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El capítulo describe una intensa y apasionada conexión entre dos personajes, marcada por momentos de deseo y entrega física. A medida que se desarrolla la relación, se revela que uno de ellos está en un cuerpo en coma, lo que añade una capa de complejidad emocional a su vínculo. La narrativa culmina con una mezcla de intimidad y sorpresa, dejando a los personajes en un estado de vulnerabilidad y conexión profunda.

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El capítulo describe una intensa y apasionada conexión entre dos personajes, marcada por momentos de deseo y entrega física. A medida que se desarrolla la relación, se revela que uno de ellos está en un cuerpo en coma, lo que añade una capa de complejidad emocional a su vínculo. La narrativa culmina con una mezcla de intimidad y sorpresa, dejando a los personajes en un estado de vulnerabilidad y conexión profunda.

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CAPITULO 47

MOSAICO DE CORAZONES ROTOS


Un escalofrió de placer sacudió mi vientre. Con una gigante sonrisa lo tomé de sus
dedos, y lo desgarré con mis dientes. Las ganas de tenerlo dentro, moviéndose,
sintiendo nuestras pieles rozándose, su aliento agitado susurrando en mi oído, me
consumía fuertemente.
Enterró su rostro en mi cuello, dejando calientes besos. Abrí la presilla de su pantalón y
metí mi mano dentro. Su largo sexo se movió siguiendo mis caricias. Estaba grueso,
caliente y muy alzado, listo para zambullirse dentro. Soltó un gruñido detrás de mí
oreja, y un estremecimiento me recorrió.
Pase mis dedos por su cabello atrayendo su boca a la mía. Su lengua ardiente me
exploro como si fuera la primera vez. Me beso con hambre, devorando mis labios.
Me separe de golpe. El deseo y el hambre en sus ojos alzaron un fuego por mi
entrepierna, haciéndome entrar, literalmente, en llamas. Con mis manos aun
manipulándole, le coloque el condón.
Me miro confundido y expectante cuando me levanté de sus piernas, y temblorosa
retrocedí. Me abrí el pantalón, y con un contorneó lento y sensual deslicé la cintura por
mis caderas sabiendo que lo tenía enganchado a cada movimiento. Soltó otro gruñido
bajo, y me sonreí gustosa. Lo deje caer hasta mis tobillos, y dado que hace tiempo no
usaba ropa interior, estaba lista.
Separando mis piernas, dije: -Pasa tus pies entre mis tobillos.-
Pasó sus pies dentro del arco de mis piernas, y camine hasta él, con la mirada fija en sus
ojos de plata. Sus manos calentaban la piel de mi trasero a medida que me acercaba.
Pegue mi vientre a su pecho, y levanto su rostro al mío uniendo nuestros labios.
El beso fue lento y dulce, degustándonos despacio y sin prisa. Sus manos se cerraron
alrededor de mis nalgas, amasándolas, volviendo loca mis terminaciones nerviosas.
Despacio empujo mis caderas abajo, y me empalo lentamente. Jadee en sus labios.
Sentirlo dentro siempre era una intrusión deseada, abriéndome, expandiéndome,
sintiendo su carne caliente pulsar alrededor de mi humedad, era de por si éxtasis puro.
Cuando la cúpula de su pene toco mi núcleo me convulsioné de placer. Ambos con la
respiración entrecortada y pesada, nos miramos a los ojos.
Comencé a montarle con ritmo controlado mientras me perdía en sus ojos. Su mano
derecha serpenteo por mis costillas, y deslizo se pulgar bajo la taza de mi corpiño
rozando con la yema de su dedo mi pezón, haciéndolo rebotar.
-Ahhhh...-jadee sin poder contenerme. Su otra mano continuaba en mi nalga
manteniéndome quieta sobre su regazo. Comencé a acelerar el balanceo de mis caderas.
Rodeé su cuello con mis brazos, enterrando mi rostro en su hombro amortiguando los
gemidos de mi boca sucumbiéndome a las delicias que me hacía. Su aliento forzado
susurraba en mi oído mientras continuaba penetrándome frenéticamente.
La áspera tela de sus jeans y los dientes del cierre de su cremallera raspaban mis labios
íntimos incrementando el cegador placer. Podía sentir el orgasmo alzarse violentamente
a punto de estallar. Podía sentirlo en él también, moviéndose cada vez más rápido,
perdido en el frenesí, sujetándome las caderas fuertemente contra su entrepierna,
frotándose con fuerza.
Un estremecimiento me recorrió, y me tense. El orgasmo se soltó, arrasándome,
sacudiéndome hasta la punta de los pies.-Ahhhh...-gemí contra su cuello.
Dio un último embiste, y soltando una respiración brusca permaneció quieto
apretándome contra su ingle, y se liberó.-Ughhh.-
Nuestros pechos chocaban con cada acelerado y desesperado intento por llenar de
oxígeno los pulmones. Me sentía completamente débil, pero muy satisfecha.
Alce mi cabeza de su hombro, y sus ojos atraparon los míos. Sus pupilas estaban
abiertas, completamente dilatadas. Me tomo del cuello acercando mi rostro al suyo. Me
dio un beso suave y caliente antes de volver a separarnos. Apoye mi frente en la suya
mientras nuestras respiraciones llenaban el aire.
Estando tan cerca mirando directamente a sus ojos, sentía que no importaba cómo
sucedió, o porqué tenía que ser así, todo ocurrió para llegar a este punto, para estar
frente al amor verdadero.
Aparte suavemente un mechón rubio de sus ojos, y me dio una sonrisa adorable
haciendo brincar aún más fuerte mi corazón.
Queriendo quedarme así por siempre, pero sabiendo que hacerlo levantaría sospechas,
despacio me levante de sus caderas, y su pene se resbaló vacío entre sus piernas. Sus
manos continuaban sobre mi trasero, impidiéndome moverme.
Me forcé hacia atrás, y sus manos aflojaron la tensión, dejándome ir. Me deslice de su
regazo mientras él continuaba mirándome con rostro embriagado. Me sonreí, y
parpadeo saliendo de su trance. Se limpió arrojando el condón en el cesto de la basura, y
se cerró el pantalón.
Terminé de abotonar mi jean, y con voz áspera susurro:- Sal tú primero.- Asentí sin
poder formar palabra alguna.
Me giré a la puerta cuando su mano se cerró alrededor de mi brazo. Volteándome de
nuevo su rostro cubrió el mío capturando mis labios. Parpadeé sorprendida un segundo,
y luego le devolví el beso.
Cerré los ojos deleitándome con su boca moviéndose lento sobre la mía. Su mano
acariciaba mi cuello, subiendo a mi nuca mezclándose en mis rizos inclinando mi rostro,
profundizando el beso.
Se apartó, y me lamí los labios saboreando su beso. Abrí lentamente los ojos
encontrándomelo observándome. El brillo del calor aún zumbaba en sus ojos.
Sus labios se estiraron en esa sonrisa arrogante que me robaba el corazón y dejo ir mi
brazo. Me volví a la puerta sintiéndome completamente afectada y mareada por él, y
salí.
Afuera estaba todo muerto, literalmente, no había movimiento, sonido, ni azafatas a la
vista, todo estaba calmo con el único sonido de un ronquido grueso y resonante.
Con las piernas débiles me desplome en mi asiento. Cerré mis ojos disfrutando los
últimos restos de éxtasis desvaneciéndose lentamente. Unos minutos más tarde, el
asiento a mi lado se hundió, y su brazo se apretó alrededor mío. Su aroma mentolado me
rodeo, y me acomode en su pecho sintiendo una enorme felicidad en mi corazón.
Me sorprendía que todavía pudiera estar dentro de este cuerpo. Según él, no podía durar
mucho tiempo dentro de ellos porque la verdadera alma lo reclamaba.
Abrí mis ojos, y vi su mano manipulando la pantalla en el respaldo pasando el catálogo
de películas.
-¿Cómo haces para estar todavía en este cuerpo?-pregunte en un susurro.
-¿Mnn?-murmuro distraídamente.
-Hace tiempo que estas en este cuerpo, ¿no te reclama que lo abandones?-
-Ah, no, este no...Es diferente.-
-¿Qué lo hace diferente?-pregunte mirando su dedo seleccionar la película de “The
post”.
-Estar en coma.- contesto, y se volvió al notar mi silencio. Sus ojos miraban dentro de
los míos cuando contesto: -Este cuerpo está en coma.-
Abriendo los ojos enormes, espete:-¡¿Qué?!- Una de las azafatas pelirrojas se asomó de
la cabina, y me chisto con un dedo en los labios. Mordiéndome la lengua, en voz baja,
continúe:- ¿Qué quieres decir?-
-Sabía que necesitaba un cuerpo que no me causara problemas. Visite los hospitales, y
este era fácil de tomar.- explico con calma.
-¿En…En un hospital?-repetí aturdida. Ósea, que está persona con la que he...No,
hemos compartido todo, ¿está en coma? No podía borrar la perplejidad de mi cara.
-Sí, aunque no lo creas, nadie sospecho nada.-sonó orgulloso, muy satisfecho de su plan
de fuga.
-y, su familia...¿no lo van a estar buscando?-pregunte, porque sería lo más lógico.
-No lo creo. ¿Te acuerdas que te dije que su casa era moderna, y con dispositivos
electrónicos de última generación?-con un leve rápido movimiento asentí.- Pues,
debería ser parte de una familia rica porque su habitación del hospital era de lujo,
repletas de flores y globos con pancartas, pero estaba solo, ni una sola enfermera. Fue
fácil. Solo éramos, él y yo.-
-Oh, eso es triste.-dije sintiéndome mal por él, y...aunque fuera raro, por lo menos con
nosotros no estuvo solo. Si, era raro.
-Sí…-
-¿Y, nadie vio a un paciente que debería estar medio muerto deambulando por los
corredores?-
-Bueno, claro que se hubieran alertado, pero tuve cuidado, tomando atajos fuera de la
vista de la gente.-
-¿Cómo puedes ser tan inteligente y caliente a la vez?-dije tomándolo del pulóver
jalándolo a mí.
-Ese es uno de mis encantos, bebe.-contestó con una sonrisa descaradamente sexy
poniéndome fuera de combate.
-¿Ah, sí? ¿Y, cuáles son los demás?-
-Bueno...ya los has visto, y sentido.-dijo con voz baja y ronca, rozando sus labios en los
míos en una suave caricia, dejándome deseante por más.
-¿Eso…eso solo?- dije metiéndome con él, y entorno los ojos.
-¿Cómo que “eso solo”? Hace un momento no era “eso solo”-
-Pero eso fue antes, ahora es ahora...No vivas en el pasado.-
Su mirada adquirió un brillo juguetón. -¿Es así? Déjame mostrarte qué más puedo
hacer.- Sus dedos se internaron en los huecos de mi cintura moviéndose rápido y
ágilmente, sabiendo qué botón tocar. Malditas habilidades ninjas. Aplaste mi rostro
contra su hombro sofocando la carcajada.
-Para…Para…Para, por favor. -mi voz salió apagada mientras intentaba apartar sus
manos de mí, pero era tan veloz que no podía seguirle el ritmo. Los ojos se me
humedecieron, mi estómago dolía de tanto reír, no podía respirar, pero él no daba
tregua.
-Dilo.- ordeno bajando el ritmo de sus dedos.
-¿Qué? ¿De qué hablas?-
-Tú sabes.-dijo, y sus dedos volvieron a atacar.
-Bien, bien…-hice una pausa recuperando el aire.- Eres el mejor...El más encantador...-
Curvando sus brazos alrededor de mi cuerpo, insistió: -¿y…?-
-y…- susurre perdida en esos ojos que me miraban como si no existiera nada ni nadie
más importante en el mundo.- sexy como Antonio banderas.-se rio entre dientes y
suavemente lo jale de la pechera atrayéndolo más cerca de mis labios.- No, más...mucho
más. Increíblemente irresistible, caliente...el único que me conoce, y el único que sabe
cómo ponerme.-
-Correcto, bebe.- Cubrió mi rostro con el suyo, uniendo nuestros labios en un beso
ardiente pero no era sólo un beso apasionado marcado simplemente por la lujuria. Era
un beso de reconocimiento.
Acune su mejilla izquierda acariciando con mi pulgar su hoyuelo mientras el beso se
volvía lento y suave, en una haragana exploración.
Mordisqueo mi labio inferior, soltándolo lentamente. El corazón golpeaba por abrirse
camino a él, las mariposas saltaban de felicidad en sintonía, era todo demasiado intenso.
Acerque mis labios a su mejilla y deje un beso en mi lugar favorito de su cuerpo.
Regalándome una sonrisa dulce y cálida, se tumbó hacia atrás conmigo. Puso a
reproducir una película y me acomode como un gatito en su cuerpo.
-Toma.-dijo unos segundos después que la película había comenzado. Baje la mirada a
su mano extendida.
-Me había olvidado por completo de el.-dije tomando el medallón.
-De hecho, me había olvidado yo de dártelo. Deberías llevarlo puesto siempre.-
-¿De verdad? ¿Crees que no pasará nada?- pregunte abriendo la tuerca. Lo tomo de mis
manos, ayudándome a ponérmelo. Me gire y el colgante cayó sobre mi cabeza.
-Sí, lo estuve pensando. Solo te lastimo cuando entraste en contacto con el espectro,
hasta entonces no lo habia hecho.-dijo enroscando el cerrojo.
-Mnn…Sí, es cierto.- murmure pensativa volviéndome a él.
-Creo que solo reacciono. No creo que pretendiera herirte, lo contrario...creo que te
protegía.-
-¿De verdad?-
Se encogió de hombros. - Sí, bueno, es lo que parecía, o pudo arder al entrar en contacto
con el espectro…quien sabe, pero no sientes nada ahora ¿o, sí?-
-No, estoy bien. Oh...y yo que creía que tenía mi propio caballero de brillante armadura
aquí.- susurre inclinándome sobre su pecho, acercándome a sus labios.
-Lo tienes…aquí y siempre.-susurro con voz gruesa y su cálido aliento coquillo mis
labios. Lo mire encantada, y se sonrió abrazándome trayéndome de nuevo a su cuerpo.
Miramos la película, pero estaba totalmente ajena a todo, excepto a él.
Una caricia en mi mejilla me saco de mi placentero sueño. De nuevo me había quedado
dormida sobre su cuerpo. Alcé la mirada a su rostro apacible inclinado sobre el mío, y
sonreí. Era una imagen a la que podía acostumbrarme.
-Estamos por aterrizar.-susurro.
-Oh…-Me incorpore acomodándome en mi asiento. Estiré mis brazos hacia delante, y
solté un gemido de placer.
La voz femenina en el altavoz hablo dando la orden de abrochar los cinturones.
Parpadee mirando a mi cinturón negro y lo abroche, o eso pensé hasta que se abrió.
Volví a intentarlo, pero no parecía poder encajarlo. Me frote el sueño de los ojos, y unas
manos aparecieron de repente, abrochándolo por mí.
-¿Qué harías sin mí?-pregunto divertido ante mi mirada sorprendida.
-Exacto.-dije con una sonrisa, y le di un beso en la mejilla. Me dio una de esas sonrisas
brillantes que hace sacudir hasta una roca. Los temblores del descenso comenzaron, y
mi mano busco la suya. Sus dedos se cerraron alrededor de la mía, y apreté los
párpados.
Unos minutos después las ruedas del avión golpearon la pista, y estábamos en tierra
firme. Exhale aliviada abriendo los ojos. Aflojé el agarre en su mano, y me di cuenta
que se la había estrujado…de nuevo.
-Oh, perdón. A este ritmo te voy a dejar sin huesos.-dije apenada. La tome con cuidado
dentro de las mías, y frote con suavidad donde estaban las marcas rojas de mis dedos.
-Mientras estés bien, eso es más que suficiente para mí. - tomo mi mano llevándosela a
los labios.
-Gracias.-
La gente se ponía de pie. Sebastián tomo mi bolso del compartimiento, y cuando me
puse de pie, capté la mirada “pechugona” pasando a nuestro lado. Primero lo miro a él
con un “oh, que lastima”, y luego a mí con “oh, que perra”, y siguió de largo juntando
las mantas. No pude evitar sonreírme.
-Vamos.-la voz de Sebastián hizo volver mis ojos a él. Me esperaba con su mano
extendida. La tome, y me guio por los asientos.
Mío.

Las cuatro horas de viaje en micro pasaron demasiado rápidas. Acurrucada contra su
pecho, sus brazos alrededor mío, contemplando las primeras líneas doradas alzarse,
fusionándose con lo celeste, fue perfecto. Era el único momento de paz que teníamos
para disfrutar antes de que todo nos hundiera más profundo.
Dentro del taxi de regreso en mi ciudad natal, mirando por la ventanilla a la gente hacer
su rutina de media mañana, el sol ahora estaba bien encima de nuestras cabezas,
brillando con intensidad, pero no se sentía tan cálido como otros años, el clímax del
calor estaba llegando a su fin.
Su gemido de dolor atrajo mi atención de la ciudad a él. Su mano se despegó de mi
pierna y se froto el cuello.
-¿Qué sucede? ¿No te encuentras bien?-pregunte mirando su rostro arrugado en dolor.
-No, no es eso, no lo sé, siento…una incomodad.- murmuro estirando su cuello de un
lado a otros.
Le di suaves masajes con mi mano, y cerró los ojos disfrutándolo. -Mnn...-gimió
cerrando los ojos. Su semblante se limpió, relajándose bajo mi toque.
-¿Quizás sea de volar?-
-Sí…talvez. -dijo no muy convencido.
-Cuando lleguemos a casa, recuéstate, talvez necesites descansar.-
Sus párpados se abrieron en dos delgadas ranuras, y alzo su cabeza del respaldo:-¿En tu
cama?-
Me reí. Como si eso fuera algo intimo entre nosotros. Ese tren ya partió.
-Claro, ¿dónde más?-inclinándome presionando mi pecho contra el suyo, le susurre:-
¿O, no deseas que me una a ti?- Su brazo en mis hombros me apretó más contra su
pecho, atravesándome con esos hermosos ojos, dejándome encandilada.
-No hacerlo sería un pecado.-su voz ronca y caliente, me hizo ruborizar.
De nuevo gracias al efecto absorbente de Sebastián ni me di cuenta cuando el taxi se
detuvo, hasta que desenredo nuestros dedos para sacar dinero de su bolsillo.
Mientras el motor del coche se perdía en la lejanía, mire a la tienda. Estaba cerrada, lo
cual era raro porque era mediodía. La suave brisa con notas frescas barría mis rizos por
mi rostro. Una adelantada hoja del otoño floto delante de mis ojos. Sus colores se
mezclaban del amarillo al rojo formando un coral.
-Finalmente...- suspire.- estamos en casa.- Jalo suavemente de mi mano girándome a él.
Soltó el bolso con mi abrigo rojo en medio de las manijas, y tomándome de las caderas,
uniendo nuestros cuerpos, en voz baja dijo:
-Bebe…siempre estoy en casa cuando estoy contigo.- Acerco su rostro al mío, y
cerrando lentamente los ojos, lo bese con el corazón. La sombra de barba cosquillo mi
piel mientras nuestros labios se movían.
Mis manos se subieron por su pecho rodeando su cuello y lo abrace con fuerza sintiendo
cada pulgada de su cuerpo contra el mío. Sus brazos se engancharon alrededor de mi
cintura mientras nuestras lenguas se mezclaban, fundiéndose en un largo y dulce beso
del que jamás podía tener suficiente.
Con un último beso nos separamos jadeantes. Con nuestras miradas a milímetros de
distancia, susurrándome en sus ojos cálidas promesas, me sonrió. El corazón no podía
bombear más rápido oxígeno a mi cerebro.
-Vamos adentro.- dijo con voz áspera y baja. Tomo el bolso de nuevo, y con mi mano
en la suya, nos dirigimos a la casa.
Sentí un tirón en mi mano que me hizo girar. Estaba encorvado sobre sí, con una mano
en la cabeza. El bolso estaba sobre el suelo de nuevo a su lado.
-¡¿Qué es?!¿Qué va mal?-pregunte alarmada.
-Nada…-dijo cerrando sus ojos del dolor.
-¿Cómo que nada? Estas en dolor, se nota. Vayamos al hospital.-
-No, no…Agh.-se quejó soltando mi mano, y clavo sus dedos en su pecho.
-Sí, voy a llamar ahor...- y de repente se desplomo.- ¡Sebastián!-grite aterrada mientras
lo veía golpear el césped. Mis rodillas impactaron sobre el suelo a su lado. -¡Sebastián!
¡Sebastián!-
Su rostro estaba limpio como si estuviera...Lágrimas cayeron por mis mejillas. ¡No, no,
no! No podía. Después de haber pasado por tanto, no podía abandonarme así.
Desesperada tantee en mi bolso por mi teléfono, solo para recordar que no tenía batería.
Me frote las lágrimas pensando impotente qué hacer.
Su teléfono.
Torpemente rebusque en el bolsillo de su abrigo, y lo saque. Marque 911, y espere.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que llegaron los paramédicos, pero lo sentí como una
eternidad. Me encontraba encorvada con mi rostro en su pecho, y su cabeza reposando
en mis piernas dobladas. Mis lágrimas no parecían poder detenerse, formando canales
en su campera. Me tuvieron que despegar para poder subirlo sobre una camilla.
Lo seguí dentro de la ambulancia, y los paramédicos comenzaron a examinarle.
Cubrieron su rostro con una máscara dándole aire y con una tijera sin punta le cortaron
el pulóver exponiendo su pecho. Mantuve apretada su mano en la mía todo el rato.
-¡Señorita, señorita!-la fuerte voz calma del paramédico atravesó mi neblina de llanto y
desesperación. Lagrimando parpadee a él. -¿Ha consumido algo en mal estado,
intoxicado, extraño en las últimas 24 horas?-
Sacudí la cabeza.
-No, no, nada.- mi voz salió débil y temblorosa.
-¿Ha consumido algún droga, alcohol, o sustancia…?-
-No, no nada de eso, solo se desmayó.-
-Muy bien.-
No había parado la ambulancia y las puertas se abrieron sacando a Sebastián.
Atravesaron las puertas automáticas del hospital con apuro y de inmediato una
enfermera junto a un médico nos rodearon. Me mantuve a su lado mientras nos
movíamos por los corredores esquivando a la gente enferma que se hacía a un lado. No
entendía lo que decían, solo que tenían que hacerle pruebas.
La enfermera, una mujer regordeta, con uniforme de guardería lila, se puso delante de
mí con las manos abiertas obstruyéndome el camino. La mano de Sebastián se deslizo
de la mía, y lo mire sobre el hombro de la mujer, ser llevado a través de unas puertas
vaivén que decían Radiografía.
-Señorita, debe esperar aquí. Cuando estén los resultados le llamaran.- su voz me
hablaba, pero yo solo podía pensar en Sebastián.
Los minutos pasaron, convirtiéndose en hora, hora y media, dos, y aun no sabía nada.
Nadie me decía nada. ¿Estaba vivo? ¿Estaba muerto? No tenía idea. El personal médico
y enfermeras salían de allí y me pasaban de largo. No me había movido de mi lugar. Las
paredes blancas, los llantos de niños y gente quejándose de dolor me estaban llevando al
punto de hacerme perder el juicio.
-El medico tiene que hacerle unas preguntas.-dijo una voz grave de mujer a mi espalda y
me gire de golpe. Una de las enfermeras más delgada de lo que es saludable dentro de
un vestido blanco insulso me miraba me miraba con el cimiente serio.
Me frote las lágrimas. -Pero, ¿está bien?-
-Hable con el médico, él le dirá.-y se giró abriendo el camino. Sintiendo piedras en mi
corazón, la seguí. Pasamos de largo el escritorio de recepción donde había otras dos
enfermeras revisando archivos y respondiendo el teléfono. Cuando nos detuvimos frente
a una puerta gris, dio media vuelta y se fue.
“Doctor Robusto Díaz” decía en imprenta sobre el cristal esmerilado. No tenía idea qué
estaba ocurriendo, pero lo averiguaría. Tomando una bocanada temblorosa de aire, y
tragándome la bola de nervios, me deslice dentro.

