Preparación para la venida de Cristo1
Amados Hermanos y Hermanas: ¿Creemos con todo nuestro
corazón que Cristo va a venir pronto y que tenemos ahora el último
mensaje de misericordia que haya de ser dado a un mundo culpable?
¿Es nuestro ejemplo lo que debiera ser? Por nuestra vida y santa
conversación, ¿revelamos a los que nos rodean que estamos espe-
rando la gloriosa aparición de nuestro Señor y Salvador Jesucristo,
quien cambiará estos viles cuerpos y los transformará a semejanza
de su glorioso cuerpo? Temo que no creamos ni comprendamos estas
cosas como debiéramos. Los que creen las verdades importantes
que profesamos, deben obrar de acuerdo con su fe. Hay demasiada
búsqueda de las diversiones y de las cosas que llaman la atención
en este mundo; los pensamientos se espacian demasiado en la vesti-
menta, y la lengua se dedica demasiado a menudo a conversaciones
livianas y triviales, que desmienten lo que profesamos, pues nuestra
conversación no está en los cielos, de donde esperamos al Salvador.
Los ángeles están velando sobre nosotros y nos guardan; pero
a menudo los agraviamos participando en conversaciones triviales,
en bromas, y también descendiendo a una negligente condición de
estupor. Aunque de vez en cuando hagamos un esfuerzo para obtener
la victoria, y la obtengamos, no obstante, si no la conservamos y,
volviendo a la condición anterior de descuido e indiferencia, nos de-
mostramos incapaces de hacer frente a las tentaciones y de resistir al
enemigo, no soportamos la prueba de nuestra fe que es más preciosa
que el oro. No estamos sufriendo por Cristo, ni nos gloriamos en la
tribulación. [112]
Hay una gran falta de fortaleza cristiana y no se sirve a Dios por
principio. No debemos procurar agradar al yo, sino honrar y glorificar
a Dios, y en todo lo que hagamos y digamos procurar sinceramente
su gloria. Si permitimos que impresionen nuestros corazones las
siguientes frases importantes, y las recordamos siempre, no caeremos
fácilmente en tentación, y nuestras palabras serán pocas y bien
1 [De la Review del 17 de febrero de 1853.]
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128 Primeros Escritos
escogidas: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su
llaga fuimos nosotros curados.” “De toda palabra ociosa que hablen
los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” “Tú eres Dios
que ve.”
No podríamos pensar en estas palabras importantes, y recordar
lo que sufrió Jesús para que nosotros, pobres pecadores, pudiésemos
recibir el perdón y ser redimidos para Dios por su preciosísima
sangre, sin sentir una santa restricción sobre nosotros y un ferviente
deseo de sufrir por Aquel que tanto sufrió y soportó por nosotros. Si
nos espaciamos en estas cosas, el amado yo, con su dignidad, quedará
humillado, y su lugar será ocupado por una sencillez infantil que
soportará los reproches provenientes de otros y no será provocada
con facilidad. No vendrá entonces a regir el alma un espíritu de
egoísmo.
Los goces y el consuelo del verdadero cristiano deben cifrarse
en el cielo, y así sucederá. Las almas anhelantes de aquellos que
probaron las potestades del mundo venidero y participaron de los
goces celestiales, no se satisfarán con las cosas de la tierra. Los
tales hallarán bastante que hacer en sus momentos libres. Sus almas
serán atraídas hacia Dios. Donde esté el tesoro, allí estará el corazón,
manteniéndose en dulce comunión con el Dios que aman y adoran.
Su diversión consistirá en contemplar su tesoro: la santa ciudad, la
tierra renovada, su patria eterna. Y mientras se espacien en aquellas
cosas sublimes, puras y santas, el cielo se acercará, y sentirán el
[113] poder del Espíritu Santo, lo cual tenderá a separarlos cada vez más
del mundo y les hará encontrar su consuelo y su gozo principal en las
cosas del cielo, su dulce hogar. El poder de atracción hacia Dios y el
cielo será entonces tan grande que nada podrá desviar sus mentes del
gran propósito de asegurar la salvación del alma y honrar y glorificar
a Dios.
