"Imán", "La ruta" y "El blocao": Memoria e historia del desastre de Annual
Author(s): Txetxu Aguado
Source: Revista Hispánica Moderna, Año 57, No. 1/2 (Jun. - Dec., 2004), pp. 99-119
Published by: University of Pennsylvania Press
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA
E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL
EL 20 dejulio de 1921 comenz6 uno de los episodios mis mortiferos de la gue-
rra colonial espafiola en el norte de Africa. Gran parte de la zona oriental del
Protectorado de Marruecos cay6 en manos de los rifefios que legaron en unos
pocos dias hasta las mismas puertas de Melilla, donde pararon su avance. 1 La
bisqueda de una comunicaci6n apresurada entre la parte occidental del pro-
tectorado y la parte oriental, Ilev6 al general Silvestre,jefe de esta iltima zona, a
una serie de operaciones militares extremadamente arriesgadas, tomando posi-
ciones en el frente sin preocuparse de su comunicaci6n, abastecimiento o de su
adecuada defensa. Se queria una ripida victoria frente a un enemigo considera-
do inferior. El resultado fue lo que se conoce como el desastre de Annual
-nombre de una posici6n defensiva- que supuso la prictica desaparici6n de la
presencia espafiola en la zona con un coste en vidas humanas muy alto -Tufi6n
de Lara cita 12.981 personas (138) solo en el ejercito espafiol- y ademis perte-
necientes en su mayoria a las capas sociales espaiolas mis desfavorecidas. Se
pidieron responsabilidades y se elabor6 el Ilamado Informe Picasso, donde sali6
a luz una situaci6n de absoluta desidia por parte de los oficiales hacia los solda-
dos en Marruecos, por no hablar de niveles de corrupci6n insospechados en el
manejo de los fondos designados para las campafias militares. A consecuencia
del desastre se aceleraron las crisis de gobierno, y probablemente la caida del
regimen de la Restauraci6n, salieron a relucir las conexiones regias -se cree
que los desprop6sitos militares de Silvestre contaban con el beneplicito de
Alfonso XIII-, se produjeron huelgas y, en iltima instancia, fue excusa en el
golpe militar de 1923 de Primo de Rivera y su posterior dictadura.
La narraci6n hist6rica, sin embargo, es demasiado fria en su recuento de
muertos o en la investigaci6n de las causas del desastre. Falta en el pirrafo
anterior la verbalizaci6n de la experiencia humana, y no solo por la obvia con-
densaci6n de lo ahi descrito. Se echa de menos saber c6mo afecta a sus partici-
pantes el desastre de una derrota militar -y por lo mismo de una victoria-,
c6mo cambia sus vidas para siempre la toma de contacto continuada con la
muerte y las miserias que produce en los cuerpos, o quidnes son los que sufren
las aventuras guerreras. Y ello al margen de los modelos explicativos centrados
en el valor o en el heroismo. No se trata ahora del encubrimiento del horror
vivido en las guerras, sino de hacerlo claramente explicito. Josi Diaz-Fernin-
dez en la colecci6n de cuentos El blocao (1928), Ram6n J. Sender en Imdn
(1930) 2 y Arturo Barea en la segunda parte de su trilogia La forja de un rebelde
' Ciudad que se salv6 porque, en palabras de Tuiidn de Lara, "los rifefios crefan que
las fuerzas espafiolas eran superiores alas que en realidad habia" (136).
2 Sender escribi6 otros dos textos de temitica marroquf: Una hoguera en la noche
(1923) sobre los amores de un teniente hacia la hija de un sheik cautiva y Cabrerizas
altas (1965) donde se narra la vida en Melilla del sargento Madrigal. Ninguno de los
dos personajes supera generalmente sus propias peripecias para llegar a un discurso
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100 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
titulada La ruta (1954), humanizan la disciplina hist6rica desde lo literario al
hablar de las penalidades sufridas por los soldados. 3 Los tres autores quieren
reformular el legado memoristico sobre Annual al tomar en cuenta las viven-
cias que, por no ser consideradas relevantes, no forman parte de la elabora-
ci6n del discurso hist6rico. Al ofrecer versiones alternativas de lo ocurrido,
otorgan a la memoria de los que sufrieron el desastre un lugar destacado en la
elaboraci6n de una verdad donde este presente la muerte de las guerras colo-
niales. El objeto no es otro que construir un tejido civil mis democritico, una
sociedad fundamentada sobre principios donde las grandes batallas sean susti-
tuidas por las pequefias tragedias, donde lo experimentado personalmente
como horror sea recogido por lo social y su memoria en la forma de imagina-
rios compartidos por sus miembros.
Sin embargo, Adorno y Horkheimer en su Dialectic of Enlightenment eran
pesimistas sobre la posibilidad de dar cabida a la experiencia personal en lo
social sin recurrir a elementos miticos. Argumentaban que dada la perdida de
un sentido distinto al proporcionado por la instrumentalizaci6n de los objetos
y de las personas -que solo tienen valor si sirven para un fin- lo mitico y sus
historias unfa a los integrantes de lo social en torno a un sentido mais vital que
racional. Y ello es asi porque lo mitico permite a los miembros de una socie-
dad la vinculaci6n de su experiencia individual con el conocimiento social en
la forma de historias compartidas, otorgando al pasado recogido por la memo-
ria colectiva, una comunidad de sujetos y de prop6sitos. Pero si el problema,
como en el caso de Annual, es la exclusi6n de lo personal de la historia -es
decir, la extirpaci6n de todo aquello no susceptible de ser reducido a hechos
con valor cientifico o hist6rico- o si el problema es la reducci6n del cuerpo a
mero conjunto de funciones donde el dolor no interviene, la salida de esta
concepci6n de lo social no tiene por qud necesariamente implicar la caida en
un mundo mitico e irracional. La via de escape de este esquema toma en
consideraci6n la experiencia de los soldados de estos relatos, real y bien real
aunque no cuente con los canales expresivos de una voz y de un ptiblico que
escuche. Frente a las fantasias miticas de la comunidad de destino, o de la
comunidad racial, surge la otra 'fantasia' de la solidaridad humana en el dolor
y en el sufrimiento, en el convencimiento compartido con los demis de vivir
en un mismo planeta asolado por la constataci6n de la muerte. 4
encaminado a la descripci6n de la condici6n humana en la guerra. Marruecos es casi
solamente el decorado de la acci6n.
3 Entre las novelas de Annual agrupo a estas tres aqui por su posici6n contraria a la
guerra colonial. Asumo el comentario de Antonio Carrasco sobre ellas: "La toma de
postura acerca del problema colonial, como consecuencia de su visi6n politica de la
sociedad espafiola, determinara su manera de narrar. No van a describir grandes bata-
Ilas, ni van a conmiserarse con las derrotas. Son autores que estin contra el Protectora-
do aunque nunca hagan referencia a ello directamente, sino que se intuye en su amar-
go escrito. Son ante todo sensibles a la situaci6n de sufrimiento de las tropas espafiolas
y por ello se vuelven claramente antibelicistas" (77).
4 Recojo en esta formulaci6n la importancia dada por Edgar Morin al dolor, y dirfa
a la muerte, para la refundaci6n de la caridad, como generosidad hacia el otro y sus cir-
cunstancias, y del humanismo, como constataci6n de los problemas comunes de vida y
de muerte que nos afectan como humanos: "La douleur appelle une reforme cul-
turelle et civilisationnelle que approfondisse et rdvolutionne le sens de ce que le chris-
tianisme avait appel6 charite et que l'humanisme avait appel6 humanitarisme" (240).
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 101
iEs posible entonces articular y cimentar una comunidad que teniendo en
cuenta las necesidades y lazos emocionales de sus miembros no caiga en lo
irracional? BEs posible pensar en una comunidad emocional no mitica donde
no se recurra a la raza, la sangre, la tierra o la lengua para aglutinar a sus
miembros? Ello serai posible siempre y cuando la experiencia individual sea
recogida por los imaginarios colectivos que dotan de identidad a los miembros
de una comunidad y cuando lo colectivo forme parte de los imaginarios hist6-
ricos de una sociedad. Para ello el desastre de Annual necesita de otra historia
y de otra memoria.
DE LA MEMORIA A LA HISTORIA: VISION INTERIOR Y EXTERIOR COMUNITARIA
Quisiera comenzar analizando las relaciones entre memoria colectiva,
como recopilaci6n de los hechos significativos en la existencia de una socie-
dad, y memoria individual, como colecci6n de experiencias pasadas que otor-
gan al individuo una personalidad distintiva en el seno del grupo en el que
vive. Posteriormente conectar6 ambas memorias con la historia. Una relaci6n
fluida entre ambas memorias es fundamental para garantizar a lo vivido indivi-
dualmente un lugar dentro de la experiencia colectiva de todos. Y viceversa
tambiPn, que el bagaje memoristico colectivo sea susceptible de ser asimilado
en el espacio vital de cada uno y en aquellos otros espacios no experimenta-
dos directamente por lo individual. El desastre de Annual fue experimentado
comparativamente por solo unos pocos pero afect6 a los muchos, vivido por
estos tiltimos como una parte de la memoria colectiva de todos. La noci6n de
desastre como categoria descriptiva surge cuando se acepta como significativo
para la experiencia de todos lo que ha sido determinante solo para algunos. Si
la memoria colectiva provee a la individual con un marco de sentido general,
la individual concretiza ese sentido al mismo tiempo que provee a lo colectivo
con nuevas experiencias para integrar.
