0% encontró este documento útil (0 votos)
19 vistas2 páginas

El Guardián Del Atrio: I. El Pueblo y La Promesa

Cargado por

Jhonatan Ramos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
19 vistas2 páginas

El Guardián Del Atrio: I. El Pueblo y La Promesa

Cargado por

Jhonatan Ramos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

El Guardián del Atrio

I. El pueblo y la promesa

En un pequeño pueblo del valle, todos conocían la capilla de Huayopampa. Era una
construcción antigua, con muros gastados y un atrio amplio donde los niños jugaban
cada tarde. Frente a ella, un puente de piedra cruzaba el río, como si uniera el pasado
con el presente.

Los ancianos decían que esas dos construcciones estaban unidas por una promesa:
mientras fueran recordadas, el espíritu del pueblo permanecería fuerte. Pero si el olvido
las cubría, la identidad se perdería como polvo en el viento.

II. El niño curioso

Entre los niños que jugaban en el atrio estaba Illari, un muchacho inquieto que siempre
preguntaba más de lo que los adultos querían responder. Una tarde, mientras jugaba con
sus amigos, notó que debajo de las piedras del atrio había un resplandor tenue, como si
algo brillara en el subsuelo.

Intrigado, comenzó a escarbar en secreto. No tardó en descubrir una caja de madera


corroída. Al abrirla, encontró un cuaderno con hojas amarillentas, escrito con una letra
antigua.

III. El libro de memorias

Illari llevó el cuaderno a su abuelo, un hombre que aún recordaba las viejas historias. Al
leerlo, el anciano tembló:
—Este es el libro de memorias —susurró—. Aquí están escritas las promesas, las
batallas y las lágrimas de quienes construyeron el puente y levantaron la capilla.

El cuaderno relataba cómo indígenas, mestizos y criollos se unieron en el valle contra la


opresión, cómo la capilla sirvió de refugio y el puente fue escenario de luchas. Pero lo
más sorprendente era la última página: una advertencia que decía “Cuando el silencio
reine en el atrio, búsquenme bajo las piedras. Yo les recordaré el camino”.

Illari comprendió que él había cumplido esa profecía.

IV. El despertar de las piedras

Esa misma noche, el niño regresó al atrio con el cuaderno. Se sentó en el centro y
comenzó a leer en voz alta los pasajes de la memoria. A medida que lo hacía, las piedras
del atrio vibraban suavemente, y el eco de las campanas dormidas parecía acompañar
cada palabra.

Los vecinos, al escuchar el rumor extraño, salieron de sus casas y rodearon al niño.
Algunos lloraron al oír las historias que habían olvidado; otros se abrazaron al
reconocer los nombres de sus antepasados. El libro de memorias no solo contenía letras:
parecía devolver vida al pueblo.

V. El guardián invisible

Al terminar la lectura, una brisa cálida recorrió el atrio. Muchos juraron ver la silueta de
un hombre con poncho azul, parado junto al puente, que los observaba en silencio.
Nadie se atrevió a hablarle, pero todos sintieron su presencia.

El abuelo de Illari dijo en voz alta:


—Ese es el guardián. Ha velado por nosotros siglos enteros. Pero ahora no está solo:
nosotros también debemos cuidar lo que somos.

Desde entonces, el pueblo entero se organizó para restaurar la capilla, cuidar el puente y
transmitir las historias a los niños.

VI. El legado de Illari

Pasaron los años, y Illari creció. Se convirtió en narrador, maestro y guía de quienes
visitaban el valle. Cada tarde reunía a los niños en el atrio y les contaba la historia del
guardián invisible, del libro hallado bajo las piedras y del eco de las campanas.

Algunos dudaban, otros soñaban, pero todos escuchaban.

Y así, generación tras generación, el atrio nunca volvió a estar en silencio. Porque
mientras alguien contara la historia, el guardián seguiría vivo, y el puente y la capilla
continuarían siendo mucho más que piedra: serían la memoria eterna de un pueblo que
nunca quiso olvidar.

También podría gustarte