ROSAS ( Segundo gobierno)
Al estallar un conflicto que se había suscitado entre Salta y Tucumán, Rosas
logró que el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Manuel Vicente
Maza, enviara como mediador al general Facundo Quiroga, que residía en
Buenos Aires. En el trayecto, este fue emboscado y asesinado en Barranca
Yaco, provincia de Córdoba, el 16 de febrero de 1835 por Santos Pérez,
vinculado a los hermanos Reynafé, que gobernaban Córdoba.
La muerte de Quiroga provocó un clima de inestabilidad y violencia, por lo
que Maza presentó su renuncia el 7 de marzo de ese año. La Legislatura de
Buenos Aires llamó a Rosas para que se hiciera cargo del gobierno
provincial. Rosas condicionó su aceptación a que se le otorgase la «suma del
poder público», por la cual la representación y ejercicio de los tres poderes
del estado recaerían en el gobernador, sin necesidad de rendir cuenta de su
ejercicio. La legislatura aceptó esta imposición, dictando ese mismo día la
correspondiente ley.
La suma del poder público se le otorgó con el compromiso de:
1. Conservar, defender y proteger la religión católica.
2. Sostener la causa nacional de la Federación.
3. El ejercicio de la suma del poder público duraría «todo el tiempo que
el Gobernador considere necesario».
No disolvió la legislatura ni los tribunales Por otro lado este asesinato
provocó un desbalance en las figuras dominantes de la política argentina: al
morir Quiroga, solo quedarían como posibles líderes federales Rosas y
López. Este, en tanto que protector de los Reynafé, quedó muy debilitado; y
moriría a mediados de 1838. A medida que pasaba el tiempo, la persuasión
de su diplomacia y la habilidad de su dirigencia le granjearía a Rosas el
respeto y acompañamiento de otros caudillos del interior, como Juan Felipe
Ibarra, de Santiago del Estero, y José Félix Aldao, de Mendoza
Los poderes de los que gozó Rosas en su segundo mandato, incluía
administrar justicia, aunque no se debe restarle importancia a la legislación
en la que se movía Rosas en su época, particularmente las leyes de Indias y
el Pacto federal, ya que se suele creer que Rosas actuaba en la política
argentina sin freno alguno, pero sus cartas y sus documentos personales
dejan observar la gran fidelidad que le tenía este a la legislación dada por el
imperio Español y que se mantuvo vigente hasta 1853.
Antes de asumir como gobernador, el Restaurador exigió que se realizara
un plebiscito que confirmara el apoyo popular a su elección. El plebiscito se
realizó entre los días 26 y 28 de marzo de 1835 y su resultado fue 9.713
votos a favor y 7 en contra. Por esos tiempos la provincia de Buenos Aires
contaba con 60.000 habitantes, de los cuales no accedían al sufragio las
mujeres ni los niños.
La Sala de Representantes nombró gobernador a Rosas el día 13 de abril de
1835 por el quinquenio que comprendía de 1835 a 1840.
Rosas asumió su nuevo gobierno con la suma del poder público que utilizó
para hostigar a sus disidentes fueran estos federales o unitarios.
En cuanto asumió, Rosas ordenó la captura de Santos Pérez y los Reynafé, y
tras un juicio que tardó años, fueron condenados a muerte y ejecutados. El
juicio le dio a Rosas una autoridad nacional en un ámbito inesperado: su
provincia tenía un tribunal penal de autoridad nacional. Esa autoridad no era
legal, pero era real, y aportó cierta unidad a la administración nacional.
Eliminó de todos los cargos públicos a sus opositores: expulsó a todos los
empleados públicos que no fueran federales «netos», y borró del escalafón
militar a los oficiales sospechosos de ser opositores, incluyendo a los
exiliados. A continuación hizo obligatorio el lema de «Federación o muerte»,
que sería gradualmente reemplazado por «¡Mueran los salvajes unitarios!»,
para encabezar todos los documentos públicos; e impuso a los empleados
públicos y militares el uso del cintillo punzó, que pronto sería usado por
todos.
Por oposición, más tarde los unitarios llevarían divisas celestes.
Para conseguir sus objetivos políticos Rosas contó también con el apoyo de
la Sociedad Popular Restauradora, con la cual en esa época se vinculaba
especialmente su esposa Encarnación, integrada por el grupo más leal de
sus partidarios. Y a través del cuerpo parapolicial de la Mazorca, que volvió
a actuar en la persecución de sus adversarios.