Me encontraba sentada en una silla de plástico negro dura como el cemento,


apretujándome las manos en mi regazo, esperando que el buen doctor terminara de
escribir en unos papeles. Lo cual había sido bueno para recomponerme, y prepárame
para lo que viniera.
La habitación tenía el aspecto clásico de las clínicas. Paredes blancas tapiadas con al
menos diez marcos de certificados y títulos. El aroma a lejía, y a algún aromático que
irritaba mi nariz, junto con el silencio, me daban ganas de arrancarme los pelos. Larga
espera por una respuesta, que en el fondo ya sabes cuál es, pero solo quieres que la
digan los expertos para poder romperte tranquilamente en pedazos.
Finalmente termino de hacer sus anotaciones y alzo la mirada, poniendo la tapa de la
lapicera. La rodo en sus dedos mientras me estudiaba. Luego de otra larga pausa,
finalmente hablo:
-Muy bien. Hemos terminado de hacerle unas pruebas y ahora, queremos hacerle a usted
unas preguntas.- el tono de su voz era calmo, como la de todos aquí, pero había algo que
me daba escalofríos, debían ser esos ojos de topo tan oscuros que absorbían el iris.
Inclinándome hacia el escritorio pregunte: -Pero, ¿él estará bien?-
-¿Cómo conoce al señor Alexandro Lagos? ¿Hace cuánto que se conocen? ¿Cuál es su
relación con él?-esquivo mi pregunta con una metralleta de otras.
-Yo…-sin apartar la mirada de su rostro de bulldog busque una mentira. Tenía que ser
corta y simple, con detalles, pero no los suficientes para enredarme. Un momento.
Sebastián dijo que era un estudiante, y ellos siempre van de fiestas a boliches y
reuniones que la universidad organiza. ¡Eso era!- Nos…nos conocimos hace tiempo…
en una fiesta. Charlamos y quedamos para encontrarnos algún día, pero no quedo en
nada. Hace un par de días nos encontramos. Me sorprendió de hecho, hace tiempo que
no nos veíamos. Pero, por favor, dígame si estará bien.-
-¿Por qué estaba con él?- ignoro mi suplica. Sus dedos no habían dejado de hacer rodar
la tapa cobre oscuro de la lapicera.
-No estaba con él, solo coincidimos. Yo estaba de viaje, y nos topamos en el avión.-
Tenía que decirlo, de igual modo lo terminarían de averiguar cuando siguieran el rastro
de su licencia. Mejor decirlo, y no ocultarlo.
Parpadeo desconcertado. -¿En un avión?-
-Sí, allí nos encontramos.-
-¿Hacia dónde iba ese avión?-
-El sur del país.-
-¿Para ser más específico?-
-Tierra del fuego.-
-¿Sabe que la policía lo ha estado buscando?-pregunto con tono acusador.
-¡¿Qué?!-exclame fingiendo asombro. Si, bueno, estaba asombrada, después de todo el
chico salía del país, y ¿ninguna alarma sonada? ¿Qué tanto esfuerzo ponía la policía en
encontrarlo? -Pero…¿Por qué? ¿Hay algún problema con él?-
Asintió con la cabeza bajando la mirada al escritorio donde, con en extremo cuidado la
deposito. Entrecruzando sus dedos, levanto la mirada de golpe.
-Por supuesto. Estaba en coma. ¿No lo sabía? El muchacho ha estado en coma durante
unos seis meses a causa de un accidente, y de repente…desaparece. -dijo
sarcásticamente.
-Yo…Yo…No puede ser…Es imposible.- Balbucee, y creo que haría de una excelente
actriz.
-Es posible. Ha pasado. La pregunta es cómo pudo salir caminando de aquí sin ayuda.- y
sabía que ese proyectil de culpa iba dirigido a mí. No era estúpida para ignorar el hecho
de que necesitaba un chivo expiatorio para salvar la reputación de su precioso hospital.
-No es posible, alguien lo tendría que haber visto. ¿Acaso no hay enfermeras que lo
cuidan? ¿No estaba monitoreado, no sonaron alarmas, o algo? ¿Por qué no había nadie
con él dentro del cuarto?- le di un revés a su pelota, poniéndolo nervioso. Se aclaró la
garganta moviéndose incomodo en la silla.
-Sí, bueno, esas son preguntas que estamos intentando contestar para que no vuelva a
repetirse. -
-Qué horror debe haber pasado la familia, que su hijo desapareciera bajo su
vigilancia…- Me dio una sombría mirada antes de volver a entretener sus ojos en los
papeles.
-Muy bien, muchas gracias. La policía puede que la contacte en caso de que necesitara
más información. Que tenga un buen día.-
Traducción: “Lárgate de mi oficina.” Todo un placer, pero no antes sin mis respuestas.
- Él estará bien, ¿verdad?- encontró mi mirada, y su boca gruesa se estiro en una sonrisa
falsa.
-Por supuesto, este es el mejor hospital. Lo estamos cuidando. Cuando tengamos los
resultados sabremos qué le está sucediendo, y se le informara a la familia.-espeto con
ese tono medico condescendiente, y volvió su atención a los papeles.
Suspiré frustrada, y simplemente me puse de pie. No valía el gasto de aliento.
Cerré la puerta, y me apoyé contra ella cerrando los ojos. Cuantos nervios. Jamás había
estado tan nerviosa en mi vida. Parecía una tortura china más que un interrogatorio.
Inspire llenando de aire mis pulmones hasta que dolieron.
A paso lento, me dirigí al pasillo. Supongo que debería irme, ya me habían dejado claro
que no sería bienvenida.
Pero...¿Qué le había sucedido? ¿Era a causa del cuerpo, o él? Me frote los ojos con
fuerza mientras me movía adormilada entre los apresurados doctores y enfermeras por
los corredores con tabletas de información confidencial de sus pacientes en sus manos,
carretillas de equipamiento, jeringas, medicinas, saches de sangres, lo que sea para
aplacar tanta pena como fuera posible.
Llegue hasta la recepción cuando gritaron mi nombre:
-¡¿Van?!-Me detuve, y con un movimiento lento me volteé.- ¡Van!- Volvieron a
llamarme. Lena corría hacia mí. ¿Qué hacía aquí? Se estampo contra mi cuerpo,
abrazándome con fuerza.- ¿Dónde estabas? ¿Por qué no respondías tu teléfono? ¿Qué
haces aquí?-disparaba las preguntas sin tomar respiro, parecía que combinó de nuevo su
café con un Red Bull. Dejo de estrangularme con sus brazos, y pude ver su rostro pálido
y demacrado marcado por delgadas medialunas rojas debajo de sus ojos llorosos.
Sacudiendo su cabeza dijo: -No importa, estas aquí, eso es lo que importa. No lo puedo
creer. Ven, yo te llevo.-
Comenzó a arrastrarme de la mano por el pasillo. Pare mis pies, y se volteó viéndome
confundida.
-Lena, ¿de qué estás hablando?-
Parpadeo.
-¿No lo sabes?-
-¿Saber qué?-
-Mika. Esta aquí.-
-¿A qué te refieres?-
-Está internada, le han dado una golpiza.- dijo, y el corazón se me detuvo. -Ella está
bien ahora, pero está en muy mal estado. La policía lo está investigando, y también lo
de Sisi.- mi entrecejo se frunció en confusión, y me miro con asombro.-¿Tampoco sabes
eso? Oh, Van, ¿dónde has estado?-su voz salió aguada, y lágrimas comenzaron a
acumularse en sus ojos. - Sisi...ha desaparecido.-tarde un segundo en comprender lo que
decía. Era inverosímil. Mis rodillas perdieron estabilidad, y me desplome. Sus brazos
me sostuvieron a tiempo antes de que golpeara el suelo.- ¡Van! ¿Estás bien?-
-¿De…Desapareció?-
-Creen que fue su exnovio, el que la maltrataba.-sorbió por la nariz. La realidad era que
solo yo sabía quién era en realidad él. Jamás lo habia compartido con otra persona
sintiéndose avergonzada. Apretó los labios en una mueca triste. -Creen…Creen que la
secuestro.- La habitación dio vueltas, y perdí el equilibrio de nuevo. -Tranquila, Van,
cálmate.-
Me rodeo con su brazo, y me ayudo a sentarme en una de las sillas del corredor.
-¿Cómo va a estar bien?-mi voz salió brusca. Sisi está secuestrada, Mika en el hospital,
Sebastian podía estar...muerto. Me lleve una mano al estómago sintiéndome enferma. -
¿Cómo ha pasado? ¿Dónde está Mika?-
-Vamos, te llevo.-dijo ayudándome a ponerme de pie. De camino al cuarto, me conto lo
que la policía sospechaba qué le paso a Sisi.- Se encontraba en tu casa cuando
desapareció. Leyla seguía rondando, aullando en el jardín, por eso llamaron a la policía.
Luego, cuando fui a trabajar, no apareció, era raro, pero no lo pensamos mucho, no al
menos de que le hubiera sucedido algo. No hasta que la policía apareció en la tienda con
Leyla. Entraron en tu casa. La puerta estaba forzada, y…y…- su voz se quebró. Su labio
tembló mientras lagrimas rodaban por sus mejillas, y la abrace.-...habia rastros de lucha.
Tu mesa…del pasillo estaba destrozada. Habia una mancha de sangre en la pared de tu
cocina. La están haciendo analizar, pero creen que es de Sisi...- se apartó, y limpió con
el dorso de su mano las lágrimas. Nos detuvimos delante de una puerta, que asumí que
era el cuarto de Mika. Se giró hacia mí, y hablando en un susurro bajo continuo.- Creen
que se golpeó cuando luchaba con él. También encontraron un pañuelo con cloroformo
en el suelo, y con eso supieron que la habían capturado contra su voluntad.-
-¿Al ex novio...lo han interrogado?-
-No, no le han podido localizar todavía, están preguntando a sus vecinos por él, pero…
Van, ¿dónde has estado? -pregunto de repente cambiando de tema.
-Es una larga historia, después te cuento, quiero ver a Mika primero.- dije, y apretó los
labios en una mueca disconforme, pero asintió.
Desde el umbral donde me encontraba podía ver lo serias y horribles que eran sus
heridas. El Pip…Pip…Pip…del contador de latidos era el único sonido que se
escuchaba. Estaba recostada con cables cubriéndole por todos lados, conectándola a una
enorme máquina a su izquierda.
-No, no puede ser.-mi voz salió sin aliento, y Lena me rodeo con su brazo, apoyando su
mentón en mi hombro.
-Lo sé.-susurro.
Nos acercamos y la visión de sus heridas fue empeorando cada paso. Las lágrimas
retornaron cayendo con una fuerza imparable.
De su boca salía un tubo enorme que le proveía oxígeno. Su ojo derecho estaba
inflamado, morado y con rastro de sangre. Su mejilla estaba hinchada y colorada con
una venda sobre ella con sangre empapándola. Su labio estaba partido en dos, su
antebrazo izquierdo estaba enyesado. Podía ver a través de la pequeña ranura de la bata
de hospital el vendaje grueso en sus costillas.
Ya no importaba que Mika me haya traicionado. Todos los recuerdos que hicimos juntas
incluso si fue mentira para ella, eran preciados para mí. Con cuidado acune su mano
derecha. La piel de sus nudillos estaba magullada como si le hubiera dado pelea. Su
dedo índice estaba vendado.
Mika gimió despertándose moviendo levemente su cabeza.
-Espera, iré a buscar a una enfermera.-dijo Lena con apuro corriendo fuera del cuarto.
Acaricie suavemente su frente uno de los pocos lugares que no estaba lastimado.
-Tranquila, Mika, todo saldrá bien, saldrás de esto.-susurre, y sorprendentemente su
mano me dio un apretón. -No, no, Mika, relájate, estas a salvo ahora.-pero volvió a
gemir apretándome aún más fuerte la mano.
Me soltó, y con gran esfuerzo, intento sacarse el tubo de la boca.
-Cariño, déjatelo, duerme.-dije volviéndose a acomodar.
Como su mano no lo dejaba ir, la ayude a sacárselo. Sus labios secos y lastimados se
separaron como un chicle pegado, y con voz baja y rasposa intento decir algo.
Me incorporé acercando mi oído a sus labios, y sentí su respiración irregular y forzada.
-Huye…No…No…Dejes que te…atrapen…- su voz salió rasposa y con mucho
esfuerzo.-Lo…Lo…siento…tanto….- lágrimas se amontonaron en sus pestañas y
corrieron por el rabillo de sus ojos mojando la almohada. En ese momento, Lena con un
enfermero entraron por la puerta. -…tanto…- Fue lo último en decir antes de que cayera
inconsciente.
El muchacho se acercó, y reviso a Mika, volviendo a conectarle el tubo a su boca.
-¿Qué le sucedió? ¿Dijo algo? -pregunto Lena acercándose a mi lado.- ¿Dijo quien la
ataco?- Muda, negué con la cabeza.
Me llevo fuera del cuarto, y nos sentamos de nuevo. No podía dejar de escuchar sus
débiles palabras en mi cabeza.
-¿Qué te dijo?- la voz insistente de Lena me arranco de mi trance. Parpadee haciendo
caer más lágrimas.
-No. Solo balbuceaba incoherencias que no comprendí.-mentí, puede que estuviera
equivocada con respecto a Mika, pero no creía que fuera seguro para Lena saber algo de
esto.
-Bueno, ve a casa y límpiate. Yo me quedo aquí. Carmín junto con las chicas, están por
llegar, y necesitas limpiar ese rostro.- señalo mi cara.
Negué con la cabeza. -Me quedo.-
-No, no, tú, ve…Además, tienes que arreglarte porque…la policía quiere hablar
contigo.-mis ojos se abrieron asustada y alarmada.- No te preocupes, solo son preguntas
para saber algo más de quien pudo hacerles esto a Mika y a Sisi. Como tú no estaba
aquí…nos han preguntado a todas, solo faltabas tú...¿Dónde estuviste? ¿Qué te ha
pasado? ¿Es eso un moretón?- pregunto con la mirada fija en mi cuello.
-¿Qué?-
-Tu cuello, tiene un moretón.- extendió su brazo tocando la zona. -Pareciera un chupón.-
Lo cubrí con mi mano sintiendo mis mejillas sonrojarse. Era obra de Sebastián.
Felicidad pasada y tristeza actual se mezclaron formando un nudo en mi pecho.
-No, solo...me he golpeado accidentalmente.- Su mirada se entorno, y supe que no me
había creído. Abrió su boca, pero me anticipe. -Fui a conocer a un pariente de mamá.-
-¡¿Qué?!-su voz se elevó tres octavas, y dos enfermeras que pasaron delante nuestro nos
reprimieron con la mirada. Susurrando volvió a hablar:-¿De qué hablas? Pensé que no
tenías a nadie más que tu mamá.-
-Yo también…-suspire.- pero parece que no.-
-¿y, donde estaba?-
-Un tanto lejos.-
Su mirada se agudizo, volviéndose sospechosa:- ¿Qué “tanto lejos”?-
- En Ushuaia.- murmure.
-¿Qué?- volvió a exclamar abriendo los ojos de par en par.- ¿Has ido hasta allí...y nos
dijiste nada?
-Es que…-
-¿Por qué has hecho eso? Somos tu familia, o ¿eso ya no te significa nada? - replico con
tal rudeza y enojo que me dejo sin hablar.- Esperaba más de ti.-
Comprendía su enfado, pero aun así dolía sus frías palabras. Estaba física, mental y
emocionalmente agotada, sintiendo que en cualquier momento se me caería a pedazos el
corazón, y no podía lidiar con ella ahora mismo.
-No, no fue así...-susurre rendida.- ¿Puedo explicarte luego?-
-Lo que sea. Ahora lo que importa es que Mika mejore y encontrar a Sisi.-espeto, y las
lágrimas cayeron de nuevo. Sus ojos se entristecieron, y apretó los labios. Con tono
suave agrego: -Ve y límpiate.- Poniéndonos de pie, nos abrazamos.- y, por favor, carga
tu teléfono.- Asentí con la cabeza. Me aferré a ella con fuerza, porque a pesar de todo,
éramos hermanas. -Ve, ve…todo se resolverá.-me consoló frotándome la espalda.
Nos separamos, y lentamente camine por el pasillo con la mirada en el mármol blanco y
brillante. Sentí un golpe en el hombro, y alcé la vista.
-Disculpe.-dijo amablemente un hombre. Vestia traje formal con una placa plateada
enganchada del bolsillo en el pecho de la chaqueta. Un policía. -¿Se encuentra bien?
¿Le hice daño?- Negué con la cabeza, y continúe mi camino. Su mano me sujeto
suavemente del antebrazo haciéndome girar de nuevo. - Disculpe, ¿es usted Savanna
Martin?-asentí nuevamente en modo zombi. -Oh, discúlpeme que la intercepte en este
momento, pero tengo que hacerle unas preguntas, si pudiera ser ahora.-
Asentí nuevamente en silencio, y le seguí. Se detuvo en el mostrador de la recepción, y
hablo con la enfermera regordeta que estaba con el teléfono entre su hombro y cabeza, a
la vez que le pasaba una carpeta a una enfermera más joven. Ella asintió a lo que él
decía, y luego retomo el camino conmigo detrás. Abrió la puerta de un cuarto vacío, y
entre.
La luz del sol cegaba mis ojos resplandeciendo en todo el decorado insulso blanco.
-Siéntese.- Señalo con su mano la cama, y arrastro una silla de la pared, colocándola
frente a mí. Sacando una libreta del bolsillo interno de su chaqueta tomo asiento y
hablo.-Hemos tratado de contactarla, pero no podíamos. ¿Dónde ha estado?-
-Me fui de viaje a visitar a un pariente…bueno, no era un pariente sino un amigo de mi
mamá.-
-¿y, lo encontró?-pregunto tomando nota con una lapicera. Me tendría que haber sentido
intimidada, porque después de todo era un policía, pero su forma de hablar y actuar, me
hacía sentir cómoda.
-Sí, y...-me interrumpí, recordando el mensaje de texto que recibí cuando estaba en
Ushuaia. Uno era de Sisi, pero no le respondí. Luego una llamada que tampoco tomé.
Lágrimas cayeron de nuevo. Era una pésima amiga. Me llamaron por ayuda y no acudí a
ellas. Me cubrí el rostro con mis manos, y lloré.
-Señorita, señorita, tranquilícese, encontraremos quienes les hicieron esto, se lo
prometo.-
Tomé varias respiraciones tratando de componerme, y limpie las lágrimas. -Lo
siento...Lo siento…Pregúnteme lo que quiera.-mi voz salió temblorosa.
-¿Sabe de algún ex novio de la señorita Micaela que quisiera lastimarla, o algún cliente
insatisfecho?-
-No, digo, ella tenía varios novios. Bueno, no eran novios en sí, eran…casuales.-dije, y
asintió entendiendo.-Y no hemos tenido ningún cliente con problemas como para que le
hiciera algo así.-
-Muy bien. ¿Tiene alguna idea de porqué estaría en barrio oeste de la ciudad?-parpadee
confundida. Su piso estaba en Puerto norte. Era uno de esos loft de lujo, y no creía que
conociera a alguien de por allí. Bueno...eso creía.-Su residencia en los loft en Forum
está muy lejos de allí.-
-No, no tengo idea. Espere. ¿Cómo le sucedió esto a Mika?-
-Aparentemente la interceptaron de camino por la calle, saliendo de uno de los bloques
departamentales a medio terminar y abandonados. Un civil la encontró en el suelo,
golpeada, ensangrentada y en muy mal estado. ¿Talvez visitara a alguien allí, o tuviera
algún asunto pendiente?-
-No, disculpe, no lo sé y si lo tenía, no lo compartió conmigo.-dije apenada.
Si tenía algún motivo por el qué estar allí, no podía dudar de que sería algo en relación
con esta...esta...conspiración, pero no podía decirle eso a él. ¿Cómo le explicaría sin
terminar como loca, sospechosa o una sospechosa loca?
Incluso aunque me creyeran, en esencia, Frankfruzzel no había hecho nada realmente
fuera de la ley. Él tenía sus manos limpias. Hasta el momento nos hemos topado con sus
lacayos, sumándole al hecho de que no sabíamos dónde estaba, literalmente estábamos
tratando con un fantasma.
-Y de Isabel –la pregunta me saco de mi neblina de pensamientos desesperantes.- ¿Sabe
dónde podría estar su hermano?-
-¿Usted sabe?- pregunte en cambio.
- ¿Que su hermano la violo, y la mantuvo cautiva física y emocionalmente durante años,
hasta que se escapó?- masticó las palabras. Parecía tomárselo personal. Apreté los labios
conteniendo de nuevo las lágrimas ante el recuerdo de tal tragedia que había pasado mi
pequeña Sisi.- Sí, lo sabemos, solo por los testimonios de los vecinos, porque no había
nadie más cerca de ellos, pero así ejecutan ellos, y no había ningún reporte oficial
hecho.-
- No, no lo hizo. No podía…era su hermano.-dije lastimosamente. Me dio una mirada
incomprendida, que compartí, pero ni él ni yo llegaríamos a entender la compasión y el
lazo de familia que la unía, incluso tras haber hecho tal cosa. - No, la última vez que lo
vi fue cuando la conocí. Hace siete años. Desde entonces, no lo he vuelto a ver, y ella
nunca menciono que haya vuelto a verle, o que estuvieran en contacto…nada.-
-¿Por qué estaba ella en su casa?-
-Le pedí que esperara a mi vidrista.-su entrecejo se marcó mirándome confundido, y
explique.-Hace unos días encontré mi ventana rota.-
-¿y, no lo informo?- su tono de voz no era acusatorio, solo curioso.
-No, porque no habían robado nada y no habia visto a nadie, solo la ventana rota, y
pensé que…no sé, alguien habia arrojado una piedra, o algo…no me gusto, pero ¿qué
podía hacer?-
-La denuncia.-
-¿Para qué? Si hubiera ido a ustedes y dijera que entraron a mi casa pero que no se
llevaron nada, y fue alguien que no vi…¿hubieran tomado la denuncia?-
Me dio una mirada comprensiva, y continúo:-¿Puede ser que la confundieran con
usted?-
Parpadee desconcertada. -¿Qué? - Aguardo en silencio, y sacudí la cabeza.-No. Es
imposible.-
-Disculpe que le discrepe, pero ambas comparten un parecido. Rubias, caucásicas,
bonitas, y ella se encontraba en su casa, después de todo. No sería raro pensar que talvez
la quieran a usted y no a ella. ¿Hay alguien que quiera hacerle daño?-
Sí, la macabra cabeza de una sociedad secreta está intentando raptarme para
despellejarme viva en un ritual para levantar a un demonio, con el fin de dominar el
mundo. Va a creer que pase viendo una maratón de “Pinky y Cerebro”. Seguro, me
escucharía desde una camisa de fuerzas.
-No lo sé, no lo creo.- suspire abatida. Estaba cansada de mentir.
-Muy bien, muchas gracias. Cualquier cosa estaremos en contacto, y si se le ocurre algo,
llámenos.- Se puso de pie, y me tendió una tarjeta con su número de celular.
-¿Puedo regresar a casa?-
-Sí, ya se han tomado huellas y fotos de todo. Puede regresar, pero debe tener cuidado,
sea por un motivo personal con Isabel, o un ataque al azar de un extraño con algún
fetiche por personas con su mismo aspecto, lo mejor es ser precavido y especular que ira
detrás de usted también. Por el momento, abra una patrulla vigilando, pero tome
recaudos por si acaso.-asentí, y dándonos un apretón de mano, nos despedimos.
Salimos del cuarto, y él se dirigió a la enfermera de recepción de nuevo, intercambiando
palabras susurrantes.
CAPITULO 48
REALIDADES
Aturdida camine hacia las puertas sintiendo mi corazón salirse con cada paso que daba.
Me detuve en la acera sin saber para donde partir. Un cosquilleo en mis dedos me hizo
bajar la mirada a mi mano. Sentía una ausencia. Su ausencia. Necesitaba sentirle y saber
que estaba bien.
Permanecí no sé cuánto tiempo allí de pie, con la gente llegando y saliendo con apremio
del hospital en taxis, hasta que finalmente reaccione. Me acerque a uno de los coches
del que salía un hombre ayudando a una mujer con una gigantesca panza. Su rostro
sudado, colorado y arrugado en dolor me decía que estaba de parto. Se dirigieron al
hospital, y una anciana tomada de la mano de un niño pequeño de cuatro años con rizos
castaños cayendo por su frente, bajaron también y les siguieron.
Me metí dentro, y el taxista arranco. Estaciono el coche frente a mi casa, y le pague.
Mi mirada se posó en el bolso con mi abrigo encima, aún en el mismo lugar. Tome una
respiración temblorosa, y camine a el. Lo tomé, y me dirigí a la casa.
La puerta estaba atravesada en horizontal por la mitad con una cinta amarilla que decía
“Prohibido pasar.”
Suspire. Ya no se sentía como mi casa, habia sido ultrajada, invadida, destruida, sin
lugar a los recuerdos. De un golpe arranque la cinta, y entre.
La mesa de mamá estaba hecha añicos, cada pata apuntaba hacia fuera, como si alguien
hubiera impactado fuerte peso sobre ella. En la pared donde antes estaba el espejo habia
un rayón grueso rojo. Imágenes de Sisi, luchando desesperada y asustada contra un
desconocido inundo mi mente.
Como si tuviera bloques de cemento en los pies, me arrastre a mi cuarto. El vidrio de mi
ventana estaba reparado.
Pensar que la confundieron conmigo era lo peor. Si se la llevaron creyendo que era yo,
cuando descubran que no lo es, ¿qué le harán? Sin fuerza deje caer el bolso con la
sangrienta respuesta flotando en mi cabeza.
Me detuve frente a mi escritorio mirando a mi patio. Estaba devastada, temerosa y
sentía una terrible impotencia. Era culpable de todo. Impacte mi puño en la madera de la
mesa, furiosa. Una mano invisible estrangulaba mi corazón formando un ocho. Todo lo
que les habia pasado, desde Sisi, Mika, Catriel, Sergio...Sebastian. Me dolía el alma.
Mi mentón golpeo mi pecho dejando que las lágrimas corrieran libres. El tac, tac suave
de las lágrimas golpeando el escritorio era el único sonido. Cuando los mocos
comenzaron a bajar por mi nariz, saque un paquete de pañuelos descartable, y me
limpie. Me volteé, y mi corazón se saltó un latido.
Un sujeto se encontraba al otro lado del cuarto observándome.
-¡No, no, no, fuera!-el desespero en mi voz fue notoria. Mi mano fue hacia atrás,
tratando de tomar algo del escritorio para defenderme.
Me miro confundido.
-¿Van…?- Mis dedos se cerraron alrededor de un lápiz, y lo apunte hacia el.- Van…
¿Qué sucede?-volvió a hablar, y había algo en su voz. Algo que me resultaba familiar.
La forma en que me hablaba, el tono de su voz. Mi brazo vacilo. Acercándose pasos
cautelosos, dijo: - Bebe…¿qué sucede?-
-¿Se...Sebastián?- Sus labios rellenos se torcieron en una sonrisa, dándome la
confirmación. -Sí, soy yo. Un tiempo separados, y ya no me reconoces.-
Solté el lápiz exhalando aliviada.
-No te reconocí en ese cuerpo.-dije, y el arco de sus cejas se curvo ligeramente dándome
una mirada confusa.
Deteniéndose frente a mí, dijo: -No he poseído ningún cuerpo.-
-Pero estás diferente.-
-¿A qué te refieres?- Realmente parecía no tener idea.
-Estas…Estas…-balbucee señalándole con mi mano, y como no parecía tomar la pista,
apunte a la esquina. Sus ojos siguieron mi mano, y se abrieron pasmado.
Se dirigió al espejo, y lo imite parándome a su lado. Era al menos una cabeza más alto
que yo y apenas entraba en el espejo. La luz del sol entraba por la ventana creando
reflejos dorados a su cabello chocolate desordenado cubriendo su frente. Sus ojos claros
como el ámbar subían y bajaban por su cuerpo. Su pecho escultural lo cubría una remera
musgo mostrando unos fornidos antebrazos con un natural bronceado canela. Sus largas
piernas enfundadas en jeans desteñidos, parecían no tener fin, hasta unas zapatillas
desgastadas.
Cielos, era la personificación del pecado. Alto, apuesto como el mismísimo infierno, y
solo podía pensar en hundirme aún más dentro de él.
-Si no es un cuerpo…-empecé a decir. Sus carnosos labios se separaron y posando su
mirada en mí, atraves del reflejo, dijo:
-Soy yo...Es el aspecto que tenía antes de morir.- su bella voz gruesa y calma sonó igual
de confundida que yo me encontraba. Mi mano al lado de la suya pico por tomarla y
sentirla.
-Pero...Pero...no es tu cuerpo, ¿o sí?- pregunte, aunque sabía que era demasiado bueno
para ser real. Sin embargo, mi mente no podía parar de pensar en lo bien que nos
veíamos juntos, aunque yo tuviera el aspecto de haberme pasado una aplanadora
encima. Ojos rojos, hinchados y lagrimosos, toda una muñeca.
-No, sigo siendo un fantasma, pero es mi verdadera forma.-
La desilusión me machaco. Era casi cómico lo ingenua que era por aguardar esperanza
de que pudiéramos tener un “vivieron felices y comieron perdices”. Alcé la mirada del
suelo, y me encontré con sus ojos puesto en mí a través del reflejo.
Volteándose dijo: -Has estado llorando.-
Más lágrimas picaron por salir, y me gire cubriéndome el rostro. Trate de no
derrumbarme pero la sensación de hundimiento comenzó, rompiéndome en pedazos
nuevamente frente a él, cuando todo lo que quería era ser fuerte y valiente.
-Bebe, dime, ¿es por mí? Estoy bien, bueno, tan bien como un muerto puede estar, pero
ya está todo bien.- Negué con la cabeza. Sentí el calor de su cuerpo en mi espalda.-
¿Paso algo más? ¿Te encontraste con alguien? ¿El sujeto te siguió?-su voz se iba
volviendo más apagada y seca.
Negué de vuelta, y me volví de nuevo encontrándome con su rostro acongojado y
preocupado inclinado sobre mí. Mi mirada viajo por su cara ligeramente ovalada,
subiendo por la cima suave de sus pómulos altos a su nariz respingada de un dios del
olimpo, y perdiéndose en el oasis de sus ojos.
Apreté los labios conteniendo las lágrimas, pero necesitaba sacarlo de mi pecho,
hablarlo con él. Era mi confidente. Se había convertido en mi mejor amigo, amante y
familia más cercana. Necesitaba sentir sus palabras abrazándome, su cuerpo
conteniéndome, sus brazos envolviéndome en su calor. Debe haber visto en mi rostro
porque la comisuras de su boca se inclinaron hacia abajo en una mueca triste.
Sus manos amagaron para detenerme cuando alce la cadena sobre mi cabeza, pero se
mantuvieron alejadas. Arroje el medallón a la cama y despacio, temerosa me acerque a
su cuerpo bajo su quieta mirada.
Lo rodee con mis brazos apretándome a él. Un suave pinchazo eléctrico recorrió mi piel
y su calor me cubrió como una manta. No era para nada incómodo, no quemaba, no
dolía, era un ligero cosquilleo. Sus brazos me rodearon acunándome contra su pecho.
Era increíble lo real que se sentía, parecía que estaba abrazando a una persona viva.
Escondí mi rostro en su cuello tomando una profunda inhalación. Su perfume entro por
mis venas calmando mi corazón.
-¿Te estoy lastimando?- pregunte.
-Jamás. ¿Tú…estas bien? ¿No te hiere?-
-No, solo se siente un cosquilleo suave. No era así antes, ¿verdad?-
-No...No lo era.-suspiro.
- Estas cambiando.-
-Quizás...no lo sé, nunca me había pasado, talvez sea por permanecer dentro de los
cuerpos durante tanto tiempo, o talvez por…- su voz se fue apagando, y alce la mirada
empapándome de sus cálidos ojos. Su rostro estaba pensativo mirando al espacio.
-¿Qué?-
Bajo la mirada a mí con una sonrisa dulce y tranquilizadora sonrisa. -No lo sé, de
verdad. Dime porqué has estado llorando.-
-Además del hecho de que casi mueres, que eso casi me mata y que me interrogara un
doctor antipático como supuesta conspiradora en el secuestro de cuerpos.-
-Oh, bebe, lo lamento mucho.-dijo apenado, y me reprendí. No pretendía ser borde con
él. Me sentía sobrepasada y frustrada, y él lo pagaba.
-No, no…-exhale.- No es tu culpa, lamento decirlo así, últimamente estoy más sensible
de lo habitual, lo lamento.-
-No. Estas en todo tu derecho. Tendría que haber sido más cuidadoso, pero no pensé que
volvería en si.-
-¿A qué te refieres?-
-El alma del cuerpo despertó y lo reclamo, y a mi…bueno, como que me pateo fuera.-
-Oh, eso paso. Pensé que te había pasado algo horrible.-
-y, lo hizo...-sus ojos miraban dentro de los mios.- me separo de ti.- su voz baja y
melosa logro sacarme una sonrisa apretada. -Pero, algo más sucedió, ¿verdad?-
-De todo.- Moco, lágrimas, temblores, todo volvió a salir.
-Cuéntamelo todo, bebe.- dijo llevándome a la cama.
-Es Mika, y...Sisi.- me quebré. Sus brazos me apretaron contra su pecho, y las lágrimas
desbordaron en cataratas. Enterré mi rostro en su pecho mientras el llanto me arrasaba.
Mi voz salía temblorosa e irreconocible hablando a través del llanto.
Fue una purga emocional, contarle todo, no dejar fuera ningún detalle, y él se mantuvo
en silencio mientras lloraba desconsoladamente, escuchando pacientemente cada
palabra hasta el último sniff-sniff de mi nariz. Cuando termine mis lágrimas habían
humedecido su remera y dejado sombras de gotas en sus jeans.
Su mano no había dejado de hacer círculos relajantes entre mis omoplatos. Era increíble
cómo podía sentirle aun siendo un fantasma.
De inmediato el recuerdo de lo que les sucedió a los espectros al tocarme me vino a la
mente. En mi estúpida y egoísta necesidad de que me consolara me olvide del daño que
podía estar infringiéndole.
Me aparte de golpe de sus brazos, y me miro confundido. -Yo…Yo…No quiero
lastimarte.-
Tomo mi mentón entre sus dedos, alzando mi rostro al suyo. Ese pequeño toque hizo
vibrar mi cuerpo, y no tenía nada que ver con el efecto fantasma.
-No me vas a lastimar.-susurro con dulzura.
-Pero...-mi replica fue silenciada con un beso. Nunca pensé que podía besarme, no en su
estado incorpóreo. Su mano como el toque de un ángel se movió acunando mi mejilla
dejando una estela de cosquillas. Me fundí en el calor de su boca, y cerrando los ojos
me dejé llevar recibiendo su dulce y tierno beso. Si alguien nos viera, bueno...me vería a
mí en una posición un poco rara.
Se separó lentamente con un último beso, y cuando abrí los párpados, me sobresalte.
Sus ojos...brillaban. Eran dos esferas luminiscentes apuntando a mí. El iris y las pupilas
habían sido absorbidos por la incandescente luz amarillenta.
-Sebastián, estas...estas...encendido.-
-Sí, bebe, tú me enciendes.-contesto con voz rasposa volviendo a inclinarse a mí. Me
hice hacia a tras alejándome, temiendo estar lastimándolo seriamente.
-No, no, en serio, estas brillando...como una lamparita. Ven.- me puse de pie guiándolo
al espejo. Su boca se abrió en incredubilidad incredulidad mientras miraba su reflejo.
Las dos farolas brillaban como luces de neón en el cristal. - Te estoy lastimando,
¿verdad? - dije mordiéndome la uña.
Se volvió. - No, cariño, esto no es por ti, digo, lo es...- parecía no saber qué decir. Las
lágrimas volvieron a amontonarse nublando mi visión. - pero no es nada malo.- alzo sus
manos intentando tocarme, pero me aleje.
-¿Cómo puedes estar tan seguro? Has visto lo que les he hecho a los demás espectros.
Tú mismo me has dicho que desaparecieron, no volvieron al velo. Simplemente dejaron
de tener alguna existencia en cualquier lado del mundo.- No deseaba causarle el mismo
destino, si no podíamos estar juntos me reconfortaba en saber que estaba en algún lado
esperándome.
Se me quedo mirando fijo, de esa forma que no puedes saber qué está pensando. En una
zancada rápida sus labios...sus deliciosos labios asaltaron mi boca.
Tomo mi rostro entre sus manos besándome con urgencia y lento a la vez, esparciendo
el cosquilleo de la electricidad por la piel de mis labios al resto de mi cuerpo.
Se apartó jadeante, y gruño: -No vuelvas a alejarme de ti…- y volvió a reclamar mi
boca en otro beso demandante, esmerándose en dejar claro de quien eran estos labios.
Avanzo conmigo hasta que mi espalda choco contra la pared. Mis labios se abrieron
soltando un jadeo de sorpresa y su lengua se deslizó dentro de mi boca buscando a la
mía. Cuando se tocaron fue como una explosión, como si bebiera soda junto con esos
caramelos de gas explosivos. Era extraño, pero muy excitante.

