Resumen de Derecho Canónico
Resumen de Derecho Canónico
MAPA DE FINAL
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- 12
xq NO son codificadas.
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Derecho canónico
1. Generalidades
● Derecho canónico y derecho eclesiástico
Es preciso distinguir entre:
1) Derecho canónico: es el conjunto de normas jurídicas que regulan la vida interna de la Iglesia (entendida
como sociedad humana). Debido a ello, el derecho canónico abarca tanto a la Iglesia Universal, a las
diócesis y a las parroquias.
2) Derecho público eclesiástico y derecho eclesiástico: se tratan de ramas del derecho que estudian la
relación entre la Iglesia y el Estado.
a. Derecho público eclesiástico: se trata de una rama del derecho canónico que estudia estas
relaciones. Es decir, enfoca las relaciones entre la Iglesia y el Estado desde la perspectiva eclesial (ej.
las facultades de la Nunciatura en celebrar concordatos).
b. Derecho eclesiástico: se trata de una rama del derecho secular que estudia estas relaciones. Es decir,
enfoca las relaciones entre la Iglesia y el Estado desde una perspectiva estatal (ej. las facultades del
Presidente de la Nación en celebrar concordatos con la Santa Sede, reconocidas por la Constitución).
1) Etapa evangélica (durante la vida histórica de Jesucristo): si bien en esta etapa no hay cánones en un
sentido estricto, sí hay enseñanzas de Jesús que tienen contenido jurídico ([Link]., la prohibición de que una
persona casada se divorcie y vuelva a contraer un matrimonio diferente).
2) Etapa apostólica (siglo I d.C.): los apóstoles continúan las enseñanzas de Jesús. Si bien no desarrollan
cánones en sentido estricto, sus enseñanzas tienen contenido jurídico ([Link]., Privilegio Paulino, contenido en
1Co. 7:12-16).
3) Etapa patrística (siglos II-VII): durante esta etapa, ocurren dos hitos fundamentales en el desarrollo de
la vida de la Iglesia y por ende del derecho canónico. Estos son:
a. Edicto de Milán (313): pone fin a la persecución de los cristianos en el Imperio romano. Este Edicto
permite una mayor propagación de la fe cristiana y posibilita el primer Concilio en la historia de la
Iglesia, el de Nicea (325).
b. Edicto de Tesalónica (380): convierte al cristianismo en la religión oficial del Imperio romano, lo
que a su vez da lugar al segundo Concilio en la historia de la Iglesia, el de Constantinopla (381).
4) Etapa medieval (siglos XI-XVI): es la etapa del florecimiento del derecho canónico. Son hitos de esta
etapa:
a. Creación de universidades: a partir del s. XII, se crean las primeras universidades, dedicadas entre
otras cosas a la enseñanza del derecho canónico. La primera de ellas es la Universidad de Boloña.
b. Decreto de Graciano (1140): el jurista medieval Graciano realiza en el año 1140 una compilación
del derecho canónico vigente en su época, conocida como el “Decreto de Graciano” o “Concordia de
Cánones Discordantes”.
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c. Normas extravagantes: se trata de una serie de normas posteriores a la creación del Decreto de
Graciano (y que por ello se llamaban “extravagantes”, al estar fuera de éste). Eran:
i. Libro Sexto de Bonifacio VIII.
ii. Libro Extra de Gregorio IX.
iii. Las Extravagantes de Juan XXII.
iv. Las Clementinas de Juan XXII: fueron normas preparadas por Clemente V, antecesor de Juan
XXII, y promulgadas por éste.
d. Corpus Iuris Canonici: fue el texto legal utilizado por los canonistas como normas rectoras de la
vida interna de la Iglesia desde el medioevo hasta el año 1917. Estaba integrado por el Decreto de
Graciano y las Normas Extravagantes.
1) Concilio Vaticano Primero (1868): convocado por Pío IX, proclamó la necesidad de crear un Código de
Derecho Canónico y encomendó su creación a una comisión integrada por Pietro Gasparri, Giacomo della
Chiesa (el futuro Papa Benedicto XV) y Eugenio Pacelli (el futuro Papa Pío XII). La mayoría de la labor de
creación fue desarrollada por Gasparri.
2) Promulgación: un primer boceto del Código fue completado hacia el año 1912. La versión final fue
concluida en 1916, y el Código fue promulgado en el año 1917 por el Papa Benedicto XV. Debido a que la
creación del Código fue declarada por Pío IX en el marco del Concilio Vaticano Primero y la promulgación
fue hecha por Benedicto XV, el Código también se conoce como “Código Pío-Benedictino”.
3) Estructura: la estructura del Código fue tomada del Código de Justiniano, del derecho romano. Debido a
ello, algunos críticos señalaron en su momento que dicha estructura no se ajustaba a la realidad de la vida
interna de la Iglesia:M
a. Libro I: normas generales.
b. Libro II: Personas.
c. Libro III: Cosas.
d. Libro IV: Procesos.
e. Libro V: Penas.
1) Concilio Vaticano Segundo (1962-1965): fue convocado por Juan XXIII y clausurado formalmente por
Pablo VI. En él, se creó una comisión para redactar un nuevo Código de Derecho Canónico.
2) Promulgación: el proyecto definitivo del Código fue concluido hacia 1980 y enviado a los obispos de
todo el mundo para que formulen comentarios y observaciones. En 1983, el Código fue promulgado por
Juan Pablo II.
1) Ley eclesiástica: es aquella que es creada por la autoridad eclesiástica. Si bien tiende al bien de la Iglesia
como comunidad, su fuerza obligatoria deriva de la autoridad humana y por ende puede variar con el tiempo
y es dispensable ([Link]. si bien está como regla prohibido contraer matrimonio con un primo, tal impedimento
es dispensable).
2) Ley natural: es “la participación de la ley eterna en la criatura racional” (I-II, q. 91, a. 2, c.). Debido a
que el fundamento de la ley natural es en definitiva la propia razón de Dios, esta ley no se puede modificar
ni tampoco es dispensable ([Link]., la prohibición de contraer matrimonio con un ascendente se deriva
directamente de la ley natural y por ende no es posible dispensarla).
ii. Ley de una Iglesia particular (inc. 2): se consideran promulgadas según el modo particular
determinado por el legislador, y comienzan a regir a partir del mes de su publicación, salvo que
se prevea un plazo más breve.
b. La ley en relación al tiempo (cán. 9): la ley tiene exclusivamente efectos ex nunc, es decir, “son
para los hechos futuros, no para los pasados, salvo que en ellas se disponga algo expresamente para
éstos”.
2) Leyes invalidantes o inhabilitantes (cán. 10): son sólo aquellas en las que expresamente se establece
que un acto es nulo o una persona, inhábil.
3) Obligatoriedad (cán. 11): “las leyes meramente eclesiásticas obligan a los bautizados en la Iglesia
católica y a quienes han sido recibidos en ella, siempre que tengan uso de razón suficiente y, si el derecho no
dispone expresamente otra cosa, hayan cumplido siete años”. Es preciso notar que las leyes eclesiásticas
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obligan solamente a los fieles católicos y no a todas las personas (como la ley natural) precisamente debido a
que su fundamento se encuentra esencialmente en la autoridad humana eclesiástica.
a. Leyes universales (cán. 12 inc. 1): obligan a todas las personas para las que fueron dadas, salvo a
aquellas personas que se encuentren en un territorio en el cual la ley aún no ha comenzado a regir.
b. Leyes particulares (cán. 12 inc. 3): obligan a las personas para las que fueron dadas y tienen su
domicilio o cuasidomicilio en ese territorio. Es preciso tener en cuenta que las leyes particulares se
presumen territoriales (cán. 13 inc. 1).
i. Caso de los transeúntes (cán. 13 inc. 2): los transeúntes no están obligados por las leyes
particulares de su territorio cuando se encuentren fuera de él, salvo que la transgresión de estas
leyes fuera contraria al orden público o bien que las leyes particulares fueran personales.
ii. Caso de personas sin domicilio (cán. 13 inc. 3): “los vagos están obligados por las leyes, tanto
universales como particulares, que estén vigentes en el lugar donde ellos se encuentran”.
c. Duda del derecho (cán. 14): las leyes, incluso las invalidantes o inhabilitantes, no obligan en caso
de duda del derecho. En estos casos, los Ordinarios pueden dispensar el cumplimiento de las mismas.
4) La interpretación de la ley:
a. Interpretación auténtica (cán. 16): es aquella hecha por el propio legislador y por la persona a
quien el legislador encargó la interpretación auténtica.
i. Fuerza: la interpretación auténtica tiene la misma fuerza que la ley, es decir, tiene efectos erga
omnes.
ii. La interpretación en relación al tiempo: la interpretación tiene efecto retroactivo sólo si aclara
palabras de la ley de por sí ciertas, pero si coarta palabras de la ley o se refiere a cuestiones
dudosas, no tiene efecto retroactivo.
b. Interpretación con efectos particulares (cán. 16 inc. 3): la interpretación hecha por sentencia o
acto administrativo sólo tiene efectos inter partes y por ende no tiene la misma fuerza que la ley ya
que solamente se aplica a las personas o a las cosas para las que se dio.
c. Manera de llevar a cabo la interpretación (cán. 17): la interpretación debe ser hecha ateniéndose
al significado propio de las palabras, considerado en el contexto. En caso de dudas, se debe recurrir
a textos paralelos, el fin y las circunstancias de la ley y la intención del legislador.
d. Interpretación estricta (cán. 18): cuando la ley establece penas o coarta derechos, se la debe
“interpretar estrictamente”, es decir, de forma restrictiva.
5) Vacío de derecho (cán. 19): si sobre una determinada materia no hay una ley expresa, debe recurrirse a la
analogía, los principios del derecho, la jurisprudencia y la doctrina (“la opinión común y constante de los
doctores”). Esto no aplica para los casos de imposición de penas, para los cuales se requiere de una ley
expresa.
6) Derogación de la ley (cán. 20): la ley posterior deroga a la anterior, salvo que se trate de una ley especial
y no se diga nada respecto de su derogación. En caso de dudas, se presume que la ley sigue vigente (cán.
21).
7) Aplicación del derecho civil (cán. 22): si las normas canónicas remiten al derecho civil, éste tiene los
mismos efectos que el derecho canónico, salvo en aquello que resulte contrario al derecho divino o al propio
derecho canónico.
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● La costumbre (cán. 23-28)
1) Concepto: la costumbre es toda serie de actos sustancialmente idénticos repetidos de manera constante
por una comunidad, con la intención de crear derechos y obligaciones.
2) Obligatoriedad (cán. 23): la regla es que “tiene fuerza de ley tan sólo aquella costumbre que, introducida
por una comunidad de fieles, haya sido aprobada por el legislador, conforme a los cánones”.
a. Requisito temporal (cán. 25): se considera que, salvo que la costumbre sea expresamente aprobada
por el legislador competente, ésta es obligatoria sólo si “se ha observado legítimamente durante
treinta años continuos y completos”. Si la ley prohíbe costumbres futuras, la costumbre es obligatoria
sólo si es “centenaria o inmemorial”, es decir, que existe hace tiempo y no se sabe cuándo surgió.
b. Costumbre prohibida (cán. 24): no tiene fuerza obligatoria la costumbre que es contraria al derecho
divino o irrazonable. Se aclara que se considera irrazonable “la costumbre expresamente reprobada
por el derecho”.
3) Valor interpretativo (cán. 27): el Código resalta el valor que tiene la costumbre para interpretar las leyes
estableciendo que “la costumbre es el mejor intérprete de las leyes”.
● Decretos
1) Decretos generales:
a. Legislativos (cán. 29): son aquellos “mediante los cuales el legislador competente establece
prescripciones comunes para una comunidad capaz de ser sujeto pasivo de una ley”. Es decir, son los
decretos emitidos por una autoridad que tiene facultades legislativas (como un obispo) y que tienen
un valor similar a la ley y se rigen por las disposiciones relativas a las leyes.
b. Ejecutorios (cán. 31): son aquellos por los cuales “se determina más detalladamente el modo que ha
de observarse en el cumplimiento de la ley, o se urge la observancia de las leyes”. Los otorga aquella
autoridad con potestad ejecutiva.
2) Decretos singulares (cán. 48): es “el acto administrativo de la autoridad ejecutiva competente por el
cual, según las normas del derecho y para un caso particular, se toma una decisión o se hace una provisión
que, por su naturaleza, no presuponen la petición de un interesado”.
a. Precepto (cán. 49): es un tipo de decreto singular “por el que directa y legítimamente se impone a
una persona o personas determinadas la obligación de hacer un omitir algo, sobre todo para urgir la
observancia de la ley”.
b. Formalidades (cán. 51): el decreto debe emitirse por escrito y se debe dejar constancia de los
motivos que determinaron la decisión.
c. Ejecución (cán. 54): para poder exigirle a la persona el cumplimiento del decreto singular, es
preciso que previamente se lo haya intimado por documento legítimo.
● Otros conceptos
1) Rescripto (cán. 59): se trata de un acto administrativo por el cual una autoridad ejecutiva competente
“concede un privilegio, una dispensa u otra gracia, a petición del interesado”. El rescripto debe emitirse por
escrito.
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2) Privilegio (cán. 76): es “la gracia otorgada por acto peculiar en favor de determinadas personas, tanto
físicas como jurídicas”. El concepto de privilegio se aplica particularmente a aquellas gracias que son
concedidas por el Pontífice, a petición de un fiel:
b. Privilegio paulino: es aquel por el cual una persona bautizada luego de contraer un matrimonio
válido con una persona no bautizada solicita la disolución del vínculo matrimonial para poder volver
a contraer matrimonio con una persona bautizada.
3) Dispensa (cán. 85): es “la relajación de una ley meramente eclesiástica en un caso particular”.
a. Efectos: la dispensa hace que la celebración de un acto que por ley sería inválido sea válido una vez
otorgada.
b. Diferencia con la excepción: si bien tanto la dispensa como la excepción implican la no aplicación
de una ley general, se diferencian por el hecho de que la excepción está prevista por la propia norma
(y por ende se aplica a todos los casos comprendidos por ella) mientras que la dispensa es otorgada
por la autoridad competente para un caso particular, y por ende no aplica a la generalidad de los
casos.
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Unidad II: Fieles cristianos
a) Las personas en la Iglesia. Los fieles cristianos. Vínculos de comunión. Derechos y obligaciones.
● Las personas en la Iglesia (L. II)
Todos los bautizados forman la Iglesia. Al Pueblo de Dios «se incorporan plenamente los que, poseyendo el
Espíritu de Cristo, reciben íntegramente sus disposiciones y todos los medios de salvación depositados en
ella, y se unen por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, del régimen eclesiástico y de la
comunión, a su organización visible con Cristo, que la dirige por medio del Sumo Pontífice y de los
obispos» (Lumen gentium 14). La persona, en el Derecho Canónico, no es tomada en su individualidad, sino
como parte del Cuerpo cuya cabeza es Cristo: el Pueblo de Dios.
Ubicación en el CIC:
Por voluntad de Cristo —y por consiguiente no por decisión o delegación de los hombres— existe en la
Iglesia una jerarquía de orden, de jurisdicción y de magisterio, dotada de poder y misión recibidos de Cristo
para enseñar la doctrina, guardar el depósito de la fe, regir la vida de la Iglesia, administrar los sacramentos
y, como centro y culmen renovar el sacrificio de la Cruz mediante la celebración del Sacrificio Eucarístico.
El sacramento que constituye a un hombre en fiel es el Bautismo, que se haya definido en el canon 849, y se
confiere carácter indeleble, ablución con agua verdadera acompañada de la debida forma verbal [formula
trinitaria].
Título I, cán. 96: “por el bautismo, el hombre se incorpora a la Iglesia de Cristo y se constituye persona en
ella, con los deberes y derechos que le son propios de los cristianos, teniendo en cuenta la condición de cada
uno, en cuanto estén en la comunión eclesiástica y no lo impida una sanción legítimamente impuesta” (Dato:
son incorporados a la Iglesia, no católica)
Según su propia condición, todos los fieles son miembros activos de la Iglesia, contribuyendo positivamente
al enriquecimiento espiritual del Cuerpo místico y a la extensión del Reino de Dios; a la vez todos son
sujetos pasivos, en cuanto están destinados por el carácter bautismal, a recibir aquellas cosas que pertenecen
al culto divino y los medios sobreabundantes para su salvación y santificación.
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El bautismo resulta ser el punto fundamental de la igualdad radical de todos los fieles en la Iglesia: “por su
regeneración en Cristo, se da entre todos los fieles una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acción,
en virtud de la cual todos, según u propia condición y oficio, cooperan a la edificación del Cuerpo de Cristo”
(Cán. 208)
El estatuto jurídico del fiel está formado por el conjunto de derechos y deberes que se fundan en la
participación en Cristo que el carácter bautismal comporta. El cán. 209 establece como deber “1. Los fieles
están obligados a observar siempre la comunión con la Iglesia, incluso en su modo de obrar”.
1) De la profesión de fe, que implica creer con fe divina y católica las verdades de fe y propuestas por
el Magisterio infalible de la Iglesia. El rechazo “total de la fe cristina” es la apostasía [delito];
2) Vinculo de los sacramentos: son medios de salvación instituidos en la Iglesia. La negación pertinaz
constituye herejía;
3) Gobierno eclesiástico: aceptación de la construcción jerárquica de la Iglesia [Romano Pontífice,
cabeza de la Iglesia universal, y el Colegio episcopal, los obispos, miembros y cabeza de sus iglesias
particulares]. El rechazo consiste en el delito de cisma.
Según el canon 751, se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad
que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de
la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la
Iglesia a él sometidos.
Todos estos son delitos y son castigados con la excomunión.
● Catecúmenos (206)
Los bautizados son fieles cristianos. Pero existen personas que han solicitado pertenecer a la Iglesia,
movidos por el Espíritu Santo, y que por este mismo deseo, así como también por la vida de fe, esperanza y
caridad que llevan, están unidos a la Iglesia, que los acoge ya como suyos.
Can 207: “La iglesia presta especial atención a los catecúmenos y, a la vez que los invita a llevar una vida
evangélica y los inicia en la celebración de los ritos sagrados, les concede ya algunas prerrogativas propias
de los cristianos”.
La Constitución “Sacrosanctum Concilium”, sobre liturgia, se refiere especialmente a ellos.
Los no bautizados —los gentiles— están llamados a la salvación, esto es, a incorporarse a la Iglesia,
porque la Redención es universal y Cristo ha sido constituido como el nuevo Adán, Cabeza de toda la
Humanidad y Primogénito de todas las criaturas. Hay, pues, una relación de destinación y llamada de los
gentiles respecto de la Iglesia.
Clasificación de los fieles: (Cán. 207): por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros
sagrados, que en el derecho se denominan también clérigos; los demás se denominan laicos”.
- Laicos: son definidos por defecto: “los demás”. Partícipes en los asuntos temporales, profesiones,
condiciones familiares y sociales, ordenadas a Dios. Cooperadores en el orden temporal. Oficios
eclesiásticos [peritos, consejeros, miembros de consejos, lectores, acólitos, etc.]. Nuestra tarea es
colaborar con la tarea de la Iglesia en el mundo.
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- Clérigos: Varones sellados con el sacramento del orden sagrado. Su consagración los destina a
apacentar el Pueblo de Dios. Desempeñan las funciones que Cristo encomendó: enseñar, santificar,
regir. Existen diversas órdenes:
o Diaconal: son los auxiliares de los presbíteros y obispos y poseen el tercer grado del
sacramento del orden. Están destinados a cumplir tareas de asistencia en el altar. Existen dos
tipos de diaconado: el permanente, los cuales están al servicio de la caridad, de la
proclamación de la Palabra de Dios y de la liturgia; y los transitorios, quienes después de un
tiempo conveniente, recibirán el orden del Presbiterado, o sea reciben el grado del orden en
camino a recibir el grado siguiente. El diácono permanente se puede casar, pero si enviudan
no pueden volver a casarse.
o Presbiteral: Son colaboradores de los obispos y solo tienen un nivel de jurisdicción parcial
sobre los fieles. Esto porque ellos no recibieron todavía la totalidad del sacramento del orden.
Algunos de ellos lideran las parroquias de su diócesis y tienen varios títulos [ej. Vicario,
monseñor, canónigo, arquimandrita]. su función está alrededor del sacrificio eucarístico;
o Episcopal: son obispos que recibieron la totalidad del sacramento del orden sacerdotal,
siendo por eso considerado como los sucesores directos de los 12 apóstoles. Los obispos
tienen jurisdicción ordinaria sobre sus respectivas diócesis. Sus funciones son enseñar,
santificar y regir.
1) Deber de mantener la comunión (209): los fieles [clérigos y laicos] están obligados a observar
siempre la comunión con la Iglesia, incluso en su modo de obrar.
2) Deber de buscar la santidad (210): todos los fieles deben esforzarse según su propia condición,
por llevar una vida santa, así como por incrementar la Iglesia y promover su continua santificación. Según el
canon 276, esta obligación es especialmente grave para los clérigos: los clérigos en su propia conducta, están
obligados a buscar la santidad por una razón peculiar, ya que, consagrados a Dios por un nuevo título en la
recepción del orden, son administradores de los misterios del Señor en servicio de su pueblo.
