Aspectos generales
Enfoque Constitucional y Americano
Código Procesal Penal de la Nación
Código Procesal Penal Federal
Jurisprudencia.
Régimen del proceso penal - Francisco Figueroa
La prisión preventiva es la afectación más severa que se puede aplicar
durante un proceso penal a quien está acusado de haber cometido un delito.
Es una excepción a la garantía que asegura la libertad de las personas
durante el proceso y exige verificar determinados requisitos para que proceda
de manera legítima.
Su principal característica es que se trata de una medida cautelar.
NO tiene carácter punitivo por no tratarse de una pena (la cual es la
consecuencia de un juicio donde el acusado es condenado). Por ese motivo la
prisión preventiva no puede tener fines preventivos-generales o preventivos
especiales propios de la pena.
De ser así se transformaría en una pena encubierta, sería un adelanto de
pena y por lo tanto sería ilegítima.
Mientras no exista una condena firme que declare la
culpabilidad de una persona sometida a proceso, rige sobre
esta el estado de inocencia, por ello toda medida cautelar (no
sólo la prisión preventiva) que restringa de cualquier modo los
derechos del acusado deben ser extraordinarias en la medida
de lo posible y con el único objetivo de garantizar el proceso.
Como vimos esta garantía del proceso tiene límites
temporales (prescripción) y procedimentales (plazo razonable)
que aquí también son de aplicación.
La prisión preventiva solamente puede ser dispuesta por
un/a Juez/a, en los sistemas acusatorios a pedido del Ministerio
Público Fiscal y en los sistemas inquisitivos o mixtos puede ser
directamente sin la participación previa del acusador.
El ESTADO DE INOCENCIA establecido por
el art. 18 de la Constitución Nacional impide
que alguien sea penado sin juicio previo.
La libertad durante el proceso también está
garantizada en los tratados incorporados a la
Constitución Nacional en el art. 75 inciso 22:
La CONVENCION AMERICANA SOBRE DERECHOS HUMANOS (Pacto de San José)
Artículo 7. Derecho a la Libertad Personal
1. Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad personales.
2. Nadie puede ser privado de su libertad física, salvo por las causas y en las condiciones fijadas de
antemano por las Constituciones Políticas de los Estados Partes o por las leyes dictadas conforme a
ellas.
3. Nadie puede ser sometido a detención o encarcelamiento arbitrarios.
4. Toda persona detenida o retenida debe ser informada de las razones de su detención y notificada,
sin demora, del cargo o cargos formulados contra ella.
5. Toda persona detenida o retenida debe ser llevada, sin demora, ante un juez u otro funcionario
autorizado por la ley para ejercer funciones judiciales y tendrá derecho a ser juzgada dentro de un
plazo razonable o a ser puesta en libertad, sin perjuicio de que continúe el proceso. Su libertad podrá
estar condicionada a garantías que aseguren su comparecencia en el juicio.
6. Toda persona privada de libertad tiene derecho a recurrir ante un juez o tribunal competente, a fin
de que éste decida, sin demora, sobre la legalidad de su arresto o detención y ordene su libertad si el
arresto o la detención fueran ilegales. En los Estados Partes cuyas leyes prevén que toda persona que
se viera amenazada de ser privada de su libertad tiene derecho a recurrir a un juez o tribunal
competente a fin de que éste decida sobre la legalidad de tal amenaza, dicho recurso no puede ser
restringido ni abolido. Los recursos podrán interponerse por sí o por otra persona.
7. Nadie será detenido por deudas. Este principio no limita los mandatos de autoridad judicial
competente dictados por incumplimientos de deberes alimentarios.
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
Artículo 9
1. Todo individuo tiene derecho a la libertad y a la seguridad personales. Nadie podrá ser
sometido a detención o prisión arbitrarias. Nadie podrá ser privado de su libertad, salvo por
las causas fijadas por ley y con arreglo al procedimiento establecido en ésta.
2. Toda persona detenida será informada, en el momento de su detención, de las razones de
la misma, y notificada, sin demora, de la acusación formulada contra ella.
