R. P.
Carlos Miguel Buela, IVE
Ars participandi
Familia Religiosa del Verbo Encarnado: [Link]
SSVM - Casa Generalicia: [Link]
Índice general
Prólogo 5
1. Motivación principal 7
2. Fundamento 11
3. Preparación remota 29
4. Naturaleza de la vida consagrada 55
5. Aspectos más importantes: 1ª parte 101
6. Aspectos más importantes: 2ª parte 187
7. Preparación próxima 297
8. A tener en cuenta 307
9. Participación de los religiosos en
la Santa Misa 347
10. La participación de la Misa de
los religiosos y religiosas de la Familia
Religiosa del Verbo Encarnado 417
Índice analítico 451
Prólogo
Complementa este pequeño trabajo ‘Ars participandi’, otro
anterior sobre el ‘Ars celebrandi’.
La columna vertebral de estas páginas están en el capítulo
5: ‘Naturaleza de la vida religiosa’, de donde, principalmente,
provienen los temas mayores para poder arribar a lo que quere-
mos sea una buena base para la posible participación religiosa
en la Santa Misa. La participación en la Misa es el tema central
de este libro y se encuentra en los capítulos 9 y en el 10. Este
último se aplica, especialmente, a los miembros de la familia
religiosa del Verbo encarnado.
Es un trabajo que presentamos en borrador, porque faltan
algunos capítulos y, sobre todo, faltan los destinados a la par-
ticipación de los laicos y de los seminaristas mayores.
Pongo el fruto para los lectores de este libro, a quien le pedí
ayuda en todo su recorrido, San Juan Pablo Magno.
El autor.
Fiesta de los Santos Cirilo y Metodio.
Patronos de Europa.
5
1. Motivación principal
En el último Capítulo General los padres y madres Capitula-
res, cada uno en su lugar, decidieron los «Elementos no nego-
ciables adjuntos».
Después de recordar el «elemento no negociable» esencial
del carisma, señalaremos los «elementos no negociables»1
adjuntos.
1. El carisma esencial
«Por el carisma propio del Instituto, todos sus miembros de-
ben trabajar, en suma docilidad al Espíritu Santo y dentro de la
impronta de María, a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo
auténticamente humano, aun en las situaciones más difíciles y en
las condiciones más adversas »2.
«Es decir, es la gracia de saber cómo obrar, en concreto, para
prolongar a Cristo en las familias, en la educación, en los medios
de comunicación, en los hombres de pensamiento y en toda otra
legítima manifestación de la vida del hombre. Es el don de hacer
que cada hombre sea “como una nueva Encarnación del Verbo”3,
siendo esencialmente misioneros y marianos»4.
1 Por ejemplo, Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana con motivo de las
felicitaciones de Navidad, Sala Clementina, Viernes 21 de diciembre de 2012, “Lo
que ella [la Iglesia] ha reconocido como valores fundamentales, constitutivos y no
negociables de la existencia humana, lo debe defender con la máxima claridad. Ha
de hacer todo lo posible para crear una convicción que se pueda concretar después
en acción política”. El mismo concepto repitió el 16 de setiembre de 2004, el 30 de
marzo de 2006, 15 de mayo de 2008, 19 de mayo de 2008, 4 de mayo de 2009, 16 de
junio de 2010, 27 de mayo de 2011, etc.
2 Constituciones del IVE, n. 30.
3 BEATA ISABEL DE LA TRINIDAD, op. cit., Elevación nº 33.
4 Constituciones del IVE, n. 31.
7
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Por ser lo central del carisma Jesucristo, Él nos lleva a la San-
tísima Trinidad, a Él mismo, a su Iglesia y a su Madre.
2. Elementos no negociables adjuntos
«La digna celebración de la Santa Misa»5. «Hemos de ca-
racterizarnos por la importancia que se le debe dar a la ce-
lebración de la Santa Misa, así como por el modo reverente
de celebrarla. Por eso el énfasis que se le debe dar a la vida
litúrgica en el Instituto»6 . «Es una característica nuestra la
marcada devoción eucarística»7. Nuestros sacerdotes tienen
que ser maestros del ars celebrandi, [nuestros seminaristas ma-
yores, nuestros hermanos coadjutores, nuestras religiosas y los
miembros de la Tercera Orden Seglar deben esforzarse por su
parte, en vivir del modo más perfecto el ars participandi].
Lo confirman las enseñanzas del Papa:
- «Nuestras liturgias deben ser vívidas y vividas. Vívidas, o
sea, vivaces, con fuerza, eficaces, brillantes. Vividas, es decir,
que tengan vida, que sean una inmediata experiencia de Cristo
sacramentado. En efecto, “la liturgia debe fomentar el sentido de
lo sagrado y hacerlo resplandecer. Debe estar imbuida del espí-
ritu de reverencia y de glorificación de Dios”8»9.
- «Incluso “una correcta concepción de la liturgia tiene en
cuenta que debe manifestar claramente las notas fundamentales
5 Notas del V Capítulo general, 4.
6 Notas del V Capítulo general, 6.
7 Juan Pablo II, Carta a los Sacerdotes con ocasión del Jueves Santo 1986 (16 de
marzo de 1986) 8. Cf. Sínodo extraordinario de obispos de 1985, Relación final.
8 Instituto del Verbo Encarnado, Directorio de Vida litúrgica, n. 4.
9 Juan Pablo II, Discurso al V grupo de obispos de Francia en visita «ad limina
apostolorum» (8 de Marzo 1997) 3.
8
Motivación principal
de la Iglesia”10. “Celebrando el culto divino, la Iglesia expresa lo
que es: una, santa, católica y apostólica”11»12.
- «La liturgia es acción santa precisamente por ser acción
de Cristo, sacerdote principal. Es Él quien confirió el carácter
de sacralidad a la celebración eucarística. En la acción litúrgi-
ca somos asociados a lo sagrado en sentido estricto. “Esto hay
que recordarlo siempre, y quizá sobre todo en nuestro tiempo
en el que observamos una tendencia a borrar la distinción entre
‘sacrum’ y ‘profanum’, dada la difundida tendencia general (al
menos en algunos lugares) a la desacralización de todo. En tal
realidad la Iglesia tiene el deber particular de asegurar y corro-
borar el ‘sacrum’ de la Eucaristía. En nuestra sociedad pluralista,
y a veces también deliberadamente secularizada, la fe viva de la
comunidad cristiana […] garantiza a este ‘sacrum’ el derecho de
ciudadanía”13»14.
- «La participación de todos los bautizados en el único sacer-
docio de Jesucristo es la clave para comprender la exhortación
del Concilio a “la participación plena, consciente y activa en las
celebraciones litúrgicas”15»16.
- «[…] En efecto, el “culto eucarístico madura y crece cuando
las palabras de la plegaria eucarística, y especialmente las de la
10 Juan Pablo II, Carta apostólica Vicesimus Quintus Annus (4 de diciembre de 1988)
9.
11 Directorio de Vida litúrgica, n. 10.
12 Juan Pablo II, Carta Dominici Coenae (24 de febrero de 1980) 8.
13 Directorio de Vida litúrgica, n. 13.
14 Juan Pablo II, Discurso a los obispos de Estados Unidos en visita «ad limina
apostolorum» (9 de Octubre de 1998) 3.
15 Directorio de Vida litúrgica, n. 25.
16 Carta Dominici Coenae, 9.
9
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
consagración, son pronunciadas con gran humildad y sencillez,
de manera comprensible, correcta y digna, como corresponde
a su santidad; cuando este acto esencial de la liturgia eucarísti-
ca es realizado sin prisas; cuando nos compromete a un recogi-
miento tal y a una devoción tal, que los participantes advierten
la grandeza del misterio que se realiza y lo manifiestan con su
comportamiento”17»18.
- «En realidad, “la participación activa no excluye la pasividad
activa del silencio, la quietud y la escucha: en realidad, la exige.
Los fieles no son pasivos, por ejemplo, cuando escuchan las lec-
turas o la homilía, o cuando siguen las oraciones del celebrante
y los cantos y la música de la liturgia. Éstas son experiencias de
silencio y quietud, pero también, a su modo, son muy activas. En
una cultura que no favorece ni fomenta la quietud meditativa,
el arte de la escucha interior se aprende con mayor dificultad”
» .
19 20
Estimamos que es muy claro lo que se nos pide.
17 Directorio de Vida litúrgica, n. 56.
18 Juan Pablo II, Discurso a los obispos de Estados Unidos en visita «ad limina
apostolorum» (9 de Octubre de 1998) 3.
19 Directorio de Vida litúrgica, n. 63.
20 Carta Dominici Coenae, 11.
10
2. Fundamento
1. La Misa es infinita como Jesús
«La Misa es infinita como Jesús... pregúntenle a un Ángel lo
que es la Misa, y él les contestará, en verdad yo entiendo lo que es
y por qué se ofrece, mas sin embargo, no puedo entender cuánto
valor tiene. Un Ángel, mil Ángeles, todo el Cielo, saben esto y
piensan así», enseña San Pío de Pietrelcina.
Porque la Misa es de valor infinito es inabarcable, adecuada-
mente, por el entendimiento humano. Por eso, al mismo tiempo,
el menor conocimiento que tengamos de ella, por ser tan grande
su valor, confiere al alma una perfección máxima, como enseña
Santo Tomás sobre el conocimiento de Dios: «Habiendo persua-
dido Simónides a cierto hombre de dejar el conocimiento divino
y aplicar el ingenio a las cosas humanas, diciendo que el hombre
debe saber lo humano y lo mortal el que es mortal, contra él dice
el Filósofo que el hombre debe lanzarse tanto cuanto puede a las
cosas inmortales y divinas.
Por eso dice en el XI de Animalibus que, aunque sea poco lo
que percibimos de las sustancias superiores, sin embargo eso tan
pequeño es más amado y deseado que todo el conocimiento que
tenemos de las sustancias inferiores.
También dice en el II de Caelo et Mundo que, cuando las
cuestiones sobre los cuerpos celestes se pueden resolver con una
solución lógica y breve, quien lo escucha experimenta un gozo
vehemente.
11
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Por todo lo cual se hace manifiesto que cualquier imperfecto
conocimiento de las cosas nobilísimas confiere al alma una per-
fección máxima»1.
2. Participación
¡Participación! Se aprende la participación en la Santa Misa,
participando en la misma. Esa es la mejor escuela. Por eso, «debe
fomentarse»2.
Cipriano Vagaggini, O.S.B., afirma que «Justamente la consti-
tución del concilio Vaticano II [Sacrosanctum Concilium], insiste
repetidamente sobre este concepto de participación plena, como
meta, tanto de la pastoral litúrgica3 cuanto de la misma reforma
litúrgica 4», siendo como una letanía de la participación.
Aparecen 38 veces ‘participar’; 23 veces ‘participación’; 3 ve-
ces ‘participen’; 1 vez ‘participando’, ‘participantes’, ‘participa’,
‘tomamos parte’, ‘tener parte’. En total, incluyendo las derivadas,
aparece unas 71 veces en la Constitución Sacrosanctum Conci-
lium.
Allí se nos habla de: Liturgia, cumbre y fuente de la vida
eclesial
«No obstante, la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la activi-
dad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda
su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez
hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para
1 Contra gentiles, lib. I, 5.
2 Sacrosanctum Concilium, 30.
3 Ibid., 14.
4 Ibid., 21.
12
Fundamento
alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y
coman la cena del Señor. Por su parte, la Liturgia misma impulsa
a los fieles a que, saciados “con los sacramentos pascuales”, sean
“concordes en la piedad”; ruega a Dios que “conserven en su vida
lo que recibieron en la fe”, y la renovación de la Alianza del Señor
con los hombres en la Eucaristía enciende y arrastra a los fieles
a la apremiante caridad de Cristo. Por tanto, de la Liturgia, sobre
todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su
fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación
de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual
las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin»5.
Liturgia y ejercicios piadosos
«Con todo, la participación en la sagrada Liturgia no abarca
toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en
común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar
al Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua, según enseña
el Apóstol. Y el mismo Apóstol nos exhorta a llevar siempre la
mortificación de Jesús en nuestro cuerpo, para que también su
vida se manifieste en nuestra carne mortal. Por esta causa pedi-
mos al Señor en el sacrificio de la Misa que, “recibida la ofrenda
de la víctima espiritual”, haga de nosotros mismos una “ofrenda
eterna” para Sí»6.
5 Ibid., 10.
6 Ibid., 12.
13
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
3. Necesidad de las disposiciones personales en la
participación
a. Debe ser plena: Participación plena es cuando se da en
grado eminente y total, no parcial.
«La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a to-
dos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en
las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia
misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautis-
mo, el pueblo cristiano, “linaje escogido sacerdocio real, nación
santa, pueblo adquirido” (1Pe 2,9; cf. 1Pe 2,4-5). Al reformar y
fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en cuenta esta
plena y activa participación de todo el pueblo, porque es la fuen-
te primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el espíritu
verdaderamente cristiano, y por lo mismo, los pastores de almas
deben aspirar a ella con diligencia en toda su actuación pastoral,
por medio de una educación adecuada. Y como no se puede espe-
rar que esto ocurra, si antes los mismos pastores de almas no se
impregnan totalmente del espíritu y de la fuerza de la Liturgia y
llegan a ser maestros de la misma, es indispensable que se provea
antes que nada a la educación litúrgica del clero»7.
«El Obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de
su grey, de quien deriva y depende, en cierto modo, la vida en
Cristo de sus fieles.
Por eso, conviene que todos tengan en gran aprecio la vida
litúrgica de la diócesis en torno al Obispo, sobre todo en la Igle-
sia catedral; persuadidos de que la principal manifestación de
7 Ibid., 14.
14
Fundamento
la Iglesia se realiza en la participación plena y activa de todo
el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas,
particularmente en la misma Eucaristía, en una misma oración,
junto al único altar donde preside el Obispo, rodeado de su pres-
biterio y ministros»8.
b. Debe ser consciente: Es cuando hay comprensión de los
ritos, de las oraciones y cantos, cuando se comprenden los signi-
ficados litúrgicos, cuando se presta atención a lo que ocurre en
el altar, en la sede, en el ambón y en la asamblea. Se opone a un
obrar inconsciente e irresponsable.
«Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que
los fieles se acerquen a la sagrada Liturgia con recta dispo-
sición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz
y colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano.
Por esta razón, los pastores de almas deben vigilar para que en
la acción litúrgica no sólo se observen las leyes relativas a la
celebración válida y lícita, sino también para que los fieles par-
ticipen en ella consciente, activa y fructuosamente»9.
«La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a
todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa
en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Li-
turgia misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del
bautismo, el pueblo cristiano, “linaje escogido sacerdocio real,
nación santa, pueblo adquirido” (1Pe 2,9; cf. 1Pe 2,4-5)»10 y en:
«Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cris-
8 Ibid., 41.
9 Ibid., 11.
10 Ibid., 14.
15
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
tianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos es-
pectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y
oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente...»11.
c. Debe ser interna y externa: la participación externa es el
uso de los gestos, palabras, silencios, canto, actitudes corporales,
las procesiones, leer, lenguaje, adaptación, el saludo de la paz, el
comulgar la Víctima del sacrificio... (No puede ser exclusivamen-
te externa); la interna son las disposiciones interiores del parti-
cipante como el pensar, el querer, el rezar, los actos de virtud,
el ofrecimiento de la Víctima divina y las víctimas espirituales
propias y de los demás miembros del Cuerpo Místico (No puede
ser exclusivamente interna). Su divorcio lo condena Dios por el
profeta Isaías: «Este pueblo me alaba con sus labios, pero su co-
razón están lejos de mí» (Is 29,13; Mt 15,8; Mc 7,6).
«Los pastores de almas fomenten con diligencia y paciencia
la educación litúrgica y la participación activa de los fieles, in-
terna y externa, conforme a su edad, condición, género de vida
y grado de cultura religiosa, cumpliendo así una de las funciones
principales del fiel dispensador de los misterios de Dios y, en este
punto, guíen a su rebaño no sólo de palabra, sino también con el
ejemplo»12.
d. Debe ser activa (unas catorce veces): Cuando se unen la
participación interna y externa, dejando de lado toda pasividad.
Es la reina de las participaciones.
11 Ibid., 48.
12 Ibid., 19.
16
Fundamento
«Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los
fieles se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición de
ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren
con la gracia divina, para no recibirla en vano. Por esta razón, los
pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no
sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita,
sino también para que los fieles participen en ella consciente,
activa y fructuosamente»13.
«La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a to-
dos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en
las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia
misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautis-
mo, el pueblo cristiano, “linaje escogido sacerdocio real, nación
santa, pueblo adquirido” (1Pe 2,9; cf. 1Pe 2,4-5). Al reformar y
fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en cuenta esta
plena y activa participación de todo el pueblo...»14.
«Los pastores de almas fomenten con diligencia y paciencia
la educación litúrgica y la participación activa de los fieles,
interna y externa...»15.
«Siempre que los ritos, cada cual según su naturaleza propia,
admitan una celebración comunitaria, con asistencia y partici-
pación activa de los fieles, incúlquese que hay que preferirla, en
cuanto sea posible, a una celebración individual y casi privada.
Esto vale, sobre todo, para la celebración de la Misa, quedando
13 Ibid., 11.
14 Ibid., 14.
15 Ibid., 19.
17
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
siempre a salvo la naturaleza pública y social de toda Misa, y para
la administración de los Sacramentos»16.
«Para promover la participación activa se fomentarán las
aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las an-
tífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas
corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio
sagrado»17.
«El Obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de
su grey, de quien deriva y depende, en cierto modo, la vida en
Cristo de sus fieles.
Por eso, conviene que todos tengan en gran aprecio la vida
litúrgica de la diócesis en torno al Obispo, sobre todo en la Igle-
sia catedral; persuadidos de que la principal manifestación de
la Iglesia se realiza en la participación plena y activa de todo
el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas,
particularmente en la misma Eucaristía, en una misma oración,
junto al único altar donde preside el Obispo, rodeado de su pres-
biterio y ministros»18.
«Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los
cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos
espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos
y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la
acción sagrada...»19.
16 Ibid., 27.
17 Ibid., 30.
18 Ibid., 41.
19 Ibid., 48.
18
Fundamento
«Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste
con mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y
su mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa parti-
cipación de los fieles»20.
«Consérvese y cultívese con sumo cuidado el tesoro de la mú-
sica sacra. Foméntense diligentemente las “Scholae cantorum”,
sobre todo en las iglesias catedrales. Los Obispos y demás pas-
tores de almas procuren cuidadosamente que en cualquier acción
sagrada con canto, toda la comunidad de los fieles pueda aportar
la participación activa que le corresponde, a tenor de los artícu-
los 28 y 30»21.
«Los compositores verdaderamente cristianos deben sentirse
llamados a cultivar la música sacra y a acrecentar su tesoro.
Compongan obras que presenten las características de ver-
dadera música sacra y que no sólo puedan ser cantadas por las
mayores “Scholae cantorum”, sino que también estén al alcance
de los coros más modestos y fomenten la participación activa de
toda la asamblea de los fieles»22.
«Los ordinarios, al promover y favorecer un arte auténtica-
mente sacro, busquen más una noble belleza que la mera suntuo-
sidad. Esto se ha de aplicar también a las vestiduras y ornamen-
tación sagrada.
Procuren cuidadosamente los Obispos que sean excluidas de
los templos y demás lugares sagrados aquellas obras artísticas
20 Ibid., 50.
21 Ibid., 114.
22 Ibid., 121.
19
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
que repugnen a la fe, a las costumbres y a la piedad cristiana y
ofendan el sentido auténticamente religioso, ya sea por la depra-
vación de las formas, ya sea por la insuficiencia, la mediocridad
o la falsedad del arte.
Al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean ap-
tos para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir
la participación activa de los fieles»23.
e. Debe ser fructífera: Cuando se alcanzan los fines de la
Redención y no se es estéril.
«Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los
fieles se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición de
ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren
con la gracia divina, para no recibirla en vano. Por esta razón, los
pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no
sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita,
sino también para que los fieles participen en ella consciente,
activa y fructuosamente»24.
f. Debe ser más perfecta: «Se recomienda especialmente
la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en
que los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del
mismo sacrificio el Cuerpo del Señor. Manteniendo firmes los
principios dogmáticos declarados por el Concilio de Trento, la
comunión bajo ambas especies puede concederse en los casos
que la Sede Apostólica determine, tanto a los clérigos y religiosos
como a los laicos, a juicio de los Obispos, como, por ejemplo, a
23 Ibid., 124.
24 Ibid., 11.
20
Fundamento
los ordenados, en la Misa de su sagrada ordenación; a los profe-
sos, en la Misa de su profesión religiosa; a los neófitos, en la Misa
que sigue al bautismo»25.
g. Debe ser actual: Cuando se hace aquí y ahora lo que hay
que hacer.
«Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino ce-
lebraciones de la Iglesia, que es “sacramento de unidad”, es de-
cir, pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los
Obispos.
Por eso pertenecen a todo el cuerpo de la Iglesia, influyen
en él y lo manifiestan; pero cada uno de los miembros de este
cuerpo recibe un influjo diverso, según la diversidad de órdenes,
funciones y participación actual»26.
h. Debe ser fácil: No debe ser ni complicada, ni confusa. El
pueblo fiel debe poder comprenderlas.
«Para que en la sagrada Liturgia el pueblo cristiano obtenga
con mayor seguridad gracias abundantes, la santa madre Iglesia
desea proveer con solicitud a una reforma general de la misma
Liturgia... En esta reforma, los textos y los ritos se han de orde-
nar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas
que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda com-
prenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una
celebración plena, activa y comunitaria»27.
25 Lumen Gentium, 11; Sacrosanctum Concilium, 55.
26 Sacrosanctum Concilium, 26.
27 Ibid., 21.
21
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
«Revísense los sacramentales teniendo en cuanta la norma
fundamental de la participación consciente, activa y fácil de los
fieles, y atendiendo a las necesidades de nuestros tiempos»28.
«...los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expre-
sen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo po-
sible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente…29».
«Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste
con mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y
su mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa parti-
cipación de los fieles»30.
i. Debe ser piadosa: Tiene que elevar el alma hacia Dios.
«Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste
con mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y
su mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa parti-
cipación de los fieles»31.
«Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los
cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos
espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos
y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la
acción sagrada...»32.
28 Ibid., 79.
29 Ibid., 21.
30 Ibid., 50.
31 Ibid., 50.
32 Ibid., 48.
22
Fundamento
j. Debe ser con toda el alma: Debe ser una participación con
todo nuestro ser.
«En los seminarios y casas religiosas, los clérigos deben ad-
quirir una formación litúrgica de la vida espiritual, por medio de
una adecuada iniciación que les permita comprender los sagrados
ritos y participar en ellos con toda el alma, sea celebrando los
sagrados misterios, sea con otros ejercicios de piedad penetrados
del espíritu de la sagrada Liturgia; aprendan al mismo tiempo a
observar las leyes litúrgicas, de modo que en los seminarios e
institutos religiosos la vida esté totalmente informada de espíritu
litúrgico»33.
k. Debe ser adaptada: Tiene en cuenta los tres grados del
Orden Sagrado, las funciones de cada ministro y el de cada
miembro en el momento presente.
«Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino ce-
lebraciones de la Iglesia, que es “sacramento de unidad”, es de-
cir, pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los
Obispos.
Por eso pertenecen a todo el cuerpo de la Iglesia, influyen en
él y lo manifiestan; pero cada uno de los miembros de este cuer-
po recibe un influjo diverso, según la diversidad de órdenes,
funciones y participación actual»34.
Y debe conformarse a: «Los pastores de almas fomenten con
diligencia y paciencia la educación litúrgica y la participación
33 Ibid., 17.
34 Ibid., 26.
23
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
activa de los fieles, interna y externa, conforme a su edad, con-
dición, género de vida y grado de cultura religiosa...»35.
l. Debe ser clara: Debe ser fácil de comprender, no oscuro
o ininteligible.
«Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser
breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la
capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de
muchas explicaciones»36.
«Para que en la sagrada Liturgia el pueblo cristiano obtenga
con mayor seguridad gracias abundantes, la santa madre Iglesia
desea proveer con solicitud a una reforma general de la misma
Liturgia. Porque la Liturgia consta de una parte que es inmutable
por ser la institución divina, y de otras partes sujetas a cambio,
que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es
que en ellas se han introducido elementos que no responden bien
a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser
menos apropiados.
En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de
manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que
significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprender-
las fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración
plena, activa y comunitaria»37.
«Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste
con mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y
35 Ibid., 19.
36 Ibid., 34.
37 Ibid., 21.
24
Fundamento
su mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa parti-
cipación de los fieles»38.
m. Debe ser en toda la Misa: No sólo en una parte de la
Misa.
«Las dos partes de que costa la Misa, a saber: la Liturgia de la
palabra y la Eucaristía, están tan íntimamente unidas que cons-
tituyen un solo acto de culto. Por esto el Sagrado Sínodo exhorta
vehemente a los pastores de almas para que en la catequesis ins-
truyan cuidadosamente a los fieles acerca de la participación en
toda la misa, sobre todo los domingos y fiestas de precepto»39.
n. Debe ser comunitaria: Está muy lejos de todo narcisismo
individualista.
«...los textos y los ritos se han de ordenar de manera que ex-
presen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en
lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y
participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y
comunitaria»40.
o. Debe ser en toda la comunidad: Debe tratar de involu-
crar, en lo posible, a todos los presentes.
«Consérvese y cultívese con sumo cuidado el tesoro de la mú-
sica sacra. Foméntense diligentemente las “Scholae cantora”, so-
bre todo en las iglesias catedrales. Los Obispos y demás pastores
de almas procuren cuidadosamente que en cualquier acción sa-
38 Ibid., 50.
39 Ibid., 56.
40 Ibid., 21.
25
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
grada con canto, toda la comunidad de los fieles pueda aportar
la participación activa que le corresponde...»41.
p. Debe ser también en el Oficio: La Liturgia de las Horas
debe ser una expresión comunitaria.
«Procuren los pastores de almas que las Horas principales,
especialmente las Vísperas, se celebren comunitariamente en
la Iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda,
asimismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacer-
dotes o reunidos entre sí e inclusive en particular»42.
q. Debe restablecerse la «Oración común»: «Restablézca-
se la «oración común» o de los fieles después del Evangelio y
la homilía, principalmente los domingos y fiestas de precepto,
para que con la participación del pueblo se hagan súplicas
por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren
cualquier necesidad, por todos los hombres y por la salvación
del mundo entero»43.
Todo lo dicho es muy cierto, pero es muy descarnado. Para
comprenderlo más adecuadamente hay que tomar siempre re-
novada conciencia que la Misa es el mismo Jesucristo que se
hace presente para ser adorado, para ser místicamente sacrifi-
cado, para ser ofrecido al Padre, para ser comido por nosotros,
para que nos unamos a Él y a toda la Trinidad y entre nosotros.
Así que la participación es Él y nosotros. Hay fuego en nuestros
altares y hay Sangre.
41 Ibid., 114.
42 Ibid., 100.
43 Ibid., 53.
26
Fundamento
Es Él quien obra ex opere operato para producir para noso-
tros la redención que ofreció en la cruz dándonos todo género
de abundantes gracias, como enseña el Catecismo de la Iglesia
Católica: «Tal es el sentido de la siguiente afirmación de la Iglesia
(cf. Concilio de Trento: DS 1608): los sacramentos obran ex opere
operato (según las palabras mismas del Concilio: “por el hecho
mismo de que la acción es realizada”), es decir, en virtud de la
obra salvífica de Cristo, realizada de una vez por todas. De ahí
se sigue que “el sacramento no actúa en virtud de la justicia del
hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios”44. En
consecuencia, siempre que un sacramento es celebrado conforme
a la intención de la Iglesia, el poder de Cristo y de su Espíritu
actúa en él y por él, independientemente de la santidad personal
del ministro. Sin embargo, los frutos de los sacramentos depen-
den también de las disposiciones del que los recibe»45. Y esos
somos nosotros que obramos ex opere operantis dependiendo de
nuestras buenas disposiciones que alcancemos el fruto. De modo
bien entendido, la participación en la Misa es un tema vital entre
Él y nosotros.
De vez en cuando, deberíamos hacer un examen de conciencia
sobre como actuamos las distintas formalidades de la participa-
ción, qué debemos corregir, cómo debemos corregir, poniendo
todos los medios eficaces para adquirir una correcta participa-
ción en los excelsos misterios de nuestra Salvación.
44 Santo Tomás de Aquino, S. Th., 3, q. 68, a.8, c.
45 Catecismo de la Iglesia Católica, 1128.
27
3. Preparación remota
1. Distintos planes
a. Lectura anticipada de la Palabra de Dios:
1era. lectura.
Salmo.
2da. lectura.
Evangelio.
b. Lectura espiritual de algún buen libro sobre la
eucaristía.
c. Llevar algún tema general para meditar en la Santa
Misa, por ejemplo:
1. Meditando en cada una de las partes de las fórmulas
de la doble consagración:
• «Tomad y comed...tomad y bebed... todos de él...», la
Eucaristía es Banquete sacramental donde hay comida sólida y
bebida líquida.
• «...porque es mi Cuerpo...es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la Alianza, Nueva y Eterna...», está la Presencia ver-
dadera, real y sustancial de Jesucristo entero, con su Cuerpo y
Sangre, Alma y Divinidad.
• Cuerpo «que será entregado por vosotros», Sangre
«que se derrama por vosotros y por todos los hombres para el
perdón de los pecados», porque la Misa es Sacrificio como lo
expresa el hecho de ser un Cuerpo «entregado» y una Sangre
«derramada», por ser la perpetuación del sacrificio de la cruz
actualizando su ofrecimiento.
29
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
• « Haced esto en conmemoración mía». Palabras que
hacen referencia al Sacerdocio:
1º. Jesucristo, Sacerdote principal,
2º. El sacerdote ministerial,
3º. Los fieles que ofrecen la Víctima y la reciben.
Cada uno de ellos ejecuta, a su modo, el Único Sacerdocio
de Jesucristo al ofrecer la Víctima que se inmola.
2. Meditando sobre los fines de la Misa:
1. Latréutico de Adoración Catecismo de la Iglesia Católica...
contra toda idolatría y toda esclavitud (o adicción) dando
la libertad de los hijos de Dios.
vs. superstición
vs. adivinación y magia
vs. irreligión: tentar a Dios
vs. sacrilegio
vs. simonía
vs. ateísmo
vs. agnosticismo
2. Eucarístico
3. Propiciatorio
3. Impetratorio
30
Preparación remota
3. Siguiendo el plan de San Pío de Pietrelcina.
La Misa de San Pio de Pietrelcina
El sacerdote en el altar es Jesucristo.
Jesús en el sacerdote revive ininterrumpidamente su Pasión.
Queremos, siguiendo la enseñanza de San Pio de Pietrelcina,
realizar una comparación entre la Pasión de Jesús y la Santa
Misa1; centrando nuestra mirada en el modo en que el Padre
Pio celebraba, o mejor dicho, «vivía» su Misa.
- El Señor, ¿ama el sacrificio?
- Sí, porque con él ha regenerado el mundo.
- ¿Cuánta gloria da a Dios la Santa Misa?
- Gloria infinita.
- ¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?
- Compadecer y amar.
- ¿Qué beneficios recibimos escuchándola?
- No se pueden enumerar. Los verán en el Paraíso.
- Padre, ¿qué cosa es su Misa?
1 Seguimos libremente a G. CONVERSANO, Padre Pio e il mistero della sua Mes-
sa¸ Roma 2010, 22-50. En una nota al pie, en página 22 escribe el Autor: «Los tes-
timonios del Padre Pio sobre su Misa han sido transcriptos por el Padre Tarcisio de
Cervinara, quién los dispuso según la secuencia de la Misa en La Messa di Padre
Pio, San Giovanni Rotondo 1987, pp. 16-42. De modo más completo se encuentran
en el cuestionario de Cleonice Morcaldi [una mística, hija espiritual del Padre Pio,
que en el transcurso de los años interrogó en muchas ocasiones al Padre Pio acerca
del misterio de “su” Misa], La mia vita vicino a Padre Pio. Diario intimo spirituale,
San Giovanni Rotondo 1997».
31
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
- Un «amasijo sagrado»2 con la Pasión de Jesús. Mi res-
ponsabilidad es única en el mundo.
- ¿Qué cosa debo «leer» en su Misa?
- Todo el Calvario.
- Padre, dígame todo aquello que sufre en la Santa Misa.
- Todo aquello que ha sufrido Jesús en su Pasión, de modo
inadecuado, lo sufro también yo, en la medida que es posible a
una creatura humana. Y esto a pesar de mi falta de mérito; por
su sola bondad.
- Padre, ¿cómo podemos conocer su pasión?
- Conociendo la Pasión de Jesús: en la de Jesús encontra-
rán también la mía.
a. Desde el signo inicial de la cruz hasta el ofertorio
nos encontramos en Getsemaní, donde Jesús está en agonía.
- Lo he visto temblar mientras subía los escalones del altar.
¿Por qué? ¿Por aquello que debía sufrir?
- No por aquello que debía sufrir, sino por aquello que debía
ofrecer.
- ¿Agoniza, Padre, como Jesús en el huerto?
- Ciertamente.
- ¿Viene también un ángel a confortarlo al igual que a Jesús?
- Sí.
- ¿Qué «fiat» pronuncia?
- De sufrir y siempre sufrir por los hermanos de exilio y por
su Divino Reino.
2 «Pasticciotto sacro», dice el original italiano.
32
Preparación remota
- En el Divino Sacrificio, ¿Usted carga con nuestros
pecados?
- No se puede obrar diversamente, ya que es parte del Divino
Sacrificio.
- ¿Por qué leyendo el Evangelio ha llorado al llegar a las pala-
bras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre…» (Jn 6,54)?
- Llora conmigo de ternura.
- ¿Por qué llora casi siempre, Padre, cuando lee el Evangelio
en la Santa Misa?
- ¿Y te parece poco que un Dios converse con sus creaturas?
¿Y que sea por ellas resistido? ¿Y que sea continuamente herido
por su ingratitud e incredulidad?
b. El ofertorio corresponde al momento del arresto de
Jesús.
El ofertorio era el segundo momento que inmovilizaba por largo tiempo
al Padre Pio. Era un aspecto sobresaliente de su Misa. Retenido por una fuer-
za misteriosa, con los ojos en lágrimas amorosamente fijos en el Crucifijo del
altar, el Padre Pio, permanecía quieto, inmóvil, como petrificado por varios
minutos, con el pan y el vino entre las manos.
- ¿Por qué llora en el ofertorio?
- ¿Quieres arrancarme el secreto? Pues bien, aquí está. Es
ese el momento en el cual el alma es separada de lo profano.
- Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de
alboroto…
- ¡ ¿Y si hubieras estado presente en el Calvario donde se
sentían gritos, blasfemias, ruidos, amenazas?! ¡Allí era grande
el estrépito!
33
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
- Los ruidos que la gente hace en la Iglesia ¿Lo distraen?
- Para nada.
- Padre, ¿todas las almas que asisten a su Misa están presentes
en su espíritu?
- Veo a todos mis hijitos en el altar, como en un espejo.
c. El prefacio es el canto de alabanza y de acción
de gracias que Jesús dirige al Padre porque ha llegado su
«Hora».
d. Desde el inicio de la plegaria eucarística (=canon)
a la consagración recordamos a Jesús en prisión, flagelado,
coronado de espinas…, es decir, todo el Vía Crucis.
El tremendo misterio de la consagración «contiene» las últimas horas que
Jesús pasó en la cruz: el crucificado del Gárgano revive, entonces, en el altar,
uno después del otro, los últimos instantes del Crucificado del Gólgota.
- ¿Quién grita: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!?
- Los hijos de los hombres, y principalmente los más
beneficiados.
- Durante la Misa ¿los pinchazos de la corona de espinas y las
heridas de la flagelación son reales?
- ¿Qué quieres decir con esto? Los efectos ciertamente son
los mismos.
- ¿Cómo quedó Jesús después de la flagelación?
- El profeta lo relata: «era una sola llaga; parecía un leproso»
(Cf. Is 53,3-5).
34
Preparación remota
- Entonces, ¿también Usted es una sola llaga desde la cabeza
a los pies?
- ¿Y no es esta nuestra gloria? Y si no hubiera más espacio
para hacer otras llagas en mi cuerpo, haríamos una llaga sobre
la otra.
- ¡Dios mío, esto es demasiado! Es, Padre mío, ¡un verdadero
carnicero de Usted mismo!
- No te espantes, más bien goza. No deseo el sufrimiento en
sí mismo, no; sino por los frutos que me da. Da gloria a Dios y
salva a los hermanos. ¿Qué otra cosa puedo desear?
- Padre, cuando a la noche se flagela, ¿está solo o alguien lo
asiste?
- Me asiste la Virgen santa; está presente todo el Paraíso.
Sabemos de la venda usada por el Padre Pio para secar la sangre que
salía de su cabeza. Se encuentra totalmente manchada de sangre: la corona
de espinas, diadema sublime, regalo de Jesús al Padre Pio, es un segundo
documento preciosísimo que debemos analizar detenidamente.
- Jesús me ha hecho sentir que Usted sufre la corona de
espinas.
- De otro modo la inmolación no sería completa.
- ¿Durante toda la Misa?
- Y también antes y después. La diadema no se abandona
jamás.
- Con la coronación de espinas, ¿qué pecados expió Jesús?
- Todos. En particular los de pensamiento, sin excluir aque-
llos vanos e inútiles.
35
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
- Las espinas, Padre, ¿las tiene sobre la frente o alrededor de
toda la cabeza?
- Alrededor de toda la cabeza.
- Padre, ¿de cuántas espinas está formada su corona… de
treinta?
- ¡Pues sí!
- Padre, yo pienso que su corona está formada no por treinta
sino por trecientas espinas.
- ¡Te impresionas por un cero! ¿Finalmente el treinta no está
contenido en el trecientos?
- Padre, ¿también Usted sufre aquello que sufrió Jesús en la
Vía dolorosa?
- Lo sufro, sí, ¡pero es necesario mucho para llegar a aquello
que sufrió el Divino Maestro!
- ¿Quién le hace de Cireneo y de Verónica?
- Jesús mismo.
- ¿Sufre, Padre, la amargura de la hiel?
- Sí... y muy a menudo.
- Padre, ¿cómo se mantiene en pie en el altar?
- Como lo hizo Jesús sobre la cruz.
- ¿En el altar está suspendido sobre la cruz como Jesús en el
Calvario?
- ¿Y todavía lo preguntas?
- ¿Cómo hace para mantenerse allí?
- Como lo hizo Jesús en el Calvario.
36
Preparación remota
- ¿Los verdugos dieron vuelta la cruz para remachar los
clavos?
- ¡Por supuesto!
- ¿También a Usted le remachan los clavos?
- ¡Y de qué modo!
- ¿También a Usted le dan vuelta la cruz?
- Sí, pero no tengas miedo.
- ¿Padre, recita también Usted durante la Santa Misa las siete
palabras que Jesús profirió en la cruz?
- Sí, indignamente, las recito también yo.
- ¿Y a quién decís: «Mujer, he aquí a tu hijo»?
- Le digo a Ella: He aquí los hijos de tu Hijo.
e. La consagración representa místicamente la cru-
cifixión del Señor. Es allí que nosotros ofrecemos el sacrificio
redentor.
Durante la consagración, el Estigmatizado del Gárgano, representaba tan
vivamente, entre sollozos y lágrimas, en medio de un dolor indescriptible, la
divina tragedia del Calvario, que dejaba transfigurar en su carne traspasada,
el gigantesco martirio de Jesús crucificado.
- ¿En qué momento de la Misa sufre la flagelación?
- Desde el principio al fin, pero más intensamente después de
la consagración.
- ¿Sufre la sed y el abandono de Jesús?
- Sí.
- ¿En qué momento sufre la sed y el abandono?
- Después de la consagración.
37
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
- ¿Hasta qué momento sufre el abandono y la sed?
- Ordinariamente hasta la comunión.
- ¿Jesús crucificado tenía las entrañas consumidas?
- Di más bien: ¡abrasadas!
- ¿De qué cosa tenía sed Jesús crucificado?
- Del Reino de Dios.
La misma sed incendiaba el alma del Padre Pio. Eran horas, estas, extre-
madamente áridas. Ni siquiera una astillita de consolación caía en el corazón
abrasado del Padre Pio.
- Me ha dicho que se avergüenza de decir: «Busqué en vano
quién me consolase» (Cf. Sl 69,21). ¿Por qué?
- Porque de frente a aquello que sufrió Jesús, nuestros pade-
cimientos, como verdaderos culpables que somos, empalidecen.
- ¿De frente a quién se avergüenza?
- De frente a Dios y a mi conciencia.
- ¿Los ángeles del Señor no lo confortan sobre el altar en el
cual se inmola?
- …yo no los siento.
- Si el consuelo no desciende en su espíritu durante el Divino
Sacrificio, y Usted al igual que Jesús, sufre el abandono total,
nuestra presencia es inútil.
- La utilidad está de parte de ustedes. ¡Deberíamos entonces
decir inútil la presencia de la Dolorosa, de Juan y de las piado-
sas mujeres a los pies de Jesús agonizante!
- ¿Por qué, Padre, no nos cede un poco de su pasión?
- Las joyas del Esposo no se regalan a nadie.
38
Preparación remota
- Dígame, ¿qué puedo hacer para aliviar un poco su calvario?
- ¡¿Aliviarlo?!... Di más bien para hacerlo más pesado. ¡Es
necesario sufrir!
- ¡Es doloroso asistir a su martirio sin poder ayudarlo!
- También la Dolorosa tuvo que estar presente. Para Jesús,
en verdad, fue más confortante tener una Madre doliente, que
una indiferente.
- ¿Qué hacía la Virgen a los pies de Jesús crucificado?
- Sufría al ver sufrir a su Hijo. Ofrecía sus penas y los dolores
de Jesús al Padre celestial por nuestra salvación.
- No se lo pido por curiosidad: ¿Cuál es la llaga que más lo
hace sufrir?
- La cabeza y el corazón.
Aquello que el Padre Pio ofrece en la celebración de la Santa Misa es
proporcional a aquello que sufre.
- ¿Por qué sufre tanto en la consagración?
- Porque propiamente allí sucede una nueva y admirable des-
trucción y creación.
- [En otra oportunidad] Dígamelo, ¿por qué sufre tanto en la
consagración?
- Los secretos del Sumo Rey no se revelan sin quedar profana-
dos. ¿Me preguntas por qué sufro? No lagrimitas, sino más bien,
¡torrentes de lágrimas quisiera derramar! ¿No reflexionas en el
tremendo misterio? ¡Un Dios víctima de nuestros pecados!... ¡Y
nosotros somos sus carniceros!
39
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
f. La doxología corresponde al grito de Jesús: «Padre,
en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46). El sacrifi-
cio es entonces consumado y aceptado por el Padre. Los hom-
bres volvemos a estar unidos y es por eso que rezamos: «Padre
nuestro…».
g. La fracción del pan indica la muerte de Jesús y la
inmixtión su resurrección.
- ¿También Usted muere en la Santa Misa?
- Místicamente en la Santa Comunión.
- ¿Es por vehemencia de amor o de dolor que padece la
muerte?
- Por lo uno y por lo otro; pero más por amor.
- En la comunión padece la muerte: ¿Entonces deja de estar
al pie del altar?
- ¿Por qué? También Jesús estuvo muerto en el Calvario.
- Ha dicho, Padre, que en la comunión la víctima muere. ¿Lo
colocan en los brazos de María?
- De San Francisco.
No faltaba al Serafín del Gárgano la visión escatológica de la Eucaristía.
De hecho decía: «Si los Apóstoles con los ojos de la carne han visto tanta
gloria, ¿cuál será la gloria que veremos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando
se manifestará en el Paraíso?».
- ¿Qué unión tendremos en el Cielo con Jesús?
- ¡Eh!... La Eucaristía nos da una idea.
40
Preparación remota
h. La comunión es el momento supremo de la Pasión
de Jesús.
Encorvado sobre el altar y con las manos estrechadas al cáliz, teniendo
al Señor en el corazón, el Serafín de Pietrelcina, sin hacer caso del tiempo,
permanecía largos momentos con Jesús.
- ¿Qué es la Santa Comunión?
- Es pura misericordia interna y externa. Toda ella es un abra-
zo. Ruega a Jesús que se manifieste también sensiblemente.
- ¿Qué hace Jesús en la Comunión?
- Se deleita en su creatura.
- ¿La comunión es una incorporación?
- Es una fusión. Como dos cirios que se funden juntos y ya no
se distinguen.
- Cuando se une a Jesús en la Santa Comunión, ¿qué debemos
pedir al Señor?
- Que también yo sea otro Jesús, todo Jesús, siempre Jesús.
- ¿Por qué llora, Padre, cuando comulga?
- Si la Iglesia emite un grito: «Tú no despreciaste el útero de
la Virgen», hablando de la Encarnación, ¡¿qué decir de nosotros
miserables?!...
- ¿Incluso en la Comunión sufre?
- Es el punto culminante.
- Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos?
- Sí, pero son sufrimientos amorosos.
- En esta unión, ¿Jesús no lo consuela?
- Sí, ¡pero no deja de estar en la Cruz!
41
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
- ¿Cuánto ama a Jesús?
- El deseo es infinito, pero en la práctica ¡ay de mí!, diría que
cero, y me avergüenzo de ello.
i. La bendición final marca a los fieles con la cruz,
la cual es un signo distintivo y un escudo protector contra el
Maligno.
Terminaba la Misa, pero no se acababa en el corazón del Estigmatizado
del Gárgano el deseo de permanecer crucificado en el altar.
- ¿Desea celebrar más de una Misa al día?
- Si estuviera en mi poder no bajaría jamás del altar.
No pudiendo permanecer siempre enclavado en el altar, el Excepcio-
nal Liturgo transformaba su misma persona en altar con la intención de hacer
visible en todo momento la Pasión de Jesús.
- Me ha dicho que al altar lo lleva con Usted…
- Sí, se verifica entonces aquel dicho del Apóstol: «Llevando
en mí la mortificación de Jesús» (Cf. 2 Co 4,10); «estoy clavado
a la cruz» (Ga 2,19); «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (1 Co
9,27).
- Entonces tengo razón al decir que en medio nuestro camina
Jesús crucificado. ¡Usted la sufre entera la Pasión de Jesús!
- Sí... por su bondad y condescendencia, en la medida en que
es posible a una humana creatura.
- ¿Y cómo puede trabajar con tantos dolores?
- Yo encuentro mi descanso en la cruz.
42
Preparación remota
j. La Virgen asiste a cada Misa.
- Padre, ¿cómo debemos escuchar la Santa Misa?
- Del mismo modo que asistieron a ella la Santísima Virgen
y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eu-
carístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.
- ¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa?
- ¿Y piensas tú que la «Mamma» no se interesa del Hijo?
¡Grande, muy grande, infinitamente grande es el
misterio de la Santa Misa!
– Es una ayuda muy importante recibir todos los días un pen-
samiento para la Misa diaria, suscribiéndose gratis haciendo clic
en: Apostolado de la Santa Misa Diaria correo@sancta-missa-
[Link]
– Ayudarse para mejor participar con algún Misal.
2. Un posible plan para 10 meses
Tomo un libro de mi autoría para poner el ejemplo porque,
obviamente, lo conozco muy bien, pero cada uno puede tomar el
libro sobre la Eucaristía que le parezca, con tal que sea de buena
doctrina.
1er. Mes.
Proemio 13
1. Dios 13
2. Santísima Triidad 14
3. Por Cristo, con Él y en Él 15
4. El monumento vivo del amor de Dios 18
5. Sublimidad de la Santa Misa 26
43
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
6. El mundo sacramental 27
7. Liturgia vívida y vivida 32
Introducción 37
Rito de introducción 39
1. La entrada del celebrante 39
2. Veneración al altar 40
3. Saludo a la comunidad cristiana 40
4. Rito penitencial 41
5. Kyrie 41
6. Gloria 41
7. La oración colecta 42
2º mes.
Liturgia de la Palabra 43
Liturgia de la Palabra 45
3º mes.
Liturgia de la Eucaristía 51
Presentación y ofrenda de los dones 53
Capítulo 1º. Materia del sacrificio 53
1. Hubo quienes usaron otras materias 55
2. Conveniencias 57
3. ...y un poco de agua 58
Capítulo 2º. Nuestro ofrecimiento 61
1. Lo que somos 62
2. Lo que hay que sacrificar 62
3. Lo que debemos hacer para poner «el alma» 63
Capítulo 3º. Creación e Historia 65
4º mes.
Plegaria eucarística 69
Capítulo 1º. Prefacio 70
44
Preparación remota
Capítulo 2º. Epíclesis 70
Capítulo 3º. La consagración 76
A. Es el corazón de la Misa 76
B. Anunciamos la muerte del Señor 77
1. ¿Por qué es esto así? 77
2. ¿Por qué es necesaria la doble consagración? 78
3. ¿Por qué primero se consagra el pan? 79
4. ¿Por qué en segundo lugar se consagra el vino? 79
5. La Misa es un sacrificio sacramental 80
5º mes.
Artículo 1º. Presencia en el Sacramento 82
Párrafo 1º. Presencia verdadera 83
Párrafo 2º. Presencia real 83
Párrafo 3º. Presencia sustancial 84
Párrafo 4º. De la Transustanciación 85
Párrafo 5º. Omnipotencia de Dios 88
Párrafo 6º. Cuerpo y Sangre en el Ordinario 90
1. Encontramos en el Ordinario de la Misa del
rito latino 91
2. Vayamos al rito bizantino 93
3. En el rito copto encontramos el mismo
fenómeno 93
Párrafo 7º. Razones del doble modo de presencia 96
1. ¿Por qué se pone este segundo modo de
presencia del Señor en la Eucaristía? 97
2. Los dos modos de presencia 98
3. La conversión no puede ser, de ningún modo,
ni del alma ni de la divinidad 99
4. Por fuerza del sacramento no se contiene
45
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
la Sangre bajo la especie de pan, ni el Cuerpo
bajo la de vino 100
5. Doble razón de la doble consagración 101
Artículo 2º. El sacrificio de Jesucristo 102
Párrafo 1º. Representación 104
1. ¿Qué es representar en sentido profano? 104
2. ¿Qué es representación en el Antiguo Testamento? 105
3. ¿Qué es representación en el Nuevo Testamento,
en el sacrificio de la Nueva Alianza, en la Misa? 105
Párrafo 2º. Santificación o consagración 110
1. Santificación o consagración de la víctima 110
2. Santificación y consagración de Cristo 113
3. Santificación y consagración de la víctima 114
Párrafo 3º. «Él toma de la muerte lo que puede» 115
1. ¿Qué cosas toma de la muerte? 115
2. ¿Qué cosas toma de la muerte? 118
Párrafo 4º. Memorial 120
1. Distintos tipos de memorial 121
2. El memorial de la consagración 123
3. La inmolación 123
4. La oblación 129
5. Los bautizados ofrecen la Víctima 130
6. En todas las Misas 130
Párrafo 5º. Aplicación 131
1. ¿Qué es la aplicación? 132
2. La cruz y la Misa 133
3. Un solo sacrificio 135
4. Un solo sacrificio, que se perpetúa 135
5. La causa universal de salvación y su aplicación 137
46
Preparación remota
6. Dos actos deben poner los hombres 140
7. Son dos los actos que deben unirse 143
Párrafo 6º. La esencia del sacrificio de la Misa 144
1. En la última Cena 145
2. En la muerte 147
3. Después de la Resurrección 149
4. El nuevo misterio del Nuevo Testamento 149
6º mes.
Artículo 3º. El Sacerdocio de Cristo 154
Párrafo 1º. Jesucristo, Sacerdote principal 154
1. Los Santos Padres nos enseñan que Cristo es
el Sacerdote principal de la Misa 155
2. La Iglesia en su Magisterio nos
lo recuerda 156
3. La ciencia teológica
lo fundamenta 157
Párrafo 2º. El oferente ministerial 159
1. Lo enseña la Sagrada Escritura 161
2. Lo enseñaron los Santos Padres 161
3. Lo enseña la Sagrada Liturgia 162
4. Lo enseña la razón teológica 162
5. Modernas opiniones erróneas 163
6. Esas opiniones se refutan así 165
Párrafo 3º. El oferente bautismal 168
A. El oferente general 169
1. ¿Cómo es posible que todo bautizado ofrezca
todas y cada una de las Misas que se celebran? 169
2. ¿Cuáles son las razones teológicas de esta
enseñanza? 171
47
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
B. El oferente especial 174
1. ¿Por qué pueden y deben los que asisten
a la Misa ofrecer la Víctima del altar? 175
2. ¿Cuándo debe comenzar la actitud ofertorial? 176
3. ¿Cuándo se ofrece, de hecho, la Víctima
inmolada? 176
4. ¿Cuándo se explicita la oblación con palabras? 176
5. ¿Por qué dice el sacerdote: «Orad, hermanos,
para que este sacrificio mío y vuestro»? 179
6. ¿Cuándo llega a su plenitud el ofrecimiento
de la Víctima divina y de nosotros junto
con Ella? 179
7. ¿Cómo debe ser la actuación en el sacrificio
incruento? 180
Párrafo 4º. Concorpóreos, consanguíneos,
convictimados, cooferentes y conaceptados
con Cristo 181
Párrafo 5º. «Amor sacerdos immolat» 187
1. Immolat 188
2. Sacerdos 190
3. Amor 191
Artículo 4º. Tres actos de un solo drama 193
Párrafo 1º. En la Misa 193
Párrafo 2º. En la Cruz 199
Párrafo 3º. En la Cena 201
Párrafo 4º. Tradición y Magisterio 202
7º mes.
Artículo 5º. Tres Protagonistas… (y María) 206
Párrafo 1º. El Hijo hecho carne: Jesucristo 207
48
Preparación remota
Párrafo 2º. El Espíritu Santo 208
Párrafo 3º. El Padre 209
Párrafo 4º. La Misa y la Virgen 218
Artículo 6º. Tres niveles 220
Párrafo 1º. Realidad interactiva 222
1. Los actores o agentes 223
2. Las funciones 223
3. Las fuerzas 224
4. Los objetos 225
5. Tres mundos que interactúan 226
Párrafo 2º. Cosas inertes y cosas vivas en la Misa 227
Artículo 7º. Triple signo 231
Párrafo 1º. Rememorativo 232
Párrafo 2º. Demostrativo 233
Párrafo 3º. Profético 235
Artículo 8º. Tres instancias 237
Párrafo 1º. Los sacramentos y las tres instancias 237
Párrafo 2º. La Eucaristía y las tres instancias 239
Párrafo 3º. Más sobre las tres instancias 242
Párrafo 4º. Genialidad de este don de Dios 244
Artículo 9º. Tres fines 246
Párrafo 1º. Latréutico 247
1. Sólo a Dios se debe sacrificar 247
2. Sólo a Dios se debe adorar 249
Párrafo 2º. Eucarístico 253
1. Introducción 253
2. Los hombres y mujeres necesitan dar gracias
a Dios 254
3. Jesús nos dio ejemplo 255
49
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
4. La acción de gracias por excelencia 256
5. Y así instituyó la Misa Jesucristo 257
Párrafo 3º. Propiciatorio e Impetratorio 259
A. Propiciatorio 259
1. Ideas sobre el tema en la Biblia 260
2. Lo quiso Cristo al instituir la Eucaristía 261
3. Lo recuerdan los Santos Padres 261
4. Lo enseña el Magisterio 262
5. Nos lo recuerda la liturgia 263
6. Lo demuestra la Teología 263
B. Impetratorio 267
1. La oración de petición es alabada por la Iglesia 267
2. ¡Con mucha mayor razón es alabada la oración
de petición en la Misa! 269
Artículo 10º. Dos clases de hombres 272
Párrafo 1º. El sacrificio eucarístico se ofrece por
todos los vivientes 273
Párrafo 2º. El sacrificio de la Misa se ofrece,
también, por todos los fieles difuntos 279
La doxología final 281
8º mes.
Comunión 283
Capítulo 1º. El Padre nuestro 283
1. El Padre nuestro 283
2. El rito de la paz 284
Capítulo 2º. Fracción del pan 285
1. Otra fracción, pero pequeña 288
2. Inmixtión o mezcla (o conmixtión) 288
50
Preparación remota
3. Unidad del sacramento bajo las dos especies 290
4. La grandeza de la Misa 291
9º mes.
Capítulo 3º. La comunión 292
Artículo 1º. Confiere el aumento de la gracia 292
Párrafo 1º. Por la presencia de Cristo 292
Párrafo 2º. Por ser representación de la Pasión 293
Párrafo 3º. Comunión, participación de la víctima
del Sacrificio 294
1. La Comunión Eucarística 294
2. Víctima del Sacrificio de la Cruz 295
3. Nuestro precio 296
Párrafo 4º. La Eucaristía es alimento que sostiene,
aumenta y deleita 297
1. Sustenta 297
2. Aumenta 298
3. Deleita 299
Artículo 2º. Signo de unidad 301
Artículo 3°. Causa la unidad 303
10º mes.
Artículo 4º. ¿Cómo es que nos incorporamos
a Cristo? 304
Artículo 5º. La Eucaristía, fin y principio de todos
los sacramentos 305
Artículo 6º. Consumación de los otros sacramentos 308
Artículo 7º. La Eucaristía, principio vivificante
de los otros sacramentos 309
Artículo 8º. Causa el que alcancemos la gloria 311
Artículo 9º. La resurrección, efecto de
51
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
la Eucaristía 313
Artículo 10º. La Eucaristía da la vida eterna 314
Artículo 11º. La Comunión frecuente 315
Rito de conclusión 317
Rito de despedida 319
3. Ministerios litúrgicos3
Los ministros litúrgicos deben prepararse muy bien para ejer-
cer correctamente su ministerio y ser modelos de participación
litúrgica.
a. Ministros con el sacramento del Orden, por el que parti-
cipa del sacerdocio ministerial de Cristo.4
Obispo
Presbítero
Diácono
b. Ministros instituidos, los habilitados para determinadas
acciones litúrgicas mediante un rito no perteneciente al sacra-
mento del Orden.
Acólito instituido con rito específico.
Lector instituido con rito específico.
Ministro extraordinario de la Eucaristía.
c. Otros ayudantes (ministros de facto).
Sacristán.
Organista.
3 Seguimos libremente a Juan Antonio Abad Ibáñez, La celebración del misterio
cristiano, EUNSA Pamplona 1996, p. 117-122; Ordenación General del Misal Ro-
mano (OGMR), 46-50.
4 OGMR 46-50.
52
Preparación remota
Maestro de ceremonias (bajo la aprobación del sacer-
dote qu preside: organiza las partes fijas y elegibles del canto,
es reponsable del sonido, iluminación y ornamentación, de las
versiones por televisión y radio, etc.). Para las Misas con mucha
participación de fieles puede delegar parte de su trabajo en los
cuatro grupos siguientes:
Encargado de los Lectores,
Encargado de los laicos que leen las Intenciones de los
fieles,
Encargado de la procesión del ofertorio y
Encargado de los ministros de la Eucaristía.
Acólitos no instituidos o monaguillos.
Lectores no instituidos.
Ministros que llevan: Cruz, cirios, incienso, naveta y las
materias del sacrificio.
Director del coro.
Cantores o coro (schola).
Salmista.
Guionista o comentarista.
Ostiarios los que reciben a los fieles y los acomodan (Pue-
den ordenar las procesiones).
Encargados de las colectas.
d. Los fieles cristianos laicos, el bautismo los hace aptos para
ofrecerse a sí mismos junto con la Víctima divina, por manos y
juntos, al sacerdote ministerial.
«En la celebración de la Misa, los fieles hacen presente la
nación santa, el pueblo adquirido y el sacerdocio real, para dar
53
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
gracias a Dios y para ofrecer la víctima inmaculada, no sólo por
manos del sacerdote, sino juntamente con él, y para aprender a
ofrecerse a sí mismos5. Procuren, pues, manifestar esto por me-
dio de un profundo sentido religioso y por la caridad hacia los
hermanos que participan en la misma celebración.
Por lo cual, eviten toda apariencia de singularidad o de divi-
sión, teniendo presente que tienen en el cielo un único Padre, y
por esto, todos son hermanos entre sí»6.
«Formen, pues, un solo cuerpo, al escuchar la Palabra de Dios,
al participar en las oraciones y en el canto, y principalmente en
la común oblación del sacrificio y en la común participación de
la mesa del Señor. Esta unidad se hace hermosamente visible
cuando los fieles observan comunitariamente los mismos gestos
y posturas corporales»7.
5 Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacro-
sanctum Concilium, núm. 48; Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharis-
ticum mysterium,día 25 de mayo de 1967, núm. 12: A.A.S. 59 (1967) págs. 548-549.
6 OGMR, 95.
7 Ibid., 96.
54
4. Naturaleza de la vida consagrada
1. La Santísima Trinidad
a. La vida consagrada es manifestación de la Trinidad
El misterio mismo de la vida consagrada está anclado en el
misterio mismo de la Santísima Trinidad. Ciertamente que lo
encontramos en muchos textos de la Sagrada Escritura, pero
desde la misma eternidad está anclado a fuego en la Trinidad.
Como lo expresa claramente San Juan Pablo II en la Exhortación
apostólica Vita consecrata (en adelante, VC): La vida consagrada
«realiza por un título especial aquella confessio Trinitatis que
caracteriza toda la vida cristiana, reconociendo con admiración
la sublime belleza de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y testi-
moniando con alegría su amorosa condescendencia hacia cada
ser humano»1.
En efecto, en la misma confesión de la Trinidad lo encontra-
mos presente: «El misterio de la forma de vida de Cristo, pobre,
casto y obediente, es revelador del misterio de su pertenencia al
misterio de la Santísima Trinidad»2. Es en la Trinidad dónde nace
la vida consagrada.
Ésta es la afirmación central de la Exhortación Vita conse-
crata, viendo el corazón de la vida consagrada en el misterio
del Único Dios en tres Personas, ya que la naturaleza de la vida
consagrada es como confesión, manifestación y testimonio de la
Trinidad.
1 VC, 16.
2 Velasio De Paolis, La vida consagrada en la Iglesia, BAC Madrid 2011, p. 17-33;
seguimos libremente este brillante trabajo.
55
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Jesús pobre, obediente y casto se muestra clamorosamente en
la práctica de los consejos evangélicos como manifestación de
la Trinidad.
De ahí se derivan tres aspectos importantes.
La forma de vida de Jesús revela el misterio de la se-
gunda Persona de la Trinidad y el misterio de la existencia
cristiana.
El Hijo de Dios ha asumido en su Persona la naturaleza huma-
na para revelarnos el misterio de Dios: «Su forma de vida casta,
pobre y obediente, aparece como el modo más radical de vivir
el Evangelio en esta tierra, un modo –se puede decir- divino,
porque es abrazado por Él, Hombre-Dios, como expresión de su
relación de Hijo Unigénito con el Padre y el Espíritu Santo»3.
Él, al venir en el tiempo al seno de la Santísima Virgen, ma-
nifiesta su condición filial, su total pertenencia como Hijo con
relación al Padre y su perfecta obediencia al Espíritu del Padre.
«La referencia de los consejos evangélicos a la Trinidad santa y
santificante revela su sentido más profundo...son expresión del
amor del Hijo al Padre en la unidad del Espíritu Santo. Al prac-
ticarlos, la persona consagrada vive con particular intensidad
el carácter trinitario y cristológico que caracteriza toda la vida
cristiana»4.
«A la luz de la consagración de Jesús, es posible descubrir en
la iniciativa del Padre, fuente de toda santidad, el principio ori-
ginario de la vida consagrada. En efecto, Jesús mismo es aquel
3 VC, 18.
4 Ibid., 21.
56
Naturaleza de la vida consagrada
que Dios « ungió con el Espíritu Santo y con poder» (He 10,38),
« aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo» (Jn
10,36). Acogiendo la consagración del Padre, el Hijo a su vez se
consagra a Él por la humanidad (cf. Jn 17,19): su vida de virgi-
nidad, obediencia y pobreza manifiesta su filial y total adhesión
al designio del Padre (cf. Jn 10,30; 14,11). Su perfecta oblación
confiere un significado de consagración a todos los aconteci-
mientos de su existencia terrena.
Él es el obediente por excelencia, bajado del cielo no para
hacer su voluntad, sino la de Aquel que lo ha enviado (cf. Jn
6,38; Heb 10,5.7). Él pone su ser y su actuar en las manos del
Padre (cf. Lc 2,49). En obediencia filial, adopta la forma del
siervo: «Se despojó de sí mismo tomando condición de siervo
[...], obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz » (Flp 2,7-8).
En esta actitud de docilidad al Padre, Cristo, aun aprobando y
defendiendo la dignidad y la santidad de la vida matrimonial,
asume la forma de vida virginal y revela así el valor sublime y
la misteriosa fecundidad espiritual de la virginidad. Su adhesión
plena al designio del Padre se manifiesta también en el desapego
de los bienes terrenos: «Siendo rico, por vosotros se hizo pobre
a fin de que os enriquecierais con su pobreza» (2 Co 8,9). La
profundidad de su pobreza se revela en la perfecta oblación de
todo lo suyo al Padre»5.
b. La vida consagrada en el misterio de la Trinidad y en
el misterio del Verbo encarnado
1. «Icono de Cristo transfigurado. El fundamento evan-
gélico de la vida consagrada se debe buscar en la especial re-
5 Ibid., 22.
57
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
lación que Jesús, en su vida terrena, estableció con algunos de
sus discípulos, invitándoles no sólo a acoger el Reino de Dios
en la propia vida, sino a poner la propia existencia al servicio
de esta causa, dejando todo e imitando de cerca su forma de
vida.
Tal existencia «cristiforme», propuesta a tantos bautizados a
lo largo de la historia, es posible sólo desde una especial voca-
ción y gracias a un don peculiar del Espíritu. En efecto, en ella
la consagración bautismal los lleva a una respuesta radical en
el seguimiento de Cristo mediante la adopción de los consejos
evangélicos, el primero y esencial entre ellos es el vínculo sa-
grado de la castidad por el Reino de los Cielos6.
Este especial «seguimiento de Cristo», en cuyo origen está
siempre la iniciativa del Padre, tiene pues una connotación esen-
cialmente cristológica y pneumatológica, manifestando así de
modo particularmente vivo el carácter trinitario de la vida cris-
tiana, de la que anticipa de alguna manera la realización escato-
lógica a la que tiende toda la Iglesia7.
En el Evangelio son muchas las palabras y gestos de Cristo
que iluminan el sentido de esta especial vocación. Sin embargo,
para captar con una visión de conjunto sus rasgos esenciales,
ayuda singularmente contemplar el rostro radiante de Cristo en
el misterio de la Transfiguración. A este «icono» se refiere toda
una antigua tradición espiritual, cuando relaciona la vida con-
6 Cf. Propositiones, 3, A y B.
7 Cf. ib., 3, C.
58
Naturaleza de la vida consagrada
templativa con la oración de Jesús «en el monte»8. Además, a
ella pueden referirse, en cierto modo, las mismas dimensiones
«activas» de la vida consagrada, ya que la Transfiguración no
es sólo revelación de la gloria de Cristo, sino también prepara-
ción para afrontar la cruz. Ella implica un «subir al monte» y un
«bajar del monte»: los discípulos que han gozado de la intimidad
del Maestro, envueltos momentáneamente por el esplendor de la
vida trinitaria y de la comunión de los santos, como arrebatados
en el horizonte de la eternidad, vuelven de repente a la realidad
cotidiana, donde no ven más que a «Jesús solo» en la humildad
de la naturaleza humana, y son invitados a descender para vivir
con Él las exigencias del designio de Dios y emprender con valor
el camino de la cruz»9.
Es de la vida de Jesús y del misterio de la Trinidad donde co-
bra dignidad y profundidad el seguimiento de Cristo en pobreza,
castidad y obediencia.
2. A Patre ad Patrem: es una iniciativa de Dios, que
viene del Padre y va al Padre. Es una vocación que nace del
Padre: «Este es el sentido de la vocación a la vida consagrada:
una iniciativa enteramente del Padre (cf. Jn 15,16), que exige de
aquellos que ha elegido la respuesta de una entrega total y ex-
8 Cf. Casiano: «Secessit tamen solus in montem orare, per hoc scilicet nos instruens
suae secessionis exemplo... ut similiter secedamus» (Conlat. 10, 6: PL 49, 827); S.
Jerónimo: «Et Christum quaeras in solitudine et ores solus in monte cum Iesu» (Ep.
ad Paulinum, 58, 4, 2: PL 22, 582); Guillermo de S. Therry: «(Vita solitaria) ab ipso
Domino familiarissime celebrata, ab eius discipulis ipso praesente concupita: cuius
transfigurationis gloriam cum vidissent qui cum eo in monte sancto erant, continuo
Petrus... optimum sibi iudicavit in hoc semper esse» (Ad fratres de Monte Dei, I, 1:
PL 184, 310).
9 VC, 14.
59
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
clusiva10. La experiencia de este amor gratuito de Dios es hasta
tal punto íntima y fuerte que la persona experimenta que debe
responder con la entrega incondicional de su vida, consagrando
todo, presente y futuro, en sus manos. Precisamente por esto,
siguiendo a santo Tomás, se puede comprender la identidad de la
persona consagrada a partir de la totalidad de su entrega, equi-
parable a un auténtico holocausto11»12. (De hólos =entero, todo;
y kaio= yo quemo. Nos recuerda la poesía de Francis Thompson,
El lebrel del cielo, cuando el protagonista quejándose a Dios le
dice: «Tú quemas el carbón con que dibujas», en la traducción
del Dr. Carlos A. Sáenz13).
3. Per Filium: siguiendo a Cristo. El Padre llama por me-
dio del Hijo: «En la mirada de Cristo (cf. Mc 10,21), «imagen de
Dios invisible» (Col 1,15), resplandor de la gloria del Padre (cf.
Heb 1,3), se percibe la profundidad de un amor eterno e infinito
que toca las raíces del ser14. La persona, que se deja seducir por
él, tiene que abandonar todo y seguirlo (cf. Mc 1,16-20; 2,14;
10,21.28). Como Pablo, considera que todo lo demás es «pérdida
ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús», ante el cual
no duda en tener todas las cosas «por basura para ganar a Cristo»
(Flp 3,8). Su aspiración es identificarse con Él, asumiendo sus
sentimientos y su forma de vida. Este dejarlo todo y seguir al Se-
10 Cf. Congregación para los religiosos y los institutos seculares, Instr. Essential
elementes in the Church’s teaching on religious life as applied to institutes dedicated
to works of the apostolate (31 de mayo de 1983), 5: Ench. Vat., 9. 184.
11 Cf. Summa Theologiae, II-II, q. 186, a. 1.
12 VC, 17.
13 Leonardo Castellani, El Evangelio de Jesucristo, Ed. Cristiandad Madrid 2011,
220.
14 Cf. Exhort. ap. Redemptionis Donum (25 de marzo de 1984), 3: AAS 76 (1984),
515-517.
60
Naturaleza de la vida consagrada
ñor (cf. Lc 18,28) es un programa válido para todas las personas
llamadas y para todos los tiempos»15.
4. In Spiritu: consagrados por el Espíritu Santo. «“Una
nube luminosa los cubrió con su sombra” (Mt 17,5). Una signifi-
cativa interpretación espiritual de la Transfiguración ve en esta
nube la imagen del Espíritu Santo16.
Como toda la existencia cristiana, la llamada a la vida con-
sagrada está también en íntima relación con la obra del Espíritu
Santo. Es Él quien, a lo largo de los milenios, acerca siempre
nuevas personas a percibir el atractivo de una opción tan compro-
metida. Bajo su acción reviven, en cierto modo, la experiencia del
profeta Jeremías: «Me has seducido, Señor, y me dejé seducir»
(Jer. 20,7). Es el Espíritu quien suscita el deseo de una respuesta
plena; es Él quien guía el crecimiento de tal deseo, llevando a su
madurez la respuesta positiva y sosteniendo después su fiel rea-
lización; es Él quien forma y plasma el ánimo de los llamados,
configurándolos a Cristo casto, pobre y obediente, y moviéndolos
a acoger como propia su misión. Dejándose guiar por el Espíritu
en un incesante camino de purificación, llegan a ser, día tras día,
personas cristiformes, prolongación en la historia de una especial
presencia del Señor resucitado»17.
5. Los consejos evangélicos, don de la Trinidad.
«Los consejos evangélicos son, pues, ante todo un don de la
Santísima Trinidad. La vida consagrada es anuncio de lo que el
15 VC, 18.
16 «Tota Trinitas apparuit: Pater in voce; Filius in homine; Spiritus in nube clara»:
S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae III, q. 45, a. 4, ad 2.
17 VC, 19.
61
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu, realiza con su amor, su
bondad y su belleza. En efecto, «el estado religioso [...] revela de
manera especial la superioridad del Reino sobre todo lo creado y
sus exigencias radicales. Muestra también a todos los hombres la
grandeza extraordinaria del poder de Cristo Rey y la eficacia infi-
nita del Espíritu Santo, que realiza maravillas en su Iglesia18»19.
6. El reflejo de la vida trinitaria en los consejos.
«...Por tanto, la vida consagrada está llamada a profundizar
continuamente el don de los consejos evangélicos con un amor
cada vez más sincero e intenso en dimensión trinitaria: amor a
Cristo, que llama a su intimidad; al Espíritu Santo, que dispone
el ánimo a acoger sus inspiraciones; al Padre, origen primero y
fin supremo de la vida consagrada20. De este modo se convierte
en manifestación y signo de la Trinidad, cuyo misterio viene
presentado a la Iglesia como modelo y fuente de cada forma de
vida cristiana.
La misma vida fraterna, en virtud de la cual las personas con-
sagradas se esfuerzan por vivir en Cristo con «un solo corazón y
una sola alma» (He 4,32), se propone como elocuente manifesta-
ción trinitaria. La vida fraterna manifiesta al Padre, que quiere
hacer de todos los hombres una sola familia; manifiesta al Hijo
encarnado, que reúne a los redimidos en la unidad, mostrando
el camino con su ejemplo, su oración, sus palabras y, sobre todo,
con su muerte, fuente de reconciliación para los hombres dividi-
18 Concilio Ecuménico Vaticano II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia,
44.
19 VC, 20.
20 Cf. Discurso en la audiencia general (9 de noviembre de 1994), 4: L’Osservatore
Romano, edición semana en lengua española, 11 de noviembre de 1994, 3.
62
Naturaleza de la vida consagrada
dos y dispersos; manifiesta al Espíritu Santo como principio de
unidad en la Iglesia, donde no cesa de suscitar familias espiritua-
les y comunidades fraternas»21.
7. Fidelidad al carisma.
«En el seguimiento de Cristo y en el amor hacia su persona
hay algunos puntos sobre el crecimiento de la santidad en la vida
consagrada que merecen ser hoy especialmente evidenciados.
Ante todo se pide la fidelidad al carisma fundacional y al con-
siguiente patrimonio espiritual de cada Instituto. Precisamente
en esta fidelidad a la inspiración de los fundadores y fundadoras,
don del Espíritu Santo, se descubren más fácilmente y se reviven
con más fervor los elementos esenciales de la vida consagrada.
En efecto, cada carisma tiene, en su origen, una triple orienta-
ción: hacia el Padre, sobre todo en el deseo de buscar filialmente
su voluntad mediante un proceso de conversión continua, en el
que la obediencia es fuente de verdadera libertad, la castidad ma-
nifiesta la tensión de un corazón insatisfecho de cualquier amor
finito, la pobreza alimenta el hambre y la sed de justicia que
Dios prometió saciar (cf. Mt 5,6). En esta perspectiva el carisma
de cada Instituto animará a la persona consagrada a ser toda de
Dios, a hablar con Dios o de Dios, como se dice de santo Domin-
go22, para gustar qué bueno es el Señor (cf. Sal 33-34, 9) en todas
las situaciones.
Los carismas de vida consagrada implican también una orien-
tación hacia el Hijo, llevando a cultivar con Él una comunión de
21 VC, 21.
22 Cf. Libellus de principiis Ordinis Praedicatorum. Acta Canonizationis Sancti
Dominici: Monumenta Ordinis Praedicatorum historica 16 (1935), 30.
63
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
vida íntima y gozosa, en la escuela de su servicio generoso de
Dios y de los hermanos. De este modo, «la mirada progresiva-
mente cristificada, aprende a alejarse de lo exterior, del torbellino
de los sentidos, es decir, de cuanto impide al hombre la levedad
que le permitiría dejarse conquistar por el Espíritu»23, y posibilita
así ir a la misión con Cristo, trabajando y sufriendo con Él en la
difusión de su Reino.
Por último, cada carisma comporta una orientación hacia el
Espíritu Santo, ya que dispone la persona a dejarse conducir y
sostener por Él, tanto en el propio camino espiritual como en la
vida de comunión y en la acción apostólica, para vivir en aquella
actitud de servicio que debe inspirar toda decisión del cristiano
auténtico.
En efecto, esta triple relación emerge siempre, a pesar de las
características específicas de los diversos modelos de vida, en
cada carisma de fundación, por el hecho mismo de que en ellos
domina «una profunda preocupación por configurarse con Cristo
testimoniando alguno de los aspectos de su misterio»24, aspecto
específico llamado a encarnarse y desarrollarse en la tradición
más genuina de cada Instituto, según las Reglas, Constituciones
o Estatutos25»26.
23 Carta ap. Orientale Lumen (2 de mayo de 1995), 12: AAS 87 (1995), 758.
24 Congregación para los religiosos e institutos seculares y Congregación para los
Obispos, Criterios pastorales sobre relaciones entre obispos y religiosos en la Igle-
sia Mutuae Relationes (14 de mayo de 1978), 51: AAS 70 (1978), 500.
25 Cf. Propositio 26.
26 VC, 36.
64
Naturaleza de la vida consagrada
c. Sentido trinitario de la vida consagrada
«La referencia de los consejos evangélicos a la Trinidad san-
ta y santificante revela su sentido más profundo. En efecto, son
expresión del amor del Hijo al Padre en la unidad del Espíritu
Santo. Al practicarlos, la persona consagrada vive con particu-
lar intensidad el carácter trinitario y cristológico que caracteriza
toda la vida cristiana.
La castidad de los célibes y de las vírgenes, en cuanto ma-
nifestación de la entrega a Dios con corazón indiviso (cf. 1 Cor
7,32-34), es el reflejo del amor infinito que une a las tres Personas
divinas en la profundidad misteriosa de la vida trinitaria; amor
testimoniado por el Verbo encarnado hasta la entrega de su vida;
amor «derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo»
(Rm 5,5), que anima a una respuesta de amor total hacia Dios y
hacia los hermanos.
La pobreza manifiesta que Dios es la única riqueza verdadera
del hombre. Vivida según el ejemplo de Cristo que «siendo rico,
se hizo pobre» (2 Cor 8,9), es expresión de la entrega total de sí
que las tres Personas divinas se hacen recíprocamente. Es don
que brota en la creación y se manifiesta plenamente en la Encar-
nación del Verbo y en su muerte redentora.
La obediencia, practicada a imitación de Cristo, cuyo alimen-
to era hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4,34), manifiesta la belle-
za liberadora de una dependencia filial y no servil, rica de sentido
de responsabilidad y animada por la confianza recíproca, que es
65
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
reflejo en la historia de la amorosa correspondencia propia de las
tres Personas divinas»27.
2. La vida consagrada en el misterio de Cristo
La vida consagrada por los consejos evangélicos alcanza su
sentido en una especial relación de amistad con Jesús ya que re-
produce en el tiempo su forma de vida. Esto exige una especial
transformación interior, un compromiso de identificación inte-
rior con Jesús, en un proceso totalizante que debe llevar a la plena
adhesión y conformación con Jesús.
a. La vida consagrada tiene su sentido en una particular
relación con Jesús
Así se nos enseña: «Con la profesión de los consejos evangé-
licos los rasgos característicos de Jesús —virgen, pobre y obe-
diente— tienen una típica y permanente «visibilidad» en medio
del mundo, y la mirada de los fieles es atraída hacia el misterio
del Reino de Dios que ya actúa en la historia, pero espera su ple-
na realización en el cielo»28. Es su fundamento: «El fundamento
evangélico de la vida consagrada se debe buscar en la especial
relación que Jesús, en su vida terrena, estableció con algunos de
sus discípulos, invitándoles no sólo a acoger el Reino de Dios en
la propia vida, sino a poner la propia existencia al servicio de esta
causa, dejando todo e imitando de cerca su forma de vida»29.
b. La vida consagrada es la forma de la vida de Jesús
El proyecto de vida de Jesús, de entrega total al Padre y a la
misión, se ha realizado en una forma particular de vida, que la
27 VC, 21.
28 Ibid., 1.
29 Ibid., 14.
66
Naturaleza de la vida consagrada
Iglesia califica como una forma de vida en la virginidad, la po-
breza y la obediencia, como expresión de su total pertenencia al
Padre. Esa forma es principalmente interna, pero se manifiesta al
exterior: el estilo de vida determinado que revela el interior.
«...Mediante la profesión de los consejos evangélicos la perso-
na consagrada no sólo hace de Cristo el centro de la propia vida,
sino que se preocupa de reproducir en sí mismo, en cuanto es po-
sible, «aquella forma de vida que escogió el Hijo de Dios al venir
al mundo»30. Abrazando la virginidad, hace suyo el amor virginal
de Cristo y lo confiesa al mundo como Hijo unigénito, uno con
el Padre (cf. Jn 10,30; 14,11); imitando su pobreza, lo confiesa
como Hijo que todo lo recibe del Padre y todo lo devuelve en el
amor (cf. Jn 17,7.10); adhiriéndose, con el sacrificio de la propia
libertad, al misterio de la obediencia filial, lo confiesa infinita-
mente amado y amante, como Aquel que se complace sólo en la
voluntad del Padre (cf. Jn 4,34), al que está perfectamente unido
y del que depende en todo»31.
c. La vida consagrada es adhesión que configura con
Cristo
«A la vida consagrada se confía la misión de señalar al Hijo
de Dios hecho hombre como la meta escatológica a la que todo
tiende, el resplandor ante el cual cualquier otra luz languidece,
la infinita belleza que, sola, puede satisfacer totalmente el cora-
zón humano. Por tanto, en la vida consagrada no se trata sólo de
seguir a Cristo con todo el corazón, amándolo «más que al padre
o a la madre, más que al hijo o a la hija» (cf. Mt 10,37), como se
30 Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 44.
31 VC, 16.
67
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
pide a todo discípulo, sino de vivirlo y expresarlo con la adhesión
«conformadora» con Cristo de toda la existencia, en una tensión
global que anticipa, en la medida posible en el tiempo y según los
diversos carismas, la perfección escatológica»32.
«Su aspiración es identificarse con Él, asumiendo sus senti-
mientos y su forma de vida. Este dejarlo todo y seguir al Señor
(cf. Lc 18,28) es un programa válido para todas las personas lla-
madas y para todos los tiempos.
Los consejos evangélicos, con los que Cristo invita a algunos
a compartir su experiencia de virgen, pobre y obediente, exigen
y manifiestan, en quien los acoge, el deseo explícito de una total
conformación con Él»33.
«...Su forma de vida casta, pobre y obediente, aparece como
el modo más radical de vivir el Evangelio en esta tierra, un modo
—se puede decir— divino, porque es abrazado por Él, Hombre-
Dios, como expresión de su relación de Hijo Unigénito con el
Padre y con el Espíritu Santo. Este es el motivo por el que en la
tradición cristiana se ha hablado siempre de la excelencia objeti-
va de la vida consagrada»34.
d. El seguimiento de Jesús en su forma de vida tiene un
carácter totalizante
Seguir a Jesús en su forma de vida supone la entrega de la pro-
pia vida al Señor, de modo que Él pueda continuar en el tiempo
su forma de vida pobre, casta y obediente.
32 Ibid.
33 Ibid., 18.
34 Ibid.
68
Naturaleza de la vida consagrada
«Una experiencia singular de la luz que emana del Verbo
encarnado es ciertamente la que tienen los llamados a la vida
consagrada. En efecto, la profesión de los consejos evangélicos
los presenta como signo y profecía para la comunidad de los
hermanos y para el mundo; encuentran pues en ellos particu-
lar resonancia las palabras extasiadas de Pedro: «Bueno es es-
tarnos aquí» (Mt 17,4). Estas palabras muestran la orientación
cristocéntrica de toda la vida cristiana. Sin embargo, expresan
con particular elocuencia el carácter absoluto que constituye el
dinamismo profundo de la vocación a la vida consagrada: ¡qué
hermoso es estar contigo, dedicarnos a ti, concentrar de modo
exclusivo nuestra existencia en ti! En efecto, quien ha recibido la
gracia de esta especial comunión de amor con Cristo, se siente
como seducido por su fulgor: Él es «el más hermoso de los hijos
de Adán» (Sal 45-44,3), el Incomparable»35.
«Precisamente de esta especial gracia de intimidad surge,
en la vida consagrada, la posibilidad y la exigencia de la entrega
total de sí mismo en la profesión de los consejos evangélicos.
Estos, antes que una renuncia, son una específica acogida del
misterio de Cristo, vivida en la Iglesia»36.
«Este es el sentido de la vocación a la vida consagrada: una
iniciativa enteramente del Padre (cf. Jn 15,16), que exige de aque-
llos que ha elegido la respuesta de una entrega total y exclusiva37.
La experiencia de este amor gratuito de Dios es hasta tal punto
35 VC, 15.
36 Ibid., 16
37 Cf. Congregación para los religiosos y los institutos seculares, Instr. Essential
elementes in the Church’s teaching on religious life as applied to institutes dedicated
to works of the apostolate (31 de mayo de 1983), 5: Ench. Vat., 9. 184.
69
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
íntima y fuerte que la persona experimenta que debe responder
con la entrega incondicional de su vida, consagrando todo, pre-
sente y futuro, en sus manos. Precisamente por esto, siguiendo
a santo Tomás, se puede comprender la identidad de la persona
consagrada a partir de la totalidad de su entrega, equiparable a
un auténtico holocausto38»39.
e. La vida consagrada comporta una existencia
transfigurada
Para poder vivir la vida consagrada es necesario una trans-
formación interior. La misma lleva a un estilo de vida que brota
de los dinamismos interiores, lo que constituye el vivir según el
Espíritu Santo.
«Primer objetivo de la vida consagrada es el de hacer visibles
las maravillas que Dios realiza en la frágil humanidad de las
personas llamadas.
Más que con palabras, testimonian estas maravillas con el
lenguaje elocuente de una existencia transfigurada, capaz de sor-
prender al mundo. Al asombro de los hombres responden con el
anuncio de los prodigios de gracia que el Señor realiza en los
que ama. En la medida en que la persona consagrada se deja
conducir por el Espíritu hasta la cumbre de la perfección, puede
exclamar: «Veo la belleza de tu gracia, contemplo su fulgor y
reflejo su luz; me arrebata su esplendor indescriptible; soy empu-
jado fuera de mí mientras pienso en mí mismo; veo cómo era y
qué soy ahora. ¡Oh prodigio! Estoy atento, lleno de respeto hacia
mí mismo, de reverencia y de temor, como si fuera ante ti; no sé
38 Cf. Summa Theologiae, II-II, q. 186, a. 1.
39 VC, 17.
70
Naturaleza de la vida consagrada
qué hacer porque la timidez me domina; no sé dónde sentarme, a
dónde acercarme, dónde reclinar estos miembros que son tuyos;
en qué obras ocupar estas sorprendentes maravillas divinas»40.
De este modo, la vida consagrada se convierte en una de las
huellas concretas que la Trinidad deja en la historia, para que los
hombres puedan descubrir el atractivo y la nostalgia de la belle-
za divina»41. (Muchas de las expresiones de las fórmulas para la
profesión temporal y perpetua están tomadas de la Exhortación
Apostólica «Vita consecrata»42).
f. Vida de oración y de intercesión
En el ‘Padre nuestro’ se resume toda la mística. Decía San-
ta Teresa de Jesús de una religiosa que parecía que solo rezaba
vocalmente: «vi que asida al Paternóster, tenía pura contempla-
ción y la levantaba el Señor a juntarla consigo en unión»43. Y en
otro lugar: «Espántame ver que en tan pocas palabras está toda
la contemplación y perfección encerrada, que perece no hemos
menester otro libro, sino estudiar en éste»44. A fortiori, con mayor
razón la oración litúrgica de la Misa incluye toda la mística y
puede llevar perfectamente a la unión.
