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Pedro Apóstol

El apóstol Pedro, hijo de Jonás y hermano de Andrés, fue un pescador de Galilea que se convirtió en uno de los discípulos más cercanos a Jesús, siendo testigo de eventos clave como la transfiguración y la resurrección. Su ministerio en la iglesia primitiva fue fundamental, destacándose por su valentía al predicar y liderar, así como por su papel en la inclusión de los gentiles en el cristianismo. A pesar de sus debilidades, Pedro es considerado un pilar del cristianismo, con un enfoque pastoral hacia los creyentes dispersos y una firme esperanza en la segunda venida de Cristo.
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Pedro Apóstol

El apóstol Pedro, hijo de Jonás y hermano de Andrés, fue un pescador de Galilea que se convirtió en uno de los discípulos más cercanos a Jesús, siendo testigo de eventos clave como la transfiguración y la resurrección. Su ministerio en la iglesia primitiva fue fundamental, destacándose por su valentía al predicar y liderar, así como por su papel en la inclusión de los gentiles en el cristianismo. A pesar de sus debilidades, Pedro es considerado un pilar del cristianismo, con un enfoque pastoral hacia los creyentes dispersos y una firme esperanza en la segunda venida de Cristo.
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APÓSTOL PEDRO.

Era hijo de Jonás (Mt. 16:17; Jn. 1:42), casado (Mt. 8:14; Mr. 1:30; Lc. 4:38; su
esposa lo acompañaba aún en la época apostólica, 1 Co. 9:5), hermano de Andrés y,
probablemente como éste, afectado por el ministerio de Juan el Bautista (Jn. 1:39s.; Hch.
1:22). Los evangelios lo consideran oriundo de una ciudad a la orilla del Mar de Galilea,
donde ejercía con su hermano y algunos socios el oficio de pescador (LC. 5:10). Quizás
había tenido contactos con la cultura helénica y había aprendido el griego, pero conservaba
el acento galileo de su arameo materno (Mr. 14:70). Es considerado un pescador rudo,
hombre de pueblo, sin especial instrucción (Hch. 4:13), aunque no hay por qué dudar de
que supiera leer y escribir.

Pedro, discípulo de Jesús

Pedro probablemente conoció a Jesús por intermedio de Andrés (Jn. 1:41), su


hermano, casi al comienzo del ministerio en Galilea (Mr. 1:16s.). Después fue agregado al
grupo íntimo de los doce (Mr. 3:16ss.), en cuya lista siempre ocupa el primer lugar (Mt.
10:2; Mr. 3:16; Lc. 6:14). Jesús le llamó Cefas (= Pedro) desde el comienzo (Jn. 1:42);
Marcos lo llama siempre Pedro a partir de 3:16, y no hay razón para pensar que este
nombre se originara en Cesarea (Mt. 16:18).

Forma parte del grupo de los tres más íntimos de Jesús (Mr. 5:37; 9:2; 14:33). A
menudo actúa en nombre de los doce (Mt. 15:15; 18:21; Mr. 1:36s.; 8:29; 10:28; 11:21;
14:29ss.; Lc. 5:5; 12:41). Su confesión en Cesarea es representativa (Mr. 8:27, 29), pues la
pregunta fue dirigida a todos. Fue testigo de la transfiguración (Mr. 9:1; cfr. 1 P. 5:1; 2 P.
1:l6ss.). Su jactancia en Mr.14:29ss. quizá sea también representativa. Su debilidad es tan
evidente como sus promesas de lealtad (Mr. 14:66ss.) y los evangelios no la soslayan.

El mensaje de la resurrección señala especialmente a Pedro (Mr. 16:7) y es él quien


recibe una manifestación especial del resucitado (Lc. 24:34; 1 Co. 15:5). Aunque su papel
en el cuarto evangelio sea más atenuado y el discípulo amado juegue un papel más
importante, la intervención de Pedro siempre aparece decisiva (Jn.6:68s.; 21:15-19).