El problema aparece cuando los cauces de comunicaci6n entre ambas
memorias estin obstruidos o cuando una de ellas no se reconoce en la otra.
Esta es la cuesti6n planteada por el sargento Barea en La ruta: la no correspon-
dencia entre su recuerdo y la elaboraci6n del mismo como memoria de todos
en los peri6dicos. Dice Barea: "La guerra -mi guerra-, y el desastre de Melilla
-mi desastre-, no tenian semejanza alguna con la guerra y con el desastre que
estos peri6dicos espafioles desarrollaban ante los ojos del lector" (112). La mis-
ma disparidad entre recuerdo personal y visi6n colectiva conduce al personaje
de Viance en la novela de Sender, Imdn, a negar a los demais la capacidad de
entendimiento: "En Espafia nadie sabe lo que pasa aquf. De vez en cuando
dicen los peri6dicos: 'Nuestros soldados mueren en Africa', pa molestar al
Gobierno; pero el pueblo y los ministros ya se han acostumbrado" (121); se
han acostumbrado a no saber. La falta de convergencia entre ambas memorias
no puede dar lugar a otra cosa que a una fractura en el sentido propuesto por
una comunidad sobre la realidad, aceptado por algunos y rechazado por los
otros, escindido entre 'mi' guerra y su guerra. Cuando lo experimentado per-
sonalmente en Marruecos, la memoria individual, no se corresponde con su
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102 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
recuento en las cr6nicas periodisticas diarias o en las elaboraciones hist6ricas
que informan y recogen a la vez la memoria colectiva, 6sta se vive como ajena,
como falsificadora de la verdad vivida en el campo de batalla.
La memoria individual debe intervenir en los mecanismos de difusi6n de
la memoria de una sociedad y participar en su construcci6n, para rechazar o
determinar qu6 o cuindo las aventuras coloniales se aceptan como vilidas o
que precio esti dispuesto a pagarse en terminos de vidas humanas. La memo-
ria colectiva es un mecanismo de interpretaci6n y conformaci6n de la reali-
dad. Permite a los miembros de una sociedad digerir los problemas con los
que se enfrenta, para no dejarles al socaire de multiples interpretaciones o
sometidos a la incertidumbre del no saber qu6 es lo relevante y qu6 no lo es.
Se constituye como una instituci6n social desde la cual emana una interpreta-
ci6n del transcurrir temporal -de lo acontecido en el pasado pero tambidn de
lo contingente presente- coherente con sus postulados. Asi, la memoria colec-
tiva se convierte en la capa hist6rica del recuerdo sobre la cual se asienta la
identidad social, permeabilizando hacia abajo todas las otras agrupaciones de
orden inferior al social hasta llegar al individual. En palabras de Amalio Blan-
co: "Lo mismo que decimos que el grupo esti compuesto por individuos pero
es algo mis que la mera adici6n de ellos, tendremos que reconocer que son
6stos los que recuerdan, pero ello no obsta para que podamos hablar de la
existencia de una memoria que los trasciende" (89). La memoria individual
aunque cuente con territorios propios estari fundamentalmente imbuida de la
colectiva, pues es esta ultima la que le otorga el paradigma desde el cual pueda
llevarse a cabo el recordar. Por eso ambas memorias deben ser coherentes
entre si para garantizar un mismo sentido, lo cual no significa una equivalen-
cia absoluta. Debe existir un lugar para la disidencia individual, para la mirada
sobre el pasado propia e incluso intima, no sesgada por las significaciones ni
simbologias colectivas.
No obstante, una disparidad total entre ambas memorias no esti hablando
mis que de la enfermedad memoristica, de la falta de participaci6n de los pai-
sajes de la memoria personal en la elaboraci6n de un sentido comfn en lo
social. Esto es lo que expresa Barea, al volver a Madrid de permiso despues
del desastre y de estar gravemente enfermo con tifus, como el dolor de no
poder hablar sobre el horror vivido. No lo puede expresar porque su familia
no le facilita el cauce expresivo, porque lo desconoce al igual que ignora el
alcance de lo sufrido por Barea. Al ponerse a comer un filete con patatas, el
jugo de la carne le trae inmediatamente la imagen de los fluidos humanos en
los cuerpos mutilados y en descomposici6n que han quedado tendidos en el
campo de batalla, y que e1 con su columna de soldados tuvo que recuperar. Ya
no puede mis: 'Y para escapar de mi mismo, comenc6 a hablar. Les cont6 lo
que habia visto con todos sus detalles Y me ech6 a llorar como un nifio
pequefio, mis infeliz y miserable que nunca, por el daiio que estaba hacien-
do, por el dolor que habia visto" (111). Al rememorar sin cuidarse de la
impresi6n que vaya a producir en los demis, Barea se libera del peso de su
recuerdo cargado en solitario y su familia comienza a admitirlo casi como
propio, como parte del recuerdo colectivo de todos. Pero el ejercicio de
memoria no es celebratorio. Al contrario, produce tambidn un dolor que solo
podri atemperarse en los rituales de la memoria colectiva. Lo que en Barea es
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 103
necesidad de contar, se transforma en amenaza desesperada contra el olvido
social por parte del soldado de caballeria fatalmente herido en Imdn. Dice
dste en conversaci6n con Viance: "Yo voy a reventar. (Oyes? Pero si creen que
despuds nadie va a acordarse de nosotros, se van a llevar buena sorpresa. Te
juro que sf" (Imin 165-6).
Tomar nota de ambos recuerdos, el de Barea y del soldado de caballeria de
Imdn, supone necesariamente acceder alas fuentes de la memoria colectiva, a
su configuraci6n y a su aplicaci6n. Ello va a definir el carnicter democritico o
no de una sociedad. Quihnes son los que influyen en la memoria o desde qud
ambitos, es determinante a la hora dejuzgar el carnicter abierto o cerrado de la
instituci6n del recuerdo y su legitimidad. Una memoria colectiva donde solo
unos pocos pueden identificarse con los recuerdos, hablarn del mayor o
menor grado de representaci6n de una sociedad, del mayor o menor grado
de adecuaci6n de lo individual a lo colectivo. La posibilidad de modificar des-
de abajo, mediante el recordar individual aquello que es colectivo, la capaci-
dad para modificar sus instrumentos de trabajo, o para influir en los materiales
que van a formar parte de la instituci6n de la memoria, es fundamental a la
hora de legitimar lo colectivo, pero tambien a la hora de integrar lo individual
dentro de la identidad colectiva. La memoria personal acumula objetos sin
delimitar, experiencias no traducibles, sensaciones dejadas de lado por no ser
plenamente coherentes con el paradigma del recuerdo propuesto por la
memoria colectiva. De la capacidad de estos objetos de lo personal para salir
de su amasijo inexpresivo, para ganar luz y un espacio propio en lo personal-
colectivo de todos, dependeri la armonia y flujo de informaci6n entre las
memorias colectivas e individuales. Para facilitar este flujo de informaci6n,
Barea tendra primero que prescindir de las visiones ex6ticas y estereotipadas
sobre Africa que estorban, y manipulan, la emergencia expresiva de su recuer-
do. Asi, dice el autor-personaje sobre su madre:
Mis descripciones nunca la convencian. EC6mo podia creer que Ceuta no
era ni mas ni menos que un pueblo andaluz al otro lado del estrecho?
Su mente estaba atiborrada con una mescolanza de historias y tradicio-
nes: piratas berberiscos, cautivos redimidos por frailes de la Merced, escla-
vos a bordo de una galera, remando incansables bajo el laitigo del c6mitre
moro. (46)
De la habilidad de Barea para arrinconar estos imaginarios africanistas, depen-
deri, en tiltima instancia, la identificaci6n de su experiencia individual con lo
colectivo y la asunci6n de sus sefias de identidad. Lo democratico aspirari
entonces a la participaci6n de 'los todos' individuales en lo comuin societario.
