El proceso de investigación en Arqueología
1. Características generales del proceso de investigación arqueológica
La investigación arqueológica es un proceso sistemático y metódico
orientado a la comprensión del pasado humano a través del estudio
de los restos materiales. A diferencia de otras disciplinas históricas, la
arqueología se basa en datos empíricos recuperados del registro
arqueológico, que son interpretados a partir de teorías y modelos
científicos. Este proceso está compuesto por una serie de etapas
interrelacionadas: la formulación del problema, el diseño de
investigación, el trabajo de campo (prospección y excavación), el
análisis en gabinete y laboratorio, la interpretación teórica y la
divulgación del conocimiento.
La temporalidad constituye una dimensión central de la arqueología,
ya que permite estructurar la experiencia humana en escalas
diversas. Como señalan González-Ruibal y Ayán Vila (2018), el tiempo
en arqueología es múltiple y discontinuo: se superponen tiempos
sociales, naturales, tecnológicos y simbólicos. Comprender esta
multiplicidad requiere herramientas específicas de análisis
cronológico y conceptual.
2. Aproximación a la problemática y diseño de investigación
La investigación arqueológica comienza con la delimitación de una
problemática o pregunta de investigación, que debe estar situada en
un marco teórico y contextual claro. Según Bate (2000), este
momento es crucial, ya que orienta la selección de métodos, define
los objetivos y organiza el trabajo futuro. El diseño de investigación
incluye: la formulación de hipótesis, la delimitación del área de
estudio, la elección de técnicas de recolección de datos, los criterios
de análisis y los marcos de interpretación teórica.
Este diseño no es lineal ni cerrado, sino dinámico, y puede adaptarse
conforme se avanza en el trabajo empírico. Attali (1982), en su
reflexión sobre las historias del tiempo, destaca que todo relato del
pasado implica una construcción narrativa. Así, el diseño arqueológico
se convierte también en una forma de narrar científicamente la
experiencia humana.
3. Desarrollo de la investigación en el campo
3.1 Prospección arqueológica
La prospección constituye el primer contacto físico con el terreno y
tiene como objetivo detectar, registrar y evaluar el potencial
arqueológico de una región. Cerrato Casado (2011) define la
prospección superficial como un procedimiento sistemático de
observación y recolección de evidencias sin excavación. Esta puede
ser extensiva (cubriendo grandes áreas) o intensiva (detallada en
sectores acotados).
La aplicación de tecnologías como drones, modelos 3D y
fotogrametría ha revolucionado esta etapa. Castillos (2020) muestra
cómo estas herramientas permiten documentar el paisaje
arqueológico con precisión milimétrica, mejorando la toma de
decisiones.
3.2 Excavación arqueológica
La excavación es el procedimiento mediante el cual se recuperan los
objetos y contextos arqueológicos in situ. Es una intervención
destructiva, por lo que debe estar guiada por un riguroso protocolo
metodológico (Manual de Excavación, s.f.). Se basa en la remoción
sistemática de los estratos del suelo, respetando su secuencia
estratigráfica. Carandini (1997) insiste en que cada estrato es una
historia en sí misma y que la excavación debe leerse como una
narración invertida del tiempo.
Los objetivos de la excavación varían: puede buscarse obtener una
muestra representativa de una ocupación, recuperar estructuras
completas, o bien testear hipótesis espaciales. Las técnicas varían
desde cuadrículas con nivelación topográfica hasta cortes en perfiles
o sondeos mecánicos.
4. Investigación en gabinete y laboratorio
Una vez recuperado el material, comienza la fase de análisis en
gabinete y laboratorio. Esta incluye el lavado, catalogación,
clasificación, conservación y estudio de los objetos.
4.1 Clasificación y análisis
La clasificación es una actividad analítica que permite ordenar el
registro arqueológico. Bittman (1987) subraya que no es una tarea
mecánica ni neutral, sino una construcción teórica: clasificar implica
interpretar. Las tipologías pueden responder a criterios morfológicos,
funcionales o tecnológicos, según el objetivo de la investigación.