3) Deber respecto al mensaje de la salvación(211): todos los fieles tienen el deber y el derecho de
trabajar para que el mensaje divino de salvación alcance más y más a los hombres de todo tiempo y del orbe
entero.
4) Deber de obediencia a los pastores (212): los fieles, conscientes de su propia responsabilidad,
están obligados a seguir, por obediencia cristiana, todo aquello que los Pastores sagrados, en cuanto
representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como rectores de la Iglesia.
Destacamos que los pastores son los Obispos.
5) Derecho y deber de manifestar opinión (212): los fieles tienen derecho a manifestar a los
Pastores de la Iglesia sus necesidades, principalmente las espirituales, y sus deseos. Tienen el derecho, y a
veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los
Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás
fieles.
6) Derecho de dar culto a Dios (214): los fieles tienen derecho a tributar culto a Dios según las
normas del propio rito aprobado por los legítimos Pastores de la Iglesia, y a practicar su propia forma de
vida espiritual, siempre que sea conforme con la doctrina de la Iglesia.
7) Derecho de asociación (215): los fieles tienen derecho a fundar y dirigir libremente asociaciones
para fines de caridad o piedad, o para fomentar la vocación cristiana en el mundo; y también a reunirse para
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procurar en común esos mismos fines. Es importante destacar que el estatuto de estas asociaciones puede ser
civil o canónico.
8) Derecho a la libre elección de vida (219): en la elección del estado de vida, todos los fieles
tienen el derecho a ser inmunes de cualquier coacción. Dice la doctrina que el derecho a la libre elección de
vida es más que inmunidad a cualquier coacción; quizás el canon se limita a hablar de inmunidad de
coacción para evitar que se interprete en el sentido de que el fiel tiene un derecho fundamental a ser
admitido a las sagradas órdenes o en este o aquel instituto de vida consagrada; es verdad que este derecho no
existe, pero por ello el derecho a la elección de estado no se reduce a una inmunidad de coacción: tampoco
el ius connubii da derecho a casarse con la persona elegida si ésta no quiere. En otras palabras, este derecho
se limita a la libertad de decisión personal, sin obligar a que acepten la elección quienes han de dar su
consentimiento en caso de ser necesario para que esa elección alcance su fin.
10) Derechos procesales-a la defensa (221): los fieles pueden reclamar legítimamente los derechos
que tienen en la Iglesia, y defenderlos en el fuero eclesiástico competente conforme a la norma del derecho.
Si son llamados a juicio por la autfridad competente, tienen derecho a ser juzgados según las normas
jurídicas, que deben ser aplicadas con equidad. Los fieles tienen el derecho a no ser sancionados con penas
canónicas, si no es conforme a la norma legal.
11) Derecho y deber de asistencia a la Iglesia (222): los fieles tienen el deber de ayudar a la Iglesia
en sus necesidades, de modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las obras de apostolado y de
caridad y el conveniente sustento de los ministros.
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La provisión de un oficio se hace:
1) Mediante libre colación por la autoridad eclesiástica competente (acto jurídico de designación del
titular de un oficio, realizado ordinariamente mediante decreto por aquella autoridad que está
llamada a intervenir);
2) Por presentación;
3) Por confirmación o admisión por la misma cuando ha precedido elección o postulación de un
órgano colegiado;
4) Por simple elección y aceptación del elegido cuando la elección no necesita ser confirmada.
Cesan por:
1. Transcurso del tiempo;
2. Voluntad del titular;
3. Procesos judiciales o administrativos.
● Clérigos (207)
Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan
también clérigos; los demás se denominan laicos. Mediante el sacramento del orden, por institución divina,
algunos de entre los fieles quedan constituidos ministros sagrados, al ser marcados con un carácter indeleble,
y así son consagrados y destinados a servir, según el grado de cada uno, con nuevo y peculiar título, al
pueblo de Dios. (1008)
Los órdenes son (1009):
1) El episcopado (obispos, que son quienes cuentan con la plenitud del sacramento);
2) El presbiterado (sucesores de los “ancianos”) y;
3) El diaconado (que puede ser de carácter temporal o permanente).
Los clérigos, además de las obligaciones y derechos que son comunes a todos los fieles cristianos y de los
que se establecen en otros cánones, tienen las siguientes obligaciones y derechos:
1) Vida no ostentosa (282): Los clérigos han de vivir con sencillez, y abstenerse de todo aquello que
parezca vanidad.
2) Deber de buscar la santidad (276): como señalábamos anteriormente, si bien todos los fieles deben
esforzarse por llevar una vida santa, así como por incrementar la Iglesia y promover su continua
santificación, los clérigos tienen un deber de santidad más fuerte.
3) Deber de celebrar diariamente la misa, de rezar el rosario y de realizar el rezo de las horas
(276): se invita encarecidamente a los sacerdotes a que ofrezcan cada día el Sacrificio eucarístico, y
a los diáconos, a que participen diariamente en la misma oblación. Los sacerdotes, y los diáconos
que desean recibir el presbiterado, tienen obligación de celebrar todos los días la liturgia de las horas
según sus libros litúrgicos propios y aprobados; y los diáconos permanentes han de rezar aquella
parte que determine la Conferencia Episcopal.
4) Celibato (277): Los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el
Reino de los cielos y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios,
mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero
y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres. El celibato sacerdotal es un don
del Espíritu que convierte al sacerdote en el «hombre para los demás», y cuya disciplina la Iglesia
está decidida a conservar como un tesoro a pesar de ser consciente de «llevar este tesoro en vasos de
barro».
● Laicos (207)
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Por contraste con los clérigos, el resto de los fieles han recibido, ya en los primeros siglos, el nombre de
laicos (no seglares, traducción tan desafortunada como incorrecta). En este sentido, el término laico tiene un
significado negativo, ya que designa el no clérigo; lo cual no quiere decir que los laicos —los no
ordenados— tengan una posición negativa en la Iglesia, ya que son fieles, con todos los derechos,
capacidades y deberes del estatuto jurídico del fiel; este sentido de laico no connota otra cosa que la ausencia
de ordenación sagrada.
1) Derecho y deber de expansión del Evangelio (225): tienen la obligación general, y gozan del
derecho, tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea
conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo; obligación que les apremia todavía más
en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y
conocer a Jesucristo.
2) Vocación matrimonial y familiar (226): quienes, según su propia vocación, viven en el estado
matrimonial, tienen el peculiar deber de trabajar en la edificación del pueblo de Dios a través del
matrimonio y de la familia. Puede hablarse así de la familia cristiana, como semilla de nuevos
cristianos, y célula base de una sociedad cristiana. Asimismo, la familia, a través de la red de
relaciones familiares y sociales en las que se inserta constituye un foco de irradiación cristiana. El
deber de que habla el canon no es jurídico, sino moral.
3) Posibilidad de colaborar en oficios y cargos (228): Los laicos que sean considerados idóneos
tienen capacidad de ser llamados por los sagrados Pastores para aquellos oficios eclesiásticos y
encargos que pueden cumplir según las prescripciones del derecho. Los laicos que se distinguen por
su ciencia, prudencia e integridad tienen capacidad para ayudar como peritos y consejeros a los
Pastores de la Iglesia, también formando parte de consejos, conforme a la norma del derecho. Con
precisión utiliza este canon la expresión habiles sunt, , pues no se trata de derechos, sino de
capacidades. Sólo un desviado «democratismo», contrario a la constitución divina de la Iglesia,
puede entender estas capacidades como derechos fundamentales. El límite de estas capacidades está
determinado por el sacramento del Orden: los laicos no son capaces para aquellos oficios y funciones
que exijan algún grado del sacramento del Orden como requisito de validez de los actos que se hayan
de realizar.
4) Posibilidad de participar y cooperar en los ministerios (230): los varones laicos que tengan la
edad y condiciones determinadas por decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser llamados para
el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito; sin embargo, la colación
de esos ministerios no les da derecho a ser sustentados o remunerados por la Iglesia. Por encargo
temporal, los laicos pueden desempeñar la función de lector en las ceremonias litúrgicas; así mismo,
todos los laicos pueden desempeñar las funciones de comentador, cantor y otras. Donde lo aconseje
la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores, ni
acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir
las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comunión.
● Religiosos: Entre clérigos y laicos hay una unidad esencial y, de entre ellos, están los que
recibieron una invitación más profunda de Cristo, por lo que realizan promesas o votos y se
constituyen en religiosos.
c) La vida consagrada. Otras formas de asociación. Concepto y distinción.
● Vida consagrada (573) [Parte III, Libro II, CIC]
Son aquellos que han abrazado de forma estable, y aprobada por la Iglesia, una vida siguiendo los consejos
evangélicos mediante votos y otros vínculos sagrados. Hacen voto de castidad, pobreza y obediencia
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incorporándose así a la vida consagrada. Es decir, llevan a cabo un compromiso especial que involucra toda
su vida mediante estos votos.
Can. 207 2: en estos dos grupos hay files que, por la profesión de los consejos evangélicos mediante votos u
otros vínculos sagrados, reconocidos y sancionados por la Iglesia, se consagran a Dios según la manera
peculiar que les es propia y contribuyen a la misión salvífica de la Iglesia; su estado, aunque no afecta a la
estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, a la vida y santidad de la misma.
2) Esta especificidad canónica radica en una nueva consagración, añadida a la consagración bautismal:
están entregados a Dios por un nuevo y peculiar título. Destacamos que pueden pertenecer a
institutos de vida consagrada tanto laicos como clérigos.
Históricamente, en el Siglo III, San Antonio Abad y San Pacomio comenzaron una institución de vida en
común, separados del resto de la comunidad.
Hacia el siglo XII, nacen las órdenes mendicantes, como las carmelitas, los franciscanos y los agustinos.
En el siglo XVI, nacen los religiosos que además son clérigos: los frailes (como los jesuitas).
En 1947, con una reforma de Pio XII, se incluye en el código el concepto de “vida religiosa”.
La vida consagrada, que realiza votos (públicos) de obediencia, castidad y pobreza, son actualmente
institutos religiosos que, en general, no practican la vida en común.
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Unidad III: Autoridad suprema de la Iglesia
Ubicación en el CIC:
LIBRO I: Normas generales: cáns. 1/128 (fuentes, personas, actos jurídicos) – 129- 144 (potestad de
régimen) – 145-196 (oficio eclesiástico)
a) La potestad eclesiástica
La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el
Espíritu Santo como en un templo. Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos amó
a nosotros.
El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y
no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único
sacerdocio de Cristo.
El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal,
confecciona el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo y lo ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios.
Los fieles, en cambio, en virtud de su sacerdocio regio, concurren a la ofrenda de la Eucaristía y lo ejercen
en la recepción de los sacramentos, en la oración y acción de gracias, mediante el testimonio de una vida
santa, en la abnegación y caridad operante.
Hay 3 funciones (munus) que se derivan de esta potestad conferida de Cristo a la Iglesia:
1) Enseñar el evangelio del magisterio
2) Santificar
3) Regir
Estas funciones deben ejercerse jerárquicamente, con fundamento de comunión, y, pese a ser instituciones
divinas, no son potestades expeditas, sino que requieren de la especificación del derecho eclesial (misio
canónica). Así, el Obispo recibe munus por derecho divino, pero para realizarlas requiere “autorización”
jurídica.
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El canon 129 establece que de la potestad de régimen, que existe en la Iglesia por institución divina, y que se
llama también potestad de jurisdicción, son sujetos hábiles, conforme a la norma de las prescripciones del
derecho, los sellados por el orden sagrado. Asimismo, los fieles laicos pueden cooperar a tenor del derecho.
Este canon contiene la declaración general de que los ministros sagrados poseen la habilidad necesaria para
obtener la potestad de gobierno en la Iglesia.
El oficio eclesiástico es un conjunto de facultades que se ejercen de manera estable para poder cumplir con
los fines de la iglesia. Los oficios que requieran potestad de orden o régimen lo pueden llevar a cabo solo los
clérigos
Cán. 129, 1: Los sujetos de la potestad de régimen: los clérigos [los laicos pueden cooperar en el ejercicio]
Solo los clérigos requieren potestad de orden o régimen,
Clasificación II (135)
La potestad de régimen se divide en legislativa, ejecutiva y judicial.
1) La potestad legislativa se ha de ejercer del modo prescrito por el derecho, y no puede delegarse
válidamente aquella que tiene el legislador inferior a la autoridad suprema, a no ser que el derecho
disponga explícitamente otra cosa; tampoco puede el legislador inferior dar válidamente una ley
contraria al derecho de rango superior.
2) La potestad judicial que tienen los jueces o tribunales se ha de ejercer del modo prescrito por el
derecho, y no puede delegarse, si no es para realizar los actos preparatorios de un decreto o
sentencia.
3) Potestad ejecutiva [administrar]: La potestad ejecutiva ordinaria puede delegarse tanto para un acto
como para la generalidad de los casos, a no ser que en el derecho se disponga expresamente otra
cosa.
Extinción:
Can 142: La potestad delegada se extingue: una vez cumplido el mandato; transcurrido el plazo o agotado
el número de casos para los que fue concedida; al haber cesado la causa final de la delegación; por
revocación del delegante intimada directamente al delegado, y también por renuncia del delegado presentada
al delegante y aceptada por éste; pero no se extingue por haber cesado la potestad del delegante, a no ser que
conste así en las cláusulas puestas al mandato.
Sin embargo, el acto de potestad delegada que se ejerce solamente en el fuero interno es válido aunque, por
inadvertencia, se realice una vez transcurrido el plazo de la concesión.
Can 143: La potestad ordinaria se extingue por la pérdida del oficio al que va aneja.
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A no ser que el derecho disponga otra cosa, la potestad ordinaria queda suspendida cuando legítimamente se
apela o se interpone recurso contra la privación o remoción del oficio.
b) La autoridad Suprema de la Iglesia: el Romano Pontífice y el Colegio Episcopal.
Autoridad suprema de la Iglesia (330)
Caída el Imperio de Occidente, el papa apuntó a evangelizar los pueblos barbaros. La subsistencia del papa
romano empieza a generar que los demás obispos, incluso los orientales, le consultaren sobre temas de
definición de fe, de moral, etc., que terminan en unos documentos llamados “decretales” que eran las
respuestas del papa de roma. Finalmente, se elige a Gregorio VII, quien autoriza la autoridad suprema de
roma en el documento “Dictatus papae”.
En el Vaticano II había posturas sobre qué o quien ejerce la Iglesia: o solo el obispo de Roma o la herencia
del grupo de los apóstoles [gobierno colegiado] o ambos, es decir, tanto el romano pontífice como el colegio
episcopal.
Can 330: “Así como, por determinación divina, San Pedro y los demás Apóstoles constituyen un Colegio,
de igual modo están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los
Apóstoles” 🡪 Decimos que la potestad que ejerce pertenece al derecho divino y, por tanto, es irreformable.
Analogía de proporción: “esta Iglesia, constituida y ordenada como sociedad en este mundo, subsiste en la
Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él” (cán 204, 2). 🡪
La autoridad suprema de la iglesia es doble: el papa y el colegio episcopal con el papa a la cabeza. Resultan
ser dos sujetos que no son lo mismo. La potestad no se adquiere de la misma forma: el Papa es sucesor
directo ––en el oficio–– de Pedro; en cambio, los obispos no suceden en la persona a los apóstoles, sino que
se unen al colegio [que formaban Pedro y los demás apóstoles], de modo que en los obispos no hay sucesión
sino “ensanche”. La autoridad es doble: un colegio que tiene una cabeza, y no puede actuar en su contra, y
esa cabeza que sucede a pedro. Por lo que, el colegio no puede ir en contra del Papa.
Can. 336: “El colegio Episcopal, cuya cabeza es el Sumo Pontífice y del cual son miembros los Obispos en
virtud de la consagración sacramental y de la comunión jerárquica con la cabeza y miembros del colegio, y
en el que continuamente persevera el cuerpo apostólico, es también, en unión con su cabeza y nunca sin esa
cabeza, sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia”.
Can. 333 “al ejercer su oficio de Pastor supremo de la Iglesia, el Romano Pontífice se halla siempre unido
por la comunión con los demás Obispos e incluso con toda la Iglesia; a ÉL compete, sin embargo, el derecho
de determinar el modo, personal o colegial, de ejercer ese oficio, según las necesidades de la Iglesia.
El Romano Pontífice, en virtud de su oficio primacial como Sucesor de San Pedro, es la Cabeza del Colegio
Episcopal y ejerce sobre toda la Iglesia plena y suprema potestad de jurisdicción, verdaderamente episcopal,
ordinaria e inmediata: a la cual todos los Pastores y restantes fieles, cualquiera que sea su rito y rango
jerárquico, tanto personalmente como en su conjunto, deben prestar subordinación jerárquica y obediencia,
no sólo en lo que se refiere a la fe y a las costumbres, sino también en aquello que pertenece a la disciplina y
régimen de la Iglesia extendida por toda la tierra.
Según el canon 332, el Romano Pontífice obtiene la potestad plena y suprema en la Iglesia mediante la
elección legítima por él aceptada juntamente con la consagración episcopal. Por lo tanto, el elegido para el
pontificado supremo que ya ostenta el carácter episcopal, obtiene esa potestad desde el momento mismo de
su aceptación. Pero si el elegido carece del carácter episcopal, ha de ser ordenado Obispo inmediatamente.
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El oficio petrino es:
1) De origen divino;
2) Una potestad suprema (no subordinada a ningún poder);
3) Ordinaria;
4) Plena;
5) Inmediata:
6) Episcopal [participan y colaboran];
7) Universal [se ejerce sobre toda la iglesia]; y participan y colaboran el colegio episcopal.
Destacamos que es el único obispo con un sistema especial para su nombramiento, que es el cónclave.
Elección del Romano Pontífice (Universi Dominici Gregis, 1995 + Modificación Motu Proprio
de Benedicto XVI, 2013).
El derecho de elegir al Romano Pontífice corresponde únicamente a los Cardenales de la Santa Iglesia
Romana, con excepción de aquellos que, antes del día de la muerte del Sumo Pontífice o del día en el cual la
Sede Apostólica quede vacante, hayan cumplido 80 años de edad.
El número máximo de Cardenales electores no debe superar los ciento veinte. Queda absolutamente
excluido el derecho de elección activa por parte de cualquier otra dignidad eclesiástica o la intervención del
poder civil de cualquier orden o grado.
Ningún Cardenal elector podrá ser excluido de la elección, activa o pasiva, por ningún motivo o pretexto.
El Cardenal Camarlengo y los tres Cardenales Asistentes pro tempore están obligados a vigilar atentamente
para que no se viole en modo alguno el carácter reservado de lo que sucede en la Capilla Sixtina, donde se
desarrollan las operaciones de votación, y de los locales contiguos, tanto antes como durante y después de
tales operaciones.
De modo particular, incluso recurriendo a la pericia de dos técnicos de confianza, procurarán tutelar este
carácter reservado, asegurándose de que ningún medio de grabación o de transmisión audiovisual sea
introducido por alguien en los locales indicados, especialmente en la citada Capilla donde se desarrollan los
actos de la elección. Si se cometiese y descubriese una infracción a esta norma, sepan los autores que estarán
sujetos a graves penas según juzgue el futuro Pontífice.
Realizada la elección canónicamente, el último de los Cardenales Diáconos llama al aula de la elección al
Secretario del Colegio de los Cardenales y al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias; después,
el Cardenal Decano, o el primero de los Cardenales por orden y antigüedad, en nombre de todo el Colegio
de los electores, pide el consentimiento del elegido con las siguientes palabras: ¿Aceptas tu elección
canónica para Sumo Pontífice? Y, una vez recibido el consentimiento, le pregunta: ¿Cómo quieres ser
llamado?
Entonces el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, actuando como notario y teniendo como
testigos a dos Ceremonieros que serán llamados en aquel momento, levanta acta de la aceptación del nuevo
Pontífice y del nombre que ha tomado.
Después de la aceptación, el elegido que ya haya recibido la ordenación episcopal, es inmediatamente
Obispo de la Iglesia romana, verdadero Papa y Cabeza del Colegio Episcopal; el mismo adquiere de hecho
la plena y suprema potestad sobre la Iglesia universal y puede ejercerla.
En cambio, si el elegido no tiene el carácter episcopal, será ordenado Obispo inmediatamente.
El Colegio Episcopal, cuya cabeza es el Sumo Pontífice y del cual son miembros los Obispos en virtud de la
consagración sacramental y de la comunión jerárquica con la cabeza y miembros del Colegio, y en el que
continuamente persevera el cuerpo apostólico, es también, en unión con su cabeza y nunca sin esa cabeza,
sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia [can. 336]
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El Orden o Colegio de los Obispos, que sucede al Colegio Apostólico en el magisterio y régimen pastoral,
junto a su Cabeza —que es el Romano Pontífice— y nunca sin ella, es también sujeto de la potestad
suprema y plena sobre toda la Iglesia, potestad que puede ejercerse únicamente con el consentimiento del
Romano Pontífice.
