LES Terminado
LES Terminado
Fecha 24/06/2025
Carrera MEDICINA
Grupo “A”
Docente Dr. PEÑA ZURITA FELIX
Aunque aún se desconoce la causa del lupus, existe evidencia concreta de la influencia
de la genética, la epigenética (cambios en los cromosomas que afectan la actividad
genética), los factores ambientales, los virus y las infecciones. Se espera que los
próximos estudios de estas variables nos ayuden a entender mejor las causas de la
enfermedad, lo que debería llevar a un mejor diagnóstico, pronóstico, prevención y
tratamiento.
pese a que en las últimas décadas han habido grandes avances diagnósticos y
terapéuticos que han incrementado la esperanza de vida , nuevas comorbilidades se han
hallado asociados a la enfermedad o al tratamiento recibido, siendo la fatiga una de las
principales molestias reportadas por los pacientes
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47312022000300016
Puede afectar cualquier órgano y provocar daño importante, discapacidad y muerte. El
inicio juvenil se define cuando comienza antes de los 18 años y representa un 15-20%
del total de pacientes con lu pus eritematoso sistémico (LES). Comparado con el LES
del adulto, el LESJ es más agresivo, con mayores índices de gravedad, incremento en la
toxicidad del tratamiento, que también determina una mayor mor- bimortalidad de la
enfermedad. https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2452-
60532021000300337
2. EPIDEMIOLOGÍA
Afecta predominantemente a mujeres en edad fértil, con una relación mujer/hombre de
9/1. Es habitual su debut entre la segunda y cuarta décadas de la vida, aunque se puede
ver a cualquier edad. Aparece en todas las razas, si bien la enfermedad parece ser más
severa en ciertas etnias, como la negra, o en personas de origen hispano. En EEUU, la
incidencia anual es de 27,5 por millón de habitantes para las mujeres blancas, y de 75,4
por millón en las negras. Un estudio realizado en España (EPISER) ha estimado una
prevalencia del LES de 91/100.000 habitantes. Existe una predisposición genética,
existiendo mayor probabilidad de enfermedad en los miembros de las familias de
enfermos de LES que en la población general. Se ha encontrado asociación con ciertos
genes del complejo mayor de histocompatibilidad.
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reumaticas-actualizacion-svr-2008-capitulo-06.pdf
La incidencia y prevalencia reportada en Estados Unidos es 2,22 y 9,73 por 100 mil
menores de 18 años, respectivamente3. La edad media de presentación es de 13 años,
más frecuente en el sexo femenino, alcanzando una proporción de 9:1 en la
adolescencia.
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3. ETIOLOGIA
La etiología es desconocida, pero sin duda es multi factorial. Las presentaciones
familiares, la alta concordancia entre gemelos univitelinos y mayor gravedad de la
enfermedad en etnias de Asia y África sugieren que factores genéticos tienen un rol
fundamental en la patogenia del LESJ. Se han descrito mutaciones genéticas (lupus
monogénico), polimorfismos y otros factores asociados como la epigenética, que podría
determinar la edad de presentación del LESJ, manifestaciones clínicas, gravedad,
respuesta a tratamiento y pronóstico.
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En su patogenia intervienen diferentes factores genéticos, hormonales y ambientales,
que interaccionan dando lugar a una pérdida de la tolerancia del organismo a sus
propios constituyentes, lo que ocasiona la producción de autoanticuerpos, la formación
de complejos inmunes y finalmente la producción de daño tisular. Con frecuencia se
detectan factores desencadenantes, como la exposición a la luz ultravioleta, las
situaciones de estrés, infecciones o ciertos fármacos. https://svreumatologia.es/wp-
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capitulo-06.pdf
4. MANIFESTACIONES CLINICAS
4.1.-Síntomas constitucionales :
La astenia, anorexia y pérdida de peso son frecuentes, y su presencia sugiere actividad
de la enfermedad. La fiebre, aunque puede estar presente al inicio o durante el curso de
la enfermedad por actividad de ésta, debe siempre alertar por la posibilidad de una
infección concomitante.