Si lo democritico reclama una adecuaci6n entre la memoria individual y la
colectiva, quisiera proponer tambidn como rasgo de la participaci6n democra-
tica efectiva, la conciliaci6n entre memoria colectiva e historia. Una de las dis-
tinciones entre ambas es la que Amalio Blanco atribuye a Maurice Halbwachs:
"la memoria colectiva se sittia dentro del grupo, mientras que la historia se ubi-
ca fuera de e1 [...] la memoria colectiva es el grupo visto desde dentro, la his-
toria es el grupo visto desde fuera" (Blanco 94). La memoria colectiva se forja
en la interioridad del grupo con las aportaciones de sus miembros, mientras
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104 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
que la historia es la imagen proyectada al exterior como carta de presentaci6n
frente a los otros grupos. La historia es la identidad que se quieren los miem-
bros de una sociedad para reconocerse entre ellos y que se dirige hacia afuera
camino de los otros. Ademis para Blanco, frente a la historia la memoria
colectiva "tiene un deber de primer orden, el de ensefiar e instruir a quienes
no tuvieron la experiencia de determinados acontecimientos" (95-6), pero
incluso a los que teni6ndola no tuvieron los recursos para hacerse oir ni para
acceder a una fotograffa global del marco hist6rico en el cual estaban inserta-
dos, para dar una voz a los que no elaboran la historia. La memoria, entonces,
"se erige como un antidoto contra el engafioso poder de la historia, contra la
frialdad de sus fechas, del numero de muertos, de la parafernalia de sus cele-
braciones y onomfisticas" (Blanco 95-6). Los contenidos de la historia no deben
estar vacfos de la memoria. Las cifras de muertos en las guerras coloniales no
pueden estar desprovistas de los cuerpos destrozados, ni la parafernalia de las
celebraciones y onomisticas puede hurtarse a la violencia ejercida sobre algin
otro. La identificaci6n entre memoria individual y colectiva con la historia, es
condici6n para garantizar un contenido sustancial alas cifras vacias y a las cele-
braciones propagandisticas. En realidad, se esti reclamando una historia de tra-
yectoria humana ajena a las causalidades mecanicistas, o triunfalistas si se quie-
re, que explican los fen6menos hist6ricos como realizaci6n de un destino
civilizador en el norte de Africa o como resultado de valores militaristas. 5
Las novelas y cuentos aquf considerados, edifican una memoria colectiva del
desastre de Annual donde las fechas, numeros y celebraciones se rellenan con el
recuerdo del soldado raso. Su visi6n personal, su agotamiento, su aniquilaci6n
como ser con autonomia para pensar y decidir, acttia como contrapeso de las
visiones hagiogrificas de lo hist6rico que conceptualizan lo que no es nada mis
que destrucci6n como 'gloriosa' empresa colonial. 6 La inclusi6n de esta visi6n
alternativa de Viance en Imdn, de Barea en La ruta y de los protagonistas de El
blocao, afiade pluralidad a la formaci6n de la memoria colectiva. Al mismo tiem-
po, puesto que se esti hablando de hechos susceptibles de interpretarse hist6ri-
camente con el aparato conceptual de las cifras y de las celebraciones, se esti
haciendo una propuesta de historia, pero de una concurrente con la memoria.
Esa es la intenci6n confesada de Sender en la introducci6n a Imdn, que lo hist6-
rico como visi6n global del desastre sea compatible con la vivencia y memoria de
5 Barea no se sustrae del todo a esta misi6n civilizadora en el norte de Africa cuando
afirma que "Aquf podriamos hacer una obra grande. Si no fu~ramos tan birbaros como
somos" (La ruta 51). El mismo se involucra en la construcci6n de una carretera, una
fuente de agua en un erial o hace de enfermero curando de sarna a un rifefio. La cues-
ti6n est~ en saber si lo que hoy Ilamarfamos ayuda t~cnica para el desarrollo no trae apa-
rejada consigo las peores facetas de la colonizaci6n. El conflicto en La ruta de Barea es
menos metaffsico que en Imdn, expresado menos en terminos de lo humano frente a su
destino vital. La guerra para Barea obedece a causas que pueden analizarse y corregir-
se. Por otro lado, por valores militaristas entiendo aquellos que buscan la subyugaci6n
del otro por la mera fuerza sin ni siquiera acudir a lajustificaci6n mis o menos civiliza-
dora.
6 La inmensa mayoria de las novelas escritas sobre el desastre recalcan la valentia y
bravura del soldado espafiol y de sus oficiales en un medio hostil y salvaje. Puede con-
sultarse al respecto el libro de Antonio Carrasco Gonzilez La novela colonial hispanoafri-
cana.
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 105
los soldados que padecieron la guerra. En la escritura de su novela, de "estas
notas": "La imaginaci6n ha tenido bien poco -nada, en verdad- que hacer. Cual-
quiera de los doscientos mil soldados que desde 1920 a 1925 desfilaron por alli
podia firmarlas [...] [El libro] sencillo y veraz, trata de contar la tragedia de
Marruecos como pudo verla un soldado cualquiera de los que conmigo com-
partieron la campafia" (Imdn 6). No hay fabulaci6n para que lo vivido por el sol-
dado desconocido se transforme en conocimiento hist6rico, porque las "notas"
en si mismas son historia y cualquier soldado puede asumirlas como suyas. Lo
mismo dirn Diaz-Fermindez en su introducci6n a El blocao: "el personaje, por su
misma impersonalidad, quiere ser el soldado espafiol" (31).
Despu6s de la lectura de estos relatos, la historia ya no puede ser solo expli-
caci6n de las tendencias del devenir temporales, ni simple manifestaci6n de la
causalidad del acontecer pasado en el presente. Para aquellos que quieren
escuchar a los participantes, la historia se convierte en el recuento de las pena-
lidades sin fin en el tiempo, humanizando una disciplina que se quiere cientifi-
ca precisamente por excluir el dolor y la muerte. Es como si la constataci6n
del dolor humano, como si la empatia hacia el sufrimiento de los otros, fuera
el nexo de uni6n entre las memorias, entre lo individual y lo colectivo por un
lado, y entre las memorias y la historia que las representa por el otro. La equi-
valencia entre los contenidos de la memoria y de la historia es lo que legitima
a ambas y lo que permite hablar de sociedad democraitica en el sentido de par-
ticipaci6n de todos en las visiones tanto interiores como exteriores que una
sociedad se quiere para sf. Sin embargo, las novelas de Barea y Sender no son
propiamente libros de historia. Sobre ello se habla a continuaci6n.
LOS SILENCIOS Y SU REPRESENTACION: LA NARRATIVA Y LA HISTORIA
Los autores estudiados en este trabajo no silencian el dolor a la hora de
montar su discurso. Lo toman como punto de partida para elaborar una alter-
nativa alas sociedades que lo necesitan en el mantenimiento de sus jerarqufas
y privilegios sociales. Si los relatos analizados toman en consideraci6n el sufri-
miento, y su corolario filtimo en la muerte, no es para afirmar comunidades
monstruosas hermanadas en la perdida de la sangre, sino como afirmaci6n
radical de solidaridad hacia los esfuerzos de todos por una vidajusta y equitati-
va, por una vida con menores dosis de dolor. La muerte no puede eludirse ni
encubrirse con lo que no es. No caben relativismos en su constataci6n empiri-
ca, aunque si maquillajes de su realidad. Podri recurrirse a eufemismos para
presentarla como heroica o como trigica, pero no podra anularse, no podrni
representarse como vida. Apunta Tom Conley en la introducci6n a The Writing
of History de Michel de Certeau que la muerte es "a total social act" (viii), un
hecho que acaba reclamando la importancia que merece en el campo de lo
vital, que no se deja escamotear. 8 Por eso no puede sorprender que la p6rdida
Otra cuesti6n es, por supuesto, la elaboraci6n claramente narrativa y literaria de
ambos autores en sus textos.
8 De la misma manera, la memoria colectiva no puede nunca obviar la presencia
acechante de la muerte. Creo que David Herzberger tiene presente esta reflexi6n al
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106 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
de la condici6n humana del soldado al legar a Marruecos se traduzca en trans-
formaci6n de lo vital en fantasmitico, entre una vida que se ha ido y una
muerte que no ha llegado todavia. En el cuento El blocao de Diaz-Fernindez,
los soldados mantienen entre ellos "una semejanza de cadaiveres verticales uni-
dos por un oscuro mecanismo" (36) y la descripci6n de su puesto de avanzadi-
Ila, de su blocao, es ilustradora: "aun siendo un atauid, no era un ataid de
muertos" (38). El narrador en Imdn de Sender se pregunta por el decaimiento
vital de Viance: "Quiero averiguar el secreto de su actual impersonalidad fria y
endeble que le hace parecer tan lejano de si mismo" (64). Para el sargento
Barea en La ruta: "Era terrorificamente ficil para un hombre el caer en estado
de bestialidad" (62), a medio camino entre la condici6n animal y la humana.
Los soldados llevan una existencia fantasmitica al estar escindidos, entre una
experiencia guerrera que los anula y una representaci6n de la misma donde
no se reconocen.
Las verdaderas experiencias entre la vida y la muerte en Marruecos, e
incluso la muerte misma, son recluidas en un espacio donde no puedan incor-
diar. De hecho, cuando se hable de ellas en los articulos de peri6dico o en los
libros de historia, se recogeri parte de su verdad a condici6n de que lo esen-
cial de las mismas quede silenciado. Dicho de otra manera, lo que realmente
ocurre en Marruecos, lo olvidado, "finds access through writing on the condi-
tion that they remain forever silent", por utilizar las palabras de De Certeau
(Writing 2). Se recuentan historias y narraciones suturadoras de 'algunos' frag-
mentos de la experiencia y solo la de 'algunos' individuos para conformar una
realidad hist6rica de pleno sentido, ajena alas realidades vividas por la mayo-
rfa de quienes sufrieron la guerra colonial. Lo que no tiene cabida en el esque-
ma propuesto, queda excluido. Lo que molesta, es silenciado. Cuando al
comenzar el desastre la posici6n ocupada por la compaiifa de Viance esti irre-
mediablemente perdida, los sobrevivientes tratan de salvarse como pueden
huyendo por entre cuerpos destrozados en un especticulo dantesco. Al descri-
bir su situaci6n, Viance dice: "La sensaci6n de los supervivientes es la que
podrian tener los muertos si pudieran alcanzar la conciencia de que acaban de
morir" (Imdn 140). EC6mo dar cuenta de aquello que por su misma naturaleza
es inefable? Pero, ic6mo eludir aquello que se aproxima a una verdad total?
