El paraíso perdido
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Paradise Lost
de John Milton
Página de la primera edición
Editor(es) Samuel Simmons
Género Poema narrativo
Edición original en inglés
Título original Paradise Lost
Cubierta J. B. de Medina and Henry Aldrich
Editorial Samuel Simmons Ver y modificar los datos en Wikidata
Ciudad Londres Ver y modificar los datos en Wikidata
País Inglaterra
Fecha de publicación 1667
Texto original Paradise Lost en Wikisource
Edición traducida al español
Texto en español El paraíso perdido en Wikisource
Serie
Paradise Lost Paradise Regained Ver y modificar los datos en Wikidata
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El paraíso perdido (Paradise Lost en inglés) es un poema narrativo de John Milton
(1608-1674), publicado en 1667. Se lo considera un clásico de la literatura inglesa
y ha dado origen a un tópico literario muy difundido en la literatura universal.
Está dividido en doce libros[1] y sobrepasa los 10 000 versos escritos sin rima.[2]
El poema es una epopeya acerca del tema bíblico de la caída de Adán y Eva. La obra
trata, fundamentalmente, sobre el problema del mal y el sufrimiento en el sentido
de responder a la pregunta de por qué un Dios bueno y todopoderoso decide
permitirlos cuando le sería fácil evitarlos.[cita requerida]
Milton comienza expresando el fin de «justificar los caminos de Dios» respondiendo
a través de una descripción psicológica de los principales protagonistas del poema:
Dios, Adán, Eva y el Diablo, cuyas actitudes acaban por revelar el mensaje
esperanzador que se esconde tras la pérdida del paraíso original. En el poema, el
cielo y el infierno representan estados de ánimo antes que espacios físicos.
La obra comienza en el infierno (descrito mediante referencias a la permanente
insatisfacción y desesperación de sus habitantes), desde donde Satanás (definido
por el sufrimiento) decide vengarse de Dios de forma indirecta, esto es, a través
de los seres recién creados que viven en un estado de felicidad permanente.
En 1671 Milton publicó El paraíso recobrado, un poema en cuatro libros en el que
continúa la épica satánica del primer poema, pero centrado esta vez en los
fracasados esfuerzos del diablo por tentar a Jesús durante su estancia en el
desierto.
Personajes principales
Satanás: Satanás es el primer personaje importante introducido en el poema.
Lucifer, un ángel hermoso, es una figura trágica que se describe mejor por sus
propias palabras: «Mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo». Fue
confinado al infierno después de una rebelión fallida por el control de los Cielos
de Dios. El deseo de Satanás de rebelarse se debe a su falta de voluntad para
aceptar que no todos los seres merecen la libertad, declarando que los ángeles son
seres autónomos, y eliminando así la autoridad de Dios sobre ellos como su creador.
Se presenta como un personaje carismático y persuasivo. Satanás se manifiesta por
primera vez cuando presenta argumentos a sus ángeles seguidores de por qué se debe
tratar de derrocar a Dios. Él sostiene que deberían tener los mismos derechos que
Dios, y que el Cielo es una monarquía injusta. El papel de Satanás como una fuerza
impulsora en el poema ha sido objeto de mucho debate académico. Las posiciones van
desde puntos de vista como el de William Blake, quien afirmó que Milton «escribió
encadenado acerca de los ángeles y Dios, y en libertad, cuando de diablos y
demonios; porque fue un verdadero poeta y del partido del Diablo sin saberlo»; a
las interpretaciones críticas, como la de William H. Marshall, quien ve el poema
como un cuento sobre la moral cristiana.
Adán: Adán es el primer ser humano en el Edén creado por Dios. De las preguntas que
hace el arcángel Rafael, está claro que Adán tiene una profunda curiosidad
intelectual. Se trata de una especie de curiosidad que Eva no tiene. A diferencia
de la versión bíblica de Adán, en este libro se da a Adán una visión del futuro de
la humanidad (esto incluye una sinopsis de las historias del Antiguo y Nuevo
Testamento), por el arcángel Miguel, antes de que él tenga que dejar el paraíso.
Eva: Eva es la segunda persona creada, tomada de una de las costillas de Adán, y se
conforma en una forma femenina de Adán. En un sentido positivo (dependiendo de su
punto de vista), es el modelo de una buena mujer, fiel, amorosa y sometida a su
pareja (por libre voluntad de ella). Ella conoce a Adán, que se aleja de su imagen
cuando se conocen, confiando en la autoridad de Adán en su relación hasta que ella
se ve influenciada por Satanás. Ella es muy hermosa, y su belleza no sólo obsesiona
a Adán, sino también a sí misma.
