LA FILOSOFÍA DE ROUSSEAU
1 Origen de la desigualdad
Jean-Jacques Rousseau aborda el origen de la desigualdad en su obra Discurso
sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1755). Según
él, la desigualdad no es natural, sino que surge con el desarrollo de la sociedad y la
propiedad privada.
Dos tipos de desigualdad según Rousseau:
1 Desigualdad natural o física: Es la que proviene de diferencias innatas como la
fuerza, la edad o la salud. Esta desigualdad es inevitable y existe en el estado de
naturaleza.
2 Desigualdad moral o política: Surge con la vida en sociedad y está relacionada con
diferencias en riqueza, poder y estatus. Esta es la desigualdad que Rousseau critica,
ya que no es inherente a la naturaleza humana, sino creada por las instituciones
sociales.
El origen de la desigualdad social:
Rousseau cree que en el estado de naturaleza, los seres humanos eran libres,
autosuficientes e iguales. Sin embargo, con el tiempo, comenzaron a vivir en
comunidades, lo que llevó a la comparación, la competencia y el deseo de
reconocimiento. La verdadera causa de la desigualdad, según él, es la propiedad
privada, ya que al dividir la tierra y acumular bienes, unos empezaron a dominar a
otros.
Para Rousseau, el punto de quiebre fue cuando “el primero que cercó un terreno y
dijo: ‘esto es mío’” convenció a los demás de respetar esa propiedad. Esto llevó a la
creación de leyes y gobiernos que, en lugar de proteger a todos, consolidaron el
poder de los ricos y sometieron a los débiles.
2 Estado natural del ser humano
Para Jean-Jacques Rousseau, el estado natural del ser humano es una condición
previa a la sociedad, en la que los individuos viven en libertad, igualdad y
autosuficiencia. Este concepto lo desarrolla principalmente en su Discurso sobre el
origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres.
Características del estado natural según Rousseau
1 Libertad total: En el estado natural, los seres humanos no están sujetos a normas
ni jerarquías impuestas por la sociedad. Actúan según sus necesidades y deseos sin
depender de otros.
2 Autosuficiencia e independencia: Cada individuo vive aislado, satisfaciendo sus
necesidades básicas con lo que la naturaleza le provee. No existe la necesidad de
cooperación ni de propiedad privada.
3 Compasión y bondad innata: A diferencia de Hobbes, que veía el estado natural
como un conflicto constante (homo homini lupus), Rousseau sostiene que los
humanos tienen un sentimiento natural de compasión (pitié), lo que les impide dañar
a otros sin necesidad.
4 Falta de razón y lenguaje desarrollado: En esta etapa, los humanos no han
desarrollado aún el pensamiento abstracto ni las estructuras lingüísticas complejas.
Viven más por instinto y sensaciones que por reflexión o cálculo racional.
5 Ausencia de desigualdad social: Dado que no existen la propiedad privada ni
instituciones como el Estado, no hay diferencias de riqueza ni jerarquías que
sometan a unos sobre otros.
El paso a la sociedad y la corrupción del hombre
Rousseau argumenta que la sociedad surge con la propiedad privada, la división del
trabajo y el deseo de reconocimiento. Aunque el ser humano gana ciertas
comodidades con la civilización, también pierde su libertad original y se ve atrapado
en una estructura de desigualdad y dependencia.
Su famosa frase resume esta transformación:
“El hombre nace libre, y en todas partes está encadenado.
A pesar de su idealización del estado natural, Rousseau no propone regresar a él,
sino encontrar una forma de sociedad más justa que recupere la libertad perdida.
Esto lo desarrolla en El contrato social , donde plantea que la única forma legítima de
gobierno es aquella basada en la voluntad general.
3. Instauración de la sociedad civil y contrato social.
Jean-Jacques Rousseau explica que la sociedad civil surge cuando los seres
humanos abandonan el estado de naturaleza y comienzan a vivir en comunidades
organizadas. En ese proceso, la aparición de la propiedad privada marca un punto de
quiebre: al apropiarse de la tierra y de los recursos, algunos comienzan a acumular
riquezas mientras otros quedan desposeídos. Esta desigualdad provoca conflictos y
rivalidades, lo que lleva a la creación de leyes y gobiernos que, lejos de proteger a
todos por igual, terminan favoreciendo a los más poderosos. Así, la sociedad civil no
surge como un acuerdo justo entre iguales, sino como un mecanismo que
institucionaliza la desigualdad y corrompe la naturaleza humana.
Sin embargo, Rousseau no se limita a criticar este modelo de sociedad, sino que
propone una alternativa basada en un contrato social legítimo. Para él, la única forma
de organización política verdaderamente justa es aquella en la que el pueblo, en su
conjunto, participa en la creación de las leyes y en la toma de decisiones. Esto solo
es posible si el poder reside en la voluntad general, que no es la simple suma de los
intereses individuales, sino la expresión del bien común. En este pacto, los
individuos renuncian a su libertad absoluta del estado de naturaleza, pero a cambio
obtienen una libertad civil, protegida por leyes que se aplican por igual a todos.
En esta sociedad ideal, la soberanía no puede ser delegada a un monarca o a una
aristocracia, sino que debe permanecer siempre en el pueblo. Solo así se garantiza
que la libertad y la igualdad sean reales y no privilegios de unos pocos. De este
modo, Rousseau plantea que la verdadera libertad no consiste en hacer lo que uno
quiera sin restricciones, sino en vivir bajo leyes justas que todos han contribuido a
establecer. En su visión, la única forma legítima de gobierno es aquella que nace de
un contrato social en el que todos los ciudadanos participan como iguales,
asegurando que las instituciones sirvan al bien común y no a los intereses de una
minoría.
4. Forma de gobierno
Jean-Jacques Rousseau propone en El contrato social una forma de gobierno basada
en la soberanía popular y la voluntad general. Para él, la única autoridad legítima es
aquella que surge de un pacto entre todos los ciudadanos, donde cada individuo
cede su libertad absoluta del estado de naturaleza a cambio de una libertad civil
garantizada por leyes justas.
Rousseau no defiende un sistema monárquico ni aristocrático, sino una república
donde el pueblo es el soberano. La soberanía no puede ser representada ni delegada
a un gobernante, ya que el poder debe residir directamente en el pueblo. Sin
embargo, distingue entre la soberanía, que corresponde a todos los ciudadanos y se
expresa en la creación de las leyes, y el gobierno, que es solo un ejecutor de esas
leyes. Este gobierno puede adoptar distintas formas según el tamaño y las
necesidades del Estado: la democracia directa en comunidades pequeñas, una
aristocracia electiva en sociedades más grandes o, en casos excepcionales, un
liderazgo temporal fuerte.
Para Rousseau, la clave de una buena forma de gobierno es que respete la voluntad
general, es decir, el interés común por encima de los intereses particulares. Cuando
las leyes se basan en esta voluntad general y se aplican a todos por igual, la libertad
de los ciudadanos no desaparece, sino que se transforma en una libertad política y
moral. Así, su idea de gobierno no se limita a un modelo específico, sino a un sistema
donde el poder siempre emana del pueblo y se rige por la justicia y la igualdad.