4.2Manifestaciones cutáneas:
Las manifestaciones del LES en la piel pueden ser muy diversas. Se clasifican en
específicas e inespecíficas. Dentro de las primeras se encuentra la forma más
representativa: el rash malar o en alas de mariposa (lupus eritematoso cutáneo agudo),
caracterizado por lesiones eritematosas y elevadas de distribución malar. Tiende a
respetar los surcos nasogenianos. Suele estar precipitado por la exposición solar y nunca
deja cicatriz. Se encuentra en el 30% de los pacientes. Pueden también presentarse
lesiones eritematosas escamosas que pueden dejar un área hipopigmentada, en áreas
expuestas pero también en zonas fotoprotegidas, denominadas lupus eritematoso
cutáneo subagudo. Finalmente, son también lesiones específicas las incluidas en el
lupus eritematoso cutáneo crónico, que engloba a las lesiones discoides, el lupus
eritematoso hipertrófico y la paniculitis lúpica. Las lesiones inespecíficas
(fotosensibilidad, aftas orales, nódulos subcutáneos, alopecia) son frecuentes. También
pueden observarse hemorragias en astilla, livedo reticularis, infartos periungueales o
vasculitis leucocitoclástica.
4.3.-Manifestaciones del aparato locomotor
Se presenta al inicio de la enfermedad en un 90% de los pacientes. Pueden ser
solamente artralgias (suelen ir acompañadas de rigidez matutina), o bien oligo o
poliartritis, de grandes y pequeñas articulaciones, que muy raras veces ocasiona
erosiones articulares. Sí es característica la desviación cubital reductible de las
articulaciones metacarpofalángicas, llamada artropatía de Jaccoud, con hiperextensión
de las articulaciones interfalángicas proximales (dedos en cuello de cisne). Las roturas
tendinosas son frecuentes, especialmente en tendón rotuliano, aquíleo y extensores de
las manos.
4.4.-Manifestaciones hematológicas:
Las tres series hemáticas pueden verse afectadas durante el curso de la enfermedad. La
leucopenia, y más concretamente la linfopenia, suelen asociarse a actividad de la
enfermedad, aunque hay que tener en cuenta que ciertos fármacos pueden producirla. La
anemia de proceso crónico es la más frecuente, si bien la más característica es la anemia
hemolítica autoinmune, mediada por anticuerpos calientes de tipo IgG que dan lugar a
un test de Coombs positivo. Puede presentarse con fiebre, astenia y dolor abdominal. En
las pruebas de laboratorio encontraremos una bilirrubina indirecta y una LDH
aumentadas, con descenso e incluso desaparición de haptoglobina. La trombopenia
autoinmune (mediada por anticuerpos antiplaquetas) puede aparecer de forma aislada, o
asociada a otras manifestaciones de la enfermedad. Cuando se asocia a anemia
hemolítica recibe el nombre de síndrome de Evans. El alargamiento del tiempo de
tromboplastina parcial sugiere la presencia de anticuerpos antifosfolípido.
4.5.-Manifestaciones cardíacas:
La pericarditis es la manifestación cardíaca más frecuente. Cursa con dolor precordial,
con o sin roce pericárdico, y puede llegar a ocasionar taponamiento cardíaco. Responde
bien al tratamiento con glucocorticoides. La miocarditis es poco frecuente. Puede
presentarse en forma de trastornos de la conducción, cardiomegalia e insuficiencia
cardíaca. En pacientes con anticuerpos anticardiolipina pueden encontrarse anomalías
valvulares conocidas como endocarditis de Libman-Sacks. La enfermedad coronaria es
muy prevalente en estos pacientes, probablemente con una patogenia multifactorial
(aterosclerosis, corticoides, vasculitis, trombosis, nefritis). Es una causa importante de
mortalidad.
4.6.-Manifestaciones pulmonares:
Las alteraciones a nivel pulmonar y pleural son frecuentes en los pacientes con LES. La
neumonitis lúpica suele presentarse al inicio de la enfermedad, y cursa con disnea
acompañada de tos, hemoptisis o fiebre. La patogenia no está clara, se piensa en un
posible daño de la unidad alveolocapilar. En la radiografía de tórax pueden verse
infiltrados uni o bilaterales, localizados en bases y acompañados frecuentemente de
derrame pleural. La gasometría muestra hipoxemia. Es crucial diferenciarlo de una
infección. La hemorragia pulmonar es menos frecuente. Se presenta de forma similar,
siendo más habitual la hemoptisis. Cursa con descenso del hematocrito, y en la
radiografía de tórax se observan infiltrados alveolares parahiliares.