Una vez que logró consolidar su poder, impuso los criterios federales y
formó alianzas con los líderes de las demás provincias argentinas, logrando
el control del comercio y de los asuntos exteriores de la Confederación.
La Ley de Aduanas
El 18 de diciembre de 1835, Rosas sancionó la Ley de Aduanas en respuesta
a ese planteo, que determinaba la prohibición de importar algunos
productos y el establecimiento de aranceles para otros casos. En cambio
mantenía bajos los impuestos de importación a las máquinas y los minerales
que no se producían en el país. Con esta medida buscaba ganarse la buena
voluntad de las provincias, sin ceder lo esencial, que eran las entradas de la
Aduana. Estas medidas impulsaron notablemente el mercado interno y la
producción del interior del país. Merced a la privilegiada posición que ocupa
Buenos Aires, esta se consolidó como la principal ciudad comercial del país,
dado que era mucho más rentable comerciar con Buenos Aires que con
otras ciudades río o tierra adentro.
Se nacía de un impuesto básico de importación del 17% y se iba
aumentando para proteger a los productos más vulnerables. Las
importaciones vitales, como el acero, el latón, el carbón y las herramientas
agrícolas pagaban un impuesto del 5%. El azúcar, las bebidas y productos
alimenticios el 24%. El calzado, ropas, muebles, vinos, coñac, licores,
tabaco, aceite y algunos artículos de cuero el 35%. La cerveza, la harina y
las papas el 50%.
El efecto inesperado, pero que Rosas había considerado correctamente, era
que disminuyeron las importaciones, pero el crecimiento del mercado
interno compensó esa caída. De hecho, los impuestos por importación
aumentaron significativamente. Más tarde, bajo el efecto de los bloqueos, se
redujeron estas tasas de importación (sin llegar a ser tan bajos como lo
fueron antes y después del gobierno de Rosas).
Su política económica fue decididamente conservadora: controló los gastos
al máximo, y mantuvo un equilibrio fiscal precario sin emisiones de moneda
ni endeudamiento. Tampoco pagó la deuda externa contraída en tiempos de
Rivadavia, salvo en pequeñas sumas durante los pocos años en que el Río
de la Plata no estuvo bloqueado. El papel moneda porteño mantuvo muy
estable su valor y circuló por todo el país, con lo cual contribuyó a la
unificación monetaria del país. El Banco Nacional fundado por Rivadavia
estaba controlado por comerciantes ingleses y había provocado una grave
crisis monetaria con continuas emisiones de papel moneda, continuamente
depreciado. En 1836, Rosas lo declaró desaparecido, y en su lugar fundó
el Banco de la Provincia de Buenos Aires.n 1
Su administración era sumamente prolija, anotando y revisando
puntillosamente los gastos e ingresos públicos, y publicándolos casi
mensualmente. Incluso, cuando más tarde castigó a sus enemigos con
embargos de sus bienes, hizo que se les entregaran a los parientes de los
así castigados recibos detallados de todo lo embargado.
La política exterior
En el norte, las ambiciones del dictador boliviano Andrés de Santa Cruz, que
dominaba la recién fundada Confederación Perú-Boliviana y quiso invadir
Jujuy y Salta con el apoyo de algunos emigrados unitarios, llevaron a
una guerra entre esos países y Argentina. La guerra estuvo a cargo
de Alejandro Heredia, gobernador de Tucumán. Este era el último de los
caudillos federales que hizo alguna sombra a Rosas, pero el Restaurador
logró disciplinarlo por medio de la financiación de esta guerra. A fines
de 1838, con el asesinato de Heredia a manos de uno de sus oficiales, se
paralizaron las operaciones y desapareció su último competidor federal. Los
adversarios internos que aparecerían desde el año siguiente ya no serían
competidores por el control del federalismo, sino decididamente enemigos
del sistema rosista.
Las relaciones con Brasil fueron muy malas, pero nunca se llegó a la guerra,
por lo menos hasta la crisis que desembocaría en la Batalla de Caseros.
Nunca hubo problemas con Chile, aunque en ese país se refugiaban muchos
opositores, que llegaron a lanzar algunas expediciones desde allí contra las
provincias argentinas. El Paraguay proclamó su independencia y la anunció
oficialmente a Rosas, que respondió que no estaba en condiciones de
reconocer ni desconocer esa declaración. En la práctica, su pretensión era
reincorporar la antigua provincia del Paraguay a la Confederación, por lo
cual mantuvo el bloqueo de los ríos interiores, a fin de forzar al Paraguay a
negociar. El Paraguay respondió aliándose con los enemigos de Rosas, pero
nunca hubo enfrentamiento alguno entre ambos ejércitos ni escuadras.
