DEFINICIÓN DE DOLOR (IASP)
El dolor es una sensación desagradable que se concentra en alguna parte del cuerpo.
Se describe a menudo como un proceso penetrante o destructivo de los tejidos (p. ej.,
lancinante, quemante, constrictivo, desgarrante u opresivo) o como una reacción emocional o
corporal (p. ej., terrorífico, nauseabundo, asqueroso).
Además, todo dolor moderado o intenso conlleva ansiedad y el deseo imperioso de
eludir o de suprimir esa sensación. Estas características ilustran la dualidad del dolor, que es
tanto una sensación como una emoción. (Jameson et al., 2022)
TIPOS DE DOLOR
Según su 1. Agudo → limitado en el tiempo, con escaso componente
duración: psicológico. Ej: perforación de alguna víscera hueca, dolor
neuropático, etc.
2. Crónico → Ilimitado en su duración. Dolor típico del paciente
con cáncer.
Según su origen o 1. Neuropático → producido por estímulo directo del sistema
patogenia nervioso central o por lesión de vías nerviosas periféricas.
2. Nociceptivo → dolor causado por una lesión en el tejido
corporal.
3. Psicógeno → interviene el ambiente psico-social que rodea al
individuo.
Según su 1. Somático → se produce por la excitación anormal de
localización nocioceptores somáticos superficiales o profundos. Ej: dolor
localizado, punzante e irradiado.
2. Visceral → se produce por la excitación anormal de
nociceptores viscerales. Ej: dolor que se localiza mal, es
continuo y profundo; se irradia a zonas alejadas al lugar de
origen.
Según el curso 1. Continuo o persistente → mantiene una intensidad constante
a lo largo del tiempo, no desaparece.
2. Irruptivo o intermitente → exacerbación transitoria del dolor
en paciente bien controlados con dolor de fondo estable.
Según la 1. Leve → permite realizar actividades habituales.
intensidad 2. Moderado → interfiere con las actividades habituales; pero es
manejable.
3. Severo → es un dolor intenso que interfiere con el descanso.
Nota. Elaborado a partir de Puebla Díaz (2005).
DOLOR AGUDO DOLOR CRÓNICO
Duración Corta, generalmente de días a Prolongado, superior a 3 meses.
semanas.
Función Función de alarma biológica, Es patológico y debilitante.
alertando sobre una lesión o
enfermedad.
Mecanismos Principalmente nociceptivo, Involucra cambios en el sistema
resultado de la activación de nervioso central aumentando su
receptores del dolor por percepción del dolor. Puede ser
estímulos nocivos. neuropático o nociceptivo.
Clínica Localizado, bien definido y a Difuso, mal localizado y a
menudo se acompaña de menudo se asocia con síntomas
signos de activación del psicológicos (depresión,
sistema nervioso simpático ansiedad e insomnio).
(taquicardia y sudoración).
Abordaje Se enfoca en tratar la causa Requiere un enfoque
subyacente y el manejo multidisciplinario: terapia
farmacológico a corto plazo farmacológica a largo plazo,
son los analgésicos. apoyo psicológico, etc.
Ejemplo Dolor postoperatorio, Lumbalgia crónica,
fracturas, esguinces o fibromialgia, neuropatía
quemaduras. diabética, dolor por cáncer.
CLASIFICACIÓN FISIOPATOLOGÍA DEL DOLOR
La clasificación se basa en criterios clínicos y en la organización neuroanatómica del
sistema sensitivo según la evolución embriológica (Argentes & Álvarez, 2021).
1. Dolor Somático
- Origen: Proviene de estructuras superficiales, como la piel, y de tejidos
profundos, como músculos, huesos y articulaciones.
- Mecanismo fisiopatológico:
o La piel y los músculos tienen nociceptores que detectan estímulos nocivos:
mecánicos, térmicos o químicos. Al activarse, los nociceptores envían
impulsos eléctricos al sistema nervioso central.
o Vías nerviosas periféricas:
• Fibras Aδ → rápidas, mielinizadas (6–30 m/s), asociadas a dolor
agudo, punzante y bien localizado.
