobre la vivienda, sino tam-
bién el derecho a la vivienda que gozan legítimamente quienes no lo
son. Esta nueva visión se funda en la distinción entre “el derecho a
la vivienda y sobre ella”. El derecho a la vivienda es un derecho fun-
damental del hombre nacido de vital necesidad de poder disfrutar de
un espacio habitable, suficiente para desarrollar su personalidad; esa
facultad se materializa en un derecho sobre la vivienda, accediendo a
la propiedad u otro derecho personal o real de disfrute.
Ahora bien, la importancia social que la familia impone, hace
prevalecer el derecho a la vivienda al derecho sobre la vivienda y, ello
implica limitar las facultades de disposición sobre ella.
Por vivienda común se entiende:
a) La vivienda propia de uno de los cónyuges donde resida el
hogar conyugal.
b) El inmueble de propiedad común de ambos cónyuges.
c) El inmueble alquilado, prestado, usufructuado, entregado
como parte de pago de un contrato de trabajo.
d) El mueble o embarcación donde los cónyuges residan habi-
tualmente.
e) El lugar donde cada uno de ellos resida cuando han resuelto
no cohabitar (arg. art. 431 CCyCN).
En definitiva para la protección es indiferente el título por el cual
la familia ocupe el inmueble destinado a ser sede del hogar conyugal,
es decir que no importa que se trate de una propiedad o de una lo-
RÉGIMEN PRIMARIO 303

cación, ni tampoco de quien sea el propietario o el locatario, ello


no transforma sin más al cónyuge no propietario en propietario de
la vivienda, ni en locatario de ella. La singularidad de la protección
no reside, en que forzosamente hayan de ser los cónyuges cotitulares
del inquilinato, sino en la indisponibilidad de los derechos arrenda-
ticios de un esposo por voluntad unilateral, de modo que el cónyuge
arrendatario no podrá extinguir el contrato por su sola voluntad,
traspasarlo cederlo en los casos que la ley o el pacto lo permiten,
subarrendar, etcétera. Si bien, un esposo dispuesto a dejar el arriendo
tiene, cuando el arrendado también lo quiere así el refugio de incurrir
en una causa de desahucio, que si no va acompañada de un acuerdo
fraudulento con el arrendador dará lugar, cuando lo haga valer éste a
la extinción del arriendo.
Creemos que la protección no alcanza a la segunda vivienda, o
residencia alternativa o secundaria, como podría ser la casa de fin de
semana o de vacaciones casas quintas o viviendas de vacaciones.
La fórmula derecho sobre la vivienda es más amplia que actos de
disposición y comprende todos los actos de disposición de contenido
real, es decir la venta, permuta, usufructo, uso y habitación y también
los actos de disposición de tipo personal como la locación y el como-
dato.
En definitiva los actos que requieren asentimiento son todos aque-
llos que impiden o restrinjan el uso de la vivienda por los cónyuges.
Resulta discutible si uno de los cónyuges puede vender el inmueble
con reserva de usufructo. Puede pensarse que si porque no puede
compararse la estabilidad del dominio con la del derecho de usu-
fructo. Sin embargo por nuestra parte pensamos que no es necesario
tal asentimiento porque que si bien el acto encierra un acto de dis-
posición, la reserva de usufructo preserva los derechos sobre el bien.
El art. 456 también incluye a los muebles indispensables del
hogar. En estos deben entenderse comprendidos los elementos mí-
nimos para el desarrollo de la vida conyugal para cuya determinación
tendrá importancia toda la jurisprudencia relativa a la embargabi-
lidad de bienes. El mobiliario al igual que la vivienda debe tener un
uso familiar, no sólo en la familia en su conjunto sino de cualquiera
de sus miembros.
304 Graciela Medina – Eduardo Guillermo Roveda

El fundamento del precepto parece claro: se trata de salvar el


alojamiento del matrimonio y los muebles que lo guarnecen de la ar-
bitrariedad o mala voluntad del cónyuge que puede disponer de ellos:
dueño o arrendatario; es decir, de impedir que un cónyuge pueda, por
sí, dejar al otro en la calle, o en una casa sin amueblar, ni aunque sea
el dueño de la habitación o el mobiliario.
La nueva legislación no contiene el requisito de la existencia de
hijos para dar la protección a la vivienda familiar. Es decir que ésta
se otorga desde el nacimiento del matrimonio aun cuando no exis-
tieran descendientes. Basta para otorgarla que en el hábitat vivan los
cónyuges o convivientes independientemente de la existencia de hijos.