El Hijo de Dios: El Hijo de Dios en el paraíso Perdido es Jesucristo, aunque nunca
se nombra explícitamente, ya que no ha entrado aún en forma humana. El Hijo es muy
poderoso e idealmente heroico; logra derrotar a Satanás y sus seguidores cuando se
rebelan contra Dios y los arroja al infierno. Sin embargo, su verdadero papel en la
obra es el del futuro redentor que salvará a la humanidad de Satanás, cuando se
ofrece voluntariamente para redimir a la humanidad del pecado que cometerá Adán.
Dios el Padre: Dios el Padre es el creador del Jardín del Edén, el Cielo, el
Infierno, y de cada uno de los personajes principales. Si bien es representado como
pomposo, irascible, egoísta y desagradable; es un ser todopoderoso y omnisciente
que no puede ser derrocado por un tercio de los ángeles de Satanás incitados contra
él. El poema retrata el proceso de Dios de la creación en la forma en que Milton
creía que se hizo: que Dios creó el Cielo, la Tierra, el infierno, y todas las
criaturas que habitan en estos planos separados de la parte de sí mismo, no de la
nada. Por lo tanto, de acuerdo con Milton, la máxima autoridad de Dios se deriva de
ser el «autor» de la Creación. Satanás trata de justificar su rebelión al negar
este aspecto de Dios y reclamar la libre creación, pero admite que él no es el
caso, y que Dios «no merecía el retorno / de mí, a quien Él creó lo que era».
Rafael: Rafael es un arcángel que es enviado por Dios para advertir a Adán sobre la
infiltración de Satanás en el Edén, e informar que Satanás va a tratar de provocar
la caída de Adán y Eva.
Miguel: Después de que Adán y Eva desobedecen a Dios al comer del Árbol del
Conocimiento, Dios envía al arcángel Miguel a visitar a Adán y Eva. Su deber es
acompañar a Adán y Eva fuera del paraíso. Pero antes que esto suceda, Miguel
muestra a Adán visiones del futuro que cubren un esbozo de la Biblia, de la
historia de Caín y Abel en Génesis, a través de la historia de Jesús en el Nuevo
Testamento. En la novela también se le describe como el rival de Satanás en las
batallas que se realizan en el Cielo, así como el encargado de expulsarlo. Se
destaca especialmente en la lucha de argumentos que tiene con el príncipe de las
tinieblas justificando el gobierno de Dios y por qué someterse a este.
Entiéndase que todos los personajes atienden a una simulación holográfica creada a
partir de la misma "creación".
Estructura
Presentación de Satanás
Lucifer, protagonista de El Paraíso perdido, dibujado por Gustave Doré.
Milton era parte del movimiento puritano. Al principio del poema se expone su
asunto: la caída del hombre en el pecado. Tras esto, se narra la historia de
Satanás, el más bello de los ángeles, que antes de la creación del mundo encabezó
una rebelión de ángeles contra Dios, por lo cual este le expulsa a él y a su
séquito del Cielo y los condena a permanecer en un lugar terrible llamado Infierno.
Allí, Satanás arenga a sus fieles para vengarse de Dios, pero no con la fuerza,
sino a través de la astucia y el engaño. Y para ello dispone que se utilice a una
futura criatura suya, el hombre:
-¡Oh, millares de espíritus inmortales!! ¡Oh, potestades a quienes sólo puede
igualarse el Todopoderoso! Aquel combate no careció de gloria, por más que su
resultado fuera desastroso, como lo atestiguan esta mansión y este terrible cambio
que me es odioso expresar. [...] De hoy más, ya conocemos su poder como conocemos
el nuestro, de modo que no provoquemos ni rehuyamos con temor cualquier guerra a
que se nos provoque. El mejor partido que nos queda es el de emplear nuestras
fuerzas en un secreto designio: el de obtener por medio de la astucia y del
artificio lo que la fuerza no ha alcanzado, a fin de que en adelante sepa por lo
menos que un enemigo vencido por la fuerza sólo es vencido a medias.
Adán, Eva y el árbol del conocimiento del Bien y el Mal
Albrecht Dürer, Adán y Eva, 1507.
Satanás se encarga de ir él solo a descubrir el antiguo mundo; Dios lo ve y se lo
enseña a su Hijo, al que le explica que el hombre va a ser culpable, por lo cual el
Hijo se presenta voluntario para expiar con su muerte el pecado del hombre. Satanás
explora el nuevo mundo, que es descrito al lector, y averigua dónde está la morada
del hombre, la nueva creación divina. Allí contempla, admirado, la perfección de su
forma, y averigua la prohibición que pesa sobre Adán y Eva, primeros seres humanos,
de comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Adán, el primero de los hombres, al dirigir estas frases a Eva, la primera de las
mujeres, hizo que Satanás aguzara los oídos para escuchar las palabras de aquella
nueva lengua:
-¡Oh, mi dulce compañera, única con quien comparto todos estos placeres, y a quien
amo más que a ellos!
