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EL ESPÍRITU PROTECTOR DEL RÍO
Mito de Las Américas:
Hace muchos siglos en la región de los Yungas, vivía una comunidad conocida
como Las Américas Este pueblo era famoso por sus fértiles tierras y por un gran
rio que cruzaba la región, llamado el Rio de las Américas Los habitantes
consideraban sagrado este rio, pues creía que estaba protegido por un espíritu
divino conocido como Taypi Ñusta la diosa de las aguas Según la tradición, ella
mantenía el equilibrio natural, evitaba inundaciones o sequias y bendecía a los
habitantes con cosechas abundantes
Sin embargo, un hombre ambicioso altero el curso del rio sin consultar a los
ancianos ni ofrecer una ofrenda, lo que provocó la ira de la diosa El agua
disminuyo y las cosechas comenzaron a secarse, generando escases y temor
entre los habitantes
En medio de la crisis, un anciano sabio recordó las historias de la Taypi Ñusta, el
pueblo realizo una ceremonia para pedir perdón, al día siguiente, el rio volvió a su
cauce normal Desde entonces, celebran una festividad anual en honor a Taypi
Ñusta, como lección de respeto a la naturaleza
.
Tata Jach’a el guardián del lago
En los Yungas, entre cerros y caminos de tierra, hay un lago que muchos
conocen, aunque no todos se atreven a acercarse Está por Charo Playa, medio
escondido entre la neblina A simple vista parece tranquilo, pero ese lugar guarda
algo antiguo Cuentan que en sus aguas vive Tata Jach’a, un espíritu grande viejo,
que cuida todo lo que hay ahí el agua, los peces, las plantas Y si alguien daña el
lago, él se da cuenta
Se comenta que hace tiempo, cuando todavía se respetaban los tiempos de
pesca, hubo un joven que se metió al lago buscando peces No le importo mucho si
era época o no, pensó que por un par de peces no pasaría nada Pero apeas se
puso a pescar, desde el centro del agua salió una figura No era hombre ni animal
Alto, con ojos claros como el mismo lago Era Tata Jach’a Algunos dicen que le
hablo, otros que solo le hizo sentir el peso de la culpa Lo cierto es que desde ese
dia, nadie lo volvió a ver igual
Hay quienes creen que ahora el cuida el lago, como si estuviera pagando su falta
A veces, si el lugar está muy callado se escucha una voz triste, como de alguien
que todavía está arrepentido
ORIGEN DEL NOMBRE DE LA,
ASUNTA
Dicen los antiguos, Los que aún recuerdan Los tiempos del trueque y del polvo en
los caminos, que allá por las décadas de 1940 y 1950, los arrieros partían desde
San Borja, en el Beni, rumbo a Tacna Eran días y noches de viaje por selvas y
montañas, cargando quina o arreando ganado, buscando vender en las ferias de
Tacna o en la zona de Chulumani Desde allí, los animales seguían su camino
hasta la ciudad de La Paz, para abastecer a la gente de la gran urbe
Aquellos hombres y mujeres eran valientes Se enfrentaban a la fiebre amarrilla, al
paludismo, al hambre, a la soledad pero seguían adelante, porque sabían que de
esos viajes dependía el sustento de sus familias En el camino, había varias
posadas marcadas, lugares donde podían descansar, comer algo y recobrar
fuerzas para seguir
Uno de esos lugares era una gran sabana donde los viajeros solían detenerse Allí,
en una de esas noches, llegó un arriero con su esposa, una mujer joven llamada
Asunta Estaba a punto de dar a luz todo parecía tranquilo, pero esa noche cambió
su historia El parto fue difícil, y la mujer no logro sobrevivir Murió en medio del
silencio del monte, bajo las estrellas, y fue enterrada en un pozo cercano, con el
corazón del esposo roto de dolor
Pero la historia no terminó ahí La niña logró respirar apenas al nacer El padre,
solo y sin recursos, intentó salvarla llevándola en brazos por el camino Sin
embargo falleció y fue enterrada más adelante, en el monte
Desde Entonces, los viajeros llamaron Asunta Grande al lugar donde murió la
madre y Asunta Chica, donde falleció la niña Con el tiempo, la zona fue
poblándose y nació un pueblo al que llamaron La Asunta, en honor a la mujer y
por devoción a la Virgen de la Asunción
Narrador JOSE HABRAHAM POMA ORTIS