Musa
Musa
En la mitología griega, las musas (en griego antiguo Μοῦσα, μοῦσαι «mousai»; en neogriego Μούσα,
Μούσες; en latín Musae [deae]) son diosas de las artes y proclamadoras de héroes. Según los
escritores más antiguos están relacionadas con una concepción filosófica acerca de la primacía de
la música en el universo. Son las cantoras divinas, cuyos coros e himnos deleitan a Zeus y a los
otros dioses. De igual manera presiden el pensamiento en todas sus formas: elocuencia,
persuasión, sabiduría, poesía, historia, matemáticas o astronomía.[1] Las musas tenían muchas
advocaciones, dependendiendo del lugar del culto y así se las denominan como apoloides,
castálidas, emátides, heliconíades, hipocrénides, mnemónides, moisas, pegásides, piérides o
tespíades.[2]
Son hijas de Zeus y de Mnemósine, señora de las colinas de Eleuter («libertad»), compañeras del
séquito de Apolo, dios olímpico de la música y patrón de las bellas artes, quien tuvo romances con
algunas de ellas, dejando descendientes. Las musas alientan e inspiran a aedos y poetas, con el
hechizo de su canto, concediéndoles memoria, creatividad y persuasión en sus palabras y letras. En
la época más arcaica eran las ninfas inspiradoras de las fuentes (cf. camenas), en las cuales eran
adoradas. Finalmente, alrededor del siglo viii-siglo vii a. C., prevaleció en todo el territorio de la
Hélade la adoración de las nueve musas, que son Calíope, Clío, Erató, Euterpe, Melpómene,
Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania.[3]
El culto a las musas era originalmente de Tracia y Beocia, y fueron de vital importancia para el
desarrollo artístico en la Antigua Grecia. La distribución más o menos fija, de actividades entre las
musas, se encuentra en la Antigüedad solo de manera esporádica; se entendía que cualquiera de
ellas podía patrocinar la música, la lírica y demás expresiones artísticas. Fue a partir del
Renacimiento cuando a las musas ya se les adjudicaron atributos individualizados. De todas
formas sus atribuciones son variables dependiendo del poeta en ciernes; sólo hay unanimidad para
asignar la Astronomía a Urania, la Comedia a Talía y la Historia a Clío. En un escolio se nos dice que
«todas escuchan cuando se pronuncia el nombre de una».[4] [5]
Lista de musas
Hesíodo es el primer autor que da los nombres de las nueve, que a partir de entonces pasaron a ser
reconocidos.[3] Plutarco afirma que en algunos lugares las nueve eran llamadas por el nombre
común de Mneiae, ‘recuerdos’. Existían dos grupos principales de musas, las Piérides (Pieria) de
Tracia[6] y las Heliconíadas (Helicón) de Beocia.[7] [1]
Las nueve musas clásicas son:
Musa Atribuciones
Musa de la poesía épica[1] o la poesía en general. Fue la inventora del canto.[8] Es
Calíope representada con una corona de laurel y portando una lira. Calíope preside la razón del
gobernante. Da a los poetas las coronas de laureles y otorga la sabiduría en general.[5]
Καλλιόπη,
Es la más importante de todas, pues ella asiste a los venerables reyes.[9] Calíope fue la
‘La de la bella voz’ madre de Orfeo,[10] Lino,[10] Yálemo,[11] Reso,[12] los coribantes,[13] las sirenas[14] e
incluso se la cita como la madre fabulosa del poeta Homero.[15]
Euterpe Musa del arte de tocar la flauta[1] [8] y de la poesía cantada. Se la representaba
coronada de flores. A Euterpe se le asigna el estudio de la Naturaleza. Es la inventora de
Εὐτέρπη,
la tragedia (o al menos de los coros trágicos), de la flauta y de las matemáticas.[5]
‘La muy encantadora’ Euterpe fue la madre de Reso.[20]
Melpómene Musa e inventora[8] de la tragedia.[1] Se la representa ricamente vestida y portando una
máscara trágica como su principal atributo. Melpómene embellece el placer de lo
Μελπομένη,
acústico eliminando su atractivo irracional. Es la inventora del bárbito, de la oda o
‘La que canta’ poesía lírica, de la épica y de la tragedia.[5] Melpómene fue la madre de las sirenas.[21]
Talía Musa e inventora[8] de la comedia[1] y de la poesía bucólica. Talía hace que el deseo de
la comida y la bebida se convierta, de salvaje e inhumano, en algo adecuado a la
Θάλεια o Θαλία,
convivencia social. Inventó la agricultura y la botánica.[5] Talía es la madre de los
‘La festiva’ coribantes.[24]
‘La celestial’
Homero nombra unas veces a una Musa (singular) y otras a unas musas (plural), pero solo una
vez[32] dice que eran nueve. Sin embargo, no menciona ninguno de sus nombres.