3. Toda persona detenida o presa a causa de una infracción penal será llevada sin demora
ante un juez u otro funcionario autorizado por la ley para ejercer funciones judiciales, y tendrá
derecho a ser juzgada dentro de un plazo razonable o a ser puesta en libertad. La prisión
preventiva de las personas que hayan de ser juzgadas no debe ser la regla general, pero su
libertad podrá estar subordinada a garantías que aseguren la comparecencia del acusado en
el acto del juicio, o en cualquier momento de las diligencias procesales y, en su caso, para la
ejecución del fallo.
4. Toda persona que sea privada de libertad en virtud de detención o prisión tendrá derecho a
recurrir ante un tribunal, a fin de que éste decida a la brevedad posible sobre la legalidad de
su prisión y ordene su libertad si la prisión fuera ilegal.
5. Toda persona que haya sido ilegalmente detenida o presa, tendrá el derecho efectivo a
obtener reparación.
Como se trata de una medida cautelar, para que proceda la prisión preventiva se
deben dar conjuntamente tres presupuestos:
1) Verosimilitud 2) Verosimilitud 3) Peligros
en el hecho en el Derecho procesales
En primer lugar se debe corroborar la verosimilitud en el hecho, para lo cual será
necesario que concurran elementos de convicción suficientes que permitan afirmar
razonablemente la existencia de un conflicto y una sospecha de que el imputado es el
autor –o partícipe –del suceso investigado y, en consecuencia, que se llevará adelante el
juicio oral y público en su contra. Se requiere, entonces, de una imputación válida y
fundada en la prueba que aportó el acusador.
Con relación a la verosimilitud del derecho (fumus bonis iure) o exigencia de
mérito sustantivo, será necesario poder sostener razonablemente que ese conflicto
encuadra en un tipo penal.
Con estos dos requisitos se busca poder sostener de manera razonable, que
estamos frente a un suceso típico, antijurídico y culpable y que hay serias sospechas de
que la persona imputada es autora o partícipe de él.
Con el tercer requisito se busca acreditar en el caso concreto los riesgos procesales
objetivos (peligro de fuga y/o entorpecimiento de la investigación) y la necesidad,
idoneidad, razonabilidad y proporcionalidad de la medida cautelar para neutralizar esos
riesgos y asegurar los fines de proceso (averiguación de la verdad y aplicación de la ley).
En el fallo de la CIDH “Romero Feris vs. Argentina” de octubre del 2019 se
recordó que una medida cautelar restrictiva de la libertad no será arbitraria
cuando:
• Se den la concurrencia de los presupuestos materiales para ordenarla, esto es,
que existan indicios suficientes que permitan suponer razonablemente que un
hecho ilícito ocurrió y que la persona sometida al proceso pudo haber participado
en él;
• Que la medida cuenta con los cuatro elementos del test de proporcionalidad que
le corresponde efectuar a la autoridad judicial que la impone, a saber:
a. que persiga una finalidad legítima vinculada a eliminar el peligro de fuga o
de entorpecimiento del desarrollo del proceso,
b. que sea la vía idónea para cumplir con esa finalidad,
c. que resulte necesaria para conseguir el fin deseado y que no exista una
medida menos gravosa e idónea de procurarlo y
d. que guarde estricta proporción con el sacrificio inherente a toda restricción
a la libertad;
• Que la decisión respectiva ostente motivación suficiente que permita evaluar si
se ajusta a las condiciones señaladas.
Concurrencia de los presupuestos materiales.
La autoridad judicial que dispone la prisión preventiva deberá realizar un análisis razonado de la
evidencia incorporada al proceso (en los sistemas acusatorios deberá ser aportada por las partes en una
audiencia) y explicar los motivos que lo llevan a concluir que se verifica en el caso concreto la existencia de un
conflicto ilícito y la forma de participación de la persona acusada de ese hecho.
