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Las Ideas Tienen Historia: Del Geocentrismo Al Heliocentrismo

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Actividad 11: Para profundizar. La Tierra se mueve de muchas formas


La Tierra realiza muchos movimientos. Algunos son evidentes y tienen efectos directos en la vida cotidiana,
mientras que otros solo pueden detectarse mediante observaciones sistemáticas.

Los movimientos más notorios son: la rotación (que produce el día y la noche), la traslación (responsable de
las estaciones), la precesión (un lento cambio en la orientación del eje terrestre) y la nutación (oscilaciones
menores superpuestas a la precesión).

El planeta gira sobre sí mismo (rotación) y da vueltas alrededor del Sol (traslación). Pero, además, se mueve
con todo el Sistema solar por el espacio, porque el Sol también viaja alrededor de la galaxia.

La Vía Láctea, la galaxia de la que forma parte la Tierra, no está quieta: gira y se desplaza junto a otras
galaxias cercanas. Y todo este grupo se mueve dentro del universo, que desde el Big Bang no deja de
expandirse.

Así, la Tierra no solo se mueve, sino que viaja junto con todo el sistema solar y la galaxia.

Las ideas tienen historia: del geocentrismo al heliocentrismo


Desde la antigüedad, las personas han observado el cielo en busca de patrones y regularidades en los
movimientos del Sol, los planetas y las estrellas. Algunas de estas observaciones sistemáticas dieron
origen a la astronomía. Con el tiempo, muchas ideas fueron cambiando hasta llegar al estado actual del
conocimiento astronómico como disciplina científica.

El cielo también se piensa: breve historia de la astronomía


Los primeros registros sistemáticos de observaciones astronómicas que se conocen provienen de la
civilización babilónica. Hace más de 2000 años, los babilonios elaboraron meticulosos catálogos de estrellas y
detallados registros del movimiento de los planetas, con el objetivo principal de realizar predicciones con fines
prácticos.

Tablilla de arcilla con inscripciones astronómicas de los babilonios. Fuente de imagen: British Museum, Wikimedia Commons.

En la antigua Grecia este conocimiento fue retomado y transformado. Además de predecir los fenómenos
celestes; se comenzaron a buscar explicaciones sobre por qué ocurrían. A partir de esa búsqueda, la
astronomía se fue configurando como un sistema explicativo construido para dar sentido a lo que se
observaba en el cielo.
El modelo geocéntrico: la Tierra en el centro
En la Antigua Grecia se consideraba que la región supralunar (el espacio más allá de la Tierra) representaba
la máxima expresión de perfección: un cosmos ordenado, eterno e inalterable; mientras que el mundo
sublunar (la Tierra) era imperfecto y cambiante. En su cultura, la esfera –con su simetría absoluta– era la
forma divina por excelencia y esta convicción estructuró su comprensión del universo.

Bajo este sistema de pensamiento, representaban el universo como una serie de esferas perfectas y
transparentes dispuestas en capas concéntricas, similar a una estructura cósmica en forma de cebolla. En
el centro se hallaba la Tierra, inmóvil y rodeándola giraban esferas cristalinas superpuestas: en las capas
internas se encontraban el Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y
Saturno), mientras que en la última esfera, la más externa, se encontraban las estrellas que encerraban al
conjunto.

Fuente: Andreas Cellarius, Wikimedia Commons.

Esta teoría, conocida como geocentrismo (término que significa "la Tierra en el centro"), no solo constituía un
modelo astronómico, sino la materialización de su filosofía: la búsqueda de la armonía en lo eterno.

Claudio Ptolomeo, destacado astrónomo que vivió hace casi 2000 años, realizó aportes cruciales al
modelo geocéntrico. En su obra Almagesto, desarrolló métodos matemáticos meticulosos para predecir el
movimiento de los astros. Se basó en los estudios de otro astrónomo, Hiparco, y los complementó con sus
propias observaciones.

A diferencia de los filósofos griegos que buscaban explicaciones causales, Ptolomeo se concentró en
desarrollar un sistema de cálculo práctico. Su modelo lograba predecir con notable precisión las órbitas de
los cinco planetas visibles (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), así como del Sol y de la Luna y se
mantuvo en uso durante 1400 años.