b. Requisitos del asentimiento

Al esposo a quien se le exige el asentimiento se le solicita sola-


mente una expresión de conformidad con el negocio del consorte, que
no lo hace parte del acto jurídico.
En este sentido el asentimiento dado por el cónyuge que no rea-
lizó el acto es un presupuesto de validez llamado a remover los obstá-
culos con que tropieza el poder dispositivo del cónyuge titular.
En sus caracteres generales, el asentimiento conyugal es un acto
jurídico unilateral, entre vivos, a título gratuito, no formal y especial
para cada acto.
Es importante destacar que quien presta el asentimiento no se
obliga, ni responde por las deudas que origine el acto, ni tampoco
responde por vicios redhibitorios, ni por garantía de evicción, ya que
no es parte del acto, ni es el dueño del bien.
Coincidimos con Belluscio que el asentimiento no necesita ser
concomitante con el acto que se otorga; puede perfectamente ser an-
terior. De lo que no cabe duda, pues, es que el cónyuge del otorgante
puede dar su asentimiento anticipado —tanto en el régimen vigente
como en el proyectado— con tal de que se expresen todos los ele-
mentos del acto (bien al cual se refiere, naturaleza del acto proyec-
tado, precio, forma de pago, etcétera).
No será válido en cambio el asentimiento general dado por antici-
pado, ya que ello violentaría el espíritu de la norma. A fin de eliminar
dudas sobre el alcance del asentimiento requerido en diversas dispo-
RÉGIMEN PRIMARIO 305

siciones, se establece que debe darse para cada acto en particular, con
identificación no sólo del acto sino también de sus elementos consti-
tutivos (precio, plazos para el pago, garantías, etcétera).

c. Autorización judicial

El art. 458 prevé la autorización judicial para aquellos actos que


precisan el asentimiento del cónyuge en el supuesto de que éste:
a) se halle impedido para manifestar su voluntad,
b) se niegue a prestarla y su negativa redunde en perjuicio del
interés general,
c) cuando no pueda prestarla.
Se trata de soluciones legales que tiene por fundamento evitar la
parálisis del régimen patrimonial-matrimonial.
En estos casos el negocio otorgado con autorización judicial es
oponible al otro cónyuge sin que ello le imponga obligación personal
alguna a su cargo. En definitiva la actuación del juez en sustitución
del cónyuge que se niega injustificadamente a prestar su consenti-
miento es similar a la que hubiera producido el asentimiento del cón-
yuge cuyo consentimiento se suple, por tratarse de la solución que
menos puede perjudicar a ese cónyuge.
Para que proceda dicha autorización va a ser necesario que se de-
muestre que la disposición del derecho sobre la vivienda no perjudica
el interés de la familia, pero no entendido como interés patrimonial,
sino en el sentido que entre la situación anterior a la autorización
judicial y la posterior no se genere una ausencia de vivienda familiar,
acorde con las circunstancias familiares en el momento de la conce-
sión.
Se trata de garantizar el alojamiento de la familia y ése será el
interés que debe tener presente la autoridad judicial, aunque obvia-
mente las circunstancias patrimoniales deben ser tenidas en cuenta
porque no cabe mantener una modalidad de alojamiento a cualquier
precio.
Esta autorización la puede solicitar el cónyuge titular del derecho
sobre la vivienda ante la negativa de su consorte a otorgarla o en el
306 Graciela Medina – Eduardo Guillermo Roveda

caso que esté impedido de otorgarla (ausencia, incapacidad o capa-


cidad disminuida).
Cabe señalar que la autorización debe ser solicitada con anterio-
ridad a la realización del acto. El asentimiento posterior prestado por
el cónyuge no titular sanea el acto anulable.
Es necesario señalar que el juez no tiene la facultad de confirmar
un acto anulable por lo cual la autorización del magistrado no puede
ser otorgada con posterioridad a la realización del acto.

d. La solicitud de autorización judicial por subrogación

Cabe preguntarse si el comprador puede presentarse en lugar del


titular del bien a solicitar la autorización judicial supletoria.
En principio el fin de la autorización es superar un conflicto entre
cónyuges que ha de resolverse conforme al interés familiar. De allí que
si ambos están de acuerdo en no realizar la operación (el no titular
negándose a asentir y el titular a requerir la venia judicial), la inter-
vención judicial es improcedente porque obedecería al interés de un
tercero y no al interés de la familia.
La mayoría de la doctrina sostenía durante la vigencia del Có-
digo Civil que el pedido de autorización judicial supletoria puede ser
hecho también por el tercero adquirente, subrogando en tal derecho
al obligado a escriturar, cuando falta el asentimiento de su cónyuge.
Así lo han admitido la jurisprudencia y doctrina mayoritarias (Be-
lluscio, Zannoni, Vidal Taquini, Méndez Costa, Fassi y Bossert).
Coincidimos con esta postura ya que negar la posibilidad de dicha
subrogación puede favorecer actitudes de abuso de derecho e incluso
concertaciones fraudulentas entre los cónyuges. Su procedencia, sin
embargo, cuando es requerida por un tercero, debería ser evaluada
más estrictamente, sobre todo en lo relativo a la prueba de la razona-
bilidad del acto.
Cuando falte el asentimiento nos encontraremos frente a un acto
anulable, no nulo de pleno derecho, por lo que en la acción de nu-
lidad se podrá apreciar si el acto afectaba o no afectaba el interés
familiar. El plazo de caducidad se toma del modelo francés y es de
seis meses de haber conocido el acto pero no más de seis meses que se
haya puesto fin al matrimonio.
RÉGIMEN PRIMARIO 307