Las intercesiones son por los tres estados de la Iglesia: pedi-
mos ayuda a la Iglesia celestial, pedimos por la Iglesia paciente y
por la Iglesia peregrina. En este sentido, la Misa es un gran mo-
numento a la ‘Comunión de los Santos’, ya que une en la oración
40 Simeón el nuevo teólogo, Himnos, II, vv. 19-27: SCh 156, 178-179.
41 VC, 20
42 Cf. Constituciones 8 de mayo de 2004, [254] y [257].
43 Camino de perfección, 30,7.
44 Camino de perfección, 37,1; cf. 42,5.
71
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
al Cielo, al Purgatorio y a quienes todavía peregrinamos sobre
la tierra.
g. La vida consagrada, memoria viva del modo de existir y
de actuar de Cristo
«La vida consagrada «imita más de cerca y hace presente
continuamente en la Iglesia»45, por impulso del Espíritu Santo,
la forma de vida que Jesús, supremo consagrado y misionero
del Padre para su Reino, abrazó y propuso a los discípulos que
lo seguían (cf. Mt 4,18-22; Mc 1,16-20; Lc 5,10-11; Jn 15,16). A
la luz de la consagración de Jesús, es posible descubrir en la ini-
ciativa del Padre, fuente de toda santidad, el principio originario
de la vida consagrada. En efecto, Jesús mismo es aquel que Dios
«ungió con el Espíritu Santo y con poder» (He 10,38), «aquel a
quien el Padre ha santificado y enviado al mundo» (Jn 10,36).
Acogiendo la consagración del Padre, el Hijo a su vez se consagra
a Él por la humanidad (cf. Jn 17,19): su vida de virginidad, obe-
diencia y pobreza manifiesta su filial y total adhesión al designio
del Padre (cf. Jn 10,30; 14,11). Su perfecta oblación confiere un
significado de consagración a todos los acontecimientos de su
existencia terrena.
Él es el obediente por excelencia, bajado del cielo no para ha-
cer su voluntad, sino la de Aquel que lo ha enviado (cf. Jn 6,38;
Heb 10,5.7). Él pone su ser y su actuar en las manos del Padre
(cf. Lc 2,49). En obediencia filial, adopta la forma del siervo: «Se
despojó de sí mismo tomando condición de siervo [...], obedecien-
do hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2,7-8). En esta actitud
de docilidad al Padre, Cristo, aun aprobando y defendiendo la
45 Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 44.
72
Naturaleza de la vida consagrada
dignidad y la santidad de la vida matrimonial, asume la forma de
vida virginal y revela así el valor sublime y la misteriosa fecun-
didad espiritual de la virginidad. Su adhesión plena al designio
del Padre se manifiesta también en el desapego de los bienes
terrenos: «Siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que
os enriquecierais con su pobreza» (2 Cor 8,9). La profundidad
de su pobreza se revela en la perfecta oblación de todo lo suyo
al Padre.
Verdaderamente la vida consagrada es memoria viviente
del modo de existir y de actuar de Jesús como Verbo encarna-
do ante el Padre y ante los hermanos. Es tradición viviente de
la vida y del mensaje del Salvador»46.
3. La vida consagrada en el misterio de la Iglesia
a. Siguiendo la “Vita consecrata”
1. En relación con el Pueblo de Dios, la vida consagrada
manifiesta la naturaleza íntima de la vocación cristiana.
«La presencia universal de la vida consagrada y el carácter
evangélico de su testimonio muestran con toda evidencia —si es
que fuera necesario— que no es una realidad aislada y marginal,
sino que abarca a toda la Iglesia. Los Obispos en el Sínodo lo han
confirmado muchas veces: «de re nostra agitur», «es algo que
nos afecta»47. En realidad, la vida consagrada está en el corazón
mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión, ya
que «indica la naturaleza íntima de la vocación cristiana»48 y la
46 VC, 22.
47 Cf. Propositio 2.
48 Conc. Ecum. Vat. II , Decr. Ad Gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,
18.
73
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
aspiración de toda la Iglesia Esposa hacia la unión con el único
Esposo49»50.
2. La vida consagrada pertenece a la vida, a la santidad
y a la misión de la Iglesia.
«La presencia universal de la vida consagrada y el carácter
evangélico de su testimonio muestran con toda evidencia —si es
que fuera necesario— que no es una realidad aislada y margi-
nal, sino que abarca a toda la Iglesia... porque pertenece íntima-
mente a su vida, a su santidad y a su misión51»52.
«Las dificultades actuales, que no pocos Institutos encuen-
tran en algunas regiones del mundo, no deben inducir a suscitar
dudas sobre el hecho de que la profesión de los consejos evangé-
licos sea parte integrante de la vida de la Iglesia, a la que aporta
un precioso impulso hacia una mayor coherencia evangélica53.
Podrá haber históricamente una ulterior variedad de formas, pero
no cambiará la sustancia de una opción que se manifiesta en el
radicalismo del don de sí mismo por amor al Señor Jesús y, en
El, a cada miembro de la familia humana. Con esta certeza, que
ha animado a innumerables personas a lo largo de los siglos,
el pueblo cristiano continúa contando, consciente de que podrá
49 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 44; Pablo
VI, Exhort. ap. Evangelica Testificatio (29 de junio de 1971), 7: AAS 63 (1971), 501-
502; Exhort. ap. Evangelii Nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 69: AAS 68 (1976),
59.
50 VC, 3.
51 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 44.
52 VC, 3.
53 Cf. Discurso en la audiencia general (28 de septiembre de 1994), 5: L’Osservatore
Romano, edición semanal en lengua española, 30 de septiembre de 1994, 3.
74
Naturaleza de la vida consagrada
obtener de la aportación de estas almas generosas un apoyo va-
liosísimo en su camino hacia la patria del cielo»54.
«Esta dimensión del «nosotros» nos lleva a considerar el
lugar que la vida consagrada ocupa en el misterio de la Iglesia.
La reflexión teológica sobre la naturaleza de la vida consagrada
ha profundizado en estos años en las nuevas perspectivas sur-
gidas de la doctrina del Concilio Vaticano II. A su luz se ha
tomado conciencia de que la profesión de los consejos evangéli-
cos pertenece indiscutiblemente a la vida y a la santidad de la
Iglesia55». Esto significa que «la vida consagrada, presente desde
el comienzo, no podrá faltar nunca a la Iglesia como uno de sus
elementos irrenunciables y característicos, como expresión de
su misma naturaleza. Esto resulta evidente ya que la profesión
de los consejos evangélicos está íntimamente relacionada con el
misterio de Cristo, teniendo el cometido de hacer de algún modo
presente la forma de vida que Él eligió, señalándola como valor
absoluto y escatológico». «El texto nos parece suficientemente
expresivo para afirmar que la vida consagrada pertenece a la
misma constitución divina de la Iglesia, no en línea jerárqui-
ca, sino en la línea de su vida y de su santidad y naturaleza, es
decir, carismática… Es más bien una interpretación más precisa
y concreta, en la línea de una doctrina que estaba ya bastante di-
fundida y fundada, y que la exhortación propone de modo oficial
y auténtico por parte del Magisterio pontificio»56.
54 VC, 3.
55 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 44.
56 Dice el Cardenal De Paolis en nota 1, p. 26.
75
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Jesús mismo, llamando a algunas personas a dejarlo todo para
seguirlo, inauguró este género de vida que, bajo la acción del
Espíritu, se ha desarrollado progresivamente a lo largo de los
siglos en las diversas formas de la vida consagrada. El concep-
to de una Iglesia formada únicamente por ministros sagrados y
laicos no corresponde, por tanto, a las intenciones de su divino
Fundador tal y como resulta de los Evangelios y de los demás
escritos neotestamentarios»57.
3. Dimensión escatológica de la vida consagrada.
«La Iglesia está orientada hacia las realidades últimas porque
está convencida de que «la representación de este mundo se ter-
mina» (1 Cor 7,31; cfr. 1 Pe 1,3-6).
«Debido a que hoy las preocupaciones apostólicas son cada
vez más urgentes y la dedicación a las cosas de este mundo co-
rre el riesgo de ser siempre más absorbente, es particularmente
oportuno llamar la atención sobre la naturaleza escatológica de
la vida consagrada. Anticipo de la vida del Cielo.
«Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt
6,21): el tesoro único del Reino suscita el deseo, la espera, el com-
promiso y el testimonio. En la Iglesia primitiva la espera de la
venida del Señor se vivía de un modo particularmente intenso. A
pesar del paso de los siglos la Iglesia no ha dejado de cultivar esta
actitud de esperanza: ha seguido invitando a los fieles a dirigir
la mirada hacia la salvación que va a manifestarse, « porque la
apariencia de este mundo pasa » (1 Cor 7,31; cf. 1 Pe 1,3-6)58.
57 VC, 29.
58 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 42.
76
Naturaleza de la vida consagrada
En este horizonte es donde mejor se comprende el papel de
signo escatológico propio de la vida consagrada. En efecto, es
constante la doctrina que la presenta como anticipación del Reino
futuro. El Concilio Vaticano II vuelve a proponer esta enseñanza
cuando afirma que la consagración «anuncia ya la resurrección
futura y la gloria del reino de los cielos»59. Esto lo realiza sobre
todo la opción por la virginidad, entendida siempre por la tradi-
ción como una anticipación del mundo definitivo, que ya desde
ahora actúa y transforma al hombre en su totalidad.
Las personas que han dedicado su vida a Cristo viven nece-
sariamente con el deseo de encontrarlo para estar finalmente y
para siempre con Él. De aquí la ardiente espera, el deseo de «su-
mergirse en el Fuego de amor que arde en ellas y que no es otro
que el Espíritu Santo»60, espera y deseo sostenidos por los dones
que el Señor concede libremente a quienes aspiran a las cosas de
arriba (cf. Col 3,1).
Fijos los ojos en el Señor, la persona consagrada recuerda
que «no tenemos aquí ciudad permanente» (Heb 13,14), porque
«somos ciudadanos del cielo» (Flp 3,20). Lo único necesario es
buscar el Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33), invocando
incesantemente la venida del Señor»61.
4. El camino a recorrer: las bienaventuranzas.
«Misión peculiar de la vida consagrada es mantener viva en
los bautizados la conciencia de los valores fundamentales del
59 Ib., 44.
60 B. Isabel de la Trinidad, Le ciel dans la foi. Traité Spirituel, I, 14: Oeuvres com-
pletes, París, 1991, 106.
61 VC, 26.
77
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Evangelio, dando «un testimonio magnífico y extraordinario de
que sin el espíritu de las Bienaventuranzas no se puede transfor-
mar este mundo y ofrecerlo a Dios»62. De este modo la vida con-
sagrada aviva continuamente en la conciencia del Pueblo de Dios
la exigencia de responder con la santidad de la vida al amor de
Dios derramado en los corazones por el Espíritu Santo (cf. Rm 5,
5), reflejando en la conducta la consagración sacramental obrada
por Dios en el Bautismo, la Confirmación o el Orden. En efecto,
se debe pasar de la santidad comunicada por los sacramentos a la
santidad de la vida cotidiana. La vida consagrada, con su misma
presencia en la Iglesia, se pone al servicio de la consagración de
la vida de cada fiel, laico o clérigo.
Por otra parte, no se debe olvidar que los consagrados reciben
también del testimonio propio de las demás vocaciones una ayu-
da para vivir íntegramente la adhesión al misterio de Cristo y de
la Iglesia en sus múltiples dimensiones. En virtud de este enri-
quecimiento recíproco, se hace más elocuente y eficaz la misión
de la vida consagrada: señalar como meta a los demás hermanos
y hermanas, fijando la mirada en la paz futura, la felicidad defi-
nitiva que está en Dios»63.
5. Significado esponsal de la vida consagrada, imagen
viva de la Iglesia-Esposa.
Pensamos que será muy útil recordar aquí una enseñanza del
Beato Pablo VI64: «Sólo el amor de Dios —es necesario repetir-
lo— llama en forma decisiva a la castidad religiosa. Este amor,
62 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 31.
63 VC, 33.
64 Exhortación apostólica Evangelica testificatio, del Beato Pablo VI del 29 de junio
de 1971.
78
Naturaleza de la vida consagrada
por lo demás, exige imperiosamente la caridad fraterna, que el
religioso vivirá más profundamente con sus contemporáneos en
el corazón de Cristo. Con esta condición, el don de sí mismos,
hecho a Dios y a los demás, será fuente de una paz profunda. Sin
despreciar en ningún modo el amor humano y el matrimonio -¿no
es él, según la fe, imagen y participación de la unión de amor que
une a Cristo y la Iglesia?65 [Como enseña San Pablo: «Maridos,
amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia» (Ef.
5,25), «Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la
Iglesia» (Ef, 5,32)]-, la castidad consagrada evoca esta unión de
manera más inmediata y realiza aquella sublimación66 hacia la
cual debe tender todo amor humano. Así, en el momento mismo
en que es¬te último se halla cada vez más amenazado por un ero-
tismo devastador67 ella debe ser, hoy más que nunca, compren-
dida y vivida con rectitud y generosidad. Siendo decididamente
positiva, la castidad atestigua el amor preferencial hacia el Señor
y simboliza, de la forma más eminente y absoluta, el misterio de
la unión del Cuerpo místico a su Cabeza, de la Esposa a su eter-
no Esposo. Finalmente, ella alcanza, transforma y penetra el ser
humano hasta lo más íntimo mediante una misteriosa semejanza
con Cristo.
65 Cf. Conc. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 48: AAS 58 (1966), pp. 1067-
1069; cf. Ef 5, 25.32; cuando, luego de ser elegido Papa San Pío X, fue a saludar a
su madre ella le besó el anillo episcopal y el santo le besó el anillo matrimonial que
llevaba su madre y dijo: «No tendría este anillo si tú, madre, no tuvieses el tuyo».
66 sublimar. (Del lat. sublimāre). tr. Engrandecer, exaltar, ensalzar o poner en
altura.
67 Cf. Allocutio ad sodales consociationum v. d. «Equipes Notre-Dame» e variis
nationibus, 4 de mayo de 1970, n. 4: AAS 62 (1970), p. 429.
79
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Fuente de fecundidad espiritual
Por lo tanto, os es necesario, queridos Hijos e Hijas, restituir
toda su eficacia a la disciplina espiritual cristiana de la castidad
consagrada. Cuando es realmente vivida, con la mirada puesta
en el reino de los Cielos, libera el corazón humano y se convierte
así como en un signo y un estímulo de la caridad y una fuente
especial de fecundidad en el mundo68. Aun cuando éste no siem-
pre la reconoce, ella permanece en todo caso místicamente
eficaz en medio de él»69.
Los miles de Santuarios dedicados a la Santísima Virgen Ma-
ría son focos fecundos de virginidad en todo el mundo. Se dice
que en España existen más de 30.000 advocaciones o títulos dis-
tintos de la única Virgen, Madre de Jesucristo y madre nuestra.
Nunca dejará de haber en el mundo, santos y santas, que vivan
la virginidad consagrada y que «envejezcan en su virginidad»,
como enseña San Agustín70, de los cuales «el mundo no era digno
de ellos» (Cf. Heb 11,38). Cada una de ustedes es místicamente
eficaz como apóstol de la virginidad, para los que viven la virgi-
nidad juvenil o vidual, o para los que viven la castidad matrimo-
nial; aun son misteriosamente eficaces para los que llevan una
vida de pecado y de impureza.
La vida consagrada «no se funda en un sacramento específico
(como el sacramento del Orden para los clérigos y el matrimo-
nio para las personas casadas). Pero se ha hecho observar que
el sacramento del matrimonio no es el amor de Cristo por la
68 Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 42: AAS 57 (1965), p. 48.
69 Pablo VI, Exhortación Apos., Evangelica Testificatio, 13-14 AAS, 63 (1971).
70 Cf. Confesiones, lib. VIII, cap. XI, 27, BAC Madrid 1991, 337.
80
Naturaleza de la vida consagrada
Iglesia, sino que sacramento es el amor de los esposos entre sí:
éste [el amor de los esposos] es signo de un amor más grande [el
de Cristo por la Iglesia], no es el amor de Cristo por la Iglesia el
sacramento, ya que es imposible que sea signo de un amor más
grande, porque no hay amor más grande que el amor infinito de
Dios. ¡El amor de Dios es más real que la realidad misma!
El matrimonio es sacramento porque no es el amor último y
definitivo y, por tanto, debe ser vivido como signo de otro amor,
el amor último y definitivo, en el cual también el amor conyugal
encuentra su sentido pleno.
El matrimonio pertenece a las realidades de este mundo que el
sacramento pretende santificar. En cambio, el amor de la persona
consagrada es el amor de la criatura hacia el Creador, de la espo-
sa hacia el esposo divino: es el amor último, eterno y definitivo
hacia el cual el alma tiende»71. Por eso la vida consagrada no pue-
de ser un sacramento porque el amor al que tiende es ya el amor
último y definitivo, que muestra a los casados a lo que debe
tender su amor y cuál es la fuente en que deben alimentarlo.
Por eso cuando se ataca a la virginidad se ataca al matrimonio
al tratar de dejarlo sin lo que es su plenitud; y cuando se ataca
al matrimonio se ataca a la virginidad de la que el matrimonio
es signo. De ahí que el ataque actual a la virginidad consagrada
es, también, un ataque al matrimonio, y el ataque al matrimonio
–contra la unidad del mismo, contra la fidelidad, contra la pro-
creación y educación de los hijos, a favor de la contracepción,
del aborto, del divorcio, de las uniones del mismo sexo, de la
71 Cf. De Paolis, p. 28.
81
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
muerte de los viejos– es un ataque a la virginidad consagrada,
del que es signo el matrimonio de los esposos que contra viento
y marea busca romperse, porque ésta testimonia el amor último
y definitivo. Que es en última instancia lo que rechazan quienes
viven el sexo sin responsabilidad. En el fondo de estas posturas,
decía con su proverbial sabiduría San Juan Pablo II, hay una ló-
gica y una raíz: «La lógica [de la] anti-vida... [y la raíz que]
es la rebelión contra Dios...es el no-reconocimiento de Dios
como Dios...»72.
De allí también la dimensión escatológica de la vida consa-
grada. Ésta, está en el mundo, pero no es del mundo porque es
un anticipo del Cielo.
Imagen viva de la Iglesia-Esposa
«Importancia particular tiene el significado esponsal de la
vida consagrada, que hace referencia a la exigencia de la Iglesia
de vivir en la entrega plena y exclusiva a su Esposo, del cual reci-
72 « 4. A vent’anni dalla pubblicazione dell’enciclica [Humanae Vitae], si può vedere
chiaramente che la norma morale in essa insegnata non è solo a difesa della bontà e
della dignità dell’amore coniugale e dunque del bene della persona dei coniugi. Essa
ha una portata etica anche più vasta. Infatti, la logica profonda dell’atto contraccet-
tivo, la sua radice ultima, che profeticamente Paolo VI aveva già individuato, sono
ora manifeste. Quale logica? Quale radice?
La logica anti-vita: in questi vent’anni numerosi Stati hanno rinunciato
alla loro dignità di essere i difensori della vita umana innocente, con le legislazioni
abortiste. Una vera strage di innocenti si va compiendo ogni giorno nel mondo.
Quale radice? È la ribellione contro Dio Creatore, unico Signore della vita
e della morte delle persone umane: è il non riconoscimento di Dio come Dio; è il
tentativo, intrinsecamente assurdo, di costruire un mondo da cui Dio sia del tutto
estraneo». (Discorso di Giovanni Paolo II ai partecipanti al IV Congresso interna-
zionale per la famiglia d’Africa e d’Europa nel XX della «Humanae Vitae», Lunedì,
14 marzo 1988; Insegnamenti di Giovanni Paolo II, Libreria Editrice Vaticana, t. XI,
1, (1998), 640; L’Osservatore Romano, edición española, 17-4-1988, pag.11).
82
Naturaleza de la vida consagrada
be todo bien. En esta dimensión esponsal, propia de toda la vida
consagrada, es sobre todo la mujer la que se ve singularmente
reflejada, como descubriendo la índole especial de su relación
con el Señor.
A este respecto, es sugestiva la página neotestamentaria que
presenta a María con los Apóstoles en el Cenáculo en espera
orante del Espíritu Santo (cf. He 1,13-14). Aquí se puede ver una
imagen viva de la Iglesia-Esposa, atenta a las señales del Esposo
y preparada para acoger su don. En Pedro y en los demás Após-
toles emerge sobre todo la dimensión de la fecundidad, como se
manifiesta en el ministerio eclesial, que se hace instrumento del
Espíritu para la generación de nuevos hijos mediante el anuncio
de la Palabra, la celebración de los Sacramentos y la atención
pastoral. En María está particularmente viva la dimensión de la
acogida esponsal, con la que la Iglesia hace fructificar en sí mis-
ma la vida divina a través de su amor total de virgen.
La vida consagrada ha sido siempre vista prevalentemente en
María, la Virgen esposa. De ese amor virginal procede una fecun-
didad particular, que contribuye al nacimiento y crecimiento de la
vida divina en los corazones73. La persona consagrada, siguiendo
las huellas de María, nueva Eva, manifiesta su fecundidad espi-
ritual acogiendo la Palabra, para colaborar en la formación de la
nueva humanidad con su dedicación incondicional y su testimo-
nio. Así la Iglesia manifiesta plenamente su maternidad tanto por
la comunicación de la acción divina confiada a Pedro, como por
la acogida responsable del don divino, típica de María.
73 S. Teresa del Niño Jesús, Manuscrits autobiographiques, B, 2 v: «Ser tu esposa,
oh Jesús... ser en mi unión contigo, madre de las almas».
83
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Por su parte, el pueblo cristiano encuentra en el ministerio
ordenado los medios de la salvación, y en la vida consagrada el
impulso para una respuesta de amor plena en todas las diversas
formas de diaconía74»75.
6. La perfección de la caridad y el misterio de la
Pascua.
«La persona consagrada, en las diversas formas de vida sus-
citadas por el Espíritu a lo largo de la historia, experimenta la
verdad de Dios-Amor de un modo tanto más inmediato y profun-
do cuanto más se coloca bajo la Cruz de Cristo. Aquel que en su
muerte aparece ante los ojos humanos desfigurado y sin belleza
hasta el punto de mover a los presentes a cubrirse el rostro (cf. Is
53,2-3), precisamente en la Cruz manifiesta en plenitud la belleza
y el poder del amor de Dios. San Agustín lo canta así: «Hermoso
siendo Dios, Verbo en Dios [...] Es hermoso en el cielo y es her-
moso en la tierra; hermoso en el seno, hermoso en los brazos de
sus padres, hermoso en los milagros, hermoso en los azotes; her-
moso invitado a la vida, hermoso no preocupándose de la muerte,
hermoso dando la vida, hermoso tomándola; hermoso en la cruz,
hermoso en el sepulcro y hermoso en el cielo. Oíd entendiendo
el cántico, y la flaqueza de su carne no aparte de vuestros ojos el
esplendor de su hermosura»76.
La vida consagrada refleja este esplendor del amor, porque
confiesa, con su fidelidad al misterio de la Cruz, creer y vivir
del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. De este modo
74 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovación de la
vida religiosa, 8; 10; 12.
75 VC, 34.
76 S. Agustín, Enarr. in Psal. 44, 3: PL 36, 495-496.
84
Naturaleza de la vida consagrada
contribuye a mantener viva en la Iglesia la conciencia de que la
Cruz es la sobreabundancia del amor de Dios que se derrama
sobre este mundo, el gran signo de la presencia salvífica de Cris-
to. Y esto especialmente en las dificultades y pruebas. Es lo que
testimonian continuamente y con un valor digno de profunda
admiración un gran número de personas consagradas, que con
frecuencia viven en situaciones difíciles, incluso de persecución
y martirio. Su fidelidad al único Amor se manifiesta y se forta-
lece en la humildad de una vida oculta, en la aceptación de los
sufrimientos para completar lo que en la propia carne «falta a las
tribulaciones de Cristo» (Col 1,24), en el sacrificio silencioso, en
el abandono a la santa voluntad de Dios, en la serena fidelidad
incluso ante el declive de las fuerzas y del propio ascendiente.
De la fidelidad a Dios nace también la entrega al prójimo, que
las personas consagradas viven no sin sacrificio en la constante
intercesión por las necesidades de los hermanos, en el servicio
generoso a los pobres y a los enfermos, en el compartir las difi-
cultades de los demás y en la participación solícita en las preocu-
paciones y pruebas de la Iglesia»77.
b. La peculiar consagración mediante la profesión de los
consejos evangélicos
1. La vida consagrada es una profundización en el
bautismo.
La vida consagrada brota por la fuerza del bautismo, no por-
que haga falta otro bautismo, tampoco porque sea una renova-
ción del mismo como se hace en las misiones populares o en la
solemne Vigilia Pascual, sino que el mismo y único bautismo
77 VC, 24.
85
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
que recibimos cuando niños desarrolla, para algunos, todas sus
virtualidades, por poder de la Iglesia. De manera tal, que cuando
visitemos la pila bautismal en que hemos sido hechos hijos de
Dios y herederos del cielo, allí mismo reconozcamos que es el
lugar dónde hemos nacido como hijos de Dios y herederos del
cielo; y además, como religiosos.
2. Unidad en el proyecto de amor evangélico.
Todos los cristianos están llamados a vivir según el progra-
ma de amor evangélico de Jesús, pero no todos están obligados
a vivir según el estilo de vida de Jesús en castidad, pobreza y
obediencia bajo voto.
3. Distintas vocaciones como rayos de una única luz.
«Este Sínodo, que sigue a los dedicados a los laicos y a los
presbíteros, completa el análisis de las peculiaridades que carac-
terizan los estados de vida queridos por el Señor Jesús para su
Iglesia. En efecto, si en el Concilio Vaticano II se señaló la gran
realidad de la comunión eclesial, en la cual convergen todos los
dones para la edificación del Cuerpo de Cristo y para la misión
de la Iglesia en el mundo, en estos últimos años se ha advertido la
necesidad de explicitar mejor la identidad de los diversos estados
de vida, su vocación y su misión específica en la Iglesia.
La comunión en la Iglesia no es pues uniformidad, sino don
del Espíritu que pasa también a través de la variedad de los ca-
rismas y de los estados de vida. Estos serán tanto más útiles a la
Iglesia y a su misión, cuanto mayor sea el respeto de su identidad.
En efecto, todo don del Espíritu es concedido con objeto de que
86
Naturaleza de la vida consagrada
fructifique para el Señor78 en el crecimiento de la fraternidad y
de la misión»79.
«Esta luz llega a todos sus hijos, todos igualmente llamados a
seguir a Cristo poniendo en Él el sentido último de la propia vida,
hasta poder decir con el Apóstol: «Para mí la vida es Cristo» (Flp
1,21). Una experiencia singular de la luz que emana del Verbo
encarnado es ciertamente la que tienen los llamados a la vida
consagrada. En efecto, la profesión de los consejos evangélicos
los presenta como signo y profecía para la comunidad de los
hermanos y para el mundo; encuentran pues en ellos particular
resonancia las palabras extasiadas de Pedro: «Bueno es estarnos
aquí» (Mt 17,4)80.
«...en la unidad de la vida cristiana las distintas vocaciones
son como rayos de la única luz de Cristo, ‘que resplandece sobre
el rostro de la Iglesia’81»82.
4. Complementariedad de las vocaciones al servicio de
la única misión.
Los fieles cristianos laicos: «Los laicos, en virtud del carác-
ter secular de su vocación, reflejan el misterio del Verbo Encar-
nado en cuanto Alfa y Omega del mundo, fundamento y medida
del valor de todas las cosas creadas. Los ministros sagrados, por
su parte, son imágenes vivas de Cristo cabeza y pastor, que guía
a su pueblo en el tiempo del « ya pero todavía no », a la espera de
78 Cf. S. Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, p. I, c. 3, Oeuvres, t.
Annecy 1893, 19-20.
79 VC, 4.
80 VC, 15.
81 Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 1.
82 VC, 16.
87
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
su venida en la gloria. A la vida consagrada se confía la misión
de señalar al Hijo de Dios hecho hombre como la meta escato-
lógica a la que todo tiende, el resplandor ante el cual cualquier
otra luz languidece, la infinita belleza que, sola, puede satisfacer
totalmente el corazón humano. Por tanto, en la vida consagrada
no se trata sólo de seguir a Cristo con todo el corazón, amándo-
lo «más que al padre o a la madre, más que al hijo o a la hija»
(cf. Mt 10,37), como se pide a todo discípulo, sino de vivirlo y
expresarlo con la adhesión «conformadora» con Cristo de toda
la existencia, en una tensión global que anticipa, en la medida
posible en el tiempo y según los diversos carismas, la perfección
escatológica»83.
c. La comparación entre consagración bautismal, la sa-
cerdotal y la de la vida consagrada:
1. La nueva y especial consagración.
En la tradición de la Iglesia la profesión religiosa es conside-
rada como una singular y fecunda profundización de la consa-
gración bautismal en cuanto que, por su medio, la íntima unión
con Cristo, ya inaugurada con el Bautismo, se desarrolla en el
don de una configuración más plenamente expresada y realizada,
mediante la profesión de los consejos evangélicos84.
Esta posterior consagración tiene, sin embargo, una peculiari-
dad propia respecto a la primera, de la que no es una consecuen-
cia necesaria85. En realidad, todo renacido en Cristo está llamado
83 Ibid.
84 Cf. Exhort. ap. Redemptionis Donum (25 de marzo de 1984), 7: AAS 76 (1984),
522-524.
85 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 44; Dis-
curso en la audiencia general (26 de octubre de 1994), 5: L’Osservatore Romano,
88
Naturaleza de la vida consagrada
a vivir, con la fuerza proveniente del don del Espíritu, la castidad
correspondiente a su propio estado de vida, la obediencia a Dios
y a la Iglesia, y un desapego razonable de los bienes materiales,
porque todos son llamados a la santidad, que consiste en la per-
fección de la caridad86. Pero el Bautismo no implica por sí mismo
la llamada al celibato o a la virginidad, la renuncia a la posesión
de bienes y la obediencia a un superior, en la forma propia de los
consejos evangélicos. Por tanto, su profesión supone un don par-
ticular de Dios no concedido a todos, como Jesús mismo señala
en el caso del celibato voluntario (cf. Mt 19,10-12).
A esta llamada corresponde, por otra parte, un don específico
del Espíritu Santo, de modo que la persona consagrada pueda
responder a su vocación y a su misión. Por eso, como se refleja en
las liturgias de Oriente y Occidente, en el rito de la profesión mo-
nástica o religiosa y en la consagración de las vírgenes, la Iglesia
invoca sobre las personas elegidas el don del Espíritu Santo y
asocia su oblación al sacrificio de Cristo87.
La profesión de los consejos evangélicos es también un desa-
rrollo de la gracia del sacramento de la Confirmación, pero va
más allá de las exigencias normales de la consagración crismal
en virtud de un don particular del Espíritu, que abre a nuevas po-
edición semanal en lengua española, 28 de octubre de 1994, 3.
86 Cf. ib., 42.
87 Cf. Ritual Romano, Rito de la profesión religiosa: Solemne bendición o consa-
gración de los profesos, n. 67, y de las profesas, n. 72; Pontifical Romano, Rito de la
consagración de las Vírgenes, n. 38: Solemne oración de consagración; Eucologion
sive Rituale Graecorum, Officium parvi habitum id est Mandiae, 384-385; Pontificale
iuxta ritum Ecclesiae Syrorum Occidentalium id est antiochiae, Ordo rituum monas-
ticorum, Typis Polyglottis Vaticanis 1942, 307-309.
89
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
sibilidades y frutos de santidad y de apostolado, como demuestra
la historia de la vida consagrada.
En cuanto a los sacerdotes que profesan los consejos evangéli-
cos, la experiencia misma muestra que el sacramento del Orden
encuentra una fecundidad peculiar en esta consagración, puesto
que presenta y favorece la exigencia de una pertenencia más es-
trecha al Señor. El sacerdote que profesa los consejos evangélicos
encuentra una ayuda particular para vivir en sí mismo la plenitud
del misterio de Cristo, gracias también a la espiritualidad peculiar
de su Instituto y a la dimensión apostólica del correspondiente
carisma. En efecto, en el presbítero la vocación al sacerdocio y a
la vida consagrada convergen en profunda y dinámica unidad.
De valor inconmensurable es también la aportación dada a
la vida de la Iglesia por los religiosos sacerdotes dedicados ín-
tegramente a la contemplación. Especialmente en la celebración
eucarística realizan una acción de la Iglesia y para la Iglesia, a la
que unen el ofrecimiento de sí mismos, en comunión con Cristo
que se ofrece al Padre para la salvación del mundo entero88»89.
2. Las relaciones entre los diversos estados de vida del
cristiano.
«Las diversas formas de vida en las que, según el designio
del Señor Jesús, se articula la vida eclesial presentan relaciones
recíprocas sobre las que interesa detenerse.
88 Cf. S. Pedro Damián Liber qui appellatur «Dominis vobiscum» ad Leonem ere-
mitan: PL 145, 231-252.
89 VC, 30.
90
Naturaleza de la vida consagrada
Todos los fieles, en virtud de su regeneración en Cristo, parti-
cipan de una dignidad común; todos son llamados a la santidad;
todos cooperan a la edificación del único Cuerpo de Cristo, cada
uno según su propia vocación y el don recibido del Espíritu (cf.
Rm 12, 38)90. La igual dignidad de todos los miembros de la Igle-
sia es obra del Espíritu; está fundada en el Bautismo y la Confir-
mación y corroborada por la Eucaristía. Sin embargo, también es
obra del Espíritu la variedad de formas. Él constituye la Iglesia
como una comunión orgánica en la diversidad de vocaciones,
carismas y ministerios91.
Las vocaciones a la vida laical, al ministerio ordenado y a la
vida consagrada se pueden considerar paradigmáticas, dado que
todas las vocaciones particulares, bajo uno u otro aspecto, se
refieren o se reconducen a ellas, consideradas separadamente o
en conjunto, según la riqueza del don de Dios. Además, están al
servicio unas de otras para el crecimiento del Cuerpo de Cristo
en la historia y para su misión en el mundo. Todos en la Iglesia
son consagrados en el Bautismo y en la Confirmación, pero el
ministerio ordenado y la vida consagrada suponen una vocación
distinta y una forma específica de consagración, en razón de una
misión peculiar.
90 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 32; Có-
digo de derecho canónico, c. 208; Código de los cánones de las Iglesias orientales,
c. 11.
91 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Ad gentes, sobre la actividad misionera de
la Iglesia, 4; Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 4; 12; 13; Const. past.
Gadium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 32; Decr. Apostolicam Actuo-
sitatem, sobre el apostolado de los laicos, 3; Exhort. ap. postsinodal Christifideles
Laici (30 de diciembre de 1988), 20-21: AAS 81 (1989), 425-428; Congregación para
la doctrina de la fe, Carta Communionis Notio, a los obispos de la Iglesia Católica
sobre algunos aspectos de la Iglesia entendida como comunión (28 de mayo de 1992),
15: AAS 85 (1993), 847.
91
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
La consagración bautismal y crismal, común a todos los
miembros del Pueblo de Dios, es fundamento adecuado de la
misión de los laicos, de los que es propio «el buscar el Reino de
Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas se-
gún Dios»92. Los ministros ordenados, además de esta consagra-
ción fundamental, reciben la consagración en la Ordenación para
continuar en el tiempo el ministerio apostólico. Las personas
consagradas, que abrazan los consejos evangélicos, reciben una
nueva y especial consagración que, sin ser sacramental, las com-
promete a abrazar —en el celibato, la pobreza y la obediencia—
la forma de vida practicada personalmente por Jesús y propues-
ta por Él a los discípulos. Aunque estas diversas categorías son
manifestaciones del único misterio de Cristo, los laicos tienen
como aspecto peculiar, si bien no exclusivo, el carácter secular,
los pastores el carácter ministerial y los consagrados la especial
conformación con Cristo virgen, pobre y obediente»93.
3. El valor especial de la vida consagrada.
«En este armonioso conjunto de dones, se confía a cada uno
de los estados de vida fundamentales la misión de manifestar,
en su propia categoría, una u otra de las dimensiones del único
misterio de Cristo. Si la vida laical tiene la misión particular
de anunciar el Evangelio en medio de las realidades temporales,
en el ámbito de la comunión eclesial desarrollan un ministerio
insustituible los que han recibido el Orden sagrado, especial-
mente los Obispos. Ellos tienen la tarea de apacentar el Pueblo
de Dios con la enseñanza de la Palabra, la administración de
92 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 31.
93 VC, 31.
92
Naturaleza de la vida consagrada
los Sacramentos y el ejercicio de la potestad sagrada al servicio
de la comunión eclesial, que es comunión orgánica, ordenada
jerárquicamente94.
Como expresión de la santidad de la Iglesia, se debe reconocer
una excelencia objetiva a la vida consagrada, que refleja el mis-
mo modo de vivir de Cristo. Precisamente por esto, ella es una
manifestación particularmente rica de los bienes evangélicos y
una realización más completa del fin de la Iglesia que es la santifi-
cación de la humanidad. La vida consagrada anuncia y, en cierto
sentido, anticipa el tiempo futuro, cuando, alcanzada la plenitud
del Reino de los cielos presente ya en germen y en el misterio95,
los hijos de la resurrección no tomarán mujer o marido, sino que
serán como ángeles de Dios (cf. Mt 22,30).
En efecto, la excelencia de la castidad perfecta por el Reino96,
considerada con razón la «puerta» de toda la vida consagrada97,
es objeto de la constante enseñanza de la Iglesia. Esta manifiesta,
al mismo tiempo, gran estima por la vocación al matrimonio, que
hace de los cónyuges «testigos y colaboradores de la fecundidad
de la Madre Iglesia como símbolo y participación de aquel amor
con el que Cristo amó a su esposa y se entregó por ella»98.
En este horizonte común a toda la vida consagrada, se articu-
lan vías distintas entre sí, pero complementarias. Los religiosos
y las religiosas dedicados íntegramente a la contemplación son
94 Cf. ib., Exhort. ap. postsinodal Christifideles Laici (30 de diciembre de 1988),
20-21: AAS 81 (1989), 425-428.
95 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 5.
96 Cf. Concilio de Trento, ses. XXXIV, c. 10: DS 1810; Pio XII, Carta enc. Sacra
Virginitas (25 de marzo de 1954), AAS 46 (1954), 176.
97 Cf. Propositio 17.
98 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 41.
93
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
en modo especial imagen de Cristo en oración en el monte99. Las
personas consagradas de vida activa lo manifiestan «anunciando
a las gentes el Reino de Dios, curando a los enfermos y lisiados,
convirtiendo a los pecadores en fruto bueno, bendiciendo a los
niños y haciendo el bien a todos»100. Las personas consagradas
en los Institutos seculares realizan un servicio particular para
la venida del Reino de Dios, uniendo en una síntesis específica
el valor de la consagración y el de la secularidad. Viviendo su
consagración en el mundo y a partir del mundo101, «se esfuerzan
por impregnar todas las cosas con el espíritu evangélico, para
fortaleza y crecimiento del Cuerpo de Cristo»102. Participan, para
ello, en la obra evangelizadora de la Iglesia mediante el testi-
monio personal de vida cristiana, el empeño por ordenar según
Dios las realidades temporales, la colaboración en el servicio de
la comunidad eclesial, de acuerdo con el estilo de vida secular
que les es propio103»104.
4. María
«No se puede negar, además, que la práctica de los consejos
evangélicos sea un modo particularmente íntimo y fecundo de
participar también en la misión de Cristo, siguiendo el ejemplo
de María de Nazaret, primera discípula, la cual aceptó ponerse
al servicio del plan divino en la donación total de sí misma. Toda
99 Cf. ib., 46.
100 Ib.
101 Cf. Pío XII, Motu proprio Primo feliciter (12 de marzo de 1948), 6: AAS 40
(1948), 285.
102 Código de derecho canónico, c. 713 § 1; cf. Código de los cánones de las Iglesias
orientales, c. 563 § 2.
103 Código de derecho canónico, c. 713 § 2. En este mismo c. 713 § 3 se habla es-
pecíficamente de los «miembros clérigos».
104 VC, 32.
94
Naturaleza de la vida consagrada
misión comienza con la misma actitud manifestada por María
en la anunciación: « He aquí la esclava del Señor; hágase en mí
según tu palabra » (Lc 1,38)»105.
«Después de María, Madre de Jesús, Juan, el discípulo que
Jesús amaba, el testigo que junto con María estuvo a los pies de la
cruz (cf. Jn 19,26-27), recibió este don. Su decisión de consagra-
ción total es fruto del amor divino que lo envuelve, lo sostiene y
le llena el corazón. Juan, al lado de María, está entre los primeros
de la larga serie de hombres y mujeres que, desde los inicios de
la Iglesia hasta el final, tocados por el amor de Dios, se sienten
llamados a seguir al Cordero inmolado y viviente, dondequiera
que vaya (cf. Ap 14,1-5)106»107.
a. La Virgen María, modelo de consagración y
seguimiento
María es aquella que, desde su concepción inmaculada, refleja
más perfectamente la belleza divina. «Toda hermosa» es el título
con el que la Iglesia la invoca. «La relación que todo fiel, como
consecuencia de su unión con Cristo, mantiene con María Santí-
sima queda aún más acentuada en la vida de las personas consa-
gradas [...] En todos (los Institutos de vida consagrada) existe la
convicción de que la presencia de María tiene una importancia
fundamental tanto para la vida espiritual de cada alma consagra-
da, como para la consistencia, la unidad y el progreso de toda la
comunidad108.
105 VC, 18.
106 Cf. Propositio 3.
107 VC, 23.
108 Discurso en la audiencia general (29 de marzo de 1995), 1: L’Osservatore Roma-
no, edición semanal en lengua española, 31 de marzo de 1995, 23.
95
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
En efecto, María es ejemplo sublime de perfecta consagra-
ción, por su pertenencia plena y entrega total a Dios. Elegida por
el Señor, que quiso realizar en ella el misterio de la Encarnación,
recuerda a los consagrados la primacía de la iniciativa de Dios.
Al mismo tiempo, habiendo dado su consentimiento a la Palabra
divina, que se hizo carne en ella, María aparece como modelo de
acogida de la gracia por parte de la criatura humana.
Cercana a Cristo, junto con José, en la vida oculta de Nazaret,
presente al lado del Hijo en los momentos cruciales de su vida
pública, la Virgen es maestra de seguimiento incondicional y de
servicio asiduo. En ella, «templo del Espíritu Santo»109, brilla de
este modo todo el esplendor de la nueva criatura. La vida consa-
grada la contempla como modelo sublime de consagración al Pa-
dre, de unión con el Hijo y de docilidad al Espíritu, sabiendo bien
que identificarse con «el tipo de vida en pobreza y virginidad»110
de Cristo significa asumir también el tipo de vida de María.
La persona consagrada encuentra, además, en la Virgen una
Madre por título muy especial. En efecto, si la nueva maternidad
dada a María en el Calvario es un don a todos los cristianos, ad-
quiere un valor específico para quien ha consagrado plenamente
la propia vida a Cristo. «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27): las pa-
labras de Jesús al discípulo «a quien amaba» (Jn 19,26), asumen
una profundidad particular en la vida de la persona consagrada.
En efecto, está llamada con Juan a acoger consigo a María San-
tísima (cf. Jn 19,27), amándola e imitándola con la radicalidad
propia de su vocación y experimentando, a su vez, una especial
109 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 53.
110 Ib., 46.
96
Naturaleza de la vida consagrada
ternura materna. La Virgen le comunica aquel amor que permite
ofrecer cada día la vida por Cristo, cooperando con Él en la salva-
ción del mundo. Por eso, la relación filial con María es el camino
privilegiado para la fidelidad a la vocación recibida y una ayuda
eficacísima para avanzar en ella y vivirla en plenitud111»112.
«A este respecto, es sugestiva la página neotestamentaria que
presenta a María con los Apóstoles en el Cenáculo en espera
orante del Espíritu Santo (cf. He 1,13-14). Aquí se puede ver una
imagen viva de la Iglesia-Esposa, atenta a las señales del Esposo
y preparada para acoger su don. En Pedro y en los demás Após-
toles emerge sobre todo la dimensión de la fecundidad, como se
manifiesta en el ministerio eclesial, que se hace instrumento del
Espíritu para la generación de nuevos hijos mediante el anuncio
de la Palabra, la celebración de los Sacramentos y la atención
pastoral. En María está particularmente viva la dimensión de la
acogida esponsal, con la que la Iglesia hace fructificar en sí mis-
ma la vida divina a través de su amor total de virgen.
La vida consagrada ha sido siempre vista prevalentemente en
María, la Virgen esposa. De ese amor virginal procede una fe-
cundidad particular, que contribuye al nacimiento y crecimiento
de la vida divina en los corazones113. La persona consagrada,
siguiendo las huellas de María, nueva Eva, manifiesta su fecun-
didad espiritual acogiendo la Palabra, para colaborar en la for-
mación de la nueva humanidad con su dedicación incondicional
y su testimonio. Así la Iglesia manifiesta plenamente su mater-
111 Cf. Propositio 55.
112 VC, 28.
113 S. Teresa del Niño Jesús, Manuscrits autobiographiques, B, 2 v: «Ser tu esposa,
oh Jesús... ser en mi unión contigo, madre de las almas».
97
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
nidad tanto por la comunicación de la acción divina confiada a
Pedro, como por la acogida responsable del don divino, típica de
María»114.
«Será, pues, de gran ayuda para las personas consagradas
la meditación asidua de los textos evangélicos y de los demás es-
critos neotestamentarios, que ilustran las palabras y los ejemplos
de Cristo y de la Virgen María, y la apostolica vivendi forma. A
ellos se han referido constantemente fundadores y fundadoras a
la hora de acoger la vocación y de discernir el carisma y la misión
del propio Instituto»115.
«Exhorto, en fin, a todas las personas consagradas a que re-
nueven cotidianamente, según las propias tradiciones, su unión
espiritual con la Virgen María, recorriendo con ella los misterios
del Hijo, particularmente con el rezo del Santo Rosario»116.
«Con un delicado respeto, pero con arrojo misionero, los
consagrados y consagradas pongan de manifiesto que la fe en
Jesucristo ilumina todo el campo de la educación sin prejuicios
sobre los valores humanos, sino más bien confirmándolos y ele-
vándolos. De este modo se convierten en testigos e instrumentos
del poder de la Encarnación y de la fuerza del Espíritu. Esta
tarea es una de las expresiones más significativas de la Iglesia
que, a imagen de María, ejerce su maternidad para con todos sus
hijos117»118.
114 VC, 34.
115 Ibid., 94.
116 Ibid., 95.
117 Const. Ap. Sapienta Christiana (15 de abril de 1979), II; AAS 71 (1979), 471.
118 VC, 97.
98
Naturaleza de la vida consagrada
b. Invocación a la Virgen María
«María, figura de la Iglesia, Esposa sin arruga y sin mancha,
que imitándote «conserva virginalmente la fe íntegra, la esperan-
za firme y el amor sincero»119, sostiene a las personas consagra-
das en el deseo de llegar a la eterna y única Bienaventuranza.
Las encomendamos a ti, Virgen de la Visitación, para que
sepan acudir a las necesidades humanas con el fin de socorrerlas,
pero sobre todo para que lleven a Jesús. Enséñales a proclamar
las maravillas que el Señor hace en el mundo, para que todos los
pueblos ensalcen su nombre. Sostenlas en sus obras en favor de
los pobres, de los hambrientos, de los que no tienen esperanza, de
los últimos y de todos aquellos que buscan a tu Hijo con sincero
corazón.
A ti, Madre, que deseas la renovación espiritual y apostólica
de tus hijos e hijas en la respuesta de amor y de entrega total a
Cristo, elevamos confiados nuestra súplica. Tú que has hecho la
voluntad del Padre, disponible en la obediencia, intrépida en la
pobreza y acogedora en la virginidad fecunda, alcanza de tu di-
vino Hijo, que cuantos han recibido el don de seguirlo en la vida
consagrada, sepan testimoniarlo con una existencia transfigura-
da, caminando gozosamente, junto con todos los otros hermanos
y hermanas, hacia la patria celestial y la luz que no tiene ocaso.
Te lo pedimos, para que en todos y en todo sea glorificado,
bendito y amado el Sumo Señor de todas las cosas, que es Padre,
Hijo y Espíritu Santo»120.
119 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 64.
120 VC, 112.
99
5. Aspectos más importantes: 1ª parte
Resumiendo, queremos señalar específicamente algunos ele-
mentos que nos parecen principales de la vida consagrada entre-
sacados de la Exhortación Vita consecrata, a tener en cuenta para
una participación más activa, consciente y fructuosa en la Santa
Misa, como para internalizar más en nuestros corazones lo más
importante de lo que tendría que ser nuestra participación en la
Santa Misa como religiosos y religiosas:
1ª parte.
1. Santísima Trinidad
2. Jesucristo:
1. Configuración con Él
2. Radicalidad
3. Holocausto
4. Existencia transfigurada
5. Vida de oración y de intercesión
6. Memoria viva
-oOo-
1. La Santísima Trinidad
a. La vida consagrada por ser forma de vida de Jesucristo
–casto, pobre, obediente-, como Él es manifestación de la Trini-
dad y de lo que debe ser la existencia cristiana.
Es el modo más radical y divino de vivir el Evangelio.
Al ser totalmente del Padre, por Jesucristo, en el Espíritu San-
to, somos expresión del amor del Hijo al Padre en el Espíritu
Santo.
101
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
b. Jesús invitó a algunos discípulos a seguirlo más de cer-
ca, dejándolo todo e imitando su forma de vida. Eso es la vida
consagrada. Mostrando la iniciativa del Padre, por el Hijo, en el
Espíritu Santo, que es un anticipo del cielo. Llamada que exige
la entrega total y es una vocación especial y un don peculiar del
Espíritu Santo.
c. Los consejos evangélicos son un don de la Santísima
Trinidad.
La castidad es reflejo del amor infinito que une a las tres Per-
sonas divinas.
La pobreza es expresión de la entrega total de sí que las tres
divinas Personas se hacen recíprocamente.
La obediencia manifiesta la belleza liberadora de una depen-
dencia filial que es reflejo de la amorosa correspondencia propia
de las tres Personas divinas.
2. Jesucristo
a. Su forma de vida
San Juan Pablo II pide a las religiosas que «no escondan ni dis-
fracen la originalidad específica de su vocación: seguir a Cristo
pobre, casto y obediente»1.
Teniendo el respaldo del Concilio Vaticano II en la constitu-
ción Lumen gentium 42 c y d: «La santidad de la Iglesia también
se fomenta de una manera especial con los múltiples consejos que
el Señor propone en el Evangelio para que los observen sus dis-
1 Alocución del 3-7-1980 a las religiosas en San Pablo, n.8, en Insegnamenti di Gio-
vanni Paolo II, Lib. Ed. Vaticana, 1980, t. III, 2, p.76-77: «nem esconder ou disfarçar
a originalidade específica da sua vocação: seguir Cristo pobre, casto e obediente».
102
Aspectos más importantes: 1ª parte
cípulos2. Entre ellos destaca el precioso don de la divina gracia,
concedido a algunos por el Padre (cf. Mt 19,11; 1 Cor 7,7) para que
se consagren a solo Dios con un corazón que en la virginidad o
en el celibato se mantiene más fácilmente indiviso (cf. 1 Cor 7,32-
34)3. Esta perfecta continencia por el reino de los cielos siempre
ha sido tenida en la más alta estima por la Iglesia, como señal y
estímulo de la caridad y como un manantial extraordinario de
espiritual fecundidad en el mundo.
La Iglesia medita la advertencia del Apóstol, quien, estimu-
lando a los fieles a la caridad, les exhorta a que tengan en sí los
mismos sentimientos que tuvo Cristo, el cual «se anonadó a sí
mismo tomando la forma de esclavo..., hecho obediente hasta la
muerte» (Flp 2,7-8), y por nosotros «se hizo pobre, siendo rico»
(2 Cor 8,9). Y como es necesario que los discípulos den siempre
testimonio de esta caridad y humildad de Cristo imitándola, la
madre Iglesia goza de que en su seno se hallen muchos varones v
mujeres que siguen más de cerca el anonadamiento del Salvador
y dan un testimonio más evidente de él al abrazar la pobreza en la
libertad de los hijos de Dios y al renunciar a su propia voluntad.
A saber: aquellos que, en materia de perfección, se someten a un
hombre por Dios más allá de lo mandado, a fin de hacerse más
plenamente conformes a Cristo obediente»4.
2 Sobre los consejos en general, cf. Orígenes, Comm. Rom. X 14: PG 14, 1275B. San
Agustín, De S. virginitate, 15, 15: PL 40, 403; Santo Tomás, Summa Theol., I-II, q.
100, a. 2c (al final); II-II, q. 44, a. 4, ad 3.
3 Sobre la excelencia de la sagrada virginidad, cf. Tertuliano, Exhort. cast. 10: PL
2, 925C; San Cipriano, Hab. virg., 3 y 22: PL 4, 443B y 461 A s; San Atanasio, De
virg.: PG 28, 252ss; San J. Crisóstomo, De Virg.: PG 48, 353ss.
4 Sobre la pobreza espiritual cf. Mt 5,3 y 19,21; Mc 10,21, Lc 18,22. Sobre la obedien-
cia se aduce el ejemplo de Cristo en Jn 4,4 y 6,38; Flp 2,8-10; Hb 10,5-7. Los Santos
Padres y los fundadores de las Órdenes ofrecen textos abundantes.
103
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
El Señor sabiendo que iba a pasar de este mundo al Padre,
preparó a sus discípulos de todos los siglos un sacrificio que per-
petuase su sacrificio de la Cruz y que fuese Él, al mismo tiempo,
comida y bebida que alimentase sus almas hasta su segunda Ve-
nida. Eligió a alguien que fuese la Roca sobre la cual edificar su
Iglesia, que enseñase con seguridad su doctrina, sus sacramentos
y su pastoreo, para no ser comidos por los falsos profetas. Pero
también quiso que hubiese testigos visibles de su forma de vida,
para evitar que alguno se equivocase acerca de lo que Él vivió,
pensó, mostró y quiso en su mismo modo de existir: ser casto,
pobre, obediente.
b. Radicalismo evangélico
Enseña el Magisterio de la Iglesia «...la vida consagrada exige
un renovado esfuerzo hacia la santidad que, en la simplicidad de
la vida de cada día, tenga como punto de mira el radicalismo del
sermón de la montaña5, del amor exigente, vivido en la relación
personal con el Señor, en la vida de comunión fraterna, en el
servicio a cada hombre y a cada mujer. Tal novedad interior, en-
teramente animada por la fuerza del Espíritu y proyectada hacia
el Padre en la búsqueda de su Reino, consentirá a las personas
consagradas caminar desde Cristo y ser testigos de su amor»6.
«Podrá haber históricamente una ulterior variedad de formas,
pero no cambiará la sustancia de una opción que se manifiesta
en el radicalismo del don de sí mismo por amor al Señor Jesús y,
en Él, a cada miembro de la familia humana. Con esta certeza,
que ha animado a innumerables personas a lo largo de los siglos,
5 Cf. Novo millennio ineunte, 31.
6 CIVCSVA, Instrucción Caminar desde Cristo, 20.
104
Aspectos más importantes: 1ª parte
el pueblo cristiano continúa contando, consciente de que podrá
obtener de la aportación de estas almas generosas un apoyo va-
liosísimo en su camino hacia la patria del cielo»7.
«En la medida en que las personas consagradas viven con
radicalidad los compromisos de la consagración, comunican las
riquezas de su vocación específica»8.
«En virtud de su identidad, las personas consagradas cons-
tituyen la “memoria viviente de modo de existir y de actuar de Je-
sús como Verbo encarnado ante el Padre y ante los hermanos”9.
La primera y fundamental aportación a la misión educativa
en la escuela por parte de las personas consagradas es la radica-
lidad evangélica de su vida. Este modo de plantear la existencia,
cimentado en la generosa respuesta a la llamada de Dios, llega a
ser invitación a todos los miembros de la comunidad educativa
para que cada uno oriente su existencia como una respuesta a
Dios, partiendo de los diferentes estados de vida»10.
«¿Cómo no “recordar con gratitud al Espíritu la multitud de
formas históricas de vida consagrada, suscitadas por Él y to-
davía presentes en el ámbito eclesial? Estas aparecen como una
planta llena de ramas11 que hunde sus raíces en el Evangelio y da
frutos copiosos en cada época de la Iglesia. ¡Qué extraordinaria
riqueza! Yo mismo, al final del Sínodo, he sentido la necesidad
de señalar este elemento constante en la historia de la Iglesia: los
7 VC, 3.
8 CIVCSVA, Instrucción Las personas consagradas y su misión en la escuela, 13.
9 JUAN PABLO II, Exhort. ap. VC, n. 22, AAS 88 (1996), p. 396.
10 CIVCSVA, Instrucción Las personas consagradas y su misión en la escuela,
25.
11 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 43.
105
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
numerosos fundadores y fundadoras, santos y santas, que han
optado por Cristo en la radicalidad evangélica y en el servicio fra-
terno, especialmente de los pobres y abandonados. Precisamente
este servicio evidencia con claridad cómo la Vida consagrada
manifiesta el carácter unitario del mandamiento del amor, en el
vínculo inseparable entre amor a Dios y amor al prójimo»12.
«El estilo de vida evangélico es una fuente importante para
proponer un nuevo modelo cultural. Cuántos fundadores y fun-
dadoras, al percatarse de ciertas exigencias de su tiempo, han
sabido dar una respuesta que, aun con las limitaciones que ellos
mismos han reconocido, se ha convertido en una propuesta cul-
tural innovadora...
A su vez, una auténtica inculturación ayudará a las personas
consagradas a vivir el radicalismo evangélico según el carisma
del propio Instituto y la idiosincrasia del pueblo con el cual entran
en contacto. De esta fecunda relación surgirán estilos de vida y
métodos pastorales que pueden ser una riqueza para todo el Ins-
tituto, si se demuestran coherentes con el carisma fundacional y
con la acción unificadora del Espíritu Santo»13.
Radicalismo14 viene del latín radix- raíz y radicalis (relativo a
la raíz) significa:
- Lo que se diferencia de los comportamientos o costumbres
habituales,
- Lo que es extremado,
12 VC, n. 5.
13 VC, n. 80.
14 Cfr. Diccionario teológico de la vida consagrada, Ed. Claretiana Madrid 1992,
1501 ss.
106
Aspectos más importantes: 1ª parte
- Lo que es difícil,
- Lo que es cortante,
- Lo que es abrupto y
- Lo que es exigente.
Así se denominan las palabras de Jesús y de los Apóstoles
que tienen “una expresión tensa, unas formas duras que marcan
con gravedad y severidad, quizá trágicamente, la enseñanza y la
llamada del Evangelio” (B. Rigaux).
Son las absolutas exigencias de la existencia cristiana, exigen-
cias inagotables que ninguna ley puede encerrarles y a la que sólo
respondemos parcialmente.
Son exigencias particularmente inhabituales, duras y
absolutas.
El radicalismo evangélico ha sido siempre el motor principal
de los grandes movimientos fundacionales y renovadores de la
vida religiosa.
Puede verse en 5 aspectos:
1) El radicalismo del seguimiento de Jesús.
2) El radicalismo de la no-pretensión.
3) El radicalismo del amor.
4) El radicalismo en el uso de los bienes.
5) La dificultad de la empresa.
(Sólo veremos los tres primeros).
1. Radicalismo del seguimiento de Jesús.
Para el que se compromete a seguirle, Jesús debe tener la prio-
ridad absoluta. Él es más importante que todo: familia, oficio,
bienes. Se debe abandonar todo y de modo inmediato.
107
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Es más importante que enterrar al padre.
Tomada la decisión no hay que mirar atrás.
Es comprometerse en un camino imprevisible (“no tiene don-
de reclinar la cabeza” (Mt 8,20).
Es negarse a sí mismo; tomar su cruz aceptar perder la vida
física, descentrarse de sí mismo.
Se impone rupturas: Jesús debe ser más amado que el padre,
la madre, el hijo o la hija, más que la propia vida.
Quien no renuncia a todo lo que posee no puede ser su
discípulo.
Algunos son llamados a renunciar al matrimonio.
* El que sigue a Jesús así es enviado a la misión.
Misión que debe desarrollarse en el despojo material total, en
el abandono absoluto a Dios y en amor fraterno a los hombres.
En ello encontrará oposición violenta por parte de las auto-
ridades religiosas y civiles, aún su familia se volverá contra él.
Será odiado de todos.
Todas estas exigencias son “a causa de mí [Jesucristo] y del
Evangelio” (Mc 8,35).
Por su causa todo lo demás se relativiza, pierde importancia.
Esta entrega de sí a Jesús, la fe en él, la adhesión a sus ejemplos
no puede ser sino absoluta e incondicional.
El seguimiento de Cristo no conoce otra ley que el amor y el
amor es sin medida…
108
Aspectos más importantes: 1ª parte
2. Radicalismo de la no-pretensión.
… es el hecho de que cualesquiera que sean las obras que hace
el hombre no puede tener ningún derecho ni pretensión sobre
Dios o sobre una recompensa.
… el Reino según las bienaventuranzas, es de los mansos, de
los impotentes y desarmados como niños.
… después de haber hecho todo lo mandado ¡el servidor no pe-
dirá nada! Continuará trabajando consumándose; ¡siervo inútil!
Que por su trabajo no merece ninguna recompensa especial.
Como en la parábola de los obreros de la viña, serán los paga-
dos no por su trabajo, sino porque Dios es bueno.
Se exige del discípulo un despojo absoluto, un descentramien-
to total de sí mismo.
Ante Dios y ante lo que Dios quiere darle el hombre es un
pobre mendigo y sus méritos son irrisorios en relación con la
sobreabundancia del don gratuito.
La no pretensión es el reconocimiento de este hecho. De modo
que bien pensado nos encontramos con dos cosas: Por una par-
te, una pobreza radical que ninguna obra o mérito puede jamás
llenar; y por otra, la sobreabundancia de la gracia que viene a
llenar el vacío.
Nada puede atraer el favor de Dios, sino precisamente su po-
breza y su vacío, que Dios quiere llenar por pura misericordia.
Es el sentido profundo de las bienaventuranzas. Los pobres, pe-
nitentes, mansos, hambrientos y sedientos, los misericordiosos,
los puros, los pacíficos, los perseguidos son llamados bienaven-
109
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
turados porque Dios viéndoles en esa situación se apresura a in-
tervenir en su favor para colmarlos de sus bendiciones.
Este es el radicalismo más absoluto: sabe que la salvación
viene sólo de Dios y no de él mismo; es la muerte a sí mismo y
a toda su pretensión.
3. El radicalismo del amor.
Seguir a Jesús exige que se conceda a Jesús la primacía, la
preferencia en todo. Otra serie de exigencias se refiere al amor
del prójimo.
El sermón de la montaña precisa las características de ese
amor: La “regla de oro”: “Por eso, cuanto quisieres que os hagan
a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos” (Mt 7,12).
Hay que amar al que nos irrita.
Hay que amar al que suscita la cólera y la injuria
Hay que amar al que exige e insiste.
Hay que amar al que pretende forzarme, imponerse y violen-
tarme, a él tengo que saludar incluso hacerle el bien, bendecirle.
En este sentido van las recomendaciones:
- De no juzgar.
- De no condenar.
- De perdonar siempre más allá de toda medida.
El verdadero amor es el que acepta al otro en su alteridad,
incluso cuando ese otro es hostil y enemigo.
Como Jesús, su discípulo, debe ser “manso y humilde de cora-
zón”. El hombre manso es el que soporta la condición, el que está
desprovisto de agresividad, el que huye de las querellas inútiles.
110
Aspectos más importantes: 1ª parte
Los que tienen en la comunidad responsabilidades, tienen que
huir de la tentación de considerarse “grande” y de hacer sentir
su autoridad.
El primero debe hacerse último; el grande, pequeño; el jefe,
servidor.
En el radicalismo del amor se propone unas exigencias des-
acostumbradas y desmesuradas. Van precisamente contra el
egoísmo espontáneo del hombre.
El amor del prójimo hace de cada uno de nosotros un deudor
insolvente “No estéis en deuda con nadie, si no es en la del amor
mutuo; porque quien ama al prójimo ha cumplido la Ley” (Ro
13,8), ¡nunca terminaremos de pagar nuestra deuda!
Al igual que los otros radicalismos la perfección del amor es
como un horizonte que se aleja a medida que se avanza. Allí está
el secreto de lo que se vive en los tiempos fundacionales.
3. Holocausto
Para entender el significado profundo de lo que es holocausto
debemos detenernos a considerarlo en el Antiguo Testamento, en
el sacrificio de Cristo en la Cruz, en su perpetuación en la Misa
y en su vivencia en la vida consagrada.
a. Los preceptos ceremoniales del Antiguo Testamento
tienen causa literal y figurativa
Santo Tomás15 inquiere si los preceptos ceremoniales no tie-
nen causa literal, sino sólo figurativa.
15 S Th, 1-2, q. 102, a. 2; Cf. In Rom. 4 lect.2.
111
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Responde diciendo que los preceptos ceremoniales figuraban
a Cristo, como también la historia del Antiguo Testamento, pues
se dice en 1 Cor 10,11 que todas las cosas les pasaban en figura.
Pero en la historia del Antiguo Testamento, fuera de su sentido
místico o figurativo, tenían un sentido literal; luego también los
preceptos ceremoniales, fuera de sus causas figurativas, tenían
causas literales.
La razón de las cosas que se ordenan a un fin es preciso tomar-
las del mismo fin. El de los preceptos ceremoniales es doble, por-
que primeramente se ordenaban al culto de Dios en aquel tiempo,
y luego, a figurar a Cristo. Igual las palabras de los profetas, que
de tal manera respondían a los tiempos presentes, que también
figuraban los futuros, como dice San Jerónimo en Super Osee
1,35. Así pues, las razones de los preceptos ceremoniales de la ley
vieja se pueden tomar de dos maneras: una, por la razón del culto
divino que debía observarse en aquel tiempo16. Estas razones son
literales, que miran a evitar el culto de los ídolos, a recordar los
beneficios de Dios, a expresar la excelencia divina o a designar
las disposiciones de la mente que entonces se requerían en los
adoradores de Dios. De otro modo se pueden asignar las razones
de estos preceptos como ordenados a figurar a Cristo, y así tie-
nen razones figurativas o místicas, sea que se tomen del mismo
Cristo y de su Iglesia, lo que pertenece al sentido alegórico, sea
que digan relación a las costumbres del pueblo cristiano, y es el
sentido moral, sea que miren al estado de la gloria futura, en que
nos introduce Cristo, y es el sentido anagógico.
16 ARISTÓTELES, c.9 n.2.6 (BK 200a10; b5): S. TH., lect.15. 5. L.5 super 1,3: ML
25,364.
112
Aspectos más importantes: 1ª parte
Las objeciones que se formula las refuta así:
1. De los preceptos ceremoniales, los principales eran la cir-
cuncisión y la inmolación del cordero pascual; y ninguna de estas
dos tenían sino causa figurativa, pues uno y otro fueron dados
como señal. En efecto, se dice en Gn 17,11: Circuncidaréis la
carne de vuestro prepucio, para que sea señal de alianza entre
mí y vosotros. Y de la celebración de la Pascua se dice en Ex 13,9:
Será como señal en tu mano y como recuerdo ante tus ojos.
Luego mucho menos los otros preceptos ceremoniales tendrán
otra causa que la figurativa.
+ El sentido de la locución metafórica en las Escrituras es
literal, porque las palabras se profieren para expresar ese senti-
do, y, de la misma suerte, la significación de las ceremonias de
la ley son conmemorativas de los beneficios divinos, por lo cual
fueron instituidos, o de otros casos semejantes pertenecientes al
estado del pueblo antiguo, y todo esto no trasciende el orden de
las causas literales. Por consiguiente, el señalar como causa de
la Pascua el ser señal de la liberación de Egipto y de la circunci-
sión, pacto que Dios hizo con Abrahán, todo esto pertenece a las
causas literales.
2. El efecto ha de ser proporcionado a su causa; pero todos
los preceptos ceremoniales son figurativos, según se dijo en la
cuestión precedente; luego no tienen más que causa figurativa.
+ Esa razón valdría si los preceptos ceremoniales hubieran
sido dados sólo para figurar a Cristo y no para honrar a Dios,
según convenía en aquel tiempo.
113
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
3. Lo que es indiferente para ser de uno u otro modo no parece
que tiene causa literal; pero hay cosas en estos preceptos en que
no parece que haya motivo para que se hagan de esta o de la otra
manera; [Link]., el número de los animales que se han de ofrecer, y
otras circunstancias particulares como éstas: luego los preceptos
de la ley vieja no tienen razón literal.
+ Como de las leyes humanas se dijo atrás (q.96 a. 1.6) que
tienen una razón general, mas no particular, antes en esto de-
penden de la voluntad de los legisladores; así muchas determi-
naciones particulares de las ceremonias de la ley vieja no tienen
causa literal, sino sólo figurativa. Pero en general tienen su causa
literal.
b. Los preceptos ceremoniales tienen razones
convenientes
Se pregunta Santo Tomás17 si es posible asignar razón con-
veniente a las ceremonias relativas a los sacrificios del Antiguo
Testamento.
Responde que sí, por la enseñanza de Lv 1,13 «Y todo lo
ofrecido lo quemará el sacerdote sobre el altar. Es un holocausto
y suave olor al Señor». Pero, según se dice en Sb 7,28 «Dios no
ama a nadie sino al que mora con la sabiduría»; de donde se
sigue que cuanto es acepto a Dios, va informado por la sabiduría.
Luego aquellas ceremonias de los sacrificios estaban informadas
por la sabiduría y tenían causas razonables.
Según vimos en el artículo precedente, las ceremonias de
la ley antigua tienen dos causas: una literal, según la cual se or-
denaban al culto de Dios, y otra figurativa o mística, en orden a
17 S Th, 1-2, q. 102 a. 3; Cf. In Is. 1; In Io. 1 lect.14; In Psalm. ps.39.
114
Aspectos más importantes: 1ª parte
figurar a Cristo. Por una y otra parte se pueden asignar las causas
convenientes de las ceremonias que afectan a los sacrificios18. En
cuanto ordenados al culto divino, la razón de los sacrificios era
doble: la primera mira los sacrificios como expresión de la eleva-
ción de la mente a Dios, elevación que el oferente avivaba19 con
el mismo sacrificio. A esta recta ordenación de la mente a Dios
pertenece que el hombre reconozca que cuanto tiene proviene
de Dios como de su primer principio y lo ordene a Él como a su
último fin. Esto se expresa por las oblaciones y sacrificios que
el hombre ofrecía a honor de Dios de las cosas que posee, en re-
conocimiento de que las posee de Él. Esto concuerda con lo que
dice David en 1 Par 29,14: Tuyas son todas las cosas, y lo que de
tu mano hemos recibido te lo hemos dado. De manera que con
las oblaciones y sacrificios protestaba el hombre que Dios era el
primer principio de la creación de las cosas y el fin último a quien
había de referirlas.
Y porque pertenece a la recta ordenación de la mente a Dios
que la mente humana no reconozca otro primer autor de las cosas
fuera de Dios ni ponga en otro alguno su fin, por eso se prohibía
en la ley ofrecer sacrificios a otro que a Dios, según lo que se dice
en Ex 22,20: El que inmola a los dioses, fuera de Dios solo, será
castigado con la muerte. De aquí puede señalarse otra causa de
18 Con la introducción del sentido literal, el Aquinate sienta las bases del realismo
histórico del Antiguo Testamento. Con la introducción de los diversos sentidos fi-
gurativos, destaca la ordenación de la ley antigua a la ley nueva, cuya plenitud es
Cristo. En esta distinción de sentidos está la clave para entender racionalmente todo
el tratado de la ley antigua con relación a la ley nueva.
19 avivar. (De vivo). tr. Dar viveza, excitar, animar. || 2. Encender, acalorar. || 3.
Hacer que arda más el fuego. || 4. Hacer que dé más claridad la luz artificial. || 5.
Poner los colores más vivos, encendidos, brillantes o subidos. || 7. Cobrar vida, vigor.
U. t. c. prnl.
115
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
los sacrificios, a saber, que por ellos se retraían los hombres de
sacrificar a los ídolos.
Por esto, los preceptos sobre los sacrificios no fueron dados
al pueblo hebreo sino después que mostró su propensión a la
idolatría adorando al becerro fundido, como si estos sacrificios
hubieran sido instituidos para que el pueblo, inclinado a ellos, los
ofreciera a Dios y no a los ídolos. De aquí lo que dice Dios por
Jeremías 7,22: No hablé a vuestros padres y no les mandé nada
tocante a los holocaustos y a las víctimas el día que los saqué de
la tierra de Egipto.
Entre todos los beneficios que hizo Dios al género humano
después de su caída en el pecado, descuella la donación de su
propio Hijo, por lo que se dice en Jn 3,16: Así amó Dios al mundo,
que le dio a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El,
no perezca, sino alcance la vida eterna.
Y así, el principal sacrificio fue el del mismo Cristo, que se
ofreció a sí mismo a Dios en olor suave, como se dice en Ef 5,2.
Todos los sacrificios de la ley antigua se ofrecían para figurar este
singular y principal sacrificio, como lo perfecto por lo imperfec-
to. Conforme a esto, dice el Apóstol en Heb 10,11s: El sacerdote
de la antigua ley ofrecía muchas veces las mismas víctimas inefi-
caces para quitar los pecados; Cristo, en cambio, se ofreció por
los pecados una vez para siempre. Y por cuanto de lo figurado
se toma la razón de la figura, por eso del verdadero sacrificio de
Cristo se toman las razones figurativas de los sacrificios de la
antigua ley.
116
Aspectos más importantes: 1ª parte
Santo Tomás se objeta a sí mismo y da la respuesta cada
objeción.
1. Las cosas que se ofrecían en sacrificio eran las que el hom-
bre necesita para sustentar su vida, como ciertos animales y pa-
nes; pero Dios no necesita de tal sustento, según se dice en Sal
49,13: ¿Acaso como yo la carne de los toros o bebo la sangre de
los machos cabríos? Luego sin razón se ofrecían a Dios tales
sacrificios.
+ No quería Dios que estos sacrificios se le ofrecieran por
amor de las cosas ofrecidas, como si de ellas necesitase; por lo
cual se dice en Is 1,11: Harto estoy de holocaustos de carneros,
del sebo de vuestros bueyes cebados; no quiero sangre de toros,
ni de ovejas, ni de machos cabríos.
Lo que Dios pretendía con estas ofrendas era, según se dijo
antes (sol.), excluir la idolatría, expresar la debida ordenación
de la mente humana a Dios y también figurar el misterio de la
redención humana por Cristo.
2. En los sacrificios divinos sólo se ofrecían tres especies de
cuadrúpedos, a saber, el buey, la oveja y la cabra; de las aves, la
tórtola y la paloma, y en casos especiales, [Link]., en el sacrificio
para la purificación del leproso, los gorriones.
Pero hay otros animales más nobles que éstos. Y como a Dios
se debe ofrendar lo mejor de todo, parece que no sólo de estas
cosas se habían de ofrecer sacrificios a Dios.
+ Había razones de conveniencia universal por las que se
ofrecían a Dios estos animales.
117
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
La primera era desterrar la idolatría, pues los gentiles ofrecían
a sus dioses todos los otros animales o de ellos se servían para
sus maleficios; en cambio, estos animales eran abominables para
los egipcios, con quienes habían tenido largo trato los hebreos,
y no los ofrecían a sus dioses, según se dice en Ex 8,26: Las
abominaciones de los egipcios es lo que debemos inmolar al
Señor, nuestro Dios. Los egipcios, en cambio, rendían culto a las
ovejas, veneraban a los machos cabríos, bajo cuya figura se les
aparecían los demonios; y los bueyes, aparte de emplearlos en la
agricultura, los contaban entre los seres sagrados.
Otra conveniencia era la ordenación de la mente a Dios por
una doble causa: primero, porque por estos animales principal-
mente se sustenta la vida humana; son, además, limpísimos y
usan de alimento limpio, a diferencia de los animales salvajes,
que no pueden ser el alimento ordinario del hombre, y los mis-
mos domésticos, como el puerco y la gallina, se alimentan de
cosas inmundas, y no era razonable ofrecer a Dios cosa que no
fuese limpia. Las aves que se le ofrecían abundaban en la tierra
prometida.
Segundo, porque con la inmolación de estos animales se sig-
nificaba la pureza de la mente; pues, como dice la Glosa sobre
el Lv 6: Ofrecemos el becerro cuando vencemos la soberbia de
la carne; el cordero, cuando corregimos los movimientos con-
trarios a la razón; el cabrito, cuando subyugamos la lascivia; la
paloma, cuando nos conducimos con sencillez; la tórtola, cuan-
do guardamos la castidad; los panes ácimos, cuando obramos
con sinceridad. Y es bien evidente que la paloma simboliza la
castidad y la sencillez.
118
Aspectos más importantes: 1ª parte
Tercera razón de conveniencia era que estos animales ofre-
cidos eran figura de Cristo, pues en la misma Glosa se dice207:
Cristo es ofrecido en el becerro por la virtud de la cruz; en el
cordero, por la inocencia; en el carnero, por el principado; en
el macho cabrío, por la semejanza de la carne de pecado; en la
tórtola y la paloma se significa la unión de las dos naturalezas, o
la castidad en la tórtola y en la paloma la caridad; y en la flor de
harina, la aspersión de los creyentes con el agua bautismal.
3. El hombre recibió de Dios el dominio de los peces, lo mis-
mo que el de los volátiles y de las fieras; luego sin razón los peces
son excluidos de los sacrificios.
+ Los peces que viven en el agua están más alejados del hom-
bre que los otros animales, que, como el hombre, viven en el
aire. Además, que los peces mueren en cuanto se los saca del
agua, y así no podían ser ofrecidos en el templo como los otros
animales.
4. Se prescribía ofrecer indiferentemente tórtolas o palomas;
pues, como prescribía ofrecer los pichones, también se debían
sacrificar los tortolinos.
+ De las tórtolas son preferibles las mayores a las pequeñas;
al contrario que en las palomas; por eso dice rabí Moisés21 que se
manda ofrecer las tórtolas y los pichones porque a Dios se debe
ofrecer lo mejor de todo.
20 6. Glossa ordin. super Lev. c.1 prol. (I 214B); SAN ISIDORO, Quaest. in Vet.
Test, in Lev. c.1: ML 83,321. 7. Glossa ordin. super Lev. c.1 prol. (I 214B); SAN ISI-
DORO, Quaest. in Vet. Test. in Lev. c.1: ML 83,321.
21 Doct. perplex. p.3 c.46 (FR 360).
119
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
5. Dios es el autor de la vida de los hombres y de los anima-
les, como se ve por Gn 1,20. La muerte se opone a la vida; luego
debieran ofrecerse a Dios no anímales muertos, sino vivos, y
más desde que el Apóstol exhorta en Ro 12,1 a ofrecer nuestros
cuerpos como hostia viva, santa y grata a Dios.
+ Se mataban los animales ofrecidos en sacrificio porque así
es como los consume el hombre, y así fueron dados por Dios al
hombre para su alimento. Por esto también se quemaban al fuego,
porque así suele comerlos el hombre. Asimismo, por la muerte
de los animales se significaba la destrucción de los pecados y
que el hombre era digno de muerte por sus pecados, como si los
animales fueran muertos en lugar de los hombres, significando
la expiación de los pecados. También se significaba en la muerte
de los animales la muerte de Cristo.
6. Puesto que no se ofrecían en sacrificio a Dios sino los ani-
males muertos, no había por qué atender a la manera de su muer-
te; sin razón, pues, se determina el modo de la inmolación, sobre
todo de las aves, como se ve en Lv 1,15ss.
+ El modo especial de matar los animales inmolados lo deter-
mina la ley para excluir otros modos de inmolación usados por
los idólatras. O también, según dice rabí Moisés22: la ley eligió
aquel modo de muerte que menos hace sufrir a los animales,
excluyendo con esto la dureza con los que ofrecen y el deterioro
de los animales muertos.
7. Todo defecto de los animales es principio de corrupción y
de muerte; pues, si se ofrecían a Dios animales muertos, no había
22 Doct. perplex. p.3 c.28 (FR 371).
120
Aspectos más importantes: 1ª parte
por qué excluir de la oblación los imperfectos; v. gr., los cojos, o
los ciegos, o los defectuosos por otro capítulo.
+ Los animales defectuosos suelen ser tenidos en poco entre
los hombres, y por eso se prohibía ofrecerlos a Dios. Por esta
misma causa se prohibía (Dt 23,18) presentar como ofrenda a
Dios la merced de una meretriz y el precio de un perro (de un
prostituto). Por la misma causa no se ofrecían animales antes del
séptimo día, porque tales animales eran mirados como abortivos
a causa de su inconsistencia y ternura.
8. Los que ofrecían las víctimas debían participar de ellas,
según la sentencia del Apóstol en 1 Cor 10,18: ¿No participan del
altar los que comen de las víctimas?
Luego sin razón se sustraen a los oferentes algunas porciones
de las víctimas, [Link]., la sangre, la grasa, el pecho y la paletilla
derecha.
+ Los sacrificios serán de tres géneros: el holocausto o total-
mente quemado, porque toda la víctima era quemada en honor
de Dios. Tales sacrificios se ofrecían especialmente en reverencia
de la majestad divina y por amor de su bondad. Correspondía
al estado de perfección, que consiste en el cumplimiento de los
consejos [propios de la vida consagrada]. Se quemaba todo el
animal, que, reducido a humo, subía al cielo para significar que
el hombre todo y todas sus cosas están sujetos al dominio de Dios
y todas deben serle ofrecidas.
Otro es el sacrificio por el pecado, que se ofrecía para obtener
la remisión de los pecados y corresponde al estado de los peni-
tentes por la satisfacción de sus pecados. En este sacrificio se
121
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
dividía la víctima en dos partes, de las que una era quemada, otra
se reservaba para el sacerdote a fin de significar que la expiación
de los pecados la realiza Dios por ministerio de los sacerdotes.
Sólo cuando se ofrecía el sacrificio por los pecados del pueblo
todo o del sacerdote, se quemaba la víctima entera, pues no debía
apropiarse el sacerdote lo que se ofrecía por sus propios pecados,
para que no quedase en él cosa de pecado y porque eso no sería
satisfacción por el pecado. Si la víctima se distribuyese a aquellos
por cuyos pecados se ofrecía, sería igual que si no se ofreciese.
El tercer género de sacrificio se llamaba hostia pacífica, la
cual se ofrecía a Dios, sea en acción de gracias, sea por la salud
o prosperidad de los oferentes, sea por razón de un beneficio que
se esperaba o que ya se había recibido, y conviene al estado de los
que van aprovechando en el cumplimiento de los mandamientos
de Dios. En estos sacrificios se dividía la víctima en tres partes;
la una se quemaba en honor de Dios; la segunda se atribuía a los
sacerdotes, y la tercera era de los oferentes, para significar que
la salud del hombre procede de Dios bajo la dirección de sus
ministros y con la cooperación de los mismos hombres que ob-
tienen la salud. Y la regla general era que ni la sangre ni la grasa
se distribuían al sacerdote o a los oferentes, porque la sangre era
derramada al pie del altar, y la grasa era quemada al fuego. La
primera razón de esto era excluir la idolatría, pues los gentiles be-
bían la sangre de las víctimas y comían sus grasas, según lo que
se dice en Dt 32,38: Los que comían las grasas de sus víctimas y
bebían el vino de sus libaciones. La segunda razón era servir de
regla de la vida humana, y así se prohibía comer la sangre para
inspirar horror al derramamiento de la sangre humana; por lo
122
Aspectos más importantes: 1ª parte
cual se dice en Gen 9,4ss: No comeréis carne con sangre, pues
yo demandaré vuestra sangre de mano de cualquier viviente,
como la demandaré de mano del hombre extraño o deudo. La
comida de las grasas se prohibía para evitar la lascivia; por donde
se dice en Ez 34,3: Matabais el ganado gordo. La tercera razón
es la reverencia divina, pues la sangre es sumamente necesaria
para la vida; por lo cual se dice que el alma está en la sangre
(Lev 17,11-14). La grasa indica la abundancia de aumento. De
esta manera, para mostrar que de Dios procede la vida y todos
los bienes, se derrama la sangre y se quema la grasa en honor de
Dios. Una cuarta razón es la de figurar la efusión de la sangre de
Cristo y la abundancia de su caridad, por la cual se ofreció a Dios
por nosotros. De las hostias pacíficas se concedía al sacerdote el
pecho y la paletilla derecha, para excluir cierta especie de adi-
vinación llamada «espatulomancia», porque pretendían adivinar
por el omóplato de los animales y por los huesos del pecho, todo
lo cual se sustraía por eso a los oferentes. Por aquí se significaba
también cuan necesaria era al sacerdote la sabiduría del cora-
zón para instruir al pueblo, significado en el pecho, que cubre
el corazón, y asimismo la fortaleza para soportar los defectos,
significada por el brazo derecho.
9. Como se ofrecían a Dios holocaustos, también se ofrecían
víctimas pacíficas y víctimas por el pecado; pero no se ofrecían a
Dios holocaustos de animales hembras, siendo así que se ofrecían
tanto de los cuadrúpedos como de las aves; luego sin razón se
ofrecían hembras en los sacrificios pacíficos y por el pecado, y
se excluían las aves de los sacrificios pacíficos.
123
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
+ El holocausto era el más perfecto de los sacrificios, y por
eso no se ofrecía en él sino animal macho: la hembra es ani-
mal imperfecto. La ofrenda de las tórtolas y palomas se admitía
en atención a la pobreza de los oferentes que no podían ofrecer
animales mayores. Y porque las hostias pacíficas se ofrecían li-
bremente, y nadie era obligado a ofrecerlas, por esto estas aves no
se ofrecían entre las hostias pacíficas, sino entre los holocaustos y
hostias por el pecado, que a veces era preciso ofrecer. Estas aves,
a causa de la altura de su vuelo, simbolizan la perfección de los
holocaustos, y también las hostias por el pecado, porque su canto
es un gemido.
10. Todas las víctimas pacíficas parecen ser del mismo gé-
nero; luego no debió hacerse esta diferencia: que las carnes de
unos sacrificios pudieran comerse al día siguiente y otras no,
como se manda en Lv 7,15ss.
+ Entre todos los sacrificios, el principal era el holocausto
en el que era consumido todo en honor de Dios y nada de él se
comía. El segundo lugar lo obtenía la hostia por el pecado, que
era comido por solos los sacerdotes en el atrio y el mismo día del
sacrificio. El tercer lugar, la hostia pacífica en acción de gracias,
que se debía comer el mismo día, pero en toda Jerusalén. El cuar-
to lugar lo tenía la hostia pacífica por voto, cuyas carnes podían
comerse aun al día siguiente. La razón de este orden es porque
la máxima obligación del hombre con Dios radica en la majestad
divina; la segunda dimana de la ofensa cometida; la tercera se
funda en los beneficios recibidos, y la cuarta, en los bienes que
se espera recibir.
124
Aspectos más importantes: 1ª parte
11. Todos los pecados convienen en apartar de Dios; luego
por todos los pecados debía ofrecerse el mismo género de sacri-
ficios para alcanzar la reconciliación con Dios.
+ Se agravan los pecados por la condición del pecador, según
antes dijimos, y por esto una era la víctima preceptuada por el
pecado del sacerdote o de un príncipe; otra la que se mandaba
por una persona privada. Conviene advertir que, según dice rabí
Moisés23, cuanto más grave era el pecado, tanto más vil era la
víctima que por él se ofrecía. Y así se ofrecía una cabra, que es
el más vil de todos los animales, por el pecado de idolatría, que
es el más grave de los pecados; por la ignorancia del sacerdote
debía ofrecerse un becerro, y un macho cabrío por la negligen-
cia de un príncipe.