La potestad suprema sobre la Iglesia universal, que compete a este Colegio, se ejerce de manera solemne en
el Concilio Ecuménico.
La misma potestad colegial, en unión con el Papa, puede ejercerse por los Obispos esparcidos en todo el
mundo, con tal de que el Romano Pontífice, Cabeza del Colegio, les llame a la acción colegial o, al menos,
apruebe o acepte libremente la acción conjunta de los Obispos dispersos, de manera que el acto se haga
verdaderamente colegial.
Todos los Obispos que, sean miembros del Colegio Episcopal, y sólo ellos, tienen el derecho y el deber de
asistir al Concilio Ecuménico con voto deliberativo.
Sínodo de los Obispos (342): El sínodo de los Obispos es una asamblea de Obispos escogidos de las
distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión
estrecha entre el Romano Pontífice y los Obispos, y ayudar al Papa con sus consejos para la
integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina
eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo.
De acuerdo con sus normas constitutivas, el Sínodo de los Obispos depende directa e inmediatamente del
Romano Pontífice, a quien corresponde convocarlo, y es una institución eclesiástica que se encuadra dentro
del régimen central de la Iglesia, representa a todo el episcopado católico y desarrolla sus trabajos en
ocasiones y momentos determinados.
Los Cardenales de la Santa Iglesia Romana constituyen un Colegio peculiar, al que compete proveer a la
elección del Romano Pontífice, según la norma del derecho peculiar; asimismo, los Cardenales asisten al
Romano Pontífice, tanto colegialmente, cuando son convocados para tratar juntos cuestiones de más
importancia, como personalmente, mediante los distintos oficios que desempeñan, ayudando al Papa sobre
todo en su gobierno cotidiano de la Iglesia universal.
Para ser promovidos a Cardenales, el Romano Pontífice elige libremente entre aquellos varones que hayan
recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y
prudencia en la gestión de asuntos; pero los que aún no son Obispos deben recibir la consagración episcopal.
Clases de cardenales:
- Cardenal decano: es quien ordena de obispo a quien ha sido elegido Romano Pontífice, si el elegido
careciera de esa ordenación [dato: en caso de estar impedido el Decano, le compete este derecho al
Subdecano, e impedido éste, al Cardenal más antiguo del orden episcopal.
- Cardenal camarlengo: es un funcionario de la corte papal. Es el administrador de los bienes y los
ingresos de la Santa Sede; entre sus responsabilidad se incluía la administración del patrimonio de
San Pedro. Ta,nién, lleva la administración de la Iglesia ante la sede vacante [muerte o renuncia]
- Cardenal Protodiácono: es el que anuncia al pueblo el nombre del nuevo Sumo Pontífice elegido; y
asimismo, en representación del Sumo Romano Pontífice, impone el palio a los Metropolitanos o lo
entrega a sus procuradores.
- Cardenal de Secretario de Estado: es quien dirige la secretaria de Estado de la Santa Sede y
colabora más de cerca con el Sumo Pontífice en el ejercicio de su misión en la Iglesia católica.
Desempeña todas las funciones políticas y diplomáticas de la Santa Sede.
Can 356: Los Cardenales tienen el deber de cooperar diligentemente con el Romano Pontífice; por tanto, los
Cardenales que desempeñen cualquier oficio en la Curia y no sean Obispos diocesanos, están obligados a
residir en la Urbe; los Cardenales a quienes se ha confiado una diócesis en calidad de Obispo diocesano, han
de acudir a Roma cuantas veces sean convocados por el Romano Pontífice.
Can 359: Al quedar vacante la Sede Apostólica, el Colegio Cardenalicio sólo tiene en la Iglesia aquella
potestad que se le atribuye en la ley peculiar.
Consistorio: Es la reunión del Colegio cardenalicio, convocada por el Papa para ayudarle en el gobierno de
la iglesia.
Can 353: Los Cardenales ayudan todos ellos colegialmente al Pastor supremo de la Iglesia, sobre todo en
los Consistorios, en los que se reúnen por mandato del Romano Pontífice y bajo su presidencia; hay
Consistorios ordinarios y extraordinarios.
o Al Consistorio ordinario se convoca al menos a todos los Cardenales presentes en la Urbe para
consultarles sobre algunas cuestiones graves, pero que se presentan sin embargo más comúnmente, o
para realizar ciertos actos de máxima solemnidad.
o Al Consistorio extraordinario, que se celebra cuando lo aconsejan especiales necesidades de la
Iglesia o la gravedad de los asuntos que han de tratarse, se convoca a todos los Cardenales.
Curia Romana (360): La Curia Romana es la institución mediante la que el Romano Pontífice suele
tramitar los asuntos de la Iglesia universal, y que realiza su función en nombre y por autoridad del mismo
para el bien y servicio de las Iglesias, consta de la Secretaría de Estado o Papal, del Consejo para los asuntos
públicos de la Iglesia, de las Congregaciones, Tribunales, y de otras Instituciones, cuya constitución y
competencia se determinan por ley peculiar.
La Curia Romana consta actualmente de: — La Secretaría de Estado, de la que dependen también la
edición de AAS, la Sala de Prensa, así como la vigilancia sobre los medios de comunicación social del
Vaticano. Cuenta asimismo con una Oficina de Estadística y con varias Comisiones. También tiene
tribunales y dicasterios y organismos económicos.
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Dicasterios, entre las que podemos nombrar: De la Doctrina de la Fe; las Iglesias Orientales; Del Culto
Divino y Disciplina de los Sacramentos; De las Causas de los Santos, entre otras.
En el documento Pontificio Pastor Bonus se detalla la organización de la Secretaría de Estado, que ayuda de
cerca al Sumo Pontífice en el ejercicio de su misión suprema.
Legados Pontificios (362): El Romano Pontífice tiene derecho nativo e independiente de nombrar a sus
propios Legados y enviarlos tanto a las Iglesias particulares en las diversas naciones o regiones como a la
vez ante los Estados y Autoridades públicas; tiene asimismo el derecho de transferirlos y hacerles cesar en
su cargo, observando las normas del derecho internacional en lo relativo al envío y cese de los Legados ante
los Estados.
Al Romano Pontífice compete de manera primaria sobre la situación de la Iglesia en toda la tierra, y su
función de mantener unido e indiviso a todo el cuerpo episcopal, junto con el afán por procurar que todas las
almas se acerquen a la Iglesia; de ahí se sigue la necesidad de una unión estrecha entre el Romano Pontífice
y los Obispos, que contribuyen a fomentar los representantes pontificios, a quienes corresponde:
A los Legados del Romano Pontífice se les encomienda el oficio de representarle de modo estable ante las
Iglesias particulares o también ante los Estados y Autoridades públicas a donde son enviados. Representan
también a la Sede Apostólica aquellos que son enviados en Misión pontificia como Delegados u
Observadores ante los Organismos internacionales o ante las Conferencias y Reuniones. (363)
El Sumo Pontífice puede nombrar Nuncios para que lo representen ante Iglesias particulares y Estados, y
enviados plenipotenciarios, llamados Internuncios. Asimismo, como detalla el canon 363 in fine, pueden
nombrar delegados apostólicos (con fines espirituales) y también Delegados u Observadores especiales (que
son quienes concurren como miembros observadores de la ONU).
En primer lugar, Italia reconoce y reafirma la religión católica, apostólica y romana como la única religión
del Estado. (art. 1)
Italia reconoce asimismo la soberanía de la Santa Sede en el campo internacional como atributo inherente a
su naturaleza, conforme a su tradición y a las exigencias de su misión en el mundo. (art. 2)
Italia reconoce a la Santa Sede la plena propiedad, y la exclusiva y absoluta potestad y jurisdicción soberana
sobre el Vaticano, con todas sus pertenencias y dotaciones, creando a tal efecto la Ciudad del Vaticano para
los fines especiales y con las modalidades que dicta el Tratado. (art. 3)
21
Por eso, la soberanía y jurisdicción exclusiva que Italia reconoce a la Santa Sede sobre la Ciudad del
Vaticano, supone que en la misma no haya alguna injerencia por parte del Gobierno italiano y que no haya
otra autoridad que no sea la de la Santa Sede. (art. 4)
Ley Fundamental del Estado de la Ciudad del Vaticano (2001, S. Juan Pablo II)
El Sumo Pontífice, Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, tiene la plenitud de los poderes
ejecutivo, legislativo y judicial.
La representación del Estado en sus relaciones con los Estados extranjeros y con otros sujetos del Derecho
internacional, por las relaciones diplomáticas y por la conclusión de los Tratados, está reservada al Sumo
Pontífice, que la ejercita por medio de la Secretaría de Estado.
22
Unidad IV: Las Iglesias particulares
Ubicación en el CIC:
Libro II – Parte II: de la constitución jerárquica de la Iglesia.
Sección I: De la autoridad suprema de la Iglesia
Sección II: De las Iglesias Particulares y sus agrupaciones.
Todos los Obispos del mundo suceden de manera colegiada al primer grupo de obispos que eran los 12
apóstoles. El Papa, en particular, sucede a Pedro.
Por la consagración episcopal, junto con la función de santificar, los Obispos reciben también las funciones
de enseñar y regir, que, sin embargo, por su misma naturaleza, sólo pueden ser ejercidas en comunión
jerárquica con la cabeza y con los miembros del Colegio.
Clases de Obispos:
Se llaman diocesanos, los Obispos a los que se ha encomendado el cuidado de una diócesis [gobiernan]; los
demás se denominan obispos titulares. Un ejemplo de obispo titular podría ser Mons. Victor Fernández,
cuando tuvo a su cargo el cuidado de la UCA durante su rectorado.
Como señala el canon 388, el Obispo diocesano debe aplicar por el pueblo que le está encomendado la Misa
de todos los domingos y otras fiestas de precepto en su región. Él personalmente deberá celebrar y aplicar la
Misa por el pueblo. Asimismo, según el canon 399, deberá visitar Roma, presentarse al Romano Pontífice,
comentarle sobre la situación de su diócesis, y venerar los sepulcros de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
Cuando lo aconsejen las necesidades pastorales de una diócesis, se constituirán uno o varios obispos
auxiliares, a petición del Obispo diocesano al Papa; el Obispo auxiliar no tiene derecho de sucesión.
Mientras que, el obispo coadjutor es quien tiene derecho a suceder al obispo diocesano, son nombrados por
el Papa, y puede ejercer el gobierno de la diócesis hasta tanto vuelva el obispo diocesano.
1. El Sumo Pontífice nombra libremente a los Obispos, o confirma a los que han sido legítimamente
elegidos.
2. Al menos cada tres años, los Obispos de la provincia eclesiástica o, donde así lo aconsejen las
circunstancias, los de la Conferencia Episcopal, deben elaborar de común acuerdo y bajo secreto una lista de
presbíteros [posibles candidatos], también de entre los miembros de institutos de vida consagrada, que sean
más idóneos para el episcopado, y han de enviar esa lista a la Sede Apostólica, permaneciendo firme el
derecho de cada Obispo de dar a conocer particularmente a la Sede Apostólica nombres de presbíteros que
considere dignos e idóneos para el oficio episcopal.
23
3. A no ser que se establezca legítimamente de otra manera, cuando se ha de nombrar un Obispo diocesano o
un Obispo coadjutor, para proponer a la Sede Apostólica una terna, corresponde al Legado pontificio
[=diplomático] investigar separadamente el nombre de los candidato, y comunica la terna a la Sede
Apostólica, juntamente con su opinión, lo que sugieran el Arzobispo y los Sufragáneos de la provincia, a la
cual pertenece la diócesis que se ha de proveer o con la cual está agrupada, así como el presidente de la
Conferencia Episcopal; oiga además el Legado pontificio a algunos del colegio de consultores y del cabildo
catedral y, si lo juzgare conveniente, pida en secreto y separadamente el parecer de algunos de uno y otro
clero, y también de laicos que destaquen por su sabiduría.
4. Si no se ha provisto legítimamente de otro modo, el Obispo diocesano que considere que debe darse un
auxiliar a su diócesis propondrá a la Sede Apostólica una lista de al menos tres de los presbíteros que sean
más idóneos para ese oficio.
El sistema de nombramiento directo por el Romano Pontífice está vigente en la Iglesia de rito latino.
Determina el § 2 que, al menos cada trienio, los Obispos de cada Provincia eclesiástica o la Conferencia
Episcopal elaboren una lista de presbíteros idóneos para el episcopado.
Las votaciones serán siempre secretas.
Las listas se transmiten a la Santa Sede a través del representante pontificio, a quien corresponde también en
cada caso instruir el correspondiente proceso informativo.
Se considera impedida la sede episcopal cuando por cautiverio, relegación [lo obligan a vivir en un lugar],
destierro [expulsión] o incapacidad, el Obispo diocesano se encuentra totalmente imposibilitado para ejercer
su función pastoral en la diócesis. Es decir, es cuando momentáneamente el obispo no puede ejercer el
gobierno de su diócesis
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A no ser que la Santa Sede haya provisto de otro modo, cuando quede impedida una sede, el gobierno de la
diócesis compete:
Quien se hace cargo del régimen de la diócesis es el obispo auxiliar, hasta tanto el obispo titular vuelva a
ejercer. Debe comunicar cuanto antes a la Santa Sede que la diócesis está impedida y que él ha asumido su
gobierno. El obispo titular debe armar una lista con un orden de prelación en donde estipula quien se hace
cargo de la diócesis si llega a estar impedida.
Queda vacante una sede episcopal por fallecimiento del Obispo, renuncia aceptada por el Romano Pontífice,
traslado y privación intimada [sanción] al Obispo.
La situación de sede vacante se produce en la diócesis con la pérdida de la jurisdicción del Obispo. Las
prescripciones de este canon rigen sólo cuando no existe en la diócesis un Obispo coadjutor, por tanto con
derecho de sucesión, pues en tal caso, al vacar la sede episcopal el coadjutor statim fit Episcopus
dioecesanus.
Al quedar vacante la sede y hasta la constitución del Administrador diocesano, el gobierno de la diócesis
pasa:
1) al Obispo auxiliar o, si son varios, al más antiguo de ellos por el orden de su promoción, y, donde no
haya Obispo auxiliar;
2) al colegio de consultores, a no ser que la Santa Sede hubiera establecido otra cosa.
Quien de ese modo se hace cargo del gobierno de la diócesis, debe convocar sin demora al colegio que sea
competente para designar Administrador diocesano.
b) Las Iglesias particulares. Las diócesis y las que se equiparan a ella. Estructura de gobierno.
Concepto (368) La Iglesia universal en el mundo se subdivide en Iglesias particulares.
Iglesias particulares, en las cuales y desde las cuales existe la Iglesia católica una y única, son
principalmente, las diócesis a las que, si no se establece otra cosa, se asimilan: la prelatura territorial y la
abadía territorial, el vicariato apostólico y la prefectura apostólica así como la administración apostólica
erigida de manera estable.
Presupone este canon que la noción de Iglesia particular se realiza principalmente en las diócesis y, sin
adentrarse en otras puntualizaciones, su texto determina cuáles son las estructuras eclesiásticas a las que, por
su misma naturaleza o por asimilación (prescindiendo de que sean o no Iglesias particulares), se aplica el
conjunto de normas establecidas por el derecho para las Iglesias particulares: las diócesis, prelaturas
territoriales, abadías territoriales, vicariatos apostólicos, prefecturas apostólicas y administraciones
apostólicas erigidas con carácter estable. Esta equiparación o asimilación se extiende también expresamente
a los ordinarios militares o castrenses.
La administración apostólica es una determinada porción del pueblo de Dios que por razones especiales y
particularmente graves, no es erigida como diócesis por el Romano Pontífice, y cuya atención pastoral se
encomienda a un Administrador apostólico, que la rija en nombre del Sumo Pontífice. Es un territorio que
podría llegar a ser diócesis, pero la Santa sede cree que no. Generalmente son territorios de guerra, entonces
el Sumo Pontífice lo manda en su representación [ya que si se crea una diócesis, indirectamente, se estaría
inclinando la balance hacía el país en donde se estableció esa diócesis].
Destacamos que estos motivos suelen ser disciplinares, o están exigidos por cambios de la delimitación de
fronteras entre distintos Estados, o por dificultades con los gobiernos respectivos.
368 Iglesias particulares, en las cuales y desde las cuales existe la Iglesia católica una y
única, son principalmente las diócesis a las que, si no se establece otra cosa, se asimilan la
prelatura territorial y la abadía territorial, el vicariato apostólico y la prefectura apostólica
así como la administración apostólica erigida de manera estable.
C 369:DIOCESIS
La Iglesia está subdividida en diócesis.
La diócesis es una porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la
cooperación del presbiterio [conjunto de presbíteros que están encabrinados en la diócesis], de manera que,
unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya
una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica
y apostólica. (!!! De memoria)
Dato: la diferencia entre arzobispo y diócesis, es que el arzobispo gobierna una arquidiócesis y el obispo una
diócesis.
Can 372 (!!): CRITERIOS PARA DETERMINAR QUÉ COMPRENDE UNA DIOCESIS
26
Como regla general una diócesis se limita territorialmente. Pero, cuando resulte útil a juicio de la autoridad
suprema de la Iglesia, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, pueden erigirse dentro de un mismo
territorio Iglesias particulares distintas por razón del rito de los fieles o por otra razón semejante.
Can 373: Corresponde tan solo a la suprema autoridad el erigir Iglesias particulares, las cuales una vez que
han sido legítimamente erigidas, gozan en virtud del derecho mismo de personalidad jurídica.
La Curia consta de aquellos organismos y personas determinados por la ley universal o, congruentemente
con ella, por cada Obispo para su diócesis. Su labor no se limita en exclusiva a tareas administrativas y
burocráticas.
A nivel rector y de dirección no es posible diseccionar lo jurídico y lo pastoral, pues toda actividad
administrativa en la Iglesia tiene un contenido de naturaleza apostólica, que a nivel de gobierno debe recibir
forma jurídica para objetivar los actos de gobierno y para salvaguardar los derechos subjetivos.
Corresponde al Obispo diocesano nombrar libremente quienes han de desempeñar oficios en la curia
diocesana. (470) Todos aquellos que son nombrados para ejercer un oficio eclesiástico tiene que prometer
que lo va a ser fielmente y guardar secreto.
Vicario (475 y 476) [es la mano derecha del obispo]: En cada diócesis, el Obispo debe nombrar un Vicario
general, que ha de ayudarle en el gobierno de toda la diócesis. Como regla general, se debe nombra un solo
Vicario general en toda diócesis, a no ser que la extensión de la diócesis, el número de habitantes u otras
razones pastorales aconsejen otra cosa.
Tanto los vicarios generales o episcopales gozan de potestades ejecutivas —no legislativa ni judicial—
dentro de sus respectivos ámbitos de competencias.
Se trata en ambos casos de un clérigo, especialmente designado para ejercer, con potestad ordinaria,
funciones ejecutivas de capitalidad, bien con carácter general —Vicario general—, o bien puede nombrar
dentro de un ámbito territorial específicamente delimitado o por un tema en particular a—Vicario
episcopal—.
El Obispo diocesano nombra libremente al Vicario general y al episcopal, y puede removerlos también
libremente.
Canciller (482): En cada curia debe haber un canciller, cuya principal función consiste en cuidar de que se
redacten las actas de la curia, se expidan y se custodien en el archivo de la misma.
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El canciller es secretario de la Curia y da, como notario principal, fe pública del contenido de los
documentos.
En este sentido, viene configurado como auxiliar directo del Moderador de la Curia para el buen orden de
los trabajos administrativos. Además, competen especialmente al canciller las funciones de orden y custodia
de la documentación y de los archivos de la Curia.
Cuando parezca necesario, puede nombrarse un ayudante del canciller, llamado vicecanciller.
Los miembros del consejo de asuntos económicos se nombran para un periodo de cinco años, pero,
transcurrido ese tiempo, puede renovarse el nombramiento para otros quinquenios.
Quedan excluidos del consejo de asuntos económicos los parientes del Obispo hasta el cuarto grado de
consanguinidad o de afinidad.
Además de las funciones que se le encomiendan en el Libro V, De los bienes temporales de la Iglesia,
compete al consejo de asuntos económicos, de acuerdo con las indicaciones recibidas del Obispo, hacer cada
año el presupuesto de ingresos y gastos para todo el régimen de la diócesis en el año entrante, así como
aprobar las cuentas de ingresos y gastos a fin de año.
Consejo presbiteral (495): En cada diócesis debe constituirse el consejo presbiteral, es decir, un grupo de
sacerdotes que sea como el senado del Obispo, en representación del presbiterio, cuya misión es ayudar al
Obispo en el gobierno de la diócesis conforme a la norma del derecho, para proveer lo más posible al bien
pastoral de la porción del pueblo de Dios que se le ha encomendado. Es un órgano consultor del obispo.
El Consejo presbiteral es el único senado del Obispo. Es, de algún modo, la manifestación institucional de la
comunión entre el Obispo y los presbíteros que con él cooperan, fundada en la unión en el sacerdocio
ministerial y en la misión.