Preciso es que el poder que nos ha hecho, y que ha hecho para nosotros este vasto
mundo, sea infinitamente bueno, tan generoso como bueno, y asimismo tan liberal en
su bondad como infinito. Él nos ha sacado del polvo y nos ha colocado aquí, en
medio de toda esta felicidad, cuando por nuestra parte no hemos merecido nada de su
mano, ni podemos hacer nada de que pueda Él tener necesidad: no exige de nosotros
otra cosa que un solo deber, una fácil obligación; que de todos cuantos árboles
producen en el paraíso frutos variados y deliciosos, nos abstengamos únicamente de
tocar el árbol del conocimiento del bien y del mal, plantado cerca del árbol de la
Vida: ¡tan cerca de la vida crece la muerte! ¿Y qué es la muerte? Alguna cosa
terrible, sin duda; porque, como tú no ignoras, Dios ha dicho que tocar el árbol
del conocimiento del bien y del mal es lo mismo que morir. Esta es la única prueba
de obediencia que nos ha impuesto entre tantas facultades de poder y soberanía como
nos ha conferido.
Adán y Eva desobedecen a Dios
Dios, atento a lo que sucede en el paraíso, envía al arcángel Rafael para exhortar
a Adán y Eva a la obediencia y prevenirles de la trama de Satanás; además, cuenta
con detalle de la historia del ángel caído. Satanás ha regresado al paraíso en
forma de serpiente, y cuando encuentra a Eva sola, le explica que tiene el don de
hablar gracias al fruto de un árbol. Conduce a ese árbol a Eva, que reconoce el
árbol del conocimiento del bien y del mal; con argucias y mentiras fomenta dudas en
Eva:
-En resumen, ¿qué es lo que nos prohíbe conocer? ¿Nos prohíbe el bien, nos prohíbe
ser sabios?... Semejantes prohibiciones no deben ligarnos... Pero si la muerte nos
rodea con las últimas cadenas, ¿de qué nos servirá nuestra libertad interior? El
día en que lleguemos a comer de ese hermano fruto moriremos; tal es nuestra
sentencia... ¿Ha muerto, por ventura, la serpiente? Ha comido, y vive, y conoce, y
habla, y raciocina, y discierne, cuando hasta aquí era irracional. ¿No habrá sido
inventada la muerte más que para nosotros solos? ¿O será que ese alimento
intelectual que se nos niega esté reservado solamente a las bestias? Pero el único
animal que ha sido el primero en probarlo en lugar de mostrarse avaro de él,
comunica con gozo el bien que le ha cabido, cual consejero no sospechoso, amigo del
hombre e incapaz de toda decepción y de todo artificio. ¿Qué es, pues, lo que temo?
¿Acaso sé lo que debo hacer en la ignorancia en que me encuentro del bien y del
mal, de Dios o de la muerte, de la ley o del castigo? Aquí crece el remedio de
todo; ese fruto divino, de aspecto agradable, que halaga el apetito, y cuya virtud
comunica la sabiduría. ¿Quién me impide que lo coja y alimente a la vez el cuerpo y
el alma?
Diciendo esto, su mano temeraria se extiende en hora infausta hacia el fruto: ¡lo
arranca y lo come! La Tierra se sintió herida; la naturaleza, conmovida hasta sus
cimientos, gime a través de todas sus obras y anuncia por medio de señales de
desgracia que todo estaba perdido.
La culpable serpiente se oculta en una maleza, y bien pudo hacerlo; porque Eva,
embebecida completamente en la fruta, no miraba otra cosa. Le parecía que hasta
entonces no había probado nada tan delicioso; ya porque su sabor fuera realmente
así, o porque se lo imaginara en su halagüeña esperanza de un conocimiento sublime;
su divinidad no se apartaba de su pensamiento. Ávidamente y sin reserva devoraba la
fruta ignorando que tragaba la muerte. Satisfecha al fin, exaltada, cual si lo
fuera por el vino, alegre y juguetona, plenamente satisfecha de sí misma, habló de
esta suerte:
-¡Oh, rey de todos los árboles del paraíso, árbol virtuoso, precioso, cuya bendita
operación es la sabiduría!
Expulsión del paraíso
Tras probar la fruta, se la lleva a Adán para que él también pruebe. Adán, pese a
reprochar a Eva su desobediencia, come de la fruta, porque su amor por Eva hace que
quiera compartir su suerte.