• Fibras C → lentas, amielínicas (0.5–2 m/s), producen dolor sordo,
difuso y persistente.
o Proyección central e integración cortical:
o Las fibras hacen sinapsis en el asta dorsal de la médula y ascienden por:
o Vía Neoespinotalámica: dolor rápido.
o Vía Paleoespinotalámica: dolor lento.
o La señal llega a la corteza somatosensorial primaria, permitiendo la
percepción consciente y la localización precisa del dolor.
2. Dolor Visceral
- Origen: Se origina en los órganos internos de las cavidades torácica, abdominal y
pélvica.
- Mecanismo fisiopatológico:
o A diferencia de la piel o del sistema musculoesquelético, las vísceras poseen
pocos nociceptores, lo que explica la naturaleza imprecisa de este tipo de
dolor.
o Los estímulos que producen dolor visceral son principalmente:
• Distensión (ej: intestino dilatado por gases).
• Isquemia (falta de oxígeno en un órgano).
• Inflamación (ej: apendicitis).
• Contracciones intensas (cólicos).
o La transmisión se realiza sobre todo por fibras C, que son amielínicas, de
conducción lenta, y generan un dolor sordo, mal localizado y persistente.
- Particularidades del dolor visceral
• Como las fibras viscerales y somáticas se mezclan en la médula
espinal, el cerebro no localiza bien el origen → se produce el dolor
referido (ejemplo: dolor de vesícula que se siente en hombro derecho).
• Además, suele acompañarse de respuestas autonómicas: sudoración,
náusea, vómito, cambios en presión arterial o frecuencia cardíaca.
3. Dolor Neuropático
- Origen: Surge como consecuencia de una lesión o alteración directa del sistema
nervioso, ya sea periférico (nervios, raíces, plexos) o central (médula espinal, tronco
encefálico, tálamo, corteza).
- Mecanismo fisiopatológico:
Una lesión en el nervio provoca:
o Descargas anormales (el nervio envía señales de dolor sin estímulo real).
o Sensibilización periférica: el nervio dañado se vuelve más excitable,
respondiendo de manera exagerada incluso a estímulos leves.
o Sensibilización central: en la médula espinal y el cerebro las neuronas se
hiperactivan y se pierde el control inhibitorio, amplificando la percepción del
dolor.
o Neuroplasticidad maladaptativa: el sistema nervioso se reorganiza de manera
incorrecta, manteniendo el dolor.
El resultado es un dolor crónico, quemante, eléctrico o punzante, que muchas
veces no cede con analgésicos comunes.
- Se caracteriza por fenómenos especiales:
o Alodinia: aparición de dolor ante estímulos normalmente inocuos (por ejemplo, el
roce de la ropa).
o Hiperalgesia: spuesta desproporcionadamente intensa frente a un estímulo
doloroso (por ejemplo, un pinchazo que se percibe insoportable).
SEMIOLOGÍA DEL DOLOR
La anamnesis es el instrumento más importante en la entrevista y el relato del
paciente sobre su dolor. En algunos casos, esta se complementa con maniobras físicas, como
palpaciones o movimientos, que ayudan a evidenciar el dolor, exacerbarlo o mitigarlo
(Argente & Álvarez, 2021).
Algunos pacientes no pueden expresar bien su dolor:
• Niños pequeños
• Personas con deterioro cognitivo
En estos casos, el médico debe hacer inferencias indirectas, observando signos como:
Llanto o gestos de incomodidad, Movimientos defensivos o evitación de ciertas posturas.
Relación del dolor con otros síntomas
El dolor casi nunca aparece solo; puede acompañarse de: náuseas o vómitos, mareos,
limitación de movimientos, rubor, tumefacción o aumento de la temperatura, como también
por pérdida de peso.
Sistematicidad
Se utiliza la regla ALICIA:
A – Antigüedad / Aparición:
Se refiere a cuándo comenzó el dolor y cuánto tiempo lleva. Es útil para diferenciar
causas agudas de crónicas y para valorar la urgencia:
• Instalación súbita → sugiere causas graves: embolia, trombosis, embarazo ectópico,
perforación intestinal.