En Uruguay, el nuevo presidente Manuel Oribe se libró de la tutoría de su
antecesor Fructuoso Rivera; pero este, con apoyo de unitarios de
Montevideo (entre ellos Lavalle) y de los imperiales brasileños establecidos
en Río Grande del Sur, formó el partido «colorado» ―al que Oribe le opuso
el partido «blanco»― y se lanzó a la revolución iniciándose la
llamada Guerra Grande. A mediados de 1838 comenzó el sitio de parte de
los colorados al gobierno, resguardado tras los muros de Montevideo. Los
colorados tuvieron desde el primer momento el apoyo de la flota francesa y
el protectorado brasileño. Ante esto, Oribe renunció en octubre de 1838,
dejando en claro que lo había obligado una flota extranjera, y se retiró a
Buenos Aires.
Rosas había decidido suspender los pagos de la deuda adquirida en 1824
por el Gobierno de Buenos Aires con la casa británica Baring Brothers, y en
1838 nombró a Manuel Moreno como representante diplomático en Londres
para que ofreciera a la Corona Británica, de manera extraoficial, una
cancelación total de la deuda (1 millón de libras esterlinas) a cambio de
abandonar el reclamo sobre las islas. Rosas utilizaría de vuelta a las
Malvinas en 1842 para exigir una compensación económica al Reino Unido
por la ocupación de las islas, con el fin de postergar los pagos de la deuda.
A este acuerdo se le conoce como “Arreglo Falconnet”, por Frank de
Pallacieu Falconnet, quien era el enviado de Baring Brothers para negociar
con el gobierno de Rosas.
El bloqueo francés.
En noviembre de 1837, el vicecónsul francés se presentó al ministro de
relaciones exteriores, Felipe Arana, exigiéndole la liberación de dos presos
de nacionalidad francesa, el grabador César Hipólito Bacle, acusado de
espionaje a favor de Santa Cruz, y el contrabandista Lavié. También
reclamaba un acuerdo similar al que tenía la Confederación Argentina
con Inglaterra y la excepción del servicio militar para sus ciudadanos (que
en ese momento eran dos).
Arana rechazó las exigencias, y meses más tarde, en marzo de 1838
la armada francesa bloqueó «el puerto de Buenos Aires y todo el litoral del
río perteneciente a la República Argentina». Y lo extendió a las demás
provincias litorales, para debilitar la alianza de Rosas con ellas, ofreciendo
levantar el bloqueo contra cada provincia que rompiera con él.
También en octubre de 1838, la escuadra francesa atacó la isla Martín
García, derrotando con sus cañones y su numerosa infantería a las fuerzas
del coronel Jerónimo Costa y del mayor Juan Bautista Thorne. Debido al
desempeño honroso y valiente demostrado por los argentinos, fueron
conducidos a Buenos Aires y dejados en libertad, con una nota del
comandante francés Hipólito Daguenet, haciendo saber tal circunstancia a
Rosas, en los siguientes términos:
El bloqueo afectó mucho la economía de la provincia, al cerrar las
posibilidades de exportar. Eso dejó muy descontentos a los ganaderos y a
los comerciantes, muchos de los cuales se pasaron silenciosamente a la
oposición.
Sobre el reclamo particular de Francia, esto es, la exención del servicio de
armas para sus súbditos, el gobierno de Buenos Aires retrasó la respuesta
por más de dos años. Rosas no se oponía a reconocer a los residentes
franceses en el Río de la Plata el derecho a un trato similar al que se daba a
los ingleses, pero solo estuvo dispuesto a reconocerlo cuando Francia envió
un ministro plenipotenciario, con plenos poderes para la firma de un tratado.
Eso significaba un trato de igual a igual, y un reconocimiento de la
Confederación Argentina como un estado soberano.
El periodismo controlado
A partir de 1829 ya no se publicaron periódicos de orientación ideológica
unitaria o que simpatizaran con los unitarios. Hubo emigraciones en masa
de periodistas y hombres de letras a Montevideo. Toda la prensa de Buenos
Aires fue oficialista y apoyó las políticas de Rosas sin ningún
cuestionamiento.