12. Todos los animales que se ofrecían en sacrificio, se ofre-
cían de un mismo modo, es decir, muertos; no parece haber razón
para la diversidad de modos de oblación con que los productos
de la tierra se ofrecían. Ahora bien, se ofrecían ya las espigas,
ya la harina, ya el pan cocido en el horno, en la sartén o en la
parrilla.
+ Mirando la ley a proveer a la pobreza de los oferentes, dis-
puso que quien no pudiera ofrecer un cuadrúpedo, a lo menos
ofreciera un ave; y el que ni esto podía, ofreciese un pan; y si
ni aun esto tenía, un poco de harina o unas espigas. La causa
figurativa era que el pan significaba a Cristo, el pan vivo, según
se lee en Jn 6,41.51, el cual estaba como en la espiga, en la fe de
los patriarcas durante la ley natural; y era como la flor de harina
23 Doct. perplex. p.3 c.46 (FR 363).
125
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
conservada en la doctrina de la Ley y de los Profetas; y era el pan
amasado después de tomada carne humana, como pan cocido
al fuego, esto es, formado por el Espíritu Santo en el horno del
seno virginal; como pan cocido en la sartén por los trabajos que
en este mundo soportó, y por los de la cruz, como quemado en
las parrillas.
13. Todo cuanto recibimos para satisfacción de nuestras ne-
cesidades, hemos de reconocer que nos viene de Dios; luego sin
motivo, fuera de los animales, se ofrecían sólo estos productos:
pan, vino, aceite, incienso y sal.
+ Los productos de la tierra usados por el hombre, o son para
su comida, y de estos se ofrecía el pan; o para bebida, y de éstos
se ofrecía el vino; o son para condimento, y de ellos se ofrecía
el aceite y la sal; o son para medicina, y de éstos se ofrecía el
incienso, que es aromático y estimulante. Por el pan era figurada
la carne de Cristo; por el vino, su sangre, por la que fuimos redi-
midos; el aceite figura la gracia de Cristo; la sal, la ciencia, y el
incienso, la oración.
14. Los sacrificios corporales expresan el sacrificio interior
del corazón, por el que el hombre ofrece a Dios su propio espíritu;
pero en este sacrificio interior hay más de dulce, representado
por la miel, que de amargo, que representa la sal, según se dice
en Eclo 24,27: Mi espíritu es más suave que la miel. Luego sin
motivo se prohíbe en el Levítico añadir al sacrificio la miel y el
fermento, que hace el pan sabroso, y se manda poner sal, que es
picante, e incienso, que tiene sabor amargo. Por esto parece que
cuanto se prescribe sobre las ceremonias de los sacrificios no
tiene causa razonable.
126
Aspectos más importantes: 1ª parte
+ No se ofrecía la miel en los sacrificios, porque acostum-
braban a ofrecerla en los sacrificios de los ídolos; y también para
excluir todo dulzor carnal y voluptuosidad en quienes querían
ofrecer sacrificios a Dios. El fermento no se ofrecía, para excluir
la corrupción y, tal vez, porque acostumbraban a ofrecerlo en los
sacrificios de los ídolos. Pero se ofrecía la sal, que impide la co-
rrupción y la podredumbre, pues los sacrificios de Dios deben ser
incorruptos; y asimismo porque la sal significa la discreción de
la sabiduría o la mortificación de la carne. El incienso se ofrecía
a Dios para designar la devoción de la mente, necesaria en los
oferentes, y también el olor de la buena fama, pues el incienso es
graso y oloroso. Y porque el sacrificio de los celos no procedía de
devoción, sino más bien de suspicacia; por esto en él no se ofrecía
incienso (Nm 5,15).
c. El sacrificio de Cristo en la cruz es sacrificio por los
pecados, hostia o víctima pacífica y holocausto24
Está lo que dice el Apóstol en Ef 5,2: Cristo nos amó y se
entregó por nosotros como oblación y víctima a Dios en olor de
suavidad.
Como escribe Agustín en el libro X De Civ. Dei 4, todo sa-
crificio visible es el sacramento, es decir, el signo del sacrificio
invisible. Y es sacrificio invisible aquel por el que el hombre
ofrece a Dios su propio espíritu, conforme a las palabras de Sal
50,19: Es sacrificio para Dios el espíritu contrito. Por eso, todo lo
que es ofrecido a Dios para que el espíritu del hombre sea llevado
hacia Él, puede llamarse sacrificio.
24 [Link]., III, q. 22, a. 2; Cf. In Hebr. 9 lect. 3 y 5.
127
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Así pues, el hombre necesita del sacrificio por tres motivos:
Primero, para la remisión del pecado, que le aparta de Dios.
Y por eso dice el Apóstol en Heb 5,1 que concierne al sacerdote
ofrecer dones y sacrificios por los pecados. (En la ley antigua era
el sacrificio por el pecado).
Segundo, para que el hombre se conserve en estado de gracia,
unido siempre a Dios, en quien consiste su paz y su salvación. De
ahí que, en la ley antigua, se sacrificase una víctima pacífica por
la salvación de los oferentes, como se lee en Lev 3.
Tercero, para que el alma del hombre se una perfectamente a
Dios, lo que acontecerá sobre todo en la gloria. Por eso, en la ley
antigua, se ofrecía el holocausto, a modo de combustión total,
como se dice en Lev 1.
Ahora bien, todos estos beneficios se han verificado en noso-
tros por medio de la humanidad de Cristo. Pues, efectivamente:
primero, fueron borrados nuestros pecados, según las palabras
de Ro 4,25: Fue entregado por nuestros pecados. Segundo, por
Él recibimos la gracia que nos salva, conforme a Heb 5,9: Fue
hecho causa de salud eterna para todos los que le obedecen.
Tercero, por Él hemos logrado la perfección de la gloria, como
se lee en Heb 10,19: Tenemos confianza, en virtud de su sangre,
de entrar en el lugar de los santos, es decir, en la gloria celestial.
Y por eso el propio Cristo, en cuanto hombre, no sólo fue sacer-
dote, sino también víctima perfecta, siendo a la vez víctima por
el pecado, hostia pacífica y holocausto.
128
Aspectos más importantes: 1ª parte
d. Por ser la Misa perpetuación del sacrificio de la cruz, la
Misa es: sacrificio por los pecados, hostia o víctima pacífica
y holocausto
Dice Royo Marín «El sacrificio del altar recoge, elevándolas
al infinito, las tres formas de sacrificio que se ofrecían a Dios en
el Antiguo Testamento:
a) El holocausto, porque la mística oblación de la Víctima
divina significa el reconocimiento de nuestra servidumbre ante
Dios mucho más perfectamente que la total combustión del ani-
mal que inmolaban los sacerdotes de la Antigua Ley;
b) La hostia pacífica, porque el sacrificio eucarístico es in-
cruento y carece, por lo mismo, del horror de la sangre [en espe-
cie propia];
c) Del sacrificio por los pecados, porque representa la muer-
te expiatoria de Cristo y nos la aplica a nosotros. Un tesoro, en
fin, de valor rigurosamente infinito»25.
e. La vida consagrada es holocausto
1. La vida consagrada o estado religioso lleva a la
perfección.
Con su acostumbrada claridad Santo Tomás26 enseña:
Está el hecho de que, en las Collationes Patrum 6, dice el
abad Moisés al hablar de los religiosos: Sepamos que hemos de
abrazar la mortificación de los ayunos, las vigilias, los trabajos,
25 Antonio Royo Marín, Teología Moral para seglares, BAC Madrid 1994, t. II, 5ª
ed., p.171.
26 S. Th., II-II, q. 186, a. 1; Cfr. S. Th., 2-2, q.184, a.5; In Mt. c.19; Cont. Gentes 3,130;
[Link] De Perf. Vitae Spir. c.11.16; I Quodl. q.7 a.2 ad 2; III Quodl. q.6.3
129
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
la desnudez corporal, la lectura y las demás virtudes para subir
por ellas hasta la perfección de la caridad. Pero los actos huma-
nos se especifican y reciben su nombre de la intención del fin.
Luego los religiosos se hallan en estado de perfección.
Incluso Dionisio, en VI De Eccles. Hier. 7, dice que aquellos
que se llaman siervos de Dios se unen a la amable perfección
mediante el servicio y el culto divinos.
Como ya demostramos antes (q.141 a.2), lo que es común a
muchos se atribuye por antonomasia al que lo posee en mayor
grado.
Así, el nombre de fortaleza lo toma para sí la virtud que obser-
va la firmeza frente a las cosas más difíciles, y el de templanza
se da, por encima de otras virtudes, a la que reprime los máxi-
mos placeres. La religión, por su parte, como ya dijimos (q.81
a.2; a.3 ad 2), es una virtud por medio de la cual se ofrece algo
para el servicio y culto de Dios. Por eso se llaman religiosos por
antonomasia aquellos que se entregan totalmente al servicio divi-
no, ofreciéndose como holocausto a Dios. De ahí que diga San
Gregorio en Super Ez.8: Hay quienes no se reservan cosa alguna
para sí mismos, sino que inmolan al Dios todopoderoso su pen-
samiento, su lengua, su vida, todos los bienes que recibieron.
Ahora bien: la perfección del hombre está en unirse totalmen-
te a Dios, como ya demostramos (q.184 a.2). Luego, bajo este
aspecto, la vida religiosa lleva consigo un estado de perfección.
A las objeciones y sus respuestas dice:
1. Parece que lo que es necesario para salvarse no pertenece
al estado de perfección. Pero la religión es necesaria para salvar-
130
Aspectos más importantes: 1ª parte
se, o porque por ella nos unimos al único Dios, como dice San
Agustín en su obra De Vera Relig. 1, o porque la religión recibe
su nombre del hecho de que elegimos de nuevo a Dios después
de haberlo perdido por el pecado, como dice San Agustín en X
De Civ. Dei 2.
Luego parece que el estado religioso no implica el estado de
perfección.
+ Consagrar algo al culto de Dios es necesario para salvarse;
pero es propio sólo de la perfección el que alguien le consagre
enteramente su persona y sus bienes.
2. Aún más: la religión, según Tulio 3, es la que rinde culto y
homenaje a la naturaleza divina. Pero parece que esto pertenece
a los ministerios de las órdenes sagradas más que a la diversidad
de estados, como se deduce de lo ya dicho (q.40 a.2; q.183 a.3).
Luego parece que el estado religioso no lleva consigo el estado
de perfección.
+ Como expusimos antes (q.81 a.1 ad 1; a.4 ad 1.2; q.85 a.3),
al tratar de la virtud de la religión, pertenecen a esta virtud no
sólo la oblación de sacrificios y otras cosas propias de la religión,
sino que los actos de todas las virtudes se convierten en actos de
religión en cuanto que dicen una relación al servicio y honor de
Dios. Según esto, si alguien dedica toda su vida al servicio divi-
no, su vida entera pertenecerá a la religión. Y bajo este aspecto,
debido a la vida que llevan, se llaman religiosos los que se hallan
en el estado de perfección.
131
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
3. Y también: el estado de perfección se distingue del estado
de los principiantes y de los adelantados. Pero también en el es-
tado religioso hay principiantes y avanzados.
Por tanto, el estado religioso no implica estado de
perfección.
+ La religión designa el estado de perfección por razón del fin
buscado. Por eso no es preciso que sea perfecto sino que tienda a
la perfección quienquiera que está en la vida religiosa. Por eso, al
comentar el pasaje de Mt 19,21: Si quieres ser perfecto, Orígenes
dice que quien ha cambiado las riquezas por la pobreza para ser
perfecto no se hará enteramente perfecto en el mismo momento
en que da sus bienes a los pobres, pero desde aquel día el pensa-
miento de Dios empezará a conducirlo a todas las virtudes.
Así es como en el estado religioso no son todos perfectos, sino
que hay principiantes y avanzados.
4. Además: parece que la vida religiosa es un estado de pe-
nitencia, puesto que se dice en las Decretales VII q.1 4: Manda
el santo Sínodo que quienquiera que descienda de la dignidad
pontifical a la vida monacal y al lugar de penitencia no vuelva
nunca al pontificado. Ahora bien: el lugar de penitencia se opone
al estado de perfección. Por eso Dionisio, en VI De Eccles. Hier.
5, coloca a los penitentes en el lugar más bajo, es decir, entre los
que han de purificarse. Parece, pues, que el estado religioso no
implica la perfección.
+ El estado religioso fue instituido principalmente para al-
canzar la perfección mediante ciertas prácticas con las cuales se
suprimen los obstáculos a la caridad perfecta. Y al suprimir estos
132
Aspectos más importantes: 1ª parte
obstáculos, se extirpan mucho más fácilmente las ocasiones de
pecado, que son las que hacen desaparecer la caridad.
Por eso, dado que es propio del penitente el cortar las causas
de los pecados, síguese que el estado religioso es sumamente
indicado para practicar la penitencia. Y así, en las Decretales
XXXIII q.2 canon Admonere 10, se aconseja, a uno que había
matado a su mujer, que entre en un monasterio, que es mejor y
más leve, antes que hacer penitencia pública permaneciendo en
el siglo.
2. Para la perfección de la vida consagrada es necesario
que los consejos evangélicos se consagren por un voto27.
Está el hecho de que los nazarenos eran consagrados con voto,
conforme a lo que leemos en Nm 6,2: Si uno, hombre o mujer,
hiciere voto de consagración, consagrándose a Yahveh... Ahora
bien: en éstos están representados aquellos que llegan al último
grado de la perfección, como dice la Glosa de San Gregorio. Por
tanto, el voto es necesario para el estado de perfección.
Es propio de los religiosos el hallarse en estado de perfección,
según demostramos antes (q.84 a.5). Ahora bien: para el estado
de perfección se necesita estar obligado con respecto a las cosas
que lo constituyen, y esta obligación se contrae con Dios por
medio del voto. Pero es evidente, por lo ya dicho (a.3.5), que la
pobreza, continencia y obediencia son elementos propios de la
vida cristiana. Por ello, el estado religioso requiere que el obli-
garse a ellas se haga mediante voto. Y así dice San Gregorio, en
Super Ez. 53: Cuando alguien promete al Dios omnipotente todo
27 S. Th., II-II, q. 186, a. 6; Cf. Op. XIX Contra Impugnantes Relig. c.1; op. XVIII
De Perf. Vitae Spir. c.12.15.
133
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
cuanto tiene, toda su vida y todo cuanto ama, ofrece un holo-
causto, lo cual, según dice más adelante, es propio de aquellos
que abandonan el siglo presente.
Dificultades y soluciones:
1. La disciplina de la perfección se tomó de la tradición del
Señor. Pero Él dio el programa de la perfección al decir en Mt
19,21: Si quieres ser perfecto, ve y vende cuanto tienes y dalo a
los pobres, sin mencionar para nada el voto. Luego parece que no
se precisa el voto para la disciplina de la vida religiosa.
+ El Señor dijo que era esencial a la vida perfecta el seguirle
no de cualquier modo, sino sin volverse atrás. Por eso El mismo
dice en Lc 9,62: Nadie que pone la mano en el arado y mira
atrás es apto para el reino de los cielos. Y aunque algunos de
sus discípulos se volvieron atrás al preguntar el Señor (Jn 6,67): Y
vosotros, ¿no queréis iros también?, respondió Pedro en nombre
de los demás: Señor, ¿a quién iremos? Por eso dice San Agustín,
en De Consensu Evangelist. 54, que, según narran San Mateo
y San Marcos, Pedro y Andrés le siguieron sin poner las naves
en la orilla, para no dar impresión de querer volver, sino como
se sigue a quien lo manda. Pero este firme propósito de seguir a
Cristo se reafirma mediante el voto. Luego éste es necesario para
la perfección del estado religioso.
2. Aún más: el voto consiste en una promesa hecha a Dios.
Por eso en Ecl 5,3, cuando dice el sabio: Si haces voto a Dios,
no tardes en cumplirlo, añade en seguida: Porque le desagrada
la promesa infiel y necia. Pero cuando hay ofrecimiento de una
cosa, sobra la promesa. Luego para la perfección del estado re-
134
Aspectos más importantes: 1ª parte
ligioso basta con que se observe la pobreza, la continencia y la
obediencia, sin formular un voto.
+ La perfección del estado religioso exige, como dice San
Gregorio, que uno entregue a Dios toda su vida. Pero el hombre
no puede entregar a Dios toda su vida de una vez, ya que la vida
no existe entera en un momento, sino que se realiza de un modo
sucesivo.
De ahí que el hombre no tenga otro modo de ofrecer a Dios
toda su vida que obligándose por medio de un voto.
3. Y también: dice San Agustín en su obra Ad Pollentium, de
Adulterin. Coniug. 51: De nuestros servicios, los más gratos son
aquellos que, aunque seamos libres para prestarlos, sin embargo
los préstamos por amor. Ahora bien: es lícito no dar aquellas
cosas que se dan sin voto. Por tanto, parece que es más grato a
Dios guardar la pobreza, continencia y obediencia sin voto, y éste
no es necesario para la perfección del estado religioso.
+ Entre otras cosas que estamos autorizados a no entregar
está también la libertad, que es para el hombre más apreciada
que las demás cosas.
Por eso, cuando alguien, mediante un voto, renuncia libremen-
te a la libertad de abstenerse de las cosas que dicen relación con el
servicio divino, realiza algo sumamente grato a Dios. De ahí que
diga San Agustín en Carta ad Armentarium et Paulinum 56: No
te arrepientas de haber hecho el voto; más aún, alégrate de que
no te esté permitido lo que te hubiera sido permitido para perjui-
cio tuyo. Feliz necesidad que empuja hacia cosas mejores.
135
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
3. La perfección de la vida consagrada consiste en los
tres votos28 .
Está lo que se dice en De Statu Monachorum 57: La observan-
cia de la castidad y la renuncia a las propiedades van unidas a
la regla monacal.
El estado religioso puede considerarse de tres modos. En pri-
mer lugar, como ejercicio por el que se tiende a la perfección de
la caridad. En segundo lugar, en cuanto que tranquiliza al alma
respecto de preocupaciones externas, conforme a lo que se dice
en 1 Cor 7,32: Quiero que no tengáis preocupaciones. En tercer
lugar, como holocausto mediante el cual uno ofrece plenamente
su persona y sus bienes a Dios. Bajo estos tres aspectos, los votos
antes mencionados constituyen la esencia del estado religioso.
En efecto, en primer lugar, considerando el ejercicio de la per-
fección, es preciso apartar los obstáculos que pudieran impedir
que el afecto tienda enteramente a Dios, lo cual constituye la
perfección de la caridad. Estos obstáculos pueden ser tres. El pri-
mero es la ambición de bienes externos, que se subsana mediante
el voto de pobreza. El segundo, el deseo de deleites sensibles
(entre los cuales ocupan el primer lugar los placeres venéreos),
que se destruye por medio del voto de castidad. Y el tercero es el
desorden de la voluntad humana, que se suprime por medio del
voto de obediencia.
De igual modo, la intranquilidad producida por las preocu-
paciones de esta vida viene al hombre a causa de tres materias.
Primero, de la administración de las cosas externas; esta pre-
28 S. Th., II-II, q. 186, a. 7 c.; Cf. 1-2 q.108 a.4; Op. XIX Contra Impugnantes Relig.
c.1; Cont. Gentes 3,130; Op. XVIII De Perf. Vitae Spir. c.11.
136
Aspectos más importantes: 1ª parte
ocupación se la quita al hombre el voto de pobreza. En segundo
lugar, de la preocupación inherente al gobierno sobre la mujer y
los hijos, la cual es suprimida por el voto de castidad. Y en tercer
lugar, de la preocupación por los actos propios, de la cual libra
el voto de obediencia, mediante el cual el hombre se somete a la
voluntad de otro.
Finalmente, se da holocausto cuando uno ofrece a Dios todo
cuanto tiene, como dice San Gregorio en Super Ez. 58. Ahora
bien: el hombre posee una triple clase de bienes, como dice el
Filósofo en I Ethic. 59. La primera es la de las cosas externas, y
el hombre las ofrece enteramente mediante el voto de pobreza.
La segunda la constituye el bien del propio cuerpo, que algunos
ofrecen a Dios principalmente con el voto de continencia, por el
cual se renuncia a los mayores placeres corporales. Y la tercera
clase la constituye el bien del alma, que se ofrece enteramente a
Dios por la obediencia, mediante la cual se ofrece a Dios la vo-
luntad propia, por medio de la cual el hombre hace uso de todas
las potencias y de los hábitos del alma.
San Gregorio Magno: «Y se manda que todo se queme en el
altar, esto es, para que sea hecha holocausto. Que esta diferen-
cia hay entre el sacrificio y el holocausto; pues muchas obras
buenas que se hacen son sacrificio, pero no son holocausto,
porque no consumen toda el alma en amor espiritual.
Así que los que se entregan a las obras de Dios de tal modo
que, no obstante, no dejan algunas cosas que son del mundo,
ofrecen, sí, sacrificio, pero no holocausto. En cambio, los que
abandonan todo lo que es del mundo y consagran toda su
137
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
alma en el fuego del amor de Dios, éstos sí ofrecen y se hacen
holocausto al Señor omnipotente»29.
Así, pues, el estado religioso consiste, realmente, en estos tres
votos.
Las oposiciones y su resolución:
1. La perfección de la vida consiste en los actos internos más
que en los externos, conforme a lo que se dice en Ro 14,17: El
reino de Dios no es comida y bebida, sino justicia, paz y gozo en
el Espíritu Santo. Ahora bien: mediante el voto de religión uno
se obliga a las cosas relativas a la perfección.
Luego deberían pertenecer a la religión los votos de actos in-
ternos, como el de contemplación, de amor a Dios y al prójimo,
etcétera, más bien que el voto de pobreza, continencia y obedien-
cia, que tienen por objeto actos externos.
+ Como vimos antes (In corp.; a.1 sed cont.; a.2), el estado
religioso se ordena, como a su fin propio, a la perfección de la
caridad, a la que pertenecen todos los actos internos de virtud,
cuya madre es la caridad, según lo que se dice en 1 Cor 13,14ss:
La caridad es paciente, benigna...
Por tanto, los actos interiores de la virtud, tales como los de
humildad, no son materia del voto del estado religioso, que se
ordena a ellos como a su fin.
2. Aún más: estas tres materias quedan comprendidas bajo el
voto de religión en cuanto que suponen un ejercicio para tender
29 San Gregorio Magno, Homilías sobre Ezequiel, L. I, Hom. 12, en «Obras», BAC,
Madrid 2009, pp. 389-390.
138
Aspectos más importantes: 1ª parte
a la perfección. Pero hay otras muchas materias en las cuales se
ejercitan los religiosos, tales como la abstinencia, las vigilias,
etcétera. Luego parece que no es exacto decir que estos tres votos
constituyen la esencia de esta perfección.
+ Todas las demás observancias de la vida religiosa se orde-
nan a estos tres votos mencionados.
Las que tienen por finalidad buscar el sustento, como son el
trabajo, la mendicidad, etcétera, dicen orden a la pobreza, para
cuya observancia los religiosos buscan su alimento por esos me-
dios. Otras observancias que castigan el cuerpo, como son las
vigilias, ayunos, etc., se ordenan directamente a la guarda del
voto de castidad. Y las observancias religiosas que se refieren a
los actos humanos que ordenan a los religiosos al fin de la vida
religiosa, es decir, el amor a Dios y al prójimo, como son la lec-
tura, la oración, la visita a los enfermos y otros actos semejantes,
quedan comprendidas bajo el voto de obediencia, que pertenece
a la voluntad, la cual ordena sus actos al fin conforme a la vo-
luntad de otro. En cuanto a la práctica de vestir el hábito, está
relacionada con los tres votos como signo de una obligación. Por
eso el hábito regular se da, o se bendice, a la vez que se hace la
profesión.
3. Y también: por el voto de obediencia se obliga uno a cum-
plir, según el precepto del superior, todo lo referente al ejercicio
de la perfección. Por tanto, basta el voto de obediencia, sin que
sean precisos los otros dos.
+ Por la obediencia se ofrece la propia voluntad a Dios, al
cual, si bien están sujetas todas las cosas humanas, las hay que
139
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
le están sujetas de modo especial, y son las acciones humanas, ya
que las pasiones pertenecen también al apetito sensitivo. Por eso,
para reprimir las pasiones que se refieren a los deleites carnales
y a los bienes exteriores, que suponen un obstáculo para la per-
fección de la vida, fueron necesarios el voto de pobreza y el de
castidad; y para ordenar las propias acciones, conforme lo exige
el estado de perfección, se requiere el voto de obediencia.
4. Y además: son bienes externos no sólo las riquezas, sino
también los honores. Luego si, mediante el voto de pobreza, los
religiosos renuncian a las riquezas terrenas, ha de haber otro voto
más por el que renuncien a los honores del mundo.
+ Como afirma el Filósofo en IV Ethic. 60, el honor propia-
mente dicho sólo se debe a la virtud. Pero, dado que los bienes
externos ayudan como instrumentos a realizar algunos actos vir-
tuosos, también, como consecuencia, se tributa cierto honor a la
excelencia de los mismos, sobre todo por parte del vulgo, el cual
sólo aprecia la excelencia externa. Así, pues, los religiosos, que
tienden a la perfección de la virtud, no tienen por qué renunciar
al honor que Dios y los santos tributan a la virtud, tal como se
dice en el salmo 138,17: He tenido en gran honor a tus amigos,
¡oh Dios! Pero renuncian al honor que se tributa a la excelencia
exterior por el hecho de abandonar la vida secular, y por eso no
es preciso un voto especial para esto.
4. La Misa como sacrificio en el Magisterio de la Iglesia.
a. El sacrificio Eucarístico según el Concilio de Tren-
to (1738-1755).
1738 El sacrosanto, ecuménico y universal Concilio de Tren-
to…, a fin de que la antigua, absoluta y de todo punto perfecta fe
140
Aspectos más importantes: 1ª parte
y doctrina acerca del gran misterio de la Eucaristía se mantenga
en la santa Iglesia católica y, rechazados los errores y herejías, se
conserve en su pureza; enseñado por la ilustración del Espíritu
Santo, enseña, declara y manda que sea predicado a los pueblos
acerca de aquélla, en cuanto es verdadero y singular sacrificio,
lo que sigue.
Cap. 1. La institución del sacrificio de la misa
1739 Como quiera que en el primer Testamento (según testi-
monio del apóstol Pablo), a causa de la impotencia del sacerdocio
levítico no se daba la consumación, fue necesario, por disponerlo
así Dios, Padre de las misericordias, que surgiera otro sacerdote
«según, el orden de Melquisedec» [Sal 110,4; Heb 5,6; 5,10; 7,11;
7,17; cf Gén 14,18], nuestro Señor Jesucristo, que pudiera consu-
mar y llevar a perfección a todos los que habían de ser santifica-
dos [Heb 10,14].
1740 Así, pues, el Dios y Señor nuestro, aunque había de ofre-
cerse una sola vez a sí mismo a Dios Padre en el altar de la cruz
[cf. Heb 7,27], con la interposición de la muerte, a fin de realizar
para ellos [allí] la eterna redención; como, sin embargo, no había
de extinguirse su sacerdocio por la muerte [cf. Heb 7,24], en la
última «la noche que era entregado» [1Cor 11,23], para dejar a
su esposa amada, la iglesia, un sacrificio visible (como exige la
naturaleza de los hombres), por el que se representara aquel suyo
sangriento que había una sola vez de consumarse en la cruz, y
su memoria permaneciera hasta el fin de los siglos, y su eficacia
saludable se aplicara para la remisión de los pecados que diaria-
mente comentemos, declarándose a sí mismo constituido para
141
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
siempre sacerdote según el orden de Melquisedec [cf. Sal 110,4;
Heb 5,6; 7,17],
Ofreció a Dios Padre su cuerpo y su sangre bajo las especies
de pan y de vino y bajo los símbolos de esas mismas cosas, los
entregó, para que los tomaran, a sus apóstoles (a quienes consti-
tuía sacerdotes del Nuevo testamento), y a ellos y a sus sucesores
en el sacerdocio, les mandó con estas palabras: «Haced esto en
memoria mía» [Lc 22,19; 1Co 11,24], etc., que los ofreciera. Así
lo entendió y enseñó siempre la iglesia [can. 2.].
1741 Porque celebrada la antigua Pascua, que la muchedum-
bre de los hijos de Israel inmolaba en memoria de la salida de
Egipto [cf. Éx 12], instituyo una Pascua nueva, que era Él mismo,
que había de ser inmolado por la Iglesia por ministerio de los
sacerdotes bajo signos visibles, en memoria de su tránsito de este
mundo al Padre, cuando nos redimió por el derramamiento de su
sangre, y «nos arrancó del poder de las tinieblas y nos trasladó a
su reino» [Col 1,13].
1742 Y ésta es ciertamente aquella oblación pura, que no pue-
de mancharse por indignidad o malicia alguna de los oferentes,
que el Señor predijo por Malaquías había de ofrecerse en todo
lugar, pura, a su nombre, que había de ser grande entre las na-
ciones [cf. Mal 1,11], y a la que no oscuramente alude el apóstol
Pablo escribiendo a los Corintios, cuando dice, que no es posible
que aquéllos que están manchados por la participación de la mesa
de los demonios, entren a la parte de la mesa del Señor [cf. 1 Cor
10,21], entendiendo en ambos pasos por mesa el altar. Ésta es, en
fin, aquélla la que estaba figurada por las varias semejanzas de
los sacrificios, en el tiempo de la naturaleza y de la ley [cf Gén
142
Aspectos más importantes: 1ª parte
4,4; 8,20; 12,8; 22,1-19; Éx: passim], pues abraza todos bienes
por aquellos significados, como la consumación y la perfección
de todos.
Cap. 2. El Sacrificio visible como medio de expiación por los
vivos y por los difuntos.
1743 Y porque en este divino sacrificio, que en la misa
se realiza, se contiene e incruentamente se inmola aquel mismo
Cristo que una sola vez se ofreció Él mismo cruentamente en el
altar de la cruz [cf. Heb 9,14-27]; enseña el santo Concilio que
este sacrificio es verdaderamente propiciatorio [can. 3], y que por
él se cumple que, si con corazón verdadero y recta fe, con temor y
reverencia, contritos y penitentes nos acercamos a Dios, «conse-
guiremos misericordia y hallamos gracia en el auxilio oportuno»
[Heb 4,16]. Pues aplacado el Señor por la oblación de este sacrifi-
cio, concediendo la gracia y el don de la penitencia, perdona los
crímenes y pecados, por grandes que sean. Una sola y la misma
es, en efecto, la víctima, y el que ahora se ofrece por el ministerio
de los sacerdotes es el mismo que entonces se ofreció a sí mismo
en la cruz, siendo sólo distinta la manera de ofrecerse.
Los frutos de esta oblación suya (de la cruenta, decimos),
ubérrimamente se perciben por medio de esta incruenta: tan le-
jos está que a aquéllas se menoscabe por ésta en manera alguna
[can. 4]. Por eso, no sólo se ofrece legítimamente, conforme a la
tradición de los apóstoles, por los pecados, penas, satisfacciones
y otras necesidades de los fieles vivos, sino también por los di-
funtos en Cristo, no purgados todavía plenamente [can. 3].
143
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Cap. 3 Misas en honor de los santos
1744 Y si bien es cierto que la Iglesia a veces acostumbra a
celebrar algunas misas en honor y memoria de los santos; sin
embargo, no enseña que a ellos se ofrezca el sacrificio, sino a
Dios sólo que los ha coronado [can. 5]. De ahí que «tampoco el
sacerdote suele decir: Te ofrezco a ti el sacrificio, Pedro y Pablo»,
sino que, dando gracias a Dios por las victorias de ellos, implora
su patrocinio, «para que aquéllos se dignen interceder por noso-
tros en el cielo, cuya memoria celebramos en la tierra»30.
Cap. 9 Observación preliminar sobre los cánones
siguientes
1750 Mas, porque contra esta antigua fe, fundada en el sa-
crosanto Evangelio, en las tradiciones de los apóstoles y en la
doctrina de los santos padres, se han diseminado en este tiem-
po muchos errores, y muchas cosas por muchos se enseñan y
disputan, el sacrosanto Concilio, después de muchas y graves
deliberaciones habidas maduramente sobre estas materias, por
unánime consentimiento de todos los padres, determinó conde-
nar y eliminar de la santa Iglesia, por medio de los cánones que
siguen, cuanto se opone a esta fe purísima y sagrada doctrina.
1751 Can. 1. Si alguno dijere que en el sacrificio de la Misa no
se ofrece a Dios un verdadero y propio sacrificio, o que el ofre-
cerlo no es otra cosa que dársenos a comer Cristo, sea anatema.
1751 Can. 2. Si alguno dijere que con las palabras: «Haced
esto en memoria mía» [Lc 22,19; 1Co 11,24], Cristo no instituyó
30 1744 1. Cf. Agustín, Contra Faustum Manichaeum XX 21 (CSEL 25,562 / PL
42, 384).
144
Aspectos más importantes: 1ª parte
sacerdotes a sus apóstoles, o que no les ordenó que ellos y los
otros sacerdotes ofrecieran su cuerpo y su sangre: sea anatema
[cf.*1740].
1753 Can. 3. Si alguno dijere que el sacrifico de la misa sólo
es de alabanza y de acción de gracias, o mera conmemoración
del sacrificio cumplido en la cruz, pero no propiciatorio; o que
sólo aprovecha al que lo recibe; y que no debe ser ofrecido por
los vivos y los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones y
otras necesidades: sea anatema [cf. * 1743].
1754 Can. 4. Si alguno dijere31 que por el sacrificio de la misa
se infiere una blasfemia al santísimo sacrificio de Cristo cumpli-
do en la cruz, o que éste sufre menoscabo por aquél: sea anatema
[cf. *1743].
1755 Can. 5. Si alguno dijere ser una impostura que las misas
se celebren en honor de los santos y para obtener su intervención
delante de Dios, como es intención de la Iglesia: sea anatema [cf.
1744].
b. El sacrificio eucarístico según el Papa Pío XII
El Magisterio y disposiciones de Su Santidad el papa Pio XII
valieron por todo un Concilio. Para comprender toda la Doctrina
del Vaticano II en materia litúrgica, y ulteriores pasos, se precisa
un estudio atento de la Encíclica Mediator Dei del Venerable
Pontífice:
“Así lo declararon ya amplísimamente algunos de nuestros
antecesores y de los Doctores de la Iglesia. «No sólo —así habla
31 1754 1. Cf. Urban Rieger, Responsio ad duos libros primun et tertium de Missa
Iohannis Eccii (Augsburgo 1529) fol. H. 8v.
145
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Inocencio III, de inmortal memoria— ofrecen el sacrificio los
sacerdotes, sino también todos los fieles; pues lo que se realiza
especialmente por el ministerio de los sacerdotes, se obra univer-
salmente por el voto o deseo de los fieles». Y nos place aducir al
menos uno de los múltiples dichos de San Roberto Belarmino a
este propósito: «El sacrificio —dice—, se ofrece principalmente
en la persona de Cristo. Así pues, esa oblación que sigue inme-
diatamente a la consagración es como una testificación de que
toda la Iglesia concuerda con la oblación hecha por Cristo, y de
que ofrece el sacrificio juntamente con Él».
1. Está significado por los mismos ritos.
Los ritos y las oraciones del sacrificio eucarístico no menos
claramente significan y muestran que la oblación de la víctima la
hace el sacerdote juntamente con el pueblo. Pues no solamente
el ministro sagrado, después de haber ofrecido el pan y el vino,
dice explícitamente, vuelto hacia el pueblo: «Orad, hermanos,
para que este sacrificio mío y vuestro sea aceptable ante Dios
Padre todopoderoso»32; sino que, además, las súplicas con que se
ofrece a Dios la hostia divina las más de las veces se pronuncian
en número plural, y en ellas, más de una vez, se indica que el pue-
blo participa también en este augusto sacrificio, en cuanto que
él también lo ofrece. Así, por ejemplo, se dice: «Por los cuales te
ofrecemos o ellos mismos te ofrecen... Te Rogamos, pues, Señor,
recibas propicio esta ofrenda de tus siervos y también de todo tu
pueblo... Nosotros, tus siervos, y tu pueblo santo,... ofrecemos a
32 Misal Romano, ordinario de la misa.
146
Aspectos más importantes: 1ª parte
tu excelsa Majestad, de tus propios dones y dádivas, la Hostia
pura, la Hostia santa, la Hostia inmaculada»33.
Ni es de admirar que los fieles sean elevados a tal dignidad,
pues por el bautismo los cristianos, a título común, quedan he-
chos miembros del Cuerpo místico de Cristo sacerdote, y por el
«carácter» que se imprime en sus almas son consagrados al culto
divino, participando así, según su condición, del sacerdocio del
mismo Cristo.
2. Oblación del pan y del vino hecha por los fieles.
En la Iglesia católica, la razón humana, iluminada por la fe,
se ha afanado siempre por alcanzar el mayor conocimiento po-
sible de las cosas divinas. Es, pues, muy puesto en razón que
el pueblo cristiano pregunte piadosamente en qué sentido en el
canon del sacrificio eucarístico se dice que él mismo también lo
ofrece. Para satisfacer tal deseo expondremos este punto breve y
compendiosamente.
Hay, en primer lugar, razones más bien remotas: a saber, la
de que frecuentemente sucede que los fieles que asisten a los sa-
grados ritos alternan sus preces con las del sacerdote; la de que
algunas veces también acaece —cosa que antiguamente se hacía
con más frecuencia— que ofrecen a los ministros del altar el
pan y el vino, que se han de convertir en el cuerpo y la sangre de
Cristo; la de que, en fin, con sus limosnas hacen que el sacerdote
ofrezca por ellos la divina víctima.
33 Ibíd., canon.
147
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Empero hay también una razón más íntima para que se pueda
decir que todos los cristianos, y más principalmente los que están
presentes en el altar, ofrecen el sacrificio.
3. Sacrificio ofrecido por los fieles.
Para que en cuestión tan grave no nazca ningún pernicioso
error, hay que limitar con términos precisos el sentido del térmi-
no «ofrecer».
Aquella inmolación incruenta con la cual, por medio de las
palabras de la consagración, el mismo Cristo se hace presente
en estado de víctima sobre el altar, la realiza sólo el sacerdote,
en cuanto representa la persona de Cristo, no en cuanto tiene la
representación de todos los fieles.
Mas al poner el sacerdote sobre el altar la divina víctima, la
ofrece a Dios Padre como una oblación a gloria de la Santísima
Trinidad y para el bien de toda la Iglesia. En esta oblación, en
sentido estricto, participan los fieles a su manera y bajo un doble
aspecto; pues no sólo por manos del sacerdote, sino también en
cierto modo juntamente con él, ofrecen el sacrificio; con la cual
participación también la oblación del pueblo pertenece al culto
litúrgico.
Que los fieles ofrezcan el sacrificio por manos del sacerdote
es cosa manifiesta, porque el ministro del altar representa la per-
sona de Cristo, como Cabeza que ofrece en nombre de todos los
miembros; por lo cual puede decirse con razón que toda la Iglesia
universal ofrece la víctima por medio de Cristo.
Pero no se dice que el pueblo ofrezca juntamente con el sacer-
dote porque los miembros de la Iglesia realicen el rito litúrgico
148
Aspectos más importantes: 1ª parte
visible de la misma manera que el sacerdote, lo cual es propio
exclusivamente del ministro destinado a ello por Dios, sino por-
que une sus votos de alabanza, de impetración, de expiación y
de acción de gracias a los votos o intención del sacerdote, más
aún, del mismo Sumo Sacerdote, para que sean ofrecidos a Dios
Padre en la misma oblación de la víctima, incluso con el mismo
rito externo del sacerdote. Pues el rito externo del sacrificio, por
su misma naturaleza, ha de manifestar el culto interno, y el sa-
crificio de la Ley nueva significa aquel obsequio supremo con el
cual el mismo oferente principal, que es Cristo, y juntamente con
El y por El todos sus miembros místicos, reverencian y veneran
a Dios con el honor debido.”34
c. El sacrificio eucarístico según el Beato Pablo VI.
Diversos errores relativos a la Eucaristía
«En efecto, sabemos ciertamente que entre los que hablan y
escriben de este sacrosanto misterio, hay algunos que divulgan
ciertas opiniones acerca de las misas privadas, del dogma de la
transustanciación y del culto eucarístico, que turban las almas de
los fieles engendrándoles no poca confusión en las verdades de la
fe, como si fuese licito a cualquiera echar en olvido la doctrina
definida ya por la Iglesia e interpretarla de modo que el genuino
significado de las palabras o la reconocida fuerza de los concep-
tos queden enervados».35
«No se puede, en efecto, por poner un ejemplo, exaltar tanto la
misa llamada «comunitaria», que se descarte la misa privada; ni
34 Pio XII, Encíclica “Mediator Dei”, 20 noviembre 1947, 106-115.
35 Denzinger-Hünermann, El magisterio de la Iglesia, Herder Barcelona, 2ª edición
corregida, julio de 2000, n. 4410.
149
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
insistir tanto en la razón de signo sacramental como si el simbo-
lismo, que todos ciertamente admiten en la santísima Eucaristía,
expresase exhaustivamente el modo de la presencia de Cristo en
este sacramento; o discutir acerca del misterio de la transustan-
ciación sin decir una palabra de la admirable conversión de toda
la substancia del pan en el Cuerpo de Cristo y de toda la subs-
tancia del vino en su Sangre, de que habla el Concilio de Trento
[cf.*1642], de suerte que queden limitadas solamente, como dicen
ala «transignificación», y «transfinalización»; o finalmente, pro-
poner y llevar a la práctica la opinión según la cual en las hostias
consagradas que quedan después de la celebración del sacrificio
de la misa Cristo el Señor no estaría ya presente».36
La presencia sustancial de Cristo en la Eucaristía
«Tal presencia se llama «real», no por exclusión, como si las
otras no fueran «reales», sino por antonomasia ya que es subs-
tancial, ya que por ella ciertamente se hace presente Cristo, Dios
y hombre, entero e íntegro.37 Falsamente explicaría esta manera
de presencia, quien se imaginara una naturaleza, como dicen,
«pneumática» del cuerpo glorioso de Cristo presente en todas
partes; o la redujera a los límites de un simbolismo, como si este
augustísimo sacramento, no consistiera más que en un signo efi-
caz «de la presencia espiritual de Cristo y de su íntima unión con
los fieles miembros del cuerpo místico»38».39
36 Ibid., 4411.
37 Cf. Concilio de Trento, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, cap. 3
(*1641).
38 Pio XII, Encíclica “Humani generis” (AAS 42 [1950] 578).
39 Denzinger-Hünermann, El magisterio de la Iglesia, Herder Barcelona, 2ª edición
corregida, julio de 2000, n. 4412.
150
Aspectos más importantes: 1ª parte
«Realizada la transustanciación, las especies de pan y de vino
adquieren sin duda un nuevo significado y un nuevo fin, puesto
que ya no son el pan ordinario y la ordinaria bebida, sino el signo
de una cosa sagrada, signo de un alimento espiritual; pero en tan-
to adquieren un nuevo significado y un nuevo fin, en cuanto con-
tienen una «realidad» que con razón denominamos ontológica.
Porque bajo dichas especies ya no existe lo que había antes,
sino una cosa completamente diversa; y esto no únicamente por
el juicio de fe de la Iglesia, sino por la realidad objetiva, puesto
que convertida la substancia o naturaleza del pan y del vino en
el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no queda ya nada del pan y del
vino, sino las solas especies; bajo ellas Cristo todo entero está
presente en su «realidad» física, aun corporalmente, aunque no
del mismo modo como los cuerpos están en un lugar.
Nosotros creemos que la misa, que es celebrada por el sacer-
dote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad
recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él
en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico,
es realmente el sacrificio del calvario, que se hace sacramental-
mente presente en nuestros altares. Nosotros creemos que, como
el pan y el vino consagrados por el Señor en la última Cena se
convirtieron en su cuerpo y su sangre, que en seguida iban a ser
ofrecidos por nosotros en la cruz, así también el pan y el vino
consagrados por el sacerdote se convierten en el cuerpo y la san-
gre de Cristo, sentado gloriosamente en los cielos; y creemos que
la presencia misteriosa del Señor bajo la apariencia de aquellas
151
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
cosas, que continúan apareciendo a nuestros sentidos de la mis-
ma manera que antes, es verdadera, real y sustancial40.
En este sacramento, Cristo no puede hacerse presente de otra
manera que por la conversión de toda la sustancia del pan en su
Cuerpo y por la conversión de toda la sustancia del vino en su
sangre, permaneciendo solamente íntegras las propiedades del
pan y del vino, que percibimos con nuestros sentidos. La cual
conversión misteriosa es llamada por la santa Iglesia convenien-
te y propiamente Transustanciación. Cualquier interpretación de
teólogos que busca alguna inteligencia de este misterio, para que
concuerde con la fe católica, debe poner a salvo que, en la misma
naturaleza de las cosas, independientemente de nuestro espíritu,
el pan y el vino, realizada la consagración, han dejado de existir,
de modo que el adorable Cuerpo y Sangre del Señor Jesús, des-
pués de ella están verdaderamente presentes delante de nosotros,
bajo las especies sacramentales de pan y vino41, como el mismo
Señor quiso, para dársenos en alimento y unirnos en la unidad
de si Cuerpo místico42.
La única e indivisible existencia de Cristo, el Señor glorioso
en los cielos, no se multiplica, pero por el Sacramento se hace
presente en varios lugares del orbe de la tierra, donde se realiza el
sacrificio eucarístico. La misma existencia, después de celebrado
el sacrificio, permanece presente en el Santísimo Sacramento,
el cual, en el tabernáculo del altar, es como el corazón vivo de
nuestros templos. Por lo cual estamos obligados, por obligación
40 Cf. CONC. TRID., ses. 13 decr. De Eucharistia: DENZ.-SCH. 1651
41 Cf. Ibid.: DENZ.-SCH. 1642 1651; Pablo VI, carta enc. Mysterium fidei: AAS 57
(1965) 766.
42 Cf. [Link]. 3 q. 73 a.3.
152
Aspectos más importantes: 1ª parte
ciertamente suavísima, a honrar y adorar en la Hostia Santa que
nuestros ojos ven, al mismo Verbo encarnado que ellos no pue-
den ver, y que, sin embargo, se ha hecho presente delante de
nosotros sin haber dejado los cielos».43
d. El sacrificio eucarístico según el Concilio Vaticano
II.
«…Al participar en el sacrificio eucarístico, fuente y cima
de toda la vida cristiana, ofrecen a Dios la Victima divina y a sí
mismos con ella. De este modo, tanto por el ofrecimiento como
por la sagrada comunión, todos realizan su función propia en la
acción litúrgica, pero no todos de la misma manera, sino cada
uno en la forma que le es propia. Alimentados en la sagrada
eucaristía con el cuerpo de Cristo, muestran de manera concreta
la unidad del Pueblo de Dios, que este Santísimo Sacramento
significa tan perfectamente y realiza tan maravillosamente»44.
Los presbíteros «…su oficio sagrado lo ejercen, sobre todo,
en el culto o asamblea eucarística, donde, obrando en persona
de Cristo45 y proclamando su misterio, unen las oraciones de los
fieles al sacrificio de su Cabeza y representan y aplican46 en el
sacrificio de la Misa, hasta la venida del Señor (cf. 1 Co 11,26),
el único sacrificio del Nuevo Testamento, a saber: el de Cristo,
que se ofrece a sí mismo al Padre, una vez por todas, como
hostia inmaculada (cf. Heb 9,11-28)»47.
43 Denzinger-Hünermann, El magisterio de la Iglesia, Herder Barcelona, 2ª edición
corregida, julio de 2000, n. 4413.
44 Conc. Vat. II, cons. Lumen Gentium (LG), n. 11.
45 Cf. Concilio de Trento, Sec.22: Dz 940; Pio XII, enc. Mediator Dei, Dz 2300.
46 Cf. Concilio de Trento, Sec.22: Dz 938; Conc. Vat. II, cons. Sacrosanctum Con-
cilium, n. 7 y n. 47.
47 Conc. Vat. II, cons. Lumen Gentium, n. 28.
153
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
«...la Liturgia, por cuyo medio “se ejerce la obra de nuestra
Redención”, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía,
contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida,
y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza
auténtica de la verdadera Iglesia»48.
«…así como Cristo fue enviado por el Padre, Él, a su vez,
envió a los Apóstoles llenos del Espíritu Santo. No sólo los envió
a predicar el Evangelio a toda criatura y a anunciar que el Hijo
de Dios, con su Muerte y Resurrección, nos libró del poder de
Satanás y de la muerte, y nos condujo al reino del Padre, sino
también a realizar la obra de salvación que proclamaban, me-
diante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira
toda la vida litúrgica»49.
«Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre pre-
sente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente
en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofre-
ciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que
entonces se ofreció en la cruz”, sea sobre todo bajo las especies
eucarísticas»50.
«…la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de
la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su
fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez
hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para
48 Conc. Vat. II, cons. Sacrosanctum Concilium, n. 2.
49 Ibid., n. 6.
50 Ibid., n. 7.
154
Aspectos más importantes: 1ª parte
alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y
coman la cena del Señor»51.
«Y el mismo Apóstol nos exhorta a llevar siempre la mortifi-
cación de Jesús en nuestro cuerpo, para que también su vida se
manifieste en nuestra carne mortal. Por esta causa pedimos al
Señor en el sacrificio de la Misa que, “recibida la ofrenda de
la víctima espiritual”, haga de nosotros mismos una “ofrenda
eterna” para Sí»52.
«Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche en que fue
entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su
sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio
de la cruz y confiar a su Esposa amada, la Iglesia, el memo-
rial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de
unidad, vinculo de amor53, banquete pascual en el que se recibe
a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la
gloria futura54»55.
«Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los
cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mu-
dos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los
ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente
en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se
fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios,
aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada
51 Ibid., n. 10.
52 Ibid., n. 1.
53 Cfr. San Agustín, In Io. Ev., Trac. XXVI, cap. VI, n. 13.
54 Breviarium Romanum, en la fiesta del Santísimo Cuerpo de Cristo, antífona del
Magnificat y de las II Vísperas.
55 Conc. Vat. II, cons. Sacrosanctum Concilium (SC), n. 47.
155
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se per-
feccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y
entre sí56, para que, finalmente, Dios sea todo en todos»57.
«Por consiguiente, para que el sacrificio de la Misa, aun por
la forma de los ritos alcance plena eficacia pastoral, el sacrosan-
to Concilio, teniendo en cuenta las Misas que se celebran con
asistencia del pueblo, especialmente los domingos y fiestas de
precepto…»58.
«Se recomienda especialmente, la participación más perfecta
en la misa, recibiendo los fieles, después de la comunión del sa-
cerdote, del mismo sacrificio, el Cuerpo del Señor»59.
«Dios, que es el solo Santo y Santificador, quiso tener a los
hombres como socios y colaboradores suyos, a fin de que le sir-
van humildemente en la obra de la santificación. Por esto con-
grega Dios a los presbíteros, por ministerio de los obispos, para
que, participando de una forma especial del Sacerdocio de Cristo,
en la celebración de las cosas sagradas, obren como ministros de
Quien por medio de su Espíritu efectúa continuamente por noso-
tros su oficio sacerdotal en la liturgia por medio del Espíritu60...
con la celebración, sobre todo, de la misa ofrecen sacramental-
mente el Sacrificio de Cristo.
Pero los demás sacramentos, al igual que todos los ministerios
eclesiásticos y las obras del apostolado, están unidos con la Eu-
56 Cf. San Cirilo de Alejandría, In Io. Ev., lib. XI, cap. XI-XII.
57 Conc. Vat. II, cons. Sacrosanctum Concilium (SC), n. 48.
58 Ibid., n. 49.
59 Ibid., n. 50.
60 Conc. Vat. II, cons. Sacrosanctum Concilium, n. 7; Pio XII, enc. Mystici
Corporis.
156
Aspectos más importantes: 1ª parte
caristía y hacia ella se ordenan61. Pues en la Sagrada Eucaristía
se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia62, es decir, Cristo
en persona, nuestra Pascua y pan vivo que, con su Carne, por
el Espíritu Santo vivificada y vivificante, da vida a los hombres
que de esta forma son invitados y estimulados a ofrecerse a sí
mismos, sus trabajos y todas las cosas creadas juntamente con
El. Por lo cual, la Eucaristía aparece como la fuente y cima de
toda la evangelización…
Es, pues, la celebración eucarística el centro de la congrega-
ción de los fieles que preside el presbítero. Enseñan los presbí-
teros a los fieles a ofrecer al Padre en el sacrificio de la misa la
Víctima divina y a ofrendar la propia vida juntamente con ella;
les instruyen en el ejemplo de Cristo Pastor…
La casa de oración en que se celebra y se guarda la Sagra-
da Eucaristía, y se reúnen los fieles, y en la que se adora para
auxilio y solaz de los fieles la presencia del Hijo de Dios, nues-
tro Salvador, ofrecido por nosotros en el ara sacrificial, debe
de estar limpia y dispuesta para la oración y para las funciones
sagradas63»64.
Los presbíteros «…realizando la misión de Buen Pastor, en-
contrarán en el ejercicio mismo de la caridad pastoral el vínculo
61 «La Eucaristía es como la perfección de la vida espiritual y el fin de todos los
sacramentos», Santo Tomás, S. Th., II, q. 73, a. 3; y III, q. 65, a. 3.
62 Cf. Santo Tomás, S. Th., III, q. 65, a. 3 ad 1; q. 79, a. 1, c y ad 1.
63 Cf. San Jerónimo, Epist. 114,2: «…Hay que tratar los cálices sagrados y los paños
santos y las demás cosas que pertenecen a la pasión del Señor con la misma vene-
ración que su cuerpo y su sangre a causa de la relación de aquellos con el cuerpo y
la sangre del Señor» (PL 22,934. Cf. [Link]. II, Const. Sacrosanctum Concilium,
sobre la sagrada Liturgia, n122-127.
64 Conc. Vat. II, cons. Presbyterorum Ordinis (PO), n. 5.
157
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
de la perfección sacerdotal que una su vida con su acción. Esta
caridad pastoral brota, sobre todo, del Sacrificio Eucarístico
que, por eso, es el centro y raíz de toda la vida del presbítero, de
manera que el sacerdote se esfuerza por aplicarse a sí mismo lo
que se realiza en el altar del sacrificio. Esto, sin embargo, solo se
puede conseguir si los sacerdotes mismos penetran cada vez más
íntimamente con su oración en el misterio de Cristo»65.
e. El sacrificio eucarístico según el Papa San Juan
Pablo II.
«El señor Jesús, la noche en que fue entregado» (1Co 11,23),
instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre. Las
palabras del apóstol Pablo nos llevan a las circunstancias dramá-
ticas en que nació la Eucaristía. En ella está inscrito de forma
indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor. No
sólo lo evoca sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el
sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos. Esta verdad
la expresan bien las palabras con las cuales, en el rito latino, el
pueblo responde a la proclamación del «misterio de la fe» que
hace el sacerdote: «Anunciamos tu muerte, Señor».
Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la
muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente
este acontecimiento central de salvación y «se realiza la obra
de nuestra redención»66. Este sacrificio es tan decisivo para la
salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha
vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para
participar de él, como si hubiéramos estado presentes. Así, todo
65 Ibid., n. 14.
66 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 3.
158
Aspectos más importantes: 1ª parte
fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotablemente.
Ésta es la fe que el magisterio de la Iglesia ha reiterado continua-
mente con gozosa gratitud por tan inestimable don67. Deseo, una
vez más, llamar la atención sobre esta verdad, poniéndome con
vosotros, mis queridos hermanos y hermanas, en adoración de-
lante de este Misterio: Misterio grande, Misterio de misericordia.
¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la
Eucaristía nos muestra un amor que llega «hasta el extremo» (Jn
13,1), un amor que no conoce medida»68.
«Este aspecto de caridad universal del Sacramento eucarístico
se funda en las palabras misma del Salvador. Al instituirlo, no se
limitó a decir «Éste es mi cuerpo», «Esta copa es la Nueva Alian-
za en mi sangre», sino que añadió «entregado por vosotros... de-
rramada por vosotros» (Lc 22,19-20). No afirmó solamente que
lo que les daba de comer y beber era su cuerpo y su sangre, sino
que manifestó su valor sacrificial, haciendo presente en modo sa-
cramental su sacrificio, que cumpliría después en la cruz algunas
horas más tarde, para la salvación de todos. «La misa es, a la vez
e inseparablemente, el memorial sacrificial en que se perpetúa el
sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el
Cuerpo y la Sangre del Señor»69.
La Iglesia vive continuamente del sacrificio redentor, y ac-
cede a él no solamente a través de un recuerdo lleno de fe, sino
también en un contacto actual, puesto que este sacrificio se hace
presente, perpetuándose sacramentalmente en cada comunidad
67 Cf. Pablo VI, El «credo» del Pueblo de Dios (30 junio 1968), 24: AAS 60 (1968),
442; Juan Pablo II, Carta ap. Dominicae Cenae (24 febrero 1980), 9: AAS 72 (1980).
68 Juan Pablo II, Encíclica. Ecclesia de Eucharistia, 2003, n. 11.
69 Catecismo de la Iglesia Católica, 1382.
159
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
que lo ofrece por manos del ministro consagrado. De este modo,
la Eucaristía aplica a los hombres de hoy la reconciliación obte-
nida por Cristo una vez por todas para la humanidad de todos los
tiempos. En efecto, «el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la
Eucaristía son, pues, un único sacrificio»70. Ya lo decía elocuen-
temente san Juan Crisóstomo: «Nosotros ofrecemos siempre el
mismo Cordero, y no uno hoy y otro mañana, sino siempre el
mismo. Por esta razón el sacrificio es siempre uno sólo [...]. Tam-
bién nosotros ofrecemos ahora aquella víctima, que se ofreció
entonces y que jamás se consumirá71».
La Misa hace presente el sacrificio de la Cruz, no se le aña-
de y no lo multiplica72. Lo que se repite es su celebración memo-
rial, la «manifestación memorial» (memorialis demonstratio)73,
por la cual el único y definitivo sacrificio redentor de Cristo se
actualiza siempre en el tiempo. La naturaleza sacrificial del Mis-
terio eucarístico no puede ser entendida, por tanto, como algo
aparte, independiente de la Cruz o con una referencia solamente
indirecta al sacrificio del Calvario».74
Por su íntima relación con el sacrificio del Gólgota, la Eucaris-
tía es sacrificio en sentido propio y no sólo en sentido genérico,
como si se tratara del mero ofrecimiento de Cristo a los fieles
como alimento espiritual. En efecto, el don de su amor y de su
70 Catecismo de la Iglesia Católica, 1367.
71 Homilías sobre la carta a los Hebreos, 17, 3: PG 63, 131.
72 Cf. Conc. Ecum. Tridentino, Ses. XXII, Doctrina de ss. Missae sacrificio, cap.
2: DS 1743: « En efecto, se trata de una sola e idéntica víctima y el mismo Jesús la
ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes, Él que un día se ofreció a sí mismo
en la cruz: sólo es diverso el modo de ofrecerse ».
73 Cf. Pío XII, Carta enc. Mediator Dei (20 noviembre 1947): AAS 39 (1947), 548.
74 Juan Pablo II, Encíclica. Ecclesia de Eucharistia, 2003, n. 12.
160
Aspectos más importantes: 1ª parte
obediencia hasta el extremo de dar la vida (cf. Jn 10,17-18), es en
primer lugar un don a su Padre. Ciertamente es un don en favor
nuestro, más aún, de todo la humanidad (cf. Mt 26,28; Mc 14,24;
Lc 22,20; Jn 10,15), pero don ante todo al Padre: «sacrificio que
el Padre aceptó, correspondiendo a esta donación total de su Hijo
que se hizo “obediente hasta la muerte” (Fl 2, 8) con su entrega
paternal, es decir, con el don de la vida nueva e inmortal en la
resurrección75».
Al entregar su sacrificio a la Iglesia, Cristo ha querido ade-
más hacer suyo el sacrificio espiritual de la Iglesia, llamada a
ofrecerse también a sí misma unida al sacrificio de Cristo. Por
lo que concierne a todos los fieles, el concilio Vaticano II enseña
que «al participar en el sacrificio eucarístico, fuente y cima de
la vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y a sí mismos
con ella76».77
4. Existencia transfigurada
Enseña el Beato Pablo VI en la Evangelica testificatio, acerca
de la castidad consagrada: «Sólo el amor de Dios -es necesario
repetirlo- llama en forma decisiva a la castidad religiosa. Este
amor, por lo demás, exige imperiosamente la caridad fraterna,
que el religioso vivirá más profundamente con sus contempo-
ráneos en el corazón de Cristo. Con esta condición, el don de
sí mismos, hecho a Dios y a los demás, será fuente de una paz
profunda. Sin despreciar en ningún modo el amor humano y el
matrimonio -¿no es él, según la fe, imagen y participación de
75 Carta enc. Redemptor hominis (15 marzo 1979), 20: AAS 71 (1979), 310.
76 Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 11.
77 Juan Pablo II, Encíclica. Ecclesia de Eucharistia, 2003, n. 13.
161
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
la unión de amor que une a Cristo y la Iglesia?78 -, la castidad
consagrada evoca esta unión de manera más inmediata y rea-
liza aquella sublimación79 hacia la cual debe tender todo amor
humano. Así, en el momento mismo en que este último se halla
cada vez más amenazado por un erotismo devastador80 ella debe
ser, hoy más que nunca, comprendida y vivida con rectitud y ge-
nerosidad. Siendo decididamente positiva, la castidad atestigua
el amor preferencial hacia el Señor y simboliza, de la forma más
eminente y absoluta, el misterio de la unión del Cuerpo místico
a su Cabeza, de la Esposa a su eterno Esposo. Finalmente, ella
alcanza, transforma y penetra el ser humano hasta lo más íntimo
mediante una misteriosa semejanza con Cristo.
Fuente de fecundidad espiritual
Por lo tanto, os es necesario, queridos Hijos e Hijas, restituir
toda su eficacia a la disciplina espiritual cristiana de la castidad
consagrada. Cuando es realmente vivida, con la mirada puesta
en el reino de los Cielos, libera el corazón humano y se convierte
así como en un signo y un estímulo de la caridad y una fuente es-
pecial de fecundidad en el mundo81. Aun cuando éste no siempre
la reconoce, ella permanece en todo caso místicamente eficaz en
medio de él»82. Los miles de Santuarios dedicados a la Santísima
Virgen María son focos fecundos de virginidad en todo el mun-
78 Cf. Conc. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 48: AAS 58 (1966), pp. 1067-
1069; cf. Ef 5, 25.32.
79 sublimar. (Del lat. sublimāre). tr. Engrandecer, exaltar, ensalzar o poner en altu-
ra. sublimación. f. Acción y efecto de sublimar.
80 Cf. Allocutio ad sodales consociationum v. d. «Equipes Notre-Dame» e variis
nationibus, 4 de mayo de 1970, n. 4: AAS 62 (1970), p. 429.
81 Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 42: AAS 57 (1965), p. 48.
82 Pablo VI, Exhortación Apos., Evangelica Testificatio, 13-14 AAS, 63 (1971).
162
Aspectos más importantes: 1ª parte
do. Se dice que en España existen más de 30.000 advocaciones o
títulos distintos de la única Virgen, Madre de Jesucristo y madre
nuestra. Nunca dejará de haber en el mundo, santos y santas, que
vivan la virginidad consagrada.
Nos podemos preguntar: ¿Por qué la vida consagrada no se
fundamenta en un sacramento específico? (como ocurre con el
Orden Sagrado o con el Matrimonio). Enseña el Cardenal Velasio
De Paolis: «…hay que advertir que el sacramento del Matrimo-
nio no es el amor de Cristo por la Iglesia, sino que es el amor de
los esposos: este [el amor de los esposos] es signo de un amor más
grande [el de Cristo por la Iglesia], no aquel.
¡El amor de Dios es más real que la realidad misma!
El matrimonio es sacramento porque no es el amor último y
definitivo y, por tanto, debe ser vivido como signo de otro amor,
el amor último y definitivo, en el cual también el amor conyugal
encuentra su sentido pleno.
El matrimonio pertenece a las realidades de este mundo que el
sacramento pretende santificar. En cambio el amor de la criatura
hacia el Creador, de la Esposa hacia el Esposo Divino: es el amor
último, eterno y definitivo hacia el cual el alma tiende»83. No se
puede significar un amor más grande que el amor de Dios.
De ahí que el ataque actual a la virginidad consagrada es
un ataque al matrimonio, y el ataque al matrimonio –contra la
unidad del mismo, contra la fidelidad, contra la procreación y
educación de los hijos, a favor de la contracepción, del aborto,
83 Velasio De Paolis, La vida consagrada en la Iglesia, BAC 2011, 28.
163
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
del divorcio, de las parejas del mismo sexo, de la muerte de los
viejos- es un ataque a la virginidad consagrada.
De allí también la dimensión escatológica de la vida consagra-
da. Ésta, está en el mundo, pero no es del mundo porque tiende
directamente al Cielo.
5. Vida de oración y de intercesión
Toda Misa y toda la Misa es oración latréutica y eucarística,
y, también, es oración de propiciación y, también, es oración de
intercesión, por la que se pide en favor de alguien.
Así tenemos la Conmemoración de los vivos donde rezamos
a los miembros de la Iglesia celestial: la Santísima Trinidad, Je-
sucristo, la Virgen, San José, los Apóstoles, los ángeles y todos
los santos.
La Conmemoración de los difuntos donde rezamos por los
fieles que están purificándose de alguna pena merecida por los
pecados ya perdonados; son las benditas almas del Purgatorio.
Así como la Conmemoración por los vivos donde rezamos
por la Iglesia peregrinante, por todos los hombres y mujeres que
viven en este mundo, ya que todos son miembros de Cristo, sea
en acto –de hecho-, sea en potencia –como posibilidad-.
a. Por la Iglesia celestial
Conmemoración de los santos.
Plegaria I
«Reunidos en comunión con toda la Iglesia,
veneramos la memoria,
164
Aspectos más importantes: 1ª parte
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, san José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
Santiago y Juan,
Tomás, Santiago, Felipe,
Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente,
Sixto, Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección»84.
Plegaria II
«Ten misericordia de todos nosotros,
y así, con María, la Virgen Madre de Dios,
su esposo San José,
los apóstoles
y cuantos vivieron en tu amistad
a través de los tiempos,
merezcamos, por tu Hijo Jesucristo,
compartir la vida eterna
y cantar tus alabanzas»85.
84 Misal Romano, 521-522.
85 Ibid., 538.
165
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Plegaria III
«Que Él nos transforme en ofrenda permanente,
para que gocemos de tu heredad
junto con tus elegidos:
con María, la Virgen Madre de Dios,
los apóstoles y los mártires,
[san N.: santo del día o patrono]
y todos los santos,
por cuya intercesión
confiamos obtener siempre tu ayuda»86.
Plegaria IV
«Padre de bondad,
que todos tus hijos nos reunamos
en la heredad de tu reino,
con María, la Virgen Madre de Dios,
con los apóstoles y los santos;
y allí, junto con toda la creación,
libre ya del pecado y de la muerte,
te glorifiquemos por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes»87.
Plegarias V/a, V/b, V/c, V/d
«En comunión con la Virgen María, Madre de Dios,
los apóstoles y los mártires,
[san N.: santo del día o patrono]
y todos los santos,
86 Ibid., 543.
87 Ibid., 555.
166
Aspectos más importantes: 1ª parte
te invocamos, Padre, y te glorificamos,
por Cristo, Señor nuestro»88.
Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación I
«Guárdanos a todos en comunión de fe y amor
con el Papa N.
y nuestro Obispo N.
Ayúdanos a preparar la venida de tu reino,
hasta la hora en que nos presentemos ante ti,
santos entre los santos del cielo,
con santa Maria, la Virgen, y los apóstoles…»89.
Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación II
«Que este Espíritu, vínculo de amor,
nos guarde en comunión
con el Papa N.,
con nuestro Obispo N.,
con los demás Obispos y todo tu pueblo santo»90.
b. Por la Iglesia paciente
Conmemoración de los difuntos
Cuentan que a San Agustín le preguntó uno:
“¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?”, y él le respondió:
“Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos.
Porque el Evangelio dice que la medida que cada uno emplea
para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él”.
Más vale una Santa Misa en vida que cien después de muertos.
88 Ibid., 1061.1067.1073.1079.
89 Ibid., 1084-1085.
90 Ibid., 1090-1091.
167
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Beata Ana María Taigi asistió al funeral del cardenal Doria y el Señor le hizo
entender que los cientos de Misas que el purpurado
había dejado encargadas no le servirían a él sino a los pobres,
porque durante su vida no había rezado por las almas del purgatorio.
Esto también nos podría suceder a nosotros, si en vida no nos preocupamos
por la almas del purgatorio. Al fin de cuentas, Dios es el que distribuye los
sufragios ofrecidos por nosotros y no basta con dejar dinero para Misas. Más
vale participar una Santa Misa en vida que cien después muertos.
La Iglesia Católica siempre tuvo muy en cuenta a los fieles
difuntos, porque son miembros suyos muy queridos:
-no pueden pecar;
-ya se salvaron;
-están camino al cielo, por eso el sacrificio de la Misa
les puede aprovechar, análogamente, como a los vivos;
-estamos unidos en caridad con ellos;
-interceden por nosotros;
-sufragamos (ofrecemos) por ellos;
-les aprovecha como lucro o ganancia en cuanto en su
vida terrenal lo ofrecieron por sí mismas (cuando dispusieron en
vida por legado o pía fundación se le aplicaran misas después de
su muerte); etc.
De ahí, que la conmemoración de los difuntos en la Misa,
no sea, como algunos piensan, motivo de tristeza, sino más bien
de alegría.
La Iglesia les da tanta importancia a estos queridos difun-
tos, que absolutamente se los recuerda en todas las Misas, que
en el Misal Romano nos encontramos con 8 (ocho) formularios
de Misas especiales para ellos, con 5 (cinco) prefacios a elec-
ción, 16 oraciones por ellos a elección, se les dedica un día, el 2
168
Aspectos más importantes: 1ª parte
de noviembre, para su Conmemoración en la que los sacerdotes
pueden celebrar tres Misas (como en Navidad), se reza por ellos
al final de los tres Angelus diarios, todos los días en Vísperas
se reza por ellos, es costumbre de rezar el Requiem al pasar por
un cementerio y, también, cuando es llevado un difunto91. ¿Por
qué tanta devoción por los difuntos? Porque es «conforme a la
tradición de los Apóstoles»92.
Que la Misa es un sacrificio propiciatorio surge de la misma
fórmula consagratoria de todas las Misas: «…éste es el cáliz de
mi Sangre…que será derramada por vosotros y por todos los
hombres para el perdón de los pecados» y si en el Antiguo Tes-
tamento se enseña: «El noble Judas…mandó hacer una colecta en
las filas, recogiendo hasta dos mil dracmas, que envió a Jerusalén
para ofrecer sacrificios por el pecado; obra digna y noble» (2 Mac
12,42-43), ¡Cuánto más lo será el sacrificio del Nuevo Testamen-
to! En su celebración «se ruega por los demás [vivos y difuntos]
sería en vano si no le aprovechase», enseña Santo Tomás93.
91 Eva Lavalliere, nació como Eugenia Fenoglio, en Tulón, Francia, el 1 de abril de
1866. Fue una famosa actriz francesa. Hizo pacto de sangre con el diablo para perma-
necer hermosa y luego lo increpó porque se veía envejecer. El diablo le dijo que había
fuerzas ponderosas que la protegían y: «No te hagas la señal de la cruz cuando veas
pasar un difunto». Cosa que ello no hizo porque se lo habían enseñado desde niña
(Vida de Eva Lavalliere, Ed. Difusión Buenos Aires). Llevaba también una medalla
de la Virgen. Luego se convirtió y entró en la vida religiosa como trinitaria francesa.
Murió en Túnez el 10 de julio de 1929, a la edad de 63 años. Sobre su sepultura en
una simple cruz hizo colocar la siguiente inscripción: «Tengo sed de llegar al Cielo
y ver a Jesús». La ex mujer de mala vida fue declarada Sierva de Dios por Juan
Pablo II en 1996 (Según [Link] S. Maria del Monte Carmelo. Concenedo
di Barzio. C.F. 92008630136).
92 Concilio de Trento, Ses. XXII, cap. II, Dz. 1743. Se cuenta que la Beata Madre
Teresa de Calcuta no quería que le sacasen fotos, pero viendo que era casi imposible
hizo un trato con Nuestro Señor, ella dejaría que le sacasen todas las fotos que qui-
siesen, pero por cada foto debería salir un alma del Purgatorio.
93 S. Th., 79, 7, sed contra.
169
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Así lo declaró el Concilio de Trento como dogma de fe defi-
nida: «Can. 3. Si alguno dijere que el sacrificio de la misa sólo
es de alabanza y de acción de gracias, o mera conmemoración
del sacrificio cumplido en la cruz, pero no propiciatorio; o que
sólo aprovecha al que lo recibe; y que no debe ser ofrecido por
los vivos y los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones y
otras necesidades: sea anatema [cf. * 1743]94»95.
Que la Misa perdone los pecados de los difuntos, en cuanto
a la pena, es una de las pruebas de que no sólo la Misa es un sacri-
ficio latréutico y eucarístico, sino que, también, es propiciatorio.
Los perdona mediatamente en cuanto aplaca a Dios e impetra de
Él la gracia y la misericordia, y el don de la penitencia.
Plegaria I
«Acuérdate también, Señor,
de tus hijos N. y N.,
que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz »96.
94 Denzinger, Cánones sobre el santísimo sacrificio de la Misa (1) , n. 1753.
95 El sacrificio propiciatorio se ofrece por la remisión o perdón de los pecados
(considerados como reato [=Obligación que queda a la pena correspondiente al pe-
cado, aun después de perdonado] sea de la culpa o sea de la pena), de las penas y
de las satisfacciones. De los pecados se entiende tanto mortales como veniales; por
penas, las penas temporales a descontarse después del perdón de la culpa (no de la
pena eterna); por satisfacciones, las obras penitenciales por las que los buenos pueden
en esta vida descontar dichas penas. Y por «otras necesidades» son las necesidades
de los dones sobrenaturales y naturales.
96 Misal Romano, 529.
170
Aspectos más importantes: 1ª parte
Plegaria II
«Acuérdate también de nuestros hermanos
que durmieron en la esperanza
de la resurrección,
y de todos los que han muerto en tu misericordia;
admítelos a contemplar la luz de tu rostro.
(En la misa por los difuntos:
Recuerda a tu hijo (hija) N.,
a quien llamaste [hoy]
de este mundo a tu presencia;
concédele
que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo,
comparta también con el
la gloria de la resurrección»97.
Plegaria III
«A nuestros hermanos difuntos
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria,
por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes.
(Cuando esta Plegaria se utiliza en las misas de difuntos, pue-
de decirse:
Recuerda a tu hijo (hija) N.,
a quien llamaste [hoy]
97 Ibid., 538.
171
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
de este mundo a tu presencia:
concédele que,
así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo,
comparta también con el
la gloria de la resurrección,
cuando Cristo haga resurgir de la tierra a los muertos,
y transforme nuestro cuerpo frágil
en cuerpo glorioso como el suyo.
Y a todos nuestros hermanos difuntos
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria;
allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos,
porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro,
seremos para siempre semejantes a ti
y cantaremos eternamente tus alabanzas,
por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes»98.
Plegaria IV
«Acuérdate también
de los que murieron en la paz de Cristo
y de todos los difuntos,
cuya fe solo tú conociste»99.
98 Ibid., 544-545.
99 Ibid., 555.
172
Aspectos más importantes: 1ª parte
Plegaria V/a, V/b, V/c, V/d.
«Acuérdate también, Padre, de nuestros hermanos
que murieron en la paz de Cristo,
y de todos los demás difuntos,
cuya fe solo tú conociste;
admítelos a contemplar la luz de tu rostro
y llévalos a la plenitud de la vida en la resurrección»100.
Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación I
«… con santa María, la Virgen, y los apóstoles,
y con nuestros hermanos difuntos,
que confiamos a tu misericordia»101.
Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación II
«Recibe en tu reino a nuestros hermanos
que se durmieron en el Señor
y a todos los difuntos cuya fe sólo tú conociste»102.
Plegaria Eucarística para la Misa con niños I
«A ti, Señor, que nunca olvidas a nadie,
te pedimos …por todos los que han muerto en tu paz»103.
Plegaria Eucarística para la Misa con niños II
«Acuérdate también de los que ya murieron
y recíbelos con amor en tu casa»104.
100 Ibid., 1061.1067.1073.1079.
101 Ibid., 1085.
102 Ibid., 1091.
103 Ibid., 1098.
104 Ibid., 1105.
173
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Plegaria Eucarística para la Misa con niños III
«Acuérdate también de nuestros hermanos que han muerto,
admítelos a contemplar la luz de tu rostro;
y concédenos que todos, un día,
junto con Cristo, con María, la Madre de Jesús,
y todos los santos,
vivamos contigo en el cielo para siempre»105.
c. Por la Iglesia peregrinante
Plegaria I
«Padre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
que aceptes y bendigas
estos † dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecernos,
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el Papa N.,
con nuestro Obispo N.,
y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica»106.
105 Ibid., 1113.
106 Ibid., 519.
174
Aspectos más importantes: 1ª parte
Plegaria II
«Acuérdate, Señor,
de tu Iglesia extendida por toda la tierra;
y con el Papa N.,
con nuestro Obispo N.
y todos los pastores que cuidan de tu pueblo,
llévala a su perfección por la caridad»107.
Plegaria III
«Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación
traiga la paz y la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad
a tu Iglesia, peregrina en la tierra:
a tu servidor, el Papa N., a nuestro Obispo N.,
al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos,
y a todo el pueblo redimido por ti»108.
Plegaria IV
«Y ahora, Señor, acuérdate
de todos aquellos por quienes te ofrecemos este sacrificio:
de tu servidor el Papa N.,
de nuestro Obispo N.,
del orden episcopal y de los presbíteros y diáconos,
de los oferentes y de los aquí reunidos,
de todo tu pueblo santo
y de aquellos que te buscan con sincero corazón»109.
107 Ibid., 535.
108 Ibid., 543.
109 Ibid., 554-555.
175
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Plegaria V/b
«Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana,
inspíranos el gesto y la palabra oportuna
frente al hermano solo y desamparado,
ayúdanos a mostrarnos disponibles
ante quien se siente explotado y deprimido.
Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor,
de libertad, de justicia y de paz,
para que todos encuentren en ella
un motivo para seguir esperando»110.
Conmemoración de los vivos
Plegaria I
«Acuérdate, Señor,
de tus hijos N. y N.
y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos,
y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios,
vivo y verdadero»111.
110 Ibid., 1066.
111 Ibid., 520.
176
Aspectos más importantes: 1ª parte
Plegaria V/c
«Fortalece a tu pueblo
con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
y renuévanos a todos a su imagen.
Derrama tu bendición abundante sobre el Papa N.
y sobre nuestro Obispo N.;
que todos los miembros de la Iglesia
sepamos discernir los signos de los tiempos
y crezcamos en la fidelidad al Evangelio;
que nos preocupemos de compartir en la caridad
las angustias y las tristezas,
las alegrías y las esperanzas de los hombres,
y así les mostremos el camino de la salvación»112.
Plegaria V/d
«Haz que nuestra Iglesia de N.
se renueve constantemente a la luz del Evangelio
y encuentre siempre nuevos impulsos de vida;
consolida los vínculos de unidad
entre los laicos y los pastores de tu Iglesia,
entre nuestro Obispo N.
y sus presbíteros y diáconos,
entre todos los Obispos y el Papa N.;
que la Iglesia sea, en medio de nuestro mundo,
dividido por las guerras y discordias,
instrumento de unidad, de concordia y de paz»113.
112 Ibid., 1072.
113 Ibid., 1078-1079.
177
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Plegaria Eucarística para la Misa con niños I
«A ti, Señor, que nunca olvidas a nadie,
te pedimos por todas las personas que amamos
[en especial por N. y N.]…»114.
«Acuérdate de todos los que sufren y viven tristes,
de la gran familia de los cristianos
y de cuantos viven en este mundo.
Al ver todo lo que tú haces
por medio de tu Hijo Jesús,
nos quedamos admirados
y de nuevo te damos gracias y te bendecimos»115.
Plegaria Eucarística para la Misa con niños II
«No te olvides de las personas que amamos
ni de aquellas a las que debiéramos querer más.
En la misa de primera comunión:
Acuérdate de nuestros amigos [N. y N.],
que por vez primera invitas en este día
a participar del pan de vida y del cáliz de salvación,
en la mesa de tu familia.
Concédeles crecer siempre en tu amistad»116.
Plegaria Eucarística para la Misa con niños III
«Ayuda a todos los que creemos en Cristo,
para que trabajemos por la paz del mundo
y sepamos comunicar a los demás nuestra alegría»117.
114 Ibid., 1098.
115 Ibid., 1099.
116 Ibid., 1104-1105.
117 Ibid., 1112.
178
Aspectos más importantes: 1ª parte
d. Por los que asisten a la Misa
Plegaria I
«Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucia,
Inés, Cecilia, Anastasia,]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad»118.
Plegaria II
«Te pedimos humildemente
que el Espíritu Santo congregue en la unidad
a cuantos participamos
del Cuerpo y Sangre de Cristo»119.
Plegaria III
«Atiende los deseos y súplicas de esta familia
que has congregado en tu presencia.
118 Ibid., 530.
119 Ibid., 535.
179
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo»120.
Plegaria IV
«Dirige tu mirada sobre esta Víctima
que tú mismo has preparado a tu Iglesia,
y concede a cuantos compartimos
este pan y este cáliz,
que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo,
seamos en Cristo
víctima viva para alabanza de tu gloria»121.
Plegaria V/a
«Fortalécenos con este mismo Espíritu
a todos los que hemos sido invitados a tu mesa,
para que todos nosotros, pueblo de Dios,
con nuestros pastores,
el Papa N.,
nuestro Obispo N.,
los presbíteros y los diáconos,
caminemos alegres en la esperanza
y firmes en la fe,
y comuniquemos al mundo el gozo del Evangelio»122.
Plegaria V/b
«Fortalécenos a cuantos nos disponemos a recibir
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
120 Ibid., 544.
121 Ibid., 554.
122 Ibid., 1060-1061.
180
Aspectos más importantes: 1ª parte
y haz que, unidos al Papa N.
y a nuestro Obispo N.,
seamos uno en la fe y en el amor»123.
Plegarias V/a, V/b, V/c, V/d.
«Señor, Padre de misericordia,
derrama sobre nosotros
el Espíritu del Amor,
el espíritu de tu Hijo»124.
«Y, cuando termine nuestra peregrinación por este mundo,
recíbenos también a nosotros en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria»125.
Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación I
«Mira con amor, Padre de bondad,
a quienes llamas a unirse a ti,
y concédeles que, participando
del único sacrificio de Cristo,
formen, por la fuerza del Espíritu Santo,
un solo cuerpo, en el que no haya ninguna división»126.
«Entonces, en la creación nueva,
liberada por fin de toda corrupción,
te cantaremos la acción de gracias de Jesucristo,
tu Ungido, que vive eternamente»127.
123 Ibid., 1066.
124 Ibid., 1060.1066.1072.1078.
125 Ibid., 1061.1067.1073.1079.
126 Ibid., 1084.
127 Ibid., 1085.
181
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación II
«Acéptanos también a nosotros, Padre santo,
juntamente con la ofrenda de tu Hijo;
y en la participación de este banquete
concédenos tu Espíritu,
para que desaparezca todo obstáculo
en el camino de la concordia
y la Iglesia resplandezca en medio de los hombres
como signo de unidad e instrumento de tu paz»128.
Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación II
«Así como nos has reunido aquí
en torno a la mesa de tu Hijo,
unidos con María, la Virgen Madre de Dios,
y con todos los santos,
reúne también a los hombres
de cualquier clase y condición, de toda raza y lengua,
en el banquete de la unidad eterna,
en un mundo nuevo
donde brille la plenitud de tu paz,
por Cristo, Señor nuestro»129.
Plegaria Eucarística para la Misa con niños II
«Escúchanos, Señor Dios nuestro;
danos tu Espíritu de amor
a los que participamos en esta comida,
para que vivamos cada día
128 Ibid., 1090.
129 Ibid., 1091.
182
Aspectos más importantes: 1ª parte
mas unidos en la Iglesia,
con el santo Padre, el Papa N.,
con nuestro Obispo N.,
los demás obispos,
y todos los que trabajan por tu pueblo»130.
«Y un día, reúnenos cerca de ti
con María, la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra,
para celebrar en tu reino la gran fiesta del cielo.
Entonces, todos los amigos de Jesús, nuestro Señor,
podremos cantarte sin fin»131.
Plegaria Eucarística para la Misa con niños III
«Padre, que estas en el cielo,
te pedimos que nos recibas a nosotros
con tu Hijo querido.
Él aceptó libremente la muerte por nosotros,
pero tú lo resucitaste»132.
«Padre santo, tu nos has llamado a esta mesa,
para que en la alegría del Espíritu Santo,
comamos el Cuerpo de tu Hijo.
Haz que este Pan de vida eterna
nos de fuerza y nos ayude a servirte cada día mejor.
Acuérdate, Señor, del santo Padre, el Papa N.,
de nuestro Obispo N.,
y de todos los Obispos»133.
130 Ibid., 1104.
131 Ibid., 1105.
132 Ibid., 1111.
133 Ibid., 1112.
183
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
e. ¿Por quiénes debemos pedir?134
Debemos pedir absolutamente por todos, sin excepción ningu-
na ni distinciones de amistad o enemistad, color, religión o raza.
Porque por todos murió Cristo: «Él mismo es la propiciación por
nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por
los de todo el mundo» (1Jn 2,2), «por todos murió [Cristo]» (2
Cor 5,15), «se entregó a sí mismo en rescate por todos» (1 Tim
2,6), «uno murió por todos» (2 Cor 5,14), etc. Preferentemente,
por los enemigos: «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos
y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro
Padre, que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos
y buenos y llueve sobre justos e injustos» (Mt 5, 44-45), « Si tu
enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de be-
ber» (Pr 25,21); por los pecadores: «Aquel de vosotros que esté
sin pecado, que le arroje la primera piedra» (Jn 8,7); y por los
pobres: «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y
me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba des-
nudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y
acudisteis a mí» (Mat 25,35-36).
Por los pastores: «…orando a una también por nosotros, para
que Dios nos abra puerta para la palabra, para anunciar el
misterio de Cristo, por amor del cual estoy preso…» (Col 4,3).
Debemos pedir por el aumento, santificación y perseverancia de
santos sacerdotes y religiosos, y religiosas. (El 60 % de las voca-
ciones sacerdotales en Estados Unidos vienen de las religiosas).
Recordemos la enseñanza de Melitón de Sardes que dice que Je-
sucristo castiga con la esterilidad espiritual: «Este (Jesucristo) es
134 Catecismo Romano, BAC Madrid 1956, p. 880-885.
184
Aspectos más importantes: 1ª parte
el que cubrió a la muerte de confusión y dejó sumido al demonio
en el llanto, como Moisés al Faraón. Este (Jesucristo) es el que
derrotó a la iniquidad y a la injusticia, como Moisés castigó a
Egipto con la esterilidad».
Melitón de Sardes, Homilía sobre la Pascua
Por las autoridades civiles, internacionales, nacionales, pro-
vinciales, municipales: «Ante todo te ruego que se hagan peti-
ciones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los
hombres, por los reyes y por todos los constituidos en dignidad,
a fin de que gocemos de vida tranquila y quieta con toda piedad
y honestidad» (1Tim 2,1).
Por todos los difuntos.
Por los separados de la misma Iglesia, según enseña San Agus-
tín ser costumbre cristiana: infieles, idólatras, judíos, herejes,
135
cismáticos…: «…el cual nos libró del poder de las tinieblas y nos
trasladó al reino del Hijo de su amor…» (Col 1,13), «Pues bien,
¿qué vas a replicar si Dios, queriendo manifestar su ira y dar
a conocer su poder, soportó con gran paciencia objetos de ira
preparados para la perdición, a fin de dar a conocer la riqueza
de su gloria con los objetos de misericordia que de antemano
había preparado para gloria…?» (Ro 9,22-23).