7. Protección de la vivienda. Inejecutabilidad

Se limita la posibilidad de ejecución de la vivienda familiar por


los acreedores de uno solo de los cónyuges a fin de evitar que me-
diante el endeudamiento el propietario de la vivienda comprometa a
ésta sin intervención del otro cónyuge.
La vivienda familiar puede ser embargada por deudas contraídas
con anterioridad al matrimonio o por las que hayan sido celebradas
conjuntamente por ambos esposos o por uno de ellos con el asenti-
miento del otro.
El problema se plantea con las deudas que derivan de tasas, con-
tribuciones que graban al inmueble, como así también de los servicios
o de las deudas por expensas comunes, y de obligaciones derivadas de
las reformas o construcciones realizadas en la vivienda; entendemos
que en tales casos, el inmueble puede ser ejecutado cuando: Los cón-
yuges conjuntamente han contraído la deuda ya que indiscutiblemente
ambos han prestado su asentimiento a la prestación del servicio o a la
realización de la mejora, o se han beneficiado con el objeto de la tasa
o contribución; o se trata de deudas que hacen al sostenimiento del
hogar conyugal que ambos cónyuges responden solidariamente con
todo su patrimonio.
Esta norma debe analizarse en conjunto con lo dispuesto en forma
general para la protección de la vivienda (arts. 249 y ss.).

8. Mandato entre cónyuges

El art. 459 del CCyCN autoriza expresamente el mandato entre


cónyuges, dentro del régimen primario, es decir el aplicable a ambos
regímenes. En el proyecto de Código Civil y Comercial enviado al
Congreso Nacional no existía ninguna norma que prohibiera la con-
tratación entre cónyuges, por lo que la norma parecía superflua más
allá de la importancia de algunas precisiones que contiene.
La cuestión cambió con el agregado que en el Poder Legislativo
se le realizó al art. 1002 mediante su inc. d), el cual establece la inca-
pacidad de los cónyuges de contratar entre sí en caso de encontrarse
bajo el régimen de comunidad.
La inclusión de esta última norma deja mal parado al artículo que
analizamos, porque su ubicación lo intenta hacer aplicable tanto al
308 Graciela Medina – Eduardo Guillermo Roveda

régimen de separación como al régimen de comunidad, sin embargo,


como adelantábamos, en este último están prohibidos todos los con-
tratos.
Sobre el tema pueden elaborarse dos líneas de interpretación, la
primera es analizar literalmente la norma del art. 1002 inc. d) y con-
siderar que los esposos sólo pueden celebrar contrato de mandato en
el régimen de separación, donde no hay restricciones y; la segunda
es considerar que encontrándose expresamente contemplado el man-
dato en el régimen primario la restricción a la capacidad de contratar
no rige en este caso.
Nos inclinamos por esta solución, entendemos que interpretar lo
contrario será transformar en letra muerta al art. 459 y que, además,
la inclusión que se realizase en el Congreso rompe la estructura ló-
gica del ordenamiento, sin olvidar que el art. 2º del CCyCN establece
como pauta de interpretación de las leyes que éstas deben ser anali-
zadas de un modo coherente con todo el ordenamiento.
Sentado lo precedentemente expuesto la norma establece límites
al contrato de mandato entre cónyuges. A fin de eliminar dudas, se
aclara que no es posible que el mandatario se dé a sí mismo el asen-
timiento que debe dar el mandante en los casos en que la ley lo re-
quiere.
También se cierra la posibilidad de otorgar mandato general y
anticipado.
En general la doctrina se manifestaba contrario a su aceptación
porque el otorgamiento de un poder con ese alcance desnaturalizaba
el régimen de administración dual que era considerado de orden pú-
blico.
En la actualidad la discusión aparece zanjada porque el asenti-
miento debe ser dado para el acto en sí y los elementos que lo com-
ponen, con lo cual aparece como imposible que anticipadamente y en
forma general se conozcan los elementos que componen el acto.
Finalmente, se aclara y perfecciona la disposición sobre rendi-
ción de cuentas en el mandato de administración, que había generado
dudas en el antiguo art. 1276 del CCiv.
RÉGIMEN PRIMARIO 309

