Unidad 1 Definitiva
Unidad 1 Definitiva
Sapienciales
Unidad 1
Preparado por el profesor
Dr. Miguel Ángel Garzón Moreno, CO
UNIDAD DIDÁCTICA 1: EL PROFETA Y EL LIBRO PROFÉTICO
1.1. Los profetas en el Plan de Salvación
+ La revelación de Dios y los profetas
+ Los profetas: garantes de la Alianza de Dios con su pueblo
+ Lugar de los profetas en el plan de salvación
+ Misión de los profetas
+ Juan Bautista, el último de los profetas
+ Jesucristo, cumplimiento de las Escrituras proféticas
1.2. La Vocación profética. Rasgos de identidad
+ Los relatos de vocación
+ Los rasgos de identidad
+ La relación de Dios con el profeta
+ La relación del profeta con el pueblo
+ La relación del profeta con la Palabra y la Historia de la Salvación
1.3. Los profetas y el libro profético
+ ¿Por qué se recoge por escrito la palabra profética?
+ De la tradición oral a la tradición escrita. Etapas de la formación de
un libro profético
+ La palabra profética, una palabra viva y dinámica
+ El canon de los libros proféticos
1
UNIDAD DIDÁCTICA 1: EL PROFETA Y EL LIBRO PROFÉTICO
Después de hablar Dios muchas veces y de diversos modos antiguamente a nuestros
mayores por medio de los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por medio del
Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el
universo. El Hijo que, siendo resplandor de su gloria e imagen perfecta de su ser,
sostiene todas las cosas con su palabra poderosa y que, una vez realizada la
purificación de los pecados, se sentó a la derecha de Dios en las alturas y ha venido a
ser tanto mayor que los ángeles, cuanto más excelente es el título que ha heredado.
(Hb 1,1-4)
1
Cf. J.L. Sicre, Los profetas de Israel y su mensaje (Cristiandad; Madrid 1986) 13; J. M. Asurmendi, El
profetismo (Desclée, Bilbao 1987), 11
2
Así se hace en la liturgia sinagogal donde la lectura de los profetas sigue a la lectura de la Torá como su
explicación.
2
Para situar a los profetas en el plan de salvación es necesario visualizar
rápidamente el compendio de la Revelación3.
En la Biblia encontramos la revelación de Dios, manifestada en la
experiencia de fe del pueblo que se ha encontrado con Él. Dios se revela para
darse a conocer y dar a conocer su designio para la humanidad y el mundo,
para entablar un diálogo de amistad con los hombres, para decir quién es Él, y
quién es el hombre (cf. DV 1-6). La historia de la Revelación, es el camino de la
historia de Dios con su pueblo.
La esencia de la respuesta a estas cuestiones en el AT la encierra en sí
el Pentateuco (Torah). El Pentateuco define la identidad del Dios que se da a
conocer y declara lo que es normativo para la identidad del pueblo de Israel.
Es su “Carta Magna”, donde están sus principios constitutivos. Así:
Dios es el Señor del universo y del cosmos. Es el Creador del mundo y
del ser humano, su criatura sublime. Ha pensado para el hombre un proyecto
de felicidad desde la armonía de las distintas relaciones. Frente a este proyecto
de felicidad el hombre, con su desobediencia, rompe la armonía, y todas las
naciones también rompen la paz universal (Babel). Sin embargo, Dios
establece la promesa de salvación (Gn 3,15). Desde ese momento Dios busca
el camino para la recuperación del paraíso perdido, y se lo indica al hombre.
Idea un Plan de Salvación. Si la maldad-pecado provoca el diluvio, la justicia
de Noé y la fidelidad de Dios provocan la recreación y la Alianza cósmica y
universal. Llamó a Abrahán para darle a él y a su descendencia la bendición y la
promesa de salvación universal (“en ti se bendecirán todas las naciones de la
tierra” Gn 12,3). Dios elige a la familia salida de Abrahán para ser su pueblo.
Ellos, esclavos en Egipto, son liberados por Dios. Él se muestra soberano,
celoso, dirige la vida del pueblo, frente a otros firmes candidatos (Faraón,
becerro de oro). En compensación, se le exige a Israel que pertenezca
exclusiva y libremente a Dios. De esta forma las naciones descubrirán en el
pueblo elegido la gloria de Yahvé. Con la ALIANZA el pueblo entra en
comunión con su Dios, gracias a la Ley y al Culto: “yo soy tu Dios y tú eres
mi pueblo”. La Ley posibilita la Alianza, permanecer en la libertad y en la vida,
con el cumplimiento de las estipulaciones marcadas por Dios. El Culto
manifiesta externamente el compromiso interior de fidelidad y comunión con
3
Seguimos de cerca la introducción del libro de E. Beaucamp, Los profetas de Israel o el drama de una
alianza (Verbo Divino; Estella 1998) 18-22: “La elección de Israel y sus principios fundamentales”. Ver
también N. Lohfink, I profeti ieri e oggi (Queriniana; Brescia 1967) 33-55.
3
Dios. Desde estos principios constituyentes el pueblo caminará con la
promesa de alcanzar una Tierra como meta de su liberación.
La misión de los profetas consistió precisamente en ir descubriendo las
leyes internas que rigen la Elección y la Alianza e ir poniéndolas de manifiesto,
a lo largo de los acontecimientos históricos en que se jugó el destino de Israel.
En efecto, a medida que fueron surgiendo y creciendo las dificultades,
tuvieron que proponerle al pueblo de Dios una línea de conducta que le
permitiera permanecer en la alianza desde la fidelidad y verdad.
A medida que prosigue el diálogo entre Yahvé y su pueblo, entre los
profetas y los diversos gobiernos, se va notando un hiato. Poco a poco se
hace evidente que el pueblo es fundamentalmente pecador. Se manifiesta la
infidelidad del hombre para respetar las condiciones de la Alianza. Esta
experiencia, le llevará a tomar conciencia del pecado y, a la vez, de la Gracia.