Por los accidentados, moribundos y agonizantes, los sin techo,
sin pan, sin trabajo, los migrantes, los mundanos del jet set, las
‘estrellas’ del cine, la radio la televisión , los deportes, por los
ricos, por los necesitados, por los abandonados y solos, los en-
135 Epist. 149 ad Vital, c.2, n. 17.
185
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
fermos, los presos, los corruptos y depravados, los condenados a
muerte… ¡Por todos!
6. Memoria viva
«Verdaderamente la vida consagrada es memoria viviente del
modo de existir y de actuar de Jesús como Verbo encarnado ante
el Padre y ante los hermanos. Es tradición viviente de la vida y
del mensaje del Salvador»136.
136 VC, 22.
186
6. Aspectos más importantes: 2ª parte
Trataremos ahora de lo que corresponde a lo que hemos lla-
mado ‘Aspectos más importantes’:
2ª parte
1. Iglesia
1. Palabra viva de Dios vivo.
2. Esponsalidad.
3. Paternidad o maternidad.
4. Bienaventuranzas.
5. Fidelidad al misterio de la cruz.
6. Dimensión escatológica o anticipación del cielo.
2. María
oOo
1. Iglesia
a. Palabra viva de Dios vivo
La palabra de Dios tiene que ser objeto de nuestro más deli-
cado amor. Nosotros debemos ser profundamente enamorados
de la palabra de Dios. No basta un conocimiento superficial de
la palabra de Dios, sino que se debe un conocimiento profun-
do y un conocimiento amoroso para lo cual hay que dedicarle
tiempo. Por eso, de manera particular, se tiene que leer el Nuevo
Testamento, los Evangelios sobre todo, pero también el resto del
Nuevo Testamento. Y también conocer el Antiguo, aunque no
con la importancia que se debe dedicar al Nuevo Testamento. De
manera especial se debe conocer el Antiguo Testamento en los
libros sapienciales y los libros proféticos.
187
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
La Palabra de Dios tiene muchas características.
1. ¿Cuál es la singularidad de la Palabra de Dios? ¿Qué cosa
es lo que hace que la Palabra de Dios sea algo absolutamente
único? La palabra de Dios tiene a Dios por autor principal1, de
tal modo que el autor humano, o los autores humanos: Moisés,
David, Isaías, Mateo, Juan, Pablo, Pedro... escribieron –hay que
observar estas palabras– todo y sólo lo que Dios quiso2. Ella
contiene lo que Dios ha querido revelar, por tanto, la Palabra de
Dios se debe recibir primero con fe. Siempre debo abrir mi alma
cuando abro la Sagrada Escritura. Debo abrir mi corazón, mi
mente, mi alma para que lo que yo vaya leyendo, se vaya graban-
do en mi corazón, en mi mente, en mi alma. Cuando uno hace así
–eso lo tienen que experimentar ustedes – la palabra de Dios se
hace más dulce que la miel. Como dice el Eclesiástico, referido a
la sabiduría: “Mi recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad
más dulce que panal de miel” (Ecl 24,27).
2. Jesucristo, fin, luz, centro y protagonista de la Sagrada
Escritura. Los discípulos de Emaús exclamaron extasiados luego
que Jesús les enseñase la Sagrada Escritura: “No ardían nuestros
corazones…” (Lc 24,32).
1 Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum 11: «Las verda-
des reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se
consignaron por inspiración del Espíritu Santo. La santa Madre Iglesia, según la fe
apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Tes-
tamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo,
tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia». Cf.
Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Dei Filius, c.2: Dz. 1787 (3006); ver Dz
2180 (3629); EB 420 y ED 499.
2 cf. Dei Verbum 11: «Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hom-
bres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando
El en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que Él
quería». Cf. León XIII, encíclica Providentissimus Deus: Dz 1952 (3293); EB 125.
188
Aspectos más importantes: 2ª parte
3. ¿Cuál es el fin de la lectura? No es otro que Jesucristo:
“Desde el Génesis al Apocalipsis, pasando por los profetas, Cris-
to es el objeto del Libro Sagrado” (San Clemente de Alejandría).
Así es que las Divinas Páginas nos hablan de las circunstancias
de la vida terrestre de Jesús, de los misterios que vino a realizar,
de su Segunda Venida, del Cristo Total, de la vida sacramental,
de Cristo en el alma del cristiano. Benedicto XV pide que “todos
los hijos de la Iglesia” conozcan la Sagrada Escritura a “a fin de
llegar a un conocimiento perfecto de Jesucristo”3.
4. Pero, además, es la luz, la clave de la Sagrada Habla. “Y
les dijo: ¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazón para
creer todo lo que vaticinaron los profetas!” (Lc 24,45).
Cristo es el supremo exégeta: “sus entendimientos estaban
embotados, y hasta hoy existe el mismo velo en la lectura del
Antiguo Testamento sin renovarse, porque sólo con Cristo des-
aparece” (2 Cor 3,14); porque entender la Biblia es una gracia de
Cristo. Sólo el que tiene su Espíritu puede comprenderlas. Las
Sagradas Escritura deben leerse con el mismo Espíritu con que
fueron escritas4. Como decía Orígenes no se puede entender las
Letras Divinas, si no se ha reclinado, como el cuarto evangelista,
sobre el pecho del Señor y si no se ha recibido de Jesús a María
por Madre.
5. Asimismo Cristo es el centro de las Santas Escrituras.
“Y comenzando por Moisés y por todos los profetas, les fue de-
clarando cuanto a Él se refería en todas las Escrituras” (Lc
24,27) del Antiguo y del Nuevo Testamento. Todo el Antiguo
3 Spiritus Paraclitus, 66.
4 Cf. Dei Verbum, 12.
189
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Testamento no era sino una inmensa predicción de su vida. Como
dice San Agustín: “El Nuevo Testamento se oculta en el Anti-
guo. El Antiguo Testamento se revela en el Nuevo”5. El Antiguo
es como una parábola del Nuevo: “Todo lo que está escrito en
el Antiguo Testamento se relaciona, en figura y en enigma con
Cristo” (Orígenes). Afirmaba San Hilario: “En cada personaje
(del Antiguo Testamento), en cada época, en cada hecho, hay
una imagen de Cristo”. Y Melitón de Sardes: «Este (Jesucristo)
es el que tuvo que sufrir mucho y en muchas ocasiones: el mismo
que fue asesinado en Abel y atado de pies y manos en Isaac, el
mismo que peregrinó en Jacob y fue vendido en José, expuesto
en Moisés y sacrificado en el cordero, perseguido en David, y el
que, resucitado de entre los muertos, subió a los cielos»6.
6. Más aún, Cristo es el protagonista de toda la Escritura
“Es el quién… por figuras manifiestas y verdaderas, engendra,
lava, santifica, elige, separa, o rescata a la Iglesia, por el sueño
de Adán, por el diluvio de Noé, por la bendición de Melquisedec,
por la justificación de Abraham, por la servidumbre de Jacob…”
(San Hilario). Agrega San Ireneo que el Verbo ha estado sembra-
do a lo largo de las Escrituras: “a veces hablando con Abraham, a
veces con Noé para darle las medidas del arca, a veces buscan-
do a Adán, o llevando a juicio a los sodomitas, ya dirigiendo el
camino de Jacob, ya hablando con Moisés desde la zarza”7. La
Palabra primero se manifestó en la Escritura y luego en la carne.
Nosotros debemos ser “voceros de su Voz, gritos del Verbo”.
5 Quaestiones in Heptateucum, 2, 73: PL 34, 623.
6 Homilía de Pascua.
7 Adversus haereses, 4,10,1.
190
Aspectos más importantes: 2ª parte
7. Por eso es sumamente fecunda: «Como descienden la
lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que em-
papan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé
simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra,
la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacía, sin que
haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que
la envié» (Is 55,10-11).
8. Aunque nosotros vemos la Sagrada Escritura como inerte,
como si no tuviera vida, pero es algo vivo. Como dice el Apóstol
San Pablo “Ciertamente es viva la palabra de Dios” (Heb 4,12).
¿Por qué es viva? Porque fue inspirada por el Espíritu Santo y es
el mismo Espíritu Santo quien le sigue dando vida a cada una de
las palabras de la Sagrada Escritura.
9. Y porque es viva la Palabra de Dios, es eficaz, es decir
que produce efectos beneficiosos para el alma. Sucede hoy día:
suscita conversiones, provoca decisiones vocacionales, produce
vocaciones misioneras... nos hace aprender a amar más a Dios y
las cosas de Dios.
10. Es viva la palabra de Dios y es eficaz. Con una eficacia
tal, que la palabra de Dios penetra en el alma, y no de cualquier
manera, sino que penetra el alma como espada de doble filo.
Lo leemos en la carta a los Hebreos “tajante como espada de
dos filos y penetra hasta las fronteras del alma y del espíritu,
hasta las coyunturas y las médulas y escruta los sentimientos y
pensamientos del corazón. No hay para ella criatura invisible.
Todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos
de dar cuentas” (Heb vv. 12–13). Por eso el Apóstol pone entre
las armas espirituales que debe usar el cristiano la espada de la
191
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
palabra: “Tomad también el yelmo de la salvación y la espada
del espíritu que es la Palabra de Dios” (Ef 6,17). Por eso se debe
aprender a ser buen esgrimista, a saber usar esa espada. Es una
espada de doble filo, es una espada penetrante, es una espada con
la cual todavía hoy día se deben luchar los combates del Señor.
¡Y es tan eficaz que es capaz de darnos la victoria!
11. La Palabra de Dios también alimenta. Así como nos ali-
mentamos en la mesa de la Eucaristía, comiendo el Cuerpo y la
Sangre del Señor, tenemos que aprender a alimentarnos en la
mesa de la Palabra, haciendo nuestra esa Palabra que es Palabra
de Dios. Y porque alimenta –a semejanza de la Eucaristía– la Pa-
labra de Dios también fortalece, sustenta. Por eso dijo Nuestro
Señor Jesucristo, rechazando las tentaciones del diablo “No sólo
de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca
de Dios” (Mt 4,4).
Ciertamente que tenemos que evitar un mal muy grande de
este tiempo. Actualmente hay algunos ‘profesores’ de Sagrada
Escritura que creen que pueden interpretar la Sagrada Escritura
como ellos se la imaginan. Siempre los hubo. Caen en lo que fue
y es, el llamado libre examen protestante. Cada uno interpreta la
Biblia como quiere. Así ocurrió, por ejemplo, una vez en Ingla-
terra en la época del protestantismo. Habían sentenciado que la
Palabra de Dios, es decir, la Biblia, tenía que ser para los jueces
norma de juicio. A un hombre lo habían encarcelado y lo habían
condenado por robarle la capa a otra persona. Entonces este hom-
bre se defendió en el tribunal del juez y le dijo: “No, yo no he
robado, sino lo que yo he pretendido es cumplir con la Palabra de
Dios, porque en la Carta a los Gálatas Pablo dice “Llevad los unos
192
Aspectos más importantes: 2ª parte
la carga de los otros y cumpliréis con la ley de Cristo” (Gal 6,2).
Con su libre examen de San Pablo pretendió justificar un robo.
Esto ya lo advierte el Apóstol San Pedro, en la segunda carta
cuando dice: “Tened presente que ninguna profecía de la Es-
critura puede interpretarse por cuenta propia” (2 Pe 1,20). Por
eso la Escritura debe leerse “en Iglesia”8. Es decir, teniendo en
cuenta lo que la Iglesia a través de los siglos ha dicho sobre la
Palabra que estoy leyendo y sobre la interpretación que ha dado.
“Porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana,
sino que hombres movidos por el Espíritu Santo nos han hablado
de parte de Dios” (2 Pe 1,21).
12. Es Sagrada la Escritura. Y así como nadie va a mezclar
hostias sin consagrar con hostias consagradas, porque las hos-
tias consagradas ¡son sagradas! Pues así tampoco tenemos que
mezclar nuestra interpretación meramente humana con el sentido
genuino de lo que es sagrado, de lo que es Palabra de Dios.
13. Es una Palabra que es superior a mí, está por encima.
Dice Jesús: “El Cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasa-
rán” (Mt 24,35).
14. Es una Palabra que es anterior y posterior a mí: Viene
antes que yo existiese y además va a existir después de mí. Yo
moriré, pero la Palabra de Dios seguirá viva eternamente.
15. Es una Palabra que es trascendente a mí. Yo puedo in-
terpretarla, yo puedo rezar con ella, puedo vivir contemplándola,
sin embargo la Palabra de Dios siempre va a ser como una fuente
8 JUAN PABLO II, Discurso al Consejo internacional de los Equipos de Nuestra
Señora (17/09/1979); OR (30/09/1979), p. 8; passim.
193
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
inagotable, nunca podré agotar la fuente. Y beberé de ella y ten-
dré ganas de beber más. Y beberé más y la fuente no se agotará.
Y al no agotarse la fuente, mis ansias de beber serán más grandes
y aprovecharé más, y la Palabra de Dios seguirá siendo trascen-
dente a mí. Por eso dice Santo Tomás de Aquino: “El Espíritu
Santo fecundó la Sagrada Escritura con verdad más abundante
de la que los hombres puedan comprender”9.
16. No es un libro, aunque viene en forma de libro. Se puede
decir que es como una biblioteca. Como se decía de San Jeró-
nimo: “A través de la diaria lectura y meditación de la Escritura,
ha hecho de su corazón una biblioteca de Cristo”10.
17. Es lámpara, como dice otro salmo: “Tu eres Yahvé mi
lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas” (Sl 18,29). Y las
alumbra por medio de su Palabra.
18. Palabra de Dios también consuela al alma. El alma que
está triste, el alma que está sufriendo tentaciones, el alma que
no sabe por dónde seguir: “Lámpara para mis pasos”. “Palabras
buenas, palabras de consuelo”, dice Zacarías 1,3. Para que con
la paciencia y el consuelo11 que dan las Escrituras mantenga-
mos la esperanza. La Escritura da esperanza, da consuelo, da
paciencia.
9 II Sent, 12, 1, 2, ad 7.
10 SAN JERÓNIMO, Ep. ad Heliodorum, LX, 10.
11 Cf. Romanos 15,4.
194
Aspectos más importantes: 2ª parte
19. La Biblia es como una farmacia donde se encuentra los
remedios adecuados para nuestras enfermedades. Así la llama
San Gregorio Nacianceno12.
20. « Ensalzar la Palabra de Dios es ensalzar al mismo Dios»
(San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia)13.
21. «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo»
(San Jerónimo) 14.
22. «Múltiples riquezas encierra la Palabra de Dios, ya que es
un tesoro dónde se encuentran todos los bienes» (San Lorenzo
de Bríndisi).
23. «Colóquense delante de Dios como una tela pronta para
recibir los brochazos y pinceladas del pintor. Cuando tenemos
esta actitud de ‘tela de pintar’, el Espíritu Santo puede obrar»
(Santa Margarita María Alacoque).
24. «Leer la Biblia es rezar; meditarla es hacer oración; reve-
renciarla es adorar la grandeza y majestad de Dios; familiarizarse
con la Biblia es entrar en conversación frecuente con Dios y es
empezar a gozar de Él» (Pseudo-Dionisio).
25. «No hay ruibarbo ni caña fístula15 que así revuelva el
estómago como la Palabra de Dios» (San Juan de Ávila)16.
12 Cf. Epist. 2,3; PG 32, 228 BC; cit. TOMAS SPIDLÍK, Ignacio di Loyola e la
spiritualitá orientale, Roma 1994, 16-17.
13 Obras completas, BAC 2002, t. III, 343.
14 Comentario a Isaías, prólogo, Obras completas, BAC 2007, t. VI a, 5.
15 Plantas usadas como purgantes (parecidas al mechoacán y la jalapa de México),
para limpiar, purificar y quitar lo innecesario, inconveniente y superfluo.
16 Obras completas, BAC 2002, t. III, 344.
195
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
26. Es como un espejo en el que debemos mirarnos para
vernos las manchas que tenemos y sin olvidarnos de ellas, po-
der limpiarlas para llegar a ser, cómo debemos ser. «Poned por
obra la palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a
vosotros mismos. Porque si alguno se contenta con oír la pala-
bra sin ponerla por obra, ése se parece al que contemplaba sus
rasgos fisonómicos en un espejo: efectivamente, se contempló,
se dio media vuelta y al punto se olvidó de cómo era. En cambio
el que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se
mantiene firme, no como oyente olvidadizo sino como cumplidor
de ella, ése, practicándola, será feliz» (Sant 1,22-25). Los Padres
consideran la Sagrada Escritura como un espejo, por ejemplo,
San Gregorio Magno: «La Sagrada Escritura se presenta como
cierto espejo a los ojos de la mente para que nuestro interior
se refleje en ella; y allí en efecto conocemos nuestra fealdad,
nuestra hermosura: allí sentimos cuanto nos podemos aprove-
char, y vemos también allí cuán lejos distamos del estado de los
proficientes»17.
27. Es fuego y martillo: « ¿No es así mi palabra, como el
fuego, y como un martillo que golpea la peña?» (Je 23,29), sino
quema la raíz de nuestros vicios, y no rompe nuestro corazón
endurecido, es señal que la leemos mal.
28. « Las palabras del Señor son palabras auténticas, son
como plata pura siete veces purificada en el crisol» (Sal 12,7).
29. Santa Ángela de Foligno afirmaba que las Sagradas Es-
crituras contiene delicias tan exquisitas que el hombre que las
17 Moralia in Job 2,1, PL 75,553.
196
Aspectos más importantes: 2ª parte
poseyera olvidaría el mundo y aún más: «No se olvidaría sólo del
mundo el que gustase el deleite singular de entender los Evange-
lios; se olvidaría de sí mismo».
30. Finalmente, debemos entender complexivamente la Pa-
labra de Dios. Es la Palabra que sale de la boca de Dios:
1º Contenida en la Biblia.
2º Celebrada, proclamada y festejada en la Liturgia.
3º Testimoniada por los Mártires.
4º Comentada por los Santos Padres.
5º Saboreada por los Místicos.
6º Profundizada por los Doctores de la Iglesia.
7º Predicada por los Misioneros.
8º Interpretada por el Magisterio.
9º Esgrimida por los Pastores.
10º Defensora del pueblo fiel.
11º Amada por los niños.
12º Vivida por los Santos de todos los tiempos.
Se cuenta de ese gran santo, Santo Domingo, que amaba tanto
la Palabra de Dios que Él, aunque las conocía de memoria, lleva-
ba siempre sobre su pecho el Evangelio de San Mateo. Con esto
se quiere expresar que hay que llevar en el corazón la Palabra de
Dios. Después, viendo ese amor que han tenido los santos a la
Sagrada Escritura, debemos nosotros aprender a conocerla para
poder amarla cada vez más. Y esa será un arma poderosa para
nuestra santificación y para nuestra perseverancia.
La Santísima Virgen conocía de tal manera la Sagrada Es-
critura que cuando se pone a cantar como poetisa el Magníficat,
197
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
hace un hermoso enhebrado de textos bíblicos y de reminiscen-
cias bíblicas.
Ojalá que pase con nosotros así como pasó con Ella.
b. Esponsalidad
Cada Misa es la Fiesta del Viento, del Espíritu Santo.
¿Cómo es posible esto? Esto es posible, porque: “¡Estas cosas
las hace el Amor!”.
Todos nosotros tenemos experiencia de que “el viento sopla
donde quiere, y oyes se voz, pero no sabes de dónde viene ni
adónde va” (Jn 3,8).
- Comenzó esa experiencia en nuestro Bautismo,
- la Confirmación la continuó,
- en la Eucaristía se hizo costumbre,
- fue obra de arte, y de arte maestra, en la decisión voca-
cional, y ciertamente que no por obra nuestra,
- llegó a plenitud en la Ordenación, para otros en la profe-
sión religiosa,
- tuvo etapas intermedias como la imposición de la sotana
o la toma de hábitos, y de mil y una maneras se manifestó y se
sigue manifestando en nuestra vida diaria.
Y de esa forma, experimentamos que ¡”Estas cosas las hace
el Amor!”.
En esta Fiesta del Viento quiero referirme, especialmente,
a la acción del Espíritu Santo en nosotros, religiosos y religiosas,
para enseñarnos el amor esponsalicio, que es la particular alian-
za que Dios hace con sus consagrados.
198
Aspectos más importantes: 2ª parte
Dios, además de ser Creador y Redentor, es también el
Esposo: “Porque tu esposo es tu Creador... Tu redentor es el
Santo de Israel” (Is 54,5). Y san Pablo aplica a Jesucristo las ca-
racterísticas de Esposo: “Vosotros los maridos, amad a vuestras
mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella” (Ef
5,25). Vemos, por tanto, el amor esponsal de Dios y de Jesucristo
por nosotros. Ese amor esponsal es más pleno respecto a las al-
mas consagradas. La libre respuesta nuestra debe ser, por razón
de la nueva consagración, que “radica íntimamente en la con-
sagración del bautismo y la expresa con mayor plenitud”18.
El trabajo más importante que tenemos en nuestras casas
de formación es enseñar a los jóvenes y a las jóvenes a desposarse
con el Viento.
Pensamos que son cinco las principales características del
amor esponsalicio: es amor de elección, de donación, exclu-
sivo, creador, y, responsable. ¿Cómo es posible esto? Esto es
posible, porque: ¡Estas cosas las hace el Amor... hecho Viento!
(Ilustraremos con algunos versos de Pemán).
1 - Amor de elección
No se eligen los parientes (por eso algunos dicen: “amo más a
mis dientes que a mis parientes”). Los esposos se eligen, no está
exigido por la naturaleza que se ame a éste o a ésta. No está, de
alguna manera, impuesto por la carne y por la sangre.
Cristo elige: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que
yo os elegí a vosotros...” (Jn 15,16). Y también dice: “Si quie-
res...” (Mt 19,21). Su libre elección se dirige siempre a la libertad
18 Concilio Vaticano II, Perfectae caritatis, 5.
199
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
del hombre, de tal modo, que “la respuesta a esta llamada es una
opción libre”19.
“Dime, Amado, ¿qué es el Amor?
¡Y Él se me quedó mirando
por toda contestación!”
2 - Amor de donación
Esta característica es el alma de la consagración, es decir,
de la consagración de la persona. A cada uno de nosotros le habló
el Señor como a Isaías:
“No temas, porque yo te he rescatado,
yo te llamé por tu nombre
y tú me perteneces” (Is 43,1).
Las palabras del Espíritu Santo: “... te he rescatado... tú me
perteneces...” parecen sellar este amor de entrega total e irrestric-
ta a Dios. Es el entregarse totalmente y sin reservas a Dios: “Tal
amor abarca a toda la persona, espíritu y cuerpo, sea hombre o
mujer, en su único e irrepetible ‘yo’ personal... (de tal modo que)
os habéis dado cuenta de que ya no os pertenecéis a vosotros
mismos”20. Amor esponsal que busca la unión con el Amado, de
tal manera, que exige la renuncia al amor carnal a padre y madre:
“¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y
hembra? Y dijo: ‘Por eso dejará el hombre al padre y a la ma-
dre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne’21. De
manera que ya no son dos sino una sola carne” (Mt 19,4-6). Así
19 Juan Pablo II, Redemptionis donum, 3.
20 idem.
21 Gen 2,24.
200
Aspectos más importantes: 2ª parte
debe ser el alma consagrada con su Divino Esposo: ¡Una sola
cosa con Cristo por el amor esponsalicio!
“-¿Cómo te llamas? -Amor.
-¿A dónde vas? -Al amor.
-¿De dónde vienes? -De amor.
-Si amor son todos tus bienes
y a amor vas y de amor vienes,
fuera del amor, ¿qué tienes?
-¡Las sobras de tanto amor!”
3 - Amor exclusivo
¿Por qué el amor esponsal es exclusivo? Porque es con uno
y para siempre. Gracias al amor de donación cada consagrado
puede ofrecerse como propiedad indivisa y exclusiva a Dios, y
vivir en consecuencia, como tantos y tantas hermanos nuestros
que, al decir de San Agustín, “envejecieron en su virginidad”22.
Todo verdadero amor por ser una participación del amor infinito
y eterno de Dios, exige por su misma naturaleza, la permanencia,
la duración, el para siempre. Quien todavía no descubrió esto,
todavía no sabe amar.
“Si tu Amor te desamaba
¿Qué ibas a hacer de tu amor?
-Seguir amando al Amado
para no morirme yo.”
4 - Amor creador
Las almas consagradas al elegir libremente donarse de ma-
nera total y exclusiva a Dios, incluyen en esa entrega la perspecti-
va de la paternidad y de la maternidad espiritual. Los religiosos,
22 Confesiones, libro 8, cap. II.
201
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
las religiosas, por razón de su amor esponsalicio al Señor, se
deben reconocer como futuros padres y madres espirituales de
los numerosos hijos espirituales que el Señor les quiera conceder.
Del amor esponsal deben aprender a sacar fuerzas para perseve-
rar en la unidad esponsal con el Señor, incluso por el bien de la
prole espiritual que Dios les dé.
“Miré nubes, aguas, flores,
escuché los ruiseñores
desde la cumbre más alta ...
-Dime, Amor, si algo te falta.
-¡Amadores! ¡amadores!
5 - Amor responsable
El verdadero amor es una llamada particular a la respon-
sabilidad. Ante todo, una llamada de responsabilidad con respec-
to al Divino Esposo, a quien no hay que defraudar. Como decía
San Policarpo de Esmirna, discípulo de San Juan Apóstol: “Hace
86 años que sirvo a Cristo, y nunca he recibido de Él más que
bienes; ¿cómo podría ahora traicionarlo?”. Pero es también una
llamada de responsabilidad hacia los hijos e hijas espirituales, a
quienes darán la vida espiritual, o sea, serán responsables de una
parte de la Familia de Dios como comunión de vida y de amor.
Al entregarse a Dios por la profesión de los consejos evangélicos,
manifiestan ante Dios y los hombres, que su amor esponsal es
maduro para ese compromiso.
(Este verso se aplica especialmente a los que reciben
la sotana o hábito, o profesan sus votos).
“Acusaron al Amigo
en el tribunal del Mundo:
202
Aspectos más importantes: 2ª parte
Porque andaba vagabundo
con harapos de mendigo.
Pero el Amigo ha alegado
su clara razón entera:
-Si yo vivo a mi manera;
manera es de enamorado ...
No queráis que viva fiel
a cuanto ignoro y desprecio
que el Amor parece necio
a todo cuanto no es Él.”
EPÍLOGO
Por todo esto, te decimos, Señor Jesús:
Queremos que nuestras vidas sean un himno de amor a Ti.
Que si tenemos sed, vos sos agua,
Si tenemos sueño, eres nuestro descanso,
Si tenemos frío, te conviertes en abrigo,
Si somos huérfanos, eres nuestro Padre,
Si sufrimos soledad, sos nuestro Amigo,
Si tenemos hambre, te vuelves comida,
Si tenemos preguntas, tú eres respuestas,
Si nos llegases a faltar, todo se volvería tinieblas.
Sos Puerta siempre abierta para recibirnos,
Sos Dador del Viento que nos enseña a amarte
esponsaliciamente.
¡Estas cosas las hace el Amor! ... ¡Las hace el Amor... hecho
Viento!
203
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
c. Paternidad y maternidad espirituales
1. La paternidad espiritual
“«La vida engendra vida».23
No hay que huir del trabajo de tener hijos espirituales.
Si el sacerdote es verdadero Padre debe engendrar vida ya que
tiene vida. Debe engendrar hijos. Si no engendra hijos, como la
higuera estéril del evangelio, «solo sirve para el fuego».
¿Cómo engendra el sacerdote a sus hijos?
Hay que pedir a Dios, siempre, la gracia de «engendrar y criar
hijos».
El sacerdote engendra hijos espirituales:
- Por la cruz;
- por la oración;
- por el celo apostólico;
- por la predicación.
Cristo fue el primero en este ministerio.
En este ministerio Cristo fue el primero, por eso se lo llama
Padre del siglo futuro24. «De arte que yo no sé libro, ni palabra, ni
pintura, ni semejanza que así lleve al conocimiento del amor de
Dios con los hombres como este cuidadoso y fuerte amor que Él
pone en un hijo suyo con otros hombres, por extraños que sean;
y ¡qué digo extraños; ámalos aunque sea desamado; búscales la
vida, aunque ellos le busquen la muerte; y ámalos más fuerte-
23 JUAN PABLO II, «Homilía en la Misa de inauguración del Congreso Internacio-
nal por las vocaciones», L’Osservatore Romano 20 (1981) 303.
24 Cf. Is 9, 5.
204
Aspectos más importantes: 2ª parte
mente en el bien que ningún hombre, por obstinado y endurecido
que estuviese con otros, los desama en el mal. Más fuerte es
Dios que el pecado; y por eso mayor amor pone a los espirituales
padres que el pecado puede poner desamor a los hijos malos. Y
de aquí es también que amamos más a los que por el Evangelio
engendramos que a los que naturaleza y carne engendra, porque
es más fuerte que ella, y la gracia que la carne»25.
¿Cómo somos padres?
Los demás sacerdotes son padres por participación de la pa-
ternidad de Cristo, son padres «por Él, con Él y en Él». Pero para
esto es necesario:
- Tener viva conciencia de la Paternidad Divina y de su ma-
jestad, a quien todo pertenece;
- no usurpar la gloria de Dios: los vínculos de la paternidad
espiritual son más fuertes que los de la carne, pero no deben
arrebatar a Dios lo que le pertenece, «la gloria de Dios sea para
Dios»26;
- pedir el espíritu de padre, teniendo el Espíritu de su Hijo y
amor puro para con Dios: «pedirle el espíritu de padre para con
sus hijos que hubiéremos de engendrar»;
- de este modo el sacerdote se convierte en imagen visible de
Dios Padre, a quien no vemos: A Dios nadie le ha visto jamás
(Jn 1,18).
25 SAN JUAN DE ÁVILA, Obras Completas, IV (Madrid 1970) 19.
26 Cf. Mt 22, 21.
205
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Hay que sufrir para educarlos.
Hasta aquí todo parece muy poético. Pero esta «dulce cosa
de engendrar hijos» implica, necesariamente, sufrimiento: «los
hijos que hemos por la palabra de engendrar no tanto han de ser
hijos de voz cuanto hijos de lágrimas (dice un proverbio africano:
“El hijo es como el hacha, aunque te cortes con ella, la vuelves a
cargar sobre el hombro”).
Son hijos de lágrimas.
A llorar aprenda quien toma oficio de padre, para que le res-
ponda la palabra y respuesta divina, que fue dicha a la madre de
San Agustín por boca de San Ambrosio: “Hijo de tantas lágrimas
no se perderá”. A peso de gemidos y ofrecimiento de vida da Dios
los hijos a los que son verdaderos padres, y no una, sino muchas
veces ofrecen su vida porque Dios da vida a sus hijos, como sue-
len hacer los padres carnales».
Ha de morir a sí mismo para que viva el hijo.
El padre verdadero ha de morir a sí mismo en todo para que el
hijo viva. En ese «criar» en la vida espiritual, será necesario:
- Callar: «¿Quién contará el callarse que es menester para los
niños, que de cada cosita se quejan...».
- No hacer acepción de personas: «...el mirar no nazca envi-
dia por ver ser otro más amado, o que parece serlo, que ellos?».
- Alimentar el alma: «¿El cuidado de darles de comer, aun-
que sea quitándose el padre el bocado de la boca, y aun dejar de
estar entre los coros angelicales por descender a dar sopitas al
niño?».
206
Aspectos más importantes: 2ª parte
- Dominio de sí: «Es menester estar siempre templado, por-
que no halle el niño alguna respuesta menos amorosa».
- Tragarse las lágrimas: «Y está algunas veces el corazón
del padre atormentado con mil cuidados, y tendría por gran des-
canso soltar las riendas de su tristeza y hartarse de llorar, y si
viene el hijito ha de jugar con él y reír, como si ninguna otra cosa
tuviera que hacer».
- Ser atento a los peligros que pasa el hijo: «Pues las tenta-
ciones, sequedades, peligros, engaños, escrúpulos, con otros mil
cuentos de siniestros que toman, ¿quién los contará?».
- Vigilar: «¡Qué vigilancia para estorbar no venga a ellos!».
- Tener sabiduría: «¡Qué sabiduría para saberlos sacar des-
pués de entrados!».
- Tener paciencia: «¡Paciencia para no cansarse de una y otra
y mil veces oírlos preguntar lo que ya les ha respondido, y tor-
narles a decir lo que ya se les dijo!».
- Orar: «¡Qué oración tan continua y valerosa es menester
para con Dios, rogando por ellos porque no se mueran!».
- Dolor si se mueren: «Porque si se mueren, créame, padre,
que no hay dolor que a este se iguale, ni creo que dejó Dios otro
género de martirio tan lastimero en este mundo como el tormento
de la muerte del hijo en el corazón del que es verdadero padre».
- Cuando esto suceda no cerrar el corazón: «¿Qué le diré?
No se quita este dolor con consuelo temporal ninguno; no con
ver que, si unos mueren, otros nacen; no con decir lo que sue-
le ser suficiente en todos los otros males: El Señor lo dio, el
207
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Señor lo quitó; su nombre sea bendito (Job 1,21). Porque como
sea el mal del ánima, y pérdida en que pierde el ánima a Dios,
y sea deshonra de Dios, y acrecentamiento del reino del pecado
nuestro contrario bando, no hay quien a tantos dolores tan justos
consuele. Y si algún remedio hay, es olvido de la muerte del hijo;
pero dura poco, que el amor hace que cada cosita que veamos y
oigamos, luego nos acordemos del muerto, y tenemos por traición
no llorar al que los ángeles lloran en su manera, y el Señor de
los ángeles lloraría y moriría si posible fuese. Cierto, la muerte
del uno excede en dolor al gozo de su nacimiento y bien de todos
los otros».
- Bondad: «Por tanto, a quien quisiere ser padre, le conviene
un corazón tierno, y muy de carne, para haber compasión de los
hijos, lo cual es muy gran martirio...».
- Fortaleza: «...y otro de hierro, para sufrir los golpes que la
muerte de ellos da, porque no derriben al padre o lo hagan del
todo dejar su oficio, o desmayar, o pasar algunos días en que no
entienda sino en llorar; lo cual es inconveniente para los negocios
de Dios, en los cuales ha de estar siempre solícito y vigilante; y
aunque esté el corazón traspasado de esos dolores, no ha de aflo-
jar ni descansar; sino, habiendo gana de llorar con unos, ha de
reír con otros, y no hacer como hizo Aarón, que, habiéndole Dios
muerto dos hijos y siendo reprehendido de Moisés porque no ha-
bía hecho su oficio sacerdotal, dijo él: ¿Cómo podía yo agradar
a Dios en las ceremonias con corazón lloroso? (Lv 10,19). Acá,
padre, nos manda siempre que busquemos el agradamiento de
Dios y pospongamos lo que nuestro corazón querría, porque, por
llorar la muerte de uno, no corran por nuestra negligencia peligro
208
Aspectos más importantes: 2ª parte
los otros. De arte que, si son buenos los hijos, dan un muy cuida-
doso cuidado; y si salen malos, dan una tristeza muy triste; y así
no es el corazón del padre sino un recelo continuo, y una atalaya
desde alto, que de sí lo tienen sacado, y una continua oración,
encomendando al verdadero Padre la salud de sus hijos, teniendo
colgada la vida de él de la vida de ellos, como San Pablo decía:
Yo vivo, si vosotros estáis en el Señor (1Te 3,8)».
¡He aquí el ideal del pastor! De aquí también que quienes «no
tuvieron en nada el engendrar hijos espirituales, huyeron del tra-
bajo de los criar», y son «comparables a las prostitutas, que cuan-
do paren un hijo lo entregan a otra para criar y ellas continuar en
sus voluptuosidades». Son, para San Juan de Ávila, la negación
del sacerdocio, como la paternidad es su plenitud”27.
Hoy día parece que la promoción de las vocaciones sacerdo-
tales y religiosas están en manos de estériles, quienes no saben
ni aman el tener hijos espirituales. Por eso son tan ineficaces en
su trabajo. De ahí que pareciera que el principal problema de la
falta de vocaciones sacerdotales y religiosas está en la cabeza de
sacerdotes y religiosas, que no se ocupan en ser padres y madres
espirituales.
El «buen pastor, da la vida por las ovejas» (Jn 10,11), por el
contrario, «el mal pastor, ve venir al lobo y deja las ovejas y
huye…no le importan las ovejas» (Jn 10,12).
2. Maternidad espiritual
(De manera semejante a la paternidad se puede hablar de la
maternidad espiritual).
27 Carlos Buela, IVE, Sacerdotes para siempre, p. 108-110.
209
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
No es ningún secreto que la familia está en crisis.
¡Uniones de hecho...! En el primer semestre de 1999, en la
Ciudad de Buenos Aires, casi igualaron el número de hijos naci-
dos en matrimonio –por lo menos civil- con el de los hijos extra
matrimoniales: 50,4 % los primeros y 49,6 % los segundos. Es
decir que, de cada dos niños, uno es extra matrimonial. Y esto
sin contar con el hecho de que la mayoría de los casados por el
civil no tienen el matrimonio religioso, es decir, no han recibido
el sacramento del matrimonio cristiano y, por tanto, la unidad y
sacralidad del matrimonio y de la familia están en crisis.
¡La fidelidad...! En la zona de Córdoba y distritos cercanos,
según estadísticas publicadas en La Voz del Interior28, en estos
últimos años ha aumentado en un 24,7 % el número de las se-
paraciones legales. Ha habido un franco ascenso desde 1990, a
razón de 5 divorcios por día hábil, a 1998 con 7 trámites diarios.
Esto sin hablar de las separaciones de hecho. En 1996 en la Unión
Europea hubo 899.800 divorcios29.
¡La natalidad...! Evidentemente que ha disminuido la tasa de
natalidad: 51 países en el mundo están con tasa de fertilidad ne-
gativa y 14 países en el mundo están con el problema de que los
muertos superan a los nacidos, es decir, pasan por el triste fenó-
meno del decrecimiento, del suicidio colectivo30.
28 Del 26 de abril de 1999.
29 Para datos de otros países ver el ilustrativo folleto «El divorcio a fin de siglo»
de Nueva Cristiandad (Cerrito 1070, 6to. piso, of. 104; tel. 4812-8611 y 4811-2206.
Solicite y distribuya sus publicaciones).
30 Leer nuestro sermón «El mito del crecimiento demográfico», Vox Verbi nº 183.
210
Aspectos más importantes: 2ª parte
Por supuesto eso lleva como lógica consecuencia a una crisis
profunda en lo que hace a la paternidad y a la maternidad, en es-
pecial a esta última. Ha habido escritores y escritoras que hablan
de que la mujer debe rechazar o alejarse del «olor del nido», en
sentido peyorativo. El «olor del nido» es el olor a pañales, el olor
a la comida, que a muchas tampoco les gusta hacer, todo lo cual
es motorizado por la ideología feminista. Es la realidad, es lo que
está pasando en el mundo lamentablemente.
Y así como esto sucede a nivel del matrimonio y de la familia
–digamos a un nivel natural, aunque es también sobrenatural–
también en la vida religiosa ocurre algo similar debido a que los
religiosos y religiosas vivimos en el mundo... También pasan
estas crisis en la vida religiosa, por el rechazo de la Cruz de
Cristo. Y por ello vemos que hay crisis de fecundidad espiritual,
de infidelidad espiritual, de abandono de las promesas que se
hicieron para siempre, del adulterio espiritual del que hablaban
los santos profetas como podemos ver en tantas páginas de la
Biblia... Y esto pasa en muchos religiosos o religiosas porque
hay una crisis en la unidad con el Divino Esposo, en la fidelidad
a Él y no a otro; y como consecuencia, se sigue una crisis en la
fecundidad espiritual y sobrenatural. Por eso hay religiosas que
son «solteronas», «viejas solteronas», en el sentido peyorativo,
porque hay grandes mujeres solteras que sin embargo tienen una
fecundidad espiritual enorme. Pero hay algunas solteronas que
son egoístas, que no ayudan a nadie, están mirándose a sí mis-
mas, porque vacían la Cruz de Cristo, como son las religiosas
«solteronas». Entonces se da en la vida religiosa femenina una
crisis muy profunda de la maternidad espiritual. No es cosa de
211
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
ahora, pero ahora se ve con más fuerza y digamos que se destapa
más porque pareciera que los medios de comunicación social
(televisión, revistas, diarios...) presentando una imagen tan dis-
torsionada del matrimonio y de la familia natural, empujan a que
esa misma desviación se dé en el matrimonio espiritual que es
la vida religiosa.
Esto ya se conoce desde antes pero nunca en la dimensión de
ahora. De ahí la disminución enorme de las vocaciones religiosas
femeninas a nivel mundial. De 1.200.000 religiosas que había
en el mundo se ha pasado ahora a menos de 700.000. Por eso
hay congregaciones que están entregando los colegios, tienen los
conventos vacíos y los noviciados inexistentes. Y eso se debe, a
mi modo de ver, a que fundamentalmente, han dejado vaciar en
su alma y en su corazón la Cruz de Cristo. El grito aquel que se
escuchó en el Calvario: «Baja de la Cruz y creeremos en Ti»31
hoy día se sigue repitiendo, si no con palabras, sí con hechos.
El mundo no quiere creer que la salvación viene por la Cruz.
Y cuando eso llega a la vida religiosa femenina, eso produce
estragos. Como vemos en concreto, por ejemplo, en los Estados
Unidos. Refiriéndose a esto decía San Cipriano, mártir, de la re-
ligiosa que no quería saber nada con la Cruz de Cristo: «Viudas
más bien que esposas, no desposadas sino más bien adúlteras
de Cristo»32. Y aplicándolo al caso al que me quiero referir, a
la maternidad, podemos decir: estériles en vez de fecundas, no
madres, sino madrastras de los hijos de Cristo.
31 cf. Mt 27,42.
32 Obras de San Cipriano, BAC, p. 138.
212
Aspectos más importantes: 2ª parte
La maternidad espiritual afecta a la esencia misma de la vida
religiosa, porque no podemos pretender una vida religiosa dis-
tinta de la que quiere la Iglesia. Ese es el ideal de la vida reli-
giosa femenina: Ser Esposas de Cristo y Madres de los hijos de
Cristo.
No huir del trabajo de tener hijos espirituales.
Por eso no hay nada más grave y más duro que aquella crítica
de San Juan de Ávila33: «no tuvieron en nada engendrar hijos
espirituales, huyeron del trabajo de los criar». Y yo no sé... pero
entre las Servidoras puede ser que alguna ni siquiera se plantee
el tema de que para ser auténtica Esposa de Cristo tiene que ser
Madre espiritual de los hijos de Cristo. A lo mejor ni siquiera se
plantea el hecho de tener una esterilidad espiritual enorme, por
no tener celo apostólico, por no buscar que los demás conozcan
a Cristo. Decía San Juan de Ávila son: “comparables a las pros-
titutas que cuando paren un hijo lo entregan a otra para criar y
ellas continuar con sus voluptuosidades», con sus estupideces,
con su superficialidad, con su vaciamiento de la Cruz, con ser
«mascarita» y no religiosa. Y eso es la negación de la vida reli-
giosa, como la maternidad es su plenitud. A esto especialmente
me voy a referir.
Hay que sufrir para educarlos.
Dice el Santo (y cuando escuchen padre, entiendan también
madre): «no basta para un buen padre engendrar él y dar la
carga de la educación a otro; mas con perseverante amor su-
frir todos los trabajos que en criarlos se pasan, hasta verlos
33 SAN JUAN DE ÁVILA, Obras Completas, IV (Madrid 1970) 17-28.
213
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
presentados en las manos de Dios sacándolos de este lugar de
peligro como el padre suele tener gran cuidado del bien de la
hija hasta que la ve casada. Y este cuidado tan perseverante
que es una particular dádiva de Dios y una expresa imagen del
paternal (y maternal) cuidado amoroso que Dios nos tiene». Y
agrega esto que es muy importante para las familias humanas
y para las familias espirituales: «De arte que yo no sé libro –el
arte de la maternidad y de la paternidad– ni palabra, ni pintura,
ni semejanza que así lleve al conocimiento del amor de Dios con
los hombres como este cuidadoso y fuerte amor que Él pone a un
hijo suyo con otros hombres por extraños que sean y ¡qué digo
extraños!, ámalos aunque sea desamado...» Ese es el padre, esa
es la madre...
“Ámalos aunque sea desamado”.
Los hijos nunca amamos a nuestros padres como nuestros
padres nos aman a nosotros. «Búscales la vida, aunque ellos
busquen la muerte; y ámalos más fuertemente en el bien que
ningún hombre, por obstinado y endurecido que estuviese con
otros, los desama en el mal. Más fuerte es Dios que el pecado; y
por eso mayor amor pone a los espirituales padres que el pecado
puede poner desamor a los hijos malos. Y de aquí es también que
amamos más a los que por el Evangelio engendramos que a los
que naturaleza y carne engendra, porque es más fuerte que ella,
y la gracia que la carne». Así es. Por eso lamentablemente hoy
día hay muchas personas, incluso religiosas, que no aman como
madres.
214
Aspectos más importantes: 2ª parte
Son hijos de lágrimas.
Dice el Santo hablando del sufrimiento que significa ser ma-
dre: “el engendrar nomás que no tiene mucho trabajo, aunque no
carece de él, porque si bien hecho ha de ir este negocio, los hijos
que hemos de engendrar no tanto han de ser hijos de voz cuanto
hijos de lágrimas”. No es decir «hay hijito, hijita, hijita mía...
papá, mamá, tío...», no es de palabra, es más de lágrimas que de
palabra. Como dice un proverbio africano: «el hijo es como el
hacha: aunque te cortes con ella la vuelves a cargar sobre el hom-
bro». Por eso, «a llorar aprenda quien toma oficio de padre (y de
madre), para que le responda la palabra y respuesta divina, que
fue dicha a la madre de San Agustín, por boca de San Ambrosio:
«Hijo de tantas lágrimas no se perderá».34 A peso de gemidos y
ofrecimiento de vida da Dios los hijos a los que son verdaderos
padres, y no una, sino muchas veces ofrecen su vida porque Dios
dé vida a sus hijos, como suelen hacer los padres carnales».
«Y si esta agonía se pasa en engendrar... –dice San Juan de
Ávila en una carta que le escribe a otro grande, Fray Luis de
Granada, uno de los grandes del siglo de oro español–... si esta
agonía se pasa en engendrar, ¿qué piensa, padre, que se pasa
en los criar?». Y a continuación el Santo va poniendo toda una
serie de virtudes que debe tener la religiosa, la que es superiora
para con sus hijas espirituales, sus súbditas, las iguales entre sí,
y las súbditas con las superioras, porque no existe en la Iglesia
Católica un régimen de gobierno de tipo militar; eso no existe, no
debe existir. Somos la «familia de Dios», como dice San Pablo.
34 Cf. Confesiones, Libro III, cap. 12.
215
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
El régimen de gobierno que tiene que haber es un régimen
evangélico, propio de una familia, donde el superior, la superiora
no es déspota, no es dictador, no es un sargento. Eso es una burla
al Evangelio y a Jesucristo. Sí, tenemos los votos religiosos, pero
según el Evangelio. No tenemos que imitar tipos de obediencia
formales, externos y que se realizan en otros ámbitos y que los
conocemos perfectamente bien. Marcelo Javier Morsella estuvo
en un Liceo. En los Liceos el régimen de obediencia suele ser
formal. Si te ven, haces lo que tenés que hacer; si no te ven, no lo
haces. Por eso escribió una obra de teatro que se llama «La Far-
sa». Entender como un régimen de tipo militar la vida religiosa,
es querer convertir la vida religiosa en una farsa.
Las virtudes que hay que tener: por ejemplo, las virtudes que
han de tener como Madres las Hermanas que trabajan en el Co-
legio respecto a las alumnas; o las virtudes que han de tener las
que están en el Hogarcito respecto a los chicos del Hogarcito, y
las que están en el Hospital respecto a los enfermos del Hospital
y los que están en la parroquia respecto a los chicos de catecismo
y a la gente de la parroquia.
Callar: «¿Quién contará el callar que es menester para los
niños, que de cada cosita se quejan...».
No hacer acepción de personas: es decir, no caer en esa in-
justicia de preferir de manera desordenada a unos en contra de
otros, eso engendra desobediencia, evidentemente. «...el mirar
que no nazca envidia por ver ser otro más amado, o que parece
serlo, que ellos?». No solamente no hay que hacer acepciones
de personas, sino que ni siquiera se debe parecer que uno hace
acepción de personas. Por eso es que las madres cuando sirven
216
Aspectos más importantes: 2ª parte
la comida, por ejemplo, tienen mucho cuidado de darle a cada
uno la parte que le gusta. Y si no puede complacerle, busca de
explicarle: «bueno, ahora no te toca a vos porque te tocó antes de
ayer», o lo que sea. Trata de repartir, de ser justa. Pero ¿por qué
hace eso? ¡Porque es madre! Y ella se sirve último, y si no alcanza
para ella no importa. Porque pone la vida en que los hijos estén
bien. Es así. ¿Cuántas veces lo hemos visto?
Alimentar el alma: Cómo buscan no solamente alimentar al
niño con el alimento material (en eso se especializan las madres:
– «Comé, comé un poco más»), sino en el alimento del alma: «¿El
cuidado de darles de comer, aunque sea quitándose la madre el
bocado de la boca?...».
El olvidarse de sí misma: «...y aun dejar de estar entre los
coros angélicos por descender a dar sopitas al niño?».
Dominio de sí misma: «Es menester estar siempre templada,
porque no halle el niño cosa, alguna respuesta menos amorosa”.
El tragarse las lágrimas, los dolores. Uno se da cuenta ahora de
grande, –cuando falleció mi abuelo, cuando falleció mi abuela–,
el tragarse las lágrimas. «Y está algunas veces el corazón de
una madre atormentado con mil cuidados, y tendría por gran
descanso soltar las riendas de su tristeza y hartarse de llorar, y
si viene el hijito, ha de jugar con él y reír, como si ninguna otra
cosa tuviera que hacer». La madre verdadera está atenta a los pe-
ligros que puede pasar el hijo, no como pasa ahora que con tal de
sacárselo de encima se le prende la televisión, así vean cualquier
porquería y cualquier cosa. «Pues las tentaciones, sequedades,
peligros, engaños, escrúpulos, con otros mil cuentos de sinies-
tros que toman, ¿Quién los contará?» Porque es obligación de
217
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
los padres vigilar, como es deber grave de la superiora vigilar,
para que las hijas espirituales estén bien, para que su comunidad
funcione. Lo mismo en los colegios, en los hogarcitos, en el hos-
pital... «¡Qué vigilancia para estorbar no vengan a ellos!».
Sabiduría: “¡Qué sabiduría para saberlos sacar después de
entrados!”, en esos peligros.
Paciencia: “¡Paciencia para no cansarse de una y otra y mil
veces oírlos preguntar lo que ya se les ha respondido. Y tornarles
a decir lo que ya se les dijo!». Claro (porque no se produce en
ellos el hecho educativo) y por eso uno tiene que decir una vez,
y otra vez y otra vez y otra vez más.
La oración: «¡Qué oración tan continua y valerosa es menes-
ter para con Dios, rogando por ellos para que no se mueran!».
No solamente la muerte física, sino la muerte espiritual. Para que
no se les mueran siendo malos, para que no caigan en los vicios,
para que sean hombres y mujeres de bien. Y qué dolor si llega a
pasarle algo así. «Porque si se mueren, créame, padre, que no
hay dolor que a éste se iguale; ni creo que dejó Dios otro género
de martirio tan lastimero en este mundo como el tormento de la
muerte del hijo en el corazón del que es verdadero padre”, –y
agrega el santo– ¿Qué le diré? –está escribiendo a Fray Luis de
Granada– No se quita este dolor con consuelo temporal ninguno,
ni con ver que, si unos mueren, otros nacen; no con decir lo que
suele ser suficiente en todos los otros males: ‘El Señor lo dio, el
Señor lo quitó, su nombre sea bendito’35. Porque como sea el mal
de la ánima –del alma–, y pérdida en que pierde el alma a Dios
35 Job 1,21.
218
Aspectos más importantes: 2ª parte
y sea deshonra de Dios, y acrecentamiento del Reino del pecado,
nuestro contrario bando, no hay quien a tantos dolores tan justos
consuele. Y si algún remedio hay, es olvido de la muerte del hijo;
mas dura poco, que el amor hace que cada cosita que veamos y
oigamos luego nos acordemos del muerto, y tenemos por traición
no llorar al que los ángeles lloran a su manera, y el Señor de los
ángeles lloraría y moriría si posible fuese. Cierto, la muerte del
uno excede al gozo de su nacimiento y bien de todos los otros».
Por eso es que, el corazón de la madre, del padre, debe tener
bondad, pero asimismo fortaleza.
En primer lugar bondad: «Por tanto, a quien quisiere ser pa-
dre (madre), conviénele un corazón tierno, y muy de carne, para
tener compasión de los hijos, lo cual es muy gran martirio».
Y fortaleza: «Y otro de hierro para sufrir los golpes que la
muerte de ellos da, porque no derriben al padre o le hagan del
todo dejar su oficio, o desmayar, o pasar algunos días en que no
entienda sino llorar. Lo cual –dice el santo– es inconveniente
para los negocios de Dios, en los cuales ha de estar siempre
solícito y vigilante; y aunque esté el corazón traspasado de es-
tos dolores, no ha de aflojar ni descansar; sino, teniendo ganas
de llorar con unos, ha de reír con otros, y no hacer como hizo
Aarón, que, habiéndole Dios muerto dos hijos y siendo repren-
dido de Moisés porque no había hecho su oficio sacerdotal dijo
él: ‘¿Cómo podía yo agradar a Dios en las ceremonias con un
corazón lloroso?’36 . Acá, padre, mándanos siempre busquemos
el agradamiento de Dios y pospongamos lo que nuestro cora-
36 Lv 10,19.
219
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
zón querría, porque, por llorar la muerte de uno, no corran por
nuestra negligencia peligro los otros.
De arte que, si son buenos los hijos, dan muy cuidadoso cui-
dado; y si salen malos, dan una tristeza muy triste; y así no es el
corazón de la padre (y de la madre) sino un recelo continuo, y
un atalaya desde alto, que de sí lo tiene sacado, y una continua
oración, encomendando al verdadero Padre la salud de sus hi-
jos, teniendo colgada la vida de él de la vida de ellos, como San
Pablo decía: ‘Yo vivo, si vosotros estáis en el Señor’37».
Por eso queridas hermanas, les deseo que sepan defender-
se contra estos peligros actuales de vaciamiento de la Cruz de
Cristo, y sepan discernir no tomando todos los ejemplos que el
mundo en estos momentos ofrece respecto a lo que es la vida
matrimonial, sino fijarse bien en el Evangelio de Jesucristo, en el
ejemplo de los santos, y en dos cosas en especial para aprender
a ser madres:
- Saber contemplar el corazón de la Virgen: tratar de conocer
a ella con un conocimiento interno, es decir, sobrenatural y un
conocimiento de lo profundo de su corazón para imitarla.
- Saber mirar e imitar a nuestras madres carnales: ¡Cuánta
bondad hemos recibido de ellas!, ¡Cuánta bondad vemos en ellas!,
¡Cuántos ejemplos de sacrificio, de sufrimiento, de paciencia por
nosotros!, ¡Cuántos modos de buscar la manera de que nosotros
lleguemos a entender las cosas que tenemos que hacer!, ¡Cómo
saber insistir pacientemente en el momento oportuno para que
nosotros vivamos la virtud!, ¡Cómo saben mostrarnos con los
37 1 Te 3,8.
220
Aspectos más importantes: 2ª parte
hechos que nos aman, que buscan nuestro bien y por tanto todos
tenemos confianza como para hablar con ellas de todos nues-
tros problemas, de las cosas que a veces ni siquiera confiamos a
ninguna otra persona!. Cuando a una religiosa no se le tiene esa
confianza, es porque esa religiosa no es madre; a una madre se
le confía todo, porque una madre tiene por nosotros el amor más
desinteresado del mundo. Sólo busca nuestro bien.
Le pedimos al Señor que las Servidoras lleguen a conocer en
profundidad lo que es la Cruz de Cristo y sepan vivir su entrega
al Señor con generosidad sin vaciar la Cruz de Cristo para vivir
siempre unidas a Él, para serle fieles, para ser sobrenaturalmente
muy fecundas, para ser verdaderas Esposas y Madres.
d. Las bienaventuranzas
Citas acerca de las Bienaventuranzas en el Magisterio de
la Iglesia, tomadas de Ángel Aparicio Rodríguez, cfm, (ed.), La
vida religiosa, Publicaciones claretianas Madrid 2009, 4ª ed.
1. Testimoniar el Evangelio de las Bienaventuranzas
«Misión peculiar de la vida consagrada es mantener viva en
los bautizados la conciencia de los valores fundamentales del
Evangelio, dando «un testimonio magnífico y extraordinario de
que sin el espíritu de las Bienaventuranzas no se puede trans-
formar este mundo y ofrecerlo a Dios»38. De este modo la vida
consagrada aviva continuamente en la conciencia del Pueblo de
Dios la exigencia de responder con la santidad de la vida al amor
de Dios, derramado en los corazones por el Espíritu Santo (cf.
Rm 5,5), reflejando en la conducta la consagración sacramental
38 CONC. ECUM. VAT II, Const. Dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 31.
221
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
obrada por Dios en el Bautismo, la Confirmación o el Orden. En
efecto, se debe pasar de la santidad comunicada por los sacra-
mentos a la santidad de la vida cotidiana. La vida consagrada,
con su misma presencia en la Iglesia, se pone al servicio de la
consagración de la vida de cada fiel, laico o clérigo.
Por otra parte, no se debe olvidar que los consagrados reciben
también del testimonio propio de las demás vocaciones una ayu-
da para vivir íntegramente la adhesión al misterio de Cristo y de
la Iglesia en sus múltiples dimensiones. En virtud de este enri-
quecimiento reciproco, se hace más elocuente y eficaz la misión
de la vida consagrada: señalar como meta a los demás hermanos
y hermanas, fijando la mirada en la paz futura, la felicidad defi-
nitiva que está en Dios»39.
2. De los puros de corazón
“La contemplación llega ser la bienaventuranza de los puros
de corazón (Mt 5,8). El corazón puro es el espejo límpido de la
interioridad de la persona, purificada y unificada en el amor,
en cuyo interior se refleja la imagen de Dios que allí mora;40 es
como un cristal terso, que iluminado por la luz de Dios emana
su mismo esplendor41.
A la luz de la contemplación como comunión de amor con
Dios, la pureza del corazón tiene su máxima expresión en la vir-
39 VC, 33.
40 Cf. S. BASILIO, La verdadera integridad de la virginidad, 49: IPG I30, 765 C:
«El alma de la virgen, esposa de Cristo, es como una fuente purísima…; no debe
ser perturbada por palabras que provienen del exterior y se comunican al oído, ni
distraída de su serena tranquilidad por imágenes que distraen la vista, de modo que,
contemplando como en un espejo purísimo su imagen y la belleza del Esposo, se
colme cada vez más de su verdadero amor».
41 Cf. S. JUAN DE LA CRUZ, Subida al Monte Carmelo, 2, 5, 6.
222
Aspectos más importantes: 2ª parte
ginidad del espíritu, porque exige la integridad de un corazón
no sólo purificado del pecado, sino unificado en la tensión hacia
Dios y que, por consiguiente, ama totalmente y sin división, a
imagen del amor purísimo de la Santísima Trinidad, que ha sido
llamada por los Padres «la primera Virgen»42”43.
3. Presencia del Reino de Dios.
«Fijaos los ojos en el Señor, la persona consagrada recuerda
que «no tenemos aquí ciudad permanente» (Hb 13,14), porque
«somos ciudadanos del cielo» (Flp 3,20). Lo único necesario es
buscar el Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33), invocando
incesantemente la venida del Señor.
Una espera activa: compromiso y vigilancia
«¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22,20). Esta espera es lo más opuesto
a la inercia: aunque dirigida al Reino futuro, se traduce en tra-
bajo y misión, para que el Reino se haga presente ya ahora me-
diante la instauración del espíritu de las Bienaventuranzas, capaz
de suscitar también en la sociedad humana actitudes eficaces de
justicia, paz, solidaridad y perdón.
Esto lo ha demostrado ampliamente la historia de la vida con-
sagrada, que siempre ha producido frutos abundantes también
para el mundo. Con sus carismas las personas consagradas llegan
a ser un signo del Espíritu para un futuro nuevo, iluminado por la
fe y la esperanza cristiana. La tensión escatológica se convierte
en misio, para que el Reino se afirme de modo creciente aquí y
42 S. GREGORIO NACIANCENO, Poemas, I,2,1, v. 20: PG 37, 523.
43 Instrucción Verbi Sponsa, 5.
223
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
ahora. A la súplica: «¡Ven, Señor Jesús!», se une otra invocación:
«¡Venga tu Reino!» (Mt 6,10).
Quien espera vigilante el cumplimiento de las promesas de
Cristo es capaz de infundir también esperanza entre sus herma-
nos y hermanas, con frecuencia desconfiados y pesimistas res-
pecto al futuro. Su esperanza está fundada sobre la promesa de
Dios contenida en la Palabra revelada: la historia de los hombres
camina hacia «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Ap 21,1), en
los que el Señor «enjugará toda lagrima de sus ojos, y no habrá
ya muerte ni habrá llanto, gritos ni fatigas, porque el mundo viejo
ha pasado» (Ap 21,4).
La vida consagrada está al servicio de esta definitiva irra-
diación de la gloria divina, cuando toda carne verá la salvación
de Dios (cf. Lc 3,6; Is 40,5). El oriente cristiano destaca esta
dimensión cuando considera a los monjes como ángeles de Dios
sobre la tierra, que anuncian la renovación del mundo en Cristo.
En Occidente el monacato es celebración de memoria y vigilia:
memoria de las maravillas obradas por Dios, vigilia del cumpli-
miento último de la esperanza. El mensaje del monacato y de
la vida contemplativa repite incesantemente que la primacía de
Dios es plenitud de sentido y de alegría para la existencia huma-
na, porque el hombre ha sido hecho para Dios y su corazón estará
inquiero hasta que descanse en Él44»45.
4. A quienes escuchan la palabra
«La vida de comunidad es además, de modo particular, signo,
ante la Iglesia y la sociedad, del vínculo que surge de la misma
44 Cf. S. AGUSTÍN. Confesiones II, 1: PL 32, 661.
45 VC, 26-27.
224
Aspectos más importantes: 2ª parte
llamada y de la voluntad común de obedecerla, por encima de
cualquier diversidad de raza y de origen, de lengua y cultura.
Contra el espíritu de discordia y división, la autoridad y la obe-
diencia brillan como un signo de la única paternidad que procede
de Dios, de la fraternidad nacida del Espíritu, de la libertad in-
terior de quien se fía de Dios a pesar de los límites humanos de
los que lo representan. Mediante esta obediencia, asumida por
algunos como regla de vida, se experimenta y anuncia en favor de
todos la bienaventuranza prometida por Jesús a «los que oyen la
Palabra de Dios y la guardan» (Lc 11,28). Además, quien obedece
tiene la garantía de estar en misión, siguiendo al Señor y no bus-
cando los propios deseos o expectativas. Así es posible sentirse
guiados por el Espíritu del Señor y sostenidos, incluso en medio
de grandes dificultades, por mano segura (cf. He 20,22s)»46.
5. De quien cree
“Se reconocen de modo, especial en María,47 virgen, esposa y
madre, figura de la Iglesia,48 y, participando de la bienaventuran-
za de quien cree (cf. Lc 1,45; 11,28), perpetúan el «sí» y el amor
de adoración a la Palabra de vida, convirtiéndose, junto con ella
en memoria del corazón esponsal (cf. Lc 2,19.51) de la Iglesia.49
La estima con la que la comunidad cristiana rodea desde siem-
pre a las monjas ha crecido paralelamente al descubrimiento de
46 Ibid., 92.
47 VC, 112.
48 Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 63.
49 Enc. Redemptoris Mater (25 de marzo de 1987), 43; Discurso a las monjas de
Clausura (Loreto, 10 de septiembre de 1995), 2: « ¿Qué es la vida claustral si no una
continua renovación de un “sí” que abre las puertas del propio ser a la acogida del
salvador Vosotras pronunciáis este «sí» en la diaria aceptación de la obra divina y en
la asidua contemplación de los misterios de la salvación».
225
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
la naturaleza contemplativa de la Iglesia y de la llamada de cada
uno al misterioso encuentro con Dios en la oración. Las mon-
jas, en efecto, viviendo continuamente «escondidas con Cristo
en Dios» (cf. Col 3,3), llevan a cabo en grado sumo la vocación
contemplativa de todo el pueblo cristiano, convirtiéndose así en
fulgido testimonio del Reino de Dios (cf. Rm 14,17) «gloria de la
Iglesia y manantial de gracias celestes»50”51.
6. Característica del seguimiento
Pero los contemplativos predican al mundo no sólo la meta
que conseguir, o sea, la vida del siglo por venir, sino que ade-
más muestran el camino que a él conduce. Y si el espíritu de
las Bienaventuranzas, que caracteriza al seguimiento de Cristo,
ha de animar cualquier forma de vida cristiana52, la vida de los
contemplativos da fe de que es ya posible en esta vida terrestre.
Y este testimonio, en cuanto colectivo o social, está llamando a
impresionar más fuertemente a los hombres de nuestro tiempo.
Pues a los hombres de ahora no conmueve el testimonio privado,
sino el testimonio de algunas comunidades, derivado de la vida
que se lleva en comunidad, y mejor aún el testimonio de socie-
dades constituidas, que por su continuidad y su vigor demuestran
el poder de los principios en que se basan.53
50 Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovación
de la vida religiosa, 7; cf. Juan Pablo II, Angelus (17 de noviembre de 1996): « ¡Qué
tesoro tan inestimable para la Iglesia y la sociedad son las comunidades de vida
contemplativa!».
51 Instrucción Verbi Sponsa, 1.
52 Gaudium et Spes, 73.
53 Instrucción Venite seorsum, 5.
226
Aspectos más importantes: 2ª parte
7. Iniciación espiritual
«Esta es la fuerza y el sentido de las observancias que señalan
el ritmo de vuestra vida cotidiana. Lejos de considerarlas bajo el
aspecto único de una regla obligatoria, una conciencia vigilan-
te las juzga por los beneficios que aportan al asegurar una más
grande plenitud espiritual. Es necesario afirmarlo: la observancia
religiosa requiere mucho más que una instrucción racional o una
educación de la voluntad, una verdadera iniciación orientada a
cristianizar el ser hasta lo más profundo, según las Bienaventu-
ranzas evangélicas»54.
8. Encarnación de las Bienaventuranzas
«Los religiosos, también ellos, tienen en su vida consagrada
un medio privilegiado de evangelización eficaz. A través de su
ser más íntimo, se sitúan dentro del dinamismo de la Iglesia, se-
dienta de lo Absoluto de Dios, llamada a la santidad. Es de esta
santidad de la que ellos dan testimonio. Ellos encarnan la Iglesia
deseosa de entregarse al radicalismo de las bienaventuranzas.
Ellos son por su vida signo de total disponibilidad para con Dios,
la Iglesia, los hermanos»55.
«Los religiosos se encuentran frecuentemente en condiciones
de vivir más de cerca los dramas que atormentan a las poblacio-
nes a cuyo servicio evangélico se han consagrado. El carácter
profético de la vida religiosa les impele a «encarnar la Iglesia
deseosa de entregarse al radicalismo de las Bienaventuranzas»56.
Ellos se encuentran frecuentemente en las avanzadas de la mi-
54 Exhortación Apostólica Evangelica Testificatio, 36.
55 Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, 69.
56 EN 69; LG 31; MR 13, a.
227
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
sión y asumen los mayores riesgos para su salud y su propia
vida57»58.
9. Alegría de vivir según las Bienaventuranzas
«El tener que convivir, por ejemplo, con una sociedad donde
con frecuencia reina una cultura de muerte, puede convertirse en
un reto a ser con más fuerza testigos, portadores y siervos de la
vida. Los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obedien-
cia, vividos por Cristo en la plenitud de su humanidad de Hijo de
Dios y abrazados por su amor, aparecen como un camino para
la plena realización de la persona en oposición a la deshumani-
zación, un potente antídoto a la contaminación del espíritu, de la
vida, de la cultura; proclaman la libertad de los hijos de Dios, la
alegría de vivir según las bienaventuranzas evangélicas.
La impresión que algunos pueden tener de pérdida de es-
tima por parte de ciertos sectores de la Iglesia por la vida con-
sagrada, puede vivirse como una invitación a una purificación
liberadora. La vida consagrada no busca alabanzas y las con-
sideraciones humanas; se recompensa con el gozo de continuar
trabajando activamente al servicio del Reino de Dios, para ser
germen de vida que crece en el secreto, sin esperar otra recom-
pensa que la que el Padre dará al final (cf. Mt 6, 6). Encuentra
su identidad en la llamada del Señor, en su seguimiento, amor y
servicio incondicionales, capaces de colmar una vida y de darle
plenitud de sentido»59.
57 Cf. EN 39.
58 Instrucción Religiosos y promoción humana, 4a.
59 Caminar desde Cristo, 13.
228
Aspectos más importantes: 2ª parte
10. El Señor, la única bienaventuranza de la monja
«Puesto que una entrega a Dios, estable y vinculante, expresa
más adecuadamente la unión de Cristo con la Iglesia, su Esposa,
la clausura papal, con su forma de separación particularmente
rigurosa, manifiesta y realiza mejor la completa dedicación de
las monjas a Jesucristo. Es el signo, la protección y la forma60 de
vida íntegramente contemplativa, vivida en la totalidad del don,
que comprende la integridad no sólo intencional, sino real, de
manera que Jesús sea verdaderamente el Señor, la única nostalgia
y la única bienaventuranza de la monja, exultante en la espera y
radiante en la contemplación anticipada de su rostro»61.
11. Bienaventuranzas y comunidades fraternas
«Las comunidades de vida consagrada son enviadas a anun-
ciar con el testimonio de la propia vida el valor de la fraterni-
dad cristiana y la fuerza transformadora de la Buena Nueva62,
que hace reconocer a todos como hijos de Dios e incita al amor
oblativo hacia todos, y especialmente hacia los últimos. Estas
comunidades son lugares de esperanza y de descubrimiento de
las Bienaventuranzas; lugares en los que el amor, nutrido de la
oración y principio de comunión, está llamado a convertirse en
lógica de vida y fuente de alegría»63.
60 Cf. PABLO VI, Motu proprio Ecclesiae santae (6 de agosto de 1966), II, 30.
61 Instrucción Verbi Sponsa, 10.
62 Cf. Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida
apostólica, Instr. La vida fraterna en comunidad «Congregavit nos in unum Christi
amor» (2 de febrero de 1994), 56: Ciudad del Vaticano, 1994, 48-49.
63 VC, 51.
229
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
12. Testimoniar el espíritu de las Bienaventuranzas
«Estos nuevos caminos de comunión y de colaboración mere-
cen ser alentados por diversos motivos. En efecto, de ello se po-
drá derivar ante todo una irradiación activa de la espiritualidad
más allá de las fronteras del Instituto, que contará con nuevas
energías, asegurando así a la Iglesia la continuidad de algunas
de sus formas más típicas de servicio. Otra consecuencia posi-
tiva podrá consistir también en el aunar esfuerzos entre perso-
nas consagradas y laicos en orden a la misión: movidos por el
ejemplo de santidad de las personas consagradas, los laicos serán
introducidos en la experiencia directa del espíritu de los consejos
evangélicos y animados a vivir y testimoniar el espíritu de las
bienaventuranzas para transformar el mundo según el corazón
de Dios64»65.
13. La pobreza, comienzo de las Bienaventuranzas
«¡Qué expresivas son respecto a la pobreza las palabras de la
segunda Carta a los Corintios, que constituyen una síntesis con-
cisa de todo lo que sobre este tema escuchamos en el Evangelio!
«Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que, siendo
rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis
ricos por su pobreza»66. Según estas palabras, la pobreza entra
en la estructura interior de la gracia redentora de Jesucristo. Sin
la pobreza es imposible comprender el misterio de la donación
de la divinidad al hombre, donación que se ha realizado preci-
samente en Jesucristo. También por esto, la pobreza se encuen-
tra en el centro mismo del Evangelio al comienzo del mensaje
64 Cf. Conc.. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 31.
65 VC, 55.
66 2 Cor 8, 9.
230
Aspectos más importantes: 2ª parte
de las ocho bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres de
espíritu»67. La pobreza evangélica abre a los ojos del alma hu-
mana la perspectiva de todo el misterio «oculto desde los siglos
en Dios»68. Sólo los que son de este modo «pobres», son a la vez
interiormente capaces de comprender la pobreza de Aquel que
es infinitamente rico. La pobreza de Cristo encierra en sí esta
infinita riqueza de Dios; ella es más bien su expresión infalible.
Una riqueza, en efecto, como es la misma Divinidad, no se habría
podido expresar adecuadamente en ningún bien creado. Puede
expresarse solamente en la pobreza. Por esto, puede ser compren-
dida de modo justo sólo por los pobres, por los pobres de espíritu.
Cristo, Hombre-Dios, es el primero de ellos. El que «era rico se
ha hecho pobre», no solamente el maestro, sino también portavoz
y el garante de aquella pobreza salvífica, que corresponde a la
riqueza infinita de Dios y al poder inagotable de su gracia»69.
14. Primera Bienaventuranza y pobreza
«En realidad, antes aún de ser un servicio a los pobres, la po-
breza evangélica es un valor en sí misma en cuanto evoca la pri-
mera de las Bienaventuranzas en la imitación de Cristo pobre70.
Su primer significado, en efecto, consiste en dar testimonio de
Dios como la verdadera riqueza del corazón humano. Pero jus-
tamente por esto, la pobreza evangélica contesta enérgicamente
la idolatría del dinero, presentándose como voz profética en una
sociedad que, en tantas zonas del mundo del bienestar, corre el
peligro de perder el sentido de la medida y hasta el significado
67 Mt 5, 3.
68 Ef 3, 9.
69 Exhortación apostólica Redemptionis donum, 12.
70 Cf. Propositio 18, A.
231
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
mismo de las cosas. Por este motivo, hoy más que en otros tiem-
pos, esta voz atrae la atención de aquellos que, conscientes de
los limitados recursos de nuestro planeta, propugnan el respeto
y la defensa de la naturaleza creada mediante la reducción del
consumo, la sobriedad y una obligada moderación de los propios
apetitos.
Se pide a las personas consagradas, pues, un nuevo y decidido
testimonio evangélico de abnegación y de sobriedad, un estilo
de vida fraterna inspirado en criterios de sencillez y de hospita-
lidad, para que sean así un ejemplo también para todos los que
permanecen indiferentes ante las necesidades del prójimo. Este
testimonio acompañará naturalmente el amor preferencial por
los pobres y se manifestará de manera especial en el compartir
las condiciones de vida de los más desheredados. No son po-
cas las comunidades que viven y trabajan entre los pobres y los
marginados, compartiendo su condición y participando de sus
sufrimientos, problemas y peligros»71.
15. Vida nueva de las Bienaventuranzas
«Todo ser humano se siente oprimido interiormente por las
tendencias al mal, incluso cuando hace ostentación de una liber-
tad sin límites. Los consagrados y las consagradas se afanan por
despertar en los jóvenes el deseo de una liberación interior, con-
dición para emprender el itinerario cristiano orientado a la vida
nueva de las bienaventuranzas evangélicas. La óptica evangélica
permitirá a los jóvenes y las jóvenes situarse de forma crítica
frente al consumismo, al hedonismo, infiltrados, como cizaña
71 VC, 90.
232
Aspectos más importantes: 2ª parte
en el trigo, en la cultura y el modo de vivir de vastas áreas de la
humanidad»72.
16. Bienaventuranzas y transformación del mundo
«La llamada de Dios, en efecto, os orienta, de la manera más
directa y más eficaz, en el camino del Reino eterno. A través de
las luchas espirituales, inevitables en toda vida que sea verdade-
ramente religiosa, vosotros dais testimonio en forma luminosa y
singular de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido
a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas»73.
La vida consagrada, como radical seguimiento de Jesucristo
pobre, casto y obediente, manifiesta al mundo los bienes invisi-
bles y anticipa en el tiempo la alegría del Reino consumado. Por
eso, cuando es auténtica, la vida religiosa es un signo de la «vida
nueva» en el Espíritu de las bienaventuranzas74 .75
«Los religiosos y sus comunidades están llamados a dar en la
Iglesia un público testimonio de entrega total a Dios. Esta es la
opción fundamental de su existencia cristiana y la tarea que ante
todo deben realizar dentro de su forma de vida propia. Cualquie-
ra que sea la índole del Instituto, los religiosos están consagrados
a hacer pública profesión en la Iglesia Sacramento de que el mun-
do no puede ser transfigurado y ofrecido a Dios sin el espíritu
de las bienaventuranzas76»77.
72 Las personas consagradas y su misión en la escuela, 63.
73 Exhortación apostólica Evangelica testificatio, 50.
74 LG, 31.
75 Instrucción Mutue relationes, 2.
76 LG, 31.
77 Instrucción Mutue relationes, 14.
233
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Cuando la consagración por la profesión de los consejos es
confirmada, como respuesta definitiva a Dios, con un compromi-
so público tomado ante la Iglesia, pertenece a la vida y santidad
de la Iglesia78. Es la Iglesia quien autentica el don y es mediadora
de la consagración. Los cristianos así consagrados se esfuerzan
por vivir desde ahora lo que será la vida futura. Una vida seme-
jante «manifiesta más cumplidamente a todos los creyentes la
presencia de los bienes celestiales ya en posesión aquí abajo»79.
De esta manera, tales cristianos «dan un testimonio contundente
y excepcional de que el mundo no puede ser transfigurado y ofre-
cido a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas80»81.
Hay que reconocer que el momento que viene a la luz este
documento no es precisamente propicio a la acogida del tema
comunitario. Da la impresión de que nos hallamos sumergidos en
la época de la eficiencia, de los resultados que hay que obtener a
cualquier precio, de la concurrencia cada día más feroz, del éxito
personal, del triunfo de la cultura neoliberal que sostiene y de-
fiende el individualismo como eje del desarrollo. También dentro
de la Iglesia, cada día más acuciada por las necesidades de la mi-
sión, por los compromisos apostólicos y por el logro e resultados
tangibles, puede aparecer este tema como algo secundario.
Con todo, Congregavit nos in unum Christi amor puede ser
de utilidad a aquellos que se resisten a considerar la realidad
eclesial como un calco de la mundana, que creen, por el contra-
rio, en la fuerza transformadora de la fraternidad cristiana, que
78 Cf. LG 44.
79 LG 44.
80 LG 31.
81 Instrucción elementos esenciales…, 8.
234
Aspectos más importantes: 2ª parte
alimentan la convicción de que la bienaventuranzas no constitu-
yen un programa utópico, sino que son la condición más segura
en la transformación del mundo según Dios. Este documento es
una invitación a poner de relieve la contracultura evangélica de
la fraternidad. Esta contracultura discurre por los caminos que
trasforman el axioma «homo homini lupus» (el hombre es un
lobo para el hombre), en el principio «homo homini frater» (el
hombre es un hermano para el hombre). Esta contracultura no
se contenta con lanzar proclamas o con elaborar programas de
solidaridad, sino que conoce el precio diario de tal solidaridad y
está dispuesta a pagarlo por amor y con amor.82
«Pienso en primer lugar en los Institutos seculares, cuyos
miembros quieren vivir la consagración a Dios en el mundo me-
diante la profesión de los consejos evangélicos en el contexto de
las estructuras temporales, para ser así levadura de sabiduría y
testigos de gracia dentro de la vida cultural, económica y política.
Mediante la síntesis, propia de ellos, de secularidad y consagra-
ción, tratan de introducir en la sociedad las energías nuevas del
Reino de Cristo, buscando transfigurar el mundo desde dentro
con la fuerza de las Bienaventuranzas. De este modo, mientras
la total pertenencia a Dios les hace plenamente consagrados a su
servicio, su actividad en las normales condiciones laicales con-
tribuye, bajo la acción del Espíritu, a la animación evangélica de
las realidades seculares. Los Institutos seculares contribuyen de
82 Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida
Apostólica, Introducción La Vida Fraterna en Comunidad.
235
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
este modo a asegurar a la Iglesia, según la índole específica de
cada uno, una presencia incisiva en la sociedad83»84.
17. El humanismo de las Bienaventuranzas en la escuela
«Los desafíos del contexto actual dan nuevas motivaciones a
la misión de las personas consagradas, llamadas a vivir los con-
sejos evangélicos y llevar el humanismo de las bienaventuranzas
al campo de la educación y de la escuela, que no es, en absoluto,
extraño a la encomienda de la Iglesia de anunciar la salvación a
todos los pueblos85»86.
18. Bienaventuranzas y promoción humana
«Los Evangelios dan testimonio de la fidelidad con que Cristo
cumplió la misión para la cual el Espíritu le había consagrado87.
Misión de evangelización y redención humana que le llevó a vivir
con su pueblo, compartiendo sus vicisitudes -que El esclarecía y
orientaba-, predicando y testimoniando el evangelio de conver-
sión al «Reino de Dios»88. Su propuesta desconcertante de las
«Bienaventuranzas» introdujo un cambio radical de perspectiva
en la evaluación de las realidades temporales y en las relaciones
humanas y sociales, que Él quiso centrar en una justicia-santidad
animada por la nueva ley del amor89. Sus opciones de vida sellan
y califican de modo especial a los religiosos, que hacen suya
83 Cf. Propositio, 11.
84 VC, 10.
85 Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. Vita Consecrata, n. 96, AAS 88 (1996), p. 471.
86 Las personas consagradas y su misión en la escuela, 6.
87 Is 42,1-7; 61,14; Lc 4,17-19; Cfr. Documento Puebla, n.1130: “La evangelización
de los pobres fue para Jesús uno de los signos mesiánicos, y será también para noso-
tros signo de autenticidad evangélica”.
88 Mc 1,15.
89 Mt 5,3-125; 5,20.43-48.
236
Aspectos más importantes: 2ª parte
“la forma de vivir que abrazó el Hijo de Dios cuando vino al
mundo”90»91.
e. La Cruz
1. Y el Padre
«El acontecimiento deslumbrante de la Transfiguración
prepara a aquel otro dramático, pero no menos luminoso, del
Calvario, Pedro, Santiago y Juan contemplan al Señor Jesús junto
a Moisés y Elías, con los que –según el evangelista Lucas- habla
«de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén» (Lc 9,31). Los
ojos de los apóstoles están fijos en Jesús que piensa en la cruz
(cf. Lc 9,43-15). Allí su amor virginal por el Padre y por todos
los hombres alcanzará su máxima expresión; su pobreza llegará
al despojo de todo; su obediencia hasta la entrega de la vida.
Los discípulos y las discípulas son invitados a contemplar a Je-
sús exaltado en la Cruz, de la cual «el Verbo salido del silencio»92,
en su silencio y soledad, afirma proféticamente la absoluta tras-
cendencia de Dios sobre todos los bienes creados, vence en su
carne nuestro pecado y atrae hacia sí a cada hombre y mujer,
dando a cada uno la vida nueva de la resurrección (cf. Jn 12,32;
19,34.37). En la contemplación de Cristo crucificado se inspiran
todas las vocaciones; en ella tienen su origen, con el don funda-
mental del Espíritu, todos los dones y en particular el don de la
vida consagrada»93.
90 LG. 44; PC l.
91 Instrucción Religiosos y promoción humana, 17.
92 S. IGNACIO DE ANTIQUÍA, Carta a los Magnesios 8, 2: Patres Apostolici, ed.
F.X. Funk, II, 237.
93 VC, 23.
237
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
2. Silencio del Verbo en la cruz
«La clausura, incluso en su aspecto concreto, es, por eso
mismo, un modo particular de estar con el Señor, de compartir
«el anonadamiento de Cristo mediante una pobreza radical que
se manifiesta en la renuncia no sólo de las cosas, sino también
del «espacio», de los contactos externos, de tantos bienes de la
creación»94, uniéndose al silencio fecundo del Verbo en la cruz.
Se comprende entonces que «el retirarse del mundo para dedicar-
se en la soledad a una vida más intensa de oración no es otra cosa
que una manera particular de vivir y expresar el misterio pascual
de Cristo»,95 un verdadero encuentro con el Señor Resucitado, en
un camino de continua ascensión hacia la morada del Padre»96.
3. Y obediencia del Hijo
«Esta obediencia del Hijo -llena de gozo- alcanza su cenit en
la Pasión y en la cruz: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz;
pero no se haga mi voluntad, sino la tuya»97. Desde el momento
de la oración en Getsemaní la disponibilidad de Cristo a hacer
la voluntad del Padre se llena hasta el límite del sufrimiento, se
convierte en aquella obediencia «hasta la muerte y muerte de
Cruz», de la que habla San Pablo»98.
94 Ibid., 49.
95 Cf. JUAN PABLO II, Carta ap. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 26:
«Nos encontramos en el centro mismo del Misterio pascual, que revela hasta el fondo
el amor esponsal de Dios, Cristo es el Esposo porque “se ha entregado a sí mismo”:
su cuerpo ha sido “dado”, su sangre ha sido “derramada” (cf. Lc 22, 19-20). De este
modo “amó hasta el extremo” (Jn 13,1). El “don sincero” contenido en el sacrificio
de la Cruz, hace resaltar de manera definitiva el sentido esponsal del amor de Dios.
Cristo es el Esposo de la Iglesia, como Redentor del mundo. La Eucaristía es el sa-
cramento del Esposo, de la Esposa».
96 Instrucción Verbi Sponsa, 3.
97 Lc 22, 42; cf. Mc 14, 36; Mt 26, 42.
98 Exhortación Apostólica Redemptionis donum, 13.
238
Aspectos más importantes: 2ª parte
4. La cruz, prueba del amor
«Es oportuno recordar, a este propósito, las palabras de Pablo
VI: «Debéis experimentar algo del peso que atraía al Señor hacia
su cruz, este ʻbautismo con el que debía ser bautizadoʼ, donde
se habría de encender aquel fuego que os inflama también a vo-
sotros (cf. Lc 12,49-50); algo de aquella ʻlocuraʼ que San Pablo
desea para todos nosotros, porque sólo ella nos hace sabios (cf.
1Co 3,18-19). Que la cruz sea para vosotros, como ha sido para
Cristo, la prueba del amor más grande. ¿No existe acaso una
relación misteriosa entre la renuncia y la alegría, entre el sacri-
ficio y la amplitud de corazón, entre la disciplina y la libertad
espiritual?»99.
Es precisamente en estos casos de dificultad donde la per-
sona consagrada aprende a obedecer al Señor (cf. Sal 118,71), a
escucharlo y a adherirse sólo a Él. Mientras espera, con paciencia
y llena de esperanza, su Palabra reveladora (Sal 112,81) con plena
y generosa disponibilidad a cumplir su voluntad y no la propia
(Lc 22,42)»100.
5. Sufrimiento redentor en la cruz
«Por medio de la clausura, las monjas llevan a cabo el éxo-
do del mundo para encontrar a Dios en la soledad del «desierto
claustral», que comprende también la soledad interior, las prue-
bas del espíritu y la dificultad cotidiana de la vida común (cf. Ef
4,15-16), compartiendo de modo esponsal la soledad de Jesús en
el Getsemaní y su sufrimiento redentor en la cruz (cf. Ga 6, 14)»101.
99 Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelica testificatio (29 junio 1971), 29.
100 El servicio de la autoridad y la obediencia, 10.
101 Instrucción Verbi Sponsa, 4.
239
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
6. Y acción del Espíritu
«Esta Exhortación que os dirijo en la solemnidad de la Anun-
ciación del Año jubilar de la Redención, quiere ser expresión
del amor que la Iglesia siente por los Religiosos y las Religio-
sas. Vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, sois en efecto un
bien especial de la Iglesia. Y este bien se hace más comprensible
mediante la meditación de la realidad de la Redención, para la
que el presente Año Santo ofrece una ocasión constante y un fe-
liz estímulo. Reconoced, pues, bajo esta luz vuestra identidad y
dignidad. Que el Espíritu Santo —en virtud de la Cruz y la Resu-
rrección de Cristo— “ilumine los ojos de vuestro corazón, para
que entendáis cuál es la esperanza a que os ha llamado, cuáles las
riquezas y la gloria de su herencia otorgada a los santos”102»103.
