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OTELO

Otelo es un general moro de Venecia que se casa en secreto con Desdémona, pero es manipulado por su alférez Yago, quien siembra dudas sobre la fidelidad de su esposa, llevando a Otelo a la tragedia. Yago, impulsado por la ambición y el rencor, utiliza a otros personajes como Rodrigo y Cassio para ejecutar su venganza, resultando en el suicidio de Otelo tras asesinar a Desdémona. La obra explora temas de celos, traición y la naturaleza destructiva de la manipulación.

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Otelo es un general moro de Venecia que se casa en secreto con Desdémona, pero es manipulado por su alférez Yago, quien siembra dudas sobre la fidelidad de su esposa, llevando a Otelo a la tragedia. Yago, impulsado por la ambición y el rencor, utiliza a otros personajes como Rodrigo y Cassio para ejecutar su venganza, resultando en el suicidio de Otelo tras asesinar a Desdémona. La obra explora temas de celos, traición y la naturaleza destructiva de la manipulación.

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Otelo William Shakespeare (1564 – 1616)

Personajes:

Otelo: es el personaje principal, siendo un general moro de la distinguida República de Venecia, se casa en
secreto con la hija de un noble veneciano llamado Brabancio. Poco a poco él va cayendo en las habladurías
de Yago y hace que este desconfía totalmente de su esposa y Cassio, se suicida al final por haber asesinado
a su esposa que tanto amaba por las intrigas de Yago.

Desdémona: es la fiel esposa de Otelo, lo dio todo por casarse con el protagonista a pesar que su padre no le
diera el buen visto a la relación, con el pasar del tiempo ella se nota a la defensiva gracias al comportamiento
de su marido sin saber el motivo de esto. Ella no se defienda ante las acusaciones ya que es una mujer noble,
antes de morir pide piedad a Dios y a su esposo antes de que éste la asesinara.

Yago: este es el típico personaje malo de la historia, es alférez de Otelo y su único pensamiento es la
ambición y el poder, acusa a la esposa del protagonista de ser infiel con Cossío, poco a poco va llenando de
inseguridades la mente de Otelo hacia su esposa hasta que la asesina, al final no le va bien en sus artimañas
y arrastra a todos a el mar de sus trampas.

Cassio: es catalogado como un hombre bien parecido como también culto y próspero, es el lugarteniente del
protagonista y persona a quien Yago le tiene una envidia increíble. Nunca entiende el motivo por el cual le
quitaron su puesto, en su mente nunca paso que todo este problema era porque Otelo gracias a las malas
intenciones de Yago hizo ver su amistad con Desdémona como un engaño.

Brabancio: es sumamente noble y bondadoso al igual que su hija Desdémona, no está de acuerdo con la
relación de esta y Otelo, acepta su matrimonio al final por que no tenía de otra. Pero no se queda con nada
por dentro ya que le advierte proféticamente a Otelo ¨Mira moro, así como ella engaño a su padre, muy bien
puede hacerlo contigo cuidado con los ojos con que la vez¨.

Rodrigo: es un caballero de Venecia, esta ciudad de Italia donde ocurre toda la trama sobre Otelo. Esta
locamente enamorado de Desdémona gracias a esto es que le tiene al protagonista un gran rencor y envidia
por tenerla a ella como esposa, se cega y pide ayuda a Yago, pero no paso mucho tiempo para que lo
traicionara ya que este era el don de aquella persona malvada de esta obra.

Emilia: esta es la mujer que tiene la poca fortuna de tener a Yago como esposo, también es la dama de
compañía de la esposa de Otelo. Ella es sumamente maltratada por Yago, Tiene una relación muy cercana
con Desdémona, pone en evidencia todos los malos actos y artimañas de Yago, causa de la envidia y el
anhelo total hacia el poder.

PRIMERO ACTO

Desdémona y Otelo se han casado en secreto. Rodrigo ama a Desdémona y está despechado por su
matrimonio con Otelo. El alférez Yago odia a Otelo y a Cassio porque no obtuvo el ascenso de cargo que
esperaba.

RODRIGO: ¡Basta, Yago! ¡El moro, recién casado con Desdémona! No puedo creer que tú supieras y no me
hubieras dicho nada...

YAGO: ¡Pero si no sabía!

RODRIGO: ¿Qué no sentías odio por él?

YAGO: ¡Y créeme que lo odio! Tres coroneles fueron a pedirle que me hiciera su teniente, que me subiera de
rango. Pero Otelo el moro, inflado de orgullo, rechazó la demanda con gesto ampuloso: «ya he elegido a mi
oficial». ¿Y a quién eligió como su teniente? A Miguel Cassio.