Genealogía
La genealogía de las musas no es la misma en todas las fuentes. La noción más común es que
eran hijas de Zeus, rey de los olímpicos, y Mnemósine, diosa de la memoria, y que nacieron en Pieria
(Tracia), al pie del monte Olimpo, por lo que a veces se les llamaba Piérides, pero algunos autores
como Alcmán, Mimnermo y Praxila las consideraban más primordiales, hijas de Urano y Gea.[33]
Pausanias explica que había dos generaciones de musas, siendo las primeras y más antiguas hijas
de Urano y Gea y las segundas de Zeus y Mnemósine.
Otras versiones afirmaban que eran hijas de Píero y una ninfa de Pimplea[34] (por lo que a veces se
les llama Pimpleas o Pimpleides) a la que Cicerón llama Antíope.[35] Otros las refieren como hijas
de Apolo sin especificar la consorte,[36] o bien de Zeus y Plusia;[34] de Zeus y Moneta,
probablemente una simple traducción de Mnemósine o Mneme, de donde son llamadas
Mnemónides.[37] También se las describen como hijas de Zeus y Minerva.[38]
Mimnermo, que compuso versos elegíacos referentes a la batalla de los esmirneos con Giges y los
lidios, dice en el proemio que las musas más antiguas fueron hijas de Urano y otras más jóvenes
que éstas hijas de Zeus. El río Termeso corre junto al Helicón, yendo por el camino directo hacia el
bosque sagrado hay un retrato de Eufeme esculpido en una piedra. Dicen que Eufeme era la nodriza
de las musas.[39] Clemente alega que las musas en realidad eran sirvientas misias de Megaclo, la
hija de Macar, y que las llamó moisas en dialecto eolio.[40]
Recopilación de nombres
Esta es una lista de todos los nombres individuales que los poetas nos han legado de las musas:
Aede, Aqueloide, Arque, Asopo, Boristénide, Calícore, Calíope, Cefiso, Clío, Día,
Enope, Erató, Eucélade, Eunice, Euterpe, Hélice, Heptápora, Hípate, Melpómene,
Mélete, Mese, Mneme, Nete, Nilo, Polimatía, Polimnia, Rodía, Talía, Telxínoe,
Terpsícore, Tipoplo, Tritone y Urania.