El primer paso es la constatación del hecho ilícito. La sola denuncia de la víctima o de un
tercero por si sola no puede constituir el fundamento suficiente para establecer la existencia de
un hecho ilícito (aunque si para iniciar una investigación que lleve a establecerlo).
La evidencia colectada debe permitirle al juzgador establecer que el acusado está
relacionado en forma disvaliosa con ese hecho ilícito. Este segundo nivel, la participación del
sospechoso, debe estar fundada en hechos específicos y no en meras conjeturas o intuiciones
abstractas.
Sin embargo, este primer elemento no constituye en sí mismo una finalidad legítima para aplicar una
medida cautelar restrictiva a la libertad y mucho menos que sea capaz de menoscabar el estado de inocencia,
que solo será derribado con la sentencia condenatoria firme.
Test de proporcionalidad.
El principio de proporcionalidad, constituye uno de los principios que rigen y
limitan la aplicación de la prisión preventiva. Constituye un límite racional que impide
que, en los casos que corresponde disponer la prisión preventiva, la medida cautelar sea
más gravosa que la pena que podría corresponder de ser condenado.
La proporcionalidad se refiere a la comparación entre la detención preventiva
cumplida y la proyección de pena concreta que se pudiera aplicar. Debe ser analizada con
relación a la calidad (la prisión preventiva sólo procederá en delitos previstos con pena
de prisión), y a la cantidad que operará como límite temporal, nunca la podrá superar.
El peligro procesal no se presume, sino que debe realizarse la verificación del
mismo en cada caso, fundando las circunstancias objetivas y ciertas del caso concreto.
Así el art. 7.5 de la CADH restringe la libertad solo como garantía que asegure la
comparecencia del acusado en el juicio, es decir, las finalidades legítimas a las que debe
estar atada la decisión de una prisión preventiva deben estar vinculadas exclusivamente
con el peligro de fuga del procesado.
Este criterio es seguido de hace mucho tiempo por la Corte Suprema de Justicia
de la Nación cuando en el fallo Napoli Erika del 22 de diciembre de 1998 explicó que “la
potestad legislativa para, con amplia latitud, ordenar y agrupar, distinguiendo y
clasificando, los objetos de la legislación (…) y establecer así regímenes excarcelatorios
diversos, sólo encuentra justificación en tanto esté orientada a que la prisión preventiva
como medida de corrección procesal –conserve su fundamento de evitar que se frustre
la justicia (…) esto es, que el imputado eluda su acción o entorpezca las
investigaciones…”.
La gravedad del delito no puede ser el único sustento del peligro de fuga para
disponer la prisión preventiva, pues de ser así resultaría un adelanto de pena y se
invertiría la carga de la prueba ya que la persona imputada tendrá que demostrar que
no pretende escapar de la justicia.
La proporcionalidad impone a la autoridad judicial un análisis y fundamentos que
descarten la existencia de una medida de menor injerencia en los derechos individuales
para satisfacer el fin procesal y que la única alternativa es la prisión preventiva.
También implica establecer límites temporales a la duración de la prisión
preventiva, ya que cuando el plazo de esta sobrepasa lo razonable, deberá limitarse la
libertad del imputado con otras medidas menos lesivas que aseguren su
comparecencia, como pueden ser las cauciones (juratoria, real, personal),
presentaciones periódicas y/o controles electrónicos.
En la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Suárez
Rosero, se establece con claridad el carácter meramente cautelar del
encarcelamiento preventivo y se circunscriben los motivos para su procedencia:
entorpecimiento de la investigación y peligro de fuga, para diferenciarla de la pena
anticipada: “De lo dispuesto en el art. 8.2 de la Convención se deriva la obligación
estatal de no restringir la libertad del detenido más allá de los límites estrictamente
necesarios para asegurar que no impedirá el desarrollo eficiente de las
investigaciones y que no eludirá la acción de la justicia, pues la prisión preventiva es
una medida cautelar, no punitiva.”