Volver de la muerte o representar la conciencia de los que acaban de morir, no
es posible. Se silencia porque no puede articularse. No obstante, se silencia no
solo eso sino tambidn lo que podria ser la representaci6n de la vivencia de
Viance con nociones menos heroicas y mis mundanas como el terror ante la
proximidad de la muerte.
El silencio retorna de una forma u otra. Siempre quedarin trazas del sufri-
miento, de la bestialidad o de lo fantasmitico de la muerte, que emergeri a la
afirmar que "some component parts of fiction and history are actually known and ve-
rifiable, even though separated from our immediate perception by time and space.
These are the so-called facts of existence which, as Louis Mink suggests, '[stand] over
against us, accepting our apperception of them but resisting incursion and manipula-
tion'" (4). Las muertes de Annual, aun alejadas en el tiempo y en el espacio, se resisten
a una apropiaci6n de sentidos finicos, pero incluso a su representaci6n e interpreta-
ci6n hist6rica. Hay un algo que siempre se escapa y a cuya verdad pretende acercarse
la ficci6n.
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 107
superficie en los momentos de crisis del discurso o de las realidades que lo han
motivado. Cuando la explicaci6n hist6rica de lo ocurrido en Annual es o bien
manifiestamente engafiosa o el modelo heroico de la derrota propuesto no
convence como explicaci6n plausible, se produce una fractura entre la memo-
ria y la historia. Ambos discursos de sentido dejan de convencer. Necesariamen-
te se vive esta fractura como imposibilidad del discurso, caso de Viance, pero
tambien como mentira y edulcoraci6n patri6tica de los acontecimientos. Esta es
la sensaci6n del personaje Barea. Este junto con su compafifa se encuentran en
la zona occidental de Marruecos donde tras horas de marcha inhumana y tras
ser amontonados en un barco en el puerto de Ceuta, Ilegan a Melilla. No saben
nada ni se les ha informado de nada. Solo al comenzar a recopilar los cadiveres
para amontonarlos y quemarlos, toman conciencia de la magnitud de la trage-
dia. La versi6n hist6rica oficial, por el contrario, es muy diferente. Dice Barea:
Los libros de historia lo llaman el 'Desastre de Melilla' o la 'Derrota de
1921'; dan lo que se Ilama los hechos hist6ricos. No se nada de ellos, con
excepci6n de lo que lei despuds en estos libros. Lo que yo conozco es par-
te de la historia nunca escrita, que cre6 una tradici6n en las masas del
pueblo, infinitamente mais poderosa que la tradici6n oficial. Los peri6di-
cos que yo lef mucho mis tarde describian una columna de socorro que
habia embarcado en el puerto de Ceuta, Ilena de fervor patri6tico, para
liberar Melilla. (87)
La columna de socorro de esta cita es la de Barea, ajena a su utilizaci6n propa-
gandistica posterior. La tradici6n nunca escrita que prendi6 en las masas del
pueblo, mis poderosa y verdadera, es la que retornari para reclamar su cuota
de historia, su cuota de presencia. En este momento de "breakage" (De Cer-
teau 4), de separaci6n radical entre lo vivido y su representaci6n, se postulan
las condiciones para una nueva interpretaci6n de las acontecimientos y se defi-
ne un nuevo paradigma hist6rico. Ahora lo silenciado por las cr6nicas perio-
disticas o por la historia oficial de Annual tiene su momento de enunciaci6n.
Su afloraci6n en el discurso se encamina a una posibilidad de equivalencia
entre memoria e historia, entre experiencia y conocimiento.
El "breakage" para De Certeau es "a return of the repressed, that is, a
return of what at a given moment, has become unthinkable in order for a new
identity to become thinkable" (4). iY cuil es esa nueva identidad que ha deveni-
do pensable en el discurso historiogrifico de la Espafia de los afios 20 y 30,
que es lo que se puede pensar a costa de lo que no se debe pensar? El antimili-
tarismo de Fernando Savater responde la pregunta: "La guerra es el crisol don-
de se fraguan las naciones [...]. Hoy todavia se nos presenta como el mayor
mdrito de las banderas el que mucha gente ha dado su vida por ellas y pocos se
atreven a ver precisamente ahi la mejor raz6n para detestarlas" (93). Las nacio-
nes, incluida la espafiola, se articulan con historias heroicas sobre las cuales
asentar su realidad, su representaci6n, los privilegios que acarrean y, desde lue-
go, el ejercicio de su poderfo colonial. Y ello a costa de la aniquilaci6n fisica y
' No es descabellado pensar que las identidades nacionales se fraguan mucho
mejor en la presencia de un enemigo exterior. La difusa identidad espafiola de finales
del siglo xIx y principios del xx, se ve favorecida por la guerra colonial con el desplaza-
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108 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
moral, humana diriamos, del capital humano de personajes como Viance.
Conversando con el viejo que le atiende y le ayuda en su huida esperp(ntica
hasta Melilla en el momento del desastre de Annual, ambos afioran la belleza
del sol y el verdor de los campos espafioles. Sin embargo, el narrador en Imdn
matiza la belleza sefialando que Viance "Olvida que todo esto que le rodea, el
aire fetido, los muertos, el comandante que le machac6 los dedos con la culata
de la pistola, la entrafia sombria de esta noche de injusticia y de horror, es tam-
bidn Espafia" (184). La pretensi6n politica del discurso oficial por primar una
idea de lo nacional, lo que debe pensarse, a costa de los nacionales -de los que
viven bajo el espacio mental y temporal de la naci6n- que es lo que no debe
ser pensado, tendri su respuesta en la propuesta de cambio radical. Se quiere
ver en el cambio politico un trueque entre lo que antes era el discurso con lo
sumergido por el mismo, con lo relegado al espacio de lo no pensable. De ello
hablard en la iltima secci6n de este trabajo.
El retorno de lo reprimido a consecuenciadel "breakage" en la forma de
modelos de lo hist6rico criticos con el olvido, rompe con los limites de la his-
toria como disciplina cientifica. La apropiaci6n del pasado, o incluso del
hecho presente, en la interpretaci6n hist6rica delega a los mirgenes concep-
tuales lo que no encaja en su discurso. Son estos mirgenes el lugar donde la
verdad de la guerra y de su destrucci6n se enuncia o se escribe, bien como
narrativa o como historia, dependiendo de su capacidad para una representa-
ci6n mis fidedigna. Las novelas aqui comentadas no solo amplian la verdad a
un algo mis que el producto del discurso hist6rico. Quieren que en la elabora-
ci6n de esa verdad entre a formar parte la experiencia de muerte sufrida por
los otros, solidarizindose con ellos y con su problemitica. 10 Si la muerte no
puede experimentarse por los vivos, no es menos cierto decir que el recuerdo
de las penalidades vividas por los otros y de la muerte que nos espera a todos,
da pie al surgimiento de comunidades mais vitales que al menos las naciona-
les. 1 Si la historia trabaja dentro de los limites conceptuales de la naci6n que
la origina y sustenta, los textos analizados apuntan a la construcci6n de una
sociedad sensible al sufrimiento siempre presente en los origenes de las gue-
rras coloniales y quizis de las mismas naciones que las promueven. El prop6si-
to de los relatos es configurar un proyecto historiogrifico que no se vea afecta-
do, como dirfa De Certeau, por el pinico sufrido por la historia como discipli-
miento de los problemas de identidad, desde lo interior peninsular a lo exterior, y con
el reforzamiento de lo espafiol frente a un otro, moro una vez mis, que aglutina la
comunidad nacional. Lo espafiol no se define entonces como afirmaci6n positiva de
valores culturales o lingiiisticos compartidos sino de manera mis d6bil, como rasgo
diferenciador frente al otro musulmin ojudio renuente a dejarse colonizar.
10 Para Antonio Carrasco el patriotismo de estos autores no es amor a una entidad
abstracta ni bfisqueda de uni6n trascendente con ella, sino dedicaci6n a las personas
concretas que la integran: "No ven la guerra como un acto de patriotismo, porque
entienden el verdadero patriotismo como solidaridad con el soldado an6nimo" (87).
" No propongo aqui una vuelta al vitalismo con su mayor enfasis en la revelaci6n y
la intuici6n como reacci6n frente al positivismo de finales del siglo xIx. Para una discu-
si6n a este respecto puede consultarse el primer capitulo del libro de Vicente Cacho
Viu Repensar el noventa y ocho. Mis bien es la utilizaci6n instrumental de la raz6n, sus tec-
nologias de producci6n de sentido hist6rico al margen de la experiencia, sobre lo que
quiero Ilamar la atenci6n aquf.
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 109
na a consecuencia del constante "enlargement of the silent areas" (39), de los
mayores silencios requeridos para la coherencia de su modelo de representa-
ci6n de lo vital propuesto.
