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Parte Especial

El Código Penal clasifica los delitos contra las personas, enfocándose en la protección de la vida y la salud de la persona física, excluyendo agravios morales. Se detallan diversas figuras del homicidio y el aborto, así como agravantes como alevosía y ensañamiento, y se introduce el femicidio como un tipo penal específico que refleja la violencia de género. La crítica se centra en que la creación de nuevos tipos penales puede no abordar las causas estructurales de la violencia y tiende a ser una respuesta simbólica a presiones sociales.

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Parte Especial

El Código Penal clasifica los delitos contra las personas, enfocándose en la protección de la vida y la salud de la persona física, excluyendo agravios morales. Se detallan diversas figuras del homicidio y el aborto, así como agravantes como alevosía y ensañamiento, y se introduce el femicidio como un tipo penal específico que refleja la violencia de género. La crítica se centra en que la creación de nuevos tipos penales puede no abordar las causas estructurales de la violencia y tiende a ser una respuesta simbólica a presiones sociales.

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1.

Concepto especial de persona

En este título, el Código Penal no toma como base el bien jurídico tutelado en general, sino que agrupa bajo
“delitos contra las personas” a los delitos contra la vida (homicidio, aborto), la salud (lesiones) y aquellas
conductas que generan riesgos para la vida o la salud (duelo, abuso de armas, abandono). El concepto de
“persona” es restringido y refiere únicamente a la persona física en su vida y salud.

Quedan fuera de este título los delitos contra el honor y contra la libertad individual y moral, que en otros
códigos sí se incluyen. La diferencia es que aquí la vida y la salud son el objeto directo y principal de tutela.

2. Alcance del concepto

El alcance comprende daños físicos y psíquicos, incluyendo enfermedades mentales. Quedan excluidos los
agravios meramente morales como la calumnia o la injuria. Por ello, el concepto de persona que protege la
ley es eminentemente físico.

3. Estructura del título

El título está dividido en seis capítulos: delitos contra la vida, lesiones, homicidio y lesiones en riña, duelo,
abuso de armas y abandono de personas.

4. Delitos contra la vida

La ley protege la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Existen dos tipos fundamentales: el
homicidio, que consiste en la destrucción de un hombre, y el aborto, que implica la destrucción de un feto. A
estas figuras se agregan otras derivadas, como el infanticidio, que es una forma atenuada de homicidio, y la
instigación al suicidio, con características particulares.

El criterio de distinción es el momento vital: antes del nacimiento se trata de aborto, después del nacimiento
se trata de homicidio.

5. Clasificación de figuras

Dentro del homicidio se encuentran: homicidio simple (art. 79), parricidio (arts. 80, 1° y 82), asesinato (art.
80, 2° y 3°), homicidios atenuados (art. 81, 1°, a), homicidios preterintencionales (art. 81, 1°, b), infanticidio
(art. 81, 2°), homicidio culposo (art. 84) e instigación al suicidio (art. 83).

Dentro del aborto se incluyen: aborto sin consentimiento (art. 85, 1°), aborto consentido (arts. 85, 2° y 88),
aborto profesional (art. 86) y aborto preterintencional (art. 87).

Homicidio simple

I. Concepto y sujeto pasivo

El homicidio consiste en matar a un hombre. El problema central es determinar desde cuándo puede
considerarse sujeto pasivo. Aunque el Código Civil fija el inicio de la existencia con la separación completa
del seno materno, el Código Penal admite la posibilidad de homicidio durante el nacimiento, desde el
comienzo del parto, incluso antes de la completa expulsión.

No se requiere que el sujeto pasivo sea plenamente vital: se configura homicidio al matar a un recién nacido
débil, a un agonizante o a un condenado a muerte. También es homicidio matar a un ser con deformidades o
características monstruosas, pero no al producto patológico del huevo (mola).
Las acciones contra el feto antes de los dolores de parto, aunque determinen la muerte tras un nacimiento
prematuro, no constituyen homicidio, sino aborto.

II. Medios

El homicidio puede cometerse por cualquier medio que cause la muerte. Generalmente se distingue:

 Medios físicos: armas, golpes, veneno, etc.


 Medios morales: acciones que actúan sobre la psiquis de la víctima, como provocar una impresión
capaz de ocasionar la muerte (ejemplo: comunicar una noticia fatal a un enfermo cardíaco). Aunque
controvertidos, se admiten como posibles cuando existe relación causal comprobada y el agente
asume el riesgo.

También puede cometerse con medios no vulnerantes, como palabras que inducen a la víctima a un acto
letal (ejemplo: guiar a un ciego hacia un precipicio o darle a beber veneno).

El homicidio puede configurarse por omisión, cuando existe deber jurídico de actuar, como en el caso de
una madre que priva de alimento al hijo o quien deja morir de hambre a alguien bajo su custodia.

III. Homicidio simple

Es la figura básica prevista en el artículo 79 del Código Penal, a la que remiten todas las demás variantes de
homicidio. No constituye un tipo subsidiario, sino genérico: la muerte de un hombre sin circunstancias
calificantes ni privilegiadas.

La pena prevista es de 8 a 25 años de prisión o reclusión. La ley 23.184 (violencia en espectáculos


deportivos) incrementa en un tercio las penas mínimas y máximas cuando el homicidio (art. 79, 81 inc. 1°, a
y b, y 84) se comete en ocasión de un espectáculo deportivo, sin superar los máximos establecidos en el
Código Penal.

Homicidio: Ensañamiento, alevosía o procedimiento insidioso.


Art. 80 inc 2

VI. Alevosía

El concepto es complejo y discutido, sin definición legal clara. Se asocia a matar de manera traicionera,
asegurando la ejecución sin riesgo para el agresor. Puede adoptar formas como el homicidio proditorio
(ocultamiento moral), el acecho o el uso de medios ocultos.

Históricamente se debatió si la alevosía requiere siempre premeditación. En muchos casos sí la implica,


especialmente en los supuestos de acecho preordenado, donde se busca deliberadamente sorprender a la
víctima y eliminar toda posibilidad de defensa. No basta un ataque sorpresivo: es esencial que el agresor
busque seguridad para sí mismo a costa de la indefensión de la víctima.

VII. Ensañamiento

Se da cuando el autor prolonga deliberadamente los padecimientos de la víctima, buscando infligir


sufrimiento adicional. No basta causar muchas heridas: se requiere la intención específica de aumentar el
dolor más allá de lo necesario para matar.

El fundamento es la doble finalidad del autor: causar la muerte y hacerlo de un modo especialmente cruel.
No se confunde con las sevicias: éstas se ejercen antes de la muerte, mientras que el ensañamiento ocurre
cuando la víctima ya no puede defenderse. En ambos casos, el agravante radica en la crueldad consciente y
gratuita del medio empleado.
VIII. Envenenamiento

Es una forma calificada de homicidio cometida mediante veneno u otro procedimiento insidioso. Su
gravedad radica en el carácter oculto y traicionero del medio, que asegura la ejecución y dificulta la defensa.