Debe tratarse de forma inmediata porque el pronóstico es muy malo. El pulmón
encogido ("shrinking lung") es poco frecuente. Aunque se desconoce su patogenia, se ha
sugerido la existencia de una disfunción diafragmática como su posible causa. Cursa
con disnea, y se caracteriza por trastornos radiológicos, consistentes en elevación de
ambos diafragmas con atelectasias laminares, y alteración ventilatoria restrictiva con
disminución de la difusión en las pruebas funcionales respiratorias (PFR). El
tratamiento clásico se basa en corticoides, si bien la fisioterapia puede ser de utilidad.
El síndrome de hipoxemia aguda reversible cursa como una insuficiencia respiratoria
aguda, con radiología normal. Aparece en pacientes muy deteriorados. La hipertensión
pulmonar aparece en menos de un 1% de los pacientes, y su pronóstico es muy malo.
Cursa con disnea progresiva y tos seca. Suele acompañarse de fenómeno de Raynaud y
presencia de anticuerpos anti-RNP. La fibrosis pulmonar aparece de forma insidiosa, a
lo largo de meses. Las pruebas funcionales respiratorias muestran un patrón restrictivo,
y en la radiografía de tórax se puede observar un infiltrado de predominio en ambas
bases pulmonares. La pleuritis es muy frecuente, se describe hasta en un 50% de los
pacientes, uni o bilateral. El líquido pleural suele ser un exudado de predominio
linfocitario, con cifra de glucosa normal e hipocomplementemia, y el título de ANA y
antiDNA suele ser positivo.
4.7.- Manifestaciones gastrointestinales:
Son poco frecuentes. La presencia de dolor abdominal debe hacer pensar en la
posibilidad de peritonitis aséptica (una forma de serositis), trombosis e isquemia
abdominal por vasculitis, o pancreatitis. Puede coexistir una hepatitis crónica activa, si
bien la causa más frecuente de elevación de transaminasas es la propia actividad de la
enfermedad, normalizándose con frecuencia tras el tratamiento esteroideo. Puede
también observarse cirrosis biliar primaria, colangitis autoinmune, hiperplasia nodular
regenerativa y síndrome de Budd-Chiari.
4.8.-Manifestaciones renales:
La afectación renal en el LES es muy frecuente. Un 50% de pacientes presentan
anomalías en la analítica urinaria en el momento del diagnóstico, siendo la alteración
más frecuente la proteinuria (80%); un 40% de pacientes presentarán hematuria o piuria
a lo largo del curso de la enfermedad. Generalmente, estas alteraciones aparecen en los
primeros 6-36 meses de la enfermedad. Por otra parte, la incidencia real de enfermedad
renal en el LES sea probablemente mucho mayor (por encima del 90%). Cuando se
practican biopsias renales a pacientes sin evidencia de alteración, a menudo se
descubren glomerulonefritis mesangiales e incluso glomerulonefritis proliferativas
difusas. El pronóstico en estos casos suele ser favorable mientras la enfermedad siga
silente. La afectación renal en el LES es una de las principales causas de mortalidad y
morbilidad en esta enfermedad. La supervivencia ha mejorado considerablemente
durante los últimos 20 años, gracias al tratamiento con fármacos inmunosupresores. El
daño renal en el lupus es mediado por inmunocomplejos, formados principalmente por
ADNantiADN, si bien pueden incluir agregados compuestos por nucleosomas,
cromatina, C1q, laminina, Sm, La (SS-B), Ro (SS-A), ubiquitina y ribosomas. Los
depósitos en el mesangio y en el espacio subendotelial son proximales a la membrana
basal glomerular (MBG), y por tanto tienen acceso al espacio vascular. Como resultado,
se activa el complemento con la formación de factores quimiotácticos C3a y C5a que
atraen a neutrófilos y células mononucleares. La manifestación histológica de este
proceso es la glomerulonefritis proliferativa focal, difusa o mesangial, que clínicamente
da lugar a un sedimento urinario activo (hematíes, leucocitos y cilindros celulares y
granulosos), proteinuria y con frecuencia un deterioro en la función renal. Los depósitos
subepiteliales, si bien pueden activar el complemento, no tienen influencia sobre las
células inflamatorias, pues les separa la MBG.
El daño, pues, se limita a las células glomerulares epiteliales, y la principal
manifestación clínica es la proteinuria, a menudo en rango nefrótico. Histológicamente,
suele observarse una nefropatía membranosa. El lugar de formación de los complejos
inmunes depende de las características tanto del antígeno como del anticuerpo.