La historia del profetismo parece ser la de un fracaso. Durante más de
tres siglos los profetas lucharán con todas sus fuerzas para orientar los reinos
de Samaría y de Judá en el sentido de la elección de Israel. Es verdad que no
lo lograron, pero no por eso dejó de ser fecunda su misión. Al anunciar el fin
de la antigua alianza, los últimos grandes profetas abrieron la esperanza de
una Alianza Nueva, inscrita en el corazón de los fieles. Se espera que Dios
venga a Reinar sobre todas las naciones, anulando el mal.
Después de este mensaje esencial, el profetismo no tendrá ya nada que
decir: podrá desaparecer del escenario. No quedará más que aguardar la llegada
del siervo de Yahvé, el profeta por excelencia, que satisfará plenamente las
exigencias de la elección divina, el fundador de un pueblo nuevo, en el que la
voluntad humana se identificará por completo con la voluntad de Dios (Jn
4,34: “mi sustento es hacer la voluntad del que me envió”).
Efectivamente, al llegar el tiempo inaugurado por Jesús de Nazaret,
se cumple la promesa de salvación anunciada por los profetas (DV 4). Es
Jesucristo, Palabra hecha carne, Nuevo Adán, quien inaugura la Nueva
Creación. Él reconcilia al mundo pecador (Rm 5), lo libera de la esclavitud del
pecado (Mt 9,2ss). Y realiza la NUEVA y ETERNA ALIANZA (Hb 9,15)4.
Una Alianza con toda la Humanidad, no hay separación ni exclusión: “sangre
que se derrama por todos para el perdón de los pecados” (Mt 26,28). A la que
4
El misterio Pascual lleva a cumplimiento la promesa profética (Jr 31,31ss; Ez 36,17ss). Cristo, en la
última cena ofrece su sangre como Nueva y Eterna Alianza; él es quien perdona los pecados (Mt 9,2ss);
Él conoce y da a conocer al Padre (Mt 11,27). DV 4: “La economía cristiana por ser la alianza nueva y
definitiva nunca pasará. No hay que esperar otra revelación”.
4
corresponden una Ley Nueva: el mandato nuevo del Amor (Jn 12-13); y un
Culto nuevo: “en espíritu y verdad” (Jn 4,23; Rom 12). Juan Bautista hace de
eslabón entre el tiempo de la preparación y el del cumplimiento, recogiendo la
herencia profética (cf. Mal 3,23-24) y presentando ante el pueblo el Mesías
Jesús5.
Este mismo recorrido lo decribe la Constitución sobre la Divina Revelación
del Vaticano II, la Dei Verbum (DV 1-6.14-16). Según DV 3 la finalidad de la
enseñanza de los profetas es doble: “para que lo reconociera a Él como Dios único y
verdadero, como Padre providente y justo juez; y para que esperara al Salvador prometido”.
Según DV 14 la tarea de los profetas era la de ayudar a entender a Dios.
En resumen, el lugar de los profetas de Israel en el Plan de Salvación
es el tiempo de la Preparación, de la Antigua Alianza, pero anunciando ya la
Nueva Alianza6. Gráficamente se puede decir que están entre el momento
fundacional de la antigua alianza y el momento fundacional y definitivo de la Nueva
Alianza7.
Su misión fue doble:
1. Por un lado, después de haber recibido el pueblo la elección y la
alianza, ser memoria y actualización de las mismas, ser la voz que haga presente
los compromisos y las exigencias de la Torá. “Ser testigos de la Alianza”
llamando a la fidelidad y a la verdad8. Con otras palabras, su misión es la de ir
descubriendo y manifestando al pueblo quién es su verdadero Dios y qué es y qué
significa ser el Pueblo elegido, exhortando a ser FIELES a la ALIANZA sellada
entre Dios y el pueblo, y que se resume en la frase: “Yo soy tu Dios, tú eres
mi pueblo”. Esta labor la realizan desde la denuncia y la llamada a la
conversión: “Vuelve a mí”.
2. Por otro lado, abrir caminos de Esperanza y dar razones para la
misma cuando el pecado obstaculiza la salvación. Una esperanza que se
fundamenta en el Dios creador y liberador, dador de vida, clemente y
misericordioso, siempre Fiel. Anuncian la salvación que llega por la presencia de
Dios, y cuando se ha roto la alianza, anuncian la llegada de la Alianza Nueva y
5
Lc 16,16: “La Ley y los Profetas llegan hasta Juan; desde entonces se anuncia la Buena Noticia
del Reino de Dios”
6
La carta a los Hebreos, en su argumentación cristológica, muestra esta relación entre antigua y Nueva
Alianza, Hb 8-10 (cf. también 2Cor 3,1-18).
7
Esta afirmación se refiere a los profetas del AT. Lógicamente en el NT también aparecen profetas y la
misión profética de la Iglesia, cuyo lugar es el tiempo presente del Espíritu, entre el cumplimiento de la
Alianza Nueva ya acontecido en Jesucristo y el momento de la manifestación plena para toda la
humanidad en el esjaton y parusía.
8
Prov 29,18 refleja en un aforismo esta misión: “Cuando no hay profetas el pueblo se relaja”.
5
Eterna. PREPARAN la llegada de la plena revelación en Cristo Jesús9. Esta
labor la realizan con el anuncio de esperanza, resumido en: “No temas”, “Yo
estoy contigo”.
9
Se puede parafrasear diciendo que “el profeta parte del Sinaí y apunta al Tabor y al Calvario”.
6
lo que los textos nos dicen sobre la identidad profética, fundamentalmente en
los llamados relatos de vocación.
a) Relatos de vocación.
La identidad del profeta nace primariamente del sentirse llamado o
elegido por Dios. Antes de comunicarse Dios elige a una persona para que sea
profeta y lo “llama” a esta su nueva identidad. Hablamos pues de la elección
profética, de su vocación o llamada de Dios para esta misión (cf. 1Sm 3). De
muchos profetas no conocemos su vocación, de otros sólo tenemos
referencias mínimas (Am 7,10-17; Os 1,1-9; 3,1-5; Is 40,1-11; 42,1-7; 49,1-9;
61,1-6), y en tres casos tenemos unos relatos específicos: Is 6,1-13; Jr 1,4-
10.11-19; Ez 1-310.