Se trata de una institución de carácter obligatorio y de exclusivo ámbito diocesano, que como órgano
consultivo tiene la misión de asesorar al Obispo en los problemas pastorales concernientes al ejercicio de la
jurisdicción.
Colegio de consultores (502): Entre los miembros del consejo presbiteral, el Obispo nombra libremente
algunos sacerdotes, en número no inferior a seis ni superior a doce, que constituyan durante cinco años el
colegio de consultores, al que competen las funciones determinadas por el derecho; sin embargo, al
cumplirse el quinquenio sigue ejerciendo sus funciones propias en tanto no se constituye un nuevo consejo.
Preside el colegio de consultores el Obispo diocesano; cuando la sede esté impedida o vacante, aquél que
provisionalmente hace las veces del Obispo o, si éste aún no hubiera sido constituido, el sacerdote del
colegio de consultores más antiguo por su ordenación.
Por su composición más reducida y facilidad de convocatoria, permite el asesoramiento al Obispo de forma
continuada, y en los asuntos de gobierno de especial urgencia.
c) El Concilio Ecuménico. La Conferencia Episcopal.
Concilio ecuménico: Según la Enciclopedia Católica, los concilios ecuménicos son aquellos que los
obispos y otros con derecho a voto, convocan a todo el mundo (oikoumene), bajo la presencia del
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Papa o sus legados, y los decretos que, habiendo recibido la aprobación papal, obligan a todos los
cristianos.
Conferencia episcopal: A diferencia del Concilio ecuménico, que reune a todos los obispos del
mundo, la conferencia episcopal es la reunión de obispos de determinada porción de territorio.
Según el canon 447, la Conferencia Episcopal, institución de carácter permanente, es la asamblea de los
Obispos de una nación o territorio determinado, que ejercen unidos algunas funciones pastorales respecto de
los fieles de su territorio, para promover conforme a la norma del derecho el mayor bien que la Iglesia
proporciona a los hombres, sobre todo mediante formas y modos de apostolado convenientemente
acomodados a las peculiares circunstancias de tiempo y de lugar.
Cada Conferencia Episcopal debe elaborar sus propios estatutos, que han de ser revisados por la Sede
Apostólica, en los que, entre otras cosas, se establezcan normas sobre las asambleas plenarias de la
Conferencia, la comisión permanente de Obispos y la secretaría general de la Conferencia, y se constituyan
también otros oficios y comisiones que, a juicio de la Conferencia, puedan contribuir más eficazmente a
alcanzar su fin.
Dentro de sus estatutos, cada Conferencia Episcopal deberá elegir su propio presidente, y determinar
vicepresidente para cuando el presidente se encuentre legítimamente impedido, y designar el secretario
general.
Según lo establece el canon 453, las reuniones plenarias de la Conferencia Episcopal han de celebrarse por
lo menos una vez al año, y además siempre que lo exijan circunstancias peculiares, según las prescripciones
de los estatutos.
Comisión permanente: Corresponde a la comisión permanente de Obispos cuidar de que se preparen las
cuestiones de las que se ha de tratar en la reunión plenaria, y de que se ejecuten debidamente las decisiones
tomadas en la misma; le compete también realizar otros asuntos que se le encomienden conforme a la norma
de los estatutos.
1.º hacer la relación de las actas y decretos de la reunión plenaria de la Conferencia y de los actos de la
comisión permanente de Obispos, y transmitirlos a todos los miembros de la Conferencia; e igualmente
redactar otras actas que le encargue el presidente de la Conferencia o la comisión permanente;
2.º comunicar a las Conferencias Episcopales limítrofes los actos y documentos cuya transmisión a las
mismas le haya encargado la Conferencia en reunión plenaria o la comisión permanente de Obispos.
d) Las Parroquias y las prelaturas personales.
Parroquia (515) las diócesis se subdividen en parroquias
La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular,
cuya cuidado pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor
propio.
Corresponde exclusivamente al Obispo diocesano erigir [crear], suprimir o cambiar las parroquias; pero no
las erija, suprime o cambia notablemente sin haber oído al consejo presbiteral.
La parroquia legítimamente erigida tiene personalidad jurídica en virtud del derecho mismo.
Pueden existir en cualquier Iglesia particular, y tienen un carácter marcadamente provisional o transitorio, si
bien no vinculado a un término temporal fijo, sino a las objetivas y peculiares circunstancias que motivan su
erección como tales y no todavía como parroquias.
Territorialidad: (518)
Como regla general, la parroquia ha de ser territorial, es decir, ha de comprender a todos los fieles de un
territorio determinado. Sin embargo, se constituirán parroquias personales en razón del rito, de la lengua o
de la nacionalidad de los fieles de un territorio, o incluso por otra determinada razón.
El territorio cumple en el derecho una cuádruple función: sirve para situar a los sujetos del poder social;
limita el mismo poder social, evitando conflictos de competencia; facilita a los sujetos el conocimiento de
los poderes o servicios de los que dependen, así como su acceso a ellos; es un valor de notable influencia en
la cohesión y continuidad del grupo social.
El párroco representa a la parroquia en todos los negocios jurídicos, conforme a la norma del derecho, y
debe cuidar de que los bienes de la parroquia se administren de acuerdo con la norma de los cc. 1281-1288.
En cada parroquia se han de llevar los libros parroquiales, es decir de bautizados, de matrimonios y de
difuntos, y aquellos otros prescritos por la Conferencia Episcopal o por el Obispo diocesano; cuide el
párroco de que esos libros se anoten con exactitud y se guarden diligentemente.
En el libro de bautizados se anotará también la confirmación, así como lo que se refiere al estado canónico
de los fieles por razón del matrimonio, quedando a salvo lo que prescribe el c. 1133, por razón de la
adopción, de la recepción del orden sagrado, de la profesión perpetua emitida en un instituto religioso y del
cambio de rito; y esas anotaciones han de hacerse constar siempre en la partida del bautismo.
Cada parroquia ha de tener su propio sello; los certificados que se refieren al estado canónico de los fieles,
así como también las demás actas que puedan tener valor jurídico, deben llevar la firma del párroco o de su
delegado, y el sello parroquial.
En toda parroquia ha de haber una estantería o archivo, donde se guarden los libros parroquiales, juntamente
con las cartas de los Obispos y otros documentos que deben conservarse por motivos de necesidad o de
utilidad; todo ello debe ser revisado por el Obispo diocesano.
Cuando quede vacante una parroquia o el párroco esté imposibilitado para ejercer la función pastoral en la
misma, por cautiverio, destierro o deportación, incapacidad, enfermedad u otra causa, el Obispo diocesano
ha de proveer cuanto antes con un administrador parroquial, es decir, un sacerdote que supla al párroco.
El administrador parroquial tiene los mismos deberes y derechos que el párroco, a no ser que el Obispo
diocesano establezca otra cosa.
Es una organización administrativa, que se crea dentro de la Iglesia, con el fin de promover una conveniente
distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias
regiones o diversos grupos sociales. La Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas,
puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular. No es una
prelatura territorial, sino personales. Pueden formar parte tanto clérigos como laicos.
La prelatura personal se rige por los estatutos dados por la Sede Apostólica y su gobierno se confía a un
prelado personal como Ordinario propio, a quien corresponde la potestad de crear sus propios seminarios
nacionales o internacionales así como incardinar a los alumnos y promoverlos a las órdenes a título de
servicio a la prelatura.
La única que existe hoy en argentina es el Opus Dei.
Cuando una prelatura personal quiere llegar a un determinado territorio a misionar, el que gobierna el
territorio es el obispo, por lo que tiene que firmar los acuerdos necesarios con el que gobierna ese territorio,
es decir con el obispo de ese territorio.
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Unidad V: Derecho Matrimonial I (Parte General)
Ubicación en el código:
Concepto: Es uno de los 7 sacramentos, pero es el único de los sacramentos que no es creación de
Jesucristo, ya que el matrimonio entre bautizados es elevado por cristo a la dignidad de sacramento.
(!!)Cán. 1055: El matrimonio es la alianza matrimonial por la que varón y mujer constituyen entre sí un
consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y
educación de la prole, que fue elevada por Cristo a la dignidad de sacramento entre bautizados.
Establece este canon la ordenación del pacto matrimonial a la procreación y educación de los hijos y su
elevación a la dignidad de sacramento.
La palabra alianza [contrato siu generis] refleja la historia de la salvación: la alianza del antiguo testamento,
la alianza que Jesús sella con su sangre con la iglesia.
La palabra consorcio viene de compartir la misma suerte, lo que implica la perpetuidad en el tiempo. El
consorcio para toda la vida implica tiempo.
No hace referencia a qué clase de bautizados, por lo tanto, es el matrimonio entre cristianos el que tiene
carácter sacramental. La doctrina dice que es un sacramento de adultos, por lo que el mínimo de la fe
requerida, es el de los adultos, es decir, que al menos los contrayentes no ignores su carácter estable, entre
varón y mujer, y que tienes fines específicos como la procreación y educación de los hijos.
Es una institución natural. Por lo que, por su índole natural, la misma institución del matrimonio y el amor
conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole (...) el Salvador de los hombres sale
al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio».
En todas las culturas tienen un cierto carácter sacramental. El matrimonio es un derecho natural que todos
tenemos.
Pasaje Mateo 19, 3-6: el matrimonio es la misma realidad que Cristo eleva a sacramento.
En el inciso segundo del canon vemos el principio de inseparabilidad entre contrato y sacramento
matrimonial; “entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso
mismo sacramento”. No cabe, pues, hablar de un matrimonio meramente natural entre los bautizados.
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1) Matrimonio natural: la Iglesia lo considera válido por motivos particulares, como por ejemplo a la
unión civil entre no bautizados.
2) Matrimonio canónico: aquel regido por el Código de Derecho Canónico, por ser uno de los
contrayentes bautizado.
3) Matrimonio sacramento: aquel celebrado, como establece el cánon, entre dos bautizados.
Es decir, según este inciso, la naturaleza del matrimonio será de contrato (por ser unión de voluntades) con
fuerza de sacramento entre dos bautizados.
● La propiedad de UNIDAD se relaciona con la imposibilidad de constituir más de una unión entre
varón y mujer: el vínculo es exclusivo. En caso de que una persona contraiga más relaciones a pesar
de haberse unido en matrimonio, se considerará que el matrimonio es una simulación y traerá
aparejada la nulidad. Apunta, además, a que los cónyuges se tengan fidelidad.
Por ser propiedades esenciales, excluirlas del consentimiento hace nulo el pacto conyugal. Por la misma
razón, el divorcio civil no disuelve el vínculo conyugal, aunque así lo establezca la ley, de modo que los
divorciados no puedan contraer nuevo matrimonio válido, mientras viva el primer cónyuge.
La alianza por la que varón y mujer constituyen un consorcio está ordenada a los siguientes fines:
1) Bien de los cónyuges: lo que significa procurar la salvación del otro;
2) Procreación [unión sexual abierto a la vida];
3) Educación de la prole.
Cabe destacar que en el código del 17 se ponía como primer fin la prole y su educación, y en segundo lugar
el bien de los cónyuges, que ahora quedan equiparados, no hay uno más valioso que el otro.
Consentimiento:
Por la influencia del derecho romano, que tiene la Iglesia latina, es el origen del matrimonio. El
vínculo matrimonial nace del consentimiento o, más precisamente, del pacto conyugal. Es el objeto
del matrimonio.
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El canon 1057 establece que el matrimonio lo produce el consentimiento de las partes legítimamente
manifestado entre personas jurídicamente hábiles, y es un consentimiento que no se puede suplir (ni
por el ordenamiento jurídico, ni por los padres de los contrayentes, ni por ninguna otra potestad
humana).
En consecuencia, la ley humana no puede reconocer un matrimonio como válido si existe algún
vicio que lo haga nulo por derecho natural, a causa de defecto o vicio sustancial en el
consentimiento naturalmente suficiente
El inciso 2 del mismo canon indica la definición de consentimiento matrimonial: “es el acto de la
voluntad, por el cual varón y mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable para
constituir el matrimonio”.
Se presume que el consentimiento manifestado coincide con la voluntad real. Sin embargo, al “sí
quiero” se le tienen que respetar los deberes del matrimonio [1055].
c) La potestad de la Iglesia sobre el matrimonio. El “ius connubii” y el favor del derecho (favor iuris)
(!!!)
El ius connubii:
El canon 1058 indica que pueden contraer matrimonio todos aquellos a quienes el derecho no se lo prohibe.
IUS CONNUBI: El derecho al matrimonio o ius connubii es un derecho natural de la persona, y comprende
el derecho a contraer y el derecho a elegir libremente cónyuge. Por ser un derecho natural, sólo puede ser
limitado por razones graves y justas, y las leyes limitativas deben interpretarse estrictamente; así, en caso de
duda hay que estar por el derecho de contraer.
PRESUNCIÓN FAVOR IURIS: Asimismo, el canon 1060 dicta que el matrimonio goza del favor del
derecho; en caso de duda se ha de estar por la validez del matrimonio mientras no se pruebe lo contrario.
Matrimonio rato
En el canon 1061 se define el matrimonio rato, que es el matrimonio válido entre bautizados.
Debemos destacar que la Iglesia reconoce como válido todo bautismo (siempre que se haya
realizado con agua, y en nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo).
Si los cónyuges han realizado de modo humano el acto conyugal apto de por sí para engendrar la
prole, a la que el matrimonio se ordena por su naturaleza y mediante el cual los cónyuges se hacen
una sola carne, se lo llama rato y consumado.
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Se discutía antes si la realización del acto conyugal mediante violencia o de modo irracional consumaba o
no el matrimonio; esta duda ya no cabe ahora. “Humano modo” equivale a acto humano, siguiendo las
reglas de éste; por lo tanto, sólo impiden la consumación aquellos vicios que quitan la voluntariedad.
El código de derecho canónico introduce una presunción en el segundo inciso del canon 1061, en el
que se establece que, una vez celebrado el matrimonio, se presume consumación si los cónyuges han
cohabitado, mientras no se pruebe lo contrario.
En relación con el perfeccionamiento del acto matrimonial, debemos decir que para la escuela de
Boloña el acto queda perfeccionado con el mero consentimiento, mientras que para la escuela de
París se perfecciona con el acto conyugal.
La solución del derecho canónico es que el matrimonio surge con el consentimiento, pero se
perfecciona y torna indisoluble con el acto conyugal.
De esta forma, decimos que el matrimonio rato es soluble, pero se torna indisoluble con la
consumación.
Matrimonio putativo:
El inciso tercero del canon 1061 establece que el matrimonio inválido se llama putativo si fue celebrado de
buena fe al menos por uno de los contrayentes, hasta que ambos adquieran certeza de la nulidad.
Asimismo, establece que la promesa de matrimonio no da origen a una acción para pedir la
celebración del mismo, pero sí para el resarcimiento de daños.
Según el canon 1024, está prohibido, sin licencia expresa de la autoridad competente, el matrimonio entre
dos personas bautizadas [por lo que compete a la potestad de la Iglesia]: una de las cuales haya sido
bautizada en la Iglesia católica o recibida en ella después del bautismo y no se haya apartado de ella
mediante un acto formal, y otra adscrita a una Iglesia o comunidad religiosa que no se halle en comunión
plena con la Iglesia católica.
En este canon se reafirma la prohibición que, como en el CIC 17, sólo se establece para la licitud, no para la
validez, del matrimonio de persona sometida a la legislación eclesiástica (bautizada en la Iglesia católica o a
ella convertida, siempre que no se haya alejado de ella por acto formal) con persona adscrita a una Iglesia o
comunidad religiosa que no tiene plena comunión con la Iglesia católica, pero válidamente bautizada.
Bajo esta última denominación hay que incluir tanto las Iglesias o comunidades protestantes (Iglesias de la
Reforma: luterana, calvinista, anglicana; Iglesias libres: valdense, baptista, metodista, congregacionalistas,
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cuáqueras, etc.; sectas protestantes) como a las Iglesias orientales separadas de Roma (Iglesia ortodoxa, por
ej.); es decir, todas aquellas comunidades eclesiásticas cristianas que se han separado en distintos momentos
históricos de la Iglesia católica, siempre que mantengan la profesión de fe en Cristo, y acepten la Biblia
como palabra revelada por Dios.
Como veíamos anteriormente, no se requiere dispensa para la celebración del matrimonio entre bautizados,
uno de ellos católico y el otro no; no se considera que entre dentro del impedimento de disparidad de cultos,
por lo que basta con la licencia para obtener la licitud.
Si hay una causa justa y razonable, el Ordinario del lugar puede conceder la licencia; pero, no debe otorgarla
si no se cumplen las condiciones que siguen:
1) que la parte católica declare que está dispuesta a evitar cualquier peligro de apartarse de la fe, y
prometa sinceramente que hará cuanto le sea posible para que sus hijos se bauticen y se eduquen en la
Iglesia católica;
2) que se informe en su momento al otro contrayente sobre las promesas que debe hacer la parte
católica, de modo que conste que es verdaderamente consciente de la promesa y de la obligación de la parte
católica;
3) que ambas partes sean instruidas sobre los fines y propiedades esenciales del matrimonio, que no
pueden ser excluidos por ninguno de los dos.
Según el canon 1126, corresponde a la Conferencia Episcopal determinar tanto el modo según el cual han de
hacerse estas declaraciones y promesas, que son siempre necesarias, como la manera de que quede
constancia de las mismas en el fuero externo y de que se informe a la parte no católica.
Decimos, entonces, que ante la celebración de un matrimonio mixto éste será válido pero ilícito, hasta tanto
se cumpla con el requisito de obtención de la licencia, con las condiciones establecidas para la otorgación de
esta del canon 1125.
Excepto en caso de necesidad, nadie debe asistir SIN LICENCIA del Ordinario del lugar:
1.º al matrimonio de los vagos [significa entre transeúntes, personas que están de paso, no tienen
domicilio en el lugar donde se quieren casar];
2.º al matrimonio que no puede ser reconocido o celebrado según la ley civil;
3.º al matrimonio de quien esté sujeto a obligaciones naturales nacidas de una unión precedente, hacia
la otra parte o hacia los hijos de esa unión;
§ 2. El Ordinario del lugar NO debe conceder licencia para asistir al matrimonio de quien haya
abandonado notoriamente la fe católica, si no es observando con las debidas adaptaciones lo establecido
en el c. 1125.
DIFERENCIA DISPENSA-LICENCIA
- LICENCIA (c1071): M es válido si no la pido, pero ILÍCITO. Xq no se cumplieron los
pasos previos. Hace o no a la licitud.
- DISPENSA: si NO la pido, la consecuencia es la NULIDAD. Es una relajación de la
ley que posibilita que alguien se pueda casar válidamente frente a una
circunstancia donde si no la pidiera NO se podría casar válidamente. Pero esa
relajación es solo al caso en que se pide. Se requiere para la validez. Es decir, en
primer lugar la ley pone un impedimento. PERO, en casos concretos la norma se
puede estirar/relajar.
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Unidad VI: Derecho Matrimonial II (Parte Especial – Impedimentos)
Si bien en el CIC 17 se incorporaban tanto los impedimentos dirimentes como los impedientes (que son
aquellos que causan la ilicitud pero no la nulidad), en el CIC actual solo se regulan los impedimientos
dirimentes.
Considerando que los impedimentos son limitaciones al ius connubii [derecho a contraer matrimonio],
tipificadas por el legislador canónico, deben tener carácter excepcional, constar expresamente y deben ser
interpretados en sentido estricto.
Can. 1076: Queda reprobada cualquier costumbre que introduzca un impedimento nuevo o sea
contraria a los impedimentos existentes
Según el canon 1077, “puede el Ordinario del lugar prohibir en un caso particular el matrimonio a sus
propios súbditos dondequiera que residan, y a todos los que moren dentro de su territorio, pero solo
temporalmente, por causa grave y mientras esta dure” Es decir, los obispos pueden adicionar para sus
súbditos alguna prohibición adicional, pero sin efecto dirimente, temporal. Como dice la segunda parte del
canon, solo la autoridad suprema de la iglesia puede añadir a esta prohibición una cláusula dirimente.
La dispensa es el relajamiento de la ley para el caso concreto. No se pueden dispensar elementos esenciales,
por ser de derecho natural, leyes penales ni procesales. Solo se puede dispensar la ley eclesiástica.
Dato: De la dispensa del impedimento tiene que dejarse constancia en la partida de matrimonio, como nota
marginal, como también en las partidas de bautismo se tiene que anotar marginalmente.
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Según el artículo 1078, exceptuados aquellos impedimentos cuya dispensa se reserva a la Sede Apostólica,
el Ordinario del lugar puede dispensar de todos los impedimentos de derecho eclesiástico a sus propios
súbditos, cualquiera que sea el lugar en el que residen, y a todos los que de hecho moran en su territorio.
Los impedimentos que pueden dispensar las autoridades ordinarias en situaciones ordinarias son:
1) La edad;
2) La disparidad de culto;
3) La consanguinidad;
4) La afinidad;
5) La pública honestidad;
6) Parentesco legal y rapto.