7. Y belleza de Dios
«La persona consagrada, en las diversas formas de vida sus-
citadas por el Espíritu a lo largo de la historia, experimenta la
verdad de Dios-Amor de un modo tanto más inmediato y profun-
do cuanto más se coloca bajo la Cruz de Cristo. Aquel que en su
muerte aparece ante los ojos humanos desfigurado y sin belleza
hasta el punto de mover a los presentes a cubrirse el rostro (cf. Is
53,2-3), precisamente en la Cruz manifiesta en plenitud la belleza
y el poder del amor de Dios. San Agustín lo canta así: «Hermo-
so siendo Dios, Verbo en Dios [...] Es hermoso en el cielo y es
hermoso en la tierra; hermoso en el seno, hermoso en los brazos
de sus padres, hermoso en los milagros, hermoso en los azotes;
hermoso invitando a la vida, hermoso no preocupándose de la
102 Ef 1,18
103 Exhortación Apostólica Redemptionis donum, conclusión.
240
Aspectos más importantes: 2ª parte
muerte, hermoso dando la vida, hermoso tomándola; hermoso
en la cruz, hermoso en el sepulcro y hermoso en el cielo. Oíd
entendiendo el cántico, y la flaqueza de su carne no aparte de
vuestros ojos el esplendor de su hermosura»104.
La vida consagrada refleja este esplendor del amor, porque
confiesa, con su fidelidad al misterio de la Cruz, creer y vivir
del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. De este modo
contribuye a mantener viva en la Iglesia la conciencia de que la
Cruz es la sobreabundancia del amor de Dios que se derrama
sobre este mundo, el gran signo de la presencia salvífica de Cris-
to. Y esto especialmente en las dificultades y pruebas. Es lo que
testimonian continuamente y con un valor digno de profunda
admiración un gran número de personas consagradas, que con
frecuencia viven en situaciones difíciles, incluso de persecución
y martirio. Su fidelidad al único Amor se manifiesta y se forta-
lece en la humildad de una vida oculta, en la aceptación de los
sufrimientos para completar lo que en la propia carne «falta a las
tribulaciones de Cristo» (Col 1,24), en el sacrificio silencioso, en
el abandono a la santa voluntad de Dios, en la serena fidelidad
incluso ante el declive de las fuerzas y del propio ascendiente.
De la fidelidad a Dios nace también la entrega al prójimo, que
las personas consagradas viven no sin sacrificio en la constante
intercesión por las necesidades de los hermanos, en el servicio
generoso a los pobres y a los enfermos, en el compartir las difi-
cultades de los demás y en la participación solícita en las preocu-
paciones y pruebas de la Iglesia»105.
104 S. AGUSTÍN, Enarr. In Psal. 44, 3; PL 36, 495-496.
105 VC, 24.
241
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
8. Y transfiguración
«El episodio de la Transfiguración marca un momento decisi-
vo en el ministerio de Jesús. Es un acontecimiento de revelación
que consolida la fe en el corazón de los discípulos, les prepara
al drama de la Cruz y anticipa la gloria de la resurrección. Este
misterio es vivido continuamente por la Iglesia, pueblo en cami-
no hacia el encuentro escatológico con su Señor. Como los tres
apóstoles escogidos, la Iglesia contempla el rostro transfigurado
de Cristo, para confirmarse en la fe y no desfallecer ante su rostro
desfigurado en la Cruz. En un caso y en otro, ella es la Esposa
ante el Esposo, partícipe de su misterio y envuelta por su luz.
Esta luz llega a todos sus hijos, todos igualmente llamados
a seguir a Cristo poniendo en Él el sentido último de la propia
vida, hasta poder decir con el Apóstol: «Para mí la vida es Cris-
to» (Flp 1,21). Una experiencia singular de la luz que emana del
Verbo encarnado es ciertamente la que tienen los llamados a la
vida consagrada. En efecto, la profesión de los consejos evan-
gélicos los presenta como signo y profecía para la comunidad
de los hermanos y para el mundo; encuentran pues en ellos par-
ticular resonancia las palabras extasiadas de Pedro: «Bueno es
estarnos aquí» (Mt 17,4). Estas palabras muestran la orientación
cristocéntrica de toda la vida cristiana. Sin embargo, expresan
con particular elocuencia el carácter absoluto que constituye el
dinamismo profundo de la vocación a la vida consagrada: ¡qué
hermoso es estar contigo, dedicarnos a ti, concentrar de modo
exclusivo nuestra existencia en ti! En efecto, quien ha recibido la
gracia de esta especial comunión de amor con Cristo, se siente
242
Aspectos más importantes: 2ª parte
como seducido por su fulgor: Él es «el más hermoso de los hijos
de Adán» (Sal 45/44,3), el Incomparable»106.
9. María, al pie de la cruz
«La ejemplaridad de la Virgen María para toda vida consagra-
da y para todos aquellos que participan en la misión apostólica
de la Iglesia107 adquiere una luz particular cuando se presenta en
las actitudes espirituales que la han caracterizado:
María, la Virgen en escucha; María, la Virgen en oración108 se
ofrece como modelo excelentísimo de la Iglesia en el orden de la
fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo109, es decir, de
aquella disposición interior con la cual la Iglesia, esposa amante,
se halla estrechamente unida a su Señor, lo invoca y, por media-
ción suya, rinde culto al Padre Eterno110. Ella, intrépida, de pie
junto a la cruz del Señor, enseña la contemplación de la Pasión.
Al reavivar el culto hacia Ella, siguiendo las enseñanzas y la
tradición de la Iglesia111, los religiosos y religiosas encuentran el
camino seguro que guía y fortalece la dimensión contemplativa
de toda su vida»112.
10. María, gozo y esperanza de la vida religiosa
«En María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, la vida reli-
giosa se comprende a sí misma más profundamente y encuentra
a su signo de esperanza cierta113. Ella, que fue concebida inmacu-
106 Ibid., 15.
107 ET 56; LG 65
108 Marialis Cultus, 17-18; AAS, 1974, 128-129.
109 LG 63.
110 Marialis Cultus, 16.
111 LG 66-67; Marialis Cultus, 2 y 3 parte
112 Dimensión contemplativa, 13.
113 cf. LG 68.
243
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
lada, porque fue escogida de entre el Pueblo de Dios más íntima-
mente y para darlo al mundo, fue consagrada totalmente por la
infusión del Espíritu Santo. Ella fue el Arca de la nueva Alianza.
La sierva del Señor con su pobreza de «pobre de Jahvé»; la Ma-
dre del amor hermoso desde Belén hasta más allá del Calvario;
la Virgen obediente cuyo «sí» a Dios cambió nuestra historia; la
mujer contemplativa «que conservó en su corazón todas estas co-
sas»; la misionera que se apresuró hacia Hebrón; la única sensible
a las necesidades de Caná; la testigo firme al pie de la cruz; el
centro de unidad que mantuvo unida a la Iglesia recién nacida en
su expectación del Espíritu Santo. María mostró, a lo largo de su
vida, todos aquellos valores que van unidos con la consagración
religiosa. Ella es la Madre del religioso, al ser Madre de Aquel
que fue consagrado y enviado, y en su fiat y magníficat la vida
religiosa encuentra la plenitud de su entrega y la emoción de su
gozo por la acción de Dios que consagra»114.
11. Carisma de la cruz
«Siguiendo una gloriosa tradición, un gran número de perso-
nas consagradas, sobre todo mujeres, ejercen su apostolado en el
sector de la sanidad según el carisma del propio Instituto. Mu-
chas son las personas consagradas que han sacrificado su vida a
lo largo de los siglos en el servicio a las víctimas de enfermeda-
des contagiosas, demostrando que la entrega hasta el heroísmo
pertenece a la índole profética de la vida consagrada.
La Iglesia admira y agradece a las personas consagradas
que, asistiendo a los enfermos y a los que sufren, contribuyen
de manera significativa a su misión. Prolongan el ministerio de
114 Elementos esenciales, 53
244
Aspectos más importantes: 2ª parte
misericordia de Cristo, que pasó «haciendo el bien y curando a
todos» (Hch 10,38). Que, siguiendo las huellas de Cristo, divi-
no Samaritano, médico del cuerpo y del alma115, y a ejemplo de
los respectivos fundadores y fundadoras, las personas consagra-
das que se dedican a estos menesteres en virtud del carisma del
propio Instituto, perseveren en su testimonio de amor hacia los
enfermos, dedicándose a ellos con profunda comprensión y parti-
cipación. Que en sus decisiones otorguen un lugar privilegiado a
los enfermos más pobres y abandonados, así como a los ancianos,
incapacitados, marginados, enfermos terminales y víctimas de la
droga y de las nuevas enfermedades contagiosas. Han de fomen-
tar que los enfermos ofrezcan su dolor en comunión con Cristo
crucificado y glorificado para la salvación de todos116 y, más aún,
que alimenten en ellos la conciencia de ser, con la palabra y con
las obras, sujetos activos de pastoral a través del peculiar carisma
de la cruz117.
La Iglesia también recuerda a los consagrados y consagradas
que es parte de su misión el evangelizar los ambientes sanitarios
en que trabajan, tratando de iluminar, a través de la comunica-
ción de los valores evangélicos, el modo de vivir, sufrir y morir
de los hombres de nuestro tiempo. Es tarea propia dedicarse a la
humanización de la medicina y a la profundización de la bioética,
al servicio del Evangelio de la vida. Que promuevan por tanto,
ante todo, el respeto de la persona y de la vida humana desde la
115 Cf. Carta ap. Salvifici doloris (11 febrero 1984), 28-30: AAS 76 (1984). 242-248.
116 Cf. ib id., 18: l.c., 221-224: Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciem-
bre 1988), 52-53: AAS 81 (1989), 496-500.
117 Cf. Exhort. ap. postsinodal Pastoresdabo vobis (25 marzo 1992), 77: AAS
84(1992), 794-795.
245
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
concepción hasta su término natural, en plena conformidad con
las enseñanzas morales de la Iglesia118, instituyendo también para
ello centros de formación119 y colaborando fraternalmente con los
organismos eclesiales de la pastoral sanitaria»120.
12. Amor a la cruz
Los institutos para quienes se establecen estas normas de
adecuada renovación deben responder con prontitud de ánimo a
su vocación divina y a su función dentro de la Iglesia en los tiem-
pos presentes. El sagrado Concilio estima altamente su género
de vida, virginal, pobre y obediente, cuyo modelo es el mismo
Cristo Señor, y pone firme esperanza en su labor tan fecunda,
lo mismo oculta que pública. Así pues, los religiosos todos, por
la integridad de la fe, por la caridad para con Dios y el prójimo,
por el amor a la cruz y la esperanza de la gloria venidera, han
de difundir por todo el mundo la buena nueva de Cristo, a fin de
que su testimonio aparezca a los ojos de todos y sea glorificado
nuestro Padre, que está en los cielos (cf. Mt 5,16). Así, por la in-
tercesión de la dulcísima Madre de Dios, la Virgen María, «cuya
vida es enseñanza de todos»121, se acrecentarán más y más cada
día y darán más copiosos frutos de salud.
Todas y cada una de las cosas que en este Decreto se disponen
fueron aprobadas por los Padres del sacrosanto Concilio. Y Nos,
por la potestad apostólica que nos ha sido otorgada por Cristo,
todo ello, juntamente con los venerables Padres, lo aprobamos
118 Cf. Carta ene. Evangelium vitae (25 marzo 1995), 78-101: AAS 87 (1995), 490-
518.
119 Cf. Propositio 43.
120 VC, 83.
121 SAN AMBROSIO, De virginitate, II, c. 2, n. 15
246
Aspectos más importantes: 2ª parte
en el Espíritu Santo, decretamos y estatuimos, y mandamos se
promulgue para gloria de Dios lo que ha sido conciliarmente es-
tatuido122. (Perfectae Caritatis, 25)
13. Amor pleno
«Cristo da a la persona dos certezas fundamentales: la de
ser amada infinitamente y la de poder amar sin límites. Nada
como la cruz de Cristo puede dar de un modo pleno y definitivo
estas certezas y la libertad que deriva de ellas. Gracias a ellas,
la persona consagrada se libera progresivamente de la necesidad
de colocarse en el centro de todo y de poseer al otro, y del miedo
a darse a los hermanos; aprende más bien a amar como Cristo la
ha amado, con aquel mismo amor que ahora se ha derramado en
su corazón y la hace capaz de olvidarse de sí misma y de darse
como ha hecho el Señor.
En virtud de este amor, nace la comunidad como un conjunto
de personas libres y liberadas por la cruz de Cristo.
Este camino de liberación, que conduce a la plena comunión
y a la libertad de los hijos de Dios, que exige, sin embargo, el
122 Publicación: Concilium Oecumenicum Vaticanum II, Decretum Perfec-
tae Caritatis, 28-X-1965, de accommodata renovatione vitae religiosae: AAS, 58
(1966), 702-712; X. Ochoa, Leges Ecclesiae, vol. III, lex 3333, cols. 4741-4747 (con
bibliografía).
Codificación: n.° 1: cc. 575, 573, § 2; n.° 2:cc. 662, 578, 631, § 1; n.° 3: c. 587; n.° 4:
cc. 631, § 1; 599; 601; 646; 663, § 1; n.° 6: cc. 573, § 1, 663, §§, 1-3, 602, 678, § 1; n.°
7: c. 674; n.° 8: c. 675; n.° 10: c. 676; n.° 11: cc. 710- 712, 723-724; n.° 12: cc. 599, 607,
§ 1, 602, 607, § 2, 642; n.° 13: cc. 600, 668, § 4, 640, 634, § 2; n.° 14: cc. 601, 618,
633, § 1; n.° 15: cc. 602, 607, § 2, 665, § 1; n.° 16: cc. 667, § 3, 667, § 2; n.° 17: c. 669,
§ 1; n.° 18: cc. 659- 661; n.° 19: c. 605; n.° 20: cc. 677, 783; n.° 22: c. 582; n.° 23: cc.
708-709; n.° 24: cc. 233, § 1; 385.
247
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
coraje de la renuncia a sí mismos en la aceptación y acogida del
otro, a partir de la autoridad.
Se ha hecho notar, desde distintos lugares, que ha sido éste
uno de los puntos débiles del período de renovación a lo largo
de estos años. Han crecido los conocimientos, se han estudiado
diversos aspectos de la vida común, pero se ha atendido menos
al compromiso ascético necesario e insustituible para toda libe-
ración capaz de hacer que un grupo de personas sea una frater-
nidad cristiana.
La comunión es un don ofrecido que exige al mismo tiempo
una respuesta, un paciente entrenamiento y una lucha para su-
perar la simple espontaneidad y la volubilidad de los deseos. El
altísimo ideal comunitario implica necesariamente la conversión
de toda actitud que obstaculice la comunión.
La comunidad sin mística no tiene alma, pero sin ascesis no
tiene cuerpo. Se necesita «sinergia» entre el don de Dios y el
compromiso personal para construir una comunión encarnada,
es decir, para dar carne y concreción a la gracia y al don de la
comunión fraterna»123.
14. Fuerza poderosa de la cruz
«Es necesario añadir que, independientemente de las varias
etapas de la vida, cada edad puede pasar por situaciones críticas
bien a causa de diversos factores externos -cambio de lugar o
de oficio, dificultad en el trabajo o fracaso apostólico, incom-
prensión, marginación, etc.-, bien por motivos más estrictamente
123 CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y
LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, La Vida Fraterna en Comunidad,
22-23.
248
Aspectos más importantes: 2ª parte
personales, como la enfermedad física o psíquica, la aridez es-
piritual, lutos, problemas de relaciones interpersonales, fuertes
tentaciones, crisis de fe o de identidad, sensación de insignifican-
cia, u otros semejantes. Cuando la fidelidad resulta más difícil,
es preciso ofrecer a la persona el auxilio de una mayor confianza
y un amor más grande, tanto a nivel personal como comunitario.
Se hace necesaria, sobre todo en estos momentos, la cercanía
afectuosa del Superior; mucho consuelo y aliento viene también
de la ayuda cualificada de un hermano o hermana, cuya dispo-
nibilidad y premura facilitarán un redescubrimiento del sentido
de la alianza que Dios ha sido el primero en establecer y que no
dejará de cumplir. La persona que se encuentra en un momento
de prueba logrará de este modo acoger la purificación y el ano-
nadamiento como aspectos esenciales del seguimiento de Cristo
crucificado. La prueba misma se revelará como un instrumento
providencial de formación en las manos del Padre, como lucha no
sólo psicológica, entablada por el yo en relación consigo mismo y
sus debilidades, sino también religiosa, marcada cada día por la
presencia de Dios y por la fuerza poderosa de la Cruz»124.
15. Portadores de la cruz
«Los Padres sinodales de las Iglesias católicas orientales
y los representantes de las otras Iglesias de Oriente han seña-
lado en sus intervenciones los valores evangélicos de la vida
monástica125, surgida ya desde los inicios del cristianismo y flo-
124 VC, 70.
125 Cf. SÍNODO DE LOS OBISPOS, IX Asamblea general ordinaria, Mensaje del
Sínodo (27 octubre 1994), Vil: L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua
española, 4 noviembre 1994,6
249
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
reciente todavía en sus territorios, especialmente en las Iglesias
ortodoxas.
Desde los primeros siglos de la Iglesia ha habido hombres y
mujeres que se han sentido llamados a imitar la condición de
siervo del Verbo encarnado y han seguido sus huellas viviendo
de modo específico y radical, en la profesión monástica, las exi-
gencias derivadas de la participación bautismal en el misterio
pascual de su muerte y resurrección. De este modo, haciéndose
portadores de la Cruz (staurophóroi), se han comprometido a ser
portadores del Espíritu (pneumatophóroi), hombres y mujeres
auténticamente espirituales, capaces de fecundar secretamente
la historia con la alabanza y la intercesión continua, con los con-
sejos ascéticos y las obras de caridad.
Con el propósito de transfigurar el mundo y la vida en espera
de la definitiva visión del rostro de Dios, el monacato oriental da
la prioridad a la conversión, la renuncia de sí mismo y la compun-
ción del corazón, a la búsqueda de la esichia, es decir, de la paz
interior, y a la oración incesante, al ayuno y las vigilias, al com-
bate espiritual y al silencio, a la alegría pascual por la presencia
del Señor y por la espera de su venida definitiva, al ofrecimiento
de sí mismo y de los propios bienes, vivido en la santa comunión
del cenobio o en la soledad eremítica126.
Occidente ha practicado también desde los primeros siglos de
la Iglesia la vida monástica y ha conocido su gran variedad de
expresiones tanto en el ámbito cenobítico como en el eremítico.
En su forma actual, inspirada principalmente en san Benito, el
126 Cf. Propositio 5, B
250
Aspectos más importantes: 2ª parte
monacato occidental es heredero de tantos hombres y mujeres
que, dejando la vida según el mundo, buscaron a Dios y se de-
dicaron a Él, «no anteponiendo nada al amor de Cristo»127. Los
monjes de hoy también se esfuerzan en conciliar armónicamente
la vida interior y el trabajo en el compromiso evangélico por la
conversión de las costumbres, la obediencia, la estabilidad y la
asidua dedicación a la meditación de la Palabra (lectio divina), la
celebración de la liturgia y la oración. Los monasterios han sido
y siguen siendo, en el corazón de la Iglesia y del mundo, un signo
elocuente de comunión, un lugar acogedor para quienes buscan a
Dios y las cosas del espíritu, escuelas de fe y verdaderos labora-
torios de estudio, de diálogo y de cultura para la edificación de la
vida eclesial y de la misma ciudad terrena, en espera de aquella
celestial»128.
16. Y fraternidad
«La comunidad religiosa, como expresión de Iglesia, es fruto
del Espíritu y participación en la comunión trinitaria. De aquí el
compromiso de cada religioso y de todos los religiosos a sentirse
corresponsales de la vida fraterna en común, a fin de que ma-
nifieste de un modo claro la pertenencia a Cristo, que escoge y
llama hermanos y hermanas a vivir juntos en su nombre.
«Toda la fecundidad de la vida religiosa depende de la calidad
de la vida fraterna en común. Más aún, la renovación actual en
la Iglesia y en la vida religiosa se caracteriza por una búsqueda
de comunión y de comunidad»129.
127 Cf. Regula, 4, 21 y 72,11.
128 VC, 6.
129 JUAN PABLO II, a la Plenaria, CIVCSVA, 20 de noviembre de 1992: OR 20-
11-1992, n.3.
251
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Para algunas personas consagradas y para algunas comuni-
dades, comprometerse en la construcción de la vida fraterna en
comunidad, puede parecer una empresa ardua e incluso quimé-
rica. Frente a algunas heridas del pasado, a las dificultades del
presente y a las sombras del futuro, la tarea puede parecer supe-
rior a las pobres fuerzas humanas.
Se trata de retomar con fe la reflexión sobre el sentido teologal
de la vida fraterna en común, convencerse de que a través de ella
pasa el testimonio de la consagración.
«La respuesta a esta invitación a edificar la comunidad jun-
to al Señor, con cotidiana paciencia -añade el Santo Padre-pa-
sa por el camino de la cruz, supone frecuentes renuncias a sí
mismo...»130.
[Nuestras comunidades,] unidas a María, la Madre de Jesús,
invocan al Espíritu, a Aquél que puede crear fraternidades ca-
paces de irradiar el gozo del Evangelio y de atraer nuevos dis-
cípulos, siguiendo el ejemplo de la comunidad primitiva: «eran
asiduos en escuchar las enseñanzas de los Apóstoles y en la unión
fraterna, en la fracción del pan y en la oración» (Hech 2,42), «e
iba creciendo el número de los hombres y de las mujeres que
creían en el Señor» (Hech 5,14).
Que María una en torno a sí a las comunidades religiosas y las
sostenga cada día en la invocación al Espíritu, vínculo, fermento
y fuente de toda comunión fraterna»131.
130 Ib n.2
131 CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y
LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, La Vida Fraterna en Comunidad,
71.
252
Aspectos más importantes: 2ª parte
17. Y profesión de los consejos
«Precisamente el mundo actual y la humanidad tienen necesi-
dad de este testimonio de amor. Tienen necesidad del testimonio
de la Redención tal como está impresa en la profesión de los
consejos evangélicos. Estos consejos, cada uno según su carác-
ter propio y todos juntos en íntima conexión, «dan testimonio»
de la Redención que, con el poder de la Cruz y la Resurrección
de Cristo, guía al mundo y a la humanidad en el Espíritu Santo
hacia aquel cumplimiento definitivo, que el hombre —y a tra-
vés del hombre la creación entera— encuentra en Dios y sólo
en Dios. Vuestro testimonio es, por tanto, inestimable. Hay que
dedicarse con constancia para que sea plenamente transparente
y fructífero en medio de los hombres. A ello ayudará también
la fiel observancia de las normas de la Iglesia que se refieren a
la manifestación incluso exterior de vuestra consagración y de
vuestro compromiso de pobreza132»133.
18. Prueba del más grande amor
«Esto se dice para que se comprenda hasta qué grado de re-
nuncia compromete la práctica de la vida religiosa. Debéis, pues,
experimentar algo del peso que atraía al Señor hacia su cruz, este
bautismo con el que debía ser bautizado, donde se habría encen-
dido aquel fuego que os inflama también a vosotros134; algo de
aquella locura que San Pablo desea para todos nosotros, porque
sólo ella nos hace sabios135. Sea la cruz para vosotros, como lo
fue para Cristo, la prueba del amor más grande. ¿No existe quizá
132 Cf. CIC., can. 669.
133 Exhortación Apostólica Redemptionis donum, 14.
134 Cf. Lc 12,49-50.
135 Cf. 1 Cor 3,18-19.
253
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
una relación misteriosa entre la renuncia y la alegría interior,
entre el sacrificio y la amplitud de corazón, entre la disciplina y
la libertad espiritual?»136.
19. Participación de la muerte en cruz
«Así pues, queridos Hermanos y Hermanas, todos vosotros
que en la Iglesia entera vivís la alianza de la profesión de los con-
sejos evangélicos, renovad en este Año Santo de la Redención la
conciencia de vuestra participación especial en la muerte sobre la
Cruz del Redentor; es decir, de aquella participación mediante la
cual habéis resucitado con El, y constantemente resucitáis a una
nueva vida. El Señor habla a cada uno y cada una de vosotros,
como una vez habló por medio del profeta Isaías:
«No temas, porque yo te he rescatado, yo te llamé por tu nom-
bre y tú me perteneces»137.
La llamada evangélica: «Si quieres ser perfecto... sígueme»138
nos guía con la luz de las palabras del divino Maestro. Desde lo
profundo de la Redención llega la llamada de Cristo, y desde esta
profundidad alcanza el alma del hombre; en virtud de la gracia de
la Redención, esta llamada salvífica asume, en el alma del llama-
do, la forma concreta de la profesión de los consejos evangélicos.
En esta forma está contenida vuestra respuesta a la llamada del
amor redentor, y ésta es también una respuesta de amor: amor de
donación, que es el alma de la consagración, es decir, de la con-
sagración de la persona. Las palabras de Isaías: «te he rescatado»,
136 Evangelica testificatio, 29.
137 Is 43,1.
138 Mt 19,21.
254
Aspectos más importantes: 2ª parte
«tú me perteneces» parecen sellar precisamente este amor, amor
de una total y exclusiva consagración a Dios»139.
20. Fecundidad de la cruz
«Por otra parte, sigue siendo verdad que las Comunidades
numerosas son particularmente convenientes para muchos reli-
giosos. Pueden ser exigidas, además, por la naturaleza de un ser-
vicio caritativo, por determinados trabajos de carácter intelectual
o por la actuación de la vida contemplativa o monástica: reine
siempre en ellas la unidad perfecta de corazones y de almas,
en plena correspondencia con el fin espiritual y sobrenatural al
cual tienden. Por lo demás, prescindiendo de sus dimensiones,
las Comunidades, grandes o pequeñas, no podrán ayudar a sus
miembros más que permaneciendo constantemente animadas
por el espíritu evangélico, alimentadas por la oración y genero-
samente marcadas por la mortificación del hombre viejo, por la
necesaria disciplina para la formación del hombre nuevo y por la
fecundidad del sacrificio de la Cruz»140.
La consagración, por medio de la profesión que los consejos
evangélicos en la vida religiosa, inspira una forma de vida que
tiene necesariamente una repercusión social. No es que los votos
pretendan convertirse en una protesta social; pero, sin duda, la
vida según los votos siempre da testimonio de unos valores que
desafían a la sociedad, como desafían a los mismos religiosos.
La pobreza, castidad y obediencia religiosas pueden hablar con
fuerza y claridad al mundo de hoy, que sufre de tanto consumis-
139 Exhortación Apostólica Redemptionis donum, 8.
140 Evangelica testificatio, 41.
255
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
mo y discriminación, erotismo y odio, violencia y opresión (cf.
RPH 15)141.
21. Y éxodo
“«Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levantaos,
no tengáis miedo’» (Mt 17,7). Como los tres apóstoles en el epi-
sodio de la Transfiguración, las personas consagradas saben por
experiencia que no siempre su vida es iluminada por aquel fervor
sensible que hace exclamar: «Bueno es estarnos aquí» (Mt 17,4).
Sin embargo, es siempre una vida «tocada» por la mano de Cris-
to, conducida por su voz y sostenida por su gracia.
«Levantaos, no tengáis miedo». Esta invitación del Maestro
se dirige obviamente a cada cristiano. Pero con mayor motivo
a quien ha sido llamado a «dejarlo todo» y, por consiguiente, a
«arriesgarlo todo» por Cristo. De modo especial es válida siem-
pre que, con el Maestro, se baja del «monte» para tomar el cami-
no que lleva del Tabor al Calvario.
Al decir que Moisés y Elías hablaban con Cristo sobre su mis-
terio pascual, Lucas emplea significativamente el término «parti-
da» (éxodos): «Hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jeru-
salén» (Lc 9,31). «Éxodo»: término fundamental de la revelación,
al que se refiere toda la historia de la salvación, y que expresa
el sentido profundo del misterio pascual. Tema particularmente
vinculado a la espiritualidad de la vida consagrada y que mani-
fiesta bien su significado. En él se contiene inevitablemente lo
que pertenece al mysterium Crucis. Sin embargo, este compro-
metido «camino de éxodo», visto desde la perspectiva del Tabor,
141 Elementos esenciales, 17.
256
Aspectos más importantes: 2ª parte
aparece como un camino entre dos luces: la luz anticipadora de
la Transfiguración y la definitiva de la Resurrección.
La vocación a la vida consagrada -en el horizonte de toda la
vida cristiana-, a pesar de sus renuncias y sus pruebas, y más aún
gracias a ellas, es camino «de luz», sobre el que vela la mirada
del Redentor: «Levantaos, no tengáis miedo»”142.
22. Y ascetismo
La disciplina y el silencio, necesarios para la oración, nos
recuerdan que la consagración por los votos religiosos exige un
cierto ascetismo «que abarca todo el ser» (ET 46). La respuesta
de Cristo, de pobreza, castidad y obediencia, le condujo a la so-
ledad del desierto, al dolor de la contradicción y al abandono de
la cruz. La consagración del religioso se adentra por ese mismo
camino; no puede ser un reflejo de la consagración de Cristo, si
su vida no lleva consigo la abnegación. La vida religiosa misma
es una expresión permanente, pública y visible, de conversión
cristiana. Exige el abandono de todas las cosas y el tomar la
propia cruz para seguir a Cristo con la vida entera. Lo cual lleva
como consecuencia la ascética necesaria para vivir en pobreza de
espíritu y de hecho, para amar como Cristo ama, para someter la
propia voluntad, por Dios, a la voluntad de otro que le representa,
aunque imperfectamente. Exige el don de sí mismo, sin el cual no
es posible vivir ni una vida comunitaria auténtica, ni una misión
fructuosa. La afirmación de Jesús que el grano de trigo necesita
caer en tierra y morir si ha de dar fruto, tiene una aplicación par-
ticular para el religioso a causa de la naturaleza pública de sus
votos. Es cierto que muchas penitencias del día de hoy se hallan
142 VC, 40.
257
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
en los hechos mismos de la vida y deben ser aceptadas allí. Sin
embargo, es cierto que los religiosos, si no construyen su vida
sobre «una austeridad alegre y bien equilibrada» (ET 30) y una
renuncia decidida y concreta, arriesgan la pérdida de la libertad
espiritual, necesaria para vivir los consejos. En efecto, sin esta
austeridad y renuncia, su misma consagración puede verse en
peligro. Por eso, no puede darse un testimonio público de Cristo,
pobre, casto y obediente, sin ascética. Aún más, por la profesión
de los consejos por medio de los votos, los religiosos se obligan
a adoptar todos los medios necesarios para ahondar y promover
lo que han prometido, y esto significa una elección voluntaria de
la cruz, que ha de ser «como lo fue para Cristo, la más grande
prueba de amor» (ET 29).143
f. Dimensión escatológica de la vida consagrada. Anticipo
del cielo
Enseña Santo Tomás: «El Hijo de Dios…introdujo la doctrina
de la continencia y de la integridad [virginal], para que en la vida
de los fieles resplandezca de algún modo una imagen de la gloria
futura»144. De «…el ejemplo de Cristo, que escogió una Madre
virgen y Él mismo guardó virginidad, así como en virtud de las
palabras del Apóstol, el cual en 1 Cor 7,25ss aconsejó la virgini-
dad como un bien mejor»145, brota la vocación a la práctica de la
virginidad, la razón y la exigencia que esta práctica exista en el
cristianismo. Ya decía San Ignacio de Antioquía, a principios del
143 Elementos esenciales, 31.
144 Opúsculos, BAC Madrid 2008, t. V, Compendio de Teología, cap. 221, p. 253.
145 S. Th., II-II, q. 152, a. 4.
258
Aspectos más importantes: 2ª parte
siglo II, decía: «Si alguno se siente capaz de permanecer en casti-
dad para honrar la carne del Señor, permanezca en ella…»146.
En la Vita consecrata nos enseña San Juan Pablo II: «Debi-
do a que hoy las preocupaciones apostólicas son cada vez más
urgentes y la dedicación a las cosas de este mundo corre el ries-
go de ser siempre más absorbente, es particularmente oportuno
llamar la atención sobre la naturaleza escatológica de la vida
consagrada.
«Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt
6,21): el tesoro único del Reino suscita el deseo, la espera, el com-
promiso y el testimonio. En la Iglesia primitiva la espera de la
venida del Señor se vivía de un modo particularmente intenso. A
pesar del paso de los siglos la Iglesia no ha dejado de cultivar esta
actitud de esperanza: ha seguido invitando a los fieles a dirigir
la mirada hacia la salvación que va a manifestarse, « porque la
apariencia de este mundo pasa» (1 Co 7,31; cf. 1 Pt 1,3-6)147.
En este horizonte es donde mejor se comprende el papel de
signo escatológico propio de la vida consagrada. En efecto, es
constante la doctrina que la presenta como anticipación del Reino
futuro. El Concilio Vaticano II vuelve a proponer esta enseñanza
cuando afirma que la consagración «anuncia ya la resurrección
futura y la gloria del reino de los cielos»148. Esto lo realiza sobre
todo la opción por la virginidad, entendida siempre por la tradi-
ción como una anticipación del mundo definitivo, que ya desde
ahora actúa y transforma al hombre en su totalidad.
146 Carta a Policarpo, 5,1.
147 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 42.
148 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 44.
259
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Las personas que han dedicado su vida a Cristo viven nece-
sariamente con el deseo de encontrarlo para estar finalmente y
para siempre con Él. De aquí la ardiente espera, el deseo de «su-
mergirse en el Fuego de amor que arde en ellas y que no es otro
que el Espíritu Santo»149, espera y deseo sostenidos por los dones
que el Señor concede libremente a quienes aspiran a las cosas de
arriba (cf. Col 3,1).
Fijos los ojos en el Señor, la persona consagrada recuerda
que «no tenemos aquí ciudad permanente» (Hb 13,14), porque
«somos ciudadanos del cielo» (Flp 3,20). Lo único necesario es
buscar el Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33), invocando
incesantemente la venida del Señor».
Debido a que hoy las preocupaciones apostólicas son cada vez
más urgentes y la dedicación a las cosas de este mundo corre el
riesgo de ser siempre más absorbente, es particularmente opor-
tuno llamar la atención sobre la naturaleza escatológica de la
vida consagrada.
Así pues, la profesión de los consejos evangélicos aparece
como un signo que puede y debe atraer eficazmente a todos los
miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecimiento los debe-
res de la vida cristiana. Y como el Pueblo de Dios no tiene aquí
ciudad permanente, sino que busca la futura, el estado religioso,
por librar mejor a sus seguidores de las preocupaciones terrenas,
cumple también mejor, sea la función de manifestar ante todos
los fieles que los bienes celestiales se hallan ya presentes en este
mundo, sea la de testimoniar la vida nueva y eterna conquistada
149 B. Isabel de la Trinidad, Le ciel dans la foi. Traité Spirituel, I, 14: Oeuvres com-
pletes, París, 1991, 106.
260
Aspectos más importantes: 2ª parte
por la redención de Cristo, sea la de prefigurar la futura resurrec-
ción y la gloria del reino celestial. El mismo estado imita más de
cerca y representa perennemente en la Iglesia el género de vida
que el Hijo de Dios tomó cuando vino a este mundo para cum-
plir la voluntad del Padre, y que propuso a los discípulos que le
seguían. Finalmente, proclama de modo especial la elevación del
reino de Dios sobre todo lo terreno y sus exigencias supremas;
muestra también ante todos los hombres la soberana grandeza del
poder de Cristo glorioso y la potencia infinita del Espíritu Santo,
que obra maravillas en la Iglesia.
Por consiguiente, el estado constituido por la profesión de los
consejos evangélicos, aunque no pertenece a la estructura jerár-
quica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, de manera indiscuti-
ble, a su vida y santidad.
Para el diálogo interreligioso Vita consecrata pone dos re-
quisitos fundamentales: el testimonio evangélico y la libertad
de espíritu. Sugiere después algunos instrumentos particulares
como el conocimiento mutuo, el respeto recíproco, la amistad
cordial y la sinceridad recíproca con los ambientes monásticos
de otras religiones’’150.
Un posterior ámbito de colaboración consiste en la común so-
licitud por la vida humana, que se manifiesta tanto en la compa-
sión por el sufrimiento físico y espiritual como en el empeño por
la justicia, la paz y la salvaguardia de la creación”151. Juan Pablo
II recuerda, como campo particular de encuentro con personas
de otras tradiciones religiosas, la búsqueda y la promoción de
150 Cf. Ecclesia in Asia, 31. 34.
151 Cf. Ecclesia in Asia, 44.
261
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
la dignidad de la mujer, a las que se pide contribuyan de modo
particular las mujeres consagradas152.
Finalmente, se tiene presente el diálogo con cuantos no pro-
fesan particulares confesiones religiosas. Las personas consa-
gradas, por la naturaleza misma de su elección, se ponen como
interlocutores privilegiados de la búsqueda de Dios que desde
siempre sacude el corazón del hombre y lo conduce a múltiples
formas de espiritualidad. Su sensibilidad a los valores (cf. FIp 4,
8) y la disponibilidad al encuentro testimonian las características
de una auténtica búsqueda de Dios. «Por eso concluye el docu-
mento las personas consagradas tienen el deber de ofrecer, con
generosidad, acogida y acompañamiento espiritual a todos aque-
llos que se dirigen a ellas, movidos por la sed de Dios y deseosos
de vivir las exigencias de su fe»153.
Este diálogo se abre necesariamente al anuncio de Cristo. En
la comunión está efectivamente la reciprocidad del don. Cuando
la escucha del otro es auténtica, ofrece la ocasión propicia para
proponer la propia experiencia espiritual y los contenidos evan-
gélicos que alimentan la vida consagrada. Se testimonia así la
esperanza que hay en nosotros (cf. 1P 3,15). No debemos temer
que hablar de la propia fe pueda constituir una ofensa al que tiene
otras creencias; es, más bien, ocasión de anuncio gozoso del don
para todos y que es propuesto a todos, aun con el mayor respeto
a la libertad de cada uno: el don de la revelación del Dios-Amor
que «tanto amó al mundo, que le dio su Hijo Unigénito» (Jn
3,16).
152 Cf. VC, 102.
153 VC, 103.
262
Aspectos más importantes: 2ª parte
Por otra parte, el deber misionero no nos impide acudir al
diálogo íntimamente dispuestos a recibir, porque, entre los recur-
sos y los límites de toda cultura, los consagrados pueden tomar
las semillas del Verbo, en las que encontramos valores preciosos
para la propia vida y misión. «No es raro que el Espíritu de Dios,
«que sopla donde quiere» (Jn 3,8), suscite en la experiencia hu-
mana universal signos de su presencia, que ayudan a los mismos
discípulos de Cristo a comprender más profundamente el mensa-
je del que son portadores»154.
2. María
a. La fuerza virginizante155 de María
El beato Ramón Llull, al comentar la fealdad de la lujuria,
acude en seguida a contraponerla con la virginidad de María, de
la que el poeta llama “dolça dona d’amor”:
«és peccat que mays desplau
a nostra Dona, qui’s palau
de virginitat, e odor
que hix de blancha flor d’amor»156.
«Es el pecado que más desagrada
a Nuestra Señora, que es palacio
de virginidad y olor
que sale de una blanca flor de amor...».
154 Novo millennio ineunte, 56.
155 -nte. suf. Forma adjetivos verbales, llamados tradicionalmente participios acti-
vos. Toma la forma -ante cuando el verbo base es de la primera conjugación, -ente o
-iente, si es de la segunda o tercera. Significa ‘que ejecuta la acción expresada por
la base’. Agobiante, veraneante, absorbente, dirigente, dependiente, crujiente.
156 Horas de Nostra Dona, De Nona XXXI, BAC 31, Madrid 1948, p. 1054; cf.
Herrán, o.c., 308.
263
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
El mismo pensamiento que expresaba en prosa: «Nostra dona
es bella e flor blanca de virginitat. Tu, Mare Verge, est esposa por
la cual es reglada virginitat en las vergens e castedat en aquelles
qui en matrimoni son ajuntats», «Nuestra Señora es bella y flor
blanca de virginidad. Tú, Madre Virgen, eres la esposa, modelo
de virginidad para las vírgenes y de castidad para las que se han
unido en matrimonio...».
En este y otros textos el Beato Llull insiste en la fuerza vir-
ginizante de los que aman y sirven a la Virgen señera157, como
afirma el Dr. Cascante Ávila158.
Y la fuerza esponsalizante que también reciben los devotos
de María, de su vida y ejemplos como hija de Dios Padre, madre
de Dios Hijo –y madre espiritual de todos los hombres- y esposa
de Dios Espíritu Santo.
Pensamos que en este tiempo de caída vertiginosa de vocacio-
nes de especial consagración: al sacerdocio..., a la vida religio-
sa..., a la vida contemplativa..., como también a las vocaciones
matrimoniales auténticas capaces de vivir la castidad matrimo-
nial, sería un antídoto eficaz la devoción a la Virgen, en su título
de Fuente sellada.
Debemos reflexionar ahora sobre la Castidad consagrada en
el magisterio de Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelica
testificatio:
157 La palabra señera significa. (Del lat. *singularĭus, por singulāris). adj. Sola,
solitaria, separada de toda compañía. || 2. Única, sin par.
158 El culto a María en los escritos del B. Ramón Llull, en «Acta Congressus Ma-
riologici-Mariani internationalis Romae anno 1975 celebrati», vol. V (Roma 1981),
pp. 72-74.
264
Aspectos más importantes: 2ª parte
«Sólo el amor de Dios -es necesario repetirlo- llama en forma
decisiva a la castidad religiosa.
Este amor, por lo demás, exige imperiosamente la caridad
fraterna, que el religioso vivirá más profundamente con sus con-
temporáneos en el corazón de Cristo.
Con esta condición, el don de sí mismos, hecho a Dios y a los
demás, será fuente de una paz profunda.
Sin despreciar en ningún modo el amor humano y el matri-
monio -¿no es él, según la fe, imagen y participación de la unión
de amor que une a Cristo y la Iglesia?159 -, la castidad consagrada
evoca esta unión de manera más inmediata y realiza aquella su-
blimación hacia la cual debe tender todo amor humano.
Así, en el momento mismo en que este último se halla cada
vez más amenazado por un erotismo devastador160, ella debe
ser, hoy más que nunca, comprendida y vivida con rectitud y
generosidad.
Siendo decididamente positiva, la castidad atestigua el amor
preferencial hacia el Señor y simboliza, de la forma más emi-
nente y absoluta, el misterio de la unión del Cuerpo místico a su
Cabeza, de la Esposa a su eterno Esposo.
Finalmente, ella alcanza, transforma y penetra el ser huma-
no hasta lo más íntimo mediante una misteriosa semejanza con
Cristo.
159 Cf. Constitución pastoral Gaudium et spes, 48, A.A.S., 58, 1966, pp. 1067-1069;
cf. Ef 5,25.32.
160 Cf. Discurso a los Grupos «Notre Dame», 4, del 4 de mayo de 1970, A.A.S., 62,
1970, p. 429.
265
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Fuente de fecundidad espiritual.
Por lo tanto, os es necesario, queridos Hijos e Hijas, restituir
toda su eficacia a la disciplina espiritual cristiana de la castidad
consagrada.
Cuando es realmente vivida, con la mirada puesta en el reino
de los Cielos, libera el corazón humano y se convierte así como
en un signo y un estímulo de la caridad y una fuente especial de
fecundidad en el mundo161.
Aun cuando el mundo no siempre la reconoce, ella perma-
nece en todo caso místicamente eficaz en medio de él162.
El carisma de la virginidad y de la esponsalidad de la Santísi-
ma Virgen María, aun cuando el mundo no siempre la reconoce,
es siempre místicamente eficaz, en el mundo y lo será siempre,
aunque estuviese reinando el Anticristo. Como, asimismo, el
carisma de la Virgen María en sus vertientes cristológica, ecle-
siológica, eucarística, maternal, defensora, auxiliadora, socorro,
mediadora, es y será siempre místicamente eficaz. De allí la in-
fluencia arrolladora de los santuarios marianos –llamada por el
San Juan Pablo II «geografía mariana», «Tal vez se podría hablar
de una específica «geografía» de la fe y de la piedad mariana...»163
– para trasmitir la vida de la gracia. Sólo en Italia hay más de
1.800 santuarios marianos164.
161 Cf. Constitución Dogmática Lumen gentium, 42, A.A.S., 57, 1965, p. 48.
162 Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelica testificatio del 29 de junio de 1971,
pp. 13-14; en Ángel Aparicio, La Vida Consagrada, Publicaciones Claretianas, Ma-
drid 2009, pp. 69-70.
163 San Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris Mater, 25 de marzo de 1987, 28
et passsim.
164 Cf. José Antonio Varela Vidal, Zenit, Roma, martes 23 octubre 2012.
266
Aspectos más importantes: 2ª parte
No debemos olvidarnos nunca que «...la Bienaventurada Vir-
gen María, que recibió en sí misma al Verbo Divino, concibió
“con fe plena a Cristo antes en su espíritu que en su seno”165, y
como huerto cerrado, fuente sellada y puerta cerrada (cf. Ct 4,12;
Ez 44,1-2) es “por su fe y su caridad tipo y modelo admirable de
la Iglesia”166. La santísima Virgen es ejemplo preclaro de la vida
contemplativa, y con todo derecho una venerable tradición, tan-
to en Oriente como en Occidente, acomoda a ella en la sagrada
Liturgia estas palabras del Evangelio: “María escogió para sí la
mejor parte” (Lc 10,38-40)167»168.
«La santidad perfecta de la Esposa y su afecto exclusivo por su
Bien Amado. Este doble pensamiento, que de hecho es uno en el
fondo, se expresa con la ayuda de dos admirables comparaciones:
la de una fuente sellada y, sobre todo, la de un jardín, repleto de
las flores más perfumadas y de los frutos más exquisitos, pero
cerrado por todas partes y reservado al Esposo de una manera
exclusiva.
Hortus conclusus: Rodeado de muros que lo hacen impene-
trable. Estas palabras, repetidas en la Vulgata, no se repiten en el
texto original hebreo, en el que se lee: Tú eres un jardín cerra-
do…, una surgente cerrada, una fuente sellada. Es por lo tanto
la segunda comparación la que se repite dos veces. (El hebreo
165 Cf. San Agustín, Serm. 215,4; ML 38,1047.
166 Constitución Dogmática Lumen gentium, 53.
167 Esta perícopa evangélica se emplea como Evangelio de la Misa para algunas
festividades de la Virgen, desde el siglo VI, por ejemplo, para la Asunción, tanto en
Oriente como en Occidente...
168 Instrucción Venite Seorsum, del 15 de agosto de 1969, 4; en Ángel Aparicio, La
Vida Consagrada, Publicaciones Claretianas, Madrid 2009, p. 160.
267
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
tiene más fuerza que la traducción castellana: cerrado por dentro
y acerrojado por fuera169).
Fons signatus: Es un pozo de agua que brota de la tierra,
recubierto con una piedra, la cual ha sido ulteriormente sellada o
sigilada con un sello (o precinto) real, de modo que es imposible
removerla si no es en nombre y por la autoridad del rey. Cf. Gn
29,2-3: Vio en el campo un pozo, junto al cual descansaban tres
rebaños, pues era el pozo en que se abrevaban los ganados. Se
reunían allí, se quitaba una gran piedra que lo tapaba y se daba
de beber al ganado, volviendo a poner en su lugar la piedra que
cubría la boca del pozo; Dn 6,17: Trajeron una piedra, que pusie-
ron sobre la boca del foso de los leones, y la selló el rey con su
anillo y con los anillos de sus grandes para que en nada pudiera
mudarse la suerte de Daniel; Mt 27,66: Ellos fueron y pusieron
guardia al sepulcro después de haber sellado la piedra.
Tal es verdaderamente la Iglesia para Cristo. Tal es tam-
bién María, a la cual estas imágenes han sido tan justamente
aplicadas»170.
«Ya pues que Dios os ha llamado por esposa suya, conviene,
dice san Bernardo171, que no penséis en amar a otro que a Dios:
Nada tienes que ver con el mundo; olvídate de todos: guárdate
solamente para aquel a quien has elegido para ti de entre todos
los demás. Pues os habéis consagrado a Jesucristo, ¿qué os queda
que tratar con el mundo? Separaos de todo, y procurad conservar
169 Nota a Ct 4,12, Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal
Española, BAC Madrid 2010.
170 Louis-Claude Fillion, PSS, La Sainte Bible commentée, 6ª ed., París 1921, t. IV,
612.
171 Sermo 40.
268
Aspectos más importantes: 2ª parte
entero el corazón para aquel Señor que habéis escogido entre
todos los demás objetos por el objeto digno de vuestro amor.
Digo el corazón entero; pues que Jesucristo quiere que la que es
esposa suya sea huerto cerrado y fuente sellada (Ct 4,12): huerto
cerrado, que no admita habitar con el afecto en su corazón a otro
que al divino Esposo, dice Gilberto de Holanda, Abad172: fuente
sellada, pues que este Esposo es celoso, y no quiere que en el
corazón de su esposa entre otro amor que el suyo y por esto le
dice : Ponme por sello sobre tu corazón, ponme por marca sobre
tu brazo, porque el amor es fuerte como la muerte (Ct 8,7). Yo
quiero, le dice, que me coloques como un sello sobre tu corazón
y sobre tu brazo, a fin de que no ames a otro que a mí, y no hagas
cosa alguna que no sea con el solo fin de agradarme a mí, como
explica san Gregorio, diciendo que: «el amado se pone como se-
llo sobre el corazón y el brazo de la esposa, porque el alma santa
con la voluntad y con las obras da a conocer cuánto ama a su
Esposo»173. Ciertamente que el amor cuando es fuerte sabe bien
arrancar del alma cualquier afecto que no sea por Dios, pues es
fuerte como la muerte. Así como no hay poder sobre la tierra que
resista a la muerte cuando llega la hora de su venida, así no hay
impedimento ni dificultad alguna, que no quede vencida del divi-
no amor cuando llega a tener posesión de un corazón. Aunque el
hombre diese por él todo el caudal de su casa, lo tendrá por nada
(Ct 8,7). Un corazón enamorado de Dios desprecia todo aquello
que le ofrece o le puede dar el mundo; desprecia, en suma, todo
aquello que no es Dios. Cuando se pega fuego a una casa, dice
san Francisco de Sales se echan por la ventana todos los muebles:
172 Sermo 35,2, in Cant., ML 184. Abbas Swinshetensis en Inglaterra, Ord. Cist.
173 Super Cant. Cant. Expositio, cap. VIII, 6, ML 79-541.
269
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
quiere decir que cuando un alma arde con el fuego del divino
amor, no necesita de sermones, ni de lecciones espirituales o de
consejos de directores; sino que por sí misma, se despoja de todos
los bienes criados, a fin de no poseer ni amar a otro que a su único
bien, que es Dios»174.
El muy hermoso el sermón de Santo Tomás de Villanueva que
transcribimos a renglón seguido, ayudará mucho a comprender
mejor la importancia de nuestro tema.
b. CONCIÓN175 276
En la fiesta de la Anunciación de María176
Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa;
huerto cerrado, fuente sellada (Ct 4,12).
1. Reflexionando sobre qué podría yo decir en alabanza de
la Virgen, de modo que respondiera, aunque fuese de lejos, a lo
muchísimo que ella se merece y a lo que vosotros esperáis de mí,
me ha parecido una tarea harto difícil e inasequible no sólo para
mí, hombre corto en palabras y en sabiduría, sino para cualquie-
ra, por sabio y elocuente que sea. Porque, efectivamente, ¿quién
será capaz de ensalzar como es debido a tan excelsa majestad o
siquiera de acercársele? Estando yo en esta perplejidad, me viene
a la mente una solución: recurrir al Esposo, el único que puede
contarnos las virtudes y excelencias que solo Él depositó en la
174 San Alfonso María de Ligorio, La verdadera Esposa de Jesucristo, La Monja
Santa, Librería de Garnier hermanos, Paris 1872, pp. 44-45.
175 Conción. (Del lat. contĭo, -ōnis, discurso). f. desus. sermón (ǁ discurso
religioso).
176 Obras Completas de Santo Tomás de Villanueva, BAC, Madrid 2013, t. VII, pp.
257-285.
270
Aspectos más importantes: 2ª parte
Virgen. Que sea Él quien la elogie, el mismo que la plantó, el que
la consolidó: que sea su propio Creador quien alabe su hermosura,
Él, que la hizo tan singularmente bella. Me venían a la memoria
muchos de los señalados elogios con que el Esposo la distingue
de modo admirable en el Cantar de los Cantares, pero de entre
todos ellos me pareció el más hermoso y brillante el que nos ha
servido de tema: Eres huerto cerrado, hermana mía, esposa;
huerto cerrado, fuente sellada (Ct 4,12). ¿Hay algo más conciso,
más compendioso, más sublime? ¿Se puede decir en una frase
algo más pertinente, algo que mejor explique y exprese la idea,
que esta breve sentencia del Espíritu Santo? ¿Qué manera mejor
de destacar su altísima dignidad que llamándola inescrutable,
inaccesible, sellada, cerrada, escondida, impenetrable, inefable,
y esto por boca de su propio Hacedor, que conocía perfectamente
a la que era obra de sus manos? No puede decirse de ella una
alabanza mayor que calificándola de inefable. Pero vayamos a
ello, pongamos, hermanos carísimos, todo nuestro empeño en
desenvolver, bajo la guía del mismo Espíritu, esta envoltura se-
llada, a ver si podemos de algún modo conseguir alguna cosa. Y
como se trata de un misterio sellado y cerrado, recemos antes a
la misma Madre, para que ella nos desvele algún secreto y nos
envíe luz para explicarlo. Saludémosla: Ave, María.
2. Todo el sermón lo dedicaremos a la explicación del tema
inicial, es decir, intentaremos ver qué quiere decirnos el Esposo
con cada una de aquellas expresiones. Por ejemplo, (organiza-
mos por cuenta nuestra el texto de la siguiente manera, dejan-
do los números arábigos de la edición que seguimos, con leves
retoques):
271
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
I. ¿Qué significa huerto?
A. Características de los huertos;
B. En qué sentido la Virgen es huerto;
II. Cómo es huerto cerrado; por qué doblemente cerra-
do y su triple significado:
A. Está cerrado el huerto al pecado;
B. Es huerto cerrado porque es abismo de misterios y
abismo de virtudes.
C. Huerto cerrado por ser la señera virginidad.
III. Cómo la Virgen es hermana y a la vez esposa, (siendo
así que en ninguna legislación se permite contraer matrimonio
con una hermana);
IV. Cómo es fuente;
V. Por qué es fuente sellada;
VI. ¿Con qué sellos fue sellada?;
VII. María es la fuente del paraíso.
Es un campo vastísimo, imposible de ser recorrido en totali-
dad ni por el más rápido entendimiento.
I. ¿Qué significa huerto?
A. Características de los huertos
Entre un huerto y otras tierras de cultivo existen tres
diferencias.
a- Primera diferencia:
Otra finca, cualquiera, la estimamos por la utilidad que nos
reporta, por sus frutos; el huerto en cambio no lo apreciamos sólo
por su utilidad, sino por las delicias que nos proporciona, por su
amenidad y su encanto. Plantamos una viña para mitigar nuestra
272
Aspectos más importantes: 2ª parte
sed con sus productos; cultivamos un huerto para entretenernos
placenteramente en él, para recreo y descanso. En las otras fincas
se busca el fruto; en el huerto, aparte del fruto, se busca el dis-
frute. Con las otras tierras, hacemos frente a las necesidades de
la familia; el huerto en cambio es un alivio para nuestras fatigas
y nuestras melancolías. Ésta es la primera diferencia.
b- Segunda diferencia:
Cada una de las otras tierras de cultivo produce normalmente
una sola clase de fruto; sin embargo en el huerto se da una gran
variedad de ellos. No es atractivo el huerto si no hay en él varie-
dad de flores y diversidad de frutos. La tierra de secano produce
pan, la viña vino; el huerto, al contrario, no produce un fruto solo,
sino que nos deleita con una gran variedad de ellos.
c- Tercera diferencia:
Tiene una cerca. Los otros predios los cercamos con un terra-
plén o un seto para protegerlos del ganado; el huerto lo cerramos
con un muro o con altos tapiales. Si alguien llega a nuestra viña y
se lleva un racimo de uvas, lo toleramos; ahora bien, el huerto no
queremos que nadie nos lo toque. Cualquier amo confía sus tie-
rras a los de casa para que las trabajen y miren por ellas; del huer-
to, en cambio, el guardián es él, él se lleva la llave. Si alguien le
corta una sola flor, lo toma como si le sacaran la niña de un ojo. El
huerto es, efectivamente, algo muy querido, porque hace la vida
muy agradable. Hay todavía algunas diferencias más, como que
la tierra de labor suele estar en el campo, mientras que el huerto
está en casa; las tierras son plantadas o sembradas por mano de
los siervos; el huerto lo planta directamente el señor, etc.
273
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
B. En qué sentido la Virgen es huerto
En la inmensa heredad del Señor, la Virgen es, respecto a los
demás santos, lo que el huerto respecto a las otras propiedades.
Ella sola es, en el sentido más estricto, el huerto del Señor. Otra
alma cualquiera es como una heredad; en primer lugar, porque
toda dignidad concedida a un santo y todo carisma que le ha he-
cho destacar en la casa de Dios, le fueron otorgados con vistas a
ser útil, es decir, para que con esa gracia sirviera de provecho a
la familia de Dios, nutriéndola y ayudándola. He aquí lo que dice
el Apóstol: A unos les ha puesto el Señor en la Iglesia, en primer
lugar, como apóstoles; a otros, en segundo lugar, como profetas;
en tercer lugar, a otros como doctores; luego a los que tienen
el poder de hacer milagros; después a los que tienen el don de
curar, de asistir al prójimo, de hablar todo género de lenguas,
de interpretar las palabras (1Cor 12,28.10). Y en la carta a los
Efesios: Y así, a unos él mismo ha nombrado apóstoles, a otros
profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y doctores, para
la perfección de los santos en las funciones de su ministerio,
para la edificación del cuerpo de Cristo (Ef 4,11-12). Y en otro
lugar: Hay mucha diversidad de dones espirituales... Uno recibe
del Espíritu Santo palabra de sabiduría; otro recibe del mismo
Espíritu palabra de ciencia; a éste le da el espíritu la fe en el
mismo Espíritu; a otro, el don de hacer milagros; a otro, el don
de profecía; a otro, discreción de espíritus; a otro, diversidad de
lenguas; a otro, interpretación del lenguaje (1 Cor 12,8-10). Y
todo esto ¿para qué? A cada cual -dice- se le otorga la manifesta-
ción del Espíritu para común utilidad (de la Iglesia, por supuesto)
(1 Cor 12,7). Pues así recibió Moisés la prudencia para gobernar a
274
Aspectos más importantes: 2ª parte
su pueblo. A Pablo se le dio la ciencia de la palabra para convertir
a los gentiles con su predicación; a Pedro, la potestad de las lla-
ves, etc. En suma, todos reciben diferentes gracias y variedad de
dones para que con ellos sirvan variadamente al pueblo de Dios,
que es su familia.
3. Pues bien,
a- En primer lugar, esta Virgen singularísima ha sido crea-
da para hacer las delicias de su Señor: Fue hecha como un
jardín de delicias (Ez 36,35). Los demás fueron enaltecidos para
provecho de la familia; a esta Virgen la hizo y la engrandeció
Dios para complacencia suya. A unos los plantó Dios para los
otros, a ésta la plantó para sí mismo. ¡Qué gloria tan grande la
de este huerto! ¡Un elogio nunca jamás oído! Todas las cosas las
ha hecho el Señor en atención a sí mismo (Pr 16,4), pero, como
dice san Agustín, no por utilidad suya, sino por su bondad. No
hay criatura en que aparezca y destaque esto con más claridad
que en la Virgen. A ella la escogió y la preparó para que fuera su
madre, su casa, su morada, para en ella y de ella hacerse hombre
el mismo que lo hizo todo por el hombre. Escuchad al Salmista:
Se ha hecho hombre en ella y el Altísimo en persona la ha conso-
lidado (Sl 86,5). Para esto la afianzó y con esta finalidad: Para de
ella hacerse hombre el que es absolutamente infactible (en latín,
infactibilis), o sea, no factible.
Te complaces, Señor, en tu hechura y exultas con las obras
de tus manos (Sl 91,5), pero no descansas en ellas como en tu
huerto, según ella dice de sí misma: Y el que me creó descansó
en mi tienda (Sir 24,12). ¡Oh paraíso auténtico de delicias, en el
que Dios se pasea al mediodía, en el momento cumbre de la ca-
275
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
ridad! (Gn 3,8) ¡Oh huerto verdaderamente dichoso, que dio un
fruto tan excelente! Porque es bendito el fruto de tu vientre (Lc
1,42). Esto es lo que dijo el Padre del Hijo: Éste es mi Hijo amado,
en quien tengo puestas mis complacencias (Mt 17,5). Y esto es
lo que dice el Hijo a la madre: ¡Qué bella y agradada eres, oh
amadísima y deliciosísima! (Ct 7,6). Y esto otro: Eres hermosa,
querida mía, tierna y encantadora (Ct 6,3). Amada mía, paloma
mía, hermosa mía (Ct 2,10). “Bellísima te han hecho y agradable
en tus delicias” (le canta la Iglesia), ¡oh Virgen honesta!, en la que
yo me he empleado mucho y en la que he hallado mi descanso.
De ahí que Ella le corresponda invitándole también: Venga mi
Amado a su huerto (Ct 5,1).
b- En segundo lugar, en Ella reunió todas las virtudes de
los santos en grado heroico. Se diferencia también de los demás
santos porque en cada uno de éstos destaca especialísimamente
una virtud, o, si destacan varias, nunca es como en la Virgen, en
la que Dios reunió todas las virtudes de los santos en grado heroi-
co. Dice un salmo: A tu derecha está la reina enjoyada con oro y
engalanada con variados adornos (Sal 44,10). Y prosigue: Toda
la gloria de la hija del rey está por dentro; ella lleva un vestido
de variados colores recamado con franjas de oro (Sl 44,14-15).
Un comentario de san Bernardo: “Un huerto de delicias es para
nosotros tu sacratísimo seno, oh María, porque de él recogemos
infinidad de flores de gozo, siempre que hacemos memoria de la
gran cantidad de dulzura que de ahí brotó para el mundo entero”.
Pero tú eres también, oh Madre de Dios, un huerto cerrado, al
que jamás entró la mano del pecador para degradarlo. Tú eres el
276
Aspectos más importantes: 2ª parte
arriate177 de plantas aromáticas plantado por el celestial perfu-
mista y cuajado, para deleite general, de preciosas flores de toda
suerte de virtudes. De estas flores admiramos tres hermosísimas
en ti, oh excelentísima. Son las tres siguientes, con las que llenas,
oh María, toda la casa del Señor de suavísimo aroma: la violeta
de la humildad, el lirio de la castidad y la rosa de la caridad. Con
razón brotó de tu raíz aquella flor bellísima, entre todos los hijos
de los hombres la más bella, sobre la cual reposó el Espíritu del
Señor. ¿Y a quién te compararemos, oh Madre de la hermosura?
Realmente tú eres el paraíso de Dios, porque hiciste brotar el
árbol de la vida para el mundo, el árbol que dará la vida eterna
al que coma de su fruto.
c- Tercero
II. Cómo es Huerto cerrado y doblemente cerrado
A. Es la 1ª interpretación: Huerto cerrado al pecado
4. Hay otros que, por muy santos que fueran, no estuvieron
tan protegidos que no les tocaran de algún modo las bestias del
campo, al menos algún pecado venial. ¿Quién más santo que el
apóstol Juan? Y sin embargo habla por sí mismo cuando dice:
Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañamos nosotros
mismos, y la verdad no está con nosotros (1 Jn 1,8). Sin embar-
go, a la Virgen santísima no la tocó ni el pecado venial, pues, en
palabras de san Agustín, ella no sólo no cometió pecado, pero es
que ni siquiera pudo pensar en el pecado. No la pudo tocar en
absoluto Abimelech (Gn 20,4), es decir, Satanás, porque el Señor
177 Arriate: (=cuadro pequeño de tierra destinado al cultivo de flores u hortalizas)
Era estrecha...para contener plantas de adorno, junto a las paredes de jardines y
patios.
277
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
fue para ella muro y antemural, según aquello de Isaías: Sión es
nuestra ciudad fuerte, el Salvador será para ella muro y antemu-
ral (Is 26,1). La rodeó de un muro, confirmándola en gracia, de
modo que no pudiera caer en pecado, y le puso a su alrededor un
antemural, preservándola de la culpa original. Así pues, la con-
firmación en gracia y la preservación de pecado fueron un muro
y un antemural178 para la Virgen, pues se adelantó a bendecirla
amorosamente (Sl 20,4). Y para que el muro no pudiera ser asal-
tado ni de lejos por la antigua serpiente, le añadió el antemural,
para que ni los más leves impulsos de la sensualidad pudieran
deslizarse furtivamente en la Virgen. Esto es, por tanto, lo que
se significa con las palabras del tema: Huerto cerrado (Ct 4,12), a
saber, cerrado al pecado por el muro de la preservación; y huerto
doblemente cerrado, por el muro de la confirmación en gracia.
He ahí el primer significado del término.
B. 2ª interpretación: Huerto cerrado abismo de mis-
terios y abismo de virtudes
5. La expresión puede ser interpretada todavía en un segun-
do sentido, aludiendo a la gloria escondida e inaccesible de la
Virgen, de suerte que hablaríamos de huerto cerrado porque el
entendimiento humano es incapaz de rastrear la inmensidad de
riquezas espirituales y de gloria que Dios depositó en la Virgen.
La Virgen es, en efecto, un profundo abismo tanto de misterios
como de virtudes, y nadie podrá sondear ni los misterios que en
Ella han tenido cumplimiento, ni las virtudes con que Dios la
178 falsabraga. (De falsa y braga). f. Mil. Muro bajo que para mayor defensa se
levanta delante del muro principal. (Tal vez sea lo que describe Santo Tomás de
Villanueva).
278
Aspectos más importantes: 2ª parte
dotó. Así que es un huerto doblemente cerrado, por el abismo de
los misterios y por el abismo de las virtudes. Porque ¿quién po-
drá evaluar los sacramentos que permanecen ocultos bajo aquel
velo de la carne y que se han celebrado en este santuario? Haz
un recorrido desde el principio del mundo por las figuras de la
ley; para mientes en las ceremonias, los sacrificios, y repasa las
profecías: en todo ello hay alusiones anticipadas a la Virgen, en
todo está prefigurada la Virgen, y toda la verdad estuvo oculta
en la Virgen, y por medio de la Virgen ha quedado esclarecido.
Ella es, en efecto, el paraíso de las delicias, en el que fue coloca-
do el hombre (Gn 2,15), el segundo Adán, venido del cielo para
trabajarlo y cultivarlo; Ella es el arca de Noé (Gn 7,7), en la que
se puso a salvo la generación del siglo; Ella, la zarza de Moisés,
que ardía y no se quemaba (Ex 3,3); Ella, el vellocino179 de Ge-
deón (Jue 6,36); Ella, el arca del Testamento (Ex 26,34); Ella, la
urna del maná (Heb 9,1); Ella, el templo santo de Dios (Sl 10,4);
ella, el altar (Ex 30,1); Ella, la vara florecida de Aarón (Nm 17,8);
Ella, la piedra de la que se sacó agua (Ex 17,6), etc. ¿Qué más
puedo decir? Terminaría el día, y no habríamos terminado de re-
ferir los innumerables arcanos de María Virgen. Dijo bellamente
San Agustín: “José, hijo de David: el mismo Dios que escribió
maravillas en su ley, hizo también maravillas en tu esposa. Lo
que has leído en tus libros, míralo con tus ojos en María, para
que puedas entonar dignamente el cántico de David tu padre: Lo
que habíamos oído, lo hemos visto en la ciudad del Señor de los
ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios (Sl 47,9), la que Dios ha
fundado para siempre. Ella es ciertamente la ley. Así pues, el que
179 La lana que sale junta al esquilar la oveja.
279
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
escribió las palabras de la ley en la tablas sin valerse de punzón
(Ex 31,18), ése mismo, y también sin punzón, esculpió al Verbo
eterno con el dedo de Dios (o sea, el Espíritu Santo) en el seno
de la Virgen, sin intervención de hombre alguno; y el que pro-
dujo pan en el desierto sin necesidad de arado (Mt 14,19-20; Mc
6,41-43; Lc 9,16-17; Jn 6,11ss), ese mismo fecundó a la Virgen sin
corromperla; y el que hizo germinar a una vara seca (Nm 17,8),
ese mismo hizo que una hija de David engendrase sin simiente.
Por tanto, lo mismo que has leído en tus libros, contémplalo con
tus ojos en María”.
Es también la Virgen un huerto cerrado de virtudes y de gra-
cias. La gloria y la gracia de los demás santos, que les fueron
dadas para utilidad de otros muchos, quiso Dios hacerlas públi-
cas para aquellos que eran sus beneficiarios, de tal modo que lo
concedido para común utilidad, fuera también por todos conoci-
do. La Virgen, sin embargo, complacía únicamente y en secreto
al que había sido la razón de ser de ella. Por eso se dijo: Toda
la gloria de la hija del rey es de dentro (Sl 44,14). Y ella en el
Cantar: No reparéis en que soy morena (Ct 1,5); no me tengáis en
menos porque no resucito muertos, porque no curo a leprosos, si
con mi sombra no devuelvo la salud a los enfermos, ni hago otros
milagros, es que me ha cambiado de color el sol (Ct 1,5); el que
conoce los secretos de mi corazón, no precisa de estos colores
tostados; el que me hizo, sabe lo grande y hermosa que soy, sin
necesidad de estas pruebas exteriores.
¡Qué disimulada y oculta mantenía su excelencia! Vivía en
el mundo como otra niña cualquiera entre las otras mujeres. El
mundo ignoraba qué clase de flores se ocultaban en aquel huerto,
280
Aspectos más importantes: 2ª parte
porque era un huerto cerrado. Vivía la Virgen oculta en Nazaret,
un huerto en flor (pues eso significa Nazaret, flor), ignorada por
los hombres, pero bien visible a los ángeles, gratísima a Dios.
¡Qué gran tesoro había allí! ¡Cuánta riqueza! Pero el mundo des-
conocía las lindezas del huerto, porque el huerto estaba cerrado.
No lo conocía Natanael, y por eso decía: ¿De Nazaret puede salir
algo bueno? (Jn 1,46). Sin embargo lo conocía muy bien el que
envió su ángel a Nazaret, a casa de una virgen (Lc 1,26). Y ¿con
qué objeto la envió? Poned atención: El Padre la tomó por esposa;
el Hijo, por madre; el Espíritu Santo, por morada, para que fuera
domicilio santo de toda la Trinidad, tálamo sagrado. Ahí tenéis,
pues, el segundo sentido de la frase, en el que se da a conocer la
selva oculta de misterios, así como la gloria velada de virtudes
en la Virgen. Y por eso, el mismo Creador, como resaltando y ad-
mirando su excelencia, exclama: ¡Huerto cerrado eres, hermana
mía, esposa, huerto cerrado!
C. 3ª interpretación: Huerto cerrado manifiesta la vir-
ginidad señera
6. Hay todavía otro sentido de la frase, y es el tercero, según
el cual se puede entender lo de huerto cerrado refiriéndolo a la
clausura de su virginidad; y es dos veces cerrado porque virgen
antes del parto y virgen después del parto. O también doblemente
cerrado, porque fue virgen en el espíritu y virgen en el cuerpo;
santa en el cuerpo y santa en el espíritu. Porque hay algunas
vírgenes fatuas, que piensan haber hecho suficiente si han guar-
dado su cuerpo libre de la corrupción, sin guardar su alma de las
seducciones; son parecidas a sepulcros blanqueados (Mt 23,27):
exteriormente brillan por la integridad de su cuerpo, por dentro,
281
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
hieden por la descomposición de sus deseos; cierran las puertas
del cuerpo a los hombres, y abren las del corazón a los demonios;
no quieren fornicar con los hombres, pero consienten en fornicar
con los demonios. Un huerto así, no es del agrado de Dios, porque
no está cerrado en cuerpo y alma.
La Virgen Madre de Dios está cerrada por ambos lados, y del
mismo modo que Dios ordenó en figura a Moisés que cubriese
de oro por dentro y por fuera el arca (Ex 25,11), así también el
Esposo exclama en el Cantar: ¡Pero qué hermosa eres, amiga
mía, qué hermosa eres! (Ct 1,14), para poner de relieve su doble
hermosura, la del alma y la del cuerpo. Esta clausura la significa-
ba el profeta Ezequiel con las siguientes palabras: Me hizo volver
el Señor hacia la puerta del santuario que miraba a Oriente,
y me dijo: Esta puerta permanecerá cerrada; y no pasará por
ella hombre ninguno, porque por ella ha entrado el Señor Dios
de Israel, y estará cerrada (Ez 44,1-2). Sobre esto comenta san
Agustín: “¿Qué es eso de que la puerta estará cerrada en la casa
del Señor, sino que María permanecerá siempre intacta? ¿Y qué
es eso de que no entrará por ella hombre ninguno, sino que José
no la conoció? ¿Y eso de que sólo el Señor entra y ha entrado
por ella, sino que fue el Espíritu el que la fecundó? ¿Y eso de que
permanecerá cerrada para siempre, sino que María fue virgen
antes del parto, en el parto y después del parto? Proclame, pues,
María: Me han hecho puerta del cielo, he sido hecha entrada para
el Hijo de Dios; he sido hecha puerta cerrada para aquel que, des-
pués de resucitar, con la puerta del cenáculo cerrada (Jn 20,19),
entró donde estaban sus discípulos”. Hasta aquí Agustín. Y el
mismo santo, en otro sermón: “Sobre la concepción de María se
282
Aspectos más importantes: 2ª parte
dice: La puerta estará cerrada, y como si alguien preguntara por
qué estaba cerrada, añade: Porque por ella ha entrado el Señor
Dios de Israel. Y eso de puerta cerrada, ¿qué otra cosa significa
sino el sello del pudor, la integridad de la carne inmaculada?
Pues no sufrió detrimento en el parto la que recibió incremento
de santidad al concebir”.
Es de advertir también, en esta profecía de Ezequiel, que aque-
lla puerta cerrada del santuario daba a Oriente y que solamente
entró por ella el Señor Dios de Israel, para ofrecer el sacrificio.
¿Y qué puerta oriental es ésta sino la Virgen, por medio de la
cual brilló la luz para todo el mundo? ¿O no era oriental la que
engendró al Sol de justicia, nuestro Dios? (Antífona litúrgica).
Por ella entró en el mundo, en exclusiva, el príncipe y sacerdote
Cristo, para ofrecer el sacrificio, es decir, su muerte en cruz, pues
para ofrecérselo al Señor vino a este mundo. Sobre este sacerdote
y esta puerta oriental escribió san Jerónimo contra Joviniano:
“Cristo virgen fue, y virgen perpetua lo fue la madre de nuestro
virgen Cristo, madre y virgen ella, a la cual entró Jesús estan-
do cerradas las puertas... Ella es la puerta oriental de que habla
Ezequiel, siempre cerrada y siempre iluminada, y ocultando en
sí o sacándonos de sí, al tres veces santo; a través del cual entra
y sale, tan sólo él, el Sol de justicia y pontífice nuestro según el
orden de Melquisedec”.
¡Oh puerta feliz, por la que Dios entró en el mundo y por la que
el hombre entra en el cielo! ¡Puerta del cielo y puerta del mundo!
Por esta puerta entra Dios en el mundo, por ella entra el justo en
el cielo. Para todos se hizo puerta la Madre de Dios. Que nadie
283
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
espere entrar en el cielo si no es por esta puerta: Verdaderamente
no es otra que la casa de Dios y la puerta del cielo (Gn 28,17).
Decía san Bernardo: “Dulce es el Señor, dulce la Señora; por-
que aquel es mi Señor, mi misericordia, y ésta es mi Señora, la
puerta de la misericordia. Que la madre nos lleve al Hijo, y el
Hijo al Padre”. Esto es lo que, a mi parecer, nos está sugiriendo
la primera parte del tema: Huerto cerrado.
III. Cómo la Virgen es Esposa y hermana
7. Pasemos a la segunda parte, a saber: Hermana mía, espo-
sa. Si es esposa, ¿cómo es hermana? Y si es hermana, ¿cómo es
esposa? La afinidad espiritual no impide un matrimonio espiri-
tual, más bien lo activa. Sin embargo, es esposa en un sentido, y
en otro sentido es hermana. Es hermana por la naturaleza, esposa
lo es por la gracia. La semejanza de naturaleza la hace hermana;
el atavío de la gracia la hace esposa. Esta carne de que me vestiste
te convierte en hermana mía, pues por ella me hice hijo de mi
padre David. Me vestiste de carne y así, de creador tuyo que era,
me convertí en hermano tuyo. Yo te vestí de gracia, y de criatura
mía que eras, te convertiste en esposa mía. Por más que no fue
sólo la semejanza de naturaleza lo que hizo hermana a la Virgen,
pues ésa era común a todos con Cristo, sino que fue sobre todo la
propia adecuación de vida y costumbres a las del hijo, cosa que a
pocos se ha concedido. El que no tuvo reparo en llamar hermanos
suyos a sus discípulos (Jn 20,17), no tiene nada de extraño que
llame hermana a su propia madre.
Ahora bien, para dar unas breves pinceladas sobre este despo-
sorio, es de advertir que los magnates y príncipes, habida cuenta
284
Aspectos más importantes: 2ª parte
de las distancias entre sus residencias, no suelen desposarse en
persona y “por palabras de presente”, sino por medio de un com-
promisario. Y ese paraninfo180 o representante tiene por costum-
bre magnificar ante la esposa el poderío, la alcurnia y riquezas
del esposo, para recabar así con más facilidad el consentimiento.
Lo mismo en este casamiento: Dios tampoco quiso que su Hijo
tomara carne de la Virgen sin el consentimiento de la misma Vir-
gen, porque la encarnación fue en cierto sentido un matrimonio,
para el que se requería el consentimiento. (A propósito de esto,
Crisóstomo, como respondiendo a la Virgen por boca del ángel,
le dice: “No dudes del hecho, oh Virgen María, ni preguntes so-
bre el modo, ¿cómo será eso? El Espíritu Santo descenderá sobre
ti (Lc 1,34-35). Él sabe la manera, él actuará; tú, por tu parte, da
tu consentimiento y serás bendecida”).
Es, pues, enviado el celestial mensajero para recabar el con-
sentimiento de la Virgen. No tienes por qué retrasar tu acuerdo,
oh Virgen. Este esposo aventaja a todos en poder, y en linaje, y
en riquezas. Porque, si se trata de poder, éste será grande (Lc
1,32); si de linaje, será llamado Hijo del Altísimo (Lc 1,32); si de
riquezas, le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y
reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin
(Lc 1,32-33). Entonces, te conviene consentir y serás bendecida
más que todas las mujeres y ensalzada por encima de todas las
criaturas.
180 Paraninfo. (Del lat. paranimphus, y este del gr. παράνυμφος; de παρά, al lado de,
y νύμφη, novia). m. En algunas universidades, salón de actos. || 2. En las universida-
des, persona que anunciaba la entrada del curso, estimulando al estudio con una ora-
ción retórica. || 3. p. us. Padrino de bodas. || 4. p. us. Anunciador de una felicidad.
285
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Pero veamos cómo es verdad lo que vino a notificar el ángel.
Porque la esposa quiere oír cosas buenas del esposo, siempre que
sea verdad lo que de él se cuenta.
8. Veamos, pues, cuándo este esposo fue grande en este
mundo, cuándo le llamaron Hijo del Altísimo, cuándo se sentó
en el trono de David, cuándo tuvo el cetro, cuándo la pompa y
servidumbre de un reino. Nosotros no lo hemos visto así, sólo lo
vimos niño y despreciable, como el desecho de los hombres, por
lo que no le hicimos caso ninguno (Is 53,3). En el mundo nadie
le llama Hijo del Altísimo, sino el hijo del carpintero (Mt 13,55).
No lo hemos visto radiante, con porte de rey, sino castigado por
la pobreza y las privaciones; por no tener, no tenía ni dónde re-
clinar la cabeza (Mt 8,20), vivía de las limosnas de otras perso-
nas. Si hubieses dicho de él: «Éste es grande e Hijo de Dios» y
rey, nadie dudaría de ello, pues estaría claro que hablabas de su
naturaleza divina, respecto de la cual sabemos lo grande que es:
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el
Verbo era Dios. Por él fueron hechas todas las cosas, y sin él no
se ha hecho cosa alguna. En él estaba la vida (Jn 1,1-4). Comenta
san Ambrosio: “Él era grande, y venía a hacerse pequeño y niño
pequeñito, para que tú pudieras ser un hombre perfecto. Él fue
envuelto en pañales (Lc 2,7.12), para que tú quedaras libre de los
lazos de la muerte; Él estuvo reclinado en un pesebre, para que
lo estuvieras en el altar; Él, en el suelo, para que tú estuvieras
en el cielo. Él no encontró sitio en la posada; Él, siendo rico, se
hizo pobre por vosotros (2 Cor 8,9), para que con su pobreza os
hicierais vosotros ricos. Así que su pobreza es mi patrimonio, y
su debilidad es mi fortaleza. Prefirió padecer Él necesidad, para
286
Aspectos más importantes: 2ª parte
que todos sobreabundáramos. Las lágrimas de aquel niño cuando
lloraba me dejan a mí limpio, ellas lavaron mis pecados. De modo
que, oh Señor Jesús, estoy más en deuda contigo por tus obras
que por haberme creado; porque de nada me aprovecharía nacer,
si no me hubiera aprovechado tu redención. Una es la naturaleza
de la carne, y otra la gloria de la divinidad. Por mí se hizo débil,
en sí es poderoso; por mí se abrazó a la pobreza, en sí nadaba en
la opulencia. No calibres por tanto lo que ves, reconoce más bien
lo que recuperas”.
Pero una pregunta: ¿Cómo dice el ángel Éste será grande?
Porque, al decir éste, parece que se refiere a nuestra naturaleza,
a la que tomó de nosotros y no a la suya. Pensad, hermanos: Si
la Virgen no fuese la que es, si fuese como otra cualquiera de
aquellas santas mujeres y no entendiera estas palabras en sentido
espiritual porque la iluminara el Espíritu Santo, ¿no se creería
burlada por el ángel cando viera a su hijo atribulado, en pobreza,
en vilipendio? «Ángel de Dios, ¿dónde está el reino, dónde la glo-
ria que prometiste?». Pero no te turbes, oh Virgen, no desconfíes.
Pon atención un momento, aguarda un poco: porque si el grano
de trigo, al caer en la tierra, no muere, queda infecundo; pero
si muere, produce fruto abundante (Jn 12,24-25). Espera, el Hijo
del hombre será levantado en la tierra, y atraerá a todos hacia
él (Jn 12,32); la piedrecilla crecerá hasta hacerse un gran monte
que llenará toda la tierra (Dn 2,35); y el grano de mostaza se hará
mayor que todas las legumbres, de suerte que las aves del cielo
puedan descansar bajo sus ramas (Mt 13,32); y la pequeña vid
extenderá sus vástagos de Oriente a Occidente (Ez 17,6).
287
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
9. Mira, Señora, mira lo grande y poderoso que es tu Es-
poso después de la muerte. Mira a todo el mundo corriendo en
pos de Él. Mira a los reyes y poderosos, fíjate en las provincias
y los reinos, contempla a las naciones todas adorando las huellas
del Crucificado. Lo había ya predicho el Salmista rey: Y lo ado-
rarán todos los reyes de la tierra, todos los pueblos le rendirán
vasallaje (Sl 71,11). Ya no le dicen “el hijo del carpintero”, sino
lo que exclama la Iglesia a diario: “Jesucristo, Hijo del Dios vivo,
ten piedad de nosotros”. Reina ya en el reino de David, su padre,
y reinará eternamente. Pero, ¿y cuál fue el trono de su reino?
Se puede decir que Dios le dio el trono de David cuando dijo el
Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha” (Sl 109,1). Pues, en
este caso, donde dice “David”, se sobreentiende espiritualmente
Dios Padre, que es en realidad “el fuerte-en-poder”, o sea David.
O, si parece mejor, el trono de David es la mismísima santa cruz.
Véase el título sobre el trono: Jesús Nazareno, rey de los judíos
(Jn 19,19). Este letrero fue un título de trono, no de suplicio. Por
eso David, conocedor en espíritu de este misterio, y llevado del
celo por su trono, puso en el encabezamiento de los salmos 55, 56
y 57 la advertencia de que no se destruya la inscripción del título.
Por eso san Agustín, en el exordio del salmo 55 que lleva por
título: “Para el fin, por el pueblo que ha sido alejado de las cosas
santas: al propio David para la inscripción del título, cuando los
extranjeros lo detuvieron en Get», san Agustín, digo, comen-
ta: “Igual que nosotros, cuando nos disponemos a entrar en una
casa, miramos en el rótulo de quién es y a quién pertenece, así en
el umbral del salmo tenemos escrito el título del mismo. Pero ¿y
cuál es el pueblo que fue alejado de las cosas santas al inscribir
el título para David, sino el pueblo judío, alejado de Cristo por
288
Aspectos más importantes: 2ª parte
la destrucción del título? Para el fin, esto, contra Cristo, que es el
fin de la ley (Ro 10,4). Pero ¿cuál es la razón de que siga todavía
en el título que los extranjeros lo detuvieron en Get, sino porque
Get significa “lagar”, y es una ciudad de los filisteos, es decir, de
los extranjeros? Estos judíos son los que rechazan a Cristo: son
extranjeros y no sólo apresaron a nuestro Señor Jesucristo, na-
cido de la familia de David, sino que todavía lo retienen en Get,
en el lagar de su pasión, del cual se dice en Isaías: El lagar lo he
pisado solo (Is 63,3). Y el Apóstol: Crucifican de nuevo al Hijo
de Dios (Heb 6,6).
10. Se escribió, pues, el título en la pasión del Señor al tiem-
po de ser crucificado Jesús. El letrero estaba escrito en hebreo,
en griego y en latín: Rey de los judíos (Jn 19,20); en tres lenguas,
como tres testigos, pues toda causa debe apoyarse en el testi-
monio de dos o tres testigos (Dt 19,15). Los judíos, al leer este
letrero, se indignaron y dijeron a Pilatos: No escribas: “Rey de
los judíos”, sino que él ha dicho: “Yo soy el rey de los judíos”.
Los escribas dijeron que él había dicho y que él no era lo que dijo.
Pero, como en todo caso es cierto lo que en otro salmo se dice:
No destruyas la inscripción del título, Pilatos les contestó: Lo
escrito, escrito está (Jn 19,22), como diciéndoles: «Está escrito,
yo no altero la verdad, por más que vosotros améis la falsedad».
Sobre la inscripción de este título, san Agustín hace el mismo
comentario al principio de la exposición del salmo 55, y lo alude
también en los salmos 56 y 57. Así pues, David sabía que los
fariseos se empeñarían en cambiar el título.
