SALANOVA
SALANOVA
Por
Marisa Salanova
Equipo de Investigación WONT. Área de Psicología Social Universitat Jaume I (Castellón)
RESUMEN
Todos estos cambios tecnológicos conllevan problemas técnicos pero también pueden tener
problemas humanos y sociales objeto de profundo debate debido a sus consecuencias tanto para
las personas como para las organizaciones, y la sociedad en general. Los cambios generados por
las nuevas tecnologías requieren de prevención y asesoramiento para evitar daños y efectos
negativos no deseados del impacto tecnológico en la eficacia de las empresas y necesidades
psicosociales de los trabajadores.
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'se puedan' porque no asumo un modelo determinista, sino que planteo el tecnoestrés en un
modelo interactivo de percepción de demandas y recursos. Esta afirmación asume que el impacto
psicosocial de las demandas asociadas al trabajo con TIC está 'amortiguado' por la presencia de
recursos presentes tanto en el ambiente físico y social del trabajo, como en las propias personas
(por ejemplo, las creencias de eficacia en el uso de la tecnología).
Es mas, la investigación reciente viene a decir que la mera exposición a las TIC per se, no es la
causa de efectos psicosociales negativos, sino que existen variables intervinientes que median y
modulan esa relación, tales como la valoración de la experiencia pasada con el uso de las TIC,
las actitudes y valores de la tecnología, y las creencias de autoeficacia en relación con el uso de
la tecnología (Chua, Chen y Wong, 1999; Salanova, Grau, Cifre y Llorens, 2000; Salanova,
Grau, Llorens y Schaufeli, 2000; Salanova y Schaufeli, 2000). Por ejemplo en nuestros estudios
hemos puesto de manifiesto que los efectos psicosociales de la exposición a la tecnología se
explican mejor cuando tenemos en cuenta diferentes tipos de exposición (ej. formación,
frecuencia de uso, tiempo de uso) y también tenemos en cuenta el rol interviniente de variables
psicosociales tales como la autoeficacia hacia la tecnología.
Pero así como el tecnoestrés se asocia frecuentemente a síntomas como ansiedad (tecnoansiedad)
e incluso fatiga o cansancio mental (tecnofatiga), recientemente se observa otro fenómeno
relativo a un daño psicosocial relacionado con el uso (y abuso) de las TICs, como es la adicción
a las tecnologías (ej., la adicción a Internet, al correo electrónico, al móvil). Aunque estas
‘adicciones’ se han estudiado frecuentemente en jóvenes y adolescentes, también existe
investigación reciente sobre esta problemática en el contexto laboral que la hace susceptible de
interés desde el ámbito de la prevención de riesgos laborales como daño psicosocial emergente.
Estos son los temas que trataré con algo más de detalle en este artículo, siempre desde la
perspectiva de la prevención de riesgos laborales. En primer lugar, se explica qué es el
tecnoestrés entendido como un daño psicosocial relevante, para pasar en segundo lugar a
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analizar qué causa y cuáles son las consecuencias del tecnoestrés. A continuación, se describirá
un daño psicosocial emergente relacionado con las TICs, como es la ‘adicción’ de los usuarios a
las mismas. Para finalizar de forma algo más ‘positiva’, y en consonancia con la asunción del
carácter ‘neutro’ de la tecnología, describiré brevemente las consecuencias positivas del uso de
las TICs.
Como he comentado anteriormente, el tecnoestrés está directamente relacionado con los efectos
psicosociales negativos del uso de las TIC. Fue acuñado por primera vez por el psiquiatra
norteamericano Craig Brod en 1984 en su libro ‘Technostress: The Human Cost of the Computer
Revolution’. Lo definió en su día como una enfermedad de adaptación causada por la falta de
habilidad para tratar con las nuevas tecnologías del ordenador de manera saludable. Hace
referencia a los problemas de adaptación a las nuevas herramientas y sistemas tecnológicos.
Además, se entiende el tecnoestrés como ‘una enfermedad’ y lo más relevante: causada por una
falta de habilidad o incompetencia de los usuarios.