El envenenamiento exige que la víctima sea engañada o se encuentre inconsciente del peligro; no se
configura si el tóxico se administra abiertamente o con violencia directa. El concepto jurídico de veneno
depende de su capacidad de actuar insidiosamente, no de criterios químicos estrictos.

Concurso premeditado
Art. 80 inc. 6

El artículo 80, inciso 6, del Código Penal, establece como circunstancia agravante del homicidio el caso en
que éste sea cometido con premeditación, es decir, en virtud de un acuerdo previo entre dos o más
personas para realizarlo. Esta figura no se refiere a la mera coincidencia o concurrencia casual de varias
personas en la ejecución de un mismo hecho, sino que exige un concierto deliberado y consciente de
voluntades dirigido específicamente a dar muerte a alguien.

Lo característico del concurso premeditado es que los intervinientes se ponen de acuerdo de antemano
para cometer el homicidio, lo que denota una mayor peligrosidad social por la organización, la frialdad de
ánimo y la voluntad reflexiva de delinquir. De este modo, la ley agrava la pena porque se entiende que un
homicidio planificado y cometido en grupo ofrece un riesgo mucho mayor para la seguridad social que el
cometido por un solo individuo de manera aislada o impulsiva.

A diferencia de lo que establecían algunas legislaciones antiguas, la norma vigente no exige que todos los
concertados participen directamente en la ejecución material del hecho. Basta con que exista el acuerdo
previo para matar y que, en virtud de ese acuerdo, alguno de ellos participe como autor, coautor, cómplice
necesario o incluso cómplice secundario. Lo decisivo es el concierto delictivo orientado a causar la
muerte, aunque la intervención individual de cada uno pueda ser de distinta entidad.

El homicidio final o causalmente conexo


Art. 80 inc. 7

El artículo 80, inciso 1, del Código Penal, prevé como agravante el homicidio cometido en conexión con
otro delito, ya sea con la finalidad de prepararlo, facilitarlo, consumarlo u ocultarlo, de asegurar sus
resultados, de procurar la impunidad para sí o para otro, o bien como consecuencia del fracaso de otro
intento delictivo.

Dentro de esta categoría pueden distinguirse dos modalidades principales:

a) Homicidio finalmente conexo


Se da cuando el autor mata con el propósito de favorecer otro delito o asegurar sus beneficios. Aquí la
agravante es fundamentalmente subjetiva, ya que lo relevante es la intención del homicida: que él mismo
considere que la muerte resulta útil para lograr el éxito de otro plan delictivo. Por ejemplo, cuando alguien
asesina a un testigo para evitar que declare en un juicio, o mata al guardia de seguridad para poder consumar
un robo.

En este caso, no es necesario que el delito conexo llegue a cometerse efectivamente. Basta con que el
homicida haya creído que la muerte facilitaba ese objetivo. Incluso si la creencia era errónea (por ejemplo,
matar a alguien pensando que era testigo, cuando en realidad no lo era), la figura igualmente se configura,
porque la conexión subjetiva existió.

b) Homicidio causalmente conexo


Ocurre cuando el homicidio se produce a raíz del fracaso de otro delito previamente intentado. A
diferencia de la modalidad anterior, aquí sí se requiere la existencia de una tentativa concreta y real de
cometer el delito inicial, la cual fracasa. El autor, movido por el despecho, la frustración o el resentimiento
por no haber logrado su objetivo, decide matar. Por ejemplo, cuando alguien intenta robar, no logra
consumar el hecho y, en su huida o al ser descubierto, asesina a la víctima.

En esta forma, el elemento central es el nexo causal y psicológico entre el fracaso del plan delictivo y la
decisión de matar. No se trata ya de asegurar otro delito ni de procurarse impunidad, sino de una reacción
frente a la imposibilidad de consumarlo.

En ambos supuestos (finalmente conexo y causalmente conexo), la ley agrava la pena porque entiende que el
homicidio aparece vinculado a una criminalidad más compleja y organizada, que potencia su gravedad. No
se trata de un homicidio aislado, sino de un hecho que se inserta en un proceso delictivo más amplio, con lo
cual se intensifica tanto la peligrosidad del autor como el daño social.

Homicidio por placer, codicia, odio racial o religioso.


Art. 80 inc. 4

La incorporación de estas circunstancias agravantes reemplazó a la antigua figura del "impulso de


perversidad brutal", que había generado muchas dificultades interpretativas. Esa fórmula se aplicaba cuando
el homicida actuaba sin ningún motivo reconocible, lo que generaba alarma social, ya que cualquiera podía
ser víctima de una agresión arbitraria. Sin embargo, la indeterminación del concepto y la imposibilidad de
precisar su contenido psíquico provocaron críticas doctrinarias y jurisprudenciales, lo que motivó su
abandono.

El actual texto legal tipifica tres hipótesis principales:

a) Homicidio por placer


Incluye los supuestos en los que el autor mata para obtener goce personal. La fórmula es amplia: abarca
desde el disfrute sádico de matar hasta la satisfacción de impulsos sexuales, como ocurre en algunos
ordenamientos (ejemplo: el Código alemán diferencia entre placer de la sangre y satisfacción sexual). El
goce puede estar en el acto mismo de matar o incluso en la profanación posterior del cadáver.

b) Homicidio por codicia


Se configura cuando el móvil del homicidio es el beneficio económico o patrimonial, directo o indirecto. No
se reduce al clásico homicidio para consumar un robo (que tiene regulación específica en el art. 80, inc. 7),
sino que abarca un campo más amplio: obtener un provecho material o liberarse de una carga económica. La
motivación se centra en el interés patrimonial.

c) Homicidio por odio racial o religioso


Surge como agravante en relación con la tipificación internacional del genocidio. Responde a la necesidad
de sancionar actos inspirados en motivos de discriminación y persecución racial o religiosa, sobre todo a la
luz de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. El contenido psíquico de este móvil es real y
comprensible, a diferencia de la “perversidad brutal”. En el derecho interno, basta con que una persona mate
a otra por este motivo para aplicar la pena máxima, sin que sea necesario que se trate de una matanza
masiva.

Esta figura se conecta con el derecho internacional en tanto el genocidio es considerado crimen de lesa
humanidad, pero en el ámbito del derecho penal interno se aplica al individuo concreto, manteniéndose el
principio de tipicidad. Así, aunque la esterilización, el secuestro o las lesiones pueden constituir delitos
autónomos, si se cometen por odio racial o religioso, su gravedad aumenta como agravante específica o
genérica.

Femicidio o feminicidio.
Art. 80 inc. 11
La creación del tipo penal de femicidio en el Código Penal argentino, responde en gran medida a una
reacción social y política influenciada por los medios de comunicación y campañas de sensibilización. Se
señala que muchos de los casos de femicidio corresponden a situaciones de violencia familiar o doméstica,
donde habitualmente las víctimas son mujeres, pero se cuestiona si esta figura jurídica realmente aporta
soluciones efectivas frente a un problema complejo.