Si la historia oficial no puede contener el avance de los silencios, si no pue-
de evitar que las ausencias en su discurso lleguen a ser clamorosas, quizis sea
necesario renunciar a su funci6n de representaci6n. EC6mo podrian dar cuen-
ta de las siguientes citas los libros de historia de los que hablaba Barea antes
del desastre de Annual? EA que instrumento discursivo recurrir para montar
una imagen global del desastre aglutinadora y explicativa de las imigenes loca-
les impactadas en la retina de los soldados? dC6mo contar estas sensaciones de
Barea y de Viance de las que hablan a continuaci6n?
Yo no puedo contar la historia de Melilla de junio de 1921. Estuve alli,
pero no se d6nde; en alguna parte, en medio de tiros de fusil, cafionazos,
rociadas de ametralladora, sudando, gritando, durmiendo sobre piedra o
sobre arena, pero sobre todo vomitando sin cesar, oliendo a cadfiver,
encontrando a cada nuevo paso un nuevo muerto, mis horrible que todos
los vistos hasta el momento antes. (La ruta 90)
Otra vez el olor a sentina, a carne descompuesta. Debe haber cadfiveres
[...]. Dos cuerpos desnudos, clavados con un mismo piquete de alambra-
da, que los atraviesa por el vientre. El chacal almorzaba [...] Cuerpos des-
nudos, mutilados; uno con las piernas cortadas sobre las rodillas y las
insignias de oficial en la boca. (Iman 146) 12
Los relatos que se estin comentando son las respuestas alas anteriores pregun-
tas. La ficci6n narrativa viene a sustituir a la historia en la producci6n de un
sentido vivido como mas autentico por sus propios protagonistas y por los lecto-
res. Estas narraciones, a diferencia de la historia, apuntan a un mayor grado de
identificaci6n, de integraci6n, entre la propuesta de memoria colectiva que
emana de ellas y las memorias individuales de los participantes en Marruecos,
al tiempo que proponen una verdad hist6rica mis creible. Las novelas, enton-
ces, suplantan a la historia en la figuraci6n y explicaci6n de los hechos relevan-
12 Ana Maria Leyra, en La mirada creadora, sefiala que es con el Renacimiento cuan-
do se toma conciencia de la individualidad de la muerte al margen de explicaciones
miticas o religiosas. La muerte toma una entidad real e independiente con la cual
habrfi que lidiar. A consecuencia de ello: "Es en estos momentos cuando se relatan viva-
mente en el arte la descomposici6n de la carne y las miserias del cuerpo. La reflexi6n
en torno a lo temporal y lo caduco se dirige al cuerpo humano como resto fisico, de
modo tal que podriamos decir que 6sta es la primera vez que el hombre se atreve a asu-
mir su cadfiver" (31). Asumir el cadfiver, asumirlo como carne en descomposici6n y des-
cribirlo como tal, cuestiona los imaginarios belicistas donde la muerte es la realizaci6n
filtima del sentido de la vida. Desde esta filtima 16gica, la muerte 'gloriosa' trasciende la
condici6n mortal dejando una impronta de lo perecedero humano en lo eterno inme-
morial. Esta visi6n serfi siempre reacia a mostrar las 'miserias' del cuerpo porque la glo-
rificaci6n de la muerte encaja mal con la imagen desvalida de un cuerpo que solo es
materia en proceso de putrefacci6n. Por el contrario, las descripciones grificas de los
cuerpos torturados reclaman una toma de conciencia de lo perecedero, de la realidad
material del cuerpo y de la falsedad de los imaginarios guerreros. La guerra se aparece
entonces como maquinaria de exterminio, como negaci6n de lo vital humano y de los
valores que lo promueven.
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110 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
tes para la sociedad, alli donde esta iltima se muestra incapaz, por las razones
que sean y sin excluir la manipulaci6n deliberada de la experiencia, para achi-
car el crecimiento de las ireas silenciadas de De Certeau. Contrariamente a la
historia, las narraciones articulan de manera coherente el entramado de expe-
riencias dispersas y sensaciones inefables que solo ahora encuentran acceso a
un marco general de comprensi6n de lo vivido y anteriormente eliminado. La
narraci6n se convierte en habiticulo de la memoria tanto colectiva como indivi-
dual y deviene historia con la misma capacidad para elaborar conocimiento.
LA FICCION NARRATIVA FRENTE A LA HISTORIA
La narrativa se ve forzada a poner una voz alli donde la historia no la
encuentra. EDe d6nde emana la legitimidad para sustituir al discurso hist6ri-
co? Si la narrativa lleva a cabo este papel politico, 13 es porque como forma, e
incluso estrategia de representaci6n de lo hist6rico, no esti tan alejada ni de
las interpretaciones ni de los sistemas de sentido utilizados por la historia
como disciplina cientifica. En The Content ofForm, de la forma narrativa, Hayden
White advierte que si se omite la distinci6n tradicional entre una historia encar-
gada de dar cuenta de hechos reales y una narrativa encargada de lo ficticio,
ambas se aparecen como instrumentos de producci6n de sentido coherente,
tanto del conocimiento como de la experiencia vivida. Lo narrativo se torna en
un sistema "of discoursive meaning production by which individuals can be
taught to live a distinctively 'imaginary relation to their real conditions of exis-
tence,' that is to say, an unreal but meaningful relation to the social formations
in which they are indentured to live out their lives and realize their destinies as
social subjects" (x). Dejar& de momento de lado la distinci6n entre lo irreal e
imaginario pero dotado de sentido, el caso de la narrativa, de lo real pero sin
sentido de la historia. No quisiera llegar a la conclusi6n apresurada de que las
narrativas aquf tratadas aportan sentido, aunque sean constructos artificiales,
frente a una historia que aun no entendiendose como propia por los que
padecieron Annual, trate de la realidad.
Si la narrativa es preferida a la historia es porque las relaciones, aunque
sean imaginarias e irreales para Hayden White, se viven como mis cercanas a
la experiencia de los que rechazan las representaciones de la historia que ellos
no han sentido como verdaderas, que no les ha aportado el sentido que necesi-
taban. EQue es lo real y lo imaginario en este contexto de discusi6n? 4Que
representaci6n, la de la historia o la de la narrativa, tiene mayor capacidad
explicativa y conformadora de las circunstancias individuales a esas condicio-
nes de existencia reales de las que habla Hayden White? Por supuesto, no se
trata de optar por la una en contra de la otra, sino de entender mejor por que
y en que circunstancias se prefiere la una a la otra, por que la narrativa asume
sin mayores dificultades el papel de la historia.
Siguiendo a Hayden White, se articula un discurso de sentido sobre el pasa-
do o el presente de un grupo social cuando se cuenta con un centro desde el
13" Asi lo llamo por su representaci6n de experiencias olvidadas y mediadora entre
propuestas de lo hist6rico y de su sentido opuestas.
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 111
cual interpretar lo ya acontecido o lo que vaya a ocurrir. En el establecimiento
de la narrativa interpretativa para dotar Annual de sentido en la vida social,
emanan principios (ticos y morales (White 11). Los hechos mis importantes
para la continuidad de la vida social, vienen a ser aquellos que son entendidos
como etica y moralmente superiores y que encuentran un reflejo en el sistema
legal establecido a fin de regular el funcionamiento entre los integrantes de la
sociedad. Una configuraci6n social va a ser preferida a otra porque en la com-
paraci6n con las otras posibles, los principios propios sobre los que se sustenta
'mi' sociedad 'me' representan mejor que los ajenos. El recuento de los
hechos fundacionales de 'mi' grupo, la narrativa que los aglutina y les otorga
su raz6n de ser, tiene por objeto "the impulse to moralize reality, that is, to
identify it with the social system that is the source of any morality that we can
imagine" (White 14). Es decir, de identificar la realidad con el sistema social
que 'habito', e incluso identificar 'la' realidad con 'mi' percepci6n de la mis-
ma que simb61icamente me ha sido otorgada por mi grupo. Lo que es moral se
conforma, por lo tanto, como aquello que continia y reafirma los parimetros
sobre los cuales se aglutina el grupo social. Y la legitimidad del orden social
-su centro, su &tica, su moralizaci6n y su sistema legal- no esti relacionada
mis que con la identificaci6n individual con el modelo de realidad propuesto
por este orden.
Sin embargo, cuando la sociedad se encuentra dividida, fracturada y sin
consensos bisicos sobre sus principios 6ticos y morales, o cuando se estai en
presencia de una sociedad no democritica y ademis fuertemente cuestionada
por una parte de la misma, el caso de la Espafia de los textos, aparecen discur-
sos contrahegem6nicos. 14 Entonces, los esquemas de sentido sociales y la histo-
ria o la narrativa hegem6nicas que los producen, pierden su legitimidad para
reclamar una interpretaci6n de la realidad coherente. En este caso, el choque
con la realidad es demasiado fuerte como para aceptar interpretaciones heroi-
cas sobre lo que sucede en Marruecos. Viance reflexiona sobre el sentido de
ello en uno de los peores momentos en la defensa de su posici6n, cuando ya se
da pricticamente por perdida poco antes del desastre: "Nosotros somos lo que
en la prensa y las escuelas Ilaman heroes. Llevar sesos de un compafiero en la
alpargata, criar piojos y beber orines, eso es ser heroes. Yo soy un heroe. iUn
heroe! iUn he-ro-e!" (Imdn 135). Viance es el h~roe sin derechos con el deber
de defender un estado que no representa a todos: "como los mulos, s6lo tene-
mos deberes civicos, no derechos: el deber civico de morir. El Estado nos auto-
riza a morir para sostener el derecho civico de unas docenas de seres que son
la historia, la cultura, la prosperidad del pais, porque el pais comienza y termi-
na en ellos" (177). El rechazo a ese estado de cosas en ese pais, a la historia y la
cultura que lo definen y lo apoyan, parece la conclusi6n 16gica. Una conclu-
si6n atemperada y reducida al espacio de la guerra en la opini6n de Barea:
"abandonar Marruecos y no mandar un simple soldado allf. Marruecos es la
mayor desgracia de Espafia, un negocio desvergonzado y una estupidez incon-
14 A la forma politica de una comunidad humana corresponderi, como apunta
Hayden White, "a historical mode of inquiry possible" y "a narrative mode for its repre-
sentation" (30). Imdn, La ruta y El blocao se escriben a la biisqueda de una narrativa de
representaci6n para puentear las insuficiencias del modo hist6rico de investigaci6n.