Por Pausanias sabemos que originalmente se adoraba a tres musas en el monte Helicón en
Beocia: Meletea o Mélete (‘meditación’), Mnemea o Mneme (‘memoria’) y Aedea o Aede (‘canto’,
‘voz’). Se decía que su culto y nombres habían sido introducidos por vez primera por Efialtes y
Oto. Juntas formaban el retrato completo de las precondiciones para el arte poético en las
prácticas religiosas. Dicen que Píero de Macedonia vino a Tespias y estableció nueve musas y les
cambió sus nombres, poniéndoles los actuales.[41]
Plutarco nos dice que «Polimnia se ocupa del amor al saber y de la buena memoria del alma, por
lo cual también los sicionios de las tres musas a una la llaman Polimatía» —esto es, «que posee
muchos conocimientos»—.[42]
El mismo autor dice que los delfios «disponen conforme a razones armónicas, de cada una de las
cuales una musa es su guardiana, de la primera Hípate, de la última Neate, y de la de en medio
Mese, que agrupa al tiempo y reúne, como le es posible, lo mortal con lo divino y lo terrestre con
lo celeste». Estos nombres eran idénticos a los de las tres cuerdas de la lira.[43]
Tzetzes narra, sucintamente, que «Eumelo de Corinto dice que son tres las musas hijas de Apolo:
Cefiso, Aqueloide y Boristénide»; obviamente estos nombres se derivan de ríos (Cefiso, Aqueloo
y Borístenes)[36]
Tradiciones tardías modificaron su número de nuevo. Cicerón alega que las primeras musas eran
cuatro, nacidas del segundo Júpiter (Zeus): Telxínoe (‘deleite del corazón’), Arque (‘comienzo’),
Aede y Mélete; las segundas eran nueve, procreadas del tercer Júpiter y de Mnemósine; las
terceras, a las que suelen llamar los poetas Piérides o Pierias, son las nacidas de Píero y de
Antíope, con los mismos nombres y en el mismo número que las inmediatamente anteriores.[35]
Otros dicen que Zeus y una tal Plusia fueron los padres de las cuatro musas antes citadas por
Cicerón.[34]
Otros más dicen que son siete en número, hijas de Píero y una ninfa de Pimplea (llamada Antíope
por Cicerón): Nilo (Νειλώ), Tritone (Τριτώνη), Asopo (Ἀσωπώ), Heptápora (Ἑπτάπορα),
Aqueloide, Tipoplo (Τιποπλώ) y Rodía (Ῥοδία); estos nombres corresponden a formas femeninas
de ríos y dioses acuáticos.[34]
Representaciones artísticas
En las obras de arte más antiguas se encuentran sólo tres musas y sus atributos son instrumentos
musicales, tales como la flauta, la lira o el barbitón.
En el arte romano, renacentista y neoclásico, cada una de las nueve musas recibían al ser
representadas en esculturas o pinturas atributos y aptitudes diferentes, en función de la disciplina
artística o científica con la que eran asociadas, lo que permitía distinguirlas.
En algunas representaciones las musas aparecen con plumas sobre sus cabezas, aludiendo a la
competición con las Sirenas. También aparecían en ocasiones acompañadas de Apolo.
Mitos
En los poemas homéricos se considera a las musas diosas de la música y la poesía que viven en el
Olimpo. Allí cantan alegres canciones en las comidas de los dioses, y en el funeral de Patroclo
cantaron lamentos. De la estrecha relación existente en Grecia entre la música, la poesía y la danza
puede también inferirse que una de las ocupaciones de las musas era el baile. Como se las adoraba
en el monte Helicón eran naturalmente asociadas con Dioniso y la poesía dramática, y por esto eran
descritas como sus acompañantes, compañeras de juego o niñeras.
El poder que se les atribuye con más frecuencia es el de traer a la mente del poeta mortal los
sucesos que ha de relatar, así como otorgarle el don del canto y dar elegancia a lo que recita. No
hay razón para dudar de que los poetas más antiguos eran sinceros en su invocación a las musas y
que realmente se creían inspirados por ellas, pero en épocas posteriores, al igual que en la
actualidad, tal invocación es una mera imitación. (Véase «Funciones en la literatura» más adelante).
Al ser diosas del canto, están naturalmente relacionadas con Apolo, el dios de la lira, quien también
instruía a los bardos y era mencionado junto a ellas incluso por Homero. En épocas posteriores
Apolo es situado en muy estrecha relación con ellas, pues se le describe como jefe del coro de las
musas con el epíteto Musageta (Μουσαγέτης).
Otra característica más de las musas es su poder profético, que les pertenece en parte porque eran
consideradas como ninfas inspiradoras y en parte por su relación con Apolo, el dios profético de
Delfos. De ahí que instruyeran, por ejemplo, a Aristeo en el arte de la profecía.