El Código Procesal Penal de la Nación prevé que procede la excarcelación
cuando: lleva detenido un tiempo igual a la pena máxima prevista para el delito (317,
inc. 2); lleve detenido un tiempo igual a la pena pedida por el fiscal (inc. 3) o cuando
el tiempo que lleva le hubiera permitido la concesión de la libertad condicional (inc.
5).
El art. 224 del Código Procesal Penal Federal prevé supuestos similares, aunque
expresamente establece que “no podrá imponerse nuevamente la prisión preventiva
en el mismo proceso si una anterior hubiese cesado por cualquiera de las razones
enunciadas precedentemente; ello sin perjuicio de las facultades para hacer
comparecer al imputado a los actos necesarios del proceso o de la aplicación de otras
medidas de coerción”.
La proporcionalidad de la medida cautelar fue receptado por la
Comisión IDH en el informe 86/09 “Peirano Basso v. Uruguay” donde en el
considerando 91 dice: “Al realizar el pronóstico de pena para evaluar el
peligro procesal, siempre se debe considerar el mínimo de la escala penal o
el tipo de pena más leve prevista. De lo contrario, se violaría el principio de
inocencia porque, como la medida cautelar se dispone con el único fin de
asegurar el proceso, ella no puede referir a una eventual pena en concreto
que suponga consideraciones que hacen a la atribución del hecho al
imputado. Asimismo, en los supuestos en los que se intenta realizar un
pronóstico de pena en concreto, se viola la imparcialidad del juzgador y el
derecho de defensa en juicio. La consideración de circunstancias particulares
como la concurrencia de delitos o la aplicación de reglas que impidan que la
eventual condena no sea de efectivo cumplimiento, podrán ser sopesadas en
ese contexto y de acuerdo al fin procesal perseguido, lo cual es incompatible
con su utilización como pautas absolutas y definitivas. Admiten ser
valoradas para concretar la estimación de la mínima respuesta punitiva
que, eventualmente, se habrá de dar en el caso”.
Deber de motivación de las medidas privativas de la
libertad.
La decisión que dispone la prisión preventiva deberá contener los motivos en
que se basa la resolución para que permita evaluar si cumple con las condiciones
analizadas, si no cuenta con la motivación la decisión será arbitraria.
La prisión preventiva debe estar sometida a revisión periódica (en algunos
sistemas de corte acusatorio se le pone plazo) de tal forma que no se prolongue
cuando no subsistan las razones que motivaron su adopción.
En cualquier momento, si la prisión preventiva no cumple las condiciones por
las cuales fue impuesta, deberá decretarse la libertad, sin perjuicio que el proceso
continué.
En los procesos acusatorios (Código Procesal Penal Federal, Provincia de
Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, flagrancia del CPPN) sólo se puede
disponer si existiera un pedido del fiscal o la parte acusadora privada.
En algunos fallos, acordadas e informes los tribunales Superiores, la Corte Suprema de Justicia de la
Nación y la CIDH han desdibujado este esquema que hasta aquí se plantea.
Por ejemplo, en el Informe 2/97 de la CIDH incluye dos nuevos supuestos de peligro generados por la
libertad del imputado que pueden ser neutralizados por la prisión preventiva. Estos son criterios que no tienen
vínculo alguno con fines procesales. El primer supuesto que establece la CIDH es el de peligro de reincidencia o
comisión de nuevos delitos (párrafo 32), fin exclusivo de la pena (prevención especial). Sostiene en el párrafo 32:
“Cuando las autoridades judiciales evalúan el peligro de reincidencia o comisión de nuevos delitos por parte del
detenido, deben tener en cuenta la gravedad del crimen. Sin embargo, para justificar la prisión preventiva, el
peligro de reiteración debe ser real y tener en cuenta la historia personal y la evaluación profesional de la
personalidad y el carácter del acusado. Para tal efecto, resulta especialmente importante constatar, entre otros
elementos, si el procesado ha sido anteriormente condenado por ofensas similares, tanto en naturaleza como en
gravedad.” El segundo supuesto, es el de la gravedad especial de un crimen y la reacción del público, por la
amenaza de disturbios del orden público que la liberación del imputado pudiera provocar, aquí el fin que la CIDH
atribuye al encarcelamiento preventivo tampoco constituye un fin procesal. En el párrafo 36 del mismo informe
dice: “La Comisión reconoce que en circunstancias muy excepcionales, la gravedad especial de un crimen y la
reacción del público ante el mismo pueden justificar la prisión preventiva por un cierto período, por la amenaza
de disturbios del orden público que la liberación del acusado podría ocasionar. Cabe enfatizar para que
constituya una justificación legítima, dicha amenaza debe seguir siendo efectiva mientras dura la medida de
restricción de la libertad del procesado.”