• Instalación gradual → indica procesos inflamatorios, degenerativos o tumorales:
gastritis crónica, osteoartritis, tumor pancreático.
• Dolor crónico → dura meses y puede estar acompañado de alteraciones psíquicas; no
siempre es prolongación de un dolor agudo.
L – Localización:
Determina dónde se percibe el dolor, ayudando a identificar el órgano o tejido afectado:
• Extremidades: generalmente fácil de identificar.
• Abdomen, tórax o espalda: puede originarse en múltiples estructuras (viscerales,
musculares, nerviosas).
I – Irradiación
El dolor no siempre se queda en su punto de origen. Puede irradiarse o propagarse a
otras zonas del cuerpo, lo que puede mostrar trayectos nerviosos o progresión de la lesión:
• Dolor lumbar → pierna y pie → compresión de nervio lumbar.
• Epigástrico → espalda → pancreatitis.
• Cólico renal → fosa lumbar → fosa ilíaca → hipogastrio, siguiendo el uréter.
C – Carácter del dolor
El carácter del dolor se refiere a cómo se siente el dolor, qué sensaciones provoca y
qué lo distingue de otros tipos de dolor. Es un aspecto fundamental porque muchas veces su
sola descripción por el paciente da pistas diagnósticas importantes.
I – Intensidad del dolor
La intensidad del dolor se refiere a qué tan fuerte o leve percibe el paciente su dolor.
Es un aspecto difícil de medir porque el dolor es subjetivo, pero es fundamental para:
• Orientar el diagnóstico
• Evaluar la respuesta al tratamiento
• Planificar cuidados médicos
El paciente describe su dolor con palabras y gestos.
• Dolor leve → molestia mínima
• Dolor extremo → intenso, desgarrante (ej: politraumatismos, infarto, pancreatitis
aguda)
Los Métodos de cuantificación son las diferentes escalas.
A – Agravantes o atenuantes del dolor
Determinar qué empeora o mejora el dolor es clave para el diagnóstico
Ejemplos:
• Dolor de cabeza → empeora con luz o ruido → migraña.
• Dolor abdominal → empeora después de comer → úlcera o gastritis.
• Dolor torácico → empeora con esfuerzo, mejora con reposo → angina.
• Dolor abdominal → mejora al inclinarse hacia adelante → pancreatitis.
• Dolor muscular → mejora con calor, empeora con frío → contractura.
HERRAMIENTAS DE EVALUACIÓN
Las escalas de dolor permiten cuantificar la intensidad y características del dolor,
facilitando el seguimiento clínico y la evaluación de la eficacia del tratamiento. Se clasifican
en unidimensionales y multidimensionales.
1. Escalas unidimensionales. Son sencillas de aplicar y se centran principalmente en la
intensidad del dolor. Se usan habitualmente para monitorizar la respuesta al
tratamiento.
Escala Visual Analógica (EVA) Escala Numérica Verbal (EN)
- Consiste en una línea horizontal de 10 - El paciente puntúa su dolor de 0 a 10:
cm, cuyos extremos representan los o 0 = sin dolor o ausencia.
extremos del dolor. o 10 = máximo dolor.
- Izquierda: ausencia de dolor. - El paciente selecciona el número que
- Derecha: máximo dolor imaginable. mejor evalúa la intensidad del síntoma.
- El paciente marca el punto que refleja Es el más sencillo y el más usado.
su dolor.
- Se mide con regla milimetrada.
- Interpretación:
o Leve: hasta 4 cm
o Moderado: 5–7 cm
o Severo: >7 cm
Escala Verbal Simple (EVS) EFF (escala de expresiones faciales)
- Escala categórica verbal: el paciente - Se conoce también como escala
elige la palabra que mejor describa la facial de Wong y Baker.
intensidad de su dolor. - Muestra la representación de una
- Cada palabra se asocia a un valor serie de caras con diferentes
numérico, lo que permite cuantificar expresiones que van desde la alegría
y registrar el dolor. al llanto, a cada una de las cuales se
- Limitaciones: baja sensibilidad, le asigna un número del 0 (no dolor)
escaso rango de respuesta, difícil uso al 6 (máximo dolor).
en investigación, y poco útil en - Utilizada especialmente en edad
pediátrica, pacientes con dificultad
pacientes con deterioro cognitivo o para comunicarse verbalmente o con
trastornos del lenguaje. barreras lingüísticas.
