Apuntes Renacimiento
Apuntes Renacimiento
1. CONTEXTO HISTÓRICO.
Desde finales del siglo XV, Europa sufre notables cambios que se desarrollarán intensamente en el
siglo XVI y XVII. La entrada de Europa en la Edad Moderna está marcada por varios aspectos de vital
importancia: la creación de nuevas fronteras fruto de monarquías absolutas, la colonización de
América y África, los cismas religiosos: Reforma y Contrarreforma y el uso de la pólvora con fines
bélicos.
La Edad Moderna, en el ámbito político, se caracteriza por la aparición del estado moderno. Se
redefinen los límites territoriales, a la vez que se tiende a la consolidación de grandes estados o
imperios, como en los casos de España o Inglaterra. Esto coincide con la aparición de monarcas que
aglutinan enormes cotas de poder, como Carlos I, en España, o Isabel I en Inglaterra. La colonización
del Nuevo Mundo conllevará la creación del Imperio Español, el más grande que hasta entonces
había conocido Europa. Pero la consolidación de estos estados no fue nada fácil; antes hubo que
doblegar a la alta nobleza para reconvertirlos en meros cortesanos, absorbiendo todo su antiguo
poder y controlando el ejército, que será el garante del poder real. Además, la expansión de estos
reinos supondrá la creación de una burocracia especializada en representación del nuevo poder real.
Así pues, habiendo perdido gran parte de su poder y no teniendo milicia propia, la nobleza
abandona sus feudos para instalarse en palacios y cortes. La nobleza adopta las costumbres y modo
de vida de la alta burguesía, quien, a su vez, intenta imitar las maneras de la nobleza. De hecho, será
frecuente su alianza, ansiando la capacidad económica de unos o el linaje nobiliario de otros.
La burguesía crece a la vez que el nuevo modelo económico: el capitalismo, que se consolida
definitivamente en esta centuria. La expansión al Nuevo Mundo, los avances en navegación y la
apertura de nuevas rutas comerciales fomentan este modelo económico, basado en la producción y
compra-venta de todo tipo de productos. Pero con la salvedad de que ahora no se produce para
subsistir, sino para comerciar. Por ello, el vínculo social no está ya ligados a estamentos sociales, sino
al dinero. El campesino no tributa con su producción el arrendamiento de sus tierras, pues ahora es
simplemente un asalariado que trabaja por un jornal. Esta “locura” productiva provoca un auge
económico sin precedentes cuyos beneficiarios serán la burguesía y la nobleza y, en último lugar, la
corona, adonde llegarán los impuestos de todas las clases sociales.
Evidentemente, todos estos cambios producirán múltiples tensiones: revueltas campesinas y
gremiales, guerras entre las nuevas naciones o disensiones religiosas. Las revueltas eran reprimidas
con dureza, símbolo del poder absoluto del monarca, mientras que las continuas guerras entre
estados, con nuevo armamento y ejército profesionalizado, serán muy costosas y solo tendrán un
beneficiario: los banqueros.
En el aspecto cultural, el siglo XVI se identifica con el término Renacimiento, que se asocia al fin
de la Edad Media y al redescubrimiento de autores grecolatinos. Este movimiento cultural fue
promovido, como se señaló en la unidad anterior, por el Humanismo. Dicho movimiento terminó por
convertirse en una idea de cambio que reflejaba los nuevos gustos y estilos de vida de la sociedad
europea. Así pues, la cultura se convierte en un elemento más de la maquinaria del estado: se abren
numerosas universidades (doce en España), los aristócratas ejercen de mecenas1 (véase el
destacadísimo caso de Lorenzo de Medici en Florencia), pues la cultura se convierte en una forma
más de expresar la línea oficial.
El hombre renacentista se caracteriza por su individualismo, y el intenso vitalismo que expresa el
hombre burgués busca, principalmente, resaltar la dignidad del hombre, cuya cosmovisión ha dejado
1
Cayo Cilnio Mecenas, noble romano de origen etrusco, fue un importante impulsor de las artes, protector de jóvenes
talentos de la poesía y amigo de destacados autores como Virgilio y Horacio. Su dedicación artística acabó por hacer de su
nombre, Mecenas, un sinónimo de aquel que fomenta y patrocina las actividades artísticas desinteresadamente.
de girar en torno a Dios (teocentrismo) para hacerla girar en torno a sí mismo (antropocentrismo).
La fluida circulación de capital, el descubrimiento y dominación de otros continentes y los progresos
técnicos y científicos desatan una euforia por la cual el hombre se piensa dominador de la naturaleza
y el universo a través de una herramienta fundamental: la razón. Dicho racionalismo generará la idea
obsesiva de progreso; un progreso cuyo único límite es la ambición humana y el ansia de
conocimiento. Y, aunque si bien es cierto que ello conllevó a un esplendor cultural sin límites, este
racionalismo y progreso quedó normalmente relegado al aprovechamiento económico, al
enriquecimiento y atesoramiento de bienes o cuotas de poder, hecho que lamentarán muchos
autores de este siglo. Es obvio que esta no era la finalidad de los humanistas, quienes,
desencantados, propugnarán reformas urgentes y profundas, aspiraciones que chocarán con el poder
político o religioso. Este choque conducirá a un desengaño vital que se reflejará en la necesidad de
evasión o búsqueda de paraísos, como ocurrirá con la obra del humanista inglés Thomas Moore
Utopía (1516).
Los múltiples cambios en la mentalidad del siglo XVI se explican por la presencia de figuras
intelectuales como Copérnico, Kepler, Gaileo, Miguel Servet o artistas de la talla de Rafael, Miguel
Ángel, Botticelli, Brunelleschi, Palestrina o escritores como Pietro Bembo, Ludovico Ariosto, Rabelais,
Ronsard, Camoens, Sá de Miranda o Marlowe, entre otros muchos.
El deseo reformador también está presente en el holandés Erasmo de Rotterdam, autor del Elogio
de la locura (1511). Su obra es un alegato en pro de una reforma moral, política y religiosa. Otras
obras influyentes fueron los Ensayos, de Michel de Montaigne (1580), El príncipe, de Nicolás
Maquiavelo (1513), el tratado político más importante escrito en Europa, o El cortesano, de Baltasar
de Castiglione, que expone el ideal del hombre renacentista. En España, los principales humanistas
serán Luis Vives, los gemelos Valdés, Nebrija o El Brocense, autores que destacados del primer tercio
de siglo.
Es una de las obras citadas, Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam, la que inicia
oficialmente el cisma religioso que acabará con la división de la Iglesia en Europa. Erasmo
propugnaba en su obra una religión más pura, íntima, menos ceremoniosa y ostentosa, libre de
supersticiones. Erasmo denunciaba la veneración popular a todo tipo de santos, señales o reliquias,
de las que la Iglesia sacaba además notables beneficios económicos, como ocurría con la venta de
bulas papales. Es precisamente el faraónico proyecto de la Basílica de San Pedro de Roma el
detonante del conflicto entre el papa León X y un pastor alemán, Martín Lutero, quien defendía una
Iglesia más austera y una religiosidad más íntima, conflicto que originará la Reforma luterana y, por
tanto, la división de la Iglesia católica, secundada después por Calvino y Zwinglio.
Como es obvio, la crisis de la Iglesia no se debe a la rebeldía de tres o cuatro intelectuales, sino
que serán otros factores, como el social, el político o el económico los grandes protagonistas. Erasmo
fue, durante los primeros años del Imperio español, el preceptor de Carlos V, que influenciado por
este, e interesado por mostrar su poder al Vaticano, protagonizó el saqueo de Roma en 1527,
motivado por la degradación moral de la curia vaticana. A Lutero le ayudan en su cruzada los
príncipes alemanes, que, hartos de pagar impuestos abusivos a Roma, deciden independizarse de
ella y apoyar la nueva iglesia luterana. Tras esto, el éxito del calvinismo en el norte de Francia y en
Suiza estaba asegurado.
Roma, ante estas incómodas disensiones, convoca el Concilio de Trento (1545-1563) para evitar
frenar las rebeliones internas, en que España, ahora al lado del papa, jugará un papel fundamental.
Años antes, en 1532, se fundará con este propósito la orden religiosa de los jesuitas por parte de
Ignacio de Loyola. La Santa Inquisición se convertirá, en esta época, en el aparato de represión
político-religioso para garantizar el rechazo al luteranismo y el calvinismo.
De hecho, en España el humanismo es fuertemente represaliado por la Inquisición, hecho que se
reflejará en el cambio de rumbo de la poesía: de la idealización bucólica de Garcilaso al éxtasis
místico de San Juan de la Cruz.