Toda vocación tiene tres momentos:
- certeza de una llamada: que implica un “conocimiento” existencial
entre Dios y el profeta (comunión).
- experiencia de cambio y nueva identidad: se transforma la incapacidad
en fuerza por la asistencia divina y por la continua docilidad a la
palabra.
- conciencia de una misión: descubrir la propia responsabilidad en la
salvación de los otros como participación en la voluntad salvadora
de Dios.
b) Rasgos de identidad.11
Podemos partir de la identidad del profeta atendiendo a la etimología
y al lenguaje que utilizan. Siguiendo la etimología de la palabra profeta (נביא,
προφηtης) se puede decir que el profeta es: el llamado o invadido por el
Espíritu (nabî’); el que anuncia ante los demás la palabra de Dios” (pro-feta:)12.
10
Para un estudio de los relatos ver, J. L. Sicre, Introducción al profetismo bíblico (Verbo Divino; Estella
2011) 215ss.259ss.282ss.
11
Cf. J.L. Sicre, Los profetas de Israel y su mensaje (Cristiandad; Madrid 1986) 20-25; J.L. Sicre – J.M.
Castillo – J.A. Estrada, La Iglesia y los profetas (El Almendro; Córdoba 1989) 19-33; J.M. Asurmendi,
Isaías1-39 (Cuad. Bib. 23; Estella3 1983) 5-9; J. Camarero, “Profetas/ Profetismo, hoy”, en J. L.
Barriocanal (Dir.), Diccionario del Profetismo Bíblico (Monte Carmelo; Burgos 2008) 558-590.
12
Profeta es la traducción griega del hebreo nabî’ נביא, cuya procedencia puede estar en el acádico nb’:
llamar, convocar en pasivo, así “el llamado”, “el convocado”; cf. Blenkinsopp, Storia, 39-40. O también
puede derivar del pasivo de “ בואentrar, venir”, en el sentido del invadido por el espíritu, cf. J. Alonso
Díaz, De pastor a profeta (Casa Biblia, Madrid 1966) 38. Hay que tener en cuenta que pro-feta no es pre-
feta. pro- significa “delante de” o “en vez de”, “a favor de”, “fuera de”. Y “-feta” viene seguramente del
verbo φημι “decir, hablar”. Así, etimológicamente, sería “el que habla en lugar de” o “delante de”, cf.
J.M. Abrego, Los libros proféticos (Verbo Divino; Estella 2001) 26-27; Asurmendi, Isaías 1-39, 5. Así lo
7
Por la manera en que comúnmente inician su discurso, “Así dice Yahvé”
(fórmula del mensajero), que proviene del protocolo de las comunicaciones
escritas u orales de la corte real, los profetas se consideraban mensajeros,
emisarios de Yahvé, el soberano divino13.
Hay que renunciar a hablar de los profetas bíblicos como si todos
hubieran sido plasmados sobre el mismo modelo. Cada uno tiene su estilo, su
psicología, su personalidad. Pero sí podemos hablar de unas líneas de fuerza
comunes al movimiento profético. De los relatos de vocación se perciben tres
puntos de referencia importantes: la relación Dios-profeta; la relación profeta-
pueblo; la relación profeta-Palabra-Historia de Salvación. De este trípode nos
valemos para presentar los rasgos de identidad.
manifiesta Ex 4,16: “Aarón hablará por ti, en tu nombre, al pueblo”; 7,1: “Aarón será tu profeta”. Para
predecir se usa el griego pro-agoreuo.
13
El mensajero del rey era un importante oficial, a menudo un miembro de la corte, cuya tarea consistía
en reproducir a la letra un mensaje o una orden del soberano, si bien podía incluir de propia mano algunas
palabras de naturaleza exhortativa, conminatoria o explicativa, cf. J Blenkinsopp, Storia della profezia in
Israele (Queriniana; Brescia 1997) 42.Ver esta fórmula del mensajero en textos no proféticos: Gn 32,4-6
(Jacob a Esaú), Nm 22,16-17 (mensajeros de Balac a Balaán), Jue 11,12-24 (Jefté al rey de Amón).
14
Mejor “místico constructor”, cf. De la Croix (Cf. Robert-Feuillet, Introducción a la Biblia, 441).
8
- Es el HOMBRE de la PALABRA (Jr 18,18: “no faltará la ley del
sacerdote, el consejo del sabio, ni palabra del profeta”; Dt 18,17-19)15.
Dios le da a conocer su Palabra: “No hace nada Dios sin revelarlo a
sus siervos los profetas” (Am 3,7). Su único punto de apoyo, su
fuerza y su debilidad, es la palabra que el Señor le comunica
personalmente, cuando él quiere16.
- El profeta es el intérprete de la Palabra. Ha de hacer suya la palabra,
captar su sentido y luego proclamarla: “Todas las palabras que te dirija
guárdalas en tu corazón y escúchalas con tus oídos y luego, anda, ve y
háblales de mi parte” (Ez 3,10-11). La interpreta a la luz del presente
histórico. Es el “escrutador de los signos de los tiempos”, su mirada
trascendente hace una lectura trasversal y existencial del entorno17.
- Es un hombre carismático. La profecía es un carisma que lo capacita para
alcanzar lo que no puede con sus propias fuerzas (la revelación y la
trasmisión de la Palabra). Le da autoridad. Además el carisma es un
“don”, no se basa en la sucesión dinástica, en la herencia personal, y
rompe todas las barreras y obstáculos (sexo18, edad, cultura, clases
sociales y religiosas). En 1Cor 12 Pablo habla de la profecía como
carisma.
- Hombre de Fe y fiel a Dios, responde y confía absolutamente en el Poder
de Dios y en su Fidelidad.
15
Cf. S. Bretón Vocación y misión (AnlBib 111-PIB; Roma 1987) 31, afirma que la expresión “debar
Yahvé/Elohim (palabra de Dios)” aparece 241 en AT y de ellas 225 en los profetas. De ahí que se pueda
afirmar que esta expresión constituye un término técnico para la revelación profética.
