0% encontró este documento útil (0 votos)
9 vistas3 páginas

Contar Viajes

La crónica de viajes se centra en la experiencia personal y la selección de lo significativo, en lugar de intentar abarcar la totalidad del viaje. A lo largo del tiempo, ha evolucionado de ser una herramienta de dominación a una búsqueda de conexión con lo desconocido, reflejando un malestar contemporáneo. La escritura de viajes debe evitar lo típico y buscar transmitir la esencia de la experiencia a través de una narrativa que resuene con el lector.

Cargado por

delgadosaenzmar
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
9 vistas3 páginas

Contar Viajes

La crónica de viajes se centra en la experiencia personal y la selección de lo significativo, en lugar de intentar abarcar la totalidad del viaje. A lo largo del tiempo, ha evolucionado de ser una herramienta de dominación a una búsqueda de conexión con lo desconocido, reflejando un malestar contemporáneo. La escritura de viajes debe evitar lo típico y buscar transmitir la esencia de la experiencia a través de una narrativa que resuene con el lector.

Cargado por

delgadosaenzmar
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CONTAR VIAJES

(Crónica del movimiento)

1/ Cuando contamos un viaje a otros sabemos que lo principal no puede


decirse. Y esto pasa no porque eso indecible aluda a algo prohibido o
pecaminoso. Tampoco porque falten palabras e imágenes (la memoria
de una cámara digital tiene espacio de sobra). Ocurre que todo no
puede contarse. Y no se puede simplemente porque solo una
reproducción fiel de la totalidad (es decir: la repetición calcada del
original) alcanzaría ese objetivo obviamente ilusorio. Si todo no se
puede con más razón debemos concentrarnos en la parte, en lo
verdaderamente significativo. Debemos renunciar a hablar en general
para pasar a hacerlo en particular. Las mejores crónicas de viaje (hablo
entre tantos de Julio Verne, Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, García
Márquez, el recientemente fallecido Kapuscinski, Eloy Martínez,
Caparrós, Hitchens o el inglés Bruce Chatwin, autor del hermoso libro En
Patagonia) aceptan el límite y se concentran en aquello que para cada
viajero ha sido y es fundamental. El solo acto de escribir es por sí mismo
un viaje de descubrimiento. El cronista de viaje hace de la mirada
pretendidamente neutra del periodista un ojo caprichoso. El verdadero
itinerario es personal. Cada cual es cartógrafo a su modo.

2/ Si un rasgo definió al romanticismo del siglo XIX fue la valoración del


héroe frente a las fuerzas desatadas de la intemperie. Las crónicas de
viajes –que por entonces eran una cartografía de la dominación-
devinieron a fines del siglo XX y el arranque del XXI, en indagación
neurótica de rincones ignotos de un planeta que cada día ofrece menos
territorios vírgenes de tecnología y consumo. En la actualidad la crónica
de viajes funciona también como variante del relato de aventuras (antes
fueron Defoe, Melville, Stevenson, Conrad, London). La irónica
combinación de utopía y turismo busca consolar a los espíritus
abrumados por la globalización. Entre los variados motivos que pueden
explicar el auge de la crónica de viajes están la rutina y el aburrimiento
de los lectores medios de las grandes ciudades. Si algún fenómeno
detona la expansión de los no-lugares es la melancolía por los espacios
abiertos, la evocación de una naturaleza que la cual el alma vuelva a
ajustarse con el cuerpo. Podría pensarse que los viajes son un síntoma
de cierto malestar vigente en la cultura contemporánea.

3/ Siempre ha habido muchas razones para viajar; la más simple


consiste en hacerlo por ganancia o aventura. En general se viaja para
regresar, como Ulises, o con la esperanza de encontrar una isla más
favorable que aquella que abandonaban. Otro móvil es la búsqueda de
conocimiento. Para algunos el viaje constituye a la vez una proeza física,
una experiencia estética personal y un momento de contacto con lo
sagrado. “¿Quién puede ser tan insensato como para morir sin haber
hecho, por lo menos, un recorrido por su cárcel?”, exclama a los veinte
años el joven Zenón, ebrio de su primera salida por los caminos. Menos
entusiasta por los viajes, el poeta portugués Fernando Pessoa decía que
los viajes subrayan el tedio de lo eterno nuevo. El cazador se sorprende
luego de matar al primer león. Al tercero ya no siente emoción alguna.

4/ Cuando uno se adentra en un lugar (cualquier lugar) la noción misma


de exotismo, el encanto inherente a la lejanía de los países
desconocidos se disipan. Los mismos males y los mismos errores se
encuentran en todas partes bajo formas diferentes. El viaje organizado
de nuestros días protege contra aquello que la jerga contemporánea
llama los “choques culturales”, el difícil contacto con la otredad, etc. Se
toman comidas preparadas que siguen el gusto del turista, se habitan
en Egipto hoteles cinco estrellas que son iguales a los de Varadero o
Cancún, se sigue un programa de viajes precocinado donde queda
escaso lugar para la aventura que vivieron los grandes navegantes en el
pasado. Dentro de esa visión los que en cada país existe de auténtico e
irreemplazable sólo es percibido como una curiosidad. Ver bien un país
o un paisaje diferente requiere un cierto grado de conexión, un dejarse
llevar, un conocimiento del presente y el pasado, el contacto con los
habitantes del lugar, esos que algunos periodistas llaman (mal)
lugareños. Todos somos lugareños.

5/ Al escribir una crónica de viajes debemos evitar la búsqueda de “lo


típico”. Borges observó que nada menos que El Corán, libro árabe por
excelencia, no menciona jamás a un camello…No necesitamos el Arco
del Triunfo para hablar de París ni el fálico obelisco para hablar de
Buenos Aires. El “color local” puede aparecer en una calle o playa
desconocida o mirada con atención. Los folletos turísticos suelen
mostrarnos una realidad “seleccionada” y limpia de impurezas.
Recuerden que hasta en el paraíso hay mosquitos. Claro que el turista
que visita cinco capitales de Europa en ocho días sólo retendrá
elementos confusos de una especie de alocado documental que hubiera
podido ver igualmente en el cine de su barrio; el viajero sensible a la
belleza de los lugares recordará y escribirá lo esencial en desmedro de
lo aleatorio.

6/ Un procedimiento usual del redactor de crónicas de viaje consiste en


contar sus movimientos en el mismo orden que se produjeron: esto se
parece bastante al diario íntimo. No es mal recurso siempre que
recordemos que al escribir no estamos obligados a ser fieles al orden
exacto de nuestros pasos. Eso puede aburrir al lector (quien tampoco
está obligado a que le contemos todas las cosas tal cual fueron
ocurriendo), así como nuestros amigos se aburren cuando queremos
mostrarle todas las fotos tomadas en el viaje. Recortemos entonces,
tomemos apenas eso que recordamos vivamente, dejemos pasar el
aliento de nuestra mirada en cada una de las frases. Lo que importa no
es la reproducción generalizada sino la selección particularizada. Otro
recurso es renunciar al diario de viaje y hablar del lugar visitado desde
distintos abordajes: mediante fragmentos, bloques, idas y vueltas,
escritura que deriva como una canoa. El objetivo de contar un viaje es
trasmitir la sensación que el viaje nos produjo en muy pocas pero
significativas palabras. Compartir la sensación ahorrando al lector el
tedio de la transmisión excesivamente detallista.

L.G.

También podría gustarte