Nota. Adaptado de Escalas de evaluación del dolor, por Hospital Universitario de
Fuenlabrada, 2020
2. Escalas multidimensionales: Estas escalas miden varios aspectos del dolor, no solo
su intensidad, incluyendo el componente sensorial, afectivo y funcional. Son útiles en
dolor crónico, neuropático o oncológico.
El McGill Pain Questionnaire (MPQ) evalúa principalmente tres aspectos del dolor:
1. Dimensión sensorial: cómo se siente físicamente el dolor (punzante, ardor, presión,
cortante).
2. Dimensión afectiva: cómo afecta emocionalmente al paciente (molesto, insoportable,
desgarrador).
3. Dimensión evaluativa: valoración global de la severidad del dolor (leve, moderado,
intenso).
Además, permite registrar la intensidad (escala numérica o verbal) y la localización/patrón
del dolor.
El MPQ está compuesto por 20 grupos de palabras, cada uno representando diferentes
sensaciones. El paciente elige una palabra por grupo que mejor describa su dolor, y estas
selecciones se usan para calcular los índices sensorial, afectivo, evaluativo y total.
Métodos adicionales
• Evaluación fisiológica (frecuencia cardíaca, presión arterial, sudoración)
• Observación conductual (especialmente en pacientes no comunicativos).
ESCALA ANALGÉSICA DE LA O.M.S
El tratamiento del dolor oncológico se basa en el uso de analgésicos y co-analgésicos
según la escala analgésica de la O.M.S. (Tabla II). Con dicha escala se puede obtener un buen
control del dolor en cerca del 80% de los casos (Díaz, 2005).
Existen unas normas de uso de la escala analgésica (Díaz, 2005):
1. La cuantificación de la intensidad del dolor es esencial en el manejo y seguimiento
del dolor. Generalmente se utilizan escalas unidimensionales como la escala verbal numérica
ó la escala visual analógica (EVA).
2. La subida de escalón depende del fallo al escalón anterior. En primer lugar se
prescriben los analgésicos del primer escalón. Si no mejora, se pasará a los analgésicos del
segundo escalón, combinados con los del primer escalón más algún coadyuvante si es
necesario. Si no mejora el paciente, se iniciarán los opioides potentes, combinados con los del
primer escalón, con el coadyuvante si es necesario.
3. Si hay fallo en un escalón el intercambio entre fármacos del mismo escalón puede
no mejorar la analgesia (excepto en el escalón 3).
4. Si el segundo escalón no es eficaz, no demorar la subida al tercer escalón.
5. La prescripción de co-analgésicos se basa en la causa del dolor y se deben mantener
cuando se sube de escalón.
6. No mezclar los opioides débiles con los potentes.
7. Prescribir cobertura analgésica del dolor irruptivo.
Los enfermos con dolor leve son indicación de tratamiento con fármacos como el
Paracetamol, Aspirina u otros analgésicos antiinflamatorios no esteroideos (primer escalón).
Estos agentes presentan techo terapéutico: una vez alcanzada la dosis máxima recomendada,
el incremento de la dosis no produce mayor analgesia. La Sociedad Americana del Dolor
recomienda que todos los regímenes analgésicos deben incluir un fármaco no opioide aunque
el dolor sea suficientemente intenso como para añadir un analgésico opioide (Díaz, 2005).
El dolor moderado se puede beneficiar de un tratamiento con opioides menores como
la codeína. Se utilizan conjuntamente con analgésicos no opioides, ya que pueden ser aditivos
o sinergistas. Los opiaceos actúan a través de receptores en el sistema nervioso central,
mientras que los analgésicos no opioides ejercen su acción en la periferia (segundo escalón)
(Díaz, 2005).