El inciso segundo del canon 1078 contiene los impedimentos cuya dispensa se reserva a la Sede
Apostólica:
1) Sagradas órdenes o voto público perpetuo de castidad en un instituto religioso de derecho pontificio
2) Impedimento de crimen.
Según establece el inciso tercero, nunca se concede dispensa del impedimento de consanguinidad en línea
recta o en segundo grado de línea colateral.
Situaciones especiales:
1) Peligro de muerte de uno o ambos contrayentes: De acuerdo con el canon 1079, en peligro de muerte,
el Ordinario del lugar puede dispensar a sus propios súbditos, cualquiera que sea el lugar donde residen, y a
todos los que de hecho moran en su territorio, tanto de la forma que debe observarse en la celebración del
matrimonio como de todos y cada uno de los impedimentos de derecho eclesiástico, ya sean públicos ya
ocultos, excepto el impedimento surgido del orden sagrado del presbiterado (es decir, sí diaconado).
En los casos de peligro de muerte en los que ni siquiera sea posible acudir al Ordinario del lugar, tienen la
misma facultad de dispensar el párroco, el ministro sagrado debidamente delegado y el sacerdote o diácono
que asisten al matrimonio. Incluso laicos podrían ser ministros calificados asistentes del matrimonio.
En peligro de muerte, el confesor goza de la potestad de dispensar en el fuero interno de los impedimentos
ocultos, tanto en la confesión sacramental como fuera de ella.
2) Omnia parata o caso perplejo: Siempre que el impedimento se descubra cuando ya está todo preparado
para las nupcias [es decir, cuando se hayan hechos las investigaciones previas para que se lleve a cabo el
matrimonio], y el matrimonio no pueda retrasarse sin peligro de daño grave hasta que se obtenga la dispensa
de la autoridad competente, gozan de la potestad de dispensar de todos los impedimentos, exceptuados los
que se enumeran en el c. 1078 § 2, 1.º, el Ordinario del lugar y, siempre que el caso sea oculto, todos los que
se mencionan en el c. 1079 § § 2 y 3, observando las condiciones que allí se prescriben.
Según el artículo 1081, tanto el párroco como el sacerdote o diácono a los que se refiere en canon 1079
deberán comunicar inmediatamente al Ordinario del lugar la dispensa concedida para el fuero externo, y
anotarla en el libro de matrimonios. Asimismo, según el canon siguiente, la dispensa de un impedimento
oculto concedida en el fuero interno no sacramental se anotará en el libro que debe guardarse en el archivo
secreto de la curia, y no se requerirá dispensa externa incluso aunque el impedimento se hiciere público en el
futuro.
Edad (1083) No puede contraer matrimonio válido el varón antes de los dieciséis años cumplidos, ni la
mujer antes de los catorce, también cumplidos. Sin embargo, el código establece que la conferencia
episcopal puede establecer una edad superior para la celebración lícita del matrimonio, que en Argentina se
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fijó en dieciséis para las mujeres y dieciocho para los varones. Las conferencias episcopales establecen una
edad “aconsejable” de acuerdo a las costumbres del lugar.
Diferenciamos entonces la invalidez y por tanto la nulidad del matrimonio celebrado entre menores de 16 y
14, de la ilicitud que trae el matrimonio con menores de 16 o 18 años. Para que el primero no sea
considerado inválido se requerirá dispensa, mientras que para que el segundo sea lícito, licencia para
contraer matrimonio.
Es importante también señalar el origen de este impedimento, que doctrinariamente es considerado de
derecho eclesiástico. Por este motivo es que se puede dispensar.
Impotencia (1084) El impedimento dirimente de impotencia antecedente y perpetua para realizar el acto
conyugal, también llamada “impotencia copulativa”, tanto del hombre como de la mujer, sea absoluta o
relativa, trae aparejado la nulidad del matrimonio por su misma naturaleza.
Además, si el impedimento es dudoso, de hecho o de derecho, no se debe impedir el matrimonio ni, mientras
persista la duda, declararlo nulo.
La esterilidad no prohíbe ni dirime el matrimonio, a menos que se lo haya ocultado al otro cónyuge,
configurándose el vicio en el consentimiento por dolo.
Decimos entonces que los tres requisitos para que la impotencia constituya impedimento son:
1) Antecedente al matrimonio;
2) Perpetua (en sentido jurídico: incurable por medios ordinarios, lícitos y no peligrosos para la vida o
gravemente perjudiciales para la salud);
3) Cierta.
Ligamen (1085) Atenta inválidamente matrimonio quien está ligado por el vínculo de un matrimonio
anterior, aunque no haya sido consumado.
Aun cuando el matrimonio anterior sea nulo o haya sido disuelto por cualquier causa, no por eso es lícito
contraer otro, ya que es necesario que conste legítimamente y con certeza la nulidad del precedente mediante
sentencia nulidad. Es necesario, inscribir la sentencia de nulidad en la partida de matrimonio y en la de
bautismo, marginalmente, para que efectivamente el matrimonio sea nulo. El matrimonio se presume válido,
por lo que lo único que declara la nulidad del matrimonio es la sentencia de nulidad.
Este se considera un impedimento de derecho divino-natural, por estar vinculado con una de las propiedades
esenciales del matrimonio: su unidad. Por este motivo, no puede dispensarse.
A diferencia del matrimonio mixto (entre bautizados), que se considea válido y lícito si cuenta con licencia,
la disparidad de cultos es un impedimento dirimente. El canon 1086 señala que es inválido el matrimonio
entre dos personas, una de las cuales fue bautizada en la Iglesia católica o recibida en su seno y no se ha
apartado de ella por acto formal, y otra no bautizada.
Desde la perspectiva del Derecho canónico, el no bautizado se encuentra en una determinada «situación
jurídica subjetiva»: la condición de infiel. Condición que, en principio, resulta incompatible con el
matrimonio canónico por una importante razón: el peligro para la fe de la parte católica y de los hijos.
Considerando que ese es el fundamento del impedimento, el mismo canon establece que, si se cumplen las
condiciones indicadas en los cánones 1125 y 1126, este impedimento puede dispensarse.
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Los requisitos para obtener la dispensa en este impedimento son:
1) Que la parte católica declare que está dispuesta a evitar cualquier peligro de apartarse de la fe, y
prometa sinceramente que hará cuanto le sea posible para que toda la prole se bautice y se eduque en
la Iglesia católica;
2) Que se informe en su momento al otro contrayente sobre las promesas que debe hacer la parte
católica, de modo que conste que es verdaderamente consciente de la promesa y de la obligación de
la parte católica;
3) Que ambas partes sean instruidas sobre los fines y propiedades esenciales del matrimonio, que no
pueden ser excluidos por ninguno de los dos.
c) Impedimentos en particular: orden sagrado, voto público, rapto, crimen. Concepto, fundamentos,
requisitos y cesación.
Orden sagrado (1087) Atentan inválidamente el matrimonio quienes han recibido las órdenes sagradas.
El canon 1009 establece que los tres órdenes son: episcopado, presbiterado y diaconado.
Es un impedimento de derecho eclesiástico, y su dispensa queda reservada al Romano Pontífice.
La atentación de matrimonio por parte del ordenado lleva consigola remoción del oficio eclesiástico, y éste
incurre en la pena de suspensión latae sententiae; y, si convenientemente amonestado no rectifica, puede ser
castigado con otras penas que pueden llegar hasta la expulsión del estado clerical.
Voto público y perpetuo (1088) Atentan inválidamente el matrimonio quienes están vinculados por voto
público perpetuo de castidad en un instituto religioso.
Debe tratarse de un voto público, es decir, aquel que es recibido en nombre de la Iglesia por el legítimo
superior.
Para que surja el impedimento debe tratarse, lógicamente, de un voto que reúna las precisas condiciones de
validez, por ej., no emitido con miedo grave e injusto o con dolo.
Aunque la fundamentación de este impedimento conecta con el derecho divino —ya que quien ha hecho
«una promesa deliberada y libre a Dios» está obligado a cumplirla por la virtud de la religión—, como figura
que invalida el matrimonio, es de derecho humano, así concretada por el legislador. De ahí que quepa su
dispensa, si bien está reservada al Romano Pontífice.
Rapto (1089) No puede haber matrimonio entre un hombre y una mujer raptada o al menos retenida con
miras a contraer matrimonio con ella, a no ser que después la mujer, separada del raptor y hallándose en
lugar seguro y libre, elija voluntariamente el matrimonio.
Al no estar reservada a la Santa Sede, su dispensa corresponde, en principio, al Ordinario del lugar.
Crimen (1090): Quien, con el fin de contraer matrimonio con una determinada persona, causa la muerte del
cónyuge de ésta o de su propio cónyuge, atenta inválidamente ese matrimonio.
Según el inciso segundo, también atentan inválidamente el matrimonio entre sí quienes con una cooperación
mutua, física o moral, causaron la muerte del cónyuge.
Señalamos entonces que las figuras son 3:
1) Conyugicidio propiamente dicho, es decir, dar muerte al propio cónyuge;
2) Conyugicidio impropio, es decir, dar muerte al cónyuge de aquél con quien se pretende contraer
matrimonio;
3) Conyugicidio con cooperación mutua.
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La dispensa del impedimento está reservada al Romano Pontífice.
Pública honestidad (1093) El impedimento de pública honestidad surge del matrimonio inválido después
de instaurada la vida en común o del concubinato notorio o público; y dirime el matrimonio en el primer
grado de línea recta entre el varón y las consanguíneas de la mujer y viceversa.
Ej: estaba casada civilmente con una persona o vivía con otra persona, me separo, y quiero contraer
matrimonio religioso con otra persona, tengo que pedir dispensa.
Este impedimento, consagrado en el canon 1093, está fundado en matrimonio inválido o putativo con
apariencia matrimonial (vida en común y concubinato público y notorio). La dispensa corresponde al
Ordinario.
- Consanguinidad (1091) En línea recta de consanguinidad, es nulo el matrimonio entre todos los
ascendientes y descendientes, tanto legítimos como naturales. En línea colateral, es nulo hasta el
cuarto grado inclusive.
Nunca debe permitirse el matrimonio cuando subsiste alguna duda sobre si las partes son
consanguíneas en algún grado de línea recta o en segundo grado de línea colateral.
La dispensa corresponde al Ordinario, pero no se dispensa nunca en línea recta ni en segundo
grado de la línea colateral (hermanos), porque se considera que hasta el segundo grado se trata de
un impedimento de derecho natural.
- Afinidad: Aquel que quiere contraer matrimonio con un pariente político [ej. Los padres de mi
cónyuge]. La afinidad en línea recta dirime el matrimonio en cualquier grado.
Las notas de este impedimento son:
a) sólo es impedimento en la línea recta. En la colateral, pese a que en algunas redacciones
anteriores de este canon lo era en el segundo grado, se suprime finalmente, porque, casi todos los
consultores se mostraron de acuerdo en que «con mucha frecuencia el matrimonio entre afines es la
mejor solución para la prole que acaso se haya tenido en el primer matrimonio»;
- Parentesco legal (1094) No pueden contraer válidamente matrimonio entre sí quienes están unidos
por parentesco legal proveniente de la adopción, en línea recta o en segundo grado de línea colateral.
Considerando que es un impedimento de derecho eclesiástico, puede dispensarse en todos los
grados.
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Unidad VII: Derecho Matrimonial III (Parte Especial – Vicios del consentimiento)
El código habla de los defectos del consentimiento. No establece positivamente los requisitos que se
requieren para formar el consentimiento. Por un lado, lo primero que establece es el régimen de la
incapacidad, es decir, hay defectos en la formación del consentimiento de base psíquica o sexual que
provocan la incapacidad. La capacidad es un presupuesto de la formación del consentimiento eficaz. Por
otro lado, se establece los vicios del consentimiento, es decir, circunstancias externas o internas que afecten
la efectividad del consentimiento.
a) La incapacidad para consentir. Los supuestos del can. 1095: concepto, distinción,
jurisprudencia.
(!!!!!!)Canon 1095: El canon 1095, que transcribimos a continuación, contempla las enfermedades mentales
y los transtornos psíquicos, que constituyen una incapacidad para el consentimiento y en Derecho traen
aparejada la nulidad del matrimonio. [El primer canon [1095] del capítulo es nuevo, no existía en el código
del 17]. Son causales graves. Deben ser antecedentes al matrimonio. Afectan la materia matrimonial, aquello
en lo que el matrimonio consiste.
Falta de suficiente uso de razón: Carentes de suficiente uso de razón son quienes, afectados por una
enfermedad mental —con independencia de su índole congénita o adquirida, endógena o exógena, o de su
pretendida relevancia global o sólo matrimonial––, están privados, en el momento de prestar el
consentimiento, del uso expedito de sus facultades intelectivas y volitivas imprescindibles para emitir un
acto humano. No permiten formar la idea del consentimiento.
La figura abarca también a quienes, en el momento de consentir, padecen una tal perturbación psíquica (por
ej., estados tóxicos, drogadicción y alcoholismo, embriaguez, sonambulismo, hipnosis, etc.) que, constituya
o no enfermedad mental desde la perspectiva médica, en todo caso provoca en ellos una tal falta de posesión
de sí y del uso de sus facultades intelectivas y volitivas, equiparable en Derecho a la falta de suficiente uso
de razón, que sus actos ya no pueden estimarse como actos humanos plenos y responsables.
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La expresión suficiente uso de razón contempla aquel grado de posesión expedita de las facultades de
entender y querer, que se adquiere normalmente a partir de los siete años, imprescindible para ser sujeto de
actos humanos y responsable moral. Entendemos que si el uso de razón fuera suficiente, el contrayente
conocería las propiedades y fines del matrimonio, cosa que no se da cuando el uso de razón es insuficiente.
Defecto grave de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio:
El legislador recepta la necesidad de madurez afectiva necesaria para contraer matrimonio al establecer la
incapacidad consensual de quienes adolecen de un defecto grave de la discreción de juicio acerca de los
derechos y deberes matrimoniales esenciales que han de entregarse y aceptarse en la prestación de
consentimiento válido.
En este supuesto, por un lado, el contrayente tiene uso de razón, pero no puede emitir un juicio ponderativo
del matrimonio que va a contraer en concreto. Por otro lado, puede suceder que la persona tenga falta de
voluntad interna, por estar compelido por efectos internos [encuentra que el matrimonio es la única salida],
se trata de una inmadurez psicoafectiva.
La gravedad del defecto se estima a la luz de un criterio objetivo, que el propio canon suministra, a saber,
“los derechos y deberes matrimoniales esenciales que mutuamente se han de entregar y aceptar”. Así, hay
grave defecto cuando se prueba que el contrayente carece de la madurez intelectiva y voluntaria necesaria
para discernir, en orden a comprometer con carácter irrevocable los derechos y deberes esenciales del
matrimonio que han de ser objeto de mutua entrega y aceptación.
Debemos destacar que, salvo prueba en contrario, a partir de la pubertad se presume el grado suficiente de
discreción de juicio para el consentimiento válido.
Imposibilidad de asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causa de naturaleza psíquica:
El legislador acoge, como incapacidad consensual y causa de nulidad, una serie compleja de anomalías
psíquicas (entre las que destacan los trastornos psicosexuales) que afectan a la estructura personal del sujeto,
produciendo en él una imposibilidad psicopatológica de asumir responsablemente las obligaciones
esenciales del matrimonio.
Si bien en este supuesto el contrayente cuenta con uso de razón y con la voluntad de contraer el matrimonio,
no puede cumplir con las obligaciones que trae aparejado el matrimonio.
Un ejemplo claro es la homosexualidad; el contrayente no podrá entregarse plenamente a una mujer aunque
entienda y haya ponderado las propiedades y deberes del matrimonio; simplemente no podrá cumplir.
Ignorancia (1096) Para que pueda haber consentimiento matrimonial, es necesario que los contrayentes no
ignoren al menos que el matrimonio es un consorcio permanente entre un varón y una mujer, ordenado a la
procreación de la prole mediante una cierta cooperación sexual.
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La tradicional expresión de “al menos no ignoren” significa que el conocimiento mínimo no es un saber
discursivo y conceptual, culto, ni mucho menos técnico. Se trata de una base mínima de conocimiento
respecto del contenido del matrimonio. Contempla, pues, este canon, el papel del entendimiento como
presupuesto cognoscitivo necesario para la existencia del consentimiento. Ello significa que faltando un
conocimiento mínimo del matrimonio, más que vicio o anomalía del consentimiento, lo que hay es
imposibilidad de existencia del consentimiento, por falta de su presupuesto intelectivo previo.
El canon señala, asimismo, que esta ignorancia no se presume después de la pubertad, es decir, desde los 12
años de la mujer y los 14 del varón.
Error de hecho (1097) El error acerca de la persona hace inválido el matrimonio. Existe dicha figura
cuando el contrayente, queriendo casarse con una persona cierta y determinada, se casa por error con otra
distinta.
Asimismo, el error acerca de una cualidad de la persona, aunque sea causa del contrato, no dirime el
matrimonio, a no ser que se pretenda esta cualidad especial/esencial. Es decir, si la cualidad de la persona es
esencialmente, o principalmente, pretendida, que lleva a determinar mi voluntad, y resulta que el otro no lo
tenía, entonces sí dirime el matrimonio. Señalamos entonces que la pregunta que debería responder el
contrayente es “de haberlo sabido, ¿te hubieras casado igual?”.
Error de derecho (1099) El error acerca de las propiedades del matrimonio, es decir, sobre la unidad, la
indisolubilidad o la dignidad sacramental del matrimonio, siempre que no determine a la voluntad, no vicia
el consentimiento matrimonial. Es decir, el error de derecho no vicia si no es esencial, y, por tanto,
determinante de la voluntad.
Dolo o error doloso (1098) Quien contrae el matrimonio engañado por dolo, con la finalidad específica de
obtener su consentimiento, acerca de una cualidad del otro contrayente, que por su naturaleza puede
perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal, contrae inválidamente.
No deben confundirse error y dolo; mientras que en el error el sujeto hace un juicio falso del objeto y es él
el autor de la falta de adecuación entre su idea y la realidad, en el dolo es un tercero quien elabora, mediante
engaño, una falsa realidad, provocando así en el sujeto la percepción en apariencia «verdadera» de un objeto
en sí mismo falso.
No todo engaño es causa de nulidad, sino sólo el que reúne los elementos con que ha sido tipificado en
este canon:
1) Por de pronto, el sujeto paciente del dolo ha tenido que sufrir un error sobre una cualidad del otro
contrayente;
2) El dolo exige consciencia e intencionalidad: quien actúa sin tomar siquiera conciencia del efecto
engañoso que sus conductas sugieren al contrayente, quizás induzca a error, mas al no saberlo no
engaña con dolo;
3) El engaño doloso ha de ser perpetrado para obtener el consentimiento, lo que significa que, el fin del
engaño —intencionalidad— ha de ser conseguir del contrayente el acto de voluntad interno virtual
no revocado o actual del consentimiento matrimonial;
4) El objeto del dolo debe ser una cualidad del otro contrayente que de por sí habrá de causar grave
perturbación en el consorcio de vida conyugal: el engaño debe recaer sobre las cualidades del
contrayente, y no sobre terceros.
Simulación (1101) La voluntad real se presume que está conforme con las palabras o signos empleados al
celebrar el matrimonio, pero si uno o ambos contrayentes excluyen con un acto positivo de la voluntad el
matrimonio mismo, o un elemento esencial del matrimonio, o una propiedad esencial, lo contraen
inválidamente.
Un ejemplo podría ser quien expresa externamente signos y palabras para contraer matrimonio, pero
internamente excluye la fidelidad del matrimonio.
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Es importante destacar que la exclusión del elemento o propiedad esencial debe darse al momento de
contraer matrimonio.
La doctrina clasifica la simulación en:
● Total: lo que no se quiere es el matrimonio mismo;
● Parcial: se excluye un elemento esencial.
La actual cláusula “algún elemento esencial” abarca el derecho al acto conyugal; el derecho a la comunidad
de vida en su sentido esencial de comunidad de coposesión y coparticipación entre los cónyuges, como bien
recíproco y mutuo, de vida y amor debida en justicia; el derecho-deber de no hacer nada contra la prole y el
derecho de recibir y educar a la prole en el seno del matrimonio.
También se excluyen estos elementos esenciales cuando se atenta contra sus notas:
- ser mutuos;
- permanentes;
- continuos; y
- exclusivos.
Se atenta contra la unidad, que es propiedad esencial y, por tanto, inseparable del vínculo —como la
indisolubilidad—, cuando se excluye la exclusividad del vínculo, ya reservándose el derecho a tener trato
sexual con persona distinta del cónyuge propio o el derecho de casarse con otra persona manteniendo el
primer vínculo. Se atenta contra la indisolubilidad cuando se limita de cualquier modo la perpetuidad del
vínculo.
Destaca Karim que, en relación a la exclusión de la prole, no es lo mismo “excluir” que posponer; si al
momento de contraer matrimonio uno de los contrayentes sabe que no querrá hijos nunca, entonces estamos
frente a un matrimonio simulado.