16
Cf. la reflexión de F. Ramis en torno a la Palabra profética [Isaías (PPC; Madrid 2004) 8]: La voz
dabar (palabra) explica la realidad profunda de cada cosa y de cada persona. Por esa razón, la palabra
proclamada por los profetas no se limita a describir superficialmente las situaciones de pobreza, gozo,
injusticia o esperanza, sino que entresaca las causas que las provocan... El término dabar recoge, como el
debir (zona más sagrada del templo), la profundidad y santidad del pensamiento de Dios. El dabar es
Palabra que nace de Dios, alcanza el interior de la persona y la renueva... La palabra del profeta es la voz
de Dios que trasforma el corazón de la persona y el alma del mundo, siempre y cuando la libertad del
hombre se lo permita; pues la Palabra de Dios no violenta nunca la libertad humana, ni suple en ningún
momento la responsabilidad... El profeta transmite la Palabra de Dios porque él mismo ha sido forjado
por la Palabra del Señor. El profeta es quien recibe de Dios una Palabra cualificada y, mediante su
pensamiento, su forma de hablar y su manera de actuar, manifiesta la voluntad de Dios entre su pueblo,
recordando siempre la fidelidad a la Alianza y el futuro cumplimiento de la promesa liberadora de Dios.
La historia de cada profeta es la historia del encuentro de un hombre con Dios, y la historia de la
transmisión de la palabra divina al pueblo expectante”.
17
Cf. Camarero, “Profetas/ Profetismo, hoy”, 565.567. Heschel define la profecía como “exégesis de la
existencia desde una perspectiva divina” [Los profetas, Vol I (Paidos; Buenos Aires 1970) 28].
18
Profetisas: Débora (Jue 4); Hulda (2Re 22); esposa de Isaías (Is 8,3); Noadías (Neh 6,14); Ana (Lc
2,36).
9
Relación profeta-mundo (tú-ellos):
- Es un enviado, con una misión para “ellos” (Am 7,15; Is 6,8; Jr 1,7; Ez
2,3; 3,1.4). Es el mensajero de Dios, el “vocero” de Dios. Su vocación está
en función de los destinatarios. No es profeta para sí.
- Es un hombre “público” (del pueblo y en el pueblo), un “hombre-en-el-
mundo”, comprometido, “encarnado”. En contacto con los demás. Su lugar
es la calle y la plaza pública. El profeta se halla en contacto directo
con el mundo que lo rodea y conoce profundamente esa realidad. No
se ausenta, sino que se “mancha” con los problemas de su gente.
Ningún sector le resulta indiferente, porque nada es indiferente para
Dios. Es el centinela del pueblo (Ez 33,1-9), debe estar incesantemente al
acecho de la palabra de Dios que lee y desvela los acontecimientos, la
historia, el comportamiento del pueblo. El profeta es conciencia “crítica”
del pueblo, le denunciará su pecado, y le anunciará e indicará el camino
a seguir.
- Hombre de su tiempo y en su tiempo: llamado para responder a las
exigencias concretas de su pueblo en un momento determinado. Lee
la historia de su pueblo. Un hombre arraigado en el pasado, lee el
presente bajo el impulso del Espíritu, y está vuelto hacia el porvenir.
El lugar de la palabra profética siempre es el día de hoy. Es “el
hombre de Dios en el mundo del hombre”.
- Es un hombre mediador, solidario, el intercesor del pueblo, el intermediario
(Is 6,11: “¿Hasta cuándo?”; 37,4: “intercede tú”; intercesión de Amós
7,1-3.4-6). Es parte del pueblo, y sufre con el pecado de sus
hermanos, se siente desolado, triste (Miq 1,8-9; Jr 8,21-23; 13,17;
14,17). Intercede por ellos e intenta salvarlos. Especialmente se
muestra solidario de los pobres, del pueblo que sufre, de los que son
aplastados por las injusticias de los opresores. Es un hombre compasivo
que ansía la salvación de su pueblo. “El profeta vive la tensión de dos
polos que aún no se han reconciliado. Ante Dios es el abogado de los
hombres, y ante los hombres es el abogado de Dios”19.
- Es un hombre libre, independiente, imparcial, no es partidista político, no es
adulador, ni oportunista. No se vende a nadie ni a nada. Sólo es de
Dios y de su Palabra.
19
J. Cristo Rey García-Paredes, “En las raíces del profetismo”, en Misión Abierta (2000) 30.
10
- Es un hombre amenazado, sufridor, perseguido, “mártir”. Expuesto al
fracaso. Todo el pueblo en su amplitud de estratos sociales se vuelve
en su contra, le critica, desprecia y persigue (Jr 11,21). Así, se enfrenta
a desprecios (Ez 33,30-33), y a veces a situaciones más duras o
extremas (tratado de loco, traidor; sufre persecución, cárcel, muerte)20.
Pero silenciaríamos un aspecto importante si no dijésemos que la
amenaza le viene también de Dios. Le cambia la orientación de su
vida, lo arranca de su actividad normal (Am 7,14s; 1Re 19,19-21). La
relación íntima y personal del profeta con Dios, con la palabra que
debe recibir y transmitir, no fue siempre fácil a la hora de aceptarla
(1Sm 3,1-14; Ez 24,15-24). Su vocación junto a la experiencia
ininterrumpida de Dios supone en muchos casos una “coacción” para
el profeta, que llega a rebelarse contra esa vocación y misión (cf. la
experiencia de Jonás, por más que huye Dios lo encuentra). El profeta
puede entrar en “crisis” a causa de la dureza de la misión (1Re 19,4:
“¡Basta, quítame la vida!”). Las “confesiones de Jeremías” dan prueba
de ello (11,18-12,6; 15,10-21; 17,14-18; 18,18-23; 20,7-9.10-13.14-18).
La experiencia espiritual del profeta avanza progresivamente desde
una oposición de los hombres (“no profetices en nombre de Dios si
no quieres que te matemos” 11,21), al abandono de Dios y de los
hombres (“te me has vuelto un arroyo inconstante” 15,18), al engaño
de Dios (“me has seducido y violentado” 20,7), hasta maldecir la vida
y el silencio de Dios (20,1421). El profeta es, así, un hombre “probado”.