RODRIGO: ¿Y entonces por qué sigues a sus órdenes?

YAGO: Tengo mis razones Rodrigo, yo tengo mis razones. Yo sirvo al moro, sólo porque así me sirvo. Sólo
porque así me sirve. Yo voy a tomarme mi revancha, Rodrigo… Yo no soy lo que parezco…

RODRIGO: (indica) ¡Ésta es la casa de Desdémona! ¿Porque teníamos que venir hasta aquí?
YAGO: Llama a su padre. Despiértalo. Entrégale al moro, acúsalo. Cuéntale que su hija se casó con un
extranjero. ¡Ladrones, Brabancio! ¡Ladrones! ¡Acaban de robarle, señor! Acaban de robarle lo más sagrado, la
mitad más pura de su alma, la sangre más pura de su pura sangre. ¡Levántese rápido! ¡Corra a llamar a sus
vecinos y amigos, porque, si no, el diablo lo va a hacer abuelo! (Aparece Brabancio).

BRABANCIO: Te voy a matar, Rodrigo.

RODRIGO: Máteme si quiere, señor. Pero antes déjeme decirle algo: sólo dígame que usted sabía. Que usted
sabía que su hija se había casado con Otelo, Si, con el general Otelo, un negro sin patria y sin hogar.

BRABANCIO: Iré a despertar a mi hija, Rodrigo. Para taparte la boca para siempre. Luego, te meteré en la
cárcel.

YAGO: Adiós, Rodrigo, voy a reunirme con Otelo. Izaré frente a él la bandera falsa de mi afecto y mi
obediencia. Ahora es tu turno: preocúpate de conducir a Brabancio y a todos los suyos, armados hasta los
dientes, hasta el mismísimo Bar Inglés. Ahí le tenderemos una trampa. Ahí estaré yo, reunido conversando
con el moro.

Es la Cámara del Consejo, en el Palacio de Gobierno.

DUX: Una negra nube se cierne sobre el cielo de Venecia.

SECRETARIA:(Michelle) Ciento cuarenta naves de los turcos se dirigen hacia Rodas.

DUX (Mateo): No lo creo, Senador. Chipre es el objetivo del Turco.

SECRETARIA: Los reportes señalan a Rodas, señor. Entran Brabancio, Otelo, Yago, Rodrigo y oficiales.

DUX: ¡Una vez más, Otelo!

OTELO: Mi señor.

DUX: ¡Una vez más vamos a necesitar de tu privilegiada visión de estratega, de tu animal agilidad en la
batalla!

OTELO: ¿Qué sucede señor?

DUX: ¡Los turcos! ¡Una negra nube otomana comienza a oscurecer el cielo transparente de Venecia! (ve a
Brabancio) ¡Brabancio!

BRABANCIO: Mi señor.

DUX: Me alegro que hayan podido encontrarlo. Bienvenido. Vamos a necesitar de su consejo, mi buen
Brabancio. Créame.

BRABANCIO: Y yo del suyo, mi buen Dux. Créame. Y de su ayuda. Tendrá que comenzar por perdonarme,
porque no me trajeron hasta aquí mis funciones en el Consejo ni la gravedad de los actuales asuntos de
Estado, que no desconozco ni miro en menos. A mí me levantó el dolor, mi buen Dux. El dolor de mis propios
asuntos personales me sacó del lecho y me puso en pie, aunque ahora en pie malamente logro sostenerme.

DUX: ¿Qué pasa?

BRABANCIO: Mi hija.

DUX: ¿Está muerta?

BRABANCIO: ¡PARA MÍ, SÍ! La sedujeron, me la robaron y pervirtieron, llenándole la cabeza de pájaros
oscuros y el cuerpo de fármacos que atontan y debilitan.

DUX: Sea quien fuere el que la dopó y embrujó, sufrirá la aplicación del sangriento libro de la Ley, en la más
implacable de sus interpretaciones.

BRABANCIO: (apunta a Otelo) Ése es el hombre.

SENADOR : Mierda. Pausa


DUX: (a Otelo.) ¿Qué dices, Otelo?

OTELO. : Muy reverendos y nobles señores, muy altos y sagaces dueños de la Ciudad… Es verdad que me
llevé a la hija de este anciano y es verdad que me casé con ella. Soy rudo en las palabras y no voy ahora a
embellecer mi causa hablando maravillas de mí mismo ni adornando mis acciones. Al hueso. Si usted me
autoriza, Dux, les narraré la historia completa de nuestro amor con Desdémona.

DUX: Autorizo.