Otras definiciones del tecnoestrés han venido dadas por autores como Michelle Weil y Larry
Rosen en su libro ‘Technostress: coping with Technology @work, @home and @play’ publicado
en 1997. Ellos lo definen como cualquier impacto negativo en las actitudes, los pensamientos,
los comportamientos o la fisiología causado directa o indirectamente por la tecnología. Estos
autores señalan que el tecnoestrés es también una enfermedad y que se debe principalmente al
creciente estrés que produce la invasión en la vida diaria de teléfonos móviles, e-mails, PDAs,
etc. Con esta definición van un paso más allá y centran el tecnoestrés en el impacto negativo de
la tecnología. No obstante, sigue siendo una definición demasiado amplia para poder ser
operativa.
Una definición más específica (Salanova, Llorens, Cifre y Nogareda, en prensa) es la que
entiende el tecnoestrés como un estado psicológico negativo relacionado con el uso de TIC o
amenaza de su uso en un futuro. Este estado viene condicionado por la percepción de un
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desajuste entre las demandas y los recursos relacionados con el uso de las TIC, que lleva a un
alto nivel de activación psicofisiológica no plancentera, y al desarrollo de actitudes negativas
hacia las TICs.
(2) Pero las personas podemos experimentar otro tipo de emociones negativas que no
tienen que ver con una alta activación no placentera, por ejemplo, la fatiga o el
cansancio mental por el uso continuado de TIC. La tecnofatiga se caracteriza por
sentimientos de cansancio y agotamiento mental y cognitivo debidos al uso de
tecnologías, complementados también con actitudes escépticas y creencias de
ineficacia con el uso de TICs. Un tipo específico de tecnofatiga es el llamado:
síndrome de la ‘fatiga informativa’ derivado de los actuales requisitos de la
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Sociedad de la Información y que se concreta en la sobrecarga informativa cuando
se utiliza Internet. La sintomatología es: falta de competencia para estructurar y
asimilar la nueva información derivada del uso de Internet, con la consiguiente
aparición del cansancio mental.
En Salanova et al., (en prensa) en la elaboración de una Nota Técnica de Prevención para el
INSHT nos centramos en los dos primeros tipos de tecnoestrés (tecnoansiedad y tecnofatiga) por
ser los más comunes y característicos. En el presente trabajo desarrollaré en el último apartado la
adicción a la tecnología como daño psicosocial emergente en el marco de la prevención de
riesgos laborales.
En la NTP también se describe un instrumento para medir el tecnoestrés con datos normativos de
una muestra de trabajadores y usuarios de TICs a nivel nacional, además de establecer cuáles son
las principales estrategias y acciones preventivas en el tecnoestrés en el marco de la prevención
de riesgos laborales.
¿Qué hace que determinados trabajadores sufran más tecnoestrés que otros?, y ¿qué
consecuencias tanto personales como organizaciones tiene el tecnoestrés? En otro lugar
(Salanova, 2003) ya señalé que los principales antecedentes del tecnoestrés (o tecnoestrores) son
las altas demandas laborales relacionadas con las TICs, así como la falta de recursos
tecnológicos, sociales y/o personales relacionados con las mismas.
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El modelo de Demandas y Recursos Laborales (Demerouti, Bakker, Nachreiner y Schaufeli,
2001) señala que las altas demandas y la falta de recursos en el trabajo (en nuestro caso
referentes a las TIC) están relacionados con un aumento del tecnoestrés (esto es, tecnoansiedad
y/o tecnofatiga), estando esta relación modulada por la presencia de recursos personales, tales
como las propias competencias mentales, la autoeficacia relacionada con la tecnología, etc. (ver
figura 1).
TECNO-
DEMANDAS
TECNO-
ESTRÉS
TECNO-
RECURSOS
Recursos-
personales
Desde este planteamiento, los tecnoestresores se pueden categorizar en dos bloques:
tecnodemandas y ausencia de tecnorecursos.
Las demandas relacionadas con las TICs son aspectos físicos, sociales y organizacionales del
trabajo con TICs que requieren esfuerzo sostenido, y están asociados a ciertos costes fisiológicos
y psicológicos (por ejemplo, la ansiedad). Por ejemplo, entre la percepción de demandas
relacionadas con las TICs en el trabajo, encontramos la presión temporal. La presión por acabar
el trabajo en tiempo límite es una de las características del mercado de trabajo actual.