Hace aproximadamente 1500 años, con la caída del Imperio Romano, el centro del saber se desplazó hacia
Oriente. Allí, quienes estudiaban el cielo realizaron tres contribuciones fundamentales: preservaron los textos
griegos mediante traducciones, perfeccionaron los instrumentos de observación y ampliaron el estudio de los
fenómenos astronómicos.

Siglos más tarde, este conocimiento regresaría a Europa y sentaría las bases para el desarrollo de la
astronomía como disciplina científica.
El modelo heliocéntrico: el Sol en el centro
En 1543, el astrónomo Nicolás Copérnico presentó el modelo heliocéntrico (que significa "Sol en el centro")
en el libro Sobre las revoluciones de los orbes celestes. Según esta teoría, la Tierra y los demás
planetas giran alrededor del Sol en círculos perfectos.

Fuente: Wikimedia Commons.

La idea de Copérnico no era completamente nueva. Casi 1800 años antes, el astrónomo griego Aristarco
ya había propuesto una teoría similar, que en su época no fue aceptada.

Copérnico buscaba un sistema más simple y ordenado que el geocéntrico. Su propuesta, el heliocentrismo,
en teoría parecía más sencilla. Sin embargo, al mantener la idea de órbitas circulares perfectas, debió
introducir varios ajustes para que sus cálculos coincidieran con las observaciones, lo que volvía su modelo
tan complejo como el de Ptolomeo.

Galileo Galilei (1564-1642) fue un importante defensor del modelo copernicano y contribuyó a su difusión. Sus
aportes fueron decisivos por dos razones principales: realizó observaciones clave con el telescopio y formuló
sólidos argumentos a favor del heliocentrismo.
Galileo presenta al Senado veneciano las posibilidades del telescopio desde el campanario de San Marcos. Pintura de Giuseppe Bertini
(1858), Villa Ponti, Varese. Fuente de imagen: Giuseppe Bertini, Wikimedia Commons.

Con el telescopio, Galileo observó cráteres y montañas en la Luna, manchas en el Sol, que Venus
presentaba fases como la Luna, y que alrededor de Júpiter orbitaban cuatro Lunas. Utilizó estos hallazgos
como evidencia de que no todos los cuerpos celestes giraban alrededor de la Tierra y de que la región
supralunar no era perfecta ni inalterable, como sostenía el modelo geocéntrico.

Observaciones manuscritas de Galileo Galilei de Júpiter, sus cuatro Lunas y estrellas. Fuente de imagen: Wikimedia Commons.
Dibujos de las fases de la Luna de Galileo Galilei. Fuente de imagen: Wikimedia Commons.

Representaciones de las fases de Venus de Galileo Galilei. Fuente de imagen: Wikimedia Commons.

A pesar de contar con personas que defendían estas ideas y cierta evidencia favorable, el modelo
copernicano aún presentaba dificultades para ajustar sus predicciones a las observaciones. La solución
llegó en 1609, cuando Johannes Kepler (1571-1630) publicó su obra Astronomía nueva. Sobre la base de
los detallados registros astronómicos de Tycho Brahe (1546-1601) y en complicados cálculos matemáticos,
Kepler concluyó que los planetas no seguían órbitas circulares, sino trayectorias elípticas alrededor del Sol.

Todavía quedaba una pregunta importante por responder: ¿qué mantiene a los planetas en sus órbitas?
Años más tarde, Isaac Newton daría la respuesta.

Este breve recorrido histórico muestra cómo el conocimiento astronómico fue cambiando en el transcurso
del tiempo, ya sea mediante la aparición de ideas completamente nuevas que reemplazaron teorías
anteriores, o a través de modificaciones graduales en los modelos existentes.

En la actualidad se sabe que el Sol no ocupa el centro del universo, sino que es una estrella más dentro
de una galaxia entre muchas otras, y que todo el sistema solar se desplaza dentro de esta vasta
estructura galáctica.

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