Los complejos inmunes intactos grandes, o antígenos aniónicos, (que no pueden cruzar
la barrera de carga aniónica de la pared glomerular capilar) se depositan en el mesangio
y el espacio subendotelial. Los depósitos subepiteliales se cree que se forman por un
antígeno catiónico que atraviesa la MBG, y un autoanticuerpo dirigido contra los
antígenos de las células epiteliales.
4.8.1:Glomerulonefritis lúpica:
Las lesiones individuales reciben una puntuación de 0 a 3 (ausencia, leve, moderada
y grave). La necrosis/carriorexis y las semilunas celulares se valorarán como 2. Los
índices están compuestos por las puntuaciones de las lesiones individuales en cada
categoría de actividad o cronicidad. Riñón normal o con cambios mínimos (Tipo I) En
este tipo histológico destaca la ausencia de afección renal lúpica
4.8.2.-Glomerulonefritis mesangial (Tipo II):
Representa el 10-20% de casos de nefropatía lúpica. En microscopía óptica se
observa hipercelularidad mesangial en diferentes grados, y expansión mesangial, pero
no lesiones en los capilares glomerulares. Se manifiesta clínicamente por hematuria
microscópica y/o proteinuria; no suele haber hipertensión arterial (HTA) y son
excepcionales el síndrome nefrótico y la insuficiencia renal.
El pronóstico es excelente, por lo que no se requiere tratamiento específico salvo que la
enfermedad avance.
4.8.3.-Glomerulonefritis proliferativa focal (Tipo III):
Representa el 15-30% de los casos. A las alteraciones mesangiales del tipo II, se
suman áreas segmentarias de proliferación endo y/o extracapilar, generalmente
asociadas a depósitos subendoteliales, que afectan a menos del 50% de los glomérulos.
Clínicamente se manifiesta por hematuria y proteinuria en la mayoría de los pacientes,
pudiendo observarse HTA,
síndrome nefrótico y elevación de la creatinina plasmática. Es poco frecuente la
progresión a insuficiencia renal cuando se afectan menos del 25% de los glomérulos, si
bien un daño más extenso (40-50% de los glomérulos), especialmente si se asocia a
áreas de necrosis y semilunas, puede comportarse de forma similar a la
glomerulonefritis proliferativa difusa (Tipo IV).
4.8.4.-Glomerulonefritis proliferativa difusa (Tipo IV):
Es la forma más frecuente (30%) y grave. Se caracteriza por la presencia de
hipercelularidad difusa que afecta a más del 50% de los glomérulos. Se observan
también depósitos subendoteliales que originan el engrosamiento de la pared capilar
glomerular, dándole una apariencia rígida denominada "asa de alambre".
El cuadro clínico se caracteriza por proteinuria de intensidad variable, siendo frecuente
el síndrome nefrótico, con hematuria, HTA e insuficiencia renal. Suele acompañarse de
descenso en las cifras de C3 y C4, y valores elevados del anticuerpo antiDNA nativo.
4.8.5.-Glomerulonefritis membranosa (Tipo V):
Se asocia a depósitos inmunes subepiteliales (globales o segmentarios), que
originan el engrosamiento de la membrana basal. Pueden también encontrarse en el
mesangio. Afecta al 10-20% de pacientes.
Típicamente se manifiesta como síndrome nefrótico, de forma similar a la nefropatía
membranosa idiopática. La microhematuria y la HTA suelen estar presentes, pero la
creatinina plasmática suele ser normal.
Si bien puede presentarse sin otras manfestaciones de lupus, hay ciertos hallazgos
histológicos que sugieren altamente el diagnóstico de lupus y no el de nefropatía
membranosa idiopática: la presencia de estructuras tubuloreticulares en las células
endoteliales, visibles con microscopio electrónico, la concurrencia de depósitos
subendoteliales y mesangiales, y los depósitos inmunes a lo largo de las membranas
basales tubulares, y en los pequeños vasos sanguíneos. En muchos casos, no se requiere
terapia inmunosupresora.
4.8.6.-Glomeruloesclerosis (Tipo VI):
Se caracteriza por la esclerosis global de más del 90% de los glomérulos.