Conocía su falacia y, por eso, velando celosamente por su sede
y por su trono, insinúa y pide al presidente que no consienta la
289
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
modificación del texto, y les dice: Contad a los pueblos que el
Señor ha reinado desde el leño (Sl 95,10). Como si dijera: Decíd-
selo al presidente, pedidle que no destruya el letrero, porque él
es verdadero rey. Que reconozca y se convenza de que allí está la
sede del reino, porque el Señor reinó desde el leño. Por eso dijo
Isaías refiriéndose a Cristo Lleva sobre sus hombros el principa-
do (Is 9,6), a saber, cargando con el leño de la cruz hasta el monte
de la Calavera. Aquí colaboró una vez más Pilatos, aunque sin
saberlo. ¡Cuán magníficos misterios han sido llevados a cabo por
personas que no se sabían autores! Poned atención, hermanos,
y ponderad lo que os digo. La mayor parte de las cosas que los
judíos y los guardias pretorianos hicieron a Cristo, blasfeman-
do y por escarnecerlo, eran verdaderas, y ellos no lo sabían. Le
ponían una corona de espinas, y era coronado de verdad como
rey el que ellos, por burlarse, coronaban como a enemigo, pues
para Dios es lo de menos que la corona sea de espinas o de oro.
De igual modo, le pusieron una caña en la mano, y en realidad
de verdad aquella caña era el verdadero cetro del reino eterno.
Lo vistieron de un viejo manto de púrpura, y aquella vestimenta
era el auténtico traje de rey. Fue clavado en una cruz, pero en lo
alto del patíbulo estaba escrito el emblema del reino, para que se
sepa que aquella cruz era el trono de un rey y no el suplicio de
un reo. En fin, terminaba procurando el honor de aquel a quien
tan apasionadamente querían desairar, de modo que no¬sotros
podemos decir: Para librarnos de nuestros enemigos y de las
manos de todos los que nos odian (Lc 1,71).
290
Aspectos más importantes: 2ª parte
IV. Cómo es fuente
11. Pero retomemos ya las palabras del tema y expongamos
lo que nos falta, a saber: Fuente sellada. Si la Virgen es huerto,
¿cómo se la dice ahora fuente? No hay incompatibilidad. Porque,
si consideramos en la Virgen sus virtudes y sus dones como algo
personal y propio, ella es un huerto frondoso; ahora bien, si con-
sideramos las mismas virtudes y carismas como bienes públicos
y a disposición de la comunidad, es una fuente rebosante, porque
en ella se encerraba aquella agua viva que salta hasta la vida
eterna (Jn 4,14). Bajó como lluvia sobre el vellón de lana y como
rocío que empapa la tierra (Sl 71,6). Así pues, el rocío celestial,
depositado en el seno de la Virgen, hizo del seno una fuente, y
no una fuente cualquiera, sino, como el mismo Esposo la llama,
la fuente de los huertos, el pozo de aguas vivas (Ct 4,15).
V. Por qué es fuente sellada
Ahora bien, esta fuente está sellada y bien sellada, porque el
misterio de la encarnación del Verbo está bien oculto en ella y es
inaccesible. ¿O no es una fuente bien sellada cuando ni el propio
Juan Bautista puede llegar a dar con ella? Porque él es incapaz
de soltarle la correa de su calzado (Mc 1,7; Lc 3,16; Jn 1,27), es
decir, de explicar este misterio. Sellada con el sello de toda la
Trinidad, dice san Jerónimo, pues en ella está escondido el poder
del Padre, la sabiduría del Hijo y el amor del Espíritu Santo: Toda
la Trinidad ha tomado parte en este misterio. Sobre esta fuente
escribió san Bernardo: ¡Oh Virgen sacratísima!, de la boca del
Altísimo brotó la fuente de la vida (Sir 24,5), de en medio de tu
seno saltó y en ti se derramó en cuatro afluentes, y surgió para
regar la superficie del mundo sediento, alegrando la ciudad de
291
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Dios (Sl 45,5), porque todo el que bebiere de ella, no volverá a
tener sed jamás (Jn 4,13). ¡Oh, cuánto bien has hecho al mundo,
tú que mereciste ser un acueducto tan saludable! San Jerónimo
decía: María es la fuente sellada, de la que fluye aquel río del que
habla Joel (Jl 3,18), que riega la torrentera, ya de juncias181, ya de
espinas; las juncias o cuerdas de los pecados que antes nos tenían
atados, y de las espinas que ahogaban la simiente del padre de
familia.
VI. ¿Con qué sellos fue sellada?
Pero fijaos ahora, si os parece bien, en los sellos con que está
protegida esta fuente, porque son muchos. Siete sellos estimo ver
yo colocados en la fuente, con los que se velaba en la Virgen este
misterio a los demonios, a la vez que se ocultaba también a los
indignos y malos. Son los siguientes: Un matrimonio sin lecho
nupcial, la fecundidad sin varón, la concepción sin pasión carnal,
el parto sin dolor, la maternidad sin corrupción, el embarazo sin
molestias, la purificación sin mancha. Estos siete sellos ocultaban
en la Virgen aquel celestial y admirable misterio del Verbo unido
a la carne.
Veamos: el primer sello fue el matrimonio sin tálamo nupcial:
parece sorprendente, en efecto, que hubiera verdadero matrimo-
nio cuando permanecía inalterada la virginidad.
181 Juncia: (Del lat. iuncĕa, f. de -us, semejante al junco) f. Planta herbácea, vivaz,
de la familia de las Ciperáceas, con cañas triangulares de ocho a doce decímetros de
altura. Tiene hojas largas, estrechas, aquilladas, de bordes ásperos, flores verdosas
en espigas terminales, y fruto en granos secos de albumen harinoso. Es medicinal y
olorosa, sobre todo el rizoma, y abunda en los sitios húmedos.
292
Aspectos más importantes: 2ª parte
El segundo sello fue la fecundidad sin el concurso de varón.
Se podría preguntar cómo la Virgen pudo ser verdadera madre,
natural y sobrenatural de Dios182.
El tercer sello fue la concepción sin pasión carnal: fue algo
sobrehumano y singular aquella castidad virginal que ni sintió
movimiento ninguno pasional que surgiera en el momento pre-
ciso de la concepción del Verbo, ni tuvo tampoco el estímulo
carnal, por lo que no precisó refrenar tal movimiento, ni reprimir
semejante estímulo.
El cuarto sello fue el parto sin dolor. Ha sido hecho pedazos
el martillo de toda la humanidad (Jr 50,23). Como decía san Ber-
nardo, se suspendió aquella maldición a Eva: Darás a luz con
dolor (Gn 3,16). Por esto, bendita tú entre las mujeres, tú, que
esquivaste aquella maldición general en la que se decía parirás
con dolor a tus hijos, y sin embargo no incurriste tampoco en
aquella otra: Maldita la estéril en Israel, y has conseguido una
muy singular bendición; ni has permanecido estéril, ni has dado
a luz con dolor. Fructificará copiosamente, y se regocijará al-
borozada (Is 35,2). Sólo a la Virgen le fue dado parir con gozo
y alegría.
El quinto sello fue la maternidad sin corrupción. Todos nace-
mos incomodando a las madres, desgarrando y rompiendo sus
entrañas. Él, en cambio, con su nacimiento, dignificó a su madre,
no le causó problemas; consagró su virginidad, no se la quitó.
182 Véase la conción 280ª en la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen.
Obras Completas de Santo Tomás de Villanueva, BAC, Madrid 2013, t. VII, pp.
343-367.
293
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
El sexto sello fue el embarazo sin molestias; así lo da a en-
tender el Evangelista al escribir: Levantándose, María partió a
toda prisa para la montaña (Lc 1,39). No suponía ninguna carga
para la madre el Verbo que todo lo sostiene, sino que era llevado
en el seno de su madre, sin que le pesara, el que con su fuerza
sostiene el universo183.
El séptimo sello fue la purificación sin mancha. De éste ya se
habló por extenso en la fiesta de la Purificación.
VII. María es la fuente del Paraíso
12. Ésta es aquella fuente del paraíso de la que parten cuatro
ríos (Cf. Gn 2,10) para regar toda la superficie de la tierra, o sea,
la Iglesia (de esto ya hemos hablado también antes), pues aquella
fuente proporciona a los fieles de cualquier condición agua para
apagar su sed.
Estos cuatro ríos capitales son:
El primero, un río de gracias para los justos;
el segundo, un río de lágrimas para los pecadores;
tercero, un río de consuelos para los tristes;
cuarto, un río de doctrina para los ignorantes.
Así pues, todos los que tenéis sed, venid a las aguas (Is 55,1);
llegaos al manantial de la gracia, a la fuente de la alegría, a la
fuente de la ternura, al hontanar de la misericordia. Sacad aguas
con gozo de la fuente del Salvador (Is 12,3), llenad los cántaros
de vuestras almas; la fuente no menguará, es más, dará incluso
de beber a los gibosos camellos.
183 Véase la Apostilla en la fiesta de la Visitación. Obras Completas de Santo Tomás
de Villanueva, BAC, Madrid 2013, t. VII, pp. 311-341.
294
Aspectos más importantes: 2ª parte
Que acuda, pues, el justo y saque la gracia; que alcance el
pecador el perdón, el triste la alegría, el cautivo la liberación, el
enfermo la salud, el atribulado el consuelo.
Vengan todos los que tienen la conciencia hecha un erial, y
sáciense, llénense y cólmense con su plenitud.
Y tú, Señora nuestra, consolación nuestra, mediadora nuestra,
henos aquí, venimos todos a tu presencia, corriendo en pos de
ti al olor de tus perfumes (Ct 1,3). Todos queremos venerarte
y ensalzarte con fervor del alma y con afecto sincero. Señora,
levanta la vista en derredor y mira: todos éstos se han reunido
para acudir a ti; son tus hijos que vienen de lejos, y tus hijas
llegadas de la contorna (Is 49,18). Se llegan todos a ti como a su
común refugio, como a la consoladora de todos, cobijándose a la
sombra de tus alas, confiando en tu ayuda, encomendándose a ti
con toda devoción.
¡Con qué profundo respeto honrarán tu presencia física los
que, al no poder contemplarte entre ellos con los ojos del cuer-
po, te honran y veneran tan devotamente en esta imagen tuya!
Consíguenos, oh bendita, concédenos, oh santísima, que quienes
con tanto amor te festejamos ahora, gocemos algún día de tu
gratísima presencia, y vivamos alegres y satisfechos en la gloria,
a la cual tenga a bien llevarnos el que por obra del Altísimo fue
concebido en tu virginal seno y es bendecido sobre todas las
cosas en el seno del Padre por los siglos de los siglos. Amén.
Gracias a Dios.
295
7. Preparación próxima
«Es lo que no era, se ve lo que no se comprende
y sólo queda creer que Dios puede hacer todas las cosas»(San Hilario).
Al comienzo, sólo dos sugerencias para prepararse todos los
días para participar en la Santa Misa:
1ª. “La Misa es infinita como Jesús”, dice San Pío de Pietrel-
cina; y todo lo que debo hacer para participar en la Santa Misa es
tener “noble simplicidad”1. Me parece que corresponde con lo
que San Juan Pablo Magno dice del rito romano que es de una:
«mística esencialidad»2.
2ª. Se podría tener algún pensamiento sobre las dos cosas que
no deberían faltar en una participación de la Misa, consciente,
activa y fructuosa, a saber, una breve preparación para hacer
mejor: 1. La oblación y 2. La comunión.
1. La oblación3.
Los fieles que asisten y concurren activamente a la celebración
de la Misa ofrecen especialmente. Además de la razón general,
por la que los fieles, en cuanto son miembros de la Iglesia, concu-
rren al sacrificio de la Misa, ofrecen especialmente los presentes
a ella y los que cooperan activamente a su celebración4.
1 Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium 34; cfr. OGMR, 42.292.351.
2 Insegnamenti de Giovanni Paolo II, XXIV,1, 2001, en ucraniano p. 1291, en ita-
liano p. 1296: «Qui il senso profondo del mistero qui domina la santa liturgia delle
Chiese di Oriente e la mistica essenzialità del rito latino si confrontano e si arric-
chiscono reciprocamente».
3 Tomado de Nuestra Misa, IVEPress N York 2010, p. 174-181.
4 Cf. ALASTRUEY, Tratado de la Santísima Eucaristía, 354.
297
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
La oblación es un elemento esencial del sacrificio: «Todo sa-
crificio es oblación»5. Es el ofrecimiento del sacrificio. De he-
cho se ofrece el sacrificio en el mismo momento de la consagra-
ción, o sea, en el mismo rito de la inmolación. A este acto se lo
conoce con muy distintos nombres: ofrecer, ofertorio, ofrenda6,
ofrecimiento, oblata, cosa ofrecida, oblación, etc. La oblación es
el acto del sacrificio por el que se ofrece la Víctima a Dios.
a. ¿Por qué pueden y deben los que asisten a la Misa ofre-
cer la Víctima del altar?
Porque han sido capacitados para ello por el bautismo: «Los
fieles […] en virtud de su sacerdocio regio, concurren a la ofrenda
de la Eucaristía7 y lo ejercen en la recepción de los sacramentos,
en la oración y acción de gracias, mediante el testimonio de una
vida santa, en la abnegación y caridad operante. […] Participando
del sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de toda la vida cris-
tiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos
juntamente con ella8. Y así, sea por la oblación o sea por la sagra-
da comunión, todos tienen en la celebración litúrgica una parte
propia, no confusamente, sino cada uno de modo distinto»9.
5 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., II-II, 85, 3, ad 3.
6 A menudo también es llamado «ofertorio» u «ofrenda» el momento de la presen-
tación de los dones.
7 Cfr. PÍO XI, Carta encíclica «Miserentissimus Redemptor» (8 de mayo de 1928):
AAS 20 (1928) 171; PÍO XII, Alocución «Vous nous avez» (22 de septiembre de
1956): AAS 48 (1956) 714.
8 Cfr. PÍO XII, Carta encíclica «Mediator Dei» (20 de noviembre de 1947): AAS
39 (1947) 552s.
9 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución dogmática sobre la Igle-
sia «Lumen Gentium», 10-11.
298
Preparación próxima
b. ¿Cuándo debe comenzar en los bautizados la actitud
ofertorial?
Debe comenzar con la presentación de los dones u ofertorio,
cuando en la presentación de los dones de pan y vino, «se con-
vierten en cierto sentido en símbolo de todo lo que lleva la asam-
blea eucarística, por sí misma, en ofrenda a Dios y que ofrece
en espíritu»10. De ahí la importancia de este primer momento de
la liturgia eucarística, por eso solemnizado –con procesión, con
canto, estando todos de pie– en casi todas las liturgias, ya que
«conserva su sentido y significado espiritual»11.
c. ¿Cuándo se ofrece, de hecho, la Víctima inmolada?
El ofrecimiento de la Víctima, se realiza en el momento mis-
mo del rito de la inmolación o consagración; se manifiesta –de
hecho– al depositar la Víctima sobre el altar. En otras palabras,
el ofrecimiento a Dios de la Víctima, que se realiza en el mismo
momento de la consagración, se hace visible en el momento de
poner el Cuerpo y de poner el cáliz con la Sangre sobre el altar:
«Mas al poner el sacerdote sobre el altar la divina Víctima, la
ofrece a Dios Padre como una oblación para gloria de la Santísi-
ma Trinidad y para el bien de la Iglesia»12.
d. ¿Cuándo se explícita la oblación con palabras?
Esta acción oblativa se explícita en palabras después de la
consagración, en la oración de ofrenda, luego de la oración me-
morial, (ya que no se puede hacer y decir todo al mismo tiempo),
10 JUAN PABLO II, Carta «Dominicae Cenae», 9.
11 OGMR 73; cfr. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto sobre el mi-
nisterio y vida de los presbíteros «Presbyterorum Ordinis», 5.
12 PÍO XII, Carta encíclica «Mediator Dei», 113.
299
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
así dice en voz alta el sacerdote: «Te ofrecemos, Dios de gloria
y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio
puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna
salvación»13, o sea, la Víctima; o, «te ofrecemos el pan de vida
y el cáliz de salvación»14, es decir, la Víctima; o, «te ofrecemos,
en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. Dirige tu mi-
rada sobre la ofrenda de la Iglesia, y reconoce en ella la Víctima
por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad»15; o, «te
ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrificio agradable a ti y sal-
vación para todo el mundo»16; o, «dirige tu mirada, Padre Santo,
sobre esta ofrenda; es Jesucristo que se ofrece con su Cuerpo y
con su Sangre y, por este sacrificio, nos abre el camino hacia ti»17;
o, «te ofrecemos, Dios fiel y verdadero, la Víctima que devuelve
tu gracia a los hombres»18; o, «te ofrecemos lo mismo que tu
nos entregaste: el sacrificio de la reconciliación perfecta»19. Son
todas expresiones sinónimas: se refieren al hecho de ofrecer la
Víctima.
Pues bien, así como la inmolación sólo la realiza el sacerdote
ministerial, la oblación de la Víctima la pueden y deben realizar
todos los fieles cristianos laicos y, con mayor razón, las almas
consagradas.
Dice el Papa Pío XII: «En esta oblación, en sentido estricto,
participan los fieles a su manera y bajo un doble aspecto; pues, no
13 Misal Romano, Plegaria Eucarística I o Canon Romano, n. 107.
14 Ibid., Plegaria Eucarística II, n. 120.
15 Ibid., Plegaria Eucarística III, n. 127.
16 Ibid., Plegaria Eucarística IV, n. 137.
17 Ibid., Plegaria Eucarística V/a.
18 Ibid., Plegaria Eucarística sobre la reconciliación I.
19 Ibid., Plegaria Eucarística sobre la reconciliación II.
300
Preparación próxima
sólo por manos del sacerdote, sino también en cierto modo jun-
tamente con él, ofrecen el Sacrificio; con la cual participación
también la oblación del pueblo pertenece al culto litúrgico»20.
– Por manos: «Por manos o por medio del sacerdote», como
complemento de instrumento, quiere decir, que en cuanto repre-
senta a la comunidad, ofrece el sacrificio en nombre de todos.
Para ello ha sido especialmente deputado. Es el acto que los bau-
tizados no pueden hacer por sí mismos, sino con la mediación
del sacerdote ministerial. Al representar la persona de Cristo Ca-
beza, ofrece en nombre de todos los miembros, por eso «toda la
Iglesia universal ofrece la víctima por medio de Cristo»21.
– Juntamente: «Juntamente con el sacerdote», expresa un
complemento de compañía, se trata de los actos inmediatamente
sacerdotales de los fieles, actos en los cuales no necesitan estar
representados por el sacerdote ministerial. Aquí los fieles cris-
tianos obran como concausa de la ofrenda, no por realizar el rito
litúrgico visible –propio de los sacerdotes ministeriales– «sino
porque unen sus votos de alabanza, de impetración, de expiación
y de acción de gracias a los votos o intención del sacerdote, más
aún, del mismo Sacerdote divino, para que sean ofrecidos a Dios
Padre en la misma oblación de la Víctima, incluso con el mismo
rito externo del sacerdote»22. Y ello es así porque: «El rito externo
del Sacrificio, por su misma naturaleza, ha de manifestar el culto
interno, y el Sacrificio de la Nueva Ley significa aquel obsequio
supremo con el cual el mismo oferente principal, que es Cristo, y
20 PÍO XII, Carta encíclica «Mediator Dei», 113.
21 Ibid., 114.
22 Ibid., 115.
301
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
juntamente con Él y por Él todos sus miembros místicos, reveren-
cian y veneran a Dios con el honor debido»23. Y dice Juan Pablo
II: «Todos aquellos que participan en la Eucaristía, sin sacrifi-
car como él (sacerdote), ofrecen con él, en virtud del sacerdocio
común, sus propios sacrificios espirituales, representados por el
pan y el vino, desde el momento de su presentación en el altar»24.
Por eso el celebrante dirigiéndose a los fieles dice: «Orad, herma-
nos, para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios
Padre todopoderoso»25; asimismo, explícitamente se dice que el
pueblo participa del Sacrificio de la Misa, en cuanto que el pue-
blo también ofrece: «Te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen»26;
«acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de
toda tu familia santa…»; «nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo
santo […], te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos
bienes que nos has dado»27.
e. ¿Por qué dice el sacerdote: «Orad, hermanos, para que
este sacrificio mío y vuestro»?
Porque el pueblo fiel ofrece, también, la Víctima del altar y
junto con ella «sus propios sacrificios espirituales», por así de-
cirlo, ofrece una doble víctima: Jesucristo y su propia persona.
Y porque la Eucaristía: «Tiene razón de sacrificio en cuanto se
ofrece»28.
23 PÍO XII, Carta encíclica «Mediator Dei», 115.
24 JUAN PABLO II, Carta «Dominicae Cenae», 9.
25 Misal Romano, Liturgia Eucarística, n. 26.
26 Misal Romano, Plegaria Eucarística I o Canon Romano, n. 100. 480 Misal Roma-
no, Plegaria Eucarística I o Canon Romano, n. 102.
27 Misal Romano, Plegaria Eucarística I o Canon Romano, n. 107.
28 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, 79, 5.
302
Preparación próxima
Para llegar a ello, «la conciencia del acto de presentar las
ofrendas, debería ser mantenida durante toda la Misa. Más aún,
debe ser llevada a plenitud en el momento de la consagración y de
la oblación anamnética, tal como lo exige el valor fundamental
del momento del sacrificio»29. Por ejemplo, hay expresiones que
manifiestan especialmente el carácter sacrificial de la Eucaristía
y unen el ofrecimiento de nuestras personas al de Cristo: «Dirige
tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y reconoce en ella la Víc-
tima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para
que fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de
su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo
espíritu. Que Él nos transforme en ofrenda permanente…»30.
f. ¿Cuándo llega a su plenitud el ofrecimiento de la Vícti-
ma divina y de nosotros junto con Ella?
La oblación, el ofrecimiento de la Víctima, llega a su pleni-
tud en la Doxología final, cuando el sacerdote alza el Cuerpo y
la Sangre del Señor, diciendo: «Por Cristo, con Él y en Él», y
con el «Amén» en el que participan todos los fieles al cantarlo,
ordinariamente, o al rezarlo, manifiestan su aceptación a todo lo
realizado sobre el altar.
g. ¿Cómo debe ser la actuación en el sacrificio incruento?
La manera de ofrecerse Cristo en la Cruz es distinta de la
Misa, como enseña el concilio de Trento: «Distinta la manera de
ofrecerse»31, o sea, incruenta. Esta distinta manera de ofrecerse
imprime su estilo a toda la misteriosa realidad del Sacramento-
29 JUAN PABLO II, Carta «Dominicae Cenae», 9.
30 Misal Romano, Plegaria Eucarística III, n. 127.
31 CONCILIO DE TRENTO, DH 1743.
303
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Sacrificio y a toda la actuación del cristiano en el mismo. De
manera pedagógicamente escalonada, comentando Ro 12,1, San
Pedro Crisólogo enseña cómo debe ser el ofrecimiento del cris-
tiano en la Misa: 1º. Ofrecer sus cuerpos; 2º. Como un sacrificio
viviente u hostias vivientes; y 3º. A la manera de Jesucristo:
1º. «Os exhorto a ofrecer vuestros cuerpos… El Apóstol,
con esta oración ha elevado a todos los hombres a la cumbre
sacerdotal»32.
2º. «Os exhorto a ofrecer vuestros cuerpos como un sacrificio
viviente… ¡Oh inaudito ministerio del sacerdocio cristiano, en
el cual el hombre es a la vez víctima y sacerdote, en el cual el
hombre no busca fuera de sí aquello que sacrificará a Dios; en el
cual el hombre lleva consigo y en sí mismo aquello que sacrifi-
cará a Dios en beneficio de sí; en el cual la víctima y el sacerdote
permanecen inalterados; en el cual la víctima es inmolada y vive
mientras el sacerdote oferente es incapaz de matar! ¡Maravilloso
sacrificio en el cual se ofrece un cuerpo sin cuerpo33, sangre sin
sangre!»34.35
3º. «Os exhorto, por la misericordia de Dios, a ofrecer vues-
tros cuerpos como un sacrificio viviente. Hermanos, este sacrifi-
cio deriva del modelo de Cristo, que inmoló vitalmente el propio
cuerpo para la vida del mundo. Y verdaderamente ha hecho del
32 Cfr. SAN PEDRO CRISÓLOGO, Serm. 108,4 [PL 52,500]. Los textos han
sido traducidos a partir de Opere di San Pietro Crisologo 2 (Milano-Roma 1997)
323.325.
33 «…se ofrece el cuerpo sin que sea destruido», encontramos en la traducción de
Liturgia de las Horas II de la Conferencia Episcopal Argentina (Barcelona 161999)
772.
34 «…la sangre sin que sea derramada», Liturgia de las Horas II, 772.
35 Cfr. SAN PEDRO CRISÓLOGO, Serm. 108,4 [PL 52,500].
304
Preparación próxima
propio cuerpo una víctima viviente, Aquel que, muerto, vive. En
consecuencia, en tal víctima la muerte paga la pena merecida, la
víctima atrae hacia sí, la víctima vive, la muerte es castigada […]
Sé, por tanto, ¡oh hombre!, sé, por tanto sacrificio y sacerdote de
Dios […] Dios busca la fe, no la muerte; tiene sed de tu plegaria,
no de tu sangre; es aplacado por el amor, no por el matar»36.
Ofrecer los cuerpos es ofrecer toda la persona, cuerpo y alma
(ofrecer es un acto del alma espiritual), con todos nuestros pro-
yectos, ideales, amores, trabajos, bienes… ese más que implica
la inmolación está constituido por dos cosas: entregar «matán-
dolos» todos los males y unir al sacrificio de Cristo «divinizán-
dolos» todos los bienes.
Hoy mismo Cristo sigue atrayendo a los hombres: «Levanta-
do sobre lo alto» (cfr. Jn 3,14). El sacerdote en la Misa nueva-
mente lo eleva entre la tierra y el cielo: Para que todos los que
crean en Él tengan vida eterna (Jn 3,15).
¡Como la serpiente de bronce en el desierto!
2. La Comunión
Confiere el aumento de la gracia (Por la presencia de Cristo,
por ser representación de la Pasión, Comunión = participación
de la víctima del Sacrificio)
Es signo de unidad y causa la unidad.
Nos incorporamos a Cristo.
La Eucaristía, fin y principio de todos los sacramentos,
36 Cfr. SAN PEDRO CRISÓLOGO, Serm. 108,4-5 [PL 52,500-501]; cfr. también J.
RATZINGER, «La Teologia della liturgia», Il Timone 22 (Nov-Dic 2002) 39.
305
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Consumación de los otros sacramentos,
Principio vivificante de los otros sacramentos.
Causa el que alcancemos la gloria.
La resurrección es efecto de la Eucaristía.
La Eucaristía da la vida eterna.
Debemos comulgar frecuentemente, si es posible, todos los
días.
306
8. A tener en cuenta
1. Introducción: Acerca de la estructura de la Misa, sus ele-
mentos y sus partes1
a. La estructura general de la Misa
En la Misa, o Cena del Señor, el pueblo de Dios es convocado
y reunido, bajo la presidencia del sacerdote, quien obra en la per-
sona de Cristo (in persona Christi) para celebrar el memorial del
Señor o sacrificio eucarístico2. De manera que para esta reunión
local de la Santa Iglesia vale eminentemente la promesa de Cris-
to: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo
en medio de ellos” (Mt 18,20). Pues en la celebración de la Misa,
en la cual se perpetúa el sacrificio de la cruz3, Cristo está real-
mente presente en la misma asamblea congregada en su nombre,
en la persona del ministro, en su palabra y, más aún, de manera
sustancial y permanente en las especies eucarísticas4.
La Misa consta, en cierto modo, de dos partes, a saber, la
Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística, las cuales están
tan estrechamente unidas entre sí, que constituyen un solo acto
1 Capítulo II (OGMR) 27-38.
2 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre el ministerio y la vida de los
Presbíteros, Presbyterorum ordinis, 5; Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, 33.
3 Cf. Concilio Ecuménico Tridentino, Sesión XXII, Doctrina sobre el Santísimo Sa-
crificio de la Misa, capítulo 1: Denz-Schönm 1740; cfr. Pablo VI, Solemne profesión
de fe, día 30 de junio de 1968, 24: A.A.S. 60 (1968) pág. 442.
4 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, núm. 7; Pablo VI, Carta Encíclica Mysterium Fidei, día 3
de septiembre de 1965: A.A.S. 57 (1965) pág. 764; Sagrada Congregación de ritos,
Instrucción Eucharisticum mysterium, día 25 de mayo de 1967, 9: A.A.S. 59 (1967)
pág 547.
307
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
de culto5. En efecto, en la Misa se prepara la mesa, tanto de la
Palabra de Dios, como del Cuerpo de Cristo, de la cual los fieles
son instruidos y alimentados6. Consta además de algunos ritos
que inician y concluyen la celebración.
b. Diversos elementos de la Misa
1. La lectura de la Palabra de Dios y su explicación
Cuando se leen las Sagradas Escrituras en la Iglesia, Dios
mismo habla a su pueblo y Cristo, presente en su palabra, anuncia
el Evangelio.
Por eso las lecturas de la Palabra de Dios, que proporcionan
a la Liturgia un elemento de máxima importancia, deben ser es-
cuchadas por todos con veneración. Aunque la palabra divina en
las lecturas de la Sagrada Escritura se dirija a todos los hombres
de todos los tiempos y sea inteligible para ellos, sin embargo, su
más plena inteligencia y eficacia se favorece con una explicación
viva, es decir, con la homilía, que viene así a ser parte de la ac-
ción litúrgica7.
2. Las oraciones y otras partes que corresponden al
sacerdote
Entre las cosas que se asignan al sacerdote, ocupa el primer
lugar la Plegaria Eucarística, que es la cumbre de toda la cele-
bración. Vienen en seguida las oraciones, es decir, la colecta, la
5 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, 56. Sagrada Congregación de ritos, Instrucción Eucharisti-
cum mysterium, día 25 de mayo de 1967, 3: A.A.S. 59 (1967) pág 542.
6 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, 56. Sagrada Congregación de ritos, Instrucción Eucharisti-
cum mysterium, día 25 de mayo de 1967, 3: A.A.S. 59 (1967) pág 542.
7 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, 7; 33; 52.
308
A tener en cuenta
oración sobre las ofrendas y la oración después de la Comunión.
El sacerdote que preside la asamblea en representación de Cristo,
dirige estas oraciones a Dios en nombre de todo el pueblo santo
y de todos los circunstantes8. Con razón, pues, se denominan
«oraciones presidenciales».
También corresponde al sacerdote que ejerce el ministerio de
presidente de la asamblea congregada, hacer algunas moniciones
previstas en el mismo rito. Donde las rúbricas lo determinan, está
permitido al celebrante adaptarlas hasta cierto grado para que
respondan a la capacidad de los participantes; procure, sin em-
bargo, el sacerdote conservar siempre el sentido de las monicio-
nes que se proponen en el Misal y expresarlo en pocas palabras.
Al sacerdote que preside le compete también moderar la Palabra
de Dios y dar la bendición final. A él, además, le está permitido
introducir a los fieles, con brevísimas palabras, a la Misa del día,
después del saludo inicial y antes del rito penitencial; a la Litur-
gia de la Palabra, antes de las lecturas; a la Plegaria Eucarística,
antes del Prefacio, pero nunca dentro de la misma Plegaria; e
igualmente, dar por concluida toda la acción sagrada, antes de
la despedida.
La naturaleza de las partes “presidenciales” exige que se pro-
nuncien con voz clara y alta y que todos las escuchen con aten-
ción. Por consiguiente, mientras el sacerdote las dice, no se ten-
gan cantos ni oraciones y callen el órgano y otros instrumentos
musicales.
8 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, 33.
309
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Y en efecto, como presidente, el sacerdote pronuncia las ora-
ciones en nombre de la Iglesia y de la comunidad congregada,
mientras que algunas veces lo hace solamente en su nombre, para
poder cumplir su ministerio con mayor atención y piedad. De
tal manera que las oraciones que se proponen antes de la lectura
del Evangelio, en la preparación de los dones, así como antes y
después de la Comunión, se dicen en secreto.
3. Otras fórmulas que ocurren en la celebración
Ya que por su naturaleza la celebración de la Misa tiene carácter
“comunitario”9, los diálogos entre el celebrante y los fieles congrega-
dos, así como las aclamaciones, tienen una gran importancia10, puesto
que no son sólo señales exteriores de una celebración común, sino que
fomentan y realizan la comunión entre el sacerdote y el pueblo.
Las aclamaciones y las respuestas de los fieles a los saludos del
sacerdote y a las oraciones constituyen el grado de participación activa
que deben observar los fieles congregados en cualquier forma de Misa,
para que se exprese claramente y se promueva como acción de toda la
comunidad11.
Otras partes muy útiles para manifestar y favorecer la participación
activa de los fieles y que se encomiendan a toda la asamblea convoca-
da, son principalmente el acto penitencial, la profesión de fe, la oración
universal y la Oración del Señor.
9 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Musicam sacram, día 5 de marzo
de 1967, 14: A.A.S. 59 (1967) pág. 304.
10 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, 26-27; Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucha-
risticum mysterium, día 25 de mayo de 1967, 3 d: A.A.S 59 (1967) pág. 542.
11 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, 30.
310
A tener en cuenta
Finalmente, de las otras fórmulas:
a) Algunas poseen por sí mismas el valor de rito o de acto, como el
himno del Gloria, el salmo responsorial, el Aleluya, el verso antes del
Evangelio, el Santo, la aclamación de la anámnesis, el canto después
de la Comunión.
b) Otras, en cambio, como los cantos de entrada, al ofertorio, de la
fracción (Cordero de Dios) y de la Comunión, simplemente acompa-
ñan el rito.
4. Las maneras de pronunciar los diversos textos
En los textos que han de pronunciarse en voz alta y clara, sea
por el sacerdote o por el diácono, o por el lector, o por todos, la
voz debe responder a la índole del respectivo texto, según éste
sea una lectura, oración, monición, aclamación o canto; como
también a la forma de la celebración y de la solemnidad de la
asamblea. Además, téngase en cuenta la índole de las diversas
lenguas y la naturaleza de los pueblos.
En las rúbricas y en las normas que siguen, los verbos “de-
cir” o “pronunciar”, deben entenderse, entonces, sea del canto,
sea de la lectura en voz alta, observándose los principios arriba
expuestos.
2. Diversas formas de celebrar la Misa12
En la Iglesia Local atribúyase ciertamente el primer lugar, por
su significado, a la Misa que preside el Obispo, rodeado por su
presbiterio, sus diáconos y sus ministros laicos13 y en la que el
12 Capítulo IV (OGMR 112-170).
13 Cf. Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum
Concilium, 41.
311
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
pueblo santo de Dios participa plena y activamente, pues allí se
tiene la principal manifestación de la Iglesia.
En la Misa que celebra el Obispo, o en la que está presente sin
que celebre la Eucaristía, obsérvense las normas que se encuen-
tran en el Ceremonial de los Obispos14.
Dése también mucha importancia la Misa que se celebra con
una determinada comunidad, sobre todo con la parroquial, ya
que representa a la Iglesia universal en un tiempo y en un lu-
gar determinados, y en especial a la celebración comunitaria del
domingo15.
Pero entre las Misas celebradas por algunas comunidades,
ocupa un lugar especial la Misa conventual, que es parte del Ofi-
cio cotidiano, o la Misa que se llama “de comunidad”. Y aunque
estas Misas no conlleven ninguna forma peculiar de celebración,
sin embargo, es muy conveniente que se hagan con canto y sobre
todo con la plena participación de todos los miembros de la co-
munidad, sean religiosos o sean canónigos. Por lo cual, en ellas
ejerza cada uno su ministerio, según el Orden o el ministerio
recibido. Conviene, pues, que todos los sacerdotes que no están
obligados a celebrar en forma individual por utilidad pastoral de
los fieles, a ser posible, concelebren en ellas. Además, todos los
sacerdotes pertenecientes a una comunidad, que tengan el deber
de celebrar en forma individual para el bien pastoral de los fieles,
14 Cf. Ceremonial de los Obispos, 119-186.
15 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, 42; Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium,
28; Decreto sobre el ministerio y la vida de los Presbíteros, Presbyterorum ordinis,
núm. 5. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, día
25 de mayo de 1967, 26: A.A.S. 59 (1967) pág. 555.
312
A tener en cuenta
pueden también concelebrar el mismo día en la Misa conventual
o “de comunidad”16. Es preferible, pues, que los presbíteros que
están presentes en la celebración eucarística, a no ser que estén
excusados por una justa causa, ejerzan como de costumbre el
ministerio propio de su Orden y, por esto, participen como conce-
lebrantes, revestidos con las vestiduras sagradas. De lo contrario
llevan el hábito coral propio o la sobrepelliz sobre la sotana.
Misa con el pueblo
Se entiende por “Misa con el pueblo” aquella que se celebra con
participación de los fieles. Conviene, pues, en cuanto sea posible, que
la celebración se realice con canto y con el número adecuado de minis-
tros, especialmente los domingos y las fiestas de precepto17; no obstan-
te, también puede celebrarse sin canto y con un solo ministro.
En cualquier celebración de la Misa, si está presente un diácono,
éste debe ejercer su ministerio. Es conveniente, de todas formas, que
al sacerdote celebrante ordinariamente lo asistan un acólito, un lector
y un cantor. Pero, el rito que se describirá más abajo prevé también la
posibilidad de un mayor número de ministros.
Lo que debe prepararse
Cúbrase el altar al menos con un mantel de color blanco. Sobre
el altar, o cerca de él, colóquese en todas las celebraciones por lo
menos dos candeleros, o también cuatro o seis, especialmente si
se trata de una Misa dominical o festiva de precepto y, si celebra
el Obispo diocesano, siete, con sus velas encendidas. Igualmente
16 Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, día 25 de
mayo de 1967, 47: A.A.S. 59 (1967) pág. 565
17 Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, día 25
de mayo de 1967, 26: A.A.S. 59 (1967) pág. 555; Sagrada Congregación de Ritos,
Instrucción Musicam sacram, día 5 de marzo de 1967, 16. 27: A.A.S. 59 (1967) págs.
305. 308.
313
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
sobre el altar, o cerca del mismo, debe haber una cruz adorna-
da con la efigie de Cristo crucificado. Los candeleros y la cruz
adornada con la efigie de Cristo crucificado pueden llevarse en
la procesión de entrada. Sobre el mismo altar puede ponerse el
Evangeliario, libro diverso al de las otras lecturas, a no ser se
lleve en la procesión de entrada.
Prepárense también:
a) Junto a la sede del sacerdote: el misal y, según las circuns-
tancias, el folleto de cantos.
b) En el ambón: el leccionario.
c) En la credencia: el cáliz, el corporal, el purificador, y según
las circunstancias, la palia, la patena y los copones, si son necesa-
rios; a no ser que sean presentados por los fieles en la procesión
del ofertorio: el pan para la Comunión del sacerdote que preside,
del diácono, de los ministros y del pueblo y las vinajeras con el
vino y el agua; una caldereta con agua para ser bendecida, si se
hace aspersión; la patena para la Comunión de los fieles; y todo
lo necesario para la ablución de las manos.
Es loable que se cubra el cáliz con un velo, que puede ser del
color del día o de color blanco.
En la sacristía, para las diversas formas de celebración, pre-
párense las vestiduras sagradas (cf. OGMR, 337 - 341) del sacer-
dote, del diácono y de los otros ministros:
a) Para el sacerdote: el alba, la estola y la casulla o planeta.
314
A tener en cuenta
b) Para el diácono: el alba, la estola y la dalmática, la cual, sin
embargo, puede omitirse por necesidad o por menor grado de
solemnidad.
c) Para los otros ministros: albas u otras vestiduras legítima-
mente aprobadas18.
Todos los que se revisten con alba, usarán cíngulo y amito, a
no ser que por la forma del alba no se requieran.
Cuando se tiene procesión de entrada prepárese también el
Evangeliario; los domingos y festivos, si se emplea incienso, el
incensario y la naveta con el incienso; la cruz que se llevará en la
procesión y los candeleros con cirios encendidos.
Misa sin diácono
a. Ritos iniciales
Reunido el pueblo, el sacerdote y los ministros, revestidos con
sus vestiduras sagradas, proceden hacia el altar en este orden:
a) El turiferario con el incensario humeante, cuando se em-
plea incienso.
b) Los ministros que llevan los cirios encendidos y, en medio
de ellos, el acólito u otro ministro con la cruz.
c) Los acólitos y los demás ministros.
d) El lector, que puede llevar el Evangeliario, no el lecciona-
rio, un poco elevado.
e) El sacerdote que va a celebrar la Misa.
18 Cf. Instrucción interdicasterial acerca de algunos asuntos de la cooperación de
los fieles laicos en el ministerio de los sacerdotes, Ecclesiae de mysterio, día 15 de
agosto de 1997, artículo 6: A.A.S. 89 (1997) pág. 869.
315
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Si se emplea incienso, el sacerdote antes de iniciar la proce-
sión, pone incienso en el incensario y lo bendice con el signo de
la cruz, sin decir nada.
Mientras se hace la procesión hacia el altar se ejecuta el canto
de entrada (cf. OGMR, 47-48).
Al llegar al altar, el sacerdote y los ministros hacen inclina-
ción profunda.
La cruz adornada con la imagen de Cristo crucificado y tal
vez llevada en la procesión, puede erigirse cerca del altar para
que se convierta en cruz del altar, la cual debe ser una sola; de
lo contrario, déjese en un lugar digno. Los candeleros se colocan
sobre el altar o cerca de él; es laudable poner el Evangeliario
sobre el altar.
El sacerdote se acerca al altar y lo venera con un beso. En segui-
da, según corresponda, inciensa la cruz y el altar rodeándolo.
Terminado esto, el sacerdote se dirige a la sede. Terminado el
canto de entrada, estando todos de pie, el sacerdote y los fieles se
signan con la señal de la cruz. El sacerdote dice: En el nombre
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El pueblo responde:
Amén.
En seguida, vuelto hacia el pueblo y extendiendo las manos,
el sacerdote lo saluda usando una de las fórmulas propuestas. [El
pueblo responde: Y con tu espíritu u otras fórmulas.] El mismo
316
A tener en cuenta
sacerdote, u otro ministro, puede también, con brevísimas pala-
bras, introducir a los fieles en el sentido de la Misa del día.
Sigue el acto penitencial. Después se canta o se dice el Señor,
ten piedad, según lo establecido por las rúbricas19.
En las celebraciones que lo requieren, se canta o se dice el
Gloria20.
En seguida el sacerdote, con las manos juntas, invita al pueblo
a orar, diciendo: Oremos. Y todos, juntamente con el sacerdote,
oran en silencio durante un tiempo breve. Luego el sacerdote, con
las manos extendidas, dice la colecta. Concluida ésta, el pueblo
aclama: Amén.
b. Liturgia de la palabra
c. Concluida la colecta, todos se sientan. El sacerdote
puede presentar a los fieles, con una brevísima intervención, la
19 Señor, ten piedad OGMR 52. Después del acto penitencial, se tiene siempre
el Señor, ten piedad, a no ser que quizás haya tenido lugar ya en el mismo acto
penitencial. Por ser un canto con el que los fieles aclaman al Señor e imploran su
misericordia, deben hacerlo ordinariamente todos, es decir, que tanto el pueblo como
el coro o el cantor, toman parte en él. Cada aclamación de ordinario se repite dos
veces, pero no se excluyen más veces, teniendo en cuenta la índole de las diversas
lenguas y también el arte musical o las circunstancias. Cuando el Señor, ten piedad
se canta como parte del acto penitencial, se le antepone un “tropo” a cada una de las
aclamaciones.
20 Gloria a Dios en el cielo OGMR 53. El Gloria es un himno antiquísimo y vene-
rable con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y
glorifica y le suplica al Cordero. El texto de este himno no puede cambiarse por otro.
Lo inicia el sacerdote o, según las circunstancias, el cantor o el coro, y en cambio, es
cantado simultáneamente por todos, o por el pueblo alternando con los cantores, o
por los mismos cantores. Si no se canta, lo dirán en voz alta todos simultáneamente,
o en dos coros que se responden el uno al otro.
Se canta o se dice en voz alta los domingos fuera de los tiempos de Adviento y de
Cuaresma, en las solemnidades y en las fiestas, y en algunas celebraciones peculiares
más solemnes.
317
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Liturgia de la Palabra. El lector se dirige al ambón y, del leccio-
nario colocado allí antes de la Misa, proclama la primera lectura,
que todos escuchan. Al final el lector dice: Palabra de Dios y
todos responden: Te alabamos, Señor.
Entonces, según las circunstancias, se pueden guardar unos
momentos de silencio, para que todos mediten brevemente lo que
escucharon.
Después, el salmista, o el mismo lector, recita o canta los ver-
sos del salmo y el pueblo, como de costumbre, va respondiendo.
Si está prescrita una segunda lectura antes del Evangelio, el lec-
tor la proclama desde el ambón, mientras todos escuchan y al
final responden a la aclamación, como se dijo antes (OGMR, n.
128). En seguida, según las circunstancias, se pueden guardar
unos momentos de silencio.
En seguida, todos se levantan y se canta Aleluya u otro canto,
según corresponda al tiempo litúrgico21.
21 Aclamación antes de la lectura del Evangelio (cf. OGMR 62-64)
62. Después de la lectura, que precede inmediatamente al Evangelio, se canta el
Aleluya u otro canto determinado por las rúbricas, según lo pida el tiempo litúrgico.
Esta aclamación constituye por sí misma un rito, o bien un acto, por el que la asam-
blea de los fieles acoge y saluda al Señor, quien le hablará en el Evangelio, y en la cual
profesa su fe con el canto. Se canta estando todos de pie, iniciándolo los cantores o
el cantor, y si fuere necesario, se repite, pero el versículo es cantado por los cantores
o por un cantor.
a) El Aleluya se canta en todo tiempo, excepto durante la Cuaresma. Los versículos
se toman del leccionario o del Gradual.
b) En tiempo de Cuaresma, en vez del Aleluya, se canta el versículo antes del Evange-
lio que aparece en el leccionario. También puede cantarse otro salmo u otra selección
(tracto), según se encuentra en el Gradual.
63. Cuando hay solo una lectura antes del Evangelio:
a) En el tiempo en que debe decirse Aleluya, puede tomarse o el salmo aleluyático o
el salmo y el Aleluya con su versículo.
318
A tener en cuenta
Mientras se canta el Aleluya u otro canto, si se emplea el in-
cienso, el sacerdote lo pone y lo bendice. Después, con las manos
juntas, y profundamente inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón.
Entonces si el Evangeliario está en el altar, lo toma y, precedi-
do por los ministros laicos que pueden llevar el incensario y los
cirios, se dirige al ambón, llevando el Evangeliario un poco ele-
vado. Los presentes se vuelven hacia el ambón para manifestar
especial reverencia hacia el Evangelio de Cristo.
Ya en el ambón, el sacerdote abre el libro y con las manos jun-
tas, dice: El Señor esté con vosotros; y el pueblo responde: Y con
tu espíritu; y en seguida: Lectura del Santo Evangelio, signando
con el pulgar el libro y a sí mismo en la frente, en la boca y en el
pecho, lo cual hacen también todos los demás. El pueblo aclama
diciendo: Gloria a Ti, Señor. Si se usa incienso, el sacerdote in-
ciensa el libro22. En seguida proclama el Evangelio y al final dice
b) En el tiempo en que no debe decirse Aleluya, puede tomarse o el salmo y el versí-
culo antes del Evangelio, o solamente el salmo.
c) El Aleluya o el versículo antes del Evangelio, si no se canta, puede omitirse.
64. La Secuencia, que sólo es obligatoria los días de Pascua y de Pentecostés, se
canta antes del Aleluya.
22 OGMR Incensación (cf. OGMR 276-277)
276. La turificación o incensación expresa reverencia y oración, tal como se indica
en la Sagrada Escritura (cfr. Sal 140, 2; Ap 8, 3).
El incienso puede usarse a voluntad en cualquier forma de Misa:
a) durante la procesión de entrada;
b) al inicio de la Misa para incensar la cruz y el altar;
c) para la procesión y proclamación del Evangelio;
d) después de ser colocados el pan y el vino sobre el altar, para incensar las
ofrendas, la cruz y el altar, así como al sacerdote y al pueblo;
e) En la elevación de la Hostia y del cáliz después de la consagración.
277. El sacerdote, cuando pone incienso en el turíbulo, lo bendice con el signo de
cruz sin decir nada. Antes y después de la incensación se hace inclinación profunda
319
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
la aclamación Palabra del Señor y todos responden: Gloria a Ti,
Señor Jesús. El sacerdote besa el libro, diciendo en secreto: Las
palabras del Evangelio...
Si no hay un lector, el mismo sacerdote proclama todas las
lecturas y el salmo, de pie desde el ambón. Allí mismo, si se
emplea, pone y bendice el incienso, y profundamente inclinado,
dice Purifica mi corazón.
El sacerdote, de pie en la sede o en el ambón mismo, o según
las circunstancias, en otro lugar idóneo pronuncia la homilía;
terminada ésta se puede guardar unos momentos de silencio.
El Símbolo se canta o se dice por el sacerdote juntamente
con el pueblo23 estando todos de pie. A las palabras: “y por la
a la persona o al objeto que se inciensa, exceptuados el altar y las ofrendas para el
sacrificio de la Misa.
Con tres movimientos del turíbulo se inciensan el Santísimo Sacramento, las reli-
quias de la santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas para pública veneración,
las ofrendas para el sacrificio de la Misa, la cruz del altar, el Evangeliario, el cirio
pascual, el sacerdote y el pueblo. Con dos movimientos del turíbulo se inciensan las
reliquias y las imágenes de los Santos expuestas para pública veneración, y única-
mente al inicio de la celebración, después de la incensación del altar.
El altar se inciensa con un único movimiento, de esta manera:
a) Si el altar está separado de la pared, el sacerdote lo inciensa
circundándolo.
b) Pero si el altar no está separado de la pared, el sacerdote, al ir pasando,
inciensa primero la parte derecha y luego la parte izquierda.
La cruz, sí está sobre el altar o cerca de él, se turifica antes de la incensación del altar,
de lo contrario cuando el sacerdote pasa ante ella.
El sacerdote inciensa las ofrendas con tres movimientos del turíbulo, antes de la
incensación de la cruz y del altar, o trazando con el incensario el signo de la cruz
sobre las ofrendas.
23 OGMR 68. El Símbolo debe ser cantado o recitado por el sacerdote con el pueblo
los domingos y en las solemnidades; puede también decirse en celebraciones espe-
ciales más solemnes.
Si se canta, lo inicia el sacerdote, o según las circunstancias, el cantor o los canto-
res, pero será cantado o por todos juntamente, o por el pueblo alternando con los
cantores.
320
A tener en cuenta
obra del Espíritu Santo”, etc., o “que fue concebido por obra y
gracia del Espíritu Santo”, todos se inclinan profundamente; y
en la solemnidades de la Anunciación y de Navidad del Señor,
se arrodillan.
Dicho el Símbolo, desde la sede, el sacerdote de pie y con las
manos juntas, invita a los fieles a la oración universal con una
breve monición. Después el cantor o el lector u otro, desde el
ambón o desde otro sitio conveniente, vuelto hacia el pueblo, pro-
pone las intenciones; el pueblo, por su parte, responde suplicante.
Finalmente, el sacerdote con las manos extendidas, concluye la
súplica con la oración.
d. Liturgia Eucarística
Se divide en tres partes:
1º. Presentación de los dones u Ofertorio;
2º. Consagración; y
3º. Comunión.
1. Presentación de los dones u Ofertorio
Terminada la oración universal, todos se sientan y comienza
el canto del ofertorio24 (cf. n.74).
Si no se canta, será recitado por todos en conjunto o en dos coros que se alternan.
24 OGMR 74. Acompaña a esta procesión en la que se llevan los dones, el canto
del ofertorio (cfr. n.37 b: Otras [fórmulas], en cambio, como los cantos de entrada,
al ofertorio, de la fracción (Cordero de Dios) y de la Comunión, simplemente acom-
pañan algún rito), que se prolonga por lo menos hasta cuando los dones hayan sido
depositados sobre el altar. Las normas sobre el modo de cantarlo son las mismas que
para canto de entrada (cf. n. 48: Se canta, o alternándolo entre los cantores y el pueblo
o, de igual manera, entre un cantor y el pueblo, o todo por el pueblo, o todo por los
cantores. Se puede emplear, o bien la antífona con su salmo como se encuentra en el
Graduale Romanum o en el Graduale simplex, o bien otro canto que convenga con
321
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
El acólito u otro ministro laico coloca sobre el altar el corpo-
ral, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
Es conveniente que la participación de los fieles se manifieste
por la presentación del pan y el vino para la celebración de la Eu-
caristía, o de otros dones con los que se ayude a las necesidades
de la iglesia o de los pobres.
El sacerdote ayudado por el acólito o por otro ministro recibe
las ofrendas de los fieles. Al celebrante llevan el pan y el vino
para la Eucaristía; y él los pone sobre el altar; pero los demás
dones se colocan en otro lugar adecuado (cf. OGMR n. 73).
El sacerdote, en el altar, recibe o toma la patena con el pan y
con ambas manos la tiene un poco elevada sobre el altar, diciendo
en secreto: Bendito seas, Señor, Dios. Luego coloca la patena con
el pan sobre el corporal.
En seguida, el sacerdote de pie a un lado del altar, ayudado por
el ministro que le presenta las vinajeras, vierte en el cáliz vino
y un poco de agua, diciendo en secreto: Por el misterio de esta
agua. Vuelto al medio del altar, toma el cáliz con ambas manos,
lo tiene un poco elevado, diciendo en secreto: Bendito seas, Se-
ñor, Dios; y después coloca el cáliz sobre el corporal y, según las
circunstancias, lo cubre con la palia.
la índole de la acción sagrada, del día o del tiempo litúrgico, cuyo texto haya sido
aprobado por la Conferencia de los Obispos).
Si no hay canto de entrada, los fieles o algunos de ellos o un lector, leerán la antífona
propuesta en el Misal, o si no el mismo sacerdote, quien también puede adaptarla a
manera de monición inicial (cf. n. 31).
El canto se puede asociar siempre al rito para el ofertorio, aún sin la procesión con
los dones.
322
A tener en cuenta
Pero cuando no hay canto al ofertorio ni se toca el órgano, en
la presentación del pan y del vino, está permitido al sacerdote
decir en voz alta las fórmulas de bendición a las que el pueblo
aclama: Bendito seas por siempre, Señor.
Habiendo dejado el cáliz sobre el altar, el sacerdote profun-
damente inclinado, dice en secreto: Humilde y sinceramente
arrepentidos.
En seguida, si se usa incienso, el sacerdote lo echa en el in-
censario, lo bendice sin decir nada, e inciensa las ofrendas, la
cruz y el altar. El ministro de pie, a un lado del altar, inciensa al
sacerdote y después al pueblo.
Después de la oración Humilde y sinceramente arrepentidos,
o después de la incensación, el sacerdote, de pie a un lado del
altar, se lava las manos, diciendo en secreto: Lava del todo mi
delito, Señor, mientras el ministro vierte el agua.
Después, vuelto al centro del altar, el sacerdote, de pie, de cara
al pueblo, extendiendo y juntando las manos, invita al pueblo a
orar, diciendo: Oren, hermanos, etc. El pueblo se levanta y res-
ponde: El Señor reciba. En seguida, el sacerdote, con las manos
extendidas, dice la oración sobre las ofrendas. Al final el pueblo
aclama: Amén.
2. Plegaria Eucarística o Consagración
Entonces el sacerdote inicia la Plegaria Eucarística. Según las
rúbricas25, elige una de las que se encuentran en el Misal Roma-
no, o que están aprobadas por la Sede Apostólica. La Plegaria Eu-
25 Cf. OGMR n. 365.
323
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
carística por su naturaleza exige que sólo el sacerdote, en virtud
de su ordenación, la profiera. Sin embargo, el pueblo se asocia al
sacerdote en la fe y por medio del silencio, con las intervenciones
determinadas en el curso de la Plegaria Eucarística, que son:
-las respuestas en el diálogo del Prefacio,
-el Santo,
-la aclamación después de la consagración y
-la aclamación del Amén después de la doxología final y tam-
bién con otras aclamaciones aprobadas, tanto por la Conferencia
de Obispos, como por la Sede Apostólica.
Es muy conveniente que el sacerdote cante las partes de la
Plegaria Eucarística, enriquecidas con notación musical.
Al iniciar la Plegaria Eucarística, el sacerdote extiende las ma-
nos y canta o dice: El Señor esté con ustedes; el pueblo responde:
Y con tu espíritu. Cuando prosigue: Levantemos el corazón, eleva
las manos. El pueblo responde: Lo tenemos levantado hacia el
Señor. En seguida el sacerdote, con las manos extendidas, agre-
ga: Demos gracias al Señor, nuestro Dios, y el pueblo responde:
Es justo y necesario. A continuación el sacerdote, con las manos
extendidas, continúa con el Prefacio; y una vez terminado éste,
con las manos juntas, en unión con todos los presentes, canta o
dice en voz alta: Santo (cf. n. 79b).
El sacerdote prosigue la Plegaria Eucarística según las rúbri-
cas que se encuentran en cada una de ellas.
Si el sacerdote celebrante es un Obispo, en las Plegarias, des-
pués de las palabras: con tu servidor el Papa N., agrega conmigo,
indigno siervo tuyo, o después de las palabras: de nuestro Papa
324
A tener en cuenta
N., agrega: de mí, indigno siervo tuyo. Pero si el Obispo celebra
fuera de su diócesis, después de las palabras: con nuestro Papa
N., agrega: conmigo, indigno siervo tuyo, con mi hermano N.,
Obispo de esta Iglesia de N.
El Obispo diocesano, o el que en el derecho se le equipare,
se debe nombrar con esta fórmula: juntamente con tu servidor
el Papa N. y con nuestro Obispo (o: Vicario, Prelado, Prefecto,
Abad) N.
En la Plegaria Eucarística pueden nombrarse los Obispos Co-
adjutores y Auxiliares, pero no los otros Obispos, casualmente
presentes. Cuando hay que nombrar a varios, se emplea la fórmu-
la general: y nuestro Obispo N. y sus Obispos auxiliares.
En cada Plegaria Eucarística hay que adaptar las fórmulas
ante dichas a las reglas gramaticales.
Un poco antes de la consagración, el ministro, si se cree con-
veniente, advierte a los fieles con un toque de campanilla. Puede
también, según las costumbres de cada lugar, tocar la campanilla
en cada elevación.
Si se usa incienso, el ministro inciensa la Hostia y el Cáliz,
cuando son presentados al pueblo después de la consagración.
Después de la consagración, habiendo dicho el sacerdote:
Este es el Sacramento de nuestra fe, el pueblo dice la aclama-
ción, empleando una de las fórmulas determinadas: Anunciamos
tu muerte...Cada vez que comemos este pan...Por tu muerte y
resurrección.
325
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Al final de la Plegaria Eucarística, el sacerdote toma la patena
con la Hostia y el Cáliz, los eleva simultáneamente y pronuncia
la doxología él solo: Por Cristo, con Él y en Él. Al fin el pueblo
aclama: Amén. En seguida, el sacerdote coloca la patena y el cáliz
sobre el corporal.
Unas palabras sobre la Doxología final
El broche de oro de la Plegaria eucarística es la doxología final:
«Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la
unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos
de los siglos»26, a lo que el pueblo responde cantando27: «Amén»,
uniéndose a todo lo realizado sobre el altar y aceptándolo.
«Amén» no corresponde a la traducción “¡Así sea!”, que ex-
presa un mero deseo, pero no una certeza (si así fuera sería in-
correcto usarlo al recibir la comunión). “Amén” significa cierta-
mente, verdaderamente, seguramente, “sí: ¡Así es!” Deriva de la
raíz hebrea «aman» que implica firmeza, solidez, seguridad (de
allí: fe creer, verdad).
Decir «Amén»:
– Es proclamar que se tiene por verdadero lo que se acaba
de decir y hacer;
– Es unirse a una plegaria;
26 Misal Romano, Plegarias Eucarísticas, Doxología final.
27 Según la Instrucción «Inaestimabile donum» (17 de abril de 1980) n. 4, este amén
se debe cantar siempre. Ya Farnés advertía que la traducción española no era fiel en
este punto. Allí donde dice: «Este “Amén” debe enriquecerse con el canto» = «cantu
est ditandum» (n. 4), la mala traducción dice: «Este “Amén” debería enriquecerse
con el canto»; cfr. Oración de las Horas (julio-agosto 1980) 165, cit. en D. COLS, «El
canto…», Canto y música (ed. J. ALDAZÁBAL) (Barcelona2 1989) 66.
326
A tener en cuenta
– Es ratificar una proposición;
– Es un compromiso: muestra uno su conformidad con ale-
gría (cfr. 1Re 1,36),
* es aceptar una misión (cf. Jr 11,5),
* asumir la responsabilidad de un juramento (cf. Nm 5,22),
* es la solemne renovación de la Alianza (cf. Dt 27,15).
– En la liturgia: Uno se compromete con Dios porque tiene
confianza en su palabra y se remite a su poder y a su bondad,
* es una adhesión total a Él,
* es bendición de Dios,
* es una oración segura de ser escuchada (cf. Tb 8,8),
* es una aclamación litúrgica (después de la Doxología), que
«suena como un trueno celestial»28,
* es conclusión de los cánticos de los elegidos (cf. Ap 5,14;
19,4),
* «es suscribir»29.
Dios es “Amén”: porque es fiel a sus promesas y es el Dios de
la verdad (cf. Is 65,16).
El “Amén” de Dios es Jesucristo (cfr. 2Cor 1,19-20); Él es
el “Amén” por excelencia; es el testigo fiel y verdadero (cf. Ap
3,14).
28 SAN JERÓNIMO, In Gal. Comment. II,3: PL 26,355; Obras completas, Comen-
tarios paulinos, BAC Madrid 2010, t. IX, p. 113.
29 SAN AGUSTÍN, Serm. 6 (DENIS 6,3: PL 46,836); cit. en JUNGMANN, El sa-
crificio de la Misa, 835
327
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Si el cristiano quiere ser fiel y quiere ser verdadero, debe res-
ponder a Dios, uniéndose a Cristo, el único Amén eficaz que es el
pronunciado por Cristo a la gloria de Dios: Por Él decimos Amén,
para gloria de Dios (2Cor 1,20).
La Iglesia pronuncia este “Amén” en unión con los elegidos
del cielo. Así debemos hacerlo nosotros en cada Misa, ofrecien-
do la divina Víctima y a nosotros con Ella y luego mantener ese
“Amén” en toda nuestra vida diaria de la semana que comienza
y por todos los días del año y por todos los años de nuestra vida.
¡Para poder repetirlo por toda la eternidad en el cielo!
3. Comunión
Terminada Plegaria Eucarística, el sacerdote con las manos
juntas, dice la monición antes de la Oración del Señor; luego,
con las manos extendidas, dice la Oración del Señor [el Padre
nuestro] juntamente con el pueblo.
Concluida la Oración del Señor, el sacerdote solo, con las ma-
nos extendidas, dice el embolismo Líbranos de todos los males,
terminado el cual, el pueblo aclama: Tuyo es el reino.
A continuación el sacerdote solo, con las manos extendidas,
dice en voz alta la oración: Señor Jesucristo, que dijiste; y ter-
minada ésta, extendiendo y juntando las manos, vuelto hacia el
pueblo, anuncia la paz, diciendo: La paz del Señor esté siempre
con ustedes. El pueblo responde: Y con tu espíritu. Luego, según
las circunstancias, el sacerdote añade: Dense fraternalmente la
paz.
El sacerdote puede dar la paz a los ministros, pero permane-
ciendo siempre dentro del presbiterio para que la celebración no
328
A tener en cuenta
se perturbe. Haga del mismo modo si por alguna causa razonable
desea dar la paz a unos pocos fieles. Todos, empero, según lo
determinado por la Conferencia de Obispos, se expresan unos a
otros la paz, la comunión y la caridad. Mientras se da la paz, se
puede decir: La paz del Señor esté siempre contigo, a lo cual se
responde: Amén.
En seguida el sacerdote toma la Hostia, la parte sobre la pa-
tena y deja caer una partícula en el cáliz, diciendo en secreto: El
Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo unidos en este
cáliz. Mientras tanto, se canta o se dice por el coro el Cordero
de Dios (cf. n.83). «El sacerdote parte el pan eucarístico, con la
ayuda, si es del caso, del diácono o de un concelebrante. El gesto
de la fracción del Pan realizado por Cristo en la Última Cena,
que en el tiempo apostólico designó a toda la acción eucarística,
significa que los fieles siendo muchos, en la Comunión de un solo
Pan de vida, que es Cristo muerto y resucitado para la salvación
del mundo, forman un solo cuerpo (1Co 10,17). La fracción co-
mienza después de haberse dado la paz y se lleva a cabo con la
debida reverencia, pero no se debe prolongar innecesariamente,
ni se le considere de excesiva importancia. Este rito está reser-
vado al sacerdote y al diácono.
El sacerdote parte el pan e introduce una parte de la Hostia en
el cáliz para significar la unidad del Cuerpo y de la Sangre del Se-
ñor en la obra de la redención, a saber, del Cuerpo de Cristo Jesús
viviente y glorioso. La súplica Cordero de Dios se canta según la
costumbre, bien sea por los cantores, o por el cantor seguido de
la respuesta del pueblo el pueblo, o por lo menos se dice en voz
alta: Ten piedad de nosotros. La invocación acompaña la fracción
329
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
del pan, por lo que puede repetirse cuantas veces sea necesario
hasta cuando haya terminado el rito. La última vez se concluye
con las palabras danos la paz»30.
Entonces, el sacerdote dice en secreto y con las manos juntas
la oración para la Comunión Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
o Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre.
Concluida la oración, el sacerdote hace genuflexión, toma la
Hostia consagrada en la misma Misa y, teniéndola un poco ele-
vada sobre la patena o sobre el cáliz, vuelto hacia el pueblo, dice:
Éste es el Cordero de Dios, y juntamente con el pueblo, agrega:
Señor, no soy digno.
Después, de pie vuelto hacia el altar, el sacerdote dice en se-
creto: El cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna, y come
reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después, toma el cáliz, dice
en secreto: La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna,
y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
Mientras el sacerdote sume el Sacramento, se comienza el
canto de Comunión31.
Después el sacerdote toma la patena o el copón y se acerca
a quienes van a comulgar, los cuales de ordinario, se acercan
procesionalmente.
No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan con-
sagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano
en mano entre ellos. Los fieles comulgan estando de rodillas o
30 OGMR, 83.
31 Cf. OGMR, 86.
330
A tener en cuenta
de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos.
Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de
recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe
ser determinada por las mismas normas.
Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan, el sacer-
dote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno,
diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y
recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en
la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe
la sagrada Hostia, la consume íntegramente.
Pero si la Comunión se hace bajo las dos especies, obsérvese
el rito descrito en su lugar32.
En la distribución de la Comunión, pueden ayudar al sacerdo-
te otros presbíteros que casualmente estén presentes. Si éstos no
están dispuestos y el número de comulgantes es muy grande, el
sacerdote puede llamar en su ayuda a ministros extraordinarios,
es decir, acólitos ritualmente instituidos o también otros fieles
que hayan sido ritualmente delegados para esto33. En caso de ne-
cesidad, el sacerdote puede designar fieles idóneos “ad actum”
(sólo para esta ocasión)34.
Estos ministros no se acerquen al altar antes de que el sacer-
dote haya comulgado y siempre reciban de la mano del sacerdote
32 Cf. OGMR, 284-287.
33 Cf. Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instrucción
Inaestimabile donum, día 3 de abril de 1980, 10: A.A.S. 72 (1980) pág. 336; Instruc-
ción interdicasterial de algunos asuntos acerca de la cooperación de los fieles laicos
en el sagrado ministerio de los sacerdotes, Ecclesiae de mysterio, día 15 da agosto
de 1997, artículo 8: A.A.S. 89 (1997) pág. 871.
34 Cf. más adelante el Apéndice, Rito para designar un ministro para distribuir la
Sagrada Comunión “ad actum” (ocasionalmente). (edición actual, pág. XXX).
331
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
celebrante el vaso que contiene las especies de la Santísima Eu-
caristía que van a ser distribuidas a los fieles.
Terminada la distribución de la Comunión, antes de cualquier
otro detalle, el sacerdote bebe íntegramente él mismo, en el altar,
el vino consagrado que quizás haya quedado; pero las hostias
consagradas que quedaron, o las consume en el altar o las lleva
al lugar destinado para conservar la Eucaristía.
El sacerdote regresa al altar y recoge las partículas, si las hay;
luego de pie, en el altar o en la credencia, purifica la patena o el
copón sobre el cáliz; después purifica el cáliz diciendo en secre-
to: Haz, Señor, que recibamos, y seca el cáliz con el purificador.
Si los vasos son purificados en el altar, un ministro los lleva a
la credencia. Sin embargo, se permite dejar los vasos que deben
purificarse, sobre todo si son muchos, en el altar o en la credencia
sobre el corporal, convenientemente cubiertos y purificarlos en
seguida después de la Misa, una vez despedido al pueblo.
Después el sacerdote puede regresar a la sede. Se puede, ade-
más, observar un intervalo de sagrado silencio o cantar un salmo,
o un cántico de alabanza, o un himno35.
Luego, de pie en la sede o desde el altar, el sacerdote, de cara
al pueblo, con las manos juntas, dice: Oremos; y con las manos
extendidas dice la oración después de la Comunión, a la que pue-
de preceder un breve intervalo de silencio, a no ser que ya lo haya
precedido inmediatamente después de la Comunión. Al final de
la oración, el pueblo aclama: Amen.
35 Cf. OGMR, 88.
332
A tener en cuenta
e. Ritos de conclusión
Terminada la oración después de la Comunión, si los hay, há-
ganse breves avisos al pueblo.
Después, el sacerdote extiende las manos y saluda al pueblo,
diciendo: El Señor esté con ustedes, a lo que el pueblo responde:
Y con tu espíritu. Y el sacerdote, une de nuevo las manos, e in-
mediatamente pone la mano izquierda sobre el pecho y elevando
la mano derecha, agrega: La bendición de Dios todopoderoso
y mientras traza el signo de la cruz sobre el pueblo, prosigue:
Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes. Todos
responden: Amén.
En algunos días y ocasiones, según las rúbricas, esta bendi-
ción se enriquece y se expresa con la oración sobre el pueblo o
con otra fórmula más solemne.
El Obispo bendice al pueblo con la fórmula correspondiente,
haciendo sobre el pueblo tres veces el signo de la cruz36.
En seguida, después de la bendición, con las manos juntas,
el sacerdote agrega: Pueden ir en paz, [o con otras palabras], y
todos responden: Demos gracias a Dios.
Entonces el sacerdote venera como de costumbre el altar con
un beso y, hecha al altar inclinación profunda con los ministros
laicos, se retira con ellos.
Pero si a la Misa sigue alguna otra acción litúrgica, se omi-
te el rito de conclusión, es decir, el saludo, la bendición y la
despedida.
36 Cf. Ceremonial de los Obispos, 1118-1121.
333
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
3. Sugerencias sobre la participación
Lo que señalamos sobre la participación en la Misa es a modo
de sugerencia y no de mandato. Y es más una lluvia de ideas que
un trabajo esquemático y exhaustivo. Es la parte más delicada –y
tal vez la más importante- de este intento de ayudar a perfeccio-
nar la participación en la Misa.
En rigor de verdad, pienso que no se puede hacer algo muy
esquemático y exhaustivo, porque ninguna cosa es tan personal,
¡personalísima!, como la Santa Misa. Ella está toda enseñoreada
por el infinito Dios de Tres Personas distintas, únicas e irrepe-
tibles, a las que busca unirse la persona, única e irrepetible, de
cada feligrés. De ahí que cada participante lo hace de manera
única e irrepetible.
Lo cual no obsta para que pueda lograrse algún tipo de
generalidad, por ejemplo: la Misa enseña, la Misa da fuerza, la
Misa nos juzga, la Misa nos dirige, la Misa nos educa, la Misa
nos eleva, dignifica, ennoblece y santifica, ya que la Misa es el
Señor Jesucristo. De alguna manera, la Misa…
-es casa familiar, que recibe, abraza y hospeda;
-es tribunal, por el que te sientes juzgado, como el hombre
pecador por el justo;
-es escuela, está abierta a todos;
-es madre, engendra, ama, alimenta, nos comprende, nos ayu-
da a crecer, nos enseña las virtudes, nos es agradable con su
ternura, nos conoce mejor que nadie…
334
A tener en cuenta
-es garita para centinelas, que deben vigilar y ver de lejos con
ojo avizor;
-es brújula, que guía;
-es hospital, que cura;
-es laboratorio, donde se experimenta y elabora;
-es estación, a donde se llega y desde donde se parte;
-es antídoto, nos libera de las culpas cotidianas y preserva de
los pecados mortales37;
-es palestra, que enseña a esgrimir la espada de la Palabra de
Dios;
-es remedio, «de inmortalidad»38.
-es cumbre, a la que tiende la acción de la Iglesia39;
-es fuente, de donde mana toda la fuerza de la Iglesia 40;
-es púlpito y ambón, que predica el Evangelio;
-es mesa, donde se come;
-es sede, presidida por Jesucristo;
-es, sobre todo, altar, desde donde se ofrece el sacrificio sa-
cramental de la cruz;
37 Concilio de Trento, n. 1638, Denzinger-Hünermann, El Magisterio de la Iglesia,
Herder Barcelona 2000, p. 510.
38 San Ignacio de Antioquía, Ep. ad Ef. 20,2; CatIgCat., 2837.
39 SC, 10.
40 SC, 10; Cat. Rom., parte II, BAC Madrid 1956, p 480).
335
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
-en fin, es templo, relicario de la Eucaristía que acota el espa-
cio alrededor de Ella, donde se reúne la comunidad del pueblo
fiel, la Iglesia, y eleva sus preces.
Para participar bien de la Santa Misa nos ayuda el tener
ideas claras acerca de la Santísima Trinidad, de Jesucristo, de la
Iglesia, de María, de la Misa, de nuestro carácter de cristianos y
del puesto que ocupamos en la Iglesia, con todas sus circunstan-
cias y consecuencias.
4. La Misa enseña
La doctrina se enseña por las lecturas bíblicas que forman
parte de la liturgia de la palabra, la revelación de Dios en cuanto
a sus misterios y a la moral.
Veamos lo que nos indica la Ordenación general del Mi-
sal Romano (55-71), respecto a la Liturgia de la Palabra: Silen-
cio, Lecturas bíblicas, Salmo responsorial, Aclamación antes de
la lectura del Evangelio, Homilía, Profesión de fe y la Oración
universal.
a. Liturgia de la palabra
«La parte principal de la Liturgia de la Palabra la constituyen
las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura, junto con los cán-
ticos que se intercalan entre ellas; y la homilía, la profesión de
fe y la oración universal u oración de los fieles, la desarrollan y
la concluyen. Pues en las lecturas, que la homilía explica, Dios
habla a su pueblo41, le desvela los misterios de la redención y de
la salvación, y le ofrece alimento espiritual; en fin, Cristo mismo,
41 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia,
, 33.
336
A tener en cuenta
por su palabra, se hace presente en medio de los fieles42. El pueblo
hace suya esta palabra divina por el silencio y por los cantos; se
adhiere a ella por la profesión de fe; y nutrido por ella, expresa
sus súplicas con la oración universal por las necesidades de toda
la Iglesia y por la salvación de todo el mundo.
b. Silencio
La Liturgia de la Palabra se debe celebrar de tal manera que
favorezca la meditación; por eso hay que evitar cualquier forma
de apresuramiento que impida el recogimiento. Además convie-
ne que haya breves momentos de silencio, acomodados a la asam-
blea reunida, gracias a los cuales, con la ayuda del Espíritu Santo,
se saboree la Palabra de Dios en los corazones y, por la oración,
se prepare la respuesta. Dichos momentos de silencio pueden
observarse oportunamente, por ejemplo, antes de que se inicie la
misma Liturgia de la Palabra, después de la primera lectura, de
la segunda y, finalmente, una vez terminada la homilía 43.
c. Lecturas bíblicas
Por las lecturas se prepara para los fieles la mesa de la Palabra
de Dios y abren para ellos los tesoros de la Biblia 44. Conviene,
por lo tanto, que se conserve la disposición de las lecturas que
aclara la unidad de los dos Testamentos y de la historia de la
salvación; y no es lícito que las lecturas y el salmo responsorial,
42 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sa-
crosanctum Concilium, 7.
43 Cf. Misal Romano, Ordo lectionum Missae, segunda edición típica, 28.
44 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia,
Sacrosanctum Concilium, 51.
337
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
que contienen la Palabra de Dios, sean cambiados por otros tex-
tos no bíblicos45.
En la celebración de la Misa con el pueblo las lecturas se pro-
clamarán siempre desde el ambón.
Según la tradición, el servicio de proclamar las lecturas no es
presidencial, sino ministerial. Por consiguiente, que las lecturas
sean proclamadas por un lector; en cambio, que el diácono, o
estando éste ausente, otro sacerdote, anuncie el Evangelio. Sin
embargo, si no está presente un diácono u otro sacerdote, corres-
ponde al mismo sacerdote celebrante leer el Evangelio; y si no
se encuentra presente otro lector idóneo, el sacerdote celebrante
proclamará también las lecturas.
Después de cada lectura el lector propone una aclamación,
con cuya respuesta el pueblo congregado tributa honor a la Pala-
bra de Dios recibida con fe y con ánimo agradecido.
La lectura del Evangelio constituye la cumbre de la Liturgia
de la Palabra. La Liturgia misma enseña que debe tributársele
suma veneración, cuando la distingue entre las otras lecturas con
especial honor, sea por parte del ministro delegado para anun-
ciarlo y por la bendición o la oración con que se prepara; sea
por parte de los fieles, que con sus aclamaciones reconocen y
profesan la presencia de Cristo que les habla y escuchan de pie la
lectura misma; sea por los mismos signos de veneración que se
tributan al Evangeliario.
45 Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica Vicesimus quintus annus, día 4 de diciembre
de 1988, 13: A.A.S. 81 (1989), pág. 910.
338
A tener en cuenta
d. Salmo responsorial
Después de la primera lectura, sigue el salmo responsorial,
que es parte integral de la Liturgia de la Palabra y en sí mismo
tiene gran importancia litúrgica y pastoral, ya que favorece la
meditación de la Palabra de Dios.
El salmo responsorial debe corresponder a cada una de las
lecturas y se toma habitualmente del leccionario.
Conviene que el salmo responsorial sea cantado, al menos la
respuesta que pertenece al pueblo. Así pues, el salmista o el can-
tor del salmo, desde el ambón o en otro sitio apropiado, proclama
las estrofas del salmo, mientras que toda la asamblea permanece
sentada, escucha y, más aún, de ordinario participa por medio de
la respuesta, a menos que el salmo se proclame de modo directo,
es decir, sin respuesta. Pero, para que el pueblo pueda unirse con
mayor facilidad a la respuesta salmódica, se escogieron unos tex-
tos de respuesta y unos de los salmos, según los distintos tiempos
del año o las diversas categorías de Santos, que pueden emplear-
se en vez del texto correspondiente a la lectura, siempre que el
salmo sea cantado. Si el salmo no puede cantarse, se proclama
de la manera más apta para facilitar la meditación de la Palabra
de Dios.
En vez del salmo asignado en el leccionario, puede también
cantarse el responsorio gradual tomado del Gradual Romano o
el salmo responsorial o aleluyático tomado del Gradual Simple,
tal como se presentan en esos libros.
339
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
e. Aclamación antes de la lectura del Evangelio
Después de la lectura, que precede inmediatamente al Evan-
gelio, se canta el Aleluya u otro canto determinado por las rúbri-
cas, según lo pida el tiempo litúrgico. Esta aclamación constituye
por sí misma un rito, o bien un acto, por el que la asamblea de los
fieles acoge y saluda al Señor, quien le hablará en el Evangelio,
y en la cual profesa su fe con el canto. Se canta estando todos
de pie, iniciándolo los cantores o el cantor y si fuere necesario,
se repite, pero el versículo es cantado por los cantores o por un
cantor.
a) El Aleluya se canta en todo tiempo, excepto durante la Cua-
resma. Los versículos se toman del leccionario o del Gradual.
b) En tiempo de Cuaresma, en vez del Aleluya, se canta el
versículo antes del Evangelio que aparece en el leccionario. Tam-
bién puede cantarse otro salmo u otra selección (tracto), según se
encuentra en el Gradual.
Cuando hay solo una lectura antes del Evangelio:
a) En el tiempo en que debe decirse Aleluya, puede tomarse o
el salmo aleluyático o el salmo y el Aleluya con su versículo.
b) En el tiempo en que no debe decirse Aleluya, puede tomar-
se o el salmo y el versículo antes del Evangelio o solamente el
salmo.
c) El Aleluya o el versículo antes del Evangelio, si no se canta,
puede omitirse.
La Secuencia, que sólo es obligatoria los días de Pascua y de
Pentecostés, se canta antes del Aleluya.
340
A tener en cuenta
f. Homilía
La homilía es parte de la Liturgia y es muy recomendada 46,
pues es necesaria para alimentar la vida cristiana. Conviene que
sea una explicación o de algún aspecto de las lecturas de la Sa-
grada Escritura o de otro texto del Ordinario, o del Propio de la
Misa del día, teniendo en cuenta sea el misterio que se celebra,
sean las necesidades particulares de los oyentes47.
La homilía la hará de ordinario el mismo sacerdote celebrante
o éste se la encomendará a un sacerdote concelebrante o alguna
vez, según las circunstancias, también a un diácono, pero nunca a
un laico48. En casos especiales, y por justa causa, la homilía puede
hacerla también el Obispo o el presbítero que esté presente en la
celebración sin que pueda concelebrar.
Los domingos y las fiestas del precepto debe tenerse la homilía
en todas las Misas que se celebran con asistencia del pueblo y no
puede omitirse sin causa grave, por otra parte, se recomienda te-
nerla todos días especialmente en las ferias de Adviento, Cuares-
ma y durante el tiempo pascual, así como también en otras fiestas
y ocasiones en que el pueblo acude numeroso a la Iglesia 49.
46 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia,
Sacrosanctum Concilium, 52; cfr. Código de Derecho Canónico, canon 767, 1.
47 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Inter Oecumenici, día 26 de
septiembre de 1964, 54: A.A.S. 56 (1964) pág. 890.
48 Código de Derecho Canónico, canon 767, 1; Pontificia Comisión para la autén-
tica interpretación del Código de Derecho Canónico, respuesta a la duda acerca del
canon 767,1: A.A.S 79 (1987) pág. 1249; Instrucción interdiscasterial sobre algunas
cuestiones acerca de la cooperación de los fieles laicos en el ministerio de los sacer-
dotes, Ecclesiae de mysterio, día 15 de agosto de 1997, artículo 3: A.A.S. 89 (1997)
pág. 864.
49 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Inter Oecumenici, día 26 de
septiembre de 1964, 53: A.A.S. 56 (1964) pág. 890.
341
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Es conveniente que se guarde un breve espacio de silencio
después de la homilía.
g. Profesión de fe
El Símbolo o Profesión de Fe se orienta a que todo el pueblo
reunido responda a la Palabra de Dios anunciada en las lecturas
de la Sagrada Escritura y explicada por la homilía. Y para que
sea proclamado como regla de fe, mediante una fórmula aproba-
da para el uso litúrgico, que recuerde, confiese y manifieste los
grandes misterios de la fe, antes de comenzar su celebración en
la Eucaristía.
El Símbolo debe ser cantado o recitado por el sacerdote con
el pueblo los domingos y en las solemnidades; puede también
decirse en celebraciones especiales más solemnes.
Si se canta, lo inicia el sacerdote, o según las circunstancias, el
cantor o los cantores, pero será cantado o por todos juntamente,
o por el pueblo alternando con los cantores.
Si no se canta, será recitado por todos en conjunto o en dos
coros que se alternan.
h. Oración universal
En la oración universal u oración de los fieles, el pueblo res-
ponde en cierto modo a la Palabra de Dios recibida en la fe y,
ejercitando el oficio de su sacerdocio bautismal, ofrece súplicas
a Dios por la salvación de todos. Conviene que esta oración se
haga de ordinario en las Misas con participación del pueblo, de
tal manera que se hagan súplicas por la Santa Iglesia, por los
342
A tener en cuenta
gobernantes, por los que sufren diversas necesidades y por todos
los hombres y por la salvación de todo el mundo50.
El orden de intenciones de ordinario será:
a) Por las necesidades de la Iglesia.
b) Por los que gobiernan y por la salvación del mundo.
c) Por los que sufren por cualquier dificultad.
d) Por la comunidad local.
Sin embargo, en alguna celebración particular, como la Confir-
mación, el Matrimonio o las Exequias, el orden de las intenciones
puede tener en cuenta más expresamente la ocasión particular.
Pertenece al sacerdote celebrante dirigir las preces desde la
sede. Él mismo las introduce con una breve monición, en la que
invita a los fieles a orar, y la termina con la oración. Las inten-
ciones que se proponen deben ser sobrias, compuestas con sabia
libertad y con pocas palabras y expresar la súplica de toda la
comunidad.
Las propone el diácono, o un cantor, o un lector, o bien, uno de
los fieles laicos desde el ambón o desde otro lugar conveniente51.
Por su parte, el pueblo, de pie, expresa su súplica, sea con
una invocación común después de cada intención, sea orando en
silencio»52.
50 Cfr. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia,
Sacrosanctum Concilium, 53.
51 Cfr. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Inter Oecumenici, día 26 de
septiembre de 1964, 56: A.A.S. 56 (1964) pág. 890.
52 Misal Romano, 55-71.
343
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Y por lo demás hay muchos textos en el precioso Misal
Romano.
También son alimento.
̶ Enseña también en cuanto a los sacramentos.
Hay Misas rituales por el Bautismo, Confirmación, Eucaris-
tía, Ordenación, Matrimonio, sobre la reconciliación.
̶ Asimismo sobre la oración, que es toda la Misa, como enseña
el Catecismo de la Iglesia Católica:
i. Catequesis y liturgia
«“La liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Igle-
sia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza”
(SC 10). Por tanto, es el lugar privilegiado de la catequesis del
Pueblo de Dios. “La catequesis está intrínsecamente unida a toda
la acción litúrgica y sacramental, porque es en los sacramentos,
y sobre todo en la Eucaristía, donde Jesucristo actúa en plenitud
para la transformación de los hombres” (CT 23)»53.
«La catequesis litúrgica pretende introducir en el Misterio de
Cristo (es “mistagogia”), procediendo de lo visible a lo invisible,
del signo a lo significado, de los “sacramentos” a los “misterios”.
Esta modalidad de catequesis corresponde hacerla a los catecis-
mos locales y regionales. El presente catecismo, que quiere ser
un servicio para toda la Iglesia, en la diversidad de sus ritos y
sus culturas (cf SC 3-4), enseña lo que es fundamental y común a
toda la Iglesia en lo que se refiere a la liturgia en cuanto misterio
53 Catecismo de la Iglesia Católica, 1074.
344
A tener en cuenta
y celebración (primera sección) y a los siete sacramentos y los
sacramentales (segunda sección)»54.
j. La liturgia de la Iglesia
«La misión de Cristo y del Espíritu Santo que, en la litur-
gia sacramental de la Iglesia, anuncia, actualiza y comunica el
Misterio de la salvación, se continúa en el corazón que ora. Los
Padres espirituales comparan a veces el corazón a un altar. La
oración interioriza y asimila la liturgia durante y después de la
misma. Incluso cuando la oración se vive “en lo secreto” (Mt
6,6), siempre es oración de la Iglesia, comunión con la Trinidad
Santísima55»56.
Sobre todo nos ayuda con la gracia para que podamos vi-
vir según Dios todas las virtudes necesarias.
De manera especial la Misa nos mueve hacia el futuro dándo-
nos esperanza contra toda esperanza. Y enardeciéndonos a vivir
las virtudes en grado heroico.
Es la Misa la que nos lanza con entusiasmo a la «aventura
misionera» sin fronteras.
54 Ibid., 1075.
55 Cf. Institución general de la Liturgia de las Horas, 9.
56 Ibid., 2655.
345
9. Participación de los religiosos en la Santa Misa
¡No sé si jamás ha salido de la mano del Altísimo misterio más
profundo!
«Hay en la Santa Misa tantos misterios como gotas de agua en el mar,
como átomos de polvo en el aire y como ángeles en el cielo; no sé si jamás
ha salido de la mano del Altísimo misterio más profundo»
(San Buenaventura, Doctor de la Iglesia).