A medida que comprendo cuánto fué hecho en nuestro favor
para mantenernos en la justicia, me siento inducida a exclamar:
¡Oh! ¡qué amor! ¡qué maravilloso amor tuvo el Hijo de Dios hacia
nosotros, pobres pecadores! ¿Nos dejaremos vencer por el estupor
y la negligencia mientras se hace en favor de nuestra salvación
todo lo que puede ser hecho? Todo el cielo se interesa por nosotros.
Debemos estar despiertos para honrar, glorificar y adorar al Alto y
Preparación para la venida de Cristo 129
Sublime. De nuestros corazones debe fluir amor y gratitud hacia
Aquel que estuvo tan henchido de amor y compasión hacia nosotros.
Debemos honrarlo con nuestra vida, y demostrar con nuestra santa
y pura conversación que hemos nacido de lo alto, que este mundo
no es nuestra patria, sino que somos peregrinos y advenedizos aquí,
que viajan hacia una patria mejor.
Muchos que profesan el nombre de Cristo y dicen que aguardan
su pronta venida, no saben lo que es sufrir por Cristo. Sus corazones
no están subyugados por la gracia, y no han muerto al yo, como
a menudo lo demuestran de diversas maneras. Al mismo tiempo
hablan de tener pruebas. Pero la causa principal de sus pruebas se
halla en un corazón que no ha sido subyugado, que sensibiliza tanto
al yo que se irrita con frecuencia. Si los tales pudiesen comprender
lo que es ser un humilde seguidor de Cristo, un verdadero cristiano,
comenzarían a trabajar a conciencia y correctamente. Primero mori-
rían al yo, luego serían fervientes en la oración, y dominarían toda
pasión del corazón. Renunciad a vuestra confianza propia y a vuestra
suficiencia propia, hermanos, y seguid al manso Dechado. Tened
siempre a Cristo presente, y recordad que es vuestro ejemplo y que [114]
debéis andar en sus pisadas. Mirad a Jesús, autor de nuestra fe, quien
por el gozo que le fué propuesto soportó la cruz, despreciando la
vergüenza. Sufrió la contradicción de los pecadores. Por causa de
nuestros pecados fué una vez el Cordero manso, herido, golpeado e
inmolado.
Por lo tanto, suframos alegremente algo por amor de Jesús, cruci-
fiquemos diariamente el yo, y participemos aquí de los sufrimientos
de Cristo, a fin de que seamos participantes con él de su gloria, y
seamos coronados de gloria, honor, inmortalidad y vida eterna.
*****
La fidelidad en la reunión de Testimonios
El Señor me ha mostrado que los observadores del sábado deben
prestar mucha atención a sus reuniones y hacerlas interesantes. Hay
gran necesidad de manifestar más interés y energía en esta dirección.
Todos deben tener algo que decir en favor del Señor, porque al
hacerlo serán bendecidos. En un libro de memoria se escribe lo
referente a aquellos que no abandonan sus asambleas, sino que
hablan a menudo unos con otros. El pueblo remanente ha de vencer
por la sangre del Cordero y la palabra de su testimonio. Algunos
esperan vencer solamente por la sangre del Cordero, sin hacer ningún
esfuerzo especial por su cuenta. Vi que Dios ha sido misericordioso
al darnos la facultad del habla. Nos ha dado una lengua, y somos
responsables ante él por el uso que le demos. Debemos glorificar
a Dios con nuestra boca, hablando en honor de la verdad y de su
misericordia ilimitada, y vencer por la palabra de nuestro testimonio
[115] mediante la sangre del Cordero.
No hemos de reunirnos para permanecer en silencio; los únicos
recordados por el Señor son los que se congregan para hablar de la
gloria y honra de él así como de su poder; sobre los tales descansará
la bendición de Dios, y serán refrigerados. Si todos obrasen como
deben, no habría tiempo perdido, ni sería necesario hacer reproches
por las largas oraciones y exhortaciones; todo el tiempo estaría ocu-
pado por oraciones y testimonios directos y cortos. Pedid, creed y
recibid. Es demasiado frecuente que nos burlemos del Señor; hay de-
masiadas oraciones que no son oraciones y que cansan a los ángeles
y desagradan a Dios, demasiadas peticiones vanas y sin sentido. Pri-
mero debemos sentirnos menesterosos, y luego pedir a Dios aquellas
cosas que necesitamos, creyendo que él nos las da, aun mientras se
las pedimos; y luego nuestra fe crecerá, todos serán edificados, los
débiles serán fortalecidos, y los desalentados y abatidos inducidos a
levantar la cabeza y creer que Dios es galardonador de aquellos que
le buscan diligentemente.