Los enfermos con dolor severo necesitan tratamiento con opioides mayores como la
morfina, fentanilo y la oxicodona de liberación retardada (tercer escalón). Los agonistas
puros (morfina, metadona y fentanilo) no tienen techo analgésico a diferencia de los agonistas
parciales (buprenorfina) (Díaz, 2005).
Cuando no se obtiene una analgesia adecuada con opioides sistémicos, debe
considerarse el cuarto escalón que incluye procedimientos como la analgesia continua espinal
o epidural, bloqueo de nervios periféricos, bloqueo simpático, etc (Díaz, 2005).
Los coadyuvantes aumentan la eficacia analgésica, se utilizan en el manejo de
síntomas concurrentes que exacerban el dolor y para tipos específicos de dolor como el
neuropático. Se indican en cualquier escalón si el tipo de dolor lo precisa. Los analgésicos
adyuvantes son fármacos cuya principal acción no es la analgésica, pero que funcionan como
tales en algunos tipos de dolor. En CP se utilizan para potenciar el efecto de los analgésicos,
habitualmente de los opioides, para disminuir la dosis de los mismos, o en cuadros de dolor
complejos. Su uso es casi obligado en el dolor neuropático o en metástasis óseas dolorosas.
También se emplean para tratar la comorbilidad del paciente en CP; por ejemplo,
antidepresivos para la depresión o ansiedad asociada al dolor (Díaz, 2005).
Pancreatitis aguda
Caso de Pancreatitis Aguda por ascariasis, reportado en el Servicio de
Gastroenterología del Hospital de la Policía-Quito Nº1, tras la realización de un estudio
clínico y diagnóstico minucioso se confirmó la presencia de un ejemplar de Ascaris
Lumbricoide en el interior de la vía biliar del paciente. Las particularidades se describen a
continuación:
Paciente de sexo masculino, de nacionalidad ecuatoriana, 30 años de edad, nacido en
Guayaquil y residente en Quito.
• Ocupación: policía con grado de teniente.
• Nivel de instrucción: secundaria completa.
• Etnia: mestizo.
Acude por dolor abdominal con 24 horas de evolución, localizado en epigastrio e
hipocondrio derecho, que irradia en forma hemicinturón hacia la espalda, de tipo cólico con
moderada intensidad (escala visual analógica 6/10), el que no se modifica al alimentarse y se
acompaña de náusea y vómito tras la ingesta de lácteos.
A la exploración física, se encontró estabilidad hemodinámica, semihidratación,
anictérico, álgico, abdomen distendido y doloroso a la palpación profunda en epigastrio e
hipocondrio derecho con ruidos hidroaéreos disminuidos.
Los exámenes de laboratorio al ingreso indicaron leucocitosis (12400/cc), elevación
de amilasa a la 3.2 N, lipasa a la 6.8 N, pruebas de función y lesión hepática dentro de
parámetros normales, ligera elevación de fosfatasa alcalina y GGT, sin ictericia, crit (anexos,
tabla 1).
El ultrasonido de abdomen superior reportó vesícula biliar distendida alitiásica, sin
signos dilatación de la vía biliar intra y extra hepática. Se estableció en diagnóstico de
pancreatitis aguda alitiásica; la que, de acuerdo con las escalas de gravedad de Ranson,
Apache II, BISAP y Marshall modificado, fue de tipo leve.
El tratamiento inicial consistió en ayuno, hidratación parenteral, analgesia,
antiemético y protección gástrica. Estudios posteriores a las 48 y 72 horas revelaron la
existencia de una marcada leucocitosis con neutrofilia y eosinofilia, perfil lipídico normal, un
Ranson de 2, a la vez que no se reportaba la mejoría clínica esperada, debido a la persistencia
del dolor y distensión abdominal con presencia de alza térmica; por esa razón se solicitó
tomografía simple y contrastada dinámica de la región abdominal en busca de posibles
complicaciones, el informe reportó un páncreas aumentado de tamaño, con bordes irregulares
e infiltración de grasa peri pancreática (Baltazar C).