Otro ejemplo que trae confusión es el famoso plenario 13 de la Cámara Federal de Casación Penal “Diaz
Bessone” que en su resolutorio refirió “como doctrina plenaria que "no basta en materia de excarcelación o
eximición de prisión para su denegación la imposibilidad de futura condena de ejecución condicional, o que
pudiere corresponderle al imputado una pena privativa de la libertad superior a ocho años (arts. 316 y 317 del
C.P.P.N.), sino que deben valorarse en forma conjunta con otros parámetros tales como los establecidos en el art.
319 del ordenamiento ritual a los fines de determinar la existencia de riesgo procesal".
Si bien este resolutorio pretendía otorgar claridad y brindar parámetros para establecer prisiones
preventivas más equitativas, lo cierto es que de su lectura cada voto que compone el precedente explica de
diferente manera qué debe entenderse al valorar los peligros procesales como la evitación de la accionar de la
justicia y el entorpecimiento del proceso dando lugar a una catarata de fallos de los tribunales inferiores
totalmente disímiles.
LÍMITE TEMPORAL A LA PRISIÓN PREVENTIVA.
La prisión preventiva puede ser
limitada temporalmente por
aplicación del principio de
proporcionalidad (como se vio
anteriormente); o por aplicación
del plazo razonable (garantía
prevista en la CADH, 7.5) que en
nuestro Estado se ha determinado
a través de una ley, definición
reglamentaria del tratado
internacional, la ley 24.390, luego
modificada por la ley 25.430.
Lo primero que debe aclararse en este aspecto es que la
cesación prevista en la ley 24.390 es definitiva y, por ello, una
vez operado el plazo no podrá volver a dictarse la medida
cautelar, con independencia de la existencia, o no, del riesgo
procesal.
Como lo explica claramente Cafferata Nores: “Es que
siendo el peligro de entorpecimiento de la investigación o de
fuga el argumento para imponer y mantener en el tiempo el
encarcelamiento procesal, a cuya duración la ley le impone un
término máximo, no puede volver a reinvocarse como
argumento para prolongar la duración que aquel plazo quiere
limitar. Si el peligro de burla a la acción de la justicia impide la
libertad durante el plazo y la sigue impidiendo después de
vencido el plazo: ¿para qué sirve el plazo?”
El límite temporal, entonces, sólo tiene sentido en aquellos casos en donde se
mantiene el riesgo procesal, pues allí funciona el límite al poder estatal. Si no existiese el
riesgo procesal, debería cesar por no tener sentido como medida de cautela y para ello no
resulta un límite temporal sino la mera revisión por parte de la autoridad judicial.
El plazo establecido en la ley 24.390, sólo puede ser entendido como un plazo
máximo y no razonable, un plazo máximo para todos los casos que nunca y en ningún caso
podrá superarse. En todo caso, el plazo máximo será el razonable para los casos que
demanden más tiempo investigar y juzgar. Empero, esto no implica una autorización para
extender el plazo en casos sencillos, aunque de esta forma hayan operado el límite a la
duración del encarcelamiento preventivo.