La incorporación del femicidio como delito con perspectiva de género implica una pérdida de neutralidad en
el sistema penal, ya que el género pasa a ser un elemento del tipo penal tanto en el sujeto activo como en el
pasivo. Esto refleja un enfoque más simbólico y político que una estrategia pensada para resolver
eficazmente la problemática social. La tendencia a ampliar las figuras penales, en algunos casos motivada
por una lógica del populismo punitivo y la respuesta mediática a hechos alarmantes, puede interpretarse
como una sobrecriminalización que responde a intereses electorales o a la simple respuesta a la presión
social, en lugar de una verdadera solución institucional.

Tipificar conductas específicas, como el femicidio, tenga un impacto real en la disminución de dichos
delitos, sugiriendo que el derecho penal no es, por sí mismo, un mecanismo de cambio social. La expansión
punitiva, además, tiende a presentar soluciones simbólicas y simplificadas, basadas en la represión, que
quizás no abordan las causas estructurales de la violencia de género. Por otro lado, se insiste en que el
enfoque de responsabilidad individual que caracteriza al derecho penal limita su capacidad para modificar
conductas sociales arraigadas en desigualdades y situaciones de poder y violencia.

En definitiva, critica la tendencia a crear nuevos tipos penales y a aplicar un enfoque penal en un problema
que requiere también de estrategias sociales, educativas y políticas más integrales. La incorporación del
concepto de género en el derecho penal, según el análisis, puede contribuir a una visión reduccionista y
victimista, y alejarse de una política criminal basada en la igualdad y la neutralidad de género, promoviendo
en cambio un escenario en el que las soluciones parecen estar más motivadas por la inmediatez y la
emotividad que por un análisis racional y efectivo de las causas y posibles soluciones al problema de la
violencia de género y femicidio.

El inciso 11 del artículo 80 del Código Penal, incorporado por la ley 26.791 en 2012, introdujo la figura del
femicidio, imponiendo la pena de prisión o reclusión perpetua al hombre que mate a una mujer mediando
violencia de género. A diferencia de cualquier homicidio, este tipo penal exige que la víctima sea mujer, que
el autor sea un hombre y que la muerte se produzca en un contexto de violencia de género, entendida como
aquella ejercida contra la mujer por su condición de tal.

La normativa reconoce al femicidio como la manifestación más extrema de la violencia patriarcal y como un
problema público que el Estado debe atender, diferenciándolo de los homicidios en los que el género resulta
irrelevante. Se distinguen tres formas: el femicidio íntimo, cometido por parejas o exparejas; el no íntimo o
público, cometido por hombres sin vínculo con la víctima; y el femicidio por conexión o vinculado, en el
que se asesina a allegados de la mujer para dañarla.

El delito se consuma con la muerte, admite tentativa y participación y requiere dolo, es decir, conocimiento
y voluntad de matar a una mujer mediando violencia de género. El dolo puede ser directo o eventual, como
cuando en una discusión violenta el agresor se representa la posibilidad de dar muerte y acepta ese resultado.

FALLO SACAYÁN

Hechos

El cuerpo de Diana Sacayán fue hallado el 13 de octubre de 2015 en su departamento, maniatado,


amordazado y con múltiples heridas. Se encontraron un cuchillo de 20 centímetros, una tijera y un martillo
con restos de sangre. Las lesiones fueron compatibles con defensa de la víctima y algunas con capacidad de
causar la muerte, particularmente las abdominales, que produjeron hemorragia interna y externa. El hecho
ocurrió entre el 10 y 11 de octubre de 2015.
El Debate Ante el Tribunal

En su alegato, el Fiscal Dr. Ariel Yapur sostuvo que el homicidio debía analizarse bajo el artículo 80 inciso
4 del Código Penal como un crimen por odio a la identidad de género. Señaló que los crímenes de odio
suelen ser más brutales, como lo evidencian las heridas infligidas a Diana, dirigidas a partes específicas del
cuerpo. Analizó el término “travesti” como una reivindicación del colectivo trans y destacó la vulnerabilidad
social de estas personas. Consideró aplicable también el artículo 80 inciso 1 por relación de pareja, aunque
breve, en concurso ideal con el inciso 4, y, alternativamente, propuso el inciso 11 sobre violencia de género
si no se aplicara el inciso 4.

Por su parte, la defensa, a cargo del Dr. Lucas Tassara, cuestionó la existencia de una relación de pareja
significativa, argumentando que se trataba de encuentros ocasionales de un mes de duración, sin
exclusividad ni reconocimiento social. Rechazó que existiera motivación de odio basada en la identidad de
género, sosteniendo que las lesiones eran propias de cualquier homicidio. Negó que los dichos de la madre
del imputado pudieran imputarse a Gabriel Marino y señaló que la violencia de género no estaba
demostrada, ya que la víctima no fue atacada por su condición de mujer ni existía un intento de dominación.

Fallo

El Dr. Adolfo Calvete consideró que la relación de pareja era efímera y no suficiente para aplicar el inciso 1
del artículo 80. Confirmó que el homicidio fue motivado por odio a la identidad de género (travesticidio),
evidenciado en las lesiones brutales dirigidas a marcar la condición de la víctima. Señaló que el inciso 11
(violencia de género) concurría de forma ideal al inciso 4, aunque la relación era breve. Definió el
travesticidio como homicidio por aversión a la identidad de género de la víctima, con carga discriminatoria
social y cultural.

El Dr. Julio Báez destacó que el cuerpo transexual es también un espacio político y social, donde se ejercen
relaciones de poder, y diferenció entre identidad de género y orientación sexual según la Ley 26.743.

La Dra. Ivana Bloch afirmó que los crímenes de odio son más severamente penados por lesionar autonomía
y dignidad. Señaló que no se demostró violencia de género mediada por relación de dominación, aunque la
relación de pareja permitió al imputado aprovechar la confianza de la víctima.

Finalmente, se resolvió condenar a Gabriel David Marino por homicidio calificado por odio a la identidad de
género y por mediación de violencia de género, aplicando los artículos 80 incisos 1 y 4 del Código Penal.

Artículos Relevantes

El artículo 80 del Código Penal establece las distintas agravantes de homicidio, entre ellas la relación de
pareja, el odio por género o identidad de género y la violencia de género. Los artículos 509 y 510 del Código
Civil y Comercial definen los requisitos de la unión convivencial. La Ley 26.485 regula la violencia contra
las mujeres, la Ley 26.743 define la identidad de género y la Convención de Belem do Pará establece que la
violencia contra la mujer incluye actos perpetrados por particulares o el Estado. La Convención
Internacional sobre la Eliminación de la Discriminación Racial prohíbe toda distinción basada en motivos de
raza, color, linaje u origen étnico.