En las encuestas y estudios realizados (véase por ejemplo, la V Encuesta Nacional sobre
Condiciones de Trabajo del INSHT) los trabajadores vienen a señalar que se encuentran
sometidos a demandas de trabajo que superan el tiempo disponible para poder llegar a realizar
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las tareas a tiempo. Es lo que viene a llamarse la sobrecarga de trabajo, que puede ser
cuantitativa (demasiadas cosas que hacer en el tiempo disponible) o cualitativa (cosas demasiado
complejas que superan las propias competencias para realizarlas).
Esta presión temporal en muchas ocasiones viene causada por el ritmo de trabajo que imponen
las máquinas, el uso de TIC que hacen posible trabajar en cualquier momento y en cualquier
lugar, la rapidez con la que se trabaja utilizando TICs y que nos exige más y más dedicación y
responsabilidad, el ritmo de trabajo que te imponen los compañeros de trabajo, los mandos
intermedios, los usuarios o clientes del propio trabajo, y un largo etc. También en el marco de
estas demandas crecientes tanto de tipo mental (sobrecarga mental por el trabajo con TIC) como
demandas de tipo emocional (ej., clientes exigentes) vienen a señalar una realidad laboral que se
caracteriza por un incremento de este tipo de demandas que exigen al trabajador estar afrontando
día a día un trabajo cambiante.
El incremento de las demandas mentales en el trabajo está en muchos casos relacionado con la
implementación de TIC en las organizaciones. Las TIC se están introduciéndose de forma
vertiginosa en el trabajo y las organizaciones. Tanto es así que las últimas encuestas europeas
vienen a señalar que el 40% de los puestos de trabajo actuales están relacionados con el uso de
las TIC en alguna de sus versiones, esto es, en las tecnologías del trabajo de oficina y en el
trabajo de producción.
Aunque en un principio la implementación de TIC supone una ventaja competitiva para las
organizaciones, mejorando la rapidez en la elaboración del producto o en la realización del
servicio y facilitando la comunicación entre e intra-organizaciones, también es de destacar que
tiene algunos inconvenientes y que son éstos los que se relacionan directamente con el
tecnoestrés. Por ejemplo, los cambios continuos a los que se ven sometidas las mismas
tecnologías tales como la rapidez con la que aparecen nuevas tecnologías y aplicaciones, la corta
vida y en pico de los productos tecnológicos, la dificultad en el conocimiento de su
funcionamiento para las personas sin formación técnica, la necesidad de mantenerse en constante
proceso de aprendizaje de las innovaciones por parte de los usuarios, y un largo etc.
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Los recursos relacionados con las TICs, son entre otros, el nivel de autonomía en el trabajo con
las TIC, el feedback o retroalimentación sobre las tareas realizadas con las TIC, y el clima de
apoyo social por parte de compañeros y supervisores en el uso de las TIC. Entre los recursos
laborales uno muy importante y que ha sido tradicionalmente objeto de estudio son las
estrategias de implantación de TIC en las organizaciones.
La implantación de TIC reduce el contacto personal por lo que la posibilidad de recibir apoyo
social, de tipo emocional, puede verse afectada. La organización debe facilitar los mecanismos
para que las personas puedan exponer los problemas que les supone un cambio en su manera de
trabajar, en las habilidades requeridas para el desarrollo de la tarea, de manera que les facilite la
adaptación al cambio.
Por último es muy importante tener en cuenta que las personas (los usuarios de las TICs)
también contamos con una serie de recursos personales que funcionan como ‘amortiguadores’
del impacto negativo de las altas demandas y la falta de recursos laborales en el tecnoestrés.
Entre los principales recursos hay características de personalidad más estables a lo largo del
tiempo, y también creencias sobre las propias competencias para hacer frente a las tecnologías.
Entre las características de personalidad amortiguadoras del tecnoestrés, la investigación ha
demostrado que la Personalidad Resistente (Kobassa, 1988) es un estilo de personalidad que es
fuente de resistencia al estrés en general, en donde se dan tres atributos: compromiso, control y
desafío.
Por otra parte, la investigación ha puesto de manifiesto el fuerte poder de las propias creencias
de eficacia. Estos procesos de agencia humana se enmarcan en la Teoría Social Cognitiva
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desarrollada por Albert Bandura (1997); que define la autoeficacia como las “creencias en las
propias capacidades para organizar y ejecutar los cursos de acción requeridos para producir
determinados logros” (Bandura, 1997, p. 3).