Representa la curación de un daño inflamatorio previo, así como un estadio avanzado de
la glomerulonefritis tipo III, IV o V. Habitualmente los pacientes muestran insuficiencia
renal progresiva sin alteraciones en el sedimento. En esta fase, el uso de
inmunosupresores no va a aportar ventaja alguna.
La transformación histológica de una clase a otra se presenta en un 10-45% de los casos,
generalmente de una nefritis leve a una grave, lo cual suele conllevar aumento de la
proteinuria y de la hematuria. La biopsia renal debe practicarse siempre que exista
sospecha fundada de nefritis, ya que las manifestaciones clínicas son muy similares en
todas ellas, mientras que el pronóstico y el tratamiento son muy diferentes.
Se recomienda realizarla siempre que: la microhematuria y proteinuria sean
significativas, si la función renal empeora, ante la sospecha de microangiopatía
trombótica renal, y ante la sospecha de transformación histológica. En 2004, se publica
una nueva clasificación que pretende sustituir a la actual porque parece más clara y
descriptiva, y además procede de una colaboración entre las sociedades de nefrología e
histopatología.
4.9.-Manifestaciones neuropsiquiátricas:
Las manifestaciones neuropsiquiátricas son frecuentes. Pueden clasificarse como
primarias (mediadas inmunológicamente), o secundarias al daño de otros órganos o al
tratamiento. En 1999, la ACR (The American College of Rheumatology) reunió un
comité de expertos que intentó clarificar las definiciones, eliminar términos confusos y
aconsejar sobre exploraciones complementarias a realizar en caso de sospechar
manifestaciones neuropsiquiátricas.
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5.-Anticuerpos en lupus:
De todos los órganos que pueden resultar afectados en el lupus, se han desarrollado
estudios de forma más intensa en los riñones y la piel, en ambos casos predominan los
fenómenos inflamatorios, el depósito de anticuerpos y factores del complemento.
En 1967 se mostró que los riñones de los pacientes con nefritis lúpica contenían
anticuerpos de DNA de doble cadena nativos, identificados como autoanticuerpos y
conservando la capacidad de unirse a cualquier antígeno, en este caso a las células y
tejidos de los pacientes lúpicos.
Los anticuerpos anti-DNA de doble cadena son los anticuerpos más extensamente
estudiados en lupus, los demás participan en manifestaciones clínicas particularmente
anemia hemolítica autoinmune, trombocitopenia, dermatosis y lupus neonatal.
Los anticuerpos anti-DNA de una sola cadena pueden unirse a las bases púricas o
pirimídicas de DNA, a los nucleósidos, nucleótidos, oligonucleótidos, así como la
cadena de ribosa-fosfato que constituye el esqueleto de una hebra de DNA. Por el
contrario, los anticuerpos anti-DNA de doble cadena sólo pueden unirse a la poliribosa-
fosfato, a los pares de bases de bases desoxiguanosina-desoxicitidina y
desoxiadenosina-desoxitimidina, y a algunas conformaciones especiales de la doble
hélice.
Más que causar inflamación, estos anticuerpos tienden a depositarse en algún tejido sólo
después de que por medio de apoptosis se hayan expuesto los antígenos nucleares de las
células inflamadas.
Los anticuerpos anti-Ro y anti-La fueron descritos por Clark y Reichlin en 1969 y
posteriormente en 1975 por el grupo de Tan, éstos tienen interés porque se asocian a
formas fotosensitivas de lupus y a síndrome de Sjögren. Los antígenos Ro/ SSA y
La/SSB son complejos ribonucleoproteícos de pequeño tamaño, que se localizan en el
núcleo y el citoplasma.
El segundo modelo propone que los anticuerpos anti-DNA de doble cadena, anticuerpos
antinucleosoma o ambos entran al riñón unidos a proteínas y una vez ahí producen un
efecto patogénico directo sobre las células renales, este es un ejemplo de
polirreactividad donde anticuerpos similares pueden unirse a antígenos de diversas
estructuras tan sólo por el hecho de tener formas similares en su superficie también
llamadas epítopos compartidos, que son áreas de carga similares.