-Mnn…-gemí arqueándome hacia él, y sus brazos me estrecharon contra su cuerpo. Se


separó, y nuestros alientos jadeantes se entremezclaron. La luminosidad en sus ojos se
estaba extinguiendo y podía ver la sombra de su iris.

-Oh, bebe, si actúas así, voy a tener que buscar un cuerpo para tenerte.- dijo con voz
ronca. El aguijón de la realidad me pincho. No había cuerpo real. Jamás lo habría, jamás
podría sentirle, no realmente, sólo su aspecto fantasmal. -Más tarde.-prometió sin saber
dónde realmente estaba mi cabeza.

Sus labios se estiraron en una sonrisa, y dije:-¿Qué?-


-Tú cabello.-
Lo toque con mi mano. - ¿Qué le paso?- Podía sentir mis rizos más inflados y
encrespados de lo normal. Mi mirada se posó en el tierno hundimiento en su mejilla.
Oh, chico, acabo de enamorarme de nuevo.
-Creo…que es un pequeño efecto colateral de mi situación actual.-sonó divertido
sonriendo una dentadura perfecta haciendo que sus ojos se achicaran en una mirada
jovial.
-¿Eh?- Asome la cabeza por su brazo mirando a mi espejo, y mis ojos se abrieron
enormes.
-Bebe…-susurro con risa contendida. Los rizos estaban tan abiertos como resortes
apuntando para todos lados.
-¿Cómo...tú...cómo?-farfullé.
-¿Shock eléctrico?-
Le lance una mirada de amenaza. -¿Te parece gracioso? Soy un caniche.- Su risa gruesa
y melódica endulzo mis oídos, haciéndome flotar, olvidándome de todo.
-No, lo lamento, pero, aun así, estás hermosa.-me consoló, y le di un empujoncito
juguetón en el hombro. Tomo mi mano en la suya bronceada llevándola a sus labios.
Cuando toco mi piel pudimos atestiguar como un mechón de mi sien se alzaba en el aire
encrespándose aún más. Al parecer su boca tenía un fuerte impacto. -Me gusta ver el
efecto que tengo en ti.- dijo sonriente.
-No necesitas hacerme la permanente para verlo.- De repente, toda esta situación trajo
de regreso un recuerdo. -Esto…ya paso, ¿cierto? Hemos...hecho contacto en algún otro
momento, en tu estado incorpóreo.- Sí, recordaba, ese día con el mismo peinado batido
de los ‘60, y la sensación de haber sido tocada por ángeles.- ¿Me has tocado mientras
dormía?-
Se froto el cuello nervioso. - No…Yo…No fue así, es decir…sí, pero no fue mi
intención, yo…no fue premeditado. Estaba merodeando...-
-¿Acosando...?- sus ojos, ya casi sin el resplandor brillante, me clavaron en el suelo.
-...vigilando la zona, porque siempre parecía que los problemas encontraban su camino
a ti.-espeto a la defensiva, e hice una mueca que lo hizo sonreír. - y te…visite. Dormías
tan calmadamente que…bueno, me sentí tentado de observarte, eras tan apacible, y…-
-¿Qué? ¿Qué paso después? ¿Me tocaste? ¿Me…besaste? –Cuando sus mejilla se
colorearon suavemente en un rosa pálido tuve mi respuesta.- ¡Me besaste!- exclamé
sonriéndome.
Ok, aclaremos los puntos, me sentía…un tanto ultrajada, conmocionada, pero con una
extraña sensación de felicidad, y admitámoslo, algo de calentura también.
-Sí, pero no es como piensas, fue accidental…-
- ¿Cómo?- me incline contra su pecho.- ¿Resbalaste sobre mis labios?-
- No, no exactamente…-
- Entonces, ¿cómo? ¿Mis labios te eran tan tentadores que no pudiste resistirte?- La
expresión culpable en su rostro cambio. Su mirada se ensombreció. El suave color de
sus ojos se oscureció volviéndose un tumultuoso bronce cobrizo. Su brazo salió
disparado acorralándome contra la pared, lavando toda broma de mi cara.
- Sí, bebe, me tentaste desde el principio. ¿Cómo podía dejar pasar una oportunidad
como esa?-trague saliva.- Por ti caería en gracia por solo tocarte
una...única...sola...vez...- susurro con voz grave. Me mordí el labio, excitada. Esto
estaba muy mal.- Ahora…ven.-
- Señor, no sé qué libertades se está tomando, pero no soy tan fácil.- Una sonrisa
traviesa curvo sus labios mientras me guiaba de nuevo a la cama.- Pero, estas bien
¿verdad?-
- Estoy bien, no sentí ningún dolor. De verdad.- me aseguro sentándonos. -Ahora, creo
que el policía tenía razón. Iban a por ti.-
- Pe…Pero no puede ser, Sisi y yo somos muy diferentes. Es imposible que nos
confundan.-
-Y, lo son, pero para ellos son como dos monedas de una cara. Además, se encontraba
en el lugar y momento equivocado. Es la única explicación para que haya sucedido esto.
Piensa que ellos sólo sabían tu identidad, solo conocían tu rostro de 6 años, y de
entonces a ahora, has cambiado. Es complicado rastrear a alguien con solo detalles
generales del aspecto y edad.-
-Sí…pero…-no quería creerlo, porque de hacerlo significaría que a la pobre Sisi se la
llevaron por mí y cuando descubran que tienen a la equivocada. Miedo me inundo.- Oh,
Sebastián, ¿cuándo descubran que no soy yo?- su mirada me dio la respuesta que ya
sabía.-No...No puede ser...-
-No vamos a permitir que nada le suceda. Lo prometo y, sabes que jamás rompo mis
promesas.-
Asentí.
-¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a lograr encontrarla?-dije sintiéndome impotente,
no teniendo idea por dónde empezar a buscar donde la tenían confinada.
-Voy a hablar con Martiel. Creo que puede tener una muy buena idea de donde están.-
-¿Nunca te ha dicho donde se realizaría el levantamiento?-
-No, lo mantenía en secreto por miedo a que alguno se le adelantara y le arruinara el
plan sorpresa a Frankfruzzel, pero a este punto, creo que él lo sabía todo. No te
preocupes, obtendré la dirección de ellos, y si no les haré una visita a la policía. Pero la
encontrare, tenlo por seguro.-
-Voy contigo, puedo ayudarte.-abrió su boca para replicarme como lo esperaba, y me
adelante.-No, ni empieces. Voy contigo.- Necesitaba tanta ayuda como pudiera con los
segundos contados de Sisi.
-No. No.-recalco, y se puso de pie.- No te quiero cerca de ellos.-
Me acerque, y se volvió. -¿Cerca de quién? ¿Martiel? ¿Por qué?-
- No quiero que sepan quién eres.-
-No comprendo, se supone que son los bueno...¿cierto?-
-Lo son...pero te quiero a salvo. Lejos.-
-¿Temes que puedan utilizarme también?-
-No…temo que…- Se calló, y respiro hondo. Sacudió la cabeza, y frunciendo el ceño
volvió a poner énfasis.- Da igual, no los veras.-
-¿Por qué? ¿Por qué pueden matarme? ¡Chocolate por la noticia! Todos están en plan de
eso últimamente, no me asusta. Pueden hacer lo que sea en cualquier momento.-
-Puede ser, pero no me voy a arriesgar, y darte en bandeja.-
-Ya estoy en su plato, ¿no lo ves? No puedo correr y esconderme por siempre. El final
ya está aquí. Es inminente. Solo hay que ponerle nuestro moño, y no el de ellos.
Tenemos que enfrentarlos.- ¿Era suicida? Definitivamente, pero esa no era realmente la
cuestión sino, ¿estábamos servidos de otras opciones?
Negó con su cabeza sin ceder.
-No. No me importa, no iras. Hare lo que dijo Sergio.- Fruncí el entrecejo sin
comprender.-Nos esconderemos hasta que pasé el ritual.-
-¿y Sisi?-
Exhalo descruzándose de brazos, como si no pudiera respirar encontrándose entre la
espada y la pared.
-No te preocupes por ella, la rescatare, pero tú permanecerás escondida hasta que pase el
día - Negué con la cabeza, y me tomo en sus brazos.-…por favor -cerré los ojos ante el
dolor en su voz, y le abrace de regreso.
-No puedo.-susurre encontrando su mirada. Su petición silenciosa cortaba profundo en
mí. Me impulse y le bese. Su mirada su suavizo, pero la preocupación no dejo su
rostro.- Vamos a vivir. Vamos a continuar con nuestras vidas. Todos. Le pondremos fin
a esta demencia, y podremos estar juntos al final.-aunque sabía que nuestro final era
igual de inminente y trágico como esta lucha.- Créeme.- fue mi turno de darle mi
palabra.
Nos quedamos en silencio un rato, mirándonos al alma del otro.
-No puedo contra ti.-suspiro.
-¿Alguna vez pudiste?-
-Sabes que no.- contesto acunándome de nuevo dentro de su cuerpo. Me aparte
recordando, pero no me dejo moverme. -Quédate.-
-No deseo lasti...-
-Quédate.-
-Tengo que volver al hospital con Mika.-murmure contra su pecho.
-Sabes, ella…puede que sea de todo, pero de verdad era tu amiga.-
-Yo también creo eso.-suspire. No sabía si podíamos superar esta brecha, pero quería
trabajarla.
Sentí la luz de la esperanza brotar en mi pecho, porque más allá de cómo comenzó
nuestra relación, ella cambio, se arrepintió, y si alguien era capaz de producir tal
cambio, entonces, teníamos posibilidad de salir de allí en pie, talvez no ilesos, pero
arañando la línea de la vida.