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La fidelidad en la reunión de Testimonios 131
Algunos callan en la reunión porque no tienen nada nuevo que
decir, y si hablan deben repetir la misma historia. Vi que esto se basa
en el orgullo, que Dios y los ángeles escuchaban los testimonios
de los santos y les agradaba y glorificaba que fuesen repetidos
semanalmente. El Señor ama la sencillez y la humildad, pero siente
desagrado y los ángeles son contristados cuando los que profesan
ser herederos de Dios y coherederos con Jesús permiten que se
desperdicie un tiempo precioso en sus reuniones.
Si los hermanos y hermanas estuviesen en el lugar donde debie-
ran estar, no les sería difícil encontrar algo que decir en honor de
Jesús, quien pendió de la cruz del Calvario por los pecados de ellos.
Si se esforzasen más por comprender la condescendencia manifesta-
da por Dios al dar a su amado Hijo unigénito para que muriese en
sacrificio por nuestros pecados y transgresiones, por comprender los
sufrimientos y la angustia que soportó Jesús a fin de preparar una
vía de escape para el hombre culpable y a fin de que pudiese recibir [116]
el perdón y vivir, estarían más dispuestos a ensalzar y magnificar a
Jesús. No podrían callar, sino que con acción de gracias y gratitud
hablarían de su gloria y de su poder. Y sobre ellos descansarían las
bendiciones de Dios por haber hecho eso. Aun si repitiesen la misma
historia, Dios sería glorificado. El ángel me mostró a aquellos que
clamaban sin cesar ni de día ni de noche: “Santo, santo, santo es el
Señor Dios Todopoderoso.” “Es una continua repetición—dijo el
ángel,—y sin embargo Dios es glorificado por ella.” Aun cuando
repitamos vez tras vez la misma historia, honra a Dios y demuestra
que no nos olvidamos de su bondad ni de sus misericordias hacia
nosotros.
Vi que las iglesias nominales han caído; en su medio reinan la
frialdad y la muerte. Si siguieran la Palabra de Dios, eso las humilla-
ría. Pero se colocan por encima de la obra del Señor. Y para ellas es
demasiado humillante repetir la misma sencilla historia de la bondad
de Dios cuando se reunen, y procuran tener algo nuevo, algo grande,
y que sus palabras sean correctas para el oído y agradables para
el hombre, y el Espíritu de Dios las abandona. Cuando sigamos el
humilde método de la Biblia, sentiremos los impulsos del Espíritu de
Dios. Todo se desarrollará en dulce armonía si seguimos el humilde
canal de la verdad, dependiendo plenamente de Dios, y no habrá
peligro de que nos afecten los malos ángeles. Cuando las almas se
132 Primeros Escritos
sitúan por encima del Espíritu de Dios, y actúan en su propia fuerza,
es cuando los ángeles dejan de velar sobre ellas, y ellas son dejadas
expuestas a los golpes de Satanás.
En la Palabra de Dios se presentan deberes cuyo cumplimien-
to mantendrá al pueblo de Dios humilde y separado del mundo, y
también impedirá que apostate como las iglesias nominales. El lava-
miento de los pies y la participación en la cena del Señor debieran
practicarse con más frecuencia. Jesús nos dió el ejemplo y nos dijo
[117] que hiciéramos como él hizo. Vi que su ejemplo debiera seguirse
tan exactamente como sea posible; sin embargo los hermanos y las
hermanas no han obrado tan juiciosamente como debieran en el
lavamiento de los pies, y ello ha causado confusión. Es algo que
debiera introducirse con cuidado y sabiduría en los lugares nuevos,
especialmente donde la gente no está informada acerca del ejem-
plo y las enseñanzas de nuestro Señor al respecto, y donde existen
prejuicios contra este rito. Muchas almas sinceras, por la influencia
de maestros en quienes tenían antes confianza, albergan mucho pre-
juicio contra este sencillo deber, y el asunto debe ser introducido al
debido tiempo y de la manera apropiada.Véase el Apéndice.
