LIBROS DE CÁTEDRA LC
Las bases biológicas del aprendizaje
Claudio Glejzer (compilador)
Cátedra: Biología: comportamiento, desarrollo y aprendizaje
CAPÍTULO 6
Desarrollo del sistema nervioso
Adriana Maldonado / Claudio Glejzer
Primeras etapas del desarrollo embrionario
Muchas veces nos preguntamos: ¿cómo es posible que a
partir de una única célula sencilla, y mediante divisiones ce-
lulares, se produzcan células distintas, especializadas, con
propiedades específicas, que componen tejidos y órganos
tan diferentes como son nuestro sistema nervioso, sentidos y
músculos, entre otros?
Esta única célula de donde provenimos se llama cigoto.
Se origina por la unión de dos células, cada una transmitida
por cada padre, un espermatozoide y un ovocito (el ovocito
se transforma en óvulo cuando se une al espermatozoide).
Este proceso por el cual se fusionan las gametas o células
sexuales se llama fecundación. Cada una aporta la mitad de
nuestro material genético, que por un lado nos da nuestras
características biológicas humanas y, por el otro, caracterís-
ticas particulares que nos identifican como individuos y nos
hacen diferentes entre nosotros.
Pero nuestro cuerpo está formado por millones de células
que se originan a partir del cigoto, todas ellas son iguales
genéticamente pero pueden diferir en su fenotipo. ¿Cómo
151
se originan tantas células y cómo adquieren estas caracterís-
ticas particulares?
Una vez que se origina, el cigoto comienza a dividirse for-
mándose dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos, etc. par-
tes hasta formar un embrión constituido por cientos de célu-
las. Este período de división celular se llama segmentación y
su función es formar un embrión multicelular. En esta etapa
el embrión no crece. Imaginemos que cortamos una manza-
na muchas veces en partes iguales, esta va a quedar formada
por numerosos trozos de manzana pequeños. Todos ellos
son idénticos, todas estas células del embrión son idénticas
genotípica y fenotípicamente. Estas células son totipotencia-
les, no diferenciadas, poseen el potencial de convertirse en
una célula de cualquier tejido.
Figura 6.1. Esquema de las primeras divisiones embrionarias de un cigoto.
152 Adriana Maldonado / Claudio Glejzer
Volviendo a nuestra pregunta anterior: ¿cómo adquieren
características particulares estas células que son todas igua-
les? ¿Cuándo comienzan a diferenciarse en su fenotipo?
Después del período de segmentación, el embrión ini-
cia una de las fases más críticas de su desarrollo: la etapa
de gastrulación. Hasta este momento, la dirección del de-
sarrollo embrionario está dada por las instrucciones del
genoma materno y de los procesos que se llevaron a cabo
en el ovocito antes de la fecundación.
Aunque el número de células del embrión en proceso
de segmentación ha aumentado enormemente, en su ma-
yoría no han comenzado a expresar propiedades especí-
ficas únicas o irremplazables. Es en este momento que se
inicia la transición del control del genoma materno al del
genoma embrionario.
En la gastrulación comienza el crecimiento del embrión
y se caracteriza por profundos rearreglos mediante los
cuales el embrión adquiere la forma característica de su es-
pecie. Esto se produce porque las células embrionarias se
desplazan, células que antes estaban alejadas ahora están
próximas y se comunican entre sí mediante señales quími-
cas. Esto lleva a una reorganización del embrión completo
o en regiones más pequeñas en su interior. Por otro lado,
en la gastrulación se inicia la diferenciación celular por la
cual las células adquieren sus características particulares:
funciones específicas, formas y tamaños diferentes, e ini-
cian la producción y secreción de sustancias. Por lo tanto
la diferenciación celular genera la aparición de los tejidos y
luego de los órganos y sistemas de nuestro cuerpo.
Origen y formación del sistema nervioso
¿Cuántas veces nos preguntamos: cómo se origina el siste-
ma nervioso que se encuentra distribuido por todo nuestro
cuerpo?