Al tercer día de hospitalización, el dolor epigástrico persistente y el antecedente de
melenas motivó la realización de una endoscopia digestiva alta, a través de la cual se
evidenció un ejemplar de Ascaris enclavado en la papila duodenal que fue retirado con una
pinza asa para cuerpo extraño.
La colangioresonancia posterior, no evidenció parásitos residuales, ni obstrucción de
la vía biliar. Consecuentemente, la conducta terapéutica seguida fue iniciar antibioticoterapia
utilizando Ampicilina/Sulbactam (por el alto riesgo de colangitis); así como antihelmíntico
mediante albendazol.
El cuadro clínico mejoró en las 24-48 horas posteriores a la extracción del parásito, de
igual manera los niveles de PCR y leucocitos comenzaron a descender hacia parámetros
normales. Fue egresado de la unidad a los 8 días de su ingreso, con mejoría clínica evidente,
sin dolor abdominal y buena tolerancia oral.
Apendicitis aguda en paciente femenina de 20 años. Reporte de caso
Paciente femenina de 20 años acude por presentar dolor abdominal localizado en fosa
iliaca derecha que se acompañada con alza térmica no cuantificada y vómitos de contenido
alimentario por 3 ocasiones motivo por el cual acude.
• Enfermedades médicas: No refiere
• Antecedentes alérgicos: No refiere
• Antecedentes quirúrgicos: No refiere
• Antecedentes familiares: No refiere
Paciente ingresa al servicio cirugía general en donde realiza
La exploración física pertinente, signos vitales: frecuencia cardiaca 110 latidos
por minuto, saturación 96% con fio2 21%, tensión arterial 110/70 mmhg, frecuencia
respiratoria de 19, temperatura de 38.3°C axilar.
Paciente lucida, febril, orientada entiempo, espacio y persona con
razonamiento lógico, comprensión y juicio normales. Glasgow 15/15.
Abdomen:
-inspección: globoso, simétrico, no cicatrices, auscultación ruidos hidroaéreos
presentes disminuidos.
-Palpación: Suave, blanco, doloroso difuso a la palpación profunda y superficial,
predominante en región de fosa iliaca derecha. McBurney positivo.
Las muestras de suero y orina al ingreso reportaron leucocitosis de 18.800 mm3,
neutropenia del 86,9% y proteína C reactiva de 105,19mg/dL. Los valores de fracciones de
orina, tiempos de coagulación, nitrógeno y glucosa basal en ayunas se informaron dentro de
los parámetros normales. La puntuación final de Alvarado fue de alto riesgo de apendicitis
aguda.
Impresión diagnóstica de abdomen quirúrgico agudo inflamado secundario a
apendicitis aguda complicada como motivación para tratamiento quirúrgico. El paciente
fue sometido a una apendicectomía clásica mediante el método de Rocky Davis mediante
la técnica de Pouchet, durante la cual se observó un proceso inflamatorio en el apéndice
vermiforme gangrenoso informaron dentro de los parámetros normales.
Se extrae apéndice. Se envía muestra a histopatológico, paciente evoluciona sin
complicaciones y es dado de alta en 48 horas.
Dolor neuropático como secuela de infección por herpes zoster: manejo a
propósito de un caso
Se presenta el caso de una paciente femenina de 65 años con antecedente de
hipotiroidismo secundario a tiroidectomía total, tratada con levotiroxina de 50 mcg.
Inicialmente, la paciente acudió a un centro de salud por dolor en la región torácica izquierda.
Durante la anamnesis, la paciente refirió haber sufrido una caída desde su propia altura tres
días antes. Negó síntomas respiratorios, malestar general y automedicación. El examen físico
reveló un tórax con adecuada expansibilidad, sin lesiones visibles o equimosis. Sin embargo,
a la palpación, presentó dolor intenso en los dermatomas T4 y T5, con integridad conservada
de los arcos costales. Se prescribió ibuprofeno (AINE) a una dosis de 400 mg cada 8 horas.