Es importante señalar que la simulación no puede darse junto a las situaciones comprendidas en el canon
1095, ya que si no media uso de razón, comprensión y posibilidad de cumplimiento, no podríamos hablar de
simulación del matrimonio.
Condición (1102) El matrimonio contraído bajo condición es aquél en que la voluntad de una o ambas
partes subordina el nacimiento del vínculo al cumplimiento o verificación de una circunstancia o
acontecimiento determinado. Dicho acontecimiento o circunstancia recibe el nombre de condición, la cual, a
su vez, se llama propia cuando el evento es futuro e incierto, e impropia cuando el evento es futuro pero
cierto (por ej.: si mañana amanece) o cuando dicho evento, pese a ser pasado o presente resulta desconocido
por el contrayente.
No puede contraerse válidamente matrimonio bajo condición de futuro.
El matrimonio contraído bajo condición impropia, es decir cuando uno de los contrayente afirma que hay
una condición que no realiza más (de pasado o de presente), es válido o no, según que se verifique o no
aquello que es objeto de la condición Si bien el canon también sentencia que es condición para su licitud la
licencia escrita del Ordinario del lugar en este segundo supuesto, aunque esta no mediare el matrimonio
sería válido.
Miedo (1103) Es inválido el matrimonio contraído por violencia o por miedo grave proveniente de una
causa externa, incluso el no inferido con miras al matrimonio, para librarse del cual alguien se vea obligado
a casarse.
Mientras la violencia, en tanto fuerza materialmente la expresión externa del consentimiento, no deja opción
al sujeto entre aceptar o no el matrimonio, la coacción moral supone un vicio en el consentimiento, porque el
sujeto acepta el matrimonio si bien por causa del miedo originado por la amenaza de unos males. Mientras la
violencia es físicamente irresistible, el miedo lo es moralmente.
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El miedo grave puede ir acompañado con los supuestos comprendidos en el canon 1095, inc. 2.
Temor reverencial: El temor reverencial es un caso práctico o supuesto de hecho de miedo que, por su
notable frecuencia, ha acabado obteniendo una arraigada configuración doctrinal y jurisprudencial. Designa
el temor a un mal en cuya peculiar gravedad y externidad juega papel principal la relación de subordinación
y de reverencia que existe entre el superior, que infiere, y el inferior, que lo padece. Las notas
características del temor reverencial son:
a. que debe mediar una relación de supeditación por la que el inferior debe obsequio y reverencia a un
superior (entre padres e hijos, tutor y pupilo, relación laboral y de mando, etc.);
b. que exista temor fundado a incurrir en la indignación grave y duradera del superior si no se acepta al
matrimonio; y
c. que la coacción se ejerza por el superior a través de aquellos diversos medios que causan un estado
de efectiva opresión en el ánimo del inferior, precisamente por serlo.
A. SIMULACIÓN
B. DOLO
C. ERROR (NO ignorancia).
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Unidad VIII: Derecho Matrimonial IV (Parte Especial. Forma. Disolución. Convalidación)
FORMA CANÓNICA: prescripciones del CIC bajo las cuales se exterioriza el CONSENTIMIENTO.
El decreto de Ne temeré (1907) estableció la competencia territorial, luego fijado en el código de 1917.
Es decir, me caso según el domicilio o residencia, o me deberán autorizar (M “vagos”). Este decreto es
UNIVERSAL. La verdadera innovación es que el ministro sagrado (diácono, presbitero o obispo) pide y
recibe de los contrayentes el CONSENTIMIENTO (c 1059 (!). LA potestad de la Iglesia sobre el M cuando
al menos uno de los contrayentes es bautizado. NO lo recibe pasivamente, sino que LO PIDE, pide dicha
manifestación de los contrayentes en público. Es decir, el MINISTRO es un TESTIGO CALIFICADO, no
solo atestigua, sino que PIDE EL CONSENTIMIENTO DE PARTE DE LA IGLESIA.
● Forma ordinaria (1108) para que el matrimonio sea válido se tienen que celebrar conforme a una
forma ordinaria.
Solamente son válidos aquellos matrimonios que:
1) Se contraen ante el Ordinario del lugar o el párroco, además ese obispo o párroco pueden
delegarlo a un sacerdote o diácono para que celebren válidamente el matrimonio [esa
delegación es un acto jurídico. La delegación puede ser de manera general [a cualquiera] o especial
[ante un sacerdote o diácono para que celebre un matrimonio especial].
Estos 4 son testigos cualificados, reciben el consentimiento en nombre de la Iglesia.
En mayo de 2016, el PApa FRANCISCO dictó una resolución donde modificó algunas cuestiones del CAP 7
del CIC y un par en la eucarística y reconciliación, para emparejar la visión que hhay en estas diferencias
entre Iglesias de tradicion territoriental y latina.
NUestro C1108 decía “ministro sagrado”, al que se le agrega un 3er párrafo que dice que, si alguno
de los contrayentes pertenecen a una iglesia de RITO ORIENTAL, aun cuando NO sea de plena comunión
con la católica, contrayendo con un NO bautizado, el ministro sagrado debe ser un PRESBÍTERO y NO un
díacono. (!!!)
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Historia de la forma matrimonial
La configuración del matrimonio canónico como un acto jurídico formal (además de consensual) es una
constante en el Derecho de la Iglesia desde la publicación en 1563 del cap. Tametsi del Concilio de Trento.
Este Concilio comenzó en 1545 por lo que algunos sostienen que esa es la fecha de inicio de la exigencia de
la forma matrimonial.
Obligatoriedad
Entre las causales de nulidad de un matrimonio hallamos:
1) Los vicios en el consentimiento;
2) Impedimentos sin dispensar;
3) Vicios en la forma.
Facultad de asistir (1111) El canon 1108 sostiene que pueden asistir tanto el ordinario del lugar como el
párroco, o aquellos delegados por éstos.
La delegación puede ser
1) General (1111): El Ordinario del lugar y el párroco mientras desempeñan válidamente su oficio,
pueden delegar a sacerdotes y a diáconos la facultad, incluso general, de asistir a los matrimonios
dentro de los límites de su territorio.
Se excluye, por tanto, la delegación tácita o la interpretativa, pero es suficiente que la delegación
expresa se conceda de manera implícita.
2) Especial: debe darse para un determinado matrimonio, de modo que se especifiquen las
circunstancias del mismo. No hace falta que se conceda por escrito —a diferencia de la general, a la
que expresamente se exige este requisito—, bastando por tanto la simple concesión oral.
La jurisprudencia más reciente —aunque la doctrina no es concorde en este punto-, exige para la validez
de la delegación además de la concesión por parte del delegante, la notificación y aceptación del
delegado.
Facultad de asistir de un Laico (1112) asistir es sinónimo de celebrar. En principio, los laicos no pueden
asistir un matrimonio, es decir celebrar. Pero hay un supuesto de excepción que se da cuando no haya
sacerdotes ni diáconos, por lo que el Obispo diocesano ––previo voto favorable de la Conferencia Episcopal
y obtenida licencia de la Santa Sede––puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios.
Se debe elegir un laico idóneo, capaz de instruir a los contrayentes y apto para celebrar debidamente la
liturgia matrimonial.
En Argentina no se da.
Lugar celebración matrimonio (1115) Se han de celebrar los matrimonios en la parroquia donde uno de los
contrayentes tiene su domicilio o cuasidomicilio o ha residido durante un mes, o, si se trata de vagos, en la
parroquia donde se encuentran en ese momento: con licencia del Ordinario propio o del párroco propio se
pueden celebrar en otro lugar.
Este canon está pensado para “tierras de misión”, es decir, lugares donde no hay sacerdotes.
REQUISITOS DE LICITUD (NO DE VALIDEZ, que son consentimiento hábil y forma (!))
Hacen a la actuación de las personas que tendrían que autorizar el acto, permitir su forma de celebración. SE
responsabiliza una actuación irregular. Es M es válido, pero ilícito (a pesar de que luego por proceso se
prueben los casos de invalidez, como vicios del consentimiento).
1) c1115: Se celebren en Iglesia o “lugar adecuado” en general (ej: en casos de dispensa de disparidad
de culto), en este último requiere dispensa del ORdinario.
1115 Se han de celebrar los matrimonios en la parroquia donde uno de los contrayentes tiene su
domicilio o cuasidomicilio o ha residido durante un mes, o, si se trata de vagos, en la parroquia
donde se encuentran en ese momento; con licencia del Ordinario propio o del párroco propio se
pueden celebrar en otro lugar.
2) Llevar adelante una previa investigación sobre las condiciones de los contrayentes, es decir, quien
va a celebrar el M certifique las condiciones de los contrayentes y de la que presumiblemente surge
que el consentimiento NO será viciado, sino válido. (Ej: 1071 en caso de menores de edad)
Separación de los cónyuges permaneciendo el vínculo (1141 – 1151 a 1153) El matrimonio rato y
consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa que no fuera la muerte.
Los cónyuges tienen el deber y el derecho de mantener la convivencia conyugal a no ser que les excuse una
causa legítima.
Sin embargo, hay dos causales por las cuales la Iglesia permite la separación de los cónyuges con
permanencia del vínculo, lo que consiste en la suspensión de los derechos y deberes conyugales,
permaneciendo el vínculo.
La separación es una situación indeseable, pero puede resultar un remedio para situaciones de grave daño
para los cónyuges o los hijos.
Si se casan dos católicos y hayan consumado el matrimonio, no lo pueden disolver por ser indisoluble. pero
si lo consumaron, se le puede solicitar al romano pontífice que disuelva el vínculo matrimonial, se hace una
investigación. min 37
En caso de solicitar la dispensa (es decir, la disolución), únicamente la Sede Apostólica juzga sobre el
hecho de la inconsumación del matrimonio y la existencia de justa causa para conceder la dispensa. Es
decir, NO es un proceso judicial, xq NO es un derecho, sino una GRACIA.
Sólo los cónyuges, o uno de ellos aunque el otro se oponga, tienen derecho a pedir la gracia de la dispensa
del matrimonio rato y no consumado.
Privilegios a favor de la fe ()
El matrimonio no consumado entre bautizados, o entre parte bautizada y parte no bautizada, puede ser
disuelto con causa justa por el Romano Pontífice, a petición de ambas partes o de una de ellas, aunque la
otra se oponga.
El canon 1143 establece que el matrimonio contraído por 2 personas NO bautizadas se disuelve por el
privilegio paulino en favor de la fe de la parte que ha recibido el bautismo, por el mismo hecho de que ésta
contraiga un nuevo matrimonio, con tal de que la parte no bautizada se separe.
Se considera que la parte NO bautizada se separa, si no quiere cohabitar con la parte bautizada, o cohabitar
pacíficamente sin ofensa del Creador, a no ser que ésta, después de recibir el bautismo le hubiera dado un
motivo justo para separarse.
Por lo tanto, el privilegio no tiene aplicación después de bautizados los dos cónyuges (aunque no lo hagan
simultáneamente).
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A diferencia de la nulidad, que disuelve el matrimonio inmediatamente, el privilegio sólo lo disuelve cuando
se contrae nuevo matrimonio válido.
Cuando un no bautizado, casado con múltiples cónyuges tampoco bautizados, se bautiza, entonces la Iglesia
disuelve matrimonio con cada uno de los contrayentes, dejando que subsista el primero (porque se lo
considera matrimonio natural).
Destacamos que no hay ningún caso en Argentina, por no permitirse la poligamia en nuestro ordenamiento
jurídico. Los relatos vienen de Misioneros.
Según el canon 1707, cuando la muerte de un cónyuge no pueda probarse por documento auténtico,
eclesiástico o civil, el otro cónyuge no puede considerarse libre del vínculo matrimonial antes de que el
Obispo diocesano haya emitido la declaración de muerte presunta.
La declaración de muerte presunta sólo puede ser emitida por el obispo cuando, realizadas las
investigaciones oportunas, por las declaraciones de testigos, por fama o por indicios, alcance certeza moral
sobre la muerte del cónyuge. No basta el solo hecho de la ausencia del cónyuge, aunque se prolongue por
mucho tiempo. Asimismo, en los casos dudosos y complicados, el Obispo ha de consultar a la Sede
Apostólica.
Si finalmente el cónyuge que estaba presuntamente fallecido aparece vivo, entonces se considera que el
vínculo matrimonial original subsiste. En caso de que el otro cónyuge haya contraído nuevo matrimonio,
este será inválido.
Convalidación
La convalidación -también llamada revalidación- es la subsanación de los vicios o transformación de un
matrimonio nulo en matrimonio válido.
Dos son los modos de transformar un matrimonio nulo en válido: la revalidación simple y la sanación en
raíz. A estos dos modos se une un tercero que, en propiedad de lenguaje, no es una revalidación: la nueva
celebración del matrimonio.
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Convalidación simple (1156)
La convalidación simple consiste en la renovación del consentimiento matrimonial por una o por las dos
partes, previa cesación de la causa de nulidad, sin necesidad de observar nuevamente la forma canónica ad
validitatem.
No se exige observar otra vez la forma canónica, porque la revalidación simple consiste en dar nuevo
contenido (consentimiento) a la forma ya observada, por lo cual el defecto no puede estar en la forma.
Cuando se exige la forma para la renovación del consentimiento, no hay convalidación, sino nueva
celebración.
Para convalidar el matrimonio que es nulo por causa de un impedimento dirimente es necesario que cese el
impedimento o se obtenga dispensa del mismo, y que renueve el consentimiento por lo menos el cónyuge
que conocía la existencia del impedimento.
Esta renovación se requiere por derecho eclesiástico para la validez de la convalidación, aunque ya desde el
primer momento ambos contrayentes hubieran dado su consentimiento y no lo hubiesen revocado
posteriormente.
En caso de que haya habido un vicio en el consentimiento, éste deberá prestarse nuevamente; en caso de que
los vicios provengan de un impedimento éste debe haber cesado o bien debe haberse dispensado.
La convalidación simple trae como efecto la validez del matrimonio a partir de la convalidación.
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Unidad IX: Derecho Procesal
Ubicación en el Código Canónico:
Libro VII: De los procesos
Parte I: De los juicios en general
Parte II: Del juicio contencioso
Parte III: De algunos procesos especiales
Parte IV: Del proceso penal
Parte V: Del procedimiento en los recursos administrativos y en la remoción o traslado de párrocos
2) La violación de las leyes eclesiásticas y de todo aquello que contenga razón de pecado, por lo
que se refiere a la determinación de la culpa y a la imposición de penas eclesiásticas.
La plena compatibilidad jurisdiccional se dará con menores dificultades cuando la Iglesia reserva su
competencia sólo sobre aquellas materias cuyos contenidos jurídicos le corresponden en exclusiva, como
son las cosas espirituales y la observancia o infracciones de leyes eclesiásticas, así como sobre lo que incide
la ratio peccati, cuando se trata de definir la culpa e imponer la correspondiente pena eclesiástica. En estas
materias no tienen por qué surgir conflictos con el Estado, si éste se reduce a legislar sobre su propio ámbito
jurisdiccional.
Sin embargo, en las cosas anejas a las espirituales, de tanta incidencia sobre todo en el campo patrimonial,
no dejarán de plantearse esos conflictos; tampoco podrán evitarse cuando el Estado, invocando la plenitud
de su ordenamiento, desee indebidamente invadir zonas jurisdiccionales que corresponden al ámbito
religioso.
El canon 1404 establece que la Primera Sede por nadie puede ser juzgada.
Ningún juez puede ir en contra de un acto o instrumento confirmado por el Romano Pontífice.
Está reservado a la Rota Romana juzgar: La rota es el supremo tribunal de la rota romana y es un tribunal
de segunda instancia.
1) a los Obispos en causas contenciosas
2) al Abad primado, al Abad superior de una congregación monástica, y al Superior general de los
institutos religiosos de derecho pontificio;
3) a las diócesis o a otras personas eclesiásticas, tanto físicas como jurídicas, que no tienen Superior por
debajo del Romano Pontífice.
● Tribunal interdiocesano
Según el canon 1423, con la aprobación de la Santa Sede, varios obispos diocesanos pueden ponerse de
acuerdo para nombrar un tribunal único de primera instancia para sus diócesis. Este tribunal puede tener
competencia sobre todas causas, o sobre un clase de ellas.
● Tribunal Metropolitano
El tribunal metropolitano es el constituido en la sede de la arquidiócesis. Este tribunal tiene las competencias
propias de un tribunal diocesano, para la arquidiócesis. Tiene una peculiaridad, sin embargo: el canon 1438
constituye al tribunal metropolitano como tribunal ordinario de apelación en segunda instancia de las causas
que proceden de los tribunales de las diócesis.
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la Iglesia. Esta unidad, además, es una garantía de la defensa de los derechos de los fieles, pues proporciona
seguridad jurídica.
Después están los tribunales diocesanos, regionales o interdiocesanos que son de primera y segunda
instancia.
(!!)En la Argentina había ocho tribunales interdiocesanos de primera instancia y un tribunal nacional de
segunda instancia, hasta que en 2015 el Papa Francisco sugirió que cada diócesis tenga su tribunal de
nulidades matrimoniales. Es decir, elimina el requisito de la 2da sentencia: con 1 sentencia alcanza.
Hoy en día hay muchísimos tribunales diocesanos.
b) Los procesos canónicos. El juicio contencioso ordinario. Estructura, etapas. El proceso contencioso
oral y penal. Los procesos de causas de canonización. El proceso de nulidad matrimonial.
Competencia, estructura, medios de prueba en causas de nulidad matrimonial.
Delito canónico es toda violación externa, voluntaria e imputable de una ley o precepto penal de la Iglesia.
El objeto exclusivo de este proceso son los delitos susceptibles de prueba en el fuero externo, prescindiendo
de su divulgación o notoriedad.
Es solamente el Ordinario, como juez nato, quien puede decretar e impulsar este proceso: no sólo el Obispo
diocesano sino también otros Ordinarios que tengan potestad judicial propia, por ej., el Ordinario de los
religiosos, según su propia competencia.
El sujeto pasivo del proceso penal puede ser uno o varios reos, como coautores o cómplices decisivos del
mismo delito.
Las personas jurídicas no pueden ser sujetos activos de delito ni pasivos del proceso penal, pues los
requisitos de imputabilidad no son verificables en ellas: carecen de razón y voluntad individual.
El actual proceso penal comprende 3 capítulos: la previa investigación del hecho delictivo imputable; el
desarrollo instructorio y decisorio del proceso; la acción contenciosa de reparación de daños. Quedan fuera
del juicio penal propiamente dicho las medidas, previas o subsiguientes, de admonición, penitencias y
corrección.
58
cuestión sobre su validez sea prejudicial para resolver otra controversia, ya en el fuero canónico
ya en el civil);
2) El promotor de justicia, cuando la nulidad ya se ha divulgado si no es posible o conveniente
convalidar el matrimonio. Es decir, el promotor de justicia sólo podrá iniciar la demanda de
nulidad si el matrimonio es ocasión de escándalo.
Antes de aceptar una causa y siempre que vea alguna esperanza de éxito, el juez empleará medios pastorales
para inducir a los cónyuges si es posible a convalidar su matrimonio y a restablecer la convivencia conyugal.
Una vez convalidados los requisitos de forma, el tribunal admite la demanda y nombra al tribunal colegiado.
El primer decreto de este tribunal será el de admisión, y allí se nombrará al defensor del vínculo. Según
canon 1675, transcurridos quince días desde la notificación, el presidente o el ponente, a no ser que una de
las partes hubiera solicitado una sesión para la contestación de la demanda, en el plazo de diez días
determinará por decreto y de oficio la fórmula de la duda o de las dudas, y la notificará a las partes.
Este decreto de dubio es el que fija la litis; las causales a investigar y lo que cada parte pide.
Con el decreto de instrucción comienza la etapa probatoria.
El defensor del vínculo, los abogados y también el promotor de justicia si interviene en el juicio, tienen
derecho:
1) a asistir al examen de las partes.
2) a conocer las actas judiciales, aun cuando no estén publicadas, y a examinar los documentos
presentados por las partes.
El examen pericial será de gran ayuda para los jueces, ya que les hará un presunto diagnóstico.
Cuando se termina de producir la prueba se dicta el decreto de publicación, y se otorga un plazo de 10-15
días para ofrecer nueva prueba.
Con el decreto de conclusión se finaliza la etapa probatoria y NO SE PUEDE OFRECER MÁS
PRUEBA.
d) El oficio de los jueces eclesiásticos. Certeza moral. El promotor de justicia, el defensor del vínculo y
el notario. Abogados, procuradores y peritos.
Certeza moral (c. 1608 y arts. 246 y ss. Instrucción Dignitas Connubii)
Para declarar la nulidad del matrimonio se requiere en el ánimo del juez certeza moral de esa nulidad.
Para la certeza moral necesaria conforme a derecho no basta el peso prevalente de las pruebas y de los
indicios, sino que se requiere también que se excluya cualquier prudente duda positiva de error, tanto en
cuanto al derecho como en cuanto a los hechos, aunque no quede eliminada la mera posibilidad de lo
contrario.