Como los poetas y los bardos obtenían su poder de las musas, y aunque la idea más general es
que, como las demás ninfas, eran divinidades virginales, algunos eran con frecuencia llamados sus
discípulos o hijos. Se dice que Apolo fue padre, con una de las «madres celestes (las musas)», de
Lino («canto de lamento»), Himeneo («canto nupcial») y Yálemo («canción de suma tristeza»); cada
uno fue hijo de una musa diferente pero sus identidades no se han conservado.[44] Otros aedos y
cantores célebres que resultaron ser hijos de alguna de las musas fueron Orfeo, Homero o las
sirenas.[45]
Aunque las musas no tienen ciclo legendario propio, sí se les atribuyen algunos mitos menores:
Marsias era un pastor frigio (en otras versiones, un sátiro) que desafió a Apolo a un concurso de
música. Había encontrado un aulós inventado por Atenea que esta había tirado porque le hacía
hinchar sus mejillas. Apolo tocó su lira y Marsias esta flauta, y ambos lo hicieron tan bien que ni
Midas, al que habían invitado como juez, ni las musas pudieron decretar un vencedor. Entonces
Apolo retó a Marsias a tocar el instrumento del revés: él giró su lira y tocó, pero el aulos no podía
tocarse del revés. Entonces las musas declararon vencedor a Apolo, pero Midas objetó contra
este veredicto. Las musas estaban en mayoría y se negaron a ceder. Apolo, para castigar a
Marsias por su soberbia y audacia al retar a un dios, le ató a un árbol y lo desolló vivo, dando su
sangre origen al río Marsias (en otras versiones, los faunos, los sátiros y las dríades le lloraron
tanto que fueron sus lágrimas las que engendraron el río). Seguidamente tocó la cabeza de
Midas y las orejas de este crecieron hasta ser como las de un burro.[46]
Las Piérides (Πιερίδες) eran nueve doncellas hijas del rey Píero de Pieria, en Tracia, muy hábiles
en el arte del canto que, orgullosas de su talento, desafiaron a las musas. Las ninfas del Parnaso
fueron nombradas como jueces, y como era de esperar fallaron a favor de las musas. Estas
castigaron a las Piérides transformándolas en urracas, tornando así sus voces en graznidos.[47]
Emulando el mito anterior, Antonino Liberal llama a las muchachas como las Emátides
(Ἠμαθίδες). Estas formaron un coro para competir contra las musas en un concurso de canto en
el monte Helicón. Se dice que por haberse atrevido a rivalizar contra las diosas, las nueve
Emátides fueron convertidas, por la cólera de las musas, en nueve tipos de pájaros cantores
diferentes (algunos de ellos no identificados), a saber: somormujo, torcecuello, kenkrís, urraca,
verderón, jilguero, pato, picoverde y drakontis.[48]
Tras ser asesinado por Dioniso, las musas recogieron los trozos del cadáver de Orfeo, hijo de
Calíope, y los enterraron al pie del sagrado monte Olimpo, donde se dice desde entonces que los
ruiseñores cantan con más dulzura que en ningún otro lugar.[49]
Támiris, hijo de Filamón, fue el primero en enamorarse de varones. Támiris, notable por su
hermosura y por su destreza con la cítara, rivalizó con las musas en un certamen lírico,
conviniendo que si triunfaba podría yacer con todas, pero si era vencido le quitarían lo que ellas
quisieran; al resultar ganadoras las musas, lo privaron de la vista y del arte musical.[50]
Las Sirenas, que igualmente se atrevieron a competir con ellas, fueron privadas de las plumas de
sus alas, que las propias musas se pusieron como adorno.[51]
Funciones en la sociedad
La palabra griega mousa es un sustantivo común además de un tipo de diosa: significa literalmente
‘canción’ o ‘poema’. La palabra deriva probablemente de la raíz indoeuropea *men-, que es también
el origen del griego Mnemósine, del latín Minerva, y de las palabras castellanas mente y museo. O,
alternativamente, de *mont-, ‘montaña’, debido a su residencia en el monte Helicón, que es menos
probable en significado, pero más probable lingüísticamente.