Después de despedirnos, me di una ducha rápida y me enfundé en unos jeans oscuros


limpios. Acomodé mi medallón dentro de mi camisa azul, me puse mis botines y
disparada atravesé la puerta.
Derrapé bajando la escalera, y me detuve abruptamente al ver a alguien apoyado en la
trompa de mi “Pixie”. Con sus manos en los bolsillos y esa actitud casual, mi corazón se
aceleró como un auto kart. A paso lento me acerque.
Atrapada en esa mirada ensoñadora de James Dean que me enamoraba cada segundo,
tropecé haciendo que sus labios se estiraran en una sonrisa que podía iluminar toda la
ciudad.
-Pensé que dijiste que ibas a investigar.- dije deteniéndome delante de él. Cada rayo de
luz de sol era absorbido por su iris volviendo oro líquido sus ojos.
-¿De verdad creías que dejaría a mi novia sola con tantos demonios, espectros, asesinos
sueltos a su alrededor?-contesto en su lugar, y juro que cuando le oí decir “novia”, morí
y volví. Era la primera vez que su deliciosa boca, su real boca, lo decía en este nuevo
contexto, y como que lo hacía legal.
-Bueno, si lo pones así yo también te reprocharía que me dejaras, pero...tienes cosas
más importantes que hacer.-
-Sí...tú.-
-Oh…- fue lo único que mi cabeza pudo formular mirando el remolino de emociones en
sus bellos ojos.
-¿Van?-una voz masculina me llamo. Sebastián a una velocidad sorprendente se apartó
del coche, y se puso frente a mí a la defensiva.
Mirando sobre su hombro mis ojos se posaron en la persona detrás suyo, y se abrieron
gigantes. - Catriel…¿qué haces aquí?- dije dando un paso delante saliendo de la
protección de Sebastián.
-Estaba preocupado, no he sabido de ti en todos estos días. Llame a Mika, pero me
dijeron que estaba en el hospital.-contesto mientras se acercaba. Vestía su uniforme de
trabajo, y podía ver la preocupación empañando su rostro.
-Oh...
-Me pase por si acaso ya habías regresado. ¿Qué ha pasado?-pregunto acariciando mi
brazo, y mi cuerpo reconoció que no eran las mano correctas. El impulso de alejarme
era fuerte, pero me contuve.
-Yo…ehmm…- Mis ojos echaron un vistazo hacia Sebastián. Su feroz mirada estaba en
mi antebrazo donde estaban las manos de Catriel. -Está bien, está bien.-le calme, y sus
ojos lentamente encontraron mi mirada. La calma barrió algo de su enojo, pero su ceño
fruncido seguía presente.
-¿Qué cosa esta bien?-dijo Catriel trayéndome de regreso a él.
-¿Eh? Oh, sí, te lo voy a explicar todo, pero estoy de camino a ver a Mika.-
-¿Quieres que te lleve?-pregunto apuntando con su pulgar hacia atrás, y mi mirada se
posó en su coche plateado estacionado en mi entrada.
-No, no, estoy bien.- sus labios se apretaron, viendo que le dolió. Ofrecía su ayuda y le
rechazaba, de nuevo. -Es que no sé cuánto tiempo me quedare allí.-bajo la mirada
asintiendo en silencio. Sintiendo la culpa carcomiéndome por dentro, agregue:- Pero…si
no tienes problema con el trabajo, me haría bien algo de compañía - Eso saco una
sonrisa en su rostro, que me rompía el corazón porque yo estaba a punto de hacerle lo
mismo, romperle su pobre corazón.- y…podemos hablar.-
Di un vistazo rápido en dirección a Sebastián, y tenía el rostro concentrado con la
mirada fija en Catriel. Parecía pensativo.
-Bárbaro, muy bien, te acompaño, voy con mi auto y nos encontramos allí.-dijo, e
inesperadamente se inclinó hacia mí. El aire quedo atrapado en mis pulmones, sin saber
cómo reaccionar a su beso.
Solo fue una ligera presión, pero fue suficiente para asegurarme de lo que mi cuerpo
realmente quería, no importaba cuanto lo forzara, lamentablemente...nunca había sido
él.
Trabaje mi mejor sonrisa, pero fue un caso fallido. Sebastián se interpuso entre
nosotros.
-Quita tus manos de ella o, te hare saber lo que es tener un demonio dentro de tu
cuerpo.- le gruño con ira contenida, pero a Catriel le resbalaba, indiferente a su
presencia.
-Ok, ok.-exclame desesperada por calmarlo.
-¿Qué?-pregunto Catriel.
-¿Uh? Oh, nada, no me hagas caso, estoy fuera de mí desde todo esto que ha pasado.-
Sebastián seguía fulminándolo con la mirada. ¿Los fantasmas podían sentir celos?
-Entiendo. Nos vemos allí. -dijo Catriel caminando de regreso a su coche.
-Dale.- Sebastián seguía con su mirada vigilando a Catriel subir a su coche y alejarse.
Parecía que podían sentir lo que fuera. –Vamos.- le dije dirigiéndome al asiento
conductor. Puse en marcha el motor, y cuando levante la vista me sobresalte con la
presencia de Sebastián sentado en el asiento de acompañante.
-Cómo te vuelva a tocar va a probar lo que es ser quemado por el toque de un espectro.-
dijo apretando los dientes mientras yo daba marcha atrás.
-Mnn...¿Huelo celos?-use sus propias palabras. Me lanzo una mirada letal y contuve la
sonrisa. -No seas así, no sabe nada, está en la oscuridad total…Tengo que hablar con
él.-dije en un suspiro. No iba a ser algo agradable. Gire el volante en redondo, y me
adentre en la calle.
-No lo hace más fácil…Ver sus manos sobre ti...Sus labios...Solo yo puedo tocarte.-
-No lo vi venir…pero tampoco podía rechazarlo, para él nada ha cambiado. Lo va a
destruir.-
-¿y, yo? También estoy sufriendo.- Me sentía dividida, porque no podía imaginarme lo
horrible que se debía sentir el ver cómo te pasan de lado estando junto a tu novia.
- Sí, y lo sé...lo sé...-susurre desairada.- pero tú me tuviste todos estos días, ¿no lo
recuerdas?-
- Oh, sí...lo recuerdo todo muy bien. - dijo, y le di una mirada rápida mientras viraba en
la esquina. Un brillo destellaba en sus ojos con una sonrisa delineando esos labios
carnosos, como si su mente estuviera reproduciendo los recuerdos de nosotros. Eso me
hizo sonrojar y a él esbozar una sonrisa satisfecha.
- Solo tengo que aclarar las cosas con él, y nos podremos enfocar en lo demás. -
- Bien. - dijo cruzándose de brazos. Me sonreí gustándome todo celoso y protector.
Estacione el coche y me gire a él. Tomé su mano en la mía. -Te amo, y nada ni nadie
puede cambiar cómo me siento, incluso si me llaman loca, no lo va a cambiar, soy tuya.
Mi cuerpo, todo de mí, pertenece única y solamente a ti.- Me dio una de esas miradas
intensas e indescifrables. Acaricio mi mejilla con una suave sonrisa en sus labios.
Respiré hondo tomando algo de fuerza de su toque, y dije: - Vamos. -
Asintió, y salimos.
Estar de nuevo dentro del hospital me puso inquieta y temerosa. El brazo de Sebastián
me rodeo la cintura apretándome contra su cuerpo, y parte del nerviosismo se difumo.
Doblamos en la esquina del corredor y un grupo de chicas aparecieron esparcidas por el
pasillo. Sentadas, de pie, contra la pared, lo único en común era la tristeza en sus
rostros.
Nina y Lena estaban abrazadas sentadas juntas. Bey caminaba sin parar por el pasillo.
Carmín y Tina miraban por la ventana al final del corredor.
Me partía el corazón verlas así. -Oh…chicas.- Sus ojos se posaron en mí.
Nina se puso de pie y me estrujo en un abrazo. -¿Dónde estuviste? ¿Por qué no
contestabas el maldito teléfono?-dijo con voz temblorosa contra mi hombro.
-Lo siento, lo siento tanto.-
-No es tu culpa. Nada de esto lo es.-dijo Carmín mientras las chicas se arrimaban a
nuestro alrededor. Lo era, indirectamente, pero seguía siéndolo.
-¿Dónde has estado? ¿Por qué desapareciste de repente? Nadie podía contactarte.-la
pregunta de Bey hizo que todas esperaran en silencio por mi respuesta. Rápidamente le
dije lo mismo que le conté al policía, y eso logro calmarlas.
-Van…- la voz masculina nos hizo voltear a todas. Mi mirada se posó en Sebastián que
no me había dado cuenta que se había alejado. Nos observaba con el rostro apacible e
inexpresivo dándome mala vibra.- pensé que te había perdido de nuevo.-la voz de
Catriel hablo, pero no podía apartar mis ojos de Sebastián.
Sentí el movimiento de las chicas abandonándome, y rodeando a Catriel.
-¿Eres Catriel?-escuche de fondo la voz de Nina interrogarle.- ¿Este es tu novio?-
Abrí mi boca para decir que en realidad solo éramos amigos, por más que le hiriera, me
importaban más los sentimientos de Sebastián, pero él hablo primero:
-Estas a salvo aquí, voy a ver qué encuentro de Frankfruzzel.- Sentí una pesadumbre en
su voz. Volvería...¿verdad? -Volveré.-dijo como si leyera mi pensamiento, y con una
sonrisa en su rostro se desvaneció dejándome con esa extraña sensación. Su cuerpo
simplemente se difumo en una cortina de humo blanca, y ya no estaba.
Mirando al lugar de Sebastián, por primera vez, pese a estar rodeada de tanta gente, me
sentí sola.
-¿Van...? ¿Van?-me llamo la voz de Catriel.
-¿Sí?-conteste sintiendo una opresión en mi pecho.
-¿Estás bien?-
No, no lo estoy.
-Quiero ver a Mika.-dije en voz baja, y sin mirar a nadie más, me zambullí dentro de su
cuarto. Me apoye contra la puerta, sintiéndome desinflada, sin fuerzas. Algo iba mal,
terriblemente mal, y no tenía idea.
CAPITULO 49
CADENA DE EVENTOS
El pitido constante de su corazón, me hizo posar los ojos en la cama de Mika. Me
acerque a ella con paso lento, y suspire con pesar. Verla así, tan vulnerable y
destruida...me rompió. Con mucho cuidado deslice mi mano bajo la de ella.
-No importa qué haya sucedido…eres mi amiga. Siempre lo serás.- dije en voz queda.
Su mano me dio un suave apretón, y el pitido se aceleró. Su ojo sano parpadeó lento
abriéndose:- Hola, amiga.- Una lágrima bajo por su mejilla, y se la seque. -Saldrás de
esta. Esto...es nada, y le darás una paliza a los que te hicieron esto, yo te ayudare.- rodo
la mirada. -¿No me crees? Pues más vale que te recuperes, así te lo puedo demostrar.- su
cuerpo se sacudió levemente riéndose. Tosió y gimió de dolor.-Ok, ok, no te hare reír,
duerme. Me iré.-dije, y su mano me dio un apretó con fuerza, mientras con la otra mano
se quitaba la máscara de oxígeno. Sus labios secos y rotos se despegaron murmurando
algo apenas audible.- No te esfuerces, quédate descansando.- Jalo de mi mano,
forzándome a inclinarme cerca de su rostro.
-Van…bajo…armario…mi…tú…busca…-trago saliva.
-No digas más, solo…-
- Debes...saber…- Sus párpados se cerraron de golpe, y estaba inconsciente de nuevo.
Un segundo después la puerta se abrió con Tina y Nina entrando abrazadas. No podía,
no podía verla así tan destruida. Era demasiado.
-Salgo un momento.-musite, y sin esperar respuesta me dirigí fuera del cuarto
caminando tan rápidamente como mis pies pudieran llevarme lejos de allí.
Había llegado a la recepción de enfermeras cuando una mano se cerró alrededor de mi
brazo, girándome. -¿Qué sucede, Van?-pregunto la voz profunda de Catriel.
-Nada, solo…necesito...necesito estar sola.- dije sin aire, y me solté de su mano. -Lo
siento.- retrocedí sin poder mirarle a la cara, y me alejé. Corrí a toda velocidad a mi
coche. Me metí dentro, y estrangulé el volante. ¿Por qué...? ¿Por qué tenía que pasarnos
esto? ¿Y a qué se refería con lo de su armario? ¿Quería que buscara algo?
Okey, no tenía idea, pero no podía quedarme sentada esperando, sofocándome en la
tristeza. Puse en marcha el motor, y sintiendo que me ganaría una monumental
reprimenda de Sebastian, me dirigí al piso de Mika.
Con rápidas zancadas me encamine al lujoso hall de mármol. Siempre me dio curiosidad
por saber cómo podía pagarse un loft Premium en la parte más exclusiva de la ciudad.
Obtener una aceptación de solicitud para alquilar en estos bloques departamentales era
casi tan fuerte como si el presidente te telefoneara.
Apoye la llave electrónica en el lector, y la lucecita verde se encendió. La puerta se
abrió de golpe, haciéndome trastabillar hacia atrás. Un sujeto de complexión fornida y
maciza arraso como un camión. Su cuello ancho como el de un toro y la cabeza tan
calva con una aureola de cabello oscuro fue lo único que pude verle.
Detuve con mi mano la puerta de cristal, y me metí dentro. Mis tacos hacían ecos en el
parqué brillante mientras me dirigía al ascensor.
La espera hasta el piso 19 fue desesperante. Mis ojos se movían en cada recoveco y
decorado antiguo del gigantesco espejo en la parte trasera del ascensor. Se detuvo, y salí
disparada.
Solo había dos puertas, la suya era la de la derecha. Abrí, y la inmensidad y quietud me
sobrecogió. El lugar estaba escalofriantemente silencioso. La fragancia dulce y frutal a
frambuesas entro en mi nariz.
Mi mirada se posó en el desayunador de mármol gris donde reposaba la wafflera que le
regale aun sabiendo su historial en la cocina. Sabía que la usaba porque estaba sucia con
restos de masa quemada.
La monstruosa cocina de acero estaba impecable, jamás usada. Los gabinetes y la
heladera de dos puertas como para meter dentro tres cuerpos, estaban igual de nuevas.
Estaba segura que nunca en su vida le puso un dedo encima.
Largos y lujosos sillones de diseño color crema estaban ubicados alrededor de una mesa
ratona de cristal ovalado con un adorno de vidrio con una vela blanca flotando sobre
liquido rosa y revistas de moda esparcidas. Los ventanales que reemplazaban las
paredes estaban cubiertos con persianas blancas semi bajas mostrando parte del balcón,
por donde el tenue brillo naranja del sol se desvanecía poco a poco. Con mi terror a las
alturas nunca me había acercado. No me lo explicaba porqué teniendo un piso de lujo
con dimensiones astronómicas, se la pasaba más tiempo instalada en mi pequeña casa
con 50 metros más diminutos.
Camine lento dentro dirigiéndome a la puerta de su habitación. Encendí la luz, y su
gigantesco cuarto que hacía avergonzar el mío me dio la bienvenida. Su manta peluda
color crema con almohadones en diferentes tono desde el beige al morado adornaban la
cama de respaldo acolchonado elegante ocupando mayoritariamente el espacio del
cuarto, no dejando lugar más que para un tocador moderno blanco con todos sus
maquillajes de marca, perfumes exclusivos. “Carolina Herrera” “Dior” “Channel 5”
“Mabeyline” la marca que conozcas aquí estaban. Las brochas, las sombras abiertas
dejadas en el último momento que las uso, los rizadores de pestañas, su labial favorito
rojo brillante estaba destapado. Mis ojos lagrimaron. Pobre Mika.
La puerta del baño junto al espejo de lado de la cama ocupando todo el espacio de la
pared, estaba entreabierta con la luz apagada. Recordé sus palabras: “Debajo del
armario.” Mi mirada se posó en el armario reflejado en el espejo del tocador y me
volteé.
El monumental armario estilo moderno a juego con el resto del mobiliario de la casa en
el mismo tono crema que la mesita, ocupaba otra notoria porción de la pared contraria al
baño.
Me acerqué, y abrí las macizas puertas dobles. Sentí que me habría al mundo de
“Narnia” abrigos, vestidos, carteras, era todo una selva de moda. No habia lugar para
nada. El piso de madera estaba cubierto por todos sus tacones nuevos. Realmente no
entendía cómo podía darse esta vida de lujo. Me agache y aparte sus zapatos. Pase mi
mano sobre la madera buscando algo.
Decepcionada volví a colocar sus bebes de nuevo en su lugar. De pronto, una lamparita
se me ilumino, que tonta: “Debajo del armario”
“Debajo”
Me puse de rodillas en el alfombrado blanco, y estiré mi brazo tocando el fondo del
armario. Algo puntiagudo y filoso raspo la piel de mi dedo índice, y chille.
Me incorpore, y una línea roja de dos centímetros surcaba la yema de mi dedo. Cerré mi
mano en un puño y maldije reanudando mi tarea extendiendo mi brazo izquierdo con
cuidado del clavo.
Mis dedos se toparon con algo pegado a la madera. Era pequeño y sobresalía. Clave mis
uñas y con fuerza lo arranque.
Un pequeño rectangular plateado espejado pegado con cinta negra. Se la saqué, y se
deslizo abriéndose por la mitad, exponiendo una boca de entrada USB. Una memoria.
¿Por qué tendría una tarjeta de memoria allí escondida? Además de lo obvio, claro está.
Pero, ¿por qué pedirme que la encontrara?
Me puse de pie, y la guardé en el bolsillo trasero del pantalón.
Me detuve. Si Mika fue tan cautelosa para mantenerla tan secretamente, no creía que
fuera seguro guardarla en tal obvio lugar. Pero, ¿dónde?
¡Ya sé! Desabroché los dos botones del escote de mi camisa y escondí la memoria
dentro de mi corpiño. Era el último lugar que buscarían, esperaba.
Me abotoné, y me dirigí fuera del cuarto. Apagué la luz, y me detuve. Alguien estaba
dentro. Podía oír la goma de sus zapatos rechinar en el suelo de mármol de la sala. La
alerta bombeo sangre en mi cuerpo. Muy sigilosamente me pegue a la pared del cuarto,
y espere.
Los pasos deambularon cerca de la puerta cerca de donde estaba, y se detuvieron.
Rápidamente retrocedieron, y luego se escuchó la puerta. Exhale aliviada.
Me dispare fuera del cuarto, y cuando llegue al hall mis pies se detuvieron en seco. El
sujeto seguía aquí.
-Sabía que saldrías.-su gruesa y rasposa voz resonó en el silencio. Su mirada oscura y
fría me observaba cruzado de brazos, apoyado contra la pared. Su labio inferior grueso
tenía una inclinación hacia abajo haciendo que su sonrisa saliera como una mueca
engreída. Su piel tenía un tono gris enfermizo. La amplia frente era una continuación de
su cava cabeza que brillaba bajo la luz blanca del fluorescente como reloj solar. Todo
contribuía una horrible imagen.
Aunque anteriormente no había logrado ver su rostro, reconocí esa camisa marrón, esa
calvicie, su corpulento y rollizo cuerpo de jugador de rugby. Era el sujeto maleducado
de antes. Se despegó de la pared, y retrocedí.
Un segundo después, se lanzó sobre mí y corrí de regreso hacia el dormitorio. Me sujeto
de la parte trasera de la camisa, y me arrojo por el respaldo del sillón. Rodé sobre el
mullido asiento cayendo sobre la mesita de cristal, quebrándola. La fragancia a
frambuesas golpeo fuertemente mis sentidos intoxicando mi nariz. Me tumbe al suelo,
desparramando las revistas, y golpee con mi cabeza contra el borde del otro sillón.
Gatee alejándome escuchando sus pasos lentos detrás de mí.
-Yo tenía razón.-hablo de nuevo. Algo mareada y temblorosa, me puse de pie. Tome el
velador de pie de bronce, y golpee el aire delante de mí. Lo esquivo, pero no se alejó. -
Me parecía rara la otra chica. Era rubia, pero era muy pequeña y más joven…pero ¡ey!
Allí estaba ella con la estúpida perra, como iba a saber que había otra rubia tonta allí.- el
desprecio en su voz me hizo rabiar. -No importa, le llevare las dos.- dijo con esa sonrisa
asquerosa, y volvió a arremeter contra mí. Sus gruesas manos sujetaron la lámpara, y
luchamos en un tira afloja.
De nuevo aquí la fuerza no era mi amiga. En el último jalón, se la solté, y el trastabillo
cayendo sobre el sillón. Me dispare a la puerta.
Había llegado al inicio de la entrada cuando sus manos me volvieron a sujetar de los
hombros, y me arrojó contra la mesa desayunador, aplastándome con su cuerpo. El
borde se incrusto en medio de mi estómago cortándome el aire.
Su brazo derecho se cerró alrededor de mi cuello en un gancho fuertemente apretado,
restringiendo mi capacidad para respirar, y tosí desesperada.
-Vamos, quieta, mucha gente está esperando verte.- gruño en mi oído.
-¡No...! ¡Jamás!- jadee forcejeando. Mis uñas se clavaron en el mármol con tal fuerza
que las sentí quebrarse. Su otra mano apareció delante de mis ojos sosteniendo un trapo
gris, y el olor a cloroformo me pico la nariz.
Aterrada lleve mi codo hacia atrás clavándoselo contra las costillas, pero no le hizo
mucho. Aplasto la tela en mi rostro, y el fuerte y penetrante aroma entro por mi nariz
comenzando a hacer sus efectos sedativos. El contorno de las cosas comenzó a perder
delineado. La imagen distorsionada de la wafflera entro en mi campo de visión, y estiré
mi brazo tanto como pude a ella hasta que lo sentí punto de desprenderse de mi axila.
Su mano mantenía fuertemente la tela y no podía evitar tomar grandes bocanadas de la
droga dejándome cada segundo más y más débil.
Mis dedos rozaron la manija y apretándome aún más contra el borde consiguiendo los
milímetros justos, la alcance. Cerré con mi mano en ella, y le di un pisotón con fuerza.
Retorcí con fuerza mi taco en sus dedos, y soltó un quejido de dolor, aflojando el agarre
de sus brazos.
Me impulse hacia atrás impactando la parte trasera de mi cabeza contra su rostro. Soltó
un grito fuerte de dolor, y trastabillo. Me volví rápidamente llevando la wafflera al aire
tomando impulso, y la impacte contra su mejilla. Mi medallón voló en el aire golpeando
mi pecho.
Parpadeo confundido. Sangre caía a borbotones de su nariz. Su rostro se torció en furia,
y arremetió de nuevo con las manos alzadas listas para sujetarme. Con la bronca
acumulada por lo que le hicieron a Mika, a Sisi, canalice mi energía y fuerza en mi
brazo, y volví a extenderlo. Golpeé nuevamente su rostro, y su cabeza se giró hacia la
izquierda.
Agitada observe sus ojos volverse blancos antes de cerrarse y desplomarse en el suelo
sobre su espalda. Solté la wafflera, impactando el parqué con un ruido sordo. Con mi
mano derecha temblorosa acomodé los mechones despeinados de mi fleco que picaban
mis ojos, volviéndolo a su lugar y me dirigí a la puerta con paso inestable.
Cuando llegué a la puerta, me detuve. Cuando despertara contactaría a la gente de
Frankfruzzel informándole que tenían a la chica incorrecta y ese sería el fin de Sisi.
Necesitaba tiempo.
Volví en mis pasos. Me arrodille junto a su cuerpo desplomado, y busque por algún
teléfono. Si este era con quien Mika estuvo mensajeándose, tenía que tener uno.
Lo revise con la mirada, pero no parecía estar en los bolsillos delanteros y no me
apetecía meter mano. Con mucha fuerza lo voltee poniéndolo boca abajo. Sin aliento,
mire los bolsillos trasero, y note el bulto en el derecho.
Tomándolo con solo mis dedos índice y pulgar, lo deslice. Me puse de pie mientras
presionaba el botón en el costado izquierdo y la pantalla grande se ilumino con un
recuadro gris en medio y un teclado. Un código. Mierda. Y no había manera de que
pudiera decodificarlo.
Pensando rápido, lo dejé caer al suelo y le di un fuerte pisotón. Mi taco rompió la
pantalla y se tornó negro.
Sin más, me largue de allí. Puse la llave en la cerradura, y le di una vuelta. Ubique mi
muñeca en el aire encima de cuello de la llave, y la baje con fuerza. El palito se quebró
y el manojo de llaves cayó al suelo.
Con la cerradura obstruida le seria medio difícil salir. Podía saltar, pero a menos que
fuera Spiderman, no creía que tuviera muchas posibilidades de salir ileso.
Me dirigí al ascensor, y vi que las puertas estaban detenidas con un pequeño tacho de
acero. Esperaría doparme y llevarme fácilmente a su auto. Supongo que pensó que lo
tenía todo resuelto. Entre en el ascensor, y pulse la PB.
No con esta chica. Con rabia patee el tacho y voló lejos. Me quede con la mirada fija en
su puerta mientras las alas metalizadas se sellaban y descendía.
Una vez fuera, corrí a mi coche. Abrí la puerta, y mi mirada se posó en el cielo. Aún era
temprano para que anochezca, pero ya estaba listo. Una franja naranja vibrante cortaba
en horizontal el cielo mezclándose con el celeste tornándolo un violeta amarillento.
Nunca lo había visto en este tono.
Me metí dentro, y puse en marcha el motor. Fui directo a casa.
Estaba en mi cuadra, a unos metros de la entrada, cuando algo extraño capto mi
atención. Me mantuve conduciendo lento mientras miraba a través del parabrisas a mi
casa. Sobre el techo sobrevolaban sombras oscuras.
Espectros.
Todo estaba a oscuras, la tienda permanecía cerrada. En cambio, en mi piso las luces de
cada cuarto estaban encendidas, y pude ver en la ventana del corredor la sombra de la
silueta de una persona. No podía regresar a casa. Aceleré, y seguí de largo.
¿Qué haría? No tenía donde ir.
Luego. Mi prioridad ahora era el sujeto. Me detuve a unas cuadras de mi casa, y busqué
mi teléfono, solo para recordar que lo deje cargando. ¡Rayos!
Miré alrededor pensando qué hacer cuando vi una de esas cabinas viejas de teléfono aun
hábiles.
Me baje del auto, y con rápidas zancadas me dirigía a ella. El cubículo rectangular gris
habia sufrido los efectos del vandalismo de la pintura en spray. Levante el tubo y el tono
sonó. Al menos funcionaba.
Marque el 911 y espere. Unos segundos después una voz femenina aburrida contesto:
-¿Cuál es su emergencia?-
-Hay alguien. -mi voz salió sofocada y baja. Me aclaré la garganta y volví a intentarlo.-
Ha entrado en el departamento de mi vecina.-
-Cálmese, señora ¿dígame dónde está?- respondió más despierta.
-Mitre 206, el edificio de la esquina. Piso 19, departamento 2. Apúrense.- y colgué.
Esperaba que esto también le dificultara las cosas.
Mientras caminaba de regreso a mi coche pensé a donde ir. ¡La iglesia! Cuando
Sebastian no pudiera localizarme, iría allí.
Corriendo me dirigí al parque atravesándolo del lado oeste, fuera de la vista de los
espectros. Cada segundo el cielo encontraba su manera de tragarse el sol, y no era
agradable para deambular en medio del bosque.
Atravesé el muro de arbustos que delineaban en inicio de la arboleda adentrándome en
la absorbente oscuridad. La temperatura había bajado drásticamente, y literalmente me
estaba congelando.
Pase de largo el árbol de donde Sebastián me salvo del encuentro con el mega espectro.
Trastabillando, forzando mi vista identificando cada figura alta delante mío como un
tronco, finalmente llegue al claro.
Las enormes piedras grises aun mantenían en pie la deteriorada iglesia. Estaba en medio
un acampado con hierbajos y pasto seco creciéndole del suelo y trepando las paredes.
Me detuve frente a los enormes portones de madera sin picaporte y empuje. No se
movió, pero una araña mediana correteo sobre el dorso de mi mano. Solté un chillido, y
la sacudí. Voló lejos, y con sus largas y delgadas patas correteo alejándose.
Regresé mi atención a la puerta, y volví a empujarla esta vez con más fuerza, cayendo
con un pie dentro. El lugar era tan sombrío y frio, como la heladera de un asesino serial.
Acostumbrándome a la penumbra me moví por el corredor a mi derecha no queriendo
perderme dentro de un lugar que no tenía muy bien memorizado, y me quedé junto a la
helada pared.
Me deslice por ella, sentándome. Me acurruque en una bola, y espere.
No tenía idea de cuánto tiempo paso hasta que sentí unos suaves y calientes toques en
mis congelados y atrofiados brazos.
-Van…- una voz calma y masculina penetró la niebla de miedo y frío. Alce la cabeza
haciendo crujir mi cuello, y en la plena oscuridad pude ver la sombra de una persona
agachada frente a mí. -Bebe…¿Qué ha sucedido? ¿Por qué estás aquí?- el susurro del
desconocido debería haberme alertado, pero no lo hizo. La voz podía ser totalmente
diferente, pero lo reconocía debajo de ella. Sus manos acariciaban mis brazos
haciéndome entrar en calor -Oh, bebe, háblame, ¿qué te ha pasado?-
Apoyándome en mis rodillas me impulse hacia delante rodeándole con mis brazos. Me
abrazo acunándome fuertemente contra su pecho. Bajo ese fuerte aroma amargo,
quemado de la nicotina del cigarro, olí su dulce exquisito perfume mentolado, que no
importaba cuántos cuerpos cambiara, siempre lo traía consigo.- Dime…-susurro contra
mi oído acariciando mi cabello.
-Esta…Estaba…en el hospital, fui…-y un temblor me recorrió interrumpiéndome. -
Mika dijo…dijo que buscara en su casa…fui y allí….estaba, no creí…-
-Oh, bebe, tranquila, tranquila. No debí dejarte sola.-
Negué con la cabeza.
-No es culpa de nadie. Había alguien más allí.-dije, y sus músculos se tensionaron
contra mi cuerpo.
-¿Quién?-
-No lo sé, pero sé que buscaba lo mismo que yo. Mika me dijo que fuese a su
departamento y que buscara algo…algo que había escondido. El sujeto apareció de la
nada.-
-Oh, Van. ¡Rayos! ¿Por qué no me esperaste? ¡Tendríamos que haber ido juntos! ¿No
has aprendido lo peligroso que es todo esto?- exclamo con enfado.
Me aparte de su pecho. -¿Y qué se suponía que hiciera? Esperar a que ellos fueran, y se
robaran todas las evidencias o información que Mika quería darme. Sabes que no podía,
y no es como que tuvieras alguna forma de localizarte. Simplemente no pensé que
pasaría esto.-
-Lo sé, lo sé, solo…-suspiro apretándome de nuevo contra su cuerpo.- No sé qué haría si
te perdiera.-
-¿Crees que es fácil deshacerse de mí?-
Sus manos no paraban frotarme, intentado inútilmente hacerme entrar en calor. -Estas
completamente congelada. Ven, luego me contarás el resto. Ahora, salgamos de aquí.-
Se puso de pie conmigo en sus brazos, pero mis piernas no respondieron. Mis rodillas
fallaron, y me sostuvo apoyándome contra su cuerpo. Después de estar tanto tiempo en
la misma posición me había convertido en una losa más del suelo.
Nos detuvimos frente las puertas, y las empujo.
-No podemos regresar a casa.-dije.
-Sí, lo sé, los vi, pero tenemos que ir a algún lugar seguro y caliente.- dijo pensativo.
-No tengo más que mí…-
-Ya sé. Vamos.- soltó de repente, y atravesamos el claro.

