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Ayleen Sanchez

El ensayo argumenta que el pasado es una herramienta esencial para la reflexión crítica sobre el presente y la construcción de futuros más justos, destacando su papel en la identificación de desigualdades y en la formación de identidades. A través de una mirada crítica y plural, se propone que la memoria histórica debe ser utilizada para cuestionar estructuras de poder y fomentar una educación descolonizadora. Además, se enfatiza la importancia de reconocer y recuperar voces históricamente silenciadas para abrir nuevas posibilidades de pensamiento y acción en la sociedad.

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El ensayo argumenta que el pasado es una herramienta esencial para la reflexión crítica sobre el presente y la construcción de futuros más justos, destacando su papel en la identificación de desigualdades y en la formación de identidades. A través de una mirada crítica y plural, se propone que la memoria histórica debe ser utilizada para cuestionar estructuras de poder y fomentar una educación descolonizadora. Además, se enfatiza la importancia de reconocer y recuperar voces históricamente silenciadas para abrir nuevas posibilidades de pensamiento y acción en la sociedad.

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El pasado como herramienta de reflexión crítica

sobre el presente y el futuro.


Ensayo

Nombre:Ayleen Sanchez
Docente: Maria Catalina Pavez
Fecha:15/09/25
Asignatura:COMPR. DEL ENT. SOCIOCULTURAL
Introducción

Hoy vivimos en un mundo donde las crisis sociales, ambientales y políticas se entrecruzan
con rapidez. Esto hace que mirar el presente de forma crítica sea más necesario que nunca.
En este escenario, el pasado no debe entenderse como una carga ni como una simple
acumulación de datos, sino como una herramienta clave para cuestionar lo que vivimos y
abrir caminos hacia otros futuros posibles. Desde las Ciencias Sociales, y en particular desde
la historia crítica y la antropología del presente, se ha planteado que la manera en que
recordamos, interpretamos y transmitimos el pasado influye directamente en nuestras
decisiones actuales. Enzo Traverso (2007) explica que la memoria histórica no es un recuerdo
fijo, sino una construcción política e ideológica que condiciona nuestra visión del presente. A
partir de esto, el ensayo sostiene que el pasado es una herramienta de reflexión crítica
imprescindible para comprender las estructuras sociales actuales y para proyectar
sociedades más justas, conscientes y democráticas, especialmente desde el ámbito
educativo.

El pasado como herramienta de reflexión crítica sobre el presente y


el futuro.

Una primera razón para afirmar lo anterior es que el pasado permite reconocer las raíces de
las desigualdades y tensiones que siguen marcando nuestras sociedades. Procesos como el
colonialismo, el patriarcado o el neoliberalismo no deben entenderse como fenómenos
cerrados en el tiempo, sino como estructuras históricas que continúan vigentes y que
condicionan la vida actual. Rita Segato (2013) señala que la violencia estructural y simbólica
contra las mujeres no es solo un problema cultural, sino que se sostiene en bases históricas
profundas, inscritas en el orden social. Esta forma de comprender la historia ayuda a romper
con lo que suele asumirse como “normal” y abre la posibilidad de cuestionar esas realidades.
Así, conceptos como el de “estructuras de larga duración” de la Escuela de los Annales
(Burke, 1991) permiten establecer conexiones entre problemas actuales —como el racismo
o la precarización laboral— y procesos históricos de gran alcance, como la esclavitud o la
revolución industrial. La historia, de esta manera, deja de ser vista como una lista de hechos
aislados y se convierte en una herramienta crítica que nos ayuda a entender mejor el
presente.

Un segundo motivo para defender la importancia del pasado es su papel en la construcción


de identidades, tanto individuales como colectivas, lo que repercute directamente en los
proyectos sociales y políticos del futuro. Zygmunt Bauman (2007) plantea que en una
modernidad líquida, caracterizada por la fragmentación y la incertidumbre, la memoria
colectiva funciona como un ancla que otorga sentido y orientación. Sin embargo, no se trata
de cualquier memoria, sino de una memoria crítica, reflexiva y abierta a reconocer la
diversidad. En América Latina, recuperar memorias históricamente silenciadas —las de
pueblos indígenas, mujeres, movimientos sociales o víctimas de dictaduras— no solo repara
injusticias pasadas, sino que contribuye a construir futuros más democráticos e inclusivos.
Este tipo de mirada otorga sentido de pertenencia, fomenta la empatía y promueve una
conciencia crítica capaz de comprometerse con el entorno. Tal como sostiene Clifford Geertz
(1973), interpretar las culturas implica reconocer los significados que las personas atribuyen
a su propia historia. En ese sentido, la memoria no puede entenderse solo como un archivo
del pasado, sino como un acto político con efectos en el presente.