En esta lucha interna la Palabra sale victoriosa y Dios nunca
abandona a su profeta, aunque éste así lo sienta. En cada crisis el
profeta renueva su llamada y misión.
20
En algunos profetas encontramos auténticas dificultades, así en Jeremías tenemos la llamada “pasión de
Jeremías” cc. 37-44. Cf. Lc 6,22-23: “Dichosos seréis cuando los hombres os odien y cuando os
excluyan, os injurien y maldigan vuestro nombre a causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad
de gozo porque vuestra recompensa será grande en el cielo; que lo mismo hacían sus antepasados con los
profetas”.... ¡Ay, cuando todos hablen bien de vosotros, que lo mismo hacían sus antepasados con los
falsos profetas!”. Esta misma realidad afirma Esteban: “¿A qué profeta no persiguieron vuestros
antepasados? Ellos mataron a los que predijeron la venida del Justo, a quien vosotros acabáis de traicionar
y asesinar” (Hch 7,52). Además, en el destino de los profetas queda prefigurado el de Jesús de Nazaret.
21
Hay que destacar el esquema concéntrico de esta composición (20,7-18), pues así queda resaltada la
confianza plena del profeta en su Dios: (a) me sedujiste, me pudiste – (b) confío en ti – (a’) maldito el día
de mi nacimiento [cf. A. Spreafico, Lavoce di Dio,(Bolonia 2009) 186, el autor comenta bellamente el
texto]. Jeremías llega a desear su muerte, al igual que Moisés (Ex 32,32; Nm 11,15) o Elías (1Re 19,4) o
Jonás (Jn 4,3.8-9)
11
Relación Profeta – Palabra - Historia de la Salvación:
- El profeta por su mensaje es un “destructor” y “constructor”. Tiene
una misión de salvación para el pueblo, salvación que contiene
necesariamente los dos aspectos. Su misión es la de destruir todo
aquello que falsea la concepción de Dios y de la Alianza, todo lo que
es corrupción y falsedad, injusticia y engaño. Desenmascara el pecado.
Denuncia los pecados contra la “santidad” de Dios y contra la dignidad
(“sacralidad”) del hombre. Pero destruye para construir caminos
nuevos de comunión entre Dios y su pueblo. Siempre hace brotar el
futuro sanador de Dios para su época, marca un horizonte de
esperanza, apoyado en la Fidelidad de Dios22. Anuncia la salvación que
llega. Por un lado, su mensaje es siempre conciencia crítica que
elimina lo falso; por otro, es siempre la fuerza y el empuje que
permiten salir de situaciones sin remedio, de realidades bloqueadas23.
El profeta es el que hace surgir la “alternativa”: en el pecado, la
alternativa de la gracia; en el mundo de egoísmo e injusticia, la
alternativa de libertad, amor, compasión, justicia24.
- El profeta es “signo” de Dios, de su Palabra; signo del hablar de Dios,
de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Él se convierte en
testigo directo de la presencia de Dios en medio de su pueblo, al que
no deja de acompañar. Él mismo es palabra, su vida se convierte en
palabra viviente. La vida del profeta habla, debe hacer ver la palabra
de Dios (Ez 12,6: “Te he puesto como ‘señal [signo]’ para el pueblo
de Israel”). Escuchar al profeta es escuchar a Dios (cf. Hb 1,1-2). “El
profeta representa la posibilidad de que Dios hable a su pueblo”25.
22
Es cierto que, en general, ningún profeta consiguió nada en vida. Al igual que Jesús, que aparentemente
fracasó. Pero la verdad de sus vidas, de su mensaje y misión está en que su Palabra queda en la
comunidad, que a la luz del Espíritu reconoce en su interior la verdad del mensaje de Dios que han
proclamado. De ese modo son reconocidos como mediadores y constructores del pueblo de Dios.
23
J.M. Asurmendi, El profetismo, desde sus orígenes a la época moderna (Desclée; Bilbao 1987) 12.
24
Así lo afirma Brueggeman: “La función del ministerio profético es alimentar, nutrir, hacer surgir una
percepción alternativa en la conciencia y cultura dominante” (cf. La imaginación profética, 12).
25
Spreafico, La voce di Dio, 109. El autor subraya que rechazar al profeta es rechazar a Dios y su palabra
y, por tanto, caminar hacia la muerte. Así se manifiesta en Amós: el pueblo rechaza y expulsa al profeta
(Am 7,10-17), como consecuencia viene la amenaza de muerte (Am 8,1-3) y el pueblo sentirá el hambre
de la palabra de Dios, comenzará a vagar para buscarla pero no la encontrará y quedará extenuado hasta
morir (Am 8,11-14). Después de la época profética, se deja notar la necesidad de los profetas, su ausencia
en medio del pueblo es un problema y se espera la llegada de un profeta (cf. 1Mac 9,27; 4,45-46; 14,40-
41). Este tiempo llegará con la venida del Profeta por excelencia, Jesucristo, por el que cada hombre
puede llegar a encontrar a Dios y a comunicarse con él (cf. La voce di Dio, 110-113).
12
Por eso, ninguna autoridad es superior al profeta26. Podemos decir
que “el profeta es la encarnación de Dios en el mundo, es el lugar de
su revelarse”27. Por eso, da igual que el destinatario escuche o no
escuche al profeta, lo importante es que no deje de llevar su palabra,
para hacer a Dios presente en la historia28.
- El profeta es el “testigo” de la Historia. La palabra del profeta establece
una conexión con la Historia, descubre su sentido ante el pueblo, y
esboza la síntesis de la misma: Una historia de pecado y de Gracia. La
historia de una constante infidelidad a la alianza, renovada
continuamente por la Fidelidad de la misericordia y el amor eterno de
Dios, que posibilitan el anuncio de una Alianza Nueva y Eterna. El
profeta, con la Palabra, establece un punto de conexión entre el
tiempo histórico y el tiempo teológico de la Historia de la Salvación29.