Homicidio por propósito de causar sufrimiento


Art. 80 inc. 12

Matar con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido
una relación de las mencionadas en el art. 80, inc. 1°, CPen.

El inciso 12 del artículo 80, incorporado por la ley 26.791, establece prisión o reclusión perpetua para quien
mate a otro con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una
relación en los términos del inciso 1°. A diferencia del femicidio, este delito puede tener como autores tanto
a hombres como a mujeres, y la víctima directa puede ser cualquier tercero. El caso paradigmático fue el
homicidio de Tomás Dameno Santillán, cometido por la expareja de su madre para dañarla.

Acción y consumación
La conducta típica consiste en matar a otra persona con la finalidad de generar sufrimiento en la expareja o
pareja. El delito se consuma con la muerte del sujeto pasivo y admite tentativa y todas las formas de
participación.

Subjetividad
Se trata de un delito doloso que solo admite dolo directo, pues exige el propósito específico de causar
sufrimiento a la persona con la que se tuvo la relación.

La atenuante del homicidio agravado por el vínculo


El artículo 80 prevé una única atenuante en los homicidios agravados por el vínculo del inciso 1°. El último
párrafo, incorporado por la ley 26.791, permite aplicar una pena de 8 a 25 años cuando existan
circunstancias extraordinarias de atenuación, siempre que el autor no hubiera ejercido previamente violencia
contra la mujer víctima. Esta figura tiene antecedentes en las leyes 17.567, 21.338 y 23.077, que buscaron
flexibilizar la pena en casos donde circunstancias excepcionales reducían el grado de reproche, sin llegar a la
emoción violenta.

Se trata de situaciones poco comunes, como infidelidades reiteradas, castigos previos, excesos bajo alcohol,
casos de eutanasia o contextos de violencia familiar, que pueden disminuir la culpabilidad del autor. La
jurisprudencia ha reconocido esta atenuación en diversos fallos, aunque se critica que la pena de 8 a 25 años
resulte excesiva en comparación con otros supuestos, como el homicidio piadoso.

La reforma de 2012 vinculó la exclusión de la atenuante a los antecedentes de violencia de género, pero solo
respecto de las mujeres, lo que deja abierta la discusión sobre situaciones en que hombres puedan ser
víctimas de violencia de género ejercida por sus parejas.

Homicidio emocional
Art. 81 inc. a

1 — Antecedentes
El homicidio emocional, previsto en el art. 81, inc. 1° a) del Código Penal, se diferencia de las figuras
tradicionales porque adopta una fórmula original inspirada en el Anteproyecto Suizo de 1916, aunque
transformada por la Comisión de Códigos del Senado. La norma establece que se impondrá reclusión de tres
a seis años o prisión de uno a tres años a quien mate a otro encontrándose en un estado de emoción violenta
excusable por las circunstancias. Este tipo reemplazó a disposiciones anteriores que contemplaban casos
específicos como el uxoricidio por adulterio o el homicidio cometido bajo provocación grave, adoptando
una fórmula más general. El fundamento es que la emoción violenta atenúa la culpabilidad porque
disminuye la capacidad de comprensión y control de los actos, sin llegar a la inimputabilidad.

2 — Concepto de emoción
La emoción es un estado transitorio de la personalidad provocado por un estímulo que incide en los
sentimientos y disminuye la capacidad reflexiva y los frenos inhibitorios. La Corte Suprema la definió como
un estado psicopatológico breve que anubla la conciencia y perturba la voluntad. La jurisprudencia exige
que se acrediten dos elementos: el estado subjetivo de emoción violenta y la excusabilidad normativa de ese
estado en el caso concreto. El estado debe ser contemporáneo al hecho, aunque no siempre implica pérdida
de memoria ni inimputabilidad.

3 — Emoción y pasión
Tradicionalmente se intentó diferenciar emoción de pasión, asignando a la primera un carácter breve y a la
segunda una prolongación en el tiempo. Sin embargo, la doctrina y la jurisprudencia reconocen que esta
distinción es imprecisa y arbitraria. Lo decisivo es que el estado sea violento y excusable, sin importar si
técnicamente se lo califica como pasión o emoción. La ley argentina no excluye estados pasionales, siempre
que sean violentos e inmediatos.

4 — El carácter de violenta
El adjetivo “violenta” caracteriza la emoción como un estado arrebatado e impetuoso que anula la reflexión.
El homicidio debe cometerse durante la vigencia de ese estado, ya que con el paso del tiempo la emoción
cede y retorna la capacidad de autocontrol. Esta característica explica que se privilegie este homicidio
respecto de otros.

5 — La causa motivadora de la emoción


El estímulo que provoca la emoción debe ser externo al autor y tener capacidad para generarla. Puede
dirigirse contra él o contra terceros, siempre que impacte en su ánimo. No basta con sentimientos internos
como la ira o la venganza sin un desencadenante externo. La causa debe ser eficiente y excusable, apreciada
en relación con las circunstancias del caso y la personalidad del autor. Quedan excluidos los motivos fútiles,
pero puede admitirse el error sobre circunstancias objetivas si tiene base razonable. También influyen
factores como el tiempo y la sorpresa entre el estímulo y la reacción emocional.

6 — Cómo probar ese estado anímico?

Se debe constatar la existencia de un hecho provocador y que el lapso entre este y la reacción sea breve, o
bien que el autor tuviera un elemento a mano para accionar de inmediato. No obstante, aun cuando
transcurra cierto tiempo, pueden presentarse “activadores” que reactiven la emoción. Es necesario retroceder
al momento del accionar del autor y evaluar qué resultaba razonable en ese contexto, verificando si existían
circunstancias que lo hicieran excusable. En definitiva, se busca establecer si una persona razonable hubiera
actuado de igual manera.

7 — Fundamentos.

Opera sobre la culpabilidad, es decir, es la capacidad que tiene el autor de adecuarse a derecho en el
momento de la acción. Con la emoción violenta está disminuida.

Homicidio preterintencional
Art. 81 inc. b

1 — Concepto y antecedentes
Está regulado en el art. 81, inc. 1°, b) del Código Penal. Se da cuando alguien, con intención de causar un
daño en el cuerpo o en la salud, produce la muerte usando un medio que razonablemente no debía
ocasionarla. Es un delito autónomo, no una forma atenuada del homicidio, ya que falta el dolo homicida.
Exige dolo de lesiones y ausencia de dolo de matar, junto con un medio que normalmente no produzca la
muerte. La Corte Suprema ha señalado que debe existir un vínculo subjetivo entre la conducta y el resultado
más grave, al menos culposo.

2 — El aspecto subjetivo
El autor actúa con dolo de causar lesiones, pero sin intención de matar. El dolo debe abarcar el daño
corporal, pero excluir el homicidio. Se trata de una figura mixta de dolo (lesiones) y culpa (muerte). No
importa la gravedad de la lesión querida, sino que el propósito no abarque la muerte. Si el medio empleado
demuestra claramente intención de matar, la figura desaparece y corresponde homicidio doloso.