Ferrajoli (Derecho y Razón, p. 771) explica que en la experiencia italiana se advierte
un vínculo directo entre la autorización de duración del plazo con el porcentaje de presos
preventivos, por lo que recuerda: “que hasta 1955 la prisión preventiva no estaba
sometida a límites temporales. Entonces los detenidos en espera de juicio eran sólo un
tercio del total. Una vez introducido un plazo máximo —primero con la ley n° 517 de
18/6/1955 para la fase instructora, después con el d.l.n. 192 de 1/5/1970 para las demás
fases del juicio—, elevado después en varias ocasiones, el porcentaje ha ido creciendo
inexorablemente hasta alcanzar el 70 % en 1982, para después fijarse, tras la reducción de
los plazos en 1984 y tras la reforma de 1988, en torno a la mitad del total; y paralelamente
se ha incrementando la duración de los procesos. Esto significa que los plazos han actuado,
más que como límite máximo, como límite mínimo de la detención preventiva y de la
duración de la causa, o, lo que es lo mismo, como autorización implícita para ralentizar los
procesos y para mantener al imputado en prisión durante toda su duración".
La ComisiónIDH en el informe 86/09 “Peirano Basso vs. Uruguay” refiere en su
considerando 76:
“Por ello, es necesario priorizar los procesos judiciales en los cuales los
imputados se encuentran privados de su libertad para así reducir, a su mínima
expresión, la necesidad de adoptar medidas restrictivas de los derechos[17]. De lo
contrario, se corre el riesgo de que el juzgador tenga una tendencia a inclinarse por
la condena y por la imposición de una pena al menos equivalente al tiempo de
prisión preventiva, en un intento por legitimarla.”
La disposición 6.2 de las Reglas mínimas de las Naciones Unidas sobre las
medidas no privativas de la libertad (Reglas de Tokio) establece:
… La prisión preventiva no deberá durar más del tiempo que sea necesario
para el logro de los objetivos indicados en la regla 6.1 [investigación del supuesto
delito y la protección de la sociedad y de la víctima]….
Ley 24.390:
El art. 1 establece: “La prisión preventiva no podrá ser superior a dos años, sin
que se haya dictado sentencia. No obstante, cuando la cantidad de los delitos
atribuidos al procesado o la evidente complejidad hayan impedido el dictado de la
misma en el plazo indicado, éste podrá prorrogarse por un año más, por resolución
fundada, que deberá comunicarse de inmediato al tribunal superior que
correspondiere, para su debido contralor”.
El art. 2 establece: “Los plazos previstos en el artículo precedente no se
computarán a los efectos de esta ley, cuando los mismos se cumplieren después de
haberse dictado sentencia condenatoria, aunque la misma no se encontrare firme”.
El art. 11 Quedan expresamente excluidos de los alcances de la presente ley los
imputados por el delito previsto en el artículo 7º de la ley 23.737 y aquéllos a quienes
resultaren aplicables las agravantes previstas en el artículo 11 de esa misma ley.
Intensidad de las medidas de coerción
Arts. 310, 316 a 333 CPPN Arts. 312 CPPN
Arts. 280 CPPN Reglas de sujeción para exención, excarcelación y Procesamiento con prisión
Fines del proceso procesamiento sin prisión preventiva. preventiva
Arts. 22 CPPF Arts. 209 a 227 CPPF Las medidas de coerción están prevista
Fines del proceso de menor a mayor intensidad.
La exención y la excarcelación.
Análisis de artículos del Código Procesal Penal de la Nación
EXENCIÓN
316
Ante quién se presenta Quién puede presentar la exención?
Juez de la causa
Juez de turno El propio imputado Un tercero a su favor
¿Cuándo procede?
La persona imputada está en libertad.
El delito que se le imputa tengan un máximo legal menor a ocho años.
Si la escala penal, sumado a las características del caso y la carencia de antecedentes
condenatorios de la persona imputada, pueda imponerse una pena de ejecución
condicional.
EXCARCELACIÓN
317
Ante quién se presenta Quién puede pedirla?
Juez de la causa El propio imputado Su abogado defensor
¿Cuándo procede? .
La persona está privada de la libertad.
Se dan los restantes supuestos de la exención de prisión.
Cuando lleve detenido un tiempo igual al máximo de la pena prevista para el delito.