En el breve plazo de dos años, entre 1833 y 1835, desaparecieron la
mayoría de los periódicos. En 1833 había 43 periódicos en total. En 1835
quedaban solamente tres. Entre los periódicos más importantes clausurados
por el restaurador estaban El Defensor de los Derechos Humanos, El
Constitucional, El Iris, El Amigo del País, El Imparcial y El Censor Argentino.24
Los rosistas se encargaron de abrir nuevas publicaciones. Algunos de los
periódicos más importantes de esa época fueron El Torito de los
muchachos, El Torito del Once, Nuevo Tribuno, El Diario de la Tarde, El
Restaurador de las Leyes, El Lucero y El Monitor, todos ellos fuertemente
rosistas, dedicados a exaltar la figura del Restaurador de las Leyes, y criticar
a los unitarios.
La generación del '37
En 1837 surgió un grupo de jóvenes intelectuales que comenzó a reunirse
en la librería de Marcos Sastre. Entre ellos se contaban Esteban
Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, José
Mármol y Vicente Fidel López ,adherían a las ideas
del romanticismo europeo y la democracia liberal. Veían a Europa como
modelo político y cultural a imitar.
Todos ellos se pronunciaron en contra de las políticas de Rosas y respecto de
su política contra las potencias extranjeras, especialmente de
[Link] perseguidos por la Mazorca, brazo armado de la Sociedad
Popular Restauradora. Todos ellos terminaron por exiliarse. La gran mayoría
pasó a Montevideo. Otros, como Domingo Faustino Sarmiento, emigraron
a Santiago de Chile. En el exilio se confundieron con los opositores
refugiados, los más antiguos de los cuales eran los unitarios, a los que se
habían sumado los lomos negros de la época de Balcarce; formarían un
grupo más o menos homogéneo, globalmente llamados «unitarios» por los
partidarios de Rosas.
Palermo de San Benito
Residencia de Rosas en San Benito de Palermo-
Entre 1836 y 1838 que el gobernador habría comenzado con su proyecto
personal para construir su nueva residencia y quinta en esta región alejada
del centro porteño.2526
Durante los siguientes diez años, Rosas emprendió el ambicioso y costoso
proyecto, que incluía no solo una imponente casona, la más grande de
Buenos Aires en aquel momento, sino un estanque artificial con un canal,
varias dependencias y el arbolado y parquizado de un área importante.
Hacia 1848, se habría instalado definitivamente en la estancia que él mismo
bautizó Palermo de San Benito.
La guerra civil del '40
Campamento de Rosas en Palermo, por Fiorini, 1835
En junio de 1838 llegó a Buenos Aires el ministro de gobierno
santafesino Domingo Cullen, con la misión de obtener un acercamiento
entre Rosas y la flota francesa. Pero al parecer se extralimitó en sus
órdenes, y negoció con el jefe de la flota el levantamiento de la misma para
su provincia, a cambio de ayudar a Francia contra Rosas y suprimir la
delegación que su provincia había hecho de las relaciones exteriores en la
de Buenos Aires. Pero a mitad de la negociación murió el gobernador
Estanislao López, por lo que Cullen huyó a Santa Fe. Allí se hizo elegir
gobernador, pero Rosas y el entrerriano Pascual Echagüe lo desconocieron
como tal, con la excusa de que era español. Fue depuesto y reemplazado
por Juan Pablo López, hermano de su antecesor.
Cullen huyó a Santiago del Estero y se refugió en casa del
gobernador Ibarra, desde donde logró organizar una invasión a la provincia
de Córdoba por parte de los opositores al gobernador Manuel López. Estos
fueron derrotados, e Ibarra envió a Cullen preso a Buenos Aires. Al llegar al
límite de la provincia de Buenos Aires, fue fusilado por el coronel Pedro
Ramos en junio de 1839.
Cullen había enviado a su ministro Manuel Leiva a negociar con el
gobernador correntino Genaro Berón de Astrada una alianza contra Rosas,
que el correntino aceptó. Pero ante la caída de Cullen, buscó apoyo en el
uruguayo Rivera, con quien firmó un tratado de alianza, que este nunca
cumplió. Berón de Astrada declaró así la guerra contra Buenos Aires y Entre
Ríos. El gobernador Echagüe invadió Corrientes y destrozó al ejército
enemigo en la batalla de Pago Largo, donde Berón pagó la derrota con su
vida.