El juez ha de conseguir esta certeza de lo alegado y probado.
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Corresponde al Obispo nombrar al promotor de justicia y al defensor del vínculo, que han de ser clérigos o
laicos de buena fama, doctores o licenciados en derecho canónico y de probada prudencia y celo por la
justicia.
Según el canon 1436, la misma persona puede desempeñar el oficio de promotor de justicia y el de defensor
del vínculo, pero no en la misma causa.
Tanto el promotor de la justicia como el defensor del vínculo son cargos incompatibles en el tribunal con los
de juez y de notario. Sin embargo, una misma persona puede desempeñar el oficio de promotor de la justicia
y de defensor del vínculo, a no ser que lo impida la multiplicidad de asuntos y causas en la diócesis. Ahora
bien, aun cuando en la diócesis sean pocas las causas, la misma persona en la misma causa nunca puede
desempeñar ambos papeles, porque tienen función distinta, y porque desde puestos contrarios tienen que
defender el bien público: por ej., cuando el promotor de la justicia acusa el matrimonio y el defensor del
vínculo se opone a la declaración de la nulidad.
Notario (1437)
En todo proceso debe intervenir un notario, de manera que las actas son nulas si no están firmadas por él.
Las actas redactadas por un notario hacen fe pública.
61
En las demás causas se ha de recurrir al auxilio de peritos siempre que, por prescripción del juez, se requiera
su estudio y dictamen, basado en las reglas de una técnica o de una ciencia, para comprobar un hecho o
determinar la verdadera naturaleza de algo, como, por ejemplo, la autenticidad de algún escrito.
Para actuar como peritos se debe elegir a personas que no sólo tengan certificada su idoneidad, sino que
además gocen de prestigio por su ciencia y experiencia en la materia y sean recomendables por su
religiosidad y honradez.
§ 2. Para que el trabajo pericial resulte realmente útil en las causas por las incapacidades de que trata el c.
1095, hay que poner el máximo cuidado en elegir peritos que sigan los principios de la antropología
cristiana.
62
Unidad X: Derecho Patrimonial – Derecho penal
LIBRO V: DE LOS BIENES TEMPORALES DE LA IGLESIA (ADQUISICIÓN,
ADMINISTRACIÓN Y ENAJENACIÓN DE BIENES).
Resultan ser normas canónicas que regulan la adquisición, administración y enajenación de los bienes
temporales que pertenecen a la persona jurídica eclesiástica.
a) El Derecho Patrimonial Canónico. Fines. Concepto de bienes eclesiásticos. Cosas sagradas y bienes
preciosos.
El Derecho Patrimonial Canónico (L. V: Bienes temporales)
Por derecho nativo, e independientemente de la potestad civil, la Iglesia católica puede adquirir, retener,
administrar y enajenar bienes temporales para alcanzar sus propios fines.
Este concepto responde a una Iglesia pobre que, necesitada de medios económicos para el cumplimiento de
sus fines, se apoya en la función instrumental de estos medios para que los fieles ejerciten su deber de
ayudar al sostenimiento de la Iglesia y de sus obras, se institucionalicen fondos de comunicación cristiana de
bienes, se acentúe el fin espiritual de los oficios eclesiásticos y se distribuyan con equidad las rentas
disponibles.
De este modo, los bienes temporales, siendo ocasión de ejercicio de las virtudes cristianas, sirven
fructíferamente al fin salvífico de las almas.
Los bienes de las personas jurídicas públicas [ej. caritas] están destinados a los fines de la iglesia. La iglesia
no tiene derecho a acumular, vive de la providencia de Dios.
● Cosas sagradas (1151) Son cosas sagradas las destinadas al culto divino, por la dedicación o
bendición (constitutiva). Sostienen una bendición especial por el destino que tienen. El término
dedicación equivale a consagración, pero, tratándose de lugares, es teológicamente más propio,
reservándose el término consagración para la Eucaristía, para las personas y para algunas cosas. De
la misma forma que en el ejemplo anterior, una capilla en una quinta privada no sería un bien
eclesiástico, pero sí sería una cosa sagrada (por estar dedicada o consagrada). Los edificios pueden
llegar a perder la condición de bien sagrado por su destrucción [total o parcial] o por un acto expreso
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de la autoridad que los desacralice [deja de ser bien sagrado]. No puede cobrarse las cosas sagradas.
(Ej: bienes bendecidos en el altar, ostias bendecidas, capilla destinada a la celebración del culto, el
confesionario).
● Bienes preciosos (1189) Son preciosas por su antigüedad, valor artístico, económico o por el culto
que se les tributa [valor espiritual]. Cuando hayan de ser reparadas imágenes expuestas a la
veneración de los fieles en iglesias u oratorios nunca se procederá a su restauración sin licencia del
Ordinario dada por escrito; y éste, antes de concederla, debe consultar a personas expertas. El CIC no
define los bienes preciosos, que son los que tienen notable valor por razón del arte, de la historia o de
la materia. (Ej: VIrfen de Luján en la Basílica, ostias esperando en la capilla a ser consagradas, un
cuadro).
● Los fieles tienen libertad para aportar bienes temporales en favor de la Iglesia.
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El Obispo diocesano debe advertir a los fieles y urgirles de manera oportuna sobre la obligación.
Que los fieles puedan disponer de bienes temporales en favor de la Iglesia apunta a dos objetivos:
que no sería lícito que las leyes civiles prohibieran a los fieles estos actos de disposición en favor de
la Iglesia, ni que ésta pudiera recibirlos.
Ej. Colectas de Cáritas.
● Tributos moderados a las personas jurídicas (1263) Para subvenir a las necesidades de la diócesis,
el Obispo diocesano tiene derecho a imponer un tributo moderado a las personas jurídicas públicas
sujetas a su jurisdicción, que sea proporcionado a sus ingresos, oído el consejo de asuntos
económicos y el consejo presbiteral; respecto a las demás personas físicas, y jurídicas sólo se le
permite imponer una contribución extraordinaria y moderada, en caso de grave necesidad y en las
mismas condiciones, quedando a salvo las leyes y costumbres particulares que le reconozcan más
amplios derechos [se da muy excepcionalmente]
La Conferencia Episcopal Argentina [CEA], promulgó en 1990 un documento en el que establece los
actos que considera de administración extraordinaria, entre ellos:
a) Enajenación o transferencia de dominio por venta y donación;
b) Transferencia de alguna facultad que corresponda al dominio;
c) Cesión onerosa o gratuita de derechos reales, como, servidumbre, hipoteca, enfiteusis;
d) Adquisición onerosa de nuevos bienes patrimoniales;
e) Adquisición onerosa de bienes de producción;
f) Aceptación de legados onerosos de prestaciones vitalicias o de depósitos de terceros;
g) Locación extraordinaria por causa del tiempo o del uso, arrendamiento y aparcería;
h) Administración de bienes de terceros;
i) Concesión de rentas vitalicias;
j) Concesión de finanzas y de mandatos ad omnia;
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k) Contratación de préstamos de consumo o de uso;
l) Transformación y demolición de inmuebles, cuando no sean urgentes o imprescindibles.
Para enajenar válidamente se deben observar máximos establecidos por la Conferencia Episcopal: Hasta 30
mil dólares, los actos extraordinarios los decide el Obispo. Pero, cualquier acto de administración
extraordinaria que supere los 30 mil dólares, requiere para la validez que el Obispo oiga al consejo de
asuntos económicos y al consejo de consultores. A partir de los 300 mil dólares, además, se necesita el
concurso de la Santa Sede.
- Por debajo del mínimo: se puede enajenar libremente;
- Entre el mínimo y máximo: se requiere licencia del Obispo diocesano, con el consentimiento de
Consejo de Asuntos Económicos y el Colegio de Consultores. Además debe haber una justa causa
[ej. necesidad urgente] y la cosa debe ser tasada por peritos y por escrito;
- Superior al máximo o bienes preciosos: lo mismo que el anterior pero además se requiere licencia
de la Santa Sede.
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d) El Derecho Penal Canónico. Fines de los distintos tipos de pena. Penas “latae sententiae” y
“ferendae sententiae”.
Nuevo LIBRO VI (entro en vigencia el 8/12/2021) “LAS SANCIONES PENALES EN LA IGLESIA”
PARTE 1: DE LOS DELITOS Y PENAS EN GENERAL
- Título I: Del castigo de los delitos en general;
- Título II: De la ley penal y del precepto penal;
- Título III: Del sujeto pasivo de las sanciones penales;
- Título IV: De las penas y demás castigos;
o Cap I: de las censuras
o Cap II: de las penas expiatorias
o Cap III: de los remedios penales y penitenciales
- Título V: De la aplicación de las penas;
- Título VI: De la remisión de las penas y de la prescripción de las acciones.
PARTE 2: DE CADA UNO DE LOS DELITOS Y DE LAS PENAS ESTABLECIDAS PARA ELLOS
(Cann. 1364-1399)
- Título I: De los delitos contra la fe y la unidad de la Iglesia;
- Título II: De los delitos contra las autoridades eclesiásticas y contra el ejercicio de los cargos;
- Título III: De los delitos contra los sacramentos;
- Título IV: De los delitos contra la buena fama y el delito de falsedad;
- Título V: De los delitos contra la vida, la dignidad y la libertad del hombre;
- Título VII: Norma general (Can. 1399 - Aparte de los casos establecidos en esta u otras leyes, la
infracción externa de una ley divina o canónica sólo puede ser castigada con una pena ciertamente
justa cuando así lo requiere la especial gravedad de la infracción y urge la necesidad de prevenir o de
reparar escándalos)
- Penas expiatorias: aquellas cuya finalidad directa es la expiación del delito, de tal manera que su
remisión no depende de la cesación de la contumacia en el delincuente. Estas penas tienden a
reestablecer el orden roto por el delito, y por tanto sí pueden ser perpetuas. Ejemplos de este tipo de
pena son: traslado, privación residencia en cierto lugar, y expulsión del estado clerical.
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- Remedios penales y penitencias: Si bien no son estrictamente penas, algunos doctrinarios los
incluyen dentro de esta categoría porque buscan prevenir delitos o se aplican en lugar de una pena.
Ejemplos son la exhortación y la confesión.
Excomunion: Cuando la excomunión ferendae sententiae ha sido impuesta o la latae sententiae ha sido
declarada, el reo:
1.º si quisiera actuar contra lo que se prescribe en el § 1, 1.º-4.º, ha de ser rechazado o debe cesar la
ceremonia litúrgica, a no ser que obste una causa grave;
2.º realiza inválidamente los actos de régimen, que según el § 1, 6.º, son ilícitos;
3.º se le prohíbe gozar de los privilegios que anteriormente le hubieran sido concedidos;
4.º no adquiere las retribuciones que tenga por título meramente eclesiástico;
5.º es inhábil para obtener oficios, cargos, ministerios, funciones, derechos, privilegios y títulos honoríficos.
Entredicho: Se prohíbe:
1.º la celebración del Sacrificio eucarístico y de los demás sacramentos;
2.º recibir los sacramentos;
3.º administrar los sacramentales y celebrar las demás ceremonias de culto litúrgico;
4.º tener cualquier parte activa en las celebraciones anteriormente enumeradas
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Son penas expiatorias aquellas cuya finalidad directa es la expiación del delito, la reparación del orden
social perturbado. Buscan reparar los efectos del delito. A diferencia de las censuras es que su cese no
depende directamente de la actitud del fiel.
Dado el sabor retribucionista y peyorativo de la expresión «vindicta» o «vindicativa», el Código ha preferido
utilizar la locución «pena expiatoria», tomada de S. Agustín, pero el significado es el mismo, tanto en la
naturaleza como en sus efectos.
2) Latae sentenciae, de modo que la pena es inmediata desde la comisión del delito.
Incurren en este tipo de pena los que cometen los siguientes delitos:
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a) El apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurren en excomunión latae sententiae (c.
1364). En el c. 751 se define herejía como la negación pertinaz de una verdad de fe,
apostasía como rechazo total de la fe cristiana y cisma la sujeción al sumo pontífice o a
la comunión de miembros de la iglesia. La pena para estos delitos es la excomunión.
b) Arrojar especies consagradas (c. 1367);
c) Quien atenta físicamente contra el Romano Pontífice, incurre en excomunión latae
sententiae reserva- da a la Sede Apostólica (c. 1370);
d) El sacerdote que realice actos impuros (c. 1378);
e) El Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así
como el que recibe de él la consagración, incurre en excomunión latae sententiae
reservada a la Sede Apostólica (c. 1382);
f) Aquel que viole el sigilo sacramental (c. 1388);
g) Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae (c.
1398).
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Unidad XI: Derecho Público Eclesiástico I
Aquí se ve cómo se vincula la Iglesia con la comunidad política, entendida ésta como la pluralidad de
Estados y organismos multilaterales (ej: ONU).
Entre la Iglesia y el Estado puede haber relaciones de dos tipos, que configuran dos sistemas:
1) Monismo: hay unidad entre el carácter nacional y la religión, las autoridades civiles son las
autoridades religiosas. Un ejemplo actual es Israel. Asimismo, desde un punto de vista histórico
señalamos el ejemplo de Roma; durante el precristianismo, pertenecer a la estructura política
implicaba culto/religión, y se realizaba culto al emperador de Roma considerándoselo “Pontífice
Máximo”. Sin embargo, hay que tener en cuenta que durante la conquista romana se permitía que los
conquistados conserven sus propios cultos.
2) Dualismo – Cristianismo: “dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,
21). El dualismo resultó ser una novedad en el mundo. Con el cristianismo nace una pretensión de
universalidad; la buena nueva tiene que llegar a todo el mundo. La religión pasa a ser un hecho de
consciencia individual; el cristiano sigue siendo ciudadano y debe respetar la autoridad. En este
sentido, Roma tenía la novedad de que aceptaba las religiones de otros pueblos.
Al estudiar el HECHO RELIGIOSO en un estado, puede tomar estas 2 formas. EN ARG hay DUALISMO.
Las 2 esferas (terrenal y espiritual) son independientes. En el fondo, lo que hay es un Estado
ACONFESIONAL. Argentina NO es confesional, NO adopta una religión oficial y le da efectos jurídicos,
solo le da preponderancia al culto católico, pero se respeta la libertad de culto.
Siglo IV
El problema de la persecución a los cristianos nació con la resistencia al emperador, porque los cristianos no
podían rendir culto al emperador.
Con el Edicto de Milán (313) también llamado “Estatuto de tolerancia religiosa” “Constantino el grande”
dicta el cese de persecuciones. El motivo detrás del dictado de este estatuto fue que había cada vez más
ciudadanos cristianos, que al ser “enemigos del Estado” no debían pagar impuestos; por ello, para aumentar
la recaudación, dejó de considerárselos enemigos, declarando al cristianismo como religión lícita en el
imperio.
El Edicto de Tesalónica (380), dictado por Teodosio I [Teodosio el grande], convierte al cristianismo en la
religión del imperio: “Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la administración de nuestra
clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los romanos, que hasta hoy se ha predicado
como la predicó él mismo, y que es evidente que profesan el pontífice Dámaso y el obispo de Alejandría,
Pedro, hombre de santidad apostólica. Esto es, según la doctrina apostólica y la doctrina evangélica creemos
en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo bajo el concepto de igual majestad y de la
71
piadosa Trinidad. Ordenamos que tengan el nombre de cristianos católicos quienes sigan esta norma,
mientras que los demás los juzgamos dementes y locos sobre los que pesará la infamia de la herejía. (…).”
En este edicto vemos un ejemplo de confesionalidad del Estado.
Siglo VIII
Hacia el siglo VIII, en 728, el rey de los Lombardos llegó a un acuerdo con el Papa Gregorio II, otorgándole
al Papado el territorio de Sutri. El acuerdo es llamado “Donación de Sutri” “Donación de Pipino” o
“Donación de Quierzy”. Con ésta, nace el Estado pontificio y el Obispo de Roma se consagra como
autoridad territorial y espiritual. EL PAPA empieza a tener poder tanto en el diucado de ROma como
afuera, nacen los ESTADOS PONTIFICIOS.
Cesaropapismo: Dios elige al REy y éste tiene poder incluso por encima del PApa.
Siglo XI
Hacia el siglo XI se presentaron algunas tensiones entre los Papas y los reyes, en disputa de poder.
En 1122, se da el Concordato de Worms, que fue un acuerdo político entre el emperador alemán Enrique V y
el Papa Calixto II, que supuso el final de la querella de las investiduras. Por este acuerdo se determinó que
correspondía al poder eclesiástico la investidura clerical mediante la entrega de anillo y báculo, y la
consagración con las órdenes religiosas, mientras que la autoridad civil se reservaba la investidura feudal
con otorgamiento de los derechos temporales de regalía.
Así, se determina que sus poderes son “igualmente fuertes” (porque provienen de Dios), pero que poseen
objetos diferentes.
Siglo XIII
En el siglo XIII, Felipe el Hermoso es excomulgado por el Papa Bonifacio VIII por sostener atributos para
manejar tributos eclesiásticos. Junto con la excomunión, el Papa redacta tres documentos, en los que
desarrolla la Teoría de las dos Espadas. Allí se determina que hay supremacía entre el poder espiritual sobre
el temporal.
Siglo XVI
Con Lutero, se presenta un quiebre en esa idea de colaboración entre “las dos espadas”; se consideraba que
la Iglesia “verdadera” es la exclusivamente espiritual, “la Iglesia es la comunidad alrededor de la Palabra”,
por lo que todo poder temporal es falso, y representa una usurpación.
La Iglesia desarrolla, hacia mediados del siglo XVI, el Concilio de Trento.
Siglo XVIII
Hacia el siglo XVIII nacen las corrientes iluministas, empiristas y racionalistas, y la concepción de que la
religión pertenece a un ámbito individual “de consciencia”.
Después de la Revolución Francesa, se realiza el Concordato de 1801 entre Napoleón y la Santa Sede.
Allí se contempla que "el Catolicismo era la religión de la gran mayoría de los franceses" pero no la religión
oficial del estado, extendiéndose así la tolerancia religiosa a los judíos y protestantes.
Según el artículo 4, el Primer Cónsul de la República es quien nombrará los arzobispos y obispos, mientras
que "Su Santidad les concederá la investidura canónica". Además, según el artículo 5 antes de entrar en
funciones entregarán al Primer Cónsul un juramento de fidelidad.
El Estado pagaría un salario clerical y el clero juraría lealtad al Estado.
La Iglesia renunciaría a reclamar las tierras que le fueron confiscadas durante la Revolución francesa, y el
calendario republicano francés sería abolido y reemplazado por el tradicional calendario gregoriano.
Sin embargo, este acuerdo no dura mucho, tras la caida de Napoleón en Waterloo.
Sistema arreligioso
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Comienza a darse una separación progresiva, basada en ideas de “libertad de consciencia”, sacando así la
cuestión religiosa.
Gaudium et spes
Gaudium et spes es la única constitución pastoral del Concilio Vaticano II, aprobada en 1965.
En el número 76, se establece que es de suma importancia tener un recto concepto de las relaciones entre la
comunidad política y la Iglesia.
“La Iglesia, que por razón de su misión y de su competencia no se confunde en modo alguno con la
comunidad política ni está ligada a sistema político alguno, es a la vez signo y salvaguardia del carácter
trascendente de la persona humana”
La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas,
sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este
servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la
cooperación entre ellas, habida cuesta de las circunstancias de lugar y tiempo. Como se dirigen al mismo
sujeto, hay algunos temas en donde la comunidad política y la Iglesia van a coincidir en esos temas:
¿Qué temas? cuestiones mixtas: es materia de atención tanto de la Iglesia como de los Estados.
- la asistencia de fuerzas de seguridad,
- personas privadas de la libertad,
- personas internadas por su salud, asistencia de personas,
- cuestión matrimonial,
- la educación,
- enseñanza de la teología,
- los bienes temporales,
- el nombramiento de autoridades.
El hombre, en efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la historia humana,
mantiene íntegramente su vocación eterna. La Iglesia, por su parte, fundada en el amor del Redentor,
contribuye a difundir cada vez más el reino de la justicia y de la caridad en el seno de cada nación y entre las
naciones. Predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la acción humana con su
doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad
políticas del ciudadano.
Ciertamente, las realidades temporales y las realidades sobrenaturales están estrechamente unidas entre sí, y
la misma Iglesia se sirve de medios temporales en cuanto su propia misión lo exige. No pone, sin embargo,
su esperanza en privilegios dados por el poder civil; más aún, renunciará al ejercicio de ciertos derechos
legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio o las
nuevas condiciones de vida exijan otra disposición. Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en
todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los
hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo
exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solos
aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y de
situaciones.”
Derecho eclesiástico
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De las relaciones entre la Iglesia y la comunidad política nace el Derecho Público Eclesíastico, que se define
como el conjunto de relaciones entre la Iglesia con la comunidad política nacional, internacional, así como la
interrelación entre comunidades religiosas.