OTELO: Les contaré qué pócimas, qué engaños, qué mágicos poderes usé para seducir a su hija… Dux,
quisiera pedirle que envíe a buscar a Desdémona, al Hotel Nube, para que sea ella misma, en primera
persona, la que complete mi relato.

BRABANCIO: ¡MONO!

DUX: Autorizo. El Dux chasquea los dedos y salen dos oficiales a buscar a Desdémona.

OTELO: Si al cabo de lo dicho me encuentran culpable, no se contenten con retirarme la confianza y


despojarme de mi cargo. Hagan rodar mi cabeza sobre el suelo.

BRABANCIO: ¡MONO! ¡No lo dudes! DUX: (con un gesto, calla a Brabancio). Escucho.

OTELO: Su padre, señores, que destemplado esta noche me insulta y pide a gritos mi cabeza, su padre, digo,
me quería mucho… Era habitual que me invitara a su casa, donde se solazaba, una y otra vez,
interrogándome sobre la accidentada historia de mi vida. Todo le interesaba: cada batalla, cada asedio, cada
una de las desarregladas suertes que me tocó enfrentar. Una tarde llegué y Brabancio no estaba. Por primera
vez, Desdémona dispuso de todo el tiempo del mundo para conversar conmigo. Le conté de todas las veces
que escapé por un pelo de la muerte apasionada que me celaba. Cuando intentaron envenenarme en la
campaña del Líbano. Cuando fui hecho prisionero y vendido como esclavo a los egipcios. No le ahorré detalle
de las miserias de la guerra. Cuando terminé de hablar, me pareció que era la primera vez que contaba parte
de mi vida.

Nos miramos largo rato en silencio. El amor que nos había tomado por asalto. Ésa es, señores, la única
brujería que he empleado. Entran Desdémona, Yago y acompañamiento

BRABANCIO: Sólo una cosa, mi Dux. Ya que mi hija está aquí presente autoríceme a preguntarle a ella si fue
con su voluntad y libremente que se entregó en brazos del moro.

DUX: Autorizo.

BRABANCIO: Acérquese, se lo suplico, hermosa joven. ¿Puede señalar, entre todos los presentes, a quién
debe usted la mayor obediencia?

DESDÉMONA: Mi noble padre, reconozco, entre los presentes, una obediencia dividida. A usted le estoy
obligada por vida y educación. Nací su hija y así he crecido, profesándole respeto incondicional de padre.
Pero en esta sala también está mi esposo. Y la misma obediencia que en otro tiempo a usted le declaró mi
madre, prefiriéndolo entonces a su propio padre, ahora reconozco y declaro yo hacia Otelo, mi bienamado.

BRABANCIO: ¡Suficiente! No tengo más preguntas no tengo nada más que hablar. Hija mía, tu escapada a
escondidas, como un ladrón en la noche, me enseñó que no hay dolor más agudo que la traición recibida de
quien más queremos.

DUX: Permítame reflexionar, noble Brabancio, aportando visiones que traigan paz.

BRABANCIO: Con todo respeto, mi buen Dux, y agradeciéndole de corazón sus sabios refranes, le rogaría
que pasáramos, sin más, a los asuntos de Estado.

DUX: Sin embargo, Brabancio…

BRABANCIO: Insisto.

DUX: Hecho. (a los Senadores) Reporte.

OFICIAL: (cuadrándose) Los turcos se dirigen hacia Chipre.


DUX: Lo dije… Otelo, los turcos navegan rumbo a Chipre con la más poderosa flota que jamás les hayamos
visto y Tú Otelo, tú serás quien comande nuestro ejército y nos conduzca a la victoria.

OTELO: Siempre los he servido con arrojo, nobles señores y no será ésta la excepción. Ahí me quieren, ahí
estaré. Se va llevándose a Desdémona.

BRABANCIO: Mírala con atención, moro, si tienes ojos para ver. Ha engañado a su padre. Bien puede
engañarte a ti.

OTELO: Pongo mis manos al fuego, señor.

BRABANCIO: Lleva entonces ungüento para las quemaduras. Lo vas a necesitar.

SEGUNDO ACTO

Se apaga el Salón del Consejo y se ilumina un farol en la calle, al tiempo que suena a todo volumen la sirena
de un barco. Yago y Rodrigo conversan

RODRIGO: ¿Viste eso, Yago?

YAGO: Anda a dormir.

RODRIGO: Ella lo adora… Voy a ahogarme. Voy a ir al Puente de los Descalzos, a lanzarme a las aguas del
Gran Canal.

YAGO: No seas imbécil…

RODRIGO: Imbécil es vivir cuando la vida es un tormento. Sé que es una vergüenza estar enamorado a este
nivel, pero no puedo evitarlo.