Pero ¿cuál es el papel de las creencias de eficacia hacia la tecnología? Por supuesto, el
tecnoestrés está directamente relacionado con los bajos niveles de autoeficacia relacionada con la
tecnología. La investigación así lo ha puesto de manifiesto (ver Salanova, 2003 para una
revisión). La cuestión es que la autoeficacia juega un rol modulador en el proceso de tecnoestrés,
en donde hay percepción de demandas y falta de recursos en el trabajo actual o futuro con la
tecnología.
Pero ¿por qué es tan importante la autoeficacia? ¿En qué influye? Según la Teoría Social
Cognitiva, la autoeficacia afecta a la agencia humana en la forma de actuar, pensar y sentir de
las personas. Se tienden a evitar aquellas actividades que creemos exceden nuestras capacidades
y realizamos aquellas actividades que somos capaces de dominar. Determinan el esfuerzo para
realizar las tareas y la persistencia, cantidad de intentos y tiempo que se invertirá ante los
obstáculos. Afecta a cómo pensamos y nos sentimos, un sentido de autoeficacia negativo está
asociado con burnout, depresión, ansiedad y desamparo. La autoeficacia positiva se asocia con
la persistencia, la dedicación y la satisfacción en las acciones que realizamos (Garrido, 2000;
Salanova et al., 2000, 2003; Salanova y Schaufeli, 2000). En suma, las creencias de autoeficacia
han probado ser una variable relevante en la teoría y la investigación sobre el estrés laboral y
también específicamente en el tecnoestrés.
Respecto a las consecuencias del tecnoestrés la investigación es más escasa pero ha destacado
entre otras consecuencias: las quejas psicosomáticas tales como problemas en el sueño, dolores
de cabeza, trastornos músculo-esqueléticos (TME), trastornos gastrointestinales; así como
también daños organizacionales tales como el absentismo y la reducción del desempeño
sobretodo debido al no uso o mal uso o abuso de las TICs en el puesto de trabajo. A la larga, el
tecnoestrés podría acabar desarrollando también burnout o síndrome de quemarse por el trabajo
(ver Salanova, Peiró y Schaufeli 2002, para un ejemplo).
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Generalmente se entiende una adicción como relacionada con el abuso de substancias químicas
como drogas, tabaco, etc. Ahora bien, existen toda una serie de adicciones que no son físicas
sino conductuales. Estas adicciones conductuales o también denominadas ‘psicológicas’ o no
químicas no se encuentran incluidas en manuales de clasificación de los trastornos psicológicos
como tales en el DSM-IV, en las que el término adicción se reserva para los trastornos
producidos por el abuso de sustancias psicoactivas. En el DSM-IV (APA, 1994) las adicciones
psicológicas vendrían incluidas en los trastornos del control de impulsos, como el juego
patológico.
La cuestión de si una conducta puede ser adictiva en el mismo sentido que lo son las substancias
psicoactivas, se ha debatido profundamente en Psicología (Lernon, 2002). La mayor
comprensión de cómo funciona el sistema de recompensas del cerebro, apoya esta noción ya que
la forma en que las conductas pueden modular este sistema, junto con los análisis conductuales y
de autoinforme sugieren según Lernon (2002) tres características tanto de substancias como de
conductas que pueden conducir a las adicciones. En primer lugar, el sistema de recompensas
debe registrar una rápida y sustancial mejora del estado hedónico o placentero, el usuario no es
capaz de encontrar formas alternativas para conseguir esta mejora, y la ejecución de la conducta
adictiva conduce a un funcionamiento no adaptativo y un estado de disforia crónica. Además,
factores cognitivos y sociales pueden influir en el desarrollo y mantenimiento de la adicción.
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control y la dependencia psicológica. También el exceso de realización de esa conducta que es
adictiva podría ser otro criterio importante.
Para Griffiths (1998) cualquier comportamiento que cumpla estos seis criterios será definido
operacionalmente como adicción:
5. Conflicto: Se refiere a los conflictos que se desarrollan entre el adicto y aquellos que le
rodean (conflicto interpersonal), conflictos con otras actividades (trabajo, vida social,
intereses, aficiones), o dentro de los propios individuos (conflicto personal) que están
involucrados con la conducta adictiva.