Al conocer Dios la caída en el pecado de desobediencia de sus criaturas, envía al
arcángel Miguel para que les comunique su expulsión del paraíso y que Dios acepta
las súplicas que ha hecho Adán de posponer su muerte. Antes de la expulsión
definitiva, Miguel explica a la pareja el futuro y destino de la humanidad,
dominado por el esfuerzo y el sufrimiento a causa de su pecado original, y les
muestra el mundo que van a habitar ellos y sus descendientes:
Del costado de Miguel pendía, como un resplandeciente zodiaco, la espada, terror de
Satanás, y en su mano llevaba una lanza. Adán le hizo una profunda reverencia;
Miguel, en su regio continente, no se inclinó, sino que explicó desde luego su
venida, de esta manera: -Adán, ante la orden suprema de los cielos, es superfluo
todo preámbulo; bástete saber que han sido escuchados tus ruegos y que la muerte
que debías sufrir, según la sentencia, en el momento mismo de tu falta, se verá
privada de apoderarse de ti durante los muchos días que se te conceden para que
puedas arrepentirte y resarcir por medio de buenas obras un acto culpable. Entonces
será posible que, aplacado tu Señor, te redima completamente de las avaras
reclamaciones de la muerte. Pero no permite que habites por más tiempo este
paraíso; he venido para hacerte salir de él y enviarte fuera de este jardín a
labrar la tierra de la que fuiste sacado y el suelo que más te conviene.
Recepción e impacto cultural
Se completó en la aldea de Chalfont St Giles cuando en 1665 Milton salió de Londres
para escapar de la gran peste de Londres[3] y se publicó en 1667. El paraíso
perdido ha tenido una importante recepción, siendo continuamente comentado y
traducido durante la Ilustración europea del siglo XVIII. En él se basó Gottfried
Van Swieten para escribir el texto que serviría de base a la composición La
creación, de Joseph Haydn, un importante oratorio que recoge la primera parte del
texto de Milton. Termina con la creación de Adán y Eva y sus alabanzas a Dios, sin
presentar los episodios posteriores que llevarán a la pérdida del paraíso.
Por otra parte, la conveniencia de traducir o no este texto generó un importante
debate en la Ilustración en lengua alemana. Así, mientras los ilustrados más
estrictos, como Johann Christoph Gottsched, se oponían a ello, por tratarse de un
texto lleno de elementos sobrenaturales y fantasiosos, los ilustrados suizos Johann
Jakob Bodmer y Johann Jakob Breitinger van a abogar por su traducción, admirando la
fuerza del texto. También prerrománticos como Johann Gottfried Herder o románticos
como François-René de Chateaubriand van a mostrarse fascinados por este texto. En
la novela Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley, es uno de los libros
leídos por el Monstruo -quien acaba por identificarse con Satán- en su refugio.
La Santa Sede vetó la lectura de la obra a los católicos en la tardía fecha de
1732, siendo incluida en el Índice de Libros Prohibidos mediante decreto de la
Sagrada Congregación del Índice y permaneciendo en el Index hasta su edición del
año 1900.[4]
Ya en el siglo XX, novelistas como Cees Nooteboom han rendido homenaje a esta obra.
En el caso del holandés se trata de Perdido el paraiso.
El cantante Nick Cave con su banda The Bad Seeds se inspiró en uno de sus versos
para componer una de sus canciones más famosas: Red Right Hand.[5]
La banda de rock brasileña Charlie Brown Jr., en la canción "Pontes indestrutíveis"
hace una referencia al paraíso perdido.
El grupo español Sidonie, utiliza la cita "es mejor reinar en el infierno que
servir en el cielo", en su canción "Todo lo que nos gusta".
El músico británico David Gilmour, su cuarto álbum de estudio llamado Rattle That
Lock, está basado en el segundo libro, mientras que el video musical de la canción
homónima es una representación de las ilustraciones del segundo libro
El grupo español de animación y música Destripando la Historia hizo un corto de
animación y una canción basada en el personaje Satán de El paraíso perdido.[6]
Notas
Así a partir de la segunda edición. La primera solo tenía diez libros.
Dice Milton en el prólogo: «La rima no es un complemento necesaria ni un verdadero
ornamento del poema o el buen verso, especialmente en las obras más extensas [...]
Este abandono de la rima no ha de tenerse, pues, por un defecto [...] sino más bien
considerarse como un ejemplo, el primero en inglés, de la antigua libertad
recuperada para el poema heroico».
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Pablo Auladell, Barcelona, España: Huacanamo ediciones, 2012, ISBN 978-84-936093-2-
0.
Véase también
Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de
lo bello.
El paraíso recobrado.
Fuente del Ángel Caído.
Enlaces externos
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Texto completo en español, en traducción de Cayetano Rosell y con ilustraciones de
Gustave Doré; suplementado con El paraíso recobrado, en traducción de Enrique de
Verneuill; Barcelona, Montaner y Simón Editores, 1873. Edición electrónica (varios
formatos) en el Proyecto Gutenberg.
Traducción al español: reproducción, en PDF.
Texto inglés en Wikisource (las dos ediciones antiguas).
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