4.2 Análisis científicos
Los estudios de laboratorio abarcan múltiples disciplinas: análisis
zooarqueológicos, paleoambientales, cerámicos, líticos y
bioarqueológicos. La aplicación del ADN antiguo, por ejemplo, ha
permitido establecer filiaciones, migraciones y enfermedades de las
poblaciones estudiadas (Fernández, s.f.).
5. Marcos cronológicos y métodos de datación
5.1 Cronología relativa
Consiste en ubicar los objetos y contextos en una secuencia temporal
sin asignar fechas absolutas. Se basa en principios estratigráficos,
tipología comparada o asociación contextual (Renfrew y Bahn, 1993).
5.2 Datación absoluta
Permite asignar fechas concretas a los materiales. Incluye métodos
radiométricos (radiocarbono, potasio-argón), termoluminiscencia o
dendrocronología. Cervera (2010) y Martínez (2000) ofrecen un
panorama detallado de sus fundamentos y aplicaciones. Estos
métodos han transformado la arqueología, al permitir correlaciones
temporales precisas en amplias regiones.
Turney (2007) ofrece un enfoque divulgativo sobre cómo los
científicos combinan huesos, piedras y estrellas para datar el pasado,
mostrando que la precisión cronológica es una base imprescindible
para interpretar procesos culturales.
6. Interpretación teórica
Interpretar el registro arqueológico implica dotar de sentido los datos
empíricos. Las perspectivas teóricas son diversas: desde el enfoque
procesual, centrado en explicaciones generalizables, hasta la
arqueología postprocesual, que considera las dimensiones simbólicas,
sociales y políticas del pasado (Renfrew y Bahn, 1993).
Schavelzon e Igareta (2002) proponen una mirada crítica que integra
los objetos cotidianos como documentos de la vida social, política y
cultural. Así, una prenda, un fragmento cerámico o una disposición
espacial pueden ser portadores de memoria y conflicto.
7. Transferencia, divulgación y comunicación del conocimiento
arqueológico
La última fase del proceso arqueológico es la comunicación de los
resultados. Esta puede adoptar diversas formas: publicaciones
científicas, informes técnicos, materiales educativos, exposiciones
museográficas o intervenciones comunitarias.
La divulgación no es solo una obligación ética, sino una herramienta
política. Como señala Fernández Martínez (s.f.), el conocimiento
arqueológico puede cuestionar discursos hegemónicos, reconstruir
memorias silenciadas y promover identidades inclusivas.
La transferencia hacia las comunidades también incluye la
colaboración en el diseño de proyectos patrimoniales, la co-
interpretación de hallazgos y la restitución simbólica de objetos y
saberes. En este sentido, la arqueología se proyecta como una ciencia
social crítica, situada y transformadora.
Bibliografía
Attali, J. (1982). Historias del tiempo. Cap. I y II
Bate, L. F. El proceso de investigación en arqueología.
Bittman, B. (1987). Sobre el propósito de la clasificación en
arqueología.
Carandini, A. (1997). Historias en la tierra. Págs. 70-102.
Castillos, M. Drones, fotogrametría y modelamiento 3D en
arqueología.
Cerrato Casado, M. (2011). Prospección arqueológica superficial.
Cervera, J. (2010). Métodos de datación absoluta en arqueología.
Fernández, M. Aplicaciones del ADN antiguo en arqueología.
Fernández Martínez, D. Cap. 3.26.
González-Ruibal, A. & Ayán-Vila, X. (2018). El tiempo y la arqueología.
Págs. 194-238.
Kulemeyer, J. Arqueología. Capítulos I, II, V.
Martínez, F. (2000). Métodos cronológicos absolutos en arqueología.
Págs. 121-143.
Renfrew, C. & Bahn, P. (1993). Arqueología: Teorías, Métodos y
Práctica. Cap. 3, págs. 65-105.
Schavelzon, D. & Igareta, A. (2002). Viejos son los trapos. Págs. 53-68.
Turney, C. (2007). Huesos, piedras y estrellas.
Manual de Excavación (v. 1 y v. 3).