3 — El medio empleado
La ley requiere que el medio no deba razonablemente causar la muerte. La valoración es relativa: depende
de quién lo use, cómo y contra quién. Por eso, un instrumento puede ser inofensivo en algunos casos y letal
en otros. El error sobre la idoneidad del medio puede excluir el dolo homicida. Lo decisivo es la
culpabilidad: si el autor cree que el medio no debía causar la muerte, puede configurarse la preterintención.
4 — El resultado muerte
El resultado debe ser previsible, aunque no querido. Si es imprevisible, el hecho se reduce a lesiones
dolosas. Si el autor prevé la muerte como posible o probable, ya no es preterintención sino dolo. La figura se
construye sobre una combinación de dolo de lesiones y culpa en la muerte.

5 — Concurrencia con otras circunstancias cualificantes


El art. 82 prevé que, si el homicidio preterintencional se comete contra ascendientes, descendientes, cónyuge
o pareja, la pena se eleva a 10 a 25 años. Esto resulta desproporcionado, ya que puede superar la del
homicidio simple y equipararse a figuras dolosas más graves, generando injusticia punitiva.

6 — Los proyectos
Diversos proyectos de reforma (1891, 1906, 1941, 1960) incluyeron la figura bajo la categoría de delitos
calificados por el resultado. Siempre se sostuvo la necesidad de que el medio no deba razonablemente causar
la muerte y de que exista dolo de lesiones, pero no de homicidio.

Homicidio o lesiones en riña.


Art. 95

1 — La previsión legal
Los arts. 95 y 96 del Código Penal regulan el homicidio y las lesiones en riña o agresión. Se sanciona con
prisión a quienes, en una riña de más de dos personas, ejercen violencia sobre la víctima cuando resulta
muerte o lesiones graves, gravísimas o leves, sin que se sepa quién causó el resultado.

2 — Antecedentes
El origen está en los proyectos de 1891 y 1906 y en la Ley 4189, que unificaron criterios previos. El Código
de 1886 diferenciaba supuestos según se conociera o no al autor de la muerte o lesiones. La innovación
posterior fue limitar la punición a quienes ejercieron violencia sobre la víctima, siguiendo modelos del
derecho español.

3 — Distintos criterios legislativos


En Italia y Alemania, la mera participación en riña es punible como delito autónomo de peligro, con
agravación si hay lesiones o muerte. En Argentina, en cambio, la riña en sí misma no es delito: sólo se
sanciona si hay resultado dañoso y no se conoce al autor. En doctrina, muchos la consideran una forma
atenuada de homicidio.

4 — Los requisitos del Código argentino


El delito requiere:

 Riña o agresión entre más de dos personas.


 Que resulten muerte o lesiones graves/gravísimas.
 Que no se conozca al autor del resultado.
 Que el imputado haya ejercido violencia sobre la víctima.

La figura se basa en una presunción de autoría, lo que ha generado críticas por apartarse de los principios de
culpabilidad. Si se individualiza al autor, se aplica homicidio o lesiones comunes, no la figura de riña.

5 — Riña o agresión
La riña es acometimiento recíproco y tumultuario; la agresión, el ataque de varios contra uno. Ambas deben
ser espontáneas, sin acuerdo previo. Se exige intervención de más de dos personas, pero no cuentan quienes
intentan pacificar. La jurisprudencia excluye la figura cuando hay verdadera participación o complicidad, y
sólo aplica el art. 95 cuando no es posible individualizar al autor.
6 — Desconocimiento del autor. El elemento subjetivo
La nota esencial es que se ignore quién causó la muerte o lesiones. De lo contrario, se aplica la figura dolosa
común. El legislador resolvió la incertidumbre con una presunción de autoría sobre quienes ejercieron
violencia, imponiendo penas menores. No obstante, esto genera tensiones con principios constitucionales
(legalidad, culpabilidad, inocencia, in dubio pro reo). Algunos fallos han cuestionado la constitucionalidad
de los arts. 95 y 96, aunque la Corte Suprema los ha validado en mayoría.

FALLO ANTIÑIR

Hechos:

Tres personas fueron condenadas: dos como coautores de homicidio en riña en concurso real con lesiones
leves y otra por homicidio en riña. La defensa interpuso recursos de casación y planteó la
inconstitucionalidad de los artículos 95 y 96 del Código Penal, alegando que las normas crean una ficción de
autoría, violando el principio de culpabilidad, y que se sustituye la falta de prueba de autoría por una
condena menor, afectando el principio de inocencia. El Tribunal Superior de Justicia de Neuquén rechazó
los recursos, y la defensa interpuso un recurso extraordinario ante la Corte Suprema.

Dictamen del Procurador Fiscal de la Nación (Eduardo Casal):

Sobre la validez constitucional de los artículos 95 y 96, la Corte y la doctrina reconocen que estos artículos
no vulneran los principios de inocencia ni de responsabilidad penal por hechos propios. La norma se aplica a
quienes participan directamente en la riña o agresión, ejercen violencia sobre la víctima y esa violencia tiene
cierta idoneidad causal respecto al resultado, sea muerte o lesiones. La presunción de autoría se activa solo
si no puede determinarse quién causó el daño, y siempre que se cumplan los requisitos anteriores.

La justificación de la presunción de autoría se fundamenta en que la riña es un acometimiento espontáneo


entre tres o más personas, lo que dificulta determinar el autor material. La pena especial prevista, menor que
la del homicidio ordinario, se aplica para evitar la impunidad sin violar el principio de culpabilidad. La
doctrina sostiene que si se condenara a todos con la pena máxima sería injusto, mientras que si se absolviera
a todos, el crimen quedaría impune.

En cuanto a la impugnación del recurrente, el recurso extraordinario no está suficientemente fundamentado,


ya que no realiza un análisis concreto de cómo se aplicó la norma a los hechos del caso. La norma
proporciona pautas claras sobre qué conductas son punibles, cumpliendo con el principio de legalidad. La
alegación de excusa basada en legítima defensa fue rechazada en instancias anteriores.

Conclusión del Procurador:

El recurso extraordinario debe ser desestimado, y la sentencia que aplicó los artículos 95 y 96 del Código
Penal debe confirmarse.

Voto de la mayoría:

El Tribunal Superior de Justicia de Neuquén rechazó el planteo de inconstitucionalidad de los artículos 95 y


96 del Código Penal, interpuesto por la defensa de Omar Manuel Antiñir, Néstor Isidro Antiñir y Miguel
Alex Parra Sánchez, condenados por homicidio en riña y lesiones leves en riña en concurso real. La defensa
alegaba que las normas vulneraban el principio de culpabilidad y la presunción de inocencia, al crear una
ficción de autoría que sustituye la falta de prueba por una condena menor.