Desarrollo del sistema nervioso 153
Mencionamos que en la gastrulación se inicia la diferen-
ciación celular. En esta etapa el embrión posee forma de es-
fera. Al final de la tercera semana de gestación, un grupo de
células localizadas externamente cambia de forma y se des-
plaza hacia el interior, formándose así un pliegue y dos cres-
tas que sobresalen como muestra la Figura 6.2.A. En la Figu-
ra 6.2.B. observamos la formación de un surco cuyas crestas
se unen formando así el tubo neural (ver Figura 6.2.C.). Las
células de la cresta neural son aquellas que permitieron el
cierre del tubo para luego migrar ubicándose lateralmente.
Figura 6.2. Formación del tubo y de la cresta neural (Fuente: Carlson, 2000).
154 Adriana Maldonado / Claudio Glejzer
En la cuarta semana de gestación el tubo neural se alar-
ga especialmente en dirección cefálica (donde posterior-
mente se localizará la cabeza). En esa región se originan
tres vesículas: una anterior, una media y una posterior que,
a su vez, darán origen al encéfalo. La vesícula anterior se
subdivide en dos vesículas más pequeñas: el telencéfalo
y el diencéfalo. La vesícula del medio permanece intacta
y se llama mesencéfalo. La vesícula posterior sufre una
división, formándose el metencéfalo y el mielencéfalo. En
dirección caudal el resto del tubo neural persiste delgado
con un diámetro uniforme y originará la médula espinal.
Figura 6.3. Diferenciación de las vesículas encefalicas.
• El telencéfalo es la vesícula más grande y se subdivide en
dos. Ambas crecen tanto que cubren al diencéfalo que-
Desarrollo del sistema nervioso 155
dando en la línea media y tapando ambas vesículas. No
conforme con esto, la parte superficial del telencéfalo
que dará origen a la corteza cerebral crece superando
un espacio restringido, formando surcos y circunvolu-
ciones y algunos surcos más profundos (las cisuras): así
se duplica o triplica la longitud de la corteza cerebral.
Ese extremo anterior da origen a los hemisferios cere-
brales como se observa en la Figura 6.3.
• El diencéfalo origina el tálamo, el hipotálamo, la neuro-
hipófisis y la epífisis o glándula pineal.
• El mesencéfalo forma el tectum y el tegmentum.
• El metencéfalo origina por delante la protuberancia y,
por detrás, el cerebelo.
• La vesícula más caudal, próxima a la médula espinal, es
el mielencéfalo y forma el bulbo raquídeo.
En síntesis, el tubo neural origina el sistema nervioso cen-
tral y las neuronas motoras de los nervios craneales y espi-
nales.
Las células de la cresta neural tienen la propiedad de mi-
grar y alejarse entre sí. Ellas formarán el sistema nervioso
autónomo y las neuronas sensitivas de los nervios craneales
y espinales.
En todo este proceso, las células del tubo neural y de la
cresta neural se dividen repetidas veces y luego se diferen-
cian adquiriendo la forma y las funciones del tejido nervio-
so. A diferencia de la mayoría de los animales, los Primates y
dentro de ellos los humanos adquieren su dotación de neu-
ronas durante la primera mitad de su desarrollo.
Las primeras sinapsis aparecen en el segundo mes de
gestación y durante el tercer trimestre se genera una ex-
plosiva producción de sinapsis estableciéndose múltiples
conexiones.
156 Adriana Maldonado / Claudio Glejzer
Desarrollo cerebral prenatal
Durante el desarrollo embrionario se producen millones
de neuronas, muchísimas más de las que se conservan en
forma definitiva. Se calcula que se generan 50.000 neuronas
por segundo durante la vida intrauterina y se producen unas
[Link] durante los cinco primeros meses para lue-
go ir decayendo su número durante la vida de los individuos.
En estos nueve meses el cerebro crece y se desarrolla in-
fluenciado por factores tanto genéticos y ambientales como
nutricionales, sensoriales, hormonales, entre otros. Es rele-
vante tomar en cuenta la importancia de la salud y la nutri-
ción de la madre y el posible contacto con sustancias tóxicas
como alcohol, tabaco, drogas de abuso, virus, etc.