Confirma la “historia salutis”: la Gracia que vence al pecado, y hace
posible que la Historia continúe en el triunfo de la salvación de Dios.
En esto es muy significativo descubrir el valor del Apocalipsis como
libro de “palabras proféticas” (Ap 1,3; 22,6-10.18) interpretando la
Historia en su síntesis a la luz de Aquél que encarnó la esperanza
profética de salvación, El Mesías Jesús, el que nos ha dado Gracia
sobre Gracia (Jn 1,16)30. El profeta, en definitiva, es testigo de la
Fidelidad de Dios y Precursor de la Nueva Alianza.31
26
Sólo del profeta se subraya la semejanza con Moisés (Dt 18,15.18), y sólo la institución profética está
unida al evento fundador del Sinaí (18,16-17).
27
Bovati, “Così parla il Signore. Studi sul profetismo bíblico (EDB; Bolonia 2008) 32.
28
La misma verdad se aplica al ministerio de Jesucristo. Él no calla a pesar del rechazo del pueblo; su
misión no está en función de la acogida del destinatario. Su verdad va más allá.
29
A. Neher afirma que, desde la perspectiva canónica (no del método crítico), los profetas dan al tiempo
bíblico una coherencia, un sentido definitivo de progresión lineal: “Nos atrevemos a afirmar que la
ordenación definitiva, la atribución de un sentido auténticamente hebreo a la progresión del tiempo
bíblico, fue etapa tras etapa, obra de los profetas, y que el tiempo bíblico está caracterizado por un
esfuerzo constante por llegar al nivel profético”, La esencia del profetismo (Sígueme; Salamanca 1975) 15.
Por su parte P. Bovati insiste sobre este aspecto: “los profetas tienen la misión de proponer en Israel la
visión de la historia según los ojos de Dios y de revelar en ella cuál es el misterio de gracia que desde
Dios se comunica a los hombres” (256). “La historia es el lugar donde Dios se manifiesta, y el profeta la
narra, en su totalidad, de inicio a fin, para que en ella sea revelada aquella presencia que es el sentido de
todo. El sentido de la historia es Dios, más propiamente es Dios en cuanto padre, en cuanto principio de
amor originario, en cuanto promotor de una alianza eterna con los hombres” (111). (La traducción es
nuestra).
30
Afirma Bovati: “La resurrección es el mensaje central del evangelio, como lo es también de la tradición
profética. Pero la resurrección supone la muerte […] A una primera alianza, a una primera historia
marcada por la rebelión, a un primer hombre de corazón de piedra, sucede una segunda alianza, nueva y
eterna […] Todos los profetas han anunciado, en síntesis, un único sentido de la historia, y éste es la
necesidad del exilio y el prodigio de la vuelta (a la vida); todos los profetas han predicho así un solo
evento, aquél de la muerte y la resurrección. Todos los profetas han hablado así de Jesús y de su misterio,
13
1.3. Los profetas y el libro profético. De la tradición oral a la tradición
escrita32.
El profeta se sirve de tres medios para transmitir su mensaje: la palabra
hablada, la acción simbólica y la palabra escrita. Estos medios no se excluyen
sino que están interrelacionados y unidos entre sí. El medio de comunicación
por excelencia es la palabra del profeta. Es ella la que trasmite fielmente la
Palabra recibida de Dios. Excepto raras ocasiones, los profetas predicaban,
proclamaban a viva voz el mensaje que Dios les trasmitía. Ese mensaje, recogido
posteriormente por escrito, nos ha llegado en unos libros concretos. Así al leer los
textos volvemos a “dar voz” a la boca de los profetas.
y su palabra se ha cumplido en la pasión y en la gloria del Hijo del hombre; su profecía se cumple, hoy,
en la medida en que nuestra persona se identifica, en la fe, con el mismo misterio, obedeciendo al triunfo
de gracia infinita, allí donde reconoce la propia miseria vencida” (“Cosí parla il Signore”, 121-123) (La
traducción es nuestra).
31
Todos los rasgos proféticos son comunes a muchos personajes de la Biblia (hombres de Dios, ángeles,
mensajeros,...), pero el profeta es el mediador por excelencia entre Dios y los hombres. Jesús de Nazaret
será el Profeta por excelencia, que encarna y supera cada uno de estos elementos.
32
Cf. Sicre, Introducción al profetismo, 102-152; J.M. Asurmendi, “De la proclamación al libro abierto”,
en Reseña Bíblica 1 (1994) 5-8; G. Von Rad, Teología del AT, II (Sígueme; Salamanca7 1999) 21-49.
14
intervinieron varias “manos” en un largo proceso. Simplificando mucho
podemos indicar las siguientes etapas de este proceso:
A) La palabra original del profeta. Es lo primero, la palabra hablada,
pronunciada directamente ante el público (cf. Ez 33,31ss). Se trata de la
“transmisión oral” de su predicación, por medio de recursos sonoros, temas, etc.
Es probable que la palabra hablada diese lugar a una serie de hojas sueltas, que
más tarde se agrupaban formando pequeñas colecciones, siendo éstas el primer
paso de la puesta por escrito, comenzando la “tradición escrita” (cf. Jr 36; Is
30,8). Este proceso podía ser inverso, primero se escribía y luego se
proclamaba (vocación, confesiones, acciones simbólicas no realizadas, algunas
visiones).
B) La obra de los discípulos y seguidores que se encontraban dentro de la
esfera espiritual del profeta, aunque no hubieran tenido conocimiento directo
del profeta en su tiempo. Ellos preservaban y veneraban la palabra de los
profetas. Reciben y transmiten de manera oral y escrita por colecciones los
textos del profeta; y hacen re-lecturas33. Esta trasmisión no es pues mecánica
sino “viva”, personal y creadora que afecta al contenido y a la forma. Estos
son autores: redactan textos biográficos sobre el maestro (Am 7,10-17; Jr 34-45),
reelaboran o reformulan algunos de sus oráculos (con pequeños añadidos: Is 28,1-
4.5-6; 14,3-4a.4b-21.22-23; con aclaraciones simples: Is 8,7; o con una
intención más profunda: Is 7,15)34, y crean nuevos oráculos desde unas nuevas
preocupaciones y nuevos puntos de vista teológicos35.