En mayo, con apoyo y dinero porteño, Echagüe invadió Uruguay, con apoyo
de un gran número de militares «blancos», dirigidos por Juan Antonio
Lavalleja, Servando Gómez y Eugenio Garzón. Llegó hasta muy cerca de
Montevideo, pero fue derrotado en la batalla de Cagancha.
El gobierno francés no consiguió mucho con su bloqueo, por lo que decidió
financiar campañas militares contra Rosas, tanto pagando un fuerte subsidio
al gobierno de Rivera, como a los unitarios organizados en la Comisión
Argentina, dirigida por Valentín Alsina. Estos buscaron un jefe militar
prestigioso para dirigir la revolución, y la elección cayó en Lavalle, a quien
Alberdi convenció de ponerse al frente de las tropas.
Al producirse el ataque de Echagüe a Uruguay, Lavalle decidió aprovechar
para invadir Entre Ríos. Como no consiguió apoyo alguno en esa provincia
para su cruzada contra Rosas, se dirigió a Corrientes, donde el
gobernador Ferré lo puso al mando de su ejército.
Lo primero que hizo Ferré fue lanzar contra Santa Fe al fundador de la
autonomía provincial, Mariano Vera, pero este fue rápidamente derrotado y
muerto.
La revolución de los Libres del Sur
En la propia ciudad de Buenos Aires se gestó un movimiento en contra del
gobernador Rosas, para impedir que fuera reelecto como gobernador de la
provincia. El mando militar fue asumido por el coronel Ramón Maza, hijo del
presidente de la legislatura provincial, Manuel Vicente Maza.
Simultáneamente, en el sur de la provincia de Buenos Aires, a 200
kilómetros de la ciudad, se organizó otro grupo opositor, llamado los Libres
del Sur, encabezado por los ganaderos alarmados por la caída de las
exportaciones y por la posible pérdida de sus derechos que habían obtenido
sobre sus tierras por el vencimiento de la ley de enfiteusis, ya que a muchos
de ellos, Rosas ―por considerarlos opositores― les había negado la venta
de sus campos a pesar de que había sido sancionada una ley provincial que
había dispuesto su enajenación. Planificaron una revolución en contra del
gobernador que se extendió rápidamente por todo el sur provincial.
Contaban con el apoyo de Lavalle, pero no lo pudo hacer.
El examigo de Rosas fue asesinado en su despacho oficial y su hijo —el
propio jefe militar— fusilado por orden de Rosas en la cárcel. Los Libres del
Sur, descubiertos, se lanzar
Campañas de Lavalle
Lavalle invadió Entre Ríos y enfrentó a Echagüe en dos batallas indecisas.
Se refugió en la costa sur de la provincia y se embarcó en la flota francesa,
desembarcando en el norte de la provincia de Buenos Aires. Esquivó al
general Pacheco y se dirigió hacia Buenos Aires, estableciéndose en Merlo, y
allí esperó que la ciudad se pronunciara a su favor.
Rosas organizó su cuartel general en los Santos Lugares ―actualmente San
Andrés, Partido de General San Martín. Le cerró el paso hacia la capital,
mientras Pacheco lo rodeaba por el norte. Mientras tanto, el ejército de
Lavalle se desarmaba por las deserciones, y la ciudad apoyó
incondicionalmente a Rosas.
Entonces Lavalle retrocedió. Todos los unitarios lo criticaron mucho por esa
decisión, pero realmente no podía hacer otra cosa.
La retirada de Lavalle hizo que los franceses firmaran la paz con Rosas y
levantaran el bloqueo. Lavalle, sin apoyo naval, ocupó Santa Fe, pero su
ejército seguía disminuyendo. Por su parte, Rosas lanzó en su persecución a
Pacheco, y poco después puso a Oribe al mando del ejército federal.
Terrorismo
. Rosas en 1840 es sindicado como el instigador de una gran matanza de
partidarios unitarios a través de su organización parapolicial, La Mazorca.
Lo cierto es que en ese mes fueron asesinadas veinte personas, de las que
sólo siete eran unitarias. Los homicidios se cometieron de noche, en la calle
y por linchamiento popular o por la represión de tales. 27
Los símbolos de los unitarios, e incluso los objetos de colores identificados
con los unitarios ―celeste y verde―, fueron destruidos. Las casas, la ropa,
los uniformes: todo lo que pudiera colorearse fue pintado de color rojo.
El 31 de octubre se firmó la paz con Francia y ese día la violencia se detuvo.
Sin embargo, los historiadores no se ponen de acuerdo si Rosas ordenó esos
asesinatos.