La muerte de Isabel de Castilla en 1504 abre un siglo que comienza, en el plano político y social,
de manera convulsa. Recordemos que la comunidad judía es expulsada en 1492. Esto dio paso a una
serie de regencias inestables hasta 1517, año en que se corona a Carlos I (o Carlos V de Alemania),
quien se enfrentará en sus primeros años a varias rebeliones internas que sofocará con dureza. La
primera de ellas, en 1520, fue la sublevación de las Comunidades, en un intento fallido de limitar el
poder de la nobleza y del rey; pero la alta burguesía (los laneros de la Mesta burgaleses) apoyan al
rey y burguesía y campesinado son derrotados en Villalar (1521). Simultáneamente, en Valencia, se
produce la rebelión de las Germanías, que correrá idéntica suerte.
Por otra parte, el desarrollo económico, industrial y la renovación agraria pasan de largo en
España por varios motivos: en primer lugar, Carlos I no era solo el rey de España, sino de un vasto
imperio cuya conservación supuso numerosas y muy costosas guerras; el dinero de América, por
tanto, se destinó a las campañas bélicas. El triunfo de los laneros de la Mesta, que perpetuaba la
trashumancia, impidió la renovación agraria. Y, por último, el mantenimiento de privilegios de la
nobleza (en todos sus escalafones, como recompensa a su apoyo contra las revueltas populares),
como la exención de pago de impuestos, hizo que la nobleza no emprendiera, que la burguesía
comprara, lícita o ilícitamente, títulos nobiliarios, por lo que la presión fiscal recayó sobre
comerciantes y campesinado, que poco a poco fueron arruinándose. De hecho, en algunas zonas de
la Castilla Vieja, la nobleza rozaba el 50% de la población. Así pues, la propia corona refuerza unos
valores nobiliarios que condenan el trabajo manual, algo que solo incrementará la bolsa de
vagabundos que deambularán por las ciudades en busca de manutención (precisamente, lo que
reflejarán las novelas picarescas). De ahí que en España se popularizase el refrán de Iglesia, mar o
casa real como únicas vías de progreso. Así pues, en España no hubo un triunfo de la burguesía, sino
una nobilización de esta.
La llegada al trono del hijo de Carlos I, Felipe II, en 1556, simboliza el principio del fin de la
supremacía del Imperio español. En 1557, 1575 y 1596 se producen tres bancarrotas de la corona,
que es incapaz de seguir sufragando tantas guerras –aunque en 1580 se produce la anexión de
Portugal, que durará sesenta años-, y cuyo símbolo es la derrota de la Armada Invencible en 1588 en
las costas inglesas.
La decadencia económica se acompañó de otra moral e intelectual: se persiguieron con dureza a
las minorías étnicas de judíos y moriscos (expulsados definitivamente en 1604, acto que dejó el
campo valenciano sin mano de obra); se persiguió a los humanistas, años antes bien considerados, se
creó el Índice de libros prohibidos por parte de la Inquisición, se prohibió viajar a ciertas
universidades europeas, se luchó con ferocidad contra el luteranismo y calvinismo…
Decadencia que no impidió, no obstante, la aparición de grandes figuras en todas las disciplinas.
Paradójicamente, el inicio de la decadencia española coincide con el inicio de los conocidos como
Siglos de Oro de nuestra literatura y demás disciplinas artísticas.
La lírica del siglo XVI se caracteriza por la presencia de varias tendencias poéticas que conviven
simultáneamente, y que denota la diversidad de gustos de la época. Por un lado, la poesía tradicional
sigue fuertemente arraigada, los autores cultos siguen cultivándola y recopilando poemas antiguos,
como ocurre con el Cancionero musical de Palacio o el Cancionero de Upsala. El romance, por otro
lado, no cae en el olvido. Autores cultos siguen usando esta estrofa popular para sus obras hasta el
XVII, mientras que los romances más populares siguen reeditándose en antologías como el
Cancionero de romances. Ni siquiera la poesía de cancionero cae en desuso, pues siguen
publicándose numerosos cancioneros con evidente éxito, como el Cancionero general de Hernando
del Castillo, de 1511.
Sin embargo, la corriente lírica triunfante en esta primera mitad de siglo es la poesía italianizante,
heredera de las líneas trazadas por Francesco Petrarca. Aunque tradicionalmente se atribuye la
introducción de la lírica italianizante en España a Juan Boscán, lo cierto es que ya en el siglo XV el
Marqués de Santillana o Francisco Imperial intentaron sin éxito introducir el verso endecasílabo y el
soneto. Conviene recordar que esta “nueva lírica” tiene como raíz el stilnovismo italiano; es decir, es
deudora de la lírica provenzal de amor cortés.
Tradicionalmente, se considera que la introducción de la lírica italianizante por parte de Juan
Boscán (c. 1490-1542) surge de una conversación, recogida por el mismo, con el poeta y diplomático
Andrea Navaggero en Granada, en la que, según este, Navaggero “me dijo por qué no probaba en
lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos poetas de Italia; y no
solamente me lo dijo así livianamente, mas aún me rogó que lo hiciese…”. Como es lógico pensar, la
lírica italianizante en España no triunfa en España por la insistencia del diplomático veneciano, sino
por ser una tendencia generalizada en Europa, que tiene en este siglo como claro referente cultural a
Italia. Boscán, quien en principio admite la dificultad de esta empresa por ser “artificiosa”, convence
a su amigo Garcilaso de la Vega para que siga sus pasos. Pero no fue el único: Diego Hurtado de
Mendoza, Gutierre de Cetina, Hernando de Acuña, Francisco de Aldana o Fernando de Herrera
secundarán también con éxito esta iniciativa.
El triunfo de esta nueva poesía supuso una renovación de temas, estilo y sensibilidad, aunque
sin olvidar que la lírica cortesana poseía fuerte arraigo en Europa.
El tema principal de la lírica renacentista es el amor, aunque visto desde una perspectiva distinta a
la medieval. Antes, el amor era percibido como pasión, como una fuerza arrolladora y cegadora que
destruía a sus seguidores, inmisericorde. Sin embargo, el amor renacentista está fuertemente
idealizado. Influenciado por la filosofía neoplatónica, el amor es más un concepto espiritual que
físico. El amor, desligado del aspecto carnal, es una virtud intelectual que hace a los hombres
mejores y más sabios. El amor será fruto de la contemplación de la belleza femenina, que responde
al canon stilnovista de la donna angelicata; en cierto modo, la sensualidad es sustituida por la
bondad. Pero esto será solo en apariencia. El soneto, cuyo origen hay que situar en Sicilia, en el siglo
XIII, invención posiblemente de Giacomo da Lentino, siempre se ha caracterizado por su sensualidad
y erotismo, ahora descargado de esta fuerza, en apariencia, arrinconado por el idealismo
renacentista. Por ello, junto al culto femenino como belleza y armonía de la naturaleza, encontramos
al amor como fuente de dolor y frustración, como deseo no satisfecho (pues solía, referir a amores
ilícitos), que se manifiesta en contradicciones y antítesis como: fuego/hielo, día/noche, paz/guerra,
etc.
Otra de las características de la poesía renacentista es la alusión a temas y tópicos grecolatinos. La
mitología está también muy presente en la lírica, bien tomada de los autores clásicos o de
mitografías y otros manuales. Los principales tópicos son:
● Carpe diem (‘Goza del día de hoy’), es una llamada al disfrute ante la brevedad de la vida y la
variabilidad de la fortuna.
● Collige, virgo, rosas (‘recoge, doncella, las rosas’), es una invitación al amor a la mujeres
antes de que la vejez le arrebate su belleza.
En el aspecto formal, la lírica renacentista aporta numerosas novedades. El verso más utilizado es
el endecasílabo, que a veces aparece intercalado con el heptasílabo, aunque no supone esto el
abandono del verso octosílabo. Se recuperan géneros grecolatinos, como la égloga, la oda, la
epístola, la sátira, la elegía, etc. Con respecto a las estrofas métricas, predomina el citado soneto, y se
introducen otras nuevas como la canción, la lira, la silva, la octava real, los tercetos encadenados, etc.
La canción, la sextina, el madrigal, la estancia y el soneto se usan preferentemente para temas
amorosos, mientras que para asuntos morales, más abundantes en la segunda mitad de siglo, se
prefiere el uso de odas, epístolas, la silva o la lira, además del omnipresente soneto.