El episodio narrado en Mt. 16:17ss. ha sido uno de los pasajes más debatidos,
particularmente la sentencia del Señor: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi
iglesia.» No hay razón suficiente para dudar de la autenticidad de este pasaje, como algunos
han pretendido, ni para ubicarlo en otro contexto, como han hecho otros.

Dos interpretaciones, ambas muy antiguas, se nos ofrecen como verosímiles: 1) La


roca es lo que Pedro confiesa con sus labios, es la fe en la misión divina y mesiánica de
Jesús, la base sobre la cual Cristo edificará la iglesia cristiana, «el resto de Israel» que
resistirá los embates de la persecución y las asechanzas del mal. «La roca es la fe de
Pedro», según Orígenes y otros Padres de la Iglesia.

La segunda interpretación es más simple (Mt. 16:19 aparece en singular y tiene que
haber sido dirigida al mismo Pedro). Debe quedar absolutamente claro, sin embargo, que
esta interpretación (y el pasaje en cuestión) no tiene ninguna relación con la idea de una
sucesión apostólica (la función que Pedro recibe es en pro de la fundación de la Iglesia y,
por tanto, irrepetible), ni con una autoridad absoluta («el poder de las llaves» es atribuido a
los doce: Mt. 18:18) y reside en el anuncio de Jesucristo como el Hijo de Dios; no es una
autoridad jurisdiccional (cfr. Is. 22:22; Mt. 23:13; Ap. 1:18; 3-7; 21:25).

Cefas, Pablo, Apolo, Santiago y Bernabé (1 Co. 1:12; 9:5-6) son dirigentes de las
primitivas comunidades cristianas, cada uno con su ministerio característico bajo el mismo
Cristo. Cada uno de ellos tiene un campo de predicación que se acomoda a su personalidad
y formación y que se basa en su fe en Cristo. Pedro fue como un eslabón de diálogo entre
las comunidades judeocristianas y la nueva realidad del cristianismo predicado a los
gentiles por el ardor misionero de Pablo (Ga. 1:17-24). Su formación le acercaba más al
«apostolado de la circuncisión» (Ga. 2:7-10), pero su carácter dado a contemporizar y a
identificarse diplomáticamente con su interlocutor le ponía en situaciones difíciles a veces
(GA. 2:11-14) que Pablo, más integro, le reprocha delante de los demás (Ga. 2:14).

El ministerio de Pedro

Pedro desarrolló desde el principio un ministerio vital de animación en el


cristianismo primitivo, así nos lo describe la primera parte del libro de los Hechos de los
Apóstoles. Después de la muerte de Judas presidio la elección de su sucesor a su ministerio
(Hch. 1:15-26). El día de Pentecostés valientemente habló a las masas y su sermón fue
causa de la conversión de unas tres mil personas (Hch. 2:41). Pedro argumentó su
presentación de Jesús con citas del Antiguo Testamento que iluminaban los hechos
sucedidos en torno a Jesús y la continuación del pueblo de Dios en la iglesia cristiana.

Después de Pentecostés Pedro curó a un hombre en la «puerta Hermosa» del templo (Hch.
3:1-10), y predicó otro sermón (Hch. 3:11-26) que causó la detención de Juan y la suya
(Hch. 4:1-3). La mañana siguiente Pedro habla valientemente ante el sanedrín (4:5-22). En
el episodio de la muerte de Ananías y Safira explica el porqué del castigo divino (5:1-11).
Pedro y Juan continúan el trabajo con la iglesia en Samaria después de la etapa de
evangelización iniciada por Felipe (8:14-28), y fue aquí cuando tuvo lugar el reproche de
Pablo. Luego, Pedro cura a Eneas (9:23-34) y hace la resurrección de Dorcas (9:36).