YAGO: ¿Qué no puedes evitarlo? ¡Un pepino! Ser de tal o cual manera depende de nosotros. Nuestro cuerpo
es un jardín y nuestra voluntad, la jardinera. Ya sea plantando ortigas o sembrando lechugas, plantando
hisopo y arrancando tomillo, llenándolo de una especie de hierba o de muchas distintas, dejándolo yermo por
desidia o cultivándolo con celo, el poder y autoridad para cambiarlo está en la voluntad. Por supuesto que
puedes evitarlo. CON VOLUNTAD.

RODRIGO: No sé, no sé…

YAGO: Pon voluntad.

RODRIGO: No sé…

YAGO: ¡Sé hombre, Rodrigo! ¡Entero, completo, de pie! Ahogarte… habrase visto tamaña estupidez… Justo
ahora, cuando todo está en movimiento y nada ocupa aún su lugar definitivo. Justo cuando gira y gira la rueda
de la fortuna y todo aún podría pasar… Justo ahora quieres bajarte, por favor…

RODRIGO: No sé, no sé…

YAGO: ¡YO SÍ SÉ, Rodrigo! Y te lo voy a decir, paso a paso… Echa dinero en tu bolsa, mucho, porque lo vas
a necesitar, ponte una barba postiza para que nadie te reconozca y síguenos a la guerra. Las cosas van a
cambiar.

RODRIGO: No sé, no sé…

YAGO: Yo odio al moro, Rodrigo. No lo olvides.

RODRIGO: No lo olvido.

YAGO: Y voy a hacer TODO lo que esté a mi alcance por ayudarte.

RODRIGO: Gracias, Yago. Sale Rodrigo.

YAGO: Pobre Rodrigo. No logra ver nada. Ni lo que tiene en frente de sus ojos. Otelo es rápido y sagaz,
hundirá por completo a la flota turca ganará fácil la batalla. Todo será fiesta en Chipre. Otelo feliz, Cassio
feliz… Cassio, Cassio es guapo, presencia no le falta. Es cosa de tiempo y nuestra bella Desdémona, aburrida
del moro, buscará su amistad sincera. Mientras más amiga de Cassio, mayores las dudas de Otelo. Ya está,
ya está concebido el plan. Quedan todos invitados. ¡Que la noche y el infierno asistan al parto de mi
engendro!

PERSONAJES: Desdémona, Cassio, Montano, Yago, Emilia y Otelo).Gran algarabía. Todos celebran. Cassio
y Montano se encuentran entre los que celebran. Entran Desdémona, Emilia, Yago y Rodrigo.

DESDÉMONA: (se acerca a abrazar a Cassio) ¡Cassio mi querido amigo Cassio! ¡Se acabó la guerra! ¡Quiso
el destino ahorrarnos un largo camino de sangre!

CASSIO: (abrazándola) ¡Quiso el destino enviarnos a Otelo, mi señora! ¡Afortunado Chipre y la misma
Venecia de contar con su valor! ¡Qué hermosa está usted! ¡Más juvenil y reluciente, aún después de largas
horas de viaje! ¡Venga conmigo! (hablándole a Montano) Montano: ella es Desdémona, la recién desposada
de Otelo, mi general.

MONTANO: ¡No tenía idea, mi señora! Y bendigo al cielo. Bendigo la hermosa justicia con que premia a Otelo,
el duro, el infatigable. (besa su mano) Considéreme suyo. Incondicionalmente y para siempre, hermosa
Desdémona. CASSIO: (a Desdémona) El Gobernador de Chipre, mi señora.

DESDÉMONA: Considéreme honrada de conocer su isla.

MONTANO: Déjenos manifestar en su persona nuestra enorme gratitud por Otelo.

DESDÉMONA.: Le ruego que no lo haga. No me cabe mérito alguno en las proezas de mi esposo.

YAGO: (cuadrándose) ¡Alférez, Yago, Gobernador! A su entero servicio.

MONTANO: (dándole la mano) Bienvenido, alférez, bienvenido! ¡Bienvenido sea todo lo que proviene, se
relaciona o huela remotamente a Otelo, halcón, ángel custodio de las costas de Chipre!

YAGO: Ella es Emilia, mi mujer, asistenta personal de mi señora, Desdémona.

MONTANO.: Bienvenida, Emilia.

EMILIA: Gracias, señor.

CASSIO: ¡Bienvenidos, bienvenidos! (abraza a Rodrigo).

MONTANO: ¡Bienvenidos! (abraza a Yago). ¡Bienvenidos, bienvenidos! Todos se ríen. Cassio abraza a
Desdémona por el lado, con un brazo, jugando a inmovilizarla.