9. Responsabilidad frente a los acreedores. Principio


general y excepciones

a. Principio general. Separación de responsabilidad

Se mantiene, al igual que el ordenamiento anterior, el sistema de


separación de responsabilidades establecido en los arts. 5º y 6º de la
ley 11.357. La principal diferencia con el régimen derogado es que
ahora existen casos en los cuales la responsabilidad es solidaria entre
los esposos. Antes la responsabilidad se extendía al cónyuge que no
contrajo la deuda hasta los frutos de los bienes propios y gananciales.

b. Excepciones

El acreedor podrá atacar todos los bienes (sean propios, ganan-


ciales o personales) de cualquiera de los cónyuges y siempre y cuando
se trate de deudas contraídas por cualquiera de ellos para solventar
las necesidades ordinarias del hogar o el sostenimiento o la educación
de los hijos con el alcance previsto en el art. 455 del CCyCN, que
analizamos ut supra.
La expresión “necesidades ordinarias del hogar” tiene un margen
de imprecisión que la jurisprudencia, en el régimen anterior, había
interpretado incluyendo a las obligaciones que se contraen para
atender la asistencia médica del grupo familiar, adquisición de mue-
bles para el hogar, vestimenta para los hijos y los cónyuges, gastos de
vacaciones familiares, entre otros.
Así deberá atenderse para considerarlo o no incluido a:
a. El fin del gasto,
b. La razonabilidad del gasto,
c. Que sean gastos usuales y:
d. El estándar de vida de la familia.
Las soluciones en el derecho comparado no son uniformes, así
en Alemania se considera como integrantes del poder doméstico el
arrendamiento de una vivienda, la contratación de un viaje o un
apartamento de vacaciones, o la compra de objetos de regalo para
parientes o amigos, mientras en España el arrendamiento de una
vivienda de vacaciones es considerado en general un acto de admi-
310 Graciela Medina – Eduardo Guillermo Roveda

nistración extraordinaria ajeno al deber de contribución de ambos


cónyuges.
En Alemania se incluye en la esfera de gastos a los que están
obligados a contribuir ambos cónyuges la compra de un automóvil si
no tiene preponderantemente finalidad negocial o deportiva, mas ello
en España excede de los límites legales que representa satisfacción de
una necesidad ordinaria.
El Código Francés establece en el art. 220 que la solidaridad de
los esposos frente a los contratos que tengan por objeto los gastos del
hogar no tiene lugar cuando los gastos fueran excesivos frente al tren
de vida de los esposos o la utilidad o inutilidad de la operación o la
mala o buena fe de los terceros contratantes.
En definitiva el legislador no da en ningún país una definición
exacta de las deudas que determinan la obligación solidaria. Por lo
que para su determinación cobra gran importancia los principios enu-
merados al comienzo de este título y las decisiones jurisprudenciales,
que en el derecho comparado han siempre considerado que ambos
cónyuges deben contribuir a los gastos de vestimenta, domésticos,
médicos, quirúrgicos y farmacéuticos. Y han estimado que no están
comprendidos en el deber de contribución las operaciones de bolsa,
ni los contratos realizados para colaborar con un hijo mayor de edad,
ni la compra de decenas de libros de lujo.
Por otra parte hay que tener en cuenta el fundamento de la obli-
gación de contribución es el socorro y ayuda mutua. En tal sentido
cabe preguntarse ¿si dentro del deber de contribución se puede con-
siderar comprendido lo necesario para el perfeccionamiento de los
propios cónyuges a fin de acceder o conservar puestos de trabajo?
creemos que sí, pues atiende al legítimo interés del cónyuge de perfec-
cionarse personal y profesionalmente y supone un incremento de la
expectativa de ingresos para la unidad familia y una forma de contri-
buir a la comunidad de vida esencial durante las nupcias.
También se incluyen dentro de este régimen a las obligaciones
contraídas para el sostenimiento y educación de los hijos, la norma en
el proyecto, sólo incluía a los hijos comunes, ahora abarca también a
los enumerados en el art. 455, es decir, hijos menores, con capacidad
restringida o con discapacidad de cualquiera de ellos que convivan
con el núcleo familiar.
Por “sostenimiento” se entiende las obligaciones que se contraen
para solventar los alimentos debidos a los hijos, con sus diferentes
RÉGIMEN PRIMARIO 311

extensiones, y lo necesario para su establecimiento en el ejercicio de


empleo o profesión.
El concepto “educación de los hijos” comprende el pago de aran-
celes de los colegios adonde concurren o de sus profesores particu-
lares, las obligaciones por la compra de material escolar, gastos por
actividades deportivas o de recreación, etcétera.

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