Las musas eran por tanto las personificaciones y las patrocinadoras de las representaciones de
discursos en verso o mousike (de donde proviene «música»), ‘arte de las musas’. En el periodo
arcaico, antes de que los libros estuviesen ampliamente disponibles, esto incluía casi todas las
formas de enseñanza: el primer libro griego de astronomía, escrito por Tales de Mileto, estaba
compuesto en hexámetros dactílicos, igual que muchas otras obras de la filosofía presocrática.
Tanto Platón como los pitagóricos incluían explícitamente la filosofía como un subgénero de
mousike. Heródoto, cuyo principal medio de expresión era la recitación pública, llamó a cada uno de
los nueve libros de sus Historias con el nombre de una musa diferente.
Para el poeta y legislador Solón, las musas era «la clave de la buena vida», pues traían tanto la
prosperidad como la amistad. Solón buscó la perpetuación de sus reformas políticas a través del
establecimiento de la declamación de su poesía (completada con invocaciones a sus musas
prácticas) por parte de chicos atenienses en los festivales de cada año.
Funciones en la literatura
Las musas son invocadas típicamente al principio, o cerca, de un poema épico o historia clásica
griega. Servían de ayuda a un autor, o como auténtico orador del que el autor no era más que la voz.
Originalmente la invocación a las musas era una indicación de que el orador se movía en la
tradición poética, de acuerdo a las fórmulas establecidas.
Comencemos nuestro canto por las Musas Heliconíadas, que habitan la montaña
grande y divina del Helicón, donde forman bellos y deliciosos coros en la cumbre,
lanzando al viento su maravillosa voz, con himnos a Zeus, portador de la égida, a
Hera, a Atenea, a Apolo, a Artemisa, a Poseidón,a Afrodita, y a la restante estirpe
sagrada de sempiternos inmortales. Este mensaje a mi, en primer lugar, me
dirigieron las diosas, las Musas Olímpicas, hijas nacidas del poderoso Zeus: Clío,
Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erató, Polimnia, Urania y Calíope (...) ¡Tan
sagrado es el don de las Musas para los hombres! ¡Salud, hijas de Zeus! Otorgadme
el hechizo de vuestro canto.
Hesíodo, Teogonía, siglo VII-VIII a. C.
Quién me diera una musa de fuego que os transporte al cielo más brillante de la
imaginación; príncipes por actores, un reino por teatro, y reyes que contemplen
esta escena pomposa
William Shakespeare, prólogo de Enrique V
Estas que me dictó rimas sonoras, culta sí, aunque bucólica, Talía
Luis de Góngora, primeros versos de la Fábula de Polifemo y Galatea
La adoración de las musas señala originalmente a Tracia y Pieria sobre el monte Olimpo, desde
donde fue introducido a Beocia, de tal forma que los nombres de las montañas, grutas y fuentes
relacionados con su culto fueron igualmente transferidos del norte al sur. Cerca del monte Helicón,
se decía que Efialtes y Oto (los Alóadas) les ofrecieron los primeros sacrificios, y en el mismo lugar
había un santuario con sus estatuas, las fuentes Hipocrene y Aganipe (por la que a veces eran
llamadas Aganípedas), y sobre el monte Leibethrion, que está relacionado con el Helicón, había una
gruta consagrada a ellas. Se decía que Píero, un macedonio, fue uno de los primeros en introducir la
adoración a las nueve musas desde Tracia a Tespias, al pie del Helicón. Allí había un templo y
estatuas, y los tespios celebraban un solemne festival de las musas en el Helicón, llamado Museia
(Μουσεῖα). El monte Parnaso estaba de igual forma consagrado a ellas, con la fuente de Castalia,
cerca de la cual tenían un templo, y la cueva Coricia, por las que eran a veces llamadas Castálidas,
Corícides o Coricianas.