Pensamos que, a modo de ejemplo, los siguientes pueden ser
los principales temas a tener en cuenta para una participación
en la Misa activa, consciente y fructuosa para religiosos y reli-
giosas. Los temas pueden ser muchos más y cada uno los puede,
libremente, elegir. Podemos decir que los temas son inagotables,
como es inagotable la Misa.
No se trata de tener todos los temas presentes en nuestra con-
sideración, sino de ir recorriéndolos, uno a uno, para observar si
en algunos debemos detenernos más tiempo hasta que le demos
la suficiente importancia.
Los temas, en general, son:
1. Santísima Trinidad
2. Jesucristo
a. Particular relación con Jesús
b. La vida consagrada es la forma de vida de Jesús: casto,
pobre y obediente. Su ejemplo, incluso, en la Eucaristía. Votos
c. La vida consagrada nos debe configurar con Él
d. La vida consagrada tiene un carácter totalizante, es
holocausto
e. Produce una existencia transfigurada
347
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
f. Vida de oración e intercesión por los vivos y los
difuntos
g. Es memoria viva del modo de existir, pensar y obrar de
Jesús. Y, además, es tradición viviente…
3. Iglesia
a. Siguiendo la “Vita consecrata”
b. La peculiar consagración mediante la profesión de los
consejos evangélicos
c. Comparación entre consagración bautismal, la sacerdo-
tal y la de la vida consagrada
d. Siguiendo el Ordinario de la Misa
4. María
Sugiero que se tome un tema durante el tiempo necesario para
incorporarlo a nuestra vida, haciendo examen particular adapta-
do sobre el mismo para observar lo que hay que mejorar y lo que
hay que corregir. Considero que vale para este tema lo que dice
la Imitación de Cristo: «Si cada año desarraigásemos un vicio
[o plantásemos una virtud], presto seríamos perfectos»1. Digo
examen particular adaptado porque se refiere sólo a un acto en el
día, por tanto se podría hacer el propósito al despertarse; y luego
el examen particular al mediodía, si se participó de la Misa a la
mañana, o a la noche si fue en la Misa vespertina.
El tema elegido, normalmente, primero debería ser estudia-
do para conocer su naturaleza, las propiedades y consecuencias
que tiene en nuestra vida espiritual y demás ámbitos. Luego se
1 Imitación de Cristo Libro I, cap. XI.
348
Participación de los religiosos en la Santa Misa
debería ir introduciéndolo en nuestra Misa diaria para recibir
luz acerca del mismo, para ir tomando decisiones sobre el mismo,
para recibir las gracias que se necesitan para vivir de acuerdo
a las luces recibidas, con el firme propósito de perseverar en el
empeño, a pesar de las dificultades, tomándose todo el tiempo
necesario hasta que las reflexiones se hagan carne de nuestra
carne, se internalicen. Asimismo, se deben repetir más adelante,
siempre que sea necesario, con el fin de participar mejor de la
Misa según el carisma de nuestra vida consagrada.
Ponemos a modo de ejemplo:
1. La Santísima Trinidad
a. Tomado de la “Vita consecrata”
1. La vida consagrada es, de hecho, confesión, manifes-
tación, signo, testimonio de la Trinidad
La forma de vida de Jesús -casto, pobre, obediente- revela la
2ª Persona de la Santísima Trinidad y lo que debe ser la existencia
cristiana. Es el modo más radical y divino de vivir el Evangelio.
Nos hace pertenecer totalmente al Padre y obedecer totalmente
al Espíritu Santo. De ahí que los consejos evangélicos son expre-
sión del amor del Hijo al Padre en la unidad del Espíritu Santo.
El bautismo nos lleva a una respuesta radical ¿Vivimos los
radicalismos del seguimiento de Jesús, de la no-pretensión, del
amor, en el uso de los bienes, frente a las dificultades de la mi-
sión? ¿Lo somos de verdad? ¿Cómo lo mostramos? ¿Debemos
cambiar algo? ¿Cómo mejorar nuestra relación con la Trinidad?
¿Algún propósito?
349
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
2. La vida consagrada en el misterio de la Trinidad y en
el misterio del Verbo Encarnado
El fundamento bíblico de la vida consagrada se encuentra en
la especial relación que Jesús estableció con algunos de sus discí-
pulos invitándoles a poner la propia existencia al servicio del Rei-
no de Dios, dejando todo e imitando de cerca su forma de vida
–casta, pobre, obediente-. Esto solo es posible por una vocación
especial y un don peculiar del Espíritu. Lo cual es iniciativa del
Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, mostrando de modo par-
ticularmente vivo el carácter trinitario de la vida consagrada, que
anticipa la vida del cielo. La cual llamada exige una respuesta de
nuestra parte, total, exclusiva e indivisa. Por eso la entrega del
consagrado se equipara a un auténtico holocausto.
¿Sigo tratando de quedarme con ‘algo’ que no sea Dios? ¿Sea
siguiendo mi juicio propio? ¿Sea siguiendo mi voluntad propia?
¿Sea siguiendo mi honor propio? ¿O siguiendo mi gusto propio?
Son raíces todas del amor propio desordenado. Señal de que to-
davía no soy auténtico holocausto. «Este dejarlo todo y seguir al
Señor (cf. Lc 18,28) es un programa válido para todas las perso-
nas llamadas y para todos los tiempos»2.
Los consejos evangélicos son, ante todo, un don de la Santísi-
ma Trinidad, a los que hay que responder «con un amor cada vez
más sincero e intenso en dimensión trinitaria: amor a Cristo, que
llama a su intimidad; al Espíritu Santo, que dispone el ánimo a
acoger sus inspiraciones; al Padre, origen primero y fin supremo
de la vida consagrada»3.
2 VC, 18.
3 VC, 21.
350
Participación de los religiosos en la Santa Misa
En el cumplimiento de mis votos, ¿reflejo la vida trinitaria?
¿Qué debo hacer para reflejarla?
Cada carisma tiene una orientación hacia el Padre, el Hijo y
el Espíritu Santo.
3. Sentido trinitario de la vida consagrada
«La referencia de los consejos evangélicos a la Trinidad San-
ta y santificante revela su sentido más profundo. En efecto, son
expresión del amor del Hijo al Padre en la unidad del Espíritu
Santo. Al practicarlos, la persona consagrada vive con particu-
lar intensidad el carácter trinitario y cristológico que caracteriza
toda la vida cristiana.
La castidad de los célibes y de las vírgenes, en cuanto mani-
festación de la entrega a Dios con corazón indiviso (cf. 1 Co 7,
32-34), es el reflejo del amor infinito que une a las tres Personas
divinas en la profundidad misteriosa de la vida trinitaria; amor
testimoniado por el Verbo encarnado hasta la entrega de su vida;
amor «derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo »
(Ro 5,5), que anima a una respuesta de amor total hacia Dios y
hacia los hermanos.
La pobreza manifiesta que Dios es la única riqueza verdadera
del hombre. Vivida según el ejemplo de Cristo que «siendo rico,
se hizo pobre» (2 Cor 8,9), es expresión de la entrega total de sí
que las tres Personas divinas se hacen recíprocamente. Es don
que brota en la creación y se manifiesta plenamente en la Encar-
nación del Verbo y en su muerte redentora.
La obediencia, practicada a imitación de Cristo, cuyo alimen-
to era hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4,34), manifiesta la belle-
351
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
za liberadora de una dependencia filial y no servil, rica de sentido
de responsabilidad y animada por la confianza recíproca, que es
reflejo en la historia de la amorosa correspondencia propia de las
tres Personas divinas»4.
¿Percibo como mi vida consagrada está inscripta en el cora-
zón de la Trinidad? ¿Me encuentro dentro de Ella o, mejor aún,
Ella dentro de mí? ¿El voto que más me cueste vivir lo vivo
como reflejo de la Trinidad? Por tanto, ¿Amo los cuatro votos y
cada uno de ellos? ¿Qué debo hacer, eficazmente, para mejorar en
ellos? De manera especial en el voto que más me cueste y si me
cuesta, ¿No será porque no lo vivo como reflejo de la Trinidad?
b. Del Ordinario de la Misa
1. La señal de la cruz. Toda Misa y toda la Misa, comienza,
transcurre y termina abrazándonos a la Santísima Trinidad, un
solo Dios verdadero en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y
el Espíritu Santo. Cada una de las tres personas es Dios: El Padre
es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, pero no son
tres dioses sino un solo Dios, vivo y verdadero.
¿Cómo es que nos abrazamos a la Santísima Trinidad? Meta-
fóricamente lo hacemos cuando nos signamos (haciendo la señal
de la cruz sobre nosotros desde la frente al pecho y del hombro
izquierdo al derecho) y nos santiguamos invocando a la Santísi-
ma Trinidad diciendo: «En el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. Amen». Nos recuerda que hemos sido bautizados
en nombre de la Santísima Trinidad, que ello es posible porque
Cristo murió en la cruz por nuestra salvación y, al tocar nuestro
4 Ibid.
352
Participación de los religiosos en la Santa Misa
cuerpo al signarnos hacemos presente que somos miembros de
la Iglesia, Reino de Dios (Lumen gentium, 5), Pueblo de Dios
(Lumen gentium, 9-17), Cuerpo místico de Cristo (Lumen gen-
tium, 7).
2. La oración colecta. «Siguiendo una antigua tradición de la
Iglesia, la oración colecta suele dirigirse a Dios Padre, por medio
de Cristo en el Espíritu Santo5 y termina con la conclusión trini-
taria, es decir, con la más larga, de este modo:
Si se dirige al Padre: Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
Si se dirige al Padre, pero al final se menciona al Hijo: Él, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos.
Si se dirige al Hijo: Tú que vives y reinas con el Padre en
la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los
siglos.
El pueblo uniéndose a la súplica, con la aclamación Amén la
hace suya la oración»6.
3. La oración sobre las ofrendas y la oración después de la
comunión, tienen una conclusión breve (que supone la conclu-
sión larga).
5 Cf. Tertuliano, Adversus Marcionem, IV, 9: XXSL 11, p. 560; Orígenes, Disputa-
tio cum Heracleida, n. 4: SCh 67, p. 62; Statuta Concilii Hipponensis Breviata, 21:
CCSL 149, p. 39.
6 OGMR, Coeditores Litúrgicos 2005, 54.
353
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
«Depositadas las ofrendas y concluidos los ritos que las
acompañan, con la invitación a orar junto con el sacerdote, y con
la oración sobre las ofrendas, se concluye la preparación de los
dones y se prepara la Plegaria Eucarística.
En la Misa se dice una sola oración sobre las ofrendas, que se
concluye con la conclusión más breve, es decir: Por Jesucristo,
nuestro Señor; y si al final de ella se hace mención del Hijo: (Él)
que vive y reina por los siglos de los siglos.
El pueblo uniéndose a la súplica con la aclamación Amén,
hace suya la oración»7.
«Para terminar la súplica del pueblo de Dios y también para
concluir todo el rito de la Comunión, el sacerdote dice la oración
después de la Comunión, en la que se suplican los frutos del
misterio celebrado.
En la Misa se dice una sola oración después de la Comunión,
que termina con conclusión breve, es decir:
— Si se dirige al Padre: Por Jesucristo, nuestro Señor.
— Si se dirige al Padre, pero al fin se menciona el Hijo: Que
vive y reina por siglos de los siglos.
— Si se dirige al Hijo: Tú, que vives y reinas por los siglos de
los siglos.
El pueblo hace suya la oración con la aclamación: Amén»8.
4. El Gloria tiene una estructura trinitaria…; al igual que el
Credo…; y que el Padre nuestro, que se dirige al Padre, fue en-
7 OGMR, 77.
8 OGMR, 89.
354
Participación de los religiosos en la Santa Misa
señada por el Hijo y también se piden los siete dones del Espíritu
Santo según enseña San Agustín: «en su libro De serm. Dom.
in monte 44, donde adapta las siete peticiones a los dones y las
bienaventuranzas en estos términos:
Si gracias al temor de Dios, son bienaventurados los pobres
de espíritu, pidamos que el nombre de Dios sea santificado con
casto temor entre los hombres.
Si por la piedad son fieles los mansos, pidamos que venga a
nosotros su reino para que nos vayamos sosegando y ofrezcamos
menos resistencia.
Si por la ciencia son bienaventurados los que lloran, pidamos
que se haga su voluntad, porque así dejaremos de llorar.
Si la fortaleza es la que hace que sean bienaventurados los
que padecen hambre, pidamos que se nos dé el pan nuestro de
cada día.
Si el consejo es el don por el que son bienaventurados los mi-
sericordiosos, perdonemos las deudas ajenas para que las nues-
tras nos sean perdonadas.
Si el entendimiento hace que sean bienaventurados los lim-
pios de corazón, oremos para no tener un corazón impuro, que
anda en pos de los bienes temporales, de donde dimanan nuestras
tentaciones.
Si la sabiduría hace que sean bienaventurados los pacíficos,
porque serán llamados hijos de Dios, oremos para vernos libres
355
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
del mal, ya que tal liberación nos traerá la libertad de los hijos
de Dios»9.
5. Al Padre, primera Persona de la Trinidad, se ofrece la di-
vina Víctima. Toda la Misa y todas las Misas: por Jesucristo, se
ofrecen al Padre, en el Espíritu Santo.
Las oraciones lo indican con un «a ti» («tibi»).
«A ti» aparece en las Plegarias eucarísticas.
Aparece muchas veces en los textos litúrgicos (nos referire-
mos en especial, a las Plegarias eucarísticas) «A ti» indicando un
término, destino o dirección, que es un salto a otro orden distinto
del nuestro creatural, limitado y finito, para dirigirnos al Otro,
del Creador Ilimitado e Infinito. «A ti» es el salto a la trascenden-
cia. «A ti» distingue principalmente el sacrificio del sacramento:
«[La Eucaristía] es simultáneamente sacrificio y sacramento –
dice Santo Tomás de Aquino, e inmediatamente da la razón por
la cual es una cosa y la otra—: tiene razón de sacrificio en cuanto
se ofrece, y tiene razón de sacramento en cuanto es recibido»10.
«A ti» expresa de parabienes la gramática y el vocabulario del
sacrificio.
a. Se dirige a Dios Padre Todopoderoso, y con muchos
matices expresando siempre el sacrificio o aspectos del sacrifi-
cio, por ejemplo, nuestra unión con Dios, único destinatario del
sacrificio.
9 S. Th., II-II. Q. 83, a. 9, ad 3.
10 S. Th., III, 79, 5, c.: «Respondeo dicendum quod hoc sacramentum simul est et
sacrificium et sacramentum, sed rationem sacrificii habet inquantum offertur; ratio-
nem autem sacramenti inquantum sumitur».
356
Participación de los religiosos en la Santa Misa
-“Por Cristo, con Cristo y en Cristo a ti, Dios Padre omnipo-
tente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria…”,
13 veces en todas las solemnes Doxologías de las 13 Plegarias
eucarísticas del Misal Romano11.
-“Reúne en torno a ti, Dios Padre Todopoderoso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo”. (Plegaria eucarística
III).
- “A imagen tuya creaste al hombre…
Para que, sirviéndote solo a ti, su Creador”. (Plegaria euca-
rística IV).
-“A ti, Dios y Padre nuestro, te pedimos
que nos envíes tu Espíritu,
para que este pan y este vino
sean el Cuerpo y la Sangre de Jesús, nuestro Señor” (En la
primera Epíclesis). (Plegaria eucarística para las Misas con niños
II).
-“Mira con amor, Padre de bondad
a quienes llamas a unirse a ti” (Plegaria eucarística sobre la
Reconciliación I).
-“y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti,
eterno Dios”. (Conmemoración de los vivos, Plegaria eucarística
I).
-“A ti, Señor, que nunca olvidas a nadie,
te pedimos por todas las personas que amamos,
y por todos los que han muerto en tu paz” (Plegaria eucarística
para las Misas con niños I).
11 Coeditores Litúrgicos, 17ª ed., Barcelona 2001.
357
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
-“¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!” (4 veces en el Prefa-
cio). (Plegaria eucarística para las Misas con niños II).
b. El acercamiento y proximidad que manifiesta:
-“porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro,
seremos para siempre semejantes a ti
y te cantaremos eternamente tus alabanzas” (Plegaria III).
-“Te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre,
sacrificio agradable a ti
y salvación para todo el mundo” (Plegaria eucarística IV).
-“Cuando nosotros estábamos perdidos
y éramos incapaces de volver a ti,
nos amaste hasta el extremo” (Plegaria eucarística sobre la
Reconciliación I).
-“Él vino para enseñarnos
cómo debemos amarte a ti
y amarnos los unos a los otros” (En el Sanctus).
-“Él [Jesús] se ha puesto en nuestras manos
para que te lo ofrezcamos como sacrificio nuestro
y junto con Él nos ofrezcamos a ti” (En el Memorial). (Plega-
ria eucarística para las Misas con niños II).
-“Él nos anunció la vida que viviremos junto a ti
en la luz y en la eternidad” (Antes de la 1ª Epíclesis en la
Cincuentena pascual).
-“Él [Jesús] vive ahora junto a ti
y está con nosotros”(En el Memorial).
-“Concede a tus hijos la gracia
358
Participación de los religiosos en la Santa Misa
de hacer las cosas que a ti te agradan” (En la conmemoración
de los vivos). (Plegaria eucarística para las Misas con niños III).
Es tan importante este grupo proposicional que aparece unas
42 veces en el Misal Romano en español. En latín, tibi, aparece
unas 65 veces12.
Cuando se pide que «acepte» nuestra oblación, o que le «sea
agradable» se está hablando del Padre. Porque es parte esencial
del sacrificio el que Dios Padre acepte el mismo. En la Misa
acepta con grado sumo el perfectísimo sacrificio de su Hijo y
nuestros sacrificios los acepta o no, según nuestras disposiciones
espirituales.
6. Al Hijo hecho hombre, el Sacerdote Principal de la Misa
es Cristo, segunda Persona de la Trinidad; y la Víctima que se
ofrece es Cristo, a quien lo ofrecemos como sacrificio y lo reci-
bimos como sacramento. A la divina Víctima unimos nuestros
sacrificios espirituales y los que ofrecen todos los hermanos y
demás hombres de buena voluntad.
Es Cristo, la misma Víctima del Calvario y del altar, quien
está presente, verdadera, real y sustancialmente, con su Cuerpo
y Sangre por razón del sacramento y con su alma y su Divinidad
por razón de la compañía o concomitancia. Y es lo que recibimos
en la Comunión.
7. Al Espíritu Santo, tercera Persona de la Trinidad, que es
quien obra en la Santa Misa, en especial en las oraciones epicléti-
cas que son ante-consagratoria y post-consagratoria; en la prime-
12 Contadas las 3 veces de la Doxología y suponiendo que, al menos, sea 8 veces
dicho tibi en los formularios de las 3 Misas con participación de niños.
359
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
ra se pide que actúe con su poder para que se realice la conversión
del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor; en la se-
gunda que haga posible que los ministros y fieles participantes,
y por los que se ofrece el sacrificio aprovechen espiritualmente
del divino Sacrificio.
Hay que recordar, también, que el Espíritu Santo nos inspira
fuera de la Misa por lo que siempre llevamos y sacamos de la
Misa algún bien distinto. Por eso es imposible que la Misa abu-
rra, los aburridos somos nosotros, los participantes, que a veces
no sabemos hacer lo que debemos hacer.
8. Siempre está espiritualmente presente María Santísima
en cada Misa. Y una corte de ángeles hace ronda en nuestros
altares.
2. Jesucristo
La vida consagrada también está en el corazón de Jesús. Cada
consagrado en este mundo actualiza para sus contemporáneos la
forma de vivir de Jesús, casto, pobre, obediente.
a. Particular relación con Jesús
Él nos ha elegido para que proyectemos en el tiempo su forma
de vida en castidad, pobreza y obediencia en plenitud para la
extensión de su Reino.
¿Defiendo esa particular relación con Jesús con la oración, el
estudio, el sacrificio, la vida fraterna en común…? ¿Debo hacer
algo más? ¿Lucho contra mi defecto dominante haciendo agere
contra, porque va mellando esa particular relación con Jesús?
360
Participación de los religiosos en la Santa Misa
¿Lo hablo con mi director espiritual? ¿Pongo medios eficaces, no
meramente teóricos, para intensificar mi relación con Jesús?
b. La vida consagrada es la forma de vida de Jesús: cas-
to, pobre y obediente. Su ejemplo, incluso, en la Eucaristía.
Votos
Seguimos algunas enseñanzas sobre los votos religiosos atri-
buidas a San Pedro Julián Eymard que nos muestra cómo la Eu-
caristía es maestra de vida consagrada.
1. Castidad
«Por sí solo este voto consagra a Dios y comunica una digni-
dad sagrada sacándole de lo vulgar. La virgen es sagrada, como
lo son el sacerdote y el cáliz del sacrificio; el voto reemplaza la
Unción santa. Consagra la virgen a Jesucristo como Esposa suya.
Es un contrato de eterna alianza con El. Reemplaza para la mujer
la consagración sacerdotal que entrega al levita a nuestro Señor
como eterno ministro suyo»13.
«Os habéis entregado y consagrado; pero también debéis in-
molaros. — ¿Qué quiere decir esto?—Pues que debéis estar in-
moladas al amor de vuestro divino Esposo y vivir en continuo
sacrificio. El voto, al trocaros en personas sagradas, os destina al
sacrificio, como aquellas víctimas jóvenes, puras y sin mancha,
que se escogían para ser inmoladas al Señor, las cuales estaban
destinadas solamente para esto desde el momento en que se las
separaba de lo profano.
13 San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas, Ed. Eucaristía, Madrid 1963, p.
1088.
361
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
El amor es crucificante, inmolador. Y como, por otra parte,
os habéis unido con un Esposo crucificado, ¿no es natural que la
esposa participe del estado de su esposo?»14.
«Pues bien; ¿queréis amar a nuestro Señor? Entregaos a Él y
vivid para Él, por amor; como Él vive para vosotras. Buscad en
vuestro corazón lo que más le agrade, como Él hace para con vo-
sotras. ¿Que esto es la perfección? No, no es más que comienzo
y deber de hija. No puede haber orgullo en pretender obrar así.
¿Quién puede ser orgulloso mirando a nuestro Señor?
Renovad el voto de virginidad: es vuestro voto de amor. Los
otros son fruto de vuestra vida, mientras que éste es su flor. Re-
novadlo a menudo. Decid: Me consagro a vos, Dios mío, para
amaros virginalmente, para amaros, ¿cómo diré?, con amor de
sangre, con amor eterno»15.
Sobre este tema no podemos dejar de remitir al hermosísimo
y admirable texto que sigue, cosa que incluso estará de acuerdo
quien vaya a menos de su deber en estos asuntos. Lo llevo predi-
cando en Ejercicios de mes desde el año 1983:
2. La castidad triunfal
«Las características de la idónea castidad sacerdotal—escribe
Landuci16—se pueden deducir de la consideración del modo de
vencer la pasión, o de la pasión misma en cuanto tendencia.
14 Ibid., p. 1089.
15 Ibid., p. 1092.
16 Cf. La sacra vocazione p.170ss. Aunque el autor habla propiamente de la castidad
de aspirante al sacerdocio, sus observaciones son perfectamente válidas aplicadas al
aspirante a la vida religiosa; cf. Antonio Royo Marín, La vida religiosa, p. 159-161.
362
Participación de los religiosos en la Santa Misa
a. El modo de vencer la pasión
El modo de la victoria puede ser muy variado. Puede ser
sustancialmente suficiente, o perfecto, o más que perfecto. Las
palabras evidentemente importan poco: lo que verdaderamente
importa son los conceptos.
1. La victoria sustancial se obtiene eliminando el pecado
grave.
2. La perfecta, eliminando incluso los pecados menores: lo
que puede hacerse, indudablemente, con mayor o menor delica-
deza de conciencia.
3. La victoria más que perfecta -que se podría llamar también
superior o triunfal- se obtiene no sólo huyendo del pecado con
la máxima delicadeza, sino yendo más allá, o sea, superando la
mera eliminación del pecado; lo cual, a su vez, puede realizarse
o en cuanto a la prontitud o en cuanto a la totalidad.
I. La superior prontitud se caracteriza por la eliminación
de toda discusión o compromiso con la tentación y por la inme-
diatez y radicalidad de la victoria, lo cual implica un especial y
generoso dinamismo de la virtud.
II. La superioridad de totalidad se caracteriza por la nega-
ción de la pasión extensivamente llevada a todos los sectores de
la esfera sexual, considerada incluso en sus aspectos indirectos,
de vana belleza, amor natural, etc., relacionados con los sentidos
y el sexo, pero no estrictamente pecaminosos de por sí; sobre
todo, a la inmolación del corazón.
363
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Un buen laico, encaminado normalmente al matrimonio, está
obligado de por sí a conseguir la victoria perfecta, eliminando
incluso los más pequeños pecados y puede alcanzar de propósito
una conciencia delicadísima. El amor a la virtud podrá incluso
empujarle a la superioridad virtuosa de una gran prontitud en
la victoria. Pero no podrá ni deberá abstenerse y evadirse de
la esfera sexual no propiamente pecaminosa y deberá más bien
interesarse por los problemas del sexo y del amor y buscar los ho-
nestos encuentros que le permitan el día de mañana la elección de
la compañera de su vida y la celebración del matrimonio. Man-
teniendo de tal modo el interés por el problema y la aspiración al
otro sexo, tratará de apagar en cierto modo la inclinación sexual,
sin llegar, sin embargo, a la renuncia total.
Por el contrario, el joven llamado al celibato sacro y sacerdo-
tal, además de encontrar en la meta superior de entrega apostóli-
ca al Esposo divino el título positivo especial—bien superior al
de los laicos—para tender a la máxima delicadeza en la elimina-
ción de los más insignificantes pecados y a la superior prontitud,
encontrará también la invitación a la máxima superioridad de
extensión, negando toda inclinación y voluntario interés a toda
la esfera sexual, a la cual está destinado a permanecer perpe-
tuamente extraño, cumpliendo en absoluto el predicho renuncia-
miento total.
Esta superioridad de delicadeza, de prontitud y, sobre todo,
de totalidad en la negación de toda la esfera sexual, es la carac-
terística discriminatoria del modo sacerdotal (o religioso) de la
castidad con relación a la laica… (Cuidará sus conversaciones,
364
Participación de los religiosos en la Santa Misa
será muy prudente con sus miradas -TV, videos, navegación por
la Web, fotos, etc.-, no escuchará música sensual…).
Para que no se confunda lo que estamos diciendo sobre la cas-
tidad sacerdotal con ideales utopistas, debe reflexionarse atenta-
mente que todos los antedichos modos de victoria, ya sea del tipo
laico o del tipo sacerdotal, suponen evidentemente un aprendi-
zaje y una progresividad. Sería utopía pretender que un llamado
deba presentar desde el comienzo de su vocación aquella actual
castidad angélica. Pero debe tener o debe tomar tempestivamente
tal orientación y tal camino. Se trata de un itinerario diverso y
superior al de la castidad laica, que debe adquirir desde el prin-
cipio mismo tal impronta.
Aunque hubiera acaso todavía, en los primeros años de la for-
mación sacra, alguna falta—objeto de la casuística, conocida por
todos, acerca de los criterios de tolerancia17 —, la existencia de tal
impronta en el desarrollo de la batalla, o sea, la existencia de tal
voluntad de total renunciamiento, llene un valor favorable más
indicativo que la eliminación de toda falta en quien no tenga, sin
embargo, tal orientación. Porque éste nos da la garantía de haber
emprendido el justo camino de la castidad sacerdotal, avanzando
por el cual podrá llegar a la absoluta victoria triunfal; mientras
que sería imposible alcanzar jamás esta meta si se hubiera equi-
vocado el camino.
17 Particularmente importantes son las normas emanadas como documento reser-
vado -de la Sagrada Congregación de Seminarios en 1943 y reproducidas en 1 de
julio de 1955, y la «Instrucción sobre la cuidadosa selección y formación de los can-
didatos al estado de perfección y a las órdenes sagradas» (reservada a los superiores
y formadores) de la Sagrada Congregación de Religiosos, fechada en Roma el 2 de
febrero de 1961, etc.
365
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
b. La pasión misma en cuanto a la tendencia
Este camino de superior victoria está relacionado con la otra
característica que indicábamos más arriba, relativa a la tendencia.
El desinterés que tal modo implica hacia toda la esfera sexual, en
el sentido que acabamos de explicar, se entiende naturalmente en
sentido apreciativo o volitivo, sin excluir, por lo mismo, el perdu-
rar del instinto natural, o sea, de la natural tendencia.
La renuncia volitiva a esta tendencia instintiva puede, sin em-
bargo, sobrevenir de dos modos:
-o negativamente, como pura mortificación dolorosamente
soportada,
-o positivamente, como anhelado y alegre sacrificio para ob-
tener la íntima unión con Dios de aquel espiritual matrimonio
virginal que caracteriza, según San Pablo (1 Cor 7), al estado
sacerdotal; en la cual unión el corazón no queda sofocado (mor-
tificado = hecho muerto), sino entregado, hecho sagrado (sacri-
ficado = hecho sacro).
Únicamente esta segunda actitud es digna de la castidad sa-
cerdotal. La entrega amorosa que ello implica debe ser gozosa.
El factor positivo prevalece claramente sobre el negativo y la
verdadera tendencia del propio ser la de la voluntad superior, no
la de la inclinación inferior, lo que equivale a evadirse de la esfera
sexual para sumergirse en la esfera espiritual del divino amor,
que es el fin de la virginidad.
Esta superior tendencia positiva, además de constituir eviden-
temente un fundamental apoyo del alma para realizar la renuncia
total en sentido negativo, expresa el factor más específicamente
366
Participación de los religiosos en la Santa Misa
indicativo de la castidad sacerdotal. Un joven tan sólo negativa-
mente puro, aunque lo sea en el sentido superior de que hemos
hablado, no da todavía señales de vocación sacerdotal, como en
el plano mundano un joven que se limitase a huir de cualquier
atractivo hacia las otras jóvenes no daría con ello suficiente prue-
ba de amar solamente a la elegida.
El contraste entre la tendencia volitiva y la tendencia instin-
tiva presenta, de ordinario, otro relieve. Aun pudiendo existir,
hablando en abstracto, y permanecer incluso permanentemente,
no es presumible que el Dios de la paz llame para sí a un corazón
destinado a permanecer siempre desgarrado por el reclamo de
un amor inferior. Un joven que, aun aspirando generosamente a
la divina unión, sienta naturalmente una tenaz, muy profunda y
siempre más invasora tendencia al amor sexual, e incluso tan sólo
a los goces naturales del corazón, aunque mientras tanto acierte a
vencer de modo superior, demuestra una constitución poco apta
para vivir permanentemente en la renuncia total de los sentidos y
del corazón. Si la situación no cambia, ordinariamente se le debe
considerar no llamado»18.
3. Pobreza
«En la Eucaristía Cristo se desposa con la pobreza; hónrala y
ama a ésta su cara esposa más que cualquier otro bien [...].
18 Pier Carlo Landucci, La sacra vocazione p.170ss. Aunque el autor habla propia-
mente de la castidad de aspirante al sacerdocio, sus observaciones son perfectamente
válidas aplicadas al aspirante a la vida religiosa; cfr. Antonio Royo Marín, La vida
religiosa, p. 159-161.
367
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
La pobreza es el mérito de la paciencia, de la confianza, del
sufrimiento y del abandono»19.
«... el amor de la pobreza le lleva hasta velar la gloria de su
divinidad y el esplendor de la humanidad gloriosa; para aparecer
más pobre y no tener cosa que le pertenezca, se despoja de toda
su libertad y movimiento exterior, así como de toda propiedad:
hallase, en la Eucaristía, como en las entrañas de su santa Madre,
envuelto y oculto en las especies...»20.
4. Obediencia
«Jesús obedece a la primera palabra del sacerdote, a la volun-
tad de todo fiel. Siempre está dispuesto a escuchar a los que le van
a visitar, a los que le llaman, a darse a los que se lo piden.
Por parte de Jesús ninguna excusa, ninguna excepción. Sólo
una cosa sabe: obedecer, y su amor a la obediencia llega hasta el
extremo de aceptar las humillaciones más odiosas, los oprobios
más indignos [...] Jesús Eucaristía se ha hecho esclavo del hombre
así del hombre bueno como del malo.
Así la obediencia eucarística de una hermana debe también
sin condiciones; sin condición de empleo, pues todo es divino en
el servicio de Dios»21.
19 San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas, Ed. Eucaristía, Madrid 1963, p.
809.
20 Ibid., p. 160.
21 Ibid., p. 811.
368
Participación de los religiosos en la Santa Misa
5. Materna esclavitud de amor
6. La Misa, escuela ideal de los votos religiosos
Se puede leer y estudiar con provecho la doctrina de los vo-
tos religiosos de los llamados «consejos evangélicos», que son
la forma de la vida de Jesús y constituyen la esencia de la vida
consagrada.
Hay mucha bibliografía al respecto22. Por comodidad sólo po-
nemos un ejemplo, Antonio Royo Marín, La vida religiosa, BAC
Madrid 1968: Pobreza, Teoría y práctica, pp. 242-276; Castidad,
Teoría y práctica, pp. 276-324; Obediencia, Teoría y práctica, pp.
324-375. (También podrían estudiarse y tenerlos en cuenta para
la participación en la Misa, los temas que trata a continuación:
Caridad fraterna, espíritu de fe, oración del religioso, la soledad
y el silencio, el recogimiento y la vida interior, la abnegación de
sí mismo, la perfecta imitación de Jesucristo, la Virgen María
y el religioso, la ciencia del religioso, el trabajo del religioso, el
apostolado del religioso, la muerte del religioso, la recompensa
eterna, pp. 375-600). Cada uno tendría que seleccionar el tema
que tendría que llevar a la Santa Misa, sea para adorar a Dios,
22 CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática sobre la Iglesia n.43-47; De-
creto sobre la adecuada renovación de la vida religiosa; DOM COLUMBA MAR-
MION, Cristo, ideal del monje; COURTOIS, Les états de perfection; COLIN, El
culto de los votos; PEINADOR, Teología moral de los estados de perfección; ROYO
MARÍN, La vida religiosa; MARCHETTI, Spiritualità e stati di vita; F. SEBAS-
TIÁN AGUILAR, La vida de perfección en la Iglesia... C. GAY, Los votos religiosos;
K. HORMANN, Votos, en [Link]. “Diccionario de moral cristiana”; A. VÁZQUEZ,
Votos religiosos, en “Diccionario Teológico de la Vida Consagrada”; S. MEJORA-
NO, Votos (privados y religiosos), en “NDTN”; C.R CABARRUS, Seducidos por
el Dios de los pobres: los votos religiosos desde la justicia que brota de la fe; J.A
MERKLE, Un toque diferente: Los votos en la vida religiosa; J. LISBOA M. DE
OLIVEIRA, Vivir los votos en tiempo de posmodernidad.
369
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
darle gracias, pedir perdón y pedir lo que se necesita para vivirlo
intensamente, y hacerlo hasta que el alma esté satisfecha. Luego
seguir con otro tema y así sucesivamente.
c. La vida consagrada nos debe configurar con Él
Concorpóreo, formo un solo cuerpo con Cristo.
Consanguíneo, soy una sola sangre con Cristo.
Consacrificado (coninmolado, convictimado): Con Cristo cru-
cificado soy un solo sacrificio, una sola inmolación y una vícti-
ma. Enseña San Pablo: «Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo
vamos a seguir viviendo en el pecado? ¿Es que no sabéis que
cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados
en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en
la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los
muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos
en una vida nueva. Pues si hemos sido incorporados a él en una
muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección
como la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucifica-
do con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y,
de este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado; porque
quien muere ha quedado libre del pecado. Si hemos muerto con
Cristo, creemos que también viviremos con él» (Ro 6,2-8); «Por
tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá
arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a
los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto;
y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios» (Col.3,1-3).
La muerte al propio yo tiene sus grados y es trabajo de toda la
vida:
370
Participación de los religiosos en la Santa Misa
«Muerte a los pecados, incluso a los más pequeños, y a las
menores imperfecciones;
Muerte al mundo y a todas las cosas exteriores;
Muerte a los sentidos y al cuidado inmoderado de nuestro
cuerpo;
Muerte al carácter y a los defectos naturales;
Muerte a la voluntad propia y al propio espíritu;
Muerte a la estima y al amor a nosotros mismos;
Muerte a las consolaciones espirituales;
Muerte a los apoyos y seguridades con relación al estado de
nuestra alma;
Muerte a toda propiedad en lo que concierne a la santidad»23
(La radicalidad de la no-pretensión).
Conofrecidos, al unir mi ofrenda a la suya somos una sola.
Conaceptados, el Padre la acepta junto a la del Hijo, según mis
disposiciones interiores.
d. La vida consagrada tiene un carácter totalizante, es
holocausto
«…el holocausto o totalmente quemado, porque toda la víc-
tima era quemada en honor de Dios. Tales sacrificios se ofrecían
especialmente en reverencia de la majestad divina y por amor de
su bondad. Correspondía al estado de perfección, que consiste en
el cumplimiento de los consejos [propios de la vida consagrada].
Se quemaba todo el animal, que, reducido a humo, subía al cielo
23 P. Grou, Manuel des ámes intérieures, París 1901, p. 16-21; Cfr. Antonio Royo
Marín, La vida religiosa, p. 473-477.
371
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
para significar que el hombre todo y todas sus cosas están sujetos
al dominio de Dios y todas deben serle ofrecidas»24.
¿Toda mi vida se dirige a dar honor a Dios? ¿Ofrezco mi vida y
todas mis cosas desde el ofertorio, la consagración, la doxología,
la comunión? ¿Todo lo que ofrezco lo hago por amor a su bondad
infinita? ¿Me quedo con algo que no ofrezco?
«…el propio Cristo, en cuanto hombre, no sólo fue sacerdote,
sino también víctima perfecta, siendo a la vez víctima por el pe-
cado, hostia pacífica y holocausto»25.
¿Es Cristo el modelo de mi ofrecimiento? ¿Y la Virgen
María?
«…se llaman religiosos por antonomasia aquellos que se en-
tregan totalmente al servicio divino, ofreciéndose como holo-
causto a Dios. De ahí que diga San Gregorio en Super Ez.8:
Hay quienes no se reservan cosa alguna para sí mismos, sino
que inmolan al Dios todopoderoso su pensamiento, su lengua,
su vida, todos los bienes que recibieron»26; « Consagrar algo al
culto de Dios es necesario para salvarse; pero es propio sólo de
la perfección [de la vida consagrada] el que alguien le consagre
enteramente su persona y sus bienes»27.
¿Inmolo mi pensamiento, mis palabras, mi vida y todo lo
que poseo o puedo poseer? ¿Es entera mi consagración? ¿Qué
24 S. Th., I-II, q. 102 a. 3, ad 8; Cf. In Is. 1; In Io. 1 lect.14; In Psalm. ps.39.
25 S. Th., III, q. 22, a. 2; Cf. In Heb. 9 lect. 3 y 5.
26 S. Th., II-II, q. 186, a. 1; Cf. S. Th., 2-2, q.184, a.5; In Mt. c.19; Cont. Gentes 3,130;
op. XVIII De Perf. Vitae Spir. c.11.16; I Quodl. q.7 a.2 ad 2; III Quodl. q.6.3.
27 S. Th., II-II, q. 186, a. 1, ad 1.
372
Participación de los religiosos en la Santa Misa
me falta entregar al Señor? ¿Cuál parte de mi alma falta de ser
evangelizada?
«…para el estado de perfección se necesita estar obligado con
respecto a las cosas que lo constituyen y esta obligación se con-
trae con Dios por medio del voto. Pero es evidente, por lo ya
dicho (a.3.5), que la pobreza, continencia y obediencia son ele-
mentos propios de la vida cristiana. Por ello, el estado religioso
requiere que el obligarse a ellas se haga mediante voto. Y así
dice San Gregorio, en Super Ez. 53: Cuando alguien promete al
Dios omnipotente todo cuanto tiene, toda su vida y todo cuanto
ama, ofrece un holocausto, lo cual, según dice más adelante, es
propio de aquellos que abandonan el siglo presente»28. Enseña
San Gregorio Magno: «Y se manda que todo se queme en el altar,
esto es, para que sea hecha holocausto. Que esta diferencia hay
entre el sacrificio y el holocausto; pues muchas obras buenas
que se hacen son sacrificio, pero no son holocausto, porque no
consumen toda el alma en amor espiritual.
Así que los que se entregan a las obras de Dios de tal modo
que, no obstante, no dejan algunas cosas que son del mundo,
ofrecen, sí, sacrificio, pero no holocausto. En cambio, los que
abandonan todo lo que es del mundo y consagran toda su
alma en el fuego del amor de Dios, éstos sí ofrecen y se hacen
holocausto al Señor omnipotente»29.
28 S. Th., II-II, q. 186, a. 6; Cfr. Op. XIX Contra Impugnantes Relig. c.1; op. XVIII
De Perf. Vitae Spir. c.12.15.
29 San Gregorio Magno, Homilías sobre Ezequiel, L. I, Hom. 12, en «Obras», BAC,
Madrid 2009, pp. 389-390.
373
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
¿Consumo toda mi alma en amor espiritual? ¿Consagro toda
mi alma en el fuego del amor de Dios? ¿Abandono lo que es mun-
dano y lo que pertenece al espíritu del mundo30? ¿Dónde quedan
las palabras de San Juan de la Cruz: «Nada. Nada. Nada. Nada.
Nada. Y en el Monte: Nada»?
«La perfección del estado religioso exige, como dice San Gre-
gorio, que uno entregue a Dios toda su vida. Pero el hombre no
puede entregar a Dios toda su vida de una vez, ya que la vida
no existe entera en un momento, sino que se realiza de un modo
sucesivo.
De ahí que el hombre no tenga otro modo de ofrecer a Dios
toda su vida que obligándose por medio de un voto»31.
¿Tengo devoción a los votos? ¿Los amo por lo que significan
para mi vida y la de los demás? ¿Soy consciente que los votos
perpetuos es una palabra dada a Dios para siempre? ¿Por dónde
paso, dejo la huella de la Trinidad y de Jesucristo?
«… se da holocausto cuando uno ofrece a Dios todo cuanto
tiene, como dice San Gregorio en Super Ez. 58. Ahora bien: el
hombre posee una triple clase de bienes, como dice el Filósofo
en I Ethic. 59.
La primera es la de las cosas externas, y el hombre las ofrece
enteramente mediante el voto de pobreza.
La segunda la constituye el bien del propio cuerpo, que algu-
nos ofrecen a Dios principalmente con el voto de continencia, por
el cual se renuncia a los mayores placeres corporales.
30 Leer el artículo del P. Alfredo Sáenz, SJ, Mikael, 1.
31 S. Th., II-II, q. 186, a. 6, ad 2.
374
Participación de los religiosos en la Santa Misa
Y la tercera clase la constituye el bien del alma, que se ofrece
enteramente a Dios por la obediencia, mediante la cual se ofrece
a Dios la voluntad propia, por medio de la cual el hombre hace
uso de todas las potencias y de los hábitos del alma.
Así, pues, el estado religioso consiste, realmente, en estos tres
votos»32.
¿Estoy atento al mejor cumplimiento de mis votos? ¿Cada
cuánto me examino en ellos? ¿Aprovecho la escuela de los votos
que es la Misa?
«Todas las demás observancias de la vida religiosa se ordenan
a estos tres votos mencionados.
Las que tienen por finalidad buscar el sustento, como son el
trabajo, la mendicidad, etc., dicen orden a la pobreza, para cuya
observancia los religiosos buscan su alimento por esos medios.
Otras observancias que castigan el cuerpo, como son las vigilias,
ayunos, etc., se ordenan directamente a la guarda del voto de
castidad. Y las observancias religiosas que se refieren a los actos
humanos que ordenan a los religiosos al fin de la vida religiosa,
es decir, el amor a Dios y al prójimo, como son la lectura, la
oración, la visita a los enfermos y otros actos semejantes, que-
dan comprendidas bajo el voto de obediencia, que pertenece a la
voluntad, la cual ordena sus actos al fin conforme a la voluntad
de otro. En cuanto a la práctica de vestir el hábito, está rela-
cionada con los tres votos como signo de una obligación. Por
32 S. Th., II-II, q. 186, a. 7 c.; Cf. I-II, q.108, a. 4; Op. XIX Contra Impugnantes Relig.
c.1; Cont. Gentes 3,130; Op. XVIII De Perf. Vitae Spir. c.11
375
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
eso el hábito regular se da, o se bendice, a la vez que se hace la
profesión»33.
¿Cómo vivo las demás observancias de la vida religiosa? ¿Co-
nozco la carta del 8 de setiembre de 1982 de San Juan Pablo II al
Cardenal Ugo Poletti con ocasión del uso del hábito?
e. Produce una existencia transfigurada
La profesión de los votos me lleva a una trasformación inte-
rior, que constituye el vivir según el Espíritu Santo. Nuestros her-
manos, los hombres, a través nuestros deberían poder descubrir
el atractivo y la nostalgia de la belleza de Dios.
¿Tomo conciencia que así los santos convirtieron a las gentes,
los pueblos, las naciones y las civilizaciones? ¿No será, tal vez,
que por olvidarse de esto algunas congregaciones religiosas se
quedan sin vocaciones?
f. Vida de oración e intercesión por los vivos y los
difuntos
Plegaria Eucarística (OGMR)
En este momento comienza el centro y la cumbre de toda la
celebración, esto es, la Plegaria Eucarística [o anáfora= (Del lat.
anaphŏra, y este del gr. ἀναφορά, repetición). En las liturgias
griega y orientales, es la parte de la Misa que corresponde al
prefacio y al canon en la liturgia romana, y cuya parte esencial es
la consagración], la cual ciertamente es una oración de acción de
gracias y de santificación. El sacerdote invita al pueblo a elevar
los corazones hacia el Señor, en oración y en acción de gracias y
33 S. Th., II-II, q. 186, a. 7, ad 2.
376
Participación de los religiosos en la Santa Misa
lo asocia a sí mismo en la oración que él dirige en nombre de toda
la comunidad a Dios Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo.
El sentido de esta oración es que toda la asamblea de los fieles se
una con Cristo en la confesión de las maravillas de Dios y en la
ofrenda del sacrificio. La Plegaria Eucarística exige que todos la
escuchen con reverencia y con silencio.
Los principales elementos de que consta la Plegaria Eucarís-
tica pueden distinguirse de esta manera34:
1. Acción de gracias (que se expresa especialmente en
el Prefacio), en la cual el sacerdote, en nombre de todo el pueblo
santo, glorifica a Dios Padre y le da gracias por toda la obra de
salvación o por algún aspecto particular de ella, de acuerdo con
la índole del día, de la fiesta o del tiempo litúrgico [da gracias al
Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, por todas sus obras, por
la creación, la redención y la santificación].
2. Aclamación: con la cual toda la asamblea, uniéndose
a los coros celestiales, canta el Santo [cantan al Dios tres veces
santo]. Esta aclamación, que es parte de la misma Plegaria Eu-
carística, es proclamada por todo el pueblo juntamente con el
sacerdote.
3. Epíclesis [el sacerdote con las manos extendidas con
las palmas hacia abajo]: con la cual la Iglesia, por medio de in-
vocaciones especiales, implora la fuerza del Espíritu Santo [(o el
poder de su bendición (cf. Misal Romano, Plegaria Eucarística
34 Entre corchetes [ ] ponemos textos del Catecismo de la Iglesia Católica que com-
plementan la Ordenación General del Misal Romano (OGMR). En el primero faltan
la oblación (aunque la incorporan a la anámnesis), la aceptación y la doxología final;
en la OGMR falta el pedido de aceptación al Padre
377
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
I o Canon romano, 90)] para que los dones ofrecidos por los
hombres sean consagrados, es decir, se conviertan en el Cuerpo
y en la Sangre de Cristo. Y para que la víctima inmaculada que
se va a recibir en la Comunión sirva para la salvación de quienes
van a participar en ella [(algunas tradiciones litúrgicas colocan
la epíclesis después de la anámnesis)].
Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que sea para nosotros
Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor.
Tal vez, sea epíclesis después de la consagración:
que cuantos recibimos
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar,
seamos colmados
de gracia y bendición.
4. Narración de la institución y consagración: por [la
fuerza de] las palabras y por las acciones de Cristo [y el poder del
Espíritu Santo] se lleva a cabo el sacrificio que el mismo Cristo
instituyó en la última Cena, cuando ofreció su Cuerpo y su San-
gre bajo las especies de pan y vino, y los dio a los Apóstoles para
que comieran y bebieran, dejándoles el mandato de perpetuar
el mismo misterio [hacen sacramentalmente presentes bajo las
especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio
ofrecido en la cruz de una vez para siempre].
378
Participación de los religiosos en la Santa Misa
[Por la transustanciación del pan y del vino, la oblación u
ofrecimiento de la Víctima, luego por la comunión de la misma
Víctima, somos hechos:
Concorpóreos,
Consanguíneos,
Consacrificados,
Conofrecidos y
Conaceptados con Jesucristo].
5. Anámnesis [o memorial]: por la cual la Iglesia, al
cumplir el mandato que recibió de Cristo por medio de los Após-
toles, realiza el memorial del mismo Cristo, renovando princi-
palmente su bienaventurada pasión, su gloriosa resurrección y su
ascensión al cielo.
Por eso, Padre,
nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial de la muerte gloriosa
de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
6. Oblación: por la cual, en este mismo memorial, la Igle-
sia, principalmente la que se encuentra congregada aquí y ahora,
ofrece al Padre en el Espíritu Santo la víctima inmaculada. La
Iglesia, por su parte, pretende que los fieles, no sólo ofrezcan la
víctima inmaculada, sino que también aprendan a ofrecerse a sí
mismos35, y día a día se perfeccionen, por la mediación de Cristo,
35 Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacro-
sanctum Concilium, 48; Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum
mysterium, día 25 de mayo de 1967,12: A.A.S. 59 (1967), págs.548-549.
379
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
en la unidad con Dios y entre ellos, para que finalmente, Dios
sea todo en todos36 [presenta al Padre la ofrenda de su Hijo que
nos reconcilia con Él].
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo:
pan de vida eterna
y cáliz de eterna salvación.
7. Aceptación: se pide al Padre que acepte el sacrificio
porque la aceptación lo consuma o lo lleva a la perfección. El
hecho de la transustanciación efectuada por Dios, implica ya una
verdadera aceptación por parte de Dios. Que, ante la imposibili-
dad material de decir todo junto, se expresa luego con palabras.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura
de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Ya antes en el Te ígitur se dijo: …te pedimos…que aceptes…
(99), en el Hanc ígutur (más en sus 7 variantes): Acepta, Señor,
en tu bondad esta ofrenda…(102) y en el Quam oblationen: Ben-
dice…esta ofrenda…haciéndola digna de ti (=acceptabilémque
facere dignéris)…(103).
36 Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia,
Sacrosanctum Concilium, 48; Decreto sobre el ministerio y la vida de los Presbíteros
Presbyterorum ordinis, 5; Sagrada Congregación de Ritos Instrucción Eucharisti-
cum mysterium, día 25 de mayo de 1967, 12: A.A.S. 59 (1967), págs.548-549.
380
Participación de los religiosos en la Santa Misa
“Al pronunciar la oración «Suplices te rogamus…»37, se in-
clina el sacerdote haciendo una reverencia profunda, según una
antigua costumbre, en señal de humilde actitud de oblación38,
diciendo:
«Te pedimos humildemente,
Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo,
por manos de tu ángel,
para que cuantos recibimos
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar,
seamos colmados de gracia y bendición»39.
Que «esta ofrenda sea llevada a tu presencia…», o sea, acep-
tada. Enseña Santo Tomás: «No pide el sacerdote que las espe-
cies sacramentales sean transportadas al cielo ni que el cuerpo
verdadero de Cristo deje de estar en el altar, sino que pide esto
para el Cuerpo místico, significado en este sacramento; desea
que el ángel asistente a los divinos misterios presente a Dios las
oraciones del pueblo y del sacerdote, a tenor de lo que se lee en el
Apocalipsis: El humo del incienso subió de la mano del ángel con
las oraciones de los santos (8,4). El “altar sublime” es la Iglesia
triunfante, en la que rogamos ser inscriptos, o el mismo Dios, de
quien pedimos participar»40.
37 Es uno de los elementos más antiguos de la liturgia romana y no sólo de ella; cfr.
JUNGMANN, El sacrificio de la Misa, 785.
38 Cf. JUNGMANN, El sacrificio de la Misa, BAC Madrid 1963, 795.
39 Misal Romano, Plegaria Eucarística I o Canon Romano, n. 109.
40 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, 83, 4, ad 9.
381
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
O sea, pide que las oraciones del pueblo y del sacerdote, los
sacrificios espirituales, sean presentados a Dios por el ángel asis-
tente a los divinos misterios. Y por mano del Ángel subió delante
de Dios la humareda de los perfumes con las oraciones de los
santos (Ap 8,4) y por él las «envía»”41.
En otras plegarias: Dirige tú mirada… (Plegaria III, 127; IV,
137; V/a, p. 1060; V/b, p. 1066; V/c, p. 1072; V/d, p. 1078), etc.
8. Intercesiones: por las cuales se expresa que la Euca-
ristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, tanto con la del
cielo, como con la de la tierra; y que la oblación se ofrece por
ella misma y por todos sus miembros, vivos y difuntos, llamados
a participar de la redención y de la salvación adquiridas por el
Cuerpo y la Sangre de Cristo [y en comunión con los pastores
de la Iglesia, el Papa, el obispo de la diócesis, su presbiterio y
sus diáconos y todos los obispos del mundo entero con sus Igle-
sias]. El rezar por el perdón de los pecados de los difuntos es una
prueba más de que la Santa Misa es sacrificio de propiciación o
expiación.
9. Doxología final: por la cual se expresa la glorificación
de Dios, que es afirmada y concluida con la aclamación Amén
del pueblo.
g. Es memoria viva del modo de existir, pensar y obrar de
Jesús. Y, además, es tradición viviente…
Son palabras que tienen una fuerza particular. El Papa las
utiliza en otras partes de la Exhortación apostólica postsinodal:
«… la vida consagrada es memoria viviente del modo de existir
41 Carlos Buela, Nuestra Misa, IVE Press New York 2010, p. 215-216.
382
Participación de los religiosos en la Santa Misa
y de actuar de Jesús como Verbo encarnado ante el Padre y ante
los hermanos. Es tradición viviente de la vida y del mensaje del
Salvador»42; «En Occidente el monacato es celebración de me-
moria y vigilia: memoria de las maravillas obradas por Dios,
vigilia del cumplimiento último de la esperanza. El mensaje del
monacato y de la vida contemplativa repite incesantemente que
la primacía de Dios es plenitud de sentido y de alegría para la
existencia humana, porque el hombre ha sido hecho para Dios y
su corazón estará inquieto hasta que descanse en Él43»44; «... bajo
la acción siempre nueva del Espíritu, está destinada a continuar
como testimonio luminoso de la unidad indisoluble del amor a
Dios y al prójimo, como memoria viviente de la fecundidad, in-
cluso humana y social, del amor de Dios. Las nuevas situaciones
de penuria han de ser afrontadas por tanto con la serenidad de
quien sabe que a cada uno se le pide no tanto el éxito, cuanto el
compromiso de la fidelidad. Lo que se debe evitar absolutamente
es la debilitación de la vida consagrada, que no consiste tanto
en la disminución numérica, sino en la pérdida de la adhesión
espiritual al Señor y a la propia vocación y misión»45; «Es de
desear vivamente que permanezca en la conciencia de la Iglesia
la memoria de tantos testigos de la fe, como incentivo para su
celebración y su imitación. Los Institutos de vida consagrada y
las Sociedades de vida apostólica han de contribuir a esta tarea
recogiendo los nombres y los testimonios de las personas con-
42 VC, 22.
43 Cf. S. Agustín, Confesiones I, 1: PL 32, 661.
44 VC, 27.
45 VC, 63.
383
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
sagradas que puedan ser inscritas en el Martirologio del siglo
XX46»47.
¿Soy memoria viviente y tradición viviente de Jesucristo cas-
to, pobre y obediente? ¿Y que soy memoria de las maravillas
de Dios? ¿O acaso se terminaron las maravillas de Dios? ¿Soy
testimonio luminoso de la unidad indisoluble del amor a Dios
y al prójimo, como memoria viviente de la fecundidad, incluso
humana y social, del amor de Dios? La vida consagrada equivale
en cierto sentido al martirio, ¿Y no guardo la memoria viva de los
mártires de todos los tiempos? No debo ‘jugar’ con la sangre de
los mártires, como no lo debo hacer con la Sangre de Cristo. En la
profesión religiosa se da una aceptación de la muerte tan íntegra
como en el martirio, ¿Vivo los votos de esta manera? «Verdade-
ramente, la vida perfecta es un deseo permanente, como un voto,
del martirio»48.
3. La Iglesia
De manera semejante así como la vida consagrada está en el
corazón de la Santísima Trinidad y de Jesucristo, lo está en el
corazón de la Iglesia. «Cabeza y miembros son como una sola
persona mística»49. Como antes se ha expuesto (q.7 a.l y 9; q.8 a.l
y 5), «a Cristo le fue dada la gracia no sólo como a persona sin-
gular, sino como cabeza de la Iglesia, es a saber, para que desde él
redundase en los miembros. Y por eso las obras de Cristo, en este
aspecto, se comportan, tanto para él como para sus miembros,
46 Cf. Propositio 53; Carta ap. Tertio Millennio Adveniente (10 de noviembre de
1994), 37: AAS 87 (1995), 29-30.
47 VC, 86.
48 Cf. Antonio Royo Marín, La vida religiosa, p. 184-186.
49 Santo Tomás de Aquino, S. Th., III, q. 48, a.2, ad lm.
384
Participación de los religiosos en la Santa Misa
lo mismo que se portan las obras de otro hombre constituido en
gracia respecto de sí mismo»50. “Son la cabeza y los miembros
como una sola persona mística, y por eso la satisfacción de
Cristo es también de todos sus miembros. Cuando dos hombres
están unidos por la caridad, y por ésta vienen a ser uno, pue-
den satisfacer el uno por el otro, como se declarará más adelante
(Supl.,13,2)”51.
a. Siguiendo la “Vita consecrata”
1. La vida consagrada manifiesta la naturaleza íntima
de la vocación cristiana
La vida consagrada no es una realidad aislada o marginal de
la Iglesia, sino que abarca toda la Iglesia como elemento decisivo
para su misión, ya que «indica la naturaleza íntima de la vocación
cristiana»52.
¿Me reconozco hermano entre los demás hermanos? ¿Les
ayudo con alegría y generosidad? ¿Vivo solamente trabajando
apostólicamente por mis intereses de campanario, como suele
decirse? ¿Por qué todavía no comprendo en profundidad la cato-
licidad de la Iglesia?
50 Santo Tomás de Aquino, S. Th., III, q. 48, a.1.
51 Santo Tomás de Aquino, S. Th., III, q. 48, a.2, ad 1m.
52 Concilio Vaticano II, Decreto Ad gentes, 18; Cf. Const. dogm. Lumen gentium,
31.44.
385
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
2. La vida consagrada pertenece «a la vida, a la
santidad»53 y a la misión de la Iglesia
La vida consagrada es «...parte integrante de la vida de la
Iglesia»54. Y es una pertenencia «sin discusión»55, por lo que
nunca «...podrá faltar a la Iglesia como uno de sus elementos
irrenunciables y característicos, como expresión de su misma
naturaleza»56. «Pertenece a la misma constitución divina de la
Iglesia, no en línea jerárquica, sino en la línea de su vida y de su
santidad y naturaleza, es decir, carismática»57.
¿Cuándo escuchas hablar contra la realidad teológica de
la vida consagrada, incluso a otros consagrados, no debes con-
tentarte con alzar los hombros, sino por lo menos, afirmar con
toda dulzura: «El Concilio Vaticano II afirma otra cosa»? ¿Te das
cuenta que no es algo personal, sino que pertenece a la constitu-
ción divina de la Iglesia? ¿Qué es una verdad de fe enseñada de
modo oficial y auténtico por el Magisterio Pontificio?
3. Dimensión escatológica de la vida consagrada
La Misa es maestra de eternidad
En las palabras de la consagración del Sanguis se dice:
«Tomad y bebed todos de él,
porque este es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna,
53 Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 44.
54 VC, 3.
55 Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 44.
56 VC, 29.
57 Cardenal Velasio De Paolis, La vida consagrada en la Iglesia, BAC Madrid 2011,
p. 26, nota 1.
386
Participación de los religiosos en la Santa Misa
que será derramada por vosotros
y por todos los hombres
para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.
Misterio de la fe».
Enseña Santo Tomás de Aquino: «…las primeras palabras:
Este es el cáliz de mi sangre, significan precisamente la conver-
sión del vino en la sangre, del modo que ya se dijo (a.2)…
Y las palabras siguientes designan el poder de la sangre derra-
mada en la pasión, un poder que se realiza en este sacramento y
que se ordena a tres cosas:
1ª. La primera y principal, a alcanzar la vida eterna, según
el texto de Heb 10,19: Tenemos plena segundad de entrar en el
santuario por el poder de su sangre. Y para indicar esto dice:
nueva y eterna alianza.
2ª. Segunda, a la justificación de la gracia, que es el fruto de
la fe, como se dice en Rom 3,25-26: A quien Dios ha propuesto
como medio de propiciación por la fe en su sangre... para que él
sea justo y justificador de los que creen en Jesús. Y para indicar
esto se pone: misterio de fe.
3ª. Y tercera, para remover los obstáculos que impiden con-
seguir las dos cosas precedentes, o sea, remover los pecados,
conforme a lo que se dice en Heb 9,14: La sangre de Cristo...
purificará nuestra conciencia de las obras muertas, o sea, de
nuestros pecados. Y para indicar esto añade: que será derramada
por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados»58.
58 S. Th., III, q. 78, a. 3.
387
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
A la cuarta dificultad responde: «Este testamento [o alianza]
es nuevo por la novedad de su donación sacramental [en la Misa].
Y se le llama eterno porque Dios lo tenía decretado desde la
eternidad, y porque con él se entrega la herencia eterna. Ade-
más, la misma persona de Cristo, con cuya sangre se nos otorga
el testamento [o alianza], es eterna»59.
En el Ordinario de la Misa, ya en la conclusión del acto pe-
nitencial del comienzo, dice el sacerdote: «Dios todopoderoso…
nos lleve a la vida eterna»60. Las conclusiones de la Oración co-
lecta: «…por los siglos de los siglos»61, como es obvio se refieren
a la eternidad, asimismo, como «…tu palabra permanece por los
siglos»62. En el Credo «…su reino no tendrá fin» y «…la vida
del mundo futuro…la vida eterna»63. El «…por siempre» en la
repuesta presentación del pan y del vino64.
En la Plegaria Eucarística I: «…a ti, eterno Dios, vivo y
verdadero»65; «Cristo…nos ha hecho partícipes de su vida
inmortal»66; «pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación»67;
«concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz»68, que
es la vida eterna del cielo; «por los siglos de los siglos»69, de la
doxología final.
59 S. Th., III, q. 78, a. 3, ad 4.
60 Misal Romano, 5, p. 423.424.425.
61 Ibid., 8, p. 434.
62 Ibid.,15, p. 437.
63 Ibid., 17, p. 438 y 440.
64 Ibid., 21 y 23, p. 441.442.
65 Ibid., 100, p. 520.
66 Ibid., 101, p. 520.
67 Ibid., 107, p. 528.
68 Ibid., 110, p. 529.
69 Ibid., 113, p. 530.
388
Participación de los religiosos en la Santa Misa
«Padre nuestro, que estás en el cielo»70, o sea, en la vida eter-
na; «por siempre»71; «El Cuerpo y la Sangre de Cristo…sean ali-
mento de vida eterna»72; «El Cuerpo de Cristo me guarde para
la vida eterna»73; «La Sangre de Cristo me guarde para la vida
eterna»74; «…que el don que nos haces en esta vida nos aproveche
para la eterna»75.
Prácticamente en cada vuelta de página del Misal se nos habla
de la vida eterna, sobre todo, explícitamente, en el corazón de la
Misa, la Consagración.
Siempre se entendió que la vida consagrada por la cual libre-
mente en este mundo se renuncia a las nupcias, como sucede en el
cielo, siempre se entendió que la vida religiosa es un anticipo del
cielo, ya que se pretende vivir como se vive en el cielo respecto
al connubio. Es lo que se llama dimensión escatológica.
¿Vivo mi vida religiosa con gran paz, con inmensa alegría y
serenidad sabiendo que estoy viviendo un anticipo del cielo, a pe-
sar de las cruces que todavía hay que llevar? ¿Aliento a otros mu-
chos a entregarse en una vida de sacrificio, pero en un amor que
sólo Dios puede dar? ¿Aprendo con fruición lo que es que «por
la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de
gloria incalculable» (2 Cor 4,17) de que nos habla San Pablo?
70 Ibid., 139, p. 556.
71 Ibid., 140, p. 557.
72 Ibid., 143, p. 560.
73 Ibid., 147, p. 562.
74 Idem.
75 Misal Romano, 150, p. 563.
389
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
4. Las bienaventuranzas
La fidelidad al Espíritu Santo nos hace vivir según sus dones
que son más propios que las virtudes en los actos de las bienaven-
turanzas que son los actos de todos los santos y santas que han
sido, son y serán, primero, en este mundo, y, luego, en el cielo.
Las bienaventuranzas son los actos más perfectos que nos ha-
cen ser felices, ¿Son tu programa de vida? ¿Recuerdas que «los
religiosos, por su estado, dan un testimonio magnífico y extraor-
dinario de que sin el espíritu de las bienaventuranzas no se puede
transformar este mundo y ofrecerlo a Dios»76?
5. Significado esponsalicio de la vida consagrada
«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había lle-
gado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a
los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn
13,1). Nos amó hasta la Eucaristía. Allí es donde debemos mos-
trar nuestro amor esponsalicio, que debe amasarse de: elección,
donación, exclusividad, creatividad y responsabilidad, que son
las cinco características del amor esponsalicio.
Alma consagrada, ¿Olvidas de que no hay mejor lugar, tiempo
y condiciones para manifestar tu amor esponsalicio que la Santa
Misa? ¿No recuerdas que el altar es como el tálamo donde se
encuentran la infinita misericordia y nuestra ‘infinita’ miseria?
Te elige, se te da, como si fueses la única, creativamente y con
absoluta e indefectible responsabilidad de su parte, ¿Y tú? En tu
apostolado, ¿Ayudas a las familias a vivir bien el Evangelio?
76 Concilio Vaticano II, Const. dogm., Lumen gentium, 31.
390
Participación de los religiosos en la Santa Misa
6. La perfección de la caridad y la Cruz, en el misterio
Pascual
En la Misa tenemos el sacrificio de la Cruz de manera in-
cruenta, por tanto, nos encontramos con la Cruz en la Santa Misa
y en ella podemos aplicar nuestro himno:
HIMNO A LA CRUZ
Al Señor de la Quebrada y a sus seguidores
de la finca homónima de junto al canal Cerrito.
La Cruz: Es milagro. Es misterio. Es cobijo. Es sabiduría.
No es inaccesible. No es aburrida. No es esclavizadora. No es
anodina.
La Cruz es clarividente. Es libertadora. Es plenitud. Es anti-
cipo del Cielo. Es el Paraíso en la tierra. No es una reducción de
la Encarnación; sino su más plena aceptación, es ir hasta lo más
profundo del ser y de las cosas.
La Cruz es el más bello regalo de Dios, pero es tropiezo para
muchos. Es el «indicador de los viajeros libres» (Chesterton),
pero es cáustica para los mundanos. Es la que nos hace dirigir la
historia, aun no alcanzado el poder, pero es escándalo para los
que no tienen fe. Es la máxima aventura, aunque para muchos sea
la más grande incomodidad.
La Cruz divide y une, abaja y eleva, da muerte y da vida,
aplasta y abraza, oscurece e ilumina, condena y salva. La Cruz
391
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
hace eso según la disposición del corazón del hombre hacia ella:
si busca vaciarla o desvirtuarla77 o si busca completarla78.
La Cruz es realidad y es símbolo. Es centrífuga, se vuelca
hacia afuera, y es centrípeta, en su centro hay fusión y hay una
contradicción, se hinca en la tierra y al mismo tiempo se dirige
al cielo. Puede prolongar hasta siempre sus cuatro brazos sin al-
terar su estructura. Se agranda sin cambiar, abre sus brazos a los
cuatro vientos.
La Cruz es literal y es paradójica. Es de palo viviente. Es pun-
to de apoyo y trampolín. Es llave que abre la puerta de nuestro
corazón. Es el cetro del reino de la santidad. Es la señal de los
predestinados. Es el único camino de la vida. Es la cumbre sobre
las cumbres. Es una aspiración perseverante e inflexible. Es un
grito. Sólo se aprende en la escuela de Jesucristo.
La Cruz es cátedra, es altar y es palestra. Es el amor enarde-
cido hasta el fin. Es la disposición total para lo que Dios quiera.
Es fuente. Es carro de combate. Es grandeza de alma. Está fija
mientras el mundo se mueve. Hace reyes a los regenerados en
Cristo. Es bandera real. Todo está en Ella.
La Cruz nos clava en el corazón al que fue clavado en Ella.
Es la gloria de las almas santas, es la librea de las almas nobles
que fuera de Ella no quieren saber nada. Si alguna cosa fuera
77 Cf. 1 Co 1,17: «Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio.
Y no con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo»; Flp 3,18: «Porque
muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como
enemigos de la cruz de Cristo».
78 Cf. Col 1,24: « Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y
completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, en favor de su cuerpo,
que es la Iglesia»; 2 Co 11,30: «Si hay que gloriarse, en mi debilidad me gloriaré».
392
Participación de los religiosos en la Santa Misa
mejor y más útil para la salvación de los hombres que llevar la
Cruz, Cristo lo hubiera enseñado con su palabra y ejemplo. Pero
Él dice: ... toma tu Cruz... (Mt 16,24).
La Cruz cambia en rosas las espinas. Quien posee la ciencia y
la alegría de la Cruz sabe que hay que morir para vivir, sepultarse
para resucitar, sufrir para gozar, perder la vida para encontrarla,
humillarse para ser ensalzado. Sabe que el débil es el fuerte79,
que los pocos muchos, los necios sabios, los pobres ricos, los
obedientes libres, los esclavos reyes; que hay que combatir para
descansar, ser violento con uno mismo para ser pacíficos, renun-
ciar a todo para poseerlo todo, ser podado para dar fruto, ser des-
preciado para ser honrado; que los muchos son pocos, los sabios
necios, los ricos pobres, los libres esclavos, los reyes sirvientes;
que hay que despreciar el mundo para ganar al Creador del mun-
do, negarse a sí mismo para afirmarse en Dios, sacrificarse para
realizarse.
En la Cruz, Dios ha invertido el significado de muchas cosas.
En Ella aprendemos a adorar al «Verbo Eterno Encarnado», sea
en la Santísima Cruz de los Milagros de Corrientes, sea en el
Señor de la Quebrada de San Luis, en el Santo Cristo de la buena
Muerte en Reducción, en el Señor del Milagro de Salta, en el
Señor de Cuero de San José de Jáchal en San Juan, en el Señor
de Matará en Santiago del Estero... y en las cruces de nuestras
Iglesias, de nuestros cementerios, de las cabeceras de nuestros
79 Cf. 2Co 12, 9-10: «Pero él me dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se realiza
en la debilidad”. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis
debilidades, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis
debilidades, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias
sufridas por Cristo; pues, cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte».
393
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
lechos. En Ella aprendemos a «más seguir e imitar al Señor nues-
tro, así nuevamente encarnado»80.
El que ama la Cruz da testimonio de Ella hasta el martirio
y sabe que, en el sabio decir de los Padres de la Iglesia, «el que
no confiesa el testimonio de la Cruz procede del diablo» (San
Policarpo).
«La cruz fecunda cuanto toca»81.
La Cruz «tiene palabras de vida eterna»82.
¿Amo la Cruz de Cristo? ¿Amo ese pedacito de cruz que es la
mía? ¿Sé de memoria la Carta Circular a los Amigos de la Cruz
de San Luis María Grignion de Montfort? ¿Y del Tratado segun-
do, los capítulos XI y XII de la Imitación de Cristo de Tomás
de Kempis? ¿Mezquino mi tiempo en no conocer más y más el
misterio de la Cruz?
b. La peculiar consagración mediante la profesión de los
consejos evangélicos
Hay que cuidar y salvar siempre la especificidad y la peculia-
ridad de la vida consagrada, que es la forma de vida de Jesús,
casto, pobre y obediente, de tal manera, que «somos uno con
Cristo Jesús» (Ga 3,28), castos con Cristo casto, pobres con Cris-
to pobre y obedientes con Cristo obediente.
80 San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales n. 109.
81 Concepción Cabrera de Armida.
82 Cf. Jn 6,68.
394
Participación de los religiosos en la Santa Misa
1. La vida consagrada es una profundización en el
bautismo
Quiero aclarar la razón por la que se habla de que la vida con-
sagrada es como un segundo bautismo, lo cual no quiere decir
otro bautismo porque de lo contrario habría ocho sacramentos,
lo que va contra la definición de Trento. Tampoco se trata de
una simple renovación del bautismo, como hacemos en la Vigilia
Pascual. Se da una particular consagración.
Muy bien dice un autor contemporáneo: «El bautismo signifi-
ca la participación del cristiano en la muerte y en la resurrección
de Cristo en toda su plenitud y tiene poder para producirla; pero
no significa expresamente que se realice ese efecto total en aquel
momento según toda su extensión y perfección. En la Iglesia…
existe más bien la intención de significar algo que comienza en
aquel momento, y que tendrá que desarrollarse durante toda la
vida del cristiano. En cambio la profesión religiosa, significa que
se confiere y se recibe en aquel momento el efecto significado por
el bautismo, según la extensión de toda su significación y de toda
su eficacia; que por la profesión de los votos acepta íntegramente
su estado de muerte en este mundo con Cristo, a fin de vivir ente-
ramente en Él la vida celeste de la caridad…se trata más bien de
la administración y recepción del bautismo en toda la integridad
de su ser bautismal…»83.
Se pone Santo Tomas84 en la tercera dificultad lo siguiente: «…
un voto menos útil no puede ser un obstáculo para un voto más
83 Cf. F Sebastián Aguilar, CMF, La vida de perfección en la Iglesia, Madrid 1963,
p. 174.
84 S. Th., II-II, q. 189, a. 3, ad 3.
395
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
útil. Ahora bien: mediante el cumplimiento del voto de entrar en
religión podría impedirse el cumplir el voto de ser cruzado en
Tierra Santa, que parece ser más útil, dado que por él se consigue
el perdón de los pecados. Luego parece que el voto por el que
uno se comprometió a entrar en religión no hay que cumplirlo
necesariamente».
A lo que responde: «El voto de religión, por ser perpetuo, es
mayor que el de peregrinar a Tierra Santa, que es temporal.
Y según dice Alejandro III y se recoge en una Decretal, De
Voto et Voti redempt85, quien cambia un voto temporal por la
observancia perpetua de la vida religiosa, en modo alguno ha
violado su voto.
Además, se puede decir razonablemente que mediante el in-
greso en religión se consigue el perdón de todos los pecados,
pues si el hombre puede satisfacer por sus pecados haciendo una
limosna, según se dice en Dan 4,24: Redime tus pecados con la
limosna, con mayor razón ha de considerarse como satisfacción
suficiente por todos los pecados el entregarse totalmente al ser-
vicio divino mediante la entrada en religión, la cual es superior
a toda otra satisfacción, incluso a la penitencia pública, tal como
se recoge en las Decretales, caus.33 q.2 can. Admonere86, al igual
que el holocausto supera al «sacrificio, como dice San Gregorio
en Super Ez.87 Por eso, en Las vidas de los Padres88 se dice que
consiguen la misma gracia los que ingresan en religión que los
85 Decretal. Gregor. IX [Link] tit.34, c.4 Scripturae: RF II 590.
86 GRACIANO, Decreto [Link] causa 23 q.2, can.8 Admonere: RF I 1152.
87 San Gregorio, Sobre Ezequiel, [Link], hom.8: ML 76,1038.
88 La vida de los Padres, [Link], libell. I: ML 73,994.
396
Participación de los religiosos en la Santa Misa
que se bautizan. [La diferencia está en que en el bautismo se
produce el perdón ex opere operato, por la fuerza intrínseca del
sacramento; en la profesión religiosa es ex operis operantis, de
acuerdo a nuestro mérito].
Pero, aun cuando esto no les alcanzara la remisión total de la
pena, no obstante, la entrada en religión es más útil que la pere-
grinación a Tierra Santa en cuanto al adelantamiento en el bien,
que es más excelente que la absolución de las penas».
¿Cuándo vas a rezar delante de la pila bautismal, no sólo debes
dar gracias por haber sido hecho allí hijo de Dios y heredero del
cielo, sino también por haber sido capacitado allí para poder ser
religioso? ¿Eso agradeces también en la Misa? ¿Te acuerdas de
rezar por tus padres, padrinos y por quien te bautizó? Allí hemos
nacido. ¿Te han recordado que recibes la misma gracia en orden
al perdón de los pecados que cuando te bautizaron?
2. Unidad en el proyecto de amor evangélico
Todos los cristianos están llamados a hacer suyo el plan de
amor evangélico lanzado por Jesús, aunque hay algunos que es-
tán llamados a vivir según la forma de vida de Jesús, en castidad,
pobreza y obediencia a través de los votos religiosos.
¿Tengo conciencia de que hay unidad de proyecto, pero diver-
sidad de llamados?
¿Puedo vivir, siendo religioso, una espiritualidad laical? ¿Pue-
do tener para mí un proyecto de vida laical? El que bien distin-
gue, no hace potingue.
397
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
3. Distintas vocaciones como rayos de una única luz.
Son distintos estados de vida en la Iglesia: los fieles cristianos
laicos, los que han recibido el sacramento del Orden y los que
viven una vida consagrada. Cada uno tiene su identidad, su vo-
cación y su misión en la Iglesia.
Todos igualmente están llamados a seguir a Cristo. Son como
rayos de la única luz de Cristo.
¿Conocemos a los hermanos de otras vocaciones, rezamos por
ellos, los ayudamos en todo lo que podamos, los amamos en
Cristo, seguimos sus buenos ejemplos? ¿Los valoramos? ¿Nos
dejamos ayudar, les damos buenos ejemplos, agradecemos sus
servicios, nos alegramos con su alegría y nos entristecemos con
sus tristezas?
4. Complementariedad de las vocaciones al servicio de
la única misión.
Los laicos reflejan el misterio del Verbo encarnado en cuanto
Alfa y Omega del mundo; los ministros sagrados son imágenes
vivas de Cristo cabeza y pastor; la vida consagrada señala al
Hijo de Dios hecho hombre como la meta escatológica a la que
todo tiende.
En la Iglesia hay unidad, porque hay variedad; la variedad, no
rompe la unidad sino que, integrada, la embellece porque hace
que la unidad no sea uniformidad, ¿Trabajo siempre por la verda-
dera unidad? ¿Rezo por ella, ofrezco sacrificios, realizo hechos
que llevan a ella? ¿Ayudo en todo lo posible?
398
Participación de los religiosos en la Santa Misa
c. Comparación entre consagración bautismal, la sacer-
dotal y la de la vida consagrada
1. Nueva y especial consagració
La vida consagrada es como una singular y fecunda profun-
dización de la consagración bautismal. Esta posterior consagra-
ción tiene una peculiaridad propia: no es consecuencia necesaria
de la primera. La profesión de los consejos evangélicos supone
un don particular de Dios no concedido a todos, como indica
Jesús en el caso del celibato (cf. Mt, 19,10-12). Es, también, un
desarrollo del sacramento de la Confirmación
Los sacerdotes que profesan los consejos evangélicos encuen-
tran una fecundidad peculiar en esta consagración.
De valor inconmensurable lo es también para los religiosos
sacerdotes dedicados íntegramente a la contemplación.
¿Distingo en mí, valorizo y promuevo la ‘nueva y especial’
consagración? ¿Cómo la celebro y agradezco? ¿Cómo hago me-
moria de que soy memoria viva del modo de vivir, pensar, ense-
ñar y misionar de Jesús?
2. Las relaciones entre los diversos estados de vida del
cristiano
Todos los fieles tienen una dignidad común:
-Todos son llamados a la santidad;
-Todos ayudan a la edificación del Cuerpo de Cristo, según su
propia vocación;
-Esta igualdad es obra del Espíritu Santo;
399
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
-Está fundada en el bautismo y la confirmación y corroborada
por la Eucaristía.
También es obra del Espíritu Santo la variedad de formas. Él
hace la Iglesia como una comunión orgánica en la diversidad de
vocaciones, carismas y ministerios89.
¿Respeto la acción del Espíritu Santo tanto en trabajar por la
unidad como en hacerlo por la variedad? La mano es una y cada
dedo es distinto.
3. El valor especial de la vida consagrada
Como expresión de la santidad de la Iglesia, se debe recono-
cer una excelencia objetiva a la vida consagrada, que refleja el
modo de vivir de Cristo.
Esto enseña la Teología y el Magisterio de la Iglesia, ¿Tengo
alguna duda al respecto? ¿Se presentar a los demás la excelencia
de esta vida, citando los argumentos de autoridad? ¿Se rechazar
los mundanos lugares comunes que se usan habitual e irrespon-
sablemente contra la vida consagrada, haciendo daño?
89 Cf. Conc. Ecum. Vat II, Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la
Iglesia, 4; Const. dogm. Lumen Gentium, sobre la Iglesia, 4; 12; 13; Const. past.
Gadium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 32; Decr. Apostolicam Actuo-
sitatem, sobre el apostolado de los laicos, 3; Exhort. ap. postsinodal Christifideles
Laici (30 de diciembre de 1988), 20-21: AAS 81 (1989), 425-428; Congregación para
la doctrina de la fe, Carta Communionis Notio, a los obispos de la Iglesia Católica
sobre algunos aspectos de la Iglesia entendida como comunión (28 de mayo de 1992),
15: AAS 85 (1993), 847.
400
Participación de los religiosos en la Santa Misa
d. Siguiendo el Ordinario de la Misa
1. En general: También se ofrece su Cuerpo místico
La Iglesia, Cuerpo místico de Cristo unido a su cabeza es
también la cosa ofrecida en el sacrificio de la Santa Misa. Se
pregunta el P. Gregorio Alastruey90 si la cosa ofrecida o víctima
del sacrificio de la misa es no sólo Cristo, sino también su cuerpo
místico o la Iglesia.
El sentido de esta cuestión no es que la Iglesia o cuerpo mís-
tico de Cristo sea hostia en la Misa, del mismo modo que lo es
Cristo su cabeza. Cristo en el sacrificio de la Misa es hostia o
víctima en sentido físico o técnico; pues realmente presente como
se halla bajo las especies sacramentales es la misma hostia de la
cruz inmolada incruentamente en el sacrificio eucarístico.
Pero el cuerpo místico, aunque simbolizado en las especies
sacramentales de pan y vino, no está, sin embargo, realmente
presente bajo ellas; y, por tanto, no puede ser hostia o víctima
física o técnicamente, sino sólo moralmente, o como dice Billot91,
por el afecto y la significación, en cuanto se reviste de aquellos
afectos de religión y devoción, que por la oblación de la víctima
estrictamente dicha se expresan y fomentan.
TESIS. La Iglesia o cuerpo místico de Cristo unido a su cabe-
za es también la cosa ofrecida en el sacrificio de la misa.
1. ° Magisterio de los Romanos Pontífices. — El Santo Pa-
dre Pío XI dice: «Conviene que tengamos siempre presente que
toda virtud de expiación depende del único sacrificio de Cristo,
90 Tratado de la Santísima Eucaristía, BAC Madrid 1951, p. 311-316.
91 De Eccl. sacram. De sacrificio Missae, 3.
401
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
que sin cesar se renueva de modo incruento en nuestros altares...
Por lo cual, la inmolación de los ministros y de los otros fieles
debe unirse con este augustísimo sacrificio eucarístico, para que
ellos mismos se manifiesten también hostias vivas, santas, gratas
a Dios» (Rom. 12,1)92.
Y Su Santidad Pío XII (g. r.): «Así como el divino Redentor,
al morir en la cruz, se ofreció a sí mismo al Eterno Padre como
cabeza de todo el género humano, así también en esta oblación
pura (Mal 1,11) no solamente se ofrece al Padre celestial como
Cabeza de la Iglesia, sino que ofrece en sí mismo a sus miembros
místicos, ya que a todos ellos, aun a los más débiles y enfermos,
los incluye amorosísimamente en su corazón»93.
«Para que la oblación, con la que en este sacrificio ofrecen
la víctima divina al Padre celestial tenga su pleno efecto, es ne-
cesario todavía otra cosa, a saber: que los fieles se inmolen a sí
mismos como víctimas.
Todos los elementos de la liturgia tienden, pues, a reproducir
en nuestras almas la imagen del divino Redentor a través del
misterio de la cruz, según el dicho del Apóstol de los Gentiles:
Estoy crucificado con Cristo y ya no vivo yo, es Cristo quien vive
en mí. (Gal. 2, 19-20). Con lo cual nos convertimos en víctimas
juntamente con Cristo, para mayor gloria del Padre.
A esto, pues, deben dirigir y elevar su ánimo los fieles al ofre-
cer la víctima divina en el sacrificio eucarístico. Si, en efecto,
como escribe San Agustín, en la mesa del Señor está puesto nues-
92 Enc. Miserentissimus Redemptor, 8 mayo 1928.
93 Enc. Mystici Corporis Christi, 29 junio 1943.
402
Participación de los religiosos en la Santa Misa
tro misterio; esto es, el mismo Cristo Nuestro Señor (Serm. 272),
en cuanto es cabeza y símbolo de aquella unión, en virtud de la
cual nosotros somos cuerpo de Cristo (1 Cor 12,27) y miembros
de su cuerpo (Ef 5,30); y si San Roberto Belarmino enseña, en
conformidad con el Doctor de Hipona, que en el sacrificio del
altar está significado el sacrificio general con que todo el cuerpo
místico de Cristo, esto es, toda la ciudad redimida se ofrece a
Dios por Cristo, Sumo Sacerdote (De Missa, II, c. 8), nada puede
hallarse más recto ni más justo que el que todos nosotros nos in-
molemos al Padre eterno con Jesucristo nuestra Cabeza que por
nosotros sufrió. En el sacramento del altar, según el mismo San
Agustín, se hace patente que la Iglesia en el sacrificio que ofrece
es también ella misma ofrecida» (Ciudad de Dios, 1. X, c. 6)94.
2. ° Santos Padres y Doctores. — San Cipriano enseña que
por las mismas especies eucarísticas, esto es, por la infusión del
agua en el vino y por la confección del pan de muchos granos se
expresa y simboliza la unión de Cristo con los fieles; y así en el
sacrificio eucarístico se ofrece con su Cabeza el cuerpo místico
de Cristo.
«Cuando en el cáliz se mezcla el agua al vino, se une el pueblo
a Cristo y la muchedumbre de los creyentes se agrupa con aquel
en quien cree. Con el cual sacramento se muestra unido nuestro
pueblo, pues así como muchos granos molidos y amasados com-
ponen un pan, así sepamos que somos un cuerpo en Cristo, que
es el pan celestial, al cual estamos unidos y conglutinados»95.
94 Enc. Mediator Dei, 20 nov. 1947.
95 Ep. 63.
403
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Eusebio de Cesarea: «Sacrificamos de modo nuevo, según
el Nuevo Testamento, una hostia limpia..., celebrando, por una
parte, la memoria de aquel gran sacrificio según los misterios
entregados por Él..., y por otra, consagrándonos por entero a Él y
al Pontífice de Él, que es el Verbo como yaciendo ante Él, inmo-
lados en cuerpo y alma»96.
San Agustín: «Toda la ciudad redimida, esto es, la congrega-
ción de los santos, ofrece a Dios un sacrificio universal por el Sa-
cerdote magno, el cual también se ofreció a sí mismo en la Pasión
por nosotros... Este es el sacrificio de los cristianos: muchos un
Cuerpo en Cristo. Esto es lo que realiza la Iglesia en el sacramen-
to del altar conocido de los fieles, donde se hace patente que en el
sacrificio que ofrece es también ella misma ofrecida»97.