Los poetas más destacados de este periodo, además de los citados Boscán y Garcilaso (del que
ocuparemos a continuación), podemos destacar a Cristobal de Castillejo (c.1490-1550), enemigo
declarado de las nuevas formas italianizantes, por ser ajenas a la lírica patria. Sus obras mezclan el
tono grave, moralizante, con otro jocoso, sin ser ajeno a la temática amorosa. Gutierre de Cetina
(c.1515-1554) evoluciona de una poesía amorosa de corte cancioneril a otra de clara influencia
petrarquista. Sus composiciones, de tono bucólico, contrastarán con la acidez de sus epístolas.
Hernando de Acuña (1518-1580) presenta una poesía variada: de tema cancioneril, petrarquista y de
tono moral. En sus composiciones, debido a su estrecha colaboración con el ejército, encontramos
también poesía de tono épico. Sus últimos poemas muestran una visión desengañada del mundo.
Sus obras, recogidas y publicadas póstumas por su mujer en 1591, se editaron bajo el título de Varias
poesías.
b) Obra.
Su obra se publica de manera póstuma gracias a la mujer de Juan Boscán. Antes de morir, Boscán
preparó la edición de la obra de su amigo tras su muerte, que su mujer incluyó al final de las propias
bajo el título Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso. La obra de Garcilaso, bastante más breve
que la de su amigo, será todo un éxito y comenzará a publicarse por separado desde 1569. En 1574,
“El Brocense” edita una versión crítica, con comentarios y añadiendo algunas obras de otros
manuscritos, reeditada y corregida a su vez en 1577. En 1580, será el poeta sevillano Fernando de
Herrera quien publique otra edición comentada de la obra de Garcilaso, lo que denota la enorme
influencia del poeta en sus contemporáneos.
Su obra se compone de cuarenta sonetos, tres églogas, cuatro canciones, la Oda a la flor de
Gnido, dos elegías y una epístola en verso dirigida a Juan Boscán, junto a algunos poemas sueltos de
influencia cancioneril de su etapa de juventud.
El éxito de Garcilaso supone el éxito del soneto y del endecasílabo en letras castellanas, tras los
frustrados intentos de Santillana e Imperial. Aunque predomina en ellos la temática amorosa, aún es
posible encontrar en algunos de ellos influencia cancioneril, como ocurre en sus canciones. La
influencia de los clásicos se observa en sus dos elegías, impregnados de estoicismo horaciano.
Los sonetos y églogas son las obras más importantes de Garcilaso. Baste decir que, tras la
maestría de Garcilaso, el soneto se convierte en el poema estrófico más utilizado en los siguientes
doscientos años. En cuanto a las églogas, la Égloga II es la primera que escribe Garcilaso, siendo la
más extensa de todas (1885 versos), caracterizada por su disposición dramática. La Égloga I es la más
famosa. Está compuesta de 421 versos divididos en estancias donde dos pastores, Salicio (Boscán) y
Nemoroso (Garcilaso), muestran su pesar por la muerte de sus amadas. La Égloga III es la mejor
composición de Garcilaso. Consta de 376 versos distribuidos en octavas reales. Presenta un cuadro
en el que cuatro ninfas, a orillas del Tajo, tejen historias de amor y de muerte. La historia de la cuarta
ninfa elabora la historia de Nemoroso y Elisa (Isabel Freyre), por lo que esta última égloga es un
reflejo distante de la propia biografía del autor.
c) Temas e intencionalidad de la obra.
En la poesía de Garcilaso podemos encontrar dos temas principales: el amor y la naturaleza. El
amor es el tema dominante en el autor, y es fruto de su propia biografía (el amor imposible de Isabel
Freyre) y de la influencia neoplatónica que irradiaba el petrarquismo. La relación del poeta y su
amada recuerda a la relación tortuosa que establecía la lírica cancioneril: el dolor de la indiferencia,
la oscilación entre esperanza y desesperanza del poeta, etc. Así pues, la poesía garcilasiana es una
mezcla de sinceridad y de la ficción poética propia de su época. De hecho, sus composiciones de
juventud muestran una poesía más afectada frente a un tono más sosegado y sincero de sus últimos
poemas.
El otro gran tema, la naturaleza, obtendrá protagonismo en las églogas, obras que representan la
madurez del poeta. Las églogas se sitúan dentro de la tradición bucólica y pastoril de L’Arcadia, del
poeta napolitano Sannazaro (1499), deudora, a su vez, de las Bucólicas del latino Virgilio (s. I d.C.).
Este tipo de obras se caracteriza por presentar una naturaleza fuertemente idealizada, como un locus
amoenus (lugar ideal o amable), donde dos o más pastores fingidos cuentan sus penas de amor. Es,
además, un elogio de la vida rústica y alejada, que tanta fortuna tendrá en los años siguientes, en
contraposición al artificioso mundo cortesano. Se presenta, por tanto, como una utopía pastoril de
carácter idealista.
d) Estilo.
La lírica garcilasiana, como se ha señalado, presenta una clara evolución desde la lírica cancioneril
del siglo XV a la asimilación de los cánones petrarquistas.
La primera etapa de la poesía garcilasiana se caracteriza por la ausencia de la naturaleza y
cualquier otro elemento externo, centrada en la interiorización del amor. La presencia de la rima
aguda y la ausencia de originalidad son también visibles: juegos retóricos, conceptuales derivaciones,
son elementos heredados de la poesía cancioneril.
La segunda etapa, sin embargo, se caracteriza por la búsqueda de un estilo propio, eso sí,
influenciado por su estancia en Nápoles, la poesía bucólica de Sannazaro, el Cancionero de Petrarca
y la lírica clásica grecolatina. Es fundamental la influencia de Petrarca y de su Cancionero, pues
Garcilaso intenta crear su obra a lo Petrarca. Un cancionero, como vimos en el siglo XV, era una
antología de poemas de amor cortés de diversos autores; el cancionero, según Petrarca, es un corpus
poético de un mismo autor, donde cada poema se convierte en un capítulo distinto de una obra que
gira en torno a un solo tema: el amor; y si bien Petrarca elabora su cancionero a partir de la muerte
de su amada Laura, como homenaje, Garcilaso hará lo propio a partir de la muerte repentina de su
Elisa (Isabel Freyre).
El nuevo estilo de Garcilaso se ajusta a los nuevos gustos renacentistas: claridad expresiva,
aparente sencillez, falta de afectación, uso de epítetos –referidos a la amada o a la naturaleza, que
reflejará en cada momento el estado de ánimo del poeta-, unido a una mayor riqueza léxica (sin usar
cultismos o latinismos, como hiciera Juan de Mena), uso de sinónimos, paralelismos, etc.
Pero la gran aportación estilística de Garcilaso fue el uso y adaptación de formas métricas
extrañas a la lírica castellana: versos endecasílabos, a veces mezclados con heptasílabos, uso de
poemas estróficos como el soneto, la canción, la lira o la octava real, la adaptación del tema bucólico,
etc. Hay que tener en cuenta que todas estas aportaciones que realiza Garcilaso se consolidarán en
nuestra lírica, influencia que muy pocos poetas han ejercido a lo largo de nuestra literatura. Así pues,
la renovación lírica de los Siglos de Oro va intrínsecamente ligada a la figura del poeta toledano.
El panorama lírico de la segunda mitad del XVI es bastante más complejo. Si la primera mitad de
siglo tiene como indiscutibles protagonistas a Garcilaso, Boscán y, en menor medida, Cristóbal de
Castillejo, Diego Hurtado de Mendoza, Gutierre de Cetina o Hernando de Acuña, en esta segunda
mitad aparecen figuras de la talla de Fray Luis de León, Francisco de la Torre, Francisco de Aldana,
Baltasar del Alcázar, Fernando de Herrera o San Juan de la Cruz.
El amor cederá su supremacía a los temas morales y religiosos: la visible decadencia imperial,
unida a la presión inquisitorial postridentina arrinconarán a la temática amorosa. Ahora, los tópicos
predominantes no son el carpe diem o el collige, virgo, rosas, sino el beatus ille o el aurea
mediocritas:
● Aurea mediocritas (‘la feliz mediocridad’), es una alabanza de la vida moderada, sin
aspiraciones y alejada de pasiones.
● Beatus ille (‘feliz aquel’), es una añoranza de la vida retirada del mundo, en armonía con la
naturaleza, verdadero remanso de paz. En relación a este encontramos el tópico
renacentista Menosprecio de corte y alabanza de aldea, donde se contraponen el mundo de
ambición y corrupción del primero, frente a la pureza y bondad de la vida del campo.