Como mencionamos previamente, un factor ambiental
que influye en el desarrollo cerebral está relacionado con los
aspectos sensoriales y sensitivos. El feto, especialmente en
el tercer trimestre, es sensible a los estímulos del ambiente
externo materno. Hay investigaciones que demuestran que
responde más rápidamente a las palabras del idioma de su
madre que a aquellas en otro idioma.
Por lo tanto, siendo estos factores relevantes en el desa-
rrollo, nos preguntamos: ¿la experiencia puede cambiar la
estructura cerebral? Sabemos que aquellas redes neuronales
que son activadas permanentemente crecerán más y harán
nuevas conexiones, mientras que aquellas que son raramen-
te excitadas van siendo dejadas de lado. La eliminación de
estas sinapsis se llama poda o recorte sináptico. Esto permite
la construcción de nuevos aprendizajes.
Desarrollo del sistema nervioso 157
Tabla 6.1. Crecimiento y desarrollo del sistema nervioso (Fuente: Cervino, 2010)
Edad Tamaño (mm) Desarrollo del sistema nervioso
18-20 d 1,5 Surco y tubo neural. Neurulación
21 d 3,0 Comienza la aparición
de vesículas cerebrales
26 d 3,0 Cierre del neuroporo anterior
27 d 3,3 Cierre del neuroporo posterior;
aparecen las células del asta anterior
31 d =
1 mes 4,3 Raíces nerviosas anteriores y posteriores
35 d 5,0 Cinco vesículas cerebrales
42 d 13,0 Primordio del cerebro
2m 25,0 Diferenciación de la corteza
cerebral y lasl meninges
Figura 6.4. Desarrollo del encéfalo (Fuente: Cervino, 2010).
Entre los procesos de desarrollo prenatal del sistema ner-
vioso encontramos:
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Proliferación neuronal “neurogénesis”: entre el segundo y el
cuarto mes de vida intrauterina se produce la proliferación
celular, llamada neurogénesis. En este proceso el número
de células generadas en el encéfalo fetal es entre un 30 y un
70% superior al número del adulto. Las células “sobrantes”
sobreviven por un período de días a semanas (durante la
gestación), tras lo cual, en forma espontánea, se inicia una
cascada de cambios degenerativos y un proceso fisiológico
de muerte celular programada o apoptosis.
Migración neuronal: entre el tercero y el quinto mes ocu-
rre la migración de los neuroblastos, guiadas por procesos
gliales en base a señales químicas, como las moléculas de
adhesión celular y factores de crecimiento neuronales. La
migración neuronal es un proceso en el que los neuroblas-
tos migran hasta su ubicación definitiva. Las células gliales
acompañan y sostienen a los neuroblastos para que puedan
alcanzar esa ubicación. Los neuroblastos en estas etapas
aún están indiferenciadas, por lo que pasan a la fase de di-
ferenciación neuronal que les permitirá adquirir las carac-
terísticas morfológicas y fisiológicas de la neurona madura.
Además, se establecen las diferentes sinapsis, si bien en el
desarrollo se producen muchísimas más sinapsis de las nece-
sarias durante la sinaptogénesis, con lo que muchas de esas
conexiones son posteriormente eliminadas.
Una variedad de problemas intrauterinos y perinatales –
como infecciones, falta de oxígeno, exposición a alcohol o
drogas psicotrópicas– puede alterar la migración de neuro-
nas y la expresión del potencial genético para muchas fun-
ciones.
Organización: posteriormente adquieren prioridad la or-
ganización y la arborización dendrítica, axonogénesis y si-
naptogénesis, respectivamente, en las cuales las neuronas
van estableciendo circuitos neurales de complejidad crecien-
te. Este proceso, además de estar regulado genéticamente,
es sensible a la experiencia, y es la base más importante de la
Desarrollo del sistema nervioso 159
plasticidad del sistema nervioso (neuroplasticidad) referida
a los procesos de desarrollo normal y al aprendizaje.