En la Palabra no se da ningún ejemplo en que los hermanos lava-
sen los pies de las hermanas; pero hay un caso en que las hermanas
lavaban los pies de los hermanos. María lavó los pies de Jesús con
sus lágrimas, y los secó con su cabellera. (Véase también 1 Timoteo
5:10.) Vi que el Señor había inducido a hermanas a lavar los pies de
los hermanos, y que eso estaba conforme con el orden evangélico.
Todos deben actuar con entendimiento, y no hacer del lavamiento
de los pies una ceremonia tediosa.
El saludo santo mencionado en el Evangelio de Jesucristo por el
apóstol Pablo debe considerarse siempre en su verdadero carácter.
Es un beso santo. Debe ser tenido por señal de compañerismo con
amigos cristianos cuando ellos se separan, y cuando se vuelven a
encontrar después de una separación de semanas o meses. En (1
Tesalonicenses 5:26) Pablo dice: “Saludad a todos los hermanos
con ósculo santo.” En el mismo capítulo nos recomienda que nos
abstengamos de toda apariencia de mal. No puede haber apariencia
de mal cuando el “ósculo santo” se da en el momento y el lugar
apropiados.Véase el Apéndice.
La fidelidad en la reunión de Testimonios 133
Vi que la fuerte mano del enemigo se opone a la obra de Dios,
y que se debe alistar la ayuda y la fuerza de todos los que aman
la causa de la verdad; ellos debieran manifestar gran interés por [118]
sostener las manos de los que defienden la verdad, a fin de que
por una constante vigilancia puedan ahuyentar al enemigo. Todos
deben ponerse de pie como un solo hombre, unidos en la obra. Debe
despertarse toda energía del alma, porque lo que ha de hacerse debe
ser hecho prestamente.
Vi luego el tercer ángel. Dijo mi ángel acompañante: “Su obra es
terrible. Su misión es tremenda. Es el ángel que ha de separar el trigo
de la cizaña, y sellar o atar el trigo para el granero celestial. Estas
cosas debieran absorber completamente la mente y la atención.”
*****
A los inexpertos
Vi que algunos no comprenden plenamente la importancia que
tiene la verdad ni su efecto, y obrando por impulso del momento o
por excitación, con frecuencia siguen sus sentimientos y desprecian
el orden de la iglesia. Los tales parecen pensar que la religión con-
siste principalmente en hacer ruido. Algunos que acaban de recibir
la verdad del mensaje del tercer ángel están listos para reprender y
enseñar a aquellos que han estado establecidos en la fe durante años,
que han sufrido por su causa y sentido su poder santificador. Los que
están tan hinchados por el enemigo, tendrán que sentir la influencia
santificadora de la verdad y obtener una comprensión mejor de cómo
encontró ella a cada uno: “desventurado, miserable, pobre, ciego
y desnudo.” Cuando la verdad comienza a purificarlos y quitarles
su escoria y estaño, como no dejará de hacerlo si se la recibe con
amor, aquel para quien se haga esa gran obra no se considerará rico
y enriquecido en bienes y exento de necesidad.Véase el Apéndice.
[119] Los que profesan creer la verdad y piensan que lo saben todo
antes que hayan aprendido sus primeros principios, y los que se
adelantan a ocupar el puesto de maestros y reprenden a aquellos
que durante años se mantuvieron rígidamente de parte de la verdad,
demuestran claramente que no tienen comprensión de la misma, ni
conocen sus efectos; porque si supieran algo de su poder santificador,
producirían los frutos apacibles de la justicia, y se mantendrían
humildes bajo su dulce y poderosa influencia. Llevarían fruto para
gloria de Dios, y comprenderían lo que la verdad hizo en su favor, y
considerarían a los demás como mejores que ellos mismos.
Vi que el residuo no estaba preparado para lo que viene sobre la
tierra. Un estupor, como letargo, parecía suspendido sobre el ánimo
de la mayoría de aquellos que profesan creer que tenemos el último
mensaje. Mi ángel acompañante exclamó con intensa solemnidad:
“¡Preparaos! ¡preparaos! ¡preparaos!, porque la ardiente ira del Se-
ñor ha de manifestarse pronto. Ha de ser derramada sin mezcla de
misericordia, y no estáis listos. Rasgad vuestro corazón y no vuestras
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A los inexpertos 135
vestiduras. Una gran obra tiene que ser hecha en favor del residuo.