Es verdad que algunas miradas críticas sostienen que enfocarse demasiado en el pasado
puede convertirse en un obstáculo para avanzar, generando nostalgias o victimismos que
inmovilizan a las personas frente a los desafíos actuales. Desde esa perspectiva, se plantea
que lo más importante sería dejar atrás la “mochila histórica” y mirar solo hacia adelante. Sin
embargo, esta visión deja de lado un aspecto clave: negar el pasado también es una forma
de conservar y reforzar las relaciones de poder. Boaventura de Sousa Santos (2010) señala
que la idea de progreso dominante, impulsada desde el norte global, ha invisibilizado los
saberes y memorias de los pueblos del sur. Frente a esta exclusión, recuperar el pasado
desde voces diversas no es un gesto de nostalgia, sino una acción de justicia epistémica. Por
ello, una tercera razón para defender la tesis es que el pasado nos ayuda a cuestionar las
formas hegemónicas de pensar y abre el camino a futuros más plurales y justos. En el ámbito
educativo, esto se traduce en prácticas que buscan una educación descolonizadora, donde
los estudiantes no solo repiten lo que aprenden en manuales, sino que construyen
conocimiento desde su historia y territorio. Como afirma García Canclini (1995), las culturas
actuales son híbridas, y educar con mirada crítica significa aprender a moverse entre distintas
memorias y significados.

Este enfoque plural y crítico del pasado también invita a repensar los espacios sociales y
culturales en los que participamos. Marc Augé (1993), al estudiar los “no-lugares” de la
modernidad —espacios impersonales como aeropuertos o centros comerciales—, muestra
cómo la globalización ha generado un presente acelerado, que tiende a desvincularse de su
propia historia. No obstante, recuperar el pasado en estos contextos no implica frenar el
cambio, sino darle un sentido más humano. En educación, esto se traduce en enseñar a mirar
el entorno con ojos históricos, reconociendo que incluso lo que parece completamente nuevo
tiene raíces anteriores. Actividades que invitan a observar el barrio, los cambios en los
espacios o las huellas del pasado en la vida cotidiana, permiten reflexionar sobre la
pertenencia, el sentido del lugar y el futuro colectivo. En este sentido, el pasado no es una
barrera, sino una forma de otorgarle profundidad al presente y orientar las decisiones hacia
un porvenir más ético.

Conclusión

En síntesis, el pasado no debe entenderse como un simple conjunto de datos ni como una
mirada nostálgica, sino como una herramienta clave para reflexionar críticamente sobre el
presente y construir alternativas para el futuro. A lo largo del ensayo se argumentó, primero,
que conocer la historia permite identificar el origen y la permanencia de muchas
desigualdades sociales; segundo, que la memoria ayuda a formar identidades más
conscientes, capaces de cuestionar lo establecido; y tercero, que al recuperar voces y
experiencias excluidas del relato dominante, es posible abrir nuevas formas de pensar y
actuar. En el ámbito educativo, esto implica formar personas que no solo aprendan hechos
del pasado, sino que los relacionen con su realidad y desarrollen un pensamiento crítico. Sin
embargo, también es necesario reconocer los riesgos del uso ideológico de la memoria,
cuando se manipula con fines políticos o se limita a una sola versión. Por eso, es fundamental
cultivar una actitud abierta, reflexiva y dispuesta al diálogo. Como plantea Traverso (2007), la
memoria no es un espacio neutro, sino un campo de disputa. En ese campo se decide, en
parte, cómo entendemos el presente y qué caminos podemos imaginar para transformar el
futuro.

Referencias bibliográficas

Augé, M. (1993). Los no lugares. Espacios del anonimato. Gedisa.

Bauman, Z. (2007). Vida líquida. Fondo de Cultura Económica.

Burke, P. (1991). La escuela de los Annales: 1929–1989. Alianza.

Canclini, N. G. (1995). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad.


Grijalbo.

Geertz, C. (1973). La interpretación de las culturas. Gedisa.

Segato, R. (2013). Las estructuras elementales de la violencia. Prometeo.

Sousa Santos, B. de. (2010). Epistemologías del sur. CLACSO.

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