La fortuna de la poesía moral se debe principalmente a dos factores: el malestar social con el
nuevo sistema capitalista impuesto por la sociedad moderna y, por otra parte, la rigidez de la
Contrarreforma en su lucha sin tregua contra el protestantismo. Esto no supone la extinción del tema
amoroso, que tendrá en estos años en Fernando de Herrera a su mejor exponente, poeta que
alternará el amor de corte garcilasista con otra de tono moral y patriótico. La poesía satírica tendrá
como máximo representante a Baltasar del Alcázar, precursor de Quevedo.
En estos años los principales poetas se agruparán en dos importantes escuelas:
● La escuela salmantina, encabezada por Fray Luis de León, Francisco de Aldana o Francisco
de la Torre, se caracteriza por abordar, sobre todo, temas morales. Francisco de Aldana
(1537-1578), aborda temas amorosos, mitológicos, religiosos y, sobre todo, morales, de las
que son representantes sus principales poemas: Sobre el bien de la vida retirada y, sobre
todo, la Epístola a Arias Montano. Poco se sabe de Francisco de la Torre (1534?-1570?),
poeta salmantino del que sabemos gracias a la edición de su obra publicada por Francisco
de Quevedo en 1631. Su obra presenta una visión imposibilista del amor, desengaño
acrecentado a su posible condición homosexual, lo que le conllevó problemas con la
Inquisición.
● La escuela sevillana, encabezada por Fernando de Herrera, se caracteriza por elaborar una
poesía más artificiosa y de corte amoroso, aunque también se tartan temas morales y
satíricos. Su principal autor, Fernando de Herrera (1534-1597), ha sido considerado
durante mucho tiempo como un poeta manierista, término artístico que representaba una
individualización de los moldes clásicos y que evolucionarían posteriormente al Barroco,
aunque en literatura castellana no sea muy correcto usar esta definición, en la que también
ha sido encasillado el mismísimo Cervantes. Su poesía, de corte petrarquista, presenta
rasgos más cultos. Su estilo, aunque parte de Garcilaso, se aleja de la aparente sencillez del
toledano, reflejando en ella su vasta cultura e intelectualismo, lo que le convertirá en el
claro precursor del gongorismo. Parte de su poesía, de tono moral, posee un tono
patriótico, casi épico, similar al de la poesía de Aldana, mientras que su poesía amorosa es
un cancionero donde refleja su insatisfacción por un amor imposible, la condesa de Gelves,
de quien además es protegido como intelectual. Poeta amoroso, con varias composiciones
religiosas célebres, es Baltasar del Alcázar (1530-1606), que es reconocido, sin embargo,
por sus epigramas de tono satírico-burlesco.
b) Obra.
A pesar de que Fray Luis preparó una edición de su obra, esta nunca llegó a publicarse, a
excepción de algunas de sus traducciones. Sus obras se publican por primera vez en 1637 de la mano
de Francisco de Quevedo, aunque su poesía, que circulaba en manuscritos, era entonces bien
conocida. El propio autor dividió su producción poética en tres partes: poesía original, traducciones
de clásicos y traducciones bíblicas.
Tradujo en verso algunos pasajes del Libro de Job, varios salmos y el Cantar de los cantares, hecho
que le supuso el hostigamiento inquisitorial. De los autores clásicos tradujo varias obras de Horacio
–muy influenciado por las traducciones al italiano de Bernardo Tasso-, las Bucólicas y las Geórgicas
de Virgilio, así como otros fragmentos de varios autores grecolatinos.
La poesía original de Fray Luis de León es breve, pues se reduce a menos de cuarenta poemas. Sus
primeros poemas de juventud son sonetos de corte petrarquista, temática que se tornará más grave
en el resto de su producción, que serán odas de estilo horaciano.
Aunque la datación no es exacta, se suele clasificar la poesía original de Fray Luis en tres etapas:
la primera sería antes de su ingreso en prisión de 1572, entre las que se encuentran la Oda a la vida
retirada o la Profecía del Tajo. Esta etapa se caracteriza por su moralismo clasicista, que se muestra
en el menosprecio a la vida cortesana, anhelo de soledad; la segunda etapa corresponde a su
estancia en la cárcel (1572-1577), en las que encontramos poemas como Noche serena, En la
Ascensión y A la salida de la cárcel. El asunto religioso y el lamento por la reclusión, injusta para él,
sufrida serán sus principales temas; la tercera etapa, tras su salida de prisión, está compuesta por
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Se denomina Vulgata a la traducción de la Biblia al latín vulgar –frente al latín clásico de modelo ciceroniano- que realizó
San Jerónimo por mandato del papa Dámaso I. Toma su nombre de la frase vulgata editio (‘edición para el pueblo’), con el
objetivo de que esta fuera más asequible que otras traducciones de la Biblia. Pero lo que causó la polémica no fue acudir a
la edición hebrea, sino usarla, pues la Vulgata tiene ostensibles e intencionadas diferencias con la versión hebrea a
instancias de la Iglesia romana.
algunas de sus odas más famosas, como las dedicadas a Felipe Ruiz, Francisco Salinas o Pedro
Portocarrero. Estos poemas muestran a un poeta más sosegado, que busca la paz interior, el paraíso
perdido de la tranquilidad, aderezado con un toque místico.
d) Estilo.
El estilo de fray Luis es, obviamente, deudor de sus influencias directas. De los autores
grecolatinos adquiere los temas y el tono grave; de los textos bíblicos la preferencia por la
descripción, uso de imágenes y el tono declamativo; de Garcilaso, los temas de su primera poesía de
juventud y las formas métricas, pues si en su juventud usó el soneto, en sus obras de madurez
recurre a la lira para componer gran parte de sus odas.
Su poesía aparenta sencillez, aunque detrás de esa falsa impresión se esconde una intensa
selección lingüística fruto de su dominio de la lengua y su oficio como traductor. Su aparente falta de
complejidad se enmarca dentro de las máximas renacentistas de elegancia y sencillez. De hecho, se
contradice con la abundancia de recursos estilísticos que encontramos en su poesía: aliteraciones,
hipérbatos, encabalgamientos, enumeraciones, asíndeton y polisíndeton, metáforas, hipérboles…
Otra característica de la poesía Luisiana es que está dirigida a una segunda persona, lo que le
otorga una marcado carácter conversacional a su obra, acompañado por la presencia de
exclamaciones, interrogaciones retóricas, exhortaciones, etcétera.
b) Obra.
Su obra poética es también breve, pues se reduce a menos de treinta poemas, aunque con ellos
le bastará para hacerse un importante hueco en la lírica hispánica. Sus tres principales poemas son:
Cántico espiritual, Noche oscura y Llama de amor viva. El resto, una veintena de poemas, presentan
un valor desigual. De hecho, parte de su obra en prosa está destinada al comentario de estos tres
poemas, que intenta explicar, prácticamente, palabra por palabra.
Cántico espiritual se compone alrededor de 1577, aunque es posteriormente reelaborado. El
poema, que consta de treinta y nueve liras, es un diálogo entre la Amada (el poeta) y el Amado (Dios)
influido notablemente por el Cantar de los cantares bíblico.
Noche oscura es de 1584, y está compuesto por ocho liras donde la Amada, tras salir de noche
disfrazada, se une plenamente al Amado.
Llama de amor viva, también de 1584, expresa en seis estrofas sexteto-lira las sensaciones
amorosas que ha provocado en la Amada su unión con el Amado.
Sus poemas menores están compuestos por canciones, romances o glosas también de tono
místico. Aunque su calidad literaria es inferior a los otros tres poemas anteriores, podemos resaltar
algunos como “un pastorcico solo está penado” o “tras de un amoroso lance…”.
d) Estilo.
En Juan de la Cruz se distinguen con claridad tres fuentes de las que el poeta se nutre: la poesía
culta italianizante, la poesía popular y cancioneril castellana y la poesía bíblica del Cantar de los
cantares.
De la poesía renacentista italianizante toma el uso del endecasílabo, de la lira o de determinadas
imágenes de la lírica petrarquista. Por ello, el influjo de Garcilaso y del poeta ‘a lo divino’3 Sebastián
de Córdoba. De la poesía tradicional toma temas, el vocabulario en apariencia sencillo, el uso de
estribillos, etc., mientras que de la lírica bíblica rescata términos cultos, latinismos o palabras de tono
religioso.
El desarrollo de la poesía de san Juan no puede explicarse sin el conocimiento de la lírica
cortesana, desde la tradición cancioneril, stilnovista o la reforma garcilasiana. De ahí la dicotomía
entre la voz femenina del poeta-Amada que busca ansiadamente a su Amado-Dios.
No obstante, todas estas fuentes las utiliza el poeta con bastante libertad, pues elabora una
poesía original de carácter simbolista que la distingue de su poesía contemporánea.