Muchos de los que lo componen se espacian en pruebas menudas.”
Dijo el ángel: “Os rodean legiones de malos ángeles, y están tratando
de esparcir sus espantosas tinieblas, a fin de apresaros en sus lazos.
Permitís que vuestra atención sea distraída con demasiada facilidad
de la obra de preparación y de las importantísimas verdades para
estos días postreros. Y vosotros os espaciáis en pruebas pequeñas
y entráis en detalles minuciosos de dificultades insignificantes para
explicar éstas a satisfacción de éste o de aquél.” La conversación ha
durado horas entre las partes afectadas, y no sólo han malgastado
su tiempo, sino que han retenido a los siervos de Dios para que las
escucharan, cuando el corazón de ambas partes no estaba subyugado
por la gracia. Si se pusieran a un lado el orgullo y el egoísmo, cinco
minutos bastarían para eliminar la mayoría de las dificultades. Los
ángeles han sido contristados y Dios ha sentido desagrado por las [120]
horas que se han dedicado a la justificación propia. Vi que Dios no
quiere inclinarse y escuchar largas justificaciones, ni quiere que lo
hagan sus siervos, y que se pierda así un tiempo precioso que debiera
dedicarse a enseñar a los transgresores el error de sus caminos y a
arrancar almas del fuego.
Vi que los hijos de Dios están en terreno encantado, y que algu-
nos han perdido casi todo sentido de cuán corto es el tiempo y de
cuánto vale el alma. Se ha deslizado orgullo entre los observadores
del sábado—el orgullo de la vestimenta y de las apariencias. Dijo
el ángel: “Los observadores del sábado habrán de morir al yo, al
orgullo y al amor de la aprobación.”
La verdad, la verdad salvadora, debe ser dada a las personas que
mueren de hambre en las tinieblas. Vi que muchos pedían a Dios
en oración que los humillase; pero si Dios contestase sus oraciones,
sería mediante cosas terribles en justicia. Era deber de ellos humi-
llarse. Vi que si se toleraba la penetración del ensalzamiento propio,
extraviaría sin duda alguna a las almas, y las arruinaría si no se lo
vencía. Cuando uno comienza a considerarse exaltado y piensa que
puede hacer algo, el Espíritu de Dios se retira, y esa persona sigue
avanzando en su propia fuerza hasta que es derribada. Vi que un san-
to, si anda correctamente, podrá mover el brazo de Dios; pero toda
una multitud será débil y nada podrá hacer si no anda correctamente.
136 Primeros Escritos
Muchos tienen corazones que no han sido subyugados ni humi-
llados, y piensan más en sus pequeños agravios y pruebas que en
las almas de los pecadores. Si tuviesen presente la gloria de Dios,
se compadecerían de las almas que perecen en derredor suyo, y
si comprendiesen su situación peligrosa, trabajarían con energía,
ejercerían fe en Dios, y sostendrían las manos de sus siervos, a fin
de que pudieran declarar la verdad audazmente, aunque con amor, y
amonestar a las almas a que la acepten antes de que se desvanezca
[121] la dulce voz de la misericordia. Dijo el ángel: “Los que profesan
su nombre no están listos.” Vi que las siete postreras plagas van a
caer sobre las cabezas sin protección de los impíos; y entonces los
que les hayan estorbado el paso oirán los amargos reproches de los
pecadores, y sus corazones desmayarán dentro de sí.
Dijo el ángel: “Habéis estado buscando pajas, espaciándoos
en pruebas pequeñas, y como consecuencia tienen que perderse
pecadores.” Dios está dispuesto a obrar por nosotros en nuestras
reuniones, y le agrada hacerlo. Pero Satanás dice: “Yo estorbaré
la obra.” Sus agentes dicen: “Amén.” Los que profesan creer en
la verdad se espacian en sus mezquinas pruebas y dificultades que
Satanás ha magnificado delante de ellos. Se malgasta un tiempo que
nunca podrá redimirse. Los enemigos de la verdad han visto nuestra
debilidad; Dios ha sido agraviado; Cristo ha sido herido. El objeto
de Satanás se cumple, sus planes han tenido éxito, y él triunfa.
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