Las conexiones sinápticas pueden ser más rígidas, como
en las neuronas que controlan funciones autonómicas –res-
piración, ritmo cardíaco– para lo cual se requieren conexio-
nes muy precisas, y este proceso está fundamentalmente bajo
control genético. Por ejemplo, los axones que se originan en
la retina están programados para llegar a la corteza visual
del cerebro, pero las conexiones locales específicas depen-
den de señales provenientes del ambiente. En las áreas de
asociación, las conexiones son más flexibles, pudiendo ser
modificadas hasta en la edad adulta.
Mielinización perinatal: la mielinización es el recubrimien-
to de las neuronas con mielina, lo que permite una adecua-
da conducción y transmisión de los impulsos nerviosos. La
mielinización es fundamentalmente un proceso posnatal, ya
que al finalizar el segundo trimestre de la gestación se han
mielinizado las raíces y la médula espinal y se ha iniciado en
el tronco encéfalico.
Desarrollo de la función motora
Cuantas veces vemos mujeres embarazadas a las que les
cuesta dormir o hacen una mueca con la cara porque su pan-
za se mueve. Entonces nos preguntamos, ¿cuándo comienza
a moverse el embrión?
Hasta la sexta semana el embrión se mece pasivamente
hacia adelante y hacia atrás en el líquido amniótico, y los
únicos movimientos propios son los latidos del corazón. Al
terminar el segundo mes efectúa sus primeros movimientos
en forma espontánea y realiza los primeros reflejos sencillos.
Al inicio del tercer mes se observan movimientos reflejos en
las manos (cierra los puños) y en los pies (mueve los dedos
hacia abajo). Mueve la cabeza, las extremidades y el tronco
como reacción a los movimientos de la madre. Comienzan
160 Adriana Maldonado / Claudio Glejzer
también los movimientos faciales, la deglución temprana y
movimientos respiratorios rítmicos anticipando así sus prin-
cipales requerimientos posnatales.
Al finalizar el tercer mes, casi toda la piel es sensible al
tacto y se encuentra en un período de gran actividad, gira
los pies, cierra los dedos, abre y cierra la boca, entre otros.
Como el embrión es muy pequeño la madre no lo puede per-
cibir aún. Esto sí sucede al finalizar el cuarto mes. Al poco
tiempo alterna períodos de actividad y de descanso. Durante
el tiempo restante de desarrollo maduran los patrones de
conducta y reflejos que se han establecido, como abrir y ce-
rrar los ojos, llorar, mirar en distintas direcciones, etc. El
comportamiento del feto en los últimos meses es como el
de un recién nacido, agarrando, chupando y dando patadas.
Todos estos movimientos son consecuencia de la complejiza-
ción y diferenciación del sistema nervioso.
El desarrollo posnatal del sistema nervioso
El cerebro humano adulto contiene unos cien mil millo-
nes de neuronas. Al nacer, el cerebro tiene un número simi-
lar de neuronas que el del adulto, sobreviviendo la mitad de
las mismas. Solo lo hacen las neuronas que establecen cone-
xiones activas con otras neuronas; el cerebro experimenta
varios procesos de reorganización durante su desarrollo. No
son las propias neuronas las que cambian, sino las sinapsis,
es decir la red de conexiones existente entre ellas.
Durante el primer año de vida, el cerebro humano se mo-
difica de forma muy intensa. Poco después del nacimiento, el
número de conexiones cerebrales comienza a incrementarse
rápidamente, tanto que su cantidad supera los niveles adultos.
Los niños crecen y se desarrollan con ritmos diferentes
y adquieren ciertos aprendizajes y capacidades. Aunque di-
fiera el paso a través de la infancia y de la niñez, la mayoría
atraviesa por una serie de períodos predecibles a lo largo del
Desarrollo del sistema nervioso 161
desarrollo. En condiciones adecuadas, el desarrollo durante
la vida es continuo, progresivo e irreversible: los avances ya
adquiridos en general no se pierden y tienen una secuencia
fija. Para que aparezca una función determinada se requiere
la adquisición previa de una función de base (sentarse, pa-
rarse, caminar).