Final de la guerra civil
Lavalle se retiró hacia la provincia de Córdoba, pero al entrar en ella fue
derrotado, lo que lo obligó a retirarse a Tucumán. Allí se reunió y se separó
nuevamente de Lamadrid, que marchó a invadir Cuyo. El jefe de su
vanguardia, Mariano Acha (el que había entregado a Dorrego en manos de
Lavalle), venció a José Félix Aldao en la batalla de Angaco, pero fue
rápidamente derrotado en La Chacarilla y ejecutado al poco tiempo. Unas
semanas más tarde, Lamadrid se hacía nombrar gobernador de Mendoza,
munido de las «facultades extraordinarias» tan criticadas, n 2solo para ser
pronto derrotado en Rodeo del Medio. Los sobrevivientes emigraron a Chile.
Lavalle esperó a Oribe en Tucumán, y allí fue derrotado en la batalla de
Famaillá, en septiembre de 1841. Su aliado Marco Avellaneda fue ejecutado,
y el mismo Lavalle murió en un tiroteo casual en San Salvador de Jujuy. Sus
restos fueron llevados a Potosí, donde también se refugiaron los últimos
unitarios del norte.
Los antirrosistas, sin embargo, tuvieron un éxito inesperado en Corrientes,
donde el general Paz destrozó el ejército de Echagüe en Caaguazú. Desde
allí invadió Entre Ríos (simultáneamente con Rivera) y se hizo nombrar
gobernador. Un conflicto con Ferré le obligó a huir, dejando sus fuerzas en
manos de Rivera.
Por esa época hizo algunas campañas navales el futuro héroe
nacional italiano Giuseppe Garibaldi, que en los ríos argentinos y uruguayos
asoló las poblaciones y caseríos; y aunque el almirante Guillermo
Brown resaltó la valentía del italiano,34consideró la actuación de sus
subordinados pirática.35
En Santa Fe, Juan Pablo López se pasó al bando contrario después de la
derrota de la Coalición del Norte, de modo que Oribe regresó y lo derrotó
fácilmente en abril de 1842. Se refugió junto a Rivera, en el este de Entre
Ríos, donde Oribe los derrotó en Arroyo Grande, en diciembre de 1842.
Muchos de los prisioneros de estas batallas fueron ejecutados por orden de
Oribe o de Rosas. Al menos, por el momento, la guerra civil había terminado
en la Argentina
LA DÉCADA FINAL
La Ley de Aduanas de 1836 tuvo una aplicación variable, y se derogó y
volvió a aplicar según las necesidades y los bloqueos. La combinación de
ambos procesos llevó a un gran crecimiento económico en las provincias
interiores, siendo el caso de Entre Ríos muy claro, pero no exclusivo.
Si bien hubo una fuerte inmigración europea, sus características fueron
completamente distintas de la masiva inmigración posterior a su caída.
Llegaron inmigrantes de Irlanda, España (especialmente de Galicia y
las Vascongadas36) e incluso de Inglaterra. Pero no se afincaron en colonias
agrícolas sino que debieron integrarse en una sociedad controlada por los
criollos. Muchos irlandeses y vascos se dedicaron a la cría de ganado ovino,
y en pocos años lograron convertirse en propietarios. La ganadería
exclusivamente vacuna fue reemplazada por otra, dominada por las ovejas,
y en la cual el principal renglón de las exportaciones fue, cada vez más, la
lana. Eso llevó a aumentar la dependencia económica respecto de
Inglaterra, principal compradora de lana del mundo.
La sociedad argentina quedó libre de toda disidencia. Quienes no se unieron
al partido gobernante debieron emigrar o, en muchos casos, fueron
asesinados. En el interior del país, la adhesión automática a Rosas fue
impuesta por los ejércitos porteños o por los caudillos locales. Muchos de
estos habían surgido como emanaciones de la voluntad de Rosas,
como Nazario Benavídez en San Juan, Mariano Iturbe en Jujuy o Pablo
Lucero en San Luis.
Incluso fue obra de Rosas la llegada al poder de Justo José de Urquiza en
Entre Ríos, pero era un caso distinto: este era el general más capaz del
bando federal, solo comparable a Pacheco. Después de Arroyo Grande, los
triunfos más importantes los había obtenido él, con tropas entrerrianas y
algunos refuerzos porteños. En segundo lugar, era un hombre muy rico, y
aprovechó su situación de poder para enriquecerse aún más. Por último, por
su posición militar, Rosas se vio obligado a hacer la vista gorda cuando el
entrerriano permitía el contrabando desde y hacia Montevideo.