YAGO: (en Off) Se los dije, se los dije. Cassio disfrutando de la alegre complicidad y la confianza de
Desdémona. ¿A qué distancia están el amor de la amistad? ¿Se parecen? ¿acaso se alimentan, el uno del
otro? ¿Qué tan cerca se verán, en la aterrada mirada del Moro? Ésa será tu pesadilla, Otelo. Infierno en la
Tierra. Yo me ocuparé de confundirlo todo. Entra Otelo

OTELO: ¡¿Acaso no merezco un abrazo y un beso de mi bienamada esposa?! ¡Triunfamos, amor!


¡Triunfamos y estamos vivos!

DESDÉMONA: ¡ESTAMOS VIVOS, AMOR! (sale)

OTELO, - ¡Estamos vivos, amor! ¡Ven a darme un abrazo! ¡Ojalá estemos vivos por mucho tiempo! ¡Ojalá
sean muchos y largos los años en que disfrute yo de tu compañía!

DESDÉMONA, - ¡Así va a ser, amor! ¡El cielo está con nosotros!

OTELO. - ¡Ven acá!

DESDÉMONA. - Dichosa yo de tener tus brazos que me protegen.

OTELO. - Dichoso yo, Desdémona, de tener los tuyos que me acaricien.


YAGO - (en off) Todo es amor entre los amantes… Solo yo, sin embargo, alcanzo a divisar la grieta. La fisura
por la que todo se desplomará.

OTELO. - ¡Yago, ¿estás ahí?!

YAGO- ¡Atento y vigilante, mi señor!

OTELO- ¡Trae mis cosas de la bahía! ¡Quiero desembarcar!

YAGO. - ¡Así lo haré!

OTELO. - ¡Nos vemos en la ciudad! TODOS. : ¡Nos vemos allá, Otelo! Todos salen.

PERSONAJES: Rodrigo, Cassio, Montano, Otelo, Yago El texto de la obra dramática se divide en: actos,
escenas y cuadros.

SEGUNDO ACTO ESCENA IV (Rodrigo y Yago se las han arreglado para armar una pelea en medio de una
fiesta con el fin de desacreditar a Cassio frente a Otelo) Brutales ruidos de pelea afuera. Vidrios quebrados,
sillas rotas, gritos. Entra Rodrigo huyendo de Cassio.

RODRIGO: (aterrado) ¡Retiro lo dicho! ¡Retiro lo dicho!

CASSIO: ¡¿Adornarán las baldosas del Hotel Caterina los sesos desparramados de un perro chipriota?!

RODRIGO: (aterrado) ¡No me haga nada, señor! ¡Se lo suplico!

CASSIO: ¡CONTÉSTAME! ¡¿Adornarán o no adornarán las baldosas?!

RODRIGO: ¡NO ADORNARÁN, señor! ¡No adornarán las baldosas!

CASSIO: Difiero.

YAGO: Déjalo ir, Cassio.

CASSIO: Yo creo que sí adornarán.

MONTANO: (inmovilizando a Cassio, por la espalda) ¡Suéltelo, oficial!

CASSIO: (sin ver quién es) ¡Suéltame tú!

MONTANO: ¡No se meta en problemas!

CASSIO: ¡No fui yo quien se metió en problemas! Estoy tratando, sin embargo, de salir de ellos… ¿qué no me
ven? Dije que me soltaran. Súbitamente, Cassio dispara y hiere a Montano Solo entonces se da cuenta que
es Montano. Rodrigo aprovecha la confusión para huir.

MONTANO: Usted no está en sus cabales, oficial…

CASSIO: Yo…

Entra Otelo

OTELO: ¿Qué pasa aquí?

YAGO: El gobernador Montano, mi general.

MONTANO: Peleas de borrachos, Otelo. Un clásico de las fiestas. Nada serio, habitualmente. Aunque esta
vez estuvimos al borde de una tragedia. ¡¿O no, oficial?!

OTELO: ¿Cassio?

MONTANO: Estuvo a punto de desparramar sobre las baldosas los sesos de un pobre ave local. Acá mismo.
¡¿O no, oficial?!
OTELO: ¿Estás borracho, Cassio? ¿Acaso nos hemos desilusionado? ¿Acaso la tan rápida victoria sobre el
Turco nos dejó insatisfechos? ¿Será que en el delirio de los festejos se nos olvida, por un momento, que el
mayor de los tesoros es la paz? ¡TE PREGUNTÉ SI ESTABAS BORRACHO, CASSIO!

CASSIO: (avergonzado, pero digno) Sí.

OTELO: Yago. ¿Qué viste, exactamente?

YAGO: Entró un hombre corriendo.

OTELO: ¿Cómo era?