Algunos principios de la maduración del sistema nervioso
son:
a) la velocidad cambia de acuerdo con las etapas del ciclo
vital (es mayor, por ejemplo, en el primer año y en la
adolescencia);
b) la velocidad del desarrollo normal es diferente de un
niño a otro;
c) la velocidad es distinta de un área a otra en una etapa
dada del desarrollo (un lactante presenta un mayor de-
sarrollo motor, mientras que un niño en edad escolar
presenta un mayor desarrollo cognitivo);
d) el desarrollo progresa en dirección céfalo-caudal: las
funciones complejas como visión, audición, succión, de-
glución se desarrollan primero.
Es importante aclarar que es tan crítico el crecimiento
acelerado de sinapsis como la reducción de las mismas. Estos
procesos que se establecen naturalmente tienen el objetivo
de disminuir el exceso de conexiones que no son funciona-
les para el niño en su ambiente.
Es así como el proceso llamado sinaptogénesis dura cierto
tiempo seguido por el período de “poda” sináptica en el que
las conexiones usadas con mucha frecuencia resultan refor-
zadas y las usadas con poca frecuencia son eliminadas. Esto
se produce a lo largo de un período de varios años y reduce
la densidad sináptica global a los niveles adultos.
El proceso de mielinización también acelera el desplaza-
miento o conducción de los impulsos eléctricos por la neu-
rona y hace más rápida la transmisión de los neurotrans-
misores y las señales que estos transportan. A través de las
162 Adriana Maldonado / Claudio Glejzer
conexiones sinápticas se generan los aprendizajes que son
funcionales a la adaptación del niño a su entorno específico
y a su cultura.
Mielinización
Si bien el proceso de mielinización presenta un período
crítico durante las primeras etapas de desarrollo, este conti-
núa hasta la edad adulta. Uno de los haces motores termina
su mielinización a los 2 años, el cuerpo calloso lo hace en la
adolescencia y la vía de asociación entre la corteza prefrontal
y los lóbulos temporal y parietal lo hace alrededor de los 30
años.
Los lóbulos frontales no pueden cumplir su función eje-
cutiva hasta que no se hayan mielinizado por completo los
circuitos que los conectan con otras regiones del cerebro.
Los procesos de maduración cerebral no actúan simultá-
neamente en todas las regiones del cerebro. Este fenómeno
puede reconocerse entre los 8 y los 12 meses de edad. En los
lóbulos frontales la cantidad de sustancia blanca aumenta
gradualmente desde los 4 a los 13 años, aunque tanto su pro-
ceso de mielinización, como en otras áreas de asociación,
así como los lóbulos temporales y parietales no terminan de
completarse hasta en la edad adulta.
Por esa razón el desarrollo de las funciones cognitivas del
niño depende tanto de la maduración de regiones específi-
cas del cerebro (corteza prefrontal), como de la maduración
de las conexiones (procesos de mielinización).
Poda sináptica
En la infancia se observa un fenómeno de inervación de
numerosas neuronas, esto implica que un niño tiene más
conexiones sinápticas que un adulto, aunque no todas ellas
son funcionales. Por esta razón es necesaria una poda que
Desarrollo del sistema nervioso 163
elimine ciertas sinapsis, lo cual implica que las que se re-
piten se mantendrán, mientras que las que no lo hacen se
eliminarán. En ciertas capas de la corteza prefrontal, el pro-
ceso de poda es continuo desde los 5 hasta los 16 años, lo que
se visualiza como una disminución de la densidad sináptica,
relacionada con los cambios y fluctuaciones de la sustancia
gris observados durante la infancia y la adolescencia.
El número de sinapsis de la sustancia gris frontal aumenta
hasta la adolescencia, etapa en la que alcanza su valor máxi-
mo y, a partir de ese momento, disminuye. Esta disminución
puede ocurrir incluso en la infancia y la preadolescencia.
En síntesis, podríamos decir que la disminución (o poda)
sináptica implica una eliminación selectiva de sinapsis que
es fundamental para el desarrollo cognitivo del niño y el
adolescente.
Figura 6.5. Crecimiento y desarrollo de la red neuronal cerebral durante los
primeros meses de vida (Fuente: Richmond, 2010).