Desde Beocia, que se convirtió por tanto en el centro de adoración de las nueve musas, se extendió
más tarde en las regiones adyacentes y más distantes de Grecia. Por esto se encuentra un templo
de las musas en la Academia de Atenas; se les ofrecían sacrificios en Esparta antes de ir a la
batalla; en Trecén, donde su culto fue introducido por Ardalo, se les ofrecían sacrificios junto con
Hipnos, el dios del sueño; en Corinto tenían consagrada la fuente Pirene, la fuente de Pegaso; en
Roma tenían un altar en común con Hércules, quien también era considerado un Musageta
(Μουσαγέτας) y poseían un templo en Ambracia adornado con sus estatuas.
La adoración a las musas solía estar también relacionado con el culto heroico de poetas: tanto la
tumba de Arquíloco en Paros como las de Hesíodo y Tamiris en Beocia albergaban festivales en los
que las declamaciones poéticas eran acompañadas de sacrificios a las musas.
Los sacrificios que se les ofrecían consistían en libaciones de agua o leche y de miel. Las diversos
epítetos con las que eran designadas por los poetas proceden en su mayor parte de los lugares que
les estaban consagrados o en los que eran adoradas, aunque algunos aluden a la dulzura de sus
canciones.
Cuando Pitágoras llegó a Crotona, su primer consejo a los crotonienses fue que construyeran un
altar a las musas en el centro de la ciudad, para impulsar la armonía cívica y el aprendizaje.
Muchas figuras de la Ilustración buscaron restablecer un «Culto a las musas» en el siglo xviii. Una
famosa logia masónica en el París prerrevolucionario era llamada Les Neuf Sœurs (‘las nueve
hermanas’, es decir, las nueve musas), y a ella asistieron Voltaire, Benjamín Franklin, Danton y otros
personajes influyentes de la época. Un efecto secundario de este movimiento fue el uso de la
palabra museo (originalmente, ‘lugar de culto a las musas’) para referirse a un lugar destinado a la
exhibición pública de conocimiento.
Culto en la actualidad
Las musas son hoy en día inspiradoras de figuras en fuentes y salas de arte. En los últimos años se
ha dado un fenómeno religioso conocido como helenismo, en Grecia y otras partes del mundo,
cuyos seguidores practican el culto a las divinidades olímpicas y las escrituras antiguas, como las
de Hesíodo y Homero.
Miscelánea
Las poetisas Safo de Lesbos y Sor Juana Inés de la Cruz han sido apodadas como la «Décima
Musa», en sus respectivas épocas.
Sor Juana Inés de la Cruz fue una religiosa jerónima y escritora novohispana,[52] quien fue
llamada «Fénix de México» y «Décima musa» por don Juan Ignacio de Castoreua y Ursua en el
volumen recopilatorio de su obra Fama y Obras póstumas del Fénix de México, décima musa,
poetisa americana Sor Juana Inés de la Cruz.[53] Desde entonces Sor Juana es popularmente
conocida (o apodada a menudo) como «La décima musa».[54]
Actualmente, las Ciencias rinden honor a las musas, nombrando a su mayoría en especies de
mariposas y plantas.
La Constitución de 1920 de Gabriele D'Annunzio para el Estado libre de Fiume estaba basado en
torno a las 9 musas e invocaba a Energeia (‘energía’) como «la décima Musa».
En Nueva Orleans (EE. UU.) y Guadalajara (México) hay calles llamadas en honor de las musas.
Las musas tienen su equivalencia en la mitología romana, «camenas» (aunque estas tenían otro
significado).
El grupo µ's de la franquicia Love Live! encuentra su nombre inspirado en las nueve musas de la
mitología griega.
El grupo humorístico argentino Les Luthiers creó un hilarante diálogo en el que se confunde a la
musa Terpsícore con una fingida «Esther Píscore».[55]
A lo largo de la historia, las musas han sido objeto de inspiración en pinturas y esculturas,
especialmente a partir del Renacimiento, en la pintura mitológica.