En su poesía destaca la abundancia de sustantivos frente a la escasez de adjetivación, que, sin
embargo, cuando aparece, lo hará en enumeraciones, y de verbos. En contraste con Garcilaso, la
adjetivación suele aparecer, además, pospuesta. Como se ha señalado anteriormente, el uso de
diversas fuentes determina da heterogeneidad del léxico de su poesía, que vira de un tono coloquial
a otro culto o especializado, lo que denota su saber libresco y su habilidad lingüística.
HISTORIA DE LA LITERATURA.
TEMA 5. EL SIGLO XVI. RENACIMIENTO: LA PROSA Y EL TEATRO.
1. LA PROSA RENACENTISTA.
La creación en prosa de este siglo suele dividirse en dos grupos: la prosa didáctica y la prosa
narrativa. El carácter moral y didáctico de una o el carácter ficticio de la otra que, a priori distingue
ambos subgéneros, no es siempre tan claro, pues el tono literario, la ficción o la moralización son
rasgos que pueden encontrarse en cualquier tipo de obra narrativa del siglo XVI. Por otra parte,
dentro de la prosa narrativa podremos distinguir entre novela idealista y realista, cuyo principal
ejemplo será La vida de Lazarillo de Tormes.
3
Se considera en el Renacimiento ‘poesía a lo divino’ a la tendencia a dar un sentido religioso a una historia o poema, en
principio, de temática amorosa. El poeta ‘a lo divino’ más importante del XVI fue el sevillano Fernando de Herrera.
El diálogo tiene como objetivo transmitir una enseñanza o una reprobación de costumbres en un
tono coloquial bajo una lectura agradable, teniendo como máxima el tópico horaciano de que dicha
lectura sea dulce et utile. Muchos de estos diálogos retoman viejos tópicos literarios, como las sátiras
a médicos, jugadores, vicios “capitales” como la gula, etc.; aunque, normalmente, los diálogos se
centran en preocupaciones sociales (como la familia, la educación, ideas políticas, conflictos
sociales), siendo también habituales los diálogos de tema religioso, sobre todo aquellos que
propugnaban una reforma de la Iglesia, auspiciados por la intensa influencia erasmista.
Los diálogos poseen una estructura abierta y poco definida, donde es común que los
interlocutores ofrezcan distintos puntos de vista sobre el tema a debatir, desde posturas críticas y
renovadoras a posturas conformistas e inmovilistas. Sin embargo, es obvio que el carácter crítico y
renovador es el que predomina en la primera mitad de siglo, bajo la alargada sombra de Erasmo,
mientras que los diálogos de la segunda mitad de siglo no pueden esconder la impronta reaccionaria
y conservadora que impone la Contrarreforma y su censura.
Entre los principales autores de este subgénero narrativo destacan los gemelos Valdés. La obra
más importante de Juan de Valdés es el influyente Diálogo de la lengua, que representa el ideal
renacentista de una lengua sencilla pero cuidada, expresado en la máxima <<escribo como hablo>>.
Su obra supuso una dura invectiva contra la Gramática (1492), de Antonio de Nebrija, y el influjo del
habla andaluza. Alfonso de Valdés escribió dos importantes diálogos: Diálogo de las cosas acaecidas
en Roma y Diálogo de Mercurio y Carón. En el primero, “Alfonso de Valdés presenta el saqueo como
voluntad de Dios, exime de culpa a Carlos V, señala la corrupción de la jerarquía eclesiástica y acusa
al Papa de desempeñar mal su oficio”, según palabras de Rosa Navarro Durán. En el segundo, el autor
muestra en el prólogo su “deseo de manifestar la justicia del Emperador y la iniquidad de aquellos
que lo desafiaron". Ambas obras se publican de forma clandestina en 1532 en Venecia. De su tercera,
y más importante obra, hablaremos más adelante.
Otros diálogos de influjo erasmista fueron El Crotalón, de Fernando de Villalón y el Viaje a
Turquía, atribuido al médico Andrés Laguna.
En este siglo, y sobre todo a partir de la segunda mitad, proliferan las obras en prosa de carácter
moral o religioso. Uno de los autores más representativos y leídos en su época es el franciscano
Antonio de Guevara, responsable de obras como Epístolas familiares, Libro aúreo de Marco Aurelio o
la obra que da nombre al tópico renacentista Menosprecio de corte y alabanza de aldea. Fray Luis de
Granada es autor de los prohibidos por el Índice inquisitorial Libro de oración y meditación (1554),
Guía de pecadores (1556-1557) o Introducción del símbolo de la fe (1582). Por último, debemos
destacar las dos obras en prosa de fray Luis de León: De los nombres de Cristo y La perfecta casada.
La primera obra es un diálogo en el que tres interlocutores discuten y reflexionan sobre los distintos
nombres que se le otorgan a Cristo en la Biblia, con un claro afán divulgativo. La segunda obra es un
tratado donde explica el ideal de la mujer, de su papel secundario en la sociedad y de cómo ha de
proceder para <<bien obrar>> ante su <<ánimo flaco>>.
Más allá de estas obras, en estos años ven la luz obras muy diversas que a veces poco tienen que
ver con la literatura. Hay que destacar que la prosa didáctica no solo se escribe bajo forma de
diálogo: la epístola, la historia, la facecia o el relato son otras formas estilísticas. Además, la prosa en
castellano es ahora vehículo de importantes obras en otras disciplinas como la historia, la religión, la
música, matemática, esoterismo, etc.
Capítulo aparte merece la numerosa producción prosística que conllevó el descubrimiento de
América. Esta prosa histórica mezcla lo real y lo maravilloso, influenciado por la novedad y el
exotismo propios del nuevo mundo. Estas crónicas de las Indias tiene su punto de partida con el
Diario de a bordo, del propio Cristóbal Colón, la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de
Bartolomé de Las Casas, la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del
Castillo, Naufragios, de Alvar Núñez Cabeza de Vaca o el Sumario de la Natural Historia de las Indias,
de Gonzalo Fernández de Oviedo.
Aunque no responden a ninguno de estos subgéneros novelescos, merece la pena citar a dos
autores que componen obras peculiares, alejadas de estos tipos narrativos. Francisco Delicado es el
autor de una novela singular; una novela dialogada que recuerda, tanto en su forma, como en la
frescura de sus personajes, a La Celestina. La actitud vitalista y la crítica ácida al clero (la novela
concluye con el saco de Roma de 1527) son los principales argumentos de La lozana andaluza (1528),
publicada en Venecia tras huir de la sitiada Roma. La introducción de la novela corta italiana, que
luego cultivará Cervantes en sus Novelas ejemplares, corre a cargo de Juan Timoneda, cuya principal
obra en prosa, El patrañuelo (1567), recoge una serie de relatos, llamados patrañas, deudores de los
novellieri italianos Masuccio, Bandello o Boccaccio.
b) Estructura de la obra.
El texto está formado por tres partes distintas: el prólogo del autor, la creencia y la declaración de
Lázaro. Después del prólogo, figuraría el Argumento, que se hizo desaparecer, y en seguida
empezaría la obra, dividida en siete tratados de desigual extensión.
Aunque se ha definido tradicionalmente la obra como una mezcla de autobiografía de epístola,
Lázaro no cuenta su vida, sino que hace información del caso; su relato es un parlamento, una
declaración, que anota con fidelidad un escribano (puesto que Lázaro es analfabeto) y que responde
a la petición de información de "Vuestra Merced", la dama a quien Lázaro escribe. ¿Y por qué le
interesa "el caso" a esta dama misteriosa? "El caso", al que se alude al comienzo y al final, da unidad
a la obra, y nos indica a qué se refiere: al rumor de que su mujer es la amante del arcipreste de San
Salvador, y si la dama desea indagar sobre ello es porque el Arcipreste, su confesor, al que confía sus
secretos, se acuesta con la criada a la que ha casado, además, con un pregonero.
“El caso”, como se ha explicado, tiene una importancia vital, pues de su explicación se deriva la
elección de aquellos capítulos de la vida de Lázaro que mejor pueden explicarlo, ya que la novela se
estructura desde el final de la misma. Así pues, si excluimos este séptimo y último tratado, los seis
tratados restantes pueden dividirse en dos partes: los tres primeros, los más extensos
–especialmente el primero-, que suponen los años de aprendizaje del niño frente a la adversidad del
mundo real, mientras que en los otros tres, siendo Lázaro ya adulto, se vislumbra los intentos de
progreso del personaje hasta que se casa en el último tratado. La lucha por la supervivencia, que le
ha supuesto alcanzar un modesto empleo, techo, protección y esposa, son fuerzas más poderosas
que los rumores de consentir el adulterio de su mujer con el Arcipreste.
c) Fuentes de la obra.