El desarrollo de la corteza prefrontal
Entre los 3 y los 5 años de edad observamos que los niños
mejoran en los comportamientos relacionados con la me-
164 Adriana Maldonado / Claudio Glejzer
moria de trabajo e inhibición, conocidos como paradigmas
de cambio de tarea y su ejecución requiere del desarrollo
de la corteza prefrontal. La actividad de esta región es ne-
cesaria cuando hay que dirigir el foco atencional en una
perspectiva diferente y no dentro de una misma dimensión.
A los 4 años, además de mejorar las actividades de me-
moria de trabajo e inhibición, los niños pueden desarrollar
una “teoría de la mente”, o sea la capacidad de percibir
conscientemente cuál es el pensamiento o intencionalidad
del otro. Por ejemplo, si ven una persona sonriendo pueden
percibir que está enojada a pesar de que se ría. Se basa en
la capacidad que permite explicarnos los comportamientos
de los demás de tal manera que nos resulten consistentes y
que otorguen cierta respuesta al devenir de las acciones de
los otros y al desarrollo de nuestros propios pensamientos.
Este desarrollo podría relacionarse con la maduración del
lóbulo frontal derecho.
Las funciones ejecutivas emergen alrededor de los 6 años
de edad y permiten organizar un comportamiento estratégi-
co y planificado. El desarrollo de esta habilidad no se com-
pleta hasta la primera adolescencia.
Por otra parte, la resolución de problemas va mejorando
gradualmente desde los 6 hasta los 10 años de edad, aunque
la ejecución hasta los 12 años no se puede comparar con la
del adulto. La inhibición o la posibilidad de modular las res-
puestas siguen desarrollándose gradualmente entre los 6 y
los 10 años de edad, alcanzando el máximo a los 12 años. En
cuanto a la fluidez verbal y la posibilidad de diseñar, se trata
de una función más tardía que no completa su desarrollo
hasta la primera adolescencia (12 a 15 años).
Existen 3 estadios en el desarrollo de las funciones ejecu-
tivas: a los 6 años, a los 10 años y en la adolescencia, desde
los 12 años en adelante. La corteza prefrontal es la última en
desarrollarse, por lo tanto es probable que sea vulnerable al
deterioro cerebral temprano. El siguiente cuadro muestra el
Desarrollo del sistema nervioso 165
desarrollo de la corteza cerebral prefrontal que se produce a
los 6 años, a los 10 años y en la adolescencia.
Tabla 6.2.
Etapa madurativa Funciones cerebrales que se desarrollan
6 años Planificación simple
Inhibición simple (de las respuestas motoras automáticas)
10 años Comprobación de hipótesis (pensar que una cosa o
situación se produce de una determinada manera y tratar
de comprobar si es así o no)
Control de impulsos (controlar impulsos de
comportamiento inadecuados)
Más de 12 años Planificación compleja
(adolescencia) Comportamiento dirigido a una meta
Fluidez verbal
Período vulnerable y crítico: importancia del ambiente
La etapa de crecimiento y maduración acelerada del sis-
tema nervioso central (SNC) se considera un “período vul-
nerable” ya que existe una serie de factores ambientales que,
al actuar, pueden producir patrones de daño en distintas
regiones del cerebro. El resultado puede ser, como en el
adulto, la pérdida de funciones adquiridas pero, con mucha
mayor frecuencia, la no adquisición, retraso o desviación en
la adquisición de habilidades.
El desarrollo secuencial y ordenado del sistema nervioso
da origen a otro concepto fundamental, el de “períodos crí-
ticos” o, como se prefiere denominar, “períodos sensibles”.
166 Adriana Maldonado / Claudio Glejzer
Este concepto se refiere a la existencia de momentos deter-
minados en la maduración del sistema nervioso en que se
establecen las condiciones para lograr una determinada fun-
ción. Si las estructuras relacionadas a una función se mantie-
nen privadas de las influencias ambientales necesarias para
su desarrollo, esta no se logra en la forma adecuada, incluso
si estas influencias logran ejercer su acción en un período
posterior, como sucede, por ejemplo, con la adquisición del
lenguaje.