En el ámbito concreto de las tecnologías como Internet, correo electrónico, chats y foros
virtuales, ordenadores, etc., su uso (y abuso) puede llevar a desarrollar un patrón conductual
adictivo a las mismas. En el caso concreto de la adicción a Internet, que es la mas estudiada, ese
patrón adictivo se ha denominado: desorden de adicción a Internet –Internet Addiction Disorder
(IAD)- (Goldberg, 1995), uso compulsivo de Internet (Morahan-Martin y Schumacker, 1997), o
uso patológico de Internet – Pathological Internet Use (PIU)- (Young y Rodgers, 1998).
Sobre la definición de adicción a las tecnologías, por ejemplo, Griffiths (1997) ya definió las
"adicciones tecnológicas", como adicciones no químicas que involucran la interacción hombre-
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máquina. Estas pueden ser pasivas (como la televisión) o activas (como los juegos de ordenador
o Internet). Esta sería una modalidad de las adicciones psicológicas o conductuales, que a su vez
incluiría a la adicción a Internet.
Una sobre-identificación con la tecnología parece que tiende a disolver los límites en la
interacción persona-máquina y crear una dependencia hacia la tecnología. Cuando esto ocurre,
las personas tienden a pensar que ellas deberían realizar la actividad tan rápidamente como sus
máquinas. Según Porter y Kakabadse (2006) se ha utilizado el término ‘tecno-filia’ (Kakabadse
et al., 2000) o `tecnosis’ (Weil y Rosen, 1997) cuando las personas empiezan a creer que la
tecnología (ej. el email) siempre debería estar disponible y que es la única forma de conseguir
realizar el trabajo o conseguir algo.
Las tecnologías se utilizan tanto en el tiempo libre y como en el trabajo. En nuestro caso, nos
interesa la adicción a tecnologías relacionado con el mundo laboral, ya que es donde se estudian
los riesgos psicosociales relacionados con la prevención de riesgos laborales. Un trabajador se
puede hacer adicto a una o varias tecnologías que utiliza en su trabajo como Internet, correo
electrónico, PDAs, etc. Ahora bien, cabe señalar, que la adicción a las tecnologías en el trabajo,
puede conllevar en sí misma otras adicciones conductuales como por ejemplo la adicción al
trabajo, o la adicción a los juegos por la red u otras adicciones tecnológicas que se utilizan con
fines lúdicos pero tienen el componente adictivo cumpliendo por ejemplo los 6 criterios
anteriores que señala Griffiths (1998).
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El trabajo excesivo debido a esa necesidad irresistible de trabajar constantemente y la
compulsión por trabajar son las dimensiones principales que definen la adicción al trabajo. La
adicción no termina cuando acaba la jornada laboral, sino que resulta una característica usual que
los adictos se lleven trabajo a casa, trabajen los fines de semana, durante las vacaciones e incluso
estando enfermos (esto es, el así llamado ‘presentismo’). Todo ello se engloba dentro de lo que
se ha denominado el ‘trabajo extra’ de los adictos. Además, aún sin estar realizando una tarea
física y visible es muy probable que el adicto permanezca pensando en temas laborales.
Porter y Kakabadse (2006) han señalado que la adicción al trabajo y la adicción a la tecnología
van a la par. Esto es, la conducta de una adicción sirve frecuentemente para esconder otras
adicciones. Tanto en el estudio de 2006 como en uno anterior en 2003, estos autores encontraron
la conexión entre el exceso de trabajo y el uso de la tecnología. Por ejemplo, el adicto al trabajo
que tiene una vida centrada exclusivamente en su trabajo, en este momento tiene más medios
que en el pasado para estar constantemente ‘conectado’ a su trabajo. Los teléfonos móviles, el
email, e Internet en su conjunto, han hecho posible esta realidad por la capacidad que dan al
usuario de estar conectado en cualquier momento y en cualquier lugar. Ahora bien, las
influencias recíprocas entre dos adicciones como estas (adicción al trabajo y a la tecnología)
tienen un efecto confundente, ya que es difícil decir qué adicción es la causa o efecto.
Ya para finalizar este apartado en relación con las consecuencias de la adicción a las tecnologías
se ha señalado por ejemplo la privación de sueño en el caso de la adicción a Internet (Young,
1999), producida por la inhabilidad del adicto a cortar la conexión, permaneciendo despierto
hasta altas horas de la madrugada, que puede conducir a fatiga, debilitación del sistema
inmunitario y un deterioro de la salud. También en el caso de la adicción al correo electrónico la
privación de sueño seria característica de este tipo de adictos.