Estos grupos de discípulos y seguidores también llevan a cabo la
agrupación de colecciones. Se ensamblan y se agrupan los oráculos primitivos y los
que se han ido añadiendo, dando lugar a colecciones, ya iniciadas por los
mismos profetas. El criterio no fue en su mayor peso el cronológico sino el
temático, y teniendo en cuenta el auditorio o destinatarios (oráculos de condena
contra el propio pueblo, contra extranjeros, oráculos de salvación, sección
narrativa). Otras veces la agrupación fue arbitraria uniendo oráculos de juicio
y salvación, pasando del castigo a la promesa.
33
“Y es que la palabra original del profeta tiene un ‘poder’ generativo que produjo nueva literatura... Esta
habilidad de la palabra profética para producir nueva literatura profética es una de sus señas de
identidad... La orientación hacia el futuro de mucha retórica profética puede ayudar a explicar esta
creatividad literaria” [D.L. Petersen, “Introduction to Prophetic Literature”, en The New Interpreter’s
Bible, VI (Nashville 2000) 17].
34
Identificar estos textos añadidos o reelaborados es siempre un gran problema, y existe el constante
peligro del subjetivismo.
35
El narrador de Jr 36,32 afirma sobre el libro escrito por orden de Jeremías que en él “posteriormente se
añadieron palabras semejantes”.
15
C) Los añadidos posteriores. Después de estas etapas anteriores los libros
proféticos siguieron “abiertos” a retoques, añadidos e inserciones, incluso en
épocas muy tardías al contexto original en el que comenzó el profeta su
actividad (cf. El libro de Isaías o Zacarías; Am 1,1-2; 2,4-5).
D) El Redactor o Editor final. En un momento determinado hubo un
Redactor que agrupó todo el material que había sido coleccionado en las fases
anteriores, ciertamente también, por otros redactores. Esta última mano es la
que le da la forma y la estructura definitiva al libro, y por tanto el mensaje que
quiere que ofrezca al lector. Y es que no se debe olvidar la importancia capital
de los redactores, cuya labor no fue mecánica, de simple recogida y
acumulación de textos, sino que hicieron una gran labor teológica36.
Paralelamente a la formación de cada libro profético va la formación
del conjunto de la “tradición profética”, el camino por el que los libros
proféticos comienzan a ensamblarse. Poco a poco se iría creando un cúmulo
de mensajes proféticos en la comunidad, formando una corriente de
tradiciones proféticas, hasta que se llegó a lo que se denomina en el canon el
“corpus profético”, como bloque independiente.
Después de todo este proceso, lo que podemos asegurar es que hacia
el año 200 a.C. los libros proféticos estaban ya redactados en la forma en que
los poseemos actualmente e incluso fijados en su orden dentro de la Biblia
(según nos dice el libro del Eclesiástico37 y las copias de Qumrán).
E) Tendríamos que incluir una etapa más. Es el momento en el que el
texto –libro- profético es aceptado, “recepcionado” por el consenso de la
Comunidad, y el libro pasa al CANON, quedando “fijado” el texto inspirado.
En esta recepción se reconoce el valor normativo del texto, el mensaje que
contiene forma parte de la Revelación y por tanto normativo para la fe de toda
la comunidad en cualquier circunstancia y época en la que se encuentre. Desde
36
En el proceso de composición para la redacción final tuvo su importancia la “finalidad litúrgica” (cf.
Albertz, Historia de la religión de Israel, 478)
37
El libro del Eclesiástico fue compuesto en el año 170 aC (se cita a Tolomeo VII y Simeón, sumo
sacerdote). En el Prólogo (escrito hacia el 132) se habla de los “profetas” y en 38,34-39,1. Además en
Eclo 48,20-49,10 se habla de Isaías, Jeremías, Ezequiel y los Doce profetas lo que nos indica que para
esta fecha se conocían ya todos los libros de los profetas que nos han llegado y se había fijado ya el orden
en que se sitúan en el canon. También 2Mac 15,9: “los exhortaba citando a la Ley y los Profetas” (cf.
1Mac 2,50-60; 2Mac 2,2-3.13-14). La Torá se fijó probablemente en el s. V bajo Esdras, y los Escritos
entraron en el canon a la mitad del s. II o incluso en Yabne (s. I dC).
16
este momento además se “publica” el texto de manera oficial. Fijar una fecha
para este momento es una tarea igualmente compleja38.
G) De aquí se pasaría a la re-actualización en cada época, sin cambiar el
texto y su mensaje. La comunidad se convierte en profeta anónimo o con
nombre aplicando el mensaje profético a su contexto actual sin cambiar ni
modificar nada.
En todo el proceso descrito se dan las re-lecturas continuas del texto.
Dando paso así al problema de la autenticidad de estos “añadidos” o
“manipulaciones”39. Para muchos estos textos carecen del mismo valor que las
“palabras originales” del profeta. Pero hemos de acentuar vivamente que lo
importante es valorar el “texto final”. Porque lo que se hace en estas
relecturas es tomar el sentido primero y “original” del texto, asumiendo su
verdad teológica, prolongando la validez de la escritura profética en
circunstancias nuevas. Conviene prestar atención al resultado final,
descubriendo en estos complejos escritos una unidad mayor de la que a veces
se advierte. Sabiendo que es en esa unidad donde se encuentra el mensaje
teológico final40.
De todo esto se deduce una idea más profunda de la palabra de Dios,
que aparece así como una realidad “dinámica” y “viva”, abierta a todos los
tiempos, necesitada de explicación y complemento, porque no es una palabra
atemporal, sino “encarnada” totalmente en la historia41. En efecto, los textos
proféticos –como todo texto bíblico- son “fruto de una larga historia de
encarnación de la palabra profética en el seno de una comunidad creyente, que
vive y participa en el devenir de la historia”42. La palabra profética crea nueva
palabra profética.