Finalmente logramos salir del penumbroso bosque, estábamos frente a mi coche. Me


ayudo a entrar al asiento conductor y con rápidas zancadas se sentó a mi lado. Las luces
de las farolas colgantes de las calles me dejaron ver el rostro de mi eterno salvador.
Parecía estar dentro de los treinta y tantos. Su ostro delgado adiamantado pálido como
la luna estaba enmarcado por una rizada melena rubia ceniza acariciando su mentón.
Ajustados pantalones de cuerina negra encerada cubrían sus largas piernas. Una remera
cuello bote de tul marrón tierra con un sutil brillo espejado cubría su pecho trasluciendo
sus pezones. Las mangas tajeadas en la parte externa de su brazo estaban anudadas por
hilos a la altura de los codos.
El aspecto era de un músico de una banda de Heavy Metal. Intoxicante, letal, adictivo.
La viva imagen de los excesos en todos los sentidos. Alguien con quien definitivamente
no era bueno implicarse, sea por el bienestar físico o emocional. Era simplemente rogar
un corazón roto desde el principio. Oscuridad y pecado brotaba de sus poros, pero esta
vez mi chico estaba dentro.
Encendió el motor, y puso la calefacción. Poco a poco comencé a descongelarme
mientras él conducía por la ciudad.
Nos habíamos alejado bastante de mi casa, perdiéndonos en el sur de la ciudad. La
oscuridad del atardecer nos rodeaba por completo. No había edificios, luces, negocios,
casas, nada, solo tierra.
Aminoro la velocidad mientras nos adentrábamos en medio de un corredor amurallado
por enormes pilas de coches viejos y restos de otras mecánicas.
-¿Qué es esto?-pregunte.
-Es un deshuesadero de carros.-
Aparco frente a una pequeña casa de dos pisos, y salió apresuradamente del coche.
Extendió su mano ayudándome a salir, y me acuno contra su cuerpo. Caminamos hacia
una puerta de metal con las esquinas oxidadas. Con su mano busco contra el marco de la
puerta a la derecha donde había una alargada rajadura, y saco una pequeña llave. La
introdujo en la cerradura, y abrió la puerta con un chirrido agudo.
Me hizo pasar primero, y cerro rápidamente. Una escalera de material angosta del lado
derecho de la pared del diminuto cuadrado de espacio era todo lo que había. Subimos y
se detuvo de nuevo en el umbral abriendo la puerta con la misma llave.
El aire dentro estaba impregnado de un olor a humedad y frio como una cueva. Toco un
swich de la pared, y un segundo después una tenue luz amarillenta ilumino el lugar
desde el otro lado de la habitación despejando la oscuridad.
Era un mono ambiente con una saliente de material de un metro separando el dormitorio
con una cama a medio hacer, tamaño individual con pequeñas pilas de libros dispersas a
cada lado, y un escritorio con una laptop junto a la ventana cubierta por una gruesa
cortina marrón; del otro extremo derecho donde se encontraba una pileta de metal
económica junto a una puerta rustica de madera y un sobresaliente de material sobre el
que descansaba lo que parecía ser una hornalla de acampar con un tacho de plástico gris
a un lado.
Otro bloque gigante de hormigón con una terminación satinada, improvisaba una mesa
de casi un metro de altura, y otro metro y medio de largo, con dos banquetas de plástico
negras de un lado. La lámpara en crudo colgaba de un cable del techo era la única que
proveía la escasa iluminación. Una estantería de tablones de madera oscura incrustados
contra la pared con libros, en su mayoría y algunos objetos que desde aquí no podía
distinguir.
-Ven.-dijo llevándome a la cama.-Siéntate.-
-¿Qué…Qué es este lugar?-pregunte sentándome el colchón. Pase mi mano sobre la
suave manta negra.
-Este era mi piso…cuando estaba vivo.- contesto.
-Te refieres…-
-Sí, aquí viví hasta que me mataron. No te preocupes, no sucedió aquí.-dijo como si eso
hubiera sido de hecho la peor parte. Apreté los labios y el deseo de querer saber más de
lo que le sucedió, cuándo, dónde, pero era un tema demasiado delicado.-Pondré la
calefacción, aquí esta helado.-se alejó a paso rápido acercándose a la esquina del cuarto
junto al escritorio donde había una de esas garrafas de gas móviles. La pantalla sobre un
largo cuello de metal comenzó a encenderse suavemente en una luz naranja brillante.
El piso era espaciado pero no estaba en condiciones realmente decentes. Él de todos no
se merecía vivir de este modo.
-Me trajiste a tu casa.-dije algo asombrada cuando regreso a mi lado. Que tu novio te
llevara a su casa, su espacio íntimo, era algo grande.
Sus delgados labios rojos morados se torcieron en una sonrisa. - Sí, ¿no puedo?-
-No, no es eso…-exhale, ya no importaba, estábamos a salvo, y eso era lo esencial.-
¿Aquí no nos encontraran?-
-No lo sé, por el momento no.- Su completa franquedad me golpeo, pero eso me gustaba
de él, no me lo endulzaba.
Sus ojos se movieron por mi cuerpo, oscureciéndose en enfado cada centímetro que
bajaban. Su mandíbula se apretó y su ceño fruncido apareció. Seguí su mirada y vi el
enorme manchón oscuro adhiriendo la tela de la camisa a mi vientre. Me puse de pie
examinándolo mejor.
-Sangras.-dijo apretando los dientes. Lo toqué con mi mano y olí la esencia.
-Es perfume del centro de mesa sobre el que caí cuando el sujeto me arrojo.-de repente
el recuerdo de todo volvió, lo que hizo, lo que dijo, regreso. Un temblor me recorrió.-
Dijo...- mi voz salió frágil, y trague saliva dándome un momento para recobrarme.- que
sabía que no era a mí a quien tenían, y que me iba a llevar…-sus brazos me rodearon
apretándome contra su pecho. - Forzó un pañuelo con cloroformo en mi rostro, yo…
yo…no sabía qué hacer…y...-

-Shh…Ya me lo contaras todo, pero primero vamos a limpiarte, necesitas ropa limpia,
debes estar congelándote.-

-No tengo ropa, y no podemos regresar a mi casa.-

-No es problema, yo tengo.-dijo, y lentamente sus manos me abandonaron dirigiéndose


a la estantería de la cocina. La idea de que tuviera ropa de otras chicas despertó al
monstruo de los celos. Regresando en una zancada rápida, dijo:

-Toma.- me tendió una remera azul oscuro, y comencé a desabotonarme la camisa.


Cuando llegue al botón debajo de mi brasier, dijo: -¿No quieres usar el baño?- lo mire.
Su mentón se había inclinado hacia abajo unos centímetros, sus ojos estaban enfocados,
casi hipnotizados mirando el movimiento de mis manos mientras las suyas se mantenían
a cada lado de su cuerpo en apretados puños.- ¿No prefieres vestirte allí?-

-¿Para qué?-conteste terminando de desabotonarla. -¿No has visto todo?-y la arroje en la


cama. Comencé a pasar su remera por mis brazos bajo su atenta mirada. Podía sentir sus
ojos moverse lentamente por mi piel en una caricia. De la nada recordé, y me detuve. -
¡Cierto!-exclame, y lleve mi mano a la copa de mi corpiño. Sus cejas se arquearon
mirándome hacer y casi me reí. ¿Qué pensaba que iba a sacar? ¿Un conejo? Extraje la
memoria y toda diversión desapareció de su rostro.

Se lo di, y lo miró con curiosidad. -¿Qué es?-

-Una memoria, pero no sé qué tiene dentro.- dije terminando de ponerme la remera que
me remera me bailaba cerca de los muslos. Acomode mis rizos sueltos en mi espalda, y
me gire a él.

Sus ojos se posaron en los míos, y con una sonrisa dijo: -¿y la tuviste escondida allí
todo este tiempo?-

-Es que pensé...si era tan importante para que Mika lo escondiera como si fueran los
documentos del área 51, supuse que debía ponerlo al resguardo.-
-y estabas en lo correcto, pero ¿dentro de tu brasier?-pregunto con un tono divertido.

-Mejor que mi bolsillo.-

-Sí, mucho mejor.- Me dio una larga mirada, y luego pregunto:-¿Cómo se te ocurrió?-

-¿Instinto de FBI? –dije, y me dio una sonrisa abierta. Sus colmillos laterales estaban
ligeramente más crecido que sus paletas dándole el aspecto de dentadura de vampiro. –
Hagámoslo.-

Parpadeo dos veces confundido.-¿Qu...Qué?-

-La memoria...veamos que tiene dentro.-

-Oh, sí, sí.-dijo, y se aclaró la garganta.

-¿Qué pensaste que me refería?-

-Nada...-se lamio los labios dejándolos brillosos.- Pero primero cuéntame todo desde el
principio.-tomó mi mano sentándome sobre su regazo en la cama.

Una vez que mi boca se abrió parecía que no podía contener la rienda. Desde los
balbuceos de Mika hasta lo de la llamada a la policía, le conté todo. Cada palabra
ensombrecía su rostro, transformando la arruga de su entrecejo de preocupación, en
pliegues alrededor su boca apretada en furia.

-Oh, bebe, lamento tanto no poder haber estado allí para ti.-me susurro con voz suave
acunándome dentro de sus brazos. Me apoye contra su pecho cerrando los ojos. No
había tenido un momento realmente para procesarlo. Su mano se movía suavemente por
la piel de mi brazo, y tomo mi mano. -¿Qué te ha sucedido?-

Abrí los ojos, y miré mi pequeña mano en la suya grande y delgada, rozando
delicadamente la yema de su pulgar en la lastimadura de mi dedo corazón. -Es solo un
raspón.-

-No es un raspón, es profundo.-

-Estoy bien.-

-Siempre estás bien.-dijo, y me deslizo en la cama poniéndose de pie. Se acercó a un


baúl de madera cerca de la puerta, y lo abrió. Volvió con una botella pequeña y un
paquete de algodón.

Tomo asiento de nuevo, y comenzó a curarme. Sacudió el líquido contra un trozo de


algodón, y lo apoyo suavemente en mi dedo. -Lo lamento tanto.-dijo en voz baja sin
apartar la mirada de la herida.

-Nadie lo podía saber.-

-Yo debía.- Me senté a horcadas en sus piernas, y acuné su mejilla alzando su rostro
para que me mirara.

-No, no debías, no es culpa de nadie, solo de ellos.- susurre, y presione mis labios en los
suyos. Su mano acaricio mi muslo mientras nuestros labios se movían lento, llenándole
con todo mi amor. Me separe mirando dentro de esos ojos terracota.

-Cada día me sorprendes más.-

-y tú a mí...Cada vez que te veo en tu forma espectral...estas diferente. Lo note antes de


que hiciéramos el viaje a Ushuaia, pero no era tanto como ahora, tenías un aspecto no
tan...-

-¿No tan qué?-

-¿Terrorífico...?-

-¿Te he asustado?-pregunto con una sonrisa dibujándose en la cara.

-Bueno...sí, al principio, no fue algo agradable, no comprendía nada, y tampoco


ayudaba la actitud.-
-No me sorprende, no me porte nada bien contigo.- Menee mi cabeza, acariciando su
mejilla con mi nariz.

-Ambos empezamos mal, era algo recíproco, yo era igual de malhumorada e irritante.
Pero cuando te vi, no pude creerlo, digo, ahora que lo pienso, veo el parecido con el
niño de mis recuerdos, y casi se me saltan los ojos.-

-¿Tan guapo soy?-pregunto buscando mi mirada, y las mejillas se me pusieron al rojo


vivo. Aparte la mirada de sus ojos astutos.- ¿Qué? ¿El gato te comió la lengua?-

Sintiendo que me estaba confesando al chico guapo de la escuela, manteniendo la


mirada sobre enrejado de su remera, dije:-¿Por…Por qué crees que cambiaste tanto?- Su
pecho retumbo en una risa silenciosa.

-No lo sé...He estado pensando, podría ser por estar mucho tiempo dentro del cuerpo de
una persona.-

-¿En tu forma espectral, no sentías nada?-

-No...Era como cuando tú me tocaste la primera vez, ¿recuerdas?-asentí.- Fue una


patada eléctrica, pero era extraño porque incluso antes de estar tanto tiempo dentro de
un cuerpo, comencé a sentir...pequeñas cosas, sensaciones más humanas, y creo que se
intensifico cuando estuvimos en usuaria.-

-Pero...cambiaste, tu aspecto era diferente, eras tú...¿cómo es posible?-

-Creo que fuiste tú...-lo mire sin comprender.- La forma en que me trataste, cómo
luchabas conmigo y con los demás...Hiciste volver esa parte de mí que había enterrado
debajo de capas de oxidada corrupción, y...lo limpiaste todo. Me volviste a ser la
persona que era...bueno, la mitad, porque no me sentí completo hasta que te conocí...-

-Oh...-y de nuevo fue lo único que pude decir ante su hermosa confesión. Mi visión se
volvió vidriosa. Sus labios rozaron mi mejilla dejando un ligero beso, y mis latidos
golpetearon fuertemente en mi pecho. Cielos, que calor tenía. Que alguien llame a los
bomberos. -¿Has podido encontrar alguna pista de donde pueden tener retenida a Sisi?-
Trate de poner mi mente en otra cosa enfriándome.

-Me escabullí en la policía, pero parecen no tener la menor idea, encontraron al hermano
y tiene una coartada irrebatible, por lo que volvieron a punto cero. Están tan perdidos,
sin rastro para donde tomar dirección. No saben siquiera si fue un hombre o una mujer,
hasta el momento solo un desconocido. Están emitiendo una alerta de persona
desaparecida para ver qué frutos dan.-

-Oh, no, ¿cómo vamos a lograr encontrarla?-

-Bebe, tranquila, la encontraremos y la traeremos de regreso. No es mucho, pero he


dado con algo que puede orientarnos. Han borrado cualquier rastro de información que
los ligue con lo que está por suceder, con el plan que realizarán, pero he encontrado
entre los papeles de Martiel información sobre un pequeña Villa apartada en Inglaterra.
Tengo la fuerte sensación de que podría ser donde esta Frankfruzzel y de seguro allí
tienen a Sisi.-hizo una pausa tomándose un segundo mirándome a los ojos antes de
responder.- En las afuera del pequeño pueblo campestre de Somerset.-

-Okey, vamos.-dije alzándome de su regazo, pero sus brazos se esposaron alrededor de


mi cintura sentándome de regreso en sus piernas.

-Espera, no debemos precipitarnos tanto, hay que ser cauteloso, y ver donde pisamos.-

-pero...-

-Lo sé, y...lamento decirlo, pero ya a esta altura deben saber que no eres tú, por lo que
debemos ser aún más astutos, y actuar con precaución. Creo que debemos ver lo que
Mika puso dentro de la memoria, antes de dar cualquier paso. Debe ser importante, si te
la dio en tal momento.-

No me gustaba, pero sabía que estaba en lo cierto.

-Tienes razón.- y me dio una amarga sonrisa. Me levante de su regazo, y de la mano me


llevo hasta el escritorio viejo de metal.
CAPITULO 50

ARBOL GENEALOGICO

Presiono el botón plateado en la esquina superior derecha del teclado iluminando una
pequeña luz blanca, y arrastro la banqueta escondida debajo de la mesa. Fue a buscar
otra, mientras yo me sentaba.

La coloco a mi lado, y tomo asiento.

-¿Cómo sabias donde estaba?- le pregunte, y me dio una marida listilla.

-No hay nada que puedas hacer para mantenerte apartada de mi.- Me guiño el ojo, y
rodé la mirada haciéndolo reír. - Cuando fui desde la estación de policía hasta el
hospital y vi que allí no estabas, regresé a tu casa y vi los espectros rodeándola. Al no
verte supuse que o, tú también los habías visto y te habías ido o, te habían encontrado,
lo cual me dio un susto de muerte. Luego vi tu auto cerca del bosque y me arriesgué a ir
a la iglesia. Tendría que haber estado allí para ti, yo...si no fuera porque ya debe estar
esposado, iría a él y le haría pagar todos y cada una de las cosas que te hizo.-

El hueso de su mandíbula se afilo apretando fuertemente los dientes.

-Nada como tocar fondo para saber dónde apoyar el pie. -bromee, pero su rostro no se
relajó.-No pienses así...Estoy bien, estamos bien. Lo único que hace es ponerme en
forma. Solo me gustaría saber defenderme mejor, que con lo que aprendí en unas clases
de defensa personal.-

-Yo podría enseñarte un par de trucos.-dijo con un brillo divertido en sus ojos.

-¿En serio? Me encantaría.-exclame emocionada.

-Claro, pero...podrás obedecer a cada una de mis órdenes. Sé que eso no se te da bien.-

-Eso es...-me dio una mirada sabihonda.-casi no tan cierto.-y se rio.- Lo que sea para
aprender…siempre bajo tu tutela, claro.-

Inclinándose aún más cerca de mí, casi rozando nuestras narices, con voz áspera y llena
de masculinidad, dijo:-¿Crees que podrás mantenerte en las posiciones que te ponga?-

El corazón se me acelero ante la idea y comencé a tener problemas para mantener


estable mi respiración. -Yo...- murmure sintiendo colorearse mis mejillas, y sus labios
se torcieron satisfecho.

Se volvió a la pantalla y conecto la memoria en el lateral de la izquierda. La abrió y un


pequeño recuadro con la palabra “PASSWORD” saltó.

-Oh, no.-me desanime.

-¿Cuál crees que puede ser?-

-No lo sé. ¿Su cumpleaños?-

-No creo, es muy obvia, pero intentémoslo.-

- 13 de diciembre de 1989- dije, y con sus largos dedos pálidos teclearon rápidamente
apareciendo una fila de asteriscos. Le dio Enter, y exhale nuevamente desilusionada
cuando no funciono.

-No sé qué más puede ser. ¿Su nombre?-

-Demasiado fácil, si se tomó la molestia de encriptar la información, es porque sabe que


nadie más que tú debe tenerla.-dijo, y comenzó a teclear. De nuevo las palabras “Error”
en rojo aparecieron.

-¿Qué intentaste?-
-Tú nombre.- suspiro.

Durante un rato permanecimos pensativos buscando algo, de repente se me ocurrió, y


me gire a él, cuando él también decía:

-Tu verdadero nombre.- -¿Mi otro nombre?- Nos reímos por la sorprendente sincronía,
y rápidamente lo tecleo.

Esta vez funciono.

-¡Sí!-exclame eufórica mirándole, y una sonrisa iluminaba su rostro.

-Bien, veamos que hay.-dijo, y clickeo sobre la única carpeta que decía “Para ti amiga”.

Contenía un solo archivo. Cuando lo abrió, un largo escrito apareció delante de nuestros
ojos. Era una carta.

En silencio la leímos.

“Van, amiga, si estás leyendo esto, es porque te has enterado de la horrible persona que
soy. Todo lo que descubras de mí, será verdad, porque es cierto, no valgo tu amistad, y
no te culpo porqué no quieras volver a verme, pero ahora eso no es importante, estas
aqui por la misma razón que yo, detener a Frankfruzzel.”

“Sí, contesto a tu pregunta, estoy de su lado, en un grupo encomendado por él y los


altos para encontrarte y regresarte a él. Lamento todo lo que he hecho, y he hecho
demasiado para merecer algun perdón o, que mires en mi dirección, pero lo que no
lamento es haber recibido tu amistad. Los clichés existieron por algun motivo y lo digo
para ti "no cambies nunca", no cambies porque no hay nada en ti que valga ser
cambiado. Te quiero. Eres la única por la que vale estar muerta.”