Muchos elementos y anécdotas, como el de la longaniza o el robo del vino con una pajita,
proceden de la tradición folclórica popular. De hecho, de ahí se extrae la pareja del ciego y el lazarillo.
La originalidad de la obra reside en que no es una mera relación de anécdotas e historietas
populares, sino que estas se inserten en la obra como una parte más de la experiencia del personaje
central: Lázaro. Por tanto, estas historias cobran sentido porque forman parte de la vida de un
personaje contada por sí mismo, en una carta dirigida a Vuestra Merced.
La autobiografía posee una larga tradición literaria, y se utilizó como recurso en obras del XVI
como La lozana andaluza o diálogos como El Crotalón o El viaje a Turquía, además de encontrarse en
obras como el Libro de buen amor o El asno de oro, de Apuleyo, obra latina cuya influencia en la obra
se deja sentir en varios tratados. En cuanto al género epistolar, o transcripción de hechos o crónicas,
los diálogos erasmistas, las novelas sentimentales o las cartas-coloquio de la época son sus
principales fuentes.
Por otra parte, en la obra observamos la presencia de datos extraídos de la realidad: lugares,
personajes de la época, problemáticas de su tiempo, referencias históricas, etc. Así, situó la vida de
Lázaro en escenarios reales: Tejares, Salamanca, Almorox, Escalona, Torrijos, Maqueda y Toledo; y
puso los límites de su relato entre la derrota de Gelves de Fernando el Católico y la entrada
triunfante del Emperador en Toledo.
d) Personajes.
La obra gira en torno de un yo que relata sus peripecias, la azarosa vida de Lázaro de Tormes,
alrededor de cuya biografía gravitan una serie de personajes secundarios que moldearán la evolución
del protagonista.
Lázaro no es un pícaro porque nunca aparece la palabra en la obra; sí será un pícaro Guzmán de
Alfarache, que se denomina de tal modo a sí mismo muchos años después, en 1599. Lázaro es mozo
de muchos amos, como Sempronio y Pármeno, los criados de Calisto, o Rampín, el criado de Lozana.
La originalidad de la obra es que está centrada en el mozo, y no en los señores. Lázaro simplemente
es un niño abandonado a su suerte, dejado en manos de un ciego, que eran símbolo de la miseria, y
marcado por la deshonra desde su niñez; su padre, Tomé González, fue enjuiciado, preso y obligado a
luchar en el ejército, y su madre, Antona Pérez, está amancebada con un esclavo negro; y su
nacimiento, dentro del propio río Tormes. Así pues, el concepto de honra es un lujo que no puede
permitirse: el hambre no conoce de honor, y Lázaro aprenderá esta lección desde el principio.
El resto de personajes moldearán a Lázaro. Los tres primeros, durante su infancia, determinarán
su desarrollo. El primer amo del protagonista es un ciego, cuya primera lección fue darle un golpe en
la cabeza y advertirle que “el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo”. Así pues, se
cimenta el aprendizaje “a golpes” que marcará la vida del niño. La venganza de Lázaro hacia el ciego,
premeditada tras romperle este los dientes, marca la corrupción del mozo; si el primer golpe lo
despierta de su inocencia, la venganza lo corrompe moralmente. Ahora Lázaro es uno más y sabe
cómo ha de moverse en el mundo.
El segundo amo, el clérigo de Maqueda, es el inicio de una saga de amos religiosos que no dejan
en muy buen lugar a la curia eclesiástica. Este es avaro y cruel, pues mata, si no de hambre, a palos a
un escuálido y desesperado Lázaro. El cinismo con que se regodea de su avaricia cierra un oscuro
retrato que se complementará con el de los otros clérigos. Con el segundo clérigo, fraile de la
Merced, solo dura ocho días por el extraño y frenético ritmo de este. La falta de detalles solo dejan
lugar a la maliciosa especulación. El tercer amo, el buldero, es calificado por el protagonista como “el
mayor desvergonzado que vi”, crítica sobre los negocios eclesiásticos de las bulas que escoció
particularmente en el seno de la Iglesia (pues era una de las polémicas que sostuvo esta con Lutero).
Del cuarto amo, el capellán, poco se dice, sino que gracias al oficio de aguador que este le ofrece,
logra prosperar, mientras que el último amo, el Arcipreste de San Salvador, es quien lo acoge para
realizar un matrimonio de conveniencia con su criada, con la que está amancebado, y así intentar
cubrir un secreto a voces en la ciudad de Toledo.
El escudero, el tercer amo cronológicamente, refleja la decadencia de la nobleza hidalga y la
cuestión ridiculizada de la limpieza de sangre o de la honra. Lázaro estima a su amo, pero cuando
observa que es el criado quien a de mantener al amo, y no al revés, desiste sin comprender la
defensa de su honra y su hidalguía (lo que le impedía trabajar) ante el hambre padecida.
f) Estilo.
La principal característica de la obra es su realismo. Los elementos folclóricos o literarios de la
obra se presentan dentro de una narración de una vida real y concreta. Los hechos se presentan
como si hubieran ocurrido o fueran datos históricos incontestables. De este modo, el límite entre
realidad y ficción se diluye en la percepción de unos acontecimientos que se postulan como
verdaderos. De este modo, Alfonso de Valdés se aleja del canon idealista hacia otro realista,
acercándose a la concepción de la novela moderna. De hecho, el Lazarillo es el inicio de la novela
moderna europea y dará pie, además, a un nuevo subgénero literario: la picaresca, género
continuado, además de por las ‘segundas partes’ de la obra, por el Guzmán de Alfarache en 1599.
En la obra, el protagonista no es un personaje plano, sino que evoluciona como fruto de sus
experiencias. Al ser estas negativas, determinarán la corrupción del personaje. Otra novedad es la
centralización de la obra en un anti-héroe, un protagonista de baja condición que no es modelo de
conducta ni reflejo de valores alguno, aunque es cierto que sus amos son aún peor ejemplo,
agravado por no haber sufrido –excepto el ciego- las vicisitudes propias de su condición social.
Estas características se reflejan en el estilo de la obra. El tono elevado y culto del lenguaje de la
novela idealista deja paso a un registro coloquial, espontáneo, alejado de toda artificiosidad que
perjudicara el verismo del personaje, lo que dota de enorme coherencia a la novela. No obstante, el
prólogo sí presenta un tono elevado y está construido conforme a las normas de la retórica clásica,
reflejo intencionado de la pluma del autor, precisamente uno de los principales intelectuales de esta
centuria.
2. EL TEATRO RENACENTISTA.
El teatro en castellano en el siglo XVI obtiene un gran impulso con la aparición de numerosos
autores y obras, que escaseaban en el siglo anterior. Si a finales del XV es fundamental el papel del
músico y dramaturgo Juan del Encina, el primer gran dramaturgo de esta centuria es su discípulo
Lucas Fernández, responsables de varios dramas aún de marcado carácter medieval, como su Auto
de la Pasión.
Durante los primeros años del siglo, un grupo de dramaturgos cercanos al círculo erasmista será
el responsable de renovar el teatro. Entre otros, podemos citar a autores como Sánchez de Badajoz o
López de Yanguas, autores de farsas de tono religioso que se intercalaban con episodios cómicos,
además de destacar las figuras de Gil Vicente o Torres Naharro.
Gil Vicente es un dramaturgo portugués que escribe sus obras en castellano y en portugués. En su
obra oscila el tema religioso y el profano. De tono religioso será la Trilogía de las Barcas o el Auto de
Sibila Casandra, mientras que de tono profano será Don Duardos. En su teatro es habitual la sátira
anticlerical, la inclusión de elementos folclóricos y el lirismo de sus canciones y poemas incluidos en
sus dramas.
Bartolomé de Torres Naharro debe a su prolongada estancia en Italia sus nociones de teatro
clásico y contemporáneo, que estaba inmerso en una profunda reestructuración desde el país
transalpino. De hecho, el propio autor es quien divide sus comedias en dos: a noticia y a fantasía,
según poseyeran un carácter realista o fuese más imaginativo (aunque no exento de verosimilitud).
Comedias a noticia son Soldadesca y Tinellaria, mientras que comedias a fantasía son Himenea o
Serafina. Características de su teatro será el uso de gran variedad de personajes, el dominio de
diversas técnicas teatrales, así como su vitalismo propio del teatro profano, así como su
anticlericalismo.