YAGO: Flaco, con barba, traía un cuchillo en la mano.

OTELO: ¿Alguien lo conoce? Sigue, Yago. Te escucho.

YAGO: El hombre venía arrancando, pero Cassio le dio alcance. Aquí mismo, lo arrojó al suelo y le puso la
pistola en la cabeza. Yo no creo que fuera a dispararla, en todo caso. Lo hizo sólo para calmarlo.

OTELO: ¿Le puso la pistola en la cabeza?

YAGO: En efecto, señor.

OTELO: ¿Para calmarlo?

YAGO: En efecto, señor.

OTELO: Entonces entré yo. YAGO: En efecto señor OTELO: No te culpo, Cassio. Nadie conoce ni controla las
nefastas consecuencias de una riña callejera. Pero yo requiero a mis soldados serenos. Vigilantes. Lúcidos.

Todos somos virtuosos Cassio…. Hasta el día en que dejamos de serlo…. Quedas destituido de tu cargo ya
no eres mi teniente….Vamos gobernador, déjeme ayudarlo. Salen todos, menos Cassio y Yago.

Se ilumina Otelo.

OTELO: ¿Qué fue lo que oíste?

YAGO: Le ruego que no, mi señor. No tiene ninguna importancia.

OTELO: Eso lo evaluaré yo. Te escucho.

YAGO: (incómodo) Ah, señor… Es una trivialidad, es sólo algo raro.

OTELO: ¿Qué tan raro?

YAGO: Señor. Usted sabe que todos los oficiales dormimos en el mismo lugar.

OTELO: ¿Y?

YAGO: Bueno pasa que nuestro amigo Cassio habla.

OTELO: ¿Cómo que habla?

YAGO: Bueno, habla dormido. Mientras sueña…. habla.

OTELO: ¿Y?

YAGO: Hace días que menciona a Desdémona mi señor.

OTELO: ¿Y? ¿Se puede saber qué es lo que dice?

YAGO: Bueno él le habla a ella en sus sueños. Quiero decir, se dirige a ella. La última noche la cosa se puso
grave porque todo el regimiento se enteró se enteró porque él le daba indicaciones… o sea en el sueño
mientras le hablaba a Desdémona le daba indicaciones… Se le entendía poco, pero claramente comenzó a
pedirle que se sacara la ropa. Se reía. Era como un juego…porque le pedía cosas muy raras… posiciones
muy raras y luego de un rato dejó de hablar…. porque empezó a gemir. Empezó a moverse en la cama, daba
vueltas y gemía y jadeaba y se daba vueltas y empezó a decirle “toma, toma, toma, toma, toma”.

OTELO: ¡¿Y QUÉ PRUEBA ESO, HIJO DE PERRA?! ¡¿AH?! ¡¿QUÉ MIERDAS PRUEBA TU SUEÑO?!

YAGO: ¡NADA, SEÑOR!

OTELO: ¡DE NUEVO! ¡REPITE!

YAGO: ¡NADA, SEÑOR! ¡NO PRUEBA NADA

OTELO: ¡Perdona, Yago! Tú no tienes la culpa. Soy yo, estoy nervioso, estoy alterado.

YAGO: Pero no me pida a mí que oficie de vigilante, mi señor.

OTELO: ¿Y a quién quieres que le pida?

YAGO: Pues… no lo sé, mi señor.

OTELO: Yago…

YAGO: No se lo pida a nadie.

OTELO: Yago, Yago.

YAGO: Deje al tiempo que aclare lo que está oscuro.

OTELO: ¡Yago! Yo no tengo tiempo. ¿No te das cuenta? Yo no soy un veinteañero. No tengo toda la vida por
delante.

YAGO: ¡Pero ¿qué quiere, mi señor?! ¡¿Verlos, copulando, con sus propios ojos?! ¡¿Eso quiere?!¡ ¿Y si
nunca llega a verlos copulando?! ¡Dígame! ¡¿Y si nunca llega a verlos ¿qué probaría eso? ¿Qué son fieles, o
que saben esconderse? ¡Dígame! ¿Tiene Desdémona, mi señor, un pañuelo verde y amarillo, algo brillante,
que podría ser de seda?

OTELO: Sí, ¿por qué?

YAGO: Porque juraría que hoy vi a Cassio que lo llevaba.

OTELO: ¿Cómo que “jurarías”? ¿Lo llevaba o no lo llevaba?

YAGO: Y aunque así fuera ¿qué probaría eso? Nada, mi señor. Absolutamente nada. La vida es terrible, mi
señor. Avanzamos a oscuras, siempre. Adivinando, siempre. A oscuras, aunque haya sol.