Política religiosa
Si bien Rosas era católico y tradicionalista en su forma de pensar, durante
sus gobiernos las relaciones con la Iglesia católica fueron bastante
complicadas.
El gobernador permitió el retorno de los jesuitas en 1836 y les devolvió
algunos de sus bienes, pero rápidamente tuvo conflictos con la orden ,
porque se negaron a apoyar públicamente a su gobierno, situación que
derivó finalmente en un enfrentamiento abierto con Rosas. Por este motivo,
hacia 1840 los jesuitas terminaron exiliándose en Montevideo.
Rosas extendió sus políticas a la religión. En todas las iglesias, los
sacerdotes debieron apoyar públicamente al rosismo. Celebraron misas en
agradecimiento a sus éxitos y en desagravio a sus fracasos. Y así como la
sociedad civil quedó sometida al pensamiento y a las prácticas uniformes
del régimen rosista, similar situación se dio en el seno mismo del clero. La
intromisión fue tal que hasta a los santos de los púlpitos se les colocó la
divisa punzó ―la famosa cintilla roja que caracterizó al rosismo― y el
retrato de Rosas se implantó en los altares, compartiendo el lugar que la
Iglesia le dedica a los santos.
Uno de los hechos más conocidos de su gobierno fue la aventura de amor
de Camila O’Gorman (23) y el cura Ladislao Gutiérrez (24), que se
escaparon juntos para formar una familia. Rosas fue azuzado por la prensa
unitaria desde Montevideo y Chile.
Camila O’Gorman (1825-1848).
El gobernador Rosas fue azuzado por los propios federales, e incluso por el
padre de la joven, Adolfo O’Gorman, e inesperadamente ordenó fusilarlos, lo
que se cumplió en el campamento de Santos Lugares.
El 26 de agosto de 1849, Domingo Faustino Sarmiento publicó en La
Crónica de Montevideo la nota titulada «Camila O’Gorman», donde criticaba
el salvajismo puesto de manifiesto en el fusilamiento de CAMILA
El bloqueo anglo-Francés.
El gobierno de Rosas había prohibido la navegación por los ríos interiores a
fin de reforzar la Aduana de Buenos Aires, único punto por el que se
comerciaba con el exterior. Durante largo tiempo, Inglaterra había
reclamado la libre navegación por los ríos Paraná y Uruguay para poder
vender sus productos. En cierta medida, esto hubiera provocado la
destrucción de la pequeña producción local.
Debido a esta disputa, el 18 de septiembre de 1845 las flotas inglesas y
francesas bloquearon el puerto de Buenos Aires e impidieron que la flota
porteña apoyara a Oribe en Montevideo. De hecho, la escuadra del
almirante Guillermo Brown fue capturada por la flota británica. Uno de los
objetivos políticos fundamentales del bloqueo era impedir que el
joven Estado Oriental cayera en poder de Rosas y quedara plenamente bajo
soberanía argentina.
La flota combinada avanzó por el río Paraná, intentando entrar en contacto
con el gobierno rebelde de Corrientes y con Paraguay, cuyo nuevo
presidente, Carlos Antonio López, pretendía abrir en algo el régimen cerrado
heredado del doctor Francia. Lograron vencer la fuerte defensa que hicieron
las tropas de Rosas, dirigidas por su cuñado Lucio Norberto Mansilla en
la batalla de la Vuelta de Obligado, pero meses más tarde fueron derrotados
en la batalla de Quebracho. Esas batallas hicieron demasiado costoso el
triunfo anterior, por lo que no se volvió a intentar semejante aventura.
Al saber las noticias sobre la defensa de la soberanía argentina en el Plata,
el general José de San Martín, que vivía en Francia apoyó a Rosas
Gran Bretaña levantó el bloqueo en 1847, aunque recién en 1849, con
el tratado Arana-Southern, se concluyó definitivamente este conflicto.
Francia tardó un año más, hasta la firma del tratado Arana-Le Prédour. Estos
tratados reconocían la navegación del río Paraná como «una navegación
interna de la Confederación Argentina y sujeta solamente a sus leyes y
reglamentos, lo mismo que la del río Uruguay en común con el Estado
Oriental».