Si de mi baja lira
Tanto pudiese el son, que en un momento
Aplacase la ira
Del animoso viento,
Y la furia del mar y el movimiento;
2. Lee el soneto XIII de Garcilaso y realiza su esquema métrico. En este poema Garcilaso hace alusión
a un mito clásico. ¿Cuál es? Resúmelo ¿Qué parte del mito encuentras en el poema? Fíjate en la
antítesis del poema e indica su intención. ¿Cuál es la intención del autor en el último terceto?
3. Lee el soneto XXIII de Garcilaso y realiza su esquema métrico. Divide el poema en aquellas
partes que puedan diferenciarse. ¿Qué encontramos en cada una de ellas? Este poema,
además, posee algunos tópicos de la literatura renacentista, así como múltiples figuras
retóricas. Identifica todos los elementos que encuentres y defínelos.
5. Lee el poema Reprensión contra los poetas que escriben en verso italiano y la Lira de
Garcilaso contrahecha. Explica las causas y características de la crítica que se expone en ambos
poemas. ¿Qué diferencias encuentras entre ambas composiciones?
6. Lee la Oda I, la oda “En la Ascensión “ y “A la salida de la cárcel” de Fray Luis de León y
comenta los temas, tópicos y características métricas. Relaciona la obra con la biografía del
autor.
*
¿Y dejas, Pastor santo, Estando tú encubierto,
tu grey en este valle hondo, escuro, ¿qué norte guiará la nave al puerto?
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro ¡Ay!, nube, envidiosa
aire, ¿te vas al inmortal seguro? aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
Los antes bienhadados, ¡Cuán rica tú te alejas!
y los agora tristes y afligidos, ¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!
a tus pechos criados,
de ti desposeídos, *
¿a dó convertirán ya sus sentidos? Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
¿Qué mirarán los ojos Dichoso el humilde estado
que vieron de tu rostro la hermosura, del sabio que se retira
que no les sea enojos? de aqueste mundo malvado,
Quien oyó tu dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura? y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
Aqueste mar turbado, con sólo Dios se compasa
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto y a solas su vida pasa
al viento fiero, airado? ni envidiado ni envidioso.
7. Lee el siguiente de poema de Gutierre de Cetina. ¿Qué estilo poético predomina? ¿En base a
qué figura retórica se articula el poema? ¿Cuáles son las palabras claves del texto? ¿Por qué?
8. Observa los poemas de Baltasar del Alcázar. Destaca sus principales características respecto a
la lírica renacentista.
Di, rapaz mentiroso, ¿es esto cuanto ¿Andar mirlado entre esperanza y miedo,
me prometiste presto y a pie quedo? cercado de respetos, hecho un tanto?
¡Sus!, tus varios favores, risa y llanto, y maldito sea el enojo
dalos, Amor, a quien se lame el dedo; que de perdello ha tomado.
los que me diste a mí te vuelvo y cedo:
no quiero soñar más cosa de espanto. Hace su cuenta que Dios
Bien siento las heridas y que salgo no le hizo agravio alguno:
de tu poder para ponerme en cura, si de los dos perdió el uno,
porque tengo aún abiertas las primeras. de los tres le quedan dos.
Y juro por la fe de hijodalgo
de si mi buen propósito me dura, *
dé en no partir contigo, de hoy más, peras. Tu nariz, hermana Clara,
con verse visiblemente
* que parte desde la frente,
Mejor se podrán contar no hay quien sepa dónde para.
las pulgas en primavera,
los piojos en galera, Mas puesto que no haya quién,
las moscas al vendimiar. por derivación se saca
que una nariz tan bellaca
Que tú, mi dulce fregona, no puede parar en bien.
las garrapatas, ladillas,
liendres, granos y postillas *
que tienes en tu persona. Si enviudar os conviene,
compadre, no es tan barato
* como pensáis ese rato,
Ved lo que Juana se estima, porque la rapaza tiene
que jura a Dios trino y uno más almas que tiene un gato.
que no le ha de echar ninguno
de balde la pierna encima. Pero dejadla vivir
a sus anchas, y no dudo
Y es razón que se le crea, que os veréis presto cornudo...
porque si ella no lo paga, No acerté: quise decir
ninguno habrá que tal haga, que os veréis presto viudo.
por gran bellaco que sea.
*
* Da a cada amante Guiomar,
por excusar sus porfías,
Del mal que Inés ha escapado del día una hora, y muchos días
escapó con solo un ojo, le faltan horas que dar.
10. Realiza el comentario de texto de Noche oscura de San Juan de la Cruz. Compara y
encuentra las diferencias que encuentre con Llama de amor viva.
Aquésta me guiaba
En una noche oscura, más cierto que la luz de mediodía,
con ansias, en amores inflamada, adonde me esperaba
¡oh dichosa ventura!, quien yo bien me sabía,
salí sin ser notada en parte donde nadie parecía.
estando ya mi casa sosegada.
¡Oh noche que guiaste!
A oscuras y segura, ¡oh noche amable más que el alborada!
por la secreta escala, disfrazada, ¡oh noche que juntaste
¡oh dichosa ventura!, Amado con amada,
a oscuras y en celada, amada en el Amado transformada!
estando ya mi casa sosegada.
En mi pecho florido,
En la noche dichosa, que entero para él solo se guardaba,
en secreto, que nadie me veía, allí quedó dormido,
ni yo miraba cosa, y yo le regalaba,
sin otra luz y guía y el ventalle de cedros aire daba.
sino la que en el corazón ardía.
El aire de la almena, Quedéme y olvidéme,
cuando yo sus cabellos esparcía, el rostro recliné sobre el Amado,
con su mano serena cesó todo y dejéme,
en mi cuello hería dejando mi cuidado
y todos mis sentidos suspendía. entre las azucenas olvidado
11. Lee el poema Sobre estas palabras de Teresa de Jesús. Indica sus principales características
y qué posibles influencias ha podido tener en la obra de Juan de la Cruz.
1. Señala las características formales del texto. Analiza el tema del fragmento. ¿Qué explicación
puedes dar a la última intervención?
MARCIO. Siendo esso que dezís assí, ¿cómo en Aragón y Navarra, aviendo sido casi siempre reinos de por sí, se
habla la lengua castellana?
VALDÉS. La causa desto pienso sea que, assí como los cristianos que se recogieron en Asturias debaxo del rey don
Pelayo, ganando y conquistando a Castilla, conservaron su lengua, assí también los que se recogieron en algunos
lugares fuertes de los montes Pirineos y debaxo del rey don Garci Ximénez, conquistando a Aragón y Navarra,
conservaron su lengua; aunque creo que también lo aya causado la mucha comunicación que estas dos provincias
an siempre tenido en Castilla. Y la causa, por que, según yo pienso, en el Andaluzía y en el reino de Murcia la
vezindad de la mar no ha hecho lo que en las otras provincias, es que los castellanos conquistaron estas provincias
en tiempo que ya ellos eran tantos que bastavan para introduzir su lengua y no tenían necesidad del comercio de
otras naciones para las contrataciones que sustentan las provincias.
MARCIO. Bien me satisfazen essas razones, y, quanto a esto,con lo dicho nos contentamos, y as sí queremos que
dexéis a parte las otras quatro lenguas y nos digáis solamente lo que toca a la lengua castellana.
VALDÉS. Si me avéis de preguntar de las diversidades que ay en el hablar castellano entre unas tierras y otras, será
nunca acabar, porque, como la lengua castellana se habla no solamente por toda Castilla, pero en el reino de
Aragón, en el de Murcia con toda el Andaluzía y en Galizia, Asturias y Navarra, y esto aun hasta entre la gente
vulgar, porque entre la gente noble tanto bien se habla en todo el resto de Spaña, cada provincia tiene sus vocablos
propios y sus maneras de dezir, y es assí que el aragonés tiene unos vocablos propios y unas propias maneras de
dezir, y el andaluz tiene otros y otras, y el navarro otros y otras, y aun ay otros y otras en tierra de Campos, que
llaman Castilla la vieja, y otros y otras en el reino de Toledo, de manera que, como digo, nunca acabaríamos.
PACHECO. No os queremos meter en ese labirinto; solamente, como a hombre criado en el reino de Toledo y en la
corte de Spaña, os preguntaremos de la lengua que se usa en la corte, y si alguna vez tocáremos algo dessotras
provincias, recibiréislo en paciencia.
2. Realiza el comentario de texto del fragmento del Diálogo de las cosas acaecidas en Roma, de
Alfonso de Valdés.