TERCER ACTO

Desdémona prende las velas de su velador. Entra Otelo.

DESDÉMONA: ¿Estás ahí, Otelo?

OTELO: Sí, Desdémona.

DESDÉMONA: ¿Vas a venir a la cama?

OTELO: Sí… Pero no a dormir.

DESDÉMONA: ¿A qué, entonces?

OTELO: Voy a hacer justicia.

DESDÉMONA: ¿Qué quieres decir?

OTELO: Que todo se acaba.

DESDÉMONA: (incorporándose alerta) ¿Qué significa eso?


OTELO: Que llegó la hora de la verdad. Nosotros teníamos un juramento de amor. Para toda la vida. Tú lo
rompiste.

DESDÉMONA. : ¿Qué vas a hacer?

OTELO.: Te lo voy a cobrar.

DESDÉMONA: Otelo, mi amor… Estás equivocado. Desconozco por completo el negro camino que recorriste
para llegar a pensar en lo que estás pensando, pero estás en un error espantoso.

OTELO: Palabras, sólo palabras.

DESDÉMONA: No son sólo palabras.

OTELO: ¡SÍ! ¡No son verdad!

DESDÉMONA: ¡SON VERDAD! (amorosa) Yo no he roto nuestro juramento. Ni un solo día, ni en mis
pensamientos ni en mis acciones. Yo te sigo amando, como el primer día.

OTELO: Ni te imaginas lo que querría poder creer en tu palabra.

DESDÉMONA: ¡Pero no lo haces!

OTELO: ¡NOO! ¡Porque tu palabra, que era para mí lo más valioso que había en la Tierra, no logra valer más
que lo que mis ojos vieron y mis oídos oyeron!

DESDÉMONA: ¡Pero ¿qué vieron tus ojos?! ¡Dime!

OTELO: ¡Demasiadas cosas!

DESDÉMONA: ¡NO, OTELO! ¡DEMASIADAS, NO SIRVE! ¡DIME CUÁLES!

OTELO: Te vi abrazándote con Cassio en un rincón solitario del jardín del hotel.

DESDÉMONA: (sorprendida) ¿Eso? ¿Eso es lo que viste?

OTELO: Lo reconoces, entonces.

DESDÉMONA: (entre descolocada y dolida) Pero, mi amor…

OTELO: No me llames “mi amor”.

DESDÉMONA: ¡Te llamo “mi amor”! ¡Más aún, te llamo “esposo mío”! Porque tú eres mi esposo ¿o ya se te
olvidó?

OTELO: Por favor, Desdémona.

DESDÉMONA: Respóndeme.

OTELO: ¡No, respóndeme tú! ¡ ¡¿Qué hacía Cassio con tu pañuelo de seda?!

DESDÉMONA: ¿¿Qué pañuelo??

OTELO: Tu favorito. El amarillo y verde, de seda. ¡¿No te parece un regalo demasiado íntimo como para un
amigo?!

DESDÉMONA: ¿Él lo tiene? ¿Dónde lo encontró?

OTELO: ¿Nunca te cansas? ¿No te tienta la idea de bajar la guardia? ¿Dejar de mentir?

DESDÉMONA: (sincera y tierna) Amor, ¿Acaso no me casé contigo, desafiando la voluntad de mi padre?
¿Acaso no te seguí a la guerra, sin importarme nada? ¿No te trato con dulzura, no duermo contigo, todas las
noches, acariciando tu pecho y susurrándote al oído? Dime, ¿para qué querría yo mentirte?

OTELO. : ¡NO LO SÉ! ¡No conozco tus motivos! ¡No sé por qué hiciste lo que hiciste! ¡Y créeme que me lo
pregunto el día entero!
DESDÉMONA: Pregúntamelo a mí.

OTELO: Es inútil, Desdémona. Esto no tiene vuelta atrás, Desdémona.

Es tarde. Demasiado tarde. Ya pasaron las cosas que pasaron. Nada importa lo que ahora se diga. Yo ya no
te creo…

DESDÉMONA: (asustada y debilitada) ¿Por qué no me crees?

OTELO: Tarde también para esa pregunta. Demasiado tarde. Tarde para arrepentirse. Tarde para reparar el
daño. Es tarde para todo, salvo para despedirse.

DESDÉMONA: Yo no quiero despedirme.

OTELO: Yo no fui el que te engañó, Desdémona.

DESDÉMONA: Yo tampoco te engañé.

OTELO: Yo no fui el que mintió.

DESDÉMONA: No me mates, amor. Te lo suplico.

OTELO: No me supliques. Te lo ruego.

DESDÉMONA: Mándame lejos. Destiérrame.

OTELO: No puedo.