“Bien...ahora la parte desagradable que te va hacer odiarme aún más. Como abras
supuesto, no nos conocimos por casualidad. Te rastreamos, mejor dicho, a tu mamá.
Cuando se dio cuenta de quienes éramos nos confronto y, Van, nunca habia visto a una
madre luchar tan fehaciente por su hijo. La fuerza de su espíritu era inmensa. Te queria
más que a cualquier cosa, lo sabias con solo mirarla, y nosotros estuvimos allí esa
noche. La noche que murió.”

“Pero necesito que sepas que jamás planee que resultara de esta manera. Soy muchas
cosas, pero no una asesina. La persona con quien yo estaba, era renuente a llevarlas a la
fuerza, por los medios necesarios, pero lo que no sabíamos era que tu mamá ya se habia
preparado para esto. Supongo que ya sabría que eventualmente un tipo como
Frankfruzzel no se daría por vencido, y estaba en lo correcto.”

"Ese desgraciado hizo lo que hay en la tierra y más, para encontrarlas, y lo logro gracias
a nosotros. Tú mamá, Van...ella fue tan valiente. Se enfrentó a Axiel, mi compañero,
con la fortaleza de la dama de hierro. Inigualable. Cuando Axiel creyó que ella se habia
vuelto loca, balbuceando palabras sin sentido, muy tarde supimos que estaba recitando
unas palabras y luego murió.”

“Hasta mucho después que lo investigue, supe que esas palabras eran parte de una
Concesión. Tú mama hizo un intercambio. Entrego su vida a cambio de que mantuviera
la tuya. Ella hizo su sacrificio.”

“Van, jamás habia visto una mujer tan decidida en mi vida, y eso me cambio mucho. No
queria hacerlo más. No queria obedecer las órdenes para sacrificar buenas personas por
alguien que me haría matar solo por estar en su camino. No obstante, eso ya no importa.
Yo ya no importo. Lo que es vital, es que sepas que tú mamá cambio su vida por la tuya.
Pero no es tal cual así. Tu vida es tuya nada ni nadie puede tocarla o intercambiarla, lo
que ella hizo fue un sello para que, al entregar su vida, se convirtiera en un coraza
alrededor de tu alma con el fin de mantenerla intacta.”

“Razón por la que no pueden tocarte, y es lo que quiere Frankfruzzel, por eso te busca.
Quiere usar esa esencia pura para despertar al demonio. Te preguntaras porqué, bueno,
eso es por lo que llevas en ti, por quien tu desciendes. Tu linaje de sangre es más largo,
fuerte, y muy diferente de tus padres.”

"Van...eres diferente porque no llevas su sangre. Llevas una larga línea de sangre
sacerdotisa, y...lamento mucho que te enteres de esta manera. Tú mamá lo sabía, y así
también Frankfruzzel. Lo que ella no sabía era lo que él pensaba hacer contigo, el
porqué te conservo."

“Sin embargo, para saber eso debes conocer la verdad de tus padres. Tanto como me
duele decirte, y sabiendo que quebrare tu realidad, debo. El día que cumpliste 4 años
estabas en el auto con tus padres y hermano mayor cuando tuvieron un accidente. Todos
murieron, excepto tú, y como última heredera harán lo imposible para conseguirte.”

“Como sabes, lo que Frankfruzzel hace siempre tiene un motivo, y sí, el accidente
ocasionado por él. Tu familia...Van, te he dejado todo lo que he recolectado de ellos,
todo lo que sé está aquí.”

“En fin, sé que estarás odiándome con tal fuerza, y no puedo estar más profundamente
apenada de que nos hayamos conocido de este modo, pero no me arrepiento de nuestros
momentos, fueron reales para mí, y todo lo que me pase lo recibiré con honra porque es
un mínimo precio a pagar por tener una increíble persona en mi desastrosa vida. Te
quiero, te amo.”

Cuando terminé de leer la carta, no sabía qué pensar. El brazo de Sebastian en algun
momento me rodeo manteniéndome contra su cuerpo. Las lágrimas enturbiaban la
pantalla, aun así no podía dejar de releer la carta.

-No...No puede ser cierto.-dije apenas con fuerza. Difícilmente podía creer que algo de
esto fuera cierto, que mamá haya sido asesinada y que en realidad no era mi madre.
¿Éramos extrañas?
La verosimilitud de esto casi parecía una carcajada del destino en mi cara. Sin embargo,
más allá de mi incredubilidad y mi deseo inconsciente infantil de que no fuera cierto, lo
veía como era, como ahora todo cobrara sentido.

-Van...-su voz suave me llamo. Mire a sus ojos igual de triste que los míos. Negué con
la cabeza. Habia un castigo cósmico puesto en mí y quería saber el porqué.

-Veamos que más hay.- mi voz salió apenas audible. Queria ver todo lo que nos
hicieron.

Se mantuvo quieto durante unos segundos, y luego movió el mousse deslizando la carta.
Un recordé de diario en blanco y negro apareció. Habia una enorme foto ocupando casi
toda la publicación. El titular fechado el 22 de marzo de 1997, decía:

“Familia de cuatro accidentada en ruta 45 de regreso del cumpleaños de su hija de 4


años. Todos heridos de muerte. La única sobreviviente es la pequeña, pero las
probabilidades son escasa. No guarden las esperanzas, dicen los médicos.”

Debajo habia una foto un tanto borrosa de un auto con el frente destrozado y la parte del
asiento de conductor abollado.

Debajo habia otro recorte fechado en unos días después: “Sorprendente respuesta de la
niña. Única sobreviviente al accidente mortal que cobro la vida de toda su familia, se
recupera. Los médicos son optimistas.” Las letras del cuerpo de la noticia eran
demasiado borrosa y microscópica para leerla.

Sebastian rodo la página, y otro le seguía con solo una semana de diferencia:

“La suerte está del lado de la niña recientemente huérfana y sobreviviente. Es adoptada
por familia amiga de posición.”

Una enorme foto sin colores de un hombre y una mujer de pie junto a una niña en sillas
de rueda con el derecho brazo ensayado. Al sujeto no le reconocí, era muy alto y
delgado, incluso con la mala impresión de la copia del diario, me daba mala espina su
rostro. Debía ser Frankfruzzel. La mujer la reconocí fácilmente.

Mamá.

Llevaba su cabello castaño recogido en un rodete pulcro con su brazo alrededor de mis
hombros. La niña con cabellos revoltosos todo alrededor de su rostro, tenía la mirada
distraída en una mariposa volando en los aires en el momento de la foto.

Otro recorte: “Bondadosa nueva familia abre memorial para las vidas que se valieron en
el accidente de su nueva integrante. Todos están conmocionados.”

En la foto del momento estaba mamá conmigo en brazos junto a Frankfruzzel y un


chico de unos 8 años mirando a la cámara con ojos fruncidos por el sol, delante de una
estatua de un ángel. Ese sería mi...¿hermano? Bueno, hermanastro. No lo recordaba y la
foto dejaba mucho que desear.
El siguiente título con fecha del 21 de junio de 1993, decía:

“La familia Holland recibe con mucha felicidad a su segundo hijo. Una hermosa niña de
3,390 kilogramos. Idéntica a la madre dijeron los amigos más allegados. Luego de
largas horas Lana Holland dio su primer respiro en el mundo.”

La foto retratada a una mujer en cama con la bebe en brazos, y un hombre sentado a su
lado abrazándola. La joven madre miraba al bebe embelesada, con una felicidad que
podía verlo a través de la turbia foto, mientras su esposo besaba su cabello.

Las lágrimas llenaron mis ojos. Parecía increíble, pero era cierto. Tan cierto. La mano
de Sebastian tomo la mía, reconfortándome. El siguiente titular decía:

“La familia Holland celebra el cumpleaños dos de su beba como es tradición en el gran
salón de vals D’ Blancos. Todas las grandes cabezas están invitadas.”

Había una foto del lugar. Gente hablando, riendo, bailando, disfrutando de la comida,
niños corriendo felices. Luego otra foto de nosotros cuatro. Mamá sentada con mi
hermano de cuatro años sobre sus piernas, papá conmigo acunada en sus brazos. Todos
con una sonrisa en desbordante felicidad.

Las lágrimas rodaron por mis mejillas. No la conocía, pero reconocía mis rizos, mi nariz
pequeña, me veía en ella. Llore porque nada de esto despertaba algo en mí, no tenía
recuerdo alguno de esto en mi cabeza, pero podía sentir esa opresión en mi corazón
como una coraza conteniendo mi pasado diciéndome que todo lo que se abrió ante mis
ojos era cierto.

-Van...-su voz dolida por mí, trajo aún más lágrimas. Me las limpié, y negué con la
cabeza. Necesitaba verlo, no importa en cuantos pedazos terminara desmoronándose mi
mundo, tenía que verlo todo.

-Otro...necesito saber. -dije en voz baja, y después de un segundo continuo.

El siguiente titular escribía:

“Familia dorada. Padre del año. Con sus pies iluminándose con su nuevo avance a la
candidatura, no hay nada que impida a un orgulloso papá de celebrar el sexagésimo
cumpleaños de su hijo, Dean. No nos merecemos tal genuina bondad de hombre.
Orgullosos lo apoyamos y alentamos con canto de victoria y felicidad”

En esta foto, estábamos todos alrededor de una mesa larga con niños sonriendo y
comiendo. Yo estaba de pie junto a mi hermano en la cabecera, inclinada hacia él
dándole un beso en su mejilla. Su rostro se sonreía tan felizmente.

Las lágrimas parecían no poder detenerse mirando la foto. Mamá estaba del lado
derecho de la mesa paralizada en un aplauso y papá encendiendo las velas. Todos con
gran sonrisa de felicidad.

Las manos de Sebastian me tomaron de los brazos, girándome a él.


-¿Por qué te detuviste?-le susurre.

-Bebe, ¿estás bien?-pregunto en cambio.

-No, no lo estoy...-dije, y más lágrimas descendieron.

-Oh, bebe...por favor, no llores más, me matas...-barrio cada una de ellas con su pulgar.

Pero no podía contenerme, el dolor era tan intenso. La cicatriz emocional era muy
profunda. Mi mundo acababa de colapsar, hundiéndome en un espiral en descenso,
llenándome de tantas contrastantes emociones que no podía empezar a nombrar una.

No sabía cómo debía empezar a sentirme. ¿Enfadada? ¿De luto? ¿Tristeza? ¿O


simplemente estar agradecida? Sentía que me habían borrado del mundo y vuelto a
escribir bajo otra forma.

-Debo verlo todo…Quiero verlo todo. Lo necesito. Siento como si me hubieran


arrebatado la memoria. El pasado. La vida. Una parte de mi anda por ahí y no sé quién
es. No sé quién soy. Tengo…Tengo que saber qué tan alto estamos subiendo para
calcular el impacto de la caída.-

Su mirada se compadeció. Sus ojos vidriosos miraban con el mismo doliente


abatimiento que yo. Frotándome los brazos suavemente, dijo: -Lo comprendo, y sé que
necesitas verlo, pero terminémoslo después, lo que ahora mismo necesitas es tiempo
para procesarlo.-

-Lo sé, lo sé.- solté un suspiro resignado, y apoyé mi frente en su hombro.

-Bebe...él va pagar, te lo prometo.- dijo en mi oído, y lo abrace fuertemente. Sus dedos


se enterraron entre las hebras de mi cabello acariciándome.

¿Por qué me mantuvo en la ignorancia todos estos años, por qué no me lo conto cuando
tenía edad suficiente para comprender? Incluso ahora entendía lo difícil que debió ser
tomar tal decisión, abandonarlo todo, su hijo, su familia para protegerme, y la amo más
que nunca por eso, pero para que fue todo esto, ¿para vivir una hermosa mentira? ¿Un
falso sentido de realidad y seguridad?

Era todo demasiado contradictorio, era como si me hubiera mantenido cautiva de mis
recuerdos, de mi mundo, del lugar de donde me arrebataron y el lugar donde me
lanzaron. Un pedazo de mi rompecabezas emocional que jamás será completado.

Ahora comprendía perfectamente la sed de venganza de Sebastian. No era para nada


saludable, no era nada recomendable ni admirable, pero aun así, era un deber.
Claramente, era toda una encrucijada moral.

-¿Crees que…Frankfruzzel tuvo algo que ver en el accidente de...de estas personas,
como el de tus padres?-murmuré contra su cuello.

-No me sorprendería. Es alguien sin escrúpulos.-


No podía sacarme de la cabeza las caras de todos, felices y con sus vidas, y luego...se
inmiscuyo Frankfruzzel y su enferma avaricie. Cerré los ojos con fuerza. Una pequeña,
diminuta lágrima se escapó por el rabillo de mi ojo y la limpio con sus labios.

-¿Crees que es verdad...? ¿Qué hizo algo para protegerme? ¿Que dio su vida por mí?-

Sus labios rozaron mi mejilla cuando hablo. - No la conocía, pero lo que hemos sabido
de ella, de lo que fue capaz de hacer, hacer un sacrificio tan...magnificente. Hacer frente
a su modo a Frankfruzzel. Dejándolo para para protegerte de él a toda costa. Sí, creo
absolutamente que ella se intercambió por ti. ¿Cómo? No lo sé, bebe, pero sé que te
amó tanto como si fueras su propia hija, y tus padres...tus verdaderos padres, no podrían
estar más felices de que ella fuera tu madre. Estoy seguro.- Sus palabras sacaron más
lágrimas.

Lo apreté aún más fuerte contra mi pecho, agradeciendo a Dios, por una y solo una cosa
que podía sacar de este brutal descubrimiento. El no estar relacionada por sangre con el
asesino de mi novio y su familia.

-Perdón, te estoy convirtiendo en un pañuelo.-musite apartándome.

-Cuando quieras seré lo que quieras.-dijo, y mis labios amagaron en una sonrisa
fallando.

Sintiéndome un gramo más estable, dije:-Terminemos de ver el resto.-

Sus ojos miraban dentro de los míos, comprobando, y luego se giró a la pantalla. 1999.

“Nueva esperanza se aproxima. Después de haber perdido a nuestro campeón, otro


renace. Frankfruzzel logra conquistar todos los obstáculos, y los corazones de la gente.
No hay quien lo pare. Con su familia hermosa y una actitud positiva, llena de esperanza
para los londinenses. Yendo en popa contra toda marea. ¿Este será su año?”

La foto de la familia ocupaba todo el titular. Mamá sentada conmigo en sus piernas, yo
ya no tenía el yeso, junto a mi hermanastro. Frankfruzzel se encontraba de pie detrás
nuestro con su mano en el hombro de mamá.

Talvez era porque sabía lo que hizo, porque detrás de esa sonrisa podía ver la falsedad y
la sangre sucia. La sonrisa de mamá era decente, no era nada como la que recordaba,
deslumbrante, llena de alegría y pasión por la vida. El rostro del chico de unos años
mayor que yo, era inexpresivo. ¿Cómo habría sido de verdad el mundo dentro de esa
familia? ¿Felicidad? No parecía que fuera una palabra que los definiera.

El dedo de Sebastian bajo al siguiente. Nuevo siglo. 2 de enero de 2000.

“Tragedia en la casa de Frankfruzzel. Madre e hija adoptada mueren en un incendio


mientras su esposo, el Ministro Frankfruzzel con su heredero hacía su primera y
esperada introducción en sociedad. El fuego de las llamas lo consumió todo. ¿Será que
nunca habrá paz para alguna de estas familias?”
La foto de una mansión en llamas con bomberos tratando de combatir el fuego fue lo
que abarco la pantalla.

-El día del fuego...- susurre. La pesadilla en llamas. ¿Podía ser un recuerdo dormido?
¿Podía estar recuperando poco a poco algunos recuerdos?

-Sí...-

Me levanté de golpe de la silla, y comencé a caminar de un lado a otro desesperada,


aterrada, angustiada, enfurecida, nostálgica, no lo sé, de todo.

-Van...Van...-intentaba llamarme.- Bebe…-me sujeto de los hombros deteniéndome. El


dolor y la desesperación empañaban sus ojos a pesar de la calma de sus facciones.-
Tranquila, todo saldrá bien.-

-¿Cómo saldrá bien? Es la reencarnación del mal. Ni siquiera creo que el infierno lo
quiera. Es como dicen en los recortes...es imparable, no hay nada que pueda detenerlo.-
-No, no lo es, es como cualquiera de nosotros, su maldad puede ser su impulsor, pero no
hay nada más que eso. Ahora ya sabemos más, cosa que él no espera. Solo debemos
agarrarlo con la guardia baja, cuando cree que lo tiene todo bajo control.-

-Pero...-

-Bebe, todo va a salir bien. No voy a dejar que se salga con la suya. -dijo, y quise que su
optimismo me contagiara, pero él era demasiado grande y poderoso, demasiado para dos
pequeñas personas.- ¿No me crees? ¿Alguna vez he roto mi promesa?-

-No...-

-Entonces, créeme, esa será su última noche.-

-¿Lo mataras?-pregunte temiendo la respuesta. Ese infame monstruo habia robado


vidas, nuestras inocencias y no queria que me lo robara de nuevo.

-Solo llegado a ese punto, pero no es lo que quiero.-contesto.

-¿Qué es lo que quieres?-Trate de leer sus ojos, pero habia alzado de nuevo la muralla.

Finalmente dijo:-Ponerle fin a esto.- y pude notar el pesar en su voz, conteniendo algo.
Algo que le consumía.

-No quiero perderte.- susurre pegándome a su pecho.

-No lo harás.-me rodeo con sus brazos.- Ven, descansa un poco, no has tenido momento
para detenerte. -dijo llevándome a la cama. -Voy a seguir...-

-No. No te apartes de mi lado.- Podía y muy probablemente lo hacía, parecer una


necesitada, pero queria sentirlo conmigo. Era lo único que me mantenía a flote, era el
único que me hacía a sentir algo más allá de esta tristeza.
Dándome una de sus sonrisas cálidas, dijo: -Muy bien.-

Nos acostamos juntos en la pequeña cama. Tenía que estar casi encima de él para no
caerme al suelo. Me abrazo, y descanse mi cabeza en su pecho.

-Mnnnhh….mnnnhhh...mnnnn...- comenzó a tararear pausada y lentamente. Podía jurar


que conocía era melodía.

-¿Qué canción es esa?- murmuré somnolienta sintiendo los párpados pesados.

-Oh, “Angels”- dijo, y pude oír la sonrisa en su voz. Robbie Williams. Una canción
idílica que reflejaba como yo lo veía.- La escuche en la radio la otra vez y no puedo
sacármela de la cabeza. Es como una estela de mi vida pasada pero no puedo
recordarlo.-

- Eso es bueno...pronto lo recordaras todo.- cerré los ojos sintiéndolo respirar


suavemente, escuchando su tararear lento, segura en el refugio de sus brazo, llevándome
lejos de aquí y muy cerca de él.

Un aroma salado entro por mi nariz despertándome. Parpadee lentamente. Me apoyé


sobre mi codo y vi el espacio vacío a mi lado. El cálido aroma a sopa junto a un suave
tintineo metálico me hizo levantar.

El sonido me llevo hasta la mesa de la cocina donde Sebastian se encontraba de


espaldas junto al lavabo. Se volvió con un pequeño bowl de metal humeante en sus
manos, y una sonrisa se pintó en su rostro cuando me vio.

-Estas despierta. Genial. Ven, te preparé algo de comer.-dijo acercándose,


sumergiéndose bajo la suave luz amarilla de la mesa.

-No era necesario.-dije deteniéndome a su lado. Mi estómago seguía hecho un nudo. Su


brazo me rodeo la espalda, y bajo su rostro dándome un beso suave en los labios.

-Por supuesto que sí.-

-Eres muy dulce.-

-Bueno, eso se da por sentado.-dijo con esa actitud presumida que me saco una pequeña
sonrisa.- Es tan bueno verte sonreír de nuevo.-su rostro se habia suavizado y me miraba
con los ojos cargados de emoción. -Ahora, ven a comer. Sin chistar.-

-A sus órdenes.-

-Mnn...Así me gusta.-dijo guiándome al par de banquetas junto al lateral de la mesa.-


No tenía mucho, solo estos fideos instantáneos que sé que te gustan.- Nos sentamos y
empujo el recipiente frente a mí.

-Gracias...de verdad. No sé qué haría sin ti.-susurre.


-No tienes que agradecer nada, solo quisiera que hubiera una manera de hacerlo más
fácil para ti.-

-Lo hay, estando a mi lado, juntos. Eso me basta.-dije, y dio una enorme y cálida
sonrisa, pero había algo en sus ojos que no podía llegar a iluminarlos.

Bajo la mirada al bowl, y dijo:-Come.-

Tome el tenedor y despacio enrolle los fideos.

-Está rico...-murmure pasando la bola de masa por mi garganta como si fuera cemento.
Realmente lo estaba pero no podía disfrutarlo.

-¿Sí?-

- Sí, ¿quieres probar?-

-Claro.-

Gire el tenedor enganchando los fideos, y lo levante hacia sus labios soplando
ligeramente el vapor caliente. Su mirada subió de los fideos en el cubierto a mi rostro.

Sin advertencia, aplasto su boca en la mía. El grito de sorpresa quedo atrapado en


nuestros labios. El tenedor cayo de mis manos mientras su brazo bajaba a mi cintura
apretándome contra su cuerpo. Le devolví el beso fundiéndome en su calor. Su lengua
mezclándose con la mía explorando con ganas mi boca.

Un segundo después, tan bruscamente como me tomo, se apartó. El aire se ubicó entre
nosotros como una pared.

-Mnnn...Sí, muy rico.-dijo con voz grave lamiéndose los labios. Parpadee como una
boba y sus labios se estiraron en una sonrisa satisfecha.-Termínalo.-ordeno.

-Aja...- tomé el tenedor de nuevo, y le di otro intento. Si me besaba así, era imposible
que no hiciera cualquier cosa que me pidiera.

Después de bajar dos bocados más, encontré mi límite. -Ya no puedo comer más, de
verdad.- Froto mi espalda, y sin insistir más se llevó el tazón. Me puse de pie y
deambulé por el lugar.

Mi mirada se posó en la estantería improvisada de tablones de madera barnizada. Estaba


sostenida por ladrillos huecos blancos. Todo hecho muy económicamente, pero estaba
muy bien armado.

Tenía varios libros de cubierta gastada como los del borde de su cama. Entre las lecturas
pesadas Los miserables, D’Artagnan y los tres mosqueteros, Colmillo Blanco, La guerra
y la paz, estaba “El Conde de Montecristo” Me sonreí. Un pequeño objeto peludo capto
mi atención. Su pelaje colorido y esa cola larga verde la reconocí al instante.

Era el llavero que arroje cuando buscábamos la guía de direcciones. Escuchándolo


acercarse me gire.

-¿Lo tienes tú?-pregunte, y alzo las cejas sin comprender.

-¿Qué?- Su mirada siguió mi dedo apuntando al ratoncito, y un sonrosado cubrió sus


mejillas. -Oh...eso.-

-¿Por qué lo tienes? ¿Cuándo lo tomaste?-

-Bueno, eso...es que...-balbuceo nerviosamente llevándose una mano al cuello, y mi


corazón salto de amor.

-¿Volviste a mi casa a por él? ¿Para qué lo querías?-

-Es que...tú parecías no quererlo y...bueno...me gusto, y...- Oh, cielos era tan dulce
cuando se ponía así de nervioso. Me daban unas ganas irrefrenables de comérmelo a
besos.

-¿y...?-

-y queria tener algo de ti...-sus ojos de repente se abrieron alarmados.- No es lo que


piensas, no era en modo acosador ni nada parecido solo...estaba confundido, sentía
cosas por ti que entonces nunca habia experimentado y no podía ponerle nombre, pero
debía, queria tenerlo y tú no lo querías...-

-¿Querías un recuerdo de mí?-

Asintió. -Sé que parece raro, pero...no estaba en mis cabales.-

-Yo creo que sí.-dije, y dando el paso que nos separaba me puse de puntitas besándole,
demostrándole cuanto amaba cada pequeña y ridícula cosa que creía que hacía.

Tomándolo con la guardia baja, permaneció quieto un segundo antes de que me


devolviera el beso. Envolví su cuello con mis brazos empapándome de su calor. Me
tomo de la cintura manteniendo nuestros cuerpos juntos.

Sabia diferente, habia un rastro de algo amargo en su lengua como a nicotina, pero no
me importaba, lo sentía a él. Sus manos se deslizaron por el borde de mi remera
subiendo por mi columna haciéndome estremecer. Cuando sus dedos tocaron la presilla
de mi corpiño, gemí desesperada por que lo abriera.

De repente, se detuvo y retrocedió dejándome sola, aturdida y muy excitada.


Lamiéndose los labios colorados, dijo: -No...No creo que sea buena idea.-

-¿Por qué?-di un paso hacia él, pero retrocedió.