Cuando lleve detenido un tiempo igual al de la pena solicitada por el fiscal.
Cuando lleve detenido un tiempo igual a la condena impuesta por sentencia no firme.
Cuando lleve detenido un tiempo que le permita acceder a libertad condicional (art. 11 ley 24660 cfr. ley
27375)
NO PROCEDE: art. 30 de la ley 27375 modificatorio del art. 56 bis de la ley 24660 y art. 38 de la ley
27375 modificatorio del art. 14 del Código Penal.
Libertad por art. 318
Se concede luego de haber sido citado para hacerle saber la formación de la causa y la acusación (art.
279) o si se lo traslado por la fuerza pública (art. 282) para hacer alguna diligencia procesal que requiere
su comparecencia obligatoria (ej.: indagatoria).
Problemas constitucionales de la prohibición legal de acceder a libertades
El problema constitucional se plantea en los casos que se establece la
prohibición de la excarcelación, la exención de prisión como así también de
las libertades anticipadas previstas en la ley 24.660 en determinados delitos.
Existen distintos precedentes jurisprudenciales que las declararon
inválidos.
Vimos que el legislador por un lado se encuentra imposibilitado de
establecer que algunos delitos no sean excarcelables (Fallo Napoli Erika de la
CSJN, ver diapositiva 11).
Pero también resulta contrario al derecho convencional y la constitución
establecer que para ciertos delitos (como lo hacen las leyes 27375 o 24390)
exista una desigualdad en la posibilidad de obtener libertades anticipadas o
en quedar excluido per se del límite temporal de duración de la prisión
preventiva.
Esas cuestiones fueron tratadas en dos precedentes: el fallo Veliz Linda
Cristina de junio de 2010 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación el caso
“Jenkins vs. Argentina” sentencia del 26 de noviembre de 2019 de la y la
Corte IDH.
En el fallo Veliz se evaluó la inconstitucionalidad del art. 10 de la ley 24390 (el cual
actualmente corresponde al art. 11 actual) el cual excluía a los condenados por alguno de
esos delitos del beneficio en el cómputo de la prisión preventiva previsto en el art. 7 –de la
redacción original –conocido como “dos por uno” donde transcurrido el plazo de dos años
de prisión preventiva cada día se empezaría a contabilizar, para el cómputo de pena, como
dos días.
La Corte, revirtiendo su jurisprudencia del fallo “Alonso” (318:2611), declaró
inconstitucional el tratamiento diferenciado que hacía el art. 10 respecto de los demás
condenados.
En el fallo Veliz la Corte expresó que: “la decisión del legislador ordinario de privar a
determinada categoría de personas de los beneficios previstos en la ley 24.390 no sólo
implica la afectación del derecho que ellas tienen a que se presuma su inocencia, sino que
además importa la afectación de la garantía que la Convención Americana sobre Derechos
Humanos también les confiere en su art. 7.5. Que el originario art. 10 de la ley 24.390 (así
como el actual art. 11) termina por cristalizar un criterio de distinción arbitrario en la
medida en que no obedece a los fines propios de la competencia del Congreso, pues en
lugar de utilizar las facultades que la Constitución Nacional le ha conferido para la
protección de ciertos bienes jurídicos mediante el aumento de la escala penal en los casos
en que lo estime pertinente, niega el plazo razonable de encierro contra lo dispuesto por
nuestra Ley Fundamental”.
Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso
Jenkins vs. Argentina trató al art. 10 de la ley 24.390 (actual 11) en relación a
exclusión del plazo previsto para la prisión preventiva en esa misma ley.
Recordó que para la aplicación válida de la prisión preventiva deben darse
los tres aspectos que vimos en la diapositiva 8.
También que una de las características que debe tener una medida de
detención para ajustarse a las disposiciones de la Convención es estar sujeta a
revisión periódica, que el art. 7.5 impone límites temporales a la duración de la
prisión preventiva y que cuando el plazo de la detención sobrepasa lo razonable el
Estado podrá limitar la libertad del imputado con otras medidas menos lesivas y
que aun cuando medien razones para mantener a una persona en prisión
preventiva dicha normativa garantiza que aquella sea liberada.