También se han señalado efectos negativos de tipo social y familiar, resultando en conflictos
trabajo-vida. Como en todas las adicciones conductuales, el hecho de pasar mucho tiempo
realizando la actividad adictiva hace que se reduzca el tiempo que dedica el adicto a otras
actividades como son la vida familiar, las relaciones sociales y las aficiones. Los adictos a la
tecnología a menudo se sienten ‘atrapados’ en su propia situación, viéndose a ellos mismos
como ‘prisioneros del éxito’ (trabajando mucho y pasando muchas horas en tareas relacionadas
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con el uso de tecnologías para conseguir más éxito en su trabajo) o esforzándose para mantener
su trabajo basado en un ‘miedo al fracaso’ (Bartolomé, 1983).
Por ejemplo, en el caso de la adicción a Internet, la relación entre un uso excesivo de Internet y
el incremento en los niveles de depresión ha aparecido en varios estudios (Kraut, Patterson,
Lundmark, Kiesler, Mukopahyay y Scherlis,1998; Petrie y Gunn, 1998; Young y Rodgers,
1998). Aunque existe controversia sobre si la depresión es la causa o efecto de la adicción a
Internet.
Parece ser que hay personas que se adaptan con éxito a un nivel de uso de las TICs y de su
trabajo que optimizan también los resultados y el desempeño organizacional. Hay otras personas
que se adaptan de forma más limitada pero que todavía pueden contribuir a un nivel
minimamente aceptable. Pero como han encontrado Porter y Kakabadse (2006) hay otras
personas que llegan a un exceso de adaptación o sobre-adaptación. Son las que se sienten
presionadas, en un principio, por sus demandas laborales para que puedan alcanzar el éxito en su
trabajo. Las TICs mejoran su trabajo por la rapidez y comodidad en su uso que hace incrementar
el exceso de trabajo. Y así podríamos decir en una espiral viciosa que les engancha tanto al
trabajo como al uso de TICs.
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Para finalizar, señalar que este trabajo ha tenido por objetivo describir los principales riesgos y
daños psicosociales relacionados con las tecnologías. Por todo ello, el énfasis se ha puesto en
todo momento en el ‘lado negativo’ del trabajo con las tecnologías. Pero no me gustaría finalizar
este trabajo sin un apunte ‘positivo’, ya que en un principio de este artículo señalé que la
tecnología es si misma es ‘neutra’ en cuanto a sus consecuencias en los usuarios, las
organizaciones y la sociedad en general. Las consecuencias negativas o positivas dependen de
aspectos tales como las principales demandas y recursos tanto organizacionales y laborales
relacionados con las TICs, como también de la disponibilidad de recursos personales por parte
de los usuarios.
En este sentido, estudios recientes muestran la existencia de efectos positivos del uso de
tecnologías sobre el bienestar psicológico y las experiencias óptimas en el trabajo (“flow”). El
término "flow" es utilizado para describir los mejores sentimientos (Czikszentmihalyi, 1990) y
las experiencias más agradables en la vida humana, como “el máximo de la existencia”. Por
definición “flow” es un estado psicológico en el cual un individuo se siente cognitivamente
eficaz, motivado y feliz. Cuando se experimenta el estado de “flow”, la persona empieza a estar
absorta en su actividad, y deja atrás pensamientos irrelevantes. Es un estado de “experiencia
óptima”.
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en donde los usuarios de Internet tienen experiencias de disfrute, agrado, retos a alcanzar,
control sobre el sistema, y absorción en el tarea (“mientras el tiempo pasa volando”).
En el marco del equipo WONT hemos analizado la estructura factorial del flow en usuarios de
TIC en sus trabajos (Salanova, Martínez, Cifre y Schaufeli, 2005). En nuestros estudios hemos
confirmado una estructura factorial en donde el flow se conceptualiza en base a las dimensiones
de ‘absorción’, y ‘disfrute’ en la actividad realizada con las TIC. Otros estudios recientes vienen
a enfatizar los efectos positivos del uso de TIC. De este modo, se ha encontrado que su uso
produce una reducción del cinismo, y del incremento de la autoconfianza y obtención de metas
(Salanova y Schaufeli, 2000), así como un aumento de la motivación y autoeficacia (Coffin y
MacIntyre, 1999).
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