La Sala de las Musas del Museo del Prado reúne un conjunto de ocho esculturas (romanas, copias
de un modelo ático y realizadas en dos talleres distintos) procedentes de Villa Adriana (donde
habría nueve), que se conocían en la Roma del Renacimiento (las cita Pirro Ligorio) y que en el
siglo xvii fueron propiedad de Cristina de Suecia (que mandó restaurarlas de forma completa a
Ercole Ferrata). Hay otro grupo de musas, procedente de la Villa de Cassius en Tívoli en los Museos
Vaticanos. Estilísticamente, las de Madrid se han identificado, por su pose sedente, como
intermedias entre las del segundo cuarto (más dinámicas) y finales del siglo ii a. C. (más
estáticas).[56]
Vista parcial de la Musa Clío, Musa Thalía, Musa Melpómene,
Sala de las Musas del procedente de Villa procedente de Villa procedente de la Villa
Museo del Prado. Adriana, actualmente Adriana, actualmente de Casio en Tívoli,
en el Museo del en el Museo del actualmente en los
Prado. Prado. Museos Vaticanos.
Estatuas de musas,
copias de época
romana de modelos
helenísticos, en el
Jardín de Bóboli
(Florencia).
Véase también
Dioses olímpicos
Egeria
Carmentes
Referencias
1 Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana s v «Musas» Ediciones Paidós 2018
1. Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana, s. v. «Musas». Ediciones Paidós, 2018,
ISBN: 978-84-493-2457-4.
5. Antonio Ruiz de Elvira: Mitología clásica, págs. 101-104. (Editorial Gredos, 2011); ISBN: 978-84-
249-2900-8. En un trabajo exhaustivo Ruiz de Elvira recopila numerosas fuentes donde cita las
atribuciones individuales de cada musa. Cita como referencias, entre ellas Diodoro Sículo:
Biblioteca histórica IV 7, 3-4; Cornuto, Compendio de teología griega 14; Plutarco, Cuestiones
griega, IX, 14, 746d, 747a; escolio a Apolonio de Rodas, Argonáuticas III,1; cinco epigramas
griegos, varios de ellos anónimos (AP IX 504 y 505); y la Antología latina, 84 y 664.
7. Hesíodo: Teogonía, 1 s.
9. Hesíodo: Teogonía, 80
11. Grimal, Pierre (1981). Diccionario de mitología griega y romana. Paidós. ISBN 84-7509-053-2.
46. Biblioteca mitológica, 1-4-2, citado en Antonio Ruiz de Elvira, Mitología clásica.
51. John Lemprière (1827): A Classical Dictionary;.... New York: Evert Duyckinck, Collins & Co.,
Collins & Hannay, G. & C. Carvill, and O. A. Roorbach. as mentioned in the scriptures, 768
52. Galeano, Carlos E. «Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz, algunos
comentarios acerca del más importante documento autobiográfico de la poetisa mexicana Sor
Juana Inés de la Cruz» (https://etd.ohiolink.edu/acprod/odb_etd/etd/r/1501/10?clear=10&p10
_accession_num=osu1302722480) . Ohio Link.
54. Fama y obras posthumas del Fenix de Mexico, decima musa, poetisa americana, sor Juana Ines
de la Cruz... / consagralas... Don Juan Ignacio de Castoreua y Ursua... (https://www.cervantesvi
rtual.com/obra/fama-y-obras-posthumas-del-fenix-de-mexico-decima-musa-poetisa-americana
-sor-juana-ines-de-la-cruz/) Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Smith, W., ed. (1867). «Musae». A Dictionary of Greek and Roman biography and mythology.
Boston: Little, Brown & Co. ii.1124 (http://www.hti.umich.edu/cgi/t/text/pageviewer-idx?c=moa;id
no=ACL3129.0002.001;view=image;seq=1134) –1126 (http://www.hti.umich.edu/cgi/t/text/pag
eviewer-idx?c=moa;idno=ACL3129.0002.001;view=image;seq=1136) . OCLC 68763679 (https://www.
worldcat.org/oclc/68763679) .
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Datos: Q66016
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Citas célebres: Musa