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112 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
mensurable al mismo tiempo" (La ruta 103). EQue forma discursiva del sentido
recoge estas reflexiones? EQu6 forma politica les da expresi6n?
En el desastre de Annual, la historia, incluso pretendiendo ser critica y re-
clamando responsabilidades, no puede apartarse de su funcionamiento como
instituci6n soporte de la 16gica del poder, mostrindose reacia a la incorpora-
ci6n del dolor de la experiencia inmediata. Por otro lado, la mayoria de la lite-
ratura colonial es fundamentalmente hagiogrifica de las bondades de la
empresa colonial. 15 Si en algin momento se muestra critica, oculta el vacio y
el sinsentido metaffsico del esfuerzo humano invertido en la guerra de
Marruecos con la 16gica militarista de la valentia y la hombria, escurriendo el
bulto a la verdad de las innumerables muertes. Si es dificil pedir a una historia
sujeta alas servidumbres del poder y a una literatura involucrada de Ileno en
los mecanismos de productividad y beneficio propios de la cultura de masas
que no enajene a sus protagonistas, que no sustituya su experiencia, tambien
es verdad que las novelas aquf analizadas no hurtan la verdad de la existencia
en la guerra colonial. Estas narrativas son capaces de "represent the moral
under the aspect of the aesthetic" (White 25), proponiendo una nueva articu-
laci6n de los sistemas de sentido sociales. 16
Los modelos de interpretaci6n social y los esquemas fticos y morales pro-
puestos por Iman, La ruta y por El blocao, son imaginados e irreales porque no
existen como tal en el mundo natural. Son elaborados desde el pensamiento
reflexionando sobre datos reales como los desastres de la guerra y las relacio-
nes sociales injustas que las abastecen de soldados y de espacios para la explo-
taci6n colonial. Si los modelos, y las verdades emanadas de ellos, o si se quiere
las proposiciones sujetas a sus principios etico-morales, son mis o menos ima-
ginarias no por ello dejan de situarse en un terreno mis propiamente humano.
Sus verdades lo son por estar mis pr6ximas a una concepci6n de lo huma-
no que atravesando transversalmente las razas, las culturas y las diferencias
15 Asi lo entiende Antonio Carrasco. En esta literatura de baja calidad y publicada
para consumo de las masas "Va a sobresalir como nota fundamental un exceso de he-
roismo, una inflaci6n de seres extraordinarios que luchan por la patria frente a un ene-
migo despiadado y salvaje. Hay mis narraci6n militar que consideraciones acerca de la
condici6n del soldado Predomina un caricter hagiogrifico y una visi6n ingenua de
la politica espafiola en Africa" (90). Por otro lado, para Antonio M~ndez Rubio la cultu-
ra masiva puede "ser considerada no una situaci6n sino una propuesta, un proyecto de
control, un principio de reacci6n institucional capaz de integrar control econ6mico y
control politico a travis de la hegemonia ideol6gica y de una estructura pragmitica que
reprime la dialogia y la sustituye por mecanismos (y no necesariamente mensajes) pro-
pagandisticos, de producci6n jerirquica de consenso" (111). Es decir, no van a encon-
trarse en esta literatura colonial los instrumentos de diilogo para la producci6n de una
memoria y de una historia democriticamente consensuadas con las experiencias vitales
de los soldados de Marruecos. Mis bien la historia aqui criticada y la novela colonial de
Carrasco se ajustan a la definici6n de M6ndez de la cultura masiva y su proyecto de con-
trol politico e ideol6gico.
16 No se trata de una sustituci6n de lo factual por lo estdtico, o de la historia como
investigaci6n cientifica por la narrativa como representaci6n lingiiistica. La incapaci-
dad de la historia para producir imaginarios de identificaci6n con lo social, deviene el
campo de nadie donde hace su aparici6n la narrativa con un discurso estitico. No se
produce una estetizaci6n de la experiencia ni una bfisqueda de sentido estdtica, sino la
intervenci6n de un instrumento estitico para producir una verdad humana.
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 113
econ6micas, encuentran un sustrato comuin en las experiencias de dolor, de
sufrimiento y de muerte como experiencia del vivir compartida. Y ello no
como desesperaci6n ante lo vital, sino como afirmaci6n radical de la vida. 17
Esta concepci6n humana de la verdad de la guerra, se traduce en un pri-
mer momento en perplejidad ante el sinsentido del servicio militar en Marrue-
cos: "No podian evitar el intentar entender por que se encontraban en Mfrica y
por que tenian que arriesgar sus vidas" (La ruta 67), como reflexiona Barea
sobre los soldados. Posteriormente, se pasa a enunciarlo como verdad vital
cuyo sentido filtimo se encuentra en la igualdad de todos ante la muerte, o en
los escalofrios experimentados por todos aquellos que como Viance contem-
plan un paisaje desolado por la destrucci6n de la guerra: "Silencio y muerte
infinitos, sin horizontes, prolongados en el tiempo y en el espacio hasta el ori-
gen y el fin mis remotos [...] Moros muertos, espafioles despedazados [...]
Sin un rumor de brisa, sin un pijaro, en el silencio que ahonda la mafiana has-
ta la lividez de la filtima mafiana del universo" (Imdn 153). Estas verdades de
los relatos confrontan las otras verdades -mis bien pr6tesis falocentricas del
valor y de la hombria- de la guerra y sus matanzas, sus racismos y discrimina-
ciones de todo tipo. Pero la fraternidad humana ante lo frigil de la existencia,
lo apocaliptico de la cita previa de Viance, no queda reducido a buenas inten-
ciones humanitarias. Viance apunta a otro sitio: "Es la guerra. Esto es la gue-
rra. La banderita en el mistil de la escuela, La 'Marcha Real', la historia, la
defensa nacional, el discurso del diputado y la zarzuela de exito. Todo aquello
rodeado de condecoraciones trae esto. Si aquello es la patria, esto es la guerra:
un hombre huyendo entre cadiveres mutilados, profanados, los pies destroza-
dos por las piedras y la cabeza por las balas" (Imdn 190). Porque no todas las
representaciones de la experiencia son igualmente vailidas por ser igualmente
imaginarias. La jerarquizaci6n entre ellas se inclina por aceptar la de Viance
en Imdn con sus conclusiones y responsabilidades y en contra del jefe de la
legi6n Millin Astray en La ruta con susjustificaciones y privilegios. 18
Finalmente, la distinci6n entre lo imaginario y lo real de Hayden White con
que se abria esta secci6n, puede dejarse de considerar prioritaria si, por otro
17 Tom Conley en la introducci6n a The Writing of History, habla del 'resurface' de lo
reprimido de De Certeau en un 'mystical expression' (xii) que vendria a inaugurar un
espacio de trascendencia -al margen de la normalidad de sentido en la que vivimos, de
sus parimetros espacio-temporales de significaci6n- donde toma cuerpo la conciencia
de una unidad entre todas las cosas del universo, y del sentido de lo humano dentro de
ello, no directamente comprensible mediante la raz6n. No voy a seguir esta via inter-
pretativa aunque la sefialo como posibilidad de conexi6n de experiencias humanas a
este nivel. Por otro lado, Ant6n Baamonde habla de los momentos de tiempos densos
(19) como forma de trascendencia, de liberaci6n de la pesadez del tiempo lineal y de
los sentidos linicos. Cita la experiencia amorosa, la mistica y la literatura como otras
maneras de acceder a esta densidad temporal donde la linealidad deja de reinar y don-
de la variedad de lo humano se aproxima a un punto central.
18 Como ejemplo de ello, puede citarse el discurso de Millin Astray a sus legiona-
rios recogido por Barea: "Escupia en las caras de aquellos hombres toda su miseria,
toda su vergfienza, su suciedad y sus crimenes, y despuds los arrastraba en una furia
fanaitica a un sentimiento de caballerosidad, a un renunciamiento de toda esperanza
fuera de la de morir una muerte que lavara todas las manchas de su cobardia en el
esplendor del heroismo" (La ruta 76).