Los antígenos blanco (que potencialmente son cualquier estructura) en el riñón son
elegidos principalmente por la presencia de alfa-actinina. Esta proteína es esencial para
mantener el funcionamiento de los podocitos, los cuales son constituyentes de la barrera
de filtración glomerular, con esto se presenta la proteinuria y los cambios histológicos
de glomerulonefritis. Cabe señalar, que los anticuerpos anti-alfa-actinina no son
específicos para lupus y en el caso de esta enfermedad sólo pueden funcionar como
marcador de actividad total
La presencia de autoanticuerpos puede ocurrir en personas sanas sin causar daño, sino
por el contrario pueden brindar un efecto protector. Los autoanticuerpos patógenos de
pacientes con lupus tienen propiedades particulares que les permiten causar enfermedad.
Investigaciones clínicas y estudios de laboratorio principalmente en ratones, demuestran
que los anticuerpos IgG se unen con gran afinidad al DNA de doble cadena para
provocar daño tisular, no así los anticuerpos IgM que tienen menor afinidad.
La producción de estos anticuerpos IgG de alta afinidad está mediada por antígenos
esencialmente por el proceso en el cual los antígenos se unen a inmunoglobulinas en la
superficie de los linfocitos B, lo que resulta ser estimulante para la proliferación celular,
siendo entonces que a mayor grado de afinidad mayor será la proliferación celular. La
presencia de este antígeno estimulante significa un favorecimiento continuo y selectivo
para que las células B se activen y secreten inmunoglobulinas en su superficie, las
cuales son de alta afinidad por este antígeno. En general este proceso mediado por
antígenos puede ocurrir sólo en linfocitos B que han sido previamente estimulados por
linfocitos T, conocido como linfocito T colaborador.
8.-Apoptosis
8.1.-Muerte celular
Las células mueren por necrosis o apoptosis. Esto depende del desencadenante inicial;
las células que mueren normalmente son fagocitadas por macrófagos especializados o
menos frecuentemente por CD inmaduras, o bien por neutrófilos. Si las células
apoptóticas no son eliminadas adecuadamente, llegan a un estado de necrosis
secundaria, frente a lo cual pueden aparecer nuevas reacciones autoinmunes en relación
a los componentes celulares recientemente lisados29,30. De esta manera, la alteración
en la eliminación de células apoptóticas puede jugar un rol importante en la
etiopatogenia de las enfermedades autoinmunes, por ejemplo, el LES.
La muerte celular ocurre en las células que no han alcanzado su tiempo de vida
completo y que por medio de un estímulo externo son forzadas a interrumpir sus
funciones vitales y alterar su integridad física, liberando al ambiente extracelular sus
componentes intracelulares. En general, esto es causado por un patógeno o por estrés
oxidativo. Los fluidos intracelulares así como las proteínas y organelos que se liberan al
exterior pueden gatillar respuestas inflamatorias, las que a su vez pueden dañar los
tejidos.
8.3.-Muerte por apoptosis
Cuando una célula activa su programa de apoptosis, apagando sus redes internas y
activando una serie de reacciones enzimáticas que llevan a la desorganización autolítica
programada, las proteínas, las enzimas y el DNA son clivados internamente. Se
mantiene la integridad de las membranas, previniendo que se liberen los componenetes
intracelulares que podrían dañar los tejidos en forma directa o inducir una respuesta
inmune o inflamatoria. Además de lo anterior, las células apoptóticas sufren cambios
tempranamente a nivel de sus membranas para asegurar que sean reconocidas de
inmediato, y fagocitadas antes que se inicien la necrosis secundaria y la lisis.
Las células apoptóticas envían señales al medio extracelular. Hay señales que favorecen
la fagocitosis. Los receptores de estas señales son redundantes y se encuentran
ordenados de forma jerárquica. Algunos reconocen fases específicas de la apoptosis y
otros son sistemas de reserva o seguridad. Además hay vías de reconocimiento que son
específicas de apoptosis, necrosis, debris celular y otras no.
Cuando los monocitos o las células dendríticas maduras encuentran células apoptóticas,
son estimuladas vía CD36 a producir interleucina 10 (IL-10), también de carácter
inflamatorio. Además de producir citoquinas antiinflamatorias, se suprime la
producción de citoquinas inflamatorias, por ejemplo, factor de necrosis tumoral alfa
(TNF-alfa), IL-1, IL-1235.
Las células apoptóticas fueron inicialmente vinculadas con el LES, cuando se demostró
que los autoantígenos del LES se concentraban dentro y en la superficie de los gránulos
de las células apoptóticas, implicando a la célula apoptótica como una fuente de
antígenos. Dentro de los autoanticuerpos que se unen a las células apoptóticas se
encuentran: anticromatina y antifosfolípidos37,38. Por otra parte, los antígenos en los
cuerpos apoptóticos sufren modificaciones postraduccionales, que podrían resultar en la
producción de antígenos de importancia.