El tribunal señaló que los artículos son constitucionales, ya que exigen comprobar la intervención directa en
la riña, la violencia ejercida sobre la víctima y la idoneidad causal de esa conducta respecto del resultado.
No constituyen una presunción de culpabilidad general, sino que se aplican solo cuando se acredita la
participación efectiva de cada condenado, interpretando el tipo penal como preterintencional. La
jurisprudencia y doctrina respaldan que los delitos preterintencionales son constitucionales siempre que
exista conexión entre la conducta dolosa y la consecuencia más grave producida.

Se aclaró que la referencia a la falta de constancia de quién causó la muerte o lesiones no permite atribuir
responsabilidad objetiva a todos los intervinientes ni establecer una “pena de sospecha”. La norma busca
simplificar dificultades probatorias sin violar la presunción de inocencia, y se aplica con límites estrictos
para no generar inversión de la carga de la prueba.

Se concluyó que, bajo esa interpretación, los artículos 95 y 96 son constitucionalmente admisibles, por lo
que se confirmó la sentencia apelada y se desestimó el recurso extraordinario.

Voto de Zaffaroni:

El Dr. Zaffaroni analiza el planteo de inconstitucionalidad de los artículos 95 y 96 del Código Penal,
rechazado por el Tribunal Superior de Justicia de Neuquén, respecto de la condena de Omar Manuel Antiñir,
Néstor Isidro Antiñir y Miguel Alex Parra Sánchez por homicidio y lesiones en riña. Señala que los artículos
no violan principios constitucionales, ya que exigen que los imputados hayan intervenido directamente en la
riña, ejercido violencia sobre la víctima y que esa violencia tenga cierta idoneidad causal respecto del
resultado. La norma no presume culpabilidad por la mera participación, sino que aplica cuando se prueba la
conducta de cada autor en el contexto tumultuario.

Zaffaroni aclara que la imputación no constituye una ficción de autoría ni un “versari in re illicita”, sino que
se trata de responsabilidad por la propia conducta en la riña tumultuaria, donde la imposibilidad material de
determinar quién causó exactamente las lesiones o la muerte justifica la aplicación de la norma. La ley no
persigue la riña en sí misma, sino la violencia concreta que cause lesión o muerte. Por ello, se confirma la
sentencia apelada y se declara procedente el recurso extraordinario.

Voto de Argibay:

La Dra. Argibay analiza el planteo de inconstitucionalidad de los artículos 95 y 96 del Código Penal,
rechazado por el Tribunal Superior de Neuquén, respecto de la condena de Omar Manuel Antiñir, Miguel
Alex Parra Sánchez y Néstor Isidro Antiñir por homicidio y lesiones en riña. Señala que la ley no crea una
presunción de autoría ni viola la presunción de inocencia, ya que sanciona solo a quienes participan en una
riña o agresión tumultuaria ejercendo violencia sobre la víctima, y que el carácter tumultuario impide
determinar con exactitud quién causó la lesión o muerte.

Argibay aclara que la norma no configura un versari in re illicita, porque la responsabilidad recae sobre la
propia conducta de participación en la riña, y no por una mera consecuencia causal. La imposibilidad
material de establecer autorías no convierte a la riña en un tipo penal de peligro general, sino que justifica la
aplicación de la norma en los casos donde la violencia de la riña produjo lesiones o muerte. Por ello,
confirma la sentencia apelada y declara procedente el recurso extraordinario.

Voto de Fayt en disidencia:

1. Violación de principios constitucionales: Contrarían el principio de responsabilidad penal personal


(culpabilidad por el hecho propio) y la presunción de inocencia, al crear una ficción de autoría que
permite condenar sin identificar concretamente al responsable del resultado lesivo.

2. Problema de imputación objetiva: El tipo penal genera responsabilidad objetiva, porque basta con
haber ejercido violencia —aunque sin causalidad directa probada con el resultado— para ser
considerado autor del homicidio o lesión. La supuesta “relación causal general” introducida por el
tribunal para justificarlo carece de contenido jurídico concreto y no remedia la violación de los
principios de culpabilidad.
3. Preterintencionalidad insuficiente: Fayt señala que no puede sustituirse la prueba de autoría con la
preterintencionalidad o la previsibilidad de riesgo; la punibilidad requiere que se identifique al sujeto
causante del resultado.

4. Origen histórico anacrónico: La figura del homicidio en riña proviene del derecho romano y del
derecho penal español e italiano antiguo, basado en solidaridad o culpa común ante la imposibilidad
de individualizar al autor. Aunque buscaba evitar impunidad, es incompatible con los principios
modernos de derecho penal que exigen prueba de autoría.

5. Subsidiariedad de la norma: El homicidio o lesión en riña es un tipo penal supletorio, aplicable


solo cuando no se puede determinar al autor material. Cuando se identifica al culpable, la norma
pierde sentido, demostrando su carácter de recurso probatorio y no de verdadera responsabilidad
individual.

6. Conclusión: El voto sostiene que la norma constituye un mecanismo de imputación objetiva


inaplicable en un sistema penal respetuoso de garantías constitucionales, pues permite condenar
sobre la base de sospecha o mera participación en la riña, sin exigir prueba de la causalidad efectiva
del resultado.

Aborto.
Art. 85 y ss.

Protegen vida del feto a partir de un momento determinado hasta el nacimiento.

¿Cuándo comienza la vida?

Art. 19 CCyCN: Con la concepción (fusión de gametos femeninos y masculinos).

Art. 21 CCyCN: El derecho a la vida no es absoluto.

La doctrina dice que es imprudente defender la vida desde la fecundación porque la viabilidad de ese
conjunto de células que recién se está empezando a dividir es bastante baja. La mayoría de los abortos
espontáneos se realizan de forma previa a la anidación.

En principio para el derecho penal no es correcta esta postura de que el derecho a la vida se proteja desde la
concepción.

La comisión interamericana de derechos humanos en el informe baby Boy del año 81 aclara qué significa en
el artículo 4 de la convención americana de derechos humanos cuando dice que el respeto a la vida se lo
debe proteger en general a partir del momento de la concepción.

La comisión interamericana dice que ese en general implica que los estados pueden seleccionar momentos a
partir de los cuales se puede legislar acerca del acceso al aborto de las personas gestantes y también acerca
de la pena de muerte.

En el año 2012 la corte interamericana de derechos humanos trata el caso artavia Murillo este fallo trae a
colación a baby Boy y dice que el embrión no puede ser tratado como una persona porque adquieren los
derechos personalísimos una vez que se producen nacimiento.

La concepción de la que hablamos en el artículo 4 de la convención americana de derechos humanos no es la


función de los gametos que sería la fecundación sino cuando se produce la implantación (es decir se fecunda
la cigota viaja por las trompas de falopio hasta que llega al útero y se implanta aproximadamente 10 días
desde la fecundación)
En términos teóricos aquí empezaría la protección de la vida la protección y el derecho a la vida De todas
formas va a ser incremental porque la vida o la proyección de la vida del feto va a aumentar con el tiempo.