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114 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
lado, se asume ahora con Ant6n Baamonde que "lo real es una convenci6n,
una forma de referirse al mundo, pero que lleva siempre implicito un horizon-
te de expectativas previas, donde la gente decide y que sabe en qu6 consiste lo
real" (21). No es tanto distinguir entre lo irreal y lo real como articular un sen-
tido ajustado a las sensaciones de aquellos que saben "en qu6 consiste lo real"
porque se ha manifestado en su propio cuerpo o lo han visto en los demis
como muerte. Dicho de otro modo, se necesitan unos acuerdos minimos sobre
c6mo interpretar, en base a qu6 principios, y qud forma de representaci6n uti-
lizar para hablar de lo real. Los textos comentados plasman una nueva rela-
ci6n entre los integrantes de lo social mis legitima. No una cualquiera o una
mis, sino una alrededor de la cual se reconstruyan los consensos bisicos socia-
les perdidos. No todos los discursos ni sus representaciones permanecen al
mismo nivel en su relaci6n con lo real. En cualquier caso y en iltimo extremo,
si persiste la dificultad de elegir entre narrativas 'irreales' e historias 'reales', se
impone la utilizaci6n de un criterio como el de Manuel Vizquez Montalbin de
diferenciaci6n entre verdades 'blando', pero no por ello menos claro. Dice el
autor en su serie de ensayos titulada Panfleto desde el planeta de los simios: "no hay
verdades finicas [...] pero ain es posible orientarnos mediante las verdades
posibles contra las no verdades evidentes y luchar contra ellas" (145). Las
novelas como Imdn y La ruta, o los relatos contenidos en El blocao, se orientan
contra las "no verdades evidentes" ajenas a los tormentos de los soldados como
Viance en busca de otras "verdades posibles" al margen de ficciones hist6ricas
que mis que reducir engrandecen los silencios de los que hablaba De Certeau.
EL ARCHIVO Y LOS IMAGINARIOS DE LO COTIDIANO
Si toda narraci6n y toda historia es una manipulaci6n, una convenci6n
sobre lo real, la de estos autores, aun siendolo tambi6n, facilita lecturas y relec-
turas constantes desde un posicionamiento democritico -desde la apertura del
discurso a las voces disidentes- que lo permite todo salvo su negaci6n como
principio articulador de historias. Tanto Imdn como La ruta y El blocao consi-
guen aunar dos miradas sobre el pasado, la de la memoria, individual y colecti-
va, y la de historia en una sola en torno a la vivencia igualadora del sufrimiento
y de la muerte. Estos relatos reformulan y reconfiguran los imaginarios sociales
espafioles sobre la guerra colonial africana -el recuerdo colectivo- para que la
historia se elabore con la colaboraci6n de los 'analfabetos', de todos aquellos
sin influencia en el discurso oficial. El resultado es una profundizaci6n de lo
democritico al dar voz a los desprovistos de los recursos lingimisticos necesarios
para hacerse oir, pero tambi6n, por supuesto, a los que no poseen la represen-
taci6n politica suficiente como para hacerse notar. Como resultado, la identifi-
caci6n de memoria con historia produce un movimiento politico en favor de
una mayor apertura de la verdad oficial alas otras verdades disidentes sobre las
cuales se han escrito estos textos literarios.
En realidad, la profundizaci6n de lo democritico no apunta a otro lugar
que a la apertura del sistema de sentido social, a la apertura de los presupues-
tos simb61icos presentes en todo discurso que permiten enunciarlo y entender-
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 115
lo. Apunta al control ciudadano del archivo de Michel Foucault conceptualiza-
do como "the general system for the formation and transformation of state-
ments" (130). Para Foucault la comprensi6n de los principios de funciona-
miento de este sistema "involves a privileged region: at once close to us and
different from our present existence, it is the border of time that surrounds
our presence, which overhangs it, and which indicates it in its otherness; it is
that which, outside ourselves, delimits us" (130). El lugar propio del archivo
-como espacio cercano y lejano en la frontera temporal donde nos reconoce-
mos y donde nos vemos ajenos como un otro- se parece mucho al espacio alu-
cinado por donde pululan los soldados como Viance o Barea cuando son inca-
paces de compaginar dos vivencias contradictorias: la visi6n heroica de la
guerra con lo vivido en su carne y hueso. La falta de comprensi6n abre una
fractura en el orden cotidiano -la realidad deja de presentarse como estable
en su comprensi6n y aparecen las escenas onfricas, esperp~nticas casi, de la
descripci6n de los muertos durante el desastre- situando a Viance y a Barea en
ese lugar marginal, intersticial, donde habita el archivo. Pero acceder a ese
"privileged region" de Foucault no significa estar en posesi6n de los instru-
mentos para modificarlo y dar sentido a lo que no lo tiene. Buscar un "state-
ment" para expresar lo que en principio es una experiencia inefable, necesita
de una participaci6n politica democritica -como negociaci6n entre propues-
tas de contenido del archivo- encaminada a lograr una ampliaci6n de los sen-
tidos viejos con las experiencias nuevas.
Para reformular el archivo es necesario tomar conciencia politica de cuil es
el problema. El rechazo de la guerra y de los imaginarios usados en su justifica-
ci6n es patente en los tres autores. Primero, la descripci6n de la situaci6n. Apun-
ta Barea: "Durante los primeros veinticinco afios de este siglo Marruecos no fue
mis que un campo de batalla, un burdel y una taberna inmensos" (32) o "Cuan-
do los moros no sean felices con la mina [...] los soldados montarin sus ame-
tralladoras" (9). En segundo lugar, la critica por parte de uno de los soldados en
Imdn: "la Patria no es mis que las acciones del accionista" (121). Para pasar a
exponer el problema de la mano de Barea en t~rminos de labor civilizadora:
iPor qu6 tenemos nosotros que luchar contra los moros? (Por qud tenemos
que 'civilizarlos', si no quieren ser civilizados? dCivilizarlos a ellos, no-
sotros? ENosotros, los de Castilla, de Andalucia, de las montafias de Gero-
na, que no sabemos leer ni escribir? Tonterfas. dQuidn nos civiliza a nos-
otros? Nuestros pueblos no tienen escuelas, las casas son de adobes,
dormimos con la ropa puesta, en un camastro de tres tablas en la cuadra, al
lado de las mulas, para estar calientes. Comemos una cebolla y un men-
drugo de pan al amanecer y nos vamos a trabajar en los campos de sol a sol
Reventamos de hambre y de miseria. El amo nos roba y si nos queja-
mos, la guardia civil nos muele a palos. Si yo no me hubiera presentado en
el cuartel de la guardia civil, cuando me toc6 ser soldado, me hubieran
dado una paliza. Me hubieran traido a la fuerza y me hubieran tenido aqui
tres aflos mis. Y mafiana me van a matar. dO voy a ser yo el que mate? (67-8)
Por no decir que ademis la poblaci6n marroqui tiene derecho a defender su
espacio vital y geogrifico. Es lo que quiere transmitir otro soldado en Imdn:
"iCabo, somos fuertes y tenemos buenas armas! (Por que nos han de poder
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116 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
esos piojosos? Yo si que lo se. Porque ellos tienen la raz6n y eso pesa mucho"
(212). 19 Finalmente, la soluci6n viene enunciada por el soldado de caballeria
herido de muerte en conversaci6n con Viance: "Si te salvas busca a quien ten-
ga la culpa y sacuidele. La vida ya ves tui lo que es. S61o vale la pena cuando hay
un poco de justicia encima de toda esta mierda Busca a quien tenga la
culpa y sacuidele, que si hay Dios ahi arriba El1 te ayudara a tomar punteria"
(Imdn 165). Justicia para atemperar las miserias de lo vital y otorgarle un senti-
do, para que la verdad de la muerte de este soldado acceda a los contenidos
del archivo. Yjusticia tambien como respeto a la verdad del otro, como conmi-
seraci6n hacia su desgracia.
La empatia hacia el otro y su problemitica da pie a la formaci6n de comuni-
dades cuyas verdades e imaginarios de representaci6n se enuncian a una escala
humana. Ello viene enunciado en El blocao como falta de interds hacia las ima-
genes del poder y sus contenidos, porque estan vacias y no mueven a identificar-
se con ellas. Como dice el protagonista de "Cita en la huerta" en El blocao: "Tam-
poco lograban conmoverme las palabras de los oficiales ni las 6rdenes y arengas
que nos dirigian losjefes de los cuerpos expedicionarios" (52). Por el contrario,
este mismo soldado se siente conmovido, se siente ligado, a la cotidianidad que
trata de seguir su curso como si la guerra no existiera: "A veces pienso si me fal-
tara espiritu; pero de repente me noto lleno de una ternura inesperada. [...]
pasa un soldado en alpargatas, con su lIfo al brazo, caminando penosamente
hacia el campamento, y me emociona lo mismo que un hombre que va de cami-
no, no sd por que ni ad6nde" (El blocao 53). 20 La comunidad emocional con los
otros encuentra su territorio propio en los pequefios gestos de lo cotidiano, en
las pequefias historias de lo humano que hablan de las otras verdades de la vida
al margen de la guerra. Este soldado no asume las tecnologias del poder militar,
19 Seguro que tienen la raz6n. Sin embargo, en ninguno de los textos estudiados se
encuentra una elaboraci6n de la figura del 'moro' que no sea estereotipada, bisica-
mente ex6tica. Dificil por otro lado no caer en ello cuando ni siquiera se admite al sol-
dado espafiol una individualidad, una existencia independiente, en el imaginario espa-
fiol sobre la guerra. En Una hoguera en la noche (1923) de Sender, el enamoramiento del
teniente Ojeda de Dayedda, hija de un sheik, no s61o reduce a esta iltima a un papel
secundario como mujer sino que finalmente tiene que morir para salvarle. Dayedda no
pasa mis alli de representar el amor misterioso hacia un otro todavia desconocido. Asi
se entiende tambidn la pretensi6n del protagonista de "Cita en la huerta" en El blocao
de Diaz-Fern~ndez por enamorarse de una mujer mora o el halo de misterio y admira-
ci6n hacia la adolescente mora en el relato "El blocao". Esta, tras ganarse la confianza
de los soldados del blocao facilita el ataque de los rifefios. La labor civilizadora de
Barea, aun bien intencionada, no deja de situar al moro fuera de la cultura y lo civiliza-
do. Quizi valga aqui lo que Juan Goytisolo sefiala con respecto a la figura del moro en
sus propias novelas, que es "un moro esperpentico deformado por la imaginaci6n blanca"
(53).