Hay evidencia in vitro como in vivo, acerca del rol tolerogénico de la FS en células B en
desarrollo en la médula ósea.
Existe bastante evidencia para afirmar que las células apoptóticas no son
inmunológicamente neutras, sino que, dependiendo del microambiente en el que el
proceso se lleve a cabo, del tipo de célula presentadora y además de la presencia o
ausencia de señales de peligro, éstas son tolerogénicas, o bien, inmunogénicas.
Tolerancia
Por otra parte, se ha demostrado que tras la ingestión de células apoptóticas, los
macrófagos las fragmentan en pequeños pedazos. Además se ha observado que
disminuyendo la producción de TNF-beta y aumentando la de TGF-alfa.
La fosfolipasa secretora A2lla (sPLA2llA) se une a FS, que sólo se encuentra en las
membranas celulares externas si ha ocurrido flip-flop, generando lisofosfolípidos, que
quedan en la membrana externa48. De esta forma se generan sitios de unión para
pentraxinas como la proteína C reactiva (PCR), lo que a su vez induce la activación de
complemento por la vía clásica, atrayendo neutrófilos que opsonisan con fragmentos del
complemento, aumentando la fagocitosis de estas células.
La PCR también actúa como opsonina interactuando con el receptor Fc. Dados los pasos
descritos, se cree que PCR participa en la opsonización de células apoptóticas tardías48.
La PCR se une también a las membranas y a los núcleos de células necróticas, así como
a histonas y ribonucleoproteínas pequeñas. Existen porciones de éstas que unen PCR en
forma calcio dependiente. Esta unión a moléculas nucleares ocurre en procesos
inflamatorios, pero no en células apoptóticas.
11.-Inmunogenicidad
Aún cuando en términos generales la interacción entre las células apoptóticas y las CPA
pareciera resultar la mayoría de las veces en tolerancia, existe cierta evidencia que
sugiere que los interferones tipo 1 actuarían como señales que cambian el curso de la
interacción hasta la inmunización.
Existen teorías acerca de que existirías circunstancias en las cuales el debris en LES
podría ser exageradamente inmunogénico.
El gen Scl-3 que tiene un rol en el control de la apoptosis, acelera el LES, y además
activa las CD, con aumento de la secreción de citocinas proinflamatorias.
En LES se han encontrado neutrófilos que tienen una respuesta aumentada de apoptosis
frente a TNF-alfa. Por otra parte, las células T mostraron una capacidad disminuida para
iniciar la apoptosis inducida. Tiene potenciales transmembrana disminuidos en las
mitocondrias, que llevan a la depleción de ATP, muerte celular y acumulación de tejido
necrótico.
En las personas comunes así como en los pacientes con LES, la renovación constante de
las células representa un desafío para el sistema monocito-macrófago, que debe eliminar
las células apoptóticas sin provocar inflamación. Los macrófagos cuentan con
receptores para reconocer las células apoptóticas. Las CD también unen e ingieren
células apoptóticas. La mayoría de los receptores de los macrófagos unen FS, que es
expuesta en fases tempranas de la apoptosis, a través de flipasas que las invierten en las
membranas para que queden expuestas.
In vivo, C1q se une a células apoptóticas tardías, y el suero humano depletado de C1q
no permite que los cuerpos apoptóticos sean procesados por los macrófagos en forma
eficiente. La interacción de C1q con los cuerpos apoptóticos lleva a la unión de
pentraxina 3 y la activación del complemento. En pacientes con déficit homocigótico de
C1q se desarrolla en LES en un 86%.
12.-Citocinas y lupus
El rol del TNF-alfa en lupus es controvertido, esta citocina puede ser protectora en ellos.
En algunas pacientes con artritis reumatoide que han sido tratadas con anticuerpos anti-
TNF alfa desarrollaron anticuerpos anti-DNA de doble cadena y algunos desarrollaron
lupus. Se ha demostrado que el balance del TNF-alfa y su inhibidor soluble es alterado a
favor de este último en lupus activo, esto apoya la idea de que la actividad disminuida
del TNF-alfa es asociada con un incremento en la actividad lúpica.