38
Cf. los apartados referidos al canon en las introducciones a la Sagrada Escritura; p.e. J.M. Artola- J.M.
Sánchez Caro, La Biblia y Palabra de Dios (Verbo Divino; Estella3 1992); V. Mannucci, La Biblia como
Palabra de Dios (Desclée; Bilbao 1985).
39
En el fondo está latiendo el problema de la “inspiración”. ¿Cuál es el texto inspirado? El mensaje de los
añadidos y posteriores redacciones, ¿también está inspirado? Jose Luis Barriocanal habla “del libro
‘viviente’ que se convierte en libro ‘escrito’. Es Dios mismo quien guía el proceso de redacción del libro
para que su puesta por escrito sea conforme al mismo Espíritu que guió la vida y el mensaje del profeta”
[“Amós”, Reseña Bíblica 48 (2205) 2].
40
Las introducciones a los libros y el que se hable al singular de “palabra”, o “visión” es una señal de
unidad y coherencia en toda la obra en la mente del Editor que así consideraba las distintas partes o
secciones y no como meras colecciones, cf. Petersen, Introduction, 18.
41
Von Rad: “El mensaje del profeta queda como un organismo vivo que hablaba de un modo inmediato
en las generaciones posteriores y era capaz de producir nuevos vaticinios” (Teología AT, II, 210; ver
también 66s).
42
Ábrego, Libros proféticos, 274.
17
Es esta misma palabra la que volvemos a escuchar cuando leemos a
los profetas. A nosotros, como a los hombres de todos los tiempos, nos toca
igualmente asimilar y recibir la verdad de fe de ese mensaje profético para
actualizarlo en el momento presente en el que vivimos, en el que vive la
comunidad que de nuevo da voz a los profetas. No se añade nada a la verdad
de esta palabra, sino que se está en una continua actualización del mensaje.
Porque toda palabra es “viva y eficaz” (Heb 4,12), para cada situación y
circunstancia histórica en la que se proclama.
43
Cf. J. Trebolle, “Canon”, en DPB, 102-108; Id., La Biblia judía y la Biblia cristiana, 159-200.
44
Se da una gran inclusión entre Jos 1,2.7 y Mal 3,22-24 con la alusión a la Ley y Moisés. Parece ser que
la inclusión y designación de los libros históricos dentro de los profetas como profetas anteriores se debe
a que en la tradición rabínica se remontan a una autoridad profética, pues les asignan como sus autores a
Josué (Jos), Samuel, Natan y Gad (Jue, Rut, 1-2 Sm) y Jeremías (1-2Re); según el escrito rabínico b.B.
Bat. 14b-15ª (Baba Bathra del Talmud Babilónico). Pero más allá de este criterio de autoría está la
concepción de estos libros como “historia profética” donde Dios se revela y revela el sentido de los
acontecimientos.
45
Es decir, el Israel ideal del pasado (Blenkinsopp, Storia, 253).
46
Compuesto entre los años 587-538 aC. En la Biblia hebrea está entre los Escritos. En su edición griega
y latina se presenta como el llanto de Jeremías ante la Jerusalén devastada.
47
Compuesto en el s. II aC (167-164). Sus capítulos son hagádicos-enseñanzas (cc.1-6.13-14; Por eso se
colocan junto a Ester en los ketubim (escritos) de la Biblia judía.) y apocalípticos (cc.7-12; y por eso junto
a los profetas en LXX). El libro de Daniel sería el que cierra la edición de la LXX, así la lectura es
claramente apocalíptica con la victoria sobre el mal (concretamente con los episodios en hebreo sobre la
resurrección, c.12; y en griego con la victoria de la justicia c.13, y la victoria sobre el ídolo Bel y sobre el
dragón c. 14).
48
Ver Artola, Introducción, 5 para comparar canon.
18
apocalíptica, hija espiritual de la profecía. Pero cambian el orden: retomando
el de la biblia judía y así situando como último libro a Malaquías con la clara
alusión final al mensajero y a la vuelta de Elías como precursor de la llegada
de Dios para salvar49.
49
Con esto se logra crear una unión perfecta entre el final del AT y el inicio del NT, que tiene en los
primeros capítulos de los evangelios la alusión a Juan Bautista como el Elías esperado.
19
UNIDAD DIDÁCTICA 1: EL PROFETA Y EL LIBRO PROFÉTICO
Indicaciones bibliográficas
1.1. Los profetas en el Plan de Salvación
E. Beaucamp, Los profetas de Israel o el drama de una alianza (Verbo
Divino; Estella 1998) 18-22; N. Lohfink, I profeti ieri e oggi (Queriniana; Brescia
1967) 33-55.
1.2. La Vocación profética. Rasgos de identidad
Para un estudio de los relatos de vocación ver, J. L. Sicre, Introducción al
profetismo bíblico (Verbo Divino; Estella 2011) 215ss.259ss.282ss.
Para los rasgos de identidad ver, J. L. Sicre, Los profetas de Israel y su
mensaje (Cristiandad; Madrid 1986) 20-25; J. L. Sicre – J.M. Castillo – J.A.
Estrada, La Iglesia y los profetas (El Almendro; Córdoba 1989) 19-33; J. M.
Asurmendi, Isaías 1-39 (Cuad. Bib. 23; Estella3 1983) 5-9; J. Camarero,
“Profetas/ Profetismo, hoy”, en J. L. Barriocanal (Dir.), Diccionario del
Profetismo Bíblico (Monte Carmelo; Burgos 2008) 558-590.
1.3. Los profetas y el libro profético
J. L. Sicre, Introducción al profetismo bíblico (Verbo Divino; Estella 2011),
102-152; J. M. Asurmendi, “De la proclamación al libro abierto”, en Reseña
Bíblica 1 (1994) 5-8; G. Von Rad, Teología del AT, II (Sígueme; Salamanca7
1999) 21-49.
Para el canon profético ver, J. Trebolle, “Canon”, en Diccionario del
Profetismo Bíblico, 102-108; Id., La Biblia judía y la Biblia cristiana, 159-200.
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