20 Para Alain Finkielkraut en La humanidad perdida con los fil6sofos de la Ilustra-
ci6n: "La idea de la similitud entre los hombres se atestigua a partir de ahora bajo la
forma de una condolencia ilimitada, es decir de una participaci6n afectiva en todos los
males que aquejan a la especie humana. El hombre democraitico que emerge entonces
no s61o esti informado, tambi(n es emotivo. Su capacidad de hacerse cargo aumenta a
medida que mengua su respeto por la jerarqufa. Cuanto menos se deje deslumbrar,
mis se deja enternecer [...] Cuanto menos obsequioso, mias misericordioso [...] La
conmiseraci6n dentro de este ser, se desarrolla al ritmo del igualitarismo y su coraz6n
tiene razones que la raz6n corrobora" (32-3).
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IMAN, LA RUTA Y EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 117
pero no puede sustraerse a la visi6n de la vida que desea para si mismo y da un
sentido a su existir. Encuentra una similitud con los demis en la prictica de un
sentimiento de ternura hacia lo desvalido de una condici6n que es tambien la
suya. Funda asi una posibilidad de sociedad en base a esta emoci6n que le iden-
tifica con los otros que desconoce pero que tienen en comuin este mismo senti-
miento, que le conmueven al igual que d1 conmueve. 21
Asimismo, en el relato "El reloj" de El blocao de Jose Diaz-Fernindez, un sol-
dado siente una extrania pasi6n por un reloj demasiado lujoso para su condi-
ci6n en la guerra y su condici6n social. Su destrucci6n al desviar una bala que
le salva la vida, deja al soldado en un estado de absoluto desconsuelo. La coti-
dianidad del soldado, su vida civil con sus ritmos y preocupaciones viene per-
sonalizada por su relaci6n con este objeto. El narrador del cuento dice que
"Hay almas tan sencillas que son las finicas capaces de comprender la vida de
las cosas" (45) y el soldado, el ser sencillo todavia no arruinado por la guerra,
es una de estas almas. Si el reloj viene a representar el valor de los objetos, su
importancia por su belleza, por lo que de simb61ico llevan dentro de ellos, la
guerra, por el contrario, descubre el valor de cambio, las relaciones sociales
instrumentales y, por supuesto, lo concreto de la muerte. Lo maravilloso de un
mecanismo que mide el tiempo, aunque no el de la guerra, es el ser ajeno al
campo de batalla, a sus valores y motivaciones, a sus heroismos o calamidades.
El soldado del reloj no quiere, no es capaz quizis, de situarse en el momento
en el que vive, de articularse e insertarse en la guerra a la cual pertenece. Tie-
ne el privilegio de habitar un espacio otro que puede Ilamar suyo hacia el cual
el soldado de mis arriba muestra el sentimiento de ternura. Lo mismo podria
decirse, del soldado de Imdn que, mientras esti fuera del campamento, enco-
mienda a un compafiero el cuidado de una gata porque los perros pueden
matarla (73). O la especial relaci6n del soldado Ojeda con un perro en "Reo
de muerte" en El blocao. Tanto la gata como el perro hablan de un territorio
propio de amistad y dejuego, casi lidico, donde lo emocional es posible, don-
de la empatia es identificaci6n con los sentimientos del otro, aunque sea un
animal. La recuperaci6n por parte de Ojeda del cad~iver putrefacto del perro
asesinado por el teniente de su posici6n, no es mis que intento desesperado
por recuperar el espacio de significaci6n humano.
Diaz-Fernindez, en los cuentos incluidos en El blocao, sitia a los personajes
en las pasiones, muchas veces anodinas o poco defendibles, que les embargan
contrarrestando la tentaci6n de caer en una gran narrativa heroica, aunque
sea la de la oposici6n a la guerra. La cotidianidad de las escenas y de los perso-
najes cae fuera de los grandes agregados ideol6gicos enunciados tanto en con-
tra como a favor del conflicto colonial. Su sentido, el sentido de las historias
que integran todo el libro, pertenece a un orden distinto. La pesadilla de la
guerra, la destrucci6n de las personas y de los bienes que apareja no esti rela-
cionada con el enfrentamiento entre fuerzas titinicas imposibles de medir. Por
21 No puedo sustraerme a traer aqui las palabras de Sibato cuando dice en una
entrevista concedida al diario El Paiz's: "Porque aquel que busca algo con pasi6n, conoce
y comprende, ademas, la biisqueda de los otros. Es como decia Kierkegaard: 'Ahondar
en el propio coraz6n es ahondar en el coraz6n de todos los seres humanos'". Buscar en
el propio coraz6n para comprender el coraz6n de los demais, para sentirse unido a ellos
en base a btisquedas y emociones similares.
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118 TXETXU AGUADO RHM, LVII (2004)
el contrario, la pesadilla de lo belico en estos textos se manifiesta como inte-
rrupci6n en la normalidad de las vidas, con la imposibilidad de continuarlas
como si la guerra no existiera. 22 Es esta alteraci6n en el orden donde la con-
tienda deja sentir sus efectos mis devastadores: el imposible de seguir viviendo
como si no pasase nada, como si nada hubiese cambiado, como si los poderes
que son no dejasen sentir toda su potencia anuladora en la destrucci6n de la
esperanza de que el mafiana sera como el hoy, y asi sucesivamente. La brutali-
dad de la guerra se relaciona asimismo con la amenaza constante de destruc-
ci6n instantinea del orden del ahora, de recomposici6n de nuevas relaciones
sociales y de destrucci6n para siempre de las antiguas. No puede ejemplificar
esto mejor que la vuelta imposible de Viance a su pueblo, Urbies, anegado
durante su ausencia por un pantano (Imdn 300). No solo ha sido aniquilado
como persona en Marruecos sino que ni siquiera puede volver a lo que una vez
tambidn fue el centro en su vida. Y es que la guerra no es la politica por otros
medios, es la misma eliminaci6n del pensamiento de la politica como posibili-
dad de justicia y, en suma, la imposibilidad de vivir la vida como camino ma-
chadiano andado por el caminante en cada instante.
Al comienzo de este trabajo se indagaba si era posible unir a los miembros
de una comunidad en torno a una comprensi6n no mitica de la realidad, es
decir, rechazando esas narrativas donde se aglutina lo social en base a un mis-
mo origen genetico o una lengua que lo expresa esencialmente. Las novelas y
relatos de este trabajo, dilucidan un camino alternativo. Proponen una comuni-
dad emocional, fundamentada en torno a valores de solidaridad, de empatia
hacia la problemitica de los demis, que toman en consideraci6n el sufrimiento
y la muerte como la referencialidad desde la cual construir un orden social que
los evite en la medida de lo posible, que no los favorezca ni los promueva. Para
llegar a esta comunidad es necesaria una mayor afinidad entre memoria e his-
toria donde todos puedan sentirse identificados por los imaginarios de consu-
mo interno y externo, donde todos participen democraticamente en su elabo-
raci6n sin exclusiones. Para ello hay que acceder a ese lugar, el archivo, desde
donde se origina el sentido social para regularlo y participarlo. El movimiento
no es s610 vertical hacia el control de la producci6n de los constructos hist6ri-
cos y memoristicos del archivo. Por el contrario, si este control es mis democri-
tico por recoger mis testimonios, la historia y la memoria colectiva tornarin
hacia la memoria individual para ayudarla a definirse, a expresarse en lo que
tiene de finica al mismo tiempo que de universal para todos. La memoria indi-
vidual, la colectiva y la historia se legitiman al influirse unas a las otras, al
hablarse las unas a las otras desde un mismo lenguaje compartido, donde la
jerarqufa entre ellas se delimita no por el juego de poder estatal sino por la
capacidad para producir significados asumibles por todos.
TXETXU AGUADO
DARTMOUTH COLLEGE
22 Recudrdese a este respecto el subtitulo del texto de Diaz-Fernandez como Novela
de la guerra marroqui. Todas las historias personales se ven afectadas por la guerra en
mayor o menor medida y tienen que dar cuenta de su ineludible realidad y efecto sobre
la trayectoria vital de cada uno.
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IMAN, LA RUTAY EL BLOCAO: MEMORIA E HISTORIA DEL DESASTRE DE ANNUAL 119
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