El aprendizaje de un idioma extranjero como segunda
lengua materna es posible solo hasta antes de la pubertad
(período crítico). Posteriormente el aprendizaje es posible,
pero con errores gramaticales y dificultad en el acento.
La desnutrición calórica proteica es uno de los factores
que puede perjudicar el desarrollo cerebral y el aprendizaje.
Esta ocurre cuando los requerimientos corporales de pro-
teínas, sustratos de energía o ambos no pueden satisfacerse
por medio de la dieta. Las deficiencias dietéticas de fuentes
calóricas y de proteínas suelen presentarse al mismo tiempo.
El desarrollo del cerebro del bebé es muy sensible a la
nutrición desde la gestación hasta los 2 años de edad. Es por
esto que los niños desnutridos y mal nutridos que no consu-
men las proteínas y calorías adecuadas para el desarrollo del
cerebro poseen cerebros de menor tamaño debido al cre-
cimiento reducido de las dendritas, la disminución de las
células glías y el proceso de mielinización. Esto explica su
menor capacidad cerebral dificultándose la integración de
estímulos sensoriales, la memorización, el procesamiento de
la información, el mantenimiento de la atención y la resolu-
ción de problemas, a lo que se añade una reducida habilidad
para afrontar situaciones estresantes.
Por otra parte, se afecta el proceso de mielinización
neuronal lo cual provoca una disminución en la velocidad
de conducción de los impulsos nerviosos. Las células más
afectadas son las neuronas y las de la glía. Además de la
Desarrollo del sistema nervioso 167
desmielinización se puede producir degeneración axonal y
reducción de espinas dendríticas.
El niño desnutrido tiene, además, un déficit de aminoáci-
dos esenciales, perjudicando los procesos sinápticos por una
disminución de la producción de neurotransmisores y recep-
tores. Por ejemplo, la serotonina desempeña un importante
rol en el desarrollo cerebral y es modulador de la prolifera-
ción celular en el cerebro. También interviene en diferentes
funciones sensitivas, motoras y de memoria. Por otro lado,
neurotransmisores como el glutamato y el GABA tienen un
efecto regulador y de mucha importancia en los procesos de
memoria y aprendizaje que se ven severamente afectados en
los niños desnutridos. Las consecuencias de este desarrollo
inadecuado del cerebro son:
a) déficits cognitivos;
b) déficits conductuales;
c) retraso madurativo del lenguaje.
El retraso del desarrollo del cerebro inducido por mal-
nutrición calórico-proteica precoz no se recupera completa-
mente.
El acto de alimentar a un niño implica satisfacer su necesi-
dad de nutrientes, pero también tiene una indudable conno-
tación de satisfacción emocional. Actualmente es necesario
considerar los efectos de la desnutrición como uno de los
determinantes del desarrollo, en un marco muy complejo de
interacción de factores biológicos, psicológicos y ambienta-
les. Las alteraciones asociadas a desnutrición, como mayor
número de hospitalizaciones, falta de actividad y consecuen-
te alteración del vínculo madre-hijo, pueden tener efectos
más importantes sobre el desarrollo cognitivo que la falta de
nutrientes en sí misma, especialmente si se asocian a situa-
ciones de negligencia o abuso infantil.
Los datos disponibles apuntan a que mejores dietas en
calidad y cantidad, junto con ambientes estimulantes y la sa-
tisfacción de necesidades básicas, podrían prevenir o mini-
168 Adriana Maldonado / Claudio Glejzer
mizar los efectos tempranos de la desnutrición en el cerebro.
Luego de un daño del cerebro en desarrollo no solo hay
una pérdida de las funciones presentes, sino también una
imposibilidad de realizar funciones cerebrales futuras de
manera que los niños irán retrasándose gradualmente en el
logro de los objetivos de desarrollo cognitivo.
Es importante conocer el desarrollo cerebral en la infan-
cia y adolescencia ya que el impacto de la desnutrición será
diferente según sea que la actividad cognitiva esté emergien-
do, desarrollándose o ya haya sido establecida.
Bibliografía
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Desarrollo del sistema nervioso 169