Después de la ejecución, por Herodes Agripa, de Santiago el Mayor (año 44), Pedro
fue también detenido, pero milagrosamente liberado (12:3-19). Entonces «marchó a otro
lugar» (12:17), indicación que desgraciadamente no puede precisarse con más exactitud. En
todo caso, en el año 49/50 Pedro está de vuelta en Jerusalén y habla ante el concilio de los
apóstoles (Hch. 15:7). Este decidió la cuestión de los cristianos de la gentilidad; de los
judeocristianos no se dijo nada. Aunque judeocristiano personalmente, Pedro no se atuvo a
la ley mosaica, sino que trataba, sin más, con los cristianos de ha gentilidad en Antioquia y
comía con ellos sin atender a las leyes del Antiguo Testamento sobre alimentos. Mas, al
llegar judeocristianos de Jerusalén, cambió y observó ha ley mosaica por razones de
oportunidad. Es segura ha tradición que afirma que Pedro proveyó información para el
evangelio de Marcos.
El Nuevo Testamento nunca pone a Pedro en relación con Roma; la primera
afirmación en tal sentido viene de la primera epístola de Clemente Romano a los Corintios
(años 88-97), donde se afirma que Pedro murió ejecutado juntamente con Pablo durante las
persecuciones del emperador Nerón. La estancia de Pedro en Roma, Si tuvo lugar fue al
final de sus días y no ciertamente muy larga. Cuando Pablo escribió su carta a los
Romanos, Pedro ciertamente no estaba en la capital del Imperio. Dos discípulos de Pedro
en contacto con la iglesia de Roma eran Silvano y Juan Marcos, el autor del evangelio que
lleva su nombre. Existen varios lugares que afirman ser la tumba de Pedro. La evidencia
aportada hasta el presente —aun en las recientes excavaciones en el Vaticano— no da base
para concluir que Pedro haya sido enterrado en lo que es hoy la actual Basílica de S. Pedro.
Aun después de la construcción por Constantino de una basílica dedicada a Pedro en el
monte «Is Vaticano», existían en Roma otros lugares que se suponían como la tumba del
apóstol.

Pedro, el hombre de fe ardiente, de pasión dedicada a la causa de Cristo, amigo


generoso de Jesús que dejó todo para seguirle, fue uno de los pilares escogidos por Cristo
para predicar el cristianismo, a pesar de su superficial entusiasmo y de su carácter
contemporizador y que se acomodaba fácilmente a las presiones del más fuerte. Sus
enseñanzas y sus hechos fueron pilares para la construcción del cristianismo naciente.

Otras notas sobre Pedro, el apóstol

No se puede dudar de la posición tan importante de Pedro en la iglesia. El Espíritu


Santo lo constituyó en el portavoz de los discípulos el día de Pentecostés. Fue enviado por
el Señor a la casa de Cornelio para abrir la puerta de la salvación a los gentiles. Al leer el
libro de Hechos nos damos cuenta de que los creyentes de la iglesia primitiva seguían el
liderazgo de Pedro. Es cierto que tuvo algunas fallas, pero sus epístolas muestran que en
verdad poseía un corazón pastoral. Una de sus mayores preocupaciones eran los cristianos
que se encontraban dispersos por el mundo. Pedro también estaba profundamente
interesado en orientar a los que estaban frente a las congregaciones. Considerándose un
"anciano" como ellos, hablaba como uno que estaba bien relacionado con los problemas de
otros pastores. El estaba consciente de las pruebas y peligros a los que estaban expuestos
los líderes cristianos. Sabía de las presiones que hay sobre los creyentes y buscaba la forma
de exhortarlos, orientarlos y alentarlos. La verdad de la segunda venida de Cristo estaba
siempre viva en la mente de Pedro. Ponía la esperanza como base para llamar a los
cristianos a estar alertas y ser valientes cuando la vida les fuera adversa. Una cosa que no
podía olvidar era la incesante actividad del diablo, ya que él mismo había sido objeto de
ataques directos del malvado enemigo (1 Pedro 5:8-11).

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