El derecho a la vida no es absoluto por ejemplo en el derecho anglosajón está el fallo row versus weight del
año 1973 de la corte suprema de justicia de los Estados Unidos que marca algunos criterios.

Primero que el derecho a la vida no es absoluto segundo que la protección de ese derecho es incremental
tercero la posibilidad de la mujer o de la persona gestante de planificar su familia y la posibilidad de la
persona gestante de elegir sobre su cuerpo.

En este fallo se crea la famosa teoría de los tres trimestres en el primer trimestre la decisión de la persona
gestante de abortar va a ser solamente de ella en el segundo trimestre va a ser de la persona gestante con un
consejo médico y en el tercer trimestre por medio de una valoración médica.

En el año 2022 la corte de Estados Unidos hace caer el fallo de Robert versus weight y dice que jamás
tendría que haber existido una corte de corte más republicana.

En Argentina en enero del 2021 se promulga la ley 27 610 que es la ley del acceso libre gratuito y seguro a
la interrupción voluntaria del embarazo.

[17:20, 4/9/2025] Andrea Paola: En los artículos 85 y subsiguientes el bien jurídico protegido va a ser la
vida del feto o sea la vida de la persona por nacer desde el punto del tipo objetivo se va a sancionar cualquier
maniobra del tipo abortiva No importa en este caso el consentimiento de la persona gestante. Por otro lado
presupone la existencia de algo a proteger siempre después de la semana 14. En otro orden también se debe
tener en cuenta que el feto se encuentre con vida y que los medios empleados sean aquellos que produzcan
la extinción de la vida es decir que sean idóneos.

Y desde el tipo subjetivo se va a exigir un dolo que es conocimiento más voluntad esto es conocimiento de
la existencia del embarazo y voluntad de terminar con el embarazo o de interrumpirlo en un momento se
pensó tener en cuenta el aborto culposo pero sí para alguna circunstancia externa se produce un aborto ya
suficiente tiene la persona con haber perdido el embarazo como para ponerle una pena encima.

El artículo 85 del código Penal argentino establece que va a ser reprimido con prisión de tres a 10 años quien
realizare un aborto sin consentimiento de la persona gestante y está pena podría ser elevada 15 años si el
hecho fuera seguido por la muerte de la persona gestante o también con prisión de tres meses a un año si
obrare con consentimiento de la persona gestante y luego de la semana 14 de gestación y siempre que no
mediaren los supuestos previstos en el artículo 86.

Esto de hasta la semana 14 no va a ser punible viene de la mano del artículo 4 de la ley 27,610 que es la ley
de la ive.

Por qué hasta la semana 14 es un corte metodológico Porque hasta la semana 14 la viabilidad del nacimiento
con vida es más baja luego de esta semana se amplía la posibilidad del nacimiento con vida y la práctica
abortiva se vuelve más complicada.

Luego de la semana 14 No es que no pueda realizarse un aborto sino que tiene que realizarse bajo los
supuestos del artículo 86 que es si el embarazo fuese producto de una violación o si estuviese en riesgo la
vida o la salud integral de la persona gestante.

Antes de la sanción de la ley 27,610 el artículo 86 reducía el acceso al aborto porque por un lado reconocía
el derecho al aborto eugenésico y hablaba de mujer idiota o demente para no propagar estas enfermedades Y
por otro lado el aborto en caso de violación.

El acceso es una simple solicitud más un consentimiento informado y el acompañamiento no tiene que ser
con intenciones de que la persona gestante desista de la práctica si la persona es mayor de 16 años posee
plena capacidad para tomar la decisión y si es menor de 16 años se le realiza un consentimiento formado
más tener en cuenta el artículo 26 del código civil y comercial de la nación que es poner en conocimiento a
uno de sus representantes.

El artículo 9 de la ley 27610 habla de las personas con capacidad restringida por sentencia judicial y
mientras no esté restringida por temas de capacidad mentales puede prestar un consentimiento informado de
manera plena.

La ley también regula la objeción de conciencia es un derecho de las personas pero no de la institución
porque la institución debe garantizar el acceso al aborto por otro profesional que pueda realizar la práctica
no puede existir objeción de conciencia institucional ni estatal.

FALLO FAL

Hechos: La madre de una niña de 15 años solicitó a la justicia de la Provincia del Chubut que se dispusiera
la interrupción del embarazo de su hija, víctima de una violación perpetrada por el padrastro de la menor. El
Superior Tribunal local, revocando lo decidido en primera y segunda instancia, admitió lo pedido al entender
que encuadraba dentro de los abortos no punibles reglados en el Cód. Penal. La Defensora Oficial recurrió la
decisión en representación del nasciturus, pese a que la práctica médica ya se había realizado. La Corte
Suprema de Justicia de la Nación confirmó la decisión del Superior Tribunal.

El caso se originó en la provincia de Chubut, cuando la madre de A.G., una adolescente de 15 años,
denunció que su hija había sido víctima de violación reiterada por parte de la pareja de su madre, en un
contexto incestuoso. A raíz de la agresión sexual, la menor quedó embarazada. Frente a esta situación, la
madre solicitó la interrupción del embarazo en los términos del artículo 86 del Código Penal, que establece
que no es punible el aborto practicado cuando corre peligro la vida o la salud de la madre (inciso 1) o
cuando el embarazo proviene de una violación (inciso 2).

A pesar de la claridad del texto legal y de los informes médicos y psicológicos que acreditaban que el
embarazo constituía un riesgo grave para la salud física y psíquica de la adolescente, tanto la justicia penal
como la de familia rechazaron el pedido, interpretando de manera restrictiva el artículo 86 inciso 2, es decir,
limitando el aborto no punible a los casos de violación de mujeres incapaces mentales. Finalmente, el
Superior Tribunal de Justicia de Chubut revocó las decisiones anteriores y autorizó la práctica, que se realizó
el 11 de marzo de 2010. Sin embargo, el asesor de familia e incapaces, designado como tutor ad litem del
nasciturus, interpuso un recurso extraordinario ante la Corte Suprema, cuestionando la constitucionalidad de
la interpretación amplia del artículo 86 inciso 2 del Código Penal y alegando que el Estado tenía la
obligación constitucional e internacional de proteger la vida desde la concepción.

La Corte Suprema decidió intervenir porque, aunque el aborto ya se había practicado, la cuestión no era
abstracta. Fundamentó esto en que los casos vinculados con la interrupción de embarazos suelen escapar al
control judicial por la rapidez con que transcurre el embarazo, pero al mismo tiempo son susceptibles de
repetirse. Por lo tanto, era necesario que el Tribunal fijara un criterio claro y general que evitara nuevas
judicializaciones innecesarias.

En cuanto al fondo del asunto, la Corte sostuvo que del artículo 86 inciso 2 surge claramente que el aborto
no es punible en todos los casos de violación, y no solamente cuando la víctima es una mujer idiota o
demente. El texto de la norma utiliza la conjunción disyuntiva “o”, lo que indica que el legislador previó dos
supuestos distintos: la violación en general y el atentado contra el pudor cometido sobre una mujer incapaz.
Interpretar de manera restrictiva la disposición implicaría establecer una distinción arbitraria entre víctimas
de violación, contraria a los principios de igualdad y de prohibición de discriminación.