La caída
La Batalla de Caseros
Después de la retirada de Francia y Gran Bretaña, Montevideo solo dependía
del Imperio del Brasil para sostenerse. Este, que era garante de la
independencia de Uruguay, había abusado de esa condición en provecho
propio. Juan Manuel de Rosas consideró inevitable una guerra con Brasil, y
pretendió aprovecharla para reconquistar las Misiones Orientales. Declaró la
guerra al Imperio y nombró comandante de su ejército a Justo José de
Urquiza.
Varios personajes del partido federal acusaron a Rosas de lanzarse a esta
nueva aventura solo para eternizar la situación de guerra que este usaba
como excusa para no convocar una convención constituyente.
Los más inteligentes de sus opositores se convencieron de que no se podía
vencer a Rosas solo con los unitarios. El general Paz, por ejemplo, creía que
alguno de sus caudillos subalternos era quien lo iba a derribar; y pensó en
Urquiza.
Urquiza no sentía ningún anhelo de libertad diferente del de Rosas, aunque
su estilo era distinto en varios aspectos. Pero a fines del año 1850, Rosas le
ordenó que cortara el contrabando desde y hacia Montevideo, que había
beneficiado enormemente a Entre Ríos en los años anteriores. n 4Afectado
económicamente, ya que el paso obligado por la Aduana de Buenos Aires
para comerciar con el exterior era un problema económico de magnitud
para su provincia, Urquiza se preparó a enfrentar a Rosas.
Pero no pretendió derrotar a un enemigo tan poderoso a la manera de los
unitarios, lanzándose a la aventura; tras varios meses de negociaciones,
acordó una alianza secreta con Corrientes y con el Brasil. El gobierno
imperial se comprometió a financiar sus campañas y transportar sus tropas
en sus buques, además de entregar enormes sumas de dinero al propio
Urquiza para su uso personal, quizás destinado a fines políticos.
El 1 de mayo de 1851, lanzó su Pronunciamiento, por el que reasumió la
conducción de las relaciones exteriores de su provincia, aceptando
inesperadamente la renuncia que todos los años Rosas hacía de las
mismas.n 5
Urquiza tampoco se lanzó directamente sobre su enemigo, sino que primero
atacó a Oribe en Uruguay. Lo obligó a capitular con él y entregar el gobierno
a una alianza de los disidentes de su partido con los colorados de
Montevideo. A continuación se apoderó del armamento argentino que
formaba parte de las fuerzas de Oribe y de sus soldados, que fueron
incorporados al Ejército Grande de Urquiza.
Solo entonces, Urquiza se trasladó a Santa Fe, derrocó allí a Echagüe y
atacó a Rosas. Tras la defección de Pacheco, Rosas asumió el comando de
su ejército,n 6al frente del cual fue derrotado en la batalla de Caseros, el 3 de
febrero de 1852. Tras la derrota, Rosas abandonó el campo de
batalla ―acompañado únicamente por un ayudante― y firmó su renuncia .
Memorial en Southampton en el Old Cemetery ("cementerio antiguo").
Tumba de Rosas en el Cementerio de la Recoleta
AUTOR DEL TEXTO: Ricardo Alberto Cruz
Bibliografía:
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Aires:
Corregidor,.
PARCIAL CONSIGNAS:
Fecha de entrega 25/10 del 25
Parcial grupal: 2 alumnos/. La entrega puede ser también
individual.
Enviar por mensajería interna
1- Son periodistas de un medio sensacionalista¿ Cómo darían a conocer la
muerte de Quiroga?
2- En un cuadro sinóptico explique la llegada al poder de Rosas y los
privilegios que le otorgan?
2- Ustedes son personas que defienden lo nacional y popular , que dirían
desde ese lugar sobre la Ley de Aduana?
3- Escriben para Diario La Nación ( usando el estilo del diario) expliquen el
bloqueo francés
.
4- Realice un cartel sobre San Benito de Palermo
5- Elaboren un resumen; La guerra civil del 40
- La rebelión de los libres del sur
- La campaña de Lavalle
6- Realicen una denuncia del terrorismo vivido en ese momento
7- Confeccionen un mapa conceptual sobre : Final de la guerra civil.
8- Cómo opositor de Rosas haga un análisis de la década final-
9- Elaboren una carta a un amigo unitario en donde le cuentan la política
religiosa de Rosas.
10- Hagan un resumen sobre el bloqueo anglo- francés.
11- Si ustedes son opositores a Rosas que dirían sobre el periodismo
controlado y la Generación del 37
12- Elaboren un cuadro sinóptico sobre la caída de Rosas
RICARDO A. CRUZ