-No creo que este bien, este es otro cuerpo. No creo que sea justo para ti que intimes con
otro hombre. Tampoco me gustaría que tuviera sus manos sobre ti.- dijo apretando los
dientes.
Comprendía lo que decía, realmente lo hacía y no podía amarle más por eso, pero
nuestras vidas de por sí, eran una rapsodia de amor, tristeza y muerte. Mi corazón estaba
lleno de odio, rencor, bronca, un montón de oscuras emociones que no queria sentir.

Emociones que solo se desvanecerían si me tocaba, si me abrazaba en su calor,


acariciándome con su voz, con su mirada. Solo él podía liberarme de esta amordaza
alrededor de mi mente. Nuestras almas estaban conectadas más allá de nuestras pieles.
¿Por qué debía poner algún impedimento?

Di otro paso, pero volvió a retroceder haciéndome sentir infecciosa.

-Pero eso a mí no me importa...-espeté, y di el resto de pasos acorralándolo contra la


mesada de material. -Sí, es raro, es otro cuerpo, otra persona, pero lo que yo veo es a ti.
Solo a ti. Cada toque, cada beso, solo te siento a ti, a nadie más. Si yo estoy bien con
eso, ¿por qué tú no?- su rostro no vacilo. Lleve mis manos a su pecho, acariciándoselo
suavemente. Su mirada se tornó vidriosa y las aletas de su nariz se abrieron. -¿Sientes
esto? ¿Me sientes? Yo te siento a ti, de igual modo que tú a mí. Te necesito, me
siento…me siento…vacía, tengo un profundo agujero en mí. No tengo idea de quién
soy, de donde vengo, soy…soy...un espacio en blanco, un objeto que todos quieren usar,
pero contigo todo eso desaparece, solo soy yo. Junto a ti, es donde pertenezco, y si es
así, de este modo, no me importa, es más me pone feliz, porque podemos hacer algo que
otros no pueden...Somos capaces de tener algo que otros sueñan.-negó con la cabeza,
pero podía verlo en su mirada ceder. -Por favor, déjame sentirte, déjame sentirnos.-
Despacio baje mis manos por sus delgados brazos hasta las suyas cerradas en fuertes
puños a cada lado de su cuerpo. Lentamente las abrí y entrelace nuestros dedos.- Eres el
único al que no le escondo nada, conoces todos mis secretos, mis penas y tristezas, mis
más profundos miedos, nadie me conoce como tú. Solo quiero que tú me tengas.- Sus
dedos se curvaron en los míos, y como si hubiera perdido la pelea susurro con voz
sofocada:
-Eres demasiado para mí.-

-No lo creo.- pegué nuestros pechos dejando un suave beso en el hueco de su cuello. Mi
lengua se asomó saboreando la sal de su piel y su cuerpo tembló.

-Ughhhh...- gimió. Su pecho subía y bajaba respirando con dificultad. Podía sentir la
dureza de su cuerpo ceder y otro tipo de dureza alzarse entre mis muslos.

Mi boca continuaba llenándolo de besos, moviéndome a su mandíbula, subiendo por su


mejilla. Atrape el lóbulo de su oreja con mis labios y chupe de el. Sus dedos se
enterraron en mis caderas manteniéndome pegada a su cuerpo.

Pase mis manos por su cabello y al oído le susurre: -Siempre tú.- Me moví a sus labios
entreabiertos y se los acaricié con los míos en un beso suave como el aleteo de una
mariposa. Su boca trato de tomar más, pero me aleje un suspiro, tentándolo, queriendo
alargar el momento tanto como pudiera.
Impaciente sus brazos me rodearon la cintura y se inclinó hacia delante capturando mis
labios. El beso era demandante, feroz, ardiente, pero a la vez había una dulzura.

Comenzó a avanzar conmigo hasta que mi espalda choco contra el borde duro de la
mesa. Tomo del dobladillo de mi remera, y alce los brazos para que la sacara. Voló en el
aire y zambullo su rostro en mis pechos. Masajee su cabello mientras sus dientes
tomaban mi pezón a través de la copa del corpiño. Un instante después el elástico del
corpiño se aflojo, y fui liberada. Otro que mandó a volar lejos.

En un movimiento rápido se sacó la remera, y acaricie su delgado pecho. Era casi piel y
huesos, pero tenía un cuerpo muy trabajado, sus abdominales estaban muy marcados
como un paquete de seis de cigarros. Sus tetillas moradas oscura contrastaban con la
piel en extremo pálida. Enterró su rostro en mi cuello llenándome de besos, moviéndose
lentamente besando la sensible piel entre mis pechos. Sus manos en mi espalda
inclinaron mi pecho hacia su boca para poder tomar más. Estaba rendida en sus brazos
mientras su lengua trazaba círculos alrededor de la aureola de mi pezón, degustándome
a su antojo.

Mordisqueo, chupo, lamio mis pezones con hambre esmerándose en dejar su marca en
mi piel poniéndome de cabeza.

Desesperada abrí la presilla de su pantalón mientras él hacía lo mismo con el mío. Era
un enredo de manos pero en un segundo estábamos libre de impedimentos físicos. Se
deslizaron por mis piernas amontonándose en mis pies. Pise fuera y junto al suyo, los
pateo lejos.

Le tome de las nalgas apretándolo a mis caderas mientras me frotaba contra su caliente
excitación. Su mano me tomo de la pierna, curvándola alrededor de su cuerpo,
dejándome sentir su caliente dureza en mi húmeda hendidura. Balanceo sus caderas
contra las mías, y perdí el control. -Ahhh...cielos…-

Me alzo sobre la mesa, y con voz ronca y agitada, dijo: -Espera...espera…- Cegada por
la excitación lo observe acercarse de nuevo a la estantería y tomar algo. Rasgo el
cuadrado en un segundo y se lo coloco.

Alzo la mirada encontrando la mía, y el fuego de sus ojos se esparció en mi piel.


Camino lento ubicándose entre mis piernas y su mano me tomo de la nuca uniendo
nuestros labios. Me reclino sobre la mesa mientras su boca me besaba largo y duro
haciéndome olvidar de todo. Lo rodee con mis piernas sintiendo la cabeza de su pene
golpear mi entrada.

Mis manos se movieron por su pecho bajando más y más, pero antes de que pudiera
tocarle me sujeto de las muñecas.

Separo nuestros labios jadeantes. Atrapando mi mirada con esos ojos café igual que los
míos, levanto nuestras manos encima de nuestras cabezas entrelazando nuestros dedos
mientras despacio se abría paso llenándome.
-Ahhh…-jadee al sentirlo diferente. Era mucho, mucho más grueso, ensanchándome
tanto que dolía. El pulso se me acelero mientras me acomodaba a su tamaño. Se movía
lento dándole tiempo a mis paredes sensibles a que engulleran cada centímetro que
entraba.

Una vez enterrado hasta el fondo, se quedó quieto, mirando dentro de los ojos del otro,
con las respiraciones agitadas resonando en el cuarto, compartiendo este momento tan
crudo, íntimo, sensual, sintiendo únicamente el latir de su miembro dentro de mi calor,
ansioso por moverse, por correrse.

Despacio salió y volvió a entrar. Con perezosos empujes me penetro, alzando sus
caderas con ondulantes movimientos. Mis dedos se clavaron en su mano con cada golpe
a mi centro agudizando el placer.

Poco a poco fue tomando ritmo como si no pudiera contenerse, y comenzó a arremeter
con fuerza enterrando el hueso de su cadera en las mías. Soltó mis manos tomándome
de las nalgas y dejando de lado toda delicadeza, me embistió como una bestia,
friccionando mi trasero contra la suave mesa.

-Ahhh…ahh…ahhh...-cada golpe me robaba el aliento. Envolví su cuello con mis


brazos mientras me penetraba de manera profunda, tomando mis caderas de forma
posesiva y ferviente, deseando más y más de mí.

-Ughh...ughh.- su respiración agitada golpeaba mi cuello.

Durante un rato me penetró como si se le hubiera puesto en mente esto y solo esto, y me
encantaba. Cada impacto tocaba cada uno de mis puntos íntimos y sensibles dejándome
cada vez más al borde del orgasmo.

Unos instantes después, sin poder controlarlo, me convulsioné con una fuerza
demoledora y me corrí violentamente. Su cuerpo se tensiono, sus dedos se apretaron con
fuerza en mi carne, y dando un último profundo empujón de su cadera, explotó. -
Ughh…- gimió sacudiéndose duramente dentro del condón durante unos largos
segundos antes de desplomarse sobre mí. Ambos temblábamos bajo los efectos del
poderoso orgasmo. Jadeantes y sin fuerzas, ninguno se movió. -¿Estas bien? Fui
demasiado...- hablo en mi oído.

Débilmente negué con la cabeza. Había sido magnífico. Sublime. Por primera vez todo
el drama, ese pedazo de mí que se sentía solo y desamparado, había encontrado su lugar
de regreso dentro de mi corazón, parchado con su amor.

Acaricie suavemente su mejilla, y encontró mi mirada. - No…me encanto…Me


encanto...- dije con la voz entrecortada, y me regalo una cansada y feliz sonrisa. Sus
labios tan dulces como el néctar me besaron lento y tierno. Nuestras lenguas tocándose,
saboreándose en un acto aún más íntimo que el sexo.

Deslizo sus brazos debajo de mí acunándome contra su pecho y me abrace a su cuello.


Manteniendo mis piernas alrededor de sus caderas me levanto de la mesa. Nos llevó a
través el cuarto hacia la cama mientras nuestros labios se acariciaban.

Me recostó, y me moví haciéndole lugar. Se sacó el condón y lo arrojó al tacho de


basura. Se acomodó a mi lado y me acurruque en su pecho enredando nuestras piernas.
Hundiéndome en el dulce sueño letárgico sintiendo sus brazos alrededor mío, me
pareció oírle murmurar algo muy por lo bajo pero el sueño fue más fuerte y sucumbí.

CAPITULO 51

HASTA EL FINAL

Adormilada, con un pie en el umbral del sueño y la conciencia sentí una suave caricia
en mis labios.- Mnnn…Sebastian. - gemí abrazándole con más fuerza.

Me desperté abruptamente. Mi rostro estaba pegado a la sabana, boca abajo con una
manta cubriéndome. Parpadeé, y de nuevo el sonido que me había despertado trono, era
como cristales golpeándose entre sí. Me incorporé frotándome los ojos despejando la
niebla del sueño, y me encontré sola.
Deslice la manta, y me levante. Me dirigí a un montón de ropa arrugada en el suelo
junto a la pared divisoria. Mi remera había viajado hasta aquí en nuestro frenesí. La
recogí, y la pasé por mis brazos. El ruido retumbo de nuevo y me moví a el.
Sebastián estaba con sus ropas puestas, de espaldas a mí manipulando algo tan
ensimismado que no me escuchó acercarme. Algo no iba bien.
-¿Qué haces?-pregunte, y sorprendido se volteó. Mis ojos se deslizaron detrás suyo
sobre el bolso negro. - ¿Para qué es todo eso?- volví la mirada a su rostro. Permaneció
en silencio, manteniendo una actitud cerrada, pero ambos sabíamos lo que significaba. -
Para qué es eso te pregunte. ¿Para qué estas preparando todo esto?-
-No es lo que piensas.-dijo finalmente, y esa extraña sensación tomo forma. Se enlistaba
para la guerra.
-¿Qué? ¿Tienes un lector de mente? Porque no tienes la más mínima idea de todas las
cosas que estoy pensado.- exclame lívida.
Tomo la manija del bolso y la arrastro de la mesa.-Van...-dijo en un suspiro rendido.
-¿Por qué no me respondes?-
-Es la única manera.-
-¿De qué? ¿De salvar el mundo...o, de consumar tu vendetta?-
-No es justo.-su voz salió herida, exactamente como me sentía, y la punzada de
culpabilidad me pincho por decir tales duras palabras.
-Tampoco que me dejes así. ¿Qué fue todo eso? ¿Una despedida? ¿Eso fui para ti?
¿Placer del momento?- mi pecho se apretó ante la idea de que no signifique nada, o
peor, que no signifique lo suficiente para no matarse.
-Sabes que no.-
-Todas tus palabras...¿No significaban nada? ¿Estuviste fingiendo todo el tiempo?
Todas la promesas que me hiciste, ¿eran vacías?-
Dio una zancada a mí. -¡No! Te prometí que te mantendría a salvo...y eso hare.-
-¿Cómo? ¿Entregándote? Sabes que es imposible. ¿Qué hay de mi...de nosotros?-
-Lo hago por ti.-dijo estirando su mano intentado tocarme, pero me aleje.- Nada de esto
es justo para ti. Te mereces una vida plena, sin toda esta mierda. Rodeada de los que
amas. Completa y sin complicaciones.- En este momento lo ame y lo odie por decir eso.
- ¿Sin ti? No es completa si no estás en ella...y si es así, no la quiero.-gruñí, y una
lágrima rodo por mi mejilla.
Me volteé dándole la espalda no queriendo oír nada de su justificación altruista y
condescendiente. Lo escuche dar los pasos, y el calor de su cuerpo me abrazo.
-No quiero que pierdas todo lo que amas. Te mereces un futuro con un hombre que
pueda darte lo que quieres, no con quien deba poseer diferentes cuerpos para estar
contigo.-
Apreté tan fuertemente mis manos en un puño que ardor corto por mi piel. Desee que
hubiera alguna manera de hacerle entender que no había nada ni nadie que me hiciera
cambiar de parecer de cómo me sentía, o cómo quería vivir mi vida, y eso le incluía.
Podía vernos tocar los cielos pero parecía como si constantemente tuviera que
sabotearse, castigarse por tomar algo que no creía que le correspondiera. Codiciar el
cáliz, pero no beber de el. Odiaba que se menospreciara de tal modo.
Enfadada me volví bruscamente, y me lo encontré pegado a mi espalda.
-Eso no es lo que quiero. Además, no es una decisión que puedes tomar por mí, y tenlo
claro, no es lo que amo. Te amo a ti.- Sus ojos estaban impregnados de tristeza, pero no
vacilaban, no daría marcha atrás.- Bien, has lo que quiera, es tu decisión. Si no puedo
hacerte cambiar de parecer, entonces...-
-¿Entonces qué?-exigió entornando los ojos.
-Tomaré el asunto en mis propias manos. No pienso quedarme y ver cómo te ejecutan.
No.-
-¡Ni hablar! Te quedaras justo aquí donde estas a salvo.- exclamo señalando el suelo
con su dedo índice.
- Dices tú. Difiero. ¿Por qué esperar? Seguiré con el plan. Iré hacia ellos.- El enojo
destello es sus ojos. Dio un paso lento y calculado.
-Es una estupidez, no te lo permito.-dijo tal dureza y firmeza en su voz.- Te quedaras
aquí, fuera de vista. Te prohíbo que hagas tal tontería.-
-No puedes hacer eso, del mismo modo que yo no puedo hacértelo a ti...-
-Acaso estas dispuesta a perder a todos los que quieres, a Sisi, tus amigos, todos los que
quieres, a toda la gente inocente...-
-No me pongas en esa situación porque sabes la respuesta, pero no lo permitiré a costa
tuya. Siempre hay una maneras de resolverlo y esta, no la es. Sí, seré altamente egoísta
y de seguro estaré cualificándome para entrar al infierno, pero si tan solo puedo lograr
mantenerte conmigo, lo hare.-
Dio un paso atrás, exhalando cansado.- No pararan hasta que logren obtener lo que
quieren.-
Me acerque ese pasó que dio, viendo vencerse su resistencia. -Bien, entonces,
enfrentémoslos juntos. Estoy contigo hasta el final. Si igual vamos a morir, hagámonos
juntos, sin dar marcha atrás…peleando.-
-No lo hagas más difícil.- susurro.
-No lo hago. Quiero vivir contigo...pero si no puedo, moriré a tu lado.- Nos miramos
largo rato, antes de que él con un pequeño movimiento de su cabeza, negara y se alejara.
Incrédula lo observe caminar hacia la puerta. Apreté los dientes.
Oh, no, no lo dejaría ir.
Corrí y me adelanté interponiéndome entre él y la puerta. Sus ojos se abrieron
sorprendidos.
-No me dejas otra opción, me conviertes en una mentirosa e hipócrita. Si estas tan
determinado en suicidarte, no tengo más alternativa que impedírtelo. ¿Recuerdas? Dije
que eres mío, y no pienso dejar que lastimen mi propiedad.- me arqueo una ceja y un
brillo de desafío destello en su mirada.- Si es necesario te encadenare a la cama, pero no
cruzaras esa puerta a menos que sea conmigo, ¿entendido?- El aire entraba a golpes por
mi boca tratando de ponerse al día con mi corazón.
Uno…dos…tres…cuatro latidos pasaron, sosteniendo mi mirada.
Finalmente hablo: -Eres la más...terca, peleona, irritable más hermosa que he tenido la
fortuna de conocer.- Dio un paso hacia mí, y retrocedí chocando mi espalda contra la
fría chapa de la puerta.
-No...No cambies de tema.- dije nerviosamente, y sus labios se torcieron
deslumbrándome en una sonrisa. -Eres un bobo.- Lo rodee, y tome el bolso de su mano.
Su fuerte agarre no los soltó, y mis dedos lo perdieron. Un segundo después, golpeo el
suelo con sonoro estruendo.
Sus brazos me rodearon apretando mi espalda contra su pecho. Me retorcí tratando de
liberarme, pero no cedió. Su aliento susurro en mi piel. Su voz era tan baja y mis
esfuerzos por liberarme tan desesperados que no podía entender lo que decía.
Me detuve. No podía. El hecho de tener que pelear contra los demás lo podía soportar,
pero contra él era como cortar mi propia carne.
Sus labios volvieron a moverse contra mi mejilla. -Te amo...-me paralice. Oírle esas tan
anheladas palabras tomo todo de mi.- Te amo.- volvió a decir y los ojos se me llenaron
de lágrimas sintiendo como el corazón se me inflaba y partía de amor.
-No…No lo hagas. No digas eso, y luego me dejes.-rogué con voz temblorosa.
-Jamás creí que podía sentirme así. Nunca pensé que llegaría a amar a alguien...te amo
con cada fibra de mi ser.-dijo, y sabía que era sus palabras de despedida.
-No lo hagas, no me dejes...-
-No te merezco.-dijo, y me volví en sus brazos.
-Deja de decir eso. Te mereces todo el amor que tengo para darte. Tómalo, guárdalo, es
tuyo. Enfrentémoslo juntos. Somos un equipo.- Se quedó mirándome a los ojos durante
un rato largo mientras se debatía.
-Muy bien...Solo si haces lo que te diga. Si digo que es peligroso, te largas, sin replicar,
sin rechistar, ¿está claro?-
Asentí rápidamente. -Siempre que no hagas una estupidez como ésta, sí.- Cerró los ojos
alzando la mirada al cielo.
-Oh, eres...eres...tan...-
-Ten cuidado con lo que estas por decir.- espete.
Abrió los párpados dándome una larga mirada con ese brillo malicioso.
-¿O qué? ¿Me vas a encadenar a la cama? ¿Me vas a esclavizar sólo para tus deseos?-
Comenzó a avanzar con ese lento seductor andar como si yo fuera su presa y él un
animal hambriento a punto de dar bocado.
Trague saliva nerviosa retrocediendo a sus avances. Sus labios se torcieron en una
sonrisa como si supiera que me tenía desarmada y los latidos de mi corazón se
atropellaron de felicidad.
-No sigas.-le advertí, pero salió como una súplica.
-¿Seguir qué?-pregunto con cara de ángel, pero con esa sonrisa juguetona en sus labios.
Sabía a donde quería dirigirse, pero no se lo permitiría.
-Esto...No sigas. Sé lo que quieres lograr.-interpuse mi mano entre nosotros, pero no se
detuvo.
-¿y eso es...?-ronroneo con voz suave y melosa. Mi pie derecho resbalo con una esquina
de la manta que sobresalía de la cama haciéndome tropezar con los libros y casi perder
el equilibrio. Su mano me alcanzo rozando la piel de mi antebrazo, pero me aparte de
golpe.
Continuó avanzando, haciéndome retroceder, arrinconándome contra la esquina oscura
donde la luz amarillenta de la cocina desaparecía detrás de la pared divisoria.
-Quieres llevarme de vuelta a la cama para luego escabullirte de regreso y hacer de
estúpido héroe suicida.-
-¿Yo...? ¿Llevarte a la cama?- fingió ingenuidad, y chasqueo su lengua meneando su
cabeza.
Mi espalda choco contra la fría y dura pared, y solté un jadeo de sorpresa. Sus manos se
apoyaron a cada lado de mi cabeza acorralándome con su cuerpo. Se cernió sobre mí
hasta que lo único que podía ver era su oscura y hambrienta mirada. Un escalofrió de
placer subió por mi cuerpo.
Con la yema de sus dedos barrio la línea de mi mandíbula, bajando lentamente por mi
cuello, acariciando mi clavícula. - No…Sí tú eres la que quiere desnudarme, atarme y
hacerme quien sabe qué...- susurro con voz ronca.
Su mano continúo moviéndose rozando levemente la cima de mi pecho haciéndome
sentir el calor de su piel a través de la delgada tela. Cuando llego a mis muslos, su mano
se deslizó debajo del material y mi piel vibro de deseo.
Cerré los ojos tratando de buscar donde estaba mi fuerza de voluntad, oh, sí, en su
bolsillo.
-Yo…Yo...Yo nunca dije de hacerte algo...solo...solo no quiero perderte...-solté una
exhalación temblorosa abriendo los ojos despacio.
Su mirada se suavizo, pero su mano continúo su camino en ascenso. Acariciando mi piel
con un toque tan suave como las plumas, subió y subió por mi vientre siguiendo la
curvatura de mi cintura.
-No me vas a perder.- Su palma calentó mis costillas mientras su pulgar jugaba con mi
pezón haciéndolo rebotar derritiéndome como un malvavisco. Evitar ser tragada por él,
era como intentar detener una avalancha con ambas mano.
Tome una bocanada de aire, y su esencia mentolada con una mezcla a hombre y cigarros
inundo mis sentidos dejándome más mareada y extasiada. -Ya lo sé…porque no pienso
dejarte ir...jamás.-
-¿Es así?- su otra mano se curvo alrededor de mi nalga masajeándola.
-Sí…- sisee.
-¿Así?-
-Aja…Ya…Ya te dije…no me voy a acostar contigo.-
Su mano abandono mi pecho tomándome de la otra nalga, despegándome de la pared, y
atrayéndome a su cuerpo. -Mnn...Un reto, me gusta, me gusta mucho.- dijo con voz
gruesa, y aplasto su boca sobre la mía.
El beso era ardiente, desesperado, intenso, devorando la boca del otro. Acuno mi trasero
alzando mis piernas envolviendo sus caderas. Rodee su cuello con mis brazos,
necesitando sentirlo en cada parte de mi cuerpo.
Me llevo de regreso a la cama, y en un movimiento rápido me saco la remera
dejándome desnuda de nuevo. Volvió a tomar mis labios, mordisqueando suavemente
mi labio inferior. Me moví contra sus caderas, y comenzó a balancear su pelvis
haciéndome sentir su fuerte erección. - Ahhh…-jadeé completamente excitada.
Se apartó respirando con dificultad. Alzándose en sus rodillas, se desabrocho el
pantalón, bajo la cremallera y sin despegar sus ojos de mí volvió a enjaularme bajo su
cuerpo.
-No te vas a ir, ¿verdad?-susurre acariciando su pecho.
-He sellado mi destino con contigo…no puedo dejarte ahora. Te amo.-
Enterré mis dedos en sus ondas cenizas y lo atraje a mi boca. Nuestros labios insaciables
parecían no tener punto de inicio ni fin. Mi lengua exploro su boca con urgencia,
saboreándolo uniéndose a su baile sensual y ardiente. Éramos una bola de calor y
energía, podía sentir las chispas saltar del roce de nuestras pieles.
Movió sus labios por mis mejillas, dejando un camino de calientes besos.
-Amo todo de ti, amo como de forma tan valiente y altruista que te mueves. La admiro
y a la vez me aterra. Te expones al peligro tan imprudentemente, como si nada pudiera
afectarte...me saca de quicio. Y todo lo que estoy tratando de hacer es de estar a tu
altura, demostrándote cuánto me importas, cuánto significas para mí, lo que daría por
ti.-
Le abrace con mi cuerpo. -No me demuestres…ámame.- Pude ver como el color oscuro
absorbía casi por completo el iris antes de volver a besarme. Esta vez lento y dulce,
tomándose su tiempo, nuestras lenguas mezclándose, fundiéndose en un caliente y
sensual baile. La clase de beso que podía tener día y noche.
Despacio se apartó de mis labios, y rápidamente se movió hasta la estantería de donde
tomo un condón.
-¿De dónde has sacado tantos? ¿Acaso asaltaste una fábrica?-regreso a mi lado, y rasgo
el cuadrado con sus dientes. Trepo por mi cuerpo, dejándolo a un lado en la cama.
Acariciando mis labios con los suyos, dijo:- Casi…-y me reí mientras se movía por mi
rostro. Su aliento calentó mi mejilla la hablar.- No es mi culpa, me haces perder el
control. Cada vez que te toco.-susurro deslizando su mano lentamente por mi vientre
más al sur. -Te siento…-su mano amaso mi entrepierna y dos dedos se deslizaron como
seda dentro.
-Ahhh…-gemí apretando los muslos, moviéndome en ellos.
-Te beso…- sus labios hicieron succión en ese lugar detrás de mi oreja y me sacudí de
placer. Su gloriosa mano comenzó a acelerar las embestidas golpeando cada punto
sensible dentro de mí convirtiéndome en plastilina. -No puedo evitar rendirme a lo
inevitable. Estamos predestinados a ser una estrella fugaz.-
-Sabes que la estrella fugaz…es un pedazo de…de piedra, ohhh…-sus dedos atraparon
mi botón y lo apretó con fuerza.- ahhh…ahh…desprendida y…estrellada.-
-Has matado todo el romanticismo.- dijo, y reí. Sus labios flotaron sobre los míos y alce
mi barbilla necesitando que me besara.- Puede que sea así…pero podemos renacer
como algo mejor.-
-Pero es cierto. ¿Eso significa que nuestro destino es estrellarnos y prendernos fuego? -
su mano salió de mí. Acomodó su cuerpo hasta que no había nada más que mi piel y su
ropa entre nosotros.
-No, te lo prometo…-dijo suavemente apartando un rizo de mi rostro colocándolo
detrás de mi oreja.- pero si no hacemos algo ahora, creo que voy a prenderme en
llamas.-
-Entonces, déjame que te apacigüe.- El fuego brillo en sus ojos tierra húmeda,
encendiéndome en llamaradas, literalmente podía sentir la lengua de las llamas en mi
piel. Se incorporó tomando el condón y de repente, recordé.
¡La caja!
Me incorpore sentándome bruscamente, y se detuvo a medio paso de deslizar el plástico
en su miembro.
-¿Qué sucede?-pregunto.
- Me había olvidado por completo. ¿Cómo pude ser tan estúpida?-
-¿De qué hablas?-
-La caja…-solté, pero seguía sin comprender. -La caja de mamá está en mi casa, la
deben haber encontrado, porque vi a alguien deambulando desde la ventana.-
-¡Mierda!-exclamo arrojando el condón a la cama, y pasándome la mano por el cabello.
-Lo siento…no me acorde hasta ahora….-
-No, no es tu culpa.-
-¿Qué haremos ahora? Probablemente ya se la hayan llevado.-dije mirándolo bajarse de
la cama.
-Sí, es más que seguro, pero voy a comprobarlo.- cerrándose la cremallera del pantalón
se dirigió al bolso cerca de la puerta.
-¿Qué?-tome mi remera sobre el colchón, y cubriendo mis pechos me acerque
rápidamente a él. -No...Voy también.- y antes de que terminara mi oración ya negaba
con su cabeza.- ¿Por qué?-
-¿Además de lo obvio?-dijo, e hice una mueca.
-Pues, quiero ir. -dije con determinación, pero su mirada no cedía. -Voy, tú puedes
acompañarme si quieres, pero yo voy.-
-De aquí en más todo se va a ir a la mierda, lo sabes.-
-Lo sé. -sostuve su mirada.- Voy contigo.- Podía verlo intentar buscar una excusa para
convencerme.
Después de una larga vacilación exhalo bruscamente llevándose una mano al cabello
nuevamente dejándolo más revuelto. Dio un paso con el ceño fruncido, y dijo con voz
severa: -Pero te quedas donde yo diga, obedeces todas y cada una de mis órdenes,
¿entendido?-
-¿No lo hago siempre?-conteste, y me dio una mirada cansada y conocedora. Se volvió
continuando su camino al bolso. Di un paso tomándolo del brazo y poniéndome de
puntitas, besé su mejilla. -Gracias.- susurre contra su piel. Su brazo se curvo en mi
cintura apretándome contra su cuerpo.
Enterró su rostro en mi cuello, y tomo una larga inspiración.
-Ten mucho, mucho cuidado.-dijo en voz baja, y enrede mis dedos en su cabello,
amando la sensación de sus manos sobre mi piel. Asentí, y exhalo otra vez. Despacio se
apartó, y su mirada se deslizo por mi cuerpo prácticamente desnudo. -Mejor te pones
otra cosa. No creo que sea bueno que vayas así.-
Me sonreí. -Enseguida me cambio.-Me dirigí a la cocina donde el resto de mi ropa
descansaba desparramada sobre el suelo.
-Mnn…Que vistas.-dijo, y me gire a medias. Su mirada estaba puesta sobre mi trasero
como si estuviera calculando por donde tomar un bocado. Con las mejillas calentándose
como un semáforo, me volteé. -¡Ey! Eso no es justo, pero de seguro es mejor…a ver si
nos distraemos de nuevo.-
Retrocedí de espaldas y recogí mis prendas. Rápidamente me vestí y me acerque a la
mesa de la cocina donde estaba con el bolso, haciendo cálculos.
-¿Realmente son necesarias tantas?- pregunte.
-No pienso arriesgarme.-contesto, y tomo una larga daga de cristal tan negra que
reflejaba un brillo azulado. La guardo en la parte trasera de su cinturón, ocultándola
bajo su remera. Se arremango la blusa bordo mostrando una funda negra ceñida a sus
antebrazos. Acomodo una daga dentro de cada una con la punta filosa apuntando a su
cuerpo, listas para salir y ser usadas.
Alzo los ojos, dándome una mirada de advertencia.
-Lo sé, lo sé. A sus órdenes, mi General.-dije.
-Bien dicho.- dijo, y tomo mi mano.-Vamos.-