La Iglesia es una sociedad perfecta, no circunscripta a ningún territorio. Es una sociedad jerárquica que no
nace de un pacto, sino de la fundación de Jesucristo. (JP II agrega: la ley fundamental de la Iglesia es el
Evangelio).
CONCORDATOS (!!!)
COncordatum: mutuo acuerdo
COncordis implica unión de 2 corazones
Son acuerdos celebrados entre la Iglesia y el Estado sobre materias en las que resultan concernidos intereses
de ambas partes.
Giménez Fernández los define como “solemnes convenciones bilaterales y obligatorias para la Iglesia y el
Estado sobre mutuas delimitaciones del ámbito para el ejercicio de las potestades eclesiástica y civil, a tenor
de las circunstancias crónicas y tópicas y sin mengua del Derecho divino”.
Nosotros simplemente los definimos como pactos solemnes realizados entre la Santa Sede y los Estados.
Así, la Santa Sede aparece como un actor internacional.
Si bien existen algunos acuerdos complejos (como el de Brasil del año 2000), en general son acuerdos
parciales.
74
3) Especial: declaraciones o leyes simultáneas (como fue el caso de Marruecos): es un doble documento
simultáneo, que luego se canjean.
4) Letras reversales, que son notas que se intercambian: cada parte firma lo que se obliga y solo le pasa a la
otra parte lo que firmo, y con lo que le entrega hacen la ratificación dentro de su propio ordenamiento
Extinción (!!!)
1) CAusas previstas en el acuerdo
2) Cláusula genérica: rebus sic stantibus
3) Podría preverse denuncia unilateral.
Proceso de elaboración: ver bolilla 3, CUria ROmana: SEcretaría de Estado,c impuesta de 2 partes: sección
1 de temas generales y la otra que es relación vaticano-Estados. EN la negociación interviene CAncillería
argentina y la sección 2 de la Secretaría de Estado de la CUria ROmana. EL intermedio es el nUNCIO, el
embajador del PApa en Argentina.
LUego viene la firma y la ratificación,
b. El Concordato de 1957 resolvía las tensiones de las FFAA, creando el vicariato castrense. Este
concordato fue modificado por letras reversales en 1991, que cambió el estatus a Obispado
Castrense.
La libertad religiosa es propia de toda persona, por su dignidad en tanto tal. Sin que importe el contenido,
ésta debe respetarse.
Se pregunta la RAZÓN DE SER de que la Iglesia defienda la libertad religiosa, que es que surge de LA
DIGNIDAD DEL HOMBRE, sea católica o NO. La Iglesia exige a los Estados que se GARANTICE y
TUTELE, que haya una posición activa respecto a ella, como en Argentina.
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Dignitatis humanae [10 primeros puntos]
En primer lugar, profesa el sagrado Concilio que Dios manifestó al género humano el camino por el
que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo. Creemos que esta única y
verdadera religión subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la
misión de difundirla a todos los hombres, diciendo a los Apóstoles: "Id, pues, y enseñad a todas las
gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a
observar todo cuanto yo os he mandado" (Mt., 28, 19-20). Por su parte, todos los hombres están
obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez
conocida, a abrazarla y practicarla.
Confiesa asimismo el santo Concilio que estos deberes afectan y ligan la conciencia de los hombres,
y que la verdad no se impone de otra manera, sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra
suave y fuertemente en las almas. Ahora bien, puesto que la libertad religiosa que exigen los
hombres para el cumplimiento de su obligación de rendir culto a Dios, se refiere a la inmunidad de
coacción en la sociedad civil, deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de
los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo. Se
propone, además, el sagrado Concilio, al tratar de esta verdad religiosa, desarrollar la doctrina de los
últimos Pontífices sobre los derechos inviolables de la persona humana y sobre el ordenamiento
jurídico de la sociedad.
2) ART 2 se establece que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste
en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, de tal manera que ni se obligue a nadie a
obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, de
forma individual o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho
a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como
se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural.
Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el
ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.
3) ART 3 se establece que el hombre percibe y reconoce por medio de su conciencia los dictámenes de
la ley divina; conciencia que tiene obligación de seguir fielmente, en toda su actividad, para llegar a
Dios, que es su fin. Por tanto, no se le puede forzar a obrar contra su conciencia. Por esto decimos
que el hombre aparece como primer sujeto de la libertad religiosa.
Además, los actos religiosos con que los hombres, partiendo de su íntima convicción, se
relacionan privada y públicamente con Dios, trascienden por su naturaleza el orden terrestre y
temporal. Por consiguiente, la autoridad civil, cuyo fin propio es velar por el bien común temporal,
debe reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos; pero excede su competencia si
pretende dirigir o impedir los actos religiosos.
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4) ART. 4 se refiere a las comunidades religiosas: “la libertad o inmunidad de coacción en materia
religiosa, que compete a las personas individualmente, ha de serles reconocida también cuando
actúan en común. Porque la naturaleza social, tanto del hombre como de la religión misma, exige las
comunidades religiosas”.
Coordinación y cooperación.
76. Es de suma importancia, sobre todo allí donde existe una sociedad pluralística, tener un recto
77
concepto de las relaciones entre la comunidad política y la Iglesia y distinguir netamente entre la acción
que los cristianos, aislada o asociadamente, llevan a cabo a título personal, como ciudadanos de acuerdo
con su conciencia cristiana, y la acción que realizan, en nombre de la Iglesia, en comunión con sus
pastores.
La Iglesia, que por razón de su misión y de su competencia no se confunde en modo alguno con la
comunidad política ni está ligada a sistema político alguno, es a la vez signo y salvaguardia del carácter
trascendente de la persona humana.
La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno.
Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del
hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más sana y
mejor sea la cooperación entre ellas, habida cuesta de las circunstancias de lugar y tiempo. El hombre,
en efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la historia humana, mantiene
íntegramente su vocación eterna. La Iglesia, por su parte, fundada en el amor del Redentor, contribuye a
difundir cada vez más el reino de la justicia y de la caridad en el seno de cada nación y entre las
naciones. Predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la acción humana con su
doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad
políticas del ciudadano.
Cuando los apóstoles y sus sucesores y los cooperadores de éstos son enviados para anunciar a los
hombres a Cristo, Salvador del mundo, en el ejercicio de su apostolado se apoyan sobre el poder de
Dios, el cual muchas veces manifiesta la fuerza del Evangelio en la debilidad de sus testigos. Es preciso
que cuantos se consagran al ministerio de la palabra de Dios utilicen los caminos y medios propios del
Evangelio, los cuales se diferencian en muchas cosas de los medios que la ciudad terrena utiliza.
Ciertamente, las realidades temporales y las realidades sobrenaturales están estrechamente unidas entre
sí, y la misma Iglesia se sirve de medios temporales en cuanto su propia misión lo exige. No pone, sin
embargo, su esperanza en privilegios dados por el poder civil; más aún, renunciará al ejercicio de ciertos
derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su
testimonio o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposición. Es de justicia que pueda la Iglesia en
todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer
su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al
orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas,
utilizando todos y solos aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la
diversidad de tiempos y de situaciones.
Con su fiel adhesión al Evangelio y el ejercicio de su misión en el mundo, la Iglesia, cuya misión es
fomentar y elevar todo cuanto de verdadero, de bueno y de bello hay en la comunidad humana,
consolida la paz en la humanidad para gloria de Dios
1) Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 18): Toda persona tiene derecho a la libertad de
pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de
creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o en colectivamente, tanto
en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
2) Convención de los Derechos del niño (art 14): Los Estados Partes respetarán el derecho del niño a la
libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.
FINAL:
(!!!!!!!!)
N 76: GAUDIUM ET ESPES
DIGNITATIS HUMANAE ART. 7
LO que se pregunta siempre es el tema de lOS CONCORDATOS
Antecedentes
Con la Conquista de América nace también el mandato del Papa a los reyes españoles de evangelizar.
En el 1493, el Papa Alejandro VI redacta las Bulas Inter Caetera, en las que establece que “todas las tierras
halladas y por hallar” pertenecerían a los reyes de Castilla y Aragón. Asimismo, el Papa agrega la finalidad
evangélica; debían enviar varones doctos que pudieran transmitir la fe.
El patronato (!!!!!!)
En 1508, el Papa Julio II establece lo que se conoce como “Patronato Real”/PRIVILEGIO PÚBLICO, que
implicaba la potestad del poder temporal de presentar quienes ocuparían puestos eclesiásticos. La
Iglesia, así, solo debía prestar al habilitación sacramental, mientras que la autoridad civil quedaba como
responsable de presentar, seleccionar y nombrar a las autoridades. La contrapartida era sostener
económicamente la evangelización.
Posteriormente, con la ampliación de las facultades de la corona española (principalmente a través del
Consejo de Indias), nace la etapa conocida como “Patronato Regio”. En esta etapa, que nace hacia el 1700
con el cambio de la corona española a los Borbones, la autoridad temporal tenía la potestad de nombrar
autoridades, crear diócesis, admitir religiosos al nuevo mundo, retener hasta dar su aprobación bulas y
breves papales (el pase de documentos también se conoce como exequatur) y de cobrar los diezmos.
Esa etapa se caracteriza por el regalismo; es decir, por la idea de que la autoridad civil es más importante
que la autoridad eclesiástica. Según esa corriente, el patronato sería una potestad inherente a la autoridad
civil y no una concesión papal. Según Menéndez Pelayo el regalismo nace con Felipe V (Borbón) en el
1700, aunque algunos doctrinarios sostienen que fue una corriente extranjerizante que comenzó
paulatinamente y que simplemente se profundizó durante su reinado.
TEORIA REGALISTA: patronato es un derecho inherente al soberano. Para nombrar quienes estarán al
frente de las Iglesias (obispos).
Los gobiernos patrios en Argentina (desde 1810 en adelante) se consideraron, nos creemos herederos
del patronato. Al ser un derecho inherente según la teoría REGALISTA, me independizó y es mío, ya que es
un derecho del soberano.
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Se inicia en Argentina un periodo de incomunicación con Roma que se prolonga desde el 25 de
mayo de 1810 hasta el 13 de febrero de 1858, cuando por las negociaciones iniciadas por el embajador
Alberdi, la Santa Sede envía al primer delegado Apostólico, Monseñor Marino Marini.
CIC 17: decía que era el conjunto de privilegios con ciertas cargas que la Iglesia le concede a fundadores de
capillas. Ej: a un señor feudal que tenía una Iglesia en su territorio, y podía designar al párroco con la
contrapartida de sostenerlo económicamente.
La Constitución de 1853/1860
Mientras que los proyectos constitucionales de 1819 y 1826 establecían una base teísta, profundamente
confesional del Estado, la convención constituyente, siguiendo las Bases de Alberdi, hace una valoración de
la religión como la fuente de un impulso cultural.
2) El sostenimiento del culto católico: el art. 2 establece que el gobierno federal sostiene el culto
católico apostólico romano. Jurisprudencialmente se ha aceptado que este sostenimento hace
referencia a su aspecto económico: incluso la CSJN en el fallo sobre la educación religiosa en Salta
(2017) sostuvo que en Argentina no hay opción por un culto determinado, por lo que descartamos
que ese sostenimiento se refiera a la faceta moral.
3) Previsiones del patronato: el art. 83, que establecía las potestades del Presidente, establece:
(PATRONATO!!!)
a. Inc. 8: PATRONATO: “ejerce los derechos del patronato nacional en la presentación de
obispos para las iglesias catedrales, a propuesta en terna del Senado;
b. Inc. 9: “PASE”: “Concede el paso o retiene los decretos de los concilios, bulas, breves y
rescriptos del Sumo Pontífice de Roma, con acuerdo de la Suprema corte; requiriéndose una
ley cuando contienen disposiciones generales y permanentes.
4) Libertad de cultos: en el art. 14 se establecía “todos los habitantes de la confederación gozan de los
siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio: (…) de profesar libremente su
culto”.
La Iglesia criticaba en ese entonces que, considerando el poder que le reconocía la Constitución a la Iglesia,
no tenía sentido que no pudieran nombrar sus propias autoridades.
La etapa que siguió hasta el 1966 se conoció como el modus vivendi;
I) El senado realizaba una terna de candidatos y la enviaba al presidente;
II) El presidente elegía y lo presentaba a la Santa Sede para que realice objeciones;
III) El Papa designaba al candidato “motu proprio”, como si en la elección no hubiera
intervenido la autoridad civil;
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IV) La Bula se remitía al gobierno argentino, que lo giraba a la Suprema corte para que se
expidiera sobre si correspondía o no conceder el pase;
V) El Presidente concedía el pase “con las reservas que emanan de la constitución y de
las leyes dictadas con arreglo a ella sobre el patronato”.
Pregunta EXÁMEN!!!: hoy día hay una excepción donde el PEN puede decir que el Obispo NO le
agrada y es en este caso de este acuerdo castrense. Porque las FFAA tienen que ver con la defensa del
territorio, ergo el Presidente debe prestar consentimiento para designar el Obispo (art. 4). Previo
acuerdo del presidente de la Nación.
El acuerdo de 1966 (Gob. Onganía – Papa Paulo VI. FIrmado en ARGENTINA) SABER LOS 7
ARTÍCULOS (!!)
Como antecedente podemos nombrar al concordato de 1957, que crea el vicariato castrense. Ese acuerdo fue
luego modificado por notas reversales y se cambió su estatus a “obispado castrense”.
El 10 de octubre de 1966 se firma el Concordato, que pone fin al patronato. Lo suscriben Monseñor
Mozzoni (nuncio) y Costa Mendez (canciller argentino). El acuerdo cuenta con 7 artículos.
En relación a “su jurisdicción” es importante recordar el fallo CSJN “Rybar” (1992), en el que se reconoce
que debe aplicarse el Derecho Interno de la Iglesia y, por tanto, no hay competencia de los tribunales civiles.
En el caso, un sacerdote pide que se le reconozca como un Derecho Humano la posibilidad de casarse, y
considera que no deben aplicársele las sanciones establecidas por el Obispo. La CSJN establece que Rybar
se sometió voluntariamente al ordenamiento jurídico de la Iglesia al consentir su ordenación sacerdotal, y
asimismo que las cuestiones de Derecho interno de la Iglesia son no judiciables por tribunales civiles.
Este año: Fallo RUEDA [2023] La cuestión se inicia por el registro de anotación en el bautismo y
confirmación de un fiel de la iglesia católica de salta que, poco tiempo antes, había hecho uso de los
derechos de la ley de identidad de género, ya que cambió su género y consecuentemente la partida de
nacimiento y su dni. Solicita al obispado de salta la renovación del bautismo y confirmación. El arzobispado
le contesta diciendo “tomamos nota”, pero no se puede borrar el registro. Inicia demanda por la ley de
habeas data para rectificar el asiento erróneo del registro. En el medio del trámite, aparece la respuesta del
arzobispado. la cámara confirma el fallo de primera instancia y trae a colación el fallo “Lastra”. Se interpone
recurso extraordinario, se deniega y va en queja. La corte remite al fallo lastra y rybar; de la misma manera
que la cuestión religiosa no puede inmiscuirse en las cuestiones del Estado. Así como es intolerable que la
religión se inmiscuya en cuestiones estatales, el Estado tampoco puede inmiscuirse en cuestiones
eclesiásticas.
2. La Santa Sede podrá erigir nuevas circunscripciones eclesiásticas, así como modificar los límites de
las existentes o suprimirlas, si lo considerare necesario o útil para la asistencia de los fieles y el
desarrollo de su organización.
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Antes de proceder a la erección de una nueva Diócesis o de una Prelatura o a otros cambios de
circunscripciones diocesanas, la Santa Sede comunicará confidencialmente al Gobierno sus
intenciones y proyectos a fin de conocer si éste tiene observaciones legitimas, exceptuando el caso de
mínimas rectificaciones territoriales requeridas por el bien de las almas.
La Santa Sede hará conocer oficialmente en su oportunidad al Gobierno Argentino las nuevas
erecciones, modificaciones o supresiones efectuadas, a fin de que éste proceda a su reconocimiento
por lo que se refiere a los efectos administrativos. Serán también notificadas al Gobierno las
modificaciones de los límites de las Diócesis existentes.
5. El Episcopado Argentino puede llamar al País a las órdenes, congregaciones religiosas masculinas y
femeninas y sacerdotes seculares que estime útiles para el incremento de la asistencia espiritual y la
educación cristiana del pueblo.
A pedido del Ordinario del lugar, el Gobierno Argentino, siempre en armonía con las leyes
pertinentes, facilitará al personal eclesiástico y religioso extranjero el permiso de residencia y la carta
de ciudadanía.
7. El presente Convenio, cuyos textos en lengua italiana y española hacen fe por igual, entrara en
vigencia en el momento del canje de los instrumentos de ratificación.
En fe de lo cual, los Plenipotenciarios arriba nombrados firmaron y sellaron este Acuerdo, en dos
ejemplares, en la ciudad de Buenos Aires, a los diez días del mes de octubre del año mil nueve
cientos sesenta y seis.
- De igual forma, los arts. 14, 19 y 20 garantizan a los habitantes de la Nación y también a los
extranjeros la libertad de culto y de conciencia.
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- En el art. 73 se establece que los eclesiásticos regulares no pueden ser miembros del Congreso.
(!)
- En el nuevo art. 43 se incluye la acción de amparo que tutela a todos los Derechos reconocidos por la
Constitución, incluso la libertad religiosa.
- El nuevo 75 establece que “Corresponde al Congreso: Inc. 22: aprobar o desechar… los Concordatos
concluidos con la Santa Sede. Los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes.
- Inc. 17: reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos.”
A diferencia de la Constitución de 1853, en la cual se obligaba a que el presidente sea católico, y jure por
Dios y los Sagrados Evangelios, en el art. 93 se permite que juren respetando sus creencias religiosas.
Régimen laboral
Como condición necesaria para asegurar plenamente la libertad religiosa está el ofrecer como días no
laborables o feriados aquellos días de fiestas o celebraciones religiosas.
En la Ley de Contrato de Trabajo se establece la distinción entre días no laborables (aquellos en los
que el empleador determina si se presta el servicio, aunque de cualquier forma debe asegurársele al
empleado el salario). Corresponde al Congreso la determinación de los feriados.
La ley 21.329 fija como feriados al 1/1, 8/12, 25/12, y viernes Santo. Asimismo, se fija al jueves Santo
como día no laborable.
La ley 24.571 establece los días no laborables de la religión judía: Año Nuevo Judío (Rosh Hashana),
dos días; el día del Perdón (Iom Kipur), un día y de la Pascua Judía (Pesaj) dos días.
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La ley 24.757 establece los días no laborables del Islám: el día del "Año Nuevo Musulmán" (Hégira),
el día posterior a la culminación del ayuno (Id Ai-Fitr); y el día de la Fiesta del Sacrificio (Id
Al-Adha).
Asimismo, hay resoluciones del Ministerio de Educación que eximen de faltas a los estudiantes
religiosos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, en las fechas de fiestas.
Régimen judicial
Según el art. 250 del Código Procesal Penal, “no estarán obligados a comparecer [como testigos] el
presidente y vicepresidente de la Nación; los (…) los altos dignatarios de la Iglesia”. Hay una disposición
igual en el Código Procesal Civil y Comercial que se complementa con una acordada de la CSJN.
Esto debemos complementarlo con el art. 244 del CPP, que establece que “deberán abstenerse de declarar
sobre los hechos secretos que hubieren llegado a su conocimiento en razón del propio estado, oficio o
profesión, bajo pena de nulidad: los ministros de un culto admitido (…)”.
Asimismo, en el Código Penal encontramos en el art. 156 que “será reprimido con multa e inhabilitación
especial "el que teniendo noticia, por razón de su estado, oficio, empleo, profesión o arte de un secreto cuya
divulgación pueda causar un daño, lo revelare sin justa causa".
Régimen tributario
En principio, la Iglesia Católica está en igualdad de condiciones con los demás cultos inscriptos en el
registro; todos son sujetos del Derecho tributario.
Sin embargo, en algunas ocasiones se les brindan beneficios, que pueden consistir en exenciones tributarias
o en deducciones impositivas (como en el caso de las donaciones a entidades religiosas).
La ley de Impuesto a las Ganancias establece en su art. 20 que “están exentas del gravámen (…) e) Las
ganancias de las instituciones religiosas.”
La ley de Impuesto al Valor Agregado en su art. 7 establece que están exentos los servicios relativos al culto
o que tengan por objeto el fomento del mismo, prestados por instituciones religiosas comprendidas en el
inciso e) del artículo 20 de la Ley de Impuesto a las Ganancias.
Ejemplos de estos servicios “relativos al culto” son ofrendas, estipendios, colectas, ingresos por uso de casas
de retiro, venta de libros o institutos de educación.
La ley de Premios y Sorteos establece en su art. 2do que no será aplicable cuando se trate de premios de rifas
o concursos organizados por entidades comprendidas en el artículo 20, incisos e) y f) de la Ley de impuesto
a las ganancias.
Por último, destacamos que, según la AFIP, están exentos de pago del Impuesto a los Objetos suntuarios los
objetos rituales y alianzas matrimoniales.
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