DESDÉMONA: Déjame vivir hasta mañana.

OTELO: Es tarde.

DESDÉMONA: No quiero morir, Otelo.

OTELO: Silencio. Él saca un cuchillo y se lo clava en el corazón. Se extinguen los movimientos de ella.

CUARTO ACTO ESCENA V

EMILIA: (muy agitada) ¡Mataron a Cassio, mi señor! ¡En el gimnasio! ¡Alguien entró y le disparó! ¡Nadie sabe
quién fue!

OTELO: (casi sin reacción) Ya se descubrirá.

EMILIA: (extrañada) ¿Usted sabía?

OTELO: Me lo imaginaba.

EMILIA: Tengo que decírselo a mi señora.

OTELO: Difícil, Emilia.

EMILIA: (dirigiéndose a la cama) Eran muy amigos, mi señor… Tiene que saberlo. (Llega a la cama).

EMILIA: (abrazándola y llorando) ¡Mi señora! ¡No puede ser! ¡Mi señora! ¡Ella no le hizo mal a nadie! ¡Mi
señora! ¡No puede ser!

OTELO: Te equivocas: ella me engañaba, ella era infiel.

EMILIA: ¡Tú fuiste, moro enfermo y estúpido! ¡Te convenciste de que eran ciertas todas las basuras que
alguien te inventó!

OTELO: Pregúntale a tu marido.

EMILIA: ¿¿A mi marido??

OTELO: Él lo sabía.
EMILIA: ¿Fue Yago quien te dijo que ella te era infiel? Eres un imbécil… (Emilia toma una pistola y le apunta a
Otelo).

EMILIA:(gritando para afuera) ¡¡SOCORROOO!! ¡¡AYUDA!! (Entra Yago corriendo, pistola en mano).

YAGO: (apuntándole a Emilia) ¡EMILIA, BAJA ESA ARMA!

EMILIA: (sin bajarla) ¿Qué vas a hacer? ¿Dispararme? ¿Matar a tu mujer?

YAGO: ¡¿Qué estás haciendo?!

EMILIA: A ver si eres tan hombre Yago, este mentiroso dice que tú le contaste que su mujer lo engañaba.

YAGO: ¡¿Baja el arma Emilia?!

EMILIA.: Habla mierda, ¿le dijiste que ella lo engañaba?

YAGO: Sí.

EMILIA: ¿Tú la viste?

YAGO: Sí con Cassio y ahora, ¡cállate!

OTELO: Emilia, Yo lo vi. Desdémona le regaló un pañuelo de seda verde y amarillo a Cassio. Yo lo vi, yo vi a
Cassio con el pañuelo que con tanto amor yo había entregado a mi mujer.

EMILIA: Dios mío, dios mío…

YAGO: Cállate Emilia

EMILIA: Eres un general idiota. Ese pañuelo lo encontré yo y se lo pasé a mi amado esposo porque él me dijo
que estaba melancólico y que el pañuelo le recordaba a su patria... a su madre... a su tierra...

YAGO: ¡Maldita, desdichada!.

EMILIA: Tú se lo diste a Cassio. Tú eres quien ha llenado de negros pensamientos la cabeza de este patético
general.

YAGO: Perra traidora.

EMILIA: Estúpido asesino. Que hacía un idiota como usted con una mujer tan maravillosa. Yago descarga su
arma sobre Emilia. Silencio. Otelo descarga un tiro sobre Yago. Silencio.

PERSONAJES: Montano, Otelo, Yago. Entra Montano con dos guardias. MONTANO: General, el teniente
Cassio ha sido asesinado.

OTELO: Yo ordené que lo mataran.

MONTANO: Una prostituta afirma que vio a Yago matar al teniente, General. Tú mataste al teniente Cassio.

YAGO: No pregunten más, lo que saben es lo que saben. Desde ahora no diré ni una sola palabra más.

MONTANO: Otelo, (descubriendo el cadáver de Emilia y Desdémona). ¿Podría explicar usted que ha
sucedido aquí?

OTELO: Todo esto es muy triste gobernador.

MONTANO: Usted Otelo, queda despojado de su cargo y poder.

OTELO: Sólo les pido que digan la verdad.

MONTANO: Y cuál sería esa verdad.

OTELO: Que nunca fui grande. Que yo maté a Desdémona. Y que fui un imbécil por hacerlo. Que traicioné la
confianza de quien más quería. Y que fui violento hasta la locura, porque no podía soportar la sola idea de no
contar con su amor. Y que me arrepentí, pero ya era tarde. Y que morí sin haberme perdonado.
MONTANO: Entregue sus armas, Otelo. Otelo se suicida. Silencio.

FIN

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