ARCIDIANO. Pues veamos, señor Latancio, ¿paréceos cosa de fruir quel Emperador haya hecho en Roma lo que
nunca infieles hicieron, y que por su pasión particular y por vengarse de un no sé qué, haya así querido destruir la
Sede apostólica con la mayor inominia, con el mayor desacato y con la mayor crueldad que jamás fue oída ni vista?
Sé que los godos tomaron a Roma, pero no tocaron en la iglesia de Sanct Pedro, no tocaron en las reliquias de los
sanctos, no tocaron en cosas sagradas. Y aquellos medios cristianos tovieron este respecto, y agora nuestros
cristianos (aunque no sé si son dignos de tal nombre) ni han dejado iglesias, ni han dejado monesterios, ni han
dejado sagrarios; todo lo han violado, todo lo han robado, todo lo han profanado, que me maravillo cómo la tierra
no se hunde con ellos y con quien se lo manda y consiente hacello. ¿Qué os paresce que dirán los turcos, los moros,
los judíos e los luteranos viendo así maltratar la cabeza de la cristiandad? ¡Oh Dios que tal sufres! ¡Oh Dios que tan
gran maldad consientes! ¿Ésta era la defensa que esperaba la Sede apostólica de su defensor? ¿Ésta era la honra
que esperaba España de su Rey tan poderoso? [...].
LATANCIO. Pues, veamos: ¿cómo será imitador de Jesucristo el que toma la guerra y deshace la paz?
ARCIDIANO. Ese tal muy lejos estaría de imitarle. Pero ¿a qué propósito me decís vos agora eso?
LATANCIO. Dígooslo porque pues el Emperador, defendiendo sus súbditos, como es obligado, el Papa tomó las
armas contra él, haciendo lo que no debía, y deshizo la paz y levantó nueva guerra en la cristiandad, ni el Emperador
tiene culpa de los males suscedidos, pues hacía lo que era obligado en defender sus súbditos, ni el Papa puede estar
sin ella, pues hacía lo que no debía en romper la paz y mover guerra en la cristiandad.
ARCIDIANO. ¿Qué paz deshizo el Papa o qué guerra levantó en la cristiandad?
LATANCIO. Deshizo la paz quel Emperador había hecho con el Rey de Francia y revolvió la guerra que agora
tenemos, donde por justo juicio de Dios le ha venido el mal que tiene.
3. Lee el siguiente texto. Identifícalo. Señala su género. ¿Cuál es la preocupación principal del
autor? ¿A quié se dirige? ¿Qué es dónde está Cipango?
Sábado, 13 de octubre.
Luego que amaneció, vinieron a la playa muchos de estos hombres, todos mancebos, como dicho tengo, y todos
de buena estatura, gente muy hermosa; los cabellos no crespos, sino corredíos [lacios] y gruesos como sedas de
caballo, y todos de la frente y cabeza muy ancha, más que otra generación que hasta aquí haya visto; y los ojos muy
hermosos y no pequeños; y ellos ninguno prieto [negro], sino del color de los canarios [...]. Las piernas muy derechas,
todos a una mano, y no barriga, sin muy bien hecha. Ellos vinieron a la nao con almadías [canoas], que son hechas
del pie de un árbol como un barco largo y todo de un pedazo [...]. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había
oro, y vi que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen en la nariz. Y por señas pude
entender que, yendo al Sur o volviendo la isla por el sur, que estaba allí un Rey que tenía grandes vasos de ello y
tenía muy mucho [...]. Y esta gente es harto mansa, y por las ganas de tener de nuestras cosas, y temiendo que no se
les ha de dar sin que den algo y no lo tienen, toman lo que pueden y se echan luego a nadar; mas todo lo que tienen
lo dan por cualquier cosa que les den, que hasta los pedazos de las escudillas y de las tazas de vidrio rotas
rescataban, hasta que vi dar 16 ovillos de algodón por tres ceotís de Portugal, que es una blanca de Castilla, y en
ellos habría más de una arroba de algodón hilado. Esto defendería yo y no dejaría tomar a nadie sino que yo lo
mandaría tomar todo para vuestras Altezas, si tuviera en cantidad. Aquí nace en esta isla, mas por el poco tiempo no
pude dar así del todo fe. Y también aquí nace el oro que traen colgado a la nariz, mas, por no perder tiempo, quiero
ir a ver si puedo topar a la isla de Cipango.
Llegando Sireno a los verdes y deleitosos prados que el caudaloso río Ezla con sus aguas va regando, le vino a la
memoria el gran contentamiento de que en algún tiempo allí gozado había, siendo tan señor de su voluntad, como
entonces sujeto a quien sin causarlo tenía sepultado en las tinieblas de su olvido. […] Arrimóse al pie de una haya;
comenzó a tender los ojos por la hermosa ribera, hasta que llegó con ellos al lugar donde primero había visto la
hermosura, gracia y honestidad de Diana
*
Era de cuerpo mayor que un elefante; teníalo cubierto de unas duras y pintadas conchas; la cola tenía muy larga y
algo gruessa; sostenía su cuerpo sobre cuatro pies, cada uno acompañado de dos largas y agudas uñas; el cuello era
de una vara en largo; tenía el rostro de muger; de la cabeça le salían dos estendidos y agudos cuernos; hablava muy
claro y respondía en todas las lenguas que le preguntavan; con nadie quería hazer batalla sin aver procedido
demandas y respuestas.
*
Y ansí teniendo buen tiempo, dentro en diez días llegaron a la ciudad de Alejandría, adonde desembarcaron; y
entrando en la ciudad por una puerta que del Sol se llama, comenzaron a mirar aquella hermosa ciudad [...] se veían
columnas de una parte y otra, puestas todas con bella y hermosísima orden, en medio de las cuales estaba la plaza,
de la cual salían infinitas calles para diversas partes y diversos usos.
*
Rodrigo de Narváez, usando de su acostumbrada virtud, le ayudó a levantar y yendo por el camino de Álora, el moro
dio un gran y profundo suspiro. Rodrigo le dijo “Me extraña ver tan gran tristeza en ánimo tan fuerte; si tenéis dolor
secreto, fiadle de mí, que yo os prometo de hacer por remediarle lo que en mí fuere”. “Ya que la fortuna me puso en
vuestras manos, gran noticia tengo de vuestra virtud y también porque me paresce que en vos cabe cualquier
secreto os lo contaré”.
*
Y el Rey, su padre, por non tener hijos y por el grande merecimiento que ella tenía, era dell tanto amada que a
ninguno de los ya dichos la queíia dar, y así mismo en su tierra non havía tan grande senyor a quien la diesse, salvo a
grande mengua suya; de manera que el grande amor suyo era a ella mucho enemigo.
5. Busca en una enciclopedia toda la información que puedas sobre el origen y personajes que
componen la Commedia dell’arte.
Como llovía recio y el triste se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua, que encima de nos
caía, y, lo más principal, porque Dios le cegó aquella hora el entendimiento (fue por darme de él venganza), creyóse
de mí, y dijo:
-Ponme bien derecho y salta tú el arroyo.
Yo le puse bien derecho enfrente del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste, como quien espera tope de
toro, y díjele:
-¡Sus, saltad todo lo que podáis, porque deis de este cabo del agua!
Aun apenas lo había acabado de decir, cuando se abalanza el pobre ciego como cabrón y de toda su fuerza
arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto, y da con la cabeza en el poste, que sonó tan
recio como si diera con una gran calabaza, y cayó luego para atrás medio muerto y hendida la cabeza.
-¿Cómo, y olisteis la longaniza y no el poste? ¡Oled! ¡Oled! -le dije yo.
*
En este tiempo, viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo noticia de mi persona el señor arcipreste de San
Salvador, mi señor, y servidor y amigo de vuestra merced, porque le pregonaba sus vinos, procuró casarme con una
criada suya. Y visto por mí que de tal persona no podía venir sino bien y favor, acordé de hacerlo. Y así, me casé con
ella, y hasta agora no estoy arrepentido, porque, allende de ser buena hija y diligente servicial, tengo en mi señor
arcipreste todo favor y ayuda. Y siempre en el año le da, en veces, al pie de una carga de trigo; por las Pascuas, su
carne; y cuando el par de los bodigos, las calzas viejas que deja. E hízonos alquilar una casilla par de la suya; los
domingos y fiestas casi todas las comíamos en su casa.
Mas malas lenguas, que nunca faltaron ni faltarán, no nos dejan vivir, diciendo no sé qué y sí sé qué, de
que ven a mi mujer irle a hacer la cama y guisalle de comer. Y mejor les ayude Dios, que ellos dicen la verdad,
aunque en este tiempo siempre he tenido alguna sospechuela y habido algunas malas cenas por esperalla algunas
noches hasta las laudes […].