PRISIÓN PREVENTIVA
ART. 312
INCISO 1) INCISO 2)
CUANDO NO PROCEDE PENA SUPUESTOS DEL ART. 319
DE EJECUCIÓN CONDICIONAL
(art. 26, 27 CP)
* PELIGRO DE FUGA * ENTORPECIMIENTO DE
LA INVESTIGACIÓN
Art. 319:
Según Binder el único que debe ser considerado como riesgo procesal que obstaculice la libertad del acusado es
el peligro de fuga ya que no se puede hacer el juicio en ausencia.
Sin embargo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el Informe 2/97 estimó como sospecha
razonable la posibilidad cierta de evasión de la justicia y la de obstaculizar la investigación preliminar sea intimidando
testigos y/o destruyendo evidencia.
Como la excarcelación se puede pedir en cualquier parte del proceso, la pena en abstracto (o severidad de la
pena) disminuye como factor de presunción de evasión a medida que pasa el tiempo de detención ya que este período
se contará dentro del plazo de cumplimiento total de la futura condena.
Alejandro Carrio agrega como elemento negativo al momento de otorgar la libertad la prueba reunida al referir
que “…A los fines de meritar cuántos incentivos tendrá una persona para presentarse al juicio que se llevará en su contra
el peso de la prueba reunida es un factor que debería ser tomado en cuenta…”
CODIGO PROCESAL PENAL FEDERAL.
Art. 210. Medidas de coerción.
El representante del Ministerio Público Fiscal o el querellante podrán solicitar al juez, en cualquier estado
del proceso y con el fin de asegurar la comparecencia del imputado o evitar el entorpecimiento de la
investigación, la imposición, individual o combinada, de:
a. La promesa del imputado de someterse al procedimiento y de no obstaculizar la investigación;
b. La obligación de someterse al cuidado o vigilancia de una persona o institución determinada, en las
condiciones que se le fijen;
c. La obligación de presentarse periódicamente ante el juez o ante la autoridad que él designe;
d. La prohibición de salir sin autorización previa del ámbito territorial que se determine;
e. La retención de documentos de viaje;
f. La prohibición de concurrir a determinadas reuniones, de visitar ciertos lugares, de comunicarse o
acercarse a determinadas personas, siempre que no se afecte el derecho de defensa;
g. El abandono inmediato del domicilio, si se tratara de hechos de violencia doméstica y la víctima
conviviera con el imputado;
h. La prestación por sí o por un tercero de una caución real o personal adecuada, que podrá ser
voluntariamente suplida por la contratación de un seguro de caución, a satisfacción del juez;
i. La vigilancia del imputado mediante algún dispositivo electrónico de rastreo o posicionamiento de su
ubicación física;
j. El arresto en su propio domicilio o en el de otra persona, sin vigilancia o con la que el juez disponga;
k. La prisión preventiva, en caso de que las medidas anteriores no fueren suficientes para asegurar los
fines indicados.
El control sobre el cumplimiento de las medidas indicadas en los incisos a) a j) del presente artículo
estará a cargo de la Oficina de Medidas Alternativas y sustitutivas, cuya creación, composición y
funcionamiento será definida por una ley que se dicte a tal efecto.
ARTÍCULO 218.- Prisión preventiva.
Corresponde el dictado de la prisión preventiva en función de la gravedad de las
circunstancias y naturaleza del hecho y de las condiciones del imputado, que sirvan
para decidir los criterios de peligro de fuga o entorpecimiento del proceso previstos en
este Código.
No procederá la prisión preventiva en los siguientes supuestos:
a. Si por las características del hecho y las condiciones personales del
imputado pudiere resultar de aplicación una condena condicional;
b. En los delitos de acción privada;
c. Cuando se trate de hechos cometidos en el ejercicio de la libertad de
expresión o como consecuencia de la crítica en cuestiones públicas.