En contraste, el nivel de RNA mensajero del TNF-alfa es alto en biopsias renales de
pacientes con nefritis lúpica; en un estudio se le administraron anticuerpos anti-TNF
alfa (infliximab) a 6 pacientes con lupus, obteniendo resolución de la artritis en 3 de
ellos y reducción de la proteinuria del 60% en 4 de ellos.
13.-DIAGNOSTICO:
El diagnóstico se basa en los síntomas que cuenta el paciente, la exploración física y la
analítica. En los análisis de sangre es frecuente que el número de leucocitos, linfocitos y
plaquetas este más bajo de lo normal. Prácticamente el 100% de los pacientes presenta
anticuerpos antinucleares; cuando son negativos prácticamente se excluye la existencia
de esta enfermedad. Hay otros autoanticuerpos más específicos del lupus, como los
llamados anticuerpos anti-DNA o anti-Sm, cuya presencia permite confirmar el
diagnóstico. La presencia de anticuerpos antifosfolipídos también ayuda a diagnosticar
el lupus.
− Fiebre.
− Erupción cutánea eritematosa.
− Poliartritis.
− Signos de enfermedad renal.
− Dolor pleural intermitente.
− Leucopenia e hiperglobulinemia con anticuerpos anti-ADN de cadena doble.
− El LES en fase inicial puede ser difícil de diferenciar de otras enfermedades del tejido
conjuntivo y se puede confundir con una AR si predominan los síntomas articulares.
Pronóstico
− Cuanto más grave sea la enfermedad, mayor será el riesgo de complicaciones
yatrogénicas por la medicación.
− Puede producirse infección por la inmunosupresión y coronariopatía por el uso
crónico de corticoides.
− En general, la evolución del LES es crónica y recidivante, aunque suelen existir a
menudo períodos largos de remisión (años).
− Una vez controlada la fase aguda inicial, el pronóstico a largo plazo suele ser bueno.
− Las recidivas son raras tras la menopausia, aunque puede presentarse un LES de
inicio tardío que suele ser difícil de diagnosticar.
− La supervivencia a 10 años en los países desarrollados es mayor al 95%
14.- TRATAMIENTO:
− El tratamiento del LES depende de sus manifestaciones y su gravedad. Para
simplificar la terapia se debe clasificar el LES como: LEVE, cuando los pacientes
presentan:
− Fiebre.
− Artritis.
− Pleuritis.
− Pericarditis.
− Cefalea.
− Erupción cutánea.
− GRAVE, cuando los pacientes presentan:
− Anemia hemolítica.
− Púrpura trombocitopénica.
− Afectación pleural y pericárdica masiva.
− Lesión renal grave.
− Vasculitis aguda de las extremidades o el tracto GI
− Afectación intensa del SNC.
Tratamiento Médico:
Antiinflamatorios. Alivian el dolor de la artritis y pueden suprimir otros síntomas
leves, como los dolores musculares y algunas pleuritis o pericarditis.
Corticoides. Siguen siendo los medicamentos más importantes para controlar muchos
de los síntomas que aparecen en el lupus. Prácticamente todas las complicaciones de
esta enfermedad, son susceptibles de ser tratadas con éxito con los corticoides.
Antipalúdicos. Estos medicamentos se emplean en el lupus para el tratamiento de la
artritis, de algunas lesiones de la piel y para cuando existen síntomas pleurales y
pericárdicos.
Inmunosupresores. Los más utilizados son la azatioprina y la ciclofosfamida. Estos
medicamentos se emplean únicamente cuando hay complicaciones importantes de la
enfermedad, especialmente en el riñón.
CONCLUCION
El estudio del Lupus Eritematoso Sistémico (LES) permite comprender la complejidad
de esta enfermedad autoinmune que afecta múltiples órganos y sistemas del cuerpo. A
lo largo del trabajo, se ha evidenciado que su diagnóstico temprano y el tratamiento
oportuno son fundamentales para mejorar el pronóstico del paciente y evitar
complicaciones graves. Si bien el LES no tiene cura, los avances médicos han permitido
desarrollar terapias que mejoran significativamente la calidad de vida de quienes lo
padecen. Además, el enfoque integral y el acompañamiento médico continuo son
esenciales para el control de la enfermedad. Es importante seguir fomentando la
investigación, la educación y la concientización sobre el LES para lograr un mejor
manejo clínico y mayor apoyo social a los pacientes.