San Cirilo de Alejandría: «En nuestro sacrificio, como en
imagen, inmolamos de alguna manera nuestras almas y las ofre-
cemos a Dios mientras morimos al mundo y a la sabiduría de la
carne y mortificamos los vicios y somos de alguna manera cru-
cificados con Cristo, para que, inaugurando un género de vida
puro y santo, vivamos según su voluntad»98.
San Gregorio Magno recomienda a los fieles que imiten el
misterio de la Pasión del Señor que conmemoramos en la misa,
inmolándose a sí mismos en la contrición del corazón: «Es ne-
cesario que al hacer estas cosas nos inmolemos a nosotros mis-
mos a Dios en la contrición del corazón, porque los que celebra-
96 Demonstr. Evangel., I, 10.
97 De Civ. Dei, X, 6.
98 De adoratione in spiritu et veritate, 11.
404
Participación de los religiosos en la Santa Misa
mos los misterios de la Pasión del Señor debemos imitar lo que
hacemos»99.
San Alberto Magno: «Celebrados convenientemente todos los
ritos de la misa, clama el diácono: Ite missa est. Como si dijera:
La hostia y nosotros en la hostia -missa est- está enviada al Padre:
Id con los aumentos de virtudes como incorporados a la hostia y
enviados –missi- a Dios. Y el coro responde: Deo gratias, porque
ésa es la gracia cumbre de la que el mismo Hijo dio gracias al
Padre en tan alto sacramento (Mt 26)100: Tomó el pan; lo bendijo,
lo partió, dándoselo a los discípulos...»
San Roberto Belarmino: «La misa aprovecha primeramente
para manifestar la comunión de los santos, porque el sacrificio
del verdadero cuerpo de Cristo se ofrece y debe ofrecerse en
nombre de todo el cuerpo místico; por tanto, se ha de hacer en él
mención de los pontífices reinantes, de los reyes y de otros mu-
chos; deben también ser nombrados los difuntos, ya estén en el
purgatorio, ya en el cielo, pues todos pertenecen a aquel Cuerpo.
Además, como escribe San Agustín en el libro X de Civ. Dei y en
el libro XXII, capítulo 10: «En el sacrificio del altar se significa
el sacrificio general, por el que todo el cuerpo místico, esto es,
toda la ciudad redimida, es ofrecida a Dios por Cristo Sumo Sa-
cerdote, ya que a la estructura de este cuerpo pertenecen también
los santos que están en el cielo, por lo que también han de ser
nombrados en su orden en el sacrificio del altar»101.
99 Dial., 4, 59.
100 De sacra Euchar., dist. 5, c.2.
101 De Missa, IV. 8.
405
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Y Pedro de Ledesma: «Dos son las cosas que se ofrecen en
este sacramento: el Cuerpo verdadero de Cristo y su Cuerpo
místico... Por eso la Iglesia, al ofrecer en la misa por medio del
sacerdote, como público ministro, el verdadero cuerpo de Cristo,
no sólo ofrece a Dios el verdadero Cuerpo de Cristo y su Pasión,
sino que también se ofrece por Cristo a sí misma, que es el Cuer-
po místico de Cristo su Cabeza»102.
3. ° Sagrada Liturgia, en la cual se expresa esta oblación pa-
siva de la Iglesia. Así, en el ofertorio de la misa dice el celebrante:
«Con espíritu de humildad y corazón contrito seamos recibidos
por ti, Señor, y de tal manera sea hoy ofrecido nuestro sacrificio
en tu presencia que te sea agradable, Señor Dios». En la secreta
de la feria segunda de Pentecostés: «Te rogamos, Señor, santifi-
ques propicio estos dones, y al aceptar la ofrenda de esta hostia
espiritual haz de nosotros oblación eterna en honor tuyo». Y en el
Pontifical Romano, en la ordenación del presbítero: «Considerad
lo que hacéis; imitad lo que tratáis, y al celebrar el misterio de la
muerte del Señor procurad mortificar vuestros miembros de los
vicios y concupiscencias».
4. ° Razón Teológica. —Todo el que ofrece la víctima en el
sacrificio la ofrece como vicaria suya, a fin de expresar la interior
sumisión y absoluta devoción con que quiere el mismo ser con-
sumido espiritualmente en honor de Dios. Sí, pues, como luego
se dirá, la Iglesia entra en la misa como oferente, igualmente
entrará como víctima ofrecida, ciertamente, en unión con Cristo,
su Cabeza103.
102 L.c.
103 BILLOT, De Eccl. Sacram. De sacrificio Missae, 3.
406
Participación de los religiosos en la Santa Misa
¿Vivo la realidad que la Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia
hace la Eucaristía? ¿Al ofrecer la Víctima divina y mis sacrificios
espirituales con Ella, ofrezco también todas las Misas que se ce-
lebren en ese día y todos los sacrificios espirituales que in voto
ofrecen todos los bautizados y los hombres de buena voluntad?
¿Se abrir mi corazón hasta los límites del mundo?
2. En particular: Según el Ordinario de la Misa
a. En los saludos del sacerdote
De hecho, cada vez que el sacerdote saluda: «El Señor esté con
vosotros» y el pueblo responde: «Y con tu espíritu», «queda de
manifiesto el misterio de la Iglesia congregada»104. Cinco veces
se hace en la Misa: Al inicio (Misal Romano, 3); al comienzo del
Evangelio (14); al comienzo de la Plegaria Eucarística en el prefa-
cio (29-98; y hay 53 prefacios más, en total 122 prefacios); antes
del saludo de la paz (141); y antes de la bendición final (155).
b. En el Credo
En el Credo niceno-constantinopolitano: « Creo en la Iglesia
que es una, santa, católica y apostólica» (17), y en el credo llama-
do «de los apóstoles»: «Creo…en la santa Iglesia…».
c. En el Orate frates
En el segundo Orate fratres: «En el momento de ofrecer el
sacrificio de toda la Iglesia…» (26), respondiendo el pueblo: «El
Señor reciba de tus manos este sacrificio (es decir, que lo acepte),
104 OGMR, Coeditores Litúrgicos 2005, nº. 50, p. 33.
*Nota: Los números en paréntesis corresponden al ordinario de la Misa.
407
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de
toda su santa Iglesia».
d. En las Plegarias
En la Plegaria I «…este sacrificio santo y puro que te ofrece-
mos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le conce-
das la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes
en el mundo entero…» (99); todos los aquí reunidos…te ofrecen
este sacrificio de alabanza…» (100); «Reunidos en comunión con
toda la Iglesia…» (101); «…la ofrenda de tus siervos y de toda tu
familia santa…» (102); «…la Alianza nueva y eterna…por todos
los hombres…» (o «muchos» con intensidad universal, es el caso
del polloi griego) ([Link] y en las otras 9 plegarias); «…
nosotros tus siervos, y todo tu pueblo santo…» (107); uniendo
en distintos momentos los tres estados de la Iglesia: celestial,
paciente y peregrinante. En la Plegaria II: Acuérdate, Señor, de
tu Iglesia extendida por toda la tierra…» (120). En la Plegaria III:
«…congregas a tu pueblo sin cesar…» (122); « Dirige tu mira-
da sobre la ofrenda de la Iglesia y reconoce la Víctima…forme-
mos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu…Te pedimos…
que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación
al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia,
peregrina en la tierra…y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu
presencia. Reúne en torno a ti…a todos tus hijos dispersos por el
mundo» (127). En la Plegaria IV: «…te ofrecemos su Cuerpo y su
Sangre, sacrificio agradable a ti y salvación para todo el mundo.
Dirige tu mirada sobre esta Víctima que tú mismo has preparado
a tu Iglesia…» (137).
408
Participación de los religiosos en la Santa Misa
En la segunda oración después del Padre nuestro: «…no ten-
gas en cuenta nuestro pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme
a tu palabra, concédele la paz y la unidad» (140).
No recorremos las otras 9 plegarias, ni vemos todos los otros
textos de la obra maestra, master piece, del Misal Romano.
¿Aprovechas el hecho de que por cinco veces en cada Misa
se afirma que la Iglesia ha sido congregada? Y ¿La afirmación
de las cuatro notas esenciales de la Iglesia: Una, santa, católica
y apostólica? ¿Qué cada Misa se ofrece por el bien de toda la
Iglesia? ¿Pides conscientemente para Ella la paz, la protección,
la unidad, el buen gobierno? ¿Conoces por la ‘Comunión de los
santos’ las obligaciones que tenemos con los hermanos de la Igle-
sia peregrinante, paciente y celestial?
4. María
a. María en la “Vita consecrata”
Ponemos las preguntas que corresponden a los textos de la
Vita consecrata que están en el cap. 7.
¿Participo con entusiasmo en la misión de Cristo? ¿Doy mi sí
sin revocarlo? ¿Soy fiel a la palabra dada el día de los votos?
¿Sigo al Cordero inmolado y viviente como la Virgen María
y Juan, el Apóstol? ¿Te das cuenta que de nada sirven otras fide-
lidades si te falta ésta?
¿Sos consciente de la importancia de la Virgen en tu vida
espiritual? ¿Qué debes mejorar al respecto, en concreto y eficaz-
mente? ¿Lo mismo respecto a la consistencia, unidad y progreso
de toda la comunidad?
409
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
¿En el orden del bien y de la gracia siempre Dios tiene la
primacía, por el contrario, en el orden del mal y del pecado la
primacía es nuestra? ¿Por qué razón no me dispongo siempre
a recibir las gracias y a ponerlas presurosamente en práctica?
Decía nuestro Martín Fierro: «A la voluntad de Dios, ni con la
intención resisto».
¿Sabes que asumir la forma de vida de Jesús es, al mismo
tiempo, asumir la forma de vida de María? Puedes volver a leer
de nuevo, y estudiar, El secreto de María, de San Luis M. G. de
Montfort. ¿Conoces algo de la vida de Santa Catalina de Ricci,
caso único en la mística católica, no sólo tuvo traspaso de cora-
zones con Jesús, sino, además, con la Santísima Virgen?
¿Vivo, por así decirlo, la ‘doble’ maternidad de la Virgen,
madre también por la peculiar consagración religiosa? ¿Las que
suelen ser Marías ‘por partida doble’ deben mostrarse hijas ‘por
partida doble’, si cabe la expresión?
¿Soy verdadero padre o madre de los hijos de Dios? ¿No huyo
del trabajo de tener hijos espirituales, de sufrir para educarlos,
debo amarlos aunque sea desamado, son hijos de lágrimas? ¿Las
virtudes que hay que tener: Callar, no hacer acepción de per-
sonas, alimentar su alma, olvidarse de sí mismo, dominio de sí
mismo, sabiduría, paciencia, bondad y fortaleza, oración, mucha
oración y, después, oración? ¿Sé contemplar el corazón de la Vir-
gen, sé mirar e imitar a nuestros padres y madres carnales, en lo
que tienen de bueno?
¿Cae de nuestras manos y de nuestro corazón la santa corona
del Rosario? ¿Innumerables veces pidió su rezo diario en Fátima
410
Participación de los religiosos en la Santa Misa
y no lo hago caso? Debería releer El secreto admirable del Santo
Rosario, de San Luis María.
¿Tengo arrojo misionero o lo disimulo muy bien maquillándo-
lo de respeto humano? ¿Creo en el poder de la Encarnación y en
la fuerza del Espíritu? De otra manera, ¿Cómo soy madre para
con todos?
b. María en el 4º voto de materna esclavitud de amor
El 4º voto de esclavitud mariana se parece al hábito religioso
en que abarca los tres votos, ya que por el hacemos dos cosas:
1ª. Nos consagramos a la Virgen María en la materna escla-
vitud de amor;
y 2ª Hacemos todo por María (indica el medio), con María (se
expresa la compañía), en María (en íntima unión con ella) y para
María (que es el fin próximo para llegar a Jesús), o sea, mariani-
zamos toda nuestra vida.
c. María y la Misa105
1. Pedro Crisólogo afirmó que Cristo «es el pan, que sem-
brado en la Virgen, leudado en la carne, en la pasión amasado,
cocido en el horno del sepulcro, conservado en la Iglesia y ofre-
cido en los altares, suministra cada día a los fieles un alimento
celeste»106.
Santo Tomás de Aquino estableció una comparación, citan-
do a San Ambrosio, entre el nacimiento virginal, que es de or-
105 Nuestra Misa, IVE Press New York 2010, p. 218-220.
106 SAN PEDRO CRISÓLOGO, Serm. 67,7: CCL 24A, 404-405 (PL 52,392).
411
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
den sobrenatural, y la conversión eucarística, que es también
sobrenatural107.
En la liturgia etiópica, también se ve ésta relación, en efecto
se recita: «Tú eres el cesto de este pan de ardiente llama y el vaso
de este vino. Oh, María, que produces en el seno el fruto de la
oblación». Y también: «Oh, Virgen, que has hecho fructificar lo
que vamos a comer y que has hecho brotar lo que vamos a beber.
Oh, pan que viene de ti: pan que da la vida y la salvación a quien
lo come con fe».
2. Enseña el Catecismo: «La Iglesia ofrece el Sacrificio Euca-
rístico en comunión con la Santísima Virgen María y haciendo
memoria de ella, así como de todos los santos y santas. En la Eu-
caristía, la Iglesia, con María, está como al pie de la cruz, unida
a la ofrenda y a la intercesión de Cristo»108.
3. Por ser acción de Cristo y de la Iglesia es también de María
Santísima, pues ella «Tiene una gran intimidad, tanto con Cristo
como con la Iglesia, es inseparable de uno y de otra. Está unida,
pues, a ellos, en lo que constituye la esencia misma de la liturgia:
la celebración sacramental de la salvación para gloria de Dios y
santificación del hombre. María está presente en el memorial –la
acción litúrgica– porque estuvo presente en el acontecimiento
salvífico»109.
107 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, 75, 4; In IV Sententiarum, 8,2,1,
ad 3.
108 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1370.
109 JUAN PABLO II, «Alocución dominical del 19 de febrero de 1984», 2-3,
L’Osservatore Romano 8 (1984) 93.
412
Participación de los religiosos en la Santa Misa
4. «En la penetración de este misterio viene en nuestra ayu-
da la Virgen Santísima, asociada al Redentor, porque “cuando
celebramos la Santa Misa, en medio de nosotros está la Madre
del Hijo de Dios y nos introduce en el misterio de su ofrenda
de redención. De este modo, se convierte en mediadora de las
gracias que brotan de esta ofrenda para la Iglesia y para todos
los fieles”110. De hecho, “María fue asociada de modo único al
sacrificio sacerdotal de Cristo, compartiendo su voluntad de sal-
var el mundo mediante la cruz. Ella fue la primera persona y la
que con más perfección participó espiritualmente en su oblación
de Sacerdos et Hostia. Como tal, a los que participan en el plano
ministerial del sacerdocio de su Hijo puede obtenerles y darles
la gracia del impulso para responder cada vez mejor a las exi-
gencias de la oblación espiritual que el sacerdocio implica: sobre
todo, la gracia de la fe, de la esperanza y de la perseverancia en
las pruebas, reconocidas como estímulos para una participación
más generosa en la ofrenda redentora”111»112.
5. «Cuando celebramos la Santa Misa […] junto a nosotros
está la Madre del Redentor, que nos introduce en el misterio de
la ofrenda redentora de su divino Hijo»113. «La relación del sacer-
dote con María no se reduce sólo a la necesidad de protección y
ayuda; se trata ante todo de tomar conciencia de un dato objetivo:
110 JUAN PABLO II, «Introducción a la Santa Misa con ocasión de la memoria litúr-
gica de la Virgen de Czestochova», L’Osservatore Romano (26 de agosto de 2001).
111 JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia General «La devoción a María
Santísima en la vida del presbítero» (30 de junio de 1993) 4.
112 CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, «El presbítero, Pastor y Guía de la comu-
nidad parroquial» (4 de agosto de 2002) 13.
113 JUAN PABLO II, Discurso del Santo Padre a la asamblea plenaria de la Congre-
gación para el Clero (23 de noviembre de 2001) 6.
413
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
“La cercanía de la Señora”, como “presencia operante junto a la
cual la Iglesia quiere vivir el misterio de Cristo”114»115.
6. La parte de la Hostia que se echa en el cáliz «“simboliza el
Cuerpo de Cristo resucitado”116, y con Él a la bienaventurada Vir-
gen María, y si hay ya algún santo con el cuerpo en la gloria»117.
Afirma Santo Tomás con rigurosa lógica litúrgica, que sabe del
lenguaje de los signos; así como la separación de la Sangre del
Cuerpo significa muerte, su unión significa resurrección.
7. En el capítulo «En la escuela de María, Mujer “eucarísti-
ca”», nos enseña Juan Pablo II: «Puesto que la Eucaristía es mis-
terio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que
nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como
María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta»118.
8. «Vivir en la Eucaristía el memorial de la muerte de Cristo
implica también recibir continuamente este don. Significa tomar
con nosotros –a ejemplo de Juan– a quien una vez nos fue entre-
gada como Madre. Significa asumir, al mismo tiempo, el com-
promiso de conformarnos a Cristo, aprendiendo de su Madre y
dejándonos acompañar por ella. María está presente con la Igle-
sia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones
eucarísticas. Así como Iglesia y Eucaristía son un binomio inse-
parable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía.
114 Cf. PABLO VI, Exhortación apostólica «Marialis cultus» (2 de febrero de 1974)
[Link].
115 CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, «El presbítero, Pastor y Guía de la comu-
nidad parroquial», 8.
116 SERGIO, Decretis «De consecr.», II, 22.
117 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, 83, 5, ad 8.
118 JUAN PABLO II, Carta encíclica «Ecclesia de Eucharistia», 54.
414
Participación de los religiosos en la Santa Misa
Por eso, el recuerdo de María en la celebración eucarística es
unánime, ya desde la antigüedad, en las Iglesias de Oriente y
Occidente»119.
9. Así como estuvo de pie al pie de la Cruz, así está de pie al
pie de cada altar donde se celebra la perpetuación del Sacrificio
de la Cruz.
119 Ibid., 58.
415
10. La participación de la Misa de los religiosos
y religiosas de la Familia R eligiosa del Verbo
Encarnado
1. Carisma
«Por el carisma propio del Instituto, todos sus miembros de-
ben trabajar, en suma docilidad al Espíritu Santo y dentro de la
impronta de María, a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo
auténticamente humano, aun en las situaciones más difíciles y en
las condiciones más adversas»1.
«Es decir, es la gracia de saber cómo obrar, en concreto, para
prolongar a Cristo en las familias, en la educación, en los medios
de comunicación, en los hombres de pensamiento y en toda otra
legítima manifestación de la vida del hombre. Es el don de hacer
que cada hombre sea “como una nueva Encarnación del Verbo”2,
siendo esencialmente misioneros y marianos»3.
¿Qué mejor que agradecer en la Santa Misa el carisma reci-
bido? ¿Debemos pedir perdón por las veces que dejamos de dar
fruto por olvidarnos del carisma propio? ¿Pedir la gracia para
conocerlo y vivirlo mejor? ¿Descubrir sus muchas virtualidades?
¿Nos disponemos a poder enfrentar «las situaciones más difíciles
y en las condiciones más adversas»? ¿No es acaso una forma de
radicalismo de la vida consagrada?
1 Constituciones del IVE, n 30.
2 BEATA ISABEL DE LA TRINIDAD, op. cit., Elevación nº 33.
3 Constituciones del IVE, n 31.
417
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
2. Elementos adjuntos del carisma «no negociables»
Los agrupamos en tres temas para ayudar a su comprensión,
aunque bien sabemos que están interrelacionados:
a. En el ámbito de la espiritualidad
1. Importancia de la participación en la Misa.
Es justamente lo que tratamos de hacer, primero, con Ars ce-
lebrandi para los sacerdotes que celebran las Misas, y, segundo,
con el presente Ars participandi para los que participan en las
mismas.
El tema de la participación activa, consciente y fructuosa en la
Misa es fundamental para nuestra más auténtica vida consagrada.
Y debe ser objeto de nuestra permanente atención. La defección
religiosa suele ser, generalmente, defección de la Eucaristía.
¿Cómo deben ser mis actitudes y gestos en la Misa? ¿Mis pa-
labras y cantos? ¿El ofrecimiento de la Víctima que se inmola y
mis sacrificios espirituales unidos a la misma? Toda mi persona,
¿No debería dar la impresión de que se eleva a Dios, como el in-
cienso, como la llama de los cirios, como las notas del órgano?
2. Espiritualidad seria, ‘no sensiblera’.
a. Hay que tener verdadera devoción al Espíritu Santo.
-ni carismatismo-ni burocratismo;
-ni crispación jerárquica-ni esclerosis anti carismática;
-ni “espíritu” solo-ni “letra” sola;
-ni caos (“tohu baboju”)-ni rutina;
-todos los herejes y falsos místicos se escudaron en el Espíritu
Santo (no arguye contra el Espíritu Santo)-Todos los fariseos y
418
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
funcionarios se escudaron en las “leyes” (no arguye contra las
leyes);
-uno: Espíritu Santo-y otro: Código de Derecho Canónico
-alta contemplación-los pies en la tierra (anécdota de Don
Orione contada por Ballester Pena: ¡trabajar!);
Uno (el Espíritu Santo) y otro (María) trabajan “hasta ver a
Cristo formado” (Gal 4,19) en nosotros.
Jesús prometió el envío del Espíritu Santo: Yo rogaré al Padre
y os dará otro Paráclito, que estará con vosotros para siempre,
el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no
le ve ni le conoce; vosotros le conocéis, porque permanece con
vosotros y está en vosotros (Jn 14,16-17).
Antes de ascender a los Cielos, renueva la promesa de que
serán bautizados en el Espíritu Santo (He 1,5).
Y llenos de su poder (cfr. He 2,2) darán testimonio de Él en
todo el mundo, hablando en lenguas extrañas según el Espíritu
les daba (cfr. He 2,4).
El Espíritu se muestra activo y operante en aquellos cuyas
gestas se narran, ya sean los guías de la comunidad...
San Pedro: lo derramó según vosotros veis y oís (He 2,33);
lleno del Espíritu Santo (He 4,8).
Todos los Apóstoles: nosotros y el Espíritu Santo (He 5,32); ha
parecido al Espíritu Santo y a nosotros (He 15,28).
Ananías a Saulo: seas lleno del Espíritu Santo (He 9,17).
419
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
...o todos los simples fieles... todos fueron llenos del Espíritu
Santo (He 4,31); han recibido el Espíritu Santo igual que noso-
tros (He 10,47).
En Antioquía de Pisidia, los discípulos: quedaban llenos de
alegría y del Espíritu Santo (He 13,52). Etc.
De allí que sacasen la íntima convicción de que si alguno no
tiene el Espíritu de Cristo, ese no es de Cristo (Ro 8,9), y que
no hay que apagar el Espíritu (1 Te 5,19),
ni hay que entristecerlo (Ef 4,30),
sino que hay que dejarse guiar por Él (Ga 5,18), sostenidos por
la esperanza de que quien siembra en el Espíritu, del Espíritu
cosechará la vida eterna (Gal 6,8).
Entre el “ya” de la Pascua y el “todavía no” de la Parusía, Je-
sucristo ha confiado al Espíritu la misión de llevar a plenitud “la
nueva creación” que Él comenzó con su resurrección. El Espíritu
Santo da testimonio de que Jesús es el Señor, nadie puede decir
‘Jesús es el Señor’, sino en el Espíritu Santo (1 Cor 12,3).
Es Él quien nos reúne en un solo Cuerpo: “alma del Cuerpo
Místico” (León XIII).
b. Hay posibles riesgos.
Enseñó San Juan Pablo II a ser dóciles al Espíritu Santo,
teniendo cuidado de no caer en los posibles riesgos que puede
haber:
«Queridísimos hermanos y hermanas:
... Las palabras de Jesús en el Evangelio son explícitas: “Yo
rogaré al Padre, y os dará otro Abogado, que estará con vosotros
420
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
para siempre, el Espíritu de verdad, que el mundo no puede re-
cibir, porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis, porque
permanece con vosotros y está en vosotros” (Jn 14,16-17).
Antes de ascender al cielo, Jesús renueva a los Apóstoles la
promesa de que serán bautizados “en el Espíritu Santo” (He 1,5)
y, llenos de su poder (cf. He 2,2), darán testimonio de El en todo
el mundo, hablando en lenguas extrañas según el Espíritu les
daba (cf. He 2,4). En el libro de los Hechos, el Espíritu se presenta
activo y operante en aquellos cuyas gestas se narran, ya sean los
guías de la comunidad (cf. He 2,22-36; 4,5-22; 5,31; 9, 17; 15,28,
etc.) o simples fieles (cf. He 4,31-37; 10,45-47; 13,50-52, etc.).
No causa asombro que los cristianos de entonces sacasen de
estas experiencias la íntima convicción de que “si alguno no tiene
el Espíritu de Cristo, ése no es de Cristo” (Ro 8,9); y por esto se
sintiesen comprometidos a no “apagar el Espíritu” (1 Te 5,19),
a “no entristecerlo” (Ef 4,30), sino a “dejarse guiar” por Él (Ga
5,18), sostenidos por la esperanza de que “quien siembra en el
Espíritu, del Espíritu cosechará la vida eterna” (Ga 6,8).
En efecto, Cristo ha confiado al Espíritu la misión de llevar
a cumplimiento la “nueva creación”, a la que Él mismo dio co-
mienzo con su resurrección. Del Espíritu, pues, debe esperarse
la progresiva regeneración del cosmos y de la humanidad, entre
el “ya” de la Pascua y el “todavía no” de la Parusía.
Es importante que también nosotros, cristianos a quienes la
Providencia ha puesto para vivir en los años conclusivos de este
segundo milenio, reavivemos la íntima conciencia de los cami-
nos misteriosos a través de los cuales ella persigue su designio
421
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
de salvación. Dios se ha comunicado irrevocablemente en Cristo.
Sin embargo, por medio del Espíritu vive y actúa el Resucitado
permanentemente en medio de nosotros y puede hacerse pre-
sente en cada “aquí” y “ahora” de la experiencia humana en la
historia.
Con gozo profundo y gratitud emocionada renovamos, por
tanto, nuestro acto de fe en Cristo Redentor, sabiendo bien que
“nadie puede decir Jesús es el Señor, sino en el Espíritu Santo” (1
Cor 12,3). Es Él quien nos reúne en un solo cuerpo en la unidad
de la vocación cristiana y en la multiplicidad de los carismas. Es
Él quien obra la santificación y la unidad de la Iglesia (cf. Ponti-
fical Romano, Rito de la confirmación, nº 25.47).
El Concilio Vaticano II ha reservado una atención particular
a la multiforme acción del Espíritu en la historia de la salvación:
ha subrayado la “admirable providencia” con que El impulsa a la
sociedad para progresar hacia metas cada vez más avanzadas de
justicia, de amor, de libertad (cf. Gaudium et spes, 26); ha ilus-
trado su presencia operante en la Iglesia, que está solicitada por
Él para realizar el plan divino (cf. Lumen gentium, 17) mediante
una comprensión cada vez más profunda de la Revelación (cf.
Dei Verbum, 5, 8), conservaba íntegra en el fluir del tiempo (cf.
Lumen gentium, 25; Dei Verbum, 10) y gracias a un compromiso
siempre renovado de santificación (cf. Lumen gentium, 4, 40, etc.)
y de comunión en la caridad (cf. Lumen gentium, 13; Unitatis
redintegratio, 2, 4); finalmente ha puesto de relieve su acción
en cada uno de los fieles, a quienes Él estimula a un valiente
testimonio apostólico (cf. Apostolicam actuositatem, 3), fortale-
ciéndoles por medio de los sacramentos y enriqueciéndoles de
422
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
“gracias especiales, con las que les hace aptos y prontos para
ejercer diversas obras y funciones, útiles para la renovación y la
mayor expansión de la Iglesia” (Lumen gentium, 12).
¡Qué perspectivas tan amplias se abren, hijos queridísimos,
ante nuestros ojos! Ciertamente, no faltan riesgos, porque la ac-
ción del Espíritu se desarrolla en “vasos de barro” (cf. 2 Cor
4,7), que pueden reprimir su libre expansión. Vosotros conocéis
cuáles son:
-una excesiva importancia dada, por ejemplo, a la experien-
cia emocional de lo divino;
-la búsqueda desmedida de lo “espectacular” y de lo
“extraordinario”;
-el ceder a interpretaciones apresuradas y desviadas de la
Escritura;
-un replegarse intimista que rehúye del compromiso
apostólico;
-la complacencia narcisista que se aísla y se cierra...
Estos y otros son los peligros que se asoman a vuestro cami-
no, y no sólo al vuestro. Os diré con San Pablo: “Probadlo todo,
y quedaos con lo bueno” (1 Te 5,21). Es decir, permaneced en
actitud de constante y agradecida disponibilidad hacia todo don
que el Espíritu desea difundir en vuestros corazones, pero no ol-
vidando, sin embargo, que no hay carisma que no sea dado “para
utilidad común” (1 Cor 12,7). Aspirad, en todo caso, a los “caris-
mas mejores” (ib., v. 31). Y vosotros sabéis, a este propósito, cuál
es “el camino mejor” (ib.): en una página estupenda San Pablo
423
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
señala este camino en la caridad, que, por sí sola, da sentido y
valor a los otros dones (cf. 1 Cor 13).
Animados por la caridad, no sólo os pondréis en espontánea y
dócil escucha de aquellos “a quienes el Espíritu Santo ha consti-
tuido obispos para apacentar la Iglesia de Dios” (He 20, 28), sino
que sentiréis también la necesidad de abriros a una comprensión
cada vez más atenta de los otros hermanos, con el deseo de llegar
a tener con ellos verdaderamente “un solo corazón y una sola
alma” (He 4, 32). De aquí brotará la auténtica renovación de la
Iglesia, que el Concilio Vaticano II ha deseado y que vosotros
tratáis de facilitar con la oración, con el testimonio, con el ser-
vicio. La “renovación en el Espíritu”, efectivamente, he recorda-
do en la Exhortación Apostólica Catechesi tradendae, “tendrá
una verdadera fecundidad en la Iglesia, no tanto en la medida en
que suscite carismas extraordinarios, cuanto si conduce al ma-
yor número posible de fieles, en su vida cotidiana, a un esfuerzo
humilde, paciente y perseverante para conocer siempre mejor el
misterio de Cristo y dar testimonio de Él” (n. 72).
Al invocar sobre vosotros y sobre vuestro compromiso la amo-
rosa y asidua protección de Aquella que “por obra del Espíritu
Santo, concibió en su seno y dio a luz al Hijo de Dios encarnado”
(cf. Lc 1, 35), os concedo de corazón mi bendición apostólica, que
gustosamente extiendo a cuantos forman parte del Movimiento y
a todas las personas que os son queridas en el Señor»4.
c. Hay falta de docilidad:
-algunos dejan pasar las auténticas mociones...
4 Discurso al Movimiento nacional italiano de “Renovación en el espíritu”,
L’Osservatore Romano, 25 de enero de 1981, p. 9.
424
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
-“voy a preparar más adelante las meditaciones y pláticas para
dar Ejercicios Espirituales de 5 días” que son aproximadamente
31, sin contar sermones en Misa. Todo diácono debería tener su
“carpeta”, horario, libro de los Ejercicios, devocionario, etc.
-Estudiaré más adelante dirás, porque no dices mejor que te
falta amor a la verdad. San Agustín obró de manera diversa, por
ejemplo: «¿Qué es lo que primero y principalmente manda Dios
sino que creamos en Él? Por tanto, eso nos lo da Él si justamen-
te decimos: “Da lo que mandas”. Además de esto, en los libros
III y IV, capítulos 11, 12 y 13, respectivamente, donde narro mi
conversión, obra de Dios, a esta fe que con miserable y furiosa lo-
cuacidad combatía, ¿no recordáis que al narrarlo manifesté bien
claramente que lo que evitó mi perdición fueron las ardientes
súplicas y las fieles y cotidianas lágrimas de mi buena madre?
Con lo cual a la faz del mundo prediqué y expuse que Dios por su
gracia gratuita no sólo convierte las voluntades de los hombres
apartados de la sana fe, pero también las contrarias y rebeldes
a la misma. Sabéis bien y podéis comprobar, si os place, cómo
y cuánto ruego a nuestro Señor me conceda la perseverancia.
¿Quién se atreverá no digo a negar, pero ni a poner en duda, que
Dios en su presciencia conoció que había de darme estos dones,
que tanto deseé y alabé en mis Confesiones, y que, por tanto, Él
no sabía a quién se los había de dar? Esto es la mismísima predes-
tinación de los santos, que después ha habido que defender con
más diligencia y punto por punto contra la herejía pelagiana, por-
que cada nueva herejía suscita en la Iglesia cuestiones particula-
res, contra las que hay que defender con más cuidado y escrupu-
losidad la autoridad de las Sagradas Escrituras. ¿Qué otra cosa
425
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
nos ha forzado a exponer más minuciosa y claramente los textos
en que se habla de la predestinación sino el que los pelagianos
afirman que la gracia de Dios se da según nuestros méritos, lo
que es negar en absoluto la gratuidad de la gracia?»5.
-Obra pequeñita, no mega-proyectos: “no gastar mucho...”.
Ejemplo, nunca se habría edificado la Catedral de Milán.
-Los Ejercicios deben ser un nuevo Pentecostés (eso deben
ser los campamentos, el Seminario, los conventos, las misiones,
las clases, las Parroquias y toda nuestra vida). ¡Qué lindos los
días de Ejercicios! Todos los días deberían ser así.
-Debemos convencernos “somos ministros de la Nueva
Alianza”: Él nos capacitó como ministros de la nueva alianza,
no de la letra, sino del espíritu, que la letra mata, pero el espíritu
da vida (2 Cor 3,6).
Debemos andar según el Espíritu: ...para que la justicia de
la Ley se cumpliese en nosotros, los que no andamos según la
carne, sino según el espíritu. Los que son según la carne, tienden
a las cosas carnales; los que son según el espíritu, a las cosas
espirituales. Los que están en la carne no pueden agradar a Dios
(Ro 8,4-5.8).
No somos deudores de la carne: Así, pues, hermanos, no so-
mos deudores a la carne de vivir según la carne, que si vivís
según la carne moriréis; más si con el espíritu mortificáis las
obras de la carne, viviréis (Ro 8,12-13).
5 San Agustín, El Don de la Perseverancia, 20,53.
426
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
Si somos movidos por el Espíritu Santo, somos hijos de Dios:
Porque los que son movidos por el Espíritu de Dios, ésos son
hijos de Dios. Que no habéis recibido el espíritu de siervos para
recaer en el temor, antes habéis recibido el espíritu de adopción,
por el que clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da tes-
timonio a una con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios,
y si hijos, también herederos de Dios, coherederos de Cristo,
supuesto que padezcamos con Él, para ser con Él glorificados
(Ro 8,14-17).
El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda, aboga con gemidos
inenarrables. La oración es cosa de “gemidos”, como las palo-
mas, como los canónigos cantando las Horas. Y el mismo Espíritu
viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues qué hayamos de pedir,
como conviene, no sabemos; mas el mismo Espíritu aboga por
nosotros con gemidos inefables, y el que escudriña los corazones
conoce cuál es el deseo del Espíritu, porque intercede por los
santos según Dios (Ro 8,26,27).
Siempre debemos obrar animados por la caridad (1 Cor 13).
Ser dóciles a quienes el Espíritu Santo ha constituido obis-
pos para apacentar la Iglesia de Dios (He 20,28).
¿Supero los límites sensibles que impiden, a veces, la unión
con Dios? ¿Hago agere contra para no distraerme con las cosas
secundarias que me hacen olvidar lo sustancial? ¿Trabajo para
conocer las mociones de mi alma, discernirlas, rechazar las ma-
las y ejecutar las buenas? No neguemos nada al Espíritu Santo,
«Que alguno haga la prueba, durante tres meses, de no rehusar
427
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
absolutamente nada a Dios, y verá qué profundo cambio experi-
mentará su vida»6.
3. Fuerte vida comunitaria y ambiente de alegría
Vivir con intensidad la vida comunitaria da fuerza, abre hori-
zontes, empuja a grandes tareas, huye de los miedos de acometer
nuevas acciones. No por nada Jesús los mandó «de dos en dos»
(Lc 10,1), por eso decía Chesterton: «Uno más uno son dos, pero
un hombre más otro hombre son dos mil».
«Nadie nos podrá quitar la alegría y la belleza de ser dis-
cípulos de Jesus»7. «Pero ¿qué es lo que no alcanza una fe viva
en un pecho cristiano? Mirad ya a los Mártires dirigiéndose al
patíbulo rodeados de una inmensa turba. Entre tantas personas
que tienen en ellos fija la vista se van descubriendo mil afectos
diversos: la ira en unos, la compasión en otros, la admiración en
todos; pero en ninguno la alegría: esta reside por completo en los
rostros de los Mártires. Miradlos… ¡en ellos reside la alegría y
la belleza!
Apuntando sus fusiles, tiémblales a los verdugos los brazos
y palidecen, más a ellos no les cae una lágrima, ni se les escapa
un suspiro; ellos solo suspiran por el golpe que todos temen»8.
Así como respetamos la preciosa Sangre de Cristo, debemos
respetar siempre la sangre de los mártires. En la visión del llama-
do tercer secreto de Fátima, vio Lucía como se mezclaban en dos
6 Cf. Mahieu, Probatio caritatis, Brujas 1948, p. 271.
7 Cardenal José Zen Ze-Kiun, El libro rojo de los mártires chinos, Encuentro Ma-
drid 2008, p. 25 (prefacio).
8 Seguimos libremente a San Antonio M. Claret, Colección de selectos panegíri-
cos¸ Barcelona 1861, 286-292.
428
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
jarras de vidrio que sostenían dos ángeles la Sangre de Cristo y la
de los mártires9. Cuando oigamos hablar a alguien contra la San-
gre de Cristo o de los mártires, directa o indirectamente como los
que hablan bien de la revolución francesa o del comunismo, no
les escuchemos, tapémonos los oídos, porque no son plantación
del Padre celestial. No se juega con su sangre.
Los mártires de Cristo aprendieron a dar su vida en la Misa.
¿Lo aprendo yo? ¿Ellos nos enseñan a no tener miedo a quie-
nes pueden matar el cuerpo «pero no pueden matar el alma»
(Mt 10,28)? ¿Ellos sabían muy bien que la fortaleza está en el
sí indoblegable de María? ¿Comulgo todos los días Sangre del
Mártir Supremo y, con su gracia no podré ser mártir, si a eso nos
estamos preparando?
La alegría cristiana
Con motivo del Año Santo publicó S.S Pablo VI la exhorta-
ción apostólica Gaudete in Domino, sobre la alegría cristiana que
seguiremos a grandes rasgos.
Jesús quiere alegrarse con nuestra alegría: «Esto os digo para
que yo me goce en vosotros y vuestro gozo sea cumplido» (Jn
15,11).
Y San Pablo nos ordena: «Alegraos siempre en el Señor; os lo
vuelvo a repetir: alegraos» (Flp 4,4).
9 Cf. J. Ratzinger, Comentario teológico, en Congregación para la Doctrina de la
Fe, El Mensaje de Fátima, 26 de junio de 2000; cfr. Carlos Miguel Buela, Fátima,
IVE Press 2012, p. 157-158.
429
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
Vamos a referirnos a la alegría cristiana:
- la alegría en el corazón de Jesús.
- la alegría en el corazón de los santos.
a. La alegría en el corazón de Jesús
¿Qué es la alegría?
En sentido estricto: cuando el hombre, a nivel de sus facul-
tades superiores, encuentra su satisfacción en la posesión de un
bien conocido y amado.
La alegría es cristiana: cuando el hombre entra en posesión de
Dios, conocido y amado como bien supremo e inmutable. Esta
alegría es: sobrenatural, fruto del Espíritu Santo. «Los frutos del
Espíritu son: caridad, gozo, paz, longanimidad, afabilidad, bon-
dad, fe» (Ga 5,22) y es efecto de la caridad: «el amor de Dios se ha
derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo,
que nos ha sido dado» (Ro 5,5). Como un torrente arrollador, la
alegría verdadera está vinculada a la venida y a la presencia de
Cristo en el mundo.
«Díjoles el ángel: No temáis, os anuncio una gran alegría que
es para todo el pueblo» (Lc 2,10).
Los misterios gozosos del Rosario nos sitúan ante el aconte-
cimiento inefable, centro y culmen de la historia... Juan Bautista
había saltado de gozo en su presencia cuando aún estaba en el
seno de su madre.
Cristo ha conocido, experimentado, palpado, apreciado, en-
salzado toda una gama de alegrías sencillas y cotidianas que es-
tán al alcance de todos:
430
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
- admira los pájaros del cielo.
- exalta la alegría del sembrador y del segador.
- la del hombre que encuentra el tesoro escondido.
- la del pastor que encuentra la oveja perdida.
- la de la mujer que halla la moneda extraviada.
- la alegría de los invitados al banquete.
- la alegría de las bodas.
- la alegría del padre cuando recibe al hijo.
- de la mujer que acaba de dar a luz.
- Su alegría con los niños, con el joven fiel, con sus amigos
Marta, María, Lázaro, cuando se recibe la palabra de Dios, la
liberación de los posesos, la conversión de la mujer pecadora, del
publicano Zaqueo, la generosidad de la viuda.
¿Cuál es el secreto de esa insondable alegría?
- se sabe amado con un amor inefable por su Padre: «Este es
mi Hijo amado en quien me complazco» (Mt 3,17);
- el Padre lo engendró: «Tú eres mi Hijo, yo te he engendra-
do...» (He 1,5);
- es una presencia que nunca lo abandona: «No estoy solo, el
Padre está conmigo» (Jn 16,32);
- es un conocimiento íntimo que lo colma: «El Padre me
conoce y yo conozco al Padre» (Jn 10,15);
- es un intercambio incesante y total: «Todo lo que es mío es
suyo y todo lo suyo es mío» (Jn 17,19);
431
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
- se inhabitan mutuamente: «Yo estoy en el Padre y el Padre
está en mí» (Jn 14,10);
«Todos cuantos creen en Cristo están llamados a participar de
esta alegría» (Pablo VI).
- Es una alegría que no elimina ni las pruebas ni los sufrimien-
tos de este mundo sino que les da un nuevo sentido.
Muchos bienes nos pueden faltar en esta vida, pero dentro
de nosotros tenemos un bien que sobrepasa todos los bienes po-
sibles: Dios, es Él quien puede darnos una alegría incalculable.
Todo depende de la fe, de actos de fe viva, de esperanza sólida,
de ardiente caridad.
- Al que está privado de la gracia de Dios le falta la alegría
verdadera. «¿No es verdad que, si obraras bien, andarías erguido,
mientras que, si no obras bien, estará el pecado a la puerta? Y
siente apego a ti, y tú debes dominarle» (Gn 4,7). En cambio el
que vive en gracia de Dios «come alegremente tu pan y bebe tu
vino con alegre corazón, pues que se agrada Dios en tus buenas
obras. Vístete en todo tiempo de blancas vestiduras y no falte el
ungüento sobre tu cabeza. Goza de la vida con tu amada com-
pañera todos los días de la fugaz vida que Dios te da bajo el sol,
porque ésa es tu parte en esta vida entre los trabajos que padeces
debajo del sol. Cuanto tu mano pueda hacer, hazlo alegremente,
porque no hay en el sepulcro, adonde vas, ni obra, ni razón, ni
ciencia, ni sabiduría» (Ecl 9,7-10).
Recuerda el Papa que es necesario acusarse de las faltas gra-
ves y que la confesión frecuente sigue siendo una fuente privile-
giada de santidad, de paz y alegría.
432
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
b. La alegría en el corazón de los santos
Alegría en la Virgen: «alégrate…» (Lc 1,28); «exalta mi es-
píritu en Dios…» (Lc 1,46); «Por eso todas las generaciones me
llamarán feliz» (Lc 1,48).
Por eso la aclamamos como «causa de nuestra alegría».
- San Esteban: muere viendo los cielos abiertos (He 7,55).
- San Ignacio de Antioquia: «Con gran alegría os escribo de-
seando morir. Mis deseos terrestres han sido crucificados y ya
no existe en mí una llama para amar la materia, sino que hay en
mí un agua viva que murmura y dice dentro de mí: “Ven hacia
el Padre”»10.
- San León Magno refiriéndose al martirio de San Pedro y San
Pablo: «Preciosa es a los ojos del Señor la muerte de sus santos
y ninguna clase de crueldad puede destruir una religión fundada
sobre el misterio de la Cruz de Cristo. La Iglesia no es empeque-
ñecida sino engrandecida por las persecuciones; y los campos
del Señor se revisten sin cesar con más ricas mieses cuando los
granos, caídos uno a uno, brotan de nuevo multiplicados»11.
- Orígenes: «el que conoce a Jesús se llena de alegría como el
anciano Simeón»12.
10 Carta a los Romanos VII, 2: Patris Apostolici, ed. Funk, I, Tubingae 19012, p.
261; cf. Jn 4, 10; 7, 38; 14,12)
11 Sermón 82, en el aniversario de los Apóstoles Pedro y Pablo, 6: PL 54, 426; cf.
Jn 12,24.
12 Cf. In Lucam 15: PG 13,1838-1839; cf. Dictionnaire de Spiritualité, t. VIII, c.
1245 (Beauchesne 1974).
433
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
- Nicolás Cabasilas: el amor de Dios procura la alegría más
grande13.
- Lo mismo encontramos en San Agustín, San Bernardo, San-
to Domingo, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, Santa
Teresa, San Francisco de Sales, San Juan Bosco…
- San Francisco de Asís se alegra ante la venida de la hermana
muerte corporal: «Felices aquellos que se hayan conformado a tu
santísima voluntad».
- Santa Teresita nos indica el camino valeroso del abandono en
las manos de Dios, a quien ella confía su pequeñez. Sin embargo,
no por eso ignora el sentimiento de la ausencia de Dios, cuya
dura experiencia ha hecho, a su manera, nuestro siglo: «A veces
le parece a este pajarito (a quien ella se compara) no creer que
exista otra cosa sino las nubes que lo envuelven... Es el momento
de la alegría perfecta para el pobre, pequeño y débil ser... Qué
dicha para él permanecer allí y fijar la mirada en la luz invisible
que se oculta a su fe»14.
- Maximiliano Kolbe: convirtió su celda en antesala del
cielo.
Triunfo de la alegría
- Aun en medio de las pruebas: «antes habéis de alegraros
en la medida en que participáis en los padecimientos de Cristo,
para que en la revelación de su gloria exultéis de gozo» (1Pe
4,13); «Tened, hermanos míos, por sumo gozo veros rodeados de
diversas tentaciones» (Sant 1,2).
13 Cf. De vita in Christo, VII: PG 150,703-715.
14 Carta 175, Manuscrits autobiographiques (Lisieux 1956), B 5r.
434
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
- Porque es la «alegría de Dios». Porque también Cristo mu-
rió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevar-
nos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu
(1Pe 3,18)
- Vivamos la santa alegría de los hijos de Dios. Transparente,
cantarina, diáfana, cristalina y pura como arroyo de montaña.
- Contagiémosla…
- “La alegría es el secreto gigantesco del cristiano”
(Chesterton).
Como el calor al fuego, como el mojar al agua, como el calen-
tar al sol, es la alegría a la caridad: efecto necesario.
Santo Tomás Moro, San José de Cupertino, San Francisco So-
lano y muchísimos más nos dieron ejemplo.
4. Visión providencial de toda la vida
Por ella estamos dispuestos a «Buscar el Reino de Dios y su
justicia, que lo demás se nos dará por añadidura» (Mt 6,33), con-
vencidos que «Todo lo que sucede, sucede para bien de los que
aman a Dios» (Ro 8,28).
«Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni al-
macenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta.
¿No valéis vosotros más que ellos?... ¿Por qué os agobiáis por el
vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni
hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido
como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo
y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho
más por vosotros, gente de poca fe? (Mt 6,26.28-30). Claro que
435
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
a los pájaros no les pone la comida en la boca. Como decía San
Ignacio de Loyola: “Orad como si todo dependiese de Dios y
trabajad como si todo dependiese de vosotros”»15.
Comenta Santo Tomás de Aquino: «En segundo lugar de-
muestra cuanto había dicho, con dos autoridades, de las cuales
la primera se encuentra escrita en Job 5, 13 (Vg). Por esto dice:
Está escrito: “Él caza a los sabios en su astucia”. Ahora, Dios
caza a los sabios en su astucia porque, por el mismo hecho que
ellos piensan astutamente contra Dios, Dios impide su esfuerzo
y lleva así a cumplimiento su propio intento; así como a través
de la maldad de los hermanos que querían impedir a José su su-
premacía, se ha verificado, por medio del ordenamiento divino,
que José, una vez vendido, en Egipto dominase. Y así, antes de
las susodichas palabras, en Job 5,12 (Vg) se dice: “vuelve vanos
los pensamientos de los listos y sus manos no cumplen sus desig-
nios”, porque como se dice en Prov 21,30: ‘no hay sabiduría, no
hay prudencia, no hay consejo de frente al Señor’»16.
Y Fray Luis de León: «Trastorna los planes del artero, | de
modo que fracase en sus manejos; enreda en su astucia a los
sabios, | arruina las decisiones tortuosas» (Job 5,12-13).
Porque las armas con que Dios deshizo [al diablo] fueron esas
mismas que se forjó él para deshacer el bien y deshacer la pre-
eminencia del hombre. Porque, engañando a Adán, pensó apartar
a Dios del hombre; y por allí vino a juntarse el hombre en una
misma persona con Dios. Y trayendo a Cristo a la muerte, pre-
15 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2834; cf. Pedro de Ribadeneyra, Tractatus
de modo gubernandi sancti Ignatii, cap. 6: MHSI, 85, 631.
16 Comentario a la 1 carta a los Corintos 3,19, nº 180.
436
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
tendió fenecer la vida de Cristo; y la muerte de Cristo dio vida al
hombre y asoló el poder del demonio»17.
¿Podemos vivir la pobreza a full porque confiamos en la in-
finita Providencia de nuestro buen Padre? ¿Experimentamos la
delicadeza maternal de Dios que no nos deja faltar nada de lo
necesario? ¿No es infinitamente hermoso el aliño18 con que hace
todo?
5. Devoción a la Virgen
Debe verse lo referido en páginas anteriores y releer «El Tra-
tado de la Verdadera Devoción a María» de San Luis María
Grignion de Montfort.
Es bueno recordar que pedir para quien haya hecho voto de
esclavitud es hacerlo también por medio de María: «Algunos tal
vez digan que haciéndonos esta devoción entregar a Jesucristo,
por las manos de la Santísima Virgen, el valor de todas nuestra
buenas obras, oraciones, mortificaciones y limosnas, nos deja
incapaces para socorrer a las almas de nuestros parientes, amigos
y bienhechores.
A éstos les respondo: 1. No podemos creer que nuestros
amigos, parientes o bienhechores sufran daño alguno por el he-
cho de que nosotros nos hayamos entregado y consagrado sin
reserva al servicio del Señor y de su Santísima Madre, sin hacer
injuria al poder y a la bondad de Jesús y María, quienes sabrán
17 Fray Luis de León, Obras completas castellanas, Job, BAC Madrid 1991, p.
117.
18 aliñar. (De a- y el lat. lineāre, poner en línea, en orden). tr. aderezar (ǁ com-
poner, adornar). U. t. c. prnl. || || 3. aderezar (ǁ preparar). U. t. c. prnl. || || || 6. ant.
Gobernar, administrar.
437
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
muy bien socorrer a nuestros parientes, amigos y bienhechores,
ya del pequeño caudal espiritual nuestro, ya de otros cualesquie-
ra modos.
2. Esta práctica no impide que roguemos por los otros, tanto
muertos como vivos, aunque la aplicación de nuestras buenas
obras dependa de la voluntad de la Santísima Virgen; sino que,
por el contrario, Ella nos permitirá de rogar con más confianza,
bien así como una persona rica hiciera donación de todos sus
bienes a un gran príncipe para honrarle mejor, rogaría con más
confianza a este príncipe que diese una limosna a cualquiera de
sus amigos que la pidiera. Hasta ocurriría que, en tal caso, éste
príncipe quedaría complacido de que se le facilitase ocasión de
testificar su reconocimiento hacia una persona que se ha despoja-
do para vestirlo, que se ha empobrecido para honrarlo. Otro tanto
debemos decir de Jesucristo y de la Santísima Virgen, los cuales
jamás se dejaran vencer por nadie en punto a gratitud.19
19 ¿Qué relaciones hay entre la santa esclavitud y el llamado acto heroico o voto
de las ánimas, por el cual se ofrece el valor satisfactorio de todas nuestras obras en
sufragio de las almas del purgatorio?
Responde el P. Lhoumeau que el voto de las ánimas << es un acto de caridad o de
piedad aislado, es decir, que no forma con otros actos o con ciertas verdades un
conjunto o un sistema bien ordenado. Al contrario, el dejar en manos de la Santísima
Virgen el fruto de nuestra buenas obras es consecuencia de nuestra santa y amorosa
esclavitud; es fruto lleno de la savia del árbol que lo produce, lleno de ese espíritu
totalmente perteneciente a María de que hacemos profesión. Que, si conforme a
nuestra consagración vivimos y obramos, no será ello acto de devoción pasajero ni
homenaje mas o menos frecuentemente renovado, sino que llegará a ser principio de
un estado del alma, forma de toda nuestra vida interior>>.
Delicado es dar dictamen sobre el mérito relativo del acto heroico y de la
prefecta consagración a la Santísima Virgen, y por otro parte no hay inconveniente
en conciliar ambas donaciones, pues cuando, conforme a la doctrina de San Luis,
dejamos a María as indulgencias que hemos ganado, según la doctrina de la Iglesia
no pueden aplicarse a nadie más que a los difuntos. En cuanto a las satisfacciones
igualmente entregadas a María, parece también verosímil que se apliquen a las almas
438
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
Quizá alguno diga: ‘si yo doy a la Santísima Virgen todo el
valor de mis acciones para que lo aplique a quien Ella quiera, tal
vez sea preciso que yo padezca mucho tiempo en el purgatorio’.
Esta objeción, nacida del amor propio y de la ignorancia acerca
de la liberalidad de Dios y de su Santísima Madre, se destruye
por sí misma: un alma ferviente y generosa que cuida más de
los intereses de Dios que de los suyos, que da a Dios todo lo
que tiene, sin reservas, en forma que ya no puede das más, non
plus ultra, que no suspira más que por la gloria y el reinado de
Jesucristo por medio de su Santísima Madre y que se sacrifica
toda entera por hacerse digna de todo eso, dicha alma generosa
y liberal, pregunto yo, ¿será acaso más castigada en la otra vida
por haber sido más liberal y desinteresada que las otras? Tan lejos
está de ser así que con esta alma es, como veremos a continua-
ción, con quien el Señor y su Santísima Madre se muestran más
liberales en este mundo y en el otro, en el orden de la naturaleza,
de la gracia y de la gloria»20.
b. En el campo doctrinal:
1. Docilidad al Magisterio vivo de todos los tiempos
Como enseñaba el Beato Pablo VI en carta del 21 de septiem-
bre de 1966: «Las enseñanzas del Concilio Vaticano II se deben
entender en la misma línea del Magisterio eclesiástico anterior,
del purgatorio, pues los vivos a quienes pudiera aplicarse no tienen tanta necesidad.
De todos modos, como quiera que el fin de cada una de estas obras es distinto, no
creemos que puedan ganarse as indulgencias y privilegios concedidos al voto de las
ánimas con sólo hacer el acro de perfecta consagración. Será, pues, conveniente que
los que se consagrab esclavos de Nuestra Señora, aparte de su acto de esclavitud
hagan también en manos de la Santisima Virgen el voto de las ánimas ( De Vida
Mariana)–P. Naz.
20 Tratado de la Verdadera Devoción, BAC Madrid 1984, p. 132-133.
439
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
del cual las enseñanzas del concilio Vaticano II son continuación,
explicación y desarrollo21».
Debemos seguir al Papa en la doctrina –nunca se equivoca-
ron- y debemos seguir a los santos en la vida –siguieron el buen
camino-, están en el cielo.
Decía el célebre liturgista Jungmann: «Para una buena praxis,
no hay nada mejor que una buena teoría», ¡Cuántos fallan en lo
práctico (espiritualidad, pastoral, docencia…), por falta de cien-
cia y sabiduría! Debemos ser de buena doctrina, la que enseñó
Jesucristo, los apóstoles y la Iglesia durante más de 2000 años.
Un instrumento muy útil es el Catecismo de la Iglesia Católica,
por lo menos.
2. Búsqueda de la verdad: Santo Tomás y comentadores
recientes
El primer Concilio Ecuménico que ha aconsejado a un teólogo
por su nombre ha sido el Concilio Vaticano II: Santo Tomás de
Aquino. El Concilio lo cita 19 (diecinueve) veces en nota. Pero
explícitamente en el texto dice: «… aprendan luego los alumnos
a ilustrar los misterios de la salvación, cuanto más puedan, y
comprenderlos más profundamente y observar sus mutuas rela-
ciones por medio de la especulación, siguiendo las enseñanzas de
21 «At vero, quaecumque a Concilio Vaticano II docentur, arcto nexu cohaerent
cum magisterio ecclesiastico superioris aetatis, cuius continuatio, explicatio atque
incrementum sunt dicenda», Cum iam, Epistula, Ad [Link] P. D. Iosephum S. R.
E. Cardinalem Pizzardo, Praefectum S. Congregationis Seminariis Studiorumque
Universitatibus praepositae, cum Romae Congressus Internationalis de Theologia
Concilii Vaticani Secundi haberetur, d. 21 m. Septembris a. 1966, Paulus PP. VI; cfr.
L’Osservatore Romano, 26-27 sept.1966.
440
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
Santo Tomás…»22; «La Iglesia tiene también sumo cuidado de las
escuelas superiores, sobre todo de las universidades y facultades.
E incluso en las que dependen de ella pretende sistemáticamente
que cada disciplina se cultive según sus principios, sus métodos
y la libertad propia de la investigación científica, de manera que
cada día sea más profunda la comprensión de las mismas dis-
ciplinas y considerando con toda atención los problemas y los
hallazgos de los últimos tiempos se vea con más exactitud cómo
la fe y la razón van armónicamente encaminadas a la verdad,
que es una, siguiendo las enseñanzas de los doctores de la Igle-
sia, sobre todo de Santo Tomás de Aquino»23; «Las disciplinas
filosóficas hay que enseñarlas de suerte que los alumnos se vean
como llevados de la mano ante todo a un conocimiento sólido y
coherente del hombre, del mundo y de Dios apoyados en el patri-
monio filosófico siempre válido, teniendo también en cuenta las
investigaciones filosóficas de los tiempos modernos sobre todo
22 Decreto Optatam totius, 16; cfr. nota 36: Cf. Pío XII, Discurso a los alumnos de
los Seminarios, 24 junio 1939: AAS 31 (1939), p.247: «Al recomendar la doctrina
de Santo Tomás, no se suprime, sino que más bien se provoca y se dirige de manera
segura, la emulación en la investigación y divulgación de la verdad». PABLO VI,
Alocución en la Universidad Pontificia Gregoriana, 12 marzo 1964: AAS 56 (1964),
p.365:«(Los profesores)… escuchen con respeto la voz de los doctores de la Iglesia,
entre los que Santo Tomás ocupa el primer lugar. En efecto, el Doctor Angélico tiene
tan gran inteligencia, tan sincero amor a la verdad y tan grande sabiduría en la bús-
queda, en la explicación y en la sistematización de las verdades más profundas, que
su doctrina es un instrumento muy eficaz, no sólo para asegurar los fundamentos de
la fe, sino también para conseguir con seguridad y provecho los frutos de un sano
progreso». Cf. También la Alocución al VI Congreso Internacional Tomístico, 10
sept. 1965: AAS 5(1965), p.788-792.
23 Declaración Gravissimum educationis, 10: cfr. nota 31: Cf. PABLO VI, Alocución
al VI Congreso Tomístico Internacional, 10 sept. 1965: AAS 57 (1965) 788-792.
441
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
las que influyen más en la propia nación, y del progreso más
reciente de las ciencias…»24.
En el canon 251 del Código de Derecho Canónico de la Iglesia
latina leemos: «La formación filosófica, que debe fundamentar-
se en el patrimonio de la filosofía perenne y tener en cuenta a la
vez la investigación filosófica realizada con el progreso del tiem-
po, se ha de dar de manera que complete la formación humana
de los alumnos, contribuya a aguzar su mente y les prepare para
que puedan realizar mejor sus estudios teológicos»25.
El texto del documento conciliar como se ve, tiene una nota
que manda a la Humani Generis de Pío XII. Por tanto en esta
encíclica se encuentra la fuente de la expresión en cuestión. En el
n. 25 se lee: «Considerando bien todo lo ya expuesto más arriba,
fácilmente se comprenderá porqué la Iglesia exige que los fu-
turos sacerdotes sean instruidos en las disciplinas filosóficas
según el método, la doctrina y los principios del Doctor Angé-
lico26, pues por la experiencia de muchos siglos sabemos ya bien
24 Decreto Optatam totius, 15; cfr. nota 29: cf. Pío XII, enc. Humani generis, 12
agosto 1950: AAS 42 (1950), p. 571-575.
25 «Phiosophica institutio, quae innixa sit oportet patrimonio philosophico pe-
renniter valido, et rationem etiam habeat philosophicae investigationis progredien-
tis aetatis, ita tradatur, ut alumnorum formationem humanam perficiat, mentis aciem
provehat, eosque ad studia theologica peragenda aptiores reddat».
26 Aquí la encíclica cita al can. 1366 § 2 del código de 1917: “Los profesores han de
exponer la filosofía racional y la teología e informar a los alumnos en estas discipli-
nas ateniéndose por completo al método, sistema y principios del Angélico Doctor
y siguiéndolos con toda fidelidad”. (Philosophiae rationalis ac theologiae studia et
alumnorum in his disciplinis institutionem professores omnino pertractent ad Ange-
lici Doctoris rationem, doctrinam et principia, eaque sancte teneant). Para abundar
en información, como fuentes de este canon aparecen: LEÓN XIII, encycl. Aeterni
Patris, 4 ag. 1879; Litt. Iampridem, 15 oct. 1879; encycl. Etsi Nos, 15 feb. 1882; ep.
Officio sanctissimo, 22 dic. 1887; encycl. Providentissimus Deus, 18 nov. 1893; ep.
Inter Geves, 1 may. 1894; encycl. Depuis le jour, 8 set. 1899; PIO X, litt. Ap. In prae-
442
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
que el método del Aquinatense se distingue por una singular ex-
celencia, tanto para formar a los alumnos como para investigar la
verdad, y que, además, su doctrina está en armonía con la divina
revelación y es muy eficaz así para salvaguardar los fundamentos
de la fe como para recoger útil y seguramente los frutos de un
sano progreso».
La Sagrada Congregación para los seminarios y universida-
des, respondió el 20 de diciembre de 1965 que por patrimonio
filosófico perennemente válido: S. Thomae principia significari
intellexisse. (Se debe entender ser significados los principios de
Santo Tomás).
Además, el 20 de enero de 1972, la Congregación para la edu-
cación católica, en un documento sobre la enseñanza de la filo-
sofía en los seminarios dice:
«Este núcleo fundamental de verdad, que excluye todo relati-
vismo historicista y todo inmanentismo materialista o idealista,
corresponde a aquel conocimiento sólido y coherente del hom-
bre, del mundo y de Dios, del cual habla el Concilio Vaticano II
(OT, 15), el cual quiere que la enseñanza filosófica en los semi-
narios no descuide la riqueza que el pensamiento pasado nos ha
transmitido («innixi patrimonio philosophico perenniter valido»
ibid.) y al mismo tiempo, esté abierto a las riquezas que el pen-
samiento moderno continúa aportando («ratione habita quoque
philosophicarum investigationum progredientis aetatis» ibid.) En
cipuis, 23 en. 1904; encycl. Pieni l’animo, 28 jul. 1906; ep. Sub exitum, 6 may. 1907;
encycl. Pascendi, 8 set. 1907; motu proprio Sacrorum antistitum, 1 set. 1910, n. I;
motu porprio Doctoris Angelici, 29 jun. 1914; BENEDICTUS XV, motu propio Non
multo post, 31 dic. 1914; S.C. de Prop. Fide, instr. Ad Vic. Ap. Sin., 18 oct. 1883, n.
IV, 6; S. Studiorum C., 27 jul. 1914; S.C. de Seminariis, 7 mar. 1916.
443
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
este sentido, son plenamente justificadas y continúan permane-
ciendo válidas las recomendaciones de la Iglesia acerca de la
filosofía de Santo Tomás, en la que los primeros principios de la
verdad natural son clara y orgánicamente enunciados y armoni-
zados con la revelación y en la cual está también encerrado aquel
dinamismo innovador que, como dan testimonio los biógrafos,
caracteriza las enseñanzas de Santo Tomás y debe también hoy
caracterizar la enseñanza de cuantos quieren seguir sus huellas,
en una continua y renovada síntesis de las conclusiones válidas
recibidas por la tradición con las nuevas conquistas del pensa-
miento humano»27.
Como se ve, aparece en este texto otra vez Santo Tomás como
el mayor exponente de una filosofía sana que la Iglesia recibió en
heredad y también como aquel cuya filosofía contiene un sano
dinamismo innovador, siempre en armonía con la revelación.
Además, la misma comisión para la redacción del nuevo có-
digo, al tratar sobre el canon 251, respondió al interrogante que
se le había planteado, de por qué no se hacía explícita mención
a la filosofía de Santo Tomás, la respuesta fue: «no se hace una
explícita referencia a la filosofía tomista, como había sido soli-
citado por algunos organismos consultivos, porque esto está ya
indicado en la expresión clásica: patrimonio philosophico peren-
niter valido»28.
¿Por qué no repasar los grandes tratados de la Teología le-
yendo a Santo Tomás? Es el Doctor Eucarístico, ¿por qué no
27 Texto original en lengua francesa, en Enchiridion Vaticanum, vol. 4, pp. 973-
975.
28 Communicationes 14, 1982, p. 52.
444
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
dejarnos iluminar por él para el mejor conocimiento de la Misa?
¿Por qué Santo Tomás?, porque «iluminó más a la Iglesia que
todos los otros doctores. En sus libros aprovecha más el hombre
en un solo año que en el estudio de los demás en toda su vida»
enseñaba el Papa Juan XXII29, Dios ha querido que por la fuer-
za y verdad de su doctrina «todas las herejías y los errores que
se siguieran, confundidos y convictos se disiparan…» enseña el
Papa San Pío V30.
c. En la esfera pastoral
1. Creatividad apostólica y misionera
No se puede ser apóstol sin ser creativo; y sin ser creativo no se
puede ser misionero. Porque está implícito en la claras palabras
de Jesucristo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio»
(Mc 16,15) y «Como el Padre me ha enviado, así también os en-
vío yo» (Jn 20,21). «El apóstol es un cáliz lleno de nuestro Señor
Jesucristo, que derrama en los demás su superabundancia». Su
misma misión trasciende al apóstol y al misionero. Ambos son
creativos en su persona, en su pensamiento, en sus palabras, en
su acción, en su misión y en sus ideales. Por eso repiten siempre
aún sin palabras: «Más, siempre más», «Siempre adelante, nunca
hacia atrás» (Beato Junípero Serra), «A la mayor gloria de Dios»
(San Ignacio de Loyola), «Dios solo» (San Luis María Grignion
de Montfort)…
¿Considero que el apostolado es burocracia? ¿Me olvido que
ser misionero es una aventura a la que no hay que ser esquivo?
29 Alocución al Consistorio, 14 de julio de 1323.
30 En la bula Mirabilis Deus; Cf. León XIII, Enc. Aeterni Patris, del 4 de agosto
de 1879, 13.
445
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
¿No sé qué para ser misionero se requiere una profunda espiri-
tualidad? Si somos de la estirpe de los apóstoles, ¿A qué tener
miedo, en el nombre del Señor? ¿Acaso no debemos «enseño-
rear para Jesucristo todo lo auténticamente humano, aun en las
situaciones más difíciles y en las condiciones más adversas»31?
Nuestro Señor, ¿No osó la osadía de encarnarse y no osó la osadía
de quedarse bajo las especies de pan y vino? ¿Si Él osó, nosotros
debemos atrevernos? ¿Los poderes autónomos de Dios, es decir
todos los enemigos, ya están, anticipadamente derrotados por la
muerte y resurrección del Señor, “Veremos pasar el liberalismo,
el relativismo, la cristofobia, los lobbys – gay, mediático, laicista,
narco, financiero del “imperialismo internacional del dinero”32,
neo-con, new age, y todos los que vendrán-, los carteles, las ma-
fias, el terrorismo, el Anticristo con su poder infernal… Porque
ahora en Jesucristo está roto el poder interior de estos poderes,
del cual ellos viven y el cual ejercitan: la muerte y sus adjuntos,
la tentación, el pecado, el terror, el odio, la rabia33, la mentira:
«Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos
bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muer-
te. Porque ha sometido todas las cosas bajo sus pies» (1 Co
15,25s.); «Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó
al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención:
el perdón de los pecados» (Col 1,13-14); «si nos mantenemos
31 Constituciones del IVE, n. 30.
32 Pío XI, Carta encíclica Quadragesimus annus, 109; BEATO JUAN XXIII, Carta
encíclica «Mater et Magistra», 28; cf. JUAN PABLO II, Carta encíclica «Solicitudo
rei socialis», 37.
33 Cf. Heinrich Schlier, Poderes y Dominios en el Nuevo Testamento, EDECEP
2008, 53-57.
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La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
firmes, también reinaremos con Él» (2 Tim 2,12)”34 ¡Vengan los
poderes autónomos que vengan, no podrán no ser de antemano,
“poderes despojados” (cf. Col 2,15)!
2. Inserción realista
Estimo que es el enfoque que tiene en cuenta la realidad a
evangelizar, sabiéndose adaptar a cada situación buscando siem-
pre la mayor gloria de Dios y la mejor salvación de las almas.
Viene a ser una sana aplicación a la realidad de nuestras Parro-
quias, colegios, profesorados, obras de misericordia, Ejercicios
Espirituales, Misiones populares y ad gentes, pastorales: infanti-
les, juveniles, vocacionales, de adultos, de los enfermos…
¿Me preocupo por alcanzar a conocer la realidad de dónde
debo hacer apostolado? No basta lo que algunos o muchos di-
gan, nosotros hemos visto surgir muchas vocaciones a la vida
consagrada dónde nunca antes había salido nadie. Hay muchos
que viven con anteojeras y pueden pasar una vida sin tener un
juicio certero sobre la realidad que les rodea. ¿Pides la gracia de
ver a Dios en la Misa? ¿Haces ofrecer Misas para alcanzar esa
gracia? ¿Cuándo te la conceden das las gracias? Una vez tenido
un diagnóstico certero, ¿Aplicas el remedio oportuno? General-
mente, en pastoral, los problemas existen porque ha faltado una
catequesis adecuada, en contenido y en tiempo. ¿Sabes aplicar
los remedios adecuados a determinados síndromes? ¿Consultas
a personas sabias y prudentes?
34 Padre Carlos Miguel Buela IVE, Los Poderes Despojados, 9 de Agosto del
2014.
447
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
3. Elección de los puestos de avanzada
La idea es ir donde muy pocos quieren ir «aun en las situa-
ciones más difíciles y en las condiciones más adversas»35, cierta-
mente que teniendo en cuenta que hay lugares donde no surgen
vocaciones como para que las comunidades cristianas, solventen,
ahora, las necesidades de vocaciones consagradas. Esas vocacio-
nes, por ahora, tienen que salir de otras comunidades y hay que
estar atentos a esta situación.
Evidentemente que son los Superiores los que eligen esos lu-
gares, pero puede ser útil –de ninguna manera es obligatorio-
el ofrecerse a alguno: se ganan méritos por la generosidad, los
Superiores pueden elegir mejor… Finalmente, tu destino será el
que Dios tiene elegido desde toda la eternidad y siempre, inva-
riablemente, es el mejor.
4. Obras de misericordia espirituales y materiales
Entiendo que, en especial, son las obras de misericordia cor-
porales tal como los Hogarcitos de discapacitados, la atención a
los pobres de todo tipo y con todo tipo de ayuda, en la medida de
nuestras posibilidades.
Si atendemos a los pobres, ¿Dios se olvidará de ayudarnos a
nosotros? porque no se deja ganar en generosidad, o ¿no? Ama
particularmente a quienes atienden a sus pobres, con amor, o
¿no? Siempre conservará su validez: «Y dijo al que lo había in-
vitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus
amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos
ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
35 Constituciones del IVE, 30.
448
La Participación de la Misa de los religiosos/as de la Familia Rel. del V.E.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y cie-
gos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pa-
garán en la resurrección de los justos» (Lc 14,12-14), ¿Creemos
estas palabras de vida eterna?
449
Índice analítico
Prólogo 5
1. Motivación principal 7
1. El carisma esencial 7
2. Elementos no negociables adjuntos 8
2. Fundamento 11
1. La Misa es infinita como Jesús 11
2. Participación 12
3. Necesidad de las disposiciones personales
en la participación 14
a. Debe ser plena 14
b. Debe ser consciente 15
c. Debe ser interna y externa 16
d. Debe ser activa (unas catorce veces) 16
e. Debe ser fructífera 20
f. Debe ser más perfecta 20
g. Debe ser actual 21
h. Debe ser fácil 21
i. Debe ser piadosa 22
j. Debe ser con toda el alma 23
k. Debe ser adaptada 23
l. Debe ser clara 24
m. Debe ser en toda la Misa 25
n. Debe ser comunitaria 25
o. Debe ser en toda la comunidad 25
p. Debe ser también en el Oficio 26
q. Debe restablecerse la «Oración común» 26
451
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
3. Preparación remota 29
1. Distintos planes 29
a. Lectura anticipada de la Palabra de Dios: 29
b. Lectura espiritual de algún buen libro sobre
la eucaristía. 29
c. Llevar algún tema general para meditar en
la Santa Misa 29
1. Meditando en cada una de las partes de
las fórmulas de la doble consagración: 29
2. Meditando sobre los fines de la Misa: 30
3. Siguiendo el plan de
San Pío de Pietrelcina 31
a. Desde el signo inicial de la cruz hasta
el ofertorio nos encontramos
en Getsemaní, donde Jesús está
en agonía. 32
b. El ofertorio corresponde al momento
del arresto de Jesús. 33
c. El prefacio es el canto de alabanza y
de acción de gracias que Jesús dirige
al Padre porque ha llegado
su «Hora». 34
d. Desde el inicio de la plegaria eucarística
(=canon) a la consagración recordamos
a Jesús en prisión, flagelado, coronado
de espinas…, es decir, todo
el Vía Crucis. 34
e. La consagración representa místicamente
la crucifixión del Señor. Es allí que
452
Índice analítico
nosotros ofrecemos el sacrificio
redentor. 37
f. La doxología corresponde al grito de Jesús:
«Padre, en tus manos encomiendo
mi espíritu» (Lc 23,46). El sacrificio
es entonces consumado y aceptado por
el Padre. Los hombres volvemos a estar
unidos y es por eso que rezamos:
«Padre nuestro…». 40
g. La fracción del pan indica la muerte de
Jesús y la inmixtión su resurrección. 40
h. La comunión es el momento supremo de
la Pasión de Jesús. 41
i. La bendición final marca a los fieles con
la cruz, la cual es un signo distintivo
y un escudo protector contra el Maligno. 42
j. La Virgen asiste a cada Misa. 43
2. Un posible plan para 10 meses 43
3. Ministerios litúrgicos 52
a. Ministros con el sacramento del Orden 52
b. Ministros instituidos 52
c. Otros ayudantes (ministros de facto) 52
d. Los fieles cristianos laicos 53
4. Naturaleza de la vida consagrada 55
1. La Santísima Trinidad 55
a. La vida consagrada es manifestación de
la Trinidad 55
b. La vida consagrada en el misterio de la Trinidad
453
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
y en el misterio del Verbo encarnado 57
1. Icono de Cristo transfigurado 57
2. A Patre ad Patrem : es una iniciativa de
Dios, que viene del Padre y va al Padre 59
3. Per Filium: siguiendo a Cristo 60
4. In Spiritu: consagrados por
el Espíritu Santo. 61
5. Los consejos evangélicos, don de
la Trinidad. 61
6. El reflejo de la vida trinitaria en
los consejos. 62
7. Fidelidad al carisma. 63
c. Sentido trinitario de la vida consagrada 65
2. La vida consagrada en el misterio
de Cristo 66
a. La vida consagrada tiene su sentido en
una particular relación con Jesús 66
b. La vida consagrada es la forma de la vida
de Jesús 66
c. La vida consagrada es adhesión que configura
con Cristo 67
d. El seguimiento de Jesús en su forma de vida
tiene un carácter totalizante 68
e. La vida consagrada comporta una existencia
transfigurada 70
f. Vida de oración y de intercesión 71
g. La vida consagrada, memoria viva del modo de
existir y de actuar de Cristo 72
454
Índice analítico
3. La vida consagrada en el misterio
de la Iglesia 73
a. Siguiendo la “Vita consecrata” 73
1. En relación con el Pueblo de Dios, la vida
consagrada manifiesta la naturaleza íntima
de la vocación cristiana. 73
2. La vida consagrada pertenece a la vida,
a la santidad y a la misión de la Iglesia. 74
3. Dimensión escatológica de la vida
consagrada. 76
4. El camino a recorrer:
las bienaventuranzas. 77
5. Significado esponsal de la vida consagrada,
imagen viva de la Iglesia-Esposa. 78
6. La perfección de la caridad y el misterio
de la Pascua. 84
b. La peculiar consagración mediante la profesión
de los consejos evangélicos 85
1. La vida consagrada es una profundización
en el bautismo. 85
2. Unidad en el proyecto de amor evangélico. 86
3. Distintas vocaciones como rayos de
una única luz. 86
4. Complementariedad de las vocaciones
al servicio de la única misión. 87
c. La comparación entre consagración bautismal,
la sacerdotal y la de la vida consagrada: 88
1. La nueva y especial consagración. 88
2. Las relaciones entre los diversos estados
455
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
de vida del cristiano. 90
3. El valor especial de la vida consagrada. 92
4. María 94
a. La Virgen María, modelo de consagración
y seguimiento 95
b. Invocación a la Virgen María 99
5. Aspectos más importantes: 1ª parte 101
1. La Santísima Trinidad 101
2. Jesucristo 102
a. Su forma de vida 102
b. Radicalismo evangélico 104
1. Radicalismo del seguimiento de Jesús. 107
2. Radicalismo de la no-pretensión. 109
3. El radicalismo del amor. 110
3. Holocausto 111
a. Los preceptos ceremoniales del
Antiguo Testamento tienen causa literal
y figurativa 111
b. Los preceptos ceremoniales tienen razones
convenientes 114
c. El sacrificio de Cristo en la cruz es sacrificio por
los pecados, hostia o víctima pacífica
y holocausto 127
d. Por ser la Misa perpetuación del sacrificio de
a cruz, la Misa es: sacrificio por los pecados,
hostia o víctima pacífica y holocausto 129
e. La vida consagrada es holocausto 129
1. La vida consagrada o estado religioso lleva
456
Índice analítico
a la perfección. 129
2. Para la perfección de la vida consagrada es
necesario que los consejos evangélicos se
consagren por un voto. 133
3. La perfección de la vida consagrada consiste
en los tres votos. 136
4. La Misa como sacrificio en el Magisterio
de la Iglesia. 140
a. El sacrificio Eucarístico según
el Concilio de Trento 140
b. El sacrificio eucarístico según
el Papa Pío XII 145
c. El sacrificio eucarístico según
el Beato Pablo VI. 149
d. El sacrificio eucarístico según
el Concilio Vaticano II. 153
e. El sacrificio eucarístico según
el Papa San Juan Pablo II. 158
4. Existencia transfigurada 161
5. Vida de oración y de intercesión 164
a. Por la Iglesia celestial 164
b. Por la Iglesia paciente 167
c. Por la Iglesia peregrinante 174
d. Por los que asisten a la Misa 179
e. ¿Por quiénes debemos pedir? 184
6. Memoria viva 186
6. Aspectos más importantes: 2ª parte 187
1. Iglesia 187
457
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
a. Palabra viva de Dios vivo 187
b. Esponsalidad 198
c. Paternidad y maternidad espirituales 204
1. La paternidad espiritual 204
2. Maternidad espiritual 209
d. Las bienaventuranzas 221
1. Testimoniar el Evangelio de
las Bienaventuranzas 221
2. De los puros de corazón 222
3. Presencia del Reino de Dios. 223
4. A quienes escuchan la palabra 224
5. De quien cree 225
6. Característica del seguimiento 226
7. Iniciación espiritual 227
8. Encarnación de las Bienaventuranzas 227
9. Alegría de vivir según
las Bienaventuranzas 228
10. El Señor, la única bienaventuranza
de la monja 229
11. Bienaventuranzas y comunidades
fraternas 229
12. Testimoniar el espíritu de
las Bienaventuranzas 230
13. La pobreza, comienzo de
las Bienaventuranzas 230
14. Primera Bienaventuranza y pobreza 231
15. Vida nueva de las Bienaventuranzas 232
16. Bienaventuranzas y transformación
del mundo 233
458
Índice analítico
17. El humanismo de las Bienaventuranzas
en la escuela 236
18. Bienaventuranzas y promoción humana 236
e. La Cruz 237
1. Y el Padre 237
2. Silencio del Verbo en la cruz 238
3. Y obediencia del Hijo 238
4. La cruz, prueba del amor 239
5. Sufrimiento redentor en la cruz 239
6. Y acción del Espíritu 240
7. Y belleza de Dios 240
8. Y transfiguración 242
9. María, al pie de la cruz 243
10. María, gozo y esperanza de
la vida religiosa 243
11. Carisma de la cruz 244
12. Amor a la cruz 246
13. Amor pleno 247
14. Fuerza poderosa de la cruz 248
15. Portadores de la cruz 249
16. Y fraternidad 251
17. Y profesión de los consejos 253
18. Prueba del más grande amor 253
19. Participación de la muerte en cruz 254
20. Fecundidad de la cruz 255
21. Y éxodo 256
22. Y ascetismo 257
f. Dimensión escatológica de la vida consagrada.
Anticipo del cielo 258
459
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
2. María 263
a. La fuerza virginizante de María 263
b. CONCIÓN 276 270
7. Preparación próxima 297
1. La oblación 297
a. ¿Por qué pueden y deben los que asisten a la Misa
ofrecer la Víctima del altar? 298
b. ¿Cuándo debe comenzar en los bautizados
la actitud ofertorial? 299
c. ¿Cuándo se ofrece, de hecho,
la Víctima inmolada? 299
d. ¿Cuándo se explícita la oblación con
palabras? 299
e. ¿Por qué dice el sacerdote: «Orad,
hermanos, para que este sacrificio
mío y vuestro»? 302
f. ¿Cuándo llega a su plenitud el ofrecimiento de
la Víctima divina y de nosotros
junto con Ella? 303
g. ¿Cómo debe ser la actuación en el sacrificio
incruento? 303
2. La Comunión 305
8. A tener en cuenta 307
1. Introducción: Acerca de la estructura
de la Misa, sus elementos y sus partes 307
a. La estructura general de la Misa 307
b. Diversos elementos de la Misa 308
1. La lectura de la Palabra de Dios y
460
Índice analítico
su explicación 308
2. Las oraciones y otras partes que corresponden
al sacerdote 308
3. Otras fórmulas que ocurren en
la celebración 310
4. Las maneras de pronunciar
los diversos textos 311
2. Diversas formas de celebrar la Misa 311
Misa con el pueblo 313
Misa sin diácono 315
a. Ritos iniciales 315
b. Liturgia de la palabra 317
c. Liturgia Eucarística 321
d. Ritos de conclusión 333
3. Sugerencias sobre la participación 334
4. La Misa enseña 336
a. Liturgia de la palabra 336
b. Silencio 337
c. Lecturas bíblicas 337
d. Salmo responsorial 339
e. Aclamación antes de la lectura del Evangelio 340
f. Homilía 341
g. Profesión de fe 342
h. Oración universal 342
i. Catequesis y liturgia 344
j. La liturgia de la Iglesia 345
9. Participación de los religiosos en
la Santa Misa 347
461
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
1. La Santísima Trinidad 349
a. Tomado de la “Vita consecrata” 349
1. La vida consagrada es, de hecho,
confesión, manifestación, signo, testimonio
de la Trinidad 349
2. La vida consagrada en el misterio de
la Trinidad y en el misterio
del Verbo Encarnado 350
3. Sentido trinitario de la vida consagrada 351
b. Del Ordinario de la Misa 352
2. Jesucristo 360
a. Particular relación con Jesús 360
b. La vida consagrada es la forma de vida de Jesús:
casto, pobre y obediente. Su ejemplo, incluso,
en la Eucaristía. Votos 361
1. Castidad 361
2. La castidad triunfal 362
a. El modo de vencer la pasión 363
b. La pasión misma en cuanto a
la tendencia 366
3. Pobreza 367
4. Obediencia 368
5. Materna esclavitud de amor 369
6. La Misa, escuela ideal de
los votos religiosos 369
c. La vida consagrada nos debe configurar
con Él 370
d. La vida consagrada tiene un carácter totalizante,
es holocausto 371
462
Índice analítico
e. Produce una existencia transfigurada 376
f. Vida de oración e intercesión por los vivos
y los difuntos 376
g. Es memoria viva del modo de existir, pensar y
obrar de Jesús. Y, además, es
tradición viviente… 382
3. La Iglesia 384
a. Siguiendo la “Vita consecrata” 385
1. La vida consagrada manifiesta la naturaleza
íntima de la vocación cristiana 385
2. La vida consagrada pertenece «a la vida,
a la santidad» y a la misión de la Iglesia 386
3. Dimensión escatológica de
la vida consagrada 386
4. Las bienaventuranzas 390
5. Significado esponsalicio de
la vida consagrada 390
6. La perfección de la caridad y la Cruz,
en el misterio Pascual 391
b. La peculiar consagración mediante la profesión
de los consejos evangélicos 394
1. La vida consagrada es una profundización
en el bautismo 395
2. Unidad en el proyecto de amor
evangélico 397
3. Distintas vocaciones como rayos de
una única luz. 398
4. Complementariedad de las vocaciones
al servicio de la única misión. 398
463
Carlos Miguel Buela - Ars participandi
c. Comparación entre consagración bautismal,
la sacerdotal y la de la vida consagrada 399
1. Nueva y especial consagració 399
2. Las relaciones entre los diversos estados de
vida del cristiano 399
3. El valor especial de la vida consagrada 400
d. Siguiendo el Ordinario de la Misa 401
1. En general: También se ofrece su
Cuerpo místico 401
2. En particular: Según el Ordinario
de la Misa 407
a. En los saludos del sacerdote 407
b. En el Credo 407
c. En el Orate frates 407
d. En las Plegarias 408
4. María 409
a. María en la “Vita consecrata” 409
b. María en el 4º voto de materna esclavitud
de amor 411
c. María y la Misa 411
10. La participación de la Misa de los religiosos
y religiosas de la Familia R eligiosa
del Verbo Encarnado 417
1. Carisma 417
2. Elementos adjuntos del carisma
«no negociables» 418
a. En el ámbito de la espiritualidad 418
1. Importancia de la participación en
464
Índice analítico
la Misa. 418
2. Espiritualidad seria, ‘no sensiblera’. 418
3. Fuerte vida comunitaria y ambiente
de alegría 428
4. Visión providencial de toda la vida 435
5. Devoción a la Virgen 437
b. En el campo doctrinal: 439
1. Docilidad al Magisterio vivo de todos
los tiempos 439
2. Búsqueda de la verdad: Santo Tomás
y comentadores recientes 440
c. En la esfera pastoral 445
1. Creatividad apostólica y misionera 445
2. Inserción realista 447
3. Elección de los puestos de avanzada 448
4. Obras de misericordia espirituales
y materiales 448
Índice analítico 451
465