Debido a la persistencia del dolor, se realizó una visita domiciliaria en la que se
encontró a la paciente en estado álgido, sin respuesta al tratamiento previo. En la nueva
valoración, se observaron lesiones vesiculares confluentes en la región externa central y en
los dermatomas T4 y T5. Las lesiones eran no purulentas y dolorosas al tacto, consistentes
con una infección por herpes zoster. Se indicó aciclovir a una dosis de 800 mg cada 4 horas, 5
tomas al día, durante 7 días, para completar el esquema de tratamiento y prevenir
complicaciones postherpéticas, debido a la afectación de dos dermatomas.
Inicialmente, el manejo del dolor se realizó con gabapentina a una dosis de 300 mg
cada 8 horas durante una semana, para evaluar la tolerancia y respuesta. En la siguiente
valoración clínica, la paciente mostró una disminución del dolor, aunque persistía en grado
moderado, afectando el sueño y las actividades cotidianas. Las vesiculares estaban en fase
de resolución, sin presencia de lesiones activas fuera de los dermatomas previamente
descritos. Ante la respuesta insuficiente al primer medicamento, se cambió el esquema
a pregabalina a una dosis de 150 mg una vez al día por la noche, con valoraciones semanales
para ajuste de dosis. Adicionalmente, se prescribió complejo B inyectable dos
veces por semana y en comprimidos una vez al día por 30 días. En la siguiente valoración
clínica, la paciente refirió una disminución considerable del dolor, sin afectar el sueño y
solo levemente las actividades cotidianas. Las lesiones estaban completamente resueltas,
sin secuelas dermatológicas visibles, aunque persistía la hiperalgesia al tacto en los
dermatomas T4 y T5. Se aumentó la dosis de pregabalina a 225 mg, con un comprimido de
75 mg por la mañana y dos por la noche. En valoraciones subsecuentes, la paciente reportó
una mejoría significativa del dolor, presentando punzadas leves y esporádicas con
hiperalgesia disminuida. Se mantuvo el esquema de pregabalina previamente
descrito, ya que al descontinuarlo se presentaban episodios agudos de dolor. Se
consideró continuar con el tratamiento por un mes más, con valoraciones periódicas.
Migraña con aura. Reporte de caso. (Méndez et al, 2019)
Se presenta un caso de una paciente femenina de 35 años, acude por dolor de cabeza
recurrente. La paciente refiere antecedentes de dolores de cabeza desde la adolescencia,
además de antecedentes familiares positivos, ya que su madre también padecía cefaleas.
El dolor descrito es pulsátil y unilateral, de intensidad variable, que mejora con
medicación en menos de 2 horas. La paciente reporta que durante periodos de estrés los
episodios son más frecuentes e intensos.
Antes del inicio del dolor, la paciente percibe alteraciones visuales descritas como
“destellos de luz” o, en ocasiones, “zonas ciegas”, que corresponden a aura visual. Además,
los episodios se acompañan de náuseas y fotofobia.
Exploración física
• Signos vitales:
• Tensión arterial: 120/65 mmHg
• Frecuencia cardiaca: 65 lpm
• Temperatura: 35,5 °C
Exploración general:
• Auscultación cardiaca y respiratoria sin hallazgos patológicos.
• Exploración neurológica normal.
• Fondo de ojo sin alteraciones.
• No presenta dolor a la palpación de cráneo o región cervical.
Se estableció el diagnóstico de migraña con aura, según criterios de la International
Classification of Headache Disorders (ICHD-3):
• Presencia de aura visual reversible.
• Dolor de cabeza unilateral y pulsátil.
• Síntomas acompañantes: náuseas, fotofobia.
• Historia familiar positiva y patrón recurrente.
Se indicó tratamiento sintomático para episodios agudos:
Sumatriptán 50 mg: Tomar 1 comprimido al inicio del dolor, después de que finalice
el aura. Repetir una dosis si es necesario tras 2 horas. Máximo 200 mg/día.
Y Metoclopramida 10 mg: Tomar si hay náuseas o vómitos asociados al dolor de
cabeza.
Acudir a revisión si los ataques aumentan en frecuencia, intensidad o cambian de
características.
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