La oscuridad de la noche nos consumió. Levante la mirada al cielo mientras


caminábamos al coche, y no podía ponerse más raro. Habia una quietud inquietante,
como si cada ser percibiera lo que estaba aproximándose y se refugiara. Puso marcha el
motor, y condujo fuera de la seguridad del deshuesadero.
Aparco a unas diez cuadras de casa, y se volvió a mí con la mirada seria y enfocada.
-Ahora, caminamos.- asentí, y me volteé con la mano en la perilla. -Espera.- dijo, y le
mire. Estaba reclinado sobre el asiento trasero. Saco una daga de unos quince
centímetros de largo. Su filo terminaba en una ondulación. La giro en sus dedos con una
increíble agilidad, apuntando el mango hacia mí. La empujo a mi mano, y le mire
confundida. -Por si acaso. Sé que el collar te protege, pero me sentiría más seguro que la
tengas. Este material es como criptonita para los espectros.-
-¿Qué es?-pregunte sintiendo el duro y frio material en las yemas de mis dedos. Todo el
puñal estaba hecho de un suave cristal negro lustroso. En la hoja habia símbolos tallados
que al moverse absorbían la luz iluminándose levemente. La empuñadura de dos dedos
de grosor terminaba en una afinación.
- Se llaman “Altars” están hechos de obsidiana, es muy parecía al ópalo de fuego de tu
medallón, por eso me parecía familiar. Ambas son demasiado puras y los lastima lo
suficiente para hacerlos desaparecer.-
-Entiendo.-
Despegue los ojos de la hoja, y me estaba observando admirar la daga.
-¿Lista?-
Para nada.
-Vamos.- fue mi respuesta, y abandonamos el coche.
El cristal frio choco con la piel de mi vientre al guardarla en la cintura del pantalón.
Sebastian rodeo el auto deteniéndose a mi lado mientras acomodaba mi remera. Tomo
mi mano y nos dirigimos a la casa.
No habia ni un alma, todo estaba tan calmo como si se hubiera convertido en una ciudad
fantasma. La noche estaba sobre nosotros manteniéndonos oculto. El aire estaba helado,
el clima habia cambiado radicalmente.
Nos mantuvimos pegado a las paredes de las tiendas y las casas mientras despacio y
alerta nos acercábamos. Nos detuvimos detrás del enorme ficus que cercaba mi casa con
el terreno del matrimonio vecino.
Me coloco contra el árbol apoyando mi espalda en el tronco y acerco su cuerpo al mío.
Si alguien nos veía éramos una pareja teniendo su momento, cuando en realidad él
estaba observando los alrededores sobre mi hombro.
Su cuerpo se tensó, y supe que algo habia pasado. Su mano fue detrás de su espalda y
saco su daga. Mire sobre mi hombro siguiendo la dirección de sus ojos. Vi a alguien
salir de mi casa, y mirar hacia la tienda.
De repente, se volteó mirando la zona, y reconocí su rostro. Aston.
Dos espectros flotaron del techo bajando hacia él, y no parecía tener idea. Volví mi
rostro a Sebastian y me dio una dura mirada. Gesticulando con los labios, dijo:
-Quédate aquí.-Tragué saliva, y asentí. Aparto los ojos de mí, y moviéndose
sigilosamente se dirigió hacia ellos.
Aston lo vio, pero el espectro también. Se lanzó sobre Sebastian, quien alzo su puñal
clavándolo en medio de su pecho negro. Aston se volteó reaccionando y vio al otro
espectro. Saco una larga daga de su cinturón, similar a la de Sebastian, y comenzaron a
pelear.
De las paredes de mi casa comenzaron salir al menos unos cinco o seis espectros,
descendiendo para tomar parte.
Apuñalaron, acuchillaron a cada ser, pero parecía que no dejaban de aparecer como si se
reprodujeran.
Los rodearon, cercándolos cada vez más. Sebastian estaba de espaldas a mí,
concentrado en los dos espectros frente a él, y era inconsciente del detrás suyo
acercándose peligrosamente. Aterrada y desesperada, corrí.
Saque la daga de mi cintura y cuando llegue al espectro, se la clave en medio de los
omoplatos. Comenzó a temblar, sacudiéndose cada vez más sin control. Finalmente se
retorció y exploto en el aire dejando una nube de polvo.
Su compañero a mi lado, se giró y se lanzó a mí. Empuñe la daga a él, pero la esquivo.
Se volteó rodeandome mientras yo le lanzaba golpes tratando de cortar su cuerpo
fantasmal. Soltó una burbujeante risotada y volvió a arremeter contra mí.
Sus tentáculos me sujetaron de los brazos, pero yo ya habia clavado el filo dentro de su
cuerpo. El calor de su toque se fue desvaneciendo a medida que se convulsionaba
mirándome con esos ojos rojos escalofriantes, y explotaba.
Me volteé y me encontré con la mirada de Sebastian que decía “lárgate” mientras
apuñalaba a un espectro. Se volvió alzando la cuchilla, cortando la garganta del espectro
a su espalda, y luego la incrusto en medio de su vientre.
Esta vez su orden se iría a la mierda.
Aston se habia alejado del grupo dando pelea a tres espectros que parecía tener bajo
control. Sebastian continuaba manteniendo un ojo sobre mí, distrayéndose. El espectro
aprovecho ese instante de vulnerabilidad, y enterró su mano en el pecho de Sebastian.
Su espalda se dobló de dolor, y la daga cayo de su mano.
Corrí a él clavando a fondo la daga en el costado del espectro. Me miro con esos ojos
grises opacos, y se sacudió. Un instante después, exploto en polvo brilloso negro.
Sebastian respiro libre, y recogió su daga. Me dio una mirada con la excitación
ondeando en sus ojos y una diminuta sonrisa en sus labios.
De repente, sus ojos se abrieron enormes y su rostro se llenó de pánico a la vez que
sentía un fuerte calor alrededor de mi corazón.
Era como una mano dura apretando con tal fuerza que no me dejaba respirar. Me
paralice del dolor. La cuchilla cayó de mi mano golpeando la acera con un fuerte
estruendo. Sebastian se lanzó hacia mí pero fue interceptado por otros espectros que lo
acorralaron manteniéndolo alejado.
Lo observe luchar mientras oía al espectro murmurar en mi oído palabras
incomprensibles. Su otro tentáculo rodeo mi cuerpo y retrocedió arrastrándome con él.
El dolor mezclado con el ardor era tan intenso que me impedía oponerme.
Llegamos a mitad de la vacía calle. Mis ojos lagrimaban mirando a Sebastian luchar,
intentando desesperado abrirse paso hacia mí. Apareció otro espectro frente a mí y me
sujeto del cuello. El dolor y el escozor ascendió estrepitosamente a un punto
extremadamente doloroso. No podía respirar. Mi boca intentaba tomar un bocado de
aire, pero nada entraba.
Mi medallón comenzó a quemar en mi piel. Soltaron un aullido chirriante que dolió en
mis oídos y de repente, el espectro frente a mí se volvió polvo luminoso.
Lágrimas cayeron por mis mejillas mientras miraba a Sebastian aparecer a través de la
niebla de polvo y empuñar la cuchilla hacia mi estómago. Mis ojos se abrieron de par en
par.
Baje la mirada creyendo que me habia apuñalado. Su puño con la cuchilla estaba
enterrado en mi costado izquierdo pero no me tocaba. El dolor en mi pecho se
desvaneció, y retrajo su brazo hacia su cuerpo. Perdí estabilidad, cayendo hacia atrás
pero su brazo se esposo alrededor de mi cuerpo jalándome a su pecho. Lo mire
sorprendida y aturdida.
Miro sobre su hombro, y seguí su mirada. Aston continuaba luchando con el último
espectro que quedaba, pero más bajaban del techo de mi casa. Era un ejército de
sombras oscuras descendiendo a por más.
- No vamos a poder.- dijo, y se volteó conmigo hacia Aston.- ¡Hay que irnos!-le grito, y
no espero respuesta. Me arrastro lejos de la casa.
Corrimos a nuestro coche, y unos momentos después escuche los zapatos de alguien
más golpear el pavimento detrás nuestro. A unos metros del coche Sebastian le hizo
sonar la alarma, y los tres nos metimos dentro. Puso en marcha el motor y a una
velocidad alarmante nos sacó de allí.
Su mirada estaba en el espejo retrovisorio, y me volví en el asiento mirando por el
parabrisas. Aston en el asiento trasero hacia lo mismo, observando la escena atraves del
cristal. Nos seguían a lejos como una nube oscura y enorme.
-¿Qué haces aquí? –le pregunte a Aston, y se volteó. Su rostro estaba magullado, con un
moretón en su mentón cuadrado y en su mejilla. Habia una línea roja sobre su ceja y
estaba hinchada.- ¿Cómo sabias donde vivo? ¿Te has enterado lo de Sergio?-
-Sí…-exhalo.
-¿Dónde estabas cuando lo mataron?- Sebastian le lanzo con violencia la pregunta.
-En la parte de atrás trabajando, terminando de extraer la miel cuando oí el disparo.
Primero pensé que habia escuchado mal, pero luego otro disparo trono y corrí alrededor
de la casa para llegar a la puerta, y…-su voz se apagó. Sus labios delgados se apretaron
en una mueca triste, pero…no sé, talvez porque sus ojos eran demasiados claros, vacíos
de color, no parecían mostrar lo mismo.- Encontré a Sergio tirado boca abajo en el
césped. Me acerque para comprobarlo, pero era muy tarde, no tenía pulso. Pero vi a
alguien.-dijo posando sus ojos en mí.
-¿Pudiste verle el rostro?-pregunto Sebastian mirándolo por el espejo retrovisorio.
-No. Iba vestido de negro. Corrí hacia el para detenerlo. Peleamos, pero logró huir.
¿Pero…ustedes como lograron escapar? ¿Dónde está tu amigo? ¿Quién es él?-pregunto.
Sebastian y yo nos miramos.
-Un amigo. Nosotros también le enfrentamos y logramos huir.- dije.
Su mirada se movió a Sebastian, y lento regreso a mí.
-Sergio me conto algo de ti. No mucho, porque estaba tratando de evitar que quedaras
expuesta a cualquier cosa de nuestro grupo. Tu información podría filtrarse entre ellos,
y…bueno, no son malos, todos tenemos el mismo objetivo, detener a Frankfruzzel como
sea y nunca se sabe cómo podrían reaccionar a tu relación con él.-
-¿Te refieres al grupo de amigos de Sergio?-pregunto Sebastian.
-Sí, bueno, era más como una pequeña organización que intenta detener los constantes
intentos no solo de Frankfruzzel sino de otros alrededor del mundo, de levantar y usar
fuerzas que no corresponden a este mundo. Frankfruzzel es el más insistente y el más
codicioso. Lo de tu mamá, es solo la punta del iceberg.-
-¿Qué quieres decir?- pregunte.
-Lo que tu mamá había descubierto no era nada comparado con lo que ya estaba
haciendo desde hace muchos años atrás, incluso desde antes de su padre. Su familia está
bien metida en esto. Frankfruzzel fue criado para que en un momento dado encontrara la
manera y obtuviera lo que tanto su antecesores no lograron. Poder.-
-Sí, bueno, eso no es noticia nueva.- espete.
-Talvez las intenciones no cambien, pero sí, la cantidad de aliados. Ha estado rozando
codos, haciendo amistad con personas de altos puestos, no desde ahora, desde hace
mucho tiempo, y ellos han criado a sus propios hijos en torno a ese mundo. Les ha
inculcado esa mentalidad, formándolos para lo que se avecinaba, preparándolos para
este momento. Todos están metidos hasta el fondo, y todos esperan mucho.-
Mi mirada se disparó a Sebastian, quien apretaba el volante con tal fuerza que podía ver
sus huesos a través de la piel.
- y ahora ellos están en gran ventaja.-susurre. Sebastian me dio una mirada conocedora.
-¿A qué te refirieres?-pregunto Aston. Mi mirada se mantuvo en la de Sebastian, y
cuando dio un leve asentimiento, volví mis ojos a Aston.
-La caja que contiene todos los espectros para manipular su fuerza.-
-Por eso era…-dijo para sí.
-¿Qué cosa?-
-El porqué tu casa estaba tan repleta de espectro. Buscaban la caja y la encontraron. Me
había parecido extraño, no sabía qué otra razón podía ser.-
Desvié la vista hacia delante, mirando hacia el túnel delante nuestro. No podía decir que
era porque en realidad lo que buscaban era a mí también. No desconfiaba de Aston, pero
tampoco confiaba por completo en él y Sebastian no terminaba de darle el pase.
-¿Qué harán con la caja? ¿Se la llevaran a Frankfruzzel?-dije mientras Sebastian detenía
el coche bajo el viaducto dejando las luces delanteras encendidas.
-Probablemente…pero no podrán, bueno no por avión.-contesto mirando
pensativamente hacia delante.
-¿Por qué?-pregunto Sebastian sin dejar de escudriñar los alrededores.
-Bueno, verán, Frankfruzzel está en Londres, pero se está desarrollando esta fuerte y
anormal tormenta sobre la capital, por lo que si probablemente la quieren trasladar vía
aérea no será posible, todos los vuelos están cancelados. Por lo que deberán hacer escala
en una ciudad costera. Mi apuesta seria Paris. -
-¿y tú como sabes eso?-le acuso Sebastian mirándolo por el espejo.
-Es todo parte del plan para detenerlo. Es un gran evento, todos nos estamos dirigiendo
hacia Frankfruzzel. Este es el momento.-
-¿Quiénes se dirigen hacia Frankfruzzel? ¿Tu grupo?-le espeto Sebastian girándose en
el asiento.
-Sí, exacto. Nos hemos enterado de que Frankfruzzel ha logrado hacer una réplica del
objeto que le permitirá canalizar los espectros pero no es tan fuerte como el verdadero.-
Me mordí el labio mirando a Sebastian, y pude verlo mirando a través de mis
pensamientos. La cosa se complicaba. No podíamos ir directamente hasta Sisi, teníamos
que hacer una parada, fiándonos de las palabras de Aston.
Sin cortar mi mirada le pregunto: -¿Cuándo partes?-
-Hoy. Puedo retrasarlo un par de horas, pero no mucho más, el ritual será a reloj, los
demás están de camino.-
Viendo la indecisión en mis ojos, salió del coche y me uní. Rodee la trompa
acercándome a él en la oscuridad, manteniéndonos lejos de las luces blancas de los
faros.
-¿Qué debemos hacer?-le pregunte, y se froto el mentón.
-¿Confías en él?-pregunto de repente. Mi boca se abrió, pero no sabía que decirle.
No. Era mi respuesta inmediata. Sí…quizás, era mi respuesta pensada.
En la única persona que confiaba plenamente sin discusión, era Sebastian. Pero no
estábamos desbordante de alternativas. Aston era una duda razonable, pero, aun así, era
lo único que teníamos.
-Bueno…no lo sé…digo, confiaba en Sergio, y él es su amigo, todos están en ese grupo,
o lo que sea, con el mismo objetivo que nosotros.-
-No el mismo objetivo que nosotros. No sabemos si lo que dijo es verdad, puede que
quiera detener a Frankfruzzel para hacer el levantamiento ellos mismos, no lo sabemos,
solo tenemos su palabra.-
-Sí, pero…Sergio era parte y nunca dijo nada de eso, parecía ser de los buenos.-
-Puede ser, pero ahora Sergio ya no está. Recuerda, alguien lo asesino y no sabes quien
fue.-
-Pero no pudieron ser ellos, eso no tendría sentido.-
-Para nosotros…-espeto, y la desesperación pico más profundo en mi pecho.
-Lo sé, pero si no vamos, van a asesinar a Sisi. Además, sea con ellos, Aston o quien
sea, íbamos a ir, ¿cuál es la diferencia?-
-Ir acompañado de un lobo o un cordero, esa es la diferencia.-contesto, y me gire
llevándome una mano a la frente sintiéndome impotente. Me sujeto de los hombros
volteándome de nuevo. Encontrando mi mirada, dijo:- Bien, bien, vayamos.-
Sacudí la cabeza.-No confías en él.-
-No. No lo hago, por eso vamos a ir y a ser extremadamente precavidos y paranoicos,
cualquier cosa lo tomaremos como señal de amenaza. No confió de él y voy a
permanecer así…pero vamos a rescatarla. La salvaremos, confía en mí.-
-Lo que tú digas…confió en ti.-suspire, y se sonrió.
-Bueno, ya que lo mencionas…¿Acaso no te dije que te quedaras a un lado? ¿En qué
parte de “quédate aquí” significaba “ven a luchar y hacerte asesinar por los espectro”?-
-¿Qué dices? Si te obedecí, me quede allí…-replique, y arqueo una ceja.- por un
momento. ¿Y que se suponía que hiciera?-
-¿Quedarte dónde estabas?-
-Te estaban atacando, estabas rodeado, por supuesto que iba ir en tu ayuda. No importa
que orden, hechizo paralizante o qué tan incapacitadas tenga las piernas, siempre iré a tu
auxilio, y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.-
Su mirada se ablando. -No es verdad…Ni tampoco que este cada vez más y más
profundamente enamorado de ti.-
Su confesión me tomo por sorpresa. -Oh…bueno, eso yo ya lo sabía…antes que tú…-
balbucee fingiendo estar cero afectada. Me regalo una gigante sonrisa, y me abrazo. -
Pero hay un pequeñísimo problema.-susurre contra su pecho.
-¿Cuál?-pregunto, y alce mi rostro al suyo.
-Mi pasaporte…está en la casa.-
-Mierda…-
-Sí…- Iba a ser desastroso.
-Ok, yo me encargo….- dijo, y abrí mi boca para protestar, pero me callo con la mirada.
-y no se discute, tú te quedas a salvo, donde diga.-
Hice una mueca desconforme, pero accedí.- Bien.-
Se sonrió.- O talvez sea yo el que te tenga que encadenar a la cama, esta vez…-dijo, y
me guiñó. Rodé los ojos y le empujé del pecho, pero sus brazos no me soltaron.
-Ya, inténtalo.-
-Otro reto…me gusta.- dijo con voz áspera en mi oído, y sonriéndome me abrí de sus
brazos. Nos metimos de nuevo en el coche y Aston nos observó expectante.
-¿Dónde dijiste que se dirigían?-pregunto Sebastian.
Aston se sonrió.

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