La Corte también destacó que de la dignidad de la persona se deriva la regla de que nadie puede ser tratado
como un medio para un fin ajeno. Exigir a una víctima de violación que continúe con un embarazo forzado
constituye una carga desproporcionada e incompatible con los derechos fundamentales de la persona. De allí
que, en virtud de los principios de dignidad, legalidad y pro homine, la interpretación correcta es la que
reconoce el derecho de toda víctima de violación a acceder a la interrupción legal del embarazo sin sanción
penal.

Asimismo, el Tribunal aclaró que ni la Constitución Nacional ni los tratados internacionales de derechos
humanos incorporados con jerarquía constitucional imponen una protección absoluta de la vida desde la
concepción. Recordó que tanto la Convención Americana sobre Derechos Humanos como la Convención
sobre los Derechos del Niño fueron ratificadas por la Argentina con reservas o declaraciones interpretativas
que evitan considerar el derecho a la vida como un derecho absoluto desde la concepción. En consecuencia,
no hay incompatibilidad entre el orden jurídico nacional e internacional y la interpretación amplia del
artículo 86 inciso 2 del Código Penal.

Por último, la Corte estableció que el acceso al aborto no punible no requiere autorización judicial, denuncia
penal ni prueba de la violación, ya que ello significaría imponer requisitos adicionales no previstos por el
legislador y generaría demoras indebidas que ponen en riesgo la salud de las víctimas. Basta con la
declaración jurada de la víctima o de su representante legal ante el médico tratante. Para garantizar este
derecho, el Tribunal exhortó a las autoridades nacionales, provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires a implementar protocolos hospitalarios claros que aseguren la atención de los abortos no punibles, y al
Poder Judicial a abstenerse de intervenir en forma innecesaria y obstaculizar el acceso a esta práctica legal.

En conclusión, la Corte Suprema decidió en favor de la interpretación amplia del artículo 86 inciso 2 del
Código Penal, sosteniendo que la interrupción del embarazo producto de cualquier violación no es punible.
Lo hizo sobre la base de la protección de los derechos fundamentales de las víctimas, de los principios de
igualdad y dignidad, y de la compatibilidad de esta solución con la Constitución y los tratados
internacionales de derechos humanos.

Voto de Argibay:

La ministra Argibay reseña los antecedentes del caso: la madre de A.G., una adolescente de 15 años
embarazada tras haber sido violada por su padrastro, pidió autorización judicial para la interrupción del
embarazo en base al art. 86 incisos 1 y 2 del Código Penal. Los jueces de primera y segunda instancia
rechazaron el pedido, invocando la primacía del derecho a la vida del nasciturus y el principio “in dubio pro
vida”. El Superior Tribunal de Justicia de Chubut revocó esas decisiones y autorizó el aborto, sosteniendo
que no se requiere autorización judicial y que la interpretación amplia del art. 86.2 (aborto no punible en
cualquier caso de violación) es compatible con la Constitución y los tratados internacionales.

El recurso extraordinario presentado por el asesor de menores fue admitido, aunque la práctica ya se había
realizado, porque la Corte consideró que la cuestión era susceptible de repetición y que debía fijarse doctrina
para evitar nuevos obstáculos judiciales en casos similares.

Al analizar el fondo, Argibay explica que la Corte no revisa el derecho común (art. 86 CP), sino únicamente
su compatibilidad con la Constitución. El tribunal provincial interpretó que el aborto es no punible en todos
los casos de violación, y el impugnante pretendía restringirlo a mujeres “idiotas o dementes”. Argibay
rechaza este argumento por arbitrario: no hay razón constitucional válida para excluir a las demás mujeres
víctimas de violación, ya que todas comparten la misma característica esencial, haber quedado embarazadas
por un ataque a su integridad sexual.

Enfatiza que el recurrente solo pondera el derecho a la vida del feto, ignorando los derechos de la niña
violada. La norma del art. 86.2 responde a un severo conflicto de intereses, y el legislador ya hizo la
ponderación: obligar a una víctima de violación a llevar el embarazo a término sería imponerle un deber de
solidaridad desproporcionado e irracional. En este esquema, el permiso legal es constitucional porque es
excepcional, proporcional y regulado: exige el hecho de la violación y el consentimiento de la víctima.

Argibay subraya que el permiso no supone la negación del valor de la vida fetal, sino que en circunstancias
extremas el legislador autorizó afectar ese bien jurídico para proteger de modo adecuado otro de igual o
mayor entidad. Además, aclara que no corresponde imponer trabas adicionales como autorizaciones
judiciales, ya que ello solo prolonga el sufrimiento, expone a la víctima a estigmatización y puede incluso
frustrar la práctica médica en condiciones seguras.

Concluye confirmando la sentencia del Superior Tribunal de Chubut y destacando que el acceso al aborto en
casos de violación debe garantizarse sin dilaciones indebidas.

Voto de Petracchi:

Petracchi adhiere a los considerandos 1 a 4 del voto de la jueza Carmen Argibay. Analiza luego el recurso
extraordinario presentado por el tutor ad litem a favor del nasciturus, quien alegaba que el derecho a la vida
estaba garantizado por la Constitución y los tratados internacionales, y que la interpretación del art. 86 inc. 2
del Código Penal debía ser restrictiva, limitándose a los casos de violación de mujeres con discapacidad
psíquica.

El Superior Tribunal de Justicia de Chubut ya había señalado que, aunque el aborto se había practicado, ello
no impedía que la Corte tratara el caso por la relevancia constitucional de las cuestiones y su potencial
repetición.

Para Petracchi, el recurso no ofrece argumentos constitucionales suficientes para excluir de la excepción a
las mujeres sin discapacidad mental, ya que todas comparten la condición de haber quedado embarazadas
como consecuencia de una violación. Tampoco demuestra que la Constitución o los tratados establezcan la
diferencia que el recurrente pretende.

El juez subraya que existe un severo conflicto de intereses: el derecho a la vida del nasciturus y los derechos
de la niña violada. El recurrente ignora este segundo aspecto y se concentra de manera unilateral en el
primero, sin considerar los sufrimientos y perjuicios que implicaría obligar a la menor a continuar el
embarazo.

En consecuencia, Petracchi concluye que el planteo está formulado de modo incorrecto y que no se aportan
razones suficientes para declarar inconstitucional la interpretación amplia del art. 86 inc. 2 realizada por el
tribunal provincial. Además, observa que la sentencia apelada se apoya en legislación común nacional no
tachada de inconstitucional, lo cual priva al recurso de la relación directa e inmediata que exige la cuestión
federal.

Por estas razones, declara inadmisible el recurso extraordinario.

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